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Full text of "Anales de la Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana"

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DE. LA 

ACADEMIA DE. CIENCIAS MLDICA5, FI5ICA5 
Y NATURALES DL LA HABANA 



ANALL5 



DL LA 



Academia de Ciencias IMédicas, Físicas 
y Naturales de la Habana 



REVISTA CIENTÍFICA 

Inscripta en la "Asociación de la Prensa Médica de Cuba" 



DIRECTORES: 

Dr. Jorge Le-Roy. Dr. Carlos de la Torre 



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T o M o L V I I ■ ^"^^ 



1 920- 1 92 1 



HABANA 
IMPRENTA PERKZ SIERRA Y CÍA. 

Compostela 102 y 104 



y. ^7 



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Acta de la sesión soleioae coiiiiieiirativa del piDcoaiésinio 
aeíeDO AiiiTersario de la faiiilacií de la Ácaíeoiía 

(19 de mavo de 1920) ^'' ^ * ^"^^ 

BUr A NíC Al. 

Presidente.— -losé A. Fresno, P. S. 

Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 

Académicos concurrentes. — De nsérito. — Sr. Rafael J. Fo- 
salha ; Honorarios: Di-. .Juan Bautista Landeta, Dr. Arístides 
Alestre ; de Número: Dr. (rónzalo Aróste<íui y Castillo, doc- 
tor Carlos de la Torre y Huertas, ])r. José A. López del Valle, 
Dr. Luís F. Rodrío;uez Molina, Dr. Manuel Ruiz Casabó. 



Bajo la presidencia del señor Secretario de Instrucción 
Pública y Bellas Artes, en representación del honorable Sr. 
Presidente de la República y con distinguida concurrencia, 
entre la que se encontraban representantes del Cuerpo Diplo- 
mático, de la Universidad Nacional y otras corporaciones, 
así como con la asistencia de personalidades de reputación 
profesional, y elegante damas, se celebró la Sesión Solemne, 
conmemorativa del Quincuafíésimo noveno Aniversario de la 
fundación de la Academia, siendo las nueve de la noche del 
19 de mayo de 1920. 

Er doctor Presno, Vicepresidente de la Corporación, dio 
lectura a un brillante discurso, enviado por el doctor Juan 
Santos Fernández, Presidente de la misma, que se hallaba 
impedido, por enfermedad, de prestar su concurso a esta fies- 
ta, y cuyo título era el siguiente: "Sobre el desarrollo de la 
población de los países Hispanoamericanos y muy especial- 
mente de Cuba." 

Seguidamente ocupa la tribuna el señor Secretario de la 
Corporación, doctor José A. Fernández Benítez, quien dio a 
conocer los trabajos realizados por los señores Académicos 
durante el año académico de 1919 a 1920, según lo preceptua- 
do en el artículo 47 del Reglamento interior. 

Toca el turno al doctor Luis Felipe Rodríguez Molina, quien 
con gran brillantez y de manera clara, expone el resultado 
de su constante labor de observación y pericia, dando a cono- 
cer "El concepto actual de la tuberculosis renal." Su trabajo 
lleno de conceptos nuevos, que su vasta ilustración le ha su- 



tí ANALES DE LA 



gerido, pone de relieve su correctq^esperiencia que pudiera 
decirse constituye la base de una doctrina experimental a 

esc respecto, por lo cual mereció los plácemes en un nutrido y 
prolongado aplauso. 

El honorable señor Secretario de Instrucción Pública y Be- 
lías Artes, procedió a romper el sobre que tenía inscriptg el 
lema "Malariología sanitaria", correspondiendo la tarjeta que 
se bailaba contenida en el mismo, al nombre del doctor Julio 
F. Arteaga y Quesada, y que por acuerdo de la Academia le 

fué otorgado el premáo Accésit "Suárez Bruno"'. No hallán- 
dose presento el interesado, el señor Tesorero oneció encar- 
gado de iiacer llegar a manos del doctor Arteaga el importe 
de $100.00, cantidad impuesta a dicho premio. El señor Se- 
cretario oportunamente extenderá el Diploma corresp'mdicnte. 
El Secretario de la Academia procedió a dar lectura 

ni Programa de los Prgmios que otorga la Corporación para 
el año de 1921. 

Se dio por terminada la sesión. 



EL DE8ABR0LL0 DE LA POBLACIÓN DE LOS PAÍSES 

mSPANO-AMERIOANOS Y ESPECIALMENTE 

DE CUBA 

Diseario dal Presidente de la Academia de Ciencias en la aesióa 
solemne de 19 de mayo de 1920. 

Señores Académicos: 

Obligado por razón de mi cargo a dirigiros bre- 
vemente la palabra en este día, aniversario de la 
fundación de esta Academia por el insigne patricio 
Dr. Nicollás J. Gutiérrez, tengo también el deber 
de procurar que el tema escogido para realizar mi 
intento, esté a la altura de la respetabilidad de este 
auditorio, siempre selecto, si nó muy numeroso. 

Ahora bien, esto mismo crea la enorme dificul- 
tad de condensar un tema tan dilatado, como el que 
se refiere al Desarrollo de la población de los países 
hispano-americanos y especialmente de Cuba, para 
reducir mis palabras a los límites de una modesta 
alocución, y no degenerar en un discurso sin lindes 
apropiados a las circunstancias del acto que solem- 
nizamos. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 7 

El aumento o la disminución de la población en 
general obedecen, como se sabe, a múltiples factores 
no siempre bien apreciados; pues mientras Bélgi- 
ca, verbi-gracia, antes de la criminal invasión de 
que fué víctima recientemente, tenía un número de 
habitantes por kilómetro cuadrado superior a cual- 
quier otro país, su vecina Francia sin ser rigorosa- 
mente una antítesis geográfica ni étnica, ha hecho 
esfuerzos sobrehumanos, para detener su despobla- 
ción, aun antes de 1870, y después de la última 
agresión armada del incalificable vecino teutón. Y, 
entre nosotros, Puerto Rico, la más pequeña de las 
grandes Antillas, regida un día por el mismo siste- 
ma colonial que padecimos, fué hasta hace poco, el 
país de mayor población relativa después de Bélgi- 
ca y los cantones de Suiza. En cambio, Cuba, de 
suelo más fértil aun que la antigua Española, Haití 
o Santo Domingo, no ha logrado elevar su población 
al número de habitantes que parecían justificar su 
extensión y su riqueza natural que desde bien anti- 
guo delata el conocido cantar popular: 

Cuba no debe favores 
a ninguna extraña tierra, 
en Cuba todo se encierra. . . 

Bien sabemos, por lo que hace a Cuba, jue no 
deja de influir en su falta de población, su latitud 
cercana al ecuador ; si bien a este respecto la supera 
Puerto Rico. Tampoco hay diferencia apropósito de 
los elementos que poblaron ambas islas, después de 
la conquista : españoles, peninsulares e isleños cana- 
rios, fueron los primeros pobladores europeos, y pa- 
ra sustituir a la población indígena, que se extinguía 
rápidamente, se importaron en gran número traba- 
jadores de origen africano, que se establecían en un 
clima análogo al del pais de su nacimiento. Y, no 
obstante, el africano no se ha producido en la pro- 
porción que era de esperarse en los trópicos, y no se 
lo impidió ciertamente la esclavitud de que fué vic- 
tima; porque recobrada la libertad, la disminución 



8 ANALES DE LA 



del elemento etiópico ha sido mayor aún. En los Es- 
tados Unidos, por lo menos en los primeros tiempos 
de la emancipación, los habitantes de origen africa- 
no mermaron notablemente, y se atribuyó, a que no 
supieron hacer uso conveniente de su nuevo régimen 
de libertad, y al olvido de los más rudimentarios pre- 
ceptos de higiene. No obstante, es tal la fuerza vital 
de los Estados Unidos, que a pesar de las prevenciones 
en contra de las razas originarias de países cálidos, 
éstas representan más de un diez por ciento de la 
población de la gran República. Por otra parte no 
puede prescindirse de lo que afirmó recientemente 
el doctor A. O. Malley, en un interesante trabajo, 
en que defiende una vieja tesis, de que cada rama 
de la especie humana tiene su área climática bien 
definida, y que en cada una de esas zonas la natu- 
raleza conserva la raza más apropiada al medio, y 
mata las otras. En Cuba hubiéramos podido compro- 
bar este hecho, después de todo lógico, al estable- 
cerse en la República en los primeros momentos de 
su fundación y situándose, con poco acierto, en lo 
más árido de la provincia de Pinar del Río unos 
colonos llegados del Canadá, en donde la temperatura 
es bien opuesta a la que reina en Cuba la mayor 
parte del año. Los nuevos inmigrantes, rubios y de 
azules ojos, al punto de llegar fabricaron sus ca- 
sas con los elementos que suministran las palmeras 
del país, de piso alto para huir de la humedad del 
suelo; las mujeres que trabajaban en el campo, for- 
maron un hogar bien distinto en confort del que 
estamos acostumbrados a ver en nuestix)s campos. 
Pero el municipio de la localidad, tan falto de ini- 
ciativa como todos, siempre en Cuba, no prestó aten- 
ción a aquellos inmigrantes que descorazonados se 
volvieron pronto a su país de origen, sin darnos 
oportunidad de ver negada o confirmada la tesis del 
doctor Malley, que hasta la saciedad ha visto com- 
probada en los Estados Unidos, país al que han afluí- 
do de todas partes del orbe, porque seducen sus 
atractivos. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 9 

Se admite hoy que la zona del negro, y lo acep- 
ta Malley, va del ecuador a los paralelos 30 grados 
Norte y Sur de latitud; la del cobrizo o malayo, va 
del 30 al 35 grados ; la del blanco trigueño o tipo del 
Mediterráneo del 35 al 45 grados; y la del blanco 
rubio, del 50 grados en adelante hacia al Norte o ha- 
cia el Sur, según el hemisferio, desde luego. 

En América el paralelo 50 grados, pasa por la 
Colombia Británica, a unas 480 millas del límite Sep- 
tentrional de los Estados Unidos y el 45 grados por 
Halifax, por Bangor en el Estado del Maine, Og- 
demburg en el Estado de New York, Ottawa en el 
Canadá, Saint Paul, al Sur del Estado de Montana y 
tercio superior del Estado de Oregón. En Europa 
va de Burdeos por Turín, a Bosnia-Herzegovina y 
Crimea. Así Madrid, Ñapóles y Constantinopla es- 
tán más al Norte que Filadenfia; New York está 
tan al Sur como Ñapóles; y Boston y Chicago, co- 
mo Roma ; Saint Louis como Atenas, y Washington, 
a la altura del África Septentrional. 

Estas zonas americanas son más cálidas o más 
frías que las correspondientes europeas; la primera 
tiene al Norte cientos de millas de tierra cubiertas 
de hielo, y la segunda, mares que en gran parte no 
se hielan. Las montañas europeas son altas y se 
extienden de Este a Oeste para cerrar el paso a los 
vientos árticos, y el Sur y el Este de Europa están 
abrigados por altas cordilleras. Las ele América 
extendidas de Norte a Sur no se defienden de los 
vientos fríos. Cuando las rosas, dice Mr. A. O. Mal- 
ley, brotan en la Riviera italiana^ que está a la al- 
tura del Lago Superior, las heladas están destru- 
yendo los naranjos de la Florida, que está a la altura 
del Sahara Central y casi en el trópico. 

La zona americana de los Estados Unidos es 
apropiada, desde la Carolina del Sur hasta la pro- 
ximidad del Canadá, a la gente europea de tipo tri- 
gueño, y según el Dr. O. Malley, si no fuera por la 



10 ANALES DE LA 

inmigración de gente del Norte allí no habría más 
que trigueños, por que los rubios se extinguieron. 

A pesar de ser el frío intenso en esta zona ame- 
ricana, el hombre de la zona europea no solo lo re- 
siste, si no que se vigoriza y se multiplica, mientras 
que, añade IVIalley, si un hombre de Escocia, donde 
hay un promedio anual de 259 días nublados y un 
sol oblicuo, emigra a Juna, en Arizona, donde los 
días nublados no son más que 19 y la temperatura, 
a la sombra, llega algunas veces a 120 grados Fa- 
renheit al principio se siente estimulado y luego 
cae en agotamiento nervioso y acaba por degenerar 
rápidamente. 

El Dr. Malley expone un hecho comprobado por 
él en una zona cálida, donde estudió 50 familias de 
origen irlandés, que estaban en su segunda genera- 
ción americana. Vinieron de Irlanda en 1847 y pros- 
peraron. En la primera generación cada familia tu- 
vo un promedio de cinco hijos: total 276. Si éstos 
hubieran tenido tanta descendencia como sus padres, 
hoy llegarían a mil individuos por lo menos, y sin 
embargo se han reducido a menos de 200 niños deli- 
cados, neuróticos. Estas familias, entiende Malley, 
que desaparecerán dentro de pocas generaciones. 

Si la extirpe irlandesa se extingue así, otro tan- 
to le sucederá a la germánica, la escandinava y de- 
más del Norte de Europa, porque todas ellas son 
menos apropiadas que las del Sur; españoles, por- 
tugueses, italianos, griegos, etc., etc., y mucho me- 
nos, desde luego, en las regiones ínter-tropicales ; por 
eso se ha censurado a nuestros legisladores en el Con- 
greso cubano, que presentaron tiempo atrás, un pro- 
yecto de inmigración noruega, que en los Estados 
Unidos se establece siempre en los territorios más 
fríos para prosperar. Este error arranca de bien 
atrás, pues Carlos ili de España, al querer colonizar 
la parte de Andalucía que estaba despoblada desde 
la expulsión de los judíos, primero, y de los moris- 
cos después, llevó del Norte de Europa las familias 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA J | 



que necesitó ; y aunque la historia no explica el re- 
sultado étnico de la inmigración, se suelen ver hoy 
tipos rubios de ojos azules, que resaltan entre los 
trigueños de Andalucía, siendo de suponer que el 
éxito no se obtendría por completo. 

Parece rms lógico fijarse en las condiciones cli- 
matológicas de los países, para dirigir una inmigra- 
ción, que a su vez tiene que ser estudiada en sus 
hábitos, como se hizo en Uruguay, antes que volver 
la vista a otros horizontes, restringiendo la multi- 
plicación del hombre sobre la tierra, por medio de 
ía abstención del matrimonio o evitando la repro- 
ducción eA alguna forma, lo que a veces no está de 
acuerdo con la moral o la honestidad, sólo por el te- 
mor de que la especie humana no tenga espacio su- 
ficiente o medios de subsistencia en la superficie te- 
rrestre, fv 4; 

No ha mucho, en noviembre 13 de 1919, una co- 
rrespondencia de The Times, de Londres, se refería 
a la muerte de la clase media, porque las familias 
de cuatro o cinco hijos se habían convertido en la» 
de uno. Muchos matrimonios jóvenes de la clase 
media declaraban abiertamente que no se había de 
tener más que un hijo, y puede que no se tenga nin- 
guno; con la presente carestía, se ha dicho, es mejor 
criar un hijo sano y educarlo, que no muchos con 
alimentos y educación deficientes. Se advierte igual- 
mezite que los matrimonios han disminuido. 

Señores: El sueño de limitar la reproducción 
humana, del gran estadista inglés Malthus, de fines 
del siglo XVIII, lo ha revivido un sabio de Australia, 
Mr. Knibbs (1) en los precisos momentos en que la 
guerra europea ha causado tantos millones de vic- 
timas, y sus secuelas, las epidemias, igual o mayor 
número de bajas. 



(1) Mr. Knibbs, G. H. Oensiis ef tbe Craunon Wealth of Australia, 
Appendix A. The Mathematical Theory of Population of the charactez 
Common WealUk Bur«au <yt Oeiuius and Statistlcí- 



2 2 ANALES DE LA 



Calcula Knibbs que la población del globo en 1 914 
era de 1,649,000.000 o sea unos 39 millones más 
que en el cálculo de Paraschek, estadista francés, 
en 1910. 

La proporción anual de aumento de la población 
mundial para el quinquenio de 1906 a 1911, la calcu- 
la Knibbs en 0,01159 ó 1.159 por ciento de la pobla- 
ción del orbe. Con tal motivo hace la interesante 
declaración, de que concediendo que la presente pro- 
porción de aumento ha existido desde la creación del 
mundo, la presente población se calcula de 1,649 mi- 
llones y bien podría producirse, dice, de un sólo par 
de personas en 1,782 años, o sea desde el año 132 
A. D. Según Knibbs, si continuase esta proporción 
de aumento, no hay duda para él de que sujetaría 
a una presión muy grande el desarrollo de los re- 
cursos de la naturaleza. Admite que si la población 
del globo aumenta en esta proporción, durante los 
próximos diez mil años, se alcanzaría una cifra colo- 
sal e impronunciable de 221,840 y la adición de 45 
ceros; y termina diciendo, llevado por sus cálculos, 
que no me atrevo a juzgar serenamente, que para 
una población tan vasta como ésta, no habría sitio 
en la tierra, considerando que se pudiese utilizar 
toda su superficie. 

Pero, señores: Parece más lógico abandonar es- 
tas teorías calenturientas de los sociólogos, que cada 
cierto número de años culminan en una gran alar- 
ma, aun cuando no pase de serlo y resulta hasta 
inocente, para fijarnos en el problema eterno de la 
inmigración del hombre, según las razas y climas, 
como se ha venido haciendo, aunque las más de las 
veces sin orden ni medida; y además de la emigra- 
ción e inmigración, sin descuidarla, hay que fijarse 
ante todo, en la eugenesia o 'puericultura^ que preo- 
cupa en estos últimos tiempos a Francia, y a Ingla- 
terra, sobre todo, siempre previsora, pues nadie ig- 
nora que la mortalidad infantil es aterradora en 
todas partes y mucho más allí donde se descuida 1a 
higiene. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 23 

Según Marcel, citado por autores modernos, mue- 
ren 431 niños de O a 4 días de edad; 1,737, de 5 a 
9 días; 1,249, de 10 a 14 días; 1,210, de 15 a 20 
días. En el segundo mes de la vida, mueren 638; 
en el tercero, 490; en el cuarto, quinto y sexto, 341; 
de seis meses a un año, 188. Mas no es necesario 
buscar los datos fuera de nuestro suelo. 

En la estadística publicada no ha mucho por la 
Secretaría de Sanidad, se ve que en el país han muer- 
to cerca de 10,000 niños en 1919, siendo tan exigua 
la población de Cuba; y no se necesita mucha saga- 
cidad para asegurar, que un notable tanto por cien- 
to de estos niños, no Jiabrían muerto, si la eugenesia 
hubiera intervenido oportunamente. 

Señores : Si en la colonización de Cuba, desde los 
primeros tiempos, se hubiera tenido el cuidado de 
establecer la inmigración por familias, pocas veces 
realizada en medio de la evolución constante de la 
humanidad, que sólo ha obedecido al instinto de con- 
servación, bien o mal dirigido, de otro modo muy 
distinto se hubieran sucedido los acontecimientos. 

Si la metrópoli hubiera aprovechado desde remo- 
ta época la población de las Canarias, que con poco 
más de 350,000 habitantes, tienen esparcidos por la 
América más de un millón de sus hijos, el beneficio 
hubiera sido tan tangible, porque el natural de las 
Afortunadas se adapta más que ningún otro emi- 
grante al cultivo de la tierra, que es el progreso 
real de la naciones. 

Hubiera podido ocurrir lo que con los isleños de 
Irlanda, cuya población sólo llega a tres millones 
de habitantes, y en los Estados Unidos alcanzan más 
de seis millones, próximamente, porque el insular en 
todas partes ha sido siempre prolífico, emprendedor, 
activo e inteligente, desde los tiempos del engrande- 
cimiento de la Grecia, que dio en la minúscula Isla 
de Cos al hombre más grande de la Medicina. Lo 
publicado en España respecto de la inmigración en 
general, de 1882 a 1885, confirma mi aserto. En los 



14 ANALES DE LA 

registros de inscripción se ve que las Islas Canarias 
ofrecen sobre las otras regiones de la nación, un 
exceso de 15,121 emigrantes, siendo para toda la 
Península, 22,600 el total de ellos. 

Si España se hubiera dispuesto a hacer en su 
oportunidad el sacrificio de la inmigración por fa- 
milias de Canarias en Cuba, nuestra población blan- 
ca rural hubiera sido efectiva, organi^ndola con- 
venientemente hubiera nacido el arraigo agrario en 
el país, el amor a la propiedad rústica, que vela pol 
la paz más que las bayonetas y ahorra el derrama- 
miento de sangre, porque facilita todas las solucio- 
nes; hasta la independencia del suelo del modo más 
adecuado. 

Se perdió esa oportunidad, y el problema plantea- 
do después de la conquista, en la colonia, está en pía 
hoy en la República, con las más agravantes circuns- 
tancias, creadas por la propia riqueza del país y las 
eventualidades surgidas últimamente de la colosaJ 
guerra europea y sus secuelas, que han complicado 
la labor local de todos los pueblos del mundo ; porque 
muy honda ha sido la perturbación provocada por eí 
intento armado del audaz teutón. 

Dificultada toda solución de poblar, apoyada on 
la inmigración, cual la concibió un día para su her 
moso país el gran Alberdi, en sus bases o plan de 
organización política de la República Argentina, que 
no llegó a plantearse, hoy los obstáculos son mayores 
para todos, porque ha cambiado — puede decirse — , 
casi por completo, la corriente de aquélla, por iae 
razones expuestas. 

Señores: Se impone que cada cual tienda a po- 
blar con los elementos propios que posea; pues, co- 
mo dijo el célebre estadista argentino, poblar es go- 
bernar, y esto se consigue por medio de la eugenesia, 
que no es otra cosa que facilitar la procreación en 
las mejores condiciones; perfeccionar ésta por log 
medios que la ciencia ofrece, para conseguir que las 
razas mejores, se fortalezcan y depuren y que las 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 15 

inferiores adquieran la viabilidad que ofrece el pro- 
greso, y si no se les despoja por completo do lo qu« 
constituya un obstáculo para obtener un perfeccio- 
namiento absoluto, se pone un dique poderoso para 
evitar la degeneración completa en que pueden caer 
las más perfectas, y caen cuando son dominadas por 
los vicios que la misma civilización a veces crea, aun 
cuando parezca una cruel ironía; pero es por des- 
gracia una verdad, de que tenemos a todas horas 
tristes experiencias, los que estamos obligados a es- 
tudiar constantemente el organismo humano y su 
funesta degeneración. 

Señores: El problema de la repoblación urgente 
de la América Latina está en la actualidad sobre el 
tapete. 

El doctor Carlos Enrique Paz Soldán (2), une 
de los médicos más estudiosos de Lima (Perú), h? 
sometido a la Academia de Medicina de su país cJ 
tema de la necesidad de extender el estudio que nos 
ocupa a las otras Academias de la América Latina, 
y a este fin se dirigió a la de Caracas (Venezuela), 
demandando el esclarecimiento étnico de América o 
la eugenización de ésta, como labor futura de sus 
Academias Médicas Nacionales. 

Ningún problema de índole médico-social, dice, 
exige en estos momentos de América mayor aten- 
ción, que el problema de su eugenización. En efec- 
to, dice, un enorme continente casi despoblado como 
el que habitamos, y con escasos y diversos núcleos 
de población heterogénea; con habitantes abandona- 
dos a causas poderosas de degeneración y de muerte, 
privados de las corrientes vigorizadoras de razas 
nuevas, consecuencias de la sangría sufrida por ese 
vivero social que era para nosotros hasta ayer, Eu- 
ropa, y desarticulado hoy en diversas nacionalida- 
des, extrañas entre sí, cuando no antagónicas y hos- 
tiles; impone a los espíritus estudiosos de nuestra 

(2) Qaeeta Médica de Caracas. Org>ano de la Academia Nacionai 
de Medicina de Caracas, Venezuela, '^Q du junio de 1919, pápj. 127. 



IQ ANALES DE LA 

América la obligación inevitable de pensar en el 
magno y fundamental problema de la raza y de la 
repoblación científicamente obtenida. 

Hoy los términos de eugenización, saneamiento 
integral y progreso biosocial son términos, dice, que 
se implican . . . , y sin violentar el sentido de la vida 
política, se puede afirmar, con el ilustre profesor 
peruano, que gobernar es sanear, es eugenizar. 

Eugenización humana, desde luego, no puede ser 
como la de las especies y razas zoológicas; nadie la 
intentaría. No podría tolerarse el retorno a aquellos 
métodos que empleara un día Esparta, sacrificando 
sin piedad a los niños débiles e incapaces de ofrecer 
un porvenir de salud y de vigor. Sin recurrir a esos 
extremos, que pugnan con nuestros hábitos y cos- 
tumbres, mucho puede h^acerse en provecho del sa- 
neamiento de la estirpe, evitando, por los medios de 
que podemos disponer, la procreación de tarados, in- 
válidos y enfermos. 

No es, pues, desatinado el propósito del profesor 
limeño, de formar una especie de "Liga de Acade- 
mias" para coordinar las investigaciones necesarias 
y suministrar a los Gobiernos los datos utilizables, 
para obtener frente a la penuria vital de estas horas, 
la eugenización del continente americano que nos 
incumbe, porque la asociación de elementos, como 
los que representan las corporaciones científicas, es 
valiosa; pero en tanto se organice, todo país hispa- 
no-americano, debe prepararse cada año como le sea 
posible, ensayando cuantos medios conduzcan al fin 
de vigorizar y depurar la población del suelo que 
habitamos para bien del país y por un sólido pro- 
greso. 

Perdonadme que os haya entretenido más tiem- 
po del que quería, para no fatigaros; mas espero 
que me otorguéis el perdón, por mi buen deseo, y 
porque he tenido, por primera vez en mi vida, que 
luchar con la alteración de mi salud, que a las altu- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ^7 

ras en que navego se corre siempre el riesgo de nau- 
fragar. . 

He dicho. 



MEMORIAS DE LAS TAlfeEAS REALIZADAS POR LA 
CORPORACIÓN DURANTE EL AÑO ACADÉMICO 

DE 1.919 A 1920 
Por el Secretario, Dr. José A. Fernández Benítez 

(Sesión solemne de 19 de mayo de 1920) 

Sr. Secretario de Intrucción Pública : 

Señor Presidente de la Academia: 

Señores Académicos: 

Señoras y Señores : 

El artículo 80 del Reglamento de esta Institu- 
ción, exige de una manera terminante que en la se- 
sión solemne que anualmente se celebra en conme- 
moración de la fecha de su fundación, se dé lectura 
por el Secretario a una memoria contentiva de los 
trabajos practicados por los miembros de la misma 
durante el año anterior. En este momento nos en- 
contramos reunidos para celebrar ese aniversario, 
y cumpliendo lo preceptuado en el artículo arterior- 
mente citado, pasaré a dar cuenta de las labores 
realizadas durante el año que en esta noche termina. 

Para no apartarme de la clasificación adoptada 
en las memorias anteriores, consideraré los trabajos 
realizados durante el año académico en dos partes: 
los de orden puramente científicos, y los representa- 
tivos de la vida interior y exterior de la Corporación. 

Durante el año académico que comenzó en 20 de 
mayo del pasado año, y termina en el día de hoy, 
se han celebrado por esta Academia 



]g ANALES DE LA 

Una sesión Solemne, 
Nueve sesiones científicas, 
Cuatro sesiones ordinarias, 

UNA SESIÓN extraordinaria, 

Cinco sesiones de gobierno. 

El primer trabajo presentado en el año fué del 
doctor Julio F. Arteaga, y que llevaba por título: 
''Las tendencias quirúrgicas en la Obstetricia," y 
con el cual cumplía un deber reglamentario, por ha- 
ber sido con poca anterioridad electo Académico Co- 
rresponsal. 

El doctor Domingo Hernando Seguí, presentó en 
la sesión celebrada el día 9 de octubre, un trabajo 
titulado: "Edema de la laringe como complicación." 

Este mes fué poco afortunado para los hombres 
de ciencia. En la sesión del 9 de el doctor Arteaga 
presentó una nota necrológica con motivo de la 
muerte del Dr. Jacobi, del cual había sido discípulo, 
y que había fallecido pocos días antes. También 
el doctor Raimundo de Castro presentó en la sesión 
celebrada el día 24 del mismo mes, otra nota necro- 
lógica sobre la muerte del Profesor de Medicina Le- 
gal Dr. Antonio Lecha Marzo, analizando en ella 
la obra admirable llevada a cabo por el insigne des- 
aparecido, víctima de la epidemia de influenza que 
azotó a su país, y por último el doctor Gastón Alonso 
Cuadrado, presentó igualmente un extenso trabjo 
dedicado a la memoria de Williams Crooks 
titulado: ''hifluencia de los estudios de Willi£ims 
Crooks, en la evolución de la Química mo- 
derna" en el que se ocupó extensamente de la vida 
del sabio, de los progresos que realizó en las ciencias 
expresando por último, su sentimiento por su des- 
aparición recientemente ocurrida. 

En la sesión celebrada el día 23 de enero el doc- 
tor Carlos M. Piñeiro dio lectura a un extenso y 
bien documentado estudio sobre: ''Las responsabili- 



ACADEMIA DE CIEXCIAS DE LA HABANA ] 9 



dad criminal desde el punto de vista de la Medicina 

Legal/' en el que comienza por hacer profesión do 

fe, declarándose partidario de la escuela positivista. 

En la sesión celebrada el 13 de febrero, el doctor 

Juan Santos Fernández, leyó un trabajo titulado: 

"Lo que conviene tener presente con los ciegos de 

nacimiento que recobran la vista,^^ en el cual da a 

conocer todas las observaciones presentadas en el 

Segundo Congreso Americano de niños, celebrado 

en Montevideo. 

En la sesión celebrada el 27 de febrero, el doc- 
tor Octavio Montoro dio lectura a un trabajo titu- 
lado : "Regidaciones dietéticas en la diabetes^'* estu- 
diando el asunto desde el siglo xviii hasta nuestros 
días. 

En la misma sesión el doctor Juan Santos Fer- 
niández dio cuenta "Sobre algo no conocido de la vi- 
da del ilustre fundador de esta Academia, Dr. Nico- 
lás J. Gutiérrez". 

El doctor Julio F. Arteaga, presentó otro traba- 
jo: "Influencia de la dieta sobre el desarrollo fetal." 

En la sesión celebrada el 26 de mayo, el doctor 
Octavio Montoro dio lectura a un trabajo Sobre: 
"Metabolismo y gestación" 

En la sesión celebrada el 9 de abril, el doctor Jo- 
sé A. López del Valle pronunció una conferencia so- 
bre: "La meningitis cerebro-espinal epidémica" 
dando a conocer el curso de la actual epidemia, y 
medidas tomadas para combatirla. 

En la sesión celebrada el 27 de abril, el doctor 
José P. Alacán, pronunció una conferencia sobre: 
"La Ley de narcóticos y su Reglamento" haciendo 
resaltar las contradicciones existentes entre ambas, 
acordándose por la Academia la creación de una 
comisión que estudiara debidamente el asunto y le 
diera cuenta para dirigirse a los Poderes públicos. 

En la sesión celebrada el 4 de mayo, el doctor 

López Silvero leyó un importante trabajo titulado : 

Consideraciones sobre si filis nerviosa; el Dr. Fran- 



20 ANALES DE LA 



cisco M." Fernández leyó un trabajo titulado: ''Que- 
ratitis en el curso de la meningitis cerebro-espinal 
epidémica, y el doctor J. Centurión, leyó un trabajo 
titulado: "Modificaciones sugeridas a dos procedi- 
mientos clásicos de identidad de maiichas de sangre 
y esperma," presentando una colección de prepara- 
ciones microscópicas. 

Sesión extraordinaria. 

Esta tuvo efecto en la noche del 17 de diciembre 
del pasado año, y en ella, ante selecta y distinguida 
concurrencia, tomaron posesión de sus cargos de 
Académicos de Número los señores Luis Morales Pe- 
droso, y Raimundo de Castro y Bachiller. 

El primero hizo el elogio postumo del Sr. Fran- 
cisco Paradela y Gestal, su antecesor, y el segundo 
le elogio del doctor Luis Maria Cowley. 

Los doctores López del Valle y Le-Roy, dieron 
a los nuevos Académicos la bienvenida en nombre 
'^e la Corporación, y por la presidencia les fueroy 
entregadas las insignias y diplomas que les acredi- 
tan como tales Académicos. 

Sesiones de gobierno 

En las sesiones de gobierno celebradas, los doc- 
tores Valdés Anciano, Raimundo de Castro, Le-Roy, 
Tomás V. Coronado, y Manuel Ruíz Casabó, emitie- 
ron informes en asuntos solicitados por la Secreta- 
ría de Justicia, Juzgados de Primera Instancia del 
Este y Sur, y Juzgados Municipales del Sur y Ve- 
dado, sobre tasación de honorarios profesionales y 
causas criminales. 

Correspondiendo a solicitud de la Secretaría de 
Agricultura, Comercio y Trabajo, los doctores José 
P. Alacán y José A. Fernández Benítez, emitieron 
informes, el primero sobre las palabras Serobacte- 
rina y Bacterina y las que se pretendía utilizar pa- 
ra distinguir productos farmacéuticos, y el segundo, 
sobre un proceder para obtener la purificación por 
métodos físicos de las aguas destinadas a la bebida. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 2 i 



Trabajos de orden interior. 

Entre los trabajos de orden interior de la Aca- 
demia figuran un informe de la comisión de glosa, 
presentado por los doctores Casuso, Betancourt, y 
Valdés Anciano. 

Los informes emitidos por el doctor Juan Santos 
Fernández sobre los expedientes presentados por los 
profesores Emilio Beger y Emilio Coni, que preten- 
dían obtener la distinción de que se les nombrara 
Académicos Corresponsales. 

El informe presentado por los doctores Juan Gui- 
teras, José A. López del Valle y Manuel Ruíz Casabó 
sobre las memorias presentadas en opción al premio 
del Dr. Suárez Bruno, y cuyo tema era: ^*Plan de 
una campaña contra el paludismo en la República.*' 

Premios. 

''En opción al premio del Dr. Suárez Bruno' \, 
consistente en un diploma y la cantidad de $300 mo- 
neda oficial^ que llevaba por lema: ''Plan de una 
campaña saniia/ria conira el paludismo en la Repú- 
blica,^^ y además un accésit consistente en un diplo- 
ma y la cantidad de $100 m. o., se presentaron ¿res 
trabajos. 

La Comisión encargada del estudio de los mis- 
mos, dictaminó que solamente el trabajo que osten- 
taba el lema: "Malariologia Sanitaria'', merecía el 
premio del accésit, cuya opinión fué aceptada por 
la Academia, y dentro de breves momentos, conoce^ 
remos el nombre del autor premiado. 

Los premios Cañongo y Dr. Gordón, quedaron de» 
siertos por no haberse presentado aspirantes a los 
mismos. 

Respecto al movimiento ocurrido en el personal 
académico, sólo tenemos que lamentar la separación 
voluntaria del doctor Jorge Le-Roy y Cassá, que 
desempeñó el cargo de Secretario de la CoiT^oración 



22 ANALES DE LA 



durante muchos años, y que por motivos de salud 
presentó la renuncia de su cargo. Unido al doctor 
Le-Roy por los lazos de una sincera amistad, hago 
votos por su más pronto y completo restablecimiento. 
Con motivo de esta renuncia, y en consonancia 
con lo preceptuado en el Reglamento de la Academia, 
pasó a ocupar el cargo de Secretario el que tiene el 
honor de leer esta memoria, y para Vicesecretario 
fué electo por la Academia, y hasta las próximas 
elecciones, el doctor Raimundo de Castro. 

* 

La Academia ha seguido durante el año prestan- 
do su concurso al Gobierno cuantas veces lo ha so- 
licitado, ya para integrar tribunales de oposiciones, 
ya para ayudar a las distintas obras de mejoramien- 
to nacional, para las que, se ha reclamado su coo- 
peración. 

Igualmente, como en años anteriores, ha faci- 
litado los medios para que las Sociedades científi- 
cas que se albergan en su seno puedan proseguir su 
obra, así como ha contribuido a que el Ateneo, Aca- 
demia de Artes y Letras, El Teatro Cubano, El Sa- 
lón de Bellas Ai'tes, &, puedan desenvolver la obra 
de cultura patria que cada una de ellas desempeña. 

* 

Antes de terminar la presente memoria, tengo 
que dar cuenta de los compañeros desaparecidos du- 
rante el año. El Dr. Vicente de la Gimrdia, que des- 
empeñó el cargo de Secretario, y el Dr. Miguel Riva, 
que desempeñó el de Tesorero y que actualmente 
habían pasado a la categoría de Académicos hono- 
rarios, han pasado a mejor vida, así como el Dr. Gou- 
ley, Académico Corresponsal, residente en los Esta- 
dos Unidos de América. Y ya terminado este tra- 
bajo, me sorprende la repentina muerte del Académi- 
co de Número más antiguo de la Corporación, el 
Dr. Guillermo José Benasach y Espinosa, fallecido 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 23 



en la mañana del día de hoy. Baja a la tumba el 
Dr. Benasach después de una vida laboriosa dedi- 
cada por completo a la ciencia, y hasta hace dos días 
estuvo desempeñando su cargo de ¡médico forense 
de esta Capital. Descansen en paz, estos nuestros 
compañeros, y que el ejemplo de sus vidas, sirva de 
estimula a la nueva generación. 

He dicho 



CONCEPTO ACTUAL DE LA TUBERCULOSIS RENAL 
Por el Dr. L. F. Rodrí^fuez Molina 

(Sesión solemne de 19 de mayo de 1920) 

Es un hecho innegable, fuera de toda duda, que 
gracias a la labor de nuestra Secretaría de Sani- 
dad, la República de Cuba ha alcanzado un lugar 
prominente en cuanto a la profilaxis de las enferme- 
dades infecciosas y medios preventivos de las enfer- 
medades degenerativas, y en lo que a tuberculosis 
se refiere, tenemos una muy completa organización; 
pero aún hay algo más que hacer, y esto no es ya 
labor de los poderes públicos, esta es labor indivi- 
dual, de nosotros, de nuestros compañeros en el ejer- 
cicio profesional y de los no médicos, y es por esto 
por lo que en momentos tan solemnes como el pre- 
sente, me decido a traer al seno de esta corporación 
por todos tan querida y tan respetada, este tema, 
sin más objeto que el de divulgación científica, que 
salvará quizás más de una preciosa existencia, y 
hará bajar por tanto nuestro percentage de mor- 
talidad. 

Es verdaderamente asombroso el número de ca- 
sos de tuberculosis renal que concurre a la consulta 
del urólogo y a las salas de los hospitales en busca 
de alivio para sus males, sin que el clínico pueda en 
la mayor parte de los casos, m*ás que recurrir a los 
medios palitivos, en espera de que la muerte resuel- 
va el caso de una manera piadosa. 

Si dijéramos de la tuberculosis renal lo mismo 
que se ha dicho de la tuberculosis pulmonar: ''Es 



24 ANALES DE LA 



la más curables de las enfermedades infecciosas", qui- 
zás no pecaríamos de exagerados, a condición sin 
embargo, de hacer un diagnóstico precoz, y eso es 
a lo que debemos aspirar. 

Necesario se hace desconfiar de esta terrible en- 
fermedad, pensar en ella, para encaminar nuestras 
investigaciones en ese sentido. No es aventurado 
decir que ocupa entre nosotros al menos, el tercer 
lugar entre las enfermedades del aparato urinario, 
después de las gonococcias y de las litiasis. 

Es muy frecuente oir de un erifermo la historia 
de haber tenido una o dos hematurias, de haber re- 
currido a su médico que le examinó, no le encontró 
nada de particular o de anormal y le recetó algo que 
él cree le quitó la sangre de su orina y lo dio de alta 
con la consabida frase de "eso no es nada", hasta 
que pasado algún tiempo, el enfermo se ve sorpren- 
dido por la tuberculosis urinaria con todo su cortejo 
sintomático de cistitis, orinas purulentas, etc. Sólo 
un caso voy a citar para ñjar vuestra atención : Ha- 
ce algún tiempo vino a nuestra consulta un compa- 
ñero médico con una hija suya, joven de quince a 
diez y seis años, cuya historia patológica es la si- 
guiente: Nuestro compañero que ejerce en una lo- 
calidad del interior mandó su niña a un colegio de 
la Habana. Al cabo de algún tiempo recibió noti- 
cias en que le decían que su hija tenía una hematu- 
ria, le escribe a un compañero suyo para que vea la 
niña, le pon^a un tratamiento y le dé su opinión. 
El compañero que así lo hace, le contesta diciéndolc 
que todo ha pasado y que eso no tiene importancia. 
Poco tiempo después se repite la hematuria y todo 
pasa de la misma manera. 

Al llegar a la consulta la niña tiene frecuentes 
micciones, dolorosas y con orinas turbias y purulen- 
tas, a ella y a bu padre los acompaña el Dr. Alvarez 
Miary, que nos refiere que estando asistiendo una 
tía dQ la niña, en la casa le hablaron de ella, le hizo 
un examen y sospechando que se trataba de una tu- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 25 



berculosis vesical recogió orina y al examen de la 
misma pudo comprobar la presencia del bacilo de 
Koch, ya en estas condiciones indujo a su padre a 
traernos la enferma al objeto de confirmar su diag- 
nóstico e implantar un tratamiento. 

Al examen cistoscópico se comprueba: Vejiga de 
muy pequeña capacidad, gran inflamación con en- 
rojecimiento de la mucosa que está además engro- 
sada y con pseudo-membranas y sin que se pueda 
hacer diferenciación de los meatos ureteraies ni del 
trígono. Se trata pues, de un caso de tuberculosis 
vésico-renal, sin que se pudiese intentar el catete- 
rismo ureteral, para determinar si la afección era 
bilateral o no. 

Como este caso podríamos citar muchos que 
llegan a la consulta en un período avanzado de la 
enfermedad por haber pasado desapercibido el co- 
mienzo de la misma. 

La tuberculosis renal es por otra parte harto 
engañosa, hay que desconfiar del aspecto exterior 
de estos enfermos; como decía muy bien el profesor 
Marión (1) "Cuántas veces vemos salir ríñones com- 
pletamente purulentos del flanco de un sujeto ro- 
busto y graso y cuya apariencia no recordaba en 
nada la de un sujeto atacado de una lesión tubercu- 
losa." La joven de que he hablado anteriormente 
tenía un magnífico aspecto exterior, rozagante y 
saludable. 

Es necesario pues, dar a la hematuria, la tras- 
cendencia y la importancia que ella en sí tiene, no 
debemos olvidar que muchas afecciones del aparato 
urinario, las neoplasmas, la tuberculosis, tienen co- 
mo síntoma inicial y único una o varias hematurias 
mucho tiempo antes de que la enfermedad se mani- 
fieste con sus caracteres propios. No quisiéramos 
entrar ahora en el diagnóstico diferencial de las he- 
maturias de origen tuberculoso, pues nos aparta- 

(1) MARION.—Le^ons de Chirargie urinaJx«. Pág. 52. 



26 ANALES DE LA 



riamos de la índole de este trabajo, bástenos decir 
que es preciso desconfiar de toda hematuria renal 
espontánea, sin causa aparente, en gente joven, sin 
antecedente de traumatismo, sin historia de cólicos 
nefríticos, y sin que la modifique el estado de repo- 
so o de movimiento. A veces en el examen de orina 
de un enfermo encontramos hematurias microscó- 
picas con orinas claras y esto de una manera perma- 
nente, pues bien, a esta persistencia se piensa que 
pudiera ser especial de la tuberculosis renal. 

Pero no siempre se manifiesta la tuberculosis re- 
nal de esta manera étormant que pudiéramos decir, 
no siempre es la hematuria su primera manifesta- 
ción externa. Esta hematuria, que como la hemop- 
tisis del primer período de la tuberculosis pulmonar 
se discute aun hoy si es la primera manifestación 
de la tuberculosis o si es un síntoma de un período 
avanzado, pues si bien es verdad que en determi- 
nados casos se las ha visto en lesiones iniciales mí- 
nimas a veces, insignificantes como en un caso de 
Routier (2) citado por Legueu, en el que tan sólo 
se encontró una ulceración papilar que no pudo ser 
reconocida hasta haberse extirpado el riñon, no es 
menos cierto que en otros casos son debidas a con- 
gestiones que se forman en el parénquima renal al- 
rededor y con motivo de neoformaciones tubercu- 
losas. 

Decíamos que no siempre suceden así las cosas, 
en efecto, vemos por el contrario enfermos con tu- 
berculosis renal avanzada que jamás han tenido la 
más ligera pérdida de sangre en sus micciones; en 
estos casos son otros los síntomas que han presidido 
el comienzo de la enfermedad, que han existido desde 
luego y que han pasado desapercibidos para ellos 
y para sus familiares y quizás hasta para su médico. 

La incontinencia nocturna de la infancia, esa 
incontinencia tan frecuente entre nuestros niños 



(2) LEGUEU.— Traitado médico quirúrgico de las vlaa urinarias. 
Página 550. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 27 

que se le ha llamado incontinencia esencial y que no 
tiene de esencial como ha dicho muy bien el Dr. Ba- 
zy más que la ignorancia en que estamos de las cau- 
sas que la producen, esta incontinencia nocturna que 
tan frecuentemente encontramos en nuestra cliente- 
la y de la que se nos habla como de un mal menor, 
es la mayor parte de las veces de origen tuberculoso, 
este mismo Dr. Bazy cree (3) que las lesiones tu- 
berculosas del riñon al principio pueden, fuera de 
todo otro síntoma, producir polakiura, con piliuria, 
e incontinencia nocturna (que no es más que una 
manifestación de la poliuria), y en 1905 en una co- 
municación a la Sociedad de Cirugía reporta la ob- 
servación de una niña de 14 años que tenía desde 
hacía poco tiempo frecuencia de las micciones e in- 
continencia nocturna; fué tratada por la belladona 
sin resultado y Bazy afirma que no podía citarse una 
sola observación de tuberculosis renal en la cual no 
hubiese habido anteriormente incontinencia noctur- 
na. No debemos mirar con indiferencia este sínto- 
ma, no debemos confiar en que desaparecerá con la 
edad del pequeño paciente, o que es simplemente ner- 
vioso, debemos examinar su sistema ganglionar, etc., 
y pensar que la incontinencia esencial no existe. 

Hace poco vino a vernos a la consulta una infeliz 
señora con una hija suya de 12 años de edad, a quien 
tenía en un colegio de religiosas ocupando una beca 
de pobre; esta niña tiene la desgracia de padecer de 
incontinencia nocturna y las madres como ella dice, 
se han cansado de imponerle penitencias a la pobre 
niña para quitarle esa fea costumbre y como no han 
conseguido nada, han decidido hacerla salir de cole- 
gio, y la madre desolada porque ve en peligro la edu- 
cación de su hija, nos implora un remedio. Vean 
ustedes como en aquel colegio, por ignorancia, lejos 
de curar el mal, lo agravaban debilitando ese tierno 



(3) DR. DENIS COURTADE.— De l'incontineaic© nocturnj» dlU es- 
sentjieUe. Pág. 7, 52. 



28 ANALES DE LA 



organismo con los castigos, siendo así que lo racio- 
nal hubiera sido robustecerlo por todos los medios 
evitándole fatigas corporales y cansancio intelectual. 

En muchos de estos casos depende la incontinen- 
cia de una intensificación de la acidez de la orina, 
durante el día estos enfermos sienten una sensación 
de ardor en las micciones y durante la noche con el 
sueño profundo, la vejiga por acción refleja se con- 
trae y expulsa su contenido, en algunos casos exis- 
ten verdaderas bactetiurias. El Dr. Desnos exami- 
nando sistemáticamente al cistoscopio (4) estos en- 
fermos incontinentes ha podido a menudo comprobar 
en niños que no han presentado nada de patológico, 
una alteración de los orificios ureterales consistente 
en rubicundez ligera, un ensanchamiento del orifi- 
cio con vascularización periférica. Lesiones carac- 
terísticas de la tuberculosis renal al principio. 

A la acidez de la orina en estos casos sospecho- 
sos hay que darle una gran importancia, sobre todo 
a la duración de esta acidez (5) que en los tubercu- 
losos parece ser ia más larga que en otros enfermos, 
véase lo que dice el doctor Barragan Bonet, de Ma- 
drid, en cuanto a la manera de comprobar esta pro- 
piedad : 

''Se recoge la orina del enfermo que sospechamos 
tuberculoso, y que no está sujeto a medicación algu- 
na ; de esta orina se colocan 10 c. c. en un matracito, 
se decolora un poco con cincuenta centímetros cúbi- 
cos de agua destilada, se le añaden tres gotas de 
fenolptaleína, se titula oon solución deci-normal de 
sosa y se expresan los resultados en ácido sulfúrico 
por litro. 

Este matracito se tapa con una campana para 
preservarlo del polvo y del aire y se comprueba des- 
pués que esta orina conserva su reacción acida por 



(4) AsBOc. Fr. d'Urologie. Pág. 121. 

(5) Dr. M. BARRAGAN. — La tuberculosis renal y su» trataml«n- 
tos. — "Los Progesos de la Clínica.", Madrid, octubre de 1919. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 29 



un espacio de tiempo que varía de doce días, a seis 
meses. 

Estudiando la acidez cuotidiana de la orina de 
los tuberculosos y la de los sujetos normales, se ve 
que las primeras guardan largo tiempo la acidez pri- 
mitiva dando por consecuencia una curva distinta 
a las de las orinas nonnales. Esta duración de la 
acidez de la orina aumenta en los tuberculosos en 
razón directa del período en que se encuentren; du- 
ra diez y siete días en el primero, veintiséis en el 
segundo, y cuarenta en el tercero. 

Malmejac concede una gran importancia diag- 
nóstica a este síntoma ya que se presenta en el 97 
por 100 de los casos y no sólo aparece en el período 
de estado sino mucho antes de que se presenten los 
signos fí micos de la tuberculosis renal. Puede de- 
cirse por tanto, que la duración de la acidez urinaria 
constituye un elemento más para el diagnóstico pre- 
coz de la tuberculosis renal." 

El doctor Barragan Bonet ha comprobado este 
síntoma precoz desde mayo de 1918 hasta que pu- 
blicó su trabajo (octubre de 1919), con resultados 
positivos. Debemos agregar, que en la tuberculosis 
urinaria, nunca la orina es amoniacal. 

Habíamos dicho anteriormente que en muchos 
casos de polakiuria y poliuria con incontinencia noc- 
turna, había verdadera bacteriuria o más propia- 
mente, baciluria con ríñones sanos. 

La baciluria simple (6) o el paso del bacilo de 
Koch en la orina a través del filtro renal sano, es, 
según la expresión de Jousset, la manifestación más 
débil de la bacilización del riñon. 

Las experiencias de Foullerton e Illier sobre 8 
individuos que murieron en el hospital, los cuales 
fueron autopsiados sin encon timárseles lesiones tu- 
berculosas en sus ríñones, son concluyentes. La ino- 
culación de la orina de estos enfermos en cobayos 



(6) Dr. RAFIN. — Enciclopedia Francesa de Urología, 



30 ANALES DE LA 

fué positiva en 6 casos y negativa en 2 casos; estos 
sujetos habían muerto de tuberculosis pulmonar. El 
examen microscópico de la orina de aquellos enfer- 
mos que habían suministrado pruebas positivas, no 
mostraban ningún indicio de nefritis u otras lesio- 
nes del aparato urinario, uno solo contenía albúmina. 

Fournier y Beafumé en 1902 encuentran el baci- 
lo en la orina de 15 sujetos atacados de tuberculo- 
sis a localizaciones variadas, pero en general agudas. 

Pousson (7) reporta un caso a la VIII sesión de 
la Asociación Francesa de Urología, año de 1904, 
que viene en apoyo de esta opinión. 

E. Rist y León Kindberg (8) explican esta baci- 
luria con ríñones sanos de la manera siguiente : Pa- 
ra ellos la inoculación inicial de la tuberculosis data 
de la infancia y la infección tuberculosa es el resul- 
tado de reinfecciones sucesivas múltiples, endógenas 
y exógenas, gracias a su tuberculización inicial, el 
individuo adquiere una inmunidad contra las inocu- 
laciones bacilares mínimas, a las cuales está sin ce- 
sar expuesto ; pero sufre una reinfección masiva, en- 
dógena o exógena, se muestra hiper-sensible y la en- 
fermedad se desarrolla. 

La inmunidad creada por la primera infección 
no es comparable prácticamente a la inmunidad só- 
lida que crean buen número de infecciones agudas 
(viruela, escarlatina, fiebre tifoidea, etc.), ella es 
incierta y variable, a menudo no es más que relativa. 
Coexisten pues, un estado de inmunidad y de hiper- 
sensibilidad. 

Esta hipersensibilidad varía según los individuos 
y en el mismo individuo de tiempo en tiempo, al gra- 
do de factores que nos escapan, pero ella persiste 
tan largo tiempo como la inmunidad y desaparece 
con ella. Esta coexistencia de la inmunidad y la 



(7) F. LEGUEU. — Tratado médico quirúrgico de Um yíM urinartM. 
Página 556. 

(8) E. RIST et L. KINDBEBT.— El rlfldn die lo« t|Qb«rculoao«.— - 
"La Bevue de la Tobercalose. " 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABAXA 3^ 



hipersensibilidad es precisamente el estado al cual 
Von Pirquet ha dado el nombre de Alargia. 

El organismo del tuberculoso está en estado per- 
manente de alargia, en este organismo se producen 
de tiempo en tiempo descargas bacilémicas que pue- 
den dar lugar a lesiones viscerales variadas. 

La descarga bacilémica se produce, pero el orga- 
nismo y en particular el riñon posee una inmunidad 
casi completa; la mayor parte de los bacilos son des- 
truidos; algunos pasan; éstas son las bacilurias sin 
lesiones renales y los casos en los cuales una inocu- 
lación del fragmento renal es positiva, sin que el mi- 
croscopio demuestre lesión constituida. 

Si la inmunidad es menos sólida, o si la cantidad 
del virus es más grande, el bacilo provoca lesiones 
variadas: tubérculos, granulaciones, infiltraciones 
tuberculosas, etc. 

Si la inmunidad relativa es bastante fuerte, se 
produce una reacción conjuntiva bastante intensa. 

El estado de septicemia es incompatible con el 
estado de alargia. En este caso la sangre no es más 
que el vehículo de la bacteria, por otra parte, el ba- 
cilo no se encuentra en la sangre más que en esos 
momentos de descargas bacilémicas. 

Para Legueu no se puede concluir de la infección 
tuberculosa del riñon por la sola presencia del ba- 
cilo de Koch en la orina, a menos que vaya acompa- 
ñada de gran cantidad de leucocitos. 

Otro síntoma precoz de la tuberculosis renal que, 
no debemos olvidar, es la albuminuria, dicha albumi- 
nuria pre-tuberculosa señalada por Teissier (Le 
Lion) y Bazy. 

Dice Rathery (9) : "La existencia de una nefri- 
tis, o de una albuminuria, sobreviniendo sin causa 
en un individuo joven, debe llamar siempre la aten- 



(9) F. BATHEBY.— lias aibomlixiirlas del principio de U taboca 
losia pulmonar. — "La Revue de la Tuberculose. " 



32 ANALES DE LA 

ción del médico, sobre el origen tuberculoso de se- 
mejante trastorno, esa albuminuria intermitente, 
irregular^ reencontrada en los adolescentes, débiles, 
anemiádos, asténicos, debe ser siempre tenida por 
sospechosa de tuberculosa." 

"En realidad no existe ningún síntoma patognó- 
mico de la naturaleza tuberculosa de una nefritis. 
Se tiende cada vez más a reconocer que no existen 
histológicamente lesiones específicas, y parece que 
debe ser lo mismo en clínica. Toda albuminuria, toda 
nefritis sobreviniendo sin causa en un sujeto joven, 
sobre un organismo no tarado aun por infecciones 
e intoxicaciones múltiples, debe ser considerado co- 
mo sospechoso, ai punto de vista de su origen tu- 
berculoso posible." 

Hemos tratado, como se comprenderá, de trazar 
lo que pudiéramos llamar el cuadro sintomático de 
la pre-tuberculosis del riñon, o si se piensa que este 
cuadro corresponde más bien, al inicio ya de la le- 
sión, llamémosle síntomas precoces de la tuberculo- 
sis renal. 

Sea como fuere, y sin entrar a discutir si la tu- 
berculosis renal es primitiva o es secundaria de otra 
Ipcalización tuberculosa, del pulmón por ejemplo, 
que haría cambiar la faz del problema. Sin que nos 
detengamos a analizar los casos en los cuales la 
afección es unilateral o bilateral, sin que entremos 
tampoco en la tan debatida cuestión de las vías de 
infección que nos apartaría de nuestro objeto. Séa- 
nos permitido dar la voz de alerta acerca de este 
conjunto de síntomas, que si es verdad que algunos 
de ellos son de la exclusiva observación del médico, 
no es menos cierto que otros están al alcance de fa- 
miliares y tutores. 

Como decíamos al comienzo de este trabajo, es 
necesario pensar en la tuberculosis renal. Una vez 
que hayamos hecho el diagnóstico, habrá llegado la 
hora de determinar si la lesión es primitiva o es se- 
cundaria, es bilateral o unilateral. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 33 

Pensad a cuántas meditaciones se presta la dis- 
crepancia que se nota entre la frecuencia que denun- 
ciamos y la baja mortalidad acusada en las estadís- 
ticas demográficas, siendo como es tan discutida, ne- 
gada por decirlo así, la curación espontánea de esta 
afección. Dice el doctor A. Grandjean (10) : "La 
tuberculosis renal, que parecía una rareza antes, se 
vuelve cada vez más frecuente, a medida que se la 
conoce mejor y esto se explica tanto mejor, cuanto 
que el riñon encargado de eliminar las excretas y 
venenos orgánicos estará más expuesto que todo otro 
órgano a la infección por las diversas vías, sanguí- 
nea, pleuro-pulmonar, linfática, ascendente. 

Pensad siempre que el éxito, la curabilidad de- 
pende del diagnóstico precoz. 

Y pensad, señores, en el número de enfermos que 
hemos visto llegar atacados de esta afección, ende- 
bles, macilentos, terrosos, indiferentes, porque te- 
niendo albúmina en sus orinas, habían sido tomados 
por nefríticos de otro origen y sometidos a una dieta 
láctea absoluta que los aniquilaba, pues bien, estos 
enfermos han revivido, como la flor mustia que se 
humedece, cuando han sido sometidos a otra alimen- 
tación, compatible con su estado, porque en la tu- 
berculosis renal como en todas las tuberculosis, hay 
que nutrir al enfermo. 

Casi a la terminación de este trabajo se nos pre- 
senta un joven que tiene, desde hace algún tiempo, 
cierto trastorno que le obliga a vaciar su vejiga ca- 
da media hora o una hora cuando más, esto le ocu- 
rre tanto de día como de noche, no ha tenido hema- 
turias, sus micciones son turbias, su médicoi cre- 
yendo que se trataba de un cálculo vesical, le hizo 
radiografías con resultados negativos, pero practi- 
cando un análisis de orina el día 11 de marzo pasado, 
acusó la presencia de albúmina en cantidad de 0.10 



(10) Dr A. GRANDJEAN.— Pathologie del papill€* renales. (C»- 
thelin travaux annuels de l'Hopítal d'Urologie, Paría. 



34 ANALES DE LA 



centigramos por 1,000 de orina, y con tal motivo, 
lo sometió a un severo régimen lácteo y efectivamen- 
te, el día 13 de abril, un mes después, el enfermo ha 
empeorado de sus molestias vesicales y tiene 0.40 
centigramos de albúmina por litro de orina, su es- 
tado general es peor. 

Sucede a menudo que un individuo atacado de 
una lesión tuberculosa renal acusando albúmina en 
sus orinas, se le toma por un nefrítico de otro origen, 
se le somete a un severo régimen dietético, el en- 
fermo se debilita, pierde en peso, se anemia, sus 
lesiones locales se agravan por esta circunstancia, 
y concluye por volverse un tuberculoso pulmonar 
también, si hemos de admitir la teoría de la tubercu- 
losis renal primitiva. O sucede el caso contrario, 
un individuo con una lesión pulmonar ignorada o 
tan tenue que es difícil de descubrir, empieza a te- 
ner fenómenos renales, albuminuria, y cuando había 
llegado la hora de nutrirlo y defenderlo, lo somete- 
mos al régimen dietético que lo prepara para tener 
una mayor invasión de su enfermedad y acaba con 
su existencia. 

Pensemos, señores, en la tuberculosis renal, y no 
nos alarmemos porque entre nosotros aumenten los 
casos de esta enfermedad, si ello es debido a que la 
conocemos mejor. 

ACADEMIA DE CIENCIAS MEDICAS, FÍSICAS Y NATüEALBS 

DE LA HABANA 

PROGRAMA DE LOS PREMIOS PARA 1921 

Premio del Presidente Gutiérrez.— Consiste 
en la cantidad de cuatrocientos pesos, moneda ofi- 
cial, al mejor trabajo que se presente sobre el tema : 
Necesidad de un formulario farmacéutico naciotuiL 
Sinopsis del libro. 

El formulario contendrá la descripción y prepa- 
ración de los medicamentos ''no comprendidos" en 
la farmacopea, que a menudo formulan nuestros 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 35 



médicos, y demás reglas y procedimientos generales 
para el reconocimiento, preparación y conservación 
de los expresados medicamentos. 

Premio CaÑongo. — Consistente en la cantidad 
de doscientos cincuenta pesos, moneda oficial, que se 
otorgará al mejor trabajo que se presente sobre un 
tema de libre elección. 

Premio Gordon {Fisiología). — Consistente en 
una medalla de oro, que se otorgará al mejor traba- 
jo que se presente sobre el tema: Correlación de las 
glándulas endocrinas. 



Las Memorias de los que aspiren a los Premios 
se recibirán en la Secretaría de la Academia, calle 
de Cuba, número 84, A., hasta las seis de la tarde 
del 31 de marzo de 1921. Deben ser originales, iné- 
ditas, escritas en castellano, inglés o francés, remi- 
tirse en pliego cerrado y lacrado, con un lema en su 
cubierta y sin que por ningún indicio se pueda des- 
cubrir al autor. En otro pliego, también cerrado y 
lacrado, se enviará el nombre y el domicilio del au- 
tor, con el mismo lema de la Memoria en su cu- 
bierta. 

A los dos últimos premios podrán aspirar los 
señores académicos. 

En la sesión solemne de 19 de mayo de 1921, se 
efectuará la adjudicación de los premios a los auto- 
res de las Memorias premiadas, destruyéndose en 
ese acto los pliegos que contengan los nombres de 
los no agraciados. 

Las Memorias premiadas o no, serán propiedad 
de la Academia. ; 



36 ABALES DE LA 



PLAN DE tJNA CAMPAÑA SANITARIA CONTRA EL 

PALUDISMO EN LA REPÚBLICA DE CUBA (•) 

Por el J)r. Julio F. Arteaga 

Este tema propuesto por la Academia de Ciencias 
Médicas, Físicas y Naturales de la Habana para po- 
der optar con un trabajo, a uno de los premios del 
concurso de 1920, tiene a nuestro juicio, considera- 
ble significación, pues no tan sólo es de gran impor- 
tancia científica dentro y fuera de Cuba, sino tam- 
bién es de sumo interés local. 

Perdonósenos que califiquemos de muy acertada 
esa determinación de la colectividad científica más 
autorizada del país, al acordar se estudie ese asunto, 
ya que la condición nuestra al presentar este traba- 
jo en pos del honroso lauro, es el de ser calificados 
y no calificadores. Pero francamente, rara vez se 
ha presentado para estudio ante esa sabia sociedad, 
un problema tan trascendental como éste de la mane- 
ra de combatir el paludismo ya endémico en nues- 
tra patria. 

No para disculparnos de la insuficiencia del es- 
fuerzo al exponer nuestras ideas de lo que debe cons- 
tituir un plan de campaña contra el paludismo, pe- 
ro sí con el propósito de deplorar las dificultades 
que se presentan en nuestro medio, para hacer algo 
completo, especialmente desde el punto de la biblio- 
grafía, tenemos que confesar que no hemos titubea- 
do en repetir lo que pudiera estimarse como nocio- 
nes elementales sobre el paludismo, pero no por eso 
menos esenciales y pertinentes al objeto del trabajo. 

Sírvanos de excusa de nuestra poca originalidad, 
la sentencia clásica latina: "Nihil dictum quod non 
dictum prius", y además esta frase del gran pensa- 
dor José Martí: "Todo está dicho ya; pero las co- 
sas, cada vez que son sinceras, son nuevas." 

(*) Presentado con el lema "Malaxiología sanitaria" en el con^ 
curso de Premios Suárez Bruno de la Acadconia de Ciencias de la Ha- 
bana, obteniendo el aecésit, mavo 19 de 1920. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 37 

Necesidad de la campaña anti-palúdica en Cuba 

El paludismo en Cuba, sin ser tan terrible en sus 
efectos como otras enfermedades, por ejemplo la tu- 
berculosis, no deja de ser tan temible, aun cuando 
el distinguido sociólogo Dr. R. J. Fosalba (1) no 
juzgó de gran importancia el paludismo en Cuba, 
comparándolo con el de otros países, porque en la 
época en que opinaba así tendría delante las estadís- 
ticas cubanas sobre esa enfermiedad hasta esa fe- 
cha, año de 1914; pero aquella opinión probable- 
mente se hubiera modificado al hacerla algunos años 
más tarde, y con lo cual vendría bien entonces, con- 
firmándola, esta otra afirmación del citado trabajo: 
*'la acción del paludismo es principalmente destruc- 
tora y biológicamente alteradora, y causa a la hu- 
manidad más perjuicios económicos que las crisis 
monetarias", y la otra, que "en algunos distritos 
maláricos todas las personas están prácticamente 
atacados y la pre,valencia de la enfermedad es causa 
de degradación de esos pueblos, física y moralmen- 
te hablando." 

Porque no puede negarse que durante los últi- 
mos tres o cuatro años elementos previsores de nues- 
tra sociedad, y muy especialmente los funcionarios 
de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, se han 
alarmado ante la creciente morbilidad y mortalidad 
debidas al paludismo en el territorio de la nación. 
Basta para comprobar lo que afirmamos, con citar 
los nombres de Culteras, Méndez Capote, Le Roy, 
Pons y Pazos, quienes han llamado la atención re- 
petidas veces, al peligro de la endemicidad palúdi- 
ca en Cuba. 

El doctor J. Culteras (2) ante la Academia de 
Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, 



(1) K. J. FOSALBA. — La mortinatalidad y la mortalidad iiifautil 

en la República de Cuba. Segunda edición, pág. 150-152. 

(2) J. QUITERAS. — El Schistosomum Mansoni en Venezuela. — 
Anales de la Academia de Ciencias de la Habana, tomo LIV. pág. 101. 



38 ANALES DE LA 



en la sesión de 22 d^ junio de 1917, se lamentaba 
de la inmigración de ciertos elementos étnicos per- 
judiciales a Cuba, tanto desde el punto de vista mo- 
ral como desde el de la higiene pública, especialmente 
desde este último, pues ellos podían transmitir y 
propagar enfermedades infecciosas y parasitarias. 
Y la Academia estimando el asunto de interés na- 
cional elevó al Gobierno una protesta, señalando los 
peligros a la salud pública, por la admisión de esa 
clase de inmigrantes. 

El doctor F. Méndez Capote (3) al inaugurar 
las tareas del Cuarto Congreso Médico Nacional, de- 
cía: "Otro problema sanitario serio y de importan- 
cia económica preocupa en estos momentos a la Sa- 
nidad. El paludismo se desenvuelve en Camagüey 
y Oriente en proporciones extraordinarias ; los gran- 
des desmontes, roturación de terrenos, la actividad 
agrícola en general, se desarrolla en aquellas vír- 
genes regiones con inusitado incremento, creando 
las condiciones necesarias para la aparición y el 
crecimiento de esa epidemia difícil de dominar. Y 
como si la situación no fuera de suyo complicada 
y ardua, la hace más sombría y más difícil para la 
actuación de la Secretaría de Sanidad, la no inte- 
rrumpida corriente de inmigrantes haitianos, domi- 
nicanos y jamaiquinos, inmigración cuyos peligros 
para Cuba han sido señalados bajo sus diversos as- 
pectos." Y también, que "la propagación del palu- 
dismo por medio de aquellos nuevos extraños ele- 
mentos de población, se acentúa cada vez más, los 
hombres de trabajo se inutilizan por centenares en 
los campos, y he aquí agravados los problemas sa- 
nitarios y económicos. La Secretaría de Sanidad 
ha emprendido una vigorosa campaña para domi- 
nar esta situación; pero siempre ha encontrado los 
intereses públicos. La campaña se hace, por lo mis- 

(3) F. MÉNDEZ CAPOTE. — Discurso de apertura de Cuarto Con- 
greso Médico Nacional Eev. de Med- y Clr. de la Habana, tomo XXIII, 
páginas 5-12. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 39 



mo, más difícil, más laboriosa y más prolongada, 
y del encuentro y cheque de esos intereses surgen 
las situaciones difíciles; pero. . . al fin con la coo- 
peración de todos, hemos de triunfar en este empeño 
;aludable." 

El doctor Le Roy (4) ante ese mismo Congreso 
Médico y con plétora de cifras reveladoras del mal 
palúdico en nuestro país, la calificó de '^alarmante, 
debido en gran parte a la furtiva introducción de 
elementos poco deseables a nuestro país." 

Por último, los doctores J. F. de Pazos y J. B. 
Pons (5) al tratar del paludismo en un informe 
interesante, dicen: "debido a la introducción de ca- 
Fos procedentes de Haití y Jamaica, por la inmigra- 
ción clandestina de estos sujetos poco deseables, en 
la región oriental de la Isla, se presenta de nuevo 
el problema de la Malaria, de un modo pavoroso, 
que ha amenazado la paralización de algunos inge- 
nios de estas localidades y hecho gastar al Gobierno 
algunos miles de pesos, sin que hasta el momento 
se hayan conseguido resultados apreciables." 

Pudiéramos continuar citando otras opiniones 
sobre lo mismo, pero no tendrían más valor que las 
ya citadas, para demostrar que desde el año 1914, 
constituye el paludismo en Cuba una amenaza a la 
salud pública. 

Por el análisis de las estadísticas podemos com- 
probar la aseveración anterior, y también hasta qué 
punto son responsables de esa situación los elemen- 
tos extraños que han invadido el país, siendo de 
naturalidad distinta a la nuestra y perteneciendo a 
razas, o divisiones de ellas, que se dice son inferiores 
a las de Cuba. 

Ciertamente que hasta hace pocos años teníamos 
gran orgullo en proclamar por todos los medios de 

(4) J. LE ROY. — Estudio demográfico del paludismo en Cuba. — 
Rer. de Mcfl. y Clr. de la HaT)ana. tomo XXIV, pág. 422-436 

(5) J. F. DE PAZOS V J. B. PONS.— Informe del estado actual 
de la prevalencia de la unciuariasie, malaria y tifoidea en el interior 
<le la Repúblicia. Habana, febrero 14 de 1981. 



40 ANALES DE LA 

la publicidad, que la mortalidad en nuestra patria 
podía ser comparada favorablemente con la de cual- 
quier país del mundo y en congresos médicos o cien- 
tíficos, nacionales y extranjeros, y además en la 
prensa médica de Cuba, se publicaron las estadísti- 
cas que tanta satisfacción causaban a los cubanos. 
Y entre los coeficientes publicados, recordamos espe- 
cialmente los de paludismo, presentados por el doc- 
tor Arteaga (6) ante el Séptimo Congreso Médico 
Panamericano celebrado en San Francisco de Cali- 
fornia, el 18 de junio de 1915; y también los del 
doctor Le Roy (4) ante el Cuarto Congreso Médico 
Nacional celebrado en la Habana en 1917. Las ci- 
fras de ambos se dan a continuación: 

MORTALIDAD POR PALUDISMO EN LA REPÚBLICA, SOBEE LA 
BASE DE DIEZ MIL HABITANTES 

Años Arteaga Le Roy 

1906 5.77 5.77 

1907 4.51 4.51 

1908 3.44 3.46 

1909 3.38 3.34 

1910 2.77 2.77 

1911 2.28 2.30 

1912 2.16 2.10 

1913 1.86 1.86 

1914 1.87 1.84 

1915 2.15 

1916 2.75 

Y no menos notables son las cifras de capital, se- 
gún puede verse a continuación : 

Arteaga Le Roy 

Años (Por diez mil) (Por mil) 

1899 37.90 3.76 

1900 13.70 1.30 

1901 5.87 0.55 



(6) J. F. ARTEAGA. — Progreso sanitario de Cuba. Rev. de Med. y 
C%. de ia Habana, tomo XX, pág. 279-282. 
(4) Obra citada. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4X 





Artea 


ga Le 


Roy 


Años 


(Por 


diez mil) 


(Por mil) 


1902 




2.90 


0.29 


1903 




1.87 


0.19 


1904 




1.57 


0.16 


1905 




1.11 


0.11 


1906 




0.88 


0.08 


1907 




0.76 


0.08 


1908 




0.60 


0.06 


1909 




0.18 


0.02 


1910 




0.47- 


0.05 


1911 




0.39 


0.04 


1912 




0.12 


0.01 


1913 




0.16 


0.01 


1914 




0.11 


0.01 


1915 






0.01 


1916 






0.04 



Los coeficientes de mortalidad por paludismo en 
la nación durante 1917 y 1918, según el Negociado 
de Demografía Sanitaria Nacional, fueron respec- 
tivamente 2.41 y 1.62 por diez mil. En la capital 
y para esos mismos años, 0.01 y 0.02 respectivamen- 
te por mil; para 1919, 0.05 por mil. 

Desgraciadamente, desde 1915 no se ha podido 
lograr una cifra baja para el paludismo y por eso 
se ha renovado la lucha contra esa enfermedad, es- 
pecialmente en aquellas regiones donde se ha ense- 
ñoreado el mal que dio a Laveran la oportunidad de 
hacerse famoso. 

Del citado trabajo del doctor Le Roy se pueden 
hacer muchas deducciones importantes y nosotros 
aprovecharemos algunas de ellas, para demostrar 
que en efecto, se hace necesario una buena campaña 
contra el paludismo entre nosotros, no tan sólo por 
motivos humanitarios sino también por razones de 
orden económico nacional. 

La primera enseñanza que se obtiene de la es- 
tadística del trabajo a que nos referimos es, que han 
ocurrido más defunciones por paludismo entre los 



42 ANALES DE LA 



hombres que entre las mujeres, en el período 1902- 
1916; esto es de esperarse, por cuanto la proporción 
de hombres es mucho mayor que la de mujeres y 
además porque el sexo masculino está más expuesto 
a la infección palúdica por sus trabajos al aire libre 
en el campo, aun a altas horas del día y de la noche. 

Otra deducción que se deriva de ese estudio de- 
mográfico es, que en todos los meses se presenta la 
enfermedad, lo que equivale a decir que en Cuba no 
debe limitarse la campaña anti-palúdica a determi- 
nada época del año, como hacen en otros países que 
se sabe tienen paludismo en los meses de calor y de 
lluvia. Sin embargo, conviene hacer notar que en 
Cuba durante el mes de diciembre aumenta la mor- 
talidad por paludismo, es decir, que en ese mes, que 
precisamente es el del comienzo de "la zafra" o séease 
la molienda de la caña de azúcar y que por lo tanto 
exige la presencia en los ingenios de mayor número 
de trabajadores, es un período peligroso y cualquier 
esfuerzo que se haga para combatir el paludismo en 
Cuba, aunque sea constante y continuo, requiere que 
en diciembre de cada año se extremen las autorida- 
des en ser más eficaces en la guerra contra el pa- 
ludismo. 

También se concluye al estudiar el trabajo men- 
cionado que son las provincias miás orientales las que 
proporcionalmente han tenido mayor mortandad 
comparándolas con las provincias occidentales. Véa- 
se a continuación: Oriente 8,353, Las Villas 4,651, 
Camagüey 1,025, Habana 2,353, Matanzas 1,543, 
Pinar del Río 1,898. La explicación de esto ya la 
indicó el doctor Méndez Capote al referirse a la vir- 
ginalidad agrícola de aquellas zonas. 

El hecho de que en las capitales de provincias y 
otras ciudades donde hay hospitales aparezcan con 
una mortandad crecida de palúdicos, no implica que 
la mortabilidad en ellas sea mayor que en otras po- 
blaciones .de menor categoría o aun en pleno campo, 
y nos explicamos el fenómeno sabiendo que los com- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABAXA 43 



ponentes de la población trabajadora de las fincas 
rurales es bastante avisada para saber que en las 
ciudades mayores pueden ser tratados con más ele- 
mentos; en otras palabras, que los casos notificados 
son realmente enfermos importados de los barrios 
rurales. Y en apoyo de esto encontramos que Lebre- 
do (7) desde 1916 decía, refiriéndose a que en Orien- 
te y Camagüey el paludismo era secundario, lo si- 
guiente : 

''En cambio el paludismo grave extenso, es el que 
se encuentra en los focos verdaderamente rurales: 
centrales, colonias, desmontes y regiones mineras. 
La existencia de casos innumerables de paludismo 
en esos lugares el trasiego constante de los enfermos ; 
la vida en común con ellos en campamentos que no 
e?tán a prueba de mosquitos ; la existencia abundan- 
te, en esos lugares del anofeles, ha producido una 
contaminación general tan efectiva, que puede de- 
cirse se hacen pronto palúdicos cuantos viven y cuan- 
tos llegan a esas regiones. Los allí atacados y no 
bien atendidos, vienen a los poblados, a las ciudades 
y hasta a la Habana." Y en otro informe posterior 
demostraba cómo en la ciudad de Santiago de Cuba 
el paludismo era secundario, procedente de los barios 
rurales. 

Pero lo que estimamos como más importante de 
todo el trabajo tan repetidamente citado del doctor 
Le Roy, es esto: que aun en el período estudiado de 
1902 a .1916, es decir, antes del aumento que ha ha- 
bido de la enfermedad últimamente, aparece un gran 
total de 12,269 muertos en toda la nación, y de los 
cuales 5,379 fueron niños menores de cinco años, 
y 1,511 en individuos entre los 20 y 29 años de edad. 
Detengámonos a considerar lo anterior. Por lo pron- 
to vemos que el 43.8 por ciento de las defunciones 
por paludismo son en niños sumamente jóvenes, y 
esto nos lleva a la conclusión de que se trata de un 



(7) M. G. LEBREDO. — La invasión palúdica en las provincias da 
Camagüey y Oriente. Boletín de San. y Beneflconcia^ tomo XVII, pág. 99. 



44 ANALES DE LA 



problema muy serio de mortalidad infantil que me- 
rece resolverse. Y por otra parte, la juventud re- 
presentada por los límites de 20 y 29 años de edad, 
nos da un 12.3 por ciento, coeficiente también bas- 
tante respetable y que nos hace pensar si es aquí 
donde influye la inmigración "no deseable" de que 
tanto se ha protestado. 

Al principio de este trabajo nuestro citamos el 
magnííico estudio laureado por esta misma Acade- 
mia, del doctor Fosalba ( 1 ) , y ahora con más razón 
apelamos a él en busca de una explicación ; vemos que 
"el paludismo ocupa el octavo lugar en el grupo de 
menores de un año y el quinto en los otros dos gru- 
pos" (que comprende de 1 a 9 años) y "el prome- 
dio de la mortalidad por paludismo en la República 
ha sido durante los quinquenios 1903-1907 y 1908- 
1912, de 4.44 y 1.80 menores de un año por cada 
mil nacimientos." El autor admite que ha habido 
una recrudescencia en la morbilidad y mortalidad, 
y las atribuye a causas selectivas como las del me- 
dio ambiente y las del medio social en que vivimos. 
Por ejemplo, las temperaturas y condiciones de hu- 
medad tan desfavorables de los trópicos ; la mala ali- 
mentación, especialmente de las mujeres que crían 
sus hijos; las habitaciones deficientes de la gran ma- 
yoría de nuestros campesinos y hasta de los pobla- 
nos, además de otras circunstancias que contribuyen 
a castigar a los debilitados, los predispuestos, los 
mal nutridos, los pobremente abrigados y los menos 
cuidados, que son generalmente los que integran la 
casi totalidad de la población infantil cubana. De 
ahí nuestras aterradoras cifras de mortalidad in- 
fantil, a las cuales contribuye el paludismo, como 
queda demostrado. 

Ysi aterrador nos ha de parecer ese problema 
en los niños, por la pérdida de vidas que nadie pue- 
de calcular con exactitud lo que representan econó- 



(1) Obra citada. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



micamente, no menos trascendental resulta el de ese 
otro elemento, que al llegar al vigor de la juventud 
los 20 los 29 años, desajoarece para la humanidad o 
por lo menos para aquella parte de la sociedad donde 
debiera haber desarrollado sus energías, y no deci- 
mos que después de haber sobrevivido al peligro pa- 
lúdico de la primera edad ; porque es casi seguro que 
los que lograron pasar a la madurez del crecimien- 
to y fallecieron, fueron extranjeros que vinieron a 
Cuba, ya legítimamente al travez del tamiz de nues- 
tras cuarentenas sanitarias y emigratorias o ya 
clandestinamente, como se asegura que viene suce- 
diendo en las provincias de Oriente y Camagüey. De 
todos modos puede achacársele a todos esos emigran- 
tes la posibilidad de ser portadores de gér- 
menes de infecciones latentes que transmitién- 
dolas y propagándolas al elemento arraigado ya en 
el pais, nativo o extranjero, llegan a diseminarlos 
entre la población infantil donde causan grandes es- 
tragos. 5; #^íi 

Es necesario advertir que generalmente el nú- 
mero de braceros para realizar la zafra, fluctúa en- 
tre cuarenta mil a cincuenta mil y como ese contin- 
gente no se cubre con los cubanos nativos, porque 
éstos o no les agrada esta clase de trabajo o lo con- 
sideran mal retribuido, entonces se recurre a la im- 
portación de extranjeros, aunque sean oriundos de 
África y del Asia. 

Sobre el número de extranjeros que han tomado 
partean las últimas zafras, no ha sido posible ob- 
tener datos en la Secretaría de Agricultura, a pesar' 
de haberlos solicitado reiteradamente, pero es de su- 
poner que la proporción no sería menor de un 75 a 
un 80 por ciento del número total de los braceros. 

La guerra de 1914-1919 fué motivo para que los 
intereses azucareros de Cuba se dedicasen al logro 
de producciones anuales de azúcar jamás alcanza- 
das, y puede afirmarse que hasta problemas de núes- 



46 ANALES DE LA 



tra vida nacional quedaron subordinados como cosas 
muy secundarias a fin de satisfacer ese anhelo, sin 
reparar en nada. La relajación en la vigilancia sa- 
nitaria sobre los inmigrantes, entre otras, fué una 
de las consecuencias de ese estado de ánimo,, aunque 
justo es confesar como ya dejamos consignado, que 
hubo protestas razonadas de individuos y entidades, 
que al igual que nosotros entendieron y entienden 
que las vidas humanas que podían peligrar, aparte 
de las pérdidas económicas futuras que ellas repre- 
sentaban a la República, valían más, muchísimo más, 
que las ganancias materiales de unos cuantos ciu- 
dadanos cubanos y las de empresas extranjeras muy 
poderosas, pero radicadas en algún país vecino, qui- 
zás para no pagar contribución en la República de 
Cuba. 

La situación creada por la inmigración desorde- 
nada, y hasta anárquica si hemos de creer que la ha 
habido clandestina, tenía que llamar la atención de 
las autoridades sanitarias, y a armonizar mas que 
a combatir intereses encontrados fué, que se envia- 
ron a Camagüey y Oriente, comisionados tan com- 
petentes como el doctor Mario G. Lebredo, de fama 
internacional, y al doctor Florencio Villuendas, tam- 
bién conocido por sus dotes de cultura, inteligencia, 
actividad y energía. 

Desde 1917 hasta hace poco y con un crédito bien 
reducido, se ha luchado contra el paludismo, pero 
séase por la mezquindad de los recursos o por otros 
inconvenientes que no son para detallarlos aquí, lo 
cierto es que los éxitos han sido parciales y no re- 
compensan los esfuerzos realizados, continuando el 
paludismo como un azote, aunque algo atenuado, en 
aquellas provincias orientales. 

Se impone pues, renovar la campaña, pero con 
mayores recursos, a fin de poderla sostener por más 
tiempo y con mayor intensidad. Así interpretamos 
nosotros el anuncio del "Premio Suárez Bruno" pa- 
ra el concurso de 1920, como un nuevo grito de alar- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 47 



ma dado por la más alta corporación científica del 
país, con el objeto de que se busque la manera de 
acabar con una amenaza a la salud pública. 

Una campaña bien activa y constante, tal como 
puede hacerse en Cuba, no debe limitarse a uno o 
dos años, sino continuarla durante cuatro o cinco, 
hasta completar la obra de extirpar el mal. Estas 
batidas sanitarias, aunque no obtengan un triunfo 
absoluto al primer momento, a la larga siempre re- 
sultan provechosas y además económicas, pues la 
morbilidad, como dice Gray^íS), irá decreciendo ca- 
da año a la par que el costo de la campaña, como 
aconteció en el estado de California. 

Y comprobando esto vemos en el último informe 
anual del r/ie Rockefeller Foundation (9) que en Ar- 
kari^as, persiguiendo al mosquito solamente, se ob- 
tuvo que el costo per cápita en la campaña de 1917 
fuese de $1.45 y en 1918, de 44 centavos; además 
en otros puntos fué respectivamente para esos años 
de $1.25 y de 46 centavos. En ciertos lugares del 
Mississippi la institución aludida se dedicó única- 
mente a combatir el paludismo en los enfermos, en 
los portadores del germen etiológico, y se calcula que 
el costo inicial de la campaña p^r cápita, fué de un 
peso 80 centavos, mientras que el gasto antes se ha- 
cía en esa población en médicos solamente, llegaba 
individualmente a unos $5.00. 

BASES DE LA CAMPAÑA ANTIPALUDICA 

Todo plan de campaña antipalúdica tiene que 
fundarse sobre el reconocimiento de la clásica teo- 
ría Manson-Ross referente a la transmisión del ger- 
n.en etiológico por con'^ucto de las hembras de un 
género determinado de mosquito. 

Sin ese reconocimiento de los hechos demostra- 
dos, no es posible combatir científicamente al palu- 



(8) H. F. GRAY. — The cost of malaaria, Journal of the American 
Med. Association, Vol. 72, pág. 1,533. 

(9) Tlie Rockefellor Foimdattlon. — Annual Report, pág. 31-33, 1918. 



48 ANALES DE LA 

dismo; y en cambio sobre esa base se han logrado 
triunfos resonantes en Italia, en Panamá y en otras 
regiones famosas como focos temibles de paludismo. 

Aunque Stitt (10) afirma que en 1718 ya Lan- 
cisi relacionaba la existencia de pantanos con la pre- 
sencia de mosquitos, y la Dosibilidad de que éstos al 
picar, por medio de la trompa, transmitiesen al ser 
humano materias putrefactas y hasta animalículos ; 
y aunque repetidas veces se ha publicado que Nott 
(1848), Beauperthuy (1854). King (1883) y otros 
habían señalado la relación posible entre los mos- 
quitos y ciertas enfermedades como el paludismo y 
la fiebre amarilla, es bien sabido que el doctor Pa- 
trick Manson (11) en 1894 primeramente y luego 
en 1896, lanzó la hipótesis más científica, de que el 
parásito del paludismo, los hematozoarios de Lave- 
ran descubiertos en 1880, necesitaba de una fase 
de desarrollo fuera del cuerpo humano, y que para 
ello, la intervención de un animal chupóptero que lo 
extrajese de la sangre de los palúdicos era indispen- 
sable, siendo el mosquito, por su anatomía, su dis- 
tribución geográfica y sus hábitos el animal sobre 
el cual recayeron las sospechas de ser el huésped alu- 
dido. 

También se sabe que Ross desde 1895 estudió 
la hipótesis de Manson y en 1896 ante la Asociación 
Médica Británica reunida en Edimburgo demostró 
que si el mosquito de cierto género, se alimentaba 
con sangre de pájaros infectados con proteosoma.. 
este parásito, cuyo desarrollo es muy semejante al 
de los causantes del paludismo humano, pasaba la 
pared gástrica del insecto, crecía, esporulaba allí y 
los esporozoitios se encontraban después en las glán- 
dulas salivales del díptero, que picando a otros pá- 
jaros, podía propagar la infección a éstos. 



(10) E; E. STITT. -The diagnostics and treatment of tropical dis- 
eases. 2d. edition, Philadeliíhiíi, pág. 1-5U. 

i,U) P. MANSON.— Trapical di^iases, 3d. edition, 1903., pág. 17. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 49 

Y por analogía más esa prueba experimental, 
demostró Ross que la hipótesis de Manson merecía 
los honores de ser considerada como una teoría ple- 
namente confirmada. 

Luego se publicaron las innumerables y curiosas 
investigaciones de Mac Callum, Daniels, Kock, Gras- 
si y otros, que vinieron a darle más fuerza a la 
teoría, añadiendo cada una de ellas algún eslabón 
interesante a la cadena, siendo a nuestro juicio, de 
gran importancia, el descubrimiento de que en Ita- 
lia el Anapheles maculipennis fuese el huésped de- 
finitivo del pai^ásito, responsable antes y después de 
la enfermedad en el hombre, y hasta quizás en algún 
otro mamífero. 

No siendo el objeto de este trabajo estudiar el 
paludismo en todos sus aspectos, no creemos necesa- 
rio extendernos más en detalles sobre la teoría, que 
brevemente puede resumirse diciendo: el paludismo 
en la especie humana se transmite de un individuo 
a otro porque la hembra del anofeles en cierto pe- 
ríodo de la enfermedad en el hombre, pica a éste, a 
fin de chupar sangre caliente, necesaria para fines 
de su reproducción; los parásitos contenidos en la 
sangre mientras pasan del tubo digestivo del mos- 
quito a las glándulas salivales realizan su ciclo se- 
xual, y cuando el insecto pica a otro ser humano que 
no esté infestado lo inocula, inyectándole los pará- 
sitos infectantes que permanecían en las glándulas 
salivales. 

Biológicamente, el germen que pertenece a la fa- 
milia de los esporozoarios, orden de los hemosporí- 
deos, recorre dos ciclos; una llamado "asexual", en 
el ser humano y que va hasta el desarrollo del pará- 
sito y su división ; y el otro, el ciclo "sexual" que da 
lugar a formas diferenciadas, reproducidas en el 
mosquito y que pueden ser inoculadas de nuevo al 
hombre. 

Interrumpir ese ciclo sería lo importante, pues 
si no se establece entre el hombre y el mosquito un 



50 ANALES DE LA 



verdadero círculo vicioso, como bien lo ha descrito 
el doctor M. G. Lebredo (12). 

Es más, aun para los que no aceptan la teoría 
de Manson y sí la de Bignami, en la cual se supone 
que el mosquito se infecta del ambiente y a su vez 
infecta al hombre, sin que éste infecte al insecto; 
aun así hay motivo para perseguir sin dar cuartel 
a los mosquitos todos, en las regiones palúdicas. 

Aceptando lo anterior, el ideal sería perseguir, 
y hasta destruir, el germen infectante, pero la ex- 
periencia ha demostrado que eso es difícil de lograr, 
y que más práctico resulta combatir a los dos hués- 
pedes transitorios (al mosquito (*) y al individuo 
enfermo) y además, proteger a los seres humanos 
no afectados. Verdaderamente los factores princi- 
pales son : el mosquito y el ser humano. 

Del factor mosquito hay que considerar: a) la 
ovada, b) el estado larval incluyendo la pupa, y c) 
el mosquito adulto. La destrucción del insecto en 
cualquiera de esos períodos, así como evitar que pi- 
que a los enfermos palúdicos, o que si ha logrado 
picar a éstos no pueda picar a individuos sanos, son 
puntos que merecen discutirse muy detalladamente. 

Y del mismo modo, es decir, minuciosamente, 
hay que estudiar el tratamiento del paludismo y las 
medidas profilácticas que deben tomarse con los no 
afectados. 

Ahora bien, debemos consignar desde un prin- 
cipio, que toda campaña antipalúdica, debe ser ge- 
neral e individual, pública y privada. El Estado 
directamente por conducto de sus empleados sani- 
tarios, y coadyuvando las autoridades todas, más el 
cuerpo médico y el público, cumpliendo y haciendo 
cumplir todas las órdenes que emanen de la Direc- 
ción Nacional de Sanidad, llevaría a cabo una cam- 



(12) M. G. LíiBREDO. — Huéspedes de infección protozoárica. ReT. 
de Med. y Cir. de la Ha'bajja, tomo VIII, pág. 470. 

(*) Los principales autores consideran al mosquito como hoé«pe4 
"darfinitivo" del parásito. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 5¡ 

paña ofensiva y defensiva, que daría por resultado 
la extinción del paludismo en Cuba. 

Porque la batalla que habría de darse necesita 
de la cooperación de todos los ciudadanos, ricos y 
pobres, de todos los que pueden destruir un mosqui- 
to, hacer desaparecer un posible criadero de ese in- 
secto o puedan contribuir con sus conocimientos de 
índole médica a curar palúdicos o saber aconsejar 
cómo se evita el paludismo. 

Pero todo eso exige una organización autoriza- 
da, hábil, juiciosa y científica, la cual afortunada- 
mente tenemos en la Dirección de Sanidad, uno de 
los departamentos de la la Secretaría de Sanidad 
y Beneficencia. 

CEIADERO DE MOSQUITOS 

Llama la atención que en diversas regiones, mu- 
cho antes de ser conocidos los trabajos de Laveran, 
Manson y Ross sobre la etiología del paludismo, hu- 
biese desaparecido en ellas esta enfermedad. Se ha 
atribuido este fenómeno al progreso de la civiliza- 
ción, a una profilaxis indirecta e inconsciente, hija 
de la Higiene Pública más que de la Higiene Pri- 
vada, y como simples ejemplos pueden citarse los 
trabajos de desmontes que se realizan en las contruc- 
ciones de ferro-vías o para grandes edificios en el 
campo como son las casas de máquinas de las fá- 
bricas azucareras, poblaciones, etc. 

También otras medidas dirigidas contra diver- 
sas enfermedades han contribuido al mismo fin; las 
campañas contra la fiebre amarilla, la peste bubó- 
nica y otras epidemias, han enseñado al vulgo la 
utilidad de los preceptos higiénicos más elementales, 
e incidentalmente las desinfecciones y otros medios 
insecticidas que han servido para aquellas campa- 
ñas, también han cooperado a destruir posibles 
transmisores del germen palúdico. 

Campañas contra el paludismo se han llevado a 



52 ANALES DE LA 

cabo en muchos lugares (13). En Ismailia, pobla- 
ción del Canal de Suez, Ross, Mac Gregor y Pres- 
sat se dedicaron más a desecar pantanos que a cu- 
rar palúdicos. Con esta profilaxis, más cubrir con 
aceite las superficies de todos los charcos, lograron 
disminuir el número de casos, que antes de 1902 
era aproximadamente de 1,800, a las cifras si- 
guientes : 

1903 204 

1904 90 

1905 37 

En los Estados Federados Malayos bajo la di- 
rección de Travers y Watson, se rellenaron los pan- 
tanos, se canalizó alrededor de ellos para intercep- 
tar el agua procedente de manantiales vecinos, y 
se hicieron grandes desmontes cerca de las pobla- 
ciones más infectadas, Klang y Port Swettenham. 

El resultado fué favorable allí, en comparación 
con otros lugares donde nada se hizo, y el costo fué 
poco más de 10,000 libras esterlinas. 

La obra de Gorgas en Panamá, en aquella re- 
gión de tristes recuerdos para las familias de tantos 
obreros europeos y hasta cubanos, sepultados en esa 
zona, demostró que la higiene moderna era capaz de 
proteger a cuarenta mil empleados distribuidos a 
lo largo de las cincuenta millas del proyectado ca- 
nal. Y todo eso se logró principalmente, con la des- 
trucción sistemática de los criaderos de mosquitos, 
que estuviesen a 200 yardas o menos de los campa- 
mentos o poblados, sin que se preocuparan de los 
criaderos más distantes. Además tomaron otra pre- 
caución, pero secundaria, y fué que a todas las vi- 
viendas se les exigía tuvieran en las ventanas y 
puertas, telas metálicas; también se exigía el mos- 
quitero para las camas. No parece habérsele dado 
importancia a la administración diaria, a cada em- 

(13) W. H. DEADRRICK and L. THOMPSON.— The endemlc dis- 
tases of tlie SoutherQ State». 1916, pág. 173-218. 



ACADEMIA DE OIKSTCIAS DE LA HABANA . 53 



pleado, de 3 granos (18 centigramos aproximada- 
mente) de quinina. 

En el Estado de New Jersey, famoso por sus 
plagas de mosquitos, la Asociación para la exter- 
minación de éstos, logró con la cooperación de los 
estudiantes de la Universidad de Princeton, acabar 
con una epidemia de paludismo, invirtiendo unos 
diez mil pesos en la persecución de criaderos de ano- 
pheles gimdriinaculatus y obtuvieron, que el número 
de casos de paludismo que llegó a ser de 257, des- 
cendiera a 8 en un año, y al siguiente no hubo nin- 
guno (14). 

Con los ejemplos mencionados basta para com- 
prender^ que la persecución y desaparición del mos- 
quito ha constituido el objeto de todas las campañas 
victoriosas contra el paludismo. Y al decir el mos- 
quito, no especificamos las familias o subfamilias 
especiales que en distintos países suelen ser los 
transmisores, pues declararle la guerra a los anofe- 
les únicamente, sería muy científico, pero poco prác- 
tico. Así como dejar de perseguir a todos los mos- 
quitos, por el solo hecho de que no sean anofeles es 
peligroso. 

Los culex, si bien es cierto que la opinión soste- 
nida por Koch, de que toman parte en la propaga- 
ción del paludismo humano, fué refutada por Ross, 
Grassi, Bastianelli y Bignami, no obstante se debe 
luchar contra ellos también, por constituir una pla- 
ga molesta y porque transmiten otras enfermedades, 
no menos desagradables que el paludismo. Y sobre 
este particular conviene recordar que muchos mos- 
quitos no infectantes pueden prolongar los estados 
palúdicos, como observó el doctor G. Moreno de la 
Torre (15) en 1901, pues se provoca en los enfer- 



(14) W. E. DARNALL: — New Jersey's work in mosquito control. 
Journal of the Am. Ded. Association, vol, 73, pág. 739. 

(15) G. Moreno de la Torre. — Contribución al estudio del palu- 
disnio. Acción de los mosquitos no infectantee. Bev. de Med. Tropical 
Tomo II, p&gina 193. 



54 ANALES, DE LA 

mos una anemia aun mayor que la ya existente por 
el mismo paludismo. 

No abogamos con esta persecución general a los 
mosquitos porque la Dirección de Sanidad, a tontas 
y a locas, se dedique a esa tarea, sin tener en cuen- 
ta si los mosquitos perseguidos son de especies real- 
mente dañinas. No, y hasta recomendaríamos como 
de utilidad que se imitase lo que los directores del 
Museo Médico del Ejército de Washington, proyec- 
tan hacer al coleccionar bisemanalmente los mos- 
quitos de todos los campamentos de las tropas ame- 
ricanas, y así descubrir las especies que abundan 
en cada localidad en determinada época, para poder 
combatir oportunamente posibles brotes de enfer- 
medades como las fiebres palúdicas y la fiebre ama- 
rilla. 

La Dirección de Sanidad debe estar informada 
por sus subalternos, los jefes locales de sanidad, 
sobre la existencia, mayor o menor, de anofeles en 
sus respectivos términos, pues de ese modo en un mo- 
mento cualquiera puede juzgarse sobre la convenien- 
cia de intensificar la campaña en algún lugar ma- 
yormente amenazado, o economizar el material de 
campaña, allí donde se note disminución o desapari- 
ción de anofeles. En las Indias Holandesas, Swel- 
lengrebel, Schiffner, de Graaf y Mochtar (Medee- 
lingen v. Burg, Genseck, Dienst. Batavia. 1919. nú 
mero 3) (16) han demostrado por ejemplo, que re- 
sulta económico concentrar 'la campaña contra los 
mosquitos transmisores del parásito malárico; que 
en la península malaya el Myzomyia ludlowi es el 
huésped intermediario entre el individuo enfermo 
y el sano; llevan una estadística curiosa del índice 
experimental de infectabilidad, habiendo descubier- 
to un hecho muy útil que les convenía saber para la 
profilaxis del paludismo y es, que se trata de un 
mosquito casero, pero que abandona la casa para 



(16) The Journal of the Med. Assn., Vol. 72, pág. 1712. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



55 



poner sus huevos, recorriendo a veces hasta más de 
un kilómetro, pues diferenciándose de la mayoría 
de los anofeles, el Myzomyia ludlowi escoge sus cria- 
deros en charcos de agua salobre y cubiertos de algas. 

Siendo más difícil combatir a esos insectos en 
su forma ya adulta, es natural que una campaña me- 
tódica como se pretende que sea la que se pide, co- 
mience por la desaparición de los criaderos de esos 
dípteros. Como bien dice Deadderick, esto resulta 
de lo más eficaz y al mismo tiempo de lo más eco- 
nómico. 

Con la eliminación de los criaderos se obtiene, lo 
que pudiéramos llamar la abolición de la fase acuá- 
tica del mosquito, ya sea en el huevo, en su estado 
larval o como ninfa, y naturalmente habrá tantos 
mosquitos adultos menos como huevos, larvas y pu- 
pas (ninfas) se hayan destruido. 

Ya hemos dicho que en Panamá no se preocupa- 
ron de los pantanos o lagunatos a mjás de 200 yar- 
das de los campamentos y otros lugares habitados. 
Ese radio nos parece algo corto, pues el viento pu- 
diera traer los mosquitos desde más lejos. El doc- 
tor C. W. Metz (17) cree necesaria esa eliminación 
en un radio de una a dos millas alrededor de los 
lugares habitados. Conviene advertir que en los 
arrozales de Arkansas se ha demostrado que el ano- 
pheles quadrimaculatus rara vez suele volar a más 
de una milla, pera esa posibilidad nos indica que de- 
bemoL ser precavidos y exigir por lo menos una mi- 
lla de protección (18). 

En las tierras bajas propensas al estancamiento 
de las aguas, hay que mantenerlas libres de vegeta- 
ción exuberante (manigua), que impida la evapora- 
ción del agua estancada. Sobre la necesidad de eyi- 

(17) C. W Metz. — rAspecto áo la campaña antimaláriea por la 

destrucción del mosquito. Public Health Eeport. Enero 31, 1919. Trad. 
por el doctor Guiteras, página 4. 

(18) J. C. Geiger, W. C. Purdy, and R. E. Tabett.— Effeetiv» 
malarial control in rieeéeld dictrict. The Journal of th© American A&- 
Bociatlon, Yol. 72, página 1612. 



56 ANALES DE LA 



tar la vegetación exuberante recordemos que Lebre- 
do (19) afirma que también pueden depositarse los 
huevos sobre las hojas de las plantas que crecen en 
los pantanos. 

Y sobre el mismo tema pero refiriéndonos a la 
vecindad inmediata de lugares habitados, evítense 
los depósitos de latas, botellas, cubos, palanganas, 
jarros de metal y otros artículos de ferretería, que 
como "basuras" se tiran cerca de las viviendas, pues 
las lluvias suelen dejar en esos restos de utensilios 
alguna agua y m,ás tarde servir de criaderos de mos- 
quitos. 

Y de los barriles de agua, estanques, algibes y 
otros depósitos, si son indispensables par aguardar 
agua cerca de las viviendas, a fin de ser empleada 
en usos domésticos o agrícolas (regadío de las vegas 
de tabaco, etc.), se impone que permanezcan- bien 
tapados con tela metálica, a prueba de mosquitos. 

Las bateas donde se lava la ropa, son frecuente- 
mente criaderos de mosquitos, y debe recomendarse 
siempre, que cuando no han de usarse diariamente, 
queden sin agua, aunque esto no sea del agrado de 
las dueñas de esos artefactos porque como se sabe, 
al resecarse la madera, se separan las uniones y 
después se hacen inservibles para contener agua. 

En nuestros campos hemos observado, que alre- 
dedor del '^bohío" y en todo su perímetro se forma 
una zanja o cuneta, porque las aguas pluviales al 
caer del techo de la casa sobre la tierra blanda se 
acumula en el suelo. Ese peligro y el del agua es- 
tancada en las canales, son evitables. 

Del "chiquero" a una paso o dos de las casas, y 
de los abrevaderos para los animales, a veces colo- 
cados hasta dentro de las mismas casas, no cabe 
m'ás que su prohibición absoluta, pues ambas cosas 
pueden convertirse en criaderos de mosquitos. 



(19) M. G. Lebredo. — Los mosquitos de Cuba. MaJiual de la Prtlc- 
tlca Sanitaria. Habana, 1905, pág. 784-817. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 57 

Los arroyos y ríos no ofrecen tantos peligros, 
pues la misma fuerza de la corriente es desfavora- 
ble a la formación de remansos, pero aun así con- 
viene tener buena vigilancia por si acaso debido a 
la vegetación de las orillas, o por los manglares en 
las desembocaduras, o por los períodos de sequía, 
se llegan a formar esas colecciones de agua. En esos 
casos se impone el drenaje y hasta la desecación, 
rellenando con material duro. 

Hay muchos lugares en nuestro territorio nacio- 
nal que son atravesados por corrientes, como el Cu- 
yaguateje, el Sagua, el Cauto y otros ríos que cuan- 
do se desbordan, mientras el agua inunda la tierra, 
próxima a las márgenes no hay peligro de que ella 
pueda servir para criaderos, pero al cesar la inun- 
dación, puede y suele quedarse mucha agua enchar- 
cada, y entonces constituir un verdadero peligro. 
Las brigadas sanitarias no deben descuidar ese pun- 
to, así como el de la posibilidad de que se encharque 
el agua después de los ciclones y fuertes aguaceros 
tan frecuentes en Vuelta Abajo. 

Se ha recomendado para los charcos de agua dul- 
ce, agregarles agua del mar, fundándose en lo que 
se ha dicho tantas veces, que los anofeles particu- 
larmente, no son partidarios de aovar en agua sala- 
da. Sin embargo, también se ha asegurado que las 
íiguas pútridas, las saladas o sulfurosas pueden ser- 
vir de nido a las larvas de los anofeles; Kelsch y 
Kiener opinan que la mezcla del agua dulce con la 
salada favorece la aovada de los mosquitos. ¿Será 
por eso, que la Ciénaga de Zapata, donde abundan 
ios panto. nos de aguas mezcladas, resulta un gran 
criadero de mosquitos? En la ciudad de Camagüey 
hasta hace pocos años no tenía la población ningún 
acueducto, y el agua era de lluvia* y depositada en 
unos tinajones de barro, dentro de algunos de los 
cuales en cada casa se echaban piedras de azufre, 
pero más de una vez y a pesar del agua sulfurosa ( ?) 
hubimos de observar la presencia en ella, de larvas 



58 ANALES DE LA 



de mosquitos, sin que podamos afirmar que fuesen 
precisamente de anofeles, aunque no sería cosa im- 
posible. Esa costumbre de depositar una piedra de 
azufre en las tinajas de agua, también se seguía en 
la Habana, pero como se limpiaban esos depósitos 
y se renovaba el agua diariamente, no recordamos 
haber visto en ellos ninguna de esas formas de ani- 
males inferiores. Desde luego, creemos que si los 
tinajones camagüeyanos hubiesen estado bien tapa- 
dos, y a prueba de mosquitos, no hubiera sido posi- 
ble la presencia de las larvas. Refiriéndose al ano- 
pheles crucians (que según el doctor Guiteras es de 
importancia en Cuba) dice Metz: "Que se le encuen- 
tra a menudo en aguas salobres o contaminadas con 
productos químicos. El autor ha observado recien- 
temente un lugar que recibía el drenaje de una ma- 
nufactura de productos que contaminaban el agua 
a tal grado que muchos de los organismos acuáticos 
y hasta los peces morían mientras que el crucians 
tenía el campo libre, reproduciéndose por millones, 
sin encontrarse una sola larva de punctipenis o 
quadrimaculatus." Algo de esto nos explicaría el 
aumento de mosquitos en ciertas poblaciones, como 
Marianao, que durante la molienda de la caña de 
azúcar, época en que los mostos del Ingenio **Tole- 
do" llegan al río, destruyen según parece a los ene- 
migos naturales del mosquito, más no las larvas de 
éstos y por lo tanto su plaga hace la vida en esos lu- 
gares casi insoportable. 

Tanto en Cuba como en otros países, a ambos la- 
dos de las vías férreas y de las carreteras, tienen las 
cunetas declives defectuosos y se estanca el agua, 
sirviendo de excelentes criaderos de mosquitos. Es- 
tablecer la debida corriente, corrigiendo los declives, 
es a veces lo suficiente para evitar ese mal. 

Ciertas ocupaciones agrícolas exigen el empleo 
de a^ua, tales como el cultivo del tabaco, el del 
arroz, el de la caña y el de las huertas. Manténgan- 
se los depósitos de agua en las fincas, bien cubiertos 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA f 9 



con tela metálica, o con tela ''cheesecloth" en varias 
dobleces como se usa en los vegueríos cuando care- 
cen de tela^ metálica ; también se puede recurrir a 
tener, y esto lo han ensayado en los arrozales del 
extranjero, pececillos muy voraces en los surcos que, 
como es bien sabido, deben permanecer siempre con 
determinada humedad, o séase precisamente las con- 
diciones más propicias para la crianza de insectos, 
los mosquitos inclusive. 

Aun cuando el consumo de arroz en Cuba es enor- 
me, no resulta lo mismo con la producción, y siendo 
un artículo relativamente barato, aún importándo- 
lo desde la India, bien pudiera prohibirse ese culti- 
vo en nuestro país y sería un peligro menos a la 
salud pública. 

A menudo hemos observado en los caminos ru- 
rales de Cuba, los surcos (cangilones, o "canarreos") 
que con las llantas de las ruedas de las carretas se 
forman, y también no hemos dejado de ver alguno 
que otro charco en ellos que es de suponer lo apro- 
vechen los mosquitos para convertirlo en criadero. 
Por fortuna, los modernos tractores agrícolas a ba- 
se de motores de gasolina y provistos de ruedas li- 
geras, harán desaparecer dentro de pocos años a 
la antigua carreta cubana, así como las nuevas ca- 
i-reteras hechas con capas de material duro, harán 
pasar a la historia los caminos primitivos construi- 
dos con tierra o piedra blanda. 

Hace como un cuarto de siglo que se creyó de- 
finitivamente resuelto, el problema de la desecación 
de los lagunatos y otros terrenos pantanosos sem- 
brando árboles como el eucalipto {Eucalyptus glo- 
bulus), que se le atribuía la propiedad de absorber 
la humedad, pero los experimentos hechos en Italia 
demostraron que no se produce tal efecto, y que al 
igual que otras plantas que gozaban de la misma le- 
yenda, si acaso sirven es más bien para protegerse 
los anofeles, situándose precisamente por la parte 
donde no les llegue el viento, y por lo tanto escudan- 



gO ANALES DE LA 

dose con el mismo árbol. Sobre esta cuestión de las 
plantas enemigas de los mosquitos, opina Celli que 
la Artemisia absinthinus parece matar ^los anofeles 
donde la rodean cuando está en flor (20). Rara es 
la planta que no sirva si no de criadero, por lo menos 
de guarida a los mosquitos, especialmente las que 
crecen en los jardines cerca de las viviendas. Sin 
embargo, recordemos que el doctor A. Machado (21), 
de Venezuela, llevó a cabo varios experimentos con 
los bananeros, las palmas, los lechozos y banbúes, a 
fin de averiguar si el agua de las lluvias podía per- 
manecer en los huecos axilares de esas plantas y ser- 
vir de criaderos de mosquitos, como creían Le Dan- 
tec y Salanoue-Ypin. Los resultados demostraron 
que no. A nosotros se nos ocurre al tratar sobre es- 
te particular, que es posible que muchas plantas cu- 
banas pueden ser criaderos de anofeles, por el agua 
que retienen debido a la distribución especial de sus 
hojas. Nos referimos especialmente a una brome- 
liácea (''los curujeyes"), planta que erróneamente 
se le cree parásita, que abunda en nuestra Isla y 
que en las guerras por la Independencia Cubana sir- 
vió más de una vez para calmar la sed de los pa- 
triotas (*). 

Otros criaderos probables de toda clase de mos- 
quitos y que no debemos omitir en esta relación, son ; 
las plantas acuáticas que como adornos se ven en 
los portales de muchas casas, tanto urbanas como ru- 
rales; las fuentes en los jardines, y por último, los 
receptáculos conteniendo flores y cuya agua no se 
cambia, a yeces por olvido, cada veinticuatro horas. 
Y ya que hemos hablado de guaridas de mosqui- 
tos, conviene fijarse en las "cobijas'' (techos de gua- 
no) de los bohíos de los campesinos cubanos, pues 

(20) C. DOPTER.— Etiología y profilaxis del paludismo. Bev. do 
Med. y C*lr. de la Habana. Tomo VII, pág. 247. 

(21) A. MACHADO. — Fiebre amarilla y criaderos de mosquitos. 
Gaceta Médica de Caracas, 29 de febrero de 1912. 

(•) Según el profceor Felipe García Cañizares "los curu.ieyes" 
pertenecen al género Tillándola. El Hermano Xeón, botánico del Co- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



61 



tanto allí, como entre las yaguas que forran esas vi- 
viendas, los mosquitos encuentran albergue durante 
las horas diurnas. 

Naturalmente que sería una gran hazaña en la 
profilaxis del paludismo, que no hubiesen criaderos, 
pero a pesar de todo lo que se haga a veces pesisten 
esos "nidos" y entonces se presenta el problema de 
destruir los huevos, las larvas y las ninfas. 

Lo más indicado para ese objeto, el petróleo o un 
aceite semejante, es lo que se recomienda, pero que 
sea de tal calidad que se reparta pronto y fácilmente 
por toda la superficie donde ha de emplearse, y ade- 



legio de La Salle en nota a nosotros, dice: "'La especie que me parece, 
ser ol curujey más legítimo es la HoeulXBrgia peuduliñora (A. Rich) 
Mez., que guarda bastautei tiempo en la base de sus anchas hojas, una 
regular cantidad de agua. Otras especies de las que algunos tienen 
también agua en la base de sus hojas, son: 



Tillandsia 


dissitiflora. 


C. Wright. 




)y 


riungen. 


Griseb. 




» 


pruinosa. 


Swartz. 




»> 


argéntea. 


Griseb. 




» 


pulchella. 


Hook. 




>» 


setácea. 


Swartz. 




II 


bulbosa. 


Hook. 


• 


»» 


capitata. 


Schultes. 




II 


balbisiana. 


Swartz. 




» 


augustifolia. 


Swartz. 




»i 


cauescens. 


Swartz. 




11 


flexuosa. 


L. 




11 


utriculata. 


R. & L. 




Guzmania 


tricolor. 


(L) Mez. 




» 


lingulata. 


Según la " Fiora 


lie San valle.'* 



(^2 ANALES DE LA 

más debe reunir la cualidad de evaporarse muy len- 
tamente. El aceite muy refinado como la "luz bri- 
llante" o el ''aceite de carbón" (el kerosene) se 
evapora fácilmente y resulta demasiado caro. 

La idea de echar aceite sobre el agua es evitar 
que las larvas y las ninfas respiren al subir a la 
superficie. Las ninfas o pupas necesitan de mayor 
cantidad de aire que las larvas, y por lo tanto en 
ellas la falta de aire atmosférico les es muy perju- 
dicial y perecen pronto. Se ha pensado que quizás 
algunas gotas del petróleo penetran en la tráquea de 
las larvas, y causando obstrucción a la respiración 
se produce una asfixia mecánica. 

No hay duda que el petróleo bien distribuido en 
la superficie de un criadero de estos insectos, hace 
muy difícil la salida del mosquito ya alado de su 
envoltura larval; además se les dificulta a los mos- 
quitos ya adultos, que vengan a depositar sus huevos 
en tales criaderos, porque la substancia grasosa, 
cualquiera que sea la empleada, si es bastante espe- 
sa para cubrir toda la superficie, viene a desempeñar 
el papel de barrera, tanto de adentro para afuera, 
como de afuera para dentro. 

La distribución del petróleo debe ser bien diri- 
gida, para que se llegue a formar una capa que sin 
ser muy ligera pueda evitar que el mosquito en su 
fase acuática logre respirar, y al mismo tiempo que 
no se malgaste el petróleo. Se ha calculado que una 
onza (32 gramos aproximadamente) de petróleo pa- 
ra cada 15 pies cuadrados de superficie es lo sufi- 
ciente, y que un barril vendría a ser lo necesario 
para 96,000 pies cuadrados de superficie. 

Pero hay factores que pueden entorpecer la obra 
de la petrolización, como por ejemplo, la evapora- 
ción, la lluvia y el viento, que pueden hacer fracasar 
lo realizado echando hacia un lado el aceite, y en- 
tonces habría que volver a echar más. Para obviar 
ese inconveniente por las causas indicadas, lo prác- 
tico es petrolizar sistemáticamente cada doce o quin- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 63 



ce días. En los arrozales de los Estados Unidos se 
mezcla al aceite cierta cantidad de aserrín, para así 
asegurar una buena distribución. Con el mismo ob- 
jeto también se ha ensayado mezclar el petróleo con 
jabón líquido. 

Para la destrucción de las larvas se han emplea- 
do antisépticos de todas clases, pero los resultados 
han sido muy inconstantes. Las soluciones de for- 
mol (formalina), de bicloruro de mercurio, de áci- 
do fénico, de lisol, de creolina, no son bastantes rá- 
pidas en sus efectos larvicidas. Y tampoco es eficaz 
el permanganato de potasio. Celli y Casagrandis 
preconizaron, espolvorear la superficie del agua de 
los criaderos con polvos de crisantemas, porque ma- 
ta las larvas y no altera la calidad del agua sub- 
yacente. 

En Macedonia, según refiere Delmege (22) se 
recurre al cresol y a la parafina para evitar la crian- 
za de mosquitos en las aguas más o menos estancadas. 

Fundlándose en un hecho a nuestro juicio algo 
exagerado, de que donde abunda la cal no hay mos- 
quitos, se ha empleado la cal en los remansos de los 
arroyos, en las cunetas y en los lagunatos pequeños. 
En el Segundo Congreso Panhelénico de Medicina 
celebrado en Atenas en 1903, el doctor P. Maroud- 
his describió la acción de la cal ordinaria sobre las 
proninfas de los anofeles y terminó declarando, que 
la cal era un medio excelente para destruir pronin- 
fas y ninfas de toda clase de mosquitos corrientes, 
y además, de acción rápida y segura en solución al 
uno por ciento, siempre que la cal sea de buena cali- 
dad y si se echa en polvo y no en pedazo (23). Ex- 
perimentando, sobre el efecto de la cal y las larvas 
de mosquitos contenidas en unas copas, el Dr. Gran- 
de Rossi (24) determinó, que ''la cantidad necesaria 

(22) J. A. DELMEGE.— Preveution of mosquito breeding. Jom. 
Trop. Med. suad Hygieaie. Londres, octubre, 1919, pág. 181. 

(2S) Eev. de Med. y Cir. de la Habana, tomo IX, pág. 124. 

(24) GRANDE ROSSI.— La cal contra los mosquitos. Ctrónic» M«d. 
Quirúrgica de la Habana, tomo XXVII, pág. 448. 



(^4 ANALES DE LA 



para esterilizar de larvas un metro cúbico de agua 
es de 15,750 gramos y el costo unos seis centavos y 
medio." La cal, según el doctor Grande Rossi, obra 
como tóxico sobre las larvas y aclara y desodoriza 
el agua. 

Nosotros hemos visto, en varios pueblos cubanos 
cómo se emplea el residuo del carburo de calcio que 
sirve para el alumbrado, con el mismo objeto que 
la cal, pero no estamos muy seguros de la eficacia 
del procedimiento, pues recordamos que en San Juan 
y Martínez, el doctor Modesto Gómez Rubio, enton- 
ces Jefe de Sanidad en aquella localidad, que fué 
quien nos llamó la atención sobre el método, no pudo 
enseñarnos ningún depósito de agua así tratado, que 
no contuviese larvas. 

El conocimiento de la peculiaridad apetitosa de 
ciertos peces, ha sido aprovechada en la profilaxis 
del paludismo, especialmente cuando no se hace po- 
sible drenar ni petrolizar los depósitos de agua. En 
Camagüey por ejemplo, se emplearon en los tinajo- 
nes, pequeños peces, guajacones (Gambusia y 
Fundulus) muy voraces y que destruyen las larvas. 
La Jefatura local de Camagüey tenía en una época 
hasta criaderos especiales de esos peces, que resul- 
tan ventajosos, no tan sólo por su rápida reproduc- 
ción, sino también porque poseen gran resistencia 
vital cuando se desecan los pantanos o lagunatos don- 
de se crían normalmente. Del Gambusia affinis par- 
ticularmente, opina Hildebrand (25) que es muy 
útil para la campaña ant{ palúdica, poírque busca 
su alimento en las capas superficiales del agua don- 
de viven y ni su ovada ni los nuevos pececillos, ne- 
cesitan cuidados especiales. En las Barbadas, el Gi- 
rardinus poecüloides contribuye en la lucha antima- 
lárica. Pero no hay que olvidar que algunas espe- 
cies de Gambusia prefieren las capas profundas de 



(25) S. F. HILDEBRAND.— PubUc Health Report». mayo 23, 1919. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA (^5 

ios criaderos y no rinden por lo tanto, el resultado 
deseado, de larvicidas (26). 

Además de esos peces de agua dulce, hay larvas 
de otros insectos que son enemigos naturales de los 
mosquitos en su período acuático, como las de Hydro- 
phüuSy DysticuSf ciertas Odonata y Psorophora Ho- 
wardii. 

Mientras más desarrollado es el mosquito más 
difícil se hace su exterminio, pues los murciélagos, 
los lagartos y quizás algún otro insecto, son los úni- 
cos animales capaces de tener paciencia y agilidad 
bastante para cazarlos. Hay en los Estados Unidos, 
según dice Howard, una especie de libélula que 
tiene un apetito voraz por el mosquito ya alado. El 
doctor T. V. Coronado ha sido partidario de la per- 
secución de los mosquitos por cierta especie de li- 
bélula (el cucú-benito). 

Y también se conocen algunas plantas insectí- 
voras, que indirectamente cooperan a la persecución 
del mosquito adulto. 

Es preciso tener siempre presente que el anofe- 
les es un mosquito que pica de noche, como lo de- 
mostraron Sambon y Low, y que como acertadamen- 
te dijo Manson, "la protección de la picada del mos- 
quito equivale a la de la malaria, y esa protección 
es compatible con una vida activa llevada fuera de 
las habitaciones" (27), naturalmente evitando sa- 
lir por la noche. 

En los cayos y lugares cercanos a los manglares 
de nuestras costas, hay épocas del año, en que las 
plagas de jejenes y mosquitos hacen imposible la 
permanencia allí de seres humanos. Nuestros cam- 
pesinos, al igual de lo que se hacía en los campa- 
mentos de los patriotas cubanos en las campañas 



(26j J. C. GEIGER y W. C. PURDY.— Experimental mosquito 
control in ricefiekl. Journal of tho Am. Med. Assn. Vol. 72, número 11, 
página 775. 

(27) P. MANSON, — Prueba pr/ietica de la teoría de la transmisión 
de la malaria x>or intermedio del raosquito. The Lancet, 29 septiembre, 
1900. Trad. Rev. de Med. y Cir. de ia Habana, tomo VI, pág. 11-16. 



6g ANALES DE LA 



revolucionarias, y de lo que hacen los negros de los 
Estados Unidos en sus chozas, ahuyentan, ya que no 
pueden destruir a tanto insecto, quemando hojas 
secas, basuras, trapos, y sobre todo en Cuba se em- 
plea mucho el humo que se desprende al quemar 
palito de tabaco. 

Por supuesto, que en las fumigaciones de las ha- 
bitaciones donde abunden los mosquitos se recurre 
a algo más científico, como el azufre y el piretro, 
teniéndose la precaución de cerrar lo más herméti- 
camente posible los cuartos que ha de ser fumigados. 

Calcúlase que para cada mil pies cúbicos hay que 
quemar de tres a cuatro libras de azufre. Es el azu- 
fre un buen insecticida, pero tiene grandes inconve- 
nientes como el de atacar los tejidos (alfombras, 
cortinas, etc.) y manchar los objetos metálicos (mar- 
cos de cuadros, lámparas, molduras, etc. ) . 

El piretro es mucho más baratíD que el azufre, 
menos dañino a los muebles, y bastan unas cuantas 
onzas para fumigar mil pies cúbicos de espacio ; pe- 
ro no es tan eficaz, lográndose nada más que sofocar 
o atontar a los mosquitos, pereciendo muy pocos 
de ellos. 

Últimamente se han introducido en el país, unas 
pastillas en forma de pirámides, a base de piretro 
y nitro. Producen buen efecto si se cierra bien la 
habitación mientras se queman lentamente en cues- 
tión de diez a doce minutos, durante cuyo período 
desaparecen los mosquitos; a la hora poco más o 
menos se nota la presencia de esos insectos nueva- 
mente, probablemente porque el humo de dicha com- 
posición no los mata. La popularidad alcanzada por 
ese producto francés (*) ha hecho que se le imite 
en el país con las pastillas marca "El Indio" y "Mos- 
quitina", pero las imitaciones no han dado resulta- 
do ni medianamente aceptable. En la obra de Stitt 
(10) se recomienda el método de Giemsa, que con- 

(*) Query's Antimoostique, Nioe. 
(10) Obra citada. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA §7 

siste en mezclar primero, de tintura de piretro (20 
partes de piretro para 100 de alcohol) 480 gramos, 
de jabón de potasa (sin olor) 180 gramos y de gli- 
cerina 240 gramos. De esa solución madre se coge 
determinada cantidad y se diluye en veinte veces 
su peso en agua y con una bomba atomizadora se 
riegan las paredes de la habitación que se desea fu- 
migar. No tenemos otra noticia de su eficacia que 
la ya citada. 

En Colón, provincia de Matanzas, y aun en la 
misma Habana, los chinos queman incienso y hasta 
opio, en la creencia que los mosquitos se ahuyentan 
con el humo. 

Probablemente con cualquier humo se logra ese 
mismo efecto. Mommsen en su notable Historia de 
Roma, relata cómo el labriego romano en todo tiem- 
po, había olfateado el peligro de las Lagunas Ponti- 
nas y, '^cita la costumbre que tenían de dejar fuego 
encendido día y noche, en los miserables albergues 
de aquellas campiñas, con el fin de resguardarse de 
las ponzoñosas emanaciones palúdicas.'* Y bien di- 
ce Grassi, que ese procedimiento empírico tiene un 
fundamento natural, puesto que la transmisión de 
la enfermedad por los mosquitos del género anofe- 
les se realiza necesariamente en el ambiente aéreo 
(28), es decir, el insecto habita en el aire y por lo 
tanto, le hacen imposible su vida en ese medio y así 
se contribuye a la lucha antipalúdica. 

Las fogatas u hogueras de San Juan parece que 
no tenían por objeto honrar al santo con el antiguo 
culto del fuego, sino que se inspiraba esa costumbre, 
en la práctica higiénica de ciertas poblaciones infec- 
tadas de mosquitos y era ese un medio para alejar 
a éstos (29). 

También se han recomendado quemar los polvos 

(28) La defensa contra la malaria. Rev. de Med. y Oir. de la Ha- 
bana, tomo Vil, pág. 12. 

(29) L. M. COWLEY.— Teoría parasitaria en el siglo XVII. Bey. 
de Med. y Cix. de la Habima, tomo XVII, pág. 522. 



gg ANALES DE LA 



de flor de crisantemas o los de la raíz de valeriana, 
así como evaporar en las habitaciones el aceite de 
cayeput. No tenemos mucha fe en ninguno de estos 
métodos. 

Las fumigaciones con formo] tampoco parecen 
haber sido todo lo eficaz que se esperaba de tan irri- 
tante substancia. 

Las hojas y tallos de estramonio {Datura stra- 
nium) pulverizadas y mezcladas con nitro en una 
proporción de 5 onzas para cada mil pies cúbicos de 
espacio, y después quemar dicha mezcla, es lo que 
mejor resultado le ha dado a la Comisión de New 
Jersey, para el exterminio de los mosquitos. 

En Bahía, Brasil, la Dirección de Sanidad Pú- 
blica emplea en las fumigaciones, la evaporación de 
6 ce. de creolina pura para cada metro cúbico. Co- 
mo insecticida no deja un mosquito vivo a las tres 
horas, y desde el punto económico, además de ser 
menos ofensivo que el piretro para los fumigadores 
e inocuo a los objetos metálicos, resulta mudio más 
barato. '^ "' ^W 

EL FACTOR HOMBRE 

Hemos tratado ya de la persecución de uno de 
los elementos necesarios para la transmisión del ger- 
men palúdico. Tratemos ahora del otro factor: el 
hombre. 

El hombre como factor en el paludismo hay que 
considerarlo en dos aspectos: el sano y el enfermo. 
Nos parece más lógico tratarlo primeramente desde 
este último punto de vista, estudiando lo que hay 
que hacer con el individuo infectado. El individuo 
infectado de paludismo equivale a decir, que es por- 
tador del hematozoario de Laveran ; por lo tanto, las 
medidas que pueden tomarse para la destrucción del 
germen causante del paludismo humano, merecen 
ser incluidas en un plan de campaña contra esta 
enfermedad. 

Hay que considerar todos aquellos esfuerzos di- 
rigidos a curar radicalmente a los palúdicos, a los 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA (]<) 



que tienden a evitar las reinfecciones, y todo lo que 
pueda contribuir a eliminar peligros posibles a la 
comunidad. 

Y también es indispensable, estar preparados pa- 
ra tratar de mantener a los individuos sanos con 
una dosis preventiva de quinina, el específico gene- 
ralmente aceptado como eficaz contra el paludismo, 
y de tal manera que si algún anófele infectado lo- 
grase picar a una persona sana, se encuentre ya la 
sangre de ésta, con el enemigo químico del parási- 
to dentro. 

No olvidemos tampoco, que es de grandísima im- 
portancia para la profilaxis, temer a los enfermos 
de paludismo latente y a los atípleos, pues son los 
individuos así afectados, los que llevan en la sangre 
durante mucho tiempo los parásitos ,sin darse cuen- 
ta de ello. A este respecto recordamos un trabajo 
(30) que fué presentado ante la Asociación Ameri- 
cana de Salubridad Pública en 1911 reunida aquí 
en la Habana, sobre el peligro de los inmigrantes 
con infecciones latentes y quienes por falta de exá- 
menes de laboratorio en las estaciones de inmigra- 
ción, pueden llevar el paludismo u otras enferme- 
dades al interior del país. Y nada de extraño ten- 
dría, que el paludismo creciente en nuestra Repúbli- 
ca, en estos últimos años haya tenido ese origen in- 
dicado. 

Teóricamente la administración de quinina a 
los individuos sanos con el objeto de evitar el palu- 
dismo no es un método ideal, pues no se impide la 
infección, aunque sí detruye o inutiliza al parásito 
en su período primario, después de haber penetrado 
en el cuerpo humano. 

El método terapéutico se impone cuando no es 
fácil el empleo de telas metálicas, ni los mosquite- 
ros, como sucede en los viajes, ya sean a pie o a 
caballo, o en cualquier vehículo, y especialmente si 

(30) J. F. ARTEAGA. — El laboratorio como medida profiláctioa. 
Rev. de Med- y Cir. de la Habana, tomo XVII, pág. 96-98. 



70 AKALES DE LA 



se hacen de noche, que es el período más seguro de 
sufrir las picaduras de los anofeles. 

Y también está justificado el uso de la quinina 
aun como auxiliar de otras medidas profilácticas, 
como veremos más adelante. 

La siguiente breve estadística demuestra espe- 
cialmente el resultado en la mortalidad por paludis- 
mo, de la profilaxis con la quinina en Italia, y ade- 
más el consumo de ese alcaloide y las ganancias que 
obtuvo con esa medida el gobierno italiano (31). 



Consumo de 


la quinina 


Mortandad 


: por la 


Provecho neto de la 


del Estado 


malaria 


quinina para el Estado 




Kiloa 








Años 


vendidos 


Años 

1900 
1901 


?fiuicioiios 

15,865 
13,388 


' Liraa 


1902-03 


2,242 


1902 


9,908 


34,000 


1903-04 


7,234 


1903 


8,519 


183,038 


1904-05 


14,071 


1904 


8,501 


183,382 


1905-06 


18,712 


1905 


7,838 


296,295 


1906-07 


20,723 


1906 


4,871 


462,280 


1907-08 


24,351 


1907 
1908» 
1909» 
1910» 


4,160 
3,463 
3,533 
3,619 


600,000 



Como medida general se le ha objetado a "la qui- 
ninización", que es peligrosa ,pues sin un examen 
clínico detenido no puede precisarse en cada indivi- 
duo si hay alguna contraindicación, ya sea en el estó- 
mago, el aparato nervioso, los oídos, los ojos, el hí- 
gado o el útero. 

Como preventivo, es un medicamento que hay 
que administrarlo durante largo tiempo y el costo 
de las sales de quinina es algo elevado, a no ser que 
se haga gubernamentalmente. 

La cuestión de la dosis es de suma importancia. 
Hay infinidad de metidos pero nos limitaremos a de- 
cir algo brevemente de los más aceptados. El de 

(31) BERTARELLI. — Después de diez años de legislación antima- 

lárica en Italia. Rev. d'Hygiene et d© Pólice Sanitaire. París, Jan. 1909. 

(•) Datos adquiridos con posterioridad a la fecha del trabajo citado. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 1 [ 



Koch consiste en dar un gramo de quinina cada sép- 
timo, octavo, noveno o décimo día, según sea el grado 
de gravedad de la infección. Este tratamiento debe 
continuar durante dos o tres meses por lo menos. 

La Comisión que estudió los medios para domi- 
nar el paludismo en los arrozales de Arkansas, so- 
metió a la población, a una dosis individual de medio 
gramo de quinina durante treinta días consecutivos 
y el resultado dicen que fué satisfactorio. Bass (32) 
cree más eficaz la dosis individual de 60 a 60 centi- 
gramos durante 56 días, y desde luego no es paHi- 
dario del método a dosis intermitente. 

Las pildoras compuestas de hierro, arsénico y 
quinina son recomendables por su acción tónica más 
que por la pretendida especificidad contra el palu- 
dismo, pues contienen muy poca cantidad de la subs- 
tancia quínica. 

Ni el té, ni el café, ni las frutas cítricas tienen 
realmente virtudes profilácticas como creen algunos. 

Excluir los mosquitos es otra medida muy útil, 
para lo cual hay que proteger las casas y los indivi- 
duos, lo que se logra con la tela metálica o malla de 
alambres finos, teniendo cuidado que las puertas, de 
ser posible, sean dobles, para que mientras se abra la 
una la otra permanezca cerrada, y antes de abrir 
la segunda se esté seguro de que la primera ya se 
ha cerrado y que ningún mosquito ha logrado pene- 
trar en el espacio que hay entre las dos puertas. 
Este vestíbulo es muy conveniente aun en las casas 
con portales cubiertos con tela metálica. 

La malla de las telas metálicas no debe ser del 
número 12, pues los mosquitos más pequeños pueden 
traspasarla. La preferible es la que tiene 18 hilos 
por lo menos para cada pulgada, aunque Guiteras 
acepta la de 16 hilos por pulgada (33). 

(32) C. C. BASS. — ^Studies on malaria control. Journal of tibe Am. 
Med. Assn. Vol. 72, pág. 1212. 

(33) J. GUITEE AS.— Paludismo. Fiebre de Malta. Manual de Prác- 
tlc» Sjuütaiia. Habana, 1906, pág. 2'l-47. 



AKALES DE LA 



Esos tejidos de alambres pueden ser reemplaza- 
dos por tarlatana o muselina, aunque éstos tienen el 
inconveniente de no ser muy duraderos, en Cuba. 

También se ha aconsejado para los que tienen que 
trabajar de noche y fuera de las casas, el uso de 
de guantes y velos que eviten las picadas de mosqui- 
tos en las manos y cara respectivamente. 

El mosquitero en las camas es indispensable, y 
su buena colocación es un punto capital, pues los in- 
sectos y especialmente los mosquitos, suelen ocultar- 
se durante el día debajo de la cama y si hay descuido 
al poner el mosquitero, como por ejemplo si llega 
hasta más abajo del borde de la cama, entoces los 
mosquitos pueden penetrar por la parte interna del 
mosquitero, quedar dentro y hacer daño. 

Volviendo a la protección con la tela metálica 
insistimos que esa debe ser una medida general en 
aquellos lugares donde se sabe abundan los mosqui- 
tos, pues si no se hace así, de poco servirá que una, 
des o a lo más tres o cuatro familiares se protejan, si 
en las demás casas vecinas falta esa protección. Ver- 
dad es, que no todas las casas se prestarían a ello, 
pues por la antigüedad de algunas, el deterioro pue- 
de ser tanto que los mosquitos encuentren acceso al 
interior, burlando las telas metálicas de puertas y 
ventanas, valiéndose de hendiduras u otras separa- 
ciones en las tablas de las casas. Además, nuestros 
bohíos y otras chozas de madera suelen ser habita- 
das por familias pobres, y la tela metálica no está 
al alcance de esa clase del pueblo. Es allí, que el 
Estado tiene que auxiliar regalando la tela metáli- 
ca. El Local Government Board de Inglaterra, des- 
de marzo de 1919, ha hecho obligatoria la notifica- 
ción de casos de paludismo, y por su parte, provee 
gratis la tela metálica y la quinina en las casas de 
los infectados. 

Otra objeción a la tela metálica es que impide la 
circulación del aire, tan necesaria en los climas tro- 
picales, pero eso no debe tenerse en cuenta, pues peor 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 73 



es la excitencia de uno o más casos de paludismo en 
una casa que la molestia del calor, que desde luego 
puede ser combatida por diversos medios baratos. 
El uso del abanico eléctrico es útil de dos maneras, 
por la fuerza que da a la corriente de aire y porque 
refresca la atmósfera, pero además de no ser un me- 
dio al alcance de los pobres, y ni aun al de muchos 
ricos si no se obtiene en la localidad la fuerza motriz, 
es además causa de "nerviosidad" para algunas per- 
sonas. 

Como parte del plan de campaña también esta- 
mos obligado a mencionar las aplicaciones que se 
hacen en las partes del cuerpo que pueden ser pica- 
das por los mosquitos. Las pomadas a base de acei- 
tes esenciales, por el olor que desprenden éstos, son 
las que más se usan y se les atribuye el poder de ahu- 
yentar a los mosquitos. De los aceites el de eucalipto 
y el de citronella parecen ser los más eficaces. Hoff- 
mann recomienda el alcanfor, el aceite de zaragota- 
na, el de menta o el de clavo; también el zumo de 
limón, la esencia de trementina, la vaselina fenica- 
da, la esencia de espliego y la creosota. Otros han 
recomendado el petróleo, el aceite de valeriana, la 
infusión de cuasia, la naftalina, el azufre en polvo, 
el anís, la brea y hasta el ajo. 

Nosotros hemos obtenido bastante buen resulta- 
do con la siguiente fórmula : 

Esencia de eucalipto 30 gramos 

Talco 60 

Almidón 120 „ 

Mézclese bien y espolvoréese en la cara y en las 
manos. 

O bien empléese, 

Aceite caryophilhim 10 gramos 

Lanolina 30 ,, 

Ungüento glicerinado .... 100 „ 
M. S. A. 

Desgraciadamente, el olor de todas esas subs- 



74 ANALES DE LA 



tancias no es duradero y los mosquitos vuelven a 
mortificar con sus picadas. 

Ya hemos tratado sobre el poder del humo para 
sofocar a los mosquitos y ^sí ahuyentarlos, por lo 
que no volveremos a insistii sobre ese particular. 

Se hace indispensable decir algo sobre la necesi- 
dad de aislar a los enfermos de paludismo, medida 
importante para evitar que se establezca el círculo 
vicioso entre el hombre enfermo, el mosquito inter- 
mediario y el hombre sano, o aun el mismo enfermo 
que puede reinfectarse. 

También hay que tener muy presente, que el pe- 
ligro de infección por un palúdico puede serlo du- 
rante muchos meses, diferenciándose en esto del 
enfermo de fiebre amarilla, cuya posibilidad infec- 
tante es cuestión de días. De ahí que se hace mucho 
más difícil cualquiera campaña contra el paludismo. 

Por último, en este orden de consideraciones di- 
remos que se ha ideado atrapar mosquitos, o mejor 
dicho, sus larvas, valiéndose de un receptáculo como 
una tina, una batea, un barril o algo así, donde se 
pueda acumular o contener agua, y los mosquitos 
vengan a depositar sus huevos, y cada tres o cuatro 
días, sin dar tiempo a la incubación de los huevos se 
bota el agua. Esa trampa no es infalible, pues los 
huevos que se quedan en el suelo, pueden resistir a 
la desecación y si por cualquier motivo, lluvia y ca- 
lor, se vuelven a poner en condiciones de humedad 
y temperatura propicias, pudieran llegar a in- 
cubarse. 

Por supuesto que todas estas nociones de profi- 
laxis serían ventajosas si se hiciera una buena pro- 
paganda ya por la prensa, ya por conferencias, has- 
ta con el auxilio de aparatos cinematográficos. Ello 
contribuiría a educar al público. Aun cuando la Se- 
cretaría de Sanidad y Beneficencia cuenta con elo- 
cuentes conferencistas entre sus empleados, que sa- 
brían darle amenidad a cualquier tema de higiene, 
sería preferible que fuesen los maestros de las es- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 75 



cuelas y colegios los que dedicándose una o dos veces 
a la semana, ilustrasen a los discípulos y al pueblo 
en general, procurando interesar especialmente a 
los niños para que resulten valiosos auxiliares al po- 
ner en piláctica por ejemplo, la destrucción de cria- 
deros de larvas y la persecución de los mosquitos 
adultos. 

TERAPÉUTICA 

Tratemos ahora con más detenimiento de la qui- 
nina, no tan sólo como curativa sí que también co- 
mo preventiva. 

Hay opiniones respecto a si la quinina es real- 
mente el específico contra el paludismo, pero es tan 
abrumador el número de los que creen que sí lo es, 
que nosotros damos por descartado el punto dis- 
cutido. 

Naturalmente que el tratamiento de los palúdi- 
cos tiene que ser parte de todo plan de campaña con- 
tra la enfermedad, y ésta es la parte que incumbe 
principalmente a los médicos, de quienes las autori- 
dades sanitarias han de esperar una gran coope- 
ración. 

Es la quinina el arma poderosa de la medicina 
moderna contra el paludismo; pero los médicos no 
deben de conformarse con saber que la corteza de 
la quina o cinchona se usó en tiempos remotos, aun 
en la época de la Conquista de América; de que el 
alcaloide principal o séase la quinina, hace cien años 
justos en 1820, que se introdujo en la terapéutica 
científica, o de que hay varias sales de ese alcaloide 
y con solubilidad diversa y de contenido de quini- 
na también muy variable. 

El conocimiento terapéutico y el farmacológico 
sobre las sales de quinina es asunto de verdadera 
importancia, si no para todos los médicos, por lo 
menos para los que asisten palúdicos y sobre todo 
a los que llevan la responsabilidad sanitaria, pues 
ellos pueden y deben ilustrar y guiar al público y 



7fi ANALES DE LA 



aun a los mismos médicos. Por el desconocimiento 
de esos puntos es que hay fracasos y opiniones en- 
contradas sobre la especificidad de la quinina en el 
paludismo, porque no se ha tenido en cuenta ni el 
momento de la administración de la droga, la pu- 
reza del alcaloide o si hay alguna causa por parte 
del organismo enfermo que impida la absorción. 

Porque puede ser útil, publicamos traducida la 
lista de las sales de quinina, que aparece en la obra 
de Deaderick y Thompson ( ' 3) : 





Por ciento del 


bolubi.idail 


Nombre de la sal 


alcaloide 


en agua 


Quinina anhidrosa 


100 


1750 


„ acetato 


84 


Ligeramente 


„ clorhidrato ácido 


71 


Menos que el 
peso 


„ bisulfato 


59 


8.5 


,, citrato 


67 


820 


„ bromihidrato 


76 


40 


„ laetato 


78 


10 


„ clorhidrato 


81 


18 


y, salicilato 


68 


77 


„ sulfato 


74 


720 


t, tanate 


30 


800 


„ valerianato 


76 


53 


Euquiniaa 


81 


12500 



Hay detalles que convienen saberse, como por 
ejemplo, que el tanato de quinina no se absorbe sino 
en el intestino delgado, mientras que todas las de- 
más sales se absorben fácilmente por la mucosa 
gástrica. 

La rapidez de absorción es variable, según la sal 
empleada, siendo el clorhidrato, la más pronta en 
llegar a la circulación (15 minutos), y el tanato la 
más tardía (3 horas). Por regla general, puede afir- 
marse que el promedio de tiempo que se tardan las 
sales de quinina en ser absorbidas, es de unos trein- 
ta minutos, pero eso depende naturalmente de la vía 
de introducción, la vacuidad de los órganos diges- 

13) Obra citada. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 77 

tivos si se emplea la vía alimenticia, y quizás algún 
otro factor. 

Los experimentos han demostrado que las sales 
m'ás solubles no siempre son las de más completa y 
mejor absorción. Giemsa y Schaumann .(34) sin 
embargo, por sus estudios concluyeron, que tanto las 
solubles como las insolubles eran igualmente absor- 
bidas en el trayecto digestivo, y clínicamente se ha 
demostrado lo mismo con la euquinina y el tanato. 

Se cree generalmente que la vía hipodérmica 
(inyecciones subcutáneas, intramusculares y endo- 
venosas), es la más rápida para la absorción, pero 
en esto no hay unanimidad de pareceres, pues Nico- 
tra (35) recientemente insiste en que la quinina in- 
yectada en el tejido muscular no se absorbe en se- 
guida sino en pequeñas cantidades y en largo tiem- 
po, por lo que él le da la preferencia a la vía endo- 
venosa. De las inyecciones subcutáneas se dice que 
además de ser muy dolorosas no siempre la absor- 
ción se efectúa prontamente. 

La absorción de la quinina cuando se emplea la 
vía hipodérmica, se ha calculado que se realiza se- 
gún Mariani, en un tiempo menor que si se emplea- 
ra el trayecto digestivo. Pudiera creerse que fuese 
a) revés. 

La inyección intravenosa de las sales de quinina 
es la más práctica porque la absorción naturalmente 
que es instantánea, lo que se prueba con la apari- 
ción de la quinina en la orina, a los diez minutos 
después de efectuada la inyección. 

Algo más demorada, de veinte a veinticinco mi- 
nutos, es la eliminación cuando el medicamento se 
introduce por la vía rectal, en cuyo extremo del ca- 
nal alimenticio, la absorción es notoriamente muy 
pobre. , 

Para el estudio que estamos haciendo, no cree- 
mos de importancia detenernos a hacer considera- 

(34) Giemsa y Schaumann. — Etudien über chinin. Leipzig, 19U7. 

(35) A. Nicotia.— Policlínica, febrero 16, 1919, pág. 202. 



7S ANALES DE LA 

ciones sobre la eliminación de cada una de las sales 
de quinina, pero basta saber que el período elimina- 
tivo, fruetúa entre la sexta y décima octava hora des- 
pués de haber administrado la droga. 

Ya desde 1867, al agente ofensor del paludismo 
se afirmaba por Binz, que la quinina le era nociva, 
y Laveran en 1881 descubrió, que soluciones de ese 
alcaloide al 1 por 10,000 en contacto con los hemato- 
zoarios concluían con la vitalidad de éstos. Las for- 
mas de ciclo sexual del parásito son sin embargo, muy 
resistente a la quinina, y a veces persisten en la 
sangre a pesar de la administración de grandes do- 
sis del medicamento. Y por lo mismo puede asegu- 
rarse de algunos gametos de la terciana y la cuarta- 
na, particularmente la variedad * 'estivo-otoñal", lo 
que equivale a decir, que las formas del ciclo ase- 
xual son realmente las susceptibles de ser tratadas 
con éxito por la quinina. 

Estas peculiaridades pueden atribuirse al espe- 
sor de la substancia protoplasmática de los parási- 
tos más adultos, y en la clínica nos proporcionan los 
casos de paludismo crónico o latente. Pero también 
se ha atribuido a la quinina, el poder de estimular 
una reproducción compensatoria de los parásitos. 

Es unánime la opinión de que es en el período de 
merozoito en el cual la quinina logra producir efec- 
tos^ atacando al esporo antes de que busque la pro- 
tección del glóbulo rojo. Lo Monaco y Panicci (36) 
dicen que las soluciones de quinina más concentra- 
das paralizan y matan in vitro el hemosporidio, y 
este hecho se ha comprobado clínicamente. 

De ahí la conveniencia de que la sangre contenga 
una fuerte solución de quinina en el momento ds h. 
esporulación, a fin de que las nuevas formas se en- 
cuentren en un medio sobrecargado de las substan- 
cias que para ellas son nocivas. 

Aún se ignora exactamente, si la quinina obra 

(36) P. MaieíorL — Tratado de farm&eología y terapéutica. Trada«. 
caatellana, 1919, página 508. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 79 

como un veneno directo contra el parásito o si es- 
timula la fagocitosis, o si logra formar combinacio- 
nes inasimilables con los elementos de la sangre, 
pero na^ie pone en duda de que es la quinina, el es- 
pecífico más aproximado que se conoce contra el pa- 
ludismo. 

En esta fase de la campaña, de la cual serían los 
médicos los responsables, no se olvidará que la qui- 
nina a veces está contraindicada, no por su sabor 
desagradable, ni porque la quinina cause, al decir de 
los enfermos, erupciones cutáneas, palpitaciones o 
vértigos, sino porque al igual que otros remedios, 
tiene sus indicaciones y contraindicaciones. Por 
ejemplo, cuando hay depresión y disnea cardíaca, o 
se trate de un epiléptico, o los órganos como el hí- 
gado, o el útero, estén congestionados, no debe em- 
plearse la quinina. 

Se ha discutido mucho si en el embarazo se puede 
administrar la quinina, pues se le atribuyen propie- 
dades oxitócicas. Bossi era uno de los que así creían 
pero debió estar equivocado, pues últimamente leí- 
mos que clínicos prominentes de Venezuela como Ma- 
chado, Ayala y Razetti (37) no titubeaban en trata 
embarazadas palúdicas dándoles quinina, sin temor 
al aborto. Nuestra experiencia obstétrica nos confir- 
ma la opinión de que el útero sí se influye algo, aun- 
que no mucho, en sus contracciones con la quinina, 
pero no obstante, si tuviéramos que dar la droga a 
una embarazada por estar palúdica, lo haríamos, aun- 
que tomando la precaución de acompañarla de un 
poco de opio, especialmente si el período terminal 
del estado gravídico se encuentra próximo, es decir, 
en el último mes. No negamos que los accesos palú- 
dicos pueden causar el aborto o el parto prematuro, 
pero eso puede suceder independiente de la quinina. 

No es cierto tampoco como se creía antiguamente, 
que la quinina fuese siempre la causante de la fiebre 
hemoglobinúrica, aunque algunos casos de esta afec- 

(37) Oaceta Médica de Oaraou, enero 15 de 1919. 



gQ • ANALES DE LA 



ción se atribuyen a la cantidad, otros a la calidad o 
a determinada sal del alcaloide, que obrando hemo- 
líticamente, llega a teñir la orina con el pigmento 
de la sangre. 

Los médicos al cumplir su cometido en la cam- 
paña, se les supone que no ignoran que la quinina 
debe administrarse según la edad del enfermo, la 
vía escogida, la severidad de la infección y la posi- 
bilidad de adquirir en la localidad la sal que se desee. 

El sulfato de quinina se dice que es la más bara- 
ta, pero causa trastornos gastro-intestinales y hasta 
de índole nerviosa. Los niños y las mujeres suelen 
tener aversión contra esta sal. 

El bisulfato y las bromuradas parecen ser más 
útiles por la solubilidad y fácil absorción, pero las 
cloruradas se adaptan aun más para ser administra- 
das por cualquiera vía, debido a la mayor solu- 
bilidad. 

La euquinina por su falta de sabor es ventajosí- 
sima, para los niños especialmente. Tiene el incon- 
veniente que si no se observa cuidado y se mezcla 
con algún ácido, entonces sobreviene el saóor amar- 
go del alcaloide; también se objeta que su precio es 
algo elevado. 

El tanato ha sido muy recomendado por el go- 
bierno italiano, por tener poco sabor desagradable, 
pero el informe sobre el resultado terapéutico de es- 
ta sal ha sido adverso, por su insolubilidad y poca 
eficacia, aun cuando esto último quizás se deba a 
que como se trata de una medicina propia para ni- 
ños, casi siempre se íe envuelve en chocolate, y como 
es bien sabido, la grasa del cacao dificulta la acción 
de los jugos digestivos sobre la quinina. Pero este 
informe oficial no ha tenido aceptación por parte de 
los clínicos de Italia, y es más, hasta fuera de ese 
país los médicos han llegado a estas otras conclusio- 
nes : que la absorción del tanato es rápida y comple- 
ta; que se elimina más lentamente y por lo tanto 
permanece mayor tiempo en el organismo; que no se 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA g [ 

absorbe cuando es introducida en el recto; que es 
tolerada mejor que el sulfato; que clínicamente los 
resultados son magníficos, especialmente en el palu- 
dismo infantil. También vale la pena de recetarla, 
pues en comparación con otros preparados de qui- 
nina que se dice carecen de sabor, es mucho más 
barata. 

Para la administración de la quinina por la bo- 
ca, generalmente se 'utilizan los polvos, ya en pape- 
lillos, en obleas o en cápsulas, pues la forma pilular 
es muy incierta. El alcaloide en soluciones diversas 
para disimular el sabor no es un medio popular aun 
cuando quizás sea de lo más eficaz, desde el punto 
de la absorción. Los farmacéuticos suelen agregar 
una gota de ácido clorhídrico diluido o sulfúrico, 
por cada centigramo de sulfato de quinina, pero si 
esta sal se ha de tomar durante largo tiempo, el 
ácido agregado causa irritación a la mucosa gás- 
trica. El jarabe de Yerba Santa o el de chocolate, 
los extractos fluidos de gengibre o de regaliz tam- 
bién se emplean para hacer la quinina más acepta- 
ble al paladar. El vulgo recurre al café, a la leche, 
a la miel de abeja, al aceite de comer o a los jugos 
de frutas acidas, para lograr lo mismo. 

Opinamos que las cápsulas, por la facilidad con 
que se disuelven en los jugos del trayecto gastro-in- 
testinai, son más apropósito que las pildoras o las 
tabletas. 

La siguiente fórmula, cuando deseamos recetar 
la quinina en solución, y especialmente tratándose 
de niños menores que no saben tragar cápsulas, nos 
ha dado siempre muy buen resultado : 

Sulfato de quinina .... 50 centigramos 

Acido tártrico 50 ,, 

Agua destilada 10 gramos 

Alcoholaturo de naranja . 5 gotas 

Jarabe simple, c. s. p. . . 50 e. c. 
M. S. A. 

Una cucharadita de las de café de esta poción 
contiene unos 5 centigramos de sulfato de quinina. 



g2 ANALES DE LA 

Para inyectar hipodérmicamente el biclorhidra- 
to es la sal que debe emplearse ; algunas casas ame- 
ricanas preparan unas tabletas de esa sal y úrea, 
que tienen propiedades analgésicas. 

A la vía hipodérmica antiguamente se le temía, 
por la posibilidad de transmitir alguna infección pio- 
génica, o peor todavía, tetánica ; pero hoy son raros 
esos contratiempos teniendo en cuenta las nociones 
de asepsia que deben tener todos los médicos y si 
se toma la precaución de inyectar en tejido muscu- 
lar y profundamente. 

Hay otro punto que conviene citar a fin de que 
se trate de evitar la necrosis de los tejidos, cuando 
se ponen en contacto con la solución inyectada y es, 
que ésta debe ser muy diluida, pues las soluciones 
muy concentradas son perjudiciales a las células, 
formando un nodulo en los tejidos y dificultando la 
absorción. fifí 

La dilución no debe ser menor que la siguiente 
proporción : 10 c. c. de agua esterilizada para un 
gramos de bimuriato de quinina. Según Mac Gil- 
christ 1 gramo de cualquier sal de quinina disuelta 
en 10 c. c. de agua e inyectada intravenosamente, 
coagula la sangre dentro de la misma vena; él pre- 
fiere que la dilución de 1 gramo de sal lo sea en 
250 c. c. de solución salina. 

Aunque siempre se le llamaría '^inyección hipo- 
dérmica" es preferible que resulte intramuscular, 
para que no sea dolorosa, ni cause abcesos o forme 
nodulos. 

La dosis inicial generalmente es de unos 75 cen- 
tigramos, y las subsiguientes de 50 centigramos o 
menos, cada seis u ocho horas, dependiendo del es- 
tado y edad del enfermo. Nicotra acostumbra a in- 
yectar hasta dentro de las venas, una dosis inicial 
de un gramo, desde el primer acceso. 

No insistiremos en la cuestión técnica, especial- 
mente en lo de preferir algunos la jeringa de Pra- 
vaz, y otros la de Luer, o de si la aguja tiene que ser 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 83 

de platino o de iridíum, porque son detalles de me- 
diana importancia, pues a nosotros nos ha bastado 
siempre la jeringuilla hipodérmica corriente, tenien- 
do buen cuidado de emplear soluciones débiles y prac- 
ticando la asepsia ^lás rigurosa posible, tanto res- 
pecto al instrumento como a la región glútea del 
enfermo, pues es el sitio apropósito para inyectar. 
Desde 1890 Baccelli introdujo su método de in- 
yección intravenosa de quinina en el tratamiento del 
paludismo pernicioso, logrando reducir la mortali- 
dad de un 17 a un 6 por ciento. Su fórmula es bas- 
tante conocida, pero no está de más repetirla aquí: 

Clorhidrato de quinina . . 1 gramo 

Cloruro de sodio 75 centigramos 

Agua destilada 10 c. c. 

Se ha objetado que esta solución es demasiado 
fuerte y que debe reducirse a un 1 por ciento o algo 
así. Por eso algunos prefieren la fórmula de Vial 
(38),, que consiste en lo siguiente: 

Biclorhidrato de quinina . . 2 gramos 

Cloruro de sodio 75 centigramos 

Agua destilada 100 c. c. 

Con motivo de la publicación de estas fórmulas 
de quinina inyectable, hubo de llamar la. atención 
oportunamente el doctor A. Ayala (39) para demos- 
trar que la cantidad de cloruro sódico en la de Bac- 
celli, era excesiva, y que indudablemente se trataba 
de un error tipográfico que merece ser corregido. 

La indicación para emplear la vía endovenosa 
parece ser el estado pernicioso, y especialmente en 
la variedad palúdica de terciana maligna. Pezzi (40) 
no considera que la acción esterilizante de las inyec- 
ciones de quinina por vía venosa, sea más eficaz que 
si se administra el alcaloide por la vía digestiva, y 

(38) N. Lugo Viñü.—El cloruro eódico-iodado en la cronicidad pa- 
ludeana. Eev. de Mcd. y Clr. de la Habana, tomo XV, pág. 48. 

(39) A. Aya^a. — Un error que perdura.— Rev. de Med. y ClT. de lA 
Habana, tomo XV, páina 214. 

(40) G. Pezzi. — Malaria, Policliuica, junio 1° de 1919, p4g, 239. 



84 AK^ALES DE LA 



advierte el peligro, siempre posible^ de un desenlace 
fatal al practicar la inyección, si no se da antes una 
dosis subcutánea de cafeína, a fin de evitar el au- 
mento de la depresión cardíaca que generalmente 
existe ya en estos casos. 

También en algunas obras en lugar de decir 
"clorhidrato", dicen "biclorhidrato'^, y nos parece 
miás aceptable. 

Últimamente se ha ensayado la inyección de qui- 
nina básica en forma coloidal. Se dice que es dolo- 
rosa y los resultados no muy halagadores. 

La hipodermoclisis como vía para administrar 
la quinina no es recomendable, pues del tejido sub- 
cutáneo es difícil la absorción, pero conviene saber 
que se puede utilizar en caso de necesidad. 

La vía rectal aunque incierta se ha ensayado, es- 
pecialmente tratándose de niños. Para este objeto 
el biclorhidrato es también la sal preferida y la can- 
tidad de agua empleada como vehículo no debe ser 
mucha,_y la solución al ser introducida debe tener 
una temperatura aproximada a la del cuerpo. 

La cantidad de quinina por la vía rectal, ya sea 
en soluciones o en supositorios, ha de ser doble de 
la que se daría por la boca, y en ambos casos es 
conveniente agregar alguna preparación de opio, 
como la tintura, a fin de evitar el tenesmo rectal y 
la peristalsis, cinrcunstancias que impedirían que 
el medicamento se retuviese. 

No hay que dar mucha fe a los éxitos que se 
dicen se han obtenido con las fricciones de la droga 
mezclada con alguna substancia grasosa, pues úni- 
camente la piel de algunos niños es propensa a ab- 
sorber. 

Lo que sí no debe ignorar ningún médico es so- 
bre la oportunidad y dosis al dar la quinina. De 
esto se ha escrito mucho y naturalmente hay diver- 
sidad de criterio, pero hay dos o tres métodos que 
ameritan ser conocidos y hasta aplicados. El de Tor- 
ti, caracterizado por la administración de una sola 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA y5 

dosis antes del acceso febril; el de Sydenham, una 
sola dosis en pleno período de efervescencia y el de 
las dosis fracciónales. Los dos primeros han dado 
resultados en las infecciones benignas únicamente. 

El método de Torti se funda en que los parási- 
tos son menos resistentes a la quinina inmediata- 
mente después de la esporulación y antes de haber 
penetrado en los glóbulos rojos de la sangre, pero 
exige del médico un conocimiento exacto, fijo, de la 
hora en que ha de ocurrir el próximo acceso febril, 
y además tener que llevar una historia clínica deta- 
llada, incluyendo repetidos exámenes de la sangre, 
para determinar la variedad del hematozoario in- 
fectante. 

El método tiene sus objeciones, pues aún hacien- 
do todo lo dicho, puede haber accesos anticipados, 
infecciones múltiples o dobles y en las cuales sola- 
mente un grupo de parásitos se encuentre en la san- 
gre perirérica. El método de Torti, que también se 
le conoce por el "método romano", consiste en la ad- 
ministración de unos 15 granos (90 centigramos 
aproximadamente) de quinina, unas cuatro o seis 
horas antes de la aparición del acceso febril, el cual 
por supuesto que no se logra evitar, pero después sí 
se obtiene durante varios días, un período de apirexia. 

Con ese método las infecciones dobles de tercia- 
nas pueden transformar el acceso cuotidiano en ter- 
ciana y parcialmente se va esterilizando la sangre. 

El "método inglés" o de Sydenham consiste tam- 
bién en una sola dosis, aproximadamente de 90 cen- 
tigramos, pero no se administra sino en el período 
de esfervescencia. Al igual que el de Torti, es un 
medio abortivo para el paludismo, pero que exige 
menos conocimientos de los datos clínicos, pues la 
naturaleza exacta de la forma del germen infectante 
no es indispensable. 

El tercer método es el de las pequeñas dosis a 
intervalos frecuentes. De este modo es más tolera- 
ble la quinina y se puede emplear en cualquiera de 



86 



AK'ALES DE LA 



las formas clínicas del paludismo, y especialmente 
en las estivo-otoñal. De 6 a 18 centigramos cada tres 
horas o 24 centigramos cada cuatro horas durante 
el día y aun de noche, es la mejor manera de seguir 
el método. Pero este tratamiento ha de ser continuo 
durante varios días ,aun después de haber desapare- 
cido el síntoma febril y hasta se recomienda como 
precaución, dar 90 centigramos dos días seguidos 
durante varias semanas para así afianzar la cura. 
No tendremos que insistir; en que el tratamiento 
sintomático y el observar reglas higiénicas son par- 
tes del plan curativo que los médicos han de imponer 
a sus enfermos palúdicos, además de la quinina. El 
reposo es un punto importante, y quizás por la falta 
de ese descanso en nuestra última revolución liber- 
tadora, muchos cubanos a pesar de la quinina inge- 
rida no llegaron a curarse del paludismo. Y la dieta 
desde luego que ha de ser de tal naturaleza, que no 
vaya a. ser una carga excesiva para los órganos de 
la alimentación, siendo preferible los jugos de fru- 
tas o la leche. 

Sin ser partidarios de los purgantes, creemos sin 
embargo, que en el paludismo en su principio, no 
está de más una dosis de calomel, así como cada 
vez que transcurran veinticuatro horas sin funcio- 
nar los intestinos. Veinticinco centigramos de esa 
sal mercurial seguidos de un purgante salino con- 
tribuyen sin duda a mejorar a los enfermos y co- 
operan a la convalecencia. 

De los productos sintéticos, los antipiréticos no 
son de gran utilidad en el paludismo, y rara vez es- 
tán indicados. Conviene no abusar de ellos. 

Aveces por algún síntoma doloroso hay que re- 
cetar un opiado. Se puede recurrir a la morfina, 
sin temor. 

El paludismo crónico con sus "períodos septena- 
rios" exige también ser combatido, no tan sólo des- 
de el punto de vista curativo sino también del profi- 
láctico. Las recaídas esas se deben a la esporulación 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA §7 

de los partenogámetos, los cuales han que atacar 
precisamente cuando los esporozoitos se encuentran 
libres en la circulación periférica. Aquí es donde 
la administración de 15 centigramos de quinina en 
cinco dosis cada séptimo día y durante varias sema- 
nas, da buenos resultados. P. Abrami y G. Senevet 
en el Bulletin de la Societé Medícale des Hópitaux, 
de junio de 1919, explican que el acceso palúdico no 
es más que la consecuencia de un shock anafiláctico 
debido a la invasión repentina en la sangre, de una 
substancia coloidal heterogénea, a causa de una rup- 
tura simultánea de gran número de rosetas. Una 
hora después del escalofrío se pueden contar hasta 
450 merozoitos por milímetro cúbico, mientras que 
cuatro Jioras antes no se encuentra ni uno (41). 
Según esta teoría la toxina del parásito no es res- 
ponsable de la fiebre, lo cual para nosotros no es 
convincente. 

La vigilancia sobre los recién llegados de otros 
términos municipales, por si pueden ser portadores 
de gérmenes latentes de paludismo crónico, es im- 
portante, pues todos sabemos la frecuencia con que 
se ordena a los palúdicos crónicos, un cambio de cli- 
ma. Los jefes locales de Sanidad se preocuparán de 
este asunto cada vez que sepan que en sus zonas res- 
pectivas lleguen individuos de otros lugares palú- 
dicos, o que los recién llegados sean débiles o anémi- 
cos. Estos sujetos suelen ser caquécticos palúdicos. 
Y si se llegase a sospechar que ese estado patológico 
existe, se debe insistir en recoger sangre para exa- 
minarla microscópicamente en busca del parásito, e 
instituir el tratamiento específico en caso positivo. 

Los niños palúdicos suelen ser muy tolerantes a 
la quinina, pudiendo dársele a un niño menor de dos 
años de edad hasta 5 centigramos, cada tres horas, 
y a los de más edad hasta los seis años se puede lle- 
gar a los 10 centigramos cada dos o tres horas. Es- 



(41) JoTimal of The American Med. Assoclation, Vol 73, pág. 561. 



88 ANALES DE LA 



tas dosis pueden ser aumentadas en caso de un pa- 
ludismo grave. 

Ya hemos tratado la cuestión batallona de dis- 
frazar el sabor de la quinina, y especialmente del 
sulfato para no tener que recetar la euquinina o el 
tanato. El jarabe de Yerba Santa agregada a la 
quinina es una combinación aceptable a los palada- 
res de los niños, pero hay quien prefiere para éstos 
la vía intramuscular, el enema o los supositorios. 

No debemos olvidar que el tema de este trabajo 
no es de índole terapéutica sobre el tratamiento del 
paludismo y sus complicaciones, y por eso no nos 
parece propio discutir los tratamientos respectivos. 
Realmente no cabe en un plan de campaña antipalú- 
dica, a no ser ciertos puntos como llamar la atención 
una vez más a los efectos contraproducentes de, la 
quinina, tales como los trastornos visuales y auditi- 
vos, y los desórdenes gástricos, que siempre serían 
motivos para suspender el tratamiento con la qui- 
nina. 

Se habrá observado de la lectura de lo que pre- 
cede, que para nada se han mencionado los susti- 
tutos de la quinina; verdaderamente no tenemos fe 
en ninguno de ellos, como tampoco en los otros al- 
caloides del árbol de la quinina, siendo estos últimos 
poco recomendables por su toxicidad, llegando hasta 
producir convulsiones. Aparte de la quinina todos 
los demás medicamentos que se emplean en el palu- 
dismo, pueden considerarse como auxiliares mera- 
mente, pero téngase siempre presente que la quinina 
es más bien una toxina para los parásitos, y no una 
antitoxina contra los productos de esos parásitos. 

Se afirma que la aristoquina es tan insípida co- 
mo la euquinina. 

La especificidad exclusiva de la quinina contra 
el paludismo la ha negado Gautier (42), quien cree 
que el cacodilato o dimetilarsenato sódico (arrhe- 

(42) A. Gautier. — Sobre un nuevo específico de las fiebres palúdicas. 
E«v. de Med. y Clr. de la Habana, tomo VII, pág. 162-169. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA g9 

nal) también es específico y no tiene los inconve- 
nientes de la quinina. 

Manson a su vez concede grandísima importan- 
cia al tratamiento tonificante de los palúdicos, ya 
séase empleando los diversos tónicos de la farma- 
copea, como las medidas higiénicas, tales como una 
dieta discreta y sobre todo, el reposo. El atribuye 
hasta curas espontáneas sin necesidad del tratamien- 
to específico. Ahora bien, siendo la quinina una subs- 
tancia de fácil adquisición, no podemos recomendar 
ese método de Manson, que dependería principal- 
mente de los leucocitos del enfermo, de la actividad 
fagocitaria, y por lo tanto no estaríamos muy segu- 
ros de esa fagocitosis contra los hematozoarios. La 
resistencia individual es un factor algo engañoso. 

El azul de metileno tan recomendado por Ehr- 
lich y Guttmann desde 1891, no ha demostrado su 
eficacia, pero en los pocos casos en que la quinina 
está contraindicada, puede y debe ser empleada en 
dosis de 15 centigramos cada tres horas, hasta haber 
dado cinco dosis. Sin embargo, debido a impurezas 
que contienen se suelen presentar síntomas desagra- 
dables, como el dolor de cabeza, náuseas, vómitos, 
diarreas y albuminuria. 

Del arsénico se ha dicho mucho como remedio 
contra el paludismo, aun antes del descubrimiento 
del parásito y ahora con motivo de la guerra europea. 
Por su acción tónica^ es de gran utilidad, pero dista 
mucho de ser el específico de esta enfermedad, y 
hay que vigilar los síntomas de intolerancia. Natu- 
ralmente que todo lo dicho contra el arsénico es apli- 
cable a todos los compuestos de éste y que con no- 
menclatura diversa abundan, como el atoxil, el sal- 
varsán y sus modificaiones. 

Tampoco conviene fiarse demasiado de la pre- 
tendida inmunidad al paludismo que se dice tienen 
los fumadores de opio, substancia peligrosa aun en 
manos de inteligentes médicos. Nuestro competente 
compañero, el doctor César Massino, que por su gran 



90 ANALES DE LA 



clientela entre el elemento chino de nuestra pobla- 
ción fué consultado sobre este particular, nos infor- 
mó: "Efectivamente en los chinos que tienen el vi- 
cio de fumar opio, no he visto nunca un solo caso de 
fiebre palúdica, y tan sólo he observado algunos de 
ellos, en chinos jóvenes que han venido del campo y 
que no fumaban el opio ; tan es así que sus curanderos 
o herbolarios (que aquí hay muchos) les recomien- 
dan fumar opio. Debe influir notablemente el uso 
del opio en razón de que a pesar del medio en que vi- 
ven muchos de ellos, en lugares sucios, hacinados y 
faltos de higiene, no padecen fiebres palúdicas." 

Mencionemos de paso, entre los métodos a que 
se puede recurrir para combatir esta afección en 
su estado crónico, a la balneoterapia y a la radiote- 
rapia, aplicada ésta última a la región esplénica, 
con el objeto de reducir el volumen del bazo. Anto- 
nio País (43) se atribuye algunos éxitos, habiendo 
empleado pequeñas dosis de energías radiante, pero 
más bien como estimulante celular, especie de fago- 
citosis inducida. 

Últimamente se ha puesto de moda combatir las 
afecciones palúdicas, y especialmente las graves, con 
el bitartrato de antimonio y potasio, pero tampoco 
se puede asegurar que sea de gran eficacia tera- 
péutica. 

Verdaderamente que sería muy interesante, en- 
sayar también en el paludismo, el extracto espléni- 
co pulverizado en dosis de 25 centigramos, como lo 
recomienda Carpenter. De ser eficaz, contaríamos 
con esa arma más. 

Y para terminar en este orden de consideracio- 
nes, deploremos que la sueroterapia no nos haya 
dado todavía, un suero inmunizante, aunque esa 
inmunidad artificial fuese pasajera. 



(43) A. país.— AnnaJl d'Iigleoie. Roma, junio 1919, pág. 359. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 9 } 



PLAN DE CAMPAÑA CONTRA EL PALUDISMO EN CUBA 

Justificado ya el plan de una campaña contra el 
paludismo en Cuba, y hechas las consideraciones 
elementales sobre lo que debe constituir esa campa- 
ña, pasemos a esbozar nuestro plan. 

Empezamos por insistir en que la cooperación 
de todos es necesaria, porque es indispensable que 
la obra sea el resultado de una acción conjunta por 
parte de la Higiene Pública y de la Higiene Privada, 
el Estado y los ciudadanos, sin distinción ni excusa 
de ninguna clase. Y para probar esto basta pensar 
que no hay una rama del Gobierno que no tendría 
alguna parte del plan que realizar: el Poder Legis- 
lativo haciendo leyes antimaláricas, como se hicieron 
en Italia; el Poder Ejecutivo aplicándolas por con- 
ducto de cada una de sus diversas ramas; y el Po- 
der Judicial contribuyendo a esa aplicación, casti- 
gando dentro de la majestad de su ministerio a los 
que no cumplan las leyes protectoras de la salud del 
ciudadano. 

Por otra parte, los gobernados, especialmente los 
que no pertenecen a la categoría de empleados y 
funcionarios públicos, también tienen obligaciones, 
como demostraremos más adelante. 

La Secretaría de Sanidad y Beneficencia por su- 
puesto que es la más llamada a dirigir el plan, con- 
tando con las jefaturas locales de Sanidad, bajo la 
Dirección de Sanidad; los médicos en ejercicio pro- 
fesional activo y que siempre deben ser considerados 
como auxiliares voluntarios y muy eficaces aun cuan- 
do no sean sus servicios retribuidos por el Estado; 
y los hospitales, asilos y otros establecimientos cari- 
tativos públicos o privados. 

Además es necesario contar con todas las otras 
Secretarías como la de Justicia, de la cual dependen 
los juzgados que contribuyen a hacer respetar las 
disposiciones sanitarias; la de Hacienda, que hace 
los anteproyectos de presupuestos en los cuales se 



92 ANALES DE LA 



incluyen las tarifas arencelarias que han de apli- 
carse a la importación de la quinina, las telas me- 
tálicas, y otros efectos que se emplean en una lucha 
contra ,el paludismo, y no digamos nada de que de 
ella dependen dos organismos de gran importancia: 
el Departamento de Inmigración y el Servicio de Sa- 
nidad Marítima, con sus re^ectivas cuarentenas 
preventivas; la de Guerra y Marina, que es un fac- 
tor imprescindible no tan sólo por su contingente de 
población disciplinada, sino también porque general- 
mente ese elemento está en continuo movimiento y 
puede ser transmisor de la enfermedad de un lugar 
a otro; la de Obras Públicas con sus obras de inge- 
niería, como son las carreteras y las ferro-vías, y las 
que tienden a evitar el estancamiento de las aguas 
en esas y otras obras, como las del alcantarillado; 
la de Agricultura, Comercio y Trabajo que se ocupa 
de cuestiones de desmontes, la desecación de terrenos 
pantanosos, la protección de los obreros en las fincas 
azucareras y de otras industrias, además de los pro- 
blemas de arbolado y estudios de entomología como 
son los que puedan servir en el exterminio de los 
mosquitos; la de Gobernación que tiene jurisdicción 
sobre los gobernadores civiles, los alcaldes, las cár- 
celes y otras instituciones y puede dar a conocer las 
medidas que ordene la de Sanidad y Beneficencia, y 
colaborar haciéndolas cumplir ; la de Instrucción Pú- 
blica y Bellas Artes, si se llegaran a utilizar los maes- 
tros y los escolares en dar conferencias prácticas 
sobre la campaña y su aplicación, y la de Estado, 
para que por el conducto de sus empíeados en el ex- 
tranjero, especialmente el elemento de la carrera con- 
sular, informe oportunamente a la de Sanidad y Be- 
neficencia, todo lo que se está haciendo fuera de la 
República sobre malariología. 

He allí, algunas d_e las cosas que están obligadas 
a hacer cada una de las ramas del Poder Ejecutivo, 
pero para ello debían ampliarse las facultades de la 
Secretaría de Sanidad y Beneficencia, votando el 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 93 

Congreso Nacional una "Ley contra el Paludismo" 
y en cuyo código se dictaminaría detalladamente la 
creación de un negociado responsable, dentro de la 
Dirección de Sanidad, y naturalmente con atribu- 
ciones, para dictar cuantas disposiciones juzgue con- 
veniente al objeto deseado incluyendo penalidades 
que harían efectivas los jueces de la nación. 

Haciendo justicia consignamos que en el Primer 
Congreso Médico Nacional celebrado en 1905, hubo 
de pedir el doctor T. V. Coronado (44), que se inter- 
viniera ante los poderes públicos, para que la Junta 
Superior de Sanidad estableciera una oficina espe- 
cial con el exclusivo fin de extinguir el paludismo en 
Cuba, pero nada se hizo. 

Contando la Secretaría de Sanidad y Beneficen- 
cia con un organismo como la Dirección de Sanidad, 
de la cual dependen un Inspector General, dos Ins- 
pectores Médicos Especiales, seis Inspectores o Su- 
pervisores Provinciales, más de cien jefes locales de 
Sanidad, el personal y equipo de varios laboratorios 
oficiales, además de los hospitales que están bajo el 
gobierno de la Dirección de Beneficencia, parecerá 
superfluo ese nuevo negociado que proponemos. Mas 
no es así, el Director de Sanidad, hoy en día tiene 
bastantes problemas sanitarios de que preocuparse 
y si tuviese ese negociado, al igual que existe una 
semejante en la República Argentina pudiera va- 
lerse de él y dirigir más eficazmente la campaña an- 
tipalúdica, sirviéndose además de todos los recursos 
con que cuenta en la actualidad, pero que juzgamos 
insuficientes para acabar con el paludismo. 

Suponiendo pues que se aceptase nuestro crite- 
rio, pediríamos que al frente del negociado se nom- 
brase a un individuo idóneo, tanto científica como 
administrativamente, sin fijarse en su filiación eo- 
lítica, pues en él ha de depositar su confianza el Di- 



(44) T. V. CORONADO.— Profilaxis del paludismo, Actas 1. Con- 
?r«so Médico Nacional, página 150. 



94 ANALES DE LA 

rector y además de tenerlo informado en todo tiempo 
sobre cuanto se relacione con la enfermedad en la 
República, a cualquier momento que se lo pida, e in- 
dicarle las medidas que deben ser dictadas en su opor- 
tunidad, tendría realmente toda la responsabilidad 
de la campaña. 

Para auxiliar a ese funcionario, que permanece- 
ría en la capital, habría uno o dos inspectores, tam- 
bién peritos en el asunto, que se ocuparían de reco- 
rrer las jefaturas locales en averiguación de la 
marcha exacta de la campaña, dando consejos prác- 
ticos a los inspectores provinciales y a los jefes lo- 
cales, transmitiendo sus recomendaciones al Nego- 
ciado, y hasta dirigiendo como delegado de la 
Dirección, la campaña en determinadas zonas que 
sean focos de paludismo. 

Además de estos empleados principales, habría 
que crear la plaza de Encargado del Material, que 
por cierto no se limitaría a cuidar el depósito de la 
quinina del Gobierno, como sucede en la Argentina, 
sino que además se incluiría el azufre, el piretro, el 
petróleo, los utensilios para distribuir todo esto, la 
tela metálica y cuantos efectos ha de repartir gra- 
tis el Estado entre las personas que no puedan por 
su posición económica hacer esos gastos. Porque en- 
tendemos que al igual que en la legislación antima- 
lárica de Italia y de la Argentina, y aun de la Gran 
Bretaña, el gobierno central está obligado, ya que 
velar por la salud pública constituye una de sus mi- 
siones, a contribuir con un crédito especial anual- 
mente para mantener la lucha contra esta enferme- 
dad. Así se explica que los argentinos cuenten 
anualmente para esto, con unos seiscientos mil pesos, 
y que el gobierno de Italia, gracias a la ley del 23 
de diciembre de 1900 y otras más recientes, prepara 
o compra grandes cantidades de sales de quinina pa- 
ra distribuirlas casi gratis, de acuerdo con la opinión 
del Consejo Superior de Sanidad, en las regiones pa- 
lúdicas. Pero nosotros no deseamos limitar ese pa- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 95 



ternalismo gubernamental al. específico del paludis- 
mo, sino que recomendamos se extienda al piretro y 
a otras substancias y efectos como la tela metálica, 
puesto que por experiencia sabemos que nuestros 
campesinos, en su inmensa mayoría pobres y apáti- 
cos en cuestiones de higiene, no harían nada, y me- 
nos si les cuesta, para valerse de todos esos medios 
necesarios que los protejan de la enfermedad. 

Damos por descontado que no se haría caso algu- 
no a los que protestasen de esa acción gubernamental, 
pues ni constituiría un monopoliOj ni perjudicaría 
a intereses particulares, como por ejemplo los dro- 
guistas importadores, pues se entendería que la dis- 
tribución habría de ser gratis para los indigentes, 
obligando a los pudientes a que se provean de lo ne- 
cesario contra el paludismo comprándolo en las far- 
macias y en las ferreterías. 

Nunca como en estos casos se impondría mejor 
el lema de la salud del pueblo suprema ley es, porque 
el interés general de la comunidad, la salud, está 
sobre todo. 

Completaríase el negociado que proponemos, con 
cuantos empleados se juzguen necesarios, tales co- 
mo escribientes, mensajeros, capataces y peones de 
brigadas especiales como aquellas que existieron en 
el antiguo Departamento de Sanidad, para destruir 
y perseguir los anofeles. 

No hemos incluido en el personal citado a varios 
factores necesarios, como son los microscopistas y 
quizás algún entomólogo, porque éstos figuran ya, 
o deben figurar en cada uno de los diversos labora- 
torios que dependen de la Secretaría de Sanidad y 
Beneficencia. Del mismo modo no hemos incluido un 
ingeniero sanitario tan útil en dirigir las desecacio- 
nes y drenajes de los pantanos y otras tierras cena- 
gosas, porque sabemos que existe un eficiente Nego- 
ciado de Ingeniería Sanitaria Nacional, que hasta 
aquí ha cooperado siempre que se le ha consultado, 
en toda obra de saneamiento. 



!IG 



ANALES DE LA 



Lo importante de este plan que esbozamos es que 
cuente con una cooperación sincera y hasta entusias- 
ta por parte de todos, y naturalmente bajo una di- 
rección inteligente^ científica y enérgica, que no se 
doblegue o entre en contemplaciones ante la presión 
de las empresas poderosas nacionales o extranjeras, 
ni ante las influencias políticas. El Director, el jefe 
.leí Negociado, los inspectores, los jefes locales de 
Sanidad y hasta el último empleado deben ser ine- 
xorables en el cumplimiento de las órdenes de sus 
respectivos superiores, y cada uno de ellos a su vez 
exigentes con sus subalternos y con el público, y es- 
pecialmente al trataij e los médicos en general, pues 
éstos como ya hemos dicho, han de ser los auxiliares 
más eficaces, ya dando parte de los casos de paludis- 
mo, ya recogiendo y quizás examinando ellos mismos 
la sangre para establecer un diagnóstico en firme, 
o ya recomendando medidas sanitarias en bien de 
todos los vecinos. 

Como el médico es un eslabón indispensable de 
esta cadena, no seríamos partidarios de amenazarlo 
con multas, si alguna vez por apremio de sus ocupa- 
ciones se descubriese que no ha dado un parte a 
tiempo, pues aun en el supuesto de que por evitarle 
molestias a sus clientes no haya dado el informe 
oportunamente, es casi seguro que tendrá buen cui- 
dado de asistir a sus palúdicos científicamente, por 
su propia conveniencia material y su prestigio 
profesional. 

Conste que no deseamos disculpar a ese factor, 
con lo que contradeciríamos lo que dejamos dicho 
anteriormente sobre la energía que todos deben des- 
plegar en esta clase de contiendas sanitarias, pero sí 
que debemos ser indulgentes cuando no se infringen 
por algún motivo justificado. Por eso no estaría 
demás una circular dirigida a los médicos todos, 
recomendándoles ayuden de la manera que estimen 
mejor la Dirección de Sanidad, haciéndoles presente 
la conveniencia de un diagnóstico lo más precoz po- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 97 

sible, ya sea clínico o microscópico; que informen 
enseguida la presencia de individuos palúdicos, que 
apliquen sus recursos terapéuticos oportunamente y 
que indiquen cuantas medidas profilácticas 
juzguen necesarias, aparte de hacer cumplir 
las órdenes que los Jefes Locales de Sanidad, ten- 
gan a bien dictar. 

Tratándose de individuos que para obtener el 
título de médico han pasado por delante de un tri- 
bunal de nuestra Universidad, no cabe suponer que 
ignoren cómo se hace un diagnóstico clínico de palu- 
dismo y los síntomas diferenciales con otras afec- 
ciones que puedan confundirse con esa enfermedad. 
No se necesita ser un perito en paludismo para esa 
labor, pero no deben descuidarse con las diversas 
formas clínicas del paludismo larvado, que algunos 
erróneamente lo atribuyen a una diátesis palustre 
pero no a la presencia en la sangre del algún hema- 
tozoario. En caso de duda debe exigirse el examen 
microscópico de la sangre y aunque resulte negati- 
vo, someter a los enfermos al tratajniento de la qui- 
nina, "la piedra de toque". 

No creemos pertinente entrar aquí en descrip- 
ciones de las varias formas clínicas del paludismo 
que se encuentran en Cuba, y damos por sabido que 
nuestros médicos conocen bien los caracteres dife- 
rencialees de cada una de ellas. 

Del mismo modo, no se puede pretender que cada 
médico tenga o sepa usar un microscopio, pues ni 
el precio de éste ni el tiempo que. se necesita para 
manejarlo, están siempre al alcance de los profe- 
sionales. De lo contrario, mucho beneficio se obten- 
dría en la campaña, porque el examen hematológico 
se haría tan pronto se viera al presunto palúdico, y 
quizás aún en la misma casa del enfermo, ganando 
así tiempo, que en estas campañas resulta de verda- 
dera economía, porque se pueden adoptar medidas 
preventivas hasta con un día por lo menos de anti- 
cipación, a lo que se haría si se espera el informe de 
un laboratorio oficial, aunque este sea el del propio 



98 



ANALES DE LA 



Jefe local de Sanidad, quien por sus otras ocupacio- 
nes probablemnte no podrá rendir inmediatamente 
su informe. 

Por todo esto debe el médico saber cuándo y có- 
mo ha de recoger la muestra de sangre de cada sos- 
pechoso. Generalmente debe recogerse la gota de 
sangre, durante el acceso febril o poco después, y 
respecto a la manera de obtenerla hay una infinidad 
de métodos, pero lo importante no es si ha de em- 
plearse una aguja gruesa o un alfiler ,sino que tanto 
la aguja o alfiler que ha de usarse, como la parte que 
ha de ser puncionada han de estar asépticas, para lo 
cual bastará que la primera se haya pasado por la 
llama alcohólica y la segunda, después de haber si- 
do lavada con agua y jabón se le pase un poco de 
éter o alcohol, teniendo cuidado antes de operar de- 
jar pasar unos pocos minutos, para que se evaporen 
estas substancias. La gota no debe ser ni muy gran- 
de y espesa, ni muy pequeña tampoco, sino de tama- 
ño regular y una vez depositada en un porta-objeto 
limpio, repartirla hasta hacer una película ligera. 

Sobre los demás detalles de fijación, coloración 
y examen al microscopio hablaremos m|ás adelante, 
cuando lleguemos a indicar algunas de las obligacio- 
nes de los jefes locales de Sanidad, pues es de suponer 
que serían muy contados los médicos que hagan todo 
este trabajo ellos mismos, sabiendo que en las Je- 
faturas locales y en los laboratorios de las ciudades 
más importantes hay microscopistas expertos. 

Cada vez que se remita sangre sospechosa de pa- 
ludismo, el médico de asistencia en caso de saber 
que el enfermo ha tomado alguna dosis de quinina, 
debe comunicárselo al microscopista, pues pudiera 
suceder que se trate de un caso positivo clínicamen- 
te y sin embargo, al microscopio lo más que se en- 
cuentre sería alguna forma semilunar, de las que 
suelen ser de las más resistentes a la quinina. 

No creemos pertinente recomendar técnicas ni 
para recoger, ni para teñir la sangre, pues en todo 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 99 

esto hay preferencia y lo realmente importante es, 
que haya competencia para diagnosticar al micros- 
copio al igual que la tiene el médico al pronunciar 
dU diagnóstico clínico a la cabecera del enfermo. 

Confirmado el diagnóstico procederá el médico a 
aplicar sus conocimientos terapéuticos, y a poner 
en práctica, las medidas oportunas, tanto particula- 
res como de orden general. 

La cuestión terapéutica la hemos tratado ya ex- 
tensamente y por eso no hay necesidad de volver a 
tratar de ella, a no ser sobre la conveniencia de in- 
sistir en el tratamiento, hasta que el enfermo haya 
curado. Esto no se sabe sino por el examen repeti- 
do de la sangre, pues hay variedades clínicas, como 
la terciana maligna que resultan muy refractarias 
a la quinina, y recordemos que Marchoux considera 
que es necesario destruir cuatro generaciones de pa- 
rásitos a fin de esterilizar la sangre de un palúdico. 

Este punto de la esterilización de la sangre de 
los palúdicos reviste verdadera importancia en la 
campaña, pues con ello se evitan las formas latentes 
y que hayan portadores de parásito. C. C. Bass y 
otras autoridades que han estudiado el asunto, no 
creen en la supuesta inmunidad que se le atribuye 
a los que han pasado la enfermedad. 

No basta con hacer desaparecer los síntomas clí- 
nicos, pues los parásitos pueden hasta desaparecer 
de la circulación periférica y refugiarse en el bazo 
o quizás en otros órganos, y cuando se presenten con- 
diciones favorables surgir de nuevo y hacer daño. 
En nosotros mismos, a pesar de una gran cantidad 
de quinina y salol que habíamos tomado casi diaria- 
mente, durante más de un año, con motivo de pade- 
cer fiebres palúdicas contraídas en la guerra le Cuba 
de 1895, observamos en la sangre diversas formas 
de los parásitos cuando dejábamos de tomar la me- 
dicina, y no nos dimos de alta hasta que repetidos 
exámenes por competentes microscopistas no nos de- 



100 



ANALES DE LA 



clararon, que la sangre estaba libre de parásitos; 
esto fué al año de no tener ninguna manifestación 
clínica de la enfermedad. 

Se han publicado varios métodos para averiguar 
si un palúdico crónico o latente estJá ya curado, des- 
de la sencillez de darle al individuo un baño caliente, 
hasta la inyección intravenosa o subcutánea de sue- 
ro equino normal y al mismo tiempo, una inyección 
intramuscular de leche; todo lo cual, se dice hace 
reaparecer los hematozoarios en la sangre, en caso 
de no estar^ curada la persona (Bauer). Como da- 
tos complementarios a estos, agregaremos que A. 
Dazzi y T. Silvestri en el Policlínico de noviembre 
30 de 1919 recomiendan, el primero, una inyección 
subcutánea de 1 miligramo de extracto suprarenal, 
pero teniendo la precaución de no haber administra- 
do la quinina durante los cinco días anteriores y a 
las pocas horas sin fenómenos febriles se descu- 
brirán los parásitos en la sangre, y el bazo dismi- 
nuido de volumen ; Silvestri prefiere la estricnina en 
dosis de 1 a 3 miligramos, por la boca y durante va- 
rios días, y en caso de no existir la esterilización 
los síntomas febriles reaparecerán al tercero o cuar- 
to día. {Journal of the A. M. A. volumen 74, núme- 
ro 5, pág. 361.) [1]. 

El alta sanitaria j anuas debe darla un médico y 
sí el Jefe local de Sanidad. 

Al hacer sus recomendaciones a las familias el 
médico no olvidará decir algo sobre la conveniencia 
del aislamiento del enfermo, así como del uso del 
mosquitero y de las telas metálicas, la destrucción 
de posibles criaderos de mosquitos, la conveniencia 
de dormir en la planta más alta de la casa, el no 
salir de noche por los hábitos nocturnos de los ano- 
feles, y por último recomendar se respeten las ór- 
denes que dicte el Jefe de Sanidad. 

(*) Abl, Neuschlosa, Schitteiiheiim y Scblecht también han reco- 
mondíido la adrenalina pero como mv^dio de provocar el acceso febril 
a fin de esclarecer el diagnóstico de paludismo. (Revista de Med. y Clr. 
Prácticas, año XLII, número 1583, página 391.) 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ¡Q^ 

Es evidente, que el peso de la campaña según 
nuestro plan recaería sobre las jefaturas locales de 
Sanidad, y la responsabilidad en los jefes de las mis- 
mas. Teniendo eso en cuenta pensamos que todos los 
que se ocupen de la campaña y muy especialmente 
los jefes locales de Sanidad, debieran tener presente 
la moción que presentada por Manson, fué aproba- 
da unánimemente en el Congreso Internacional de 
Higiene celebrado en 1903: "Reconociendo la im- 
portancia práctica de la teoría del mosquito aplicada 
al paludismo, este C/ongreso deberá hacer presión 
sobre todos los gobiernos que tengan regiones palú- 
dicas, a fin de que sean examinadas todas las auto- 
ridades civiles y militares, para averiguar qué eo- 
nocimientps piiácticos tienen de esta teoría, antes 
de ser empleada en tales regiones ; obligar a las ins- 
tituciones de educación en dichas regiones que se 
dé instrucción sobre la teoría y su complicación prác- 
tica; y por último, considerar a los empleados que 
ignoren en absoluto la teoría, o que sistemáticamen- 
te negasen su aplicación práctica, como ineptos para 
desempeñar cargos en las regiones palúdicas." 

Ese criterio, aunque parezca radical y hasta ab- 
soluto, es el que debe prevalecer, pues solamente así 
se obtendrá el resultado apetecido. En efecto, para 
el objeto que se persigue no es prudente tolerar que 
ningún empleado sanitario sustente como disculpa 
para no secundar la campaña, tal y como debe ser 
si se basa en la teoría Manson-Ross, que se escude en 
opiniones contrarias o teorías menos exclusivistas 
que reconocen la posibilidad de otros medios de trans- 
misión. Giacomo Rossi en un artículo publicado en 
La Malariologia de julio y agosto de 1917 decía, 
que "la teoría del mosquito no ha podido eliminar 
completamente todas las incógnitas de la etiología 
de las intermitentes y sobre todo, no ha podido ex- 
plicar de modo irrefutable el misterioso vínculo que 
existe entre la malaria y el terreno, o en otros tér- 
minos, hallar los eslabones entre la teoría exclusi- 



102 



ANALES DE LA 



vista y estrictamente parasitaria y la teoría telúri- 
ca de Tomasi-Crudelli." Y en el trabajo que se hace 
la cita anterior, su autor el doctor R. Gómez Ferrer 
(45) afirma su creencia de que el agua donde han 
estado los cadáveres de anofeles infectados o restos 
de ellos, si se ingiere, puede infectar el organismo. 
Pero to'do esto más bien confirma que desmiente la 
teoría del mosquito. 

También hemos leído que un doctor Roux (46) 
ex-médico jefe del Hospital San Luis ,de Jerusalén, 
es de ios que cree que el mosquito no explica siempre 
el paludismo y es partidario de la teoría telúrica. 
Este individuo sin embargo no aboga por que se 
abandone la persecución a los anofeles. 

Nosotros insistiríamos en que la base del plan 
de campaña sea la teoría Manson-Ross. si es que 
deseamos triunfar, como se ha triunfado en Italia, 
en Panamá, en el Brasil y en los Estados Unidos. 

Pedimos, pues, que los jefes locales de Sanidad 
por lo menos, sean algo más que burócratas afortu- 
nados, favorecidos y protegidos por las influencias 
políticas, y que deben ser competentes científica y 
administrativamente, pero más en los primero que 
en lo segundo. Mas importante para la patria es, 
que un empleado técnico sepa demostrar su ciencia, 
a que sepa o no, cómo se hace un expediente admi- 
nistrativo. Si el cargo es de índole médica, conoci- 
mientos médicos es lo que debe exigírsele. Por ejem- 
plo, el higienista moderno no puede desconocer la 
profilaxis antipalúdica, capítulo de higiene de los 
más importantes en un país tropical como Cuba. Y 
por eso el jefe local de Sanidad debe saber reconocer 
las diferentes especies de mosquitos o los huevos y 
larvas de éstos, pues él es quien ha de informar pe- 
riódicamente sobre el aumento o disminución de esos 
insectos en su localidad, y si éstos pertenecen a espe- 

(45) R. GÓMEZ FERRER.— Notas clínicaa acerca del paludismo 
en los niños, La Med. Valencian*., tomo XIX, núm. 280, pág. 164-165. 

(46) El paludismo sin mosquito. — lie Monde MédicaL Edición es- 
pañola, año XXIX, núm. 502, pág. 376-377. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA |03 

cies temibles como el Crucixins y el Albimanus; y 
quizás detalles como éste, que la evolución del pará- 
sito laveráneo en el Albimanus, según lo ha demos- 
trado Lebredp (47), es algo retardada. 

Además, sin necesidad de ser un perito en ento- 
mología sabrá distinguir ciertas diferencias de bul- 
to entre los huevos de los culex y los de los anofeles. 
Los de los primeros se agrupan en forma de bote o 
balsa, mientras que los de los anofeles están solita- 
rios, o se juntan para formar figuras estrelladas, 
pero nunca en forma de bote. 

En el estado de larva, la del culex coloca su eje 
longitudinal en relación con la superficie del agua 
en que esté, en un ángulo aproximado de 45 grados, 
aunque a veces se llega a poner perpendicularmente 
mientras que la de los anofeles asume íina posición 
horizontal y paralelamente con la sup^erficie del agua 
del criadero. 

En el estado adulto, es decir, ya alado, el insecto 
del género culex se posa colocando el cuerpo parale- 
lamente a la superficie de la pared o mueble, mien- 
tras que el anofeles adulto inclina hacia arriba o 
aleja de la superficie, su parte posterior, imitando 
la posición de un telescopio. 

Otras diferencias dignas de recordar son: las 
alas manchadas de los anofeles y la falta de esas 
manchas en las alas de los culex, y también que los 
palpos maxilares son casi del mismo largo en los 
anofeles y no en los culex. 

Las pupas de todos los mosquitos sí son muy di- 
fíciles de diferenciar, mas no siendo de necesidad 
realizarlo, se puede prescindir de ese conocimiento. 

Pudiera ser útil sin embargo, saber que los sexos 
de los mosquitos pueden decirse fijándose en que en 
los machos y no en las hembras, las antenas tienen 
un rico "plumaje" (vellosidades). 

(47) M. G. LEBREDO. — Estudio experimental sobret paludismo ea 
Cuba en el Anopheles Albimanus. Eev. de Med. y Cir. de la Habana. 

Tomo XV, página 405. 



]^Q4 ANALES DE LA 

También debe ser capaz un jefe local de Sanidad, 
de saber precisar "el índice malárico", que se de- 
termina bien por el examen clínico del bazo (infarto 
esplénico) de cierto número de individuos, o bien 
por el examen microscópico de la sangre (presencia 
del hematozoario) de determinado número de per- 
sonas y después en ambos casos, se calcula la pro- 
porción de los infectados. El primer método es el 
que se emplea en personas mayores de diez años, y 
el segundo cuando se trate de niños menores de esa 
edad, pero mayores de dos años. 

Los jefes locales de Sanidad en su corresponden- 
cia con la Dirección de Sanidad o el Negociado Es- 
pecial del Paludismo han de informar de todo lo que 
se relacione con el paludismo en su zona. Creemos 
muy conveniente que se les obligue a hacer un es- 
tudio de topografía médica de sus respectivos tér- 
minos municipales, para con el conjunto de todos 
esos trabajos lograr hacer la geografía médica del 
país, que serviría de mucho para dirigir las campa- 
ñas sanitarias ya desde la capital, ya localmente. Por 
ejemplo, al terminarse ese trabajo topográfico de 
Cuba, se sabría donde pueden existir los pantanos, 
las lagunas, las ciénagas y otras tierras bajas, y 
con ese conocimiento exacto, se pueden acometer em- 
presas de drenajes, desecación, petrolización, o qui- 
zás tratar de introducir en ellos algún larvicida 
efectivo, ya sea de índole química o valiéndose de 
peces u otras especies de animales inferiores. Esos 
problemas pueden resolverlos los jefes locales, ase- 
sorándose si así lo tuviesen por conveniente, con al- 
gún químico o ingenierio sanitario, especialmente 
los servicios de éste último creemos que serían más 
indispensables, sobre todo para resolver los orígenes 
de las colecciones y estancamientos de aguas : si son 
debidas a las lluvias, o alguna desviación de algún 
arroyo vecino, a manantiales o a filtraciones. Ese 
profesional al servicio de la Sanidad puede solucio- 
nar con más competencia que un médico, cualquiera 
de los casos citados, ya zanjeando, ya desviando por 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 1()5 

canalización profunda el cauce del arroyo o por des- 
viación lateral, o dando cortes en ángulos rectos en 
las laderas de las lomas de donde provengan las fil- 
traciones, etc. 

En los trabajos de alcantarillado tanto en las 
poblaciones como en los ingenios también prestan 
útiles servicios los ingenieros sanitarios. Y ya que 
nos hemos referido a alcantarillado, fijémonos que 
en el barrio del Vedado en la Habana, esa obra ha 
hecho disminuir los mosquitos, aunque eso quizás 
se deba a la absolución de las fosas Mouras que no 
estaban a prueba de mosquitos. Tenemos entendi- 
do que en algunos ingenios de la provincia oriental 
se ha intentado llevar los mostos directamente al 
mar, por conducto de un sistema de alcantarillado, 
y no arrojarlos a los ríos vecinos donde parecen fa- 
vorecer la multiplicación de las larvas de mosquitos ; 
esa clase de obras compete desde luego, a los in- 
genieros. 

Sobre el material necesario para combatir el pa- 
ludismo, los informes estadísticos, los estudios epi- 
demiológicos que pueda hacer cada jefe o empleado 
sanitario, sobre la enfermedad y cualquiera idea que 
convenga a la campaña, deberá comunicárselo a sus 
superiores, y de ser posible antes de darle publici- 
dad para que lleve la aprobación oficial si así lo ame- 
ritase la comunicación. 

Deberán esos funcionarios en el desempeño del 
cargo, no descuidar de que los subalternos vigilen 
los criaderos de mosquitos, que los petrolicen o de- 
sequen a menudo, que las fumigaciones se hagan con 
economía pero completas, que la distribución de la 
tela metálica sea bien hecha, y que las órdenes y re- 
comendaciones para los médicos^ los dueños o los 
inquilinos de fincas, con el fin de evitar la propaga- 
ción del paludismo, sean claras, precisas y termi- 
nantes. 

Debe insistirse en el estudio microscópico de la 
sangre de los enfermos sospechosos, para lo cual el 



]^Q(3 ANALES DE LA 



Estado, o la Dirección Nacional de Sanidad que se- 
ría su representación en la campaña antipalúdica, 
facilitará los medios necesarios para que los médi- 
cos estén preparados lo mejor posible para extraer 
la sangre, fijarla, teñirla y hasta examinarla ellos 
mismos, porque esto implicaría un ahorro de tiempo 
muy conveniente para instituir el tratamiento. 

Pero en caso que el médico no pueda o no quiera 
hacer todo eso, el jefe local o algún empleado apto 
suyo procederá a realizarlo y, si en la Jefatura no 
hay microscopio, la muestra de sangre será enviada 
a uno de los laboratorios de la Secretaría de Sanidad. 

Por supuesto que no vamos a repetir aquí todo 
lo elemental que sobre profilaxis del paludismo de- 
be saber un jefe local, sin excluir las condiciones 
del agua del subsuelo de su territorio, la anatomía 
y fisiología de los mosquitos, peculiaridades de las 
especies de éstos en Cuba, la importancia de inspec- 
cionar toda obra de remoción de tierra que se haga 
en su jurisdicción, especialmente síes de alguna con- 
sideración como para hacer terraplenes u otras em- 
presas de ingeniería. 

En la cuestión de las altas sanitarias ha de ser 
muy parco, pues la responsabilidad de que pueda 
dejar ambulante a un portador de gérmenes es muy 
grave. De esa gravedad deben tener convencimien- 
to pleno hasta los dueños o administradores de in- 
genios, minas, aserraderos, vegas y otras industrias 
y fábricas que tengan muchos empleados; también 
los capitanes y patronos de embarcaciones les inte- 
i-esa esto, pues suelen alegar que por no navegar cer- 
ca de la costa no tienen que temer a los mosquitos 
transmisores del paludismo. La vigilancia aun en 
los transportes marítimos debe ser constante para 
que sea eficaz, pues especialmente en los vapores 
costeros y aun en los que hacen la travesía a la Flo- 
rida, a México, a Nueva York y Jamaica se han 
visto muchos mosquitos,^ lo que prueba que quizás 
algún cubo, bote salvavidas o depósito de agua ha 



ACADEMIA DK CIENCIAS DE LA HABANA |07 

servido de criadero de mosquitos. De todo esto úl- 
timo debiera exigírseles responsabilidad a los mé- 
dicos empleados en la Sanidad Marítima. 

A los capataces de las brigadas perseguidoras de 
ios anofeles se les debe exigir una nota periódica, 
digamos decenaria, sobre el estado de los criaderos, 
para observar si ha habido aumento o disminución 
de larvas. 

Y advertiríamos que a los médicos empleados de 
las empresas azucareras o fruteras, se les debe con- 
vencer de que su papel debe ser más de sanitarios 
que de médicos, es decir, que sean higienistas, que 
cooperen con el jefe de Sanidad hasta el punto de 
que éste vea en ellos no unos burladores de las ór- 
denes que se dicten, sino más bien unos delegados 
o sustitutos del propio jefe de Sanidad; que se den 
cuenta de lo que significa aun para ellos mismos, 
una campaña eficaz, recurriendo a cuantos medios 
científicos crean necesarios para efectuar esa coo- 
peración, sin excluir la quininización preventiva de 
todos los nuevos trabajadores y la inpección perió- 
dica, casi diaria, de todo el personal, más recorrer 
los terrenos de las fincas, a fin de vigilar posibles 
criaderos de mosquitos y las condiciones higiénicas 
de todos los que vivan dentro de su zona. Pero aun 
cuando los jefes de Sanidad sepan que todo lo ex- 
puesto se hace y que existen en esas fincas hospi- 
tales modernos, no deben relajar la vigilancia, ni 
ser benévolos cuando descubran alguna infracción 
grave de las ordenanzas sanitarias. 

Es m|ás, esos médicos empleados por las empre- 
sas aluiiidas, debieran convencer a su vez, a éstas, 
de que hay grave responsabilidad moral y material 
cuando en sus propiedades aparece un caso de en- 
fermedad como el paludismo y que esa responsabili- 
dad no es menor que la que señala la vigente Ley 
contra Accidentes del Trabajo, tratándose de lesio- 
nados. 



l(Jg ANALES DE LA 



Terminemos abogando porque en la lucha contra 
el paludismo se recurra a cuantos medios científi- 
cos se estimen necesarios: la persecución del mos- 
quito, la destrucción de los criaderos de esos insec- 
tos, aislar al enfermo y proteger a los individuos 
sanos. 

Últimamente se ha intentado en los Estados Uni- 
dos dominar la situación palúdica, que no deja de 
constituir en aquel país un gran problema económi- 
co, y se han empleado diversos métodos separada- 
mente unas veces, y en combinaciones otras. En 
efecto, ni la desecación de los pantanos, ni la petro- 
lización, ni el drenaje o zanjeo, ni el empleo de vora- 
ces peces larvicidas, nada de esto por sí solo, han 
logrado disminuir notablemente el número de mos- 
quitos, especialmente de anofeles, llegando casi a la 
conclusión de que lo más práctico, por ser a la larga 
lo más económico, es utilizar todos los métodos po- 
sibles a la vez. En el caso de Cuba, que contamos 
con una organización que nada tiene que envidiar, 
ni aun a la del Public Health Service de los Estados 
Unidos, pues hay personal competente y puede ha- 
ber material suficiente, debemos valemos de todos 
esos recursos, en la seguridad que el premio a nues- 
tra labor no se haría esperar. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ]0í) 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 
11 DE JUNIO DE 1920 

Presidentíe. — Dr. Juan Santos Fernández. 
Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 
Académicos concTirrenta«. — De Número, Dres. Agrámente y 
Simoni ; Castro y Bachiller ; Fresno y Bastioni ; Ruiz Casabó. 

Corresponsal. — Dr. Julio J. Arteaga. 

Asistentes. — Dres Francisco Ma. Fernández, Dr. José A. 
López Silvero. 

Abierta la sesión, se dio lectura al acta de la sesión del 14 
de Mayo y solemne del 19 del mismo mes y año, no siendo 
aprobadas por falta de quorum. 

Se da cuenta a las siguiente» comunicaciones: 

Entradas : 

De la Secretaría de Gobernación, acuse de recibo de la in- 
vitación para su asistencia a la sesión solemne de 19 de mayo. 

Del Sr. Secretario de la Presidencia de la República, acu- 
sando recibo de la invitación hecha al Primer Magistrado de 
la Nación, para asistir a la sesión solemne del cincuenta y 
nueve aniversario, manifestando serle imposible su asistencia 

y delegando en el Sr. Secretario de Instrucción Pública, doctor 
Gonzalo Aróstegui. 

De los Dres. Carlos de la Torre, Gastón Alonso Cuadrado y 
José P. Alacán, remitiendo informe sobre las cuentas .de teso- 
rería, correspondientes al año 1919 a 1920. 

Del Sr. Juez de Instrucción de la Sección Tercera, recor- 
dando el informe relacionado con la aplicación de los rayos 
X en causa número 61-920. 



lio 



ANALES DE LA 



Salidas : 

A los Dres. Tomás W Coronado, Rainmiido de Castro y 
Manuel liiiiz Casabó, nondjrados para emitir informe en causa 
número 562-920 por el delito de liomicidio reclamado por el 
Rr. Juez de Instrneción de la Sección Segunda. 

El l)r. Juan Santos Fernández da lectura a una nota ne- 
crológica con motivo del reciente fallecimiento del compañero 
Académico de Número Dr. Guillermo Benasach y .Espinosa, 
haciéndose constar en acta el sentimiento por la desaparición 
del digno comprofesor y decano de los Académicos de Nú- 
mero. 

Se acuerda dirigir a los familiares del Dr. Miguel Rivas y 
Urechaga, también recientemente falléa.do una comunicación 
expresiva del sentimiento que experimenta esta Corporación 
por la muerte de tan distinguido compañero, que en época an- 
terior desempeñó el cargo de Tesorero de la misma, formando 
parte por consiguiente de la -Junta de Gobierno. Se acuerda 
también solicitar los datos l)iográficos del finado para su publi- 
cación en los Alíales. 

El Dr. Francisco Ma. Fernández da lectura a un trabajo 
titulado "Consideraciones sobre un caso de aneurismas múl- 
tiples de las arterias retinianas". 

El Sr. Presidente, después de algunas consideraciones he- 
chas sobre tan interesante trabajo, felicita a su autor y da las 
gracias por su colaboración científica en nombre de la Aca- 
demia. 

El Dr. José A. López Silvero expone, traducido, un trabajo 
titulado "La Antropometría del hom'bre civilizado" del doctor 
Arturo ^Ic Donald, célebre antropologista de Washington, 

E. V. A. La Academia da las gracias por tan interesante tra- 
bajo. 

Act()_ seguido el Dr. Raimundo de Castro da lectura a una 
■'Nota sobre un informe presentado al Sr. Juez de Instrucción 
de la Sección Segunda" en unión ile los Dres. Tomás V. Coro- 
nado y Manuel Ruiz Casabó. 

Con lo que se termina la sesión. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ] [ ] 



EL ULTIMO ACADÉMICO DESAPARECIDO 

EL DR. GUILLERMO J. BENASACH Y ESPINOSA 
Pc/r el Dr. Juan Santos Fernández. 

(Sesión -del 11 de Junio de 1920) 

Sres. Académicos: 

El Dr. Beiíasach nos abandonó para siempre en la 
víspera, por la tarde, de<I 19 de Mayo, fecha en que 
la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Natura- 
les de la Habana celebra su sesión solemne o aniver- 
sario de su fundación en 1861. 

A todos Cos Académicos nos une, desde luego, el 
vínculo del compañerismo; pero en algunos por mo- 
desto que sea como lo era el Dr. Guillermo B?nasah, 
este vínculo se estrecha por el continuo trato y tal vez 
por pertenecer a nuestra misma época. El Dr. Bena- 
sach, cuyo padre era catalán y lo tuve durante mucho 
tiempo por teutón, era el Académico más antiguo, 
pues ingresó en la corporación, segim consta en el 
Archivo de esta, el 8 de Enero de 1871 ; pero no era 
el más anciano aunque tenía 72 años cuando dejó de 
existir. 

En las i'^uniones que se forman en la Academia de 
Ciencias Médicas, Físicas v Naturales antes y des- 
pues de ceCebrarse la sesión oficial y que tienen un ca- 
rácter peculiar, se discute a veces el tema que está en 
la orden del día, sin restricciones ni reparos, porque 
no tiene ningnn valor lo que se diga, pues no alcanza 
la sanción que dá la mayoría ; pero a veces ocurre que 
algunos sujetos impacientes, tratan e'l tema con tal 
maestría que euando se llega, aquel día, si hay quo- 
rum o al otro a la sesión oficial, puede decirse que 
está el tema conocido y discutido. Otras veces fuera 
de la sesión, se habla de asuntos ajenos a la orden 
del día, y no pocas veces de carácter jocoso y se inten- 
ta hacer discurrir con insistencia a aquel que pre- 
sume de reservado o poco expansivo. El Dr. Bena- 
sach era amenudo el blanco de las preguntas y soli- 
citud de sus amigos íntimos, para hacerlo salir de su 
modesto recogimiento. No he olvidado una de las 



[ 1 2 ANALES DE LA 



Últimas de estas reuniones privadas a que me con- 
traigo, porque de cierto modo me fué forzoso inter- 
venir en las preguntas que le dirigieron al Dr. Bena- 
sach. ¿ Es Ud. el académico más antiguo o el más an- 
ciano, no es verdad? y refinando sin mala intención 
la chanza o broma, pues el Dr. Benasach aunque de 
reducida talla, gozaba siempre de buena salud y era 
muy activo, añadió el interlocutor en su afán de ha- 
cerlo hablar. ¡De seguro que será Ud. la baja próxi- 
ma entre los académicos I . . . Antes de que ■el Dr. Be- 
nasach, sonriente por la ocurrencia bizarra del ami- 
go, contestase, pues se hacía cargo que ni el que se- 
guía la broma ni ninguno quería que él desaparecie- 
ra, intervine y dije: el Dr. Benasach puede ser el 
académico más antiguo, porque* ingresó en la Acade- 
mia antes que los demás; pero me atrevería a asegu- 
rar que tendrá a lo más, mi misma edad ; pero no es 
mayor, y añadí un episodio de mi vida profesional 
que me hacía pensar así. Vivía en la calle del Prado 
número tres, cerca de donde está hoy la Audiencia v 
antes estaba también el Presidio; era soltero y para 
no aburrirme solo, en casa, asistía a alguna recep- 
ción o saraos todas las noches. Una de estas me reco- 
gía soñoliento a las tres de la madrugada, cuando 
sentí dos aldabonazos en la puerta de la calle. Pre- 
gimté que ocurría y me dijeron que eran dos médicos 
que querían veiTne. Les hice subir a mi alcoba reci- 
biéndolos en traje de donnir. Eran el Dr. Sebastián 
Cuervo, que fué mi condiscípiílo en Belén y no ha mu- 
cho Director del Hospita'l No. Uno, hoy Calixto Gar- 
cía y el Dr. Benasach, ambos jóvenes como yo enton- 
ces. El Dr. Cuervo mi compañero de colegio tenía mi 
misma edad y el Dr. Benasach, delgado y de poco es- 
tatura aparecía tenerla inferior; pero en realidad 
vemos hoy que estaba próximo a la de ambos pues ha 
muerto a los 72 años y nosotros hemos pasado de es- 
tos unos meses. Me expresaron los dos compañeros 
sus deseos de que les acompañase a ver a una enfer- 
ma de los ojos que sufría enormemente, y en el acto 
me vestí y salí con ellos, para estar junto a la pacien- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA H^ 



te 7 calmarla. Estaba tan dominado por el sueño qu€ 
mientras fueron por la receta dormí un rato apoya- 
do en la mesa en que la escribí. La enferma curó de 
una inflamación banal que le hacía sufrir mucho y 
mientras vivió creyó que la había salvado de quedar 
ciega y así lo pregonaba. En mí quedó grabado el re- 
cuerdo de la noche en que mis dos amigos y compa- 
ñeros me sacaron y volvieron a casa a hora tan avan- 
zada de la madrugada, y al través de más de cuaren- 
ta años se lo recordaba con frecuencia a ambos, como 
lo hacía aque'Ila noche al Dr. Benasach para demos- 
trarle que era menor que yo y que no sería el can- 
didato a la próxima vacante de la Academia, máxi- 
me cuando yo había estado en aquellos días grave- 
mente enfermo; pero por desgracia una embolia ce- 
rebraL nos lo arrebató pocos días después y en ver- 
dad que no parecía tener un fin tan próximo, por lo 
poco que le impresionaba la chanza del joven colega 
decidor y alegre que lo incitaba a hablar, pues ío oía 
sonriente y complacido de que lo obligasen a depar- 
tir con sus compañeros de faena como ocurría ame- 
nudo. 

El Dr. Gruillermo Benasach era natural de la Ha- 
bana, fué Bachiller en Medicina como se acostumbra- 
ba antes, en 25 de Junio de 1868 en la Universidad de 
la Habana cuando yo terminaba el curso de amplia- 
ción de Medicina con úl inmortal Don Felipe Poey, 
lo que demuestra que nos aventajaba en la fecha de 
los estudios. Se le otorgó el título de Licenciado en 
Medicina en 20 de Julio de 1870. 

El 7 de Enero de 1871, fué nombrado Médico In- 
terno de la casa de Socorros del Tercer Distrito y 
más tarde Médico Forense, cargo que desempeñó has- 
ta su muerte de modo meritorio. 

Se explica que hubiese ingresado tan joven y casi 
al salir de la Universidad en la Academia^ pues esta 
tenía necesidad de aceptar a aquellos que pudiesen 
prestar algún servicio por modesto, que fuese, pues 
con motivo del levantamiento de Yara y la larga 
guerra que le siguió, el mayor número de los Acá- 



I ¡ 4 ANALES DE LA 

démicos estaban expatriados voluntaria o forzosa- 
mente. La Academia quedó desierta, y aquí es donde 
estuvo la gran ecuanimidad de su Secretario Gene- 
ral en aquelCos momentos, el Dr. Antonio Mestre que 
de acuerdo con el fundador Nicolás J. Gutiérrez, hi- 
zo esfuerzos no imaginables, para que la institución 
no pereciera y funcionara como fuese posible. 

El Dr. Benasach sin tener como profesional una 
alta posición sociaü, prestaba a la Academia desde 
los primeros momentos de su ingreso hasta estos úl- 
timos tiempos, muy buenos servicios, evacuando nu- 
merosos informes médico legales, por la competen- 
cia que demostraba, basada en su constante práctica 
en las casas de socorros y como médico forense en 
contacto con heridos y toda clase de incidentes deri- 
vados de la actuación de sus destinos que desempeñó 
con celo admirable. 

Se ha venido a poner en evidencia en el Dr. Bena- 
sach, lo que declaró el Dr. Raimundo de Castro en su 
reciente discurso de ingreso en la Academia, y lo he 
sostenido cada vez que se me ha presentado la opor- 
tunidad, y es que en las corporaciones científicas, no 
solo caben y son útiles los sabios, sino también los 
hombres modestos y estudiosos que como el Dr. Bena- 
sach pueden prestarle la competencia adquirida en 
modesta práctica que en determinadas circunstan- 
cias resuelven problemas locales de modo eficaz. 

El Dr. Guillermo José Benasach y Espinosa ha 
sido el tercer Académico fallecido que ocupa el pan- 
teón, que desde hace algunos años erigió la corpora- 
ción para sus compañeros desaparecidoa lEil pan- 
teón tiene capacidad suficiente para todas las even- 
tualidades, y antes que el Dr. Benasach lo han ocu- 
pado, solo dos Académicos : el Dr. Juan Dávalos que 
se fomió a mi lado en el Laboratorio Histo-Quí- 
mico Bacteriológico de la Crónica Médico Quirúgica, 
y murió prematuramente cuando había conquistado 
un puesto eslevado en la ciencia, y el Dr Enrique 
Acosta, Secretario del mismo Laboratorio durante 
más de 37 años v mi mano derecha en los estudios que 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ]^ J 5 

ha])íainos emprendido y que aun hubiera podido pres- 
tar grandes sei*vicios a la bacteriología que cultivaba 
con fruto. ¿, Cómo explicar que solo tres Académicos 
reposen en el panteón de la Academia ? Obedece a dos 
razones: a la falta de espíritu de cuerpo entre noso- 
tros todavía, y al legítimo derecho de las familias de 
querer que tenga su último' descanso el miembro de 
ella que muere, junto a los suyos; 'lo mismo ha ocu- 
rrido en la Sociedad de Socorros Mutuos de Médicos 
de la Isla de Cuba que al erigirle un mausoleo a su 
Presidente, Dr. Erastus Wilson, extranjero de glo- 
riosa historia en Cuba, lo hizo extensivo a todos los 
socios fallecidos y son también pocos los que lo uti- 
lizan por las mismas razones. 

Al crearse el panteón de la Academia de Ciencias 
Médicas, Físicas y Naturales de la Habana se intentó 
llevar a él, con la solemnidad que el caso exigía, los 
restos del fundador Dr. Don Nicolás J. Gutiérrez y 
del Secretaiio de su tiempo Dr. Don Antonio Mestie ; 
nuestros enfuerzos se estrellaron en los obstáculos 
que antes hemos señalado. Es más, a la muerte de la 
benemérita hija de nuestro egregio fundador, soli- 
citamos para el local de la Academia un busto d€ 
mármol del Dr. Grutierrez, tallado por un hábil es- 
cultor italiano de su época, la nieta del fundador por 
razones de afecto sin duda, no quiso deshacerse deH 
busto, que no reclamábamos como asunto particular, 
sino para honrar la memoria del gran patricio en una 
institución oficial, que solo por conmociones físicas o 
sociales de magnitud excepcional pudiera desapare- 
cer y La representación del hombre que la fundara es- 
taría siempre respetado como lo estará el monu- 
mento que los que nos sucedan, en su día le erijan, 
dentro o fuera del edificio ; pero siempre cerca de es- 
te como casi se tiene acordado. Y ya que la muerte 
de nuestro querido compañero el Dr. Benasach ha he- 
cho que nuestra pluma se extienda en consideracio- 
nes que su sepelio ha motivado, nos permitimos emi- 
tir alguna consideración respecto a lo que ocurre ad- 
guna vez con los retratos y bustos de los hombres que 



1 I g ANALES DE LA 



se han distinguido de algún modo, en el seno de las 
familias. Pasadas cuatro o cinco generaciones o me- 
nos tal vez, los descendientes que en su mayoría no 
siguen el curso de la historia, desconocen por com- 
pleto la del retrato que se apolilla en un local de la 
casa, o el busto que no se sabe donde colocarlo por- 
que se ignora lo que significa. Esto ocurre con más 
frecuencia si la familia se ha ido del país, o si como 
sucede, las más de las veces, ha sufrido un fuerte des- 
niveil en su fortuna. Vi un retrato de una antigua fa- 
milia de la Habana, en una casa que se desmoronaba, 
que perteneció a algunos de sus ascendientes, el que 
debió figurar de algún modo en la vida social y sus pa- 
rientes de la cuarta o quinta generación desconocían 
los antecedentes históricos, y lo habían destinado a 
los muchachos, para tirar al blanco en la azotea, con 
las escopetas para jugar los niños y las que pierden 
tantos ojos digámoslo de paso. 

Los retratxDs y bustos pertecientes a hombres 
de la talla del Dr. Gutiérrez no deben exponerse a la 
profanación en ningún tiempo, deben pasar a los 
Museos de Ca nación, para que se conserven, como 
en la Sociedad Económica de Amigos del País, los 
de los proceres de uno y dos siglos atrás ; en sus muros 
los contemplamos con la veneración que se merecen. 
Aquí viene como anillo ail dedo, recordar la manera 
de hacer retratos o bustos de personas qu€ en nada se 
han distinguido y que no teniendo méritos que los 
amparen tendrán peor suerte que la de los hombres 
de vakr a través del tiempo y de las vicisitudes que 
a este acompañan. 

Más volviendo a nuestro llorado Académico el Dr. 
Benasach que incidentalmente nos ha sugerido consi- 
deraciones ajenas a sus méritos; pero relacionados 
con su sepelio, añadiremos que el Dr. Benasach ha 
redactado durante su vida académica numerosos e 
interesantes informes médico legales que no me co- 
rresponde juzgar, porque invadiría el terreno del 
Académico que ocupe el sillón que deja vacante, y 
qne es el llamado a detallar su labor académica y 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA |17 

aún fuera de ella. Me corresponde nada más, en vir- 
tud del puesto que ocupo, anunciar su fallecimiento 
V a grandes rasgos, como lo he hecho, dejar sentado, 
que no obstante su modestia, fué un hombre útil a la 
corporación, y se captó el aprecio de todos por su 
bondad y sus dotes de inteCigencia encubiertos por 
una sencilkz y una naturalidad envidiables. 

He dicho. 



[|y ANALES DE LA 



CONSroERACIONES SOBRE UN CASO DE ANEURISMAS 

MÚLTIPLES DE LAS ARTERIAS RETINIANAS 

Por el Dr. Francisco M. Fernández 

(Sesión de 11 de juuio de 1920) 

Los aneurismas de las arterias retinianas, sin 
poder decirse que constituyen una afección extre- 
madamente rara, no son lo bastante frecuentes pa- 
ra que dejemos de anotar brevemente un caso re- 
cientemente observado, que resulta también curioso, 
por el proceso corto de su desarrollo, y por el lamen- 
table final de su curso. 

Parece fuera de toda duda qup en la etiología de 
estos procesos vasculares de la retina, juega un pa- 
pel predominante la arterio-esclerosis que tiene di- 
versas formas de afectar el fondo del ojo, y que en 
la retina, según Roemer (1), se caracteriza prime- 
ramente por la amplitud de las arterias y su tortuo- 
sidad, y más tarde por el engrosamiento de sus pa- 
redes, estrechando el calibre arterial por endoarte- 
ritis. 

De Schoweinitz (2) ha señalado como raros los 
casos de aneurismas y cree que cuando existen, de- 
notan la coexistencia de lesiones arterio-esclerósicas 
en otros órganos, sobre todo en el cerebro. De aquí 
el carácter grave que dimos a nuestro caso, y que 
desgraciadamente se confirmó en pocas semanas. 

A veces se observan neurismas arterio-venosos 
que Fuch ha creído que pueden deberse a trauma- 
tismos. Von Hippel ha observado una forma arte- 
rio-venosa que puede deberse a la tuberculosis, y 
Foster (3) ha señalado la existencia de pequeños 
depósitos de colesterina a lo largo de los vasos, que 
son en su opinión, magníficos lugares para la for- 



(1) Text o fOphthalraology, pág .741, añ» 1917 . 

(2) Diseases of the Eyes, 8? edición, pág. 456. Año 1918. 

(3) Diagnosis from Ocular Symptoms, pág. 345. Año 1917. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA [jy 

mación de trombosis. Leber (4), ha descrito una 
forma de aneurismas miliares, en casos de retinitis, 
que consiste en una infiltración extensa de la retina, 
a la par que un grupo numeroso de aneurismas, y 
como señala Knapp, muchos de los casos ocurren en 
personas jóvenes, y en algunos de ellos hay que pen- 
sar en un origen tuberculoso. 

Sin embargo, la totalidad de los autores cita- 
dos, y otros como Axenfeld (5), y Greef (6), están 
de acuerdo en el origen puramente arterio-escleró- 
sico de los aneurismas múltiples. ^La arterio-escle- 
rosis ocular llega a ser frecuente, tanto que en la 
obra de Posey y Spiller (7), se cita la opinión de 
algunos autores que creen que el cincuenta por cien- 
to de los casos de arterio-esclerosis general, la pa- 
decen. 

La gravedad de los casos de aneurismas, con he- 
morragias, es señalada por Duane (8), en su mag- 
nífica traducción de la obra de Fuch, admirablemen- 
te glosada por su traductor, considerando como 
precursoras de hemorragias cerebrales a las reti- 
nianas. 

Por eso resulta interesante señalar algimos ca- 
sos recientemente publicados, en los cuales el pro- 
nóstico, en cuanto a la vida, no puede ser grave 
Pringle (9), señala el caso de un joven soldado in- 
glés, de 23 años, sin traumatismos oculares, que des- 
de 18 meses antes se quejaba de ver turbio con ambos 
OJOS, y en el cual observó aneurismas arteriales en 
ambos ojos. Jennings (10), también ha observado 
un caso en un joven de 21 años, con aneurismas en 



(4) Graefe-Sueniisch-Hess, vol, VII, 1, pág. 28. — Cit. por Knapp en 
Medical Ophthalmology, pág. 370. Año 1918. 

(5) Tratado de Oftalmología. 

(6) Tratado de Oftalmología. 

(7) The Ej'e and the nervou.s System, pág. 466. Año 1906. 

(8) Tratado de Oftalmología de Fuch, pág. 572. Año 1917. 

(9) British Journal of Ophthalmology, vol. I, pág. 87. Año 1917. 

(10) American Journal of Ophthalmology, vol. I, pág. 12. 1918. 



20 ANALES DE LA 



un solo ojo, y Komoto (11), cita el caso de un niño 
de 16 años, con tres años de enfermedad en que ade- 
más de aneurismas observó manchas blancas en la 
vecindad de la mácula. En el caso de Jennings, ha- 
bían zonas hemorrágicas, no así en los dos restantes. 
Es indudable que en estos tres casos no puede haber 
la gravedad que en el nuestro, principalmente por 
la edad de los sujetos. Sin embargo, Jennings vol- 
vió a ver su caso a los tres meses de la primera vi- 
sita, y observó que algunos de los aneurismas ha- 
bían aumentado de tamaño. Este hecho, unido a la 
circunstancia de haber ocurrido hemorragias reti- 
nianas anteriormente, indican que el pronóstico en 
cuanto a la conservación del ojo, es poco favorable, 
pues es de esperarse que se repetirán los procesos 
hemorrágicos, que al fin y a la postre pueden llegar 
a determinar un estado glaucomatoso que exija la 
enucleación del ojo afectado. 

El pronóstico, pues, de las afecciones que nos 
ocupan, no debe ser grave en cuanto a la vida de 
los sujetos jóvenes que la padezcan, en quienes sin 
embargo, es de suponerse que no sean tan frecuen- 
tes como en los sujetos de edad avanzada, padecien- 
do de arterio-esclerosis generalizada. Con referen- 
cia a los pacientes de más de 40 años, aunque Adams 
(12) ha hecho referencia a que con la edad mejoran 
las probabilidades de vida, esto pue4e considerarse 
aplicado al conjunto de afecciones vasculares de la 
retina, y no a las hemorragias debidas a la ruptura 
de aneurismas, que generalmente y atendiendo a 
la lógica, deben tener tendencia a aumentar de vo- 
lumen. 

El estudio de la tensión intra-ocular, o mejor 
dicho, de la tensión arterial intra-ocular, en sus re- 
laciones con la tensión sanguínea en general, aun- 



(11) Nippon Gankakai-Zaahi, Cit. en Rev, Cabana de OftaJmol. 
volumen I ,página 207. Año de 1919. 

(12) British Journal of Ophthalmologfy, vol. I, pág. 161. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 121 

que puede aclarar algunos extremos, y servir de 
pauta para el pronóstico, no puede ser tomado de 
modo absoluto, si no relativo, pues siguiendo la opi- 
nión de Foster Moore ( 13 ) , a veces la tensión san- 
guínea en la arteria humeral es superior a 250 m. m. 
de mercurio, y en cambio está disminuida la ten- 
sión de los vasos retiñíanos. En lo general, sin em- 
bargo, como ha demostrado Baillart (14), hay una 
correspondencia bastante exacta entre ambas ten- 
siones. 

La observación a que nos referimos, es la si- 
guientes : 

El señor R. B. C, natural de la Habana y vecino 
de Jovellanos, de 54 años de edad, me consultó el 
día 4 de noviembre de 1919, exponiendo que desde 
seis semanas antes Jiabía sufrido notable reducción 
en la agudeza visual del ojo izquierdo, la cual había 
ido en aumento. El aspecto del paciente era el de 
un hombre de mayor edad de la que en realidad te- 
nía, viéndose en sus sienes las tortuosidades vascula- 
res indica tori as de un estado avanzado de arterie- 
esclerosis. 

Nada anormal pudo decirnos sobre sus antece- 
dentes, no habiendo sido sifilítico, ni adorador de 
Baco; fumaba bastante, pero no eran sus lesiones 
oculares de las debidas al tabaco, y que de modo tan 
magistral han sido estudiadas por nuestro insigne 
maestro Santos Fernández (15). 

La agudeza visual del paciente era, en el O. L 
sólo suficiente a distinguir los dedos, a dos metros 
de distancia. En el ojo derecho, en eí que no había 
sentido disminución apreciable, la agudeza visual 
era de 2/3, pero corregida su hipermetropia, alcan- 
zaba el máximum de vista. 

El examen oftalmológico, arrojó un cuadro por 

(13) Archivos de Oftalmología Hispano- Americanos, vol. XVII, pá- 
gina 587. Año de 1917. 

(14) Annales d'OculistiquCi, vol, 154, pág. 257. 

(15) Crónica Médico-Quirúrgica de la Habana, vol. XXVI, pági- 
na 385. Año de 1901. 



1«)9 ANALES DE LA 

J. w ^ 



demás curioso. Se observaron en algunas ramas ar- 
teriales de la retina, aneurismas en. número bastan- 
te crecido, más abundantes en la parte superior. 
Cerca de algunos de ellos, se advertían en la retina, 
manchas de hemorragia reciente, y en dos zonas dis- 
tintas del campo retiniano, podían verse pequeñas 
zonas de atrofia retiniana evidenciando que todo el 
proceso era uno mismo, pero en distintas fases, pues 
la atrofia marcaba las lesiones más antiguas, pro- 
ducidas por las primeras hemorragias ocurridas y 
denotando las hemorragias recientes, que eran pro- 
ducto de la ruptura de algunos aneurismas que for- 
maban, antes de romperse, una pequeña cadena de 
pequeñas cuentas., algo semejantes a un rosario. 

La tensión arterial era muy elevada, llegando a 
180 m. m. de la columna de mercurio, y estimando 
muy grave el estado del paciente, así lo hicimos sa- 
ber a su acompañante, nuestro estimado compañero, 
doctor La Hoya, de Jovellanos, diciéndole que dado 
el estado avanzado de arterio-esclerosis del paciente, 
creíamos que era de esperarse ocurriera en breve 
tiempo una hemorragia cerebral. 

Para intentar en lo posible, evitar esto, o retar- 
dar su inevitable ocurrencia, convinimos con el doc- 
tor La Hoya, en que se le administrarían al paciente 
grandes dosis de yoduro de potasio, tomando al mis- 
mo tiempo, la medidas generales pertinentes en su 
beneficio. El paciente se trasladó al lugar de su re- 
sidencia, donde falleció el día 12 de diciembre de 
1919, o sea a los 38 días de haberlo nosotros visto, 
y a los 80 días de su enfermedad. 



ACADEMIA DE CÍENCIA8 DE LA HABANA | 23 



LA ANTROPQMÜTRIA DEL HOMBRE CIVILIZADO 
Pgt el Dr. Arturo Mac üonald 

AiitropoJogista, Washington, K. \' . ilc A., y prosi-iente honorario ilel 
Congreso IntiM-naeional ile Antri.'pología ('¡■iininal 'le Europa. (1) 
(Sesión n (le Junio ile 1920) 

Muy diversos problemas se presentaron hace años' 
al organizar los distintos planes de enseñanza en las 
universidades americanas al estallecier la relaci(3n 
existente entre la Antropología y la psicología, pero 
como la enseñanza de la psicología predomina hubo 
de colocarse a la antropo-ogía como una subdivisión 
de ésta. 

Pero la Antropología hace tiempo es considerada 
como una ciencia, mientras la psicología no ha forma- 
do aún un suficiente grupo de doctrinas y verdades 
para ser llamada como tal en el sentido estricto de la 
palabra, pero no obstante ella ha hecho grandes pro- 
gresos en la adaptación de los métodos científicos. 

Consideramos a la })sicoCogía, como a la socio- 
logía, una ciencia, por cortesía, pero esto no amino- 
ra su valor, porque bien sabemos que muchas ramas 
del saber humano aun no han llegado al grado de de- 
sarrollo científico a pesar de su gran utilidad. Hemos 
de considerar aquí el hecho, de que en verda/d, todas 
las ramas de la ciencia que envuelven directamente 
el estudio del cuerpo humano y de sus diversas fun- 
ciones han de caer dentro de la Antropología. Como 
los adelantos contemporáneos en psicología han te- 
nido- relación con la anatomía y la fisiología esto nos 
indica la íntima relación existente entre éstas dos ra 
mas del saber humano. 

Los estudios antropológicos del hombre actual en 
su relación con el hombre primitivo, salvaje e histó- 
rico, son de muy reciente adquisición. Una prueba 
de este hecho es que el primer estudio científico dei 
ser humano data desde la éjíoca de Emilio Zola y de 
otros 20 especialistas franceses en antropología, psi- 
cología y medicina, allá por el año 1897 (1). 

(1) Traducción del Dr. J. López SUvero. 



(1) El autor ha hecho un sumario de este estudio en un trabajo ti- 
tulado: Crjjnen juvenil y regenración. Docujnento del Seaado nfijn. 532, 
1» Sesidn del CongreBo. 'P4g. 230-254. 



] 24 ANALES DE LA 



Mas aun la denominación de "antropologista" al 
que estudia al género humano tal cual se nos presen- 
ta, en los actuales tiempos, es escasamente oída, y 
parece muy extraño que los que de esta ciencia se ha- 
yan ocupado tan poco en los estudios del hombre 
contemporáneo. 

Cualesquiera que sean estas razones, el hombre 
moderno es mucho más accesible a las investigacio- 
nes que el primitivo porque es más accesible a la 
investigación y bien sabemos y es exiomático que mi- 
entras más recursos científicos podemos tener tanto 
más acertadas son nuestras conclusiones. 

Para este trabajo es imprescindible un estudio 
especial y sintético, pues no sólo son necesarios los 
conocimientos antropológicos sino una experiencia 
adecuada en los laboratorios de psicoanálisis. 

El estudio analítico del hombre actual se ha hecho 
con la ayuda que nos suministra la Antropología cri- 
minal con los estudios realizados en reformatorios y 
establecimientos penales. Como las características 
que nos ofrecen los recluidos son muy semejantes a 
los del hombre en libertad, si descontamos los pocos 
que nos ofrecen caracteres de anormalidad (crimi- 
nales) tendremos que las resultados ol>tenidos en es- 
tos casos pueden ser aplicados a la mayoría de los se- 
res vivientes del género humano. Desgraciadamente 
algunos progresan en sus rasgos de anormalidad, por 
los medios deficientes con que cuentan muchos de 
estos establecimientos, cuya única misión es mej'orar 
la especie humana. Como estas instituciones son sos- 
tenidas por poderes públicos no hay razón para con- 
siderar que estos establecimientos fuesen destinados 
como laboratorios para preparar a los recluidos y ha- 
cerlos mejores ciudadanos y prevenir a otros de di- 
rigirse por derroteros erróneos. Así una única misión 
de estos laboratorios sería el afianzar y mantener en 
vigor los medios regenerativos para hacer un ciuda- 
dano modelo. 

Un hecho que debemos tomar en consideración 
es la influencia social que ejerse la guerra. La guerra 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



125 



con su militarismo, es una monstruosidad. Es como 
el árbol sacudido por el huracán, que en el desatado 
furor del vendabal desprende hojas, frutos, y cuyas 
raíces son afectadas hasta lo más profundo. 

El organismo social se conmueve y todo queda in- 
fluenciado y la naturaleza humana cede ante tan irre- 
sistible fuerza. 

Uno de los motivos de la Antropología criminal es 
alejar cuanto sea posible toda causa de guerra (lu- 
cha criminal) entre naciones, por los conocimientos 
adquiridos en el estudio de estas mismas causas. Y 
así como pudimos estudiar (1) al determinar las cau- 
sas que motivaron las guerras de Religión, de 'la mis- 
ma manera y por idéntico proceso podemos llegar a 
evitar las causas que concurren en las guerras de ca- 
rácter político para que ces'en para siempre. 

Es la Antropología la ciencia que más uso pode- 
mos hacer de eilla en nuestros estudios. Los beneíicios 
que nos brinda son muy conocidos. Prueba de ello lo 
tenemos en los sistemas de medidas de Bertillón y 
dactilográficas. 

Ningún hombre honrado dudará al someterse a 
estas pruebas, pues determinan la identidad de la 
persona, impidiendo que en un momento dado por 
efecto de la debilidad se cometa un acto delictuoso, 
por las facilidades de la captura. Nos conoceríamos y 
entenderíamos mejor si en la historia antropológica 
de dos o tres generaciones pasadas, dando en cada 
caso la altura, peso, capacidad pulmonar, color de 
los ojos y cabello, índice cefálico, sensibilidad al do- 
lor, habilidad mental y condiciones morales, datos no- 
sológicos, profesión y edad en la fecha de la muerte, 
etc., la vida sería entonces más racional y desapare- 
cería el estigma de la ignorancia de los seres humanos 
si lo comparamos con el desconocimiento que tenemos 
de los animales. 



(1) El Rutor ha comBÍderado eatos puntos do vista en eu artíc-ulo 
"Consideraciones sobre el Tratado de Paz .de Westfalia (1648) y bu 
rela«ión «on las Conferencias de la Paz (1919)", publicado en varóaa 
revistas. 



]26 ANALES DE LA 



Las conclusiones a que 'llega el autor en sus es- 
tudios por propias investigaciones en determinado 
número de casos, se limita exclusivamente a su expe- 
riencia personal, pues de otra manera sus resultados 
en el ancho horizonte de esta materia nos llevarían 
lejos de los límites de este trabajo. 

El número total de casos estudiados es de 42,375, 
además de una minuciosa contribución sobre las par- 
ticularidades de 25 criminales (1). 

Las siguientes conclusiones las hemos dividido 
en seis secciones. Las cinco primeras se refieren a la 
capacidad mental desde el punto de vista físico y neu- 
rológico y casos anormales, especialmente en niños, 
teniendo en cuenta los factores de raza y <;ondición 
social. 

A) Conclusiones sobre la capacidad o habilidad 
mental y la circunferencia y forma de la cabeza son 
de mayor importancia no sólo porque ésta encierra al 
cerebro, sino porque el cráneo como detalle de inves- 
tigación persiste después de la muerte y es por tanto 
el eslabón poderoso que une al hombre contemporá- 
neo con el antiguo y el prehistórico. 

Lo que más nos importa aquí es el máximim de 
longitud y anchuras de la cabeza que sun fundamen- 
to del llamado índice cefálico. 

Hay muchas investigaciones psicoanalí ticas que 
omiten este detalle y que a juicio del autor aminora 
su valor científico. 

De 21,930 casos examinados vse llegó a ¡la siguiente 
conclusión: mientras mayor sea la circunferencia de 
la cabeza del niño mayor es su hahilidad mental. Los 
fisiólogos siempre han considerado afirmativamente 
esta conclusión, pero ha sido corroborado por el exa- 
men de muchos individuos. 

Esto también concuerda con lo que los zoologistas 
afirman: de que mientras mayor sea la extremidad 
cefálica del animal tanto mayor será el factor inte- 
ligencia. 



(1) Algunos de ertoa caeos han sido «itadoa en la revista "Orimino- 
logy", New York, 1894, y en "Le Criminel Type ", Lyon y París, 1895. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ¡27 

Los niños braquiocéfalos (crai»eo ancho) respon- 
den a un tipo mental superior en relación con los 
dolicO'Cefálicos o de cabeza larga. Esto está confirma- 
do en el siguiente hecho: los niños de color (dolico- 
cefá'licos en su mayoría) tienen menos habilidad men- 
tal que los niños de la raza blanca (braquiocefálicos 
en su mayoría). Esto lo pudo considerar el autor al 
examinar 1,165 niños. Este hecho también está de 
acuerdo con los datos que nos suministra la antropo- 
logía prehistórica : que los braquiocefálicos aumentan 
a medida que la civilización se acentúa. 

Además hay que hacer notar que los estudiantes 
de enseñanza superior (universitaria) son más sensi- 
tivos al dolor cuando son dolicocefálicos que cuando 
braquiocefálicos, como lo indican los exámenes he- 
chos por el autor en 377 casos. 

La circunferencia de la cabeza y Ja nacionalidad del 

individuo 

Continuando sus observaciones Mac Donald, ha 
notado que la circunferencia de la cabeza en niños 
de padres extranjeros es mayor en 2.074 casos, que 
en los niños hijos de padres americanos (observación 
en 12,487 casos). 

Esto nos hace creer resultados desfavorables en 
la unión de individuos de nacionalidades distintas. 

También ha observado Mac Donald que la cir- 
cunferencia de la cabeza es menor en niños anorma- 
les (2,244) que en niños con organismo perfecto. 

La habilidad mental considerada desde el punto 
de vista físico, social y la nacionalidad del indivi- 
duo. 

Resumimos estos conceptos de ¡la manera siguien- 
te: 

A) Los niños americanos (12,487) son más altos, 
pero inferiores en peso a los extranjeros (2,074). 

B) Los niños de la raza blanca (16,473) son más 
altos que los niños de raza de color (12,457) pero in- 
feriores en peso. 



128 ANALES DE LA 



C) Los hijos de americanos (12,487) son más in- 
teligentes que los niños de distintas nacionalidades 
(1,912). 

D) Los trastornos nerviosos existen en un por- 
centage bajo en los niños extranjeros y de la raza 
negra. 

E) Los niños de !as clases trabajadoras (5,890) 
son más nerviosos que los de las clases más acomoda 
das. 

F) Los niños de Chattanooga (239) son superio- 
res en altura y en peso a los de Washington (7,953). 

Esto nos indica lo verídico de la afirmación de que 
el hombre de los Estados del Sur de los Estados Uni- 
dos son más altos que los del Norte. 

G) Las niñas (8,520) son más inteligentes que 
los niños (7,953) en sus estudios. 

H) Proporcionahnente al aumento de la edad así 
va decayendo la capacidad en todos los estudios ex- 
cepto el dibujo, teneduría de libros y trabajos ma- 
nuales. 

Sensibilidad al ddori — Una de las principales 
miras en el estudio de la humanidad es disminuir el 
dolor, por el estudio de este síntoma. 

Las siguientes conclusiones se derivan del exa- 
men de muchos sujetos por el autor. 

a) Los niños (247) son más sensibles al dolor 
antes de la pubertad que después. 

b) La sensibilidad al dolor decrece con la edad 
(899). 

c) La mano izquierda es más sensible al dolor que 
la derecha (188). Esto se explica por el mayor traba- 
jo que damos a la derecha. 

d) El lado izquierdo (segmenta) es más sensible 
al dolor que el dereicho (2,559). 

e) Las niñas (1,083) son más sensibles al dolor 
que los varones (88). 

f) La mujer (188) es más sensible al dolor que 
el hombre (142). 

g) Los estudiantes de la Universidad en ambos 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 129 

sexo» son más sensibles al dolor que la mujer traba- 
jadora. 

h) Los niños que nacen en verano son más sensi- 
bles al dolor que los que nacen en invierno. . 

Niños anormales 

a) Niños (1,582) y niñas (662) anormales son 
inferiores en altura, ¡^eso y circunferencia de la ca- 
beza que niños iioi-males (16,473). 

b) Niños débiles mentales (2,131) tienen menos 
percepción auditiva que los inteligentes (195). 

c) Sobre el 10% de los débiles mentales (1,214 y 
el 1^4 por ciento de inteligentes son desobedientes. 
Esta falta de regla y desobediencia aimienta en los 
primeros. 

•d) Las anormalidades son más frecuentes en su 
aparición durante la dentición. 

c) Los defectos del habla son tres veces más <50- 
munes en los niños que en las niñas. 

Estudio antropológico de los enfermos 

Estas conclusiones son el producto de la observa- 
ción de 1486 colegiales que padecían de enfermeda- 
des. Aquellas que tenían enfermedades constituciona- 
les (85) eran más bajas en estatura que las que tenían 
otras enfermedades (956). 

Aquellas que padecían de fiebre tifoidea (54) te- 
nían mayor capacidad pulmonar y resistencia, pero 
inferiores en peso, a aquellas con otras enfermedades. 

Los casos de enfermedades infecciosas observa- 
das tienen más peso, capacidad pulmonar, talla y 
fuerza a aquellas de enfermedades en general (1,041). 

Los pacientes afectados de enfennedades here- 
ditarias (89) son inferiores en peso a aquellos que 
padecen de diversas dolencias (1,041). 

En líos casos de herencia por enfermedad el pa- 
ciente es inferior en peso, capacidad pulmonar, talla 
y fortaleza que en los casos -de infección (270). 

En los pacientes con trastorno digestivo se obser- 
va menos peso y capacidad pulmonar pero más, talla 
que en los casos de enfeiTnedad en generai (1,041). 

En aquellos casos que hay soplos cardíacos (185) 



130 ANA.LES DE LA 



es mayor el peso, la capacidad pulmonar, la talla y 
fuerza que en 'os casos de Medicina en general. 
Puntos de especkiJ interés en el estudio del howhre 

En el estudio que podamos hacer del hombre tal 
cual se nos presenta en la época presente, la rigidez 
y exactitud empleadas en las investigaciones cientí- 
ficas de otra índole, como en la física y matemáticas, 
no 'lo poidemos seguir, pues las actuales investigacio- 
nes tienen que estar de acu-erdo con la sociología y 
psicología que como ya hemos dicho, no pueden ser 
consideradas como ciencias en el sentido estricto de 
la palabra. 

Podemos decir como regla general que una con- 
clusión se acerca más a la verdad cuanto más casos 
se hayan examinado, y en otras ocaciones la regula- 
ridad y uniformidad de los resultados en escasos ca- 
sos observados nos pueden llevar a conclusiones de- 
finitivas. 

Hay que obrar con cautela al aplicar las conclu- 
siones generales a casos individuales. Por cada ver- 
dad generalizada hay muchas excepciones y si esta la 
% partes de las veces es cierta y la % falsa, tienen 
mucho valor, pues indica el derrotero que sigue la 

verdad en las investigaciones científicas. 
100 E. Capítol Street. AVashin^ton, D. C. 



NOTA SOBRE UN INFORME MEDICO LEGAL 
Por los Doctores Tomás V. Coronado, Msmuel Ruiz Casabó y 

Raimundo de Castro. 

(Sesión del 11 de Junio de 1920) 

Señor Presidente de la Academia ; 

Señores Acadéndcos : 

Con fecha 10 de Mayo de 1920, recibió la Presi- 
dencia una comuiiicaci(3n del Juzgado de Instrucción 
de la sección segunda (causa 562 de 1920) pidiéndole 
designara a tres señores profesores de esta corpora- 
ción para que en auxilio de la Administración de 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 13]^ 



Justicia emitieran im informe con respecto a estas 
dos preguntas: 

Primera : Si la ingestión o absorción de la heroí- 
na, morfina y mari- juana pueden producir la locura, 
la imbecilidad o en general la pérdida temporal o per- 
manente de la voluntad y de la inteligencia. 

Segunda : Si el hecho que ha dado origen a la for- 
mación de la presente causa por su brutalidad y sin 
motivo que lo explique, teniendo en cuenta que el 
procesado usaba sustancias heroicas, debe estimarse 
que ha sido producto de la acción de dichas sustan- 
cias en el organismo y realizado en completo estado 
de perturbación cerebral sin el concurso de la inteli- 
gencia y libre de voluntad. Manifestando además que 
si los nombrados lo estimaran oportuno podían reco- 
nocer al procesado en la cárcel y conocer del sumario. 

La Presidencia tuvo a bien designar a los docto- 
res Tomás Y. Coronado, Manuel Ruiz Casabó y al 
que os habla miembros de esta Academia para atixi- 
liar al señor juez, y habiendo tenido el honor de ha- 
ber sido designado por mis compañeros de comisión 
ponente, redacté el informe que voy a tener el giisto 
de leerles y que para satisfacción nuestra suscribie- 
ron con nosotros también los dos médicos forenses 
que intervinieron en la causa, Dres. Luis Domíngnez 
v Guillermo José Benasach, miembro este último a 
su vez de esta Academia v cuya muerte hemos tenido 
que lamentar hace muy pocos días. 

Pero antes de pasar a leer el informe deseo hacer 
dos aclaraciones. Primera, que el Sr. Juez no pedía 
en su comunicación la opinión de la Academia sino 
que ésta designara de su seno tres miembros para 
que lo auxiliaran; por lo tanto, nuestro informe no 
tenía que ser sancionado por esta corporación ya que 
era la expresión única de nuestro criterio; pero nos 
iia parecido natural el traerlo al seno de vosotros pa- 
ra si Vds. tienen a bien el sancionarlo retrospectiva- 
mente pueda incluirse en los Anales y quede como 
otro de tantos servicios prestados por esta corpora- 
ción a la administración de justicia. Y segunda, que 



^32 ANALES DE LA 



como verán Vds. hemos hecho un informe todo lo más 
abstracto que nos fué i3osible basándonos en los he- 
chos probados y aceptados como tales por el Sr. Juez 
según se desprende del sumario y que rros abstuvimos 
de examinar al procesado porque las preguntas que 
se nos hacían no se referían en nada al estado en que 
se encontrara el procesado en los días de nuestro in- 
forme, varios después de realizado el hecho de autos. 
Y aclarados estos puntos he aquí nuestro informe: 



INFORME SOBRE EL ESTADO MENTAL DE 
LOS QUE INGIEREN DROOAS HEROICAS 

Contestación a la primera pregunta: 

La absorción de la mari-juana, que no es otra co- 
sa que el Cáñamo indiano (Cannabis indica), cuan- 
do se hace a dosis moderadas, produce embriaguez, 
estimulando al individuo, y cuando las dosis emplea- 
das son elevadas, produce un estupor voluptuoso sin 
analogía con la embriaguez ocasionada por el alco- 
hol, y mucho más acentuada que la determinada por 
el opio. Por la acción de él se experimenta, al decir 
de los autores, las sensaciones más extrañas; vense 
alejados los objetos a considerable distancia; el tiem- 
po parece centuplicar la lentitud de su curso hasta 
que un minuto parece toda una eternidad; suenan 
al oído los ruidos exteriores como suaves y agrada- 
bles armonías; siéntese el sujeto suspendido en el ai- 
re y penetrado por una satisfacción interior intensa 
que le hace despreciar las cosas de la tierra y de los 
mortales, a diferencia del opio embriaga sin perder 
el conocimiento; las alucinaciones v estados menta- 
les que provoca tienen siempre carácter animado y 
alegre ; fatiga poco el aparato digestivo y no produce 
el estreñimiento. Su abuso conduce al embiniteci-. 
miento v al marasmo. 

La absorción de la morñna, tiene evidente acción 
electiva sobre los centros nerviosos y muy especial- 
mente sobre el encéfalo, provocando el sueño y hasta 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 133 



el sopor profundo, cuando se administra a dosis ele- 
vadas. Aumenta la excitabilidad refleja, principal- 
mente a consecuencia de las impresiones auditivas, 
después de este período de excitabilidad refleja, se 
observa otro período de postración, quedando el in- 
dividuo con abatimiento profundo, despertándose 
después de un período de excitabilidad refleja. Las 
facultades intelectuales son las primeras atacadas y 
las últimas que reaparecen. El morfinismo encefáli- 
co (que es el fenómeno más conocido y también el 
más interesante) ofrece diferentes grados de inten- 
sidad, según la dosis de la morfina administrada, des- 
de el simple entorpecimiento de los sentidos y de las 
facultades intelectuales hasta la abolición gradual 
y absoluta de la voluntad y de la inteligencia. 
Si en el curso de la intoxicación crónica se pri- 
\an del uso de la mov'^na (a morfinismo) estos 
individuos son atacados de una agitación extre- 
ma, a la vez física y moral, reclaman a grandes 
gritos la morfina y para obtenerla amenazan con 
el suicidio, y algunas vece¿ lo llevan a la prác- 
tica, presentando un estado mental particular, en el 
que se puede aceptar una irresponsabilidad más o 
menos completa, y según Vihert, en estos individuos 
puede presentarse ''el delirio agudo caracterizado 
por un violento acceso de manía con alucinaciones de 
todos los sentidos, temblores generales, trastornos de 
la palabra. Estos accesos de manía que recuerdan 
mucho al clelirium tremens, pueden sobrevenir en los 
morfinómanos que están atacados de alcoholismo. 

De la heroína no hablamos nada particularmente, 
porque esta sustancia no es otra cosa que un éter di- 
acético de la morfina. 

Aunque no se pregunta nada especialmente sobre 
la atropina, como en las ampolletas encontradas la 
morfina está asociada a la atropina, creemos que de- 
bemos decir algo sobre los efectos de la absorción de 
esta peligrosa droga que los alemanes le llaman cere- 
zo rabioso y que Wood coloca entre la clase más avan- 
zada de los medicamentos de acción delirante; nin- 



134 



ANALES DE LA 



gún otro alcaloide a dosis tan mínima actúa de una 
manera tan específica como la atropina sobre las fun- 
ciones psíquicas del hombre. Bajo su influencia pue- 
de aparecer toda clase de recuerdos, de alucinaciones 

que no pueden ser inhibidos por los centros directo- 
res de la inteligencia. El Profesor Stokvis, de la 
Universidad de Amsterdam) dice lo siguiente: ^'en 
la intoocicación por la atropina, no sólo se divaga, sino 
que también pueden cometerse actos insensatos. Yo 
he leído que en una gTierra entre ingleses e indios 
salvajes, vertieron estos últimos entre las tropas in- 
glesas una bebida que contenía una especie de extrac- 
to de belladona (cuyo principio activo es la atropina) 
después de la ingestión de la cual se produjo una ex- 
citación y desconcierto entre los ingleses que se ba- 
tieron entre ellos mismos, dejando a los indígenas en 
paz." Lo que se ha observado más de una vez en el 
delirio atropínico es la constante y gran influencia 
de la individualidad, es decir, en cada individuo se- 
gún su idiosincracia variará la naturaleza e intensi- 
dad del delirio. Dice el mismo autor mencionado an- 
teriormente, que la primera vez que él se encontró 
ante un intoxicado por la atropina fué para él un 
verdadero enigma, pues tenía como síntomas del en- 
venenamiento por esta sustancia, la dilatación pupi- 
lar, la aceleración cardíaca, sequedad de la boca y de 
la garganta, pero no se había imaginado nunca que 
el delirio y las alucinaciones fueran los síntomas más 
predominantes. Y hay la célebre leyenda del viejo 
de la montaña, que para convertir en asesinos a los 
individuos de su banda, le daba a tomar cocimientos 
de bayas de belladona. 

En vista de estos antecedentes y contestando con- 
cretamente a la pregunta del Sr. Juez, creemos los 
peritos que declaramos que la absorción de estas sus- 
tancias, especialmente de la morfina y de la atropina, 

puede dar lugar a la pérdida temporal de la voluntad 
y de la inteligencia. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ¡35 

Contestación a Ja srgunda pregunta: 

Cuando un individuo practica un hecho delictuo- 
so y repugnante sin que lo guíe un móvil racional, so- 
bre todo si este individuo gozaba entre sus conciuda- 
danos de buena fama y de cordura, hay que suponer 
que su voluntad e inteligencia estaba perturbada por 
un desequilibrio cerebral, ya sea éste producto de 
una afección de los centros nerviosos, ya sea tempo- 
ralmente de la absorción de sustancias que como la 
morñna y atropina pueden abolir o por lo menos mo- 
dificar profundamente la voluntad y la inteligencia y 
provocar delirios de persecución, y que como general- 
mente pasa de perseguido convertirse en perseguidor. 



ACUERDOS DE LA ACADEMIA 

(Junta del 19 de Junio de 1920) 

En la sesión celebrada el día anterionnente ex- 
presado se tomaron los siguientes acuerdos previa la 
autorización de la Academia con un voto de confian- 
za para la Junta de Gobierno. 

Aprobar el informe presentado por el Dr. Ma- 
nuel Ruiz Casabó, sobre accidentes producidos por 
el empleo de los Rayos X, evacuado a solicitud del 
Sr. Juez de Instrucción de la Sección Tercera de la 
Habana, acordando sea remitido íntegro a dicha au- 
toridad. 

Aprobar también por unanimidad el informe de 
la Comisión de glosa presentado por los Dres. Carlos 
de la Torre, Gastón Alonso Cuadrado y José P. Ala- 
cán, acordando se le comunique al Sr. Tesorero ese 
resultado. 

La Junta tomó acuerdos referentes al personal 
subalterno de la Academia y la crisis actual que afec- 
ta la vida. 



J36 ANA.LES DE LA 

INFORME MEDICO LEGAL EN CAUSA POR 

IMPRUDENCIA 

Por el Dr. Manuel RiU2 Casabó. 

(Sesión de Gobierno del 19 de Junio de 192ÜJ 

'*Sr. Presidente de la Academia de Ciencias Médi- 

"cas, Físicas y Naturales de la Habana 

"Sres. Académicos. — Cumpliendo el decreto del 
'-Sr. Presidente de esta Corporación fechado en 26 
' 'de abril del año en curso, tengo el honor de someter 
"a vuestra ilustrada consideración el informe que: 
"a solicitud del Sr. Juez de Instrucción de la Sección 
"Tercera de esta capital, en causa n* 61 de 1920 que 
"instruye por el delito de imprudencia de la que re- 
"sultaron lesiones graves a Marta Bared, debe ser re- 
"mitido a dicha autoridad, siempre que estudiado y 
"discutido por esta Academia resulte favorecido con 
"vuestra opinión. 

"La pregunta formulada por el Sr. Juez, está re- 
"dactada como oiréis inmediatamente. 

"Si en la aplicación de los rayos X, bien en trata- 
"miento radioterápico o para obtener radiografías, 
"puede evitarse que se produzcan radiodermitis. 

"Sin gran esfuerzo y en cortas líneas creo que se 
"pudiera dar satisfacción al interrogatorio del señor 
"Juez sobre este asunto, que es del dominio de la ma- 
"yor parte de los profesionales, pero estimando ne- 
"cesario el concurso, aunque sea someramente, de al- 
"gur^os datos que con ello se relacionan científica- 
"mente y son fundamentales, es que me voy a per- 
"mitir la libertad de distraeros unos instantes. 

"Muy joven es todavía la nueva ciencia descu- 
"bierta por el profesor Roentgen, de Wurtzbourg 
(1895), siendo los doctores Oudin y Bartchelemy 
los primeros en estudiar las aplicaciones médicas 
"del nuevo descubrimiento. En agosto de 1896 estos 
"profesores en su notable memoria hablaban de la 
"obtención de siluetas muy notables que permitían 
"distinguir costillas, pulmones, ríñones, etc. 

"Esta nueva ciencia como elemento basal necesi- 






17 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ] '¿^ 

"ta hacer uso de agentes físicos, y como tales, difí- 
"cilmente ha podido llegarse todavía a una dosifica- 
'*ción precisa para producir los efectos físicos que 
"son sus resultantes: Considerando los distintos fac- 
"tores que se suman en los aparatos que aprisionan 
"el elemento que se utiliza y que varía inñnitamente, 
"desde la posición hasta la fabricación (sujeto, pan- 
"talla, tubo, etc.), mucho tiempo tiene que transcu- 
"rrir aún para que la aplicación radioterápica o ra- 
"diográfica deje de producir, además de sus grandes 
"conquistas de gran utilidad y beneficio, no pocos 
"accidentes, inconvenientes y fracasos. A pesar de 
"esto último los hombres de ciencia con sus estudios 
y experimentación contribuyen a perfeccionar los 
medios que utilizan, sorprendiendo, observando fe- 
nómenos, recomendando modificaciones en los apa- 
ratos sin olvidar el sujeto, el individuo, que consti- 
tuye otro problema digno de consideración por las 
alteraciones orgánicas o trastornos que sensiblemen- 
"te responden a la influencia del agente físico, ra- 
"vos X. 

"Un compatriota nuestro, notable radiólogo, es- 
"timado y distinguido compañero, el Dr. Francisco 
"Domínguez Roldan, como producto de su fructífera 
"labor desplegada en el Quinto Congreso de Electro- 
"logía y Radiología Médica celebrado en Barcelona 
"(1910) dice lo que a continuación transcribo como 
"elemento importante a nuestro estudio: 

"En líneas generales la Radioterapia, hoy por 
"hoy, es un agente terapéutico de difícil conocimien- 
"to, de más difícil dosificación, de inseguros resulta- 
"dos, si nos atenemos al modo como ha venido em- 
"pleándose hasta k) presente. Y es que con arreglo 
"a nuestros conceptos actuales, esta rama de la tera- 
"péutica descansa sobre dos factores desconocidos y 
"que no puede ser desdeñado. Primero, la recepti- 
"vidad individual. Segundo, el ámpula productora 
"de rayos X." 

"En el mismo Congreso el Dr. Gohl de Amster- 
"dam trata en la sesión Irradiaciones sobre el trata- 



23^ ANALES DE LA 



'miento de las grandes quemaduras producidas por 
los rayos X. 

"Dice el Dr. Domínguez Roldan: "En el conoci- 
'miento del tubo que se utiliza descansa toda la cien- 
'cia del radiólogo y allí está el escollo. Cuando uno 
'cree poseer su ámpula, ésta se inutiliza por el uso y 
'es necesario recomenzar el estudio y el trabajo." 

"¿Es fácil concebir una unidad medicamentosa, 
'cuando el agente empleado es en sí tan variable y 
'tan difícil de dominar ? . . . 

"El Dr. Belot presentó una excelente memoria en 
'el Congreso de Tolouse titulado La filtración en ra- 
^dioterapia y dice: Con el objeto de utilizar rayos 
'monocromáticos en radioterapia entre los diferen- 
'tes procederes imaginados, es la filtración el que 
'parece gozar de legítimo renombre, y a pesar de 
'ello, persiste la opinión de que los filtros en la radio- 
'terapia no evitan la radiodermitis, pues ésta conti- 
'núa siendo una cuestión de dosis. El ñn de los fil- 
'tros es disminuir la gran diferencia que había por 
'el antiguo procedimiento, entre las dosis superficia- 
'les y las profundas ; dado que las leyes físicas per- 
'sisten y no es posible sustraerse a ella, siempre y a 
'pesar del filtro, el dermis y las mucosas absorberán 
'más que los planos subyacentes. Aunque dable lle- 
'gar por la filtración al monocromatismo, la super- 
'ficie absorberá más que la profundidad. 

"Es cuestión de dosis y de receptividad indivi- 
'dual muy difíciles de precisar en coeficientes toda- 
'vía. Son problemas que hay que resolver, para que 
'los radiólogos puedan evitar las radiodermitis tan- 
'to en radiografía como en radioterapia. 

"En la dosis hay que considerar la Escala de du- 
'reza y Escala radiocromo7nétrica, relacionado res- 
'pectivamente por la calidad y cantidad de los rayos 
'utilizados. 

"Todos vosotros conocéis la multitud y frecuen- 
'cia de distintos fenómenos que se suceden en medi- 
'cina con la dosis y receptividad individual. Podría 
'citar infinidad de ellos y algunos defectos contra- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ^39 



'producentes haciendo asombro a la observación y 
'entiéndase que hago referencia a sustancias que la 
'ciencia y la experiencia han precisado en su acción 
'fisiológica con dosis aceptadas y juzgadas. 

"¿Cuánto no sucederá pues con un medio que se 
'emplea arrebatado a la naturaleza en su descuido y 
'de su rica adquisición encuentran las ciencias mé- 
'dicas un filón inagotable de sorpresas en el diagnós- 
'tico ? 

"Nos explicamos porque en el Congreso de Ber- 
'lín de 1905, se votara por unanimidad la proposi- 
'ción siguiente: ''El empleo de los rayos X en el 
'hombre es sólo del dominio de la medicina." Tam- 
'bién la Academia de Ciencias de París adoptó entre 
'otras conclusiones la que sigue: "Considerando que 
'el empleo de los rayos Roentgen puede determinar 
'accidentes graves, etc., la aplicación médica de los 
'rayos X por personas no provistas de los títulos 
'mencionados (médicos, cirujanos, o dentistas titu- 
'lares, en lo que concierne a la práctica odontológi- 
'ca) constituye un acto de ejercicio ilegal de la me- 
'dicina." • 

"Vemos por tanto, Sres. Académicos, del somero 
'extracto que expongo respecto al particular objeto 
'de este informe, que desde los comienzos de la apli- 
'eación de los rayos X a la medicina se viene tra- 
'tando sobre los peligros de su empleo y que todavía 
'no ha sido posible llegar al ideal de su prevención. 
'Allá llegaremos quizás, pero en el estado actual de 
'la ciencia radiológica, con los elementos y conoci- 
'mientos de los aparatos usuales y mientras no se pa- 
'tentice totalmente el funcionamiento y susceptibi- 
'lidad del sujeto, no es posible sustraer a éste de los 
'accidentes ocasionados por la radiografía y la radio- 
'terapia. 

"Es opinión corriente y aceptada por casi todos 
'los profesores que se dedican a las prácticas radio- 
'gráficas y radioterápicas y por otros tantos que han 
'tenido relaciones con los casos que han utilizado las 
'aplicaciones radiológicas, que puede asegurarse de 



240 ANALES DE LA 



"una manera absoluta que no hay radiólogo que más 
"de una vez no haya obtenido como accidente conse- 
"cutivo a la utilización de los rayos X, la radioder- 
"mitis, sin que de la observación, estudio y práctica 
"de los procedimientos haya podido deducirse otra 
"opinión que no haya tenido su asiento en las condi- 
"ciones de los aparatos, precisión en la escala de ca- 
"lidad y cantidad de los rayos y muy particularmen- 
"te de la susceptibilidad individual a la acción de loa 
"agentes físicos utilizables (calor y electricidad). 

"Como argumento demostrativo de que no puede 
"haber responsabilidad para el radiólogo, mientras 
"no se perfeccionen los medios y se conozca de ma- 
"nera precisa la condición del sujeto que recibe la 
"influencia de los rayos X y esto es asunto capital; 
"de la misma manera que tampoco puede ser respon- 
"sable un profesor médico por los accidentes más o 
"menos graves que pueden ocurrir al practicar una 
"simple operación como lo es la inyección hipodér- 
mica, veamos lo que ocurre en la vecina nación 
norte americana, ordinariamente, cuando de un pro- 
fesor se solicitan las aplicaciones radiológicas, cual- 
"quiera que sea el ñn. 

"Los radiólogos de los Estados Unidos, sujetos a 
"otra legislación distinta a la nuestra a este respecto, 
"con objeto de no caer en responsabilidad, no prac- 
"tican ninguna operación radiológica, sin que antes 
"el cliente suscriba un impreso en donde hace cons- 
"tar la irresponsabilidad del profesor, caso de sufrir 
"algún accidente por la aplicación radiológica o ra- 
''dioterápica. Esto es concluyente. 

"De lo expuesto, deducimos como conclusión y en 
"contestación a la pregunta del Sr. Juez de Instruc- 
"ción de la Sección Tercera lo siguiente: 

"Que no es posible evitar que se produzcan ra- 
"diodermitis en la aplicación de los rayos X, bien en 
"tratamiento radioterápico o para obtener radio- 
''grafías. 

"La Academia no obstante con mejor criterio re- 
"solverá. 






ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 14[ 



INFORME DE LA COMISIÓN DE GLOSA 

Pol- los Dres. Carlos de la Torre. Gastón Alonso Cuadrado. 

J. P. Alacán. 

(Junta de Gobierno del 19 de Junio de 1920) 

Sr. Presidente de la Academia de Ciencias Médicas, 
Físicas y Naturales de la Habana. 

Señor: 

Los que suscriben cumpliendo lo acordado en se- 
sión de gobierno de 23 de abril del año actual, para 
examinar los comprobantes originales de las cuentas 
de la Tesorería de esta Corporación, así como los li- 
bros de la misma correspondientes al año de 1919 a 
1920, después de efectuar el mandato, han podido es- 
timarlas cumplidamente correctas, acordando propo- 
ner a la corporación le otorgue la correspondiente 
aprobación. 

Quedan de Vd. muy atentamente. 

Dr. José P. Alacán, Dr. Gastón A. Cuor 
drado, Dr. Carlos de la Torre y Huerta. 



ACUERDOS DE LA ACADEMIA 

(Junta del 5 de Agosto de 1920) 

Dado cuenta con el informe presentado por el 
Dr. Raimundo de Castro y Bachiller, en un caso de 
jubilación interesado por el Tribunal Supremo de 
Justicia, fué aprobado por unanimidad, acordando 
que sea elevado a manos de la autoridad superior 
solicitante. 



J42 ANALES DE LA 



INFORME MEDICO LEGAL A SOLICITUD DEL SE. 

PRESIDENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO 

Per el Dr. Raimundo de Castro 

(Junta de Gobienu) del ó do Agosto de 1920) 

**Sr. Presidente de la Academia de Ciencias Médicas, 

"Físicas y Naturales de la Habana. 

"Señor: Cumpliendo con lo solicitado por esa 
"Presidencia referente al expediente de jubilación 
"del Sr. Miguel Betancourt y Dávalos que en con- 
"sulta envía el Tribunal Supremo a esta Academia 
"pueda manifestar a Vd. que después de estudiar de- 
"tenidamente el expediente que se me remite deduz- 
"co de los datos que en él se suministran que: 

"El Sr. Miguel Betancourt y Dávalos, natural de 
"Matanzas, blanco, mayor de edad, casado y Secre- 
tario Judicial, ha promovido expediente de jubila- 
"ción basándose en su estado de salud." Que por los 
"cinco certificados médicos que se acompañan dicho 
"señor sufre de Epilepsia de forma grave con con- 
"vulsiones, pérdida del conocimiento, de la memoria, 
"ausencias con alternativas de excitación y depre- 
"sión que le hace perder el dominio sobre sí mismo, 
"que esta epilepsia la ha sufrido durante toda su vi- 
"da siendo por tanto crónica y agravándose cada vez 
"más, y si a esto agregamos los signos de arterio- 
"esclerosis, hipertensión, etc., que según los cinco cer- 
"tificados que se acompañan han podido comprobar 
"los facultativos que los suscriben en número de nue- 
"ve, podemos concluir que: La enfermedad que pa- 
"dece el Sr. Miguel Betancourt y Dávalos es incom- 
"patible con el desempeño de sus funciones de Se- 
"cretario Judicial, no sólo durante lo que se mani- 
"ñesta en la comunicación son acceso epiléptico sino 
"en todo tiempo, ya que la epilepsia que sufre dicho 
"señor no es un acceso aislado que se conoce gene- 
' 'realmente con el nombre de Epilepsia Jachsoniajia 
"o cortical o sintomática que obedeciendo, a veces, a 
una causa local removiendo ésta se cura, sino la en- 



>?. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA J43 

"fennedad hasta hoy denominada Epilepsia esencial 
"o germina que llegada al grado en que se manifiesta 
"en el Sr. Miguel Betancourt y Dávalos es incurable 
"y progresiva pudiendo ser muchos de sus actos ab- 
"solutamente inconscientes. 

"Es todo lo que puedo informar sobre lo que soli- 
"cita la Sala de Vacaciones del Tribunal Supremo de 
"Justicia." 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 14Ó 



ADVERTENCIA 



En 30 de marzo de 1920 presenté la renuncia de 
la Dirección de estos Anales, que venía desempe- 
ñando desde el 27 de julio de 1902, y me fué acep- 
tada el 23 de abril, en cuyo día se confirmó el nom- 
bramiento hecho por la Junta de Gobierno a favor 
del Dr. Manuel Ruiz Casabó. 

Cuando renuncié estaba en la imprenta de 
Seoane y Fernández todo el material correspondien- 
te hasta la fecha de mi renuncia ; pero no se pul:)licó 
allí sino en la Imprenlta de Lloredo y Compañía, 
desde la página 137 hasta la 290 del tomo LYI; y 
desde la 291 hasta la 171:, en que termina el tomo, 
en la imprenta Buena Impresión; siendo de adver- 
tir que en la cubierta de esta última entrega (enero- 
mayo 1920) se consigna, erróneamente, Tomo LVII. 

En 21 de mayo de 1921 fui nombrado nuevamen- 
te Director de los Anales, en cuyo cargo me confinnó 
la Academia en la sesión del 10 de junio último. 

En la primera fecha citada se entregó la entrega 
correspondiente a mayo-agosto 1920, tirada en la su- 
sodicha imiU'enta Buena Impresión, que abraza des- 
de la página 1 a la 113; pero como en la cubierta 
y la portada aparecían errores de consideración, se 
acordó inii^rimirlas de nuevo y completar el tomo 
LVII con el material correspondiente al año aca- 
démico de 1920-1921, publicándose desde la página 
115, en ciue aparece esta Advertencia en los talleres 
tipográficos de La Filosofía. 
Habana, julio de 1921. 

Dr. Jorge L e-Roy. 



146 ANALES DE LA 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 8 DE OCTUBRE DE 1920 



Presidente.— Dy. Juan Santos Fernández. 

Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 

Académicos concurrentes. — Dres. : A. Agramonte, R. de Cas- 
tro y Bachiller, F. M. Héctor, J. Le-Eoy, J. A. Pi-csno y M. 
Euiz Casabó. 

Concurrentes. — Dres. : F. M. Fernández y J. A, López .Sil- 
vero. 



Leídas las actas de las sesiones anteriores de 23 de abril, 
14 y 19 de mayo, 11 de junio respectivamente, no fueron apro- 
badas por falta de quorum. 

Se da cuenta de las siguientes comunicaciones: 

Entrada. — Del Tribunal Supremo de Justicia, para que 
esta Academia informe algunos particulares en el expediente de 
jubilación promovido por el Sr. ^ligucl Betancourt y Dávalos, 
Secretario del Juzgado de Primei'a Instancia e Instrucción de 
Alacranes. 

Del Dr. Jorge Le-Roy y Cassá, imra que por esta .Vcade- 
mia se le remita copia certificada del acta de la sesión de nueve 
de octubre de 1919, deseando que dicha copia sea exacta y com- 
pleta. 

De la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo, tras- 
ladando escrito del Sr. Claro Sosa y Gutiérrez sobre la enferme- 
dad de los cocoteros y su procedimiento de curación. 

Del Director de la Biblioteca Nacional, participando lia- 
ber tomado posesión de dicho cargo con fecha 16 de septiembre. 

Del Dr. Carlos Revilla, invitando a la solemne apertura 
de los Tribunales, el primero de septiembre. 

Del Sr. Juez de Instrucción de la Sección Tercera de la 
Habana, para que esta xVcademia informe sobre el exhorto del 
Juzgado de Camagücy por delito de lesiones graves en causa nú- 
mero 445-1920. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 117 

Salida. — Citación a la Junta de Gobierno de esta Aca- 
demia, para el día 19 del mes de junio, para determinar acerca 
del informe por aplicación de rayos X, en causa número 61-920. 

Al Sr. Juez de la Sección Tercera, remitiéndole informe 
aprobado por esta Academia el día 19 de junio sobre aplicación 
de los rayos X en causa número 61-920. 

Al señor Tesorero de la Academia, trasladándole informe 
de la Comisión de glosa correspondiente al año 1919-1920. 

Al Honorable Sr. Secretario de Justicia, pidiéndole promul- 
gación de un decreto de transferencia como en años anteriores, 
ascendente a la cantidad de dos mil ochocientos pesos. 

Al Sr. Tesorero de la Academia, dándole cuenta del aumento 
de sueldo de los empleados de la misma. 

Citación a la Junta de Gobierno, para que el cinco de agos- 
to dictamine acerca de un informe sobre julñlación, interesado 
por el Tribunal Supremo de Justicia. 

Al Sr. Secretario de Agricultura, Comercio y Trabajo, 
acusando recibo de su escrito del 23 de julio, en que traslada 
otro del Sr. Claro Sosa y Gutiérrez, vecino de la villa de Güines, 
relativo a la enfermedad de los cocoteros. 

Al Dr. Carlos de la Torre, Presidente del Tribunal nom- 
brado para el estudio de la enfermedad de los cocoteros, trasla- 
dándole escrito del Subsecretario de Agricultura, que a su vez 
lo hace del escrito del Sr. Claro Sosa y Gutiérrez. 

Al Sr. Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, remi- 
tiéndole informe sobre jubilación reclamada por el Sr. Manuel 
Betancourt. 

Al Dr. Manuel Kuiz Casabó, certificado de la sesión del nue- 
ve de octubre sobre acuerdo de la misma, para volver a reducir 
a numerario la cantidad donada por el Dr. Juan Santos Fer- 
nández que ha sido invertida en valores de la Havana Electric 
Company. 

A los Sres. Ldos. Chaple y Sola, abogados de la Academia, 
recordatorios del pago de la hipoteca y censos pendientes, ven- 
cidos en 28 de agosto próximo y 31 de diciembre de 1918 y 1919 
respectivamente. 



148 ANALES DE LA 



Al Dr. Jorge Le-Koy y Cassá, certificado de la sesión del 
nueve de octubre de 1919, según interesó en su escrito de 29 do 
julio. 

A la Comisión de >\íedicina Legal, citación para el viernes 
8 a las 8 de la noche del mes actual. 



Entrando en la orden del día el Dr. Juan Saritos Fernán- 
dez, dio lectura a una nota necrológica sobre el Dr. Miguel Ri- 
va y Urrecluiga, dando a conocer la vida del malogrado acadé- 
mico honorario desaparecido y los distintos cargos Cjue liabía 
desempeñado durante su vida profesional. 

El Dr. Julio F. Arteaga excusó su asistencia, no pudiendo 
leer su trabajo anunciado en la orden del día, por la sensible pér- 
dida de su señora esposa ocurrida liace pocos días. 

El Dr. Juan Santos Fernández por lo avanzado de la hora 
dio por leídos .sus trabajos anunciados en la orden del día y con- 
cede la palabra al Dr. Francisco M. Fernández el cual leyó otro 
titulado Consideraciones sobre el queratocomo en el que tan 
reconocido especialista desenvolvió el tema interesado objeto de 
su trabajo. 

YA Sr. Presi(kMií(> dii'i l;is gracias ¡iw t;ni iiiii-ortante co- 
(jp(>r;icióii cu nniiil)rc de l;i Ac-idemia. dando i'or terminada la 
sesión. 




MIGUEL RIVA Y URRECHAGA 
Habana: 22 septiemore 1840 — Habana: 10 mayo 1920 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 149 



FALLECIMIENTO DEL Dr. MIGUEL RIVA Y URRECHAGA 

POR EL 

DR. JUAN SANTOS FERNANDEZ 



(Sesión del 8 de octubre de 1920). 

En la última sesión del mes de jnnio de 1920, 
en qne la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y 
Naturales de la Habana, según acostumbra se de- 
claraba en vacaciones, durante tres meses, dejando 
a la mesa el encargo de despachar lo más urgente 
que se presentase, llegó a la corporación la esperada, 
pero no por eso menos sensible noticia del fallecí- 
miento del Dr. Miguel iiiva y Urrecliaga, que venía 
enfermo desde hace larga fecha. Acordóse comuni- 
car a la familia el pésanije de la Academia, y dar 
cuenta a ésta de su desaparición tan pronto se reúna 
de nuevo para sus tareas. 

En 1875 en que ingresé en la Academia como 
miembro corresponsal en París, i)ara serlo de nú- 
mero el año siguiente, tra'té como compañero afec- 
tuoso al Dr. Miguel Riva y Urrecliaga, hijo de la 
Habana, nacido el año 1810 del pasado siglo, y en 
seguida recordamos (|ue él halna tomado su título 
en el Colegio de Belén, del que salió antes de que 
yo "ingresara, en el mes de diciembre de 1861. Eué 
su compañero en el colegio y más tarde en la Uni- 
versidad, el jurisconsulto Dr. Leopoldo Berriel, ca- 
tedrático después y digno Héctor de ella no ha mu- 
cho. Mientras estudial)a la carrera de abogado Be- 
rriel y él la de médico, enfermó aquel de gra\'edad, 
y considerándose en artículo de muerte, confrajo 
matrimonio, con la persona que le lia))ía asistido he- 
roicamente, y a la que sobrevivió en estos últimos 
tiempos no sin grandes vicisitudes. 

El Dr. ^liguel Riva sufrió no poco con las per- 
turbaciones políticas que siguieron al levantamiento 



150 ANALES DE LA 



de Yara: Su hermano D. Diego, ingeniero, fué de- 
portado a Fernando Pó en 1868 y mimó en el des- 
hierro, quedando él al frente de su numerosa familia. 

A la últiiiia guerra marchó uno de sus hijos, 
Armando, joven apuesto y de agrado, el cual alcan- 
zó después el grado de general y fué jefe de la po- 
licía de la Habana, en la que hizo notables reformas. 
Un ruidoso encuentro en la calle del Prado con otix)s 
individuos de la política provocó no pequeño escán- 
dalo del que salió herido de gravedad el general Ri- 
va y no tardó en morir, produciendo la desolación 
de sus padres, sobre todo al autor de sus días ya 
muv anciano v achacoso. 

Más volviendo atrás tengo que consignar que 
el Dr. Miguel Riva ingresó en la corporación como 
Académico numerario en 187], (1) diez años después 
de inaugurarse la institución y fué desde el primer 
momenlt'o asiduo y constante en el desempeño de sus 
tareas y como se verá al final de estas líneas evacuó 
más de 25 informes médico-legales, exponiendo en 
ellos sus conocimientos en las ciencias médicas. 

Desempeñó con el ma,yor interés el cargo de te- 
sorero de la corporación en los bienios de 1891 a 1893 
de 1893 a 1895 y de 1895 a 1897, y al ser sustituido, 
por que así lo suplicara, dejó en buena marcha la 
contabilidad de la Academia. 

El Dr. Riva pidió pasar también a la categoría 
de Académico Honorario el 8 de enero de 1899 por- 
que según el Reglamento tenía derecho a serlo, pues 
como saldéis, el Académico Honorario está dispen- 
sado de la labor que tienen los de númiero ; pero pue- 
de Itlomar parte en las sesiones si lo desea; más no 
en las votaciones. 

El 10 de diciembre de 1897 le operé de catara- 
tas el ojo izquierdo, por extracción simple, sin nove- 
dad. Para que su familia no se alaiinase se pre- 
sentó solo en la consiüta con el propósito de oj^erarso 
y a las tres de la tarde designes de operado, lo acom- 
pañó a su casa mi ayudante. Beguí visitándolo eu 



(1) El 8 de enero. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 151 

SU morada, Campanario 45, hasta su completo res- 
tablecimiento. 

Dejé de visitarlo y como ocurre siemijDre, des- 
pués de recobrar la vislt'a de un ojo no se piensa en 
operar el otro de catarata; pero, a veces, ésta des- 
pués de algún tiempo, suele determinar perturba- 
ciones en el ojo porcpie se luxa y provoca un estado 
glaucomatoso. Esto fué lo que le ocurrió al Dr. Ei- 
va en su ojo derecho, y al volver en octubre de 1909, 
de un viaje al extranjero, lo encontré enfermo del 
ojo no operado, y le practiqué la iridectomía, que 
le hizo desaparecer los dolores. Más tarde la caitla- 
rata ¡carecía reabsorberse ; pero durante algún tiem- 
po le molestó, y hasta hizo temer la oftalmía simpá- 
tica. La enucleación estaba indicada en el ojo dere- 
cho ; pero su temor a la anestesia general que exige 
la operación obligó a recurrir a otros medios, con- 
servando la vista del ojo izquierdo hasta su falleci- 
miento. Ei^ta circunstancia de haberlo asistido co- 
mo paciente y estar más cerca del Dr. Eiva, me obli- 
gó a conocerle íntimamente y a valorar sus cualida- 
des morales ya que las intelectuales pueden apreciar- 
se en los títulos de los numerosos trabajos que copio 
a continuación como término de estas líneas. 



I. — Informe médico legal sobre sevicia. — Ana- 
les de la Academia de Ciencias, t. VIII, p. 159. 

2. — Informe para averiguar si un golpe dado 
en la parte posterior del cuello puede producir la 
luxación de una de las vértebras, t. IX, p. 416. 

3. — Informe medico legal sobre honuicidio, to- 
mo X, p. 67. 

4. — Informe relativo a un caso de dislocación 
de la apófisis odontoicles, t. XI, p. 161. 

5. — Consulta relativa al estado mental de un 
procesado, t. XII, p. 125. 

6. — ínfonne relativo al reconocimiento de la 
raza de una mujer que se dice plagiada, t. XII, pá- 
gina 383. 



152 ANALES DE LA 



7. — Informe acerca de im caso de herida del 
muslo, t. XIII, p. 286. 

8.— Informe relativo a una memoria "sobre las 
diarreas de los países cálidos", t. XIV, p. 80. 

9. — Informe acerca de la edad de un negro que 
solicita su libertad, t. XIV, p. 98. 

10. — Informe acerca de un caso de muerte atri- 
buida a liepatitis crónica, t. XW, p. 572. 

11. — ]\loción sobre el arancel de 1814, t. XV, pá- 
gina 157. 

12. — Informe en un caso de herida penetrante 
del pecho, t. XV, p. 445. 

13. — Informe sobre la calificación de una herida 
penetrante del hombro, t. XVIII, p. 69. 

14.— Informe sobre los vestigios de una fractu- 
ra, t. XVI, p. 307. 

15. — Informe sobre un caso de muerte consecu- 
tiva a unas contusiones, t. XVII, p. 505. 

16. — Informe sobre el estado mental de un pro- 
cesado, t. XXII, p. 299. 

17. — Informe sobre el estado mental de un in- 
dividuo encausado por hurto, t. XVIII, p. 172. 

18. — Informe sobre herida contusa del cráneo se- 
guida de anuerte, t. XVIII, p. 179. 

19. — Informe referente a la calificación de una 
herida de la cara, t. XIX, p. 472. 

20. — Informe sobre un caso de neumonía tt^rau- 
mática, t. XX, p. 333. 

21. — Informe sobre un caso de muerte por con- 
tusión del cráneo, t. XXI, p. 169. 

22. — Ampliación del informe anterior, t. XX, 
p. 453. 

23. — Informe sobre la causa de la muerte ele un 
lesionado, t. XXIV, p. 479. 

24. — Informe en un caso de infanticidio, tomo 
XXIII, p. 334 y t. XXVIII, p. 548. 

25. — Informe sobre herida del cuello, t. XXV, 
p. 127. 

26. — Informe en causa por muerte, t. XXViJII, 
p. 200. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 153 



HOMENAJE DEL ATENEO EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS 

A LA VIUDA DEL PRIMER SECRETARIO DE ESTA. 

DR. RAMÓN ZAMBRANA 

POR EL 
DOCTOR JUAN SANTOS FERNANDEZ 



(Sesión del 8 de octubre de 1920). 

No ha mucho que en el Ateneo de la Habana se 
eelebr(S una velada, en que habló el insigne hombre 
público Dr. E. J. Varona, en honor de la figura ex- 
celsa de las letras de Cuba Sra. Luisa Pérez de Zam- 
brana, una de las que más se acercan a la altura de 
la Avellaneda, a pesar de los infortunios sin cuento, 
que se han desencadenado sobre ella, y forzosamente 
le han dificultado, desde luego, el cultivo de las le- 
tras. La desvenJtiurada compatriota, que coniD dice 
uno de sus biógrafos; "la Providencia no ha querido 
librarla de esa corona de dolor que pone el sello de 
la grandeza a las almas de buen temible", no pudo 
concurrir a la velada del Ateneo porque sus males 
físicos se lo impedían por completo, y hace ya más 
de un año que ha continuado en el mismo estado de 
gravedad. Así le informan a la Corj^oración los dos 
miembros de la Directiva, que han contraído la obli- 
gación de visitarla por lo menos cada semana, e in- 
forman de su estado. 

Sus versos, se ha dicho, retratan su carácter y 
pocas veces la virtíud y el genio formaron tan indi- 
solu))le consorcio. "Es mucha mujer esta mujer, se 
ha dicho parodiando la frase de Bretón de los He- 
rreros respecto de la Avellaneda que dijo: es mu- 
cho hombre esta mujer". 

Nació la Sra. Luisa Pérez de Zambrana en 1837, 
en una pequeña finca rural, junto a la villa del Co- 
bre, y pasó sus primeros años en el cam/j^o, sin li- 
bros con que desenvolver su inteligencia precoz y sin 
más trato social que el de su familia y allegados. El 



154 ANALES DE LA 



Sr. García Copley nos revela, por 1856, que "las la- 
bores de su sexo con que ayudaba al sostenimiento de 
la familia, y la composición de versos, que no habían 
de tener otros lectores que sus padres y hermanos, 
compartían su tiemi^o"; pero esta carencia de ele- 
mentos, no coartó el desai'rollo del germen fecundo 
que en ella se anunciaba, y muy temprano fueron ya 
sus versos, dignos de ofrecerse a la prensa ; la luz na- 
tural suplía lo que la enseñanza no había dado, y a 
través de ligeras incorrecciones, resplandecían el sen- 
timiento, la insiDÍración y la ingenuidad en sus pri- 
meros ensayos. "La composición Amor materno que 
escribió a los 14 años fué su primer rasgo dado al 
público, y a partir de allí, empezó modestamente a 
darse a conocer, y a adquirir una po^^ularidad que no 
parecía ansiar, con algunas composiciones en el pe- 
riódico "El Orden" de Santiago de Cuba j)or el año 
1852. Después de haber publicado un tomo de poe- 
sías fué considerada "uno de los primeros astros de 
nuestro firmamento literario". Casada poco después 
de 1858 con el ilustre médico, filósofo y literato ha- 
banero Dr. D. Ramón Zambrana, de ilustre prosapia 
intelectual, vino a la Habana y en contacto con los 
hom!bres de letras de aquella época, que no voy a 
enumerar, solidificó su reputación. Xo he de mencio- 
nar ni la circunstancia notabilísima de poner ella 
sobre las sienes de la Avellaneda, cuando volvió ésta 
a Cuba, la corona cívica, en 1860, con que le honra- 
ron sus compatridtias, todo está escrito y se necesi- 
tan mudias páginas para referirlo. 

Me concreto ahora a su matrimonio con el Doc- 
tor Zambrana, sin que la conociera miás que por sus 
versos; por la aureola de insi^iración que de ellos 
brota, le bastó al Doctor para pedirle su mano, sin 
haberla visto hasta que llegó a la Habana y le hizo 
feliz con sus ^^rtudes. Cúmiíleme como miembro de 
la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Natu- 
rales no ahondar en asuntos exclusivamente litera- 
rios, ágenos a sus fines, así es que no me ocuparé del 
Dr. Zambrana como literato, sino como niédico y 
primer Secretario General de la Corporación i3ara 
justificar después el motivo de estas líneas. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 155 

Niació D. Ram'ón Zambrana v Valdés en la Ha- 
baña, el 10 ele julio de 1817. Empezó a estudiar me- 
dicina en la Universidad Pontificia en 1833, emipe- 
zando el ejercicio de su i)rofesión en 1843, antes de 
s»er doctor en 1846, según costumbre de aquellos 
tiempos y siendo su doctorado el primei*o de nuestra 
Universidad. Su labor en la Universidad de que ha- 
bía sido alumno fué formidable, pues desempeñó un 
sin fin de cátedras con asiduidad. Desemi>eñó tam- 
bién impoiitiantes comisiones en la R. Universidad, 
R. Seminario Conciliar, R. Sociedad Económica, R. 
Junta de Fomento, R. Junta de Caridad, Junta Su- 
perior de Instrucción Pública, Liceo Artístico y Li- 
terario, R. Casa de Beneficencia, Asilo de Artes y 
Oficios de San José, Real Consulado y otras. Fué por 
varios años Inspector del Instituto de Investigacio- 
nes Químicas que dirigió primero con D. José Luis 
Casaseca y luego con D. Alvaro Reinoso. Inspector 
del Jardín Bc'tánico y Juez, diferentes A'eces, de nu- 
merosas comisiones y actos públicos, pudiendo asegu- 
larse que desde el Dr. Romay, ningún otro ha des- 
empeñado a la vez tantos em-pleos y comisiones, siem- 
pre gratuitos, y sin que jamás condecoración algama 
ornara su pecho, porque solo pretendió servir a su 
patria, sin aspirar a otro galardón que no fuera el 
agradecimiento de sus compatriotas, y lo ha conse- 
guido, cuando al trevés de tantos años después de su 
miuerte, acaecida el 18 de marzo de 1866, se lamenltla 
su ausencia como entonces y se evoca su recuerdo 
de algún modo. Fué Zambrana con el Dr. D. Nico- 
lás J. Gutiérrez el fundador del primer periódico, 
el "Repei'torio Médico Habanero" y de otros de cor- 
ta ^'ida, porque el ambiente, como he dicho m^ichas 
veces no estaba preparado para ello, sino después que 
apareció la "Crónica Médico-Quinirgica de la Ha- 
bana" en 1875. Con el Dr. Gutiérrez gestionó la crea- 
ción de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y 
^naturales de la Habana, de que una vez fundada fué 
el primer Secretario, durante cuatro años, siendo 
nombrado Académico de Mérito y se traltlo de nom- 
l)rarlo Secretario a peri)etuidad. Como no hago una 
l)iografía del Dr. Zambrana, que está hecha con so- 



1:jG anales DE LA 



bra de datos, no pretendo enumerar su labor y sus 
merecimientos, si no mencionarlos a grandes rasgos, 
como liice antes con su ilustre esposa, que aun le so- 
brevive a los 83 años. Ha movido mi pluma, demos- 
trar que si en los salones de la Academia de Ciencias, 
el Ateneo ha honrado y honrará a la Sra. D.'' Luisa 
Pérez de Zamhrana, por sus méritos indiscutibles, la 
Academia de Ciencias Médicas, Físicas v Naturales 
se asocia a cuanto se haga en su honor hoy y maña- 
na, pues como dejo dicho, la excelsa poetisa fué la 
esposa dignísima del primer Secretario General de 
la Academia por el que le guarda el recuerdo del más 
puro afecto y la consideración más elevada. 

A i^esar de la limitación de los hechos a que me 
he sometido, i>orque de otro modo tendría que escri- 
bir volúmenes, no puedo dejar de señalar brevemente 
dos, uno que se refiere a la insigne esposa y el otro 
al preclaro doctor. El 9 de agosto de 1880 fui llama- 
do i)ara asistir de una enfermedad de los ojos y ocu- 
pa el número 9,4-12 de mi registro diario, a Elodia, 
la hija más joven del matrimonio, que estaba al mis- 
mo tiempo demente y mui'ió jjoco después, así como 
la otra hermana y niás tarde el liijo. Elodia esta])a 
dotada de una belleza soberana, con el pelo negro 
suelto en sus es])aldas y el descuido que le imponía 
su enfermedad de la mente, parecía una divinidad, 
por momentos un ángel. Al Dr. Zamln'ana no lo c<:)- 
nocí, en 1866 que dejó de existir, estaba en el Cole- 
gio de Belén y hasta allí llegó el eco de la función que 
se celebró en el teatro de Tacón, hoy el Nacional, para 
socorrer a su huérfanos, y aunque fué productiva 
no fué suficiente para librar a la autora de sus días, 
de la miseria. Un joven poeta, prematuramente 
desaparecido poco después, leyó una oda impecable 
de la que conservo en mi frágil memoria este frag- 
mento ; refiriéndose al eminente Doctor : 



"No es solo caridad, la patria debe 
"Pagar la deuda que con Dios contrae, 
"Cuando batiendo la ignorancia impía, 
"Un adalid en la batalla cae". 

He dicho. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 157 



ALGO MAS SOBRE EL Dr. RAFAEL SUAREZ BRUNO 

POR EL 

Dr. Juan Santos Fernandez 



(Sesión del 8 de octubre de 1920). 

Señore.s Académicos: 

Ya en julio de 1914, con motivo de su niuertie, n\e 
ocupé del compatriota que lia sabido escribir su 
nombre con letras mágicas, en las páginas de la 
historia de Cuba v de esta Academia, al conducirse 
con ésta de modo generoso, dando un ejemplo de ci- 
vismo digno de imitar por los que le sucedan. Los 
hombres que como el Conde de Cañongo y el Dr. Ra- 
fael 8uárez Biuno tuvieron presente a la institu- 
ción patria para beneñciarla, merecen que se le tri- 
bute una o^•acióll pei-enne y (pie el liimoo del agra- 
dtcimiento vesuene a cada instante, para deni^-strar, 
que no somos almas desagradecidas. Suárez Bruno 
era hijo de la ciudad de Trinidad, en la provincia de 
Santa Clara, una de las cinco villas fundadas por 
Diego Velázquez poco des])ués de la conquista de 
América, en 1514. Desde el primer momento se vi(3 
que estaba mal situada, en pendiente. El territorio 
que le rodea es fértil. Sufrió en los primeros tiem- 
pos mucho, por las invasiones de los piratas y en las 
guerras cun los ingleses, porque se le hizo lugar de 
aprovisionamiento y de defensa. Su aislamiento la 
ha hecho siein])re sufrir; con difíciles com\inicacio- 
nes con la capital y el re.sto de la isla hasta estos úl- 
timos tiempos en que ya llega, como a Bayamo, otra 
de las villas de Diego Velázíjuez, el ferrocarril. 

A mediados del pasado siglo, ])oco más o menos 
por 1859, llamó la atención las riquezas privadas de 
los Borrell parientes de la esposa del General Frau- 



158 ANALES DE LA 



cisco Serrano y Domínguez, que era casado con una 
hija de Trinidad. 

Los alardes de ostentación de la familia Borrell 
y de su allegado el Dr. Cantero llamaron la atención 
de aquella época, si no remolta, no reciente, en que 
las fuentes corrieron con champagne y el pueblo era 
obsequiado con l^anquetes esi^eciales. 

Conocí al médico hijo del Dr. Cantero y a el que 
no llegaron sus riquezas y murió avm joven. Las de- 
más familias también sufrieron en sus intereses. Las 
casas que se construyeron con mánnoles traídos de 
Italia están hoy en ruinas y la miayor parte de las 
antiguas familias se han extinguido. Últimamente 
el Ferrocarril Central ha sacado a Trinidad de su 
aislamiento, gracias al esfuerzo de sus propios hijos 
y 'tkl vez vuelva algún día a su antiguo renombre. 

Algún tiempo después de esa época de expleii- 
dor, dejó Siiárez Bruno, casi adolescente, su pueblo 
natal para venir a la Habana, la Meca del in- 
terior de la Isla. Se colocó de dependiente, como ha 
ocurrido a otros médicoS', en una botica de la calle 
de Bernaza y así pudo hacer su carrera e iniciarse 
como médico durante la primera guerra de Cuba. 

Lo conocí según me lo recordó él oportunamen- 
te, cuando se ideó agremiar los médicos como a los 
industriales y comerciantes. 

Ya he referido otra vez que ese peregrino recur- 
so de allegar fondos para el Municipio se le ocurrió 
a un médico, durante nuestra pi-imera guerra por la 
independencia, siendo, regidor del A^^unítamiento de 
la Habana. Hay sucesos que no se les encuentra ló- 
gica explicación, y la de colocar a los médicos en gre- 
mio, por primera vez, es uno de ellos. En tiempos 
pasados todavía era menos explicable que en la ac- 
tualidad, en que hay nmnerosos hospitales, múltiples 
sanatorios, etc., etc., y una Secretaría de Sanidad 
que velsi por la salud pública. En otros tiempos exis- 
tían lo que se llamaban "médicos de semana"; al 
profesional que le tocaba desempeñar este encargo 
gratuiltio lo podían tener ocupado todo el día y la 
noche, le era necesaño servir al Municipio o al Es- 
tado, viéndose obligado a desatender sus enfermos. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 159 

y ciiand'O todavía existía esta pTáetica, si no en todo 
su rigor, se le ocurrió al colega mencionado estable- 
cer la agremiación como en los indlistiiales v comer- 
ciantes. No decimos esto para menospreciar esta 
clase social, sino porcpie su gestión tan digna como 
cualquiera otra, se desenvuelve de ottra manera muy 
distinta, como todo el mundo sabe. No se crea que el 
colega a que aludimos era un hombre incapaz, nada 
de eso. Fué de los primeros que liizo los estudios 
en París, cuando los efectuó el insigne Doctor Juan 
Bautista Landeta 3^ más tarde los Albertini y otros. 
Tengo motivos para asegurar que estaba bien pre- 
parado en los estudios médicos, pues lo por lo que 
hace a la oftalmología, con frecuencia le consultaba 
sobre lo que ocurría en la Clínica de Enfermedades 
de los Ojos del Dr. Desmarres, de su tiempo, la cual 
frecuentó. Era de padres modestísimos, de la ciudad 
de Matanzas, de x)orte elegante e inteligente y esto 
hizo qeu unido al prestigio profesional, aunque poco 
ejercicio la carrera, se casase con una joven de fa- 
milia rica y al morir, con otra, que no lo era menos, 
colocándose en posesión de una gran fortuna y des- 
pertándose en su espíritu una condición tal que le 
hizo olvidar que aunque 110 ejerció estaba investido 
de un título profesional que le había servido para 
escalar la sociedad y liacerse rico ; era el menos lla- 
mado a idear algo ominoso para la clase médica. La 
providencia o la natural sucesión de los hechos, hizo 
que el término de su vida, no obstante el oro que ha- 
bía acumiüado su codicia, fuese triste, pues murió 
sólo, en una habitación de la azotea de su casa, que 
hubo que violentar para evidenciar su muerte, i)or- 
que e^tiaba, como dejo dicho, sólo en tan duro trance. 
No pretendo realizar una venganza al juzgar su his- 
toria, porque no sentía hacia su persona la menor 
prevención; pero de la misma manera que he creído 
un deber no olvidar nunca la conducta de Suárez 
Bruno en obsequio de la ciencia, se debe dar a co- 
nocer, para que resalte la del otro, que ideó algo ma- 
lo, en contra de los profesionales que son los que sos- 
tienen y aplican la ciencia, otro médico que ni siquie- 
ra necesitaba ])ara poder yíyív hacer ese daño. 



160 ANALES DE LA 



Ahora lie revivido el recuerdo de la agremiación 
de los médicos porque está relacionada como lie es- 
crito en mi último libro (1) acerca de las escenas do- 
lorosas que se presenciaban durante la clasificación 
de los profesionales para imponérseles la cuota que 
cada uno debía pagar al Municipio y al Estado por 
trimestre. La más alta era de 500 pesos por trimes- 
ti-e al uno y al otro. Era yo entonces joven, soltero, 
mi familia no necesitaba de mi labor, era acomodada. 
No tenía más necesidades que las de un soltero ; pero 
me impresionaba ver la desesperación de colegas con 
numerosa familia a los que se les imponía una con- 
tribución superior a los emolumentos de su práctica. 

Con tal motivo acepté para mi la más alta de 
500 pesos y el cargo de Síndico para acabar con la 
agreníiación, que fué suprimida no por mi solo es- 
fuerzo sino por la queja unániíiTe de los agremiados. 

Al ser solicitado por el Dr. Suárez Bruno un 
día para nombrarme all^acea del testamento que iba 
a hacer, cuando concurrí a su casa, sin daime cuenta 
de los motivos que tenía para elegirme, a poco de lle- 
gar a su despacho, me dice : voy a explicarle porque 
me he dirigido a Ud. no obstante las pocas veces que 
nos hemos visto y tratado. Le contesté al punto : Se 
lo agradezco jDorque a mi me extrañaba su resolución. 
Ahora la va Ud. a comprender. ¿ Recuei'da Ud. cuan- 
do se estableció la agremiación de los médicos? ¡Y 
tanto, le respondí, que es uno de los sucesos que más 
grabados me han quedado desde mi juvenltiud ! Pues 
entonces, dijo el Dr. Suárez Bruno, me acababa de 
recibir de médico, en 1878 y no tenía un solo enfer- 
mo y se me había puesto una cuota de contribución 
bestial. Acudí a Ud. que era el síndico y halló justa 
mi queja. Después rara vez nos hemos visto o ha- 
blado; pero no olvidé nunca lo ocurrido y al hacer 
el testamiento en que dejo un legado a la Academia 
de Ciencias me he acordado de Ud. 

Le di las gracias por la atención y lo felicité por 
su conducta no común de legar a una institución ifan 



(1) Recuerdos de mi vi(la, tomo II, año de 1920. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 161 

benemérita como la Academia de Ciencias, veinti- 
cineo mil pesos. 

Poco tiempo después de esta entrevista, el Doc- 
tor Suárez Bruno dejó de existir. Asistí a su sepelio 
y pasados los días convenientes encargué al letrado 
de la Academia que se ocupara del particular del le- 
gado. Después de dar los pasos en este senltado se me 
comunicó que los interesados deseaban saber si Vo te- 
nía empeño en ser albacea y en recibir los honora- 
rios que como tal me correspondían. Contesté, des- 
de luego, que mli solo emlpeño era recoger el legado 
de la Academia de Ciencias y nada más. Nlo tarda- 
ron en entregarlo y hace ya más de tres años que los 
intereses de aquel se emplean en premios para los 
mejores trabajos que se presenten. 

Sin dtida que la conducta del colega que tuvo la 
poca feliz idea de hacer tributar a la clase médica 
de modo desusado e injustlo, dio pié a que otro colega 
de sentimientos generosos se le ocurriese donar a 
una institución científica pai'te de lo que había ga- 
nado ejerciendo su profesión, valiéndose de la cien- 
cia que había adquirido merced a su perseverancia 
y al estudio realizado. 

Perdonadme si me he extendido más de lo que 
quisiera; pero míe ha movido un espíritu de justicia 
y de reconocimiento hacia el compañero que se ins- 
piró en los nobles sentimientos de proteger la cien- 
cia realizando al mismo tiempo una obra patriótica 
que lo inmortaliza. 



162 ANALES DE LA 



ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL QUERATOCONO 



POR EL 



DOCTOR FRANCISCO MARÍA FERNANDEZ 



(Sesión del 8 de octulire de 1920). 

Los procesos no inflamatorios de la córnea, entre 
los cuales el queratoglobo y el queratocono son los 
])rincipales, no han recibido de los autores toda la 
importancia que los inñamatorios, debido tal vez a la 
ausencia de síntomas agudos o intensos, y también a 
la iielatlvamente poca frecuencia con que se obsen-an 
los primeros, sobre todo cuando se les compara con 
los segundos. 

La asistencia de un nuevo caso de quera toeono 
que hemos tenido últimamente en una joven mal nu- 
trida de 18 años de edad, nos hace recordar algunas 
observaciones acerca de esta curiosa afección, aun 
no l^ien determinada en su etiología y traitamiento. 

Usando para describirlo las palabras del ilus- 
tre Nucí (1), profesor de la Universidad de Lieja, 
el queratocono es un adelgazamüento por causas des- 
conocidas, del centro de la córnea, el cual es empuja- 
do hacia adelante. La córnea se hace periférica, se 
aplana, y su centro aumlenta en curvatura, aunque 
permanece transparente, la agudeza visual se reduce 
gradualmente, hasta que en algunos casos llega a ser 
anulada. 

La descripción de Nuel, con ser clásica, puede 
ser ampliada con lo dicho por Pickford (2), refe- 
rente al aspecto típico, característico, de gran bri- 
llantez, como si fuere un pedazo de cristal imiy lim- 
pio. Esto es constanlüe y se observa i^or lo tanto en 
todos los casos. 

El queratocono fué observado prüneramente poi 
Vemours en 1747 (3) y descrita por Scarpa (4). 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 1(53 



o 



Con referencia a su mecanismo de producción los 
autores no han logrado x)onerse de acuerdo. Sattler 
por ejemplo (5) la cree una deformidad congénita, 
al igual que las miopías de gran intensidad y que el 
queratoglobo, aunque diferenciándose de éstas en 
que no hay trastornos intra-oculares. En esta opi- 
nión abundan también Konig, el cual estima que no 
hay diferencia con el queríitogiobo y Boargcois, que 
considera el queratocono análogo al estafiloma de la 
miopía. Tersan cree que se trata de una trofo-neu- 
rosis bilateral y simétrica, y opina como Bourgeois 
en compararlo con el estafiloma de la miopía. 

Swanzy (6) opina que existe un proceso atro- 
nco de la córnea, o de su centro, de ayance lento y 
gradual, y Parigottí (7) cree que se deba a una re- 
sistencia insuficiente del centro de la córnea, que la 
hace incapaz de soportar la tensión intra-ocular nor- 
mal ; siendo todo esto debido a defectos estructurales 
de origen congénito, tales como la ausencia de fibras 
elásticas, pov ejemplo. De Lapersonue cree igualmen- 
te que se trata de un proceso congénito, aunque lo 
atribuye a algún trastorno del simpático. Lagrange 
(8) no cree que se trate de una afección central de 
la córnea, si no de un proceso en toda ella. Pelak, al 
igual que Parinnud cree que no exista un defecto de 
nutrición, si no una afección total que reduce la elas- 
ticidad de la comen iSiiher sostuyo que puede haber 
relación entre el queralocono y el astigmiatismo irre- 
gular ; LucJi (9) cree que el proceso se debe a un adel- 
gazamiento central de causas desconocidas; De Sch- 
iceinitz (10) cree que la enfermedad es raras yeces 
congénita, aunque se ha obseryado en yarios miem- 
bros de una misma familia, la causa directa cree que 
es un desequilibrio en las relaciones entre la tensión 
intra-ocular y la resistencia de la córnea. 

Con referencia a la anatomía patológica, posee- 
mos más claros datos de esta enfennedad que acerca 
de su etiología. SalzriúNi (11) en im examien histo- 
lógico encontró que la membrana de Bowtaan se en- 
cuentra adelgazada y que se obseryan muchas solu- 
ciones de continuidad en ella, Estos lugares nVás cía- 



164 ANALES DE I*A 



ros se encuentran cubiertos por tejidos semejantes 
al cicatricial. Salznmn reconoce dos clases de que- 
ratocono, (A) un tipo ectásico, limitado a la zona óp- 
tica, sin ectasia de la periferia de la córnea y con un 
surco en la unión del cono y de la córnea normal, en 
cuyo tipo se pueden incluir los casos de Sülzman, Bow- 
man, Hnlne y Jaeger v (B) un segundo tipo con adel- 
gazam'iento gradual de la córnea desde la periferia 
al centro, en cu3^o tipo se pueden incluir los casos de 
Rampoldi y de Utlioff. Este (12) examinó reciente- 
mente un caso con queratocono bilateral observando 
que en un ojo lial)ía membrana de Descemet nor- 
mal y en el otro estaba rota, y encontrando que el epi- 
telio variaba en grosor en el centro de la córnea; 
pero se maniíienía normal en la periferia. Uthoff 
concuerda con Ajen felá (13), en estimar que la rup- 
tura de la mem])rana de Descemet es el efecto y no 
la causa del queratocono. 

En las investigaciones llevadas a cabo por El- 
chsnig, este autor compara el queratocono con un 
aneuiisma cuya primera lesión es una solución de 
continuidad en la túnica elástica de la arteria y 
Tweedy creyó que el queratocono se debía a una de- 
tención o arresto en el desarrollo del centro de la 
córnea. 

El queratocono es generalmente una afección bi- 
lateral que ocurre en los primeros años de la vida. 
Hasta liace poco se creía que era más frecuente en las 
mujeres que en los hombres; pero recientes investi- 
gadores aseguran que no existe gran diferencia en- 
tre ambos sexos. Parece posible que la enfermedad se 
presente con mayor frecuencia en sujetos débiles, ané- 
micos y nerviosos y de esto lian asegurado algunos 
autores que debe existir alguna relación entre el que- 
ratocono y los trastornos de las glándulas de secre- 
ción interna. Hippcl (14) hace incapié en las afír- 
maciones de Sicgrist referentes al aumento en los lin- 
focitos o disminución del período de coagulación, caí- 
da del pelo, falta de memoria, sequedad de la piel, eltlc. 
etc., caTacterísticos de trastornos de las glándulas 
aludidas, y que son síntomas con frecuencia observa- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 1(55 

dos en los pacientes de qneratocono. Hippel lia po- 
dido comprobar esto, en tres casos en que llevó a cabo 
la reacción de AhcJerlialen. 

Coats (15) es 'tiambién ¡partidario de la opinión 
antes aludida, y Dor asegura haber curado un caso, 
en que coexistía el bocio exoftáhnico, por medio de los 
extractos glandulares, especialmente del timo. Una 
nueva prueba en favor del origen distrófico del qne- 
ratocono la aducen Augstein y Fleischer^ y en contra 
de dicha opinión están, entre otros, Strohel y Steiger. 

Al iniciarse la enfermedad, la defornmdad de la 
córnea se reconoce con dificultad; pero la ectasia se 
va acentuando gradualmente y se llega a ver en los ca- 
sos avanzados, que la córnea se adelanta en forma de 
cono con algunos milímetros de proyección. La córnea 
se mantiene transparente por regla general, aunque 
en el centro no es raro observar una opacidad no n>uy 
pronunciada. La tensión intra-ocular es miás bien ba- 
ja, aunque en algunos casos, ocurre lo contrario. 

Aunque el queratocono no se presenta casi sien> 
pre hasta pasados los primeros diez años de vida del 
sujeto, ]3^^ede presentarse casi desde los comienzos 
de la misma, como ha ocurrido en el caso a que nos 
referimos, que em2)ezó a ofrecer síntomas desde los 
primeros años de edad ; y reahnente debiera en la ma- 
yoría de los casos observarse en la primera edad, si 
nos guiamos por la opinión de Salzman (16) de que 
aunque la córnea termina su desarrollo durante el 
primer año de vida, se continua por algún tiemijo más 
un proceso de refuerzo de las estructuras ñbrilares; 
cuyo refuerzo si se detuviese en el centro, ocasiona la 
causa o el moitivo necesario para producir el querato- 
cono. Eu cambio si nos inclinamos a lo que cree Jack- 
son (17) tenemos que depender d'e la edad para re- 
conocer la enfermedad. Jj'CksoUf c/unque admite que el 
queratocono puede ocurrir en las primeras épocas de 
la vida, ha encontrado en la gran ma,yoría de sus 48 
casos que el queratocono surge de, o está asociado a un 
aumento en la tensión infraocular, que ocurre durante 
una época de desnutrición del sujeto, i)robablemjente 
por enfermedad general. 



16H ANALES DE LA 



Con referencia a la agudeza visual en los casos de 
queratocono, ésta no se altera en los i) rimeros momen- 
tos, pero pronto se presentan errores de refración, 
miopía y astigmatismo, que aumentan gradualmente. 
Efii los casos avanzados se llega a producir la aboli- 
ción de la agudeza visual, no por el ligero enturbia- 
miento del centro de la córnea, sino por la ectasia 
enorme de ésta y el desequililírio intenso que se pro- 
duce en los humores del (jjo y en sus tejidos. El trata- 
miento debe dirigirse a corregir el error de refrac- 
ción que exista ; a tonificar el organismo del sujeto \ 
al uso constante de un miótico. 

No siempre hay miopía solamente en estos casos. 
Ante la Sociedad de Oftahr.ología de México, leyó en 
1902 un trabajo üríhc Troiicoso (18) sobre quera- 
tocono con refracción hipermetrópica, en el cual con 
razón completa, indical^a que los autores de texto no 
señalan la posibilidad de encontrar esta refracción en 
el queratocono. En la misma sesión el Dr. José Ramos 
citó otro caso observado por él, que había mejoradlo 
con plus 3 D cilindricas, con un eje de 1800. 

Recientemente, ante el V Congreso Médico Nacio- 
nal de México (19) el Dr. José de Jesús González, ha 
presentado un interesante caso de un sujeto con fuer- 
te hipermetropía en la zona periférica de la córnea; 
hij^emietropía de plus 10 Dioptrías; y con miopía y 
astigmatismo en la pai<re central ectásica. 

Con posterioridad a dicho trabajo, el propio Doc- 
tor González ha publicado en la Revista Cubana de 
Oftalmología (1) un nuevo caso de queratocono, con- 
secutivo a la conjuntivitis primaveral, en el que la re- 
fracción que era nonnal antes de la aparición del que- 
ratocono, se hizo anormal naturalmente, llegando a 
una miopía de 15 D. En este caso, lo notaljle fué la 
desaparición de la conjuntivitis "de tal modo que 
un oculista que viera por primera vez a la niñita, no 
sabría atribuir a su verdadera causa el astigm¿itis- 
mo miópico irregular del O. D., ni la córnea cónica 
del O. I." 

Con referencia al em]deo de cristales correctores 
Haelilmann hace muchos años, recomiendo el uso de 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 167 

cristales con curva hiperbólica (20) con resultados 
poco satisfactorios. Herschel fué el inventor del 
"cristal de contacto", que consistió en la colocación 
de un cristal cóncavo ada]3tado a la córnea, procedi- 
miento que ha sido modificado más tarde por Fich% 
Kalt y Sulzer. Como se trata de un cuerpo extraño 
puesto en contacto con la córnea, no ha sido posible 
mantenerlo largo tiempo sin causar erosiones de ésta. 
Mnckciy, Snelleu y Housen, han recomendado el uso 
de diafragmas y cristales o placas diafragmáticas. 

Durante las primeras etapas de la enfermedad, 
se obtienen buenos resultados mediante el empleo de 
cristales cóncavo-cilindricos, para corregir el error 
de refracción existente. 

Con referencia al tratamiento quirúrgico del que- 
ratocono, se debe recordar que la primera interven- 
ción de esta naturaleza fué recomendada por Sir Wi- 
Uiam Adams (21) en el año 1817, ia cual consistía en 
una discisión del cristalino; pero su procedimiento 
fué combatido por Demours (22), entre otros. Años 
más tarde, en 1840, Tyrrell (23) y después Middle- 
more (24), recomendaron el cambio de la puioila del 
centro de la córnea, a una parte más cerca de su pe- 
riferia. La operación consistía en herniar el irís, y 
este procedimiento fué modificado por Critchett (25), 
cuya operación él designó con el nombre ¡ridodesis, 
o sea la ligadura ele la parte herniada del iris, y en- 
tre otros, adoptó su modificación Botrnmnu (26), pe- 
ro éste también introdujo ciertas modificaciones a la 
operación, como la doble hernia del iris, que causa- 
ba complicaciones desagrada))les. Bbwmann más 
tarde se declaró partidario de la trepanación de la 
córnea, con un trépano especial ideado por él. 

De Graefe (27) dándose cuenta del aplanamien- 
to del queratocono, producido por una úlcera de la 
córnea, operaba sus casos, escindiendo parte del gro- 
sor de la córnea y cauterizándola más tarde con ni- 
trato de plata; y como generalmente se fonnaba un 
leucoma, practicaba después una iridectomía, opera- 
ción seniejante a la de De Graefe fué la ideada por 
Bader (28) el cual escindía un ]iedazo elíptir-o del 



i(}8 ANALES DE LA 



vértice de la córnea; pero como vse proiducíaii ■con 
mucha frecuencia coniplicaciones graves, modiñi'ó su 
operación, agregando la sutura de la córnea para ce- 
rrar la herida después de la escisión. La operación 
de Bader fué bien recibida por varios oftalmólogos, 
entre otros Galezowski (29) y Desgeguet; (30) y No- 
yes (31) asegura, que el prolapso del iris es menos 
peligroso en esa operación, que cuando se escinde 
la córnea por su periferia. W elJs (32) solo la consi- 
dera como no práctica, porque suelen quedar grandes 
adherencias del iris a la cicatriz. La escisión aludi- 
da ha sido hecha por numerosos autores, habiendo 
publicado trabajos dando cuenta de casos operados 
con éxito, entre otros, BmM (33), Sücock (34) y 
Stauffer (35). 

K\ método de De Graefe, citado anteriormente, 
que consistía en una cauterización de la córnea, des- 
pués de ser escarificada superficialmenlt/e, fué modi- 
ficado aún después por Trelat (3G), el cual hacía la 
escara en la periferia de la córnea para realizar la 
iridectomía en el lado opuesto. Meyer (37) y Bon'- 
nian, siguieron el procedimiento de De Graefe, con 
ligeras modificaciones también; Bowman, como he- 
mos visto, se decidió por la trepanación de la córnea, 
cuyo método fué también seguido por Wecker y War- 
lomont (38), teniendo el instrumento ideado por De 
Wecker el propósito de producir una fístula en la 
cicatriz. Stephenson (39) usó recientemente el trépa- 
no de Argylle Robertson, ])or estunarlo más sencillo. 

El galvano-cauterio ha sido empleado por mu- 
chos cirujanos. Abadie (-tO) cauterizaba la perife- 
ria de la córnea, y Sichel (41) cerca de su centro. 
Gayet (42) recomendó el uso del galvano-cauterio 
aunque sin perforación de la córnea, y en esta opera- 
ción concuerdan Tweedy; IL Knapp y Williams: 
pero esltos últimos aconsejan la perforación para ob- 
tener la cicatriz aplanada y la consiguiente reducción 
del ectasis corniano. Andrcw (43) y Ziegler (44), 
creen indispensable la perforación de la córnea para 
obtener éxito. Wray (45), Adams (46) y ^Vce1^s 
(47) tamibién son partidarios de la perforación. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA IIABANA Ki!» 

El pi'oceclimiento seguido por Swanzy (48 es 
XTComendable ; el autor lleva a cabo varias operacio- 
nes en la córnea, con una pinza de diseisión de la ca- 
tarata, en el centro del cono, dándose salida a parte 
del acuoso. Después se pone un vendaje con.ipresivo 
y se mantiene el ojo bajo la influencia de la eserina. 
Golovin (49) siguiendo el método empleado por 
Kuhnt en las ulceras graves de la córnea, ha hecho 
uso de un colgajo conjuntival en un caso en que se 
produjo la perforación, retirando después el colga- 
jo, y quedándole al sujeto un leucoma central que 
fué sometido al tatuaje, y poco después se practicó al 
paciente la iridectomía. 

Elchsnig (50) opinando que una rápida vascu- 
larización de la zona cauterizada es un requisito esen- 
cial para obtener éxito, hace la cauterización de la 
córnea y también de la conjuntiva, en el limbo, pro- 
duciéndose una especie de "puente" cicatricial, que 
pronto se vasculariza. Por último no podemos dejar 
de reproducir la opinión de Scelherg Wells (51) ci- 
tada como clásica por algunos autores y aceptada 
por la mayoría : "Al presente ha}^ que reconocer que 
todos los modernos tratamientos del queratocono es- 
tán sujetos a experimentación y no hay nada decisi- 
vo sobre sus ventajas y desventajas". 

El tratamiento médico del queratocono depende 
del uso continuado de la pilocarpina, o de la eserina. 
Panas (52) aunque en algunos casos se inclinaba a 
tratarlos quirúrgicamente, procuraba siempre pri- 
mero emplear durante largo tiempo la pilocarpina, 
en instilaciones 3 o 4 veces al día, y usando un ven- 
daje compresivo. Panas mantenía este método du- 
rante largo tiempo a veces hasta diez y ocho meses. 
En este mismo sentido acitnaba el malogrado Olive)' 
(53), quien aconsejaba siempre los procedimientos te- 
rapéuticos y solo recurría al tratamiento quirúrgico 
cuando los primieros no daban resultados. 

Teniendo en cuenta la posibilidad remota de que 
pudiera hal)er relación con defectos en el funciona- 
miento de las glándulas de seciM?ción interna, no es 
aventurado somieter los casos de queratocono al tra- 



Í7d ANALES DU la 



tamiento por los extractos glandulares. Por eso, ade- 
más del empleo de los métodos locales y generales re- 
comendados, es conveniente ensayar la medicación 
opoterápica, de acuerdo con los recientes trabajos de 
Amoretti (54) que basa sus observaciones en los es- 
tudios de Siegrist, Uthof f y V. Hippel y los muy re- 
cienities de Iscovesco, así como en datos propios su- 
ministrados por cuatro observaciones en su pr¿íctica 
oculística. 



(*) Rev. Cuto, de Oft., vol. II, p, 1?A, 1920. 

"BIBLIOGRAriA" 

(1) Norris and Oliver, System of Diseascs of the Eyes. Yol. i\', 
pág, 249. 

(2) Dutolin, ,Tour. of Mecí., 8c. 24, 1843, pág. 355. 

(3) Traite de» Maladies des Yeux. Vol. I, pág. 31íi, 1918, París. 

(4) Traite des Maladies des Yeux. Vol. II, pág. 179, 1802, París. 

(5) Amer. Jour. of Ophth, Sep. 1898, pág. 257. 

(G) Diseases of the Eyes, 1907, 9." Edición, Londres. 

(7) Bull. de la Societé Franc. d'oph., 1909. 

(8) Tratado de Oftalmología. 

(9) Text-book of ophthalmology. 

(10; DLseases of the Eyes, 8.* Edición, 1910. 

(11) Archiv. fur ophrthalmology, 1908. 

(12) Klin. Monats Clatter f. Augenh., 1909. 

(13) Tratado de enfermedades de los ojos. 

(14) Klin. Monats. fur Augenth., 1913, pág. 27.3. 

(15) Ophthalmice Rcview. Abril de 1914, pág. 111. 

(16) Cit. en el American Encyclop. of oph. Vol. IX, pág. 2979. 

(17) Am. Journ. of Oph., 1918, pág. 52. 

(18) Anales de oftalmología. Vol. V, X." 2, 1902. 

(19) V Congreso Médico Nacional de México. Sec. de Oftalmolog. 
American Journal of Ophthalmology. 

(20) Norris and Oliver. System., pág. 251. 

(21) .Journal of Science and Art. Vol. 2, pág. 402. 

(22) Traite des Maladies des Yeux. Vol. I, pág. 310, París, 1818. 

(23) Diseases of the Eyes, pág. 277, Londre.s, 1840. 

(24) London Med. Gaz. Vol. I, pág. 544, 1842. 



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Trans. Ophth. Sec. Unit. Kindom 1893, pág. 56. 
Ophthalmie Eecord. Mayo 1906, pág. 205. 
Buil et. Mem. de la .Sec. de Opht. de Parí.s. 
Practical Treatise Archiv. Di. of the Eyes, 1877, pág. 149. 
4." €ong. Int. de Oftal., 1873, pág. 183. 
üphthalmoscope. Junio 1910, pág. 475. 
These de Guist. 1887. 
Boar. Ophth. Surgery, 1910, pág. 387. 
Lyon Medicale, 1879. 
British. Med. Journal, 1884, pág. 903. 
Pannsylvania Med. Journal, Agosto 1910. 
Trans. Roy. Soc. Med. Oph.. .Junio 1913. 
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Wiestnik Ophtal. Julio-Agosto, 1911. 
Wienev Klinische-Euedschan. Mayo 15, 1904. 
Treatise, 4.» Edición. Amer. Editada por Ch. Bull. 1883, p. 253. 
Traite dos maladies des Yeux. 1894, pág. 293. 
Am. Encycl. of Ophth. Vol. IV, pág. 2995. 
Primer Congreso Nac. de Med. de Argentina. Libro de Actas 
os. 



172 ANALES DE LA 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 22 DE OCTUBRE DE 1920 



Preaidente. — Dr. Juan Santos Fernández. 

Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 

Acndémicos concurrentes. — Dr^ s. : A. Agramonte, R. de Cas- 
tro, R. Gómez Murillo, J. Le-Roy, J. A. Fresno, M. Ruiz Ca,sabó 
y C. de la Torre. 



Leídas las actas de las sesiones anteriores (23 de abril, 14 
y 19 de mayo, 11 de junio y 8 de octubre resj )ecti va mente J no 
fueron aprobadas por falta de quorum. 

Se da cuenta de las siguientes comunicaciones: 

Entrada. — De los Dres. Juan Santos Fernández y Manuel 
Ruiz Casabó, presentando como candidato a la plaza de académi- 
co corresponsal en el Brasil, al Dr. Alfredo de Latta, el cual acom- 
paña su trabajo original Coccideose. Nota sobre Pliitoparasito- 
logía Médica. 

Del Dr. Joaquín Dávila, remitiendo varios folletos para re- 
partir entre los Académicos sobre un trabajo de la vacuna anti- 
tuberculosa atóxica, de su invención, para ser leída en la pró- 
xima sesión. 

De la Universidad de la Habana, invitando al Sr. Presidente 
de la Academia, para la conferencia extraordinaria en la misma, 
el sábado 16 del actual. 

Del Sr. Director de Sanidad para que esta Academia se sir- 
va indicar a un miembro de la misma, para formar parte de la 
comisión referente a las experiencias Kol)re el tratamiento de la 
Lepra que lleva a cabo el Dr. Modesto Gómez Rubio. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 173 

Recordatorio del Juez de Instrucción de la Sección Tercera, 
sobre el exliorto del Juzgado de Camagüey por lesiones graves 
en causa número 445 de 1920. 

Salida. — Al Sr. Director de Sanidad, contestándole su es- 
crito del 15 del actual, dando cuenta de haber sido designado al 
Dr, Manuel Ruiz Casabó, para formar parte de la Comisión crea- 
da por la hey de 29 de julio del año actual, referente al trata- 
miento de la Lepra, por el Dr. Modesto Gómez Rubio. 

Al Dr. Manuel Ruiz Casabó, dándole cuenta del anterior 
nombramiento. 



x\bierta la sesión por elSr. Presidente concede la palabra al 
Dr. Joaquín Dávihi que según la orden del día tenía anuncia- 
do un trabajo titulado Consideraciones sobre el tratamiento de 

LA tuberculosis EN EL HOMBRE POR MEDIO DE LA VACUNA DÁVILA. 

En este trabajo expone con perfecta claridad las teorías de la 
formación de anticuerpos y trata de probar que el producto por 
él utilizado no es una tuberculina sino una vacuna, que lleva en 
sí el organismo completo de los bacilos de Koch, perfectamente' 
desintegrados. Hace una extensa relación de los síntomas obser- 
vados en los enfermos tratados, y por último las aplicaciones que 
lia realizado en enfermos de lepra, presentando cuatro casos, así 
como fotografías de los mismos al comenzar el tratamiento, por 
cuyo examen y el de los enfermos presentados trata de hacer 
resaltar los resultados beneficiosos obtenidos con su tratamiento. 

El Sr. Presidente abre discusión e invita a los señores pre- 
sentes a hacer uso de la palabra, concediéndosela al Dr. Carlos 
de la Torre el que empieza por felicitarse de que el Dr. Dávila 
trajera a la Corporación un tema tan importante y lo felicita 
por los esfuerzos que lia tenido que realizar para llegar a esa 
altura, lamentando (lue el Di'. Dávila no haya utilizado la co- 
oi)eración de un ])rofesor de medicina, dado que él está emplean- 
do en la especie humana su tratamiento y aun cuando reconoce 
en el Dr. Dávila una ])rofunda ilustración y conocimiento per- 
fecto del asunto, es únicamente un ])rofesor de medicina veteri- 
naria y debía de haber hecho lo que el insigne Pasteur hizo cuan- 



174 ANALES DE LA 



do sus esperiencias sobre la rabia, que utilizó los servicios y la 
cooperación del gran maestro Dr. (irancher, terminando por so- 
licitar de la Academia, en vista de la importancia del asunto que 
se nombrara una comisión que estudiando debidamente la cues- 
tión emitiera más tarde su opinión sobre la vacuna del autor del 
trabajo leído. 

El Dr. Le-Roy pide la palabra, la que le es concedida por 
el Sr. Presidente y dijo: hace varios años vengo siguiendo con 
verdadero interés los trabajos sobre la vacuna del Dr. Dávila, 
tanto que antes de presentar su primera nota ante el IV Con- 
greso Médico Nacional celebrado en 1917, le induje a depositar 
un pliego cerrado en esta Academia, relacionado con ese asunto 
para que en todo tiempo pudiera servirle como garantía de la 
prioridad de sus estudios. 

Respecto a lo que ha dicho el Dr. La Torre, sobre la nece- 
sidad de que estos trabajos estuvieran garantizados por médicos, 
como lo hizo Pasteur, cuando el profesor Grancher presentó sus 
trabajos sobre la rabia, debo hacer constar que el Dr. Dávila está 
perfectamente respaldado i)or la opinión de varios médicos que 
han ensayado su vacuna para el tratamiento de la tuberculosis, 
entre los cuales figuran los Dres. Fernando Rensoli, xVlberto Sán- 
chez Fuentes y Joaquín Martos, que integraron una comisión 
designada por el Director de Sanidad para ese estudio, tanto en 
el Dispensario de Tuberculosis como en el Sanatorio "La Es- 
peranza" y por el propio Dr. Juan Guiteras, quienes emitieron 
un informe muy favorable sobre los resultados obtenidos; in- 
forme que ha sido publicado en el Boletín Oficial de la Secreta- 
ría de Sanidad y Beneficencia y en folleto editado por el propio 
autor ; por tanto si el Dr. Dávila no es médico humano sino ve- 
terinario, tiene la sanción de varios médicos y del organismo ofi- 
cial encargado de velar por la salud de los habitantes de esta 
República. 

En cuanto a los experimentos que está llevando a cabo en 
la Leprosería con el conocimiento y aprobación del mismo Doc- 
tor Guiteras, tiene a su vez la garantía del Director de aquel 
establecimiento Dr. Benjamín Primelles, y si el Dr. Dávila ha 
traído estos enfermos a la Academia, ha sido para demostrar lo 
dicho por él en su trabajo, esto es, que su preparado no es una 
tuberculina sino una vacuna, que contiene las substancias gra- 
sas necesarias para obtener los beneficios alcanzados hasta aliora 
con su empleo. Por esta razón entiende que la Academia puede, 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 175 

si así lo acuerda, nombrar una comisión que siga estos estudios, 
como hizo cuando el Dr. Bango afirmó rotundamente la cura- 
ción de la tuberculosis con la tuberculina Jacobs, comisión de 
la que formó parte, y como hizo también cuando el pretendido 
tratamiento de la lepra con el plan de Ángel García. 

Concluyo felicitando al Dr. Dávila por sus interesantes es- 
tudios y alentándole a proseguirlos con la seriedad y con el ca- 
rácter científico con que viene realizándolos. 

El Dr. Gómez Murillo felicita al Dr. Dávila por su trabajo 
y opina como el Dr. La Torre que del)c nombrarse una comisión 
que estudie debidamente el asunto. 

El Dr. Ruiz Casahó hizo uso de la palabra para felicitar al 
Dr. Dávila por el interesante trabajo que ha dado a conocer, 
aunciue estima no está completo. 

Dijo que a no haber sido aludido por los Dres. La Torre y 
Gómez Murillo, no hubiera terciado en la discusión, pues que con- 
sideraba el trabajo del Dr. Dávila como un complemento del 
que el Dr. Martínez Domínguez, de una manera magistral y de- 
talladamente, expuso en el último congreso médico nacional ce- 
lebrado en la Habana el año 1917. Que ahora el Dr. Dávila pre- 
senta observaciones de individuos que han sido tratados con la 
vacuna por él preparada, llamando la atención que la vacuna es 
aplicable a los tuberculosos y a los leprosos a quienes mejora las 
lesiones que sufren. 

Que por tal motivo no debía extrañar que la Academia y 
los académicos presentes aquí esta noche estuviran remisos en 
emitir su opinión respecto al trabajo del Dr. Dávila, dada la 
experiencia adquirida con la intervención de distintas comisio- 
nes, cada vez que se ha tratado de presentar casos de tubercu- 
losis y de lepra curados con tubcrculinas y tratamientos oficiales. 

Dice que recuerda el fracaso de la Tuberculina Jacobs y el 
método de Ángel García que fueron preconizados como trata- 
mientos cui-ativos de la tuberculosis y de la lepra respectivamen- 
te, pues el dicente tuvo el honor de formar parte de ambas co- 
misiones nombradas por esta Academia siendo ponente de la pri- 
mera. 

Estima por tanto que en la actualidad y mientras otrai 
pruebas no resulten, la Academia tiene que estar desconfiada y 
por tanto, obrar con mucha prudencia antes de formular una 
opinión favorable o adversa respecto a tratamiento específico dé 
tuberculosis o de lepra que se preconice. 



176 ANALES DE LA 



No opina como los Dres. La Torre y Gómez Murillo en fa- 
vor del nombramiento de una comisión que intervenga, estudie 
o inspeccione el tratamiento del Dr. Dávila. Estima que debe 
dársele entera y completa libertad al Dr. Dávila para ([ue él rea- 
lice todas las experiencias que crea oportunas sin que se vea co- 
hibido ni fiscalizado en lo que hasta aliora parece constituir un 
secreto (me refiero a la preparación de su vacuna) y la presen- 
cia de la comisión pudiera considerarse como una intervención 
que obstaculizara sus trabajos. 

El Dr. Dávila cuando juzgue oportuno y dé por terminadas 
sus experiencias, de la misma manera que lo ha hecho hoy y con 
la misma libertad, puede presentar de nuevo a esta Corpora- 
ción el resultado de sus experiencias y observaciones con la se- 
guridad de que será Iñen acogido. 

Manifiesta el Dr. Manuel Ruiz Casabó que a raíz del conoci- 
miento del trabajo del Dr. Martínez Domínguez en el Congreso, 
tuvo oportunidad de hacer aplicación de cinco o seis series de 
vacunas Dávila, pues ambos trabajaban en cooperación de una 
señorita residente en Camagüey (Ingenio Morón) y que le fué 
enviada para su tratamiento por el amigo y compañero Dr. Car- 
los Cabello y Ebrenti. Que lo único que puede manifestar es 
que su estado tuberculoso no ha progresado, no lia disminuido 
de peso, está apirética sin c^ue por ello pueda pronunciarse de 
manera favorable para el tratamiento. 

El Dr. Agramonte manifiesta que no iba a hacer uso de la 
palabra pues a pesar de oír con gusto cuanto había expuesto el 
Dr. Dávila, sufrió una gran decepción con la presentación de 
los casos de lepra tratados por la vacuna antituberculosa, y que 
parecían beneficiados por ella: ^?ero que estimulado por las ati- 
nadas observaciones del Dr. Carlos de la Torre y aludido por su 
compañero de comisión el Dr. Ruiz Casabó, quería tratar ciertos 
particulares relacionados con el tema en cuestión. El disgusto 
sufrido al ver los casos de lepra fué porque ya tiene experiencia 
de muchos años con medicamentos que se han presentado como 
específicos para esa enfermedad sin que sus resultados hayan i)o- 
dido demostrarlo : que lamenta el hecho de haberse aplicado una 
vocuna antituberculosa al tratamiento de la lepra cuando todavía 
para la misma tuberculosis, está en período de ensayo, porque 
así se prostituye un método que de otro modo, restringido al tra- 
tamiento de la tuberculosis, conservaría siempre importancia 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 177 

científica : que cuando se extiende el radio de acción o de apli- 
cación de un medicamento más allá de donde se puede alegar 
su especificidad, se desi)restigia al grado de que luego nunca 
vuelve a recobrar todo el valor que probablemente le correspon- 
día : que la mejoría manifiesta en los casos de lepra, en su oi)i- 
nión, carece de mayor importancia, porque la misma se ha ob- 
tenido en casos que conoce, por otros tantos tratamientos más o 
menos empíricos también, que hoy saljemos que se cura la lopra 
por inyecciones de chalmugra hasta la desaparición del bacilo 
de Hansen de los tegidos, cosa que es necesario obtener para es- 
tar satisfecho de cualquier método antileproso que se emplee. 

Desea llamar la atención de la Academia al hecho de que el 
Dr. Dávila no es un experimentador con su tratamiento bacilar 
de la tuberculosis como habían indicado los Dres. Le-Roy y Ruiz 
Casabó puesto que la vacuna que prepara y ha empleado el Doc- 
tor Dávila compuesta de l)acilos tuberculosos desintegrados, en 
análoga a la que han usado otros investigadores desde hace años : 
entre ellos, una vacuna muy parecida preparada por los herma- 
nos Von Ruck de Asheville, Estados Unidos, con bacilos desin- 
tegrados también, viene dando tan buenos resultados que ha per- 
mitido el mantenimiento de un sanatorio en esa ciudad desde 
antes de 1913 y su empleo se ha extendido siempre exclusiva- 
mente contra la tuljcrculosis en manos de muchos profesionales 
de los Estados l'nidos. Pregunta si no sería mejor medir la 
vacuna por fracciones de centímetros cúbicos en vez de hacerlo 
por su peso específico ya que se ha de aplicar inj-ectándola en 
suspensión por vía subcutánea. Que desde el punto de vista cien- 
tífico, cuanto lia dicho el Dr. Dávila respecto a la aplicación de 
la vacuna, con excepción de lo que se refiere a la lopra, lo esti- 
ma perfectamente ajustado a los conocimientos modernos y se 
felicita de haber oído el tral)ajo, deseando al Dr. Dávila el mayor 
éxito en el uso de la vacuna que prepara. 

El Dr. Marios hace constar los resultados beneficiosos que 
ha obtenido con el uso de la vacuna del Dr. Dávila, y lo alienta 
para que prosiga así sus investigaciones. 

Contestando al Dr. Agrámente el Dr. Dávila, dice que en 
el año 1914 cuando empezó sus trabajos, no tuvo conocimiento 
por medio de las revistas médicas ni de libros, que existiera una 
vacuna semejante a la suya. El hecho de que los señores que él 
cita fabriquen una vacuna con bacilos tuberculosos desintegra- 



178 ANALES DE LA 



dos, lio (juiere decir que la técnica sea igual a la suya, puesto 
que según dice el Dr. Agvamonte, los inventores no las mencio- 
nan en sus escritos y además, que siendo muchos los procedimien- 
tos que se han usado desde hace muchos años hasta la fecha, 
para desintegrar el bacilo, es aventurado decir que la vecuna 
Dávila sea igual o parecida a la que menciona el Dr. Agramonte. 
]ior el solo hecho de emplear la palabra desintegración, asegu- 
rando el Di'. Dávila, que la técnica que él usa para hacer la va- 
cuna es original, así como también las observaciones y la expe- 
rimentación hecha con ella. 

A la pregunta del Dr. Agramonte de que no se explica como 
podía hacerse el pesado de bacilos en miligramos, el Dr. Dávila 
dijo, que primeramente se recogen las colonias mediante el ras- 
pado de ellas en la papa, las que se van colocando en un pomo 
tarado de antemano. 

Una vez terminada la recolección se pesa el total, o sea el 
pomo y las colonias y deduciendo después la tara de aquel sa- 
bremos la cantidad de bacilos contenidos en él, sirviéndonos esto 
de base para hacer las diluciones en la proporción que se desea. 

Respecto al juicio que le mereció al Dr. Agramonte, la pre- 
sencia de los leprosos, el Dr. Dávila manifestó que la i)resenta- 
cióii de los cuatro enfermos no la había hecho con la idea de dar- 
los por curados, puesto (pie ya hacía constar en las hojas clíni- 
cas, que continualian en tratamiento y que el objeto principal 
consistía en demostrar que su vacuna contenía todas las grasan, 
bacilares corrcs])ondientes a 32 miligramos de bacilos, cantidad 
que se administraba al leproso, originando en estos enfermos efec- 
tos curativos como en el tuberculoso. Que el no originar reac- 
ciones generales la vacuna en los leprosos no quiere decir, como 
aseguraba el Dr. Agramonte, sea un producto sin efecto curativo 
puesto que dichas reacciones generales no son indispensables 
para la formación de anticuerpos inmunizantes endotóxicos y si 
las reacciones que se verifican alrededor del foco, de igual modo 
(|ue ocurre cu el proceso curativo del tuberculoso. 

El Dr. Santus Fernández da las gracias al Dr. Dávila por 
haber traído un asunto de tanto interés, y le ruega siga traba- 
jando y al Dr. La Torre por haber iniciado este debate. 

Con lo (jue se dio por terminada la sesión. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 170 



VACUNA ANTI-TUBERCULOSA ATÓXICA 

POR EL 

Dr. Joaquín Davila 



(Sesión del 22 de octubre de 1920). 



Cuando Koch animeió su i)riniera tubereiilina, 
se concibieron grandes esperanzas de éxito con este 
tratamiento en el tuberculoso. Más tarde, después de 
haber sido muy combatido y casi olvidado, surge de 
nuevo la discusión sobre la conveniencia o no del em- 
pleo de las tuberculinas. 

Algunos tisiólogos de nota, estudiando mejor es- 
te producto deducen los fracasos ocurridos con ella, 
de su mJal empleo y del poco conocimiento de su mia- 
nera ele obrar en el organismo enfermo. 

Después de muchos ensayos y ya bien conocidas 
sus propiedades terapéuticas, se viene en conclusión, 
que las tuberculinas serían las más indicadas para 
combatir la tuberculosis, si no fuera que en una gran 
mayoría de casos están contraindicadas, por las reac- 
ciones intensas que ]n*oducen, tanto focales como ge- 
nerales, que su manejo ©s peligroso para el enfermo 
y requiere una técnica especial ; a todo esto agregue- 
mos, que i)or ser infinitesimales las 'cantidades de 
productos bacilares que contienen las dosis terapéu- 
ticas, su acción como elemento inmunizante es muy 
pequeña. 

De los sueros antituberculosos nada puede espe- 
rarse, pues para que tengan completa eficacia, deben 
llenar a la vez la acción antitóxica y la antibacilar; 
esta última condición no la tienen, porque a los sue- 
ros mencionadois, les falta el complem'ento homologo, 
que no se encuentra en la sangre del hombre, para 
producir la lisis del bacilo, además como contiene po- 



180 ANALES DE LA 



cas antitoxinas, sus efectos en los enfermos se limi- 
tan simplemente a una acción estimulante, pero de 
reducido valor como específico de la tuberculosis. 

¿Debe considerarse como una tuhercnUna 
a l<b vacuna antituherculosa Dúuilaf 

Estando muv sreneralizada la costumbre de in- 
cluir en la denominación de tuberculina, a todos los 
productos terapéuticos derivados del bacilo de Kocli, 
por el hecho de que la mayoría de los investigadores, 
con pequeñas diferencias en el método, siguieron el 
camino trazado por Koch, obteniendo nuevas tuber- 
culinas, pero sin lograr preparar vacunas, es decir, 
la concentración de cuerpos bacilares en condiciones 
de poderse administrar en cantidad y sin peligro pa- 
ra el enfermo de la especie humana ; me ha parecido 
conveniente hacer notar la diferencia entre una y 
otra. 

La vacuna antituberculosa Dávila, contiene ínte- 
gramente emulsionados en un medio oleoso, bacilos 
tuberculosos desintegi'ados, más sus toxinas difusi- 
bles, y el peso en niílígramos por centímetro cúbico 
d'e emulsión, comprende en su totalidad, los cuerpos 
del bacilo de Koch y sus toxinas exógenas. 

Las tuberculinas se componen de toxinas bacila- 
res solubles en su mayor parte, en proporciones infi- 
nitesimales y desiguales en el medio que las contiene, 
el peso no representa las substancias bacilares en so- 
lución, si no éstas con el líquido de dilución. 

Con la vacuna Dávila, podemos inyectar de una 
vez hasta 32 miligramos de masa bacilar, sin provocar 
en el enfermo más que lioeras rea'cciones. 

En las tul^erculinas, la concentración de los ele- 
mentos bacilares es nniy pequeña y su toxicidad tan 
grande, que no puede inyectarse más cpie unas diez 
milésimas de miligramo. 

El estímulo celular que provoque la vacuna Dá- 
vila, ha de ser mucho mías eficaz y completo que el 
que origine la tuberculina, como lo demuestran las 
experiencias siguientes : 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



ISl 



En los enfermos en que la aplicación de la tu- 
berculma (Von Pirquet) no cía reacción positiva ni 
aun después de tres días, cuando por signos clínicos 
se aplica la vacuna, se observa como se acentúan y se 
liacen papulosos los puntos donde se aplicó la tnber- 
culma : lo que demue^ra la especificidad de la vacuna 
y su concentración, constituyendo a la vez un método 
de reactivación del Pirquet; pues en los individuos 
no tuberculosos esta prueba es negativa. 

En los leprosos, se puede apreciar durante el uso 
continuado de la vacuna, brotes muv seguidos al prin- 
cipio que disminuyen de intensidad después v se ma- 
mñestan más de tarde en tarde, con la prolongación 
de la \'acunación, mejorando notablemente el estada 
general del paciente. 

Las manclias hiperhémicas pierden su coloración 
rojiza, haciéndose cada día que i)asa ntós pálidas hasta 
que se extinguen, las infiltraciones de la piel desapa- 
recen, la anestesia disminuve de intensidad y en al- 
gunos puntos reaparece la sensibilidad ; los bordes ca- 
llosos de las ulceras antiguas se desprenden por sí so- 
los dejando una herida limpia que cicatriza en firme 

-Las tubercnlinas se han experimentado en la le- 
pra y no han dado resultado y si con la vacuna Dá- 
vda se obtienen efectos beneficiosos, creo se debe a las 
grasas bacilares contenidas en ella, que estimulando 
en el organismo la formación de anticuerpos lipolíti- 
oos, obran sobre el bacilo de Hansen destruyendo su 
envoltura cérea. 

Mi creencia a este respecto es, que como en todas 

las enfermedades producidas por endotoxinas bacte- 

t nanas, solo pueden ser curadas por reacciones bioquí- 

■micas desarrolladas por endotoxinas análogas a las 

^que originaron la infección. 

L f\ ^'^í'^''. '^"^ Hansen no ha podido cultivarse co- 
:mo el de Koch y siendo en ambos sus envolturas cé- 
ireas biológicamente iguales, es verosímil admitir, que 
minfr'''/'''?'í ^'^sistente del bacilo tuberculoso ad- 
&Í'* .•''^ ^""^'"'T^ provocaría en éste la fonna- 
WZ.t ^^^.^V"'^'?''? lipolíticos destructores de la en- 
ivoltuia del bacilo de Hansen. Sus proteínas puestas 



182 ANALES DE LA 



al desnudo, serían mus fácilmente atacadas por los 
fennentos proteolíticos de los leucocitos, con lo que 
lograríamos reacciones de foco y una acción inmuni- 
zadora en el leproso. El brote tal vez sea una mani- 
festación de lucha contra la infección, establecida en- 
tre las toxinas bacilares puestas en libertad y los ele- 
mentos leucocitarios. 

Estas pruebas se llevan a cabo, bajo la inspec- 
ción del Dr. Guiteras, Director de Sanidad, y de los 
Dres. Primelles ,y Cabrera, Director y Médico respec- 
tivamente de la leprosería del Eincón. Las experien- 
cias continúan y todavía no se pueden dar conclusio- 
nes, pero el hecho cierto es que los enfermos que han 
seguido el tratamiento 3^ que al empezar éste eran una 
ruina físiológica, padecierido la lepra mixta y de ul- 
ceraciones del tronco v miembros, rebeldes a todo tra- 
tamiento, hoy su estado general es excelente, las úl- 
ceras se lian cicatrizado, pareciendo indicar que es- 
tán en vía de curación franca. 

C^reo con lo expuesto, que es lógico admitir, que 
la vacuna Dávila no es una tuljerculina, porque con- 
tiene concentradas todas las suljstancias bacilares, y 
siendo su manejo cómodo, fácil e inofensivo, institu- 
ye de hecho la vacimoterapia antituberculosa. 

Reacciones de innninídad en el tuhercidoso. 

I^a teoría lisínica de AVolff Eisner, exi^lica me- 
jor que ninguna otra, las reacciones que producen en 
el enfermo los venenos tuberculosos. 

Este autor demostró, que la introducción de una 
albúmina extraña al organismo, no produce ninguna 
inmunidad, sino que constantemente le mantiene en 
una hipersensibilidad, que se manifiesta prontamen- 
te, cuando se inyecta por segunda vez la substancia 
albuminoide. Demostró además, que la albúmina bac- 
teriana, se diferencia nada más que cuantitativamen- 
te, de la que i)roduc8 la allnimina heteróloga, puesto 
que al mismo tiempo que se forman bacteriolisinas, 
después de la inyección de proteína bacilar, también 
después de las inyecciones de albúminas extrañas al 
organismo, aparecen en la sangre albuminolisinas, co- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 183 



mo resultado de las reacciones provocadas en las cé- 
lulas del organismo, de igual manera que las bacte- 
ri'olisinas disuelven y descomponen los agregados 
moleculares albumdnoides demostrables por el ultra- 
microscopio, poniendo en libertad por su acción lítica, 
substancias derivadas de la all)úmina extraña al or- 
ganismo, cuyas propiedades tóxicas exaltadas son pa- 
recidas a las de las endotoxinas. Los estudios hechos 
sobre anafilaxia, demuestran que existe la albumino- 
lisina con el carácter de amboceptor o albumino-am- 
boceptor. 

Wolf f Eisner, basándose en lo expuesto anterior- 
mente, trata de explicar la accióii de las toxinas tu- 
berculosas, admitiendo, que éstas son una substancia 
albuminoide extraña al organismo, poco tóxica en sí 
misma, que no provoca reacciones generales ni loca- 
les, mientras en el organismo no encuentra una lisina 
específica, que disocie la gran molécula albmninoide 
en partículas más pequeñas e intensamente tóxicas 
(tuberculina lisinizada) mediante un proceso muy 
parecido al que ocurre en la digestión. 

A consecuencia de la infección tuberculosa, el 
enfermo labora su lisina o amboceptor de la tuber- 
culina, esta lisina al unirse a la albúmina bacilar in- 
yectada, produce las reacciones locales focales y ge- 
nerales. Por tanto, la tuberculisina se forma bajo 
la influencia de la infección tuberculosa, como anti- 
cuerpo de la ])roteína bacilar reabsorbida en los fo- 
cos enfennos y es la que produce en la infección tu- 
berculosa, los efectos tóxicos generales y locales, ac- 
tuando como agentes piretógenos y como irritante de 
los focos tuberculosos. 

La sensibilidad y la hipersensibilidad a las tn- 
berculinas, estará, pues, en relación con la cantidad 
mayor o menor de amboceptor lítico o Usina circu- 
lante en la sangre. Recientes investigaciones tienden 
a demostrar la estrecha relación existente entre la 
hipersensibilidad contra la albúmina ^tuberculosa y 
los fenómenos de inmunidad en la tuberculosis. 

Koch pudo observar, que si a un curiel tubercu- 
loso se le inyecta por segunda vez en el tejido subcu- 



184 ANALES DE LA 



táneo, cultivos de bacilos tuberculosos, esta segunda 
infección no se propagaba, sino que rápidamente pro- 
ducía una ulceración superficial que curaba inmedia- 
tamente, sin que los ganglios contiguos se infectaran. 
Este hecho lo explicaba Koch, por el desarrollo de 
una inmunidad local producida por la primera infec- 
ción. E'sta lüpersensibilidad íntimamente ligada a la 
inmunidad, acondicionaba al organismo, para que en 
la segunda inyección se desarrollaran rái^idamente 
los fenómenos de inflamiación y de necrosis ; mientras 
c[ue en la primera inyección, las alteraciones locales 
no se manifestaban, por falta de hipersensi])ilidad 
bastadlos catorce días. 

Romer, estudiando los fenómenos que se produ- 
cen en la reinfección del cobayo tuberculoso, llegó a la 
conclusión de que se tratalm de fenómenos de hiper- 
sensibilidad en relación con la inmunidad, en los cua- 
les el organismo, por medio de una reacción intensa, 
vence a la infección, en virtud de los factores curati- 
vos naturales de la inflamación. En los. caso® que la 
i'einfección no progresa, la existencia de hipersensi- 
bilidad a la albúmina tubei'culosa, significa probable- 
mente un cierto grado de inmunidad del individuo 
contra la tuberculosis. 

Conclusiones análogas han hecho Finger y 
Saudsteiner con relación a la sífilis. 

Pero el experimento de Bail, nos pone de mani- 
fiesto, que la hipersensibilidad no siempre j)uede con- 
siderarse como factor protector, pues ocasiones hay 
en que produce estados desfavorables en el organismo. 

Si a un cobayo tuberculoso se le reinf ecta por la 
vía intraperitoneal con gran cantidad de bacilos tu- 
berculosos, el animal muere a las pocas Iwras, en cam- 
bio, cobayos sanos tratados de igual modo, sólo pre- 
sentan fenómenos reaccionales a las 24 horas. 

Luego el tuberculoso es hipersensible, porque los 
cuerpos bacilares lisinizados, se convierten en subs- 
tancias muy tóxicas y peligrosas, mediante la acción 
del aumento progresivo de la lisina puesta en liber- 
tad, puede matar por intoxicación al animal lo que 
ocurre en el tipo febril, cuyo proceso sigue un mar- 
cha aguda. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA IST) 

Es necesario, pues, que la cantidad del material 
empleado para la reinfección sea muy pequeña, para 
no provocar fenómenos reaccionales. 

Las exjíeriencias de Bail, nos ponen de manifies- 
to también, el peligro que entraña las reacciones tu- 
berculínicas fuertes provocadas en el hombre con 
fines terapéuticos, los jcuales deben evitarse si se quie- 
ren obtener acciones protectoras, sobre todo en tuber- 
culosis pulmonar. Estando este órgano en constante 
actividad funcional, la nutrición de sus elementos 
constituyentes es defectuosa y lenta la reparación ce- 
lular. Por esta condición, las reacciones de foco clí- 
nicamente apieciables, entorpecerían la renovación 
celular y la fonnación de tejido fibroso que había de 
aislar el proceso tuberculoso. 

En algunos casos de tuberculosis quirúrgica, di- 
chas reacciones no son tanto de temer, y con el objeto 
de provocar la formación de anticuerjDOis quimiolíticos 
,y las reacciones desintoxicantes en mayor cantidad, 
debería ensayarse la aplicación intrafocal de produc- 
tos bacilares. Su acción flogógena directa en los focos 
mismos, tendría un efecto curativo mucho mayor que 
por el método usual. 

¿Es útil la vacunoterapia^ 

Bajo el punto de vista de la teoría lisínica vemos, 
que las acciones antitóxicas tienen gran importancia 
en la curación del tuberculoso. La lisina como anti- 
cuerpo, produce la hipersensibilidad curativa, me- 
diante la lisinización de la tuberculina contenida en 
los bacilos tuberculosos, transf omiándola en una subs- 
tancia muy tóxica llamada tuberculisina, la cual de- 
termina las reacciones curativas, mediante las defen- 
sas orgánicas, que convierten a la molécula lisinizada 
en substancia inofensiva, merced a los fenómenos quí- 
micos o fermentativos derivados de los productos de 
la inflamación. 

En el curso natural de la tuberculosis, las toxinas 
obran principalmente so])re el foco y las acciones an- 
titóxicas generales estcin debilitadas, con la inmuni- 
zación activa del enfermo, lograremos la formación 



180 ANALES DE LA 



de anticuerpos específicos defensores del organismo 
V en los focos, una mavor actividad de los restantes 
IDrocesos curativos naturales, que aumentarán la re- 
sistencia contra la infección. 

La mayoría de los clínicos, están de acuerdo en 
considerar como el medio más racional y científico, la 
imiumización lenta y progresiva del enfermo; pero 
la dificultad en adoptar este proceder ha consistido, 
en no disponer de un producto que satisfaga dichas 
aspiraciones. 

¿ Llena esta indicación la vacuna DáA'ila ? 

Dicha vacuna está formada exclusivamente por 
cultivos de bacilos tuberculosos tipo humano desinte- 
grados. Contiene íntimamente emulsionadas las gra- 
sas bacilares, las proteínas y las toxinas libres, ate- 
nuadas de tal manera, cpie no han perdido sus propie- 
dades Ijioquímicas y pueden administrarse a los en- 
fermos en grandes cantidades, sin producir reaccio- 
nes fuertes generales ni focales. Su empleo es fácil, 
cómodo, no tiene peligro alguno, ni aun en aquellos 
enfermos hipersensibles a la acción de los venenos tu- 
berculosos. 

La dosificación hecha en series, permite aplicar- 
la progresivamente, ]3udiendo el médico escoger la 
dosis más conveniente para el enfeiino objeto de tra- 
tamiento, sin tener que lamentar accidentes desagra- 
dables. 

En los animales sanos inmunizados con la vacu- 
na, el suero muestra por la desviación del comple- 
mento anticuerpos específicos. La misma reacción se 
observa en los sueros de enfermos de la especie hu- 
mana tratados con la vacuna; además, en dichos pa- 
cientes y durante el proceso de la inmunización, se 
presenta la hipermononucleosis y la eosinofilia. 

Como la lipasa de los linf ocitos y mononucleares, 
destruyen la envoltura cérea del bacilo de Koch y la 
eosinofilia es en general una expresión de defensa, se 
deduce claramente, que la vacuna Dávila al provocar 
hipermononucleosis y eosinofilia, establece reacciones 
de positivas defensas. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 1S7 

Sueroterapia. 

Queriendo conocer los efectos terapéuticos del 
suero procedente de terneros ,y caballos inmunizados 
con mi vacuna, se procedió primeramente a las prue- 
bas por la vía gástrica. 

En el año 1918 y recién llegado a este país el Doc- 
tor Enrico Castelli, fué presentado en el Laboratorio 
de Investigaciones de la Secretaría de KSanidad, don- 
de bacía mis trabajos sobre tuberculosis, teniendo 
oportunidad de tratar a diclio doctor, el cual mostra- 
))a uTucho interés en las experiencias cpie realizá- 
bamos. 

El proyecto que tenía por aquel entonces, consis- 
tía en inmunizar vacas leclieras, para aprovechar la 
leche y la sangre, en los enfermos tuberculosos de ti- 
])0 febril, caquécticos y debilitados. 

En aquella época residía temporalmente en un 
hotelcle esta ciudad, una señorita, hija de P..., la cual 
padecía de tuberculosis aguda y deseando el Doctor 
Castelli prolíar en ella la vacuna subcutánea y el sue- 
ro por la vía gástrica, me pidió le proporcionara am- 
bos productos. 

El Dr. ^lartínez Domínguep, mi entusiasta cola- 
borador, extrajo sangre de un toro de los que tenía 
imnunizados, j^reparando de antemano en el frasco 
destinado a la sangría, solución de citrato de sosa 
como anticoagulante y a la sangre le añadió glicerina 
esterilizada como conservadora v unas gotas 'de men- 
ta para enmascarar el sabor. 

Se llenaron de esta sangre así preparada dos po- 
mos, a los cuales se les puso un rótulo que decía: 
Uemo- Antitoxina Tuberculosa, entregándole dichos 
pompos al Dr. Castelli. 

Los resultados de esta prueba no se conocieron, 
porcjue la mencionada señorita tuvo que trasladarse 
a los Estados L^nidos a los quince días de haber em- 
pezado el tratamiento. 

El Dr. Martínez Donn'nguez, experimentó en al- 
gunos enfermos, y los resultados fueron nulos, lo mis- 
mo le ocurrió al Dr, Joaquín Maii;os, en el Sanatorio 
La Esperanza". 



íí 



1S8 ANALES DE LA 



Desechada la vía gástrica y la preparación de 
sangre por inútil, se ntilizó el snero solamente y por 
la vía subcntánea. 

Gracias a las recomendaciones del Dr. Juan Gui- 
teras, dirigidas al Dr. Tomás G. Menoeal, Jefe del 
Presidio v al Dr. Díaz Albertini, médico del men^^'io- 
nado establecimiento, se pudo hacer la dosificación 
del suero en varios penados, sin tener que lamentar 
ningún accidente desagradable. 

De cinco enfermos escogidos, sólo a nno le dis- 
minuyó la temperatura ; de 38 gr. 5 a 39 gr. que dia- 
riam-ente tenía, descendió a 37 gr. 3 por la mañana 
y a 37 gr. 7 por la tarde ; permaneciendo así por es- 
pacio de cuatro meses. En vista de esto, se le dejó de 
aplicar el suero, sustituyéndolo ])or la vacuna, con la 
que se logró normalizar la temperatura, mejorar las 
lesiones y aumentar 12 libras de peso. 

Este caso, así como cinco más que estaban inmu- 
nizándose, fueron abandonados por no disponer de 
tiempo para trasladarme al jDresidio. 

El Dr. Martos, probó también el suero entre <:-ua- 
tro o cinco enfermos ; mejoraron algo en su estado ge- 
neral, pero sin modificar las lesiones. Al Dr. Fernan- 
do Rensoli le ocurrió algo parecido. 

¿Por qué son inefica-ces los sueros anti-tuhcrculosos? 

Algunos hombres de ciencia encuentran su expli- 
cación en la teoría lisínica. 

En tuberculosis, como en todas las enfermedades 
originadas por endotoxinas, en que la lucha contra 
la infección se verifica principalmente alrededor del 
foco, las anti-toxinas son probablemente fijadas, ac- 
tuando localmente sobre los tejidos infiamados debido 
a esto, se hallan en pequeña cantidad en la sangre. 

Estos procesos hacen pensar, que la inmiuniza- 
ción aparente que se obtiene en los animales con virus 
tuberculoso atenuado, no producen una inmunización 
verdadera con factores innmiñzantes generales, por- 
que se necesita para realizarla una lucha inflamatoria 
local desarrollándose en los tejidos. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 189 

Los fermentos segregados por las plaquetas y 
leucocitos, llamados por Gruber antracoides, cono<:-i- 
dos también con el nomljre de anticuerpos inflamato- 
rios y que se desarrollan por efecto de la inflamación, 
se encuentran en cantidad en los individuos sanos, no 
tienen carácter específico, pero en la lucha contra la 
infección, obran independientemente del proceso in- 
nmnizador neutralizando los venenos tul^erculosos en 
los mismos focos, a la vez que ayudan a producir en 
el organisniío, la antitoxina específica que ha de pro- 
ducir la toxi-inmunidad general. 

Como en el animal sano, no existen los factores 
de estas luchas contra la infección, la formación de 
anti-toxinas endotóxicas será insuficiente para neu- 
tralizar los venenos circulantes en los individuos in- 
toxicados, objeto de tratamiento. 

En cambio con la vacunación, la inmunización 
activa del enfermo es verdadera j el resultado ide las 
acciones desintoxicantes generales y focales, es mucho 
más eficaz que con la aplicación del suero. 

La inmunización activa está contra-indicada en 
el tuberculoso de tipo febril (cuya temperatura exce- 
da de 37 gr. 5) de marcha aguda, hemoptoico, de fo- 
cos en actividad progresiva, m'uy cavitarios y en los 
enfeiinos muy debilitados, en los caquécticos, sifilíti- 
cos y en general en las enfermedades de tipo agudo, 
por que la lisina circulante se halla en exceso, la va- 
cunación aumentaría la intoxicación y agravaría las 
lesiones tuberculosas ; de ahí la importancia del diag- 
nóstico precoz y la conveniencia de instituir lo más 
pronto posible la vacunoterapia. 

Si los ¡sueros tuvieran im poder antitóxico capaz 
de neutralizar todos los venenos puestos en libertad, 
tampoco resolvería fávoraljlemente el estado crítico 
de esta clase de enfermos, siendo largo el tratamien- 
to, el uso continuado de aquél, acarrearía trastornos 
graves por sus propiedades fuertemente tóxicas ex- 
plii^ables por la teoría de la anafilaxia. 

Ante estas dificultades, el médico en presencia 
de un tuberculoso febril se halla perplejo; si se deci- 
de por los anti-térmicos conoce de antemiano que el 



190 ANAIiES DE LA 



descenso de temperatura durará unas cuantas lioras 
y anulará aún más la acción proteolítica y lipolítica 
de los leucocitos. 

Eecomendar solaniente el re])0'So y la vida al aire 
libre, proporciona gran desaliento al enfermo y un 
papel poco airoso para el facultativo. En estos casos 
debería estudiarse y probar la aplicación de grandes 
cantidades de suero artificial preparado con substan- 
cias químicas capaces de restituir el equilibrio fun- 
cional. 

Sabido es de todos, que en el estado fisiológico la 
reacción de la sangre es alcalina y que esta alcalini- 
dad está en relación directa con la intensidad de la 
oxigenación, desapareciendo aquélla en el curso de 
las intoxicaciones y en las infecciones agudas. 

Siendo la alcalinidad uno de los factores de la 
inmunidad, debería propenderse por todos los medios 
posibles a restal^leeer dicha alcalinidad en los perío- 
dos de estadio en que el enfermo se halla bajo la ac- 
ción de lo'S venenos microbianos e imposibilitado de 
establecer sus defensas naturales, sin olvidar que el 
cambio de toxicidad del medio obra muy enérgica- 
mente sobre el individuo ya perjudicándolo o favo- 
reciéndolo 

Ejemplo : las substancias químicas cloruro de so- 
dio, bicarbonato de sosa, fosfato de cal, etc., en solu- 
ciones isotónicas aumentan el poder leucocitario. Por 
el contrario las soluciones hipertónicas con estas mis- 
mas substancias, debilitan la fagocitosis; lo mismo 
ocurre con la concentración dada a las dosis de qui- 
nina, antipirina, criogenina, piramidón, fenacetina, 
etc., etc. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 191 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 12 DE NOVIEMBRE DE 1920 



Presidente. — Dr. Juan Santos Fernández. 
Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 
Académicos concurrentes. — Dres. : A. Agramonte, R. de 
Castro, R, Gómez ]Murillo, C. de la Torre, M. Ruiz Casabó. 



Abierta la sesión el Sr. Presidente concede la palabra al 
Dr. Joaquín üávila, el que dio lectura a su trabajo titulado El 

PRODUCTO FABRICADO POR LOS HERMANOS SiLVIO Y CaRLOS VoN 
RUCK CONTRA LA TUBERCULOSIS NO ES IGUAL NI OFRECE NINGÚÍST 
PARECIDO CON LA VACUNA DÁVILA. 

El disertante en su trabajo, manifiesta que cuando en el 
año 1914 empezó a preparar su producto fué su objeto fabricar 
una A'acuna completa, porque entendía que las tuberculinas no 
llenaban las indicaciones terapéuticas que requiere el proceso 
tuberculoso. Hace resaltar la diferencia que existe entre la va- 
cuna de los hermanos ^'on Ruck y la por él preparada, consig- 
nando que su vacuna contiene íntegramente emulsionado y con- 
centrado en medio oleoso la totalidad del bacilo tuberculoso des- 
integrado, más las toxinas difusibles constituyendo un produc- 
to completo, no tóxico e inalterable en cualquier temperatura, 
lo que la diferencia de las fabricadas por los hermanos Von Ruck. 

El Dr. Agramonte dice que muy a su pesar se ve obligado 
a molestar la atención de los Sres. Académicos esta noche ha- 
ciendo uso de la palabra unos breves instantes, y esto no es de 
mi agrado, porque no acostumbro entablar ni a sostener discu- 
siones estériles, discusiones que no tengan un fin beneficioso 
al esclarecimiento de la verdad o para el progreso de la ciencia, 
y el asunto que ha presentado el Dr. Dávila para refutar una 
supuesta oposición mía es de lo más nimio y de lo más escaso 
de interés, teniéndolo únicamente para nadie más que para el 
Dr. Dávila en este caso: pero no puedo sustraerme a la necesi- 
dad de poner las cosas en su verdadero lugar y hacer que no 



192 ANALES DE LA 



se tergiversen los hechos para que sirvan de un reclamo o anun- 
cio de la vacuna que el Dr. Dávila con perfectísimo derecho ha 
bautizado con su ilustre apellido. Y he de aprovechar la oca- 
sión, si es que luego se celebra la sesiíSn de gobierno, en mi ca- 
rácter de académico y por ende obligado a velar en cuanto me 
sea posible poi- los fueros y pi'cstigios de esta institución, para 
tratar de poner los medios que tiendan a evitar la repetición de 
un acto como el presente. 

En la última sesión de esta Academia tuve el gusto de in- 
tervenir en la discusión que se promoviera con motivo de un 
trabajo presentado por el Dr. Dávila, y de unir mis aplausos 
a los de mis compañeros que en justicia celebraron la obra del 
discursante ; hube de disentir de su opinión en cuanto a la apli- 
cación de la vacuna antituberculosa a los leprosos. Después de 
reconocer los fundamentos científicos en que se funda el Dr. Dá- 
vila para el uso de su vacuna dije como en realidad no venía el 
compañero realizando un experimento, toda vez que la aplica- 
ción de vacunas bacilares, como se llaman, se llevó a cabo por 
primera vez hace muchos años, y entonces vino a mi memoria, 
por que en esos días liabía estado en comunicación con su autor, 
la vacuna bacilar de Von Euck, que en una ciudad de los Esta- 
dos Unidos se emplea en gran escala y que en manos de otros 
clínicos también había dado buenos resultados: dije que era un 
preparado de los bacilos con exclusión del medio del cultivo y 
que Von Kuck como Dávila decía obtener su vacuna de ''baci- 
los tuberculosos desintegrados". 

El Dr. Dávila contestóme que por primera vez oía el nom- 
bre de Von Ruck y que no era posil^le que fuesen iguales los 
productos empleados ya que él había seguido una técnica abso- 
lutamente original en la ])reparación de su A^acuna, manifesta- 
ción ésta que me pareció demasiado infantil para tomarla en 
consideración, puesto que no hay dos cosas iguales en la natu- 
raleza, y el hecho de que no lea el inglés el Dr. Dávalos, como me 
dijo, no podía aceptarse como excusa, ya que el nombre de Von 
Ruck aparece en más de un artículo y en libros de consulta co- 
mo es la terapéutica de Fosshenier; en este particular están 
ambos en la misma situación, pues si el Dr. Dávila desconocía 
los trabajos de Von Ruck éste sin duda .no se ha dado cuenta 
de los del Dr. Dávila. No habiendo pensado yo que fuesen igua- 
les las vacunas, no tengo para que insistir sobre ese tema, pero sí 
le he de sostener que son similares, tanto la del Dr. Dávila como 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA IIABANA Í33 



ia de Voii Ruck a otras tantas que se prepararon y us^*on an- 
tes que ellas. 

Son similares porque provienen del mismo origen de la ma- 
sa bacilar de los cultivos, y no basta que el uno o el otio intro- 
duzcan una modificación en la técnica de su preparación, o lo 
adicionen de tal o cual sustancia, para que piense que ha reali- 
zado un gran descubrimiento, o que sus bacterinas especiales van 
a obtener maravillosos y nunca antes vistos resultados. 

C'on el nombre genérico de tuberculina se ha venido consi- 
derando a aquellos productos obtenidos del cultivo del bacilo 
tuberculoso que han servido con más o menos éxito en el tra- 
tamiento de la tuberculosis, los autores más renombrados los lla- 
man a todos tuberculinas y los dividen en tres grupos: 1.° los 
preparados exclusivamente con el medio en que se ha desarro- 
llado el bacilo ; 2.° los preparados con la masa bacilar, excluyen- 
do al medio de cultivo y 3.° los preparados obtenidos mediante 
diferentes i)rocedimientos para recojer extractos de los bacilos. 

Entre los miembros del segundo grupo se encuentran las 
vacunas que preparan y venden los Dres. Dávila y Von Ruck, 
y entre los del tercer grupo cabe el extracto acuoso que también 
prepara Von Ruck y que no tiene mayor relación con su vacuna 
bacilar; con ésta es con la que sí tiene analogía la del Dr. Dávila. 

Decía que otros antes que Von Ruck, y desde luego que Dá- 
vila. se habían ocupado en la aplicación en inyecciones de vacunat: 
bacilares como tratamiento de la tuberculosis y sin hal)er tenido 
mucho tiempo ((ue emi)lear en la investigación puedo anotar 
acjuí entre oti'os que nada menos que el insigne Kocli lnil)o dp 
preparar lo que llamó ''Emulsión bacilar" compuesta de bacjlos 
únicamente suspendidos en una solución glieerinada, habiéndolo 
reseñado Pliibliju en 1906, según nota que pondré al pie de esta^j 
observaciones. El ínclito V. Behring preparó dos vacunas ba- 
cilares ensayadas en Marburgo en 1906, Lew y Krenker, 1909, 
luego Meyer y Reppel en 1910, cada uno de ellos dio algún 
nombre distinto a su producto, ninguno lo puso a la venta y 
solamente de los que conozco los Dres. Dávila y Von Ruck han 
honrado a sus vacunas con sus apellidos; he aquí otro punto de 
contacto entre ambos que sin duda inconscientemente impresio- 
nó mi ánimo cuando me trajo a la memoria lo del Dr. Von Ruck 
y no oti'o cualquiera al referirme a los antecesores del Dr. Dá- 
vila en esa empresa. 

De manera pues que con lo expuesto me basta "para seguir 
sosteniendo en primer lugar que el Dr, Dávil^ no es el primero 



194 ANALES DE LA 



que haya ensayado con éxito vacunas bacilares en la tuberculo- 
sis; en segundo lugar que la vacuna que ha bautizado honrán- 
dola con su apellido es similar a otras derivadas del mismo ba- 
cilo tuberculoso ; en tercer lugar que la Vacuna Von Ruck tiene 
el mismo origen de bacilos desintegrados que el Dr. Dávila re- 
clama para la que él prepara, y por lo tanto guarda con ella un 
parecido de familia muy fácil de observar. 

Y por último, que lo que más importa a la humanidad do- 
liente es que la vacuna del Dr. Dávila sea mejor que todas las 
otras vacunas y que no tenga el mismo fin que ellas han veni- 
do teniendo, es decir, a ser consideradas muy interesantes desde 
el punto de vista experimental y más o menos ventajosas desde 
el punto de vista mercantil y nada más. 

El Dr. Dávila dijo que no había hecho mención del envío 
de datos sobre la vacuna Von Ruck de parte del Dr. Agramontc, 
porque le pareció poco delicado liacerlo sin su consentimiento y 
además para dejarlo en libertad de acción. 

Que los argumentos empleados por el Dr. Agramonte para 
sostener la identidad de la vacuna Von Ruck con la del Dr. Dá- 
vila no eran convincentes, puesto que él emplea en su x>roducto 
todos los elementos constituyentes del bacilo tuberculoso, mien- 
tras que Von Ruck hace constar que solamente utiliza las subs- 
tancias solubles del mencionado bacilo. El insistir el Dr. Agra- 
monte en que la l)ujía que i)uede hacer filtrar toda substancia que 
haya perdido la forma bacilar, si esto fuera posible, queda des- 
virtuado con la declaración explícita de Von Ruck, que dice 
aprovecha para hacer su vacuna nada más que los principios so- 
lubles, lo que indica que si pasara algo insoluble lo quitaría. 

El que manipula sueros sabe, que para los muy densos, hay 
que emplear bujías más porosas para desvastarlos, se obstruyen 
éstas a cada momento, teniendo necesidad de limpiarlas con fre- 
cuencia para continuar al filtrado. 

Si esto ocurre con los sueros ¿qué sucederá con las albúmi- 
nas y grasas del bacilo tuberculoso ? 

El Sr. Presidente en vista de lo avanzado de la hora sus- 
pende la sesión. 



Nota. — No pudo verificarse la sesión pública del 26 de no- 
viembre por haberse consumido el tiempo reglamentario con la 
sesión de Ggbierno del mismo día. 

El Secretario, 
Dr. J. A. Fernández Benitez. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA lí)5 



EL PRODUCTO FABRICADO POR LOS HERMANOS SILVIO 
Y KARL VON RUCK, CONTRA LA TUBERCULOSIS, 
NO ES IGUAL NI OFRECE NINGÚN PARE- 
CIDO CON LA VACUNA DAVILA. 

POR EL 
DOCTOR JOAQUÍN DAVILA 



(Sesión científica de 12 de noviembre de 1920). 

Señor Presidente, Señores Académicos: 

En la noche del 22 de octubre próximo pasado, 
en esta Academia, después de la lectura de los traba- 
jos sobré la vacuna antituberculosa de mi invención, 
el Dr. Agramonte hizo uso de la palabra para decir, 
que los Sres. Académicos que le habían precedido, 
significaron la conveniencia de nombrar una comisión, 
para que estudiaran los experimentos y trabajos he- 
chos con la vacuna antituberculosa Dávila, lo que a 
juicio de él no era necesario, porque el Dr. Dávila no 
había experimentado una cosa nueva, sino poner en 
práctica lo estudiado y experimentado desde el año 
1912, por los hermanos Silvio y Karl Von Ruck, con 
una vacuna hecha por ellos igual o parecida a la va- 
cuna Dávila. 

En el año 1914, cuando empecé a preparar el pro- 
ducto, mis pretensiones consistían en hacer una vacu- 
na completa, porque entendía, que las tuberculinas no 
llenaban todas las indicaciones terapéuticas que re- 
quería el proceso tuberculoso. 

En todos los tratados de tuberculosis, coiilo de re- 
vistas médicas ,y trabajos presentados en los congre- 
sos médicos, que pude adquirir en aquella época, no 
encontré más literatura, que la que se refería a las 
tuberculinas va conocidas y algunas nuevas, en las 



196 ANALES DE LA 



que sus autores seguían el procedimiento de incluir en 
ellas, las substancias solubles del bacilo tuberculoso, 
no utilizando el resto bacilar, por su difícil incorpo- 
ración y quizás también por su acción necrosante local 
en el sitio de la inoculación. De aquí el juicio formado 
por el Dr. Renón (autoridad indiscutible en estas ma- 
terias) al hablar de las tuberculinas, en sus conferen- 
cias sobre el tratamiento científico y práctico de la tu- 
berculosis, que dice, refiriéndose en general a los auto- 
res de los mencionados productos: "Ninguno emplea 
"la cloroforuTO-bacilina, la etero-l^acilina, ni la bacilo- 
" caseína de Auclair, que han de actuar a la vez sobre 
"los venenos solubles, sobre las toxinas adlierentes v 
"sobre la bacilo-caseina". 

Para que los Sres. Académicos puedan formar 
juicio exaí:to de la diferencia existente, entre la titu- 
lada vacuna Von Ruck v la vacuna Dávila, inserto la 
traducción literal de la técnica usada por los herma- 
nos Yon Ruck, para fal^ricar sus productos, tomada 
del folleto en inglés publicado ]Jor sus autores. 

Vacuna contra la tuberculosis (Von Ruck). 

Es preparada de la coladura de varios virulentos 
tipos de bacilos tuberculosos humanos y bovinos la 
cual después de la extracción de sus lipoides son mo- 
lidas a grado tal que el examen microscópico no 
muestra bacilos ni fragmentos de ácidos grasos. Para 
prevenir el dañar los constituyentes específicos de las 
substancias bacteriales, no se eni'plea calor; tampoco 
son usadas substancias químicas que la pudieran mo- 
dificar y no se permite luz en su manufactura. Ellas 
contienen todas las substancias solubles y los produc- 
tos metaljólicos del bacilo en proporciones definidas. 
Es anfotérico o muy ligeramente alcalino en reacción 
designes de filti*ado en porcelana, es regularizado 
0.5% de substancia orgánica v 0.4% de Trikresol aña- 
dido como para jn-eservativo. 

En reposo prolongado a la temperatura del cuar- 
to se ha observado cambios hidrolíticos, los cuales se 
creen debidos a un fermento específico derivado de la 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 197 

célula bacteriana. En este resj^ecto él parece dife- 
renciarse de otros productos específicos del bacilo tu- 
berculoso. A e^'itar ese cam])io en el producto acaba- 
do para guardarlo largo tiemi^o la preparación de])e 
ser guardada en un lugar frío preferiblemente un re- 
frigerador en el cual se conserva indefinidamente. Se 
envasa en frascos de 3, 5 y 10 c. c. con 3 grados dife- 
rentes de solución, una llamada de fuerza completa, 
otra al 10% y otra al 1%. 

Extracto acuoso de bacilos tuberculosos (Von JRnck). 

E's hecho de bacilos tuberculosos desengrasados, 
de tipo limnano, el cual después de ser pulverizado es 
extraído con agua destilada. Después de la extrac- 
ción de los proteidos solubles, la masa bacilar es últi- 
mamente extractada en agua destilada, la cual es he- 
cha ligeramente alcalina para asegurar la presencia 
de los núcleos albuminatos y como también vestigios 
de lipoides que permanecen en el bacilo después de 
su previa extracción, con alcohol y éter, después de 
completa filtración por porcelana la preparación aca- 
bada es anf otérica o ligeramente alcalina en reacción. 
Ella es regularizada al 1% de extractos bacilares or- 
gánicos. Como preservativos 0.4% Trikresol. 



Con lo expuesto claramente se deduce, que la va- 
cuna contra la tuberculosis, como el extracto acuoso 
de Von Ruck, no tiene ningún parecido con la A^acuna 
Dávila. 

Los hermanos Yon Ruck, en ambas preparacio- 
nes, adoptan el sistema de Koch, introduciéndole al- 
gunas modificaciones; desengrasan los bacilos tuber- 
culosos, utilizando solamente el estroma bacilar, el 
que trituran, añadiéndole un vehículo para solubili- 
zarlo y poderlo filtrar por porcelana. Todas las subs- 
tancias soluldes, incluso los productos metabólicos pa- 
sados por el filtro, son los que constituyen la vacuna 



198 ANALES DE LA 



Von Riick. El resto de la masa bacilar queda dese- 
chada y por consiguiente no incluida. 

La vacuna Dávila, contiene íntegramente emul- 
sionado y concentrado en medio oleoso, la totalidad 
del bacilo tuberculoso desintegrado, más las toxinas 
difusibles, constituyendo un j^roducto completo, no 
tóxico e inalterable en cualquier temperatura am- 
biente. 

Queda pues demostrado, que las tuberculinas de 
los hermanos Silvio y Karl Yon Ruck, así como tam- 
bién el estudio y experimentación de éstos, no tienen 
semejanza ni i3ueden ser comparados, con lo realiza- 
do por el que tiene el honor de dirigirles la jDalabra, 
toda vez, que la vacuna Dávila es completamente dis- 
tinta por su técnica y contenido, a los productos fa- 
bricados por Von Ruck. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 191» 



EXPERIENCIAS QUE SE REALIZAN CON LA VACUNA 
DAVILA NUM. 32, EN ALGUNOS LEPROSOS 
DEL HOSPITAL SAN LÁZARO UBI- 
CADO EN EL RINCÓN 



Caso mlni. 1. 

Gruillermo Bustos, blaneo, de 50 años, natural de 
España, liace veinte años que padece de lepra mixta. 

Comenzó el tratamiento en julio de 1919 con los 
estigmas siguientes: Tabique nasal completamente 
destruido, piel escamosa, paquidérmica y violácea; 
infiltraciones mu}^ iiotables en la cara anterior de los 
muslos y brazos, pérdida completa de la sensibilidad 
en todas las extremidades, con varias úlceras en los 
brazos y antebrazos j trece extensas y profundas, de 
bordes callosos diseminadas en las piernas y pies. 
Los dedos de las manos y i3Íes atrofiados, con úlceras 
localizadas en las articulaciones falangianas. En la 
región glútea varias úlceras extensas. La fotografía 
que se acompaña puede dar mejor idea del estado en 
que se encontraba el enfermo. 

Al mes de tratamiento, las úlceras inician su ci- 
catrización, desprendiéndose espontóneamente de al- 
gunas de ellas los callos que las circundan. 

Al segundo mes cierran dos úlceras en la región 
glútea, dos en la tibia derecha y una en la izquierda, 
empezando el enfermo a sentir el pinchazo de la 
aguja. 

Al tercer mes, desaparecen las llagas de los bra- 
zos y antebrazos y de las trece úlceras que tenía en 
las extremidades inferiores, solamente faltan por ce- 
rrar tres. 

A los seis meses tiene dos úlceras en el pie de- 
recho sin cicatrizar. 

Las crisis de brotes que sufría con frecuencia y 



200 AÑALES DE LA 



que lo dejaban en muy malas condiciones debido al 
estado de debilidad general en que quedaba y a laíj 
muchas úlceras que se le formaban, fueron disminu- 
yendo de intensidad v frecuencia. 

Actualmente las dos úlceras que le quedan tienen 
buen aspecto y van cerrando lentamente. La obstruc- 
ción nasal ha desaparecido, su estado general es ex- 
celente, hace ejercicios sin sufrir cansancio, lo cual 
no ocurría antes del tratiuniento ; en algunas zonas 
ha recuperado la S'ensil)ilidad, la piel en muchos pun- 
tos es flexible y la descamación casi ha desaparecido. 

Este enfermo por su mal estado general y por lo 
avanzado de la enfermedad era considerado corneo uno 
de los casos más graves de la leprosería. 

Se ha puesto 80 vacunas, sin producirle reaccio- 
nes generales. Continúa en tratamiento. 



&' 



Caso nwm. 2. 

Andrés Bouza, blanco, natural de España, edad 
53 años, hace muchos años que ¡Dadece de lepra, ha- 
biendo sido tratado como sifilítico. 

Al empezar el tratamiento en enero 6 de 1920, 
presentaba los estigmas siguientes: Lepra anestési- 
ca o nerviosa ; cuatro úlceras extensas en la parte ex- 
terna del antebrazo izquierdo acompañadas de gran 
infiltración ; los dedos de las manos contraídos, ambas 
pienas elefantiásicas y ulceradas en toda su exten- 
sión acom]3añadas de anestesia completa ; los pies ul- 
cerados y anestésicos. 

Al mes de tratamiento, desaparece el edema de 
las extremidades superiores e inferiores así como 
también las úlceras. 

A los 40 días de haber empezado a inyectarse se 
le presentó una crisis muy aguda de brotes en las ex- 
tremidades superiores, cara y tronco que desapare- 
cen a los quince días. En la actualidad no tiene le- 
sión alguna y hace tiempo que no sufre de brotes; 
manteniéndose fuerte y bien. 

. Se ha puesto 40 vacunas sin producirle reaccio- 
nes locales ni generales. Continúa en tratamiento. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA l'Ol 

Caso núm. 3. 

Atanasio González, de 33 años, natural de Bata- 
banó, liace diez años que padece de lepra mixta. 

Comenzó el tratamiento el 20 de enero de 1920, 
presentando los estigmas siguientes: Ulceración de 
la nasofaríngea con deglución dolorosa, deformación 
de la nariz por la destrucción del tabique nasal, inñl- 
tración rojiza de la cara y adenitis ulcerada en am- 
bos lados del cuello. 

En las extremidades superiores ocho úlceras y 
los dedos de ambas manos todos llagados. Las rodi- 
llas ulceradas así como también los pies y sus fa- 
langes. 

Al mes de tratamiento las heridas supuran abun- 
dantemente V a los tres meses comienzan a cicatrizar- 
se ; haciéndolo en firme algunas de ellas, sobre todo, 
la que está localizada en la mncosa nasofaríngea y 
una de la región tarsiana que hacía siete años que 
estaba abierta. 

En la actualidad todas las úlceras de las extre- 
midades están cerradas, el estado general del enfer- 
mo es excelente, aumentando cinco libras de peso. 

Hasta el presente se ha puesto 36 vacunas, sin 
originarle reacciones locales ni generales. Continúa 
en tratamiento. 

Caso núm. 4. 

Rafael M'uñoz, blanco, de 33 años, natural de la 
Habana, hace 14 años que padece de lepra mixta. 

Al comenzar el tratamiento el 13 de julio de 1920, 
presentaba los estigmas siguientes : M.'uchos tubércu- 
los diseminados por todo el cuerpo, pérdida completa 
de cejas y pestañas, nariz deformada por la pérdida 
del tabique nasal, manos atrofiadas y deformadas en 
parte. Las piernas llagadas e infiltradas y cuatro úl- 
ceras perforantes en la cara plantar de los pies. 

Al mes de tratamiento se nota que la piel adquie- 
re un color más blanco, los tubérculos se aplanan y 
las iik-eras de los pies empiezan a cerrarse. 

En la actualidad y después de tres meses de tra- 



202 ANALES DE LA 



tamiento el estado del paciente es satisfactorio, las 
úlceras de las piernas lian desaparecido y las perfo- 
rantes de las plantas del pie lian quedado muy redu- 
cidas. 



Como podrá apreciar esta ilustre corporación los 
enfermos escogidos para la prueba en la lepra, son 
casos avanzados y muy apropósito para hacer conclu- 
siones muy aproximadas del valor del tratamiento, 
una vez terminadas las experiencias. 

Estos eiif ennos no están sometidos a régin^en die- 
tético especial, toman el alimento que les parece, cui- 
dan de sus llagas a su manera, andan de un lado para 
otro sin preocuparse hacer vida de reposo y la vacu- 
nación se hace con el niini. 32 dos veces por senl^na. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 20)^ 



INFORME SOBRE HONORARIOS 

POR EL 
DOCTOR ALFONSO BETANCOURT 



(Sesión de Gobierno del 26 de noviembre de 1920). 

El Señor Juez Municipal de Santiago de Cuija, 
se dirige a esta Academia, preguntando ''si el bañar a 
un niño acabado de nacer, en un parto normal, y ha- 
cerle a la parturienta tres lavados vaginales teniendo 
que trasladarse desde esta ciudad al poblado del Ca- 
ney, distante dos leguas y con un servicio continuo de 
guaguas, puede valer más de treinta pesos". 

Así, hecha la pregunta escuetamente y sin otros 
antecedentes relacionados con las condiciones en que 
fué prestado el servicio (hora, tiempo invertido, veces 
que tuvo que ir a dicho poblado, etc.) pues no es pro- 
bable que los tres lavados a que se refiere en un parto 
normal, hoy que están en desuso en los partos norma- 
les asépticos, los realizara en el mismo momento y día, 
sino que se trasladara a dicho punto lo menos tres, y 
otras circunstancias que han podido concurrir' y que 
en el informe que se pide, no se expresan, estima el 
ponente que debe informarse categóricamente que el 
servicio prestado en una sola vez a esa distancia bien 
puede valer más de treinta pesos, porque tampoco se 
expresa qué cantidad excedente de los treinta pesos es 
la que se reclama, y en el caso, muy probable de que 
la Comadrona haya tenido que dar más de un viaje al 
Caney, aunc[ue haya establecido servicio de guaguas, 
el servicio prestado puede imiDortar en este caso, mu- 
cho más de los treinta pesos que ella reclama. 

Esta es la opinión que el informante tiene el ho- 
nor de someter a la consideración de esta Academia 
para su discusión o aprobación, según lo estime pro- 
cedente. 

Habana, 19 de noviembre de 1920. 



§04 ANALES DE La' 



Informe medico legal en causa por lesiones 

POR EL 



DOCTOR ARISTIDES AGRAMONTE 



(Sesión del 26 de noviembre de 1920). 

En cumplimiento del decreto y traslado que an- 
teceden, estudiados los do'cumentos que acompañan 
a la solicitud del Juzo'ado de Instrucción de la Sec- 
ción Tercei'a de esta ciudad, obedeciendo al exhorto 
del Juzgado de Camagüey, con fecha 24 de septiem- 
bre del año en cuiso. tengo el honor de informar co- 
mo sigue a los xjarticulares que se solicitan: 

Primero. — "Si el acusado, cuando invectó a la 
lesionada, lo hizo adoptando las precauciones del 
caso ' '. 

En vista de la falta de datos respecto a este ex- 
tremo y que nada con relación al mismo aparece en 
los documentos de testimonio que acompañan a la pe- 
tición del Juzgado, no podemos informar por más que 
para la operación de una inyección intravenosa no 
son necesarias otras precauciones, aparte de las que 
se refieren a las condiciones de receptividad del suje- 
to, que las más elementales de asepsia y antisepsia en 
el campo operatorio y en los instrumentos que se uti- 
lizan al objeto. 

Segundo. — "Si la pérdida de los movimientos del 
brazo que presenta la perjudicada se debe a actos im- 
prudentes del referido acusado". 

Es evidente, por el testimonio de los varios m'é- 
dicos que examinaron a la enferma, que la "pérdida 
de los movimientos" o sea parálisis de cletemiinados 
músculos del brazo obedece a una "neuritis" o sea in- 
flamación de los nervios, de la que ha resultado más o 
menos degeneración permanente de los mismios, cuya 
neuritis fué ocasionada por haberse vaciado el líquido 
arsenical, (neosalvarsan) fuera de la luz de la vena 
que se pretendía inyectar, ]ioniéndose así en contacto 
directo con dichas fibras nerviosas, accidente que sue- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 205 

le ocurrir en la ]3ráctica de esa operación con bastante 
frecuencia, pero que en el caso presente no es posible 
determinar el grado de imprudencia que pueda ha- 
berla acompañado, si la IuiIdo, por no conocer el in- 
foimante otras circunstancias relacionadas con el ac- 
to de la operación. 

Documento.^ que se citan. 

"Causa nini). -155-920. — Camagüey. — Maestri. — 
"Sr. Presidente de la Academia de Ciencias. — 8eñor : 
"En cumplimiento del exhorto del Juzgado de Ins- 
"trucción de Camagüey, librado en la causa número 
"del margen, seguida en aquel Juzgado por el delito 
"de lesiones graves; he dispuesto dirigir a usted la 
presente remitiéndole el adjunto testiironio de va- 
rios particulares deducidos de la causa antes expre- 
"sada, reiuitido por el expresado Juzgado de Cama- 
güey, a fin de que por esa Academia se dictamine si 
el acusado cuando inyectó a la lesionada, lo hizo 
adoptando las piecauciones del caso; y si la perdióla 
"de los movimientos del brazo, que presenta la per- 
"judicada, se debe a acto^ im^irudentes del referido 
"acusado, procediendo a remitir a este Juzgado en su 
"oportunidad el referido infonne". 
Parte inédico. 

El que suscribe doctor en mediciua y cirugía. — 
Certifica : — Que asistí a la señora I... E... B... 
de una neuritis del brazo izquierdo de origen tóxico 
(inyección neo-salvarsan puesta fuera de la vena) 
y que considera necesario su traslado a la ca]iital 
para ser sometido a algún tratamiento de más efica- 
cia.— Y ])ara que así lo haga constar, expido la pre- 
sente en Camagiiev a 24 de mavo de 1920. — Dr. V. . . 
"R.... B...." ■ 

Declaración del testif/o J . . . R . . . ¡j A. . ., "que 
"hace como tres meses, cu.ya fecha fija no recuerda, 
fué llamado por M. . . Z. . ., amigo del declarante, 
a fin de que lo acompañara en su casa, i^orque le iba 
a poner a I.... E.... B.... una inyección de neo-salvar- 
san. V ésta es muv nerviosa, que accedió a ello v 
un día que no recuerda fué a la casa del mismo es- 



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206 ANALES DE LA 



'taiido allí el Dv. P. . . R. . ., doctor que iba a poner 
'la inyección; que el narrante auxilió al médico i^or 
'haberlo solicitado éste, y le ligó el brazo al... por 
'la parte de arriba a indicación del Dr. R. . . que 
'apesar de ello no se manifestó la arteria, y por ese 
'motivo, el Doctor R... le indicó que ligara más 
'abajo del brazo lo que verificó el declarante, viendo 
'el que declara que pretendía poner dicha inyección 
'en la arteria junto a la muñeca, por lo que el que 
'declara, que ha visto en muchas ocasiones a otros 
'médicos poner esta clase de inyecciones le llamó la 
' atención al doctor R . . . diciéndole que esa in3"ección 
'siempre la había visto poner el declarante mucho 
'más arriba del brazo o por donde hace la flexión de] 
'codo y en la parte de adentro, pero como dicho mé- 
'dico le expresó que él la había puesto en ese lugar, 
'el exponente respetando la oi)inión facultativa, no 
'dijo nada más y la inyección fué puesta en aque] 
'lugar, que no presenció nada más, pero si tiene co- 
'nocimiento que la señora B... a consecuencia de 
'aquella inj^ección ha venido padeciendo y aun se en- 
'cuentra enferma, temiendo que pueda perder el 
'brazo". 

Declaración del testigo M. . . Z . . . O . . . ""Que 
'vive en concubinato con la querellante I. . . E. . . 
'B. . ., que con motivo de enfermedades que la mis- 
'ma venía padeciendo tuvo necesidad de requerir los 
'auxilios del doctor P. . . R. . . P. . ., pasando éste a 
'su casa a visitarla el día veinte y cinco, veinte v sie- 
'te y treinta de marzo del corriente año, que la si- 
'guió tratando el siete, ocho y durante estos días hizo 
'análisis de sangre, y dijo que la misma tenía sífilis 
'por lo que el día nueve de marzo, digo, abril le puso 
'una inyección neo-salvarsan, 0.9 sin antes prep*"- 
'rarla; que el día de la inyección se encontraba pre- 
'senté J . . . R . . . , el que auxilió al médico R . . . en 
'dicha operación por habérselo interesado éste que 
'le ordenó que ligara el brazo por arriba, lo que se 
' verificó, pero como no se le destacaba la arteria, en- 
' tonces R . . . le dijo que le ligara el brazo más arriba 
'lo que hizo R ... A ... , destacándosele la arteria jun- 
' to a la muñeca en cuyos momentos R . . . , que conocía 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 207 

algo de esta clase de in.yecciones por haber presen- 
ciado inyectar muclias de éstas, le advirtió al doi-tor 
R . . . que el punto elegido por él, o sea en la muñe- 
ca, no era bueno para ello, y cuyo médico le dijo que 
él le había puesto en otras ocasiones en ese lugar, 
siempre queriendo R . . . que el facultativo desistie- 
ra de inyectarla en aquel lugar, pero como éste in- 
sistió y se trataba de un medico, el narrante creyen- 
do que éste, R . . . , como facultativo sabía lo que ve- 
rificaba no dijo una palabra, poniéndosele la inyec- 
ción en la muñeca, pero tanto a R . . . como al decla- 
rante le extrañó mucho que a medida que se le ponía 
la misma se le formaba un globo en la muñeca a 
I. . . E. . ., cosa que ellos habían visto en otras o<:a- 
siones que no sucedía, ya que esta inyección se pone 
en la A^ena o arteria, explicación que le hiciera R . . . , 
y este le dijo que estaba bien, que en el mismo mo- 
miento de inyectarla I . . . E . . . se sintió muy mal, y 
dijo que el dolor le seguía por el brazo como hasta 
el corazón, por lo que R. . . le dio ima fórmula de 
miorfina y 'cocaína para que le diera cada dos horas 
una cucharada, lo que verificó el declarante, pero 
viendo que seguía mal, fué en busca del médico y 
éste no fué encontrado viéndolo al día siguiente diez, 
y le dijo que eso era nervioso, y le volvió a dar oti'a 
receta de calmante, percipitándole las horas, que 
I. . . siguió n:ial y el brazo inflamado y con dolores 
agudísimos, por lo que recurrió nuevamente en bus- 
ca de R...., pero éste con pretexto se negó a volver a 
su casa, sin darle explicaciones de ello pues hasta 
ese día le ha])ía abonado su trabajo, restándole solo 
la inyección y una visita, que no había cobrado por- 
que no lo había solicitado, y que al poner la inyec- 
ción era solo lo que le debía, ya que el importe de 
ella la pagó el declarante en la botica, que en vista 
de que R.... no quería volver a su casa, acaso por que 
se clió cuenta del mal que había hecho, tuvo necesi- 
dad de buscar otro médico, el doctor J. . . . Y. . . . 
R. . ., quien reconoció al... E. . . B. . . y dijo: 
;, quién ha inyectado a esta mujer?, contestándole el 
dicente que el doctor R . . . , preguntando el doctor 
V. , . R. . . por él, y como no estaba dijo que él era 



208 ANALES DE LA 



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quien debía estar allí, negándose a asistirla, debido 
"al estado en que se encontraba, y no quería echarse 
"responsabilidad, ya que indicó por su proceder, que 
"aquella inyección estaba mal puesta, explicándose 
"el porcjué el doctor R. . . no liabía querido volver a 
"su casa; que también fué vista I. . . E. . . por los 
' ' doctores M . . . E . . . C . . . , J . . . A . . . y la doctora 
"A. . . V. . . y Y. . . R. . . V. . ., quienes dijeron, am- 
biguamente que el doctor R . . . había cometido un 
error y el día en que llegó la doctora A . . . V . . . le 
"indicaron al declarante que el doctor R. . . estaba 
en la esquina próxima a su casa que era el día vein- 
te y siete de abril, y lo hizo llegar a su casa, y pre- 
"guntándole R . . . a la doctora V. . . qué ojDinaba so- 
mbre el caso, contestándole ésta, evasivamente que si 
"él quería que le diera su opinión clara, y como éste 
"le contestara afírmativanlente, la V. . . dijo "que a 
"su criterio estaba mal puesta esa inyección, por no 
"ser el lugar apropiado en el que se había puesto la 
"misma, y ser excesiva la cantidad de líquido que le 
"había puesto y que éste estaba derramado afuera de 
"la arteria principal, cuidado que hay que tener en 
"estas clases de inyecciones, y cosa que conoce un fa- 
"cultativo en el acto de comenzar a poner dicha in- 
yección ; y que debido a ello no había médico que se 
hiciera cargo del caso a no ser A . . . que la trató al- 
go con el fin de aliviarla ; que solicitó del doctor B . . . 
"el certificado que obra en autos, para con él ir a la 
"Habana y no tropezar con dificultades, pero como 
"le fracasaron los negocios que tenía para facilitarse 
el medio de trasladarse, y entendiendo que el ver- 
dadero responsable del hecho era el doctor R . . . de- 
" terminó ponerle la correspondiente querella crimi- 
"nal, habiéndole antes dirigido cartas al doctor R . . . , 
"solicitando de él una reparación en el daño causado 
"por él, ya que no quería seguir asistiendo a la enfér- 
"ma, no contestando nada, llegando hasta pasar por 
la puerta del dicente y llamándole la lesionada sin 
que éste le hiciera caso". 

Informe pericial. — "En la ciudad de Camagüey 
a cinco de junio de mil novecientos veinte, ante el 
"Juzgado comparecieron D. B. . . H. . . R. . ., natu- 






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ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA L'OÍ) 

ral de Caiiiagüey, de estcido casado, de 51 años de 
e'dad, y vecina de la calle del Lugareño número 39, 
y D. V. . . R. . . B. . ., natural de Cárdenas, de es- 
tado casado, de 29 años de edad, y vecino de la ca- 
lle Cisneros número 51, a los que recibió juramiento 
en nombre de Dios y prometiendo proceder l^ien y 
fielmente en su operación, sin proponerse más fin 
que el esclarecimiento del liecho, agregando no es- 
tar com'prendido en lo que preceptúa el artículo 464 
de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, e instruido 
clara y terminantemente del objeto del informe, di- 
jeron que en este acto por orden y a i)resencia del 
Juzgado lian visto y reconocido a la lesionada I. . . 
E. . . B. . . M. . . e informan: que la miisma presen- 
ta una neuritis del brazo izquierdo, que por los an- 
tecedentes dados por la paciente son de origen tó- 
xico y iDroducidos prolílablemente por una sustancia 
arsenical "neo-salvarsan" a consecuencia probable- 
mente del derrame fuera de la vena de una cantidad 
pequeña, de la solución inyectada, esta neuritis tu- 
vo el principio de agudeza que se tradujo por gran 
inñamación del antebrazo, y de la mano, con dolo- 
res bastantes intensos; que con la lentitud que en 
estos casos suelen suceder fué disaninuyeiido la in- 
fl'amación a la vez que el dolor hasta el momento ac- 
tual, en que no liay diferencia de vokmien entre el 
brazo enfermo y el brazo sano ; en que el elemento 
dolor que aun persiste, más bien ]3rovocado que es- 
pontáneo y bastante disminuido; observándose en 
las proximidades del lugar de la puntura reacción 
local con aumento de volumen y algo de fluctuación 
que produce la localización del proceso inicial. Te- 
niendo en cuenta que este accidente es frecuente, que 
en la mayoría de los casos con más o menos intensi- 
dad lleva la evolución que en el del caso actual ha- 
cen presumir de que en un plazo que los peritos no 
pueden precisar llegará a desaparecer el estado 
anormal, digo actual. Que estiman que el trata- 
miento a seguir se puede efectuar en esta localidad, 
aunque uno de los peritos recomendó en época ante- 
'rior su traslado a la capital haciéndole cambiar de 
'opinión la evolución que ha tenido la enfermedad. 



210 ANALES DE LA 



Que en la época actual está en boga el uso de las 
inyecciones intra-venosas que cualquier facultativo 
en el ejercicio de su profesión, se ve obligado a acu- 
dir a dicho procedimiento haciéndose él, ya usual. 
Que con respecto al lugar de la inyección no hay 
región de predilección marcada, que en cada caso 
el facultativo elige la región que más le convenga 
y esto sucede, más frecuentemente en la mujer en 
que por el desarrollo del panículo adiposo, por lo 
poco desarrollad tis de sus venas ya no se acude a la 
flexura del codo, sino que se busca la vena más ase- 
quible, llegándose en estos últimos tiempos a inyec- 
tar intravenosamente en las yugulares ; que al x)oner 
una invección intravenosa v más tratándose de las 
de salvarsan al inicio de la inyección si alguna go- 
ta sale fuera de la vena, el médico tiene que darse 
cuenta, necesariamente, de este frecuente accidente, 
primero, porque a su vista se presenta un aumento 
de volumen en el sitio de la inyección y por otra par- 
te los dolores que la enferma siente son de tal natu- 
raleza que le hacen protestar y llamarle la atención 
al facultativo que inyecta. Por otra parte en venas 
de pequeño calibre y aun enfermos que presentan 
disposiciones valvulares, no frecuentes, hacen qlie 
ya al principio, o que ya después de haber sido pues- 
ta la inyección estravasen conjuntamente con la san- 
gre porciones de líquido inyectado capaces de pro- 
ducir los accidentes, que en el caso actual. Siendo 
el salvarsan v todos sus derivados medicamentos 
neurotrópicos que atacan con predilección el siste- 
ma nervioso y habiendo una susceptibilidad indivi- 
dual a esta acción neurotrópica, explica el cómo 
niaichas veces cantidades imperceptibles, que en un 
caso pasarían desapercibidas en otro producen tras- 
tornos de la intensidad, que como en el caso actual. 
Por todo lo que antecede queda más demostrado la 
imposibilidad de que toda una dosis de neo-salvar- 
san destinada a inyectarse intravenosam^?nte pueda 
inyectarse fuera de la vena, y por últinno en un 
principio, es decir, al inicio del uso ele esta medi- 
cación empezó o se us(') intranniscular, siendo en- 
tonces imiy frecuentes los accidentes aun de m;ayor 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 211 

"intensidad que los del caso actual. Que para inyec- 
''tar el salvarsan los preparativos que se siguen hoy 
'''día son de los más elementales, pues aparte del co- 
"nocimiento del enfermo que supone en el que in- 
''yecta, no queda más que las reglas de asepsia y an- 
"tisépsia, como para cualquiera otra inyección; que 
"los trastornos que presenta esta enferma no deben 
"obedecer a la dosis del medicamento inyectado". 

Informe pericial. — "En la ciudad de Camagüey 
"a diez de agosto de mil novecientos veinte, ante el 
"Juzgado comparecieron los peritos Dr. R. . . F. . . 
"S. . ., natural de la Habana, de estado casado, de 
"57 años de edad, y vecino de la calle de Cisneros nii- 
"mlero 42; y D. B. . . H. . . R. . ., natural de Oama- 
"güey, estado casado, de 51 años de edad, y vecino 
"de la calle de Lugareño número 39, a los que reci- 
"bió juramento en nombre de Dios y prometieron 
"proceder bien j fielmente en su operación sin pro- 
" ponerse más fin que el esclarecimiento de la verdad, 
' ' agregando no estar com])rendidos en lo que precep- 
"túa el artículo 46-1 de la Ley de Enjuiciamiento Cri- 
"minal, e instruidos clara y terminante del objeto de 
"su informe dijeron: que lian visto y reconocido en 
"el local de este Juzgado a la lesionada I. . . E. . . 
" B . . . la cual se encuentra curada de la lesión que 
"sufrió habiendo tardado en sanar sesenta y siete 
"días, los mismos que tuvo de asistencia médica e im- 
"pedida de dedicarse a sus labores; quedándole como 
"consecuencia de la neuritis por el salvarsan produ- 
"eida, una parálisis de los músculos flexores de la 
"mano que hace predominar la acción de los exten- 
sores colocando la mano en esta posición sin permi- 
tirle la flexión de los dedos, y estiman los peritos 
que esta lesión puede ser definitiva, pero' aun, da 
"algunas esperanzas de mejoría, que pueden esperar- 
"se en el tiempo y un tratamiento bien dirigido con 
"todos los elementos necesarios del caso, electricidad, 
"masaje, etc., etc.; quedando actualmente imposibi- 
" litada para dedicarse a su trabajo habitual, cuya im- 
"posibilidad se convertirá en permanente sino tiene 
"la curación en el tiempo antes expresado. Con lo 
"que se da por terminado el preseíite informe". 



n 



212 ANALES DE LA 



INFORME SOBRE HONORARIOS 

POR EL 
DOCTOR LUIS F. RODRÍGUEZ MOLINA 



(Sesión de GolJierno de 26 de noviembre de 1920). 

La Secretaría de Justicia en comimicación de 
fecha 10 de iiOYiembre corriente se dirije a esta cor- 
poración acompañando el informe emitido por los 
Dres. Arístides Mestre, Francisco Arango y de la 
Lnz y Antonio Yaldés Dapena, sobre el estado de sa- 
lud del Sr. Miguel Betancourt y Dávalos, Secretario 
del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de 
Alacranes, al cual se le lia formado expediente de 
jubilación. 

Los Dres. Mestre, Arango y Valdés Dapena, des- 
pués de haber examinado cuidadosamente al Sr. Be- 
tancourt y Dávalos, de haber toma'do cuantos ante- 
cedentes cre.yeron oportuno y de haberse constituido 
en el domicilio del antes dicíio Sr. Betancourt, hasta 
comprobar las condiciones psicopáticas, derivadas 
del nial epiléptico, crónico e incurable que padece des- 
de su infancia el sujeto, y de haber practicado cuan- 
tas pruebas cre^^eron pertinentes, llegan a las siguien- 
tes conclusiones: Primera: Que el Sr. Miguel Betan- 
court y Dávalos padece de epilepsia. Segunda : Que 
por dicho padecimiento está impedido psíquican^en- 
te para ejercer cargos públicos. 

IjOS Dres. Arístides Mestre, Francisco Arango y 
de la Luz y Antonio Valdés Dapena reclaman de la 
Secretaría de Justicia la cantidad de $150.00 i)ara ca- 
da uno en concepto de honorarios por el ante dicho 
infoiine, y la Secretaría de Justicia a su vez se diri- 
je a esta Academia, en consulta acerca de si estiiiíii 
equitativos o no los su})radichos honorarios. 

Cree,, el ponente que suscribe, después de haber 
estudiado detenidamente esta cuestión : Que son equi- 
tativos los honorarios que reclaman de la Secretaría 
de Justicia los Dres. Mestre, Arango y de la Luz y 
Valdés Dapena. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 213 



INFORME SOBRE LOS MÉRITOS DEL PROFESOR ALFREDO 
DA MATTA. DE MAMAOS, BRASIL, PARA OPTAR 
AL PUESTO DE MIEMBRO CORRES- 
PONSAL DE ESTA ACADEMIA 

POR LOS DOCTORES 
MANUEL RUIZ CASABO Y JUAN SANTOS FERNANDEZ 



(Sesión de 26 de noviembre de 1920). 

Desde la lejana y selvática región del Amazo- 
nas, y dé la progresista ciudad de Manaos, nos viene 
como un eco, convertido en realidad, una interesan- 
te contribución, " Coecidiodeosis. — N¡ota sobre Fito- 
parasitología Míédica" del Dr. Alfredo da M'atta, des- 
tinada a llenar un requisito de nuestro reglamento 
vigente para optar al título de Socio Corresponsal de 
esta Academia. 

El Dr. Alfredo da Matta es Presidente de la 
Asamblea Legislativa del Estado y Profesor de Hi- 
giene de Manaos. Es una de las intelectualidades bra- 
sileñas c[ue lia logrado con esfuerzos inauditos, mejo- 
rar las condiciones sanitarias de la extensa y fértil re- 
gión del Amazonas, desde el elevado cargo que ocu- 
pa, estableciendo verdaderas cruzadas contra la tu- 
berculosis, viruela, uncinaria y paludismo, v comio 
Profesor, lia convertido su Cátedra en un A^erdadero 
santuario de inspiración científica. 

Sus grandes dotes de organización, saber y eru- 
dición le permitieron ser designado Director Gene-, 
ral de Salubridad del Estado, puesto que ha desem- 
peñado con efectiva competencia. 'Sus esfuerzos no 
se reducen solamente al aiiclio campo de la Higiene ; 
sus estudios sobre Parasitología son muy celebrados, 
y en el Boletín de Patología Exótica de París apare- 
cen muchas de sus muy interesantes contribuciones. 

En la actualidad es Pi^esidente de la Sociedad 



t 

214 • ANALES DE LA 

\ 



de Medicina y Cirugía del Amazonas, Miembro del 
Instituto Pasteur de Manaos, y de otras soeieda'ic':^ 
científicas nacionales y extranjeras. 

Como periodista médico tiene una carrera bri- 
llante y laboriosa, siendo un ferviente defensor y ¡pro- 
pagador de las ideas de Americanismo Científico y su 
revista Amazonas Medico, que tan acertadamente di- 
rige, es un fiel exi>onente de observaciones clínicas y 
de laboratorio sobre Patología Tropical que demiies- 
tran su sólida cultura científica. 

A continuación exponemos algunos de sus inte- 
resantes trabajos. 

Paludismo, varióla v tuberculosis en Manaos. 
Rev. Mecí de Sao Paulo, 1908. 

La fiebre biliosa hemolobinúrica en Amazonas, 
1913. 

Geografía y Topografía Médica de Manaos. Es- 
tudio presentado al Consejo Municipal úe la ciudad, 
acompañado de planos y mapas topográficos, 1916. 

Trichosephalus Trichurus, Lin. a Manaos. Ana- 
Jes de Zoología Aplicada, Santiago de Chile, 1914. 

Diagnóstico diferencial del Granulomíi venéreo 
y su tratamíiento, Gaceta Médica de Cacaras, 1914. 

Patología Tropical; Higiene. Brazil Médico, 
1915. 

Tabla Sinóptica de la clasificación de las Leisli- 
maniosis. BíúI. de la Societé de Pafologie Eorófique, 
París, 1916. 

'Sur les Leislmianioses tegumentaires. Soc. Path. 
Exot. París, 1916. 

Form-as clínicas de la granulomatosis. Amíiz, 
Méd. 1919. 

Sobre la Espiroquetosis hépato-renal y su trata- 
miento. Bol. de Pat. Ex. París, 1919. 

Consideraciones sobre la entero-trichocefalosis y 
la tricliocefalosis apen'dicular. París, 1917. 

La treponemosis de Castellani (Boubas) y su tra- 
tamiento X3or el emético y los arsenicales. Bol. de Pa- 
tología Exótica. París, 1917. 

Anquilostomiasis en Manaos, Comunicación a] 
Congreso de Medicina y Cirugía. 1908. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 215 



El Colargol en la disentería infantil. Aniaz. Méd. 
1909. 

Leisinnaniosis Tropical en Amazonas. JRev. \Méd. 
de Sao Paulo. 1910. 

Flora Médica Brasilense. Manaos, 1912. 

En la Crónica Médico Quirúrgica, año XLVI, 
núm. 5, aparece un resumen bibliográfico de los tra- 
bajos principales del Profesor da Matta, que creemos 
inoportuno reproducir. 

E)s de todos conocido el progreso y adelanto cien- 
tífico brasileño, que sé ha hecho sentir ca'da vez más, 
y que comienzaron con los notables estudios del malo- 
grado Os^raldo Cruz y ha continuado con una pléyade 
de ilustres hombres de ciencias que han colocado muy 
en alto el concepto científico actual de la más flore- 
ciente República del Sur. Testigos hemos sido en 
nuestra larga vida de Congresos y Academias del des- 
arrollo que ha adquirido el Brasil y de las aptitudes 
de competencia, y organización que han adornado a 
muchos de sus preclaros hijos, y ante la solicitud ex- 
presa de uno de sus intelectuaíes, cuyos méritos he- 
mos bosquejado a grandes rasgos y cuyo informe pre- 
sentamos a la consideración de esta docta corpora- 
ción, por los miotivos expresados, es merecedor de su 
justa aspiración como Socio Corresponsal de esta 
Academia. 



21 (i ANALES DE LA 



COCCIDEODEOSIS 



NOTA SOBRE FITOPARASITOLOGIA MEDICA 

POR EL PROFESOR 

DR. ALFREDO DA MATTa/^^ 

DE MANAOS, Brasil 



Comunicación presentada a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y 

Naturales de la Habana, para optar al título de Miembro 

Corresponsal de la misma. 



De Beurmami y Goiigerot (1) llamaron Exas- 
cosis al antiguo grupo de las Blastomieosis, resumien- 
do esta denominación : las Sacaromicosis (Micosis de 
Busse-Buschke ; las Parasacaromicosis ; las Endomi- 
cosis y finalmente las Parendomicosis). 

En este grupo están esbozados títulos de gran im- 
portancia clínica, que son los responsables, los verda- 
deros agentes etiológicos de ese extenso grupo de 
afecciones que constituyen lo que pudiéramos llamar 
propiamente : Fitoparasitología Médica. 

Muchos puntos permanecen aún oscuros, otros 
dudosos y algunos necesitan retoques y modificacio- 
nes para evitar errores y confusiones en el campo de 
la parasitología propiamente dicha y no de la clínica. 

Así la observación que más adelante transcribo 
forma parte del grnpo citado de las Zimonematosis. 

^ Habrá razón para que este término siga usán- 
dose corrientemiente en Dermatología? 

Nb. En los siguientes párrafos daremos una ex- 
plicación a este respecto. 



(1) Miembro de la Academia de Medicina de Río Janeiro; Profesor 
de la Universidad, y Médico de los Hospitales de Maiiaos. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 217 

La palabra Blastómicos es un término genérico 
que ha sido creado para designar diversas modalida- 
des micopatogénicas y su aplicación va restringién- 
dose cada día más, especialmente en el Brasil y en 
los Estados Unidos de América. 

Estas enfermedades existen en nuestro continen- 
te con relativa verdadera frecuencia y lia sido objeto 
de importantes trabajos desde el punto de vista I3Í0- 
lógico, experimental y clínico. 

Eisto queda confirmado con los notables estudios 
de Posadas y AVernicke en la Argentina ; de Rixf ord, 
Gilchrist, Montgomery, Moffit, Opliuls y otros, en los 
E'stados Unidos; de Lutz, Vianna, Pereira, Herber- 
f eld, Lord, Carini, Magalliaes, da Matta, Pedroso, Te- 
rra, Rabello y otros en el Brasil; de Sanjínez, Mora- 
les y Sagarnaga en Bolivia ; de Escomel en el Perú ; 
y otras mhclias contribuciones que no son m'enester 
citar. 

El primer caso descrito en el Brasil se debe a 
Lutz en 1908 (2). En 1911 M. Pereira y G. Vianna 
(3) publicaron un caso muy interesante de piolie- 
míia blastomicósica, localizado principalmente en la 
cara y en el cráneo, con adherencias, teniendo la en- 
fermedad una rápida y sorprendente marcha, y cua- 
tro meses más tarde terminó fatalmente. 

Con posterioridad (1914) O. Vianna (4) publi- 
có una observación de micosis del apéndice, por vez 
primera en el Brasil, condensando en una monografía 
las observaciones clínicas de Lutz, Rabello, 'Splendo- 
re, Terra, Carini, Pedroso, Goes, Machado, Goes (hi- 
jo) y Cruz, sirviéndole de base para tan curiosa ob- 
servación un caso clínico del Profesor Terra v Ra- 
bello (1913). 

En su primer estudio, Pereira y Vianna consi- 
deraron las micosis desde el pimto de vista clínico, 
anatomb patológico y experimental. Citaron los tra- 
bajos de Wernicke, Gilchrist, Rixf ord, Stokes y otros 
dándole su debido valor y procurando reivindicar pa- 
ra Posadas- Wernicke el noml^re de la enfermedad. 
Discutió además el término inadecuado de Blastomi- 
cosis 5^ finalmente expuso las conclusiones de su ob- 
servación. 



ais ANALES DE LA 



En los Estados Unidos la iniciativa en estos es- 
tudio'S se debe a Gilchrist v con Rixford v Torne 
{Occidental Medical Times) qne crearon dos nuevas 
especies Coccidioides Imnitis y C. Pyogenus, que la 
clasificaron entre los protozoarios por los caracteres 
que iDresentaban. Algunos autores como Hecton no 
aceptan aún esta opinión, y las colocan en el grupo 
de los gérmenes de naturaleza fitoparasitológica, pero 
lo cierto es que se trata de un microorganismo perju- 
dicial a la vida del hombre y probal^iemente común a 
ciertos animales. 

Las úlceras que se observan en América por los 
caracteres 'de gravedad que presentan su sorprenden- 
te polimorfismo, su durí^ción a tratamiento alguno, 
merecen del médico en general j en particular del es- 
pecialista una esmerada observación. 

Trataremos aquí solamente de las llamadas Zi- 
monematosis, o Blastomicosis, en todas sus modalida- 
des, cuyo diagnóstico dínico puede presentar serias 
dificultades en medicina práctica. 

No contamos con estadísticas sobre los grandes 
perjuicios que ocasionan estas enfermedades, pero los 
estudios realizados por niédicos americanos, han pro- 
bado los grandes estragos causados por las micosis, 
destruyendo muchas vidas e inutilizando al organis- 
mo para el trabajo. La existencia de estas afecciones 
en muchos países, demuestra su gran distribución geo- 
gráfica ; así ai3arece en ciertas regiones del Brasil, Pa- 
raguay, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colom- 
bia, Venezuela y las Guayanas, que evidencian de una 
manera precisa su considerable propagación en Suld- 
américa, donde revisten las más diversas formas, apa- 
reciendo a veces con denominaciones de las más dis- 
paratadas. No podemos, por falta de datos bibliográ- 
ficos dar infoiines sobre las micosis en la América 
Central y las Antillas, pero estamos convencidos de 
su existencia en esos países. 

En la literatura médica norteamericana, pode- 
mos citar numerosos casos descritos, como la curiosa 
observación de cuarenta casos de micosis en el valle 
de San Joaquín en California. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 21!» 

Es nuestro propósito evidenciar la notable y ex- 
tensa distribución geográfica de las Coecideodeosis, 
que fué descrita por vez primera en Buenos Aires ha- 
ce unos veinte 3^ ocho años por Posadas-Wernicke, y 
considerada por estos autores como Psorospermosis 
Infectante Generalizada (1900), siendo su agente 
etiológico un parásito encapsulado, que se mnltiplica- 
ba por esporulación, de formación endógena. 

Sobre la descripción del caso de Posa'das dice 
Brumpt (5) que es "une etude anatom/e-j^athologique 
et experiméntale tres comx3lete". 

Opliuls y Moffit que describieron un caso en los 
Estados Unidos, obtuvieron inoculaciones con resul- 
tados positivos experimentando con animales. Más 
tarde, los propios Rixford y Gilchrist llegaron a la 
conclusión que los dos gérmenes descritos primera- 
mente por ellos con los nombres de Coccidioides Im- 
mitis, y C. Pyogenus, constituían una especie única, 
y que la abundancia de pus dependía de la virulencia 
y marcha de la enfeiinedad. 

Otros autores atribuyeron estas afecciones a 
otros parásitos, y posteriores estudios indicaron la 
identidad del C. Immitis y el C. Pyogenus. Aprove- 
chamos este miomento propicio para rectificar nues- 
tra opinión exteriorizada en un trabajo (6) sobre es- 
te gerni'en cuya sinonimia a continuación transcribi- 
mos, para evitar confusiones, ya que se han esclare- 
cido los pimtos oscuros que existían sobre esta cues- 
tión. 

Coccidioides pyogenus, 
Rixford y Gilchrist 
(1896). 
Posadasia espheriforme 
Coccidioides Immitis 1 Cantón (1898). 
Gilchrist V Rixford { Oidium coccidioides 
("1896) - 1 Ophuls (1905). 

Oidimn protozoides 

Ophuls (1905). 
Oidium immitis 
Verdun (1907). 



220 ANALES DE LA 



Seguramente estarán comjprendidos en este gru- 
po ele sinonimias, los géneros creados por Splendore : 
Micoderma hrasilense y Zimonema hrasílense, Sn. 
Paulo (1912). 

El nombre de estos hongos probablemente podrá 
despertar alguna confusión debido 'a la semejanza de 
los vocablos coccida y coccidiivm. Los coccidos son te- 
lespóridos, de la clase de los esporozoarios. La pala- 
bra tiene su origen griego que significa en portugués 
y español, grámdo, de donde coccidiosis, las enferme- 
dades causadas por estos animales. 

Los trabajos de Dobbel esclarecen bastante este 
asunto, máxime cuando se trate de denominaciones 
como granuloma coccidióico, para algunos casos de- 
bidos al hongo Coccidioides immitis; no estando por 
tanto justificadas las objecciones hechas por Buschke 
sobre este particular. Tampoco puede suscitar error 
alguno con el vocablo coccida, género común e impor- 
tante de parasitología agrícola, y son por tanto tres 
géneros completamente distintos entre sí, sin haber 
motivos para que perduren semejantes confusiones. 

El género coccidioides con su única esiDecie im- 
mitis, es el agente causal y etiológico de esta dolen- 
cia, que se puede presentar con modalidades clínicas 
muy diversas. 

Así la infección puede limitarse a los tegumentos, 
con sus tipos bien descritos en clínica dermatológica : 
el ti]>o papilomatoso, llamado también verrucoso, o 
gomoso, y el pápulo ulceroso, (infiltración suj^ei^- 
cial de Buschke Shepard, o exulcerativo de P. S. Ma- 
galhaes). 

Raras veces acontece, cpie las manifestaciones 
tratadas por medicamentos adecuados se detienen en 
su progreso, y se logra la mejoría por las defensas del 
propio organismo; otras se generalizan, invaden ór- 
ganos y visceras, se j)resentan bajo la fonna de vio- 
lentas infecciones de pronóstico fatal, como en nmi- 
chos casos descritos en la literatura norteamericana 
y brasilera. 

La siguiente observación propia f[ue presento, 
juzgo que despei'tará algún interés. 

Hoja Qlínica. — J. S. F., natural del Brasil, sol- 



COCCIDIOIDEOSE 



1¡ 




á 



Fig. 1. Antes del tratamiento 




Fig. 2. Después del tratamiento 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 221 

tero, de 50 años 'de edad, agricultor de Jiiruá, Efetado 
de Amazonas. Ingresó en la Enfermería de Cirugía 
del Hospital de la Misericordia de Manaos, el 15 de 
febrero de 1918, permaneciendo sin diagnóstico pre- 
ciso hasta el 17 de abril del mismo año. Solicitados 
mi'S servicios por el médico de asistencia, interrogué 
al enf enno, siendo informado, que dedicado a las fae- 
nas agrícolas del Hevea Brasilensis, padecía bacía 
cinco años de este mal, que él consideral^a como incu- 
rable. Refiere como le aparecieron unos tumores por 
el cuerpo, algunos con supuración, más numerosos en 
el cuello, en la cara y en el tronco, de los más varia- 
dos tamaños, unos del volumen de un grano de arroz, 
y otros del tamaño de un Imevo de gallina. 

Hizo uso de diversos medicamentos, sin obtener 
mejoría. Presentaba: fielDre, cefalalgia persistente, 
dolores ósteo-articulares, más o menos exacerbados. 
Hacía como tres años que comenzó a notar pequeñas 
escoiiaciones en los labios v en la boca, muv doloro- 
sas, con inflamación, y que fueron propagándose a la 
garganta con abundante ptialismo, tos y alguna ex- 
pectoración, acompañados de dolores en el j^eclio, y 
por cuyos motivos liace catorce meses que no trabaja. 
En estas condiciones con la palaljra casi ininteligible, 
sin poder deglutir, por los muchos dolores que le pro- 
ducían las ulceraciones de la lengua en c-asi todo su 
borde derecho, tomó su ingreso en el hospital. 

El labio inferior esta])a bastante ulcerado, prin- 
cipahnente en la comisura derecha, donde el proceso 
se extendía hacia el labio superior (Fig. 1), las fosas 
nasales y el septum, estas últimas con menor inten- 
sidad. 

La cara con excepción de las regiones frontales, 
superciliares y zigom^áticas esta})a sembrada de pe- 
queños 2)apilomas lutáneos, sin adherencias, del ta- 
maño de un grano de arroz, que son los llamados mi- 
croabscesos blastomicósicos. Eran de un color amari- 
llo sucio, supurando más o menos abundantemente, 
estando los más voluminosos iniplantados en el borde 
íinterior del músculo esterno-cleido-mastoideo iz- 
quierdo, muy dolorosos a la presión, del tamaño de 
una nuez, y sin adlierencias ni supuración. Observa- 



222 ANALES DE LA 



nios otros menores en tamaño en las regiones supra- 
hioidea, próximas a la nnez o bocado de Adán, y en 
las regiones supra e infra claviculares izquieitlas, y 
el pus de este último nodulo se escapaba en gran can- 
tidad, detalles todos que liemos descrito y cpie pue- 
den observarse en la Fig. 1. 

Con precaución y niuclia dificultad, procedimios 
al examen de la cavidad oral, que desprendía un re- 
pugnante y fétido olor. La mucosa bucal del lado de- 
recho estaba sometida a un violento proceso inflama- 
torio con aljundante secreción de pus y serosidad, 
surcado de escoriaciones lineares que llegaban al fon- 
do de la cavidad .v se prolongaban a los pilares, velo 
del paladar y bóveda palatina, tomando el aspecto ca- 
prichoso descrito por E'scomel (7) con el nombre de 
cruz palatina. La úvula estaba aumentada de volu- 
men y revestida de serosidad, así como los pilares y 
la faringe. 

Los puntos recién ulcerados presentaban infiltra- 
ción en la base y próximos a los repliegues de los la- 
bios y encías, abundante secreción de un líquido vis- 
coso y fétido. 

Al realizar el examen de los pulmones, pu'dimos 
apreciar a la auscultación la inspiración entrecortada 
y deficiente, algunos estertores crepitantes y subcre- 
pitantes en el puhnón derecho, y en el borde espinal 
del omóplato correspondiente a la base, una niatidez 
marcada. 

Los esputos tenían una consistencia gelatinosa y 
viscosa que le hacían adherirse a las paredes del vaso. 

El corazón estaba normal. El hígado congestio- 
nado y aumentado de volumen. Examinados los lin- 
fático'S se podía apreciar una reacción general gaii- 
giionar, principalmente en las regiones afectadas por 
el proceso. 

Ante este cuadro morboso, no vacilamos en hacer 
un diagnóstico de micosis, confirmando mi aserción 
más tarde, al encontrar en el examen microscópico, 
el clásico germen de Posadas-Wernicke, que corres- 
pondía a la forma clínica llamada por los norteame- 
ricanos: Infección Coccidioica o Granuloma de 
O'phuls. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 223 

Consideramos como grave el pronóstico, como 
ocurre en todas las formas producidas por el cocci- 
dioides inimitis, particularmente cuando la cavidad 
bucal está afectada, el curso de la enf erméda'd, su for- 
ma clínica cutáneo-mucosa y probable inicio de lesio- 
nes viscerales, como lo probaban las alteraciones en- 
contradas en el pulmón derecho, consecuencia de la 
ingestión y propagación de serosidad y pus tan abun- 
dante en estas lesiones coccidioicas de la boca, en un 
individuo que desconocía los más ligeros rudimentos 
de higiene bucal. 

Por no haber sido posible el examen y siembra 
del esj^uto no pudimos evidenciar con certeza que los 
pulmones estuviesen inva¡didos, pero no obstante cree- 
mos oportuno señalar las lesiones encontradas en el 
pulmón a la percusión y auscultación. 

El tratamiento por el yodo ha sido muy usado en 
semejantes casos. De facto, el ion yodo es un medica- 
mento específico, casi heroico, siempre que se emplee 
de modo racional y sistemático, por sus propiedades 
microhicidas, antiparasíticas, y antitóxicas; por ser 
un poderoso estimulante del sistema glandular, inclu- 
yendo las endocrínicas ; por activar eficazmente la leu- 
cocitosis, y por último por ser un precioso desinfec- 
tante de fácil e inofensiva aplicación en numerosos 
casos de medicina práctica. 

Por estos motivos hemos empleado las inyeccio- 
nes intravenosas de yoduro de sodio (8), desde el 
año de 1915, con sorprendentes resultados en pacien- 
tes con hubón o adenitis tropical, y afecciones seme- 
jantes al presente caso. 

Sin demora alguna comenzamos el tratamiento, 
inyectando por vía endovenosa de dos o cuatro centí- 
metros cúbicos de una solución al 10 por ciento de 
yoduro de sodio, repetidas de dos en dos días, em- 
pleando la misma solución de inyecciones insterticia- 
les en los lugares de las lesiones, según recomienda 
el Profesor P. S. Magalhaes de Río Janeiro (9). 

Procedimos a la 'desinfección de la boca y farin- 
ge, usando como antiséptico las aplicaciones de yodo 
en estado naciente que tan buenos resultados da en 
otras enfermedades de la boca y garganta, y más in- 



224 ANALES DE LA 



clicado aún eii el presente caso, de la manera siguien- 
te : alternar los gargarismos de 3^oduro de potasio al 
1X30, seguidos de otros con agua oxigenada de 12 vo- 
lúm'enes. En las fosas nasales se siguió el mismo pro- 
cedimiento. 

Para completar el tratamiento, se le indicó al en- 
f ei*mo las inyecciones de arrenal como estimulante ge- 
neral, y luego las de eacodilato de sosa. 

Algún tienípo después 'de instituido el tratamien- 
to observamos que los micropapilomas de la cara y 
los nodulos o gomas de las regiones supraliióidea, y 
supraclavicular fueron lentamente reabsorbiéndose, y 
los de la región anterior -del esterno-cleido-mastoideo 
e infraclavicular cesaron de supurar y cicatrizaron 
completamente. I^a tos, expectoración, y respiración 
se normalizaron y el enfernío fué dado de alta el 18 
de agosto como aparece en la figura núm. 2. 

Un punto que dehe tomarse en consideración en 
este importante caso clínico que acabamos de relatar 
es que las lesiones de las mucosas fueron las últimas 
en cicatrizar. 

Una vez más ha quedado demostrado el admira- 
ble resultado terapéutico conseguido por el tratamien- 
to de las micosis con las inyecciones intravenosas e 
instersticiales del yoduro de sodio que realizan verda- 
deras sorpresas en estas afecciones tropicales tan co- 
munes en nuestro país (Brasil). 



¿Ctiál es el nombre nicís racional y científico de 
esta enfermedad f 

De Beurmann y Gougerot la llamaron zimone- 
matosis, ante la necesidad de emplear un término en 
Dermatología, en torno del cual gravitasen lavs de- 
nominaciones dadas a las blastomicosis ; y tenían so- 
brada razón para ello, por no haber sido entonces 
aceptada de una manera tácita y concluyente, las pes- 
quisas de Gilchrist y Rixford, confirmadas por mu- 
chos autores. 

Es ese el motivo de por qué existen tantos nom- 
bres asignados a esta dolencia o enfermedad, tales co- 
mo Dolencia de Posadas-Wernicke, Blastomicosis 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 22c 



AmeriesLiiix de Gilclirist, Oidioiiiieosis Aiiiei'icaiia. 
Chicago Disease, Protozoic Disease, Dermatitis por 
Blastomicetos de Bruiiipt, Dermatitis Protozóica, 
Dolencia de California, Dermatitis Blastomicétiea, 
Granuloma Coccidioides (10), atribuida a Ophüls, 
Posadasia coccidioiea (A. da Matta), Granuloma 
Ganglionar ^laligno (Herberfeld) y Zimonematosis. 

Alex Pedroso en su notable monografía, declara 
(11) que el nombre de ''Coccidioidal Granuloma", 
fué usado por primera vez por Opliüls, según sugirió 
Cabot y hoy es el generalmente usado, siendo el que 
debemos emiplear ])ara su designaci(3u, pero no nos 
parece acertada esta denominación. 

El vocablo Coccidioidal no se deri\a y ni siquiera 
se relaciona con la palabra Coccidioides, que indica 
y sugiere desde luego una particular modalidad clí- 
nica de ciei'ta enfermedad. 

Coccidioides, acarrea ma\'or confusión poi- deri- 
varse de Coccida, géiiero que no tiene ]*elación alguna 
con el presente trabajo. Transcribimos aquí las fra- 
ses de Beurmann y Gougerot, por ser oportunas y 
apropiadas.... "le seul moyen de mettre la lumiére et 
de la logique dans ce suj'et est d'adopter la classifica- 
tion des núcoses par maladies, chaqué nlaladie étant 
definie par son genne speciñque et comprennant tou- 
tes les íésions causees par le inéme parasite" (12). 

De acuerdo con las ideas de Beurmann y Gou- 
gerot, el vocablo Coccidiodeosis, sugerido también ])()r 
el Profesor Magalhaes, debe ser en imestra opinión 
el corrientemente adoptado y usado. 

Coccidiodeosis es el término que impresiona bieu 
al profesional, indicando la etiología y patogenia de 
la enfennedad descubierta poj- Posadas-Wernicke, 
producida por un ñtoparásito u liongo, Coccidioides 
imniitis de Gilchrist y Pixford. 

Manaos, Brasil, 1920. 

(Traducción del Di . J. E. López-SiJcero.) 



226 ANALES DE LA 

Beferencids. 

(1) De Beurmann et Gougerot, Bull. et Mem. 
des Hop. 1909. 

De Beurmann et Gougerot, Tril). Med., París, 
1909. 

(2) Liitz. Brasil Med. iiúmis. IB y 14, Río de 
Janeiro, 1908. 

(3) M. Per eirá y G. Vianna, A propósito de lui 
caso de Blastomicosis liimiana Arcli. Brasileiros de 
Medicina, 1911, Río de Janeiro. 

(4) G. Yianna, Doenca de Posadas- Wernieke. 
ñas lesoes apendiculares (1914). 

(5) Brumpt. Precis de Parasitologíe, 2 ed. Pa- 
rís, 1913. 

(6) A. da Matta, Posa'dasia (^occidioica (Blas- 
tomicose) Revista de la UniYersidad de Córdoba, Re- 
pública Argentina, núnis. 3-4, 1919. 

(7) Edmundo Escome], La Blastomicosis en 
Ajnérica, Perú, 1917. 

(8) A. da Matta, Brasil Médico, núni. 43, 1915. 
A. da Matta, Semana Médica, núm. 2, 1916. 

^1. da Matta. Graceta Med. de Caracas, Venezuela, 
núm. 14, 1916. 

A. da Matta, Revista Valisoletana de Especiali- 
dades, España, núm. 2, 1916. 

(9) P. S. MagaJhaes, Anales de Policlínica (Ge- 
neral, nimi. 3, Río de Janeiro, 1917. 

(10) Castellaiii & Chahners, Manual ()f Tropi- 
cal Me'dicine, pág. 474, London, 1919. 

(11) Alex. Pedroso. Consideraciones sobre la 
Coccidioides immitis, Annaes Paulistas de Medicina 
e Cirurgía, Sao Paulo, núm. 9, 1919. 

(12) De Beurmann et Gouf/erot. Les Nouvelles 
Micosis, pág. 165, Parí^. 



ACADEMIA Df¡ CIENCIAS DE LA HABANA 227 



INFORME SOBRE EL Dr. ESCOMEL 



POR LOS DOCTORES 



CARLOS DE LA TORRE Y FELIPE GARCÍA CAÑIZARES 



(Sesión del 26 de noviembre de 1920). 



I. US Acadéimeos que yuscriheii, tienen el lionor 
de proponer a la Academia, como Socio Cofrespousal , 
al Profesor Dr. Edmundo Etecoinel, del Perú. 

En Secretaría liay 3^a una mnn,erosa lista 1)1- 
l)liogr¿ífica que justifica el renombre científico de que 
goza — dentro y fuera de la América^el Dr. Escome!. 
Es jVJiembro Honorario de la Academia de Medicina 
de Río de Janeiro v actual Profesor de Bacteriología 
en la Facultad de Medicina de Lima. 

El Dr. Escome! ha remitido, además, para esta 
Academia, (cmnpliendo el requisito reglamentario) 
un tva])ajo inédito titulado "Medicina, Cirugía y Ar- 
le de los antiguos peruanos". 



238 ANALES DE LA 



MEDICINA, cirugía Y ARTE DE LOS ANTIGUOS PERUANOS 

POR EL 

Dr. Edmundo Escomel y Herve 



Trabajo oi opción al títala de Acadéwira 
('orrespotísaí. 



(Sesión del 26 de noviembre de 1920). 

fjfi Uta !j ¡a Espundia en el Arle Peruano 

Prehistórico. 

El arte tan ingeniosaineiite desaiTolladu y cuJ- 
tivado entre los peruanos anteriores a la conquista 
española, no solo ha comprendido motivos de belleza, 
si que también temas médicos que han originado con- 
troversias que aun subsisten para algunos en tanto 
que otros creen haber hallado ya la solución de las in- 
cógnitas (juc ellos encarnan. 

Por l(^s documentos que representan los huacos 
hallados en las tumbas incanas, algunos han deducido 
la existencia de una penalidad impuesta en determi- 
nadas condiciones, consistente en la amputación del 
labio superior; quienes lian Adsto en dicha mutilación 
lesiones sifilíticas y quienes, entre los cuales nos con- 
tamos nosotros, creemos que han sido llevados a la in- 
mortalidad ])or medio d(^ la alfarería ])rehistórica. 
las lesiones producidas por las grandes afecciones 
destructivas faciales de nuestras selvas, a salier, la 
leishmaniosis y la blastomicosis, a la manera como 
los dioses antiguos del arte español perpetuaran en 
el lienzo inmortal los rasgos de los idiotas o de los 
acondroplásicos que divertían a las cortes o entrí^te- 
nían al público de los gimnastas. 

Sin citar sino en los modernos tiempos a Tania- 
\'o, Pnhiia, Lavoreríji. Tello. Lorena. et(\. uotanM)s 



ACADEMIA hB CIENCIAS DE LA HABANA 22í) 



4UC estos autores han nl)se]'vad{) claraniente el jiaj-e- 
(Mdo extraordinario (lue existe^ entre la fisonomía re- 
presentada por el huaco incaico y los enfermos ataca- 
dos por la uta del norte del Perú. PL 1, figs. 1 y 1*. 
La notable semejanza que nosotros hallamos entre la 
fig. 5 y las fotografías núms. 3 y 4 (1) en los que se 
advierte aquella cara semi-triígica, casi esquelética, 
sinmlando un cráneo a medio desnudar por lo corro- 
sivo de las lesiones, nos induce a creer que evidente- 
mente los antiguos peruanos habían copiado sus \-a- 
sos de fisononnas atacadas por la espundia o blasto- 
micosis. 

La uta en el Norte y la espundia en el Sui*, por 
el aspecto cuasi misterioso, con visos de sobreñal ura- 
lidad que imprime al rostro de los desventurados qu.e 
las padecen, impresionaron seguramente a los artis- 
tas de la época inca na para construir dichos huacos 
y quizás si enterrarlos en las tumbas de aquellos que 
murieron des23ués de haber sobrellevado la intermi- 
nable vida de martirio que estas dolencias ocasionan 
en sus víctimas. 

Quizá si considerados como castigados por hi di- 
vinidad para purificarse de faltas cometidas, la pere- 
grinaciíSn por la vida soportando el yugo de su repug- 
nante estigma, les hacía considera i- como futuros pre- 
destinados susceptibles de interceder en una vida me- 
jor por los (pie hubiesen sido menos infortunados 
que ellos. 

Sabido es en efecto que la blast«»micosis hasta 
hoy es un mal peor (pie todos los males, [lues sin Ih^- 
gar a matar, va corroyendo i)rogresivam>ente los ras- 
gos fisionómieos del individuo, formando r-avidadcs 
mal olientes y carnazas repugnantes, hiriendo a casi 
todos los sentidos, humillando sin piedad a los ataca- 
dos y no matándoles sino después de un tiempo nniy 
largo, en veces hasta después de 30 años. CTueldad 
mayor no puede existir, sobr(» todo considerando (pie 
es impnesta en el rostro mismo y como ni Jo)) de l.-i 



(I) Las números 3 y 4 las debemos a la amabilidad del Sr. Samuel 
Lozada Benavente. 



230 ANALES DE LA 



Biblia, sin haber leprosos entonces en el Perú, tales 
mutilados podrían encarnar símbolos de mártires, 
amuletos viA'ientes, tan frecuentes en todos los tiem- 
pos y en los puel)los todos, que hicieron que primiti- 
vos alfareros, reprodujeran sus ílolorosas imágenes 
en las modelaciones del barro inmortal. 

Es tanto más jjosible este hecho, cuanto que los 
atacados por estos males no provenían de la costa ni 
de la sierra, sino de las regiones selváticas, constitu- 
yendo personajes exóticos, cuya superabundancia 
era exigua, pues aun con los medios modernos de co- 
municación con las selx'as aun lo es contándose por 
unidades en los centros poblados, donde no existe el 
mal, ni se propaga, ni se contagia aún en la más cer- 
cana promiscuidad. 

Son males de la selva y cpie lia\' que ir a buscar- 
los en los lejanos y dificultosos bosques del corazón 
trasandino tropical del Perú. 

El Profesor Babello de Pío de Janeiro, piensa 
en que la blastomicosis fué llevada del Perú al Bra- 
sil, por que así lo acredita la antigüedad de los hua- 
cos peruanos. 

Nosotros creemos que siendo la blastomicosis 
llamada esi^undia en el Sur del Perú y de Bolivia, 
una enfermedad que es necesario ir a la selva ameri- 
cana a l)uscarla : que desde la época incana hasta 
nuestros días no ha contagiado a nadie fuera de la 
zona selvática, no se ha aclimatado en ninguno de los 
valles de la costa y ])0S'ee un vector propio, creemos, 
digo, que la blastomicosis, como afección parasitaria, 
ha existido en la selva y con la selva y que los primi- 
tivos moradores de la costa y de la sierra del Perú 
no la tuvieron y solo la contrajeron cuando llevaron 
su audacia exploradora hasta el boscaje americano, 
ya sea que se llegase por la costa del Atlántico como 
por la del Pacífico, siendo más extendida y fácil de 
contraer por aquella o sea por el Brasil, que ]ior ésta 
o por el Perú. 

Y si los artistas incanos reprodujeron las tétri- 
cas fisonomías de los mutilados que llegaban de las 
selvas, era tanto por la rareza de los ejemplares cuan- 



ESCOMEL. - ARTE Y CIENCIA EN LA PREHISTORIA DEL PERÚ 



r: 





Figura 2 





Figura 3 



Figura -i 



Fig. 1. — ludio peruano mutilado por la Leislimaniosis (Uta) 

Fig. 2. — Huaco incaico representativo de las mutilaciones Isismanló icas. 

Fig. 8 y -í. — Blaatomicosis. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 231 



lo por que su arte reproductor precedirS al de los mo- 
ledores del lirasil o del Paraguay. 

La hJasfoiiucosis o espundia inmortalizada por 
Ins iu canos en sus productos de alfarería, fué origina- 
ria de la selva americana y no llevada de la costa ni 
de la sierra del Perú. 

Xo excluímos a los casos de sífilis descritos por 
el T)v. Tello nai la mano maestra que en esta materia 
le personifica. Posteriormente liaremos mención de 
sus cráneos corroídos ]3or el treponema y que consti- 
tuyen documénteos de inapreciable valor. 

El labio leporino ea el Arte Peruano de la época 

incaica. 

El entusiasta arqueólogo de Lima Dr. Juan 
Francisco Pazos V'aiela ha tenido la amabilidad ex 
quisita de obsequiarnos el huaco reproducido en la 
adjunta fotografía mni]. 6, Pl. 3, imico en su género, 
por lo menos conocido liasta lioy, siendo el primier ca- 
so de representación incana del lahio leporino o ca- 
jilla que conocemos. 

Entre la relativa multiplicidad de liuacos repre- 
sentantes de las mutilaciones leislunaniósicas y blas- 
tomicósicas hubo algún artista que a sabiendas o por 
error, llevó a la inmortalidad un mutilado del labio 
superior, pero no ])or el mal infamante de que nos 
iiemos ocupado en el capítulo anterior, sino por el 
simple y mero la])io leporino, deformidad tan exten- 
dida y tan remota como la humanidad misma. 

La existencia de este caso raro de rei^resentación 
del labio leporino, hallado en una tumba (huaca) in- 
calía en vez de infirmar nuesti*a creencia la confirma, 
pues si se medita en que los incaicos consideraban a 
los mutilados como símbolos de martirio o de perfec- 
tos futuros después de su muerte, nada más natural 
• jiie creerse predestinados y estar dispuestos a suge- 
i'irse en esta vía por cualesquiera mutilación que ])u- 
diese dar tal honor. 

Un jefe, un inidividuo í^ualquiera, no podría de- 
jar de encontrar entre los muv numerosos alfareros 



ANALES DE LA 



del Iiiiperic) de los Incas, un artista que reprodujese 
su labio leporino, sea para guardarle como amuleto o 
para liacerse enterrar con él en su Iniaea o sepulcro 
in-eano. 

Que se trataba de un labio leporino y no de una 
mutilación artificial se demuestra por los siguientes 
caracteres de nuestro liuaco : 

El labio superior se encuentra rasgado y no co- 
rroído. 8i dicho la])io fuese elástico, por la figura se 
comiDrende que podría restablecerse su integridad ab- 
soluta. 

La incisión del labio comienza por debajo de la 
fosa narinar izquierda por incisión perfectamente ní- 
tida y no corrosiva ni botonosa ulcerada ni cicatricial. 

La rasgadura se separa naturalmente en V in- 
vertida, dejando apreciar en el fondo un incisivo in- 
tacto. 

La parte uTas abierta de la ^" tiene en el huaco 
original una extensión de 2 y ^/o cm. De cada comi- 
sura al vértice de cada colgajo labial hay ?> cm. para 
el derecho y 2 cm. 6 para el izquierdo. 

Todo esto corresi^onde a un labio leporino y no a 
otra cosa. 

Por último el resto de las facciones de miestro 
Imaco de apariencia de excelente salitd, contrasta sin- 
gularmente con otros vasos incaicos en los que se ha 
representado la leislnnani(^sis o la blastomicosis. 

La Craniotomki Pre-Colonihíana en el Perú. 

Desde tiempo atrás se conocían cráneos aguje- 
reados extraídos de las tumbas in canas siendo el sa- 
bio peruano profesor Muñiz quien poseía la mejor 
colección de ellos, la cpie motivó la publicación de su 
célebre memoria en colaboración con Mac-Gee. 

En los primeros tiempos las trepanaciones fue- 
i'on interpretadas como fenómenos de ulceración o 
sea ocasionadas por la sífilis; Muñiz y 'Mac-Gee (1) 



(1) Primitivo trcpaning- íh Perú. 1897. Manuel Antonio Muñiz 
V J. Mac-Gee. 



ESCOMEL. - ARTE Y CIENCIA EN LA PREHISTORIA DEL PERÚ 






Figura 5 Figura 6 

ESCOMEL. -CRANIOTOMIA PREHISTÓRICA DEL PERÚ 





Figura 7 



Figura S 



Fig. 5. — Mutilaciones ñe la Blastomicosis (Espundia) en el vivo y en los Huacos. 

Fig. 6. — Huaco representando el labio leporino. (Obsequio del Dr. J. F. Pazos Várela"). 

Fig. 7. — Craniotomía frontal en estado de reparación muy avanzada. (Cráneo del Dr 
S. Chaves). Momia encontrada en una huaea (tumba) incaica en el departa- 
mento de Arequipji. 

Fig. 8. — Cráneo incaico multitrepanado en etapas sucesivas. 

A. — Craniotomía que muestra fenómenos avanzados y evidentes do reparación. 

B. — Craniotomía incompleta pero con proceso de reparación menos avanzada que la an 
terior. 

C-1 — C-2 C-3. — Craniotomías sin ninguna reparación demostrando el haber sido coetáneas 
y causantes probables de la muerte del operado. 

Cráneo hallado en la provincia de Cayllom;i del departamento de Arequipa. 



AÓADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 233 

entre los principales dieron el verdadero valor a la 
acción quirúrgica de los Incas en la caja craneana. 

Posteriormente Ijorena, Lavorería y otros más 
en la medicina peruana expusieron con toda nitidez 
los detalles concernientes a la craneotomía pre-colom- 
biana en el Perú. 

El Profesor I)r. Lucas Cluimpionniére, que hizo 
de la trepanación una verdadera especialidad, publi- 
có en 1912 su preciosa monografía (2) llena de docu- 
mentos fotográficos y por ende de inestimable valor 
y poseyendo un método personal de interpretación ló- 
gica de lo que fué mío de los métodos de craniotomía 
incana. 

Con el Dr. Baz}^ hicimos presentar un trabajo so- 
bre trepanación incana, en un cráneo provisto de 5 
operaciones, el más numeroso que conocemos y en cu- 
yos interesantes detalles insistiremos más en breve. 
Pl. 5. Ix)s agujeros mecánicos, de bordes absoluta- 
mente nítidos, de este cráneo, en los que se ven a des- 
cubierto las dos tablas del casquete y las celdillas de 
bordes perfectamiente delineadas del díploe, difieren 
de manera incomensurable de los cráneos presenta- 
dos por mi amigo el Dr. Tello, liaciendo ver de mane- 
ra irrefragable que en las tumbas incaicas se han en- 
contrado dos géneros de cráneos : 

a) los trepanados por la mano extraña del ci- 
rujano y, 

b) los perforados por accidentes o por lesiones 
patológicas corrosivas, como lo ha evidenciado Tello. 

I Craniotomía o Trepanación ? 

Ateniéndonos a la precisión de las palabras y a 
considerar el instrumento moderno empleado i^or los 
cirujanos o sea el trépano, instrumento no usado por 
los Incas, esta manifestación quirúrgica pre-histórica 
no debería llamarse propiamente trepanación sino 
más bien craniotomía; míns para no pecar por «exceso 



(2) Trepanation neolítique, trepanation precolombiannc, trepaua- 
tion cíes cabiles, trepanation traditionelio, par Lucas Championniere. 



¿:U ANALES DE LA 



de escrúpulo, conservaremos el tériiiiiio trepaiiacituí 
consagrado por el nso o por el abuso, como se (juiei-a. 

¿Desde cuándo // hasta citando se licixinó en (I 
Imperio de los Incas f 

Por los hallazgos lieclios en huacas o momias 
muy antiguas, anteriores en todo caso a la llegada de 
los europeos a la América, se puede añrmar que lo re- 
moto de la trepanación en los incas se pierde en la os- 
••uridad de la historia. 

A medida que la civilización eur(j|)ea se fué iiiíll- 
trando en el imperi<.> conquistado, se fué desterrando 
el método operatorio hasta el punto de desaparece?' 
rápidamente después del dominio español. 

Como no es posible suponer, que la conquistíi des- 
terrase de golpe, inveteradas costmnbres, aun en pue- 
blos ai^artados de las regiones colonizadas, es eviden- 
te, que algunos cráneos encontrados, piezas de la tre- 
panación, fueron hechos después de que Pizarro hu- 
biese plantado la bandera hispánica en la capital de 
Perú. 

Son cráneos trepanados ij no matUaciones 

patológicas. 

Que se trata de cráneos exprofesamente agu- 
jereados, por hábiles manos, es absolutamente cierto, 
pues basta ver en la ñg 8 el bisel característico que 
hiriendo la tabla ósea externa, abre las celdillas del 
díploe y avanza sobre la tal)la interna. Por último 
en el cráneo de Cailloma, hemos podido observar con 
toda claridad, las rayaduras hechas en el hueso \)0v 
el escape del instrumento con que se efectuaba la ope- 
ración. 

En las circunstancias de bordes totalmente igua- 
lados ]3or la reparación como en la fig. 7 de la Pl. 4, 
se habría podido establecer, haciendo un esfuerzo de 
imaginación, analogías con procesos ])atológicos, pero 
en aquellas en que la perforación ha sido reciente o 
mejor, muy cercana a la muerte del operado, la duda 
no solo no existe, sino que el sentido común estalilece 
que no es permitido que exista. Pl. 5, hg. 8. 



ESdOMEL. - CRANIOTOMIA PREHISTÓRICA DEL PERÚ 





Figura 9 



Figura 10 





Figura 11 



Figura ]'2 



Fig. 9. — Craniotomía praeticarla por medio de los Tumis (procedimiento descrito por 

Muñiz). 

Fig. 10.— Craniotomía en bisel fprocedimien to do Rroc.T) Colecciones de Tello en la Fa- 
cultad fie Medicina. 

Fig. 11. — Craniotomía mosti'ando fenómenos de reparación muy aA^inzados. fin la par- 
te inferior, craniotomía rodondeada en bisel en la superioi- se liuliiese podido 
confundir con procesos de osteitis. 

Fig. 12. — Craniotomía mixta en raspado rectilíneo y biselado curvilíneo. 
Colecciones de Tello. Facultad de Medicina. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 23o 

Por Último, SU t'oinia ovalada \' su simetría le 
alejan de los var-íos irre,í>ulares que dejan los secues- 
tros u otras lesiones patológicas al desprenderse. 

Viuicdades de Trepanación. 

Las principales trejjanaciones más conocidas 
hasta liov son en número de tres. 

1. — Por raspado (reproducida i)or Miiller de 
(xrenoble) procedimiento de Broca. 

2.— Por taladros sucesivos y raspado (reprodu- 
cido por Lucas Championniére, Pl. 9, fig. 14, y 

o. — Por secciones perpencíiculares descrita jxu- 
ATuñiz V Ro'v. L. >roodie. Fií>s. 9, 10 x 12. 

Prncrdiniicufo por raspado. 

FMq proceder preconizado por Broca como uno 
de los más frecuentes y por Lucas Championniére 
como uno de los más raros y difíciles, reproducido 
con éxito singular por el eximio tallador en silex, 
Dr. Müller, de Grenoble, consiste en ir ras^^ando la 
cobertura craneana de la superficie hacia la profun- 
didad, valiéndose de un silex tallado de forma trian- 
gular u otra, con p)unta afilada, que se toma en la ma- 
no derecha y con el que, mediante movimientos de 
fuera hacia adentro, se van venciendo x^rogresiva- 
mente las superficies óseas hasta llegar a la dura-ma- 
dre, desprendiendo la redondela ósea en su totalidad. 

Xosotros creemos que este era ini procedimdento 
bastante empleado, ])or los antiguos peruanos, no 
obstante las reservas que al respecto sienta el sabio 
maestro Dr. Championniére. Demuéstralo el hecho 
de haberse encontrado redondelas de trepanación 
ovalares, compuestas de las dos tablas craneanas y 
del díploe, siendo la superficie de la tabla externa ma- 
yor que la de la interna, sin pjresentar éstas las den- 
telladuras que se observan en el j)rocedimiento de 
Championniére. 

En este orden de ideas el Dr. Ca]3itan, no ha lle- 
gado a practicar la trepanación artificial por este me- 



L>;!(; ANALES PE LA 



todo con la fuerza v precisión con que lo ha hecho el 
Dr. Mülleí-. 

2." Procedimiento por taladroH sucesivos a la inaneni 

de Championniére. 

El I)r. Championniére inspir(') su proceder en 
una Memoria del Dr. Th. Martín, soljre la trepana- 
ción en los cabilas. 

Consiste el procedimiento en circunscribir una 
zona de trej)anación, con una serie de pequeñas per- 
foraciones, que se tocan las unas con las otras y que 
'en habiendo llegado a ser completas, penniten des- 
prender con facilidad la redondela y valiéndose del 
mismo silex, se llega a pulir perfectanícnte el borde 
de la perforación en el Iñsel clásico de los antiguos 
incanos. Pl. 8, fig. 13 y Pl. 9, fig. 14. 

El Dr. Championniére basa su método 1.": en 
los cráneos de las momias peruanas que presentan es- 
tas dentelladuras, como la de la fig. 13, que se en-cuen- 
tra en el nmseo del l'rocadero de París. Análogos (*rá- 
neos hemos visto en el museo de Eaimondy de Lima 
y en el de la Facultad de Medicina y creemos que eu 
estas momias, la igualación del borde de la trej^ana- 
ción lio fué hecha por el cirujano en razón del pro- 
bable fallecimiento del craneotomizado en el momen- 
to mismo de la intervención; 2." en las dentelladu- 
ras evidentes que ostentan los bordes internos de ta- 
bla interna de un grai] núniero de trepanaciones Pl. 
5 y Pl. 9 y, por últüno, oS en el éxito admirable ob- 
tenido i^or el Profesor Championniére en la trepa- 
nación que él practicó, valiéndose de un silex, siendo 
el resultado de su operación tan perfecto, que pre- 
sentado el cráneo del operado a los mejores peritos, 
es fácil la confusión con un casquete craneotomiza- 
do por los peruanos de la prehistoria. Pl. 9. 

Es tan sugerente la experiencia, que no podemos 
resistir a la tentación de copiarla de la monografía 
del sabio francés. 

^'Para la experiencia qno hice, escribe (Uiam- 
piomiiére ni siquiera hice uso del silex tallado. Reco- 



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jí suhrc el iiiuellc del •Sena, un sik'x que escojí, bien 
cortante y un tanto [)untiagudo, en seguida tenté mi 
operación 8ül)]'e el cachiver de una nnijer de 35 afios 
de eráiieu iiíuy duro". 

"Iiicindí des'de luego los tegumentos con el ñlo 
del sílex '\ 

''Una incisión ci'ucial me permitió ir hasta el 
periostio (pie rechacé hacia los lados''. 

■^'Cojiendo entonces a plena mano el guijarro 
cuya base se liabía quedado lisa, hice sobre el cráneo 
una serie de agujeros, perforando con la punta, de 
manei-a que circunscribí por agujeros muy aproxi- 
mados, (pie se confundían bien pronto por su margen, 
una redondela ósea, un tanto irregular". 

"Cuando todos los agujeros fueron hechos, apo- 
x'ándose los unos sobre los otros, paseando con fuerza 
la punta del guijarro entre ellos, fué fácil circunscri- 
bir la redondela por un surco que penetró fácilmente 
la profundidad del hueso, pues por cada agujerito de 
los primitivos, el cráneo había sido penetrado". 

''(ion un poco de paciencia, completé este surco". 

"La redondela fué circunscrita y el cráneo pene- 
trado. ])ues la tabla interna había sido trabajada ]^nr 
mis agujeros". 

"Con el tín de hacer una experiencia completa, 
llevé mis escrúpulos hasta no tomar ningiin otro ins- 
tnmiento ])ara levantar la redondela; tuve un poco 
de trabajo en liacerlo, la pvmta de mi guijarro comen- 
zaha a obtusearse". 

"En todí» caso, llegué a practicar el total de la 
operación en 35 minutos". 

Si Lucas Cham]3Íonniére, que por vez primera to- 
maba un sílex al azar, no tallado con antelación y He 
gaba a una finalidad tan extraordinaria en solo 35. 
minutos, presentando una trepanación que posee ín- 
tegramente los cai-acteres de miuchas de las pre-<-o- 
lombianas, Pl. 9 se concibe, la rapidez de ejecución 
(i|ue tendrían los antiguos peruanos que manejaban 
silex ad-hoc, como se les ve hoy en los museos y con 
la extraordinaria destreza que con larga práctica lle- 
gaban ;i adípiirir en la ejecución de esta maniobra 
quirúrgica, 



238 ANALES DE LA 



Es nmy curioso ver en el cráneo niultitreijanado, 
(jue preseiitaiiios a la Sociedad de ( Urugía de ParíH, 
gracias a la gentileza del 8r. I)r. Bazy Pl. 5 la aber- 
tura C es absolutaniente seniejaiite a la del Dr. Cliaiii- 
pioiiniére, en tanto que la B de bordes tan extendidos 
o de Ijisel tan largo, parecí' haber sido hecha siguien- 
do el sistema de raspados ])reconizado ])0i- Bro'ca. 

En ciertos sitios de estos bordes, se advierte de 
hi manera más visible, las rayas ([ue indican las es- 
capadas del silex, saliendo (h'l bisel de sección del agu- 
jero craneano. 



i)." Fi-ocediui¡cuí(} j>or secciones perpeuiliculares 
descrito por Miiñiz, Mac-írCí i¡ Foij L. Moodie. 

Este método que se ol)ser\'a con claridad en bis 
ñguras 9 y 12 bastando el verlas para formarse aca- 
bado concepto de él, consiste en ir penetrando en el 
cráneo por medio de los instrumirntos incanos deno- 
minados Tumis, Pl. 10. haciéndoles ejecutar movi- 
mientos de vaivén. Efectuada nna ra,ya profunda, que 
puede llegar o sobrejjasar a la tabla interna se ejecu- 
ta otra paralela u oblicua a ella y a dos o tres centí 
metros de distancia : en seguida se hacen otras dos 
incisiones o más, perjjendiculares o inclinadas en án- 
gulo a las anteriores, llegando a circunscribir un cua- 
drado o un polígono que con toda facilidad se des- 
prende, lios cráneos de la colección de Mac-Gee, Mu- 
ñiz y Tello lo demuestran de la manera más evidente. 

Entre los autores que han demostrado que los 
incanos se servían de los Tmnis x^ara ejecutar esta 
operación, se cuenta eíi primera línea id Dr. Roy L. 
Moodie de Illinois. 

Estos Tumis entre los que presentamos los de la 
Pl. 10, de cobre la mayoría, algunos de bronce, llenan 
su papel admirablemente para el fín de la craneoto- 
mía y de un modo particular el que ñgura en la mo- 
nografía de H. Beuchat, descrito por Baessler. Fi- 
gura 18. 

Basta vei' estos instrumentos, que lioy abundan 
en los museos y colecciones y observar las trepana- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 2S9 

(•iünc\s que nos ocupan para deniostrar evidentemente 
i[iu' los Til mis de cierta forma eran aprovechados por 
los cirujanos de la pre-historia peruana para abrir 
los cráneos de sus enfermos. 

Instrumentos para las trepanaciones. 

Hasta lioy se ha comprobado que son dos órdenes 
de instrumentos los que han servido a los incanos pa- 
ra la i)ráctica de sus cranotomías a saber: 

a. — Los silex y 

h. — Los tumis. 

n. — ^Los silex más o menos perfeccionados, han 
tenido por lo regular la terminación en punta aguda, 
ada[>tada para los movimientos de barreno y de ras- 
pado; algunos eran de tamaño bastante regular de 
manera que pudiesen ser tomados a plena mano, en 
tanto que otros, bien acondicionados en su extremi- 
dad, tenían el resto del cuerpo más o menos adaptado 
a níangos que hacían su manejo fácil. 

Estos silex angulares, puntiagudos, no han repre- 
sentado li'épanos en el sentido verdadero de la pala- 
bra, ni han funcionado como tales, pues en todas las 
trepanaciones estudiadas hasta hoy, la superficie in- 
terna de la cavidad ha sido siempre menor que la ex- 
terna ostentando una declividad, cpie no existiría si 
se liubiese hecho uso de trépanos, como acontece en 
las craniotouu'as modernas. 

Quizá si algún cirujano pre-histórico pensó en 
adoptaj' un irovimiento de rotación distinto del im- 
preso \)()\- la simple mano, como se efectúa con las 
¡yuscds o a [)a ratos para el hilado por ejemplo, pero 
aun no lia sido demostrado este hecho con evidentes 
l>ruel)as. 

I>roca, M til 1er, Muñiz, (lee y en particular Lucas 
( Mianqñonniere, lian patentizado hasta la evidencia, 
el pajx'i <|ue lian desempeñado los silex en la cranio- 
touiía prc-rolombiaua, no sólo evocando teorías o es- 
tahlecieudo deducciones, sino y principalni'ente repi- 
tiendo las experiencias y obteniendo resultados idén- 
tic<\s a los ((ue ])resentan los <'ráneos trepanados de 
los b nacos. 



240 ANALES DE LA 



Los sílex lian í?er\idu ijarticularniciite para efec- 
tuar los dos primeros métodos de trepanación, o sea : 

1." Por raspado y 

2." Por Ijarrenamiento seguido de raspado. 

Los Tumis ñgs. 15, 16 y 18 de los que exponemos 
(•1 ejemplar adjunto de nuestras colecciones, ñg. 17, 
han servido ]nira la realizaci(jn de la tercera clase de 
la craniotomía incana. o sea la del encuadramiento 
del fragmento (3seo entre cuatro líneas ])aralelas en- 
frentadas dos a dos. 

Uno de los autores que más lia insistido en el ro1 
de los TuiHÍs como instrumentos de trepanación in- 
caica es el l)r. Eo^' Ij. Moodie. 

Los muchos tumis que se encuentran en los mu- 
seos y colecciones en el Perú, bien diferentes desde 
luego de los topos o alfileres gigantescos que servían 
para mantener los mantos o pullos de los indios, de- 
muestran su rol con solo dejar ^•er su estructura. 

Los señalados por Moodie, por Niordenskhold y 
particularníeiite los observados por Baessler, así lo 
demuestran variando ellos desde el instrumento más 
sencillo compuesto de un mango unido a la zona cor- 
tante, hasta aquel llenu de labraduras y artísticos ta- 
llados fig. 18 que o Iden pertenecía a un gran ciru- 
jano incaico o había ser\'ido ])ara trepanar algún crá- 
neo eminente. 

El instrumento es la inavoría de las veces de co- 
bre, habiéndose observado algunos de bronce. Sus di- 
mensiones no son muy grandes para no sobrepasar el 
tamiaño de la mano que lo maneja. 

Se compone de un mango y de la cuchilla cortaji- 
te, unidos ambos sin solución de continuidad por el 
mismo metal. 

El wfonjo es unas veces grueso, capaz de ser bien 
tomado por la mano, otras veces es bien delgado y 
para su manejo lo han envuelto en telas más o menos 
apretadas o en madera, haciéndolo imicho más ancho 
o niás maimal. 

La cuchilla es perpendicular al mango y con lon- 
gitud suficiente para efectuar el movimiento de va y 
ven que está llamada a realizar. Su superficie unas 
veces es plana, la mayoría de ellas es convexa, afilada 



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ACADEMIA Di: CIENCIAS DE LA HABANA 241 

on SU borde, \'a ensanchándose hacia su Ijase dv ma- 
nera que los cortes resultan triangiüares, de la super- 
ñcie hacia la profundidad, siendo tanto más delgados 
cuanto más profundos, representando de la manera 
más palpitante la configuración del instrumento, co- 
mo se puede observar en la figura 18. 

Es probable que en el futuro lleguen a descubrir- 
se otros instrumentos y luievas formas de las existen- 
tes, de los que sirvieron para la cirugía craniana de 
los peruanos 'de la pre-historia. 

Las trepaiKicioucs crait licrlias en el vivo. 

Antes de la demostración del rol (|uirúrgico de 
las craniotomías incaicas' se emitió la hipótesis prime- 
ro de las ulceraciones óseas producidas por la sífilis, 
en seguida se habló de un acto post-mortem destinado 
a dar salida al alma del muerto para dirigirse al lu- 
gar donde se tíyq una vida mejor. 

Más los fenómenos de reparación evidente ol)ser- 
vados en muchos de los cráneos demuestran hasta la 
saciedad el que fueron ]3racticadas en el vivo y con 
relativo éxito. Pl. 4. 

Los cráneos de las figs. 7, 8 y 11 hacen ver que 
tanto los bordes interno y externo, como las celdillas 
del díploe han experimentado fenómenos de repara- 
ción fisiológica, más o menos larga, a veces de data 
remota. 

El profesor Moodie ha confundido los fenóme- 
nos de reparación con los de craniotomía inconclusa. 

Las craniotomías incanas comprenden tres cla- 
ses según su duración : 

1." Trepanaciones coinplctns de aspecto recien- 
te que demuestran la muerte del operado a breve pla- 
zo después de la intervención. Pl. 5, c', c", c'". 

2." Trepanaciones inro)H])Jcfas que habiendo 
tomado la tabla externa en una grande 'extensión han 
perforado a la interna en una superficie muy peque- 
ña o no la han perforado en lo absoluto. Pl. 5, a. 

3.° Trepanaciones reparadas comprendiendo a 
las completas y a las incompletas. Fig. 7 y 11. 

La tre'i:>an ación frontal a de la fig. 8, i*epresenta 



242 ANALES DE LA 



una craniotODiía incüiiipleta, restaurada en su tota- 
lidad, en la que se lian perdido por completo los per- 
ñles de las celdillas del díploe. 

En b de la fotografía núni. 8 se ve una trepana- 
ción incompleta, dada la longitud de su declive, tam- 
bién restaurada por el proceso de cicatrización que 
rige al tejido huesoso. 

Estas trepanaciones fisiológicamente cicatrizadas 
no han podido ser hechas sino en el individuo vivo, el 
f[ue ha sobrevivido largo tiempo a su craniotomía y 
no representan en manera alguna una simple inter- 
vención post-mortem. (Fig. 7 y 11). 

Trepanaciones sucesivas en el mismo individuo. 

Si bien es cierto que existen cráneos incaicos pro- 
vistos de una sola trei)anación, no es raro observar 
algunos que poseen dos de ellas en distinto grado de 
cicatrización, indicando el que la operación fué hecha 
en dos etapas sucesivas más o menos distanciadas la 
una de la otra. 

E'l que presentaniíjs, por la amabilidad del Doc- 
tor Bazy. a la Sociedad de Cirugía de París, además 
de tener el mérito de la marca de los escapes del ins- 
trumento trejjanador, comr» lo hemos hecho notar, po- 
see el mayor de demostrai-, de la manera más evidente 
la existencia de 5 trepanaciones, de las cuales una de 
ellas, la más antigua, ofrece fenómenos de cicatriza- 
ción bien avanzados ; otra, la 2." en cronología opera- 
toria los tiene, pero en un grado mucho menor, deno- 
tando una diferencia de tiempo entre el boi'ramiento 
parcial de los detalles óseos de su corte y la desapari- 
ción total de ellos en la primera y por último otras 3 
trepanaciones, que ]3or la ninguna reparación en la 
estructura ósea, fueron las cjue ocasionaron la muerte 
d'el individuo a breve tiempo después de hechas. 

La heiinosura de ese cráneo es pues considerable, 
por las verdades múltiples que encierra tanto en el 
orden biológico como en el de la técnica quirúrgica. 

El estudio de las craniotomías hechas por los i)e- 
ruanos nos hace ver que 

1." muchas fueron únicas; de éstas 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 24; 



ti) unas ocasionaron la nniertc al ojjei'ado po- 
co tiempo después de ]^ra eticadas (quizi'i por nienin- 
go-encefalitis unas y más rápidamente inn- hemorra- 
gia otras), fíg. 9, 10 y 12, y 

b) otras permitieron larga supervivencia a 
los operados. Figs. 7 y 11. 

2.° algunas fueron múltiples, de estas hubieron 
como en las anteriores. 

a) las que mataron al operado prontamente y 

b) las que se hicieron en etapas sucesivas pre- 
sentando fenómenos distanciados de cicatrizaí^ón 
nonnal. Fig. 8. 

Anestesia operatoria. 

¿Hadan aso de anestésicos los primitivos peruanos 

para sus craniotoniñasf 

La mayoría de los autores opinan por que los in- 
canos practicaban sus trepanaciones sin anestésico al- 
guno ; que los dolores i)roducidos por el motivo pato- 
lógico eran superiores al acto mismo operatorio o por 
lo menos lo atenual^an en sus 'efectos a la manera de 
la conformidad con que se deja extraer una nuiela 
quien está atacado por odontalgia insoportable. 

Esta resignación al dolor la vemos hoy mismo en 
algunos pueblos adelantados, como los árabes, que 
han establecido su comercio en algunas naciones de 
la América. 

Cuando estos árabes tienen algún mal que tarda 
en curar aplican una, dos o más Mitcluias que prac- 
tican de la manera siguiente: En frente del dolor o 
del malestar hacen una quemadura, casi siempre re- 
donda de 2 a 3 cm. de diámetro y de 1 a uno y medio 
de profundidad, según las regiones, por medio de 
grandes clavos enrojecidos en las brasas de carbón, 
sin anestesia alguna. Después colocan en la herida 
un garbanzo o trozos de sesos de cordero, que cambian 
diariamente y los que recubren de una hoja de i)a- 
rra. Sostienen la supuración uno, dos o más meses, 
hasta que experimenten marcado alivio. 

Solicitando las Milchiias, con el fin de hacerlas 
más humanas, se les anestesió la región y se las prac- 



244 ANALES DE LA 



tico al gavano-eauterio. Estas Mitcluias sin dolor, 
fueron reputadas como inefioaees y rec-hazadas como 
tales, volviendo aquellas que se liacían yjracticar cou 
todo su dolor. 

En general, en la medicina árabe, el elemento do- 
lor en la teraiDéutica, es admitido de l)uen grado como 
productor de efectos heroicos. 

¿Dominaba este criterio «en los xjrimitivos j^e- 
ruanos ? 

}, Se extendía liasta ellos el empleo de la coca ? (1) 

Bien sabido es que la cocainomanía en el indíge- 
na de la sierra peruana está muy extendida y su em- 
pleo data de época remota no 23i"ecisada. 

Los indios Picclian (2) la coca la mayor parte 
de su vida, desde su niñez hasta su muerte, constitu- 
yendo la coca uno de los elementos con que es retri- 
buida su labor en las haciendas de la alta cordillera. 

Los indios realizan en su boca, la liberación de la 
cocaína, mediante la hmnedad y el mascado de las 
hojas de la coca con la Lint ja, i)roduciendo la anes- 
tesia local inmediata y el entorpecimiento de los ner- 
vios sensitivos, por el uso reiterado del Pijcl)a(h>, pre- 
sentando un grado de insensibilidad al dolor, que no 
es raro ver en nuestros tiemj^os. 

De tener muy en cuenta es el cjue aun no se han 
encontrado cráneos trepanados en los niños, y sí en 
■los adultos y quizá si en ellos el uso cuotidiano de la 
coca lialu'á ejercitado su acción llegando a un grado 
tal que no hacía muy penosa la intervención cranio- 
tómica. 

Por otra paite, si los indios, em])íricamente sa- 

(1) Coca Erytroxylou cocíi. 

(2) Picchar, consiste en ponerse una jiorción de hojas de coca en 
la boca entre la cara externa de los dientes y la interna de las meji- 
llas. El bulto que se ve en un lado de la cara de los indios, simulando 
un absceso dentario, lo llaman Pijcho. Ue rato en rato introducen un 
pedazo de Llucta o Llipta, masa terrea y blanca formada de la ceniza 
de la Cañigua o Chenopodium Cañigua, que mezclada con las hojas de 
coca, mediante la masticación, posee la propiedad de poner en libertad 
la cocaína, que ejerce efectos anestésicos locales inmediatos y genera- 
les después de su largo empleo. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 245 

beu poner en libertad la cocaína mediante el mascado 
húmedo y la lÍHcta ¿podemos afirmar que los incanos 
no tuviesen un proceder que les permitiese aislar 
este nüsmo alcaloide y usarlo como anestésico a me- 
dida que se efectuaba la larga operación? 

Nada de ilógico tiene esta liii^ótesis, toda vez que, 
por la denominación y tradicionalmente, se sabe cuan 
numeroso grupo de plantas medicinales empleaban los 
subditos del imperio incaico, y cuan diestros eran en 
el manejo do la terapéutica. (Lavoreria. — Tesis de 
Lima ) . 

Localización de las craníotomías. 

El maj^or número de cráneos trepanados lo ha 
sido en las regiones laterales del casquete, casi como 
si hubiese habido ])rcdilección por las regiones ro- 
lándicas. Fig. 13. 

También se observan, desjniés de los parietales, 
la parte anterior del occipital y la posterior del 
frontal. 

El eráneo de la íig. 7 presenta una trepanación 
en i)lena región frontal a corta distancia de la zona 
supra-orbitaria por encima y por tanto por fuera del 
agujero supra-orlntario, en línea recta del canino y 
primer molar izquierdo careados, casi, como nos dijo 
el Dr. Hunter al contenqDlar el mencionado cráneo, 
casi como si a consecuencia de la caries hubiese so- 
brevenido una neuralgia del trigémino que por lo in- 
tensa y difícil de curar, hubiese requerido la trepa- 
nación descomiDresiva impuesta por el cirujano de la 
prehistoria. 

Apositos consecutivos. 

'Se ignora por completo lo que los antiguos pe- 
ruanos podían emplear como aposito para cubrir sus 
heridas o si las dejaban al desculúerto. Dada la mul- 
tiplicidad de yerbas medicinales que conocían no es 
posible suponer que no empleasen algunas de ellas 
para conservarlas, toda vez que sabían hacer uso de 
antisépticos enérgicos y eficaces en sus nmertos, ates- 
tiguando el hecho por la conservación extraordinaria 



!4r> ANALES DE LA 



de 'SUS iiioinias, algunas de ellas intactas, a través de 
los siglos. 

En el interior de una cavidad l3Ucal de momia, 
fué posible, con gran trabajo, identificar las flores 
de una planta muy aromática, de hojas recubiertas 
]3or barniz brillante, de olor fuerte, sin ser desagrada- 
ble, que pertemece al grupo que los indígenas deno- 
minan Cínicas. (Baccaris). 

Alcfuicf (le hi.s rifdtri^acionc.s. 

Como muv bien lo ha demostrado el Profesor 
Chamj)ionniére, las cicatrizaciones no han podido so- 
brejDasar los límites del proceso fisiológico, borrándo- 
se los detalles de la estructura de los bordes de la 
trepanación, -pero no cubriendo la totalidad del agu- 
jero craneano con tejido óseo, sino con una membra- 
na fibrosa, resistente a algunas presiones externas, 
permitiendo una vida más o menos cómoda al ope- 
rado, pero sin llegar a impedir que desapareciese en 
los cadáveres dejando a las craniotomías su tamaño 
primordial. Fig. 7, 8 y 11. 

Fin terapéutico de Jas craniotomías incaicas. 

Los fines (pie se ijudiesen proponer los incas al 
realizar sus craniotomías podrían reducirse verosi- 
milmente a tres : 

1." — Un fin religioso; 

2." — Un fin penal y 

3." — Un fin terapéutico. 

Fin religioso. — En ninguna de las prác-^icas re- 
ligiosas, conservadas por la tradición, existen hue- 
llas de haber existido esta especie de sacrificio para 
hacerse agradable a la divinidad. 

Los fragmentos de cráneo o las redondelas ex- 
traídas de la trepanación no demuestran el haber si- 
do destinadas a amuletos y no figuran entre las mo- 
mias de los indígenas notables, aun cuando aquello 
hubiera sido considerado como timbre de honor, co- 
mo reliquia sagrada, si se hubiera hecho en aras del 
Supremo Ser de los incas, el sacrificio de la trepa- 
nación. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 247 

Estos heclios demuiestran que los incas no liacían 
homenaje religioso de la intervención quirúrgica en 
sus cráneos. 

Fin penal. — Tampoco existe tradición alguna que 
revele ni remotamente el que los incas infligieran 
una operación tan delicada y larga para castigar a 
ciertos culpables toda vez que es más sencillo pensar 
en cualquiera otra pena corporal, que en la trepana- 
ción craniana, como medio de castigar la delincuencia. 

Fin terapéutico. — Los principales autores están 
de acuerdo en sostener que los incas empleaban la 
craniotomía como un sistema cjuirúrgico, destinado a 
un ñu liumanitario o sea a aliviar el doloi' en los ])a- 
cientes por la descom])resión craniana. 

Creemos como Lucas Cliampionniére y otros que 
lo^ cirujanos del imperio peruano prehistórico, ha- 
bían observado casos de fracturas craneanas con en- 
cajamiento de los huesos. Este encajamiento había 
producido dolores intensos que se disiparon ante un 
hecho absolutamente natural y lógico, nada extraor- 
dinario cual es el levantamiento de los huesos hun- 
didos, el desdoblar lo abollado. 

La supresión de dolores, de fenómenos 2)ara Uti- 
cos o ei^ilépticos a consecuencia del l'evantamiento de 
las tablas óseas lumdidas, indujo a dedur-ir her-hos 
análogos para síntomas semejantes. 

Cuando sin fractura de cráneo, se observaban do- 
lores muy fuertes de cabeza, o fenómenos paralíticos 
o ataques de epilepsia nada más lógico que pensar 
que si una presión del r-rá neo en las fracturas ocasio- 
nó estos síntomas, otra presión debía originar los 
presentes y si una descompresión en los primeros tra- 
jo la curación, una disminución d(^ la tensión cerebral 
debería curar estos últimos. 

Realizada primero la trepana (don en el cadáver 
>' perfeccionados los instrumentos de acción, fué apli- 
cada al vivo y seguramente con resultados excelentes, 
pues no de otra manera se explicaría la profusión 
con que ha sido hecha la craniotomía en especial en 
la región del Sur del Perú. 

Entonces los incas, cuya inteligencia no era me- 
nor en capacidad de la de los civilizados modernos. 



248 ANALES iDE LA 



comprendieron mejor que iiovsotros los l>eneñcios lex- 
celeiites de la descompresión cere])ra] en todos los 
casos que hemos mencionado y en otr(^s más que se 
nos escapan en estos momentos pero qne los ciruja- 
nos de la prehistoria tendrían mnv i)resentes. 

Los éxitos han debido ser muchos dado icl nú- 
mero considerable de cráneos con trepanaciones ]'e- 
paradas y de otros operados en etapas sucesivas. 

Nada de esto es raro ni ihSgico do pensar, si se 
considera la maestría que llegaron a adquirir en el 
manejo de los sílex y de los finiiis y la probable anes- 
tesia, convirtiéndola en una o])eración sencilla que ha- 
cía beneficiar los alivios o curaciones evidentes obte- 
nidas en todos los casos susceptil)les de sani'dad por 
la descompresi(5n cere])ral. 

Creemos pues que los Incas, notables médicos y 
expertos cirujanos, conocían perfectamente la técni- 
ca de las craniotomías y las practicaban con profu- 
sión, con un fin altamente humanitario, esencialmen- 
te terapéutico y en nuichas veces coronadas por el 
más completo éxito o])eratorio, tanto inmediato como 
remoto. 

Couchisiones. 

Los peruanos del Iiiiperio de los Incas poseían 
vastos conocimientos médicos >' (piirúrgicos. 

Sus artistas nos lian dejado indelebles documen- 
tos en sus artefactos representando míos la Uta (Leis- 
maniosis), otros la Espundia (Blastomicosis) y al- 
gunos el Labio lejjorino, como lo atestigua el huaco 
que representa imestra fotografía. 

IjOs incanos practicaban la craniotomía científi- 
ca, consciente, reglamentada y deliberada, haciéndola 
con un fin humanitario. 

La práctica de una oj^eración tan delicada que- 
ría decir que los cirujanos incaicos conocían muy bien 
el resto de la cirugía menor. 

Se ignora la época en que los incanos principia- 
ron a practicar la trepanación. 

La conquista española fué el comienzo del fin de 
la cirugía incaica. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 219 

— - — -■■- , , , , 

Las craiiiotomías conocidas liasta hoy ^on do tros 
clases : 

1/ — Por el simple rasijado 

2." — Por el barrenamiento múltiple preliminar 
seguido de raspado y 

3." — Por el eneuadramiento del fragmento entre 
incisiones paralelas dos a dos u oblicuas, circunscri- 
biendo un jíolígono. 

Lo'S instrumentos conocidos hasta hoy de que se 
sirvieron los incanos para efectuar las trepanaciones 
fueron los sileor lanceolados y los tumis de cobre v de 
bronce. 

La demostración de estos hechos ha sido expe- 
rimentalmente obtenida en los tiem^^os modernos por 
Broca, Mülleí' y Lucas Campionniéne entre los ])rin- 
cipales. 

Las trepanaciones ]io eran i)racticadas en el ca- 
dáver. 

Lo demuestran las reparaciones íisiohSgicas en 
muchos crtáneos hallados en las It nacas o tumbas in- 
caicas. 

Denuiéstranlo así mismo las trepanaciones nuil- 
tiples en un solo cráneo, que las posee en grados su- 
cesivos de reparación y por ende de momento ope- 
ratorio. 

Si ])ien es cierto que las huellas de la cranioto- 
mía en algunos casos denota la muerte próxima del 
sujeto después de la operación, en otros en cambio 
los procesos de reparación indican una larga super- 
vivencia. 

La anestesia parece haber sido general, quizá 
también local, halñendo fundadas razones para creer, 
que el jñjcliado de la coca, realizado hoy por los que- 
eJinas con liberación 'de la cocaína, fué heredado de 
los incas, quienes supieron aprovechar del poder 
anestésico del alcaloide. 

Las craniotonn'as fueron hechas con predilec- 
ción en las zonas laterales del cráneo con invasión 
hacia las frontales y occipitales. Presentamos una 
trepanación frontal clásica. 

Poco se sabe de los a|)ósitos usados consecutiva- 
mente a la operación. No o])stante el conocimiento 



:^|) ANALES DE LA 



avanzado que los incas tenían de las yerbas medici- 
nales peruanas. Quizá si emplearon las hojas recu- 
l)iertas de resina antiséptica de planta hallada en al- 
gunas momias y que pertenece al gru])o vulgarmente 
denominado Chucos (Baccharis) 

El fin que los incas se pro|)onían al i)racticar la 
trepanación era terapéutico y esenciahiiente hmnani- 
tario. La mayoría de los antropólogos que se han 
ocupado del asunto creen que la nsaban en todos los 
casos en que estaba indicada la descompresión cere- 
hral (hemiplegias, epilepsias, cefalalgias intensas, &.) 

Arequipa, 1919. 

Eehmmdo Escomel, 

De las Academias de Medicina de Lima y de Rio 
de Janeiro. Miembro honorario de la Facultad 
de Ciencias de la Universidad de San Marcos 
de Lima. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DÉ LA HABANA 251 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 10 DE DICIEMBRE DE 1920 



Presidenií . — Dr. .Juan Santos Fernández;. 
Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. • 
Académicos coíiCíír/T/o'r.s-.— Dres. : U. de (^istro, ( '. de 
Torre. M. Riiiz Tasahó v .1. A. l^resno. 



Eli Dr. Juan Sanios Fernández dio lectura a su trabajo El 

CUIDADO DEL MrRClÉLA(U) PARA COMBATIR A LOS MOSQTUTOS, HUÉS- 
PED INCÓMODO PROPACADOR DEL PALUDISMO, FIEBRE AMARILLA Y 

OTROS MALES. El ■ disertante liaee un concienzudo estudio del 
murciélago y expone su manera de vi\'i]' y desarrollarse y del 
grandioso beneficio (¡Lie produce a la, humanidad destruyendo a 
las moscas, mosciuitos y demás insectos dañinos, interesándose 
por que se facilite su desarrollo y no se les persiga construyén- 
dole kioscos que utilizados para lt> venta de frutos podrían uti- 
lizarse en su jiarte superior para la cría y propagación del mur- 
ciélago previa una adaptación especial. 

El Dr. Carlos de la Torre dice : que desde que leyó el tí- 
tulo del trabajo del Dr. Juan Santos Fernández se interesó por 
el, por tratarse de un asunto relacionado íntimamente con el 
objeto de los estudios de su especialidad. 

Que felicita al Dr. Santos Fernández una xcz más poi" el 
celo que demuestra en traer siempre al seno de nuestra corpora- 
ción todos los asuntos que puedan redundar en beneficio de ia 
humanidad y del progreso de la ciencia. 

Que no obstante ser un asunto ajeno a su i)rofesiün, él ha sa- 
bidp exponerlo con perfecta claridad y despertando un gran 
interés sobre el, una idea nueva y a primera vista extraña como 
es la de favorecer la multiplicación de unos seres hasta el pre- 
sente mirados con prevención por el ^•ulgo, como son los Quiróp- 
teros o Murciélagos. Sin embargo cpiicre llamar la atención so- 
bre el hecho notable de que ya desde el año 1865 en el líeperfo- 
rio Físico Natural de la Isla de Cuha y más tarde en su Con- 
irihución a la Mamcdoyía Cubana pu1)licada i)or esta Academia. 
de Ciencias, su socio de Mérito el sabio naturalista Dr. Gundlacli 
había consignado la utilidad que prestan los murciélagos al liom- 
bre por la destrucción de multitud de insectos perjudiciales y 
asegura que cuando vuela uno de estos animales en una ha])ita- 



ANALES DE LA 



fióii l;i li;i dejado limpia de moscas y mosquitos, por lo cual con- 
denalja la itiierra injusta que el vulgo, y especialmente los mu- 
cliachos, les tienen declarada en todas partes. 

Estima el Dr. La Torre interesante el procedimiento que so 
l)roponc el autor para combatir esos agentes trasmisores de en- 
fermedades, 'porque es bien sabido c^ue no hay mejor medio de 
combatir a los seres naturales que utilizando los proi)ios instin- 
tos y hábitos de sus enemigos naturales. Cita al efecto el em- 
pleo dé las Coccinellas o Cotorritas para destruir coccidios o gua- 
guas, parásitos de los plátanos, como en el de los casos de las en- 
fermedades de los cocoteros, los naranjos, etc. ; pero no sabe has- 
ta que punto podrá obtenerse un éxito con el medio que se ])ro- 
lK)ne i^ara la propagación de los murciélagos en las poblaciones, 
porque estos animales huyen de los lugares de bullicio, o frecuen- 
tados por el hombre, y se refugian en las cavernas y en los edi- 
ficios obscuros y abandonados, donde encuentran más seguridad 
y medios de defensa. 

Por lo demás si fuera dable emplear estos medios que se pro- 
ponen, siciuicra fuera cu nuestras poblaciones rurales, imestro 
país ofrece la ventaja de que en un territorio relativamente pe- 
queño contiene igual número de especies de Quirópteros que el 
vastísimo territorio de los Estados Unidos. 

Y, por último, cree que es oportuno recordar ciue en esta A'ía 
ya se habían empezado una serie de investigaciones y experimen- 
tos para combatir los mosquitos por medio de los guajacones del 
género gambucia de Poey, que destruye una cantidad inmensa 
de mosquitos en su estado larvario. Que sobre todo en Camagüe}', 
en los famosos tinajones, en algibes, fuentes y estanques de otros 
lugares de la isla llegó a generalizarse la costumbre de criar estas 
clases de guajacones, que no deben confundirse con las especies 
hervíboras del género Pccilia y otros que lejos de limpiar el agua 
de las larvas, las ensucian con sus abundantes dej^ecciones. Cree 
que debe insistirse en esas prácticas establecidas por el Dr. Gui- 
teras y secundadas por el Dr. López del Valle y otros jefes del 
departamento a su cargo, y consigna su gratitud a los mismos 
por haberle suministrado ejemplares de guajacones y otros peces 
de agua dulce de toda la isla, habiéndole permitido triplicar el 
niimero de estas especies hasta ahora conocida. 

El Dr. ^<antos Fernández da las gracias al Dr. La Torre y 
no habiendo más asuntos de que tratar suspende la sesión. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 253 



EL CUIDADO DEL MURCIÉLAGO PARA COMBATIR EL 
MOSQUITO. HUÉSPED INCOMODO PROPAGA- 
DOR DEL PALUDISMO, LA FIEBRE 
AMARILLA Y OTROS MALES 

POR EL 

Dr. Juan Santos Fernandez 



(Sesión del 10 de diciembre de 1920). 

Al empezar en la Habana mi ejerció profesional 
había una gran preocupación por el paludismo, que 
se combatía con dosis excesivas de quinina, que no po- 
cas veces dejaban ciego al enfermo y fué el motivo 
que me liizo fijar la atención en esta etiología, pues 
solo en focos reconocidos de paludismo se observa de- 
terminadas enfermedades de los ojos, a que lie consa- 
grado siempre mi actividad. No se si pudo ejercer al- 
guna influencia en el ambiente ini trabajo (1) dela- 
tando por primera vez aquí, la pérdida de la vista poi' 
la quinina, que se atribuía al paludismo que se trata- 
])a de combatir en ella, siendo así que la perturbación 
del nervio óptico provocado por la quinina es de na- 
turaleza isquémica y la que produce el paludismo, de 
carácter opuesto, inflamatorio, congestivo y hasta he- 
morrágieo. Asunto este apenas ventilado hace poco 
menos de media centuria y con mi memoria, modesta 
desde luego, fui de los primeros que pusieron sobre 
el tapete, este tema, después comipletamente diluci- 
dado. 

El descubrimiento de La verán acerca de ia (^tio- 



(1) Trastornos del aparato dv la visión en las fiebres palúdicas y 
nccidciites a que pueden dar lugar su ineludible tratamiento por el sul- 
fato de quinina. Septiembre 23 de 1877. Anales de la Academia de Cien- 
cias, tomo XIV, pág. 413, 422, 439, 446. Crónica Médico Quirúrgica de 
la Habana, tomo III, pág. 433, 439, 493, 506. 



25i ANALES DE LA 



logia del paludismo contuvo a los que a la menor pe- 
riodicidad en la fieln'e o a la menor gravedad de ésta, 
veían el fantasma del paludismo y administraban la 
quinina a larga niano ; la quinina hoy tiene sus indica- 
ciones ])recisas y ya no se palpan hace tiempo sus 
efectos tóxicos, poiHpie el laboratorio ayuda. 

El paso dado por Sir Patiick Manson respecto 
a precisar la transmisión del paludismo por el mos- 
(juito evidenciado en otros lugares, y en las Lagunas 
Pontinas de Italia, foco legendario del ])aludismo ro- 
mano, puso ñn, como en la trasmisión de la fiebre a- 
marilla descubierta por nuestro Finlay, a tauto palo 
de ciego, como que se venía dando, con perjuicio de 
la humanidad; pero basta 'de digresiones y abordaré 
el objeto de estas líneas. 

El mosquito transmisor del paludismo y de la 
fiebre amarilla, como la pulga de la rata lo es de la 
peste bubónica (la enfermedad lUiis temible de cuan- 
tas existen) ha de ser combatido sin descanso ya que 
no es posible extinguirlo. El mosquito ya sabemos 
que surge de los pantanos y a eso se debió que c:ostase 
tanto comhatir la idea profimdamente arraigada, de 
(jue en el pantano estaba el germen del vómito negro 
como también se le desiíi,n(') a la fiebre amarilla- 

Se sabe que derramando ]>etróleo en las charcas, 
son destruidas las larvas de los mosquitos; pero bien 
sabemos que eso puede hacerse con facilidad íen el re- 
cinto ele las viviendas, donde existan pequeños depó- 
sitos 'de agua estancada; x>ero se hace dificil obtenerlo 
en pantanos de gran extensión, y aun cuando se obten- 
ga, el medio es costoso y merece la pena utilizar cual- 
quier otro recurso que coutrilniya al mismo objeto 
de combatir 'el mosquito. En las Instituciones de los 
Estados Unidos, en que como en ninguna parte se 
estudian las idantas, su culti^•o y la manera de despo- 
jar a aípiellas de cuanto pueda dañarlas o aniquilar- 
las, cual ocurre con los parásitos, se ha ideado, más 
de una vez, buscar en estos mismos, no dañinos o me- 
llos perturbadores, la nianera de aniquilaj- a los que 
acaban de modo más o meno'S r¿ipido con la vida de 
las plantas más preciadas y útiles a la industria y al 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 255 



hombre. No voy a (íuiunerar cada uno de estos en- 
sayos que nosotros no hemos intentado para comba- 
tir el que produce la enfermedad de los cocoteros y 
arruina una industria productiva del país, y voy sin 
demora a ocuparme del murciélago y de la manera 
de utilizarlo para los fines que persigo. No imaginé 
cuando siendo niño bajaba a las cuevas o cavernas 
de una propiedad rústica de mi padre, no lejos de la 
Ciénaga de Zapata, que lestos alados de naturaleza 
tan complicada y rara, con los que entretuve la curio- 
sidad de rapaz, liabían de preocuparme un día, des- 
de el pinito de vista de la Higiene y lo que es más en 
provecho de ella. 

Como se sabe el murciélago habita todos los paí- 
ses y todos los climas ; pero se halla mejor en los cá- 
lidos, circunstancia que favorece mi intento de utili- 
zarlo aquí con determinada aplicación. Desde el iiun- 
to de A-ista zoológico, que no es ahora mi objetivo, los 
murciélagos pueden ser considerados como animales 
sumamente modificados del orden de los insectívo- 
ros, cuyo tránsito puede verse en los Galeopítecos pe- 
ro lo que nos importa conocer es que son grandes in- 
sectívoros y animales útiles, muy especialmente para 
los agricultores. Exterminan gran número de insectos 
tan molestos como perjudiciales. El instinto destruc- 
tor hace, que no solo no se hayan protegido estos ani- 
males, sino que se trate de destruirles sus madrigue- 
ras, ignorando el gran beneficio que prestan y lo po- 
(•o que molestan. Juzgúese qu^e una sola pareja de 
m'osquitos al cabo de un año puede producir más do 
Doce Billones de individuos de su especie, y se com- 
prenderá lo que sería esta plaga, ya de por si moles- 
ta, sin el concurso de las golondrinas y los murcié- 
lagos y otros animales que hacen de ellos su princi- 
pal alimento. Para convencerse de la multitud d(v 
insectos que destruyen los murciélagO'S, aparte de los 
mosquitos y otros de pequeño tamaño, bastará exami- 
nar con un poco de atención la guarida de estos ani- 
males para ver la gran cantidad de detritus de in- 
sectos que encierra. 

Koch, dice, que en solo un centímetro cúbico de 
murcielagnina pudo encontrar restos de más de 4ó 



25f) ANALES DE LA 



iiiosqiütos, y eso que el nmreiél¿i,i>() casi siempre lan- 
za sus deyecciones scqtui va volando, a' esta (^ostuní- 
bre es un pequeño inconveniente para sus vuelos por 
])arques y paseos, por más que nunca lie experimen- 
tado j^rácticamente esta mala projúedad. 

Los murciélagos hacen generalmente sus ma- 
drigueras en los agujeros de los ediñcios ruinosos, hu- 
yendo siempre de las jjaredes recién blanqueadas, en 
las grietas de las rocas, en los troncos carcomidos de 
los árboles en la m^aA^oría de los casos, y en las caver- 
nas. También se les ve en los aleros de antiguos edi- 
ñcios. En Tmo de los ])atios del gran Colegio de Be- 
lén, cuando me eduqué allí y ahora según me infor- 
ma un alumno; existe una cría de murciélagos que se 
les ve salir al caer la tarde. 

En Belén antes y ahora n< » molestan los mosqui- 
tos en los dormitorios ; contribuirá a ello muy notable- 
mente el cuidado que se tenga de no |)ermitir aguas 
estancadas; pero tal vez contribuyan a ello también 
los murciélagos. 

Las cavernas son las moradas predilectas de los 
murciélagos, siempre que no sean excesivamente hú- 
medas ni presenten juunerosas ñltraciones calizas; 
quizás por lo mismo huyan de las paredes y muros 
recién blanqueados. Cuando una gruta i)resenta con- 
diciones favorables para estos animales se les ve reu- 
nirse en ella a centenares y aun a millares. Como 
dejo dicho, en una de estas grutas o cuevas fué don- 
de por primera vez obser^•é los murciélagos y también 
en el batey del ingenio en que nací; aquí les A'eía sa- 
lir de los altos ediñcios de la industria azucarera y 
del extremo de las torres, sin (pie en éstas me ex])lica- 
se cómo se albergaban. 

La regia general es que los murciélagos sean in- 
sectívoros, auiKjue hay familias frugívoras, los pri- 
meros dan caza a la multitud de insectos que revolo- 
tean a la fresca hora del crepúsculo; por eso se rv 
que los murciélagos prefieren siempre las orillas de 
las aguas estancadas, cerca de las cuales \uelaii en 
gran cantidad multitud de mosquitos, tí"[)ulas, eféme- 
ras, lil>éhilas, etc., etc. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 257 

Todos los murciélagos por regla general duer- 
men durante el día y apenas ])uesto el sol comienzan 
sus correrías. Tienen como los animales nocturnos 
los ojos saltones, pero tor^jes para ver. Hay una es- 
pecie que no es la de nuestro clima en que los ojos 
son nitís chicos y sojíortan m'ejor el sol. Estos se per- 
miten salir de sus madrigueras durante el día. 

Se lia tratado de comprobar el desarrollo del sen- 
tido de la vista en estos animales, tapándole los ojos 
con tiras aglutinantes, y se lia ])odido comprolja]* (pie 
no obstante esta ceguera artifícial. guiados quizás })<)r 
el olfato revolotean por l¿is lial^itaciones y lian podid*» 
evitar el contacto con los diversos objetos, pues el tac- 
to lo tienen inu.y desarrollado aunque el oído y el ol- 
fato lo están en iiíavor urado. A ello contribu ven no 
poco las expansiones dérmicas (pie frecuentemente 
llevan en la nariz y oídos, y que se prestan no ]joco a 
recoger con más facilidad las emanaciones olorosas y 
los sonidos. Son tan delicados estos apéndices que 
afirma Koch que si los mutilan llega el murciélago a 
perder los sentidos y la facilidad de volar. Esta mu- 
tilación les cansa la muerte con frecuencia. Aluiii 
cree que los murciélagos se guían más que nada por 
el oído, pues el solo ziiml)ido de un diminuto insecto 
que vuela, basta i^ara guiarlos hasta él y cogerle. 
Cuando están dormidos, cierran j^or completo el pa- 
bellón de la oreja lo mismo ({ue todos los animales 
los párpados. 

Podría ocuparme de la inteligencia del murcié- 
lago que es mayor de lo que se cree, de su admirable 
orientación, de su vuelo que no le permite cernerse 
cual las aves, tal como el moderno avión que cuando 
para el motor, desciende ; pero todo esto está escrito 
v conocido ^' ahora solo intento llamar la atención 
sobre la conveniencia de utilizar el murciélago desde 
el punto de vista de la Higiene Pública, ])ara des- 
truir el mosquito que no solo constituye una iiu-omo- 
didad sino un serio jjeligi'o i)ara la transmisión de 
las enfermedades. 

El calor es una de las condici(.)nes para la vida 
y actividad de estos animales, es la primera pues úni- 



25S ANALES DE LA 



canieiite eiiaudo no reina la estaí-ión fría, se les \e en 
los países templados, no solo porque con el frío no 
hay insectos sino porque el frío les hace caer en un 
sueño letárgico, al i3aso que el calor parece que no les 
entorpece, lo que jDarece demostrarlo el que muchos 
de ellos hacen sus nidos debajo de las tejas y en los 
desvanes y campanarios, en los cuales la temperatura 
en el centro del día es en extremo elevada, v los l)ei'- 
mejizos, de día permanecen al sol suspendidos de una 
rama y sufriendo sus ardores en i-linia tropical según 
refieren autores verídicos. Esto como se ve favorece 
mi propósito de propagarlo entre nosotros, no solo 
con el fin higiénico que enuncié desde el primer mo- 
mento, sino como recurso para poder vivir, sin el tor- 
mento de los mosquitos en los barrios modernos de 
la Habana, en los que ]tor la abundancia de las ])lan- 
tas o las fuentes de los jardines, desde que oscurece. 
la vida es un suplicio por tener c[ue soportar las pi- 
cadas de los mosquitos que a unas x)ersonas inquietan 
más que a otras, a ]3esar de los inosquiteros, que re- 
sultan amenudo del todo imitiles. 

Hace algunos años, en un ingenio de mi familia, 
en Bahía Honda, observé, en un annario algo que 
no me explica])a. Ei-a una especie de casco del que 
partía una tela de mosquitero que cubría la cabeza y 
el cuerpo, y el cual se usaba por la noche al sentarse 
a la mesa. 

El murciélago que ha inspirado de antiguo in- 
justificados temores, supersticiones y gran repugnan- 
cia probablemente por lo raro de su estructura, al 
grado de que Moisés le colocaba entre los seres impu- 
ros, ha despertado mis simpatías desde que me he 
hecho cargo del servicio que ha prestado recientí*- 
mente (2). 

En el Estado de Tejas se ha tratado de ]jroteger- 
le durante las epidemias de fiebre amarilla por su 
propiedad de destruir al mosquito, que es propagador- 
de esta enfermedad. 



(2) Mosquitos y ^Nfurciélagos. The Journal of the American Medi- 
cal Association. V. 4, núm. 8. Octubre 15, 1920, jiág. 546. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 259 



^Vliora l)ieii, ¿, (-óiuo se podía coiitri'Duír a que el 
iimrciélago existiese en la ciudad y sus alrededores eu 
mayor número que eu la actualidad, pues excepcioual- 
mente vemos alguno <|ue otrq al caer la tarde en las 
afueras de la i)oblación ? ' 

Pues fomentando la re]n'oducción, extremada- 
mente fácil, de estos animales provecliosos, en vez de 
aniquilarlos como se ha \'enido haciendo, con la saña 
que se tiene ])ara destruir, conqjarable tan solo a la 
indiferencia para reconstruir y para hacer el l)ien, 
cuando se trata del interés público. Hay criaturas 
tan eminentemente abúlicas que ni el interés pi'ivado 
o particular las mueve a tiem])o }' les llega el agua 
a la altura de las fauces por indiferencia personal. 
'¿ Qué derecho tenemos procediendo así como ciuda- 
danos libres para quejarnos del desamparo en que co- 
locan al pueblos los ^Nrvuiicipios y los Gobiernos, si 
no experimentamos el impulso propio o prÍA'ado de 
los sajones en pro del l)ien general que siempre al- 
canza al privado o ])articular? 

Más conformémonos con nuestros há)3Ítos y a pe- 
sar de ellos, hágase lo que se pueda en benefício de la 
sociedad en que vivimos, y la propagación del mur- 
ciélago que no es imposible, por la Secretaría de Sa- 
nidad o por la de Agricultura o por las dos, porque 
el asunto ataíie tanto a la una como a la otra, ])ues 
si el murciélago destruye el mosquito que es una ame- 
uaza a la salud pública, destruye también los parási- 
tos que afectan tanto a las plantas (3). 

Hora es ya de que señale lo que debe hacerse 
para obtener la reproducción al)undante del nmrcié- 
lago, que hoy se ve rara vez en la población y en sus 
barrios de las afueras, sobre todo en éstos en que es 
tan necesaria su ]jreseiicia ])ara hacerlos perfecta- 
uiente habitables. 



(3) No ignoramos que cu los Kstaclu.s l'iiidos los peritos dol Xcgo- 
ciado do F/iitomología aceptan la ¡iropiedad del murciélago como insectí- 
voro; pero no justifican una empresa para procrearlos. Sus experimentos 
se han hecho con los murciélagos del Xorte, nada más. Howard I.. O. 
Mjjsquitocs and Bats. Pub. Health. Kp.. 17Sí». CTulio 30, 1920). 



260 ANALES DE LA 



Entiendo que en todas las Plazas, Paseos y Par- 
<|ues deben construirse kioscos o construcx-iones que 
no afeen, y que podrían alquilarse para la venta de 
frutos u otros productos nieiuidos, y si no pueden o 
deben alquilarse, que solo tengan el objeto de criar 
el mtirciélago, deben ser las construcciones altas, pa- 
ra que en sus tedios se haga la guarida, tanto más fá- 
cil, que solo debe carecer de luz y sobrarle el calor, 
como le sobrará. Xo necesita ])reserYársele en este 
país, más cpie de la rata o el ratón que destruiría sus 
madrigueras; pero esto es fácil. 

Si se logra establecer en debida forma la repi'o- 
ducci(5n del murciélago a discreción y en condiciones 
manejables, se habría dado un gran ])aso, en los luga- 
res en cjue el paludismo impera, pues no será tan in- 
dispensable vivir en locales guarecidos por tela metá- 
lica, la que no pueden tener los menesterosos. Más 
eficaz o eficiente es destruii' el mosquito, sin el cual 
no existiría la transmisión del paludismo. Bieu se 
me alcanza (pie rejjroduciéndose el mosc{uito de tal 
modo que una ])areja solamente puede producir l)i- 
llones de ellos, no será tan fácil que los nmrciélagos 
los extingan sin otra ayuda de la tligiene; pero es el 
caso que el ensa\'o no se ha hecho aquí, que no hemos 
procurado poner en juego a nuestra vez, el mayor nú- 
mero de murciélagos, si bien conocemos la cualidad 
insectívora de éstos según lo han comprobado dife- 
rentes njituralistas. El paludismo en los lugares en 
(pie se im])lanta es tan difícil de dominar e inutiliza 
de modo tal las caiaturas, que merece la ])ena haga- 
mos un ensayo más, (pie puede ser fecundo (^n resul- 
tados. 

Por eso, siendo tal vez el menos autorizado para 
tratar el particular por ser otros los estudios que más 
me han ocupado, me he atrevido a traer este asunto 
de interés general y patriótico a esta Academia que 
tantas veces ha acogido en su seno con el desinterés, 
heredado de sus fundadores, todos aipiellos asuntos 
que redundan en bien de la humanidacl y en beneficio 
del país al que he ser\4do siempre desinteresada- 
mente. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 261 

Réstame solo suplicar a mis ilustres compañeros 
tomen en consideraeión el asunto' que someto a su 
Juicio, y lo ilustren con el saber y la inteligencia con 
que lian sabido hacerlo tantas veces en análogas cir- 
cunstancias. 



ACTA DE LA SESIÓN PUBLICA ORDINARIA DEL 14 DE ENERO DE 1921 



Presidente. — Dr. Jiijín Santos P'oniández. 
Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 
Académicos concuna ules. — Dres. : A. Aballí, A. Agramon- 
te, (Á. Alonso Cuadrado, Ix. de Castro, G. Casuso, G. (í. Duplessis, 

C. Finlay, F. García Cañizares. F. Grande Rossi, J. Giiiteras, 

D. Hernando Seguí, J. Le-Roy, J. A. López del Valle, J. A. 
Fresno, M. Ruiz Casabó, F. Torralbas, C. de la Torre y J. A. 
Valdés i^ciano. 



Leídas las actas de 23 de abril, 14 y 19 de mayo, 11 de ju- 
nio, 8 y 22 de octubre, 12 de noviembre y 10 de diciembre de 
1920. fueron aprobadas. 

Se da cuenta de las siguientes comunicaciones: 

Entrada. — De los Dres. -Jorge Le-Roy, Raimundo de Castro, 
José A. Valdés Anciano y Ricardo Gómez Murillo, proponiendo 
al Dr. Julio F. Arteaga y Quesada para la plaza de académico 
de número de la sección de Medicina, Cirugía y Veterinaria, va- 
cante por fallecimiento del Dr. Guillermo J. Benasach. 

Del Juzgado Municipal de Guanabacoa, para que esta Aca- 
demia informe si entiende como acto exclusivo de la profesión 
médica, el poner vendajes, curar dislocaciones ])or medio del 
masage o fuerza mecánica exterior por quien no tenga título 
como médico cirujano. 



262 ANALES DE LA 



Del Director do la Casa de Beneficencia y Maternidad re- 
mitiendo un folleto, historia do la misma, paia recolectar fon- 
dos para diclia institución. 

De la Seci'etaría do la Presidencia í\í? la República, seña- 
lando hora para recibir en año nuevo a la Academia. 

Del General Leona rd Wood, lolicitando a la Academia en 
el nuevo año. 

Del Dr. Francisco Al. Héctor. i)articipando estará ausente 
de esía capital do 10 a l-l días por tonei- (|uo trasladarse a 
Oriente. 

De la Secretaría úo -Justicia, i-omitiendo expediente para 
(|Uo esta Academia iníoi-mo sobro el escrito ])i'C.scntado por ios 
Dres. : Arístides Alestre. F. Arango y ,). A. Valdés Dapena, los 
que solicitan se les abonen honorarios módicos devengados con 
motivo del expediente do jubilación del Sr. .Miguel Betancourt y 
Dávalos, Secretario del Juzgado do Primera Instancia o Ins- 
tnicción de Alacranes. 

Del Juzgado Municipal do Santiago de Cuba, pidiendo in- 
forme a esta Academia sobre el juicio verbal seguido por doña 
Paula Palomino contra D. Francisco Bi-ugalen en cobro de pesos. 

Del Sr. Ernesto \"illaverde, Secretario de la Comisión orga- 
nizadora al fianquetc homenaje al Dr. Alfredo Zayas y General 
Francisco Carrillo, remitiendo cinco billetes i)aia dicho banque- 
1e que tendrá lugar el 20 do diciembre. 

De la Secretaría d(> Ju.sticia, dando cuenta de la transfe- 
rencia de crédito de mil ]k\sos concedido a esta Academia y que 
dicha cantidad se dividirá en octavas partes, empezando en no- 
viembre su cobro juntamente con lo que tiene consignado por 
subvención del Estado. 

Salida. — Al Sr. Juez do Instrucción de la Sección Tercera 
de la Habana, remitiéndole informe aprobado por la Academia 
referente a la causa número 445-1920 del Juzgado de Camagüey. 

Al Sr. Juez Municipal do Santiago de Cuba, remitiéndolo 
informe aprobado por la .\cademia sobi'o honorarios. 

A la Secretaría de Ju.sticia id., id., id., .sobre honorarios 
devengados por los Dres. A. Mostró, F. Arango y Valdés Dapena. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 263 



Al Director de la Gaceta Oficial, remitiéndole convocatoria, 
para su publicación en la (r aceta Oficial, de una plaza vacante 
de académico de número ou la sección de Medicina, Cirugía y 
\''eterinaria. 

.VI 8r. Ernesto Valladares, remitiéndole sesenta pesos por- 
tres billetes para el ))anquete liomennje nacional al Dr. Alfredo 
Zayns y oeneral Francisco Carrillo, y devolviéndole dos. 

.\ los 4í) académicos de número existentes en la cori)ora- 
ción, dándoles cuenta de la i)laza vacante, y manifestándoles 
([ue cumple el j)lazo paia presentar solicitudes o propuestas el 
2-J- de diciembre. 

Al Dr. Gastón Alonso Cuadrado, con pésame por el sen- 
sible fallecimiento de su señora esposa. • 

Al Si". Directoi- de la sección de Medicina, Cirugía y Vete- 
rinaria, remitiéndole expediente del Dr. Julio F. Artega, como 
candidato a la plaza de académico de número, vacante por fa- 
llecimiento del Dr. Guniermo J. Benasach. 



Abierta la sesión el Si-. Presidente concede la palabra al 
D]'. Juan Guitcras, el que pronuncia una notable conferencia 
dando cuenta a la corporación del viaje que acaba de realizai- 
al África, en comisión científica. En esta conferencia empezó 
por dar cuenta de los nond^res de las distinguidas personalida- 
des que había conocido y tratado, manifestando que consignaba 
ese extremo porque los latinos somos nmy aficionados a hablar 
de personas. 

Describió los distintos lugares en donde estuvo desde Lon- 
dres, en donde se encontró con el Mayor Gorgas que formaba 
parte de la Comisión Científica, y que en aquel entonces se en- 
contraba ya enfermo de la lesión que más tarde le produjo la 
muerte, describiendo luego su viaje a París, sus confei'encias 
con las Juntas de Salubridad de las Colonias en ambos países, 
los servicios de orden científico que se le prestaron a la Co- 
misión, especialmente en el Instituto Pasteur, y por último 
su viaje al África, en donde esperaba encontrar grandes focos 
de fiebre amarilla. Allí pudo comprobar la Comisión que no 
existía ese mal, atribuyendo el conferencista que actualmente 



26i ANALES DE LA 



no existiera la cnferinedad debido tal vez al agotamiento de los 
no inmunes, pues en aquel país los niños sufren de una epide- 
mia que bien pudiera ser la fiebre amarilla, e])idemia que en 
ese caso confiere inmunidad, la que se pierde i)or no existir in- 
mififración que de lugar a nuevos casos. 

Habló extensamente sol)re la epidemia, en muchos lugares 
allí existentes, de la enfermedad del sueño, señalando los pro- 
fundos estragos ([ue produce en las po])laciones. Entró de lle- 
no en el estudio del germen descubierto y desci-ito por el i)ro- 
fesor Noguchi. estimando (¡ue existen diferencias notables en 
la enfermedad fiebre amai'illa y la producida por el germen de 
Noguchi, diferencias que son muclio más acentuadas y que pue- 
den comprobarse mejor en las autopsias realizadas en los indi- 
viduos fallecidos y en la enfei'medad producida experimental- 
mente en los enrieles. 

El conferencista da las gracias a los señores presentes poi' 
liaber a.sistido a este acto, y termina su discurso entre los lui- 
tridos aplausos de la concurrencia. 

El Sr. Presidente dado la avanzado de la hora da por ter- 
minada la sesión púl)lica. ])ara constituirse la Academia en otra 
de gobierno. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 265 



EXPEDICIÓN AL ÁFRICA Y ESTUDIOS 
DE FIEBRE AMARILLA 



POR EL 



Dr. Juan Guiteras" 



(Sesión del li de enero de 1921). 



El Sr. Presidente de la Academia lia creído que 
sería de interés que relatase algunas de mis experien- 
cias en África, y tengo mucho gusto en complacerle, 
así como a Uds. señoras y señores, si es que logro 
interesarles. 

La Comisión de la Fundación Rockefeller, a que 
tengo el honor de ])ertenecer, tenía por objeto estu- 
diar la situación de la ñebre amarilla en el Continente 
Africano con la mira ulterior, como en otras ]jartes, 
de determinal" si era de recomendarse como o])jetivo 
práctico la empresa de la extinción total de la enfer- 
medad. 

Componíase la (■omisión del Gral. Gorgas como 
Presidente, el Gral. R. E. Noble del (\ierpo Médico 
del EjérHto Americano, el Profesoí* Adrián Stokes, 



(*) Catedrático úo Putolog-ía General y Tro]iical en la riiivorsi- 
dad de la Habana y Miombro de la Coiiiisión ¡\v Fiebre Amarilla lie la 
Fundación Eockefellcr. 



266 ANALES DE LA 



el Dr. \\\ 1). Tytler, y el que les dirige la palabra. 

En las Colonias Inglesas se nos agregó el Doc- 
tor Horn y en las Francesas el Dr. Noc, que faeilita- 
roii grandemente luiestros trabajos. 

tía])lemos de estas personalidades breA'eniente, 
ya que a nosotros nos atrae siempre el aspeeto perso- 
nal de las acciones v sus efectos. 

Recuerdo que un maestro mío, gran clínico de 
Filadelfia, me decía hace muchos años, cuando yo em- 
l)ezaba a dar conferencias clínicas, que él había des- 
cubierto el secreto para interesar a su auditorio. 
"Cuando yo observo, me decía, que los estudiantes 
empiezan a distraerse o a dormitar, no tengo más 
que decir (jue voy a darles una receta apropiada al 
mal de que vengo hablando yai'R obtener como por 
encanto mi vivo despertar del interés general, y sa- 
len a relucir los lápices y los libros de notas". 

Ahora Ihen, y(t he descubierto que entre nosotros 
surte el mismo efecto la mención del nombre de una 
persona, como por ejemplo, "fulano dijo tal cosa" o 
"este es el signo de fulano". Y ]3or desgracia suele 
quedar mejor impi'eso el nombre que la cosa misma. 

Veamos pues estas interesantes personalidades 
y otras no menos imiDortantes que tuve el honor de 
conocer o de volver a saludar durante la excumón. 

Supongo que ante un auditorio cubano no es ne- 
cesario hablar del Grnl. Gorgas. Aquel noble carác- 
ter, aquella íirmeza tan sostenida por la bondad mis- 
ma, y aquella sencillez, tan inünitables para nosotros. 

Habíamos de i-ennirnos todos en Londres para 
el 15 de junio, y cuando llegué a principios del nrfes 
me encontré que el buen amigo estaha herido de muer- 
te, con síntomas de uremia ,y hemorragia cerebral. 

P'udo sin embargo disponer que yo siguiera jjara 
el África al frente de la Comisión, mientras quedaba 
a su lado el Cral. Xoble ]')ara afrontar el conflicto que 
amenazaba. 

Después del fallecimiento de Gorgas vino a unir- 
se con nosotros, como Jefe de la Comisión, el Gene- 
ral Noble que había tenido conocimiento de la fiebre 
amarilla en Panamá como auxiliar de Gorgas, y es 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 267 

hoy Director de la famosa Biblioteca del Cirujaiio 
(leneral del EjéiY-ito en Washington. 

Los Dres. Stokes v Tvtler habían sido de los pri- 
meros en estndiar el lotero infeccioso o enfermedad 
de Weil desde el pnnto de xista de los nnevos descu- 
brimientos {Sj)irocli((eta icicrohaemorrlíagiac) he- 
chos en el JapcSn poi' I nada y sus colaboradores, y 
que mis dos compañeros confírmaron en los casos de 
acjuella enfermedad durante la gran guerra. 

Como la Spirocliaeta ictcroliacnion-jKifjiac de los 
japoneses tiene afinidades bastantes íntimas con el 
parásito recientemente descubierto por Noguchi en 
velación con la fiel)re amai-illa, estal3an muy bien pre- 
parados mis compañeros para comprol)aT los resulta- 
dos obtenidos por este investigador. 

Tan íntimas considera Noguchi las relaciones en- 
tre los dos organismos, cpie ha creado con el nombre 
de Leptospird un género ai)arte en el cual compren- 
de las dos especies, icteyohfieworvlíagiac e icterodes. 

Mi amigo el Dr. Stokes es catedrático de Bacte- 
riología en la Universidad de T3ublin. Es nieto del 
gran Stokes que tanto esplendor dio a la fama de 
aquella Universidad. 

Un colaborador imix' inteligente v activo encon- 
tramos también en el Dr. Tvtler del Canadá. 

Todo el mes de junio tuve que pemianecer en 
Londres para obtener en el Ministerio de las Colo- 
nias datos sobre la histoi'ia reciente de la tíebre ama- 
rilla en África. 

Y preguntarán mis oyentes: ¿Por qué no en el 
Ministerio de Sanidad, de i-eciente creación'? 

Los Ministerios de Sanidad recién creados en 
Europa son unos organismos muy incompletos que 
parece solo se ocupan en algunos asuntos que han 
querido (^ederles otros ^Ministerios. Todos los asmi- 
tos sanitarios del gran imperio colonial inglés, y 
lo mismo sucede con el francés, se estudian y resuel- 
ven en los Ministerios Coloniales res2>eetivos. 

En el Ministerio Colonial Británico se interesa- 
ron personalmente los altos funcionarios 8ir H(U'- 
bert Read v Sir James Fowler, distinguidísimo mé- 



2S8 ANALES DE LA 



dico i]iglés que liabía presidido en afios recientes una 
(,\)ijiisión de fiebre amarilla en África. Hicieron pre- 
parar mapas especiales para nuestro tiso y tuve a 
iui disposición toda la correspondencia, aun la de ca- 
rácter reservado, en lo que se refiere al estado sani- 
tario de las Colonias Africanas. 

No pude renovar mi antigua amistad con el Doc- 
tor ^lanson i)or que éste se encontraba de pesquería 
en Irlanda. Por cierto que algunos consideraban que 
])udiera ser peligrosa la situación de un escocés como. 
Manson en medio del desconcierto revolucionario que 
reina en Irlanda en estos momentos ; i)ero los más se 
reían diciendo qu(^ uno que se llama Patrick siempre 
cae bien en Irlanda, v además, a Manson lo mismo 
(|uc a (jorgas ¿quien podía de jai' de quererlos y ve- 
nerarlos ? 

Tuve el gusto de saludar antiguos conocidos, a 
Ross, Simpson, (Vintley, Sambon, y de conocer a 
Bruce, a Castellani, a Balfour, nombres insignes en 
los anales de la medicina tropical. 

Nos reunió a todos en una comida Mr. Welcome, 
insigne americano propietario de la gran casa de Bu- 
rrouglis y Welcome, ambos americanos que se esta- 
l)lecieron hace muchos años en Londres y han creado 
el centro industrial y comercial de drogas más impor- 
tantes del mundo. 

Mr. AVelcome gasta su dinero a la americana. Ha 
fundado en Londres un Museo de la Historia de la 
Medicina, y otro ^luseo de Medicina Tropical (*on 
Lalioratorio experimental anexo, al frente del cual 
]ia puesto a Mi*. Balfour que ya había dado renom- 
bre al Laboratorio creado por el mismo Mr. Welcome 
en Kartoun. 

Pero no terminan aquí las actividades de este 
hombre extraordinario. El sostiene y personalmente 
dirige importantes excavaciones arqueológicas en 
ICgipto, donde sus empleados forman un jDueblo en los 
('(entornos de las mismas ; pueblo cuya educación, hi- 
giene y gobierno administra el mismo Mr. Welcome. 
Sin duda que es este señor uno de aquellos empeder- 
nidos traficantes americanos que no piensan más que 



1 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 269 

en el clollar, v que tanto nos complacemos en juzgar 
desde las alturas de nuestro idealismo y nuestro al- 
truismo superiores. 

(^astellani y Balfour eran ijcrsonalidades nue- 
vas para un'. Serio, grave, reservado, pero de una 
cortesía excpüsita el italiano; i'obusto, franco, deci- 
dor y alegTe el escocés: de ninginin de los dos pen- 
saría nadie (pie están levantando los capiteles y la 
raagnífíca cú])iüa del edificio cuyos cimientos echa- 
ron Finlay y JNlanson, el monumento de la medicina 
tropical moderna. 

T^a Escuela de Medicina Tropical de Londres, 
por conducto de su Director actual, el Coronel Alcock 
me invitó a dar noa conferencia en ella y natural- 
mente escogí por tema la fiebre amarilla. 

También fué necesario conferenciar con las au- 
toridades coloniales fi-ancesas, lo que me hizo tras- 
ladarme a París. Eiiel Ministerio de las Colonias, el 
Dr. Paul riouzien, Presidente del Consejo Superior 
de Sanidad ile las Colonias me facilitó muy amable- 
mente toda la ílocnmentación necesaria y la inti'o- 
ducción a las autoridades coloniales francesas. 

Ya el I)]', (lorgas había asegurado la coopera- 
ción de las autoridades belgas, y una visita al Em- 
bajador de España en Londres y al ^linistro de Por- 
tugal nos obtuvo, con expresiones del más vivo in- 
terés V muestras de la más fina cortesía, el concurso 
de las autoridades de sus respectivos países. 

No visitamos las colonias j^ortuguesas pero al 
llega 1- a Canarias, encMUitré que el Dr. Martín Sala- 
zar, Director de Sanidad de España, había anunciado 
mi llegada por cable, encareciendo, como así se hizo, 
que se me prestasen todos los auxilios en mis investi- 
gaciones, de lo que estoy nmy agradecido. 

De más está decii* que nuestro Ministro en Lon- 
dres, el Genei-al Carlos Grarcía Vélez, no solo como 
representante, sino también como buen amigo, me au.- 
xilió eficazmente en todas mis gestiones. 

Desde luego C[.ue durante mi corta estanciti en 
París no pude dejar de visitar el Instituto Pasteur, 
por la inq)0]'tancia que tiene comió centro de i mes- 



270 ANALES DE LA 



tigaeioiies eieiitíñcas, y para obtener además la iii- 
troduecióii a sus Laljoi'atorios sucursales vn las co- 
lonias. 

El encargado de la Dirección de estos Laborato- 
rios es el Dr. Mesni] y a él mv condujo i)ersonalniente 
el l)r. Roux, a quién tnvv el gusto de enconti'ar en me- 
jor estado de salud de lo que yo suponía. Al despacho 
del Dr. Mesnil AÍno a verme el l)r. ^larchoux, ([ue 
fué el Jefe de la Coniisión Francesa (pie en el }>ra- 
sil CDUÍirmó tan ventajosamente los trabajos so])]'e 
fiebre amarilla hecbos en la Habana y (pie tanto con- 
tribuyt') a esclarece i; otros })untos en la patogenia de 
la enfermedad. 

El Instituto Pasteur mt' ponía en relación par- 
ticularmente con el l)r. Xoc, Director del Lal)ora- 
torio de Dakar, el cual babía beclio estudios de lie- 
bre amarilla como miembro de otra (N)misi(')n ([ue vi- 
sitó la Mai-tinica en 1908. 

Yoh'amos ahora miestra atención al Continente 
Africano a cuyas costas arriliamos a mediados de ju- 
lio, en el puerto de íjagos que se eíicuentj'a bacia e! 
fondo del gran saco de (luinea. 

El tiem])o de que disponía la Comisión no era 
suticiente para alcanzar conclusiones deñnitivas en 
los difíciles problemas (pie afectan los aspectos de 
la ñel)re amarilla en grandes centros de i3oblación 
negra. 

Pensal)a yo que el procedimiento más práctico 
a seguir sería establecerlos en uno de los dos gran- 
des centros (*omerciales de la costa tropical afri- 
cana en Occidente, a sal)er, Dakar o Lagos, puertos 
que ofrecían las siguientes ventajas: facilidad de co- 
municaciones con otros lugares de la costa v del in- 
terior. la existencia de una población blanca consi- 
derable que babía de ser un reactÍA'o más sensible a 
la ñebre amarilla, la existencia además de una po- 
blación móvil en comunicación frecuente con dÍA'er- 
sos territorios, y finalmente la existencia de Labo- 
ratorios, Hos])itales y además n^edios de investi- 
gación. 

Fia colonia francesa, además, nos pi-onietía la 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 271 



ventaja de presentar en sus antiguas fundaciones de 
Garea, Rufisque y San Luis, focos de población más 
o menos mestiza que haljían de ser mejor reactivo <|ue 
la raza negra. 

Establecimos nuestro campamento de expecta- 
ción en Lagos, ocupando nuestro tiempo en estudios 
del Leptospira de Noguchi, del que llevaba el Doctor 
Stokes cultivos; en buscar el Leptospira icterohae- 
niorrJiagiae en las ratas nativas: y en pi'o])ar las re- 
acciones de inmunidad en individuos que hubiesen te- 
nido recientemente la fíebre amarilla, o que ])i*escii- 
tasen actuabnente síntomas sospechosos. 

Intentamos tamlbién la transmisión de curiel a 
curiel de la infección Noguchi por medio del mosqui- 
to Calopus, y estudiamos las glándulas salivares de 
éste después de haber picado enrieles infectados. 

TiOs resultados de estas investigaciones fueron 
todos negativos y nunca encontramos un caso de fie- 
bre amarilla. 

FenómeiK» curioso : la tres cosas que más peiisa- 
l)a yo encontrar en África brillaron por su ausencia : 
ni fieljre amarilla, ni calor, ni mosquitos. 

En toda la extensión de la zona ecuatorial y sub- 
tropical del África hacia el Atlántico, extensa zona 
llamada endémica de la fiebre amarilla, no encontra- 
mos un solo caso de dicha enfenriedad. En toda aque- 
lla zona de la ai-diente Libia no sufrimos un solo día 
de calo]- intenso. El cielo casi siempre nublado du- 
rante el día, y el tiempo lloviznoso amengual)an los 
supuestos rayos mortíferos del sol. 8i no i qué hubie- 
ra sido de tanto ne2"rito como veíamos llevados a lioi'- 
(-ajadas y sujetos al lomo de las madres y con las ca- 
becitas rapadas, bamboleando al sol, y qué de tanto 
europeo que llevaba tanto casco Idanco y pesado y 
caliente sobre las cabezas í* 

En cuanto a mosquistos no falta el Calopus en 
toda aquella zona, pero es el caso que sienq)re ])udi- 
mos trabajar de noche con lám])aras sin que nos mo- 
lestasen los insectos, aunque habitábamos en el caii!- 
po generalmente v las telas de alanifbi'c estaban has- 



272 ANALES DE LA 



taiite gastadas ])oi' no haJxT ])(>(li(lu i-epoiierlas du- 
ra uto la guerra. 

Yo dedique luuy ijivfei'cute atenci('ii) a ajjlicar 
mi método estadístico para descul)i'ir la presen- 
cia de la ñel)re amarilla eii una población. Es- 
te nvétodo se funda en el fenómeno de un notable in- 
cremento de la mortalidad de niños Illancos en pre- 
sencia de la ñebre amarilla, anuíjue dicho aumento 
no aparece en las listas de defunciones bajo el epi- 
grafía de dicha enfermedad. En otras publicaciones 
he señalado i)ajo qué lemas se esconden estas defun- 
ciones. Este método es de una segui'idad absoluta 
cuando existe una poldación mixta, y cuando los da- 
tos demográfícos incluyen además del diagnóstico, la 
edad y la raza en cada defunción. 

Como que mis obser\'aciones anteriores me ha- 
bían demostrado que este incremento de la mí)rtali- 
dad no afectaba a los niños negros, poca esperanza 
tenía de que me diese información de interés para el 
diagnóstico de la fiebre amarilla el estudio de las grií- 
fieas de la mortalidad en Lagos, donde casi la totali- 
dad de los niños son negros. Sin embargo me decidí 
a hacer la prueba pensando que tal a'cz la infección 
amarilla |)odía tener efecto visible sobre masa tan 
grande de población negra. (Lagos es una ciudad 
de 80,000 almas, de las que solo unos 6,000 son blan- 
cos) y aun me figuro que así hubiera sido, si en La- 
gos hubiera habido grandes explosiones de fiebre 
amarilla. 

Las estadísticas demog]'áficas de Lagos son muy 
imperfectas en cuanto al diagnóstico, que muchas Ace- 
ces se funda en datos suministrados por las familias. 

He anotado una por una las defunciones ocurri- 
das en 17 años escogidos de varias épocas entre el de 
1868 y 1920, procurando contrastar años de fiebre 
amarilla con años en que no la hubo. Ih^ preparado 
gráficas (|ue ]-e]jresentan la mortalidad por meses: 
pero aquí solo preseiitaré el siguiente cuadro-resu- 
men de la mortalidad anual : 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 273 



CUADRO 



Años 



1919 
1920 



i ' c de óbitos de 

I MotUlidad de niños de me- 

i por 1. 000 de nos de 5 años de 

población edad al número 

I total de óbitos. . 



24.8 



44.2 



Número 
de óbitos 
de blan- 
cos. 



18ÜS 


oo.o 


51.-1 


1869 


.■¡2.5 


48.1; 


1870 


52.7 


49.4 


1871 


43. (i 


49.0 


1880 


30.2 


35.5 


1891 


4G.0 


.38.5 


1892 


41.2 


36.9 


1893 


r.S.r) 


34.2 


1894 


40.2 


39.7 


189.'> 


46.1 


40.3 


189(i 


43.4 


42.4 


1901 


41.4 


48.7 


1910 


27.4 


51.4 


1912 


23.1 


51.3 


1913 


24.6 


48.8 



10 

■> 
> > 

(i 
15 

7 
16 
23 

i;; 

23 
12 
15 
11 
17 



13 



OBSERVACIONES 



Xo 
Xo 
Xo 
Xo 
Xo 
Xo 



F. 


A 111 


arilla (1) 


la 


F. 


Amarilla. 


la 


F. 


Amarilla. 


la 


F. 


Amarilla. 


la 


F. 


Amarilla. 


la 


F. 


Amarilla. 


la 


F. 


Amarilla. 


la 


F. 


Amarilla. 



Una muerte por 
Xo se menciona 

se menciona 

.se menciona 

.-<o menciona. 

se menciona 

se menciona 

se menciona 
Se supone hubo F. Amarilla (2) 
Se supone luilio F. Amarilla (2) 
Üe supone hubo F. Amarilla (2) 
Xo se menciona la F. ,Vmarilla. 
Se mencionan casos. 
Xo se menciona la F. Amarilla. 
Primera vez que se declara ofi- 
cialmente la F. Amarilla y el 
brote más importante que ha 
habido (3). 
Un caso en un nativo. 
Un caso en un nativo (4). 



(1) También apareen en el líogistro una (lefuncirui en l.sii7. ]>ero 
no está completo el Registro de ese año. 

(2) Sir R. Boj'ce. expresa la opinión de que la fiebre amarilla 
existió en estos años, y si juzgamos por las causas de defunciones que 
aparecen en algunos de los casos en el Registro, y por el aumento del 
número de defunciones de blancos, podemos creer que tenía razón. 

(3) En la historia de esta epidemia se dice que fué ésta la iirime- 
ra ocasión en que se reconoció oficialmente en Lagos la exi.stencia de la 
fiebre amarilla, pero, como he dicho en la Xota (1) hube de descubrir 
en los libros del Registro una muerte por fiebre amarilla en 1867 ,v 
1868 respectivamente. El número de casos que se denunciaron en 1913 
fué 38*. 

(4) El estudio le la histoiia de este caso que ocurrió antes de 
nuestra llegada a Lagos, me convence de que no se trataba de fiebre 
amarilla. 

En la selección de los años que aparecen en la tabla anterior he tra- 
tado de contrastar años de íTebre amarilla con años en que no la hubo. 
Por las notas del cuadro se verá que esto no es fácil de determinar. He 
introducido algunos años que coinciden con el Censo ]iara que haya más 
exactitud en los cálcuhis de la ii'ortalidad. 



274 ANALES DE LA 



El anterior cuadro no da indicios de que la fie- 
bre amarilla, en brotes al parecer de poca difusibili- 
dad haya afectado la mortalidad de niños negros. 

Si desde el punto de vista de la fiebre amarilla, 
revisten poco interés estas cifras, no quiero dejai' de 
llamar la atención a la influencia de las estaciones 
sobre la mortalidad de los niños. En la curva de lá 
mortalidad por meses se observan dos distintas ca- 
racterísticas aimales. En unos años el ápice de la 
mortalidad infantil aparece en diciemljre y enero, que 
es 'la época de míayor calor, mientras que en otros 
años aparece en julio, que es la estación fresca por 
las aguas. Aun en los años de Ja primera categoría 
casi siempre se no^a una elevación secundaria de 
mayo a julio. 

Un caso sosi^echoso que ocurrió en Lakoja nos 
dio la oportunidad de penetrar en el Continente unas 
700 millas por ferrocarril a buscar el río Níger cuya 
corriente descendimos basta Lakoja en la confluen- 
cia con el Benue. Bonita ciudad Lakoja, con eviden- 
cias de baber sido un tiempo escogida por los ingle- 
ses para capital de la Nigeria. Tiene un precioso 
hospital en forma de bungalow. 

Parte de la (^omisión, l^^^tler y Horn, recorrieron 
la Costa de Oro y Sierra Leone. Al Dr. Stokes lo de- 
jamos en Lagos con el Laboratorio, y el Dr. Ntoble y 
yo visitamos el Dabomey, el Congo Francés, el Belga 
y finalmente el puerto de Dakar en el Senegal, don- 
de pasamos unas semanas y tuvimos la oportimidad 
de conocer a los Reyes de Bélgica rjue regresaban del 
Brasil. 

En todas partes encontramos la más cordial aco- 
gida y el más vivo interés en facilitar nuestras ope- 
i-aciones. Especialmente los Gobernadores de Nige- 
ria, del Dahomev v del África Occidental Francesa 
que nos in'epararon espléndido alojamiento. El Di- 
rector de Sanidad de Nigeria, Dr. Rice, el del Laljo- 
ratorio de Yaba cerca de Lagos. Dr. Connal y su es- 
posa, distinguida entomóloga, la amable sociedad 
francesa en Porto Novo del T)ahon>ev, el Dr. Noc, 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 275 



Jefe del Laboratoiio en Dakar \' tantos otros estre- 
marón sus atenciones para con la Comisión. 

En tocios estos lugares, incluyendo ^tatadi en el 
Congo Belga, tomé notas estadísticas de diversos años 
con los mismos resultados ({ue en Lagos (exceptuan- 
do Dakar) y también en todas partes notas históricas 
de las recientes manifestaciones de la fiebre amarilla. 

De todas estas puede decirse que contrastan no- 
tablemente por su poca extensión y difusibilidad con 
las vastas invasiones que, con extraordinaria rapidez 
se derramaban un tiempo por territorios del Sur de 
la Unión Americana. Faltaba, como gran factoi' en 
África, el elemento blanco. 

La expedición a ^latadi en el Congo Belga, ade- 
más de darnos la oportunidad de conocer seis ca- 
sos que allí ocurrieron en 1917, deja en mi mente la 
indeleble memoria de la subida por el río Congo, la 
majestuosa corriente c-uyo caudal supera solo el Ama- 
zonas, y las orillas totalmente despobladas ])or la aso- 
ladora enfermedad del sueño. Esta pudimos verla 
más cerca en el Hospital de Dakar. 

Las estadísticas de las defunciones en Dakar son 
aún menos completas que las de Lagos, puesto que 
en el Registro Civil no se expresan los diagnósticos. 
Tiene uno que valerse de las estadísticas de hospita- 
les para llenar este hueco y de los valiosos informes 
de médicos coloniales. 

Es sin embargo de grandísimo interés el estudio 
de la estadística escueta de las defunciones con la 
edad correspondiente a cada uno. En Dakar y en 
las ])oblaciones vecinas de San Luis, Rufisque >' (Jo- 
rca hay una población blanca considerable así como 
numerosas familias criollas blancas y mestizas. 

Xo en l)alde fué el Senegal escuela donde apren- 
dieron fiebre amarilla los Dutroulau, los Bérenger- 
Féraud. y la brillante ])léyade de médicos franceses 
que dieron tan gran impulso a los estudios de Medi- 
cina Tropical. 

Mtis trabajos estadísticos en Dakar exponen (Co- 
incidencias sorprendentes entre las alzas de la mor- 
talidad infantil v las manifestaciones de la fiebre 



276 ANALES DE LA 



amarilla, ya inmediatamente precediendo a ésta o ya 
acompañándola. La última explosión de fiebre ama- 
i'illa en Dakar ocurrió en 1910 y continuaron los ca- 
sos hasta 1912. Desde el 1914 "la sustituye funesta- 
mente la peste bubónica. Terminada la guerra se lian 
reanudado activamente las medidas sanitarias y tien- 
de la peste a desaparecer. 

Mi excursión por el África termina con una es- 
tancia de dos o tres semanas en las amables Islas Ca- 
narias, la tierra de las ñores y del trabajo. Los ca- 
narios no lian necesitado de gente extraña que \eiiga 
a cultivarles su tierra. 

Considerando aliora de una manera general ia^ 
situación de la fiebre amarilla en el África, empezaré 
por lo que pudiera parecer una ])aradoja ; pero es un 
beclio que la presencia de grupos de población que 
gozan de una inmunidad parcial (negros, niños) es 
decir, que presentan preferentemente formas benig- 
nas, en medio de grupos mayores de individuos que 
han sido inmunizados por un ataque anterior de la 
enfermedad ; la existencia, digo, de estos grupos pue- 
de operar, ya como factor que mantiene, ya como fac- 
tor que extingue la endenücidad. Tales agrupaciones 
en pequeños centros de po])lación, relativamente ais- 
lados, con intercomunicaciones puramente locales, 
fuera de las grandes vías del tnífico, como son, por 
ejemplo, las haciendas en Yucatán y las que rodean 
a Coro en Venezuela, tienden n mantener la ende- 
niicidad. 

Agrupamientos de })oblacioiies mayores, pero 
estancadas ])or el aislamiento o i[)Oy eircunstancias 
especiales tienden espontáneamente a producir la ex- 
tinción de la endemicidad. Tal el fenómeno que he- 
mos visto en Puerto Eico y en poblaciones de segun- 
do orden en Cuba, como Camagüey, Matanzas, Santa 
Clara. 

En el primer caso la inmunización opera frac 
cionalm.ente ; los pequeños focos locales, hoy en una 
hacienda, mañana en otra o en pequeñas aldeas, son 
como fuego de rescoldo y pasan inadvertido^;. El iiii- 
mero de no imnunes (niños), es ])equeño, y ellos se 



I 
I 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE I^ HABANA 277 



encuentran rodeados por un \'alladar inmune, los fa- 
miliares y vecinos de mayor edad. El no inmune 
adulto que viene a j^onerse en contacto con aquel cen- 
tro será un pasajero, un \'endedor ambulante, que lle- 
N'arcí la infección a mi vecino rancho o aldea. La en- 
(lemicidad aquí es larvada, mansa. 

En el otro caso suele suceder que una epidemia 
violeida reducirá el número de no inmunes en muy 
corto tiempo, una estación, por ejemplo, a tan bajo 
nivel que la propagación se hace difícil o im230sible. 
En ambos casos, sin embargo, es fuerza admitir que 
circunstancias accidentales pueden alterar los resul- 
tados. 

Todo esto es muy semejante a lo que ocurre en 
otras enfermedades endemo-epidémicas, como la dif- 
teria, el sarampión, la tos ferina, la viruela antes de 
la introducción de la vacuna. 

El territorio grande o pequeño donde se niani- 
tiesta el fenómeno de la endemieidad no es un área 
fija, antes bien comparo el movimiento del fenóniieno 
al de una gran ameba que se arrastrase sobre terri- 
torio más o menos Abasto, avanzando, extendiendo o 
retirando sus pseudópodos, llevando a veces a gran 
distancia una partícula que germina, como cuando 
se traslada a lo lejos un- caso solitario y crea foco, o 
cuando se lleva accidentalmente a distancia un mos- 
i quito infectado. 

Hace ya tiempo se juzgaba necesario invocar el 
auxilio de f omites más o menos complicados O' persis- 
tentes para explicar el mantenimiento de estas enfer- 
: medades, y la aparición de casos inesperados. Hoy 
i reconocemos al transndsor de ellas en (^asos benignos 
que pasan inadvertidos, o en el verdadero portador 
como sucede con la tifoidea, la difteria y la malaria. 
En la fiebre amarilla no existe el portador en la raza 
humana. 

En las enfermedades antes mencionadas no se 
ha juzgado necesario, para explicar su m'antenimien- 
to, invocar la existencia de un estanco o almacén do 
la infección en alguna otra especie de animal, ni mu- 
cho menos del^e considerarse necesario en relación con 



278 ANALES DE LA 



la fiebre amarilhi, enfermedad cuya extiiiciúii con ra- 
pidez verdaderanieiite espeetaeidar en los grandes 
eentros que eran la Ha])ana, Río de Janeiro, Pana- 
má, debían de excluir toda suposición de que pueda 
existir otro animal conio reserva, fuera del mosquito 
y el hombre. 

Condiciones semejantes a las que hemos descri- 
to pueden existir en la costa occidental de África, y 
si añadimos a ellas la persistencia de temperaturas 
tropicales, la disti-ibución extensa del mosquito Ca- 
lopus, y la consideración de los datos históricos que 
])Oseemos, estamos autorizados i)ara declarar que la 
fiebre amarilla puede ser endémica en cualquier re- 
gión de aquella costa y de sus sistem-as fluviales has- 
ta ciei'ta altura. Pero se ha cometido el error de su- 
poner que esto quiere decir que la fiebre amarilla 
es endémica constantemente en todos los lugares de 
aquella extensión. 

El concepto de endemicidad surgió en un tiempo 
en que se creía cpie la fiebre amarilla era una enfer- 
medad climática o telúrica. Actualmente el concepto 
solo significa que la enfermedad puede mantenerse de 
una estación a otra sin necesidad de una nueva im- 
portación. Ahora l)ien, (^ste mantenimiento o conti- 
nuación está sujeto a accidentes, y bajo la influencia 
de éstos puede prolongarse más «» menos o extinguir- 
se completamente. 

La endemicidad })ermanente no es carácter que 
cuadra en la historia natural de la fiebre amarilla. 
La prevalencia continuada en la Habana, Veracruz, 
etc., era debida a la circunstancia accidental de una 
corriente continua de inmigración de no inmunes. 
Como he dicho antes, en comunidades más pequeñas 
donde no existe el accidente de una grande inmigra- 
ción en masa (el soldado era el tipo) la enfermedad 
tiende a desaparecer espontáneamente. 

Boyce tenía, ])ues, razón en apoyar la doctrina 
establecida en Amlérica por Blair, Chaillé y Guiteras, 
con respecto a la prevalencia de la fiebre amarilla 
entre los niños y razas nativas, y tenía razón en apli- 
car esta doctrina a los problemas de la endemicidad 



i 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 279 



como lo había liccho antes (xiiiteras. Al hacerlo así, 
Boyce y la ('omisión Británica de Fiebre Amarilla 
en África eontri])uyeron a aclarar nnestra comiiren- 
sión del prolilenia amarillo en aqnella costa. Pero se 
va demasiado lejos cnando se pretende que debe exis- 
tir allí necesariamente una ¿írea extensa de endemi- 
cidad o que la regi(3n toda constituye una área perma- 
nente de esa clase. 

La verdad es, al contrario, que nuestra excursión 
reciente demuestra que la situación de la fiebre ama- 
rilla en aquella costa es tan precaria cpie pudiera muy 
bien ser que se haya extinguido totalmente. 

xlquella región nunca presentó un gran centro 
distributivo de la enfermiedad como lo eran la Haba- 
na y otros de este lado del Atlántico. 

La desaparición de estos focos ha infinido muy 
poderosamente sobre la distribución de la fiebre ama- 
rilla en América, y debe admitirse que esta infiuencia 
favorable se ha reflejado también sobre la costa de 
África que fué originalmente infectada por proce- 
dencias del Mediterráneo Americano. 

Si añadmios a esto la desaparición progresiva 
del barco de vela, criadero de mosquitos ; si tomamos 
en consideración la relatÍA-a inmunidad del negro ; si 
recordamos que durante la reciente guerra mundial 
se enviaron contingentes considerables de hombres y 
oficiales blancos al Togo y a los Cameroons sin que 
se presentase entre ellos un solo caso de fiebre amari- 
lla ; si i-cconocemos al mismo tiempo que se vienen ha- 
ciendo esfuerzos por mantenr el sistema Finiay-Gor- 
gas para la extinción del mosquito en los puertos de 
la costa africana, debemos estar preparados para ad- 
mitir la posibilidad y aun la probabilidaid de que se 
haya extinguido allí totalmente la infección amarilla. 

Si dicha infección ha existido durante el año pa- 
sado en alguna parte de la extensa zona que hemos 
recorrido, es de suponer cpie tiene que haber sido en 
la forma de pequeños focos aislados y contenidos ])or 
pantallas vivas de gente imnune. 

Volvamos ahora nuestra atención al problema de 
la inmunidad del negro con respecto a la fiebre ama- 



280 ANALES DE LA 



rilla. Fuera del heclio de que existe como fenómeno 
bien pronunciado, nada sabemos. Se lia negado la 
existencia de dicha inmimidad. Esto no es más cjue 
una reacción contra las aseveraciones demasiado ab- 
solutas de los primeros obser^'adores que sostenía] i 
que al negro no podía darle la fiebre amarilla. Pero 
pronto empezaron a notarse las exce]3CÍones, muy no- 
tables algunas, v se ha querido pasar al otro extre- 
m/o de negar en absoluto la inmunidad. 

Pero los que han visto las grandc^s expidemias 
del Sur de los Estados Unidos, donde numerosas 
comunidades de población mixta eran invadidas des- 
pués de largos años de exención, saben 23erfectamente 
bien que el negro escapalia casi ileso, y era enferme- 
ro, asistente y enterrador de los blancos que fenecían. 
Con sorpresa notál^amos las excepciones, algunas 
mortales, a la regia general. 

Las estadísticas que muestran el aumento de la 
mortalidad de niños Illancos en las epidemias de fie- 
bre amarilla tienen su valor precisamente en el con- 
traste con la curva no alterada de la mortalidad de 



mnos negros. 



¿Pero hasta dónde llega la inmunidad del negro? 
¿ Posee él una resistencia natural de raza ? ¿ No le 
dá la enfennedad, o es que en la infancia o en la 
edad adulta presenta formas tan benignas que son 
del todo incognoscibles, pero que tienen |)or conse- 
cuencia, como en el Illanco, una inmunidad adquirida 
persistente'? Creo (jue no es jiosible hoy contestar a 
estas pregimtas. 

Esperábamos que la presente expedición hubie- 
ra tenido la oportunidad de estudiar las reacciones 
de una comunidad casi totalmiente negra al virus de 
la fiebre amarilla y cpie, con el auxilio del reciente 
descubrimiento de Noguchi, se hubiera podido derra- 
mar luz sobre estos obscuros problemas. 

Debo añadir aquí que hay motivos para conside- 
rar sospechosos los brotes serios, llamados de fiebre 
amarilla, que se han descrito en grupos de negros. 
Desde que presencié una epidemia bastante extensa 
de una forma febril de íctero, que afectó solamente a 



ACADEMIA I>E CIENCIAS DE LA HABANA 



281 



ui i)<.))Iaei(.]i (le <-n\uv en la Isla Barbadas, que nunca 
se propago a los blancos, ni se exteiidió a las islas ve- 
'•nias; désele qiw ]ie sabido de un brote semejante en 
JJakai-, ne llei^ado a creer «lUe estos brotes locales han 
■sido irreflexivamente aceptados como manifestaciones 
de la infección amarilla por falta de 'estudio detenido 
de la sintomalogía. 

He hablado ^•aria.s veces del reciente descubri- 
miento del investigador Japonés Noguchi, v no quiero 
terminar sin llama la atención a algunas' dudas que 
se me ofrecen para i)oder aceptar que el parásito ])or 
el descubierto sea el causante de la fiebre amarilla. 

Apunto estas dudas no sin reconocer la gran au- 
toridad de Noguchi y la fuerza de sus argumentos 
cnando se apo,ya en las reacciones de inmunidad que 
con tan completo conocinüento de la técnica presenta 
nuestro laborioso y entusiasta amigo. 

Las dudas que se me ofrecen pueiden conmendiar- 
se en la forma siguiente : 

J-"— Desde que a])areció la primera publicación 
de JN^oguchi hube de llamiar la atención a que no se 
avenían los resultados o])tenidos por él con nuestros 
(•onocimientos de la epidemiología de la fiebre ama- 
rilla. Si la enfermedad es tan fácilmente comunica- 
ble a una serie de animales entre los que figuran espe- 
cies tan domesticadas como el perro y el curiel, ¿ cómo 
jniede explicarse la fácil extinción de la enfermedad 
<^n los grandes centros de infección como la Habana, 
Panamá, etc., y cómo explicar la extinción espontá- 
nea en tantos otros lugares? Es de recordar que en la 
Haj3ana se extinguió la fiebre amarilla por una cam- 
paña de aislamiento del enfermo contra mosquitos, 
más que por una campaña para la reducción del nú- 
mero de KStegomias. Esta segunda clase de cam])aña 
vino desarrollándose lentamente hasta llegar a ser 
considerada, con razón, por Gorgas en Panamá, como 
el factor más hnjxtrtante en nna campaña contra la 
fie])re amarilla. 

Y ¿cómo explica]' que no luwan existido epizoo- 
tias importantes entre esos animales en los focos en- 
démicos y en las grandes epidemias? Por niás que 



282 • ANALES DE LA 



haya habido declaraciones en contrario; pero estas 
han si(U) sienii)ro locales y poco antorizadas, de ma- 
nera qne se han tenido como expresiones de la ima- 
ginación ])0]mlar que gusta de asociar la mortandad 
de animales con toda clase de manifestación epidé- 
mica. Nunca ha sido una opinión popular persisten- 
te como la que desde la antigüedad asociaba una mor- 
tandad de ratas con la j)este bubónica. 

(Jontimia siendo éste un argmnento que pesa 
g-randemente en mi ¿iniíno. La serie de experimentos 
que lia llevado a cabo el Dr. Lebredo en nuestro L1í\])0- 
ratorio pruelían que nuestros curíeles y algunos pe- 
ricos con que se ha experimentado son j)erfectamente 
susceptibles a la inoculación por los cultivos del Lep- 
tospira de Noguchi. 

2."— El Leptospira ¿cteroáes es fácilnnente trans- 
misible por rasgaduras y su]3erficiales lesiones de la 
piel. Aliora l^ien, después de las demostraciones con- 
cluyentes de la Comisión Americana en la Habana 
que no dejaron duda sobre la transmisión de la fiebre 
amarilla por el mosquito, se perdió todo temor a las 
autopsias en cadáveres fallecidos de dicha enfermie- 
dad y se hicieron muchas autopsias por personas no 
inmimes sin que se produjese nunca una infección 
amarilla. La sangre, las visceras y f omites de diver- 
sas clases eran manipulados impunemente por auxi- 
liares descuidados. Si el parásito de Noguehi fuese 
el causante de la fieln^e amarilla cabría dudar que los 
experimentos de la Comisión Americana y del Doc- 
tor Ross que tan completamente comprobaron la ino- 
cuidad de los f omites, hubiesen tenido el resultado 
concluyente que tuvieron. 

3." — El número de casos en que ha logrado No- 
guehi demostrar la presencia del Leptospira en ca- 
sos de fiebre amarilla por examen directo o por ino- 
culación de enrieles es relativamente corto. Eki Gua- 
yaquil de 27 casos de fiebi*e amarilla solo 6 dieron re- 
sultado positivo. 74 enrieles fueron inoculados de es- 
tos 6 casos y solo 8 se infectaron evidentemente, aun- 
que es cierto que Noguehi pudo comprobar en otros, 
por reacciones iumunológicas, que habían al parecer. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 28í 



sufrido una inflicción lig^era. De los cultivos prepa- 
rados de 11 casos de tiebi-e amarilla, solo o resultaron 
])ositivos. 

1." — Noguclii lia tenido mayor número de éxitos 
en sus inoculaciones con sangre tomada después del 
tercer día de la enferniedad que no antes, y las expe- 
riencias de la Comisión Americana tienden a compro- 
Ijar que el virus desaparece de la circulación ])erifé- 
rica después del tercer día de la enfermedad. 

5." — Los experimentos hechos por Noguchi para 
demostrar la transmisión por el mosquito del hombre 
al curicl son pocos. De (i tentativas ima sola dio re- 
sultado i)ositivo y la oti-a fué dudosa. 

Con respecto al exiK'i'imento positivo no expresa 
'•lai-anieute en (jué día se aplicaron los mosquitos al 
enfermo. Este ingresó en el hospital en tercer día 
de la enfermedad, pero no se dice que los iiiosquitos 
fuesen aplicados el mismo día. 

De las numerosas tentativas que se hicieron para 
ti'ansniitir la infección ])or el mosquito de curiel a 
curiel nmy ]:>ocas dieron resiütado positivo, y se pre- 
gunta uno si no inieden haber ocurrido infecciones 
accidentales en un medio donde podía existir el Lep- 
tospira en restos o excrementos de enrieles y dada la 
facilidad con que estos Leptospiras, las dos especies o 
stibespecies, se inoculan. xVl Dr. Lebredo se le infectó 
una perra so])re cuyos cachorros estaba haciendo ex- 
periencias de inoculaciones. Este interesante caso se 
publicará en breve. 

6." — Las lesiones anatómicas ])roducidas por el 



;l( 



(Después d(>. proimncirttl;! cstít Confoicncia hemos tenido ciiu-o c-asos 
íioluc amarilla en la Hal'ana. iiu])()rtados de Vorae}'!!/:. En todos ellos 
■ie liicieroii inoi-iilat-ioiit':- ■!(• san<;)c a cuiieles dentro de los tres prime- 
ros días de la enfermedad y sif;iiiendo la técnica de Xoguclii, sin (pie se 
obtuviese ningiina infiM-ciini ]iositi\a. ni se encontrasen Leptospiras en 
la sanj^re. Se hicieron ad^Miiás transferencias sccundai'ias a cvirieles cjue 
también resultaron negafivas. Los cultivos también resultaron neíjati 
Vos. poro aquí puede haber habido dificultades en la técnica). 

Nota del autor. 



284 ANALES DE LA 



LeiJÍospini ¡rtci-odc!^ eu el ciiriel son inuv distintas do 
Jas que se eneuenti'an en el liombre en la fiebre ama- 
i'illa; en cambio, son idénticas las lesiones que se en- 
cuentran en el hombre que muere de la enfermedad 
de Weil, y en el curiel infectado por una u otra de 
las Le])tospiras. 

Las lesiones más características en el honi))r(' fa- 
llecido de fiebre amarilla son: la hemorragia en la 
caAidad gcistrica — ^el vómito negro en el estómago — 
que se encuentra en la gTan mayoría de los casos, y 
el hígado graso de color de ante que se encuentra 
también en la gran mayoría de los casos. Xi una sola 
\'ez he ^'isto estas lesiones en el curiel. Hiempre he 
encontrado el hígado obscuro con visos de verde, de 
ocre o de pard<j ; y en la mucosa gástrica numerosas 
infiltraciones de sangre de carácter puntiforme gene- 
i'almente. Tal son también las lesiones que se encuen- 
tran en el hombre en la enfeiiriedad de Weil v en el 
curiel infectado con el Leptospira icterohaemorrha- 
(jicie de dicha enfermedad, como lo he podido com- 
prol)ar recientemente al haber logrado al fin encon- 
trar ratas infestadas con este organismo en el mata- 
dero de la Habana. 

Las infiltraciones hemorrágicas son más mmíero 
sas y generalizadas, mu}^ frecuentes en las serosas y 
en el tejido celular conjuntivo ya en el hombre muer- 
to de mal de Weil, ya en las infecciones experimenta- 
les con las dos Leptospiras. 

De aquí las lesiones pulmonares tan (característi- 
cas de estas dos infecciones, y que no se encuentran 
eu el cadáver de fiebre amarilla. 

La histología patológica del hígado en la enfer- 
medad de Weil y en los curíeles infectados por ambas 
Leptospiras presenta una ausencia marcada de la ten- 
dencia a degeneraciones grasosas que tan caracterís- 
ticas son de la fiebre amarilla. 

Las lesiones musculares tan características de la 
infección icterohemorrágica no se euííuentran en el 
hombre en la fiebre amarilla. 

7." — Las diferencias epidemiológicas y clínicas 
entre la fiebre amarilla v la enfermedad de Weil son 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 285 



tan fundamentales que se hace difícil aceptar que 
sean producidas por micro-organismos tan afines co- 
mo lo son la Leptospira de Noguchi y la de Inada. 

Los nuevos estudiantes de la fiebre amarilla no 
conocieron a esta enfermedad en el tiempo de sus 
glorias. Era la victoria alada que en sus pasos sólf) 
Ja gripe puede superar. En el espacio de un verano 
desolaba poblaciones por todo el valle del Mississip])i 
hasta llegar a San Luis del Misouri. Invadía todas 



-t? 



Jas viviendas, la del rico como la del pobre, la aerea- 
da e higiénica como la obscura _y húmeda y mal sana. 
Era la desolación y el terror de la población blanca 
de los Estados Uiiidos. Lt> mismo sucedió en España 
a principios del siglo pasado y de la misma manera, 
A'iolentamente, se cebaba en contingentes de tro])as 
(|ue llegaban a los focos endémicos. 

Contrástese este cuadro con el de la enfermedad 
de Weil ; pequeños brotes limitados, vacilantes, irre- 
gulares, que aun hoy se discute si es enfermedad de 
verano o de invierno; enfermedad que se arrastra 
por lugares húmedos y mal sanos comb llevada pr)r 
ratas que ellas mismas se infectan relativamente ]>oco. 

Y cpié contraste la experimentación laboriosa con 
el Leptospira ícterodes y las dificultades de encon- 
trarle en la circulación periférica y de trasmitirlo 
del enf erm<,) al animal ; que contraste con la propaga- 
ción aérea y veloz de Ja fiebre amarilla. 

8."" — Ciínicamente son dos enfermedades muy 
distintas: de período de incubación corto de fiebre 
amarilla, de 7 a 14 días la enfermedad de Weil; d(^ 
curso breve y un solo acceso la amarilla, sin remisión 
más marcada que en otras muchas infecciones; de 
curso largo con interrupciones a]^iréticas y recaídas 
la de Weil, que semeja el curso característico de sus 
congéneres las fiebres recurrentes a espirilos; de i)u]- 
so lento, tardío en presentarse la enfermedad de AVeil 
en que tal parece que el fenómeno se del)e al íctero; 
¡)recoz por el contrario en la fiebre amarilla donde se 
manifiesta desde temprano contrastando con ascensos 
de la temperatura ; el hígado y los músculos dolorosos 
en la enfei'medad de Weil, indoloros en la fiebre ama- 



286 ANALES DE LA 



i'illa : el hígado y el l)az() aunieiitados de v(3luiiien en 
la enfermedad de Weil, sin aumento en la liebre ama- 
i'illa; la albmidnuria y el íctei'o más })reeoees en esta 
última; la albúmina más abundante en la fiebre ama- 
rilla, menos abmidaute en la enfermedad de AVeil y 
más en relación con la L»TaA'edad de los síntomas; <A 
íetei'o más tardío, pero mtis intenso y más súbito en 
Sil difusión en la enfeiiinedad de WeW, donde tal pa- 
rece que ve lUio extenderse a(|nel ])año amarillo ana- 
ranjado con \-isos de color de ladrillo: las heces fe- 
cales con bastante frecuencia a cólicas en la eiifei/me- 
dad de Weil, la coloración biliar más frecuentemente 
intensa en las orinas ; en la fiebre amarilla la cantidad 
de urea disminuye considerablemente desde los ])i*in- 
cipios de la eid'ermedad, fenómeno qu(> según entien- 
do, no se presenta en la enfermedad de Wí.'il : el her- 
pes la])ialis es frecnente en la enfermedad de Weil y 
raro en la fiebre amarilla: el a omito negro es carac- 
terístico de los (^sos graves de fiebre amarilla y es 
raro c]] la (enfermedad de Weil; el delirio es activo 
y discursivo en la fi(dn-e amarilla, mientras que en la 
de Weil presenta un carácter niiis tifódico con ten- 
dencias a la somnolencia. 

9.". — Por desgracia no podemos asegurar que se 
hayan obtenido resultados convincentes con los sueros 
y las vacunas de Noguchi. E cal mente no parece ha- 
l)er habido oportunidad para prol:)arles extensamente, 
pues siempre se ha comenzado su uso al misnw) tiemi^o 
que se introducían las medidas para la extinción de la 
enfermiedad. 

10." — Pero sobre todo deseo llamar la atención 
a las diferencias tan fundamentales que existen en las 
reacciones hematológicas de amibas enfermedades. 
La fórmula heniatológica de la fiebre amarilla perte- 
nece al gru])o de las enfermedas a ^drus filtrables, que 
se aproxima al de las enfermedaes protozoáricas, la 
enfermedad de Weil presenta reacciones hematoló- 
gicas afines a las de sus congéneres las fiebres recu- 
rrentes. 

Enfermedad anennante la de Weil con curva pro- 
gresivamente descendente <\c la hemoglobina v del 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 287 



número de eritrocitos, llegando a 4-2% la liemioglobi- 
na y 1,700.000 los glóbulos rojos; sorprende por el 
contrario en la fiebre amarilla el mantenimiento de un 
nivel alto en ambas reacciones. 

Hiperleucocitosis en la enfermedad de A\\41, 
leucopenia en la ñebre amarilla. Hiperleucocitosis 
polimorfonuclear en la enfermedad de Weil con dis- 
minución de las células mononucleares grandes, au- 
mento absoluto de éstas, verdadera miononucleosis en 
la fiebre amarilla. 

He sugerido que la Leptospira que se encueiiti-a 
en algunos casos de fiebre amarilla pudiera ser una 
infección secundaria como las que en la gripe acom- 
pañan al germen desconocido ; pero esto no es ml:xs que 
una liipótesis. Solo me resta, para concuir, el expre- 
sar el deseo de que pueda Noguchi confirmar su des- 
cubrimiento. 



288 ANALES DE LA 



INFORME SOBRE EJERCICIO PROFESIONAL 

POR EL 

Dr. Federico Torralbas 



(Sesión de gobierno del 11 de enero de 1921). 

Kn c'iido.so de ja íSt'crc'ta]-ía de cKta Academia, 
del veinte y luio de dicieiubre pi-óxinio pasado, se iiie 
leiiiite la consulta hecha por el Sr. Jnez Miuiici])a] 
de íUiaiiabac()¿i. fechada el diez y seis del propio mes 
y que a la letra dice: "Si se entienden como actos 
exclusivos de la profesión médica el ])(iiiei' vendages 
con ungüento heto y cuj'ar dislocaciones poj- medio 
do niasage o fuerza mecánica exterior, por (juien no 
tenga título como médico cirujano". 

A mi juicio, ])ara resi)onder a esa consulta, te- 
nemos que dividirla eJi dos partes, ])uesto que cada 
una de ellas envuelve, ;iun(]ue muy sencillos, otros 
tantos problemas. 

lia primera en lo que se reñere a "ijoiier ^•ellda- 
ges con ungüento ])eto" sin especificar el fin perse- 
guido, no creo merezca los honores de ser reclamado 
como acto puramente técnico en medicina y cuya ex- 
clusiva, desde luego, no corresponde a nuestra ]n-o- 
fesión. 

La segunda parte, o séase en lo que respecta a 
curar, o tratar, diría yo, dislocaciones por cualquier 
medio terapéutico r-omo scm los señalados, caen l)ajo 
el dominio del ]\Ilédico ('irujano no solo en el sentido 
de dirección sino también en aplicación aunque ])ara 
ello se utilice una tercera persona sin el título alu- 
dido. 

Por las razones anteriores y las (|ue omito en 
respecto a A'uestra cultura, propongo se conteste al 
Sr. Juez de la manera siguiente: 

1." Poner vendages con ungüento l)eto no es (ex- 
clusivo de la profesión médica. 

2." Cnrar dislocaciones por medio de masage o 
fuerza mecánica exterior, es atribución i)roi:)ia do un 
predico rii-ujano (|ue tenga título de Uú. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 289 



ACTA DE LA SESIÓN PUBLJCA ORDINARIA DEL 28 DE ENERO DE 1921 



Presidente. — Dr. Juan Santos Fernández. 

Secretario. — Dr. José A. Fernández Benítez. 

Académicos concurrentes. — Dres. : A. Aballí, A. Agrámente, 
G. Alonso Cuadrado, R. de Castro, J. (luiteras, J. Le-Roy, Ij. 
Morales, L. F. Rodríguez Molina, M. Ruiz Casal)ó, F. Tori-albas, 
C. de la Torre, J. A. A'aldés Anciano. 



Leída el acta de la sesión anterior (14 de eneroj fué apro- 
bada. 

Se da cuenta de las siguientes comunicaciones : 

Entrado. — Del Sr. Presidente de la República, remitiendo 
cinco volúmenes de la Historia de Cuba para la Biblioteca de 
esta Academia. 

De la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, in- 
teresando designe uno de sus miemljros ])ara que forme parte del 
Tribunal de oposiciones a la Cátedra de Profesor titular de la 
Cátedra de Anatomía Topogi'áfica y Operaciones con su clínica 
de la Escuela de Medicina. 

Salida. — Al Juzgado Municipal de Ouanabacoa, remitién- 
dole informe aprobado en la sesión del 14 del actual sobre par- 
ticulares exclusivos de la profesión médica. 

A la Secretaría de Instrucción Púl)lica y Bellas Artes, dán- 
dole cuenta de haber sido nombrado el Dr. Felipe (Jarcia Cañi- 
zares para formar parte del Tril)unal de oposiciones a la Cátedra 
de Profesor titular de la Cátedra de Anatomía Topográfica y 
Operaciones con su Clínica. 

Al Dr. Felipe García Cañizares, dándole cuenta del anterior 
nombramiento. 



290 ANALES DE LA 



Al Sr. Rafael Fosalba. confiriéndole la representación de 
esta Academia ante las Corporaciones Científicas del Perú. 

\ los Doctores que componen la sección de Medicina, Ciru- 
gía y Veterinaria, citándolos para el viernes 28 del actual para 
evacuar un informe sobre el candidato a la plaza vacante quí 
existe en dicha sección, por fallecimiento del Dr. Guillermo J. 
Benasacli. 



El Sr. Presidente concede la palabra al Dr. Luis Huguet el 
que da lectura a una serie interesantísima de observaciones como 

COXTRffiUCIüX AL ESTUDIO DE LAS HEMORRAGIAS RETRO-PLACEKTA- 

RLVS. El disertante después de consignar las opiniones de dis- 
tintos profesores en esta materia, da cuenta de sus personales 
observaciones. El Sr. Presidente da las gracias al Dr. Huguet 
por su interesante trabajo y la numerosa concurrencia que asis- 
tió al acto premió con aplausos el citado trabajo. 

Seguidamente la presidencia cumpliendo la orden del día. 
concede la palabra al Dr. Mario G. Lchredo, el cual da lectura 
a un trabajo titulado I.eptospirilosis experimental ex curíeles 
CON el Leptospira ic'L'eroides de NoGUCHi ; hace el Dr. T^ebredo 
una perfecta descripción del germen descubierto por el profesor 
Noguchi; los trabajos realizados con los cultivos ai.slados en Mé 
rida y que le fueron cedidos graciosamente por dicho profesor en 
uno de sus viajes a la Habana, haciendo un estudio detalladísimo 
de este germen y de las manifestaciones (jue pudo observar en 
un gran número de curíeles que experimentalmente fueron ino- 
culados. Al terminar la lectura de su trabajo el selecto audito- 
rio aplaudió al Dr. Lebredo y el Sr. Presidente después de feli- 
citarlo expresó su agradecimiento en nombre de la Corporación 
por haber traído a la misma un trabajo tan interesante. 

Siendo mu}" avanzada la iiora y teniendo que constituirse la 
Academia en sesión de gobierno el Sr. Presidente dio por ter- 
minada la sesión pública. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 291 



CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LAS HEMORRAGIAS 
RETRO-PLACENTARIAS. OBSERVACIONES CLÍNICAS 

POR EL 

Doctor Luis Huguet 



(Sesión del 28 de enero de 1921). 

Al ocupar por primej'a vez esta tril^una obede- 
ciendo a los requerimientos amistosos del respetado 
y erudito Presidente de esta Academia Dr. Santos 
Fernández, y decidido a aceptar este honor muy su- 
perior a mis escasos merecimientos, un gran temor 
embarga mi ániniíj y hiela mi palabra, temor nacido 
del respeto cpie me infunde este ilustrado auditorio, 
cuya benévola atención empeña mi gratitud en em- 
presas superiores a mis débiles fuerzas; temor que se 
acrecienta cuando por uno de esos misteriosos con- 
juros del pensamiento evoco el recuerdo de los ilus- 
tres cubanos que cruzaron por este templo del saber, 
dejando a su paso luminosos resplandores de sus pen- 
samientos y sus almas que ahora mismo ofuscan mis 
ojos; declaro, señores, con la ingenuidad propia de 
mi carácter, que no me -creo digno de levantar mi voz 
aquí, donde han resonado todos los acentos de nues- 
tras revoluciones científicas y que nos obliga ahora 
tributar como un respetuoso homenaje de admiració]i 
a todos aquellos maestros que por esta honrosa tri- 
buna han desfilado. 

Cmni3lido este deber de gratitud, paso a ocupar- 
me de la tesis escogida para esta conferencia y cpie 
trata como va sabéis sobre 



292 ANALES DE LA 



Hemorragia Retro-PJacentaria. 

^, Qué enteiidemos por hemorragia retro-placen- 
taria? Nosotros la clefínimos el derrame que se pro- 
duce al nivel del área placentaria, encontrándose és- 
ta normalmente insertada. Es la hemorragia oculta 
de los antiguos parteros. 

La hemorragia retro-placentaria parece haber 
sido observada por primera vez en el siglo XVII. 
Guillemeau en 1621 se ocupaba de ella creyendo ciue 
tenía su origen en algún movimiento l)rusco (salto, 
caída, tos). Portal y Mauriceau, señalaron también 
estos casos. Baudelocque en 1796 da una descripción 
completa de hemorragia retro-placentaria, indicando 
la posibilidad de la hemorragia mixta o sohimente in- 
terna. 

La muerte de Ja princesa (^^arlota de Gales en 
1817 de una hemorragia del alumbramiento, pone de 
nuevo este asunto en la orden del día. Jaccjuemin en 
1846 da una descripción exacta de las hemorragias 
cpie se producen al nivel del área placentaria y estu- 
dia las causas que dan el carácter interno a este ac- 
cidente. Cazeaux en su tratado de ])artos habla de 
una hemorragia producida sobre la cara fetal de la 
placenta por desgarradura de ramificaciones vasr-u- 
lares. Desde esta fecha se multiplican los trabajos 
sobre la cuestión y en 1860 Braxton Hicks da a co- 
nocer 23 casos tratados por él; Goodell en esta mis- 
ma fecha ]3resenta 106 casos. 

Posterioiinente Chantreuil en 1881 indica las re- 
laciones entre las nefritis y la hemori'agia retro-pla- 
centaria. 

Pero hay que llegar a los parteros niodernos: 
Tarnier y Budin, Md. Henri, Pinard ,v Varnier, Tis- 
sier, Peuch, Faure, Levy, quienes desde 1887 a 1892 
han presentado luminosos escritos fijando las verda- 
deras causas de esta complicación del embarazo. 

Finalmente Bar en 1906 comunica a la Sociedad 
Obstétrica de Francia, la observación de una mujer 
muerta de hemorragia retro-placentaria, encontrán- 
dose en la autopsia lesiones hepáticas semejantes a 
las que se observan en bis echimjiticas. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 293 



Ultinmiiiente Briiicleau, actual Profesor de Clí- 
nica Obstéti'ica en el Hospital de la Plitié, demuestra 
la frecuencia de las lesiones eclámpticas de la pla- 
centa. 

(.'ouvelaire llama la atención sobre estos lieclios 
por sus publicaciones y excelentes fotografías en co- 
lores que presenta al Congreso de Berlín. 

Dejando dilucidado por último Levy, en su re- 
ciente tesis, las principales indicaciones del trata- 
miento. 

En nuestra literatura obstétrica cuyo índice ]3Í- 
bliográfico escribimos en colaboración con el Dr. Ar- 
teaga, solo un trabajo de hemorragia retro-placenta- 
ria hemos encontrado descrito. Este fué el presen- 
tado por nuestro meritísimo compañero el Dr. Bus- 
tamante, a la Sociedad de Estudios Clínicos y publi- 
cado en la Be vista Médica Cubana, tomo I, pág. 35. 
El Dr. Bustamant(^ hace un detenido estudio de esta 
distocia y nos presenta el caso de una mujer asistida 
por él en el "Hospital Mercedes", que diagnosticó 
de hemorragia interun ante-partum. 

Etiología. 

Las principales causas productoras de la hemo- 
rragia retro-placentaria se dividen en dos grupos : en 
el primero se mencionan, el traumatismo, la breve- 
dad del cordón, la ruptura del seno circular, y acce- 
soriamente el hidramnios y embarazo gemelar. En 
el segundo se incluyen, la albuminuria, la endometri- 
tis, y la hixDertensión, que no son más cpte consecuen- 
cias de un mismo estado morboso. Estas tres causas 
unidas X3ueden resmnirse en una sola : la auto-intoxi- 
cación gravídica, terminándose por el síndrome clí- 
nico eclampsia o no manifestándose tan sólo más que 
por los síntomas pre-eclámpticos que Bar lia agru- 
pado bajo el hombre de cclampsismo. 

Las hemorragias i^tro-placentarias son bastant^^ 
frecuentes, — dice este último autoi' — . si en su núme- 
ro hacemos entrar las pequeñas hemorragias sin im- 
portancia o las hemorragias del tra])aj(). Pero Pi- 
nard, en una veintena de años en la Clñiica Baude- 



294 ' ANALES OS LA 



locque, sólo ha podido recoger 51 observaciones que 
contrarían la frecuencia señalada por Bar si se con- 
sidera esta distocia en su verdadera significación clí- 
nica. 

Sobre 100,000 2)artos asistidos en el X. Y. Lying 
in Hospital (1), han ocurrido 251 casos de hemorra- 
gias retro-placentarias de las cuales, 1X175 se pre- 
sentaron en mujeres hospitalizadas y 1x1,085 en el 
servicio a domicilio. 

Este accidente se observa con mayor frecuencia 
en las multíparas, dice Holmes, en las que alcanza 
una i)ro2)orción de 19.2% de los casos (De Lee). 

De la estadística del Lying-in Hospital, se en- 
cuentran : 

En 152 embarazos con hidranmios. . 3 casos. 

„ 1,078 gemelares 1 „ 

„ 29 trigemelares .2 „ 

,, 650 toxemias y convulsiones. . . 6 „ 
De Lee v Williams en sus modernos tratados de 
partos, dan una proporción muy reducida a estos ca- 
sos de desprendimiento prematuro de la placenta, y 
en el Chicago Lying-in Hospital, so])re 20,000 ¡tartos 
asistidos, dice De Lee. se han observado 14 casos de 
des23rendimiento completo con hemorragia interna y 
35 con desprendimiento parcial antes del parto y en 
el curso del trabajo. 

Estos casos de ((hniptio j/lacentae, como les lla- 
ma British, reconocen para los autores americanos 
las mismas causas que dejamos señaladas y cpie pa- 
samos ahora a estudiar separadamente. 

Traumatismos. — Los parteros antiguos recono- 
cían el traumatismo como la única causa de estas he- 
morragias. En la ]ite]'atura médica se citan los casos 
de Ijepage, Champetier de Eibes y Hermán, y el se- 
ñalado en la tesis de Grasson, donde un traumatismo 
violento determina la contusión de la pared uterina 
y el desprendimiento de la placenta que se insertaba 
a este nivel. 



(1) Bull. of thc Lying in Hosp. of thc City of Xew York. — 
Xovembcr 1917, pág. 157. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 295 

Brevedad del cordón. — La brevedad natural o ac- 
cidental del cordón umbilical, ha sido considerada pol- 
los autores como- causa de la liemorragia retro-pla- 
centaria. Pinard }' Varnier y más recientemente Mo- 
11er, señalan este factor etiológico, haciendo notar, sin 
embargo, que tirando so])re el cordón puede romper- 
se sin que por este hecho se desprenda la placenta de 
la pared uterina. Ahlstrom niega que las tracciones 
ejercidas por un cordón muy corto puedan ser sufi- 
cientes i^ara desprender una placenta normalmente 
insertada. (XII Congreso de cirujanos escandinavos, 
Cristianía. Julio de 1919). 

La observación núm. 1 que aparece al final de 
este escrito nos revela, no obstante, un caso de este gé- 
nero i^roducido por brevedad accidental del cordón 
umbilical. 

Ruptura del seno circular. — Buclin en su obra 
"Mujeres paridas y recién nacidos" (1897), dedica 
a este respecto dos magistrales lecciones en su clíni- 
ca de La Caridad, y establece el diagnóstico diferen- 
cial entre las hemorragias retro-placenta rias y las 
producidas por la inserción de la placenta en el seg- 
mento inferior del útero. 

Hidramnios.— -Judí. distensión brusca impuesta a 
la pared uterina por la cantidad de lícjuido, provoca 
el desprendimiento placentario por acción mecánica ; 
igual causa que la expuesta por Bar sobre el emba- 
razo gemelar como posible productor de este acciden- 
te en la gestación. 

Endometritis. — La endometritis, causa frecuen- 
te del desprendimiento del huevo al principio del em- 
barazo, puede más tarde i^rovocar el de la placenta 
en una época más avanzada de aquel. Faure ha en- 
contrado lesiones de endometritis en los casos de des- 
prendimiento prematuro de la placenta y Couvelaire 
ha descrito posteriormente lesiones microscópicas del 
músculo uterino. 

Alhuminuria. — La causa más í-omún de las he- 
morragias retro-placentarias y del desprendimiento 
prematuro, es la albuminuria gra^-ídica. La clínica 
nos enseña que casi todas las mujeres que presentan 



596 ANALES DE LA 



aquella complicación del embarazo son albmninúri- 
cas. Blot en 1849 ya lo liabía señalado ; pero lia sido 
Cliantreuille quien en 1881 indica las relaciones que 
existen entre las nefritis gravídicas y la hemorragia 
retro-placentaria, como ya lo hemos dicho anterior- 
mente, llegando el profesor Bar a considerar esas mu- 
jeres como eclám plicas si)¡ crisis. 

La teoría sostenida por Hartmaim (de Copen- 
Jiague), que a una nefritis grave corresponde un des- 
prendimiento extenso, ha sido negada por gran nú- 
mero de autores, y el Dr. Bustamante, en el tral^ajo 
citado anteriormente hace notar que "con frecuencia 
las mujeres que tienen pequeñas cantidades de albú- 
mina, son las que sufren los ataques más graves, in- 
evitables, en ocasiones, de eclamj)sia". 

U'ipcrtoisióiL — En 1905 Bar hizo notar la fre- 
cuencia de la eclampsia y de la hemorragia retro-pla- 
centaria ; en 15 casos tratados por él la tensión arte- 
rial al oscilómetro de Pachón dio por resultado de 
20 a 26 para el máximo y de 10 a 14 para el mínimo. 
El autor ha encontrado además en otros casos esta 
hipertensión arterial, sobre la cual Pinard y su es- 
cuela han insistido, y que precede a menudo a los 
síntomas de hemorragia interna. Paul Balare! con- 
cede gran importancia a la tensión arterial mínima 
como elemento de pronóstico en las hemorragias obs- 
tétricas graves; da a las variaciones de la presión mí- 
nima el verdadero valor j^ara el pronóstico y trata- 
miento a seguir. En los casos de mínima menor (5 ó 
6 cm. Ilg.) recomienda recurrir a las invecciones in- 
travenosas de suero y a la transfusión sanguínea. 

Fafogciiia. 

La etiología jios demuestra que en la gran ma-^ 
yoría de los casos hay que atribuir la hemorragia re- 
tro-placentaria a la intoxicación gravídica. 

Al lado de esta teoría tóxica de las lesiones he- 
morrágicas de la placenta, es i^reciso además agregar 
una influencia mecánica producida ]:>or la hiperten- 
sión sanguínea en las intoxicadas. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 297 



El Pi'ofesor Vaquez, de cuyo moderno y exce- 
lente aparato (esfigmo tensiófono), (1) nos servimos 
para nuestras diarias ol^servaciones clínicas, señala 
que una presión mayor de 19 a 20 cm. de Hg. al Po- 
tain, demuestra un estado patológico dependiente en 
la mayor parte de los casos, de la all)uminuria, y agre- 
ga : "Toda mujer que en el curso del embarazo o du- 
rante el palio j)resente sínto]nas de liipertensión. es 
ameiuizada de eclampsia". 

Bar estudia la retención clorurada en la emba- 
razada, cuya causa principal es la hipertensión; tras- 
torno este último del cual nos hemos ocupado exten- 
samente en otro trabajo. 

Diagnóstico. 

El diagnóstico de las liemorragias por despren- 
dimiento prematuro de la ]jlacenta, es en ocasiones 
difícil de establecer. La pérdida sanguínea puede ser 
confundida con la producida por la inserción baja de 
la placenta o la ocasionada por ruptura del seno cir- 
cular. Para establecer la distinción entre estos acci- 
dentes, Pinar d hace i^or el examen de la placenta el 
diagnóstico retrospectivo de la inserción placentaria 
y el sitio donde se ha producido el derrame sanguí- 
neo. ' ' Cuando el alumbramiento es normal, dice este 
último autor, las membranas presentan una abertu- 
ra bastante regular a través de la cual sale el feto y 
que corresponde al j)olo inferior, considerando al 
efecto, como placenta previa todos los casos en los 
cuales hay de O a 10 c. m. de la abertura de las mem- 
branas al l)orde placentario". 

El diagnóstico por el tacto en los casos de hemo- 
rragias por desprendimiento de la placenta normal- 
mente insertada, nos permite reconocer un segmento 
inferior duro y tenso, conservando la misma fisono- 
mía especial del cuerpo del útero, que se caracteriza 
por su extrema dureza. Esta consistencia leñosa de 



(1) Comunicación hecha a la Socicté Medícale des Hopitaux, se- 
sión de 17 do Octubre de 1019 por los Dres. Vaquez y H. Laubry. 



^98 ANALES Í)E LÁ 



la matriz dificulta a tal extremo la palpación, que 
hace absolutamente imposible percibir las j)artes fe- 
tales. 

La auscultación s,evá a menudo negativa en los 
casos en que el desprendimiento lia sido considera- 
))le para uMtar Inniscamente al feto. 

Pronóstico. 

No es solamente desde el aspecto clínico de la 
anemia, que debemos basar el pronóstico de estas he- 
morragias del embarazo. Es conveniente además 
practicar el examen de la sangre que nos dará a co- 
nocer en definitiva el estado en que se encuentra la 
gestante. 

El grado de anemia puede medirse siguiendo el 
procedimiento recomendado en 1913 por AYallich y 
Abrami, que consiste en el estudio de las relaciones 
entre las modificaciones citológicas de la sangre y su 
valor globular. La desigualdad globular o anisocito- 
sis, la sensibilidad a los diversos colorantes, o poli- 
cromatofilia, la aparición de hematies granulosos con 
notable disminución globular, nunca faltan, según 
sus experiencias, en los casos de infección sanguínea 
ligera. En un segundo grado de anemia se comj^rue- 
ban grandes diferencias globulares c|ue caracterizan 
la poiquüasiotosís^ y en fin en un tercer grado apa- 
recen reservas medulares, mielocitos, hematíes nu- 
cleados que denuncian un trastorno liemático grave. 

Desde el punto de vista obstétrico, la rapidez en 
la intervención y la decisión con la cual se aplique el 
tratamiento, influirán sin duda en el porvenir de la 
gestante. 

La cantidad de sangre perdida es un elemento 
importante para el pronóstico. Bar considera que la 
pérdida de 1,000 gramos es de un pronóstico serio, 
íiunque han llegado a señalarse pérdidas de 1,200 
gramos sin que se note por parte de la embarazada 
ti'astornos graves. 

Ti^atamicnto. 

De todo lo ex23uesto se deduce que el tratamien- 
to de la hemorragia retro-placentaria debe ser prin- 



Academia de ciencias de la habana 2é9 



cipalmente profiláctico, sometiendo la embarazada a 
lui régimen alimenticio semejante al de las albmni- 
núricas en las cuales predomina como síntoma la hi- 
pertensión arterial. 

En nuestra 2)ráctica el tratamiento seguido con- 
tra esta distocia lo reducimos, en los casos ligeros a 
la espectación y reposo. Cuando la pérdida no es muy 
abundante, dejamos el parto realizarse espontánea- 
mente (observación niun. 4). El taponamiento lo con- 
sideramos poco eficaz y peligroso desde el punto de 
vista de la infección. En los casos graves practica- 
mos la dilatación rápida del cuello, seguida de rup- 
tura artificial de las membranas, activando las con- 
tracciones por la pituitrina, cuyo empleo en estos ca- 
sos nos lia dado excelente resultado. Si el caso es ur- 
gente y el feto está vivo, el cuello acortado y no di- 
latado, practicamos a este nivel cuatro incisiones cru- 
ciales dirigidas oblicuamente siguiendo la técnica pro- 
puesta por S^mab. (1) 

Esta intervención nos lia pennitido salvar la vi- 
da de una mujer que se encontraba agotada por enor- 
me pérdida sanguínea cu^^a observación agregamos 
al final de este trabajo (observación núin. 3). La in- 
tervención por cesárea conservadora o seguida de 
histerectomía como proj^one Couvelaire en caso de in- 
filtración liemorrágica extensa del músculo uterino, 
pudiera ser reservada tan solo para las primíparas 
en los casos del cuello íntegro o de ruptura uterina 
total o parcial. 

Este mismo autor en la sesión celebrada por la 
Sociedad de Obstetricia y Ginecología el 19 de di- 
ciembre último, hace constar, cpie la cesárea conser- 
vadora debe estar también contraindicada a la menor 
elevación de temperatura (38 grados) debiéndose en 
todo caso hacer la histerectomía si no se quiere correr 
el peligro de realizar una intervención a menudo inú- 
tilmente. Los riesgos de infección por parte de la 
madre serían demasiado probables en estos casos, y 
en aquella misma sesión el Prof . Brindeau, habló de 



(1) La Presse Medical, pág. 443. (1920). 



;joo anales D£ la 



una mujer operada por él de cesárea por placenta 
previa en la que tomadas todas las precauciones mi- 
nuciosas de la más rigurosa asepsia (incisión alta, 
protección del campo operatorio en el momento de la 
extracción de la placenta y de las membranas, cam- 
ino de guantes e instrumental), todo fué inútil, su- 
cumbiendo la o^Derada al tercer día, por peritonitis. 

Levy, en su tesis, demuestra que la cesárea se en- 
cuentra poco indicada en estos casos; sus indicacio- 
nes se deducen no de los riesgos que hace correr la 
liemorragia al feto, sino de la intensidad misma de 
la hemorragia, que matando a aquél, pone además a 
la mujer en peligro inminente de muerte. Schikelé, 
se muestra opuesto a la cesárea por placenta previa, 
pero la considera de necesidad absoluta en los casos 
de ácspi-endimioito prouafvro de la placenta ■nor- 
malmente insertada, cuando el cuello no está dilatado. 

Señores: por todo lo que acabo de decir, se de- 
muestra el interés que presenta el estudio de las he- 
morragias retro-placentarias y las íntimas relaciones 
que existen entre este accidente y el grado de intoxi- 
cación en que se encuentra la gestante en estos casos. 

Las observaciones recogidas por nosotros no son 
bastantes numerosas todavía para establecer la con- 
ducta que conviene seguir en presencia de esta temi- 
ble complicación del embarazo, j^ero, basados en 
nuestra i:)ropia experiencia y lo que la ajena obser- 
vación nos ha enseñado, creemos poder llegar, para 
finalizar este estudio, a formular las siguientes 

Conclusiones: 

La hemorragia retro-placentaria es un accidente 
que en la mayoría de los casos sobre^'iene en el *curso 
de un complejo mórbido encaminándose hacia la 
eclampsia y al cual Bar propuso dai' el nombre de 
eclamp sismo. 

La albuminuria, síntoma frecuente en este esta- 
do, no debe ser considerada más que como un fenó- 
meno i^aralelo de la hemorragia retro-placentaria y 
dependiente de la nñsma causa : la intoxicación grá- 
vida. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 301 



La hipertensión general, puede considerarse eo- 
mo el lazo patogénico que une la intoxicación a la he- 
morragia retro-i)lacentaria. 

Desde el punto de vista anatomo patológico, las 
investigaciones recientes demuestran, en efecto, que 
la hemorragia retro-placentaria es una apoplegía ute- 
ro-placentaria. 

El tratamiento profiláctico de este accidente, se- 
rá pues, el de la eclampsia. En la mayoría de los ca- 
sos el parto se realiza espontáneamente y la ruptura 
artificial de las membranas es suficiente. 

Cuando es preciso intervenir, nosotros nos deci- 
dimos por las intervenciones obstétricas si el cuello 
está suficientemente dilatado o dilatable. La opera- 
ción cesárea clásica estará indicada únicamente si el 
estado general es bueno. 

En fin la cesárea vaginal, procedimiento emplea- 
do por nosotros en uno de nuestros casos, permane- 
cerá indicada si es ¡preciso actuar pronto y existen 
fundados temores de infección por parte de la em- 
barazada. 

Observaciones. 

Observación Xo. 1. — Abril de 19.16. Hemorrasña 
retro-placentaria. Al])uminuria. Edema. 

D. F. Primípara, 28 años. Embarazo al séptimo 
mes. Edema de la cara, dolor epigástrico violento. 

Abril 14. — Ligresa en la Clínica. Hemori'agias ; 
no se perciben ruidos cardíacos. 

Dilatación : 2 i^esetas. Bolsas íntegras. Presen- 
tación vértice I. A. 

Albúmina al tubo de Esbadi, un gramo ; pulso SO. 

11 p. m. expulsa un feto del sexo masculino: 
nuierto. Al mismo tiempo la placenta es expulsada, 
presentando un coágulo voluminoso. Piuerperio nor- 
mal. 

El día 24 es dada de alta acusando la orina O '20 
gr. de albúmina. 

Observación No. 2. — Heujorragia. Exceso de lí- 
quido. 

C. (t. FT ])ai'n, séi)timo mes de embarazo. Di] a- 



'.02 ANALES DE LA 



tacióii: 2 pesetas, bolsas íntegras. Ingresa en la Clí- 
nica el día 22 de febrero de 1919. A las seis de la 
tarde se tennina la dilatación; la mnjer pierde san- 
gre y la cabeza permanece niny elevada, se romjDen 
artificialmente las membranas dando salida a gran 
cantidad de líqnido amniótico; a las 9 expnlsión es- 
pontánea de nna niña viva. El análisis de la orina 
rcA-ela la presencia de vestigios de albúmina. Por el 
examen de la j^lacenta se notan peqneños coágulos 
situados cerca de su borde. 

Puei'XJerio normal, apirético. Es dada de alta 
el 23. 

Observación No. 3. — Albuminuria. Hemorragia. 
Operación de Dürsen. 

D. R.-V para, 37 años, de España, casada, veci- 
na del Vedado. 

No ha}^ antecedentes patológicos. Reglada a los 
17 años. 

Ultimas reglas: febrero 12 de 1919. 

Durante los cuatro primeros meses su embarazo 
evolucionó normalmente, ligera hiperemesis que des- 
apareció espontáneamente, sin tratamiento. 

Julio 12. Asiste a la consulta, por presentar ede- 
mas de las extremidades inferiores; cefalalgia y vér- 
tigos. 

Análisis de orina, al tubo de Esbacli. 1 gramo 
de albúmina, tensión arterial 20 y 12. 

Se le ordena régimen lácteo, reposo y plan eva- 
cuante. 

Septiembre 17, Los síntomas anteriores conti- 
núan y manifiesta tener ligeras pérdidas sanguíneas 
cuando está de pie o en las labores de la casa. 

Altura del útero, dos traveses por encima del om- 
bligo ; corazón fetal, normal. La orina contiene albú- 
mina ; la enferma se encuentra en un estado de ane- 
mia acentuada. 

Octubre 23. Nos avisan que la gestante se en- 
cuentra mal y reclama urgente nuestros auxilios. 

Examinada en su domicilio encontramos: Útero 
en 8 meses y medio de gestación, feto vivo. 

La mujer ba tenido durante la noche algunas 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 3U3 

contracciones dolorosas, con pérdida sanguínea abun- 
dante. Pnlso 80. Temperatura 37''2. Tensión arterial 
20-11. 

Al tacto, el cuello se encuentra acortado y no se 
percibe tejido placentario que nos denunciara la pre- 
sencia de una placenta previa. Cabeza encajada. I. A. 

Ordeno el ingreso en la Clínica. 

Durante el traslado, en el automóvil que la con- 
ducía, se le presenta una abundante hemorragia, que 
al llegar a la Clínica, pudimos notar pulso blando, 
filiforme, incontable, y en un estado de subconcien- 
cia manifiesta. 

Colocada en la mesa, mientras la enfermera la 
inyectaba suero, alcanfor, estricnina, etc., nos esteri- 
lizamos, V no existiendo todavía dilatación suficiente 
para terminar riipidamente el parto, practico cuatro 
incisiones profundas en el cuello y extraigo con el 
fórceps un niño, en estado de muerte aparente, pero 
que debido a los inteligentes cuidados de la comadro- 
na de la Clínica Srta. Ana María Valdés, pudimos 
hacer reaccionar y volver a la vida en pocos minutos. 

Inmediatamente de la salida del feto se presen- 
ta en la vagina la placenta, totalmente desprendida, 
con todos los caracteres de una hemorragia retro-pla- 
centaria y numerosos coágulos negros que salían en 
gran cantidad en los lavados continuos que hicimos 
de la cavidad uterina hasta desembarazarla de todo 
su contenido. 

Repuesta la nmjer, y el útero suficientemente 
contraído, suturamos el cuello y dejamos un tapona- 
miento que se retiró a las 24 horas. 

Puerperio normal, apirótico y a los 15 días da- 
mos de alta a la parida. 

La orina conservaba a su salida solamente 0.20 
gramos de albúmina. 

El feto de sexo masculino, de 6% libras de peso, 
se encuentra en perfectas condiciones, lactado por la 
madre. 

Observación No. 4. — Allnunina. Hemorragia. Do- 
ble circular del cordón, 



304 ANALES DE LA 



Enero 3 de 1921. 

E. B., de 35 ciuos, natural de Austria, II para, 
ingresa en la Clínica con ligeras contracciones dolo- 
rosas; a las 9 de la noche las contracciones se acen- 
túan. Dilatación medio i^t^so ; nos avisan que la ges- 
tante tiene pérdidas sanguíneas en gran cantidad, rui- 
dos fetales apagados, percibiéndose a intervalos con 
nia^yor claridad. A^estigios de all)úniina en la orina. 
Tensión arterial normal. Terminada la dilatación se 
activa el trabajo por una inyección de pituitrina y 
después de un período expulsivo muy penoso, se lo- 
gra desprender la cabeza, percibiéndose a su salida 
una dol)le circulaj* al cuello que se secciona entre 
dos pinzas. El feto en estado apneico, fué reanima- 
do. Peso 7 libras. Yarón. La placenta ajDarece acom- 
pañada de numerosos coágulos negros; por su cara 
uterina se percibe la depresión en cápsulas que es ha- 
bitual encontrar en la hemorragia retro-i)lacentaria. 

Alta el día 10; la orina no acusa la })reseucia de 
albúmina. 

Observación No. ó.^Edema. Hipertensión. 

A. R., I para, 28 años. Eml^arazo a ténnino, ha- 
biendo evolucionado normalmente hasta el sexto mes ; 
edema de los mieml)ros inferiores durante los tres úl- 
timos meses. 

El 14 de mayo, a las 9 p. m. comienza a tener do- 
lores y pierde un poco de sangre. Al día siguiente 
ingresa en la Clínica. 

Tensión arterial: 22-13. No all^úmina. Amortice 
encajado I. A., cuello dilatado 2 pesetas. Eeto vivo. 
Hemorragia abundante. A las 10 de la mañana, rup- 
tura espontánea de la l)olsa, poco líquido; ruido car- 
díaco normal. Dilatación completa. Parto espontáneo 
de una niña de 7 libras de peso. La placenta presenta 
sobre su cara uterina un voluminoso coágulo de san- 
gre negra, que al separarlo, deja ver una cúpula cir- 
cular de un diámetro de 11 cm. 

Puerperio normal, la tensión arterial disminu- 
ve a 16-10 v la muier es dada de alta en buen estado 
al noveno día. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA :;().3 



Bibliograftd. 

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1920.— La Presse ^fedicale. 



;06 ANALES DE LA 



LEPTOSPIRILOSIS EXPERIMENTAL CON UN 
''STRAIN" (MERIDA) DE NOGUCHI 



LEPTOSPIRILOSIS ICTEROIDES PROVOCADA EN CURÍELES 

POR EL 

Dr. Mario G. Lebredo* 

(Sesión del 28 de enero de 1921). (1) 



En 16 de abril del año 1920, al pasar i^or la Ha- 
bana, el Dr. Hideyo Noguehi, en viaje al Perú, tuvo 
la bondad, que niuclio le agradezco, de darme dos cul- 
tivos del Leptospira icteroides, aislado, en Mérida. 
por él j por el Dr. Kligler, de un caso de fiebre ama- 
rilla (2). 

Con estos cultivos em^Drendí una serie de estu- 
dios experimentales sobre la leptospirilosis icteroides 
en el curiel; sobre la leptospirilosis icteroides en el 
perro ; y, también, sobre su posible trasmisión por el 
mosquito Aedes calopus. 

La infección ha sido mantenida de curiel ei] cu- 
riel; obteniendo, además, cultivos, que se han con- 
servado durante largos períodos. 



(*) Jefe de la Sección de Epidemiología, Uircctor del Laboratorio 
(le Investigaciones. Sanidad, Habana, Cuba. 

(1) Trabajo terminado en octubre de 1920. 

(2) Investigación inédita en el momento en que escribo, pero de 
cuyo caso poseo una gráficn febril semejante a las características de fie 
hre amarilla. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 307 

Naturalmente, en la experimentación me ^'alí, 
las más de las veces, de las precisas técnicas usadas 
por Noguchi en sus clásicas investigaciones (3). 

En este primer trabajo me ocupo, exclusivamen- 
te, de la enfermedad provocada en el curiel, y, de al- 
gunas consideraciones con respecto al leptospira ic- 
teroides. 

Mntei'iaJ ij técnica de ínrcstifjación cníplcadít 

en esta experiencia. 

Para inyectar los cuatro primeros enrieles de 
esta experiencia, utilicé uno de los cultivos del lep- 
tospira icteroides traído por Noguclii. El cultivo te- 
nía en la fecha de utilización, nueve días de sembi'a- 
do. Un examen en fondo oscuro hecho inmediata- 
mente antes de practicarse las inoculaciones, mostró 
mucha germinación y gran actividad de los organis- 
mos. Después de esos cuatro primeros enrieles, con 
objeto de mantener la infección, en series continuas, 
usé, exclusivamente, como material de propagación, 
emulsiones, en solución de Ringer, de fragmentos de 
hígado y riñon de los enrieles infectados. 

De la sangre de los animales infectados me ser- 
ví, casi fínicamente, para hacer los cultivos. 

Sangre. — El éxito de los cultivos depende, princi- 
palmente, de que se obtenga y conserve la sangre que 
contiene los leptospiras, líquida, hasta el acto de ha- 
cer las siembras. Por lo tanto, la extracción debe de 
practicarse en vida del animal — mejor — , o inmedia- 
tamente después de morir, procediéndose al mismo 
tiempo a su citratación. Por otra parte, absolutamen- 
te aséptica, puesto que la menor contaminación, al 
infectar los medios de cultivo, impide el desarrollo 
del leptospira. 

Si se usa solamente para trasmitir la enferme- 
dad de curiel a curiel, por vía intraperitoneal, no im- 



(3) Xoguchi Hidoyo. Etiology of Yellow. Fever. The Journal of 
Experimental Medicine. Vol. XXIX, Xo. n y siguientes. 



308 ANALES DE LA 



porta que esté recientemente coagulada, ya que el lep- 
tospira 2)uede conservar algún tiempo su vitalidad 
en coágulos semisólidos. 

La sangre, la extraigo, por punción cardiaca, del 
curiel infectado, aprovechando la oportunidad en 
que son en ella más abundantes los leptospiras. La 
aspiro, a través de una cánula de platino, relativa- 
mente gruesa (J. 29), por medio de una jeringuilla 
de cristal (Luer) de 5, 10 o más centímetros cúbicos 
de capacidad. La jeringuilla lia sido previamente 
cargada con 1'5 a 2 c.c. cíe solución de citrato de so- 
sa (*) ijara cada 5 a 10 c.c. de la sangre que se ex- 
trae. La experiencia me ha demostrado, plenamente, 
que un exceso de la solución de citrato de sosa, en 
nada perjudica a la vitalidad del leptospira cuya vi- 
j'ulencia se mantiene, lo mismo ]3ara el éxito de los 
cultivos como para el de su trasmisión a otros en- 
rieles. 

Por lo general, la extracción cardiaca de la san- 
gre, produce la muerte del animal, por las condicio- 
nes de gravedad en que están los enrieles en el crí- 
tico momento en que los leptospiras son abundantes 
en la sangre. 

L^n examen de la sangre en fondo oscuro, es con- 
veniente cuando se trata de hacer cultivos, pues la 
abundancia de leptospiras asegura el éxito. 

Emifisión de órganos. — Con la emulsión de órga- 
nos se trasmite de la manera más fácil y segura la 
leptospirilosis icteroides de curiel a curiel. Xo es ne- 
cesario asegurarnos siquiera, de que las visceras del 
animal infectante muestren los leptospiras al examen 
en fondo oscuro. Aun en exámenes negativos he ob- 
tenido constantemente éxitos de contaminación; eso 
sí, los animales que suministraron el material infec- 
tante, habían mostrado, más o menos característicos 
cuadros clínicos y de autopsia. 

Para hacer la emulsión, basta poner en un mor- 
tero estéril, la mitad o las dos terceras partes de uno 



("^) Solución de citrato do sosa: 2 gramos ríe citrato de sosa por 
100 p.c. ño solución salina (8 '5 por 1,000"). 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 30tí 



de los ríñones, una cápsula suprarenal, y un frag- 
mento ele hígado, del mismo volumen que el material 
renal, y, con auxilio de arena, bien lavada y estéril, 
se muele en solución de Einger (*) hasta obtener de 
14 a 16 c.c. de la enuilsi(5n. La dosis que ha de inyec- 
tarse variará según el tamaño del animal, entre 1'5 
a 2 c.c. de la emulsión. 

Vías. — La vía empleada para inyectar todos los 
curíeles de este estudio experimental, ha sido, siste- 
máticamente, la misma : la vía intraperitoneal. Es 
suficiente, pues es rápida y segura. La vía sanguínea 
— inyección intracardiaca — expone a muy frecuentes 
accidentes mortales, y la vía cutánea, — frottis o in- 
yección hipodérmica — es más lenta, y por lo tantOj 
lo mismo que la oral, solo utilizable para especiales 
actos de investigación. 

Es de señalarse, Cjue el simple contacto de la vi- 
da en común, con animales infectados, no i:)rovoca la 
contaminación de los enrieles normales. Muchas 
pruebas tengo de ello. 

La inyección intraperitoneal con la emulsión es 
siempre bien tolerada, presentándose muy raras ve- 
ces las manifestaciones pasajeras de shock que acom- 
pañan, casi siem23re, a las inyecciones intraperitonea- 
les de 4 y 5 c.c. de sangre humana en las investiga- 
ciones hombre-curiel. 

La seguridad de infectar por la vía peritoneal 
con material reconocidamente virulento, es tal, que 
nos sirve, como prueba máxima, cuando queremos 
convencernos si quedaron o no, inmunes, curíeles pre- 
viamente sometidos a diversos tanteos experimenta- 
les de contaminación. 



(*) La solución de Ringcr, se compone do: 

Cloruro de sodio 7 '00 gramos. 

Cloruro de potasio O '30 

Cloruro de calcio O '25 

Agua estéril 1000 ce. 



310 ANALES DE LÁ 



Susceptibilidad de Jos curíeles de Cuba para 
el leptospira icteroides. 

El curiel de Cuba lia sido muy susceptible para 
el "straiii" de le^jtospira icteroides con que lie expe- 
rimentado. Ninguno ha sido refractario. Algunos, 
pocos, en circunstancias experimentales que señala- 
remos más tarde, mostraron alguna resistencia, pues 
curaron; j^ero aun en ellos hubo siempre un cuadro 
clínico bien precisado de la leptospirilosis exjíerimen- 
tal, con 2:)roduccióii de una absoluta inmunidad. 

Mu}' importante es señalar semejante resultado 
obtenido con el organismo cultivado por Noguchi, so- 
bre enrieles de Cuba, diametralmente distinto al que 
obtuve el año de 1911), cuando investigué la fiebre ama- 
rilla humana en Mérida (Yucatán) (1), donde todos 
mis enrieles, — el mayor número procedentes de Cu- 
ba, — se comportaron como si fueran refractarios, al 
inyectarles intraperitoneahnente la sangre citratada 
de 25 casos típicos de fiebre amarilla. 

Me limito a citar el hecho, sin tratar de explicar- 
lo en este trabajo de extricta exposición exjDeriinental. 

A. Estudio Clínico. 

El tipo clínico de la enfermedad, en los enrieles, 
varía poco, en cuanto al conjunto del cuadro sinto- 
mático; bastante, en cuanto a la época de jDresenta- 
ción, intensidad y duración de cada síntoma en par- 
ticular. 

Provocan esas variaciones, más que las resisten- 
cias naturales de los enrieles — muy efectivas en algu- 
nos casos — , la mayor o menor riqueza y virulencia 
de] organismo etiológico. 

Inciibacíóu. — La incubación ha sido diversa : des- 
de horas, hasta 4^/2 dms. La incubación fué acortán- 
dose, según fué aumentando la virulencia del orga- 
nismo etiológico 2)or los jDases sucesivos. 

Para deterimnar precisamente el período de in- 
cubación, tenemos que apreciar bien cual es la teni- 



(1) Fiebre amarilla. Estudio experimental en Mórida (Yucatán). 
Boletín Oficial de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia. Habana. 



ACADEMIA Dt CIENCIAS DE LA HABANA Úí 



peratiira elevada que representa la febril de inva- 
sión. Hay inuclios enrieles que a las pacas horas, 6 u 
8, de la inyección intraperitoneal del molido de órga- 
nos infectante, presentan una elevadísima tempera- 
tura, hasta 40° y 40° 5, C. Esta temperatura elevada 
es, las más veces, una de reacción contra el i3roteído 
inyectado, y dura solo algunas horas, presentándose 
inmediatamente después, el período de incubación, 
bien precisado, con las temperaturas normales pro- 
pias (V. gráficas 62 y 81, Pl. II). Pero algunas ve- 
ces esa temjDeratura reaccional se empata con la de 
invasión, c|ue puede ser temprana, y en estos casos 
la gráfica no marca ningún período de incubación; 
gráficas sin incubación aparente (V. gráficas de cu- 
rieles 23 y 24, Pl. II). 

Para apreciar mejor el estudio de las incubacio- 
nes las consideraremos en los siguientes grupos: 

a. — Incubaciones largas : de 3 a 41/2 días. En 11 
de los 88 curíeles estudiados, es decir, en 12 '5 por 
100 de los casos, fueron : de 3 días en 8 casos, de 3i/2 
días en 1 caso, de 4 días en 1 caso, y de 4i/4 días en 
1 caso. 

Coincidieron con estos largos i^eríodos, manifes- 
taciones de menor virulencia del material infectante ; 
en efecto, correspondieron a los 11 casos de este gru- 
po, las únicas curaciones habidas entre los 88 purie- 
les comprendidos en esta serie experimental. 

Además, pudo observarse, cómo correspondieron 
tales manifestaciones de larga incubación, a deter- 
minadas procedencias del material infectante, a sa- 
ber: los curíeles núms. 1, 2, 3 y 4, (V. Pl. I.), los ori- 
ginarios de la serie experimental, inoculados con el 
cultivo de Noguchi ; los núms. 10, 11 y 13, de 1.° y 2.° 
pasaje de curiel a curiel; y los núms. 51, 68 y 98, in- 
yectados con material de perro. Solo un curiel de es- 
ta serie, el núm. 30, fué de 6." pasaje de curiel a cu- 
riel, siendo lo más probable que se debiera su larga 
incubación, a condiciones excepcionales de resisten- 
cia del animal. 

En resumen : los materiales de cultivo, de curiel 
de 1.° y 2.° pasaje, y de perro, han dado las largas in- 



,1l8 ANALES X>E LÁ 



t^ubaciones y la casi totalidad del número de enrieles 
curados en la serie exi^eriniental. 

b. — Incubaciones de 2V9 días. Las dieron, 18 de 
los 88 casos estudiados, séase el 20 '45 por 100. 

Aun en este grupo se señala claramente lo ajDun- 
tado en las incubaciones largas. Los 5 enrieles que 
dieron las de 2^ días, corres]3ondieron, como en 
aquellas, a material de curiel de 1.° y 2.° pase y a ma- 
terial de perro. Los 13 enrieles de incubación de 2 
días, ya corresponden a más virulentos materiales de 
3.", 5.°, 6." y 17.° j)ase de curiel a curiel. 

c. — Incubaciones cortas, de 1 y iVo días, se pre- 
presentaron en el 50 por 100 de los 88 casos estudia- 
dos: (1 día en 25 casos, de l^/o días, en 19 casos). 
Las tuvieron los enrieles ]nás susceptibles. — tamaño 
pequeño — , y los inyectados con material a virulen- 
cia progresivamente exaltada por pases sucesivos de 
curiel a curiel. 

d. — Incubaciones de solo lluras. 8e presentaron 
en 9 casos de los 88 enrieles estudiados, séase el 10 '22 
por 100. A estos enrieles se les aj)lica las mismas con- 
sideraciones que a los del grupo anterior. 

e. — Casos sin apreciable x^eríodo de incubación. 
Fueron seis (6), séase el 6 '81 jDor 100 de los estudia- 
dos. Yo creo, según hemos dicho antes, que en estos 
curíeles es solo aparente la falta de incubación; en 
ellos, con toda probabilidad, la corta incubación es 
sustituida por la reacción febril, que algunos presen- 
tan, a las pocas horas de practicarse la inyección in- 
traperitonal de un molido de órganos. 

Duración cid proceso fchril. 

Puede asegurarse, que en el cuadro sintomático 
de la enfermedad, es la fiebre la que primero acusa 
la infección del curiel. 

La fiebre ha sido siempre en mis experiencias 
con material de animal infectado — curiel o perro — . 
perfectamente determinada por su elevación, de 39°8, 
40° C y más, oscilando dentro de estos altos límites, 
por uno, dos, tres, o, excepcionalmente, más días, en 
cuj'O momento se inicia un descenso continuo, que, 
por lo conum, conduce, rápidamente, en horas, a una 
hipotermia mortal. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 313 



Vigilar la aparición de ese período liipotérmico, 
conviene, cnando se lia de exijerinientar con sangre 
o con molido de visceras frescas ; precursor de la pró- 
xima muerte del curiel, indica que lia llegado el úl- 
timo extremo de la etai:)a ex^^erimental, y cpie debe- 
mos sacrificarlo para provecho de los actos de inves- 
tigación. 

La duración de todo el proceso experimental, 
desde el momento de la inyección hasta el de la muer- 
te — período de incubación y de enfermdad reuni- 
dos — , ha seguido la ley de virulencias, — mostrada }' a 
en el estudio de las incu])aciones — , según vamos a 
ver a continuación. 

De cincuenta y dos (52) enrieles, es decir, del 
60 '22 por 100 de los curíeles estudiados, murieron, 
en 5." día, treinta y uno (31), y en 6.° día, veinte y 
dos (22) ; duración bastante corta de la enfermedad, 
comparándola con la duración mostrada por los cu- 
rieles de Noguchi en su investigación original, lioni- 
bre-curiel. 

Siguen en orden, con cifra mayor, diez y siete 
(17) casos muertos en más corto tiempo aun, al 4." 
día de la inyección, séase el 19 '31 por 100. 

Las duraciones más largas, 7, 8 y 10 días, se pre- 
sentaron, respectivamente en ocho (8) y dos (2) cu- 
rieles, lo que arroja un bajo porcentaje, el 13 '61 por 
100 solamente. 

Solo hubo un (1) caso de cortísima duración 
— tres días — ; y, al contrario, cinco (5), que, como 
curados, tuvieron, naturalmente, el prolongado tipo 
febril. 

En ñu, puede afirmarse que, por regla general, 
la duración del proceso clínico experimental — incu- 
bación y enfermedad — fué acortándose conforme se. 
hacía progresivamente elevado el número de los pa- 
sajes, empleando la vía intraperitonal. La vía sub- 
cutánea es más lenta. 

Casos afebriles o a benignidad sintomática tal 
que no permitieran sino diagnósticos de sospecha, no 
se me presentaron nunca. Es verdad que trabajé con 
material a virulenr-ja elevada : cultivos, y curíeles in- 
fectados en serie. 



ñi ANALES DE LA 



Las únicas lio jas clínicas algo dudosas, corres- 
pondieron a pruebas especiales de trasmisión, o a 
empleo de material a infectividad o virulencia des- 
conocidas. Fueron siempre en enrieles que sobreii- 
vieron al acto experimental, y consistió la duda, en 
si debíamos interpretar las ocasionales fugaces tem- 
peraturas a 40° C, Y más, que con frecuencia se pre- 
sentan en los curíeles nomiales, como naturales re- 
acciones fisiológicas, o como manifestación i^atológi- 
ca denunciante de un caso benigno de leptospirilosis. 
Convencido quedé, siempre, de que estas temperatu- 
ras no respondían a mis pruebas de investigación. En 
efecto, en todos ellos, pasado algún tiempo de la ini- 
mera experiencia dudosa, busqué la inmunidad — tan 
absoluta en todos los casos positivos — inyectando ma- 
terial reconocidamente virulento, en dosis máximas, 
por la vía más activa, sin encontrar ninguno previa 
y debidamente protegido. 

La muerte del curiel infectado sobreviene, algu- 
nas veces, repentinamente, por colapso. Por lo ge- 
neral, de 18 a 24 lioras antes de morir, muestra algu- 
na inapetencia, pierde su actividad, se demacra rá- 
pidamente, y una flojera progresiva le invade. 

Ictcro. — El íctero se lia ¡presentado constante- 
mente, sin r|ue hubiera tenido, nunca, dificultad para 
apreciarlo. 

El color del íctero fué puramente amarillo, más 
o menos intenso. Las regiones en que más nítida- 
mente se percibe, son : nariz, bordes palpebrales, ore- 
jas, escleróticas, extremidades y regiones genitales. 
Por destacarse mejor en las regiones blancas de la 
piel, convienen más enrieles de color blanco, o claros, 
poco pigmentados. Donde 2:)rimero se ve el íctero, por 
lo general, es en la nariz y en los rebordes palpebra- 
les, antes que en la esclerótica. Desde que aparece un 
ligerísimo subidero en la nariz se hace perceptible 
por la diferencia de coloración que muestran la nariz 
y el labio sui^erior: la nariz toma un color más o me- 
nos pajizo, mientras que el labio superior — que ra- 
ras veces participa del íctero — queda de color oscu- 
ro. El íctero en la esclerótica del curiel es de muv di- 



ACADEMIA t> ECIENCIAS DE LA HABANA Üló 



fícil apreciación, pues el pignieiito habitual de su glo- 
bo ocular solo deja un pequeño espacio pericorneal 
donde pudiera ser visto. Muy a menudo los órganos 
genitales no muestran el íctero, aun en casos de la 
mayor intensidad, sino, más bien, un color oscuro, de- 
bido a una infiltración hemorrágica, subcutánea, vul- 
var o escrotal, que hay, cuando las sufusiones hemo- 
rrágicas inguinales — siempre presentes en el x)eríodo 
grave, terminal — , s(i corren hacia adentro, uniéndose 
en la línea media de la región subpubiana. En las ex- 
tremidades, el íctero se presenta, al generalizarse, des- 
]Dués de haberse señalado en Ui nariz, párpados y 
orejas. 

El íctero, desde el momento en tpie se señala en 
la nariz u orejas, progresa con rapidez extraordina- 
ria ; en pocas horas se generaliza. Es síntoma tardío, 
y como viene, la mayor parte de las veces, cuando la 
temperatura empieza a descender para hacerse rápi- 
damente hipotérmica, es de un pronóstico gravísimo, 
pudiendo decirse que anuncia la muerte en un plazo 
brevísimo. 

En los mu}^ contados casos de curíeles que cura- 
ron de infección tí^DÍca, experimental, el íctero des- 
apareció tan rápidamente coino vino. 

En la mayoría de los casos experimentales, en un 
71 '59 por 100 de ellos, apareció el íctero en á° y 5." 
día a contar de la in3^ección infectante ; horas antes, 
o víspera de la muerte. Los presentados en 6." y 7." 
día, con 36 y 48 horas de duración, fueron muy po- 
cos, y, como es natural, en casos en que se prolongó 
mucho, — 7 y más días — el proceso experimental — in- 
í-ubación y enfermedad. 

Más adelante tocaré, de nuevo, esta importante 
cuestión, cuando me refiera a la presencia o ausencia 
de los leptospiras icteroides y su riqueza en la sangre 
y tejidos de los enrieles experimentalmente infec- 
tados. 

Orina.— Fil examen de la orina aparte del inte- 
rés que presenta para el estudio completo de la en- 
fermedad, solo tiene relativo valor para el diagnós- 
tico. 



fiie ANALES DE LA 



Por lo general la albuminuria es tan tardía co- 
mo el íctero, ^presentándose desde vestigios hasta can- 
tidades i3recipitables, en las 24 a 36 lloras del perío- 
do grave, terminal, de la enfennedad. Sin embargo, 
no la lie encontrado como síntoma constante. 

Los iDÍgmentos biliares tienen, según creo, mayor 
valor que la albúmina, i^ara el diagnóstico. Se pre- 
sentan antes que ella, y es lo más frecuente que tras 
esa apariencia precoz, en la orina, se revele pocas ho- 
ras después, el subíctero o el íctero, en la nariz, pre- 
cursor de la grave ictericia generalizada posterior. 

Hemorragias- -'NuncsL han tenido hemorragias 
mis curíeles : ni por la boca, ni por la nariz, ni por el 
recto. Solo una vez encontré en uno, después de la 
muerte, una ligera exudación sanguinolenta en los 
orificios nasales, comprobando en la autopsia, como 
causa, una congestión de mediana intensidad de la 
mucosa de una de las fosas nasales. 

Pero verdadero epistaxis o hematemesis, o me- 
lena, nunca; menos aun regurgitación de material 
gástrico "borroso". Y ese resultado negativo lo ob- 
tuve, lo mismo en los primeros casos, que en aquellos 
que, por múltiples pasajes del material infectante, 
de curiel a curiel, dieron otras muestras sintomáticas 
y anatomopatológicas de la exaltación de la virulencia 
del organismo causal. 

B. Estudio Anatomo-Patológico. 

1." As23ectos macroscój^icos. 

Hábito exterior. — Solamente observé el íctero; 
más intenso que en vida del animal. 

Tejido subcutáneo, a) Tetero en diversos grados 
(+, ++, ++++, ++++) siempre bastante más pro- 
nunciado que en el hábito exterior, y de un color pu- 
ramente amarillo, si acaso con un reflejo brillante, 
ligeramente dorado, muy visible en los sitios donde 
la piel era blanca, b) Punteado equimótico, en algu- 
nos casos reducido a muy pequeños puntos rojos, po- 
cos, bien diseminados; y en otros casos, constituido 
por puntos relativamente grandes y numerosos, de 
color intenso, confluyendo, a veces, c) Sufusiones he- 
morrágicas, jieriganglionares, siempre bien precisa- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ;;17 

das, cireiuiscritas miiclias veces, tanto en las regiones 
axilares como en las inguinales; o, también, con fre- 
cuencia, difusas, extendiéndose las inguinales hasta 
la línea media e infiltrando los tejidos vulvares o es- 
crotales. 

Cavidad torácica.— E¡\ corazón siempre de apa- 
riencia normal; algunas veces, raras, pequeñísimos 
l>untos equimnticos. Notable lia sido en todos los ca- 
sos la rápida coagulación de la sangre. Los pulsio- 
nes presentaron, siempre, los focos liemorrágicos se- 
ñalados por Noguchi como constantes. Unas veces 
eran Ijien circunscritos, de diversos tamaños — desde 
minúsculos puntos — basta zonas redondas de 1 y lY* 
centímetros de diámetro con color uniforme, rojo-pá- 
lido, u oscuro, o negro azuloso, o a centro pequeño 
aun' oscuro con areola rosada ; otras veces confluven- 
do, dos, tres o más, focos, a constituir zonas liemorrá- 
gicas. Al corte podían observarse iguales lesiones, en 
el espesor de la viscera, resaltando, como en la super- 
ficie, sobre el color a veces mu}^ pálido del parénqui- 
ma pulmonar. 

Cavidad ahdominaL — En las experiencias curiel 
a curiel nunca encontré exudado peritoneal, prueba 
de la pureza de la infección. 

Todos los tegumentos internos aparecen teñidos 
de íctero, que resalta, contrastando, fuertemente, con 
el color rojo intenso del tejido muscular y de las su- 
hisiones hemorrágicas. 

Ilífjudo. — En el mayor número de los casos el lií- 
,í;ado se ba presentado de un color rojo intenso, lio- 
mogéneo, congestivo. Algunas veces, de color pardo 
oscuro, con reflejos amarillosos debidos a la infiltra- 
ción ictérica que imbibe la viscera por completo ; pe- 
ro nunca el color amarillo gamuza propio de la me-, 
tamórfosis grasosa del hígado en la fiebre amarilla 
humana. Algunas veces pequeños puntos hemorrá- 
gicos su2)erficiales. 

Bazo. — Aspecto normal. 

Riñoncs. — De color amarilloso, presentan algu- 
nas sufusiones hemorrágicas, intensas, en la atmós- 
fera perirreual: pero, prinr-ipalmente, un luimevo 



318 ANALES DE LA 



más O menos grande de pequeños puntos, de color ro- 
jo vivo, ])ieu distribuidos, en su superficie. Alguna 
que otra vez se encuentran focos hemorrágicos en el 
bacinete. 

Estómago. — En los enrieles infectados con cul- 
tivos y en los de primer pasaje de curiel a curiel, en- 
contré el estómago completamente sano. Ya desde el 
2.° pasaje se presentan lesiones, de mayor o menor 
intensidad, segiín la resistencia del curiel, pero es in- 
dudable que se intensificaron, al exaltai-se la virulen- 
cia con los repetidos pasajes de serie. 

Las lesiones gástricas se presentan siempre, en 
los mismos lugares de la nmcosa. Se conoce que res- 
ponden a un mismo mecanisino de producción. Son 
dos los sitios donde se encuentran situadas : en la cor- 
vadura mavor, v en la corvadura meno]-. La de la 
corvadura mayor puede ser pequeña, o extensa, pero 
cualcpiiera que sea su tamaño, es alargada, y corre a 
lo largo de la corvadura, sin ocupar — salvo raras ex- 
cepciones — los fondos de saco correspondientes al 
cardias o al píloro ; tal })arece que la lesión tiene co- 
mo asiento primitivo los gruesos vasos que se encuen- 
tran allí. En efecto, algunas veces solo hay una es- 
trecha congestión lüperhémica, con pocos y pequeñí- 
simos puntos equimóticos, diseminados, a ambos la- 
dos de su trayecto; otras veces hay una verdadera 
banda de puntos equimóticos, i^equeñísinios, muy nu- 
merosos, de color rojo oscuro, que f orinan una infil- 
tración hemorrágica, en relieve, de color negruzco ; y 
otras, cuando llega al máximun, tienen una superfi- 
cie central lisa, con tendencias a la ulceración, cuyos 
bordes, siempre lineales en sentido de la corvadura 
mayoi', aparecen como rodetes equimóticos, negruz- 
cos, en relieve. La lesión de la corvadura mayor em- 
pieza casi siem])re junto al oi'ificio del cardias y se 
extiende, las más de las veces, por la corvadura me- 
nor, en un corto trayecto; en casos excepcionales se 
extiende, circularniente, para abrazar a dicho orificio 
esofágico. Por lo general, se presenta, como una zo- 
na oblonga, de unos dos centímetros de largo iDróxi- 
mamente, por uno a uno y medio de ancho, eon el mis- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 31<J 

1110 aspecto de la.s lesiones menores y medianas de la 
eorvadura mayor. Solo en nn caso encontré algunos 
p mitos equim(Sti(.'os, dispersos, en el resto de la su- 
perficie de la mucosa del estómago. Nunca encontré 
en el estómago, ni sangre fina, ni digerida, como "bo- 
rras de café"; excepcionalinente, ligeramente teñidos 
los alimentos, en el j^unto de contacto con los lugares 
de las lesiones. 

Iiitesfino.s. — Las lesiones intestinales se localiza- 
ron, casi sieiiiijre, con mayor intensidad, en la pri- 
mera porción del intestino grueso, y en el apéndice. 
Consiítieron en jDequeñísimos puntos ecpiimóticos, o 
en zonas más extensas, o en verdaderas sufusiones he- 
morrágicas, circunscritas, en número y figu]*as varia- 
bles, diseminadas. El intestino delgado fué, además, 
algunas veces, asiento de una intensa congestión. Pe- 
ro nunca encontré en el contenido intestinal, exudado 
sanguinolento, y, menos, materias oscuras como "bo- 
rras de café". 

Del examen histológico de las lesiones viscera- 
les, se hizo cargo el Profesor W. H. Hoffmann, no- 
table patologista y bacteriólogo, en la actualidad del 
personal de este Laboratorio, a quien debo las siguien- 
tes notas : 

"Hígado. — Generalmente hiperhémico, color ro- 
jo, a ocasiones algo anémico mostrando entonces he- 
.morragias superficiales. 

Nunca del color del de fiebre amarilla. 

Microscopía. — No en todos los casos, sino algu- 
nas veces, en preparaciones frescas (y por medio del 
Sudán), se han visto algunas muy pequeñas gotitas 
de grasa en las células del hígado, que i)ueden pre- 
sentar un ligero aspecto de degeneración turbia, pe- 
ro en conjunto están bien preservadas. En secciones 
fijadas y teñidas, la extructura total del tejido hepá- 
tico está bien preservada. Algunas veces las células 
ligeramente amnentadas de volumen, redondas y di- 
sociadas. Los núcleos de las células hepáticas siem- 
))re se tiñeii bien. Nunca ha habido señales de inten- 
sa degeneración de las células, y aun pequeñísimos 
vacilólos seña] de degoneraí-ión grasosa, fueron mu>' 



ANALES DE LA 



escasos. Entre las células hepáticas ]iay, generalmen- 
te, difusas hemorragias. A lo largo de los vasos in- 
teracinosos se encontró, regularmente, una infiltra- 
ción de linfocitos. 

Riñon. — Los ríñones tienen, generalmente, un 
color gris amarilloso, con nniltiples pequeñas hemo- 
rragias en la superficie. A menudo los órganos están 
congestionados. 

Microscopía. — Generalmente el epitelio de los tu- 
buli contorti está algo aumentado de volumen, y mues- 
tra degeneración, de manera que, a menudo, los nú- 
cleos de las células no se señalan. Hav, a menudo, al- 
guna infiltración a lo largo de los tubuli y de los gio- 
inérulos. Por lo regular liay hemorragias entre los 
tubuli, y, a menudo, en los glomérulos. La luz de los 
tubuli recti está a menudo llena con sangre, y con cé- 
lulas y cilindros degenerados. También entre los tu- 
buli recti hay, a menudo, algunas hemorragias. La 
pelvis del riñon, a menudo, llena con un coágulo de 
sangre. 

Plumones. — Muestran siempre nuiy marcadas 
lesiones en forn^a de pequeños puntos de color rojo 
oscuro que corresponden a las hemorragias, tanto en 
la supei'ficie como en cortes hechos a través de los 
órganos. 

Microscopía. — Esos puntos están formados por 
extensas hemorragias que llenan los alveolos con san-. 
gre, y en muchos casos hay, taml)ién, hemorragias en 
los tabiques interalveolares. 

Corazón. — Algunas veces pueden verse algunas 
pequeñas hemorragias debajo del epicardio. En gran 
número de casos estas hemorragias son microscópicas 
y se encuentran, también, entre las fibras del miocar- 
dio. E] músculo cardiaco nmestra degeneración, de 
manera que, en cortes, las estrias trasversales de las 
células musculares han desaparecido. 

Bazo. — Generalmente parece estar nmy poco au- 
mentado de volumen y congestionado. 

Microscopía. — Hay, a veces, algunas ¡jequeñas 
hemorragias, pero no liay notalde alteración de la ex- 
tructura. 



ACADEMIA DE, CIENCIAS DE LA HABANA 321 



Estómago. — Macroscópicamente muestra muy tí- 
picas hemorragias a lo largo de las corvaduras mayor 
y menor. 

Microscopía. — Se ven hemorragias en la mucosa 
y en la submucosa, pero, generalmente, sin mayor al- 
teración de la mucosa. 

Intestinos. — Hay más o menos hemorragias. 

Microscopía. — En todas partes se encuentran he- 
morragias en la mucosa y en la submucosa, presen- 
tándose, algunas veces, toda la membrana mucosa se- 
parada de la muscular por una extensiva hemorragia, 
a ocasiones en toda la circunferencia del intestino. En 
muchos casos se nota una infiltración linfocitaria 
marcada de los folículos del intestino (medullar swe- 
lling). Las glándulas mesentéricas están, a menudo, 
aumentadas de volumen. 

Páncreas. — Muestra pequeñas hemorragias en- 
tre y en los acinos. 

Vejiga. — Muestra hemorragias en la nmcosa y 
en la submucosa. 

Testículos. — Muestra, a menudo, nuiy extensas 
hemorragias en el tejido intersticial. 

Útero. — Trompas. — Ovarios. — Muestran nnichas 
hemorragias''. 

En resumen, los cambios anatómicos encontra- 
dos, son absolutamente idénticos, a los vistos en la 
leptospirilosis icterohaemorrágica experimental del 
curiel, en la Habana. 

ConsideracioHf'S sobre el leptospira icteroides. 

El leptospira icteroides señalado por Noguchi 
como el agente causual de la fiebre amarilla, leptos- 
pira icteroides que ha provocado el proceso ictero-he- 
morrágico que acabamos de estudiar en el curiel, os 
un interesantísimo organismo. 

No voy a repetir todos los detalles de hi morfo- 
logía y biología cuidadosamente observados y descri- 
tos por el sabio investigador ; me limito a exponer al- 
gunos particulares del estudio hecho en esta serie de 
curíeles infectados. 

Morfología y movilidad. 

Se han presentado a mi vista los leptospiras, co- 



322 ANALES DE LA 



1110 delicadísimos y muy típicos organismos espirila- 
res, dotados de movimientos característicos que los 
hacen progresar con gran velocidad, si el medio en 
que se encuentran es bastante fluido. 

Las dimensiones asignadas por Noguclii, son "de 
-i a 9 mieras de largo, j)or O '2 de una miera, de ancho, 
en su parte media", haciéndose más finos en los mis- 
mos extremos. Las espiras cpie forman todo el orga- 
nismo, son delicadísimas, y j^erfectamente simétricas 
en la separación y amplitud de cada vuelta. 

Yo creo que los leptospiras se presentan en dos 
diferentes aspectos según la actitud cpie adopten al 
moverse. Unos elementos — por lo general los más lar- 
gos — están rígidos, casi rectos, salvo uno o los dos ex- 
tremos que tienen encorvados, en forma de gancho, 
hacía un mismo lado, o en oposición ; se mueven, pro- 
gresando en la dirección de una o de la otra extremi- 
dad, siempre rígidos, pero con un vertiginoso movi- 
miento de rotación sobre su eje, que, por efecto ój^ti- 
co, al impresionar la retina, producen apariencias 
amplificadas, en uno, o, las más veces en los dos ex- 
tremos; — formas de número ocho o de reloj de are- 
na — según las tengan, uno, o los dos, doblados como 
gancho. Algunos elementos se mueven por ondulacio- 
nes violentas de un extremo, como por sacudidas, que 
recuerdan al modo de progresar algunas larvas de 
mosquitos, elementos que, sin embargo, adquieren por 
activa rotación sobre su eje las figuras descritas antes. 

Los leptospiras tienen una gran potencia para 
abrirse camino, aun en los medios semisólidos, en cu- 
yo caso, los lie visto ir desenvolviendo las espirales 
í-onforme iban pasando el obstáculo que hubieron de 
atravesar. 

El examen en fondo oscuro es el único efectivo 
para la investigación del leptospira. Como hemos 
visto, el leptospira es de tal manera peculiar en su 
forma y marcha, que, es difícil pasarlo inadvertido, 
con tal de que se haga el examen con material y téc- 
nicas corrientes. L"n leptospira muerto, ya en proce- 
so de desintegración, pudiera ser confundido con al- 
g\in pequeño filamento de fibrina, pero, por poco que 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 323 



conserve sus espirales, ellas lo identificarán, al habi- 
tuado a estas investigaciones. En preparciones teñi- 
das los leptospiras pierden todos sus delicados carac- 
teres espirilares, apareciendo como más o menos fle- 
xuosos filamentos de apariencia banal. 

Es importante conocer que los leptospiras no se 
revelan con la claridad necesaria para su busca, con 
todas las combinaciones ópticas a fondo oscuro. El 
dispositivo completo de L^itz, es excelente. Una com- 
binación óptica que de acuerdo con los consejos de 
Noguclii, me dio las más perfectas imágenes del lep- 
tospira, y, por lo tanto, absoluta garantía de la exis- 
tencia o ausencia del organismo en los materiales que 
examiné, fué la siguiente : (condensador parabólico de 
Zeiss, objetivo de iinnersión homogénea 1'30 de Leitz 
y oculares 5 y 10 de Leitz ; iluminación eléctrica— lám- 
para de arco — . Usé para el paraboloide Zeiss, '/«/«/- 
)tas porta objetos de O '82 mm. de espesor, oscilando, 
a lo más, entre O '81 y O '83 mm. de grueso, a pesar de 
que el paraboloide tiene gravado que ha de usarse con 
las láminas de l'l a 1'2 mm. de espesor. Solo con las 
láminas de O '82 mm. de grueso obtuve las más netas 
imágenes, pudiendo apreciar con toda claridad sus 
espirales, con el ocular núm. 5, v con mayor amplitud 
e igual claridad, con el ocular núm. 10. 

Conviene tener presente, con objeto de poner más 
cuidado en la observación, que en el examen en fondo 
oscuro, las imágenes delicadísimas del leptospira pue- 
den pasar inadvertidas, cuando son pocos, si el me- 
dio en c[ue se encuentran contiene numerosos granu- 
los o elementos celulares, que se convierten en puntos 
luminosos que debilitan el color negro del fondo. Por 
eso, las más bellas imágenes se obtienen, cuando se 
examinan cultivos o plasma sanguíneo que contengan 
leptospiras, pues se destacan con toda la nitidez so- 
bre el fondo oscuro del paraboloide. Importa, por 
otra parte, al hacer las preparaciones, usar solo una 
pequeñísima gota de fluido infectado — sangre o emul- 
sión de órganos — , aplicando el cubre objeto de tal 
manera, que se produzca una adherencia estrecha en- 
tre la lámina y la laminilla, procui'audo que el plano 



324 ANALES DE LA 



focal quede reducido, lo más posible, a un plano ideal, 
en cuyo espesor estén obligados los leptospiras a pre- 
sentarse constantemente. Insisto en estos detalles 
pues pudiera darse, fácilmente, como negativos, ca- 
sos de material jdoco rico en leptosjoiras. 

Los leptospiras iDcrmanecen activos, en las pre- 
paraciones, durante muchas horas, si se tiene cuida- 
do de l)ordear las laminillas con vaselina, para im- 
pedir su desecación. 

Cultivos. — Los últimamente adoptados por No- 
guchi, aui]que más fáciles de preparar que los reco- 
mendados en su trabajo original, son mu}- delicados. 
Dos puntos principales requieren especial cuidado en 
su preparación: la consistencia y la reacción. La con- 
sistencia conveniente es la semisólida. Los medios só- 
lidos son inadecuados, y los muy fluidos, aunque sir- 
ven, no permiten larga existencia del organismo, que 
necesita determinadas proporciones de los principios 
nutritivos de reserva. La reacción ha de ser de una 
bien precisada alcalinidad. 

Técnica de preparación. Para obtener la conve- 
rriente consistencia, agrego a cada 100 ce. de agar co- 
mún al 2 por 100, con reacción débilmente alcalina al 
papel de tornasol, 566 ce. de solución de Einger. De 
esta manera obtengo 666 ce de un medio matriz. 
(agar-Ringer), semisólido, que contiene O '3 por 100 
de agar, que es lo recomendado por N'oguchi. Mayor 
dilución, con solución de Ringer o isotónica de clo- 
ruro de sodio, es posible, pero no conviene separarse 
mucho de esa riqueza de O '3 por 100 de agar. 

Para el ajuste de la definitiva alcalinidad, se usa 
como indicador, la fenolsulfonphtaleina (o fenol ro- 
jo), en solución al 0.004%. El proceder es colorimé- 
trico. Deben emplearse para el tanteo de la reacción 
20 gotas de la solución del indicador para cada 5 ce 
del medio que hemos previamente preparado y que 
tiene, según dijimos antes, reacción alcalina débil, 
probada con papel de tornasol. Si el indicador toma 
un color rojo transparente, sin el menor tinte ana- 
ranjado, hay Ijuena reacción. La reacción convenien- 
te para los cultivos, según Noguchi señala, es aquella 



AbADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA áÍ5 



en que el rojo indica valores iguales a los que clan so- 
luciones, entre 6 y 7.4 de fosfato. Hav estuches hov 
en el mercado con soluciones standard que sirven pa- 
ra el objeto. 

Si el medio, j)or el contrario, tiene una alcalini- 
dad algo más fuerte, — aunque sea pequeña la dife- 
rencia—el indicador tomará un tinte rojo más inten- 
so, algo azuloso. Este tinte, se liará cambiar hasta la 
intensidad del color deseado, agregando al medio, por 
gotas, una solución de N|1U o N|20 de ácido clorhí- 
drico, o una solución de peptona al 10%. Conocido 
cuanto requirieron los 5 c.c. para ajustarse a la pro- 
pia reacción, se calculará lo que hay que agregar a la 
totalidad del medio, que entonces se reparte en tubos, 
esterilizándolos al autoclave. 

Es indispensable para cultivar los leptospiras, 
que se agreguen de 10 a 20 c.c. de suero, por cada 100 
c.c. del medio semisólido antes descrito. Los sueros 
que he utilizado con magnífico éxito fueron : de cone- 
jo, óptimo, señalado por Noguchi para cultivos de 
larga duración; humanos, los tomé siempre de casos 
no inmunes a la fiebre amarilla y de curiel, con muy 
buenos resultados. Noguchi empleó otros sueros, con 
buen éxito, en cuanto a siembras, pero no en cuanto 
a duración de éstas. 

La manipulación del suero requiere el mayor cui- 
dado, pues como no puede sufrir esterilización, ha de 
obtenerse con absoluta asepsia. Para que el suero se 
mezcle bien con el medio, caliento previamente el me- 
dio en bañomaría, hasta estar bien fundido y vierto 
el suero cuando baja la temperatura a 45'' C. 

Terminada la XDreparación se tapan los tubos con 
capotas de goma, o se les agrega una gruesa capa de 
aceite de parafina, para impedir la evaporación, y se 
dejan 24 horas en la estufa, a 37", para separar aque- 
llos que se hubieran contaminado. Oonsérvanse des- 
pués en el refrigerador. 

Los cultivos se hacen, utilizando sangre de ca- 
sos infectados, o utilizando otros cultivos. 

Recordemos que para lograr efectivos culti^'os 
utilizando la sangre infectada, debemos citratarla, 
con objeto de que se conserve fluida. 



;;2G ANALES PE LÁ 



Si usamos sangro de curiel infectado, cuya rique- 
za en le^Dtospiras liemos comproj.iado i)or el examen 
en fondo oscuro, basta agregar O '5 a 1 ce. de la san- 
gre citratada, para cada tubo del medio (5 a 10 ce. 
de agar-Einger semisólido) Criando se trata de in- 
vestigación liimiana, hay que agregar 5 y 6 ce de la 
sangre, cultivos llamados de "enriquecimiento", pues 
con ese objeto se hacen, para utilizarlos 6 u 8 días 
después, en la experimentación, por inyección intra- 
peritoneal al curie]. Al hacer las siembras, caliento 
el medio a 45" C, y cultivo cuando baja a 42° O. 

Noguchi y los experimentadores japoneses, agre- 
gan, después de sembrados los medios — con leptos- 
])ira icteroides, o icterohemorrágicos — . una ligera ca- 
pa de parafina estéril, para reducir la oxigenación a 
las mínimas proporciones que recpiieren los leptospi- 
ras. Yo he ensayado no usar aceite alguno, sino re- 
tapar la boca del tubo, por encima del algodón, con 
papel de plomo perfectamente aplicado, obteniendo, 
a pesar de esa innovación, gran abundancia y vitali- 
dad de los cultivos. 

Los cultivos se pierden, casi siempre, por conta- 
minación. La contaminación es la regla, sumamente 
fácil de producirse con la más simple manipulación. 
Puede asegurarse que son las contaminaciones los 
verdaderos enemigos de la longevidad de los cultivos. 

El leptospira se acomoda i)ronto al medio artifi- 
cial, siendo más constantes los éxitos en los replantes 
de tubo a tubo, que en las pruebas de aislamiento de 
la sangre. 

La temperatura ambiente, ha sido óptima para 
el desarrollo del lei)tospira. 

En los cultivos no se revela la formación de nin- 
guna colonia, por rica que sea la sangre de donde 
proceden, y jDor mucha cpie sea su abundancia en el 
medio en que se desarrollaron. 

Los leptospiras han mostrado una larga vitali- 
dad en los medios de cultivo. El día 21 de este mes 
de enero, examinado algunos de los antiguamente he- 
chos, aun no estudiados, me encontré, purísimo y ac- 
tivo uno hecho el 18 de junio de 1920, es decir, hacía 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABAKA 



siete meses y tres días. Los leptospirás se movían, 
con gran energía, dentro de la porción semisólida del 
medio, perforando en todas direcciones ; y con la rá- 
pida especial movilidad que les es propia, progresa- 
l)an en la porción líquida sobrenadante del medio de 
cultivo. La historia del cultivo es : traslado de mate- 
rial de perro 3 a curiel 51, de éste a curiel 60, y san- 
gre de éste, extraída al 6." día, día de la muerte, ya 
con íctero intenso, a cultivo semisólido con suero de 
conejo. 

"Habitat". Existiendo los leptospiras, en deter- 
minados períodos, libres en el torrente circulatorio 
general del curiel, es natural que se encuentren infec- 
tados todos los tejidos. Pero, además de la sangre, 
tienen al final de la infección, una especial predilec- 
ción por dos visceras : por el hígado y por los ríñones. 

No he podido precisar cuando aparecen los lep- 
tospiras en la circulación general, pero si puedo con- 
tribuir a probar que se encuentran en el torrente cir- 
culatorio en el período final de la enfermedad, en las 
circunstancias que luego expondré, tanto como en los 
parénquimas hepático y renal. 

He encontrado que el leptospira es, por lo gene- 
ral, muy abundante en la sangre, el día antes, y, prin- 
cipalmente, el mismo día, en que llegado el acmé fe- 
bril, al empezar a descender la tem]3eratura, se vis- 
lumbra el íctero. Igualmente los he encontrado, en 
gran número, en las últimas horas de la enfermedad, 
cuando la hipotermia, y el íctero ja. más pronuncia- 
do, señalaban la muerte para un corto plazo de una 
o dos horas. Y eso me llamó la atención, pues pare- 
cía deducirse de los trabajos del Dr. Noguchi, que el 
íctero es un elemento que hace desaparecer al leptos- 
pira de la circulación general. Yo creo que lo seña- 
lado por Noguehi resulta, cuando la enfermedad en 
el curiel, corre un curso febril largo, de cuatro o cin- 
co días, con íctero de dos o más días de duración, en 
cuyo caso, obra sobre los leptospiras de la sangre, 
más, la acción prolongada del íctero, que su intensi- 
dad y, probablemente, también anticuerpos especí- 
ficos. 



328 ANALES DE LA 



En efecto, animales ijequeños, inyectados con 
material muy rico y virulento, en los que el proceso 
experimental (incubación y enfermedad) solo duró 
4 o 5 días, a lo más, y el íctero antecedió al estado 
jDreagónico, solo pocas horas, fué considerable la ri- 
queza sanguínea en leptospiras, en el momento de la 
muerte. Por otra parte, en las más ele las ocasiones 
de curíeles con íctero intensísimo ( +++ y ++++ ), 
pero ]3resentado en las 24 lioras anteriores a la muer- 
te, los encontré muy abundantes en la sangre extraí- 
da del corazón, en período preagónico. (Curíeles 23 
y24. Pl. II). 

En esto de la no influencia del ícteru sobre los 
leptospiras, tengo hechos aun más notables. En vn- 
rias ocasiones he extraído a curíeles con íctero ])itei.- 
sísimo, ya en período preagónico, sangre del corazón, 
citratada, rica en leptospiras, y, horas después, ha- 
bía en el plasma que sobrenadaba dentro de la jerin- 
guilla donde dejé la sangre, plasma de color ictérico, 
intensamente verdoso, tal abundancia de leptospiras, 
que jDarecía un cultivo puro. Particularmente nota- 
ble con respecto a esto, fué el curiel 31, al que extraje 
sangre el día 7 de jnnio, enfermo de 5." día, preagó- 
nico, con hipotermia (35"!), con íctero intensísimo 
+ + + , de 21 horas de presentación, sangre muy rica 
en leptospiras, los cuales estaban aun en gran abun- 
dancia y activos, el í) de junio, es decir 48 horas des- 
pués, en el plasma, que tenía una intensa coloración 
verdosa. 

Para dar una i)rueba numérica de la relación en- 
contrada entre el día de la aparición del íctero y la 
I)resencia de los leptospiras en la sangre en el día 
de la muerte, presento el siguiente cuadro : 















Presencia dt 


le 


ptospíras 














Positivo 


Negativo 


ero aparee 


ido 


on 


4." 


día, 


víspera de la muerte, 


10 


casos. 




casos. 








■i.° 


<» 


antevíspera de la muerto. 


1 






,v 








4." 


.. 


mismo día de la muerte. 


1 






» 








5.» 


r 


víspera de la muerte. 


ó 




1 


» 








6.0 


!J 


víspera de la muerte. 


o 




1 


J,' 








G.» 


j» 


mismo día de la muerte. 


1 




. 


5> 



ACADEMIA Dii CIENCIAS DE LA HABANA 329 

., „ „ 7." „ vjsper:) ilc ]:i nuK'rtí». 1 

., ,, „ ü." ., víspera áv In imiortc. . ,, 1 



]0." ,. víspera de lii muerte. 



Total '22 casos, (i casos. 

Todos estos casos fueron sacritic-ados, ya preagó- 
iiicos, o cuando la hi^^otermia y gravedad señalaba la 
muerte i)róxima, de manera que puede considerarse 
como examinados en el momento de la muerte natu- 
ral provocada por la infección. Tomando en conjun- 
to las cifras antes exj)uestas, tenemos, que de los 28 
casos examinados, ventidos (22), es decir el 78 '57, 
fueron positivos, y seis (6), séase el 21 '42 por 100, 
negativos de leptospiras. Debo advertir, que en to- 
dos los casos positivos, se encontraron los leptospi- 
ras, fácilmente, en menor o mayor número, no con- 
tando aquellos en que solo encontré uno o dos leptos- 
piras muertos, ]3ues el objeto primordial, del examen, 
la mayor izarte de las veces, fué conocer su riqueza 
con objeto de hacer cultivos o especiales experimen- 
taciones. 

Es muy interesante comparar esta alta propor- 
ción de exámenes positivos — a riqueza tal, algunas 
veces, que iDarecían cultivos — de sangre de los enrie- 
les infectados, con los exámenes negativos de sangre 
de los casos de fiebre amarilla humana. 

La presencia del le^Dtospira en el hígado y riñon 
es más frecuente Cjue en la sangre. Sin embargo, no 
es constante. Animales clínica y anatómicamente tí- 
picos de leptospirilosis, a veces no han mostrado lep- 
tospiras en ambos órganos, pero, a pesar de ello, ¡a 
inyección de ese material, aparentemente negativo, 
nunca falló en su efecto de trasmisión. 

Cabal idea de la gran proiDorción en que encon- 
tramos leptospiras en el hígado y riñon de los enrie- 
les experimentados, se tiene, estudiando el resultado 
del examen de los 56 curíeles que con ese objeto he 
iiwestigado. Unos curíeles fueron examinados inme- 
diatamente después de morir, de modo natural^ por 
la infección, o de ser matados, debiendo entenderse 



;{30 ANALES DE LA 



que se sacriñcaron .solamente cuando estaban graves, 
preagónicos; otros lo fueron pocas horas (3-8) des- 
pués de la muerte ; y otros, al día siguiente, ( 16 a 18 
horas) después de haber sido vistos con vida. 

En el siguiente cuadro jiuede apreciarse con cla- 
i'idad el resultado de la investigación : 



Curíeles cxtimiiiudos acabados de morir 

enrieles examinados o-S horas después de muertos 
Curieles examinailos al día siguiente de haber si- 
do vistos vivos 



CASOS 


Positivos 


Negativos 


34 


tí 


2 





10 


4 



46 10 



En conjunto considerado, resulta, que en el 82 
por 100, encontramos los leptospiras en los molidos 
de hígado y riñon, contra 17 '85 por 100 de exámenes 
negativos, aunque en realidad hubo un 100 i)or 100 
de éxitos de trasmisión. 

Resistencia vital del leptospira. — El hecho de en- 
contrar a los leptospiras con gran actividad y viru- 
lencia, muchas horas después de muertos los curieles 
infectados, trasmitiendo la enfermedad, nos lleva por 
la mano a tratar de la resistencia vital de los leptos- 
piras. 

Ya hemos dicho antes, que en la sangre citrata- 
da, es decir, en el plasma, los hemos encontrado vivos 
hasta 48 horas después de extraída la sangre, desapa- 
reciendo al producirse una contaminación. Pero don- 
de resulta más notable su resistencia vital, es en el 
hígado y riñon, jiuesto que conservan su actividad y 
virulencia, muchas horas después de la muerte del cu- 
riel, sin ser influidos por los fenómenos metabólicos 
post mortem que seguramente han de haberse verifi- 
cado en animales dejados en sus cajas, a la tempera- 
tura ambiente, hasta el momento de proceder a su au- 
topsia, a veces 14 y 18 horas después de la muerte. 

Yo he observado, además, supervivencia de nu- 
merosísimos leptospiras en los órganos (hígado y ri- 
ñon) de un curiel (curiel 78) que permaneció 20 ho- 



ACADEMIA DE CIEÑCilAS DE LA HABANA ;i;!l 



ras a la temperatura del refrigerador, a contar del 
jRomento de la muerte. 

Virulencia. — La virulencia del lej^tospira icteroi- 
des x^rocedente de cultivos, parece ser igual a la mos- 
trada por los leptospiras originales de las investiga- 
ciones de Noguchi, en Guayaquil. Ambos han produ- 
(;ido en el curiel los tipos clásicos, largos, de 7 a 8 
días de duración, con íctero apareciendo en 6." y 7.° 
día. Además, — hecho común a los dos tipos, — que 
nmestra su relativa debilidad virulenta, en ambos ca- 
sos hubieron curaciones. 

La virulencia, por el contrario, se exaltó, consi- 
derablemente, por los pases sucesivos de curiel a cu- 
riel, y se mostró por cuadros clínicos tíi3Ícos, más o 
menos cortos, y joor constante mortandad. 

Conociendo que los curíeles de Cuba fueron muy 
susceptibles a la infección, sin que se registrara ni 
un solo caso naturalmente refractario, y que mostra- 
ron solamente relativas resistencias según su tamaño, 
hice algunas experiencias en que descarté con cuida- 
do estas resistencias relativas por tamaño del animal, 
actuando en curíeles de la misma edad, peso y condi- 
ciones físicas, y por lo que arrojó el estudio clínico 
y post niortem, encontré una verdadera ley de viru- 
lencia según la procedencia del material infectado. 
La virulencia se i^resentó en esos casos, con un valor 
potencial exacto para cada muestra de material em- 
pleado. No se manifestó ninguna diferencia indivi- 
dual, en la producción de anticuerpos, que se opusie- 
ra a los efectos del material virulento; por eso los 
cuadros clínicos, duración de la enfermedad, inten- 
sidad de las lesiones post mortem, fueron exactamen- 
te iguales en todos los anünales de igual tamaño, que 
se inyectaron, con una misma cantidad, y con un mis- 
mo material infectante, de virulencia exaltada. 

En resumen, según el origen del material em- 
pleado, ]a virulencia del leptospira ha tenido tres va- 
lores : 

a — Virulencia del cultivo. 

b — Virulencia del material perro, igual a la del 
cultivo. 



332 ANALES DE LA 



c — Virulencia del material cviriel, exaltado pol- 
los pasajes sucesivos. 

La" experimentación me lia mostrado que una vi- 
rulencia exaltada por pasajes en enrieles, frecuente- 
mente vuelve a la originaria mostrada por e1 curiel 
infectado con cultivo, si se hace pasar -pov el perro. 

He utilizado el perro con gran ]3roveclio jjara la 
experimentación con leptospira icteroide;^, según re- 
feriré en otro trabajo. 

Conclnsiones. 

1." — Ninguno de los enrieles se mostró natural- 
mente refractario. 

2.'' — Todo curiel refractario lo fué por inmuni- 
zación experimental previa. 

3.'' — Algunas relativas resistencias mostraron los 
enrieles según tamaño y edad. 

4."" — En todos los enrieles experimentados se pre- 
cisó bien la enfermedad experimental, i^or la fiebre, 
y por el íctero. Todos mostraron lesiones anatomo-pa- 
tológicas macroscópicas, caracterizadas por: íctero 
de + a ++++ , y hemorragias focales, piel, pulmón, 
ríñones, etc. Nunca hemorragia fluyente, ni fina, ni 
digerida "borra", ni en el estómago, ni en el intesti- 
no. Nunca apariencia macroscópica de degeneración 
grasosa. 

S."* — Los leptospiras de cultivo mostraron menor 
virulencia que los leptosj^iras de pasajes de curiel a 
curiel: produciendo larga duración del cuadro expe- 
rimental, poco acusadas lesiones gástricas, elevado 
tanto i3or ciento de casos curados. 

G.'"" — Los leptospiras (emulsión de hígado y ri- 
ñon) exaltados en su virulencia por pasajes sucesi- 
vos, dieron, las más veces, brevedad del cuadro expe- 
rimental, máximas lesiones, constante mortandad. 

7.^ — Los leptospiras exaltados en su virulencia 
por pasajes sucesivos en el curiel, la aminoraron, mos- 
trando virulencia igual a la de cultivos, al j^asar por 
el organismo del perro, por lo menos en la primera 
generación perro-curiel . 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



8." — El leptospira icteroides, fué cultivado^ en 
medio agar-Riiiger semisólido, a deteiiiiinada alcali- 
nidad, usando suero de conejo, o humano, o de curiel, 
con muy notaljle éxito. 

9/ — Tengo un cultivo, rico y virulento aun, a los 
7 meses 3 días de sembrado. 

10.'' — No es indispensable para el éxito de los cul- 
tivos el cubrii'los con aceite de parafina. Basta con 
tapar los tubos con papel de plomo. 

11.''' — Los cultivos se perdieron siempre por con- 
taminación. 

12." — Los leptospiras se encontraron en la san- 
gre, en un 78 '57 por 100 de los enrieles infectados, al 
estar moril)undos, o cuando se sacrificaron por estar 
con íctero, liipotennia y gravedad bien marcada. 

IS."* — Pareció influir en determinar la ausencia 
de los leptospiras de la sangre, en un 21 '42 por 100 
de los casos examinados, más bien la acción prolon- 
gada del íctero, o la presencia de algún anticuerpo 
es])ecífico, c[ue la misma intensidad del íctero. 

14:.' — En plasma, (sangre citratada), muy rica 
en leptospira, han sobrevivido, muy activos, hasta 48 
horas, desapareciendo por contaminación. 

lo.'' — Los leptospiras se encontraron en un 82 por 
too de las emulsiones hechas con hígados y riñon de 
los curíeles infectados. 

16." — El 18 por 100 restante, de emulsiones de 
liígado y riñon, de curíeles infectados que no mostra- 
i'o)! leptospiras, también trasmitieron la enfermedad, 
lo que arroja un 100 por 100 de éxitos de trasmisión 
con el material usual (hígado y riñon). 

17." — El leptospira ha sobrevivido en las visce- 
ras (hígado y riñon) de curiel, conservadas, durante 
20 horas, en el refrigerador. 

18." — Resulta el curiel, en resumen, un óptimo 
resej-voir", por lo menos, experimental, para el 
stvain" del leptospira dado por el sabio investiga- 
lor ,ia])onés. 



k k 



II 



ANALES DE LA 



SOLICITUD DEL DR. FÉLIX GARZÓN MACEDA. PROFESOR DE 
LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA, R. ARGENTINA. 
PARA ASPIRAR AL TITULO DE CORRES- 
PONSAL DE ESTA ACADEMIA 



INFORME DEL DR. J. SANTOS FERNANDEZ. QUE LO PRESENTA 
EN UNION DEL DR. J. A. PRESNO 



(Sesión del 28 de Enero de 1921). 

Sr. Presidente: 

El oftalmólog-o l)r. Félix (jarzóii Maceda, pro- 
fesor de la Universidad de Córdoba, eii la Eepúbli- 
ca Argentina, solicita la plaza de corresponsal en la 
Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Natnrales 
de la Habana, y ha llenado lo cpie exige el Reglamen- 
to para aspirar a aquélla. 

El Dr. Félix Garzón Alaceda, si no tuviera más 
méritos que tienen nuichos por sus obras publicadas, 
etc., etc., la memoria original que envía, titulada: 
''Fundamentos psico-fisiológicos i^ara la readaptación 
de los jóvenes y adultos ciegos, a la vida vitil, en co- 
munión con los videntes", sería suficiente para reve- 
lar su valer científico y sus altas dotes de altruista 
perfecto. 

Debo hacer (-(/nstai- que el Dr. Garzón Maceda 
defiende en su trabajo, hasta cierto punto, un tema 
cpie yo combatí en el Congreso de Oculistas (IX se- 
sión de la Sociedad Hispano Americana) en sep- 
tiembre de 191G, es decir, la conveniencia de hacer 
saber al ciego incurable, que lo es, para ipie se de- 
termine a valerse por sí, -acto continuo de la desgra- 
cia. La memoria del Dr. Félix Garzón Maceda, es- 
tá redactada con tan atinados razonamientos que no 
me ha producido el efecto desagradable que me pro- 
dujo la misma idea vertida ])or el gran oculista Doc- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 33.-) 



tor Javal, de París, que perdió totalmente la vista, 
después de haber llegado al pináculo de la profesión, 
por su saber y sus descubrimientos, los x:>rimeros en 
el campo de la óptica ocular. 

Las razones del Dr. Javal eran descarnadas, y 
a pesar del respeto que me inspiraban su sabiduría 
y su lieroísmo ]3ara seguir laborando después de cie- 
go, y en favor de sus hermanos en infortunio, no ni(> 
ar]'astraban, como lo ha conseguido el Dr. Garzón 
Maceda. 

Recientemente im^Jugné con el cariño y la ve- 
neración que se merece al profesor Landolt de Pa- 
rís, que decía era preciso desengañar al ciego incu- 
rable, y refería que acababa de morir casi octogena- 
rio, uno a quien él había desengañado, y hasta el mo- 
mento de su muerte le mostraba su agradecimiento 
l)or su ])roceder. 

El Dr. Garzón Maceda para proceder de la ma- 
nera que lo aconsejan dos sabios como el Dr. Javal, 
ya desaparecido, y el Dr. Landolt, modelo del cul- 
("ivado]' y propagador de la ciencia, durante media 
centuria, sienta una salvedad contenida en un último 
párrafo de su memoria, el que copio a continuación. 
"; Es que todos los ciegos, en realidad logran la dul- 
ce y mística paz de la resignación?" 

Esto me basta para considerarme satisfecho. 
^.€ómo me voy a oponer a que los ¡progresos de la 
ciencia, cuando sea posible lleven al alma del más in- 
fortunado de los seres, al ciego, la manera de sobre- 
jjonerse a su desgracia y gozar fanto como los (jue 
disfi'utan de vista? 

Aliora bien, para poder decir con ^Viñado Ñervo : 
"así como canta bellamente el ruiseñor a quien el 
salvaje arranca los ojos, así gorjea el alma del ciego 
en la ])erpétua noche que le circunda". 

La A'isión de las cosas es lo que nos conturba y 
llena de melancolía; tras de mirarlas y remirarlas, la 
angustia se nos entra muy hondo; cuando ya no las 
vemos la angustia se va con la luz. 

Poi- eso es tan frecuente obser\'ar la alegría en 
los I-legos, dice Xervo : se necesita pues para inten- 



336 ANALES DE LA 



tai' facilitarles los nieclios de adquirir las conquistas 
de la ciencia conocer sus condiciones psíquicas. 

En mi discurso en. el Congreso de Valencia adu- 
je (1) el caso de un joven que acababa de quedarse 
ciego de modo incurable; al consultarme comprendí 
que aquel desgraciado no se habituaba fácilmente a 
su infortunio y con toda seguridad le dije que cura- 
ría como otros liabícin curado en análogas circunstan- 
cias. J-^e llevaron a consultar a un extranjero que no 
le dijo fuese incurable; pero lejos de él le indicó al 
hermano, más él lo oyó, que debía aprender un tra- 
bajo de los cjue hacen los carentes de vista. Esto le 
reveló que no podría volverle aquélla y al llegar a 
su casa se disj)aró un tiro. 

Para soportar el infortunio de la falta de vista 
se necesita una disposición físico-moral semejante a 
la que se tiene en disfrutar de la fe, que es la más 
grande de las esperanzas, sin embargo cuan pocos la 
tienen, porque la psiquis -no se presta a cosa para 
otros tan fácil y beneficiosa. 

El Dr. Garzón M'aceda refiere dos hechos que 
no dejan duda respecto a la ]iecesidad de explorar 
la moral del enfermo antes de desengañarlo respec- 
to a que no puede volver a A-er. 

Dos oficiales i^erdieron la vista durante la colo- 
sal guerra europea última que tales materias sumi- 
nistra a la historia y a las ciencias. En uno, los cas- 
cos de una granada le vaciaron los dos ojos, dejando 
solo el hueco de las órbitas. En el otro, la pérdida 
de la vista le ocurrió al pasarle cerca una bala de ca- 
ñón, la que le produjo una conmoción cerebral, de la 
que salió sin vista: pero con sus ojos al exterior nor- 
males. El primero había empezado sus estudios de 
ciego, de lectura, escritura, etc., etc., en los que ade- 
lantaba mucho y vivía casi feliz; era casado y decía 
con frecuencia que no tenía más pena que la que pro- 



(1) Conducta que debo seguirse con loy cicgoí^ incurables. Tra- 
bajo presentado a la X Eeunión de la Sociedad de Oftalmología Hispano 
Americana celebrada en ^'alencia el 25 do Septiembre de lOK). Crónica 
Médico-Quirúrgica de la Habana, t. X, 1. IIT. pág. 107. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 337 



porcionaba a su esposa al A-erlo ésta ciego. El otro 
oficial permanecía inconsolable y hasta lo increpaba 
por su resignación. El primero era ele les que se po- 
dían desengañar i:>ara que sacase i^ronto partido de 
los adelantos de la ciencia, en la manera de hacer a 
los ciegos útiles a sí mismos y hasta dichosos. El se- 
gundo caso corría jjeligro de una desesperación fu- 
nesta, habría que dirigirlo con mucho cuidado para 
ver si se operaba algún cambio en su moral que le 
pernútiese tolerar el infortunio o tratar de mitigar- 
lo con los recursos admirables que ofrece hoy la cien- 
cia y que nuestro país no posee todavía. 

ííuestro malogrado colega el Dr. Enrique López 
trató de implantarlos entre nosotros; algo yo le se- 
cundé ,y últimamente un particular el ex-representan- 
te Sr. Genova de Zayas ensayó un Colegio; pero no 
encontró protección oficial. Este asunto lo trata ad- 
mirablemente el Dr. Félix Garzón Maceda en su me- 
moria. En tal virtud pido a la Academia de Ciencias 
Médicas, Físicas y Naturales de la Habana otorgue 
al Dr. Garzón Maceda el título de Corresponsal a que 
aspira. 



338 ANALES DE LA 



FUNDAMENTOS PSICO-FISIOLOGICO PARA LA READAP- 

TACION DE LOS JÓVENES Y ADULTOS CIEGOS 

A LA VIDA ÚTIL, EN COMUNIÓN CON 

LOS VIDENTES* 

POR EL 
PROFESOR FÉLIX GARZÓN MACEDA 



Ha tieiiip(j acaricio una esperanza : la de ver eii 
florecimiento fructificaclor un Instituto y taller para 
los niños y \mva los adultos ciegos, en esta ciudad. 
Siento 23rofundas simpatías por ellos, como si los 
marchitos entusiasmos de mis prístinas mocedades, 
convertidos en estopa, se hubiesen incendiado para 
fundir todos los egoísmos y ambiciones personales en 
una sola aspiración y en un solo interés social : el de 
procurar liorizontes para la actividad comprimida de 
los que viven rodeados de tinieblas exteriores tenien- 
do una alma y una inteligencia cuyas fulguraciones 
llenan de luz su conciencia y colman su imagina<3Íón 
de ideales corx)orizables. 

Vivo halagado por las promesas que se formulan, 
de auxilios eficaces; por la confianza que deben in- 
fundirnos la generosidad, la filantropía, la caridad, 
la reviviscente solidaridad, comprometida por igual. 

Confío en la acción de todas las voluntades con- 
centradas cu (4 mismo propósito redentor y patrió- 
tico. 

En Córdoba ha mucho que se practican las obras 
de asistencia social a los menesterosos v a las clases 
que sufren, pero se han olvidado los ciegos no obs- 
tante su número, representado en el Censo nacional 
último por la cifra de 791, que hoy sobrepasa de 1050. 



(*) TraV^ajo eu opción al título do aeiidémico corresponsal en Cór- 
doba (Eopúblioa Argentina). 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA :]?,9 



Yo quiero poner un grano de arena para la fu- 
tura obra a cuyo amparo lian de obtener el puesto 
de consideración a que son acreedores ccuno objetivo 
lógico de las profundas simpatías, puramente piado- 
sas, de que gozan ho3\ 

Tiempo es ya de que en Córdoba como en otras 
partes, sepan las gentes, que los ''ciegos merecen me- 
nos la estéril compasión y más la justicia para sus 
aptitudes y para su talento"; y que se comprenda es 
la mejor muestra de solidaridad social para con ellos, 
procurarles la escuela y el trabajo que dignifican. 

Pbr eso lie escogido como tema para esta confe- 
rencia, ^'la reeducación del adulto ciego'', la readap- 
tación a la vida útil, en comunión con los videntes; 
que es por otra parte asunto de marcada actualidad 
en el mundo después de la guerra, entre cuyas desas- 
trosas consecuencias cuenta el infinito número de ciu- 
dadanos que en ella lian perdido sus ojos o que los 
conservan adornando sus rostros como brillantes fal- 
sos sin luz propia. 

Las estadísticas imperfectas e insuficientemente 
conocidas, son, bastante ilustrativas para acreditar 
la bárbara crueldad con que la ciencia de la ])alística 
ha caracterizado la pasada contienda bélica y para 
acreditar a la vez las grandes conquistas de la cien- 
cia y del ai*te pedagógicos en el campo de la reden- 
ción cultural de los tratados para siempre con mar- 
ca negra de perpetua sombra circundante. 

Antes de entrar en el desarrollo de la enunciada 
proposición, convendrá precisar algunas nociones 
preliminares, f omiulando 3^ contestando esta pregun- 
ta: ¿, Qué es la ceguera? 

Tal interrogación rara vez se escucha del vulgo 
inconsciente y despreocuioado ; pero se la han hecho 
muchas veces los sabios, y ha constituido importante 
problema, discutido por muchos congresos de oftal- 
mologistas y de sociólogos, la definición de aquel es- 
tado anormal, mórbido generahnente, que puede ser 
congénito o adquirido, y que se traduce por la ausen- 
cia o la insuficiencia de la visión. 

Abreviando y omitiendo premisa><, teorías y (loo- 



340 ANALES DE LA 



trinas diré que el ciego es para el inédico oftalmólo- 
go, proi^iamente un incurable en su anonnalidad pa- 
tológica o teratológica. 

Pero las fonnas o las modalidades clínicas de la 
ceguera, como sus consecuencias, son muy variadas, 
dependientes de diversas causas y de distintas con- 
diciones individuales. 

"La agudeza Aisual, el campo visual, la educa- 
ción sensorial necesarias para determinadas funcio- 
nes y oficios; la inteligencia, la salud general, y la 
posición social: son factores de la ceguera", ha dicho 
Truc. Hay quién ve con el cerebro, tanto como con 
los ojos; y la misma visión disminuida hará un cla- 
rividente del sujeto inteligente o afortunado, y un 
ciego del sujeto inaducado o pobre de espíritu. 

De donde se infiere que la ceguera puede definir- 
se prácticamente como "7« relativa incapacidad vi- 
sual para orientarse, t rada jar y hastarse uno mismo 
para las necesidades ordinarias de la vida o de su rol 
en la colmena humana. Se pueden admitir tres gra- 
dos de ceguera : 

1.° — Ceguera absoluta, en la cual la visión es nu- 
la, no distinguiéndose el día de la noche: comprende 
casi la mitad de los ciegos. 

2." — Ceguera completa, en que la percepción de 
las formas es nula, persistiendo la visión cuantitati- 
va simple y coloreada: padécela una cuarta parte 
aproximadamente de los ciegos, que por ahí andan 
acompañados de sus lazarillos. 

3." — Ceguera relativa, con ]3ercepción vaga de los 
objetos voluminosos o próximos, pero sin visión dis- 
tinta para el trabajo manual común o para su orien- 
tación : se la encuentra en una cuarta parte también 
de los que se dicen ''ciegos a medias" o ''videntes a 
medias", capaces de andar solos. 

En todos los grados y condiciones exj^resadas 
hay realmente incapacidad fisiológica o profesional, 
y es necesai-ia la asistencia social más o menos com- 
pleta, en forma de educación e instrucción readapta- 
tivas. 

"Resumiendo en uno solo los preceptos que rigen 



ACADEMIA DE OIENOIAS DE LA HABANA Uí 



científicamente los casos de bivalidez legal o profe- 
sional, podemos decir que: 

•'Social, nñlitar e industrialmente, con mía agu- 
deza no menor de 1 10, y en condiciones de campo vi- 
sual, de educación y de inteligencia normales, se tie- 
ue el vidente: por debajo de dicho límite, hay ce- 
guera". 

Esto sentado, entremos en un orden de conside- 
raciones que nos llevará al término concreto, objeto 
de esta conferencia. 

Xo creo del caso, no entra en mí plan, reseñar y 
estudiar las causas de la ceguera parcial o total en 
los j(3venes 3" en los adultos. Pero no me sería escu- 
sado en relación con el tema dejar doctrinar, procla- 
mando la influencia determinante de las grandes pla- 
gas humanas, alcoholismo y sífilis, la influencia oca- 
sional de las industrias mecánicas y de guerra las 
consecuencias o complicaciones, a veces inevitables 
del tracoma y de las keratitis. en las lesiones perma- 
nentes, así externas como internas, C[ue dejan dismi- 
nuida en alto grado <» extinguen por com^^leto la vi- 
sión. 

Es además antecedente digno de la mayor pre- 
ocupación para la Sociedad y para el Estado, saber 
que el número de ciegos podría reducirse considera- 
blemente, a base de una discreta organización de ser- 
vicios de asistencia técnica y patronal. En efecto, las 
estadísticas de todos los países permiten clasificar los 
ciegos en tres grupos: 1." enfermos cuya ceguera fué 
fatal, absolutamente inevitable; 2." enfermos condu- 
cidos a ceguera en los que una operación oportuna 
pudo salvar ; 3.° el más importante formado i^or aque- 
llos cuya ceguera habría sido evitada con to'da segu- 
ridad si hubiesen sido atendidos. 

Esos resultados se resumen en las siguientes ci- 
fras de proporción : 

Incurables 30 a 32%. 

De cnrabilidad incierta 35 a 40%. 

De curabilidad absoluta 26 a 27%. 

Finalmente, coiiviene anotar para justificar con 
otra razón la limitación del tema en desarrollo, que 



m ATSiAtBÚ BE LÁ 



la voz de las cifras estadísticas declara ser más fre- 
cuente la ceguera entre los 15 y los 55 años. 

La ceguera i^nede ocurrir en los jóvenes y en los 
adultos de dos maneras : brusca o lentamente. En ge- 
neral llega desi3acio la ceguera patológica ; es de or- 
dinario súbita, imprevista, la ceguera traumática o 
tóxica. 

Tal premisa induce a considerar las diversas con- 
diciones psico-físicas resultantes. 

Para los unos el paso de la luz a las sombras, es 
gradual y pueden ser previstos sus efectos ; para los 
otros, es brusco, es salto estupefaciente, aterrador. 

En el primer caso la adaptación al medio, así ex- 
terior como interno, es relativamente fácil porque es 
progresiva ; en el segundo es más difícil y presupone 
mayor capacidad para resistir a las nuevas influen- 
cias inorgánicas, inter-orgánicas, iDsíquicas y biofilác- 

ticas. ih . ¿' 

Los que paulatinamente van haciéndose ciegos, 
por efecto de las enfermedades locales o generales, 
tienen a su favor, cuando la desgracia llega, los há- 
bitos que poco a poco lian ido adquiriendo, el adies- 
tramiento realizado insensiblemente en j)ro de diver- 
sas aptitudes de aplicación inmediata. 

A los tales, la ceguera no les condena o no debe 
condenarlos a la inacción. Así nos explicamos que 
Huber ciego a los 17 años, continuara, asistido por 
un doméstico fiel, los trabajos iniciados con Reamur 
sobre las costumbres de las a])ejas; que Agustín Tliie- 
rry, ciego a los 30 años, no abandonase sus investiga- 
ciones históricas, y dictase sns "Referencias de los 
tiempos merovingios"; que Fawcet, perdidos sus ojos 
al cumplir un cuarto de siglo, trocara, auxiliado por 
su familia, la carrera de abogado jjor la de escribano, 
llegando a hacerse elegir miembro de la Cámara de 
los Conmnes, y luego Director General de Correos; 
que Milton, j^or fip, habiéndose enceguecido al contar 
medio siglo de vida, diera a la literatura su inmortal 
poema "El Paraíso Perdido", dictándolo a su hija. 
El hombre a quien coje de improviso la cegue- 
ra, se ofusca, se amilana y se extravía, suponiéndose 



k&AMUlÁ ^£ 6I&NCIAS fi£ LA HABANA Ué 



ipso-facto incapacitado para todo trabajo: lo mismo 
suelen pensar cuantos le rodean, no sieudo muy va- 
ros los que en el primer momento de su gran desgra- 
cia se sienten impulsados al suicidio. Sin embargo, la 
adaptación es posible aun para él, solo que aprende- 
rá a posteriori lo que el otro aprendió de antemano, 
mientras se extinguía su A'isión. 

Ambos empezaron por ejercitarse en andar so- 
los dentro de su casa, en realizar por cuidados per- 
sonales de toilet, de mesa, hasta que desentrañen y 
perfeccionen las facultades que todo ^'idente posee in- 
educadas o negligidas. 

La readaptación al medio exterior, dice Dreux, 
se cumple j^i'ogi'í^sivamente y seguramente por el 
ejercicio de los otros sentidos a los que se pide más 
de lo ordinario. En el ciego los sentidos restantes son 
como instrumentos que no lian cambiado pero que se 
manejan con más ¡^i'^cisión : concentrando mayor 
atención y más cuidado sobre ellos, perciben matices 
y detalles mínimos que en la vida ordinaria escapan. 
De esa suerte la superioridad efectiva, acreditada en 
el ciego es accidental, se debe a sus excepcionales con- 
diciones de vida; de ello parece tenía conciencia he- 
cha Juan Jacobo Rousseau cuando se proponía que 
su Emilio fuese tan seguro en caminar a oscuras co- 
mo un ciego, y decía "lo que las circunstancias pue- 
den hacer, puede y debe obrarlo la voluntad''. 

En efecto es así: recordemos las acciones que 
efectuamos sin necesidad, sin el auxilio de los ojos. 
¿Quién se pone delante de un espejo para llevar la 
cuchara a la boca? Cuantas veces hemos tenido que 
entrar en nuestras casas, en nuestras habitaciones de 
noche, a obscuras, y sin embargo hemos podido colo- 
car las llaves en las cerraduras de las puertas. ^ Y no 
llegamos a tientas a nuestra velador para tomar de 
él los fósforos y encender la vela? /, quién conduce 
con seguridad nuestras manos en tales casos? Y si 
estamos acostumbrados a la disposición y orden de 
los muebles cpie en las habitaciones se contienen, ¿ aca- 
so no marchamos a obscuras por enti-e ellos sin cho- 
car? 



344 AÑALiQS DE LA 



Añadamos a los hechos precedentes otros innú- 
meros que prueban la xoroposición va formulada. 

¿Quién no podría citar algunos casos de personas 
que habiendo ■perdido sus ojos realizan acciones in- 
dividuales i^ropias del común de los ^ddentes ? Segu- 
ramente a la memiOria de muchos llega en este mo- 
mento el recuerdo de cierto ciego, admirable en el 
juego del ajedrez, habitué de nuestro primer club so- 
cial, que convive en sociedad y familiarmente sin ser 
carga molesta j)ara nadie ; o el de cierta matrona, viu- 
da y ciega, que con extraordinario celo, abnegación y 
constancia admirables, ejerce las más activas funcio- 
nes de asistencia social a numerosas criaturas que j^a- 
decen otros géneros de miseria física o moral ; alguien 
conocerá a cierto distinguido miembro de nuestra éli- 
te masculina a quien un frustrado atentado criminal 
privó de su vista manteniendo al parecer inaltera- 
bles sus lindos ojos negros, y que actualmente vive 
readaptado a faenas agrícolas y dado especialmente 
a la avicultura. Ahí está como ejemj^lo elocuente Ge- 
cilio Bazán, popularizado por la prensa local, que vi- 
ve de la industria de la canastería que aprendió en 
el Instituto Nacional de Buenos Aires, a donde yo le 
mandé cuando perdió la visión a la edad de 11 años, 
y que está casado y con hijos a cuya subsistencia pro- 
vee en parte con el fruto de su trabajo manual; y 
Una, ciego español, (jue ganal)a pesadamente su vida 
vendiendo diarios en esta ciudad, y que habiendo re- 
cibido educación y título de maestro de ciegos en un 
Liceo de Madrid, enseña hoy ti los pequeños ciegos 
fundadores del rudimentario instituto instalado por 
la Asociación Pro-t-iegos en la Escuela Nonnal Na- 
cional. Recordaré por último a Fortunato Paladino, 
ciego músico, que aprendió a leer en Braille y ejecu- 
ta al piano, a más de 100 lecciones Zcerny y muchas 
de Carpentier, todas las escalas- ordinarias, muchas 
sonatas y A-arias piezas bailables; el desgraciado se 
alberga en el Asilo de mendigos desude donde en car- 
ta que obra en mí poder, clama por que sus manos 
hoy alíirgadas a la limosna, tengan aplicación útil y 
retributiva, colocándole en condiciones de trasmitir 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA :i4o 



a otros SUS conociniientos, y ganar así honradamente 
el pan. con lo cual clevaríase sn personalidad aniqui- 
lada en aquella reelusión forzosa a que le condenari 
su miseria y la falta de un patronato que vele por los 
pr of esi ona les e i e gos . 

8e preguntará si esos son casos extraordinarios 
o de excepeión. Rcsjjondo qn(^ no: en realidad la re- 
adaptación a la vida útil del tral)aio manual, indus- 
trial e intelectual, es posible ].)ara la generalidad de 
los casos, y es teórica y experimentalmente compro- 
bable. 

¿Pero, será fácil ? No. ¿, Dónde están las diñcul- 
tades del problema ? 

Las de orden íisif (lógico, de orden psicológico, de 
orden económico y de orden institucional. 

Yo solo me i)cii])aré de las dos primeras y las 
concretaré en estas 'oreves ex]>resiones de Fierre Yi- 
Uey. En casi todos los espíritus, la palabra "ciego" 
evoca la imagen más lastimosa y falsa. Detrás de 
unos ojos apagados, de una cara inexpresiva, el pri- 
mer movimiento es suponer que todo se ha adorme- 
<údo, inteligencia, voluntad y sensaciones; que las fa- 
cultades del alma se han embotado, y como estupidi- 
zado, y en realidad la inteligencia del hombre que se 
vuelve ciego, no sufre ].)or esa causa sola, desmedro 
real ; su capacidad i^ara obrar queda, sí, grandemente 
disminuida, pues siendo el hombre casi esencialmen- 
te "visual", cuando pierde la vista se ve privado de 
su xjrincii3al medio o instrumento de acción en las 
operaciones psíquicas". 

La consecuencia es lógica: nunca podrá la gene- 
ralidad de los ciegos alcanzar el grado de capacidad 
y de productividad a que pueden llegar los que ven 
claro; verdad empírica que un académico francés ex- 
presaba diciendo : "Un ciego necesita diez veces más 
tiempo para apren.der diez veces menos cosas que un 
vidente ' '. 

Afortunadamente, si las desventajas son reales 
y notorio el desnivel, no por eso se suprime el porve- 
nir iitil; los medios que restan disponibles para lle- 
gar a él bastan, sabiendo y queiúendo emplearlos. Ad- 



U(.\ ANALES DE LA 



virtamos desde luego que los órganos y sentidos, lla- 
mados ''vicarios": no tienen en el ciego mayor ex- 
celencia intrínseca, esencial, y cjue no hay, en el con- 
cepto fisiológico, sustitución de un sentido por otro. 
La doctrina que admitía la ''. suplencia de los senti- 
dos' \ lia sido combatida y demostrada experimental- 
mente falsa, por Grieshach y Knus quienes probaron 
que los sentidos restantes en el ciego, no son superio- 
res en agudeza a los de los clarividentes ; lo que por 
su parte confirmó Marcel Foucaiilt. Las excitaciones 
mínimas necesarias para provocar por ejem^^lo una 
sensación táctil o auditiva, no es menor en el ciego 
que en el vidente como lo lia demostrado Ferrari. Lo 
cierto es que se vueh^en más eficaces por efecto de su 
mayor uso. Y en el Congreso Universal de París de 
1879 Appia sentó y probó esta conclusión: "las reve- 
laciones de los sentidos, son irreductibles las unas en 
las otras". Dicha ley fué confirmada por los resul- 
tados de 6 observaciones conmnicadas por Fialla de 
Bucarest. Correlativa de esta doctrina fisiológica es 
la que admite la existencia en el cerebro de un punto 
o centro común, impreciso, al cual convergen todas 
las diversas sensaciones. Por fin hay otro principio, 
lógico y evidente, el de la asociación entre las sensa- 
ciones y la voluntad, vale decir existe un vínculo que 
une las corrientes sensoriales y las corrientes mo- 
trices. 

De todo lo que se infiere que la pérdida de un 
sentido trae necesariamente cierto desequilibrio fisio- 
lógico, nunca rejDarable in totum, pero que el tiempo 
y la educación vuelven tolerables. 

Ahora bien : La educación de los sentidos es más 
que problema fisiológico, x>roblema psicológico. La 
facultad interpretativa que se adquiere por el empleo 
intensivo del órgano o aparato, antes casi desusado 
o no tenido mayormente en cuenta, se caracteriza por 
tres cualidades que se acentúan en forma progresi- 
va: 1.° arte o habilidad mayor; 2° asociación prolija 
de numerosos elementos de la conciencia con las im- 
presiones táctiles o auditivas, y 3." memoria acres- 
centada de las mismas impresiones. 



ÁdADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ;J-i1 



Kacla extraordinario hay en los frutos recogidos 
por la ponderada exquisitez del taeto de los ciegos; 
por eso la generalidad de los que se tornan ciegos, la 
adquieren y la aprovechan niai-avillosamente. Bas- 
tan para entenderlo las siguiente? reflexiones. 

Así como hay diferencias apreciables entre "ver 
y mirar", entre "escuchar y oir"; también las hay 
entre ''tocar y pal])ar'\ Ordinariamente el vidente 
no palpa, toca; no tiene el hííbito, que adquiere el mé- 
dico, por ejemplo de pedir y o])tener de las impre- 
siones táctiles los datos necesarios, o los exige en me- 
nor grado qne el ciego. Este todo lo "palpa" y con 
atención escucha, por que del tacto y de la audición 
espera y obtiene todas las informaciones más minu- 
ciosas que orientan su actividad. Por eso se ha dicho 
que el tacto es una visión inmediata y la "visión" es 
un tacto a distancia. 

La mayor atención cpie se pone en la apreciación 
de las sensaciones, estimula la actividad del dedo que 
recoje para la conciencia, más vigilante y celosa, im- 
presiones aun las más sutiles que pasaban antes in- 
advertidas. Y en esa facultad puesta en acción, que 
realiza la cordinación de inqjresiones sensoriales y 
psíquicas, está a la vez el principio y la secuencia de 
la avidez con que toca y acaricia los objetos el sujeto 
que ha perdido los ojos. El dedo es el ojo del ciego, 
dice el vulgo, y lo alarga con su bastón. Ello es tan 
cierto que los ciegos de nacimiento, con cataratas con- 
génitas, cuando recobran la visión mediante una ope- 
ración feliz, en el primer momento no ven : necesitan 
cjue sus ojos se adiestren en la nueva función de ver, 
como se adiestra la lengua en el hablar. Al principio, 
viendo los objetos, no saben reconocerlos ni denomi- 
narlos: deben palparlos repetidamente y mientras le 
nace el convencimiento perfecto de ellos. Les es pre- 
cisa la intervención del tacto para tener la sanción 
sensorial. 

Para el que no nace ciego, que enceguece, más 
allá de la primera infancia, hay una situación de mar- 
cada superioridad para toda adaptación por medio 
del tacto, pues los datos analíticos ciue este sentido 



'¿tó ÁiSÁI^É M iiÁ 



aporta, se suman a los recuerdos y a las imágenes que 
conserva de las cosas y objetos antes vistos; todo lo 
que simplifica la coordinaci(3n fructífera. Tanta im- 
portancia tiene el tacto que para muchos psicólogos 
es por él que se educa la visión y a quien debemos el 
conocimiento de las propiedades esenciales de los 
cuerpos. Y lo que decimos del tacto es aplicable a los 
demás sentidos especialmente al de la audición, no 
más agudo en el ciego pero si mejor aprovechado. 
Los videntes no comprenden las influencias del con- 
tacto de los ciegos con la Naturaleza que les rodea, 
ni las alegrías que ella les proporciona, por que cuan- 
do acpiellos la aman y gozan de sus encantos quieren 
mirar, no solo ver; y entonces no hacen más que oir 
en vez de escuchar, y sentir e impregnarse de los olo- 
res, sonoridades y sabores que el ciego recoge y ana- 
liza escrupulosamente. (1) 

El valor inmenso que tiene los datos suministra- 
dos por el oído se revela aun en los ciegos de naci- 
miento, quienes, a cierta edad no ex2:>erimentan la ne- 
cesidad de palpar un rostro amado para reconocerlo : 
"Habíame a fin de que 3^0 te vea", suele ser su ex- 
presión; de ahí que en sus relaciones sociales quedan 
como desarmados en presencia de una persona que 
no les habla. 

Y es c{ue el rendimiento de los sentidos y de la 
inteligencia depende i^rincipalmente de la energía 
psíquica aplicada para ponerlos en finición y para 
deducir las acotaciones útiles, resultantes de aquellas 
asociaciones. Para la conciencia, todo cuanto le lle- 
ga, jDerece : es de la unión de sus calladas operaciones 
de síntesis y combinación que nace en psicología co- 
mo en física, la fuerza y la duración de los conceptos. 
Por ello también Mis Helen Keller, que tuvo siempre 
cerrados los ojos y en silencio perpetuo sus oídos, pu- 
do decir en el "Diario de su vida", con emocionante 
sentimentalismo: "Paréceme a veces, que todas mis 
fibras son ojos abiertos para percibir el inmenso con- 
junto de los movimientos de este mar de la vida en 



(1) De la Sizeranne. "Les seurs avcuglcs' '. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 34Ü 



que nos hallamos sumergidos y del que estraigo mis 
ideas". 

Xo quiero terminar estos antecedentes doctrina- 
rios sin honrar debidamente la labor científica reali- 
zada en 1916 en el Instituto Nacional de niños ciegos 
por un grupo selecto de maestras que después de es- 
tudiar el estado psico-fisiológico de algunos asilados 
llegan a la siguiente conclusión relativa a nuestro 
problema. La agudeza exagerada de las funciones 
sensoriales comprobada por la essiometría y la sen- 
soriometría, el poder disenninativo sensorial y sen- 
sorio intelectual, demostrado en el ciego por el i^oder 
de fina percei^ción de los accidentes o modificaciones 
del mundo inerte e inanimado; la manera de inter- 
pretar las más leves impresiones del tacto pasivo (es- 
tereognosis) para darles significado de formas e in- 
corporarlos como noción a sus conocimientos; la agu- 
deza en la perceptibilidad olfatoria y auditiva que en 
61 se revela cuando es capaz de reconocer a una per- 
sona por su olor sui géneris, y por el ruido que pro- 
duce el aire expirado al salir de las fosas nasales ; to- 
dos esos hechos demuestran que los sentidos restan- 
tes, adaptándose al principio del mayor rendimiento, 
funcionan en condiciones de suministrar tanta suma 
de conocimientos como en el Addente, y con ellos di- 
rigir su vida de relación, que es tan correcta como en 
los sujetos dotados de vista. 

Dichas maestras son las Srtas. María Luisa Ga-, 
lian, Y ice Directora, María C. Burrier, María Ernes- 
tina Degastaldi y Emilia Martos, ejemplares de ab- 
negadas apóstoles de la nueva cruzada. 

Ahondando todavía en el problema agregare que 
una de las dificultades primeras que se ofrece al que 
se vueh'e ciego, es la de su orientación ante el peligro 
de los obstáculos. Real y positiva dificultad, pero que 
puede zanjarse con perseverancia y experiencia. 

El sentido de los ohst ácidos ya conocido y estu- 
diado por el filósofo Diderot en 1749, es la facultad 
de presentir a cierta distancia la presencia de los ob- 
jetos, 



530 ANALES DE LA 



Existe también en los clarividentes, pero no se 
hace empleo ni mérito de él, por cnanto los ojos ad- 
vierten antes y mejor de todo cnanto pnede presen- 
társele por delante o encontrar en sn marcha. 

Los ciegos localizan dicha sensación especial ge- 
neralmente a la altnra de la frente o de las sienes, v 
es por eso que solo son aj^ercibidos de lejos los obje- 
tos que se encuentran a la altura de la cara. Es en 
cierto modo una sensación táctil, admitido que pueda 
explicarse como resaltado de la mayor presión ejer- 
cida por el aire comprimido entre los objetos y el su- 
jeto. Pero si tal es la causa para Kuns, el Dr. Cro- 
gine refiere dicha sensación a las impresiones térmi- 
cas, y M. Truskell la relaciona con la audición; opi- 
nión esta última que parece hallar su prueba en el 
hecho de que los ciegos-sordos no poseen en general 
el sentido de los obstáculos, }- en las experiencias lle- 
vadas a cabo sobre los Chaiive sonris o Murciélagos 
que se conducen muy bien en medio de los obstáculos 
sin chocar contra ellos, mientras sus oídos se mantie- 
nen libres, pero en cuanto se les tapan herméticamen- 
te, ya no saben dirigirse. En verdad, tanto en el cie- 
go como en el vidente, esa facultad previsora recibe 
importantes colaboraciones del oído, y también del 
olfato, si bien de éste en grado menor. Este último 
sentido ha sido sublimado por SchoiDenhauer cuando 
ha dicho que "si la vista es el sentido del entendi- 
miento, y el oído el de la razón, podría llamarse al 
del olfato sentido de la memoria por que más que 
otro alguno nos recuerda inmediatamente la impre- 
sión específica de las circunstancias, aun las más re- 
motas". La prueba nos la da la célebre sorda y ciega 
americana Mss. Helen Keller, de quien se dice qu(^ 
hacía tanto mérito de su olfato que a las personas de 
su casa las reconocía aún cuando se le ])resentaran 
con vestidos nuevos o recién lavados. 

Ligado al sentido de los obstáculos se debe con 
siderar el de la orientaeión, sentido ([ue se desarrolla 
por igual en todos los ciegos, siendo hecho experimen- 
talmente comprobado que se orientan más fácilmen- 
te, y más fácilmente evitan los obstáculos aquellos 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 351 

ciegos vueltos tales en la juventud que los ciegos adul- 
tos o viejos. Esa facultad pide también alianza de 
los sentidos táctil y auditivo y de la memoria muscu- 
lar; por eso se consigue desarrollarlo lenta y gradual- 
mente a proporción del talento individual, de la con- 
centración empleada, y de la fuerza de convicción 
pronto lieclia de que las dificultades que se ofrecen, 
y que los obstáculos se lian hecho en la vida para ser 
salvados ; todo agregado a la confianza que en sí mis- 
mo adcpiiere el ciego a medida cpie se instruye y educa. 

Ahora bien ; no es lo mismo adiestrarse en opera- 
ciones nuevas que ''rehacer una vida", o readaptar- 
se para las acciones útiles y provechosas en la comu- 
nidad social ; eso, ni es la obra de un día ni depende 
únicamente del ciego : éste requiere auxilios morales 
y materiales que no siempre puede proporcionar la 
familia, si no que debe proveerlos la sociedad y el 
Estado. 

Pero aprender el manejo de armas desusadas, pa- 
ra aprovecharlas en la lucha que ha de atravesar en 
adelante, es conquista asequible a todo hombre ciego 
que quiere sustraerse al dolor de la miseria presen- 
tida e inevitable si se deja dominar por la abulia o 
la astenia está al alcance de cualquiera que quiere 
crear alas para huir de la penosa esclavitud a que le 
condenaría su impotencia en el caso de que se dejase 
invadir por la tristeza de una inferioridad física, mag- 
nificada irreflexivamente en el primer momento. 

8i la ocasión fuera propicia, yo haría conocer 
como el gran psicólogo Villey narra todos los acon- 
tecimientos de su vida, desde los 4 años, a cuya edad 
quedó ciego, hasta alcanzar un grado de ilustración 
y de erudición que lo hacen admirable ; y cómo, gra- 
cias al empleo de sus sentidos- animados o en combi- 
uación con una voluntad indomable, y una aspiración 
incontenida de saber, pudo efectuar trabajos litera- 
rios que le demandaron investigaciones personales 
nmy jninuciosas, aparte y manejo de materiales y do- 
cumentos enormes. Pero ceñido a las exigencias- del 
tienqjo habré de limitaiine a condensar las siguientes 



asá ANALES DE LA 



generalidades de especial aplicación a los que no na- 
cieron ciegos. 

Casi todas las ])ersonas que pierden la vista cuan- 
do son ya grandes atraviesan ])0v tres períodos suce- 
sivos durante los cuales su "Yo" sufre cambios gra- 
duales. 

Al principio son enfermos qu.e luchan i-ontra la 
enfennedad adquirida ; buscando remedios y curación 
acuden a todos los especialistas, van a cada oculista 
nuevo cuya ciencia lian oído ponderar o preconizar 
como superior a la de los ya consultados. Agotan los 
medios que se les sugieren, apelan aún a los misterio- 
sos, y poniendo en juego su fe religiosa, demandan 
de las divinidades lo que la ciencia y el arte humanos 
no les dan. Así flota su espíritu entre grises descon- 
fianzas V verdes esperanzas confundidas: desechan- 
do, cuando llega a su mente, la idea aterradora de una 
desgracia que se les avecina con las más s(nnb]'ías 
perspectivas. 

A medida que el mal progreso y que las ilusiones 
se destiñen, caen en la segunda etapa que es de que- 
brantamiento y laxitud moral por que no saben qué 
rimibo tomarcin en la senda de una vida que, vdis o 
nolis, sienten desorbitada y caótica. 

El convencimiento de lo irreparable, el desen- 
gaño completo, llega por fin, y se tiene la tercera y 
última etapa que debe coronarse, ])ara su felicidad, 
con la ''resignación". Producida esta ''adaptación 
moral", se opera en el ciego una reacción salvadora 
que tiende a orientar las facultades latentes hacia 
aplicaciones y finalidades útiles, base de su adapta- 
ción al trabajo productivo. 

Yo podría referir innumerables historias breves, 
llenas de escenas interesantes y variadísimas de que 
fué teatro el hogar donde sentó reales sea desgracia 
prevista o improvisa; pero ni quiero alargar en de- 
masía esta conferencia, ni hay necesidad de motivar 
crisis del sentmientalismo entre los presentes. 

Me limitaré a reflejar con verdad, sencilla y se- 
renamente expuesta, los contrastes observados en con- 
sonancia con los temperamentos, con el carácter, con 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA :]Ó3 

la educación de los que vienen ciegos; y para ello re- 
produciré sintéticamente solo dos ejemplos tomados 
de ''Las primeras llamas" de Domínguez Rodino, pa- 
]'a quién la pasada guerra europea lia fundado una 
nueva obra de misericordia que es para la humani- 
dad ''enseñar a los ciegos a ver". 

Dos oficiales alemanes ^on reducidos a ceguera; 
el uno pierde el sentido de la vista por conmoción ce- 
rebral, el otro por destrucción de sus ojos que ope- 
ran los cascos de una granada enemiga. Este acepta 
y practica desde luego y de buen grado el consejo que 
se le ha formulado diciéndosele : "ante el daño irre- 
parable, ya que no puedes mirar Jiacia afuera, acos- 
túmbrate, a mirar hacia adentro*'. Tenía vacías las 
órbitas, iba siempre acompañado de una joven que 
era su fiel esposa, a la cual dirigía frecuentes expre- 
siones como ésta: "no veo a los demás ni las demás 
cosas, i3ero a tí no he dejado de verte ni cesaré de ver- 
te jamás", y cuando un amigo le alentaba diciendo 
"ten valor; a i3roporción que la luz externa se apa- 
ga, la luz interior debe crecer hasta lo infinito"; él 
resj^ondía: "así es, yo ahora veo cosas cjue nunca vi; 
yo no me siento desgraciado. Mi iinica pena es pen- 
sar en la pena que otros sienten porque me creen cie- 
go e infeliz. Tengo una mujer, por foi'tuna, que me 
quiere ahora más que antes". 

A ese héroe el JCaiser le había consolado con mar- 
ciales frases: "diste los ojos i^or la patria, la patria 
mirará por tí en lo sucesivo". 

Lo que Alemania dijo a sus soldados ciegos por 
boca del Kaiser, lo dijeron a sus propios Italia y 
Francia, y ésta ha hecho por los suyos más que nin- 
guna de sus aliadas: desde 1915 todas han velado con 
extraordinario celo j^ara restaurar sus mutilados vol- 
viéndoles a la vida social y de la })roficua labor. 

Aquel capitán alemán, de 30 años, tenía resigna- 
fión, y en medio de su tristeza dulee, jjreparál^ase pa- 
ra ser dichoso. 

El otro ciego, teniente de artillería, de 21 años, 
llevaba siempre gafas negras, tenía unos ojos aparen- 
temente sanos, luminosos, móviles: padecía, en cam- 



554 ANALES DE LA 



bio, de una tristeza negra, amarga, no se resignaba.... 

En ¡presencia del camarada de las órbitas huecas 
solía decirle : "Ud. lia tenido suerte, Capitán; lia per- 
dido sus dos ojos y no tiene con qué ver. A mi no me 
lia tocado ninguna bala, no lie sido herido, tengo mis 
dos ojos como antes los tenía, azules.... y 2, por qué no 
veo, nada, nada, ni el sol siquiera? ¡Oh.... hay para 
volverse loco de rabia!...'' Otras veces exclamaba: 
^ 'fe recobraré la vista?., ¡estúpida esperanza mia !.. No, 
no quiero ser un estorbo, no quiero ser una vida es- 
téril ; no quiero estar privado de lo que tienen otros, 
de lo que tienen los demás". El Capitán consolábale 
en estos y parecidos términos: "Cuando Ud. fué a 
la guerra, il3a como todos íbamos a dar la vida i^or 
la patria ! Dios no ha querido que la sacrificáramos 
toda, y nos tomó solo una parte de ella. La ceguera 
uos honra, y no somos un estorbo, ni somos vidas inú- 
tiles. Podemos ser todavía más: seremos ejem|)los 
vivientes que enseñarán a los otros a amar y a ser- 
vir a la patria : la falta de luz no nos ha cerrado to- 
dos los caminos. Todo es ahora cuestión de voluntad 
para empezar una nueva vida. ¡Somos jóvenes; for- 
iándonos un nuevo ideal, un nuevo destino, llegarc- 
uios a verlo realizado ! El siglo en que vivimos viene 
en nuestra ayuda. La actividad humana se ha divi- 
dido y diversificado tanto, son tantos los oficios y las 
profesiones, que ofrecen ancho campo a nuestras 
energías. La felicidad es un producto de la voluntad, 
y querer ser felices es serlo. ¡ Que nuestros ojos hayan 
cegado, no es gran desventura, mientras sigamos re- 
cibiendo la luz por los ojos de nuestro espíritu!" 

¡Qué alma tan grande animaba aquel carácter! 
qué temple el de aquel espíritu férreo ! Y cuánta ra- 
zón tenía para expresarse así, lo veremos enseguida. 
Pero antes permítanseme algunas reñexiones. 

Las guerras todas han destruido muchas vidas; 
más jamás guerra alguna dejó tantos hombres muti- 
lados y tantos ciegos como la última guerra. "Balas, 
cascos, obuses, j)iedras, trozos de todas clases de ex- 
plosivos, conmociones resultantes del i^aso de un pro- 
yectil enorme, heridas singulares, en fin, y relativa- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



.¡■).í 



mente frecuentes ocasionadas ]jor balas que atravie- 
san las sienes sin matar pero que al pasar cortan los 
dos nervios ópticos ; todas lian llevado el dolor a mi- 
llares de hogares". (1) 

Tan extraordinarias circunstancias y tan colo- 
sal desastre, lia inotiA-ado especial y excepcional preo- 
cupación de parte de los Estados y de las Institucio- 
nes beneficentes y educacionales para proveer reme- 
dios eficaces contra una situación C[ue no bastan a 
remediar la pensión civil o militar, la caridad o la 
piedad consoladoras. 

2Í1 fin se lia comprendido y se lia conseguido la 
práctica de aquella misión, que alguien concretó con 
toda la verdadera y bella expresión del concepto, di- 
ciendo: "restablecer en el mundo una aiinonía inte- 
rrumpida, y liacer sonar una arpa rota", eso es re- 
habilitar un ciego. Hoy ya i^odemos decir con Rene 
Dumic: "el ciego no es el desheredado de antes. Ya 
no es prisionero, es más bien un aislado que podemos 
y debemos hacer ingresar en la comunión humana". 

A eso aspiran los verdaderos tiflófilos. 

Pero.... fe es posible que vuelva el hombre ciego a 
la vida del trabajo? Sin duda; solo que el problema 
tiene, natural .y necesariamente, soluciones varias, se- 
gún se relacionen con el ex- vid ente letrado, con el al- 
fabeto poco instruido, o con el analfabeto i)i totum; 
según se considere el largo paso, o el salto breve, de 
la luz a las tinieblas. 

"Trabajo y ceguera": son al parecer voces an- 
tinómicas. 

"Utilización de los ciegos": Utopía para mu- 
chos; hermosísimo ensueño que acariciaron nuestros 
padres; hoy realidad más hermosa aun. 

Antes podía decirse: "teóricamente es posible 
que los ciegos puedan ganarse el })an", y se daban ra- 
ros ejemplares enti'e músicos y cesteros: ahora "dan 
la prueba práctica" los innumerables ciegos que vi- 
ven de su trabajo. 



d) M. de Ifi Sizeranne). 



356 ANALES DE LA 



Lo que fué excepción a este respecto, lo que so- 
lamente acreditaron ciegos geniales en las letras y en 
las artes, hoy es un beneficio y una aptitud que al- 
canza a innumerables mediocridades. 

Cuando el célebre oculista Dr. Javal, escribiera 
sus "consejos para los adultos que se vuelven ciegos", 
la preocupación de los tiflófilos habíase limitado a la 
instrucción y educación de los niños que nacen ciegos 
y a la caridad organizada y ejercida sobre los indi- 
gentes ciegos. 

En ninguna parte se habían concentrado ense- 
ñanzas útiles que sirvieran para hacer más tolerable 
la vida de los que habiendo gozado los placeres que 
la visión procura, fueran más tarde proscriptos de 
la luz. El, (jue encegueció de improAdso en 1902, a 
causa del giaucoma, experimentó desconsoladora sor- 
presa al constatar aquel hecho, y se preocupó de sub- 
sanarlo: escribiendo un libro en el cual dirigiéndose 
a los colegas oculistas les suplica resistir a la tenden- 
cia bárbara de alentar esperanzas en los condenados 
a ceguera fatal, a (juienes se propinan inyecciones es- 
timulantes ya de estricnina, 3^a de glicerifosiatos o 
tratamientos eléctricos o tratamientos internos inúti- 
les, haciendo mía terapéutica de complacencia, con 
todo lo que solo se alcanza retardar un plan orgánico 
y metódico de previsión para el ineluctable fin. 

Prex)ararlos con tiempo, aconsejar las precau- 
ciones de emei'gencia, es según él hacer más fácil el 
inevitable "salto hacia la noche", que han de dar los 
incurables. Oon tal opinión no comparten la mayoría 
de los oculistas. Tersson sublevado aconseja: no di- 
gáis jamás al enfermo que está o quedará ciego; ya 
lo sabrá por sí y siempre habrá tiempo para el a]")ron- 
d iza je útil. 

Se ha dicho que Ja^'al tu\'o su precursor en Fran- 
cia, en el Comandante Barazer, que encegueció a los 
40 años fl), y publicó en 1887 "Consejos para las 



(1) Barazor. estuvo do facción on Metz en 1.S70. Sirviíj después 
eu África y contrajo en 1S7S una insolación a consecuencia de la cual 
perdió la vista. 



ACADEMIA DE OIBNCIAe DE LA HABANA 



personas que piei'deii la vista", enseñando con auto- 
ridad indiscutible que "el mayor servicio que puede 
prestárseles, consiste en a^^udarles a adquirir una 
instrucciíSn apropiada". Pero Ja val quería la ins- 
trucción progresiva y preparatoria, a medida cpie la 
enfermedad ocular afirma en el médico, en el pacien- 
te y en la familia, la seguridad de la ceguera inevita- 
ble. Barazer encamina al ciee'o, va hecho a su des- 



gracia. 



En consonancia con él, Alouchard, capitán del 
ejército francés, atacado de ceguera en mitad de su 
carrera, ha redactado al mismo fin ''Ejercicios gra- 
duados de lectura Braille al uso de los ciegos adul- 
tos". 

Y últimamente M, G. Perouze y André Dreux, 
en publicaeiones de valor educativo práctico, han co- 
laborado no solo para demostrar que el ciego puede 
recobrar y conservar su i:)uesto en la sociedad, sino 
para indicar los métodos y rj^edios conducentes a tal 
fin. 

Iridicai-r las iioiiuas iniciales. 

En la época crítica por que atraviesa el adulto 
que pierde la vista, es temible prolongar el período 
de pesadumbre, de apocamiento, en que lógicamente 
se sumerge. 

Preciso es recordarle, desde luego, que tiene mu- 
■cho acumulado en su haber como fruto del conoci- 
miento del mundo y de su instrucción anterior. 

Las conmiseraciones, ios lamentos proferidos 
contra su desgracia positiva, no benefician a nadie; 
y permitir que se repitan en su presencia las vulga- 
res frases del sentimentalismo anodino, vgr. "¡qué 
dolor, qué tristeza, más valiera morir!", ú otras se- 
mejantes, es contribuir a la desmoralización del su- 
jeto, es apagar en su alma los destellos con que se 
ilumina una esperanza de porvenir mejor. 

Animarlo, j)or el contrario, excitarlo a la prue- 
ba, al convencimiento de que la ceguera no es la ma- 
yor de las desgracias, que es peor la ceguera mental 
del loco que la privación de la luz; que aun en medio 



858 AMAICES DE LA 



de svi noche interiniíiable ijodrá ser reiativamente fe- 
liz, es esparcir saludables claridades en su espíritu, 
es abrir horizontes a sus justas as])ira clones. 

Fruto de la ignorancia ha sido la común creen- 
cia de que más se sirve a un ciego cuanto más piado- 
so se es con él : los cuidados excesivos en su obsequio, 
obstan más bien a la consecuencia de la independen- 
cia que anhela reconquistar. "Queriendo servir siem- 
pre al ciego, dice el célebre Maurieio Sizeranne, se 
lo hace esclavo a per^^etuidad". 

Así como la verdadera caridad del rico para con 
el pobre, consiste en ponerle en condiciones de bas- 
tarse a sí mismo; de igual suerte, la obligación real 
del vidente para con los ciegos, es enseñarles a no 
necesitar de su ayuda, para todo. 

Xo ha de negarse, ni debe jDonerse en duda, que 
el ciego tiene necesidad de dirección y de muchos au- 
xilios; pero, prevenir se ha que esos auxilios no ha- 
brán de consistir en obrar por él ni en cohibir su li- 
bertad de movimientos e iniciativas, fomentando sus 
temores o recelos. 

Por eso son iriestimables y son preferibles las 
indicaciones y los consejos sugeridos ijor otros ciegos 
que hayan ti'iunf ado ya de los mismos obstáculos ; la 
autoridad o fuerza moral estimuladora de sus ejem- 
plos unidas al factoi- tiempo, a la docilidad, a la ob- 
servación inteligente y a la i^aciencia es^Deranzada, 
crearán la adaptal)ilidad, pre])aratoria de un progre- 
so educativo sin limitaciones. 

Al reeducar al que ha quedado ciego, debe comen- 
zarse por destruir otro pernicioso prejuicio, el que 
presupone que la esquisitez del tacto y la maestría 
que los ciegos de nacimiento exhiben en la aiDÜcación 
de sus manos, sean propios del que nunca vio. Ya 
he demostrado (]ue eso es teórico y experimentalmen- 
te falso. Y ahora agrego que son innumerables los 
casos de sujetos adultos y aun viejos que a base del 
tacto ejercitado, han aijrendido a leer, a escribir y se 
han hecho de oficios nuevos o retomado y seguido sus 
I)rofesiones anteriores. Es verdad y axioma fisioló- 
gico vulgarizado que la función perfecciona el órga- 



ACADEMIA DB QXJQNCIAS S£ LA HABANA ^5!« 



no; vencei', eiitoiicer;, esa diñcuJtad 2>riniera, la pre- 
vención rutinariaj es la primera tarea y toda la ta- 
rea, qne la razón y Ja prár-tica pedagógica imponen 
a] jo^'en o al adnlto ciego. 

La sorprendente agudeza de percepción externa 
qne pnede alcanzar el "enmurée", el "prisionero", 
ha sido admirablemente expuesta por de la Sizeran- 
ne en un ca^DÍtulo titulado "Lo que un ciego ve en 
viaje'', relatando la visita hecha i^or él mismo a Di- 
namarca para conocer el Instituto de los ciegos de 
Copenhague, y asistir en Bayrouth a la representa- 
ción de Parsifal y Tristán. 

Otra verdadera dificultad y grande, que se ofre- 
ce a la familia y se presenta al instructor de ciegos 
adultos; tarea que demanda inteligente preocupación 
y gran discernimiento previsor, consiste en orientar- 
los hacia oficios y profesiones apropiadas a cada su- 
jeto. ^ 

No muy generalmente se dará el caso de que el 
ciego pueda continnar ejerciendo la que antes profe- 
saba. 

De ahí que entre las escasas (jcupaciones a (pie 
podrá librarse, ha de escogerse la que parezca más 
útil con adecuación a luuuerosas condiciones indivi- 
duales, vgr. edad, grado de instrucción, desarrollo fí- 
sico, posición social, residencia, y aun grado de inte- 
ligencia y de sensibilidad. 

Hay oficios puramente manuales que no piden 
aptitudes extraordinarias ; pero los hay también que 
demandan cualidades intelectuales más o menos cul- 
tivadas. 

La brevedad del tiempo de que dispongo, oblíga- 
me a pasar a vuelo de pájaro sohre algunas profesio- 
nes o artes manuales de más fácil adquisición. 

El oficio más comumnente enseñado a los adul- 
tos en Francia, es la cepiUería. Exige una destreza 
mediana que le pone al alcance de gran número de 
ciegos, siendo breve el tiempo necesario para el apren- 
dizaje, (6 a 8 mess). Permite además qne el obrero 
realice su trabajo en la casa propia. Los cepillos se 
venden fácilmente en todas partes, en todo tiempo. 



300 ANALES DE LA 



Eli Alemania y en Rnsia la eepillería militar está 
confiada exclusivamente a los ciegos y en Suecia se 
ha establecido un verdadero monopolio en favor de 
los ciegos que a esta industria se dedican. 

La cestería y la cañaste ría reclama un aprendi- 
zaje más largo (2 a 3 años), mucha mayor destreza 
y más vigor físico. 

El instrumental no es muy costoso; en cambio 
el taller necesita mayor espacio para su emplaza- 
miento, la salida de los artículos elaborados es más 
lenta. 

El fabricar asientos de esterilla, y el encañado. 
son dos oficios muy accesibles si bien al principio son 
lerdos y escasamente remunerados. 

La colchonería, es industria ejercida por los cie- 
gos en Inglaterra y pueden merecer en ella buen sar 
lário. El utilitage es de poco iDrecio, pero sus opera- 
ciones exigen auxiliares videntes. 

La fahricacióíi y reparación de calzado, son en- 
señanzas dadas a los (degos eii varios países, especial- 
mente en Dinamarca : sin embargo no es admisible 
su ])ueiia ejecución y menos el provecho económico 
para el artesano. 

\.,i\ afinación (h j>ianos está al alcance del adulto 
vuelto ciego, pero a condición de que posea ya apti- 
tudes nmsicales, destreza mamial muy desarrollada, 
ciertas cualidades intelectuales, una educación en 
grado regular. Por eso no es oficio adaptable más que 
a un reducido númei'o. 

Otro tanto puede decirse de la profesión de 7na- 
sayista, \m\"Á cuya i)reparación se requieren, cultura, 
educación y moral, muy esmeradas. La profesión 
masagista ha sido introducida en Francia ha pocos 
años. Son maestros en la Escuela resi:>ectiva dos mé- 
dicos ciegos: Ferri]! y Fabre. Ya en 1917, siete de 
sus discípulos habían obtenido título y diploma y se 
habían establecido en diversas ciudades de la Repú- 
blica : tres en París, mío en Burdeos, otro en Mont- 
pellier, y los restantes en Saint Etienne y Clermond 
Ferrand. Es oficio que ya se ejercían por los ciegos 
en Leipzig en 1900. En el Japón constituye desde ha 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ;!01 



tiempo nn oñcio muy lucvatixo. En Montevideo ya 
han salido de su Instituto Xaeional General Artigas 
algunos ciegos masagistas ocupados en los hospitales. 

Algunos ciegos readaptados han podido ocupar- 
se en la limpieza y i'eparación de relojes grandes, en 
instalaciones de timhres y alum])rado eléctrico domi- 
ciliario, en el montaje de'lñcicletas, en ia talla de cris- 
tales, en la afiladuiía de cuchillos. 

Al ]DViblico un tanto incrédulo de la capacidad 
adaptativa de los ciegos hay que demostrarle cj^ue pue- 
den llegar a ser buenos telefonistas en las fábricas, ca- 
sas de comercio, hoteles, grandes administraciones; 
y la Asociación Haüy lo ha liecho, estableciendo para 
la enseñanza de sil^ })upilos, en su propia sede, ujia 
red telefónica compleja, con estandarte anunciador 
y abarcando 45 postas. De esa escuela han salido va- 
rios prácticos para ser ocu[)ados en casas de comer- 
cio de París. 

Para los que lian perdido la vista a edad avan- 
zada, por ejemplo, a los 40 años; para los que care- 
cen de aptitudes aprovechables en trabajos e indus- 
trias de mejor rendimiento y ]ia])itan grandes ciuda- 
des, se hace necesario un trabajo u oficio fácil, de 
aprendizaje rápido, cpie no demande útil age caro ni 
complicado, que no exija materiales costosos. Para ta- 
les sujetos ha ideado y esta¡)lecido la Asociación Va- 
lentín Haüy, de París, una industria mieva, que pa- 
rece satisfacer al desiderátum: la industria de los 
"sacos de papel". Consiste en confeccionar con pa- 
pel viejo o nuevo, más o menos fueite, sacos de 13 a 
14 centímetros de altura, destinados para los nego- 
cios de almacén v tienda. 

El papel de diarios, de libros viejos, los boletines 
V. otros, pueden ser aprovechados. La venta de los 
sacos es segura aunque el producido sea escaso. 

Tampoco queda cerrado para el adulto que se 
vuelve ciego el camino y el campo de las distraccio- 
nes y esparcimientos familiares o de camaradería en 
los clubs y casinos. Braille se preocupó también de 
los juegos de salón ideando un sistema sencillísimo 
para marcar las cartas de los naipes permitiendo (|ue 



86á ANALES m LA 



el ciego pueda jugc^i* con los clarividentes lo mismo 
que con otros ciegos. Color, valor, posición y frente 
de las cartas, se denotan por signos hechos al dorso. 
Los juegos de damas y de ajedrez son familiares en- 
tre los ciegos. 

La readai^tacióu de los ciegos a los trabajos agrí- 
colas era de sumo interés x>ara las naciones europeas 
que han perdido i^or la guerra tantos millares de 
hombres, ya por muerte, ysí por inutilización ocasio- 
nada por diversas causas, dando aquellos alto por- 
centaje entre los mutilados. Y bien; en Inglaterra co- 
mo en Alemania, como en Francia, como en Estados 
Unidos, la educación pertinente ha motivado la fun- 
dación de escuelas especiales en las que se han alcan- 
zado éxitos asombrosos ya j^alj^ables. 

En Londres un banquero americano, Otto Kain, 
ha puesto a disposición de los soldados ciegos, entre 
otras instalaciones una para cría y engorde de aves, 
donde bajo la dirección de un ciego muy conocido por 
su competencia, el Capitán Pearson AVeber, trabaja- 
ban a satisfacción. En París, desde 1918 la Asocia- 
ción Haüy fundada para el bien de los ciegos, tiene 
en función una pequeña escuela práctica en la que 
se adiestran aquellos en avicultura. 

Con un prefacio de Henri Peigner se ha i^ubli- 
cado una hermosa v muv nuti'ida colección de cartas 
escritas por ciegos, vueltos de la guerra y readapta- 
dos a las tareas del campo, ofreciéndose en ella ejem- 
plos estimulantes por su elocuencia. Aquellos hom- 
bres para quienes llegó una noche que no será segui- 
da de aurora, no aceptaron la tenebrosa ociosidad de 
que se vieron amenazados; quisieron reaccionar con- 
tra su forzada exclusión de la vida del trabajo que 
constituía su segunda naturaleza y pugnaron por 
aprender a trabajar sin ver con los ojos. Debieron 
desplegar admirables energías para i'econquistar su 
puesto en el campo de la lucha por la existencia i^ro- 
pia y de su familia, y lo han conseguido. Xo han sido 
extraños a la práctica v ensavo de oficios difíciles v 
delicados. Con paciencia, obstinadamente, con inge- 



ACADEMIA DE CIENCIAS 6E LA HABANA :uii\ 



ilio, se lian reiiiteí>i-ado a una posición desde la cual 
producen. • 

El artista lia reapreiidido su oíicio con utensilios 
adaptados, el artesano y obrero pued(^ retomar sus 
herramientas y hacer aplicación de ellas; todos por 
medios de acomodamientos particulares remedian las 
deficiencias orgánicas que en principio los asustaban 
y anonadaban. 

Aquellas carias escritas ])or el sistema Braille, 
están llenas de doctrinas, enseñan procedimientos y 
ensayos por medio d(- los cuales se han rehabilitado 
sus autores, soldados que fueron agricultores y que 
heridos y ciegos han vuelto a sus fundos para reha- 
cer sus labranzas. p]n ellas r-uontan sus sufrimientos 
crueles cuando se cjeían inútiles; y todos ensayaron 
hacer sin ver, lo que antes hacían viendo. Poco a po- 
co, se realizó en sí el milagro. Y tomaron el azadón 
y la pala; el mango del arado se i)iiso en sus manos 
y con él supieron abrir el surco recto y echar la se- 
milla cuyos frutos luego han cosechado. Y éste tala 
su viña, el otro cuida abejas. 

Todos cantan sus alabanzas a la vida activa, a 
la vida hermosa de la labor fecunda; tienen para la 
Asociación que los ha redimido, exp)resiones de gra- 
titud sencillas y sinceras. Y liablan para todos sus 
hermanos de infortunio, para todos los mutilados del 
orbe : cuentan sus dudas, sus esfuerzos, las peripecias 
emocionantes de su magnífico aprendizaje, se congra- 
tulan de sus éxitos. 

Parodiando al Ciego de la parábola bíblica que 
salió al paso de Jesucristo gritándole, a despecho de 
la multitud que le rechazaba "Señor, Señor que yo 
vea", los ciegos de la era contemporánea han gritado 
a la sociedad que se agita en su derredor: "queremos 
vivir con vosotros, trabajar con vosotros, tener entre 
vosotros nuestro rol humano'' y lo han conseguido. 

Aquellas voces de los redimidos debieran resonar 
en todas partes: soii las que yo quisiera se escucha- 
ran entre los nuestros, por que piden y anuncian re- 
nacimiento, regeneración, triunfos, trabajo, prospe- 
ridad, paz y contento. Son voces suficientes para di- 



364 ANALES DE LA 



sipar las sombras de la iiic-redulidad y del ocio esté- 
ril, que a muchos couduce a la desesperacióu estúx^ida. 

Lo expuesto bíistaría para deuiostrar la realidad 
en que satisfactoriamente pueden vivir los ciegos re- 
adaptados a la vida del trabajo maiuial e industrial. 

Eesta considerar otra faz del pro1)lema, la que 
interesa a quienes Lan ejercido j^rofesiones literarias 
o son poseedores de una cultura intelectual media, 
cuyo mantenimiento les promete los más elevados go- 
ces espirituales. 

Para el clarividente, aun analfabeto, son innu- 
merables los medios de instruirle y distraerle ; el cie- 
go de antaño también debía demandai'lo todo de la 
palabra oída, de la conversación con los videntes. De 
ordinario, j casi universalmente, el ciego adulto re- 
curría y recurre a sus propios familiares, a los ami- 
gos, o a un asalariado para que le hagan lecturas i^ro- 
vechosas de su agrado, o para que escriban lo que él 
les dicta. En esa dependencia forzada hay una es- 
clavitud real no siemp>re bien tolerada ; aparte de que 
la lectura hecha por otro, solo resulta útil a base de 
una concentración mental muy grande de quien es- 
cucha, para no ^^erder la ilación o el sentido de los 
conceptos, lo cual influye para restar sabor, efectos, 
a la obra literaria. 

De allí la necesidad de ima llave ¿iurea que per- 
mitiese abrir el dintel jDor donde pudiese entrar al 
alma del ciego el aura inmaterial que tonificase su 
vida. Y bien sabido es que esa llave fué puesta en 
manos de los ciegos desde 1783 por un hombre genial 
Valentín Haüy. Desde que Diderot publicara en 
1743 su célebre "Carta sobre los ciegos para uso de 
los que ven", habíanse producido en Francia gran- 
des movimientos de filantrojíía en fa^'or de aquellos. 
Estimulando Haüy por el ejemplo y obras del abate 
de Epee, ilustre protector y educador de los sordo- 
mudos, impresionado dolorosamente en iiresencia de 
un ciego músico, Ticseur, que ganaba su vida tocando 
en un café, teniendo por delante un atril que no veía, 
e indignado ante la caricatura y emblemas de la ig- 
norancia que se hacía representar por los ciegos, dio 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA :\Ú3 



.el grito de su redención exclamando con sublimes 
tiasportes de entusiasmo y de visión prof ética: "sus- 
tituiré la verdad a la fábula i'idícula ; haré leer a los 
ciegT>s, colocaré en sus manos volúmenes y piezas de 
niú-íica impresos por ellos mismos. Les haré ejecu- 
tar conciertos armoniosos. Quien (piiera que seáis, 
hombre atroz, esas orejas de burro con que habéis 
([uerido degradar la cabeza del infortunio, yolas co- 
locaré so])re la vuestra". (1) 

El milagro se operó. Concebida por el gran 
apóstol la idea de sustituir el ojo por el índice, y a 
I a?e del alfabeto connm, hizo construir moldes para 
imprimir letras de ]*elieve que serían leídas por me- 
dio del tacto. 

De ese sistema valiéronse los ciegos de entonces ; 
y por medio de él hiciéronse célebres en la historia 
de la Tiflología, Sannderson, María Teresa Paradis, 
Mademoiselle de Salignac, Weissemburg y mil otros. 

Tal sistema f né descalificado más tarde, dicién- 
dose que adolecía de un error fisiológico, pues por él 
«e "hablaba al dedo con el idioma del ojo". El alfa- 
hcU) conuní es, en efecto, una combinación imagina- 
da, por los videntes y para los videntes. Y los medios 
de i]' rápidamente por el dedo hasta la inteligencia, 
no son los que permiten ir fácilmente por el ojo a la 
inteligencia. Se precisaba imaginar una convención 
destinada al dedo y acomodada a las condiciones fisio- 
lógicas del tacto. La línea o trazo saliente conviene 
al ojo. jiero es percibida lentamente i)or el tacto. En 
c'and)io el punto es fácil y rápidamente percilñdo por 
el dedo. 

Así se generó la concepción genial del alfabeto 
de jjuntos salientes que pasó par varias etapas, repre- 
sejitadas en Viena por Klein, en Francia por Bar-. 
])ier, y luego por el iiniiortal Luis 13raille, ciego, cuyo 
sisteu'a insuperado hasta el día, i'igc desde 1825 en 
los Institutos de euseílauza para ciegos del nunirlo 



(1( ^\r. (le la Sizoratiiu'. 'I'rcoitc aun iI'cIikIos ct <\c ])ropaíían(l(' cu 
faveur di^s avonglcs. 



366 ANALES DE LA 



entero, no obstante la ¡propaganda que se hace en fa- 
vor del sistema llamado "Ne^v York ])oint". 

Admirable grupo de solo seis puntos en relieve 
que permite 63 combinaciones, mediante las cuales se 
forman todas las letras, signos, cifras y notas musi- 
cales, abreviados ortográficos y estenográficos con los 
que se remedia el defecto fundaniental de su lentitud 
práctica; tal es aquel sistema, sobre el que se lian lle- 
vado a cabo posteriormente numerosos perfecciona- 
mientos, entre los que merecen recordarse el "Esque- 
mógrafo" de Mattei que permite simidificar las ope- 
raciones aritméticas y algebraicas, los cálculos, ex- 
tracciones de raíces, el trazad<j de figuras geométricas 
y demás trabajos congéneres. 

Es tan satisfactorio el sistema a los que de él 
tienen necesidad y lo aplican, que en su elogio cabe 
repetir las palabras con que lo ponderaba el más cé- 
lebre de los ciegos contemporáneos: "balanceado y 
sacudido en mi vagón de viaje yo puedo escril>ir so- 
bre mis rodillas las notas de Parsifal y de Tristán, 
de las que me he impregnado durante los cinco días 
pasados en Bayrouth". 

Para el ciego adulto que ha sabido manuscribir, 
puede no ser necesario el Sistema Braille cada uno 
sabe como nos es posible escril)ir a ojos cerrados, solo 
que es difícil mantener la horizontalidad de las líneas 
en escritos largos. 

Para obviar tal inconveniente ideó el inolvidable 
ciego y gran oculista Ja"\al un sencillísimo procedi- 
miento al alcance de cualquiera ; consiste en plegar 
horizontalmente la hoja de papel a la manera como 
se pliega un abanico, y así extendido nuevamente 
el papel, sirven de guía los mismos dobleces. (1) 



(1) Y pues he citiulo a Javal, pcriüítasoiio una digresión que com- 
portará una curiosa leccitjn para todos. Sabido es que para los ciegos 
se han eonstnildo relojes especiales de bolsillo con gruesos punteros y 
numeración con puntos salientes. Sin embargo estos relojes no son ne- 
cesarios y tanto el ciego como el vidente pueden saber la hora en la 
noche valiéndose del reloj ordinario a reiuoutoir. Dándole cuerda, toda 
■su cuerda a hora fija, precisamente a ]:.t. misma hora que el día anterior 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 367 

Después se han construido diversos aparatos des- 
tinados al mismo fin siendo uno de los más recomen- 
dados la ''guía manos" de AYagner, que pennite es- 
cribir en negro y con una horizontalidad y espaci- 
mientos de palabras y renglones, admirables. Por 
medio de ella es posible a los ciegos escribir en letra 
corriente, extender recibos, cheques, fiíinar autoriza- 
ciones y procuraciones y lo que más vale aún, escri- 
bir testamentos ológrafos. 

Para los que escriben en Braille, Mr. Dussaud 
ideó en 1901 una reforma trascendental, con su regla 
cuadricidada que permite escribir y leer de izquierda 
a derecha y verificar las operaciones aritméticas sim- 
ples en la forma usual a los videntes. (2) 

La escritura a máquina está bien al alcance de 
los ciegos. 

Y aun cuando en el manejo de las máquinas ge- 
nei-ales adquieren suficiente y fácil adiestramiento, 
por que para ellos su teclado no difiere del de los pia- 
nos, pi'ocurándoles el tacto y la memoria la seguridad 
necesarias para los golpes, se construyen para prin- 
cipiantes máquinas con doble alfabeto y dobles sig- 
nos. Últimamente, ideada por un ciego, M. A. Cay- 
zeríi'nes se construye una máquina dactilográfica que 
produce simultáneamente dos copias, una en Braille 
para el ciego, y otra en tipo común para el vidente: 
la tecla herida obra un doble efecto sobre dos carre- 
tes que tienen movimientos de avance simultáneos. 
Tal refomia permite al ciego releer su propio traba- 
jo, con lo cual a la vez se facilitan sus operaciones y 
empleos, se acrecientan sus satisfacciones íntimas v 



y contando los pequeños golpes y ruidos del ijiartincto cu cada niovi- 
niieiito de rotación del remontoir; eneowlrarenios que son en total 144, 
por ejemplo, vale decir equivalente cada uno a 10'. Si hemos dado 
«•uerda al reloj al acostarnos, y recordamos a media noche queremos sa- 
Wcr la hora, basta remontar lentamente el reloj y contando el número 
do ruído-j en eri-cri que percibiremos, y multiplicándolos por diez, ten- 
dremos l:i. expresión en minutos del tiemi'>o tran.^currido. 

(2) \'éase la obra <h' riolosi-eano 'M.os avoujíles n travers 'ios 

as:es", pág. .3?.. 



368 ANALES DE LA 



adquiere tuda la seguridad que fundará su conñauza. 

Insensiblemente hemos llegado al punto culmi- 
nante de esta exposición que lo címstituye "el libro 
para los ciegos". El libro útil x)ara los videntes, lo 
es más para aquellos. Cfracias al libro pierde la ce- 
guera parte de sus horrores, >' millares de ciegos en- 
cuentran en la lectura los mayores consuelos para su 
desgracia. Y es de oportunidad dejar constancia de 
que los ciegos han contado con libros impresos antes 
de tener libros manuscritos, al revés de lo que ha ocu- 
rrido para los clarividentes. En 178'3 se imprimió el 
primer libro con caracteres de relieve, mientras el 
primer libro imprf!S0 en Braille, con rudimentarios 
materiales y mecanismos, data de 1837. fué una "His- 
toria de la Francia". Y la primera imprenta bien 
instalada para las impresiones cu letras de puntos 
salientes, funciona desde 1852. 

Al presente las imprentas, bibliotecas y librerías 
que imprimen, guardan y venden libros ]^ara los cie- 
2'os son numerosísimas v en ellas se contienen de to- 
das clases, ramos, doctrinas y escuelas, literarias, 
filosóficas, científicas y de pura recreación. Al Brai- 
lle se han traducido las producciones de los más ce- 
lebrados literatos, historiógrafos, novelistas y sabios. 

Bazón tiene uno de ellos cuando escribe: "con 
mis libros no me parece ser ciego ; olvido jni desgra- 
cia y me siento revÍA'ir. Xo me es afrentoso el aisla- 
miento; hallo en la lectura mi resurrección y la luz y 
la libertad intelectual: por ella siento el placer del 
cautivo que ve rotas sus cadenas". 

Yeamos un último aspecto del problema, í[11í' 
afecta a los adulto?. La ceguera resta ¿ quién lo dis- 
cutirá ? i^laceres, y muchos ; ;, con qué compensación ? 
Ellos responden : dejando nuiy amplio margen para 
alegrías íntimas, tal vez calladas, para las operacio- 
nes mentales de más alto vuelo. Sizeranne decía : el 
clarividente que quiere meditar y reflexionar honda- 
mente, cierra sus ojos; así separado del mundo exte- 
rior, se vueh'e ciego. "Tu ves lo que yo no alcanzo, 
pero a mi ver yo veo lo (pie tu no adviertes", dice 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 3GÍ) 



en la "Ciudad muerta", la desgraciada esposa que se 
sabe traicionada. 

El notable escritor Edmond Goncoiirt, por su 
parte, en un transporte de misticismo exclama: 
"¡Dios mío, dos o tres años de ceguera antes de mo- 
rir no me vendrían mal : la separación, el divorcio con 
la naturaleza iluminada que ha sido para mi maestra 
seductora, tal vez me permitiría componer un volu- 
men o una serie de notas espiritualistas y filos(Sficas, 
escritas a la sombra del pensamiento!" Por eso "se 
ha dicho que hay en los ciegos una ''vida interior' 
que tiene una faz digna de mención. La vida interior 
puede decirse compu.esta de dos factores que anun- 
cian y dan carácter a sus manifestaciones : el factor 
puramente intelectual que se alimenta de ideas y de 
conceptos, y el factor sensibilidad que se agita por in- 
flujo de las sensaciones. Y es evidente que para el 
ciego llegan tan pronto y tan seguras como para el 
vidente esos estímulos de sus movimientos y opera- 
ciones psíquicas; por que "su inteligencia está pene- 
trada de las claridades de afuera, por que sin hablar 
del gusto y del olfato, tienen los sentidos del oído y 
del tacto: el primero para el pensamiento hablado; 
el segundo para los pensamientos escritos. Por esos 
dos grandes ventanales abiertos al mundo, entran las 
ideas en tropel: ^qué importa haya ])ajado un stor 
delante de la ventana frontal?" 

Y en efecto: su ideación existe amplia y liln'c; 
la conversación con los videntes o con otros ciegos, les 
peniiite ventilar sus pensamientos; la lectura, reno- 
varlos, y la escritura transmitirlas. 

Por último la experiencia tiene también muy 
acreditada esta verdad : la mayoría de los ciegos go- 
zan de una serenidad espiritual sorprendente, que al- 
guien pretende ex23licar diciendo que "aislados del 
mundo externo que no ven, repliéganse sobre si mis- 
mos adquiriendo gran jíoder de meditación e intui- 



ción". 



Buscan así y hallan, "en el fondo de sus almas, 
todas las riquezas morales que Dios ha depositado 



370 ANALES DE LA 



en ellas, todas las razones de creer, de obrar, de es- 
perar; y se hacen más idealistas". 

Otro ha dicho: "los ciegos soii los elegidos del 
éxtasis, los más llamados a comunión con lo invi- 
sible". 

A todo lo cual podemos aiíadir con el inmortal 
Amado Ñervo, que "así como canta bellamente el 
ruiseñor a quien el salvaje arranca los ojos, así gor- 
gea el alma del ciego en la perpetua noche que le cir- 
cunda. La visión de las cosas es lo que nos conturba 
v llena de melancolía ; tras de mirarlas v remirarlas, 
la angustia se nos entra muy hondo ; cuando ya no 
las vemos la angustia se va con la luz. Por eso es tan 
frecuente o])servar la alegría en los ciegos". 

Sin embargo, señores, no todos traducen igual 
sentir; y es que en i-ealidad no todos logran la dulce 
y mística paz de la resignación. Los hay cuyo inte- 
rior permanece envuelto en sombras nostálgicas, cir- 
cundado de tediosas lu-umas, cohibidos por un pesi- 
mismo enervante y desconsolador. El poeta Acebal 
hace hablar a uno de esos en los siguientes términos: 

"Soy como pilar de puente 

Que el agua rodea y pasa ; 

La pena de morir joven ^^ronto acaba.... 

Mas la de vivir ciego. 

Que es como vivir siempre niuerto.... 

Esa, sí, (|ue es pena larga...." 

Lo dicho, espei-o que ha de llevar la persuasión 
a todos acerca de que, si no puede atribuirse a los 
ciegos una alegría exhuberante, tampoco debe atri- 
buírseles una tristeza de perpetua pesadmnbre ; por- 
(|ue a su alcance se encuentra todo cuanto puede con- 
tribuir a la conservación de su salud y de su bienes- 
tar espiritual. El gran dolor de la ceguera reside en 
las diftcultades para la adaptación eficiente, en una 
sociedad hecha por y ])ara los videntes y cuyas le.yes 
económicas consultan solamente los intereses de ellos. 
Por eso de éstos deben partir, en pro de los que sU" 
f rfjii acjuella, toclo.s los estímulos y auxilios necesarios. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



Señores: he terminado. Perinitidine despediros 
formulando con vosotros y para vosotros este conju- 
ro: de un célebre fil(3sofo: "ya que no podemos reen- 
cender la luz en los ojos de los ciegos, pongamos en 
su corazón calor de una valerosa confianza en su ca- 
pacidad; contribuyamos en la esfera de nuestras ac- 
tividades sociales a su redención espiritual y mate- 
rial; sirvámosles y amémosles: así nuestro interés y 
nuestra consagración por ellos serán el rayo cuya cla- 
ridad no verán, pero cuyo calor han de sentir". 



372 ANALES DE LA 



informe sobre el dr julio f. arteaga 

propuesto para ocupar la plaza de académico 

de numero de la sección de medicina, 

cirugía y veterinaria 

POR EL 

DR. JORGE LE-ROY Y CASSA 



(Sesión de gobierno del 28 de enero de 192]). 

En cumpliinií^iito de atento escrito — sin fec-lia — 
remitiéndome la i^ropuesta y documentos del Dr. Ju- 
lio F. Arteaga y Quesada para que informe sobre el 
expediente de dicho candidato, tengo el honor de de- 
volverle los expresados documentos con el informe 
que he emitido y que dice así: 

'éSi en algunas ocasiones la misión del ponente 
es difícil y para cumplir con lo que determina el ar- 
tículo 9." de nuestro reglamento, que previene que 
''se hará una clasifícación razonada según los méri- 
tos de los aspirantes" se ve compelido a realizar ar- 
duo trabajo, en la presente esta inisión es de las más 
fáciles, al par que grata, porque esa clasificación ha 
sido ya hecha hace algunos años (sesión de gobierno 
del 27 de abril de 1917) y po]-que al tener el gusto 
de proponer al Dr. Julio F. Arteaga y Quesada para 
la plaza de académico de número de la sección de me- 
dicina, cirugía y veterinaria, vacante por el falleci- 
miento del Dr. Guillenno J. Benasach, hemos tenido 
mis compañeros de projjuesta y yo el cuidado de aña- 
dir los documentos justificativos de los méritos y tra- 
bajos del Dr. Arteaga. contraídos y realizados con 
posterioridad a aquella fecha, y todos ellos no hacen 
más que aumentar e: valor científico de nuestro can- 
didato, 



ÁCABEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 373 



"Pero hay otra eircunstaiieia que obvia por 
completo toda discusión, y esta es, la de ser el Dr. Ar- 
teaga uno de los nuestros desde el 11 de abril de 1919, 
como académico corresponsal, en cuya fecha fué ele- 
gido por unanimidad de votos ; por consiguiente aho- 
ra se trata simj^le y puramente de llenar una forma- 
lidad reglamentaria para justificar su paso de una 
a otra categoría. 

"Es misi(Sn grata ¡jorque el i')r. Arteaga con su 
perseverancia en la asistencia a las sesiones; con su 
constante lal)or científica, premiada dos veces por la 
Academia; y con su reconocida ilustración, será, no 
uno de los zánganos de la colmena, que vienen a bus- 
car honores y prestigio, pero (pie no cumplen con los 
deberes que voluntariamente aceptaron y se impu- 
sieron, sino la abeja laboriosa que contribuirá en lo 
sucesivo, como lo lia venido haciendo hasta ahora, al 
prestigio de esta sabia corporación que tantos días 
de gloria ha brindado a nuestra patria. 

"Por lo antes expuesto, entiende el ponente que 
suscribe, que debe ser elegido el Dr. Julio F. Artea- 
ga para ocupar la plaza de académico de número pa- 
ra la que se le propone, llenando así el vacío que de- 
jara la muerte de nuestro querido compañero el Doc- 
tor Güiliento J. Benasach". 



SUPLEMENTO AL INFORME PRESENTADO POR EL DR. JORGE 
LE-ROY, EN 27 DE ABRIL DE 1917 



Méritos, Scnñños n 'í raba jos drl Di . J (dio F. Artcaiju 

Página 921 del t. Lili de los Anales de la Aca- 
demia. Agregar: 

En el capítulo "Honores": 

10.— Segundo Vicepresidente del IV Congreso 
de la Prensa Médica de Cuba (1921). 



374 ANALES DÜ LA 



11. — Presidente de la Asociaeión de la Prensa 
Médica de Cliba ( 1918-1920)-. 

12. — Vocal de la Comisión de Sanidad v Benefi- 
cencia. Asociación Nacional de Emigrados Revoln- 
cionarios Cnbanos. 

13. — Miembro Corresponsal de esta Academia. 
11 abril 1919. 

14. — Lam-eado por esta Academia con el Premio 
de Fisiología "Górdon Acosta". 19 mayo 1919. 

15. — Lanreado por esta Academia con el Accésit 
del Premio "Dr. Suárez Bruno". 19 mavo 1920. 

P¿igina 922 del mismo tomo. En el capítulo 
"Cargos Oficiales", agregar: 

10.— Miembro de la Comisión de Médicos de Ma- 
rianao para el Reclutamiento. Servicio Militar Obli- 
gatorio, 1918. 

Página 923 del mismo tomo. En el capítulo "Pu- 
blicaciones Científicas", agregar: 

Año 1901 . En el título 3. Decir : Citado por Lusk 
"The Elements of tlie Science of Nutrition", 3 ed., 
pág. 455. 

En la página 925, después del título 19 \' antes 
del 20 poner la fecha 1907. 

En la página 930, agregar al título 60: Citado 
por S. Recasens e]i "La analgesia en el parto nor- 
mal". 

En la misma i)ágina y al título 61 : Citado por 
Vieira Marcondes. (Véase "Traducciones"). 

Después del título 64 incluir los siguientes: 



1917 

65. — Un inventor del fórceps obstétrico. Revis- 
ta Medica Cubana, t. XXVIII, pág. 63-68. 

66. — Eritema medicamentoso complicando una 
parotiditis. Rcv. de Mcd. // Ch\ de ¡a Hah., t. XXII. 
pág. 157-159. 

67. — Nomenclatura médico-castellana. Rei\ de 
Med. y Cir. de la Hah,, t. XXII, pág. 516-519, y Fer. 
Med. de Sevilla. 

68. — Nuestra Prensa v las sociedades médicas. 
Rev. de Med. y Cir. de la Hah.. t. XXII, p. 537-540. 



ACADEMIA DE OIENÓIAS DE LA HABANA 3^5 



69. — 'Doble operación cesárea por pelvis oblicua 
coxálgica. Bev. de Med. ij Cír. de la Hah., t. XXII, 
pág. 587-593, Aucdr.s de Ja Academia de Ciencias, etc., 
t. 1jI\ , pág. 340 y además en el Joiir. of Amer. Med. 
Assoc. de Chicago, y The Ama-. Jour. of Obstetrics 
de New York. (En colal)oración con el Dr. J. A. 
Fresno). 

1918 

70. — El tacto por vía rectal en obstetricia. Rec. 
de Med. ij Cir. de Ja Hah., t. XXIII, pág. 41-44. 

Este trabajo fué extractado en e] Jour. of The 
Amer. Med. de Chicago. 

71.— El Dr. Eurique Núfiez. Rer. de Med. y Cir. 
de la Hah., t. XXIII, pág. 112-117. 

72. — La publicación simultánea de trabajos ori- 
ginales. Rev. de Med. y Cir. de la Hah., t. XXIII, 
pág. 135-137. 

73. — El líquido mamario del recién nacido. Rev. 
de Med. y Cir. de la Hah., t. XXIII, pág. 321-343. 
Anales de la Academia, etc., t. LIV, pág. 634-659 y 
extractado en The Jour. of The Amer. Med. Assoc. 
de Chicago, y en The Amer. Jour. of Ohstetrics de 
Xew York. 

74. — índice Médico Bibliográfico de Cuba. Rev. 
de Med. y Cir. de )a Hah., t XXIII, pág. 369-372. 

75. — La excitación cardíaca. Rev. de Med. y Cir. 
de la Hah., i. XXIII, pág. 531-542. 

1919 

76. — El seguro de vida en obstetricia. Rec. Cu- 
bana de Obstetricia y Ginecología, i. I, niim. 4, pá- 
ginas 183-186. 

77. — En el estado actual de la Ciencia ¿puede de- 
terminarse dónd(^ residen las sensaciones del hambría 
V de la seá^. Rev. de Med. y Cir. de la Hah., t. XXIV, 
pág. 289-313, 327-346. AualcM de la Academia, etc., 
t. LVl, pág. 58-112 y además en folleto y en Archi- 
vos de Medicina interna. Habana, y extractado en 
The Jour. of The Amer. Med. A.'isoc. de Chicago. 



37li ANALES DE LA 



78. — La tendencia quirúr2:ica en la Obstetricia. 
Rev. de Med. ij Cir. de la Hah., t. XXIY, P. 369-379, 
y Ancdes de la Academia, etc., t. LVI, pág. 117-129 
y extractado en The Joitr. of The Amer. Med. Assoe. 
de Chicago. 

79. — El Dr. Abraliam Jacobi. Eev. de Med. y 
Cir. de la Hah., i. XXIY, pág. 503-507 y Anales de 
la Academia, etc., t. LVI, pág. 154-157 (véase en el 
mismo tomo pág. 293-297, donde se hace constar que : 
"Por un error de imprenta dejó de publicarse ínte- 
gro este trabajo, que ahora se reproduce"). 

1920 

80. — Influencia de la dieta sobre el desarrollo fe- 
tal. Bev. de Med. ij Cir. de la Hah., t. XXY, p. 159- 
169 y Anales de la Academia, etc., t. LVI (no LVII 
como aparece en la cubierta del número correspon- 
diente), pág. 386-397 y además Bev. Cuh. de Ohst. ij 
Ginec, t. II, pág. 53-65. 

81. — Plan de ima campaña sanitaria contra el 
paludismo en la República de Cuba. Bev. de Med. y 
Cir. de la Hah., t. XXV, pág. 259-293-299-329, Anales 
de la Academia, etc.. t. LA^I, pág. 36-108 y además 
en un folleto. 

82. — Higiene alimenticia de las embarazadas. 
Rev. de Med. y Cir. de la Hah., t. XXV, pág. 481-185. 

En la página 931, en el capítulo "Traducciones", 

agregar : 

(^ — Metrorrexias provocadas por uso indebido 
de la pituitrina. Por el Ur. Vieira Marcondes en 
Annaes Paidistas dr Medicina e Cirugia de Sao Pau- 
le, Brasil, 1916, v la traducción en ?iev. de Med. y 
Cir. de ya Hah., i. XXI, pág. 330-332. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ;'.í? 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 11 DE FEBRERO DE 1921 



Presidenfc: Dr. Juan Santos Fernández. 

Secretario: Dr. José A. Fernández Benítez. 

Académicos concurrentes: Dres. : G. Alonso Cuadrado, R. 
de Castro, F. Torralbas, L. Morales. AI. Rniz Casabó, C. de la 
Torre. 



Leída el acta de la sesión anterior (28 de enero) no pudo 
aprobarse por falta de quorum. 

El Dr. Juatv Santos Fernández da lectura a un trabajo ti- 
tulado NUESTRA CULTURA CIENTÍFICA ACTUAL, CU el que estudia 
detalladamente el desenvolvimiento de la ciencia en nuestro país 
desde los más remotos tiempos hasta la actualidad, haciendo mul- 
titud de citas de gran valor histórico. 

El Dr. Federico Torralbas pide la palabra y felicita al 
Dr. Santos Fernández y a la Academia por el nuevo esfuerzo 
realizado por su distinguido Presidente. 

Concedida la palabra al ingeniero Sr. Juan M. Planas des- 
pués de dar las gracias por la atención que se le dispensa de- 
jando oii" su palabia cu el recinto de esta corporación, hace un 
estudio muy detallado de las reglas a que obedece la traslación 
de los ciclones demostrando más de una vez el valor de las ob- 
servaciones del eminente jesuíta Padre Viñes, que perteneció a 
esta Academia, estimando que a pesar del tiempo transcurrido 
y de los adelantos con que actualmente cuenta la ciencia meteo- 
rológica, hay que aceptai' que los li-abajos del repetido sacei-- 
dote tienen que admitirse como ciertos y verídicos. 

El Dr. Santos Fernández felicita al Si-. Planas y le da las 
gracias por haber traído a la corpoi-ación un trabajo tan inte- 
resante. 



;í7S ANALIS DE LA 



RI l)r. fcdcrivo Tnrralhas felicita igualmente al Sr. Pla- 
nas no tan solo por su interesante trabajo sino por la evocación 
que hace del Padre Viñes a quien se debe, agrega, todos los co- 
nocimientos en Cubci en esta materia. 

El Dr. Gastón Alonso Cuadrado dice que en tiempos de la 
colonia y residiendo en Holguín tuvo ocasión de comenzar unos 
trabajos sobre las altas y bajas l)arométricas. habiendo con tal 
motivo en varias ocasiones que estuvo en esta capital visitado 
al Padre Viñes, del cual recibió importantes consejos. 

La presidencia concede la palabra al Dr. Gastos Alonso Cua- 
drado, el que da lectura a su tra])ajo la srnsTAXciA material 

V LA HIPÓTESIS. 

El Di". Santos Fernández felicita al ür. Cuadrado por su 
laboriosidad y siendo la liora muy avanzada dio por terminada 
la sesión. 



ACiAéÉMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA :i7t) 



NUESTRA CULTURA CIENTÍFICA ACTUAL 



POR EL 



DR. J. SANTOS FEFÍNANDEZ 



(Sesión del 11 de febrero de 1921). 



Es difícil que en el bi'e\e tienipu de que dispon- 
go, pueda desarrolla!- el tenia escogido ''Nuestra cul- 
tura científíca actuar' ])ara cumplir el deber de di- 
rigiros la pala])ra (|iie el cargo me impone, para enal- 
tecer esta Academia de Ciencias Médicas, Físicas y 
Naturales, creada por el egregio varón Dr. Nicolás 
José Gutiérrez. El fué justamente uno de los que 
han echado los cimientos de nuestro progreso actual, 
como tendré oportunidad de señalarlo, sólo a gran- 
des rasgos. 

Es incuestionable que los territorios rodeados 
23or el mar, como ocurrió con los que un día florecie- 
ron en Grecia, mantienen en sus hijos cierta vitali- 
dad mental, superior a la que se observa en los con- 
tinentes como regla general. Así se explica que la 
Isla de Cuba con una población tan poco exuberante, 
(jue después de más de cuatro siglos de descubierta, 
no pasa de dos millones y medio de habitantes, haya 
mostrado siempre una relativa mayor actividad que 
el resto del continente hispano-americano, más fre- 
cuentado por los em-opeos durante los primeros tiem- 
pos que siguieron a la conquista. Esta isla, aunque 
la mayor de las muchas que forman el archipiélago 
de las Antillas, er;i a lo más, higar de ])arada, hacia 
el Avalíuac que atrajo desde el primei' momento \i\ 
atención de los con([uistadores, después (|ue (N)rtés 
desde Cuba partió para con(|uistar el gran imperio 
de los Aztecas. 



380 ANALES DE LA 



Puede decirse, eoiiio sabéis, que hasta tines del 
sigiu XVIII poco después de la toma de la Habana 
en 1762, ni pov su población ni por sus instituciones 
signiñcaba nada en el concierto de las ciencias. Des- 
pués de la toma de la Habana que mitigó, de cierto 
modo, el aislamiento en que estaba la isla, no solo 
para el extranjero, sino con la misma metrópoli; pues 
se cometió el error, tenido entonces como medida sa- 
bia, de limitar las transacciones, sólo a determinados 
puertos de la nación, excluyendo desde luego a los 
extraños. La Habana, sobre todo, exteriorizó pronto 
las ventajas de su posición geográñca después de es- 
te suceso; pero hasta 1790, veinte y ocho años más 
tarde de la pasajera ocupación inglesa del territorio, 
(*uando desempeñ(') el gobierno de la isla, el General 
D. Luis de las Casas y Aragorri, de 1790 a 1796, no 
experimentaron las ciencias impulso alguno; pero 
este hombre excepcional será siemjn'c recordado con 
respeto y admiraciíhi, jx/rque como añrma la Histo- 
ria, ni antes ni después, gohernante alguno le superó 
en honradez y en amor al progreso en todos sentidos. 
Es un sarcasmo quo su memoria esté solamente evo- 
cada en una estredia, corta y tortuosa calle de la ca- 
pital. Sin embargo a él se debe la primera manifes- 
tación de la Prensa en Cuba, pues fundó el '^P'apel 
Periódico" en 1792, siendo redactor del mismo, con 
Romay y con Zequeira, el primero médico, abogado 
V orador v el segundo literato v en sus mocedades 
militar técnico. 

Contribuyó Las (^asas a la ediíicación de la Casa 
de Benefícencia, (¡u(^ milagrosamente ha llegado a 
nuestros días y fué ideada por el Obispo cubano Pe- 
ñalver. 

La obra magistral de [jas Casas, fué la funda- 
ción de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, 
que aun existe después de casi una centuria y media 
de productiva labor. 

Esta Sociedad, fué el único centro de las ciencias 
durante el final del siglo XVIII y la primera mitad 
del siglo XIX hasta que en 1861 apareció la Acade- 
mia de Ciencias ^lédicas. Físicas v Xaturales de la 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA r!81 



Habana, que asumió la representación legítima de 
éstas. 

Si la Sociedad Económica de Amigos del País 
no tuviera otra gloria que haber contribuido con Las 
Casas a la formación del nuevo censo que dio para la 
Habana una población de 37 mil almas, sería suficien- 
te para honrarla, así como al General Las 'Casas que 
lo llevó a efecto, porque la estadística, es la base pri- 
mordial de toda manifestación de cultura en un 
.^ pueblo. 

El Dr. Tomás Romay y (Uiacón llenó con su sa- 
ber y patriotismo, e] final del siglo XVIII y casi la 
mitad del XIX i)orque alcanzó la dilatada edad de 
85 años. Sintióse gran vacío al extinguirse este ver- 
dadero sabio e insigne patriota, al que se debe la in- 
troducción de la vacuna en 1804 y ele acuerdo con el 
01)is])o Espada y Lauda, la creación del primer Ce- 
menterio en 1806. así como la pro])agación de aque- 
lla por toda la Isla, valiéndose de las parroquias. 

Al enferuíar gravemente el ilustre Obispo Don 
Juan José Díaz de Espada y Lauda que curaba el 
Dr. Eomay, también ya en extremo achacoso, confió 
la asistencia del prelado, al Dr. Nicolás José Gutié- 
rrez, que entonces tenía 32 años ,v gozaba de una gran 
i'eputación. Desaparecidos poco después el Dr. I?o- 
may y el Obispo Espada, vióse privado el país de] 
concurso de dos hombres eminentes que tanto habían 
hecho en favor de las ciencias y parecen olvidados 
por la generación actual, pues los nuevos hospita- 
les llevan nombres de generales y ninguno el de Ro- 
may, cuyo nombre no pido para un cuartel, ni mu- 
cho menos para una fortaleza. Quedó de hecho Gu- 
tiérrez, desaparecido Romay, como la más alta rei^re- 
sentación del saber en el segundo v tercer cuarto del 
siglo XIX. 

Había recibido Gutiérrez una instrucción nmy 
completa, la que evidenció siempre que fué necesa- 
rio, y en un viaje extenso por los Estados Unidos y 
Europa, logró hacerse cargo de todas las conquistas 
de las ciencias médicas de entonces, que introdujo en 
su país, al volver todavía relativamente Jo\-en. 



382 ANALES DE LA 



Cuando baldía alcanzado el primer puesto, legíti- 
inanicnte ,L>anado y tuvo oportunidad de recoger el 
fruto material de sus sacrificios, se retiró del ejerci- 
cio de la prr;t'esióu y obturo no sin grandes dificulta- 
des, la fundación de esta Academia de Ciencias Mé- 
dicas, Físicas y Naturales que venera su memoria, 
después de n]uclios años de haber dejado de existir. 
Ya con un núcleo como el i]ue contiene esta Institu- 
ción (jue sirve al Estado, sobresalieron hombres como 
su priiuer Seo-cíario I)r. Ramón Zambrana, y má* 
tarde el (¡ue lo fué también, Dr. Antonio Mestr'e, 
Poe^y y muchos más que no enumero ni avaloro para 
no dar dimensiones exageradas a estas líneas; pero 
que han pasado a la posteridad, por su labor consig- 
nada en los Anales de la Corporación. Basta dejar 
sentado ([ue la Academia de (^iencias Médicas, Físi- 
cas y Naturales, fué creada en la Habana, no obstan- 
te ser (^iba una simple colonia, algunos años antes 
que la de Medicina de New Yoi'k. Esto revela la vi- 
talidad intelectual de este pequeño país. 

La ^'ida de la Academia, estuvo a punto de ser 
efímera, porque nuiy ]jocos años después de estable- 
cida, estalló el movimiento de Yara, en 1868, que dis- 
persó los elementos que la constituían en su ma.yoi'ía. 

Había languidecido por completo la Medicina en 
Cuba y la guerra lo dominaba y aniquilaba todo. En 
estos momentos surgió como medida reparadora, una 
especie de renacimiento al crearse de manera insó- 
lita, pero firme y duradei-a esta vez, la Prensa Mé- 
dica en C^uba, que en tiempos pasados, fué el prime- 
ro en crearla en 1840, el Dr. Nicolás José Gutiérrez, 
por lo cual se le considera como el fundador de la 
Prensa Médica y de la Academia de Ciencias; más 
su periódico el ''Repertorio Médico Habanero" la 
primera publicación de este género, repetimos, que 
vio la luz en Cuba, apenas llegó al segundo año de 
vida ocurriéndole lo mismo, a los que ])or aquella épo- 
ca le siguieron. 

Era aventurado crear un nuevo periódico de me- 
dicina con precedentes históricos tan desfavorables; 
pero era una necesidad, y en 1875, al empezar el ter- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 383 



eer cuarto del sigio décimo iioiio, cuando ardía aún 
la primera guerra por la independencia, aparece la 
"Crónica Médico Quirúrgica de la Habana", que ha 
llegado hasta nuestros días, sin interrupción, después 
de entrar en sus 47 años de existencia, hecho sorpren- 
dente en nuestro medio social. 

Hay fenómenos psíquicos que están solo basados 
en el vigor de la juventud, cajjaz de enfrentarse con 
los mayores obstáculos, y este fué uno de ellos. Jun- 
to al creador o creadores de la publicación "Crónica 
Médico Quirúrgica'*, se agruparon los jóvenes que 
ardían en deseos de progresar y les secundaron al- 
gunos de los colegas cj^ue habían vuelto del extranjero. 

Terminada la primera guerra, su colaboración 
se aumentó, y era de admirar el entusiasmo con que 
se laboraba, sin más compensación, que lo satisfac- 
torio del deber cumplido e impuesto voluntariamen- 
te, en aras del patriotismo y de las ciencias. Los por- 
tentosos descubrimientos de Pasteur enardecieron a 
la Redacción de la Crónica Médico Quirúrgica y en- 
vió a París una comisión de sus colaboradores, cjue 
importaron en Cuba, antes que lo hicieran otros paí- 
ses, la bacteriología, la vacunación antirrábica y 
cuantos descubrimientos surgieron por la iniciativa 
del gran francés (jue franqueó sus conquistas a los 
países del mundo, con un desinterés que solo ha sa- 
bido tenerlo, la nación creadora un día, de los dere- 
chos del hombre. 

En el Laboratorio Histo-Químico Bacteriológi- 
co, inaugurado en la Quinta de Toca el 8 de mayo de 
1887, se formaron los hombres que después llevaron 
su saber a la Universidad y a todos los centros de cul- 
tura del país, y fueron un verdadero elemento de ayu- 
da que encontró el Gobierno Interventor, al estable- 
cer la Sanidad, indispensable en la República. Con- 
tribuyeron al moinnnental descubrimiento de la pro- 
filaxis de la fiebre amarilla por el gran Finlay que 
ha asombrado al mundo. 

Después del período de Intervención, se entró en 
plena República con la Secretaría de Sanidad, esta- 
blecida más tarde, mostrando con esta determinación 



384 ANALES DE LA 



(jiie ha sido Cuija, a pesar de su pequenez, sin embar- 
go, mucho mayor territoriahueute que Bélgica, la na- 
ción ([ue primero lia establecido, sin que le hayan 
imitado las demás, la Secretaría o Ministerio de Sa- 
nidad, es de<-ii', (jue el encargado de la Sanidad, o de 
la salud pública, solo tenga que entenderse con el Pre- 
sidente de la Re]JÚ])]ica, en los Gobiernos en que, co- 
mo en los Estados Unidos, así está establecido que 
lo hagan los Secretarios y en las otras naciones con 
las Cámaras; ])ero que el encargado de la Sanidad no 
dependa de un departamento, de una Secretaría, vg. 
de la de Goljcrnación, como si mantener la salud en 
una nación, fuera cosa de menos valor que restable- 
cer el orden público si fuese necesario. Esto lo pue- 
den obtener un puñado de policías o de soldados; pe- 
ro una epidemia, vg. de peste bubónica, no la con- 
tiene miles de ametralladoras y de cañones, sino las 
medidas que exige la ciencia en este punto. Ya tuvi- 
mos oportunidad de evidenciarlo en el brote de bu- 
bónica, ([ue apareció no ha mucho en la Habana. 

Ha pasado la época en que los asuntos de Sani- 
dad, se los confiábamos íntegros a Alá, y que se gas- 
taban cuarenta mil pesos en estudiar el mérito de un 
fusil o de un cañón, y dolía emplear diez mil para 
e^'itar cualquiera epidemia, olvidando que no hay di- 
nero cuyo reintegro o compensación se obtenga más 
pronto que el que se gasta en atender la salud públi- 
ca, cuya alteración lo perturba todo, empezando i3or 
el trabajo y la tranquilidad. 

Nuestra Sanidad tiene bajo su inspección, la dis- 
tril)ución de aguas potables de la capital y fuera de 
ella y lucha sin descanso, por hacer ({ue Obras Públi- 
cas las atienda. Del mismo modo se dirige a los po- 
deres públicos, para evitar la inmigración pernicio- 
sa que nos invade, y 23rocura premiar el perfeccio- 
namiento de la maternidad- 
Igualmente extiende su tutela a los Laboratorios 
oficiales y privados en que se trabaja hábilmente y 
a las Casas de Salud de los Centros Regionales que 
son numerosas v bien montadas, constituvendo una 
garantía para el i^roletariado, que no se conoce en 
otros países. A los Sanatorios particulares (pie ])ue- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 3 SI 



den competir con los mejores del extranjero, y tie- 
nen a su frente autoridades médicas y quirúrgicas de 
reconocida comx3etencia y son todos estos estaldeci- 
mientos y otros más una garantía para la salud pú- 
blica, estereotipada en este sencillo episodio- Una 
señora que llegó de Europa y nos consultó como ocu- 
lista, en el curso de la conversación establecida, nos 
dijo: Doctor, "en este país se cuidan más que en 
otras partes de que las personas no enfermen o mue- 
ran" sin duda, se refería a las prácticas del puerto 
para evitar la introducción de enfermedades y a las 
medidas locales para evitar la propagación del mos- 
quito, etc., etc. 

Ahora bien, dirigiendo nuestras miradas a los 
Centros docentes, no vamos a decir que hemos con- 
seguido el ideal ; empezaremos i)or consignar que es- 
tá muy mal dotado el profesorado para la labor bru- 
tal que se le asigna ; pero desde luego es honorable 
y se esfuerza por cumplir sus altos deberes, en una 
sociedad ]30co uniforme, como se evidencia en lo abi- 
garrado de los alumnos, cuyo número hace estrechas 
las aulas y puede jU'ovocar la desesperación del más 
sabio maestro. 

No se ha tenido en cuenta en el país la recomen- 
dación formulada por el ex-]3residente Tafft, cuan- 
do nos visitó poco después de establecida la Repú- 
blica; respecto a no seguir sólo los estudios, de mé- 
dicos, abogados y farmacéuticos, sino también aque- 
llas carreras que propendiesen al desarrollo de la in- 
dustria, del comercio y de la agricultura del país. Si 
se hubiese tenido esto en cuenta, no se verían las ofi- 
cinas del Estado, servidas por hombres de carrera, 
que no la necesitan para desempeñarlas. 

8e ha confirmado nuestro aserto, al inaugurarse 
hace poco en los salones de esta Academia ])or el pro- 
fesor Everrett W. Lord, de Boston, la Escuela de Co- 
mercio de la Habana, de lo que del)emos felicitarnos. 

A pesar de todas estas dificultades y las que na- 
cen de la necesidad de hacer cada vez más objetivos 
los estudios, vemos cómo brotan alumnos (pie ayer 
ocupaban las aulas y hoy sorprenden por su contri- 



386 ANALES DE LA 



l)ucióii a los Congresos Médicos, por sus trabajos en 
la Prensa Médica, que ba llegado a un grado de per- 
feccionamiento que es de admirar en una nación mi- 
núscula como la nuestra ; pero dotada de antiguo de 
un amor al estudio que se delata en los bombres de 
mérito que cuenta. En la Sociedad de Estudios Clí- 
nicos, por ejemplo, pueden aquilatarse no sólo pvo- 
fesores que se lian creado ya una sólida reputación 
en las diferentes especialidades de la carrera sin que 
sus sienes blanqueen, ni muclio menos, sino que bas- 
ta se ven jóvenes alumnos todavía, cuya competencia 
y dedicación a las penosas faenas de la Medicina, son 
un augurio de que serán buenos maestros mañana. 

;0 somos muy optimistas o estamos en lo cierto 
al observar durante nuestra larga vida científica que 
el médico se ba perfeccionado entre nosotros, de mo- 
do admirable. Siempre rechacé la creencia de aque- 
llos ancianos pesimistas, los que suponían que la cien- 
cia tenninaría con ellos! Esto es ilógico, porque si 
así fuese, ya éstas, y las artes, y todos los conocimien- 
tos humanos, se hubiesen extinguido. Con razón ha 
dicho un pensador moderno. ;Ay de nosotros si el 
discí^Dulo no superase al maesti-o ! Y así tiene que ser. 
Cada día se trata de darle al alumno la ciencia últi- 
ma, lo que más le convenga para jjrogresar después 
por su cuenta, de modo que con un ])Oco de esfuerzo 
más tarde, él puede perfecciona]- la o]n*a del maestro, 
y hasta superarla un día. 

Nos complacemos amenudo, viendo las manifes- 
taciones de los jóvenes maestros en la plenitud de sus 
facultades intelectuales, y a tantos jóvenes médicos 
que por su amor al ti'abajo se destacan cada vez más. 
No los enumero, porque tendi'ía que citar muchos 
nombres y alguno pudiera dejar de anotarlo, a pesar 
de mi buen deseo. La juventud descubre fácilmente 
al anciano, porque es un árbol que no cambia ya-; pe- 
ro a los jóvenes, no es fácil conocerlos, desde la pri- 
mera vez que se les observa y se les estudia, porque 
están en la priniavej-a de la vida y ofrecen diferentes 
matices, como las hojas de los árboles; pero su pre- 
sencia, parece que nos rejuvenece y los bendecimos; 
son los portadores para el ])orvenir de la ciencia que 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA ;!,S7 



les eiiairora y atrae como elemento ])ieiiliechor de la 
humanidad. 

No he de fatigaros más, nuestra cultura cientí- 
ñca actual, es consoladora, es la consecuencia del es- 
fuerzo que en todos los tiempos ha demostrado el 
médico en Cuba, por instruirse y alcanzar la mayor 
competencia. No dudamos que todo cuanto hemos elo- 
giado, sea susceptible de mayor perfeccionamiento: 
pero más de una \ez hemos visto, recorrer algunos 
enfermos las naciones en que hay mayores elementos 
que en la nuestra, sin recibir diversa información, de 
la que obtuvieron de los profesores cubanos. 

Lo expuesto no quiere decir que debemos dormí i*- 
nos en las delicias de Capua ; aun cuando se hubie- 
se llegado a la mayor altura, nmy al contrario, hay 
que estar con el arma al hombro, si se quiere acei*tar 
en el estudio de todo: las artes, y las ciencias; pero 
la Medicina es la que más o])liga a estar con el ojo 
avizor, porque viene su auxilio de todas partes, y hay 
(|ue estar prestos a recibirlo. Se impone estar al co- 
rriente de todos los conocimientos humanos, porque 
no hay descubrimiento ni avance que no tenga su eco 
en las ciencias médicas, en beneficio del sujeto en- 
fermo. 

La Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Na- 
turales de la Habana que como dejamos dicho, ha si- 
do uno de los cimientos del edificio del progreso del 
día, no olvida su deber y se complace en estimular 
siempre a la juventud estudiosa, ávida de los mayo- 
res empeños y a la que aplico una vez más, lo que es- 
cribió el más inspirado poeta, que la cantara cou ele- 
vado estro, el gran Quintana. 



588 ANALES DE LA 



LA TRASLACIÓN DE LOS CICLONES 

PQR EL 

INGENIERO SR. JUAN MANUEL PLANAS 



(Sesión del 11 de febrero de 1921). 

Peiiiiitidme, ante todo, daros las gracias por 
Nuestra benevolencia. Y sea, en su mayor parte, mi 
agradecimiento para el ilustre Presidente de esta doc- 
ta Academia, el primer centro científico de mi país, 
que me lia exhortado a hacer de palabra lo que desde 
hace largo tiempo üevo liaciendo por escrito. Inicia- 
do en los principios de algunas ciencias, que no por 
seductoras dejan de ser espinctsas y erizadas de obs- 
táculos ; alumno de luia Univei-sidad que por sus hom- 
bres y sus métodos se liabía cubierto de gloria antes 
de la última y nefasta guerra, y a la que no faltaba 
más que el martirio engendrado en sus muros des- 
truidos por las hordas invasoras, y la coronación del 
humo y de las llamas del incendio que en 1914 aho- 
gaba la libertad en uno de sus más poderosos baluar- 
tes; discípulo de hombres que llenaron con su saber 
los anales de su patria, haciéndola grande, imperece- 
dera, respetada pcír propios y extraños, y que en el 
libro de la Historia han dejado sus nombres graba- 
dos con letras de oro. v cuvas obras se conservan ^• 
se A-eneran en las bibliotecas de los que siempre quie- 
ren aprender en la inter})retación de los hechos y de 
los misterios de la naturaleza y de las ciencias ; aficio- 
nado desde mi juventud a enseñar lo que aprendo, 
jne vanagloriaba siempre de haber sostenido con vi- 
gor en nuestra patria adorada una campaña de vul- 
garización de conocimientos, camjDaña escrita, de la 
que algunas de nuestras mejores revistas periódicas 
clan fe, y que no por desconocida para el gran públi- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA .ÍSVt 

co ha dejado de ser apreciada, desde luego en su jus- 
to y modestísimo valor, por el Di-. Juan Santos Feí - 
iiáiKloz, a quien quiero en esta opasión dar doblenieu- 
t(* las g-raeias, por su extrema amabilidad al invita i'- 
tiie a leer ante vosotros, que representáis los más al- 
tos valores intelectuales de mi j^atria, uno de mis tra- 
lca jos de vulgarización, y por la gran ayuda, por el 
eíicaz auxilio que siempre me ha ) crestado, cuando uw 
iia A'isto acometer alguna de las empresas a las cua- 
les es dado mi aventurero espíritu. 

Una de las ciencias a que he dedicado í^on más 
fervor y entusiasmio mis horas de pertinaz vigilia, y 
iriis métodos de observación y de estudio, es esa cien- 
cia tan vasta, como grande es la superficie de los ma- 
res; tan profunda, como hondos son los abismos que 
los océanos ocultan ; tan bella, como diáfano y poéti- 
co es ese azul que entre encajes de esj^imia contem- 
plamos en las rizadas aguas del Golfo; tan cubierta 
de obstáculos, como |)()bladas de escollos amenazado- 
res para los navegantes están las costas de todos los 
continentes y de todas las islas; y tan llena de hala- 
gos a la curiosidad científica, como millones encierra 
de seres extraños, defonnes, monstruosos, bellos, apa- 
cibles, iracundos, inofensivos, valientes, gigantes y 
uiicroscópicos, que pueblan las cavernas abisales. 

Esa gran ciencia de los mares, la Oceanografía, 
está imida a otra, tan importante, que la completa en 
sus más íntimos det?lles, y que es la Meteorología. 
Xo se puede hablar del océano, en toda su inmensa 
majestad, sin recordar su ira y su soberbia, sin evo- 
car al punto las fieras tempestades que lo recorren, 
la evaporación de sus aguas, que se transforman en 
lluvias, la luz que en resplandores rojizos ilumina los 
casquetes helados n^ los incomparables panoramas 
que alumbran las anroras de los polos. La ciencia d«* 
los inares y la ciencia de la atmósfera se compene- 
tran, se auxilian, y son en suma como los reinos que 
forman el imperio más vasto y más rico en problemas 
de cuantos constituyen los dominios del hombre. Pi'- 
ro de las dos hermanas, la más llena de misterios, que 
parecen impenetrables a los ojos escrutadores de los 
sabios es sin duda alguna la (|uc s(^ refiere a los ma- 



390 ANALES DÉ LA 



i-es. Es más difícil llegar a los profundos aJñsmos 
del oeéano, (jue escaJar una helada cumbre de los Al- 
pes, o medir desde lejos los picos más elevados de la 
í'ordillera andina. 

Y es en esta conexión de ideas entre las dos STan- 
des ciencias, que he encontrado (d tema que pretendo 
desar]'(dlar ante vosotros, sin más interés que el que 
pueda dar a mi asunto la situación geográfica tan es- 
pecial de nuestro país, colocado en inia regi()n del 
océano donde son legendarios los distur])ios periódi- 
cos de la atmósfera, y donde una de Jas grandes co- 
rrientes, de los ríos marinos que se dilatan al través 
de los anchos mares, circunda nuestra encantadora 
isla, aprisionándola en el zafiro de sus rizos. Si exa- 
mináis conmigo un mapa de la circulación oceánica, 
advertiréis en seguida la Corriente del Golfo, el Clulf- 
fStreani de los americanos, que penetra en el golfo de 
México por el estrecho de Yucatán, y sale al océano 
por el canal de la Florida. Y a poco que reflexionéis, 
notaréis que esta cui-va, descrita por la gran corrien- 
te al doblar el cabo de San Antonio, tiene forzosamen- 
te una forma parabólica que se asemeja en un todo a 
la forma pa]*ab(')lica de la curva que en su trayecto- 
Ida describen los cicdones desvastadores que de año en 
año nos visitan. Con estas palabras os he anunciado 
el tema de mi escrito : os a'ov a hablar de la traslación 
de los ciídones, de la trayectoria que describen en su 
rápida y fantástica marcha. 

Lejos de mí está la pretensión de querer ense- 
iKiros lo que es un ciclón. Harto bien lo sabéis; que 
no en vano nie ha ])recedido en esta tribuna, a largos 
años de distancia, lui benemérito varón que irradió su 
saber en esta Academia, narrando sus nuiltiples ob- 
servaciones, haciendo interesantes y especiosas deduc- 
ciones, y dando con su palabra fácil un nuevo giro al 
estudio de los huracanes tropicales. Fué el P. Yiñes 
un hoíiibi'c como pocos, sabio escrutador de la natu- 
i'cüeza, (juc consagró su vida al estudio de los fenó- 
menos (]üe nos ocupan, y cpie llegó a tener tal golpe 
de vista, y a poseer un poder deducti^'o tan bien des- 
arrollado, que sólo (*on voh'ei- los ojos en su derre- 
dor, en medio de la sabana inculta e inhospitalaria. 



AOADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 3Ó1 

adivinaba en los palmares caídos y en las maniguas 
muertas la velocidad del meteoro, las curvas secun- 
darias de su trayectoria, la inclinación del eje de la 
tormen.ta. Pocos estudios ha})rá tan completos como 
el análisis de las tres grandes tormentas, de septiem- 
bre de 1875 y de septiembre y de octubre de 1876, que 
en esta tribuna hizo el P. Viñes, analizando de paso 
las leyes a que obedecen los huracanes antillanos, y 
combatiendo las fantásticas teorías del astrónomo 
Paye, que pretendía, por una serie de singularidades, 
inverosímiles algunas, hacer llegar hasta nosotros, 
traducidas en efectos ciclónicos, las influencias de los 
astros. 

Mucho he aprendido en los escritos del P. Viñes. 
Mi horizonte de conocimientos se ha ensanchado a su 
lectura ; y hoy, en que por \ez primera, y por un ho- 
nor tanto más agradecido por mí, cuanto más inme- 
recido, se levanta mi modestísima palabra en este re- 
cinto, quiero rendir un homenaje a aquel hombre sa- 
piente que hizo tanto ]:>ien a Cuba con sus investiga- 
ciones, Y deplorar que con su muerte desaparecieran 
las pesquisas basadas en hechos concretos y en el ver- 
dadero análisis de los fenómenos de la naturaleza. 
Sin tratar de analizar profundamente los trabajos 
del P. Viñes, dándolos por conocidos de mis benévo- 
los oyentes, sólo he de retener de sus estudios la ad- 
mirable compensación mecánica de que nos habla en- 
tre un ciclón y uno o más anticiclones, la traslación 
en curva de forma parabólica; y la inclinación del eje 
de la tormenta, de tal manera que en el borde peli- 
groso, o sea en la concavidad de la trayectoria, a pe- 
sar de sumarse dos velocidades, los efectos desastro- 
sos del meteoro eran a veces menos intensos que en el 
borde externo, cosa sólo explicable jiorque el cuerix» 
de la tormenta giraba inclinado hacia afuera, de mo- 
do que su borde interno, elevándose más que el exter- 
no, pasaba más lejos del suelo. En estas dos últimas 
cosas me detengo, porque ellas me ayudarán, l:)asán- 
dome en las teorías modernas de la Or-eanografía, a 
explicar de manera clara y suficiente el por qué de la 
trayectoria ciclónica en forma aparente de parábohi. 
Pero, permitidme antes que pase en i-evista, sucinta 



o92 ANALES DE LA 



y escuetamente, varias de las diversas teorías que en 
tiempos más o menos lejanos se forjaron los sal)ios 
para interpretar los hechos. Todas se condensan en 
el principio que en Mecánica rige lo que es ley de 
movimiento. El calor se convierte en trabajo, y e¡ tra- 
bajo se convierte en calor. He aquí todo. Teoría tér- 
mica, y teoría mecánica. El más ardiente defensor 
de la primera fué el americano Ferrel, según el cual 
el calentamiento de una región es la i'mica causa ge- 
neradora de los fen(5menos ciclónicos, explicada tan 
sólo por medio de los centros de baja presión debidos 
a un exceso de temperatura. Según la teoría de Fe- 
rrel no hay rotación sino cuando hay primero calen- 
tamiento y depresión. Si, además, el aire es húme- 
do, como sucede en las regiones ciclónicas, situadas 
todas cerca del mar, el movimiento de aire caliente 
persiste, y la condensación del vapor contenido en el 
aire ascendente restituye parte del calor que se piei-- 
de por enfriamiento. Como veis, esta teoría no ex- 
plica más que la rotación, pero no la traslación de 
los ciclones. 

El defensor de la teoría mecánica fué el ilustre 
astrónomo francés Faye, tan combatido como meteo- 
rólogo por el P. Mñes, y, según el cual, los ciclones 
nacen en las altas regiones del aire, y bajan hasta el 
suelo. Las moléculas gaseosas, así en movimiento, 
constituyen un sistema. ajeno a todas las influencias 
vecinas del suelo. Esta teoría está en contradición 
con la existencia riel mínimum de presión polar, por- 
(|uc a un movimiento descendente del aire correspon- 
de siempre mía mayor presión. El P. Viñes refutó 
de manera ))rillaiitísima la teoría de los remolinos 
descendentes de Faye, según el cual, los vientos mar- 
'•lian en círculos, no en espiras centrípetas (pie los 
hacen converger hacia el vórtice. 

Otros nombres ])ueden (escribirse en las páginas 
a esta cuestión dedicadas, y son: Espy, defensor del 
movimiento centrípeto directo y rectilíneo, según el 
cual, el viento, prescindiendo de la traslación del me- 
teort), se precipita en línea i'ecta hacia un punto o es- 
pacio detenninado : i?edfield, (]ue admite (jue los vien- 
tos, formando un \asto remolino, enti'an con veloci- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA W¿ 



dad creciente hacia el vórtice en grandes espiras con- 
vergentes, y aquí encontráis el argumento capital del 
P. Viñes; y Buys-Ballot, que lia dictado leyes basa- 
das en la experiencia, y no desmentidas por hechos 
posteriores. Pero, en todo lo examinado, no encon- 
tramos nada que nos diga el por qué de la traslación 
de los ciclones. Y tenemos que admitir, con el P. Vi- 
ñes y con otros, que esta traslacicui se debe tan sólo 
al movimiento de i-otación de la Tierra, y a una de 
las leyes que rigen en Mecánica, y por la cual un cuer- 
po en movimiento en el hemisferio boreal del Globo 
se desviará hacia su derecha, y en el austral hacia su 
izquierda. Esta ley es la que hace desviar, con virtién- 
dolo en convergente, el movimiento centrípeto admi- 
tido por Espy. Y (jueda así demostrado, y admitido 
por todos, incluyendo al pro])io P. Viñes, el movi- 
miento de rotación, en espirales que convergen hacia 
el vórtice, del meteoro ciclónico. 

Veamos ahora cómo la ciencia moderna traduce 
los hechos de la naturaleza, dándoles una inter23reta- 
ción adecuada, que satisface completamente al espí- 
ritu, en lo que a la traslación se refiere. 

Un gran sabio francés, Mauricio de Tastes, mo- 
desto, y olvidado durante mucho tiempo, fué el pri- 
mero que habló de la circulación atmosférica, tal co- 
mo es, V no tal como debiera ser. PIov su nombre es 
venerado por la ciencia, y los oceanógrafos y los me- 
teorólogos rinden un culto especial a su memoria. Se- 
gún de Tastes, por encima de las grandes corrientes 
marinas, y debido a su temperatura, hay grandes de- 
presiones, que son ^-erdaderas corrientes aéreas. Cir- 
cunscribiéndonos a nuestro hemisferio y. a nuestro 
país, por encima de la Corriente del Golfo circula una 
corriente del Golfo aérea, que es la que lleva a los 
países de Europa la humedad y la temperatura, cáli- 
da o templada, de que disfrutan. Este circuito aéreo 
se cierra sobre el continente europeo, prolongándose 
liasta el asiático. Y con él son cinco los grandes cir- 
cuitos atmosféricos, corr(\spondientes cada uno a una 
corriente marina. Como las corrientes marinas (pie 
his originan, estas corrientes aéreas (^ii'culan en el 
sentido de las manecillas de un reloj en el hemisferio 



IM ANAUEÍS Í)E LÁ 



boreal, en el sentido contrario en el hemisferio ans- 
tral. Las primeras son dos : la Corriente del Golfo en 
el Océano Atlántico, y la del Ivuro-Sivo en el Pacífi- 
co, entre América y Asia. Las otras, las del hemis- 
ferio Sur, son tres : una en el Pacífico, entre la Amé- 
rica del Sur y Australia; otra en el Indico, entre 
Australia y África ; y, por último, otra en el Atlán- 
tico, entre África y la América del Sur. 

Consideremos ahora una región del hemisferio 
Norte, propia de ciclones, una isla de las Antillas me- 
nores, 23or ejemplo. SuiDongamos que los dos circuí- 
tos aéreos, el del Kuro-Sivo y el de la Corriente del 
Golfo llegan en su elasticidad a tocarse por encima 
del continente. Supongamos cjue este contacto se pro- 
duce por una baja de presión, originada a su vez por 
un aumento de temperatura. En el momento del con- 
tacto, las moléculas de aire colocadas entre ambos cir- 
cuitos se animarán con un movimiento de rotación, 
que tendi'á un sentido contrario al de las manecillas 
de un reloj, deliido este movimiento al centro cicló- 
nico formado por el calentamiento, y a la influencia 
de los movimientos de los dos circuitos, ascendente 
en uno, en su extremidad occidental, descendente en 
el otro, en su extremidad oriental. Formado así el 
ciclón, el meteoro \ iajará llevado por uno de los dos 
circuitos. ¿Por cuál se decidirá? Li dudablemente, 
por el de la Corriente del Golfo, que en ese punto es- 
tá en su rama ascendente, más caliente, por salir de 
una región tropical del Globo, que la descendente del 
Kuro-Sivo, que viene del norte del Pacífico. El re- 
sultado es conforme con la teoría de Espy y con la 
realidad de los hechos admitidos por el P. Viñes. Por 
la disminución de presión que resulta de un aumento 
(le temperatura se forma en un lugar dado im centro 
ciclónico, hacia el cual se precipitan las moléculas de 
aire con un movimiento centrípeto y rectilíneo ; pero 
estas mismas moléculas, solicitadas por un par de 
fuerzas, que son las dos corrientes en sentido opues- 
to, de los dos circuitos generales, adquieren un movi- 
miento de rotación, que combinado con el rectilíneo 
centrípeto da por resultado el movimiento en espiras 
con\'ergentes hacia el vórtice, característico del ciclón. 



AÓASDEMIA Df. OIENÓIAS DE LA HABANA S9i 



El ciclón así formado viajará ¡Dor la corriente aérea 
del Golfo, rumbo a Europa, adonde llegará si antes 
no se disuelve en el Atlántico. 

En apoyo de esta teoría, enunciada por el pro- 
fesor Alfonso Berget, del Instituto Oceanógrafico de 
París, basado en la teoría de los circuitos generales, 
descrita tan admirablemente p(^r Mauricio de Tastes, 
existen los hechos siguientes. 

La trayectoria general del meteoro, prescindien- 
do de las curvas secundarias, afecta la fonna de una 
parábola, o, lo que es lo mismo, afecta más o menos 
la forma del rizo que hace la Corriente del Golfo al 
doblar la Isla de Cuba; el ciclón es un i'emolino, no 
se presenta sino en verano, en la región de bajas pre- 
siones, entre dos circuitos generales. 

Lo que hemos dicho referente a las corrientes del 
Golfo Y del Kuro-Sivo lo podemos aplicar a los otros 
circuitos, y así eiK-outramos que las regiones propias 
de ciclones son, además de las Antillas, y del norte 
del Atlántico, el mar de las Indias y el de Austrialia, 
y los mares de China y del Japón. En la parte meri- 
dional de la América del Sur no hay ciclones, a pe- 
sar de tratarse de una región comprendida entre dos 
circuitos generales, y ello se comprende por la barre- 
ra de separación (¡ae a su contacto se ofrece, consti- 
tuida por la cordillera de los Andes. Además, los 
ciclones no pasan de un hemisferio a otro, viajan X30r 
el circuito que por su fuerza les ofrece mayor faci- 
lidad. De esta teoría general, son como excepciones 
que confirman la regla los huracanes del golfo de Ben- 
gala, producidos por el cambio de dirección de los 
monzones, que obran, de acuerdo con lo previsto por 
Berget, como un par de fuerzas que engendran un 
movimiento de rotación. 

Explicada así, de una manera (|ue satisface al es- 
píritu, la causa de formacióu d(í los ciclones, y la fo)"- 
ma de aspecto parabólico de su trayectoria, sólo nos 
queda buscar en bis o])servaciones del P. Viñes un 
apoyo a esta teoría. Fácihnente lo encontramos en la 
inclinación del eje de la tormenta, y por consiguien- 
te del cuerpo mismo del meteoro, hacia el exterioi'. 
En efecto, la corriente aé]"ea por donde viaja el me- 



'\9(\ ANAÍiBS DÉ LÁ 



teoro es un río de aire cuya masa se des^jlaza con cier- 
ta velocidad, brindando así un camino franco a la 
marcha del ciclón. En el borde interno de éste se su- 
jnan dos velocidades; en su borde externo se restan. 
El resultado es el mismo que si en el borde interno 
hubiese una sola fuerza, mayor que la que existiera 
paralelamente en la otra extremidad del mismo diá- 
metro, en su l)orde externo. El euer|)o del meteoro 
sigue en equilibrio con la de])ida inclinación, y su eje 
va describiendo curvas secundarias debidas a los tro- 
piezos del ciclón con los obstáculos del camino, vien- 
tos, diferencias de presiones, etc. 

Vemos, pues, con la belleza de esta teoría, cuan 
semejantes son las dos hermanas, la ciencia de los 
mares y la ciencia de la atmósfera, cómo de una se 
deducen hechos que a la otra sirven, y cómo es ver- 
dad que la ciencia del océano es grande, es bella, es 
majestuosa, previsr.j-a, es tal como la ha ordenado en 
los programas de sus peligrosas aventuras marinas 
un príncipe sabio, que ha sabido en todo tiempo dis- 
putar al furor de las olas los misterios que parecían 
impenetrables, encerrados en las fantásticas cavernas 
del fondo tranquilo y apacible de los mares. 



I 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 397 



LA SUBSTANCIA DE LA MATERIA Y LA HIPÓTESIS 

POR EL 

Dr. Gastón Alonso Cuadrado 



(Sesión del 11 de feljrero de 1921). 



SINOPSIS 

L — El análisis de la experiencia objetiA^a. 

2. — ^Correspondencia entre el fenómeno y la expe- 
riencia. 

'). — Límites objetivos a la interpretación de los re- 
sultados. 

4. — Ecuación personal de observación. 

o. — La hi]X)tesis en la función del conocimiento. 

6. — Propiedades de la luz polarizada. 

7. — Teorías sobre la naturaleza de la luz y el papel 
que desempeña en el conocimiento. 

8. — Influencia de la química en la interpretación de 
las lej^es de la óptica física. 

9, — Estructura molecular de algunas substancias 
orgánicas ópticamente activas como el áci- 
do tártrico y la sacarosa. 
10. — Un principio de hidrostática como deinostración 
de que las inferencias del razonamiento no 
son legítimas mientras no se comprueben en 
las manifestaciones de la substancia mate- 
rial. 
11. — Otra propiedad física demostrando que las de- 
ducciones matemáticas son algunas veces dis- 
tintas de las que ].)resenta la realidad obje- 
tiva. 
12. — Las teorías y las hipótesis no son más que an- 
damios para construir el conocimiento. 



398 ANALES DE LA 



" Ivii lugar lie (•üii&ideriir lús fluidos eléctricos eo- 
" 1110 (M)iiíoiii(Jos 011 líi materia, so admite que ellos son 
" iiiseparuVjles, que ollo^ .son la materia misma. 

''Asi el universo material estaría construido sola- 
''iii.Hte lie do.s sustancias primordiale.s. Toda carga 
" ("lóctrica ajuárente estaría formada por un exceso re- 
" lativamente muy déViil de una de esas dos sustancias. 

''Más adelante \ ereuios (pié razones existen yjara 
''atrilmír a esas dos sustancia> una estructura }íianu- 
''Lxa y distinyiiir a los Corpúsculos positivos y nega- 
''tivos como los últimos elementos figurados de la ma- 
'Mi'ria. "N' esto supuesto, intentaremos toimir las pro- 
'' piedades (deméntales do estos corpúsculos comn la 
"base de toda explicaciiHi d( los fenómenos''. 

(J. Perrin, Chimie-Physique. Les Principes, p. 2'-'<). 



•■a 



Entre los dos órdenes de h\ realidad percibidos 
por nuestros sentidos en el acto del conocimiento hay 
nna corres) )ondencia indisolnble y sin solución de 
continuidad, donde se encierra el conce]3to de la exis- 
tencia. Y en ninguna actividad consciente se demues- 
tran mejor estos dos órdenes que en el conocimiento 
organizado, o sea en las ciencias físico-químicas y na- 
turales. 

Como lia demostrado Rutlierford, por nece- 
sidad matemática cada centímetro (nibico de lie- 
iiuii! l)aio condiciones determinadas, contiene 
25.W)().()0Ó,000,000,(XX^000 de partículas alplia. Y a 
estas niisnias cifras conducen todos los métodos que 
se han empleado para representarnos las últimas 
])artíciilas químicas en un centímetro cúbico de cual- 
quier forma material en estado gaseoso y cualquiera 
que sea la naturaleza de esas partículas, cualquiera 
(jue sea su esencia la conocemos por medio del moA'i- 
mieuto, y esos movimientos no sólo los podemos de- 
terminar por infej'encia, sino que dichas partículas 
las pesamos, medimos y provocamos algunas de sus 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 399 



propiedades. Y del movimiento de esas partículas, y 
del conocimiento de esas propiedades inferimos la 
evolución de la sustancia material. 

En realidad, la conciencia del movimiento mole- 
cular la ba obtenido la ciencia por medio del ultra- 
microscopio de Zig'mondy, por cjue el más j)otente mi- 
croscopio lo más que podía enseñar eran partículas 
de las dimensiones de media longitud de onda. Pero 
el ultramicroscopio haciendo a esas partículas lumi 
nosas por sí mismas, })uede mostrar la sustancia de 
la materia de las dimensiones de seis millonésimas de 
milímetro de diámetro, y esto significa, como dice R. 
K. Duncan, que este instrumento es treinta y siete 
trillones, treinta y un billón de veces más poderoso 
que el espectroscopio más moderno. Hablando de las 
propiedades de las partículas infinitesimales Adstas 
l)or el a|)arato de su invención dice Zigiiiondy "un 
í^njambre de diminutos insectos danzando en el espa- 
cio d(^ un rayo de luz que atraviesa una habitación 
t)scura. dará una idea del movimiento de las partícu- 
las de oro contenidas en el hidrosol de este metal. 
Las partículas saltan, bailan, se disparan, chocan y 
vuelan separándose unas de otras con una velocidad 
imposible de seguirlas con la vista". ''Este movi- 
miento da una indicación de la mezcla del fluido que 
persiste durante horas, días, semanas, meses : y si el 
líquido es estable dura años". ''Las partículas más 
pequeñas que se pueden ver en el hidrosol de oro 
rmiesti'au un movimiento combinado/le traslación por 
medio del cual las partículas se mueven con una ve- 
locidad de cien a mil veces su pro})io diámetro, a un 
sexto por segundo". 

Y de esas partículas están compuestos los áto- 
mos, y de estos átomos las moléculas^ y de estas mo- 
léculas las masas de todos los cueri)os que conocemos : 
lo mismo los vacimientos de arcilla informe, que los 
r-i'istales que constituyen laM jñedras preciosas, que la 
más rudimentai'ia fibra nerviosa en la masa encefá- 
lica del sabio, o que en el astro más recóndito del uni- 
verso. Y estos átomos se asocian entre sí ])ara for- 
mar lo que llamamos cuerpos simple>^ de la química. 



400 ANALES DE LA 



O se luieii a otros diferentes para constituir los cuer- 
pos í-onipüestos deiinidos. Y esos átomos se atraen o 
se repelen según sus añnidades, sus inclinaciones y 
según el medio dísnde viven, crecen y se transforman. 
^-^ esos átomos inaniñestan sus aversiones y simpa- 
tías, preñeren la unión con otros, o se rechazan con 
energía enti'e sí. Y esos átomos simples y compues- 
tos a impulsos de las fuerzas interatómicas que in- 
tervienen, se consolidan, resisten, se equilibran, o se 
dirigen donde mayor es la atracción o donde más con- 
viene a su naturaleza. Y esos átomos cuando vuel- 
ven a estai' liln-es (conservan sus propiedades, lo mis- 
mo en la materia mineral que en la orgánica, lo mis- 
mo en los animales que en los vegetales. Y estos áto- 
mos quí' constituyen los cuerpos compuestos no co- 
nnuiican al agregado más propiedades ni más virtu- 
des esencialmente diferentes de las que ellos poseen; 
lo mismo en el cristal que en el protoplasma: son el 
resultado de las propiedades de sus componentes. 

Los hombres y los demás animales son combina- 
ciones de átomos, y es más natural admitir que la 
conciencia humana es el resultado de las conciencias 
elementales de sus átomos constituyentes, que consi- 
derarlos como sim])le resultado de la construcción de 
elementos destituidos de toda clase de conciencia. Y 
esos átomos, como dice Leibnitz, jjoseen una especie 
de alma, o una especie de vitalidad inferior como di- 
ce el Padi'e Jesuíta Boscowich. 

Pei'o aquí hemos de detenernos un momento, 
l^orque los ])rofanos a las ciencias químico-biológicas 
en Adsta de los prodigiosos descubrimientos de las 
ciencias naturales desde esta época postdarwiniana, 
se sorprenden al considerar que a pesar de los cien- 
tos de miles de cuerpos obtenidos por medio de la sín- 
tesis. \' hasta de los millones (\\\e concillen nuestros 
procedimientos sintéticos, no se haya podido descu- 
brir la síntesis de la más sencilla célula ; i)ero, que 
digo, ni la más sencilla cymasa, partiendo de los ele- 
mentos simples de la química que conocemos, ni aun 
el más rudimentario uúcrobio. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 401 



Ahora bien, el Ccirbono asimétrico que f oniia par- 
te esencial de todos los organismos posee una vitali- 
dad que no la poseen los otros cuerpos que hasta aho- 
ra conocemos. Entre la vitalidad de los átomos de la 
química mineral y la clel carbono que forma parte de 
ios organismos, existe una enorme diferencia que solo 
el estudio detenido de los fenómenos naturales ha po- 
dido descubrir en estos iilthnos tiempos, el hiatus 
existente. En el mundo inorgánico se encuentran co- 
mo noventa cuerpos simples cuyos modos de combi- 
nación están comprendidos en leyes que se han esta- 
l)lecido con relativa facilidad, mientras que en el 
mundo orgánico con sólo cinco de estos : carbono, oxí- 
geno, nitrógeno, hidrógeno y azufre, y algunos otros 
auxiliares como el fósforo y la cal se ha constituido 
la vida en la tierra, aunque en verdad de- estos cinco 
elementos está compuesta la mayor parte de la su- 
perficie del planeta. 

De los elementos que constituyen la masa de los 
cuerpos compuestos que conocemos, los del carbono 
son los más numercjsos, y como son los que constitu- 
yen el mundo vegetal y animal han dado motivo a 
formar una ciencia aparte : la de la química orgáni- 
ca, y no fué hasta mediados del siglo pasado que se 
demostró que no existe una distinción esencial entre 
los cuer])os que constituyen la química orgánica y la 
inorgánica, pero el mimero enorme de los compues- 
tos de carbono, que solo Reichter enumera en su Le- 
xicón 112,164 (compuestos conocidos, y por otro lado 
la naturaleza esi3ecial de estos cuerpos que casi sin 
excepción se descomponen al calor rojo, mientras que 
muchos cuer2:)0s inorgánicos se resisten a descompo- 
ner a una temperatura mucho más elevada, y sobre 
todo, la peculiaridad que poseen la mayor parte de 
los mismos elementos combinados en las mismas pro- 
])orciones, y sin embargo difieren en sus propiedades ; 
í'ontribuyen a que forme una parte especial de la quí- 
mica el estudio de los compuestos de este elemento, y 
así, por ejemplo, en el año 1902 ya se habían descu- 
bierto 135 compuestos de la fónnula Cif> Hi;? O2 N. 



402 ANALES DE LA 



Combinaciones de este género entre los átomos 
qnímicos no pneclen tener lugar más que en los as- 
tros que como la Tierra tienen su superficie durante 
millones de años en estado sólido o líquido, y donde 
el calor en la corteza no alcanza una temperatura 
elevada. 

Pero siendo la vitalidad de los cuerjjos compues- 
tos la resultante de la vitalidad de sus componentes, 
y formándose por condensaciones sucesivas molécu- 
las cada vez más complejas, las cuales a su vez com- 
ponen o constituyen los (3rganos de los animales y ve- 
getales; es natural y evidente que las funciones de 
esos órganos se han de bailar en relación con la com- 
plicada estructura de sus componentes. 

Y es ciertamente una enorme diferencia la que 
existe entre la combinación de los elementos que cons- 
tituyen un núcleo cristalográfico, y los que integran 
un núcleo celular ; pero precisamente es la diferencia 
que corresponde a la complexidad de ambas estruc- 
turas. En un núcleo cristalográfico como el que for- 
man los átomos de una sal doble mineral o un nitro- 
compuesto orgánico se hallan a lo más cuatro elemen- 
tos en proporciones simples, así de posición como de 
estructura, mientras que en el cuerpo protéido más 
sencillo, su peso molecular. ]io puede calcularse me- 
nos de 3,200, en i-elación con el hidrógeno, y así el 
peso molecular de la hemoglobina no puede calcular- 
se menos de 12,500. 

Y así en la constitución de una molécula de pro- 
téina se considera (lue el número de amido-ácidos que 
se pueden formar, la teoría indica cine llegan a 2.3 X 
10^^ esto es, 2.3 trillones de grupos, y por consecuen- 
cia igual número de isoméridos. 

Y estos trillones de grupos se forman con ele- 
mentos de los que hemos hecho mención, y estos áto- 
mos a su vez están constituidos por trillones de par- 
tículas cada una con sus propiedades c|ue aportan su 
identidad al conjunto de la molécula proteica, y esa 
a su vez también fonua parte integrante de las cé- 
lulas que constituyen los organismos animales y ve- 
ííetales, . . 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 403 



Aliora bien: ¿cóiiiu lian podido venir esas mo- 
léculas por medio de la evolución a formar el proto- 
])lasma por intermedio del cual crecen y ss reprodu- 
cen los seres orgánicos? Algunas hipótesis se han 
admitido, y entre ellas desde la antigüedad, la gene- 
ración espontánea ; y posteriormente se ha sostenido 
que el origen de la vida es extraterrestre. 

Pero con estas hipótesis el origen de la vida to- 
davía queda en pie, aun demostrándose que actual- 
mente se forman protoorganismos, o demostrándose 
lo que i3arece también verosímil, que los gérmenes, de 
la vida son de origen cósmico, más o menos compara- 
bles a las células vivientes que conocemos, por que se 
puede preguntar : ¿ cómo una vez desenvuelta la pri- 
mera célula ha podido adquirir el principio funda- 
mental de la vida?, esto es, cierta composición quími- 
ca, una organización de estructura, una forma espe- 
cífica, una evolución que tiene una duración deter- 
minada, y un ñn, la muerte ; una propiedad de creci- 
miento o nutrición, y por último lo más importante, 
la reproducción. 

El nudo gordiano de este gran problema se des- 
ata con gran facilidad por los partidarios de las cau- 
sas finales, admitiendo una intervención providencial, 
o sea una voluntad externa a la de la sustancia ma- 
terial. Pero en este caso todos los fenómenos de la 
materia inorgánica también se efectúan por inter- 
vención providencial, y en este easo también, no te- 
nemos necesidad de investigar las causas naturales 
de los fenómenos ; porcpie tan sorprendente es la pro- 
piedad que tiene la célula para crecer y reproducirse 
como las axilas de las hojas de la caña de azúcar que 
tienen la propiedad de producir o elaborar almidón 
durante la noche, y hacerle desapareí.-er durante el 
día, y tan providencial es la propiedad que tiene la 
clorofila de las plantas, por inteinredio de la luz. de 
transformar constantemente el hióxido de carbono 
inerte de la atmósfera en carbono orgánico activo. 

Pero la filosofía no se conforma con este método 
de tiro rápido para resolver los ])roblemas de la na- 
turaleza, porque si de un Indo encontramos materia 



404 ANALES DE LA 



orgánica Aáviente, o con f uncioues vitales que no for- 
man jjarte integrante del i3rotoplasma, y de otro en- 
contramos materia inorgánica que posee propiedades 
de la misma naturaleza que las del protoplasma, te- 
nemos un medio de investigar el origen de la vida co- 
mo resultado intrínseco de las propiedades generales 
de la sustancia material, sin necesidad de acudir a 
causas externas o extrañas al mundo fenomenal. Y 
así lia sucedido con el descubj'imiento de Bucliner. 

La teoría de Pasteur sobre el 23roceso de f eiinen- 
tación consistía en cjue sólo podía producirse por me- 
dio de la célula viviente, pero los experimentos de 
Buchner, triturando con arena la levadura y destru- 
yendo todas las células y protoi^lasma viviente y ex 
trayendo el jugo, pudo probar que la femientación se 
produce por medio de la sustancia protéida llamada 

Y así sucedió con los exiDerimentos de Balviani 
y \\'aller efectuados sobre los insectos, que después 
de la amputación de un órgano continúan una parte 
de las funciones vitales en el plotoplasma desnuclea- 
do, esto es, en una célula que es mutilada e incom- 
pleta. 

En cuanto a las propiedades vitales de la mate- 
ria inorgánica no liay necesidad de esforzarnos mu- 
cho para demostrarlo, como son los yacimientos mi- 
nerales susceptibles de cambio en su estructura o de 
experimentar evolución por la influencia de causas 
atmosféricas, como es el movimiento browniano en 
las partículas de polvo suspendidas en un lícjuido, o 
el de los glóbulos de aceite suspendidos en el agua : y 
mejor todavía en las gotas de agua encerrada entre 
los cristales de cuarzo de las i'ocas graníticas forma- 
das en el j^eríodo plutónico de nuestro planeta, en 
cuyas gotas se notan esos movimientos; y también 
por último en las emanaciones de los cuerpos radio- 
activos. 

Por último no tenemos necesidad de buscar nin- 
guna intervención externa a las ])ropiedades genera- 
les de la materia para explica i-nos la existencia de la 
.substancia d^l espíritu, puesto (jue desde el simple 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 405 

movimiento A'ibratorio de las partículas radio-activas 
hasta el más complejo del átomo de liidrógeno, pa- 
sando por la formación de los demás átomos quími- 
cos, y de las moléculas más complicadas de la quími- 
ca orgánica, y luego el más complicado aun de las 
sustancias proteicas contenidas en la célula viviente 
original, hasta llegar a la inmensa multiplicación de 
los elementos que constituyen el sistema nervioso, 
culminando en la masa cerebral, o sea en el órgano 
del pensamiento o de la sensación de los animales su- 
periores ; para convencernos que son dos aspectos de 
una misma entidad imposible de separarlos, existien- 
do ima relación compleja y absoluta entre lo que se 
llama sensación y sentimiento, con la estructura y 
función de los órganos de los sentidos donde se ma- 
nifiestan. 

El análisis de la experiencia objetiva. 

Para hacer entender nuestro pensamiento, en lu- 
gar de sumergirnos en consideraciones metafísicas 
para mostrar que ambos órdenes son los dos aspec- 
tos más generales de la realidad vamos a elegir un 
ejemplo vulgar de aplicación científica bastante ge- 
neralizado entre nosotros, como es la polarización de 
las soluciones de azúcar, de cuj^a producción depen- 
de tanto el presente y el porvenir de Cuba. 

El que por primera vez se halle en frente delai^a- 
rato de física llamado polarímetro y observe el modo 
de usarle y obtener de él la conclusión que se propo- 
ne, se extrañará si le dicen que en dos horas de prác- 
tica, y con mediana disposición para las investiga- 
ciones de este género, se puede aprender a polarizar el 
azúcar que se elabora en nuestros Ingenios, con la 
misma perfección del operador acostumbrado al me- 
canismo del proceso. 

Se le enseña la balanza donde en uno de los pla- 
tillos se encuentra la cápsula de metal limpia y seca, 
en la cual se ha de poner el azúcar, y en el otro pla- 
tillo se pone la tara correspondiente al peso del azú- 
car, conociéndose que son iguales ambos pesos cuan- 



40d ÁNAtBS DE LA 



do el índice de la balanza se halla en el fiel. Junto a 
la tara se pone un cilindro de metal cuyo peso exac- 
to es 26 '048 gramos para el polarímetro de Sclunidt. 
Entonces se ve que el platillo donde se pone la tara 
baja hasta descender sobre la plataforma del apara- 
to, mientras que sube el que tiene la cápsula vacía; 
3^ a continuación no tenemos más que ir vertiendo 
porciones de azúcar de la muestra que se ha de so- 
meter a la valoración, hasta que el índice de la ba- 
lanza vuelva a ponerse en el fiel exactamente. 

Convencido el operador que lía puesto en la cáp- 
sula 26'U-1:8 gramos de azúcar, la separa de la balan- 
za y vierte solare ella como 50 gramos de agaia desti- 
lada, y agita la mezcla con una varilla de vidrio que 
llcA'a enchufado un tubito de goma elástica para evi- 
tar con el frote el desgaste de la cápsula. Una vez 
disuelta la mayor parte del azúcar, el líquido claro se 
vierte en un frasco de cristal de cuello largo y estre- 
cho, con las marcas 100 c.c. y 110 ce. señalando la 
capacidad de cient(; y (dentó diez centímetros cúbi- 
cos respectivamente. Sobre el residuo del azúcar que 
aun no ha sido disuelto, vuelve a verter eomo 20 c.c. 
de agua, y cuando se ve que agitando con la varilla 
no queda ninguna ])artícula de azúcar sin disolver en 
la cápsula, vierte el líquido en el frasco, pone otros 
8 o 10 c.c. de agua en la cápsula para concluir de la- 
varla, juntamente con el trozo de varilla que se haya 
sumergido eu la solución, y también la echa en el fras- 
co, hasta que por último vierte 3 o 4 c.c. de una solu- 
ción de subacetato de plomo ya preparada al efecto, 
y después agua a gotas rápidas hasta que el total del 
líquido llegue exactamente a la marca 100 c.c. o 110 
ce. segim convenga a la determinación. 

Entonces tapa la boca del frasco con la yema del 
dedo y agita el contenido para mezclarle íntimamen- 
te, le deja reposar un poco para que se desprendan 
las burbujas de aire interpuestas, y después pasa la 
solución po]' papel de filtro, puesto sobre un embudo, 
en un vaso a propósito, bien limpio y seco. Arroja 
las primeras porciones del líquido filtrado que siem- 
pre pasa algo turl)io, continuando luego recogiendo 



ACADEMIA Dli CIENCIA^ DE LA HABANA K)' 



el líquido filtrado que ha de estar tranparente, lim- 
pio y claro. Con esta solución llena un tubo de vein- 
te centímetros de largo exactamente, que acompaña 
al instrumento, limitado en sus extremidades por dos 
(obturadores de cristal planos }' bien transparentes. 
Aíirando a un punto luminoso a través de los obtu- 
radores, se cerciora que el líquido dentro del tu- 
bo es bien transparente y liomogéneo, y entonces ki 
coloca en la platina del polarímetro, cuyo objetivo se 
llalla como a unos 10 centímetros distante y en fren- 
te de la luz de una lámpara que también acompaña 
al instrumento. Mira a través del ocular y percibe 
en la parte opuesta un disco luminoso perfectamen- 
te definido, el que o bien presenta un color gris ho- 
mogéneo, o bien se halla dividido en dos semidiscos 
iguales de distinto color, uno de ellos más o menos 
obscuro, y el otro iluminado. 

Supongamos que en el campo visual se observan 
los dos semi discos bien distintos. Entonces el opera- 
dor toma el to].^nillo de la cremallera que conduce el 
prisma del polarizador, y le mueve muy ligeramente 
a la derecha o a la izquierda para ver a qué lado se 
acentúa más la obscuridad de uno de los semi discos, 
en cuvo caso siffuo esa dirección moviendo el tornillo 
hasta el momento preciso en que las dos mitades se 
confundan en un solo disco, igual y perfectamente 
homogéneo, de coloi' gris en toda ¡^.u superficie, y en 
este caso se dice que el azúcar está polarizado. No 
queda ahora más que mirar la escala que lleva el ins- 
trumento, la cual va unida al prisma de cuarzo pola- 
rizador y que se nuieve juntamente con él. 

En todo este proceso la única ligera dificultad 
que encuentra el iieófito es comprender la lectura de 
la escala, por más que esta operación de medida sea 
la más sencilla y mecáiñca de todas las que hemos ci- 
tado; porque en resumidas cuentas se compone de 
dos escalas, una mavor movible y dividida de O a 
100 a la derecha y de O a 30 a la izquierda, y una es- 
cala pequeña dividida de O a 10 a la derecha y de O 
a 10 a la izquierda llamada nonius o Vernier y que 
está fija. Las divisiones de esta pequeña escala estáu 



408 Anales be tÁ 



colocadas ele tal modo (jue cada una es una décima 
menor que la de la escala mayor movible. Bara leer, 
se toma como punto de ¡partida el O del Vernier, y si 
coincide con una línea o dÍAÍsión de la escala mayor, 
se toma esa cifra como entero: sea ¡jor ejemplo la 
línea 95. Si el cero del Yernier está en frente de dos 
divisiones se toma la menor como lectura v entonces 
se busca la línea del nonius que coincide con la línea 
de la escala. El número de la escala es el entero, y 
la del nonius repres(-nta las décimas. Por ejemplo el 
O del nonius está entre 95 v 96, v anotamos la cifra 
95 como el número entero, y si vemos que la divisióu 
7 del nonius coincide con una división de la escala 
mayor las décimas serán 0.7, y i a lectura 95.7. Esto 
quiere decir que el fizúcar (jiie hemos polarizado con- 
tiene 95.7% de azúcar puro o sacarosa y los 4.3% res- 
tantes son materias distintas al azúcar, y cpie supo- 
nemos que no afectan a la dirección del haz de luz 
que atraviesa la solución. 

No vamos a seguir la historia del sacarímetro ni 
tampoco a descril)ir cómo la ciencia ha llegado a cons- 
truir la teoría y hcí^lios que le sii-ven de base, porque 
se necesitaría llenar cientos de páginas repitiendo lo 
que dicen los libro-, y sólo vamos a limitarnos a lo 
más preciso en apoyo de nuestra tesis, y a desenvol- 
ver algunos razonamientos (|ue demuestran el proce- 
so del conocimiento entre las dos realidades de la 
existencia : proceso (|ue lo mismo se cumple en los con- 
fines del mundo sideral hacia las mayores profundi- 
dades del espacio jjíu'ceptible que cpüzá no esté tai] 
lleno de astros como la in]aginación supone, como en 
el espacio infinitamente loequeño donde penetra el ul- 
tramicroscopio de Zigmondy, como en el electrómetro 
de J. J. Thonson o de Nernst, v como en el estudio 
subjetivo de los fenómenos de conciencia. 

El observador desea ahora darse cuenta de por" 
qué se toma esa cantidad de azúcar para el experi- 
mento, y se le dirá c[ue se puede tomar una cantidad 
cualquiera pero que siempre se toma una unidad que 
sir^'a de término de ccmiparación para discernir las 
semeianzas v diferencias de los fenómenos, v en este 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 409 



caso concreto es una modiñcación de la que tomó Lau- 
rent para graduar su instrumento, así como ésta fué 
una modificación de la de Olerget que tomó como ba-. 
se de la escala sacarimétrica una lámina de cuarzo 
dextrogiro tallada perpendicularmente a su eje y de 
un milímetro de espesor. 

Para demostrar cómo el óptico Venzke tomó el 
tipo de peso normal 26 '048 gramos para el polaríme- 
tro de Schmidt, se toma azúcar químicamente pura y 
se disuelve en agua a la temperatura de 17°5 centí- 
grados hasta que exactamente adquiera la densidad 
1.1 en relación con el agua destilada. Si de esta so- 
lución Y a esta temperatura se toman 100 cent. cub. 
de Molir (esto es el volumen igual al que ocupan 100 
gramos de agua destilada a la temperatura de ITd C.) 
Después se evapora toda el agua que contiene basta 
quedar otra vaz el azúcar puro o sacarosa, y enton- 
ces se ve que en ( :-tos 100 centímetros cúbicos de la 
solución de azúcar existen 26 "048 aramos. 

Si con esta solución de 1.1 de densidad se llena 
el tubo de 20 cent, que acompaña al instrumento y se 
observa a través del ocular, como en el primer ensa- 
yo, buscando siempre por medio de la cremallera la 
igualdad de tintas en el disco, y a la misma tempera- 
tura de ITó C, entonces se ve que la escala del pola- 
rímetro marca 100". 

La primera evidencia matemática que notamos 
en este experimento es que si los 100 grados corres- 
ponden a una solución de 26 '048 gramos de azúcar 
puro contenido en 100 cent. cub. Molir, y si las divi- 
siones de la escala son iguales a cada grado de esta 
escala corresponderán O '26048 gramos de azúcar i3U- 
ro. De aquí podemos deducir también que si hace- 
mos una solución de azúcar, operando en las mismas 
condiciones, pcn'o disolviendo solo la mitad 'del peso 
tipo, esto es 13 '024 hasta componer 100 cent, cub, 
Mohr, V llenamos de esta solución el tubo de 20 cen- 
tímetros del polarímetro, entonces encontramos que 
la igualdad de matices en los semidiscos se verá cuan- 
do la escala marque 50 grados polarimétricos. Y asi 
resulta en la realidad porque si multiplicamos 50 por 



410 ANALES S£ LA 



O '26048 nos dará J 3,024. Y con otras cantidades de 
azúcar menores que la cifra del tipo normal disuel- 
ta en 100 cent. cub. encontramos también cifras pro- 
porcionales a la escala del instrumento ; así que no te- 
nemos más que multiplicar el número de grados se- 
ñalados en la escala por la cifra 0.26048 para averi 
guar la cantidad de azúcar ¡Duro disuelto en 100 cent, 
cub. Molir. 

Otras relaciones encontramos cuando variamos 
la longitud del tubo del instrumento. Si por ejemplo 
el tubo es de 10 cent de longitud, entonces la solución 
el tipo normal de 26 '048 dará taml)ién 50 grados en 
la escala, mientras que si tomamos la mitad del j)eso 
tipo, esto es, 13,024, y los disolvemos liasta componei 
100 cent. cub. Mohr la escala nos dará el número 100 
con el tubo de 10 centímetros. 

Estos resultados muestran a su vez tan solo por 
el razonamiento, que entre el espacio cpie recorre e] 
haz de luz que penetra por el objetivo del instrumen- 
to atravesando el tubo que contiene la solución, entre 
la sustancia disuelta, y la cantidad contenida en el 
líquido existe una relación de orden físico perfecta- 
mente detemninado. 

LimiteH objetivos a la ¡ntcfjtret ación de Vo,s 

resultados. 

En el orden físico, sin embargo, no podemos ex:- 
tendernos mucho en deducciones con razonamiento^^ 
matemáticos, pues como veremos más adelante nos en- 
contramos algunas veces con la paradoja de que el 
total de los sumandos no es igual a la suma. 

Hasta ahora el observador no encuentra gran di- 
ficultad en comprender la materialidad jde las opera- 
ciones, y hasta percibe que alguna cosa extraña debe 
existir en el instrumento, por que si en lugar de to- 
mar el sacarímetro de Schmidt, en otro Ingenio tie- 
nen el de Laurent, que se usa en Francia, entonces 
el tipo del peso noi'mal es diferente, j en lugar de 
26 '048 gramos ha de tomar 16 '19 gramos de azúcar, 
V los 100 cent. cub. no son los de Mohr, sino «-radua- 



ÁOAPEMIA DZ dIENCIAS DE LA HABANA 4il 



dos al vacío y a la temperatura de 4" C. Aquí la par- 
te óptica del iustrumento es ligerajuente distiuta del 
de ÍScluuidt, pero los resultados ooiuciden completii- 
nieute, así es que en los fenómenos de polarizacióu 
existen relaciones que no dependen de interpretacio- 
nes de razonamiento, sino de la realidad (objetiva en- 
tre sí. Tratándose de la materialización del conoci- 
miento en los fenómenos de la naturaleza la Hltima 
rafio no se encuentra en la interpretación subjetiva 
sino en las propiedades de la existencia material. 

Continuando el análisis del fenómeno de la po- 
larización veremos, como siempre que la resolucióu 
de los problemas solo se encuentra en la piedra de to- 
<[ue de la experiencia olJjeti^'a. Cuando en lugar de 
})olarizar azúcar puro, es el llamado centrífuga o de 
miel, no puede seg'uir al ]3Íe de la letra esas relacio- 
nes proporcionales de que hemos hablado en forma 
(( priori. El observador ve que la cantidad de azúcar 
puro que existe en la muestra de azúcar centrífuga 
no se puede determinar por la polaiización llamada 
directa, porque en términos de física se dice que la 
solución de sacarosa hace variar el plano de polari- 
zación a la derecha, mientras que en el azúcar de miel 
existe otra sustancia que le hace variar a la izquier- 
»la, y por tanto tiene que eliminarse antes este azú- 
car o substancia levógira, o proceder de modo que 
no afecte al resultado que se busca, y para eso se em- 
plea el método que se llama de polarización doble, o 
por inversión, sup< oliendo lo que no es rigorosamen- 
te verdad, que la sacarosa se convierte en la misma n 
en las mismas sulistancias, que en el azúcar impuro 
hacen variar el ángulo de polarización a la izquierda. 

A simple vista y dentro de ciertos límites se pue- 
den formulai' deducciones cuantitativas de los fenó- 
menos, pero debemos ser cautí)s en las concluciones, 
PJs evidente que las cantidades 26 '048 y 16 '19 gramos 
para los correspondientes polarímetros son los lími- 
tes máximos para las detei'minaciones en tu])os de 
20 centímetros puesto que esos aparatos tienen la es- 
cala sacarimétrica dividida en 100 partes, así es que 
en caso de tener soluciones más concentradas nos ve- 



412 ANALES DE LA 

inos obligados a diluir las soluciones', o tomar un tu- 
bo más corto haciendo las correcciones necesarias, pe- 
ro en seguida viene la sustancia material a enseñar 
el error en que incui-re nuestro intelecto si llevamos 
demasiado lejos las conclusiones. Por ejemplo, el vo- 
lumen ocupado por las soluciones no es proporcional 
en todos los casos al disolvente, y a la m.ateiña disuel- 
ta. La escala la dividimos en 100 partes iguales su- 
poniendo que la rotación del plano de polarización es 
independiente de la concentración de las soluciones, 
pero en realidad tenemos dos causas de perturbación : 
la que proviene de la concentración, y que Landolt 
en las condiciones en que se trabaja en las fábricas 
de azúcar, la corrige por medio de la siguiente fór- 
mula exi:)resada en grados de arco 

a'D=— 66.435-^0.00870 <— 0.000285 c2 (c— 

(c — O a 65) correspondiendo c a la concentración y 
todavía dentro de esta perturbación existe la que de- 
pende de las soluciones muy diluidas, cuyo poder ro- 
tatorio aumenta considerableníente como lo demues- 
tran Nasini y Villavecbia. 

La otra perturbación que se halla ])ien estudiada 
proviene de la temperatura a la que se hacen las ex- 
periencias. En este caso el poder rotatorio de la sa- 
carosa disminuye en cierta extensión a medida que 
la temi^eratura aumenta, cuya perturbación Schon- 
rock la expresa por medio de la siguiente fórmula : 

a^ _ a^ - a-JJ X0.0002L7 (t°— 20). 

Vemos cómo a medida que son mejor observados 
los fenómenos físicos se conq:)lica más la sencillez de 
las deduccions que hace el intelecto. Todavía no pa- 
ran aquí las complicaciones, pues hasta ahora solo 
hemos tenido en cuenta como se comportan las solu- 
ciones de azúcar puro en el polarímetro; más cuan- 
do contiene materias que no son elinúnadas por la de- 
fecación, como sucede cuando interviene la presencia 
del alcohol, que aumenta el poder rotatorio, o dismi- 
nuye cuando contiene la solución álcalis, carbojiatos 
nlcaliiio-térreos v otras sales, cada una según la can- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 413 



tidad en que se hallen, y también en j>j'oporcioues di- 
versas según la concentración total: y a todas estas 
perturbaciones debemos añadir las que provienen del 
mismo defecante que se emplea para clarificar las so- 
luciones. 

No debemos olvidar las perturbaciones causadas 
por el mismo polarímetro, bien ])or defecto de las 
aristas de los cristales de cuarzo, ])ien por la expan- 
sión de los tubos de polarización, etc., según a la tem- 
peratura que se llagan las experiencias : perturliacio- 
nes de expansión <jue para el aparato de Schmidt so 
corrigen por la fórmula de A^entzke. 

Lectura a t"— lectura a 20° (1— 0.O008 (t"— 20). 

Aun el observador que desee penetrar man en los 
secretos de la polarización práctica obtiene otras 
enseñanzas cpie no deben dejarse pasar como, por 
ejemplo, la influencia del tiempo que lleven de pre- 
paradas las soluciones, pues la polarización no es la 
misma recién preparada que a las 24 horas, en igual- 
dad de las demás circunstancias. 

La ecuacióit personal cr, /r/.s observaciones. 

Y no concluyen aquí las sorpresas del principian- 
te, pues cuando se desean hacer las exijeriencias con 
la mayor exactitu.d posil)le, aun que hayamos venci- 
do todas las dificultades señaladas, encontramos que 
si la polarización en el mismo instrumento es obseí'- 
vada por seis individuos, es muy difícil que coinci- 
dan en la misma decimal, exactamente, en la misma 
lectura, hallándose algunas veces en más de una dé 
cuna de grado; y todavía cada operador encuentra di- 
ferencias según las veces que mira al disco a tra vé- 
de la preparación contenida en el tu])o de o])serva 
ción. Y este no es fenómeno subjetÍA'o poi'que no de- 
pende del espíritu del observador sino del ojo consi- 
derado como aparato de ó]>tica. 

Esto es lo que se llama ecuación [)er8onal de la 
vista, porcpie debemos hacer constar que el ojo huma 
no como aparato de óptica deja ínuclio que desear 
porque padece de alx^'ración cromática y esférica. 



414 ANALES DE LA 



tiene obliterado el foco, el cristalino presenta man- 
chas, no se mueve con entera libertad en la órbita, po- 
see algunas articulaciones inútiles, y otras mal repar- 
tidas; y hasta el lienzo cjue recibe la impresión (la re- 
tina) para comunicaida a la conciencia se halla arru- 
gado y roto en un punto (punetum caccmn). 

Por lo que llevamos dicho vemos bien que el in- 
dividuo que aun sin saber leer ni escribii', sino solo 
contar rayas puede aprender a polarizar aztícar en 
dos horas, lia de comprenderse t(ue los problemas del 
conocimiento son más complicados de los que a pi'i- 
mera vista aparece. Oye hablar de polarización sim- 
ple y doble, de la luz del rayo polarizado, de rotacióji 
cspecíñca, de prismas y de ángulos, de transpai'encias 
y opacidades, y quiere enterarse de cómo se ha llega- 
do a concebir las leyes que presiden el fenómeno de 
la j)olarización, y ci'tmo y por qué se aplica a la de- 
terminación cuantitativa del azúcar; y aunque sabe 
que puede estudiai'la en los libros de física con nm- 
cha claridad y perfección, desea conocer sus funda- 
mentos. 

Pero en este kigar úiñcamente nos hemos de ser- 
vir de estos principios pai*a deducir cómo los fenó- 
menos del sentido íntimo del hombre, de qué medios 
se vale para inter])retar aquellos, y cómo esta inter- 
pretación no es válida, ni representa nada, si no co- 
rresponde de una manera exacta y absoluta a la ac- 
tuación de la substancia material. Ya desde el tiem- 
po de Aristóteles se halla establecido el principio de 
que niJiil cst in UitelJectu qiiod priiis not fuerif iii 
scnsu ; millones de libros, discursos y palabras se han 
emitido durante tres mil años para afirmar, negar o 
raodiñcar el concepto; solo que hasta que las ciencias 
naturales no hubieron foiinulado las leves de la he- 
rencia en la reproducción orgánica, y la evolución de 
ios organismos, no fué posible demostrai* el princi- 
pio. Pero desde atiuel tiempo hasta fines del siglo 
pasado, siempre se había considerado la substancia 
material desde el punto de vista estático. Se habla- 
lia del espíritu, de la materia, y de la fuerza como 
entidades inde|)endientes y de distinto origen inicial. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 415 

se hablaba de materia inerte, de iiiatria bruta, vil y 
grosera, y se hablaba de los sentidos como humildes, 
falsos servidores del alnuí iinnortal, o mejor dicho 
de las almas inmortales que se fueron infiltrando en 
(_'ada cuerpo de los hombres cjue nacieron proceden- 
tes de la primera pareja del paraíso terrenal. 

Los últimos descubrimientos de química-física 
han roto las barreras que el pensamiento había levan- 
tado durante siglos contra la acción de la substancia 
material, relegándola A la estática eterna, a la pasi- 
vidad absoluta, concediéndola, al modo de limosna, 
la propiedad de la gravitación, y de la posición eu el 
espacio. 

Primero fué la electricidad que la ciencia se ba 
\dsto obligada a considerarla como materia más bien 
que como energía, más tarde las emanaciones de los 
cuerpos radio-activos que se encuentran como en el 
paso entre las manifestaciones del concepto material 
y del concepto dinámico, más tarde la demostració]i 
del movimiento ]jropio de los electrones, y por últi- 
mo los fenómenos de herencia y memoria, que pre- 
sentan las moléculas complejas, como por ejemplo las 
formadas por el átomo asimétrico del cobalto, en coiv- 
binación con dos grupos etilénico diaminos, como hn 
demostrado AVerner. 

La Hipótesis cu Id Función riel Conocimicuto. 

Volvamos ah<íj'a a los fenómenos de polarización. 
Es evidente que siendo la luz la (pie se polariza, el 
observador preguntará ^, en qué consiste ese fenóme- 
no? y el cpiímico no se lo podrá demostrar sin que 
tenga algún concepto de lo que es la luz. Ahora bien, 
el hombre es incapaz de conocer la naturaleza inti'ín- 
seca del espíritu, como es incapaz de conocer lo que 
es la naturaleza intrínseca de la substancia material. 
Conoce esas entidades en sus relaciones y manifesta- 
ciones mutuas, y las traduce en imágenes materiales, 

Y no puede ser de otro modo, por que soti co- 
existencias absolutamente inse])arables, aunque se 
vea obligado por el razonamiento a considerarlas so- 



416 ANALES DE LA 



paradas para formarse concepto de ellas. La organi- 
zación del intelecto tiene necesidad de hipótesis para 
explicarse las causas primarias de los fenómenos. Na- 
die ha visto el espíritu y son puras novelas de los ilu- 
sos que hablan de conversaciones sostenidas por los 
esi3Íritus desligados de la sustancia cerebral donde se 
manifiesta, ni ha ^'isto tampoco ondas de luz desliga- 
das de las manifestaciones lumínicas. Pero las ondas 
a su vez no constituyen una substancia i'eal intrín- 
seca. 

Por ejemplo, s<? definen como la causa de lo (pie 
produce en nosotros por medio de la vista las sensa- 
ciones de la visión, liaciéndonos distinguir las formas 
y el color de los cuerpos, y p-drix la maj^or parte de 
nuestras necesidades la teoría es suficiente, pero no 
es bastante ; porque en ella no A'an incluidos los fenó- 
menos lumínicos de interferencia, ni las rayas de 
Fraunhofer, ni los ra,yos inf raro jos ni ultravioletas. 

Otras veces se dice que la luz es un movimiento 
que se propaga por un medio trans}jarente desde el 
cuerpo luminoso hasta el ojo, y de aquí resultan las 
dos teorías que han aparecido en la historia de la 
ciencia moderna para exi)licar la propagación de la 
luz: la de Newton, que supone el cuerpo luminoso 
emitiendo partículas luminosas en todos sentidos al 
modo de los cuerpos olorosos, y la de Huygens, anti- 
cipada en realidad por el Jesuíta Pardis en su libro 
(Traite de la Lumíere), según la cual la luz es debida 
a ondas propagadas en mi medio perfectamente elás- 
tico llamado éter, del mismo modo que el sonido se 
trasmite a través de las ondulaciones del aire, o al 
modo del movimiento producido en el agua de mía 
superficie tranquila al caer una piedra. 

¿Habrá necesidad de decir que si penetramos en 
el análisis de estas hipótesis no i'esisten a la más li- 
gera objeción? 

Y, sin embargo, la teoría de las ondulaciones que 
sustituyó a la de Ne\^i:on ha seivfido ]3ara construí]' 
el colosal edificio de la física actual, y el desenvolvi- 
miento de los principios que la constituyen. 

Y la mejor demostración de que la necesidad de 



ACADEMIA Dlj CIENCIAS DE LA HABANA 41] 



esa hipótesis no es de carácter iiiti'ínseeu, es que lus 
físicos de hoy comienzan a abando]iarla y a hacerse 
cargo otra vez de la teoría de Newton, aunque niodi- 
ñcada, i)ara explicarse los fenómenos de fosforescen- 
cia y de fluorescencia, así como las manifestaciones 
luminosas de los cuerpos radio-activos. 

Pero hagamos notar de pasada que todas estas 
hipótesis tienden a la materialización del concepto, 
comparándolas con otras bien conocidas de la mate- 
ria, como son las oiidas de aire 3" las que se producen 
en la superficie de los lícpüdos por una causa pertur- 
badora cualquiera. El observador del polarímetro sa- 
be no sólo que la luz, o el cuerpo que la produce, se 
mueve a través de los cuerpos transparentes, sino 
también que la velocidad es por término medio 77,000 
leguas por segundo, y sabe que el espacio que reco- 
rre lo hace en intervalos iguales de tiempo ; y por eso 
en el tubo del polarímetro de 10 centímetros observa 
que la luz polarizada recorre la mitad del espacio que 
en uno de veinte centímetros, y por lo tanto se con- 
vence de que la graduación de la escala es la mitad 
en el de diez que en el de 20. 

Por las nociones de física sabe (|ue la luz siem- 
pre se propaga en línea recta, pero le hablan de luz 
polarizada, de polarización rotatoria, y se le ha de 
añadir la frase "en igualdad de las demás circunstan- 
cias". Por ejemplo, se dice que un rayo luminoso se 
refracta cuando al pasar oblicuamente de un medio 
a otro de distinta densidad como es del aire al agua, 
se desvía de su dirección rectilínea, obedeciendo a le- 
yes que se hallan bien estudiadas, pero si el rayo cae 
o choca perpendicularine]ite sobre la superficie del 
agua, entonces el rayo sigue la línea recta al atrave- 
sar el medio más denso. 

Se ve bien, por este hecho, (pie la luz o la cosa 
que la produce, tiene sus predilecciones o anomalías, 
que dependen de la naturaleza de la luz misuia, de la 
posición que ocupa res]jecto a la superficie donde cho- 
ca, y de las propiedades niateriales del medio que 
atraviesa. 



418 ANALES DE LA 



Fro})i('(l(((h.< (le 1(1 Lhz F(n(( rizada. 

Un haz de luz o rayo luminuso al cliocar sobre la 
superficie pulimentada se reñeja, refracta, o se pro- 
ducen ambas cosas, siguiendo leyes determinadas, pe- 
ro, he aquí c[ue el experimento de Malus en 1810, que 
en ciertas direcciones sufre el haz luminoso una mo- 
dificación particular, la cual una vez reflejada o re- 
fractada se imposibilita de xolverse a reflejar o re- 
fractarse en ciertas direcciones, se ve bien que la sus- 
tancia que i3roduce la luz adquiere por este hecho pro- 
piedades nuevas, principalmente de dirección. El ra- 
yo que sufre esa modificación se llama ra3^o polariza- 
do, y aun que esta denominación no es muy feliz, por- 
que no existen tales ¡jólos, es sin embargo la que ha 
prevalecido. Pasarenuts muy por alto por los estu- 
dios de polarización, y sólo hemos de llamar la aten- 
ción sobre el hecho de que la razón, al formular las 
leyes naturales que rigen los fenómenos o al querer- 
los intrepretar a cada momento se encuentra con cor- 
tapisas, y restricciones que le impone la sustancia 
material. 

Cuando el haz de luz ordinaria que no ha pasado 
por un medio de diferente densidad del que procede, 
choca sobre una lámina de vidrio formando un ángu- 
lo sobre la superficie de 35.25' se x)olariza por refle- 
xión, esto es, lia perdido la propiedad de reflejarse 
con la misma incidencia sobre un segundo plano de 
vidrio perpendicular al pi'imero, y el plano de inci- 
dencia por el cual el rayo reflejado se polariza, es lo 
que se llama plano de i^olarización de un rayo de luz. 

Cuando en vez re reflejarse el rayo de luz, atra- 
viesa un cristal de espato de íslandia o sea el carbo- 
nato de cal romboédrico, la dirección del rayo se nio- 
difica en el interioi' del cristal, v entonces se divide 
en dos rayos emergentes y los dos resultan polariza- 
dos, y esto es lo que se llama polarización por doblo 
refracción. El fenómeno en este caso se podría de- 
nominar un capricho de la naturaleza cié la luz, por- 
que aun cuando los dos están polarizados unos de ellos 
si.<;u'' las leyes generales de la refracción, mientras 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 419 



que el otro sigue otras leyes, y por eso se ilaiüa rayo 
extraordinario. 

De este rayo extraordinario se apio\ecliai] los 
constructores de aparatos usando el prisma de Nicol 
que está formado por las dos mitades de un aiismo 
romboedro de espato de Islandia, cortado siguiendo 
sus diagonales mayores y uiiiéndolas en la misma po- 
sición con bálsamo de Canadá. De este modo consi- 
guen separar y anidar por reflexión total el ra^^o or- 
dinario, y utilizan solo el extraordinario, el cual está 
dotado de sus propiedades especiales de rayo polari- 
zado : ¡propiedades sorprendentes de la luz en relación 
con la estructura molecular del cristal, y cuya natu- 
raleza íntima es cada vez más impenetra))le. 

Sólo nos resta hablar de otras propiedades sor- 
prendentes y singularísimas de las que se aprovechan 
los hombres de ciencia para otras investigaciones, co- 
mo son los fenómenos de polarización rotatoria. 

Cuando dos prismas de Nicol están dispuestos 
de modo que el rayo polarizado por el primero, es 
apagado por el segundo prisma, si se introduce entre 
ellos una lámina de (^uarzo tallada perpendicularmen- 
te al eje del cristal, esta lámina tiene la propiedad de 
hacer aparecer nuevamente el rayo luminoso. En es- 
te caso, descubierto por el eminente físico francés 
Arago en 1811, el plano de polarización ha girado en 
ciei-to ángulo, y es lo que se llama ángulo de rotación, 
el cual se detennina haciendo girar el segundo Nicol 
hasta que nuevamente se extinga o apague el rayo 
de luz. 

En este caso lo que nos incumbe señalar es que 
hasta ahora sólo se han encoutrado en la naturaleza 
unos cuantos cuerpos y unas cuantas sustancias arti- 
ficiales orgánicas que manifiestan ese poder de rota- 
ción del ravo de luz extraordinaiio, como son todos 
los azúcares, los aceites volátiles, la esencia de tremen- 
tina, los alcaloides y las gomas, y sales minerales, co- 
mo los cloratos y bromatos alcaliiK^s, etc. 

Y lo que sorprende más aun hasta a los (]ue es- 
tamos familiarizados con estos fenómenos, es que el 
fundamento pai'a construir el polarímetro és que al 



420 ANALES DE LA 



colocar la lámina de cuarzo cutre los dos Xicol^, el 
ángulo de rotación que ijrocluce es proporcional al es- 
pesor de la lámina de cuarzo tallada, y también en que 
en la naturaleza se encuentran cristales de cuarzo que 
tienen la propidad de desviar el i)lano de polarización 
a la derecha, o sea el cuarzo dextrogiro, y otros a la 
izquierda (levógiros). 

Este aspecto de nuestro estudio nos lleva a pe- 
uetrar en los problemas químicos que encierran los 
liedlos de polarización, pero no liemos de abandonar 
todavía el campo de la física. Hemos dicho que la luz 
o la cansa que la pj-oduce, es un movimiento que se 
])ropaga por un medio transparente desde el cuerpo 
luminoso o iluminado hasta el ojo, y hemos hablado 
de las diferentes fases que presenta la polarización, 
pero la naturaleza del espíritu del hombre no se con- 
foiiiia con obtener unas cuantas conclusiones, necesi- 
ta tener una infinidad; del mismo modo que la natu- 
raleza de la materia presenta una inñnidad de fenó- 
menos, y por esta razón los físicos necesitan saber no 
sólo lo que es la luz, sino cómo es la luz; y como el 
judío errante perpetuo, va siguiendo derroteros in- 
mensos, descubriendo sin fin, nuevas tierras y nuevos 
horizontes: se detiene un momento, clasifica, recono- 
ce y detennina el camino andado, mira hacia el fir- 
mamento, se acumidan otros horizontes en todas di- 
recciones, sin poderlo lograr nunca ; nunca, si él se 
figura c|ue es el rey de la creación y que la causa crea- 
dora se halla a su alcance ; ]3ero siempre lo consigue 
cuando organiza y clasifica la relación entre los fe- 
nómenos que se producen entre la sustancia material 
y su esjDÍritn, y entre los fenómenos que se producen 
en su espíritu en relación con la sustancia material. 
Son dos aspectos de una misma cosa cuya naturaleza 
íntima siempre se le escapa a su limitada inteligen- 
ci?.. que sólo vive ríe relaciones. 

Teorías sobie la Naturaleza de la Luz. 
y el papel que desempeñan en el conocimiento. 

La inteligencia de los físicos ha girado entre las 
dos teorías que han imaginado, y sobre ellas han le- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4-¿l 

ventado el r-olosal cdiñcio de la óptica física, pero 
al fin de la obra han encontrad(j otra hipótesis, cuya 
existencia real es más incomprejisible que las dos teo- 
rías en que se apoyan. La física hoy está buscando 
una especie de compromiso entre ambas te(U'ías, in- 
clinándose unas veces al lado material del concepto, 
y otras al lado dinámico. Abandonó la teoría de las 
partículas que, aun cuando infínitamente tenues, obe- 
decían a la ley de gravitación, y se acogió a la idea 
de que la luz es asimismo movimiento, movimiento vi- 
bratorio de velocidad determirjada, pero como nece- 
sitaba una cosa que vi])rase, ideó la existencia del éter, 
ya concebida en la antigüedad por los filósofos grie- 
gos, compuesto de partículas infinitamente más te- 
nues que las de Newton, las cuales atraviesan todos 
los cuerpos y todos los espacios del mundo sideral: 
concibió el éter como el medio que recibe y comunica 
todas las acciones de energía. Y desde Newton a la 
fecha, si el progreso realizado es inmenso, si los más 
grandes talentos de la humanidad se han dedicado 
a estudiar y darse cuenta de la naturaleza y modo de 
propagación de los fenómenos de reflexión, refracción, 
dispersión y polarización de la luz, si han construido 
teoría sobre teoría, cálculo sobre cálculo, si han rec- 
tificado y ratificado concepto sobre concepto; también 
han acumulado experimentos sin fin, de un valor sor- 
prendente, así para la ciencia pura, como para las ar- 
tes e industrias, como para el conocimiento del uni- 
verso. 

Cuando Newton descompuso la luz blanca en los 
colores del espectro, por medio del prisma, y demos- 
tró que cualquiera que fuesen las refracciones subsi- 
guientes que sufriera, no experimenta cambios de co- 
lor, puesto que volviendo a combinar los colores se 
reconstituye la luz blanca ; se abandonó la teoría se- 
gún la cual el color era producido por- la refracción, 
o como si dijéramos, fabricado por el prisma, imp('- 
niéndose la doctrina de Newton, a sabei* : que los co- 
lores se encuentran en la luz blanca reduciéudosí; la 
función del prisma simplemente a separarlos, en vir- 
tud de la capacidad que tiene de desviar los rayos de 



422 ANALES DE LA 



dif O rentes colores por medio de sus diferentes ángu- 
los; pero no obstante hal)er sido el experimento de 
Newton la base del conocimiento que tenemos actual- 
mente de la naturaleza de la luz ))lanca, e introdu- 
ciendo en el prol^lenia el concepto del movimiento de 
los electronos, vuelven a considerar los colores que da 
ia luz blanca a traA'és del prisma, como producidos 
o manufacturados i)or la forma del cristal, estudian- 
do el problema desde el punto de Adsta teórico y ex- 
perimental. 

Y lo mismo sucede con la teoría í-orpuscular de 
la luz, o ]a teoría de la emisión, porque una de las se- 
rias objeciones experimentales consistía en que te- 
niendo la luz una velocidad media de 77,000 leguas 
por segundo, las partículas desj^rendidas por los cuer- 
pos luminosos ejercerían alguna presión sobre la re- 
tina, y todos los esfuerzos de entonces para demos- 
trar esa presión o esa acción mecánica fueron inúti- 
les, pero hoy se denuiestra bien que la luz ejerce una 
presiiui, que hoy se explica como una consecuencia 
necesaria del impacto de las vibraciones lumínicas del 
éter. No hay ])ara qué hablar de la teoría de las on- 
dulaciones c[ue, emitida por Huyg(ms en 1678, toda- 
vía domina en la ciencia, a pesar de no haber un sólo 
punto en esa teoría r|ue no sé haya discutido o modi- 
ficado, al par que se han multiplicado los experimen- 
tos y las dificultades para explicar todos los fenóme- 
nos observados ; y ])or esta razón se vieron obligados 
los físicos a introducir en el ]>roblema el concepto de 
las vibraciones transversales para explicarse bien los 
fenómenos de polarización y de intei'ferencia, y así 
tuvieron necesidad de asignar al éter las jíropidades 
de un sólido elástico, no obstante las dificultades que 
se presentan también a este supuesto, para reconci- 
liarle con el libre movimiento de los planetíis a tra- 
vés del espacio. 

Pero esta teoría a su vez jjresenta muchas obje- 
ciones, una de las cuales es la dificultad de explicar 
la perturbación longitudinal que acompaña siempre 
a la transversal, y también para evitar otras dificul- 
tades y poderse dai* cuenta de los fenómenos de re- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4i';; 



ílexióii y refracción; los físicos tuvier(>ii necesidad de 
aceptar la teoría de Afaxwel, o la llamada electro-mag- 
nética, según la cnai las vibraciíuies inminosas se pne- 
den considerar come corrientes alternantes rápidas, 
de desplazamiento, ya sea en el étei: o ya en la sus- 
tancia material, según los casos, al mismo tiempo que 
estas corrientes dan lugar al establecimiento de fuer- 
zas magnéticas semejantes a las (¡ue se i)i'oducpn por 
la corriente que fluye en los conductores. Y esta teo- 
i'ía ha prestado el servicio incalculable a la ciencia 
no sólo de poderse armonizar las propiedades eléc- 
tricas y ópticas de la materia, sino que al modo de la 
teoría de la gravitación y también de la ley periódica 
de Alendeleeff en química, se pueden |)redecir nui- 
chos fenómenos que se demuestran luego por el expe- 
i'imento. 

Xo hay que decir que esta hi]jótesis como todas 
las que surgen en vi intelecto co]! olíjeto de darnos 
cuenta de los fenómenos, sólo es un ai-tiñcio, un pun- 
to de apoyo, una i'cpresentación simliólica de seme- 
janza y de difereiicia en las manifestaciones de la 
materia, tales como son percibidas por nuestros sen- 
tidos. Y lo mismo sucede cuando los físicos se quie- 
ren explicar los fenómenos de dispersión de la luz. 
Necesitan otra hipótesis para concebir las anomalías 
que presentan la absorción y dispersión de las vibra- 
ciones, y la relación que existe entre ellas. Y lo mis- 
mo cuando Helmholtz considera la fórmula de la dis- 
persión de Sellmecer como incompleta, y emite la que 
considera el medio refringente como compuesto de 
moléculas entre las cuales penetra el éter libremente, 
admitiendo la existencia de fuei'zas actuando entre 
las partículas del éter y los átomos, semejantes a las 
que existen en las partículas del éter entre sí. 

Hasta aquí no hemos hecho más que bosquejar la 
infinidad de problemas que se presentan para expli- 
car cualquier fenómeno del mundo material, no he- 
mos hecho más que citar algunas teorías y principios 
en que se funda la operación de polarizar azúcar, y 
ni aun hemos intentado describir la construcción de 
los instrumentos que se emplean en la polarización. 



424 ANALES DE LA 



Hasta aliora sólo hi^niüs tomado el asunto desde el 
punto de vista de la óptica física. 

J liflnt'iicia (¡c ¡(I (Jitimira cu i<i iitff'r¡H('tació)i de las 
Leyes de Ja Óptica Física. 

Pero existe otro tan interesante como el prime- 
ro, si le consideramos desde el i)unto de vista de la 
química. Y así, por ejemi^lo, podemos preguntar: 
¿ Quál es la causa dr que la lámina de cuarzo crista- 
lino, en un caso liace rotar a la derecha v en otro a 
la izquierda el plano de polarización I ¿ Por qué son 
sólo unas cuantas sustancias en la natui'aleza que ti<^'- 
nen la ¡jropiedad de cambiar el ])lano unas veces a 
la derecha y otras a la izquierda ? i. Cuál es la causa 
inmediata de que el romboedi'o del es])ato de Islan- 
dia al atravesarle un rayo de Inz le divide en dos, 
como si se tratara de la cola de algimos cometas, y 
que cada una de esas ramas adquiei'a propiedades 
distintas ? Y cuando el rayo de luz atraviesa el pris- 
ma, ¿C[ué es lo cpie ]e descompone en los colores del es- 
pectro? ¿Depende de la naturaleza del rayo: o de la 
composición molecidar del cristal (pie elabora la com- 
posición del espectro, lo mism.o (jue en química se fa- 
frican los colores de la anilina ? 

Y, naturalmente, viene a la imaginación (piími- 
ca de la materia, y la química no ])uede estudiar esa 
composición sin que se apoye en algún andamio, en 
alguna hipótesis de las qu(^ hemos hablado para la 
física óptica, y no puede dar un ])aso sin ocuparse de 
la estructura molecular de esos cristales, y no da un 
paso en esa dirección sin que conciba otra hipótesis. 
la de los átomos que componen esa estructura mole- 
cular; y no da un paso en la teoría atómica sin que 
tenga necesidad de otra hipótesis, la de los electro- 
nos, para explicarse la acción que esos átomos, esas 
moléculas o esas partículas ejercen entre sí, y por 
último no da un paso en la teoría de los electronos sin 
que conciba el éter como el medio donde se desarro- 
llan esas maravillas de la naturaleza. ¿. Habrá necesi- 
dad de repetir que cada vez que el hombre se ve obli- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4i].-) 



gado a construir esas hipótesis, cada vez* son más ar- 
tificiales, y no tienen más realidad que la sim])ólica o 
la que necesita su intelecto para representarse las ma- 
nifestaciones de la sustancia material f 

Preguntad a un químico si él cree que la nueva 
teoría de los electronos y de las partículas aJpha que 
se desintegran y disparan de los elementos radio-ac- 
tivos, tienen una existencia real, y (xs dirá que tienen 
de real lo que tiene la teoría atómica, la que tuvo la 
de Berthollet a principios del siglo pasado, o la teo- 
ría del flojisto, antes que Lavoisier introdujera la ba- 
lanza en el estudio de la química. Y os dirán también 
que han sufrido parecidas alteraciones que las de la 
física. Por ejemplo, cuando Dalton emitió la teoría 
atómica de la constitución de la materia, la fundó en 
el mismo concepto que emitieron los antiguos como 
Demócrito, Leucipo y Lucretius, esto es : él j^ensó que 
el átomo era la última unidad de la materia. Pero 
más tarde se ha supuesto que el átomo no es una cosa 
simple, sino compuesta de otras partículas más te- 
nues. La complexidad del átomo, entrevista por Wi- 
üiam Crookes (1), la fórmula hoy Lord Kelvin di- 
i'iendo que consiste en anillos concéntricos de electro- 
nos negativos en rotación, en una esfera de electrici- 
dad positiva homogénea del tamaño del átomo ; 3^ muy 
recientemente Rutheford la ha sometido a una base 
experimental, dispersando j^artículas alplia y beta de 
los elementos radio-activos a través de la materia. 

Pero si preguntáis al cpiímico si esas teorías son 
necesarias, os dirá (jue la química no hubiese hecho 
los asombrosos descubrimientos desde hace un siglo 
de trabajo constante, si no se hid^ieran inventado. 
Ijas concibe como si poseyesen existencia real, por- 
que el homluT tiene necesidad de la materia en rela- 
ción con la naturaleza del espíritu ; y por esta razón 
en las ciencias, para todas las teorías, se echa mano 



(1) Gpiiosis of thc Elcments, by William Crokos. Londojí, 1S87. 
Ksta Conforencia en la Institución^ Roal. la Ira-lujinios con auiori/ación 
<tel autor y fue publicadn oii la Crónica Médico Quirúrgico de la Habana, 
en 1888. 



42() Anales De la 



del cálculo y de las matemáticas, porque el número es 
uno de los constituyentes de la intelisrencia. 

Esfriicfnra- )nolecula¡- de algunas substancias 
orgánicas ópticamoite activas como el ácido tártrico 

u la sacarosa. 

Como la base de todo razonamiento es la relación 
de semejanza y, de diferencia, la química lia tenido 
que acudir a fenómenos de estructura molecular va 
conocida para explicarse la acción del cristal de cuar- 
zo sobre la luz, e inmeditamente se presenta a la ob- 
servación la estructura molecular de los cuerpos de 
la química orgánica que presentan la misma parti- 
cularidad; y como modelo podemos citar el ácido tár- 
trico, bien conocido, porque forma parte constitu3^en- 
te del crémor de tártaro, que se emplea en medicina. 
Sería muy lai'go ocuparnos de la teoría que sirve de 
base para explicar la constitución molecular de este 
cuerpo y sus semejantes. Sólo hemos de indicar que 
pertenece a una clase de sustancias orgánicas, que 
sus soluciones son ópticamente activas, esto es: que 
también hacen girar el plano de polarización, y en 
química se dice que para ser un cuerpo ói^ticamente 
activo ha de contener a lo menos un átomo de carbo- 
no ligado o en conexión inmediata con cuatro átomos 
o grupos atómicos diferentes, y este carbono agrupa- 
do en esa forma en la molécula se llama carbono asi- 
métrico. En este caso la teoría indica que estos cua- 
tro grupos atómicos diferentes en la molécula, sólo 
dos de ellos se ordenan de modo que no pueden coin- 
cidir en ninguna posición en el espacio, por más que 
se parecen el uno al otro grupo como un objeto cuan- 
do se refleja en un espejo. 

La fórmula de constitución del ácido tártrico, los 
(juímicos la desenvuelven así: 

COOH, CHOH, CHOH, COOH =-- C' He 0*^ 

Y se conocen cuatro clases de ácidos de la mis- 
ma composición (piímica; el ácido tártrico dextrogi- 
ro, el ácido tártrico levógiro, el razémico y el meso- 
tártrico. Y como en la composición del ácido tártri- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4i' 



co .se presentan dos átomos de carbono asimétricos, 
l;i í'órnuila constitucional por consiguiente se puede 
exoresar así: 

CH (HO) (COOH) 

Olí (HO) (( OOH) 

En cuyo caso, o amljas agrupaciones atómicas son 
dextrogiras, o ambas son levógiras, o una es dextro- 
gir.i y otra levógira, o ])ien constituye una sola clase 
de molécula. En estas circunstancias la primera y 
segunda agrupación no contendrán la actividad que 
UeA^a su nombre ; la tercera, como una gira a la dere- 
cha y otra a la izquierda en iguales proporciones se 
neutralizará la acción y resulta inactiva ; en tanto que 
la cuarta será inactiva por naturaleza. Es evidente 
también que si por cualquier medio podemos separar 
la agrupación molecular que está neuti'alizada, en sus 
dos constituyentes, formaremos otra vez los ácidos 
dextrotártrico y levotártrico. Y ahora vengamos a 
los hechos. Cuando se calientan las sustancias ópti- 
camente activas, pueden convertirse por la acción del 
calor en sustancias ópticamente inactivas, esto es, se 
cambian en una mezcla de las dos modificaciones dex- 
tro y levo en iguales proporciones. Y a esta modifi- 
cación se denomina razémica. 

El eminente sabio francés Pasteur estudió con 
singular atención esas formas isoméricas y dio la cla- 
ve de la interpretación química, hirviendo la solución 
del ácido dextrotártrico (el ácido que se obtiene del 
crémor de tártaro), sobre todo, si esta acción es ayu- 
dada de una soluciiSn concentrada de sosa cáustica, 
se convierte en ácido tártrico razémico, y trató de 
averiguar el modo de devolver su actividad a la mo- 
lécula inactiva, y previo que siendo el fenómeno ra- 
zémico de orden puramente físico, en este orden se 
había de resolver el problema. Dejando a un lado los 
demás métodos empleados por Pasteur, tomaremos 
para nuestro propósito el que más nos interesa. Ob- 
servó que cuando en una solución muy débil del áci- 
do razémico se inocula la bacteria del ¡xniniciUum 
glancuw, después de adicionar alimento a la bacte- 
ria, la solución ópticamente inactiva se conviei'te en 



428 ANALES DE LA 



levotatoria, puesto que el ácido clextrorotatorio es con- 
vertido por el bacilo del hongo en otras sustancias. 

En este caso el bacilo se ha propagado descom- 
poniendo el ácido dextrotártrico, y dejando solo el 
ácido levo-rotatorio. Y ahora podemos preguntar: 
^^qué predilección tiene la bacteria para iDropagarse 
a costa de la modificación dextro? ¿Tendrá el orga- 
nismo monocelular voluntad suficiente para actuar 
sobre la molécula dextrogira, desechando la otra? Lo 
más natural es cpio se trate de un fenómeno pura- 
mente físico y mecánico. 

Durante el crecimiento de las bacterias v el hon- 

« 

go, se desenvuelven las secreciones llamadas enzjiiias, 
y las soluciones de éstas son ópticamente activas y 
dextrogiras. y a medida del crecimiento, como ha de 
ser a costa de las sustancias que se encuentran en la 
solución, es natural que la multiplicación de las cé- 
lulas se verifique a costa de la agrui^ación molecular 
semejante del ácido razémico, esto es, de la agrupa- 
ción dextrogira. 

Y aquí tenemos una semejanza de lo que.se ve- 
rifica en las moléculas del cuarzo cuando cristalizan. 
Basta suponer que en algunos yacimientos el cuarzo 
dextrogiro se haya transformado en una modificación 
razémica a conscuencia de una elevación local de 
temperatura, y que después haya intervenido alguna 
sustancia que como el pennicühim, tuviese la propie- 
dad de destruir la dextro, quedando en libertad la mo- 
dificación levógira. 

Por de pronto algunas veces la separación de la 
forma razémica puede efectuarse inoculando una so- 
kición saturada de un compuesto razémico con un 
cristal de una sustancia isomorfa que contenga uno 
de los componentes ; y así, según Holleman, inoculan- 
do a una solución saturada de razemato sódico amó- 
nico una pequeña cantidad de lasparragina. Yon Os- 
tromisslensky aisló el dextrotártrato de amonio y so- 
dio en forma cristalina. 

Yéase cómo la sustancia material presenta infi- 
nitas modificaciones, que cuando son percibidas por 
nuestros sentidos, el intelecto las traduce en imáge- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 42 !• 



lies representativas (|ue satisfacen a la natnraleza del 
espíritu. 

Y no lieniüs de abandonar este asunto de las sus- 
tancias razémicas sin traer a la memoria un proble- 
ma de la química del azúcar, que se relaciona estre- 
chamente con ella. Dejando a un lado el estudio pro- 
fundo de la constitución de las exosas, pero presen- 
tando las fórmulas de un modo análogo a lo que lie- 
mos lieclio con la constitución del ácido tartárico. 

En el jugo de la mayor parte de los frutos y aun 
en el de la misma caña cuando no está madura, se en- 
cuentran dos exosas que son bien conocidas clel pú- 
blico: la Dexti'osa, (d-glucosa o azúcar de uva), y la 
Levulosa (d-fructosa o azúcar de fruta). Aiubas tie- 
nen la misma composición química y con ligeras va- 
riantes, tienen las mismas i^ropiedades óptico-activas, 
como indican sus nombres. Ambas se pueden consi- 
derar como derivadas f)or condensación del aldehido 
fórmico o formol, pudiéndolas representar así: 

CH2O. CH2O. CH2O. CH,0. CH2O. CH2().=:(CH20r 

Y supongamos que ambas se combinan formán- 
dose lo que se llama una di-osa. 

CH2O. CH2O. CH2O. CH2O. CH2O.— CH2O+ 

CH2O. CH2O. CH2O. CH2O. CH2O.— CH2O— 

Con la sola diferencia que en la molécula cada 
grupo conserva la propiedad de girar el plano de po- 
larización una a la derecha y la otra a la izcpiierda 
Supongamos ahora c|ue introducimos en la solucdón 
de la molécula de ese compuesto teóricamente posible, 
aunque no conocido en la realidad, la acción del ca- 
lor o algún cuerpo a propósito para facilitar la tran^^- 
formación en un compuesto ópticamente inactivo. 

Sólo nos faltaría sustraer una molécula de agua 
para obtener la di-osa llamada sacarosa o azúcar de 
caña así: 

(CH2O) '+ (CH,0) •-- H2O ^ C,2 H,2 0„ 

Muchos químicos y la mayor parte de los que 
no lo son, andan buscando, no los métodos, sino el 
método (que diría T.uz y Caballero) de transfonnar 



430 ANALES DF, LA 



la glucosa en di-osa o azúcar ele caña; más por la ley 
del contraste de los negocios humanos, toda-vía no le 
han hallado. Y para los profanos es más de extrañar 
esa sencilla ignorancia de los químicos, o mejor dicho, 
impotencia de los químicos, por cuanto el fencSmeno 
contrario, o sea el de convertir la sacarosa en dextro- 
sa Y levulosa, le estamos practicando todos los días 
con más frecuencia de lo regular en las fábricas de 
azúcar. Y en lugar de proceder como indica la fór- 
mula anterior, pasamos el agua al segundo miembro 
de la ecuación con el signo cambiado así : 

He aquí cómo las leyes de la analogía teórica lle- 
van a la sustancia del espíritu a demandar a la sus- 
tancia material que se conforme a lo que resulta con 
el ácido tartárico, y como se niega hasta ahora a com- 
placer al razonamiento, y he aquí cómo también re- 
sulta que la primera siempre se halla subordinada a 
la segunda, hasta que se establece definitivamente la 
correspondencia de las relaciones que constituyen el 
conocimiento positivo. Ya hemos visto cuando hemos 
tratado de considerar aparte las propiedades de la 
sustancia material, cómo se desarrolla el mismo con- 
cepto relativo de la existencia i-eal. 

Un principio de hidráulica co)iio medio de demostrar 

que 'las inferencias del razonamiento no son 
legitimas mientras no se demuestran en los fenóme- 
nos de la substancia material. 

Ha])íanios dicho al principio que en el orden fí- 
sico no podemos extendernos mucho en deducciones 
con razonamientos aritméticos, porque en la experien- 
cia encontramos algunas atccs que el total de los su- 
mandos no es igual a la suma. 

Tomemos como ejemplo la demostración de un. 
principio de hidrostática con objeto de explicar el 
funcionanñento de las l)ombas en serie, por el pro- 
fesor John J. líamsey, por medio del diagrama que 
acompaña. La ley de Pascal demuestra en hidráuli- 
ca que la presión del agua por unidad de área se tras- 





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ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 431 



mite en todas direcciones, .y actúa con la misma fuer- 
za sobre todas las suiDei^cies en ángulo recto con 
ellas. El agua es incompresible y se adapta rápida- 
mente a las superficies irregulares. 

En la figura 1, las columnas de agua están pro- 
vistas de pistones sin fricción, y el peso de cada uno 
de ellos está arreglado de forma que ejerza una pre- 
sión de 40 libras por pulgada cuadrada. 

Si cada uno tiene un área de 10 pulgadas cua- 
dradas, la presión total será de 400 libras. Como exis- 
ten tres pesas de 400 libras cada una, la inferencia 
inmediata es que habrá 1,200 libras de presión por 
pulgada cuadrada. 

No hay para qué decir que si dichas pesas se dis- 
ponen de un modo conveniente, podemos llegar a al- 
canzar la presión final de 1,200 libras, sino sólo que- 
remos indicar por esto, que el razonamiento aritmé- 
tico, y aun la intuición, se pueden engañar mientras 
no encontremos la demostración de los fenómenos de 
la sustancia material. Y así tomando el vaso indica- 
do por la figura núm. 2, supongamos que los pistones 
tienen las mismas áreas 3^ pesos que en la figura pri- 
mera. Tres pistones se hallan colocados en el mismo 
cilindro, siendo huecos los vastagos de los dos pistones 
superiores ; así es que las pesas actúan sobre cada pis- 
tón independientemente de las otras. Cualquier peso 
puesto sobre el pistón 3, necesitará mi peso igual so- 
bre el pistón 4 para constituir el equilibrio. En este 
caso el pistón 4 debe contrarrestar el peso combinado 
de los pistones 1, 2 y 3. Los tres j^istones pesarán 
1,200 libras y crearán una presión de 1,200-10 pulga- 
das cuadradas, 120 libras por pulgada cuadrada, 
mientras que el pistón 4, pesará 1,200 libras y equi- 
librará una presión igual por pulgada cuadrada. 

Este principio está ilustrado en la figura 3, en 
la cual los pesos y las áreas son los mismos que en 
las figuras 1 y 2. Fi agua está encima y la válvula 2 
queda abierta, el pistón 2, descenderá hasta el fondo, 
puesto que el agua fluirá desde abajo por la abertu- 
ra C. Cuando la válvula 2 está cerrada, el pistón no 
puede moverse, a menos que el agua sea forzada por 
la válvula 1. Habrá una presión de 40 libras por pul- 



432 ANALES DE IxA 



gada cuadrada en la cámara C 2. Abrase la válvula 
1, por medio de la llave E. Para levantar el pistón 1, 
tendríamos que añadir bastante peso sobre el pistón 
'K ])ara le^'antar el pistón 2, y antes de que pueda ele- 
varse, tendría que desalojar el agua que tiene enci- 
na. Haciendo así, se levantaría el pistón 1. Como 
los pistones 1 y 2 están pesados a 40 libras por pul- 
gada cuadrada, sería necesario tomar un peso de 80 
libras [xn* pulgada cuadrada sobre el pistón 3, para 
í-oiitrarrestrar las presiones sobre los pistones 2 y 1. 
El principio en las figuras 2 y 3 es el mismo, aun([ue 
en la 2 aj)arece algo más conqdicado. 

Otras jirojtiedades físicas demostrando que las 

deduerio)i( s ni ate m áticas son alfjiinas veces distintas 

de la realidad ol)jetii'a. 

Existen otras propiedades físicas de la sustancia 
juaterial que en cierto sentido hoy, y en todos senti- 
dos hasta hace unos cien años, cuando Clav-Lussac v 
Abogadro establecieron la teoría de los gases, en las 
que la inferencia matemática es distinta de lo que se 
^'erifica en la realidad; Pongamos por ejemplo en 
tres tubos termométricos, en el primero agua, en el 
segundo alcohol y en el tercero éter, a volúmenes 
iguales y coloreados, para que se perciban las super- 
ficies. 

8i sumergimos las culjetas de los tres tubos en 
un baño de María y calentamos éstos gradualmente, 
vemos que los líquidos se dilatan desigualmente, su- 
biendo más la colunjna del éter que la del alcohol, y 
ésta más que la del agua. A simple vista esto nos pa- 
rece muy natural (aunque no conozcamos realment<' 
la causa), puesto que se trata de tres líquidos distin- 
tos y i)or consiguiente el calor ha de actuar de dis- 
tinto modo. 

Pero sigamos calentando el baño a mayor tem- 
peratura que la de la ebullición del agua, y pongamos 
cada uno de los ti-es tubos en comunicación con un 
manómeti'o ; y entonces observamos que una vez con- 
vertidos estos tres líquidos en vapor, además de dila- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 433 

tarse con mucha mayor velocidad que al estado líqui- 
do, ha desaparecido la diferencia, y los tres se dila- 
tan lo mismo, y en las mismas proporciones, en igual- 
dad de las demás condiciones. 

Pues ahora tomemos un tubo cerrado de un litro 
de capacidad, provisto de manómetro, e introduzca- 
mos en él un litro de cada uno de estos vapores en las 
mismas condiciones de presión y temperatura, y en- 
tonces vemos que los tres litros de vapor ocupan el 
volumen de un litro. La razón y lo que pudiéramos 
llamar sentido conu'm, indican que puesto que cada 
uno de estos tres cuerpos al estado de gas ocupan un 
volumen cerca de 2,000 veces mayor que al estado lí- 
quido, debieran combinarse o comprimirse para que 
los tres volúmenes ocupen uno. Pero no sucede así 
en la realidad. Cada uno de los tres gases ocupan 
exactamente el volumen de un litro, y al mismo tiem- 
po se coniportan en sus propiedades físicas, como si 
no existieran en el tubo cerrado los otros dos, como si 
cada uno ocupara el solo el espacio de un litro ; cada 
uno ejerce su propia presión sobre las paredes del tu- 
bo, como se demuestra hoy viendo que la presión to- 
tal es igual a la suma de las tres presiones parciales. 
Y lo mism.o sucedería si fuéramos introduciendo en 
el tubo un litro de cada uno de los gases que existen 
en la naturaleza. 

Así es que, según todas las apariencias, tendría- 
mos que la suma de los volúmenes de los gases intro- 
ducidos sería: l+1 + l + i+...xl =1 

Es una imperfección de lenguaje denominar fal- 
sas teorías a las que se han abandonado en el tiempo 
porque ya no respondían a explicar los hechos descu- 
biertos posteriormente, y no hay más que alirir cual- 
quier página en la historia de la ciencia desde Thales 
de Mileto hasta Lord Kelvin o de la filosofía desde 
Pitágoras hasta el profesor Bergson, para observar 
cómo el espíritu del hombre ha procedido siempre; 
se le presentan los fenómenos a sus sentidos, y los 
interpreta en ténninos de la sustancia del espíritu, 
establece las relaciones de semejanza y de diferencia ; 
y como cualquiera explicación es mejor que no tener 



434 ANALES DE LA 



ninguna, agrupa sus impresiones con arreglo a cliclias 
relaciones, y sólo cuando algún lieclio o concepto nue- 
vo no se amolda a la teoría que ha concebido, es cuan- 
do se propone buscar otro equilibrio entre los dos ór- 
denes de la realidad. Así los hombres de ciencia dis- 
cuten los conceptos actuales, los comparan con los an- 
teriores y fonnulan otros nuevos, o mejor dicho, otros 
modificados, porque siempre queda algo de verdade- 
ro en el antiguo y algo de falso en lo moderno. Así el 
campo de la filosofía se encuentra hoy como hace tres 
mil años, o bien entre el idealismo de la filosofía in- 
dia, pasando por Protino hasta Berkeley: o bien en- 
tre el concepto dual de la existencia del ol^jeto y su- 
jeto desde Aristóteles, pasando por Santo Tomás has- 
ta Spencer, o bien el monismo desde Anaxágoras, pa- 
sando por Demócrito hasta el profesor Haeckel. Y 
lo mismo en las teorías científicas. Tan real fué la 
de los cuatro elementos, aire, tierra, agua y fuego, 
que duró desde la antigüedad hasta futimos del siglo 
XVIII, como la de los elementos químicos y la teoría 
actual de la exist(mcia de los átomos y de los electro- 
nos; lo cual no impide que cuando mañana se descu- 
bran otras propiedades de la materia, y se formulen 
otros conceptos, consideremos la teoría atómica más 
falsa o más i3er judicial al progreso de la ciencia del 
porvenir, que la teoría del flojisto de Becher y Sthal 
tan maltratada o ridiculizada por los químicos moder- 
nos, y que sin embargo sirvió de base para los gran- 
des desculn-imientos del siglo XVII y tres cuartos 
del XVIII como lo prueba que hasta los portentosos 
descubrimientos de Lavoisier, fué sostenida por sa- 
bios como Cavendish, Priestley y Scheel. 

Es evidente que en la actualidad es inaceptable 
para nuestro pensamiento la teoría del flojisto, se- 
gún la cual es una sustancia o cuerpo particular co- 
mún a todas las sustancias combustil)les, y que éstas 
deben la propiedad de combustibles a la presencia de 
esa sustancia hipotética : así es que cuando se quema 
un cuerpo es porque pierde con la llama su flojisto, 
y cuando un cuerpo que le ha perdido se calienta en 
compañía de otro muy rico en flojisto, el primero o 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 435 

sea el clesflojisticado vuelve otra vez a su autiguo es- 
tado, esto es, volvía a crearse el cuerpo. 

Nosotros poseemos i\u lil^ro muy curioso publi- 
cado en Londres en 1788, que trata de la composición 
del azúcar, titulado: Chemical Observations on Su- 
gar, donde se explican las ideas que existían enton- 
ces sobre la química del azúcar, j hablando de esta 
teoría, dice "Admitiendo la existencia de tal princi- 
pio como el flojisto, y sus varias infinidades en con- 
formidad con las doctrinas que hoy se admiten en 
química, no cabe duda alguna en que el azúcar se 
compone de un ácido particular j flojisto, según ya 
se había hecho observar anteriormente''. 

Hoy para la inteligencia humana es evidente que 
la materia no se crea ni se destruve, v hasta los niños 
de la escuela saben que S(51o se transfoniia, pero sin 
perderse ninguno de sus componentes, pero este con- 
cepto que para la lunnanidad actual es una verdad 
axiomática, no se admitía hasta últimos del siglo 
XVIII, Lavoisier demostró ese principio por medio 
de la balanza (2). 

Este hábito del pensamiento, sin embargo, se ha 
formado desde hace unos cien años, porque a fines del 
siglo XVIII (cuando Lavoisier exjiresó primeramen- 
te la ley) dominaba por completo la idea contraria. 



(2) Hollenian en su reciente obra Inorganic Chemistry, pág. 17, 
dice que los filósofos griegos se hallaban convencidos de la imposibilidad 
de producir o destniir la materia, que en todas las edades esta creencia 
ha sido la base del pensamiento filosófico; y que es completamente in- 
correcto decir que se ha establecido por experimentación. Pero esc con- 
cepto de la indestructibilidad de la materia se refería al mundo sideral 
en su conjunto, del cual tenían los antiguos un concepto niuy C(i:ifuso e 
incoherente, x^^ro no a las formas de la sustancia material, tales como 
son percibidas por nuestros sentidos. Y aun para la existencia sideral, 
filósofos como Lucretius admitían la hipótesis de que los astros, el sol 
y la luna pudieran crearse diariamente. Pero precisamente todas las teo- 
rías químicas hasta la época de Lavoisier, se fundan en la creencia con- 
traria que supone el eminente profesor de la Universidad de Amsterdan. 
Y asi las ideas de los alquimistas buscando la piedra filosofal, como la 



436 ANALES RE LA 



teoría del flojisto, y todas las que se refieren a los fenómenos de combus- 
tión, y demás reacciones químicas, tienden a las ideas de creación y des- 
trucción continua de la existencia material, y hasta en biología la idea 
del nixus formativas indicaba el concepto de la creación continua de los 
organismos. En oposición a la memoria y afirmación del profesor HoUe- 
man, podemos aducir las opiniones de casi todos los autores de química, 
y sin ir más lejos conservamos en la memoria la afirmación del eminen- 
te profesor Ostwald de la Universidad de Leipsig, en su obra: Outlines 
of General Chemistry, 2.» edición inglesa, p. 3: "Hoy ya nos hallamos 
acostumbrados a considerar la materia ponderable como alguna cosa ob- 
jetivamente existente, y tal ley se nos aparece como evidente por sí 



AOADfiMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 43? 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 25 DE FEBRERO DE 1921 



Presidente: Dr. Juan Santos Fernández. 

Secretario: Dr. José A. Fernández Benítez. 

Académicos concurrentes: Dres. : A. Aballí, A. Agramonte, 
R. de Castro. J. A. López del Valle, E. Moreno, L. Ortega y F. 
Torralbas. 



Leídas las actas anteriores del (28 de enero y 11 de febrero) 
no pudieron aprobarse i;»or falta de quorum. 



El Sr. Presidente concede la palabra al Dr. Luis Ortega 
que lee su trabajo titulado hipo epidémico y da a conocer las 
nueve hojas clínicas de otros tantos enfermos observados por él, 
durante estos últimos tiempos, en todos los cuales pudo compro- 
bar la presencia del hipo epidémico, algunos de cuyos casos tu- 
vieron un desenlace fatal. 

Hace constar que toda la medicación que utilizó para com- 
batir este hipo no le dio resultado alguno, desapareciendo la 
molestia según fué mejorando el enfermo. El trabajo del Dr. Or- 
tega está lleno de consideraciones útilísimas y perfectamente do- 
cumentado, recibiendo de la distinguida concurrencia que asistió 
al acto, al terminar la lectura de su trabajo, aplausos muy nutri- 
dos y calurosas felicitaciones. 

El Sr. Presidente abre discusión sobre el trabajo leído, y 
concede la palabra al Dr. Federico Torralbas el que felicita al 
Dr. Ortega y a la Academia por haber tenido el gusto de oír tan 
importante trabajo, agregando que él ha tenido oportunidad de 
asistir un caso que presentaba el hipo tan bien descrito por el 



43 S ANALES DE LA 



Dr. Ortega, manifestando que a él para combatir esa afección 
le dio buen resultado el empleo de la tintura de l^adiana. 

Solicitada la palabra por el Dr. Ahallí, le fué concedida por 
la presidencia y dice que desea expresar su satisfacción por la 
lectura del trabajo del Dr. Ortega que acaba de oír, manifes- 
tando que él tuvo oportunidad de asistir dos casos, uno de un 
niño de unos días de nacido que falleció, y otro de un niño lac- 
tando el cual curó. En ambos casos pudo observar todos los sín- 
tomas tan brillantemente expuestos en su trabajo por el Dr. Or- 
tega, al que felicita por la di^^llgación que trata de obtener con 
su trabajo de una afección nueva, cuya divulgación puede ser 
muy útil no solo a los profesores libres de medicina sino tam- 
bién a las autoridades sanitarias. 

Concedida la palabra al Dr. Raiuiundo de Casiro, dijo que 
también ha tenido a su cuidado casos de hipo epidémico, habien- 
do podido comprobar todo lo expuesto por el Dr. Ortega, agre- 
gando que tampoco tuvo éxito con el empleo de ninguna sustan- 
cia para combatir el hipo, a pesar de haljer usado la tintura de 
badiana, que al Dr. Torralbas dio tan buen resultado. 

El Dr. Ortega da las gracias a sus di.stinguidos compañeros 
por las frases de felicitación que le han dirigido. 

El Sr. Presidente a pesar de hacer constar de que no exis- 
te el quorum reglamentario, concede la palabra al Dr. Federico 
Torralhas el que da lectura a una moción en la que hace resal- 
tar los merecimientos del Dr. Tamayo, y pide que como cumpli- 
miento a una deuda de gratitud se acuerde por la Academia, 
colocar en sus salones el retrato del citado doctor, así como que 
se celebre una sesión exti-aordinaria en la que se dé público tes- 
timonio de los méritos contraídos por el mismo. 

El Sr. Presidente dispuso que la citada moción quedase so- 
bre la mesa para que la Academia tome acuerdo sobre la misma 
en junta de gobierno y cuando exista el quorum reglamentario. 

Y siendo muy avanzada la hora se dio por terminada la 
sesión. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 439 



HIPO EPIDÉMICO 

POR EL 

Dr. Luis Ortega 



(Sesión del 25 de febrero de 1921). 

Me induce a distraer la atención de esta docta 
corporación, en el curso de sus faenas académicas, el 
lieclio de haber tenido bajo mis cuidados en el corto 
período de tres semanas, un conjunto .de casos simi- 
lares, insólitos en su aparición, molestos por su per- 
sistencia, e interesantes por su significación científi- 
ca ; presentándonos en reducido plano, las mismas in- 
terrogaciones, las mismas sospechas y las mismas zo- 
zobras, por lo que ellas pueden significar, lo c[ue está 
pasando en Euroj)a y en América en el momento ac- 
tual. Me refiero a la existencia entre nosotros de un 
brote de singultus epidémico. Es precisamente en las 
últimas semanas del invierno, cuando hacen su apa- 
rición por pequeños focos, con manifestaciones más 
intensas y progresivas en distintos puntos ele la Isla, 
multiplicándose cada vez más, y coincidiendo con las 
postrimerías del estado gripal que ha reinado en k)s 
últünos meses del airo que pasó. Es i3or lo cpie me 
permito llamar respetuosamente la atención de mis 
compañeros, para que teniendo presente esta comu- 
nicación, fijen su mente en los posibles cuadros noso- 
lógicos, que el proveinr nos puede presentar, y que 
nos expresan la estrecha relación entre los cuadros 
del presente y el futuro, contribuyendo a la etiología 
de una de las afecciones que presenta por ahora ma- 
yores oscuridades en su aparición. 

La lectura de mis casos, parecen calcados en la 
literatura que ha llegado a mis manos, solare esta en- 
fermedad, y que se refieren a los de Austria, Inglate- 
rra, Francia, Italia y la Argentina. La misma época 



44U AJMAJ.^» iJü Jj-A. 



de aparición, su insólita persistencia, su duración 
aproximada y su concomitancia con otros estados ca- 
tarrales a los que ]io parece estar desligado en su etio- 
logía. (1) 

Caso número 1. — Joven Esc, 18 años, algo retar- 
dado en desarrollo cerebral; lia sufrido las infeccio- 
nes de la niñez ; viene a Cuba a convivir con su abue- 
la, al cuidado de la que se halla. Goza de aparente 
buena salud, notándose solamente cierta tendencia a 
las diversiones infantiles. Súbitamente en los últi- 
mos días de enero se siente acatarrado v se le toma 
la voz (ronquera), la temperatura sube a 37^5, a ST"?, 
y hay algunos golpes de tos, siente cansancio y toma 
cama ; al suministrarle una infusión aromática le co- 
mienza hipo que al principio no le da importancia, 
pero que se repite con frecuencia y lo pone de mal 
humor. Entonces se solicitan mis servicios y encuen- 
tro síntomas catarrales diseminados por todo el apa- 
rato tráqueo-brónquico sin localización definida, es- 
tado salíurral muy marcado de la lengua (aporcela- 
nado), distensión de estómago con timpanitis y cons- 
tipación ; las crisis de hipo se repiten sin interrupción 
y fatigan al enfermo. Ordeno un laxante y unas go- 
tas de doral y alcanfor. Una poción con belladona, 
y recomiendo sinapización de las inserciones diafrag- 
máticas costales, compresión del frénico en los esca- 
lenos y ligadura de las extremidades. No se obtuvo 
alivio, y advierto a la familia la existencia de unos 
focos epidémicos de hipo y su duración que fué de 
cuatro días. El estado gástrico se acentuó con fuer- 
te pirosis y agruras que molestaban mucho al enfer- 
mo, lia temperatura fué descendiendo y al 4.° día 
desapareció el malestar gástrico y el hipo. No había 
signo parético de la cara ni los reñejos estaban exal- 
tados; un fenómeno notable durante la crisis fué el 
insomnio que predominó durante toda ella. 

Caso número 2. — Br. A. P., con antecedentes de 
una nefritis crónica hipertensiva la cual venía tra- 
tándose. A consecuencia de una crisis congestiva del 

(1) Dospués de leído oste trabajo han sido señalados en los E. U. 
en el American Joumal. 



A0ADÍ5M1A DE OlENOIAS DE LA HABANA 441 

riñon tuvo que liacer cama, evolucionando apirética- 
mente. En el sexto día de su permanencia en cama 
sube la temperatura de 37° y medio a 38" con gran mo- 
lestia y enronquecimiento de la voz y ocho horas des- 
pués empieza el hipo que se continúa sin tregua, y 
que fatiga grandemente al enfermo. No lo deja dor- 
mir, e instintivamente adopta una ]30sición inclina- 
da hacia adelante como para inmovilizar el dia- 
fragma. , 

En estas condiciones le dura el hipo tres días, 
sin que su pulso, tensión y diuresis sufrieran modifi- 
cación alguna. La temperatura fluctuó entre 31°d a 
38° durante tres días, al cabo de los que cesa ésta y el 
hipo. El estado catarral, también de las vías diges- 
tivas, llama la atención : lengua aporcelanada y gran 
constipación, rej^ugnancia absoluta a toda ingestión 
alimenticia incluso líquidos. La constipación costó 
gran trabajo vencerla y se notaba gran distensión 
abdominal, sobre todo gástrica. Exactamente al cuar- 
to día cesó la fiebre y el hipo, continuando la evolu- 
ción de su nefritis que fué agravándose en días ulte- 
riores y murió seis días después de edema pulmonar. 

Caso número 3. — ^Sr. J. A., de 60 años, sufre de 
albuminuria por cardioesclerosis, la que evoluciona 
favorablemente permitiéndole hacer una vida me- 
dianamente activa. En los últimos días de enero tu- 
vo un catarro bronco-pulmonar con tos pertinaz, con 
temperatura de 37"4 a 37°6, sin expectoración; no le 
duele la cabeza pero siente una gran astenia y un gran 
malestar de estómago, comenzando el hipo el día 4 de 
febrero en que yo lo vi, por crisis que le duraban sin 
descanso hasta 4 horas. Tenía una corona de ester- 
tores sub-crepitantes en la base derecha. Rendido por 
el cansancio, dormía con irregularidad presentando 
contracciones frenogióticas aun dormido. L^nido a él 
experimentaba una gran llenura gástrica con pirosis 
acentuada ; su vientre funciona regularmente, la tem- 
peratura permanece estacionada y la orina se elimi- 
na en buena cantidad. Le duró este estado 4 días 
acentuándose la molestia gástrica que terminó por un 
vómito oscuro desapareciendo el hipo y la pirosis. Es 



442 AÑALES DE LA 



de notar en este caso que asistiendo a su oficina como 
de costumbre, su Secretario Sr. R. G. tuvo hipo joor 
30 lloras acudiendo a la Casa de Salud Oovadonga 
donde permaneció un día sin haber tenido fiebre ni 
otras molestias importantes que sepamos. Tres días 
después fué invadido nuestro caso. 

Caso número 4. — Sr. J. C, blanco, de 57 años, 
de ocuiDación campesino, ingresa en la Clínica el 6 de 
febrero haciendo 12 días que se sentía enfermo. Sus 
antecedentes familiares sin importancia. Ha sido 
siempre muy fuerte, dedicado a las labores rudas del 
campo. Buenos hábitos. 

Hace 12 días dice haber hecho una comida copio- 
sa que no le sentó bien en el estómago sintiendo lle- 
nura, malestar y trastornos ligeros generales por cu- 
yo motivo se decidió a tomar un ¡purgante salino; al 
siguiente día los movimientos intestinales fueron 
abundantes, con algunos cólicos y náuseas a rej^eti- 
ción sin que mejorara el estado general que ¡Dor el 
contrario se hizo más molesto con dolor ligero de ca- 
beza, ninguna reacción febril, pero apareciendo mu- 
chas eructaciones acidas, vómitos y sol)re todo un hi- 
po continuo durante algunas horas que lo molestaban 
y extenuaban extraordinariamente. Las crisis de hi- 
2)0 más acentuadas en el comienzo de su afección se 
fueron separando im tanto, pero continuaban hasta 
el extremo de ser el síntoma que más le llama la aten- 
ción. Sometido a tratamiento médico logró mejorai' 
de sus síntomas subjetivos y de los vómitos, pero el 
hipo continuó sin modificación apreciable hasta el día 
de su ingreso, doce días después de su aparición. 

Los pulmones y pleuras no presentan signo al- 
guno de lesión apreciable y el corazón cuya i3unta la- 
te en el quinto espacio intercostal sobre la línea ma- 
milar a un ritmo oscilante entre 80 a 90 pulsaciones 
no presenta alteraciones de contractilidad, siendo su 
presión arterial de 128 m. máxima=por 85 m. mínima. 

En el abdomen se queja de ligeros dolores epi- 
gástricos con vómitos e hipo, los colones algo meteo- 
rizados V las materias fecales muestran una colora- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 443 

ción oscura necesitando laxarse para obtener buen 
efecto de vientre. 

Sus pupilas iguales reaccionan bien a la luz y 
acomodación. Tiene conservados sus reflejos cutáneos 
V tendinosos v las contracciones de su diaí'raama con- 
secutivas al hipo no fué posible observarlas floroscó- 
picamente porque cesaban tan pronto el sujeto era 
llevado bajo la pantalla. 

Sometido a su ingreso al siguiente tratamiento : 
belladona, reposo, bolsa de hielo al epigastrio, percu- 
sión de la columna dorsal y régimen alimenticio ; du- 
rajite cinco días los vómitos fueron sustituyéndose 
por náuseas, éstas poco a poco fueron desaparecien- 
do en su totalidad. El hipo al principio continuó has- 
ta el punto de perturbar notablemente su sueño, fué 
cediendo igualmente aunque con más lentitud; pri- 
mero las crisis jiocturnas, más tarde las diurnas, has- 
ta que el doce de febrero su estado de salud era per- 
fecto, siendo sustituido el tratamiento por nuez vó- 
mica hasta el día de su alta, dos días más tarde, con 
recuperación de su apetito y sin signo alguno subje- 
tivo de molestia. 

Caso númet'o 5. — Sr. G. P., español, de 37 años, 
del Vedado. Ingresa en mi pabellón "Villaverde" el 
9 de febrero, fué trasladado a esta sala por tener fie- 
bre alta y fenómenos de inconsciencia cerebral. Al 
examen se ¡presenta en estado indiferente con tempe- 
ratura de 39'', por ratos presenta delirios incoheren- 
tes. Cabeza normal excepto la lengua que está muy 
saburral y los dientes en mal estado. Xo ganglios, li- 
gero estado catarral, respiración acelerada, j^ero rít- 
mica. Corazón: taquicardia, bien timl)rado, frecuen- 
cia 120 al minuto. A^ientre distendido por gases (se 
le había administrado un purgante) meteorizado sin 
ninguna localización dolorosa ; la vejiga contenía ori- 
na c[ue se recogió con la sonda. Se le recogió sangre 
y se pidió su examen de urgencia que compro1:>ó la 
existencia de plasmodium falciparum, sometiéndose 
al tratamiento por la quinina que hizo desaparecer 
todos los trastornos que presentó a su ingreso. Solo 
se queja de malestar de estómago y sensación de pi- 
rosis intensa y comienza a tener hi]30 que le dura in- 



444 ANALES ÜE lA 



«.MMMMKWMA«iUl>4 



cesantemente día y noche sin permitirle dormir ; ha- 
ce dos vómitos que no le alivian. Sus pupilas reac- 
cionan bien, no hay paresias orbiculares ni faciales, 
sus reflejos cutáneos y tendinosos están normales. La 
temj)eratura alcanza ¿1°2 por la tarde, y la orina con- 
centrada y sin elementos anoiinales más que la cifra 
alta de urea. No siente apetito y sólo desea la inges- 
tión de bebidas frías. Al cuarto día exactamente del 
comienzo del hipo y al tercero del de su apirexia cesa 
éste y desai^arecen los fenómenos gástricos entrando 
en una nonnalidad completa. El tratamiento se di- 
rigió a calmar la hi]3er-excitabilidad de los centros 
bulbo espinales (belladona, doral y bolsa helada). 

Caso mimero 6 (1). — Sr. J. L., 47 años, no re- 
cuerda haber tenido enfermedad de importancia, es 
fuerte v tiene una constitución buena; se dedica al 
oficio de portero. El domingo 15 de febrero al levan- 
tarse después de haber dormido bien y no haber he- 
cho exceso alguno la víspera, sintió hipo, y creyendo 
que era debilidad se apresuró a tomar su desayuno 
el que no vomitó, pero le continuó el hipo sin cesar 
llegándole a producir dolor en la garganta y el estó- 
mago. No se sintió febril, pero sí advirtió algunos 
calambres en el brazo izquierdo. La molestia del es- 
tómago se fué acentuando y se sentía como inflado el 
vientre. Se administró otro purgante. No se sentía 
acatarrado. Los vómitos ajjarecieron, A'omitando aún 
sin tomar ningún alimento. Sentía dolor de cabeza 
y no podía dormir porque aparte del hipo le venían 
esx3asmos gióticos (sensación de constricción al cue- 
llo con falta de respiración) ; esto le molestaba tanto 
como el hipo. La lengua está muy saburral, no hay 
alteraciones de la pupila, ni de la musculatura del ojo 
ni de la cara. Ligera sensibilidad de los músculos cer- 
vicales posteriores, pero no hay contracción. Los re- 
flejos tendinosos y cutáneos están normales. Mien- 
tras estuvo en la casa no le pusieron el termómetro, 
no se sentía febril. 



(1) Cortesía del Dr. Ortiz Cano. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 445 

Caso número 7 (1). — Manuel Fernández, 37 años 
de edad, natural de Oviedo, de mediana estatura, de 
ocupación dependiente y vecino de San Nicolás nú- 
mero 212, ingresó en el servicio el día 12 de febrero 
de 1921. 

Historia familiar: ^eiáre murió de cáncer vesi- 
cal. Madre vive. 

Historia persorial anterior: Niega sífilis, pero 
tuvo un chancro sin manifestaciones secundarias. No 
blenorragia, no tifoidea. Vive en Cuba desde 1906. 
Inñtienza grave en España en 1919. 

Enfermedad actual: El domingo día 6 por la 
mañana, después de almorzar y repentinamente, co- 
menzó a sufrir de liipo constantemente aun por la 
noche impidiéndole dormir. Esta situación duró cua- 
tro días con sus noches. Sentía malestar general, no 
tuvo vómitos, ni diarrea, ni cefalea. Apetito normal. 
El enfermo afirma que no tm^o 'temblores" ni saltos 
musculares en ninguna parte del cuerpo. No tuvo tos 
ni catarro. Al 4.° día de enfermedad comenzaron a 
disminuir las crisis del hipo, desapareciendo por com- 
pleto el día 11, quinto día de enfermedad. Fué dado 
de alta el día 12 sintiéndose muy bien. 

Examen físico : Piorrea alveolar, desviación del 
tabique nasal, pupilas contraídas, reflejo pupilar nor- 
mal. 

Corazón y pulmones nada anormal, abdomen 
normal. 

Reflejos cutáneos 3^ rotuliano exagerados, espe- 
cialmente el reflejo rotuliano izquierdo. 

Número de pulsaciones, 72 al minuto. Tempera- 
tura, 36°8 y 37". 

Presión ai-terial: Max. 110; Min. 70; Dif. 40. 

Análisis de orina : Densidad 1028, acida, 32 grm. 
Urea, 10 Cloruros, trazas de albúmina, no elementos 
renales, ni sangre. 

Sangre: Hemoglobina 80% : Valor globular 0.80, 
hematíes 5.000,000,^ Leucocitos 10,000. 

Líquido céfalo-raquídeo : Wassermann negativo, 
nada anormal. 



(1) Hoja clínica. (Cortesía del Dr. Montero). 



446 ANALES DE LA 



Reacción de W'assermann en la sangre : Negativa. 

Tratamiento: Eeposo en cama, dieta de leclie y 
frutas y como medicación bicarbonato sódico, aspi- 
rina y polvos de Dover. 

Caso número 8. — Sr. B. G., blanco, natural de las 
Anillas, de 35 años de edad, soltero, del comercio y ve- 
cino del pueblo del Perico. 

Antecedentes familiares: El padre murió a los 
63 años de afección cardíaca, la madre vive y es sa- 
ludable. Ha tenido 9 hermanos, de los que tres mu- 
rieron en la infancia, los demás viven y son saluda- 
bles. 

Antecedentes personales: A los 10 años tuvo sa- 
rampión, a los 20 fiebre tifoidea y a los 24 gripe. Ha 
padecido una vez l)lenorragia. 

Enfermedad actual: El día (3 de febrero se sien- 
te con ligeros sintonías catarrales, gran malestar y 
fiebre ligera. Así se pasa dos días y el día 9 se nota 
gran postración; se pasa las 24 horas del día medio 
doiinido como en un letargo, con bastante temblor en 
las extremidades inferiores y superiores. En estas 
condiciones se pasa 4 días y el día 13 lo ve el Dr. Or- 
tega. Posición decúbito supino, con las piernas do- 
bladas y apoyadas en almoliada, facies indiferente 
como diplégica, cubierto su rostro de gran seborrea, 
ojos entreabiertos que no puede cerrar completamen- 
te por paresia del orbicular, el elevador del párpado 
está parético en ambos lados, los movimientos conju- 
gados de los ojos obedecen lentamente sin diplopia; 
la pupila reacciona perezosamente a la luz y a la aco- 
modación, no hay nistagmus. Las contracciones del 
bucinador ,y del orbicular de los labios es parética. 
Los maseteros parecen algo contraídos, no puede abrir 
bien la boca ; responde bien a las preguntas que se le 
dirigen, pero con lentitud; los movimientos del cue- 
llo, laterales v de flexión son perezosos y sensibles ; se 
notan contra cturados los cervicales posteriores. La 
cabeza y el tronco f orinan una sola pieza ; en los mo- 
vimientos de lateralidad del tronco hay que auxiliar- 
lo porque no puede realizarlos solo. Se nota cierta 
espa^ticidad de los grupos musculares. Las extremi- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 447 



dades superiores están animadas de temblor de me- 
dianas oscilaciones sobre todo cuando no tienen apo- 
yo ; éstos, dice la familia, los presenta por momentos 
si trata cíe hacer algún movimiento. El corazón bien 
timbrado late de 80 a 90 por minuto sin ruido anor- 
mal ; la tensión es de 115 m. máxima por 70 mínima. 
En el aparato pulmonar se oyen algunos sibilantes y 
roncos diseminados en toda el área respiratoria; hí- 
gado y bazo nada anormal. Por veces tiene hipo y 
las paredes del vientre se mantienen con tonus exa- 
gerado ; hay meteorismo y predomina una fuerte cons- 
tipación que no se vence fácilmente. Hay paresia ve- 
sical. Reflejo abdominal está exagerado y lo mismo 
el cremasteriano. Las extremidades inferiores están 
dobladas y contracturadas, apoyadas en almohadas y 
cuando se las mueve se animan de temblor que com- 
prende grupos musculares de los abductores y los ex- 
tensores. Reflejos rotulianos muy exagerados, sobre 
todo el izquierdo ; levanta la punta del pie más de me- 
dio metro. Se observa ligero clonus, no hay Babinski 
ni Kerning. El sentido muscular, articular y óseo es 
perfecto. La tempei-atura es de 38" y el enfermo in- 
niediatamente que responde a las incitaciones entra 
en letargía de la cual se le saca fácilmente. Deglute 
Inen y toma sus alimentos cuando se le dan. Hay ves- 
tigios de albúmina, orina concentrada y buena urea. 

Recomiendo una punción lumbar y los infoiiiies 
posteriores me aseguran que el enfermo continúa con 
las contracciones y los temblores y cada vez más dor- 
mido. 

El modo de comienzo (estado catarral los días de 
enfermedad, siete, cuando yo lo vi) el estado toxi-in- 
feccioso, el aspecto parkinsoniano, los temblores que 
animan sus extremidades, la astenia profunda del en- 
fermo, su inteligencia conservada y la diplegia facial 
con integridad de sus otros aparatos funcionales me 
sugieren el diagnóstico de encefrlitis miotónica a sin- 
dronie parkinsoniano, dada su grande semejanza con 
los casos referidos a la Sociedad Médica de los Hospi- 
tales por Roger, Sicard y otros y en La Semana Médi- 
ca, de la Argentina, del mes de enero, febrero y mar- 



448 ANALES DE LA 



zo de 1920. Mis informes últimos respecto de este ca- 
so es que el enfermo continúa en la misma condición 
enconti'ándose en el décimo-séptimo día de su enfer- 
medad. 

Caso número 9 (1). — Juan Acosta, niño de 1 año, 
residente en una sitiería del Témiino de Artemisa. 
La semana anterior a mi primera visita había sido 
visto por el Dr. Cusco, quién me manifestó haber he- 
cho el diagnóstico de infección gripal de forma ligera. 

Visto por mí el día 15 de este mes, por la maña- 
na, pude comprobar los síntomas que voy a relatar: 
Estado letárgico en el cual se encontraba el enfermo 
desde eJ día 11, facies átona, ojos entornados, mirada 
indiferente, pupila inmóvil y sin reacción a la luz, au- 
sencia de parálisis oculares, el roce de la conjuntiv^a 
produce el reflejo palpebral. Abolición del reflejo pa- 
telar, no existe el Kerning, ni el reflejo de Babinski; 
el niño permanece indiferente a las llamadas de su 
madre. Temperatura, unas décimas por debajo de 
37", respiración y pulso normales. No ha habido con- 
vulsiones y sí yo no he interpretado mal el relato de 
la madre, el niño debe haber tenido accesos de tem- 
blor. El único síntoma de orden irritativo que he po- 
dido comprobar ha sido obtenido muy fácilmente. 
Aparte esto el niño tenía aún vestigios de angina y 
de bronquitis. 

Manifiesto a la familia la gravedad de la situa- 
ción, y me piden una jmita con el Dr. García Marrúz, 
quien llega al caer de la tarde y comprueba la sinto- 
matología referida. Practicada la punción lumbar se 
extraen 5 ce. de líquido céfalo raquídeo, de aparien- 
cia completamente normal, y así ha resultado tam- 
bién por el examen practicado en el Laboratorio por 
una persona tan competente como el Dr. Leonel Pla- 
sencia. El enfermo es sometido al tratamiento por la 
urotr opina. 

Al día siguiente 16 por la mañana el estado del 
enfermo sigue siendo el mismo. El día 17 tiene el ni- 



(1) Cortesía del Dr. Enrique Gavaldá Valentl, de Artemisa, Pinar 
del Río. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 449 

ño un recargo febril, en el cual la temperatura llega 
a 38°, tiene unos accesos de temblor, según me dice 
un allegado a la familia, v fallece a las 11 de la no- 
che, 2 días y medio después de haberme hecho cargo 
de su asistencia. 



Del análisis atento de los seis casos presentados 
podemos observar en conjunto los siguientes hechos: 

Primero : La coexistencia de un estado catarral 
anterior j)ulmonar o gástrico que precede a la apari- 
ción del hipo o concomita cími el. 

Segundo : En dos de los casos el ingerto, por de- 
cirlo así, del hipo en un caso agudo y otro crónico, 
sin que ninguna otra relación nosológica pudiera re- 
ferirse. 

Tercera: La duración de tipo mediano en cua- 
tro casos y prolongando en dos de los casos de los ma- 
yores señalados hasta hoy. 

Cuarto: Su aparición en enfem:íOS del sexo 
masculino en todos los casos como corrientemente se 
señala en la literatura extranjera. 

Quinto : La concomitancia de otros dos casos, 
uno de tipo letárgico y otro de tipo miotónico en dis- 
tintos puntos de la Isla que sepamos hasta el pre- 
sente. 

Sexto: En todos los casos de hipo la desapari- 
ción brusca del trastorno y la transición a un estado 
general excelente tan pronto ha terminado esta ma- 
nifestación. 

Séptimo : La ineficacia de todo tratamiento des- 
de un punto de vista efectivo, y no casuístico de to- 
dos los medios empleados para remediarlo. 

Veamos ahora que es lo que ha sucedido fuera de 
nosotros. En el invierno de 1919 a 1920 apareció en 
Viena la primera epidemia de hipo observada por 
Ecónomo semanas antes precisamente de la gran epi- 
demia de encefalitis en Italia. Cuando se extingue 
esta epidemia de hipo aparecen los primeros casos de 
Encefalitis Mioclónica. Los neurólogos fijan la aten- 



450 ANALES DE LA 



ción sobre la estrecha etiología y jDatogenia de ambas 
epidemias, y aunque Ecónomo liace una prudente re- 
serva sobre su etiología no deja de señalar su correla- 
ción. Dufour, en París, señala en el propio año de 
1920 la existencia de Singidtus epidémicus de tres a 
cuatro días de duración y sin otras consecuencias ex- 
cepto en un caso en que fué seguido de convulsiones 
mioclónicas, delirio onírico-alucinatorio y muerte; 
Bernard, en VersalJes, señala también su existencia 
y la considera como una forma larvada de encefali- 
tis letárgica. 

Staclielin de Basilea, señala una epidemia de una 
serie de parálisis oculares^ pasajeras seguidas de una 
epidemia de singultus y la explosión de numerosos 
casos de encefalitis comprobadas por Wyss y Her- 
lanfigen. En diciembre de 1920 Logre y Heuyer y 
Sicard y Paraf reñeren casos numerosos de ''Hipo 
epidémico" a la Sociedad de Neurología de París; los 
casos de Logre y Heu3^er fueron precedidos de cata- 
rro naso-faríngeo refiriendo este singultus febril al 
desarrollo de un estado gripal benigno a forma fréni- 
^ ca ; pero en cambio Sicard .y Paraf insisten sobre las 
relaciones entre la epidemia de hipo y la recrudescen- 
cia de la encefalitis. 

Resumiendo: Ecónomo, Dufour, Benard, Scha- 
telim, Logre y Heuyer, Sicard y Paraf, demuestran 
con evidencia las relaciones que pueden existir entre 
esta variedad de hipo incoercible acompañada de fie- 
bre ligera, y la encefalitis, no siendo posible referir 
este hipo a la histeria o trastornos psicopáticos. 

El "Singultus'' es una doble contracción del dia- 
fragma y de los constrictores de la glotis en que la 
llamada de aire provocada por la contracción clónica 
del diafragma es estrangulada por el cierre brusco 
de la glotis (estenosis espasmódica) y es la vibración 
de los labios de la glotis la que produce el ruido gutu- 
ral especial-patognomómico que constituye el hipo 
(Lhermithe). En cada freno-clonia la pared abdomi- 
nal es levantada pasivamente sin que estos músculos 
presenten contracción. Los espasmos pueden no limi- 
tarse a músculos de la esfera respiratoria y alcanzar 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 451 



también a otros músculos abdominales o segmentos 
de ellos a los músculos del dorso de la nuca, miembro 
superior, etc., los que pueden existir como clonias si- 
milares a las del "Singultus". 

Achard haciendo la radioscojjía de un caso de 
"Singultus" observó la hemi-lateralidad de la con- 
tracción diafragmática (singultus hemilateral). 
Otros como Ecónomo v Relly, la mitad de los múscu- 
los abdominales. El estado psíc^uico de los singulto- 
sos varía : algunos impresionados angustiosos recha- 
zan toda excitación de conversación, etc., y se meten 
en cama ; otros, considerándolo insólito v ridículo con- 
tinúan sus ocupaciones. 

La duración del "Singultus" en los casos refe- 
ridos en Europa ha sido también de 3 a 4 días. Netter 
señala su duración mayor; dos de nuestros casos son 
de 8 y 17 días. A la Sociedad Médica de los Hospita- 
les ha sido reportado un caso Leichwitz de "un mes". 

En algunos el singultus, aparece en plena salud 
sin estado anterior catarral (observaciones 4.% 6.^ y 
1.^ de las personales), o lo precede un estado catarral 
pulmonar o gástrico (observaciones I.'' y 3.'' persona- 
les), o bien aj^arece intercurrentemente durante el 
curso de otras afecciones (observaciones 3."^ y 5." per- 
sonales). 

Lhermithe señala un estado de hipertimia que 
hay que buscar cuidadosamente, ]3ues puede pasar 
desapercibido para los que rodean al enfermo, carac- 
terizado por trastornos del psiquismo. Aparte de las 
localizacioiies catarrales, no hay alteraciones funda- 
mentales de la resT)iración ni de la circulación. 

El examen del líquido céfalo-raquideo en nues- 
tro caso no denotó anormalidad ; no obstante el pro- 
fesor Sicard señala una ligera hiperglicorraquia co- 
mo en la encefalitis. 

(1) Si nosotros echamos una ojeada retrospecti- 
va sobre la aparición del singultus, veremos que co- 
mo sucede con casi todos los problemas de la Patolo- 
gía, no resulta tampoco éste un problema nuevo, aun- 



(1) Lermitlie (hipo epidémico). 



452 ANALES DE LA 



j> 



que verdaderamente su importancia nosológica la ha 
adquirido recientemente, habiéndose confvmdido en 
los primeros tiempos con manifestaciones de la his- 
teria de la simulación, etc., o con lo que los historió 
grafos de la edad media llamaron "Demonopatía 
por lo que merecerían ser revisados a la luz de nues- 
tros conocimientos actuales, desde los casos que se 
han referido a la histeria, hasta los de la epidemia 
del Hospital Harlem y la del Convento Monterrey en 
Es]3aña. 

El diagnóstico diferencial con el hipo epidémico 
se hace porque ciertos singultus no pueden ser simu- 
lados por un sujeto normal, como el hipo hemilateral 
de Achard y las contracciones sinérgicas de los mús- 
culos que no están bajo la influencia de la voluntad, 
tal como señala Vicent, y cuya importancia del diag- 
nóstico al presente, es grande, si como sabemos esta 
manifestación puede presentarse como epifenómeno 
en las afecciones abdómino perifonéales y ser induci- 
do a la Cirugía equivocadamente, como en el caso de 
(Agrinet) en que la autopsia reveló lesiones de en- 
cefalitis letárgica. 

El pronóstico del singultus epidémico, variará 
forzosamente con su patogenia y se debe considerar- 
lo no como un '^ fenómeno aislado" sino referirlo a 
su verdadera etiología. Vemos a Ecónomo, Logre y 
Heuyer ser reservados en sus juicios pronósticos, en 
vista de la coincidencia de las epidemias de singultus 
y las de encefalitis, en tanto que Dufour, Schatelen, 
Benard, Sicard, Paraf y Netter, reconocen la identi- 
dad de esta forma larvada de hipo epidémico, como 
una localización de la encefalitis. 

Flexner, coloca al hipo entre los fenómenos pre- 
monitorios de la forma mioclónica, Relly, insiste so- 
bre el gran número de sujetos atacados de mioclonia, 
que presentan contracciones rítmicas de los múscu- 
los del abdomen, que se insertan en la 8.^ y 9.'' costi- 
llas, y que simulan al "Hipo unilateral". 

En cuanto a la patogenia de la enfermedad, la 
falta de bases anatómicas, dice Lermithe, hace que 
todas las teorías respondan a lucubraciones del es- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 453 

píritu, pero observando que en las afecciones del sis- 
tema nervioso central, los hipos aparecen con gran 
selectividad en los sujetos portadores de lesiones de 
la médula cervical superior, o del bulbo y en los afec- 
tados de meningopatías, y si afiadimos la prueba pre- 
sentada por Von Ecónomo en un caso de singultus 
muerto en el que el autor comj)rueba un estado par- 
ticular con hemorragia de los cuernos anteriores y 
posteriores de la médula cervical, son hechos que nos 
conducen naturalmente, a hacer depender el hipo de 
las alteraciones anatómicas de esta parte del sistema 
nervioso. Esto es solo una hipótesis. (1) En defensa 
del origen no central, sino periférico, del hipo en la 
forma epidémica, Blum, de Keims, dice que sería pre- 
ciso aceptar la existencia de un centro de excitación 
que lo presidiera el cual no está localizado exacta- 
mente ; colocándolos unos en la parte superior de la 
médula cervical, y otros que constituyen la mayor 
parte de los fisiólogos, lo admiten como vecino del 
nudo vital, muy cercano de los centros de la tos y del 
vómito y lo sitúan hacia el ángulo inferior del cuarto 
ventrículo. Las anastomosis numerosas que unen el 
sistema shnpático con el frenético al nivel del ganglio 
plexif orme y del asa memorable de Wi^isberg, asegu- 
rarían la participación del sistema autónomo, en la 
producción de este reflejo. El hipo, pues, puede tener 
un origen central o periférico. Es por esta razón que 
los autores no están de acuerdo soln^e el mecanismo 
patológico del hipo epidémico. La mayor parte lo 
consideran producido ¡Dor una localización cerebral 
de la misma naturaleza que la encefalitis epidémica ; 
otros como Logre Heyuert, siguiendo a Ecónomo, re- 
servan aún su opinión, considerándolo este autor vie- 
nes, como un signo precursor, cuyos preliminares no 
son pensosos, y cuias consecuencias no son graves, 
pero en correlación con la aparición de otras formas 
de encefalitis. Al Profesor Blum, de Reims, le pa- 
rece difícil admitir que una manifestación mórbida, 
tan exenta de toda asociación con otros síntomas ce- 



(1) Blum, de Eeima (hipo epidémico). 



i54 ANALES DE LA 



rebrales, pueda ser considerada como la expresión clí- 
nica de una encefalopatía, estimándola como un tras- 
torno funcional del diafragma, dificultado en sus mo- 
vimientos por un timjíanismo gástrico exagerado, }' 
dada las relaciones anatómicas viscerales y nerviosas, 
y la coincidencia de fenómenos i3ulmonares y gástri- 
cos, se explicaría que las excitaciones diafragmáticas 
podrían ser la causa ocasional del hipo. Por otra par- 
te, parece hoy establecido que los centros del estornu- 
do, tos, e hipo, son ^'ecinos muy j)róximos los unos de 
los otros, y que una especie de sumación de excitacio- 
nes demasiado repetidas o intensas, convoyadas hacia 
el bulbo, por los nervios sensitivos del pulmón y del 
estómago, podrían ser ca^^aces de provocar una reac- 
ción atáxica de estos diferentes centros y determinar 
la tos, el hipo, el bostezo y aun el vómito, de acuerdo 
con los estudios de James Mackenzie, sobre el modo 
de reacción de los centros, en frente de las excitacio- 
nes que parten de las diferentes visceras y del estó- 
mago en particulaj'. (Estudio de los reñejos víscero- 
motores). Esta concepción sostenida por Blum, del 
origen periférico del hipo de naturaleza gastrojjáti- 
ca, vendría a ser una localiza ción original de la gri- 
pe, en armonía con la opinión de Netter, quien cree 
en la relación de identidad original del singultus epi- 
démico y de la encefalitis mioclónica, pero si bien 
acepta esta idea de identidad original, le asigna al 
virus gripal una localización gástrica. 

Proteifonne eñ sus localizaciones, la gripe el ge- 
nio epidémico dominante hará que sorprenda a unos 
aparatos, más (pie a otros, lo cual corrobora las dife- 
rentes denominaciones que ha recibido esta enferme- 
dad desde siglos anteriores. T'ac et Torion cuando se 
traducía por fenómenos dolorosos; catarro febril o 
epidémico cuando dominaban los fenómenos pulmo- 
nares o intestinales, o el simple cansancio febril ; co- 
queluchón, catarro sofocante o fiebre sofocativa, cuan- 
clo los fenómenos de asfixia eran particularmente mar- 
cados; cefalitis o cefalea contagiosa cuando eran los 
signos cerebrales los que tomaban el primer lugar: y 
en fin Huhnerzipf, que significa ''cloqueo" de pollo, 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 455 

cuando los enfermos nos dejan oir ese ruido especial, 
que a nosotros nos parece idéntico al que se oye du- 
rante el liipo de la epidemia actual. 

Por eso dice Blum, que la epidemia actual no es 
más que una "reedición". Las mismas causas la jdu- 
dieron provocar otras veces ; el virus gripal debe mo- 
dificar, según los años, su virulencia y localizaciones, 
y dar lugar a modalidades clínicas desemejantes, pero 
que tienen una identidad original incontestable. Es- 
tas modificaciones son exj^licables por las leyes que 
XDresiden a la Epidemiología y en los trabajos tan no- 
tables de Trillat (del Instituto Pasteur), se demues- 
tra que el aire puede ser mefítico y en estas condicio- 
nes se exalta la vitalidad de ciertos microbios veliicu- 
lados en la atmósfera, o contenidos en el organismo; 
que este mefitismo, es provocado por la presencia en 
la atmósfera, de sustancias orgánicas alteradas volá- 
tiles, vegetales o animales en vías de descomposición ; 
y que merced a la humedad y a los elementos gaseo- 
sos o minerales en suspensión, lo convierten en un ver- 
dadero medio de cultivo; que la acción favorable de 
los gases, o sustancias en suspensión, varía con el pe- 
so molecular de los productos nitrogenados volátiles, 
porque mientras más pequeños, se acercan aún más, 
a la composición de las células, y son materiales más 
aptos para ser asimilados. Estos son los llamados 
(jases alimentos, cuyo valor nutritivo se lia estableci- 
do según su peso molecular, y se clasifican en amonia- 
co, aminas, grasas y aminas de la serie aromática; 
gases pútridos que contienen substancias alacalóidi- 
cas, de peso molecular muy elevado, y que conforme 
a la regia general de la acción fisiológica de esos ga- 
ses pútridos, son favorables a los microbios, a dosis 
débiles y medianas ; en tanto que destruyen a los mi- 
crobios si existen, en cantidades masivas. Estos he- 
chos demostrados ])or Trillat, van a dejarnos com- 
prender fácilmente la marcha seguida por las últimas 
epidemias de gripe. Dice Í31um: "]\Iientras que la 
''Europa, ardía en guerra en 1918, la atmósfera esta- 
cha saturada de productos nitrogenados volátiles, que 
"libertaron los expdosivos de la línea de fuego, y los 



456 ANALES DE LA 



"gérmenes eucontraron de repente una considerable 
''abundancia de gases alimentos. Su virulencia se 
"'exaltó, no ya tan solo sobre los campos de batalla 
" (donde la gripe fué menos numerosa que en el inte- 
'"rior, a causa de la superabundancia de alcaloides 
"volátiles, sino que se la vio aparecer lejos del frente, 
"basta España en forma de ñebre sofocante, extra- 
" ordinariamente séptica, matando los enfermos en 
"breves días. Después el cañón emnudeció, el sol y 
"los nombres sanearon los cementerios de las trinche- 
"ras; la epidemia de 1919 fué menos grave; la de es- 
"te año es mucho más benigna aun. (Blum, de 
Reims). 

El examen de nuestros casos, da tanto la razón 
a las consideraciones del Profesor Blum, como a la 
opinión sostenida por Lhermitte, Sicard, Paraf, Be- 
nard, Seliatelin, etc., respecto del origen central del 
singultus como forma larvada de la encefalitis. Hay 
evidencias, en tres de nuestras observaciones de las 
localizaciones ¡Dulmonares y gástricas, premonitorias 
o que precedieron a la aparición del hipo, y que pu- 
dieran ser interpretados como excitaciones víscero- 
motoras de naturaleza tóxica "quizás no específicas", 
trasmitidas a los centros bulbares del hipo, de la tos 
y del vómito. 

Las mismas observaciones VI y VII por sus ma- 
nifestaciones estrictamente freno-clónicas, sin otra 
participación nerviosa ni catarral parecen darle 
igualmente la razón al profesor de Reims; pero al 
lado de ellas aparecen los casos VIII y IX, coexis- 
tiendo dentro de la misma epidemia, con manifesta- 
ciones premonitorias catarrales y nerviosas, y des- 
arrollando las graves y serias formas clínicas, de los 
tipos mioclónicos y letárgicos respectivamente. 

Tal parece que el singultus es el eslabón que une 
las manifestaciones más ligeras del virus gripal, con 
las formas más graA'es de las localizaciones nerviosas 
centrales. 

La terapéutica del singultus hasta el presente, 
no es positiva. Dirigidas en unos casos, contra la hi- 
per-excitabilidad vago-frénica y bulbo espinal (bella- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA . 457 

dona, atropina, cocaína, morfina, alcanfor, bromu- 
ros) ; dirigidas en otros, a los medios físicos que ejer- 
cen algún poder inhibitorio sobre el sistema nervio- 
so, en estado de "eretismo reflejo" (compresión de 
la columna vertebi-al, de los miembros superiores, del 
nervio cul^ital, de los globos oculares, del diafragma 
por posición, o aparatos, distensión del estóma^'o, o 
esófago, compresión directa del frénico, entre los dos 
escalenos o tracciones rítmicas de la lengua), todos 
lian fracasado unas veces, o proporcionado éxitos, al- 
ternativamente, sin que a ninguno podamos asignar- 
le un valor terapéutico definido. 

Cesa, en nuestro concepto, la enfermedad de un 
modo brusco e inopinado, o de una manera lenta y 
progresiva, devolviendo al enfermo el reposo y el sue- 
ño por tantos días perturbados. 

El hipo, considerado pues desde estos puntos de 
vista, puede definirse según la afortunada expresión 
del profesor Lhermithe, "como un fragmento des- 
prendido del mosaico sintomático de la encefalitis". 



458 ■ ANALES DE LA ' 



UNA DEUDA DE GRATITUD 

POR EL 

Dr. Federico Torralbas 



(Sesión del 25 de febrero de 1921). 

En la sesión solemne de esta Cori^oración cele- 
brada el día 19 de mavo de 1901, ante el General Leo- 
nardo Wood, entonces Gobernador Militar de Cuba, 
el Dr. José I. Torralbas, en su discurso como Presi- 
dente actuante de la Academia y haciendo una lige- 
rísima reseña, como era oportuno, del desenvolmien- 
to de la misma, nos decía, entre otras cosas, lo si- 
guiente: "Tal ha sido, trazada a grandes rasgos, la 
marcha ascendente de esta sabia 'Cor23oración hasta 
hoy ; esperar debemos que su porvenir resj^onda a su 
presente, puesto que se empieza a sentir la benéfica 
influencia del nuevo ambiente en que la Academia 
funciona. Gracias a las gestiones tan hábiles como 
constantes de nuestro apreciable Presidente, el pre- 
aludido Dr. Tamayo, se ha conseguido que el vetusto 
y semi-ruinoso con^^ento que hasta hace poco ocupa- 
ba esta Institución, sea sustituido por un edificio ad- 
hoc cuya construcción, ya bastante avanzada, indica 
C[ue en lo adelante nuestro Museo, nuestra Biblioteca 
y las dependencias todas de nuestro local serán dig- 
nas del objeto a que están destinadas y el hogar de 
la Academia tendrá el aspecto y condiciones del ho- 
gar de la Ciencia". 

Pues, bien, señores académicos, si nuestra casa 
en todos los tiempos se ha prestado, afortimadamen- 
te, a rendir públicos homenajes a los que, ajenos o 
no, han revelado interés por su vida, ?, por qué, nos 
preguntamos, no hacer lo mismo con uno de los nues- 
tros que de manera efectiva, sin cansancio, ni vacila- 
ciones, ha brillado en todas sus actuaciones y que, 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 459 

además, esa es la verdad, erigió el edificio que des- 
pués ha recibido ampliaciones y en cuyo recinto se 
conservan imborrables pruebas de lo que en su obse- 
quio ha realizado? 

El temor de cansaros y el deseo de llegar cuanto 
antes a concretar la proposición que tengo el honor 
de presentar, así como la segui'idad de que cada uno 
de los señores académicos tiene criterio formado a 
ese respecto, me hacen sintetizar y reducir a los si- 
guientes términos mi moción: 

1." La Academia acuerda : colocar en lugar pro- 
minente de su edificio el retrato del Dr. Diego Tama- 
yo y Figueredo ; 

2." En sesión extraordinaria, se leerá por el se- 
ñor académico que sea designado al efecto un trabajo 
en r[ue se enumeren y presenten a la consideración 
pública los relevantes méritos del Dr. Tamayo. 



460 ANALES DE LA 



ACTA DE LA SESIÓN CIENTÍFICA DEL 11 DE MARZO DE 1921 



Presidencia: Dr. José A. Fresno, Vicepresidente. 
Secretaria: Dr. José A. Fernández Benítez. 
Académicos concurrentes: Dres. ; J. P. Alacán, F. M. Héc- 
tor, J. Guiteras y J. Le-Roy. 



Leídas las actas de las sesiones de 28 enei'o, 11 y 25 de fe- 
brero, no pudieron ser aprobadas por falta de quorum. 
Se da cuenta de las siguientes comunicaciones: 

Entrada. — Del Alcalde de la Habana, dando cuenta que con 
fecha primero de noviembre tomó posesión de la Alcaldía de la 
Habana. , i *. 1 ; 

De la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo, tras- 
ladando copia del escrito que a esa Secretaría remitió el señor 
Crispín Fernández Callen es y Morales, sobre particulares del 
premio al que descubra extirpar el mal de los cocoteros y los re- 
quisitos que hay que llenar. 

De la Asociación de Dependientes de la Habana, invitando 
a esta Academia a la conferencia que tendrá lugar el cinco del 
actual. 

Del Dr. José P. Alacán, participando haberse hecho cargo 
de la Presidencia de la Asociación Farmacéutica Nacional para 
la que fué nombrado el 15 de febrero próximo pasado. 

Salida. — A la Secretaría de Agi-icultura, Comercio y Tra- 
bajo, contestando a su escrito sobre los cocoteros y que pasó a 
esa Secretaría el Sr. Crispín Fernández Calienis y florales. 

Al Dr. Carlos de la Torre, dándole cuenta del anterior es- 
crito. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 461 



El Sr. Presidente abre la sesión con una selecta y distin- 
guida concurrencia, y concede la palabra al Dr. Juan Guiteras: 
el que hizo una comunicación oral sobre Leptospira íctero he- 
morrágica en la Habana, cuyo trabajo realizó con la coopera- 
ción de los Dres. Lebrtdo y Hoffmann. El disertante anuncia 
haber encontrado el Leptospira íctero infeccioso en las ratas de 
esta ciudad. Las primeras experiencias se llevaron a cabo so- 
bre ratas silvestres con resultados negativos y como posterior- 
mente los japoneses habían descubierto esa espiroqueta en las 
ratas de las mismas ; de Europa nos venían noticias de haberlas 
aislado de las ratas de las trincheras, y las circunstancias de 
haber observado muchos casos de enfermedad en los trabajado- 
res de los alcantarillados de esta capital, dice el Dr. Guiteras, 
le hizo pensar en utilizar las ratas de los mataderos, en las cua- 
les se pudo aislar el germen y trasmitirlo a otros animales. 

El disertante explica la manera de obtener los espiroquetas 
de las ratas infectadas, terminando por asegurar que este ger- 
men no es el productor de la fiebre amarilla. 

Seguidamente hace algunas consideraciones sobre la epide- 
mia de viruela que azota nuestra repúlilica, y después de seña- 
lar los medios utilizados para su diagnóstico consigna las ven- 
tajas de la inoculación de la córnea del conejo con el virus de 
la pústula variolosa en cualquiera de sus períodos aun en el de 
costra seca que produce una lesión específica en la capa epite- 
lial de la córnea, lesión que no es confundi})le con la producida 
por cualquiera de otra infección. 

El Dr. Guiteras explica minuciosamente la manera de rea- 
lizar esa inoculación, estimando que el procedimiento puede ser 
utilizado con éxito para realizarse un diagnóstico por los profe- 
sores médicos que residan a distancia de los centros de población, 
pues no es necesario el uso del microscopio ni aparato alguno. 

El Dr. Guiteras fué premiado con un prolongado aplauso, 
y presentó preparaciones en las cuales los concurrentes pudie- 
ron ver las lesiones a que este trabajo se refiere. 

Con lo cual se dio por terminada la sesión. 



462 ANALES DE LA 



LEPTOSPIRA iCTEROHAEMORRHAGIAE EN LA HABANA 
COMUNICACIÓN ORAL DEL DR. GUITERAS 

POR LOS 

DRES. GUITERAS. LEBREDO Y HOFFMANN 



(Sesión del 11 de marzo de 1921). 

Hago esta comunicación oral a la Academia para 
anunciar que liemos encontrado la leptospira del íc- 
tero infeccioso en las ratas de la Habana. Como que 
esta enfermedad, llamada también de Weil, es endé- 
mica en esta capital, y presenta alguna semejanza con 
la fiebre amarilla, siempre lia recibido nuestra pre- 
ferente atención. 

Desde que los investigadores japoneses Inada y 
sus colaboradores anunciaron en 1914 el descubri- 
miento de una espiroqueta (S])irocbaeta icteroliaemo- 
rrhagiae) como agente causante de la mencionada en- 
fermedad, descubrimiento que llegó a nosotros en 
1916 (1), y señalaron al mismo tiempo que era dicho 
organismo un parásito de la sangre y visceras de la 
rata, de donde al liombre se comunicaba ; desde aque- 
lla fecha nos dedicamos el Dr. Lebrero y vo a buscar 
la espiroqueta en las ratas de la Habana. 

Habíamos recibido la impresión de que convenía 
buscar entre las ratas silvestres, aunque, a la verdad, 
el brote más fuerte de la enfermedad de Weil que 
habíamos sufrido fué entre los trabajadores del al- 
cantarillado de la Habana. Pero los japoneses habían 
descubierto la espiroqueta en las ratas de las minas ; 
de Europa nos venían noticias de la confirmación del 



(1) Journal of Experimental Medicine, t. XXIH, N." 3, Marzo 1916. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 463 

descubrimiento jaijonés en las ratas de las trincheras ; 
empezaban al mismo tiempo a venir noticias confir- 
matorias de diversos lugares. Los alemanes, poco 
tiempo después que los japoneses y probablemente sin 
tener noticias de los descubrimientos de éstos, habían 
también descubierto la espiroqueta y la señalaban co- 
mo causante de la enfermedad de Weil. Al principio 
las confirmaciones todas venían de regiones de la zo- 
na templada; pero últimamente, noticias de algunos 
países tropicales nos hacían ver que la distribución de 
este parásito era tan universal como la de la rata. 

Despistados anduvimos al principio examinando 
ratas de los alrededores de la Habana, hasta que hu- 
be de fijarme en que en la obra de Martín y Petit, La 
Spirocliétose Ictéroliéinorragique, Monografía del 
Instituto Pasteur, 1919, se señalaban particularmen- 
te las ratas de los mataderos como propensas a esta 
clase de parasitismo. 

Efectivamente, en una remesa de cinco ratas 
(tres decum antis y dos alexandriniis) cogidas en nues- 
tro matadero, pudo comprobar el Dr. Hoffmann la 
presencia de la espiroqueta en dicho grupo de ratas. 
No se pudo fijar cual era la rata infectada por haber- 
se usado una emulsión preparada con los órganos de 
las cinco ratas. 

El procedimiento consiste en preparar una emul- 
sión majando pedazos de hígado y de riñon, en un 
mortero con solución salina y arena. Inyectada la 
emulsión en el peritoneo del cu riel obtuvimos en éste 
el síndrome íctero hemorrágico característico, la 
muerte del animal, y pudimos demostrar la presencia 
del agente infeccioso en la sangre y los órganos del 
curie!. Hemos mantenido el strain en el Laboratorio 
de Investigaciones pasándolo de curiel a curiel. Tam- 
bién 2~>uede obtenerse el organismo en la orina de los 
animales infectados, medio por el cual se trasmite la 
infección de la rata al hombre. La penetración de la 
espiroqueta se verifica por la piel o por las mucosas. 
La rata, por su parte, aunque alberga el parásito, pa- 
rece gozar de inmunidad contra la infección. 

La epizootia no se propaga extensamente, sino 



464 ANALES DE LA 



que más bien se limita en determin¿idüs lugares. De 
aquí que los brotes epidémicos afecten a pocos indi- 
viduos y también en localidades determinadas. 

Cuando se construía el alcantarillado de la Ha- 
bana ysi los que formábamos la Comisión de Enfer- 
medades Infecciosas, a la que se referían estos casos 
como sospechosos de fiebre amarilla, nos habíamos 
fijado en la frecuencia de la infección entre los tra- 
bajadores del alcantarillado y entre personas que te- 
nían las manos constantemente mojadas en aguas de 
fregaderos, como son los auxiliares de cantinas, y ha- 
bíamos ex23resado Ja opinión de que el agente patóge- 
no iDenetraba por la piel. 

Dio lugar aquel brote epidémico a alguna contro- 
versia, pues hubo quien no supo ver las diferencias 
fundamentales que separan esta enfermedad de la fie- 
bre amarilla, y anunció la aparición de esta enferme- 
dad entre nosotros. 

A primera vista las dos enfermedades se parecen, 
pero la Comisión de Enfermedades Infcciosas nunca 
vaciló, y aun en épocas anteriores, de 1905 a 1908, 
cuando importamos de New Orleans la fiebre amari- 
lla, siempre separó claramente las dos enfermedades. 

En reciente conferencia ante esta Academia he 
señalado las bases del diagnóstico diferencial entre 
las dos infecciones. 

Diré para terminar que el Dr. Noguchi que ha 
hecho un estudio especial de las espiroquetas ha se- 
parado la íctero hemorrágica de las otras, formando 
un género aparte. Leptospira, en el cual incluye, con 
el nombre específico de icte roldes a la que él descu- 
brió en Guayaquil, en algunos casos de fiebre amari- 
lla, y cree es el agente causante de esta enfermedad. 
Pi'ecisamente uno de los argumentos que me hacen du- 
dar de la verdad de las opiniones de Noguchi es que 
se hace difícil aceptar que dos enfermedades tan fun- 
damentalmente distintas entre sí puedan ser causadas 
por dos microorganismos tan afines como son el L. ic- 
teroliaemorrliagiae y el L. icteroides. 

El género Spirochaeta lo reserva Noguchi ]:)ara 
ciertas especies no parasíticas que fueron las prime- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4G5 



ras que se describieron con ese nombre, y tienen sus 
caracteres genéricos. El grupo de especies que cau- 
san las varias fiebres recurrentes las clasifica Noguclii 
en el género Spironenia, Las especies paUidum y per- 
tenue de la sífilis y la frambuesia, con otras no pató- 
genas, las clasifica Noguclii en el género Treponema. 
Y finalmente lia creado el género Leptospira para las 
dos que nos han interesado en esta comunicación. 
Existen además los géneros Saprospira y Cristispira 
que con eí género Spiroeliaeta incluyen esjDecies que 
o no son parasíticas o no tienen interés en la jíatolo- 
gía humana. 



DIAGNOSTICO DE LA VIRUELA 

COMUNICACIÓN ORAL DEL DR. JUAN GUITERAS 

POR LOS 

DRES. GUITERAS, LEBREDO Y HOFFMANN 



(Sesión del 11 de marzo de 1921). 

No es mi intención entrar en consideraciones de 
carácter clínico sobre el diagnóstico de la viruela. 
Precisamente son las evidencias clínicas las que sue- 
len fallarnos en presencia de una epidemia tan be- 
nigna de viruelas como la que existe ho,y en Cuba y 
en toda la América. 

Desde fines del siglo pasado preA"^alece en nues- 
tro Continente una forma atenuada de la enfennedad 
que solo de tarde en tarde, en pequeños focos, asume 
la forma grave y mortal. Durante el año pasado, 
1920, en los Estados Unidos solamente ha habido cer- 
ca de 70,000 casos de viruelas con 194 defunciones. 
En Cuba la mortalidad ha sido algo más elevada. Du- 
rante el mismo año en unos 2,156 casos hemos tenido 



466 ANALES DE LA 



36 defunciones. Mortalidad ínfima si se compara con 
epidemias anteriores. 

No es este un fenómeno nuevo en la historia de 
la viruela. El mismo Jenner habla de epidemias de 
ciruelas sin mortalidad, y se han hecho estudios es- 
peciales de la atenuación y modificación de los sín- 
tomas en estas epidemias. 

Poca suerte ha tenido la tentativa de algTinos de 
darles nombres nuevos a estas modificaciones o va- 
riantes de la viruela. Porque es evidente que el nom- 
bre nuevo j)roduce en el público la impresión de una 
enfeiinedad distinta, a la cual se le pierde el temor 
que el de viruelas infunde, y pierde al mismo tiempo 
la autoridad sanitaria el apoyo que le presta la expe- 
riencia reconocida ya bastante generalmente de la efi- 
cacia de la vacmia como preventivo de la viruela, efi- 
cacia que tan notablemente se ha patentizado duran- 
te el brote actual. 

Es mi objeto llamar la atención a métodos de la- 
boratorio que son de grande utilidad en el diagnósti- 
co de la viruela. 

La inoculación de la córnea del conejo con el vi- 
rus del exantema varioloso en cualquiera de sus j^e- 
ríodos, aun el de costra seca, produce una lesión es- 
pecífica en la capa epitelial de la córnea. 

Cualquiera inoculación de ésta con un virus pió- 
geno produce en la córnea lesiones que son macroscó- 
pica y microscópicamente distintas del todo de las que 
produce el virus varioloso. iVquellas producen infil- 
traciones de células redondas y leucocitos en el tejido 
conjuntivo de la córnea, queratitis más o menos difu- 
sas, o abscesos. El virus varioloso que en el tejido epi- 
telial fácilmente triunfa de los virus piógenos que 
pudieran contaminarlo produce, por el contrario, una 
verdadera epiteliosis con exclusión casi total de toda 
reacción en el tejido conjuntivo. 

Ya hace algunos años que el Dr. Lebredo y yo 
presentamos a la Academia una comunicación relati- 
va a este asunto. (1) De paso por la Habana el Doctor 



(1) El parásito de lu viruela. — 14 junio 1903.— Anales, etc. t. XL, 
p. 42-43, 



ACADEanA DE CIENCIAS DE LA HABANA 467 

Brinkerliof f , ayudante del profesor de Anatomía Pa- 
tológica de la ÚniTersidad de Harvard, Dr. Council- 
man, nos había enseñado la técnica del procedimiento, 
y el Dr. Lebredo publicó una descripción detallada 
con reproducción fotográfiea de cortes de la córnea 
que mostraban muy satisfactoriamente los cuerpos 
de Guarnieri que entonces se consideraban como es- 
pecíficos de estas lesiones y acaso como el agente pa- 
tógeno de la viruela. 

En los Beitrage zur Kliriik der InfeMionsliran- 
kheiten, febrero de 1919, el Dr. G. Paul presentó una 
exposición muy completa de todo este problema con 
aplicaciones prácticas al diagnóstico, fundadas, no ya 
en la observación microscópica sino en el examen a la 
simple vista del proceso mórbidt». 

El Dr. Hoffmann que ha tenido experiencia con 
estos procedimientos en la China y en la Marina Ale- 
mana nos hizo ver las grandes ventajas del procedi- 
miento macroscópico, por la brevedad y por la senci- 
llez que eliminan la necesidad de una técnica de labo- 
ratorio y de conocimientos histológicos especiales. El 
Dr. Paul afirma además que es más seguro el proce- 
dimiento macroscópico que el microscópico. 

El procedimiento consiste en practicar, c(»n una 
aguja, escarificaciones cruzadas, muy superficiales, en 
la cói'uea del conejo; habiéndose fijado antes el globo 
del ojo dislocándolo parcialmente en su órbita. Sobre 
la superficie escarificada se coloca el virus que se de- 
sea examinar. A las 48 horas se practica la enuclea- 
ción, se separa la córnea y se coloca en alcohol al su- 
blimado. Dentro de pocos mñnutos se pueden ver a la 
simple vista, y aun mejor con una lenta, ])eq nenas ele- 
vaciones discretas, a veces muy pocas y bien distan- 
tes unas de otras, a lo largo de las escarificaciones. Es- 
tas han desaparecido completamente. Si se permite 
al proceso continuar dos días más se observa en cada 
cúspide un pequeño cráter o umbilicación por degene- 
ración de las células centrales. 

Haciendo después cortes microscópicos se verá 
que la liiperplasia que produce estas pequeñas eleva- 
ciones está limitada a la capa epitelial, siendo produ- 



468 ANALES DE LA 



cido el crecimiento por tumefacción y proliferación 
de las células epiteliales en zonas bien limitadas. 

Si se estudian éstas con un objetivo de imnersión 
se observarán, incluidos en algunas de las células epi- 
teliales, los llamados cuerpos de Guarmeri, redondos, 
teñidos intensamente, y rodeados de una zona clara 
en las células teñidas de un azul más pálido. La colo- 
ración se hace por el haemalum o por la liematoxilina 
con eosina. Esta es la coloración que lia empleado el 
Dr. Hoffmann en las bellas prex3araciones que tene- 
mos el gusto de presentarles. 

El examen de la sangre y estudio de la forma leu- 
cocitaria también tiene importancia en la viruela. En 
el Hospital "Las Animas" liemos confirmado las ob- 
servaciones de otros autores con respecto a la reacción 
liematológica en esta afección. 

Conviene advertir aquí que los estudios de que 
venimos hablando se han practicado en dicho Hospi- 
tal en casos levísimos, de la forma reinante de viruela. 
Por cierto que el primer caso en que se hizo la inocu- 
lación de la córnea fué un jamaiquino que había con- 
traído la enfermedad en su j^aís. De manera que allí 
como aquí no hay duda alguna de que existe una epi- 
demia de viruela atenuada. 

Con respecto al examen de la sangre es notable 
en la viruela la hi]3erleucocitosis que se presenta des- 
de los comienzos de la enfermedad aun en los casos 
más ligeros, y hasta en casos, como los hay, sin erup- 
ción (varióla sine varióla). 

Se caracteriza además la sangre en la viruela por 
la presencia de esplenocitos o mononucleares grandes, 
y de leucocitos eosinófilos y basófilos. Se presentan 
con exceso estas células desde el principio de la en- 
fermedad y aun en casos muy benignos. Por el con- 
trario, suele suceder que en los casos muy graves con 
intensa supuración desaparecen o disminuyen estas 
reacciones de defensa, así como la linf ocitosis también 
característica. 

Basándose en estas observaciones no se ha vaci- 
lado en algunas epidemias de viruelas en diagnosti- 
car dicha afección en casos de ñebre sin erupción. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 4(59 

El diagnóstico diferencial con la varicela estriba 
particulaimente en la lii]3erleucocitosis que no se pre- 
senta en esta enfeniiedad a menos que haya compli- 
caciones supurativas considerables. 

Presento a continuación un ejemplo de la fórmu- 
la hematológica en ambas enfermedades: 

Viruelas, 4.° día. 

Número de leucocitos 15,000 

Basófilos O 

Eosinófilos. 6 

Mielocitos 2 

Leucocitos con núcleo sencillo alargado. . . 4 

Núcleo segmentado. 32 

Linfocitos , 48 

Mononucleares gr 8 

Viruelas, 13.° día. 

Número de leucocitos. 30,000 

Basófilos 3 

Eosinófilos. 5 

Mielocitos 1 

Leucocitos con núcleo sencillo alargado. . . O 

Núcleo segmentado 50 

Linfocitos. 30 

Mononucleares gr 11 

Varicelas, 7.° día. 

Número de leucocitos 5,000 

Basófilos. O 

Eosinófilos. 8 

Mielocitos 1 

Leucocitos con núcleo sencillo alargado. . . 17 

Núcleo segmentado. 25 

Linfocitos 38 

Mononucleares gr. . 11 



470 ANALES DE LA 



ACTA DE LA SESIÓN EXTRAORDINARiA DEL 26 DE MARZO DE 1921 



Presidente: Dr. Juan Santos Fernández. 

Secretario: Dr. José A. Fernández Benítez. 

Académicos concurrentes: Dres. : A. Agramonte, R. de Cas- 
tro, J. Gaiteras, J. Le-Roy, J. A. López del Valle, J. A. Fresno, 
M. Ruiz Casabó y J. A. Simpson. 



El Sr. Presidente declara abierta la sesión y da lectura a 
un discurso homenaje al Dr. Juan Guiteras manifestando las re- 
laciones de amistad y afecto que le unen al festejado, de quien 
fué compañero, adhiriéndose con el mayor gusto al homenaje que 
le dedican los profesores del Laboratorio Nacional. 

Seguidamente le fué concedida la palabra al Dr. Manuel 
Martínez Domínguez, Dii-ector del Laboratorio Nacional, el que 
después de saludar al Dr. (ruiteras y hacerle la dedicación del 
homenaje, objeto de esta fiesta, dio lectura a un trabajo titulado 

DL\GNÓyT[CO BACTERIOr.ÓGlCO DE LA MENINGITIS CEREBRO ESPINAL 

EPIDÉMICA. Cumplimentando la orden del día, le fué concedida 
la palabra a la Dra. Susana Forliin, la que en su nombre y en 
el de su compañero Dr. Manuel García Hernández, hizo un es- 
tudio muy completo de las leches condensadas, últimamente im- 
portadas; trabajo que mereció nutridos aplausos de la concu- 
rrencia. 

El Dr. Martínez Domínguez manifiesta que los Dres. José 
A. Simjjson y Jesús Núñez no podían dar lectura a los trabajos 
que figuran en la orden del día por encontrarse enfermos. 

El Dr. Félix Fernández y García da lectura a un interesan- 
te trabajo titulado historia y algunas consideraciones sobre 
LAS antitoxinas TETÁNICA Y DIFTÉRICA, fué muy aplaudido. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 471 



El Dr. Juan Embil lee su trabajo titulado purificación del 
AGUA POR EL CLORO hacioiido muy atinadas observaciones. 

La Dra. A. Rita Fernández Valenzuela hizo atinadas obser- 
vaciones en su trabajo titulado consideraciones sobre el exa- 
men DE nodrizas. 

El Dr. Saturnino Alvarez Guanaga hizo un interesante tra- 
bajo titulado utilidad di: la vacuna anti-tífica. 

El Dr. José F. de Fazos dio lectura a un trabajo titulado 
causas de transmisión" de la malaria a los suburbios de la 
Habana. 

El Dr. Ángel Vieia expuso de una manera brillante los re- 
sultados obtenidos en los exámenes bacteriológicos de aguas 
en nuestro país. 

El Dr. Gastón Alonso Cuadrado comunicó a la concurren- 
cia sus EXPERIMENTOS CUANTITATIVOS DE LOS METALES TÓXICOS 
EN LOS ALIMENTOS. 

El Dr. José Alvarez Guanaga leyó su trabajo sobre la toxi- 
na DIFTÉRICA. 

Por último el Dr. Manuel Ruiz Casaba, da lectura a un 
trabajo titulado la rabia desde el punto de vista diagnóstico 
V sanitario. 

El Dr. Guiteras en un sentido discurso da las gracias a los 
organizadores de esta fiesta y a los que le han honrado con su 
asistencia. 

Y siendo muy avanzada la hora el Sr. Presidente dio por 
terminada la sesión. 



472 ANALES DE LA 



HOMENAJE AL DR. GUITERAS. DIRECTOR DE SANIDAD 



POR EL 



Doctor Juan Santos Fernandez 



(Sesión extraordinaria del 26 de marzo de 1921). 

La sesión extraordinaria de esta noche, promovi- 
da por un grupo de trabajadores del Laboratorio Na- 
eioral, es motivo de justa satisfacción para esta Aca- 
demia. De modo espontáneo, han querido, al honrar 
al insigne académico Dr. Juan Giteras, Director de 
Sanidad de la República, someter al criterio de este 
alto cuerpo científico un número de temas sobre inves- 
tigaciones de Laboratorio, 

Los miembros del Laboratorio Nacional, despier- 
tan eii mi alma recuerdos muy gratos, ¡Dues entre los 
primeros que han laborado ardientemente en su seno, 
están Dávalos, Calvo, Vila, Pardiíías, y otros más, y 
aun en la actualidad, los Dres. Ruiz Casabó, Félix 
Fernández y Gregorio Piquero, que dan pruebas de 
amor a estudios especiales, y fueron modelados sus 
cerebros para las investigaciones en el Laboratorio 
Bacteriológico de la Crónica Médica Quirúrgica de la 
Habana, la primera institución de este género funda- 
da durante el período de la colonia. 

Todos los miembros del Laboratorio Nacional, 
compiten en deseos A^ehementes de ser útiles a la Sa- 
nidad de la República, en sus múltiples necesidades 
científicas. 

En todos los momentos, este paso sería de interés 
vital para el progreso de las ciencias ; pero en la ac- 
tualidad, que se investigan asuntos relacionados con 
la etiología de la epidemia amarilla, es de maj^or im- 
portancia. 

Esta, aunque reducida en sumo grado desde que 
Finlay con su profilaxia la convirtió de dragón for- 
midable en domada fiera, se le persigue todavía. 

Hoy se trata de extinguirla desde sus raíces y no 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 473 

es escaso honor pam Cuba, que la Institución Eoeke- 
feller, hubiese escogido para misión tan transcenden- 
tal, entre otras eminencias, a un cu])ano que por su 
abolengo en las tradicciones patrias y por su historia 
científica personal l.áen conocida, ha procurado man- 
tener su apellido orlado con la diadema que su amor 
desinteresado a la patria, ha sabido mantener desde 
muy joven. Van unidos a los recuerdos de mi vida 
ya larga y agitada, los días en que en la Universidad 
de la Habana, antes de la primera guerra por la inde- 
pendencia, en 1867, nos conocimos el ür. Juan Gui- 
teras y el que tiene el honor de dirigiros la palabra, 
en el curso de ampliación, que precedía al primero 
de anatomía, para se]3ararnos al empezar el segundo 
y no volvernos a vei*, hasta que de vuelta del extran- 
jero, ya indepeiidiente el país, llegaba con las insig- 
nias de catedrático de la Universidad de Filadelfia 
para formar parte del profesorado de nuestro pri- 
mer cuerpo docente, a que aun pertenece con honor, 
si bien atraído por el puesto que desempeña en la 
Sanidad de la República, desde donde se esfuerza, co- 
mo se demuestra en esta sesión, en contrÜDuir al en- 
grandecimiento de la medicina patria, cosa desusada 
en los hombres de nuestra raza en general. Se ve con 
frecuencia que los honores y el mejoramiento de la 
fortuna alejan, por desgracia, a nuestros hombres de 
ciencia, de su cultivo. Por eso en las sociedades cien- 
tíficas 3^ en los congresos del mismo género, 'es raro 
ver en los bancos o debatir desde la tribuna, a aque- 
llos cuyas sienes hace tiempo que blanquearon en se- 
ñal de honda labor. 

Tiempo hace, durante la colonia, al inaugurarse 
el primei' y único Congreso jNIédico Regional, en ene- 
ro de 1890, me atreví a decir en un discurso, lo que 
ha segiddo siendo de actualidad. ''No sirven a la pa- 
tria solamente, los que 1)landen la espada o escalan 
los altos puestos del Estado, la sirven igualmente, los 
que con paciente solicitud cultivan las ciencias y se 
sacrifican por la Innnanidad y por el engrandeci- 
miento de aquéllas". 

En e«te número se encuentra el Dr. Guiteras, que 
se ufana hoy por investigar y por el estudio, como 



474 ANALES DE LA 



media centuria atrás, cuando lo veía, sin asomarle 
la barba, ocupar un puesto a mi lado, en nuestra Es- 
cuela de Medicina. No es iDOca suerte para mí, que le 
adelanto en años, poder contemplar lioy brillando, 
como un astro de extrema magnitud, sin cjue me pro- 
duzca el pesar del bien ajeno, porque desde bien tem- 
prano enaltecí a torios los míos que se han elevado. 

Al volver el I)r. Guiteras a su país, ya indepen- 
diente, ordené, desde París, donde me encontraba in- 
cidentalmente^ que la Crónica Médico Quirúrgica de 
la Habana, le honrase con un banquete, como se hizo. 
En las páginas de este periódico, del mismo modo que 
en las de los Anales de la Academia, se puede ver, que 
he sido im constante i3regonero del mérito de los 
míos, porque necesitamos nuicha luz para combatir 
las tinieblas que nos amenazan y nuestros hombres 
de ciencia ágenos de cierto modo a la letal política, 
son los llamados a mantener en los corazones, cual 
Vestales, el sacro fuego del patriotismo y del amor 
a la ciencia. 

s * * 

El doctor Martínez Domínguez, en un breve y 
elocuente trabajo, dio a conocer la intensa labor y 
méritos de los Profesores cjue con él comparten las 
tareas diarias del Laboratorio Nacional, de cuyas ta- 
reas son testigos los valiosos trabajos que allí se rea- 
lizan, al extremo do que a su iniciativa periódica- 
mente se verificarán sesiones científicas, siendo ésta 
la i3rimera que ha sido ofrecida en homenaje al doc- 
tor Guiteras. 

He aquí el discurso del doctor Manuel Martínez 
Domínguez : 



DISCURSO HOMENAJE 



Al iniciar las sesiones anuales en las que los 
])rofesores del Laboratorio Nacional exteriorizan las 
labores realizadas, dando margen al perfeccionamien- 
to de las técnicas o la adopción de útiles medidas sa- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 475 



nitarias; no podíainos pensar que esta primera se- 
sión, a la (pie presta su concurso amablemente y de 
manera brillante la Academia de Ciencias, se efec- 
tuara bajo auspicios tan lialagüeños y enaltecedores 
para nosotros. 

Tales distinciones nos ofrec, la aceptación por 
parte del doctor Giiiteras, del liumilde exponente de 
admiración y afecto que en este acto solemne le ren- 
dimos, en su doble atributo de Director de Sanidad 
y del Laboratorio Nacional, y como exaltación aí emi- 
nente compañero que ha sido honrado por la huma- 
nitaria y poderosa Institución Rockefeller con una 
misión al África; encumbrando a la vez el doctor 
Guiteras con su labor altruista y valiosa a la insti- 
tución sanitaria de Cuba, campo prolífico de sus 
triunfos como higienista, de sus entusiasmos y ale- 
grías, y también de sus tristezas. 

No es mi propósito resellar los méritos ni la la- 
bor trascendental del doctor Guiteras, en este acto 
de fraterno homenaje por el feliz coronamiento de 
sus anhelos y sus empeños científicos. 

La iniciación de su labor médica entre nosotros, 
marcó rum.bos nuevos en los problemas hasta enton- 
ces rudimentarios de la higiene, desplegando en los 
momentos difíciles de invasión de las epidemias o an- 
te sus amenazas, todo el caudal de su vasta experien- 
cia y de su intensa cultura para preservarnos de ellas 
y mantener el ''status" sanitario a un nivel envidiable 
aun por naciones más poderosas, de mayores recur- 
sos y entrenamiento. 

Su participación en el magno problema de erra- 
dicar la fiebre amarilla, es una de las páginas más 
brillantes de la medicina cubana, y, en este sentido, 
el nombre del doctor Guiteras figurará junto al del 
gran Finlay en la mente de los cubanos, como dos 
imágenes en una reliquia. 

Consagrado totalmente a nuestros diversos pro- 
blemas de higiene, sus consejos, sus indicaciones a 
los distintos organismos de la complicada máquina 
sanitaria, pudieran servir de pauta en los momentos 
de ineertidumbre y sobresalto, ]}ar¿{ mantener los an- 



476 ANALES DE IxA 



tiguos prestigios .y aquilatar los sacrificios para ins- 
tituirlos. Pues cuando poseemos ciertos bienes, cier- 
tas garantías, 3^ disfrutamos sus beneficios, se suele 
olvidar su origen, se despreocux:>a uno de indagarlos, 
como se olvida el averiguar de donde se lia eva]3orado 
la nube que refrigera y embellece el campo exliauto 
y de donde proviene el oxígeno del aire que aviva y 
colora la sangre. 

Es necesario en los momentos que, por las con- 
mociones mundiales en los órdenes político, social y 
científico, todo parece cpie se desquicia y confunde, 
tratemos de edificar con fe y entusiasmo y de resca- 
tar en medio de tantas luchas encontradas, la bande- 
ra de nuestros triunfos sanitarios que ondeó triun- 
fante y cuvo mástil ayudó a afincar con su experta 
labor el doctor Guiteras. Pues las instituciones que 
no nos son amadas ni nutridas, se descoloran v desma- 
yan, pereciendo como las hojas de la rama sin savia. 

El doctor Guiteras en la Dirección de Sanidad 
fué siempre un guardián del bienestar público, sus 
decisiones impartidas por los Secretarios, concretas, 
oportunas, impregnadas de vigor científico, fueron 
siemx^re eficientes, logrando exterminar la fiebre 
amarilla y la peste y oponer un valladar a las nue- 
vas intromisiones con la cooperación de las autori- 
dades sanitarias marítimas v terrestres. 

Nadie ignora con qué incentivo, con qué talento, 
con qué celo y autoridad, ha dilucidado las delicadas 
cuestiones surgidas a la Dirección de Sanidad, y des- 
vanecido los insinuantes intentos de depresiones ex- 
trañas. Cuando estudiamos a un hombre de sus cua- 
lidades en los detalles de su vida, se origina entre 
nosotros y él una esi^ecie de parentesco sentimental 
que atrae y suscita la ferviente admiración. 

Junto a los atributos que le confieren renombre, 
se acoplan en el doctor Guiteras, las cualidades más 
puras del corazón : la bondad, la benevolencia, la sen- 
cillez y un persistente entusiasmo por las causas no- 
bles, que recaban el afecto de sus compatriotas y com- 
pañeros. 

De gran actividad mental, rápido en la precep- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 477 

ción y en el juicio, poseedor de nn bagaje de conoci- 
mientos profundos — abeja que labora en el silencio y 
la sombra — le permite seleccionar el criterio más ac- 
cesible y eficiente. 

Su influencia en la misión del Laboratorio Na- 
cional, también es digna del mayor encomio. El in- 
terés con que atiende a la marcha de la institución, 
siempre nos sirvió de estímulo y eii él encontramos 
decidido apoyo a todo intento ele renovación y per- 
feccionamiento. 

No podíamos pues, permanecer indiferentes a 
su triunfo, a sus empeños, a su afán nunca desmaya- 
do de cultura, a sus conquistas, a las incitaciones de 
la fama, que culminan en bienes para la sociedad y 
en prestigio i^ara la patria. 

Al rendirle el presente homenaje cultural, hu- 
milde y sin atuendo, en nombi-e de los profesores del 
Laboratorio Nacional, quiero defraudar de antema- 
no las esperanzas de los que esperen que los trabajos 
que forman el programa de esta sesión sean la reve- 
lación de hechos notables o páginas pletóricas de 
ciencia. No son más que la resultante de la mo- 
desta labor diaria, y en ellos se traslucen los puntos 
de vistas surgidos de las dificultades, de las deficien- 
cias y necesidades, subsanables en el porvenir con 
el concurso de los llamados a resolverlas. 

Mucho se ha hecho con la cooperación de todos, 
pero aun queda mucho más por realizar; y en los mo- 
mentos actuales, la enseñanza- retrospectiva, puede 
servir de acicate, de emulación, a revivir y perpetuar 
lo que en el terreno sanitario tanto nos encumbró 
dentro y fuera de la patria, en cuyos fastos, la con- 
ducta y la labor científica del doctor Guiteras con- 
densan un ejemplo elocuente, mía aspiración merece- 
dora de ser inñtada y enaltecida : el amor a la patria 
V el fervor a la ciencia. 



478 ANALES DE LA 



DIAGNOSTICO BACTERIOLÓGICO DE LA 
MENINGITIS CEREBRO ESPINAL EPIDÉMICA 

POR EL 

Doctor Manuel Martínez Domínguez 

DIRECTOR DEL LABORATORIO NACIONAL 



(Sesión del 28 de marzo de 1921). 

Como toda enfermedad infecciosa, la meningitis 
cerebro espinal epidémica presenta mnchas peculia- 
ridades. La aparición repentina a veces de sus ma- 
nifestaciones sin síntomas definidos, hace imposible 
qne el médico pueda preveer el ataque, y que, en oca- 
siones, constituya el diagnóstico una sorpresa. No 
siendo excepcional, la aparición de la meningitis me- 
ningocóccica de manera autóctona en el curso de otras 
afecciones. 

La confirmación de la meningitis, que tiene co- 
mo agente causal el meningococo de AVeicliselbaum, 
sólo puede establecerse de manera precisa por el exa- 
men bacteriológico. 

Puede decirse, que la varialíilidad de sus formas, 
desde las frustras hasta las más típicas, nada tienen 
de característico en las manifestaciones clínicas, en 
relación con las otras variadas formas de meningitis 
producidas por diversos agentes patógenos reconoci- 
dos como frecuentes productores de ellas, tales conid 
el neumococo, el estreptococo, el bacilo de Elierth, el 
de Koch, etc. 

De ahí cpie, ante un paciente con signos menin- 
geos. se imponga la pmición lumbar y el análisis del 
líquido céfalo raquídeo. 

. Desde que en 1915, se estableció enti*e nosotros el 
diagnóstico en el vivo, por la presencia del meningo- 
coco en un caso de meningitis ingresado en el Hospi- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 479 



tal '^Las Animas"; (1) la investigación de dicha en- 
fermedad se 'dif nndió en la práctica médica, facilita- 
da por la mayor frecuencia con que se Hace la pun- 
ción lumbar y por las nuevas confirmaciones de la me- 
ningitis cerebro espinal epidémica, ya en individuos 
nativos, ya en extranjeros inmigrantes, que han sido 
los que mayor contingente de dicha afección han su- 
ministrado. 

La punción debe hacerse empleando la antisepsia 
más rigurosa, con material previamente estéril al hor- 
no seco y a una temi3eratu]'a de 160 a 170°, pues el sis- 
tema habitual de urgencia de hervir tubos, jeringas, 
trocar, etc., en agua a veces del grifo, conduce con fre- 
cuencia a serios errores, porque los gérmenes que el 
vehículo o el material húmedo retiene, aunque des- 
truidos por el calor, hacen sin embargo acto de pre- 
sencia en los exámenes directos y pueden considerar- 
se como existentes en el líquido cófaJo raquídeo ex- 
traído. 

Esto es tanto más importante de tenerse en cuen- 
ta, cuanto que, aun en líquidos turbios, pueden en- 
contrarse gérmenes, bacilos y micrococos al examen 
directo, y que sin embargo, no fructifican en la siem- 
bra, dando esto lugar a confusiones. 

El trocar debe esterilizarse en el horno seco den- 
tro de un tubo provisto de tapa de algodón del cual 
se colocará un poco en el fondo, para proteger la pun- 
ta. En el mango se enrollará también algodón para 
proteger del contacto de los dedos, hasta el momento 
en que el trocar cae en el canal raquídeo, siendo re- 
tirado el mandril a través del algodón. 

El diagnóstico se establece j)or el examen del lí- 
quido céfalo raquídeo obtenido por punción lumbar, 
según la técnica de Quinck, o cervical raras veces. S'C 
centrifuga el líquido y el sedimento es teñido por el 
método de Gram, que permite comprobar los menin- 



(1) De dicho enfermo me fueron enviados cultivos por los doctores 
Recio y Cartaya para el estudio biológico, que me sirvió de base en ul- 
teriores confirmaciones. (Revista de Medicina y Cirugía de la Habana, 
núm. 8, abril 191G). 



480 ANALES DE LA 



gococos rosados, dispuestos en pares en su mayoría, 
en forma de granos de café, en el interior o fuera de 
los elementos celulai-es, y por la identificación de di- 
cho germen en los cultivos apropiados, así como por 
las reacciones serológicas. 

Cuando se practica la punción lumbar en un in- 
dividuo afectado, el líquido ])rota con más o menos 
tensión y ofrece los mismos asj^ectos cpie en cualquier 
tipo de meningitis, si esto se hace a las pocas horas 
de la infección; pudiendo ofrecer en la meningitis 
cerebro espinal epidémica, ciertas características. El 
líquido puede ser claro como ''agua de roca" u opa- 
lescente, muy turbio o francamente purulento, pre- 
sentando un dicroismo amarillento-verdoso, que en al- 
gTuios casos es x^eculiar, mostrando en otros, un as- 
pecto pulverulento, como de "polvo de azufre claro", 
según lo designan Xetter y Debré. Estos caracteres 
no guardan relación alguna con el estado de grave- 
dad o intensidad de la infección meníngea ; pues unas 
veces, en casos muy intensos, el líquido es claro u opa- 
lino, y en otros menos acentuados, el líquido es fran- 
camente purulento y turbio. 

Del mismo modo, en los distintos casos la varia- 
ción de los elementos histológicos es considerable, des- 
de el predominio casi total de los polinucleares, 
a la de los linfocitos o mononucleares. Sin que estos 
aspectos tengan una relación constante en los distin- 
tos períodos de la meningitis, pues unas veces, al pre- 
dominar desde el comienzo los mononucleares en la 
primera punción, en las sucesivas, se acentúan los po- 
linucleares. Inversamente, con un predominio de 
mononucleares al comienzo, en las punciones subsi- 
guientes aparecen en mayoría los linfocitos. A veces 
a las 24 horas de estallar los síntomas agudos, Ja pun- 
ción da mi líquido rico en linfocitos con meningoco- 
cos. En otros casos, la polinucleosis se presenta con- 
juntamente con los síntomas agudos, y a veces con ex- 
cepcionales o ningún meningococo (cosa que no os ra- 
ra) y que puede despistar el diagnóstico, haciendo 
pensar en el último caso, en una meningitis de otra 
naturaleza. Nuevas punciones son pues indispensa- 
bles, 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 481 



Las alteraciones que experiiiientaii los elementos 
citológieos del líquido eéfalo raquídeo son también 
precoces o tardías, y no están en relación con la in- 
tensidad del proceso, así como tampoco con el au- 
mento o disminución del pus. 

Con frecuencia hemos visto un líquido muy pu- 
rulento cuyo sedimento escasamente contenía uno o 
varios meningococos en el examen de múltiples cam- 
pos de la preparación, y en cambio, líquidos con es- 
casos elementos celulares, conteniendo abundantes y 
típicos meningococos. Algunos refieren que los me- 
ningococos extra celulares son atribuíbles a los casos 
graves. Nosotros no hemos visto ninguna i-elación en 
esto. Tan pronto liemos visto la mayoría de los me- 
ningococos extra celulares en casos muy agudos y 
graves, como en otros de varios días, de curso clínico 
benigno. Además en los casos que mejoran, los me- 
ningococos son más bien extra celulares. Los menin- 
gococos también presentan a su vez características 
variables. Ya se muestran en diplococos típicos y bien 
teñidos, ya presentan formas involutivas gigantes o 
pequeñas que se asemejan a graiiulaciones eosinofi- 
las, a glóbulos rojos enanos, o en el interior de las cé- 
lulas, forman grupos de finas granulaciones. 

La disposición en tetradas (|ue se observa en los 
cultivos es muy raro verla en el líquido raquídeo. No 
deben considerarse como meningococos los microco- 
cos Gram negativos dispuestos en cadena en el líqui- 
do raquídeo o en los cultivos. 

Acompañan a estas variaciones morfológicas del 
meningococo, alteraciones acentuadas de los elemen- 
tos celulares: los polinucleares sobre todo, aparecen 
débilmente teñidos, con el núcleo y protoplasn a di- 
fusos, de bordes irregulares y estromas vacuolados, o 
con una acentuada kariolisis. En algunos campos, la 
película de j^us apa]'ece como una malla fibrinosa re- 
ticulada, dejando espacios vacíos que denuncian los 
lugares de los elementos leucocitarios desaparecidos 
por histolisis. Otras veces, la película del sedimento 
deja percibir un número mayor o menor de polinu- 
cleares intensamente teñidos y de aspecto normal, 



482 ANALES DE LA 



dentro de los cuales se ven los meningococos caracte- 
rísticos con la disposición de granos de café, cabeza 
de tornillo, o menos frecuentemente, en forma alar- 
gada, simulando semillas de dátil pareadas, lo que se 
aprecia bien usando el azul de Loeffler, el Papenheim 
o la violeta diluida. 

A medida que el proceso disminuye, sobre todo, 
con la aj)licación de suero específico, el líquido se ha- 
ce menos purulento, se torna opalescente, a veces xan- 
tocrómico, y los meningococos aun cuando fueran 
abundantes al principio, disminu3^en considerable- 
mente, apareciendo con acentuadas fonnas de invo- 
lución V alteraciones de avidez colorante, siendo muv 
difícil, y a veces imposible, obtener cultivos del líqui- 
do, aun cuando se siembren grandes cantidades del 
sedimento purulento. 

En ciertos casos es imposible encontrar menin- 
gococos característicos en los esmiar del pus. 

Llama la atención, que el líquido céfalo raquídeo, 
suele presentarse claro cuando se punciona por pri- 
mera vez a sujetos atacados de algún tiempo. Tam- 
bién en los tratados por el suero, al recaer, la punción 
puede dar un líquido claro, con aumento de células o 
fuertemente purulento. 

El líquido purulento al comienzo de la infección 
se presenta en el 35% de los casos. 

Determinación de la infección por las reacciones del 

suero del enfermo. 



La prueba de aglutinación tiene en esta forma 
de meningitis un valor relativo para confinnar el diag- 
nóstico, pues no se presenta antes de los ocho días, 
razón por la cual carece de la importancia que tiene 
en la fiebre tifoidea, y más si se tiene en cuenta, que 
del diagnóstico precoz depende el éxito del tratamien- 
to. La reacción es útil para comprobar las formas 
frustras y las crónicas. Para realizar la aglutinación 
deben usarse cultivos jóvenes de meningococos, de 18 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 483 



a 24 horas, y si es posible, emplear varios tipos de me- 
ningococos, pues a veces la aglutinación es positiva 
con una raza y negativa con otra. Kutscher ha de- 
mostrado, que ciertos meningococos que no aglutinan 
a 37°, lo hacen a 55". Dopter ha encontrado otros que 
no aglutinan a 55° y sí a 37". La aglutinación tiene 
valor a diluciones del suero del enfermo al 1x50 en 
adelante. Al 1X100 y 1x200, la aglutinación es con- 
firmativa de la infección meningocóccica. Es excep- 
cional que alcance 1X400. Yo no la he visto superar 
a más de 1X100 en los casos estudiados. 

Menos valor que la aglutinación tiene el deter- 
minar el poder opsónico del suero. Sin embargo, una 
aglutinación positiA^a al 1x50 con índice opsónico al- 
to para el meningococo, sirve en algunos casos para 
fundamentar el diagnóstico. 

Más valor que estas reacciones muestra la des- 
viación del complemento en el caso de utilizar un an- 
tiguo polivalente. 



Detenninación de la infección por las reacciones 
del líquido raquídeo. 



La reacción de precipitación de Vincent y Bello- 
tes, también es útil en casos en que por el examen di- 
recto del sedimento del líquido céfalo raquídeo o los 
cultivos, no se compruebe la presencia del meningo- 
coco. Es fácil de realizar y se hace del modo siguien- 
te: el líquido céfalo raquídeo obtenido por punción es 
centrifugado inmediatamente y a 1 c. c. contenido en 
un tubo de 4 a 6 milímetros de diámetro, se agregan 
con una pipeta estéril 5 o 6 gotas del suero, deslizán- 
dolo por las, paredes. Se tapa el tubo con un corcho 
flameado y se coloca en la incubadora a 50°. Igual 
cantidad de líquido céfalo raquídeo se coloca en otro 
tubo con la adición de igual número de gotas de sue- 
ro normal de cal^allí^. Un tercer tubo siii^'e de control 
conteniendo solamente el líquido céfalo raquídeo. Al 
cabo de 8 a 12 horas, en ocasiones más pronto, se ob- 



484 ANALES DE LA 



serva uu enturbiamiento opalescente más o menos 
acentuado segíni la intensidad de la reacción positiva. 
Debe emplearse un suero anti-meningocóccico trans- 
parente, no calentado ni envejecido. Con los sueros 
del comercio fenolados rara vez lie obtenido reaccio- 
nes concluyentes. La reacción es bastante precoz, apa- 
reciendo a las 12 o 16 horas del comienzo de los acci- 
dentes. En los líquidos turbios y i)nrulentos ofrece 
la dificultad de que a pesar de la centrifugación, no 
se obtiene el líquido céfalo raquídeo transparente. 
También cuando el líquido es fibrinoso y al cabo de 
algún tiempo forma grumos, para lo cual son necesa- 
rios los controles señalados. I;a meningitis a neumo- 
cocos suele dar un líquido raquídeo que produce la 
precipitación con el suero anti-meningocóccico. Hay 
que tener en cuenta también que en raros casos de 
meningitis meningocóccica confirmada, la reacción 
puede ser negativa. 

La reacción de Eivalta, también la he empleado 
para investigar el estado de meningitis en casos muy 
precoces con signos indecisos, y la he visto negativa 
cuando el líquido ha sido claro, siendo constantemen- 
te positiva en el líquido ligeramente purulento. En 
casos agudos que mostrando líquidos claros fué ne- 
gativa, después al hacerse purulentos, la reacción se 
presentó positiva. 

La falta de reducción del Fehling es un signo bas- 
tante constante en la meningitis meningocóccica, so- 
bre todo cuando el líquido ya es purulento. 

Con frecuencia es negativa a los 15 minutos pero 
reduce a las 8 o 12 horas. 

A medida que se establece el tratamiento suérico 
intraraquídeo y el pus va disminuyendo, la reducción 
del Fehling es comi^robable en menor tiempo. El azú- 
car en la meningitis meningocóccica desciende desde 
0.60 a 0.30 y 0.20 centigramos por 1000. 

La albúmina, por el contrario, aumenta en el lí- 
quido céfalo raquídeo de 2 a 3 y 5 grs. por 1000, se- 
gún he comprobado en algunos casos. 

La presencia de globulinas se comprueba bastan- 
te precozmente en la meningitis meningocóccica. Su 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 485 



intensidad varía sin ninguna relación entre el inicio 
y la agravación de los síntomas ni entre el aspecto más 
o menos turbio del líquido. Ella no revela sino el es- 



tado de reacción meníngea. 



La prueba de Rivalta sólo indica la exudación 
meníngea. No es pues un signo peculiar de la menin- 



gitis meningocóccica. 



Diagnóstico por la hemociiUura. 



Previa antisepsia de la región de la flexura del 
codo por la aplicación de tintura de yodo, se coloca 
una venda compresora en el brazo, un poco por enci- 
ma de la flexura. El paciente, cerrando la mano, faci- 
litará el relieve de las venas. Oon una jeringa pre- 
viamente esterilizada al horno y protegida convenien- 
temente en un tubo, se extraen de 8 a 10 c. c. de san- 
gre, que se inoculan inmediatamente en un balón con- 
teniendo 50 c. c. de caldo glucosado al 1x100, agitan- 
do para distribuir la sangre. Para evitar la coagu- 
lación, puede cargarse antes la jeringa con 1 c. c. de 
solución de citrato de sosa al 3x100. Una manipu- 
lación rigurosamente aséptica es facilitada por el em- 
pleo de las ámpulas de Keidel, las que ya contienen 
cerradas al vacío el medio de cultivo y están provis- 
tas de agujas. Este proceder permite el pase directo 
de la sangre de la vena del paciente al tubo de cultivo 
sin exposición al aire. 

Antes de sacar la aguja de la vena se coloca una 
pinza o un clam en el tubo de goma que conecta la 
aguja al ámpula, llevándose así a la incubadora bas- 
ta ser examinado el cultivo. 

La liemocultui'a ofrece pocos resultados positi- 
vos. Hay que hacerla en el período agudo y en los 
momentos de meningococcemia, y es sabido, que el 
estado de meningitis puede establecerse sin que haya 
infección sanguínea demostrable e inversamente. 

Las hemoculturas que he practicado en ocho ca- 
sos agudos y graves, fueron negativas. En un caso 
d^ meningitis cerebro espinal con manifestaciones de 



486 ANALES DE LA 



púrpura en los muslos también fué negativa. Algu- 
nos autores estiman que estas manifestaciones son de- 
bidas a infección concomitante de parameningococo. 
Creo, pues, que el liemocultivo 2'araniente presta al- 
guna ventaja en el diagnóstico. Algunos autores, sin 
embargo, han señalado el hallazgo del meningococo 
por hemocultura en la meningitis, y otros aun en ca- 
sos en que no se había pensado en dicha afección, du- 
rante la pasada gran epidemia de influenza. 



Comprobación por ¡o.s cultivos. 

El líquido obtenido asépticamente es centrifuga- 
do, y una jjarte del sedimento, se extiende en dos o 
tres láminas para practicar una coloración por el mé- 
todo de Gram y otra para el Ziehl Neelsen. El resto 
del sedimento extraído, bien con el asa o con otra pi- 
peta estéril, es sembrado en los medios de cultivo con 
objeto de obtener resultados positivos o negativos, 
pues ambos sirven de control pai'a confirmar las pro- 
piedades biológicas del germen. 

En agar sangre, las colonias del meningococo son 
densas, viscosas, de color lechoso, con reflejos verdo- 
sos, no observándose zonas de hemolisis alrededor. 

En agar simple, germina difícilmente en las pri- 
meras culturas heí-has con el sedimento del líquido, 
pero lo hace más fácil cuando es resembrado, prove- 
niente de otros cultivos favorables, como el agar as- 
citis o el agar suero. En éste las colonias son libres, 
elevadas, de tinte grisáceo, opacas }' con el centro obs- 
curo. 

En el (/aldo simple, se comporta como en el agar. 
Los cultivos aclimatados, germinan como en caldo as- 
citis. Produce enturbiamiento y velo. 

En agar al tres de ascitis, es decir 3 partes de 
agar por 1 de ascitis, las colonias a las 24 horas tie- 
nen un tinte grisá'-eo, son casi transparentes. Al ter- 
cer día se tornan opacas, con el centro obscuro; una 
partícula de la colonia en caldo o agua salina se emul- 
siona bien. 



AÓADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 487 

En caldo ascitis en la misma proporción, el culti- 
vo prospera mejor, produciendo enturbiamiento y ve- 
lo. La adición de giicerina al agar o caldo simple en 
proporción de i/^% no hace más favorable estos cul- 
tivos. Amnentando la cantidad de giicerina, se di4- 
culta la germinación. No produce indol. 

La leche tampoco es favorable, a la cual no coa- 
gula el meningococo, ni enrojece, si se le adiciona tor- 
nasol. La adición de azúcar (glucosa) favorece la ger- 
minación en caldo o en agar simple a condición de 
que estos medios sean neutros. 

En papa, realmente, no germina. Lo mismo ocu- 
rre en gelatina níantenida a 22°. 

El meningococo requiere para su germinación fá- 
cil, medios adicionados de albiimina. Se prepara agar 
según la fórmula ordinaria : 25 grs. de agar seco, pep- 
tona 10 grs., cloruro de sodio 5 grs. Se disuelven en 
caliente la peptona y el cloruro de sodio en 1000 c. c. 
de agua. Se agrega el agar previamente lavado hasta 
disolución, en caliente. Se adicionan gotas de sosa al 
10% hasta reacción ligeramente alcalina al papel de 
tornasol Squib o de 0.5% a la fenoltaleina, se filtra, 
se reparte en tubos en cantidades de 10 a 15 c. c. Be 
esteriliza al autoclave a 20 libras de presión. El me- 
dio debe quedar ti-ans^Darente después de enfriado. 
En el momento de usarlo, se funde el agar de los tu- 
bos en baño de María. A la temperatura de 70" se agre- 
gan 3 c. c. a cada tubo, de suero humano, líquido as- 
cítico, suero de conejo o de cabra, que se debe de te- 
ner estéril o que se extrae en el momento necesario. 
Se inclinan los tubos y se dejan solidificar, o se hace 
esto, poniéndolos en contacto con trozos de hielo, "si 
se desea verificar las siembras urgentemente. Tam- 
bién puede agregarse al agar igual cantidad de san- 
gre desfibrinada y estéril. Puede verterse el agar así 
preparado en caliente en placas de Petri. Se mantie- 
nen 24 horas en la incubadora para comprobar su es- 
tirilidad. practicándose la siembra después. 

Las placas serán colocadas en la incubadora in- 
vertidas. 

También puede prepararse el agar segiin se ha 



488 ANALES DE LA 



dicho, con la adición de glucosa y nutrosa (agar-nu- 
trosa-aseitis, de los americanos). También al agar 
sinjpie, i3uede agregarse en la superñcie inclinada del 
tubo, un 230CO de sangre según el proceder de Pfeif f ei*. 

El suero de Loefrier, compuesto de 3 partes de 
suero de buey y uíio de caldo ordinario giucosado ?.l 
IXlOU, es un medio excelente para el meningococo, a 
condición de que no esté seco ni contenga hemoglobi- 
na ilisuelta, dándole color pardo-rojizo. También pue- 
de usarse el medio de Hiss: Suero de conejo una par- 
te y dos partes de agua destilada. Esterilizar el au- 
toclave y mezclar 10 c. c. de agar giucosado al 2% y 
1 c. c. de la mezcla de suero en agua. La adición de 
carbonato de cal aumenta la vitalidad (Jordán). 

El agar con placenta, de Kutscher, no tiene nin- 
guna ventaja sobre los citados, así como tampoco el 
agar con líquido céfalo raquídeo, de ( 'onradi. La bilis 
disuelve in vitro los meningococos. 

A veces, en los líquidos poco purulentos, la per- 
manencia del tubo en la incubadora, puede facilitar 
la germinación de los meningococos, siendo éstos apre- 
ciables en las preparaciones, mientras que no se en- 
contraron en los exámenes practicados en el momen- 
to de la extracción del líquido. El medio de Kutscher 
se compone : 23lacenta cortada en trozos 500 grs., pep- 
tona 20 grs., cloruro de sodio 5 grs., agar 25 grs., glu- 
cosa 10 grs., agua 1000 c. c. Reacción ligeramente al- 
calina. A 3 volúmenes de agar preparados de esta ma- 
nera se agrega un volumen de suero de buey previa- 
mente calentado a 60" durante una hora por tres días. 

El caldo ascitis se prepara, añadiendo a 3 partes 
de caldo ordinario una parte de líquido ascítico, que 
puede sustituirse por suero humano, de cabra o cone- 
jo. También puede usarse 2 c. c. de suero de carnero 
en 10 c. c. de caldo shnple. Flexner aconseja a 7 c. c. 
de agar giucosado, agregar un c. c. de suero de car- 
nero. El medio de Doptei- y Koch que es una asocia- 
ción de agar, ascitio, rojo neutro y azúcar, no ofrece 
ninguna ventaja. Este se compone de agar al 3% 
agregando a cada 75 c. c. a la tem]ieratura de 90", 25 
c. c. de líquido ascítico estéril y 1 c. c, de solución de 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 489 



rojo neutro al i^c en agua destilada, y un gramo de 
glucosa. El medio tiene un tinte anaranjado. !Se man- 
tienen los tu]jos en el Arnold 30 minutos, se enfrían 
a 45" y se vierten en placas de Petri. El autor acon- 
seja esterilizar a 10o' por veinte minutos, pero esta 
temperatura es nociva para la glucosa y coagula for- 
3 liando grumos el liquido ascitico. Ei menmgococo 
produce color rojo cereza por fermentación de la glu- 
cosa. 

Son condiciones indispensables para el cultivo, 
además del medio favorable, la temperatura, que no 
debe rebasar la del cuerpo Innrano, y tan pronto co- 
mo se obtenga el líquido eéfalo raquídeo o exudado 
naso faríngeo, delje practicarse las siembras y man- 
tenerlas a 37", pues bastan algunas Jioras (6 a 10) pa- 
ra que a1:)andona(lo dicho material a la temperatura 
amljiente se impida la germinación. Este hecho debe 
tenerse en cuenta cuando se retardan las siembras por 
el transporte del material 2 o 3 días en dichas condi- 
ciones, o cuando se ]e ha liecho permanecer a baja 
temperatura. Pevjudican la germinación del menin- 
gococo, lo mismo las oltas que las bajas temperaturas. 
Por encima de 38" la germinación es defíciente. Lo 
mismo ocurre cuando el líquido eéfalo raquídeo o 
exudado se mantiene en la nevera durante pocas 
horas. 

Otra de las cansas que influyen en la disminu- 
ción de la vitalidad del meningoccco, es la infección 
secundaria, pereciendo rápidamente en los cultivos 
cnntaminados; circiuistancia que hay que tener mu}' 
presente al practicar la punción raquídea, para em- 
])lear medios de esterilidad y asepsia muy rigurosos. 
El meningococo es uu germen estrictamente aerobio, 
razón por la cual, las siembi-as en medios sólidos de- 
ben hacerse superficialmente, procurando no romper 
la masa del cultivo. El meningococo germina bastan- 
te rápidamente, y a las 24 horas, ya pueden apreciar- 
se las colonias en suero de Loefñer. en agar ascitis, 
en snero humano o de conejo. 

En líquidos recién extraídos, muy turbios, las 
si€a3fibras de dos o tres gotas del sedimento abundante 



4&0 ANALES Í)E LA 



y purulento, que al examen directo mostró meningo- 
cocos, es con frecuencia negatÍA^a en suero de Loef- 
íler. En él se \en a las 24 horas los surcos de lique- 
facción, pero sin ninguna colonia ni aumento de los 
meningococos. Si se raspa la superñcie, se ve en las 
preparaciones, que están en menor número que en 
el examen primitivo. 

En estos casos creo que lo que impide o atenúa la 
vitalidad de los meningococos, es la acción diastásica 
de los leucocitos. ¿„ Hay a la vez acción proteolítica y 
bacteriolítica I 

He observado, que resembrando cada 24 horas el 
pus primitivo extraído, en suero, continúa mostran- 
do el poder proteolítico durante 3 días. 

Practicando exámenes directos de dicho pus ori- 
ginal, se va viendo cómo las células desaparecen, y 
C[ue sólo se colorea en rojo una substancia homogénea; 
Al mismo tiempo, los meningococos desaparecen y 
se observan numei'osos granulos como residuos de 
aquellos. 

Esto lo he obsei'vado por primera vez en el líqui- 
do 23urulento de una niña de 7 años, a los 8 días de 
la enfermedad, sin mostrar hidrocefalia a la punción, 
y que con sólo dos inyecciones de suero antimeningo- 
cóccico curó. 

Los fracasos de los cultivos, más frecuentes en 
los líquidos purulentos que en los claros con menin- 
gococos, me parece que son debidos más bien que a 
las condiciones de vitalidad de los meningococos, a 
la acción que sobre ellos ejercen las diastasas leuco- 
citarias, que se mantienen y comprueban in vitro. 

Aun cuando el pus sembrado se diluya antes en 
el líquido de condensación del medio, la acción dias- 
tásica se manifiesta igualmente. 

No en todos los casos de líquido purulento, la ac- 
ción proteolítica se comprueba en las siembras de -sue- 
ro. Esta puede mosti-arse a veces a las 24 horas de la 
l^rimera siembra, y no en la subsiguiente. Lo que si 
he obserA'ado, es qiie los casos graA'es, con líquidos 
muy turbios, densos y purulentos, con acción diastá- 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 491 

sica prolongada, evülueioiían más favorablemente que 
aquellos en que dicha acción no se manifiesta. 

Deseo llamar la atención sobre estos lieclios re- 
petidamente observados. 

El agar con el suero de cabra que lie empleado 
frecuentemente, es más favorable que el agar ascíti- 
co. Aun en estos medios, es necesario practicar re- 
siembras cada tres o cinco días, i^iies la vitalidad de 
algunos strains es muy pobre y aun desplegando gran- 
des cuidados, hsLV meningococos que se debilitan y 
mueren en los medios artificiales más apropiados; 
otras veces, por el contrario, manifiestan una nia3^or 
resistencia, adaptándose bien a dichos medios y pro- 
longando su vitalidad de 12 a 14 días en el mismo cul- 
tivo. El meningococo ])erece rápidamente en los me- 
dios artificiales por atenuación de su vitalidad a con- 
secuencia de la secreción de un diastasa que ejerce 
efecto lítico. Esta autolisis es interesante aun desde 
el punto de vista de la patología, pues merced a ella, 
se j)one en libertad la proteína o endotoxina. 

El meningococo no segrega toxinas difusibles y 
su patogenicidad es debida a esa toxo-proteína libera- 
da por autolisis. Górdon ha demostrado, que el extrac- 
to de meningococo desecado, en agua destilada, es mor- 
tal para los ratones a la dosis de 0.1 a 0.2 c. c. intra- 
peritonealmente. Dicho extracto es muy teiinostable, 
resistiendo 100" y hasta 120" durante media hora sin 
perder la toxicidad, la que sí desaparece después de 
calentar a 120" durante dos horas. Un aumento de 
virulencia de una raza de meningococo no va seguido 
de un aumento demostrable en la producción de en- 
dotoxina, puesto que la virulencia de un tipo de me- 
]iingococo puede aumentarse 10 veces, en tanto que 
su toxicidad queda inalterable. 

El calor, la desecación y la luz, son muy nocivos 
para la vitalidad del meningococo, y más cuando es 
recién extraído del cuerpo humano. 

La temperatura más soportada es la de 37". Yo 
he mantenido cultivos durante dos años por pases su- 
cesivos y mantenidos entre 36 y 38". A 40 y 41" pe- 
recen rápidamente los primeros cultivos. Calentados 



492 ANALES ÍDE íxÁ 



a 60, 70 u 80° mueren en 10 segundos. A la tempera- 
tura inferior a 25" no se obtienen cultivos. El frío no 
destruye al meningococo tan rájíidamente como el ca- 
lor. Los cambios bruscos de temperatura son más per- 
judiciales que el mantenimiento de una temperatura 
inferior a 37°. La luz directa del sol mata a los me- 
ningococos de un líquido céfalo raquídeo aun i:>uru- 
lento en cuatro horas. 

El meningococo es muy j^oco resistente a los 
agentes químicos. Bastan algunas gotas de solución 
al 1% de lysol, de ácido fénico o de cloruro de cal, 
parsi destruir su vitalidad rápidamente. El bicloruro 
de mercurio al IX^OOO lo hace inactivo en 5 minutos, 
el alcohol de 70°, en dos minutos. El agua oxigenada 
a 30 volúmenes en 8 minutos. El protargol y el nitra- 
to de plata lo destruyen rápidamente, siendo el pri- 
mero un buen medio antiséptico para los portadores 
en irrigaciones nasales y colutorios. 

El meningococo ejerce una acción 2)atógena in- 
constante sobre los animales de laboratorio, siendo el 
ratón blanco y la cabra de los más sensibles, después 
del mono. La inoculación intraperitonal de una can- 
tidad pequeña en el ratón, le produce la muerte, en- 
contrándose el germen en la sangre y en el corazón. 
La extracción de sangre por punción cardíaca poco 
antes de la muerte del animal, proporciona a veces 
cultivos puros del meningococo. Este sería un medio 
ideal i:)ara la selección del cultivo, si como a menudo 
ocurre, las razas de meningococos no carecieran fre- 
cuentemente de virulencia. El conejo es en extre- 
mo resistente, la rata y la paloma son refracta- 
rias. El curiel resulta a veces para algunas razas 
de meningococo de lo más sensible a la inoculación 
intraperitoneal o intrapleural. La inyección del líqui- 
do raquídeo o de un cultivo, le produce la muerte 
cuando se inyecta en cantidades de uno o dos c. c, 
presentándose hipotermia, pérdida de peso y eriza- 
miento del pelo. En la auptosia, se encuentra perito- 
tinitis, falsas mem.branas y a veces exudado, nunca 
hemorrágico. Las falsas membi'anas recubren el hí- 
gado y el bazo. Si se hacen frotis con el pus, se oh- 



ACADEMIA DF. CIENCIAS DE LA HABANA 493 

servan los nieningococos con las variadas caracterís- 
ticas que muestran en el líquido céfalo raquídeo. El 
perro no es sensible sino raramente por vía intrara- 
quidea, mostrando reacciones nerviosas, convulsiones 
y parálisis. Muchas veces cura. 

El mono es por su sensibilidad el que dá los sig- 
nos más característicos. La inyección del líquido cé- 
falo raquídeo o de un cultivo subcutáneo, le pro- 
duce induración solamente. Por la vía raquídea, 
presenta el mismo cuadro de la infección del hombre. 
Algunas horas después de inyectado el animal, se 
acoquina, presenta nistagmus, convulsiones, disnea, 
hipotermia, nmriendo de las 18 a 26 horas. A veces, 
después de que cesan los síntomas y de parecer que 
mejora, muere repentinamente. Esto se observa tam- 
bién en los curieles in_yectados subcutáneamente, los 
que después de unos días de observación sin presen- 
tar smtomas, se les ve morir sin una causa aprecia- 
ble. En el mono como en el indiA'iduo, las lesiones 
predominan en las meninges, las cuales muestran in- 
tensa congestión e infiltración hemorrágica. 



Investigación de los portadores 



Para obtener el material de la rino-faringe, se 
preparan hisopos con un eje de alambre grueso y de 
unos 15 centímetros de largo, al que se dobla en asa 
en uno de los extremos, y en el otro, con una linm se 
practican varias hendiduras tranversales con objeto 
de que trabe bien el algodón al enrollarlo. Se colocan 
en tubos bacteriológicos tapados con algodón o bien 
antes de hacer el asa se atraviesa un corcho que sir- 
ve de ta|)a al tubo, de modo que el corcho haga el ob- 
jeto de mango al usar el hisopo. Estos hisopos se do- 
blan formando un ángulo ligei'o en el extremo que 
contiene el algodóii. Colocados en los tubos se esteri- 
lizan en el horno seco a 170" C. 

Para obtener el material del paciente, se hace 
lo mismo que para el exudado diftérico, sólo que el ex- 



494 ANALES DE LA 



tremo curvo se introduce en sentido horizontal hasta 
rebasar la úvula, poniéndolo después vertical, se diri- 
ge hacia arri))a y atrás, de modo de pasar por la naso- 
faringe. En individuos de gran sensiljilidad, puede ob- 
tenerse el material introduciendo el hisopo por las fo- 
sas nasales bastante hacia atrás. Esto permite obte- 
ner más fácilmente el material, que en los cultivos, 
mostrando menos gérmenes secundarios en relación 
con los que se encuentran en el exudado de la naso- 
faringe ; a parte de que al pasar el hisopo, siempre se 
pone en contacto con las tosilas, ricas en gérmenes. 

El material obtenido con los hisopos debe ser 
sembrado inmediatamente, y en caso de que no pueda 
hacerse, el hisopo al extraer el exudado será introdu- 
cido en un tubo que contenga un poco de caldo gluco- 
sado o caldo ascitis y una vez llevado al laboratorio, 
practicarán las siembras de este caldo a las placas, 
pues hay que tener presente, que el meningococo pe- 
rece con rapidez al ser extraído del organismo. 

No es recomendable el empleo de hisopos de jun- 
quillo de madera, pues con frecuencia a los movimien- 
tos del i^aciente se parten. Además no puede obte- 
nerse con ellos material de la rino-faringe pues su 
flexibilidad mipide hacer un verdadero escobillona- 
je para extraer la secreción suficiente. 

Los individuos atacados de meningitis cerebro 
es])inal, muestran en el exudado de la faringe y las 
tonsillas los meningococos, no siendo tan indispensa- 
ble en estos casos obtener el material de la rino-fa- 
ringe. 

En la rino-faringe de los enfermos, el germen se 
encuentra en el 95%- de los casos, iludiendo decirse, 
que el meningococo se halla pej'sistentemente durante 
los primeros días de la enfermedad, y puede compro- 
barse de 2 a 4 meses después en algunos casos. Sin 
embargo, ellos son portadores proAdsionales, al con- 
trario de los portadores sanos, en los que la presen- 
cia del meningococo es más constante. 

Aunque los meningococos atacan a los sujetos 
de todas las edades y razas, es un hecho, que los por- 
tadores son más frecuentes en los menores de quince 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 495 

años, y por lo tanto los niños tienen más probabilida- 
des de padecer esta forma de meningitis. Son peli- 
grosos según Olitsk}^ los portadores qne tienen el 
mismo tipo de meningococo que aquellos casos en que 
son aglutinables por sus sueros. 

Sin embargo entre nosotros no se ha visto un 
predominio de los niños atacados. Es indispensable 
un hacinamiento y un tipo patógeno de meningococo 
para las infecciones múltiples. Un factor que también 
contribu}^ a ello es la falta de condiciones higiénicas 
y especialmente de la boca. 

Es mi hecho bien reconocido, que los casos de 
meningitis se aumentan alrededor de los atacados o 
en circunstancias de haber ocurrido algún caso an- 
terior. 

Aunque se ha señalado el hecho de que en los 
Hospitales, Asilos, etc., los enfenneros, sirvientes y 
personas que rodean a los enfermos, han sido eviden- 
temente contagiados: entre nosotros, a juzgar por lo 
visto en Sanatorios y Hospitales, y teniendo en cuen- 
ta la gran facilidad con que se dice que el meningo- 
coco se propaga, no hemos visto esa rápida difusión, 
y no obstante los numerosos casos ocurridos, no se ha 
dado el caso de la infección de ninguno del personal 
asistente. 

Importa también en esto de la difusión tener en 
cuenta el número de los infectados, que parece da lu- 
gar a un mayor contingente de j)ortadores sanos. Di- 
chos portadores pueden en un momento dado, sin pa- 
decer meningitis, dar origen a casos de esta fomia. 

En ocasiones los portadores sin tener ningún 
trastorno aparente, pueden presentar algunos sínto- 
mas generales, fiebre ligera, malestar, cefalalgia, sin 
ninguna manifestación meníngea, y ser a veces ca- 
sos de meningitis frustras o meningococemias, simu- 
lando cuadros tíficos (tifo meningococemia Pissavi). 

Existe un coriza postmeningítico que es muy pe- 
ligroso por lo inapercibido de su origen en los casos 
benignos. 

La siembra del material de la rino-faringe en 
13lacas con agar ascitis o agar suero da a veces coló- 



496 ANALES DE LA 



nias pai'ecidas a las del meningococo, pero que minu- 
ciosamente estudiadas, no corresponden a él. — Si- 
guiendo las indicaciones de F. Pa-Pin y H. Stevenin, 
pueden descubrirse con más frecuencia las colonias 
de meningococos, i^or el examen bajo el microscopio 
de la placa invertida. Se observan entonces colonias 
transparentes mwy pequeñas y nmnerosas, reunidas 
en grupos u otras más grandes, dispersas o formando 
estrías pálidas, con márgenes claras, alrededor de las 
colonias ol^scuras y opacas, o también colonias bastan- 
te grandes y aisladas solare las cuales se desarrollan 
colonias puntiformes de la misma o de otras bacte- 
rias. 

Las colonias transparentes pequeñas y grandes 
presentan el carácter común de las meningocóccicas. 
Vistas al microscopio son de color amarillo-claro, y a 
las 24 horas presentan en el espesor un fino punteado 
como trazos negros sobre el fondo ti'asparente. A las 
48 horas se espesan en los bordes y aparecen como 
salpicadas de dichos trazos negros, ya libres, ya con- 
glomerados en forma de estrellas, como agujas cris- 
talinas. Este carácter solamente lo presentaii de ma- 
nera precoz las colonias de meningococos o parame- 
ningococos. Los cristales que el bacilo tífico o difté- 
rico suelen j^resentar, aparecen después de una o más 
semanas. Dichos ci'istales se presentan en todos los 
medios sólidos de cultivo favorables al meningococo. 
En los medios líquidos y en el mismo líquido céfalo 
raquídeo no se presentan los cristales. Si el muco de 
la rinofaringe sembrado produce colonias con el pre- 
cipitado cristalino. ])uede decirse si están formadas 
por micrococos Graní negativos, que el 95% corres- 
ponden al meningococo o i)arameningococo. Las colo- 
nias del o'onococo no producen dichos cristales. Es- 
tos constituyen pues una m.anera de facilitar la se- 
lección de las colonias, en los cultivos en placas de 
exudado que contienen varios géinnenes. con el auxilio 
de las lentes de pequeño aumento del microscoiiio. 
No se ha' podido determinar la naturaleza de dichos 
cristales. 

No siendo productores de gas contenido en un 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 497 

frasco de Edlemmeyer el 2y2% con reacción alcalina 
de 0.57o a la fenoltaleina, se le agrega en caliente 
cantidad de tintura de tornasol necesaria hasta darle 
un tinte amatista intenso, lo que se prueba echando 
en un tubo 10 c. c. del agar y viendo que el tinte azul 
es adecuado. Se reparte el agar en cantidades de 100 
c. e. en balones estériles. A cada balón de 100 c. c. de 
agar tornasolado se agrega aisladamente 2 grs. de 
maltosa, lactosa, glucosa, sacarosa, giactosa, levulosa, 
manito e inulina. Una vez disuelta cada azúcar en el 
balón correspondiente, para lo cual es preferible ha- 
cerlo estando el agar aun caliente a 60 ó 70"; se re- 
parte el contenido de cada frasco en tubos bacterioló- 
gicos previamente estériles y en cantidad de 10 a 15 
c. c. por tubo. Hecho esto, los tubos se rotulan con 
el nombre del azúcar correspondiente o se colocan los 
de cada grupo en cestos, a los que se les pone el nom- 
bre correspondiente. Se cubren los tubos en conjunto 
con papel ele plomo o parañnado y se colocan en el 
Arnold donde se les da una esterilización por 20 mi- 
nutos a 90" sin pasar de esta temperatura, colocando 
los tubos en el aparato cuando el termómetro empie- 
ce a marcar dicha temperatura. Al día siguiente se 
vuelve a repetir la operación por igual tiempo. Los tu- 
bos se conservan a reserva de la luz, y en el momento 
de usarlos, se funden en baño de María (no al calor 
directo de la llama) o en un depósito con agua que se 
hace hervir previamente, en cuyo momento se sumer- 
gen los tubos manteniéndolos a 90". Después de en- 
friados a 60" o 70", se agrega a cada tubo que va a 
usarse 3 o 4 c. c. de líquido ascítico o suero humano o 
de animal, estéril. Se enfrían al chorro del grifo has- 
ta la temperatura de 45" o que soporte el contacto de 
la mnno, se vierte el agar en las placas de Petri, prac- 
ticándose las siembras desj^ués de solidificado. 

La conservación de los medios azucarados en esta 
forma se mantiene bien poco tiempo (uno o dos me- 
ses) y es utilizable en los Laboratorios donde se rea- 
lizan habitualmente trabajos bacteriológicos. Des^ 
pues de ese tiempo algunos azúcares, lactosa, malto- 
sa y levulosa sobre todo, enrojecen el medio, no 



498 ANALES DE LA 



siendo apropiados para las pruebas. Para evitar es- 
to, puede prepararse el agar con el tornasol y mante- 
nerse en los tubos en cantidad de 10 c. c, y al usarlo, 
fundir el agar, agregar la cantidad de suero líquido 
ascítico y de azúcar previamente disuelta en agua 
destilada y conservada en ámjDulas en cantidad de 
0.20 centigramos de azúcar en 2 c. c. de agua esterili- 
zada. De este modo, la intensidad del enrojecimien- 
to por las siembras puede a^Dreciarse bien en las 
placas. 

Manipulando con cuidado en lugar propio no hay 
temor a infección del medio en los tiempos de su pre- 
paración. 

Las colonias que reaccionan en los azúcares con 
los caracteres del raeningococo son después resembra- 
das en tubos de suero de Loeffler, de agar así-itis o 
suero humano para realizar las pruebas de aglutina- 
ción, desviación del complemento con el suero especí- 
fico, del paciente o la prueba de Pfeiffer. 

Para la aglutinación macroscópica, se preparan 
en tubos una serie de diluciones del suero al 1x50 — 
1X100—1X200—1X400 etc. Se coloca un centímetro 
cúbico de cada una de estas diluciones en pequeños 
tubos de 6 a 8 milímetros de diámetro. A cada uno 
de los cuales se le agrega 0.2 c. c. de la emulsión de 
un cultivo de meningococo en solución salina. La 
emulsión debe ser un líquido turbio unifonuemente 
y opalino. Se pondi'á además un tubo confrol con la 
emulsión sin suero y en igual cantidad que los demás. 
Se agitan los tubos y se colocan en una gradilla y se 
llevan a la incubadora durante 5 ó 6 horas a 37° y 
otras tantas horas a 55°. Después de este tiempo, 
unas 12 horas, se podrá apreciar la formación o no 
de grumos en los tubos con la emulsión y diluciones 
del suelo, quedando el control uniformemente turbio. 
En los tubos en que se forman los grumos, dejan por 
el reposo un depósito gi'umoso, que no se emulsiona 
por la agitación. 

No todos los )neningocücos veraces son siempre 
aglutinables, sobre todo, cuando son recientemente 
aislados del organismo; no pudiendo por lo tanto 
fiarse en absoluto de esta prueba cuanto es negativa. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 499 



Identificación por las bacte)iolisi]ias 



A mi ciiriel de 200 a 250 gramos de peso se le 
in^^ectan 0.25 c. c. de siiei'o aiitimeniíigocóccico acti- 
vo. A las 24 horas se le inyecta igual cantidad de una 
emulsión de un cultivo de meniugococo en agar de 24 
horas de edad. Con una pipeta se toma el exudado pe- 
ritoneal del curiel y se tiñe por el método de Gram. 
A los 30 minutos de la inoculación esta prueba re- 
vela que lí"s meningoeoeos han desaparecido, que se 
tifien muy pálidamente y son apenas visil)]es. En 
otro curiel en que se ha practicado la misma opera- 
ción pero usando suero normal de caballo en vez del 
suero eslDecífico, en el exudado extraído y coloreado 
se ven los meningoeoeos de tipo normal y bien teñi- 
dos a las dos o tres horas después de la inoculación. 



Método de Olits'ky 



Caldo glucosado al 1x100 con reacción 0.5% a la 
fenoltaleina, agregar 5% de suero claro nonnal de 
caballo. Distribuir en tubos de 8 milímetros de diá- 
metro en cantidad de 1 c. c. por tubo. Las colonias 
sospecliosas de las placas, compuestas de micrococos 
Gran] negativos, son sembradas en cada tul:)0. Se in- 
cuba durante 12 horas. Las que corresponden al me- 
ningococo producen enturbiamiento y ligero sedimen- 
to que al agitar se emulsiona uniformemente. Se 
agrega a cada tubo 1 c. c. de suero anti-meningocóe- 
r-ieo polivalente, diluido al 1x10 en solución salina a 
0.85%. Les tubos son puestos en baño de María a 37 
0.38° durante dos horas. Si las colonias eran de me- 
ningococo, muestran aglutinación en grumos persis- 
tentes a la agitación, que se aprecian inclinando el tu- 
bo. Las de otros micrococos quedan turbios. Los tu- 
bos que muestran la aglutinación son resembrados en 
los medios sólidos para identificar por el stock de cul- 
tivos. 



500 ANAIiES DE LA 



Pueden también las colonias sospechosas identi- 
ficarse por la aglutinación del modo siguiente: Se 
diluye una colonia en un poco de solución salina, has- 
ta olDtener una mezcla uniforme, se toma una gota de 
esta mezcla y se une a otra gota de suero antimenin- 
gocóccico. Una gota de esta mezcla se examina en 
gota colgante y en otra lámina se coloca una gota de 
la ennilsión de la colonia sin suero, cjue sirve de con- 
tról. Si se forman grumos en la primera en un espa- 
cio de 30 a 40 minutos la aglutinación es positiva, 
siempre que en la gota control no se formen los gru- 
mos. 

También puede emulsionarse un cultivo puro ele 
una colonia aislada como sospechosa, en solución sa- 
lina. Se centrifuga. Del líquido que sobrenada (au- 
tolisado) se coloca 1 c. c. en un tubo y se agregan una 
o dos gotas de suero anti-meningocóccico no calenta- 
do. A los quince o veinte minutos se forma un pre- 
cipitado grumoso. 



Diferenciación de los parameningococos 



Al tratar de identificar por la aglutinación los 
meningococos aislados por cultivo del líquido céfalo 
raquídeo o de las siembras del exudado de la naso- 
faringe, a veces se encuentra uno con que la aglutina- 
ción no se efectúa a los 37 ni 55" y sin embargo, los 
caracteres morfológicos y de coloración hacen pensar 
en el menigococo. Sometido el cultivo a la prueba 
de Pfeiffer, los micrococos no son bacteriolisados. 
Dopter ha aislado de casos de meningitis meningo- 
cóccicas y de portadores, meningococos que no son 
aglutinados por el suero antimeningocóccico ni pro- 
ducen por la inyección de este suero y del cultivo en 
el curiel, el fenómeno de la bacteriolisis; si fijan el 
complemento en presencia de un suero antimeningo- 
cóccico, no lo hacen en presencia del suero del pacien- 
te afecto de meningitis meningocóccica, por lo que 
son considerados como parameningococos. 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 



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502 ANALES DE LA 



La diferenciación del nieningococo de Weichsel- 
baum con los sendo nieningococos y otros gennenes 
frecnentes prodnctores de meningitis, pnede apre- 
ciarse en el signiente cuadro. He separado de los 
seudoineningococos al diplococo de Jaeger-Heubner ; 
el carácter de ser Graní positivo le resta toda relación 
con el verdadero nieningococo y los sendo nieningo- 
cocos. No me explico cómo aun en obras modernas 
se relaciona con éstos. 

El diplococo de Jaeger-lleubner es sin duda un 
germen de infección secundaria de la piel. Nunca 
lo he encontrado en los casos de verdadera meningi- 
tis meningocóccica. 



Casos prácticos. 



La estadística c|ue ha servido de base al presen- 
te estudio comprende 33 casos, a la mayoría de los 
cuales he hecho una sola punción lumbar con objeto 
de investigar un diagnóstico sospechoso de m.eningi- 
tis. Sólo en 13 de los casos, ya del Hospital "Las 
Animas", del Centro de Dependientes o de médicos 
particulares, he podido hacer un examen continuado 
del líquido céfalo raquídeo en punciones repetidas, 
al hacórsem.e cargo del tratamiento por deferencias 
que agradezco a los Dres. Lebredo, García M'endoza, 
Gíircía Mon, Pagés y J. F. de Poó. 

A continuación expongo un resumen de ese gru- 
po de casos, sintetizando el cuadro clínico observado 
en el momento, en relación con el carácter del líquido 
céfalo raquídeo, ya que en esta oportunidad, sólo de- 
seo hacer resaltar sus características desde el punto 
de vista bacteriológico en la meningitis cerebro es- 
pinal epidémica. 

Caso I. — Joven de 14 años. Dos días de enfer- 
medad. — Posición decúbito, rigidez de la nuca, cefa- 
lalgia, hiperestesia lumbrar, herpes labial, fiebre de 
39 a -10", excitación. Un hermano falleció dos días an- 
tes de enfermar él, con síntomas de meningitis, sin 



ACADEMIA DE CIENCIAS DE LA HABANA 503 



que se liul^iera lieehí» piinci<3ii limibar ni diagnóstico 
etiolügieo. Signo de Kernig positivo. 

Primeya jxnicióii. — Líquido con gran tensión, 
cantidad extraída 35 c. c. aspecto turbio, opalino. Re- 
acción Ivivalta-positiva. Reduce el Feliling a los 50 
minutos. GiO]»uiinas ( + + f)- Precipitinas-positiva, 
controlada con un suero normal. 

E'xnniea dc^i scdimoito 

Polinucleares 82% 

Grandes mononucleares. ... 5% 
Linfocitos. . 13% 

Los polinucleares en su ma3^oría con núcleos y 
protoplasma bien teñidos. Se encuentran meningo- 
cocos en el interior de las células, libres, en forma de 
granos de cafe ; algunos granulosos. 

Sembrado el sedimento se obtiene cultivo de es- 
casas colonias en suero de Loeffler. 

Segunda punción a las 24 horas seguida de la 
inyección de 30 c. c. de suero específico. 

Tensión del líquido, aumentada, cantidad ex- 
traída 25 c. c. aspecto amarillento, ligeramente tur- 
bio. Reducción del Feliling en 26 minutos. Rivalta- 
positiva. Núm.ero de células por nmr" 7.500 (celda 
de Nageotte). 

Polinucleares. 767o 

Grandes mononucleares. , . . 217o 
Linfocitos. 3%} 

Algunas células voluminosas de núcleos pálidos. 
Los polinucleares presentan algunos los núcleos y el 
proplasma difusos. 

Después de recorrer -s-arios campos, se encuen- 
tran escasos meningococos. 

La sieml)ra del sedimento fué negativa. 

Tercera punción después de nueva inyección de 
suero a las 30 horas de la anterior : 

Líquido opalino claro. ^Menos tensión que ante- 
riormente. Número de células por nmr*^ 4.200. 



504 ANALES DE LA 



Polinucleares 66% 

Grandes niononucleares. . . . 25% 
Linfocitos. 9% 

Reduce el Fehliiig a los 35 minutos. Glo])ulinas, 
positivas ( + ). Rivalta, positiva. Fiebre de 38". Me- 
joran los síntomas. vVl examen se encuentran muy 
escasos meningococos aislados. 

Cuarta puneióu del líquido a las 78 horas y nue- 
va inyección de 30 c. c. extrayéndose 18 c. c. de suero. 
Tensión algo aumentada. Aspecto ligeramente 
turbio. Rivalta positiva. Globulinas positivas ( + 
-f ). Reduce el Fcblingen 20 minutos. A la centri- 
fugación sedimento escaso. Prueba de preci]3itina, 
negatÍA'a. 

Polinucleares 48% 

Grandes mononueleares. . 3% 

Linfocitos 48.50% 

Células de tipo conjuntivo. 0.50% 

El sedimento extendido en láminas no muestra 
más que algunos gráiiulos Gram negativos, sin que 
se vean meningococos típicos. Los leucocitos pre- 
sentan tipo normal. IjOS tractus de fibrina son muy 
escasos. 

El sujeto está sin fiebre, con ligera rigidez en la 
nuca y dificultad en los movimientos. Está despe- 
jado. Se dio de alta curado después, habiéndose he- 
maciado bastante. 

Caso II. — Este paciente enfermó de modo re- 
pentino. Cefalalgia intensa, subdelirio, vómitos, con- 
vulsiones, fiel)re de 39"8, ligera rigidez de la nuca, 
raquialgia intensa. 

Piimcya punción a las 26 horas. Se le in^^ectan 
15 c. c. de suero antimeningocóccico. 

Líquido con tensión aumentada, transparente, 
pequeños floculis en suspensión. Se extraen 16 c. c. 
Número de células por mni-^ 18. 

La centrifugación prolongada dio muy escaso de- 
pósito blanquecino. Rivalta negativa. Reduce el 
Fehling en 25 minutos. 



ACADEMIA t>E CIENCIAS DE LA HABANA 505 



El sedimento extendido en láminas en un peque- 
ño espacio y teñido por el método de Grram, muestra 
algunos lint'ocitos y muy escasos mononucleares. 

Fuera de los leucocitos se encuentran varios me- 
ningococos de tipo normal. Algunos en pequeños 
grupos. Sembrado el sedimento y parte del líquido 
en cantidad de 1 e. c. en placas de agar suero, a las 
24 horas se vieron njiiy escasas colonias en las placas, 
de bordes irregulares, con el centro opaco, y en las 
que examinadas por el fondo en la placa invertida, 
se ven agujas parduzcas diseminadas en las colonias. 
Al examen directo nuiestran estar compuestas de mi- 
crococos Gram negativos, de tamaño bastante unifor- 
me, algunos más intensamente teñidos que otros. Es- 
tas colonias resembradas en tubos de agar suero, die- 
ron cultivos puros con escasas colonias de meningo- 
cocos, identificados en los azúcares. El líquido man- 
tenido en la estufa a 37" no mostró rna^^or germina- 
ción. 

Segunda punción a las 48 horas seguida de la in- 
yección de 25 c. c. de suero específico. 

Ilíquido ligeramente amarillento. Con tensión au- 
mentada. Transparente. La centrifugación dio muy 
escaso sedimento. La extensión en lámina mostró 
tractos de fibrina, escasos linfocitos, alg