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Full text of "Boletín - Real Academia de la Historia"

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boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOIMO LXIV 





MADRID 
ESTABLECIMIEMTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMPRESOR DE LA REAL, ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Calle de la Libertad, núm. 29.— Teléf." OO' 



I 914 



«En las obras que la Academia adopte y publique, cada autor será res- 
ponsable de sus asertos y opiniones; el Cuerpo lo será solamente de que 
las obras sean acreedoras á la luz pública.? 

U P Estatuto XXV. 



A 35 



y 



TOMO Lxiv. Enero, 1914. 



CUADERNO I. 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MIUTARES 
EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA 

(Conclusión.) 

De los exámenes privados. 

I.° Entrado el mes de Agosto de cada año cesarán los ejer- 
cicios semanales, y los pasos diarios tendrán por objeto principal 
el repaso de los estudios hechos en todo el año, y la preparación 
de los colegiales para el examen general que deberá sufrir en 
fin de él. 

2.° Hacia la mitad del mes de Septiembre, término del año 
escolástico, la Junta censoria fijará los días en que deberá hacer- 
se este examen general y privado de todos los individuos del Co- 
legio, así humanistas como canonistas y teólogos, 

3.° Los Regentes y Catedráticos deben haber empleado todo 
su celo, y los Colegiales toda su aplicación, para preparar de an- 
temano esta prueba, en que están librados la gloria de los prime- 
ros y el crédito de los segundos. 

4.° A cada Facultad se señalará un día, y en la mañana del 
examen empezará éste por el colegial más antiguo de la facul- 
tad, y se continuará, por el mismo orden, hasta el último, em- 



6 boletín de la real academia de la historia 

picando en esto, cuando no bastare la mañana, la tarde y aun la 
noche del mismo día. 

5.° Ni tampoco será necesario cerrar todo el examen dentro 
del día, pues si tal vez no pudiera hacerse cómodamente en él, 
se podrá continuar y acabar en el siguiente. 

6° Ningún colegial que no estuviere graduado de licenciado 
se eximirá de este examen con ningún pretexto, pues la prueba 
debe ser general por todo el tiempo que preceda á la licen- 
ciatura. 

/° Si algún bachiller en facultad mayor hubiera sido nom- 
brado en comisión ú obterfido licencia para ausentarse durante 
alguna temporada del verano, conforme lo dispuesto en el párra- 
fo 6.°, capítulo ni del título i, si la comisionó licencia compren- 
dieren el plazo de los exámenes, no podrán salir del Colegio al 
tiempo que deban sufrirle. 

8.° Pero si por alguna casualidad, habiendo salido sin examen, 
se hallare fuera del Colegio al tiempo que debió sufrirle, le sufri- 
rá irremisiblemente á su vuelta. 

9.° Finalmente, si algún Colegial se hallare enfermo en el día 
de los exámenes y la enfermedad no fuere afectada, su examen 
se verificará luego que haya convalecido de ella, pues por ningu- 
na manera queremos que se omita esta prueba de la suficiencia 
de los colegiales, que tenemos por muy importante. 

10. Estos exámenes se harán en la rectoral, á puerta cerrada 
y á presencia de toda la comunidad, sentados al frente los voca- 
les de la Junta literaria, como jueces; al lado derecho los indivi- 
duos de las facultades á que no pertenezca el examen, como es- 
pectadores; al izquierdo los que deben sufrir el examen en el mis- 
mo día, como aspirantes, y en medio de todos el examinando. 

11. El examen consistirá principalmente en preguntas sobre 
todas las materias que deben haber estudiado cada uno de los 
examinandos en todo el tiempo de sus estudios; pero en especial 
en el curso precedente. 

12. En la parte relativa á humanidades, además de las pre- 
guntas, se harán otras pruebas, como de traducir, extractar, ana- 
lizar y componer. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 7 

13. En filosofía y facultades mayores, en lugar de las pre- 
guntas se harán observaciones y se pondrán reparos, para descu- 
brir el fondo de doctrina que hubiese adquirido el examinando, 
sus progresos en los estudios que hubiesen hecho y la aplicación 
de su talento y luces á las materias de su pertenencia. 

14. Si en ellas se quisiere, por alguno de los que hayan de 
preguntar, argüir en forma silogística, lo podrá hacer con permi- 
so del Rector, que no lo dispensará muy largamente. 

15- Empezará á preguntar el Rector si quiere, y si no el Re- 
gente ó Catedrático de la Facultad á que perteneciere el examen, 
el cual tanteará al examinando por todas las materias que debe 
haber estudiado. 

16. Cuando hubiere acabado el Regente ó Catedrático, segui- 
rán preguntando los de ajena Facultad, variando siempre el obje- 
to de sus preguntas, para tantear mejor el fondo del examinando. 

17. Seguirán por orden de antigüedad los Colegiales de ajena 
Facultad, preguntando, aprobando y observando en la misma 
forma. 

18. Últimamente, preguntarán los que deben ser examinan- 
dos en aquel mismo día; pero no los que lo hubieren sido, por 
evitar desquites. 

19. Convendrá que en las pruebas y preguntas se guarde 
por todos un cierto orden, empezando en humanidades por lo 
que corresponde á las dotes del estilo en general en los géneros 
retórico y poético, siguiendo por las del estilo particular en las 
especies comprendidas en ellos, pasando luego á la parte del ar- 
tificio y concluyendo con los ejercicios de pronunciación, acción, 
gesto, análisis, extracto y composición. 

20. En la parte relativa á filosofía y facultades mayores, em- 
pezarán las preguntas por los estudios principales, seguirán por 
los auxiliares y acabarán por los elementales de cada facultad. 

21. En estas pruebas se tendrá gran consideración á la edad, 
índole y complexión del examinando, procurando todos á una 
animar al tardo, encogido y vergonzoso, aplaudir al pronto y des- 
pejado y entrar en regla al presumido é indócil. 

22. Como nuestro ánimo sea que esta prueba no se reduzca 



8 boletín de la real academia de la historia 

jamás á formularia, sino que se haga siempre de buena fe y se- 
gún reglas de justicia, cuidará el Rector que de tal manera se 
dirijan las preguntas y tentativas, que la generalidad de ellas 
comprenda cuantos estudios debió haber hecho el examinando. 

23. Por tanto, si así no sucediere, aun después de haber pre- 
guntado todos, el Rector no dará por fenecido el examen, sino 
que mandará al individuo ó individuos que eligiere continuar 
preguntando sobre ciertas y determinadas materias, hasta que, 
teniendo por bastante la prueba, mande acabar el ejercicio. 

24. Cuidará mucho el Rector de que en estos exámenes no 
haya confabulación, ni padrinazgos, ni partidos, abriendo mucho 
los ojos sobre esta especie de enredos, que suelen corromper las 
más prudentes constituciones. 

25. Pero cuidará mucho más de que tampoco haya pregun- 
tas capciosas, argumentos sofísticos ni tentativas insidiosas, yen- 
do á la mano á cualquiera que saliere de los límites que prescribe 
la buena fe y reprendiendo con severidad esta especie de rate- 
rías literarias. 

26. En ambos puntos velará muy particularmente sobre los 
condiscípulos de cada examinando, más expuestos que otros á 
las afecciones de amistad y aversión, ó por el trato más familiar 
y continuo, ó por la identidad de deseos é intereses que tendrán 
en aquel instante. 

27. Pero el celo del Rector distinguirá muy cuidadosamente 
la envidia de la noble emulación, reprimiendo el livor de aquélla 
como feo y detestable y tolerando en ésta aquella natural impa- 
ciencia con que el hombre aplicado desea cobrar en opinión y 
aplauso cuanto ha expendido en afán y vigilias. 

Del examen público y su preparación. 

I." Al mismo tiempo que la Junta censoria señalará días para 
los exámenes privados, fijará el del examen público y solemne, 
que deberá ser uno de los últimos de septiembre. 

2.^ Los Regentes y Catedráticos habrán dispuesto antes una 
especie de prospecto en lengua castellana, en el cual se dará ra- 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES o 

zón de los jóvenes que se deben presentar á este examen, de la 
Facultad que sigue cada uno y de las materias que ha estudiado 
y en que podrá ser preguntado por los concurrentes. 

3.° Este prospecto se examinará por la Junta, y aprobado que 
fuere, se imprimirá y repartirá á las personas que se cuidaren al 
examen. 

4.° En él se prevendrá que los convidados podrán pregun- 
tar, y aun también que preguntarán ellos solos y no los indivi- 
duos del Colegio. 

S° Se convidará precisamente para este examen á los indi- 
viduos de los dos Colegios militares del Rey y de Alcántara, 
pasándoles oficio por el Maestro de ceremonias, con ejemplares 
del prospecto impreso. 

6.° Se convidarán también y repartirán ejemplares á los se- 
ñores Intendente, Corregidor, Obispo, Deán, Rector y Cancela- 
rio de la Universidad y á otros individuos de los demás cuerpos 
civiles, eclesiásticos y literarios de esta ciudad, á voluntad del 
Rector, que distinguirá siempre á los Catedráticos y Facultati- 
vos, para mayor lucimiento del acto. 

7.° Los colegiales libres de examen se esmerarán este día en 
acompañar y obsequiar á los concurrentes, recibiéndoles y pro- 
porcionándoles asiento, despidiéndoles y prestándoles todos los 
oficios de atención y obsequio debidos á las personas que hon- 
raren con su presencia el acto más solemne de la comunidad. 

8.° Pero en esto se señalará más particularmente el Maestro 
de ceremonias, por la obligación de su ministerio, á cuyas fun- 
ciones pertenece la representación de la comunidad en esta es- 
pecie de obsequios. 

9.° El examen se tendrá en la Rectoral, á puerta abierta, y 
con todo el aparato que permitieren las facultades del colegio, 
donde se mirará siempre este día como destinado á la gloria de 
los individuos sobresalientes, al estímulo de los aprovechados y 
á la confusión y vergüenza de los perezosos. 

10. Al frente de la sala, y á una vara de distancia de la silla 
del fundador, se pondrá una mesa atravesada; en medio si^ sen- 
tará el Rector, á sus lados los dos Regentes, ó- uno y el Cátedra- 



10 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tico, y en la fila de bancos y sillas, que correrán á una y otra 
banda, los convidados, según el orden que más bien le pare- 
ciere. 

11. La comunidad no estará formada, y sus individuos to- 
marán los asientos que les quedarán libre después de colocados 
los concurrentes. 

12. No se negará entrada ni asiento á persona alguna decente 
que quisiere asistir; pero serán preferidas las convidadas, y jamás 
se dará lugar á la confusión que pudiere atraer la demasiada con- 
currencia. 

13. Sobre la mesa rectoral habrá ejemplares de los autores 
clásicos que hubieren de servir para el examen, los cuales se ofre- 
cerán á los concurrentes que quieran preguntar. 

14. Habrá asimismo un ejemplar de la Santa Biblia y otro de 
los cuerpos de derecho civil y canónico, por si los concurrentes 
quisieren citar en sus preguntas y reparos alguno de sus textos. 

15. El Bibliotecario estará prevenido, por si se pidiere algu- 
na colección de Concilios ó Sanios Padres, ú otro libro que no 
exista en la mesa, para ofrecerle al punto y traerle á la sala. 

16. Sufrirán este examen: I.° En Humanidades, los que hu- 
bieren cumplido el primer año de Colegio; 2.°, en Ética, Dere- 
cho natural y social, los que hubieren cumplido el segundo; 
3.°, en Derecho civil y patrio, los que estuvieren para entrar en 
el quinto curso; 4.°, en Derecho canónico, los que hubieren ce- 
rrado el sexto; 5-°> y en Teología todos, según las materias que 
cada uno hubiere estudiado. 

17. Los Colegiales graduados de Bachiller en facultad mayor, 
estarán dispensados de este examen, pero podrán presentarse á 
él si quieren acreditar públicamente su aprovechamiento. 

18. En este caso, manifestarán su deseo á la Junta con anti- 
cipación, la cual, no hallando reparo, hará colocar sus nombres 
en el anuncio entre los que deben presentarse á examen. 

19. Si algún colegial se hubiere aplicado á cualquier estudio 
extraordinario y no comprendido en el plan, y quisiera ser exa- 
minado en él, lo podrá conseguir por el mismo medio, 

20. Si de los exámenes privados resultare alguno reprobado. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES I I 

se le excluirá del examen público, por evitar su vergüenza y la 
confusión de los demás. 



De la forma del examen público. 

I.° Este examen se tendrá por mañana y tarde, y durará dos 
horas ó más, si no desagradare á los concurrentes. 

2.° Las horas se fijarán por el Rector, quien cuidará de que 
sean las más cómodas para los asistentes y de que se anuncien 
en el prospecto. 

3.° Al pie de la sala habrá otra mesa atravesada, mirando á 
la mesa rectoral, y en ella se sentará el Regente ó Catedrático á 
quien perteneciere el examen, y á los lados todos los discípulos 
examinandos, por su antigüedad 

4.° El examen se hará por Facultades, por la mañana de Hu- 
manidades, Ética y Derecho civil, y por la tarde de Derecho ca- 
nónico y Teología. 

5.° El acto empezará por una oración latina, que compondrá 
el Catedrático de Humanidades, alusiva al objeto del día, y leerá 
ó recitará el discípulo que él mismo eligiere. 

6.° A esto seguirán las preguntas, empezando por el colegial 
más moderno, y siguiendo hasta el más antiguo de la Facultad. 

7.° El Rector invitará primero á que pregunten las personas 
condecoradas del concurso, y si no gustaren de ello, ó cuando 
hubieren acabado, dirigirá particularmente la palabra á los suje- 
tos que sigan la Facultad en que se hiciere el examen. 

8." En este convite distinguirá siempre á los individuos de 
nuestros Colegios militares, como á quienes toca mis de cerca el 
lucimiento de este acto, por la hermandad que reina entre todos. 

9.° También dirigirá su palabra á otros convidados, pero de- 
clarando desde el principio que todos podrán preguntar cuandi) 
gustaren y por su orden. 

10. Si algún concurrente no convidado pidiere permiso para 
preguntar, se le concederá cuando el orden y el tiempo no lo 
estorbaren, y entonces se le ofrecerá un ejemplar del prospecto, 
si ya no lo tuviere. 



12 boletín de la real academia de la historia 

1 1. Las preguntas se reducirán á los términos del prospecto, 
y el Rector cuidará de recordarlo con la debida atención, si al- 
guno se olvidare de ello, así como de que se guarde en las pre- 
guntas el orden señalado. 

12. Pero los que preguntaren podrán, si quieren, dirigir 
alguna pregunta á determinado colegial, cuidando de que se 
vuelva á seguir el orden, y, sobre todo, de que el examen y pre- 
guntas se extiendan á todos, para que ninguno deje de manifestar 
su aprovechamiento. 

13. Los colegiales á quienes se dirigieren las preguntas las 
absolverán con la mayor claridad y exactitud que pudieren, dan- 
do acerca de ellas toda la razón que cupiere en sus conoci- 
mientos. 

14. El Regente no los interrumpirá, pero animará á los tími- 
dos y encogidos, y socorrerá la memoria de todos, recordándo- 
les muy ligeramente lo que entienda que saben, y sin encargarse 
nunca de responder por ellos. 

15. Mas como los preguntantes podrán hacer algunas obser- 
vaciones y proponer algunas dudas cuya solución sea superior á 
la inteligencia de los jóvenes, el Regente ó Catedrático, después 
que el discípulo haya dicho lo que sabe, añadirá por sí muy bre- 
vemente lo que baste para satisfacer del todo la pregunta ó duda 
que se hubiere propuesto. 

16. Todas estas respuestas serán en castellano, aunque las 
preguntas se hicieren en latín, y esto se prevendrá también en 
el prospecto. 

17. Aunque los colegiales bachilleres no entrarán en este 
examen sino voluntarios, quisiéramos que alguno, ó todos juntos, 
se animasen á sustentar por este tiempo un acto público en al- 
guna de las importantes materias que hubieren estudiado en su 
Facultad, para que nunca faltare de su parte un medio de acre- 
ditar (^n público su aprovechamiento. 

18. Kn este caso, el día, el convite, la materia, la forma y 
demás relativo á este acto, se arreglarán por la misma Junta cen- 
soria, pues por lo mismo que será un ejercicio extemporáneo y 
voluntario, dejamos enteramente á su arbitrio la disposición de él. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 13 

De la censura literaria de los Colegiales. 

.[.° No hemos propuesto estos exámenes para que se hac^a 
de ellos ostentación; fines mas altos y provechosos han movido 
nuestro ánimo á instituirlos y ordenarlos en la forma que va 
prescrita. 

2.° El primero es ofrecer al talento y la aplicación reunidos 
aquel dulce premio de aplauso y reputación que se les debe de 
justicia; el segundo, estimular por medio de esta perspectiva 
aquellos ánimos capaces de llegar á ella, pero que fluctúan toda- 
vía entre los atractivos de la gloria y el descanso; el tercero, des- 
pertar á los que duermen entorpecidos en la pereza, con el fuerte 
llamamiento de la humillación, que es el castigo más análogo á 
su flojedad y abandono. 

3.° Por esto mandamos que en los exámenes privados la 
Junta literaria forme una censura exacta y rigurosa del mérito 
de cada colegial, regulándole con toda exactitud y justicia. 

4° Esta censura será expresiva del aprovechamiento que 
haya acreditado cada colegial en sus diversos estudios. 

5.° En las Humanidades serán tres los objetos de la censura, 
á saber: versión^ artificio y composición; extendiéndose bajo el 
nombre de versión^ cuanto abraza la enseñanza de las dos prime- 
ras épocas; bajo el nombre de artificio^ lo que pertenece á la 
tercera, y en el de composición^ cuanto toca al arte de analizar, 
extractar y componer. 

ó.° En Facultades mayores, la censura será también expresiva 
de la instrucción del examinando en los estudios preliminares, 
subsidiarios y elementales. 

7.° Los jueces, que durante el examen de los Colegiales habrán 
aplicado su atención á todos estos objetos, se congregarán en la 
noche del mismo día, y según lo que acordare la mayoría, oído 
y atendido siempre el informe del Catedrático ó Regente respec- 
tivo, se acordará la censura que corresponda á cada uno. 

8.° Esta censura no se hará por puntos, sino por grados; pero 
la graduación será respectiva á cada uno de los objetos indicados 
á los números 4.°, 5.° y 6.° 



'4 



boletín de i.a real academia de la historia 



9.° Los grados serán solamente tres, á saber: excelencia^ api'o- 
vechamíento y atraso; y así, á cada Colegial y en cada estudio se 
le notará por sobi-esaliente^ aprovechado ó atrasado. 

En las Humanidades, por ejemplo, la graduación se hará así: 



NOMBRES 


ARTIFICIO 


VERSIÓN 


COMPOSICIÓN 
LATINA Y CASTBLLANA 


D. N 


Aprovechado. 


Sobresaliente. 


Sobresaliente. 


D. N 


ídem. 


Aprovechado. 


Atrasado. 


D. N 


Atrasado. 


ídem. 


ídem. 


D. N 


ídem. 


Atrasado. 


ídem. 



10. La graduación en las Facultades mayores se hará con 
respecto á la Facultad y años de estudio de cada uno, y á los 
objetos indicados al núm. 6.°, por ejemplo: 



NOMBRBS 


FACULTADES 


ADOS. i PRELIMINARES 

1 


SUBSIDIARIOS 


ELEMENTALES 


D. N 


Ética. 


» Aprovechado. 


Aprovechado. 


Sobresaliente. 


D. N 


Leyes. 


i.o 


ídem. 


Atrasado. 


Aprovechado. 


D. N 


Cánones. 


l.° 


Atrasado. 


ídem. 


ídem. 


D. N 


Teología. 


6.° 


Sobresaliente. 


ídem. 


ídem. 



11. Para que el examen logre aprobación, es necesario que 
el colegial examinando saque la graduación de aprovechado en 
el principal y primer objeto de sus estudios. 

12. Por consiguiente, el humanista á quien se graduase de 
atrasado en la versión latina, y el canonista ó teólogo en los ele- 
mentos de su Facultad y curso, se entenderán reprobados en el 
examen. 

13. Las demás calidades se tendrán en consideración para la 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 15 

graduación general, de que se hablará en el capítulo siguiente, 
pero no para la reprobación del examen. 

14. Queremos que entiendan los vocales de la Junta censoria 
que para hacer estas graduaciones procedan con toda imparcia- 
lidad y sin aceptación de personas, puesto que libramos en ellas 
el primero de todos los estímulos que se pueden presentar á los 
jóvenes, y que por otra parte tendrán la mayor influencia en su 
colocación. 

15. Al colegial que fuere reprobado en este examen, no se 
le permitirá pasar adelante en sus estudios, sino que continuará 
en los que acaba de hacer, mientras no obtuviere aprobación rn 
la forma que va dicha. 

16. Aunque nuestro ánimo sea no sólo estimular la aplica- 
ción, sino también castigar la pereza, estamos muy lejos de que- 
rer que se agrave la aflicción de aquéllos que tuvieren la desgra- 
cia de ser reprobados, pues la humillación que de esto les resulte 
será un castigo harto grave. 

17. Por tanto, el Regente ó Catedrático, á quien más particu- 
larmente toca el consuelo de sus discípulos, al mismo tiempo que 
representa al reprobado las malas consecuencias de la inaplica- 
ción, ensanchará su ánimo, haciéndole conocer que la pérdida no 
es tan irreparable, que no se pueda remediar con el estudio y el 
trabajo sucesivos. 

18. También prevenimos á los jueces tengan en estas obser- 
vaciones el miramiento y templanza que piden la edad, el talen- 
to y la complexión de cada individuo; siendo indulgentes con 
aquellos espíritus tardos y apocados en quienes son estériles los 
esfuerzos de la apHcación, y no manchando con esta nota sino á 
aquellos que por inaplicación y abandono la hubieren merecido. 

De la censura moral de los Colegiales. 

I .° Aunque los estudios sean uno de los principales objetos de 
este Insttiuto, nó podemos prescindir de que siendo también un 
seminario de virtud al cual vienen los conventuales á recibir la 
educación conveniente al estado y regla que han profesado, y á 



1 6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

los ministerios para que los destinan su madre la Orden, deben 
ser igualmente recomendables á nuestros ojos por los ejemplos 
de virtud y conducta religiosa que dieren, que por sus adelanta- 
mientos en la literatura. 

2.° Por lo mismo, habiendo extendido nuestro Reglamento á 
la conducta institucional, así como á la literaria de los colegiales, 
queremos que entiendan todos que nuestro ánimo fué reunir en 
cada uno las dotes correspondientes á estos dos principalísimos 
objetos de la institución del Colegio. 

3.° Así, que se deberá persuadir á todo colegial que no será 
tenida en mucho cualquiera excelencia que alcanzare en las letras, 
si el arreglo de su conducta no acreditare que está acompañada 
del santo temor de Dios; ni la conducta moderada y sin nota bas- 
tará para recomendarle cuando estuviere desnuda de aquella ins- 
titución y conocimientos que son indispensables para desempe- 
ñar los ministerios en que serán colocados algún día. 

4° En suma, destinados á enseñar y educar á los pueblos, 
deseamos que puedan serles tan provechosos con su ejemplo 
como con su doctrina, y que en un día han de ilustrar y santifi- 
car á otros, empiecen temprano á ilustrarse y santificarse á sí 
mismos. 

5.° Movidos de este justo deseo, hemos mandado por auto de 
la presente visita que se lleve perpetuamente en este colegio un 
libro de matrícula, donde consten las calidades personales de cada 
uno de sus individuos, tanto por lo respectivo á su conducta mo- 
ral, como á la literaria. 

6° Para que esto se cumpla con toda exactitud y justicia, 
mandamos que además de la graduación de los examenes, de que 
trata el párrafo precedente, y que será reducida al mérito litera- 
rio de los colegiales, se haga otra respectiva al que tenga cada 
uno por las demás calidades de que esté adornado. 

/." Esta graduación tendrá tres objetos, á saber: talento, apli- 
cación y conducta, pues todas tres dotes pueden contribuir no 
sólo á calificar la integridad del mérito literario de cada indivi- 
duo, sino también á fijar el juicio de sus calidades y prendas 
morales. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ORDENES MILITARES 17 

8.° Serán igualmente tres los grados ó escalas de esta gra- 
duación, á saber: en talento, sohi-esaliente, bueno, corto; en aplica- 
ción, grande, mediana, escasa; en conducta, ejemplar, regti- 
lar, mala. 

9.° Esta graduación se hará por el Rector, y éste deberá oir 
antes el dictamen del maestro de cada colegial y aun del Maes- 
tro de ceremonias del Colegio. 

10. Rogamos muy encarecidamente, así al Rector como á los 
que hubieren de aconsejarle en la calificación del talento y de la 
aplicación de los colegiales, guarden la más estrecha imparcia- 
lidad y rigurosa justicia, puesto que del exacto conocimiento 
de ambas dotes ha de resultar el juicio del mérito actual de 
cada uno, y aun las esperanzas que pueda anunciar para lo su- 
cesivo, 

11. Pero les rogamos con mayor encarecimiento todavía que 
en lo de graduar la conducta de los colegiales tengan considera- 
ción á la flaqueza é inexperiencia de sus años, y que reflexionen 
que tal vez en la lozanía de la vida es sólo un defecto, una im- 
perfección, lo que en la edad adulta es un vicio, y que pedir á 
un joven la madurez y circunspección de la vejez, es lo mismo 
que desconocer la naturaleza ó no contar con ella para dirigirla 
bien y al orden. 

12. Hechas estas graduaciones, se extenderán por el Rector 
en un libro que llevará á este fin, en la forma que se dirá 
después. 

13. Le encargamos en este punto la mayor reserva, no sólo 
por ser conforme á la caridad, atendida la materia de estas gra- 
duaciones, sino para evitar las quejas, resentimientos y discor- 
dias que ocurren ordinariamente en semejantes juicios. 

14. El Rector se arreglará á ellas para formar la matrícula ó 
extracto de las circunstancias de cada individuo del Colegio. 

15. A este fin llevará un libro ó cuaderno de matrículas, y 
en él sentará al fin de cada año el resultado general de su gra- 
duación moral y literaria de cada colegial. 

16. Para que esta materia sea más llena y abrace la noticia 
de todas las circunstancias personales de los individuos del co- 

TOMO LXIV. 



i8 boletín de la real academia de la historia 

legio, se notará también en ella la patria, edad, antigüedad de 
hábito y colegio, grados y oficios de cada colegial. 

17. Y á fin de que esto se haga siempre bajo un método uni- 
forme y constante, la forma de cada matrícula se arreglará al 
modelo que se dará al efecto. 

18. Este libro estará siempre secreto y reservado en poder 
del Rector, sin que de él se pueda en ningún tiempo pedir ni dar 
testimonio favorable ni adverso con motivo alguno. 

19. Cuando entre nuevo Rector, el que salga le entregará el 
libro de matrícula de cada colegial, y recogerá recibo de él para 
su resguardo, y el nuevo Rector continuará en él las matrículas 
sin alteración alguna. 

20. Cuando vinieren á visitar el Colegio, se presentará el 
libro de matrículas en la visita secreta, para que los que la hagan 
se instruyan por él de las cualidades de todos los individuos, pero 
jamás se copiará en todo ni en parte en los autos de vista, sin 
expresa específica comisión de S. M. ó del Consejo. 

21. Dos son los principales fines á que aspiramos por medio 
de este saludable establecimiento: primero, que el Rector en los 
informes que debe dar al Consejo en fin de cada año, tenga en 
su poder un testimonio de sus aserciones, pues arreglándose á lo 
que resulte de cada matrícula, sin necesidad de expresarla, nunca 
podrá ser tachado de predilección ni aversión en favor ni en 
contra de ningún individuo. 

22. Segundo, que sabiendo todos que sus buenas ó malas cir- 
cunstancias se califican anualmente sin parcialidad ni contempla- 
ción, y que el resultado de estas calificaciones ha de fijar el con- 
cepto de su mérito moral y literario ante sus superiores, é influir 
en su reputación y en su fortuna, sientan á todas horas un estímulo 
que los aguije poderosamente hacia el bien, y un fuerte freno que 
los aleje del mal. 

23. Mas como dentro de los grados del talento^ aplicación y 
conducta de los individuos puedan contenerse grandes diferencias, 
puesto que entre lo bueno y óptimo hay su medio, así como entre 
lo malo y lo pésimo, el Rector, á quien toca más particularmente 
velar sobre la conducta pública y privada de sus subditos, podrá 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 1 9 

expresar en los informes anuales estas diferencias, y calificarlas 
con los hechos que supiere. 

De los premios y castigos. 

I.° Aunque deseamos que la santa y dulce tranquilidad que 
nace del ejercicio de la virtud, y el amargo desasosiego que pro- 
duce el abandono de los propios deberes sean el principio de 
conducta que prevalezca en el colegio, hemos querido fortificar 
este estímulo, propio de las almas virtuosas, por medio del aplau- 
so y el vituperio, que no podrán ser indiferentes, á la noble y 
honrada juventud que vendrá á poblarle. 

2.° Mas como tampoco podamos prescindir de que tal vez 
vendrán á este colegio alguno ó algunos individuos que arras- 
trados al amor, al descanso, entorpecidos por la pereza ó apega- 
dos en demasía á su propia conveniencia, se hagan insensibles á 
los atractivos de la virtud y del honor, nos ha parecido necesa- 
rio moverlos por los del interés, presentándoles en el premio y 
el castigo una espuela y un freno más poderosos para encami- 
narlos al bien y retraerlos del mal. 

3.° Con esta mira hemos dictado muchas de las providencias 
contenidas en el presente Reglamento, y señaladamente en este 
título, cuya repetición evitaremos aquí, ciñéndonos á expresar 
los principales premios y castigos que se aplicarán á la buena ó 
mala conducta de los colegiales. 

4.° A ninguno se obligará á recibir el grado de Bachiller, y 
á cualquiera que quisiera tomarle, se le costeará íntegramente 
por el Colegio; pero el que no le hubiere obtenido, no será ad- 
mitido á oposición á los curatos de la Orden, en concurrencia de 
otros individuos que estuvieren graduados, según lo dispuesto en 
el plan aprobado por S. M. 

5.° Tampoco se obligará á ninguno á recibir la Licenciatura 
por esta Universidad; pero á los Colegiales de número que as[)i- 
ren á ella, se les ayudará con las dos terceras partes de su costo 
total, que suplirán los fondos del Colegio, con arreglo á lo deter- 
minado en el mismo plan. 



20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

6.° Además de esto, sólo los individuos de la Orden que hu- 
bieren alcanzado este grado tendrán derecho en lo sucesivo á las 
dignidades y beneficios de la Orden que se confieren por con- 
sulta, á las prelaturas del Convento y Colegio, y á las cátedras y 
regencias de una y otra comunidad, como está mandado en otro 
artículo del plan, 

7.° El Colegial supernumerario que hubiere sido reprobado 
en el examen de Humanidades será inhábil para ascender á las 
colegiaturas de número, y no podrá ser admitido á la oposición 
de las vacantes que ocurrieren en su tiempo. 

8.° Los colegiales que hubieren sido reprobados en alguno 
de los exámenes anuales antes de recibir el Bachillerato, no po- 
drán pasar á los estudios progresivos de su Facultad, sino que 
permanecerán por otro año en los mismos en que ñaeron repro- 
bados en el año anterior, y, por consiguiente, perderán un curso 
en la Universidad, atrasarán un año la recepción del grado, y tal 
vez perderán el derecho de ser admitidos á la licenciatura. 

9.° Los que después del Bachillerato hubieren sido aprobados 
en todos los exámenes anuales, podrán aspirar á la licenciatura 
de la Universidad, sin necesidad de prueba alguna en el colegio; 
pero el que hubiere sido reprobado una vez sola, no podrá sin 
que preceda una rigurosa tentativa. 

10. Esta tentativa, que se hará según la forma de los ejerci- 
cios semanales, ó la que determinare en tiempo el Rector, deci- 
dirá de su derecho al grado; pero si no fuere aprobado en ella, 
no se le permitirá recibirle ni se le ayudará con los fondos del 
colegio. 

11. El que hubiere sido reprobado una vez sola en el examen 
anual, antes ó después del Bachillerato, no podrá obtener comi- 
sión de pruebas durante su residencia en el colegio, sino que se 
dará cuenta de su reprobación al Consejo y al señor Presidente 
que no se le distinga con esta confianza. 

12. Aunque no privamos absolutamente al colegial que hu- 
biere sido reprobado una vez del derecho de obtener licencias y 
otras comisiones, en la forma que está arreglada al párrafo 6.", 
capítulo III del título i, esperamos de la justificación del Consejo 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 21 

y del señor Presidente, á quienes se dará cuenta de su reproba- 
ción, que la tendrán en memoria para no dispensarle, sino con 
muy urgente motivo, semejantes gracias. 

13. Finalmente, cualquier colegial que fuere reprobado dos 
años seguidos ó tres interpolados en los exámenes anuales del 
Colegio, será inmediatamente privado de su colegiatura y resti- 
tuido al Convento para asistir al coro y emplearse en los minis- 
terios de la casa. 

14. Sobre todo, el Rector cuidará de que los informes anua- 
les, que debe enviar al Consejo, sean á un mismo tiempo premio 
de los buenos aplicados y castigo de los malos y perezosos, re- 
comendando con igual celo á la justificación del Consejo el mé- 
rito de los primeros y el atraso de los segundos. 

15. No queremos comprender en esta disciplina aquellos de- 
litos que se oponen á las leyes del Estado y de la Iglesia, porque 
si algún individuo del Colegio incurriere en ellos (lo que no es- 
peramos), se procederá contra él conforme á lo dispuesto en las 
definiciones y leyes de la Orden. 

16. Tampoco comprendemos aquí el castigo de las faltas y 
excesos contrarios al instituto y disciplina general de la Orden 
misma, pues éste será también regulado por sus leyes y defi- 
niciones. 

17. Pero las culpas y delitos comunes y contrarios al insti- 
tuto peculiar del Colegio, se corregirán y castigarán con arreglo 
á lo que se declara en el presente artículo. 

18. Las penas de que podrá valerse el Rector para el castigo 
de estos excesos, se reducirán á reprensión, humillaciones y pri- 
vaciones. 

19. Y para que en la aplicación de ellas se observen siempre 
un método y máximas constantes, hacemos al Rector las preven- 
ciones siguientes: 

20. Las reprensiones se aplicarán para la corrección de aque- 
llos excesos que suelen cometerse por inconsideración y ligereza, 
más que por malicia y depravación, y serán de tres especies: se- 
cretas, privadas y públicas. 

21. Cuando la falta ó exceso, por su tamaño ó por su publi- 



22 boletín de la REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cidad, no fuere de la mayor gravedad, el Rector le reprenderá 
en secreto, llamando al culpado á su cuarto, sin nota, y amones- 
tándole y apercibiéndole como mereciere; á cuyo fin usará de la 
blandura ó del rigor, de la templanza ó severidad, según pidieren 
las circunstancias del caso y la persona, y con arreglo á los prin- 
cipios de caridad y justicia de que le suponemos penetrado. 

22. Si la falta ó exceso fuere, por su tamaño ó por el escán- 
dalo doméstico que produjere, de alguna gravedad, en tal caso 
la reprensión y apercibimiento se hará privadamente por el 
Rector, ó en presencia de los Consiliarios y Maestro de ceremo- 
nias, si fuere contrario á la disciplina regular, ó ante la Junta 
censoria, si lo fuere á la literaria. 

23. Pero en uno y otro caso, esta Junta se formará y tendrá 
en la sala rectoral, aunque sin noticia del resto de la comunidad, 
y en ella sólo hablará el Rector, á quien corresponde, como á 
prelado, la corrección de sus subditos, pues la asistencia de los 
demás sólo será de solemnidad en aquel acto. 

24. Cuando el exceso fuere más grave y público, aunque 
sólo digno de ser corregido por medio de la reprensión y aper- 
cibimiento, el Rector lo hará ante toda la comunidad, solemne- 
mente congregada en la rectoral á toque de campana, y enton- 
ces el Secretario del Colegio extenderá el acta en el libro de 
Decretos, refiriendo con expresión el objeto de ella y su eje- 
cución. 

25. Las humillaciones, especie de pena muy saludable para 
castigar los excesos que nacen de presunción y vanidad, se apli- 
carán para la corrección de aquellos con que tuviera una cono- 
cida analogía. 

2Ó. No quisiéramos que en esta aplicación se sujetase el Rec- 
tor á ciertas fórmulas introducidas en muchas comunidades, que, 
aunque canonizadas por la antigüedad, ha manifestado ya una 
larga experiencia ser de poco ó ningún efecto, acaso por el abuso 
que se ha hecho de ellas, ó por las ridiculeces con que se han 
mezclado. 

27. Por lo mismo, prohibimos por punto general el uso de 
los arrestos que defraudan, sin utiHdad, el tiempo necesario para 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ORDENES MILITARES 2X 

el estudio; el de comer en el suelo del refectorio, repugnante á 
los principios de la limpieza y aseo que hemos establecido en 
este Reglamento, y otras prácticas de igual naturaleza, que se 
conservan todavía porque se usaron en otro tiempo. 

28. Asistir sin bonete á los actos literarios, ó de disciplina ó 
cualquiera otro dentro del colegio, por cierto tiempo; llevar en 
ellos el último lugar ú otro separado de la Comunidad, comer en 
el refectorio después ó antes que los demás, y á presencia del 
Rector ó de otra persona que él nombrase, acompañar al Regente, 
al Maestro de ceremonias ó al colegial más nuevo, desde su cuarto 
á la capilla, al refectorio ó á la Rectoral, y desde estos sitios y 
actos hasta dejarle en su cuarto, y otras humillaciones públicas, 
impuestas con parsimonia y siempre con justa causa, y continua- 
das por más ó menos tiempo, podrán hacer, á nuestro juicio, me- 
jor efecto sin los inconvenientes que las que hemos prohibido. 

29. Sobre todo, el Rector tendrá presente que esta especie 
de pena sólo puede convenir á aquellos sujetos á quienes el amor 
propio, así como hace demasiado en aspirar á indebidas distin- 
ciones, los hace también más sensibles á las notas de humilla- 
ción; pero hay espíritus tan lerdos y flojos que, indiferentes á los 
estímulos del honor, las sufren sin rubor ó las menosprecian, 
para los cuales son necesarios castigos de otra especie. 

30. Entre las privaciones tenemos por la primera la de la 
libertad, tan dulce y agradable á los mortales y tan identificada 
siempre con todos sus deseos. El Rector podrá sacar mucho truto 
de este interés natural, para cercenarle más ó menos, según los 
casos y personas que lo pidieren. 

31. La libertad de dehberar y votar en las Juntas de Comu- 
nidad, de preguntar, observar y argüir en los ejercicios literarios, 
de hablar y discurrir en las conversaciones familiares en el cuarto 
del Rector ó del Maestro de ceremonias después de comer, con- 
curriendo á ellas, podrá ser un objeto de privación que, aplicado 
con discernimiento, sirva de corrección y castigo para muchos 
excesos. 

32. La privación absoluta de concurrir con la Comunidad ;í 
ciertos actos ó á todos, de asistir en la mesa de trucos en las 



24 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

horas de recreo, de salir de casa ó del cuarto por cierto tiempo, 
podrá asimismo aplicarse con utilidad á otros excesos. 

33. Últimamente, podrán llegar estas penas hasta la de reclu- 
sión, que reúne todas las privaciones, y que continuada constan- 
temente por el tiempo, en relación á la gravedad de los excesos, 
podrá servir de castigo á los más señalados. 

34. Acordada por el Rector esta pena, la llave del cuarto del 
Colegial recluso existirá siempre en su poder, y sólo la fiará al 
familiar asistente, para que acuda á administrarle lo necesario 
para su subsistencia y descanso, volviendo siempre á recogerla. 

35. Si el caso lo mereciere, el Rector podrá cercenar de la 
comida del recluso todo lo que no fuere necesario para su ali- 
mento, pero nada de lo que juzgare serlo, ni menos hasta redu- 
cirle á pan y agua, porque jamás tendremos por prudentes ni 
provechosas las penas disciplinares que puedan menoscabar la 
salud, por cuanto su conservación es una de las primeras leyes de 
la naturaleza. 

36. Estas varias penas se podrán aplicar solas y separadas, ó 
gradualmente ó juntas, según las ocurrencias, y á arbitrio del 
Rector, á quien, como á prelado y cabeza de la Comunidad, toca 
exclusivamente su aplicación. 

37. Tales son las máximas á que el Rector deberá arreglarse 
en la aplicación de las penas, sin que por esto entendamos pri- 
varle del derecho que tiene á castigar con una mortificación 
extraordinaria cualquier exceso que por la complicación ó cir- 
cunstancias le fuere necesario. 

38. Pero le rogamos al mismo tiempo: primero, que procure 
siempre en la aplicación de los castigos seguir la analogía que 
tienen con los excesos; segundo, que nunca olvide la proporción 
de la gravedad que debe haber entre unos y otros; tercero, que 
toda pena sea cierta en su forma y duración; cuarto, que deli- 
bere bien antes de aplicarlas, usando entonces de todos los tem- 
peramentos que pueden aconsejar la misericordia y la candad; 
pero que una vez impuestas, las haga cumplir irremisiblemente, 
sin destruir con remisiones ni condescendencias el saludable 
efecto para que son instituidas. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 2? 



De instrucción pública. 

Bases para tm plan, redactadas por D. Gaspar Melchor 
de jíovellanos. 

Cuando este sabio y patriota académico daba término al ím- 
probo trabajo que representa el Reglamento del Colegio de Ca- 
latrava, hecho extensivo á los de Santiago y Alcántara, no pare- 
cía quedar su autor plenamente satisfecho, porque al comuni- 
carle el Consejo de las Ordenes sus instrucciones, tropezaba con 
la dificultad de acoplar en un todo su labor al plan de estudios 
de la Universidad. 

En su mente estaba el fundamentar y dar unidad al estudio 
peculiar y á la educación preparatoria para el ingreso en los cen- 
tros de facultad mayor. 

Pero transcurrieron algunos años, y siendo individuo de la 
Junta Central, redactó sus bases en 1809 para la Comisión par- 
lamentaria de Instrucción pública, cuyo elogio fué hecho por to- 
das las personas doctas, y hasta el gobierno del rey intruso las 
aceptó en todas sus partes para el proyectado plan general de 
estudios, anticipándose al estado de cultura intelectual de la so- 
ciedad española en aquellos días. 

Sus elevadas y luminosas ideas bastaban para considerar á este 
insigne asturiano como una capacidad intelectual y política pre- 
cursora de dos generaciones. Este plan no llegó á realizarse por 
desaparecer la Junta Central, y como dijo muy bien su apolo- 
gista, el inolvidable D. Cándido Nocedal, bastó que fuera cosa 
suya para que lo diese al olvido el Gobierno que lo reemplazó. 
Tal modo de proceder sorprenderá poco á nuestros lectores, 
acostumbrados actualmente á verlo todos los días. 

Tan magistral trabajo, ya transparente en sus orientaciones 
al redactar el Plan de estudios y Reglamento para el Colegio de 
Calatrava, estaba concebido en los siguientes términos: 

«El objeto de la Junta de Instrucción pública'será meditar y 



20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

proponer todos los medios de mejorar, promover y extender la 
instrucción nacional. 

Se le pasarán por la Secretaría de la Comisión de Cortes todos 
los informes, memorias ó extractos que pertenezcan á este objeto. 

Con presencia de estos escritos, de las reflexiones que sobre 
ellos se hicieren por los vocales de la Junta, y del resultado que 
produjeren sus sabias conferencias, propondrá todos las provi- 
dencias que juzgue más necesarias para el logro de tan impor- 
tante objeto. 

En ellas abrazará la Junta cuantos ramos de instrucción per- 
tenecen á la ilustración nacional, considerando el objeto de sus 
meditaciones en su mayor extensión. 

Se propondrá como último fin de sus trabajos aquella plenitud 
de instrucción que pueda habilitar á los individuos del Estado, 
de cualesquiera clase y profesión que sean, para adquirir su felici- 
dad personal y concurrir al bien y prosperidad de la nación en 
el mayor grado posible. 

Considerará: primero, los medios de comunicar; segundo, los 
de propagar la instrucción necesaria para alcanzar este grande 
objeto. 

Mirando á su fin, la considerará cifrada en la perfección de las 
facultades físicas, intelectuales y morales de los ciudadanos hasta 
donde pueda ser alcanzada. 

Que los medios de acercarse á ella pertenecen principalmente 
á la educación privada y pública. 

Que aunque la primera no está sometida á la acción inmediata 
del Gobierno, su perfección resultará necesariamente ya de la 
educación pública, ya de los demás medios de difundir la buena 
instrucción por todas las clases del Estado. 

Educación física. 

La educación pública, que pertenece al Gobierno, tiene por 
objeto, ó la perfección física, ó la intelectual y moral de los ciu- 
dadanos. La primera se puede hacer por medio de ejercicios cor- 
porales, y debe ser general para todos los ciudadanos. La según- 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ORDENES MILITARES 27 

da, por medio de enseñanzas literarias, y se debe á los que han 
de profesar las ciencias. De la perfección de los métodos em- 
pleados en uno y otro resultará la mayor instrucción relativa á 
sus objetos. 

La educación física general tendrá por objeto la perfección 
de los movimientos y acciones naturales del hombre. Los que 
son relativos á las artes, oficios y ministerios particulares de los 
ciudadanos, no pertenecen directamente á la educación pública, 
aunque á su perfección concurrirá ésta también en gran manera. 

El objeto de la educación pública física se cifra en tres objetos: 
esto es, en mejorar la fuerza, la agilidad y la destreza de los ciu- 
dadanos. 

Aunque la fuerza individual esté determinada por la naturaleza, 
á la educación pública pertenece desen\'olverla en cada indivi- 
duo hasta el más alto grado que quepa en su constitución física. 

La agilidad es un efecto natural del hábito de ejercitar y repe- 
tir las acciones y movimientos; pero esta repetición, así produce 
los buenos como los malos hábitos, según que es bien ó mal di- 
rigida. 

La destreza en los movimientos y acciones perfecciona así la 
fuerza como la agilidad de los individuos, y es un efecto necesa- 
rio de la buena dirección en el ejercicio de ellos. 

Esta buena dirección dada en la educación pública, no sólo 
perfeccionará las facultades físicas en los ciudadanos, sino que 
corregirá los vicios y malos hábitos que hayan contraído en la 
educación privada. 

La enseñanza y ejercicios de esta educación se pueden reducir 
á las acciones naturales y comunes del hombre, como andar, co- 
rrer y trepar; mover, levantar y arrojar cuerpos pesados; huir, 
perseguir, forcejear, luchar y cuanto conduce á soltar los miem- 
bros de ios muchachos, desenvolver todo su vigor y dar á cada 
uno de sus movimientos y acciones toda la fuerza, agilidad y des- 
treza que convenga á su objeto por medio de una buena di- 
rección. 

Aun el buen uso y aplicación de los sentidos se puede perfec- 
cionar en esta educación, ejercitando á los muchachos en discer- 



28 BOT.ETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nir por la vista y el oído los objetos y sonidos á grandes distan- 
cias, ó bien de cerca, por sólo el sabor, el olor y el tacto; cosa 
que en el uso de la vida es de mayor provecho de lo que co- 
múnmente se ci'ee. 

Para determinar la buena dirección de estos ejercicios, la Jun- 
ta considerará que en cada acción y movimiento del hombre no 
hay más que un solo modo de ejercitarlo bien, y que todos los 
demás son más ó menos imperfectos, según que más ó menos se 
alejan de él. 

Se sigue que la educación pública física se cifra en que los 
ejercicios señalados para ella sean dirigidos por personas capa- 
ces de enseñar el mejor modo de ejecutarlos, para conseguir la 
mayor fuerza y agilidad de las acciones y movimientos de los 
muchachos. 

Se sigue también que esta educación puede ser común y pú- 
blica en casi todos los pueblos de España, y que debe serlo. 

Se sigue que ningún individuo debe dispensarse de recibirla, 
por cuanto en ella interesa inmediatamente su felicidad y la del 
Estado. 

Como la época en que la pueden recibir los muchachos es la 
que está destinada á la enseñanza de las primeras letras, los ejer- 
cicios de la educación pública sólo podrán verificarse en días 
festivos, y en horas compatibles con su santo destino. 

La Junta determinará la edad en que pueda empezar y deba 
acabar esta enseñanza. 

Determinará los días, las horas y los lugares en que deba dar- 
se, las personas que deben encargarse de su dirección y las que 
deban vigilar sobre el buen orden de los ejercicios y el buen mé- 
todo de dirigirlos. 

A esta primera época de educación pública de los muchachos, 
seguirá otra para los mozos, que tenga por objeto peculiar de su 
enseñanza habiUtarlos para la defensa de la patria cuando fuesen 
llamados á ella. 

Y como de tan sagrada obligación no se halle exenta ninguna 
clase del Estado, ningún individuo tampoco debe estarlo de reci- 
bir esta educación. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 29 

El objeto de ella deben ser las acciones y movimientos natu- 
rales, aplicados al ejercicio de las armas, y á las formaciones y 
evoluciones y movimientos combinados que pertenecen á él. 

Pero comprenderá también el conocimiento y manejo del fu- 
sil y la destreza necesaria para cargar, apuntar y dispararle con 
acierto. 

La Junta no olvidará que no se trata de enseñar á los mozos 
cuanto deba saber un buen soldado, sino cuanto conviene á dis- 
ponerlos para que puedan perfeccionarse con facilidad en la ins- 
trucción y ejercicios propios de la profesión militar. 

Tendrá presente que en el plan de esta educación deberá en- 
trar el manejo de las armas manuales y conocidas, como espada, 
sable, cuchillo, lanza, chuzo, honda y otras que puedan contribuir 
á la defensa personal de los individuos, á la de los pueblos y aun 
á la de la nación, ya en auxilio de la fuerza regimentada, ya su- 
pliendo las armas de fuego. 

Cuanto conduzca á la perfección de esta enseñanza, á la orga- 
nización de los establecimientos necesarios para ella, y á los re- 
glamentos que convengan para su buena dirección, deberá ocu- 
par la meditación de la Junta. 

Pero sobre todo procurará dictar cuanto sea relativo á la parte 
racional y moral de esta enseñanza; esto es, á la explicación clara 
y sencilla que deberán dar los maestros y directores en cuanto 
enseñaren, y al orden y moderación con que los muchachos de- 
berán comportarse en todos los ejercicios en que se ocuparen. 

Para complemento de esta enseñanza metódica examinará la 
Junta los medios de establecer por todo el reino juegos y ejerci- 
cios públicos, en que los muchachos y mozos que la han recibido 
ya, se ejerciten en carrerras, luchas y ejercicios gimnásticos, los 
cuales, tenidos á presencia de las justicias con el aparato y so- 
lemnidad que sea posible, en días y lugares señalados, y ani- 
mados con algunos premios, de más honor que interés, harán 
necesariamente que el fruto de la educación publica sea mas se- 
guro y colmado. 

Entre estos ejercicios, merece particular cuidado el de dispa- 
rar al blanco en concurrencia del pueblo, y con -las circunstan- 



30 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cias dichas, adjudicando con justicia el premio señalado al que 
hiciera el tiro más certero, lo cual á la larga debe producir en la 
nación los más diestros tiradores, como está bien acreditado por 
el ejemplo de Suiza. 

Educación literaria. 

La educación pública literaria tendrá por objeto particular la 
perfección de las facultades intelectuales y morales del hombre. 

Puede dividirse en dos ramos: primero, la enseñanza de los 
métodos necesarios para alcanzar los conocimientos; segundo, la 
de los principios de varias ciencias que abrazan estos cono- 
cimientos. 

La primera de estas enseñanzas se debe á todos los ciudada- 
nos que han de profesar las letras, y conviene generalizarla 
cuanto sea posible; la segunda, á los que se destinen particular- 
mente á alguna de las ciencias, y conviene facilitarla. 

Primeras letras. 

Entre los métodos de adquirir los conocimientos, tiene el pri- 
mer lugar el de las primeras letras, ó el arte de leer y escribir, 
no sólo porque es el cimiento de toda enseñanza, sino por las 
ventajas que proporciona á los ciudadanos en el uso de la vida 
social. 

Por la lectura se habilita el hombre para alcanzar todos los 
conocimientos escritos en su propia lengua. 

Por la escritura se habilita para comunicar por medio de la 
palabra escrita sus ideas y conocimientos á cuantos sepan leer su 
lengua, en cualquier lugar y tiempo que vivieren. 

Conviene en gran manera, para perfeccionar una y otra ense- 
ñanza, la de los principios de la buena pronunciación: primero, á 
fin de corregir los defectos del órgano vocal de los niños, ya sean 
naturales, ya contraídos en la educación doméstica, para dispo- 
nerlos al conocimiento de la buena ortografía, cuyos principios 
deberán enseñarse con el arte de escribir. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES II 

Es aún más conveniente unir á esta enseñanza los principios 
de la educación moral, haciendo que los libros destinados á la 
lectura y las muestras de escribir no sólo sean doctrinales, sino 
que contengan una serie de doctrina moral acomodada á la edad 
y comprensión de los niños, para que su espíritu se vaya prepa- 
rando á recibir en adelante más extendidos conocimientos. 



Aritmética. 

Siendo tan necesario el arte de calcular para todos los desti- 
nos y profesiones de la vida civil, la Junta examinará los medios 
de generalizar el estudio de la aritmética, que enseña á calcular 
las cantidades, y de la geometría elemental, que enseña á calcu- 
lar ó medir la extensión. 

Meditará asimismo los medios de unir esta enseñanza á la de 
las primeras letras, para que los muchachos pasen de una á otra, 
y ^e acostumbren á mirar la segunda como parte y complemento 
de la primera. 

Los establecimientos relativos á estas enseñanzas son de nece- 
sidad tan notoria y trascendental, que la Junta aplicará toda su 
atención: primero, á perfeccionarlos; segundo, á generalizarlos en 
tanto grado, que, si es posible, á ningún individuo de la nación 
falte la proporción de recibirlas. 

A este fin examinará si es conveniente que la legislación prive 
de algunas gracias ó derechos á los ciudadanos que no las hu- 
biesen recibido, para ofrecer un estímulo más poderoso á su 
estudio. 

Estudio de la lengua castellana. 

La lengua se aprende por el uso desde la primera niñez, pero 
el conocimiento de su artificio requiere un estudio separado, el 
cual debe seguir al de las primeras letras. 

Este estudio del arte de hablar no sólo perfecciona el conoci- 
miento y recto uso del principal instrumento de la instrucción, 
que és la lengua, sino que ofrece una disposición general para 



32 boletín de la real academia de la historia 

aprender otras lenguas, pues que el artificio de todos es substan- 
cialmente uno mismo. 

Esta disposición se adquirirá más fácilmente si se formase una 
gramática raciocinada, en que los muchachos, al mismo tiempo 
que aprendiesen los rudimentos de su propia lengua, penetrasen 
los principios de la gramática general. 

Al arte de hablar pertenece esencialmente la retórica ó arte 
de persuadir y mover por medio de la palabra. 

Pertenece también la poética, en cuanto enseña á deleitar é 
instruir por medio de un lenguaje figurado, sujeto á número y 
armonía, y realzado con ficciones y descripciones agradables. 

Pertenece, finalmente, la dialéctica, en cuanto enseña á orde- 
nar y disponer las ideas en el discurso, para llegar más derecha 
y seguramente á la convicción. 

Con\'endrá, por lo mismo, examinar si será posible reunir en 
una sola gramática ú obra elemental toda la doctrina de estas 
enseñanzas, para que puedan recibirse con mayor facilidad y 
provecho. 

En esta obra las reglas deberán ser pocas y los ejemplos mu- 
chos, para que el estudio y análisis de los excelentes modelos 
que presenta nuestra lengua proporcione el conocimiento de sus 
bellezas y la aplicación de sus principios á la composición. 

Y como toda esta enseñanza sea muy conveniente para mejo- 
rar la educación de los niños de ambos sexos, y no sea fácil que 
en unos mismos establecimientos la puedan recibir los de uno y 
otro, la Junta examinará los que convengan particularmente á 
cada uno, y los medios de regularlos, según su objeto, no per- 
diendo de vista que la primera educación del hombre es obra de 
las madres , y que la instrucción de éstas tendrá el influjo más 
señalado en las mejoras de la educación general y en los progre- 
sos de la instrucción pública. 

Por estos medios la nación tendrá buenos humanistas castella- 
nos, se difundirán en ella el conocimiento y afición á las buenas 
letras, el buen gusto y la sana crítica para distinguir sus belle- 
zas, y la rica, la majestuosa lengua castellana subirá de grado de 
pureza que conviene á su gran carácter. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 

Mas para levantar nuestra lengua á toda su perfección y resti- 
tuirla á su dignidad y derechos, la Junta examinará si será con- 
veniente adaptarla en nuestros estudios generales y en todo Ins- 
tituto de educación, como único instrumento para comunicar la 
enseñanza de todas las ciencias, así como para todos los ejerci- 
cios de discusión, argumentación, disertación ó conferencia, con lo 
cual podrá ser algún día depósito de todos los conocimientos cien- 
tíficos que la nación adquiera, y será más fácil su adquisición á 
los que se dediquen á estudiarlos. 

Para resolver este punto, la Junta tendrá presente: 

I.° Que siendo la lengua nativa el instrumento natural, así 
para la enunciación de las ideas propias como para la perfección 
de las ajenas, en ninguna otra lengua podrán los maestros expo- 
ner más clara y distintamente su doctrina, y en ninguna la po- 
drán percibir y entender mejor los discípulos. 

2.° Que todos los pueblos sabios de la antigüedad y muchos 
de los modernos de Europa han empleado y emplean su propia 
lengua para la enseñanza de todos los ramos de literatura y de 
ciencias, sin distinción alguna y con el mayor provecho. 

3.° Que aun entre nosotros ha acreditado la experiencia que 
. la enseñanza de las ciencias abstractas y naturales se comunica 
por medio de la lengua castellana, sin inconveniente alguno, y 
que por lo mismo no hay razón para creer que no sea instru- 
mento igualmente á propósito para la enseñanza de las ciencias 
intelectuales. 

4.° Que aunque el conocimiento de las lenguas muertas, y 
señaladamente de la latina, griega y hebrea, se repute necesario, 
como en realidad lo es, para adquirir un conocimiento profundo 
de algunas de las dichas ciencias, por cuanto las fuentes y depó- 
sitos originales de su doctrina se hallan escritos en ellas, no se in- 
fiere de aquí que la enseñanza de sus principios se deba comuni- 
car por medio de lenguas extrañas, ni que la propia no sea más á 
propósito para comunicarla. 

5.° Que enseñadas y tratadas todas las ciencias en nuestra 
lengua, y mejorada en ella la confusa y embrollada nomencla- 
tura con que la ha obscurecido el espíritu escolástico de nuestras 
TOMO Lxiv. 3 



34 BOLETÍN DE LA REAL ACAÍJEMIA DE LA HISTORIA 

escuelas generales, no sólo dejarán de ser exclusivas y reserva- 
das á un corto número de personas, sino que irán desaparecien- 
do poco á poco con gran número de cuestiones frivolas, que no 
tienen otro origen sino la diferente acepción de las palabras, y 
se abrirá una puerta más franca para entrar á la participación de 
los conocimientos científicos. 

6.° Que la lengua propia no debe considerarse solamente 
como un instrumento necesario para enunciar y percibir las 
ideas, sino también para distinguirlas y determinarlas; puesto que 
nadie puede discernir, dividir y comparar las que envuelve un 
pensamiento, sino por medio de los signos que las determinan, 
concebidos, ordenados y, por decirlo así, hablados interiormente 
en el espíritu; de que debe inferirse que la doctrina científica, no 
sólo será recibida por medio de la lengua propia con mayor faci- 
lidad y provecho, sino que fructificará más abundantemente en el 
ánimo de los que la reciban. 

7.° Por último, que pudiendo pasar á nuestra lengua por me- 
dio de buenas versiones no sólo los conocimientos científicos que 
atesoran las lenguas sabias, antiguas y modernas, sino también 
aquellos ejemplos de sublimidad y belleza en el arte de hablar, 
con que las han realzado los autores célebres que las cultivaron, 
el estudio metódico de nuestra lengua y su aplicación á todos los 
ramos de enseñanza, allanará los caminos de la instrucción gene- 
ral, y difundirá por todas las clases del Estado la elegancia y el 
buen gusto. 

Enseñanza de la lengua latina. 

Pero en medio de esta justa preferencia dada á la lengua pro- 
pia, estamos íntimamente penetrados de cuan importante y aun 
necesario sea el conocimiento de las lenguas muertas para abrir 
á los jóvenes las fuentes purísimas de la antigua elegancia y sabi- 
duría; y por lo mismo se recomienda á la Junta que medite muy 
de propósito los medios de establecer y mejorar en Espafía la 
enseñanza de estas lenguas, y señaladamente de la latina, que ha 
sido hasta aquí la general de los sabios de P2uropa. 

Pero la Junta no perderá de vista que no conviene generalizar 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 35 

demasiado esta enseñanza ni las sabias leyes que prohiben esta- 
blecerla en pueblos cortos, para no ofrecer á los jóvenes de las 
clases industriosas la tentación de salir de ellas con tan poco 
provecho suyo como con gran daño del Estado. 

Con presencia de estos principios, la Junta determinará cuáles 
son los estudios á que pueden ser admitidos los jóvenes, sin ne- 
cesidad del conocimiento de otra lengua que la propia, metódi- 
camente estudiada, y procurará ampliar cuanto sea posible este 
derecho, para que los tres ó cuatro años que requiere el estudio 
completo de otras lenguas se empleen con más provecho en el 
de las ciencias útiles, se haga más breve el círculo de la educa- 
ción literaria, y el Estado se aproveche más prontamente de la 
educación y talentos de los que la hubiesen recibido. 

Pero al mismo tiempo determinará la Junta cuáles son los es- 
tudios á que los jóvenes no deben ser admitidos sin que antes 
acrediten por un riguroso examen, no sólo haber estudiado la 
latinidad, sino hallarse bien instruidos en la propiedad y humani- 
dades latinas, porque sólo así podrán disfrutar con gusto y prove- 
cho las obras originales que contienen la doctrina de su estudio. 

Lengua griega y hebrea. 

Aunque reputemos también como muy provechoso y aun ne- 
cesario para el estudio de algunas ciencias el conocimiento de 
las lenguas griega y hebrea, no nos parece que debe exigirse 
como indispensable para entrar en el estudio de las lenguas in- 
telectuales; pero lá Junta señalará cuidadosamente aquellas en 
las cuales los jóvenes no podrán ascender á los grados mayores 
sin que acrediten haberlas estudiado con aprovechamiento por 
medio de un examen riguroso. 

Inglesa, italiana y francesa. 

En la enseñanza de las lenguas no deberán ser olvidadas las 
de los pueblos modernos, y señaladamente la inglesa, italiana y 
francesa, por las ventajas que ofrece su conocimiento, así para 



36 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

extender la instrucción pública como para el ejercicio de dife- 
rentes profesiones inútiles. 

Ciencias. 

Estudiadas las lenguas, las ciencias que debe abrazar en su 
círculo la educación literaria, se pueden dividir en dos grandes 
ramos: primero, las que se derivan del arte de pensar; segundo, 
las que se derivan del arte de calcular. Las primeras se pueden 
comprender bajo el nombre de filosofía especulativa; las segun- 
das bajo el de filosofía práctica, según el sabio sistema de Wolfio. 

La Junta, considerando maduramente el carácter de estas 
ciencias, no puede desconocer la gran dificultad y graves incon- 
venientes que ofrece la reunión de una y otra enseñanza en un 
mismo establecimiento. Sus objetos, sus métodos, sus ejercicios, 
el espíritu mismo de sus profesores son tan distintos, que harían, 
si no imposible, muy difícil y embarazoso el plan de su enseñanza 
bajo un mismo techo y dirección. Parece por lo mismo que con- 
viene adjudicar á nuestras Uni\ersidades toda la enseñanza de 
las ciencias intelectuales y dar la que se refiere á la filosofía 
práctica en Institutos públicos erigidos para ella. 

La Junta considerará asimismo que para la enseñanza de las 
ciencias intelectuales basta un corto número de Universidades, 
bien situadas, bien dotadas y sabiamente instituidas, pero que los 
estudios de la filosofía práctica deben aumentarse al mayor gra- 
do posible, como que ellos prometen una utilidad más inmediata 
y general por el influjo que tienen en la mejora de las artes y 
profesiones útiles en que están libradas la riqueza y prosperidad 
de la nación. 

Por lo mismo, examinará la Junta: primero, qué número de 
Universidades deberá existir en España; segundo, cómo se po- 
drán erigir Institutos públicos para la enseñanza de ciencias 
exactas y naturales en las capitales de provincia del reino ó en 
el pueblo que ofreciere mejor proporción en cada una. 

La enseñanza de la filosofía especulativa, destinada á perfec- 
cionar las facultades intelectuales del hombre, debe empezar por 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 37 

aquella parte de la lógica, que separada de la dialéctica, se ocupa 
en el análisis de las ideas y lleva el título de arte de pensar, 
como verdaderamente lo es. 

Esta parte de la lógica pertenece ya exclusivamente á la on- 
tología ó metafísica, porque siendo el oficio de ésta discernir y 
determinar la naturaleza abstracta de los entes, el análisis lógico 
de las ideas que se refieren á los mismos entes no puede dejar 
de mirarse como parte del estudio ontológico y su principal fun- 
damento. 

En este sentido se puede decir también que pertenece al mis- 
mo estudio la filosofía especulativa, porque teniendo por objeto 
el conocimiento de la esencia y atributos de los entes reales con- 
siderados en abstracto, forma verdaderamente otro ramo de es- 
tudio ontológico, 

Y como sea constante que el estudio de la ontología conduce 
inmediata y necesariamente al descubrimiento de una causa pri- 
mera y universal, objeto de la teología natural; que sobre este 
sublime conocimiento se levanta de una parte el estudio de la 
religión, perfeccionado por la revelación, y de otra el de la ética 
natural, perfeccionada y santificada también con la doctrina y 
ejemplo de nuestro Salvador; y, finalmente, que siendo insepa- 
rables de este estudio el de la moral social, así pública como pri- 
vada, base y fundamento de la legislación, de la jurisprudencia, 
de la economía pública y de la política, es visto ya el punto de 
unidad á que se debe referir, y la cadena de conocimientos que 
debe abrazar y enlazar el sistema de la enseñanza especulativa 
en el gran círculo de las ciencias que se fundan en ella y de ella 
se derivan. 

En esta última parte del estudio especulativo merece mu}- par- 
ticular recomendación la ética; y como los jóvenes entrarán pre- 
parados á recibirla con las máximas y ejemplos que se les hayan 
comunicado en la primera enseñanza, los maestros de filosofía 
moral, al mismo paso que expliquen y desenvuelvan sus princi- 
pios, tendrán un ancho campo para ampliar su doctrina y con- 
firmarla con ilustres y escogidos ejemplos de virtudes morales y 
sociales, para inspirarles así las puras máximas de la moral cris- 



38 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tiana, como el amor á la patria, el odio á la tiranía, la subordi- 
nación á la autoridad legítima, la beneficencia, el deseo de la paz 
y orden público, y todas las virtudes sociales que forman buenos 
y generosos ciudadanos, y conduccMi para la mejora de las cos- 
tumbres, sin las cuales ningún Estado podrá tener seguridad ni 
ser independiente y feliz. 

Es asimismo muy recomendable el estudio de la economía 
civil, no sólo por el grande influjo que el conocimiento de sus 
principios tendrá en la mejora de la legislación y del gobierno 
interior del reino, sino porque siendo su objeto abrir y conservar 
abiertas todas sus fuentes déla riqueza pública, su influjo obra y 
se extiende á todas !as artes y profesiones útiles, que promueven 
la prosperidad nacional. 

Es visto por esto de cuan grande importancia sea toda la en- 
señanza de la filosofía especulativa, y cuánto serán dignos de la 
atención de la Junta, así el método de darla como el señalamien- 
to de las obras elementales en que la hayan de estudiar los jóve- 
nes, para que la ilustración nacional se adelante y mejore con 
tan preciosos conocimientos. 

Pero la Junta reflexionará al mismo tiempo que de la imperfec- 
ción de estos métodos y de estas obras elementales han nacido 
tantas cuestiones frivolas y disputas interminables, tantos erro- 
res groseros y absurdas opiniones como han turbado la filoso- 
fía y detenido los progresos de su estudio, los cuales, ya que 
no desaparezcan del todo, por cuanto la naturaleza de sus obje- 
tos no lo permite, irán cada día á menos, cuando los puros y lu- 
minosos principios de este estudio, enseñados por un método 
sabio y por principios uniformes, sean abrazados y difundidos por 
toda la nación. 

Por último, reflexionará que este ramo de los conocimientos 
humanos, como más expuesto á opiniones y sistemas erróneos, 
es aquel que puede no sólo alterar, sino también corromper y 
hacer dañosos los frutos de la enseñanza, dando á la instrucción 
pública el influjo más pernicioso, así al bien y quietud de los 
pueblos como á la felicidad personal de los ciudadanos; habiendo 
acreditado una triste experiencia que lo que importa á la dicha 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ORDENES MILITARES 39 

de las naciones no es el saber mucho, sino el saber bien, y que 
así como la buena y sólida instrucción es para ellas el mayor 
bien que puedan esperar, la siniestra y mala es el mayor de los 
males que pueden sufrir, verificándose en esto aquella admirable 
sentencia: Corniptio opünii pessima. 

Aunque la premura del tiempo no puede permitir á la Junta 
la formación de un plan completo de los estudios filosóficos, v 
menos para los de la legislación y jurisprudencia nacional, deri- 
vados de ellos, es muy de desear que establezca los principios y 
máximas sobre que debe establecerse, y los métodos de dar estas 
enseñanzas. Y si para aliviar sus trabajos creyera necesario pedir 
informes y noticias acerca de este objeto á algunas personas sa- 
bias y experimentadas, lo hará, eligiendo á este fin las que hallare 
más dignas de su confianza. 

Aunque los objetos de la filosofía práctica sean de menor alte- 
za y dignidad que los que van indicados, la Junta se penetrará 
de su grande importancia si la midiere por los inmensos bienes 
que su aplicación á los usos de la vida civil ofrece á la nación. 
Por lo mismo, examinará con la mayor atención los medios de 
mejorar y difundir su enseñanza, y de erigir los establecimientos 
que deben proporcionarla á los ciudadanos en toda la extensión 
de estos reinos. 

La filosofía práctica abraza todas las ciencias conocidas con 
el nombre de Matemáticas puras, todas las Físico-matemáticas, y 
todas las que se pueden llamar Experimentales y que se perfec- 
cionan por la aplicación del cálculo al conocimiento de los entes 
reales. Las primeras comprenden desde la Aritmética y princi- 
pios de Algebra hasta el cálculo integral; las segundas, desde la 
Física general hasta la Astronomía física, y las últimas, desde la 
Química hasta los últimos ramos del estudio de la Naturaleza. 

Aunque la parte metódica de esta enseñanza demostrativa esté 
menos expuesta que otras á la imperfección, la Junta examinará 
cuanto sea necesario para perfeccionar los métodos y señalar las 
obras elementales en que debe estudiarse, teniendo presente que 
de la bondad de uno y otro pende, no sólo la mayor facilidad, 
sino también el mayor provecho de su estudio. .\ cllo'; ^c .lil)'- 



40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

que los jóvenes puedan alcanzar en un tiempo breve los conoci- 
mientos que han sido el fruto de muchos siglos y de las inmensas 
tareas de muchos sabios, y á ellos se deberá que, perfeccionados 
y multiplicados estos estudios, la nación adquiera en el espacio 
de una generación aciuellas luces y conocimientos que han de 
atraer sobre ella la abundancia y la prosperidad. 

Como se haya indicado que conviene dar esta enseñanza en 
Institutos separados, erigidos en las capitales ó pueblos de nues- 
tras provincias en que haya mejor proporción para ello, la Junta 
examinará así los medios de erigirlos, multiplicarlos y dotai-los, 
como los de organizar su gobierno é instituir la enseñanza que 
deben abrazar. 

Cuidará de que se comprendan en esta enseñanza aquellos 
estudios, sin los cuales la educación de los jóvenes sería imper- 
fecta; y suponiendo que los que acudan á recibirla deben acredi- 
tar en riguroso examen haber alcanzado todos los conocimientos 
que pertenecen al arte de hablar, recibirán en estos Institutos: 

l.° La enseñanza de dibujo natural, que es tan recomenda- 
ble, no sólo por la excelencia de este talento aplicado á las bellas 
artes, sino también por las grandes ventajas que ofrece su apli- 
cación á las artes industriosas y á todos los usos de la vida civil. 

2.° La enseñanza del dibujo científico, que se deberá dar 
con los princioios de la Geometría práctica, y que, perfecciona- 
do con las gracias del dibujo natural, hará que los profesores de 
las ciencias físicas puedan aplicar este talento á la demostración 
de planos, máquinas, obras é invenciones que pertenecen al ejer- 
cicio práctico de estas ciencias. 

3.° Siendo el estudio de la moral una parte tan esencial de 
toda educación, no puede ser excluido de la enseñanza de estos 
Institutos. Mas como para penetrar su doctrina sea necesario co- 
nocer antes los principios de la ontología, la Junta meditará un 
medio que, abrazando los de la lógica analítica y metafísica, sir- 
va de preparación á los jóvenes que no hubiesen hecho el curso 
de filosofía especulativa, para que entren á estudiar con mayor 
extensión y aprovechamiento los altos principios de la doctrina 
ética. 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 41 

4.° Convendrá asimismo que en estos Institutos se enseñe un 
tratado de comercio, dividido en dos partes: una, que compren- 
da los principios del comercio, considerado con relación al Go- 
bierno y tomado de la Economía civil, y otra, los principios y 
reglas prácticas de la profesión mercantil. 

5.° Y si á estos tan provechosos estudios se agregasen el de 
las lenguas inglesa, italiana y francesa, y la música, la danza y 
otras habilidades para los jóvenes que quisiesen aprenderlas, de- 
dicando á ellas las horas de la tarde, es visto cuánto conducirían 
para perfeccionar la educación y extender la instrucción pública 
del reino. 

Porque la Junta penetrará que multiplicados estos Institutos 
en todas las provincias, ofrecerán una educación cumplida: pri- 
mero, á todos los jóvenes que aspirasen á ejercer aquellas profe- 
siones prácticas, para cuyo ejercicio es indispensable el conoci- 
miento de las ciencias matemáticas y tísicas; segundo, á aquellos 
que perteneciendo á familias ricas y acomodadas, y no aspirando 
á ellas, ni tampoco á la carrera de la Iglesia y del Foro, deseen, 
sin embargo, recibir una educación sabia y literal, para llenar 
un día los deberes de buenos é instruidos ciudadanos, labrar su 
propia dicha y contribuir á la prosperidad de la patria. 

Asimismo comprenderá que así divididos los estudios especu- 
lativos y prácticos, al mismo tiempo que en nuestras universi- 
dades se forman los dignos ciudadanos que han de hacer reinar 
en la nación la piedad, la justicia y el orden público, llenando 
dignamente los cargos de la Iglesia, de la magistratura y el loro; 
los Institutos de enseñanza práctica harán que abunden en el rei- 
no los buenos físicos, mecánicos, hidráulicos, astrónomos, arqui- 
tectos y otros profesores, sin cuyo auxilio nunca podrán ser ni 
conservarse abiertas las fuentes de la riqueza pública, ni la na- 
ción alcanzará aquella prosperidad á que es tan acreedora. 

Pero además de estos Institutos públicos, la Junta reconocerá 
la necesidad de otros, que aunque se puedan llamar privados, 
deben estar bajo de la vista y dirección del Gobierno y sus me- 
ditaciones. 

Á pesar de los defectos que suelen achacarse -a la (-(hu aen-n 



42 boletín de la real academia de la historia 

de los seminarios, es preciso reconocer su necesidad en favor de 
aquellos jóvenes que, por ser huérfanos, hijos de viudas, de pa- 
dres ausentes ó de personas empleadas en cargos activos y labo- 
riosos, no pueden esperar de la educación doméstica los princi- 
pios de enseñanza literaria, moral y civil, que tan necesaria es 
para formar buenos é ilustres ciudadanos. Es, por tanto, de 
desear que la Junta medite cuanto sea necesario, así para la elec- 
ción de estos establecimientos, como para organizar el plan de 
su enseñanza, que debe uniformarse del todo con la general del 
reino. 

Y como no sea fácil ni tampoco conveniente multiplicar estos 
seminarios, y donde no los haya se puede suplir la falta de ellos 
por medio de pupilajes bien establecidos, sujetos al plan de en- 
señanza, uniformes y sometidos á la dirección del Gobierno, las 
Juntas meditarán los medios de organizar estos pupilajes en be- 
neficio de la enseñanza general, cual exige un objeto de grande 
importancia y consecuencia. 

Conviene asimismo que al lado de las Universidades haya 
también Colegios destinados á jóvenes hijos de familias, pudientes 
que aspirando á la carrera de la magistratura ó de la Iglesia, se 
apliquen á los estudios que requiere su profesión con más reco- 
gimiento y sin el peligro de las distracciones á que está expuesta 
la vida independiente y libre de los escolares. Por tanto, la Junta 
examinará los medios de arreglar la organización de estos Cole- 
gios con todo el esmero que corresponde al alto destino á que se 
deberá consagrar la juventud que venga á ellos. 

El ilustre ejemplo del Real Colegio de Artillería y de las Aca- 
demias de Reales Guardias Marinas, basta para convencer á la 
Junta de cuánto provecho será á la nación el establecimiento de 
Colegios destinados para los cadetes que aspiren á recibir la edu- 
cación militar conveniente, así al servicio de Infantería y de la 
Caballería como al del Real Cuerpo de Ingenieros; porque, aun- 
que á algunos de estos Cuerpos se ha atribuido particularmente el 
título de Cuerpos facultativos, la razón dicta que ninguno de los 
que se consagran al ejercicio de la guerra debe no serlo, y la 
experiencia acredita cuánto ganará la nación en que todos lo 



JOVELLANOS V LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES íMILITARES 4- 

sean. Por tanto, la Junta meditará y propondrá cuanto estime 
conveniente para la organización de estos Cuerpos. 

La educación de las niñas, que es tan importante para la ins- 
trucción de esta preciosa mitad de la nación española, y que 
debe tener por objeto el formar buenas y virtuosas madres de 
familia, lo es mucho más tratándose de unir á esta instrucción la 
probidad de sus costumbres; de una y otra dependen las mejo- 
ras de la educación doméstica, así como las de esta primera edu- 
cación tienen luego tan grande y conocido influjo en la educa- 
ción literaria, moral y civil de la juventud; por tanto, meditara 
muy detenidamente la Junta los medios de erigir por todo el rei- 
no: primero, escuelas gratuitas y generales para que las niñas 
pobres aprendan las primeras letras, los principios de la religión 
y las labores necesarias para ser buenas y recogidas madres de 
familias; segundo, de organizar colegios de niñas, donde las que 
pertenezcan á familias pudientes puedan recibir á su costa una 
educación más completa y esmerada. 

Las ciencias eclesiásticas forman un ramo de instrucción prác- 
tica, tanto más importante, cuanto abrazando la religión y mo- 
ral cristiana, su objeto es de mayor alteza y dignidad; y aunque 
el arreglo de los seminarios conciliares en que deben enseñarse, 
y el plan de sus estudios pertenezca á los trabajos de la Junta 
eclesiástica que acaba de crearse, es de desear que la Junta de 
Instrucción pública medite también cuanto sea necesario á fin de 
uniformar el plan y métodos de esta enseñanza con los de los 
demás estudios del reino, para que así como la verdad es una, lo 
sean también, en cuanto fuese posible, los métodos de investi- 
garla y alcanzarla, y para que la instrucción nacional no sea tur- 
bada con tanta variedad de sistemas, métodos, escuelas y opinio- 
nes como ha sufrido hasta aquí, en daño de la pública instruc- 
ción y del progreso de los buenos y sólidos conocimientos. Y si 
á este fin fuese necesario que las dos Juntas entren en comuni- 
cación y conferencia para acordarse entre sí, los señores l^rcsi- 
dentes de una y otra procurarán reunir algunos individuos d<' 
entrambas para convenir en el plan, método y máximas do la 
enseñanza general. •■ . 



44 nOLETlN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

A fin de acordar los fundamentos sobre que se deban asentar 
los principios del método y doctrina elemental de la enseñanza 
general, convendrá que la Junta medite y determine las proposi- 
ciones siguientes: 

I.^ Si toda la enseñanza conveniente á la generalidad de los 
ciudadanos, ya para su primera educación, ya para el estudio de 
las ciencias especulativas y prácticas, sean enteramente gratuitas. 

2." Si convendrá que lo sea también la de los seminarios y 
colegios, de tal forma que sus individuos no costeen otra cosa 
que lo necesario para su alimento y vestido en cuota determina- 
da, y además, lo que fuese relativo á estudios voluntarios y habi- 
lidades accesorias. 

3.^ Si convendrá que en los pueblos de Universidad ó Insti- 
tuto se permita á algún sujeto de eminente ciencia enseñar algún 
ramo particular de ella á costa de los que voluntariamente quie- 
ran estudiarla; y en tal caso, cómo deberá darse este permiso, 
velarse sobre esta enseñanza y determinarse el honorario que 
habrá de recibir el maestro de sus discípulos. 

4.^ Si convendrá determinar que la enseñanza de las Escue- 
las, Universidades é Institutos de todo el reino, se haga por un 
mismo método y unas mismas obras, para que uniformada la 
doctrina elemental, se destierren los vanos síntomas y capricho- 
sas opiniones que no tienen más origen que la diferencia de las 
obras estudiadas y la arbitrariedad de los maestros en la exposi- 
ción de su doctrina, sin que por esto se pretenda dar á la ins- 
trucción nacional una estabilidad dañosa á los progresos de las 
ciencias; primero, porque los elementos escogidos para enseñan- 
za deberán ser siempre los mejores que sean conocidos en el día, 
y siempre pospuestos á cualesquiera otros que en lo sucesivo 
aparecieren y sean más á propósito; segundo, porque los sabios 
dados á cultivar ó promover las ciencias, gozarán siempre de 
aquella absoluta libertad de opinión que no se oponga á la pure- 
za de la religión y de la moral, ni al orden y sosiego público. 

5.^ Si para abreviar el círculo de la enseñanza, y no cargar á 
los jóvenes con un largo y penoso estudio de memoria, conven- 
drá que las obras elementales que se adoptaren sean muy bre- 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ORDENES MILITARES 45 

ves y puramente reducidas á los principios de las ciencias, pu- 
diendo contener en escolios ó notas lo meramente necesario á 
la ilustración de los mismos principios, para que los jóvenes lo 
lean y mediten sin necesidad de decorarlo, y dejando á cargo de 
los maestros, así el desenvolver y extender cuanto fuese posible 
la doctrina científica, como señalar á sus discípulos las mejores 
obras en que, acabada la enseñanza ó durante ella — si á tanto se 
extendiese su aplicación, — deban hacer el estudio profundo cic- 
la misma doctrina. 

6.'^ Si para complemento de la enseñanza elemental conven- 
drá que las obras destinadas á ella abracen la generalidad de los 
principios de cada ciencia primitiva; lo cual será tanto más pro- 
vechoso, cuanto de una parte los jóvenes comprenderán más fá- 
cilmente las doctrinas derivadas de un mismo principio y de 
unas mismas fuentes, y presentadas en el orden y serie determi - 
nados por la afinidad ó relación de sus ideas; y de otra, la ense- 
ñanza podrá extenderse á todos los ramos de estudio que han 
resultado de la subdivisión de las mismas ciencias. 

7.^ A este fin reflexionará la Junta que, aunque esta subdivi- 
sión sea muy ventajosa para promover y adelantar el estudio 
trascendental de las ciencias, cuando los sabios cultiven particu- 
lar y separadamente algunos de sus varios ramos, es otro tanto 
más perniciosa en la enseñanza elemental cuando, dada separa - 
mente, se destruye y pierde de vista aquella unidad de princi- 
pios á que debe referirse y sobre que debe fundarse toda su 
doctrina. 

8.^ Y, puesto que toda la enseñanza se haya de dar en len- 
gua castellana, la Junta meditará: primero, los medios de hacer 
traducir, reformar ó escribir de nuevo los libros elementales des- 
tinados á ella; segundo, si convendrá hacer traducir ó componer 
otros tratados más amplios de las mismas ciencias, escritos sobre 
los mismos principios, para que sirvan de auxilio á los maestros 
en la explicación, ilustración y ampliación de la doctrina ciuc 
enseñaren. 

9.^ Convendrá también tenga presente que, no bastando cur- 
sar las Escuelas é Institutos, ni recibir sus lecciones para apro- 



46 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

\echar en ellas, deberá ser máxima constante en todos los esta- 
blecimientos de enseñanza, que ningún alumno pase ni sea ad- 
mitido al estudio de una clase sin que acredite en un examen 
público haber estudiado con aprovechamiento la doctrina de la 
que precede; cuya máxima, fielmente observada, ofrecerá á los 
jóvenes aplicados un estímulo para proceder á mayores adelan- 
tamientos, y á los zánganos y distraídos un juslo castigo de su 
desidia. 

No será menos conveniente que á la conclusión de cada curso 
se celebren certámenes literarios, á que se presenten los jóvenes 
más aprovechados, para ejercitar sobre la doctrina de su ense- 
ñanza y acreditar los progresos hechos en ella; pues que celebra- 
dos estos certámenes con aparato y publicidad, y animados con 
la solemne adjudicación de algunos premios, no pueden dejar de 
ofrecer grande estímulo á la noble emulación de la juventud es- 
Uidiosa. 

Por más fruto que se pueda esperar de las mejoras de la ense- 
ñanza elemental, la Junta reconocerá que todavía son necesarios 
otros establecimientos para la extensión, propagación y progre- 
sos de la literatura y las ciencias, los cuales deben tener por ob- 
jeto la parte trascendental y sublime de su estudio, y la aplica- 
ción de sus verdades á los diferentes usos y necesidades de la 
vida. Este objeto sólo pueden llenarle las Academias ó Asocia- 
ciones literarias, en que los profesores de literatura y ciencias se 
reúnan para cultivar, extender y aplicar su doctrina, aprovechan- 
do en común los medios y auxilios que el Gobierno no les pro- 
porcionare á este fin. 

Así que, atendiendo á la naturaleza de los estudios que abraza 
el vasto plan de la enseñanza literaria, la Junta examinará los me- 
dios de establecer, organizar y dotar en las principales capitales 
del reino, y señaladamente en aquéllas en que hubiese Universi- 
dad 6 Instituto, cuatro especies de Academias, destinadas: prime- 
ro, á cultivar las humanidades ó buenas letras castellanas, con ex- 
tensión al estudio de la Historia y Geografía nacional; segundo, 
á las humanidades latinas y griegas, con extensión á la Historia y 
(jeografía general; tercero, á todas las ciencias que abraza la F¡- 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 47 

losofía especulativa; cuarto, á las que abraza la Filosofía práctica. 
Acaso convendrá también establecer en algunos puntos deter- 
minados Academias militares, particularmente destinadas á cul- 
tivar la parte trascendental de las ciencias pertenecientes al arte 
de la guerra, cuyas ventajas ha acreditado ya la experiencia en 
el gran fruto que produjo el establecimiento de estudios mayo- 
res aplicados á la marina real. 

Verá asimismo si conviene que, además de estas Academias 
provinciales, se erijan en la corte ó en otra gran capital del 
reino dos Academias generales, una de literatura y otra de cien- 
cias, las cuales podrán ayudar al Gobierno con su consejo y luces 
para promover la mejora progresiva de la enseñanza general y 
de los ramos pertenecientes á la instrucción pública. 

Por último, verá la Junta si conviene que en las sociedades pa- 
triótiticas, consagradas á promover la felicidad del reino, se for- 
me una clase particularmente destinada á cultivar el estudio de 
la economía civil, y la aplicación de sus principios al adelanta- 
miento de la agricultura y artes útiles y á todas las empresas que 
se dirigen á aumentar la riqueza y prosperidad nacional. 

Entre los demás auxilios que pueden prestarse al adelanta- 
miento de esta instrucción, es de contar el establecimiento y 
multiplicación de bibliotecas públicas, que son de tan grande 
auxilio, para que los literatos — que de ordinario abundan poco 
en conveniencias — hallen en ellas las obras y recursos que de 
suyo no pueden poseer. Por lo mismo, convendrá que estas 
bibliotecas estén bien provistas de globos, atlas, cartas geográfi- 
cas é hidrográficas, modelos de máquinas é instrumentos científi- 
cos, monetarios y otros auxilios necesarios para el adelantamien- 
to de la literatura y de las ciencias. 

No será menos conveniente al mismo fin el establecimiento y 
multiplicación de gabinetes de Historia natural, y señaladamente 
de Mineralogía, con los instrumentos y auxilios que pide este 
ramo de útiles é importantes conocimientos. 

En el número de los auxilios más importantes para ditundir la 
instrucción pública, se deben contar las imprentas, cuya multi- 
plicación es tan necesaria para aquel gran fin. 



48 BOLETÍN DK I.A REAI. ACADEMIA DE LA HISTOKIA 

Entre las obras que pueden salir de estos depósitos y fuentes 
de sabiduría, se deben conocer como muy convenientes para di- 
fundir la instrucción los escritos periódicos, los cuales, por su 
misma brevedad y variedad, son más acomodados para la lectura 
de aquel gran número de personas que, no habiendo recibido 
educación literaria ni dedicádose á la profesión de las letras, tam- 
poco se acomodan bien á una lectura seguida y sedentaria; pero, 
sin embargo, gustan de leer por curiosidad ó entretenimiento esta 
especie de obras sueltas y agradables; razón por qué si fuesen 
bien escritas y sabiamente dirigidas y protegidas, serán muy á 
propósito para extender la instrucción y mejorar la opinión pú- 
blica en la nación. 

La libertad de opinar, escribir é imprimir se debe mirar como 
absolutamente necesaria para el progreso de las ciencias y para 
la instrucción de las naciones; y aunque es de esperar que la Jun- 
ta de legislación medite los medios de conciliar el gran bien que 
debe producir esta libertad con el peligro que pueda resultar de 
su abuso, es de desear que la Junta de Instrucción pública pro- 
ponga también sus ideas sobre un objeto tan recomendable y tan 
análogo al fin de su erección. 

También se desea que la Junta preste alguna atención al esta- 
do en que se hallan nuestros teatros, y al influjo que pueda te- 
ner su reforma en la de la educación y costumbres de la juven- 
tud, para que por esta mira proponga todas las mejoras que pue- 
den recibir, considerándolos principalmente con respecto á tan 
recomendable objeto. 

Por último, examinará la Junta si convendrá erigir un Tribu- 
nal ó Consejo de Instrucción pública, ó bien confiar el cuidado 
particular de ella á alguna sección ó sala del Consejo de Estado 
ó del Supremo de España é Indias, para que, velando sobre la 
enseñanza general del reino, promueva sus mejoras y dirija cuan- 
to fuere necesario alterar ó establecer, así en los métodos y la 
doctrina de la enseñanza elemental, como en los estudios tras- 
cendentales de las ciencias, y cuanto sea relativo á la protección 
y gobierno de los institutos y cuerpos encargados de promover 
unos y otros, á fin de que un cuerpo tan recomendable sea diri- 



JOVELLANOS Y LOS COLEGIOS DE LAS ÓRDENES MILITARES 49 

gido por un cuerpo permanente y regido por máximas constan- 
tes de protección y vigilancia. 

La Junta, á vista de estas reflexiones, que se presentan á su 
consideración sólo para llamar toda su atención hacia un objeto 
de tan grande importancia y trascendencia, después de haberlas 
meditado y mejorado con su celo y sus luces, propondrá á la 
Comisión de Cortes cuanto sea necesario para dirigir, mejorar y 
extender la instrucción nacional, considerándola como la primera 
y más abundante fuente de la pública felicidad: porque no se le 
puede esconder que sin educación física no se podrán formar 
ciudadanos ágiles, robustos y esforzados; sin instrucción política 
y moral no se podrán mejorar las leyes con que estos ciudada- 
nos deben vivir seguros, ni el carácter y costumbres que los han 
de hacer felices y virtuosos; y que sin ciencias prácticas y cono- 
cimientos útiles no se podrán dirigir y perfeccionar la agricul- 
tura, la industria, el comercio y las demás profesiones activas 
que las han de multiplicar, enriquecer y defender. 

Y por último, que siendo también constante que la nación más 
sabia es siempre, en igualdad de circunstancias, la más podero- 
sa, España, colocada por la Providencia en la situación más favo- 
rable, bajo de un cielo el más -benigno, sobre un suelo el más 
fértil, poseedora de las más ricas y dilatadas provincias, y llena 
de ingenios los más perspicaces y profundos, puede y debe le- 
vantarse, por medio de leyes sabias y de una instrucción sólida, 
completa y general, á ser la primera nación de la tierra. Sevilla, 
16 de Noviembre de 1809. — Gaspar de jíove llanos. t> 

José Gómez Centurión, 

Correspondiente. 



TOMO LXIV. 



50 BOÍ.ETÍN DE I. A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

II 

MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 



Ensayo biográfico. 

Uno de los escritores más fecundos de la España del siglo xv 
y de mayor prestigio entre sus contemporáneo^", fué el célebre 
historiador y moralista mosén Diego de Valera. Educado en la 
alegre y fastuosa corte de D. Juan II, en la que, á pesar de las 
banderías y rivalidades políticas, desde el Monarca hasta el últi- 
mo pechero, se complacían tan sólo en cantar la hermosura de 
sus damas ó en romper lanzas por ellas, Diego de Valera no pudo 
sustraerse al influjo del medio en que vivía, y fué también poeta 
y lo que podríamos llamar aventurero de amor. 

No fué guerrero, en la acepción militar de esta palabra, por- 
que en la corte de D. Juan II no los había. Había, sí, nobles tur- 
bulentos, que, por sí solos ó ayudados por los Infantes de Ara- 
gón, el Rey de Navarra ó el príncipe D. Enrique, conmovían á 
toda Castilla, combatiendo, ya por sus medros personales ó bien 
por derrocar de su privanza al maestre de Santiago D. Alvaro de 
Luna, capaz éste por sí solo de sujetar, á poco que le hubiese 
ayudado el débil Monarca, á toda la indómita nobleza castellana. 
No era esta buena escuela militar, puesto que, más que los com- 
bates, resolvían las diferencias entre unos y otros los tratos y las 
traiciones. 

La guerra con los moros se limitaba á ligeras escaramuzas 
realizadas en las partes fronterizas, y á las que no se puede en 
modo alguno calificar de campañas, ni por su duración ni por 
sus resultados; todo el esfuerzo bélico de los castellanos se per- 
día en las inútiles contiendas entre unos y otros ó en torneos y 
pasos de armas, complemento esto último de sus canciones y 
decires amorosos. Los nobles caballeros preferían más lucir su 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 5 1 

garbo y bizarría ante las damas de la corte que no en obscuros 
combates con los enemigos de nuestra fe; cualquier aconteci- 
miento era motivo para celebrar torneos de los que no siem- 
pre salían ilesos los combatientes, y cuando, por rara circuns- 
tancia, no se celebraban en España, algunos enamorados aven- 
tureros marchaban á países extraños llevando su empresa para 
combatir por su dama, y dispuestos á romper lanzas con cual- 
quier noble caballero que á ello se prestase. 

Era aquella la época de las aventuras caballerescas, no sólo 
en España, sino en toda Europa; gentiles caballeros con más ó 
menos acompañamiento, según sus medios, recorrían todas las 
cortes buscando ocasión de demostrar el esfuerzo de su brazo. 
.La Crónica de don jfiian TI nos habla de numerosos pasos de ar- 
mas y torneos á los que algunas veces concurrieron caballeros de 
otros países; pero, en comparación con estos, fueron más los es- 
pañoles que marcharon fuera. «Yo conocí — decía Hernando del 
Pulgar — al conde don Gonzalo de Guzmán (l) é á Juan de Mer- 
lo (2); conoscí á Juan de Torres é á Juan de Polanco, é á mosén 
Pero Vázquez de Saavedra (3), á Gutierre Ouixada (4) é á mosén 



(i) El conde D. Gonzalo de Guzmán debe ser aquel procer, tartamudo 
de conveniencia, de quien refiere Falencia algunos donaires que no pecan 
por delicados. Décadas, trad. de A. Paz y Melia, tomo i, págs. 195 y 198, y 
de quien habla Don Quijote, parte, i, cap. xlix. 

(2) Merlo fué también poeta, y sus poesías existen inéditas en el Cau- 
cionero llamado de Gallardo y en uno de los de la Biblioteca Real. Tuvo 
también la honra de ser citado por Don Quijote, parte i, cap. xlix: «Si no, 
díganme también que no es verdad que fué caballero andante el valien- 
te lusitano Juan de Merlo, que fué á Borgoña y se combatió en la ciu- 
dad de Arras con el famoso Señor de Charní, llamado mosén Fierres, 
y después en la ciudad de Basilea, con mosén Enrique de Remestan, sa- 
liendo de ambas empresas vencedor y lleno de honrosa fama.» Acabó 
desastradamente muerto por unos peones en la pelea que hubo entre 
Juan de Guzmán, hijo del Maestre de Calatrava, y Rodrigo Manrique, Co- 
mendador de Segura. 

Crón. de dofi Juan II, año 37 (1443)) cap iv. 

(3) Este caballero fué el primero que combatió en el paso defendiiio 
por el señor de Charny, quedando después al servicio del duque Felii)e 
de Borgoña. 

(4) Uno de los ascendientes de Don Quijote, según éste aseguraba. 
Parte i, cap. xlix. 



52 BOLETÍN nE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Diego de Valera, é oí decir de otros castellanos que, con ánimo 
de caballeros, fueron por los reinos extraños á facer armas con 
cualquier caballero que quisiera facerlas con ellos, é por ellas 
ganaron honra para sí é fama de valientes y esforzados caballe- 
ros para los fijosdalgo de Castilla» (i). 

De natural vivo y despierto, Diego de Valera, que no podía 
competir en nobleza ni en bienes de fortuna con los jó\-enes de 
la corte, procuró igualarse con ellos en el valor y superarlos, si 
era posible, en el saber, consiguiendo distinguirse notablemente 
en aquella corte, que ilustraban con su ciencia entre otros, el 
Marqués de Santillana, Fernán Pérez de Guzmán y D. Alonso de 
Cartagena, y con su valor los caballeros mencionados. vSus 
viajes fuera de su patria por lejanos países, le dieron un renom- 
bre y una importancia que quizá no hubiese conseguido perma- 
neciendo en ella, y sus escritos, aunque algo incoherentes y dis- 
paratados, fueron muy apreciados por sus contemporáneos, y 
contribuyeron á aumentar su fama. Por éstos principalmente ha 
pasado su nombre á la posteridad, considerándosele como uno 
de los mejores escritores en prosa de aquel tiempo. 

Varios son los escritores que con diversa fortuna han trazado la 
biografía de mosén Diego de Valera, y únicamente pueden con- 
siderarse como tales: la inserta en la Historia critica de la litera- 
tura española de Amador de los Ríos (2) ; la publicada por don 
Pascual Gayangos en la Revista de Ambos Mundos (3); la escrita 
por D. José Antonio Balenchana en la Introducción que precede á 
los cinco tratados que en 1 87 8 publicó la Sociedad de bibliófilos 
españoles, y, por último, la incluida por D. Marcelino Menéndez 
y Pelayo en el tomo v de su Antología de poetas líricos españo- 
les (4). Aun en esta última, hecha por el sabio maestro reunien- 
do todos los datos aportados por los anteriores, nótanse algunas 
omisiones y errores de nombres y de fechas, que iremos notan- 
do en el curso de este trabajo, que, sin pretensiones de que sea 

(i) Claros varones^ tít. xvii. 

(2) Tomo VII, pág. 292 y sig. 

(3) Tomo III, pág. 294. 

(4) Pág. ccxxxvi y sig. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 53 

completo del todo, procuraremos, en cuanto nos sea posible, que 
sea exacto. 

Antes de empezar á trazar la biografía de mosén Diego de 
Valera, justo es dar desde estas páginas las más expresivas gra- 
cias, por los datos que para ella nos han facilitado, al Sr, Marqués 
de Campo-Real, ilustrado procer andaluz, descendiente directo 
de aquel personaje, y al capitán de infantería D.Juan Moreno de 
Guerra, cuya gran pericia y conocimientos en asuntos genealógi- 
cos son sobradamente conocidos. 

Todos los escritores anteriormente aludidos hacen natural de 
Cuenca á mosén Diego de Valera, y así es de suponer por re- 
sidir en ella con frecuencia y ser vecino de la ciudad, pero no 
hay prueba alguna de tal hecho. El dato más probable para afir- 
mar que allí íué su nacimiento, nos lo proporciona el saber que 
sus progenitores fueron naturales y vecinos de dicha ciudad; en 
cuanto á la fecha, en que naciera, él mismo la señala al final de 
su Crónica Abreviada^ en donde manifiesta haberla terminado en 
el Puerto de Santa María, en 1481, á los sesenta y nueve años 
de edad (l); nació, pues, en 14 1 2. 

No mencionan ninguno de los autores citados quiénes fueran 
los ascendientes del fecundo escritor, aunque fundados en la 
igualdad de apellidos le suponen «hijo ó nieto de Juan Fernán- 
dez de Valera, regidor de Cuenca y criado de la casa de D. En- 
rique de Villena, quien le dedicó algunos tratados, entre ellos su 
famosa Consolatoria». A un Juan Fernández de Valera armó ca- 
ballero D. Fernando el de Antequera, ante los muros de Setenil, 
el 17 de Octubre de I407, lo que indica no tendría muchos años 
en esta época, y D. Enrique de Villena nos dice que hizo la tra- 
ducción castellana de Los trabajos de Hércules, en Septiembre 
de 141 7, «á suplicación de Johan Ferrández de Valera, el mozo, 
su criado». Ambos personajes bien pueden ser uno mismo; pero 

(i) «Fué acabada esta compilación en la villa del Puerto de Santa Ma- 
ría, víspera de San Juan de Junio del año de mil é quatrocicntos ú ochenta 
y un años, seyendo el abreviador della en hedad de sesenta y nueve 
años.» En algunas ediciones, como en la de 1562, se pone lxxix años, lo 
que es manifiesto error. 



54 BOLETÍN DE I.A REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

el calificativo de el inozo, nos indica que había otro Juan Fernán- 
dez de Valera el viejo, de quien mosén Diego fué nieto como 
nacido de su hija doña María de V^alera. 

Así se desprende de lo contenido en el árbol genealógico que 
posee el Sr. Marqués de Campo-Real referente á la familia Chiri- 
no; en él se lee que Pedro Armíndez Chirino fué padre de Alon- 
so García Armíndez Chirino: «siguió éste la corte de los Reyes; 
vivió después en Guadalajara y casó en Cuenca con hija de Juan 
Hernández de Valera, regidor en Cuenca, como consta en la eje- 
cutoria de su nieto Lope: á él y á sus hijos hizo el Rey muchas 
mercedes: la hija del dicho Juan Hernández de Valera, con 
quien casó el referido don Alonso García, se llamó doña María 
de Valera». 

Figuran en dicho árbol como hijos de Alonso García Chirino, 
los siguientes: 

I.° «Don Alonso García Chirino, del Consejo del Rey don 
Juan II. Vivió antes en Ocaña, y allí dejó sucesión y hacienda, 
de quien desciende don Rodrigo Lanchero, del hábito de Cala- 
trava, y su hermano del de Alcántara.» 

2.° «Don Juan Alonso Chirino, capellán mayor del Rey don 
Enrique IV: fué Abad de Alcalá la Real y Obispo de Segovia, á 
quien se cometió aquella gran Inquisición de nuestra Santa Fe 
(Garibay, fol. 473).» 

3.° «Fernán Alfonso García Chirino, que dicen de Guadala- 
jara, vino á casar á la ciudad de Cuenca y fué regidor de ella y 
montero mayor del Rey D. Enrique IV. Casó con doña Isabel de 
Montana y Molina, señora de la banda de Oro: fué guarda ma- 
yor de Cuenca y la defendió él y sus hijos de los Infantes dé 
Navarra, en la defensa de la puerta de V^alencia de Cuenca, 
como consta de la Historia del Rey don Juan el II, cap. lio, 
folio 212» (I). 



(i) Según cuenta la C/wí/ííz (año 43 (1449), cap. ui), el regidor Fernán 
Alonso Chirino había ido por mandato de la ciudad á Vélez, en donde es- 
taba el Maestre de Santiago, á fin de comunicarle el peligro en que es- 
taba la población, y que durante su ausencia defendió la puerta de Valen- 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 55 

4° «Mosén Diego de Valera Chirino, fué doncel del Rey don 
Juan II, su embajador á Inglaterra, escribió la Valeriana, etcéte- 
ra, corregidor de Segovia, fué alcaide del Puerto de Santa María, 
en donde vivió casado con doña María de Valencia. Mandó labrar 
la capilla de Señora Santa Ana en la iglesia mayor del Puerto.» 

No es un árbol genealógico autoridad que no pueda ponerse 
en duda, pero, afortunadamente, otros datos prestan veracidad 
á sus asertos. Cuanto en él se refiere consta, ó constaba, en la 
ejecutoria que Lope Chirino — -sobrino de Valera — ganó en la ciu- 
dad de Ubeda el año de 1489, en cuya fecha, muy poco poste- 
rior á la del fallecimiento probable de mosén Diego, no parece 
posible que fuera inventado el cercano parentesco de unos con 
otros. Esta ejecutoria fué vista y examinada por los caballeros 
informantes en las pruebas para el hábito de la orden de Alcán- 
tara de D. Alvaro de Zurita, descendiente directo del célebre 
historiador (l). 

Que éste pertenecía á la familia Chirino lo prueban, entre otras 
cosas, el encontrarse entre sus descendientes varios que adoptan 
este apellido, y el estar grabadas las armas de dicha familia en la 
capilla de la iglesia mayor del Puerto de Santa María, en unión 
de las que correspondían á los Valeras. 

Entre el maestro Alonso Chirino y Juan Hernández de Valera, 
ya que no parentesco, mediaba por lo menos una amistad estre- 
cha. Así se desprende de lo escrito por D. Enrique de Villena 
en su Tratado de la lepra, compuesto, según nos dice, á instan- 
cias del maestro Alfonso de Cuenca (2), y en el que responde á 



cia su hijo Alonso Chirino, quien, construyendo un palenque á pocos pa- 
sos de la puerta y con trece de los suyos, lo defendió heroicamente. 

(i) Arch. hist. nac. Alcántara. Pruebas de hábitos. 

(2) Llaraábasele también de Guadalajara. Véase Nic. Antonio, Bib. 
vet., tomo II, pág. 213. Una délas pruebas que presentaba D.Adolfo 
de Castro para demostrar que eran apócrifas las cartas del Bachiller Cib- 
dad-Real, consistía en que éste, en la epístola xxiv, nombraba al Dr. García 
Chirino, y añadía el célebre erudito: «Entonces vivía aún, y era también 
fí-,ico del Rey, Alonso de Chirino, el cual no se titulaba doclor sino maes- 
tro, según se ve en sus obras que están impresas.» 

«Estas equivocaciones, tratándose de físicos del Rey, compañeros de 



56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

SU carta diciéndole: «Maestre Alfonso: Vi un escripto, por Juan 
Fernández de Valcra, menor en días, á mí enviado, que parecía 
ordenado por vos...» 

Otra de las obras de I). Enrique de Villena nos proporciona 
curiosos datos de Juan Fernández de Valera, cuyas desgracias 
familiares dieron ocasión al procer á dirigirle su famosa Consola- 
toria. Sirve á esta obra de introducción y motivo una carta por 
aquél dirigida á D. Enrique, fechada en Cuenca á 13 de Diciem- 
bre de 1422, en la que le manifiesta no haberle escrito antes por 
la gran pestilencia que había en la ciudad, de la cual había sido 
atacado y llevaba cuatro meses de enfermedad: «é en este come- 
dio — añade — finó mi mujer é una fija mía y toda mi familia y 
Garci Sánchez mi padre y mis abuelos Juan Fernández y su mu- 
jer é dos hermanos míos, y otros sobrinos parientes y amigos 
muchos». En la Consolatoria se dice que Juan Fernández murió 
el primero de Octubre y Garci Fernández el 19 del mismo mes 
y año, «é la memoria destos— dice D. Enrique — tira consigo la 
de Costanza Fernández». La hija de Juan Fernández llamábase 
Leonor. 

Al final de uno de los manuscritos que se conservan del Tra- 
tado llamado Menor daño de medicina (l) se copia el testamen- 
to del maestro Alonso Chirino, fechado en Medinasidonia á 22 
de Agosto de 1429. Ordena el testador, entre otras cosas, que 



Fernán Gómez, son bien extrañas por cierto, y á la verdad, arguyen mu- 
cho contra la autoridad del Centón epistolario.» 

«Confundió el Bachiller los nombres: había un Doctor Alonso García 
Chirino, Juez mayor de Vizcaya y su fiscal mayor, según el cap. ccv de la 
Crónica, año de 1431. Había otro Doctor KXowao García Chirino, abad de 
Alcalá la Real.» 

Como el verdadero nombre del maestro ó doctor era Alonso García Chi- 
rino, la prueba, no sólo no lo es, sino que en todo caso lo que demostraría 
era que Cibdad-Real le conocía algo mejor que D. Adolfo de Castro. 

(i) Impreso varias veces, según puede verse en el Ensayo, etc., de 
Gallardo, y en el Catálogo, de Salva. La primera edición, sin embargo, no 
es ninguna de las por ellos citadas, pues en el Catálogo de D. Fernando 
Colón, que extracta Gallardo, figura con el núm. 2.084 esta obra, «impresa 
en Sevilla por Jacobo Ci-omberger, alemán, año de 1506, á 30 de Enero». 
Al final estaba el testamento del autor, que después mencionaremos. 



MOSEN DIEGO DE VALER A : SU VIDA Y OBRAS 57 

se le entierre en el Monasterio de San Francisco de Cuenca, y 
deja por sus testamentarios á su mujer Violante López y á sus 
hijos Fernán "Alfonso, Juan Alonso y Alfonso García. Si á estos 
tres nombres se añade el apellido Chirino que por su padre les 
correspondía, se observará que no son otros que los ya mencio- 
nados hermanos de Diego de Valera. No se nombra á éste para 
nada en el testamento, lo que debió obedecer, sin duda, á ser me- 
nor de edad en la época en que su padre testaba, pues que ten- 
dría por entonces unos diez y siete años. Tampoco se menciona 
á su madre, doña María de Valera, lo cual prueba que Alonso 
Chirino había enviudado de ésta y casado nuevamente con Vio- 
lante López, á quien encargaba, en unión de sus hijos mayores, 
el' cumplimiento de sus últimas disposiciones. 

El haber adoptado Valera el apellido materno ha extraviado 
en sus pesquisas á los que de él se han ocupado, llegando alguno 
en sus investigaciones á decir lo siguiente, que por su originali- 
dad copiamos de D. José Antonio Balenchana, quien lo inserta 
en la Introducción ya mencionada: «Jerónimo de Quintana, en la 
Historia de Madrid^ afirma que los del apellido Valera, que era 
muy antiguo en esta villa, eran descendientes de Cuenca, y men- 
ciona entre ellos al indicado Juan Fernández y al mosén Diego, 
añadiendo que las casas de este mayorazgo estaban en la calle 
del Espejo, una de las más antiguas de esta villa; pero que no 
había papeles ni noticias, por haber recaído en hembras estos 
mayorazgos.» No sabemos por qué razón al heredar las hembras 
han de perderse papeles y noticias; buena prueba de que no su- 
cede así es la presente, puesto que muchos de los datos genealó- 
gicos de mosén Diego de Valera, así como las cartas que los Re- 
yes Católigos le dirigieron, nos han sido facilitadas por el Mar- 
qués de Campo-Real, descendiente suyo por línea femenina pre- 
cisamente. 

Si poco ó nada se sabía de la ascendencia del célebre escritor, 
otro tanto sucedía con su descendencia, originado esto también 
por empeñarse en buscar en Cuenca los datos necesarios, cuando 
lo natural era buscarlos en el Puerto de Santa María, en donde 
se sabía había residido los últimos años de su vida, seguramente 



$8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

en compañía de su familia. El Sr. Balenchana, en su mencionado 
escrito, manifiesta que fueron inútiles cuantas diligencias se hi- 
cieron en los archivos de Cuenca para encontrar datos de Valera 
y su familia, pero que, de otros antecedentes que había consulta- 
do, resultaba que Valera tuvo tres hijos: «Carlos de Valera, de 
quien hacen mención la Crónica de don Juan II {l) y las cartas 
de aquél, el cual fué uno de los capitanes de la Armada de los 
Reyes Católicos; doña Beatriz Puerto Carrero, casada con don 
Pedro Ortiz Manuel, hijo de don Pedro Manuel y de doña Ana 
Ortiz de Zúñiga, según manifiesta Argote de Molina en la Suce- 
sión de los Mamieles, que precede al Conde Liicanor; y, final- 
mente, otra hija enlazada con descendiente del apellido Basurto, 
porque... en una nota puesta en el Códice F-I08 de la Biblioteca 
Nacional... se dice que este Códice perteneció á don Bartolomé 
Basurto, biznieto de Valera.» 

De que Charles de Valera fué hijo de mosén Diego y de doña 
María de Valencia, es cosa indubitable; no sucede lo mismo en 
lo que se refiere á las dos hijas. De la primera sólo sabemos lo que 
dice Argote de Molina en la Sucesión de los MamieleSy y el no 
encontrarla mencionada en las genealogías que posee el Marqués 
de Campo Real, nos hace sospechar algún error en el autor de la 
Nobleza de Andalucía^ producido por confundir con el Maestre- 
sala de los Reyes Católicos á algún otro personaje de su mismo 
nombre y apellido (2). En cuanto á la otra hija que le atribuye 
Balenchana, y que, según él, casó con descendiente del apellido 
Basurto, sólo fué una suposición gratuita de dicho escritor. La 
siguiente genealogía mostrará claramente el parentesco de mo- 
sén Diego con Bartolomé Basurto, antiguo poseedor del Códice 
mencionado: 



(i) No obstante haberlo buscado con el mayor interés, no hemos po- 
dido encontrar en la Crónica de don Juan II, la más pequeña alusión á 
Charles de Valera. 

(2) El mismo Valera, en el Memorial de varias fazañas (^Crónica de 
Enrique I\'), menciona á un Diego de Valera que vivía en Übeda. Bi- 
blioteca de Aut. Esp., tomo lxx, ])ág. 9. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS CQ 

Mosén Diego de Valera 

casó con 
Doña María de Valencia 

Charles de Valera 

casó con 

Doña Elvira Espinóla 

Fernando de Padilla 

casó con 
Doña Leonor López 

Dona Elvira de Padilla 

casó con 

Diego Pérez Basurto 

Bartolomé Basurto. 

Este último sería seguramente el poseedor del manuscrito, ó 
su hijo, llamado también como él. Fácilmente se ve que no había 
necesidad de inventar una hija de Valera para encontrar al Bar- 
tolomé Basurto con él emparentado. 

A los quince años, y debido al valimiento que en la corte te- 
nía su padre, entró á servir Diego de Valera como doncel del 
Rey D. Juan II; tres años después pasó á servir con el mismo 
cargo al Príncipe D. Enrique, y en 143 1 se halló, en unión de los 
demás donceles, en la batalla dada á los moros en la Higueruela. 

En Madrid se encontraba en 1 43 5, y, sabiendo que Fernán 
Álvarez de Toledo señor de Valdecorneja y después Conde de 
Alba, se encontraba sitiando la villa de Huelma, partió precipi- 
tadamente de la que, algún tiempo después, había de ser corte do 
España, y marchó, acompañado de su amigo el poeta Lope de 
Estúñiga, con objeto de hallarse en aquel hecho de armas. 1 )ióles 
á ambos P'ernán Álvarez una de las escalas de las tres que se 
había acordado poner sobre la villa, y habiendo reclamado va- 
rios caballeros de los que estaban con aquél de que se les diera 
tal preferencia, díjoles Fernán Álvarez que tuviesen pacii'iici;i. 
«porque Lope de Estúñiga é Diego de Valera eran allí venidos 
solamente por ser en este caso, y era razón de dar lugar > •-" 



6o BOLETÍN UE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

buen deseo, que ellos allí quedaban para cada día se hallar en 
semejantes casos». La única escala que se puso fué en la que iban 
ambos amigos, porque sentida ésta por los moros, fueron des- 
baratados y no pudieron ponerse las otras. Determinó Fernán 
Alvarez combatir la villa al día siguiente, y estando ya dispues- 
tos todos para verificarlo, armó el Capitán caballero á Diego de 
V^alera en unión de otros. La villa fué socorrida por los moros, 
y Fernán Alvarez hubo de retirarse á Jaén sin conseguir su ob- 
jeto (l). 

Impulsado Valera por su genio aventurero, que no le abando- 
nó hasta su muerte, y no encontrando quizás medio de desarro- 
llarlo en la corte de Juan II, á pesar de haber sido ésta una de 
las más inquietas y turbulentas que hubo en Castilla, determinó 
marchar fuera del reino y recorrer tierras y países en que bata- 
llar y conseguir honra y fama. Obtenida la licencia regia, y con 
ella cartas para algunos Príncipes extranjeros, partió de Roa el 
animoso doncel el día 17 de Abril de I437, encaminándose á 
Francia, en .donde se detuvo hasta que el Rey Carlos VII con- 
quistó á los ingleses la plaza de Montereau-sur-Yonne, lo que 
ocurrió el 2/ de Agosto de aquel mismo año, después de un sitio 
de cuarenta días (2). 

El Sr. Ga3^angos, en su ya citada biografía de Valera, dice que 
éste salió de Roa el 1 7 de Abril de 1 436, y que volvió á España en 
Noviembre de 1437; pero como las Crónicas francesas de aquel 
tiempo señalan la toma de Montereau en la techa que hemos in- 
dicado, resultaría que Valera tardó diez y seis meses para ir á 
Francia, y que en sólo tres recorrió ésta, toda la Alemania y re- 
gresó á España. 

Tomada la plaza de Montereau-sur-Yonne, á la que algunos 
llaman Montreaux (3), otros Montreal (4) y algunos Montreo (5), 



(i) CrÓ7iica de don Juan II, año 19 (1455), *^^P- ^• 

(2) ídem id., año 21 (1437), cap. 11, y Monstrelet, Clironiqíies, capítu- 
lo ccxv. Edición Buchón. 

(3) El Sr. Gayangos, en su ya citada biografía. 

(4) El Sr. Balenchana, en su Introducción á las obras de Valera. 

(5) La Crónica de don Juan II, y el Sr. Amador de los Ríos en su His- 
toria critica de la literatura española, tomo vii, pág. 294. 



MOSEN DIEGO DE VALER A : SU VIDA Y OBRAS 6 1 

marchó Valera á Bohemia, encontrando en Praga á Alberto, Du- 
que de Austria y poco después Emperador de Alemania, por la 
muerte de Segismundo, ocurrida el 8 de Diciembre de 1437, 
siendo muy bien recibido por dicho Príncipe, gracias á las car- 
tas que para él llevaba del Rey de Castilla. Encontrábase enton- 
ces Alemania conmovida por la agitación de los hiissitas, á quie- 
nes se aprestaba Alberto á combatir, y así enviólo á decir á Va- 
lera, preguntándole al mismo tiempo si quería recibir sueldo, á 
lo que éste contestó que había ido á servir y no á cobrar. Tal 
desinterés, que era digno de todo elogio ya que la fortuna no se 
había mostrado muy propicia con el español, fué causa de que 
el Rey ordenase al hostelero en cuya casa aquél posaba, «que lo 
sirviese muy bien, é le diese á él é á los suyos muy abundante- 
mente todo lo que oviesen menester, é que él lo mandaría pa- 
gar». Dos días antes de partir para la campaña regalóle el Rey 
«una tienda é un charriote toldado é un caballo que lo tirase é 
dos hombres que la gobernasen é armasen la tienda; y enbióle á 
decir que siempre se aposentase cerca del señor de Balse, por- 
que era buen caballero é había recibido mucha honra en Casti- 
lla» (l). Había venido este caballero á España en 1435) Y ^''^ 



(i) «De alh' [de Buitrago] el Rey se partió para Segovia, donde vino 
un caballero alemán llamado Micer Roberto, señor de Balse, acompañado 
de setenta cabalgaduras, entre los cuales traía veinte gentileshombres, 
que todos traían empresas para hacer ciertas armas; y hecha reverencia al 
Rey y habida su licencia, publicó los capítulos de empresa, y fuele tocada 
por don Juan Pimentel conde de Mayorga, y á los otros principales de su 
compañía tocaron las empresas Pedro de Quiñones y Lope de Estuñiga c 
Diego de Bazán, y á todos los otros fueron asimismo tocadas sus empre- 
sas por caballeros y gentileshombres de la casa del Condestable don Ai- 
varo de Luna. Y el Rey mandó hacer las lizas en un campo llano que está 
delante del Alcázar, donde asimesmo mandó hacer dos cadahalsos muy 
grandes, el uno donde mirase el Rey, y con él todos los Grandes que en 
la Corte estaban, y otro para la Reina con todas las grandes Señoras que 
ende estaban, así de su casa como de otras que eran ende venidas por ver 
las armas. Y el Rey mandó armar dos tiendas muy grandes, la una al un 
cabo de la liza y la otra al otro, donde los caballeros se armasen; y el se- 
ñor de Balse entró en la liza, con el cual venían el Condestable y el Conde 
de Benavente, y entró el Conde de Mayorga, con el cual venían el Conde 
de Ledesma y el adelantado Pero Manrique; los cuales, dejados cada uno 
de los caballeros en su tienda donde se habían de armar salieron todos de 



62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Segovia y delante de D.Juan lí había hecho armas con D.Juan 
Pimentel, conde de Mallorga, y no con D. Rodrigo Alonso Pi- 
lis lizas, y los caballeros salieron armados encima de sus caballos, y he- 
cha la reverencia al Rey y á la Reina é al Príncipe, tomadas sus lanzas, se 
fueron el uno para el otro, é pasaron dos carreras sin se encontrar, y esto 
fue porque el caballo del señor de Balse traía la cabeza tan alta, que poco 
menos cobría todo el caballo, y por no hacer feo encuentro el Conde de 
Mayorga dejó de encontrar, y embió requerir al señor de Balse que le 
pluguiese tomar otro caballo, porque no era posible de lo poder encon- 
trar sin tocar en el caballo. El señor de Balse dijo que no trocaría el ca- 
ballo por ninguna cosa. El Conde le respondió que hiciese á su placer, y 
si encuentro feo hiciese, fuese á su cargo; y á la tercera carrera el Conde 
de Mayorga encontró al señor de Balse por la cabeza del caballo, y rom- 
pió su lanza en piezas, y el señor de Balse no encontró, y así se fueron 
cada uno dello á su tienda á se desarmar. Y acabadas las armas del señor 
de Balse, salió Pedro de Quiñones de la una parte, y de la otra un tío del 
señor de Balse, los cuales anduvieron tres carreras que no se encontra- 
ron, y á la cuarta Pedro de Quiñones dio un grande encuentro al caballero 
alemán, tal que hubiera de caer de la silla y el alemán no encontró, y 
López de Estúñiga hizo asimesmo sus armas con otro alemán, en que á 
la primera carrera rompieron sus armas ambos á dos. Y después desto 
hizo armas Diego de Bazán con otro alemán, al cual dio en la primera ca- 
rrera un encuentro tan grande, que dio con él en el suelo fuera de la 
silla. Y dende adelante en los días siguientes hicieron armas los otros ca- 
balleros, en que á las veces llevaron ventaja los castellanos y á las veces 
los alemanes. A este Caballero fué hecha muy gran fiesta así por el Rey 
como por el Condestable y por los otros grandes Señores que en la Corte 
estaban. El Rey embió al señor de Balse cuatro caballos de la brida muy 
grandes y muy hermosos y dos piezas de brocado muy rico, la una carmesí 
y la otra azul. El señor de Balse no quiso rescibir cosa desto, y embió de- 
cir al Rey que gelo tenía en mucha merced, pero que el día que de su 
tierra partió había hecho juramento de no rescebir cosa alguna de prín- 
cipe del mundo y por ende le pedía por merced le perdonase, y no le pa- 
resciese ultrage lo que hacía; y le suplicaba le hiciese merced de dar licen- 
cia á él y á aquellos veinte gentileshombres que en su compañía venían 
que pudiesen traer su devisa del collar del escama. Al Rey plugo dello y 
mandó que los plateros que en Segovia estaban se juntasen, y á muy gran 
priesa hiciesen veinte y dos collares del escama, los dos de oro y los 
veinte de plata, porque entre ellos había dos Caballeros y los otros eran 
todos escuderos: en lo cual se dio tan gran priesa, que dentro en cuatro 
días fueron todos acabados, y el Rey mandó á Gonzalo de Castillejo, su 
Maestresala, que tomase dos pages, y cada uno dellos llevase dos platos 
con que fuesen cubiertos los collares, y así los mandó al señor de Balse, 
el cual gelo tuvo en muy señalada merced y se despidió del Rey, y le su- 
plicó que le diese cartas para Fernán Alvarez, señor de Valdecorneja que 
le oviese recomendado, porque él quería hallarse con él en algún hecho 
contra los enemigos de nuestra .Santa Fe Católica; y así el señor de Balse 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 63 

mentel (l), como equivocadamente dijeron D, Pascual Gayan- 
gos, el Sr. Balenchana al copiarle y ü. Marcelino Menéndez y Pe- 
layo copiando á ambos, y por todo obsequio sólo quiso admitir 



se partió del Rey muy contento, y se fué á la frontera de los Moros, donde 
estuvo algunos días en la compañía de Fernán Alvarez, el cual le hizo tf)- 
das las honras y fiestas que pudo; y así el señor de Balse se partió para su 
tierra. > 

Crónica de don Juan II, año 29 (1435), ^^p. viii. 

(i) D. Rodrigo Alonso Pimentel era Conde de Benavente, y acom- 
pañó en unión de su yerno el condestable D. Alvaro de Luna al señor de 
Balse, así como el Conde de Ledesma y el adelantado Pero Manrique 
acompañaron al conde de Mayorga, D. Juan Pimentel, hijo del de Benaven- 
te. Era el Conde de Mayorga sumamente aficionado á los torneos, afición 
que le costó la vida al poco tiempo, pues estando entrenándose con un su es- 
cudero Pedro de la Torre, para llevar su empresa y combatir por ella en el 
extranjero, el hacha de éste le causó tal heiida, que falleció de sus resul- 
tas en Benavente el 8 de Febrero de 1437, á los veintisiete años. Su tem- 
prana muerte fué cantada por algunos poetas de aquel tiempo, entre ellos 
Juan de Mena en sus Trecientas, y Juan de Agraz. De las dos composicio- 
nes que le dedicó este último copiamos la siguiente, que se conserva iné- 
dita y que tiene interés biográfico: 

«Decir de Juan Agraz sobre la muerte del Conde de Mayorga: 

Aqui yace sepultado 
El virtuoso de aquel 
Conde don Juan Pimentel, 
Que murió en tal estado. 
Era mogo avisado, 
Esforzado é bien trayente, 
E muy singular amado 
Animoso á toda gente. 

Iten era bien valiente. 
En el arnés muy asido. 
Caso que fué falesgido 
Sin dubda tan brevemente 
A su Rey muy obediente 
E por la onrra pugnante, 
Más absenté que presente 
A los amigos costante. 

Mas, había buen semblante 
E amava la berdad, 
En guardar el amistad 
Era muy perseverante. 
Un crucifijo delante 
En su postrimero día, 
La postrera voz clamante 



64 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

las insignias del Escama para el y los gentileshombres que le 
acompañaban. 

Poco tiempo después sucedió la polémica de Valera con el 

Fué ¡val me Santa María! 

Así su postrimería 
Ovo mucha contrición; 
Demandando redención, 
Sus lágrimas despedía. 
El temor le afligía 
De la temida carrera; 
Dexo nuestra conpanía, 
Es adonde nos espera. 

Su vida falesgedera 
Fueron veinte é siete años; 
Partir á reinos extraños 
Su deseo todo era; 
De levar empresa fuera 
Por él era publicado; 
Duró on su buen espera 
Fasta dos años casado. 

Quel año que nombrado 
Fué de mili é quatrocientos 
E tres dieses, ved los cuentos 
E seteno acrecentado. 
Este número llegado 
A ocho de Febrero, 
Fué del mundo arrebatado 
El valiente caballero. 

Cancionero de Gallafdo, fol. 374. 

Aun á riesgo de hacer esta nota demasiado larga, no resistimos á la ten- 
tación de publicar las dos únicas poesías que conocemos del Conde de 
Mayorga D. Juan de Pimentel, de quien hace dos poetas el Sr. Amador de 
los Ríos, en su Ensayo de tm catálogo de los poetas del tiempo de don 
Juan 11, señalándolos con los números 98 y 131. Apéndice 11, tomo vi de 
su Hist. crit. de la lii. esp. 

La primera fué publicada en el Ensayo de Gallardo (tomo i, col. 527), 
tomándola del Cancionero de Herberay; la segunda se publica ahora por 
primera vez. 

I 

Quando lú á mi oyas 
Dar voces que me quemaba, 
Sábete que maquexaba 
El dolor que á Macías (a). 

(a) En otros cancioneros se añade tras este verso, el siguiente: 
Hizo feneger sus días. 



I 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS (,t 

Conde de Cilique, según ahora le llama la Crónica, en lugar de 
Cili, como le había nombrado anteriormente. No están conformes 
los biógrafos de Valera acerca de quién fuere este personaje. La 



Yo me veo assi llegado 
En esta mortal foguera, 
Que no sé en cual manera 
Della pueda ser apartado. 
Salvo por causa de ti 
Que salvar á mi podrías, 
E sino te plaze assi 
Sabe te que en mis días 
A morir torna Macías. 

II 

¿Quieres saber como va 
Al triste desventurado 
Que de ti es apartado 
Porque libertad non ha? 
Él está muncho penado, 
tanto, que quiere morir, 
E con todo este cuydado 
Los ¿unes quiere decir: 
Mal mi grado 

Me conveu de vos partir, 

Señora, sin repetir 

Lo pasado. 

Non parte de mí deseo 
Desque de ti me partí, 
Segunt al partir te vy 
Por pensamiento te veo; 
Esta canción deprendí. 
Bien ó mal, como sopiere. 
Diré los martes por ti 
Al tiempo que non te viere: 
Cuyo soy sepa de mí 

Que suyo seré do fuere, 

A la que desto plogiere 

Ella tómelo por sí. 

Quien me trabe do soy venido 
Es lonqura, la cual guía 
Las personas toda vía 
No segund su meresgido; 
Mas por esto me desvía 
De ti, siempre yo diré 
Los miércoles toda vía 
Esta canción que bien sé: 

TOMO LXIV. 



66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Crónica de don Juan II dice únicamente que era un gran señor 
alemán, sobrino del Emperador Segismundo; el Sr. Gayangos le 
llama Roberto de Scilly y le hace sobrino carnal áe\ Emperador, 



Sepas tú, señora mía, 
Que doquiera que seré, 
Tu gaya filosomía 
Ante mis ojos veré. 
Mientras de ti fuer absenté 
Terne por pena la vida, 
Que voluntad en fingida 
Tu gesto non lo consiente; 
Mas después desta partida 
Nunca fuy sin desearte; 
Esta cangión dolorida 
Diré \o?, Jueves aparte: 

Triste soy por la partida, 
Pues mi persona se parte 
De la qual beldad sin arte 
Me venene, sin ser vengida. 
Tu merced sin duda crea 
Que siempre te serviré 
E al nunca fablaré 
Fasta que mi muerte sea; 
Mas en tal fe moriré 
Con poco arrepentimiento, 
Y los viernes rogaré 
Sin ningún infingimiento. 

Si parto, non soy partido, 
Nin seré de bien amar; 
Mas si fuere pesar, 
Al tornar seré guarido. 
La mi terribile pasión 
Non se puede caresger, 
Nin menos en un querer 
Con sobrada perdición; 
E con esta perfegión. 
Maguer bivo atribulado; 
Los sábados mal logrado 
Yo diré esta cangión: 

Mi bien tanto deseado, 
(^edo te vean mis ojos 
Porque cesen mis enojos. 
Pues es el día que guardado 
Ser manda Nuestro Señor, 
Non me quiere dexar dolor 
Nin se cura del pecado, 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 6? 

y los señores Marqués de la Fuensanta del Valle y Santo Rayón 
en las notas que pusieron al llamado Cancionero de Stiiñiga, le 
designan con el nombre de Gaspar Schlick (l). 

Este Gaspar Schlick nada tiene que ver con el que nos ocupa; 
había nacido en Eger, y procedía de la clase media; el Empera- 
dor Segismundo le hizo Conde en premio á sus servicios, y Al- 
berto le nombró su canciller, sin que en parte alguna se haga 
mención de que tuviese el más remoto parentesco con el Empe- 
rador. El Roberto de Scilly citado por Gayangos, nos es comple- 
tamente desconocido. Nosotros creemos que se trata de Ulrico 
de Culi, hijo de Federico de Cilli, hermano de Bárbara, la mujer 
del emperador Segismundo. Era, pues, Ulrico, sobrino político 
de éste, y no carnal, como afirmó el Sr. Gayangos; nacido 
en 1406, tendría cuando vino á España veinticuatro años, edad 
la más apropiada para empresas aventureras. 

Relataba el Conde de Cilli al Rey Alberto y á sus comensales, 
entre los que se contaba Diego de Valera, cómo, en su viaje por 
la Península, había tenido ocasión de ver en Portugal, en la igle- 
sia de Santa María de la Batalla, la bandera real de Castilla, ga- 
nada por los portugueses en la desastrosa batalla de Aljubarro- 
ta, por lo cual, según entendía el Conde, no podía el Rey de Cas- 
tilla traer la bandera real con sus armas. Escuchaba Diego de 
Valera atentamente al Conde, pues, aunque no comprendía el 
lenguaje en que aquél se expresaba, por algunas palabras suel- 



Mas tu rostro a tal color 
Que de fermoso fas fea, 
Y dirá tu servidor 
Fasta ver á quien desea: 

Quien me fas que non te vea 

Vista le sea dolor, 

E si ama por amor, 

Non cumple lo que desea. 

Caíicionero de Gallardo^ fol. 388. 

(i) En igual error incurrió Jiménez de la Espada en las eruditas notas 
con que ilustró las Andanzas é viajes de Pedro Tafur (pág. 553), no trüien- 
do en cuenta que el canciller Schlick no tenía parentesco alguno con el 
emperador Segismundo. 



68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tas comprendió que se trataba de su patria, y vista, por Alberto 
su atención, le preguntó en latín si había entendido cuanto se 
decía. Resumió el Rey lo dicho por el Conde al oir la respuesta 
negativa de Valera, y éste, poniéndose de hinojos, le suplicó le 
diese licencia para responder, y conseguida, dijo dirigiéndose al 
de Cilli: «Señor, mucho soy maravillado de vos, por ser tan no- 
ble é prudente caballero, querer decir que el Rey de Castilla, mi 
soberano señor, no pueda traer la bandera real de sus armas; 
que debíades, señor, saber, que en las armas se hace tal diferen- 
cia, que, ó son de linaje ó son de dignidad: si son de dignidad, 
en ninguna manera se pueden perder, salvo perdiéndose la dig- 
nidad, por razón de la cual las armas se traen, como lo nota 
Bartolo en el tratado de hisignis et arniis. É como quiei-a que el 
Rey don Juan, abuelo del Rey mi soberano señor, por un gran 
desastre de fortuna perdiese una batalla en que le fué tomada 
su bandera, no perdió su dignidad, ante siempre la poseyó, la 
cual el Rey, mi soberano señor, tiene hoy mucho más aventurada 
por muchas villas é fortalezas é tierras que de moros ha ganado. 
Así, señor, es cierto que el Rey, mi soberano señor, puede y 
debe traer é trae la bandera de sus armas sin ningún repro- 
che (l). E si alguno hay que quiera afirmar el contrario de lo 
que digo, yo gelo combatiré en presencia del señor Rey, dándo- 
me para ello Su Alteza licencia. El Rey respondió que Diego de 
Valera decía la verdad, é le dijo que él no era solamente caba- 
llero, mas caballero é doctor. El conde de Cilique respondió dis- 
culpándose mucho de lo dicho, diciendo que no plugiese á Dios 
que él hubiese dicha cosa de aquello por injuriar al Rey de Cas- 
tilla, de quien él había resceb'ido mayores honores que de Prín- 



(i) Idéntica teoría, y casi en la misma forma, fué expuesta por Vale- 
ra en su tratado Espejo de la verdadera nobleza, en donde dice (pág. 223): 
«é pongo el caso, por mayor declaración en tal manera: un Rey ó Duque 
fue vencido en batalla, onde perdió la bandera de sus armas ¿poderlas ha 
traer dende adelante? cierto es que sy, pues no perdió la dignidad por 
rrazon de la qual aquellas armas traya, pues sigúese que para ganar las 
tales armas conviene ganar la dignidad». Igual concepto repite en el Tra- 
tado de los rieptos é desafíos, pág. 293. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 69 

cipe de la Christiandad (i), á quien era más obligado de servir 
que á Príncipe del mundo después del Rey su señor, é que 
había gran placer por haber aprendido lo que no sabía, lo cual 
mucho preciaba. E después de esto el Rey hizo siempre mayor 
honra á Diego de Valera que hasta allí, é hízole de su Consejo. 
E desde que el Rey se partió del campo, que era en el mes de 
Noviembre del año de 38, Diego de Valera tomó licencia de él 
para se volver en Castilla, é él le envió sus tres divisas, que son 
el Dragón que daba como Rey de Ungría, el Tusinique como 
Rey de Boemia (2), el Collar de las disciplinas con el Águi- 



(i) «De Astudillo el Rey se fué á tener la Pascua de Resurrección á 
Hamusco, donde vino un gran señor Alemán, sobrino del emperador Si- 
gismundo que era Conde de Cili, que era venido en este Reyno por ir á 
Santiago, el cual traía sesenta cabalgaduras de muy gentil gente é rica- 
mente abillada. El Rey le hizo grande honra é comió con él, y le embió 
caballos é muías é piezas de brocados, de lo qual ninguna cosa quiso to- 
mar, teniéndolo al Rey en mucha merced, diciendo quel día que de su 
tierra partió, hizo voto de no tomar cosa alguna de Príncipe del mundo, 
pero que le ternía en merced que diese licencia á él é á cuatro Caballeros 
de su casa para traer su devisa del collar del escama, en la qual traer él 
se ternía por mucho honrado, por ser devisa de tan alto Príncipe de quien 
tantas honras y mercedes había rescibido. Al Rey pesó porquel Conde no 
rescibió las cosas quel le embiaba, é mandó á muy gran priesa hacer cin- 
co collares de escama de oro muy bien obrados, los quales embió al Con- 
de por Gonzalo de Castillejo, su Maestresala, é llevólos un Doncel suyo 
llamado Juan Deigadillo, puestos en dos platos. Y el Rey les mandó que 
ninguna cosa rescibiesen del Conde de Cili, y ellos así lo hicieron, el qual 
mandaba dar al Maestresala cierta plata en que habría bien cinquenta 
marcos, é cierta moneda de oro al dicho Juan Deigadillo, los quales nin- 
guna cosa quisieron tomar; y el Conde estuvo allí bien veinte días resci- 
biendo muy grandes fiestas del Rey é de la Reyna; é así de allí se partió 
para hacer su viaje á Santiago.» 

Crónica de don Juan II, año 24 (i43o\ cap. xin. 

(2) El Sr. Balenchana corrige esta expresión diciendo que le regaló 
el Toisón de oro como Rey de Bohemia, sin tener en cuenta que dicha or- 
den sólo podía otorgarla el Duque de Borgoña, que la había creado años 
antes. 

Con estas condecoraciones fué también agraciado por aquel tiempo 
el aventurero viajero Pero Tafur. «Otro día, después de misa, el Em- 
perador hizo venir todos los embajadores, y él estando en su asentamien- 
to alto, tenía cerca de sí al Obispo de Burgos, al cual rogó que respon- 
diese por él [á] aquellos embajadores, y esto hizo por le honrar; y acaba- 
do este acto, llegué á él y dióme sus divisas, así la del Dragón, que es de 



70 boletín de la real academia de la historia 

la Blanca (l), como Duque de Austerriche, en que había tres 
marcos y medio de oro; y envióle doscientos ducados para ayu- 
da de su camino, é dióle su carta para el Rey de Castilla, hacién- 
dole saber en la forma que Diego de-Valera en la guerra le ha- 
bía servido. A este caso fué presente don Martín Enríquez, hijo 
del conde don Alonso de Gijón, que cenaba allí, y que era venido 
al Rey por embaxador del Rey de Francia, el cual vino en Cas- 
tilla antes que Diego de Valera en ella volviese, é contó al Rey 
don Juan todo lo dicho; é cuando Diego de Valera volvió en Cas- 
tilla el Rey gelo preguntó, y él gelo contó como había pasa- 
do. El Rey ovo dello muy gran placer, é dióle su divisa del 
collar del Escama que él daba á muy pocos, é dióle el yelmo de 
torneo, é mandóle dar cien doblas para lo hacer, é hízole otras 
mercedes, é mandó que dende adelante le llamasen mosén Die- 
go, é después siempre le dio honrosos cargos en que le sirvie- 
re» (2). 

Nota Galíndez de Carvajal, que fué quien primeramente pu- 
blicó la Q'ónica de don Juan 11, que este capítulo le parece adul- 
terino, y en verdad que no le falta razón. En él se trata única y 
exclusivamente de Diego de Valera y de sus andanzas y distin- 



Hungría, como la del Águila, que es de Austerlic, como el Tusenique, 
que quiere decir tovaja, que es de Bohemia.» 

Pedi-o Tafur, Andanzas y viajes, pág. 275. 

(i) Esta orden, según leemos en las notas con que el Sr. Paz y Mella 
ilustró la vida y obras de Rodríguez del Padrón publicadas por los Biblió- 
filos españoles, fué fundada por Alberto V en 23 de Marzo de 1433. Con- 
sistían sus insignias en un águila blanca, con corona de oro en la cabeza, 
las alas abiertas y una cinta en las garras con la inscripción Thu Redil 
(haz derecho ó justicia). Por cima de la corona, y entre nubes, salía una 
mano que tenía cogida una vara dorada ó de oro para los caballeros, y de 
plata para los demás combatientes. Después de la primera batalla en que 
el caballero había tomado parte, podía hacer dorar el ala dei-echa del 
águila; la izquierda, después de la segunda, y después de la tercera, todo 
el cuerpo. 

Por Decreto de 23 de Diciembre de 1438, el Rey Alberto concedió á 
D. Alonso de Cartagena la facultad de dar las divisas del Águila y del 
Dragón á 30 caballeros. 

(2) Crónica de do7i Juan II, año 21 (1437), cap. 11. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 7 1 

ciones que obtuvo, lo que hace pensar si, no obstante la afirma- 
ción que sienta en su Crónica abreviada, tuvo más tarde ocasión 
de ver la de D. Juan II, y la enmendó, ó al menos la adicionó, 
con este y otros capítulos y cartas á él referentes, y que sólo 
una vanidad muy natural y comprensible pudo darle cabida en 
dicha obra (l). 

Vuelto á Castilla el aventurero doncel á fines de 1438 ó prin- 
cipios del siguiente, pasó poco después á prestar sus servicios 
como tal al príncipe D. Enrique, según mandato del Rey don 
Juan, y desde Segovia en donde se encontraba, dirigió á éste 
la valiente carta que figura en la Crónica y que es la primera 
de las publicadas. Refiere la Crónica que una vez leída por él 
mandó el Rey D. Juan á su relator que la llevase y leyese en 
el Consejo, y que, pareciendo bien á unos lo que en ella se decía 
y mal á otros, todos callaron, excepto el Arzobispo D. Gutie- 
rre, que exclamó: «Digan á mosén Diego que nos envíe gen- 
te ó dineros, que consejo no nos fallece» (2). 

Creen !os biógrafos de Valera que dicha carta fué escrita por 
éste después de su viaje á Francia (de que nos ocuparemos en 
seguida), viaje que la Crónica relata en el capítulo xvii del 
año 1440, el cual está por entero dedicado á mosén Diego y, 
como probaremos, fuera del lugar que le corresponde y equivo- 
cado en las fechas. Refiérese en él la llegada de un faraute del 
Duque de Borgoña, llamado Xateohelin, á la corte de Castilla, y 
como, previa la licencia regia, leyó los capítulos de cierta em- 
presa de armas que Fierres de Brefemonte, señor de Charny (3), 



(i) Amador de los Ríos, en el cap. x del tomo vi de su Historia criti- 
ca de la literatura española, dice que mosén Diego de Valera era el más 
digno de llevar á cabo la refundición de la Crónica, si bien se añade: «la 
fe debida á las palabras que dirige á la Reina, y lo avanzado de su edad, 
nos retraen de pronunciar un fallo que pudiera aparecer aventurado», pá- 
gina 215, nota 4.^ 

(2) Crónica de don Juan II, año 35 (144 O, cap. iv. 

(3) No era la primera vez que el Sr. de Charny hacía armas en los 
torneos. En 1433 tocó la empresa que llevaba Juan de Merlo, caballero 
portugués, hijo de Martín Alfonso de Merlo, Maestresala de la Reina doña 
Beatriz, mujer de D.Juan I. Juan de Merlo fué guarda mayor de D.Juan II. 



72 boletín de la real academia de la historia 

había de sostener en el año venidero de cuarenta y uno, cerca de 
la villa de Dijon, en Borgoña. Añádese que por este tiempo «el 
Rey mandó á mosén Diego de Valera, su doncel, que de su 
parte fuese [á] visitar á la Reyna de Dacia, tía suya, hermana de 
la Reyna doña Catalina, é al Rey de Inglaterra, é al Duque de 
Borgoña, é mandó que fuese con él Asturias (l) su Faraute é 
Mariscal de armas, é mosén Diego le suplicó humildemente le 
diese licencia para en el viaje poder ir [á] hacer las armas en el 
paso quel señor de Charny tenía, y asimesmo para llevar una em- 
presa de ciertas armas que él entendía de hacer á toda su re- 
questa. La qual el Rey le dio graciosamente, é le mandó dar 
muy largo mantenimiento para espacio de un año en que podía 
estar en el dicho viaje, é le dio una ropa de velludo vellutado 
azul, de su persona, forrada de cevellinas, é un muy buen caba- 
llo; é así mosén Diego se partió, é continuó su camino, é hizo 
las armas, así del paso como de su requesta asaz honorablemen- 
te, las del paso con Tibaut de Regemont señor de Rufi y de 
Molinot (2), é las de su empresa con Jacques de Xalau señor 
de Amavila (3). E acabadas las armas, el Duque envió á mosén 
Diego cinquenta marcos de plata en doce tazas é dos servillas, é 
.cumplió todo lo que el Rey le mandó, aunque halló muerta á la 
Reyna de Dacia (4), tía del Rey, pero llegó á la cibdad donde 



El paso de armas se celebró en Arras ante el Duque Felipe de Borgoña, 
y en él salió herido el Sr. de Charny. 

Crónica de don Juan II, lib. 27 (1433), cap. iv. 

En el capítulo siguiente se dice que el Sr. de Charny «había mucho ex- 
perimentado las armas, é las había hecho cinco ó seis veces así necesarias 
como voluntarias». 

(i) Los Sres. Gayangos y Balenchana llaman Casulla al faraute. Ama- 
dor de los Ríos le llama Asturias, ccmo en la Crónica, y toma ésta y otras 
noticias del Catálogo imperial, real y pontifical, de Gonzalo Fernández de 
Oviedo (fol. 330, r. de la Sexta Edad). 

(2) Así lo escriben también dichos señores, pero su verdadero nom- 
bre es el que figura en los capítulos del paso en donde se le llama 7%/- 
baut, seiior de Rougeniont y Mussy. 

(3) También equivocan este nombre; se llamaba Jacques de Chalant, 
señor de Ainevile. 

(4) Ninguno de los escritores que se han ocupado de Valera indica 
cuál fuese este reino de Dacia, y debieron decirlo, ya que podía coníun- 



MOSEN DIEGO DE VALERA". SU VIDA Y OBRAS 73 

estaba enterrada, que se llama Lubic, que es cibdad muy nota- 
ble, é así mosén Diego se volvió en Castilla». 

El paso de armas á que la Crónica se refiere, tuvo lugar el 
año de 1443 en Dijon, y había de durar cuarenta días, á contar 
desde el i.° de Junio de dicho año, segúnconsta en los capítulos 
que copiamos en nota y que fueron firmados y sellados por el 
mantenedor el 8 de Marzo de 1 442 (l). Á contar de esta fecha 



dirse con el así llamado en los tiempos antiguos. Por Dacia entendía Va- 
lera, así como algunos de sus contemporáneos, el reino de Dinamarca, 
como se ve en el capítulo que á él dedica en su Crónica abreviada. 

<Dacia, Suecia y Noruega son tres muy grandes provincias, y antigua- 
mente en cada una dellas solie aver un Rey y agora son debajo de un se- 
ñorío, y el Rey que las posee llámase Rey de Dinamarca. Y en nuestros 
tiempos fué Reyna en ellos una hermana de la ya dicha Reyna doña Catali- 
na, abuela vra., á la qual visitar me envió el serenissimo Rey don Juan 
vuestro padre, de gloriosa memoria, en el año de quarenta y dos, y quan- 
do en Dacia llegué fallé que la Reyna era muerta. Ay en Dacia muchas 
provincias y islas apartadas; por sí tiene algunas notables ciudades: la más 
principal de las quales es llamada Lubic.» 

En la carta V de las publicadas (pág. 23J, decía Valera: «E los reyes de 
Dinamarca, de grandes tiempos acá, traen [las armas] de Dacia, Suecia é 
Noruega.» 

(i) «En l'honneur de Notre-Seigneur et de sa tres glorieuse mere, de 
madame sainte Anne et de monseigneur saint George, je, Fierre de Beau- 
fremont, seigneur de Charny, de Monliet et de Montfort, chevalier, con- 
seiller et chambellan de tres haut, tres puissant et tres e.Kcellent prince, 
mon tres redouté et souverain seigneur monseigneur le duc de Bourgo- 
gne, fais savoir á tous princes, barons, chevaliers et ccuyers sans repro- 
che, excepté ceux du royanme de France et des pays allics et sujets de 
mon dit souverain seigneur, que pour augmenter et accroitre le tres noble 
métier et exercise des armes, ma volunté et intention est, avec douze 
chevaliers, écuyers et gentilshommes de qiíatre cótés, desquels les noms 
ci-aprés s'ensuivent, c'est á savoir. Thibaut, seigneur de Rougemont et 
Mussy; messire Guillaume de Breremont, seigneur de Sées et Sauvegon; 
Guillaume de Brenne, seigneur de Mombis et Gilly; Jean, seigneur de Va- 
lengon; Jean, seigneur de Rape et de Tirecourt; Guillaume de Champ-Di- 
vers, seigneur de Chevigny; Jean de Chiron, seigneur de Raucheineres; 
Antoine de Vauldray, seigneur de rAille; Guillaume de Vaukiray, sei- 
gneur de Collaon; Jacques de Challant, seigneur d'Aineville; messire 
Amé, seigneur d'Espirey; et Jean de Chavigny: garder et dcfendre un 
pas séant sur le gran chemin venant de Dijon á Auxonne, au bout de la 
chaussée partant de la dite ville, et un gros arbre appelé l'Arbre des Er- 
mites, tout par la forme et maniere qui ci-aprés s'ensuit: 

Premier, y á deux ccus, dont l'un est noir semé de lar'mes d'or, et l'au- 



74 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

empezó su publicación, y la llegada del Faraute á la corte de Cas- 
tilla hubo de tener lugar en dicho año ó á principios del siguien- 
te, y no en 1 440 como afirma la Crónica. 



tre violets semé de larmes noires; lesquels écus pendront au dit Arbre des 
Erraites et serón de talle condition que tous ceux qui feronttoucher par 
le rol d'armes, héraut ou poursuivant, l'écu noir aux larmes d'or, seront 
tenus á faire armes á cheval avecque mol ou avecque un de mes dits 
chevaliers ou écuyers, jusqu'au nombre de douce course de lances á fer 
émoulu. 

ítem, en faisant les dites armes, si l'un est porté á terrede coup de lance 
et droite atteinte sur les harnois, celui qui sera ainsi porté á Ierre don 
ñera au compagnon qui ainsi l'aura porté jus un diamant tel qu'il lui plaira. 

Ítem, sera armé de tel harnois que bon lui semblera, double ou single, 
accontumé á faire armes, et sans mal engin, c'est á savoir que l'arrét n'ait 
nul avantage, fors ainsi qu'on le porte en la guerre. 

Hem, que chacun portera ses garnisons de lances et de fers, excepté 
que la rondelle qui git sur les mains ne sera que de quatre doigts de large, 
et non plus. 

l¿em,]es lances seront d'une méme mesure depuis la pointe du fer 
jusqu'á l'arrét, desquelles lances baillerai la longueur. 

/¿em, pour faire et accomplir les dites armes á cheval, forurnirai lances 
á tous, et toutes prétes dans les lices, telles et semblables de celles de mes 
dessus dits compagnons et de miennes. 

/íem, et se feront les dites armes á cheval, á la toile, laquelle sera de six 
pieds de hauteur. 

En aprés, iceux princes, barons, chevaliers et écuyers de la condition 
dessus dite, qui auro'ent plus leur plaisir de faire armes de pied, seront 
tenus, comme dessus, de faire toucher l'écu violet aux larmes noires, et 
de combattre de lances ou d'épées, duquel mieux leur plairoit, jusqu'a 
quinze coups. 

/íe/n, qu'en faisant les dites armes, si l'un met les mains ou les genoux 
á terre, celui qui ainsi y aura touché, sera tenu de donner á l'autre un 
rubis de telle valeur que bon lui semblera. 

ítem, que chacun soit armé de harnois accontumés de combattre en 
lices. 

/¿em, et si l'un étoit défourni de hache ou d'épée, je Ten fournirai assez 
de semblables á celles de mes compagnons et des miennes; et en icelles 
haches ou épées, n'y aura aucune chose qui ne doive étre par raison, ou 
sans crochets ou autre mal engin. 

líem, celui qui aura son adresse de faire armes et de combattre avec 
moi de pied, et l'un de nous deux le porte á terre de tout le corps, il sera 
tenu de lui aller rendre prisionnier oü l'hótelant lui ordennera. 

Ilem, celui qui ainsi sera prisionnier, pour sa droite ranzón et délivrance, 
sera tenü de donner, á celui ou celle que le dit hotelant voudra or- 
donner á élire, au dessus de cinq cent écus. 

/¿em, ceux des dits étrangers ne reqiérent moi ni mes dits compagnons; 



MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 75 

Por Abril del 42 se encontraba mosén Diego en Inglaterra, 
según él mismo dice en algunas de sus obras (l). 

La relación del paso de armas es bastante curiosa, y no resis- 



car ils trouveront á toutes les heures ordonnés et limitces en ce present 
traite, qu'il les fournira. 

ítem, ne pourront les dessus dits étrangers faire avec moi ni mes dits 
compagnons qu'une fois armes, c'est á savoir Tune á cheval, et l'autre de 
pied; et plus avant ne pourront requerre mes dessus dits compagnons ni 
mois, durant le temps de ees presentes armes. 

ítem, se feront les dessus dites armes á cheval et de pie par la maniere 
qui s'ensuit; c'est á savoir icelles de cheval, le lundi, le mardi et le mer- 
credi; et celles de pied, le jeudi, le vendredi et le samedi. 

ítem, et se commencera le dit pas, le premier jour de juillet, qui sera 
l'an mil quatre cent quarante-trois, et durera quarante jours entiers, sans 
comprendre les fétes, ni les dimanches, ni fétes commandées en laville 
de Rome. 

ítem, aucuns de dits princes, barons, chevaliers ou écuyers ne pourront 
ni seront tennus de passer par le pays, ni á un quart de lieue prés, qu'iJs 
ne fassent et accomplissent les armes dessus dites, ou qu'ils ne laissent 
gages, c'est á savoir son épée ou ses éperons, lequel qui mieux lieu 
plaira. 

ítem, et pour faire et accomplir les dites armes, tant de pied comme de 
cheval, par la maniere et ordonnance contenue ci-dessus, j'ai humblement 
supplié et requis á mon ditseigueur souverain quedesa grace me donnát 
congé et licence d'icelles parfaire. Lequel desirant l'accomplissement 
d'icelles, le m'a bénignement octroyé; et, pour ce faire, me donne et á 
donné á juge tres haut et puissant prince et mon tres redouté seigneur le 
comte de Nevers et de Réthel, et en son absence monseigneur le maré- 
chal comte de Fribourg et de Neuf-Chátel. Et afin qu'il vous appire que 
ees présents chapitres procédent de mon intención et volonté, desirant 
iceux acocmplir par la maniere dessus dite, les ai fait sceller du scel des 
armes, et signes de ma main, le huitiéme jour de mars l'an mil quatre 
cent quarante-deux. 

Item,]& prie princes, barons, chevaliers et écuyers qu'ils n'aient aucune 
imagination de malveillance; car je ne le fais que pour accroitre le noble 
métier et exercice des armes, et aussi pour avoir accointance par armes 
auxbien renommés et vaillants princes et nobles dessus dits qui venir y 
voudront. 

ítem, auront les dessus dits nobles ctrangers bon, sur et loyal sauf-con- 
duit de mon dit souverain seigneur, et en son absence, de son maréchal. 
Monstrelet, Croniques, libre seeond, capitulos cclxx y cclxxi. 

(i) En la nota referente al reino de Dacia, puede verse, como el 
mismo Valera afirma, que fué enviado el año 42. En el Cirimonial de prin- 
cipes (pág. 315), se lee; «Me acuerdo el año de cuarenta y dos aver visto el 
> duque de Glocester en Granuja, que es á tres millas de Londres», y en 
la pág. 318 vuelve á decir que en dicho año estuvo en Inglaterra. 



76 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

timos al deseo de extractarla de un escritor coetáneo y presente 
á todas sus peripecias, que cuenta con toda clase de detalles. Su- 
pei'ior en magnificencia á aquel otro que años antes había defen- 
dido en el Órbigo Suero de Quiñones, tiene además la particu- 
laridad de ser españoles el primero y el último que combaten. 

En 1442, como hemos dicho, y siendo tiempo de paces en 
el Ducado de Borgoña, cosa rara para aquellos tiempos, Pedro 
de Beauffremont, señor de Charny, de Molinot y de Monfort, 
en unión de otros doce caballeros, no queriendo pasar el tiem- 
po en inacción, determinaron mantener un paso contra todos los 
caballeros, excepto los de Francia y Ducado de Borgoña, que 
quisieran acudir á él. Primeramente anunciaron que tendría lugar 
en el camino de Auxone; pero después se remitió y ejecutó cerca 
del árbol de Carlomagno, en la selva de Marsenay, en el camino 
que conducía á Dijon. Había de empezar el paso el día l.° de 
■Julio de 1443, y terminaría transcurridos cuarenta días comple- 
tos, en los que no se contarían los domingos ni las fiestas reli- 
giosas. 

Durante todo este tiempo estarían pendientes del citado árbol 
de Carlomagno dos escudos: uno negro sembrado de lágrimas 
de oro, y otro violeta sembrado de lágrimas negras. Los caballe- 
ros que tocaren ó hicieren tocar este último por su Faraute ó 
mariscal de armas, se obligaban, según las condiciones publicadas, 
á combatir á pie quince golpes de espada ó hacha, á su elección, 
contra uno de los guardadores del paso; los que tocaban el escu- 
do negro se obligaban á tener once encuentros de lanza con 
hierro afilado, á caballo, con silla y arnés de guerra. Se estipu- 
laba también en dichos capítulos que cuantos nobles pasaran á 
menos de un cuarto de legua de los escudos habrían de hacer ar- 
mas ó dejarían en prenda su espada ó sus espuelas, cosa imposible 
de todo punto esta última para un noble caballero de aquellos 
tiempos. 

Antes de llegar la época fijada empezaron los suntuosos pre- 
parativos del paso. Sobre el árbol de Carlomagno, que estaba si- 
tuado á una legua de Dijon en el camino que conduce á Nuis, 
se colocó un paño de lizo alto con las armas del señor de Char- 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 77 

ny, y á los lados del tapiz se colocaron los dos escudos: al dere- 
cho el escudo violeta y el negro al izquierdo; reyes de armas y 
heraldos vestidos con las cotas de armas del de Charny estaban 
allí para guardarlos. Una hermosa fuente que existía cerca del 
árbol fué reedificada con piedra de talla, poniéndole un alto ca- 
pitel de piedra sobre el que se colocaron imágenes de Dios, 
Nuestra Señora y Santa Ana, grabándose á lo largo del capitel 
los escudos de los j trece mantenedores. En el encuentro del ca- 
mino con otro que también conducía á Dijon fué construida una 
alta cruz de piedra con la imagen del Crucificado, y á sus pies, 
de rodillas, estaba la del señor de Charny con cota de armas, 
casco y armado como para entrar en liza. 

Hiciéronse también dos palenques: uno para los combates á 
pie y otro para los de á caballo, y entre uno y otro se construyó 
una gran casa de madera que serviría para presenciarlos al Du- 
que de Borgoña y á las damas y nobles de la corte. En medio 
del que había de servir para el combate á caballo se colocó el 
lienzo blanco que servía para la dirección de la carrera, segíjn 
era costumbre en casos tales, y á sus extremos se levantaron dos 
tiendas capaces para ayudar á armar y desarmar á los comba- 
tientes sin necesidad de desmontarse. Fuera de las lizas se levan- 
tó otra tienda para acoger y curar á los forasteros, caso de que 
fuese necesario. 

Habilitáronse también tres suntuosos alojamientos. Uno de 
ellos en el castillo de Parigny, situado no muy lejos del árbol, en 
el camino que de Dijon conduce á Rouvre, el cual servía para 
los mantenedores del paso; otro era el castillo de Marsenay, per- 
teneciente á la Abadía de San Benigno de Dijon, destinado para 
festejar en él á cuantos concurrieran, y el tercero, la plaza de 
Couchy, situada á una legua de las lizas y perteneciente al de 
Charny, la que servía para aquellos que hubieren hechos sus 
armas. Todos tres estaban abastecidos en tal forma, que según 
el ingenuo escritor de quien tomamos estos datos, el señor de 
Charny mantuvo durante dos meses casa abierta «con tan gran 
gasto y por tanto tiempo, que en el mío, sin ser casa de principe, 
no he visto nada parecido». 



78 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Un caballero del reino de Castilla, llamado Pedro Vázquez de 
Saavedra, fué el primer llegado é hizo tocar ambos escudos. Re- 
uniéronse los mantenedores y acordaron fuera el de Charny, su 
jefe, quien mantuviera este primer paso, avisando al mismo tiem- 
po al Duque de Borgoña, juez del certamen, para que lo honrase 
con su presencia. Gran interés — dice Olivier de la Marche — que 
tenían todos por presenciar el combate, pues el castellano era 
hombre valeroso y renombrado, que algún tiempo antes había 
hecho armas en Colonia, en donde le habían visto algunos de los 
que estaban con el Duque, y ahora venía de hacerlas en Inglate- 
rra, y tanto en una como en otra parte había demostrado su es- 
fuerzo y bizarría. 

El día II de Julio de 1443 tuv^o lugar el combate á pie entre el 
señor de Charny y Pedro Vázquez de Saavedra, resultando aquél 
herido en una mano y el castellano en el rostro, y algunos días 
después, y como el anterior á presencia del Duque, el combate á 
caballo, en que nuestro compatriota se portó á maravilla, de tal 
modo, que el Duque, admirando su valor, lo tomó á su servicio, 
haciéndole su chambelán y confiándole más tarde algunas emba- 
jadas (l). 

Mientras los mantenedores combatían con los llegados de leja- 
nas tierras, y cuyos combates no nos interesan, « llegó al árbol 
de Carlomagno un caballero del reino de Castilla llamado mosén 
Diego de Valera, venido expresamente de España para encon- 
trarse en el paso». 

«Era el caballero pequeño y de escaso porte, pero de grande 
y noble valor, gracioso y cortés, y muy agradable á todos.» 

Armado de todas armas se presentó mosén Diego, y tan deci- 
dido venía á pelear, que, mandando al heraldo que delante de él 
marchaba que tocase el escudo negro, manifestó á los guardianes 
que quería combatir antes de entrar en Dijon, respondiéndole 
aquéllos que entrase en la ciudad y se alojase, y que más tarde, el 
señor de Charny y sus compañeros, le indicarían el día en que 



(1) Todavía en 1450 continuaba al servicio del de Borgoña. — George 
Chastelain, Chronique de Jacques de Lalain, cap. lxiv. 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 79 

habría de combatir. El impetuoso castellano hubo de resignarse, 
aunque con sentimiento. 

El día 14 de Julio se presentó delante del Conde de Nevers, 
juez comisionado por el Duque de Borgoña, un escudero llamado 
Tibaut, señor de Rougemont y de Mussy (l), que fué el desig- 
nado para combatir con mosén Diego de Valera. «Era el escu- 
dero de muy noble casa y estimado por muy valiente, y por su 
porte era el más grueso y el de mayor estatura de entre todos 
los nobles de Borgoña.» Compárese esto con la descripción an- 
tes hecha de Valera, y se verá la diferencia que existía entre uno 
y otro contrincante. 

Diego de Valera presentóse en la liza montado y armado como 
correspondía; su caballo, según nos cuenta La Marche, testigo 
presencial del combate, estaba cubierto de una seda bermeja con 
una gran cruz blanca floreteada y en cada extremo una concha 
de oro. 

La vista engañó sin duda alguna á aquel fiel escritor, aunque 
nada tiene de extraño su error. Lo que mosén Diego llevaría se- 
rían las armas de los Chirinos, cinco flores de lis de plata en 
campo rojo, flores que vistas desde lejos semejarían una cruz 
blanca floreteada, destacándose sobre la seda bermeja que cubría 
al caballo. 

Después de las presentaciones y ceremonias acostumbradas, 
cada uno de los caballeros se colocó en un extremo de la liza, y 
desde allí corrieron á encontrarse, no llegando á conseguirlo 
hasta la sexta carrera, en la que el caballero español rompió su 
lanza contra el guardabrazo de su contrario. En la siguiente vol- 
vió Valera á romper su lanza, así como también en la undécima, 
sin que el borgoñón alcanzase romper una sola. 

Algunos días después de este encuentro, mosén Diego de Va- 
lera, obtenida licencia del Duque de Borgoña, llevó su empresa 
públicamente por las calles de Dijon (2). 



(i) Los ya citados biógrafos de Valera designan á este personaje del 
mismo modo que se lee en la Crónica. 

(2) «El que las tales armas enprende— dice Valera eu su Tratado dt los 



8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Consistía la empresa en un lambrequín que flotaba sobre el yel- 
mo, en el que iría dibujado el objeto que representaba á aquélla. 

En el Tj'atado de los rieptos é desafíos hace alusión Valera á 
esta empresa, y sus palabras nos ponen en la pista de cuál pudie- 
ra ser. Había de llevarse la empresa — según dice — en la parte 
derecha, «é sy la traxere descubierta, de que le fuere tocado no 
la puede más traer, salvo sy fucsse su divisa é lajiciesse empresa, 
ca entonce bien la puede traer aunque le sea tocada, passándola 
á la parte yzquierda. E sy la quiere traer cubierta, devela cubrir 
de una inpla (l) é asy traerla fasta le ser tocada, é después dé- 
vela descobrir; é assy la puede traer fasta las armas ser conpli- 
das. Cerca de lo qual fué asaz devate conmigo en la corte de 
señor Duque Felipo de Borgoña, que oy es, porque truxe ende 
my empresa cubierta, é después de tocada la truxe descubierta 
fasta el fin de mys armas; el qual debate fué determinado por el 
dicho señor Duque con consejo de los barones é cavalleros de su 
corte en esta guisa: Que yo podia traer mi enpresa fasta las ar- 
mas ser llegadas á fin, por la diferencia que avia fecho trayéndola 
ante que fuesse tocada cubierta é después descobierta». 

Las palabras subrayadas nos hacen pensar si lo que mosén 
Diego llevaba como empresa sería un aspa de madera; y deci- 
mos esto, porque las armas que después usó siempre mosén 
Diego y que aún se ven en la capilla que en la iglesia mayor del 
Puerto de Santa María fundó su nieto Fernando de Padilla, con- 
sistían en un aspa grande dorada en campo rojo. 

Sea como fuere, lo cierto es que mosén Diego llevó su em- 
presa públicamente, y que al tener de ello conocimiento los 
mantenedores del paso se reunieron en la capilla de la Orden 
del Toisón-para resolver lo que convenía en aquel caso, acordan- 
do que no podían consentir que el caballero llevase por más 
tiempo su empresa, sin que por alguno de los presentes le fuera 



>rieptos y desafios — deve primero para ello aver licencia de su soberano 
>señor; é ávida, sy va fuera de la tierra con su enpresa, deve asymesmo 
>ante que la muestre aver licencia del Príncipe ó Señor de la provincia 
»donde su enpresa quiere demostrar», pág. 278. 
(i) Velo ó toca usado antiguamente. 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 8 1 

tocada, pues lo contrario sería deshonroso para ellos. Esto re- 
suelto, enviaron con nobles y heraldos á llamar al castellano, quien 
acudió, como era natural, con su empresa cubierta. Saludado 
muy cortésmente por los allí reunidos, el de Charny, en nombre 
de todos, le dijo que no iría más adelante en el trabajo de su 
empresa, porque estaban allí ellos para descargarle y aliviarle, y 
porque ignoraban si había escogido por su contrario á alguno de 
los trece le rogó que lo dijese si así era, ofreciéndole que aquel 
que hubiese elegido sería el encargado de levantarla. 

Muy cortésmente les agradeció la atención mosén Diego, y 
dijo cómo llevada la empresa por orden de su dama para cum- 
plir ciertos capítulos de armas que llevaba cerrados y sellados, 
los cuales enseñaría al noble que le hiciese el honor de tocar la 
empresa; que no había hecho elección alguna, porque cualquiera 
de ellos que le hiciese el honor de combatir con él sería muy 
bien recibido, y él se consideraría con ello más honrado que 
nadie en el mundo. 

Jacobo de Challant, señor de Aineville, rogó al de Charny y á 
sus compañeros que le permitiesen levantar la empresa del cas- 
tellano; obtenida la licencia la levanta, y Valera entonces le 
muestra sus capítulos, que fueron prontamente abiertos y quita- 
dos los sellos para ver su contenido. 

El día 30 de Agosto fué el señalado para el combate, y á fin 
de presenciarlo llegaron al lugar de las lizas el Duque y su espo- 
sa, acompañados de toda la corte. 

Por un extremo apareció en el palenque Jacobo de Challant, 
acompañado por el de Charny y numerosos parientes y amigos 
sobre un destrero cubierto de paño azul bordado con sus letras 
y divisas, y por el otro mosén Diego de Valera sobre un caba- 
llo adornado «según recuerdo» — dice el cronista, — con un raso 
blanco y violeta en cuarteles, «pareciendo el caballero muy bien 
á caballo, pues, aunque de poca talla, .era gentil y derecho y muy 
agradable á todos». Hechos los saludos y ceremonias tomaron 
sus lanzas, y en el primer encuentro fué alcanzado el castellano 
en el guardabrazo, desarmándolo en tal forma, que se tardaron 
más de tres horas en arreglarlo; tiempo que aprovechó c\ dr- 

TOMO LXIV. ^ 



82 BOLETÍN DE I.A REAI, ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Charny para obsequiar á los espectadores con espléndido ban- 
quete. Una vez arreglado el desperfecto se renovó el combate, 
encontrándose ambos tan fuertemente, que el destrero del espa- 
ñol no pudo sostener el empuje y cayó al suelo arrastrando en 
su caída al jinete, cuyo arnés quedó tan estropeado, que hubo 
que suspender el combate remitiendo para otro día el fin de las 
armas. 

No llegaron éstas á realizarse; al tiempo de paz había sucedido 
el de guerra, y Felipe de Borgoña se preparaba para entrar con 
su ejército en el Luxemburg. Tales circunstancias le movieron á 
llamar á los campeones y á rogarles que dieran sus armas por 
terminadas, ya que ambos se habían comportado muy honrosa- 
mente. Así lo hicieron ambos, abrazándose en su presencia (l). 
Entonces fué cuando el Duque de Borgoña hizo á Valera los re- 
galos que en la Crónica se expresan. 

Dadas por terminadas las armas, en las que según se ha visto 
no salió vencedor Diego de Valera como aseguran sus biógrafos, 
marchó éste á saludar á la Reina de Dacia, como él la llamaba, 
no logrando otra cosa que visitar su sepulcro en Lubik, por lo que, 
dando por terminada su misión, regresó á Castilla á principio del 
año 1444, encontrando al Rey D. Juan en la villa de Tordesi- 
llas (2). 

«Y allí llegué yo — dice Valera en su Crónica abi'eviada — que 
venía de Dacia é Inglaterra é Borgoña, donde Su Alteza me 
había enbiado, y como por entonces no .toviese persona de quien 
se confiase, mandóme ir al condestable que estaba en Escalona, 
por le hacer saber cierto trato que tenía para salir de Tordesi- 
llas, del qual al condestable no plugo, y de allí yo me volví para 



(i) 'Mémoires d'Olivier de la Alar che. Édition Buchón. — Aiiguste Des- 
rez, Paris, 1838, pág. 382 y sig. 

(2) Si el Rey estaba en Tordesillas en la fecha citada, como consta 
en su Crónica, mal pudo ser enviado mosén Diego en 1443 á Francia para 
conseguir la libertad del Conde de Armagnac, según dice D. Marcelino 
Menéndez y Pelayo (Atti. de poet. lir. casi., tomo v, pág. ccxli), máxime 
cuando el Conde, según puede verse en cualquiera historia general y en 
la misma Crónica, no fué preso hasta 1444. 



MOSAICO ROMANO DE ARRÓNIZ gl 

Cuenca, porque así quedó concertado entre Su Alteza y mí, don- 
de estuve fasta que salió de Tordesillas y se fué á Portillo y de 
allí se partió para Falencia, y el Cardenal don Pedro de Cervantes 
con él y desde Palencia me envió Su Alteza á Cuenca; é venido, 
determinó que secretamente yo fuese al Rey de Francia é tu- 
viesse manera como de allá se moviesse casamiento suyo con 
madama Regunda, fija suya [del Rey de Francia]. É teniendo ya 
las letras del Rey que menester avia, é mandamiento secreto 
para Pero Fernández de Lorca, que me diesse lo necesario para 
el viaje, él lo reveló al Condestable, el qual tenía secretamente 
tratado casamiento del Rey con la señora doña Isabel... pen- 
sando allí asegurar su estado, é traxo el cuchillo con que se cortó 
la cabeza» (l). 

(Continuará.) 

Lucas de Torre y Franco-Romero, 

Capitán de Infantería, diplomado. 



III 

MOSAICO ROMANO DE ARRÓNIZ (2) 

La villa de Arróniz, sita en la falda meridional de Monte- 
Jurra, y distante dos leguas al S. de Estella, había demostrado 
su antigüedad romana con una inscripción sepulcral, reseñada 
por Hübner bajo el núm. 2.972, que estuvo en la ermita de San 
Martín, y se da por perdida. Era un epitafio que hizo labrar en 
vida suya para sí Tito Sevio Scriba y para los difuntos: Herme- 
ción, su padre; Sempronia Fadila, su madre, y Sevio Januario, 
su tío. En el tomo lviii del Boletín, p'ágs. 223-225, se hizo notar 



( 1 ) Crónica abreviada. 

(2) Véase la información de D. Florencio de Ansoleaga, publicada bajo 
el título Monumentos romajios de Arróniz, en el Boletín, toni.i ' vn, h.i'm- 
nas 384-386. 



$4 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

la relación que guarda este epígrafe con otros de la comarca: 
dos aras votiv^as en Barbarín y tres sepulcrales de Villatuerta y 
Oteiza. La de Villatuerta, dedicada á los Manes de Octavia, hija 
de Pudente, cuyo fotograbado salió á luz en el tomo l del Bo- 
letín, pág. 466, refleja el arte escultórico del país, así como va- 
rias lápidas del cercano pueblo de Gastiain, fotografiadas por el 
Sr, Altadill (i). Al arte escultórico de la Vasconia no podía me- 
nos de corresponder el pictórico, representado por el musivo. 
Ha recogido y ordenado algunos fragmentos del presente Mo- 
saico en su Museo Arqueológico de Pamplona la Comisión pro- 
vincial de monumentos de Navarra. Forman un cuadro, cuya fo- 
tografía se publicó por la revista pamplonesa La Avalancha 
(número del 24 de Febrero de 1913, pág. 43), y que nosotros 
reproducimos. 

Pero esos fragmentos son pequeña parte de lo que se descu- 
brió, que fué el pavimento de una habitación suntuosa. Los frag- 
mentos mayores y más importantes fueron adquiridos por el Go- 
bierno, á raíz del hallazgo, ocurrido en 1 883, con destino al Mu- 
seo Arqueológico Nacional. Hízose la adquisición previo infor- 
me de la Academia, cuando uno de sus individuos más ilustres, 
el Sr. D. Juan Facundo Riaño, desempeñaba la Dirección gene- 
ral de Instrucción pública. 

No sin graves dificultades pudo ser reconstituido en gran par- 
te, con los dichos fragmentos mayores, en el Museo de Madrid, 
el pavimento en cuestión, que hoy luce en uno de los patios cu- 
biertos del expresado centro. 

Se trata, en efecto, del pavimento de una habitación de forma 
octógona regular, cuyo eje mide 4,90 m., y cada lado del octó- 
gono 1,85 m. Su trazado comprende una medalla central de 
1,66 m. de diámetro; una faja ornamental de cintas entrelazadas, 
que mide 0,20 m. de ancho, junto á los bordes; y entre esta faja 
y la medalla ocho compartimientos trapezoidales irregulares, de- 
terminados por una faja ornamental continua que los bordea, 
cuyo motivo es el conocidísimo de la ti'enza. Dichos comparti- 



(i) Boletín, tf)mo lxiii, págs. 558-560. 



MOSAICO ROMANO DE ARRÓNIZ 



85 




86 boletín de la real academia de la historia 

mientes contienen composiciones de figuras. Acusa desde luego 
singular torpeza decorativa lo irregular del trazado, pues las 
fajas divisorias de los ocho recuadros debieron coincidir con los 
ángulos ó con los medios del octógono, y con más razón siendo 
éste regular. Se comprende que el mosaísta no cultivaba la or- 
namentación, y en cambio se preocupó exclusivamente de las 
composiciones figurativas, que trató por cierto con singular es- 
píritu pintoresco. Las piedrecillas empleadas en las cenefas son 
de colores blanco, negro, rojo y ocre, y la labor es la corriente. 
En cambio en las composiciones figurativas y en la medalla cen- 
tral, la labor es esmerada y la variedad y riqueza de los colores, 
que manifiesta el empleo de pastas vitreas, avalora singularmente 
este mosaico. 

No es posible, por desgracia, juzgar en totalidad de los asun- 
tos figurativos, que constituyen el aspecto más importante de 
este mosaico, porque lo apreciable del mismo es cosa de dos 
terceras partes. 

Con los fragmentos sueltos, hoy conservados en Pamplona, 
se hubiese completado casi todo el pavimento. 

Salta á la vista que uno de esos fragmentos, en el que se ve 
un caballo pequeño y un trozo de una gran corona, corresponde 
á la medalla central. Dicha corona, de la que quedan varios res- 
tos con hojas de laurel y grandes frutos, se distingue por la vi- 
veza de los colores, entre los que predominan el verde y el azul, 
con algunos toques amarillos. 

Las composiciones desarrolladas en los compartimientos ó re- 
cuadros trapezoidales, guardan una cierta uniformidad, pues en 
cada una no hay más de dos figuras y accesorios, y al fondo, en 
la parte alta y en pequeño, para figurar un lejos, se ve un grupo 
de casas entre árboles, algunos de los cuales son palmeras, que 
denotan ser copias de modelos orientales. Las figuras, que ocu- 
pan el primer término, son grandes, de 0,7o m. de altura una 
de las mayores, y proporcionalmente las demás. 

En cuanto á los asuntos representados, bien pronto se echa de 
ver que no son mitológicos y que se refieren al teatro, esto es, á 
la lírica y á la declamación. Raros son los monumentos icono- 



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gráficos de este tipo. Alguna semejanza ofrece el relieve de un 
sarcófago de piedra, descubierto entre Casariche y Puente de 
Don Gonzalo, y conservado en el Museo de los Sres. Marqueses 
de Casa-Loring (l). Se ven en dicho relieve unos personajes sen- 
tados leyendo volúmenes y uno en pie declamando ó recitando. 

Por análogo modo se repiten en cuatro de las seis composi- 
ciones, las cuatro completas, de nuestro mosaico, la representa- 
ción de un personaje varonil, envuelto en su manto, unas veces 
sentado y otras de pie, ante el cual se ve una mujer con lira y 
careta teatral. En los otros dos compartimientos, ambas figuras 
son de mujer. Ni las liras ni las caretas se ofrecen aquí con carác- 
ter de símbolos, y tampoco consienten los caracteres de las figu- 
ras femeniles la sospecha de que sean imágenes de las Musas. El 
mismo carácter pintoresco de las composiciones indica que el 
artista reprodujo ó quiso representar asuntos de la vida real, 
cuya interpretación más acertada, á nuestro juicio, es la de en- 
sayos de obras teatrales ó de juegos escénicos. En más de un 
mosaico pompeyano se encuentran de estos asuntos; por ejem- 
plo, en uno de esos bellos monumentos se representa una escena 
de la comedia de Planto, El soldado fanfarrón^ y á uno y otro 
lado de los actores se ven sendas figuras de graves personajes 
sentados que dirigen la representación; en otro mosaico, el di- 
rector de escena presencia el ensayo de una pieza satírica. Este 
director era el dominiis gregis, y él es sin duda el que aparece 
repetidamente con las peregrinas declamadoras de nuestro 
mosaico. 

La descripción detallada de cada composición, con relación a 
las láminas que acompañan, acabará de dar idea de ellas. 

Compartimiento núm. i. — ^Figura A. — Tan sólo se ve un resto 
de ropa amarilla. 

Figura B. — Parte inferior de una figura femenil, con traje 
blanco y cinturón ancho con adornos azules, ceñido por las ca- 
deras. 



(i) Catálogo del Museo Loringiano, que redacta el Excmo. .Sr. D. Ma- 
nuel R. de Berlanga. Málaga, 1903. Núm. xiii, págs. 99 Á 101 y lám. .xxviu. 



88 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




















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En el cuadro del Museo de Pamplona el trozo grande (nú- 
mero 3) contiene las cabezas de estas dos figuras y algo del 
fondo. 

Compartimiento núm. 2. — Figura A. — Mujer en pie, vestida 
con túnica blanca franjeada de púrpura y manto amarillo. Pulsa 
con plectro una lira que tiene apoyada en una columnilla. 

P^igura B. — Personaje varonil en pie, con túnica amarilla y 
manto blanco con fajas de púrpura (claviis latus)^ en el que se 
envuelve. Acciona con la mano derecha, y tiene en la izquierda 
un volumen. Sin duda declama. Tras de él se ve otra columnilla. 

Compartimiento núm. j. — -Figura A. — Mujer declamando, con 
el brazo derecho levantado. Sobre túnica blanca viste otra, corta, 
roja, listada de negro, y sobretúnica con mangas, amarilla. Al 
lado, sobre una columnilla, se ve una careta ó persona trágica. 

Pigura B. — Personaje varonil, envuelto en un manto blanco. 
Está sentado en un sillón de respaldo alto y curvo y apoya los 
pies en una alfombrilla roja. Su actitud es la de escuchar atenta- 
mente. 

Compartimiento núm. ¿f.. — Figura A. — Mujer declamando, en 
pie, ligeramente inclinada hacia adelante, vestida de túnica blanca 
y manto azul, con cuyo borde coge una careta que mantiene 
ante su rostro en dirección al segundo personaje. 

Figura B. — Hombre sentado, envuelto en su manto blanco, 
con un volumen en la mano izquierda y accionando con la de- 
recha, como quien acompasa el ritmo de la declamante. 

Compartimiento núm. 5. — Figura A. — Mujer accionando, acaso 
poetisa, sentada junto á una capsa de volúmenes. Viste túnica 
con mangas, amarilla, y manto rojo. Se adorna con pulseras de 
esmaltes ó piedras azules, y con una cinta azul más claro ciñe su 
cabeza, 

Pigura B.— Bailarina con pintoresco traje oriental, compuesto 
de una ropa transparente, turbante adornado con una flor azul, 
y un pectoral amarillo, como de oro. Baila con los pies desnu- 
dos, y tiene en la mano derecha una espada, cuyo color azul 
indica su brillo acerado, y en la izquierda una vara ó tirso. A su 
lado, sobre una pequeña columna, hay una careta tríígica. 



90 boletín de la real academia de la historia 

Compartimiento núm. ó. — Figura A. — Mujer declamante, con 
túnica listada de amarillo y negro, sobretúnica azul y manto 
amarillo. 

Figura B. — Hombre envuelto en su blanco manto. Es figura 
movida, como de personaje que está en acción. A su lado se ve 
la capsa de volúmenes. 

De los compartimientos 7-° y 8.° tan sólo se ven exiguos res- 
tos en el Museo Arqueológico Nacional, correspondientes á las 
cenefas, accesorios de los fondos de las composiciones y parte 
de una cabeza. Los demás restos de esta parte del pavimento 
están en el Museo de Pamplona. Entre ellos se reconoce la mi- 
tad superior del personaje varonil, con túnica (núm. l), del com- 
partimiento 7.°, y buena parte de una figura (núm. 2) envuelta 
en su manto, que aparecía á la derecha en el compartimiento 
8.°, además de restos de cenefas y de ángulos, etc., de los mis- 
mos. Sus asuntos debieron ser análogos á los descritos. 

No es tan fácil reconocer el de la medalla central, cuyo resto 
más importante es el fragmento de caballo (núm, 4) del Museo 
de Pamplona. En el de Madrid tan sólo se advierte el pie de una 
figura, al parecer de niño, por cierto en opuesta dirección al 
caballo. 

Tales son los asuntos del mosaico. 

En cuanto á su mérito artístico, su estilo y fecha, los térmi- 
nos de comparación necesarios para fijar estos extremos, ape- 
nas podremos hallarlos en España, ya que, por desgracia, es re- 
ducido el número de esta clase de monumentos en nuestro suelo 
y algunos ejemplares se han perdido. Los que se conservan, en 
su mayoría de otro carácter, en consonancia con el gusto greco- 
romano, del siglo de Augusto, y en general los asuntos, están 
tomados de la Mitología. En el mosaico de Arróniz, por el con- 
trario, los asuntos están tomados de la vida real, y el carácter 
esencialmente pintoresco y realista de sus composiciones res- 
ponde al espíritu descriptivo del arte romano en obras figurati- 
vas, tales como relieves, pinturas y mosaicos. Ese carácter no 
solamente se manifiesta aquí en las figuras, que en nada recuer- 
dan, como las de otros mosaicos, los tipos clásicos preconcebidos 



MOSAICO ROMANO DE ARRÓNIZ 9 1 

de los tipos heroicos ó de divinidades, tipos abstractos incon- 
fundibles, sino que son personajes tomados de la realidad, con 
todos sus detalles indumentarios. No se recomiendan estas figu- 
ras por la elegancia y la gracia de las de los buenos tiempos del 
arte clásico. El artista que las trazó no era un dibujante co- 
rrecto; pero supo darles las actitudes, el movimiento y el ade- 
mán expresivo más conveniente y tratarlas con una libertad y 
una riqueza de color, que avalora su obra. Por otra parte, es muy 
de notar el cuidado que puso en completar las composiciones 
con motivos pintorescos, tales como árboles, casas y animales. 
En este punto son de notar dos figuras de cigüeña que se ven en 
el compartimiento 4.°, y en el fragmento núni. i del Museo de 
Pamplona, mejor dibujadas, por cierto, que las figuras humanas. 
Posiblemente habrá que buscar la razón de estas diferencias 
en una de dos causas, y acaso en ambas, á saber: 1.°, que es regu- 
lar haya intervenido en la producción de este mosaico más de un 
artista de distinto mérito y diferentes aptitudes; uno que trazara 
las figuras humanas, que constituyen los asuntos, otro que hiciera 
los fondos ó motivos accesorios, y otro, en fin, encargado de la 
parte ornamental; y 2.°, que composiciones y accesorios deben 
ser copias ú obras hechas de recuerdo de pinturas célebres ó de 
algún mosaico original importante. Sabido es que muchos de éstos 
son copias de pinturas, como acontece en el caso notabilísimo 
del mosaico pompeyano, representativo de la batalla de Isso, 
que es gala del Museo de Ñapóles, y está tomado de una pintura 
alejandrina atribuida á Elena, hija de l'imones, ó con mejor ra- 
zón, á Filoxenos de Eretria, discípulo del ateniense Nicómacos. 
Es verosímil, por lo que se refiere al mosaico de Arróniz, que 
estemos ante un caso semejante, y aun creemos que también el 
modelo debió ser alejandrino. Fué Alejandría el último brillante 
foco del arte griego que irradió su luz poderosa al mundo ro- 
mano, y la característica de su estilo fué el realismo pintoresco, 
el cual perdura en los mosaicos romanos descubiertos en África, 
de los que posee buena colección el Museo de San Luis de C .11 - 
tago. Con ellos guarda más semejanza el mosaico de Arróniz que 
con los descubiertos en España. Su misma riqueza de color, el 



92 boletín de la real academia de la historia 

realismo de sus figuras, sus accesorios, entre los que figuran pal- 
meras y grullas, todo ello se nos ofrece como indicios de que es 
una obra concebida y ejecutada en esa tendencia y quizá por 
artistas de estirpe africana, que morasen en la Vasconia (l). 

Por otra parte, no hay que perder de vista que sus figuras, un 
poco cortas, no son ya las de los buenos tiempos del arte clá- 
sico. La figura del hombre sentado, envuelto en su toga, está 
más cerca de ciertas figuras un poco redondas, de los dípticos 
consulares que de las del arte augústeo. 

De todo lo expuesto, deducimos que el mosaico de Arróniz es 
una obra romana de estilo africano, que podrá datar del siglo ii 
ó más bien del iii, y que por su mérito como obra pictórica, por 
la novedad de sus asuntos y por todos los caracteres que le dis- 
tinguen de los demás mosaicos españoles, es un monumento de 
singular importancia en la Arqueología nacional. Solamente por 
vía de conjetura nos atrevemos á barruntar que no fué indife- 
rente á su composición Tito Servio Scríba^ el cual, habiendo sido 
por ventura escritor dramático y director de la orquesta teatral 
de Pamplona, perpetuó su memoria y la de su familia con el edi- 
ficio sepulcral que, estando él vivo, se hizo labrar en Arróniz. 

Madrid, 12 de Diciembre de 191 3. 

Fidel Fita. José Ramón Mélida. 



IV 
ANTIGÜEDADES ROMANAS DESCUBIERTAS EN ZARAGOZA 

Noticiosa la Academia de un hallazgo de antigüedades ocurri- 
do en Zaragoza, y encargado de informar sobre el particular el 



(i) Compárese el gran mosaico de Pamplona que representa al vivo 
escenas de gladiadores, sobre el cual uno de nosotros emitió Informe en 
el tomo Liv del Boletín, págs. 426-437. 



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Boletín de la Real academia de la historia 




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Mosaico romano de un pavimento descub 



lam. IV 





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DE BACO 

n Zaragoza, en una casa de D. Mariano Ena. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DESCUBIERTAS EN ZARAGOZA 93 

que suscribe, tiene la honra de presentar reproducción colorida ( I ) 
de un magnífico mosaico y fotografía de un grupo escultórico de 
mármol, dedicada á la Corporación por D. Mariano Ena, descu- 
bridor y poseedor de tan preciosos monumentos arqueológicos, 
los cuales acreditan desde luego el aprecio que de las buenas 
obras de arte hacían los patricios de Caesar augusta. 

Recientemente fué encontrado el grupo, y hace poco más de 
un año el mosaico, ambas cosas en el mismo sitio, en una finca 
de la propiedad de dicho señor, en la calle de Alfonso I de la ex- 
presada ciudad. 

No vacilamos en señalar el mosaico como monumento de la 
mayor importancia en su género, tanto por el mérito artístico de 
la composición como por su gran tamaño, del que se formará 
cabal idea con sólo saber que las figuras son de tamaño natural. 

La composición, encerrada en un recuadro, por desgracia in- 
completo (véase lám. iv), ocupaba el centro del pavimento de una 
habitación, y en torno del recuadro hay parte de una faja deco- 
rada con- medallones, que encierran bustos alegóricos, algunos 
de los cuales fueron descubiertos hace tiempo y los conserva 
nuestro Correspondiente D. Mariano de Paño en su casa, conti- 
gua á la del Sr. Ena. 

Tuve ocasión de ver en casa del Sr. Paño dichos medallones y 
de admirar por una parte la fineza del trabajo de mosaico, com- 
puesto de pequeños cubitos de piedras y pastas para obtener la 
riqueza de colores y de to-nos que maravilla en tal obra, al pro- 
pio tiempo que la corrección del dibujo. 

Las mismas excelencias concurren en el recuadro, algo incom- 
pleto, que constituye la parte central del pavimento. 

El asunto de la composición es interesante. Representa al dios 
Baco en biga de tigres, de los cuales el que aparece en primer 
término se distingue entre todas las figuras de la composiciiui 



(i) Esta reproducción fotocromotípica se publicó con una Explkacióti 
del mosaico hallado en la casa de D. Mariano de Ena, de Zaraqoza, suscrita 
por el P.José Monserbat, S. J., en el Bolel/n de la Sociedad Aragoticsi de 
Ciencias Naturales, t. ix, 191 2, pág. 27 y lám. 11. 



94 boletín de la real academia de la historia 

por ]a valentía del dibujo. Baco va en pie en su carro, guiándole, 
con un tirso en la diestra mano. Viste túnica oriental, con man- 
gas, la bássara, vestido femenil que valió al dios el epíteto de 
bassareo, ciñe á su cuerpo una piel de pantera y ostenta un 
manto. Lleva al lado derecho, en el carro, una mujer, pues así lo 
indican las vestiduras, que es lo que de esta segunda figura se ve, 
pues falta su cabeza, y debe ser imagen de Ariadna. 

Forman el cortejo del dios, en este su triunfo, un fauno coro- 
nado de pámpanos y con un cuerno á guisa de vaso, ó sea el A-aso 
primitivo (xépaí;, puxóv) relacionado con la religión de Baco, en la 
diestra mano; una bacante con tirso y el dios Pan, que va delan- 
te, llevando por la brida á los tigres, y se caracteriza con pies y 
cuernos capriles, lleva terciada al cuerpo una nébride y en la 
mano un cayado. 

Camina el cortejo báquico por el campo, entre árboles, y de 
uno corpulento que se ve al lado izquierdo, está suspendido por 
una punta un paño ó cortina, dispuesto en pabellón, que recuer- 
da el teatro en su forma campestre originaria en relación con 
las fiestas de Baco. 

Recuadra la composición una faja negra. 

La labor de este mosaico es muy fina. Está compuesto de pie- 
drecillas pequeñas, muy pequeñas, en los detalles más importan- 
tes, como son las caras. 

Desde el punto de vista artístico, avalora singularmente este 
mosaico su carácter pictórico. Cuidó su desconocido autor de 
tratar el modelado y el claroscuro como un pintor lo hubiese 
hecho en una pintura mural, buscando los efectos más realistas. 
Así vemos que las carnes, los accesorios de todas las figuras, la 
proyección esfumada de las mismas sobre el piso, está todo ello 
valientemente acusado, como obra de un colorista, buen obser- 
vador del natural. A cuanto era posible, en la ilusión de dar 
apariencia de pintura á una obra de mosaico, se llegó en este de 
Zaragoza, 

Por su estilo, que recuerda el de la escuela pictórica de Her- 
culano y Pompeya, corresponde este mosaico á la mejor época 
del arte romano, y puede colocarse entre los mejores. Si pasa- 



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Boletín de la Real acadkmia di-, la Historia 



LÁM. V 




Fot. Lacosfe - Madrid 



NINFAS DE UNA FUENTE 

Grupo en mármol, romano, descubierto en Zaragoza 

en una casa de D. Mariano Ena. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DESCUBIERTAS EN ZARAGOZA 95 

mos una ligera ojeada sobre los descubiertos en España, algu- 
nos perdidos, desgraciadamente, como el de las Musas, de Itá- 
lica, encontramos que la composición de los más importan- 
tes, como son el de Hylas , descubierto en la Bañeza (l), y el 
conocido del sacrificio de Ingenia, de Ampurias (2), son peque-' 
ñas, y su arte no sobrepuja, por cierto, al de Zaragoza. Inferio- 
res en tal sentido son el mosaico de las carreras del circo, del 
Museo Arqueológico de Barcelona; el de Calatea, de Elche, y 
otros que sería ocioso citar, incluso el de Arróniz, en la pro- 
vincia de Navarra. 

En cuanto al asunto, tratado repetidamente en vasos pintados, 
griegos é itálicos, en relieves y pinturas, es otro indicio de que, 
la dicha composición, está tomada de alguna obra pictórica, de- 
bida á.la escuela del Sur de Italia. 

En cuanto al grupo escultórico de mármol (véase lám. v), es 
pequeño, sus figuras bastante menores que el natural, y son dos 
mujeres, sentada en una roca la que aparece al lado derecho, y 
recostada en ella la otra, ambas sin más vestiduras cjue mantos, 
en los que envuelven las piernas, ostentando desnudos los tor- 
sos. Las dos cabezas faltan, por desgracia. Estas figuras son, á 
nuestro juicio, deidades, como lo indica su desnudez. Son dos 
ninfas, y posiblemente sirvieron de alegórico adorno en una fuen- 
te de la rica casa á que pertenece el mosaico. El estilo de la 
escultura es el neo-ático, cultivado en Roma en los tiempos de 
la República y principios del Imperio. 

Grupo y mosaico corresponden sin duda al siglo de Augusto. 

De desear es que el Sr. Ena, que según parece es amante de 
las cosas de arte, conserve estas preciosas que ha tenido la fortu- 
na de descubrir, y de ese modo no pasarán á manos y país ex- 
traños, como por desgracia suele suceder con prendas análogas. 

Madrid, 28 do Junio de 1913. 

José Ramón Mki.ida. 



(i) Véase en el Boletín, t. xxxvi, pág. 418, el inlVurne del Sr. Rad.i. 
(2) Véase en el Boletín, t. xlvi, pág. 123, el informe de los Srcs. Mé- 
lida y Marqués de Cerralbo. 



96 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



V 



INSCRIPCIONES DEL TERRITORIO SOMETIDO A LA INFLUEN- 
CIA ESPAÑOLA EN MARRUECOS Y DE TÁNGER 



Nuestro querido Director ha ido publicando en los tomos del 
Boletín de la Academia (i), las inscripciones relativas á esta 
zona, y gracias á su inteligencia é interés conocemos siete suma- 
mente interesantes, alguna dada á luz á raíz de su descubrimiento. 
Hoy nos permitimos aumentar esta lista con otras de las cuales 
seguramente, no tendrán noticia la mayor parte de los aficio- 
nados á esta clase de estudios. 

La primera, encontrada en el río Lucus, por H. de la Marti- 
niére, se publicó por Ph. Berger en el Biill. Archéologique du 
Com. des travaux hist.^ 1892, págs. 62 y 64. Está en caracteres 
propiamente fenicios, anteriores á la era cristiana, y su escritura 
recuerda la de los textos de Um el Auanud (Siria), que son del 
siglo II, antes de J. C. El tipo de letra es sidonio, más bien que 
cartaginés, y puede haber sido transmitido por las colonias sido- 
nias españolas. Conforme con una práctica todavía empleada por 
los bereberes ó berberiscos, el dedicante da la genealogía de la 
madre, en vez de la del padre, como generalmente se hacía. Tam- 
bién presenta analogías con otra española fotografiada en el Bole- 
tín (tomo XLví, pág. 428) y encontrada en Villaricos. Dice así: 



(Tu servidor) Perets hijo de Tsabaham, hijn de... 



(i) Tomo VII, 44; XVII, 369; XXVIII, 427; xxix, 355; xxx, 364, y xxxii, 176. 



INSCRIPCIONES DE MARRUECOS V TÁNGER 97 

2. — En Tánger: 

P • BAEBIO • P • F • QVIR • BETVINIANO • 

C • AAAR o • ME/MMIO • SABINO ■ 

PRAEF • COH • 1 • RAETORVA\- 

TRIB • LF.G • X • G- P- F-PRAEF • 
AÍ.AE-DARDANORVM-PROCVRATORI • 

IMP • CAESARIS • NERVAE 

TRAlANl • AV&- GERM • DACICI • 

monetaefroc-provincbaeticae- 
proc • xx • hered • proc • pro 
leg-provinc- mavretaniae- 

TINGITANAE • DONIS • DONATO • AB 
IMP 'TRAIANO • AVG'BELLO -DACICO- 
CORONA • MVRALl • VALI ARI • HASTIS- 

PVR • VEXILLO ARGENT- 

EXACTI • EXERCITVS • 

A Public Baebio Betuiniano, hijo de Publio, de la tribu Quirina, lla- 
mado también Cayo Mario Memmio Sabino, prefecto de la cohorte de los 
Retos, tribuno de la legión x gemina, piadoso, fiel, prefecto del ala de 
los Dárdanos, procurador monetario del emperador César Nerva Trajano 
Augusto Germánico Dácico, procurador de la vigésima de las herencias, 
procurador prolegado de la provincia Mauritania Tingitana, gratificado 
por el emperador Trajano Augusto en la guerra contra los Dacios con una 
corona mural, otra vallar, lanzas sin hierro y un estandarte de plata dedi- 
cado por el buen mando del ejército. 

3. — En Tánger, en el Consulado de Holanda: 

A N T O N I A E 

SATURNINAS 

PABIA T.. . PIISSV 

MAE et innoCV.^1\ S 

SVMffí?... E EX TES 

/AMENTO pos V 1 T 

/a B I V S . . . ES MARI 

/VS Eiiis ei //ER OFTV 

MAE uxori po N E N 

DAM cuniWlT 

HVIC Ordo iittO n Al^VS 

LOCVw Jí/«/TVRAE ET 

LAVDaítondf/i ET THVRIS P... í^v;vVIT: 

TOMO LXIV. 7 



98 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

A Antonia Saturnina, su piadosísima é inocentísima Fabia, ha consagra- 
do este monumento, y en virtud de su testamento, Fabio su marido y su 
heredero ha cuidado de hacerlo construir para la excelente esposa. El 
orden de los Decuriones de Tánger ha decretado la cesión del terreno 
para la sepultura, un elogio fúnebre y una libra de incienso. 

4. — En Tánger. Inscripción del tiempo de Marco Aurelio. En 
este tiempo, la Tingitana pudo unirse á la Ulterior como lo estu- 
vo en el de Diocleciano con el nombre de Hispania nova ulterior 
para distinguirla de la Bética, llamada Hispania vetus en una ins- 
cripción de Málaga (Hübner, núm. 1. 770). Se trata sin duda de un 
funcionario importante que desempeñó su cargo en la España 
ulterior y en la Tingitana, y á quien el pueblo de Tánger elevó 
á su costa una estatua. 

PROVINCIAF- UCvae hispaniae 

VLTERIORIS • -W^gitanae 

POPV(. VS • TI ngitanus 
STATVAM • SVA • \N\Vensa iosuit 



5. — Encontrada al N. de la Mauritania Tingitana, según Hüb- 
ner, en las ruinas de la antigua Bunta (.?). 

D • M • s • 

Q • PONPONIVS 

ROG ATVS PIVS 

FRVGALISSIMVS 
VIXIT ANNIS LXXV 
CERFI Cl A SIGESS 

MARITO 
DVt.CISSIMO- S" P' F' 



A los dioses manes. Quinto Pomponio Rogato piadoso y muy frugal. 
Ha vivido 75 años. Cerficia Sigesa (de Siga, ciudad de la Mauritania cesa- 
riense), á su marido cariñoso (muy dulce literalmente), eleva este monu- 
mento á sus expensas. 



INSCRIPCIONES DE MARRUECOS Y TÁNGER qq 

6. — En Tánger. Hübner: 

l'O-M •IVNONI-A'VINKRVAE 

CETERISQ^UE- DIIS • DEABVS Q^VE • INMORTALiBVS 

PRO- sahí TE'D'D-riN-AVGG 

Diocletiani et Maxi,niani et 
CONSTANTI ET /WAXIMIAN/ 

nobil\<,S\^0^ • CAESAR 

FRONTONIANVS SVR... POSVIT 

Diocletiano aug 

ET • CONSTANTIO • CAESAR • ITERVM • COS 

A Júpiter muy bueno y muy grande, á Juno, á Minerva y á los otros 
dioses y diosas inmortales. Por la salud de nuestros señores los augustos 
Diocleciano y Maximiano y los muy nobles Césares Constancio y Maximia- 
no, Frontoniano ha consagrado este monumento, siendo cónsules Dio- 
cleciano augusto por sexta vez y Constancio César por la segunda. (Co- 
rresponde al año 296.) 

7. — En Tánger. Encontrada en 1656: 

D • M • 

ANTONINVS • PROCLINVS 
E q_' EX -VEXILATIONE 
ALE-FLAVIAE-EX 
SINGVLARIBVS • VIXIT 
ANIS'XXXX -HIC-SIT-EST- 
SIT • tibí • TERRA • LEVIS • 

Á los dioses manes. Antonio Proclino, caballero del destacamento del 
ala Flavia, del cuerpo de los singulares. Ha vivido 40 años. Está aquí en- 
terrado. Que la tierra te sea leve. 

8. — -En el camino de Tánger á Fez, cerca de la primera de 
estas poblaciones: 

M • salinator 

QUADRATVS 

ANN «LXXXV 

H'S'E'S -T-T- L- 

Marco Salinator Quadrado, de 85 años de edad, está aquí enterrado. 
Séate la tierra leve. 



100 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

9- — En Ain Bellita, donde están las ruinas de Mercurio, man- 
sión romana : 

IMP 

¿•aíj • M • ANTONI • GOR 
DIANI • PII • FELICIS • 
AUG • R • P • DEz'í^TA 
NVM1N«M 

iestatique 

E I V S 

10. — En Tsemis, ruinas cerca de Larache: 

IV I- IV 

IMAGI 

ANORVM 

I V • R • I • 

AENIO • 

Julio Imago, de 4 años. Descansa en... Dedicada por Aenio. 

II. — Encontrada por Tissot: 

S/El-AVG- 

JACRUM 
«« T O N I VS 

/¿ERMES 

XIV 

sac'CoV.O IVLl 

T • D • D • D* 

Consagrado á la esperanza augusta. Antonio Hermes, sacerdote de 

la colonia Julia Tingis ha donado y dedicado este monumento. 

Las inscripciones publicadas hasta ahora, son: 

Una griega de Alcazarquivir, de un Zósimo, el joven hijo de 
Eurípides, que se queja de haber muerto en la flor de la vida. 

Otra en Tánger, en latín, dedicada al Emperador César Gayo 
Aurelio Valerio Diocleciano Germánico, correspondiente al 
año 291 ó 292 (está en el Museo de Cádiz). 



HÉROES Y MÁRTIRES GALLEGOS 101 

Otra latina, de Tánger, dedicada á los dioses manes y relativa 
al soldado del Cuerpo de los Germanos y del ala segunda de los 
de Ammienses Vellico, Abanderado que fué de dicha ala. Murió 
á los treinta y tres años. 

Una de la época cristiana, de Cremencia, sierva de Cristo, que 
vivió treinta y siete años, cinco meses y diez días. Potenciano 
recibió de ella muchos favores. (Este parece ser el dedicante.) 

Otro epitafio cristiano que dice: Silio ha vivido cincuenta y un 
años y descansa en esta tumba. En el nombre de Cristo. 

Antonio Blázquez. 



VI 

HÉROES Y MÁRTIRES GALLEGOS 

LOS FRANCISCANOS DE GALICIA EN LA GUERRA 

DE LA INDEPENDENCIA 

por Fr. Juan R. Legísima. Prólogo del Excmo. Sr. D. Eduardo de Hinojosa 

(Santiago, 191 2). 

Como haya tenido á bien el señor Director de nuestra Real 
Academia designarme para informar acerca de la obra Héroes y 
mártires gallegos., con uno de cuyos ejemplares su autor Fray 
Juan R. Legísima obsequió á nuestra Biblioteca, paso á dar cuen- 
ta del resultado de la comisión conferida. 

Forma la obra de referencia un grueso cuerpo en 8.° mayor, 
de XII 4- 910 páginas, claramente impreso en buen papel, é ilus- 
trado con una cubierta alegórica y numerosos grabados. La dis- 
posición de su contenido es la siguiente: 

Licencia de la Orden.— Licencia del Ordinario. — Prólogo del 
Sr. Hinojosa. —Dedicatoria del autor «A ellos...».— Introduc- 
ción dividida en tres apartados.— Texto distribuido en treinta y 
cuatro capítulos.— Epílogo. — Apéndices en número de cincuen- 
ta. — índice analítico de materias.— índice general y sumarios.— 
índice de grabados. 



102 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La obra del P. Legísima es ante todo una buena obra de re- 
paración histórica. Religioso regular el autor, dolíase al observar 
cómo en el armónico concierto con que España entera ha venido 
conmemorando y conmemora aún aquella gloriosa epopeya que 
se llamó Guerra de la Independencia, cuando se traía justamente 
á la memoria un día y otro día las nobilísimas figuras de tantos 
héroes que sellaron con su sangre su amor á la Patria, sólo la ac- 
ción del fraile no era celebrada, ella sola quedaba postergada y 
olvidada, ella carecía de cantores y de monumentos. Y como, no 
obstante, la acción del fraile en aquella guerra fué gloriosísima, el 
autor quiso con feliz acuerdo reparar en parte tamaño olvido, y 
he aquí la razón de ser de su obra, que es, en el fondo, un vi- 
brante himno enderezado á los héroes de nuestra Independencia, 
y muy particularmente al clero secular y regular, que en gr an 
manera coadyuvó al alzamiento nacional. 

Pero procediendo cuerdamente, lejos de componer un libro 
de carácter general acerca del concurso prestado por los ecle- 
siásticos españoles á la causa de su Patria, el P. Legísima, que es 
gallego y franciscano, empleó su actividad y sus dotes en histo- 
riar la acción de sus hermanos de orden, que en Galicia forma- 
ban parte de la provincia franciscana de Santiago, la cual se ex- 
tendía fuera del territorio gallego. Así, pues, la verdadera tesis 
del libro es probar «que los Franciscanos de Galicia fueron digna 
personificación del espíritu religioso y patriótico de la región 
donde pelearon contra el invasor» (pág, 59)- 

Y, cierto, el laborioso escritor prueba cumplidamente su tesis. 
En la extensa Introducción nos presenta un vasto cuadro en que 
con ejemplos tomados de todas las regiones españolas se de- 
muestra que fué la idea religiosa alma de la Guerra de la Inde- 
pendencia, y que habiendo ocurrido lo propio en Galicia, los 
franciscanos fueron personificación de aquella idea. Y después 
pasa á desarrollar ampliamente el asunto en el cuerpo de la obra, 
procediendo, ora por orden cronológico, ora por el topográfico, 
ora por el biográfico. 

Ante la mente del lector surge la visión de hechos poco co- 
nocidos y á las veces ignorados, correspondientes á uno de los 



HÉROES Y MÁRTIRES GALLEGOS 



períodos más interesantes de nuestra existencia nacional, y que 
lo mismo tocan á la historia eclesiástica que á la profana. El es- 
tado de los conventos franciscanos de frailes y de monjas y de 
las Congregaciones terciarias á la sazón existentes en el reino de 
Galicia; la intervención de los franciscanos gallegos en los su- 
cesos políticos de aquellos años; la grandísima que tuvieron en 
la organización de la lucha y en la misma lucha armada fomen- 
tando las «Alarmas», formando parte de los ejércitos regulares 
ó distinguiéndose como valerosos guerrilleros; las delicadas mi- 
siones que se les confiaron; los atropellos é impiedades cometi- 
dos por los invasores en los monasterios y en los subditos de la 
provincia franciscana; los sufrimientos y martirios padecidos por 
los religiosos; los franciscanos por varios conceptos notables que 
se distinguieron durante aquellos años, sus empresas y hazañas; 
todo este vasto conjunto que constituye lo que, con frase feliz, 
califica el P. Legísima de acción y pasión franciscana (pág. 103), 
enlazado, cuando la oportunidad lo requiere, con el relato ó el 
resumen de los hechos de armas y las funciones de guerra acae- 
cidos en GaHcia entre 1 808 y 1 814, con motivo de los movimien- 
tos operados en aquel antiguo reino por las tropas españolas, in- 
glesas y francesas que tomaron parte en la empeñada contienda, 
tiene en la obra su lugar propio, adquiriendo un desarrollo pro- 
porcionado á las exigencias de la historia regional, cuya estruc- 
tura forzosamente es distinta que la adoptada por los historiado- 
res generales de aquel y de otros períodos históricos. 

Para llegar á este resultado, el autor documentóse bien previa- 
mente, allegando con gran diligencia y utilizando con discreción 
cuantos elementos, muy conocidos unos, mal conocidos otros y 
desconocidos no pocos, pudo haber á mano. Libros, opúsculos y 
periódicos de la época; obras históricas publicadas con posterio- 
dad; documentos procedentes de los archivos y particularmente 
del de la provincia franciscana de Santiago, de los del Ayunta- 
miento y de la Universidad compostelanos; relaciones de los Su- 
periores de casas de la Orden utilizadas por el cronista do la pro- 
vincia, documentos que, aunque publicados, por su misma rareza 
casi pueden considerarse como inéditos; tales son las fuentes de 



104 boletín de la real academia de la historia 

que principalmente se vale y que pone á contribución para en- 
riquecer más y más su libro y para proyectar nueva luz sobre los 
hombres y los sucesos de aquella época. 

Emparejadas en la mente del autor, como en la realidad lo 
estuvieron en la de los héroes á quien ensalza, las ideas de Re- 
ligión y Patria, lógico es que una de las notas características del 
libro sea un ardiente patriotismo, al que sirve de vehículo un 
estilo espontáneo y cálido, en que no es raro hallar frases duras 
y aceradas contra los franceses. Dadas la índole y la tendencia — 
buena tendencia, desde luego — de la obra, no es maravilla que 
el estilo se torne á las veces algo declamador y enfático, cuando 
el autor loa con justicia á aquellos sus heroicos hermanos de há- 
bito; pero quiero agregar que ni los tales ribetes de énfasis sien- 
tan mal á la producción, ni, en realidad, hacen sino sumar otra 
cualidad á las muy recomendables que forman la personalidad 
original y propia de un excelente historiógrafo más con que 
cuenta la ya numerosa lista de nuestros beneméritos escritores 
regionales. 

Y ya que he estampado algo que podrá sonar á censura en el 
sentido desfavorable de la palabra (aunque en realidad no lo sea), 
he de apresurarme á añadir que uno de los méritos del libro es 
el de la imparcialidad, mediante la cual, lo mismo registra y re- 
conoce el autor alguna buena acción hecha por algún jefe fran- 
cés, como señala los lunares y deficiencias que hubo en la con- 
ducta de ciertos religiosos franciscanos, dignos, por otra parte, 
de buena recordación. 

Los nutridos Apéndices compónense de cincuenta piezas jus- 
tificativas, tales como relaciones históricas, noticias biográficas, 
apuntes bibliográficos, partidas sacramentales y otros documen- 
tos de índole histórica. Entre los índices, es el más importante el 
analítico de materias, que facilita mucho la busca de lo tocante 
á cualquier nombre de persona ó de lugar, ó á determinados pun- 
tos concretos tratados. 

Entiendo que con lo dicho basta para que pueda apreciarse 
todo lo meritorio de la labor realizada por el P. R. Legísima, 
quien, si principalmente se propuso sacar del olvido ó reverde- 



HÉROES Y MÁRTIRES GALLEGOS lOC 

cer la memoria de sujetos y acecimientos íntimamente enlazados 
con la Religión franciscana en Galicia, supo también componer 
un libro de interés nacional, sin cuyo conocimiento y estudio se- 
ría en vano intentar una obra histórica definitiva sobre Galicia 
en el período de 1808 á 1814. Pero no he de dar fin á este infor- 
me sin transcribir algunos de los juicios que, emanados de tan 
reconocida autoridad como la del señor Secretario de esta Aca- 
demia, figuran en el Prólogo del libro. «La obra del P. Juan R. Le- 
gísima Héroes y Mártires gallegos — dice el Sr. Hinojosa — viene 
á enriquecer con una notable monografía, abundante en datos y 
puntos de vista nuevos é interesantes, la bibliografía de la Gue- 
rra de la Independencia... Merced... á la infatigable diligencia y 
al espíritu crítico que [el autor] revela en su obra, ha logrado re- 
construir, impregnándose de las ideas y los sentimientos de las 
generaciones pasadas y esforzándose por convivir con ellas, la 
parte principalísima que tuvo el pueblo y el clero de Galicia, y 
en especial la Orden franciscana, en la gloriosa lucha contra los 
invasores franceses. Su trabajo es, como suele expresarse con 
frase gráfica, de primera mano, es decir que se funda en el es- 
tudio analítico y crítico de las fuentes coetáneas.» Y para termi- 
nar, resume su opinión el prologuista diciendo que al escribir 
el P. Legísima su monografía «ha merecido bien de la Patria y 
ha prestado un señaladísimo servicio á los estudios históricos». 

A lo cual sólo agregaré que, por mi parte, suscribiría sin re- 
paro tales juicios, reflejo del relevante mérito que avalora el libro 
cuyo examen se me ha confiado. 

Así tengo el honor de comunicarlo á la Academia, á cuyo pa- 
recer subordinaría el mío en todo caso. 

Madrid, 28 de Noviembre de 19 13. 

El Conde de Cedillo. 



Io6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



VII 



ESTUDIOS marroquíes. LA EMBAJADA DE DON FRANCISCO 
SALINAS Y MOÑINO Y EL ARREGLO DE 1785, 

por D. Gabriel de Morales. Madrid, 19 13. 
(Comunicación del día 23 de Abril de 1913.) 

Como las indicaciones de nuestro Director son órdenes para 
mí (tanto es el aprecio y consideración que me merece), cumplo 
gustoso el encargo hecho por él, y ratificado por esta Corpora- 
ción, de informar el folleto titulado: La embajada de D. Fran - 
cisco Salinas y Moñiiioy el arreglo de lyS^, escrito por D. Gabriel 
de Morales, autor conocido por publicaciones anteriores, tan in- 
teresantes, como la obra titulada Datos para la historia de Meli- 
lla, que le creó, desde luego, una reputación de competencia y 
de sinceridad no muy frecuentes. 

En el presente trabajo, publicado en las columnas de nuestro 
Boletín, se propuso aclarar y ampliar las noticias relativas á los 
tratos y negociaciones que en 1 78 5 mediaron entre los Reyes de 
España y Marruecos, y en verdad que, buscando con constan- 
cia y diligencia, ha hecho uso de la Memoria manuscrita que 
conserva nuestra biblioteca, y ha tomado curiosos datos de los 
papeles que, procedentes del Ministerio de Estado, se custodian 
en el Archivo Histórico Nacional, así como de las noticias conte- 
nidas en las notables obras de nuestro compañero el Sr. Bec- 
quer, y del que lo es mío y muy apreciado de carrera, Sr. Con- 
rote, á las cuales justo es también tributarles un elogio en esta 
ocasión. 

El relato de la marcha, estancia y regreso de la embajada; la 
busca y hallazgo de cartas y documentos relativos á las negocia- 
ciones; la de un manuscrito árabe, en el cual constan las conce- 
siones que el rey de Marruecos hizo al rey de España y á sus 
subditos, el alcance político de la embajada y la situación, en 
cierto punto preeminente, que España tuvo en aquel entonces 



ESTUDIOS MARROQUÍES IO7 

en el vecino y meridional reino, todo está tratado en el folleto 
del Sr. Morales y presentado con orden y con método, siendo, 
por consiguiente, digno de loa su trabajo. 

Hay, sin embargo, dos puntos, de los que va á ocuparse el que 
suscribe, más en concepto de ampliación que de rectificación, 
una vez que el ser conocido dicho folleto de los señores Acadé- 
micos le dispensa de entrar en detalles. Estos dos puntos son: 
uno de interpretación de una palabra, y otro, relativo al juicio 
que debe merecer Muley Mohamed, rey de Marruecos en aquel 
entonces. 

Respecto del primero, creo debe sustituirse la palabra antiguo^ 
aplicada al original del manuscrito encontrado en los legajos del 
Ministerio de Estado, por la de anterior^ y claramente se echa de 
ver que éste es el concepto, puesto que se trataba de un origi- 
nal firmado sólo unos cuantos días antes. Salvadas de este modo 
dudas que pudieran ocurrir, pasaremos al segundo punto, de los 
que nos proponemos tratar. 

«Sidi Mohamed — dice el Sr. Morales — era celoso defensor de 
sus subditos, y con aquel extraño modo de pensar, de que tantas 
pruebas tenía dadas, daba órdenes para quitar los cañones á los 
vecinos de nuestras plazas africanas; aceptaba que al fuego de fu- 
sil contestásemos con el nuestro; pero se opuso siempre termi- 
nantemente á prohibirles el uso de él, y jamás admitió que usá- 
ramos el cañón y el mortero cuando ellos no lo utilizaban; en 
más de una ocasión, el haberse hecho, estuvo á punto de motivar 
un rompimiento, y sólo en tiempos de su hijo Muley Solimán tué 
cuando se consiguió, por el art. I 5 del tratado de l.° de Marzo 
de 1799, que se reconociese á nuestras plazas el derecho de 
contestar á cañonazos las agresiones.» 

Todo esto que dice el Sr. Morales es completamente exacto; 
pero conviene ampliar el relato recordando las circunstancias 
poHticas por que atravesó el país durante su reinado, y al 
mismo tiempo las cualidades características del pueblo marro- 
quí, fanático é intolerable á tal extremo, que no vacila en derro- 
car sus reyes si sabe que pactan con los cristianos. Por. esto al- 
gunos reyes, aunque dotados de indiscutible talento, aparecen 



I08 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

quizás más bárbaros y sanguinarios que los deinás. Ejemplo de 
ello tenemos en Muley Ismael, llamado por los franceses el 
Luis XIV de Marruecos, que, desplegando una energía extraor- 
dinaria, dejó al morir pacificado el reino, organizado el ejército, 
rico el tesoro y embellecidas las principales poblaciones y entre 
ellas Mequinez, con magníficos palacios y jardines; pues bien, 
este rey sanguinario, quizás por necesidad más que por placer, al 
reproche de cruel que le hizo el embajador francés de Luis XIV, 
contestó rápidarrfente: «Vuestro rey gobierna hombres, en tanto 
que yo reino sobre bárbaros», frase que encierra una profunda 
filosofía; la de que los procedimientos deben acomodarse á las cir- 
cunstancias y las personas, no deben inspirarse en el idealismo, 
porque haría ineficaces por completo sus actos y mandatos. 

Pero, por desgracia para Marruecos, á la muerte de Ismael vol- 
vieron los pueblos á la anarquía, y su sucesor, falto de talento y 
de energía, no pudo reducirlos; los berberiscos mataron sus caí- 
des y se declararon independientes, y los negros se sublevaron. 

Sidi Mohamed, el monarca de Marruecos cuando la embajada 
de Salinas, había ocupado el trono en 1757, después de una 
época de humillaciones y vergüenzas para la monarquía, de des- 
orden en el país, de exaltación del sentimiento religioso; y si no 
reunía en tan alto grado las dotes de su antecesor, Ismael era sin 
embargo un hombre de talento no vulgar y de condiciones so- 
bresalientes, de carácter firme, de gran actividad y hábil admi- 
nistrador. 

Conocedor del odio que existía entre aldeanos y ciudadanos 
de las grandes villas, dio á Tetuán por gobernador uno de sus 
habitantes en relevo del campesino que antes la había mandado, 
produciendo esta medida gran contento; reorganizó la adminis- 
tración del imperio, reparó las murallas y las fortificaciones, hizo 
construir barcos y muelles en Salé y Rabat, estableció el puerto 
de Mogador y supo hacer justicia en los funcionarios inicuos y 
altaneros, como el cadí de Marruecos Abdelaziz Abu Abdelis, 

Pero los franceses habían atacado Larache en 1766, aunque 
sin lograr apoderarse de la plaza, antes por lo contrario, tuvie- 
ron que dejar 1. 000 hombres prisioneros, que se rescataron por 



ESTUDIOS MARROQUÍES • IO9 

la mediación de España; los rifeños y yebalas, indisciplinados, 
hubieron de ser castigados severamente un año después, y un 
impostor, el Keli 6 Kellei, lograba entrar en la ciudad de Marrue- 
cos con ánimo de robar el tesoro, seguido de numerosos parti- 
darios. 

A todos estos motivos de disgusto pueden unirse la subleva- 
ción de Tadla y su comarca, que obligó al rey á dirigir en perso- 
na la expedición, después le de los de Geraua ó Geruan (1770), 
en la que salió victorioso, encaminándose hacia Melilla, á cuya 
plaza puso sitio, sin duda instigado por sus agentes que le inci- 
taban á la guerra con el cristiano, y es curioso recordar que,,ha- 
biendo con este motivo reclamado el rey de España, quien invo- 
có los recientes tratados de paz, alegó el mahometano que sólo 
regían para la guerra marítima, pero no para la terrestre; sin em- 
bargo, á la vista del tratado reconoció su error, ó lo que es más 
probable, en este tiempo logró convencer á los instigadores de 
esta operación de lo inconveniente de sus propósitos y retiró sus 
tropas. 

En 1774 tuvo lugar una importante sublevación de los negros, 
quienes proclamaron á Yezid, hijo de Mohamed. El príncipe, 
que con un ejército había ido á someterlos á la obediencia, 
se puso á su frente y empuñó las armas contra el autor de su 
existencia; mas logró vencerlos el monarca, y aunque á los dos 
años volvieron á rebelarse, los dominó y disolvió, deshaciendo 
la obra de su abuelo Ismail. 

Los negros, instrumento necesario para sujetar tanto á la no- 
bleza (xerifes), como á las congregaciones religiosas, habían cum- 
plido su misión; ensoberbecidos por su influencia y su poder, 
fueron en los primeros años del reinado de Mohamed una insti- 
tución que pesaba mucho en las resoluciones reales, pero al fin 
fueron dominados por completo. 

Cuando el monarca español empezó sus tratos con el de Ma- 
rruecos, tratos que habían de terminarse con la Embajada de Sa- 
linas y con las concesiones hechas á los españoles, estaba aún 
reciente una época calamitosa, que había dejado al país en la mi- 
seria. Ocurrió esto en el período de 1776 á 1 782, en que las gen- 



lio BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tes se vieron obligadas á comer carne de jabalí, animal prohibi- 
do por el Corán, y de otros animales muertos, á causa de la se- 
quía. Mohamed, aquel rey á quien no vacilamos en calificar de 
grande, tuvo rasgos dignos de la majestad que ostentaba, pues 
repartió víveres á las tropas y á los habitantes del país, prestan- 
do también dinero á las tribus, con obligación de que lo devol- 
vieran cuando llegaran los años prósperos, y como al cabo de 
algún tiempo se presentaran comisionados con tal objeto, á de- 
volvérsele, se negó á aceptar la devolución, diciendo que si él lo 
dio en calidad de préstamo, fué, para que sabiendo que lo ten- 
drían que devolver, no se quedaran con él los Xeques. Sabia y 
acertada previsión que coronaba un acto de desprendimiento y 
de grandeza. 

Mientras tanto su hijo Yezid que se había refugiado en el san- 
tuario de Abd el Selam, fomentaba el descontento (l); parte del 
pueblo había intepretado la sequía como un castigo de Dios por 
las tolerancias del Sultán con los cristianos, y un falso profeta 
que se daba el título de Señor de la hora, levantaba también la 
bandera de la rebelión, y aunque Yezid volvió á la obediencia, 
al fin se vio obligado el monarca á desheredarle, redactando con- 
tra él las fórmulas de la maldición. 

Además de éstos, otros factores importantes justifican, ó por 
lo menos atenúan, sus veleidades. De éstos fué el más importante 
quizás el partido religioso sostenido, tanto por las congregacio- 
nes, como por los mismos xerifes. 

Mas la tea de la discordia humeaba con fatídicas llamara- 
das en campiñas y ciudades, y las gentes díscolas y revoltosas, 
turbaban la tranquilidad y el sosiego, resistían su autoridad y le 
impulsaban, ai mismo tiempo, á arrojar de su reino á los cristianos. 
Este odio religioso le obligó á sitiar á Mogador, única plaza que 
los portugueses conservaban y que al fin tuvieron que evacuar 
(1769) y á emprender el sitio de Ceuta. Mas el mismo afán que 
sintió de entrar en relaciones con los países europeos, muestra 



(i) Todavía se conservan las ruinas de la casa que habitó en el monte 
Alam. 



ESTUDIOS MARROQUÍES ] , j 

que ni era tan intransigente como cediendo á las fanáticas exhor- 
taciones de los suyos tenía que parecer, ni tan ignorante que no 
se diese cuenta de la conveniencia de sacar á Marruecos del ais- 
lamiento en que vivía, ni tan veleidoso como puede presumirse. 
Apenas elevado al trono recorrió varias provincias, y en Fez, cé- 
lebre por su Universidad, discutió con los ulemas, dando prue- 
ba de su sabiduría; organizó el servicio religioso en la tumba de 
su padre, fué espléndido con los servidores que aquel había teni- 
do, inventarió los bienes y confió la custodia del tesoro á funcio- 
narios probos. 

Los jefes religiosos no fueron al principio de la conquista otra 
cosa que catequistas, pero pronto se convirtieron en agentes po- 
líticos y algunos de ellos se rebelaron contra la autoridad, como 
Sale ben Taric (l) entre los berguatas en Salé, en 780; Hamim y 
Ahsen ben Temil (2), en las regiones de Tetuán y del monte 
Alam, en 987, y Abu Tuayin (3) más al occidente en el siglo xiii; 
pero si bien es cierto que estos caudillos fueron protestantes, 
también lo es que hubo jefes ortodoxos que llegaron á ejercer 
un poder considerable, y así frente á Abu Tuayin aparece Sidi 
Abd el Selam ben Mexix, jefe de la más importante cofradía de 
Marruecos, establecida en las impenetrables montañas que hay 
al O. de Tetuán y que todavía lleva su nombre (4). 

Un cadí, miembro de una congregación religiosa, provocaba en 
Fez una rebelión en el siguiente siglo contra el visir Abu er Re- 
bla, logrando que aquel funcionario fuera destituido (5), }'' aun- 
que los reyes no permitieron en la primera mitad del siglo xvi 
que figurasen los morabitos en el orden político, adquirieron 
gran respeto y consideración por las autoridades y por las tribus. 

Entre las cofradías marroquíes del siglo xvi figuraban las de 



(i) Aben Jaldun, Hisi. des bereberes. Trad. de Slane, tomo 11, pág. 125, 
y el Bekri, pág. 184. 

(2) Aben Jaldun, Hist. des bereberes. Trad. de Slane, tomo 11, págs. 123, 

143 y M5- 

(3) Aben Jaldun, Hist. des bereberes, tomo 11, 157, y el Bekri, 1S4. 
(4). Basset, Nedromah et les Trararas, pág. 69, nota 2,*-. 

(5)' Aben Jaldun, tomo iv, pág. 185. 



112 boletín de la real academia de la historia 

Oaderia y Xadelia (l), procedente aquélla de Turquía, y tan 
engreída de su poder, que se mofaba del sultán turco, negándole 
que fuera el jefe de los mahometanos; y la de Xadelia, ó de los 
descendientes de Abd-el-Selam, producía recelos en la corte de 
Marruecos (2). Esta última fué casa matriz de otras cofradías, 
como la de Yutio, que al principio tomó asiento en las inmedia- 
ciones de Arcila, aunque luego se difundió por Fez y Mequi- 
nez (3); los Debbaghum, que instalados en España en el siglo x, 
regresaron á Marruecos en el xiii, estableciéndose en Salé (4); 
los xerifes del monte Alam, de donde descienden los de Uazán; 
los kettanies, de Mequinez (5); los ingarios del Rif, trasladados 
luego á Azemmur (6), y los hamuditas (7), que, como los anterio- 
res, dejaron la primitiva patria (el monte Alam) para establecer- 
se en Tlemecen; siendo los fundadores descendientes del primer 
rey de Marruecos, Edris I. 

A todas estas congregaciones hay que añadir las que, proce- 
dentes de Sicilia y España, se repatriaron; las de Turquía, en 
cambio, vinieron acompañando á los turcos, que habían sentado 
sus plantas en el África septentrional. 

Los beni merines encontraron, en las órdenes religiosas, un 
poderoso auxiliar, ya que los cambios de dinastías en tiempos an- 
teriores efectuados, se produjeron casi siempre con pretexto de 
depurar y robustecer la religión mahometana, mal cumplida por 
los reyes, quienes poco celosos de la pureza de la doctrina, eran 
al mismo tiempo aliados ó amigos de los cristianos; reyes que 
toleraban la existencia de éstos en sus reinos y hasta les autori- 
zaban para construir iglesias en su capital. Por esto se apoyaron 
en las confederaciones religiosas, que pronto dominaron el país 
y absorbieron, mejor dicho arruinaron, las Universidades maho- 



(i) Mercier, Notice sur la confre'rie de Sidi Abd el Qader el Yilatti. 

(2) Cour, L' ciahlisse?nent des Dynasties des Chefifs au Maroc, pág. 14. 

(3) Istiqga, tomo 11, pág. 158. 

(4) El Qadifi, pág. 35. 

(5) ídem, pág. 41. 

(6) Selouat, tomo 11, pág. 218. 

(7) El Qadiri, pág. 38 y siguientes. 



ESTUDIOS marroquíes I 1 3 

metanas, donde se enseñaba !a ciencia, para llevar los estu- 
diantes á las zauias, donde se enseñaba la charlatanería, como 
hizo notar muy bien León «el Africano» con motivo de sus visi- 
tas á Fez y Marruecos (l), por lo cual, salvada la excepción de 
algunos andaluces, nadie conocía las Matemáticas, la Filosofía ni 
la Astronomía. 

Los morabitos y las congregaciones se aprovechaban de esta 
general incultura para explotar mejor el fanatismo, y acudiendo 
á la magia y á las llamadas ciencias ocultas, lograban despertar 
la fe y el entusiasmo de las multitudes bárbaras é ignorantes. 

Eran además hombres educados para la predicación, y tenían, 
como los políticos modernos, el arte de argüir y de convencer, 
sabiendo hablar hasta de cuestiones ajenas á su cultura, pues 
para tal empresa, como la de seducir al vulgo, vale mucho más 
el sofisma y el arte declamatorio, que la sólida cultura adquirida 
en el estudio de las ciencias. 

Andando el tiempo hubo necesidad de recurrir á la imposición 
de tributos á la industria privada, y como aun así no bastasen para 
sostener los gastos del ejército, y en el Corán están fijados taxa- 
tivamente los conceptos, por los cuales es lícito exigir contribu- 
ciones, y entre ellos no figura el de las tropas, pues el ejército 
debe vivir con los que proporcione la conquista y el saqueo, fué 
preciso autorizar el corso y la piratería (2), y más adelante pri- 
var á las comunidades de las exenciones que gozaban las zauias, 
medida que originó resistencias y fué motivo para que las cofra- 
días entraran en trato con los turcos que dominaban en Argel, 
quizás para derrocar la dinastía marroquí (3). 



(i) León Africano, Historíale description de l'Afrique, págs. 149-175.— 
Mercier, Hisl. de V Afrique uptentrmiale, tomo iii. 

(2) Mercier, Hisi. de V Afrique septentrionalc , tomo^ 11, pág. 390 y si- 
guientes. 

(3) Una carta del rey de Túnez al de Tlemecen, muestra cómo desde 
la ocupación de Argel, los turcos constituían un peligro para las dinastías 
indígenas del África del Norte. Véase Ghazaouat, páj,'. 139. 

Véase también Lavissee et Rambaud, Flistoire genérale, tomo iv, pág. 885 
y siguientes, y Hammer, Hisioirc des Otiomans, trad. francesa, toni<. iv, 
páginas 269-364. 

TOMO LXIV. ** 



114 boletín de la real academia de la historia 

La reacción religiosa contra la invasión portuguesa y española 
hizo surgir morabitos por todas partes; y los xerifes, para poder 
luchar con sus competidores, hubieron de tratar con España, 
quedando los morabitos en libertad de adherirse, como lo hicie- 
ron, á la nueva dinastía contra la anterior, á cambio de impor- 
tantes privilegios (l). 

Mas á pesar de todo, la necesidad se impuso, y las zauias fue- 
ron sometidas á una inspección tributaria, y entonces estallaron 
las rebeliones y apareció el desorden en el país, por las predi- 
caciones de los miembros de las cofradías. Uno de ellos, el cadí 
de Fez, incitaba á las masas al asesinato del rey, diciendo que el 
matar á un susi (el rey era del país del Sus), era lo mismo que 
matar un mago (cristiano); otro (el de Mequinez), incitó á des- 
acatar las órdenes de las autoridades, y tanto fué el desasosiego, 
que hubo de trasladarse la corte de Fez á Marruecos. 

A la muerte del rey, su sucesor se vio obligado á solicitar el 
apoyo de las gentes del Sus, pues el país estaba en completa des- 
composición, y los turcos, que ocupaban la regencia de Argel, 
trataban de apoderarse de su reino, ya muy mermado, pues el 
xerife de Xexaua, que llevaba también el título de emir, era de 
hecho independiente y predicaba la Guerra Santa, por lo cual 
hubo de acometerle el monarca marroquí, y para acabar con los 
rebeldes de Tetuán, que le ayudaban, fué á poco á la desembo- 
cadura del río Martín el insigne marino D. Alvaro de Bazán (2) 
y destruyó los barcos piratas (1565). 

El acuerdo cristiano-marroquí y los sucesos que acabamos de 
relatar, determinaron la defección de muchos de los que consti- 
tuían el ejército, y al mismo tiempo bastantes morabitos indicaron 
sus propósitos de retirarse del partido del monarca, mientras indi- 
viduos de otras cofradías amigas de los turcos incitaban á las gen- 
tes á rechazar todo trato con los cristianos á mediados del siglo xvi. 

La prometida cesión de Larache á España en 16 10 por el 



(i) Véase El Oafrani, págs. 68 y 24. — Istiq(;;a, tomo iii, pág. 12.— Die- 
go de Torres, pág. 281 y siguientes. 
(2) Véase El Otifrani, pág. 99. 



ESTUDIOS MARROQUÍES I | 5 

Mamun, íué causa de que el pueblo musulmán se pusiera en con- 
moción y estallara el descontento; y un xerif, Ahmed ben Edris, 
visitó todas las asambleas religiosas, predicando la Guerra Santa. 
Comprendiendo el monarca lo grave de la situación, reunió á los 
principales jurisconsultos de Fez; y como el convenio se había 
efectuado durante la estancia de Al Mamun en España, dijeron 
que no tenía valor, puesto que entonces estaba en poder de los 
cristianos, argucia ésta que prueba la doblez de los moros, y que 
la soberanía no estaba de hecho en el monarca ni en la corte, 
sino en las Ordenes religiosas, que movían á su voluntad el fana- 
tismo musulmán, y en los jefes de las mismas, que los impulsa- 
ban á medida de su conveniencia ó de sus propósitos. En el 
Norte tuvo que luchar el Mamun contra las partidas organizadas 
por el gobernador de Tetuán, que dominaba hasta Tánger y Al- 
cázar. En tanto los turcos fomentaban secretamente el descon- 
tento, contribuyendo, al parecer, á que un santón de Siyilmesa, 
el Mahalli, se apoderara de esta población (l) y después pene- 
trara en la ciudad de Marruecos, obligando á huir á Muley Zidan. 
Azemur y Salé se sublevaron por entonces, y la caída de la 
dinastía fué inevitable, 

Aunque la dinastía Fileli ocupó el trono, más por el atrevi- 
miento de sus primeros caudillos que por encarnar una idea polí- 
tica ó religiosa, dándose cuenta exacta de la situación de Marrue- 
cos, predica desde luego la Guerra Santa y lucha contra los 
ingleses y su aliado Ghilan en Alcazarquivir, reclutaba volunta- 
rios para la Guerra Santa, y lograba por fin posesionarse de Tán- 
ger (1673). Apoyándose en la autoridad de los morabitos, con- 
testan á las intrigas de los turcos, provocando sublevaciones 
contra su autoridad en Tlemecen, y en vez de oponerse al fana- 
tismo musulmán de las tribus del Garb, lo encauzan, organizán- 
dolas para la lucha constante con las plazas ocupadas por los 
cristianos en la costa de Marruecos, consiguiendo por fin, des- 
pués de varios años, apoderarse de todas ellas (2). 



(i) Año 1611.— Véase El Oufrani, pág. 355 y siguieiLtcs. 
(2) Istiq^a, tomo iv, pág. 14.— Ezziani, 19 y 20, etc. 

* 



Il6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La política de Muley Ismaü, uno de sus reyes, ya citado, fué 
desviar á las Ordenes religiosas de la tutela en que tenían á los 
Monarcas, y para lograrlo, favoreció á los xerifes edrisitas tanto ó 
más de lo que desatendía á las cofradías; y como en éstas tenían 
ya bastante ascendiente los berberiscos, encontraron los reyes 
favorablemente preparados los ánimos. Entonces dio al xerif de 
Uazan el gobierno de toda la parte NO. de Marruecos. 

Fué su muerte, sin embargo, la manifestación de los males que 
laceraban el reino marroquí, pues sus hijos lucharon por el Poder, 
ayudados cada uno por los elementos que aspiraban á la domi- 
nación de la sociedad, y se inicia un período de veinte años, en 
el cual se sublevan sucesivamente las poblaciones, las tribus, y 
reina el desconcierto, hasta el extremo de que en dicho período 
hubo doce proclamaciones de sólo seis aspirantes al trono 
(1627-1647). La Guardia Negra, aquel ejército que había creado 
para sostén de la monarquía, tomó también parte en las revuel- 
tas, sirviendo al que más favores le prometía. 

Con esto llegamos al reinado de Mohamed, quien tuvo que ir 
venciendo y dominando primero á las comarcas de hecho inde- 
pendientes de Salé, Tánger y Tetuán, y volviendo la vista á la 
política de su abuelo Ismail, hizo la paz interior, contemporizó 
con los exaltados del N., consiguiendo que gastaran sus energías 
contra los cristianos de Ceuta y Melilla, prefiriendo darles el 
desahogo de la lucha á provocar su enemistad y su desobedien- 
cia. Esto explica su actitud para con los gobiernos españoles y 
su doblez al pactar con nosotros, para después desautorizar los 
tratados, sin perjuicio de darles, en definitiva, validez. 

Con los turcos argelinos, sus naturales y temidos enemigos, 
en cambio, mantuvo ostensiblemente buenas relaciones, pero pro- 
curó al mismo tiempo la alianza con Túnez y con los Estados 
cristianos, consiguiendo éstos mayores ventajas y logrando ma- 
yores simpatías que sus hermanos de religión; pero esta política 
de dos caras le permitió mejorar la situación interior y exterior 
del reino, cosa que de otro modo no hubiera podido conseguir. 
Examinada con este criterio su conducta, se podría afirmar que 
fué en el fondo leal y sincero en sus declaraciones y en sus 



INSCRIPCIÓN ÁRABE DE TUUJILLO I | n 

actos con los cristianos, y falaz con sus subditos, bien que en la 
forma resulte lo contrario. El mayor peligro para desarrollar una 
política franca y decidida en favor de España ó de cualquier otro 
país católico, estaba en sus subditos, según la historia demuestra 
no sólo con relación á los reinados anteriores, sino en los pos- 
teriores; pero muestra su talento y sus dotes la comparación 
entre el estado del país, antes y después de su gobierno. 

Con esto queda justificada, aunque someramente, la aclara- 
ción que prometí en las primeras líneas, restándome manifestar 
mi deseo de que quien como el Sr. Morales tiene tantos entu- 
siasmos y tanta competencia, persista en la labor patriótica em- 
prendida de allegar nuevos elementos de información. 

La Academia aceptará ó modificará, según estime conveniente, 
estas consideraciones, sometiéndome á ello gustoso. 

Madrid, 28 de Noviembre de 1913. 

Antonio Blázquez. 



VIII 
INSCRIPCIÓN ÁRABE DE TRUJILLO 

El Sr. D. Antonio Núñez envió al señor Director de la Aca- 
demia fotografía y calcos de una lápida con inscripción árabe, 
procedente de Trujillo (Cáceres): encargado de informar acerca 
del contenido de la inscripción, he examinado detenidamente la 
fotografía y los calcos, sin haber podido llegar á una lectura 
satisfactoria. 

La inscripción está hecha en hueco, de un modo bastante tosco 
é incorrecto, ya que trazos que debieran estar unidos al siguien- 
te, resultan sin unión en palabras indudables, haciendo que en 
las palabras dudosas las combinaciones de letras, posibles gráfica- 
mente, sean muy numerosas, de donde resulta que las palabras 
más importantes quedan sin lectura satisfactoria; pues es do notar 
que la inscripción en nada se parece á las ordinarias sepulcrales 
ó conmemorativas de construcciones; así en la fecha, por ejemplo, 
no señala día de mes, sino día de la semana del año 408. 



"^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORl/ 




i 



INSCRIPCIÓN ÁRABE DE TKUJILLO 



I 

I 



INSCRIPCIÓN ÁRABE DE TRUJILLO II9 

La inscripción, que está completa, es muy corta, en siete líneas, 
de dos á cuatro palabras, en la forma siguiente: 

^--^J-^^ 

^1 

^=.3!¿j 

«En el nombre de Dios, clemente, {| misericordioso... || Mohámed hijo 
de Suléiman, compadézcase (de él) || Dios... || ... y esto (fué) || día de jue- 
ves, año och II o y cuatro cientos.» 

De la traducción de las palabras, cuya lectura no ofrece duda, 
resulta que un Mohámed hijo dd Suléiman^ hizo algo, ó le pasó 
algo, en un jueves del año 408 de la hégira (= 30 de Mayo 
de 1017 á 20 de Mayo de 1018). 

La palabra que parece ser la capital de la inscripción es la 
última de la segunda línea, que en la fotografía resulta a^^, que 
podía ser 

y otras, pues aún cabe convertir la última letra ^ en :5, y aun 
sería preciso tener en cuenta que el primer trazo de esta supuesta 
palabra, que en la fotografía aparece unido á la letra siguiente, 
en el calco resulta dudoso, y quizá unido al anterior, de modo 
que con los otros dos trazos anteriores podría constituir otras 
combinaciones. 

Resulta, por tanto, que sólo puedo asegurar que la inscripción 
se refiere á un suceso acaecido á Mohámed, hijo de Suléiman, en 
un jueves del año 408, y por cierto que llama la atención el que 
no se mencione el mes. 

Madrid, 3 de Diciembre de 1913. 

Francisco Codera. 



VARIEDADES 



1 

DISCURSO ESCRITO Y PRONUNCIADO POR EL DIRECTOR DE 
LA ACADEMIA, EN SEVILLA, EL DÍA 19 DE DICIEMBRE DE 1913. 
AL INAUGURARSE LA EXPOSICIÓN DE DOCUMENTOS Y MAPAS 
HISTÓRICO-GEOGRÁFICOS DE AMÉRICA, EN EL ARCHIVO DE 

INDIAS 

Excelentísimo señor (i). 

Señoras y señores: 

El Centenario decimosexto de la paz de Constantino el Mag- 
no, que dio principio á una época trascendental de la Religión 
cristiana, civilizadora de todo el orbe, ha coincidido con el de 
otro hecho cuatro veces secular, no menos memorable, ó el des- 
cubrimiento del Océano Pacífico, por Vasco Núñez de Balboa, en 
25 de Septiembre de I 513- 

La grande obra del genio colosal de Cristóbal Colón y de la 
magnanimidad de España, tomó entonces bajo el impulso de 
nuestra nación el sello providencial de mancomunar en todo 
nuestro planeta las relaciones del mutuo conocimiento, inmen- 
sos adelantos intelectuales, morales y materiales, con más y más 
felices aspiraciones y fraternal abrazo de toda la humanidad. 

(iQuién podrá, señores, mejor que vosotros, presentir á dónde 
nos llevan tantos y tan maravillosos progresos realizados por el 
saber humano desde que Newton descubrió y fijó la ley de la 
atracción universal; precedido de Laplace, su bienhechor, reco- 



(i) D. Francisco Bergamín, Ministro de Instrucción Pública y Bellas 
Artes. 



DISCURSO ESCRITO Y PRONUNCIADO, EN SEVILLA, POR EL DIRECTOR 12 1 

noció Poissón los íntimos resortes de la mecánica celeste; penetró 
Lavoisier en los recónditos senos de la Química, demostrando ser 
Dios tan glorioso en lo infinitamente grande como en lo infinita- 
mente pequeño; y formuló Ampére las leyes de la electricidad 
dinámica? Y para no cansarme en describir ese movimiento de 
incesante avance universal, advertimos, que, en este mismo año, 
en estos momentos en que tengo el honor de hablaros, la elec- 
tricidad sin hilos y los aviadores realizan el ensueño de la an- 
tigüedad que describió á Júpiter, dominando con su águila el 
reino de la atmósfera; y, sobre todo, vemos de qué manera 
el pensamiento humano, casi instantáneamente se comunica para 
aglomerar todas sus fuerzas y ordenarlas, resucitando lo pasado 
con la Historia, lo presente con la Geografía y con los grandes 
genios del Arte, de la Ciencia, del Gobierno y de la Moralidad 
lo porvenir. 

Por esto, toda la América en masa, todos los Estados de Eu- 
ropa que han tenido parte en el descubrimiento, repoblación y 
civilización de aquel Nuevo Mundo, han comenzado á celebrar, y 
celebrarán con indescriptible entusiasmo, el año 1 916, el suceso 
faustísimo que singularmente España conmemora, puesto que so- 
lamente españoles fueron los que, acaudillados por Vasco Nú- 
ñez, cruzaron la espada con el asta del pendón de Castilla, para 
tomar, en nombre de ésta, posesión del ]\Iar Pacífico. 

Dos monumentos ostenta, señores, esta augusta Catedral de 
Sevilla, que ciertamente podrán competir con el de la estatua 
gigantesca de Vasco Núñez de Balboa, que ha de elevarse en la 
entrada del Canal del Istmo de Panamá en agradecimiento é ine- 
narrable glorificación debida por todo el mundo al próximo pre- 
cursor de Magallanes y de Elcano, que ciñeron el orbe con la es- 
pumante estela trazada por la quilla de la nave Viaoría. 

Hablo del mausoleo que encierra los despojos mortales de 
Cristóbal Colón, cuya sombra me parece levantarse ahora para 
postrarse ante los pies de la Virgen de la Anticua, á quien invo- 
có más de una vez cruzando el Atlántico, y darle rendidas gra- 
cias, porque la primera tierra continental de América, poblada 
por los españoles, se puso bajo las alas de su protección mater- 



122 boletín de la REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nal, tomando el nombre de Santa María la Antigua del Darién. 

Allí fué donde Vasco Núñez de Balboa, cuyo nacimiento, así 
como se disputaban las jónicas ciudades el de Homero, se dis- 
putan varias poblaciones insignes de. la que fué provincia Roma- 
na senatorial y Visigoda Bética^ que por su capital bien podría- 
mos llamar Hispalense: Jerez de los Caballeros, Badajoz (l) y, 
recientemente, Belalcázar; allí fué, repito, en Santa María la An- 
tigua del Darién, donde Núñez de Balboa desplegó admirables 
dotes de energía y talento militar, de gobierno político y de ar- 
dimiento descubridor, dando ejemplo á Cortés y á Pizarro y á 
mil otros héroes de nuestra nación, de inauditas hazañas que ha 
laureado la Historia en sus páginas inmortales. 

Por esto en Madrid, cuatro Centros científicos: la Real Acade- 
mia de la Plistoria, la Universidad Central, la Real Sociedad Geo- 
gráfica y la Unión Ibero-Americana, concibieron el proyecto de 
realizar aquí en Sevilla, que fué durante largos siglos el foco de 
atracción entre. España y América, una exposición documental 
}'■ cartográfica que con el concurso oficial, el de las iglesias y el 
de las grandes casas de la nobleza, ofrezca á las cultivadas inte- 
ligencias ancho y nuevo campo de investigación, que les permita 
esclarecer é integrar la Geografía, la Etnología, la Lingüística y, 
la Historia del Nuevo Mundo, sin excluir de esta labor la histo- 
ria de sus jóvenes naciones, que, desprendidas un día de la Me- 
trópoli europea, no han perdido la estimación ni el amor filial, 
profundo é indeleble, á las que les dieron el ser. 

Organizado y bien meditado semejante proyecto, fué aproba- 
do por el Gobierno de S. M., creándose el Comité directivo y 
compuesto del Director y Presidentes de las referidas Corpora- 
ciones, previa la inauguración para uno de los días de este año, 
que ha recaído en el de hoy, y señalándose para la clausura el 30 
de Junio del año próximo, y celebrándose el Congreso histórico- 
geográfico en plena primavera, estación que mayores encantos 



(i) Incluyo á Badajoz en la Bética por estar á mano izquierda del Gua- 
diana. No puede confundirse con la lusitana Pax Julia (Augusta de Estra- 
bón), que se reduce á Beja del Aigarbe. — F. F. 



DISCURSO ESCRITO Y PRONUNCIADO, EN SEVILLA, POR EL DIRECTOR 1 23 

ofrece en Andalucía, y que tendrá la ventaja de poder disfrutar 
al propio tiempo de la Semana Santa y famosa feria sevillana, en 
las generosas condiciones con que brinda la rebaja de precios, 
otorgada por las Compañías navieras y ferroviarias en favor y 
obsequio de los congresistas. 

Al Congreso han sido invitados en primer lugar, por el Minis- 
terio de Estado, para que á este centro concurran, delegados de 
sus respectivos Gobiernos, tanto americanos como europeos, que 
tienen posesiones en América, hombres inteligentes que puedan 
y quieran aprovecharse de los documentos que les ofrece esta 
Exposición en el Archivo de Indias y en su aneja para el efecto 
Biblioteca Colombina, ó que desearen por cualquier otro término 
emitir en el Congreso Memorias peculiares, por escrito ó de pa- 
labra, que á tan fecunda labor histórica y geográfica pertenecen. 

La organización de esta empresa, ideada por nuestro Comité, 
ha dependido de dos elementos: uno material y otro de actividad 
bien combinada ó metódica. La suma necesaria para los gastos 
indispensables de tamaña obra, fué anticipada liberalmente con 
una porción de la decretada por las Cortes para la grande Expo- 
sición de 19 16. El Comité subalterno de Sevilla ha desplegado 
tal energía, como lo acredita el arreglo de las galerías, de las vi- 
trinas, y de los documentos y mapas que pronto iremos á reco- 
nocer y admirar, contando asimismo con la generosa coopera- 
ción del Emmo. Cardenal-Arzobispo y de su Cabildo hispalense. 
La selección de los mapas y documentos que forman, digámoslo 
así, el alma de la Exposición, se ha debido, principalmente, al 
jefe y oficiales siempre beneméritos }'■ dignísimos de la confianza 
de la nación en este Archivo de Indias, como también al espon- 
táneo ofrecimiento de S. M. el Rey, de la Real Academia de la 
Historia, del Archivo y de la Biblioteca Nacional y de altas indi- 
vidualidades que irán enviando las escrituras al mismo propósito 
conducentes, para que la huella del olvido que tantas luces ha 
eclipsado y amortiguado de la vida histórica de la Humanidad, 
permita, eliminándose, que revivan y otra vez resplandezcan con 
vigor perdurable. 

Si hubiese de citar nombres de tantos y tan sabios y preclarí- 



124 boletín de la real academia de la historia 

simos personajes como han intervenido con desprendimiento pa- 
triótico y generosa cooperación á este resultado, difícilmente 
podría poner término á su enumeración, y por otra parte teme- 
ría ofender la modestia de muchísimos que aquí están presentes. 
Con todo, séame permitido, en nombre del Comité que tengo, 
aunque inmerecidamente, el honor de presidir, ofrecer el testi- 
monio de las más expresivas gracias y vivo reconocimiento á esta 
celebérrima y gloriosísima ciudad, que emuló, llamándose Colo- 
nia Rómula^ el esplendor y nobleza de la antigua Roma; á su dig- 
no Alcalde, el Excmo. vSr. Conde de Urbina, y al Ecmo. Sr. Mi- 
nistro de Instrucción pública y Bellas Artes, que llevando la voz 
del Gobierno de S. M. Católica (q. D. g.) ha venido á colmar 
nuestras esperanzas y se digna presidir con soberana ilustración 
y cordial benevolencia este acto solemne. 

He dicho. 



II 

CONMEMORACIÓN EN SEVILLA DEL CUARTO CENTENARIO 
DEL DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO 

Exposición de documentos, obras inéditas y cartas geo- 
gráficas referentes á las antiguas colonias de España 
en América. 

Constará no sólo de la riquísima documentación que posee el 
Archivo de Indias y la que envíen los Archivos generales de Si- 
mancas, Alcalá é Histórico, la Biblioteca Nacional y los Archi- 
vos, Bibliotecas y Museos de los Ministerios de Guerra y Marina 
y demás dependencias del Estado, sino también de los valiosos 
fondos de la Biblioteca Real y del Monasterio del Escorial, que 
Su Majestad el Rey se ha servido autorizar que figuren en ella. 

La Comisión cuenta con la oferta de gran número de indivi- 
duos de la Nobleza española y de particulares que enviarán in- 
teresantes colecciones de documentos, no siendo fácil que vuelva 
á reunirse tan copioso arsenal para el estudio de la historia de 
América. 



CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DEL PACÍFICO 12? 

Todos los documentos que en la Exposición figuren podrán 
ser estudiados en las salas acondicionadas al efecto, a excepción 
de los que sean de propiedad particular y sus dueños prohiban 
el que de ellos se saquen copias ó notas. 

Congreso de Historia y Geografía hispano -americanas. 

I 

En los días 1 1 al 17, ambos inclusive, del mes de Abril de 1914 
se reunirá en la ciudad de Sevilla el Congreso de Historia y Geo- 
grafía hispano-americanas, al que podrán concurrir: 

l.° Delegados oficiales de los Gobiernos de España, de los 
Estados americanos y de los Estados europeos que tienen hoy 
colonias en América, 

2° Delegados de las Corporaciones científicas y literarias de 
dichos países. 

3.° Individuos que deseen tomar parte en las tareas del Con- 
greso y se inscriban personalmente, 

4.° Señoras é individuos de la familia de los congresistas de 
los tres grupos anteriores, que se considerarán como congre- 
sistas agregados ó adherentes. 

II 

Los congresistas efectivos del grupo l.° no satisfarán cuota. 
Los del 2° y 3.° abonarán la de lO pesetas, excepto los Delega- 
dos de Corporaciones, Academias ó Institutos de Historia ó Geo- 
grafía que hayan sido expresamente invitados por la Comisión 
organizadora. Los congresistas agregados pagarán cuota de 5 pe- 
setas, y todos necesitarán proveerse de la correspondiente tar- 
jeta que acredite su calidad de congresista, la cual deberá solici- 
tar en el adjunto «Boletín de inscripción», 

III 

Todos los congresistas tendrán voz y voto en el Congreso, 
excepto los agregados, que disfrutarán, sin embargo, de todas las 
ventajas concedidas á los efectivos respecto á bonificaciones en 



126 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

viajes por tierra y mar, excursiones en Andalucía, y en todo 
cuanto suponga reducción de gastos de viaje y alojamiento. 

IV 

Los congresistas efectivos, ó sea los de los grupos l.°, 2.° y 3.°, 
tendrán derecho á presentar comunicaciones ó informes escritos 
sobre puntos de historia y geografía de América referentes á la 
época de la soberanía española en aquel continente. 

No se admitirán trabajos sobre puntos de historia y geografía 
anteriores al descubrimiento que hizo la escuadrilla española man- 
dada por Colón, ni relativos á la guerra de independencia y Es- 
tados independientes, ni sobre territorios ó pueblos á que no 
llegó la acción ó la influencia española. 

V 

Todos los trabajos que se escriban para este Congreso debe- 
rán estar redactados en lengua española (castellana), y habrán de 
hallarse en poder de la Comisión organizadora antes del I.° de 
Marzo próximo. 

Se remitirán al «Sr. Secretario de la Comisión organizadora 
del Congreso Hispano-americano de I914. — Calle del León, 21 
Madrid». 

VI 

Salvo modificaciones que las circunstancias puedan aconsejar, 
el orden y distribución de las tareas y actos del Congreso serán 
las siguientes: 

Día II de Abril. — Sesión preparatoria. — Cesará en sus fun- 
ciones la Comisión organizadora y se elegirá la Mesa Directiva 
del Congreso, constituida por un presidente, dos vicepresidentes 
y dos secretarios del Congreso. El secretario general de éste será 
el de la Comisión organizadora. 

Se designarán también un presidente, dos vicepresidentes y dos 
secretarios de la Sección de Historia y otros tantos de la Sec- 
ción de Geografía. 

El presidente ó alguno de los vicepresidentes del Congreso 
presidirán las sesiones de apertura y de clausura, salvo el caso 



CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DEL PACÍFICO 1 27 

en que concurrieran al acto y se dignaran presidir S. M. el Rey- 
de España, ó algún otro jefe de Estado, el presidente del Con- 
sejo ó un ministro de la Corona. 

Los presidentes ó vicepresidentes de cada una de las dos Sec- 
ciones presidirán las respectivas sesiones. 

También se nombrará la Mesa de Honor, cuyos individuos 
tendrán puesto preferente en todas las sesiones y actos del Con- 
greso. 

Finalmente, el secretario general dará cuenta de los trabajos 
presentados; se hará la distribución de los mismos en las dos 
Secciones, y se adoptarán además cuantos acuerdos ó medidas 
se consideren necesarios para el mejor orden de las tareas del 
Congreso. 

Día 12. — Por la mañana, sesión solemne de apertura del Con- 
greso. 

Día ij. — Primera sesión de la Sección Histórica. — Presenta- 
ción de informes por los respectivos autores ó las personas que 
los representen, los cuales podrán dar noticia oral de los traba- 
jos, en brevísimo extracto, durante cinco minutos. Dichos traba- 
jos quedarán sobre la Mesa á disposición de los congresistas para 
que puedan examinarlos y preparar las observaciones que sobre 
ellos quisieran hacer en la sesión del día 1 5. 

Día i¿f. — Primera sesión de la Sección Geográfica. — Presenta- 
ción de informes en la misma forma indicada para los trabajos 
históricos. Las observaciones se harán en la sesión del día 16. 

Día 75. — Observaciones ó aclaraciones que hagan ó pidan los 
congresistas sobre los trabajos históricos presentados. Según 
fuera el número de éstos, la Mesa determinará y hará saber antes 
de empezar la sesión el tiempo concedido para las observaciones 
y para la rectificación ó aclaración que quiera hacer el autor. 

Tanto éste como los demás congresistas que traten del asunto 
pueden dejar á la Mesa nota escrita que en su día se insertará 
en los tomos de Actas, en la extensión y forma que acuerde la 
Comisión correspondiente. 

Día 16. — Lo mismo que el día anterior, pero con referencia á 
los trabajos geográficos. 



128 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Las sesiones de los días 13, 14, 15 y 16 podrán ser doble?, es 
decir, por maíiana y tarde, si así fuere preciso por el número de 
los trabajos presentados. 

Día ly. — Sesión de clausura. — Presentación y aprobación de 
acuerdos ó conclusiones, si fuera procedente. — Nombramiento 
de la Comisión de Actas, encargada de publicar los trabajos del 
Congreso. — Breves discursos de las autoridades de Sevilla y del 
presidente del Congreso. 

Actos de obsequio ó atención ofrecidos por la Mesa del Con- 
greso, en nombre del Gobierno español, á la ciudad de Sevilla 
y á los delegados de los Gobiernos extranjeros y de las Corpo- 
raciones científicas y literarias. 

VII 

Durante los días en que se reúna el Congreso, si las tareas de 
éste dejaran tiempo libre para ello, y después, en los días 1 8 al 
24, se harán excursiones en los alrededores de la ciudad, y á las 
ruinas de Itálica, á Jerez y á Córdoba y otros puntos de Andalu- 
cía. Oportunamente se pondrá en conocimiento de los congre- 
sistas las condiciones en que estas excursiones habrán de hacerse. 

VIII 

La Comisión organizadora ha obtenido de la Compañía Tras- 
atlántica española la rebaja del 40 por lOO del precio de su ta- 
rifa en los pasajes de primera y segunda clase que en sus buques 
verifiquen congresistas y adherentes, á cuyo beneficio podrán 
optar embarcando para Cádiz ó Barcelona en Buenos Aires, 
Montevideo, Veracruz, Habana, Colón, Sabanilla, Curagao, Puer- 
to Cabello, La Guayra, Ponce y San Juan de Puerto Rico hasta 
el 28 de Febrero de 1914; verificando el regreso desde el l.° de 
Enero al 31 de Agosto del mismo año, siendo los puntos de em- 
barque Barcelona, Málaga ó Cádiz para los que se dirijan á Bue- 
nos Aires y Montevideo; y los que vayan á cualquiera de los 
otros puertos indicados para el viaje de venida, podrán hacerlo 
en Barcelona, Málaga, Cádiz y también en Valencia. 

La Comisión gestiona de las Compañías de Caminos de Hie- 



MONEDAS ENCONTRADAS EN TRICIO 



129 

rro rebaja de precios en las tarifas á favor de los congresistas 
que deseen visitar las poblaciones y monumentos artísticos de 
Andalucía. 



III 
MONEDAS ENCONTRADAS EN TRICIO 

D. Roque Sillero, Catedrático del Instituto de Logroño, comu- 
nicó al Sr. Director de la Academia una prueba al ferroprusiato, 
de fotografía sacada de improntas de cinco monedas de plata 
halladas últimamente en Tricio (partido judicial de Nájera, pro- 
vincia de Logroño). 

Las monedas son como siguen : 

I.^ Denario ibérico de la región oséense. 

A. Cabeza del Hércules ibérico, barbado, á la derecha. 
Detrás los signos ^t*, de los cuales el primero mar- 
ca el valor. 

R. Jinete con lanza y la inscripción ^^^'1A^'• 

2.^ Denario del tiempo de la República. Moneda dentellada. 

A, Busto de Mercurio á la derecha con el petaso y el 

caduceo. 
R. Ulises reconocido por su perro. Leyenda: Ciaius) 

MAMIL(mí) U.UKT {amis). 
Año 84 antes de J. C. 

3."^ Denario del tiempo de la República. 

A. Cabeza femenil á la derecha y di^trás cetro que remata 
en forma de cabeza de un animal. 

R. Diana efesiana, en pie, de frente, con una cierva. Le- 
yenda : L. Hostiliiis SASERNA, 

4." Denario. Augusto. 

A. Busto á la derecha. Leyenda: CAESAR AVGVSTVS. 
R. Piel del león Ñemeo y la inscripción 5 • P • Q ■ R • 



130 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Debajo clípeo con la inscripción CL • V- (Clypeus 

votivtís). 

5.* Denario. Augusto. 

A. Busto á la derecha. Leyenda: CAESAR AVGVSTVS. 
R. Laurea y sobre ella la leyenda OB CIVES. (Ob cives 
servatos). 

Madrid, 28 de Junio de 1913. 

José Ramón Mélida. 



IV 
LA EPIGRAFÍA LATINA EN LA PROVINCIA DE ORENSE 

APRONIA 'RVFA 
DOVAECIAE 
PATERNAE • F • 
ET • TALAVIAE 
FLAVINAE • F • 
F C 

Apronta Rufa Dovaeciae Paterttae /{iliae) et Talaviae Flavi?iae f{ilia¿) 
f{aciendu7?i) citiravii). 

Apronia Rufa hizo este monumento á Dovecia, hija de Paterna, y á Ta- 
lavia, hija de Flavina. 

Piedra de cuarzo lechoso, de 82 cm. de ancho por 72 de alto. 
Se conserva en buen estado, en el atrio de la iglesia de Santa 
Eulalia de Encuadro, á una legua de la villa de Maceda (Orense), 
y de ella nos proporcionó copia fotográfica nuestro ilustrado 
amigo D. Demetrio Alvarez, alcalde de dicha villa. 

Esta inscripción no ofrece más particularidad que el nombre 
Dovecia., nuevo en la epigrafía peninsular. En los números 776, 
2.442 y 5-750 de Hübner, sale Talavms, y en 5.350, Taleviis. 

Marcelo Macías, 

Correspondiente. 

(Del Boletín de la Comisión provincial de tnonuinenlos históricos y artísticos de Orense, 
tomo IV, núm. yi, Julio-Agosto de 1913.) 



NOTICIAS 



En la sesión del 12 de Diciembre último fueron elegidos los Sres. Fer- 
nández de Béthencourt, Herrera y Pérez Villamil, respectivamente, para 
los cargos de Censor, Tesorero y Vocal de la Comisión de Hacienda. 

En la misma sesión se acordó anticipar la ordinaria del 19 y celebrarla 
en el 16, para que, sin menoscabo de sus atenciones académicas, buena 
parte de nuestros consocios, acompañando al Excmo. Sr. Ministro de 
Instrucción pública y Bellas Artes, pudiesen concurrir en Sevilla á la 
inauguración de la Exposición de Documentos y Mapas Hispano-america- 
nos, altamente beneficiosa y conmemorativa del descubrimiento del 
Océano Pacífico en 15 13. 

Declarada la cesantía de los Sres. D. Manuel María del Valle, D. Euge- 
nio Montero Ríos y D. Vicente Santamaría de Paredes, que habían sido 
mucho tiempo antes elegidos para cubrir las vacantes que dejaron, por 
defunción, los Académicos de número D. Manuel Colmeiro, D. Joaquíii 
Maldonado Macanaz y D. Antonio Pirala, se ha procedido, el día 2 de 
Enero del presente ario, á nueva elección, que resultó unánime en favor 
de los Excmos. Sres. D. Francisco Martín Arrúe, D. Adolfo Fernández 
Casanova y D. Enrique de Leguina, Barón de la Vega de Hoz. 



Correspondientes de la Academia. Han sido nuevamente elegidos, des- 
pués de los expresados en el anterior cuaderno del Boletín, los señores 
D. Lucas de Torres, en Guadalcanal (Sevilla); D. Santiago Almeda Nava- 
rro, en Gerona; M. Louis Capitán, en París, y el Sr. B. Tavera-Acosta, en 
Venezuela. 

Han fallecido: en Málaga, el Sr. D. Ramón A. Urbano y Carrere; en 
Caen, M. Charles-Émile Travers (f en 28 de Noviembre de 19 13). y en 
Chamartín de la Rosa, el Rvdo. P. Cecilio Gómez Rodeles íf i.° de Enero 
de 1914), de cuyos grandes servicios prestados á la Historia se hizo me- 
recido recuerdo en las diferentes sesiones en que fué anunciado ala Aca- 
demia tan infausto suceso. 



132 boletín de la real academia de la historia 

Se ha recibido con mucho aprecio un ejemplar de la edición del Fuero 
de Lorca, publicado por D. José María Campoy, y otro ejemplar de la 
primera edición de la Colección Diploviática de la Crónica de f'ernando /!', 
que fueron presentados por el Sr. Conde de Cedillo. 



Habiendo leído el Sr. Bccker, en la sesión del 5 de Diciembre, un inte- 
resantísimo informe, relativo á los fondos históricos de mayor importan- 
cia que se conservan en el Archivo del Ministerio de Estado, ofreció á la 
Academia para su publicación una colección numerosísima de copias de 
documentos inéditos sobre las negociaciones entre España é Inglaterra y 
la Santa Sede con ocasión del proyectado matrimonio, que no llegó á ce- 
lebrarse, entre el Príncipe de Gales, Carlos Estuardo, y la Infanta doña 
María, hermana de Felipe IV. Se acordó, dando gracias al Sr. Bécker por 
tan importante ofrecimiento, que la citada Colección pase á la Comisión 
del Memorial Histórico para que se sirva dictaminar acerca de la forma y 
tiempo de su publicación en el mismo. 



En la sesión del f2 de Diciembre fué recibida la atenta comunicación 
del Excmo. Sr. Ministro de Estado participando á la Academia, que con- 
forme á lo por ella solicitado, puede enviar á recoger en la Biblioteca de 
dicho Ministerio, con las formalidades convenientes y en calidad de prés- 
tamo, el manuscrito núm. 26, original de la Historia de nuestra Corpora- 
ción, escrito por D. Eugenio Llaguno Amírola. 



Á D. Diego Jiménez de Cisneros, doctísimo Correspondiente de la 
Academia en la ciudad de Baeza, debe nuestro Museo Arqueológico el 
envío de curiosas improntas, de nuevos objetos de bronce y de camafeos, 
así como de una lápida romana, inédita, que se han descubierto en dife- 
rentes parajes de la provincia de Jaén. 



La Academia ha recibido, del Sr. Alcalde de Jerez de la Frontera, un 
ejemplar del opúsculo, realzado con numerosas fotografías y titulado: 
Documentos cívico-religiosos. Expedietite que se conserva en el Archivo muni- 
cipal de Jerez de la Frontera , relativo d actos que eji honor de la Inmaculada 
Virgen Alaría hizo esta muy noble y muv leal ciudad. 

También se han recibido, enviadas por varios Correspondientes de las 
provincias de La Coruña, Álava, Cádiz, Castellón de la Plana y Tarrago- 
na, noticias de notables epígrafes romanos y de uno ibérico recientemen- 
te descubiertos, de los cuales haremos reseña, lo más pronto posible, en 
los venideros cuadernos del Bof-etin. 

F. F. 



TOMO Lxiv. Febrero, 1914. cuaderno ii. 

BOLETÍN 

DE LA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



I 

MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 

(Continuación.) 

Si Valera no nos engañó en este punto — y no tenía motivo 
alguno para hacerlo, á más de que su engaño fácilmente hubiera 
sido descubierto, por haberse dado á luz su obra en época en la 
que muchos de los que vivían habían presenciado los hechos que 
narraba — hemos de suponer que tal embajada no se le confió sino 
algunos meses después de la muerte de doña María, esposa de 
donjuán II, acaecida á principios de 1445 (l)- 

No logramos compaginar estas fechas con la de la embajada 
que, según la Crónica de don Juan, se confió á Valera en 1 444, y 
cuyo objeto era conseguir de Carlos VII de Francia la libertad 
del Conde de Armagnac, preso por el Delfín en dicho año; em- 
bajada no referida en la Valeriana, quizás por considerarla mo- 
sén Diego asunto demasiado personal para mencionarlo. De to- 
dos modos, si la llevó á efecto, se nos antojan sus viajes muy 
precipitados para aquel tiempo. 

Según hemos dicho, Valera, á su vuelta de Borgoña, encuen- 
tra á D. Juan II en Tordesillas; le envía éste á Escalona á hablar 
con el Condestable; desde allí se marcha á Cuenca, volviendo á 
ser llamado desde Falencia para enviarle á Francia. Según la 
Crónica — que en esta parte parece ser compuesta por el mismo 



(i) Crónica de don Juan II, año 1445, cap. i. 

TOMO LXIV. 



134 boletín de la real academia de la historia 

mosén Diego, — estando el Rey en Tordesillas supo la prisión del 
Conde de Armagnac, y para rogar al de Francia su libertad en- 
vió á Valera, quien hubo de esperar más de cuarenta días la res- 
puesta negati\'a del Rey Carlos, el cual después accedió á poner 
en libertad al Conde ante las reiteradas instancias del embaja- 
dor. Conseguido por éste lo que deseaba, así como autorización 
para hablar con el de Armagnac, preso en Carcassonne, partió 
para Castilla, encontrando á ü. Juan en el Espinar, en cuya po- 
blación se hallaba éste al comenzar el año 1445- Todos estos via- 
jes son realizados por Valera en poco menos de un año. 

Sin duda para recompensar á su fiel embajador le nombró 
Juan II su Maestresala, cargo que desempeñaba por Mayo de 1 445, 
según él mismo nos cuenta en su Crónica abreviada , en la que, 
después de mencionar á los que estuvieron presentes á cierto 
trato entre los magnates y el Rey poco antes de la batalla de Ol- 
medo, añade: «e yo que servia entonces el plato». 

Tres años después le vemos nombrado procurador en Cortes 
por la ciudad de Cuenca, su patria. Los disturbios que por la pri- 
vanza de D. Alvaro de Luna conmovían á Castilla habían llegado 
á tal extremo, que, deseando el Rey poner algún remedio, or- 
denó la reunión de los procuradores de las ciudades. Juntáronse 
éstos en Valladolid, y D. Juan les explicó su deseo, diciéndoles: 
«Procuradores, yo vos enbié llamar porque quiero que sepáis el 
propósito con que voy á Tordesillas, donde entiendo de hacer 
dos cosas: primeramente, concordarme con el Príncipe mí muy 
caro é muy amado hijo; segunda, por dar orden como los que 
me han deservido resciban pena é los que me sirvieren gualar- 
dón; para lo qual entiendo de hacer repartimiento de todos los 
bienes, así de los Caballeros ausentes como de los que están pre- 
sos; é quiero que me digáis vuestro parecer.» Pedro Díaz, pro- 
curador por Burgos, fué el primero en hablar, y lo hizo larga- 
mente, diciendo ser santo y bueno cuanto proponía el Rey, y otro 
tanto dijeron los demás procuradores «hasta que el voto llegó á 
Cuenca, donde era procurador Gómez Carrillo de Albornoz, se- 
ñor de Torralba é iSeteta, é mosén Diego de Valera. E como 
quiera que mosén Diego porfió con Gómez Carrillo que respon- 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 1 35 

diese, no lo quiso hacer, é mosén Diego ovo de responder, é 
(lixo al Rey D. Juan: — Señor, humildemente suplico á Vuestra 
Alteza no resciba enojo si yo añadiere algo á lo dicho por estos 
procuradores. Es cierto. Señor, que non se puede decir, salvo que 
el propósito de Vuestra Alteza sea virtuoso, santo é bueno, pero 
paresceria, si á Vuestra Real Magestad pluguiere, sería cosa ra- 
zonable mandase llamar todos estos Caballeros, así los ausentes 
como los presos, que por sus procuradores paresciesen en vues- 
tro alto consejo, é la causa allí se ventilase. E cuando se hallase 
que por la mera justicia les podríades tomar lo suyo, quedaría 
que Vuestra Alteza usase de lo que más le plugiese; es á saber: 
de la clemencia ó del rigor de la justicia, en lo cual, á mi ver, se 
guardarían dos cosas: primera, que se guardarían las leyes que 
quieren que ninguno sea condenado sin ser oído ó venido; se- 
gunda, que no se pudiese por vos. Señor, decir lo que Séneca 
dice: «Que muchas veces acaesce la justicia ser justa y el juez 
injusto», y esto es cuando se da sin la parte ser oída. — Lo qual 
todcj el Rey oyó con gesto alegre é Fernando de Rivadeneya, 
que después fué Mariscal, ovo tan grande enojo de lo dicho por 
mosén Diego, que dixo: — ^Voto á Dios, Diego de Valera, vos os 
arrepintáis de lo que habéis dicho — , de lo qual el Rey ovo enojo, 
é dixo á Fernando de Rivadeneyra con gesto turbado que ca- 
llase. Y el Rey no esperó más habla de los procuradores, é par- 
tióse para Tordesillas». Ocho días después de ocurrido esto — 
dice la Crónica de don Juan II, — envió mosén Diego la segunda 
de sus cartas, copiada al pie de la letra en ella y en la Valeriana., 
la cual, leída por el Rey y mostrada por éste al Condestable, fué 
causa de que no se pagase á Valera ni aun lo devengado en su 
procuración, amén del peligro que corrió su persona, como ocu- 
rre siempre que á los grandes se Igs dicen las verdades. 

»E como desta carta — continúa diciendo la Crónica de don 
Juan — se tomasen diversos traslados, llevaron uno á D. Pedro 
Destúñiga, Conde de Plasencia, al qual tanto plugo de la ver, 
que embió por mosén Diego, é quiso que fuese suyo é dióle el 
cargo de la crianza de D. Pedro Destúñiga, su nieto; é allí se hizo 
la concordia del Rey y del Principe. » 



136 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

¿Qué relación tiene — se preguntará el lector al llegar á este 
punto — la concordia del Rey con el Príncipe que se celebró allí 
con mosén Diego de Valera, que era de quien se venía tratan- 
do? Una y muy grande, puesto que nos suministra la prueba de 
que éste y no otro fué el último que puso mano en la Crónica 
de don Juan II. Cuanto acabamos de copiar de ésta, salvo muy 
ligeras variantes , se lee en la Valeriana, y á menos de que un 
taquígrafo hubiese tomado textualmente el habla de mosén Diego 
al Rey, es imposible comprender cómo es idéntica en ambas 
Crónicas, no sólo lo transcrito, sino lo que precede y sigue, á no 
ser siendo copia la una de la otra. 

¿Fué Diego de Valera quien copió? Desde luego puede negar- 
se en redondo tal aserto, puesto que en 1 48 1, cuando concluyó 
la Valeriana, aún no había podido ver la Crónica de don Juan. 
Esta es, pues, la que copia á aquélla, y no sirve el argumento de 
que ya estaba escrita, pues lo transcrito fué sin duda alguna in- 
terpolado con posterioridad. 

Véase la prueba: el capítulo iv del año 42 del reinado de don 
Juan, tiene por epígrafe: De la gran turbación que entre todos los 
Caballeros del Rey no ovo, por la prisión de los Condes de Bena- 
vente y de A Iva, y de los otros Caballeros que con ellos fueron 
presos, lo que como se ve no se refiere para nada á mosén Diego 
y á su larga carta, cuyos asuntos ocupan más de la mitad del 
capítulo. En este leemos: «acordó [D. Alvaro de Luna] que era 
bien tratar nueva concordia con grandes firmezas entre el Rey y 
el Príncipe, para lo qual se determinó que el Rey se fuese á Va- 
lladolid, donde ya los Procuradores estaban, é que se tratase 
cómo el Príncipe viniese de Segovia á Tordesillas, y el Rey asi- 
mesmo viniese allí, y tuviese la plaza segura D. Alonso Carrillo, 
Obispo de Sigüenza, electo de Toledo. Y el Príncipe vino pri- 
mero á Tordesillas; é sabido por el Rey cómo el Príncipe era 
allí venido, el Rey se partió de Valladolid, é mandó llamar á los 
Procuradores, con los qiiales se apartó á la puerta del Campo, y 
estando allí juntos el Rey les dixo: <<.P7'o curadores, yo vos embié 
llamar, etc.'» Supongamos suprimido de una plumada todo cuanto 
hemos subrayado, así como la larga carta de Valera, y aña- 



MOSÉN DIEGO DE VALERAI SU VIDA Y OBRAS 1 37 

damos aquella frase suelta, cuyo sentido era incomprensible en el 
sitio que ocupaba, «é allí se hizo la concordia del Rey y del Prín- 
cipe», á la que le debió preceder, y quedará completo el sentido 
en esta forma: Y el Príncipe vino primero á Tordesillas; é sabido 
por el Rey cómo el Príncipe era allí venido^ el Rey se partió de 
Valladolid é allí [en Tordesillas] se hizo la concordia del Rey y 
del Príncipe. Y el Rey se volvió á Valladolid— sigue la Crónica 
con el mismo pesado estilo — y el Príncipe se fué á Segovia. 

Es de advertir que todo lo que antecede, salvo lo de pasar al 
servicio de los Zúñigas, se lee con las mismas palabras en la 
Crónica abreviada, en la que también se añade al finalizar la 
carta al Rey D. Juan: é allí se fizo la concordia de amos d dos v el 
Rey se volvió á Valladolid y el Príncipe se fué d Segovia. 

Casado por segunda vez el Rey D. Juan, y dominado por su 
mujer dio oídos á las quejas y al enojo de los nobles contra su 
favorito el de Luna, entre cuyos más tenaces contrarios figura- 
ban D. Pedro de Zúñiga, conde de Plasencia y su hijo D. Alva- 
ro. Mosén Diego, ligado á éstos, no sólo por estar á su servicio, 
sino por la enemistad que profesaba al Condestable, tomó parte 
muy principal en la prisión de éste, siendo activo mensajero 
para poner de acuerdo á los conjurados contra el favorito. Las 
cartas de creencia que para ello le dieron unos y otros, figuran 
copiadas á la letra en su Crónica abreviada , y ante él presta- 
ron pleito homenaje de llevar á cabo su empeño. Consistía el 
plan de los conjurados en enviar á D. Alvaro de Zúñiga con 
trescientas lanzas á Valladolid, en donde estaban el Rey y el 
Condestable, á pretexto de que iba á favorecer al Conde de 
Trastamara, en su discordia con el de Benavente, y que D. Diego 
Plurtado de Mendoza, hijo mayor del Marqués de Santillana, 
marchase al mismo punto con otras doscientas, á los que se uni- 
rían unos mil hombres que estaban concentrados para ello den- 
tro de la ciudad. Una vez dentro de Valladolid, marcharían á la 
casa de Alonso de Zúñiga, en la que posaba el Condestable, y 
que allí «por fierro ó por fuego, el Maestre fuese preso ó 
muerto». 

No hubo de hacerse la cosa tan en secreto como el caso re- 



138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

quería, y al enterarse I). Alvaro de la trama, hizo partir pronta- 
mente al Roy de Valladolid y le condujo á Burgos. Su pérdida 
sin embargo ya estaba decretada, y la Reina alcanzó de su ma- 
rido una carta de creencia, escrita de su puño y letra, para el 
Conde de Plasencia, en la que le comunicaba su deseo de pren- 
der ó matar á su antiguo fa\'orito. Partió con la carta la Condesa 
de Ribadeo, y llegó á Béjar, en donde estaba su tío el de Pla- 
sencia, el jueves 12 de Abril de 1453- Leída por éste la real mi- 
siva, mandó llamar á su hijo D. Alvaro, y le dijo: «Por cierto, si 
yo manos tuviese, la gloria ó peligro deste caso yo no la diera 
salvo á mí; pero pues Nuestro Señor me privó de las fuerzas 
corporales (l), no puedo mejor mostrar el deseo que yo he al 
servicio del Rey mi señor, que poniendo mi hijo mayor en la 
cruz por su mandado. Por ende yo vos mando que luego en este 
punto partáis para Curiel, y llevad con vos solamente á mosén 
Diego de V'^alera, é á Sancho secretario, é un page, é andad 
quanto podréis; é llegado á Curiel, llamad á la gente que enten- 
diéredes que habréis menester. É dcxad mandado que luego de 
mañana partan de aquí vuestros caballos y armas, é guíevos la 
estrella que guió á los tres Reyes Magos.» 

En Curiel estuvo D. Alvaro esperando á su gente hasta el 30 
de Abril, en cuyo día llegó á él Ortuño de Sacedo con carta del 
Rey, en la que le ordenaba partiese inmediatamente para Bur- 
gos y se metiese en la fortaleza, para desde ella ordenar lo que 
se había de hacer. Obedeció D. Alvaro, aunque con recelo, por 
suponer que el Maestre estaba ya enterado de lo que se tramaba; 
y dejando á su gente á cargo de mosén Diego de Valera y de 
su alguacil Remón (2), con orden de que al anochecer marcha- 
sen hacia Burgos, en donde no entrarían hasta recibir su orden 
por un mensajero. Adelantóse D. Alvaro, yendo acompañado 
solamente de Ortuño de Sacedo, y no sin peligro entró en la 
fortaleza, desde donde envió á llamar á algunos que sabía eran 



(i) Según Falencia, se encontraba el de Plasencia enfermo en cama, á 
consecuencia de un fuerte ataque de gota. 

(2) Raimiuiflo de Valladolid le llama Falencia. 



MOSEN DIEGO DE VALER A : SU VIDA Y OBRAS 1 39 

enemigos del Maestre, los cuales llegaron con unos doscientos 
hombres de armas. Poca gente pareció esta al Rey D, Juan, quien, 
débil y vacilante hasta última hora, envió á decir al de Zúñiga 
que se volviese á Curiel, puesto que no podría realizarse lo pen- 
sado. Fácilmente se comprende el enojo que á D. Alvaro pro- 
dujo tal debilidad, y así contestó al Rey que no partiría de Bur- 
gos sin prender ó matar al Maestre ó perder él la vida, y que le 
rogaba que se estuviese quedo en su palacio mientras que él 
daba ñn á su negocio. Tan resuelta actitud decidió al Rey, quien 
le envió la célebre cédula que decía: «El Rey. — D. Alvaro Des- 
zúñiga, mi Alguacil mayor: yo vos mando que prendades el cuer- 
po á D. Alvaro de Luna, Maestre de Santiago, é si se defendiere, 
que lo matéis.» 

Fuerte con esta orden salió el de Zúñiga con su gente de la 
fortaleza y se dirigió á la posada del Maestre, cuyos servidores 
aprestáronse á la defensa. Dos ó tres mensajeros reales vinieron 
á decir á D. Alvaro que no combatiese la casa del Maestre, sino 
que la cercase de modo que éste no pudiese escapar, y, aunque 
así se hizo, como desde ella disparaban á mansalva, hirieron y 
mataron á alguno de los suyos, por cuya causa envió á mosén 
Diego — á quien habían atravesado el guardabrazo (l)- — para 
que suplicara al Rey le permitiera combatir, ya que su gente 
moría sin poderse defender. No accedió el Rey, y después de 
muchos cabildeos y embajadas entre él y su antiguo favorito, 
dióse éste á prisión bajo la salvaguardia de un seguro real, lo 



(i) «É á mí pasaron un guardabrazo izquierdo de amas partes, sin me 
tocar cosa alguna». Valera, Crónica abreviada. En la Crónica de don 
Álvarf) de Luna se refiere el mismo hecho, aunque se calla el nombre de 
Valera: «llamó [Gonzalo Chacón] á un ballestero, é mandóle que tirasse 
por allí á un caballero que estaba á caballo, que parescía ser capitán de 
los otros, é ellos estar á su obediencia. Í3ien pensaba el Gonzalo Chacón 
que aquél fuesse Don Alvaro de Estúñiga. El ballestero fizólo muy bien, é 
dio al caballero que assí estaba á caballo un tan grand golpe con un viro- 
tón sobre el arnés en el lado izquierdo, á que le fizo dar con su cabeza en 
la cabeza del caballo en que estaba; ca le passó, según que después íué 
sabido, el guardabrazo izquierdo aunque era doble, é un piastrón que le- 
vaba encima de unas fojas de Genova, c lo firió en la carne; pero la heri- 
da non fué mortal ni peligrosa» (pág. 332). 



140 boletín de la real academia de la historia 

cual no impidió ([uc poco después terminase sus días degollado 
en Valladolid. 

No obstante la enemistad que existía entre D. Alvaro de Luna 
y mosén Diego, fiado aquél en la honradez de éste, le encomen- 
dó á sus servidores, á los que éste hizo salir de la posada sin que 
corriesen riesgo alguno (l). 

Habla también la Crónica de don Juan de algunos consejos 
dados al Rey por mosén Diego, y éste fué, según nos dice Ga- 
líndez de Carvajal, quien escribió la larga carta que figura casi 
al final de la Crónica, en la que el Rey explica las causas de la 
muerte de D. Alvaro. 

Poco tiempo después de este suceso murió el Conde de Pla- 
sencia, y Valera, acompañando á D, Pedro de Stúñiga hijo de 
D. Alvaro, que iba á desposarse con doña Teresa de Guzmán 
hija del Duque de Medina-Sidonia, marchó á Sevilla, en cuya po- 
blación se detuvo ocho meses, durante cuyo tiempo murió el Rey 
D. Juan (2). 

Pleredó el trono el impotente Enrique IV, cuyo sombrío ca- 
rácter y torpes manejos no era fácil que armonizaran con el ca- 
rácter franco y leal de su antiguo doncel; por esta causa apenas 
si figura mosén Diego en las historias de aquella época, no obs- 
tante haber sido uno de los historiadores de tan funesto reinado. 

Sin embargo, en aquel tiempo de atropellos y tropelías su ca- 
rácter resuelto y entero y su honradez habían de manifestarse 
de cuando en cuando para protestar contra todo aquello que le 
parecía ilegal é inicuo. Así sucedió cuando Enrique IV envió á 
las ciudades, en los comienzos de su reinado, «corregidores tales, 
que los más dellos se pudieran llamar robadores y salteadores 
más que administradores de justicia (3), á causa de los cuales hubo 
en algunas ciudades de estos reinos grandes bullicios y escándalos 



(i) Así lo dice el mismo Valera. 

(2) Crónica abreviada. 

(3) En la traducción de las Décadas hecha por el Sr. Paz y Mélia, 
tomo I, pág. 159, se lee: «repartió [Enrique IV] por las ciudades ciertas 
autoridades con título de corregidores, y que mejor pudieran llamarse 
merecedores de corrección». 



MOSÉN DIEGO DE VALER A : SU VIDA Y OBRAS I4I 

y daños, especialmente en la ciudad de Cuenca, donde envió por 
Corregidor á uno que se llamaba Pedro de Caicedo, hombre muy 
malo, de bajo linaje, nacido en una aldea de Salamanca llamada 
Caicedo, el cual, sin causa justa, estando un día en la casa del 
Ayuntamiento, llamados por su mandado, los regidores de la ciu- 
dad y los principales de ella, tuvo cierta gente y prendiólos á 
todos y pasólos al Castillo, del cual jamás salieron hasta que pa- 
garon doscientos y cincuenta marcos de plata repartidos entre 
todos, según la hacienda que cada uno tenía; y como este caso 
fuese denunciado al Rey por mosén Diego de Valera, su doncel 
y vasallo, vecino de la ciudad, el Rey, estando en Madrid, man- 
dó llamar á Pedro de Caicedo y mandó á mosén Diego que en 
presencia suya aquel caso dijese en el Consejo de su justicia para 
que se remediase». P'ormaban el Consejo el obispo de Cartage- 
na; Alfonso de Velasco hermano del Conde de Haro; Pero Gon- 
zález de Avila señor de Villatoro y Navalmorcuende; los doc- 
tores Alfonso García Chirino fiscal del Rey, y Zurbán, y otros 
varios caballeros y letrados. Ninguno de los cargos que hiciera 
mosén Diego de Valera fueron rebatidos por Pedro de Caicedo; 
antes, con gran desfachatez y sangre fría, respondió que cuanto 
aquél había dicho era cierto en todos sus extremos; pero que él 
había obrado por mandato del Rey, á quien, de la suma recibida, 
le fueron entregados los doscientos marcos, repartiéndose los 
otros cincuenta entre los que tomaron parte en el hecho. 

Como era lógico, los del Consejo no se atrevieron á resolver 
en aquel caso, que bien pronto fué dado al olvido. Pedro de Cai- 
cedo, aunque escapó por entonces de la justicia humana, purgó 
poco después sus numerosas maldades, siendo degollado en Si- 
güenza (l), «y así la justicia que el Rey no quiso hacer de él 
hízola Dios, á quien ninguna cosa se esconde, ni deja á los bue- 
nos sin galardón ni á los malos sin pena». 

También asistió Diego de Valera á la segunda expedición, or- 
ganizada por D. Enrique contra los moros, pues según se lee en 
algunas de las Crónicas atribuidas a Palencia, pasando por junto 

(i) En Segura, dicen algunos manuscritos. 



142 boletín de la real academia de la historia 

al lugar de Benalmadena algunos soldados de la guardia del Rey, 
como hicieran los moros burla de ellos, un caballero llamado 
Acebedo (l), sobrino del Arzobispo de Sevilla D. Alfonso de 
Fonseca y mosén Diego de X^alera, dijeron que era gran vergüen- 
za pasar por lugar tan flaco sin combatir y vengarse de las bur- 
las que les hacían. Así lo pusieron por obra los quince soldados, 
pues no llegaba á más su número, y tomaron á los moros un ba- 
luarte, no sin que mosén Diego fuese herido «de una esquina 
sobre la cabeza, de tal manera, que si almete no llevara luera 
muerto é quedó amortecido». Recogido por dos escuderos lla- 
mados Alvaro de Balbuena criado de la Reina Doña María, y 
Alvaro de Castrejón natural de Agreda, fué colocado cerca de 
una torre, en donde no pudiera recibir daño de los moros, hasta 
que al cabo de una hora volvió en sí y acudió nuevamente al 
combate, apoderándose del pueblo en unión de sus compañeros. 

Enteróse el Rey de lo que estaba sucediendo, y como, según 
dicen los cronistas, amaba más á los moros que á sus subditos, 
sintió el daño que aquéllos pudieran recibir y envió á Gonzalo de 
Saavedra y á Fernando de Fonseca para que, de orden suya, de- 
jasen de combatir y saliesen del pueblo los soldados. Así lo hicie- 
ron éstos mal de su grado, y abandonaron el lugar, no sin haber- 
le puesto fuego por los cuatro costados una vez que hubieron 
partido los mensajeros reales (2). 

Después de este suceso no volvemos á encontrar á Valera has- 
ta 1462, en cuyo año estaba de Corregidor en la ciudad de Fa- 
lencia, desde donde escribió al Rey la carta que figura en el ca- 
pítulo XX del Memorial, y que es la cuarta de sus epístolas. En 
ella, conociendo el desagrado que los tres Estados tenían de su 
gobernación, le dirige algunos consejos y le advierte no se oh i- 
de de cuanto ocurrió al Rey D. Fedro, «el cual por su mala go- 
bernación perdió la vida y el reino con ella». 



(i) Debe ser el Diego de Acevedo de que habla el Memorial (capí- 
tulo xiii), y que era también sobrino del Arzobispo. 

(2) Este suceso sólo se menciona en dos ó tres de las Crónicas que 
hemos consultado. 



MOSEN DIEGO DE VALERAI SU VIDA Y OBRAS I43 

No anclaba muy descaminado mosén Diego al augurar tal fin 
al Monarca, de quien bien puede decirse que perdió el trono an- 
tes que la vida. A su muerte quedó España dividida en dos ban- 
dos: uno que favorecía á los Infantes Doña Isabel y D. Fernando 
y otro que defendía los derechos á la corona de la pretendida hija 
de Enrique IV, Doña Juana, conocida en la historia por su sobre- 
nombre de Beltraneja. Mosén Diego de Valera se declaró desde 
un principio por Doña Isabel, y así, después de haber vencido don 
Fernando en la batalla de Toro á los portugueses y partidarios de 
Doña Juana, se presentó á él «por le facer reverencia é aviendo 
acatamiento á sus servicios, le mandó asentar en sus libros trein- 
ta mil maravedís en cada año por Maestresala é de su Consejo»; 
bien es verdad que no cobró de esto la más pequeña cantidad. 

Volvió después á Cuenca, desde donde le envió el Rey Cató- 
lico de Corregidor por un año á Segovia, y aún no había trans- 
currido el plazo cuando se mandó á ella por pesquisidor al alcal- 
de Pizaño (?), á quien hubo de pagar Valera, según él dice, más 
de 20.000 maravedís, por haberse hecho á su costa suspensión de 
oficios, no habiendo para ello causa ni razón alguna. 

En el corto tiempo que fué Corregidor, cuenta mosén Diego 
que había hecho tres cosas en la ciudad no acostumbradas á hacei- 
por sus predecesores: «La primera — dice — que truxe Allcaldes é 
Alguazil de fuera, á quien dy treynta mili maravedís, porque la 
justicia mejor se pudiese executar que ante de entonce é aun 
agora los Allcaldes son de la cibdad é dan cierta cosa á los Co- 
rregidores por los oficios; fué la segunda, que fise residencia syn 
aver persona que de my se quexase, é party á medio día acom- 
pañado de las mejores de aquella cibdad; la tercera, que de algu- 
nas penas cjue justamente yo pudiera llevar para my, fize la cár- 
cel qual agora es, é ally comencé la copilación de las coronices 
que á Vuestra Alteza presenté, en lo qual no pienso averie poco 
servido.» 

Después de esto fué cuando mosén Diego de Valera entró al 
servicio del Duque de Medinaceli, quien le nombró Alcaide del 
Puerto de Santa María, cuyo cargo desempeñaba cuando terminó 
la Crónica abreviada^ y por el cual cobraba 1 20.000 maravedís 



144 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

anviales. Más tarde, deseando prestar sus servicios á los Reyes, 
marchó á Madrid y después de seis mesv;s de pretensiones se le 
mandó ocupar en una obra y se le libraron 50.000 maravedís para 
su mantenimiento, si bien se le pagaron en tal forma que tuvo 
para cobrarlos que gastar gran parte de ellos. 

Según las cartas que publicamos, en 1469 estaba Valera en 
Cuenca, y en el 72 ya estaba de Alcaide en el Puerto; en Febrero 
de 1476 (I) le vohió el Rey á nombrar su Maestresala con lO.ooo 
maravedís de quitación, diciéndole que los recibiera como prin- 
cipio de mercedes; esta le fué quizás concedida por haber escrito 
y enviado á D, Fernando el Doctrinal de Principes^ única obra á 
que puede referirse la carta III de las que publicamos. 

Por esta época empieza ya á figurar al lado de Valera su hijo 
Charles, quien se distingue notablemente en marítimas expedi- 
ciones. Duraba por entonces la guerra entre castellanos y portu- 
gueses, y como éstos sacasen grandes cantidades de oro de la 
Guinea, pensó D. Fernando que sería buen ardid enviar al en- 
cuentro de la armada portuguesa otra más numerosa y fuerte que 
arrebatara á aquélla los tesoros que conducía. A este electo co- 
misionó al Doctor Antonio Rodríguez de Lillo y al cronista Alon- 
so de Falencia para que buscasen los fondos necesarios y apres- 
tasen armada conveniente. 

Unas diez carabelas tendrían ya reunidas en la desembocadu- 
ra del Guadalquivir, cuando supieron que dos galeras portugue- 
sas cargadas de mercancías esperaban, para cruzar el Estrecho de 
Gibraltar, al pirata Alvar Méndez, quien con otras naves iría á 
protegerlas. Apercibidos contra éste, que había cometido algunas 
tropelías en las costas andaluzas, salieron algunas naves, entre 
ellas la nombrada la Ztmiaya, cuyo capitán era el joven Juan de 
Mendaro, quien asumió el mando principal; de Sanlúcar de Ba- 
rrameda partieron también dos galeras y cinco carabelas, siendo 



(1) En el Itinerario de los Reyes Católicos, por Galíndez de Carvajal, no 
consta que el Rey estuviese en Madrid en 1477; pero por un privile- 
gio que figura en los Anales de Jaén, por Ximena (pág. 430), se prueba 
que estaba allí á 9 de Marzo del dicho año. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS I45 

capitán de estas últimas «Charles de Valera, hijo ilustre del caba- 
llero Diego de Valera», y de las galeras Andrés Sonier, en lugar 
de Alvaro de Nava, á quien poco antes habían apresado los por- 
tugueses en el Puente del Arzobispo en unión de su compañero 
Juanoto Bosca, cuando ambos regresaban á Andalucía. 

Mosén Diego de Valera, en su carta al Rey, manifiesta que la 
victoria se había conseguido, gracias á la intervención de su 
hijo, quien logró convencer á los demás jefes de que emprendie- 
sen el combate, lo que, al parecer, rehusaban éstos por la mani- 
fiesta superioridad numérica del enemigo; pero Alonso de Fa- 
lencia, menos interesado que mosén Diego en hacer resaltar los 
méritos de Charles de Valera, refiere que éste, con unos treinta 
vascongados, quedóse á cargo de una nave portuguesa cargada 
de mercaderías, que los enemigos habían abandonado al verse 
perseguidos, y que los demás pelearon encarnizadamente hasta 
vencer á los portugueses, pereciendo entre los nuestros el va- 
liente Juan de Mendaro, alcanzado por un tiro de bombarda. 
Ningún ñ"uto se consiguió de la victoria sino la muerte de unos 
cien portugueses, pues Alvar Méndez logró escapar con su nave, 
y las demás fueron incendiadas, salvo la que había quedado guar- 
dada por Charles de Valera, cuyas mercaderías, ocasión de pen- 
dencias entre unos y otros, habiendo encallado la nave en un 
banco de arena del Guadalquivir, fueron robadas por los ribe- 
reños. 

Continuaban mientras tanto el doctor Lillo y Falencia procu- 
rando reunir las embarcaciones necesarias para la expedición á 
la Guinea, cuyos preparativos no terminaron hasta fines de Mayo 
de 1476, retraso debido, según Falencia, á la mala voluntad de 
los sevillanos y del Duque de Medina -Sidonia D. Enrique de 
Guzmán. 

Este último, no logrando impedir la reunión de la armada, 
solicitó de los Reyes que le diesen el señorío de la isla Antonio, 
caso de que fuera ocupada por los nuestros, merced que le fué 
concedida sin reparo, y que fué origen de disgustos posteriores. 

Salió la armada conducida por Charles de Valera, y el primer 
punto á que arribó fué á la dicha isla de Antonio, en donde 



146 BOLETÍN DE LA KEAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

prendieron al capitán Antonio Nolli, genovés, que le había dado 
nombre, y á los demás habitantes de ella, apoderándose de to- 
das sus riquezas. El objetivo principal de la expedición, que era 
asaltar y robar los navios portugueses, no llegó á realizarse, por- 
que con la tardanza en partir habían dado tiempo á que aquéllos 
retornasen á Portugal, y los andaluces, para no perder de todo el 
viaje, apresaron dos carabelas del Marqués de Cádiz con todo el 
cargamento y unos 500 esclavos azanegas. «En el botín cogido 
en la isla de Antonio y los 500 esclavos azanegas, los marineros, 
especialmente los de Palos, se negaron á seguir á Charles de Va- 
lera, y continuaron solos el viaje. Los patrones de las demás ca- 
rabelaá, no tan obligados como aquéllos, obedecieron; pero to- 
das las ganancias obtenidas se perdieron. FA Duque de Medina- 
Sidonia, con pretexto del señorío de la isla de Antonio, reciente- 
mente alcanzado del Rey D. Fernando, exigió con empeño á 
Valera la entrega de Antonio y del botín cogido en la isla, y 
luego empezó á molestar con repetidas correrías á los del Puerto 
de Santa María, del señorío del Conde de Medinaceli, cuyo Corre- 
gidor era Diego de Valera, padre de Charles, malquisto de los 
Grandes andaluces, á causa de sus relevantes cualidades y exce- 
lentes costumbres. Como el Marqués de Cádiz y D. Enrique de 
Guzmán, Duque de Medina-Sidonia, persistían tenazmente en ve- 
jar á los vecinos del Puerto, se vieron obligados, para conseguir 
algún respiro, á entregar al último al Antonio y á devolver á los 
dos la mayor parte de los esclavos. De este modo, la rapacidad 
de los Grandes hizo perder al Rey y á los maestres de las cara- 
belas todos los gastos de la expedición.» 

Diego de Valera se queja amargamente en la epístola XX de 
todo esto, y en verdad que no tenía razón alguna para hacerlo. 
El de Medina-Sidonia reclamaba en justicia lo suyo, como señor 
que era por merced real de la isla de Antonio, y mayor aún era 
el derecho que asistía al Marqués de Cádiz, cuyos eran los es- 
clavos y cargamentos de las carabelas apresadas (l). 



(i) Á tal hecho se refieren sin duda las frases del Rey en la carta «Al 
Marqués mande escrebir sobre la querella que de Charles de Valera bues- 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS I47 

Desde su alcaidía del Puerto no cesaba mosén Diego de co- 
municarse con los Reyes, enviándoles unas veces noticias de 
interesantes sucesos, y otras, acertados consejos, que aquéllos 
agradecían al anciano servidor. Su última carta, fechada en I486, 
es probable que fuera escrita poco antes de su muerte, pues de 
otro modo, hubiera continuado su correspondencia. La fecha 
exacta en que ocurriera la desconocemos en absoluto. 

Su cuerpo es probable que descanse en la capilla de Santa 
Ana de la Iglesia mayor del Puerto de Santa María, en la que 
fundó una capellanía, dotada con 6.000 maravedises anuales. Kn 
esta capilla, que es la primera inmediata al lado del Evangelio, 
se leía la siguiente inscripción, grabada sobre una piedra empo- 
trada en la pared: «Esta capilla es del Alcayde Eernando de Pa- 
dilla Valera Chirino y de sus herederos y por su consentimiento 
de Don Pedro de Padilla y de sus herederos». En uno de los dos 
altares de la misma existía esta otra: «Este retablo mandólo 
hacer doña Catalina de Chirino, hija del Alcaide P'ernando de 
Padilla y de sus herederos y descendientes. Acabóse...» 

En este mismo altar estaban las armas de los Chirinos, que 
consistían en un escudo cuartelado; con cinco flores de lis, de 
plata, en campo rojo en dos cuarteles, y en los otros dos, león 
rapante en campo verde. Al lado opuesto estaba el escudo de 
los Padillas, consistente en tres padillas doradas en campo azul, 
y en las cuatro esquinas estaban alternados los escudos de Chi- 
rinos y Valeras, siendo las armas de estos últimos un aspa gran- 
de, dorada, en campo rojo, que tenía por orla nueve aspas pe- 
queñas. 

Estos datos son una nueva prueba de que mosén Diego per- 
tenecía á la familia del maestro Alonso Chirino, el célebre físico 
de D. Juan II. 

Réstanos, para terminar, estudiar, siquiera sea brevemente, 
las obras producidas por aquel rudo aconsejador de reyes, cuyo 
carácter recto y severo le hizo poco apto para \ivir en la corte. 



tro fijo tiene. Creo que el dicho Marqucís fará lo que la razón quiere é se- 
guirá mi mandamiento». 



148 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

por lo que, á pesar de su talento y de sus dotes políticas, sólo 
mezquinas mercedes pudo conseguir de los tres reyes á quienes 
prestara sus servicios. 

Sus obras pueden dividirse, para su estudio, en históricas, ge- 
nealógicas, filosóficas ó morales y poéticas, y, siguiendo este or- 
den, daremos el primer lugar á la Crónica abreviada de España, 
obra que fué muy apreciada á fines del siglo xv y principios 
del XVI, lo que se debió, sin duda alguna, más que á su mérito 
literario é histórico, á haber sido la primera Crónica general que 
se imprimió en España. Su estudio, así como algunos datos sobre 
el autor, dejó inédito entre sus papeles el ilustre Vargas Ponce, 
director que fué de la Academia de la Historia, y siendo su jui- 
cio idéntico al que nosotros habíamos formado, lo copiamos á 
continuación: 

«De orden de Doña Isabel la Católica abrevió la crónica de 
España (i) su Maestre-sala, y del su Consejo mosén Diego de 
Valera, aquel discreto cortesano que decía con entereza la ver- 
dad en los palacios, aquel grave consejero con cuya probada 
lanza contaban sus reyes, en la era de los duelos, para segundos 
suyos. Emprendióla al fin de una larga vida (2), que aunque no 
diminuta en D. Nicolás Antonio, sus muchos y curiosos lances 
merecían una historia particular, juntando lo que cuentan sus 
propios escritos, para enseñanza de sus nobles; así como una edi- 
ción completa, primero que las acabe de consumir inéditas la 
voraz polilla, sus varias é instructivas obras.» 

«Esta la dio en cuatro partes: comienza por la que llama Cos- 



(i) «É con este tan loable é virtuoso deseo mandaste á mí en suma 
escribiese las hazañas y virtuosas obras de aquéllos, como las contrarias á 
virtud: porque siguiendo las primeras, las segundas sepáis mejor evitar y 
fuir, opinando á vuestra real magestad en esto servir le pudiese». Dedi- 
catoria de la Crónica abreviada por mandado de la vmy poderosa 5." D.'^ Isa- 
bel Reyna de Casulla. Usamos de la impresión en folio, Sevilla, año de 1562, 
En casa de Sebastián Trujillo, impresor de libros, junto á las casas de Pe- 
dro Pineda. (Nota de Vargas Ponce.) 

(2) «Fué acabada esta compilación en la villa del Puerto de Santa Ma- 
ría, víspera de San Juan, de Junio del año del Señor de 1481: siendo el 
abreviador de ella, de edad de setenta y nueve años». Nota de V. P. Aun- 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 1 49 

mográfica, y consta de 97 capítulos (i), ele todo punto ociosos 
para su propósito; pero no para comprobar á qué grado, sin es- 
cuchar el juicio, puede subir la credulidad. Son en los que acina 
cosas pertenecientes al Asia y sus frutos, ríos y animales de tal 
laya, los delirios y superrticiones, que no se le debe hacer cargo, 
creyese existía el Paraíso (2), ni la elección del Preste Juan, 
hecha por los Reyes Magos, ya Arzobispos, tomada de la histo- 
ria de sus vidas que corría en su tiempo, ni aun el fénix "con toda 
la reata de sus portentos; pues esto es nonada comparado á la 
seriedad con que entre los extraños habitantes del Oriente nume- 
ra hombres con los ojos en los hombros y en el pecho la nariz, 
y sin cabeza, cabiendo semejantes y mayores quimeras en la de 
un Consejero de Castilla que había visto mucho mundo (3) y 
que escribía para tan entendida Reina. Mosén Diego, por escri- 
bir sin crítica, creyó al insigne embustero Pogio, fiador, no tan 
solamente de las extravagancias de Veda, sino de los cuentos de 
Nicolás Geneto, que parece viajó para mentir y escribió para 
engañar». 

«Hasta el capítulo xxxii (4) dura su impertinente y despre- 
ciable descripción del Asia; dedica 17 al África, en que incluye 
á Sicilia y Ñapóles con otras regiones asiáticas, y no está más 
limpia la de Europa, de que trata á su manera harto cumpli- 
damente, ex-cusándose sólo de escribir de nuestras provincias 
(lo único que hubiera sido del caso), y diciendo de muchas 



que así consta en la edición de que se valió Vargas Ponce, ya hemos dicho 
que en las primeras se expresaba ser su edad sesenta y nueve años. 
(i) Hasta folio 17. Nota de V. P. 

(2) «Como en Ibernia se[)amos ser una Isla... y otra donde los hombres 
no pueden morir; mas es necesario que venimos en tanta vejez que man- 
d.ir no se pueden, sean sacados de aquella Isla á otra donde mueren». Ca- 
pitulo III, folio i; y lo recalca, cap. xx, folio 12 vuelto. «Donde quiera que 
hay jaspe huyen los demonios», cap. v, folio 4 vuelto. Nota de V, P. 

(3) Mariana (además de la Crónia de don J uan el II) refiere sus emba- 
jadas, cap. XVI, liq. 20; y él dice en el cap. x, fol. 46 vuelto: «En la ribera 
del Rhin en Alemania .se halla asaz oro, lo cual muchas yo vi coger á mu- 
geres y á hombres». Nota de V. P. 

(4) Foli 9. «Pues de Asia habernos escrito, Ilustrísima Señora, convie- 
ne en África la pluma movamos». Nota de V. P. 

TOMO Lxiv. 10 



150 boletín de la real academia de la historia 

cosas tan peregrinas como la que estampa de Inglaterra (l)»- 
«La segunda parte empieza con Túbal (2), sigue de Hércules, 
lo que tomó de la obra sobre sus trabajos del afamado D. Enri- 
que de Villena: ensarta mil aventuras de libros de caballerías 
acerca del origen de Cádiz, Sevilla y Toledo; y es inútil calificar 
lo que dice de los romanos, pues empieza con la opinión de que 
el primero que vino en España fué Julio César (3). Esta parte 
concluye con Viriato, Capitán de Zamora, según él, porque 
como tantos otros desde el siglo xiii, la creyó la antigua Numan- 
cia (4)». 

«Comienza la tercera poniendo el godo iVlthanarico en España 
desde 343; y en sus 37 capítulos sigue á D. Rodrigo Ximénez y 
á D. Lucas de Tuy, añadiendo algunas patrañas de su jaez en el 
sepulcro de aquel Rey y en el de San Fulgencio, Arzobispo de 
Cartagena-». 

«Otras fábulas más chistosas sienta de Cario ]\íagno y de sus 
Pares en la última división (5), y en ella (6) causa novedad don 
Opas, bajo el nombre de Egita: Zulema, Rey de Córdoba en 721, 
conquistando á Pérgamo y sitiando á Constantinopla; Bernardo 
del Carpió, que contra el torrente de nuestras historias obtiene 
la libertad de su padre D. Sanchis, en cuya compañía sigue ha- 
ciendo proezas. Las crónicas ó novelas de los famosos caballeros 
Fernán González y el Cid, las copia, como es de presumir, sin 
cercenar cuento alguno; y aun en la del primero añade que aquel 



(i) «Á la parte del levante en la ribera del mar se afirma por muchos 
que hay árboles que la hoja de ellos que cae en la mar se convierte en 
pescado: é la que cae en tierra en aves de grandeza de gaviotas. Y por sa- 
ber la verdad yo pregunté al Sr. Cardenal de Inglaterra, tío vuestro, her- 
mano de la Serenísima doña Catalina de Inglaterra, abuela vuestra, el cual 
me confirmó ser así». Cap, xxvi, folio 13 vuelto. Nota de V. P. 

(2) Folio 17. Nota de V. P. 

(í) Cap. VI, fol. 8. Nota de V. P. 

(4) Cap. XX. Nota de V, P. 

(5) «Galalón... de cuyo linaje aún hoy viven algunos en Francia. Y 
cuando quiera que alguno de estos come con otros, le ponen en la mesa 
el pan al revés», por la traición de Roncesvalles. Cap. ix, fol. 36. Nota 
de V. P. 

(6) Empieza desde fol. 32 vuelto. Nota de V. P. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 151 

caballo que llegó á valer más que el Condado de Castilla, le ganó 
en una batalla contra Almanzor, y que el precio orimitivo que 
se estipuló fueron mil marcos de plata (entonces?), y sobre la 
condición de doblarlo hicieron firme escritura, sellada de ambos 
á dos y partida por A, B, C (l). De haber tenido presente esta 
especie nuestro ingenioso Cervantes, tal vez la hubiera juntado 
con la antigüedad délos naipes, allá en la cueva de Montesinos». 
«Si todo el compendio de Valera estuviese como lo referido, 
era sólo de recomendar á los hipocondríacos, y convendría sin 
excusa la crítica de Morales (2). Pero desde D. Alonso el Sabio, 
siguiendo las crónicas de cada Rey, hace un epítome muy sus- 
tancial, tanto más interesante cuanto más se acerca á su tiempo. 
Asilo es mucho el de D.Sancho el Bravo y de los monarcas suce- 
sivos, y sobre todo el de D.Juan el segundo, cuyo doncel fué (3) 
y Maestre. .Sala y tan leal servidor como enemigo de D. Al- 
varo de Luna. En su memorable prisión y en fraguarla repre- 
sentó uno de los principales papeles, y muy distinguido siempre 
en las revueltas que antecedieron, logrando la confianza del 
Rey (4), como era acreedor por su franco y honrado carácter y 
su amor á la justicia, que corría á la par con su señalado esfuer- 



(i) Cap. XXI, fol. 4( vuelto. Nota de V. P. 

(2) Lib. XIII, cap. XXII, pág. 107 dei tomo vii: «de la autoridad de mo- 
sén Diego de Valera ningún hombre docto se dejará vencer». Nota 
de V. P. 

(3) En 18 de Mayo de 1445, víspera de la batalla de Olmedo, refirien- 
do los concurrentes á cierta embajada: «ejyc que servia entonces el plato-» . 
Nota de V. P. 

(4) «Y allí llegué yo [á Tordesillas por los años de 29] que venía de la 
Reina de Dacia é Inglaterra y Borgoña, donde S. A. me había enviado. É 
como entonces no hubiese persona de quien confiase, me mandó ir al 
Condestable... y desde Palencia me envió S. A. á llamar á Cuenca, y ve- 
nido determinó que secretamente yo fuera al Rey de Francia, tuviese ma- 
nera como de allá se moviese casamiento suyo con Madama, segunda hija 
suya; y teniendo ya las letras del Rey que menester había y mannamiento 
secreto para que Pedro Fernández de Lorca me diese lo necesario para 
el viaje, y él reveló al Condestable, el cual tenía secretamente tratado ca- 
samiento del Rey con la Señora Doña Isabel, vuestra madre, pensando 
por allí asegurar su estado, y trajo el cuchillo con que se cortó la cabe- 
za». Fol. 95. Nota de V. P. 



152 boletín de i,a real academia de la historia 

zo, y que manifestó sin solapa, en ocasiones muy críticas (l). 
Esto hace tan curiosa su relación, que hubiera sido más lata de 
no haberle rehusado los áulicos, siempre suspicaces, los auxilios 
que pedía (2). No en balde el circunspecto Mariana hace tanto 
caudal de su relación en estos ruidosos acontecimientos, dando 
cabida, en medio de lo conciso de su narrativa, á dos admirables 
epístolas de mosén Diego, y á un bien expresado elogio suyo (3). 



(i) Hablando de cierto dictamen el Diputado de Burgos al Rey en 
que aprobaba los designios del Monarca, dice folio 95: «Y como por nues- 
tros pecados en estos reinos todos ó los más han el psalmo di^ placebo do- 
mino, todos aprobaron la sentencia de Pero Díaz hasta que el voto llegó á 
Cuenca, de que éramos procuradores Gómez Carrillo... é yo. Y como 
quiera que yo porfié mucho, como era razón, que él respondiese, él por- 
fió tanto hasta que el Rey mandó que yo respondiese, é yo dije al Rey: 
Señor, humildemente suplico á V. A. no reciba enojo si yo añadiere algo 
á lo dicho por estos Procuradores; é sin duda, Señor, no se puede decir, 
salvo que el propósito de V. A. sea virtuoso, santo é bueno; pero parece- 
ría, si á V. R. M. phigiese, sería cosa rasonable, que V. A. mandase llamar 
todos estos caballeros, así los ausentes como los presos (cuyos bienes tra- 
taba de confiscar), que por sus Procuradores pareciesen en vuestro alto 
consejo, é la causa allí se ventilase. É cuando se hallase que por la vera 
justicia le podríades tomar lo suyo, quedaría que V. A. usase de lo que 
más le plugiese: es á saber de la clemencia, ó del rigor de la justicia; en 
lo cual á mi vez se ganarían dos cosas: la primera, que se guardarían las 
leyes que querían que ninguno sea condenado sin ser oído ó venido: la 
segunda.que no se pudiese por vos, Señor, decir lo que Séneca dice, que 
acaece ser la sentencia justa y el juez injusto. Y esto es cuando se da, sin 
la parte ser oída. Lo cual todo el Rey oyó con gesto alegre. É Fernando 
de Rivadeneyra, que después fué Mariscal, ovo tan grande enojo de lo 
que yo dije, que me dijo: Voto á Dios, Diego de Valera, vos os arrepintáis 
de lo que habéis dicho. Y el Rey con enojo le mandó que callase, y no 
espero más habla de los Procuradores é partióse». Véase también á Gari- 
bay. Lib. xvi, cap. xxvi, pág. 1 1 17. Nota de V. P. 

(2) «Sobre el cual [D. Alvaro de Luna] hubo tantas discordias y gue- 
rras y ayuntamientos de gentes y prisiones de Grandes que á mí me seria 
imposible poderlo escribir ordenadamente como cada paso sin ver su cró- 
nica. Lo cual muchas veces á V. A. demandé, y aunque me dijo que me 
la mandaría dar, jamás se me dio. Así, muy poderosa Princesa, escribiré 
como atiento aquello de que me acordare, y sé que pasó en verdad des 
de que fui de quince años, que á su servicio vine hasta su fallecimien- 
to». Cap. cxxv, fol. 93 vuelto. Nota de V. P. 

(3) «Fué este Valera persona de grande ingenio, dado á las letras, 
diestro en las armas, demás de otras gracias de que ninguna persona 
(conforme á su poca hacienda) fué más dotado». Nota de V. P. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 



153 



¡Lástima que las altere y mutile robándoles parte del sabor Du bou 
vieux tempsl (l). La Valeriana concluye con los días de D.Juan 
(A segundo de Castilla; pero en la Crónica de su hijo Enrique IV, 
de Alfonso de Falencia, anda también otra carta dirigida al mis- 
rao Monarca desde Falencia, en 20 de Julio de 1462, que muestra 
no levantó su pluma, ni cejó en enderezar sus consejos (2)». 

Memorial de varias fazañas. — Con este título se conoce la 
crónica de Enrique IV, que atribuida á mosén Diego de Valera, 
fué publicada por primera vez en la Biblioteca de Autores Espa- 
ñoles de Rivadeneyra, por D. Cayetano Rosell. En esta, como en 
otras muchas cuya edición dirigió dicho señor, falta toda clase de 
crítica, y ni aun se indican dónde estaban los manuscritos que le 
sirvieron para la impresión. 

No solo apareció el Memorial ayuno de toda crítica, sino que 
con toda certeza se puede asegurar que el ilustre académico no 
se tomó siquiera el trabajo de leerla ni de corregir las pruebas 
del impreso. Si así no fuera, no leeríamos los errores tan de 
bulto que allí figuran, y que, si no en el texto, podían haber sido 
salvados en las notas. 

Véanse como muestras los epígrafes de algunos capítulos, y 
no descendemos á detalles del texto, porque resultaría pesado y 
enojoso para el lector y para nosotros. 

Cap. XXIX. — Del tumulto é administración que los Reynos de 
Castilla é de León ovieron por el auto en Avila pasado... 

Fonga el lector admiración en lugar de administración, y que- 
dará más conforme el texto con el sentido común. 



(i) De los períodos que omitió del todo, son los sitJuientes: «Qué mal 
<i venturado es el Rey, en cuyo tiempo sus Señoríos reciben caídas. 

«No piense vuesa merced ninguna afición ó interese me mueva á esto 
decir, ni menos temor de perder lo que tengo, lo cual ya todo es reduci- 
d(j en mi arnés á un pobre caballo, lo cual, en uno con la vida, yo gastaré 
por vuestro servicio, así como todo lo otro lo he gastado satisfaciendo á 
mi lealtad ■> (a).— Nota de V. P. 

(2) Está en cap. uv del fol. 81 del manuscrito antiguo de... Nota 
de V. P. 

Hemos dejado, tal cual estaban, todas las notas del erudito V;ir- 

(a) En las Epístolas se lee: «asy como lo otro he gastado satisfazicndo á mi 
lealtad». 



154 boletín de i.a real academia de la historia 

Cap. xLvm. — De las cosas que afirmaron el casamiento de la 
serenísima Princesa doña Juana con el ilustrísimo Príncipe don 
Fernando, cuando la- fortuna más contraria se mostraba. 

Si el Sr. Rosell hubiese leído lo que antecede, habría susti- 
tuido el nombre de Isabel por el de Juana, que con manifiesto 
error había estampado el ignorante copista. 

Cap. Lix. — De la villa que ovo don Jorge Manrique que ayu- 
daba á don Juan de Valenzuela, prior de San Juan de quel ovo la 
victoria. 

Todo esto, como se ve, carece de sentido, y si alguno tiene, 
es precisamente lo contrario de lo que debía manifestar, puesto 
que se afirma que D. Jorge Manrique ayudaba al prior de San 
Juan, cuando, lo que se desprende del contenido del capítulo, es 
que éste era el contrario, del cual aquél «ovo la victoria» como 
consecuencia de la batalla habida entre ambos, y no de la villa, 
como arriba se lee. 

Cap. Lxxxiv. — De la muerte del Condestable Miguel Lucas, e 
del robo de muchos conversos moradores en la ciudad de Xerez. 

Puede ser que el manuscrito dijese Xerez; pero el Sr. Rosell 
debió enmendar la equivocación poniendo Jaén. 

P>n la breve Advertencia que precede al tomo iii de las Cróni- 
cas, en el que va incluido el Memorial, decía el Sr. Rosell que 
tuvo la curiosidad de confrontar algunos trozos de éste con la 
Crónica de Enrique IV, que se atribuye á Alonso de Palencia, y 
que de la confronta vio la completa identidad de ambas obras; 
pero como á renglón seguido cita únicamente los dos pasajes que 
Amador de los Ríos en su Historia critica de la literatura espa- 
ñola copió de la Crónica de Enrique IV, nos parece, y no somos 
los primeros en sospecharlo, que éstos fueron los únicos que con- 
frontó el distinguido académico. Bien es verdad que quien deno- 
mina empalagosa la cuestión de resolver si Valera copió á Palen- 
cia ó éste á aquél, bien puede no preocuparse de cosas tan baladíes. 



gasPonce, aun cuando en algunas se repiten conceptos expresados ante- 
riormente, porque hemos querido respetar por completo el traljajo que 
escribió el antiguo Director de la Academia. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 1 55 

¿Es realmente obra de Valera el Memorial de varias fasañas? 
Sea ó no obra suya, ¿es preferible, como aseguran algunos críti- 
cos, á las demás historias del reinado de Enrique IV? A una y á 
otra pregunta habremos de contestar negativamente: á la prime- 
ra, porque á nadie se le ocurrirá llamar autor de la Odisea ó del 
Quijote á cualquiera de sus muchos traductores á lenguas distin- 
tas que las de sus originales, y el Memorial es tan sólo una tra- 
ducción un tanto libre de las Décadas latinas de Alonso de Fa- 
lencia, 

■ El Memorial, tal como fué publicado en la Biblioteca de Auto- 
res españoles, consta sólo de lOO capítulos, terminando con la 
muerte de D. Enrique; los traductores de la Literatura española, 
de Ticknor, Sres. Vedia y Gayangos, afirman en sus notas que 
esta obra, á su juicio la más importante de Valera, está escri- 
ta con sencillez y sin pretensiones, y que consta de 235 capí- 
tulos. 

Confrontado por nosotros el Memorial con la Crónica caste- 
llana que algunos atribuyen á Falencia y otros á Hernando del 
Pulgar, se ve una completa identidad entre ambas, hasta el 
punto de que puede afirmarse, sin género de duda, que son 
una misma, salvo que el manuscrito que sirvió para la impre- 
sión era sumamente incompleto, como lo muestra el más ligero 
examen. 

El mismo mosén Diego indicaba en el Prólogo que su obra no 
era original, puesto que decía que había determinado escribir en 
suma «las cosas más dignas de memoria... desde el año de 1434... 
hasta el tiempo presente; las cuales, como quier que elegante- 
mente estén escritas en las Corónicas d' España, éstas son tan 
largas y tan difíciles de haber, que muy pocos las pueden alcan- 
zar ni leer», palabras que sólo pueden aplicarse á las Décadas, 
de Falencia, obra voluminosa y elegantemente escrita en latín; 
de aquí también la dificultad de trasladarla y de leerla, ya que el 
latín por aquel tiempo había dejado de ser lengua vulgar y era 
sólo conocido por los doctos. 

Tradujo mosén Diego las Décadas después de 1482, y antes 
de 1488, según se desprende de la lectura del capítulo xxxvui, 



156 BOLETÍN DE LA REAL ACAUE.MIA DE LA HISTORIA 

en el que, al referirse á D. García de Padilla, se dice «que hoy 
es Maestre», y como su nombramiento ocurrió en el primero 
de los años citados, y su muerte d fines de I487, hay que supo- 
ner que entre estas fechas hubo de escribirla. 

Supuesto esto, cabe preguntar si Valera llevó á cabo su pro- 
yecto de escribir hasta el tiempo presente^ según manifestaba en 
el Prólogo. 

En los catálogos de las bibliotecas de Londres y la antigua 
del Conde de Montealegre figura una Historia de ¡os Reyes Cató- 
licos, atribuida á mosén Diego de Valera, lo cual indica que éste 
llevó á cabo su proyecto de trasladar en castellano la obra en- 
tera de Falencia, y hasta le siguió en sus divisiones. Termina 
Alonso de Falencia su primera Década con la muerte del infante 
don Alonso, y así terminan también su primera parte la mayo- 
ría de los manuscritos que hemos examinado, é igualmente ter- 
mina la segunda parte de éstos y la segunda Década, con la 
muerte de Enrique IV. La tercera Década llega hasta 1477, y 
habría que examinar si la Historia de los Reyes Católicos, de Va- 
lera, llega hasta esa fecha y tiene con la obra de Falencia la ana- 
logía que con ella tienen las partes anteriores. 

Empieza el capítulo i del Memorial relatando cómo después 
de muerto el Rey D. Juan entró á reinar Enrique IV, su hijo (y 
no su cuarto hijo, como se lee en la edición Rosell), el martes, 
23 de Julio de «mil e quatrocientos y cinquenta e quatro años y 
medio y diez y ochos dias». Esta extraña manera de contar debió 
llamar la atención al Sr. Rosell, quien, si hubiera hecho el cotejo 
con ia llamada Crónica castellana, pudo notar que faltaban las 
palabras que en ésta se encuentran después de las palabras «qua- 
tro años», «siendo de edad [D. Enrique] de \einticinco años y 
medio y diez y ocho días». 

Cítanse después los personajes que estuvieron presentes á la 
coronación, haciéndolo precisamente en el mismo orden en que 
los nombra Falencia; por cierto que éste menciona entre los 
concurrentes á 13. Diego Manrique, Conde de Treviño, quien, 
según el Memorial y la Crónica de Henríquez del Castillo, estaba 
preso en Segovia desde el reinado anterior, y fué puesto en 1¡- 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 



'57 



bertad por D. Enrique, poco después de su advenimiento al 
trono. 

Algunas erratas se notan en este capítulo, como son el llamar 
D. Rodrigo Delma al Arzobispo de Santiago D. Rodrigo de Luna; 
ü. Diego de Iniesca al Obispo de Córdoba Fray Gonzalo de 
Illescas y Ortiz Velázquez de Cuellar á Fortun ú Ortuño, como 
se lee en el capítulo vii del Memorial. 

Hasta el capítulo iv continúa la traducción de la obra de Fa- 
lencia; en el IV y V no encontramos ya tal correspondencia, é 
igual sucede en el vi, ocurriendo en éste la particularidad de que 
todo el segundo párrafo está copiado á la letra de la Crónica de 
Henríquez del Castillo, capítulo xi. Véase la prueba: 



Memorial. 

Después de esto, el Rey se par- 
tió de la cibdad de Écija, víspera 
de San Marcos, que fué á veinte é 
cinco días del mes de Abril del di- 
cho año, y el Marqués de Villena 
con él con trescientos de caballo. . 

en los quales lugares ovieron algu- 
nos moros, y allí vino el Rey Ciriza 
"de Granada á facer reuerencia al 
Rey D. Enrique. 



Crónica de Henríquez del Castillo. 

El Rey se partió para la vega de 
Granada, é llegado á la cibdad de 
Ecija se partió dende víspera de 
Sant Marcos, que fué ¿25 días del 
mes de Abril de dicho año, y el 
Marqués de Villena con él con tres- 
cientos de caballo 

En los quales lugares vinieron algu- 
nos moros, é allí vino el Rey Ci- 
riza de Granada á facer reveren- 
cia al Rey. 



Si por este estilo siguiéramos haciendo la comparación entre 
el Memorial y las Décadas^ alargaríamos considerablemente este 
trabajo, y siempre nos llevaría al mismo resultado, es decir, que 
el primero es tan sólo compendiada traducción de las segundas. 
Aun con la notable diferencia de estar traducidos con cuatro 
siglos de distancia, lo que es más que suficiente para que existan 
grandes diferencias en la lengua y el modo de decir, compárcn- 
.se estos dos trozos, uno de Diego de Valera y el otro de la nota- 
ble y correcta traducción que el Sr. Paz y Mélia ha hecho recien- 
temente de las Décadas. 



158 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



Valera. 

Y en el mes de Marzo del mismo 
año el Arzobispo de Toledo y el 
Marqués de Villena se fueron á Ba- 
yona, donde vinieron el Maestre de 
Montesa, D. Luis del Puche y Mo- 
sén Fierres de Peralta, ya Condes- 
table de Navarra, para que en uno 
entendiesen en las cosas de Catalu- 
ña y de Navarra, y en todas las 
otras contiendas en quel Rey de 
Francia había de intervenir; y la 
Reyna Doña Juana, mujer del Rey 
de Aragón, á quien era dado poder 
del Rey, su marido, para en todo 
determinar trabajaba con todas sus 
fuerzas por guardar la honra de su 
marido, y así la porfiaban y acre- 
centaban, pero al fin parecióle que 
debía todo dexarlo só la fe del 
Rey de Francia, mayormente como 
viese al Arzobispo y al Almirante 
estar en voluntad de se partir de 
Bayona y las cosas dañarse. 



Paz y Mélia. 

... envió en Marzo al Arzobispf) 
de Toledo y al Marqués de Ville- 
na á Bayona, adonde acudieron el 
Maestre de Montesa, Luis de Spuch 
y Mosén Fierres de Peralta , ya 
Condestable de Navarra, para tra- 
tratar reunidos de los asuntos de 
Cataluña y Navarra y de todas las 
demás controversias que había de 
zanjar la intervención del Rey de 
Francia. Aumentaban los debates, 
los grandes esfuerzos de la Reina 
de Aragón, Doña Juana, en defensa 
del honor y de los dominios de su 
esposo, cuyos poderes tenía, hasta 
que al fin se convenció de que le 
sería más ventajoso dejarlo todo en 
manos del Rey de Francia que dar 
lugar con las negativas al fracaso 
de la alianza y amistosos pactos que 
se habían empezado á tratar. Sobre 
todo la decidió la resistencia del 
Arzobispo y del Marqués á perma- 
necer más tiempo en Bayona y el 
ver que las cosas iban empeorándo- 
se de día en día. 



No creemos que después de leído lo transcrito quepa la me- 
nor duda de que el Memorial es simple traducción de las Déca- 
das, y no una obra original, como hasta aquí se ha venido afir- 
mando. 

Tratado de las armas ó de los rieptos y desafíos. — Es el tratado 
más completo, en nuestro concepto, de cuantos escribió nuestro 
autor, y natural es que así sea, ya que en él no hacía más que 
vaciar los conocimientos que acerca de los duelos y empresas 
caballerescas había adquirido, no sólo en España, sino en los via- 
jes al extranjero. Está dedicado á D. Alfonso V, Rey de Portu- 
gal, y debió ser escrito, según opina el Sr. Gayangos, entre los 
años 1458 y 147 1, pues llama al Rey en la dedicatoria Señor de 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 1 59 

Alcázar Saguer, plaza conquistada en 1458, y no le denomina 
Señor de Tánger, como lo hubiera hecho si la obra fuese poste- 
rior á 1471. 

De esta obra se publicaron dos ediciones. 

Preheminencias y cargos de los oficiales de armas. — Pequeño 
tratado que no viene á ser otra cosa que un complemento del 
Tratado de las armas ó de los rieptos y desafíos^ y en el que se 
expresan y detallan las funciones que desempeñaban los Reyes de 
armas, farautes y pcrsevantes. 

Espejo de verdadera nobleza. — Este tratado es conocido tam- 
bién con el título de Tratado de Nobleza é Fidalguía, y lo dedicó 
Valera al Rey D. Juan II, escribiéndolo cuando se encontraba 
«arredrado de la vida civil ó activa». 

Es una de sus más interesantes obras, pues en ella describe 
qué cosa sea la nobleza, cómo se adquiere y cómo se pierden las 
armas, de qué clase pueden ser éstas, y á vuelta de algunos luga- 
res comunes trae especies muy curiosas. 

Genealogía de los Reyes de Francia.- ^t^\^ tratado dirigido 
por Valera á Juan Terrín, quien había manifestado deseos de co- 
nocer la antigüedad del reino de Francia. Valera, partiendo del 
supuesto de que Jafet fué su primer poblador, enumera muy su- 
mariamente los hechos de sus Reyes hasta Felipe V el Largo, 
en 1320. Está copiado este tratado de la crónica del Cardenal 
Martín, conocida con el nombre de Martiniana. 

Origen de Roma y Troya. — Es un breve tratado dirigido á don 
Juan Hurtado de Mendoza, señor de las villas de Cañete, Poya- 
tos y Tragacete; su objeto es demostrar cuál había sido el origen 
y fundación de Roma, y por incidencia el de Troj'^a. Como todas 
las obras de esta clase debidas á la pluma de Valera, está llena 
de errores y de fábulas. 

Providencia contra fortuna. — Es uno de los tratados que han 
sido impresos varias veces en el siglo xv. Está dirigido al muy 
magnífico Sr. D. Juan Pacheco, Marqués de V^illena, en ocasión 
en que el privado estaba retirado de la Corte, por haber perdido 
temporalmente el favor real. «Las armas contra la fortuna que 
Valera aconseja deben usar los grandes señores, son, después de 



1 6o BOLETÍN UE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

servir á Dios, el amar, querer servir, tener y honrar de todo co- 
razón á su Rey, ca los Reyes, dice, tiemen el lugar de Dios en la 
tierra; granjearse con liberalidades el amor de sus subditos, dán- 
doles con mano franca antes que demanden; procurarse por bue- 
nos medios grandes riquezas y usar bien de ellas; confiar sus 
fortalezas á fijosdalgo experimentados en la guerra y tenerlas 
bien proveídas; y finalmente, tener tres ó cuatro personas fieles 
é idónaas de quienes puedan tomar consejo, y con las que pue- 
dan comunicar todos los hechos que ocurran. Invoca, en confir- 
mación de sus asertos, textos de Séneca, de San Bernardo y de 
la Biblia.» 

Este tratado fué reproducido en parte por Capmani, como 
tipo de la mejor prosa del siglo xv, «aunque no sea más que 
un tejido de lugares comunes», según dice el Sr. M.enéndez y 
Pelayo. 

Breviloquio de virtudes. — Es un pequeño tratado de moral en 
el que define y analiza en qué consisten las virtudes. Está dedi- 
cado á D. Rodrigo Pimentel, Conde de Benavente y señor de 
Villalón y de Mayorga, con objeto, según dice, de prestarle 
algún servicio en reconocimiento á los muchos beneficios que 
debía' á su padre, el célebre Conde dq Benavente, que tanto figu- 
ró en la corte de D. Juan II, y cuyo título había heredado este 
I). Rodrigo por la muerte violenta de su hermano mayor el 
ilustre y esforzado Conde de Mayorga. 

Exortación á la paz. — Lleva esta obra el título siguiente: Tra- 
tado llamado exortación de la paz, dirigido al muy alto y muy 
excelente Príncipe D.Juan II, Rey de este nombre en Castilla y en 
León, y viene á ser como una paráfrasis de las dos cartas que en 
distintas fechas dirigiera al mismo Monarca, y debió ser es- 
crita después de 1448, fecha en que le envió la segunda de 
aquéllas. 

Defensa de virtuosas mujeres. — Esta obra es una imitación de 
la que con el título de Claris mulieribus publicó Juan Bocaccio, 
y en la que impugna á éste «por la contradicción en que incu- 
rrió, en los últimos años de su vida, escribiendo // Corbacio, en 
que tan duramente increpa á todas las mujeres, en venganza y 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS ibl 

por resentimiento de los desdenes de una señora á quien amó 
siendo ya de avanzada edad. Censura también fuertemente á 
Ovidio, por la manera con que, en su célebre obra El a^'te de 
amai; pinta el carácter y las cualidades de las mujeres. 

El Sr. Menéndez y Pelaj^o advierte que esta obra tiene el mis- 
mo tema que el Triunfo de las donas^ de Juan Rodríguez del 
Padrón, «con la diferencia de dar Valera más espacio á los ejem- 
plos históricos que á la argumentación escolástica, y con la di- 
ferencia todavía mayor del estilo, que en el cronista de Cuenca 
es por lo común llano, apacible y ameno, al paso que en el tro- 
vador gallego peca constantemente de alegórico redundante, 
emblemático y si se quiere poético, pero con mala manera de 
lirismo». 

Doctrinal de Príncipes. — Al enumerar este tratado D. Marce- 
lino Menéndez y Pelayo, entre las varias debidas á la pluma de 
Valera, decía: «el Doctrinal de Principes^ inédito todavía, aun- 
que es de los más curiosos, porque principalmente trata de las 
diferencias. entre el Rey y el tirano». El célebre polígrafo, honra 
de nuestras letras, no debió recordar en el momento en que es- 
cribía, que Gallardo había visto y descrito un ejemplar impreso, 
que se conserva en la biblioteca Medinaceli. 

La descripción que de él hizo Gallardo es la que sigue: «En 4.°, 
1. g., 40 hoj., sin reclamos ni foliación». 

«Al ejemplar que tengo á la vista — añade después de copiar el 
prólogo — le falta la primera hoja, y creo que la última, donde 
debía ponerse el membrete de la impresión». 

«La última hoja de este ejemplar es la 39 (sign. E-7), cuya últi- 
ma cara está toda en blanco y la mitad de la anterior, donde el 
libro concluye con una especie de despedida al Príncipe (después 
llamado Rey Católico)^ encabezada Conclusión de la obra, en 
doce renglones, con su Deo graciasy>. 

«La impresión es hermosa, en buen papel; creóla aragonesa y 
de fines del siglo xv». 

Historia de la casa de Guzmán. — D. Nicolás Antonio atribuye 
á Valera una Historia de la casa de Zúñiga., que nos es desco- 
nocida en absoluto, y añade que pudo servir de- base á Pellicer 



l62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

para la que éste escribió con el título de Justificación de la gran- 
deza y cobertura de primera clase en la casa y persona de D. Fer- 
nando de Zúñiga, noveno Conde de Miranda. La que conocemos 
de Valera es la Historia de la casa de Guzmán, de la cual hay- 
copia en la Biblioteca Nacional, entre los manuscritos que perte- 
necieron á D. Pascual Gayangos, y otra mucho más antigua en 
la selecta biblioteca que posee el distinguido académico y biblió- 
filo üuque de T'Serclaes. 

Si la de la casa de Zúñiga fué obra de Valera, y estaba escrita 
con el mismo espíritu histórico que ésta, dudamos mucho que 
pudiera servir de base ni á Pellicer ni á nadie para estudio algu- 
no. Las más absurdas fábulas forman su narración, en la que in- 
tercala sin ningún orden algunos Guzmanes, los cuales, por obra 
y gracia de mosén Diego de Valera, resultan á veces padres de 
sus abuelos ó hijos de sus nietos. La obra termina mucho antes 
de alcanzar su época. 

Árbol de batallas. — Es la conocida obra que escribió en fran- 
cés Honorato Bonet, cuya traducción se viene atribuyendo 
á Diego de Valera, bajo la autoridad de Nicolás Antonio, quien 
así lo asegura al ocuparse de este escritor. Pero los que tal cosa 
afirman no tuvieron en cuenta que en el tomo ii de su Bib. Vet., 
página 248, afirma que la tradujo Diego de Valencia á suplicación 
de D. Alvaro de Luna, Igual asegura Pérez Bayer en sus notas á 
la obra de Nicolás Antonio. 

En la Biblioteca Nacional (sig. ant. S-81, mod. 6.605) se con- 
serva un ejemplar del Árbol de las Batallas, escrito en letra del 
siglo XV, y en cuyo principio se lee: «Comienza el libro que es 
llamado árbol de batallas, sacado de francés en castellano por 
Diego de Valencia de mandado del muy magnífico e ylustre 
señor don Alvaro de Luna, Maestre de Santiago, Condestable de 
Castilla, Conde de Alburquerque e de Sant Esteban, señor del 
Infantazgo» (l). 



(ij Es extraño que Menéndez y Pelayo, Director que fué muchos años 
de la Biblioteca Nacional, diga en el tomo v de la Antología de poetas 
líricos castellanos, que la única traducción que conocía de dicha obra era 
la de Antón de Zurita, criado del Marqués de Santiliana. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 1 63 

La equivocación en el nombre de los autores debió originarse 
de haber visto Nicolás Antonio algún ejemplar en el que el nom- 
bre del traductor estaría escrito abreviadamente: Diego de V.^, 
y la mayor notoriedad de Valera le hizo atribuir la obra á éste. 

Tratado de los linajes nobles de España. — El Sr. Balenchana, al 
ocuparse de esta obra, manifiesta que la pudo examinar, gracias 
á la generosidad de D. Pascual Gayangos, á cuya biblioteca per- 
tenecía. «Es un tomo en 4.°, manuscrito — dice, describiéndola, — 
de 116 fojas útiles, letra del siglo xv, á nuestro parecer. Tiene 
en la primera hoja una nota de letra posterior, en la que se dice 
que íué autor de ella mosén Diego de Valera, natural de Cuenca, 
según afirma Gerardo Ernesto Francheunca (sic) en su Biblioteca 
heráldica.-» Sigue describiendo la obra, dando algunos detalles 
de su contenido, en los que no entraremos, por no estar escrita 
por Valera, como pudo notarlo fácilmente el Sr. Balenchana, si 
su examen hubiese sido un poco más detenido. 

Bastará, para probar esto, copiar la descripción que de este 
códice y de otro de la misma biblioteca hace en el Catálogo de 
los manuscritos que pertenecieron al Sr. Gayangos: 

«52. — Linajes de Castilla-». 

«.De los linajes de España es el título de este nobiliario, cuyo 
verdadero autor fué, según Franckenan (Bibl. Gen. Her.)^ Juan 
Pérez de Vargas, criado del Duque de Villahermosa, D. Alon- 
so de Aragón». 

«Fué escrito en tiempo de los Reyes Católicos, como se ad- 
vierte al tratar del linaje de Cisneros y del Arzobispo que á la 
sazón era (fol. ^2 v.)». 

«Al fol. 43 alude á la coronación de Carlos V en Bolonia, en 
.1529» (1). 

«Alguno de los poseedores del libro creyó deberlo atribuir al 
cronista mosén Diego de Valera, más bien debe ser obra de Bus- 
tamante, pues cotejado con su Nobiliario, parece este manus- 
crito copia de aquél, adicionada hasta t-l tiempo de Carlos V, 



(i) En el manuscrito escribió Gayangos á continuación de lo anterior: 
«No se pusieron los escudos en este códice; pero en' otro, que tam- 



164 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

describiéndose muchos linajes y armas, que no están en aquel 
Nobiliario». 

«En un capítulo aparte se trata de las armas del Gran Capitán 
(folio 102), y el tomo concluye con el blasón y armas del linaje 
de Vera, sacado del traslado que hizo, Gracia Dei, por Antonio 
de Barahona, su sobrino». 

«No se pusieron los escudos en este manuscrito. — II6 h. 4." 
L. de la ép. Pta.». 

«33. — Este libro es intitulado Blasón de las armas ó armerías, 
en el qual se ponen las armas de muchos Reynos é imperios de 
xpianos, é las armas de los claros varones destos Reynos de 
Castilla, é como ovieron su pringipio, é de las fundaciones de 
muchas gibdades destos Reynos...» 

«Habla el autor de sí mismo en el capítulo xxviii, fol. 18, col. 
I.^, al tratar de las armas del primer Duque de Villahermo- 
sa D. Alonso de Aragón, hermano del Rey Católico, y dice el 
«aver tanto insistido en relatar algunas fagañas deste Señor... 
lo causan estas razones, la primera ser causa loable y justa que 
las virtudes que ansí resplandegen que no sean encubiertas con 
la mella [niebla.?] del silencio, y lo segundo, porque su Señoría 
me crió desde catorce años y asta los veynte y seys [V] fui tes- 
tigo de las mas destas cosas, y pues no pude en su vida cumplir 
my deseó quise después de su fin ser pregonero de sus loores». 

«La obra que parece original se concluyó de escribir, según se 
lee en una nota final, la víspera de San Bernabé de! año 154I». 

<,<A la vuelta del último folio: «Blasón de las armas de Busta- 
mante», 84 h., 4.°, á dos col., con escudos iluminados. Pta.». 

Las poesías. — Pocas palabras dedica el Sr. Amador de los Ríos 
en su notable Historia crítica de la literatura española á mosén 
Diego de Valera como poeta, y no es mucho más extenso don 

bien está en mi librería y parece más antiguo, están iluminados (d). Ex- 
cusado es decir que la nota que hay al frente, atribuyendo este libro de los 
linajes á mosén Diego de Valera, no tiene fundamento alguno.» P. de G. 

(a) El que se describe á continuación, escrito también por Juan Pérez de Var<;as, 
criado del Duque de Villahermosa, y el cual debe ser el mismo que citaba Gudiel 
en su Compendio de algunas historias de España en la Dedicatoria al Duque de Osu- 
na, D. Pedro Girón. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 165 

Marcelino Menéndez y Pelayo al ocuparse de él en su Antología 
de poetas líricos castellanos. 

Achácanle ambos el haber profanado las cosas divinas, cal- 
cando sobre ellas sus amores, y dando con ello el ejemplo que 
habían más tarde de seguir Juan de Dueñas, Suero de Rivera, 
Rodríguez del Padrón, Sánchez de Badajoz y tantos otros. 

No se comprende cómo, siendo las poesías de Valera, según 
el Sr. Menéndez y Pelayo, pocas y malas, las toman los demás 
poetas de su tiempo como ejemplo para cantar poéticas irreve- 
rencias, y menos aún el que se suponga que uno de sus imitado- 
res fuera Rodríguez del Padrón, quien, cronológicamente, es más 
antiguo poeta que Valera, y de cuyas poesías, tituladas Los siete 
gozos de amor y Los diez mandamientos, tomaría quizás éste la 
idea de escribir su Letanía de amor y los Salmos penitenciales. 

Téngase también en cuenta que la irreligiosidad en materia 
poética era cosa común y corriente entre los poetas de la corte 
de D. Juan II, y que aun pasó á los reinados posteriores. Así 
vemos, por ejemplo, que D. Alvaro de Luna escribía: 

Si Dios, nuestro Salvador, 
Ovier de tomar amiga, 
Fuera mi competidor. 

Mote de una Canción, en la que añadía: 

Aun se me antoxa, Senyor, 
Si esta tema tomaras, 
Que justar é quebrar varas 
Ficieras por el su amor. 

Si íueras mantenedor. 
Contigo me las pegara 
E non te aleara la vara 
Por ser mi competidor. 

A tales sacrilegios no llegó nunca la musa de Valera; glosaba, 
sí, éste, la Letanía y los Salmos penitenciales; pero en ellos no se 
verá otra cosa que la irregularidad de tomar motivos sagrados 
como tema de sus canciones amorosas. No llegaba tampoco, ni 
con mucho, á las impiedades de Juan de Dueñas, que ofrecía 

TOMO LXIV. 1 1 



1 66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tornarse judío por amor hacia una hermosa hebrea, y compara- 
ba á su dama con la Virgen María, ponderándola hasta el punto 
de decir que, aunque Dios intentase 

Facer otra tal, jamás lo podiesse 
Sy ya otro mundo mejor non fasia. 

Hablando de la Letanía^ y después de copiar un pequeño 
trozo de ella, Amador de los Ríos añade que «en honra de Va- 
lera no sigue copiando», y el Sr. Menéndez y Pelayo, llevando 
atin más lejos su severidad, aseguraba, como ya hemos dicho, que 
los versos de Valera eran «pocos y malos», opinión que en ab- 
soluto no está conforme con la de Amador de los Ríos, quien, 
por lo menos, califica de notable el dizir en que condenaba Va- 
lera las vanidades del mundo. 

No son tampoco escasas las poesías de mosén Diego, si se tiene 
en cuenta la época en que floreció, y que no de todos los escri- 
tores de aquel tiempo se conocen veintitantas poesías más ó me- 
nos recomendables. 

Hay entre ellas algunas de circunstancias, como las dedicadas 
al nacimiento del señor Infante y la esparsa dirigida al señor 
Conde D. Alvaro antes de la prisión del Maestre de Santiago, á 
las que, sin género de duda, se pueden calificar de archimalas; 
pero de circunstancias es también la canción al maestre de San- 
tiago, y en ella se leen los versos siguientes: 

¿Qué fué de vuestro poder, 
Grant Condestable de España, 
Pues ningún arte nin maña 
Non lo pudo sostener? 



¿Ques de vuestra gran riqueza? 
¿Qué es de quanto mal ganastes? 
¿Qué es del tiempo que pasastes? 
¿Qué fué de vuestra ardideza? 
¿Qué valió vuestro tener 
Quando quiso la fortuna 
Derribar vuestra coluna 
Sin poder vos sostener? 



/ MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 1 67 

Aun en la misma Letanía de amores^ á vuelta de algunas in- 
congruencias y desaciertos, se notan ideas felices y fáciles versos. 
Se dirige en ellos á poetas y amadores, para que intercedan por 
sus amores, y entre otras cosas les dice: 

Por amor sed rogadores 
Que salga de este tormento, 
O que sienta los dolores, 
Mi señora, que yo siento. 



Rogad por mí que me veo 
Triste en ageno poder, 
E tantas cuytas poseo 
Que no me puedo valer. 



También en los Salmos penitenciales z.^^^x^cq de vez en cuando 
el verdadero poeta, y así leemos en el salmo V estos versos, que 
no desmerecen, por su facilidad, de los de los buenos poetas de 
su tiempo: 

Que solo por yo seguir 
La doctrina de Magias 
Bien como sombra mis días 
Pasaron, sin recjebir 
Galardón, ante sofrir 
Muchas cuytas me feziste 
E tantas penas me diste 
Quantas no puedo dezir. 

En las poesías amorosas es donde Valera se distingue más, y 
sus pensamientos son más elevados, como puede verse en la de- 
licada canción que comienza: 

Vi cierto si mas tardara 
jO mi bien! que yo vos viera 
Non dudes que enloqueciera 
O yo mesmo me matara. 

Aunque es de suponer que la mayor parte de estas composi- 
ciones fueron escritas en su juventud, hay algunas, como El de- 
cir al mundo y la referente á D. Alvaro, que fueron escritas con- 



1 68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sumada la catástrofe de éste, la cual, como es sabido, fué origen 
de innumerables composiciones poéticas; y el Por qué (\nQ pu- 
blicamos. 

Las poesías eróticas y amatorias, escritas por mosén Diego de 
Valera, están todas cortadas por el mismo patrón, como la ma- 
yoría de las de los demás poetas de aquel tiempo; un motivo 
principal escrito en tres, cuatro ó cinco versos, servían de prin- 
cipio á la composición; después seguían una ó varias coplas de 
ocho ó diez versos, en los que se glosaban los primeros, termi- 
nándose también con éstos la poesía. Como se ve, no era muy 
complicado el artificio en que distraían sus ocios los escritores 
del siglo XV. 

El Perqíié que figura al final de las poesías de mosén Diego es 
de suponer que fué compuesto durante el triste reinado de En- 
rique IV, ya que sus versos son una pintura exacta y real de 
aquella escandalosa época. 

Hemos llegado al fin de nuestro trabajo, en el que, por nues- 
tra insuficiencia, se notarán quizás muchas faltas; perdónelas el 
lector si las hallare, en gracia á nuestro buen deseo y al que te- 
nemos de procurar, en la medida de nuestras fuerzas, el que no 
queden olvidadas nuestras glorias históricas ó literarias. 

(Continuará.) 

Lucas de Torre y Franco-Romero, 

Capitán de Infantería, diplomado. 



II 

«LOS ESTADOS UNIDOS Y EL JAPÓN» 

Los Estados Unidos y el Japón es el título de un estudio histó- 
rico-comparativo de estas dos naciones, que escribió el Sr. D.José 
Cáscales y Muñoz, y que la Subsecretaría de Instrucción públi- 
ca y Bellas Artes remitió á esta Real Academia á los efectos del 
artículo primero del Real decreto de I.° de Junio de 1900. 

El señor Director tuvo á bien designarme para que informase 



LOS ESTADOS UNIDOS Y EL JAPÓN 1 69 

acerca del citado libro, que es un volumen de 134 páginas, en el 
cual, previo el estudio histórico-comparativo de los Estados Uni- 
dos y el Japón, se insertan monografías aisladas de cada una de 
estas dos potencias, y se trata del conflicto yanqui-japonés, ex- 
poniendo sus antecedentes y la conducta de los políticos de am- 
bos pueblos. 

Pasando por alto alguna que otra errata, como lo es, eviden- 
temente, la cifra de extensión superficial de los Estados Unidos, 
hay que reconocer, ante todo, que el libro del Sr. Cáscales es 
obra útil y necesaria en nuestras Bibliotecas, según declara la 
Junta facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos. 

Su mérito principal consiste en los relatos del escritor inglés 
Hearn, traducidos por el Sr. Besteiro, y que el Sr. Cáscales trans- 
cribe para dar idea del concepto que los japoneses tenían de los 
europeos; es decir, de los bárbaros de Occidente, cuando éstos 
llegaron, con sus barcos negros, á las islas niponas. Llaman, cier- 
tamente, la atención las descripciones que los japoneses hacían 
de aquellos insolentes extranjeros, seres ridículos, de ojos ver- 
des, rojo cabello y larga nariz, vestidos con trajes de formas y 
colores absurdos. 

Expone luego el autor, siguiendo siempre al citado escritor in- 
glés, según hace constar en notas, la serie de mudanzas que hubo 
en el país para llegar al estado actual, y advierte que, no obstan- 
te haberse transformado con tanta rapidez el alma del Japón, las 
formas exteriores siguen casi inmutables. Se puede viajar millas 
y millas por el interior de las islas sin ver por ninguna parte ma- 
nifestaciones de la nueva civilización. 

Son noticias éstas que, aunque ya conocidas por los aficiona- 
dos á estudios de geografía política y de historia contemporánea, 
no se han generalizado aún; así, pues, la obra de divulgación que 
hace el Sr. Cáscales es meritoria, y á juicio del que suscribe pro- 
cede recomendar la adquisición de ejemplares de aquélla con 
destino á las Bibliotecas públicas. 

La Academia resolverá. 

Madrid, 14 Marzo ¡913. 

R. BeLTRÁN V RüZPIDE. 



170 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



III 



D. ALBERTO RODRÍGUEZ DE LISTA 

Co?t/erencia, ilustrada cojí documejiios y carias inéditas, acerca de su vida 
y de sus obras. Sevilla, 19 12. 

No ha sido, ciertamente, por falta de tiempo, como nos ha 
asegurado, sino por sobra de modestia y delicadeza, por lo que 
nuestro ilustre compañero, el Sr. Duque de T'Serclaes, se ha 
resistido á decir algo acerca de este trabajo, y por lo que, al fin, 
ha recaído esta comisión en mí. 

Nuestro Correspondiente en Sevilla, D. Manuel Chaves, indi- 
viduo de número de aquella Real Academia de Buenas Letras y 
cronista oficial de la gran ciudad andaluza, al publicar su intere- 
sante folleto, se creyó en el caso de dedicarlo á nuestro compa- 
ñero, y en esta ocasión su generoso Mecenas, en cuya rica bi- 
blioteca é inagotables colecciones hubo de encontrar materia 
abundantísima para ampliar y comentar las noticias que aquella 
Conferencia contenía, y todo cuanto escribieran los que anterior- 
mente habían estudiado y tratado de Lista. Las frases expresi- 
vas, merecidas, de esta dedicatoria, son de fijo las que han mo- 
vido al Duque á declinar aquel encargo y á no hacer un informe 
que pudiera parecer obligada devolución de aquel obsequio. 

Porque el trabajo del Sr. Chaves es digno de alabanza y de 
aprobación, que yo si que no tengo motivo alguno para dejar de 
reconocer y de consignar aquí, ya que el Sr. Director me lo 
encomienda, siquiera sea con la mucha brevedad que va á oir 
la Academia, y á que me fuerza contra mi gusto, la abrumadora 
labor, no j^ara aplazada ni detenida, que pesa sobre mí en estos 
momentos. 

Una de las primeras y más relevantes figuras, de las mas glo- 
riosas, y hasta de las más simpáticas de nuestra historia literaria 
contemporánea, ó del siglo xix, si parece mejor, es, sin disputa, 
la de D. Alberto Lista, sabio eminente, sacerdote ejemplar, poe- 



D. ALBERTO RODRÍGUEZ DE LISTA 17I 

ta inspiradísimo, pensador profundo, acertado crítico, incompa- 
rable maestro, honor de nuestro Cuerpo y de la Real Academia 
Española, en todos los tonos con entera razón por los de su 
tiempo y por los posteriores celebrado. Lo que él representó en 
la marcha de la cultura nacional, lo sabéis de sobra vosotros, 
para que yo me detenga en recordarlo: el autor de tantas com- 
posiciones importantes, el escritor infatigable, el que formó para 
las letras á Espronceda y á D. Antonio Cavanilles, á Escosura y 
Ochoa, á Ventura de la Vega y á D. Juan Bautista Alonso, á 
Larra y Usoz, á López-Pelegrín y á Pastor, á Pezuela y Roca de 
Fogores, merece un libro entero, porque de él puede decirse 
más que de todos: «Lista y su tiempo.» Objeto su vida de tra- 
bajos especiales, siempre limitados, de P'ernández-Espino, de 
Ferrer del Río, de Pérez Anaya, todavía ha logrado el Sr. Cha- 
ves aportar con el suyo nuevos y preciados materiales á obra tan 
meritoria y necesaria, espigando con inteligente destreza en el 
vasto campo que la amistad del Duque de T'SercIaes le fran- 
queara, como él mismo nos dice. 

Así él lo sigue desde sus primeros años, pasados en la modes- 
ta casa del tejedor de Triana, hasta el instante mismo de su fas- 
tuoso entierro en la insigne Universidad de Sevilla, pasando por 
sus estudios eclesiásticos, teológicos y filosóficos, y por sus pri- 
meras tentativas en el campo de la literatura, por sus primeras 
enseñanzas de Matemáticas en el Real Colegio de San Telmo, 
por la fundación y publicación de El Correo de Sevilla., hasta 
llegar los momentos perturbados y difíciles de la invasión fran- 
cesa, que lo vio primero cantor entusiasta de Z,¿í Victoria de Bai- 
len, entusiasta panegirista del Conde de Floridablanca, redactor 
de la Gaceta del Gobierno y de El Espectador Sevillano, después 
abrazado á la causa napoleónica, dedicando en mal hora sus 
cantos al Mariscal Soult, y hasta haciendo proclamas y arengas 
para el ejército extranjero. Director luego de la Gaceta de Sevi- 
lla, por fin, corta merced para hombre como él, favorecido por 
el Rey José con una media Ración en la Catedral hispalense. 
Cree el Sr. Chaves, y yo con él, aunque en mi españolismo tan 
extremado y puntilloso, en la perfecta buena fe con que Lista 



172 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pasó por este doloroso cambio y adoptó la nueva actitud, al par 
que Reinóse, Arjona y Maestre, y que otros v^arios hombres 
ilustres, cegados á lo que parece por la gloria que rodeaba el 
nombre de Bonaparte, admiradores de su empresa casi sobrehu- 
mana, ávidos quizás de una España diferente, que soñaban, poe- 
tas al cabo los más de ellos, que pudiera surgir á la sombra de 
la Francia conquistadora, y, acaso más que nada, desprovistos 
del todo, por su desgracia, de la fe que hay que poner siempre 
en la Patria, y bien lejanos sin duda de lo que esa Patria misma, 
que juzgaban rebajada, destruida y exánime, casi casi moribun- 
da, habría de hacer en frente del dominador de toda Europa, 
que sólo en ella encontraría quien osara cerrarle el paso y opo- 
nerse decidida y sin miedo á su victoriosa carrera. 

El Sr. Chaves sigue luego á Lista en la fuga y en el destierro, 
y lo presenta en tierra extraña, errante y pronto desengañado, 
ya conocedor de lo que era en realidad el galo poderoso, pre- 
suntuoso y versátil, sometido él mismo sin protesta en 1814, 
como no lo había sido el español, por él desconocido, en los días 
aciagos de 1808. Lo acompaña á su vuelta á la Patria en 18 17, 
en Pamplona y en Bilbao, hasta que se fijó en Madrid, después 
de triunfante el partido liberal en 1820, y fundó aquí el célebre 
Colegio de San Mateo, para cuyos alumnos, de quienes era pa- 
dre más que maestro, imprimió la Colección de trozos escogidos y 
el Tratado de Matemáticas ptiras y mixtas, y el que, cuando pa- 
saron los llamados tres años, según la frase célebre, fué cerrado, 
y su Director nuevamente lanzado á las amarguras y tristezas 
de la emigración. Sigue sus pasos en Bayona de Francia, al frente 
de la Gaceta de esta ciudad, torna con él á España en 1827, da 
cuenta de su estancia en San Sebastián, de su marcha á París, de 
su venida á esta Corte para dirigir la Gaceta oficial, en cuya re- 
dacción tuvo, dando los pasos primeros, á Hartzenbusch, Nocedal, 
Salva, Ochoa, Pérez Anaya, D. Francisco de Paula Madrazo, Na- 
varrete y algunos otros; lo presenta ocupando con aplauso la cá- 
tedra del Ateneo de Madrid en 1836, explicando Matemáticas 
superiores en la Universidad Central, instalando en Cádiz, y di- 
rigiendo, el Colegio no menos célebre de San Felipe de Neri, 



D. ALBERTO RODRÍGUEZ DE LISTA I73 

presidiendo después en Sevilla, su patria, la Academia de Buenas 
Letras, explicando en su Universidad las Matemáticas sublimes^ 
siendo, al fin, en su Santa Iglesia, Canónigo, y acabando en este 
cargo, bien por bajo de sus altos merecimientos, no mucho más 
tarde su larga y gloriosa vida, adorado de la nueva generación 
literaria, que representaban, con los atrás nombrados. Amador 
de los Ríos, Fernández-Espino, Rodríguez Zapata, García-Tassa- 
ra, Valdelomar, Justiniano y tantos y tantos otros. 

¿No es verdad que escribir la vida entera de D. Alberto Lista, 
que abarca los últimos años del reinado de Carlos IV, la guerra 
de la Independencia, el reinado entero de Fernando VII, la pri- 
mera mitad del de Doña Isabel II, sería hacer la historia literaria 
de España hasta mediados del siglo xix? ¿No es todo esto em- 
presa tentadora para quien sienta de verdad el amor de las letras 
y tenga medios y tiempo de realizarla? Por las agitadas azarosas 
épocas que él alcanzó, por sus relaciones con las primeras per- 
sonalidades de aquellos revueltos días de nuestra Historia, por sus 
tan diferentes obras de todo linaje, por su influencia indiscutible, 
acaso la primera, sobre las letras españolas y los grandes litera- 
tos sus contemporáneos, la vida de este hombre insigne merece- 
ría de justicia que se la escribiese con el título antedicho, en este 
caso justísimo: «Lista y su tiempo». 

Sólo en poder del Duque de T'Serclaes, abierto á los doctos y 
á los estudiosos, como todos los tesoros de que es dueño des- 
prendido y liberal, hay un depósito de cartas de Lista que 
habrían de ser inapreciables para esta magna obra: ya el Sr. Cha- 
ves nos indica que, reunidas en un solo haz, hay hasta 70 cartas 
inéditas, dirigidas por el poeta-sacerdote á Sor María de los Do- 
lores de San Nicolás, Religiosa en el Convento de la Concepción 
de Sevilla, junto á la Iglesia de San Juan de la Palma, que había 
sido su hija espiritual, y á la que profesó todo el afecto que esa 
correspondencia revela. Ahí está, en unas y otras cartas, el ver- 
dadero, auténtico y definitivo Lista, que había hecho pensar á 
nuestro Menéndez y Pelayo, cuando las conoció, en este trabajo 
acerca del maestro que yo ahora indico, donde su nobilísima figu- 
ra resaltara sin la menor sombra, en toda la grandeza de su inte- 



174 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ligencia, de su trabajo, de su virtud y de su piedad. Yo también 
he tenido ocasión de deleitarme en la lectura de esas cartas ad- 
mirables, que no son más que una parte mínima de las que, 
como preciado tesoro, conserva de Lista el Duque de T'Serclaes. 
Si alguien, más pronto ó más tarde, emprendiera esta simpá- 
tica tarea, la de escribir el libro que D. Alberto Lista merece, 
motivo sería de júbilo para los amantes de la literatura, que to- 
davía, á pesar de todo, son muchos y buenos en España. ¿Por 
qué no había de tentar esto al Sr. Chaves, de cuya indiscuti- 
ble discreción y singulares aptitudes hay ya tantas muestras? 
Sólo que si nuestro distinguido Correspondiente se decidiese al- 
guna vez á poner mano en esta empresa, para lo cual me parece 
á mí que reúne las condiciones que son del caso, y algún día el 
esbozo que ahora ha intentado felizmente se convirtiese en un 
cuadro acabado, como él podría hacerlo, á mi entender, yo me 
permito formular, desde luego, una amistosa observación, que 
espero no habrá de tomar á mal yendo de mí. Su nuevo libro no 
habría de llamarse con el título que ha puesto al presente folle- 
to: «D. Alberto Rodríguez de Lista», sino simple y sencillamente 
con el nombre verdadero de su héroe: «D. Alberto Lista». Asi 
se llamó, así se firmó, así escribió y así enseñó: Lista, y nada 
más que Lista. Al Sr. Chaves, para llamarlo invariablemente Ro- 
dríguez de Lista, le ha bastado que su padre, el tejedor gallego 
de Sevilla, esté llamado en la partida de bautismo del gran poeta 
Francisco Rodríguez de Lista. Pero en las familias modestas y 
humildes, como en las altas y poderosas razas, el patronímico, 
no yendo solo, no llegaba á ser apellido, sino complemento de 
tal: así este propio Francisco, á su \-ez, fué bautizado — el Señor 
Chaves inserta en su folleto la partida correspondiente — como 
hijo de un Hermenegildo de Lista, sin ningún otro aditamento. 
El, que sabía de estas cosas como de todas, prescindió del pa- 
tronímico y se atuvo al apellido, y sólo se llamó Lista. Bien es- 
tán, pues, las calles de .Sevilla y de Madrid llamándose calles de 
Lista, que el sublime cantor de La Muerte de Jesús^ el émulo de 
Fray Luis y de Rioja, el poeta inspirado de La vida humana y 
de La Tarde^ el místico autor de los Cantos de los Esposos, el 



D. ALBERTO RODRÍGUEZ DE LISTA 1 75 

maestro de los maestros de las letras, fué sólo Lista, es y será 
siempre Lista, esté como estuviere llamado en los libros bautis- 
males de su Parroquia de Triana. El folleto del Sr. Chaves está 
encabezado con el retrato del eximio andaluz y sevillano, que al 
pie lleva el facsímile de su firma: Alberto Lista. ¿Quién va á sa- 
ber, mejor que él lo sabía, cómo se llamaba? 

Hay ahora quien, hablando de Cervantes, aplicando al siglo xvi 
los usos y costumbres del siglo xx, lo llama tranquilamente «Don 
Miguel de Cervantes y Cortinas», porque su madre fuera Doña 
Leonor de Cortinas, sin parar mientes en que él, acomodándose 
á los de su época, manteniendo los dos apellidos paternos, se 
llamó siempre Miguel de Cervantes Saavedra, claro es que sin el 
Don con que más se le desfigura que se le enaltece. Nuestro 
gran Quevedo, como hijo de Pedro Gómez de Ouevedo y de 
Doña María de Santibáñez, sería, según ese criterio, D. Francisco 
Gómez de Ouevedo y Santibáñez, y no, como él se dijo, D. Fran- 
cisco de Ouevedo Villegas, éste sí que con el Don, en aquellos 
siglos significativo de algo todavía. 

De todos modos, y hecho al Sr. Chaves este ligerísimo reparo, 
que va con mucha gente, empeñada en que todas las cosas hayan 
sido siempre como son ahora, el folleto de que se trata es muy 
interesante y digno de encomio, las 4 1 notas con que se com- 
pleta lo realzan sobremanera, y con sólo las 17 cartas que repro- 
duce, todas de Licio á Fileno (de Lista á Reynoso), y hasta ahora 
inéditas, ha prestado el Sr. Chaves un excelente servicio á nues- 
tras letras. Su trabajo merece, ].ues, elogios que no he de esca- 
timarle yo, y espero que en su alta competencia no querrá re- 
gatear la Academia á su laborioso y erudito Correspondiente 
sevillano. 

Ella, sin embargo, resolverá en último término lo más acer- 
tado. 

F. Fernández de Béthencourt. 

Madrid, 21 de Noviembre de 191 3. 



176 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

IV 
LÁPIDAS DE PUEBLA DE ARGANZÓN Y LAGU ARDÍA 

Nuevas lápidas. 

Sobre dos epígrafes inéditos voy á tener el honor de informar 
á la Comisión de Monumentos, y por ella á la Real Academia de 
la Historia: uno procedente de la Puebla de Arganzón, en el 
Condado de Treviño, otro de la villa alavesa de Laguardia. 

LÁPIDA DE LA PUEBLA DE ARGANZÓN 

Puebla de Arganzón, villa en el extremo occidental del Con- 
dado de Treviño, pertenece hoy á la pro\'incia de Burgos, pero 
raya con territorio alavés, y todo lo referente á tiempos anterio- 
res á la inclusión de Treviño en nuestra provincia, es insepara- 
ble de ésta. Por eso diputo alavesa la lápida encontrada en tér- 
minos de aquella villa y la marco por nuestra, para dato esclare- 
cedor de nuestra geografía y de nuestra historia, obscurísimas 
en la época romana. Incorporo, pues, esa lápida á nuestra epi- 
grafía provincial y la sumo á las también treviñesas de Pangua 
(Hübner, 2.929) y de San Martín Galbarín (Baráibar, Boletín de 
LA Real Academia de la Historia, tomo xxvi, pág. 51)- 

Apareció al labrar una heredad en la colina de San Esteban, 
á unos mil metros al Sur de la Puebla de Arganzón, en la mar- 
gen derecha del Zadorra. La descubrió el celoso maestro jubila- 
do D. Pedro López de Aréchaga, que ha tenido la bondad cedér- 
mela para el Instituto de Vitoria, que la guarda en su Museo. 

Es un sillar de caliza de 0,55 por 0,17, en el cual ocupa la ins- 
cripción un espacio ligeramente rehundido de 0,27 por 0,14. La 
parte derecha del sillar, cortada á lo largo, y ligeros restos de 
cemento tenazmente adherido, permiten suponer que la piedra fué 
aprovechada en alguna construcción posterior á su primer desti- 
no. Quizá se utilizó para los muros de un templo dedicado á San 



LAPIDAS DE PUEBLA DE AKGANZON Y LAGUARDIA 



177 



Esteban, cuya existencia denuncian el nombre de la colina don- 
de, sin duda, estuvo erigido, y unas cuantas sepulturas descubier- 
tas en aquel lugar hace dos años. Eran grandes arcas monolíticas 
de caliza, con cubiertas de igual material, que las cubrían, reba- 
sando algo el arca, sobre la cual iban superpuestas. .Se han su- 
puesto cristianas, y sepultura de fieles, próximas á una iglesia. 
Un círculo sobrepuesto á un paralelógramo, tosca representa- 
ción, á mi ver, del busto de la niña en cuya memoria se labró el 
epígrafe, llena casi dos tercios de la parte superior de la lápida. 
Ésta es como sigue, reducida á un tercio de su tamaño. 
Suplo y leo: 



1 



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.itiietmn II «^ 




178 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

H{ic) s{ita) e{st), s{it) t{ibi) i{e7ra) [le] vt[s\ Lucia Fesetma atm{onim) X 
Aiiuiisema Octavia filie pie7iiiss{imae) niemor(iae). 

Aquí yace. Séate la tierra ligera. Lucía Fesetina, de diez años. Anuti- 
sema Octavia, á la memoria de la piadosísima hija. 

4 y 5- Fesetina^ nombre nuevo en la epigrafía hispano-roma- 
na, no aparece con la claridad apetecible, pero autorizan tal lec- 
tura los cognombres Fesenict (H., 1. 426), Festina (319), Festiva 
(I^I-5 377) Gn inscripciones de Teba del Condado, Cadafaes y Con- 
deixa á Nova, respectivamente (l). El signo X ofrece forma extra- 
ña, mas se entiende como tal, tanto por el lugar que ocupa en 
el epígrafe, como por la edad probable de la sepultada. — 8. La 
grafía e por ae^ lapsus del cuadratario, no es singular, sino antes 
bien, frecuente: citaremos en comprobación j-¿z;¿¿://í-j-/;«¿'(H., 2.658) 
y carissime (H., 2,839). — lO- La abreviación //é'7zí/i-i- se da tam- 
bién en Memorias fúnebres de Falencia y Segovia (H., 2.7 1 7, 
2.753, 2.755, 3720). 

La lápida descrita ha de estimarse nuevo jalón para el trazado 
del camino militar de Asturica ad Burdigalam per sunnmmi pyre- 
naeimi, el cual cruzaba la provincia de Álava sin aj^artarse gran 
cosa del recorrido del ferrocarril del Norte. Restos de vía y otras 
antigüedades y copiosas inscripciones, descubiertas y estudiadas 
por D. Diego Lorenzo del Prestamero, en el último tercio del si- 
glo xviii, en Cabriana, Arce, Pangua, Iruña, Armentia, Alegría, 
Salvatierra y Albéniz, permitieron á ese ilustre arqueólogo, for- 
mar la opinión, aceptada por la Academia de la Historia {Diccio- 
nario Geográfico Histórico, Madrid, 1802), de que «la vía militar 

de Astorga á Burdeos pasaba por Puentelarrá, Comunión y 

Bayas, en cuyas inmediaciones debía estar Deóbriga; seguía por 
Estacillo, Puebla de Arganzón é Eruña, donde se situaba á Bele- 
ya y continuaba por Margarita, Lermanda, Zuazo y Armentia, 
antigua Suisacio de Antonino». Tal opinión, admitida puntual- 
mente por Llórente (Noticias históricas), Amador de los Ríos 
(Estudios monumentales y arqueológicos), Miguel Rodríguez Fe- 
rrer (Los Vascongados) y Ladislao de Velasco (Los Eúskaros) y, 

(1) Á mi ver, Fesetina se explica bien por epéntesis de Festina. — ¥. F. 



LAPIDAS DE PUEBLA DE ARGANZON Y LAGUARDIA 1 79 

con algunas variantes, por Mador, Saavedra, Coello, Fernández 
Guerra y otros, vese confirmada por la memoria que el dolor de 
Anutisema consagró á su hija. La topografía del collado de San 
Esteban, donde pareció, hace verosímil, por su posición estratégi- 
ca, la existencia en él de una mansión militar defensora de la vía. 



ARULA DE LAGUARDIA 

Piedra caliza de unos veintiséis centímetros en su mayor altu- 
ra, adornada con sencillas molduras semejantes á las del árula 
de Narbaja (véase Baráibar, Museo incipiente^ núm. 12). Estaba 
empotrada en la pared de una huerta, extramuros de Laguardia, 
de donde la retiró el propietario D. Alvaro Gortázar para evitar 
su desaparición. La dedicatoria, en letras altas veinticinco milí- 
metros, deterioradas por el tiempo y los cambios de lugar, ocu- 
pa una faja de 0, 17 m. por 0, 13 m. 



^MATR IBVS 

I^SEIS P< M 
'i'KK MlTl VA 



Matriius Uséis Pom{peia) [P]ri?>üíwa. 
Pompeya Primitiva á las Madres Useas. 

Enriquece este epígrafe con un nombre más nuestra corta Mi- 
tología. Cinco eran hasta él, los números de quienes había me- 
moria en Álava: las Ninfas en Araya (Baráibar, Mtís. incip., 12,) 
la Tutela en Iruña (id., Discurso), Uvarna en Cabriana (Presta- 
mero, Camino Romano; Hübner, 2.924), Tullonio en Alegría de 
Dulanci (id., C. R.\ PL, 2.939), Sandao Vim... mburo en Arcinie- 
ga (id., C. R.\ IL, 2.930), y Baelisto en Angostina (Baráibar, Lá- 
pidas de Angostina, inéditas). 

El culto á las Madres, divinidades colectivas debió, en sentir 
de Costa (Poesía popular española y Mitología y literatura celto- 
hispana, pág. 255), brotar como obligada consecuencia del dog- 
ma admitido en todas las tribus hispánicas, de que los Lares son 



l8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

hijos de Yun, á quien identifica con Zeus, suponiendo la noción 
de Yun-Zeus, patrimonio religioso del Oriente, legado por igual 
á todas las familias del tronco Ario. Como la condición está lejos 
de ser. 

Un'aura dolce senza mutamento, 

la ingeniosa hipótesis de Costa ha sido reputada y destruida por 
el Dr. Bonilla (Historia de la Filosofía española, tomo i, pág. 6"/), 
con lo cual queda obscureada la claridad que el sabio aragonés 
proyectó sobre las Madres. Por fortuna la intervención del altí- 
simo maestro Marcelino Menéndez y Pelayo las ha rodeado de 
luz definitiva, en los maravillosos prolegómenos á la segunda 
edición de la Historia de los Heterodoxos españoles (pág. 353). 
De ellos copiamos lo siguiente: «Entre las divinidades de nom- 
bre colectivo, merecen especial atención las Diosas Madres ó 
Matronas, númenes benéficos, de carácter regional y protecto- 
ras de los campos. Estos monumentos, que abundan en las Ga- 
llas, en Inglaterra y en la Baja Alemania, son escasos en nues- 
tra epigrafía peninsular, y alguno de ellos, como la inscripción 
que Marco Julio Grato dedicó en Carmona: Matribits Aiifania- 
btis, es de origen extranjero, puesto que las Matres Atifaniae se 
encuentran muchas veces en inscripciones alemanas, como ad- 
virtió Hübner. Es verosímil que el dedicante fuese un germano, 
residente en España, que cumplió un voto á las diosas de su 
país. Más atención merece la importantísima inscripción de Co- 
ruña del Conde (la antigua Colunia), que Terencio Fraterno, que 
probablemente sería gallego, aunque vivía en tierra celtibérica, 
dedicó Matribus Gallaicis (tomo 11, núm. 2.776). Lo que no te- 
nemos hasta ahora, es ninguna representación figurada de estas 
diosas, que generalmente eran tres, sentadas y teniendo en las 
faldas flores y frutos, como aparecen en una escultura del Museo 
de Lyon, que reproduce Seite de Vasconcellos (Religides do Lu- 
sitania, tomo 11, pág. 176, fig. 37). Otros epígrafes hay de Ma- 
tres 6 Matronae, sin epíteto alguno, como las de Sepúlveda y 
Muro de Agreda (tomo 11, 2.764, 2.848).» 

Resta averiguar la significación de Uséis con que las Madres 



LAPIDAS DE PUEBLA DE ARGANZON Y LAGUARDIA 161 

de Laguardia están adjetivadas. Los epígrafes aducidos por Me- 
néndez y Pelayo: Matribus Gallaicis (H., 2.776), Matribus Aufa- 
niabus (H., 5-413)) parecen designar el lugar donde eran vene- 
radas. Lógico es suponer que Uscis denote lo mismo. Por des- 
gracia, tal vocablo suena, á mi juicio, por primera vez en nues- 
tra epigrafía, donde Usulenias, de una lápida de Barcelona 
(H., 4.594), y, Useiti, de otra de Coria, son los únicos nombres de 
persona que con la radical de Usea pueden quizá conexionarse. 
Si acudimos al resbaladizo terreno de la etimología, nos brindan 
raíces el eúskaro y el indogermánico. El primero, entre otras 
voces con el radical lís, aparente ó real, tiene: 7is-a (ejido, cam- 
po, monte común), us-e (bosque), us-in (alud, pozo, abismo), 
lis-kaina (trigo de mala calidad), us-ta (muérdago), us-to (hoja), 
uz-ta (míes, cosecha), us-o (paloma), origen probable de Uxama, 
del cual los Osinas de Álava y de Soria. A la raíz indogermáni- 
ca Vas=^Us, han de atribuirse, según León Meyer (Lessico delle 
Radici indo-italo-greche recato in italiano da Domenico Pezzi), en 
sánscrito vástii (casa); griego, aatu (ciudad), eoTÍa (hogar), éaxcav 
(encoger hospitalariamente); latín, vesta (diosa del Hogar), vestibu- 
him; ur-o (arder), tis-tus (quemado); sane, ushás. gr., ecog; latín 
aurora; s. vasantas, gr., -^p; lat., ver (primavera), etc. 

Nadie es capaz de poner puertas al campo de la etimología, 
por el cual la imaginación puede correr como caballo sin freno. 
Dejo, pues, la investigación del significado de uséis, para quien 
pueda fantasear con ingenio, y me limito á suponer, con toda 
clase de precauciones y reservas, que ese adjetivo, aplicado á las 
Madres, quizá dé á entender algo así como protectoras ó benéfi- 
cas, es decir, una cualidad cuya paternidad pueda ser reclama- 
da, por ejemplo, por el vasco us-o-a «paloma» y por el indoger- 
mánico vesta, con todas las traslaciones de significación á que 
se prestan tan hermosos vocablos. Como la visigótica Amaya, 
con el vasco García, caso, en fin, á usoa con vesta, y supongo 
que uséis querría decir amorosas, tutelares, bencficas, hospita- 
larias. 

Vitoria, 19 de Noviembre de 1913. 

Federico Baráibar. 

TOMO LXIV. 12 



1 82 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



V 



CONSIDERACIONES Y DOCUMENTOS RELATIVOS AL FAMOSO 
INGENIO DEL HIDALGO BLASCO DE GARAY 

por Manuel de Saralegui y Aledina. Madrid, 1913. 

Hubo en España, en la primera mitad del siglo xvi, un hombre 
insigne que se distinguió por su amor á la patria y á la ciencia, 
que se llamaba Blasco de Garay. Su nombre, digno de perpetuo 
recuerdo para estímulo de las personas estudiosas que lejanas 
de las mundanales mezquindades laboran por impulsos nobles y 
elevados, merece el respeto y la consideración de los buenos es- 
pañoles; pero justo es al propio tiempo que no le calumniemos 
atribuyéndole inventos que nunca pretendió haber logrado, por- 
que por tal camino, y falseando la verdad histórica, más se va 
al desprestigio y al descrédito de aquellos á quienes se pretende 
ensalzar, que á rodearles de la aureola pura y clara, sin sombras 
y sin manchas, que conquistaron por su modestia y su saber. 

A restablece]- la verdad, obscurecida momentáneamente, tien- 
de el folleto del Sr. Saralegui, quien sintiendo el patriotismo con 
la vehemencia propia de todo español, templa sus entusiasmos 
patrióticos y los depura con el culto de la verdad histórica, sin 
que esto le prive de elogiar sinceramente á Blasco de Garay, por 
lo que hizo y por lo que pretendió lograr, avanzando en el difí- 
cil campo de la mecánica, y adelantándose en proponer reformas 
y modificaciones útiles á la navegación y á otras industrias, 
según resulta de los documentos dados á luz en diferentes oca- 
siones. 

En efecto, en la larga serie de escritos que pudieran mencio- 
narse, consta que «Blasco de Garay, hidalgo toledano, pensando 
muchas veces con qué podría ser útil á S. M., como algunos de 
su linaje habían hecho, y especialmente su hermano mayor don 
Diego de Alarcón, que en servicio del Monarca perdió la vida, 
siendo Capitán en el ejército de Italia; él, con el mismo deseo de 



DOCUMENTOS RELATIVOS AL HIDALGO BLASCO DE CARAY 183 

servirle, se dedicó al estudio de la filosofía y de otras ciencias, y 
pensó en un invento capaz de sustentar una gran escuadra sin 
costa de las rentas reales ni daño de los pueblos, lo cual creía 
ser cosa que podría efectuarse, dando para ello un instrumento 
fácil para excusar en las galeras los remadores y las velas, ins- 
trumento que se podía colocar en cualquier navio. 

No paraban aquí los deseos y propósitos del buen hidalgo, que 
en el estudio de la mecánica pasó varios años de su vida, sino 
que resolvió ó creyó resolver otros problemas, como el de sacar 
un navio sumergido á la superficie, con sólo el esfuerzo de dos 
hombres; lograr que un individuo permaneciera debajo del agua 
todo el tiempo que quisiera; ver el fondo del mar hasta cierta 
profundidad; purificar las aguas convirtiendo la salobre en pota- 
ble ó dulce, y llevar á bordo un molino para durante la travesía 
moler el trigo á bordo (l). 

Era Rey de España Carlos I, y los hombres de gobierno que 
constituían el Consejo de Guerra, atentos al buen servicio de la 
nación y del Monarca, acogieron con beneplácito el proyecto y 
dispusieron el ensayo del primero de sus inventos en un galeón 
de 250 toneladas, el día 4 de Octubre del año 1539? en el puer- 
to de Málaga (2). 

La prueba fué realmente satisfactoria, ya que tratándose de 
una nave vieja y muy pesada, se logró, con sólo 18 hombres, 
que navegase casi una legua por hora; mas como todo invento, 
exigió algunas modificaciones porque se quebraron algunas cosas 
y otras embarazaban mucho el navio, acordándose á su vez que 
sólo se emplearan dos ruedas. Garay hizo las modificaciones con- 
siguientes, suprimiendo unas vigas muy largas con que se movía, 
de modo que el mecanismo así simplificado ocupaba muy redu- 
cido espacio, y se dispuso un navio de lOO toneladas, cargado 
de trigo, con sólo seis hombres para manejar el mecanismo. 



(i' Memorial de Blasco de Garay al Emperador. Año 1539. Archivo de 
Simancas. 

(2) Carta de Blasco de Garay á S. M. C, fechada en 10 de Septiembre 
de 1540. 



184 BOLETÍN DE I.A REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La segunda prueba, realizada en 2 de Julio de 1540, dio una 
velocidad de media legua por hora; pero habiéndose querido 
probar la rapidez de maniobras, hizo ciaboga varias veces, con 
más presteza que una galera, mereciendo Blasco de Garay la fe- 
licitación de los capitanes de navio, pilotos, marineros y perso- 
nas hábiles y experimentadas en cosas de mar, que embarcaron 
en la nao, y de otros muchos que lo hicieron en bateas, los cua- 
les, por novedad del caso, por la fama y crédito de Garay y por la 
utilidad del invento, siguieron con interés esta prueba muy de 
cerca (l). 

Indudablemente fué aquel acto uno de los más solemnes y 
más interesantes que Málaga ha presenciado. Su hermoso puerto, 
su mar tranquilo, su cielo azul limpio y despejado, su alegre 
campiña, el carácter jovial de sus habitantes, la gracia de su in- 
genio y de su lenguaje, el vuelo de su espontánea fantasía, que 
borda, engrandece y transporta los hechos y las ideas, su patrio- 
tismo exaltado y desbordante, todo debió contribuir á la bri- 
llantez del acto que, si interiormente tenía la solemnidad y la se- 
riedad de la ciencia, estaba rodeado de una aureola de ingenio, 
de gracia y de espontaneidad. 

Blasco de Garay debió sentir entonces amortiguarse el hambre 
que había experimentado, pues en carta fechada el 6 de Julio, sin 
indicar año, pero que probablemente se refiere á este, dice sin 
enojos ni recriminaciones al secretario Francisco de Eraso... «y 
porque sin comer no se puede hacer cosa, escribo á su merced 
la necesidad que tengo de que me provean de algo para gustar, 
porque juro á nuestro Señor que es la mayor necesidad que tuve 
ni sentí desde que nací, tanto que hoy doy la espada á ven- 
der» (2). 

Triste destino el de los hombres de valía en casi todos los tiem- 
pos y pueblos; lucen y brillan favorecidos por la fortuna los que 



(i) Véase «Carta de los proveedores de Málaga á S. M., á 27 de Julio 
de 1540». Archivo de Simancas. En ella se dice: y cada rueda movían tres 
hombres, los cuales se remudaban para poder sufrir el trabajo. 

(2) Carta autógrafa al Secretario Francisco de Eraso: Revista de Ar- 
chivos, tomo V, pág. 272. 



DOCUMENTOS RELATIVOS AL HIDALGO BLASCO DE GARAY 1 85 

buscan el medro, los que cultivan y explotan el trato de las per- 
sonas y por mutuos favores se ayudan á subir á altos puestos; 
no los que todo lo fían á la bondad de sus propósitos, los que no 
emplean astucias y ardides para ascender al templo de la fama 
empujados por sus contemporáneos, ni mendigan ni venden los 
favores, y de estos era Blasco de Garay. 

Sus cartas, escritas en un lenguaje digno y claro, propio de 
los grandes hombres y de los grandes tiempos, son un modelo de 
buen pensar, no al uso de hoy, en que las ideas se cubren con 
ropaje que oculta la verdad, figuras retóricas innecesarias que 
quitan á los escritos vigor y energía, y alabanzas que á fuerza de 
prodigarse á diestro y siniestro, han perdido todo su valor, ha 
ciendo preciso un nuevo diccionario para expresar con verdad 
los conceptos. En este sentido de emplear con propiedad las pa- 
labras y de exponer con claridad las ideas pueden servir de 
ejemplo sus frases de que «la necesidad es tanta, que el pensa- 
miento de comer es el más triste pensamiento que probé jamás 
le quitaba el entendimiento en lo que hacía» (l). 

Dejando estas consideraciones aparte, diré que el in\-ento de 
Garay se sujetó todavía á nuevos ensayos. Fueron éstos: uno rea- 
lizado en Málaga en el mes de Junio de 1542, á presencia del ge- 
neral D. Bernardino de Mendoza, en el que se logró una marcha 
de tres cuartos de legua por hora; y como entonces se censurara 
la excesiva longitud de las aspas de las ruedas, tal defecto fué co- 
rregido en la siguiente de lO de Julio de 1542, aventajando en 
ésta á la galera Renegada en la rapidez de las maniobras, á pesar 
de que en esta nave iban 24 remeros. 

Por último, el 7 de Junio de 1543» d el puerto de Barcelona, 
y con sólo dos ruedas por banda, logró la velocidad de una legua 
por hora, empleando hombres advenedizos y no experimentados 
ni prácticos en el manejo de los aparatos. 

A pesar de esto el invento de Garay no prosperó, ignorando 
cuál fuese el verdadero motivo de ello. El tesorero Rávago se- 
ñala imparcialmente, aludiendo no á las ventajas conseguidas, 

(i) Carta ya citada ciel 6 de Julio. 



l86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sino á las que más adelante podrían obtenerse, que parece que 
con aquel ingenio se andarán en dos horas tres leguas, añadiendo 
las expresivas frases de «lo cual es satisfactorio», bien que diga 
al mismo tiempo que es trabajoso porque ha menester 50 hom- 
bres que la traían casi con igual trabajo que los que reman. Esto 
en cuanto á los hechos, porque entrando en otro género de con- 
sideraciones añade que para una batalla naval ó para enviarse una 
escuadra con más seguridad, provechosa cosa es, porque da tan 
presto la nao dos vueltas á la redonda á la parte que quisieren, 
como la galera una, y que se podría perfeccionar mejorándola y 
haciéndola más fuerte. Rávago no fué, por consiguiente, como 
alguien ha indicad ), enemigo del invento, sino un consejero que 
supo apreciarle en todo su valor. 

Difícil es averiguar si Blasco de Garay tuvo precursores en 
nuestro propio país ó fuera de él; pero el Académico que suscribe, 
en su deseo de esclarecer en lo posible el asunto, ha podido com- 
probar que no parece que entonces, ni en años anteriores, ni 
tampoco en mucho tiempo después, se intentara sustituir la na- 
vegación á vela y á remo por la navegación por medio de rue- 
das. Mas no sucede lo mismo con respecto á tiempos muy re- 
motos, pues en un manuscrito primorosamente iluminado, de 
origen italiano, existente en la Biblioteca Nacional (l), y corres- 
pondiente al siglo XV, pero cuyos tratados fueron escritos prime- 
ramente en el siglo v, bajo el título áe Naves libiirnicas (2), apa- 
rece una nave perfectamente dibujada, é iluminada con gran arte 
y delicadeza, la cual lleva al costado visible tres ruedas, dándo- 
nos noticia de ella el texto en breves párrafos, donde se dice que 
las empleaban para la guerra y que el peso de los bueyes que 
aparecen en el dibujo, era la fuerza que producía el movimiento. 
Itxiste, pues, entre las naves de Blasco de Garay y los barcos de 
Liburnia una analogía, cual es la de emplear ruedas; pero existe 
también una diferencia, que es la de emplear aquél la fuerza huma- 

(i) Signatura Q., 129, 

(2) Tomó su nombre de Liburnia dado en la antigüedad á la parte de 
Iliria, comprendida entre Istria al Norte y la Dalmacia al Sur. Sus habi- 
tantes eran hábiles piratas. 



DOCUMENTOS RELATIVOS AL HIDALGO BLASCO DE CARAY 187 

na y los liburnios la de los animales para producir el movimien- 
to. Por esto y por no existir prueba alguna de que el inventor 
español tuviera noticia del citado manuscrito ó de otro en que de 
tales naves se hiciera mención, podemos decir que debe consi- 
derarse su obra como verdaderamente original y propia. 

El empleo de las ruedas en los barcos no vuelve á intentarse 
hasta que Papin, el inventor de las máquinas de vapor, colocó en 
1707 una de éstas en un barco provisto de ruedas, en el cual na- 
vegó desde Cassel, sobre el Fulda, hasta Munden, ciudad de Han- 
nover, con el objeto de pasar desde allí al Wesser y trasladarse 
luego á Inglaterra, donde daría á conocer su máquina; pero los 
barqueros del Wesser se opusieron á su entrada en el río, y no 
satisfechos con esto, llevaron su brutalidad hasta el punto de res- 
ponder á sus súplicas, destrozando el barco (i). 

En 1736, Jonathan Hulls, obtuvo un privilegio para remolcar 
barcos en los ríos y puertos cuando el viento no fuese propicio 
para la navegación á vela. En un libro que publicó en el siguien- 
te año trae la descripción del invento, y de ella resulta que con- 
sistía en una vasija cerrada, conteniendo dos partes de agua. Ha- 
ciendo hervir el líquido se formaba el vapor, que era conducido 
por tubos al interior de un recipiente cilindrico, donde empujaba 
un émbolo cuyo movimiento se transmitía á una rueda de paletas. 

En 1753 l3 Real Academia de Ciencias de París, ofreció un 
premio al mejor trabajo en que se empleara la forma más venta- 
josa para suplir la acción del viento en los grandes barcos, y 
M. Bernouilli, entonces Profesor de Basilea, presentó un aparato 
ensayado con éxito. Euler y Mathon de la Cour escribieron sobre 
el mismo asunto, proponiendo el uso de ruedas de paletas fijas, 
empleando al hombre como motor, pues pensaban que el ganado 
exige para su subsistencia cantidades más considerables de agua 
y alimento (2). 

Por último, es posible que Fulton, el primero que aplicó con 
éxito el vapor á la navegación, utilizara en parte los estudios de 



(i) Figuier: Los grandes inventos^ pág. 220. 

(2) Fincham: Historia de la arquilecíura naval, pág. 276. 



l88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Garay, según se deduce de las noticias aportadas acerca de este 
asunto por el 5r. Ferrer de Couto, puesto que el ingeniero espa- 
ñol Betancourt tuvo en su poder los planos de (iaray y los dio á 
conocer, ó los en\ió, á unos norteamericanos, poco antes de em- 
prender sus experiencias el mencionado Fulton en los primeros 
años del pasado siglo (l). 

Expuestos los antecedentes más importantes para conocer el 
invento de Garay, así como su trascendencia y los trabajos que 
le precedieron y los subsiguientes, vamos .1 tratar de un asunto 
para mí accidental, puesto que la gloria de Garay se funda en 
sus intentos de emplear procedimientos nuevos, sean éstos los 
que fueren, á la navegación. 

Una carta de D. Tomás González, archivero que fué de Siman- 
cas, consignaba que en los ensayos realizados por Blasco de Ga- 
raje el ingenio consistía, según se vio al tiempo de verificarse, en 
una gran caldera de agua hirviendo, y en unas ruedas colocadas 
á una y otra banda de la nave, refiriendo todo esto á la expe- 
riencia ó prueba practicada en el puerto de Barcelona el día 17 
de Junio de 1543; añade después que Rávago, enemigo del pro- 
yecto, decía en su parte que había mucha exposición de que esta- 
llara con frecuencia la caldera, y, por último, que así resulta de 
los expedientes y registros originales que se custodiaban en el Ar- 
chivo de Simancas. 

Desde que González escribió esto al ilustre D. Martín Fernán- 
dez de Navarrete, quien no tenía motivos para sospechar que era 
falsa la noticia, se han practicado en dicho archivo investigacio- 
nes minuciosas, resultando que su bibliotecario incurrió en un 
error injustificado, porque, no sólo no consta en parte alguna 
que hubiese tal caldera, sino que, por lo contrario, aparece de un 
modo explícito, claro y terminante que se movían por el es- 
fuerzo humano; y no es que falten los documentos á que aludía 
("lonzález, sino que los alteró gravemente, pues se conserva la 
carta de Rávago dando cuenta del referido ensayo, así como va- 



(1) Ferrer de Couto: Crisol hisiórico español y Restauración de glorias 
nacionales. — Segunda edición, Habana, 1862. 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS EN SEVILLA 1 89 

rios memoriales y documentos relativos á Blasco de Garay (l), 
y redactados por el mismo, debiéndose al Sr. Saralegui la publi- 
cación de los más interesantes (2). 

No es, por consiguiente cierto que utilizara la fuerza del va- 
por; tampoco lo es que Rávago afirmara que había peligro de ex- 
plosiones de la caldera, sino que, por el contrario, afirmaba que 
los hombres empleados en las ruedas trabajaban tanto como los re- 
meros de los barcos, y, por último, debe rechazarse la afirmación 
de que el Tesorero del Rey fuera enemigo del proyecto, pues 
como se ha visto en anteriores párrafos, le dedica elogios, le juzga 
cosa provechosa, y considera que la prueba ha sido satisfactoria. 

En cuanto al folleto del Sr. Saralegui, diré que contiene la ma- 
yor parte de las consideraciones anteriores; pero expuestas con 
galana frase é inspiradas en una sinceridad tal, que seguramente 
producirán grata impresión en el ánimo de los lectores, mere- 
ciendo por ello sinceros plácemes. 

Tal es el juicio que el asunto y el libro merecen al Académico 
que suscribe. 

Madrid, 21 de Noviembre de 1913. Antonio Blázquez. 



VI 

DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS OCURRIDOS EN SEVILLA 

CON OCASIÓN DE LOS DESMONTES EFECTUADOS 

EN LA CUESTA DEL ROSARIO 

(Comunicación de 19 de Mayo de 1913.) 

En la sesión del día 7 de Junio del año actual me permití lla- 
mar la atención de esta docta Academia respecto de un artículo 



(i) En la carta de Garay de 9 de Julio de 1540, dice que, porque en la 
prueba de 1 537 embarazab;m mucho mías vigas largas cotí que se movía..., á 
cada rueda puse ¿res hombres que la tnovieseti. 

(2) También trataron del asunto en el mismo sentido Ferrer del Río 
(núm. 4.° de La América, y Ribot y Fonseré (núms. 19 á 23 del Diario Uni- 
versal, aportando datos). 



«90 boletín de la real academia de la historia 

publicado en Vida Marítima, en que se daba noticia de recien- 
tes hallazgos de antigüedades en la ciudad de Sevilla (l). 

En ella se mencionaban mosaicos, masas de hormigón, cerá- 
mica samiota y etrusca, dibujos con lotos y peces, y restos de 
la edad de bronce; y todo en tal forma se describía, que aunque 
se expresaba que unos extranjeros muy versados en arqueología 
habían seguido con atención el curso de las excavaciones, no re- 
sultaba clara la descripción, ni científico el procedimiento em- 
pleado, puesto que los operarios realizaron su trabajo en la for- 
ma en que le habían comenzado, ya que el dueño de la finca se 
limitó á consentir que los extranjeros lo presenciaran; ni era fá- 
cil que los objetos hallados, caso de ser auténticos, estuvieran en 
la forma y disposición en que se describían. 

Por todo esto, al dar noticia á la Academia, donde surgió la 
misma duda á otros compañeros, me limité á expresar la conve- 
niencia de que informara la Comisión Provincial de Monumentos 
de Sevilla acerca del asunto. 

Poco después, la misma persona que en Vida Mai'ítima sus- 
cribía el trabajo, dio cuenta de los descubrimientos en una Socie- 
dad (2), bien que ampliando de palabra algunas consideraciones, 
y ya no pude menos de emitir mi opinión respecto de ciertos ex- 
tremos contenidos en su trabajo; porque si las noticias ofrecían 
serias dudas, las conclusiones y ampliaciones no podían ofrecer- 
las, á mi juicio, por alejarse de modo considerable de lo que la 
crítica histórica, arqueológica y geográfica requiere. Y para 
que los señores Académicos puedan formar juicio de este artícu- 
lo, que quizás algunos no recuerden, indicaré que empezaba por 
citar la inscripción que estuvo en una de las puertas de Sevilla, 
inscripción que decía: «Hércules me labró, Julio César me reno- 
vó y el Rey Santo me ganó», según el outor del artículo á que 
nos referimos. 

Cita después á D. Joaquín Costa para afirmar que el sitio de 



(i) Revista de Geografía colonial y mercantil, tomo x, pág. 83 y si- 
guientes. 

(2) Númeru correspondiente al 30 de Enero de 1913. 



I 



DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS EN SEVILLA I9I 

la ciudad de Sevilla corresponde exactamente al de la desapare- 
cida Tarsis, que se hallaba en una isla del Guadalquivir, cuyo 
delta formaba ya, hacia el siglo vi, antes de }. C, al llegar la ma- 
rea alta, una inmensa laguna, salpicada de islitas, en las que, se- 
gún refiere Estrabón, buscaban refugio los famosos toros tartesia- 
nos cuando subía la marea; añadiendo que cualquiera que haya 
estado en Sevilla en la época de las grandes avenidas, habrá po- 
dido observar el río con el mismo aspecto que ofreciera seis si- 
glos antes de la Era Cristiana, y que la ligerísima elevación del 
terreno donde se levanta la parte más antigua de Sevilla, es la 
única porción que se ve sobresaliendo del nivel de las aguas en 
una extensión de mucho» kilómetros á lo largo del río; siendo, 
por lo tanto, el único sitio en el cual pudo haberse construido 
una gran ciudad en la región donde se formaba el gran lago en los 
tiempos pre-romanos. Y el lugar en que se encontró la necrópo- 
lis antes mencionada (ó sea la Cuesta del Rosario) constituía tam 
bien en la marea alta una de las islitas á que se refiere Estrabón. 

Es el autor de tales consideraciones gran amigo mío y perso- 
na á quien sinceramente estimo; pero recordando una frase lati- 
na muy conocida, aun sintiéndolo mucho, me creí obligado en la 
ocasión citada á combatir sus asertos, ciñéndome á aquellos pun- 
tos en que, durante la discusión insistiera, ó aquellos otros nue- 
vos argumentos que empleara. Y lo repito una vez más, me do- 
lía tener que rectificarle, porque además es persona de cultura 
general bastante extensa; la cual, con la mejor buena fe y guia- 
da por un impulso nobilísimo, se dejó arrastrar por la fantasía, y 
con unas cuantas citas formó, con la maestría que él sabe hacer- 
lo, un artículo en que para el vulgo todo parece demostrado. 

Educado yo en otra escuela, aunque sea sólo modesto aficio- 
nado y no maestro, aduje entonces datos, hechos y noticias de 
geógrafos y geólogos cuya cita era necesaria, ya que en la dis- 
cusión se pretendió hallar apoyo en la geología, y demostré, al 
menos así lo creo y así consta , leyendo el relato de la discusión 
entablada (l), que la geología, con sus datos, se oponía en abso- 

(i) Boletín de la Real Sociedad Geográfica. (Revista citada, año 19 13.) 



192 boletín de la real academia de la historia 

luto á las conclusiones sustentadas por el autor del trabajo, y no 
hice mención especial de la inscripción que cita, colocada en una 
puerta de Sevilla, después de la conquista cristiana, como prueba 
de su antigüedad, porque tal juicio no merece en realidad refu- 
tación seria. 

Quedaba, sin embargo, por aclarar la exactitud é importancia 
de los descubrimientos que, como ya he indicado, ofrecían dudas, 
y la Comisión Provincial de Monumentos de Sevilla manifiesta, 
en comunicación fechada el día 3 de Mayo, que los autores de 
algunos artículos aparecidos en The Times y en Fígaro^ que tie- 
nen gran analogía con los citados antes, en cuanto á los descubri- 
mientos, están redactados por personas de aquella ciudad, que 
carecen de toda autoridad científica, bastando para convencerse 
de ello el calificativo de pre-romanos que dan á los fustes de las 
columnas del paseo llamado de Hércules, y la afirmación de que 
las galerías subterráneas del jardín del crucero del Alcázar, con- 
ducían á la famosa Torre del Oro, cosa que, como es sabida, ca- 
rece de toda verosimilitud. 

Igualmente rectifica la noticia que coloca la cuesta del Rosa- 
rio fuera de la ciudad, pues por el contrario, está en una de sus 
más céntricas zonas, y añade que habiendo visitado los trabajos 
de desmonte allí efectuados, desde los primeros momentos, sólo 
han encontrado restos sin importancia, por lo cual no han pro- 
curado su conservación ni su adquisición. 

Con esto cae por tierra toda la falsa leyenda y todas las aven- 
turadas conjeturas que á la sombra de dichas noticias se forja- 
ron, y con ésto cree deber terminar su trabajo el que suscribe, 
esperando que sirva de ejemplo, para que en lo sucesivo se con- 
tengan los generosos entusiasmos y se mediten más los trabajos 
destinados á la publicidad. 

Por último, justo es que se den las gracias á los celosos indi- 
viduos de la Comisión sevillana, honrándose en proponerlo así 
el Académico que suscribe, 

Madrid, 30 de Noviembre de 1913. 

Antonio Blázquez. 



epigrafía ibérica y romana 193 



VII 

LÁPIDA IBÉRICA DK GABANES Y ROMANAS DE ALMENARA, 
VILLARREAL Y TARRAGONA 

A lo largo de la costa marítima de la provincia de Castellón 
de la Plana, en trayectos de lO, 19, 4 y 29 kilómetros, se escalo- 
nan, respectivamente, desde Sagunto, las estaciones ferroviarias 
de Almenara, Burriana, Villareal y Oropesa, cuyo término con- 
fina por N. y O. con el de Gabanes. A la ciudad de Burriana se 
han trasladado las lápidas de Gabanes, Villarreal y Almenara, vi- 
llas pertenecientes al antiguo territorio ilergavónico y consiguien- 
temente á la diócesis de 1 ortosa. 

Gabanes. 

Desde Gastellón de la Plana, D. Luis del Arco, nuestro Co- 
rrespondiente en aquella capital, con fecha del 12 de Diciembre 
último, me escribió: «Hablando en Burriana con D. Manuel Pe- 
ris, me dio noticia de una lápida ibérica^ que posee un primo suyo, 
gran coleccionador de antigüedades. La inscripción ha sido des- 
cubierta, hace pocos días, entre Albalat y Miravete». 

Miravete y Albalat son despoblados dentro del término de Ga- 
banes, donde se hallaron un cipo terminal (l ) y dos miliarios (2), 
de los cuales el uno, sito junto al famoso arco romano, se erigió 
imperando Galerio Valerio Maximiano (años 292-304), y el otro, 
que mucho importaría recobrar y reconocer, marcaba las miliaís 
que reducen la población á la estación llamada Ildum por los 
Vasos Apolinares y el Itinerario de Antonino, é Hildum por el 
Ravenate. 

Esta inscripción es inédita. El Dr. D. Garlos Barthou, abogado 
que reside en Burriana, ha sacado y me ha enviado la adjunta 



(i) Priva{tum) Calpurni Acutiam... {iier?). Hübner, 4.048, 
(2) Hübner, 4.950 y 4.951. 



194 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

fotografía de la piedra original, advirtiendo (l) que «ha rellena- 
do con yeso la borrosa inscripción para que resulte más clara.» 




rATonm 

l:íN:^t5:AX4 

El tipo de las letras cabalmente se ajusta al regional ecletano é 
ilergav'ónico de las lápidas ibéricas, que fueron reseñadas por 
Hübner (2), procedentes de Iglesuela del Cid, Cretas, Alcalá de 



(i) Carta del 17 de Diciembre de 1913. 

(2) Monume?ita ii/igicae iben'cae, ^ág'3. 150-164. 



EPIGRAFÍA IBÉRICA Y ROMANA ig^ 

Chisvert, Castellón de la Plana, Sagunto y Valencia. Con arreglo 
al sistema Hübneriano, en esta estela funeral de Cabanes, hay 
que leer: 

i I t o p g z 
e n . s e l d r íi i 



Por de pronto se ve que los puntos (:) indican la separación 
de vocablos, como acontece en la grande inscripción ibérica de 
Castellón de la Plana, en muchas de Sagunto y de otros pa- 
rajes. 

En el renglón primero la p sonaría menos dura que la p^ y 
puede tomarse por b; pues con efecto, en casi todas sus inscrip- 
ciones latinas esto sucede, por ejemplo, en las monedas autóno- 
mas de Bilbilis (Calatayud), Saetabis (Játiva), Segobriga (Segor- 
be?), etc. 

Lo mismo, si bien con menos frecuencia, cabe decir de la f (t), 
que en el nombre étnico de las monedas de Agreda, unas veces 
aparece, y otras reaparece sustituido por X (d). Por igual estilo, 
el nombre de Lérida, que Hecateo y Ptolomeo escribieron 'IXépoa, 
lo escribió Apiano 'IXépxYj. Hay más: las monedas ibéricas de 
Lérida, suprimen la pronunciación de la "-p como si fuese una d 
rapidísima, y dan seguramente á la O el valor de r. Además la 
]/\ puede estimarse como ligatura de il, y también como expre- 
siva de h; por lo cual, no me atrevo á fijar la verdadera lectura 
del nombre. Conjeturo que es Ildobilizen, comparable al geográ- 
fico Tntibili (villa de la Jana) y al propio de persona ilustre de la 
región ilcrgctica, llamado 'AvSo¡3áXy^c; y 'Avo&|SaXo(;, por Po- 
libio; 'Ivotj'jÉXT^g, por Diodoro, é Indibilis, por Tito Livio, Apia- 
no y Valerio Máximo. De parecida formación es el nombre 
ibérico Neitinbe/es, que campea en una inscripción de Tarra- 
sa (Hübner, 6. 144). La traducción del presente epígrafe po- 
dría ser: 

lldóbilo (hijo) de Seldro. 



196 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

El giro sintáctico de esta inscripción Ildense corre parejas con 
el de la Barcelonesa, registrada por Hübner bajo el núm. iv (l). 

11 n ke i I t r a z u i 

La cual, si mal no creo, significa: Victoria^ hija de Ilerzo. 

Observaré, por último, que la desinencia ui 6 v¿, del genitivo 
ibérico, atestiguada por estos y otros ejemplos (2), no carece de 
semejanza con la griega poética ^pi. Griegas son igualmente las 
desinencias de nominativo, masculina en, femenina e: [Jiigv (mes), 
^r¡vr¡ (luna), TíOi\ir¡v (pastor), vív.yj (victoria). 

Es punto histórico indubitable que desde remota antigüedad 
el idioma griego se infiltró en el ibérico, cuya índole peculiar, ex- 
traña y misteriosa aún, aguarda para revelarse mayor número de 
inscripciones. 

Almenara. 

Diecinueve inscripciones romanas (Hübner, 3-973-3-983) 6.054- 
6.061), halladas en esta villa, sobre la cumbre del monte que la 
domina y está coronado por las ruinas de un'castillo famoso, han 
dado á conocer su antigüedad y rivalidad émula del fronterizo 
pueblo Saguntino. De la marmórea lápida, señalada con el núme- 
ro 6.057, y se ha trasladado á Burriana, nos envía el Sr. Barthou 
la fotografía adjunta, cuyos bellísimos caracteres la colocan en el 
siglo Augustéo. 

ITTIVS 
ivDYMION 

FECIT ET 
'DEDICAVIT 

[ Ve\tiius \E\ndymion fecit et dedicavit. 
Vettio Endymión lo hizo y dedicó. 



(i) Monum. 1. iber., pág. 143. 

(2) Véase el tomo xxv del Boletín, i)ág. 284. 



epigrafía ItíERICA Y ROMANA 



197 



El sobrenombre del dedicante, 'Evo'j¡jiíwv, es indicio de que el 
monumento (ara, estatua ó templo) fué Consagrado á Diana. 

Publicó esta inscripción, á raíz de su descubrimiento, la Socie- 
dad Arqueológica Valenciana en el tomo de sus Memorias, co- 
rrespondiente al año 1873, pág. 23, pero viciando el primer ren- 
glón, que transformó en TIIVS. Hübner corrigió este error; pero 
guiándose por una copia, no del todo exacta, que obtuvo del se- 
ñor Chabret, removió de su propio lugar el primer renglón que 
leyó [A]ttiiis; mas no se aviene con el ejemplar fotográfico, que 
exige dos letras antes de la primera T. 

No debe parecer extraño el cognombre 'Evou|jlccov, tomado de 
la mitología helénica de Diana. Básteme recordar, que no lejos 
de Almenara, en Albalat de Segart, murió, según reza su epitafio 
3.969), Caecilia O(uinti) l(iberta) Arteiiiis. 




TOMO L\1V 



13 



i95> boletín de la real academl\ de la historia 

Villarreal. 

Las dos Iclpidas romanas que en el término municipal de esta 
villa se descubrieron, y se han trasladado á Burriana, ofrecen un 
texto que, desfigurado y publicado atropelladamente por mano 
incauta ( I ), necesita revisión. Ksta me han proporcionado las 
improntas de los epígrafes originales, que ha sacado D. Luis 
del Arco, nuestro Correspondiente en Castellón de la Plana, y 
que tengo el honor de presentar á la Academia. 

1. Mide 43 cm. de alto por 32 de ancho. Se halló en un 
huerto de la partida de las alquerías del Niño perdido, entre varias 
sepulturas de un cementerio romano. 

C-A^TON-LE 

o • P A R n 

AE • VXORI 

F • C 

C{aius) Antoiiiiíis) Leo Pardae uxori f[aciendum) c{uravit). 
Cayo Antonio León á Parda, su mujer, hizo este monumento. 

Los cognombres de esta inscripción expresan por rara coinci- 
dencia los elementos de que se compone el nombre latino y cas- 
tellano leopardo. Parda se llamaría Antonia, y sería probable- 
mente liberta de León, su marido. 

2. Zócalo grande, que mide 1,17 m. de alto por 0,40 de 
ancho, y 1,40 de espesor. 

D o M 

i V L o P - I L E V 

N I D I o A N 

ÑOR O XX IIX 

Z O T 1 C V S 

M A R I T V .S 

VXORI O 

K A R I S S I 

ME • PIDEI.ISSI 
10 

ME • D • S • F 

(1) Véase el tomo lxiii del Boletín, págs. 583-586, 



EPir.KAFIA IBÉRICA Y ROMANA 1 99 

D{ís) Ali^anibus) Jul{iae) Pldletmidi ann{onim) XXIIX. Zotictis marítus 
uxori karissi7ne fidelissmie, d{e) s[uo) f{ ecit). 

A los dioses Manes. A Julia Fileiinis, amadísima y fidelísima esposa, de 
edad de veintiocho años, costeó este monumento Zótico su marido. 

Philetmis brotó del griego '•^íXsuvoi; (deleitoso, amoroso); Zoti- 
ciis de J^wxcxói; (vital). El nombre Julia de la difunta permite 
sobrentender el de Julio para su viudo sobreviviente. Una vez 
más se columbra la difusión del idioma griego en la región marí- 
tima, que se prolonga desde Tortosa hasta Sagunto. 

Las letras de esta inscripción son de baja época, distinguién- 
dose por su pequenez los ojos de la P y de la R, así como por 
sobresalir el primer palo en los ángulos de la A, la M y la N. 

Otra muy semejante se halló en Almazora, villa confinante por 
el Oeste con Villarreal. Diago vio esta lápida en la casa de Apa- 
ricio Montañana, y su texto, según Hijbner (4.032), decía: Ful- 
viae Te/e[te?] \ anu[orum)... \ F^idvius) Venís iix\orí\ \ carissi- 
niae \ fidelisshnae \ .... | . Mucho me temo que esta Almazorana 
sea la presente 2 de Villarreal mal leída. 

Tarragona. 

Sepulcro de piedra que mide 2 m. de largo por 56 cm. de 
ancho y 62 cm. de alto. En su frontis está la inscripción, que á su 
vez mide 56 por 62 cm. Se ha descubierto en la finca rural que 
poseen los dos hermanos D. Mariano y D. Rafael Puig y Valle, 
al lado de la carretera de Castellón ó de la vía Augusta^ cerca 
del río Francolí, al Oeste del puerto de la ciudad, extramuros, en 
el sitio denominado Benlloch, donde estuvo á partir del siglo xii 
el monasterio benedictino de Santa María Magdalena, y se encon- 
tró el ara votiva (Hübner, 4.083) dedicada á Marte Campeador 
por Tito Aurelio Décimo, centurión de la legión séptima gemina 
feliz, en el año 182 de la era cristiana. 

De la nueva inscripción se ha dado noticia en el Diario de 
larragona (l) por D. Ángel del Arco, nuestro antiguo y muy 



(i) Número del 28 de Diciembre de 1913. 



2O0 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

benemérito Correspondiente y Director del Museo Provincial 
Arqueológico en aquella ciudad. A los datos que acabo de con- 
signar, añade que la importancia del hallazgo sube de punto, 
porque ha sido hecho en una zona llena de sepulturas romanas, 
con tégulas y restos de grandes ánforas funerarias, y todo ello ha 
sido destrozado y fracturado, rodando por todas partes huesos 
humanos; pero se está á tiempo de subsanar la pérdida, procu- 
rando que sean descubiertos y sacados íntegros los sepulcros 
restantes. Acerca de la inscripción, observa el Sr. Arco que los 
caracteres de sus doce líneas están «descuidadamente grabados 
por el lapidario, sin las debidas distancias ni punto de separa- 
ción, lo que hace difícil la lectura, tanto más, por haber sitios en 
que las letras están borrosísimas». Transcribe las que de primera 
intención pudo ver; y nos envía el calco y la fotografía, que 
ha sacado del original, para su mayor estudio y conveniente 
aprecio. 

Las letras de esta inscripción, así como las del ara sobredicha, 
erigida en el año 182 por el centurión Tito Aurelio Dérimo, per- 
tenecen al declive del siglo 11 (l), según lo manifiesta su ejem- 
plar fotográfico. 

o D o M 6 
AVREr-PAVr, IN/E Fll. lAE'O-CRv 
DELE • FVNVS ' Q V I • NVNC • ATTIGIT,* 
MIHI • E • RENOVATVS • O • DOLOR • DOl.V 
5 FRAM • FRATRI • SIMVLQ^' SORORI • NV 
NC • LVGEO • FILIA • PARITF.RO • SANE • COSE 
S • EO • lAM • PLACIDE • POSITA • LETHES • IN 
ABORTE • QVIESCE • IVNCTAQ^' 1 V MV LO 
FRATRI • SIMVLQ • SORORI • VIXIT • AN • XX • M 
10 n-XVI-T-AVR-P-AVR-PVRIS-MATER-PU.I^-DVL 
CISS • ET • píen TI SS • FECERVNT • 



(i) Ilübner, Exenipla scr/pfiirae epigraphicae laí¡}iae, núm. 447, Ber- 
h'n, 1885. 



epigrafía ibérica y romana 



20 1 



D[¿s) J\í[anibuS' Aiir{eliae) Paiilinae filiae. O crudelc fiinus! Qiii niaic aUi- 
git miJti e{st] renovaiiis, o dolor! dolitcram frairi siiniilqiiic) sóror ¿. Nimc lu- 
geo, filia, pan'lerq{7te) sane comes eo. larn placide posita Letlies in morte quies- 
ce, iunctaqiue] túmulo fratrí simulqiue) sorori. Vixit añinos) XA', jnieusem) 
d{ies\ XVI. T{iius) Aur[el¿us) p(ater), Aur[elia) Pnris mafer, filice. dulciss(i- 
mae) et pieni¿ss(imae) fecerunt [et posuerunt. H¿c\síia e[st. S\it) tiibi) i[erra) 
l{evis).'\ 

A los fiioses Manes de Aurelia Paulina. Oh de (mi) hija defunción cruel! 
El que ahora me tocó se ha renovado oh dolor! Dolor, que juntamente me 
causaron su hermano y su hermana. Ahora te lloro, hija mía, y como he- 
rido de muerte, te acompaño en la tumba. Mas ya, siquiera esto no sea, 
por lo menos con tu hermano y tu hermana descanse ahí plácidamente en 
esa m.ansión mortuoria tu cuerpo, y en la elisíaca del río Leteo tu alma 
afortunada. Vivió 20 años, un mes y 16 días. Tito Aurelio su padre y Au- 
relia Puris su madre le hicieron y pusieron este monumento á la hija dul- 
císima y piadosísima. Aquí yace. Séate la tierra ligera. 

Todos los vocablos en esta inscripción son de buena latinidad, 
y ninguna dificultad pueden ofrecer, salvo el cognombre de la 






yf i^ *fí, -•^ 'i _.^ -. ^ ■' -r V-^t*'" - • V* \' . 






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202 boletín de LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

madre, Puris, c[ue correspoüde al griego Tiópi? (becerra) y muda 
la o en ti. Un caso parecido dejé notado sobre una líípida de Ca- 
pilla en la provincia de Badajoz (l), tratando del cognombre fe- 
menino Biíreis, que en griego es (jopr/i^. 

El estilo es abrupto y propio del alma paternal, aquejada por' 
el dolor de la pérdida más sensible. No es extraño que de rít- 
mico ascienda á ser poético, infringiendo las leyes de la cantidad 
y limitándose á las del acento. Tales son los versos hexámetros: 

O dolor! dolueram fratri simulqiie sorori. 
Jam placide posita, Lethes in morte quiesce, 
Junctaque túmulo fratri simulque sorori. 

Otro ejemplo de semejante estilo poético nps ofrece la inscrip- 
ción de Tarragona (2), reseñada por Hübner bajo el núm. 4.427. 
Otras de mejor y clásico estilo en diferentes metros (4. 350, 4.375 
y 4.420) nos ha presentado la musa tarraconense. 

Madrid, 2 de Enero 19 14. 

Fidel Fita. 



VIII 
LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE 1273 y 1276 

Curioso es que una institución tan importante en el desarrollo 
económico de España, como el Honrado ('oncejo de la Mes- 
ta, que durante casi seis siglos ha dominado la \-ida agronómica 
del país, todavía no tenga más que un estudio hecho especial- 



(i) Boletín, tomo lxi, pág. 139. 
(2) Dice así: 



«Dulcem carui lucem, cum te amibi ego, coniunx. 
Has tibi fundo dolens lachiimas, dulcissime coniunx; 
Lachriinae, si prosint, visis, te ostende videri. 
Semper in perpetuo vale mihi carissime coniunx.» 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE 1273 Y I276 203 

tiiente de su historia (l), y éste un trabajo, aunque cuidadosa- 
mente hecho, fundado solamente sobre unos documentos y leyes 
impresos del Concejo y las observancias de autoridades secun- 
darias. Muchos son los escritores que han dedicado páginas al 
examen breve de esta organización (2); pero falla un estudio de 
la abundancia de manuscritos sobre el asunto, y sobre todo, un 
trabajo fundado en la riquísima documentación del Archivo de 
la Alesta misma. Un cuerpo con tantos enemigos, tantas luchas 
jurídicas contra las iglesias, la nobleza, las ciudades y los par- 
ticulares, tiene la necesidad imperativa de un depósito de docu- 
mentos. Así fué que, bajo los Reyes Católicos, se ha empezado la 
colección sistemática de los instrumentos del Concejo. Fué des- 
pués aumentado de varias fuentes. En los principios del siglo xvii 
fueron sacados del Archivo de Simancas, por orden real, privile- 
gios, cédulas y otros documentos desde la mitad del siglo xiv en 
adelante, los cuales títulos llenan 17 tomos en manuscrito (3). 
Otros se han sacado del Archivo del Monasterio de Nuestra Se- 
ñora de Guadalupe, patrona de la Mesta; otros, del de Villanueva 
de la Serena (4); otros, de bibliotecas particulares de varios fun- 
cionarios del Concejo. Así se ha reunido la colección preciosa que 
está tan cuidadosamente arreglada y guardada por la sucesora 
■del Honrado Concejo, la Asociación General de Ganaderos del 
Reino. Aunque no es grande, según las proporciones de otros 
Archivos mejor conocidos, es, sin duda, uno de los pocos ejem- 



(i) Fernando Cos-Gayón: La Mesta, en la Revista de España, xi, 329- 
366, y X, 5-39, años 1869 y 1870. 

(2) Citamos las dos últimas y mejores de estas sumarias de la Mesta, 
en las páginas de dos excelentes ensayos sobre la Historia jurídica del 
cultivo y de la industria ganadera en España, Madrid, 1912: el de D. Ángel 
M. Camacho, págs. 231 -240, yelde D. Antonio Moreno Calderón, pági- 
nas 322-342, 360-381. 

(3) Hay un impreso incompleto de este inventario: Abecedario general 
de los privilegios y concordias... tocante al Honrado Concejo de la Mesta, que 
en virtud de cédula de Su Magestad se sacaron de los Reales Archivos de Si- 
mancas. Madrid, 1629. 

(4) Itiventario de los privilegios... que la Mesta tiene en su Archivo que 
se trujo de Villanueva de la Serena d esta villa de Madrid el Año 1621 y es- 
tán en Sa?i Martín... Madrid, 1624. 



204 boletín de la real academia de la historia 

piares de un depósito tan completo en su campo especial cóme- 
se puede hacer ó imaginar. Buscas extensivas dentro y fuera de 
España, muestran que es raro el documento mesteño, del que no 
existe el original ó una copia en este Archivo. Suben, por ejem- 
plo, á más de 5-O0O las provisiones, ejecutorias y sentencias de 
pleitos que empiezan bajo Pedro I y llegan hasta los primeros 
años del siglo pasado. Además hay 200 tomos manuscritos sobre 
las cañadas y los alcaldes entregadores, las cuentas y los acuer- 
dos de Juntas; en fin, una colección quizás única, por lo muy 
completa que es, sobre una institución tan importante en la his- 
toria del pueblo español como el Concejo de la Mesta. 

Antes de continuar, no puedo por menos de expresar todo mi 
agradecimiento, el más sincero y el más veraz, á la Junta directiva 
de la Asociación de Ganaderos, y particularmente al excelentísi- 
mo Marqués de la Frontera, su digno Secretario, al cortés archive- 
ro D. Rafael Tamarit, y al erudito administrador D. Manuel Gó- 
mez Valverde, que con una noble é hidalga hospitalidad, y con va- 
liosísimos consejos, me han acogido y ayudado en mis investiga- 
ciones en dicho Archivo durante el año y medio próximos pasados. 

Para empezar la publicación de las modestas resultas de este 
estudio volvemos, naturalmente, á los primeros privilegios, cu- 
yos textos existen en el Archivo, los de 1 273 y 12/6. No han 
formado ellos el origen de la Mesta, porque se hallan indicacio- 
nes en sus cláusulas y en las de otros documentos, de la existen- 
cia de la Mesta en tiempos anteriores, pero son estos los primeros 
privilegios cuyos textos están conservados. Han desaparecido los 
originales de estos instrumentos de 1273 y 12/6, y parala pre- 
paración de las copias presentes se ha usado la confirmación 
más antigua que hállase en dicho Archivo, la de D. Enrique II, 
dado en las Cortes de Toro, 26 de Septiembre 1 3/1; una hoja 
de pergamino, 57o X 750 mm., con sello rodado y los nom- 
bres de los príncipes, grandes y oficiales eclesiásticos. Además 
de los textos citados, tiene las confirmaciones de D. Sancho IV, 
dada en Soria, 3 de Febrero 1295; de D. Fernando IV, en Sala- 
manca, 15 de Octubre 1295, Y de D. Alfonso XI, en Valladolid,. 
12 de Diciembre 1325. 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE 1 273 Y I 276 2O5 

Unas variantes están citadas de la confirmación de D. Juan I, 
dada en Burgos, 30 de Agosto 1 379, y de ella, de los Reyes 
Católicos, en Jaén, 26 de Mayo 1489. Existen ejemplares impre- 
sos de estos documentos en dos formas: en las varias ediciones 
de las leyes de la Mesta (i), y en el Memorial, usualmente lla- 
mado la Concordia (2); pero el desorden y las inexactitudes de 
éstas merece la pena de presentar una copia hecha directamente 

del manuscrito (3). 

JuLius Klein. 

(De la Harvard University, EE. UU.) 
I 

Privilegios de 1273. 

Sepan quantos este priuillegio vieren como ante nos Don 
Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de Toledo, de 
León, de Galizia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de Jahen, 



(1) El régimen peculiar ó interior de la Mesta fué arreglado por las 
ordenanzas de su cuaderno. Quizás la aprobación más antigua de estas re- 
glas fué la de D. Juan I, dada en Burgos en 1379. El primer texto que se 
conserva es el de las ordenanzas, así llamadas de Malpartida, su redactor, 
aprobadas por los Reyes Católicos en Barcelona, á 10 de Agosto 1492. Sigue 
la recopilación del Dr. Juan Palacios Rubios de 15 fi, impreso de este 
año ó lo siguiente ('34 hojas s. 1. y a.). La concordia de 1783, i, 185-252, 
citado abajo, tiene los textos de estas ordenanzas de 1492 y 151 1. Se ocu- 
pan solamente con el gobierno de la Mesta misma y dicen casi nada de los 
privilegios reales, pero la colección aprobada en 1563 y dada á luz en 1569, 
con el título de Libro de los prinilegios y leyes del ilustre y muy honrrado Con- 
cejo de la Mesfa general y Cabana Real destos Rey nos de Castilla y León y 
Granada... quiere presentar los textos de los privilegios de 1273 y 1276 
con los otros siguientes. Lo mismo hacen las varias ediciones que han apa- 
recido después, cada una con sus adiciones y cambios: 1576, 1582, 1586, 
•590. i595i 1609, 1639, 1 68 1 y 1 731. Es el último el más útil y mejor hecho: 
Quaderno de Leyes v Privilegios del Honrado Concejo de la Mesta con Ín- 
dice y Concordatites..., por Ajidrés Diez Navarro, Madrid, 1731, citado aquí 
como «Quaderno 173 1». 

(2) Alemorial Ajustado del Expediente de Concordia que trata el Honrado 
Concejo de la Mesta con la Diputacio'n general del Reyno y Provincia de Ex- 
tremadura ante el limo. Sr. Conde de Campomanes... Madrid, 1783, dos tomos. 

(3) Apenas no necesita decir que está preservada la ortografía del ori- 
ginal, con las excepciones délas mayúsculas y las abreviaturas. El signo z 
está resuelto en et. 



206 BOLETÍN DE L\ KEAL ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

del Algaruc, en uno con la Reyna Donna X'iolante, mi muger, et 
con nuestros fijos, el Infante Don Sancho, fijo mayor, ct con Don 
Peidro, et Don Johan, et Don Jaymes, vinieron omnes bonos de 
los pastores et mostráronnos de como las cartas que de nos tie- 
nen, selladas con nuestros sellos de cera, de las mercedes que 
les a\icmos fecho, que se les quebrantaban los sellos, et se les 
dannaban; ct que nos pidien merced, que de todas estas cartas, 
que les diésemos un priuillegio. Et nos, por les facer bien et 
mercct, tobiemoslo por bien; et las cartas eran fechas en esta 
guisa: 

Don Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de To- 
ledo, de León, de Galizia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de 
Jahen, del Algarue: al Concejo déla Mesta de los pastores de mió 
regno, salut et gracia. Sepades, que me dixieron que auia- 
des auenencia entre vos, que toda postura que pusiesedes (l) en 
vuestras mestas (2), que fuesen a mió seruicio, et a pro de la 



(i) Ms. {Tf-jg: pes/esedes. 

(2) Es dudoso el origen de este nombre. Se hallan indicaciones de su 
uso para un especie de dehesa ó parte de los términos de un lugar. Véase 
dos documentos que muestran el cambio de la forma latina al romance: en 
el Tuwóo (fe¿ J\/onas¿erío de Lorenzafia {Pírch.Hist.'N-dc.), dos mojonamien- 
tos, dice el primero, año 933, fol. 128, núm. 185: «... per suos términos an- 
tiguos de ambas m/x/as usque in petras nigras», y el segundo, año 1 1 12, 
folios 128-9, núm. ^^^'- «ilio cauto est per rio Malo et per ambas /«i?j-/ííj et 
per...\ Vemos un sentido semejante en un pleito entre la Mesta y Fuen- 
te el Sanco, año 1511 (Arch. Asoc. Ganaderos, Executorias, F 2), don- 
de se dice que «los términos de Fuente el Saúco nin tenian mesta ni 
pasauan a mesta en dehesas algunas. > Pero casi siempre intiica la pa- 
labra la reunión de los ganaderos y pastores del lugar que se han ce- 
lebrado dos ó tres veces cada año para recuperar los dueños las reses 
que se les extraviaban en la mezcla de unos rebaños con otros. Véase 
núm. 2 délos Documentos reales de Beniela, año 11 25 (Arch. Hist. nac, 
sala VI, caj. 408) «si vero ganatum vestrum cum alio ext raneo ;«/;v////;z fue- 
rit...» Parece una indicación del origen de la palabra en su sentido presen- 
te. Explica Covarrubias (Thesoro, voz mesta) el nombre por la amistad que 
se encuentra entre los ganaderos así reunidos. También indica el nombre 
mesta el mismo ganado estrauiado: Ureña y Bonilla, lanero de Usagre, Ma- 
drid, 1907, cap. 463: «Nengun pastor non de mesta nin uenda, nin malmeta 
a nenguno omme, si non fuere á los señores que ge las pare delante»; co- 
rresponde á éste el cap. 415 del Fuero de Cáceres en Ulloa, Priv. de Cáce- 
res (,¡1679?), pág. 83: «De non uender mesta». Pero sea la etimología lo que 



LOS PRIVILEGIOS DE I.A MESTA DE I273 Y I 276 20'J 

tierra (l), en razón de guarda de nos (2) et de vuestras cabannas (3) 
et de vuestras mestas, que ualiese. Et agora dizen que hay algunos 
que son reuelles, que non quisieren ser en ello; et esto non 
tengo por bien. Et mando que toda postura et toda auenen- 
cia que pusiesedes (4) en vuestras mestas que vos entenda- 
des que son á mió seruicio, et a pro de todos nos, asi como 
dicho es, que vala. Et qualquiera que non quisiere ser en ello, et 
non quisiere dar (5) como los otros en aquellas cosas que pu- 

sea, claro es que la costumbre de juntas locales de ganaderos fué casi uni- 
versal en la Península. En Navarra se llamaban meztas (Nov. Recop. Leyes 
Nav., Pamplona, 1735, lib. i, tit. 24), cambiado después á la forma usual. 
{Cuaderno Leyes Nav. en Caries 1S17-1S1S, ley 54, «aboliendo las corpora- 
ciones de las Mestas y Gremios Pastoriles».) En Aragón fueron llamadas 
ligajoi, ligayos ó ligallos: Arch. Corona de Aragón, Escrituras... de Jay- 
me II, Ms. núm. 187, sobre «un ligajo da ganaderos» en Exea de los Canos, 
año 13 1 7. Ordinaciones de la Comunidad de Teruel, Zaragoza, 1685, pág. 161. 
«De los pastores que no fueron a los ligajos». Docs. ine'd. Arch, Ara- 
gón, XL, 128 «concession para hacer congregación o ligayo de pastores», 
año 1333. Borao, Dic. voces aragoneses, voz ligallo. El nombre aragonés 
pliega fué usado también para estas juntas. (Ordinacioties de la mesta... de 
Albarracin ¿Zaragoza?, 1740, pág. i). El Arch. Asoc. Ganaderos tiene datos 
sobre ciento y cuatro de estas mestas locales de los siglos xiv al xviii; 
unos de aquellos notablemente las ordenanzas del Concejo de la Mesta 
de Ubeda de 1376, serán publicados pronto con notas sobre estas que exis- 
ten en forma impresa: Alcaraz (1266), Toledo (_i399-i 549), Baena (1415- 
1536), Sevilla (1450), Madrid (1495) Y Albarracin (siglo xvi). 
(i) Ms. 1525, confirmación de Carlos V, dice/ro de la cauanna real 

(2) Ms. 1489: ellos. 

(3) Véase Ureña, Fuero de Zorita de los Canes, Madrid, 191 i, pág. 335 
nota, para una explicación interesante de la palabra cabanna como choza 
movible, que tiene importancia para comprender las penas que fueron 
aplicadas por el quebrantamiento de cabanas: Fuero de Navarra, Pamplo- 
na, 1815, lib. 5,tít. 10, cap. 5, «que calonia ha qui crevanta cabaynas de ba- 
cas ó de obeillas». Nov. Recop. Leyes Nav., lib. i, tít. 21, ley i, sobre des- 
hacer las cabanas, corrales ó majadas, año 1567. Aznar, Lorum lurolii, Za- 
ragoza, 1905, pág. 263: «De lo qui cabannam ( uero mapale alienum) 
uio]auent>. 

(4) Ms. iT)'](): posieredes; Concordia de \ySy. pusieredes. 

(5) Así dice Ms. 1379; está oscura<io en el Ms. 1371. La Concordia de 
1783 tiene et no quisiere, et como los otros. El pecho pagado para los gastos 
del Concejo de la Mesta, fui' cobrado en los puertos secos ó reales por 
donde pasaban los hermanos trashumantes con sus i'ebaños. Durante la 
primera mitad del siglo xvi la suma usual fué desde 50 á 150 mrs. cada 
millar de ovejas, pero para pagar gastos extraordinarios, por ejemplo, em- 
préstitos al rey, montaba el pecho á cuatro ó cinco veces más. 



208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sierdes (l) que vuestros alcalldes gelo fagan dar, et quel pein- 
dren (2) por ello, et si peindra anparar a dos alcalldes, mando a 
los mis entregadores que los ayuden et gelo fagan dar doblado. 

Otrosi (3), me dixeron que los entregadores que non quieren 
yr a las vuestras mestas do vos les ponedes. Et esto non tengo 
por bien, onde mando que el entregador que non fuere cada 
anno (4) una vez a la mesta de Montemolin (5), primero día 
de Enero, et en las otras dos mestas do acordaron que sean en 
los otros logares que pusieren en aquella mesta, que vos peche 
en pena cient maravedís de los prietos (6). 

Otrosi, que los pastores mayores de las cauannas que vayan 
alia, et que non envien otros omnes de poco recabdo, et alli en 
vuestras mestas que dedes a los entregadores un omne o dos, o 
los que por bien touiedes (7) de cada villa, que anden en ellas 
por demandar (8) las entregas por los querellosos. Et ellos que 



(i) Ms. xi'jc)-. pusieredes. 

(2) Ms. 11"]% prenden. 

(3) Faltan este párrafo y el próximo siguiente en las confirmaciones 
de 1489, 1525 y 1561. 

(4") Dice el asiento y concordia hecha entre el Conde de Buendía y la 
Mesta, II de Junio 1499, sobre los alcaldes entregadores, cap. 4, que los 
dichos alcaldes «irán o embiaran con sus poderes bastantes a uno (no á 
todos tres como dice el privilegio de 1273) de los ayuntamientos que el 
dicho Concejo (de la Mesta) hiziere en cada un año, y asi darán razón y 
quenta de todas las cosas que hovieren fechos los tales oficiales... e que 
se non partirán fasta ser derramado el dicho Concejo e a los querellosos 
les harán entero cumplimiento de justicia». Cuaderno de 1731, 2 part., pá- 
gina 257. Pero es de notar que el cap. 2 del mismo asiento de 1499 prohi- 
be la asistencia de los dichos alcaldes en las juntas mismas del Concejo. 

(5) Al sur de la provincia de Badajoz. Fué observada la costumbre de 
celebrar tres mestas cada año, délos trashumantes, hasta el fin del siglo xv, 
cuando empezó el práctico de hacer dos: una en Extremadura, en Enero 
ó Febrero; otra en las sierras, en Agosto ó Septiembre. 

(6) Tres clases de maravedís fueron labrados por D. Alfonso X; blan- 
cos burgaleses ó de moneda gruesa, blancos ?iovenes y negros ó prietos; los 
últimos, labrados en 1258, valían quince sueldos prietos, ó cinco comunes, 
según ley 2, tít. 33, part. 7. Véase Sentenach, El maravedí, en la Revista de 
Archivos, xii, 203-208 (año 1905); Salat, Monedas de Cataluña, i, 99; Vicen- 
te Arguello, Memoria sobre... las monedas de Alfonso el Sabio, en las Me- 
morias Acad. Hist., tomo viii (año 1852). 

(7) Ms. 1379: tomeredes; Concordia de 1783: tobieredes. 

(8) Ms. \2,T9: por detnandar demandan las entregas. 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE I 273 Y I276 2O9 

puedan demandar por todos aquellos que personería les diesen; 
et (l) qualquier que tomaren et non quisieren andar con los en- 
tregadores, que pechen en pena treynta carneros, et que tomen 
otro en su logar si non diere escusa derecha; por que lo entien- 
dan que es assi. Dada en Gualda (2), sábado, dos dias de Sep- 
tiembre era de mili y trezientos et honze annos. 

Don Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de To- 
ledo, de León, cetera: a todos los concejos de mios regnos et a 
los comendadores de las ordenes, et a todos quantos esta my 
carta vieredes, salud et gracia. Sepades, que los pastores de los 
ganados se me querellaron et dizen que non pueden escusar los 
montes para cozer pan, et para cortir su calgado, et para las 
otras cosas que han mester para huebos (3) de sus cauannas; et 
que los prendades por ellos; et pidiéronme mercet que yo que 
les diese que cortasen. Et yo touelo por bien, et mando que 
corten de cada árbol una cima (4) et que tomen cortega para 
cortir su calgado et palos para sus redes, et mazos, et tendales, et 
forcas, et estacas para sus randas (5) et espetos para assar su 
carne, et entremiso con sus pies para fazer su queso, et otros 
maderos para fazer ferradas et colodras, aquellas que ouieren 



(i) Ms. 1371: tiene un hueco en vez de las palabras dieren; et que son 
tomados del de 1379. 

(2) Provincia de Guadalajara. 

(3) Necesidad, uso, disfrute en toda propiedad. Véase Yanguas,Z)/¿". An- 
tigüedades de Navarra, Pamplona, 1840, 11, 72, sobre la compra de una villa 
en 1342 «para huevos y provecho» del comprador; otro caso semejante 
de 1408. Menéndez Pidal, Cantar de mió Cid, 11, 888, cita el fuero de Lo- 
groño, año 1095: «pectet quinqué solidos medios per ad opiis de illo sé- 
nior cui esta illa honore et aillos medios ad principes terrae»; privilegio 
de Sancho IV á las mnnjac; de Santo Domingo, de Madrid, año 1289: los 
pastores «non den portazgo en ningún logar de todos mios regnos, de las 
cosas que aduxieren pora uebos desús cabanas». Nótase la cláusula seme- 
jante en este último al privilegio de la Mesta, que ha servido como mode- 
lo para varios privilegios de Sancho IV. 

(4) Ms. 1489: rama. Esta confirmación de los Reyes Católicos y los de 
D. Carlos V y D. Felipe II, no tienen las primeras frases de este privilegio 
hasta aquí. 

(5) Concordia de 1783: r^í/íí. 



210 boletín de la real academia de la historia 

mester para bruscar sus ouejas, et para queseras para sus que- 
sos, et lenna para su fuego, et madera para fazer puentes por do 
pasen sus ganados (l): así como dizen sus priuillegios que tienen 
de mi en esta razón. Onde mando et defiendi) que ninguno non 
sea osado de prenderlos, nin de enbargarlos por ninguna destas 
razones, tanbien en las sierras como en los estremos. 

Otrosí, mando que ningún pastor non sea prendado por ra- 
zón ninguna, si non lucre por su debda propria o por fiadura (2) 
que el mcsmo haya fecho. Ca qualquier que contra esto que yo 
mando fuere, al cuerpo et a todo quanto oviese me tornada 
por ello (3). Et mando a los caualleros (4) que yo puse para 
guarda de los pastores, que si alguna cosa les tomaren, o les 
prendaren por razón desto cjue yo mando, que gelo entreguen 
todo de aquellos que lo fizieron, asi como mandar las mis cartas 
abiertas que ellos tienen de mi. Dada en Gualda, sábado, doss 
de Septiembre, era de mili et trezientos et honze annos. 

Don Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de To- 
ledo, de León, de Galizia, de Seuilla, de Cordoua, de Murcia, de 
Jahen, del Algarbe: a todos los consejos et a los jurados, et a los 



(i) Concordia de 1783: cañadas. 

(2) Ms. \¿\,'í>c): fianza. 

(3) Concordia de 1783, no tiene las palabras /¿i/- ello. 

(4) Ms. 1489, no tiene esta frase. El título Caballero fué empleado par.i 
varias clases de guardas rurales; los «caualleros de la sierra» de las Or- 
denanzas... de G?-anada, /f.f^, Granada, 1672, fol. 7; y en las Ordmaciojies... 
de Albarracin, Zaragoza, 1647, fol. 55. También se encontraban los «mon- 
tanneros» en el fuero de Soria, año 1256 en Loperráez Corvalan, Descrip. 
Obispado de Osma, Madrid, 1787, ni, 102; los «guardas de huertas» en las 
Ordinacioncs... de Zaragoza, 1693, fol. 189 y los «guardas del verde» en las 
Ordenaiizas... de Badajoz, 1767, pág. 18, privilegio del año 1292. La Mesta 
ha reclamado varias veces para la protección de los caballeros nombrados 
en este privilegio: al fin del siglo xiii, principios del xiv, por ejemplo, con- 
tra los golfines. Véase Bonilla, en la Revue Hispanique, xii, 602-603, año 
1905; Revista Penitenciaria, 11, 645-662, año 1905; Domingo Palacios, Docs. 
Arch. Madrid, \, 146, ordenamiento del año 1293 fi '«''^ Cortes de Valla- 
dolid sobre «el dan no que ffissieren los golffmes a los pastores quando 
pasaren con sus ganados». También se ha pedido protección real de esta 
forma durante la guerra portuguesa en el siglo xvii, Arch. Asoc. Ganade- 
ros, Provisiones, leg. 2, año 1641; Cuaderno de 1731, i part., pág. 49. 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE I273 Y 12/6 211 

alcaldes, et a los aguacilles, et a los merinos et a los maestres de 
las ordenes, et a los comendadores, et a los alcaydes de los cas- 
tiellos, et a todos quantos esta mi carta vierdes, salut et gracia. 
Sepades que todos los pastores de mis regnos (l) se me enuia- 
ron querellas et dizen que quando pasan por nuestras villas o por 
nuestros castillos o por vuestros términos con ganados o sin ga- 
nados, et sallan a ellos en algunos logares vuestros omnes, et que 
les tomauan por fuerga sus ganados; et si lo quieren anparar que 
los mataban et los ferien, et los deshonrauan, et que non podían 
ende auer derecho. Et pidiéronme mercet que pusiese et tal es- 
carmiento et tal calonna, porque daqui adelante fuesen mejor 
guardados que fasta aqui, que non rescibiesen danno nin mal. Et 
yo touelo por bien, et sobresto mando (2) que aquellos que han 
de fazer por my las entregas a los pastores (3), que todas las 
muertes, et las feridas, et las deshonras que fallaren que son aue- 
riguadas que son fechas sin razón et sin derecho como non de- 
bien. P2t que peche por la muerte quinientos marauedis; et por la 



(i) Es notable Ja universalidad de esta frase que se presenta solamen- 
te aquí y en el próximo privilegio de este año. La forma usual de esta épo- 
ca es «el Concejo de la Mesta» ó «los pastores de los ganados que van al 
extremo». Diez Navarro, en su Introducción al Cuaderno de i73i,pág. 11, 
dice que <como expresivo de toda la universalidad de los del Concejo (de 
la Mesta), con el nombre de Cabana Real, no se halla hasta el privile- 
gio XX, concedido por el Sr. D. Alonso XI (1347)». Aunque el nombre de 
la «Cabana Real» tiene su origen con el dicho rey, claro es que unos de 
los privilegios de 1273, si no todos, fueron dados «a todos los pastores de 
los reinos». Notamos este punto, porque se encuentra la idea del origen 
de la Mesta fundada ó extendida como institución general por D. Alfon- 
so XI en las colecciones de fuentes sobre el asunto (Memorial... del Expe- 
diente de D. Vicente Paino y Hurtado... y el Honrado Co/icejo de la iMesta, 
Madrid. 1771, fol. 81), como en los tratados moilernos (Cos-Gayón, La 
Mesta, en la Revista de España, ix, 342). 

(2) Ms. 1489, no tiene las dos últimas frases de este párrafo. 

(3) Una indicación del origen probable del nombre alcalde entregador. 
Este título es empleado también para indicar el juez que sirve entre cris- 
tianos y judíos: Cortes de Valladolid, 1299, pet. II «mando... que ayan los 
judíos dos ellos (alcaldes) que les fagan las entregas». Las Cortes de Va- 
lladolid, 1293, pet. 12; Burgos, 1315, pet. 30; Madrid, 1339, pet. 8, y mu- 
chas otras hablan del alcalde entregador para los judíos. Véase el fuero 
de Soria, año 1256, en Loperráez Corvalán, obra citada, iii, 103, capítulo 
sobre los «alcaldes de las vinnas y de los judíos». 



2 12 boletín de 1.a REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ferida ciento marauedis de la moneda nueiia; tal (l) quel non 
fallaren de que lo pechen, quel recauden el cuerpo por ante mi 
ct que les faga auer complimiento de derecho, assi como dizen 
las cartas abiertas que de mi (2) tienen. 

Otrosi, se me querellaron de los caualleros et de las ordenes, 
et de los otros omnes de las villas et de las aldeas, et de los cas- 
tiellos, que fazen mayores defesas cada unos en sus logares, de 
quanto yo mande a razón de tres arangadas (3) el yugo de bue- 
yes. Et maravillonme porque son osados de lo íazer, onde mando 
et defiendo firmemente que ninguno non sea osado de fazer ma- 
yor (4) dcfesa de quanto dizen las mis cartas abiertas, que los 
guardadores de los pastores tienen en esta razón. Et qualquier 
que fallaren que mayor defesa fiziere quel prenden por cient ma- 
rauedis de pena para mi. Et lo que fallaren los entregadores que 
han tomado a los pastores por esta razón, que gela (5) fagan 
entregar asi como dizen las mis cartas que tienen de mi. Et non 
fagan ende al sinon a ellos me tornaria por ello. Dada en Gual- 
da, sábado, doss de Septiembre, era de mili trezientos et onze 
annos. 

Don Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de León 
et cetera, a todos los concejos de mis regnos et alcades, jurados, 
juezes, justigias, aguaziles, merinos, comendadores, aportellados 
et a todos los otros omnes de mios regnos que esta mi carta vie- 
ren, salud et gracia. Sepades que por fazer bien et mercet a to- 



(i) Concordia de 1783: el al quel. 

(2) Concordia de 1783: que tienen. 

(3) La definición usual de una aranzada es la porción de lierra que 
puede labrar una yunta de l)\ieyes en un día. Covarrubias. Tlieso/o, voz 
alangada, dice, con un c.imhio de la ionna, que es la parle de lierra «que 
puede alcanzar un tiro de lanza despedida de un buen brazo». El Informe 
de Toledo sobre pesos y jnedida^^ Madrid, 1780. pág. 169, exiilica la aranzada 
como «una medida de 400 estadales», es decir, de 4.400 pies, y equivale á 
una fanega de cebada. Añade López Martínez, Dic. Enciclopédico de Agri- 
cullura, Madrid, i885, que «consta de 400 estadales y equivale a 447 deci- 
areas ó 4.470 metros cuadrados> . 

(4) Concordia de 1783: wtzV. 

(5) Concordia de 1783: ¿vA'. 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE 1 273 Y 1276 213 

dos los pastores de los ganados de mios reynos, toue por bien 
que non paguen portadgos (l) de los pannos que traxiesen para 
su vestir, nin de la vianda, nin de las otras cosas que leuasen 
para conplimiento de sus cabannas. Et agora los pastores quere 
llaronseme, et dizen que les tomades portadgo de las cosas que 
lieuan, asi como sobre dicho es; et demás que gelo tomades por 
descaminado por razón que lo llevan por los montes (2), et 
por las cannadas, et por aquellos logares donde sus ganados 
van; et que non entran en las villas con ello, por aquellas puer- 
tas sennaladas donde vos tomades el derecho de portadgo. Et 
esto non tengo yo por bien, onde (3) vos mando que non tome- 
des portadgo, nin a los pastores por descaminados por razón de 
las cosas que levaren que han mester para despensa de sus ca- 
bannas, et non fagades ende al. 

Otrosi, se me querellaron, et dizen que quando lieuan alguno 
ganado a vender a los mercados de las villas para las cosas que 
han menester para sus cabannas, que gelo portadgades; onde (4) 



(i) Ms. 1371, es ¡legible aquí; el de 1379 dice portadgos; la Concordia 
de 1783, tiene derechos. 

(2) La pena para estas trasgresiones de ganado en los montes, usual- 
mente llamado el montazgo (véase abajo, pág. 12, nota), fué cobrado en unos 
términos en dinero, pero en muchos otros fué costumbre de quintar el ga- 
nado trasgresiendo. Las ordenanzas hechas en Cáceres, año 1479, explican 
la pena que fué «de cada rebaño que entrare a pacer en la dehesa agena, 
cinco caberas de ganado». Ulloa, Priv. de Cáceres^ pág. 291. Las Ordenan- 
zas de Murcia^ 1695, pág. 179, mandan «que sea quintado el dicho ganado» 
(año 1503). Lo mismo dice el fuero de Sepúlveda, edición de Reguera 
Valdelomar, Madrid, 1798, tít. 6. Los quintos fueron tomados más y más 
en dinero: hállase el pleito empezado en 1577 entre la Mesta y Plasencia 
sobre «los 600 maravedís tomado por razón de quinto en los baldios», 
ÍArch. Asoc. Ganaderos, Executorias P 3); y otros pleitos sobre lo mismo, 
Ídem, Executorias, M 2, Medellín, 1553, y M 3, Mestanza, 1591. Notamos 
también el práctico de «quintar ganado para tasas de guerra», Acade- 
mia Hist., Colee, de Traggia, B 153, Libro que trata déla fundación de Te- 
ruel, año 1 28 1, «fué ctjnquistado toda Cataluña et fueron los ganados del 
reyno (de Aragón) para esta conquista quintados todos»; año 1282, «El 
Rei D. Pedro... quinto de los ganados (de Teruel) et paso en el regno de 
Sicilia et guañola». 

(3) Ms. 1489, tiene solamente la última frase confirmatoria de este pá- 
rrafo. 

(4) Id^m. 

TOMO LXIV. 14 



214 BOLETÍN DE I. A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

VOS mando, que a los pastores que leuaren a los mercados a ven- 
der de cada cabanna fasta sesenta cauegas (l), que non les to- 
medes dellas por portadgo, ni otro derecho ninguno; et non fa- 
gades ende al. Ca qualesquier que lo fiziesen, al cuerpo et a 
a quanto ouiesen me tornaria por ello. 

Otrosi: me dixeron que de las yeguas et de los potros, et de 
las otras bestias que meten a los extremos con los ganados, que 
les toman por portadgo et seruicio et montadgo, et esto que nun- 
ca fue en el tiempo del Rey Don Ferrando mió padre (2). Et pe- 
diéronme mercet que mandase yo lo que touiese por bien. Et 
yo por les facer bien et mercet, et porque se acrescentasen los 
cauallos et muías en mi tierra (3), tengo por bien de gelo quar- 
tar ende; mando et defiendo firmemente que ninguno non sea 
osado de tomarles montadgo, nin seruicio, nin portadgo en logar 
ninguno de mios regnos, de las yeguas nin de los potros, nin de 
las otras bestias cargadas e uazias que entran con los ganados a 
los extremos, ca qualquier que lo fiziese, al cuerpo et a quanto 
ouiese me tornaria por ello. 



(1) El concepto usual de la Mesta es de un cuerpo de ganaderos tras- 
humantes, dueños del comercio de las lanas en el Reino. Es olvidada ó 
desconocida su importancia en los mercados de ganados, especialmente 
en los pueblos de las dehesas meridionales. Según las Cuentas del Conce- 
jo, tomo I, años 1535, 15367 1537, que tienen cifras típicas de los 2.400.000 
cabezas que pasaban por los puertos reales cada año en su viaje al Sur, 
unas 9Ó.000 quedaban en los extremos cuando retornaban al Norte en la 
primavera, la mayor parte de ellas vendidas allí. Esta actividad de los 
hermanos de la Mesta, como mercaderes de ganado, dueños de wg/r//!««/í?- 
gos en vez de trashumantes ó cabañiles, fué la causa de muchos pleitos so- 
bre el pago de la alcabala y otras tasas de las villas y lugares sobre ven- 
tas: Arch. Asoc. Ganaderos, Executorias, M i, Madrid, año 1677; R 2, 
Roda, año 1501; S 5, Socucllamos, año 1555; V 4, Villalpando, año 1775 
(pleito del año 1500). 

(2) Nótase la indicación de la trashumación de los miembros de este 
cuerpo en tiempos anteriores á estos privilegios. 

(3) Esta expresión del interés de D. Alfonso X en la conservación y 
mejoramiento de la caballería del Reino, es la misma que se encuentra en 
la part. 2, tít. 21, leyes 10, 13, 14 y otras. Véase un discurso sobre «La 
Historia de Caballería Española», por Juan Sempere y Guarinos, Acade- 
mia Hiát., Ms. 12-24-5, B 126, cap. XI 'cle la Decadencia de la Caballería 
Castellana en el Reynado de Alfonso X». 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE I 273 Y I 276 215 

Otrosí: se me querellaron que les tomabades montadgo (l) 
de sus ganados en aquellas villas que non tenedes priuillegios del 



(i) La asociación del derecho de montazgo con la Mesta durante tan- 
tos siglos ha dado origen á la idea que este impuesto fué pagado por los 
trashumantes para paso seguro de unos términos á otros, ó la vía misma — 
la cañada — por donde pasan los ganados. Así dice el Diccionario de la 
Academia, Madrid, 1734, voz ?iiofiiazgo; también Canga Arguelles, Dic. de 
Hacienda, Madrid, 1834, con más confusión, porque cita la cédula de 1748, 
que trata del servicio y moJiíazgo, una cosa muy diferente del montazgo. 
Lo mismo dicen Jordana, Algunas Voces Forestales, Madrid, 1900, y muchos 
otros. La evidencia de unos documentos basta para indicar que el mon- 
tazgo puro fué una contribución que los ganados de cualquier especie de- 
bían satisfacer por el aprovechamiento de pastos en los montes. El Fuero 
de Usagre (ed. de Ureña y Bonilla, citada), cap. 2, fija las penas ó moniaagos 
que los montar azes llevan del «ganado que intrare in istos términos sine 
mandato de concilio, que uezino non fuere... Et esto prendan por mon- 
tadgo cada vin° días fata que hiscan del termino». El mismo objeto de lle- 
var pena para transgresiones se encuentra en el Fuero de Plasencia, cap 9 
(ed. Benavides (romanos), 1896. También lo vemos en los Portugaliae Mo- 
numenia Histórica, Leges et Consuetudines, i, 392: «Et omnes que quesie- 
runt pausar cum suo ganado in términos de Elbora prendant de illis 
montadigo de grege das ouies iiir"' carneiros, de busto de uacas, i uaca», 
año 1 166. Hállase lo mismo en un privilegio de D. Pedro III de Aragón, 
dado á Santa María de Albarracín, año 1284, Acad. Hist. Colec.de Trag- 
gia, VI. fol. I i: «Mando similites quod si pécora vel iumenta sive armenta 
extraneorum ad pascendum terminum Sanctae Mariae intraverint cf)nsi- 
lium montet illa et de toto suo termino sine calonia expelantur, et illis 
proriis (sic) hominibus pertinuerit... iste verum et ipsum moutagium et 
heruagium ipsorum terminorum». Los montatineros ó cobradores de este 
impuesto se encuentran en el Fuero de Soria (ed. citada), tít. 2, y en un 
privilegio de D. Fernando IV dado á Santander, año 1295, Acad. Hist, 
Colee, de Escrituras. Privilegios .. de las iglesias de España, C 5, fol. 46. Ló- 
pez de Ayala, Contribuciones ¿Impuestos en León y Castilla, Madrid, 1896, 
pág. 127, cita otros documentos sobre lo mismo. Es verdad que en unos 
lugares el montazgo fué llevado á la entrada ó á la salida de los términos, 
y por eso tiene el aspecto de un derecho de paso: por ejemplo, en Toledo 
baja un privilegio de D. Alfonso X, año 1255, Alemorial Histórico Español, 
I, 62; ó en el de Santiago, año 1253; López Ferreiro, Fueros 7nuni.cipa¡es de 
Santiago, i, 365. El nombre de servicio y montazgo tiene su origen proba- 
blemente en el servicio votado á vendido al rey del derecho de montazgo. 
Véase un privilegio de la iglesia de Coria, año 1380, que dice que «el Rey 
D. Alfonso (XI) tomo para si el dicho montazgo et dio al... obispo... en 
emienda... cada anno tres mili mrs. et que ge los posiera que los oviesen 
€n el servicio et montazgo de los ganados y que serán pagados el obispo 
y cabildo para la dha. renta del servicio et montazgo de cada anno los 
<lhos. tres mili mrs.» Acad. Hist., Ms. 25-i-C 8, fol. 202. En general vei-e- 



2l6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Rey Don Alfon (l), mió padre; también como en las otras \i- 
llas que los tenedes. Et esto non tengo por bien, onde vos mando, 
que sacando en aquellas villas, o en aquellos logares o touieredes 
preuilk'gios plomados del Rey Don Fernando, mió padre, que en 
los otros logares non les tomcdes montadgo ninguno de sus ga- 
nados, nin asaduras, nin otras cosas ningunas; et non fagadcs 
ende al; si non, a los cuerpos et quanto auedes me tornarla 
por ello. 

Otrosi: me dixieron que hauia frailes et caualleros que les to- 
mauan sus bestias, et traian sus viandas en ellas, quanto tiempo 
se querían, et quando gelas tomauan, que valían la meitat. Et 
esto non lo tengo por bien; onde mando et detendo firmemente, 
que ninguno non sea osado de tomarles bestia ninguna, si non 
fuere con plazer de los pastores. Et qualquier que por fuerza 
gela tomare, que el peche en pena por quantos días la traxiere 
un maraucdi; et si la bestia se menoscabare, o se perdiere, o se 
muriere, que gela peche así como las cartas abertas dizen, que 
los entregadores tienen de mi (2). 

Otrosi: me dixieron que les tomaban por la mytad del diezmo 
de los muletos, et de los potros quanto querían porque non ha- 
uia quantia ninguna; onde mando et defendo que ninguno non 
sea osado de tomarlos por el medio diezmo mas de una quarta 
de marauedí de los dineros de la guerra por el potro o por el 
muleto (3). 



mos fácilmente la diferencia entre el servicio y montazgo, pagado hasta su 
extinción en 1758, solamente en uno délos puertos reales, á las entradas 
de las dehesas meridionales, tributo del ganadero trashumante á su señor 
el rey. para paso seguro, y el montazgo, derecho local, la causa de muchos 
pleitos hasta la extinción de la Mesta en 1836. 

(i) Ms. 1371 y Ms. 1379, dicen Alfon; el Cuaderno de 1731 ha hecho la 
corrección necesaria y dice Fetjiando. 

(2) Ms. 1489, no tiene la última frase. 

(3) La Mesta siempre ha aceptado el deber de pagar el medio diezmo 
bajo esta provisión, y las luchas con varios oficiales eclesiásticos sobre la 
cuestión de diezmos, fueron con el objeto de prevenir cambios en el mé- 
todo de exacción. Véase Arch. Asoc. Ganaderos, Executorias, P 3, un pleito 
con el obispo de Plasencia terminado en 1 562, sobre «las maltratas a los pas- 
tores y aumentos en la dicha exacción». La real cédula de los Reyes Ca- 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE 1 273 Y I276 217 

Otrosí, me dixeron que los omnes de los sennorios de los ricos 
omnes que ampaban (l) las prendías á estos mis entregado- 
res de los tuertos que fazen a los pastores. Et esto non tengo 
por bien, onde mando que también fagan las entregas de los 
tuertos que fizieren los omnes de los sennorios contra los pasto- 
res, como de los pastores contra los omnes de los sennorios. 

Onde mando que los non tomen portadgo nin algún de las 
corderinas nin del calgado que traxieren para los omnes de sus 
cabannas. 

Otrosi: tengo por bien, que en aquellos logares que tovieren 
preuillegios plomados que ouieren a montar (2) los ganados, que 
non tomen mas de dos cauezas al millar. 

Otrosi: mando, que en aquellos logares que fallaren los entre- 
gadores que fizieren tuerto a (3) los pastores, et non fallaren 
mueble en que entregar, et fallaren rays, tengo por bien que lo 
fagan conprar a los cinco mas ricos del logar a do fuere morador* 
Et si conprar non lo quisieren, mando a los entregadores que los 
prendien por cient marauedis de los prietos a cada uno de ellos, 
et que gelo fagan conprar; et qualquier que lo conprare yo gelo 
fago sano con esta mi carta. Dada en Gualda, Sábado, dos dias 
de Septienbre, era de mili trezientos et honze annos. 

II 
Privilegio de 1276. 

Don Alfon, por la gracia de Dios, Rey de Castiella, de León, 
et cetera, a todos los concejos de mis regnos que esta mi carta 
vieren, salut et gracia. Fagouos saber que los pastores de los ga- 
narlos que van al extremo se nos enuiaron querellar et dizen que 



tólicos al arzobispo de Toledo, en 1501, manda «que en la cobranza de 
los diezmos no se hiziesse novedad ni agravio a los pastores y ganaderos». 
Quaderno de 1731, i parte, pág. 32. Una breve reseña de la actitud de 
D. Alfonso X sobre los diezmos, hállase en Vinuesa, Diezmos de Legos en 
las iglesias de España, Madrid, 1791, pág. 1177 sig. 
(i) Debe decir amparaban. 

(2) Cuaderno de 17:^1: mo/iiazgar. 

(3) Concordia de 1783: de los pastores. 



216 boletín de la REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

por cotos que nos (l) ponedes en vuestras uillas et en vuestros 
logares, que non sacan pan de una uilla a otra, que les (2) enbar- 
gades que lo non saquen, ni lo lleven a sus cabannas. Et esto non 
tengo por bien, ca todos debedes venir (3) los unos con los 
otros. Onde mando que el pan que los pastores ouieren mester 
para sus cabannas, que lo puedan conprar por sus dineros, et es- 
tos et las otras viandas que ouieren mester para conplimiento de 
sus cabannas. Et ninguno non sea osado de contrallargelo, nin de 
enbargargelo; que qualesquier que lo fiziesen, a lo que ouiesen 
me tornarla por ello. Et sobresto mando a los que les han de fa- 
cer las entregas, que si alguna cosa fallaren que les han tomado 
por esta razón, que ge lo entreguen todo con los dannos et los 
menoscabos; et el coto que dize en las cartas que ellos tienen de 
mi en esta razón. Et non fagan ende al, si non a ellos me torna- 
rla por ello. Dada en Toledo, quarto días de Febrero, era de mili 
trezientos et quatorze annos. 

Et aun por les fazer mas bien eL inas mercet otorgamosles que 
les vala en toda la otra nuestra carta que los entregadores traen 
sellada con nuestro sello de cera (4), saluo ende en aquellas co- 
sas de que ellos se agrauiauan en que les fizimos mercet senna- 
ladamente por estas nuestras cartas que de suso están escritas. 
Et defendemos que ninguno non sea osado de ir contra este pri- 



(i) Concordia de 1783: /oí. 

(2) Concordia de 1783: los. 

(3) Concordia de xZZy. venir. 

(4) Benavides, Memorias de D. Fcniaiido IV, 11, 222; tiene una copia de 
un nombramiento real de un alcalde entrenador, año 1300, aunque con 
unas vanantes del original que está en el Arch. Municipal de Cuenca, leg. i, 
núm. 22. El cambio en las provisiones de estos nombramientos en varias 
épocas presenta una fuente de la mayor importancia sobre este oficio tan 
debatido, pero poco conocido. Merece la pena de la publicación que se 
hace pronto, de unas comisiones reales á los entregadores en los siglos xiv 
y XV, sacado del Arch. Asf)c. Ganaderos y otras colecciones. El oficio ele- 
vado de alcalde mayor entrenador tuvo varias formas. Estuvo enajenado de 
la Corona, con facultad de nombrar tenientes: bajo D. Alfonso XI, lo tenía 
Iñigo López de Orí)zco, y después, Juan Fernández de Arévalo; el Rey 
D. Pedro se lo dio á Fernán Sánchez de Tovar, quitándolo á Juan Teno- 
rio; D. Juan II nombró á Gómez Carrillo. Dice el Bachiller Fernán Gómez 
de Cibdad Real, en 1431, que «el cargo de la juzgaduría e alcaidía de Mes- 



LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA DE I273 Y 1 276 219 

uillegio para quebrantargelo, nin minguargelo en ninguna cosa; 
ca qualquier que lo fiziesen habría nuestra ira et pecharnos, et 
at an en coto mili marauedis de la moneda nueua, et a los pas- 
tores sobredichos todo el danno doblado. Et porque esto sea 
firme et estable mandamos sellar esta nuestra carta con nuestro 
sello de plomo. Fecho el preuillegio en Victoria, Sabbado veyn- 
te et quatro dias andados del mes de Otubre, era de mili tre- 
zientos et quatorze annos. Et nos el sobredicho Rey Don Alfon, 
reynante en uno con la Reyna Donna Violante mi muger, et con 
nuestros fijos el Infante Don Sancho, fijo mayor, et con Don Pe- 
dro et Don Johan, et Don Jaymes, en Castiella, en Toledo, en 
León, en Gallizia, en Seuilla, en Cordoua, en Murcia, en Jahen, 
en Baesta, en Badajoz, et en el xA.lgarbe otorgamos este preuil- 
legio et confirmárnoslo. 

[Siguen las confirmaciones de D. Sancho IV, 3 de Febrero. 
1295, de D. Fernando IV, 15 de Octubre, 1295, de D. Alfon- 
so XI, 12 de Diciembre, 1325, y de D. Enrique II, 26 de Sep- 
tiembre, 1 371]. 



ta, fue habido siempre de fidalgos de honor». (Centón Epista/an'o, epísto- 
la 7J.) Durante la mayor parte de los siglos xiv y xvi estuvo el oficio en 
la propiedad de los Condes de Buendía, hasta 1568, cuando lo compró la 
Mesta á precio de 750.000 maravedís. (Quaderno de 1731, 2.^ part., pá- 
gina 259.) 



VARIEDADES 



DOS JOYAS CONCEPCIONISTAS 
DESCONOCIDAS DE LA PICTÓRICA SEVILLANA 

Tiene la escuela se\'¡llana de pintura, la gloria de haber traza- 
do la Iconografía completa del inefable Misterio de la Concepción 
Inmaculada, habiendo producido verdaderas creaciones del sacro 
asunto, inspirada para ello en alto sentido teológico y estético, 
cual no lo hizo, ni en ello aventajóle escuela otra alguna, dando 
ser y vida á arquetipos verdaderos del Arte pictórico religioso, 
ideal de un pueblo, que teníale profundamente arraigado, y así 
expresábalo por medio del plasticismo de las artes bellas. 

Y esto, acreditado con centenares de monumentos que guarda 
esta ciudad, y admíranse en otras muchas, en templos, museos 
y pinacotecas, que en la esfera del Arte, son proverbiales, las 
Concepciones sevillanas^ de sabor, colorido y gracia peculiares, 
que no se confunden con otras; como que aquí poseíamos el 
idealismo y modelo de la Concepción sin mancilla, aquí la cuna 
de su gran pintor. 

Y á esta inmensa y sublime galería Concc;pcionista pertenecen 
las dos soberbias joyas á que hacemos referencia; son dos im- 
portantes documentos, pictóricos que la integran, é intégranla de 
modo especial, porque á más de llevar trazado como su esencial 
asunto la Concepción, les adjuntan notabilísimos retratos de dos 
insignes varones sevillanos, muy amantes y finos devotos suyos. 

La una es debida al mágico pincel colorista del clérigo Juan 
de las Roelas, nuestro Tiziano andaluz, el maestro del gran Zur- 
barán; es debida la otra al dulce y suave de Francisco Pacheco, 



DOS JOYAS CONCEPCIONISTAS 221 

el maestro del soberano y sutil Diego Velázquez de Silva, cele- 
bérrimo maestro de maestros; mas, por desgracia, la primera, 
arrebatándosela al arte español, ha ido á parar al Museo de Ber- 
lín, y la segunda, si Dios no lo remedia, de manos de su actual 
poseedor en esta ciudad, irá á enriquecer algún otro Museo ex- 
tranjero. 



1. 



Decimos que ambas son dos joyas pictóricas desconocidas, y 
tal se confirma por su tecnicismo de ejecución, dibujo y colorido; 
de la primera, la única noticia crítica que se poseía, era la que 
Cean Bermúdez aporta en su Diccionario de artistas españoles, 
y que la vio en el convento de la Encarnación de esta ciudad, 
para donde la ejecutó Roelas, para ser colocada ante la sepultura 
del venerable Hernando de Mata, y allí la describe el referido 
crítico, ponderándola y encomiando su belleza; mas dicha obra, 
después de derruido en 1814 el citado convento, ignorábase el 
rumbo que siguió, pues no se vuelve á citar por ningún crítico 
ni historiador sevillano, dándosela por perdida, y tal la conside- 
ramos en nuestro Libro de la Concepción^ luego de la prolija bús- 
queda que de ella hicimos por templos y galerías de pinturas 
particulares. 

Mas debido á la casualidad, vino á nuestras manos un ejemplar 
de la monumental obra del alemán Augusto L, Mayer, publicada 
recientemente en Leipzig, I9II, Die Sevillaner nialerschule, eru- 
ditísimo y muy bien escrito trabajo de crítica sobre la Escuela se- 
villana de pintura, soberbiamente editado é ilustrado con multi- 
tud de reproducciones de cuadros nuestros, hasta ahora no dados 
á la estampa; los que hojeando, vimos la XXV, que lleva por 
epígrafe la Concepción y retrato de Luis de Mata, de Roelas^ ci- 
tándola como del Museo Kaiser Friedrick, en Berlín; é instinti- 
vamente comprendimos que ésta era la fotografía ác la bellísima 
composición de nuestro paisano Roelas, del perdido é ignorado 
cuadro; y, efectivamente, evacuando la nota y cita del comenta- 
rio que á la página correspondiente hacíales el crítico alemán, 



222 boletín de la REAI- ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nos confirmamos en este parecer, por indicar su procedencia de 
Sevilla, liabiendo equivocación en la cita del nombre del sacer- 
dote allí retratado, que ciertamente era Hernando de Mata, por 
las indicaciones que hace en la obra. 

Mas por d(3nde y cuándo haj^a llegado allí la magnífica pintura 
sevillana, es cosa c[ue ni se dice é ignoramos, y si bien puede 
suponerse que salió de aquí en el período de la invasión france- 
sa, que es el de la demolición del citado convento de la Encar- 
nación, téngase en cuenta que el cuadro no se contiene, al menos 
con la referencia del retrato dicho, en el Inventario de cuadros 
extraídos de Sevilla, que se hiciera por orden del mariscal Soult, 
que modernamente ha publicado el erudito escritor D. Manuel 
Gómez Imaz, por más que se citan en él hasta tres lienzos de 
Roelas con la Concepción. 

Y acerca de la belleza y superioridad del lienzo, baste decir 
que el crítico alemán se deshace en encomios hablando de él, 
manifestando es uno de los de más brillantes colorido existente 
en el referido Museo. Mide tres y medio metros por dos en lon- 
gitud y latitud; su composición ofrece dos partes, la alta en que 
destácase la Concepción sobre fondo luminosísimo de luz blanca, 
en rompimiento de gloria; la efigie de la Virgen es dulcísima, de 
una nitidez maravillosa, en actitud extática, se yergue sobre la 
Luna, con la nobleza y majestad que nos recuerda la de Monta- 
ñés de esta Catedral, hasta por el plegado de su ropaje; circun- 
dándola ángeles esbozados, y en la parte más alta, dos querubes 
admirablemente dibujados ostentan, sosteniendo preciosa coro- 
na, en actitud de ir á coronarla, mostrando á la vez en sus ma- 
nos la vara de azucena y la palma, símbolo de su triunfo sobre 
el pecado, que aparece aplastado bajo la planta de sus pies, que 
con delicadeza exquisita no le tocan, pues el artista supo poner- 
envueltos en los paños del manto que la cubre, admirable pen- 
samiento teológico iconográfico. 

En la parte inferior de la obra pictórica se ofrece bello paisaje 
de alegórica y delicada composición iconográfica, destacándose, 
ofreciendo ideal conjunto, el Huerto cerrado, la Fuente, la To- 
rre, el Lirio entre espinas, el Ciprés, la Rosa de Jericó, el Tem- 



DOS JOYAS CÜNCEPCIONISTAS 223. 

pío, la Puerta del Cielo, el Espejo, la Estrella y, en primer tér- 
mino, la Vara de Jessé, mas todos estos atributos, no aglomera- 
dos, sino delicadamente distribuidos, apareciendo sobre este 
paisaje á la diestra, magnífico retrato de Hernando de Mata, 
figura arrodillada de cabeza noble y venerable, con todo el as- 
pecto y continente místico de que nos hablan los historiadores 
del maestro espiritual de Martínez Montañés, Bernardo de Toro, 
Vázquez de Leca y otros de aquella pléyade de eximios Concep- 
cionistas que florecieron descollando tan alto en el último tercia 
del siglo XVI y primero del xvii, recordando su ascética faz, la 
que dibujara Pacheco en su Libro de los retratos] en suma, este 
hermoso lienzo es una de las más acabadas obras del famoso 
canónigo de la Abadía de Olivares, y uno de los monumentos 
más notables é interesantes de la Iconografía Concepcionista 
sevillana. 



2. 



Y si la obra citada es casi desconocida para la crítica y admi- 
radores del insigne Roelas, lo es mucho más la segunda, de que 
nos ocupamos en estas líneas, y si aquella la supera en color, 
dibujo y composición, ésta, sin desmerecer de tales detalles téc- 
nicos, av^entájale en importancia como documento histórico-pic- 
tórico por el interesantísimo retrato que lleva á sus pies la Con- 
cepción, cuyo es también su asunto, pues con este lienzo se ha 
salvado del olvido, transmitiéndole á la posteridad la vera efigie 
del gran sevillano, el famoso hijo de Triana, encarnación viva de 
la piedad neta de esta tierra en sus grandiosas manifestaciones 
eucarísticas y concepcionistas, el legendario arcediano D. Mateo 
Vázquez de Leca; véase, pues, con cuanta razón podemos llamar 
á los dos cuadros en cuestión, joyas concepcionista, porque es- 
tán pintados para subliniar este misterio Mariano y para enalte- 
cer la memoria de varones tan conspicuos, adoradores suyos, 
transmitiéndonos sus retratos. 

Siempre nos preocupó desde que bosquejamos la biografía de 
este varón en el libro de las Glorias sevillanas, como no le ha- 



2 24 BOLETÍN PE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

bía inducido el cultísimo Pacheco en su Libro de los retratos^ 
achacándolo más que á olvido, que en manera alguna pudo ser 
por lo exaltada de su figura en esta ciudad, á que el arcediano 
Vázquez de Leca, al igual que Bernardo del Toro, por humildad, 
no habían querido dejarse retratar, y prolija fué la búsqueda que 
en tal sentido hicimos por el interés que ello ofrecía á la histo- 
ria. Y en tal ocupación andábamos adquiriendo noticias para la 
Iconografía concepcionista en Sevilla, cuando fuimos invitados á 
visitar la galería pictórica que posee D. Juan B. Olivar Herrera, 
allá por el año I904, é inquiriendo cuadros y examinando tablas, 
dimos con una bellísima pintura de Ja Concepción, debida al pin- 
cel de Francisco Pacheco, cuya firma lleva en su monograma con 
las cifras F. P., contenidas dentro de un círculo, según acostum- 
braba, con la fecha de 1621, midiendo 2 m. de alto por 1,50 m. 
de ancho; el cuadro era interesantísimo, pues ofrecía á más, en 
su parte inferior, un lindo retrato de clérigo, que preguntado so- 
bre quién era á su poseedor, se nos á\]o podía ser algún clérigo 
de la familia de los Herrera, á cuya capilla del Monasterio de 
Santa María del Valle, de esta ciudad, perteneció, de donde ha- 
bía venido á esta galería, por lo que suponía el escritor Don 
José M. Asensio, en su libro Pacheco y sus obras, fuera el Dr. Je 
rónimo de Herrera. 

Mas otra creencia y sospecha abrigamos nosotros desde que 
contemplamos esta obra, que ofrecía muy significativos indicios 
acerca de quién podía ser el sujeto allí retratado, pues sobresa- 
lía uno, que principalmente nos llamó la atención, y el cual nos 
propusimos estudiar en prosecución de la más completa identifi- 
cación del clérigo del retrato. Este estaba vestido con el antiguo 
y primitivo traje coral de los capitulares de esta Catedral, detalle 
que había escapado á la observación del escritor antes citado; 
amplia capa de seda negra con la cogulla ó capuz y la blanca so- 
brepelliz sin mangas que usábase desde Todos Santos al Viernes 
Santo, dato interesantísimo, que nos llevó en derechura á buscar 
en el Archivo de la Catedral las nóminas de prebendados de la 
época á que el retrato pertenecía, no apareciendo ninguno de tal 
nombre y apellido en el libro de Obitiis de capitulares fallecidos 



DOS JOYAS CONCEPCIONISTAS 225 

en el período á que pudo pertenecer este sujeto, para poder ser 
retratado en vida del insigne pintor Pacheco, tenía pues, averi- 
guado y descartado, que el retrato de aquel capitular fuera Je- 
rónimo de Herrera. 

Así, pues, para la identificación, había que continuar la bús- 
queda de documentos, y para ello, como la pintura procedía del 
convento del Valle, indagamos acerca de la existencia del Archi- 
vo del mismo, que pudimos hallar en el de la Flacienda pú- 
blica de esta población, en el derruido convento de San Pablo, y 
entre sus papeles encontramos el Libro de becerro^ de la comu- 
nidad de religiosos PVanciscanos á que perteneció; en él busca- 
mos lo pertinente á la indicada capilla de los Herreras, mas 
nada contenía referente á ella; mas cuando ya creíamos no en- 
contrar noticia que hiciese alguna luz sobre el punto que pesqui- 
sábamos, dimos con un cuaderno inventario de bienes del con- 
vento, firmado por Pr. Juan de Córdoba, en que se leía: 'ílten 
más un cuadro como de dos varas y media de aUo por vara y me- 
dia de ancho con la Concepción y el arcediano de Carmona Don 
Mateo Vázquez de Leca, procurador de su causa en Roma.-» 

Nuestras sospechas y presunciones estaban confirmadas; la luz 
se había hecho en toda su plenitud sobre los detalles de la obra 
pictórica que tal nos lo habían hecho concebir así, por las razo- 
nes expuestas y datos que vamos á exponer: P21 cuadro es digno 
de la firma que lleva por su ejecución y dibujo correctísimo, y 
como el anterior de Roelas, en la parte superior aparece la Con- 
cepción entre nubes y cabecitas lindísimas de ángeles alados, que 
se multiplican esbozados alrededor de la valiente cabeza de la 
imagen, que irradia luz y está rodeada de estrellas, coronada con 
corona imperial; su actitud estática es arrogante y al par mística, 
con la dulcedumbre que el autor imprimía á sus vírgenes; de 
proporciones académicas, vistiendo túnica color de jacinto y 
amplio manto azul, colores por él adoptados para este asun- 
to, plegados de magistral manera, posándose erguida sobra la 
Luna; á la parte inferior ofrécenos paisaje bellísimo de Sevilla: 
figura en primer término el río Guadalquivir, esfumándose á lo 
lejos la ciudad, sobre la que se destacan perfectamente las líneas 



326 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

todas de su Catedral y Giralda, y á la izquierda el Arenal con la 
torre del Oro, sobre la orilla del río, que describiendo su curso, 
discurre por él con sus velas hinchadas significativa nave de 
gran porte, pues lle\a tres palos y que antojásenos á nosotros 
ser alusión viva á la histórica embajada que Sevilla enviara á 
Roma en demanda de la declaración del Dogma de la Concep- 
ción y en la que figuraba á la cabeza el ínclito Vázquez de Leca, 
alegoría que asimismo repite Pacheco en el cuadro de igual asun- 
to que se guarda en San Lorenzo, por desgracia priwido de la 
vista del público. 

A la derecha muéstrase de medio cuerpo el hermoso retrato 
de Vázquez de Leca, que es prodigio de fineza por sus delicadas 
líneas, dibujo y demás cualidades que deben reunir los buenos 
retratos, en lo que Pacheco quedó acreditado de consumado 
maestro, con los múltiples que nos legó; es bellísimo, sobre toda 
ponderación, representando á varón de apuesto continente, jo- 
ven, ligeramente barbado, de facciones finas é inteligente, rasgos 
á lo Velázquez, arrogante figura y tipo marcadamente P^spañole- 
to, tal como la tradición nos le pinta, vistiendo, como ya hemos 
dicho, el antiguo traje coral de seda negra, cuya cola se ve re- 
liada al brazo derecho, dibujándose claramente sobre el pecho la 
punta del capuz que cierra por delante,. destacando sobre el fon- 
do blanco de la sobrepelliz que se usaba; en la mano izquierda 
muestra el libro del rezo de coro, del que fué siempre esclavo y 
su más fiel cumplidor observante. En resumen; el cuadro en su 
conjunto es una obra admirable: por su ejecución, como obra de 
arte, y como documento importantísimo para nuestra historia de 
Sevilla, por atesorar el retrato de uno de sus más preclaros y 
egregios varones que tanta fama y lustre le ha dado. 

Y por todos cuyos motivos, por el arte y por la historia, el 
cuadro debe figurar en la Catedral sevillana al lado de su compa- 
ñero, de autor y asunto, el que contiene el retrato de Miguel Cid 
como miembro ikistrísimo que fué de su Cabildo, el varón que 
más fama ha alcanzado de entre todos ellos por su devoción á los 
Misterios que tanto sublima ésta Corporación, por su largueza y 
desprendimiento, dotándolos por sus \'irtudes y ejemplar vida, y 



CAUSAS DEL DESTIERRO DE JOVELLANOS 227 

sobre todo, por aquella su gloriosa é inolvidable Embajada á 
Roma, la que alentó y fué su alma, costeándola de su peculio 
propio, y por cuya demanda y amor concepcionista llegara hasta 
sufrir prisión. 

Y siendo asunto de la ciudad entera, el mismo Municipio y la 
Academia de Bellas Artes, velando por nuestras glorias artísticas 
y tradiciones históricas, debieran interesarse en que tan magní- 
fica obra de arte no saliera de Sevilla, á lo que está expuesta, 
para que vaya á enriquecer algún Museo extranjero, como por 
desgracia ha poco ha sucedido con el hermoso cuadro de la Con- 
cepción, de Sebastián Gómez, el mulato de Murillo, cuyo lienzo 
engalana hoy el Museo Nacional de Petersburgo y otros que po- 
dríamos citar que han salido para los de Egland, Bruselas, Museo 
Británico y los que le seguirán. 



Sevilla, 12 de Diciembre de 1913. 



Manuel Serrano v Ortega, 

Presbítero (i). 



II 

CAUSAS DEL DESTIERRO DE JOVELLANOS 

Poco se ha escrito con detenido examen y crítica de los he- 
chos que demuestre el verdadero origen de la sañuda persecu- 
ción de este ilustre ex Ministro de la Corona, miembro del Con- 
sejo de las Ordenes y eminente Individuo de las Reales Acade- 
mias; y menos, que justifique la razón ó motivo de las tan rígidas 
como severas disposiciones encaminadas al cumplimiento de la 
más absoluta incomunicación, que, por tiempo indefinido, fué 
decretada y se cumplía en tan pacifico personaje. 



(i) Erudito c iiifíitigable autor de no pocas obras históricas, siendo 
muy notable y de relevante mérito la que se intitula Bibliografía de la 
'Catedral de Sevilla {Sev\\\i\, 1902 . — Nota de la R. 



228 boletín de la real academia de la historia 

Sus bióe^^rafos — y hasta por confesión propia — atribuyeron su 
desgracia á la leal y buena amistad que conservó al Conde de 
Cabarrús, aun no participando de sus convencionalismos. 

Es lo cierto, que desde un año después del fallecimiento del 
Rey Don ("arlos III empezó á desencadenarse sobre tan insigne 
repúblico una serie de amargas contrariedades, que dieron tér- 
mino con su \ida. 

Por si fuera poco el juicio progresivo que rebosaba en todos 
sus trabajos, comprometió su independiente situación en las Jun- 
tas del Banco Nacional de San Carlos, declarándose protector y 
el más decidido campeón de su amigo el Conde, al que no quería 
abandonar iniciada su desgracia. Éste fué perseguido en forma 
inusitada por el Ministro de Hacienda, Lerena, que con verda- 
dero ensañamiento logró el triunfo de sus propósitos, encerrán- 
dolo en el inmediato castillo de Batres, propiedad que había sido 
de los Guzmanes, de la Casa de Garcilaso de la Vega, Comenda- 
dor mayor de León; y con aquel motivo no tardó en comunicár- 
sele al referido Académico la necesidad de que se ausentara de 
la Corte, para desempeñar determinadas Comisiones. 

Es indudable que los Ministros procedieron movidos por actos 
de su exclusiva voluntad; siendo cierto que las ideas progresivas 
y de austeridad conocidas en Jovellanos inspiraban alguna con- 
trariedad al (lobierno, porque era iniciador unas veces y soste- 
nedor otras, de teorías que constituían trascendentales reformas 
en el estado político, económico y social, lesionando arraigadas 
preocupaciones y muchos intereses. 

El aislamiento y la injusticia del mundo que suelen abatir los 
corazones y, en general, hacerlos excépticos, sobre todo cuando 
se padecen persecuciones, elevaban su alma y la preparaban á 
nuevas luchas en su destino, sin abrigar rencores á sus enemi- 
gos, y olvidando los agravios, salía de sus tribulaciones con más 
fe y propósito decidido á no transigir con lo que no fuera deco- 
roso y adecuado á la prosperidad de su patria. 

Después de ser llamado á la ('orte para conferirle la Embaja- 
da en Rusia, á instancia de la Reina que mostraba deseos de te- 
nerle lejos, fué nombrado ministro de Gracia y Justicia por indi- 



CAUSAS DEL DESTIERRO DE JOVELLANOS 229 

cación de Cabarrús, quien había logrado de nuevo la confianza 
del Príncipe de la Paz, y aceptando con gran repugnancia, llegó 
al Escorial, sin desconocer la complicación de los asuntos de Es- 
tado y la gravedad interna de la política. 

En las Memorias de Godoy se lee el grato recuerdo que le 
inspiraba aquel hombre excepcional, añadiendo que los prin- 
cipios de estrecha y sincera filosofía le crearon los poderosos 
enemigos que contaba en el Reino. 

En efecto, éste se consideró lealmente Ministro del Rey, y al 
poco tiempo cesaba el Príncipe de la Paz. Cinco meses después 
cayó aquél en desgracia sin causa que lo justifique, como uno de 
tantos cambios debidos á la intriga ó á las imposiciones, siendo 
sucesor en la Secretaría de Gracia y Justicia D. José Antonio 
Caballero, personaje de infausto recuerdo. 

Volvió de nuevo á Asturias para seguir su obra progresiva de 
los intereses materiales é intelectuales, y los Ministros le iban 
negando cuanto pedía, hasta advertirle no osara dirigirse con 
nuevas pretensiones; y como si esto fuera poco extraño, se vio 
sorprendido con el supuesto anatema de hereje, por ciertas notas 
que se decían aparecer en l'avor de su talento en una edición del 
Contrato social hecha en Londres por un traductor, contra el que 
hizo gestiones Jovellanos cerca del Ministro de Estado, para que, 
en el caso de ser cierto, fueran recogidos los ejemplares. La con- 
testación fué el silencio, sólo interrumpido por el ruido de la fuer- 
za armada, que le sacó de su casa para ser conducido á las Ba- 
leares, en la forma que él mismo describe. 

Todo lo referido parece congruente, pero deja sin justificar 
ante la sana crítica, medidas tan severas como extrañas. Existían 
otras causas, que constituj'en moti\os de lógica deducción y que 
aclaran los hechos: tales eran, la preeminencia de su talento, vic- 
torioso hasta entonces de las intrigas de la envidia; la erudición 
y convencimiento en sus doctrinas, que hermanadas con la ente- 
reza de su carácter, influyeron mu)' poderosamente en el ánimo 
de Godoy. 

Pero al primer ministro de la Corona, así como la Providen- 
cia no le había dotado de extraordinarias luces, tampoco le creó 

TOMO LXIV. 15 



230 boletín de la real academia de la historia 

de perverso instinto, como lo reconocía el mismo Jovellanos, ní 
menos se atribuyó en hipótesis malos sentimientos al débil, indo- 
lente y bondadoso rey Don Carlos IV. 

¿Qué razones, pues, pudieron haber inspirado tamaña excep- 
ción en el debido respeto á los derechos del hombre y de todo 
espíritu de justicia? 

Si reconocemos algo en la condición humana, debe ser la lucha 
en todas sus manifestaciones, porque la lucha es la vida, y las 
pasiones, jamíís dormidas, constituyen nuestra imperfección. 

Si investigamos en algunos de los trabajos de este eminente 
literato su carácter independiente, dentro de la política, halla- 
remos, en aquéllos, versos relacionados directamente con el amor 
patrio y austeras costumbres, que exponía sus juicios en estilo 
algo impulsivo, en general dentro de la ma3^or discreción; pero 
en sus aficiones á la poesía, no se puede asegurar lograra siem- 
pre contener el vuelo de su imaginación y el correr de su pluma^ 
incurriendo en licencias y atrevidos juicios, tan frecuentes en 
algunos poetas, como en muchos hombres de agudo ingenio, 
que lo sacrifican todo á la forma poética y al severo juicio de 
un concepto sintético por una frase genial. 

En las intrigas de la corte de Don Carlos IV mediaron damas 
que, tildadas de inmiscuirse demasiado en la voluntad y vida 
íntima del Príncipe de la Paz, fueron también sacadas á la censara, 
con la piedad de ocultar sus nombres, cubiertos con la corona 
poética de una oda ó un soneto. 

El corazón de la mujer es sensible lo mismo al amor que al 
odio; y nacido éste de la grave ofensa, el resentimiento pudo 
constituir un factor muy importante para que la pluma del gran 
Jovellanos no comunicara en lo sucesivo su apasionada musa, que 
bien pudiera haber herido la justa susceptibilidad de anónimas 
damas, coreadas por encopetados pretendientes á mercedes y 
pensiones. 

Por lo demás, ni al rey Don Carlos, ni al Príncipe de la Paz,, 
aun comparado por Jovellanos con un Don (^pas, se le puede atri- 
buir la iniciativa de tal persecución, ni menos la forma del des- 
tierro; porque si Godoy no pudo sustraerse á las exigencias de 



JOVELLANOS EN LA GUlíRRA DE LA INDEPENDENCIA 23 I 

la política, siempre mostró sentimientos de humanidad, y al ilustre 
proscripto en el castillo de Bellver, no le faltaron cuidados, ni sus 
sueldos, pero se le negaba siempre, con graves penas á sus guar- 
dianes constantes centinelas de vista, lápiz, papel, tintero y pluma. 
Esto tiene su demostración en las vigorosas poesías, que no 
son del caso reproducir, unas, muy alusivas á genialidades feme- 
ninas, y otras, juzgando el estado de la España de Godoy bajo la 
influencia de Bonaparte; sobre todo, en las hermosas exposicio- 
nes que, rebosando ejemplo de puros sentimientos dinásticos, 
envuelven amargas quejas razonadas con tanto amor como res- 
peto, después de dejar traslucir con bastante claridad sus dignas 
y caballerosas excusas por lo que fué ajeno á su recta y sana in- 
tención. 

El Correspondiente, 

José Gómez Centurión. 



III 
JOVELLANOS EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA 

Invitación del general francés Horacio Sebastiani 
y patriótica respuesta. 

Una de las páginas de gloria que se deben reconocer, en tan 
preclaro varón y hombre de Estado, es la anteposición de los 
conceptos de la Patria y de la Monarquía legítima, en los aciagos 
días de la Guerra de la Independencia, á los de toda reclamada 
reforma é intereses personales, cuando peligraban aquellos dos 
símbolos de la vida nacional. 

En los momentos de desesperación que produjo el sangriento 
desastre de nuestro ejercito en Medellín, donde perecieron al filo 
de los sables unos diez mil españoles, y cuando las huestes im- 
periales consideraban terminada la conquista, sin olvidar sus cau-, 
dillos que por la fuerza de las armas no suelen concluir las gue- 



232 boletín de i a reai. academia de i.a historia 

rras nacionales, aun registrando espantosas derrotas, el general 
Horacio Sebastiani ofrecía al insigne Jovellanos, en nombre del 
rey intruso, José Bonaparte, un nuevo porvenir político al país 
para su bienestar y grandeza, invitándole á tratar de los negocios 
de Estado, por considerarlo la genuína representación de los ele- 
mentos de mayor cultura é influencia en el pueblo español. 

La carta del general francés constituyó un acto habilísimo de 
política de atracción que se hacía á todos los elementos disgus- 
tados y á la opinión general, cansada de los desaciertos de los 
validos y de las influencias que se solían ejercer, desde dentro y 
fuera del palacio, sobre todo la real familia. 

La dinastía española se hallaba debilitada, el pueblo luchaba 
instintivamente por su independencia, quizá también por sus 
libertades conquistadas; pero una inspiración decisiva, tan espon- 
tánea como patriótica, guió á la nación, y la carta-respuesta del 
sabio supo exponerla y condensarla, produciendo en los ya famo- 
sos generales de Napoleón el Grande una terrible decepción; 
fué perder toda esperanza de llegar á la deseada paz. 

Las líneas trazadas por el popular Jovellanos al francés, fue- 
ron rayos de luz que guiaron á los corazones para seguir defen- 
diéndose. 

Y cuando desde Bailen á la frontera todos los medios se opo- 
nían al éxito del Pretendiente, la habilidad sustituyó á la fuerza 
antes de cruzar los Pirineos el mermado ejército imperial, que sin 
haber conocido la paz en el territorio que ocupó, era reclamado 
por las exigencias de las guerras sostenidas en Europa. 

En efecto, algunos apocados españoles que abrazaron la causa 
de Bonaparte, hicieron aparecer un decreto llamando á Jovella- 
nos á los Consejos del pretendiente, tan sólo para hacer entrar 
en descomposición, ó dividir más, la dudosa unanimidad de cri- 
terio de la Junta Central, desde donde el gran hombre de Estado 
daba ya orientaciones para la nueva vida política, atento siempre, 
con férrea voluntad, al afianzamiento de la monarquía legítima, 
con opinión representada en Cámara Única, para asentarle con 
sólida base, en la unidad nacional. 

Ambas cartas, dicen así: 



JOVELLANOS EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA 233 



Ca)'ta del goieral. 

Al Excmo. Sr. D. (jaspar de Jovellanos. 

Señor: La reputación de que gozáis en Europa, vuestras ideas 
liberales, vuestro amor por la patria, el deseo que manifestáis de 
verla feliz y floreciente, deben haceros abandonar un partido 
que sólo combate por la Inquisición, por mantener las preocupa- 
ciones, por el interés de algunos grandes de España y por los de 
Inglaterra. Prolongar esta lucha es querer aumentar las desgra- 
cias de la España. Un hombre cual vos sois, conocido por su ca- 
rácter y sus talentos, debe conocer que la España puede esperar 
el resultado más feliz de la sumisión á un rey justo é ilustrado, 
cuyo genio y generosidad deben atraerle á todos los españoles 
que desean la tranquilidad y prosperidad de su patria. La liber- 
tad constitucional bajo un gobierno monárquico, el libre ejer- 
cicio de vuestra religión, la destrucción de los obstáculos que 
varios siglos há se oponen á la regeneración de esta bella na- 
ción, serán el resultado feliz de la Constitución que os ha dado el 
genio vasto y sublime del emperador. Despedazados con faccio- 
nes, abandonados por los ingleses, que jamás tuvieron otros pro- 
yectos que el de debilitaros, el do robaros vuestras flotas y des- 
truir vuestro comercio, haciendo de Cádiz un nuevo Gibraltar, 
no podéis ser sordos á la voz de la patria, que os pide la paz y 
la tranquilidad. Trabajad en ella de acuerdo con nosotros, y que 
la energía de la líspaña sólo se emplee desde hoy en cimentar 
su verdadera felicidad. Os presento una gloriosa carrera; no 
dudo que acojáis con gusto la ocasión de ser útil al rey José y á 
vuestros conciudadanos. Conocéis la fuerza y el número de nues- 
tros ejércitos, sabéis que el partido en que os halláis no ha obte- 
nido la menor vislumbre de suceso; hubierais llorado un día si 
las victorias le hubieran coronado; pero el Todopoderoso, en su 
infinita bondad, os ha libertado de esta desgracia. 

Estoy |)ronto á entablar comunicaciones con vos, y daros 
pruebas de mi alta consideración. — Horacio Sebastiani. 



234 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



Contestación de Jovellanos. 

Señor General: Yo no sigo un partido; sigo la santa y justa 
causa que sostiene mi patria, que unánimemente adoptamos los 
que recibimos de su mano el augusto encargo de defenderla y re- 
girla, y que todos habemos jurado seguir y sostener á costa de 
nuestras vidas. No lidiamos, como pretendéis, por la Inquisición 
ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los grandes 
de España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro rey, 
nuestra religión, nuestra Constitución y nuestra independencia. 
Ni creáis que el deseo de conservarlos esté distante del de des- 
truir cuantos obstáculos puedan oponerse á este fin; antes, por el 
contrario, y para usar de vuestra frase, el deseo y el propósito 
de regenerar la España y levantarla al grado de esplendor que ha 
tenido algún día, y que en adelante tendrá, es mirado por nos- 
otros como una de nuestras principales obligaciones. Acaso no 
pasará mucho tiempo sin que la Francia y la Europa entera re- 
conozcan que la misma nación que sabe sostener con tanto valor 
y constancia la causa de su rey y de su libertad, contra una agre- 
sión, tanto más injusta cuanto menos debía esperarla de los que 
se decían sus primeros amigos, tiene también bastante celo y fir- 
meza y sabiduría para corregir los abusos que la condujeron in- 
sensiblemente á la horrible suerte que le preparaban. No hay 
alma sensible que no llore los atroces males que esta agresión ha 
derramado sobre unos pueblos inocentes, á quienes después de 
pretender denigrarlos con el infame título de rebeldes, se niega 
aún aquella humanidad que el derecho de la guerra exige, y en- 
cuentra en los más bárbaros enemigos. Pero ¿á quién serán im- 
putados estos males? ¿Á los que los causan, violando todos los 
principios de la naturaleza y la justicia, ó á los que lidian gene- 
rosamente para defenderse de ellos, y alejarlos de una vez y para 
siempre de esta grande y noble nación? Porque, señor General, 
no os dejéis alucinar; estos sentimientos, que tengo el honor de 
expresaros, son los de la nación entera, sin que haya en ella un 
solo hombre bueno, aun entre los que vuestras armas oprimen, 



JOVELLANOS EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA 235 

que no sienta en su pecho la noble llama que arde en el de sus 
defensores. Hablar de nuestros aliados fuera impertinente, si 
vuestra carta no me obligase á decir en honor suyo, que los pro- 
pósitos que les atribuís son tan injuriosos como ajenos de la ge- 
nerosidad con que la nación inglesa ofreció su amistad y sus au- 
xilios á nuestras provincias, cuando desarmadas y empobrecidas, 
los imploraron desgle los primeros pasos de la opresión con que 
la amenazaban sus amigos. 

En fin, señor General, yo estaré muy dispuesto á respetar los 
humanos y filosóficos principios que, según nos decís, profesa 
vuestro rey José, cuando v^ea que ausentándose de nuestro terri- 
torio, reconozca que una nación, cuya desolación se hace actual- 
mente á su nombre por vuestros soldados, no es el teatro más 
propio para desplegarlos. Este sería ciertamente un triunfo digno 
de su filosofía; }' vos, señor General, si estáis penetrado de los 
sentimientos que ella inspira, deberéis gloriaros también de con- 
currir á este 'triunfo, para que os toque alguna parte de nuestra 
admiración y nuestro reconocimiento. Sólo en este caso me per- 
mitirán mi honor y sentimientos entrar con vos en la comunica- 
ción que me proponéis, si la Suprema Junta central lo aprobare. 
Entretanto recibid, señor General, la expresión de mi sincera 
gratitud por el honor con que personalmente me tratáis, seguro 
de la consideración que os profeso. Sevilla, 24 de Abril de 1809. 
Gaspar de Jovellanos. — Excelentísimo señor General Horacio Se- 
bastiana 

José Gómez Centurión, 

Correspondiente. 



236 



boletín de la real academia de la historia 



IV 
NUKVAS INSCRIPCIONES DE MÉRIDA Y SEVILLA 

Mérida. 

A las muchas inscripciones visigóticas que se conocen de esta 
ciudad (l), hay que juntar una singularísima, encabezada por 
cuatro crismones, como lo demuestra su fotografía, que acom- 
paño. 




\". . 



^- '^fíi 



Proieciiis memoriam posuit cojiiugi sacie UrseLlae , quae vixit cum illo 
anuos XI J. 

Proyecto puso este monumento á su mujer Ursela, con la que vivió 
doce años. 

Se halló en Abril último, partida en tres pedazos, cerca del 
lado meridional de la muralla romana. Es de mármol, y mide 26 
por 45 cm. Ha sido publicada recientemente por D. Maximiliano 
Macías, Correspondiente de nuestra Academia y de la de Bellas 
Artes de San Fernando, en la brillante Monografía de la que es 
autor (2), ilustrada con 54 fototipias y un plano general de la 



(i) Hübner, Inscriptiones Hispaníae christianae (Berlín, años 1871 
y 1900); Boletín tomo xxxvi y siguientes. 

(2) Mérida monumental y artística (Bosquejo para su estudio), págs. 151 
y 152. Barcelona, 1913. 



NUEVAS INSCRIPCIONES DE MliKIDA Y SEVILLA 237 

ciudad (l). Ha tenido la bondad de sacar á luz las observaciones 
que le envié sobre esta lápida, tan pronto como á raíz del hallaz- 
go me proporcionó la copia de tan insigne monumento. 

Proiectiis y Ursella salen por vez primera en las lápidas de 
nuestra Península. Ursella^ diminutivo de Ursa^ viene á confir- 
mar la lectura de Ursicinus (osezno), que propuso el Marqués de 
Monsalud en otra inscripción de Mérida (2), y que Hübner (3) 
puso en tela de juicio. Proiecta, femenino de Proíectus, suena 
en dos lápidas de Arles, en Provenza (4), de las cuales la segun- 
da, con giro análogo al de la nuestra, dice así: «Obsequiorum 
memoria bene merenti coniugi Victorino, qui vixit annis lx. 
Proiecta coniunx posuit pausanti in pace die mi non(as) sep(tem- 
bres), cumqua vixit ann(is) iiii, m(ensibus) iii.» Advierto además 
que Usuardo en su martirologio sobre el día 25 de Enero men- 
ciona á vSan Proyecto^ obispo de Clermont, que fué martirizado en 
dicho día del año 674. El nombre pudo tomarse del salmo xxi, 
verso II: «In íg projectus sum ex útero; de ventre matris meae 
Deus meus es tu.:>> 

El epitafio de Ursela no indica el tiempo de la defiínción; y 
tanto por ello como por su estilo gramatical y carácter paleográ- 
fico, y sobre todo por sus crismones pareados, debe colocarse 
entre los anteriores al siglo vii. Las dos parejas de estos cris- 
mones parecen referirse á la protestación de fe católica contra 
los arríanos, en la que murió Ursela y perseveró su viudo Pro- 
yecto. Una sola pareja de los mismos crismones, con igual con- 
figuración, hemos visto en el epitafio lusitano (5) del maestro de 
capilla en la principal iglesia de Mértola del Algarbe (Andreas 
princeps cantoriim sacrosancte ecclesiae Mertilliane), fallecido 
en 30 de Aíarzo del año 525. En el siglo anterior ó en el v, apa- 



(i) Trazado por D, Antonio Gal van en i.o de Agosto de 191 3. 

(2) Boletín, tomo xxv, pág. 222. 

(3) Inscripiioiium Ilispaniae ckrisiia7iariim supplementum, núm. 524. lier- 
lín, 1900. 

(4) Le Blant, [nscriptiotis chréticiines de la Gaule, núms. 526 y 534. 
París, 1865. 

(5) Fotografiado en el tomo liv del Boletín, pág. 35. 



23S 



boletín de la real academia de la historia 



rece también la pareja de crismones (años 465, 472 y 494), pero 
en estas lápidas (Ilübncr, 306, 309 y 3 10) el crismón segundo no 
es la P con travesano, sino una simple cruz griega. 

Por último, he de advertir que la formula <;vixit cum marito» 
ú otra expresiva de la duración del matrimonio, es también indi- 
cio de relativa antigüedad. En la colecci(5n de Hübner esta 
fórmula tan sólo nos habían manifestado dos lápidas extremeñas 
(52 y 53) de la provincia de Badajoz, en Valencia del Ventoso, 
partido judicial de Fuente de Cantos. Están fechadas en el 
año 515) ^^ ^i^ic ó no mucho antes, ó no mucho después, es decir, 
al primer tercio del siglo vi, opino que se reduce esta hermosa de 
Mérida. 

Sevilla. 

El día 20 de Diciembre último por la tarde, visitando en íSe- 
villa el Museo de esta ciudad, que ha sido fundado por los señores 
Whishaw, dentro de su casa (calle de los Angeles, 5), acerté á 
Ycv el fragmento de una preciosa lápida, inédita, de la cual sa- 
qué la impronta acompañado por el Dr, Yahuda, nuestro sabio 
Correspondiente en Berlín, y de la que sus dueños me han en- 
viado la adjunta fotografía. 

No se menciona esta lápida por el primer folleto (l) descripti- 




. (i) Museo de alfarería y labores andaluzas, fundado por los señores 
IVhishaiü (D. Bernardo y Doña Elena), en su casa. Ansíeles, 5, ¿'¿z'/M/.— Se- 
villa, imprenta de Joaquín L. Arévalo, San Eloy, 15. 1912. 



NUEVAS INSCRIPCIONES DE MÉRIDA Y SEVILLA 239 

vo de tan interesante Colección artística y arqueológica. El se- 
gundo (l) lo indica vagamente (pág. 9), afirmando (2) que esta 
lápida contiene el nombre romano que á Sevilla impuso Julio 
César, y que esta misma lápida se halló en el subsuelo y entre 
los yacimientos romano y visigótico de las cuatro casas (números 
10, 12, 14 y 16), de la Cuesta del Rosario^ derribadas y luego 
reconstruidas en una sola por su propietario D. Joaquín del Valle. 



* 
* * 



Despejando este asunto, me ha contestado y referido Doña Ele- 
na Whishaw que fué ella la que descubrió la lápida, que yacía 
volcada, con la inscripción hacia abajo, sobre un pavimento de 
mosaico romano, entre ladrillos y otros escombros de la misma 
época; que esta lápida allí la vio el respetable y sabio sacerdote 
D, Manuel Serrano (3); que la misma señora hizo suya esta joya 
arqueológica, y la tiene en su Museo por legítima donación de su 
primer dueño (4); que conserva en su poder, asimismo, algunos 
fragmentos del mosaico; que el Sr. Serrano dio aviso del descu- 
brimiento á D. José Gestoso, el cual fué á ver el mosaico y dijo 
"que no teniendo figuras, no valía la pena de descubrirlo»; y por 
último, que dicho pavimento romano estaba á 3,20 metros de 
profundidad, contados desde el nivel de la calle. 

Las bellas letras de la inscripción son del tiempo de Trajano, 
y á lo sumo, ó lo más tarde, de Adriano (5). Rota por ambos la- 
dos, ocupa la faz anterior de un plinto de mármol blanco, que 



(i) Illustrated descríptivc account of the Miiseum of Andahician Poltery 
and Lace at Seville hy Bernhard and Ellen M. Whishaw. London, Smith, 
Eider and Co., 15 Wateiloo Place w. 19 13. 

(2) «We have also a specimen from a Visigothic floor fouiid above the 
Román, with a Latín inscription referring to Julia Romana, the ñame 
given to His[)alis by Julius Caesar, u^hich was found upside down In the 
layer of soil 60 cms. deep betwcen them.» 

(3) Véase la pág, 227 del presente cuaderno del Boletín. 

(4) El Sr. Serrano, en carta particular del lo de Enero, me ha rati- 
ficado lo dicho por Doña Elena. 

^^5) Hübner, Exempla scripturae epkigrap/iicae /atinae, núm. 429-438. Ber- 
lín, 1885. 



240 boletín de la real academia de la historia 

estuvo colocado sobre un pedestal, bajo los pies de una estatua 
argéntea de una princesa, ó quizá Diosa, Augusta, á quien la 
ciudad de Sevilla erigió tan suntuoso monumento. 
Leo y conjeturo que se puede suplir: 

matidifiiE • AV& • COL • KON\ídensis 
EX ■ ARG • P • CVI 

[Maiidi]ae Aug{usiae) Col{oniá) Rom\tilensis\ ex argieníi) p[ondo) CVI. 

A Matidia augusta dedicó la Colonia Romulense esta estatua de plata, 
que pesa io6 libras. 

Al renglón segundo nada se le debe añadir, para que salga 
elegante y simétrico del primero. La I del numeral CVI se des- 
taca visiblemente por su parte inferior, tanto en el mármol ori- 
ginal que examiné, como en su impronta, que saqué, y tengo el 
honor de presentar á la atención de la Academia. La altura de 
las letras, hermosísimas, que el cincel moderno no pudo falsear, 
es de cuatro centímetros. 

Para los suplementos del renglón primero, que no doy por 
ciertos sino á lo que estimo por probables, conviene, ante todo, 
calcular la dimensión de los espacios iguales que á diestra y si- 
niestra ha perdido la faz del plinto, comprensiva de toda la ins- 
cripción. La parte visible mide de largo 42 cm., que repartidos 
por igual á uno y otro lado, hacen subir á 84 el total que se bus- 
ca, y viene á ser el séptuplo de 12, propio de la altura de dicha 
faz. Atribuyó, pues, un recorrido de 21 cm. á cada suplemento. 
-■\ poco más de 24, ó al doble de 12 alcanza la latitud, ó fondo 
lateral de todo el tablero. 

Al catálogo de las estatuas de plata y de oro erigidas en Es- 
paña por diferentes colonias y municipios (l) á divinidades y 
personas augustas, hay que agregar la presente de Sevilla. El 
peso de las argénteas varía desde el mínimo de 5 libras hasta el 
máximo de 150 (2). La fórmula ordinaria ex argc[itti) p{ondd) se 



(1) Hübner, pág. 1.196. 

(2) La de Écija (1471), que pesaba 150 libras, fué dedicada por una 
sacerdotisa de las emperatrices y princesas augustas, elevadas al ho- 



NUEVAS INSCRIPCIONES DE MKRIDA Y SEVILLA 24 c 

expresa alguna vez por ex ar{genti) libris. El peso de la estatua 
sevillana (lo6 libras = 34.450 gramos) permite á cualquier artis- 
ta rehacer la efigie con su amplitud y altura, dado caso que fue- 
se la de Matidia, sobrina de Trajano y madre de la emperatriz 
Sabina, esposa de Adriano, 

Me he fijado en Matidia, porque á ella y á su madre Marciana 
se erigieron estatuas (Hübner, 5-545) 5-54^1 5-549)) ^sí como á 
Nerva divinizado y á Trajano (5-543- 5-544)) por el municipio 
céltico-betúrico Contríbuta 'Julia Ugultuniactini, adscrito al con- 
vento jurídico de Sevilla, que se reduce á la villa extremeña de 
Azuaga, poco distante de Llerena. La familia de Trajano está 
representada por estas dedicaciones, que tuvieron indudablemen- 
te lugar en el año 115) cuando aún Marciana vivía y poco antes 
que falleciese. Su nieta Sabina — hija de Matidia — se había casa- 
do con Adriano en el año 1 00. 

A Matidia y á Sabina erigió también estatuas (4.992, 4.993) 
la ciudad de Lisboa. Compréndese que para ello cupo á Sevilla 
mayor motivo, y mejor aún á Itálica, patria de Trajano y de 
Adriano. 

Sabido es que Trajano, vencedor de la Parthia espiró, á me- 
diados de Agosto del año 1 17, en Selinunte de Cilicia, y que lue- 
go su predilecta sobrina Matidia, y su esposa Pompeya Pletina 
desde allí trasladaron á Roma la urna cineraria de aquel grande 
emperador español, ante quien muda se postró la tierra que ve del 
sol la cuna. Marciana, madre de Matidia y hermana de Trajano, 
había muerto antes delaño 1 16; Plotina murió en 129; Matidia 
también, imperando su yerno Adriano, el cual hizo acuñar en 
honor de ella, ya difunta, un medallón de bronce (Cohén, nú- 
mero 543)) G"^ cuyo reverso se lee: Divae Matidiae socrui^ 
s{enatus) c{onsulto). 

En el mismo renglón he suplido Rom[ulensis]^ porque asi 
llama á la colonia Plinio (ui, 3, 1 5). Ni en las monedas que acuñó 
Sevilla ni en sus inscripciones la designación Romula, que pro- 



nor de la apoteosis. En Sevilla no podía faltar, ó debía existir otra Sacer- 
dos divarum Augustarum. 



242 boletín de i, a keai. academia de i.a mistokia 

puso San Isidoro (i) aparece completa. Puede creerse que en el 
fragmento s(\sjundo, por desgracia perdido, de la presente ins- 
cripción, diese á leer Rom{u/eHSÍs) d{edit) d[ed¿cavit), pero pre- 
fiero atenerme á la concisión elegantísima, resultante de la su- 
presión del verbo en el epígrafe de una estatua de oro^ de peso 
de cinco libras, que en Mérida y en el año 7/ de Cristo (Hüb- 
ner, 564) la provincia Lusitania hizo labrar y dedicó al empera- 
dor Tito Vespasiano. Otro ejemplo de la misma concisión de es- 
tilo se ofrece en (juadix (2. 192), cuya célebre estatua argéntea 
de Isis pesaba 112 libras. 

Con todo, no he de negar que la sevillana estatua en cuestión 
acaso fué representativa de una diosa augusta, cuyo nombre pro- 
pio acabase en a, como serían Concordia, Diana, Fortuna, Luna, 
Lupa, Minerva, Vesta, Victoria. Baste decir que, no lejos de Se- 
villa y cerca de Utrera, cierta sacerdotisa dedicó á la Fortuna 
augusta una estatua de plata [ex. ar<{. p. O que pesaba cien li- 
bras (Hübner, núm. 1.2/8). 

Madrid, 30 de Enero de ¡914. 

Fidel Fita. 



V 

LA NUEVA LÁPIDA ROMANA DE SEVILLA 

Desde hace más de tres años he observado las excavaciones 
que se hacían poco á poco en la Cuesta del Rosario. Al principio 
me llamó la atención la existencia de un arco junto (\ una co- 
lumna, los dos casi enterrados en la entrada del antiguo callejón 
estrecho y escarpado, que conducía desde la calle de Francos á 
la plaza de la Pescadería. 

Más tarde hablé con los albañiles empleados por D. Joaquín 
del Valle, el primer propietario que excavó allí para labrar nue- 



(i) Hispalim Caesar Julius condidit, quam ex <;uo et Romae urbis vo- 
cabulo Juliam Romulam vocavit. Etym. xv, 1,71. 



LA NUEVA LAPIDA ROMANA DE SEVILLA 243 

vas construcciones; y ellos, una vez enterados de mis aficiones 
arqueológicas, se empeñaron en darme noticias cada vez que en- 
contrasen restos árabes, según decían ellos; sin que ni ellos ni yo 
esperásemos encontrar otros restos más antiguos, porque nin- 
gún historiador sevillano cita aquel sitio como de importancia en 
épocas anteriores. 

Pero llegó un día en que mis amigos, los albañiles, me llama- 
ron á toda prisa para ver una solería que había aparecido á 2,6o 
metros debajo del nivel del antiguo callejón. Fui en seguida, y 
efectivamente, la vi. ¿Era romana? Muy basta me pareció la téc- 
nica y muy endeble la mezcla, que no creí fuese obra de aque- 
llos maestros de construcción. Con todo, pedí permiso al propie- 
tario de la finca para sacar, con destino á nuestro Museo, algu- 
nos restos de ella; y él, muy cortesmente, me dio la deseada 
licencia, no solamente para ello, sino también para sacar y apro- 
piarme sin interés ninguno cualesquier otros restos arqueológi- 
cos que saliesen de la excavación. La única condición que me 
puso fué que yo diera las correspondientes gratificaciones á sus 
obreros, y que no estorbara el curso del derribo; porque, dijo él, 
aquel derribo ya le costaba 20 pesetas el metro cúbico, en lugar 
del precio corriente de cinco pesetas, debido á la mucha obra, 
dítra como la piedra, que se encontraba bajo tierra. 

Excusado es decir que en estas condiciones yo no podía de- 
morar el trabajo para exca\ar la solería entera. No tenía más re- 
medio que conformarme con verla derribada vertical mente y 
dar las gracias á D. Joaquín del \^alle por la concesión que me 
había hecho. 

Pasaron pocos días, y se me llamó otra vez con urgencia. Otra 
solería había aparecido á 6o cm. debajo de la primera. Ahora sí; 
ya no me cabía duda de que era romana. La perfección del cor- 
te de los pedacitos de mármol blanco, negro y rojo, y la dureza 
de la mezcla, ó sea hormigón, acusaban la maestría romana, 
como también el dibujo, sencillo y rígido, parecido á los encon- 
trados con frecuencia en Santi[)once. 

Pronto allí me deparó la fortuna una sorpresa más agradable. 
Mientras un albañil, en la hora libre del almuerzo, se dedicaba á 



244 boletín de la real academia de la historia 

sacarme un trozo del mosaico romano, vi una lápida de mármol 
blanco, que yacía encima de la solería, mezclada con tierra y 
restos de ladrillos rotos y otros tiestos también romanos. Con 
mucho cuidado logré sacarla con el trozo de mosaico sobre el 
cual estaba, y vi cjue era un fragmento de una lápida epigráfica, 
tirada boca abajo la inscripción, y revuelta con los demás es- 
combros, que fueron arrojados y apelmazados para rellenar los 
cimientos de la solería superior 6 planta de un ediñcio, en mi 
opinión visigótico, y ciertamente posterior al de la época ro- 
mana. 

Buena parte del mosaico se extendía á terrenos públicos. Yo 
hice lo que podía para salvarla y extraerla entera de aquel lugar, 
en beneficio del Arte y de la Historia. Escribí \arias veces al 
Catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla, rogán- 
dole que se interesase en el descubrimiento; pero él estaba de va- 
caciones en Cádiz, y no vi5 las excavaciones. Convidé á D. Ma- 
nuel Serrano á pasar conmigo á verlas para informar á la Comi- 
sión de Monumentos. Él vino en seguida; quedó conforme con- 
migo en cuanto á la importancia de aquellos vestigios de la 
Sevilla visigoda y romana en el centro de la población^ y visitó in- 
mediatamente al Sr. Gestoso para darle parte del descubrimien- 
to. Yo esperaba que el Sr. Gestoso me visitaría para enterarse 
de cómo se había descubierto la lápida y las solerías; pero ese 
señor, ni vino á mi casa, ni me escribió. Los albañiles me dijeron 
que él había ido á la cuesta para ver el mosaico romano; pero 
dijo, según ellos, que no teniendo el mosaico figuras, no valía la 
pena de descubrirlo. Quedábamos D. Manuel Serrano y yo en- 
tristecidos delante de tanta indiferencia; pero ¿qué podíamos ha- 
cer? Deplorar, como deploramos que los mosaicos desdeñados y 
no sé si destrozados se hayan echado á donde nadie los pueda 
ver; salvándose, no obstante, en mi casa algunos fragmentillos, 
que para muestra conservo. 

Sevilla, 15 de Enero de 19 14. 

Elena M. Whishow. 



LA arqueología SEVILLANA EN LA CUESTA DEL ROSARIO 245 



VI 

LA ARQUEOLOGÍA SEVILLANA EN LA CUESTA DEL ROSARIO 
NUEVAS ILUSTRACIONES 

i).^-Carta de D. Manuel Guisado. Sevilla, 29 de Enero de 1914. 

«Según mi amigo D. Joaquín del Valle, dueño de las casas, 
números 10, 12, 14 y 16 de la Cuesta del Rosario, que las ha 
derribado, formando ahora una sola, sólo encontró él, en el de- 
rribo, un pedazo ó fragmento pequeño de cierto mosaico, que lo 
trasladaron al Museo del Ayuntamiento, 

Respecto á la casa, número II, que fué botica, calle de Francos, 
con fachada zaguera á la calle Galindo, propiedad de doña Encar- 
nación Naranjo, mujer de D. Pedro Suárez, me dice este señor, 
que en efecto, existen columnas, capiteles y otros objetos de valor, 
á su parecer árabes, de los que va á sacar fotografías en breve.» 

2). — Carta del Dr. Abraham Salom Yahuda, profesor de Filología semí- 
tica en Berlín y Correspondiente de nuestra Academia. Sevilla, 3 de Fe- 
brero de 19 14. 

«He visto hoy al Sr. Valle y me dice que, aunque no puede 
asegurar la autenticidad, pero sí la procedencia ó descubrimien- 
to en su casa, de los objetos allí recogidos, y llevados como tales 
por la señora Whishow al Museo de la alfarería y labores anda- 
luzas, en la calle de los Angeles. 

De mayor importancia es el testimonio, que me ha dado el 
Sr. Valle, de que es verdad que en las excavaciones efectuadas 
se han encontrado los subterráneos, á que se refiere la señora 
Whishow, aunque hoy están tapados. El sitio donde se han en- 
contrado, está justamente frente á la puerta de su nueva casa. 
No fué posible proseguir las excavaciones, porque á poca dis- 
tancia se encontró un pozo negro.» 

3). — Réplicas, tomadas de la Memoria inglesa lUustraied descriptive ac- 
count of the Museu?n of Andalucian Pottery and Lace at Seville. 

«The property of señor Valle in the Cuesta del Rosario, a 
blodk of oíd houses in the heart of the oldest part of .Seville». Pá- 

TOMO LXIV. 16 



246 BOLETÍN PE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ginas 3 y 4. — Los señores Whishow no dicen que la Cuesta del 
Rosario está fuera de la ciudad, sino en el corazón (heart) de lo 
más antiguo de la misma. 

«It thus appears that the Cuesta del Rosario is not a hill at all, 
but merely a slight natural elevation, raised many feet above its 
original level to the erection of buildings to successive peoples, 
each on the débris of those of their predecessors.» Pág. 4. 

Madrid, 4 de Febrero de 19 13. p p 



VII 
NUEVA INSCRIPCIÓN ROMANA DEL ESCURIAL (TRUJILLO) 

Pilar de granito, bien tallado con letras claras hermosas; alto, 
dos metros; ancho y profundo, 3 decímetros. Existe, y lo he 
visto en el portal de la casa de D. Agustín Zúñiga, en el barrio 
de La Laguna^ en dicha villa del Escurial, confinante con la de 
Villamesías, una y otra del partido judicial de Trujillo, en la pro- 
vincia de Cáceres. Tengo por verosímil que este pilar procede 
del cementerio romano, sito en la dehesa que llaman de los Pa- 
lacios, dentro del término de la villa. 

L • A N T E S T I 
V S • C E L E R • 
H -S-E- S-T«T'L • 

L(ucius), Antesttus Celer fi(ic) s(itus) e(st). S(it) i{ibi) í(ena) l(evis}. 
Lucio Antestio Céler aquí yace. Séale la tierra ligera. 

En Mérida (Hübner, 559) fué sepultada cierta Antestia Jucun- 
da, liberta de Quinto. Sobre otras lápidas romanas del Escurial y 
de Villamesías, véanse los tomos del Boletín, lx (págs. 158-IÓI) 
y Lxui (570). 

Madrid, 30 de Enero de 1914. Mario Roso de Luna, 

Correspondiente. 



NOTICIAS 



El día 15 de Enero último falleció en Madrid el Excmo. Sr. D. Camilo 
García de Polavieja del Castillo y Negrete, Marqués de Pola vieja, que 
había ingresado en nuestra Academia como individuo de número en la 
sesión del 28 de Enero de 191 2, presidida por S. M. el Rey. El senti- 
miento ocasionado por tamaña pérdida fué nacional, constando los gran- 
des servicios que á España prestó este eminente patricio, que desde hu- 
milde soldado mereció subir hasta la más alta jerarquía del Ejército, de- 
biéndose la mayor parte de sus ascensos á méritos de guerra, y especial- 
mente á su intervención en las campañas de África, Cuba y Filipinas. Sus 
grandes dotes de diplomático le permitieron representar dignamente á 
nuestra Nación en las solemnidades del Centenario de la Independencia 
de Méjico. Dedicado al estudio de la Historia militar de España, publicó 
notables, volúmenes que le hicieron acreedor á que nuestra Academia, 
admitiéndole en su seno, le confiase valiosos estudios, de los cuales algu- 
nos han visto la luz en el Boletín de la misma. 

A la conducción de los restos mortales de tan ilustre finado, á quien se 
rindieron honores de Capitán general, muerto con mando en plaza, fue- 
ron invitados todos sus compañeros de Academia, representada especial- 
mente por el Excmo. Sr. Duque de T'SercIaes, que llevó una de las cua- 
tro cintas del féretro, y una Comisión compuesta de los Sres. Hinojosa 
(Secretario de la Corporación), Vives, Herrera y Beltrán y Rózpide. 



Han fallecido, según noticias adquiridas por la Academia, los sabios 
Correspondientes extranjeros Sr. Gustavo Saige, en Monaco; el doctor 
Chwolson, en San Petersburgo, y el Sr. Rodolfo Beer, en Viena de Aus- 
tria, de los cuales se hizo cumplido elogio y demostración de sentimiento 
en la sesión de 20 de Enero próximo pasado. 



248 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Ha fallecido asimismo, ea Lérida, el Excmo. é limo. Sr. D. Juan Anto- 
nio Ruano y Martín, Obispo de aquella diócesis y meritísimo Correspon- 
diente de la Academia, desde el día 7 de Mayo de 1909; noticia que se oyó 
con sentimiento en la sesión del 9 de Enero último, no sin el digno elogio 
de tan docto prelado. 

Han sido elegidos Correspondientes nacionales los Sres. D. Julián Paz 
y Espeso, Jefe del Archivo general de Simancas; D. Ventura Reyes Prós- 
per, Director del Instituto general y técnico de Toledo; D. Alvaro Fer- 
nández de Miranda, Vizconde de Campo-Grande, residente en Oviedo; el 
Rvdo. P. Juan Serra y Vilaró, en Solsona (Lérida); y los extranjeros seño- 
res Johan Vising, en Stokolmo, y Dr. Abraham Salom Yahuda, en Berlín. 



Se ha recibido el cuantioso donativo de objetos arqueológicos y li- 
bros que ha hecho á la Academia su Correspondiente en Lieja (Bélgica), 
Mr. Eugéne M. O. Dognée, cuyas obras históricas, y singularmente las re- 
lativas á España, gozan de universal aceptación. 



Con el fin de completar las Comisiones académicas de Indias, Cortes y 
Fueros, Recompensas, Memorial' Histórico y Biblioteca Histórica Españo- 
la, han sido designados para la primera los Sres. Marqués de Cerralbo y 
Blázquez; para la segunda, el Sr Azcárate; para la tercera, el Sr. Pérez de 
Guzmán; para la cuarta, el Sr. Bonilla; y para la quinta, el Sr. Conde de 
Cedillo. 



Con mucho aprecio se ha recibido la obra de Mr. Eugéne Albertini, ti- 
tulada Sculpiures Auliques dii CotivenUis Tarraco?ieftsis , y con ella la del 
Sr. D. Maximiliano Macías, que lleva por ií\.\i\o ]\íér ida monumefital y artís- 
tica (Bosquejo para su estudio); obras ilustradas con gran pericia artística 
y arqueológica, y numerosas fototipias sacadas de los objetos originales, 
sin excluir los que pertenecen á los más recientes descubrimientos. 



La Academia ha hecho donativo del tomo xiii de sus Memorias á los 
señores Whishow, en retorno del libro, que le han regalado y del que son 
autores, intitulado Arabia Spain: Side lights on her history and art (Lon- 
dres, 1912). 

F. F. 



TOMO Lxiv. Marzo, 1914. cuaderno iii. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



I 

MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 

(Continuación.) 
POESÍAS DE MOSÉN DIEGO DE VALERA 

I 

AL MUNDO 

■ Quien no te conosge ¡o mundo! te ame 
Que yo no te puedo amar nin querer; 
Tú faces lo alto al centro caer 
E nunca respondes por mucho que llame. 
Tú pones los viles en muy alta cumbre 
E los virtuosos abajas al suelo; 
Verdad e justicia son ydas al cielo 
Fuiendo tu ynorme malvada costunbre. 

Repartes los vienes con muy larga mano 
Segund que te plage, sin mere<;imiento; 
Derribas los muros y fuerte pimiento 
De toda nobleza con tu querer vano; 
Trastornas y buelves en rueda volante 
Lo alto y lo baxo con tu gran poder 
A quien contrastar non iusta saber 
Nin menos umano poder otro instante. 

Quien más en ti fía e piensa tener 
En más firme roca seguro su estado, 
Ve más de súpito seer derribado 

TOMO LXIV. 17 



250 BOLETÍN DE I.A KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Sin arte nin maña i>oderle valer; 
Pues quien si non loco de ti se confía 
Nin punto presume de ti ser seguro, 
A quien resistir fosado ni muro 
Non puede ni menos umana porfía. 

Pues, quien me creyere, jamás non porná 
En ti su esperanza nin firme cuydado, 
Nin será punto jamás engañado 
Quien tus vanos vienes en poco terna; 
Lo que es necesario darás mal tu grado 
Pues por lo suprófulo penar es locura; 
Quien se rigiere por esta mesura 
De tus casos duros será reservado. 



¡Ó vos mortales! mirad lo pasado 

Y lo presente con provida cura, 
Non vos engañe quien nunca segura 
Umana persona de ningund estado. 

RESPONDE POR EL MUNDO IÑIGO ORTIZ DE ESTÚÑIGA 

Maguer vuestra lengua mucho me difame 
Yo so cual fui siempre y tengo de ser; 
No pienses queriendo los vicios crecer 
Que jamás mi corte nunca se derrame. 
Pues temor de Dios non muestra su lumbre 

Y toda vergüenza oto yda del vuelo 

Si por mis promesas en carnal señuelo 
Nunca de virtudes abrá muchedumbre. 

Yo nunca paresco perro de ortolano 
Que non como berzas nin comer consiento, 
Mas en los mis libros rescibo y asiento 
A los que me piden el honor mundano; 
Por lo qual me fallo yo ser abastante 
De siempre mi corte hacer florecer, 
Pues más a quien quiere flaquezas aver 
Que no que en codicia venir mal andante. 

Pues sé que no puede jamás perescer 
Codicia, que dicen ser mortal pecado, 
Como quier que sea de vos baldonado 
No dexa por eso de prevalecer. 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 

Mas pues que ninguno muestra cobardía 
A lo que prometo por vida ó de juro, 
Discreción non basta nin seso maduro 
A quien se contenta de mi compañía. 

La fiera soberbia que* conmigo está 
Anparo, defensa de mi grant estado, 
Podedes sin duda ser certificado 
Que de vuestra lengua me defenderá; 
Envidia, que fila sotil delicado; 
Luxuria, deleite de umana natura 
Como de dos miembros de mi fermosura 
Seré todos tiempos muy bien ayudado. 

Amigo, si fuiste de mí lastimado 
Volved á servirme, gozar mi dol<jura, 
Pues es lo contrario fingida cordura 
E notad al ome por desvariado. 

II 

CANCIÓN AL MAESTRE DE SANTIAGO 

¿Qué fué de vuestro poder, 
Grant Condestable de España, 
Pues ningún arte nin maña 
Non lo pudo sostener? 

¿Ques de vuestra bizarría? 
;Ques de todo vuestro mando? 
¿Ques de vos á quien dudando 
El mundo todo tenía? 
¿Qué valió vuestro saber 
Cuando quiso el Soberano 
Derribarvos por su mano 
Sin poder vos sostener? 

¿Ques de vuestra gran riqueza? 
¿Qué es de cuanto mal ganastes? 
¿Qué es del tiempo que pasastes? 
¿Qué fué de vuestra ardideza? 
¿Qué valió vuestro tener 
Quando quiso la fortuna 
Derribar vuestra coluna 
Sin poder vos sostener? 

¿Qué es de vuestra grand compañ.i? 
¿Qué es de vuestro grand renombre? 



251 



252 BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Yo no se quien no se asombre 
De ver cosa tan extraña. 
Mire pues vuestro caer 
Qvieo toviere discregión; 
Mire como la rasón 
Non los puede sostener. 

Mire más quien me quiere 
Que en el mundo no confíe 
Nin jamás d'el non se fie 
Por puxante que se viere. 
Que mucho más empecer 
Suele cuando más prospera 
Aquellos á quien espera 
La razón no sostener. 

III 

AL NACIMIENTO DEL SEÑOR INFANTE 

Faga vos Dios en virtud 
Claro, enciente, famoso, 
Infante, muy valeroso, 
Dando vos luenga salud. 

Dé vos toda perfección, 
Dé vos Vitoria conplida, 
Otorge vos salvación 
Después de muy luenga vida. 
Vuestra neta juventud 
A todos pasen virtud 
Claro, excelente, famoso, 
Infante muy valeroso 
Dando vos luenga salud. 

IV 

CANCIÓN 

Óyeme pues siempre llamo 
Abiendo ñrme esperanza; 
Non consientas olvidanga 
De quien yo solo reclamo 
Me cause désesperan<:;a. 

¿Que pro tiene lo servido, 
¡O mi bien! si non me vales 
Pues conos^es que mis males 
De ti sola me han venido.^ 



MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 253 

E pues siempre más te amo 
Abiendo firme esperaní^a, 
Non consientas olvidanga 
De quien yo solo reclamo 
Me cause desesperanza. 

V 

CANCIÓN 

¡O persona desastrada 
Tú en quien mi tiempo perdí! 
¡O vida muy mal gastada! 
¿Qué fué de quanto serví? 

La malvada yngratitud, 
Desdén y ciega olvidan<ja, 
Sepultaron mi esperanza 
Desterrando la virtud; 
Porque con vida penada 
Pueda decir que sentí 
Viviendo, muerte doblada. 
¿Qué fué de quanto serví? 

¿Qué pro tuvo mi querer? 
¿Qué mi tanta lealtad? 
¿Qué mi fe? ¿qué mi lealtad? 
Sin jamás vos faleger. 
¡O mi fortuna menguada 
Cuan dura vos conoscí! 
¡O mi dicha mal fadada! 
¿Qué fué de quanto serví? 

VI 

CANCIÓN 

Vi cierto si más tardara 
¡O mi bien! que no vos viera 
Non dudes que enloquec;iera 
O yo mesmo me matara. 

Que no se puede sufrir 
Sin muerte mi desear, 
Nin mucho puede vivir 
Quien siempre sufre pesar. 
Así que si más tardara 
¡O mi bien! que no vos viera 
No (ludes que enloqueciera 



254 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

O yo mesmo me matara. 

Pues quered que vos presente 
Sienta mis males partir, 
Pues seiendo vos ausente 
Siempre me siento morir. 
Que por cierto si tardara 
¡O mi bien! que non vos viera 
Non dudes que enloqueciera 
O yo mesmo me matara. 

VII 

CANCIÓN 

Con quánto dolor y pena 
Yo parto ¡mi bien! de vos 
Non lo sabe sinon Dios. 

Nin se puede bien creer 
Mi pesar e sentimiento 
Nin menos el grant tormento 
Qual terne fasta vos ver. 
Así que la grave pena 
Con que parto yo de vos 
Non la sabe sinon Dios. 

Porque fasta mi venida 
En continuo desear, 
Y gemir y sospirar 
Gastaré mi triste vida. 
Que la dolorosa pena 
Con que parto yo de vos 
Non lo sabe sinon Dios. 

VIII 

ESPARSA AL SEMOR CONDE DON ALVARO, FECHA EL DOMINCO DE PASCUA 
ANTES DE LA PRISIÓN DEL MAESTRE DE SANTIACiO 

El que en este santo día 
Redimió el linaje umano 
Vos dé. Señor, alegría, 
Y vos faga con su mano 
Siempre ser virtuoso 
Dando vos luenga salud 
Pues vos fizo en juventud 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 255 

Tan conplido de virtud 
Y vos faga tan famoso. 

¡Seno de virtud y templo! 
Que vuestra noble memoria 
Quede a todos por exemplo 
Ser por universa gloria. 



IX 

CANCIÓN 

Adiós, mi libertad, 

Y otrosy vos, alegría, 
Que dolor et soledat 
Seguirán mi compañía. 

Pero doquier que vayays, 
Habed memoria, vos ruego, 
De mí, que sólo dexays 
En vivas llamas de fuego; 

Y solamente pensad 

En seguir yo vuestra vía, 
Que dolor y soledat 
Seguirán mi compannía. 
Aquestos mi iuventud 
Finarán por mi ventura 
Sin defensa de virtud 
Serán de mí sepultura; 
Pues agora caminad, 
Sea Dios en vuestra guía. 
Que dolor y soledad 
Seguirán mi compannía (i). 



CANCIÓN 

Non sé gracias nin loores 
Amor que te dar pudiese 
Nin servicios que ficiese 
A ti, gran poder de amores, 
Que fuessen merescedores 
De cuanto bien me fesiste 

( I ) Cancionero de Sttíñiga, pág. 1 72. 



256 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

En me dar á quien me diste 
Que amasse por amores. 

Dísteme por tu nobleza 
Tal sennora que sirviese, 
Porque ral cora(jón fuese 
Quito de toda tristesa 
Amor, pues tu gran proesa 
Contra mí asy monstraste, 
Para siempre me ganaste 
Ci'ea la tua realesa. 

Sennor, sy á ti he fecho 
En algund tiempo servicio 
Pues me das tal beneficio, 
Téngome por satisfecho; 
Et faré muy grand derecho, 
Donde quiera que yo fuere, 
De guardar mientras viviere 
Tu servicio et mi provecho. 

Ya de cuanto rescebí 
Conviene que algo diga, 
Dísteme fermosa amiga 
A quien amo más que á mí; 
Como quier que non la vi, 
Tanto sé de tu bondat, 
Por la qual mi voluntat 
Me piase desir aquí. 

Amor, porque de tus dones 
Me diste muy largamente, 
Vengo aquí de presente 
A faserte relaciones; 
Encima de conclusiones. 
Disiendo con alegría, 
De aquesta sennora mía 
Quales son sus perfectiones. 

ÚLTIMA 

Con devotas oraciones 
A Dios sirvo cada día 
Non ha cuenta su valía 
De sus nobles condiciones (1). 

(i) Cancionero de Stúñiga, pág. 234. 



MOSÉX DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 2 57 



XI 
CANCIÓN 

Sennores, mucho pesar 
Me fuerga decir agora: 
La cruel de mi sennora 
Qué vida me fas pasar. 

Sabe Dios que mi deseo 
Es servir su fermosura 
E su placer, según veo, 
Es darme mucha tristura; 
Claro vos puedo monstrar, 
Por la pena que en mí mora 
. La cruel de mi sennora 
Qué vida me fas pasai-. 

Yo pienso que ella se duele 
De mí que sufro tal danno 
Y ella muestra, como suele, 
Que me tiene por estranno; 
Por ende podeys pensar. 
Pues que nunca se meiora 
La cruel de mi sennora 
Qué vida me fas paser. 

Muchas veses yo le digo 
Toda mi queja llorando. 
Ella ríese conmigo. 
Tómalo todo burlando; 
(¡Qué plaser puedo tomar 
Viendo mucho en mal hora 
La cruel de mi sennora 
Qué vida me fas pasar? (i). 

XII 

CANCIÓN 

Sennores, mucho pesar 
Me pone tu sennoría 
Por siempre más que solía 
Me verás á tu mandar. 
Non siento pesar tan fuerte 



(i) Cancionero de Stiiñi¡^a, pág. 253. 



jjS BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Que mude mi voluntad, 
Nin menos tan buena suerte 
Que faga contrariedat; 
De esto vive syn cuydado, 
Que si mili annos vivía, 
Por siempre más que solía 
Me verás á tu mandado (i). 

XIII 

CANCIÓN 

Vuestra bellesa syn par 
A todas fase envidiosas, 
Asy que las más fermosas 
Resciben, en vos mirar, 
Syn dubda grave pesar. 

Vuestra neta catadura, 
Ayre y gentil aseo, 
Destruyen la fermosura 
De todas cuantas yo veo; 
Y ser vos tan singular 
Las fase ser envidiosas, 
Así que las más fermosas 
Resciben en vos mirar 
Syn dubda grave pesar (2). 

XIV 

LETANÍA DE AMORES 

¡O soberana señoi^a 
De juventud muy amada! 
Plega de ser rogadora 
Por mi persona cuitada. 

O vos sabios confesores 
Omero, Ovidio, Platón, 
De gloria merescedores. 
Rogad por mi salvación. 

A ti, santo mucho diño 
Orfeo que bien amaste, 
E tanbién Sesto Tarquino 
Que muchas penas pasaste; 



(i) Cancionero de Stúñiga, pág. 255. 
(2) ídem td., pág. 297. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 259 

Por amor sed rogadores 
Que salga de este tormento, 
O que sienta los dolores, 
Mi señora, que yo siento. 

O vosotros oradores 
Píramo, tanbién Loquino, 
Varones dinos de onores 

Y Petrarca el florentino; 
Todos querer ser constantes 

A rogar por mí, cativo, 
Pues fuistes buenos amantes 
Que no muera como bivo. 

Y Semíramis, Elena, 
Damas de mucha beldad, 
E tanbién vos Polilena; 
Señoras, por mí rogad. 

Olimpias, tanbién Yolante, 

Y tanbién la reyna Dido, 
Deyanira con su amante 
En el fuego parescido; 

Por mí sed ya rogadoras 
Pues bivo tan penado; 
Que no muera yo señoras 
Del todo tan lastimado. 

E tanbién los que sofristes 
En un tienpo muy gran pena 
E después libres nos distes 
Rompiendo la tal cadena. 

Rogad por mí que me veo 
Triste en ageno poder, 
E tantas cuytas poseo 
Que no me puedo valer. 

/unida 

Señora demando perdón 
Que d'amar repiéntome; 
Mas de Francisco Calderón (i) 
Libera me Domine. 



(i) Quizás se refiera Valera á un poeta llamado Francisco Orliz Calderón, el cual, 
según demuestran las escasas poesías que de él se conservan en el Cancionero de 
Gallardo y en uno de los de Palacio, no debía ser hijo predilecto de las Musas. 



200 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

XV 

SALMOS PENITENCIALES DIRIGIDOS AL AMOR 
I 

No te remienbres amor 
De mis yerros ya pasados 
Ni tanpoco mis pecados 
Castigues con tu furor 
Ni te plegara Señor 
Corregirme con tu saña 
Pues que sabes quánto daña 
A todos tu disfavor. 

Ave ya merced de mí 
No quieras mi perdición 
Pues con tanta devoción 
Me torno, Señor, á ti. 
Que mi alma fasta aquí 
A seydo muy turbada 
E de cuytas afanada 
Porque non te conosgí. 

Señor, di ¿fasta cuándo 
A de durar tu rigor? 
Conosíje ya tu favor 
Este que vive penando, 
Todo tiempo deseando 

'En tu servicio acabar, 
No quieras que con pesar 
Fenesca desesperado. 
Quen la muerte no sé quién 

De ti se puede acordar, 

Nin tanto con rremenbrar 

De tu mal ni de tu bien; 

Mas el que pecado tien 

Mi caso deve olvidar 

De su culpa recusar 

Pues que tanto le convien. 
Que en el ynfierno esperar 

No podemos redención 

Ni vasta la contrición 

Para del nos delibrar. 

En esta vida purgar 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 26 1 

Devemos enteramente 
Porque tú, Señor potente, 
Nos lieves á buen logar. 

Con gemidos lloraré 
Todas mis culpas agora 
E ningund tienpo nin ora 
De plañir no cesaré; 
E mi lecho regaré 
De lágrimas con dolor, 
E jamás con gran temor 
De ti sienpre biviré. 

Gloria 

A ti, Señor soberano, 
Den gloria todas las gentes. 
Pues señores é sirvientes 
Gobiernas por la tu mano. 



II 

SALMO DE BEATI CORUN 

Vien aventurados son 
Aquellos que meresgieron 
De los yerros que fizieron 
Re<;ibir de ti perdón; 
Y Señor con que rrazon 
Aquellos que a ti se ofrecen 
E por ti cuytas padegen 
Bien meres^en galardón. 

Aquellos que con verdad 
Te sirvieron sin engaño 
De rrazón de vos su daño 
Rreparar con piedad; 
Ya Señor por tu bondad 
No juzgues los que terraron 
E tus leies quebrantaron 
A dura cativedad. 

Ca conozco mi pecado 
Quen algún tiempo terré 
Y, Señor, que non guardé 
Por mi culpa tu mandado; 
Agora soy castigado 



j62 holetín un l.\ kkai academia de la historia 

Y (le tu mano tañido, 
Tanto, que soy abonido 
Amador no bien amado. 

Pues confieso mis errores 
Merezco ser perdonado 

Y de ti galardón dado 
Pues amé bien por amores. 
¡Ó Señor de los Señores! 
En tu gloria cantaré 

Y en todo tiempo daré 
A tu santidat loores. 

Mis huesos envejecidos 
Vien amando te reclaman 
E sospirando te llaman 
Dando voces é gemidos. 
No te plaga que perdidos 
Sean los que confesaron 
Los yerros en que toparon 
Con dolores aflegidos. 

Que, Señor, si tú sintieses 
La pena del desamado 
Amador desconsolado 

Y de aquella padesqieses, 
Pienso vien que conosqieses 
No ser de maravillar 

A nosotros el errar 

Des que tal cuyta sufrieses. 

G/oi-í'a. 

A ti, Señor soberano, 
Den gloria todas las gentes, 
Pues señores c sirvientes 
Gobiernas con la tu mano. 

III 

SALMO DE DOMINE IN FURORE TUO 

No quieras rredargüyr 
Con yra tu servidor, 
Ni quyzás el amador 
Que pene por tu servir. 
Nin te plega ya sufrir 
Ser desamado quien ama 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 263 

Nin tanpoco quien desama 
Ser amado con sentir. 

Quen mi juventud ferido 
Fui de tu flecha plomada, 
E mi persona llagada 
De golpe muy dolorido. 
E de tal guisa caído 
Sirviendo con lealtad 
Que mi franca livertad 
E por tu causa perdido. 
E toda salud fallece 
A la triste carne mía 
Maginando noche y día 
Como de todo peresge 
Dale ia, pues que merece 
Galardón, por bien amar, 
Que, Señor, á más andar 
Mi cora<jon ya fenege. 

Ya soy fecho miserable 
Tanta pena padesciendo, 
E por ti siempre seyendo 
En cuydado ynumerable. 
Tu saña muy espantable 
Me peiía de tal manera 
Que mi seso desespera 
Con dolor inestimable. 

E turbado es mi sentido 
En tu yra maginando 
E yo cativo clamando 
Con cuytas envegecido 
En tal punto soy venido 
Amando más que debía 
Que con esta tal porfía 
Del todo soy aflegido. 

No deges á tu sirviente 
Aunque algo te aya errado 
Pues sabes que por su grado 
Te sirvió de buenamente. 
Que rrazón no lo consiente 
Ser por un yerro punido 
El que muncho te ha servido 
Niu de culpas pades^iente. 



264 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Gloria. 

A ti, señor Soberano, 
Den gloria todas las gentes, 
Pues señores c sirvientes 
Goviernas con la tu mano. 

IV 
SALMO DE MISERERE MEY DEUS 

Miserere mey Cupido, 
Hijo de la madre santa 
Cuya gloria siempre canta 
El tu pueblo favorido. 
No quieras que por olvido 
Perezca quien te sirvió 
E tantas cuytas sufrió 
Sin de ti ser acorrido. 

Lávame de todo error 
Ya, Señor, de aquí adelante 
Porque dinamente cante 
Con los santos tu loor. 
Que tú solo juzgador 
Eres justo sin maldad 
Pues juzgar con crueldad 
No devesel pecador. 
Ante ti sólo pequé, 
Dios de Amor tan poderoso 
Por lo qual muy sin reposo 
Mi triste vida gasté. 
Agora ya maldirc 
Con rrazón á la fortuna, 
Pues amando sólo una 
Vien sirviendo te enojé. 

Aquesta sola serví 
No pensando que te erraba 
Ni cuydando que pasava 
Tu santa ley aprendí. 
Yo por esto meresgí 
Tan duras penas pasar; 
Ya Señor deven gesar 
Los tormentos que sofrí. 
De los quales el desgrado 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS ¿Óí 

Tan sólo vastar deuiera 
A mili yerros que ficiera 
De mi servigio pasado, 
El qual todo olvidado 
Tiene la qne me robó 
Que bibiendo muero yo 
Con pesar afortunado. 

Pues no deves ya querer 
Del todo mi perdimiento, 
Que pesar y pensamiento 
De continuo padecer 
Non sé tai que sin gemer 
Sostener vien lo pudiese 
Aunque mucho diño fuese 
Sin su gloria aborrecer. 

Gloria. 
A ti, Señor soberano. 
Den gloria todas las gentes, 
Pues señores é sirvientes 
Goviernas con la tu mano. 

V 

SALMO DE DOMINE EXAUDÍ OKACIONEN MEAN 

Oye, Señor, mi oración 

Por tu vondad muy conplida 

Pues ofrezco la mi vida 

A ti con buena yntención. 

E non quieras ocasión 

Ser de mi muerte tan triste 
Pues saves que prometiste 
A todos satisfagión. 

Que sólo por yo seguir 
La dotrina de Magias, 
Bien como sombra mis días 
Pasaron sin regebir 
Galardón, ante sofrir 
Muchas cuytas me feziste 
E tantas penas me diste 
Quantas no puedo dczir. 
Las quales por eredad 
Me diste muy sin medida 



TOMO LXIV. 



i8 



266 BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Por servir á quien olvida 
Mi cativa livertad, 
Sin usar de caridad 
Ni dolerse de mis males 

Y tormentos desiguales 
Ya fuera de umanidad. 

Olvidados vi comer 
Sin gemidos ya mi pan 

Y con pesares y afán 
Que sostengo, por no ver 
Alegre resplandcíjer 
Contra mí tu dulce faz, 
Pues, Señor, comigo paz 
Te pido si puede ser. 

Remedia, Señor, siquiera 
Por mi cuyta rreparar 
Quel continuo desear 
Perturva toda carrera 
De vienes á quien espera 
Sus males nunca pesando 
Ante sienpre se doblando 
, Con pena terrible fiera. 

Aquesta con osadía 
En ningund tienpo me dexa 
Antes mis bienes alexas 
Por tu cabsa todavía; 
E sirviendo sin falsía 
Cativo bien esperando 
Va como llama pasando 
Mi vida sin alegría. 

Gloria 

A ti, Señor soberano. 
Den gloria todas las gentes, 
Pues señores é sirvientes 
Goviernas con la tu mano. 

VI 

SALMO DE PROFUNDIS CLAMAVI AD TE DOMINB 

De lo más baxo del suelo 
A grandes voces yamé 
A ti, Señor, y algé 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 267 

Mi gemido fasta e) cielo; 
E jamás mi grave duelo 
Nunca te plogo entender 
Nin tu cabeza volver 
A mí, triste, sin consuelo. 

Vien sabes que confesé 
Ante ti ya mis erradas 
E siguiendo las pisadas 
De tus siervos vien amé; 
Por lo qual Señor cobré 
Cuidados é gran tristura 
E jamás nunca folgura 
Por tu cavsa recobré. 

Pues no deves demandar 
Más venganza del que yerra, 
E delante ti la tierra, 
Gimiendo, quiere negar; 
Que, Señor, el perdonar 
Es á ti mayor venganga 
Pues volviendo la valanga 
Te puedes luego vengar. 

Quen verdad munchos ley 
Que en grandes yerros cayeron 

Y de ti bien rregibieron 
De los quales muncho vi; 

Y el conorte que sentí 
En el punto que estos leo 
E saver mi buen deseo 
Con que sienpre te seguí. 

Que más vale sostener 
Gran pena por chico error 
Que non ser merecedor 
De grandes penas aver; 
Y, Señor, deves saber 
Quel corazón virtuoso 
Non se vence nil medroso 
La pena puede estorger. 

Oyda mi petición 
Te plega. Señor, que sea 
Mi ánima, que desea 
Muí linpia sin correngión 
E sin alguna exepcjión 



268 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Alcance aquella vitoria 
Que tus santos de la gloria 
Ganaron con discriqión. 

Gloria 

A ti, Señor soberano, 
Den gloria todas las gentes. 
Pues señores é sirvientes 
Goviernas con la tu mano. 



SALMO DE DOMINE EXAUDÍ ORACIONEN MEAN 

Plágate Señor oir 
Mys devotas oraciones 
E mys rudas conclusyones 
En este breve dezir, 
Porque pueda conseguir 
Lo que tanto deseé, 
Que la vida que pase 
Más fué muerte que bivir. 

No deves, Señor, entrar 
En juyzio con tu siervo, 
Según dice el santo vervo, 
Nyn tanpoco reguardar 
Nuestros yerros, nyn myrar 
A todas nuestras consejas 
Que quyen abre las orejas 
De su mal quyere escuchar. 

Que muchas veces fablando 
De tu merced blasfemamos, 
Con la vyda que pasamos 
Nuestras cuytas remenbrando; 
Y tanvien, Señor, callando 
El tu nombre maltratamos 
Con la pena que esperamos, 
De ti mucho nos quexando. 

Ende más quando á mayores 
Se levanta quyen amamos 
A osadas que rrenegamos 
Entonele tus servydorcs; 
De tal son que los clamores 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 269 

El gielo quieren quebrar 
Des que nos vemos trocar 
Por los nuevos amadores. 

Y tanbién, Señor, sentimos * 

Otra pena muy estraña 
Que munchas fué grande maña 
De las damas que servymos; 

Y otros males sofrymos 

Que duelen muy más que muerte 
Porque nuestra cruel muerte 
Cada día maldecimos. 

Aquestos quyero callar 
My dezyr abreviando 
A tu merced suplicando, 
Que quyeras. Señor, dexar 
Nuestros yerros y pensar 
Las cuytas que sostenemos, 
Ya tantas que no podemos 
Aquestas sobrellevar. 

Gloria 

A ty, Señor, soberano 
Den gloria todas las gentes. 
Pues señores y sirvientes 
Goviernas con la tu mano. 

XVI 

POR QUÉ 

Por non tener que librar 
E por me fallar ogioso 
Avnque no con grant reposo 
He pensado preguntar: 
¿Por qué anda de vagar 
Alguno más que solía? 

Y ¿por qué tan mal se guía 
Alguna ques muy loada? 

Y ¿por que no dan posada 
En la corte syn dinero? 

Y ¿por qué tanto vandero 
Dicen ques nuestro señor? 

Y ¿por ques tan syn sabor 



270 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

En Castilla la libranga? 
¿Por qué andan en balan<ja 
Algunos que no lo saben? 

Y ¿por qué los malos caben 
Donde no deuien caber? 
¿Por qué tiene grant poder 
Quien no sabe executar? 

Y ¿por qué se da lugar 

A que siempre desmedremos? 

Y ¿por qué menos valemos 
Sienpre siruiendo mejor? 

Y ¿por qué el buen amador 
Pasa pena desanida? 

Y ¿por qué tan mala vida 
Pasamos en esta corte? 

Y ¿por que tiene deporte 
Alguno que non meres(je? 

Y ¿por qué siempre padesce 
El que dize la verdat? 

Y ¿por ques oy la maldat 
Anida por sotiieza? 

Y ¿por qué la gentileza 
Es agora destruyda? 

Y ¿por qués tanto cayda 

La virtud en nuestra España? 

Y ¿por qué tanto nos daña 
Sin reparo el auarigia? 

¿Por qué tiene grant cobdicia 
Quien tiene más que pensó? 

Y ¿por qué tanto valió 
Alguno por lisonjero? 

Y ¿por qués tanto parlero 
Quien dise lo que soñó? 

Y ¿por qué nunca medró 
Bien sirviendo, el de Valderas? 

Y ¿por qué buscan maneras 
Algunos para medrar? 

Y ¿por qué de mucho amar 
Fingen algunos syn gana? 

Y ¿por qué esperanc^a vana 
Trae á muchos engañados? 

Y ¿por qué tanto burlados 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 27 1 

Se fallan oy en Castilla? 
^Por qué non es marauilla 
Que se pierda cuanto vedes? 

Y ¿por qué pescan syn redes 
Algunos á manos llenas? 

Y ¿por qué dan graues penas 
A vezes por chico error? 
¿Por qué de mal en peor 
Andamos de cada día? 

Y ¿por qué la cortesía 
Aprouecha tanto poco? 

Y ¿por qué tienen por loco 
Al que no sabe engañar? 

Y ¿por qué ya el baratar 

Es convertido en costunbre? 

Y ¿por qué tiene la cunbre 
De belleza quien no digo? 

Y ¿por ques de sy enemigo 
Quyen busca más que perdió? 

Y ¿por qué me parto yo 
Para nunca más tornar 

Tan alegre como vo • 

Despedido de medrar? 

COPLAS DE DIEGO DE VALERA (l) 

Maldigo por vos el dia 
en que primero vos vy, 
maldigo por vos asy 
la triste ventura mia, 
maldigo mis tristes ojos 
por mirar syn discregion, 
maldigo mi coragon 
que me da tantos enojos. 

Maldigo vuestra beldat 
por quien soy tanto catiuo, 
maldigo el tiempo que biuo 



(i) Esta poesía y las siguientes me han sido facilitadas por mi estimado y sabio 
amigo M. R. Foulché-Delbosch, quien, con una amabilidad que nunca agradeceré 
bastante, las copio del manuscrito que las contiene, existente hoy día en la Biblio- 
teca Nacional de París. 



272 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

por VOS en c.-ityuiclat, 
mnldigo viiestr;i crueza, 
señora, que tanto dura, 
maldigo mi grant locura 
que me da tanta tristeza. 

Maldigo ya mi sentido 
que tan mal vos conosgio, 
maldigo, catino yo, 
mi tiempo mal despendido, 
maldigo tan bien fortuna 
que me fizo vuestro ser, 
maldigo quien su querer 
pone todo en sola vna. 

Maldigo mi pensamiento 
que jamas non vos oluida, 
maldigo ya mi perdida 
persona con desatiento, 
maldigo quien libertad 
amando quiso perder, 
maldigo quien en poder 
non tiene su voluntad. 



Maldigo la lealtad 
que me fizo mantener 
esperanza que tener 
me deniega crueldat. 

OTRAS DE DIEGO VALERA 

Por las penas que pase, 
fortuna, quiga pensays 
que quebrantare mi fe 
como vos la quebrantays; 
perdet aqueste cuydado 

si querres 
que jamas boluereys {stc) 

acabado 
con temor de luenga vida 
con la qual me menazays, 
o con pena dolorida 
presumo que maginays 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 273 

que podres asy trocar 

mi querer; 
tal tema deueys perder 

y dexar. 
Que sy todos quantos males 
en el mundo son passados 
z tormentos desiguales 
en mi fuesen ayuntados 
non me farian quebrantar 

pues la dy 
mi fe por quien conosgi 

que es penar. 
Agora vuestro poder 
esforzad bien contra mi 
z penad sin meresger 
mi persona desde aqui. 
mas de quanto aves penado, 

pues podeys, 
que bien se que lo fareys 

de buen grado, 

FYN 

Con furor desordenado 

que teneys, 
a mi, triste, penareys 

no culpado. 



MEMORIAL DE DIEGO DE VALERA A SU AMIGA QUANDO PARTIÓ DE CASTILLA 

Auerdate agora del triste de mi 
que tantas pasyoncs, dolor y tormento 
he padecido seyendo de ty 
asy desamado syn meresgimiento. 
trae a memoria mi tiempo gastado 
catino syruiendo syn bien resgebir, 
a ty que biuiendo me fazes sentir 
mili muertes al dia syn vn gasajado. 
Ave memoria de mi, pelegrino 
en tierras ajenas sufriendo pesares, 
inciertas carreras y grane camino 
por ty poseyendo sy bien lo pensares, 
o inhumana, cruel, syn mesura, 



274 boletín de la real academia de la historia 

mouible, incoslanle, de poca virtud, 

por quien se fenes^e ya mi juuentud 

en penas estrañas z graue tristura 

trae a memoria tu fe quebrantada 

mi grant lealtad asy mantenida 

mira por diDs mi vida gastada 

en pena terrible, cruel, dolorida; 

acuérdate agora sy quiere de quando 

de ty resqebi el bien postrimero, 

por gierto fintoso mas que verdadero 

segunt por la obra se va demostrando. 

Ave memoria de como pasaste 

las muchas profieras y fe que me diste 

o miserable de mi que oluidaste 

tan gedo seyendo por ty syempre triste. 

acuérdate agora sy quiera del dia 

que fue postrimero de todos mis bienes 

membrarte devrias el cargo que tienes 

de mi que ya ser de ty no devia. 



Con tanto dolor y pena 
non puedes fazer finida 
mas esta canción agena 
resgibe por despedida: 
guay de quien nunca se oluida 
lo que a tv se acuerda poco 
de menos cuerdo que loco 
me pueden contar la vida. 

otra suya 

O triste vida penosa 
muy dura de comportar 
nunca jamas quise cosa 
qiie la pudiese acabar. 
Lo que mas quiero me fuye; 
lo que réstelo se faze; 
aquello que mas me plaze 
fortuna syempre destruye, 
pues vida tanto afanosa 
¿quien la puede comportar? 



MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 27? 

que jamas yo quise cosa 
que la pudiese acabar. 
Do serui mas syn error 
resgebi pena y desgrado; 
do mas ame desamado 
fuy syempre de desamar, 
pues congoxa tan rauiosa 
¿quien la puede comportar? 
que jamas yo quise cosa 
que la pudiese acabar 



DESPEDIMIENTO DE DIEGO VALERA 

Pues por bien seruir yo peno 

cresgiendo vuestra porfía 

aqueste refrán a ge no 

cantare syn alegria: 

loco es quien de vos fia 

pues asy 
por do ga?iar vos deuia 

vos per dy. 
E diré mas con pesar 
como quien ya desespera 
tal cangion que bien cantar 
deuo yo fasta que muera: 
quien de vos merced espera 
señora y bien atiende 
¡ayl que poco se le entiende. 
E pues tan buen gualardon 
ya la fortuna me dio 
cantare con grant razón 
quanto biua triste yo: 
quien syruiendo se perdió 
bien podra decir por sy 
¡o triste! aporque me dy 
a quien no me conosgio? 
Y pues vuestra poca fe 
faze mi vida penada 
endechando asy diré 
por mi fortuna menguada: 
o persona desastrada 
en que mi tiempo perdí 



276 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

O vida muy mal enastada 
^que fue de quanto serui? 
Pues por vuestra crueza 
he yo mi tiempo perdido 
cantare con grant tristeza 
de mi mesmo aborresQido: 
señora qiial soy venido 

tal me parlo 
de cuy dados mas que f arto 

dolorido 
E iré desconsolado 
tanto fuera de mesura 
que diré syn ser culpado 
por mi grant desauentura: 
caiyuo de mi tristura 
y a todos prendan espanto 
c pregunten que ventura 
es que matormcnta tanto. 



Con doloroso quebranto 
por vuestra grant desmesura 
fenes^e mi triste canto 
syn dar fiyn a mi rencura (i). 

(Continuará.) 

Lucas de Torre y Franco-Romero, 

Capitán de Infantería, diplomado. 



II 

NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS DE CÁDIZ 

En la zanja, abierta para levantar la tapia, que ha de cercar 
por el costado oriental el Sanatorio Madre de Dios, fundado y 
sostenido por la caridad de la nunca suficientemente elogiada 
Excma. Señora Viuda de Moreno de Mora, han aparecido á pro- 



(l) París, Bibliothccjue Nationale, fonds espagnol, lu'uii. 510. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS DE CÁDIZ 277 

fundidad de un metro, dos tumbas construidas de sillares calizos, 
aprovechados de la época romana. 

Dos lajas {6/ X 49 Y i8 cm., y 90 X 53 X 20), cerraban el 
primer sarcófago; ambas en posición invertida, contienen en la 
parte inferior pequeñas tablas de mármol blanco con inscripcio- 
nes funerarias. El costado izquierdo de la tumba está formado 
por tres sillares, uno de los cuales mantiene inscripción, advir- 
tiéndose en otro la cavidad ocupada por otra loseta epigráfica 
desaparecida. 

He aquí las inscripciones, de las que envío calcos: 

1. Tabla de 18 X 19 cm. 

D • M • s 
c E c I L I V s 
E L P I S T V S 
A N • X X X I I 1 
KSHSC'B B-V 

I)(¿s) M[anibus) s{ac?-um). Cecilius Elpistus aniíioruni) XXXIII k{arus) 
s{ms), h[ic) s{itus)\ c{i¿m) b{onis) b{ené) v{íxtt). 

Consagrado á los dioses Manes. Cecilio Elpisto, de edad de 33 años, á 
los suyos querido, aquí yace. Vivió con los buenos bueno. 

En otra inscripción de Cádiz (Hübner, 1. 8 1 8), el mismo rema- 
te (C- B- B- V), se lee. 

EXtíÍi; (esperanza), txiíXTZiQíoq (bien esperanzado), son cog- 
nombres que en varias inscripciones españolas salen á relucir. 
'EÁTtíaxó? (esperanzado), ha tardado en darse á conocer hasta la 
presente de Cádiz. 

2. Loseta de 18 X 1/ cm. 

D • M • s 

C • LACERTA 
RI A ■ A N N 
LI • S-T-T'L 

D{is) M{anibus) s{acrum). C{ecil¿a) Laccrtaria ann{prum) LI. S{ü) t{ibi\ 
tierra) l{evis). 

Consagrado á los dioses Manes. Cecilia Lacertaria, de edad de 51 años. 
Séate la tierra ligera. 



278 BOLETÍN DR LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Es nuevo también el cognombre Lacertaria., que recuerda 
el de una lápida bilingüe de Tarragona (l). 

PVLVIA • LINTEARIA 

Con los cognombres Lacer (761) y Lacerilis (4.625) ¿tendrá 
que ver Lacertaria? 

3. Tabla apaisada, 16 X 21 cm. 

D • M • S 
S E R V I I^ V S 
R E S t T V T V S 
VIX • AN «XXV 
K • S • S • T • I. 

D(is) M{anibus) s{acrum). Servinius Restitutus, vixiif) an{nos) XXV. 
S{it) t{erra) l{evis). 

('onsagrado á los dioses Manes. Servinio Restituto, vivió 25 años. Séale 
la tierra ligera. 

En Alconera, villa del partido judicial de Zafra, en la provin- 
ria de Badajoz, sale un Servenius (i.oio), y en Ibiza (3.663) un 
Servinus. 

Sarcófago segundo con dos inscripciones. 

4. Loseta 20 X 21 cm. 

D • M • S 
I A N V A R 1 
RESTITVTvS 
ANN • XXXI 
S - T • T • I. 

D{is) AI {attibiis) siacruni). lanuari Resti tutus aiin{onirn) XXXI . S{it) 
t(ibi) tierra) /(evis). 

Consagrado á los dioses Manes. (Aquí yace) Restituto siervo de Januario. 
Séate la tierra ligera. 



(i) Hübner, Monumenta littguae ibericae, pág. 144. 



DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX 279 

Otro epitafio de Cádiz (1780), estuvo dedicado á los Manes de 
Cecilia Januaria. 

5. Loseta 13X21 cm., empotrada en la base de un cipo la- 
brado de piedra caliza (60 X 50 X 1 8 cm.). 

SEFTVMILLA 
A N N • Vil • CAR 
PART-SYM MACHO 
ET • SVEIS H -S-S T-T L 

Septumilla ann{onim) V J I car{a) patr[i) Synmiacho et sueis, lt{íc) s{ita). S{it) 
i(ibi) t{errd) l{evis). 

Septumila, de edad de siete años, querida de su padre Símaco y de los 
suyos, aquí yace. Séate la tierra ligera. 

El escultor por descuido mudó PATR en PART. Los vocablos 
sueis y Septumilla revelan la antigüedad de la inscripción, pro- 
bablemente de la primera mitad del primer siglo. Es notable el 
diminutivo Septumilla, que sale por primera vez y se deriva 
del paterno Septtwtius. Sale también por vez primera el cognom- 
bre griego aó|j,|JLaxos (aliado). 



Cádiz, 15 de Diciembre de 1913. 



ViCTORio Molina, 

Correspondiente. 



III 

DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX 

Es notorio, á cuantos se consagran á los estudios é investiga- 
ciones históricas, que en ¡as Enciclopedias extranjeras, de las 
cuales no son, por regla general, nuestros Diccionarios más que 
una imitación, mejor ó peor, escasean grandemente las noticias 
referentes á personajes españoles; y lo es también que esa esca- 
sez sube de punto al tratarse de los hombres que han vivido en 
el siglo XIX. Algo, aunque poco y de modo deficiente y parcial, 



28o ÜOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

se va remediando esa falta en los suplementos de algunos de los 
aludidos Diccionarios y en las nuevas edicioneu de otros; pero, 
así y todo, se hace difícil hallar datos bastantes acerca de cuan- 
tos, de un modo ó de otro, han intervenido en nuestra vida na- 
cional, bien tomando parte en la gestión de los negocios públi- 
cos, bien contribuyendo al fomento y desarrollo de la cultura y 
de la riqueza. 

Si esa omisión por parte de los extranjeros se explica fácil- 
mente, el hecho de que incurran en ella los mismos españoles 
constituye una lamentable injusticia, y acusa poco amor al buen 
nombre de la patria; que al cabo y al fin el renombre, el presti- 
gio, la gloria de un pueblo no es más que el resultado del tra- 
bajo, del esfuerzo, de la inteligencia y de los sacrificios de sus 
hijos, por lo cual honrar y enaltecer á éstos es honrar y enalte- 
cer á la madre común. 

Pero, por lamentable que resulte, es lo cierto que somos poco 
aficionados á los estudios biográficos; tan poco aficionados, que 
no ya los contemporáneos, sino hombres de otras edades, que 
indudablemente han ejercido no escasa influencia en el desarro- 
llo de los sucesos, no han sido estudiados como debieron serlo, 
aun comprendiéndose que de ese estudio habrían de deducirse 
importantes datos para la Historia general. Por ésto se dolía un 
ilustre hispanófilo (l) de que la figura de alguno de los ministros 
de Carlos V, como Cobos, no haya tentado aún á ningún histo- 
riador. Y tenía mucha razón, pues aparte del tristemente fa- 
moso Antonio Pérez, que ha sido objeto de la atención de escri- 
tores como Mignet, Gaspar Muro, Morel-P'atio, Martín Hume, 
P'ernández Duro, etc., y no obstante ser tan copiosa la bibliogra- 
fía referente á los dos primeros Monarcas austríacos, y poder re- 
sultar muy interesante el estudio de la vida y de la acción ejer- 
cida por los que fueron Secretarios del Emperador y de Fe- 
lipe II, de ninguno de ellos se ha hecho un trabajo serio, cual el 
que merecen Juan Vázquez de Molina y aquel PVancisco de los 



(i) M. H. Lconardon: Artículo publicado en la Revjie de Synthese liis- 
iorique, 1907. 



DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX 28 1 

Cobos, Comendador mayor de León, hombre de maduro juicio, 
consejo y prudencia grandes, «puntales — dice un tratadista del 
siglo XVII (l) — con que ayudó al católico César á sobrellevar el 
peso lie tantas Coronas»; como lo merecen también Gonzalo 
Pérez, padre del célebre amigo de la Princesa de Éboli y hom- 
bre de letras, buen juicio y bastante práctico en las cosas del 
mundo; Gabriel Zayas; Juan de Idiáquez, honor de Guipúzcoa, y, 
sobre todo, aquel Mateo Vázquez Lecca, de extrema humildad, 
costumbres austeras, gran laboriosidad y falta de ambición, que 
durante diez y ocho años (de 1 573 hasta su muerte en 1591), 
mereció la confianza del Monarca, y de cuyo retrato, grabado en 
una medalla existente en el Museo Arqueológico Nacional, se ha 
ocupado muy atinadamente el competentísimo académico don 
Adolfo Herrera (2). 

Del mismo modo han quedado en el olvido otros hombres de 
época más moderna, pero de no menor valía. Sin trazar están aún 
las biografías documentadas de aquellos ministros de Fernan- 
do VI, que, se llamaron D. José de Carvajal y de Lancaster, y don 
Ricardo Wall, y que proporcionaron á España, con su habilí- 
sima política, trece años de paz, durante los cuales sembraron 
los gérmenes de prosperidad que en el siguiente reinado cose- 
charon, trocados en opimos frutos, otros ministros como los Con- 
des de Floridablanca y de Aranda, no de mayor mérito que 
aquéllos, ni mucho menos, diga lo que quiera la fama, que no 
siempre es justiciera. 

Ante esta escasez de trabajos biográficos es natural que todo 
estudio, encaminado á dar á conocer personas que de algún modo 
útil para la patria hubieron de distinguirse, merezca ser aplau- 



(i) Vermúdez de Pedraza: El Secretario del Rey ^ Madrid, 1620. 

Vermúdez de Pedraza incurre en un error al dar á entender que Fran- 
cisco de los Cobos fué Marqués de Camarasa, siendo así que este título lo 
creó Carlos V en 18 de Febrero de 1543 para el hijo de aquél, D. Diego 
de los Cobos y Mendoza, que era ya Señor de Camarasa por su casa- 
miento con doña Francisca Luisa de Luna. (Véase Fernández de Béthen- 
court: Anales de la Nobleza de España: Anuario de i88q, pág. 67.) 

(2) Adolfo Herrera: Mateo Vázquez Lecca (Revista de Arcliivos^ tercera 
época, tomo viii, pág. 17). 

TOMO Lxiv. 19 



282 BOLETÍN DE LA RKAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

flido; y como esa escasez sube de punto, según queda dicho, 
tratándose de personajes do la anterior centuria, claro es que 
el aplauso ha de ser mayor si el estudio se refiere á estos úl- 
timos. De acjuí (]ue la labor emprendida por 13. Adrián de Lo- 
yarte, con la publicación de su obra Donostiarras del siglo XIX, 
resulte de positiva utilidad y sea acreedora á sincero encomio. 

La hermosa provincia de Guipúzcoa, que con razón sobrada 
puede enorgullecerse de haber dado á la patria hombres ilustres 
por su inteligencia, por su valor y por su patriotismo, en todos 
los períodos de la Historia; la que para su gloria no necesita citar 
más que los nombres de aquel Ignacio de Loyola, elevado por la 
Iglesia á los altares; de aquel Juan Sebastián El Cano, el primero 
que dio la vuelta al mundo; de aquel Miguel López de Legazpi, 
conquistador de las Filipinas, y de aquel famoso almirante x'\n- 
tonio de Oquendo, el vencedor de los holandeses; la prov^inciade 
Guipúzcoa, repito, ofrece también al respeto y á la considera- 
ción de todos los hombres cultos, durante el siglo xix, figuras 
como las que el Sr. Loyarte nos presenta en el tomo i'de su obra. 

Son esas figuras las de D. José Manterola, el P. Vinuesa, el 
brigadier Lersundi, D. Antonio Arzác, el general Echagüe, el 
P. Minteguiaga, D. José Juan Santesteban, el canónigo Mantero- 
la, D. José Ramón Aguirre-Miramón, D. Antonio de Urbiztondo 
y Eguía y el general Blanco. 

Basta citar algunos de estos nombres para que acuda á la 
imaginación un mundo de recuerdos, porque el del general Echa- 
güe evoca la memoria de aquella campaña de África, que está 
demandando aún una historia imparcia! y desapasionada que 
muestre como es un tremendo error el decir que aquéllo fué una 
guerra grande y una paz chica, pues si grande fué la guerra por- 
que el Ejército español luchó con incomparable heroísmo, de- 
rramando pródigamente su sangre y elevando á inmensa altura 
su nombre en los 26 combates que hubo de sostener, la paz que 
puso término á la lucha fué honrosísima, y tan conveniente y 
provechosa para España como era posible esperar, teniendo en 
cuenta que la cuestión marroquí, tal como se hallaba planteada 
en 1859, no tenía semejanza alguna con la cuestión africana que 



DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX 283 

nos legó la católica Isabel, y que en el Tratado de paz de 1860 
y en el de comercio de 1861, que fué complemento de aquél, 
existían los gérmenes de una política que, hábilmente desarrolla- 
da y mantenida con constancia, podía haber producido fecundí- 
simos resultados. ¿Qué culpa tienen los negociadores de la paz, 
si ni los gobiernos ni el país han acertado luego á utilizar los me- 
dios de acción que aquélla contenía? 

El nombre del canónigo Manterola trae á la imaginación el re- 
cuerdo de los debates habidos en el seno de las Const¡tu3rentes 
de 1869 acerca de la cuestión religiosa. Manterola, el arzobispo 
de Santiago, cardenal García Cuesta, y el obispo de Jaén, señor 
Monescillo, fueron los tres únicos eclesiásticos que tomaron 
asiento en aquellas Cortes. Los tres defendieron con gran com- 
petencia la unidad religiosa; pero Manterola superó á todos en 
la elocuencia de la forma y en el vigor de la argumentación, lu- 
chando con verdadero éxito, en una Cámara hostil, con orador 
de tan excepcionales condiciones como el Sr. Castelar. 

Blanco simboliza dos fechas memorables: una grata, la de 1 876, 
en que termina la guerra civil, y otra muy triste, la de 1 898, en 
que pierde España los últimos restos de su imperio colonial. 
En 1876, Blanco es el afortunado caudillo que en Peña Plata 
conquista honroso título al contribuir á dar la paz al país, y 
en 1898, Blanco es el último gobernador general de la Gran An- 
tilla, que se ve forzado por imposición de las circunstancias á su- 
cumbir sin combate. 

Las otras figuras, aunque de menor relieve en la vida nacio- 
nal, son también dignas de estudio. José Manterola es el entusias- 
ta defensor de los Fueros, el colector del Cancionero vasco, el 
fundador de la revista Eiiskal-Erria, el iniciador de los juegos 
florales en San Sebastián. El P. Vinuesa, insigne hijo de San Ig- 
nacio, cerebro fuerte y equilibrado, eminente teólogo y jurispe- 
rito, llamó la atención en Madrid por sus conferencias sobre la 
cuestión social, y se distinguía por su oratoria persuasiva, sagaz 
y tan elocuente que, como dice su biógrafo, «al hablar parecía 
hacer de la palabra música armoniosa, canto de ruiseñores, rom- 
per de alborada y crepúsculo de arreboles». El brigadier Lersun- 



284 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

di, padre del teniente general del mismo apellido, que fué Presi- 
dente del Consejo, luchó heroicamente en la campaña contra 
Francia de 1793, en la guerra de la Independencia y en la pri- 
mera contienda civil, derramando su sangre por la patria y por 
el trono constitucional. Arzác, que sucedió á José Manterola en 
la dirección de la revista Euskal-Erria^ hombre de rica imagina- 
ción y hondamente enamorado de su patria y de su raza, cantó á 
una y otra con intenso cariño, sin que á juicio de un biógrafo se 
le diera el valor ni la importancia que realmente tenía. El P. Min- 
teguiaga, otro insigne hijo de San Ignacio, autor de obras tan 
notables como La Moi'al independiente y los principios del Dere- 
cho nuevo y La punibilidad de las ideas, y de numerosos artícu- 
los publicados en la revista Razón y Fe\ dejó inéditos doce tomos 
con 9.581 páginas, que se conservan en el colegio de Deusto. 
Santesteban, fecundo compositor y famoso organista, ha sido in- 
justamente olvidado por la actual generación. Aguirre-Miramón 
fué un ilustre magistrado que prestó grandes servicios en Filipi- 
nas y representó á su país en ambas Cámaras. Por último, Urbiz- 
tondo, Marqués de la Solana, se distinguió como militar y como 
hombre de gobierno al frente de la Capitanía general del Archi- 
piélago filipino, y especialmente en la expedición á Joló. 

Tal es, expuesto á modo de índice razonado, el contenido del 
libro del Sr. Loyarte. No se trata de un mero hacinamiento de da- 
tos: el autor no se limita á trazar las líneas externas, por decirlo 
así, de la vida de sus personajes, sino que penetra con acierto en 
el alma de éstos para poner de relieve su pensamiento y darnos á 
conocer su fisonomía moral; y al hacerlo evidencia el intenso amor 
que siente hacia la hermosa tierra en que nació, y contribuye á 
remediar, en parte, la falta que se nota de estudios biográficos. 

Por ello, y por el estilo fácil y ameno con que está escrita la obra 
del Sr. Loyarte, estimo que merece éste sinceros plácemes, y que 
es de desear prosiga la publicación de tan interesantes trabajos. 

No obstante, someto por completo mi juicio á la decisión de la 
Academia. 

Madrid, 2 de Enero de 191 4. 

Terí'jnimo BéCker. 



1 



«LA ARAUCANA» DE D. ALONSO DE 'ERCILLA Y ZüÑlGA 285 

IV 

*LA ARAUCANA» DE D. ALONSO DE ERCILLA Y ZÚÑIGA 

Edición del Centenario, ilustrada con grabados, documentos, notas históricas 
r bibliográficas^ y una biografía del atttor. — La publica José Toribio Me- 
dina. Santiago de Chile. Imprenta Elzeviriana. mcmx. — mc.mxiii. 

Un historiador eminente, un bibliófilo síntesis de toda erudi- 
ción, el más benemérito é ilustre de los publicistas chilenos, y 
con decir ésto por cierto tengo que acude á vuestra mente el 
nombre prestigioso de D. José Toribio Medina, ha enriquecido 
recientemente el ya considerable caudal de sus notabilísimas pu- 
blicaciones con una más, que excede á todas en interés é impor- 
tancia, y que para nosotros la tiene excepcional por el autor, por 
el asunto y por el libro. 

Español es el autor, por españoles llevados á cabo los hechos 
que se relatan — y el libro es famoso, dentro y fuera de España, 
y tenido con toda razón y justicia por la primera de nuestras 
epopeyas, escrita por el primero de nuestros poetas épicos — La 
Araucana es el poema: su autor Ercilla. 

A este poema inmortal y al numen preclaro de quien le escri- 
biera, ha erigido el Sr. Medina suntuoso é imperecedero monu- 
mento, que no sólo los mármoles y bronces perpetúan la gloriosa 
memoria de los genios insignes, con la publicación de la extraor- 
dinaria y magnífica edición de la historia de Arauco, narrada por 
Ercilla en su poema, estudio crítico é ilustrativo, el más acabado 
y perfecto que hasta el día ha salido de las prensas y que puede 
servir de modelo para este género de producciones literarias. 

De tres abultados volúmenes, en gran folio, consta esta lujosa y 
esmeradísima edición con que el Sr. Medina honra á su patria y 
al autor egregio del poema. 

De los dos hasta ahora publicados, contiene el primero en sus 
607 páginas, los 37 cantos de la inmortal poesía, siguiendo el 
texto de la edición de Madrid de 1589-1590, última que salió en 
la corte en vida de Ercilla probablemente, impresa bajo su inme- 



286 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

diata inspección, y la de I 597 del Licenciado Castro para los can- 
tos agregados á la obra después de la muerte de su autor, cantos 
que por presunción fundada debió entregar la viuda al editor. 

Aumentan el valor y la estimación del libro las interesantes 
ilustraciones que le adornan, y que cuando no son copias de cua- 
dros y retratos, son paisajes tomados del natural, de sitios y lu- 
gares donde se verificaron acontecimientos y sucesos en el poe- 
ma relatados. 

Propónese también el Sr. Medina llevar á cabo un escrupuloso 
cotejo de la edición modelo, con los principales que con anterio- 
ridad á ella se publicaron en la Península, excepto la edición 
príncipe de la Primera parte que en Madrid vio la luz pública en 
1569, y de la que sólo se conocen tres ejemplares en Europa, 
consignando las variantes al fin del texto; estampando la abun- 
dante bibliografía de La Araucana con facsímiles de todas las edi- 
ciones de los siglos XVI, xvii y xviii, y todos los retratos de don 
Alonso de Ercilla que se grabaron durante el mismo período. 

Y para poner digno remate y cima lucidísima á esta empresa, 
verdaderamente extraordinaria propia de su saber y sus alien- 
tos, prométenos un estudio de La Araucana^ comprensivo de los 
siguientes interesantísimos particulares: la verdad histórica del 
poema, comparando sus dictados en los parajes más culminantes, 
con lo que al respecto consta de los documentos y autores con- 
temporáneos; las noticias biográficas que pueda reunir de todos 
los personajes recordados por Ercilla; la geografía de la obra; la 
explicación de los vocablos indígenas empleados en el poema, y, 
por último, la filosofía que el poeta muestra en sus versos. 

Las 552 páginas del segundo volumen, encierran exclusiva- 
mente documentos para ilustrar la vida del poeta, poco conoci- 
da todavía en sus particulares y detalles, á pesar de lo publicado 
por Ferrer del Río en España y por Ducamin en Francia (l). 



(i) En el tomo xxxi, pág. 65, de este Boletín, publiqué yo íntegro 
todo el expediente de pruebas de Ercilla, para su ingreso en la Orden de 
Santiago. 

En el tomo xii, págs. 147 y 148, se ocupó el ilustre P. Fita de la partida 
bautismal del mismo D. Alonso. 



«LA ARAUCANA» DE D. ALONSO DE ERCILLA Y ZÚÑIGA 287 

Los archivos americanos, los nuestros de Simancas, de Indias, 
los del Notarial de Madrid y algunos otros, han suministrado á 
la prolija y benedictina labor del Sr. Medina nada menos que 
533 documentos, que irradian luz clarísima sobre la vida del 
cantor de Arauco, y que desde ahora quedan incorporados 
en el acerbo común de noticias, para la historia literaria es- 
pañola. 

Esta opulenta variedad de tan notables documentos, consen- 
tirán al ilustre colector el darnos á conocer, con su inaestría 
acostumbrada, una cumplida y minuciosa biografía del vate insig- 
ne en el próximo volumen, que ha de entrañar, sin duda, un inte- 
rés y amenidad imponderables en todos y cada uno de los ex- 
tremos que se propone estudiar: 

I. La familia de Ercilla. 

IL El mayorazgo de Ercilla. 

IIL Retratos de Ercilla. 

IV. Firmas de Ercilla. 

V. Aprobaciones de Ercilla. 

VI. Ercilla juzgado por La Araucana. 

VIL Ercilla en el teatro. 

VIII. La viuda de Ercilla. 

IX. Preliminares de La Araucana. 

X. Juicio crítico de La Araucana. 

XI. Los aprobantes de La Araucana. 

XII. Los imitadores de La Araucana. 

XIII. Verdad histórica de La Araucana. 

XIV. Los compañeros de Ercilla. 
XV. Lexicografía del poema. 

XVI. Voces indígenas. 

XV^II. índice alfabético de personas. 

XVIII. índice geográfico. 

XIX. Glosario. 

XX. Traducciones de La Araucana. 

No tendréis, pues, por exagerada, sí por gráfica y exacta, mi 
afirmación de apellidar soberbio é imperecedero monumento el 
erigido por los nobles arrestos del ilustre publicista chileno á la 
memoria de Ercilla. Del íntimo maridaje del genio poético y el 



288 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

heroísmo español, surgió la epopeya sin par de La Araucana. 
Necesitaba un comentarista digno de ella y lo ha encontrado en 
D. José Toribio Medina. 

Madrid, 9 de Enero de 1914. 

El Marqués de Laurencín. 



V 

NUEVA ESTACIÓN PREHISTÓRICA DE JUNZANO (HUESCA) 

El lugar de Junzano está situado á corta distancia de Huesca, 
en dirección NE. Para ir á él hay una excelente vía de comuni- 
cación: la carretera de Angüés á Labata, con ramal á Junzano. 

Suena ya el nombre de este pueblo en la concordia hecha ante 
el Rey Pedro I de Aragún entre D. Esteban, obispo de Huesca, 
y Eximino, abad de Montearagón, en el año 1 102. En virtud de 
ella, Junzano, con otros lugares, fué adjudicado al monasterio, 
cuya principal dignidad, á partir de aquella fecha, ejerció sin in- 
terrupción el señorío. 

Nada digno de atención induciría al arqueólogo á una visita á 
este pueblo (l), si no fuera porque á distancia de kilómetro y 
medio, en dirección Sur, existe una importante necrópolis pre- 
histórica, objeto del presente Informe. 

Ya allí, un gran promontorio de piedra arenisca se ofrece á la 
vista. En su parte más elevada álzanse las ruinas de un precioso, 



(i) En la iglesia parroquial, del siglo xvi, vi un retablo lateral de bue- 
na pintura de ñnes del xvn, y en la sacristía la cruz pi-ocesional de plata 
sobredorada, plateresca, de la centuria decimosexta, con bonitas labores. 
En sus caras ostenta el Crucifijo y la Virgen. El pie es de forma poligonal, 
de doce lados, con pequeñas estatuitas de los apóstoles en las aristas. 
Lleva el punzón OSCA, y acredita al arte de la orfebrería en esta ciudad, 
donde fué muy cultivado. El portapaz es también de plata sobredorada, 
presentando á Jesús crucificado y la Virgen y el Discípulo amado. La 
marca dice: AZNAR. OSCA. Este fué un platero de Huesca, llamado Ma- 
nuel, que floreció á mediados del siglo xviii. 



ESTACIÓN PREHISTÓRICA DE JUNZANO 289 

aunque pequeño, templo del siglo xii. Es de una sola nave, de 
bóveda ligeramente apuntada, descansando directamente sobre 
ella el tejado. La del presbiterio es semiesférica. 

El bonito ábside es semicircular, con una delgada aspillera en 
su centro. Exteriormente vese rematado por una cornisa que 
descansa en pequeños canecillos. Otra cornisa corre á lo largo 
del paramento interior de los muros, que apea en la entrada de 
la iglesia un arco fajón. El muro delantero donde se abría la 
puerta de ingreso se ha venido al suelo, y eso que el templo fué 
restaurado, en tiempo no lejano, con bastante acierto. Pero las in- 
clemencias del tiempo surtieron sus efectos, y los vecinos de 
junzano, lejos de atender á la conservación de una fábrica tan 
veneranda, parece que han querido acelerar su ruina, pues fre- 
cuentemente están derribando los sillares de los muros para em- 
plearlos en otras construcciones. De lamentar es tanta incuria y 
tanta ignorancia. 

La arcaica efigie de la Virgen que allí se veneraba, consérvase 
en una casa particular de Junzano, y se titula de Salillas 6 Saliellas^ 
por la razón que á continuación expondremos. Es un interesante 
ejemplar. Alcanza unos tres palmos de altura; es de madera, está 
sentada, con el Niño mirando de frente, á su vez sentado sobre 
la rodilla izquierda, y bendiciendo al modo griego. Conserva to- 
davía restos de dorado y policromía; pertenece al siglo xii y 
ofrece en su factura el hieratismo propio de la época. 

Tiene esta iglesia otro título honroso, además de su valor ar- 
quitectónico y su ancianidad, acreedor á un mayor respeto, y es 
el haber sido parroquia del lugar de Salillas, también del domi- 
nio de Montearagón, que fué devastado por la peste en el año 
1 518 (l), siguiendo análoga suerte que Bascués, Olivito, Arni- 
llas y otros de aquellos contornos, que por esta causa quedaron 
convertidos en pardínas, voz que significa sitio despoblado y se 
tomó de la [zWndi parietinas (paredones). 

En la peña que circunda al templo ligeramente descrito, hay 
practicadas numerosas sepulturas prehistóricas. Definidas y per- 

(i) Todavía vense cimientos de algunas de sus casas. 



290 boletín de la real academia de la historia 

rectamente visibles, conté hasta sesenta y siete, y son de factura 
igual á las descritas en mi Informe titulado: Una estación prehistó- 
rica en Albero Alto (Huesca)^ publicado en el Boletín de la Aca- 
demia correspondiente á los meses de Julio y Agosto de IQI 3 (l)- 
Están constituidas, pues, por un hueco que marca el contorno 
de la figura humana, en forma parecida á los sarcófagos egipcios. 
Miden por término medio de nueve á diez palmos de largo por 
dos y medio de ancho y más de tres de profundidad, habiendo 
algunas de dimensiones algo más considerables y otras menos, 
como, por ejemplo, varias que debieron de pertenecer á párvu- 
los. Son de observar muchos grupos de tres sepulturas juntas. 

Vese en ellas el lugar para apoyar la cabeza, y la ranura donde 
descansaba la losa que las cubría. 

Hállanse por allí á menudo huesos humanos de dilatadas pro - 
porciones, correspondientes á los individuos que en tan remota 
edad fueron sepultados en esta necrópolis. Asimismo han apare- 
cido diversas veces, al tiempo de practicar labores en las viñas in- 
mediatas, restos de cerámica tosca, de barro (según me han infor- 
mado), pero que, ignorando su valor, no se cuidaron de recoger. 

En la roca hay vestigios de viviendas trogloditas y varios silos 
hechos con gran destreza, en los cuales recogen los vecinos del 
lugar las aguas que destinan al riego de pequeños huertos que 
allí cultivan. 

Ai Este del templo indicado se adivina un curioso monolito 
rematado por un enorme bloque de piedra; y al Sur de la necró- 
polis, varios que claramente manifiestan que constituyeron dólme- 
nes, pero que, debido á la poca consistencia de la piedra arenisca 
(que tanto abunda en la llamada hoya de Huesca), se han derrum- 
bado con el transcurso del tiempo. 

Todo el conjunto es muy típico y digno de atención. 

Los naturales del país llaman á éste, término de las ermitas^ 
porque, además de la mencionada, hay otra no muy lejos, mu- 
cho más moderna, pues sólo data de la segunda mitad del si- 
glo XVIII. 



(i) Páginas 150 á 154 del tí)mo lxiii. 



UN CAMAFEO DE LARACHE 29 1 

A un kilómetro escaso de este término, y en dirección Oeste, 
hay otro tozal {covao denominan en Aragón á las mesetas ó mon- 
tículos) llamado TraspiLytielo, con más sepulcros de la misma 
forma. Segün me refirió un vecino del pueblo, hace unos tres años 
se cavó en algunos de ellos (l), y aparecieron grandes huesos, 
cuyas proporciones causaron la admiración de aquellas gentes (2). 
Pero tampoco se les ocurrió reservarlos, siquiera fuese por su ra- 
reza. Tengo el propósito de practicar excavaciones en otros se- 
pulcros y en los alrededores de estas necrópolis, cuyo resultado 
tendré el honor de comunicar oportunamente á la Academia. 

Como puede deducirse de lo expuesto, se trata de una esta- 
ción prehistórica digna de atención, cuyo número de sepulturas 
es notable. Su noticia añade un dato más al conocimiento de 
aquella primitiva Edad en el Alto Aragón, hasta ahora no inves- 
tigada. 

Huesca, 4 de Febrero de 1914. 

Ricardo del Arco, 

Correspondiente. 



VI 
UN CAMAFEO DE LARACHE 

A este Informe acompaño dos improntas en escayola del pre- 
cioso camafeo en cornerina hallado en Larache, hoy zona espa-' 
ñola, en el sitio llamado El Shemiz, y que por la prohibición del 
Sultán en hacer excavaciones, no pude, cuando estuve de Cónsul 
de España en dicha población, realizar lo que tanto hubiera 
deseado para haber remitido á la docta Corporación de esa Real 



(1) Se han destruido muchos. También hay silos ó pozos, dos ó tres 
limpios de escombros. 

(2) Se hallan asimismo por los alrededores, tal vez por haberlos arro- 
jado allí los que iban buscando en los sepulcros tesoros de los moros, como 
me dijo un anciano, ó por efecto de las aguas. 



292 boletín de la real academia de la historia 

Academia, prueba de las diversas razas que han debido pasar 
por el mencionado sitio, al que llaman Jardín de las Hespérides, 
y del cual se han recogido ya no pocos objetos que, indudable- 
mente, habrán pasado al extranjero, ó desaparecido. 

Sirva, pues, dicho camafeo, de heraldo para avisar á nuestros 
sabios no dejen perder más objetos de los que allí se están en- 
contrando con motivo de la extracción de piedra, por una Socie- 
dad alemana, para la construcción del muelle; por tanto, precisa 
una mano experta que sepa recoger y así evitar la destrucción 
de cuanto bueno pueda hallarse. 

Que el amuleto de referencia sea el retrato de Alejandro III el 
Grande, que tanto se desea hallar, por haber sido el artista Pyr- 
góteles el único autorizado por el vencedor macedónico á repro- 
ducirle en piedras finas; que sea el busto de Consus, divinidad 
mitológica que suele confundirse con Neptuno, que represente 
al Dios del mar ó ser alguna otra expresión histórica ó alegórica, 
carezco de la debida ilustración para decirlo. Sea ó no el graba- 
do griego , resultaría que aun siendo romano, vendría á revelar- 
nos que ha existido dicho busto grabado por Pyrgóteles ó Pur- 
góteles, y, por tanto, conoceríamos una obra firmada por dicho 
artista. 

Así, que dicho camafeo reviste verdadera importancia arqueo- 
lógica y merece estudiarse con todo detenimiento, según me lo 
ha manifestado también, hace pocos días, el ilustrado profesor en 
arte griego, M. ColHgnon, del Instituto de Paranoia. 

Mi entusiasmo por la Arqueología en sus diferentes manifesta- 
ciones, y que se eche una visual hacia el referido El Sheniiz, son 
las causas que me han obligado á dar este paso, confiando sobra- 
damente que esa ilustre Corporación se dignará dispensarme y 
servirse, si lo estima en consideración, dictaminar su parecer 
respecto á dicha piedra, y así lograremos conocer la importancia 
arqueológica de la citada zona española en Marruecos, digna de 
ser explorada hoy mejor que mañana. 

Madrid, 2 de Abril de 1913. 

Adrián») Rotondo y Nicolau. 



UNA PIEDRA LABRADA, DESCUBIERTA EN LARACHE 293 

VII 
UNA PIEDRA GRABADA, DESCUBIERTA EN LARACHE 

Encargado por el señor Director de informar á la Academia 
acerca de dos improntas de una piedra grabada y una interesante 
carta con que favoreció á la Corporación el poseedor de la pie- 
dra original D. Adriano Rotondo Nicolau, debo cumplir ante 
todo el triste deber de dar cuenta del fallecimiento, recientemente 
ocurrido de este entusiasta investigador, dignísimo individuo del 
Cuerpo Consular. 

Larache, punto importante de nuestra zona de influencia en 
Marruecos, situado en la costa occidental de África, donde estu- 
vo la colonia romana de Lixus, perteneciente á la Mauritania 
Tingitana, desde la modificación administrativa de Diocleciano, 
formó parte de las diócesis de España. 

El Sr. Rotondo, durante su permanencia en aquel país, hizo 
algunas investigaciones y reunió varias antigüedades. Fruto de 
estos desvelos fué un artículo que escribió con el título de Colo- 
nias prehistóricas en Marruecos^ publicado en La Ilustración 
Española y Americana (i), y en el cual discurre acerca de ciertas 
piedras simbólicas, de amuletos y de inscripciones en letras des- 
conocidas, como asimismo respecto de las colonias libio jénices, 
á cuyo tiempo pudieran ser atribuidas muchas de esas antigüeda- 
des que designa como anterromanas. 

En la carta por él dirigida á nuesto Director, al enviar en cali- 
dad de donativo á la Academia las dos improntas de la piedra 
grabada, manifiesta que ésta fué hallada en Larache, «en el sitio 
llamado El Shemiz^>. «Por la prohibición del Sultán de hacer ex- 
cavaciones — dice — no pude, cuando estuve de Cónsul de España 
en dicha población, realizar lo que tanto hubiera deseado, para 
haber remitido á la docta Corporación... prueba de las diversas 

(i) Tomo I, de 1910, págs. 58 y 59. 



294 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

razas que han debido pasar por el mencionado sitio, al que lla- 
man Jardín de las Hespérides, y del cual se han recogido ya no 
pocos objetos, que indudablemente habrán pasado al extranjero 
ó desaparecido.» Añade que esa zona española en Marruecos es 
muy digna de ser explorada, «hoy mejor que mañana», para que 
no se «dejen perder más objetos de los que allí se est.ln encon- 
trando, con motivo de la extracción de piedra, por una Socie- 
dad alemana, para la construcción del muelle». 

Muy oportuno es este aviso acerca de lo que, tocante á las 
ciencias históricas, puede y debe hacer España en el suelo afri- 
cano, como lo han hecho y hacen arqueólogos franceses y ale- 
manes en Argelia, y sería conveniente que la Academia tomase 
alofuna iniciativa en tal sentido. 

La mitología griega designa, en efecto, esta región como en- 
cantadora residencia de las Hespérides, hijas de i\tlas, de quie- 
nes conquistó Hércules las manzanas de oro, pasando en su ex- 
pedición para tal empresa por nuestra Península, donde venció á 
los hijos de Gerion, y plantando en el Estrecho, por testimonio de 
su paso, una columna en cada continente. Este mito, como otros 
varios referentes á expediciones aventureras, acaso oculta bajo la 
ficción poética un remoto pasado, del que dan, sin duda, testimo- 
nio las antigüedades anterromanas que llamaron la atención del 
Sr. Rotondo. 

Pensaba él, y lo indica en la citada carta, que uno de esos in- 
dicios arqueológicos debía ser la piedra grabada, cuyo original 
me mostró. P^s un entalle ó grabado en hueco, en 
cornelina, de forma rectangular, con los ángulos ro- 
bados, de 0,02 1 por 0,015. Su asunto es un busto 
de perfil, hacia la izquierda, de un dios marino, 
barbado y con melena, cuyos rizos desordenados se 

Entalle griego escapan de un caracol que ciñe su cabeza á modo 
de Larache. 

de yelmo. 

En cuanto á qué dios sea el representado, sus caracteres con- 
vienen menos con los del Poseidon griego, y Neptuno romano, 
que pudieran convenir con los de Nereo, el viejo profético del 
mar, ó como conjeturaba el poseedor de la piedra, con los de 




UNA PIEDRA LABRADA, DESCUBIERTA EN LARACHE 295 

Consus, antigua divinidad latina, de un cierto carácter misterioso, 
identificada en Roma con Neptuno. 

Esta cuestión iconográfica se relaciona, sin duda, con los ca- 
racteres artísticos del entalle. La piedra, por su forma, difiere de 
la generalidad de las antiguas, que son ovales ó circulares. En 
cuanto al estilo del grabado, aun habida cuenta de que, como dice 
un experto conocedor, M. Babelon (l), fué tal el espíritu de imi- 
tación de los artistas del Renacimiento italiano, «que á veces es 
imposible distinguir sus obras de las que nos ha legado la Anti- 
güedad», además de que solían retocar las piedras antiguas, 
creemos reconocer en ella caracteres de autenticidad. Antiguo 
parece el trabajo y su estilo, su acento, la expresión grave del 
rostro y el modo como están tratados los revueltos mechones de 
barba y melena, está todo ello en relación con el estilo helenís- 
tico, tan señalado en la Escultura con las producciones de las 
escuelas de Pérgamo y de Rodas por los siglos iii y ii antes de 
nuestra Era. 

Menester es tener en cuenta también que la glíptica fué en 
los tiempos clásicos un arte esencialmente griego. Griegos fueron 
sus mejores cultivadores en Roma, quienes, como es consiguiente, 
reproducían, por lo general, los tipos preconcebidos y sanciona- 
dos. De manera que, trátese de una obra helenística ó hecha por 
recuerdo de este estilo en época romana, será acertado tenerla 
por producción de un artista griego, que debió copiar un tipo 
tradicional de dios marino, el cual, probablemente, es Nereo. 

Este dios primitivo del mar, á quien Hesiodo en la Theogonia 
nos presenta como un ser bondadoso que á nadie engaña, figura 
como personaje episódico en la citada leyenda de la expedición 
de Hércules á la Lybia, pues á él arrancó el héroe el secreto del 
lugar misterioso en que se escondían las Hespérides. No es pues 
de extrañar, ni debe considerarse como cosa puramente casual, 
la presencia del viejo Nereo en el sitio que ocupó Lixiis, hoy 
Larache. 

Hay un detalle en la piedra, que tendría grandísima impor- 



(i) La gi-avurc en picrres fines carnees et intailles. París, 1894, pág. 128. 



296 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tancia si no se advirtiese bien pronto que es una adición hecha 
con intento de avalorar el objeto. Es una inscripción grabada al 
pie del busto y que simula ser firma del más afamado grabador 
griego: Pyrgóteles. Pero es el caso que de este grabador, al que 
Plinio proclama el más hábil de todos los tiempos, colocándole 
á la altura de los mejores escultores y pintores, y á quien honró 
Alejandro, ordenando que nadie más que él tuviese derecho de 
reproducir su imagen en piedras preciosas, como Lysipo en la 
Escultura y Apeles en la Pintura, no se conserva obra alguna que 
con certidumbre le pueda ser atribuida, siquiera se considere que 
de tal imagen deben proceder ciertos entalles y camafeos con 
el busto de Alejandro, existentes en las colecciones; y en el caso 
presente, mal podría atribuírsele este entalle, cuyo estilo es evi- 
dentemente posterior al del siglo iv. 

Por otra parte, la inscripción misma, por su incorrección lexi- 
cográfica, no abona su autenticidad, pues por lo menos algunas 
de sus letras son latinas. Literalmente, y tal como la vemos en 
las improntas, ó sea en sentido inverso á conforme está grabada, 
como en todo entalle destinado á sellar, es así: 

PYPGOTELE 

en vez de 

n^'PrOTEAHS. 

No es nuevo el caso de un nombre de artista famoso grabado 
en alguna obra antigua, por darle valor. Desde el Renacimiento 
se practicó este género de fraudes, un tanto inocentes, que hoy 
se registran en las colecciones. En la de esculturas antiguas de 
nuestro Museo del Prado se lee opus Praxiteles en una hermosa 
estatua de mármol , que lejos de tener relación alguna con las 
del famoso escultor ático del siglo iv, es una excelente copia 
antigua del Diadumenos, de Policleto, el jefe de la escuela argiva 
del siglo V . 

En suma, la piedra cuyas son las improntas, es un entalle 
griego, de estilo helenístico, que debió formar parte de un anillo 
signatorio, de uso personal, acaso de algún viajero ó traficante 
que se confiaba á la protección de los dioses del mar, y que 



UN DOCUMENTO ANTIGUO 297 

debió adquirió á Larache antes de la dominación romana, ó du- 
rante ella, si como objeto religioso ó recuerdo familiar de tiempo 
pasado lo conservaba. 

Madrid, 30 de Enero de 1914. 

José Ramón Mélida. 



VIII 
UN DOCUMENTO ANTIGUO 

D. Claudio Sanz Arizmendi, docto catedrático de la Univer- 
sidad de Sevilla, me remite con atenta carta copia de un privi- 
legio de Alfonso X, por el cual concedió aquel rey á la villa de 
Arcos la celebración de un mercado semanal. El documento 
lleva la fecha de 26 de Marzo de la Era 1 306, que corresponde 
al año 1268. 

Avaloran la importancia del mismo, escrito en letra gótica, 
sobre pergamino, la circunstancia de que, al parecer, no ha sido 
citado ni dado á luz, pues aunque son conocidos otros dos pri- 
vilegios del mismo rey, se refieren: el primero, fechado en Se- 
govia en 13 de Junio de 1 2 56 (Memorial histórico^ tomo i, pági- 
na 86) á la concesión á los vecinos de la villa citada de el fuero 
de Sevilla, y el segundo, de 2"] de Enero de 1268 (Memorial 
histórico^ tomo i, pág. 240) á los caballeros de linaje, á quienes 
concede los privilegios de los fijos-dalgo de Toledo y las fran- 
quezas de los ciudadanos de Sevilla. 

Como puede observarse, el remitido ahora, en copia, por el 
Sr. Sanz Arizmendi, cuyo original se conserva en el archivo del 
monasterio de San Clemente el Real, de Sevilla, es posterior á 
ambos, y muestra el empeño del rey en favorecer á Arcos, y en 
verdad que bien lo merecía por su situación y por los riesgos á 
que se habían expuesto sus moradores, y por los que era de pre- 
sumir que habían de correr nuevamente, en aquellos tiempos en 
que aún no derrocados los árabes, ó, por mejor decir, los maho- 
TOMO Lxiv. 20 



29» boletín de la real academia de la historia 

metanos españoles, y habiendo surgido ya en Marruecos una di- 
nastía poderosa y fanática, la de los Merinos, era de esperar una 
reacción ofensiva que les llevara á invalidar las gloriosas con- 
quistas de nuestro gran rey Fernando III y las adquisiciones lle- 
vadas a cabo por su hijo en los primeros años de su reinado. 

Habíala conquistado^ en efecto, D. Alfonso en 1254, por las 
armas, con los ejércitos mandados por su hermano el infante don 
Enrique, á quien dio en señorío esta villa juntamente con las de 
Medina Sidonia y Lebrija; mas el infante, poco escrupuloso, co- 
rrespondió á ésta y otras mercedes que del monarca recibiera, 
conjurándose primero con el rey de Aragón, y después prestan- 
do sus servicios á los enemigos de la religión de su pueblo, y de 
su rey y hermano. 

A tenor de las capitulaciones hechas, lo mismo en Arcos que 
en Jerez y en otras plazas, los habitantes mahometanos queda- 
ron en libertad de abandonarlas, llevándose sus riquezas y vesti- 
dos, ó de permanecer en ellas, quedando libres y seguros ellos y 
sus bienes, y obteniendo el trato mismo que los demás vasallos 
de la corona. Bastantes aceptaron lo último, y esto contribu- 
yó poco después á tristes sucesos y á luchas que ensangrenta- 
ron el territorio, pues iniciaron una sublevación, habiéndose 
puesto antes de acuerdo con Alhamar, rey de Granada, que si 
por una parte sostenía tratos y amistad con los reyes de Castilla, 
por otra procuraba atacar sus conquistas y debilitar su poder en 
los territorios andaluces, no vacilando por esto en apadrinar y 
aun en dirigir y auxiliar la sublevación que estalló al mismo tiem- 
po en todas las fronteras, así en las de Murcia como en las de 
Granada, y en las del Algarbe como en las de la provincia de 
Cádiz. En todas partes fueron degollados los cristianos ó arroja- 
dos de las plazas que ocupaban, bien que en algunos puntos, 
como en Jerez, pudiéndose apercibir á la defensa su gobernador, 
el conde D. Gómez, dieron pruebas de heroísmo. 

Pero la insurrección no dio el fruto apetecido, y entonces 
Alhamar llamó en su auxilio á los Zenetas, los cuales se distin- 
guieron en las luchas que hubo de sostener con los castellanos, 
logrando elogios del rey de Granada. Tales distinciones produ- 



UN DOCUMENTO ANTIGUO 299 

jeron, sin embargo, muy distinto resultado del que se proponía 
el rey Alhamar, pues si agradaron sus elogios á aquellos á quie- 
nes se prodigaban, en cambio causaron el enojo y determinaron 
el descontento de los walies de Málaga, Gomares y otras pobla- 
ciones, determinando en definitiva el que entablaran tratos con 
el castellano, de los cuales resultó el recobro de las plazas de 
San Lúcar, Rota, Medina Sidonia, Jerez, Arcos y Lebrija, que en 
aquel entonces eran las más importantes de toda la provincia 
(año 1263). Cuatro años después, ya en pacífica posesión de 
ellas, D. Alfonso concedió el privilegio de que tratamos. Con 
posterioridad, y según hemos indicado, los Beni-Merines ó Me- 
rinos, invadieron Andalucía en 1273, amenazando acabar con la 
España cristiana, y proponiéndose el restablecimiento en toda 
ella del culto de Mahoma. 

La guerra iniciada en este año, y proseguida en los siguientes, 
mediante el envío de nuevas expediciones, fué una guerra cruel, 
porque más que contra los ejércitos, se dirigió contra los inde- 
fensos habitantes; guerra de esterminio y de salvaje espíritu de 
destrucción, en la que se arrasaban pueblos, se incendiaban aldeas 
y caseríos, se destruían cosechas y se derribaban árboles, y cuyo 
fruto más preciado eran millares de mujeres y de niños, que pa- 
saban cautivos el Estrecho, para no ver ya nunca á sus familias, 
sus padres, sus hermanos, y para vivir sujetos á una religión 
odiada, y quizá á combatir á sus propios deudos y allegados, en 
nuevas luchas contra los vínculos de la naturaleza y de la sangre. 

El valle del Guadalete fué entonces campo donde se efectua- 
ron tales estragos y tales atropellos; pero, por fin, pasó aquel tur- 
bión, y la obra iniciada por Alfonso X en Arcos y su comarca, 
empezó á dar preciados frutos. 

Mostradas ya las circunstancias históricas que precedieron y 
subsiguieron á la concesión del privilegio de 26 de Marzo de 1 268, 
y señalada su importancia, sólo nos resta darle á conocer y agra- 
decer al Sr. Arizmendi su diligencia y su interés al facilitarle á la 
Academia. 

Madrid, i.° de Enero de 191 4. 

Antonio Blázquez. 



300 boletín de la real academia de la historia 

IX 

PRIVILEGIO INÉDITO DE ALFONSO X EL SABIO ( 1252-1284). 

El (iriginnl se coiisc-i-va en el archivo del monasterio de San CLemeiitc el Real, 

de Sevilla. 

Sepan quantos esta carta vieren e oyeren cuomo nos don AL- 
FONSO por la gracia de Dios Rey de Castiella, de Toledo, de 
León, de Galligia, de Seuilla, de Cordova, de Murgia, de Jahen 
e del Algarue. Por fazer bien z merced al Congeio de Arcos a 
los que agora y son z serán daqui adelante. Otorgárnosles que 
ayan Mercado para siempre y cada semana en el dia de el Martes. 
E todos aquellos que a este mercado uinieren que sean libres 
e seguros los cuerpos e los aueres e las mercaderías e todas las 
cosas. E mandamos e deffendemos que ninguno non sea osado 
de contrariar esta nuestra carta para crebantarla ni para min- 
guarla en ninguna cosa, ca qual quier que lo fiziesse aurie nues- 
tra ira e pecharnos y en coto mili marauedis e a los que el tuerto 
recibiessen todo el danno doblado. E porque esto sea firme z 
estable mandamos seellar esta nuestra carta con nuestro seello 
de plomo. Fecha la carta en Xerez por nuestro mandado Lunes 
veynte e seys dias andados del mes de margo en Era de mili v 
trezientos e seys annos. Yo Ihoan Pérez fijo de Miguel Pérez la 
fiz escreuir por su mandado en el anno sezeno que el Rey don 
ALFONSO regno. 

(Corresponde, pues, al año 1268. Es un pei-gamino con letra gótica. Le 
falta el sello.) — Por la copia, Claudio Sanz Arizmendi. 



X 

DOÑA ANGELINA DE GRECIA 

Ensayo biográfico por Juan de Contreras., con tma carta-prólogo del Excelen- 
tísimo Se/íor Conde de Cedillo, de la Real Academia de la Historia. Se- 
govia, 1913. 

Con frases muy discretas y oportunas, como suyas, encabeza 
en efecto este folleto un bien escrito prólogo de nuestro querido 
compañero el Conde de Cedillo, y por él sabemos que es un mozo 



DOXA ANGELINA DE GRECIA 3OI 

de pocos años, casi un niño, el D. Juan de Contreras su autor 
c[ue siendo de segundo apellido López de Ayala, pertenece igual- 
mente á la ilustre familia del famoso Chanciller, como hijo de los 
Marqueses de Lozoya y sobrino carnal del Académico prolo- 
guista. 

Esta figura interesante y legendaria de la Princesa de Hungría 
llamada en España Doña Angelina de Grecia, arrancada á su fa- 
milia y á su patria por los azares de la guerra, es de las que des- 
pertaron siempre la viva simpatía de cuantos en edad temprana 
se aficionaron á los estudios histórico-genealógicos. Yo mismo 
recuerdo con placer los días ya remotos de mi primer conoci- 
miento con la sobrina del Emperador Segismundo, y en que por 
primera vez le oía, embelesado y entristecido, los versos aque- 
llos que el poeta, entre sevillano y genoyés, puso en sus labios, 

/ O venüira muy esquiva! 
¡Ay de mi^ por qué ttací! 
Dime, iqué ie merecí? 
iPor que me faces que viva? 

Las dos Princesas lejanas^ Doña Angelina y su hermana Doña 
María, prisioneras del Sultán Bayaceto en la batalla de Nicópolis, 
llevadas entre el botín del turco al Asia Menor, cautivas allí del 
feroz Tamorlán, regalo de éste á nuestro Rey D. Enrique III, el 
Doliente, recibidas y tratadas en la Corte de Castilla como su alto 
nacimiento y sus desgracias aún mayores merecían, aparecen en 
la Historia cuando finalizaba el siglo xiv, y atraviesan con su dulce 
recuerdo los tiempos transcurridos, entre nuestra curiosidad y 
nuestra admiración. Su vida corresponde á lo mucho que encie- 
rra de interesante, y hasta de poético, contra lo que el vulgo 
cree, este vasto campo de la genealogía española, donde muchos 
se empeñan en no ver más que cronologías descarnadas, sartas 
de nombres y apellidos, fechas áridas y escudos ininteligibles. 

El Sr. Contreras, que es poeta, como lo fueron y lo son otros 
de su familia, ha formado este ensayo biográfico con un acierto 
tal, que dejando á Doña Angelina cuanto le toca como figura de 
la novela — por algo dijo el escritor francés que no hay novela que 
se iguale con la realidad — , la presenta á nuestros ojos con los 



302 boletín de la keal acauiímia de la historia 

parcos adornos de la verdad histórica, sin que el más exigente 
pueda querellarse con razón de atrev'imientos ni suposiciones de 
su imaginación juvenil. Así el lector curioso podrá encontrar en 
este folleto la relación exacta de cuanto <1 la familia, mocedad y 
casamiento de la Princesa húngara hay averiguado, que desgra- 
ciadamente no es mucho, porque de fijo fué su vida, después de 
que pasó á ser la mujer del Regidor de Segovia Diego González 
de Contreras, y por ello Señora de la Casa de Contreras, llamada 
de San Juan por la Parroquia en que estaba situada, la siempre 
modesta y tranquila, honesta y recogida de las señoras castella- 
nas, que, ó no tenían historia, ó tenían solamente la que repre- 
sentaban el cuidado del hogar, el amor del marido, la educación 
de los hijos, los deberes de la piedad. De su primer enterra- 
miento en el Convento de Santa Cruz; de su traslación luego á la 
Iglesia de San Juan de los Caballeros, después á la de San Pablo, 
por fin á la de las Monjas Dominicas, donde sus restos parece 
que se conservan, trata también el folleto del Sr. Contreras, y no 
son menos apreciables las noticias que consigna de la casa en 
que tuvo Doña Angelina su morada, á su juicio la que es hoy pro- 
piedad del Conde de Superunda, y de la estatua yacente que se 
pusiera sobre su sepulcro, de la que, mutilada por los estragos 
de la moderna civilización, sólo se conserva la bella marmórea 
cabeza, en poder del General D. Luis de Ezpeleta y Contreras, 
asimismo descendiente suyo por la línea' materna. 

La prole que Doña Angelina diera en su matrimonio al ilustre 
caballero segoviano no está olvidada en el trabajo de que gus- 
toso doy á la Academia breve cuenta, para que el interés genea- 
lógico no sea menor que el histórico, mereciendo en él muy es- 
pecial memoria, entre sus hijos, el célebre D. Juan de Contreras, 
conocido por D. Juan de Segovia según las costumbres de la 
época, que fué Embajador español al Concilio de Basilea, Arzo- 
bispo y Cardenal, gran defensor de la Inmaculada Concepción de 
la Virgen María, y acaso el mayor personaje que toda esta fami- 
lia de los Contreras produjo. 

Claro está que para casi todo se inspira principalmente el autor 
en las noticias del excelente Cura de San Juan de Segovia, Diego 



DONA ANGELINA DE GRECIA 3O3 

de Colmenares, que bien se sabe hasta qué punto son verídicas 
y autorizadas, en lo que respecta á los tiempos que este historia- 
dor tuvo cerca, como son aquéllos en que florecieron los hijos de 
Diego González y de Doña Angelina de Grecia, apenas separados 
por un siglo del sacerdote cronista. ¡Lástima grande que no se 
conserve en la Casa de Quintanar documento alguno de esta 
egregia abuela suya! Y digo que no se conservan, porque de 
existir, no hubieran pasado inadvertidos para éste su deudo, cuya 
inteligencia y perspicacia resultan patentes en el trabajo de que 
trato, su obra primera, con serias promesas de futuro historia- 
dor, cuya vocación literaria, como con razón le dice el Conde 
de Cedillo, en estas páginas se afirma y robustece. 

Si añado que esta biografía está escrita en la forma galana que 
las circunstancias de su principal protagonista requieren, y que 
ella revela en su autor una madurez de criterio superior á la que 
en realidad corresponde á sus pocos años — veinte si no me equi- 
voco, — habré dicho á la Academia cuanto se me ocurre acerca 
del ensayo biográfico que D. Juan de Contreras ha dedicado á esta 
figura original y atractiva de la Muy Honrada Doña Angelina de 
Grecia, hija del Conde Ivan y nieta del Rey de Hungría, según la 
piedra de su sepulcro rezaba. A través de esta relación se adi- 
vina á la gentil Princesa, 

Que debe sin duda ser 
mujer de alta naciÓ7i^ 
tuesta en gran tribulación, 
depuesta de gran poder, 

de los conocidos versos de Micer Francisco Imperial, y en honor 
de la que los Contreras segovianos, que conservan su sangre, 
añadieron á sus armas antiguas de la torre puesta del revés, el 
león famoso de los antiguos Reyes de Hungría. 

Por estos sus primeros pasos en el campo de nuestros estudios 
merece el Sr. Contreras un aplauso, que yo le doy gustoso ante 
la Academia, esperando que nuestro Cuerpo habrá de prestarse 
á hacerlo suyo. 

F. Fernández de Béthencourt. 
Madrid, 6 de Febrero de 1914. 



304 boletín de la real academia de la historia 



XI 

NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANA Y VISIGÓTICA 
DE TALA VAN Y MÉRIDA 

Talarán. 

En la provincia de Cáceres, partido judicial de (3arrovillas, 
la villa de Talaván^ ribereña de la izquierda del Tajo, no se 
había distinguido hasta el presente, como Talayera de la Reina 
(Caesarobriga)^ y Talavera la vieja (Augustobriga), por su nom- 
bre romano. Una de Talaván, descubierta siete meses ha en el 
sitio que llaman los Villares, de aquella villa, cerca de la arruina- 
da ermita de San Gregorio, es insigne bajo el triple concepto de 
que echó mano Plinio para poder afirmar que los Célticos de 
la Beturia, entre el Guadiana y el Guadalquivir, eran vastagos 
desprendidos de la estirpe celtibérica arraigada en la Lusi- 
tania (l). 

Con fecha del 26 de Julio de 191 3, L). Antonio C. Floriano, 
dirigió á la Comisión de Monumentos históricos de Cáceres, la 
comunicación siguiente (2): 

«Habiendo tenido noticia de que en el término municipal de 
Talaván, á una media legua del poblado, y en el lugar por donde 
se va construyendo la carretera de Cáceres á Torrejón, había 
aparecido una piedra con inscripción y relieve, el día 21 salí 
para dicho punto; y al llegar, con el concurso de D. Natalio Sena, 
desenterramos la piedra del lugar en donde, para mayor seguri- 
dad, la había enterrado dicho señor. 



(i) «Célticos ex Celtiberis a Lusitania advenisse manifestum est sacris, 
lingua, oppidorum vocabulis... Viriolae celtice dicuntur, viriae celtibe- 
rice.» iii, 3, 13; XXXIII, 40. 

(2) El texto me fué proporcionado para que saliese á luz en el Boletín 
con permiso y anuencia de la Comisión, por nuestro doctísimo Corres- 
pondiente en Cáceres, D. Juan' Sanguino y Michel, en carta de 3 de Sep- 
tiembre. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANA Y VISIGÓTICA 305 

Trátase de una gran piedra granítica, de granos gruesos, 
de 0,75 m. de altura por 0,37 de ancho. La parte superior forma 
un arco, debajo del cual hay una hornacina, en la que se destaca 
en relieve una figura grotesca de aspecto, primitiva de factura y 
formas cuadradas, que recuerdan las de algunos idolillos ibéricos, 
y sobre todo á algunos encontrados en Mérida, que son de hueso, 
dándonos la disposición de las manos, que lleva la figura de este 
relieve, un aspecto análogo al que presentan los de Mérida, que 
tienen unas líneas al medio formando triángulo, y de las que se 
ha discutido si serían ó no la indicación del sexo. 

La figura que venimos estudiando mide de altura 0,46 m. De- 
bajo de esta hornacina va la inscripción en un cuadro de 0,35 
metros de longitud por 0,30 de ancho. Este cuadro descansa 
sobre un friso, ó basamento, con un apéndice para fijarlo en 
tierra. Los costados de la piedra están tallados con molduras lisas 
y sencillas. El arco está roto en su parte superior. En la espalda 
se observan dos grandes huecos, ó cajas, donde es de suponer 
fueran empotrados dos apéndices de bronce , ó de hierro, para 
fijarla en la pared.» 

Hasta aquí el Sr. Floriano. 

Las copias del epígrafe, trazadas por diferentes manos, que me 
fueron remitidas, no lograron satisfacerme para aventurar su recta 
lectura é interpretación; por lo cual he solicitado y obtenido la 
fotografía que acompaño y me ha proporcionado el señor Conde 
de Doña Marina, D. José de Liñán y Eguizábal. 

La inscripción tiene picado el renglón postrero, si bien éste 
ha conservado al principio rastros indubitables de la preposi- 
ción ex (iix). Falta en todo el texto la separación de vocablos; 
sobrevive la forma antigua (ii) de la e, alternando con la ro- 
mana E, como acontece en otras inscripciones (l); y para ahorro 
de espacio se ven ligaturas de am y ma\ todo lo cual es indi- 
cio de remota edad, probablemente anterior á la de la era cris- 
tiana. 



(i) Por ejemplo, la de Santo Tórnasele Colliá vAsturias), fotografiada en 
el tomo Lxi del Boletín, pág. 478. 



306 BOLETÍN DE LA FÍEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




Munidi Eberobrigae Taudopalandaigae Ammaia BouUa ex [voto p^ostiit) ?. 1 
Á da diosa) Munis de Eberobriga, Toudopalandaiga. Este exvoto le puso 
Ammaya Boutea. 

El nombre Ammaia, como propio de mujer, sale en una ins- 
cripción de Lisboa (Hübner, 5.002), y corresponde al geográfico 
romano de Portalegre, cerca de Alburquerque, hacia la raya de 
Portugal. El segundo nombre Boutea de la dedicante, reapare- 
ce (^.380) en un epígrafe de Pombeiro en la comarca de Braga; en 
Sasamón (5.802)se escribe Botía, pero regularmente y en muchos 
parajes señalados por Hübner (123, 342, 375, 626, 798, 2.380, 
2.786, 5.814) Boutia^ á los cuales hay que agregar los ejemplos 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANA Y VISIGÓTICA 



307 



recientemente hallados en Coria y Clunia (Boletín, tomo xlvi, 
págs. 77-79; L, 437), ciudades ésta celtibérica y aquélla lusitana. 
La efigie esculpida en el monumento es el de una diosa ma- 
dre, Terra mater, ó simplemente Matcr ó Matrona, de las que 
innumerables monumentos epigráficos atestiguan la adoración. 
Puede compararse con la Venus genitrix, á la cual se erigió una 
estatua en Cazlona (3.270) y pertenecen las de Libia y Deobrígu- 
la, cuyas fotografías publiqué en el tomo lv del Boletín, pági- 
nas 504 y 505. La rudeza de la Talavanera no impide recono- 
cer su significado, previo á la explicación del epígrafe, que nos 
ofrece el nombre propio de la diosa y sus dos calificativos. 




La Venus de Libia. 



308 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




La Venus de Deobrígula. 

El nombre propio es Munis, que, si mal no creo, significa lo 
mismo que el vocablo griego ¡SoOvt?, tierra montañosa, como lo 
es la del distrito de Talaván, villa situada en el declive de una 
colina, rodeada de cerros por todas partes y regada por el río 
Monte ó Almonte, que desagua en el Tajo. No fué desfiguración 
del romano Monti el dativo Munidi porque es femenino, concer- 
tando con Toutopalandaíga. Es vocablo celto -lusitano, cuya abre- 
viación resalta en el geográfico Mundobriga (San Vicente de Al- 
cántara?) y en el famoso de la colonia Miinda en Andalucía. Su 
fuente ha de buscarse en los idiomas célticos, donde con sig- 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANA Y VISIGÓTICA 309 

nificación de montaña se manifiestan el irlandés y escocés mui- 
ne, el welsh mwiit, y el bretón menez, pariente del vasco mendi. 

Eberobriga, nombre lusitano y geográfico del antiguo cas- 
tro, ó castillo, de Talaván, ha de juntarse á tantos otros de ori- 
gen céltico, como ya conocíamos y que únicamente las inscrip- 
ciones nos han revelado, por ejemplo Jongobriga (villa de las 
Brozas en la provincia de Cáceres y patria del Brócense). Los 
nombres briga y ditmim, son harto frecuentes en el mapa geo- 
gráfico de la antigua Céltica dentro y fuera de España. Lejos de 
nuestra Península se registran Eburobriga y Eburodunum; y sabi- 
do es que la ciudad de Embrun en el departamento del Gap sobre 
el río Durance se llamó Eberodunimi. Ahora para completar la 
simetría nos ha salido de paso Eberobriga. Sospecho que á esta 
ciudad cacereña podrán reducirse dos que andan buscando co- 
locación, conviene á saber, las lusitanas 'E|3oupo|3iatYYuacag de 
Flegón y Ebut obiitüiun de Plinio, que notó Llübner (l). 

Toudopalandaiga. — Los calificativos de divinidades ter- 
minados en aicus, aecus, ecus, aigtts^ aegus, egiis, abundan en 
Lusitania y Galicia , empezando por las Mati'es Gallaicae^ 6 ga- 
llegas, adoradas en Clunia {l.'j'/G). El presente de Mimis pro- 
viene del sustantivo Toudo-palanda, palabra compuesta de dos 
elementos, como la céltica Eberobriga y la griega Xao-póx£ipa 
que significa «abastecedora» de pueblo. A esta significación se 
acomoda el primer elemento toudos^ correspondiente al céltico 
tuad., 6 tiiath (pueblo), que produjo infinitos derivados como 
lo notó Zeuss (2), y entre ellos el nombre griego y romano 
de la ciudad de Tuy: ToOoat, Tudae, Tyde, Tude. Por lo tocante 
á palanda^ curioso es también obser\-ar su afinidad con el nom- 
bre de la ciudad de Palencia, que en las inscripciones ora se 
llama Palentina (6.1 1 5), ora civitas Palantina (5.763), y con el de 
la villa de Blanes (Blanda). Quizá su primer ideal fué el de palen- 
que, valladar ó baranda. 

Los tres nombres que llevo examinados, y que nos eran total - 



(i) Monumcnta linguae ibericac, pág. 222. Berlín, 1893. 
(2) Grammatica céltica, pág. 34. Berlín, 1871. 



3IO 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOKIA 



mente desconocidos, han venido á enriquecer el tesoro del habla 
ibérica. Por igual orden del propio de la diosa, geográfico y 
calificativo, los ofrece el exvoto cacereño, cuya fotografía publi- 
qué (l), y en cuya tablilla se lee: D{eaé) sianctaé) Tiiiribrigensi) 
Ad{aeginae) — Victorinia serivd) C{orneliaé) Se \ verae j a{nimo) 
/{¿dais) v{otuni) s{o¿vit). La cabra, debajo de cuyos pies delante- 




i) Boletín, tomo vi, págs. 430 y 431. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROiMANA Y VISIGÓTICA 3 I I 

ros está la tablilla cuadrada que contiene la inscripción, es em- 
blema de la céltica Proserpina. La tablilla voti\^a se deja adivinar 
en la efigie de Munis, á la que da un grotesco aspecto de saya ó 
tonelete incongruo. L na lapida de Mérida (462), en vez de Adae- 
gena escribe Ataecina, endureciendo las consonantes d y g^ y 
transformándolas en t y c. Parecida substitución ofrecen en la 
provincia de Beira dos lápidas de Idanha, que descubrió y ha 
fotografiado el Sr. Félix Alvés Pereira (l). 

En la primera leo: 

Rectus Rufi fiilius) Reue Langanidaeigui v{piuni) s(plvit). 

En la segunda: 

R[eve] Langanitaeco [da]¿ hosiia{)ii) deliganda{iii) [L]ucamis Adiei 
f{ilius). 

Las publicó en el tomo iii de su obra preclara (2) el Sr. Leite 
de Vasconcellos. La segunda es además muy notable en razón de 
la víctima que debía ser amarrada (hostia deliganda)^ para inmo- 
larse en cumplimiento del voto. Esta, ¿sería un cabrito? Tal fué, 
al menos, la que Horacio donó, coronada de flores, á la cristalina 
fuente de Blandusia; y macho cabrío era el que, según Estrabón, 
á Marte inmolaban los lusitanos. El atar las víctimas, aunque 
fuesen humanas, se desprende igualmente de un célebre texto 
de Virgilio (Aeneid., 11, 132 134). El dios Reva no sólo fué ado- 
rado cerca del río Pensul, en Idanha, sino también cerca del 
Miño, en Galicia. Lo prueban dos inscripciones (3) que expuse 
en el tomo lv del Boletín, págs. 5 1 2-5 14, notando su relación 
con el río Areva^ que dio su nombre á los Arévacos celtíberos y 
tal vez á los Aravz, vecinos de los Igeditanos. 



(i) Os dcuses Igeditanos, págs- 10 y 15. Lisboa, 1913. 

(2) Religioes da Lusiianía na parte que principalmente se refiere a Portu- 
gal. El tomo I salió á luz en 1897, el 11 en 1905, y el iii en 1909. 

(3j En Mosleiro da Riveira: Peregrinus Apri fe\cit) Revé eis voto. — En 
Rubianes: Rcuve Anabaraeco Aper Alpini f{ilius) Turolus v{ptum) siplvit) 
liibens) m{eríto). 



312 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Mérida. 

Entre los epígrafes inéditos descubiertos y conservados en esta 
ciudad, merced á muy recientes excavaciones, merece singular 
atención el visigótico, del cual me ha proporcionado la adjunta 
fotografía nuestro compañero D. José Ramón Mélida. 




Depositio HippolUi diac[o)n[i) d^ie) XIII kal{eiidas) april{es) era DXL VI. 
SepeJio del diácono Hipólito en 20 de Marzo de la era 546 (año 508). 

Fracturada en todos sus lados, esta que fué cuadrada laja de 
mármol, mide actualmente 36 por 48 cm. La corona de laurel 
que rodea la inscripción, distinguen sendas cruces, marcadas en 
las extremidades de los dos ejes, horizontal y vertical de la coro- 
na, alusiva á un texto de San Pablo (2 Tim., 11, 5). 

Hacia el tiempo de este epitafio se coloca el griego de otro 
diácono Emeritense, fallecido al correr de la indicción quinta 
(año 512?). La inscripción está precedida de una cruz sencilla, y 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANA V VISIGÓTICA 313 

asimismo rodeada por una corona. Expliqué este monumento en 
el tomo XXV del Boletín, páginas 87 y 88. 

Otro epígrafe de Mérida, no menos precioso que los dos sobre- 
dichos, y que Hübner no conoció, es el publicado en el tomo lv 
del Boletín, páginas 447 y 448, por el Sr. Marqués de Monsa- 
lud. Está ceñido igualmente por una corona de laurel, y dice así: 

Orbamis \ pr(e\s{biter) famulus D{e)i \ vixit annos LXXV \ . Requievit in 
I pace d[ie) séptimo \ idus augustas \ era DL VI. 

Urbano, presbítero, siervo de Dios, vivió setenta y cinco años y seis me- 
ses. Descansó en paz, el día 7 de Agosto de la era 556 (año 518). 

Al mismo año 518 pertenecen las inscripciones Emeritenses, 
señaladas por Hübner bajo los números 35 y 341- Son epitafios 
respectivamente de la niña Valeria y de la matrona María, sien- 
do muy de notar este último nombre. Ambos están ceñidos por 
una corona, ó láurea; y sobre la del primero se destaca un bello 
crismón \)k\ entre dos palomas. 

Anterior de un año á los epitafios del presbítero Urbano, Va- 
leria y María es el Emeritense, que publiqué y expliqué en el 
tomo XXV del Boletín, págs. 78 y 79. Hübner (núm. 332) pre- 
sentó fotografiada la impronta de esta inscripción que le remití. 
Dentro de la corona de laurel que rodea el epígrafe, se ve deba- 
jo de éste el crismón, en figura de P con travesano en el palo 
vertical, á guisa de cruz, cuyos brazos se tienden sobre el a y o) 

( A ~ )• ^^ forma de este crismón y la del sobredicho ( A )> do- 
blemente se repite sobre el epitafio de Ursela (Boletín, t. lxiv, 
pág. 236); el cual, si bien carece de fecha, puede adjudicarse á 
los primeros años del siglo vi, ó á los postreros del v. 

Madrid, 27 de Febrero de ¡914. 

Fidel Fita. 



TOMO I.XIV. 



AUQUISICIÜNES DE LA ACADEMIA 

Durante el segundo semestre del año 1913. 



REGALO DE IMPRESOS 

DE SEÑORES ACADÉMICOS DE NÚMERO 

Beltrán y Rózpide (Excmo. Sr. D. Ricardo). «La Geografía y su 
enseñanza». 

Bonilla y San Martín (limo. Sr. D. Adolfo). «Historia de la Poesía 
Hispano-Americana», por el Dr. D. Marcelino Menéndez y 
Pelayo, Director de la Real Academia de la Historia. 
Tomo II. Madrid, 1913. 

Fernández de Béthencourt (Excmo. Sr. D. Francisco). «Discurso 
leído en la Iglesia Catedral de Tenerife, con motivo de la 
inauguración de la misma, por el Excmo. Sr. D. Francisco 
Fernández de Béthencourt, de la Real Academia de la His- 
toria, el día 4 de Septiembre de 1913, impreso por acuerdo 
del Excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad de La Lagu- 
na». Santa Cruz de Tenerife, 1 91 3. 

Fita y Colomer (Excmo. Sr. D. Fidel). «Dell' Origine Regia e 
Aragonese dei Paterno di Sicilia», per Guiseppe Emanuele 
Paterno di Sessa. Roma, 1913. 
«Acción Social Católica. — La Religión Católica y el Ateísmo». 
Discurso pronunciado el día 2 de Mayo de 1913 en el Pa- 
tronato escolar del Arrabal de Zaragoza, por D. A. Comas 
Doy. A. M. D. G. Zaragoza. 
«Revue Épigraphique». Nouvelle serie. Tome i. Janvier-Avril 

1913. Paria, 1913. 
«La España hebrea. — Datos históricos», por D. Fidel Fita. 
Tomo I. Madrid, 1889. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 3 1 5 

T'Serclaes (Excmo. Sr. Duque de). — «Ordenanzas de la Real 
Maestranza de la ciudad de Sevilla». Sevilla, I913. 



DE ACADÉMICOS HONORARIOS 

Monaco (S. A. S. el Príncipe Alberto I de). «Institut de Paléon- 
tologie humaine. — La Pasiega á Puente- Viesgo (Santan- 
der)», par MM. l'abbé H. Breuil et le Dr. H. Obermaier, 
Professeurs á l'Institut de Paléontologie humaine, et H. Al- 
calde del Río, Directeur de l'Ecole des Arts et Métiers de 
Torrelavega. Monaco, 1913. 

Schwab (M. Moíse). «Le manuscrit hébreu num. 1. 408 de la Bi- 
bliothéque Nationale». Tiré des notices et extraits des ma- 
nuscrits de la Bibliothéque Nationale et autes Bibliothéques. 
Tome XXXIX. París, 19 1 3. 
«Livre de comptes de Mardoché Joseph (manuscrit hébréo- 
provengal)», par M. Mo'ise Schwab. París, 1913. 

DE CORRESPONDIENTES NACIONALES 

Castro López (D. Manuel). «Almanaque Gallego para 1914». 
Buenos Aires, 1913. 

Cróquer Cabezas (D. Emilio). «Centenario de la Independencia 
española. — Noticia genealógica y biográfica del mariscal de 
campo, ilustre gaditano, defensor de la plaza de Badajoz, 
Rafael Menacho». Cádiz, 191 2. 

Díaz de Escovar (limo. Sr. D. Narciso). «Catálogo de las obras 
históricas, jurídicas y literarias del limo. Sr. D. Narciso Díaz 
de Escovar, cronista de la provincia de Málaga». Mála- 
ga, 1906. 
«Noticias biográficas y bibliográficas de algunos médicos ilus- 
tres de Málaga». Madrid, 1913. 
«Siluetas escénicas del pasado». Barcelona. 
«Academia bibliográfico-Mariana. — Certamen literario y ar- 
tístico celebrado en honor de su excelsa patrona Nues- 
tra Señora de la Academia en Octubre de 1912. Aniver- 



3l6 BOI ETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sario L de su instalación». Primera parte. Lérida, I913. 
«Biblioteca de «La ciudad de Dios». — .anales del Teatro e.spa- 
ñol correspondiente á los años I 581 á 1625», por D. Nar- 
ciso Díaz de Escovar. Madrid, 191 3. 

Díaz Milian (D. Luis). «Vocabulario de algunas voces arábigas 
usadas por cronistas é historiadores de España». Manus- 
crito autógrafo del autor. 

Hurtado (D. Publio). «Castillos, torres y casas fuertes de la pro- 
vincia de Cáceres. Apuntes históricos». Cáceres, 1912, 

Gil Gavilondo (D. Isidro). «Memorias históricas de Burgos y su 
provincia». Burgos, 19 1 3. 

Gómez Rodales, S. J. (Rvdo. P. Cecilio). «Historia de la publica- 
ción «Monumenta histórica Societatis Jesu». Madrid, 10 1 3. 
«La Compañía de Jesús catequista». Obra premiada con me- 
dalla de oro en el Congreso Catequístico Nacional de Valla- 
dolid. Madrid, 1913. 

Laffitte (D. Alfredo de). «Guía del Centenario del 31 de Agosto 
de 191 3 y del Cincuentenario del derribo de las murallas 
de San Sebastián». San Sebastián, 1913. 

Martínez Sueiro (D. Manuel). «La cuestión agraria en Galicia». 
Orense, 1912. 

Miret y Sans (D. Joaquín). «V^ida de Fray Anselmo Turneda». 
París, 191 3. 
«Les Cases de Templers y Hospitalers en Catalunya. Aplech 
de noves y documents histórichs». Barcelona, 1910. 

Moraleda y Esteban (D. Juan). «La Cruz y Toledo. — Centenario 
Constantiniano». Toledo, mcmxiii. 

Moreno de Guerra (D. Juan). «Guía de la villa de Puerto Real 

para 1913», f)or D. Rafael de Cózar y Vargas-Zúñiga. Puerto 

Real, 191 3. 

«Carta Puebla de la villa de Puerto Real (Cádiz)». Reimpresa 

por I). Rafael de Cózar y \^argas-Zúñiga. Puerto Real, 1913. 

Moya y Jiménez (D. Francisco) )• Rey Joly (D. Celestino). «El 
Ejército y la Marina en las Cortes de Cádiz». Tomo 1. 
Cádiz, I913. 

Naval (Rvdo. P. Francisco). «Diccionario manual Español-Pá- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 3I7 

mué», compuesto por el R. P. Alfredo Bolados Cárter. 
Barcelona, I902. 
<Segunda ^Memoria de las Misiones de Fernando Póo y sus 
dependencias», escrita por el limo, y Rvdmo. P. Armengol 
Coll. ^ladrid, igil. 
«Elementos de la Gramática Pámue», por el Rvdo. P. Alfredo 

Bolados Cárter. Barcelona, 1912. 
«Apuntes para las Gramáticas Benga y Ambú», por el Reve- 
rendo P. I'rancisco Salvado y Cos. Madrid, 1 89 1. 
«Primer paso a la Lengua Bubí», por el Rvdo. P. Joaquín Jua- 

nola. ]\Iadrid, 1890. 
«Láminas catequistas del V. P. Antonio María Claret, Arzo- 
bispo y Fundador, brevemente explicadas á niños y á cate- 
quistas por el Rvdo. P. Francisco Naval, Misionero Hijo del 
Corazón de María». Madrid, I913. 

Palanques y Ayén (D. Fernando). «Los últimos días de un escép- 
tico». Almería, 1912. 

Pérez Cabrero (D. Arturo). «Arqueolpgía ebusitana». Barce- 
lona, MCMXIII. 

Romera (D. Elias). «Carta abierta sobre cuestiones profesionales 
médico-farmacéuticas». Madrid, 1913. 

Saleta (D. Honorato de). «Estudios históricos referentes al sépti- 
mo Centenario de la Batalla de las Navas de Tolosa», por 
D. Honorato de Saleta; publicado en el núm. 21 de la «Re- 
vista científica militar», correspondiente al día lO de No- 
viembre de 191 3. Barcelona, 1913. 

Salva (D. Anselmo). «Burgos en la Guerra de la Independencia», 
Burgos, 191 3. 

Santiago (D. José de). «Linaje de los Polo de Bernabé». Hues- 
ca, 1913. 

Saralegui y Medina (Excmo. Sr. D. Manuel de). «Lo siento mucho. 
Consideraciones y documentos relativos al í'amoso ingenio 
del hidalgo Blasco de Garay». Madrid, 1913. 

Somoza (D.Julio). «Jovellanos. — Manuscritos inéditos, raros ó 
dispersos, dispuestos para la impresión». Nueva serie. Ma- 
drid, 191 3. — (Remite dos ejemplares). 



3l8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Tramoyeres y Blasco (U. Luis). «Museo Provincial. — Curso de 
vulgarización artística. — Orígenes del Cristianismo en Va- 
lencia, según los monumentos coevos conservados en el 
Museo». Valencia, 1913. 

Urquijo é Ibarra (D.Julio de). «Revista internacional de los Estu- 
dios Vascos». París. Año vii. Núms. 2-3. Abril-Septiem- 
bre 1913. 



DE CORRESPONDIENTES EXTRANJEROS 

Calcaño (Excmo. Sr. D. Julio). «Cuentos escogidos». Cara- 
cas, 1913- 

Cirot (M. Georges). «Chronique latine des rois de Castille jus- 
qu'en 1236. — I. Le manuscrit et le texte». Bordeaux, 1913. 

Dalton (Sr. J. C). «The centenary of the battle oí' Vitoria. 1813- 
1913». Voolwich, 1913- 

Déchelette (M. Joseph). «Agrafes de ceinturons ibériques d'ori- 
gine hellénique». Pqris, I913. 

Dodgson (Sr. Eduardo Spencer). «British School of Archaeology 
in Egypt. — Catalogue of Egyptian antiquities». London, 

1913- 
«Additions to the Library of the Taylorian Institution». July 

1912-July 1913. Oxford, 191 3. 
«Irish Texts Society: Annual report, 1913. — Rules. — List of 

Members. — List of publications». Oxford, 1913. 
«Institute of Archaeology University of Liverpool. — Excava- 

tions at Meroé, Sudan, 1913». London, July 7-18, 1913. 
«National Museum of Gales. — Handbook to the Exhibition of 

Welsh Antiquities». JuneOctober 1913. CardiíT, mcmxiii. 
«The Guipuscoan Verb of the year 1713». By E. S. Dodgson, 

M. A. Dubhn, 1913. 
«Hermanthena». Núms. 38-39. (Publicados por la Universidad 

de Dublín). 
«Records of Medioeval Oxford». By the Rev. H. E. Salter, 

M. A. Oxford, 191 2. 
«Cardinal de Retz. 1613-1679». By David Ogg. London, 1912. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 319 

«Progressive Studies in Irish». By J. P. Craig. Derry, 1 909. 

«Ultime Lettere di Jacopo Ortis». Terza edizione. Italia, 
1802. 

«The Ulster Training CoUege of Irish». Cloghaneely, 1913. 

«Dublin Castle». By E. E. Ross. Dublin, 191 2. 

«Handbook to Osborne». By Arthur J. Durrant. 1912. 

«Reports of University Institutions for the year 1912». Ox- 
ford, 1913- 

«La Gréce Contemporaine», par J. M. Cossano. Athénes, 1912. 

«Oxford Excavations in Nubia, 1912-1913». 

«The Official Guide to the Castle of Carisbrooke». (Residencia 
de S. A. R. la madre de S. M. la Reina de España.) 1912. 

«Guide to the Ruins of Elgin Cathedral». Escocia, 1908. 
Ferreira Pinto (Sr. Irineu). «Historia da Provincia da Parahyba», 

por D. Maximiano Lopes Machado. Parahyba, 1912. 
Leite de Vasconcellos (Sr. Dr. J.). «Religioes da Lusitania na 
parte que principalmente se refiere a Portugal». Volume iii. 
Lisboa, 191 3. 
Longin (M. Emile). «Jean Boyvin, Président du Parlement de 
Dole d'aprés ses lettres aux Chiffet (162 5- 1650). Essai bio- 
graphique». Besangon, 1913. 
Medina (D. José Toribio). «La Araucana de D. Alonso de Er- 
cilla y Zúñiga. — Edición' del Centenario, ilustrada con gra- 
bados, documentos, notas históricas y bibliográficas y una 
biografía del autor. — Documentos». Santiago de Chile, 

MCMXin. 

Solesmes (M. l'Abbé de). «Commentaire sur la Regle de Saint 
Benoit». Paris, 19 1 3. 

Vergara y Velasco (D. Francisco J.). «Archivos Nacionales. — 
índice analítico, metódico y descriptivo. — Primera serie: La 
Colonia, 1544-1819. — Tomo i: Gobierno en general. — Pri- 
mer volumen: Cedulario, Gobierno, Real Audiencia, \Trre- 
yes». Bogotá, 1913. 



320 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

DEL GOBIERNO DE LA NACIÓN 

Dirección general de Aduanas. «Resúmenes mensuales de la Es- 
tadística del Comercio exterior de España». Núms. 281-286. 
Abril-Septiembre de los años 1911, 19 12 y 1913. Ma- 
drid, 191 3. 
«Producción y circulación de azúcares, achicoria y alcohol en 
el primer trimestre de 1913». Segundo trimestre de 1913. 
«Estadística del impuesto de transportes por mar y á la entra- 
da y salida por las fronteras». Núms. 52-53- Primero y se- 
gundo trimestre de 1913. 
«Estadística del Comercio exterior de España en 1912». Parte 
primera. Madrid, I913. 

Dirección general del Instituto Geográfico y Estadístico. «Anua- 
rio del Observatorio de Madrid para 1914». Madrid, 1913. 

Dirección general de Propiedades é Impuestos. «Estadística del 
impuesto sobre los transportes de viajeros y de mercancías 
por las vías terrestres y fluviales. Año 1911». Madrid, I913. 

Ministerio de Gracia y Justicia. «Estadística de la Administración 
de Justicia en lo criminal durante el año de 1910, en la 
Península é islas adyacentes». Madrid, 1913. 

Ministerio de la Gobernación. Inspecciones generales de Sanidad. 
«Boletín mensual de estadística demográfico-sanitaria». Ma- 
drid, Enero-Junio I913. 

Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. «La Ilustración 
Española y Americana». Revista de Bellas Artes, Literatura 
y actualidades. Madrid. Año lvil Núms. 38-48. 15 Octu- 
bre-30 Diciembre 191 3. 
«Almanaque de la «Ilustración Española y Americana» para el 
año 1914». Madrid, 1913. 

Relación de impresos remitidos por el depósito de libros del Minis- 
terio de Instrucción pública y Bellas Artes, procedentes del cambio 
internacional. 

Abbaye de Maredsous. Belgique. «Revue Bénédictine». xxx"" 
année. N°^ 2-3. Avril-Juillet 1913. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 32 1 

Académie Royale de Belgique. Bruxelles. «Bulletin de la Classe 
des Lettres et des Sciences Morales et Politiques et de la 
Classe des Beaux-Arts.» N°'' 4-6. Bruxelles, 1913. 
«Mémoires». Collection in-4°. Deuxiéme serie. Tome vi. Fas- 

cicule I. Bruxelles, Juillet 1913. 
«Chroniques liégeoises publiées par le Chanoine Sylv. Balau». 
Tome premier. Bruxelles, 1913. 

Académie Royale des Sciences, des Lettres et des Beaux-Arts 
de Belgique. Bruxelles. «Mémoires». (Classe des Lettres et 
des Sciences Morales et Politiques et Classe des Beaux-Arts.) 
Collection in-8°. Deuxiéme serie. Tome viii. Fascicule 11 (der- 
nier). Xovembre I912. Tome ix. Fascicule 11. Décembre 
1912. Fascicule iii. Mars 1913. Tome x. Fascicule i. Octo- 
bre 1912. Fascicule 11 (dernier). Décembre 1912. Tome xi. 
Avril 1913. 
«Bulletin de la Commission Royale d'Histoire». Tome lxxxi. 
III* iv'^ Bulletin. Bruxelles, 1912. Tome lxxxii. i*^'' Bulletin. 
Bruxelles, 1913. 

Bibliothéque de l'Université de Toulouse. «Annuaire de l'Uni- 
versité de Toulouse pour l'année I912-1913 et livret de 
l'étudiant». Toulouse, 1912. 
«Anuales du Midi». Revue de la P'rance Méridionale. Vingt- 

cinquiéme année. N° 97. Janvier 1913. 
«Revue des Pyrénnées». Toulouse. 4.^ trimestre 1912. 

Instituto Smithsoniano de Washington. «Early norse visits to 
North America», by Wiiliam H. Babcock. Washington, 

1913. 

«Explorations and field-work of the Smithsonian Institution 

in I0I2». Washington, I913. 
«The Río Grande valley, New México», by Edgard Lee Hewett. 

Washington, 1913. 
«Description of the skull ofan extinct horse, found in Central 

Alanska», by Oliver P. Hay. Washington, 1913. 
«Report on fresh-water copepoda from Panamá, with descrip- 

tions of new spccies», by C. Dwight Mars. Washington, 

1913- 



322 BOLETIM DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«The American Journal of Philology». Baltimore. \''ol. xxxiii. 
N° 132. October-December 1912. Vol. xxxiv. N° 133. Ja- 
nuary-March 19 1 3. 
«Johns Hopkins University Studies in Historical and Political 
Science». Series xxx. Nr. 3. 1912. Series xxxi. Nr. I. 1913. 
Baltimore. 

Kgl. Preussischen Akademie der Wissenschaften. Berlin. «Sitz- 
ungsberichte». N. xxiii-xl. 8 Mai-31 Juli 1913. 

Kungl. Vitterhets Historie och Antikvitets Akademien. Stoc- 
kholm. «Fornvannen». Argangen 7. Stockholm, 19 1 2. 
«Skanes Medeltida Dopfuntar af Lars Tynell». P'orsta haftet. 
Stockholm, 191 3. 

Ministére le l'Instruction PubUque et des Beaux-Arts. «Mission 
du Service Géografique de l'Armée pour la mesure d'un are 
de méridien équatorial en Amérique du Sud sous le con- 
trole scientifique de l'Académie des Sciences. 1899-1906». 
Tome VI. Ethnographie ancienne de l'Equateur. Premier 
fascicule. Paris, I912. 

ReaJ Associagáo dos Architectos Civis e Archeologos Portu- 
guezes. Lisboa. «Boletim». Tomo xii (5.^ serie). N°^ II- 
12. Julho-Dezembro 1912. Tomo xiii (5.^ serie). N° I. 

1913- 

Societá Ligure di Storia Patria. Genova. «Atti». Volume xxxviii. 
MCMX. Volume xliii. mcmviii-ix. Genova. 

Société Asiatique. Paris. «Journal Asiatique». Dixiéme serie 
Tome XX. N°^ I-3. Juillet-Décembre 1912. 
«Table genérale des matiéres». Onziéme serie. Tome i. Jan- 
vier-Février I913. Paris, 1913. 

Société des BoUandistes. Bruxelles. . « Analecta Bollandiana». 
Tomus XXXII Fascicule ii-iii. 20 Juin 1913. 

Société de Géographie. Paris. «La Géographie». Tome xxvii. 
N"** 1-6. I5janvier-I5 Décembre I913. 

Société de Géographie et d'Archéologie d'Oran. «Bulletin Tri- 
mestriel». 35*^ année. Tome xxxii. Fascicule cxxxm. 4'' tri- 
mestre, üécembre 19 1 2. 36'' année. Tome xxxiii. Fascicule 
cxxxiv. I'"'' trimestre. Alars 1913. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 323 

Société historique et archéologique de Langres. «Bulletin». 

Tome sixiéme. N° 88. I'^'' Avril 191 3. 
Université d'Aix-en-Provence. «Annales de la Faculté de Droit 

d'Aix. Tome v. N'''' 1-4. Janvier-Décembre 1911. 

DE GOBIERNOS EXTRANJEROS 

Dirección general de Estadística de la 'República del Salvador. 
«Monografías departamentales». X. Departamento de La 
Unión. San Salvador, 1913. 

Estadística municipal de la ciudad de Buenos Aires. «Boletín». 
Año XXVII. Núms. 5-10. Mayo-Octubre 1913. 

Estadística municipal de la ciudad de Santa Fe (República Ar- 
gentina). «Boletín». Año xii. Núm. 48. Julio-Septiembre 

1913. 

Estadística de la provincia de Tucumán (República Argentina). 
«Anuario correspondiente al año de 19ÍO». Buenos Aires, 
1910. 

Ministerio de Industrias de la República Oriental del Uruguay 
(Montevideo). «Revista». Año i. Núms. 1-6. Mayo-Noviem- 
bre 1913. 

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del 
Uruguay, «Boletín». Año i. Núms. 5-IO- Junio Noviem- 
bre 1913. 
«Tratados vigentes de la República de Honduras». Primera 
parte: Centro América. Tegucigalpa, 1913. 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES NACIONALES 

Asociación de Labradores de Zaragoza. «Boletín». Año xiii. Nú- 
meros 121-124. 15 Septiembre-15 Diciembre I913. Zara- 
goza, I9[3. 

Associació d' Arquitectes de Catalunya. Barcelona. «Anuari 

MCMXIII». 

Ateneo Albacetense. Albacete. «Juegos Florales. — Programa». 
Septiembre 1913. 



324 boletín de la real academia de la historia 

Ateneo Científico, Literario y Artístico de Mahón. «Revista de 
Menorca». Año xvii (quinta época). Tomo viii. Cuadernos 
v-xi. Mayo-Noviembre 19 1 3. 

Ayuntamiento de Barcelona. «Congreso de Historia de la Corona 
de Aragón, dedicado al Rey D. Jaime I y á su época». Pri- 
mera parte: IQOQ. Segunda parte: 191 3. Barcelona. 

Cámara (oficial de Comercio de la provincia de Madrid. «Me- 
moria de los trabajos realizados desde el ló do Marzo al 
31 de Diciembre de 1912». Madrid, I9I3- 

Centre Excursionista de Catalunya. Barcelona. «Butlletí». 
Any XXIII. Núms. 219-222. Abril-Juliol I9I3- 

Centre ^excursionista de la comarca de Bages. Manrésa. «Butlle- 
tí». Any IX. Núms. 59-62. Janer-Agost 1913. 

Centre Excursionista de Lleyda. «Butlletí». Any iv. Núm. 4. Oc- 
tubre Desembre 19II. 

Centre Excursionista de Terrasa. «Arxiu d'Estudis del». Any 11. 
Núm. 13. Octubre 1912. 

Club Montanyenc. Barcelona. «Butlletí». Any i. Núms. 8-10. 
Agost-Octubre I912. 

Comisión del Homenaje Literario que el Clero de las Jurisdiccio- 
nes Palatina y Castrense ofreció al Excmo. é limo. Señor 
Obispo de Sión, con motivo del 50.° aniversario de su or- 
denación sacerdotal. «Homenaje al Excmo. Sr. Obispo de 
Sión en sus bodas de oro. mcmxiii». Madrid, 1913. 

Comisión de Monumentos de Cáceres. «Informe sobre la Catalo- 
gación de la Colección Numismática del Museo de Cáceres >, 
por el Licenciado Antonio C. Floriano. 

Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. 
Pamplona. «Boletín». Segunda época. Año iv. Núm. 14. Se- 
gundo trimestre de 1913. 

Comisión organizadora del Segundo Congreso Español de Geo- 
grafía Colonial y Mercantil. «Programa general. — Barcelona, 
10 al 15 de Noviembre de 1913». 

Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de 
Orense. «Boletín». Tomo iv. Núms. 90-92. Mayo-Octu- 
bre 1913. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 325 

Congreso Internacional de Turismo. Madrid. «Memoria gene- 
ral. — 24 al 30 de Octubre de 1 91 2». Madrid, 19 1 3. 

Cuerpo Nacional de Ingenieros de Montes. «Ligeros apuntes 
sobre el problema silvo-pastoral de España», por D. Domin- 
go Olazábal. Madrid, 1 91 3. 

Escuela de Comercio de Colunga. « Memoria y cuentas rela- 
tivas al año de 1912, aprobadas por la Junta de Patrona- 
* to en sesión celebrada el 23 de Abril de 1913». Oviedo, 

I913. 

Escuela Industrial y de Ingenieros de Industrias Textiles de l"a- 
rrasa. «Resumen histórico y estado actual de la Industria 
Textil», por D. Daniel Blanxart. Tarrasa, 1912. 

Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer. Madrid. «Memoria 
del curso de 1913 á 1914, por el Comisario Regio D. losé 
Gómez Ocaña». Madrid, 1913. 

Institución Libre de Enseñanza. -iMadrid. «Boletín». Año xxxvii. 
Núms. 638-642. 31 Mayo-30 Septiembre I913. 

Institutd'EstudisCatalans. Barcelona. «AnuarÍMCMXi-xii». Anyiv. 
Barcelona, 1913. 

Instituto general y técnico de Navarra. «Memoria del curso aca- 
démico de 191 1 á 1912», por D. Fernando Romero Gonzá- 
lez. Pamplona, 1913. 

Instituto general y técnico de Valencia. «Memoria del curso aca- 
démico de 1912 á 191 3», por D. Francisco Moróte y Creus. 
Valencia, Í913. 

Liga Marítima Española. Madrid. «Boletín oficial». Año xiii. Nú- 
meros 78-80. Mayo-Octubre 1913. 
«Vida Marítima». (Órgano de propaganda de la Liga Marítima 
Española.) Madrid. Año xii. Núms. 414 432. 30 Junio-30 Di- 
ciembre 191 3. 

Observatorio del Ebro. Tortosa. «Ibérica», Revista semanal ilus- 
trada. Tortosa. Número spécimen A. Octubre, 1913. 

Patronato Real para la Represión de la trata de blancas. «Recueil 
des Lois et Ordonnances en vigueur pour la Répression de 
la Traite des Blanches dans les principaux pays d'Europe et 
d'Amérique, fait, au nom du patronagé Royal Espagnol 



326 P.OLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pour la Répression de la Traite des Blanches», par Julián 
Juderías. Madrid, I913. 
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. «Boletín». Se- 
gunda época. Madrid. Xúms, 26-27. 30 Junio- 30 Septiem- 
bre I913. 
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. «Re- 
vista». Tomo XI. Núms. 5-6- Noviembre-Diciembre 1912. 
Núms. 7-12. Enero-Junio I913. 

«Memorias». Tomo xv. Estudios preliminares sobre los mo- 
luscos terrestres y marinos de España, Portugal é Islas Ba- 
leares. Suplemento primero. Madrid, 1913. 
Discursos leídos en la recepción pública del Excelentísimo 
Sr. D. José Casares Gil el día 1 5 de Junio de 1913». Madrid. 
Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. «Discursos leídos 
en la recepción pública de D. Cayetano Soler, Pbro., el día 
29 de Junio de I913». Bar-celona, I913. 

«Boletín». Año xiii. Núms. 49-50. Enero-Junio 1913. Barce- 
lona, 1913. 
Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. «Formas típicas 
de Guardería rural». Memoria escrita por D. Tomás Costa- 
Martínez. Madrid, 191 3. 

«Extractos de discusiones habidas en las sesiones ordinarias 
de dicha Corporación sobre temas de su instituto». Tomo vi. 
Primera y segunda parte. Madrid, 1913. 

«Don Gaspar Melchor de Jovellanos. Su vida, su tiempo, sus 
obras, su influencia social», por D. Julián Juderías. Ma- 
drid, 1913. 

«Estudio crítico de las doctrinas de Jovellanos en lo referente 
á las Ciencias morales y políticas», escrito por D. Ángel 
María Camacho y Perea. Madrid, 1913. 

«Jovellanos y su España», escrita por D. Gervasio de Artiña- 
no y de Galdácarro. Madrid, 1913. 

«Jovellanos y las Ciencias morales y políticas. Estudio crítico», 
escrito por D, Enrique G. Rendueles, Pbro. Madrid, 1913. 

«Juicio crítico de las doctrinas de Jovellanos en lo referente á 
las Ciencias morales y políticas»,- escrito por D. Hilario Ya- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 327 

ben Yaben, Canónigo lectoral de la Catedral de Sigüenza. 
Madrid, 1913. 

Real Academia Española. «Oración fúnebre del Excelentísimo 
Sr. D, Alejandro Pidal y Mon, pronunciada por el Reveren- 
do P. Fr. Pedro Gerard, O. P., en las solemnes exequias ce- 
lebradas por la Real Academia Española el 19 de Noviem- 
bre de 1913 en San Jerónimo el Real». Madrid, 1913. 
«Obras de Lope de Vega, publicadas por la Real Academia 
Española». Tomo xiv. Comedias novelescas. Segunda sec- 
ción. Madrid, 1913. Tomo xv. Comedias novelescas. Terce- 
ra sección. Madrid, 1913. 

Real Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cá- 
diz. «Revista». Año 11. Núms. 12-14. Trimestres segundo á 
cuarto, 191 3. 
«La República de Colombia». Discursos leídos ante la Real 
Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cá- 
diz, en la recepción pública del Sr, D. José Manuel Pérez 
Sarmiento». Cádiz, 1913. 

Real Academia de Medicina. Madrid. «Anales». Tomo xxxiii. 
Cuadernos ii-iii. 30 Junio 1913. 

Real Sociedad Geográfica. Madrid. «Boletín». Tomo lv. Segun- 
do trimestre de 1913. 
«Revista de Geografía colonial y mercantil» (Órgano oficial de 
la Sección Colonial del Ministerio de Estado.) Tomo x. Nú- 
meros 5-6- Mayo-Junio 1913. 

Sociedad Castellana de Excursiones. Valladolid. «Boletín». 
Año XI. Núms. 1 27- 1 3 1. Junio-Noviembre 1913. 

Sociedad Española de Salvamento de Náufragos. Madrid. «Bo- 
letín». Año xxxiv. Cuaderno v. Núms. 331-332. I." Julio- 
l.° Octubre 1913. 

Societat Arqueológica -Luliana. Palma (Baleares). «Bolletí». 
Anyxxix. Tomo xiv. Núms. 399-404. Juny-Noviembrel9i3. 

Universidad Central. «Discurso leído en la solemne inauguración 
del curso académico de 1913 á 1914 por el Dr. D. Ildefon- 
so Rodríguez y Fernández, Catedrático de la I'acultad de 
Medicina». Madrid, 1913. 



328 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Universidad Literaria de Granada. «Discurso leído en la solemne 
apertura del curso académico de 1913 á 19 14 por el Doctor 
D. Francisco Arroyo Rojas». Granada, 1913. 

Universidad Literaria de Salamanca. «Discurso leído en la inau- 
guración del curso académico de 1913 á 1914, por el 
Catedrático D. Hipólito Rodríguez Pinilla ». Salamanca, 

1913- 
«Memoria sobre el estado de la Instrucción en la Universidad 
y Establecimientos de Enseñanza de su distrito, correspon- 
diente al curso académico de 1911 á 1912, y Anuario para 
el de 1912 á 1913». Salamanca, I9I3- 

Universidad Literaria de Sevilla. «Discurso leído en la solemne 
apertura del curso de 1913 á 1914 por el Dr. D. Antonio 
Torrents y Torres». Sevilla, 1913. 

Universidad de Oviedo. «Discurso leído en la solemne apertura 
del curso académico de 1913 á 1914 por el Dr. D. Julio Rey 
Pastor». Oviedo, 1913- 

Universidad de Santiago de Compostela. «Boletín de la Bibliote- 
ca «América» de la Universidad de Santiago de Composte- 
la (España)». Núm. 6. Buenos Aires, Julio 1913. 

Universidad de Valladolid. «Discurso leído en la solemne inau- 
guración del curso académico de 1913 á 1914 por el Doctor 
D. León Corral y Maestro». Valladolid, 1913. 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES EXTRANJERAS 

Academia Cearense. Ceará Fortaleza (Brasil). «Revista». Tomo 
xvn. Anno 1912. 

Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Caracas. «Bo- 
letín». Año II. Tomo II. Xúms. 23. 30 }unio-30 Septiem- 
bre 1913. 
«Memoria que presenta el Ministro de Instrucción Pública al 
Congreso de los Estados Unidos de Venezuela en sus sesio- 
nes ordinarias de 1913». Tomos i-ii. Caracas, 1913. 

Académie Impériale des Sciences de St. Pétersbourg. «BuUetin». 
vi^ serie. N°* 11-18. 15 Juin-15 Décembre 1913- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 329 

Académie des Inscriptions et Belles Lettres. París. «Comptes 
rendus des séances de l'année 1913». Bulletinde Mars-Sep- 
tembre 1913. 
Académie Royale d'ArchéoIogie de Belgique. «Annales». 6*^ se- 
rie. Tome V. I""^ livraison. Anvers, 1913. 
«BuUetin». N° 4. Anvers, 1913. 
Académie Royale de Belgique. Bruxelles. «Commission Roj^ale 
d'Histoire-Chroniques Liégeoises», publiées par le Chanoi- 
ne Sylv. Balau. Tome premier. 1913. 
«Mémoires de la Classe des Lettres et des Sciences morales et 
politiques et Classe des Beaux-Arts». Collection in 4° 
Deuxiéme serie. Tome vi. Bruxelles, Juillet 1913. 
Académie Royale de Sciences á Amsterdam. «Verslagen en Me- 
dedeelingen der Koninklijke Akademie van Wetenschap- 
pen». Amsterdam, 191 2. 
«Beschreibung der Griechischen autonomen Münzen». Amster- 
dam, 1912. 
«The Dragón in China and Japan», by Dr. M. W. de Visser. 

Amsterdam, I913. 
«Flexión of substantives in Blackfoot a preliminar sketch», bv 

C. C. Uhlenbech. Amsterdam, 1913. 
«Amaryllis. Accedunt septem carmina laudata». Amsteloda- 

mi MCMXIII. 

Académie Royale des Sciences et des Lettres de Danemark. 

Copenhague. «BuUetin». N''^ 35. 1913. 
American Catholic Historical Society. Philadelphia. «Records». 

Vol. XXIV. N''^ 2-3. June-September 1913. 
American Philosophical Society. Philadelphia. «Proceedings». 

Vol. m. N°-^ 208-209. January-April 1913. 
Archivo Nacional. Habana. «Boletín». Publicación bimestral. 

Año xii. Núm. 4. Julio-Agosto 1913. 
Asociación Cívica Puertorriqueña. San Juan. «La Independen- 
cia». Revista quincenal. Año i. Núms. IO-21. 15 Junio- 

l.° Diciembre 1913. 
Biblioteca Municipal de Guayaquil. «Boletín». Núms. 33-34. 

Enero-Marzo 1913. 

TOMO LXIV. 22 



330 boletín de la reai. academia de la historia 

Biblioteca Nacional de México. «Boletín». Año x. Núms. I-5. 
Marzo-Julio 1913. 

Biblioteca Nazionale Céntrale di l^'irenze. «BoUettino delle pubbli- 
cazioni italiane ricevute per diritto di Stampa». N""" 1 5 1- 1 56. 
Luglio-Dicembre 1913. 

Bibliotheca Philologica Batava. Lipsiae. «Mneniosyne». Nova 
serie. Volumen quadragesimum primum. Pars iv. 1913. 

Centro de Sciencias, Letras e Artes de Campiñas. E. U. do Bra- 
sil. «Revista». Anno xii. Fases, i-ii. N""^ 30-32. 31 Margo- 
30 Setembro 1913. 

Connecticut Academy of Arts and Sciences. New Haven. U. S. A. 
«A Monograph of the Terrestrial Palaeozoic Arachnida of 
North America», by Alexander Petrunkevitch. New Haven. 
Connecticut, 1913 
«The Greeke Diminutive Suffix ISKO-ISKH», by Walter Pe- 
tersen. New Haven. Connecticut, 1913. 

Deputazione fiumana di Storia Patria. «Monumenti di Storia 
fiumana. — II. Libri del Cancelliere. Volume primo. Can- 
celliere Antonio di Francisco de Reno». Parte prima: 
MCCCCXxxvii-?viccccxLiv. Fiume, 1912. 
«Bullettino». Volume iii. Fiume, I913. 

Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires. « Cau- 
sas instruidas en Buenos Aires durante los siglos xvii y xviii, 
con introducción del Dr. Tomás Jofré ». Buenos Aires, 

1913- 
Faculté des Lettres de Bordeaux et des Universités du Midi. 

«Bulletin Hispanique». Bordeaux. Tome xv. N°^ 3-4. Juillet- 

Décembre 1913. 
«Bulletin Italien». Bordeaux. Tome xui. N"" 3-4. Juillet-Dé- 

cembre 1913. 
«Revue des I^^tudes Anciennes». Bordeaux. Tome xv. N° 3. 

Juillet-Septembre 1913. 
Faculty of Political Science of Columbia Universily. New York. 

«Political Science Quarterly». Volume xxviu. N'"" 3-4. Sep- 

tember-December I913. 
Institut Égiptien. Le Caire. «Bulletin». Cinquiéme serie. Tome vi. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 33 1 

Second fascicule. Année 1912. Tome vii. Premier fascicule. 

Année 1913. 
Instituto Histórico e Geographico Parahybano. Parahyba (Brasil). 

«Revista». Anno iv. Vol. iv. 1913. 
Instituto Smithsoniano de Washington. «Report on the progress 

and condition of the unitet states National Museum for the 

year ending June 30». 1912. 
«Smithsonian Miscellaneous Collections». Volume lxi. N""* 4-5. 

Washington, 1913. 
Tunta de Historia y Numismática Americana. Buenos Aires. «El 

Redactor de la Asamblea. 1813-1815»- Reimpresión facsi- 

milar ilustrada. Buenos Aires, 1913. 
Kais. Akademie der Wissenschaften in Wien. «Proben schwe- 

discher Sprache und Mundart», von Dr. Hans Wolfgang 

Pollak. Wien, 1913. 
«Andreas Fricius Modrevius. Ein Beitrag zur Geschichte der 

Staats-und Vólkerrechtstheorien», von Wladislaus Mali- 

niak. Wien, 19 1 3. 
«Neue Beitráge über die Dekretalensammlungen vor und nach 

Bernhard von Pavia», von Dr. Einrich Singer. Wien, 1913. 
«Studien zur Laut-und Formenlehre der Mehri-Sprache in 

Südarabien. — III. Zum Pronomen und zun Numérale», von 

Dr. Maximilian Bittner, Wien, 19 1 3. 
«Bericht über eine Bereisung von Nordwestbosnien und der 

angrenzenden Gebiete von Kroatien und Dalmatien behufs 

Erforschung der Volkepik der bonischen Mohammedaner», 

von Prof. Dr. Matthias Murko. Wien, 1913. 
«Register zu den Bánden l6l bis 170 der Sitzungsberichte der 

Philosophich-Historichon Klasse der Kaiserlichen Akade- 
mie der Wissenschaften. XVII». Wien, 1 91 3. 
«Denkschriften». Band lv. — II. «Altbabylonische Tempelrech- 

nungen... », von Harry Torczyner. — IV. «Das Gotterdekret 

über das Abaton», von Hermann Junker. — V. «Die Heilin- 

gen Bücher der...», von Dr. Maximilian Bittner. Wien, I9I3' 
«"ArrEAOS und Verwandtes», von G. N. Hatzidakis. Wien, 

1913- 



332 boletín de la real academia de la historia 

«\^orstu(lien zur Grammatik undzum Worterbuche der So- 
qotri-Sprache I», \on Dr. Maximilian Bittner. Wien, 1913. 
' «Die Mu'allaqa des Imrulqais». Ubersetzt und erklárt von 
Dr. Salomón Gandz. Wien, 1913. 

v'íNeue Materialien zur Textkritik der Ignatius-Briefe», von 
Dr. Cari Wessely. Wien, 1913. 

«Die Miindart von Valvestino», von Dr. Cario Battisti. Wien, 

1913- 
«Sitzungsberichte der Philosophich-Historischen Klasse der 

Akademie der Wissenschaften». 170. Band. Wien, 1913. 
«Archivfür osterreichische Geschichte». 103. Band. i-ii. Hálfte. 

Wien, 191 3. 
]\aiserliche Unive;rsitáts-und Landes-Bibliothek. «Die Legende 

von Ertrunkenen Glockner», von Franz Ritter. I913. 
Kaiser- Wilhelms-Üniversitát Strassburg. «Die Provinzialverwal- 

tung Caesars», von Emil Letz. Strassburg, 1 91 2. 
«Die Eigennamen im Codex Laureshamensis», von Joseph 

Welz. Strassburg, 1912. 
«Die kirchlichen Reformbestrebungen des Strassburger Bisch- 

ofs Johann von Manderscheid (i 569- 1 592)», von Karl Hahn. 

Strassburg, 1913. 
«Die Besetzung der Bistümer Reichsitaliens...», von Gerhard 

Schwartz. Leipzig, 1913. 
«Der Mainzer Erzbisschof Berthold von Henneberg ais Lan- 

desfürt (1484-1504)», von Karl Bauermeisster. Strassburg, 

1913. 
Koniglich Bayerischen Akademie der Wissenschaften. München. 
«Studien zur Geschichte der Jungfrau von Orléans», von 
Hans Prutz. München, 1913. 

«Archáologische Bemerkungen», von Paul Wolters. Mün- 
chen, 191 3. 

«Eine Darstellung des athonischen Staatsfriedhofs», von Paul 
Wolters. München, I913. 

«Uber ein wiedergefundenes vScriftchen Aventins», von Georg 
Leidinger. München, 1913. 

«Cari Wilhelm Puclwig He^^se und sein System der Sprachwis- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 333 

senschaft», von Erich Petzet uncí Gustav Herbig. München, 

1913. 
«Uber einige Probleme altkretischer Architektur», von Franz 

Reber. München, 1913. 
«Zum Homerus latinus. Kritischer xA.pparat mit Commentar 

und Überlieferungsgeschichte», von F. Vollmer. München^ 

1913- 

«Register zu den ersten 50 Jahrgángen der Sitzungsberichte 
der philos.-philol. u. historischen klasse. 1860-1910». Mün- 
chen, 191 3. 

«Die handschriftliche Grundiage der Ausgabe des kaiserlichen 
Land-und-Lehenrechts», von Ludwig Rockinger. München, 

1913- 
Kóniglich Freussischen Akademie der Wissenschaften. Berlín. 
« Sitzungsberichte ». 
«Abhandlungen». N"'^ 4-7. Jahrgang 1913. 
«Acta Borussica. Denkmáler der Freussischen Staatsverwal- 
tung in 18 Jahrhunder. Die einzelnenn Gebiete der Verwal- 
tung. Münzgeschichtlicher Teil. Vierter Band». Berlin, I913. 
« AbhancUungen». Jahrgang 1912. «Philosophisch-Historische 
Classe». Mit II Tafeln. Berlin, 1912. 
Kr. Hrvatsko-Slavonsko-Dalmatinskoga Zemaljskoga Arkiva. 
Zagreb. «Ujesnik». Godina xv. Sveska 2-3. Zagreb, 1913. 
Missouri Historical Society. St. Louis. «Bulletin l. Frehistoric ob- 
jects classified and described», by Gerard Fowke. St. Louis, 

1913- 
«CoUections». Vol. iv. N° 2. 1913. 

Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología de Méxi- 
co. «Boletín». Tomo 11. Núms. 10-12. Abril-Junio. To- 
mos iv-v. Núms. 10-12. Julio- Agosto 1913. 

Museos Nacionales de los Estados Unidos de Venezuela. «Ga- 
ceta». Tomo I. Núms. 10-12. 24 Mayo- 24 Junio 1913. 
Tomo u. Núms. 1-3. 24 Julio 24 Septiembre 1913. Caracas. 

Museu Etnológico Portugués. Eisboa. «Ü Archeologo Portugués». 
Vol. XVII. N'"" I-I2. Janeiro-üezembro 1912. 

Nederlandsche Krijgsgeschiedenis. S.-Gravehhage. «Nasporin- 



334 boletín de la real academia de la historia 

gen en studién». N"^ 1-8. I October 1895 l October 1902. 

N"^ 9-18. I October 1903-31 December 1912. 
«Het Staatsche Leger. 15Ó8-1795». Deel i. Breda, 1911. 
«Repertorium voor de Nederlandsche Krijgsgeschiedenis Be- 

werkt onder toezicht van den Chef van den Generalen 

Staf», door F. de Bas. S.-Gravenhage, 1 90 5. 
Philippine Library. Manila. «BuUetin». Vol. i. N'^'^ 8-12. April- 

August 191 3. Vol. II. N""" 1-2. September-October 1913. 
R. Accademia dclla Crusca. Firenze. «Atti.» Anno accademico 

1911-1912. Firenze, I913. 
Reale Accademia dei Lincei. Roma. «Atti». Noticie degli scavi di 

antichitá. Anno cccx. Serie quinta. Vol. x. Fascicolos i-iii. 

Roma, 191 3. 
«Rendiconti». Classe di scienze fisiche, matematiche e natu- 

rali. Anno cccx. Vol. xxii. Fascicolo xii e índice del volu- 

me. Roma, 1913. 
«Rendiconti». Classe di scienze morali, storiche e filologiche. 

Serie quinta. Vol. xii. Fascicolos i-vi. Roma, 1913. 
Real Accademia delle Scienze di Torino. «Atti». Vol. XLVin. 

Disp. i^'-io''. Torino, 1913. 
«Memorie». Serie seconda. Tomo lxiii. Torino, 1913. 
R. Accademia Virgiliana di Mantova. «Atti e Memorie». Pubbli- 

cazione semestrale. Vol. iv. Parte primera. Anno 1910. 

Parte seconda. Anno 1911. Vol. v. Parte primera. Anno 

I912. 
R. Deputazione di Storia Patria. Parma. «Archivio Storico per 

le Province Parmensi». Nuova serie. Vol. xiii. 1913. 
R. Deputazione Véneta di Storia Patria. Venezia. «Nuovo Ar- 
chivio Véneto». Periódico storico trimestrale. Nuova serie. 

N""* 90-91. Luglio-Settembre I913. 
R. Societá Romana di Storia Patria. «Archivio». Vol. xxxvi. Fas- 
cicolos i-ii. Roma, 191 3. 
Royal Historical Society. London. «ÍVansactions». Third Series. 

Vol. vil. London, T913. 
Royal Irish Academy. Dublin. «Proceedings». Vol. xxxii. Sec- 

tion C. N^'" 1-4. May-August 19 13. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 335 

Sociedad Económica de Amigos del País. Habana. «Memoria so- 
bre la suscripción popular realizada para erigir un monu- 
mento público á la memoria del maestro de la juventud cu- 
bana José de la Luz Caballero». 1913. 
«Revista Bimestre Cubana». Vol. viii. Núm. 4. Julio- Agosto 

1913. 

Sociedad Geográfica Sucre. Bolivia. «Boletín». Revista mensual 
de Historia, Geografía y Estadística. Tomo xiv. Núms. 149- 
154. Segundo y tercer trimestre de 1913. 

Sociedad Jurídico- Literaria. Quito. «Revista». Nueva serie. 
Año I. Núms. T-IO. Enero-Octubre 1913. 

Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. México. «Bole- 
tín». Quinta época. Tomo vi. Núms. 5-IO. Mayo-Octubre 
1913- 
«Manuscritos de la Sociedad Mexicana de Geografía y Esta- 
dística, mandados publicar por acuerdo de 17 de Julio de 
1913». México, 1913. 
«Noticias de Nutka. Diccionario de la lengua de los nutkeses 
y descripción del volcán de Tuxtla, por Joseph Mariano 
Moziño Suárez de Figueroa, precedidos de una noticia 
acerca del Br. Moziño y de la expedición científica del si- 
glo xviii», por Alberto M. Carreño. México, 19 1 3. 

Sociedade de Geographia de Lisboa. «Boletim». 31^ series. N°* 4- 
6. x'\bril-Junho 1913. 

Sociedade Portuguesa de Estudos Históricos. Lisboa. «Revista 
de Historia». Publicagao trimestral. N°^ ^-'j . Abril-Setem- 
bro 1913. 

Societá di Storia, Arte, Archeologia della Provincia d'Alessan- 
dria. «Rivista». Anno xxii. Serie 11. Fascicolos l-li. i Apri- 
le-3P Setiembre 1913. 

Societá di Storia Patria per la Sicilia Oriéntale. Catania. «Archi- 
vio Storico per la Sicilia Oriéntale». Periódico quadrimes- 
trale. Anno ix. Fascicolo iii. I912. 

Societá Storica Lombarda. Milano. «Archivio Storico Lombar- 
do». Serie iv. Anno xl. Fascicolos xxxviii-xxxix. 21 Agos- 
to- 10 Novembre 1913. 



3 j6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Societá Zoológica Italiana. Roma. «Bollettino». Serie iii. Vol. ii. 

Fascicolos j-iii. 1913. 
Société des Ktudes Juives. Paris. «Kevue des Études Juives». 

Publication trimestrielle. Tomes lxv lxvi. N""" 130-131. 

!«'■ Avril-I*"' Juillet 1913. 
Société d'Histoire Diplomatique. Paris. «Revue». Vingt-septiéme 

année. N'"* 3-4. 1913. 
Société Historique Algérienne. Alger. «Revue Africaine». Cin- 

quante-septiéme anné. N° 289. 2*^ 7'rimestre. I913. 
Société des Langucs Romanes, Montpellier. «Revue des Langues 

Romanes». Tome lvi. vi" serie. N° 4. Juillet-Septembre 

1913- 
Société Nationale des Antiquaires de France. Paris. «Mémoires». 

Huitiéme serie. Tome deuxiéme. 1912. 
«BuUetin». Publication trimestrielle. l'^''-3'^ trimestre 1913. 
«Mettensia». VI. P'ascicule iv. Paris, 1912. 
Société Royale d'Archéologie de Bruxelles. «Annales». Tome 

vingt-septiéme. Livraison I. Bruxelles, 1913. 
Société Suisse d'Héraldique. Zurich. «Archi\es Héraldiques 

Sujsses». xxvn*^ année. N""" 2-3. 191 3. 
The Catholic University of America. Washington. «Bulletin». 

Vol. XIX. N°'' Q-T. June-October 1913. 
The Hispanic Society of America. «The Islands of Titicaca and 

Koati», by Adolph F. Bandelier. New York, 19 10. 
The Historical Society of Pennsylvania. Philadelphia. «The 

Pennsylvania Magazine». Vol. xxxvi. N° 144. October 1912. 

Vol. xxxvii. N°^ 145-146. January-April 1913. 
Universidad de Chile. Santiago de Chile. «Anales». Tomo cxxxii. 

Año Lxxi. Marzo- Agosto 191 3. 
Universidad de Honduras. Tegucigalpa. «Revista». Año v. Nú- 
meros 1-7. Enero-Noviembre 1913. 
«Nociones de Fortificación de Campaña», por D. Abel V. Vi- 

llacorta. Tegucigalpa, 1913. 
«Revista técnica del Ministerio de Obras Públicas». Año ni. 

Núm. 30. Junio 1913. 
«Arancel de Aduanas para 1 91 3». Tegucigalpa, 191 3. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 337 

«Cartilla para las Escuelas rurales». Segunda edición. 

«La Enseñanza Primaria». Publicación mensual. Año iii. Nú- 
mero 7. IVgucigalpa, 191 3. 

«Reglamento para el Servicio Militar obligatorio». Tegucigal- 
pa, 1913. 

«Boletín del P^jército». Año i. Núm. i. Tegucigalpa, 15 Sep- 
tiembre 1913. 

«El Mentor Hondureno». Año i. Tomo i. Núm. I. Tegucigal- 
pa, 1913. 

«Enseñanza de la Lectura y Escritura simultáneas», por don 
José Avila Hernández. Tegucigalpa, 1913. 

«Informe del Comisario general de la Sección de Honduras en 
la Exposición Internacional Panamá-Pacífico». Tegucigal- 
pa, 1913. 

«Aritmética», por Manuel Soto. Tegucigalpa, 1913. 

«Reglamento de la Caja de Ahorros». Tegucigalpa, 1913. 
Universidad de Santiago de Chile. «Obras completas de Diego 
Barros Arana». 

Tomos i-ii. «Historia de América». Santiago de Chile, 1908. 

Tomo III. «Elementos de Retórica y Poética». Santiago de 
Chile, 1908. 

Tomo IV. « Nociones de Historia Literaria » . Santiago de 
Chile, 1909. 

Tomo V. «Manual de composición literaria». Santiago de 
Chile, 1909. 

«Tomo VI. «Estudios Histórico-bibliográficos». Santiago de 
Chile, 1909. 

Tomo VII. «Estudios Históricos». Santiago de Chile, 1909. 

Tomos viii-ix. «Estudios Histórico Bibliográficos». Santiago 
de Chile, 1909-1911. 
Universidade de Coimbra. «Revista». Vol. 11. N'^** 2-3. Junho- 

Setembro 1913. 
Universitáts-Bibliothek in Heidelberg. «Neue Heidelberg Jahr- 

bücherv. Band xvii. Helft 2. 1913. 
Université de Dorpat. «Acta et Commentationes Imp. Universi- 
tatis Jurivensis (Olim Dorpatensis)». N°'' 1-12. Dorpat, 1912. 



33^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Université de l-"ribourg. Suisse. «Autorités, Professeurs et Étu- 
diants». Semestre d'hiver. 1912-1913. Semestre d'été. 

1913- 
«Programme des cours». Semestre d'été. 1913. Semestre 

d'hiver. 1913-1914. 
«Rapport sur l'année académique 1911-1912», par le Recteur 

sortant Georges Gariel. Fribourg, 1913. 
«De la Situation et de l'Organisation du Notariat en Valais 

sous le régime episcopal 999-1/98», par M. Maurice Man- 

gisch. Saint-Maurice, 1913. 
«La Théologie d'aprés Erasme et Luther», par Ch. Goerung. 

Paris, 191 3. 
«L'union du Sud-Est des syndicats agricoles», par M. Antoine 

Maliauskis. Louvain, 1912. 
«Application des coordonnées sphériques homogénes á la cris- 

tallographie géométrique», par Sévérin Bays. Fribourg, 

1912. 
«L'honneur. — Sa place dans la Morale», par Antoine Gay. 

PVibourg, 191 3. 
«L'irrigation dans le Valais», par le ür. Louis Lehniann. 

Paris, I913. 
«Die scheweizerischen Finanzierungsgesellschaften für elek- 

trische Unternehmungen», von Kurt Hafner. Genéve, I912. 
«Die rechtliche Stellung der Clósterund Congregationen in 

Bund und Cantonen», von Franz Bollsterli. Posen, 1913. 
«Bericht über das Studiepjahr I9II-1912», von Georges Ga- 
riel. Freiburg, I913. 
«Das ethische Problem in der modernen Philosophie», von Leo 

Michel, O. P. Freiburg, 1913. 
«Die Arbeit. Nach den moral-philosophischen Grundsátzen des 

hl. Thomas von i\quin», von Karl Müller. Freiburg, 1912. 
«Einwirkung von aromatischen Aldehyden und o-Aldehyd- 

saüren auf peri-Naphthylendiamin», von Dr. Rodolfo Vag- 

liasindi. Freiburg, I913. 
«Das Kirchenpatronatsecht im Kanton Zug», \on Alois Mül- 
ler. Freiburg, 19 1 3. 



ADQUISICIONtS DE LA ACADEMrA 339 

«Recht und V^erwaltung im Gemeindefinanzwesen des Kan- 

tons Graubünden», von Josef Vieli. Zurich, I912. 
«Projektive Geometrie der Kugelfláche in vektoranalytischer 

Behandlung», von Franz Xaver Wtodarski. Warschau, 191 1. 
«Die ungarische Dominikanerordensprovinz von ihrer Grün- 

dung I22I bis zur Tatarenverwüstung 1241-1242», von 

Nikolaus Pfeiífer, Zürich, I9Í3. 
«Die Rechtsstellung des Bistums Sitten im Kanton W'allis», 

von Leo Mengis. Brig, 1912. 
«Uber die Absorption des Lichtes in den Losungen des Ben- 

zols und einiger seiner Derivate bei niedriger Temperatur», 

von Dr. Eugeniusz Banasinski. Freiburg, 19 1 3. 
«Studien über die Miniaturhandschriften der Leipziger Stadt- 

bibüothek», von Morton Bernhath. Borna-Leipzig, 1912. 
«Das Schopfungsproblem bei Moses Maimonides, Albertus 

Magnus und Thomas von Aquin», von P. Anselm Roh- 

ner O. Pr. Münster in Westt. 1913. 
.«Untersuchungen in der Triphenylmethanreihe», von Dr. Karl 

Czechowski. Freiburg, 1913. 
«Zur projektiven Dreiecksgeometrie in sphárischen koordina- 

ten», von P. Ulrich Wildiiaber O. S. B. Einsiedeln, 1912. 
»Zur Gesschichte des mehrstimmigen proprium missse bis um 

1560», von J. Georg Eisenring. Dusseldorf, 1913. 
«Uber das Ausfállen einiger radioaktiven Stoffe aus wásseri- 

gen Losungen. Freiburg, 191 3. 
«Über Versuche zur Darstellung von Dimethoxydiphenylke- 

ten und Reaktionen des Oxalylchlorids», von Dr. Marx 

Reinhold Scholler. Freiburg, 19 1 3. 
«Die gotischen Schnitzaltüre des Kantons Freiburg», von 

Johann Fleischli. Freiburg, I912. 
«Studien und Quellen zur deutschen Kunstgeschichte des 

xv-xvi. Jarhunderts», von Franz Friedrich Leitschuh. Frei- 
burg, 191 2. 
«Die erratischen Blocke in der Freiburger Ebene», von Curt 

Arthur Rudolph Behmer. Neumünster, 1912. 
«Specimen Thesauri verborum quae in titulis lonicis leguntur 



340 buLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cum Herodoteo sermone comparati», scripsit Christophorus 

Favre O. C. Heidelbergae, iMcmxii. 
«Note critiche al sistema di Simone Corleo», per Michele 

Fatta. Friburgo, 191 3. 
Université de Lund. Suéde. «Acta Universitatis Lundensis. — 

Lunds Universitets Arsskrift». vm. 1912. 
université St. Joseph. Beyrout (Syrie). «Al Machriq». Revue 

cathoiique oriéntale bimensuelle (Sciences-Lettrcs-Arts). 

xvi^ année. N°'' 7-12. Juillet-Décember 1913. 
University of Toronto Studies. «Review of Historical publications 

relating to Canadá». Vol. xvii. Toronto, 1913. 
V^itterhets Historie och Antikvitets Akademien. Stockholm. 

«Skánes Medeltida Dopfuntar», af Lars Tynell. Forsta 

háftet. Stockolm, 1913. 

DE PARTICULARES NACIONALES 

Alquibla (Excmo. Sr. D. Alfonso Roca de Togores, Marq ués de). 
«Una Embajada interesante. Apuntes para la Historia. 1875- 
1881». Madrid, 1913. 

Burgos y Mazo (D. Manuel). «El problema social y la democra- 
cia cristiana». Prólogo del Excmo. Sr. D. Eduardo Dato Ira- 
dier. Parte primera. Tomo i. Barcelona, 1914. 

Calzada (D. Rafael). «Rasgos biográficos de José Segundo De- 
coud. Homenaje en el 4.^ aniversario de su fallecimiento». 
Buenos Aires, 1913. 

Campoy, Pbro. (D. José María). «El Fuero de Lorca otorgado 
por D. Alfonso X el Sabio». Toledo, 1913. 

Canel (Doña Eva). «La cuna de Colón». Conferencia dada en la 
Cátedra de Historia crítica del Perú, de la Facultad de Le- 
tras, el 8 de Julio de 1913. Lima, 1913. 

Contreras (D. Juan de). «Doña Angelina de Grecia». Ensayo 
biográfico, con una carta-prólogo del Excmo. Sr. Conde de 
Cedillo, de la Real Academia de la Historia. Segovia, 

1913- 
Dosfuentes (Excmo. Sr. D. Fernando de Antón del Olmet, 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 34 1 

Marqués de). «El Cuerpo Diplomático español en la Guerra 
de la Independencia». Libros i-iv. Madrid. 
«Aclaración histórica. El Arma de Infantería en el levanta- 
miento del Dos de Mayo de 1 808». Madrid, 1908. 

Firmat y Noguera (Ilustre Dr. D. Pau). «Reforma de la Casa de 
Caritat. Memoria». Manrésa, 1913. 

Gamero Cívico y Benjumea y Conde viudo de las Atalayas (don 
Juan). «Historia de Palma del Río, por Fr. Ambrosio de 
Torres y Orden». Reimprímela el Sr. Conde viudo de las 
Atalayas. Sevilla, I913. 

Gamoneda (D. Antonio). «Secretaría del Congreso de los Dipu- 
tados. Boletín analítico de los principales documentos parla- 
mentarios extranjeros recibidos en la misma». Núms. 34-38. 
15 Julio- 1 5 Diciembre 1913. 

González Hontoria, Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de 
Jerez de la Frontera. (D. Julio). «Documentos Cívico-reli- 
giosos. Expediente que se custodia en el Archivo Municipal 
de Jerez de la Frontera, relativo á votos que en honor de la 
Inmaculada Virgen María hizo esta muy noble y muy leal 
ciudad». Jerez de la Frontera, I913. 

González Pérez (D. Ricardo). «Recopilación histórica de la Villa 
y Corte de Madrid y su Municipio en el Siglo de Oro de la 
Literatura». Madrid, 1913. 

Herrera y Oria, S. J. (Rvdo. P. Enrique). «A propósito de la 
muerte de Escobedo. ¿Envenenó Antonio Pérez (el Se- 
cretario de Felipe II) al Clérigo D. Pedro de la Hera? Es- 
tudio histórico basado en el proceso manuscrito que se 
conserva en la Universidad de Deusto (Bilbao)». Madrid, 

1913- 

Ibarra y Rodríguez (D. Eduardo). «Colección de documentos 
para el estudio de la Historia de Aragón». Tomo ix. (Docu- 
mentos correspondientes al reinado de Sancho Ramírez.) 
Zaragoza, 19 1 3. 

Legísima (Fr. Juan R.) «Héroes y mártires gallegos. Los Francis- 
canos de Galicia en la Guerra de la Independencia». San- 
tiago, 191 2. 



342 boletín de la real academia de la historia 

López de Gomara (D. Justo S.) «Agraces. Poesías varias origina- 
les». \"alenc¡a, 1913. 

Lovarte (D. Adrián de). «Donostiarras del siglo xix». Tomo i. 
San Sebastián, 1913. 

Manjón (Rvdo. P. Andrés). «Hojas del Ave María». Hoja 8.^-11. 
Granada, 191 3. 

Morales (D. Gabriel de). «La Embajada de D. Francisco Salinas 
y Moñino y el Arreglo de 1 78 5», por D, (labriel de Mora- 
les. Madrid, 19 1 3. 

Morales de Viedma (D. Ricardo). «Resistencia de hierros y made- 
ras empleados en las construcciones, ó sea exposición de fór- 
mulas y cuadros para averiguar la resistencia de estos mate- 
riales». Estudios publicados en francés por M. L. A. Barré, 
recopilados y traducidos al castellano por Ricardo Morales 
de Viedma, Profesor-Maestro de obras y Agrimensor. Ma- 
drid, 191 3. 

Paz (D.Julián). «Archivo general de Simancas. Catálogo 11. Se- 
cretaría de Estado (Capitulaciones con la Casa de Austria y 
Papeles de las negociaciones de Alemania, Sajonia, Polonia, 
Prusia y Hamburgo. 1493-1796», Viena, 1913. 

Peinado y Jordán, Pbro. (D. Juan de Dios). «La iglesia de San 
Jerónimo el Real de Madrid». Madrid, 1913. 

Pérez y Jiménez (D. Nicolás). «Memoria de las termas de Fuen- 
caliente. Madrid, 1912. 

Pilares (Excmo. Sr. Almirante D. Ramón Auñón y Villalón, 
Marqués de). «Influencia de la Marina militar en las relacio- 
nes ibero-americanas». Conferencia dada por dicho señor en 
la Unión Ibero-Americana el día 26 de Mayo de I913. 
Madrid. 

Puerta y Escolar (D. Ricardo de la). «Discursos, principales ar- 
tículos científico-literarios y trabajos de laboratorio origi- 
nales de D. Gabriel de la Puerta». Madrid, 1 909. 

Reyeros, S. J. (P. Elias). «Misiones del M. R. P. Tirso González 
de Santalla». Santiago, 1913. 

Rodríguez Diez (D. Matías). «Historia de la Ciudad de Astorga». 
Segunda edición. Astorga, 1912. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 343 

Rodríguez Martín, D. M. (Juan Ortiz del Barco). «Vindicación de 
Belluga». San Fernando, 1913. 

Rubáudonadéu-Corcellés (D. José). «Recordatorio de la muerte 
de D. Julio Rubáudonadéu-Corcellés». Madrid. 

Ruiz y García de Hita (Excmo. Sr. D. Eduardo). «La propiedad 
señorial. Estudio jurídico, precedido de una introducción 
sobre Alonso Martínez y su bufete». Prólogo de D. Adolfo 
Bonilla y San Martín. Madrid, 19 1 3. 

Sanchís y Sivera (Dr. D. José). «La Iglesia Parroquial de Santo 
Tomás de Valencia. Monografía histórico-descriptiva». Va- 
lencia, 1913. 

San Román (D. Ángel). «Historia de la Beneficencia en Astor- 
ga». Astorga, 1913. 

Santiago Vela (Rvdo. P. Gregorio de). «Ensayo de una Bibliote- 
ca Ibero- Americana de la Orden de San Agustín». Volu- 
men i-A-Ce. Madrid, 1913. 

Selva (D. Leopoldo de). «Dificultades gramaticales. Su explica- 
ción y corrección al alcance de todos». Madrid, 1913. 

Serra y ]Morant (Dr. D. Antonio). «La Casa de la Paz». Grana- 
da, I913. 

Serrano (Rvdo. P. M.) «Carta desde el otro mundo». Sevilla, 

1913. 

Sitges (Excmo. Sr. D. J. B.) «El Monasterio de Religiosas Bene- 
dictinas de San Pelayo el Real de Oviedo». Madrid, 1913. 

Sola Montaña (D. Francisco de P.) «Els manresans al Bruch. 
Relacions del capdill en Maurici Garrió, referents á la bata- 
lla del Bruch (6 de Juny de 1 808), recolectes y comentades 
per Francisco de P. Sola Montaña». Barcelona. 

Torre (D. Lucas de). «Carta del Bachiller de Arcadia y respuesta 
del Capitán Salazar, atribuidas á D. Diego Plurtado de Men- 
doza». Madrid, 1 91 3. 

Valdeiglesías (Excmo. Sr. Marqués de). «La Argentina en el si- 
glo XX», por los Sres. D. Alberto B. Martínez, Subsecreta- 
rio de Estado, y I). Mauricio Levandowki, Doctor en De- 
recho. Obra premiada por la Academia Francesa. Traduc- 
ción de la cuarta edición. Madrid, 1913. 



344 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

DE PARTICULARES EXTRANJEROS 

Azevedo e Menezes (Sr. José). «Ninharias». Famalicao, 191 1. 

Barco Centenera (D. Martín). «La Argentina. Poema histórico. — 
Reimpresión facsimilar de la primera edición. Lisboa, 1602». 
Buenos Aires, 1912. 

Buchanan (Sr. Dr. Milton A.) «Spanish Lilerature exclusive of 
the Drama». Erlangen, 1913. 

Castro (D. Ricardo). «Páginas Históricas Colombianas». Medellín 
(Colombia), 1912. 

Destruge (Sr. Camilo). «Estudios históricos». Vol. 1. Guaya- 
quil, 1913. 

Dols Corpeño (Sr. J.) «En presencia del Conflicto». San Salva- 
dor, 191 3. 

Figarola-Caneda (Sr. Domingo). «Escudos Primitivos de Cuba. 
Contribución histórica». Habana, ricmxiii. 

Fombona (Sr.) «Biblioteca de grandes autores americanos. — 
Biografía de J. Félix Ribas», por Juan Vicente González. 
París, I913. 

García, Director del Museo Nacional de México (Sr. Jenaro). 
«La Arquitectura en México. Iglesias». Obra formada bajo 
la dirección de Jenaro García, por Antonio Cortés. Mé- 
xico, 1914. 

Gutiérrez, S. J. (D. Miguel). «Estudio Geológico de las Minas de 
esmeraldas de Muzo». Bogotá, I913. 
«Geología de Bogotá y sus alrededores». Bogotá, 1913. 

Henao (D. Jesús María) y Arrubla (D. Gerardo). «Historia de 
Colombia para la Enseñanza secundaria». Tomo i. (El Des- 
cubrimiento. — Orígenes Americanos. — La Conquista. — F^l 
Régimen Colonial.) Bogotá, 1911. Tomo u. (La Independen- 
cia. — La República). Bogotá, 1912. 

León (Sr, Dr. Carlos). «Elementos de Sociología». Segunda edi- 
ción. Caracas, 191 3. 

Meyer (Sr. Wilhelm). Uber die rythmischen Preces der mozara- 
bischen Liturgie». Gottingen, 1913. 

Oribe (Sr. Aquiles B.) «Tecnicismo Llistórico. — Bosquejo de 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 345 

un programa para escribir la Historia). Montevideo, 1913. 

Prestage (Sr. Edgar). «Registos Parochiaes de Lisboa. — Registo 

da Freguesia de Santa Cruz do Castello desde 1 5 36 até 

1628». Coimbra, 191 3. 

Reyna Almados (D. Luis). «Origen é influencia jurídico-social 

del sistema dactiloscópico argentino». La Plata, 1913. 

Rivet (M. le Dr.) «Sonderabdruck aus der Zeitschrift für Ethnolo- 

gie (Linguistique Bolivienne. La Langue Lapacu ou Apolis- 

ta)», par MM. G. de Créqui-Montfort et P. Rivet. Paris, 1913. 

«La Langue Kanicana», par MM. G. de Créqui-Montfort et 

P. Rivet. Paris, 1913. 
«Les dialectes Paño de Bolivie», par MM. G. de Créqui-Mont- 
fort et P. Rivet. 
Rodríguez García (Dr. D. José A.) «Cuba intelectual». Época se- 
gunda. Año V, Núm. 26. Habana, I913. 
Sijthofif's (A. W.) «Muséum». Leiden. 20^**^ Jaargang. N"'' IO-I2. 

Juli-Sept 1913. 21'*"' Jaargang. N°^ 1-3. Oct.-Dec. 1913. 
Sosa (D.Juan B.) «Discurso del concejal Juan B. Sosa, en la se- 
sión inaugural del Palacio Municipal de Panamá, el día I.° de 
Junio de 1910». Panamá, 1911. 
«Límites de Panamá. Apuntamientos sobre los derechos terri- 
toriales de la República, en sus linderos con Colombia». 
Panamá, 1908. 
«Compendio de Historia de Panamá». Panamá, 1911. 
«Geografía de Panamá», por Ramón M. Valdés. Tercera edi- 
ción. Panamá, 1913. 
Tavera-Acosta (Sr. B.) «Anales de Guayana».. Tomo i. Ciudad- 
Bolívar, 191 3. 
«A través de la Historia de Venezuela». Primer volumen. 
Ciudad-Bolívar, 19 1 3. 
Thayer Ojeda (D. Tomás). «Los conquistadores de Chile». Tomo 

tercero. Santiago de Chile, 1913. 
Toro (Licenciado Sr. Alfonso). «Importancia del estudio de la 
Historia y métodos de investigación histórica». Zateca, 1913. 
Trelles (Sr. Carlos M.) «Bibliografía cubana del siglo xix». 
Tomo V (1869-1878). Matanzas, 1913. 

TOMO LXIV. 23 



346 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Villarroel (Sr. Dr. Raúl). «Educación. — Su trascendencia. — Su 
evolución. — Su ideal. — Su necesidad. — Su reglamentación, 
en cuanto se refiere á la instrucción primaria. — Apéndice». 
Segunda edición. Sanlafc, I913. 

Yahuda (Dr. A. S.) «AI-Hidaja 'ila fara'id al-qulüb des Bachja 
Ibn Jóséf Ibn Paqüda aus Andalusien», von Dr. A. S. Yahu- 
da. Leiden, 1912. 

PUBLICACIONES NACIONALES RECIBIDAS POR CAMBIO CON EL «BOLETÍN» 

«Boletín de la Real Academia Gallega ^>. Coruña. Año viii. Nú- 
meros 73-79. l.°Junio-l.° Diciembre 1913. 

«Boletín de Santo Domingo de Silos». Burgos. Año xv. Núme- 
ros 9-12. Julio-Octubre 1913. Año xvi. Núms. 1-2. Noviem- 
bre-Diciembre 191 3. Año XVI. Núm. 3. Enero 1914. 
Número exti-aordinario correspondiente á x'\gosto de 1913. 

«España y América». Revista quincenal. Madrid. Año xi. Nú- 
meros 13-24. I.° Julio- 1 5 Diciembre I913. 

«Estudios Franciscanos». Revista mensual dirigida por los Padres 
Capuchinos. Sarria (Barcelona). Año vii. Tomo x. Núm. 75- 
Mayo 191 3. Tomo xi. Núms. 77-79. Julio -Septiembre 191 3. 
«Estudios Franciscanos». Número extraordinario. Sarria (Bar- 
celona). Octubre-Diciembre 1913. 

«La Alhambra». Revista quincenal de Artes y Letras. Granada. 
Año xvi. Núms. 367-378. 30junio-l5 Diciembre I9I3- 

«La Ciencia Tomista». Publicación bimestral de los Dominicos 
españoles. Madrid. Año iv. Núms. 21-23. Julio -Diciem- 
bre 1913. 

«La Ciudad de Dios». Revista quincenal religiosa, filosófica, 
científica y literaria, publicada por los Padres Agustinos del 
•, Escorial. Madrid. Época 3.'' Año xxxiii. Núms. 963-974. 
5 Julio-20 Diciembre 19 1 3. 

«Memorial de Artillería». Madrid. Año lxviu. Serie vi. Tomo iii. 
Entrega 6." Junio 1913. Tomo iv. Entregas i. ^- 5. "" Julio-No- 
viembre 191 3. 

«Memorial de Infantería». Toledo. Año 11. Tomo iv. Núms. 19- 
24. Julio-Diciembre 1913. 
«Homenaje que tributa el Memorial de Infantería á la me- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 347 

moría de los oficiales que dieron su vida por la Patria. 1909- 
I913». Madrid, 1913. 
«Memorial de Ingenieros del Ejército». Madrid. Año lxviii. 
Quinta época. Tomo xxx. Núms. 6-1 1. Junio-Noviembre 

1913- 

«Monumenta histórica Societatis Jesu a Patribus ejusdem Socie- 
tatis edita». Matriti. Annus xx. Fases. 235-240. Julio-De- 
cembre I913. Annus xxi. Fase. 24I. Januario 1914. 

«Razón y Fe». Revista mensual editada por Padres de la Com- 
pañía de Jesús. Madrid. Tomo xxxvi. Núms. 3-4. Julio-i\gos- 
to 191 3. Tomo XXXVII. Núms. I -4. Septiembre-Diciem- 
bre 1913. 

«Revista del Centro de estudios históricos de Granada y su rei- 
no». Granada. Año iii. Núms. 2-3. Granada, 1913. 

«Revista general de Marina». Madrid. Tomo lxxiii. Cuadernos 
I. °-6.°. Julio-Diciembre 1913. 

«Revista de Historia y de Genealogía española». Madrid. Año 11. 
Núms. 7-1 1. l5julio-I5 Noviembre 1913. 

PUBLICACIONES EXTRANJERAS RECIBIDAS POR CAMBIO CON El, «BOLETÍN» 

«Archivum Franciscanum Historicum » . Firenze. Annus vi. 
Fase. IV. October 1913. 

«El Sendero Teosófico». Revista internacional. Point Loma (Ca- 
lifornia). Tomo IV. Núm. ó. Junio 19 1 3. Tomo v. Núms. I -5. 
Julio-Noviembre 1913. 

«Félix Ravenna». Bollettino storico romagnolo edito da un gru- 
po di studiosi. Ravenna. Fases, ix-xi. Gennaio-Luglio I913. 

«Kwartalnik HisLoryczny». Organ Towarzystwa Historycznego. 
Rocznik xxvii. Zeszyt I-4. We Lwowie, I913. 

«La Civiltá Cattolica». Roma. Anno lxiv°. Vol. iii. Cuader- 
nos 1.5 I 3-1.524. 5 Luglio-20 Dicembre 1913. 

«L'Archiginnasio». Bullettino della Biblioteca Comunalc di Bo- 
logna. Anno xiu. N"" 3-4. Maggio-Agosto 1913. 

«Madonna Verona». Bollettino del Museo Civico di Verona. 
Annata vii. Fases, xxvi-xxvii. Aprile-Settembrc 1913. 

* 



348 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«O Instituto». Revista scientifica e literaria. Coimbra. Vol. 6o. 

N"^ 5-IO. Maio-Outubro 1913. 
«Paléographie Musicale. — Les principaux manuscrits de chant 

grégorien, ambrosien, mozárabe, gallican, publiées en fac- 

siniilés phototypiques par les Bénédictins de Solesmes». 

Paris-Leipzig. Vingt-quatricme annce. N"'^ 99-IOO. I913. 
«Polybiblion». Kevue Bibliographique Universelle. Paris. 

«Partía Littéraires». Deuxiéme serie. Tome soixante-dix-sep- 

tiéme. cxxvji" de la Collection. Sixiéme livraison. Juin 1913. 

Tome soixante-dix-huitiéme. cxxviii'^ de la Collection. Pre- 

miére-sixiéme livraison. Juillet-Décembre 1913. 
«Partie Tecnique». Deuxiéme serie. Tome trente-neuviéme. 

cxxix'" de la Collection. Sixiéme -douziéme livraison. Juin- 

Décembre 1913. 
«Revue Celtique». Paris. Vol. xxxiv. N° 3. 1913. 
«Revue Hispanique». Paris. Tome xxv. N° 68. Décembre 1911. 

Tomes xxvi-xxvii. N"'^ 69-72. Mars-Décembre I912. 

Tome XXVIII. N°^ 73-74- Mars-Juin 1913. 
«Revue Historique». Paris. xxxviii® année. Tomes cxiii-cxiv. 

N"'' 225-227. Juillet-Décembre 1913. 
«Ri vista Storica Italiana». Pubblicazione trimestrale. Torino. 

Anno XXX. Cuarta serie. Vol. v. Pases, iii-iv. Luglio-Dicem- 

bre 1913. 
«Roma e r()riente». Rivista criptolérratense per l'unione delle 

Chiese. Pubblicazione mensile. Roma. Anno iii. N"^ 31-34- 

Giugno-Ottobre 1913. 
«The English Historical Review». London. Vol. xxviii. N°'' III- 

112. July-October 1913. 

PE LAS REDACCIONES Y POR CORREO 

«África». Revista española ilustrada. Barcelona. Año vii. Nú- 
meros 25-31. Mayo-Noviembre 19 13. 

«Archivo bibliográfico hispano-aniericano».. Publícalo la libre- 
ría general de Victoriano Suárez. Preciados, 48, Madrid. 
Tomo v. Núms. 4-7. Abril-Julio 1913. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 349 

«Biblos». Revista bibliográfica mensual. México. Año i. Núm, I. 
Octubre 1912. Núm. 2. Mayo 1913. 

«Bulletin des éditions de la Librairie Nationale d'Art et d'His- 
toire G. Van Oest». Paris, N° 5. Novembre 1913. 

«Don Lope de Sosa». Crónica mensual de la provincia de Jaén. 
Año I. Núms. 6-12. Junio-Diciembre 1913. 

«El Eco Toledano». Toledo, Año iv. Núm. 775. 26 Julio 1913. 

«España en África». Revista quincenal. Madrid. Año ix. Núme- 
ro 155. 30 Agosto 191 3. 

«Euskal-Erria». Revista vascongada. San Sebastián. Año xxxiv. 
Tomo Lxix. Núms. I.085-I.087. 15 Julio-30 Agosto 1913. 

«Euskalerriaren alde». Revista de cultura vasca, publicada bajo 
el patrocinio de la Excelentísima Diputación de Guipúzcoa. 
Tomo III. Núms. 59-69. 15 Junio- 1 5 Noviembre 1913. 
«Programa de las Fiestas eúskaras que se celebrarán en 
la M. N. L. y V. villa de Tolosa los días 24 al 29 de Julio 
de 191 3». Tolosa. 

«La Actualidad financiera». Madrid. Revista de información se- 
manal. Año XII. Núms. 560-578. 23 Julio- 19 Noviembre 

1913- 

«Leipziger Zeitschrift für Deutsches Recht». Leipzig. N° I. vm 
Jahrg. Januar I914. 

«L'Eglise et la Guerre», par MM. Batiffol, Monceaux et Chénon. 
Paris, 191 3. 

»L'Espagne». Paris. Premiére anné. N°* 9-16. 16 Octobre-4 Dé- 
cembre 1913. 

«Libertad». Periódico regionalista. Tortosa. Año vi. Núms. 288- 
290. 7 Agosto-2l Agosto 191 3. 

«Litteratur Hunst Hulturgeschichte Auswahl Schóner Illustrier- 
ter Bücher». Katalog 104. Leipzig, 1913. 

«Mapa y Consultor estadístico hidro-minero-medicinal de la Pen- 
ínsula ibérica». Madrid, 1913. 

«Mitteilungen der Verlagsbuchandlung», 46 Jahrgang, N" 2. 
Leipzig, 191 3. 

«Nueva Academia Heráldica». Madrid. Tomo i. Julio-Noviem- 
bre 1913. 



350 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«Répertoire d'Art et d'Archéologie». Fases. 15- 17. Paris, 

1913- 

«Revista de las Antillas». San Juan de Puerto Rico. Año i. Nú- 
mero 4. Junio 1913. 

«Revista Bimestre Cubana». Habana. Vol. viii. Núms. 1-5. Enero- 
Octubre I913. 

«Revista Económica». Tegucigalpa. Año i. Núms. 1-2. Mayo- 
Junio 1913. Núms. 5-12. ioJulio-25 Octubre [913. Núm. 14. 
25 Noviembre 1913. 

«Rexista Española de Dermatología y Sifiliografía». Madrid. 
Año XV. Núms. 1 74- 1 80. Junio-Diciembre 1913. 

«Revista general de Enseñanza y Bellas Artes». Madrid. Año iv. 
Núms. 85-96. I.° Julio- 15 Diciembre 1913. 

«Revista de Obras Públicas». Madrid. Año lxi. Núms. 1.970- 
1.996. 26Junio-25 Diciembre 1913. 

«Revue des Questions Historiques». Paris. Quarante-huitiéme 
année. l87''-l88*" livraison. I*^'' Juillet-I'^'' Octobre T913. 
«Cnión Ibero- Americana». Madrid. Año xxvii. Núms. 4-9. 
30 Junio-30 Noviembre 1913. 

«Uniled Empire the Roya! Colonial Institute Journal». London. 
Vol. IV. N° II. November 1913. 

«Zeta». Semanario defensor de los intereses de Toledo y su pro- 
\incia. Año 11. Núms. 31-49. 15 Mayo-2I Septiembre 1913. 

POR SUSCRIPCIÓN y COMPRA 

«Colección de libros y documentos referentes á la Historia de 
América». Tomo xiii. Historia del Paraguay, escrita en 
francés por el P. Pedro P"rancisco Javier de Charlevoix, de 
la Compañía de Jesús, con las anotaciones y correcciones 
latinas del P. Muriel; traducida al castellano por el P. Pablo 
Hernández, de la misma Compañía. Tomos iii-iv. Ma- 
drid, 191 3. 

«Cedulario de las Provincias de Santa María y Cartagena de 
Indias (siglo xvi). Tomo i. Años 1 529- 1 535». Madrid, 
1913. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 35 I 

«Encyclopédie de 1' Islam». Dictionnaire Géographique, Ethno- 
graphique et Biographique des peuples musulmans, publié 
avec le concours des principaux orientalistes, par M. Th. 
Houtsma, R. Basset, T. W. Arnold et H. Bauer (Ouvrage 
patronné par l'Association Internationale des Académies). 
XVIII* livraison. Leyde, 1913. 



VARIEDADES 



I 

LUCTUOSA DEL REY D. ALFONSO X 

del arlo 12^6, sobre la muerte, bienes y sjicesión de los Arzobispos de Toledo. 

(Archivo de la Catedral de Toledo: — V. a.-i.-io." 

Xristus. Connosguda cosa sea a todos los ornes que esta Carta 
uieren cuerno yo don Alfonso por la gragia de dios Rey de Cas- 
tiella de Toledo de León de Gallizia de Seuilla de Cordoua de 
Murcia e de Jahen. En una con la Reyna donna Yolant mi mu- 
gier e con mió ffijo el InfFante don fferrando. Por grand sabor 
que he de fazer bien e merced a la Eglesia Cathedral de Toledo 
e al Cabillo desse mismo logar. Otorgo e establesco daqui ade- 
lante pora siempre iamas que cada que muriere el Argobispo 
déla Sobredicha Eglesia, que todas las cosas que ouiere a la sazón 
que finare, que finquen saluas e seguras en jur e empoder [sic) 
del Cabillo, que ninguno sea osado de tomar nin de fforgar, nin 
de robar ninguna cosa dellas. Et otrossi mando e otorgo que el 
omme mió non tome nin robe ninguna cosa de las que fueren 
del Argobispo mas que las guarde, e que las ampare, con el 
omme que el Cabillo diere por guardar las poral Otro Argo- 
bispo que uiniere. Et otorgo tam bien por mi, como por los 
que Regnaren después de mi en Castiella e en León. Et qual 
quier que da qui adelante quisiere yr contra este mió Priuilegio 
por crebantar lo o por minguar lo en alguna cosa, aya la yra de 
dios todo poderoso llenera mientre, e sea maledicho e descomul- 
gado con judas el traidor en los Infiernos. Et por que este Pri- 
uilegio sea firme e estable mándelo seellar con mió seello de 



LUCTUOSA DEL REY D. ALFONSO X 353 

Plomo. íTecha la carta en Briuega por mandado del Rey, xx iij. 
dias andados del mes de Mayo, en Era de mili e dozientos e No- 
naenta e Quatro Annos. Et yo sobredicho Rey don Alfonso reg- 
nant en uno con la Reyna Donna Yolant mi mugier e con mió 
ffijo el Inffante Don fferrando en Castiella en Toledo en León 
en Gallizia en Cordoua en Murcia en Jahen en Baega en Bada- 
Hoz e en el Algarue, Otorgo este Priuilegio e confirmólo. Don 
Sancho Electo de Toledo e Chanceler del Rey confirma Don 
Phelyp Electo de Seuilla confirma. Don Alboabdille Abcnnazar 
Rey de Granada uassallo del Rey conf. Don Alñbnsso de Molina 
confirma. Don ffredrich confirma. Don A'íTonsso fijo del Rey 
lohan Emperador de Constantinopla e de la Emperadriz donna 
Berenguella Comde Do, uasallo del Rey confirma. Don Loys 
fijo del Emperador e de la Emperadriz sobredichos conde de 
Belmont uassallo del Rey confirma. Don iohan ffijo del Empera- 
dor e déla Emperadriz sobredichos conde de montfort, uassallo 
del Rey confirma. Don Mahoma Abenmafomat abenhur Rey de 
Murcia uassallo del Rey confirma. D. Gastón Vizconde de Bearr 
uassallo del Rey confirma. Don Gui Vizconde de Limoges uassa- 
llo del Rey confirma. Don iohan Argobispo de Santiago e Chan- 
celer del Rey confirma. Don Abenmafort Rey de Niebla uassallo 
del Rey confirma. Don Manuel confirma. Don fí'errandcí confir- 
ma. Don Loys confirma. (7." columna) Don Apparicio obispo de 
Burgos conf. Don fiferrando electo de Palentia conf. Don Re- 
mondo obispo de Segouia conf. D. P. obispo de Siguenga conf. 
Don Gil obispo de Osma conf. Don Mathe obispo de Cuenca 
conf. Don Benito obispo de Auila conf. Don Agnar obispo de 
Calahorra conf. Don Lop Electo de Cordoua conf. Don Adam 
obispo de Plazentia conf. D. Pasqual obispo de Jahem conf. 
Don Pero obispo de Carthagena conf. Don Pedriuannes maestre 
de la orden de Calatraua conf. (2° col.) Don Nunno González 
conf. Don Alfi'onsso López conf. Don Symon Royz conf. Don 
Alñ'onsso Thellez conf. Don fferrant Royz de Castro conf. Don 
Pero Nunnez conf. Don Nunno Guijlelmus conf. Don Pero Guz- 
man conf. Don R.° gonzalez el Ninno conf. Don R.° Aluarez 
conf. Don fl'errant Garcia conf. Don Alffonsso Garcia conf. Don 



354 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Diego (lomez conf. Don Gómez Royz conf. Don Gutier Suarez 
conf. D. Suer Thellez conf. (Debajo de la 2. '^ y 3." col.) Garci Sua- 
rez merino mayor del Regno de Murcia conf. Don fferrando 
Electo de Palentia e Notario del Rey 'en Castiella conf. (j." col.) 
Don Martin obispo de León conf. Don Pero obispo de Ouiedo 
conf. Don Suero obispo de C^amora conf. Don Pero obispo de 
Salamanca conf. Don Pero obispo de Astorga conf. Don Leonart 
obispo de Cipdat conf. Don miguel obispo de Lugo conf. Don 
lohan obispo de (^rens conf. Don Gil obispo de Tuy conf. Don 
lohan obispo de Mondonedo conf. Don Pero obispo de Coria 
conf. Don ffrey Robert obispo de Sillue conf. Don ftVey Pero 
obispo de Badalloz conf. (d."' col.) Don Alfíbnsso fernandez ffijo 
del Rey conf. Don R.° AlfFonsso conf. Don R.° Gómez conf Don 
R.° ffrolaz conf. Don lohan Pérez conf. Don íTerrant yuannes 
conf. Don Martin Gil conf. Don (j.° Ramirez conf. Don R.° Ro- 
dríguez conf. Don Aluar diaz conf. Don Pelay Pérez conf. {Deba- 
jo de las col.^ 3."' y 4."') Don Pelay Pérez maestre déla orden de 
Sanctiago conf. de Sanct (sic) ffernandez maestre déla orden de 
Alcántara conf Don Martin Nunnez maestre déla orden del Tem- 
ple conf. Don G.° morant merino mayor de León conf. Roy 
Suarez merino mayor de Gallizia conf. Don Suero obispo de Qa- 
mora e Notario del Rey en León conf. (Debajo de la rueda) Roy 
López de Mendoga Almirage déla Mar conf. Sancho martinez de 
xodar adelantado déla fFrontera conf. Garci Pérez de Toledo e 
Notario del Rey en el Andaluzia conf. — Johan Pérez de Cuenca 
la escriuio el Anno Quarto que el Rey don Alffonsso Regno, 
(Conserva el sello de plomo pendiente de hilos de seda roja). 
(Arch.de la Cat. de Toledo, Luctuosa V. 2. i. lo.) 

Por la transcripción, 

Juan Pérez dr Guzmán v Gallo. 
15 de Octul)re de 1866. 



CATALOGO DEL ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS 355 

II 

CATÁLOGO DEL ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS 

El Sr. D. Julián Paz, jefe del Archivo general de Simancas, 
que, en Comisión del Gobierno, se halla en París catalogando los 
documentos de aquel Archivo, que durante la Guerra de la In- 
dependencia fueron transportados á los de la capital de Francia, 
y que, á pesar de cuantas reclamaciones se han hecho apoyadas 
en las disposiciones del Tratado de Viena en l8 1 5, jamás han 
sido devueltos á nuestra nación, ha obsequiado á la Real Acade- 
mia de la Historia con un ejemplar del Catálogo II áe aquel Ar- 
chivo, que contiene la enumeración por legajos de los documen- 
tos relativos á Capitulaciones con la Casa de Austria y papeles de 
las negociaciones de Alemania, Polonia^ Prusiay Hamburgo desde 
I4g3 hasta lygó. Este Catálogo ha sido publicado en Viena por 
la Kaiserliche Akademie der Wissenschafteu, en su publicación 
periódica titulada Archiv für osterreichische Geschichte, habien- 
do hecho además una limitada edición aparte. 

Para orientar en sus investigaciones á los estudiosos que con- 
curren á Simancas á la busca de documentos con que ilustrar las 
obras históricas á que se dedican, no existía más que la obra del 
antiguo jefe de aquel Archivo D. Francisco Díaz Sánchez, la cual, 
.si bien pudo considerarse útilísima en el tiempo y con el propó- 
sito que presidieron á su publicación, en las exigencias crecien- 
tes y en el progreso que han tenido desde entonces estos estu- 
dios y estas investigaciones, resultaba ya insuficiente. Aun sin 
haber intentado el Sr. Paz hacer una obra perfecta, que quedara 
como magistral, ha dado en el nuevo sistema que sigue respecto 
á estas catalogaciones un paso muy aventajado. Como el fondo 
principal, y casi único, de la documentación del Archivo general 
de Simancas, lo constituye la correspondencia diplomática con 
nuestros Embajadores en las Cortes extranjeras y las consultas y 
deliberaciones del Consejo de Estado sobre ellas, durante el rei- 
nado de la Casa de Austria y una parte considerable del de la 



35^ BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de Borbon, el vSr. Paz dispone por orden cronológico dentro de 
cada negociación índices por orden alfabético, y así ha empezado 
por el de Alemania, á que responde el Catálogo recibido por la 
Academia, debiendo seguir los de Flandes, Francia, Inglaterra, 
Portugal, etc. 

Así como el primero de que se trata ha aparecido en Viena en 
la Revista de la Kaiser /i che Akademie der Wissenschaften, ahora 
el de P'landes se est<1 publicando también en la Revue des Biblio- 
théques^ de París, mientras que en la Revista de Archivos, Museos 
y Bibliotecas, de Madrid, se inserta contemporáneamente el del 
Patronato real; de modo, que el Sr. Paz lleva simultáneamente á 
la publicidad todos estos apreciables trabajos de catalogación, lo 
que hace esperar que no se tarde mucho en que los investigado- 
res estudiosos tengan en sus propios gabinetes de estudios estas 
Guias tan interesantes, como fuentes de su ilustración. 

Los trabajos de la Comisión que en París el Sr. Paz desempeña 
según las noticias que llegan á la Academia, solícita en seguir el 
curso de estas tareas, permiten asegurar que muy en breve estará 
impreso también el Catálogo de los documentos de las negociacio- 
nes con Francia, que fueron los que en la Guerra de la Indepen- 
dencia los franceses sustrajeron del Archivo de Simancas, y que, 
como se ha dicho ya, P2spaña, por más reclamaciones diplomáti- 
cas que ha hecho, durante todo el siglo antecedente, no ha logrado 
que se devuelvan. 

J. P. DE GUZMÁN. 



III 

LA ARGENTINA EN EL SIGLO XX 

La cuarta edición que en pocos años se ha hecho del libro 
titulado La Argentina en el siglo XX, escrito en francés por don 
Alberto B. Martínez, subsecretario de Estado del Gobierno de 
aquella República, y por D. Mauricio Lewandowski, profesor de 
Derecho de su Universidad, adicionado de un breve Prólogo por 



I.A ARGENTINA EN EL SIGLO XX 357 

M. Emile Le\asseuf, y con una interesante Introducción por el 
ex presidente D. Carlos Pellegrini, ha sido \ertido al castellano 
por el Excmo. Sr. Marqués de Valdeiglesias, director del perió- 
dico La Epoca^ que ha tenido la atención de consagrar. un ejem- 
plar para la Biblioteca de la Academia. 

Como en la Advertencia preliminar del mismo libro se dice, 
esta obra constituye únicamente un trabajo de vulgarización para 
formar cabal concepto del estado de prosperidad en que actual- 
mente se encuentra la República Argentina; concepto tanto mejor 
formado, cuanto que todos los datos que se contienen en cada 
uno de los capítulos de las cuatro partes en que el libro está 
dividido, emana puntualmente de las copiosas estadísticas oficiales 
de todos los Centros de aquel Estado; de modo que no solamente 
se detalla en los tres que forma la primera la parte geográfica del 
[jais con todas sus adherencias, el desarrollo de sus vías ferro- 
viarias y la balanza de la emigración y colonización de todo su 
\-asto territorio; sino se estudia en la segunda la situación total 
de su desenvolvimiento agrícola, en la tercera el mercantil é 
industrial, y en la cuarta su economía y la apreciación de todos 
sus resortes financieros, cuyo balance forma el cuadro completo 
de su actualidad próspera y desahogada con la exposición de las 
fuentes que para el porvenir garantizan la solidez de su opulencia. 

Aunque por este conciso extracto solamente se deduce de la 
obra referida lo bien que con los datos que contiene satisface el 
propósito con que fué desde su origen concebido y ejecutado, 
no está demás indicar aquí la importancia que en la Biblioteca 
de la Real Academia de la Historia tienen siempre estas publi- 
caciones, así como toda suerte de Censos, Estadísticas y cuanto 
con ellas se relaciona. Los dalos qLie en estos libros se contienen 
para responder al interés del estadista, del comerciante, del hom- 
bre de negocios en el momento en que se publican, quedan des- 
pués á la Historia como documentos luminosos de ilustración 
para todos los estudios del porvenir, y es un error que en España 
suelen cometer los que dirigen ciertos C'entros oficiales, no incluir 
la Biblioteca de la Academia entre los Archivos, en que con 
mayor utilidad para lo futuro, estas piezas, hoy políticas y eco- 



35o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nóinicas, y mañana históricas, deben á perpetuidad conservarse. 
Hay, en efecto, en España, Centros donde no se observa con 
escrupulosa solicitud este cuidado, y aun en Madrid, donde algu- 
nas oficinas producen casi de continuo hojas, papeles y docu- 
mentos que se conceptúan de una mera utilidad momentánea, y 
que del mismo modo que se dan á la estampa para la orden de 
un día, al siguiente desaparecen, ni aun se envían á los Archivos 
de la Real Academia de la Historia, que los estimaría como eje- 
cutorias para el porvenir de muchas cosas que en algún tiempo 
podrán ser interesantes. 

La oportunidad de la publicación del libro de La Argentina 
en el siglo XX^ con cuyo ejemplar el señor Marqués de Val- 
deiglesias ha obsequiado á la Academia, presta alientos para 
hacer oir esta representación en todos los Centros oficiales de- 
pendientes de los diversos Ministerios, pues en la fácil ejecución 
de lo que se indica, se prestara un verdadero servicio á la Histo- 
ria, á la patria y á los estudiosos del porvenir. 

J. P. I)K CiuZMÁN. 



NOTICIAS 



El día i.° del mes corriente celebró nuestra Academia sesión pública, 
que se dignó presidir S. M. el Rey para dar posesión de su plaza de nú- 
mero al Excmo. Sr. D. José María Salvador y Barrera, Obispo de Madrid- 
Alcalá. Á la derecha de S. M. tomaron asiento Monseñor Ragonesi, Nun- 
cio Apostólico de Su Santidad; el señor Ministro de Gracia y Justicia, Mar- 
qués de Vadillo; el Jefe Superior de Palacio, Marqués de la Torrecilla, y 
los Ayudantes de Su Majestad, Conde de Aybar y Barón de CasaDavaliUo, 
y en los lugares respectivos, el Académico que funcionaba de Secretario, 
Sr. Pérez de Guzmán y Gallo, por la enfermedad del Sr. Hinojosa, y el 
Tesorero Sr. Herrera; á la izquierda, el Director de la Academia Excelen- 
tísimo Sr. D. Fidel Fita, el señor Obispo de Sión, el Ministro de Fomento, 
Sr. Ugarte, y en el lugar correspondiente el Censor Sr. Fernández de 
Béthencourt, encargado además de la contestación al discurso del reci- 
piendario y el Anticuario de la Academia Sr. Mélida. 

En los escaños del estrado tomaron parte los Académicos de número, 
los correspondientes y dignos individuos de las demás Academias, Espa- 
ñola, de San Fernando, de Ciencias Físicas, de Ciencias Morales y de 
Medicina; en el salón, escogida concurrencia, en la que estaban repre- 
sentadas todas las clases sociales, principalmente el sacerdocio, el gene- 
ralato, la Universidad y la aristocracia titulada. 

Abierta la sesión por orden de S. M., los Académicos Sres. Bécquer y 
Barón de la Vega de Hoz, introdujeron al electo en la sala, y con la venia 
del Rey, dio lectura á su discurso, cuyo tema versó sobre El P. Enrique 
Flo'rez y su España Sagrada. Después de hacer merecido elogio de su an- 
tecesor en la silla que había de ocupar el Sr. D.Juan Facundo Riaño y del 
electo que no llegó á tomar posesión, Sr. D. Federico Olóriz, y de hacer, 
á título de granadino, grata conmemoración de los que fueron nuestros 
compañeros de Academia, los Sres. D. Aureliano Fernández Guen-a y don 
Juan de Cueto y Herrera, bosquejó una rápida biografía del P. Flórez y 
una breve exposición de la mayor parte de los diversos trabajos literarios 
en que ocupó su laboriosa vida, é hizo el elogio de su obra fundamental de 
la España Sagrada, apoyándose además, como expresión suprema de su 
reconocido mérito, así en los decretos de Carlos III mandando que el 
P. Risco prosiguiera obra tan útil á la Historia patria, como en los juicios 
que acerca de la misma dejaron estampados, en sus obras respectivas, 
D. Vicente de la Fuente, D. Marcelino Menéndez y Pelayo, y últimamente 
el malogrado y sabio agustino Fr. (honrado Muiños. Por conocidos dejó 




Excmo. Sr. D. José María Salvador y Barrera, Obispo de Madrid- Alcalá, Académico desde i.° del actual. 



NOTICIAS ^' 361 

de mencionar, á pesar de haberse referido á los trabajos posteriores del 
P. Merino y del Sr. Sáinz de Baranda, los que más recientemente se han 
publicado por la Academia en sus Memorias, en su Boletín, en su Me- 
morial Histórico y en la reproducción de algunos tomos, ya agotados, y 
de los que tiene en preparación, lo que revela el incesante desvelo que 
la Academia tiene por obras tan insignes. 

El Sr. Béthencourt comenzó su discurso de contestación recordando 
los tiempos pasados, en los que conoció, en la vida social de Madrid, al 
presbítero, entonces Profesor de Historia y Director del Sacromonte de 
Granada. Hizo después extensa relación de las obras y aptitudes desple- 
gadas por el Sr. Obispo en todas las posiciones de su carrera eclesiástica 
para el cultivo y el fomento de los estudios históricos, singularmente en 
las sedes de Tarazona y de Madrid, augurándole las nuevas y mayores 
dignidades á que por tantos títulos se hace acreedor. 

El concurso aplaudió ampliamente uno y otro discurso, é impuesta al 
nuevo Académico por S. M. el Rey la medalla distintiva de esta Corpora- 
ción y tomado asiento por él junto á los demás académicos, S. M, el Rey 
dio por terminada la sesión. 

Una Comisión de señores Académicos, que ya había recibido en el 
pórtico del edificio á S. M., le acompañó de nuevo hasta tomar su auto- 
móvil. S. M. el Rey, al descender la escalera, indicó indulgentemente al 
Sr. Director lo complacido que se encontraba de haber, una vez más, de- 
mostrado la predilección que tiene por la Academia. 



La recepción oficial del Sr. Barón de la Vega de Hoz como Académico 
de número, tuvo lugar el domingo, 15 del próximo pasado Febrero. 
Constituyeron la mesa el Sr. Director, á cuya derecha tomó asiento el 
Sr. Obispo de Madrid-Alcalá, y en los lugares respectivos el .Secretario, el 
Censor, Anticuario y Tesorero. 

En los escaños del estrado los Académicos de número, algunos Corres- 
pondientes y el electo, General Martín Arrué, y en la sala un público tan 
numeroso como selecto. 

Introducido el nuevo Académico por los Sres. Conde de la Mortera y 
Bécquer, leyó su discurso, haciendo en él digno elogio de su antecesor, 
D. Antonio Pirala. El tema escogido fué La espada española, luciendo, al 
desarrollarlo, su grande erudición. Le contestó el Sr. Marqués de Lau- 
rencín, con la galanura que le es ingénita, y añadió datos preciosos á los 
muchos que había expuesto el recipiendario. Uno y otro discurso fueron 
oídos con mucho agrado, y fueron premiados, al terminar, con calurosos 
aplausos. 

El Director, Sr. Fita, impuso la medalla al nuevo Académico, el cual 
tomó asiento entre los demás; y se levantó la sesión. 



La Academia, en sesión de 6 de Marzo actual, ha elegido individuo de 
número, en la vacante prf)ducida por fallecimiento del Sr. Marqués de 
Polavieja, al Iltmo. Sr. D. Julio Puyol y Alonso, Doctor en Derecho, y no- 
table historiador y literato, á quien se deben muchos y muy importantes 



362 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

trabajos históricos, entre ellos el Cantar de gesta de Don Sancho II de Cas- 
tilla, Madrid, 191 1; admirable recoiistitiición de un Cantar de gesta perdi- 
do, elogiado por el insigne Mencndez y Pelayo en el tomo i de la Histo- 
ria de la Poesía Castellana en la Edad Media, y por Jaime Fitzmawrice- 
Kelly, en la reciente edición de su Historia de la literatura española, y 
que, con los trabajos del Sr. Menéndez Pidal sobre los Infantes de Lara, 
figura entre las aportaciones de mayor entidad á la historia de la epope- 
ya castellana. 

La Academia ha recibido con sentimiento la noticia de haber fallecido 
sus beneméritos Correspondientes nacionales Sres. D. Agustín García 
Gutiérrez y D. Manuel Rodríguez Martín, en Cádiz; D. Manuel Rico Gar- 
cía, en Alicante; D. Pedro Hernández Perrero , en Zamora, y D. Manuel 
Iradier, en Madrid; y asimismo los extranjeros D. Francisco Javier Verga - 
ra y Velasco, en Bogotá (Colombia); Sres. Augusto Carlos Teixeira d'Ara- 
gao, Francisco de Fonseca Bencoides, Gabriel Pereyra, José Manuel C. de 
Basto, Raimundo Bulhao Pato y Francisco Marques Sousa Viterbo, en 
Lisboa, y Mons. J. M. Pereira Boto, en Faro (Portugal). 



En sesión de 20 de Febrero último, fueron elegidos Correspondientes 
de la Academia los Sres. D. Prudencio Morales, en Las Palmas (Canarias); 
D. Manuel Martínez de Caso-López, en Otañes (Santander); D. Celestino 
Rey Foly, en Cádiz, y D. Crescente Errázuriz, en Santiago de Chile. 



Memorial histórico español. Colección de documefitos, opúsculos y an- 
tigüedades que publica la Real Academia de la Historia, tomo xlvi. Ma- 
drid, establecimiento tipográfico de Fortanet, 1914. En 4.°, pág. 372. 

Este volumen es el v de las Relaciojies topográficas de España referentes 
á Guadalaj ara y pueblos de sti provincia con aumentos y notas de D. Manuel 
Pérez Villaniil, Académico de nilmero. He aquí su índice: 

Advertencia preliminar. 

Relación de Guadalajara. 

Aumentos á la relación de Guadalajara: Noticias y leyendas de la do- 
minación romana.— Censo de población.— Invasión de los árabes.— Cortes 
de (iuadalajara.— Situación geográfica. —Escudo de armas. -Señorío de la 
ciudad.— Jurisdicción civil de la ciudad.— Legislación municipal: sus fue- 
ros y ordenanzas.— Jurisdicción eclesiástica: Cabildo de abades.— Venta- 
josas condiciones higiénicas de la ciudad.— El río Henares y sus afluentes. 
Fuentes de la ciudad.— Pastos y dehesas.— Topografía de la ciudad y su 
recinto murado. — Materiales de construcción empleados en sus edificios. 
Palacio de los Duques del Infantado.— Familias ilustres de la ciudad.— 
Iglesias parroquiales.— Fundaciones benéficas, educativas y piadosas.— 
Monasierios de varones y de monjas.— Ferias, mercados y fiestas.— Real 
Fábrica de paños.— Contestación al interrogatorio de 1751. 

Fuentes para la historia de Guadalajara: Principales archivos de la ciu- 
dad de Guadalajara. — Archivo municipal.— Archivo provincial de Hacien- 
da.— Archivo y biblioteca de la Diputación provincial.- Archivo parro- 



NOTICIAS 363 

quial de la iglesia del Apóstol Santiago. —Archivo parroquial de Santa 
María. — Archivo parroquial de San Nicolás el Real. — Archivo de la Aca- 
demia de Ingenieros militares. — Obras impresas y manuscritas que ilus- 
tran la historia de Guadalajara. 

Pueblos de la provincia de Guadalajara (Relaciones con aumentos y 
notas): 

Lupiana. 

Medranda. 

Pioz. 

Galápagos. 

Puebla de Veleña. 

Quer. 

Renera. 

Valdenceño. 

Yebes, 

El Sr. Pérez Villamil, doctísimo autor de este volumen, tiene en vía de 
publicación el vi, que será el último de las Relaciones de Guadalajara y 
pueblos de su provincia. Datos importantes para la historia de aquella ciu- 
dad y de la villa de Veleña ó Beleña, han salido á luz por vez primera en 
cinco tomos del Boletín (vii, 215; viii, 52; xxiii, 502: xxxv, 553; xlvi, 234). 



Nuestro Correspondiente en San Juan de Puerto Rico, Dr. Cayetano 
Coll y Tosté, ha comenzado á publicar en aquella ciudad, y en cuadernos 
bimestrales, un Boletin Histórico de Puerto Rico, que para la Historia de 
España en América tiene reconocida importancia. El primer fascículo de 
50 páginas que en la Academia se ha recibido, corresponde á los meses 
de Enero y Febrero del año actual. 

En el Prefacio que el autor escribe, detalla todo el aparato histórico 
bibliográfico que se produjo por los españoles, desde que en el reinado 
de Carlos III el Conde de Floridablanca dispuso que Fray Agustín Iñigo 
Abbad y Lasierra, de la Orden de Benedictinos, redactara una Historia 
de aquella Isla, á cuyo manuscrito, que hoy posee la librería Lenox, de 
Nueva York, puso término el 25 de Agosto de 1782, y al que dio el título 
de Historia geográfica, civil y natjiral de San Juan Bautista de Puerto Rico. 

En 1788 publicó en Madrid esta obra D. Antonio Valladares de Sotoma- 
yor, y posteriormente fué reproducida en 1831-33 por el coronel don 
Pedro Tomás de Córdoba, en sus Aíetnorias geográficas, históricas , econó- 
micas y estadisticasy dadas á la estampa en Puerto Rico. Otras varias edi- 
ciones se hicieron de la misma en Madrid en 1838 y en Puerto Rico por 
D. José Julián Acosta. Desde entonces la bibliografía hispano-porto-rique- 
ña fué bastante abundante, ilustrándola muchos nombres esclarecidos, cu- 
yas últimas obras alcanzan hasta 19 13. 

A esta producción literaria en nuestra lengua, hay que añadir ahora, y 
desde 1898, la de los norteamericanos, actuales dominadores de la isla, y 
cuya enumeración entra también en el cuadro del conjunto histórico y 
literario del Prefacio de la publicación del Sr, Coll y Tosté. Pero lo que 
se hace más apreciable en esta obra es el índice de Reales Cédulas, desde 
el 5 de Septiembre de 1646, que sigue á la introducción referida, y que, 



364 BOLETÍN DE I A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

según el Sr. Coll y Tosté, encontradas sus copias en un cuaderno apolilla- 
do en los Archivos de Santa Catalina, fueron reclamadas por el Gober- 
nador general de la Isla, Geo. W. Davis, para remitirlas á la librería del 
Congreso de Washington, donde ya radican. Las que contienen el cua- 
derno recibido, en número de 557, alcanzan hasta el 1 5 de Octubre de 1 787; 
y aunque en estas Cédulas Reales no se contengan todas las disposiciones 
que puedan dar luz comf)leta de lo que ha sido la gloriosa y culta admi- 
nistración española en sus antiguas colonias del Nuevo Mundo, forman ya 
un cuerpo metódico y reducido á su solo gobierno de ellas, bastante im- 
portante, para que nuestros escritores de Historia de América las tengan 
presentes, como fuentes indubitables de ilustración y de autoridad. 



La crónica latina de los Reyes de Castilla. De nueve años á esta 
parte el Sr. Jorge Cirot, nuestro Correspondiente en Üurdeos, no ha cesa- 
do de emplear su talento perspicaz, discreto y activo en obras de mérito 
relevante y de sumo interés para la Historia de España; de las cuales las 
dos primeras fueron coronadas por la Academia francesa de Ciencias 
morales y políticas, y la tercera por la nacional Bordelesa de Ciencias, Be- 
llas Letras y Artes. Son las cinco siguientes: 

I. Les histotres genérales d Espagne entre Alphonse X et Philippe II 
(1284-1556), I vol. in 8.° raisin, xi-108 pages (1905). 

II. Mariana historien, i vol. in 8.° raisin, xiv-481 pages, avec un por- 
trait et deux fac-similes (1905). 

III. Recherches sur les Jui/s espagfiols et portiigais a Bordeaux, i^e par- 
tie, I vol. in 8.° raisin de 198 pages, avec planches (1908). 

IV. De operibus historiéis Johannis Aegidíi Zamorensis qui iempore Al- 
dephonsi decimi Regis Castellae scribebat, i vol. in 8.°, Jésus, de 83 pages 

('913)- 

V. Chronique latine des Rois de Castille en 1236, i vol. in 8.°, de 152 pa- 
ges, avec 4 planches (1913). Esta Monografía está dedicada por el autor á 
nuestro Secretario perpetuo (i). 

De estas obras, menos de la última, se ha dado ya justa noticia en nues- 
tro Boletín (tomo xlvi, págs. 352 y 509; liii, 8; lxiii, 191)- 

En un Códice pergamináceo de la Biblioteca de nuestra Academia, ro- 
tulado G* y procedente de la colección Salazar, manuscrito del año 1495 
y quizá dedicado al Papa Alejandro VI, se contiene (íols. 89-122) la Cróni- 
ca latina de los Reyes de Castilla, comenzando por Fernando I y terminán- 
dose en Fernando III hasta Noviembre de 1236. La edición de esta Cró- 
nica, que la Academia, sin resultado práctico encomendó á D. Manuel 
Aballa, ha sido llevada por el Sr. Cirot á feliz cumplimiento. 

F. F.— J. P. de G. 



(i) a Monsieur Edu.irdo de Hinojosa, Secrétaire perpetué! de l'Académie royale 
d'Histoire de Madrid, un Correspondant franjáis s'honore de dédier la premiére 
édition d'un document qui conaplcte, renouvelle et illustre l'histoire glorieuse de 
de l'Espagne et de ses rois Alphonse le Noble et Ferdinand le Saint. 



TOMO Lxiv. Abril, 1914. cuaderno iv. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIADE LA HISTORIA 

INFORMES 



I 

MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 

(Conclusión.) 

CARTAS UE LOS REYES CATÓLICOS Y EL DUQUE DE MEDINACELI 

I 

EL REY 

Mosén Diego de Valera mi maestresala e del mi consejo. Recebí 
vuestra carta e así mismo la de la cibdad de Cuenca y he ávido 

mucho enojo de la (l) que los del Marqués hnn hecho y 

quedo al remedio que desys es menester, ya estando en Madrid 
yo había entendido en ello con el Duque su hermano e con 
los diputados de la Hermandad e se dio forma como luego vaya 
gente allá e después acabada la junta de Madrigal que agora se 
face vaya Alonso de Quintanilla en persona á entender en todas 
las cosas que cumplen á mi servicio el cual será ay muy presto, 
entretanto yo vos ruego e mando entendays e deys forma en la 
defensión e guarda de esa cibdad como non recibáis socorro al- 
guno e de lo que ocurriere me avisad continuamente en lo cual 
me fareis señalado servicio. De Alcalá á l6 de Junio de 69 años. 

Yo el Rey. 
Por mandado del Rey, 
Gaspar de Ariño. 

(i) No se puede leer bien la palabra, aunque parece quiere decir ca- 
valgada. 

TOMO LXIV. 24 



366 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

II 

KI. KEV 

Mosén Diego de Valera amigo. En esa villa de Santa María 
del Puerto son repartidos ciertos maravedís en el pedido e mo- 
nedas del año pasado para el gasto de la mi mesa e despensa e 
otros oficios me an de librar. Por ende yo vos ruego y mando 
tengays manera como luego los reciban e se cojan e recabden 

por que yo sea luego de ellos socorrido e que todo (l) que 

Gongalo de Orihuela para la recabdación de ellos vos pidiere e 

fuere menester (2) y fagáis dar e que non dedes logar (3) 

que en ello se ponga embargo ni dilación alguna sabiendo que 
en ello me fareys mucho placer y servicio de cuanto pensar 
podeys de lo cual embío allá á Joan Correa mi maestrasala e mi 
criado con el cual fablar de lo que de mi parte vos dijere e dadle 
entera fe y creencia. De Badajos 27 de Margo de 472 años. 

Yo el Rey. 
V Por mandado del Rey, 

Johan de Ayala. 



III 



EL REY 

Mosén Diego de Valera. Rescibí vuestra letra y el libro que 
me enviaste(s) el cual y lo que me escrevisteis vos tengo en 
muy señalado servicio y bien es conforme vuestra buena volun- 
tad á mi servicio segund lo que siempre esperé y confié de vos 
y así viniendo tiempo e logar para ello vos contamos gratificar e 
remunerar con honras e mercedes y continuando vuestros bue- 
nos oficios v'os ruego e mando que siempre me fagades e guar- 



(i) Ilegible. 

(2) Ilegible. 

(3) Ilegible. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA! SU VIDA Y OBRAS 367 

■dades las cosas á mi servicio complideras syendo cierto en ello 
une fareis servycio. De (^amora 17 de Febrero de 476 años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Luis Gutiérrez. 

IV 

EL REV 

Alosen Diego de Valera. Viendo \'uestra dispusigión y los ser- 
vicios que me ha fecho \'os he resgibido por my Maestresala con 
diez mil maravedises de quitación segund allá vereys. Resgibildo 
en principio de mercedes que en esto y en todas las otras cosas 
que á vos cumplen soy muy ganoso de vos gratificad e sublimad 
"VOS en honras y mercedes. De (^amora 17 de Febrero de 476 años. 

Yo el Rey. 
Por mandado del Rey, 
Luis Gutiérrez. 

V 

LA REYNA 

Mosén Diego de \"alera. Esme dicho que giertos vecinos de 
esa villa del Puerto de Santa María e de la villa de Palos en 
deservycio mío e contra las cartas e mandamiento que por el 
Rey mi señor e mías fueron dadas e publicadas en las villas e lu- 
gares de la costa de la mar fueron a las partes de Guinea con 
ciertas carabelas armadas e diz que prendieron a uno que se dice 
Rey de Guinea e otras ciertas personas parientes e criados del 
dicho Rey de Guinea e porque mi voluntad es que el dicho Rey 
e los otros que con él fueron tomados e presos se den e entre- 
guen al doctor Antón Rodríguez de Lillo del mi Consejo que por 
mi mandado está residente en la muy noble e leal gibdad de Se- 
villa e soy gierta segund el deseo tenéis de me servir aprovecha- 
reis en este caso. Por ende yo vos mando e ruego que con la ma- 
yor diligencia que podáis tengáis manera como, toda dilación ce- 



368 nOI.ETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA 

sante, se dé e entregue luego al dicho Rey e los otros presos que 
en esa dicha villa de Santa María del Puerto están al dicho Doc- 
tor; e en esto cumple, si servirme deseays, pongays aquel recabdo 
e diligencia que de vos espero lo cual en muy señalado servicio- 
vos ternó. De Tordesillas a 1 5 dias de Mayo de 476 años. 

Yo la Reyna. 

Por mandado de la Reyna, 

Ferrand Núñez. 



VI 



EL REY 

Mosén Diego de Valera. Estando en Madrigal regebí vuestra 
letra con un vuestro mensajero e ove mucho placer con ello por 
saber todas cosas acaecidas en la mar e la victoria que a nues- 
tro Señor plugo de dar á los míos de la gente e armada porto- 
guesas e de cuanto bien vuestro fijo Charles se había habido en 
ello y es bien de creer que non lo puede facer si non como es- 
forzado e virtuoso teniendo tal padre. Y no se pudo despachar 
vuestro mensagero porque la Capitanía que demandávades per- 
tenece dar al Almirante e no a mí. Después vine á Valladolid 
donde muy poco me detuve y vino ally el dicho Almirante y 
luego le mandé que diese la Capitanía á vuestro fijo en la ma- 
nera que lo demandávades el cual fué dello contento y quedó 
que luego se despacharía. Después venyendo á esta cibdad res- 
gebí otra letra vuestra con un mensagero de Diego de Herrera 
los fechos del cual han sido bien despachados. Yo vos ruego y 
mando que siempre me aviseys de todo lo que ocorriere en lo 
cual res(^ebiré señalado servicio. De Burgos 2^ días de Maio de 
"/^ año.'^. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Gaspar de Aryño. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 369 

VII 

EL REV 

Mosén Diego de Valera. Vuestra letra regebí con una cédula 
■dentro, por la cual he sabido largamente todo lo acontecido en 
el armada de los franceses e portugueses con las naos de los 
genoveses, de lo cual he habido mucho placer e vos tengo en 
mucho servicio la diligencia que aveis dado en me lo escrevir y 
en escrevir á Sevilla y al Marqués porque armasen contra Co- 
lón. Yo \'os mando e ruego mucho que de todo lo que sucediere 
me aviséis y trabajéis y entendáis en todas las cosas que cum- 
ple á mi servycio segund de vos confío. Acá yo he mandado que 
luego el armada de \ izcaya e Guipúzcoa pase toda á esas pro- 
vincias así por buscar á Colón como por dar favor á las cosas 
de esa parte. De Bitoria á 5 días de Setiembre de 76 años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Gaspar de Aryño. 

VIII 

EL REV 

Mosén Diego de Valera mi maestresala. Juntamente con el 
aviso del reencuentro que ovieron en esos mares Colón e los 
portogueses con los genoveses regebí una vuestra letra llena de 
-prudengia segund se espera de vuestro sano juycio e lympia con- 
sideragión. E mucho vos gradezco vuestro buen consejo el qual 
yo siguiera si el tiempo diere á ello lugar, pero cuando se ovo 
•de entender por los grandes de mis Reynos en las muchas nege- 
sidades e gastos que por causa de la guerra e grandes turbacio- 
nes se recrescen recurrióse por todos á este antiguo remedio que 
en tiempo de muy menores dificultades juzgaban sólo reparo para 
proveer de sueldo c de otras negesidades extravagantes más si á 
la sazón por un semejante que vos yo fuera avisado de los me- 
jores reparos que en vuestra letra se contienen antes recurriera 



370 BOLETÍN DE I,A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

á ellos que á la otra provisyón que con razón vos condenays si- 
quier por que los pueblos conoscieran que mi voluntad siempre 
fué y será de los no agraviar e de favoreger e gratificar la leal 
voluntad que á mi servicio muestran. Al Marqués mandé escre- 
vir sobre la querella que de Charles de Valera vuestro fijo tiene. 
Creo que el dicho Marqués fará lo que la rasón quiere e seguirá 
mi mandamiento. Luego que con la merced de Dios la flota fuere 
ende tornada de Guinea me avisad con la mayor presteza que 
pudiéredes de todo el sucesso que oviere ávido. De Bitoria 7 de 
setiembre. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Lilis Gutiérrez. 

IX 

LA REYNA 

Mosén Diego de Valera. Yo enbío á mandar á ese mi Reyna 
del Andalugía que entre en las hermandades que agora yo mando 
facer en estos mis Reynos e por que á mi servicio e al bien desas 
provincias cumple mucho que las dichas hermandades se fagan 
yo vos mando por servicio mío luego fagáis que entre esa villa 
de Santa María del Puerto en las dichas hermandades por ma- 
nera que a (l) dicha hermandad en cosa alguna non se impida 
porque esto es lo que cumple á mi ser\icyo, en lo cual agrada- 
ble servycio me fareis cierta de lo cual yo mando á Juan Rexón 
continuo de mi casa que vos fable e dadle fe e creencia. De Tru- 
jillo á 8 días de Junyo año de T] años. 

Yo la Reyna. 
Por mandado de la Reyna, 
Dieí^^o de Santander. 

(i) Ilegible. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU Vi:).V Y OBRAS 37I 

X 

EL REY E LA REYNA 

Mosén Diego de Valera. Por Pedro del Algava supimos las 
buenas diligencias que Invistes en que se rescibiesela hermandad 
en esa villa e estuviese en ella, lo cual vos tenemos en servicio 
mandamos vos que trabajeys como se contynue e que en las 
cosas tocantes á ella tengan la forma e orden que el dicho Pedro 
de Algava vos dirá e que lo pongan así en obra, lo cual \-os ter- 
nemos en servicio. De la cibdad de Jerez á 22 días de Octubre 
de yj años. 

Yo el Rey. Yo la Reyna. 
Por mandado del Rey e de la Reyna, 
Fernand Álvarez. 

XI 

LA REYNA 

Mosén Diego de Valera mi vasallo e del mi Consejo. Ya sa- 
béis cómo el Conde de Medinaceli dejó concertado que esa su 
villa del Puerto daría luego una caravela de armada bien apare- 
jada para se juntar con las otras que por mi mandado se arman 
contra la gente de Portogal y porque cumple que esto se taga 
luego yo os envío allá á Alfonso del Salto contino de mi casa 

para que lo (l) yo vos mando que con toda diligencia fagays 

partir la dicha caravela porque se junte en Sant Lucar de Barrá- 
meda con las otras que ende fallarán para esto. Y en todo dad fe 
e creencia al dicho Alfonso del Salto y en esto por servicio mío 
no haya dilación. De Sevilla á 1 8 días de Abril de 78 años. 

Yo la Reyna. 

Por mandado de la Reyna, 

Fernand Álvarez. 

(i) ¿Solicite? 



372 boletín de la real academia de la historia 



XII 



Mosén Diego de Valera del mi Consejo. Recebí vuestra carta 
que con Francisco Bonagensi mi contino me enviastes e visto 
lo que por ella me escrevisteys e así mesmo lo quel dicho Fran- 
cisco Bonagensi de vuestra parte me dijo e por que sobre todo 
yo le respondí largamente el cual vos lo comunicará yo vos 
ruego e mando le deys entera fe e creencia a todo lo que sobre 
ello de mi parte vos dijere e aquello pongáis por obra como yo 
de vos confío ca sé de cierto me fareys en ello señalado plaser e 
servicio. De Trujillo á 21 días de Febrero de /Q años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Gaspar Dar Oto. 

Xlll 
p:l rey 

Mosén Diego de Valera mi maestresala e del mi Consejo e mi 
Corregidor en la cibdad de Segovia. Ya sabeys cómo estando la 
serenísima Reyna mi muy cara e muy amada muger en la cibdad 
de Trujillo con acuerdo de los del nuestro consejo ovo dado cier- 
tas provisiones complideras á nuestro ser\icio e al bien e proco- 
mún de la dicha cibdad, de las cuales dis que no aveis usado ni 
las aveis presentado por ende yo vos mando que veáis las dichas 
provisiones y las presenteys i useys dellas i las guardeys i cum- 
plays y fagays guardar i cumplir en todo y por todo segund que 
en ellas se contienen e contra el tenor i forma dellas no va- 
yades ni pasades ni consintadcs ir ni pasar i no fagades ende al. 
De la cibdad de Toledo á 23 días de Novyembre de 79 años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Dicíio de Santander. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 373 

XIV 

EL REY 

Mosén Diego de Valera mi corregidor en la noble cibdad de 
Segovia. Sabed que yo fice merced á Bartolomé Diez de Strada 
mi capellán de los bienes de unos moros que se fueron á bevir 
á Granada segund por la carta de merced que sobrello llevan de 
sus reyes. Por ende yo vos mando si plaser e servicio me deseáis 
facer tengáis forma como en la dicha merced vaya escrito por 
manera que el dicho Bartolomé Diez non se detenga allá por que 
es menester para el servicio de mi capilla, en lo cual servicio me 
fareys. De Toledo á 29 días de Desembre de 79 años. 

Yo el Rey. 
Por mandado del Rey, 
Diego de Santander. 

XV 

EL REV 

Mosén Diego de \^alera. Vy vuestra carta y ove muncho pla- 
cer de lo que por ella me escrevistes y así vos mando que por 
servicio mío pongáis en obra lo que por aquélla me escrevistes 
que sea cierto en ello me fareis señalado servicio. De la Rambla 
á 29 de Marzo de 82 años. 

Yo el Rey. 

Por mandado del Rey, 

Luis González. 

XVI 

EL KK^• 

Mosén Diego de Yalera mi maestresala. Yi vuestra carta que 
con \-uestro fijo Charle me enviastes e asy mismo vi todo lo que 
por \'uestra parte me fabló e tengo vos en señalado servicio el 
ardid que vos e esos otros caballeros me escribís para le facer 



374 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

por la mar y por que muy presto plasiendo á nuestro Señor 
será aquí la serenísima Reyna mi muy cara e muy amada muger 
porque es razón que en ello entienda como sea venida luego os 
mandare escrevir para que vos ó el dicho vuestro fijo vengáis 
acá para entender en ello e dar conclusión e se ponga en obra y 
porque sobre ello e m.ls largo fablado con el dicho vuestro fijo 
sea creydo. De la cibdad de Córdova á honce de Abril de 82 años. 

Yo el Rey. 
Por mandado del Rey, 
Lilis González. 

XVII 

LA REYNA 

Charle de Valera. Rescebí vuestra letra y v}' lo que de vues- 
tra parte me dijo Diego García el Rico alguacil de mi casa e 
corte, lo cual vos tengo en señalado servicio siempre de vos tuve 
conoscida la buena voluntad que habéis mostrado en las cosas de 
mi servicio, por lo cual yo os terne encargo de mandar mirar 
las cosas que os complieren como de servidor. De Granada á 15 
días del mes de Otubre de 501 años. 

Yo la Reyna. 

Por mandado de la Reyna, 

Gaspar de García. 

XVIII 

KL REY Y LA REYNA 

Charle de Valera, alcayde de la fortaleza de la villa del Puerto 
de Santa María. Nos avemos mandado á Andrés Rubeite, algua- 
cil de mi casa e corte levador de ésta que vos fable de nuestra 
parte lo que él dirá por ende nos vos mandamos le dedes entera 
fe y creencia y aquello pongays en obra e no fagades ende al. 
De Ecija á siete de Deciembre de quinientos e un años. 

Yo el Rey, Yo la Reyna. 

Por mandado del Rey e de la Reyna, 

Miguel Pérez de Almazán. 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 375 

XIX 

El, REY 

Charle de Valera, alcayde del Puerto de Santa María y corre- 
gidor de ella. Yo embío á mandar á esa villa lo que por mi carta 
vereys para una gruesa armada que yo tengo acordado de man- 
dar hacer con ayuda de nuestro Señor e de su gloriosa e bendita 
Madre contra los moros de África enemigos de nuestra santa fe 
católica e pues veys cuanto esto es servicio de Dios e bien de la 
criptiandad y principalmente de los que viven en esas costas, 
por ende yo vos encargo e mando que entendáis en ello con 
mucha diligencia por manera que aquello se cumpla sin falta 
alguna para el servicio que enbío á mandar y de que aquél 
no falte en manera alguna, porque para aquel tiempo ha de 
estar toda la jente junta e hacen mucho enconveniente e daño 
toda la dilación que en ello oviese y porque sobre todo vos fa- 
blará de mi parte Pedro de la Fuente continuo de mi casa ju- 
rado de Sevilla, que para ello enbío, dadle fe e creencia y en 
todo se ponga aquel buen recabdo que para semejante servicio 
conviene que en ello plazer e servicio rescibiré. De la cibdad de 
Segovia á 30 días del mes de Junio del año de 1505 años. 

Yo el Rey (l). 

XX 

A mi tío Charles de Valera, mi alcaide del Puerto. El Duque 
de Medinaceli, Conde del Puerto. Alcaide tío: recibí la vuestra 
carta y como quiera que yo quisiera mucho que hubiera efecto 
aquello á que envié á mi primo Diego López de Medrano, con 
haberse hecho todo lo posible parece que quedo satisfecho en 
este caso y pues parece que será provechoso para que haya 
efecto y su Alteza de creencia que algunos veinticuatros vivan 
conmigo yo le enviaré á procurar y entonces responderé á vos y 
á Ana Núñez en la que Diego López de vuestra parte me dijo y 

(i) Está cortada la firma del Secretario. 



;376 boletín de la real academia de la historia 

se mirará ésto como yo he mirado todas las cosas que os han 

tocado. También me dijo Diego López que me suplicábades que 

acrecentase un oficio de fiel ejecutoria para Verdugo vuestro 

hijo bien vedes que esto es poco, según lo mucho que yo deseo 

haceros merced, pero según los muchos que hay en el Cabildo 

días ha que yo deseo ponellos en concierto, y aún se me hace 

conciencia y me la ponen para ello; mirad cuando vaque algún 

oficio destos ó regimiento que yo holgaré de os hacer merced. 

También me dice que tenéis un hijo que se llama Padilla, y que 

.holgaríades que le recibiese por page, enviadle cuando quisiére- 

des, que á mí me place dello y pues presto os escribiré más 

largo sobre lo que acordare de hacer en esto de los caballeros 

(le Jerez, y para ahora aquesto basta. Nuestro Señor os haga en 

su gracia. De la \"illa de Medinaceli á 2 de Agosto de 515- ^^- 

seo vuestro bien. 

El Duque. 

XXI 
Charles de Valera mi alcaide y bachiller de la Mota y Corregi- 
dor, y Gonzalo Pérez mi Regidor de la mi villa del Puerto de 
Santa María. Yo envío á mandar á esa mi villa como veréis 
que repartan armas en todos los vecinos della y como quiera que 
esto sea para mi servicio y bien de esa villa y defensa de la for- 
taleza hame parecido que debe haber alguna gente que esté 
cierta y señalada para meterse en la fortaleza si fuere menester, 
y que esto sea hasta 50 hombres de ballesteros y espingarderos 
y por sus cuadrilleros estén señalados para que cuando vos el 
dicho Alcaide los Uamáredes y fueren menester se metan en la 
dicha fbrteleza con vos, y porque esto mejor puedan hacer y con 
más voluntad á mí me place que estos dichos cincuenta hombres 
sean libres y exentos de huéspedes y ropa y gallinas, no estando 
yo en esa dicha y del pecho que á mí me pertenece y dádgelo 
así firmado de vuestros nombres que yo lo mandaré cumplir, 
l'echo á 2 de Agosto de 515 años. 

El I )uquc. 
Por mandado del Duque, mi señor. 
Fabián de Solaza. 



MOSÉN DIEGO DE VAI.EIÍA : SU VIDA Y OBRAS 377 



RELACIÓN DE VARIOS DOCUMENTOS REl-^ERENTES A LA FAMILIA 
DE MOSÉN DIECO DE VALERA (i) 

Vínculo de Charles de Vaíera «el Viejo». 

I. El Comendador Charles de Valera, el Viejo, Caballero de 
la orden de Cristo, hermano del í.lcaide Hernando de Padilla, 
hijos ambos de Charles de Valera y de doña Elvira de Padilla, 
que fué la primera de cuatro mujeres que tuvo, otorgó una escri- 
tura en Jerez ante Diego López de Arellano, en 6 de Septiem- 
bre de 1553) q>^ie es el documento núm. I, por la que hizo do- 
nación á su sobrino D. Luis Chirino, hijo del dicho su hermano 
Hernando de Padilla, de 3.000 ducados de oro en todos sus bie- 
nes presentes y futuros para él y sus descendientes, y que, fa- 
lleciendo sin hijos volviesen al otorgante; y de dos terceras par- 
tes que le correspondían en las casas grandes del Puerto, en la 
calle de la Iglesia, y que hasta que le pagas los 3. 000 ducados 
le señalaba 75 ducados del acostamiento que cobraba del Rey de 
Portugal, como tal Caballero de la orden de Cristo, y asimismo 
hipotecaba una heredad de olivares, molino y casa, término del 
Puerto, pago de la Laguna salada. 

n. Ante el mismo escribano, en el propio día, mes y año, 
Hernando de Padilla Valera Chirino, Alcaide del Puerto, otorgó 
otra escritura, de que quedan dos copias al núm. 2, en favor de 
D. Luis Chirino, su hijo legítimo y de doña Catalina de Vique, 
tratado de casar con doña Catalina de Valdespino, hija de don 
Bartolomé Núñez Dávila y de doña Isabel Dávila, y por ella se 
obligó á darle para dicho casamiento 1 00 ducados de oro, y la 
tercera parte que le correspondía en las casas grandes del Puer- 
to que habían sido de sus padres, en la calle de la Iglesia, que las, 



(1) Todos los documentos se conservan en la actualidad en el magní- 
fico archivo que posee en Jerez el Sr. Marqués de Campo Real, á quien 
volvemos á dar las gracias por habernos facilitado estas notas, las cuales 
prueban palpablemente que á mosén Diego de Valera le correspondía c! 
apellido Chirino que tanto usaron sus sucesores. 



378 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

otras dos terceras partes eran de Charles de Valera de Padilla, 
hermano del otorgante, para él, sus hijos y descendientes, con 
condición de que no las pudiesen enajenar; con las mismas cláu- 
sulas y vínculo con que el dicho Charles de Valera le había dado 
las otras dos terceras partes en este día por escritura ante el pre- 
sente escribano. 

III. Charles de \^alera, el Viejo, el Caballero de la orden de 
Cristo, falleció en el Puerto, año de IS/I? y ^n su testamento 
cerrado, otorgado ante Diego Hernández Montero, estableció 
por su universal heredero á D. Pedro de Padilla, su sobrino, 
hijo de Hernando de Padilla, su hermano, y después de sus días 
á D. Diego, hijo de D. Pedro; cuyo testamento fué hurtado de 
la Escribanía del dicho Diego Hernández Montero, según todo 
se justifica por información dada á instancia del citado D. Pedro 
de Padilla, ante la Justicia del Puerto, y presencia de García Her- 
nández de Olivares en 27 de Enero de I 571) de que queda una 
copia al núm. 3. 

IV. D. Luis Chirino, por escritura ante Pedro de Herrera en 
12 de Marzo de I59^j que es el documento núm. 4, declaró que, 
aunque había hecho donación en favor de su hijo natural, Luis 
Chirino, por escritura ante dicho escribano, en 6 de Julio de 1594» 
de una heredad de 60 aranzadas de olivar con su casa y molino 
de aceite, término del Puerto, en que había sucedido por muer- 
te de Charles de Valera., habiendo sabido ahora que no había 
podido hacer dicha donación por cuanto de aquellos bienes tenía 
hecho vínculo el citado su tío Charles de Valera, que revocaba 
dicha donación en cuanto á la heredad y molino, quedando en 
su fuerza en cuanto á los demás bienes. 

V. \Ü misn:io D. Luis Chirino, por otra escritura otorgada 
ante Pedro de Herrera en 4 de Septiembre de I 598) que es el 
documento núm. 5, declaró que tenía por su hijo natural á don 
Luis Chirino, habido en soltera, como él lo era y legitimado por 
S. M. por su Cédula de 29 de Junio de 159Ó, que se inserta en 
dicha escritura; que, por tanto, le hacía donación intervivos de 
los bienes siguientes: 

De una heredad de olivar, casa y rosal en el Barranco, térmi- 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 379 

no del Puerto, junto á la Laguna sillada que había sido de Char- 
les de Valera. 

ítem: del derecho que tenía á unas casas que había habido: del 
alcaide Fernando de Padilla Chirino, su padre, la tercera parte, 
y las otras dos terceras partes hubo de Charles de Valera Chiri- 
no, su tío, las cuales, siendo vinculadas, las había vendido el otor- 
gante á Aparicio Duarte, y estaban sirviendo de Cárcel, Cabildo 
y Pósito; mandó que dichas casas se reclamasen y reintegrasen 
á dicho vínculo, satisfaciendo los 400 ducados en que el otor- 
gante las había vendido. 

Que después de los días de la vida del dicho D. Luis, su hijo, 
habían de ser vinculados dichos bienes perpetuamente. 

Que el citado su hijo y los demás sucesores en dicho vínculo 
habían de ser obligados á casarse con mujer limpia de toda mala 
raza. 

Llamó á este vínculo al expresado D. Luis Chirino, su hijo, el 
cual y los demás sucesores se habían de apellidar Chirino, usando 
de sus armas en el lugar principal, llamándose el varón mosén 
Diego de Valera Chirino, ó D. Fernando de Padilla Chirino, ó 
D. Luis Chirino. 

Después del dicho D. Luis Chirino, su hijo, llamó al hijo ma- 
yor de éste, legítimo 6 legitimado, y después de él á su nieto 
mayor varón, y así sucesivamente de varón en varón, y que en 
defecto de hijos sucediese su hija mayor, y después de ella su 
hijo varón mayor y sus descendientes de varón en varón, y en 
falta de varón en hembra, y en falta de varón á hembra suceda 
en mujeres de la descendencia del dicho su hijo perpetuamente, 
prefiriendo mayor á menor y varón á hembra, siendo obligada la 
que sucediere en él á casarse con hombre pr¡ncii:)al hijodalgo, y 
no haciéndolo pierda el derecho. 

Que en falta de la descendencia del dicho D. Luis Chirino, su 
hijo, suceda en dicho vínculo D,. Pedro de Padilla, hermano del 
otorgante, y después de sus días, D. Pedro de Padilla, nieto del 
dicho su hermano, hijo de D. l'ernando de Padilla, sobrino del 
otorgante, y en fin de su vida del dicho D. Pedro de Padilla, nie- 
lo del dicho su hermano, pase á su hijo mayor varón, y en falta 



380 boletín de i. a real academia de la historia 

de varón á la hembra mayor; y así sucesivamente, prefiriendo 
mayor á menor y varón á hembra, con dichas condiciones, y con 
que se junten y agreguen los bienes de este vínculo con el que 
hizo en su favor doña Ana de Morales, abuela del dicho D. Pedro 
de Padilla Chirino, y en falta de sucesión del dicho D. Pedro de 
Padilla suceda en dicho vínculo doña Ana de Padilla, hermana 
del dicho D. Pedro y sus descendientes, con preferencia de ma- 
yor á menor y de varón á hembra. Que en falta de la des- 
cendencia de la dicha doña Ana, había de suceder Charles de 
Valera, hermano del otorgante y sus descendientes; previnien- 
do que en falta de descendencia del dicho D. Pedro de Padilla 
habían de suceder los demás hermanos que tuviera, nietos del 
dicho su hermano, prefiriendo de mayor á menor y varón á 
hembra. 

Que en falta de todos los susodichos, sucediese mosén Diego 
de Valera y sus descendientes, con dicha preferencia, y asimismo 
llamó á dicha sucesión á las hijas del dicho mosén Diego de Va- 
lera y sus descendientes, con que se casen con hombres ejecuto- 
riados, y en falta de descendientes del dicho mosén Diego, suceda 
en dichos bienes doña Catalina Chirino, sobrina del otorgante, 
hija de su hermano D. Diego Valera Chirino. 

Que en falta de todos los susodichos, suceda el pariente mas 
cercano descendiente de Charles de Valera, abuelo del otorgan- 
te, y en falta de parientes pase al Convento de San Agustín del 
Puerto, con obligación de cantar cada año las misas que montare 
dicha renta, á medio ducado cada una. 

VI. En el año de 1599, solicitó D. Luis Chirino la posesión 
del olivar, casa molino y rozal que en su cabeza había vincula- 
do su padre D. Luis, y se mandó por la justicia en I 5 de Diciem- 
bre, según el testimonio núm. 6, que se le diese dicha posesión, 
como se le dio, á la que se opuso D. Pedro de Padilla, y seguida 
la instancia se le mandó amparar, imponiéndole perpetuo silen- 
cio al D. Pedro de Padilla, cjuien apeló; quedándose dicha ins- 
tancia en este estado. 

VIL En el Puerto, ante Alonso Pérez, en ló de Agosto de 
1600, nüm. 7, otorgó su testamento D. Luis Chirino, por el que 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 38 1 

mandó ser enterrado en la iglesia mayor, en la capilla que tenían 
él y sus hermanos. 

Declaró tenía hecha donación y vínculo con licencia de Su 
Majestad en favor de D. Luis de Padilla, su hijo natural, legiti- 
mado por S. M., por escritura ante Pedro de Plerrera en 4 de 
Septiembre de 1 598, cuya donación desde luego aprobaba y ra- 
tificaba en todo y por todo. 

Declaró que las casas grandes que servían de Cabildo, Cárcel 
y Pósito se habían vendido por el testador, sin haberlo podido 
hacer, en 400 ducados; manda que se reclamen y reintegren á 
dicho vínculo. 

Instituyó por su heredero universal al dicho Luis de Padilla 
Chirino, su hijo. 

VIIL Consta por el documento núm. 8 que estas casas, lla- 
madas las casas grandes del Alcaide, las vendió D, Luis Chirino, 
por sí y su mujer, doña Catalina de Valdespino, al teniente ge- 
neral Aparicio Duarte, por escritura otorgada en el Puerto, ante 
Alonso Hernández, en 26 de Junio de 1560, expresando que es- 
taban caídas. 

IX. Por el documento núm. 9, consta que D. Luis Chirino 
de Padilla, nieto de Hernando de Padilla, fundador, reclamó las 
casas principales como vinculadas, exponiendo que su padre, 
D. Luis Chirino, las había enajenado. 

Este documento núm. 9 es una copia simple de un pedimento 
del mismo nieto, en que demanda al Concejo, Justicia y Regi- 
miento del Puerto y al Adelantado mayor de Castilla sobre la res- 
titución de dichas casas. Estas casas, después de haber servido de 
Cabildo, fueron palacio de los señores Duques de Medinaceli. 

X, XI y XII. La disonancia de fechas de estos documentos 
y su contenido sólo producen dudas que desvanece el parecer de. 
los tres abogados de Granada de 18 de Junio de 1599, que es el 
documento núm. lO, en que se resuelve que D. Luis Chirino no 
pudo hacer el vínculo en su hijo natural, D. Luis, y, de consi- 
guiente, los bienes \inculados por Charles de Valera debieron 
quedar libres para su heredero, que lo fué Pedro de Padilla, her- 
mano mayor del dicho D. Luis; lo que se conoce asimismo por 

TOMO LXIV. 25 



382 l'.OLETÍN DE LA KEAI ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

c'l papel en derecho señalado, con el núni. II, y con otro sobre 
el mismo asunto, señalado con el núm. 12. 



Vínculo de Charles de Valera «el Mozo». 

Charles de Valera, el Mozo, hijo de Fernando de Padilla Va- 
lera y de doña Catalina de Vique, por su testamento, bajo el cual 
falleció, que fué otorgado en el Puerto ante Alonso Pérez, en 10 
de Noviembre de 1599, instituyó vínculo de unas casas que po- 
seía en la calle de la Iglesia de la Concepción, y de un pedazo 
de viña y tierra en el pago del Aceitunillo, término de aquella 
ciudad, á la linde de olivares de Sancho de Balmaseda, y los ca- 
minos reales, en que podría haber unas 18 ó 20 aranzadas; 
cuyos bienes mandó que se diesen á censo y fuesen para Pedro, 
hijo de Fernando de Padilla, difunto, nieto de D. Pedro de Pa- 
dilla, hermano del testador, para él y sus descendientes, como 
bienes vinculados, y, á falta de descendencia, volviesen al varón 
más cercano por la línea de su padre, con preferencia de mayor 
á menor y de varón á hembra. 

XIII. Lo referido consta de unos autos, señalados con el nú- 
mero 13 y formados sobre la propiedad de un pedazo de tierra 
en el Aceitunillo ó Laguna salada, término del Puerto, que, se- 
gún su medida, es de 18 V2 aranzadas. 

Por principio de estos autos está un testimonio por el que 
consta que, ante Alonso Guerrero, en i,° de Diciembre de iyi6, 
D. Alvaro Diego de Zurita, poseedor del vínculo de Charles de 
Valera, fundado por su testamento ante Alonso Pérez en 19 
de Noviembre de 1 599, dio á censo á Alonso Palomino Barrero, 
vecino del Puerto, un pedazo de tierra, en que había 18 aranza- 
das ó 20, como bienes de dicho vínculo, en el pago del Aceitu- 
nillo, término de dicha ciudad del Puerto, que lindaban con oli- 
vares de D. Sancho de Balmaseda y los caminos reales, en pre- 
cio y con cargo, cada aranzada de las que allí hubiera, de seis 
reales de tributo al plazo de San Juan. 

Al folio 9 de dichos autos está el testimonio de la fundación > 
hecha por Charles de Valera qué va referida. 



mos-In diego de valera: su vida v obras 383 

Después sigue otro testimonio por el que consta que, ante 
Pedro Durante Rallón, en 13 de Octubre de 1687, doña Leonor 
Micaela de Moría, viuda de D. Diego Alvaro de Zurita, dio en 
arrendamiento á Francisco López 20 aranzadas de tierra que 
5ÜS menores hijos tenían en el término de dicha ciudad, á la linde 
de olivares de D. Sancho Dávila. 

■ Al folio 12 se halla la medida de dichas tierras, por la que 
consta que dicha suerte se componía de 1 8 '/o aranzadas. 
: Y concluyen dichos autos con uno promovido por la Justicia 
del Puerto y presencia del escribano Pedro Guerrero en 18 de 
Julio de 17 18, en que se mandaron entregar á la parte originales, 
por ser títulos que justificaban la propiedad de dichas tierras. 

Testamento y vínculo de doña Elvira de Padilla. 

XIV. Doña Elvira de Padilla, hija de Hernando de Padilla 
\'alera Chirino, otorgó su testamento en el Puerto, ante Diego 
Hernández Montero, en 10 de Mayo de 1 582, que es el docu- 
mento núm. 14. 

Mandó las casas de su morada á D. Fernando de Padilla, hijo 
de D. Pedro de Padilla, su sobrino, por su vida. 

Mandó que por su ánima se dijesen dos remembranzas: la una 
el día de la Magdalena y la otra el de Nuestra Señora de Agos- 
to, en la capilla que sus padres tenían en la iglesia mayor del 
Puerto, para lo cual se impusiese un tributo sobre sus bienes. 

Nombró por albaceas á D. Pedro de Padilla y doña María, sus 
hermanos. 

Instituyó por heredera á doña María, su hermana, en calidad 
rio usufructuaria por los días de su vida, y mandó que en fin de 
ellos gozase sus bienes D. Fernando, sobrino de la testadora, 
hijo de D. Pedro de Padilla, su hermano, y después de él su 
hijo mayor ó hembra, con preferencia de mayor á menor y, de 
varón á hembra. Y á falta de la descendencia del dicho D. Fer- 
nando, herede dichos bienes D. Diego de Padilla, su hermano. 



384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Testamento y vínculo de doña María Chirino. 

XV. Doña María de Chirino, hija de Hernando de Padilla 
Valera Chirino y de doña María de Vique, otorgó su testamento- 
en el Puerto ante Gaspar de Flores en 22 de Mayo de 1582^ 
que es el documento núm. 15. 

Mandó ser enterrada en la iglesia mayor, en la tumba de sus 
padres. 

Instituyó dos remembranzas en la capilla de sus padres, una 
de Nuestra Señora de la Encarnación, y otra el día de la Asun- 
ción, que dotó con dos ducados de tributo perpetuo sobre una 
parte de solar que tenía en la calle Larga, en el mesón de la 
Orea, y sobre otro solar que era de Antón de Gracia, en la calle 
de San Bartolomé. 

Mandó á su hermano mosén Diego de Valera la mitad de unas 
viñas que tenía en el pago de la Cabeza, en comunidad con doña 
Elvira, difunta, y toda la parte que tenía en el Palmar del 
Cercado. 

Mandó un esclavo á mosén Diego de Valera y á Charles de 
Valera, sus hermanos. 

Mandó á Magdalena, hija de Luisa y nieta de Martín López, 
la tercera parte de la arboleda que tenía en las Jaretas, término 
del Puerto, por su vida, y en fin de ella había de volver la dicha 
tercera parte de arboleda á Charles de Valera, para que con los 
demás bienes de la testadora gozase de ellos por los días de su 
vida, y en íin de ellos lo hubiese de heredar todo su sobrino 
D. Fernando de Padilla, hermano de la testadora, por vía de 
vínculo. 

XVI. \\Vi la villa del Puerto, ante la real justicia y presencia 
de Cristóbal de Castro, en 12 de Junio de 1582 se formó un ex- 
pediente, que es el núm. 16, á instancia de D. P>rnando de Pa- 
dilla, hijo de D. Pedro de Padilla, en que expuso que le corres- 
pondía la herencia de doña Elvira de Padilla, su tía, difunta, por 
haber fallecido también doña María, hermana de la anterior, que 
había sido usufructuaria de aquélla. 

Mandó la Justicia que diese información de lo referido, y probó 



MOSÉN DIEGO DE VALERAC SU VIDA Y OBRAS 385 

la muerte de dichas sus dos tías, en cuya vista se le mandó dar 
la posesión de los enunciados bienes. 



Testamento y vínculo de doña Ana de Morales. 

X\^II. En el Puerto de Santa María, ante el escribano Alon- 
so Pérez, en l8 de Noviembre de 159^, núm. 17, otorgó su 
testamento doña Ana de Morales, mujer de D. Pedro de Pa- 
dilla. 

Mandó ser enterrada en la iglesia mayor, en la sepultura de 
sus padres, debajo de la lámpara, junto al altar mayor; declaró 
era su marido D. Pedro de Padilla. 

Mandó se apreciasen todos sus bienes dótales y parafernales, 
y que el tercio y remanente del quinto fuese para D. Pedro de 
Padilla, nieto de la testadora, hijo de D. Fernando de Padilla, su 
hijo, cu^^o tercio y quinto fuese vinculado y anduviese unido con 
■el vínculo que tenía D. Pedro de Padilla, su marido, y con el de 
Charles de Valera, tío del dicho su marido. 

Que si el dicho su nieto muriese sin hijos, pasase á los demás, 
sus hermanos, prefiriendo siempre mayor á menor y varón 
á hembra, con obligación de llamarse D. Pedro de Padilla, como 
el dicho su marido. Que falleciendo sin sucesión el dicho su nieto, 
volviese dicho vínculo al pariente más propincuo del expresado 
D. Pedro de Padilla, su marido, ó de la testadora. 

Instituyó por su único y universal heredero á D, Fernando de 
Padilla, su hijo, y del dicho su marido. 

Bienes de que se compone el vínculo de Charles de 
Valera «el Viejo», y de Hernando de Padilla, su hermano. 

Pos bienes de que se compone este vínculo, según la escritura 
que va señalada con el núm. I, son los siguientes: 

Las dos terceras partes que le correspondían en las casas 
grandes del Puerto, en la calle de la Iglesia. 

Y una heredad de olivar, molino y casa, término de dicha 
ciudad, en el pago de la Laguna salada, cuya heredad quedó 



386 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

hipotecada para el caso de que á su sobrino D. Luis Chirino, nó- 
le fuera cierta la donación de los 3.000 ducados. 

De la otra tercera parte de estas casas, hizo donación Her- 
nando de Padilla a su hijo D. Luis Chirino, como queda dicho 
en el núm, 2. 

Como Charles de Valera falleció sin sucesión, dejando por 
heredero á su sobrino D, Pedro de Padilla, según se ha dicho en 
el núm. 3, y su vinculación y herencia ofrecieron tantas dudas^ 
se citaron aquí los varios documentos que existen relativos á 
aquel tiempo y fundador, para que se infiera de su contenido la 
verdad del hecho. 

XVIIL Ll núm. 18 es un cuaderno que contiene lo siguiente,^ 
sin autoridad: 

Lo primero, la deposición de los testigos en el pleito que 
tenían los herederos del Comendador Charles de Valera, por 
haberse perdido el testamento de éste. 

ítem un alegato de I). Luis Chirino, sobre los 75 ducados que 
tenía por su encomienda Charles de Valera, su tío. 

Otro alegato del mismo D. Luis, sobre la posesión de seis 
aranzadas y 16 estadales de olivar. 

Un interrogatorio por parte de 1). Luis Chirino en el pleito 
sobre la herencia del Comendador Charles de Valera. 

Una copia autorizada á pedimento de Gutierre de Padilla, hijo 
de Lorenzo de Padilla, de una provisión del Duque de Medinace- 
li, en que manda á su corregidor de su villa del Puerto que cum- 
pla á su alcaide Charles de Valera, la merced que le había hecha 
el Duque, su padre, año de 1 508, del mesón de la Mancebía. 

Títulos de las fincas de Charles de Valera «el Viejo». 

XÍX. En el Puerto, ante Antón de Alarcón, en 16 de Enero 
de 1 5 10) núm. 19, Lope Ruiz de Hinojosa vendió al alcaide 
Charles de Valera y á doña Elvira, su mujer, un pedazo de viña, 
arboleda y olivar, en el pago del Juncal, término del Puerto, que 
lindaba con viñas de Cristóbal Labrador y viñas de Salvador 
Jiménez, en precio de 20 g) maravedís. 



MOSÉN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 387 

XX. De esta hacienda tomó posesión Charles de \"alcra 
ante dicho escribano Alarcón en 22 de Junio del mismo año 
de 1 510, como parece del documento núm. 20. 

XXI. En el Puerto, ante Fernando de Mercado, en 1 5 de 
Noviembre de 1 5 14) núm. 21, García de Padilla, hijo de Lorenzo 
de Padilla, recibió por dote de su mujer, doña Luisa de Valencia, 
hija del alcaide Charles de Valera y de doña Inés de Mosquera 
409.464 maravedís, los 150 £) por la sexta parte de la mancebía 
del Puerto y lOO.OOO por la sexta parte de las casas grandes, 
calle de la Iglesia que va á la plaza. 

XXII. Ante Alonso Hernández, en 4 de Enero de 1543, nú- 
mero 22, Antón Martín Lobo, vendió á Charles de Valera tres 
ducados de tributo abierto que le pagaba Francisco de Arias, 
sobre un pedazo de viña en Matachamariz, termino del Puerto, 
lindando por todas partes con olivares del dicho Charles de Va- 
lera, en precio de 24 ducados. 

Bajo dicho número sigue otra escritura otorgada en el Puerto 
ante Gonzalo Hernández Montero en 21 de Abril de 1 5 56, por 
la que Luis de Oliva (Salaíate y Leonor Bernal, su mujer, ven- 
dieron al Comendador Charles de Valera, un pedazo de tierra 
calina en el pago de Matachamariz, en que había tres aranza- 
das, linde viñas de Alonso de Vique y olivares de dicho Comen- 
dador, en precio de 16 ducados de oro. 

XXIII. En Sevilla, ante Martín de Ledesma, en 10 de Enero 
de 1544, Charles de Valora, vendió á Luis de Monsalve, vecino 
de Sevilla, 7.500 maravedís de tributo abierto por 75.OOO de prin- 
cipal que impuso sobre 195 aranzadas de olivar y viña con su 
casa y molino, término del Puerto, que por todas partes linda- 
ban con el camino Real; sus plazos, San Juan y Navidad. 

XXIV. En el Puerto, ante Diego Morel, en 30 de junio de 
I 55 1, núm. 24, Antón de Morales, vendió al Comendador Char- 
les de Valera un pedazo de tierra palmar en el pago de Mata- 
chamariz, en que habría 2 '/.^ aranzadas en linde de olivares de 
dicho Comendador. 

XXV. En el Puerto, ante Diego Morel, en 8 de Julio de 1 556, 
número 25, el Comendador Charles de Valera Chirino, D. Luis 



38S BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Chirino, hijo legítimo del alcaide Hernando de Padilla Valera y 
doña Catalina de la Oliva, por sí y en nombre de doña Catalina 
Valdespino, su mujer, dijeron que cuando el dicho ü. Luis ha- 
bía casado con la dicha doña Catalina \"aldespino, el dicho Co- 
mendador Charles de \"alera, su tío, le había mandado en ca- 
samiento 3.000 ducados de oro y se obligó á pagarle 150 duca- 
dos de tributo en cada año, de cuyos corridos se le debían por- 
ción de reales, y se transigieron en esta manera: Que el dicho 
]). Luis Chirino, por sí y su mujer, se contentaba en percibir 
30.000 reales de que el rey de Portugal le había hecho merced 
al dicho su tío Charles de Valera por la encomienda de Cristo. 

Bajo dicho número sigue la ejecución que hizo Mateo Bernar- 
dino, veneciano, contra los bienes de Charles de Valera, á cuya 
continuación se halla una requisitoria fie la Justicia del Puerto, 
para que .1 Luis Chirino se le diese traslado de dicha ejecución. 

Sigue un requerimiento que hizo mosén Diego en nombre de 
D. Luis Chirino, su hermano, á diferentes personas que tenían 
tierras de Charles X^alera. 

Sigue una provisión sobre el particular de los 3. 000 ducados. 

Sigue un poder de doña Juana Suasola, viuda de D. P'ernando 
de Padilla. 

Sigue una merced en latín del acostamiento que tenía Charles 
de Valera del rey de Portugal por su encomienda y un poder de 
I). Luis Chirino para cobrar los 75 ducados de encomienda. 

XX\^L Ante Alonso Hernández, en ó de Octubre de 1560, 
número 26, doña Catalina de Valdespino, mujer del Comenda- 
dor Charles de Valera, por sí y en nombre del dicho su marido, 
dio á censo perpetuo á Gaspar Hernández dos aranzadas de tie- 
rra palmar, término de dicha villa en Matachamariz, que por am- 
bas partes lindaban con tierras de la otorgante, en precio y con 
cargo de seis reales de tributo por cada aranzada, por Santos. 

XXVIL Ante García Hernández Olivares, escribano del Puer- 
to, en 14 de Octubre de iS^Si núm. 27, doña Catalina de Valdes- 
pino, mujer del Comendador Charles de \'alera, dio á censo per- 
petuo enfiteútico á Juan Sánchez Monic; tres aranzadas de ma- 
juelo en el pago de Matachamariz, linde tierras por ambas partes 



MOSÉN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 389 

de la otorgante en precio y con cargo de seis reales de plata por 
cada aranzada, por Santos. 

XXVIII. Ante dicho escribano, dicho día, mes y año, que es 
el documento núm. 28, la misma doña Catalina Valdespino, por 
sí y en nombre del Comendador Charles de Valera, su marido, 
dio á tributo á Nicolás de Almonte tres aranzadas de tierra pal- 
mar en Matachamariz, á precio de seis reales cada aranzada, por 
Santos. 

XXIX. La referida doña Catalina, ante Alonso Hernández, 
en 20 de Septiembre de 1 562, núm. 29, dio á censo perpetuo á 
Juan Martín Arroyo dos aranzadas de tierra en el pago del Ba- 
rranco, término del Puerto, que lindaban con tierras de Francis- 
co de S. Lucas, viñas de la otorgante y viñas de Andrés Díaz, en 
precio y con cargo de nueve reales de tributo por aranzada, al 
plazo de Todos Santos. 

XXX. En el Puerto, ante Gonzalo Hernández Monteros en 
29 de Diciembre de 1 569, núm. 30, el Comendador Charles de 
Valera, dio á censo enfitéutico á Juan Carnero tres aranzadas de 
tierra en el pago del Barranco, linde viñas suyas, en precio y 
con cargo de 12 reales de tributo por aranzada, al pago de Santos. 

Bienes del vínculo de Luis Chirino. 

Los bienes de que se compone este vínculo, según la escritura 
de fundación de 4 de Septiembre de 1 598, que queda en el nú- 
mero 5, son: 

Una heredad de olivar, casa y rosal en el Barranco, término 
del Puerto, junto á la Laguna salada, que había sido de Charles 
de Valera. 

Ittem el derecho que tenía á unas casas que había habido del 
alcaide Fernando de Padilla Chirino, su padre, la tercera parte, y 
las otras dos terceras partes de Charles de Valera Chirino, su 
tío, que estaban vinculadas ya por los dichos su padre y tío. 

XXXI. Queda dicho en el núm. I." que Charles de Valera 
hizo donación á su sobrino I). Luis Chirino de dos terceras par- 
tes de casas, calle de la Iglesia, para casar con doña Catalina 



3;;0 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

\\ildcspino, y adenicis se expresa en el documento núm. 3 1 que 
el mismo D. Luis Chirino recibió en dote del expresado su tío 
Charles de Valera para dicho casamiento las dichas casas, con 
condición que, falleciendo el D. Luis sin hijos, volviesen á los he- 
rederos del donante, y que, habiéndolo sido universal de éste 
D. Pedro de Padilla, su sobrino, requirió el mismo D. Pedro á la 
ciudad del Puerto ante Pedro de la Barrera en 2 de /Vbril de 
1579, para que respecto á no haber podido comprarlas ni el don 
Luis venderlas, no procediese á edificar cuartos ni aposentos en 
ellas para el Corregidor, etc. 

Bienes del vínculo de Charles de Valera «el Mozo». 

Queda dicho en el núm. 13 los bienes de que se compone el 
vínculo de Charles de Valera, el Mozo, que consisten en unas 
casas en el Puerto, en la calle de la Iglesia de la Concepción, gra- 
vadas con siete ducados de tributo abierto á los menores hijos 
de doña Isabel de Flores, y en un pedazo de viña y tierra en el 
pago del Accitunillo, que D. Alvaro Diego de Zurita, poseedor 
de dicho vínculo, dio á censo á Alonso Palomino Barrero en nú- 
mero de 18 aranzadas ó 20 ante Alonso Guerrero en l° de Di- 
ciembre de 1716, en precio, cada aranzada de las que allí hubie- 
ra, de seis reales de tributo, al plazo de San Juan. 

Títulos de estos bienes. Casas. 

XXXII. Las casas de este vínculo las hubo Charles de Va- 
lera de Juan Fernández Labrador y de Juana Sánchez de llines- 
trosa, su mujer, por escritura ante PVancisco de Saldaña en 18 de 
Abril de 1 583, como parece del núm. ^2, las cuales se compo- 
nían de un portal y un palacio, con el servicio de casa, en linde 
de casas de Francisco Pernal, gravadas con 500 maravedís de 
tributo al convento de la Concepción. 

Otra parte de dichas casas la hubo el mismo Charles de Va- 
lera por escritura ante el propio escribano dicho año de I 583 por 



MOSEN DIEGJ DE VALEKA: SU VIDA Y OBRAS 39 I 

traspaso que le hizo Bartolomé de (Jrbaneja, según consta en di- 
cho núm, 32. 

Bajo dicho número hay otra escritura otorgada ante Fernan- 
do de San Miguel en 2 de Agosto de 1583» por la que Juan Ber- 
nal Sastre, Mencía Alonso y Felipa de Santiago, hijos y herede- 
ros de Juana Sánchez de Hinestrosa, viuda de Juan Fernández, 
por sí y en nombre de sus hermanos, Catalina de los Angeles y 
María Bernal, dijeron que entre ellos se trataba pleito sobre que 
al dicho Juan Fernández le pedían los bienes que había recibido 
con la dichajuana de Hinestrosa, su mujer, y que ahora, por evi- 
tar dicho pleito, se habían transigido en esta manera: que el 
dicho Juan Fernández pagase 48 ducados y ciertas prendas de 
ropa, el cual dio 28 ducados de ellos en Charles de Valera. 

Bajo dicho número hay un testimonio por el que consta que 
Juana Sánchez Beata otorgó su testamento en el Puerto, ante 
García Hernández de Olivares, en 22 de Diciembre de 1 562, por 
el que, donó á Juana Sánchez, su sobrina, mujer de Juan Ber- 
nal, albañil, el palacio y portal de las casas de su morada, frente 
de las casas de Pedro de Benavides, con cargo de 500 mara\e- 
dís de tributo á las monjas de la Concepción, delTuerto. 

Estas casas se dieron á tributo en precio de 19 ducados per- 
petuos cada año, y las compró D. Fernando Francisco Philipon 
en el concurso hecho en el Puerto ante Francisco Pacheco, año 
de 1709, de cuyo tributo hizo reconocimiento el mismo I). Fer- 
nando Francisco PhiÜpon en favor de D. Alvaro de Zurita, ante 
Matías Nicasio Quiñones, en 20 de Septiembre de 1 7 10. 

D. F"ernando Philipon traspasó estas casas á D. Fernando de 
la Torre, ante Antonio Jiménez, escribano del Puerto, en fines 
de Mayo de 17 14, el cual, por escritura ante Matías Nicasio Qui- 
ñones en 10 de Junio siguiente, reconoció dicho tributo en fa\or 
de D. Alvaro Diego de Zurita. 

Tierras. 

Se ha dicho al principio que D. Alvaro Diego de Zurita dio á 
tributo perpetuo enfitcútico á D. Alonso Palomino las tierras de 



392 BOLETÍN PE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

este vínculo ante Alonso Guerrero en I.° de Diciembre de iyi6, 
en precio, y con cargo cada aranzada de 6 reales de tributo, al 
plazo de San Juan. 

T.a viuda 6 hijos de Alonso Palomino, por escritura ante Alon- 
so Guerrero en 2/ de Agosto de I/IQ, traspasaron á Pedro Ma- 
deira y Mendoza 1 8 aranzadas y media de tierra en el pago del 
Aceitunillo, con cargo cada aranzada de 6 reales de tributo. 

Por muerte de Pedro Madeira, xendió estas tierras su viuda, 
Constanza Pinche, á Alonso Díaz, por escritura, en el Puerto, 
ante D. Pedro de Castillejo en 2i de Agosto de 1725, y en 27 
de dicho mes y año, el citado Alonso Díaz, ante Alonso Gue- 
rrero, hizo reconocimiento de III reales de tributo perpetuo 
sobre 18 y media aranzadas de tierra del vínculo de Charles de 
Va lera. 

En el año de 1 7 57, en 21 de Panero, el marqués de Campo 
Real tomó posesión del vínculo de Charles de Valera, como cons- 
ta de la segunda pieza de autos que quedan en el núm. 13. En 
ellos está copia de la escritura de data de dichas tierras, hecha 
por D. Alvaro Diego de Zurita á Alonso Palomino Barrero, año 
de 1 7 16. Ea medida de ellas, por la que resulta que, de lindes 
adentro, había 18 '/g aranzadas. Y una providencia de la Jus- 
ticia del Puerto de l5 de Octubre de 1773 ante el escribano 
Juan Reina de la Vega, por la que se mandó hacer al marqués 
de Campo Real la restitución de las 18 7-2 alanzadas, y se 
le (lió su posesión en 1 5 de Octubre de dicho año, quedando 
consolidadas con el vínculo según se había solicitado, por no ha- 
berse pagado sus réditos ni haber antecedido facultad real para 
su data. 

Bienes del vínculo de doña Elvira de Padilla. 

Queda dicho en el nüm. 14 que doña EKira de Padilla fundó 
vínculo en D. Eernando de Padilla, su sobrino, hijo de su herma- 
no I). Pedro de Padilla, y aunque no se sabe con certeza los bie- 
nes de que hizo dicho vínculo, consta que en la partición que se 
hizo de los bienes de sus padres ante Diego Rodríguez, escribano 



MOSÉN niEGO DE VALEKA: su vida V OliRAS 393 

del Puerto, en 6 de Junio de 1 57 I, qi-iP 'o fueron Fernando de 
Padilla y doña Catalina de Vique, tocaron á doña Elvira en su 
casilla los bienes siguientes: 

La tercera parte de un pedazo de tierra, de 12 aranzadas, en 
la Isleta, á la banda de Puerto franco. 

ítem un pedazo de olivar en la Cabeza. 

ítem un pedazo de viña en Tiros. 

ítem un pedazo de solar en la calle Larga, que sale á la calle 
de Cielos. 

ítem otro pedazo de solar en fin de la calle de San Bartolomé. 

Bienes del vínculo de doña María Chirino. 

En el núm. 1 5 se ha referido el vínculo de doña María Chirino, 
que dotó con los bienes siguientes: 

Con una tercera parte de una arboleda, término del Puerto, en 
el pago de las Jaretas. 

Bienes del vínculo de doña Ana de Morales. 

En el núm. 1 7 se ha expresado la vinculación hecha por doña 
x'^na de Morales, mujer de D. Pedro de Padilla, en favor de don 
Pedro de Padilla, su nieto, hijo de D. P'ernando de Padilla, su 
hijo, y de doña Juana de Suazola, su mujer, pero no consta los 
bienes de que se dotó; sin embargo, se encuentran algunas escri- 
turas que son, al parecer, respectivas á este negocio, á saber: 

XXXIII. Doña Juana de Suazola, viuda de D. Fernando de Pa- 
dilla, como tutora de su hijo D. Pedro de Padilla, por escritura 
ante Juan de Silva en l6 de Octubre de l602, núm. 33, dio á 
censo abierto á Francisco de Moxica dos y media aranzadas de 
tierra en el término del Puerto, en el pago del Palomar, en linde 
de tierras de Juan de Arias, y tierras de Juan Fernández, en pre- 
cio y con cargo de 50 reales de tributo por los tercios del año. 

XXXIV. Ante Juan de Cisneros, en 30 de Junio de 1626, 
número 34, doña Juana de Suazola, viuda de D. Fernando de Pa- 
dilla, curadora de su nieta doña Ana María de Padilla, hija de su 



394 boletín de i a real academia de la historia 

hijo D. Pedro de Padilla, dio á censo abierto á Cristóbal García 
Pollo unas aranzadas de tierra que dicha menor tenía en el pago 
de Santa Fe, que lindaban con el camino del Tejar, viña de 
doña Paula Valdespino, y tierras de dicha menor, en precio y con 
cargo de ducado y medio de tributo cada aranzada, por Santos. 

XXXV. PvStas tierras se las dio Cristóbal García Pollo á su 
yerno Sebastián de Argomedo, y éste, con más porción, se las 
traspasó á Esteban de Mesa, quien, por escritura ante Lorenzo 
Plscudero, en 2 de Mayo de 1 65 5, núm. 35, reconoció 45 rea- 
les 12 maravedís de tributo sobre ellas en favor de D. Diego Al- 
varo de Zurita, que antes se pagaban á su madre doña Ana Ma- 
ría de Padilla. 

XXXVI. Después poseyó estas tierras Diego García Colla- 
do, el cual, por escritura ante Antonio Jiménez, en 25 de Di- 
ciembre de 1705, las traspasó á Pedro Fernández, y éste, por 
otra escritura ante Matías Nicasio Quiñones, en 3 de Noviem- 
bre de 171 5, núm. 36, reconoció este censo de 45 reales, que, 
reducido, había quedado en 27 reales en favor de D. Alvaro 
Diego de Zurita. 

Poseyendo estas tierras D. Jorge de Guzmán , sochantre de 
(."ádiz, redimió este censo Ante .'\lonso (juerrero en 3 de Abril 
de 1728. 

XXXVII. La misma doña Juana Suazola, por escritura ante 
)uan de Cisneros, en 30 de Junio de 1626, como tutora de su 
nieta doña Ana María de Padilla, dio á censo á Francisco Fer- 
nández Fanegas dos aranzadas y tres cuartas de tierra que dicha 
menor tenía en dos pedazos: el uno, que descabezaba con el ca- 
mino que iba á Santa Ciara, en linde de viñas de Pedro Sánchez 
Albañil; y el otro pedazo lindaba con viñas de Miguel Jerónimo, 
y viñas de Juan Arias, en precio y con cargo de ducado y me- 
dio por aranzada. 

XXXVIII. Reconoció esto tributo Felipe de Santiago ante 
Lorenzo Escudero en 23 de Mayo de 1655, expresando que 
eran 45 reales 12 mara\-ediís, y quo lo pagaba á I). Diego i\l- 
varo de Zurita, hijo de doña Ana María de Padilla, sobre dos y 
tres cuartas aranzada de tierra, \iña y arboleda en el pago de 



MOSEN DIEGO DE VALERA : SU VIDA Y OBRAS 395 

Santa Fe, con cuyo cargo las había habido de Francisco Fernán- 
dez Fanegas, su hermano, y que éste la había habido á tributo 
de doña Juana Suazola. 

XXXIX. Ante Jerónimo García de la Peña, escribano del 
Puerto, en 24 de Abril de 1651, núm. 39, Francisco Prieto hizo 
reconocimiento en favor de D. Alvaro de Zurita Riquelme de 
tres ducados de tributo abierto sobre cinco y media aranzadas de 
viña en el pago de Santa Fe, término del Puerto. 

XL. Ante Fernando Alvarez de Toledo, escribano del Puer- 
to, en 8 de Diciembre de 1616, núm. 40, Domingo Fernández 
Hortelano, vecino del Puerto, otorgó escritura de reconocimien- 
to en favor de doña Juana Suazola de 40 reales de tributo sobre 
cuatro aranzadas de tierra, pago de la Carpintería, en linde de 
tierras de Juan de Cisneros, con cuyo cargo las había habido de 
José Hernández. 

• XLI. Diego de Peña, por escritura en el Puerto, ante Juan 
de Cisneros, en 8 de Septiembre de 1638, núm. 41, hizo reco- 
nocimiento en favor de doña María de Padilla de 20 reales de 
tributo sobre dos aranzadas de tierra en el pago de la Carpinte- 
ría á la linde de tierras de Domingo Fernández. 

XLII. Alonso Marín, por escritura ante dicho escribano, 
dicho día, mes y año, núrh, 42, hizo reconocimiento en favor de 
doña Ana María de Padilla de 30 reales de tributo sobre tres 
aranzadas de tierra en la Carpintería, á la linde de tierras de José 
Hernández, y tierras de Diego de Peña, las cuales había habido 
en dote de José Hernández, su suegro. 

XLIII. José Hernández, por escritura ante Juan de Cisneros, 
en II de Septiembre de 1636, núm. 43, hizo reconocimiento en 
favor de doña María de Padilla de lO reales de tributo sobre una 
aranzada de tierra, pago de la Carpintería, en linde de tierras de 
Alonso Marín y olivar de Lorenzo Rodríguez. 

XLIV. Antón de Olivera Pimental, ante Juan de Cisneros, en 
24 de Noviembre de 1637, núm. 44, hizo reconocimiento en favor 
de doña Ana Maríade Padilla de 40 reales de tributo sobre cuatro 
a,ranzadas de tierra en ef pago de la' Carpintería, que había com- 
prado de Isabel García, viti:da de Domingo Hernández Hortelano. 



396 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

XLV. Kn el Puerto, ante Lorenzo Escudero, en 24 de Mayo 
de 1655, núm. 45, D, Diego Alvaro de Zurita dio á censo á Juan 
García seis aranzadas de tierra en el término de aquella ciudad, 
pago de la Carpintería, linde olivar de los herederos de Lorenzo 
Rodríguez y tierras de Tremando Galán, que eran las mismas que 
habían tenido 6 tributo José Hernández y Juana Ciarcía, padres 
del dicho Juan García, que se lo pagaban á D. Alvaro de Zurita 
y doña Ana María de Padilla, en precio y con cargo de 54 rea- 
les de tributo, abierto por Santos. 

Testamento de doña Juana de Suazola. 

XLVL Pin el Puerto, ante Francisco de Tapia, en 12 de Sep- 
tiembre de 1627, núm. 46, otorgó su testamento doña Juana de 
Suazola, viuda de D. Fernando de Padilla. 

Mandó ser enterrada en la iglesia mayor, en la capilla de San- 
ta Ana. 

Declaró por bienes suyos unas casas principales en la calle de 
Arco, que hoy se llaman de Palacio, y otras casas con almacén 
y molino de aceite. 

Dejó por su heredera á su nieta doña María de Padilla, hija de 
su hijo D. Pedro de Padilla y de doña Catalina de Cubas, su mu - 
jer, difunta. 

Esta misma doña Juana Suazola, por escritura en el Puerto, 
ante Juan de Cisneros, en 21 de Septiembre de 1623, hizo arren- 
damiento al señor duque de Fernandina de unas casas principa- 
les, grandes, que los menores hijos de D. Pedro de Padilla, te- 
nían en la calle de la Iglesia Mayor, que por un lado lindaban 
con la calle de San Bartolomé, y con molino de dichos meno- 
res, como consta en los autos de posesión que siguen. 

Posesión. 

XLVIL Doña Leonor Micaela de Moría, viuda de D. Diego 
Alvaro de Zurita, como tutora de su hijo D. Alvaro de Diego, 
según el documento núm. 47, tomó posesión en el Puerto de 



MOSÉN DIEGO DE VALEUA: SU VIDA Y OBRAS 397 

Santa María, ante la Real Justicia y presencia del escribano 
Francisco Pacheco, en 19 de Junio de 1691, de unas casas, caba- 
llerizas y cocheras que antes habían sido molinos, en la calle de 
la Iglesia Mayor de dicha villa, y en la calle de Arcos. 

XLVIII, Según el documento núm. 48, tomó posesión el 
marqués de Campo Real de los vínculos del Puerto año de 1735- 

Dicho documento son unos autos seguidos ante la Justicia del 
Puerto y presencia del escribano Antonio Jiménez, principiados 
en 2^ de Abril de 1/35 á instancia del marqués de Campo Real, 
D. Alvaro Diego de Zurita, para que se le diera la posesión de 
una heredad de 44 Y^ aranzadas y 16 estadales de olivar, 
tierra, casa y rozal, al sitio del Barranco, junto á la Laguna sa- 
lada, término del Puerto; y asimismo para que se le diera la po- 
sesión de una casa en la referida ciudad, que había sido Cabildo, 
Pósito y Cárcel, y pertenecían á sus vínculos. 

En cuyos autos hay otros seguidos ante dicha Justicia y pre- 
sencia del escribano Alonso de Vique, año de 1 603, por Luis 
Chirino con Mateo de Quirós, alférez mayor, y Alonso P'ernán- 
dez, contra bienes de ATateo Bernardino, por 3. 000 ducados, de 
cierta donación, en cuyos autos se hallan los documentos si- 
guientes: 

Al folio I.° está la emancipación de D. Luis Chirino, hecha 
por su padre D. Luis Chirino, ante la Justicia de Jerez y presen- 
cia de Pedro de Herrera, en 3 1 de Agosto de 1 598, expresando 
era su hijo natural, procedente de solteros, legitimado por Real 
cédula de Felipe II; su fecha en Toledo, 29 de Junio de I 596. 

Al folio 3.°, está otra escritura otorgada ante el dicho Pedro 
de Herrera, en 4 de Septiembre de I 598, por la que el mismo 
D. Luis Chirino hace donación al dicho D. Luis, su hijo, de una 
heredad de olivar, tierra, casa y rozal, que había sido de Charles 
de Valera, situada en el término del Puerto, al sitio del barranco 
y Laguna salada, asimismo hace donación del derecho á las casas 
del alcaide, Fernando de Padilla Chirino, padre del I). Luis, otor- 
gante, y del referido Charles de Valera, que, siendo vinculadas, las 
había vendido el dicho D. Luis á Aparicio Duarte, que estaban 
donde era la Cárcel, Cabildo y Pósito, cuya heredad de olivares 

TOMO LXIV. 26 



398 BOl.ETÍN DE LA KEAl, ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y casa de Cabildo, vinculó en cabeza del referido su hijo D. Luis 
y sus descendientes varones y hembras, y en falta de ellos habían 
de ser para ü. Pedro de Padilla, su hermano, y después de éste 
para D. Pedro, nieto del dicho su hermano, hijo de I), l'ernando 
de Padilla, agregándolo al vínculo fundado por doña Ana de Mo- 
rales; y que á falta de dicha descendencia, pasase á Charles de 
Valera, hermano del otorgante, y á la descendencia de mosén 
Diego de Valera, también su hermano; y en falta de todos, reca- 
yese en el convento de San Agustín. 

Al folio 15 se halla un testimonio en que se refiere que doña 
Ana de Morales otorgó su testamento en el Puerto, ante Alonso 
Pérez, en 18 de Noviembre de I 596, en que expresa era mujer 
de D. Pedro de Padilla; mandó que el tercio y quinto de sus bie- 
nes se agregase al vínculo que tenía el dicho su marido, en que 
sucedía su nieto, D. Pedro de Padilla, y dejó por su heredero 
universal á D. Fernando de Padilla, su hijo. 

Que doña Ana María de Padilla y Chirino, había dado su po- 
der para testar á su hijo D. A'varo P'rancisco de Zurita, en Al- 
calá, ante Alonso de Coca, en 23 de Junio de 1674, el cual había 
otorgado el dicho testamento ante dicho escribano, en 16 de Oc- 
tubre de 1675. 

Consta que había sido mandado enterrar en la capilla del San- 
tísimo de la iglesia Mayor de Alcalá, y de allí fuese trasladada á 
la iglesia Mayor del Puerto, á la capilla de Santa Ana, que había 
erigido y dotado mosén Diego de Valera y Chirino, séptimo 
abuelo de la enunciada doña Ana María de Padilla, de la que la 
susodicha era patrona. 

Que doña Ana María de Padilla, era hija de D. Pedro de Pa- 
dilla y de doña Catalina de Cubas Zurita, que había casado con 
1). Diego xVlvaro de Zurita Riquelme, hijo de D. Alvaro de Zu- 
rita Ayllón y de doña Catalina Diez Camacho, de cuyo matrimo- 
nio había tenido por hijo, entre otros, á D. Alvaro Francisco de 
Zurita, casado con doña Francisca de Zurita, hija de D. I'^ernan- 
do de Zurita y de doña Luisa Fernández Auñón, que D. Alvaro 
l'rancisco de Zurita había testado ante Pedro Durante Rayón, 
en 24 de Julio de 1678, el cual era hijo de D. Diego Alvaro de 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 399 

Zurita y de doña Ana María de Padilla, que era su mujer, doña 
Francisca de Zurita, hija de D. Fernando y de doña Luisa Fer- 
nández Auñón, y que tenían por su hijo único á D. Diego 
Alvaro. 

Que D. Diego Alvaro de Zurita, había dado su poder para 
testar á su mujer, doña Leonor Micaela de Moría, ante Juan 
López Moreno, en 4 de Abril de 1 680, y que ésta había otor- 
gado dicho testamento en 27 de Mayo de dicho año, decla- 
rando por sus hijos á D. Alvaro, D. Diego y doña Francisca 
de Zurita. 

Al folio 19, se halla el bautismo de doña Ana María de Padi- 
lla, hija de D. Pedro y de doña Catalina de Cubas, en la iglesia 
del Puerto, en 3 de Abril de 1617. 

Al folio 20, está el casamiento de dicha doña Ana María con 
D. Alvaro de Zurita, hijo de D. Alvaro de Zurita y de doña Ca- 
talina Camacho, en el Puerto, en 7 de Agosto de 1635. 

Al folio 21 hay testimonio del testamento de D. Joaquín An- 
tonio Chirino Reinoso, otorgado en el Puerto, ante Pedro de 
Castillejo, en 12 de Abril de 1 735, por el que declaró era posee- 
dor del vínculo fundado por doña María de Padilla, en que suce- 
día por su muerte, D, Alvaro de Zurita, Marqués de Campo 
Real. 

Al folio 22 está la partida de entierro del dicho D. Joaquín 
Antonio Chirino, marido de doña Ana María de 'Lila, en la igle- 
sia del Puerto, en 14 de Abril de 1735- 

Al folio 26 está la demanda puesta por D. Luis de Padilla Chi- 
rino, hijo de D. Luis Chirino. 

Al folio 27 está una escritura otorgada en Jerez, ante Diego 
López, en 6 de Septiembre de 1553) poi" 1^ ^^-le el Comendador 
Charles de Valera de Padilla, caballero de la Orden de Cristo, 
vecino del Puerto, hace donación á su sobrino, D. Luis Chirino, 
hijo de Llernando de Padilla \^alera Chirino, alcaide del Puerto, 
y de su niujiM^ doña Catalina de Vilque, para dote de su casamien- 
to con doña Catalina do Valdespino, hija de líartolomé Núñez 
Dávila y de doña Isabel Dávila, su mujer, de 3. 000 ducados de 
oro, con calidad de que no los pudiese enajenar por su vida, pero 



400 nOLETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

que, teniendo hijos, pudiese disponer de ellos á su voluntad, y 
que en el caso de no tener sucesión, volviesen al dicho Charles 
de Valera, á sus herederos ó persona que nombrase, hipotecan- 
do á esta paga una heredad de olivares y molino, con casa de 
campo, término del Puerto, al pago de la Laguna salada. Asimis- 
mo comprende esta relación las dos terceras partes de unas casas 
grandes en dicha ciudad del Puerto, en la calle de la Iglesia, que 
lindaban con casas de Juan Rodríguez Franco, y casas de Juan 
de Gallegos, con la misma condición que los dichos 3.000 du- 
cados. 

Al folio 34 está el testamento de D. Luis Chirino, otorgado 
en el Puerto ante Alonso Pérez, en 16 de Agosto de 1600, por el 
que declaró tenía hecha escritura de donación y vínculo con 
licencia de S. M., en favor de Luis de Padilla Chirino, su hijo na- 
tural, legitimado por el Príncipe, la cual había pasado en Jerez 
ante Pedro de Herrera, en 4 de Septiembre de I 598; cuya do- 
nación aprobaba y ratificaba en el todo, como en ella se conte- 
nía, y siendo necesario, hacía heredero al dicho Luis de Padilla 
Chirino, de los bienes que en ella se contenían, con las condi- 
ciones y vínculos declarados en dicha donación, y con calidad de 
que el dicho Luis de Padilla Chirino, su hijo, se hubiese de casar 
con quien su padre le mandase, y que, no haciéndolo así, le ex- 
cluya de dicho vínculo; y asimismo que los hijos del dicho su 
hijo hubiesen de observar la misma precisión de casarse á volun- 
tad de sus padres. 

Declaró que tenía un hijo natural, llamado Alonso de Aragón,^ 
que había fallecido en Indias. 

Declaró que Martín Farfán, vecino de Jerez, le pagaba un cen- 
so de 500 ducados de principal sobre las casas de su morada,.. 
coUación de San Salvador. 

Que las casas grandes que eran Cabildo, Cárcel y Pósito del 
Puerto, las había vendido á Aparicio Duarte en 400 ducados, las 
cuales no había podido vender por ser vinculadas; mandó que 
después de su muerte las demandase el dicho su hijo, y volvie- 
sen al citado vínculo. 

Instituyó por su heredero á Luis de Padilla Chirino, su hijo. 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA V OBRAS 4O 

Al folio 105, solicitó D. Alvaro Diego de Zurita, Marqués de 
"Campo Real, la posesión del vínculo fundado por I). Luis Chiri- 
no, en que había sucedido D, Luis Chirino, primero llamado, y 
por su muerte D. Luis Chirino, su hijo, por cuyo fallecimiento 
entró en su hijo del mismo nombre, y por su falta recaj'ó en don 
Joaquín Chirino, su hijo, el cual había fallecido sin sucesión legí- 
tima y, por tanto, había recaído en el citado marqués como hijo 
mayor de D. Diego Alvaro de Zurita y de doña Leonor Micaela 
de Moría, nieto de D. Alvaro de Zurita y de doña Francisca de 
Zurita, biznieto de doña Ana María de Padilla y de D. Alvaro de 
Zurita. Que la dicha doña Ana María de Padilla había sido hija 
de D. Pedro de Padilla Chirino y de doña Catalina de Cubas y 
Zurita, y el dicho D. Pedro de Padilla había sido hijo de D. Fer- 
nando de Padilla y de doña Juana de Suazola, su mujer; y el di- 
cho D. Fernando había sido hijo de D. Pedro de Padilla Chirino 
y de doña Ana de Morales, y el dicho D. Pedro había sido her- 
mano legítimo del fundador y segundo llamado á dicho vínculo. 

En consecuencia, por la Justicia del Puerto y presencia de An- 
tonio Jiménez, en 26 de Abril de 1 735 se le dio la posesión al 
citado marqués de su hacienda de olivar, tierra y casa en el pago 
del Barranco, ¡unto á la Laguna salada, término de dicha ciudad 
del Puerto. 

Al folio 109 hay otro pedimento del citado marqués, solici- 
tando la medida, deslinde y amojonamiento de dicha heredad, 
indivisa con tierras que poseía floña Ana María de Lila y Val- 
dés, viuda de D. Joaquín Antonio Chirino. 

Después sigue un testimonio del testamento de D. .\lvaro 
Diego de Zurita, otorgado ante Juan Buitrago y Luxa en 28 de 
Abril de 1756, por el que declaró que sucedía en sus vínculos 
D. Alvaro de Zurita y Orellana, su nieto, hijo mayor de D. Die- 
go Alvaro de Zurita, hijo mayor del otorgante; y que dicho 
marqués, ante el propio escribano, en 30 de Noviembre del re- 
ferido año había otorgado un codicilo en que expresaba que su 
nieto D. Alvaro de Zurita había fallecido, y que sucedía en sus 
vínculos D. Antonio de Zurita, su hermano, nieto asimismo del 
otorgante. 



402 boletín de la real academia de la historia 

Y en la última hoja de dichos autos consta que ante la Reaí 
Justicia y presencia de Sebastián Francisco Rodríguez, en 21 de 
Enero de 1 7 5/, el citado D. Antonio de Zurita tomó posesión 
de la hacienda de olivar, nombrada del Barranco, que lindaba 
con la Laguna salada. 

XLIX. Según el documento núm. 49, tomó posesión dicho 
Marqués en Jerez, en I4 de Enero de 1757) del vínculo fundado 
por I). Alvaro de Zurita y dona l'^lvira Kiquelmc; en el Puerto, 
en 21 de dicho mes y año, la tomó de un solar, calle de Saa 
Bartolomé, esquina á la de Palacio; en Alcalá, en 9 de Marzo de 
dicho año, la tomó de las casas frente del convento de Santa 
Clara, pertenecientes al vínculo fundado por doña Isabel de 
Ayllón, y de las casas calle de la Loba, y de las tierras de Pela- 
gallos, del vínculo fundado por Diego Sánchez de Ayllón. 

Según el mismo documento núm. 49, D. Diego de Zurita,, 
marqués de Campo Real, en Jerez, en 9 de Junio de 1789, tomó 
posesión de unas casas en el Arroyo, esquina de la calle de las 
Barraganas, por un censo que sobre ellas se paga al vínculo fun- 
dado por D. Alvaro de Zurita y doña Elvira Riquelme. 

En el Puerto, en 26 de dicho mes y año, la tomó de unas ca- 
sas calle del Palacio con esquina y \uelta á la de San Bartolomé. 
Y en Alcalá la tomó en 20 del mismo mes y año de unas casaSy 
calle y frente de las monjas de Santa Clara, pertenecientes al 
vínculo fundado por doña Isabel de Ayllón, de otras casas calle 
de la Loba y de las tierras de Pelagallos. 

LII. ¥.n el Puerto, ante Cristóbal de Aguilar, en 4 de Julio de 
1586, núm. 52, D. B>ancisco de Padilla hizo donación á su ma- 
dre doña Ana de Morales, mujer de D. Pedro de Padilla, su pa- 
dre, de los bienes que había heredado de su tía doña Elvira y 
de los que debía heredar después de los días de Charles de Va- 
lera, usufructuario de los bienes que le había dejado doña María^ 
hermana de la dicha su tía doña Elvira. 

Lili. En el Puerto, ante Alonso Pérez, en 25 de Mayo de 
1589, núm. 53, García Méndez de Seguera dio poder á mosén 
Diego de Valera, estante en Madrid, para que exhibiese ante Su 
Majestad los documentos necesarios á justificar que las casas de 



MOS¿N DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 4O3 

SU morada no eran de alquiler, y que en ellas tenía molino de 
aceite, almacenes, etc. 

LIV. El documento núm. 54 contiene la posesión y amparo 
de unas casas en el Puerto, que eran de D. Pedro de Padilla y 
de doña Ana de Morales, cuya posesión fué dada á doña María 
de Valenzuela, viuda del jurado Pedro González Bazán, por los 
corridos de un censo que sobre ellas se le pagaba. 

Sigue bajo dicho número una obligación del pago de una deu- 
da de D. Pedro de Padilla Chirino. 

Sigue una petición de D. P'ernando de Padilla sobre la venta 
de un tributo á que se oponía D. Pedro de Padilla, padre del di- 
cho D. Fernando. 

Sigue un escrito del alcaide P'ernando de Padilla Chirino, pi- 
diendo á la Justicia se le entreguen ciertos bienes mostrencos. 

Después está un reconocimiento de un censo impuesto sobre 
un oficio de escribano de Ronda que se pagaba á doña Úrsula 
de Padilla, en que había sucedido su hermano D. García de Pa- 
dilla, que después había heredado D. Diego Maraver de Padilla. 

Después está una merced hecha por S. M. á doña María de 
Padilla, viuda del capitán D. Francisco Ibáñez, de cuatro reales 
cada día. 

LV. El núm. 55 es un legajo que contiene los documentos 
siguientes: 

El testamento de doña Ana María de Padilla, otorgado en la villa 
de Alcalá ante D. Alvaro de Coca, en 16 de Octubre de 1075) 
por D. Alvaro Francisco de Zurita Riquelme y Padilla, su hijo, 
en virtud del poder que para ello le había conferido ante dicho 
escribano en 23 de Junio de 1674, por el que mandó ser ente- 
rrada en la capilla del Santísinio de la iglesia Mayor de Alcalá, 
de que era patrono, ó que se depositasen sus huesos en la igle - 
sia Mayor del Puerto, al lado derecho de la capilla de Nuestra 
Señora de los Milagros, en la capilla de Santa Ana, que había 
fundado y dotado mosén Diego de Valera, séptimo abuelo de la 
dicha doña Ana María de Padilla. 

Declaró que su madre había sido casada y velada, según orden 
de Nuestra Santa Madre Iglesia, con D. Alvaro de Zurita, padre 



404 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

del otorgante, hijo legítimo de I). Alvaro de Zurita Aylión y de 
doña Catalina Camacho, su mujer, y que la dicha doña Ana Ma- 
ría de Padilla, su madre, era hija legítima y natural de I). Pedro 
de Patlilhi Chirino y de dona Catalina de Cubas, y que los dichos 
doña Ana María de Padilla y D. Diego Alvaro de Zurita habían 
tenido por su hijo á D. Alvaro Francisco de Zurita, otorgante, 
que era el mayor, á D. Cristóbal de Zurita, á doña Isabel María 
de Zurita y á doña Catalina Margarita de Zurita. 

Declaró el otorgante que él había casado con doña Francisca 
de Zurita, hija legítima de D. Fernando Jacinto de Zurita y de 
doña Luisa Fernández de Auñón. 

Declaró que la dicha doña Ana María de Padilla había lle\ ado 
al matrimonio varios bienes vinculados de casas, tierras y tribu- 
tos en el Puerto de Santa María, en que sucedía el otorgante. 

Declaró que por muerte de sus abuelos maternos, Cristóbal 
Marín de Cubas y doña Inés de Zurita, habían quedado ciertos 
bienes. 

Declaró que la dicha su madre había sido patrona de una ca- 
pellanía fundada en la iglesia Mayor del Puerto y de otra fun- 
dada por doña Catalina Chirino, de las cuales el otorgante era 
patrono. 

Sigue una información hecha en el Puerto ante Juan de Cisne- 
rf)S en 10 de Octubre de 1633, po"^ '<* 4*^^ doña Ana María de 
Padilla justificó pertenecerle unas casas que habían sido de don 
Pedro de Padilla, su padre, situadas en el Puerto, otras en la calle 
del Arco y otras en la de San Bartolomé. 

Después sigue una escritura otorgada en el Puerto ante Barto- 
lomé de Madrid en 8 de Mayo de 1 640, por la que doña María 
de Padilla dio á tributo unas casas en el Puerto. 

PZstas casas no pudo darlas á tributo porque sólo era usufruc- 
tuaria de ellas, y así se recogieron dichas casas, dejando correr 
dicho tributo, de que hay aquí dos reconocimientos. El uno otor- 
gado en el Puerto ante Esteban Martín Camero en 4 de Julio de 
1680, por el que el sargento mayor (jabriel del Águila y doña 
Francisca de Ojeda, su mujer, se obligaron <í pagar á doña Leo- 
nor Micaela de Moría, como tutora de sus menores hijos, 1 1 du- 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 4O5 

cados de tributo sobre unas casas que eran las de su morada, 
calle de San Bartolomé, linde casas de los herederos de D. Juan 
de Bedoya, y casas principales que fueron de D. Pedro de Pa- 
dilla, y por las espaldas con corrales y trasmanos de dichas casas 
principales. 

El otro reconocimiento fué hecho en dicha ciudad del Puerto 
ante Matías Nicasio Quiñones en il de Junio de 1714, por el 
cual I). Pantaleón Ticio, tesorero del duque de Medinaceli, dijo 
que en pública almoneda se le había rematado en 22 de Diciem- 
bre de 17 1 3 unas casas, calle de San Bartolomé, linde solar de 
los herederos de D. Juan de Bedoya, y casas caídas del vínculo 
de Alvaro de Zurita, cuyas casas habían sido del sargento mayor 
D. Gabriel del iVguila y que estaban gravadas con II ducados 
de tributo abierto que, reducido, había quedado en 72 reales 20 
maravedís, los cuales se obligó á pagar al dicho D. Alvaro de 
Zurita por los días 22 de Diciembre de cada año. 

LVI. El núm. 56 es una provisión de Granada de I4 de Julio 
de 1707 á instancia de D. Alvaro de Zurita, quien se querelló 
del alcalde mayor del Puerto de que, estando siguiendo pleito 
ante la Real Justicia de Jerez con D. Diego Juan de Ceballos, so- 
bre la identidad de unas casas y molino de aceite, calle de la 
Iglesia Mayor, y estando recibido á prueba por haberse embar- 
gado en P'rancisco de la Cruz, inquilino del D. Alvaro, la venta 
de dos cuartos y dos cocheras de una de sus casas, calle de Pa- 
lacio, no liabía querido dar cumplimiento á una requisitoria para 
C|ue dicho depositario pagase, se manda se le dé cumplimiento y 
se remitan los autos. 

LV lí. El núm. 57 ^s una noticia acerca de si eran vincula- 
das las casas y molino que en el Puerto poseía D. Pedro de Pa- 
dilla en la calle de la Iglesia Mayor. 

Nobleza y honores. 

LV'III. VJí núm. 58 es un testimonio presentado por Pedro 
Riquelme para probar ser caballero hijodalgo. 

LIX. El núm. 59 es otro testimonio dado por Sebastián de 



<106 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Torres, escribano de Cabildo del Puerto, de una ejecutoria en 
que á Fernando de Padilla se le declara por hijodalgo. 

LX. El núm, 6o son unas cartas originales del Rey y del 
duque de Medina, escritas á Charles de Valera, á mosén Diego 
de Valera y al alcaide P>rnando de Padilla (l). 

LXI. El núm. 6l son algunas apuntaciones y cartas, que con- 
ducen á los apellidos de López de Padilla, Chirino y Valera. 

LXII. R\ núm 62 es una copia simple de una merced hecha 
por D. Juan de la Cerda, duque de Medinaceli, ante el secreta- 
rio Plernando de la Mota, en 20 de Abril de I 532, en favor de 
D. Gutierre de Padilla, continuo de su casa, de 30 aranzadas de 
tierra calma, término del Puerto. 

LXIII. El núm. 63 es un legajo de varias cartas de D. Luis 
Chirino al duque y duquesa de Medinaceli y sus respuestas. 

LXIV^. El núm. 64 son diferentes títulos por donde consta 
que á los caballeros Chirinos se les volvían como á hijosdalgo los 
maravedís de la imposición de la carne. 

LXV. El núm. 65 es una copia de una orden de S. M. de 14 
de Octubre de 1 526, para que no se permita que pasen á África 
Gonzalo Pérez de Gallegos, Martín Dávila y Charles de Valera al 
desafío con Benjalí, Jamete, Galilí y Bujema Ben jalla. 

LXVL El núm. 66 es la legitimación de mosén Diego de Va- 
lera, hijo del alcaide Fernando de Padilla Chirino, casado y de 
mujer libre, por Real cédula firmada de S. M. fecha en Torre- 
mocha á 12 de Marzo de I 583. 

LXVIL El núm. óy es una petición de D. Pedro de Padilla 
en la Chancillería, año de 1618, pidiendo licencia para subir á 
estrados como caballero hijodalgo notorio, la cual se le concedió. 

LXV^III. El núm. 68 es un testimonio del Cabildo del Puerto 
á instancia de D. .Alvaro Francisco de Zurita, para no pagar la 
imposición sobre la carne. 

LXIX. El núm. 69 es una petición hecha en la ciudad de 
Ubeda, por D.Juan de Berrio Mesía, para c]ue se le diese un tras- 
lado autorizado de la ejecutoria del alcaide Fernando de Padilla. 

(i) Estas cartas son las transcritas anteriormente. 



MOSEN DIEGO DE VALERAI SU VIDA Y OBRAS 4O7 

LXX. El núm. 70 es una merced hecha por D. Juan de la 
Cerda, Duque de Medinaceli, Conde del Puerto, á Fernando de 
Padilla \^alera Chirino, de la alcaldía de la fortaleza del Puerto, 
que había vacado por muerte del limo. Sr. D. Gastón de la 
Cerda, hermano del mismo Duque, año de 1552. 

LXXI. El núm. 71 es una información hecha por D. García 
de Padilla, referente á sus servicios en la ciudad de Manila, en 16 
de Abril de 1574. 

LXXII. El núm. 72 es el título de alcaide mayor de la pro- 
vincia de Chiapa, en Guatemala, en favor de D. García de Padi- 
lla, su fecha en Lisboa, en 1 5 de Enero de 1 582. 

LXXIII. El núm. 73 es una comisión dada á D. García de 
Padilla, para tomar residencia á las Justicias de Chiapa. 

LXXIV. FA núm. 74 son varias mercedes expedidas en favor 
de D. Diego Chirino, Gobernador de la galeraNuestra Señora de 
la Soledad. 

LXXV. El núm. 75 son varias mercedes en favor de D. Gar- 
cía de Padilla. 

LXXVI. El núm. "jQ es un cuaderno simple del origen y des- 
cendencia de los Chirinos y Loaisa, de Cuenca, Ubeda, Baeza y 
demás de Andalucía. 

LXXVII. P2l núm. J"] es otro cuaderno que contiene mate- 
riales para escribir la casa de los apellidos de Chirino y Valera. 

Capilla de Santa Ana. 

LXXVIII. El núm. 78 es una merced hecha por D. Juan de 
la Cerda, Duque de Medinaceli, Conde de la villa del Puerto, á 
Charles de Valora, alcaide de la fortaleza de dicha villa, y á 
Diego de Valera, su hijo mayor, para labrar una capilla en la 
iglesia parroquial de dicha villa; su data en la villa de Cifuentes, 
en 6 de Enero de I5I9- 

LXXIX. El núm. 79 es Lina información original hecha en el 
Puerto, año de 15851 por Pedro de Padilla Chirino, en la que 
probó ser suya y de sus antepasados la capilla que en la iglesia 
Mayor del Puerto había labrado mosén Diego de Valera, cuya 



408 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

capilla se le adjudicó al dicho D. Pedro por el Juez eclesiástico, 
en 3 de Enero de dicho año de I 585, para él y sus herederos y 
descendientes. 

LXXX. VA núm. 80 es una copia simple de la información 
que se cita en la nota anterior, y á su fina! se hallan algunas refle- 
xiones para hacer ver que el Marqués de Campo Real no es Pa- 
trono de dicha capilla, y que, por tanto, no debe concurrir al 
reparo de la capilla del Santo Cristo y Santa Ana, quo contienen 
"los Oficios que se colocan en este número de los años de 1 767 
y 1768. 

Capellanía de doña Catalina Chirino. 

LXXXI. P21 núm. 81 es un legajo que contiene los docu- 
mentos siguientes: 

Un título del derecho del Patronato de la capellanía fundada 
por doña Catalina de Zurita, expedido por el Provisor de Sevilla, 
en 6 de Junio de 1 736, en fa\or de D. Alvaro Diego de Zurita. 

ítem una escritura otorgada en Sevilla ante Juan Bautista de 
Contreras, en 19 de Julio de 1616, por la que doña Catalina Chi- 
rino, viuda de Gómez Hurtado, natural del Puerto de Santa Ma- 
ría, instituyó una capellanía de misas rezadas en la iglesia Mayor 
de dicha ciudad del Puerto, en la capilla de Santa Ana, la cual 
dotó con 38.424 maravedís, por 788. 460 de principal, mitad de 
76.847 maravedís de juro en cada año por 1. 576.920 de princi- 
pal que cobraba sobre las rentas de alcabala de Se\-illa, por pri- 
vilegio librado en su cabeza, su fecha en Madrid, 6 de Octubre 
de 1608. Mandó que las misas de dicha capellanía se dijesen en 
cada un mes las que cupieran, según dicha renta á cuatro y me- 
dio reales por cada una, las cuales se habían de decir en la dicha 
Capilla de .Santa Ana. Nombró por primer Capellán á Miguel 
Mateos, Presbítero; y después de él Diego de Vique Mendoza, 
primo de la otorgante; y después de él, los parientes de su linaje, 
así por parte de su padre como de su madre, prefiriendo el más 
cercano; y en un grado al mayor, y en igual edad, al que estu- 
\"iere ordenado; y en estos tres grados al más hábil; cuya orden 
se había de guardar hasta que se extinguieran todos sus parlen- 



MOS^N DIEGO DE VALERAl SU VIDA V OBRAS 4O9 

tes, y que en falta de ellos sucediesen capellanes extraños, cléri- 
gos ó estudiantes, los que los Patronos nombrasen. Nombró por 
Patronos á niosén Diego de V^alera, su hermano; á D. Pedro de 
Padilla, su sobrino, nieto de D. Pedro de Padilla, hermano de la 
otorgante, hijo de D. Fernando de Padilla, y al dicho Miguel 
Mateos y á Luis de Padilla, y que después de ello hubiese sólo 
dos Patronos, que lo fuesen dos descendientes de los dichos su 
hermano y sobrino, con preferencia de mayor á menor y de va- 
rón á hembra, y en falta de ellos los parientes más cercanos, y 
no habiéndolos lo fuese el Vicario de la iglesia del Puerto y el 
Prior de San Agustín de dicha ciudad. Después dijo que era su 
voluntad preferir en la sucesión de dicha Capellanía al dicho don 
Pedro de Padilla y á sus descendientes, y en falta de ellos lo fue- 
sen los demás parientes de su linaje. 

Sigue en dicho legajo el nombramiento de Capellán de dicha 
Capellanía hecho por su Patrono D, Alvaro Diego de Zurita, 
Marqués de Campo Real, en favor de su hijo D. Pedro Manuel 
de Zurita, ante Alonso Guerrero, en 5 de Marzo de 1736, á quien 
se despachó título de colación en 6 de Junio de dicho año, y á 
continuación tomó posesión de dicha Capellanía en 3 de Agosto 
del mismo año. 

Después sigue un testimonio por el que consta que ante Diego 
de la Barrera Farfán, escribano de Sevilla, en lO de Junio de I 5/7, 
otorgó su testamento Gómez Hurtado, por el que instituyó por 
sus herederos á sus tres sobrinos Fernando, Lucas y Diego de 
la Sal, y mandó á su mujer doña Catalina Chirino II2.500 mara- 
vedís de juro sobre las alcabalas de Sevilla y unas casas en la co- 
llación de San Bartolomé. 

LXXXIL El núm. 82 es una certificación, su fecha en Ma- 
drid, 28 de Septiembre de 1 746, por la que consta que D. Ga- 
briel de Vela tenía un privilegio de 38.425 maravedís de -juro, 
situados en las alcabalas de Sevilla, que por la pragmática del 
año de 1727 ciuedó reducido á 23.055 mara\-cdís, los cuales per- 
tenecían á D. Pedro de Zurita, Capellán de la que en el l'uerto 
había fundado doña Catalina Chirino. 

LXXXIII. El nüm. 83 es un título de Patronato de la Cape- 



410 nOr.ETIN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

llanía de doña Catalina Chirino, en favor de I). Antonio María 
de Zurita, su fecha II de Marzo de 1778. 

LXXXIV. El núm. 84 es una certificación de la visita de 
diclia Capellanía, por la que consta que tiene de obligación I40 
misas. 

LXXXV. El núm. 85 es una certificación que trata de no 
haberse cobrado el juro que pertenece á esta Capellanía. 

LXXXVI. El núm. 86 es un poder y otros recados, entre los 
cuales está un título de Patrono de dicha Capellanía en íavor de 
D.Joaquín Chirino, su fecha 20 de Febrero de 1707. 

LXXXVII. El núm. S/ son unos documentos pertenecientes 
á la Capellanía de doña Catalina Chirino, entre los cuales está 
un tanto de la fundación. 

Capellanía de mosén Diego de Valera y de Charles de 
Valera, su hijo, y de doña Elvira de Espinóla. 

Mosén Diego de \^alera. Maestre de Sala del Rey D. Juan y 
después de su Consejo, y Embajador para diferentes Cortes, dotó 
para el Capellán que dijese la misa en su capilla de Santa Ana en 
la iglesia Mayor del Puerto 6.000 maravedís cada año, cuya renta 
señaló en las casas donde vivía García Dávila; y en 200 tajos 
de salinas, que tenían los herederos de Juan de Lucena, y mandó 
que fuese Patrono de ella su hijo el alcaide Charles de Valera, 
y sus nietos, biznietos y descendientes. 

El referido Charles de Valera, su hijo, por su testamento que 
otorgó en Jerez, ante Francisco de Sanabria, en 30 de Abril 
de 1537, agregó á los 6.00O maravedís de la dotación de dicha 
Capellanía otros 4.166 maravedís para que se dijesen de misas 
por su ánima y de sus padres, y nombró por Patrona á doña 
Elvira de Espinóla, su mujer, y á sus hijos y descendientes; y 
mandó que dichos 4. 1 66 maravedís se cobrasen sobre una 
huerta, que había sido de Cristóbal Labrador y en la actualidad 
(■ra de Pedro Díaz Hortelano, y sobre las casas de Pedro García 
'l'obón, en la calle de Pozuelos. 

D. Alvaro Francisco de Zurita Riquelmc, por su codicilo otor- 



MOSEN DIEGO DE VALERA: SU VIDA Y OBRAS 4II 

gado en Jerez, ante Pedro Durante Rayón, en 24 de Julio de 1 5/8, 
declaró era Patrono de la Capellanía que había fundado Diego 
de \"alera y Charles de Valera, su hijo, en la iglesia Mayor del 
Puerto, en la Capilla de Santa Ana, cuyo nombramiento tocaba 
á su hijo D. Diego Alvaro de Zurita. 

LXXXVIII. El núm. 88 es un mandamiento del Provisor de 
Sevilla, de 6 de Abril de 1608, para que los capellanes de las 
que habían fundado mosén Diego de \"alera, Charles de Valera, 
su hijo, y doña Elvira de Espinóla, celebrasen sus misas en el 
altar de la Capilla de Santa Ana, sita en la iglesia Mayor del 
Puerto, cuya Capilla habían erigido los dichos Mosén y Charles; 
y dicho mandamiento fué dado á instancia de mosén Diego de 
Valera, Patrono de ella, nieto del expresado Charles y biznieto 
de mosén Diego. 

LXXXIX. El núm. 89 es un auto del Provisor de Sevilla, 
de 9 de Octubre de 1620, por el que se adjudica á D. Pedro de 
Padilla Chirino el derecho de Patronato de las Capellanías que 
en el Puerto habían fundado Mosén Diego de Valera y Char- 
les su hijo. 

Capellanía de Gaspar de Herrera y su mujer, 
doña María de Valera Padilla. 

XC. FA núm. 90 es una nota simple por la que parece que, 
en Sevilla en l.° de Octubre de I 580, Gaspar de Herrera, marido 
de doña María de Valera y Padilla, otorgó poder para testar en 
favor de Francisco Mansillas y de Lope de Papia, ante Juan Ber- 
nal de Pleredia, escribano público, los cuales formalizaron el tes- 
tamento del susodicho en 2/ de Noviembre de dicho año, y por 
él fundan dos Capellanías con la renta anual de 50g) maravedís 
cada una y 25 misas, las cuales se habían de celebrar en la 
Capül'i que se había de comprar. 

Nombró por Capellanes de ella á Juan de Padilla, hijo de Diego 
Hernández de Padilla y de doña Inés Lorenzo, y á Francisca de 
Huevara, ambos sus sobrinos; la primera situada sobre unas 
casas grandes y otra pequeña en la collación de San Martín. 



412 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Nombró por Patrono á Hernando de l'adilla, su sobrino, her- 
mano del dicho Juan de Padilla, los cuales, por fin de sus días, 
pudiesen nombrar Patrono. 

Asimismo, fundó una Obra pía para dotar doncellas, y que á 
cada una se le diesen I 59 maravedises, nombrando por Patronos 
á los sobredichos. 

Hizo diferentes mandas á doña María de Valera, su mujer, y 
á doña Catalina de X^alera Padilla, hija de doña Jimena de Mora- 
les, naturales del I'uerto de Santa María, y á doña Inés de Padilla, 
su sobrina, hija de Uiego de Padilla, y á D. Pedro de Padilla, tío 
de su mujer, y á sus sobrinos Fernando, Juan, Luis, Jerónimo, 
Gaspar y Diego de Padilla. 

Dejó por su universal heredera á doña Bernardina de la Torre. 

Madrid, 31 de Octubre de 1913. 

Lucas de Torre y Franco-Romero, 

Capitán de Infantería, diplomado. 



II 

CAPILLA DE LUIS DE LUCENA 

vulgo de los Urbinas, e7i la ciudad de Guadalajara. 

Nada tan grato para mí como infoimar á la Academia acerca 
del mérito histórico de la Capilla mal llamada de los Urbinas, 
que existe, aunque desmantelada y ruinosa, en la capital de la 
Alcarria, y que por iniciativa, que mucho la honra, de nuestra 
hermana la Real Academia de Bellas Artes de vSan Fernando, 
trátase de elevar á la categoría, muy merecida, de monumento 
nacional. 

Cuando yo era niño y hacía mis primeros estudios en Guada- 
lajara, la histórica Capilla se hallaba ya enterrada en los escom- 
bros de la iglesia de San Miguel, á que desde su fundación estu- 
vo unida, y comenzaba á iniciarse ya la implacable ruina que 
aqueja y acaba sin remedio con los edificios abandonados. No 



CAPILLA DE LUIS DE LUCENA 4I3 

hay que decir cómo se hallará al presente con el estrago de tan- 
tos años de desamparo, aislada en un lugar que carece de la vi- 
gilancia del tránsito, abierta á los mendigos, que pernoctan en 
sus escondrijos, convertida en blanco de los muchachos que se 
ufanan con la certera puntería de sus pedradas, y amenazada 
siempre de ser derribada para obtener el escaso aprovechamien- 
to de los materiales que no han podido arrancarse con la mano 
y furtivamente transportarse. 

A pesar de todo, y de haber desaparecido las estatuas de sus 
sepulcros, las lápidas que ilustraban su historia, las molduras que 
decoraban sus altares, y hasta buena parte de las pinturas al fres- 
co que cubrían sus bóvedas, aun el descarnado esqueleto que 
queda en pie es tan notable por su fisonomía, su apostura, sus 
mutilados miembros y los recuerdos que guarda entre sus vene- 
rables despojos, que bien puede calificarse de monumento único 
entre los que la arquitectura española conserva de la décimasexta 
centuria. 

Único, porque parece mudejar y no es mudejar, parece góti- 
co y no es gótico, obra del Renacimiento y no responde á los 
cánones clásicos; es un edificio exótico, sin dejar de ser español, 
muy original, y parece ser una imitación, algo, en fin, en que se 
funden y amalgaman con una sencillez severa y elegante todas 
las corrientes del arte español que llegan á juntarse, como ios 
Estados cristianos y mahometanos, bajo el cetro de los Reyes 
Católicos y el imperial de Carlos V. 

Es una fábrica de ladrillo rectangular y adornada, á la vez que 
robustecida, por cubos en sus vértices, y cerrados éstos, como 
aquélla, por cornisa de matacanes, con adornos de ladrillos com- 
binados en anchas fajas y con óculos y ventanales que semejan 
angostas saeteras en la parte superior de sus muros; y con ser 
así no es obra mudejar en el estilo que damos á esta palabra, 
sino una imitación en ladrillo de la arquitectura militar del pala- 
cio del Infantado, y como éste es, á su vez, un monumento ori- 
ginalísimo, resulta la imitación al pasar de la piedra al ladrillo, y 
de la fachada de un gran palacio á la disposición de una peque- 
ña capilla, un monumento tan extraño que acrecienta la origina- 
TOMO Lxiv. 27 



414 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

lidad artística sin salirse de las normas más ó menos simbólicas 
de la arquitectura que integra con elementos tan diversos el pa- 
lacio de los Mendozas. 

Pero si es tan interesante el valor artístico de este singular y 
profanado monumento alcarreño, sube de punto su importancia 
histórica sabiendo que lué fundación de uno de aquellos espaíio- 
les insignes que dieron tanta honra y autoridad á España en el 
siglo XVI, llevando al otro lado de sus fronteras los destellos de 
su talento soberano y los frutos de su sabiduría no superada por 
extranjeros. Luis de Lucena, nacido en Guadalajara en los últi- 
mos años del siglo xv, fué hombre de tan singulares dotes de 
inteligencia, y alcanzó tal caudal de conocimientos que, aun 
siendo clérigo, fué doctísimo en la medicina, y, aun siendo mé- 
dico, dominó las Ciencias filosóficas y la Teología como los más 
ilustres escolásticos de su época, compartiendo con su paisano 
Páez de Castro y con Jerónimo de Zurita el cultivo de la Histo- 
ria, y mezclando con estas tareas el estudio de «los secretos na- 
turales», como decía de él el mismo Zurita para ponderar la uni- 
versalidad de sus conocimientos en todas las disciplinas humanas. 

Fundación de tan ¡lustre alcarreño fué la Capilla de Nuestra 
Señora de los Angeles en la iglesia de San Miguel, de Guadala- 
jara, según consta en la inscripción que aún se conserva en uno 
desús torreones, y cuya lecha es la de 1540- Pero no fué esta 
Capilla la única fundación suya en Guadalajara, sino que, unida 
á ella, estableció una Librei-ia pública de libros cu leuf^na caste- 
llana^ según declara en su testamento otorgado en Roma, donde 
le sorprendió la muerte en I 552. F^n esta Biblioteca, cuya orga- 
nización y régimen de gobierno establece metódicamente en di- 
cho testamento, había de darse una cátedra de Teología Moral, 
pero sin reducir por (^so la adquisición de libros de Aritmética y 
Geometría, de Arquitectura y Pintura y otras artes manuales, de 
Filosofía natural y de Historia, abarcando con sabia previsión 
todas las necesidades que la cultura española podía exigir en 
aquellos tiempos. 

Cuando no fuera más que como monumento histórico que re- 
cuerda la fundación de este gran español que, adelantándose al 



CAPILLA DE LULS DE LUCENA 415 

ciirso de los tiempos, supo redactar un reglamento de ordena- 
•ción de libros como el que había de observarse en la Biblioteca 
de Guadalajara, adjunta á la Capilla de Nuestra Señora de los An- 
geles, el citado monumento debe conservarse con afán y acudir 
á conservarlo por todos los medios de que pueda disponer el 
Estado. 

Bien merece esta reparación la memoria de Luis de Lucena 
cuya desgracia postuma ha sido tanta que hasta su nombre per- 
dió la fundación cuando, por enlaces de familia, su herencia pasó 
á la de los Urbinas, en cuyas manos desacertadas comenzó la 
•decadencia, que vino á rematar en vergonzosa venta ejecutada 
por tan desaprensivos y escasos patronos. 

En vano la Comisión de Monumentos de Guadalajara ha pro- 
curado velar por la conservación de tan raro y glorioso trofeo 
de las glorias alcarreñas; ni sus recursos ni su influencia han bas- 
tado á contener la ola de vandalismo que ha borrado de nuestro 
suelo tantos y tan insignes monumentos en que estaban vincula- 
das las glorias de la patria. 

Por eso la Academia de la Historia cumplirá, á mi juicio, con 
los altos fines de su instituto, uniendo su autorizada voz á la de 
la de Bellas Artes de San Fernando para que, declarada monu- 
mento nacional la malparada Capilla de Lucena, recobre una 
existencia que tanto honra á España, y que, de consuno le dispu- 
tan hoy las injurias del tiempo y el abandono y la ingratitud de 
los hombres. 

El superior criterio de la Academia resolverá, no obstante, lo 
más acertado. 

Madrid, 27 de Febrero de 1914. 

Manukl Pkrkz-Villamii,. 



4l6 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



III 



EL TEMPLO DE VILLAPADERNE EN LA PROVINCIA 

DE SANTANDER. SU CONSAGRACIÓN EN 3 DE MARZO DE 1214^ 

FIESTA DE SAN EMETERIO. 

Al docto párroco de Caviedes, D. Mateo Escagedo Salmón, 
hemos debido la noticia y fotografía del epígrafe recordativo de 
la consagración de la iglesia de Somballe (22 Enero II67), en el 
partido de Reinosa, sobre lo cual emití breve Informe publicado- 
en el tomo lxii del Boletín, págs. 456-460. 

Ahora puedo presentar á la Academia, en nombre del Sr. Es- 
cagedo, el ejemplar fotográfico que ha sacado de otra lápida iné- 
dita no menos importante que aquélla para la historia eclesiástica 
de las diócesis de Burgos y Santander. Está visible este sillarejo 
epigráfico en una de las paredes de la iglesia de Villapaderne, al 
Sur de la de Somballe, y á mano izquierda del río Ebro, entre 
las villas de Requejo y Retortillo, al Oriente y á corta distancia 
de Reinosa. La iglesia de Villapaderne antiguamente fué parro- 
quial, mas hoy es aneja de la de Aldueso. Fué reconstruida en el 
siglo xviii, conservándose únicamente para memoria de la que se 
derribó, este noble monumento, que por estar gastado y mal en- 
tendido, dio lugar á que se creyese que la fecha por él indicada 
sería el 13 de Noviembre, día consecutivo al de la fiesta de San 
Millán. 

Sobre este punto, todavía litigioso, me escribe el Sr. Escage- 
do (l) lo siguiente: 

«Tengo oído, cuando era yo párroco de Aldueso, á los ancia- 
nos de aquella villa, que celebraban, siendo ellos jóvenes, la 
fiesta de San Millán el 1 3 de Noviernbre; día, según ellos, de la 
consagración de la iglesia. En la tabla de aniversarios, que se 
guarda en el archivo parroquial de Aldueso, que perteneció á 



(i) Carta del 7 de Marzo de 1914. 



EL TEMPLO DE VILLAPADERNE 417 

Villapaderne, se lee una consulta hecha por el sacerdote que 
regía la parroquia, sobre si se debía celebrar la consagración; 
dado que el Obispo, en la visita, mandó que se pusiese una ara 
consagrada en el altar, la cual es de una sola piedra de caliza sin 
señales en la actualidad de consagración, como no las tiene la 
iglesia tampoco. Se resolvió que debía celebrarse, por estar la 
iglesia en posesión de su consagración; pero como no había seña- 
les de ella, se acordó que pusiesen ara, como, en efecto, se puso. 
Con todo ello, lo cierto es que de unos sesenta años á esta parte 
no se celebra la precitada fiesta de la consagración.» 

Para ilustrar y resolver tan interesante problema, el Sr. Es- 
cagedo nos envía el ejemplar fotográfico de la piedra monu- 
mental. 

La inscripción está cortada en su parte inferior, y gastada por 
las huellas de siete siglos; y lo que peor es, han sido sus letras 
por mano atrevida barnizadas de yeso, expuesto á desfigurar 
la recta apreciación. 




1 DI NK D V NON CON 
SECR ATA K EC LES I A 
IsTA ME MAFí,C10 Fii I! 
ERA /V\ CCI. I I ID s'in 
IMTERII CO DKDICAVIT 
VRICIVS B 



4l8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

/(«) D{e)i n^omin)e. D{¿e) V nofi{as) coiisecrata e{sí) ec{c)lesia isla >ne{nse) 
Marcio fe{iia) II era MCCLII i[n) dije) s{a?icMi Imien'i, co dedicavit \_eam 
Ma\iiriciiis B[Hrgcnsis c'/>¿sro/>i/s.] 

En el nombre de Dios. En el día quinto de las nonas fué consagrada 
esta iglesia en el mes de Marzo, era 1252, en el día de San Emeterio, en 
el que la dedicó Mauricio, Obispo de Burgos. 



Dos puntos notables para la historia ofrece esta inscripción, 
cuyo rudo estilo no causa asombro, atendido el pobre lugar en 
que se grabó. 

El dictado sancti Imtcrii expresa la transición de sancti Emc- 
terii á Santander, y debe añadirse á los que apuntó Flórez en el 
tomo XXVII de la España Sagrada, tratando de la abadía y cole- 
giata santanderense, cuyo nombre no sale de San Andrés, ni de 
San Antero, como algunos autores pretendieron, sino del santo 
mártir de Calahorra, bajo cuya advocación consta por varias 
escrituras que se erigió la abadía y se llamó el puerto de San- 
tander. 

La fecha marcada por este epígrafe es la del Lunes, consecu- 
tivo al tercer Domingo de Cuaresma, correspondiente al 3 de 
Marzo de 1214, fiesta del mártir San Emeterio. En este día 
estaba ya consagrado Obispo de Burgos el célebre ^L1uricio, que 
siendo arcediano de Toledo, fué elegido para tan alta dignidad 
como lo era la Sede Burgense, en reemplazo de su antecesor don 
Juan Mateo, que falleció en 18 de Julio de 1212. Flórez no cono- 
ció instrumentos que especifiquen el tiempo de la consagración 
de Mauricio, anteriores al 28 de Abril de 12 1 5; pero constando- 
nos que era ya electo en 31 de Julio de 1213, nada obsta para 
que admitamos el 3 de Marzo de 1 2 14, con arreglo á lo expre- 
sado por la inscripción de Villapaderne. 

Ciertamente estaba consagrado en 21 de Jidio de 121^, como 
lo patentiza el insigne diploma de Alfonso VIII, expedido en 
Burgos con esta fecha á favor del Arzobispo I). Rodrigo, resti- 
tuyéndole el señorío de las aldeas del término de Alcalá de He- 
nares; documento publicado en el tomo viii del Boletín, pági- 
nas 2ÍO y 211, que confirmaron: 



FUERO DE NVJERA 419 

Tellius, palentinus episcopus. 
Guiralclus secohiensis » 

Garsias conchensis » 

Dominicus abulensis » 

Melendus oxomensis » 

RodericLis segontinus » 
Mauricius burgensis » 

Dominicus placentinus electus. 

Por aquí se entiende cuan atinado estuvo Flórez (l) no dando 
entero crédito á la propuesta de Argaiz, único autor que intro- 
dujo en el episcologio de Burgos al electo Bricio en 3 de Junio 
de 1 2 14. Entre el electo D. Juan Mateo (f 1 8 Julio 1 212) y el 
electo D. Mauricio, que ya lo era en 3 1 de Julio de 1213, Argaiz 
propendió á meter al consagrado obispo D. Alfonso, mas con 
igual defecto de buena crítica rebatido por Flórez. 

Madrid, 13 de Marzo de 19 14. 

Fidel Fita. 



IV 
FUERO DE NÁJERA 

Señores Académicos: 

Hace ya mucho tiempo que la Academia tuvo la bondad de 
confiarme (en 12 de Abril de IQOQ) el delicado encargo de com- 
pulsar la copia del Fuero de Nájera, donada á nuestra Biblioteca 
por el Rvdo. P. Dorn. Fr. Justo Cuervo, y la publicada en el 
tomo I de nuestro Boletín (2.^ ed., págs. 273-298), por el inolvi- 
dable D. Vicente de la Fuente, para señalar aquellas diferencias 
que entre ellas existieran y fueran dignas de ser tenidas en cuenta 
al imprimir una nueva edición del mencionado documento. 

Sin pérdida dr tiempo realicé el cotejo de ambas lecciones, y 



(i) España Sagrada, tomo xxvi, pág. 300. Madrid, 1771. 



420 boletín de i a keaj. academia de i. a historia 

como resultado del mismo, manifesté, en Junio de I909, á los 
Sres. D. Ktluardo Saavcdra y O. Juan Catalina García, Director y 
Secretario, respectivamente, en aquel entonces, de nuestra Aca- 
demia, y al Rvdo. P. I). I^'idel Fita, nuestro sabio Director actual, 
que si bien había anotado numerosas variantes, consideraba el 
trabajo baldío y sin importancia, toda vez que se trata de dos 
copias modernas del mismo documento, y que es imposible re- 
solver, sin tener á la vista el original existente en el Archivo mu- 
nicipal de N.ljera, cuííl de ellas transcribe con fidelidad y cuál 
adultera el texto loral transmitido en la confirmación de! Rey 
D. Alfonso XI. Aceptaron dichos señores mi razonamiento, y 
convinimos en que la copia que se me había entregado se archi- 
vara en nuestra Biblioteca; pero por olvido de todos, mío de de- 
volverla y de la Secretaría de pedírmela, ha continuado en mi 
poder hasta este momento. 

Hace pocos días, poniendo en orden varios papeles, cayó en 
mis manos la copia referida del Fuero de Nájcra, y con ella el 
cotejo detenido y minucioso que yo había realizado en el mes de 
Mayo de 1909. Re\ividos mis recuerdos, decidí, desde luego y 
como era natural, devolver á la Academia la copia del Padre 
Cuervo; pero, como también era lógico, releí antes el trabajo re- 
sultado de mi compulsa, y aunque me afirmé en mi primer jui- 
cio de su escasa [)or no decir nula importancia, consideré conve- 
niente, por nuevos y muy diversos razonamientos, unirle al 
mencionado traslado del Fuero, y proponer, como lo hago, á la 
Academia que ambos queden juntos archivados en nuestra Bi- 
blioteca. 

Es que pocas veces se podrá encontrar, como en esta simpli- 
císima compulsa, una más amplia y completa demostración del 
sorprendente fenómeno de la transformación formal siempre y 
en ocasiones esencial de un documento por las di\'ersas lecturas 
y copias que de él se producen, ya en la misma época, ya en 
otras diferentes. Basta dirigir una rápida ojeada á la enumera- 
ción de esas variantes, que adjunta presento á ' la Academia, 
para observar que, tratándose de dos lecturas del niismo texto, 
realizadas relativamente á poca distancia de tiempo, no se puede 



FUERO DE N AJERA 421 

dar una diversidad mayor. Y tan intensa es la impresión, que 
puede asaltar la duda de que se trate de dos originales distintos, 
constituidos por dos traslados diferentes de la confirmación del 
Rey D. Alfonso XI. Pero la duda es imposible. Se trata de un 
mismo y único original, la Confirmación del Fjícro de Nájera 
otorgada por el Rey D. Alfonso XI, en Burgos, el año de 1 332 
(seis días de Junio era de mil et trescientos et setenta anuos), que se 
conserva y custodia en el Archivo municipal de Nájera. Dos lec- 
turas se han hecho de este documento: una constitutiva de la co- 
pia que á D. Vicente de la Fuente remitió, en 18/ 5, su antiguo 
discípulo el Alcalde que fué de Nájera D. Vicente de Miguel y 
Rubio, y que sirvió de base á la impresión del texto que aparece 
en el tomo i de nuestro Boletín (2.^ ed., págs. 286-298); la otra 
integra el traslado que en 1909 donó ala Academia el reverendo 
P. Dom. Fr. Justo Cuervo. Y para que el más suspicaz pueda de- 
poner todo género de dudas, basta observar, no sólo que el Pa- 
dre Cuervo anota el traslado, escribiendo al final del mismo Co- 
piado del original, sino que ambas copias presentan las mismas 
lagunas, por ser ilegibles determinadas palabras, á causa de pe- 
queños mordiscos de ratas, según expresa (pág. 2, nota) la que he 
tenido en mi poder y hoy devuelvo á la Academia. 

Y, sin embargo, ¡qué número tan relativamente enorme de 
variantes hemos anotado entre ambas lecciones (unas 400 en 12 
páginas de impresión de nuestro Boletín), sin contar las que resul- 
tan de escribir el diptongo ae (copia del P. Cuervo) ó de reducirle 
á e (copia del Sr. la Fuente) y de la conservación ó resolución de 
la abreviatura Dn. (Don) ! Y estas numerosas variantes se deter- 
minan de muy diversas maneras; ya en meras formas ortográficas; 
ya en sustitución de palabras, principalmente engendrada por 
trocar unas letras en otras; ya cambiando los géneros de los 
nombres y los números y hasta los tiempos de los verbos; ya 
realizando contracciones; ya aumentando ó suprimiendo artícu- 
los, nombres y partículas; ya, por último, alterando el estilo y 
transportando de lugar las partes de la oración. 

Y ¿qué garantía pueden ofrecer semejantes variantes.'* ¿Quién 
de los dos copistas ha leído y transcrito con fidelidad y exacti- 



42 3 BOLETÍN Dli LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tud? En otro tiempo, deplorando tales cosas, había necesidad, en 
muchas ocasiones, de someterse á las arbitrariedades de los co- 
pistas; pero hoy tenemos el medio mucho más barato, eficaz y 
rápido de las fotocopias, que vulgarizan, por decirlo así, los do- 
cumentos originales, llevándoles por todas partes como elemen- 
tos indispensables de comprobación y de crítica. 

Cuando tengamos á la vista el original de la Confirmación del 
Fuero de Ndjera otorgada por el Rey D. Alfonso XI ó su foto- 
copia, podremos, con perfecto conocimiento de causa, resolver 
la contienda y rectificar, si fuese necesario, el texto publicado 
por D. Vicente de la Fuente. 

Entretanto y esperando la ocasión oportuna para realizar una 
defmitiva comprobación, cumplo con mi deber, entregando á la 
Academia la copia del Fuero de Nájera^ donada por el Padre 
Cuervo, que por un involuntario olvido he retenido en mi poder 
durante tanto tiempo, y el trabajo de cotejo que hice en Mayo 
de 1909, rogando á la Academia que me perdone mi falta de 
memoria, y que acuerde se archiven juntas copia y compulsa en 
nuestra Biblioteca. 

Madrid, 12 de Enero de 1914. 

Rafael de Ureña. 



Cotejo de la copia del FUERO DE N AJERA, donada 

Á LA Academia de la Píistoria por el P. Cuervo 

Y el texto impreso por el Sr. La Fuente. 

(Boletín, i, 2.^ ed., págs. 286-298.) 

Sirve de base el texto impreso^ señalando la línea de cada página. 

Pág. 286. 

(Copia del P. Cuervo, pág. i, lín. i á 13.) 

Línea. Linca. 



3 


honrra 


1 1 


fuesen temidos 


5 


que 


1 1 


aquello 


9 


poner los Reies en escripto 


1 1 


Icbar 


10 


regnasen 


'3 


que agora 


10 


toviesen 







FUERO DE NAJERA 



425 



Pág. 287. 



\ 



Línea . 



(Copia pág. I, lín. 13 á 17, y pág. 2, lín. i á 24. 

Línea. 



I 


daque adelantre 






omite y dice «nomine», 


2 


Galiisia 






etc. Para abreviar, supri- 


3 


Vizcaia 






.mo esas variantes.) 


4 


Reina 




25 


Aldefonso Dei gratiae Rex 


7 


spiritusancto 




25 


et Legionis 


8 


honrra 




26 


Castellae 


8 


Santa 




26 


et in Yspania principatum 


10 


homme 




27 


cartam 


10 


quiere que gelo 




27 


viris 


1 1 


adelantre 




30 


Raimundo 


12 


canse 




30 


cun 


4-15 


Reies 




31 


ad Naiaram salicet in 


15 


escripto 






(Como se ve, la copia da 


16 


el 






dos palabras más. Los 


16 


temidos 






puntos suspensivos, dice 


17 


lebar 






La Fuente, señalan pala- 


18 


confirmándolo 






bras ilegibles en el per- 


19 


serán daque 






gamino y la copia «pe- 


21 


Galiisia 






queños mordiscos de ra- 


21 


Cordova 






tas que impiden la lec- 


24 


nominae (Pone 1 


os dipton- 




tura».) 




gos de ae: el impreso los 







Pág. 288. 





(Copia pág. 


2, 


lín. 


24 á 33, y pág 


. 3, lín. I á 23.; 


Línea. 








Linea. 




I 


insidentes 






10 


abuerunt 


I 


iuicium 






I I 


infanzione 


3-4 


canden 






14 


fuerit 


4 


pertinebit in tali 






14 


pleben 


4-5 


Sancis 






'5 


Na gara 


5 


Garciani 






15 


infancion 


5 


iuraverant 






>7 


cualibet 


8 


suo plebi 






18 


proinde 


9 


cuneta saecula amem 


i8 


Naiarae 


10 


Ista 






18 


debent 



424 


BO 


LETIN I 


3E LA 


REAL 


AC, 


\DEMIA I 


)E LA HISTORIA 


Linea. 












Linca. 




iS 


jovis 












convertir la w final en «.) 


19 


Na gara 










27 


debet 


21 


Nagara 










29-30 


infanzione 


21 


proinde 










30 


proinde 


22 


homine 










31 


cuanticumque 


22 


livores 










31 


ftierit 


11 


debet 










32 


cómodo de infanzione 


23-24 


homicid 


HD 








33 


ÍLierit 


24 


septen 










33 


cuoque 


25 


indicen 


(Evk 


lente 


errata 


33 


debet 




por «¡ 


udicem».) 






34 


V solids 


25 


debet 










34 


solids 


26 


morten 


(Hay 


tendencia 


á 







Pág. 289. 



- 


(Co] 


3ia pág. 3, 1 


ín. 23 á 34, 


1 y pág 


;. 4, lín. I á 21.) 


.inca. 








Linca. 




I 


cuoque 






18 


ullam 


2 


medí" 




1 


18-19 


Nagara 


2 


infanzion 






19 


pectare 


3 


solids 






22 


fortiare. Viduae de Nagare 


5 


Nagara 








quae 


5 


asemitas 






24 


íuiset 


5 


ullam 






24 


petet 


6 


cuando 






25 


petet 


7 


Nagara 






25 


Nagara 


8 


saitinas (, 


;por «sarcinas».'); 


26 


aduet domos 




et ille 






27 


petet 


8 


fuiset 






28 


duabus 


9 


badat 






28 


nissit 


9 


pareat 






29 


debet 


9 


Nagara 






30 


Nagara 


1 1 


in fonsadi 







30 


vinens (por «vineas») 


1 1 


solids et med'» 




32 


Nagara 


\2 


Nagara 






32 


molendinus 


•3 


pectavit 






33 


fornus torcntaria autquod- 


«3 


Infanzion 


de Nagara 






qumque 


«4 


tantum modo 




33 


ocasione 


'5 


Nagara 






34 


Nagara 


17 


Nagara 






34 


quequmque voluisset 



FUERO DE NAJERA 



425 



Pág. 290. 

(Copia pág. 4, lín. 21 á 34, y pág. 5, lín. i á 15.) 



Línea. 

I quas libet 

3 (Dice al parecer «vecide- 

re», sin duda por «reci- 

dere».) 

6 L solids 

7 medm 
8-9 Nagara 

10 movilem aut in movilem 

quantamque possidonit 
(por «possiderit ») cui- 
qumque 

11 infanzione 

12 infanzionem in morte 

13 vituallia 

13 Nagara 

14 Nagara liten 

15 medietatem 



Línea. 



16 


panas 


'7 


suus aut aliud homo 


18 


ovea 


0-21 


sagro (por «sagio»") pro 




pampertas (¿paupertas?) 


22 


stans 


23 


Omite: aque 


23 


omnes 


25 


et 


5-26 


abundantiam 


2Ó 


inigundos ( por « irrigan- 




dos») 


29 


Nagarella aliquit 


29 


et medm 


30 


aliquid 


30 


evacusaverit 


31 


pectavit 



Pág. 291. 

(Copia pág. 5, lín. 15 á 33, y pág. 6, lín. i á 1 1. 



ilnea. 






Línea. 




1-2 


pectavit 




10 


contiguit (por «contigerit») 


2 


et ille cuia fuiset 






ad hcmiuem de Nagara. 


2 


in 




13 


misus 


3 


quo cumque 




•3 


set 


3 


Nagara vineans ( 


por «vi- 


14 


judicium 




neas») 




14 


fideijussores 


5 


cato (por «coto») 




15 


tantum 


5 


Nagara 




17 


potuerit 


5 


operam 




18 


infanzione 


5 


acor de 




19 


ricaverit cum homine 


6 


Nagara 




20 


Nagara 


6 


taten (por «talem») 


20 


maiorem 


7 


ilio 




21 


ipsi infanzion 


9 


acore (suprime la 


cedilia) 


21 


Nagara rae maiorem 



426 


BULE' 


rÍN DE 


LA KEAI. 


ACADEMIA 


DE LA HISTORIA 


Linca . 








Linca 




22 


Infanzones 


de Nagara 


25 


Nagara 


22 


sunt 






26 


leguéis (pnr «ligneis») 


22 


Nagara debunt 




26 


faclum fuerit in 


23 


editus 






26 


Nagara 


23 


ciiantimo 






27 


cum 


24 


debunt 






28 


sayone 


24 


infanzone 






30 


cu;.qumque 


24 


suum 






30 


calunnüs 


24 


tenet 






3' 


Nagara non debet 



Pág. 292. 

(Copia pág. 6, lín. 1 1 á 34, y pág. 7, lín. i á 3. 



Linea. 

I 

1-2 

3 
4 
5 

6 
7 
7 
8 

I I 

I I 
•3 
•4 
14 
15 
>5 



Nagara 

ad hominen de Nagara ali- 
quam ren non debet exire 
Nagara cuandequmque 
et si aliquid 
jpontazgum? 
ligna 

fuiset ad Na gara m 
quaque 

incalaverit cum 
Santa 

propter deshonorem 
Nagara 
hubalicum 
Santa 



Linea. 

16 hubaticum hec montatium 
16-17 Nagara 

17 defferis 
Maiares 
Nagara exierit 
Nagara 
montagare 

21-22 Ripa Regís 
22-23 Ortigosiaellam de Ortigo- 
siaella 
debent 
secundo 
tercie 
deinde 
27-28 vicinis tle Nagara 
28 aducere 



•7 
18 
20 
20 



25 
25 
26 

26 



debet 



Pág. 293. 

(Copia pág. 7, lín. 3 á 26.) 



.inea. 




1 


Nagara 


2 


Nagara 


3 


Chimeleo 


3 


petram 



Linea. 

5 .Sancli iMartiny 

6 cun 

7 cun 

7 Laenzella 



Línea. 



8 


cun 


9 


cun 


lO 


Besares 


lO 


cun 


12 


Hortigosillam 


13 


Ebrionis 


13 


Na gara 


14 


es 


•5 


Na gara 


16 


quicumque 


«7 


cun 


'7 


infanzion 


i8 


picus 



FUERO DE NAJERA 




Línea 




18 


se 


19 


venerit 


19 


debent theionen daré 


20 


ville 


21 


agrimonium 


21-22 


rancuram 


22 


et 


23 


fectum occidit 


24 


fuiset 


24 


Nagara 


25-26 


Nagara 


26 


temit Nagaram 


28 


exensadia 



427 



Pág. 294. 

(Copia pág. 7, lín. 26 á 34, y pág. 8, lín. i á 18.) 



Línea 




Linca 




I 


acor (falta la cedilla) 


16-17 


corta murto 


2 


Torreciella 


17 


dimidio 


3 


ómnibus 


18 


bovem 


3 


Nagara 


'9 


bovinum 


4 


almude 


19 


femineo 


5 


supti sunt 


20 


escornaverit bobum 


6 


concilium de Nagara debet 


21 


auguen (por cenguera») 


7 


cuoque 


21 


caballar! 


8 


emendi de 


22 


seis 


8 


quartam 


22 


auguera 


9 


uno cuoque 


23 


cuadrupedem 


(0 


cusenda 


23 


aleite 


( I 


unum 


24 


Entre .matre>' y «possit» 


12 


quaque 




(que escribe <iposit») co- 


1 2 


bovum 




loca seis puntos, pero á 


«3 


homicidii 




lo sumo falta • se>. 


«3 


parten 


25 


curtaverit 


'3 


quiqunque rex 


26 


suo 


M 


Nagara 


27-28 


solida 


'5 


illum 


28 


med'" 


16 


cum cortaverit 


29 


damnatores 


i6 


unan debent 


29 


mas (sin duda pcjr «suas»") 



428 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Linca. Linea. 



30 omnes 
30 elimicus 
30-31 Nagara 



31 
31 



et qui fuit aductus 
in vetato 



Linca. 



Pág. 295. 



(Copia pág. 8, lín. 18 á 34, y pág. 9. lín. i á 13.) 



Linea. 



I 


baca 








ta («años de N. .S. J. C. 


2 


sine (sin duda 


por «vini») 




1076»). 


2 


fiiiset 






'3 


Aldefonsus Imperator Ispa- 


3 


ovibus 








niae qui 


3 


poreis (sin du( 


da por 


«por- 


13 


tan 




cis») 






14 


cuan 


4 


unum 






14-15 


corroboravi 


4 


fuiset 






15 


amno 


5 


eivaticum 






18 


Daragoga 


5 


auten 






18 


Castieüae 


6 


aut 






•9 


Gallicie 


6 


homines 






19 


infrigisset 


6 


suprascriptos 






21 


Abyi on 


7 


Aldefonsus 






22 


absorbuit 


7 


Galliciae 






22-23 


Gilaldus 


7 


Castellae 






23 


scripsit 


9 


irán 






23 


majoris Hugovis 


10 


in currat 






24-25 


confirmaremos 


1 1 


damnatus 






26 


otorgárnosles 


12 


cuater 






26 


privilegio 


12 


Aquí añade el 


actual 


copis- 


27 
30 


Reies 

ficiese 



Linca. 



Pág. 296. 

(Copia pág. 9, lín. 13 á 34, y pág. 10, h'n. i á 12.) 



Jas 

Gallicia 
Cordova 

en Algarbe (omite «et» y 
<eU) 



Linea, 

12 enviarennos 

15 otorgamosles 

16-17 completamente 

18 Reies 

22 del 



Línea. 
26 
28 

30 
32 



FUERO DE NÁJERA 
Línea. 



mil et - 

Reina 

Viscaya 

(Llama la atención que las 
palabras con que el co- 
pista describe el docu- 
mento coincidan, salvo 
ligerísimas variantes, que 
por lo mismo se anotan, 
con las empleadas en el 



33 
34 



429 

artículo del Sr. La Fuen- 
te, quien, sin duda algu- 
na, trasladó en este pun- 
to fielmente la copia que 
utilizó para fijar el texto.) 

la (por «lo») 

la esterior (en vez de «el 
interior». «Interior» debe 
ser errata de imprenta ó 
de pluma.) 



Pág. 297. 

(Copia pág. 10, lín. 12 á 34, y pág. 11, lín. i á 6.) 



inea, 




Línea, 




I 


se ha (en vez de «hemos») 


16-17 


orden de caballería 


2 


traducir (por «descifrar») 


17 


Calatrava; Dn Fr 


3 


Dn (Escribe siempre, en 


20 


Alvaro Diez 




esta relación, «Don» en la 


21 


Tellet 




forma «Dn». Prescindi- 


23 


Ruiz de Baeza 




mos de estas variantes.) 


26 


Rui Gutiérrez Quijado 


4 


Rey 


31 


Badaioz 


6 


y 


32 


Alvaro 


7 


Abedalla 


33 


Rodríguez 


8 


Alfonso fijo del 


34 


Suero 



Pág. 298. 

(Copia pág. II, lín. 6 á 18. 



Línea, 




Líne; 


3 


Domingo Alvarez de 


12 


7 


Real Sello 


•3 


7 


de la casa 


'4-15 


8 


Juffre 




O-I I 


lugar por Fernando 





veintono 
regno 

(Se lee la siguiente firma: 
«Ego Aldefonsus Rex».) 



La copia impresa conserva las abreviaturas, y esto explica que 
haya anotado algunas de ellas. Además debo declarar que he 
consignado fielmente todas las variantes, aunque en ocasiones 

TOMO LXIV. 28 



430 boletín de I.A REAl. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

constituyen verdaderas enormidades, que no me he tomado el 
trabajo de rectificar. De este modo se podrá apreciar el valor de 
las copias compulsadas. 

Madrid, 30 de Mayo de 1909. 

Rafael de Ureña. 



V 
ZONAS ESPAÑOLAS EN MARRUECOS 

Designado por el señor Director, de acuerdo con la Academia, 
para informar la obra de D. Ricardo Donoso Cortés, titulada Es- 
tudio geográfico-polítíco-mílitar sobre las zonas españolas del Norte 
y Sur de Marruecos^ con objeto de cumplir la orden de la Subse- 
cretaría del Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, fe- 
cha 29 de Julio del año último, el Académico que suscribe tiene 
la honra de proponer el siguiente informe: 

«Excmo Sr.: La obra escrita por D. Ricardo Donoso Cortés, 
titulada Estudio geográñco-politico-mUitar sobre las zonas españo- 
las del Norte y Sur de Mari'uecos, remitida por esa Subsecretaría 
jíara que informe esta Academia á los efectos del art. I.° del Real 
decreto de I.° de Junio de 1900, constituye un volumen de 334 
páginas de texto de 165 X 95 mm., al que acompaña un croquis 
general del Imperio marroquí, en escala I : 4.OOO.OOO, y otros 
dos, uno de la zona española del Norte en escala I : 500-000 y 
otro del territorio de Ifni y del Sahara Norte Occidental en la 
de I : 200.000. 

Comienza del libro el Sr. Donoso Cortés, con un capítulo en 
que expone los motivos que le han determinado á redactar su 
obra, las dificultades con que ha tropezado y las ¡irincipales fuen- 
tes de conocimiento de que se ha valido. 

Incluye en la segunda parte, que titula preliminar^ unas ad- 
vertencias previas relativas á los croquis, y un pcc[ueno vocabu- 
lario árabe, muy útil para dar á conocer el valor de algunas vo- 



ZONAS ESPAÑOLAS EN MARRUECOS 43 1 

-ees geográficas, y entra á continuación á describir el reino de 
Marruecos (páginas 25 a 46). Los tratados internacionales cons- 
titu^ren el final de esta sección del libro, que llega hasta la pá- 
gina 64. 

La titulada parte primera, que en realidad debiera ser seg^inda, 
es la más extensa, pues dedica 227 páginas (desde la 65 á la 292) 
á la descripción de la zona española del Norte de Marruecos, que 
es la más próxima á nuestro territorio peninsular, y la más inte- 
resante por su riqueza y población de las que los tratados nos 
asignan en el suelo marroquí. En ella sigue en general el plan 
empleado en esta clase de trabajos, estudiando los limites (cos- 
tas y fronteras); el territorio, bajo cuyo epígrafe se ocupa con 
detención en las montañas, llanuras y mesetas, pasos y collados, 
y la hidrografía comprendiendo los ríos y lagos, etc. Las pro- 
ducciones naturales son objeto de otro capítulo, y en los siguien- 
tes estudia los pobladores, las tribus del Rij y de Yebala, la acti- 
vidad indígena (agricultura, industria, comercio, obras públicas é 
instrucción) y las comunicaciones, concluyendo con unas intere- 
santes consideraciones político-militares. 

En la última parte trata separadamente del territorio de Ifni y 
•del Sahara español, dedicándoles 33 páginas. 

Como puede juzgarse por este resumen, la extensión de las 
diversas partes de la obra es proporcionada á la importancia é 
interés que las diferentes zonas reúnen, estando la obra redac- 
tada en estilo claro, respetando en los nombres geográficos las 
transcripciones empleadas por el Depósito de la Guerra espa- 
ñol, que tienen carácter oficial, no sólo por serlo el referido 
Centro, sino también por haber servido sus mapas en las nego- 
ciaciones seguidas por el Gobierno español con Erancia, en lo 
relativo á la determinación de las zonas de influencia. Para la 
descripción del Rif utiliza principalmente la obra de Moulieras 
(Le Maroc inconnu), que, aunque muy discutida, es una fuente de 
información, de la que no se puede prescindir por completo, ya 
que las de Eoucaul, Canal y Segonzac, entre las extranjeras, y 
las de Ali Bey (Domingo Badía y Leblich), Gatel, Murga y Campo 
Ángulo (autor de un precioso libro de Geografía de Marruecos"), 



432 BOi.ETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

así como los trabajos publicados por la Real Sociedad geográfica^ 
no son suficientes para conocer todas y cada una de las comar- 
cas que en gran número forman el territorio de nuestra zona- 
Algunas más, sin embargo, podrían haberse citado al hacer el es- 
tudio del suelo, pues existen trabajos muy interesantes respecta 
á la geología marroquí. 

No tiene el Sr. Donoso Cortés la pretensión de que su libro- 
sea un trabajo completo y acabado, y así lo indica. Tal cosa se- 
ría imposible de lograr hoy por falta de exploraciones científicas- 
y de datos precisos respecto de las comarcas y localidades situa- 
das en nuestra zona, y seguramente en un período relativamente 
breve, hemos de ver transformada la geografía del reino vecino,, 
pues cada día se deshace un error, se aporta un nuevo dato ó se 
amplían y modifican los anteriores; y así, por ejemplo, á pesar de 
que el plano de las costas del Sudoeste estaba al parecer hecho con 
cierta precisión, hoy es ya indudable que hay que desplazarlas 
unos cuantos minutos á Occidente de la posición que se les había 
asignado; la existencia de algunas montañas con un nombre de- 
terminado se hace discutible, como la del monte Miltsin; grandes 
y pequeños ríos se tienen que dibujar con líneas de trazos, indi- 
cando que se ignora la posición real y verdadera de la corriente,, 
y el famoso recodo que el Muluya describía pocos kilómetros 
antes de desaguar en el Mediterráneo, ha desaparecido por ha- 
berse comprobado que era producto de una noticia equivocada; 
siendo indudablemente que en la zona española ha de haber mu- 
chas sorpresas en el orden geográfico, en cuanto se inicie un pe- 
ríodo de exploración activa. 

Por todo esto á un escritor contemporáneo sólo se le puede 
exigir deseo vehemente de encontrar la verdad, constancia para 
trabajar sobre los materiales, una labor diligente para reunirlos, 
y discreción bastante para no incurrir en errores graves, ya que 
en los pequeños será casi imposible no incurrir, salvo muy con- 
tados casos. 

Aparte de esto, al juzgar el libro del Sr. Donoso Cortés, con- 
viene hacer constar que, si existen en él errores de detalle, esto- 
no obsta para que al examinar la obra en su conjunto, en sus lí- 



LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES 433 

íieas generales, en su plan, en su desarrollo y en la verdad ó 
■error de sus conceptos fundamentales, el dictamen sea favorable, 
porque lo que avalora una obra, no es la aglomeración de los 
materiales que la constituyen, sino la combinación acertada de 
éstos, la utilidad de la misma, el juicio en la elección de los ele- 
ínentos que emplea y el arte con que se exponen; y en este con- 
cepto, la obra á que este Informe se refiere es merecedora de 
•elogio y de recomendación, por ser fruto de una labor penosa y 
difícil, inspirada en el nobilísimo deseo de dar á conocer esa pro- 
longación nuestra en el Continente africano, y de deshacer bas- 
tantes errores que acerca de los nuevos territorios españoles 
circulan todavía; por lo. cual estima la Academia que debe ser 
considerada de relevante mérito, hallándose incluida en los pre- 
ceptos del art. I." del Real decreto de l.° de Junio de IQOO.» 

Madrid, 5 de Febrero de 1914. 

Antonio Blázqup:z y Delgado-Aguilera. 



VI 

LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES 
MONUMENTO NACIONAL 

El que suscribe, tiene el honor de someter á la Real Acade- 
mia de la Historia el siguiente proyecto de informe: 

«Excmo. Sr. Subsecretario del Ministerio de Instrucción Públi- 
ca y l^ellas Artes: 

En 29 de Junio del pasado año 1913, la Subsecretaría del M¡- 
íiisterio de Instrucción Pública y Bellas Artes se dirigió á esta 
Real Academia para que se sirviera informar acerca de la decla- 
ración de monumento nacional de la histórica fachada de la an- 
tigua Universidad de Alcalá de Henares, acompañando dos ins- 
tancias: una de la Sociedad Española de Amigos del Arte, pre- 
sidida por el Excmo. Sr. D. Eduardo Dato, y otra de la Sociedad 



434 BOLETÍN DE LA RIíAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de condueños de los edificios que fueron aquella Universidad,, 
solicitando la declaración referida. 

En el escrito de la Sociedad Española de Amigos del Arte, 
docta y elocuentemente redactado, se hace constar la atención 
(|uc (1 monumento alcalaíno (fundado por el insigne Cardenal 
Jiménez de Cisneros) merece, no sólo por sus tradiciones, de las 
cuales es actualmente heredera la Universidad Central de Madrid, 
sino además por sus rasgos arquitectónicos, y en especial por su 
fachada, «modelo y tipo de aquel arte del Renacimiento, el más 
característico y notable de la xvi."^ centuria». Esta fachada, cons- 
truida primeramente de ladrillo bajo la dirección del maestro- 
Pedro Gumiel, fué vuelta á construir de piedra caliza de Tama- 
jón algunos años más tarde, realizando la obra, que quedó termi- 
nada en 1543, Rodrigo Gil de Hontañón, maestro mayor de la 
Catedral de Salamanca. Semejante parte de la fábrica, aunque 
averiada por el transcurso del tiempo, llama todavía poderosa- 
mente la atención, por su original y florido estilo, de todo el 
que visita aquella histórica ciudad, y contrasta con el resto del 
edificio, destinado ahora á la enseñanza de párvulos, á cargo de 
los Padres Escolapios. En efecto, las restantes partes del monu- 
mento se hallan en tan lamentable estado, que apenas se conser- 
va en ellas nada de valor positivo. Quien allí penetra, necesita 
realizar poderoso esfuerzo para reconstituir, entre ac^ucllas des- 
nudas paredes, las bulliciosas escenas retratadas en el Giizmán de 
Alfarache Y en El Gran Tacaño., y recuerda con cierta melanco- 
lía los días gloriosos en que el gran Lebrija, el griego üemetrio 
Ducas de Creta, llamado por el mismo Cisneros para enseñar en 
su Universidad, el anti-erasmista Diego López de Estúñiga, el 
filólogo Núñez de Guzmán, y los judíos Alfonso de Zamora, Pa- 
blo Coronel de Segovia y Alfonso de Alcalá, trabajaban con en- 
tusiasmo en la publicación de la memorable Políglota complu- 
tense; así como surgen en su memoria los recuerdos de tantos in- 
signes varones, famosos en ciencias, letras y artes, que ilustraron 
aquellos lugares con sus estudios y obras, incluyendo entre ellos 
á Arias Montano, al divino' Valles, al P. Mariana y á Ouevedo. Y 
de todos modos, al contemplar aquella decadencia, vienen á las 



LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES 43 5 

mientes las palabras, todavía de actualidad, que en 1851 estampó 
José María Cuadrado en sus artículos sobre el Vandalismo en 
Arquitectura: «Ya no se hiere, por lo general, á nuevas víctimas, 
pero mueren de las heridas ó de consunción las pocas que esca- 
paron del fanatismo destructor.» 

Si se tienen, pues, en cuenta las gloriosas tradiciones literarias 
del monumento complutense, que simboliza en España la parte 
más señiilada del esfuerzo renaciente; si se considera cuan unida 
se halla su historia con la personalidad ilustre de Cisneros,á quien, 
al decir de sus biógrafos, le preocupaba tanto la construcción del 
edificio, que no perdía ocasión de inspeccionar los trabajos, 
«viéndosele á menudo, con el cordel ó la escuadra en la mano, 
visitar las obras, medir las líneas, calcular las dimensiones y esti- 
mular á los obreros con su ejemplo y premios» (l); si se advier- 
te, sobre todo, el intrínseco y iiada vulgar mérito artístico de la 
fachada, es incuestionable que su declaración de monumento na- 
cional, solicitada por las Sociedades antes aludidas con razones 
de mucho peso, sería de rigurosa justicia. 

Esto mismo ha juzgado la Real Academia de San Fernando en 
informe dado á la superioridad en Junio de 1 913, entendiendo 
que «la fachada de la Universidad complutense constituye un 
ejemplar notabilísimo de la arquitectura platercscai>, y añadiendo, 
con buen acierto, que «si se decreta la declaración de monumen- 
to nacional para esta fachada, ka de unirse á ella la crujía de que 
forma parte, por ser su sostén y el de su cubierta, y contener 
además curiosos artesonados en sus techos», manifestación á la 
cual se adhiere también esta Real Academia, 

Lo que, con devolución de los documentos remitidos, tengo el 
honor de elevar a conocimiento de V. E., cuya \-ida guarde Dios 
muchos años.» 

La Academia, sin embargo, resolverá lo que estime más opor- 
tuno. 

Madrid, 13 de Febrero de 1914. 

Adolfo Bonilla y San Martín. 



(i) Hefele, Le Cardinal Ximc'nés, trad. francesa, 1869, pág. 86. 



436 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



VII 



EL EX CONVENTO DE SAN BENITO DE ALCÁNTARA 
EN LA PROVINCIA DE CÁCERES 

Una patriótica moción del dignísimo señor Senador por Caca- 
res, D. Eloy Sánchez de la Rosa, aprobada por la Alta Cámara, 
motivó la Ley de 30 de Diciembre de 1912, para cuyos efectos 
la Superioridad pide ahora á la Academia el presente Informe, 
que, por encargo de nuestro Director, he redactado, á fin de ra- 
zonar debidamente la pedida declaración de monumento nacio- 
nal de un olvidado y arruinado edificio, convento que fué bajo la 
advocación de San Benito, de los caballeros y freires de la orden 
militar de Alcántara, cuyos hechos gloriosos van tan unidos á los 
de la Historia patria. 

Bastaría, en efecto, que se relacionara con el historial de aque- 
lla caballeresca institución, el citado monumento, para estimar- 
lo, si además no le abonasen, pregonando aquel pasado caballe- 
resco, los sepulcros, los epitafios, las memorias epigráficas y bla- 
sones nobilísimos que todavía se conservan en él. No pocos mo- 
numentos hay, y uno de ellos es el convento de San Benito de 
Alcántara, que constituyen verdaderas y notables páginas histó- 
ricas, y que en este respecto son más merecedores que otros de 
la protección del Estado y de la atención de las Academias y de 
las personas estudiosas. 

Fueron los insignes Reyes Católicos quienes dispusieron la 
construcción del convento, para lo cual fué elegido un terreno 
situado á dos kilómetros al SE. de la villa de Alcántara, y co- 
menzadas las obras el día 1 1 de Abril de I499; mas como luego 
pareciese mejor levantarle dentro de los muros de la villa, esco- 
gido de nuevo sitio, á la parte NE., y hecho un repartimiento en 
la orden de 500.COO maravedís para la fábrica, sabemos que ésta 
se hallaba en obra en IJ de Junio de I 505 por testimonio del 
rey I). Fernando, que expresaba con esa fecha estarse haciendo 



EL EX CONVENTO DE SAN BENITO DE ALCÁNTARA 437 

el convento por su mandado. Consta asimismo que al año siguien- 
te, por los meses de Abril, Mayo y Junio, se compraron algunas 
casas, solares y huertas para continuar el edificio, y no acabó el 
año sin que ocuparan el nuevo convento los freires; pero conti- 
nuaron las obras, dándolas por terminadas, con las de la iglesia, 
en 1576. 

No nos detendremos á describir el edificio, pues que de su mérito 
arquitectónico ha de juzgar la Academia de San Fernando. Bas- 
tará á nuestro propósito saber que la severa fábrica, de mampos- 
tería y sillería berroqueña, y hoy en lastimoso abandono, y aun 
ruina en algunas de sus partes, es, á pesar de estar construida en 
el siglo XVI, de traza gótica en las bóvedas nervadas, y por con- 
siguiente en la disposición de sus elementos, y de un estilo en 
que se mezclan el ojival y el del Renacimiento. Apreciase lo que 
fué aquella magnífica fundación por la iglesia, que quedó sin aca- 
bar, y es de tres naves; los claustros y galerías, de ligeras arca- 
das; el convento, con sus varias dependencias, con sus celdas ó 
dormitorios, su hospedería, los aposentos para el Prior y su ser- 
vidumbre; la Audiencia y cárcel eclesiástica; el refectorio, prece- 
dido de la cuadra llamada de Proftmdis, y, en fin, las bodegas, 
caballerizas, etc. 

Pregona su alto origen la fundación con los escudos de los 
Reyes Católicos, que se ven en el claustro bajo, y las armas 
reales de la casa de Austria, que aparecen esculpidas al exte- 
rior, en los estribos cilindricos coronados con pináculos florenza- 
dos, que refuerzan los ángulos del edificio, y en el ábside de la 
iglesia. 

El particular valor histórico del monumento esta en las funda- 
ciones do que se conservan memorias, y en que tanto la iglesia 
como el claustro son á manera de panteón de famosos comenda- 
dores y nobles caballeros de la orden. Entre las fundaciones son 
de notar, en la iglesia, las capillas colaterales. 

La del lado del Evangelio muestra bajo un arco, con los bla- 
sones del fundador, su arca sepulcral con este epitafio: 



43Íi BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Esta capilla mandó hacer 

para su enterramiento 

E. M. I. S. D. Diego de Santillán., 

Comendador mayor de esta insigne Orden 

y Cab alleria de Alcántara^ 

Capitán general en la toma de Granada. 

E alie ció á treinta días del mes de Julio 

de 1503. 

En la capilla del lado de la Epístola, también bajo un arco y 
bajo dos escudos con las armas del fundador, está su arca sepul- 
cral con este epitafio: 

Esta capilla mandó hacer 

para su enterramiento 

el muy ilustre Señor D. Nicolás de Ovando^ 

Comendador mayor de esta insigne Orden 

y Caballería de Alcántara^ 

Capitán general de las Indias^ 

Islas y tierra firme del mar Occeano. 

Falleció á zg de Mayo 

de ijii años. 

La importancia de este famoso personaje en la historia de 
nuestra dominación en América, donde sucedió á Francisco de 
Bobadilla, nos exime de mayor encarecimiento. 

Contigua á la capilla de Ovando hállase otra, debida al maes- 
tro Pedro de Ibarra, que la concluyó en 155O) según expresa una 
inscripción que se lee sobre el retablo, y fué fundada por el Co- 
mendador de Piedrabuena D. Frey Antonio de Xerez, cuyo 
sepulcro, labrado en alabastro, con su estatua yacente que le 
representa con su armadura, y ostenta de relieve en los lados del 
arca las imágenes de San Jerónimo, San Agustín y los Santos 
Evangelistas, se ve en el centro del sagrado recinto. Los blaso- 
nes del fundador resaltan en el sepulcro, en el coronamiento de 
la sillería y en el de la reja de la capilla. » 

Aún se hallan en la iglesia el enterramiento de Frey Ruy Díaz 
Maldonado, y en el claustro las sepulturas de insignes caballeros 
de la orden y notables personajes, y en una capilla que hay en 



CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 43^ 

un ángulo del mismo, es de notar el enterramiento, con estatua 
yacente, del Maestre D. Suero Martínez (Rodríguez según otros, 
y aun se cree que su verdadero apellido fué Barrientos), que vi- 
niendo de la villa de San Julián del Perero, tomó, con la orden,, 
posesión de Alcántara en 12 18. 

No será necesario enumerar más recuerdos de días gloriosos 
para dar á entender que esc arruimado convento, amenazado de 
total ruina, con la que quedarían sepultados bajo sus escombros 
esos memorables sepulcros, y perdidos cuantos preciados testi- 
monios conserva de su grandeza, sobre los que ya perdió del 
tesoro artístico que guardaba, reúne méritos bien suficientes- 
para ser declarado monumento histórico nacional, como justa- 
mente se ha pedido. 

La Academia, como siempre, acordará lo más acertado. 

Madrid, 23 de Enero de 19 14. 

José Ramón Mélida. 



VIII 
CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 

Fiel á mi costumbre de dar cuenta cada año á la Academia 
del resultado de las excavaciones que bajo mi dirección se prac- 
tican en Mérida, he creído oportuno hacerlo hoy, especialmente 
de los hallazgos logrados en el sitio donde por otros indicios se 
sabía que existió un templo dedicado á Serapis y á Mithra, ó 
acaso dos santuarios respectivamente consagrados á cada uno de 
estos dioses extranjeros, dejando para otra vez la mención de los 
avances conseguidos en el descubrimiento del Teatro romano. 
Mas los nuevos hallazgos de que voy á ocuparme piden algunos 
antecedentes. 

En 1902, con ocasión de sacar de cimientos un edificio des- 
tinado á Plaza de Toros, en un sitio extremo de Mérida, a! 
S, O., en el cerro llamado de San Albín, que domina al Guadia- 



4í0 boletín de 1.a real academia de la historia 

na, ocurrió al remover la tierra el hallazgo casual de algunas es- 
tatuas despedazadas y de otros mármoles, contándose entre unas 
y otros piezas cierto número de inscripciones de que dio cuen- 
ta á la Academia el Sr. Marques de Monsalud (l), el cual con- 
siguió para su colección particular casi todos los mármoles epi- 
gráficos. 

Suspendidas las obras de la Plaza de Toros, allí quedaron y 
tuve ocasión de ver, cuando por vez primera visité Mérida 
en 1907, las estatuas y otros mármoles que, con los dichos de la 
colección Monsalud, me convencieron de que todo ello provenía 
de un templo ó templos del dios greco-egipcio Serapis y del 
dios persa Mithras, á los que verosímilmente, debió rendírseles 
culto en aquel paraje. En la casilla de la obra fueron guardadas 
con los fragmentos y mármoles pequeños las estatuas, menos la 
mayor de ellas, que por su enorme peso quedó sobre la removi- 
da tierra del redondel, donde fué encontrada, expuesta á las in- 
jurias del tiempo y las más temibles de los hombres, de las que 
mostraba huellas, pues un pie y una mano le habían sido arran- 
cados. 

Nos interesamos varias personas por la triste suerte de tan 
importantes monumentos arqueológicos, y conseguimos que fue- 
ran llevados al Museo de Mérida, donde se hallan. 

Hace pocos meses, en el pasado año de I913, reanudadas las 
obras de construcción de la Plaza de Toros, apenas removida de 
nuevo la dicha tierra del redondel, salió á luz, inesperadamente, 
una hermosa estatua del dios Mercurio; y este nuevo hallazgo fué 
más que suficiente indicio de que el filón arqueológico del cerro 
no se había agotado y de que era necesario y urgente explotarle, 
como así se hizo por la Comisión de excavaciones que presido, 
habiendo conseguido descubrir nuevas estatuas y epígrafes que 
con el citado Mercurio completan y enriquecen la serie de esos 
monumentos en el Museo de Mérida. Seis estatuas y dos cabe- 
zas, mas varios fragmentos escultóricos y algunos epígrafes cons- 
tituyeron el hallazgo de 1902, y siete estatuas, mas una cabeza y 

(() Véase Boletín, tomo xliii, págs. 242 á 245, y tomo xlv, pág. 445. 



CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 44 í 

crecido número de fragmentos, dos aras votivas y restos de otras 
constituyen la parte complementaria de ese tesoro arqueológica 
descubierto en 1913, á lo que añadiremos una cabeza descubierta 
este año. 

No habiendo sido publicados más que aquellos epígrafes y 
algunas estatuas (l), y siendo partes de un todo interesantísimo, 
en su mayoría inédito, las esculturas de uno y otro hallazgo^ 
piden todas ser aquí estudiadas. 



Los cultos. 

Será bueno recordar algunas particularidades de los cultos 
exóticos de que dan testimonio las esculturas que motivan estas 
líneas. 

Sabemos que el dios greco-egipcio Serapis tuvo su centro de 
culto en Alejandría, de Egipto, donde se conserva su santuario 
subterráneo, el famoso Serapeuní, bajo la columna monolita 
llamada de Pompeyo y debida, según parece, á Diocleciano, que 
estaba rodeada de los pórticos y propileos del templo. Sabemos 
asimismo que Serapis, cuyo culto fomentaron los Ptolomeos con 
fines político-religiosos, se nos ofrece como nueva y postrera 
forma del dios egipcio Osiris, de quien acaso procede ó con quien 
fué identificado (2), habiéndolo sido por los griegos con Júpiter^ 
al propio tiempo que con Helios (el Sol), con Plutón el dios del 
mundo subterráneo, como Osiris, el juez de las almas en la doc- 
trina egipcia y con Dionysos; de modo que participó del doble 
carácter de divinidad solar é infernal, á lo cual responde lo mis- 
terioso de su culto. Sabemos, en fin, que ese culto, desarrollado 
y mantenido en Alejandría en la época helenística, continuó en 
la época romana, y en ella, unido al culto de la diosa egipcia Isis 
(esposa de Osiris), pasó primero á Malta y á Sicilia, luego á la 

(i) El Sr. J. Leite de Vasconcellos en Religióes da Lusitania, tomo iii, 
figuras 149, 150, 151, 154, publica los mármoles que señalamos en este es- 
tudio con los números i, 3, 4 y 8. 

(2) Toutain: Les cuites paiens datis I' Empire romain^ tomo 11, pág. 8. 



442 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HLSTORIA 

Italia meridional y á la Tarquinia, y por último á Roma; se pro- 
pagó después á las provincias del Imperio, incluso á España, donde 
son bien conocidos sus testimonios epigráficos de Ampurias, 
Tarragona, Acci (Guaclix), Itálica y éstos de Mérida, donde por 
dicha también los hay escultóricos. 

En cuanto al niithraismo ó religión del dios persa Mithras tuvo 
un carácter naturalista, y se cree que tuvo origen en la India ve- 
dica, denotando en sus elementos astronómicos la influencia de la 
Caldea y que en Media y Persia adquirió un cierto valor moral 
y místico. Así lo expresa M. Toutain (l) en el especial y notable 
estudio que ha hecho de la materia, y luego define de este modo 
€l carácter del dios (2): 

«Mithras fué el héroe de un mito compuesto de episodios múl- 
tiples y diversos, representados en los relieves. 

» Aparece como el dios que preside á las manifestaciones más 
importantes de la vida universal; nacido de una piedra, personi- 
fica la primera aparición del día naciente por cima de hs monta- 
ñas que limitan el horizonte; hace brotar de una roca el agua ne- 
cesaria para la vida humana y la existencia de todos los seres; 
es el protector de la vegetación, guardador de los frutos; confía 
la dirección del carro solar á un personaje iniciado (en los mis- 
terios), y con el cual ha sellado alianza; y, en fin, el toro que de- 
güella es la fuente de toda generación, y la sangre del animal, 
repartida por el dios vengador, lo impregna todo de vida y de 
fertilidad.» 

«El fundamento de la moral mithríaca (de origen zoroástrico- 
iranio) es el dualismo de los dos principios opuestos: Ahriman 
y los devas, genios perversos que constituyen su ejército, son en 
el mundo las representaciones de las tinieblas, del error, del mal, 
mientras que Ormuzd y sus V(^^<tf(ts, seres bienhechores por ex- 
celencia personifican la luz, la verdad y la virtud.» 

M. Cumont, que anteriormente hizo un interesante estudio de 



(i) Les culles pa'icns, lomo 11, pág. 122. 

(2) Les cuites pa'iens, tomo ir, págs. 123, 124 y 129. 



CULTOS E.MERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 443 

los misterios de Mithras, expresó que esa lucha incesante reper- 
cute en el corazón y en la conciencia del hombre, entre la ley 
divina del deber y la sugestión de los espíritus perversos (l). 

En suma, Mithras, dios solar que combate á los demonios de la 
noche y protege á los pobres y des\'enturados, dio lugar en los 
días del Imperio romano á una religión abstracta, del Sol Jnvictus 
6 dominador celeste, arbitro de las cosas en el orden natural, en 
el físico y en el moral; religión que, como la de Serapis y de Isis, 
se difundió desde Roma á las provincias, llegando á su mayor 
predominio en la época de los Antoninos. i\s\ fué, según ha di- 
cho nuestro inolvidable Menéndez y Pelayo (2), como el dua- 
lismo iranio, el mazdeísmo persa, penetraron en el mundo ro- 
mano á la sombra del culto y de los misterios de Mithra, «que 
parecen haber sido los de más elevación moral y los más libres 
■de horrores é impurezas». 

También en Tarragona, en Andalucía y en la Lusitania, se re- 
gistraron testimonios del culto mithraco, á los que se unen los 
más importantes de Mérida, 

Como el Serapewn^ el Mithraeo 6 templo de Mithra era una 
gruta, porque en la obscuridad de una cueva suponía la leyenda 
que el dios, á veces personificado en un león, luchó con el toro, 
personificación del demonio para salir luego victorioso á regene- 
rar el mundo. Ese mismo santuario, el spelaeum, era un recinto 
que tenía á sus lados sendos podia^ donde se colocaban los fieles 
para presenciar los misterios, en que tomaban parte los ofician- 
tes ó iniciados, y al fondo, que á veces afectaba forma de ábside 
ó exedra, estaban las imágenes. Hallábase este santuario en bajo, 
probablemente subterráneo, y para penetrar en él había que des- 
cender por una escalera de muchos escalones, desde los pórticos, 
especie de narthex ó apparatorium por donde el templo tenía su 
entrada. Tenían, pues, idéntica disposición los templos de Sera- 
pis y de Mithras, como afines que eran sus religiones. 



( 1 ) Ciimont: Tcxles el monumciüs Jh^iircs rclatifs anx My sietes de Mithra. 
Bruxelles, 1896-99, págs. 91 y 92. 

(2) Historia de los heterodoxos españoles, tomo 1(1911), pág. 502. 



444 boletín de la real academia de la historia 

No sería, por tanto, de extrañar que en Mérida se hubieran 
acogido en común ambas deidades á un solo santuario, posible- 
mente doble, según nos da derecho á pensar el hallazgo de sus 
imágenes é inscripciones votivas, confundidas unas con otras en 
un mismo sitio, que lo fué extremo en la ciudad romana, y donde 
por lo visto estaban confinados y centralizados los cultos á los 
dioses orientales. 

Con afán hemos buscado en tal sitio los restos arquitectónicos 
del templo, á lo menos de sus pórticos. Mas ni ahora ni en 1902 
se han encontrado. Solamente hemos recogido trozos de enlucido 
de muro, con su capa de estuco pintado de negro ó de rojo, con 
ligeros ornatos y guirnaldas, al modo pompeyano. Estos trozos 
aparecen, al igual que los mármoles, arrojados como escombro 
por quienes destruyeron el templo, con el fin, acaso, de llevarse 
los materiales de su construcción para aprovecharlos en otras, 
del mismo modo que sucedió con los demás monumentos roma- 
nos emeritenses. 

En cuanto á quienes trajeron á Emérita Augusta esos cultos 
orientales, menester es atenerse á la opinión recibida de que los 
difundidores de ellos en el vasto imperio romano fueron los sol- 
dados, esto es, las legiones que de Oriente procedían. Y en 
este punto conviene recordar que en Mérida estuvieron la le- 
gión VII gemina feliz, la X y la V. Respecto de la fecha del es- 
tablecimiento ó esplendor de tales cultos en la ciudad, tenemos, 
por dicha, una indicación bastante precisa en dos de los indica- 
dos epígrafes que se ven: uno, en cierta ara de las adquiridas y 
publicadas por el señor Marqués de Monsalud (l), y otro, en la 
lira de la citada estatua de Mercurio, recientemente publicado 
por D. Maximiliano Macías (2). En ambas inscripciones se lee 
una misma fecha, el año 1 80 de la Colonia Augusta Emérita; y 
como ésta fué fundada en 25 antes dej. C, el señalado 1 80 queda 



(i) Boletín, tomo xliii, 1903, pág. 242. El dedicante de la inscripción 
al Genio del invicto Milhras es un Marco Valerio Segundo, abastecedor 
de la legión VII gemina. 

(2) Ale'/ ¿da Monume/ital y Artística (bosquejo para su estudio), por Ma- 
ximiliano Macías, 1913, págs. 177 y 178. 



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CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 445 

reducido al I55 de nuestra Era, correspondiendo al reinado de 
Marco Aurelio. También en ambas inscripciones, fechadas como 
en otras del mismo templo, dedicadas á Mithra, figura como 
principal persona de la cofradía afecta al dios, un C}ayo Accio 
Hedychro, que ostentaba en ella el título de Pater Patrnm, 
grado máximo de los siete que comprendía la iniciación (l) en 
los misterios de Mithras. Este Hedychro, nombre cuyo origen 
griego nos hace pensar en la estirpe oriental del sujeto, acaso 
fué principal mantenedor del tal culto en la ciudad, y á quien pa- 
rece se debió en gran parte el esplendor del templo, pues su 
nombre se repite en aras y estatuas v^arias de las que voy á des- 
cribir. 

A propósito de ellas, conviene recordar que los santuarios de 
Mithras no solamente contenían la imagen de este dios y las de los 
genios, de su ciclo, sino también las de otros dioses, altares y ex- 
votos á ellos dedicados (2). Es decir, que los dioses orientales vi- 
vieron en buena compañía con los del panteón oficial romano. No 
es, pues, de extrañar que las imágenes de algunos de éstos os^ 
tenten dedicaciones al dios invicto. Acaso el pontífice Hedychro, 
que es por lo común el dedicante, llevó por buena política este 
modo de congraciarse con las deidades de Roma, adoradas priri' 
cipalmente por los emeritenses. 



Esculturas encontradas en 1902. 

I. — Cabeza de tma estatua del dios Serapis (lám. 11). Mármol 
blanco. Altura, 0,30 m. Cabellera y barba dispuestas en grandes 
y desordenados rizos, como corresponde á una deidad infernal. 
Ciñe el pelo una cinta anudada sobre la nuca. Los ojos están hue- 
cos, por haberlos tenido incrustados de otra materia brillante y 



(i) San Jerónimo, en su Epístola CVII ad Laetam, señala así los siete 
grados: Cí7ra^ (el cuervo), Crypkius (el oculto), Miles (el soldado), Leo (el 
león), Pcrses (el persa), Heliodiomiis (el mensajero del Sol), Paícr (el 
padre). 

(2) Toutain: Les cuites paiens^ tomo 11, pág. 123. 

TOMO LXIV. 29 



446 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

acaso preciosa, como la famosa imagen de este dios, adorada en 
el Scrapeum de Alejandría, que era obra del escultor Briaxis, y 
tenía los ojos de piedras preciosas, que refulgían en la obscuridad 
del santuario. La expresión de la faz es dulce y enérgica, como 
corresponde á un dios paternal y misterioso. En la parte superior 
de la cabeza se advierte un corte horizontal, en cuyo plano se 
apoyó el viodius 6 calathus, en figura de cestillo, símbolo de la 
fertilidad de la tierra en la época de la recolección, y por ello, 
privativo del dios. Este atributo, en la presente imagen debió 
ser de metal. La cabeza es estimable como obra de arte. 

No se ha encontrado el cuerpo de esta estatua; pero sí un epí- 
grafe dedicado al dios S[arapi\s, adquirido y publicado por el se- 
ñor Marqués de Monsalud (l), y la siguiente estatua pequeña, 
pero sin cabeza. 

2. — Júpiter- Serapis (?). Estatua varonil, falta de la cabeza, 
de las manos y parte de los brazos y pies. Mármol. Altura, me- 
tros 0,52. Base, 0,37 m. de longitud por el frente y 0,32 m. por 
el costado. El dios aparece sentado en una cathedra, como es- 
taba la citada estatua alejandrina, debida á Briaxis, que se con- 
sidera debió servir de prototipo á las que de Serapis se conser- 
van, entre ellas una muy buena, de mármol, del Museo de Ale- 
jandría. r3e estas imágenes se diferencia la presente en que no 
lleva túnica como ellas, sino solamente manto, que le cubre las 
piernas, dejando al descubierto el torso desnudo. Por esta cir- 
cunstancia, podría conjeturarse que esta pequeña estatua, de 
arte mediocre, representara á Júpiter-Serapis ó tan sólo á Júpi- 
ter, identificado con el dios greco-egipcio, por el concepto pa- 
ternal que ambos expresan. 

3. — Estatua del genio de Mithras yEon 6 Zervan-Kronos, ima- 
gen simbólica del tiempo, como lo es del curso del Sol la ser- 
piente que lleva enroscada al cuerpo (lám. v). Mármol blanco. 
Altura, 0,90 m. La cabeza, que se halla incompleta, y de la cual 
pareció en 1903 un trozo, juntamente con otro de un brazo, es 
de león; le faltan las piernas desde las rodillas y las manos. Tiene 



(i) Boletín, lomo xliii, pág. 245. 



boletín de la Real academia de la Historia 



LÁM III 




Cliché González Arnao. 



Fot. Lacoste - Madrid 




Cliché Mélida 



Fot. Lacoste - Madrid 



ESTATUA DEL RÍO ANAS 
Mármol. - Longitud 2 "i; Altura 072. 



CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 447 

alas y está desnudo, cubriendo tan sólo de la cintura á las ingles 
un lienzo, sujeto con un grueso cingulum. 

Con esta imagen se halló en Ig02 otra del mismo genio mi- 
thríaco; mas como quiera que su cabeza ha sido encontrada ahora 
y con ella puede ser mejor apreciada la figura y su simbolismo, 
la describiremos más adelante. 

4. — Estatua del río Anas (lám. iii). Tal es, á mi juicio, y no 
creo pueda ser otra, la representación de esta figura colosal, de 
mármol blanco, de 2 m. de longitud y 0,72 de altura, que pare- 
ció sin cabeza y sufrió luego las mutilaciones de sus extremida- 
des, según queda indicado. El señor Marqués de Monsalud la des- 
cribió sencillamente, diciendo (l): «representa un varón envuelto 
en amplio ropaje, tendido sobre el lado izquierdo»; é interpretó 
de esta suerte una pequeña inscripción que se ve grabada sobre 
el manto, en la parte que cubre el muslo izquierdo del personaje: 

G • ACC • hEDYCFRVS 
P«PATRVA\ 

G[aíus) Acc[ms) Hedychrus P{aíer) Pairum. 
Gayo Accio Hedychro, Padre de los Padres. 

Aparece esta dedicación de Hedychro, el pontífice ó cofrade 
mayor de Mithras, como otras, en estatuas de diferentes deida- 
des. La estatua no es de tal personaje ni de otro mortal, sino de 
un inmortal, de un dios, como lo prueba el no llevar la imagen 
más vestidura que un manto que deja descubierto el torso des- 
nudo. Y ese dios, echado sobre las ondas de un río y con el bra- 
zo izquierdo apoyado en un delfín, no puede ser otro que el río 
Anas 12) de Estrabón (el Guadiana de los árabes y de nuestros 



(i) Boletín, tomo xliii, pág. 244. 

(2) Así lo consigne en mi Catálogo Monumental y Artístico de la ¡irovin- 
cia de Badajoz, todavía inédito. El Sr. Macías, que en su libro Metida Mo- 
nuvienlal y Artística ipág. 181) se ha hecho eco de esta opinión mía, dice 
en una nota que cuando la estatua fué encontrada en 1902 conservaba su 
cabeza el delfín y el dios su mano con el dedo índice dentro de la boca 
del animal. Así lo deja entender una fotografía hecha antes de la mutila- 
ción por el Sr. González Arnao con motivo de una excursión á Mérida, 



448 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tiempos). No hay que esforzarse mucho para buscar términos de 
comparación en la escultura antigua. Bastará recordar la estatua 
alejandrina del Nilo y otras varias imágenes oceánicas y fluvia- 
les, siempre en figura de un dios paternal y bienhechor, recos- 
tado sobre las ondas. Todas estas imágenes, como la del río 
Anas, tuvieron por prototipo la del Ilisos, esculpida por Fidias 
para el Partenón de Atenas. 

En cuanto á la relación que debió tener el Anas con el culto 
de Mithras, menester es decir que en todo santuario de este dios 
era elemento esencial la presencia ó proximidad del agua (l), y, 
en efecto, el paraje en que debió estar el templo y se han des- 
cubierto sus imágenes, está próximo al Guadiana y bien cerca 
de las murallas que cercaban la ciudad, en las cuales se ve aún 
la canal que repartía el agua que traían los acueductos para las 
necesidades urbanas. 

Considerada la presente estatua desde el punto de vista artís- 
tico, se advierte algo de desproporción en las partes que compo- 
nen el torso y que la ejecución, dura en el desnudo, es más 
blanda y mejor en los paños y accesorios. 

5. — Venus (lám. viii). Estatua de mármol. Altura, sin la cabeza 
(pues la que para completarla se la ha puesto, diademada, no pa- 
rece corresponderle), 1,27 m. El zócalo en que apoya la figura 
tiene de alto 0, 08. La diosa aparece en pie, desnuda, si bien en- 
cubre un tanto su pudor con el manto que sujeta con la mano 
izquierda. Su actitud es semejante á la de la Venus praxiteliana, 
cuyas copias antiguas se reconocen en la del Vaticano, la Capi- 
tolina, la de Médicis, etc., y es muy semejante á la de Bullas 
(Murcia) existente en el Museo Arqueológico Nacional, la cual 
tiene el manto en análoga disposición. Representan todas ellas á 
la diosa del amor en el momento de su nacimiento de entre las 
ondas del mar, y por eso lleva esta imagen, como la de Médicis, 



Cáceres y Plnsenciíi, de qus fué cronista el señor Marqués de Figueroa, 
publicada en el Boletín de la Sociedad Española de Excttrsiones, tomo xiii 
(1905), páginas 21 á 43 y lámina xiii. 

(i) Toutain: Les cuites pa'iens, tomo n, pág. 134. 



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CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS V DE MITHRAS 449 

al lado izquierdo un delfín, sobre el cual va Cupido. Escaso es 
el mérito de la escultura, algo desproporcionada. 

6. — Estatua varonil (^Esculapio?), algo menor que el natural 
(lám. v). Mármol. Altura I,20 m., sin la cabeza y pies, que faltan. 
Se envuelve en un manto que deja al descubierto el torso des- 
nudo. Incompleta y falta de atributos como se halla esta figura, 
no es posible identificar su representación mitológica, que recuer- 
da las de los dioses de carácter paternal, como el dios de la Me- 
dicina. Es obra de mejor arte que las dos anteriores, y en espe- 
cial los paños están tratados con cierta sobriedad y blandura. 

Con estas esculturas se hallaron fragmentos varios de otras, 
entre ellos, dos de ropas de una estatua colosal y del zócalo con 
los pies de una figura pequeña, y junto á los pies el arranque de 
un ara. 

Esculturas encontradas en 1913. 

7. — Estatua del dios Mithras^ falta, por desgracia, de la cabeza, 
de las manos y de un trozo de la pierna derecha (lám. iv). Mármol. 
Altura de la figura, 1,47 m., y del plinto en que se apoya, 0,07 m. 
Aun mutilada como se halla la estatua, se reconoce como imagen 
de Mithras por el traje asiático con que aparece, compuesto de tú- 
nica frigia, recogida dos veces, esto es, por dos cinturones, según 
indican sendos pliegues, uno á la altura de la mitad del pecho, y 
otro algo más bajo que el talle; clámide prendida con una fíbula 
ó broche redondo sobre el hombro derecho, y calzado consisten- 
te en borceguíes del tipo éndromis. Junto al cuello de la figura y 
sobre los pliegues de la clámide ondulan los rizos de la cabellera, 
juntamente con las caídas del gorro frigio, característico del dios. 
En tal forma y traje se ven otras imágenes de Mithras. La pre- 
sente lleva, como muchas estatuas de mármol, por refuerzo al 
lado izquierdo, un tronco, y junto á él, en el frente, un delfín, 
como la estatua de Venus, por alusión, sin duda, á la presencia 
del agua, necesaria para las ceremonias en los santuarios del dios 
greco-persa. 

En el frente del plinto de la figura se ve grabada esta intere- 
sante inscripción; 



45° BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HLSTORIA 

INVICTO SACRXM C • CVRI VS • AVITVS • ACCI • HED YCH<0 • PA • 

AUMHTPIÜS EIIOIEI 

Invicto sacnim C{aius) Curius Avitus. Acciyo) Hedychro Pa{ire). 

Consagrado al Invicto por Cayo Curio Avito, siendo Padre Accio- 

Hedychro. 

Demetrio liacia. 

El empleo del imperfecto ¿Tioíet, en vez del aoristo ó indetermi- 
nado ¿TiotYjcev (hizo), tan usada en versos griegos y otras obras 
de la buena época, es corriente en obras encontradas en Italia, y 
al contrario en las de Grecia y Asia (l). 

Esta inscripción bilingüe contiene, como se ve, la dedicación 
en latín de la estatua, por un devoto del dios, en los días del 
Padre Hedychro, y algo que nos interesa más, la firma en grie- 
go del escultor á quien es debida la obra. El nombre de Deme- 
trio y su escritura en lengua griega, con la fórmula ¿Trocet, indi- 
can la mano de un artista griego que trabajaba en Mérida en el 
siglo II. Ninguna otra de las estatuas de que me ocupo está fir- 
mada; pero la analogía de factura de algunas de ellas con la de 
Mithras, que acaso por ser la principal firmó Demetrio, induce á 
pensar que sean de su mano esas también. En cuanto á quiéri 
fuese este artista, tan sólo es posible decir que tal firma ha sido 
ya registrada en alguna otra escultura (2), no hallada en España, 
lo que acaso prueba que hubo más de un escultor de ese nombre. 

8. ^Estatua del genio mithriaco ^^on ó Zervan-Kronos (lá- 
mina y). Es la encontrada en ig02 y ahora completada con el 
feliz hallazgo de su cabeza. Mármol. Altura, 1,62 m., y del plinto 
en que descansa, 0,05 m. Aparece en pie, desnudo, imberbe, con 
larga y desordenada cabellera, con una cabeza de león sobre el 
pepho; rodeada á su cuerpo una serpiente, cuya cabeza apoya en 
lo alto de la del personaje mítico. Faltan los brazos y las alas, que 



(i) J. Reinach: Traite d'épigraphie grecque. París, 1885, pág. 434. 
(2) Hirschfeld: Tüuli statiiariorum sculplonimqiie graecoriim, número^ 
131 a. 



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CULTOS EMERITENSES DE SER APIS Y DE MITHRAS 45 1 

fueron piezas aparte. Junto á la pierna izquierda se ve la cabeza 
de un macho cabrío. 

El simbolismo que encierra esta extraña imagen es el siguien- 
te: Zervan-Kronos representa el Tiempo; la serpiente que parece 
aprisionarle, el curso del sol, como ya lo expresó la simbología 
egipcia. La desordenada cabellera, ceñida por una cinta, comple- 
ta, como en las imágenes de Apolo, la representación solar, y 
para mejor indicarla debió llev^ar unos rayos de bronce forman- 
do á modo de corona radiada, encajados en la serie de agujeros 
que sobre la frente se advierten entre el pelo. Es, en suma, la 
presente estatua una imagen del curso del Sol invicto en el tiem- 
po y en el espacio. 

Idéntico simbolismo encierra la estua leontocéfala que queda 
descrita bajo el núm. 3, y ambas, en el santuario, completaron la 
idea que representan. Porque según la doctrina caldea (l) el cielo 
tenía dos puertas, cuyas llaves guardaba Zervan-Kronos, y esas 
puertas estaban bajo los signos zodiacales de Cáncer y Capricor- 
nio; por la primera descendían las almas del cielo á la tiera, y por 
la segunda subían á él después de su morada temporal en el cuer- 
po humano. De esta interpretación se desprende que la cabeza 
del macho cabrío indica el signo de Capricornio y, por tanto, la 
figura que por faltarle los brazos no vemos en sus manos las lla- 
ves del cielo, que seguramente ostentó, es la del genio de la as- 
censión de las almas. Y la indicada estatua semejante (núm. 3), 
del mismo genio, debió ser la que bajo el signo de Cáncer, cuya 
representación falta, así como otras partes accesorias, á la muti- 
lada figura, expresaba la idea de la descensión de las almas. 

Otras imágenes del mismo género, no halladas en España, tie- 
nen las llaves en las manos (2). 

Las dos estatuas emeritenses son de buen arte, y la mejor de 
ellas la más completa y mayor. Es de factura vigorosa, que acusa 
bien el modelado, delicado al tratar rostro y cabellera; y en con- 



(i) Toutain: Les cuites paiens^ tomo 11, pág. 127. 

(2) J. Reinach: Réperioire de la Statjiaire antique, 1. 1, pág. 296, núm. i . 1 93. 
F. Cumonl: Tcxtes et monuments , tomo 11, pág. 213, fig. 41; pág. 216, figu- 
ra 47; pág. 238, figuras 68 y 69; pág. 259, fig. 96. 



452 BOLETÍN DE lA REAL ACADEMIA DE LA HISTOKIA 

junto, á pesar del extraño maridaje de hombre y serpiente, es 
una estatua no exenta de belleza. 

9. — Estatua varonil, mutilada (lám. vi). Mármol. Altura, 
1,26 m., y del plinto en que descansa 0,o8 m. Le faltan la cabeza 
y muchas partes de las extremidades. Además está partida por 
cerca de la base, donde se ve un peñasco sobre el que apoyaba el 
pie izquierdo, cuya pierna tuvo doblada hacia adelante; postura 
en que gustó de poner algunas de sus figuras el escultor griego 
Lisipo. Se aprecia por los indicados restos que representa á un 
varón en pie, desnudo, con manto que le cubre por las ingles. 
El brazo derecho levantado y doblado. El león, como observa 
M. Cumont (l), debía recordar á los iniciados en los misterios 
de Mithras el poder destructor del Tiempo, que todo lo devora. 

10. — Estatua de un gallardo joven (lám. vi). Es algo menor que 
el natural. Mármol. Altura, 1,12 m. y el plinto 0,08 m. El per- 
sonaje aparece en pie, con la pierna izquierda ligeramente do- 
blada, en la postura que vemos las figuras de Policleto; lleva 
clámide, que descubre el bello torso del joven. La cabellera ri- 
zada recuerda la de Apolo. Junto á la pierna derecha se ve un 
tronco de árbol, y delante del tronco un león sentado. Entre los 
trozos sueltos hay un antebrazo y mano que sujeta un objeto 
cilindrico, posiblemente una antorcha. 

Antorcha y león me inducen á conjeturar si esta figura y la 
anterior pudieron ser representaciones de otros dos genios mi- 
thríacos, los dadójoros (2), Cautes y Cautópates, de significación 
astronómica, que uno con antorcha levantada y el otro con an- 
torcha humillada y con signos zodiacales aparecen como compa- 
ñeros inseparables del dios Mithras en algunos grupos. Pero es de 
notar que á esta atribución de las presentes figuras se opone la 
circunstancia de que, como observa Cumont y confirman varios 
monumentos, los dadóforos aparecen con traje frigio (3). 



(O Texíes et moiimnents^ tomo i, pág. 79. 

(2j Toutain: Les cuites paiens, tomo 11, pág. 125. 

(3) Cumont; Textes et mojnanents, tomo i, páginas 203 y 204; tomo 11, 
numerosos monumentos en especial, pág. 228, fig. 59; pág. 270, figuras 1 1 1 
y ' '3; píig- 482, figuras 416 y 417. 



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CULTOS EMERITENSES DE SERAPIS Y DE MITHRAS 453 

Las dos estatuas son estimables como obras de arte, y la se- 
gunda lo es más por la graciosa apostura del personaje. 

II. — Estatua de Mercurio en reposo (lám. vii). Mármol. Altura, 
1,51 m. Fué descubierta casualmente el día 31 de Agosto de 1913. 
Representa al mensajero de los dioses sentado sobre una roca, en 
la que ha dejado su clámide. Desnudo y gallardo, el dios calza 
sandalias con alas. Le falta buena parte de la pierna izquierda, y 
la derecha pudo ser completada con un trozo que fué descubier- 
to en 1902. Sobre la roca en que descansa, y apoyada en la clá- 
mide, ha dejado la lira, de que fué inventor Mercurio, el cual la 
construyó con el caparazón de una tortuga que halló en la gruta 
de Maya, y á la que añadió unas cuerdas de distinto grosor, las 
cuales pulsó arrancándole melódicos sonidos. Oyó esta divina 
música Apolo, y prendado de ella, pidió á Mercurio la lira, que 
hubo de dársela, sirviendo de prenda de reconciliación entre 
ambos dioses, antes enemistados por haber el segundo robado al 
primero sus vacas. 

La representación que aquí vemos de la lira es de las más 
completas que pueden darse, conforme á la forma primitiva de 
tal invención. Está formada por los dos caparazones de una tor- 
tuga, de los que se elevan dos cuernos de antílope, unidos por 
un puente que simula ser de hueso, al que están sujetas las cuer- 
das (lám. vn). lan sólo se opone esta lira á la primitiva, que 
solamente tuvo tres cuerdas, al ser éstas en número de lO (i). 

Posibler^ente, la lira y el inmortal que la inventó, se relacio- 
nara con las prácticas de los misterios de Mithras, 



(r) T. Reinach, en el artículo Lyra, del Dictioimaire des anUquites gréc- 
ques et rotnaines, tomo iii, 2.* parte (París, 1904), pág. 1.444, consigna que 
la lira tuvo primeramente tres cuerdas, luego cuatro; en el siglo vi, por 
invención de Terpandro, tuvo siete; después ocho y nueve. En la segun- 
da mitad del siglo v Frynis de Mitilene le dio i i cuerdas, y de 12 fué muy 
usada en la época alejandrina. Una pintura de vaso, con figuras negras, 
del Museo de Munich, y las monedas de Calymna y Perdoselene, repro- 
ducen la lira formada con el caparazón de una tortuga, como aquí se ve, 
por alusión á la lira originaria; pues este instrumento, en la misma anti- 
güedad griega, se construyó con caja de madera, de forma bien distinta á 
aquélla. 



454 boletín de la real academia de la historia 

En la superñcie convexa del caparazón de la tortuga se lee 
esta inscripción (l): 

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Invicto deo mit-i^ae 

S ACR 

& • ACCIVS* HEDYCHRVS 

PATER 

A • L • P • 

Ann{o) Colipniae) CLXKX Invicto deo Mithrae sacr{ii»i) G{aius) Accius 
Hedychrtis Pater aitiimo) liibens) pipsuif). 

En el año ciento ochenta de la Colonia, al Invicto dios Mitras consagró 
Gayo Accio Hedychro, Padre, y puso (este monumento) con buena vo- 
luntad. 

Este interesante epígrafe nos da una fecha, la misma de otro 
ya citado de la colección Monsalud, y punto sobre el cual ya 
hemos hecho la indicación conveniente. 

En cuanto al aspecto artístico, la presente estatua, que se dis- 
tingue por su buen trabajo y su carácter pintoresco, se nos ofre- 
ce como una variante de la conocida de bronce, que también 
representa á Mercurio en reposo, hallada en Herculano y conser- 
vada en el Museo de Ñapóles; y en la postura de las piernas aún 
se le parece más el Marte en reposo del Museo Nacional de 
Roma, que se reconoce ser copia antigua de un famoso bronce 
debido á Scopas. 

12. — Estatua femenil (lám. iv). Mármol. Altura, 1,58 m.; del 
plinto circular Ojil m. Le faltan la cabeza, el brazo derecho que 
tenía levantado y la mano izquierda. Es una elegante figura, ves- 
tida de túnica ceñida por cima del talle con un cinturón, y con 
manto recogido por un extremo sobre el antebrazo izquierdo, y 
por el otro lado suspendido de un cabo de la cinta que lleva ro- 
deada sobre las caderas. Por este solo detalle del modo de reco- 
ger el manto por delante, pudiera conjeturarse si nos hallamos 



(i) La ha publicado el Sr. D. Maximiliano Macías en su libro Me'rida 
Monumental y Artística (1913), pág. 178. 



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CULTOS EMERITENSES DE SER APIS Y DE MITHRAS 455 

ante una imagen de Isis. Es una bella estatua de marcado aticis- 
mo y fina ejecución. 

13. — Estatua de mujer. ?kIármol. Altura, 1,48 m. Es una 
figura en pie, vestida de túnica y manto, en el que tiene envuel- 
ta la mano izquierda, como la Matrona de Herculano. — Le falta 
la cabeza. Es una escultura sin acabar, sobre todo por su parte 
inferior, acaso porque se destinó á ser colocada en sitio alto. 

14. — Estatuita de Venus (lám. ix). Es no más un trozo bellísi- 
mo de 0,36 m. de altura, pues faltan la cabeza, los brazos y las 
piernas desde las rodillas, y aparte se encontró un trozo del plin- 
to circular sobre el que se alzó la figura. Representa á la diosa 
del Amor desnuda en su hermosa plenitud de formas y en el mo- 
mento de ceñirse al seno la faja (fascia), que sujeta su mano iz- 
quierda. 

Este mármol supera en mérito, con mucho, á todas las escul- 
turas encontradas, y su buen arte griego, revela la tradición del 
alejandrino, el cual gustó de tratar este asunto de Venus en su 
tocador. 

La estatua se ve ennegrecida en parte, como si hubiese sufri- 
do en algún incendio. 

15- — Cabeza de mujer, hallada á principios del presente mes 
de Febrero, al hacer un desmonte á la parte occidental del cerro 
de San Albín (lám. ii). Mármol. Altura, 0,36 m. Los rasgos per- 
sonales que se advierten en el rostro y el peinado, que forma 
ancha faja de rizos en la parte anterior de la cabeza (l), por 
cima de la frente, excluyen la idea de que este mármol pudiera 
ser parte de la representación de alguna divinidad. Trátase del 
retrato de una dama, hecho posiblemente para perpetuar el re- 
cuerdo de alguna ofrenda en el santuario. Como obra de arte es 
estimable y de buen trabajo. 

Entre los numerosos fragmentos de mármol encontrados en 



(i) No se ve este peinado en imágenes do divinidades y sí en retra- 
tos de damas romanas del Imperio. Tan sólo en algunas imágenes de 
Mnemósina se ve alguna variante, parecida á ésta, del peinado tradicio- 
nal de Jas diosas greco-romanas. 



456 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

el curso de las excavaciones, muchos de ellos pertenecientes á 
las estatuas descritas, se halla un resto de cathedra ó sillón mo- 
na nientalj que posiblemente sería ocupada por el pontífice He- 
dychro, y consistente en dos garras, y el remate de un brazo de 
dicho mueble adornado con una cabeza de pantera valientemente 
modelada (lám. viii). 

Consideradas en conjunto las esculturas descritas, me ocurre 
indicar que, excepción hecha de la última de Venus, que pudo 
ser importada, corresponden todas ellas á una escuela artística 
que deberemos llamar emeritense, que se distinguió por la afición 
de tratar los paños con cierto aticismo y un carácter pintoresco, 
y á la cual pertenecen las estatuas descubiertas en el teatro 
romano, que son de mejor arte y algo anteriores, pues corres- 
ponden al tiempo de Adriano. En las del templo de Mithras se 
observaron un predominio de las tradiciones de la escuela argi- 
va, y en especial del gusto de Lisipo. No todas las estatuas son 
de igual mérito; pero pudiera conjeturarse que el Demetrio que 
firmó la de Mithras, por ser la principal en representación reli- 
giosa, sea el autor de varias de las otras, y que las demás se 
hicieran por sus ayudantes. Tan sólo la estatua que pudiera ser 
de Isis (l), y la grande de Zervan-Kronos, revelan mejor mano. 

Tales son los mármoles de esos cultos exóticos, que por ello 
se nos revelan como los más importantes de España á las deida- 
des orientales (2). 

Macirid, 12 Febrero 1914. 

José Ramón Mélida. 



(1) Al culto emeritense de esta diosa aludió Prudencio (Peristeph., 111, 
76-80), poniendo en boca de la mártir Santa Eulalia la siguiente quintilla: 

«/í/í, Apollo, Venus, nihil est; 
Maximianus et ipse nihil, 
Illa nihil, quia facta manu; 
Hic manuum quia facta colit 
Frivola utráque et utráque nihil.» 

Con Apolo van asociados Serapis y Mithras. — F. F. 

(2) Los números de las láminas presuponen el de la 1 citada por el 
Informe v, cuaderno 11, Febrero 1914, pág. 185, del Sr. Blázquez. 



DOCUMENTOS OFICIALES 



Acta de la elección de Senador efectuada por la Real Acade- 
mia de la Historia en veintidós de Marzo de mil novecientos ca- 
torce, en cumplimiento del Real decreto de trece de Febrero del 
mismo año: 

En la villa y corte de Madrid, á veintidós de Marzo de 
mil novecientos catorce, á las diez de la mañana, en el 
salón de sesiones ordinarias de la Real Academia de la 
Historia, reunidos bajo la presidencia del Excmo. Señor 
Don T'idel Fita y Colomer, IJirector de la Corporación, 
los señores Académicos que, según la Constitución del 
Estado y la Ley de ocho de Febrero de mil ochocientos 
setenta y siete, tienen voto para la elección de Senador 
por la Corporación, y ejerciendo las funciones de Secre- 
tario con carácter accidental el individuo de número de 
la misma, Excmo. Sr. D. Juan Pérez de Guzmán y Gallo, 
el señor Presidente manifestó que, cumplidas las formali- 
dades previas establecidas por las mencionadas Constitu- 
ción y Ley electoral, celebraba la Academia Junta públi- 
ca para proceder á la elección de dicho Senador. P'ueron 
en seguida designados entre los presentes los dos escruta- 
dores de que trata el artículo diez y ocho de la expresa- 
da Ley, que resultaron ser el Excmo. Sr. D. Adolfo He- 
rrera y Chiesanova, como de más edad, y el Excmo. Se- 
ñor D. Francisco Fernández de Béthencourt, como más 
joven. Constituida así la Mesa, según dispone el artículo 
diez y ocho, ya citado, y leídos, con arreglo al diez y 
nueve, el Real decreto de convocatoria y los artículos de 
la Constitución del Estado y de la Ley electoral que tie- 



458 boletín de i.\ real academia de la historia 

nen relación con este acto, el señor Presidente declaró 
abierta la votación, y verificada ésta en la forma que es- 
tablece la Ley y hecho el escrutinio, resultó que habían 
tomado parte en ella veinte Académicos de los veinti- 
ocho que figuran en la lista de primero de Enero del co- 
rriente año, habiendo obtenido diez y nueve votos el 
Excmo. Sr. D. Eduardo de Hinojosa y Naveros, y uno 
el Excmo. Sr. Marqués de Laurencín. 

En su consecuencia, y con arreglo al artículo veinti- 
dós de la repetida Ley electoral, fiíé proclamado Senador 
el Excmo. Sr. D. Eduardo de Hinojosa y Naveros, que 
figura en la primera mitad de la escala de antigüedad de 
este Cuerpo literario. 

En cumplimiento de la Ley firmamos esta acta, de la 
cual se sacará una copia que se entregará á dicho señor 
para que le sirva de credencial, otra que se remitirá al Mi- 
nisterio de la Gobernación, y otra con toda la documen- 
tación al Senado, quedando la presente original en el Ar- 
chivo de la Academia. 

De todo lo cual certificamos. — El Director de la Real 
Academia de la Historia, Fide¿ Fita. — El Secretario ac- 
cidental de la Real Academia de la Historia, Juan Pérez 
de Guzmán y Gallo. — El Escrutador de más edad, Adolfo 
Herrera, — El Escrutador más joven, Francisco Fernán- 
dez de Béthencourt. 



NOTICIAS 



En sesión del 13 de Marzo último, eligió la A.cademia para su Corres- 
pondiente en Cádiz al Sr. D. Manuel Pérez Búa; y en la del 27 recayó igual 
elección en favor de los Excmos. Sres. D. Ramón Beinto Aceña y Don 
Simón Planas Suárez, el primero en Soria y el segundo en Nicaragua. 



Con sentimiento se ha enterado la Academia de haber fallecido sus Co- 
rrespondientes D. Andrés Villarroya y Caro, en Mérida (Badajoz), y don 
Cándido Monares y Pérez y D. Calixto Fournier, en Avila. 



Ha sido nombrado Obispo de Lérida nuestro benemérito Correspon- 
diente Dr. D. José Miralles Sbert, al que la Academia felicita muy since- 
ramente por su merecida elevación á tan importante cargo. 



En la sesión de 20 de Marzo último se presentaron en donativo á la Aca- 
demia, hecho por D.* Rita Fernández Duro de Torre de Trassierra, hija 
de nuestro antiguo compañero D. Cesáreo Fernández Duro, diez legajos 
comprensivos de documentos originales de la insurrección de Cuba, desde 
el grito de Yara en 1869, y cogidos la mayor parte por nuestras tropas en 
el campo enemigo. El Sr. Pérez de Guzmán hizo algunas consideraciones 
sobre la importancia de estos legajos, por ser fuente testimonial de aquel 
período de nuestras luchas coloniales, encomiando singularmente el legajo 
que con el epígrafe Papeles curiosos, encierra multitud de piezas fugitivas, 
de tanto mayor valor, cuanto son pocas las que suelen guardarse de ellas 
en los Archivos generales. Entre estas piezas hay una gran colección de 
billetes de Banco y documentos fiduciarios. 

Entre los libros de inapreciable valor histórico y bibliográfico que se 
publicaron en Méjico en el último tercio del siglo xvi, uno de los más 
raros y preciosos es el que se titula Primera parte I de los Problemas \ y 
sucesos maravillosos de las \ Lidias. Compuesta por el Do \ ctor Juan de Cár- 
denas I medico I Dirigida al Illustrissimo Señor Don Lüys | de Velasco, 



460 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Virrey desta nueua España | — (Escudo del Mecenas) — | Con licencia. En 
México, En casa de | Pedro Ochasti. Año de 1591. 

El Dr. Juan de Cárdenas era originario del lugar de Constantina, en 
Andalucía, donde nació el año 1563. Siendo niño pasó á Nueva España, 
donde hizo todos sus estudios, desde los de Humanidades. Compuso esta 
obra á los veintiséis años de edad y la imprimió tres años después. Fué 
Catedrático de Víspera en la Universidad de Méjico y ejerció su profesión 
hasta su muerte en Compostela y en Guadalajara. Su obra es el trasunto 
del estado en que en aquel tiempo se hallaban las ciencias naturales y físi- 
cas, y reconociéndola esta importancia el Museo Nacional de Arqueología, 
Historia y Etnología mejicano, ha hecho su reimpresión bajo la dirección 
acertada de D. Genaro García. 

De este precioso libro, la Academia ha recibido un ejemplar, debido al 
obsequia de D. Roberto A. Esteva Ruiz, Director de dicho Museo. 



En el excelente Boletín de la Cotnisión Provincial de Alomimentos Histó- 
ricos y Artísticos de Orense (Enero-Febrero de 191 4), se reproduce el es- 
tudio que hizo en el Boletín de la Real Academia Gallega el Correspon- 
diente de la nuestra D. Andrés Martínez Salazar, con el título «El Modio 
de Ponte Puñide», que lleva grabada en caracteres de la época la ins- 
cripción: 

Modii l(ex) iiixta sacram iiissi[on]em dominonim ííostrorum Valentiniani 
Valentes (sic) et Gratiani invictissimorum principum iubente Mario Artemio 
v(iro) c(larissimo) a(g)ente vic(es) Prefccti p(r(ctorio) ciir{an1ibus') Potamio 
et Quetitiano Principalibus. 

La inscripción está abierta con buril y á golpe de martillo en una espe- 
cie de caldero de bronce rojo, poco maleable, que pesa siete kilogramos; 
tiene 21 cm. de alto por 25 de diámetro, salvo por donde hay abolladuras 
y oxidaciones del metal, y está construido en dos piezas, el aro y el fondo, 
ambas de chapa y de 5 á 6 mm. de gruesf). La unión de la pieza está hecha 
con agujeros á lo largo de sus extremidades, que han servido de lazo, 
después de haber vaciado sobre los mismos y por ambas caras bastante 
cantidad del mismo metal en fusión y á manera de soldadura. La pieza 
que sirve de fondo á este recipiente, está metida al interior del aro á unos 
siete mm., y sólo sujeta por tres puntos del metal fundido, que sirven á ia 
vez como de pies y refuerzo de la base. 

Avaloran el estudio doctísimo del Sr. Martínez Salazar, la fototipia de 
una parte de la inscripción y el diseño total del modio que se ha descu- 
bierto en Puñide, lugar situado al Oriente y á no mucha distancia de la 
ciudad de Compostela, al pie del Pico Sacro y cerca del sitio en que estuvo 
la romana Asseconia. F. F.— J. P. de G. 



Vé 

TOMO Lxiv. Mayo, 1914. cuaderno v. 

BOLETÍN 

DE LA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

> > » < t — 

INFORMES 



I 

DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA NO FUÉ EL AUTOR DE 

<<LA GUERRA DE GRANADA» (i) 

(apuntes para un libro) 

Capítulo I. 

BREVE NOTICIA DE ALGUNAS OBRAS MAL ATRIBUÍDAS 
Á DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 

Hacía notar el sabio Académico D. F'rancisco Rodríguez Ma- 
rín en su magnífico estudio acerca de Luis Barahona de Soto (2) — 

(i) Escribiéronse estos apuntes para servir de Prólogo á una edición 
de La guerra de Granada, en la Colección de Clásicos que publica La Lec- 
tura. Así se lo propuse hace tiempo á su director el Sr. Acebal, quien, enj 
nuestra primera y única entrevista, manifestó su conformidad ya que 
dicha obra figuraba en los anuncios entre las que habían de publicarse. 
Pero, al mismo tiempo, como la idea que yo sustentaba relativa á la pa- 
ternidad de D. Diego de Mendoza era algo atrevida y mi poco nombre en- 
las letras pudiera producir desconfianza, ofrecí á dicho señor llevarle el 
Prólogo para que, después de estudiado por él, me diera una contestación 
definitiva. 

Esto último no ha llegado á realizarse. El Sr. Acebal se hizo desde en- 
tonces invisible para mí, y ni aun contestó á dos cartas que le dirigí pi- 
diéndole me dijese sitio y hora, para él más oportunos, en que pudiése- 
mos tratar el asunto. De todo ello, pues, no ha quedado más que este 
modesto trabajo, que, leído en sesión en la Academia de la Historia, fué 
oído con agrado y acordada su publicación en su Boletín, y el haber des- 
aparecido de los Catálogos de la Colección de Clásicos la titulada Guerra 
de Granada. 

No pudiendo ya servir para dicho Prólogo, he aumentado algún tantea 
mi trabajo con apuntes y notas que he creído interesantes, añadiéndole 
un ligero estudio acerca de la obra atribuida á D. Diego de Mendoza, y 
que he considerado imprescindible, toda vez que no se publica el texto 

(2) Madrid, 1903, pág. 235. 

TOMO LXIV. 30 



402 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HLS TORIA 

premiado por la Real Academia de la Lengua, — que, exceptuan- 
do á Que vedo, era D. Diego Hurtado de Mendoza el escritor 
español á quien más obras ajenas se habían atribuido, y añadía 
como prueba de su aserto: «el famoso papel de Los catarriberas 
que escribió Eugenio Salazar de Alarcón, como demostró cum- 
plidamente Gallardo; la célebre epístola La pulga, que es de Gu- 
tierre de Cetina; El Lazarillo de Tormes, que por suyo ha venido 
corriendo... Y para postre, D. Adolfo de Castro, con mejor vo- 
luntad que acierto, incluyó entre las poesías de Mendoza, tomán- 
dolos de las Flores, de Espinosa, el soneto 

Pedís, reina, un soneto; ya le hago 

y la traducción de la oda iv del lib. i de Horacio, que empieza: 
Ya comienza el invierno riguroso 

•que son del capitán Diego de Mendoza de Barros, como ad\-ir- 
tió Quirós de los Ríos en las notas de la nueva edición de las 
Flo7'es'». 

No son solamente las mencionadas por el Sr. Rodríguez Ma- 
rín las obras que como de D. Diego Hurtado de Mendoza han 
venido corriendo sin que hayan sido debidas á su pluma; y, si 
prescindimos de las poesías — algunas de las cuales, aunque im- 
presas con su nombre, no le pertenecen, — examinemos, siquiera 
sea muy á la ligera, las demás, y veremos con cuan poco funda- 
mento se le atribuyen casi todas ellas. 

F2n algunos manuscritos figuran, como originales de D. Diego, 
unas Notas d un seiinón portugués — en el que el predicador 
tomó como asunto la batalla de Aljubarrota — que el diligente 
erudito D. Antonio Paz y Melia incluyó en sus Sales estañó- 
las (l), atribuyéndolas, como ya lo había hecho antes Nicolás 
Antonio, á dicho escritor, sin tener en cuenta que, al explicar 
el motivo de la obra, dice su anónimo autor poco antes de co- 
menzar la glosa del Sermón: «Y porque venido yo en Castilla, 
algunos me han compelido que revolviendo mis papeles viejos, 
sacase en limpio el Sermón, cuya historia de prima instancia no 



(i) Madrid, 1890. Tomo i, pág. 10 1. 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 463 

podrá ser entendida si no hay atención y será así que fidelísima- 
mente seguiré como texto el proceso y propias palabras que el 
predicador llevó, y los puntos que encareció, y esto en lengua 
portuguesa; y en lo castellano entretejeré como glosa interlineal 
ó comento la declaración que me pareciere; aunque en estas len- 
guas temo cometer malos acentos, porque siendo italiano de na- 
ción mal podré guardar rigor de elocuencia ajena, dado que en 
lo castellano seré menos dificultoso por ser gente muy tratada 
en Roma, que es nuestra común patria, y en Lisboa no estuve un 
año entero.» 

Años después de publicar el Sr. Paz y Melia las Notas al Ser- 
vían, D. ]\Iarcelino jMenéndez y Pelayo, en su hermosísimo estu- 
dio acerca de los Orígenes de la Novela, manifestaba que dichas 
Glosas no debían ser obra de D. Diego, fundándose en las espe- 
cies que hemos hecho notar, aunque añadiendo que el decirse 
que el autor era italiano «pudo ponerse por disimular» (l). Mal 
se compagina esto con lo siguiente, que también hacía notar el 
Sr. Menéndez y Pelayo: «el autor, quien quiera que fuese, su- 
pone haber sido el sermón en Lisboa, el año 1545) Y precisa- 
mente durante todo aquel año estuvo D. Diego de embajador 
en el Concilio de Trento. Todas estas circunstancias — añadía el 
sabio maestro — hacen muy sospechosa la autenticidad de esta 
sátira, aunque no menoscaban su indisputable gracejo» (2). 

Obra también de un italiano es una Instrucción á D. Juan de 
Austria cuando iba á Italia, que se conserva manuscrita en 
nuestra Biblioteca Nacional (3), y que en varios catálogos figura 
como original de Mendoza, excepto en el que, para su uso par- 
ticular, formó D. Bartolomé José Gallardo, y que se publicó en 
el tomo II del Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos, 
en donde, al anotarla, añadió el docto bibliófilo: «No es de Men- 
doza y sí de un Milanés. V. el fol. 45» (4). 



(1) Orígenes déla Novela. Tomo 11, pág. lxii. 

(2) ídem. 

(3) Ha sido publicada con el título: Conseils d'un milanais a D. Juan 
á'Autriche, en la Revue hispaniqíie, tomo vui, pág. 60. 

(4) En dicho folio se lee; «Y si los del Estado de Milán embiaren á 



464 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Nicolás Antonio, y más tarde D. Cayetano Rosell (l), creye- 
ron original de D. Diego una obra titulada La batalla naval^ 
fundados en que, según el primero, existía en la biblioteca del 
Conde-Duque de Olivares, á continuación de una copia de La 
guerra de Granada^ una relación con aquel título. Así es, efecti- 
vamente, como puede verse en el Catálogo de dicha biblioteca, 
que se conserva en la actualidad en la Academia de la Historia, 
pues en el artículo Diego de Mendoza, se lee entre otras cosas: 
«La misma [Historia de la guerra de Granada] con la Batalla 
uaval: en 4.° (Caj. 67, núm. 39).» Esto en el índice por nombres, 
pues en el de materias leemos en el artículo Batallas: 

«La batalla naval y el suceso de la guerra del sultán Amura- 
tes. (Caj. 13, núms. 20-21.)» 

«La misma batalla, por un incierto, en prosa, al fin de la His- 
toria de [la guerra de] Granada, por D. Diego de Mendoza. Ma- 
nuscrito en 4.° (Caj. C, núm. 39.)» 

Si el estar escrita á continuación de la Guerra de Granada es 
motivo suficiente para atribuir dicha obra á D. Diego, igual 
debieron hacer con la siguiente, que también figura en el men- 
cionado Catálogo: 

«Joan de Austria (D.). Su vida hasta el año 1578, en que mu- 
rió. Está con la Historia de la guerra de Granada, escrita por 
D. Diego de Mendoza: en 4.° (Caj. C, núm. 39.)» 

Como D. Juan de Austria murió tres años después que don 
Diego de Mendoza, no es de suponer que éste escribiera la his- 
toria de aquél hasta su muerte, sin embargo de estar á continua- 
ción de las otras obras mencionadas como lo demuestra el tener 
la misma signatura (2). 



besar las manos de V. A., los ha de mirar con muy buenos ojos, porque 
demás de la fidelidad que tienen á Su Magestad son de la mejor gente del 
mundo, que, aimquc sea mi patria, lo puedo decir libremente sabiendo ser 
cosa tan notoria á todos.» 

(i) En la Noiiciado las obras y autores que contiene el tomo xxi de la 
B. de A A. EE., pág. xii. 

(2) No sabemos cuál de las muchas relaciones que existen de la bata- 
lla naval sería la conservada en la biblioteca del Conde-Duque de Oliva- 
res, aunque nos inclinamos á creer que sea la Relación de la batalla naval 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 465 

También le atribuyeron ambos escritores, tomándolo de un 
■Catálogo impreso, una historia de La conquista de la ciudad de 
Túnez, obra desconocida en absoluto, que nadie ha logrado ver, 
y que por tratarse de un hecho al que, aunque acaecido en su 
tiempo, no concurrió, y que únicamente pudo conocer por refe- 
rencias, dudamos mucho que fuera escrita por el célebre emba- 
jador de Carlos V. 

Atribu^^éndola á D. Diego publicó Sandoval en su Historia de 
Carlos V, una larga carta en la que se aconsejaba al Emperador 
no entregase al Papa los Estados de Milán y Sena. Xo poseo da- 
tos para poder asegurar quién fuese su autor, pero sí advertiré 
que en un manuscrito que existe en la Biblioteca Nacional (l) 
•se conserva una copia de esta carta, cuyo encabezamiento dice: 

«Esta carta dizen se dio en mucho secreto al Emperador Don 
Carlos en las vistas que tuvo con el Papa Paulo 3.° cr[e]iosse 
auer sido el autor el secretario del Cardenal de Santiago fray 
Juan de Toledo.» 

Respecto á la paternidad de las célebres Cartas del bachiller 
de Arcadia y del capitán Salazar, remitimos al lector á la edición 
crítica que de ellas publiqué, en cuya Introducción doy algunos 
detalles sobre el particular. 

Aun descontadas de su haber literario todas estas obras, que- 
dábale á D. Diego, sin duda alguna hasta ahora, la más principal 
de todas las á él atribuidas. Nos referimos, como supondrá el 
lector, á la denominada comúnmente Guerra de Granada, obra 
clásica al decir de los críticos, tanto nacionales como extranjeros, 
y por la cual su autor había merecido el sobrenombre de Tácito 
español. 



y victoria del Espanto (sic), que escribió Antonio Trillo, autor de una obra 
titulada Rebelidíi y guerra de Irlandés (Madrid, Guillermo Drui, 1592) 
según se dice en el privilegio para la impresión de esta última, y que no 
sé que se haya impreso. 
(i) Ms. 1.73 i, fol. 277. 



406 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOIUA 

Capítulo 11. 

SE PUBLICA «LA GUERRA DE GRANADA». EL MANUSCRITO 
DE JUAN ARIAS 

Tres siglos van á cumplirse desde que, por vez primera, el cro- 
nista de Indias Luis Tribaldos de Toledo diera á luz pública en 
Lisboa La guerra de Granada. Nicolás Antonio dio equivocada- 
mente, como primera, una supuesta edición hecha en Madrid 
en lólO en casa de Juan de la Cuesta, el célebre impresor del 
Quijote^ la cual no existió nunca, según probó suficientemente Sal- 
va en su Catálogo; y después, con más argumentos y mayor co- 
pia de datos, Mr. R. Foulché-Delbosc, en un magnífico estudio 
que publicó en el tomo i de la Remie Hispanique, pág. 33, y que 
habremos de citar frecuentemente, y como segunda, otra hecha 
en 1627, en Lisboa, por el impresor Craesbeck. 

Sin duda alguna, Nicolás Antonio confundió la fecha de la im- 
presión de La guerra de Granada con la de las Obras poéticas 
de D. Diego, dadas á luz en aquel año, y en casa de Juan de la 
Cuesta, por Frey Juan Díaz Hidalgo, su recopilador. 

Mucho antes que Luis Tribaldos de Toledo la diera á la estam- 
pa, ya había pensado hacerlo el conde de Portalegre, D. Juan de 
Silva (l), sin que sepamos por qué causa no lo llevó á efecto. 
Dos códices se conservan fechados en Setubal (2), en los cuales 



(i) Según Suatas de Azevedo, en su Diccionario de Portugal (tomo vii, 
página 228), D. Juan de Silva fué hijo de D. Manrique de Silva, Comenda- 
dor de Guadalerza en la Orden de Calatrava y Maestresala de la empera- 
triz doña Isabel, y de doña Beatriz de Silveira, dama de la misma señora. 
Nació en Toledo en 1528; fué Comendador de Obrera de la Orden de Ca- 
latrava, Conde de Salinas y cuarto Conde de Portalegre. Quedó prisionero 
en Marruecos cuando la derrota del Rey D. Sebastián, y, rescatado más 
tarde, fué nombrado por Felipe II Marqués de Alenquer y gobernador de 
Portugal desde 1593 á 1600, falleciendo en Toledo al año siguiente. 

(2) He aquí su descripción tal como la hace M. Foulchc-Delbosc en 
su ya citado trabajo: 

A. Paris, Bib!. Nac, mss. esp. n° 180.— 273/195 millim.— 1 10 feuillcts- 
1618-1619. 
Au f. 1: Sctnval Año 161S, JJ Julii; au f. 108, verso, finis, Anuo lóiQr 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 467 

se leen el prólogo y las adiciones que el mencionado Conde 
escribió para la edición que pensó hacer, y que más tarde fueron 
aprovechados por Tribaldos para la suya. Después de ésta se ha 
reimpreso La guerra de Granada innumerables veces, siempre 
atribuida á D. Diego Hurtado de Mendoza, de quien se dice tam- 
bién que es el retrato que figura al frente de algunas ediciones, 
cosa imposible de todo punto si D. Diego era como lo describía 
D. Baltasar de Zúñiga (l) en la primera edición: «de grande esta- 



rá" Januarii. Méme división en livres et en paragraphes que dans 

l'édition de 1627: le livre iv est marqué iii par erreur. Contient 

l'introduction et l'addition de Portalegre. 
E. Madrid. Bibl. nac, V, 229, converture parchemin-300 206 millim.— 

123 feuillets-1618-1619. 
Au f. i: Setubal año de 161S-13 de Junio; au f. 123, verso: iinis auna 

161Q. Contient l'introduction et l'addition de Portalegre. Méme 
división en livres et en paragraphes que dans fédition de 1627. Le 
livre IV est marqué ni par erreur. 

(i) Como los que se han ocupado de Mendoza no hacen sino mencio- 
nar á D. Baltasar de Zúñiga sin añadir dato biográfico alguno, copiamos á 
continuación un Elogio suyo, escrito por el célebre historiador y cronista 
real, Antonio de Herrera: 

«ELOGIO Á DON BALTASAR DE ZÚÑIGA, COMENDADOR MAYOR DE LEÓN, 
DEL CONSEJO DE ESTADO Y PRESIDENTE DEL SUPREMO DE ITALIA 

»Don Baltasar de Zúñiga fué hijo de don Gerónimo de Zúñiga y Fonse- 
ca, Conde de Monterrey, que murió proveido por Embajador al Sacro 
Concilio de Trento, y de doña Inés de Velasen, hermana del condestable 
don Iñigo Fernández de Velasco. Tuvo dos hermanos: el mayor don Gas- 
par de Zúñiga y el otro don Melchor. La madre, como prudente matrona, 
los crió hasta que, habiendo estudiado bien las buenas letras, envió los 
dos primeros á la Casa Real para que aprendiesen lo político, y allí estu- 
vieron hasta la edad viril que fué el conde don Gaspar por Visorrey de 
Nueva España, y después pasó á gobernar los reinos del Pirú, adonde 
murió dejando nombre de excelentísimo gobernador. 

»Don Baltasar, cansado del ocio de la Corte, tomó otro camino, siguien- 
do á Roma á don Enrique de Guzmán, Conde de Olivares, marido de su 
hermana doña María de Zúñiga, que iba por Embajador; y en aquella Cor- 
te residió algún tiempo, en la cual se despiertan mucho los ingenios por 
la variedad de los negocios graves que se tratan y naciones que se comu- 
nican, no dejando un punto el ejercicio de las letras. 

»Volvió á España á servir al Rey como Caballero de. la Boca, y tenién- 
dose por agraviado por no le haber dado lugar en la Cámara del Príncipe, 



408 BOLETÍN DE 1.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tura, robustos miembros, el color moreno obscurísimo, muy enju- 
to de carnes, los ojos vivos, la barba larga y aborrascada, el aspec- 
to fiero, y de extraordinaria fealdad de rostro...-» Compárese 
con esta descripción dicho retrato, y se verá que puede repre- 



el Rey le mandó decir por don Cristóbal de Mora, Marqués de Castel-Ro- 
drigo, que tenía puestos los ojos en él para ocupalle en cosas grandes. 
Esta ocasión llegó con la muerte del rey nuestro señor don Felipe II el 
Priídente, porque la Magestad de don Felipe III, como su padre lo tenía 
ordenado, le envió por Embajador á Flandes, al Archiduque Alberto y 
señora infanta doña Isabel, adonde sirvió cuatro años asistiendo en aquel 
famoso y largo sitio de Ostende, teniéndose los Consejos en su tienda; 
pasó por Embajador á Francia adonde se le ofrecieron ocasiones en que 
se portó valerosamente teniendo en freno á quien no deseaba el bien de 
esta corona que, por no ser para elogio, no se dice. 

»De Francia le mandó su Magestad ir á Alemania, cerca del emperador 
Rodulfo 11, y allí sucedieron casos en que mostrar su prudencia y sacar 
fruto de su experiencia; y entre los otros, habiendo tomado las armas el 
archiduque Matías contra el Emperador, la interposición de don Baltasar 
compuso á los dos hermanos; y si no se hiciera, quedara de esta vez el 
Imperio fuera de la Casa de Austria, porque, entre otras condiciones, se 
acordó que luego se tuviese una Dieta Imperial, en la cual salió elegido 
por Rey de Romanos el archiduque Matías. 

»En la guerra que emprendió la república de Venecia con que ocupó 
el condado de Goricia, salvó á Gradisca el socorro de 500 caballos y dos 
regimientos de Infantería con que don Baltasar acudió al Archiduque Fer- 
dinando; le sustentó hasta que se cobró todo el estado. 

»Con su buena maña, afabilidad y prudencia trujo á la devoción desta 
corona á muchos Príncipes alemanes, como solía ser, porque esto ya se 
había olvidado, y después de nueve años de esta embajada se le mandó ir 
á la de Roma; pero juzgando el Rey nuestro Señor que sería más útil cer- 
ca de su persona Real, le mandó venir á su Corte con intención (?) que se 
le dio de ocupalle en cosas grandes, y luego le hizo del Consejo de Estado; 
y porque se levantaba la guerra de los protestantes de Alemania para la 
extirpación de la Santa Fe Católica y de la casa de Austria, mostró con 
fortísimas razones lo que convenía acudir al emperador Ferdinando II y 
los peligros y trabajos que, de no hacello, amenazaba aquel gran movi- 
miento á esta corona; y el tiempo ha mostrado, con las gloriosas victorias 
sucedidas, cuan saludable consejo fué éste y la gloria que ha resultado á 
estos católicos Reyes. 

, >La magestad de don Felipe III le hizo Ayo del Príncipe nuestro Señor 
y Comendador Mayor de León y, en sucediendo á su padre, le dio la Pre- 
sidencia del Supremo Consejo de Italia y gran mano en el universal go- 
bierno de todo sus reinos y estados por la experiencia y conocimiento de 
todas las materias, por su gran integridad, por la composición de su áni- 
mo, por la modestia y otras grandes virtudes como se echó de ver, pues 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 469 

sentar á cualquier otro personaje, pero nunca á Hurtado de Men- 
doza (l). 

Así como no es suyo el dicho retrato, tampoco le pertenece 
la obra que encabeza y que le viene siendo atribuida desde mu- 
cho antes de que por primera vez se imprimiera. No haríamos 
tal aserto si no estuviéramos plenamente convencidos de su cer- 
teza; pues son tantos y tan numerosos los escritores que han 
hablado y elogiado hasta la exageración al autor y á su obra, 
que pretender demostrar que aquél no lo es ni puede serlo y que 
ésta no merece tan extraordinarias alabanzas, es chocar de fren- 
te con el común pensar y sentir, lo que únicamente puede hacer- 
se cuando se poseen argumentos y datos tan claros y evidentes 
que, como suele decirse, no tengan vuelta de hoja. 

Probó el sabio é infatigable bibliófilo D. Bartolomé José Ga- 
llardo, en el núm. 3 de su Criticón, de la manera más clara y 
terminante, que el verdadero autor de la célebre carta de Los Ca- 
tarriberas no era D. Diego de Mendoza, á quien venía sien- 
do atribuida, sino el bachiller Eugenio de Salazar y Alarcón, 
hijo del Pedro de Salazar que muchos han confundido con aquel 
otro Salazar de quien tan donosamente se había burlado el ba- 
chiller de Arcadia (2); bastóle para ello el encontrarla junta 
con las demás del mismo autor — que después publicó reunidas 



era fácil en las audiencias, agradable en las respuestas, compasivo y de- 
seoso de consolar á todos sin haber dicho á nadie pesadumbre. 

»En su enfermedad le visitó su Magestad y ha significado y dado bien á 
entender la pérdida que ha hecho su servicio, y generalmente es llorado 
porque, como era varón de tanta razón y justicia y cada uno pensaba que 
la tenía, se ha sentido igualmente su falta. 

»Hallüse en él loque dijo Homero de Ulises: que aquel será prudentí- 
simo consejero que habrá tratado muchas naciones y costumbres, muchos 
negocios civiles y pasado muchos trabajos. Finalmente, este nuevo Ulises 
fué ejemplar en la vida, de benigna condición, favorecedor de las letras y 
de gente de buena fama, magnánimo y liberal. Murió en Madrid en el Pa- 
lacio Real en los 61 años de su edad, á 7 de Octubre, año de 1622.» 

Acad. de la Hist. Colee. Salazar. M-26, fol. 108 v. 

(1) Acerca del retrato de Mendoza escribió un interesante artículo 
M. R. Foulché-Delbosc en el tomo xiii de la Revue Iiií,p¡xni<]ue{\c)\o\. 

(2) Véase mi edición crítica de las Cartas. 



470 BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

1). Pascual Gayangos — (l), en un manuscrito original y autó- 
grafo en su mayor parte de Salazar (2), y en el que éste reco- 
mendaba á sus hijos que, al imprimir sus obras, no incluyesen 
entre ellas la mencionada carta, por considerarla únicamente 
como obra de mero pasatiempo que no creía digna de que 
entre las otras suyas figurara. Pues bien, algo parecido ocu- 
rre en este caso; D. Diego de Mendoza, hombre incapaz de en- 
viar á la Inclusa los partos de su ingenio (3), nunca ni en nin- 
guna parte se declaró autor de las muchas obras que hoy corren 
como suyas, y mucho menos de La guerra de Granada — de la 
cual, si hay que creer á críticos y eruditos, dado su extraordina- 
rio mérito, bien pudiera alabarse de haberla escrito; — y un es- 
critor desconocido hasta ahora y contemporáneo suyo, en un 
manuscrito de dicha obra, dice terminantemente firmándolo de 
su puño y letra: «Esto lo escribí 3'0.» No es posible afirmación 
más categórica, y ante ella nos detuvimos perplejos más de una 
\ez sin atrevernos á investigar su falsedad ó su certeza, hasta que 
por fin nos decidimos á estudiar la obra, y entonces, al compa- 
rarla con las otras historias que de aquellos sucesos conocíamos, 
y estudiándola detenidamente, quedamos plenamente convenci- 
dos de que el autor de aquélla no era, ni podía ser, el célebre 
embajador de Carlos V. 

Consérvase el manuscrito á que nos referimos en la Sección á 
ellos destinados en nuestra Biblioteca Nacional, y en su última 
página, ó mejor dicho, sobre la hoja en blanco pegada á la pasta 
se lee, de la misma letra con que se escribió al principio «ase de 
imprimir», lo siguiente: «esto escribió Ju.'^ Arias criado del Rey 



(i) Forman dichas cartas el tomo i de la Coleccióft de Bibliófilos espa- 
ñoles. Otras cartas de! mismo Salazar publicó el Sr. Paz y Melia en sus Sa- 
les españolas, 

(2) Para hoy día en la Biblioteca de la Academia de la Historia. 

(3) En I de Diciembre de 1573 escribía á Jerónimo Zurita: «Si algún 
otro [libro] hallare que sea al propósito <le Vm., se lo haré ver á trueque 
de que ponga en la historia memoria de como yo se lo di, porque hay 
casi setenta años y tengo necesidad de sacar la presa á vivir muchos más 
por el camino de la vanidad». Dormer, Progresos de la historia en el reino' 
de Aragón. Zaragoza, 1680, pág, 502. 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 471 

nuestro señor, regidor de Plasencia, alcaide perpetuo della, juez 
de su mag y alcalde de la ermandad y de la v'^ y corte de su 
mag de madrid porqae se halló á ello y lo vido=Ju° Arias.». 
Con igual letra y firma están señalados algunos de los cuadernos 
leyéndose á la terminación del folio l: «Ju° Arias Juez de su 
mag»; y al terminar el 6o vuelto: «Ju° Arias criado del Rey mi 
s.°''» Una mano, con letra más moderna que la del manuscrito, 
escribió al principio: «Este libro se intitula Luz de verdades ca- 
tólicas; escribióle Juan Arias, quien dice haberse hallado en todo 
lo que se refiere en este libro»; y á continuación otra mano, con 
letra aún más moderna, ha añadido: «es la guerra de los moris- 
cos de Granada de Mendoza.» (l). 

Lo escrito por Juan Arias al principio y al fin del manuscrito, 
y su firma al pie de algunos cuadernos, nos prueba claramente 
que la obra de que se declaraba autor era la misma que viene 
siendo atribuida á Hurtado de Mendoza, si bien su intención no 
fué nunca la de que su nombre apareciese al frente de ella. Prue- 
ba de esto son las siguientes palabras que figuran en la especie 
de prólogo con que empieza La guerra de Granada: «Agradez- 
can y acepten esta mi voluntad libre y lejos de todas las causas 



(i) El Sr. Foulché Delbosc describe así este manuscrito: 

«F. Madrid, Bibl. Nac , G-95, reliure veau. — 300/220 millim. — 168 feui- 
llets. — XVII* siécle. - 2* famille. 

Sur la premier feuillet de garde: Esle libro se intitula tlor de verdades 
cathoUcas; escribióle luaii Arias quien dizc averio aliado en todo lo que refiere 
este libro. 

Plus bas, d'une écriture plus moderne: Es la guerra de los moriscos de 
Granada por Mendoza. Le nom du copista Juan Arias reparaít au bas des 
feuillets I y 12, au feuillet 60 verso et á la derniére feuillet collée á la re- 
liure. Le feuillet 148 est suivi de 3 pagcs blanches; sur la 3*, titre spécial: 
La jornada y sugesso de la guerra de rronda. Méme división en paragra- 
phes que dans l'édition de 1527, mais la división en livres n'existe pas. 
Des noms propres son fréquemment laissés en blanc.» 

Tengo la seguridad de que mi estimado amigo el Sr. Foulchc-Delbosc, 
hizo la descripción de este Manuscrito según alguna nota enviada desde 
aquí por alguien que no se tomó el trabajo de examinarlo detenidamen- 
te. De otra manera, es decir, habiéndolo el visto, hubiera notado en se- 
guida la gran diferencia que exite entre la letra de Juan Arias y la del 
texto, así como hubiera copiado las frases que hacemos -notar en el texto 
y cuya importancia no escapará á nadie. 



472 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



yt ^^^^X4^í\^ 



de odio ó de amor los que quisieren tomar ejemplo ó escarmien- 
to, que esto sólo pretendo por remuneración de mi trabajo, sin 
que de mi nombre quede otra memoria.-» 

jiCómo y por qué — preguntará el lector— ha sido entonces atri- 
buida á D. Diego de 
Mendoza la mencionada 
historia? Fácilmente sal- 
dríamos del paso con- 
testando que por las 
mismas é idénticas ra- 
zones por las que se le 
han atribuido todas las 
demás que reconocida- 
mente no son suyas; 
pero tal contestación ni convencería por completo al lec- 
tor, ni á nosotros nos satisface; así, pues, para lograr una 
y otra cosa, expresaremos las razones en que fundamen- 
tamos nuestra opinión, y torpes estaremos si no logra- 
mos llevarla también al ánimo de nuestros lectores. Pero, antes 
de esto, daremos algunas noticias de ambos escritores, de Juan 
Arias y de Hurtado de Mendoza, en atención á que de la vida 
de ambos pueden resultar argumentos en favor ó en contra de la 
idea que sustentamos. 





En poder ante Ochoa de Larrea. 1598. 



Capítulo III. 



JUAN ARIAS. NOTICIAS DE ALGUNOS INDIVIDUOS DEI, SIGLO XV QUE 

LLEVARON ESTE NOMBRE Y APELLIDO. IDENTIFICACIÓN DEL QUE SE DICE 

AUTOR DE « LA GUERRA DE GRANADA » 

Desconocido era por completo para nosotros el nombre de 
Juan Arias como escritor, hasta que por vez primera lo vimos 
•en el manuscrito mencionado, en donde, al mismo tiempo que 
su nombre, nos manifiesta él mismo que era: criado del Rey, re- 
gidor de Plasencia y alcaide perpetuo de ella, juez de Su Majes- 
tad y alcalde de la Hermandad y de la villa y corte de Madrid. 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 473. 

Tan escasos datos nos impulsaron á procurar ampliarlos, si po- 
díamos, algún tanto, y, al hacerlo, hemos tropezado en nuestras 
investigaciones con varios de su mismo nombre, contemporáneos 
todos ellos del célebre Embajador español. 

Según una carta de Felipe II, cuya copia existe en un registro 
de ellas que forma uno de los volúmenes de la magnífica colec- 
ción de Salazar (l), un Juan Arias, alguacil de la casa y corte, 
fué encargado, en unión de otro de su mismo empleo llamado 
Galaor de Santander, de buscar las 6oo carretas necesarias para 
trasladar los electos de la corte desde Valladolid á Toledo. Igno- 
ramos si es éste el mismo Juan Arias que nos interesa, aun- 
que es de suponer que sí por el empleo que más tarde des- 
empeña. 

Otro Juan Arias, distinto del que firma el manuscrito, aparece 
entre los apuntes de D. Cristóbal Pérez Pastor, por ser el sujeto 
á quien Gabriel Plernández, autor de la Tercei'a parte de Díana^ 
dio poder para vender, ceder, etc., en su nombre, el privilegio 
parala impresión de su obra (2). Llamábase Juan Arias de Man- 
silla y era vecino de Granada. Esto último no podía ser un dato 
aprovechable, toda vez que el autor de La guerra de Granada 
parece debió residir en esta ciudad, según indica al referirse á la 
cueva que desde Granada corría hacia el Alfacar y que fué vista 
por él en su niñez; pero, aparte de que estos datos biográficos no 
tienen importancia alguna, como después probaremos, la firma de 
este Juan Arias, que hemos examinado en el Archivo de Protoco- 
los entre las escrituras del escribano Juan García de Vinuesa (3) 
siguiendo las indicaciones del Sr. Pérez Pastor, no tiene parecido 
alguno con la del regidor de Plasencia. 

Vecino de esta ciudad era también Juan Arias, autor de la obra 
titulada Práctica eclesiástica para el uso y ejercicio de Nota- 



(i) Academia de la Historia. Colee. Salazar, A-52, íol. 323. 

(2) Publicó dichos apuntes D. Marcelino Menéndez y Pelayo en su 
magnífico estudio acerca de los Orígenes de la Novela, publicado en el 
tomo I de la Nueva colección de Autores Españoles que edita la casa Bailly- 
Bailliere, pág. dxxxi. 

(3) Años 1 580- 1 586, fols. 194 á 197. 



474 boletín de la real academia de la historia 

rios (i) y cuya identidad con el que nos ocupa no hemos podido 
comprobar, por no encontrarse en la actualidad en el Archivo de 
Protocolos, no obstante las gestiones hechas por el personal, á 
nuestras instancias, las escrituras que en 1575 autorizara el escri- 
bano Pedro Gutiérrez de Medina, firmada una de ellas por el 
autor de la Práctica eclesiástica^ según aseguraba el Sr. Pérez 
Pastor en su Bibliografía madrileña al ocuparse del autor y de 
su obra. 

Pudiera suceder que el que se dice autor del manuscrito y uno 
de los ascendientes del original escritor Dr. Thebussem que lle- 
vaba el mismo nombre y apellido, sean una sola .y única perso- 
na. Así, en efecto, parece deducirse de lo expresado en el pri- 
mer Apéndice de las Notas genealógicas que, para cruzarse como 
caballeros de la Orden de Santiago, presentaron el referido Doc- 
tor y sus hermanos, escritas por el primero, en donde se lee: 
«Juan Arias, natural de Jarandillo, criado del Rey Felipe II y Al- 
caide perpetuo de la Cárcel Real de Plasencia. Dotó un patrona- 
to de legos y varias Capellanías y Memorias, según resulta de 
escritura otorgada en Madrid ante Juan de Ochoa en el año 
de 1588 (2). Antes, ó sea en 1 583, había fundado en Jarandillo 
el Colegio de Agustinos Recoletos, donde se enseñaba gramática 
latina á cuantos querían estudiarla.» 

«Cuantioso para su época debió ser el caudal de Juan Arias, del 
cual, así como de sus dichas fundaciones, se ocupan Amenida- 
des^ florestas y recreos de la provincia de la Vera Alta y Baja de 
Extremadura^ reimpreso en Sevilla en 1 89 1 por el generoso Du- 
que de T'Serclaes, y el Diccionario geográfico- estadístico-históri- 



(i) Práctica eclesiástica pai' a eluso y exercicio de Notarios públicos y Apos- 
tólicos, y Secretarios de prelados. Con titi tratado breve de visitación de igle- 
sias, muy útil y necesario á los Visitadores y notarios de visitación. Agora 
nuevamente hecho por loa Arias, vecino de la villa de Plasencia. Dirigido 
al Illustrissimo y Reverendissimo Sr. Don Martin de Córdoba y Mendoza, 
■Obispo de Plasencia, del Consejo de Su Magestad. Madrid, Alonso Gó- 
mez, 1575. 

(2) Es probable que esta fecha esté equivocada, porque en el Archivo 
de Protocolos las escrituras otorgadas por Juan de Ochoa empiezan en 1598, 
■en cuyo año hay algunas firmadas por Juan Arias. 



DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 475 

co de España, por Pascual Madoz (Madrid, 1845-50) tomo ix, ar- 
tículo Jarandina-» . 

Pocos más fueron los datos que el mencionado Dr. Thebussem 
nos remitió, acompañados de atentísima carta que conservamos; 
en ellos se dice que en 30 de Diciembre de 1614 otorgó Juan 
Arias testamento cerrado en el pueblo de Jarandilla, ante el es- 
cribano Juan de Vergara, quien autorizó asimismo tres codicilos 
firmados: el primero en aquel mismo día y los otros dos en los 
días I y 2 del mes de Enero de 1615, respectivamente; y, por 
último, que el 5 de Enero de 1615 fueron abiertas y publicadas 
sus últimas disposiciones por el Alcalde ordinario de Jarandilla, 
lo que hacía suponer que su muerte había ocurrido uno de los 
días comprendidos entre el 2 y el 5 del mencionado mes y año. 

Investigaciones posteriores nos han facilitado un número ma- 
yor de datos relativos á Juan Arias, tomados en su mayor parte 
de unas apuntaciones genealógicas que se conservan en nuestra 
Biblioteca Nacional (l). Según allí se expresa, tenía el padre de 
Juan Arias el mismo nombre y apellido que su hijo, y su mujer 
se llamaba Juana González Arias, lo que parece indicar que eran 
parientes. Cuatro hijos hubo cuando menos de este matrimonio, 
dos varones y dos hembras, de los cuales los primeros tomaron 
el apellido paterno, y el materno las segundas, según era cos- 
tumbre muy general en aquella época. Juan Arias — que, según 
creemos, fué el hijo mayor — fundó en I 588, en Jarandilla, ante 
Juan de Vergara, escribano de número y ayuntamiento, una 
Capellanía y Patronato eclesiástico, del cual nombró por cape- 
llán y patrono á su hermano Francisco Arias, presbítero y 
capellán que fué del Duque de Osuna, y, á su fallecimiento, dio 
el mismo cargo á su sobrino el bachiller D. Diego Arias Peñal- 
ver, presbítero, hijo de P'elipe de Peñalver y de Juana González 
Arias, hermana del fundador. Al hacer éste el testamento y co- 
dicilos ya mencionados, dejó por herederos al bachiller 1). Diego 
Arias y á su otro sol:»rino D. Andrés Arias, hijo de Juan Núñez 
y de María González Arias, su otra hermana, vecinos ambos del 

(1) Ms. 1 1.790, cuaderno 35, íol, 1.031. 



476 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Losar. Otro sobrino tuvo tanibirn Juan Arias llamado Francisco 
Arias, quien es probable hubiese muerto con anterioridad al 
testamento de su tío, toda vez que en él no se le menciona. En 
el año de Í591 fundó Juan Arias, en su pueblo natal, la ermita 
del Humilladero, y en 1603 el Colegio de Agustinos Recoletos 
Descalzos, á que hacía referencia el Dr. Thebussem. En 16 lO, 
siendo corregidor de Buitrago, aumentó las rentas de las funda- 
ciones, muriendo el día 2 de Enero de 1615, en el mismo lugar 
en que había nacido y en el que tantas memorias de su nombre 
había dejado. 

Capítulo IV. 

LA FAMILIA DE DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 

Don Iñigo López de Mendoza, descendiente de la ilustre casa 
que tantos hombres ilustres ha dado á España, Conde de Tendilla 
y primer Marqués de Mondéjar, fué casado dos veces: la prime- 
ra, viviendo aún el Conde su padre, con doña Marina de Men- 
doza, señora de la villa de Mondéjar y prima hermana suya, como 
hija que era de D. Pedro Laso de Mendoza, hijo segundo del cé- 
lebre Marqués de Santillana, abuelo de ambos. Murió doña Ma- 
rina de sobreparto algo después del 30 de (octubre de 1 4/7, 
en cuya fecha otorgó testamento, dejando por heredero univer- 
sal á su marido. 

Tres años después de la muerte de dicha señora, en 1480, 
casó nuevamente D. Iñigo con doña Francisca Pacheco, hija del 
maestre de Santiago D. Juan Pacheco y de doña María Portoca- 
rrero, su mujer. 

Durante los nueve primeros años de matrimonio sólo tuvieron 
los Condes de Tendilla una hija, doña María, según consta en 
el testamento del Conde, fechado en Extremera, á 5 de Marzo 
de 1489, en donde se lee: 

«Otrosí: mando que si la dicha Condesa, mi mujer, pariese fijo 
deste preñado que agora queda preñada, que el dicho (ijo varón 
que pariere aya y herede todo mi mayorazgo, é si lo que parie- 



DON DIEGO HURTADO DE .MENDOZA 477 

re no fuere fijo varón, que lo herede dicha doña María, mi fija.» 
Nació de este preñado D. Luis Hurtado de Mendoza, suce- 
sor de los estados y títulos de su padre, y, á la muerte de éste, 
quedó por Gobernador de la Alhambra y Capitán general del 
reino de Granada, Asistió con su hermano D. Antonio y don 
Bernardino á las alteraciones de las Comunidades, volviendo des- 
pués á Granada á desempeñar sus cargos. En 1535 acompañó al 
Emperador Carlos V á la conquista de lYmez, desempeñando el 
cargo de Capitán general de la caballería. Terminada esta cam- 
paña fué nombrado V^irrey de Navarra, cuyo cargo dejó para 
desempeñar la Presidencia del Consejo Real de las Indias y des- 
pués la del Consejo Real de Castilla, muriendo en Granada, adon- 
de se había retirado, el año de 1 564, á los setenta y cinco de su 
edad, sucediéndole su hijo D. Iñigo López de Mendoza, tercer 
Marqués de Mondéjar, que fué el que combatió con los moriscos 
de Granada en 1569. 

Siguió en edad á D. Luis, D. Antonio Hurtado de Mendoza, 
comendador de Socuéllamos en la Orden de Santiago, camarero 
del Emperador, Embajador de éste en Hungría, y, más tarde, en 
I535> nombrado Virrey de la Nueva España, de donde regresó 
en 1548. Designado por el Emperador para Virrey del Perú, se 
resistió á aceptar el cargo hasta que, á ruegos del Emperador, 
del Príncipe D. Felipe y de su hermano D. Luis, aceptó, por fin, 
y marchó á aquellos reinos, en donde murió en 1552. Casó con 
doña Catalina de Carvajal, de cuyo matrimonio nacieron: D. Iñi- 
go de Mendoza, que murió de un arcabuzazo en el sitio de íSan 
Quintín, y D. Francisco de ?^íendoza, á quien P^elipe II dio la en- 
comienda de Socuéllamos por muerte de su hermano. D. Fran- 
cisco sirvió en las galeras que mandaba su tío D. Bernardino 
hasta que, en 1542, fué como Visitador a la Nueva España y al 
Perú, y, vuelto á España, fué nombrado Superintendente de las 
minas de estos reinos. Muerto su primo I). Juan de INIendoza, 
cuando la pérdida de las galeras en la Herradura, fué nombrado 
General de ellas D. Francisco, quien, en 1 563, socorrió la plaza 
de Mazalquivir sitiada por los turcos, muriendo aquel mismo año. 
El cuarto de los hijos de D. Iñigo López de Mendoza fué 
TOMO Lxiv. 31 



47^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA 

D. Bernardino, el célebre General de las galeras de li^spaña, te- 
rror de turcos y piratas. Nació en la Alhanibra, sin que se sepa 
fijamente la fecha. En I 50Ó le hizo merced el Rey Católico del 
hábito de Santiago, cuyo título se despachó en Salamanca á 1 1 de 
Febrero, y fué armado caballero en Granada, en 29 de Agosto 
del mismo año, por el comendador Martín l'ernández de Villa- 
escusa. En 15 1 1) por renuncia hecha por Diego de Torres, co- 
mendador de Extremera, se le dio á I). Bernardino esta enco- 
mienda por cédula expedida en Talayera, á 12 de Enero. Con- 
quistada Túnez por el Emperador y ganada la (boleta, quedó 
por algún tiempo D. Bernardino como Alcaide de ella, siendo 
nombrado después General de las galeras, con las cuales socorrió 
dicha plaza en 1 538 (l). En Octubre de 154O obtuvo, cerca de 
la isla de Arbolan, una completa victoria contra los turcos que 
habían saqueado á Gibraltar, y al año siguiente fué con las gale- 
ras á la expedición contra Argel. Como Maestre de campo ge- 
neral estuvo con el Duque de Alba en la campaña de Roma; fué 
nombrado después Virrey de Ñapóles y acompañó á Felipe II 
al sitio de San Quintín, muriendo, algunos días después de la 
toma de la plaza, de resultas de las molestias del sitio. 

Fué otro de los hermanos D. Francisco de Mendoza, el cual 
siguió la carrera eclesiástica. Estudió con Pedro Mártir y el co- 
mendador Fernán Núñez de Guzmán, cursando Teología en .Sa- 
lamanca y después en Roma, en donde le conoció y trató Juan 
Ginés de Sepúlveda (2). h^ué primeramente Abad de V^Tlladolid 
y después de Medina del Campo, desde donde le envió Car- 
los \ de Vicario general de sus ejércitos. Habiendo vacado el 
obispado de Jaén, por muerte de D. E.steban Gabriel Merino, fué 
nombrado para sucederle D. Francisco, á quien confimde Gil 



(1) Sandoval, Hisi. de Carlos F, lib. xxiv párr. 5. 

(2) En la dedicatorifi de sus Epístolas al Maiqucs tic Mnndájar, dice: 
<Ouam ego necessitiidinen non niiper sed nlim constitutan habiii cum 
domo vestra, iam tiim ab eo teinpore, cum'fratrcs tuos, viros optimus et 
illustres, Franciscum et Jacf)bum Roinaí, colcri crepi, quorum alter Epis- 
copus Giencnsis fuit, alter Caroli Gc^aris Orator ad Pontilicen Máximum 
amplísima diu legatione funetus.» 



DON DIEfiO HURTADO DE MENDOZA 479 

González Dávila con 1). Francisco de Mendoza, hijo de D. Diego 
Fernández de Córdoba y de doña María de Mendoza, prima her- 
mana del Marqués de Mondéjar, el cual fué Obispo de Ovñedo, 
de Zamora y de Falencia, Comisario general de la Cruzada, y 
murió en Madrid en ISS^- Nuestro D. Francisco acompañó, 
como Vicario, á Carlos V en varias expediciones, viniendo á Es- 
poña desde Bugía á fines de I 541) en cuya fecha \-i