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Full text of "Comedias escojidas. Tomo primero"

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COMEDIAS ESCQJIDAS 



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DON FRANCISCO BANCES CANDAMO. 



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CON LICENCIA. 



Imprenta de Ortega: Madrid y Junta de i8ía ; 



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3890 






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EL SASTRE DEL CAMPILLO. 



PERSONAS. 

Alfonso, Rey niño 
Don Manrique de Lava* 
El He y Don Fernando. 
Ñuño Almegir .' 
El Condestable. 
Un Capitán. 
Juan Prieto. 

Alcalde, Vegete. 

Doña Blanca. 

Doña Elvira. 

Casilda 

Marín , Criada, 

CU Polo. 

Portan* 

Soldados. 

Músicos. 



La Escena «s tu «1 Campillo y en S. Esteban de 
Gormas. 



ACTO PRIMERO. 

ESCENA PRIMERA. 

Decoración de Monte. 

Tocan cajos y clarines , y en diciendo dentro las pri- 
meros versos , sale atravesanao el tablado Ñuño Alme- 
gir f viejo venerable , armado , con calzas atadas % y 
traeré en brazos al Rey Don Alfonso niño. 

Dentro Alfonso. 
jAy de mí' 

Dentro lodos. 

Traición , traición. 
Dentro Condestable. 
Seguid todos ai aleve 
sin dejar eiá todo el monte 
(si acaso en él se guarece) 
tronco que no se examine, 
rama que no se .>enMre. 

Todos Dentro 
Arma , arma. 

Otros. 

Ti aiciow , traición. 
Todos 
Al risco, al valle, á la Cuente. (i) 

Aifmiso 
¡Ay i n felice de mí ! 



(i) Salen Alfonso y Ñuño. 



Ñuño 
Vuestra fila gestad* modere' 
su nena, señor» que yo, 
como a mi.h-.v.. ni.centr, f¿ 
libi é de una tita nía , 
lio leinü luego la muerte.; 

ESCENA II. 

Sale el Condestable y Soldados , acuchillando á Man- 
ritjuey d Marín , y vendrá armado , y caladada visa- 
ra f y después Don temando. 

• 
Condestable* 

Seguidlos. 

Manrique. 

No es eso fácjl 

que basta tanto que se aleje y 

fn defensa de su vida , 

seré muralla viviente. 

Marín 

Y yo, que leb-go en mi espada 

mas que una muía reveses. 

(U)iidcstab l c 

Leonesas, roatadlos, unieran. 

LVlaurique 

Pues va miro , que se ausente 

Nuúo Almegir ron el Rey , 

eso ha de si i de e.sla suelte. Fase. 

D/iir t/i. 

Un pleito líti Idanra si^ue 

cualquiera qu« me siguiere. Fase. 

< (tiiticslable. 

\ Ah cobardea ! (O 



Al seguirlos, sale Don í emando Rey de León 



Rey. 

¿ Qué es esto ? 
Condcs/<2<)?>;. 
Antes, señor, que lo cuente, 
deja que mi furia vaya 
en alcance de un rebelde, 
que lleva al Rey de Castilla , 
hurtado, de entre tu gente. 

¿Qué escucho? síganle al punto 

cuantos montados hubiere 

del batallón de mis guardas. 

¡Ah castellanos .lleves! 

¿estas son vuestras palabras? 

¡Un volcan el pecho enciende ! 
Condestable 

Vamos en su alcance, y nada , 

voraz mi sana reserve. 

Rey. 
Noble Fernán Roía de Castro, 
quedaos vos, para que quede 
en vos , quien de esta traiciou 
xu c dé la not'icia. 

Condestable- 

Aüeude : 
generoso Rey Fernando 
de León , a cuya frente , 
Casi 1 1 |,i , fecunda tantas 
Vegetables esqn ; « ece| ; 
apenas hoy al Campillo 
llegamos, donde tus buésteí 
inundan e¿as campana* , 
cuando del monte descienden , 
en un piélago de pinta B , 
que espumas volantes mueve, 



u 



cuando salieron de Soria # 

cuyos altos capiteles, 

del cadáver fie Nmnancia, 

pirámiries eminentes 

son , cuyas ruinas caducas t 

melancólicas , contienen 

mudos , tristes epitafios 

que con los ojos se Icen ; 

bien, que aun vence el estraga , 

pues en su contraria suerte 

nna lástima se erige 

donde un cimiento fallece» 

Salieron de Soria , digo , 

con ostentación alegre , 

los Concejos de Castilla f 

los Prelados y Maestres 

á entregarte al Rey Alfonso 

( ¡ ah fortuna! lo que puedes) 

pues quedando en tiernos aüos 

huérfano f á tí te compete 

por pariente mas cercano 

su tutela , y que gobiernes 

á Castilla , en tanto' que él 

ú edad mas adusta llegue ; 

y aunque antes lo rehusaron 

por no sé qu«* inconvenientes 

de política, temiendo, 

que intentase» vanamente 

introducirte á su Reino 

( porque tal vez, en fin, suele 

librarse una tiranía 

de una verdad aparente:) 

ó de tu razón instados , 

Ú de el derecho que tienes; 

pues como son las campanas 



9 

^Yíhnnales de los Reyes , 

no deja de ser razón, 

razón que por fuerza vence; 

te hicieron pleito hornenage 

de entregar solemnemente 

á su Rev en este sitio , 

mas cuando ai efecto vienen* 

cuando á salvas, y no á choques * 

á su vista hicimos frente, 

cuando en el campo formaban 9 

en hileras diferentes, 

movibles calles de acero 

las picas y los arneses 

Al llagar ( jay de raí! ) ¿cómo 

repetirlo el labio puede 

sin ser dogal que me ahogue 

cada palabra que aliente; 

Al llegar con esta pompa, 

d ;nd« a las bondosas sienes 

del rio, que ara estos campos, 

es yugo de piedra un miente , 

llegó un castellano osado 

( ¡ó cuanto emprende el que emprende 

discurrir acción que apenas 

ejecutada se cree ! ) 

llegó un Castellano en fin f 

y cociendo al imc nle 

Rey en sus brazos , en tanto 

que otros su fuga defienden , 

subió en un veloz caballo, 

que en su ligereza quiere 

darnos á entender que aJtntO 

se vistió el viento de pieles j 

ardiente orarán hei rado , 

tan veloz desaparece # 



10 



que de seguirle mirando , 
cansada la vista vuelve. 
Esto f pii fin f es !o que pasa , 
y agradecérselo debes 
á Castilla , pues con eso 
hallas pretesto decente 
de conquistarla , abrasando 
sus Castillos eminentes. 
Cadáver de piedra sea 
la muralla mas rebelde/ 
y á su esqueleto, rflie yace 
caduco míseramente , 
sea ( siendo antorchas tristes 
todas las luces celestes ) 
tumba la región del viento, 
donde las cenizas vuelven. 

Bey. 
¡Vive -Dios que estoy corrido ! 
¿ asi Castilla se atreve 
á burlarme ? ¿cómo, cómo 
rni ceno airado no teme ? 
¡ Ab Castellanos í mi furia 
y mi enojo experimente 
vuestra traición, pues asi 
cuando mi sana se vengue. 
podrá creer el estrago 
quien la amenaza no cree. 

Dentro Todos. 
Castilla es leal , no pierda 
su lama por dos rebeldes, 

Re/. 

¿ Qué es esto ? 



li 



ESCENA III. 

Dichos y Foriun. 

Fortun 

.Señor, t\uc todos 
los Csstellanos valientes 
so van pasando á tn campo f 
y aburan , que quien tiene 
la cu'pa de este tumulto, 
qti" á civil desorden c,« ece » 
es D >n Manrique de. ..ara, 
que pudo hurtar . i n?p pudente 
á Al foj^s o de entre tus tropas 

i>ndeslnble 
¡Divinos Cielos , vajeóme ¡ 
fortuna ruando Manrique 
ya capitulado \ iene 

mi hermana Dona Blanca, 
infortunio pfCA ienes 7 
¿ pero ruando tu las sabido 
dar sin pesares placeres i 

Rey. 
¿ Manrique de Lara pudo 
á tañía arrien atreverse ? 
No en vano al pleito homcnage 
no qfVisc hallarse presente: 
¡ qué ira ' f qué fuñir ! ¡ qué rabia ! 
Ea , generosos eoiies&p 
ni su alcance* iliv ididos , 
no quede salida , no quede 
en lodo p| colitnrno monte, 
a tii piin siem pie verde , 
■m pre hei izada el \ unto , 
ni aun en tempestades peine. 



13 



sin que el cabello fragoso 9 

ó le arranque , ó le repele. 

No qiif Je valle sombrío 

en cuyas turbias corrientes 

el sediento ccrderillo 

agua gusta f y sombras bebe t 

qut' no examine el cuidado t 

y que el furor no penetre : 

y dadme u»i caballo á mi , 

seré el primero que á esc 

animado torbellino, 

á ese pirata Je pieles, 

que á mi sobrino ha robado p 

siga , que en ansias crueles 

ponzoña el aliento exala, 

veneno la vista vierte fase. 

Condestable. 
Todos le seguid , y todos 
repetid confusamente 
( por mas que contra Manrique 
tnal el aliento se esfuerce ) 
\iva nuestro Rey Fernando 
á pesar de los rebeldes. fanse* 

ESCENA IV. 

Músicos , Doña Blanca y damas. 

lodos 
Viva nuestro Rey 9 &c. 

Musita. 
Ay necia memoria mi a , 
que inútilmente pretendes , 
que quien de olvidar se acuerda 
4 de que olvide no se acuerde / 



u 



Blanca» 
Dejadme sola , que á quien 
aun eu las dichas padece , 
le alivia el dolor , pues solo 
con el dolor se divierte ; 
y porque la melodía , 
que sonora el aire hiere, 
como hace el dolor suave, 
persuade mas á quien siente ; 
retirados proseguid 
la letra , porque consuele 
luis penas , y porque lejos 
vuestras voces 9 dulcemente 
suenen , como consonancia» 
y no como estruendo suenen. 
Ay Manrique , plegué á amor 
que hoy vuelvas feliz á verme, 
aunque el tiempo que apresure» 
de mi vida se descuente. 
Hoy aguardo que mi esposo 
seas , y ya me parece 
que tardas ; pero ó discurso, 
¡ mal la disculpa , previenes ! 
•i es dicha , y mía , qué mucho 
l que tan perezosa llegues ? 
Llegue dije plegué a Dios 
que el alma cobarde teme 
auu la dicha , con no sé 
que recelo, que imprudente 
el corazón adivina, 
pues dentro del pecho , á veces 
Siendo relox del deseo 
para que el tiampo se abrevie t 
las alas que ansioso late 
toa los volauU* t 1 ue sauevt. 



14 

Aun no creo roí ventura , 

y no es justo que me pese, 

de no creerla ( ¡ hay inlVÜze ! ) 

pues cuando venga á perderse 

menos tendré que sentirla 

cuanto menos la creyere 

á cada instante imagino 

qué escucho. 

Dentro Manrique- 

; Cielos valedme! 
Blanca 
¿Qué fuera, ¡ ay de mí! que el aire 
verdad mi temor hiciese? 
pues ya distingue la vista , 
que de aquel bruto rebelde < 
un joven (iioy todo es sustos) 
precipitado desciende, 

diciendo. 

ESCENA V. 

Biclws y Manrique. 

Manrique. 

¡ Ay de mí infeliz! (i) 
en vano, bruto, pretende 
tu ri-or : ¡Cielos qué miro! 

~ Blanca. 

¡Qué veo ! 

Manrique. 

Hoy en este fértil 
florido teatro, hasta 
los pensamientos florecen , 

ó es Blanca. 

Blanca. 

• O mi fantasía 

(i) Cae Manrique ai mudo como al principio. 



Tiste sombras aparentes, 
ó es Manrique. 

Manrique. 

¿Blanca mia ? 
Blanca. 
¿Manrique? ¿pues qué accidente 
es este? 

Manrique. 
Esto es , ( ¡ ay bien rnio ! ) 
ser anticipadamente 
infeliz , pues de los ojos 
hoy me está hurtando la suerte 
una ventura , que aun antes 
de tenerla se me pierde. 
Fortuna ¿cuando las dichas 
lograr jun amante puede? 
por no conocidas t no 
se gozan cuando se tienen, 
y un nuevo tormento causa 
conocerlas al perderse t 
con que los bienes humanos 
nunca lo son , si se advierte 
que llorando los pasados , 
y ignorando los presentes, 
al perderlos ya son males , 
y al tenerlos no son bienes. 

Blanca. 
Cuando al Campillo he llegada 
á aguardar que concluyeses 
la función de las entregas, 
porque dos almas estreche 
nupcial amante coyunda , 
y para que luego fuese 
el Rey de León Padrino 
de nuestras bodas alegres; 



15 



16 



cuando aguardaba mi hermano, 
que desea conocerte , 
pues nunca te ha visto, á causa 
de que desde mis niñeces , 
él en León f y yo en Castilla f 
habernos vivido ausentes, 
llegas ( i ay Manrique mió ! ) 
á mis ojos de esta suerte, 
precipitado de un bruto i 
¿Qué tienes, señor, qué tienes f 
que tan absorto y coufuso 
te miro , que me parece , 
que solamente aquel rato 
que suspiras, no enmudeces? 

Manrique 
Mi desdicha ( ¡ ay Blanca mía ! ) 
es tan grande, que no debe 
admirarte que la calle ; 
porque sí acertar no puede 
Í creerla el pensamiento, 
que la toca y la padece , 
¿ qué mucho , Blanca , qué mucho, 
que á repetirla no acierte ? 
mas ¡ ay Dios , que la memoria 
con nueva porfía quiere! 

Música. 
Que quien de olvidar se acuerda 
de que olvida no se acuerde. 

Manrique. 
Por mí te lo ha dicho el airej 
pero tu mi mal infiere , 
de ver que á Fernando, injusta 
Rey de Lcon , que pretende 
imponer tirano yugo 
i nuestras leales sienes 



17 



pues aunque el difunto Rey 
en su testamento ordene 
que yo sea tutor de Alfonso f 
alega ambiciosamente 
que á él por ser su tio solo 
la tutela le compete: 
estorvé una tiranía 
quitando osado y prudente 
al niño Rey de sus brazos t 
encargando á quien le lleve 
á la mas segura pinza 
de cuantas Castilla tiene: 
á mí me es fuerza ausentarme y 
para que á saber no lleguen, 
por mí adonde está mi Rey , 
con qne te perdí : aqui cese 
el aliento, y no pronuncie 
la sentencia de mi muerte ; 
¿ pero qué importa f señora , 
que de repetirlo deje 
mi dolor, si tu discurso , 
para que mas me penetre, 
auu el silencio me escusa 
en los suspiros que entiende : 
mi memoria llevo , con que 
poco importa que me aleje ; 
poco remedio es la fuga , 
pues si mi pena lo advierte. 

Música. 
Siempre la memorim ha sido 
el mayor mal de un ausente* 

Manrique. 
Siempre | voz, á mis afecto* 
oráculo vago eres, 

2 



r¿ 



Blanca. 
Mi Emique, señor, mi esposo, 
no te vayas, no me dejes 
sin tí y conmigo, pues yo 
me aborrezco por quererte ; 
que aunque c*n tantas desdichas 
te eslé mirando, no puede 
el mal de verte iníelice 
privarme del bien de verte. 
Mas ;ay de mí! que en mis ansias 
no es fácil que me consuele 
el saber que luí dichosa, 
cuando infeliz lle^o á verme. 

E/la y Música. 
Porque siempre son pesares 
acordados /os placeres. 
Manrique. 
Suplicóte, Blanca mía , 
que tus sentimientos temples, 
porque los cariños son 
mas dulces cuando se pierden; 
y al oír..,. 

Dentro Yprtun* 
Cercad el monte , 
y nada el ínror reserve. 

Manrique 
Esta es grnte que me busca : 
Blanca , á Dios. 

B/anca. 
Manrique, advierte.... 
Mihica. 
/ Ay necia memoria rnia , 
qué inútilmente pietmdes! 

Manrique. 
En tu peligro y el mío 



ti 

estoy muriendo dos veces. 

Dentro el Rev. 
Todo el contorno las llamas 
de vuestro corage quemen.. 

Blanca. 
¿ Me olvidarás ? 

Manrique' 

No lo temas , 
pluguiera el Cielo pudiese. 

Música 
Que quien de olvidar se acuerda 9 
de que olvida na se acuerde. 

Manrique 
No te detengas, ejue todos 
en mi seguimiento vienen. 

Dentro ti dos. 
Al risco, á la cumbre, al valle, 
á la espesura y al puente. 

Manrique. 
Vete, pues dicen las voces 
que en ruidoso estruendo crecen ; (i) 

Música . 
Siempre la memoria ha sido 
el mayor mal de un ausente f 
porque siempre son pesares 
acordados los placeres» 

Fort un. 
Cercad el monte , soldados , 
y nada el furor reserve. 

Rey. 
Todo el contorno las llamas 
de vuestro corage quemen. 

(i) Música, voces y representación á un tiemp 
mismo. 

* 



20 



Coudestable. 
Aun la mas oculta ciroa 
vuestro denuedo penetre. 

Todos 
Al risco, á la cumbre, al valle» 
á ia espesura y al puente. 

Manrique. 
A Dios /Blanca raia. 
Blanca. 

¿Cómo 
viviré yo si tú mueres? 

Manrique. 
Como tú vivas, señora , 
no hay riesgo que me amedrento. 

Blanca. 
Vete, pues, ¡a y de mí triste! 

Manrique. 
Contigo el alma se quede. 

blanca. 
El Cielo tu vi.U guarde. Vate. 

Manrique 
£1 CieJo con bien te lleve. 

ESCENA VI. 

Manrique y Marin, 

Marin 
Señor ¿ aquí estás? ¿qu¿hace«f 
que perdiéndote en la siempre- 
rizada espesura , donde 
las zarzas y yedras verdes 
para los olmos son lazos» 
Y pata nosotros redes , 
no he podido dar contigo. 



81 

Manrique . 
¿Qué* CS esto, Marin f 
Marín. 

Que vienen 
tras nosotros mas caballos 
que tienen barajas veinte : 
escapemos, Señor. 

Manrique. 

Vanaos 
entrando ( ¡ ay ansias crueles ! ) 
por la fragosa espesura , Paseando. 

y las ramas nos hospeden t 
que bárbaras zeiosias 
son de este alcázar silvestre. 

Marin 
Aquí una dueña me valga 
para penetrar la agreste 
maraña , pues no bay maraña 
que una dueña no penetre. 
Asi ahora para librarte 
aquí *e te apareciese 
un hermanillo bastardo 
que tanto se te paiece. 
¿ que candil, vis l a , ni oído 
distinguir á los dos pueden ? 

Mari'ujuc 
Necio intento fuera f cuando 
desde sus tiernas niñeces 
de él no he sabido, bien que 
no hubo jamas quim nos riese t 
que no nos equivocase. 

Marin 
La naturaleza suele 
ser gran bellaca t porque 
todo dii que lo hace adrede: 



22 

¿ mira qué roncho es , Señor, (i) 

que las comedias sé. encuentre 1 !! 

en las trazas , sí la docta 

naturaleza, aun á veces 

se halla apurada, y no sabe 

hacer trazas diferentes ? 

Manrique. 
Eso , la filosofía 
disputa ; pero ¿qué tiene 
que ver esto ( j ay infeliz ! ) 
con lo que ahora nos suecede? 
pues dicen. . 

Dentro Gil. 

Muere , alevoso. 
Dentro Prieto 
No será sin que ro«' vengue. 

Dentro un villano . 
Muerto soy. 

Manriqnc 

¿ Qué es esto ? 
Marín. 

Es, 
que á uno le cascan las nueces' 
tres hombres. 

Manrique. 

I Cómo mi trio 
no me lleva á socorrerte ? Vasc, 

Marín 
l Hombre aguarda : eres el diablo ; 
¿que en otros duelos te metes, 
cuando lu vida y la rriiá 
están de un hilo pendientes ? 



(i) Andando apresurados. 



23 
ESCENA Vil 

Sale Gil Polo y otro Villano acuchillando d Juan Prie- 
to, que vendrá con la cara ensangrentada^ cae en tierra, 
y sale Manrique. 
Gil. 
Muere , traidor. 

Marín 

Linda danza. 
Juan. 
Caro os costará mi ofensa. 

Manrique. 
Pues no llegué á la defensa 
lleguemos á ia venganza. Acuchíllalos* 

Gil. 
Es un rayo de la esfera, 

Vi l laño. 
Huyamos. 

Gil. 
Huyamos digo. 
Marín 
Ah gallinas , que no os sigo , 
porgue me ha dado cogerá. 

Manr iquc 
Aquí se está desangrando 
un infeliz, y estoy viendo, 
que las rosas vá encendiendo 
la sangre que se vá elando. 

Juiti 
Caballero ( ¡ ay He mi triste! ) 
á quien ( ¡ fáltame la voz ) 
confieso ( ¡ desdicha atroz ! ) 
el favor, que mal resisto 
mi pena tanto sentir • 



A 



pues en mi ( i fiero pesar! ) 

cuanto me quiero esforzar 

roe ayuda roas á morir: 

¡ay Dios! alguna nobleza 

tengo, aunque en tan bajo estado 

roe puso el verme incliuado 

á una rustica belleza , 

por ella ( ¡ ay, Castilla mia ! ) 

ejercicio profesé ; 

pero un villano furioso, 

celoso ( ¡ ah fiero tirano ! ) 

que es ser dos veces villano ; 

ser villano , y ser celoso , 

roe ha muerto, pero á traición 

con otros, y yo también 

á uno dejo muerto , á quien 

patente hice el corazón : 

tú , caminante , repara 

por un amor tan liviano 

en lo que se vé un hermano 

de Don Manrique de Lara ; 

mas ya muero de la herida , 

que aun el aliento veloz 

que estoy gastando en la voz, 

tne falta para la vida. Muera 

Manrique. 
Hermano, amigo ( ¡ay de mi!) 
¿ pero yo hermano llamé 
á hombre que confiesa que 
tuvo humilde oficio? 
Marín. 



Si, 



pues cuando fuera bajeza , 
aun la ignorancia mayor 
trae , en siendo por amor, 



cierto viso de nobleza. 

Manrique. 
Dices bien , y puesto que 
por otra parte emboscados 
andan todos los soldados , 
sus vestidos me pondré , 
pues es á mi parecido , 
aunque de. sangre bañado 
está tan desfigurado. 

Marin 
Bueno, que havos acudido 
á salvar esa objeción j 
porque alguno que repara 9 
al ver á los dos la cara 
está con tanta atención ; 
pues siquiera su capricho 9 
que ya pintado, ya escolto 
saliese un hombre df bulto 
á decir lo que está dicho. 

Manrique. 
Mí peto y espaldar quiero (i) 

que le ponga , no te asombre. 

Marin 
Ta ¿on dos conchas el nombra 
es galápago de acero. 

Di utro. 
Por aquí. 

Marin 
Qu? vienen , vaya, 
Manrique 
¡Que esto mi syei le disponga ! 

Marín 
Señor Sastre, usted se ponga 



2Í 



( i ) Volt armando, jr Manrique se pone sus vestidos 



Sí 



este jubón de Vizcaya. 

Manrique. 
¡Que riguroso desastre! 

Marín. 
Su persona armada está , 
y el primero soy f que yá 
se la pudo armar á un sastre. 

Dentro- 
Hacia alii el ruido siento. 

Mam ique. 
Pon le mi espada. 

Marín. 

Yá fiera 
la tiene en cinta f Dios quiera 
darle buen alumbramiento 
Dentro Condestable* 
Llegad todos 

Manrique. 

Suerte avara f 
que fuera feliz no dudo , 
si como el trage me raudo, 
la ventura me mudara. 

Mar in 
¿Cnanto ahora , Manrique % á mi 
me estimaras , si supieses f 
que poco mas de seis meses 
aprendiz de sastre luí ? 

ESCENA MU. 

El Condestable , el Rry % hortun y Soldados. 

lie y. 
Sin duda en esta maleza, 
de zuzas entretejidas, 
que duplicando la noche 
es paréntesis del dia . 



27 
se oculta Manrique fiero. 

Condestable 
Mal valerse determina 
de su fuga , aunque en su alcance 
no cuesta menos fatigas 
que seguirle con la planta , 
alcanzarle con la vista 

Fort un 
Aguardad , Señor , que él es f 
si el sentido no delira , 
el que con sangre las flores 
infaustamente matiza. 

Condestable. 
Yo romo nunca le vi t 
no le conozco 

Rey. 



ts mi duda. 

Fort un 



Esa misma 



Mal podrán 



• engañarme las insignias 
del escudo, y de las armas, 
y del rostro , aunque se mira 
todo bañado de sangre. 

Rey 

A su -juventud florida 
lastima lengó 

Dentro voces. 

Manrique 
es maerto. 

Condestable. 

Buena noticia 
será para Blanca ¡Cielos ! 
y mas cuando ya es tendida 
pasa la palabra , que es 



as 



¡ muy veláz tina desdicha l 

Rey 
Sin dada te mató alguno 
de los que en su alcance iban : 
pésame por Dios , mas puesto 
que después de sucedida 
una desgracia , no tiene 
n>as remedio que sentirla ; 
á su cadáver se ha^an 
todas las honras debidas 
que á difuntos generales 
acostumbra la milicia ; 
ronco destemplado estruendo 
de cajas y de sordinas sordinas 

en tiis'es acentos forme 
lamento de la armonía. 

Condestable. 
Vueltas al revés las armas, 
y arrastrándose las picas t 
en fúnebre luto, el viento, 
negras ba mieras se vista. Clarines* 

Dentro Elvira. 
Aguardad leoneses. 
Rey 

¿Qué 

nuevo rumor se anticipa , 
á las sordinas t que el eco 
todo el monte escandaliza? 

Condestable 
Un joven f que con denuedo 
el campo veloz corría, 
en un bruto tan ligero t 
que aun no huella lo que pisa , 
para llegar a tus plantas 
deja el estrivo y Ja brida. 



23 



ESCENA IX. 

Dichos y y sale Dona Elvira de corlo , con botas , es~ 
puclas , plumas , espada y véngala. 

Elvira. 
Rey Fernando de León , 
coya hermosa bizarría 
tiembla en Córdoba Alioanzor, 
y Ahenjuzepb en Sevilla ; 
Dona Elvira soy dt Lara 9 
de prosapia esclarecida , 
y hermana de Don Manrique , 
cuya heroica gallardía 
á vuestros rigores yace 
muerta , pero no vencida ; 
con él vine á las entregas 
de Alfonso Rey de Castilla , 
para asistir á sus bodas 
después ; pero no a»'ria 
una desdicha tan fiera , 
y de tanto dolor digna 9 
( ¡ ay de mí ! ) si no viniera, 
cuando se espera una dicha. 
Por una gloriosa acción 
sabiendo qne le seguian 
tus saldados , un caballo 
tomé y procurando altiva 
hallarme á su lado; pero 
cuando en su alcance venia, 
cuanto mas el bruto corre, 
y en mi cólera se anima, 
pues los batidos hijares 
las espuelas me salpican, 
la noticia de tu muerU 



id 



bailé en el campo esparcida, 

que si es desdichada , es 

muy veloz una noticia. 

No te admire el ver , que cuando 

teugo i n felice 4 á mi vista, 

ese espectáculo triste 

de quien es el monte pira, 

pues va dejando las rosas 

sangrientamente floridas, 

muestre e! corazón rebelde 

al llanto, pues si lo miras 8 

pasó la pena de susto 

á osadía, de osadía 

á dolor , y este dolor 

se convirtió tanto en ira, 

que aun no quiero á lo irritada 

hurtarle lo compasiva. 

Si á Alfonso ocultó Manrique, 
es razón que le persiga 

tu enojo , porque á tu enojo 

estorbó una tiranía. 

El es tutor de su Rey , 

y como tutor aspira 

á librarle de un peligro, 

pues cauteloso querías , 

con el trage de piedad 

disimular tu avaricia. 

Pero esto aparte ; i u felice 

Manrique, que al pecho dictas 

Ja mas generosa hazaña , 

pues tu sangre, aun no muy f ria # 

heroicas venganzas late 

en cuantas iras palpita , 

en tus manos, (pese á mí, 

que ahora estoy enternecida) 



31 

homenage ( ¡ que dolor ! ) 

hago ( ¡ ay de mí ! ) de que altiva 

(í qué ansia ! ) procure, ( ¡ qué pena ! ) 

en vano el valor porfía, 

volver ( ¡aquí de ijqí rabia! ) 

¿que mis lágrimas reprima, 

pues en líquidos arroyos 

la cólera se destila ? 

Y á tí , infelice Manrique , 
homenage y pleitesía 
hago , puesta la una mano 
en el pomo, de esta limpia 
espada , y la otra en las tuyas , 
que ya son yerta qeniza, 

de defender tu opinión , 
ya que no puedo tu vida, 

Y á vosotros, ó leoneses, 
con la reverencia digna 

al Rey , pues es la atención 

á la Magestad debida , 

desmiento , «le la sospecha , 

que esparció vuestra malicia 

contra Manrique, diciendo: 

que fué traición conocida 

ocultar al Rey , dictada 

de impulsos de su codicia. 

A cualquiera , que villano 

esta sospecha conciba , 

del Rey abajo, desmiento, 

y á sustentarlo , se obliga 

mi arrogancia, cuerpo á cuerpo , 

si alguno hay que lo resista, 

ó con armas, ó sin ellas, 

en los campos de Castilla , 

al choque de dos caballos , 



32 



i »1 encuentro ele tres picas, 

en el arnés , ó el escodo 

donde suban las asidlas 

tan altas, que del Sol puedan 

ier volantes celosías ; 

y quien piense qiw me mueve, 

]a hermosa prerogativa 

de dama, pues á las damas 

no hay valor que no se rinda , 

queriendo, que rendimiento 

se llame la cobardía , 

sígame, si valor tiene, 

que sin desmontar la brida 

de ese bruto , de ese rayo , 

aborto de Andalucía 
le espero en esas campanas , 
de noble sangre tenidas f 
desde el alva hasta la noche, 

y desde la noche al día. 
Condestable. 

{Gallarda resoluciou! 
Elvira* 

¿Qué respondéis? 
Rey 

Doña Elvira, 

que sois dama , y con las dama* 
mis caballeros no lidian: 
venid , y las funerales 
ceremonias se prosigan. 

ESCENA X. 
Dicho* menos el Rty* 

Elvira. 
¡Ab, peae á la preeminencia I 



¿que mi» venganzas impida 
el rendirse todos, cuando 
mas el rendimiento irrita P 
Leoneses, cualquiera que 
este reto contradiga 
tome ese guante, pues es 
ceremonia que se estila 
en los duelos. 

Condestable 

Yo le tomo, 
gallarda Palas divina, 
no como señal del duelo ; 
¿ pues quien habrá que compita 
con vos, si desde que os ví f 
en dos acciones distintas , 
no me quiere á mí Ja muerte , 
porque no quiere la vida ? 

Elvira . 
I Pues por qué le tomáis ? 
Condestable, 

Solo 
por prenda vuestra , y no aspira 
mi rendimiento á tenerla 
por favor ; á mas aspira. 

Jl Ivirá. 
Eso es ya de otra materia 
y no es fácil que permita 
que prenda mía posea 
nadie, porque vengativa 
sabrá cobrarla mi espada, 
castigando la osadía. Empuña. 

Condestable, 
Tened , que ese es otro caso i 
yo también sabré rendirla 
á vuestros pies , que no quiero 

3 



33 



34 



que os dé disgusto la dicha 
de un acaso, pues guardarla 
al ver que se desperdicia f 
fué atención; pero negarla 
fuera ya descortesía. (O 

Elvira. 
Ahora no la quiero ; puei 
aunque cobrarla queria y 
tomarla de vuestra mano 
fuera mostrarse benigiia 
mi atención : y asi no quiero B 
por no verme compelida 
á tomarla, cuando es vuestra, 
acordarme que fué mía. rase* 

Condestable. 
Aguarda , detente, espera: 
no , hermosa deidad esquiva 9 
ausentándote á mis ojos 
con tan dulce tiranía , 
para una esperanza muerta, 
dejes la memoria viva. 

ESCENA XI. 
Marín y Manrique en trage de villano*. 

Manrique. 
Parece que con mi astucia 
los Leoneses se engañaron, 
pues ya Ib voz de mi muerte 
ha corrido por rl campo. 

Marin 
Para quien creyese agüerof 
era á propósito el caso 



(i) Vá á dar el guante. 



de estar mirando su entierro; 
pero tu bastardo hermano 
honrado se ve en la muerte , 
pues si de aquí lo reparo , 
el ejercito lo lleva 
con grandeza y aparato, 
que para un pobre difunto 
es grandismo descanso. 

Manrique. 
Con melancólico acento , 
al ronco estruendo bastardo 9 
g i ir? e el viento en las sordinas. 

Marín 
Si , pero una cosa hallo 
de conveniencia en tu entierro, 
y es que no te van chillando 
los niños de la Doctrina , 
un colegio de bellacos , 
que en entierros ostentosos 
son sufragios alquilados. 

Manrique 
Ya Don Nuiio con el Rey 
habrá sin duda llegado 
adunde en salvo le ponga; 
y en cuanto los Castellanos 
á su defensa se junten f 
mas fieles ó mas osados 9 
San Estevan de Gormas 
será su alcázar y claustro. 
La orden que llevó Dou Ñuño 
es de que esté disfrazado 
el Rey como un hijo suyo, 
porque dejen de buscarlo 
allí los Leoneses , pues 
en Nuúu no han sospechado; 



¿5 



¿s 



j poes tal disfraz hallé f 
siempre á vista del contrario 
lie de indar., Marín amigo 9 
sus intentos observando. 

Marín 
Una cosa solo resta. 
Manrique» 

l Cuál esf 

Marín 
Que ya transformado 
en sastre , en el lugar pueda* 
ir prosiguiendo el encano: 
cuanto á ser Sastre, señor» 
va yo tengo mucho andado 9 
pues luí aprendiz seis Rieses; 
con que si á hacer nos juntamos 
cualquier vestido , echaremos 
á perder cualquiera paiio. 

Manrique. 
Necio, ¿yo había de venir 
á ese ejercicio l 

Marín 

No «9 malo 
el puntillo; J pues sin eso 
pudras estar reputado 
por Sastre \ 

Manrique 
Podré algún tiempo» 
y esto no ha de durar tanto» 
que. falten escunas para 
no llegar á ejercitarlo. 
Auu mas cuidado me dá 
ir al Campillo ignorando 
con quien tenia amistad 
<*¿rie hombre , y los ordinarios 



¿. 



tjercicios suyos. 

Marín. 

Pue« 
•i ese es solo el embarazo, 
de lo mismo que te hablaren 
puedes ir conjeturando 
las respuestas , y si no y 
apelar á que estás falto, 

Manrique. 
Eso es mejor. 

ESCENA XI í. 

Di dios y Casilda» 

Casilda 

; A y , Juan mío > 
que yo te estaba agualdando 
Con. grande temor! 

Manrique. 

¿ Qué es esto ? 
Marín 
Esta tnuger es el diablo. 

Casilda, 
Piáronnos en la villa 
que te bahía desafiado 
Gil olo ; puet yo' Juan mió , 
dij*o que me parta un rayo 
si le puedo ver 

Marín. 

Ta es esto 
del cuento ♦ responde digo. 

Mont i que 
Sin duda esta es la villana 
Lclla por quien le mataron. 



H 



Casilda» 
l No me responde* ? ¿ estáf 
conmigo muy enojado f 
yo te quiero 

j Manrique 

Bien pudieras , 
(bueno es hallarme obligado ap. 

á mezclar tratos groseros 
entre tan nobles cuidados ) 
bien pudieras escusar 
andarme dando embarazos , 
pues sabes nr>i condición * 
(yo no sé lo que la hablo ) 

Casilda 
Ya veo qu** eres dúnóSo , 
y que no hay mozo en el barrio 
á quien no d¿s para petas, 

Marín 
Oyes , tú hermano era guapo. 

Manrique 
¿Qué habia de ser quien hivo 
de mi sangre algunos rasgos ? 

Casilda. 
¿Juan, quién es este mozo? 

Manrique 
Es un grande oficialazo, 
y le traigo á casa. 
Marín. 

A ser 
de usted el menor criado : 
¿cómo se llama nuestra ama? 

Casilda 
Díle tú como me llamo. 

Manrique. 
Yo vengo hecho uu lucifer. 



33 
leloso y desesperado , 
y no me acuerdo de nada. 

( asilda 
Casilda soy de Polanco, 
qu* 1 este en el Campillo es 
apellido muv honrado 

Mari/i. 
Nadie por su boca piVrda. 

Cjsilda. 
Oyes i cuando nos ensañaos ? 

Manrique 
¿Esto mas? cuando Dios quiera, 
que ahora estoy muy alcanzado. 

ESCENA XTTl 
Dichos Gil Pulo } otro fulano» 
Gil 

Fn fin , el o»» S ; 

pero en el t » "•(>• i mos 
muerto á S 

/ i 

M lo t7iató 9 
que el S»-f desesperado. 

Por a jue <)( rilbre , de hierro 
vestido» no le m.itaujos : 
veamos albora á Casilda. 

%ViU«n*> 
Está con un hifiubra hablando. 

Gil 
Y es el Sastre, \ive Dios, 
•migo | que allá en «i campo 
nos hizo la rnoi terina. Embisten!*, 

¡Aun vives f traidor ¿ 



40 

Manrique* 

Villanos | 
vuestro error castigaré. 

Marín 
Dales su caita de pago. 

Casilda. 
Ay t que á mi marido matan: 
Jostícia de Dios 

Gil. 

Huyamos. 

ESCENA XIV. 

Salen por un lado el Rey y el Condestable , Fortun y 
Soldados , y por otro Blanca y damas , y el Vegete de 

Alcalde. 

Rey. 
J Qué ruido es esle ? 
Bla rica 

•a Qué es esto f 

Manrique 
En grande peligro estamos. 

L>ia rica. 
Con e. Rpy encontré j Cielos ! 
¿ i\u? habiéndome ya informado 
*)e Ja muerto de Manrique 
Sra un dolor tan eslraíio, 
tan i n felice , que a»ui no 
tenga lugar para el llanto? 

Rey. 
¿Espadas aquí? jen mi vida 
vi tan hermoso rnilájjro ! 

Casilda. 
Señor do» hombres, que huyeron » 
á mi marido intentaron 



41 

matar: josticia de Dios. 

f 'eje te 
Señor, es un gran bellaco 
el Sastre, y ha días que tengo 
gana de ocharle la mano. 

Marín 
Cuchilladas , y'muger, 
Luena hacienda te ha dejado 
el difunto. 

Blanca 

De Manrique 
es un viviente retrato ap. 

este hombre : ; Cielos ! j si es el ? 

Manrique 
En raí, Blanca ha reparado, ap 

y en ella el Rey ; j ya supieras 
ciego Dios , amor tirano 
dar un consuelo, sin dar 
Con él algún sobresalto! 

Casilda 
Jos t ida contra estos hombres. 

Bey 
Haced, alcalde, buscarlos, 
y castigarlos 

Fe jete. 

Si haré. Vasc* 

Condestable 
Hirmana, Heea, y la mano 
Lesa al Rey 

lie y. 

¿ Su hermana es esta f 

Blanca 
A vuestros pies, Soberano 
Monarca. 



43 



Rey. 

Señora , alzad , 
que no está bien f ( yo roe abraso ) 
puesto á mis plantas el Cielo : 
¡ qué beldad ! 

Manrique. 

Cielos , á espacio. 

Condestable 
En la Quinta , donde Blanca 
estaba agora aguardando, 
con otro intento , á Manrique » 
podéis , señor , alojaros 

Rey. 
Si haré; pues en tanto que 
mas diligencias hagamos ^ 

de Alfonso , puesto que vienen 
mis soldados fatigados , 
aquí harán alto; venid 
que yo he de ir á acompañaros; 
ahora conozco t que fué 
Don Manrique desgraciado. Tase* 

Blanca 
Hombre, ilusión, ó fantasma» 
de Manrique eves retrato, 
y aunque sé que es muerto ( ¡ ay triste! ) 
me consuelo con dudarlo. Cuse. 

Condestable. 
\ Ay Elvira, qué de penas 
con tu ausencia me has dejado » 
pues tu memoria es al alma 
un gustoso sobresalto! Vase. 

Casilda. 
En casa te aguardo, Juan. Vate. 

Marín 
Lo que yo de todo saco 



43 



es , qae porque no te cojan 
en mentira , pues los cabos 
que tu hermano dejó sueltos, 
son tan diversos y tatitos , 
es fuerza que te hagas loco f 
aunque según son tus cascos 9 
yo espero que eí fingimiento 
te cueste poco trabajo. 
W anrique* 
Ay f ¡Víarin , mas luco fuera 
en ser cuerdo, cuando hallo 
un disfraz tan indecente, 
en que mol asegurado 
«stov ; una rauger que 
me persigue, unos villanos 
que intentan matarme, un Rey 
que tan á mi costa amparo f 
y sobre ti do , unos celos f 
al corazón enroscados , 
que de la memoria son 
áspides imaginarios. 



44 



ACTO SEGUNDO. 

ESCENA PRIMERA. 

Decoración de una Quinta coy Jabdiit, 
Manrique y Marín de villanos , huyendo de Casilda, 

Manrique. 
Muger f ya estás enfadosa. 

Casilda 
¿Pues, Juan, en qué te he ofendido? 

Manrique. 
En quererme. 

Casilda 

¿ Y eso es malo? 
Marín 
Malo es » porque un hombre he vista 
de un amor abochornado 
que le ha dado un tabardillo. 

Casilda. 
¡Válgame Dios! ¿tanto mal f 
se le hace, Mario amigo, 
en quererle ? pues acaso 
le doy yo algunos pellizcos: 
¿mas qué es esto, que suspira 
tan confuso y pensativo ? 
aquí de Díos, que me han muerto. 

Marín 
No alces , Casilda el chillido, 
que en el jardin de esta Quinta 
de Blanca , está retraído 



tnf amo , por aquella muerte, 
y podrán , sin duda oírlo , 
con que al tiempo de las voces 
darán con él y conmigo , 
y de inflamación de esparto 
tendremos un garrotillo. 

Casilda 
Mira , yo sentí , Marín, 
al oír estos sospiros f 
que no son por mí, una rabia ■ 
de manera, que imagino, 
que le aborrezco, y denpues, 
si mas de espacio lo miro , 
pienso que le quiero mas 
por haberle aborrecido; 
y aquel sospiro , en electo, 
en el corazón me hizo 
unas cosquillas de luego 
con que el alma me dá brincos» 

Manrique, 
Celos tiene la villana. 

Marín. 
Ya no puedo yo sufrirlo: 
ven acá : ¿ cuándo el Macso 
ha llegado á hacer vestido 9 
que á tu beldad no rindiese 
primicias del peudoncillo? 

Casilda 
Desde el dia que aquel hombre 
tendiste como un cochino, 
porque en el campo los tres 
te quisieron matar vivo, 
aun mas que de la Jostiria 
huyes de los ojos mios, 
estás tan otro , que piensa 



4S 



A6 



que no puedes ser el mismo ; 
y esto de suerte, que no 
piensas casarte conmigo * 
¿tan fea soy ? pues yo sé 
que el otro dia nie dijo 
un requebrazo el barbero. 

Marín. 
¿ Y qué fué? 

Casilda 

Porligio esquivo , 
l porqué á tus pobres amantes 
matas t cuando con desvíos 
lian hecho pelar mas barbas 
tus ojos que mis cochillos ? 

Manrique 
Ay Blanca, cuando á memorial 
tuyas la idea dedico , 
¡qué estrangera se halla el alma 
oyendo ágenos carillos ! 

Casilda. 
Pues abrázame , y me iré. 

Manrique. 
Si á que te vayas te obligo 
á tan poca costa f llega. AbrútaU» 



ESCENA II. 

Dichos f j sale Blanca» 

Blanca» 
Al jardín-, ¡Cielo» qué miro! 

Manrique. 
Blanca lo ha visto ¿ ay mas pena»! 

Marín. 
¿Qué importa , »i conocido 



47 
de ella no eres por Manrique? 

Blanca. 
Viendo que es tan parecido 
á Manrique este villano, 
mal el enojo resisto 
de que á los brazos de aquella 
muger llegue. ( ; Ab , cielo i id pío t 
cual estoy , cuando tomara 
unos zelos por partido ! ) 
¿ Cómo , bárbara villana , 
á intentar te has atrevido 
tal indecencia á mis ojos ? 

Casilda 
¿ Pues que su merced ha visto 
en mí , mas que el abrazar 
de esta suerte á mi marido? 

Marín. 
I Otra vez ? 

Blanca. 

Aparta , quita , 
no mi enojo vengativo 
irrites : vete, villana. 

Casilda. 
¿Qué diablos tiene conmigo? 
¿ mas qué le ha dado dentera ? 
pues no importa : á Dios , Juan m\o.Fase 

Marín. 
Yo voy á ver si hallo algo 
con que untarme los hocicos , 
porque ya de estar hambriento * 
vive Dios | que estoy ahito. 



48 



ESCENA III. 

Manrique y Blanca, 

Manrique. 
Ocasión cíe declararme 
se me ofrece, mal me animo f ap* 
que en ardor elado , el pecbo 
vá encendiendo un sudor frío. , 

Blanca. 
¡No he visto tal semejanza! 
pero; jó imprudente delirio ! 
¿para qué memoria, intentas 
persuadirme, á que está vivo f 
¿ Quieres qne vuelva *á creerlo 
para volver á sentirlo? 

Manrique 
Yo me declaro? ¿no basta f 
aleve , traidor Cupido # 
que sufra lo que padezco 
sino también lo que finjo f 

Blanca. 
No sé qué me dice el alma 9 
que el corazón á latidos 
me dá f en pulsados presagios, 
palpitantes vaticinios, 
cuando, ¡ay Manrique! 

Manrique, 
Señora. 

Blanca* 
¿Qué queréis 9 

Manrique 

Habiendo oido 

que me llamáis. 



Blanca 
No he llamado: 
y cuando oso hubiese sido, 
no es á vos. 

Manrique 

Sonó en el alma 
el eco de ese suspiro : 
Blanca, yo soy Don Manrique # 
á tus pi^s estoy rendí Jo, 
tan amante como siempre. 

Blanca 
Hombre, ¿qué dices? 
Manrique. 

<Que digo? 
que soy Manrique de Lara 

Blanca. 
¿Cómo viendo que estás vivo 
al susto , no es una vida 
el precio de un regocijo ? 
? tú vivo ? ¡ pero hay de mí ! 
que presto que lo he creído 
para llorarlo mas presto, 
pues sin poder resistirlo, 
mágico mi pensamiento, 
representa á mi delirio 
muchas glorias , que poseo 
en las fantasmas que finjo* 

Manrique. 
¿ Qué dudas , pues i 
Blanca. 

Si lo crea. 
Mannque. 
¿Y flué recuelves ? 
Blanca, 

Elijo 



43 



so 



creerlo , que aquel instante 
que durare el desvarío 
do alguua ilusión, no deja 
de ser bien, el bien fingido; 
pues en perdiendo Ja dicha 
un venturoso, es lo mismo, 
que el haberla imaginado , 
el haberla poseído 

Manrique» 
Murió en ese monte, un 
hermano bastardo mió, 
que do casa de mis padres 
se ausentó, siendo muy niño 
por ¿er inquieto ; su madre 
era humilde, y por motivos 
ocultos, quizá mi padre 
lio le declaró por hijo : 
\arias fortunas corrió 
hasta da i en ejercicio 
de hombre pobre , ¿ pues qué importa t 
que tnese tan bien nacido , 
si nació mal inclinado ; 
que si forzar no han podido 
»l alvcdi ío los astros , 
los planetas y los signos, 
¿como es fácil , que la sangre 
forzar pueda el alvedrio ? 
V de esto se ha visto tanto , 
que ejemplares infinitos 
pudiera traer, si hubiera 
quien lo dudase remiso. 
£l parecerse á mi tanto, 
no es tampoco lo que admiro , 
porque la naturaleza 
no hace acaso &us prodigios j 



y para tan gramle nial 
tan gran re ni odio previno. 
Ñuño Alruegir g un anciano, 
de los nobles deudos míos, 
íle\ó al Rey á San Esteban 
de Gormáz , pues su castillo 
se conserva por nosotros, 
aunque el Key de León hizo , 
para rendir sus murallas 
Plaza de /\rrpas el Campillo 
Ñuño , como es , aunque noble 9 
Lumbre poco introducido 
(de la Corte siempre ausente) 
seguro está en el recinto 
de San Esteban , pues no 
Je buscan los enemigos 
Yo era , Blanca , quien estaba 
espuesto al mayor prh«»ro 
sí me hallasen , pues por mí 
supieran d<* Alfonso Invicto , 
que anda tan bien encubierto | 
rnas piadoso el Cielo quiso, 
que este disfraz ocultase 
con mi vida ios designios. 
Por loco me tienen todos , 
que ha sido fuerza fingirlo, 
por ignorar de mi hermano 
Jos sucesos y motivos. 
A tus ojos vuelvo, Blanca , 
pobre, humilde y abatido, 
Tío me nhides, que entre tantos 
tormentos como examino, 
sriá el mas intolerable, 
y asi en tus dulces desvíos , 
lo (iue no hiciese lo amante 



51 



$■» 



ha de hacer lo compasivo. 

Blanca 
De suerte, Manrique ingrato, 
¿que sufrimiento has tenido 
para ocultarme quien tiv&i 
¡ ay cuan poco es tu cariño! 

Manrique 
¡ A y Blanca! ¿si Lien supieras 
que tu amor agradecido 
debe catar é lo que culpa, 
porque en ni) amante fiuo 
no hay pena , no hay sentimiento 
no hay tormento , no hay martirio, 
no hay rabia , no hay ansia , como 
amar , sin poder dtcirlo ? 

Blanca 
¡Ah ingrato ! cuan bien hallado 
estabas en tu retiro 
con esta villana , á quien 
le diste á los ojos mios, 
lo brazos; i pero qoe mucho , 
falso, aleve y fementido, 
que en el disfraz de villano 
tan hallado estés, si miro, 
que el propio trage del alma 
el exterior se ha vestido? 

Manrique 
S¡ tan presto como yo 
dejare desvanecido 
ese indicio, tú pudieras 
disuadirme los indicios 
de que el Rey. 

Blanca- 

S'Ua la voi¿ 
no pronuncie inadvertido 



:Sá 



tn labio, ofensa qne víette 
disfrazaba en un suspiro: 
¿ celos me pides , villano ? 
¿vés que te culpo lo omiso , 
y pretendes de lo ingrato 
librarte con lo atrevido? 

Manrique 
Calla ingrata ; i vés que vengo 
á espresarle, el dolor ruio, 
y aun no dejas á mis ansias 
el consuelo de decirlo ? 

Blanca. 
Eres aleve. 

Manrique. 

Eres falsa. 
ülanca. 
Eres ingrato. 

Manrique. 

Soy fino. 
Los dos. 
Eres.... 

ESCENA IV. 

Dichos y el Rey, 

Bey. 

¿ Blanca f 
Blanca 

¡ Ay mas pesares ! 
Mvthrtqüe'. 
A que mal tiempo el Rey vinoj 
celo? t no qnerala hacer 
evidencias los indicios. 

Rey. 
I Qué e* esto ? 



«4 



Blanca. 

Qué le diré ? 
"Manrique* 
Disimular dele nimio. 
Yo soy el Sastre, señor, 
que aquí á la Quinta he venido 
á hacer un vestido á, Blanca. 

i>ey. 
Por ahora podéis ¡ros. 
Manrique. 
Ya obedezco , ¡ Sajjtos Cielos f ap. 

qué dolor ¡guala al mío! 
I yo he de dejar á mí dama 
oyendo ágenos cariños'' 
¿para qué hay ¡ suei te tirana, 
cruel fortuna, hado ¿inf>ioi 
amantes humilde , si hay 
poderosos enemigos r 
li,y. 

¿ No os vais ? 
Manrique. 
S\ señor , 

Blanca- 

¡ Qué ansia ! ap. 

ya con el alma le sigo, 
que me Muerdo de su pena , 
y de mi enojo me olvido. 

Maní iqut 
De ver que u vista de Blanca ap% 

disimular es preciso 
esta injuria , osle desairt t 
í vive Dios que estoy corrido l 
iic/. 

Andad. 



5$ 

Manrique* 
Ya se irán : ¡ hay tal ! 
vaya sumercé aspacito» 
que tiempo hay de enamorar 
mientras se corta el vestido* 

Rey. 
Malicioso es el Villano. 

P^Janrii/ue 
Esconder roe determino 
i escuchar , lo que después 
quisiera no haber oido Escóndese. 

ESCENA V. 
£1 Rey , y Blanca. 

Rey 
Sabiendo, Blanca , que estabas 
en este frondoso sitio , 
estera verde de tontos 
caducos asiros floridos, 
y sabiondo que tu hermano 
ausente está, no he podido, 
con la licencia que el campo 
permite á lo mas exquivo» 
dejar de cegar , mirando 
tus dos luceros dt% ino'a ♦ 
bien que ron temor ; pues cuanto 
á lauta ventura aspiro , 
me están diciendo sus rayuf 
que se vieron convertidos, 
atrevimientos de cera 
en escarmientos de vidrio. 

blanca 
Vuestra ¡Vía gestad , Señor t 
»e acuerde que le ha «ervido , 



í<S 



mi hermano , y que no se premia 
con agravios sus servicios ; 
ó acuérdese dp quien soy f 
porque mi espíritu altivo, 
es tan vario, tan sobervio.* 

Manrique 
¡ Cielos , sin alma respiro ! 

Blanca* 
Que imagino % que no hay hombre 
que me merezca un desvio , 
y si alguuo mis rigores 
esperimenta $ habrá sido 
costumbre en mi, mas no intento , 
porque no hay alguno digno 
de qo> aun para mis desdenes 
pudiese sei elegido. 
Re?. 
S\ son las iras lan dulces , 
oucrer ostentar lo esquivo, 
rrias que castigar la culpa 9 
es coronar el delito ; 
y usi esta mano ... 

Blanca. 

¡ Ay de mi! 
Safe Mal/rique 
Ya no he de poder sufrirlo/; ap* 

la mediúa de esta mau°a 9 
con K.i prisa se ha perdido» 
y asi la vu. Ivo á tomar. 

Rey 
| Qué* villano tan prolijo! 

ufa fifia 
Dejadlo ahora ; ¡ ay infeliz ! 
mucho temo su peligro. 



« 



Manrique. 
j An ingrata' ¡vi*e Oíos , qne 
el que lo «^t.-rve ha sentido! Escóndete* 

Rty 
No me impidan tus rigores, 
con desdén tan atractivo, 
examina < en tus manos 
un incendio cristalino 

blanca 
Vuestra Mo gestad {¡ ay triste!) 
considere. 

Rey 

Éstóv perdió ». 
Mam ique. 

Y aun yo. 

Blanca- 
Muerta estoy, ¡ ah Cielos! 

frlvnriquc 
j Podrá buscar el destino 
mas riguroso d¿»«áíre 
á un uñante bien nacido! 

Rey. 
Esto lia de ser 

B¡ at¿na. 

No ha de ser. 
Sale Manrique 
Hernán Ru i lia vrnuJo : 
que se apea y.*» f que llrga. 

Rey 
A nadie en <l ¡ai din miro: 
üte es li co 

Manrique 

S ; , que tengo 
una locura , que es juicio. 



SR 



Üejr. 

Vete , villano > y aquí 

no vuelvas con otro aviso* 

Blanca. 
Esto se vá declarando. «, 

Manrique 
¿ Pues qué agravio se le hizo 
á su merced en avisarle ? 
¡ rayos, y incendios respiro! Escóndese. 

Bey. 
¿Qué importa di, que tus iras 
roe recaten lo benigno , 
si al pronunciar los rigores, 
á qu<> dulcemente aspiro, 
nace olio nuevo deseo 
de ese modo de decirlos ? 
¡ay Blanca! templa estas ansias, 
este ardor, este delirio 
con una roano 

Blanca, 

Advertid, 
señor, que t%H el honor mío 
con ido, de ver que baya 
quieu á eso se baya atrevido, 

Manrique 
Ya me falta la paciencia, 
y á morir me determino, 
porque donde están n>is celos, 
¿ qué importa mi precipicio f 

¿Quién podrá estorvarlof 



Si 






ESCENA IV. 

Dichos y Manrique, 

Sale Manrique* 

Yo. 
Blanca 
¡Torla soy un mármol frió ! 

ífc/ 
Hombre , ¿quien eres f 
Man) i que. 

Aquí 
rni sev me desconoció , 
y aun v«- no sé si su y yo > 
poique e>loy hiera de nif. 

Vive Dios. 

Dionea 

Señor , advierte 
que es loco: ¡ av vanos* recelos ! 

Manrique, 
l Que qm>n ha balfaao unos celof 
no nueda hallar ona muerte! 

Jiey 
Loco, ó no» iVmte atrevido» 
y porque loa pareceres 
d< I vu¡(;o ;fiiin;ni , que eres 
á Manrique |»ai rcido, 
drtante de (i , su esquiva 
man»» n>« suerte; uuldnjue t 
para que en tí de Manrique 
castigue "na sombra vua, 
que cu fin no lia de darme enfado* 
un loco. 



60 

1 



Blanca. 

i Qué esto suceda! 
Manrique. 
¡ Que resistirle no pueda ap* 

habiéndome ya empeñado! 

Neciamente me desdeña 
tu rigor. 

Blanca 

l Terrible trance! 

Manrique 
¡Mal haya el que antes de un lance ap. 
no mira como se empeña ! 
sino puedo resistir 
no era mejor no saber , 
¿Cielos que quisiese ver 
lo que no puedo sufrir ? 

Blanca. 
*. or estorvar sus rigoreí p ap* 

hasta asegurarle, a fin 
de ausentarme del jardín 
esfuercen fingir favores, 
Señor, Vuestra Majestad: 
jay Dios ! no lia de pretender 
riguroso , que e! poder 
se pase á ser voluntad ; 
despacio mirar intento 
\ueslras prendas , porque amor 
no sea hijo de un rigor 
sino de un conocimiento^ 

ííanriguñ 
Al Rey , Blanca , favorece , ap* 

y yo no puedo vengarme 
( ¡ ay de mi ! ) que el irritarme , 
tanto en mi la rabia crece, 



61 



la ira , el corage , el lirio 9 
el frenesí , la ansia ( yá 
lo dije ) que el atina vá 
esalando un sudor Crio; 
¡ qué locura t qué pasión ! 
el sentido deja en calma # 
que en el incendio del aluja 
se ioc apaga el corazón. 

Rey. 
Pues tan beni^ua te vi. 

Manrique. 
Yo muero. 

Rey. 
Dame una mano* 
Manrique. 
Ab de la guarda. 
Bey. 

\ Ah 3 villano ! 
Manrique. 
¡Ay infelice de mil Cae, 

Rey. 
¡ Mas qué es lo que ba sucedido f. 

ESCENA VII. 
Dichos , y salen Soldados y el Condestabl* 

Toaos. 
¿Señor ? 

Blanca. 

Lance riguroso* 
Bey. 
Disimular es forzoso t ap» 

que el Condestable ha venido. 

Condestable. 
¿ Qué es esto? 



62 



Blanca. 

Nf'cia pasión ;* 
disimulad, y en el centro 
quede 11 las lágrimas dentro 
á anegar el corazón : 
ese hombre que ves aquí , 
que loco dicen que ha estajo f 
entró eu el Jardin llevado 
de un furioso frenesí : 
yo que en SU velocidad 
*i senas dt* enfurecido , 
di voces , á cuyo ruido 
acudió su Magostad , 
que iha á su cuarto: ven tur» 
fué que al verle, un» caída, 
suspendiéndole la vida , 
le interrumpió la locura ; 
y es verdad, que en quien sufrir 
celos debe f y padecer 
por fuerza , no puede haber 
mas locura que el vivir; 
esto es, en fin. 

Re/. 

Ya es forzosa 

disimular. 

Marín. 

Ya yo entiendo 
que es esto , y que está mordiendo 
el desmayo algún curioso; 
pero el Doctor que esto apura , 
tómele el pulso cual rayo, 
por ver si al paso el desmayo 
ha llegado á coyuntura. 
Señor , siempre que imprudeute 
Ocupa algún frenesí , 



61 



al Sastre , le deja asf , 
cual veis , con un accidente \ 
cualquier locura acomoda 
para sí , si bien se apura , 
y en el alma no hay locura 
que él no se vista á su moda, 

ñe r . 
Prended le , pues 

Condestable. 

No hagáis tal 9 
eeñor , que el delito es poco , 
bástale á un loco el ser Joco , 
no le acrecentéis el mal. 

Rtf. 
Pues retiradle 

Manrique- 

Esa ha sido ap. 

)a mejor resolución : 
mas pesa que la razón 
de un discreto presumido. I.lévanla* 

Blanca 
Voyme i llorar su rigor f mp. 

porque eu tanto padecer, 
no hay dolor como tener 
paciencia para un dolor. Vate. 

Réjr 
Mucho mi sospecha crece , ap. 

acción ejecuta ufano 
tan despechada un villano, 
que á Manrique se parece. 
Pierde cobarde el sentido 
de un noble ; ; dolor infiel ! 
el Condestable por él 
vuelve? Mucho he discurrido. 



64 



Condestable. 
Ya t seuor, la ¿ente queda 
en el monte repartida , 
y dispuesta la batida 
por la fragosa arboleda, 
con multitud df soldado» 
tal, que no se escaparán 
los corzo», pues morirán 
en el número anegados. 

Aey. 
Por saber que Blanca está 
con la caza divertida , 
be dispuesto esta batida, 
y por si intentaren ya 
los Castellanos alguna 
sahda , quiero llevar 
tropas, que no hay que fiar 
en la guerra y la fortuna ; 
y asi mi cariño trata 
que Blanca la venga á ver. 

Condestable. 
¿Cómo Blanca puede ser 
á tantas honras ingrata? 

Jiejr 
Pues otra mayor intento 
haceros , entre los dos , 
»e quede , que solo á vos 
fiara mi pensamiento: 
muchos hay q«« «o han creído, 
qoe Don Manrique es el muerto, 
y entre si e» cierto, Ó no e» cierto 
está el vulgo dividid*: 
fio de vuestro valor , 
Velado, que le retéis, 
y que en cartel le llaraefi 



6Í 



públicamente traidor; 

pues asi saber procuro 

si se oculta , ó no , con arte 9 

y del campo, de mi parte 

le ofreceréis el seguro; 

porque si él vive, es forzoso, 

siendo noble, aunque es infiel , 

que parezca , y al cartel 

os responda valeroso; 

y si él que á Blanca sirvió, 

os hace dificultad , 

Velaseo , considerad 

que soy quien lo manda yo Fa»$. 

Condestable. 
Oíd , esperad , señor : 
¡fiera pena , grave mal ! 
el alma se. halla neutral 
entre el amor y el honor: 
no temo (¡ ah suerte tirana!) 
cuando el cartel se publique 9 
el agravio de Manrique, 
sino el ceño de su hermana. 
En vano obligarla piensa 
mi desesperado amor; 
¿no bastaba su rigor , 
sin añadirla ana ofensa t 
Mas si es fuerza , y arrestado 
voy, nadie impedirlo intente 
pues se añade á lo valiente 
también lo desesperado. 



66 

ESCENA VIII. 
JO e cor avio ¿v de Bosque, 

locan cajas y clarines , y salen Soldados , Ñuño , f 
Dona hhira. 

lllvira. 
En esta verde espesura , 
en cuyo denso boscaje, 
músico el céfiro blando » 

pulsa en susurros suaves, 
\erdes sonorosas hojas 
de los álamos y sauces, 
queden ocultas ruis tropas , 
11 ue pues pastilla me lia ce , 
por hermana iU' Manrique, 
en cuyas habanas grandes,. 
inDamauo alienta el brouce , 
elocm -ule \ iye el jaspe, . , 
cabeza de sus milicias , ( H 

contra, la, s,ana abrogante, i ¡«i* 
de Fernando de Leo ti , 
y tanta máguÚM ¿;«aye 
sobre mis hombros, no sé lt s 

si se sustenta ,ó si yace, i%u 

hasta lauto que al Campillo J/l 
numeroso un.cvúmboi pase, . ,- 
que he de corla* valerosa, 
aquí mi í;eu-le. ¿descanse, 
sirviendo de dosel, ese 
obelisco vegetable , 
cuyo peso, el suelo oprime, 
cuyo vuelo estrecha el aire. 



67 



Ñuño 
Gallarda Palas , hermana 
de nuestro' -difunto Marte, 
que de los mayores héroes 
eres bellísimo ultrage, 
perdóname, que no ha sido 
mucha cordura arriesgarte, 
'para romper un c>»mhm 
tu en persona , pues si sabes 
que á San Esteban gobiernas 
con esfuerzo vigilante, 
que está en su poder el Rey f 
á quien no conoce nadie $ 
sino por un hijo mió, 
porque dejen de buscarle f 
los leoneses, ¿cómo intentas 
tan resuelta aventurarte? 
para funciones como esta 
tienes aquí Capitanes , 
que aunque viejos, aun sabráa 
Lacer Jo que se les mande. 

Elvira. 
Ñuño Alroegir, mi valor 
no me consiente quedarme 
en San Esteban: es bien , 
decid que los homenages 
que escogí para defensa 
¿me hayan de servir de cárcel? 

Ñuño. 
, Ruido en el monte se escucha. 

Elvira 
Pues , soldados , á emboscarse , 
y los rudos troncos sirvan 
de bárbaros baluartes. 



6S 



ESCENA IX. 

Manrique y Marín. 

Marín, 
¿ Dónde vas > 

Manrique* 

Voy á morir, 
Marín. 
Bellísimo disparate: 
¡qué haya hombre tan majadero» 
que se muera por matarse ! 

Manrique* 
Ay » Marin, es tan terrible % 
es tan turioso , es tan grande 
el tormento que me aflige, 
el dolor que me combale f 
que el ver que tengo paciencia 
me obliga á desesperarme • 
porque no hay mal mas terrible 
que el sufrimiento en los males 3 
pensarás que fué tibieza. 
que los sentidos faltasen, 
que caducase la vida 
en un hombre de mi sangre 
y de mi valor , al ver 
mis celos; pues no te espantes ¿ 
Marin . que yo diré á voces f 
que si alguno lo culpare f 
no ha sabido tener celos : 
; mas qué ignorancia tan grande! 
Larto sabe ( ¡ ay inielice! ) 
quien tener celos no sabe. 
Casos hay en que es valor 
no tener valor f pues nadie 



kabrl que viendo sus celos , 

cuando á impedirlos no basto, 

no muera , no desfallezca , 

no caduque, no desmaye , 

feo zozobre, no fluctué, 

no desespere, no rabie ; 

y si á alguno le sueede , 

no á mí, pues para esforzarme 

no tengo alieuto ni brío , 

que un suí'rimieuto cobarde, 

es valor en la paciencia ; 

pero es un vaior infame : 

mal hubiese, mal hubiese 

el tosco, el mísero trage 

de un vil hermano, que pudo 

tan humilde disfrazarme 9 

pues si mudarme no supo 

en tan riguroso lance 

el sentimiento : ¿qué importa 

que el adorno me mudase ? 

ahora conozco á cuanta 

desdicha nace el que nace 

á inferior fortuna , cuando 

tiene espíritu arrogante 

y altivo, porque no puede 9 

en entremos desiguales, 

Sufrirse i sí, si á otro sufre 9 

vivir si no sufre á nadie. 

Marín 
De' ja te de esas locuras , 
que el Rey , que á caza esta tarde 
salió, ya las avenidas 
vá ocupando, y ya los ayres 
puebla el sonoroso estruendo» 
en la trabilla y el guante 



69 



70 



de cascabeles que suenan* 
y de sabuesos que laten. 

Dt'nti o. 
Herido vá el javalí. 
Uno 



Otro. 
Al cerro. 

Todos. 



A la fuente* 



Al valle. 



ESCENA X. 
Bichos y Blanca* 

Ulanca. 
Como que sigo á esta fiera , 
aquí pretendo ocultarme , 
donde el alma se retire 
á inlerioies soledades , 
cuando Manrique ¿ qué és esto ? 

Manrique, 
Estoes, innata , pasar.me : * 

á Castilla huyendo ( ¡ay triste!) 
mi desdicha , tus nulidades, 
tus traiciones, fus rieres , 
mis tormentos, mis pesares, 
y mis ceK'S, (ya lo dije) 
pues la 1 orto u a inconstante » 
la fuerza de un pudei uso , 
y tu condición mudable, , 
i ¡ali in^ia.la uiu^r. 1 ) podrán 
hacer que me de^n^aue , i 

mas no «joc Mitra , que uno es , 
si II; -%;i á considerarse , 
desaire de la» lo* tuna , 



y otro es del valor desaire. 

Si anca 
Mi bien , mi Señor , mi dueño. 

Manrique. 
No. tira ñámenle afable 
liquidas estrellas lluevan 
de dos soles de azabache : 
traidora ofendes y lloras ; 
¿qué resistencia hay que baste 
con este líquido encanto ? 
¿qué intentan tus impiedades? 
I quieres que te desenoje 
de lo «|ue tú me agraviaste? 
Si ofreciste al Rey que habias 
(vanos rezelos , dejadme) 
de considerar sus prendas 
para persuadirte á amarle. 

11 7 tinca 
Ay mi bien , si bien supieses 
de mi proceder constante , 
que tienes que agradecerme, 
Jo que llegas á culparme. 

Manrique 
¿Esto mas ? cuanto vá que 
consigues en ini dictamen 
(según eres) que yo mismo 
t* agradezca que me mates? 

Ji tanca. 
¿A un poderoso ofendido , 
porque tú no peligrases , 
fué delito procurar 
con un engaño templarle? 

Manrique 
Calla, alevosa: ¿ no era 
mejor, di, que lo negases ? 



7 i 



71 



J el repetirme la culpa 
es modo de disculparte? 

Blanca. 
Tú no te hos de ir. 

Manrique. 



Suelta. 



ESCENA XI. 
Dichos y Casilda. 

Casilda , 
Suelte. 

Marín 
Mugei , e! diablo te trae 
siempre á* enredamos , pues eres 
siguiéndole en cualquier parte 
muger á latere , y é| 
marido á nativitate. 
C asi l da 
Agarrar á mi mando, 
es indecencia muy «rande: 
¿ y á mis ojos ; á mis ojos? 

Llanca 
¡Esto falta á mis pesares ! 
quita villana 

Casilda 

No quierOf 
ella es quien ha de ■ pirtatte, 
que mi marido futuro, 
aunque pretende inquietarle, 
es muy mió, que á estas huras 
inr cosió rü¿s de cien reales. 

Marín 
Nu es muy barato el marido 
para baber sido de lance. 



Manrique. 
Dice bien, que es mi muger f 
y yo no puedo negarle , 
que la quiero y que la adoro* 

Casilda 
Y vo* , pues esto escuchasteis . 
»»o inquietéis hombres casados 9 
que en el Campillo hay galanes* 

Blanca 
¡Cielos ! ¿ por una villana 
este desprecio me hace 9 
ofendiendo mi¿ cariños. 
y ajando mis vanidades? 
j que ira ! 

Casilda 

Porque lo Y«i , 
vuelve, mi Juan , á abrazarme. 

Mam ique 
Brírbara, villana, quita y 
no me obligues á arrojarte, 
donde ese rio te ofrezca 
inouumentos de cristales. 

Casilda . 
¿Qué te ofende ' 

Manrique. 

Ser muger, 
qne si todas son iguales v 
á todas las abornzeo 
por falsas, y por mudables. 

Casilda. 
¡A mí este respingo, Cielos! 

Jiianca» 
¡Cielos á mí esl* desaire! 

Casilda 
De él te ha de vendar mi furia. 



71 



74- 

Blanca, 
De él mi enojo á de vengarse. 

Casilda, 
í Ah ministros ! 

Blanca, 

! Ali soldados ! 

Marín 
Por Dios , señores que callen , 
que al espar tillo podrán 
coger entrambos gaznates. 

Blanca. 
¡Ah soldados de León ! 

Casilda. 
Guadamaciles, y Alcalde. 

Manrique. 
Casilda oye , Blanca advierte. 

Marín. 
¡ Ah si ahora se acatarrasen ! 

Blanca. 
Venid*, que aquí está Manrique. 

Casilda 
Venid á prender el Sastre. 

ESCENA Xtí. 

Dichos ,y sale por un lado el Alcalde con Filíanos , y 
por el otro Fortuny Soldados. 

r^oriun 
l Dónde Manrique estará ? 

r'cj'-fc. 

¿ Dónde él Sastre se oculló ? 
Casilda. 

Valgamos Dios, . quice yo? 

Blanca» 
l A y Dios , en qué riesgo está ? 



7* 



Manriaue. 
¡ Ab ttin^rps , ofendidas ! 
¿ quied hay que sufriros pueda ? 

Marín 
No diera en una almoneda 
dos blancas por nuestras vidas. 

Blanca. 
Que es el vSastre les diré, 

Casilda 
Que es Manrique diré yá. 

Vvjrte. 
¿ Adonde este Sastre está ? 

i ortun 
¿ Por dónde Manrique fue ? 

Blanca. 
Ese Sastre. 

* Manrique- 

Y muy honrado. 

Blétfiéa 
Lo dirá , pues lo vio yá. Vásc. 

C a sil iia. 
Don Manrique os lo dirá, 
que es el que está disfrazado* Vaie. 

Marín 
Entre cuero y carne estoy , 
cuino la espina , metido. 

t cjrle 
Este.es p| Sastre atrevido: 
¿ piensa que tan tonto soy f 
Venid preso. 

Fortun 

Vuecelencia 
venga preso. 

Fe jete. 

Ea llevadle. 



76 



Manrique» 
Al capitán , tí alcalde 
es tuerza hacer resistencia : ap, 

como humilde , la justicia 
me busca por homicida , 
y tanta gente lucida 
por Manrique me codicia: 
el alcalde es un villano t 
que poca gente acaudilla , 
mas de mi R-y de Castilla 
vibra la vara en la mano: 
el capitán , trae con brío , 
luuchos soldados armados ; 
pero de un Rey son soldados 9 
que es enemigo del mió : 
resistirle solicito ; 
pues mas á buscar convida , 
t»n riesgo contra mi vida, 
que contra el Rey un delito: 
esto ha de ser en efecto : 
tenor capitán. 

Foriun. 

? Que manda 
Vuecelencia ? 

Manrique» 

Oíd aparte. 
Marin 
Mocho el temor me emoarata , 
que pienso qmj con el Sastre 
tenemos obra cortada. 

Manrique 
Manrique de Lara soy , 
y porque yá que se añada 
una desgracia , no venga 
con desaire la desgracia » 



77 

•s suplica , que ausentéis 

esos villanos, que infaman 

mi nombre, pues yo estoy pronto 

á rendirme á vuestras armas. 

Fortun 
Si llevo á Manrique preso , 
; qué grandes premios me aguardas! 

Manrique* 
Auséntese la justicia , ap. 

que el riesgo no me acobarda. 

Fortun. 
Idos , villanos de aquí, 
que á nosotros reservada 
CStá esta prisión. 

Pejett* 

Par Dios, 
si su merced idos dejara 
le habia yo de aboicar, 
fin escocharle palabra , 
que yá el escrebiano tiene 
Bauy sustanciada la causa. 

ESCENA XIII. 
Fortun Manrique y Marín» 

Fortun, 
Vuecelencia , señor , venga 9 
que yo, y estos cantaradas 
le iremos sirviendo humildes 9 
mas de escolta , que de guarda» 

Manrique. 
¿ Luego ustedes han creído , 
que soy Manrique de Laraf 

Fortun. 
4 Pues no f 



78 



Manrique. 

Caballeros tnioi, 
no andemos en pataratas, 
yo sov sastre en el Campillo , 
sucedióme una desgracia , 
persigúeme la justicia , 
valíme de esta maraña' 
para escapar de sus manos ; 
lo que resta', es que se vayan 
por ahí vuesas mercedes , 
yo por aquí , V Santas Pascuas. 

Fortun 
Eso no , que ya el llevaros, 
seáis quien fuereis, á las plantas 
del Rey , mi persona aquí , 
sin que otro recurso haya 
se empeñó. 

' Manrique . 

Vuestra persona 
muy buena es para empeñada , 
que vale cualquier dinero ; 
pero yo no he de sacarla 
del empeño , y si lo intenta , 
no os anemjo la ganancia. 

Fortun. 
En fin habéis de ir. 

Manrique* 

No be de ir, 

Fortun. 

¿ Cómo si mi gente es tanta , 

V vos sois solo , podréis 

resistirlo r 
■ 
Manrique. 

A cuchilladas. Embiste. 



29 

Marín, 
A ellos , Sastre que cortar • 
coa ligera f y con espada. 

Dentro lados. 
Acudid , acudid lodos. 

tortun. 
Un ray ( o.cs , que se desata. 

ESCENA XIV., 

Manrique y Marín , y salen el tíey , el Condestable^ 

Blanca , Casilda y 'Soldados , y con tznablo la Dama. 

. 

Rey. 
¿Qué es esto ? 

Condestable. 

Tened maldad os , 
suspended todos la sau*,.. 

f H , Manrique. 
En grande peligro estoy. 

. Casilda. . 
¡Ay Juan Rftft de lujalrna! 

Blanca, .nú 09 
¡Cielos yá se lia convertido 
^Compasión mi venganza! 

¿Qué ejjtfto , di^o otra ye* ? 

Marín 
Yo loídué * pues que callaa 
tddos : jSenor , esto es y 
quq 6: es te loco , á es le panarra 
de estcSastre ( qué gran gusto 
es decir, nachas infamias t . 
de cuando en cuando un criado , 
de su amo cara á cara ) 
le d.u un iienesí , de acuello» 



ít 



qne siempre sujetos andan 
á crecientes de la luna ; 
aunque si bien se repara f 
también se queda á ia luna 
cualquier locura menguada. 
£1 que algunas veces dice , 
que es Rey , algunas . que es Papa 
como ha oído decir siempre, 
que á Don Manrique de Lar* 
se parece, dio en que era él¿ 
viendo que lo declara , 
esos soldados que veis , 
y vendiendo muchas fanfarrias p 
valientes áncoras vivas , 
fueron á echarle la garra; 
pero mi amo entonces , viendo 
que hacen del peligro gala f 
á fuer de sastre pretende 
«cuchillarles las calzas. 
Condestable* 
Loeo en fia. 

Re?. 

Recelos 9 macha 
mis sospechas se declaran; 
hacedle colgar de un árbol. 

Manrique 
¡ Ay soerle mas desdichada! 
fuerza es fingir mi locura f O) 

vamos , pues el Rey lo manda » 
donde en la primera encina 
he de ser bellota humane \ t 
mas yo resocitaré , 
é volvere de fantasma 
6 asombrarle en cualquier parte fl 



81 



Casilda 
Seuor Rey , por las ent rañas, 
de la Virgen no me dejen 
doncella y desmaridada . 

Blanca 
Señor, ved que inútil mente 
s« ejercita vuestra sana, 
poique en un loca , el castigo , 
ni es castigo, ni es venganza. 

fírjr 
Dejadle, que ya no habrá 
sentencia tan temeraria 
que le condene, si él liene 
tal indulto , que le valga ; 
si es Manrique, viva y viva 
siempre á mi vista , pues clara 
cosa es, que si muere ahora, 
y como noble lo calla, 
de saber donde está Alfonso 
perderé las esperanzas. 

Manrique. 
¡Que aun la dicha de vivir 
ba de venir distrazada 
á no conocer si es dicha 
en unos celos ! ¡ ó ingrata ! 
¿ por mí pides ? ¡ uo es mejor 
una muerte, que una rabia t 

Rey. 
Ahora falta otra esperiencia: 
supuesto que ella es la causa 
de la muerte y la pendencia , 
dad la mano á esa villana. 

Casilda. 
Eío , si señor. 

6 



Í2 



Manrique. 

I A y triste! 
Blanca. 
¡ Qué dolor ! 

Casilda. 
¡ Qué gusto! 
Manrique. 

¡Qué ansia! 
Mario. 
I Pues para qué dicen , que 
Je perdonan si le casan ? 

Blanca. 
¡Ay infeliz! dt* sus labios 
pendiente i;stá toda el alma. 

Muí trique. 
¡ Ay de mí ! que al ver que cortan 
los buelos á mi esperanza, 
el corazón eu el pecho ap. 

tiene abatidas las alas : 
sin Blanca , vivir no puedo. | 

Marín. 
Hombre , dame aquesa mano :< 
¿ qué te yelas í ¿ qué le pasmas ? ap { 

Manrique 
Yo , sí, ¡ ay Blanca I 
Marín, 

¿Quánto v& 
que otra vez se nos desmaya ? 

lie y. 
\ Cielos , este es otro indicio. 

Jjlatn a 
Aun cou ]n tlu.la iim' agravia. 

Contieslaole. 
I A qué aguardáis ? 



83 

Rey. 

¿ Qn¿ esperáis ? 
Manrique. 
Espero. 

Dentro. 
Guerra , guerra, arma. Clarines. 

Rey. 
I Qué es esto ? 

Condestable. 

.A lo que parece , 
entre las ásperas ramas , 
los castellanos , nos van 
cuitando en una emboscada* 

Manrique. 
Para estorvar la raía , vino 
á buen tiempo su desgracia. 

Dentro Elvira. 
Mueran todos, y pegando 
luego* á los troncos y jaras, 
á nuestros incendios , sea 
verde Troya esa campaña. 

Rey. 
Esto es lo primero : todoS , 
en defensa de estas damas , 
Lagamos frente. 

Condestable. 

Antes que 
nos corten la retirada , 
ocupemos las surtidas. 

Blanca. 
Nosotras, en confianza 
«de su defensa, podremos 
escapar. 

Casilda. 

¡ Ay desdichada! 

* 



i 



Rey. 

A ellos , leoneses 

Dentro Ñuño. 
A ellos | castellanos. 
Todos 

Arma, arma* 

ESCENA XV. 

Manrique y Marín. 

Pilarín. 
¿ Qué haremos ahora nosotros, 
señor » cuando ya trabada 
la escaramuza, unos y olios, 
por cascarnos , nos atacan? 

Manrique. 
No es poca dificultad, 
pues de una parte mi dama 
y de otra mi Rey, no sé, 
que resuelva ; aqní me llama 
mi amor, y mi honor aquí, 
y á vista de la batalla , 
mientras está ociosa, está 
mi persona desairada. 

Dentro Llanca» 
j A y inielice de mí ! 

Manrique. 
Pero estas voces aclaran 
mi duda. 

Dentro Elvira. 

¿ A«>i , castellanos, 
mi valor se desamparar 

Miinri<]tic- 
Ya es otro el f Bípedo , ¡Cielos! 
que esta voz es de mi hermana. 



fS 



Dentr&. 
¿No hay qoien me socorra? 
Manrique. 

Sí. 

Dentro. 
¿No hay quien me socorra ? 
Manrique 

Sí, 
ya mi valor te acompaña, 
que antes que todo es mi amor. 

Dentro Kivira 
Sold ados , i no hay quien me valga ? 

Manrique. 
¡Cielos ! i qué haré en tantas dudas f 
¡ó quien acudiera a «'iiliarabas ! 
á mi dama por mi amor, 
y á mi hermana porque en tantas 
desdichas , es el escudo 
de mi Rey y de mi Patria 

Mm in 
Tú has hallado hada duda 
para no sacar la espada. 

Manrique 
¿Eso sospechas ( villano? 
pero supuesto que estaba 
dfhajo de este di/fraz 
con adornos y con ^alas desnúdalo» 
para pasarme á Castilla ; 
disimúleme ** v sta handa t 
que la ocasión me dirá 
lo que he de hacer. 



85 

ESCENA XVL 

Blanca con el venablo , y Elvira con la espada desnu- 
da , j des? ues Manrique* 

Elvira. 
Ya que pude, acompañada 
de mi gente , de un peligro 
salir, viéndole , bizarra 
leonesa , de ese venablo 
blandir arrogante el asta, 
siguiéndote vengo. 

Blanca. 

Pues 
suspende veloz la planta , 
castellana , sino quieres 
que so cuchilla acerada 
te detenga 

Elvira, 

Tu escarmiento 
castigará tu arrogancia. 

Llanca. 
Tu soberbia. (i) 

Manrique. 

Suspended 
bellas deidades la sana. 

Las dos 
¿ Quie'n eres , hombre ? 
Manrique 

Quien soí# • 

pretende, que no comba tan 
dos soles, dos firmamentos, 



( i ) Al ir d embestirse , sale Manrique , con la ban- 
da en el roslvo, y se pone en medio» 



87 



dos prodigios. 

Blancal 



Quita. 



Hhira. 
Aparta. 

Dentro Fortun. 
Acudid todos , que está 
en grande peligro Blanca, 
y es Dona Elvira la que 
ya de su gente apartada 
íe mira ; llevadla presa. 

Manrique. 
No es fácil , mientras mi espada 
sabe estorvarlo 

Elvira. 

Y la mía. 
Blanca. 
Y yo, que es acción hidalga , 
amparar al enemigo. (i) 

ESCENA XVII. 

Dichos , y el Condestable con vanáa en el rostro. 

Condestable. 
Viendo el riesgo eu que se halla 
Elvira , á favorecerla 
mis lealtades so disfrazan. 

Elvira 
¿Quie'n sois vosotros, á quien 
hoy debo finezas tan tas f (a) 

Manrique. 
Yo no sé quien soy. 



(i) Los tres á una parte* 
(a) Se pone d su lado» 



88 



Condestable. 

Yo sí , 
Elvira , que quien te ampara 
es quien estr guante tiene. Dásele» 

Elvira 
Para conoceros, basta. 

Fortun. 
Daos á prisión 

Todos 

De esta suerte 
veréis la empresa legrada. Embisten* 

Elvira. 
Yo os agradezco el socorro, 
y me ausento, porque airada 
en mi defensa, mi gente 
viene , diciendo Vase* 

Dentro 

Arma , arma. 
Blanca 
¿Quie*n serán estos soldados? 
mas supuesto que se abalizan 
a! uiojite, y á mí me dejan 
secura la retirada , 
yo me ausento. 

ESCENA XVIII. 

Manrique , el Condestable , y luego el Rey. 

Manrique 

i Pensaieis 
que queda muy obligada 
mi persona del socorro ? 
purs antes es tan contraría 
la acción, que he de saber quien 
tan á costa de mis amias 



83 



pudo hasta ahora guardar premia 
que volviese á aquella dama. 

Condestable. 
Solo el acero responde riñen* 

á pregunta tan osada. 
Sale el Rey 
¿Qué es esto? quién son los que 
para reñir se di>f razan ? 

Manrique. 
Un enigma es 

Condestable. 

Un portento. 
Manrique. 
De desdichas 

Condestable* 

De desgracias. 

Z,os «os 
De ráhias , iras y males, 
que al veros á vos la cara. 

Manrique. 
Aunque se att&enta , no huye. 

Condestable. 
Se ausenta f y no se_ acobarda. 

Hejr 
Puesto que los castellanos 
van dejando la campana, 
á ellos t Leoneses míos , 
pues importa poco ° nada 
qu»' s«*an portantes ó enigmas 
de iras, de mal**, de r alnas , 
cuando d ; ce el ronco estruendo 
de las trompas y las cajas. 

7:1 y todos 
Arma , , arma , guerra , 
guerra , guerra , arma > arma. 



90 



ACTO TERCERO. 

ESCENA PRIMERA. 

Decoración de campo frente a los muros de San 

Esteban. 

Salen Manrique y Marín disfrazados como denoche* 

Manrique. 
Cuando piso del prado las alfombras f 
se me anegan los ojos en las sombras. 

Marín. 
La noche es tal f señor f que á lo que creo j 
tiento la obscuridad , mas no la veo. 

Manrique, 
En la tiniebla fria , 
la noche luce , y se obscurece el dia. 

Marin» 
Tanto , que al ir andando, 
aun con el pensamiento voy tentando. 

Manrique. 
Ya al valor tuyo y mió, 
de. puente , y no de vaya , sirvió el rio. 

Marín. 
Y como ya nadando rne aviaste, 
el vado, aun las palabras te mojaste , 
qus eres el primer sastre que procura 
remojar la palabra en a¿;ua pura. 

Manrique. 
Este de San Esteban es el muro , 
y á su (entro llegué ya tan srguro 9 
á emprender la mas notable hazaña 
que. á la posteridad vincula España. 



9L 



Marín 
; Señor, no me cfiriís á que venimos? 
Del Campillo salimos , 
y este n » esguazamos t 
y eu San stéban de Gorroáz estamos. 
Declárate, que ya venir me apura 
con amo obscuro en noche tan obscura. 

Manrique. 
Y¿ sabes tú q i? osaduá , 
alannos castellanos emboscados, 
siendo su ir e rile noche la montana, 
que en sombras vegetales nos engaña, 
ocultarse pudieron 

Marín. 

Ya sé noe á 1 embistieron, 

1 
y q<" to » 

la noche fué pj .tuesto. 

Pues sah^ que después ( juíés preciso 
que te suspendas, Blanca me dio aviso, 
'de que supo Fernando por muy cierto 
dónelo mi \\ ev Alfonso está encubierto , 
y que un traidor de un Castellano ulano , 
que es mucho sev traidor y castellano) 
al Rev de León escribe que el se atreve 
(ruando ♦•! Sol en pirámides de nieve 
se sepulte ó s«« embarque en urna Iría 
para llevar al Occidente el día , 
á entregarle esta pla^a) ¡traición fiera! 
Como i la empresa un capitán viniera 
ron seiscientos soldados , 
mas que líe acero de valor armados, 
que la sena seria estar cantando, 
como para impedir el sueno blando , 
pues en el muro está de centinela , 



V 



que siempre en no dormirse se desvela: 

todo esto supo Blanca , porque, tiene 9 

\iendo cuanto á mi vida le conviene; 

quien le investigue atento 

del Rey cualquier motivo ó pensamiento? 

yo (aunque tan presto) espero ver cumplido f 

osado y atrevido, 

el plazo señalado , 

en que públicamente me ha retado 

el Condestable ( ¡av penas mas crueles!) 

lijando en todo el Reino los carteles : 

avisado del nombre y de ía sena 

con mi valor altivo, que me empeña 

en la defensa de mi Rey valiente, 

llegó á su muro anticipadamente 

á hurtar la seña y nombre, 

y á defender la plaza ; no te asombre , 

que en cosas temerarias, el pensailas, 

mas es el emprenderlas que el lograrlas. 

Vengan, pues los Leoneses, que á su brio » 

sepulcro bondoso le construye el rio , 

llevando en v«z de espumas , 

rotos arneses y mojadas plumas 

Mari n. 
Y á eso solo venirnos dos barbados , 
solos, deuoche , á escuras y mojados 
de haber pasado el rio, hados esquivos f 
sirviéndonos de tino 
el tener tan sabido este camino , 
que entre la oscuridad , sin vanagloria , 
nos pudo servir de ojos la memoria ? 

Mam ique. 
Hacia aquí siento ruido , 
tentar podemos va con el oído. 



Marín, 
¿Tentar con el oído? guarda Pablo, 
que por ahí mil veces tienta el diablo; 
jamás he resistido 
la tentación dulcísima Je o'do. 

Canta un soldado. 
Con la sangre de Manrique , 
cuando drl susto se quedan 
descoloridas las rosas, 
se encienden las azucenas , 
¡ ay que dolor , qué rigor , qué pena ¿ 
traiciones vivas , y lealtades muertas» 

Manrique, 
Esta es la seña 

Marín, 

Tu tragedia canta. 
Manrique. 
Es de una dulce voz la fuerza tanta 9 
de su dulzura tanto es el hechizo , 
que suspender la cólera me hizo; 
porque una habilidad tanto entretiene 9 
que aunque en fin se aborrezca á quien la tiene, 
el rato lisonjero que se atiende , 
fino borra el enojo , le suspende ; 
y aunque ahora cantar mi muerte intente, 
¿qué importa, si la canta dulcemente? 

Marin. 
Disculpa tiene , el que á querer se emplea 
¿dama que cantare, aunque sea fea, 
y aunque diga , al mirarla con enojos , 
¡ ó si para la voz hubiese ojos ! 
| ó si a la voz le diese cara el viento I 
¡ ó si la voz se viese por el tiento ! 

Canta un Soldado, 
Dióle la muerte un traidor 



S4 

cuando en un caballo vuela ; 
pues d una muerte alevosa 
quien rías huye mas S¿ acerca i 
í 4j ÜUC dolor / ect 

M<:rin. 
Siempre al muerto le alaban mentecatos: 
¡ quien pudiera morirse algunos ratos ! 
¡ ó si^lo ! esto no puede yá sufrirse : 
¿ para ser bueno es menester morirse ? 
Manrique, 

, Calla, 
Marín 
Que be de calcar , si. hay majaderos 
críticos y severos , 
que con juicio profundo , 
á otro no alaban porque está en el mundo, 
y aplausos dan eternos , 
al que estará quizás en los infierno*. 

Canta un ¿toldado. 
De León el Condestable f 
públicamente le reta , 
para matarle la fama 
ya que la vida zstá muerta : 
¡ Ay que dolor / ect, 

Manrique, 
Como anda mi tra^dia tan valida >. 
ya se canta en Castilla. 
Marín. 

Nunca olvida 
la poesía celebrar las glorias 
de los que solicitan las victorias: 
no hay hazaña ó tragedia que no alabe 
los que no estiman á quien esto sabe, 
no es posible que intenten 
hacer jamás ha¿aüa que les cuenten. 



9$ 

Manrique. 
Este el traidor, en fin , y esta la seña 
es , ya el valor roe empaña ; 
y viendo el corazón , á que se atreve , 
para encenderse roas sus alas mueve 
llamar : ¿ quien creerá , 
que este con las voces mesmas 
que canta mi muerte, está 
celebrando sus exequias ? 
Marín 

Quien te conozca. 

Manrique 
Ah del muro : ah del muro. 

ESCENA II. 
Dichos y un Soldado» 

Arriba Soldado, 

I Quien se acerca ? 

Manrique. 

León , León. 

Soldado, 
Ya os conozco , 
y bajo á abriros la puerta. 

Manrique. 
Engañóse con el nombre : 
¡ es imposible que sea, 

II i noble, ni castellano, 

quien tal vil traición emprenda! (i) 

Soldado. 
I Vos, según el nombre dijo , 
que os escuchó mi advertencia , 
de e¿ta facción sois el cabo? 

(i) Abren un postigo , y sale d él el Soldado. 



2$ 



Manrique. 

Sí soy. 

Soldado. 
Pu«*s haced que venga 
vuestra $;enie t en sorda marcha , 
acercándose á la purria , 
que yo ea ella estoy de posta. 

Marín 
Y aun á posta ha estado en ella. 

Manrique. 
¿ Pues qué han de hacer? 
Soldado, 

Ocupar 

torreones y fortalezas , 
y despierten los vecinos 
á la muerte , si despiertan. 

Manrique 
Primero os quiero premiar. 

Soldado. 
¿ Cómo ? 

Manrique. 
De aquesta manera Dale. 

te pago : muere traidor. 

Soldado. 
Muerto soy. 

Marín» 

Réquiem eternami 
buena paqa. 

Manrique. 

¡ Qué* traición | 
de esta suerte no se premia! 



97 

ESCENA III. 

Dichos . el Condestable y Soldados, 

Condestable 
Supuesto que el IV y me envia 
á ejecutar i a ínter presa , 
y ya escuchamos I* voji 
que ha de .vivirnos de sena , 
lleguemos á la muralla. 

$ oíd» *do 
Las puertas están abiertas, » 

y en ellas hay dos soldados. 

Marín 
Por Dios , señor , que se acercan 
runchos , imagino que 
anda la noche iuuesta 
con k\ día a ClSíoi iones. 

Manrique, 
No sé yo tle qué Jo infieras. 

Marín. 
¿ De qué ? de que ahora les nacea 
mil bultos á las tinieblas 

Condestable. 
Veamos si es vi confidente ; 
León. 

Manrique. 

Ya su voz me altera: 
¿sois capitán leonés? 
Condestable, 

Yo soy, 
Manrique» 
Llegad , que la puerta 
abierta está , entrad tomando 
sus baluartes y almenas, 

7 



93 



antes que los ciudadanos 
despici leu , y se defiendan. 

Condestable- 
Animo, soldados míos: 
¡Ay Elvira , qué de penas 
me ocasionan , que rué. obliguen 
á hacerte tantas ofensas! • 

entrad. 

• i 

ESCENA IV. 
Manrique y Marín, 

Marín. 
¿ Qué intentas? 
Manrique. 

Ahora- 
toca esa caja de «guerra , 
que está en id cuerpo de guardia. 

.Mar i tu 
Yo tocaré di manera , 
que ia liaré hreunar* á palos. (i) 

MsatoriqUe o >Q \ 

Asi harenaoa que lo sientan 
los vecinos, porque quede 
castigada la soberbia 
de los Leoneses 

Dentro todos 

Traición. 
Unos. 
A la muralla 

Otras* 

A la puerta. 









(i) Toca á rebato» 



99 



Manrique 
Ahora varaos ai Campillo, 
a asegurar las sospechas 
de Blanca , y el Rey , y á dar 
el orden en la defensa 
de mi honor, pues que mañana 
cumplido el término queda 
del reto , en »] uo he de salir 
á defender la inocencia 
de mis lealtades ¡ ¡ í orí un a , 
pues tantas ansias me dejas f 
en duelos de honor y celos , 
no te me muestres adversa ! Vase* 

Marín. 
Vamos, pues dentro dejamos, 
travada en esta contienda, 
batalla mo^i^angal, 
que hay vecino que pelea , 
resistiendo á los leoneses, 
en camisa y en calcetas. 

Unos. 
Arma , arma. 

Otros, 

Traición , traición. 

Todos. 
A la muralla , á la puerta. 

ESCENA V. 

Don» TLlvira , Don Nutle , jr el liey Don Alfonso, 

Alfonso. 
No me detengáis. 

Elvira* 

Señor, 
advertir cuanto se arriesga 
* 



ÍOO 



en vuestro peligro. 

Ñuño. 

Aquí 
tenéis soldados , que pierdan 
por vos la vida, no hagáis 
Ja victoria contingencia. 

Alfonso* 
¿Cómo he de sufrir, que cuando 
valido de mi edad tierna , 
disii ala su t irania , 
con pi etesto de cieuiencia , 
el Ri y Fernando mi lio, 
obligándome á que sea , 
huyendo de sus piedades, 
piólugO, y vago en mi tierra, 
aun no me deje seguro 
eu esle retiro r vengan 
mis armas , que yo el primero, 
opuesto á tanta fiereza , 
he de salir al rebato ; 
á mis propios íilos mueran, 
leoneses, que su arrogancia 
fabrican de mi paciencia. 

Ñuño 
No le dejéis vos , señora , 
salir , mientras vá mi diestra 
á rechazar su intención. Vatt* 

Toaos 
Arma, arma , guerra, guerra. 

j, Ijonso. 
Yo he de castigar 

Elvira* 

Señor, 
humilde ms alecto os ruega, 
qu* oa retiréis ; no en tan corto 



/ 



déhit trofeo se emplnn 
la niagestad de un Monarca, 

Dentro 
Mueran todos, todos mueran. 

Elvira 
Esto » señor, os su ni ico. 

Alfonso 
S¡ haré, porque á lo que Ardenas 
tú t Elvira, aunque lo repugne, 
no acierto á hacer resistencia f 
mas con una condición 
Elvira 

¿ Cuál es ? 
Alfonso 
Qne pues tan o presa 
del leones, toda Castilla 
en mi favor hace levas 
de tropas, que á larcas marchas 
mañana á estos campos llegan , 
ir\f* dejéis Acaudillarlas, 
volviendo á cobrar con ellas 
mí usurpado reino ; pues 
el corazón que rué esfuerza , 
cada latido que pulsa 
es una hazaña , que alienta. Pase, 

Elvira 
¡O Majestad ! como luces , 
aun en las sombras envuelta 
de la infancia: qué hivn dijo 
aquella antigua sentencia , 
que U ciencia del reinar 
nace al nacer los que reinan, 
pues como de sí la aprenden • 
aolo ellos á sí se ensenan j 
mas yá que ae retiró f 



10 1 



¿á qué aguarán mi soberbia, 
que del leonés no castiga 
la osadía ? y 

Dentro 

Muera , muera. 

ESCENA VI. 

Salen los Soldados acuchillando al Condestable , que 
cae á los pies de Elvira» 

Elvira. 
¿ Qué es esto ? 

Condestable» 

Dar á tus plantas , 
rendido un hombre , á la inmensa 
muchedumbre que le acosa : 
l mas , qué \eo ? Elvira es esta ; 
muera matando, pues ya* 
no hay otro medio en contienda , 
que á los ojos de su dama 
desairado un noble llega. Embístelos. 
Soldados. 



Muera. 



Morid 



Elvira. 

Deteneos , soldados, 
Condt atable 



Elvira 
Vuestra ira suspenda 
mi persona 

Condestable 

Antes , señora » 
me irrita vuestra presencia. 

Elvira 
El Condestable es , ya este 



Í03 



empeño es de otra materia : 
dejadle. 

Soldados 

¿ Tú le defiendes ? 
¿siendo de aq?ie!los , que Ir lien tan 
sorprendernos, y quien viendo 
frustada su estratagema , 
ha hecho en los castellanos , 
con valiente resistencia 
tal destrozo ? 

Elvira. 

Sí , que ya 
por mi prisioneros queda t 
y de algo le ha de servir 
dar á mis plantas. 

Soldados 

Pues vuelva 
nuestra ira á castigar , 
furiosa , osada y sangrienta 
á los demás, repitiendo. 

7o do s. 
Arrea , arma, puerca, guerra. Fanse. 

Condestable 
Si, supiera yo, que ¡taina 
de sev hoy , Elvira herniosa , 
de puro infeliz, d?ch->sa 
la feliz desgracia mia : 
yo proj)io la buscaría, 
sin hacerla resistencia ; 
porque fuera en mi doleneia , 
el llegar á tí rendid > 
elección, á no babee sido , 
en el destino, violencia. 

Elvira . 
Mas propicio á mi al ved río 



J.04 



hoy el acaso se muestra ; 
pues á ser fineza vuestra, 
no Tuera trriféti mió. 

Condestable» 
¿ Conoccisnie ? 

Elvira 

Vuestro brío 
me advirtió en una ocasión 
esta prenda. 

Condestable. 

Con razón 
\uestra es. 

El pira . 

Mía no ha sido» 
Condestable. 
Para estar desvanpeido 
me basta la presurapcion. 

F Ivirá. 
Vuestra generosidad 
no estimo. 

Condestable. 

) Por qué ocasión ? 
Elvira. 
Porque hay boy mayor razón 
para daros libertad , 
no por aquella piedad , 
con rjfie mi vida , propicio 
defendisteis , doy indicio, 
de qne en mí bailéis recompensa , 
que be de hacer por una ofensa, 
mas que por wn beneficio. 

Condestable. 
I Cómo ? 

Elvira. 
Vos habéis retado 



1)9 



i roí hermano de traidor, 

por vos hoy .se h; r. lia su honor 

públícamenle inf'a tundo: 

yo en sus id a nos he jurado 

defender ( j ah dura suerte ! ) 

su opinión ; con que al que fuerte 

hoy á lidiar m? can vid a, 

he de guardarle la vida , 

para darle Juego muerte 

Quien á mi hermano reto 

solo reta, solo infamo 

á quien defender su fama 

en su cadáver juró 

á mí , puesto que él murió , 

toca lidiar , pues no impida 

el duelo vuestra vcuida 9 

que duros libertad osa 

mi atención , de valerosa 

mejor que de agradecida^ 

Idos , pues , que en Ja estacada 

mañana pareceré 

donde la muirle os daré. 

Tal es mi fortuna airada, 

que contra mí declarada , 

sin qus mi afecto li> impida , 

rae hace, tener ofendida 

á quien deseo obligada. 

Elvira. 
J Y el ofender es querer? 

Condestable. 
No ; pero es en tal pesar 
remedio el idoiatrnr 
á la que llegué á ofender. 

El otra. 
¿Eso como puede ser? 



i 06 



Condestable. 
¿Cómo, si á una «lama bella 
quiso mi cruel estrella 
que ofenda mi sinrazón , 
partee satisf ación 
morirme luego por ella. 

Elvira 
Muy Jura cosa es querer 
el odio á efecto pasar, 
demás que eso es buscar 
nuevo modo de ofender. 

( andestablc- 
Mas fineza viene á ser > 
pues si un imposible sigo , 
al ver que ha de usar conmigo 
su desdén y su razón t 
ya me pongo en la ocasión 
de que ella me dé el castigo ; 
pero esto aparte f mirad , 
que si en el duelo os metéis, 
á un desairé me es ponéis 
en una publicidad : 
de espacio lo reparad t 
pues rendido y cortesano , 
que no he de reñir es llano ; 
y si me muestro rendido , 
mi crédito está perdido. 

Elvira 
Primero es el de mi hermano, 
yo por él he de lidiar. 

Condestable 
Ved que el rendirme me infama , 
pues no saben que sois dama. 

í. i vira. 
¿Pues hay mas que pelear? 



it7 

Condestable. 
Como , si es fuerza quedar 
muerto de cualquiera suerte, 
si me matáis, ya se advierte, 
si os mato , pierdo mi vida , 
y muero si á vuestra herida 
lio logro una dulce muerte. 

Elvira 
Podéis hacer : . «>as qué es esto f 
¿ conmigo os aconsejáis ? 
¿ no os he dicho ya que os vais ? 
líbreos miráis t idos presto. 

Condestable, 
A obedeceros dispuesto 
estoy. 

Elvira. 

Oíd. Quiere irse. 

Condestable 

i Qué mandáis ? 
Elvira. 
Que á esos jardines salgáis , 
jior donde está bajo él muro , 
y saltando del , seguro 
fuera de la Plaza estáis ; 
y tomad , que yo. Dale el guante. 

Cundtstable 

Mi amor f 
que estima tanto, advertid , 
el favor. 

Elvira. 

Tened , oid ; 
¿quién os dijo que es favor? 
el presumirlo es error , 
que al defenderme atrevido , 
fuiste por él conocido , 



108 



y quiero con vana gloria f 
quedarme aun sin la memoria 
de que al^o os haya debido. 

Condestable. 
Mi fina cortesanía , 
que estima, señora, muestra 
llevarse memoria vuestra , 
aunque os quite alguna una. 
Loca , vana fantasía , 
dale á nú industria favor f 
para que nueda el valor 
que mi he<ó:co pecho iuOama , 
sin pelear con mi dama 
dejar bien puesto mi honor. 

ESCENA VI!. 

Dichos y Ñuño» 

Ñuño 
Ya cuantos Leoneses fiaros 
dentro de la Plaza entraron f 
á nuestro valor quedaron , 
ó muertos, ó prisioneros. Clarines; 

Elvir a. 
¿ Qué es esto ? 

Nulo 

Que lisonjeros 
clarines con dulce acento , 
rompen el nomhi e 

Elvira. 

Ya intento 
saber si son de contrarios 
esos tafetanes varios 
de que ahora se viste el viento. 



109 



Nuno 
Yo, señora, las banderas 
que ya claras divisamos , 
las tropas son que esperamos 
de Castilla ; sus hileras 
van poblando estas riberas.) 

Elvira. 
Pues prevenid , que orina na 9 
cuando risueña y utana 
la Aurora empieza á rayar , 
al Campillo han de marchar, 
(¡ ay necia memoria vana ! ) api 

110 me acuerdes que lia de ser 
hoy cuando sal^a á lidiar , 
pues causas un recelar , 
que parece que es temer : 
que importa que tu poder 

se ostente contra el que aquí 

se mustió rendido así ; 

pero en el choque cruel, 

uo espero vencerle á el, 

si antes no me venzo á mí. 

ESCENA VIII. 

Decoración de una Quinta con Jardín 

Sale B i anca* 

Loco pensamiento mió , 
ya que una vez mi tirana 
fortuna quiere que á solas 
hable contigo, á batalla 
te llamo ; y bien digo, pue9 
siendo tú quien siempre Labia 
couiUigo poco cortés , 



ito 



aun no me adulas mis ansias , 

pues no permites que yo 

crea las imaginadas 

dichas que fabrico en ti: 

¿quién te mete, necio én tantas 

advertencias , pues severo 

mis delirios y fantasmas, 

al creer yo que son dichas, 

me acuerdas tú que son vanas? 

y cuando contigo mi afecto descansa 

con el alma hablando no me hablas al alma. 

Dejo aparte que ya el Rey 

con vivas sospechas anda 

de que Manrique es Manrique: 

dejo aparte que su hermana, 

convocando de. Castilla 

propias y auxiliares armas, 

en poner en libertad 

á su Rey está empeñada : 

dejo que Fernando altivo 

en el Campillo se acampa 

todo este tiempo , no tanto 

(como él dice) por mi rara 

hermosura , de quien teme 

hacer ausencia ; que vanas 

quedamos todas, oyendo 

las finezas cortesanas 

de los hombres, que á ninguna 

pesa jamás de escucharlas, 

sin que haya alguna que piense 

que en sus alectos la encanan, 

pues todas les creen sus penas y ansias, 

porque todas juzgan que puedeu causarlas 

No tanto por esto digo 

permanece en esta estancia , 



lil 

cuanto porque desde aquí 

tienen sus tropas bloqueada, 

desde sus alojamientos, 

la fuerte , importante Plaza 

de San Esteban .en donde 

el Rey Alíonso se guarda, 

hasta que á poner Rea) sitio 

dé mas lugar la templada 

primavera, que florida ¿ 

dando al campo nuevas galas , 

cuando los arroyos del yelo desala 

al nevado monte liquidé las canas. 

Todo esto en electo dejo , 

y voy á las dos mas agrias 

penas , que hoy van á mis penas 

añadiendo circunstancias ; 

J.a prjmera e¿, nue avise 

á Manrique que intentaba 

sosprender á San Esteban 

Fernando , bien que ignoraba 

yo, que mi hermano seria 

de facción tan arriesgada 

cabo y director que entonces 

de ningún modo avisara ; 

pues menos importa t que 

logre tan indigna hazaña , 

que no que su vista corra amenazada * 

en golfos de acero , sangrienta borrasca. 

Demás de eso t mas me aflige , 

ver que el dia que seríala 

elraitel .,1 reto.es hoy 

con que es Tuerza declarada, 

de Manrique la persona , 

que en la .sj ngrieu t a , ha talla f 

hermano ó esposo pierda # 



113 



sin saber de Jos infaustas 

trageVÍiás , cual es mnior ; 

¡ ó quien algún modo hollara 

d<* impedirlo S que aunque sé , 

que Elvira vive entrañada 

con la muerte de Manrique , 

y se^uu es s'ú arrogancia , 

por e! hom*-n;^e (]oe hizo, 

no dudo que al duelo salga , 

no hallo yo prrle>to albino, 

Con que quedando salvada 

la objémon de m¡ d.coro t 

en Ir yo va fita ha l alia, 

no tarfto para vencerla , 

cuanto para ctebaracartA : 

mas ay que si penas á mi pecho asaltan, 

mal descansa quien, ea un mal descansa. 

Hoy , pues.... 

ESCENA IX, 
Blanca ,y sale Manrique. ■ 

Feliz yo , si acasa 
la suspensión f que embargadas 
al parecer , tiene ludas 
tus acciones , y palabras 
nie concede Blanca hermosa, 
ocupar entre tus va^as 
especies una memoria , 
que es señal de que me amas , 
si te escuchas , puesto que aun asi se engaña 
oye lo que quiere quien consigo habla. 

Blanca- 
zo px)ca parte, Manrique 
tiene siempre eu las lanlasmas, 



ÍÍ3 

que mi idea asombran , pues 
siempre ini idea ocupada 
tici»e tu memoria , aunque hoy 
dos imanes, con dos causas, 
ia están violentando 
Manrique. 

Dos. 
hlant a. 

Sí. 

Manrique 

Decía i ati' , Blanca , 
pues aunque un amante tenga coufianza 
¿ á quien oír dos , no le sobresalta ? 

Blanca 
El uno son tus lo; tunas , 
y el otro dos temerarias 
empresas, en qtie hoy mi hermano 
tiene la vida arriesgada : 
vuestro duelo ( \ ay de mí triste! ) 
si acaso con bien escapa 
de San Esteban. 

Manrique. 

¿ Luego él 
era quien acaudillaba 
la interpresa ? 

Blanca. 
El era. 
Manrique. 

\ Ah Cielos ! 
Jquíen sabiéndolo, estorvára 
tu muerte , ó su prisión ! 

Blanca 
¿ Cómo ? 

Manrique. 
como á mi industria, Castrada 
K 



114 



su cautela , y avisados 
los vecinos , dieron arma 
en los leoneses , a qtiiea 
dentro yá de las murallas 
no quedó defensa alguna. 

Blanca. 
¡ O, una y mil veces mal haya 
mi noticia \ 

Manrique 

¡ Oh , una y mil vece» 
mal hubiese mi ignorancia ! 
pues si él queda preso, ó muerto , 
roe quedo yo con la infamia 
d- retado, él sin castigo, 
y mi enojo sin venganza. 

Blanca. 
¿ Y eso solo sientes ? 
Manrique. 

Si; 
porque cuando un noble guarda 
á su enemigo la vida , 
es solo para quitarla ; 
y esta atención noble y cortesana, 
piedad cruel es , pero muy hidalga. 

Blanca- 
¡ Ah , traidor Manrique ! 
Al paño el Re/. 

¡Cielos ! 
cuando á divertir bajaba 
á estos jardines comunes 
á mi cuarto y al de Blanca 
mis penas, miro, no solo 
que con el villano habla, 
sino que á solas los dos 
ella Manrique le llama : 



tlS 



el secreto he de apurar 
retirado en estas ramas. 

Blanca 
Traidor ¡Manrique , d«* suerte 
que contra mi sanare airada 
tu saña se muestra. 
Manrique. 

Sí, 

cuando tu sanare me agravia, 

Rey 
¿Qué mas desengaño espero? 
¡el pecho en celos se abrasa! 

ESCENA X. 

Dichos | y Sale el Alcalde y Villanos* 

Vejete 
¿ Aquí decís que eolio ? 
Gil. 

Si: 
mas mira » Alcalde f no hagas 
una mala fechoría 
en Palacio. 

Vejete. 

Pues en casa 
del Rey y decidme ¿ no tiene 
jurisdicción esta vara f 
¿No es suya? Vive Dios, que hoy 
he'de hacer una Alcaldada. 

Manrique» 
Tu hermano. 

Todos 

Daos á prisión. 
Manrique. 
Gomo traidora canalla. 



ESCENA XI. 

Dichos ♦ y *<*te Casilda , y después Manrique y ti Rey. 

Casilda. 
Aquí diz que entró mi Juan: 
¿mas qué es esto ? ay que le agarran; 
av que no puedo rasarme 

Sale Marín 
l De qué dá gritos muesama? 
¿ pero qué es tsto ? 

Manrique. 

¡ Ay traidores! 
Blanca 
¿ Cómo vuestra furia osada 
profana asi me decoro? 

Vejete. 
¿'Pues qué coro le profanan 
si le prendo en un jardín? 

Blanca. 
¿ Quién lo manda ? 

Sale el Rey. 
El Rey lo manda. 

Véjele 
Manda el Rey y roaudo yo* 

Marín. 
Como quien no dice nada. 

Casilda 
\ Ay , Juan mió í si te ahorcan f 
¿ con quien casaré cuitada ? 

Blanca 
¿Vos , Señor , lo mandáis? 
Rej. 

Sí, 
que con poner su garganta 
Á un cuchillo... 



Blanca. 

¡ A y de mí triste ! 
Manrique. 
La suerte está declarada. 

Rey 
Quiero yo satisfaceros 
á las quejas que le dabais. 
Mnrin 

que bien entrara aqui 
el bacer la patarata 

del desmayo y la locura ; 
pero ya hay á quién le enfada. 

Lie y 
¿Qué aguardáis, llevadle presto. 

ESCENA Xií 

Dichos , y sale el Condestable* 

Condestable. 
Dadme, señor, v uestras plantas. 

Rey 
¿ Pues qué es esto ? 
flanea. 

Como pudo.,.. 
Manrique. 

1 Si dentro del muro estaba , 
ya librarse ? 

Condestable. 

Esto es f SeiWr , 
que la empresa malograda , 
porque el traidor confidente 
no cnmpüó bieu su palabra $ 
tus soldados ... 

Bieu esta f 



Í17 



118 



ya se conoce en que paran 
cautelas que no se loaran, 
y no quiero que se aijada 
á la pena oV perderla 
el en lado de escucharla : 
boy lodo es penas j mas ya 
que llegáis , naced que vaya 
á una torre Don Manrique. 

Condestable, 
¿ Don Manrique ? ¡ pena estrana ! 
¿Cíelos, no es esle el villano 
á quien delirios le daban ? 

Casilda. 
¿Que de'n en esa locura? 
vé aquí como se dilata 
mi casamiento. 

Manrique^ 

Primero 
advertid que está retada 
mi persona , y que para hoy 
señalasteis la estacada, 
concedisteis el seguro , 
siendo arbitro en esta causa ; 
y que hoy he de lidiar , pues 
para asegurar mi fama f 
y estar hoy en este sitio 
tengo vuestra salvaguardia. 

fórjete. 
Yo no he ahorcado ninguno 
desde que tengo la vara , 
y he de saber á que sabe. 

Marín 
No haga tal , que en tal baraja , 
no tiene un preso buen juego , 
cuando una muerte le fallan. 



Condestable. 
Pues, señor, en vuestro nombre 
le tengo ya asegurada 
la compaña, y si rompemos 
la fé pública , se falta 
al derecho de las gentes : 
demás, de que aventurada 
queda mi opinión * á que 
motege alguna ignorancia , 
© alguna malicia diga: 
que cuando él sacó la cara, 
no escusé yo su prisión , 
por escusar su batalla. 

Rey. 
Aunque pudiera á todo eso 
responder, que antes estaba 
él aquí oculto, y no vino 
con té de la salvaguardia , 
he de conceder el campo , 
porque mas justificada 
mi ira proceda , después , 
"Veamos como se descarga 
de la acusación impuesta, 

Marín 
Ve, pues, á ocupar la valla. 

Manrique. 
Voy , adonde si una vez 
me presento en la campana 
á pie ; porque de los brutos 
la ligereza no valga , 
vestido el cuerpo de acero, 
con la pica y con la espada , 
que son armas que señalo , 
sabrán , Castilla y España u 
¿sabrá el mundo, y verá el Cielo , 



Í2D 



que Don Manrique de Lara 

es buen caballero , y que 

cuando al Rey A I ion so guarda 9 

ha sabido ser leal , 

á Dios ,alReyyála Patria. Vase¿ 

Rey. 
Yo á ser el arbitro voy. 

Blanca. 
Señor. 

Rey. 
No me digáis nada , 
que cuanto por él pidiereis , 
fomentareis mas mi saña. Fase» 

Condestable. 
Aunque esta , Blanca, es gran pona, 
en albricias puedo darla, 
pues me escusa otra mayor. 

Blanca. 
¿Mayor? 

Condestable. 
Sí t pues me obligaba , 
si no saliese Manrique 
á lidiar con una dama , 
y dama que; pero abora 
esto que te digo baila , 
que. á esperar voy en el sitio 
con las armas que señala. Vase* 

Blanca 
¿Lidiar con dama? esto es hecbo ; 
Elvira sale restada 
al íluelo , y pues otra vez 
habernos sido contrarias f 
yo también saldré , no piense 
Elvira que es mas bizarra ; 
pues con esto, aunque otra vez 



121 

lo diga f veré si baila 

modo mi discurso allí, 

de embarazar que combatan : 

á espacio pesares, á espacio desgracias > 

que aun no me dais tiempo 

para sentir tantas. Fase* 

Pejeie. 
Vamos de aquí , que be quedado 
muy fresco con mis bravatas : 
bravo Alcalde soy, no en vano no% llaman* 
alcaldes de aldea, justicia ordinaria, 

ESCENA XIII 
Casilda y Harin. 

Casilda 
¿ Bí Marin, e*to es de veras? 

Marín 
Pues dime , Casilda , boba , 
¿ no has entendido la trova? 
¿es posible que creyeras 
que era sastre ? 

Casilda. 

i A y que tormento ! 

Matin 
¿ Que tienes , nucía , importuna ? 

Casilda. 
Ay: que rae alegro con una 
retención de casamiento, 
¿ que yo no ascienda á casada , 
cuando ha tanto fie servia 
de done, lia cjiíe podía 
Ser doncella reformada , 
por doncella me persigan ? 

Marín. 
Ya el alabarle es esceso 



123 



de doncella : amiga eso 
mejor es que otros lo digan ; 
y pues vés que. te he querido, 
y ha tres meses , que diciendo 
ando , que me estás queriendo. 

Casilda. 
Pues di , picaro : atrevido , 
¿ tú me confiesas amor? 

Marín 
¿Seré yo el primer criado , 
Loba, que. hava galanteado 
la dama de su señor ? 
¿y mas, cuando ya no espera 
en el mío tu hermosura - 
ver lograda una locura? 

Casilda. 
Ni yo seré la primera , 
que los traiga entretenido? g 
y que á veces alternados, 
quiera amo, á ratos ganados, 
criado, á ralos perdidos. 

Marin 
¿ Luego me quieres , muger ? 
dilo , para que te abrace. 

Casilda. 
Mira , mucha fuerza me hace 
no haber otro á quien querer; 
que la dama mas severa, 
y de desdén mas tirano, 
á un zurdo querrá , si á mano 
no tiene otro que la quiera. 

Mar in. 
Quiéreme f Casilda mía , 
que yo solamente aquí 
te suplico, que ptr iui 



f2S 



te mueras en cortesía. 

Casilda 
Mira , el que tiene caudal, 
de querido , ha de preciarse • 
que el pobre ha de contentarse , 
con que no le quieran mal. 

Htmrin. 
Tú , que estás hecha á tener 
á Manrique por cuidado, 
. has deadmitir á un criado? 

uila , que no puede ser? 
yo lo dudo, y yo lo niego. 

Casilda 
Muchas hay muy entonadas, 
á Príncipes enseñadas , 
que van á picaros luego. Clarines. 

Marín. 
Detente, que los clarines 
fin á la platica han puesto 9 
pues nos avisan , que ya 
á la valla van viniendo 
los del duelo 

Casilda. 

A verlos vamos, 
puesto que son los torneos f 
desafíos, que no importa, 
que antes lleguen á saberlos. 

ESCENA XIV. 

Jíl Bey sentado en un trono , y abajo Fortun , y Sol~ 

dados , corno guardas , y valla puesta en el tablado ; y 

salen Casilda y Marín. 

Fortun. 
Ya los del duelo, señor , 
la licencia están pidiendo 



124 

para entrar en la estacad* 
á combatir 

Entren lueg*. 
Fortun 
Hágales señal la marcha , 
y vayan entrando dentro. (i) 

ESCENA XV. 

Van entrando wr un palenque los padrinos , el Con- 
destable armado de todos armas ; des/mes Elvira del 
mismo modo , y después Manrique con varas tornean- 
do , toman puestos , y luego entra Blanca con Si¿ 

padrino 

Rey. 
Cuatro vienen , ¿quién serán f 

Condestable 
Tres vienen , cuando uno espero : 
¿ Qué ffi^ra ( ¡ a y de mí !) que Elvira i 
fuese acaso el uno dellos? 
que nada de su arrogancia 
dudo. 

fortun. 
¿ Cuál es , caballeros, 
Manrique de Lar a ? 

Los Padrinos. 

Este es. 
Marín 
Duplicados , como pliego. 

Fortun 
¿Pues hay dos Manriques? 



(i) Tocan cajas y clarines. 



i 25 



i?£/. 



Todos 



alcen para conocerlos 
las viseras. 

Elvira. 

Yá la mia 
lo está, y si á decir roe atrevo 
que soy Manrique, es verdad , 
pues yo juré defenderlo 
en sus ya difuntas manos , 
y yo solamente puedo 
por él lidiar, contra quien 
le reta después de muerto. 
A cuyo electo , fiada 
de este leal escudero , 
de San Esteban salí, 
y traigo el rostro cubierto , 
porque al ver mi aliento heroico , 
al choque cruel resuelto , 
que no lidia con las damas 
no dé alguno por pretesto. 

Condestable 
l Qué gallarda bizarría ! 

Marín. 
Aun no conocen sus fieros. 
Manrique. 

Tu resolución heroica , 

bella Elvira , te agradezco ; 

pero aquí á Manrique tienes , 

que sabrá escuchar tu empeño. 
Elvira. 

I Qué miro ? ¿ tu eres Manrique ? ; 

¿como puede ser, si muertt 

te toqué yo mesma ? 



126 

Manrique- 

Cómo \ 
era un cadáver supuesto ; 
y porque esto no es de aqui , 
que no me estorves , te ruego, 
volver por mi. 

Elvira 

No haré f 
que foei*a dejar mal puesto 
tu valor f viviendo tu , 
emprender otro tu duelo y 
y mas cuando en tu favor 
yá competidora tengo. 

Blanca 
Y yo t sabiendo que Elvira 
se introduce en el torneo 
asi , para que no piense 
que me escede en lo resuelto 
y bizarro , como porque 
dejamos pendiente un duelo 
en otra ocasión , á hallarme 
de mi hermano al lado vengo. 

Condestable» 
Aunque tu fineza estimo 9 
de tus arrojos me ofendo; 
l pues cómo ? 

Blanca. 
Aqui 9 ni aun 
sufrir los enojos quiero (i) 

Condestable. 
Las lanzas quebradas yá 
lleguemos á los aceros: ^ 

( i ) Empiezan á batallar , y en quebrando las lam- 
bas representan. 



127 



Dentro. 

Arma f arma. 
Rey. 
Suspended , parad : ¿ qué es esto f 

Fortun. 
I Qué ba de ser ? sino que llega 
ejercito tan inmenso 
de Castilla, que ocupando 
todo el vecino terreno, 
el aire viene estrechando , 
los montes viene cubriendo. 

Elvira. 
Sin duda , que con las tropas , 
yá juntas , marchó resuelto 
el Roy , no habiéndome hallado. 

Rey, 
¿ Qué haré ? pues aunque tenemos 
todo un ejercito , parte 
fué á rendir diversos pueblos 9 
parte está en las guarniciones , 
y parte en alojamientos. 

Manrique 
Lo que me toca , es reñir 
basta quedar satisfecho 
de quien me llamó traidor* 

Elvira. 
Yá miá tu lado 

Blanca. 

Teneos , 
que yo estoy al de mi hermane; 



ESCENA XVI 
Dichos , y salen el Rey Don Alfonso , Don Ñuño y 

Soldados. 
Rey 
Yo ai oposito saliendo, 
á todos. 

Alfonso 

No hay para qué , 
que aunque hoy tomando á este 
grueso ejercito muestra , supe, 
que Elvira faltaba , habiendo 
quien la viese en el camino, 
y adivinando su intento, 
en su bu3ca vengo, y cuanto 
ella defiende , defiendo. 
A vos , por tío y amigo, 
solo suplicaros quiero 
que os volváis luego á León , 
dejando libres mis Reinos. 

Rey. 
No solo eso haré por vos, 
sobrino, mas prosiguiendo 
la causa que arbitro juzgo, 
declaro buen caballero 
á Don Manrique de Lara , 
y sobre mí tomo el duelo. 

Aluno, 
¿ Qué escucho ? ¿ vivo es Manrique? 

Alfonso. 
Don Manrique vive ¡ Cielos! 

Manrique, 
Vivo está, y á vuestras plantas» 
áonde os pido , pues absuelto 



129 

estoy del duelo v que honréis 
con Blanca mi casamiento. 

Condestable, 
Y yo que t en saisíaccion 
de los carteles y el reto , 
me deis á Elvira. 

Las dos. 
Yo soy felice. 

Alfonso. 

Yo lo concedo , 
y aun mas he de honraros , pues 
á vuestra tutela vuelvo. 

Rey. 
Venzámonos , desengaños* 

Casilda. 
Pues yo , entre tantos enredos r 
no be de quedar sin casarme. 

Marín. 
Puesto que tema lo has hecho , 
daca acá esa mano. 
Casilda. 

Torna.; 
Todos. 
Porque tenga ñn con esto 9 
en el Sastre del Campillo , 
duelos de honor y de celos 9 ] 



9 



130 

El Sastre del Compitió» 

El Rey Don Fernando de León retenia injusta- 
mente en su poder al Rey niño Alfonso, no obstan- 
te haber declarado su padre por testamento qup fue- 
se tutor dol Infaule Don Manrique de Lara y - alegan- 
do su cualidad de lio Manrique acompañado de Nú- 
fio Almegir, consigue robar al niño, y perseguido 
por el Rey, el Condestable y su gente, huye al Campi- 
llo , y encuentra en su marcha á Blanca , hermana 
d< I Condestable , y prometida esposa suya , á la que 
refiere la situación apurada rm que se encuentra , y 
despidiéndose de ella, prosigue internándose por la 
espesura Verifícase en su fragosidad la muerte de un 
villano, á cu t va defensa había acudido Manrique con 
su criado , retirando á sus enemigos, y por lo que 
puede espMcarse el moribundo > reconoce en él á ua 
hermano bastardo suyo , que apasionado de una vi- 
llana se habia casado con ella , y ejercía en el Cam- 
pillo el oficio de sastre Apretado por las circunstan- 
cias se pone los vestidos del difunto, y viste al cadá- 
ver con sus arneses y espada. El Rey y el Condesta* 
Lie , que seguían el alcance 4 Don Manrique % le juz- 
gan muerto , y disponen se le hagan honrosas exe- 
quias , cuando sobreviene Dona Elvira, hermana de 
Don Manrique , defendiendo la acción del robo del 
Infante, v retand . á los Leoneses que la habían gra- 
duado de traición El Condestable, prendado en aquel 
mismo momento «le $n gentileza, recoge el guante, 
pero conocida por Elvira su intención , no quiere 
volverle á tomar de sn mano. Entretanto Manri- 
que pasa en el Campillo por su ditunto herma- 
no, casado con la villana Casilda, lo que produce 
escenas de celos de Blanca , que ignora los anteceden- 



431 

tes de Manrique respecto á esta , por notar que el 
Rey la mira con afición ; y pasos muy cómicos entre 
Manrique , que tiene que fingirse sasirc, y ademas 
loco, y su supuesta muger , y el Monarca Trata 
Manrique de huir á Castilla : es descubierto ; pero el 
Rey no quiere que por depronto se le castigue , en 
atención a Blanca , y á la esperanza de saber de él el 
paradero de Alfonso Rey nirio , mandando al Condes- 
table que rete públicamente de traidor á Manrique, 
seguro de que si existia no dejaría afrentado su nom- 
bre ; con lo que el Condestable se vé en el compro- 
miso de ofender al hermano de la que ama. Dispone 
el Rey una batida, sabiendo que es cosa de que gusta 
Blanca. Elvira se embosca con Núíio y los Castellanos 
en el mismo sitio Manrique es preso por la justicia 
ordinaria , como asesino del Villano encontrado en el 
bosque, y por Forlun y la tropa, á la que primero 
se entrega , y después acuchilla. Trábase la Jid entre 
Castellanos y Leoneses, y Maniiquc después de haber 
impedido la lucha entre Elvira y Blanca, se ausenta. 
Avisado Manrique por Blanca de que el Rey sabe por 
un Castellano que se oculta al Infante Don Alfonso 
en San Esteban de Gormaz, y que se ha ofrecido en- 
tregarle la Plaza en la noche siguiente , roba la sena, 
mata al traidor y descompone el proyecto del Rey de 
León, volviendo inmediatamente al Campillo á satis- 
facer el reto del Condestable. Entran en el palenque 
cuatro combatientes en lugar de dos que se aguarda- 
ban: manda el Rey que se levanten las viseras para 
ser conocidos, y se descubren ser Elvira, Manrique, 
Blanca y el Condestable. En esto sorprende el ejército 
Castellano con el luíanle Alfonso á su frente, á los 
Leoneses, declarando á su tio que habiendo notado la 
ausencia de Elvira , venia en su ajnda , y á defender 
cuanto ella defendiese, y que le suplicaba se volviese 



132 

á León y dejase libres sus reinos. El Rey Don Fer- 
nando accede t y como arbitro del duelo declara buen 
caballero á Don Manrique de i ara, casándose este con 

Blanca, y el Condestable con Elvira. 

Esta comedia pertenece al género histórico , y no 
es de las que mas quebrantan , entre las antiguas , los 
preceptos dramáticos: hay bastante dibujo en los ca- 
racteres , y los personages episódicos salen del fondo 
de la acción. Parecerá quizá á algunos que es fácil 
la invención de la fábula con el ardid de un trueque 
de vestidos , ó el fingimiento de demencia ; pero estos 
resortes en manos maestras saben alucinar y hacer 
olvidarse de ellos al mas sutil observador, que en el 
acto de la representación ya no repara en rnesa ni en 
castañas , sino en el camiuo del desenlace á que le 
conducen Véase sino que afectos no producen las es- 
cenas en que Manrique se mira mas y mas espuesto 
por su mismo disfraz Los celos de la amable Blanca 
en oposición de las sandeces de la villana Casilda , y 
otros incidentes que dimanan sin notable violencia de 
la semejanza en semblante de Manrique y su herma- 
no El autor supo realzar mucho el interés que inspi- 
ra el protagonista con la escena de la toma de la se- 
lla en el muro de San Esteban. Lo arriesgado de la 
empresa, el silencio de la noche, interpolado con la 
música triste que lamenta la muerte del héroe, redo- 
bla la espectativa del resultado de la acción, y estos 
cuadros bien trazados son siempre patéticos y (per- 
dóneseme el término) conmovedores. 

La mayor parte de la versificación de esta Piezs f 
es un romance octosílabo y e.i que constituye la con- 
traseña el siguiente : 

Con la sangre de Manrique f 
cuando del susto se quedan 



Í38 

descoloridas las r^sas 9 

se encienden las azucenas. 

¡Ay qué dolor , qné rigor , qué pena! 

traiciones vivas, y lealtades muerta*. 

Dióle la muerte un traidor , 

cuando en un caballo vuela ; 

pues á una muerte alevosa, 

quien roas huye mas se acerca f 

¡ ay qué dolor ! q>ié rií;or f qué pena t 

traiciones vivas, y lealtades muertas, 



•*&#«&• 



POR SU REY 



Y POR SU DAMA 



PERSONAS. 

Hernán Tcllo Portocarrero. 
El Conde de San PoL 
Carlos Dumclino , Francas; 
Francisco del Arco t Español, 
Renolt f Francés. 
Madama de San PoL 
Madama Serafina , Francesa. 
Flora , Criada. 
Nise , Criada, 
Ernesto Pleysi , Barba. 
Carrasco , Gracioso. 
Ricarte , Criado. 
Ortiz , Vejete. 
Soldados . 
Acompa ña m lento» 



La Escena es en Dorlan y Arniens. 



137 



ACTO PRIMERO. 

ESCENA PRIMERA. 

Decor/icion de Sala. 

Sale Portocnrrero á la española t con bastón , Fran- 
cisco del Arco, con gintfa , todos, con banda roja, y 
Carrasco , So Lia do. 

Por tocar/e/ o. 
Necia es tu cur¡< sidad , 
y rae cansa tu porfía* 
Garra seo. 

Es á la honradez raía, 
á mi le y a rni lealtad 
traición, que no be de sufrir. 

Por tocar rero. 
Pues 110 sufras, ¿ que has de hacer? 

Carrasco. 
O he de empezar á saber y 
ó he de acabar de servir. 

Francisco 
Hágame Vueseíioria 
juez arbitro entre los dos 9 
que es novedad 9 vive Dios, 
despedirse con porfía 
Carrasco , habiendo servido 
tantos anos en su casa. 

hortocnrrrro. 
Su locura á tanto pasa , 
que se ba dado por sentido 
de advertir, que de él recato , 



m 



con algún recelo justo, 
una alhaja de mi t;usto. 

Carrasco 
Diga usted , qu« ¿s un retrato. 

Francisco 
¿Pues eso os cansa disgustos ? 

Carrasco. 
Y que be de ahorcarme creo. 
Diez anos ha que poseo 
la intervención de Jos gusto» 
de Hernán Teüo , nn señor, 
gobernador de Dorlau , 
á quien en Flaudes le dan 
tañía fama de valor , 
cotíio de amante rendido; 
pues entre una y otra dama, 
tiene al mismo paso fama 
de hombre el mas derretido , 
y mas cie^o de pasión f 
que hay en el mundo entero, 
que tiene el buen caballero 
de azúcar el corazón 
Porque entre otros caballero*, 

una dama, en un festín , 

le dijo con retintín : 

c>erto , que me cansa el veros f 

de Bruselas se ausentó, 

y no ha vuelto mas allá, 

diciendo : qué se dirá 

de que un hombre como yo, 

ia vez que á servir me ajusto 

á alguna dama galante , 

no le quite de delante 

cosa que le dé disgusto ? 

Uu día , con harto íi io , 



139 



en Amurres abordó 

á mi coche t n"p pasar vio 

por la q>ér£*p tf* »M' l *l r *° : 

se pin I ó la ¡ abrasado 

de sus rayos v sus ti.* mas , 

que dijo una de las. «lamas: 

si eslais tan abochornado, 

templad con es agua el luego: 

y es s>u locura tan fiera f 

que sin decir ropa tuera , 

se zampó en Ií- esquelda luego; 

y mojándose bien , busla 

q« 5 se iba ya sumergiendo 9 

Sílió muy frasco | diciendo : 

luce el remedio y «o basta f 

y supuesto, f|«e el ardor 

en, liasteis á corar , 

obligada estáis á dar 

otro remedio mejor. 

Siendo estos sus desvarios, 

que á pa^ar de mi dinero, 

parde ser el cabal Uto 

de los tristes amoríos : 

sin mí no supo teneilos, 

sufriendo yo al endilgarlos 

la fatiga de pasearlos , 

por A gasta de sabei los • 

basta que t,a dado unos días, 

con terneza y con recato t 

en mirar cierto retrato, 

con graves meUuc<dias t 

sin permitírmele ver, 

y eso no he de consentir, 

¿pues de qué sirve el servir » 

si no sirve de saber ? 



143 



¿ortrcarrern. 
Ven ara , no es sin razón, 
¿qué un tan valiente soldado, 
y en el ejército honrado, 
haya dado en ser bufan? 
Con lástrin.t considero 
de tu genio lo estragado, 
cuando á Flándes „ ha pasado 
mejor caballo ligero. 
Carrasco. 
No pnedes asegurar, 
que soy , aunque sea así f 
Lufon ; pues fuera de tí 
nadie me lo ha de llamar. 
Bufón es ai uH f á quien 
Oíros bufón le llamaron; 
si á espaldas lo murmuraron, 
yo lo murmuro también. 
D'go á todos cuanto siento, 
del general al soldado; 
si por esto no he medrado, 
por eso vivo contento 
Y la hacienda mas crecida, 
solo porque mas te asombre , 
le puede servirá un hombre 
de pasar alegre vida. 
*o la paso , con decir 
cuanto siento, y sin hablar; 
nías de lo que he de medrar 
es lo que me he de podrir. 
Que aquel que afectado vés, 
es, haciéndose á si mal , 
Verdugo del natura), 
y mártir del interés. 
V* lo que digo, tal cual, 



todos de risa se quiebran f 
y yo, de \er que celebran 
el que de ellos digo mal. 

Francisco 
Carrasco se queja bien , 
y á mí también perdonad; 
vuestro amor y mi Jeaitad 
la confianza me den , 
de que sepa mi atención , 
4 quién es la beldad , que pura 
calificar su hermosura 
pudo con vuestra elección ? 
y de camino sepamos , 
puesto que á saber venimos, 
en la Quinta que asistimos , 
¿qué huéspedes aguardamos? 

Portocaí rero. 
El príncipe de Conde , 
que de valiente y honrado 
está en Fláudes retirado 
de su Rey Enrique, que 
arde en loco frenesí , 
que con su belleza incita 
la princesa Margarita 
de Conde y Montmorensf; 
como tan mi afecto es, 
hoy me á escrito , que aquí hospede , 
cuanto la tregua concede , 
á un caballero francés, 
que con su familia y casa , 
habiendo el puesto acabado 9 
á los cantones de enviado, 
á ser gran potestad pasa 
de Amiens , y aunque es condición 
que ninguno ha de intentar 



14 í 



en país d*d otro entrar 
durante esta suspensión 
de ai «jas , y de hostilidad 
que liay p'>r dos meses f á fin 
de conferir en Berlín 
ciertos acuerdos de |>az t 
por no romper el r.unciei to , 
del principe se valió 
que pasaporte sacó 
d* J <;i an archiduque Alberto 
para en liar *-n sus paises f 
en tránsitos y inausioiiftfj 
hasta donde los Leones 
tremolan sol» te las Lises. 

Y siendo Amieiis, en la fría 
margen del Suma , c)e\ada 
cabeza en la dilatada 
provincia de Picardía; 

y en fin de Do» lan frontera 9 
cuando él p#sa destiuado 
á mandar su Magistrado , 
quizá dañarnos pudiera : 
que con cautelan con traza , 
si es que dentro le hospedase , 
por menor examinase 
las defensas de la pla/a. 

Y asi , su escancia ha de ser, 
porque el cansancio repare 

lo que el tránsito durare , 
esta casa de placer. 
Y pues tu curiosidad 
saber quiere mis eslremos , 
oye', que asi engaña remus 
del tiempo U ociosidad. 



Carrasco* 
Esos efectos rendidos , 
que el retrato te debió , 
cuenta al capitán , que yo 
meteré gorra de oidos 

Fo/ locarrero 
Cuando España coñudo 
en sus fuerzas ( no te espante 
que desde aqui el curso empieze, 
porque divierta y enlace 
ei suceso ; pues queriendo 
divertir ociosidades % 
no es supertluo lo superfino, 
que esplica mas lo importante, 
y no embaraza otra cosa ; 
y si á saberlo aspirares , 
para sabir lo que ignoras y 
has de sufrir lo que sabes ) 
Cuando España conoció , 
en sus fuerzas desiguales t 
la laxitud con que mueven 
sus miembros los cuerpos grandes: 
y cuando advirtió que el soyo, 
por monstruoso y formidable 9 
inundaba en sus confines 
del Orbe las cuatro parles , 
tan dilatados sus nervios , 
sus estremos tan dial antes , 
que está precisada á bacer 
pasadizo los dos maies, 
de naciones tan diversas , 
de fueros tan disonantes 
que en la variedad de humores 9 
tiene escondidos rail males: 
y dando á esta monarquía 



143 



1)4 



la providencia inefable, 
no provincias que se aunen , 
sí imperios qne se derramen, 
¡ cayó en cuan larde , y qué mal 
espíritus se reparten 
desde un corazón pequeño 
á inmensas estremidades ! 
Y viendo también que fueron 
eu tantas guerras fatales, 
monumentos de españoles 
estos paises de Flándes, 
se ordenó, que el archiduque 
Alberto de Austria casase 
con Isabel Clara Eugenia 
de España gloriosa infante, 
y hermana del Gran Felipe 
Tercero, que el Cielo guarde , 
llevándose estos estados 
en dote , con que formase 
de casa de Austria tercera 
otra línea memorable, 
esperando que con esto 
al dominio incorporase 
otra vez los holandeses , 
cuyo pretesto mas grave t 
para querer eximirse 
del antiguo vasallage y 
fué , que príncipe de real 
familia les gobernase , 
y formar otra potencia , 
que ante muro inespognahla 
entre Francia y el imperio 
sus ímpetus rechazase, 
quedándose unos paises 
tan fértiles , y tan grandes , 



que por si resistir pueden 

de todos sus confinantes 

las mas armadas potencias, 

ó terrestres, ó navales 

Y en fui f que España , eximida 

del consumo intolerable 

de gente* y de tesoros , 

sería imposible enmendarse 

su despoblación , de quien 

sus mayores ruinas nacen; 

siendo en el reino la gente 

lo que en eL cuerpo la sangre p 

que con ella toda vive 

y todo sin ella yace. 

Esta de España fue entonces 

la máxima, bien que tarde, 

quizá por quitar 9 que algunos 

neciamente murmurasen , 

que en Saboya , y en Lorena 

pudo casar sus infantes 

con herederas de aquellos 

estados, donde lograsen 

las austríacas familias 

tan gloriosos apanages. 

No esta digresión te admire t 

que quizás será importante , 

no obscureciéndole al inunda 

la luz de los ejemplares; 

que es la política una 

astrología tan iacil , 

que por lo que fué adivina 

lo que será ; y las edades 

futuras en las pasadas 

ciertas reflexiones hacen , 

con que dejan traslucirse 



<4S 



146 



ya que no acá penetrarse; 

y si sabiamente docta 

los sucesos mas notables, 

si como después los mira, 

los previene como antes. 

No hay perspectiva en el mundo, 

que en sus lejos no se engañe t 

que en la propia conveniencia # 

cuyos ideados realces 

la imaginación los finge, 

pero el tacto los deshace 

Como el Sol , que en la pintura 

promete á fuerza del arte , 

en la plana superficie 

lejanas profundidades , 

por cuya distancia tudas 

las especies visuales 

dilatadas , se reducen 

y dentro espaciosas caben , 

y al alma á creer su engaño 

los ojos la persuaden. 

Si la roano le consulta f 

conoce que al lino frágil 

distancias le dio una sombra , 

y un borrón concavidades : 

y asi , el deseo del hombre 

le pinta felicidades , 

llenándole de grandezas 

los orizontes del aire t 

y en los lejos de las dichas 

esconde mentiras tales , 

que imaginadas son bultos , 

y halladas obscuridades. 

Digolo , porque el suceso 

no correspondió al dictamen: 



y Enrique Cuarto , que á Francia 

de Príncipe de Bearuc 

heredó ( y á quien la liga 

de activas parcialidades 

obligué que e! reyno propio 

como ageno conquistase ) 

conoció de sus franceses 

en la bulliciosa sanare 

los espíritu* ^iol-rttos 

de aquel bu mor do cu i rían te 

con que la inquietud pretende 

acreditar de corage : 

y quiso y echando á la guerra 

fuera del reino y quitarles 

la ocasión de que en el ocio 

internamente mirasen 

síi pólvora revoltosa v 

que á leves centellas arde t 
y que empleándose el fuego 
en países confinantes , 
•obre estrangeras> regiones 

el aborto reventase. 

Porque un Monarca francés 
toda la viveza instable 

de los suyos necesita 

divertir, con novedades ; 

y su abundancia de gente 

es tal , que en alguno* lances, 

como plenitud nociba y 

solo busca que le maten 

algún número en que pueda 

de humores desahogarse. 

Para lograr esta idea 

tropas concedió auxiliares 

4 holandeses que resistan. 



147 



148 



Í sus propios naturales. 
Señores ' ; oh , en algún tiempo 
no Negué á esperinientarse, 
que la libertad que ahora 
defiende i quiera quitarles! 
Rompió con España , en fin , 
y fué tuerza que pasasen 
las Católicas Banderas 
desde Lombardía á Flandes 
con el gran Conde de Fuentes , 
á quien tanto el bronce aplaude 
de la fama , que á sus voces 
ecos serán los anales , 
y queriendo por sus hilos 
herirles, con arrojarles 
á sus paises la guerra , 
asi porque retirasen 
su ejército de los nuestros 9 
como porque el suyo pase 
á ser de marcial escena 
el teatro lamentable , 
manteniendo de sus frutos 
al vencido y al triunfante. 
Pusimos sitio á Dorlan , 
plaza casi inexpugnable y ' 
por sus muros , que de nubes 
pudieran bien coronarse , 
cuando de rocas unidas 
son portentosos gigantes, 
uniendo nervios de plomo , 
miembros le piedra tenaces./ 
Apenas tiró H cuerda 
las líneas de los ataques, 
cuando el Duque de Huilón , 
con muchos Duques y Pares , 



llegó al socorro, mandando 
su caballería arrogante 
el Conde de San Pol , joven 
de prendas tan relevantes, 
que honra con sev enemigo* 
pues comunmente se sabe 
que el grande enemigo siempre 
hizo la victoria grande 
Todas las cosas del mundo 
es menester que se guarden 
para tenerlas, y solo 
esta prevención no vale 
en el honor ; porque siendo 
la prenda mas estimable, 
el que quisiere tenerle, 
es fuerza que haya de darle. 
Yo que Maestre de Campo 
pude con mi tercio hallarme 
en el Sitio, en tanto que 
salieron los generales ' 
¿ estorbarles el socorro , 
logré la acción de quedarme 
en guarda de los cuarteles, 
porque durante el combate , 
mi gente las avenidas 
de la Plaza refrenasen. 
Apenas pues esta marcha 
comenzaba á egecutarse , 
cuando el pavoroso estruendo 
llegué á percibir, que hace 
en los bridones franceses 
aquel rumor disonante 
de las corazas que crujen 
y de las bridas que tasquen 9 
y vi la caballería 



i<W 



tSl) 



del enemigo avanzarse. 
Desmentida esta sospecha , 
de una contramarcha » antes 
a la Plaza á toda Luida , 
creyendo que por la parte 
qne yo aguardaba su choque 
nuestra linea penetrase 
de nuestros retenes, luego 
empiezan á destacarse 
tropas de caballería 
á embarazar su pasage. 
En cuanto allí se entretienen 
los dos Tercios principales 
entre su trente y mi línea 
se interponen ; pero ^n valde, 
porque el Conde de San Poi , 
que coronaba constante 
la frente á sus batallones, 
ron tan bizarro coraje 
la rompió ^n el primer choque 9 
que en retirada cobarde , 
cargadas apenas pueden 
de nosotros abrigarse. 
Espada en mano venia 
siguiendo fl Conde el alcance» 
para romper con furor 
nuestros cuarteles , y entrarse 
en Hurlan , cuando saliendo 
yo á su opósito con tales 
mangas de mosquetería 
rocié, qne fueron bastantes, 
granizando en plomo lluvias 
y en humo densos volcanes, 
á qur sus cóleras quiten 
y sus ímpetus rechacen ; 



y á este abrigo pues pudieran 

prontas volver á formarse 

nuestras tropas , que feroces 

renovaron el combate 

D<"j*i aparte que fué nuestra 

)a victoria : dejo aparte 

que se tomó por asalto 

la Plaza , qnr incontrastable 

pareció; y caHo que fui , 

pues lodo el orbe lo sabe , 

el primer español que hizo 

ver sobre sus homenajes , 

con las arma» de B >i^onía , 

cruzados sus tafetanes. 

Que por premio de esta ación 

el Conde quisiese honrarme 

Con el, gobierno , pues esto 

de vuestras curiosidades 

lio haré al raso , solo al caso 

de nuestros dsrursos hace 

jaber , qu»* preso v herido 

e'n aquel pasado lance 

quedó un bizarro ira rices , 

cuyo denuedo galante 

le obligó a* que en las filas 

primeras se adelantase , 

Cuando hizo que á sus bridones 

rebatiesen mis infantes 

tntre otras alh »j.is , senas 

de no vulgar personaje, 

que de Un soldado á su pecho 

quitóla codicia infame, 

dt una madama francesa 

fué un retrato, que elegante 

el pincel en lo sensible 9 



1*1 



152 



lo esquivo pullo copiarle : 

fuese en fin por la preciosa 

guarnición , que de diamantes 

la cercaba | dando al sol 

luceros por piedra engaste ; 

ó porque el soldado quiso 

con su beldad lisonjearme, 

llevó el retrato á mis roanos, 

donde pasó de admirarme 

á divertirme, y de allí 

á suspenderme: ¡ qué fácil • 

es de los ojos al pecho 

tanto un afecto trocarse, 

que lo que allí fué descuido , 

aquí á ser cuidado pase, 

y lo que empezó en un ocio, 

en una fatiga acabe! 

No lo digo porque pude 

del retrato enamorarme , 

que eso, aun en las farsas , tiene 

una dureza intratable : 

que me arrebató , os diré 

con verdad , por una parte 

lo valiente del pincel , 

pues dijera yo , si bailase 

el original hermoso , 

que hacer otra semejante 

no pudo naturaleza , 

y vi que ha sabido el arte: 

por otra « lo peregrino 

del rostro con tal donaire, 

tal travesura en la vista , 

y tal halago en lo grave , 

que en la risa que rebosa , 

está vertiendo lo afable; 



i«s 



tan trasparente la tei t 
que en el candido semblante 
está el tacto de los ojos 
distinguiendo lo suave 
Y en fin , amigos f si miro 
que es viva, pues lo persuade 
lo moderno del suceso , 
oculto impulso me late 
de buscarla por la Francia ; 
porque es tan estravagante 
mi humor, y tan inclinado 
á emprender cosas notables , 
que solo ju/.ga por dignos 
asuntos , temeridades, 
que ilustren el casamiento , 
si el valor no coronasen. 
Tuvo , en fin , a breves dias 
el prisionero rescate , 
sin que de esto rosa alguna 
me atreviese a preguntarle, 
por no obligarme á volverle, 
de cortesano ó galante , 
su retrato , aunque le di 
por muestra del hospedage , 
con color de despedida , 
una joya , que fué el cange 
de los diamantes , con que 
en dos estreñios iguales , 
pagándole lo precioso 
le usurpe lo inapreciable. 
Mirar , de admirado , suelo 
el retrato, no de amante; 
bien que considero en él , 
que si el portento encontrase 
del original , serian 



1*4 

influjos tan eficaces 
Jos de sus ojos, que no 
solamente me inclinasen ; 
sino arrastrasen, quitando 
con imperiosas crueldades, 
sin dejar en lo preciso 
acción , que deliberasen 
la gloria de la elección 
al mérito, y al dictamen. 

Francisco 
Estriña la historia ha «ido, 
y solo debe admirarme .. 

Dentro voces. 
Para , para 

Sale un Soldado 

Ya han llegado 
los huespedes , y aquí traen 
el pasaporte, que entregan 
á la guarda. 

Carrasco. 

Que íle»asen 
sentí, cuando iba á decirle 
lui humor algunas verdades, 
que por verdades, y mias f 
pudiera ser que amargasen. 

ESCENA II. 

Dichos , y salen Soldados y Ernesto , oirjo venerable 
francés , Serafina jr Nise francesas. 

Portocarrero 
Seáis bien venido , señor f * 

hoy á esta plaza ( ¡qué V eo !) 
donde quede á mi deseo 
Vuestro alecto tan deudor , 



i*; 



como ¿ )o poco acreedor t 
que os podrá servir un lé. 
Ella es ¡ Cielos ! 

Ernetfp. 

Que me dé 

la mano Vu«*señoría , 

es la mayor dicha mia f 

para d«*cir , que lo&ré 

con tacto de tal soldado, 

en Francia tan anjaudidop 

de enemigue l dl * IftHidb , 

de amigos tan envidiado. 
Portocnrrtro. 

Mi mayor dtcba hn logrado 

de vos 9 y de esta madama 

siendo esclavo. Activa llama , ap. 

lo que ilumina % perdona. 
Serafina. 

Nise . en nada a su persona 

lia desmentido su lama. 

Ernesto* 
Fs Serafina mí hija ; 
porque como ella á ser viene 
el solo alivio que tiene , 
fui larga vejez prolija v 
aunque de verla me aluja 
en caminos fatigada, 
llevarla siempre me agrada , 
que al estremo de quererla , 
en fin , es alivio el verla 
aun viéndola incomodada. 

Serafina 
Guárdeos Dios que mi atención 
estima vuestra nueza. 



155 



Vortocat rero. 
¡Ay t soberana belleza 9 ap. 

cuánto ilustras mi elección! 

Ernesto, 
Veréis la satisfacción 
con que á vuestra plaza llego, 
en entrar pidiéndoos luego: 
licencia me habéis de dar 
de escribir , por despachar 
á Amiens esta tarde un pliego f 
avisando mi llegada 

Portncarrero. 
A esa pieza os retirad , 
donde escribáis , y mandad 9 
señor , en esta posada , 
aunque esfera limitada 
es á vuestra bizarría , 
porque pierda esta alquería 9 
de mis afectos en muestra t 
mandándola como vuestra t 
la indignidad de ser mía. 
Id vosotros , y asistid 
al señor Gran Potestad. 

ESCENA III. 

Portocarrero , Carrasco , Nis§ y Serafina, 

Carrasco. 
Damisela , perdonad , 
y una pregunta admitid 
por curiosidad 

Ni se. 

D«ci4. 
C arrasen, 
¿Usase en Francia el dejar 



4*7 



& las madamas lugar 
de que osados y rendidos 
podamos en sus oidos 
nuestra fineza engastar? 

Niic 
Wo es esta la austeridad 
de la española nación , 
que todo es recolección 
allá , y todo libe; tad 
aquí. 

Carrasco. 

Me alegro en verdad 
de que advirtáis , que eso pasa 
en todo el Noríe sin tasa , 
porque si nunca faltó 
quien muerda , roas valgo yo , " - 
que en electo soy de casa. 
Portacarrero. 
Si yo f madama , pudiera 
suplicar que descansarais 
de algo en el humilde albergue , 
que de esfera soberana 
presume , desde que pudo 
coronarle vuestra planta, 
no fuera de las fatigas 
de los tránsitos y marchas; 

Serafina. 
¿Pues de qué? 

Portocarrero. 

De quitar vidas , 
sin resistirlo las almas. 

Serafina 
Como no me can^o de eso , 
no lúe hace el descanso falta. 



Í5S 



Portocarrero. 
¿Tan poco cuidado os cuesta ? 

S trajina. 
I No veis qu«> el descuido basta F 

Pot locan ero 
Sí veo, si en mi lo advierto. 

St rofina- 
No roe tensáis por tan vana, 
que crea encaí • (¡míenlos t 
que mi perfección ensalzan ¡ 
y mucho iimmi.'S con vos , 
¡ con quien mi cuidado trata 
el no cometer la hermosa 
necedad de confiada. 

Por ¿otar rero* 

l Por qué - 

oernfina 

Señor Hernán Tello 
Portocarrero , á quien llama 
Flándes el Galán por ser 
gran cortejador de damas: 
el ingenio y ei capricho, 
de no vulgar os alaban 
todas, y de ánimo altivo 9 
capaz de emprender tan árduai 
cosas , que á acabar heroicas 
empiezan en temerarias 
No os admire, no, que venga 
tan por menor informada 
de vos j sabiendo que en Flándes 
son arbitros las madamas 
del honor de los soldados, 
siendo en iguales balanzas t 
bien visto en las asambleas, 
el que lo fué en las campañas. 



isa 



Que si en todas las naciones 

las mugeres estimaran , 

como aquí, solo a! soldado t 

solamente profesara 

la nobleza la milicia , 

por la ambición de agradarlas , 

tiendo un premio , que no cuenta 

á la República nada 

Mas valientes aquí han hecho 

las licencias cortesanas 

del público galanteo , 

paseos , bailetes , danzas 

y asambleas , que las mucha» 

verdes circulares ramas 9 

que' Cívicas y Murales 

ciñeron frentes romanas. 

Nu digo esto por mostrarme 

bachilléramete sabia, 

si por mostrar que os conozco 9 

viendo que en París se habla 

de quien en Bruselas sirve 

con mas aire, yá contraria 

razón , también á Bruselas 

llegan las noticias vagas 

del que en nuestras asambleas 

el mayor aplauso alcanza , 

sin ser lisongero: viendo 

el vuestro, ya viene errada 

la dirección hacia mí , 

porque yo me ausento á Francia; 

y tengo tanta conciencia , 

que coando os pinta la lama 

rendido de todas, yo, 

cierto escrupulizara 

tt poder de solo un tiro 



1(50 



hurtarles un triunfo £ tantas, 

Portücarrero 
Vos babeis discretamente 
motejado de voltaria 
mi inclinación ; y no sé 
ai os diga cuanta vi u taja 
en e.sto nos lleva aquella 
ligereza celebrada 
de vuestra Nación , pues yo.... 

Serafina 
No digáis mas i Por la Francia 
á Flándes en ocasión 
pasó el señor Don Juan de Austriia $ 
que una noche en un sarao, 
danzando con él bizaira 
la duquesa de Estampes f 
entre las dos manos blancas 
dos eslabones de nieve 
un nudo de fuego enlazan. 
Viendo la hermosa francesa, 
la gentileza gallarda 
del Real Joven Español # 
de mil triunfos coronada , 
Marciales del grande eclipse 
de las Lunas Otomanas y 
quedó con tanto decoro 
de su garbo aficionada f 
aunque en su vida le vio 
ni fió á noticia humana , 
su -afecto, en cuantos vestidos, 
trages . disfraces ó galas 
sacó el resto de su vida , 
no dejó la roja banda 
de Bordona , que á su Alteza 
por timbre español cruzaba. 



161 



Dadme un afecto tan noble, 
una pasión tan hidalga , 
y un silencio tan heroico 
en las memorias de España. 

Portocarrero. 
Aunque muchas os pudiera 
decir, cotí la mia basta 9 
que siendo por vos , escede 
con mayor ventaja a cuantas 
pudierais decirme , todo 
cuanto vá de causa á causa* 

Serafina 
Yo be vuelto por mi Nación, 
y no por mi , pues es clara 
cosa que con vos no quiero 
perder el blasón de ingrata; 
pero tampoco creeros, 
porque si nunca la cara 
me habéis visto v y si conozco 
que caminando á mi Patria 9 
á nunca mas ver , habernos 
de dividirnos mañana ; 
l porque no he de conocer 
que el fingir vos esas ansias y 
mas es costumbre que os mueve, 
que inclinación que os arrastra f 

Portocarrero. 
Cuanto á no volver á vernos 
estad bien asegurada , 
que no es estorbo á mi brío 
lá guerra ni la distancia ; 
cuanto á ser costumbre, y no 
inclinación mi espresada 
ansia, bien presto pudiera 
hacer que lo asegurarais 

11 



i6i 



vos contra vos. 

Serafina. 

¿ Cómo t 
V or tocar r ero. 



Como 



el pecho un testigo guarda 
de mi verdad , que atrevido 
os desmiente y no os agravia. 
Serafina* 

l Y cuál es ? 

Portocarrero. 

Este. Muestra el retrato, 

Serafina* 

l Qué veo ! 
Carrasco. 
La de la historia pasada 
es esta sin duda. 

Serafina. 

¿Como 
mi retrato ? 

Por /oca rr ¿ro. 

¿ Qué os espanta? 
Ved cual tiene mas noticia 
del otro. 

Carrasco. 

En tanto que acaban 
su plática los dos ¿ qué 
diremos nosotros? 
Ni se. 

Nada v 

que á quien ove lo que importa > 
todo lo s u perlino cansa. 

Serafina. 
Soltad pues. 



i mí. 



<5S 

Portocarrero» 
l Qué hacéis ? 
Serafina. 

Cobrarme Quítasele* 

Portocarrero. 

Conmigo no estabais 



perdida. 

Serafina. 

Contra mi gusto 
ninguno tiene esta alhaja. 

Portocarrero. 
Ved que el alma me lleváis 
en él. 

Serafina. 

Por la misma causa 
le quito yo: bueno fuera 
que un español se alabara 
de que mi retrato pudo 
ver y quedarse con alma. 

Portocarrerom 
Pues confiesas que la llevas, 
hermosísima tirana y 
yo en demanda suya iré 
siguiéndote basta cobrarla á 
aunque sea en Francia. 
Serafina, 

Ve remo* 
si cumplís esa arrogancia 
de español. 

¡Sise. 
I Qué has hecho ? 
Serafina, 

¡ Ay, Nise! 
nunca en este hombre intentara 

* 



164 



de verdades ó mentiras 
averiguarle la fama. 



ESCENA IV. 

Vortocarrero , Carrasco y después Francisco* 

Carrasco 
Bueno quedas. 

Portocarrero» 

Nada digas , 
que vive Dios, si -me cansas, 
te dé muerte. 

Carrasco. 

Eso conmigo 
fuera dádiva escusada. 

Sale Francisco. 
¿ Señor ? 

Por tocar r ero . 

Francisco del Arco t 
á un Comisario roe llama 
para darle orden de que 
haga que al romper del Alba 
las mejores tropas monten, 
con que yo en persona vaya 
com buya mío á. estos señores. 

trancisco 
Una de las circuuslancias 
con que por estos don roeses^ 
está la tregua otorgada, 
es que ninguna persona , 
ó con armas ó su\ armas 9 
en los países del otro 
sin pasaporte entre ó salga f 
y asi reparo en que lleves 



165 

tropas , Señor. 

* or tocar r ero. 

c Qu¿ reparas ? 
¿en mis límites no puedo 
con ellas ir á la raya ? 
Y si he de salir con ellas , 
¿conmigo no han de ir armadas f 
asi por decoro , como 
por casos que la campana 
puede ofrecer ; A y amor! 
Ja causa hallé de mis ansias: 
¡ó, no permitas que sea 
para perderla el ii aliarla ! 

ESCENA V. 

D ECO Ti ACIÓN DE UN A QilNTÁ. 

Tocan cajas y clarines , y Salen por u „ Mf> rf ^ 
de San Pal, francés , ron botas y ^„, Í7Í , pllimas 
bascan , Madama y Fiara , y otras C-ihXis , ,„„„, ¿ 
camino, y por airo Cartas Dumdina y Saldados. 

Carlos. 

Generoso ilustre Conde 

de San Pol , rama que excelsa 

de la Real Casa de Francia 

los esplendt>res conserva 

Loy la línea de Vandoma • 

y vos , ilustre Condesa , 
Real kpdciou reliquia 
de Francisco de Angulema, 
dad á Carlos ftumtlino 
vuestras plar.t.is, donde llega 
de parte del Magistrado 



166 



de Amient á dar la obediencia 
(como quien Gobernador 
viene á ser) á vuestra Alteza j 
á quien suplica por raí 
que en esta Quinta detenga 
por hoy su jornada % rn tanto 
que perficionadas quedan 
de vuestro triunfo el adorno» 
de vuestra entrada las fiestas, 
puesto que á Ernesto Pleysi 
lioy también Amiens espera 
á ejercer la dignidad 
de Grau Potestad en ella* 

Conde. 
Llegad , Carlos, á mis brazos , 
y decidme ¿ quién creyera 9 
cuando os dejé prisionero 
en la pasada refriega 
del socorro de Do rían p 
que aquí otra vez nos volviera 
á juntar nuestra fortuna ? 

Carlos 
Quien conoce que ella sea 
gran artífice de estrañas 
enlazadas contingencias. 

Madama 
Decidme: ¿Ernesto fleysi 
llega también hoy ? 

C arios . 

Hoy llega , 
que ayer tuvimos aviso. 

Conde. 
Su amigo fui, cuando él era 
pretendiente cortesano. 



Carlos. 
Siendo Amiens su patria mesraa , 
dicha es volver á mandarla. 

Madama 
Estremo de la bel lera 
toe aseguran que es su hija. 

Conde. 
Díganlo mis mudas penas. ap. 

C ti ríos 
¡Ay de quien perdió en su copia ap. 
el alivio de su ausencia í 

Conde. 
Carlos, aunque yo en Perona, 
como gobernador de esta 
provincia de Picardía, 
tengo rni actual residencia, 
•feudo ella la Plaza de Armas 
capital de esta Frontera ; 
con órdenrs cíe! Rey vengo 
á Amiens, donde se prevengan 
para esta primer campada, 
que entrar en Fláudes intenta 
su Majestad en persona , 
las provisiones de guerra 
y boca, y todas las armas, 
pues goza la conveniencia 
del Soma , que dá motivo 
á que aquí mejor parezca 
hacer nuestra Plaza de Armas; 
y siendo carnestolendas, 
que aquí se celebran tanto, 
quise que á verlas viniera 
conmigo Madama ; pero 
hablando aquí sin reserva, 
no vengo gustoso. 



ióft 



CdrloS. 

¿Cómo i 

Conde 
Corno siempre Arairns ostenta 
ciertos privilegios , que 
Jos ciudadanos conservan, 
y e) ca pitan general 
no es tan absoluto en ella , 
como en la provincia. 

Carlos. 

Eso, 
sefíor , es conforme sea clarín» 

el Gobernador 

Conde. 

¿ Mas qué 
clarín es este que suena \ 

C arlos 
Tropas católicas son , 
se^un en visos campean 
las rojas bandas. 

Conde. 

Y haciendo 
alto en la breve eminencia , 
que loa términos divide, 
se doblan : que se prevenga 
el batallón de mis guardas 
es bien. 

Madama. 

Desde aquf se deja 
ver, que de su raya solo 
á nuestro pais penetran 
coches y acémilas , con que 
escolta sin duda es esta, 
que Erriejio trae. 



Í6B 

Conde. 

Bien decís. 
Dentro Serafina 
\ A y infeliz! 

Dentro Ernrsto. 

Tente , espera f 
cochero. 

Todos 
Acudid , que el coche 
del Potestad se despena. 

Conde 
Damas hay en el f ¿ qué aguardo, 
que no voy á socorrerla? fase, 

C(Í! ios 
Y yo, que llevo ¿a vida 
pendiente de aquella queja. fase, 

t lora . 
I Qué lástima ! 

Madama 



j Qué desdicha! 



Flora. 
Con una dama a<|uí llegan 
el Conde y Carlos 

Dentro Portocarrero 

Aunque el 
coto de la raya esceda t 
me arriesgaré en su socorro. 

/ ESCENA VI. 

Dichos , y salen ti Conde y Carlos con Serafina, 

C onde 
Hermoso prodigio , alienta. 

C drlns 
Deidad hermosa , respira. 



l1ii c , 

Serafina, 

¡ A y de mí ! 

Los des. 
¿Cielos , no es ella f , 

ESCENA VII. 

Dichos , y sa ^ e Portocarrero con botas , espuelas , co- 
raza y borgoñota f y cogiendo á los dos de espalda$ 9 
los aparta con alguna violencia* 

Portocarrero. 
, Tarde he llegado ; apartad y 
franceses. Empuñan» 

Los dos. 

Quién con groseras 
; voces... 

Portocarrero. 

\ Qué miro ! 
Conde. 

¡ Qué veo ! 
Cdrlos. 
Hernán Tello es ; ¡quién pudiera 
pagar lo que en mi prisión 
debí ! 

ESCENA VIII. 
Dichos , Ernesto y Criados. 

Ernesfo. 

Serafina bella , 
¿cómo te hallas? que mi edad 
no dio lugar á que fuera 
yo el primero en tu socorro. 

Serafina 
No fué nada : la violencia 



171 



del vuelco quedo en la altara 
de aquel ribazo suspensa. 

Ernesto 
El amor me arrebató 
de la obligación primera 
de ponerme á vuestras plantas, 

Portocarrtro. 
Viven los Cielos que entran 
en su termino mis >vo\ as ♦ 
He adas de l« apariencia 
de baber visto empuñar armas. 
Soldados , volved las riendas 
sin' que paséis de la raya; 
vuestro furor se detenga, 
y t tifos alzad las armas , 
pues estáis en h presencia 
de un príiicl^e de la sanare 9 
general de esta frontera j 
y es esa la ceremonia 
con que al general respeta 
Ja milicia. 

Conde. 

IVbl convite 

an^ra la atención vuotra 

coa aquel .oro • i pa na 
Portocarrtro 

De esto» delito nn* absuelva ; 

qu«» á mi» migo* romo vos, 

que nunca la aspada dejan 

ver al contrario, mal puede 

conocérseles p >r alias 
Madama 

Airosa fué la disculpa. 
C<mdc 

Cortesana es la respuesta i 



17 2 

pero pésame, seíVor t 

que asi hayáis roto la tregua , 

entrándoos en mi pais 

armado. 

Portocarrero 

No fué romperla 
entrar solo un hombre á dar 
la Vida á quien también era 
de vuestra nación 

(¿onde. 

Si fué : 
empiece aquí mi cautela , ap* 

pues para romperla traigo * 
del Key instrucción secreta. 
Sí fué ♦ pues fué entrar armado , 
no solo vos sin licencia f 
pero también vuestras tropas. 

Portocarrero 
Lo que toca á mi nobleza 
es asegurar que no , 
porque mi nación no sea 
quien rompa la suspensión ; 
mas si lo juz$a la vuestra , 
soy escrupuloso ; y porque 
satisfacción no parezca , 
en mi vida desmentí 
á quiín pensó que le ofenda. 

Cande 
Pues si prenda romo vos 
no fuera justo perderla , 
10$ os quedareis. 

Portocarrero. 

No haré. 
Y por esta arción me pesa , 
que hayáis venido con damas» 



173 

pues bizarría grosera 

fuera á desmanes del plomo 

esponer tanta belleza. 

No han «le disparar los ni ios 

( y no temor os parezca ) 

la pistola ; y pues la espada 

tiene menos contingencia 9 (i) 

débanme estas hermosuras, 

lo que por Francia no hiciera 

toda , que es el retirarme , 

haciendo esta reverencia 

á las madamas! y á vos, 

á fuer de general, esta: 

pues con las armas se hace 

á generales la venia , 

que sin la espada en la mano 

retirarse no supiera 

Hernán Tello : y yo no rompo 

paz que mi nación observa ; 

pero el que á mí se acercare, . 

solo á su muerte se acerca. 

Frente os haré con mis tropas t 

si algo tiene vuestra Alteza 

que ordenarme con las suyas , 

allí sabrá mi obediencia. fase* 

Conde 
Mas envidia, vive el Cielo, 
su retirada me deja , 
que sus trio oíos 

M adorna 

\ Cortés brio ! 

(i) Hace una cortesía á las Damas , saca la es- 
nada , y besando la guarnición hace otra al Conde , y 
sin volver la espalda , se vá retirando» 



174 



Serafina» 
j Generosa gentileza! 

Ernesto- 
Bien se ha dispuesto, señor, 
que injustamente rompiera 
la tregua vuestro ardimiento. 

Conde " 
Por esto mi valor cesa 
en cargarle ahora; varaos 
donde Serafina tenga 

reparo. 

Madama» 

Eso es lo mejor. 

Ernesto 
Honra es de vuestra grandeza. 

Serafina . 
Amor , en el Conde y Carlos , of< 

si de sus ansias se acuerda 
mi olvido f lo que me ofende 
me has dejado : cosa es cierta , 
que aquéllo que cansa sobra , 
y huye lo que se desea. Vmtt* 

Conde. 
Ven , Carlos , que mi amistad 
después toda el alma intenta 
de Serafina fiarte. f««* 

Carlos. 
Esto faltaba á mis penas : 
¿ qué te debo amor tirano, 
si tu variedad adversa 
hace que empiecen los celo» 
adonde acabó ia ausencia t 



17* 



ACTO SEGUNDO, 

ESCENA PRIMERA. 

Decoración de Campo. 

Poriocarrero y Carrasco, vestidos á la francesa y con 
mascarillas, 

tarrasco. 
Si habernos de hablar verdades t 
á toda mi valentía 
asusta el riesgo en que estamos. 

¿orlocarrero. 
No es posible , que eso digas 
de veras , cuando tus prendat 
á fiar de tí me obligan 
«1 secreto. 

Carrasco. 

No es merced . 
esa para agradecida , 
que hoy solo son los secretos 
los que sin prendas se fian. 
No lo digo yo porque 
á nuestro valor admira 
el entrar dentro de Amiens, 
teniendo tan á la vista 
de tres nobles españoles 
el caso, pues con activa 
fiereza , entrando en París f 
dieron en medio del día 
de palos á un gran soldado, 
que de esta nación las iras 



m 



aun pueden mezclaren todas 
la admiración con 1a envidia. 
Serian de los romanas 
mejores tos cnronislas , 
pero l«>s soldados no ; 
pues hoho en tu compañía 
mosquetero, qne á una bomba 
Negó á encender ti ira pipa. 
y no es el peligro tanto , 
cuando en pública alegría 
de máscaras y disfraces 
se pueblan estas orillas 
del Soma ; perqué no solo 
su carnabal solemnizan , 
sino la entrada del Conde , 
y en góndolas y barguillas 
salen las damas , poblando 
con músicas tan festivas, 
las aguas de perfecciones , 
y los vientos de armonías; 
temo , que si nos conocen , 
muramos á sangre fria ; 
que á matar muriendo , fuera 
mucho menos raí mohína , 
pues recibe un hombre f y dá. 
y queda entre las cenizas 
su fama humeando , si acaso 
aun pobre le despavilan. 
Porlocarrero. 
Carrasco, yo estoy perdido, 
que esta dama peregrina 
imaginada aun no fué 
tan hermosa como vista. 
Yo la vi á la copia impresa 
en el aima parecida » 



tanto, que imaginé* al verla 

copiada aquí , y ailí viva , 

que hermoso bulto de nieve 

se vistió mi lauta bia. 

Ella me dejó picado 

con aquella falsa risa , 

con que me dijw , al decirle 

que por el retrato iria , 

veauíos como lo cumplís; 

y así es obligación mía 

e\ venir por el , conque 

toda Fiancia me lo impida. 

Reírse y duda»' , que yo 

por el retrato vendría , 

fué ponerme en el empeño ; 

pues no haya de mi quien diga , 

que en este antojo de gusto 

dejó el valor de servilla. 

Con los caballos espera 

mi gente eu esta vecina 

espesura , pues les dije, 

que á reconocer venia 

la plaza en cierta ¡ulerpresa. 

Si es temeraria conquista , 

l qué estrañeza es , que cometa 

un hombre , á quien amor priva 

de la razón , un arrojo? 

Carrasco. 
Esa disculpa fué linda : 
tú echaste por el atajo ; 
di que te tire una china 
quien enamorado no 
ha va hecho otra boberia. 
Dícese , que Enrique IV, 
prohibe con pena esecsiva 
12 



177 



Í7S 

disfraces y carnavales, 
dejando las mascarillas 
para los bailetes solo : 
si después hay quien escriba 9 
que en Áraiens los dos entramos 
cubierto el rostro, ¿quién quita 
que alguno diga que en Francia 
por las calles no se estilan 
disfraces ? 

Portocarrero 

Eso qué importa, 
si será cosa sabida 
que se usaron 

Carrasco. 

Bueno es 
prevenir esas noticias , 
que hay necios , qut* para oír 
traen los oídos con pinzas, 
y ahorcados de las orejas 
tienen el cuerpo en puntillas. 

i ortocarre.ro. 
Aquí una cuadiilla viene 
de máscaras 

Carrasco: 

Infinitas 
hay vamos reconociendo 
en cual mejor nos reciba. Retiranst* 

ESCENA II 

Salen Scrofina , Madama , Nise y Flora , y los hom- 
bres que pudieren con mascarillas y disfr aces: á un 
lado se quedan el Conde y enolt á otro varios jr 2U"« 
carie de mascaras también, 
¿Vj ubica 
Hoy adornan del b orna 



Í7d 

las ondas cristalinas , 
en góndolas doradas , 
nadantes galerías 

Madama, 
¿ No vengo bien disfrazada ? 

Serafina. 
Vuestra Alteza me permita, 
<]ue diga que no 

Madama. 

I Por qué ? 

Serafina . 
Porque si su gallardía 
no puede ser mas ni menos 
en ningún trage que vista f 
ni hay con quien equivocarle, 
por mas que á venir aspira, 
tu belleza disfrazada, 
no vendrá desconocida. 

Conde. 
¿Es la de lo verde ? 

Renolt. 

Si, 
que yo la vía la salida. 

Conde. 
¡Con quie'n viene ? 

Uenolt. 

No sé. 

Conde. 

Amor 
dá á mi atrevimiento dicha. 

Carlos» 
l La de lo verde me dices 
que es f 

Ricarte. 
Si, 



f op. 



180 



Carlos. 
Amor , mis pasos guía. 
Conde j Curios* 
¿ Máscara , queréis danzar ? 

Serafina, 
¿Con cuál r 

Conde. 
No hay quien me compita 
á mi : conmigo , señora , 
danzad. 

Carlos. 

¿ Muy bueno seria , 
que habiendo llegado yo , 
dejándome á mí os elija ? 

, Madama. 

Aquella voz es del Conde , 
¡ ó cómo el alma imagina 
lo que no desea ! 

Conde. 

Conmigo 
no suponéis. 

Carlos. 
Qmen lo diga.... 
Madama 
Tened. Empuñan las espadas* 

ESCENA III. 

Dichos f y sale Ernesto con bastón , y Ministros 9 

Ernesto. 
¿ Qué es <-sto ? ¿ pues cómo 
profana vucslra osadía 
d<* máscaras el seguro ? 

Me doma 
Ahora mi industria finja ap. 



18 i 

vm acaso por si es él. 
Ernesto 

Teneos pues á la justicia. 
Madama 

\ A y ! Cáesele la mascar illa. 

Flora 
¿Qué es eso ? 
Madama. 

Que del rostro 
•e cayó la mascarilla 
Ernesto 
Madama está descubierta; 
•y así nadie esté á su vista 
oculto el rostro, pues es 
grosería. 

Conde. 

Ya es precisa 
mi retirada : si es Carlos, 
escarmentará á mis iras. (i) 

hrnesto 
Máscaras fuera 

Serafina 

Ya todas 
en fe de esa cortesía % 
las quitamos (2) 

Carlos. 

Yo también 
porque su rostro ilumina ; 
y sin advertencia vuestra , 
también fuera a tendón mía. 

M adunia. 
Sospechas , sin duda el Conde ap. 



(1) rase y Tie.nolt. 

(2) Quitanse /cis mascarillas 



1F2 

es aquel que se retira. 

Ser ajina. \ 

J Oh que causados estremos ap¿ 

son los de estas dos porfías 9 
cuando está del español 
Ja memoria en mí tan viva! 

Carlos 
Sin duda fué aquel el Conde ; ap. 

y pues se ausentó 9 no insista 
en que quede por mí el puesto » 
pues es atención debida , 
que aunque compita su amor, 
su grandeza no compita. F'ase, 

ESCENA IV. 

Serafina , Madama, Ernesto\y salen Por tocar rer o y 

Carrasco. 
( 

Portocarrero. 

For aquí . j pero qué veo! 
Carrasco , ¿ no es Serafina, 
la quo estoy v iendo f 
Carrasco. 

La propia. 
Portocarrero. 
¿Y no es Madama ? 
Carrasco. 

La misma. 
Portocarrero 
¿Qué será estar destapada? 

Ernesto. 
Mirad si queréis que os sirva , 
señora , que dando vuelta 
voy á toda la marina t 
para estorbar inquietudes. 



133 

Madama. 
Guárdeos Dios f que antrs quería , 
que os retiraseis , porque 
podemos ser conocidas 
por vos : volved á taparos. (i) 

Portacarrero 
Amor, mi esperanza anima: 
Máscara , ¿ queréis danzar ? 

Madama 
Danza con él, tío resistas f 
que este nos vio destapadas. 

Serafina 
Si haré : la letra prosiga. Danzan. 

ik úsira 
Hoy adornan del Soma , &c. 

Portncarrero. 
¿No uae conocéis ? 

Serafina 

Yo no. 
Portncarrero 
¿Qué tan presto se os olvida 
el hurto que me habéis hecho? 

Serafina. 
¡Española bizarría ! 
Música 
De esquifes y javeaues % 
Jos remos y las quillas , 
el céfiro las borda 
de espumas , que las riza* 

Portncarrero. 
Mi prenda habéis de volverme 9 
pues dudasteis que vendría 
por ella. 



(i) Fase Ernesto y los sujos. 



184 



Serafina . 

A mis dudas deben 
hoy vuestras galaiiterfáí 
eso, pues fu»* r | olvidarlas 
mas ocasión de lucirlas. 

Música 
A tanto rumbo incierto , 
que Lis es puní as gira p 
escolios son de nieve 9 
beldades de la orilla. 
Serafina. 
En mi casa hay esta noche (i) 
bailete , en él determina 
tai afecto hablar mas de espacio. 

Por tocar r ero ' 
Yo obedecer mas aprisa. 

Música . 
Confunden agua y aire f 
en dulce rrnl-.dia , 
clarines , qáe g^rgean 
en los remos que giman. 

Serafina 
Para obedeceros basta. 
Pórtocar ré'ro 
jQ"é breves <jue son las dichas! 

Madama 
¿Te hablaba el máscara ? 
Serafina. 

Sí, 
lisonjas , qne acaso cíic.ta 
la ociosidad 

Madama 

¿ Le conoces ? 



(i) Dadas las manos 



Serafina* 
No , señora 

Madama. 

\ Qué fatiga 
.de una sospecha Yo quiero, 
pues de tantos fuimos v islas 
aquí, que cuando al bailete 
vamos, á que me convidas, 
las *\vs troquemos disfraces , 
para hurlar la malicia 
de los que ñus viimod Veamos ap, 

si de esta suerte ayer i su a 
mi amor sus recelos 
Serafina 

, Cielos , 
si esta novedad no avisa ap* 

mi cuidado al español , 
y se encaña , sov perdida! 

Car r a seo 
Señor, sin saber la casa, 
¿que habernos de bacvr ? 
tortocarrero 

Seguirlas 
hasta ella. 

Carrasco. 

> ¡ mismo diablo 
Tíos metió en caballerías. 

Música 
Hoy adornan del Scm.i , &c. 

ESCENA V. 

Salen Carlos y Ricarte. 

Carlos . 
Perdido vengo. 



US 



186 



Ricarte. 

Señor , 
l qué tienes ? 

Carlos. 
¿ Qué be de tener , 
si de un príncipe el poder 
se muestra competidor 
mió, y de principe tal , 
por quien perdiera mil vidas ? 

R i car te 
Si no tienes prevenidas 
las mil , señor , harás mal 
en empezar por la una. 

Cáilos 
J A y , Ricarte ! que yo vi 
conjurado:; contra mí, 
amor, poder y fortuna. 
De mí el Conde se fió , 
yo mi pasión le espresé , 
servirle en esto pensé, 
y de esto se disgustó 
La alta poderosa mano, 
que esta máquina dispuso 
en los príncipes , nos puso 
un carácter soberano , 
con rasgos de su deidad , 
que quiere que respetemos f 
y en ellos consideremos 
su mas alta Majestad. 
Al Conde , que tan ulano 
ostenta sangie real , 
cierto esplendor celestial 
le brilla en lo Soberano. 
El alma también lo es 
de cualquier mortal t y asi 



aunque le ceda por roí, 
en tocando al interés 
del alma, que es el honor, 
no hay respeto que mirar t 
que yo le debo guardar 
Contra el poder y rigor, 
por mas difíciles modos ; 
porque del honor, por ley, 
solamente es dueño el Rey 9 
por quien lo tenemos todos. 
Cuatro anos ha que pedí 
á Ernesto la mano bella 
de Serafina f y aunque á ella 
rigores Sólo debí ; 
di , j á qué amante corazón 
do supo mas atraer 
desden propio de muger, 
qup iius 81 na á perí ccion ? 
Ernesto me lo ofreció 
cuando uYl c^rgo volviese , 
á que entonces iba ; ó fuese ¿ 
porque tan nina Ij vió > 
que de elección BU edad 
no estaba , ó por presumir 
en el caudal añadir 
quilates á su beldad , 
á esperarme resolví t 
y su ausencia connoté 
con aquel retrato, que 
en la batalla perdí 
Viene ahora; y cuando creo , 
que en el plazo Concedido , 
el tiempo voló, vestido 
de plumas de mi deseo , 
el Conde , en París pudo 



<37 



¿88 



verla, se empeña en amarla, 
y á mí me manda esplicarla 
su tierno aírelo: no dado 
que ociosa galantería 
es, por ser toda belleza 
ambición de la grandeza : 
i u jtist a cosa sería , 
que por sii «oslo , que ayer 
em p« zó , y acabará 
mañana , yo ceda ya 
la que elegí por ririígfef*. 
Esto m quieta mi valor f 
pues tenemos t se^nn siento, 
el Conde muebo ardimiento, 
y yo 'también mucho honor. 

Mearte 
l Y en fin , qu¡ ; quieres hacer ? 

Carlos \ 
Hoy el Conde fué ofendido , 

y para que en el vestido 

no me llegue a conocer , 

que fui quien le disgustó , 

S¡ al bailete he de asistir , 

otro me has de prevenir, 
Mearte. 

¿ Mudárosle en casa ? 
Cario*. 

No f 

que sigo el confuso estruendo. 

En el pórtico que pasa 

¿ otra calle , de su casa 

enfrente ¡ en anocheciendo , 

podrás con él esperar 
Mearte 

Hora fiera es para mí, Qp 



189 



que tengo un convite: aquí 

me importa disimular ; 

pues cuando llegue á deshora , 

y alce su cólera el bramo , 

¿ qué criado no hace á un amo 

una falta cada hora ? 

Carlos. 
¡ Qué cobarde está conmigo 
el despecho del honor ! 
porque temo á mi valor 
aun mas que el de mi enemigo* 

ESCENA VI, 
El Conde y Renolt. 

Renolt. 
Sabes tú , señor f de cierto , 
que sea Carlos ? 

Conde* 

Si lo sé ; 
porque quien tan atrevido 
se me arroja á responder 
que la adora , cuando yo 
toda el alma le fié , 
¿¡qué no hará? ¡ Ah , Cielos, que mal 
hice entonces de no hacer 
demostración de mis iras! 
si en su atrevimiento fué 
consecuencia para este 
la tolerancia de aquel. 

Henoli 
Los Príncipes tan escelso* 
cmuo Vnrstra Altrza es, 
mas nacieron para honrar, 
Stfior, que para ofender* 



190 



A esto los grandes Señores 

nacen; pues porqué queréis 

contradecir al vivir 

Ja obligación de nacer ? 

Competir con el. menor 

es igualársele ; pues 

preciso es rn vos bajar 9 

ó hacer al otro crecer. 

Carlos solo es Caballero y 

y vos Príncipe ; ¿ pues quién 

se persuadirá que vos 

(aun siendo por justa ley 

su Capitán General , 

con quien no puede tener 

duelo ni acción su valor) 

os dejais , Señor vencer, 

de él , sino de su razón , 

cuando en los Principes sé , 

que en competencia interior t 

el mundo pasa cortés 

por ayre del perdonar f 

la precisión del ceder ? 

El la quiere honrar f y vos 

queréis injuriarle ; ved 

cual de aquestas dos empresas 

d?gna de un Príncipe es , 

que el que la hiciere será 

el Príncipe, al parecer, 

y no vos, si ejecutando 

acciones que no debéis , 

no nos mostráis lo que sois , 

sí lo que dejais de ser. 

Mi celo doy por disculpa 

del recuerdo , que esto fué 

no advertir lo que ignoráis v 



ti acordar lo que sabéis. 

Conde 
De tus lealtades , Renolt 9 
advertencias escuché , 
de quien solo el pudo 
disuadir la pesadez. 
Delitos conlra lo grande 
no los perdona el poder , 
porque la Soberanía 
con ambiciosa altivez # 
donde llega su pasión 
su imperio sabe estender. 
Sabemos acá nosotros 
ciertas circunstancias , que 
los hombres particulares 
no llegan á comprender, 
ni pueden aconsejar, 
por mas que algunas les dea 
políticas el aplauso , 
facultades el laurel. 
Ciertas materias de estado 
que nacen con el dosel , 
no las conoce el estudio f 
que en distribución roas fiel 
naturaleza las puso 
donde las ha menester. 
La tasa de Erneseo es esta , 
y bie,n que roe disfracé # 
abura en público vengo 
al festiu , por suspender 
las sospechas de Madama v 
ya que hoy tan ciego ignoré 
que iba ella con Serafina. 

titnnlt 
Pues desde aqui, señor , veis 



191 



19 * 

la asamblea de galanes 
y damas. 

Conde. 

Entremos f pues t 
en cnanto el festín se empieza 
á conversación también. 

ESCENA VIL 

Salan de Estrado , y en él las Damas con mascaría 
lias , y los Galanes junto a* ellas ; Hernán Ttllo junto 
á Madama con el vestido de Serafina , y Carlos junto 
á Serafina con el de Madama , y Ernesto en silla : do- 
sel con silla para e/ Conde , y al entrar ente se levan" 

tan todos 

Carlos- 
Ya está aquí el Conde: ¡qué mal 
hice en venirme á poner ap* 

delante con el disfraz ! 
¿mas qué be de hacer, sino hallé 
á Ricarte con el otro ? 

Conde. 
Señores, no os inquietéis, 
proseguid. (i) 

Serafina. 

El Español api 

se ha engañado con aquel 
disfraz mió: ¡Cielos ! ¿cómo, 
avisárselo podré f 

que por mas que he hablado de esto, 
no lia sabido conocer 
la voz él , y Carlos sí. 



( i ) Siéntanse lodos , y habla el Cendc con Ernes- 
to aparte. 



Qarlos. 
A Serafina estuche , ap> 

y fué dicha no engañarme 
el disfraz. 

Portocarrero 

¿ Qué no queréis 
pagar ni restituir ? 

Madama. 
Si ignoro lo éj'iic robé, 
¿quien el hurto nó conoce , 
cómo le podrá volver? 
Ni el Conde es este , ni Cario» ; 
pero aquí forzoso es ap» 

hablar con alguno, porque 
reparo pueden hacer 
en verme sola. 

Portocarrero 

¿ Qué un alma 
que robáis no conocéis ? 

Madama 
Sin saber lo que me h/ce , 
si eso es cierto, o» la quité, 
y aun no me debió el estrago 
el qwe reparase eu él. 

Conde. 
Carlos está allí, se^un 
en el disfraz observé ; 
y pues ha de estar Madama 
disfrazada aquí , no es bien 
hacer hacia Serafina 
demostración : mas pondré 
á Carlos en un desaire , 
ii hay motivo para él. 

Portocarrero» 
¿Dudareis de la osadía 
13 



193 



194 



de un español otra vezf 

Madama. 
I Español dijo ? á esto mas ap, 

nie convieue ya atender : 
¿ qué es lo que no he de dudar ? 

Por tocar rero 
Que á Hernán l ello nada el ser 
le estorva español su hiio, 
y vuestro garbo francés. 

Madama . 

1 Hernán TVHo,qué es lo que oigo? ap, 
bien le supo agradecer 
Serafina el hospedage. 

Carlos. 
¿Que aun no respondes 9 cruel? 

Ser o fina. 
\ De susto no estoy en raí! ap 

h or tocar rero 
¿Cómo ahora enmudecéis? 

Madama, 
Fácil t'uera hacer en vos 
el mismo etVcto 

Portocarrero. 

¿Con qué? 
Madama. 
Con esto solo (i) 

Por tocar rero. 

j Qué veo! ap* 

estatua muda quedé 

Madama. 
¿Enmudecisteis ya ? 

Por tocar rero. 

s¡, 

(i) Descúbrete con recato de los otros» 



19$ 

qtif la dicha que en mí veis, 
por ser en vuestra grandeza 
incapaz de suceder , 
no os la acerté á desear ; 
y error de la suerte fué 
darme la dicha de hallar 
sin culpa de pretender • 
pero una vez sucedida , 
tarde me arrepentirá f 
pues no me atreví á esperar, 
pero me atrevo á tener 9 
y no me he de desdecir 
por mucho que os enojéis. 

Madama 
Galante sois , español , 
y esponer no merecéis 
vuestra persona á estos casos* 

P or tocar r ero, 
Decid pues quien sois. 

Madama, 

No haré, 
que no habéis de tener vos 
mas garbo que mi altivez. 
Esta fué una travesura 
de airoso chiste, por ver 
turbado de vuestro brío 
el desenfado cortés: 
enfrente de roí, mirad , 
está la que pretendéis ; 
id con Dios, porque á las damas 
siempre nos parece bien 
que en sus arrojos los hombres 
ensalcen nuestro poder ; 
y no quiero que por mí 
de ser fino escarmentéis» 



155 



Portocarrero. 
Gallarda acción » vive Dios, 

Carrasco- 
¿ Queréis , Madama , creer t 
que rae ha parecido en vos 
pegadiza la esquivez ? 

Nise. 
Y queréis creer , Monsieur , 
que á hombre ordinario me oléis ; 
y están en vos tan mal puestas 
gala y voces , que traéis 
la discreción de alquilar 
y la gala de alquiler. 
Carrasco* 
Pues no es porque estoy delante, 
pero soy buen mozo á te. 

Conde* 
llora es me parece ya. 
de que empiecen. 

Ernesto. 

lomen pues 
sus puestos , y de instrumentos 
empiece el dulce tropel. (i^ 

Str afina 
Salid del festín. Monsieur y 
y á una reja esperaréis , 
donde á daros un aviso 
que importa mucho saldré, 

Portocarrcro 
Desde ahora á obedeceros 
me ausento : Cari asco , ven. 

Carrasco 
¿ Donde ? 



(i) Lcvántansc todos. 



197 

Portccarrero. 

A dejar el lucir, 
por acercarme al arder. (i) 

Música . 
Amor lisonjero , 
veneno inmortal , 
tu rigor severo , 
queja es dulce y ya fiero , 
Siempre fatal % 
solo contra mí 
hace el penar 
dulce morir : 
déjame quejar 
de tu infeliz rigor f 
pues haces durar 
de todo mi dolor 
el fiero ardor t 
y á un infeliz 
solo á penar 
dejas í-.'V/r .• 
tu piedad cruel 
disfraza el matar 
con dulzura infiel % 
porque sabe juntar 
en su pesar , 
blando y sutil , 
un halagar t 
que solo es herir. 



(i) Vanse los dos, y $e empieza el baile francés 
entre Damas y Galanes, 



198 



Serafina» 
\ Ay de mí ! (i) 

Carlos 

Tened. 
Conde 

¿ Qué hacéis í 
Carlos 
No os vi , señor, perdonad f 
que me cegó la piedad. 

Conde. 
Mi cólera no iriteis , 
villano. 

Carlos» 
Bien temí yo. 
Conde. 

Atrevido. 
Carlos. 

¡Que con el 
no pueda reñir ! 

Conde. 

Infiel. 
Ernestv 
¿ Señor # en qne os ofendió? 

Carlos 
Mas pues allí está un criado 
suyo , si Hopa á apretar, 
en él le pienso df jar 
advertido y castigado, 

Conde 
¿Os dais por desentendido ? 



(») v4/ pnsar Serafina por junto al Conde , se vt 
a caer 9 llegan á un tiempo el K onde y Carlos á de 
tenerla , y encontrándose con violencia , cáesele al Con 
de ti sombrero. 



193 
vive Dios , que mí pasión 
castigue aqueste bastón 
co un villano atrevido. (i) 

Carlos. 
Renolt f i qué es lo que decís ? 
¿ vuestra razón no responde 
Á esto que os ha dicho el Cunda ? 

Kenolt. 
A vos dice, 

Carlos 

Vos mentís, 
J asi deja castigados 
vuestros errores mi filo , 
que el Conde solo ese estilo 
tuviera con sus criados. Dale y cae* 

Renolt. 
¡ A y infeliz ! 

Conde. 

\ Al) traidor! 

Carlos 
Deteneos » que mi le 
castigó aun criado , que 
puso mal á su seiior. 

Y pues con vos , por ser fiel 9 
no riño t hice lo qne visteis, 
lio porque vos lo dijisteis , 
sino por decirlo el. 

Con vos no se me permite , 
de él mi honor se satisface f 
porgúela injuria me hace 
aquel que me la repite 

Y poique yo soy tes! «'«o , 

que á honrarme mi le os oMiga 



(i) Alza el bastón , / le detiene Ernesto.. 



201 



miento cualquiera que. ¿liga , 
que en esto hablasteis conmigo 
de vos alia jo , que estáis 
en lu¿ar del U cv , y asi 
me retirare de aquí , 
para que no lo digáis. 

Conde 
Prcndedle, tnatadle , muera. 

Ernesto 
Este atrevimiento es ya 
contra todos. 

Conde. 

El tendrá 
el castigo. Entran siguiéndole* 

Serafina. 
Suerte fiera \ 
dentro» señores, os entrad, 
no ese cadáver asombre. 

Madama. 
¡Absorta be qo<\d*do ! á ese hombre, 
si vive , á curar llevad , 
que del Conde la arrogancia 
con cualquiera militar 
recelo que ba de costar 
algún mal suceso á Francia. 

ESCENA VIH. 

DzCiRAClOX VE CjLLB. 

Por tocar i tro y Carrasco. 

Porttcarrv.i o. 
Nadie á la reja salió. 

( arrosco. 
Dentro suena bravo estruendo, 



201 
y un hombre sale corriendo. 

Sale Carlas 
La fortuna el resto echó: 
Caballero, vuestra espida 
á quien me siguiera impida, 
que me importa honor y vida. Fase. 

Sale Ernesto y Soldados* 
carrasco. 
Eso es para una tapada. 

Ernesto 
Este es , prcitdedle 

Portotat rtro 

Yo estoy 
á la defensa obligado. 
Carrasco. 
Y yo , Señor , á tu lado Riñen. 

corao dogo. 

Ernesto 

Muerto soy. Cae. 

ESCENA IX. 

Dichos y sale el Conde con luces. 

Conde 
Sin luz Ernesto salió , 
sigámosle. 

Por tocar r ero. 

: lies 1ÚZ VÍ , 

Carrasco, ven por aquí. Vanselos dos, 

Soldndo. 
El que «.e retiía hirió 
á Ernesto 

Conde 

¿ Qoé es lo que be oido ? 
roas también le seguiré g 



202 



pues 5 la luz observé 

las señales del vestido Va&t. 

Krnesto. 
Dejadme al traidor seguir, 
que esto no es nada. 

Soldado 

A curaros 
venid, que no he de dejaros 
de ese modo proseguir; 
nosotros le seguiremos. Lléoanlc. 

ESCENA X. 
Portocarrero y Currase: 

Carrasco 
J Ah , Señor, este portal 
obscuro está , mal por mal t 
pues las calles no sabemos 9 
ocultémonos en él , 
que por otra parte ya 
el ruido dice que vá 
siguiéndonos el tropel. 
Portocarrero» 
En-f rente está de la casa 
de Serafina , y asi , 
bien podemos desde aquí , 
no solo oir lo que pasa f 
sino mirar si á la reja 
salen , ó ruido escuchamos ; 
pues aunque el riesgo en que estamos 
este espacio no aconseja ; 
¿adonde habernos de ir, 
si hasta que la noche fría 
rompa el nombre con el dia , 
no hemos de poder salir 



203 
déla Piara f" ¿qué furor 
|tg td .vería costra mí f 
que r obl¡fcar«Oi IH 
é usai de todo el valor? 

Ct r rasco 
No lo sé , 11» !"«' accidente 
la fiesta turbado ti ibrá. 
Por toco tero 
No te muevas, q»»' ( <>ácia acá 
parece que viene gente 

ESCENA X!. 
Dicho* % Hitarte y después Carlos. 

Rica r te 
Mas vale nunca que tarde, 
aquel reirán nos responde: 
este es el portal adonde 
mi amo me mandó que aguarde. 
Larga ha sido la tuncion , 
culpa los brindis tuvieron f 
donde me desvanecieron 
á razones la razón 
¡ Qué obscuro está ! aquí tropieza 
la planta , este un poyo es f 
y supuesto que los pies 
no pueden con la cabeza # 
liéntome. 

Carrasco 

; Qué mal andar 



tiene! 



\iene 



Portocarrero 
Calla , que otro allí 

Sale Carlos 

Pues á todos vi 



204 



la calle desamparar 
buscándome , y nunca pueden 
en juicio probar que yo 
fui quien á Re ll0 H mató , 
aunque sospechosos queden f 
este frn-e h* m udar : 
si Ricarte espera aquí 
con el que mandé ; y así 
entre ellos ui e he de mezclar, 
desvaneciendo atrevido 
cualquier indicio que he dado, 
porque en fin lo bien negado 
no fué jamás bien creído. 
¿ Rica ríe f 

Ricarte . 

i Quién llama P 

Carlos 

Yo: 
¿ dónde estás ? 

Ricarte. 

Aquí rabiando , 
como aquel que tiritando 
toda la noche esperó 

Coi IüS • 
Toma presto este vestido , 
y dame el qué te be mandado, 

Portocarrera. 
\ ara volver disfi az,ado 
buena ocasión se ha ofrecido ; 
toma ese , y yo le daré 
el mió. (i) 



(i) Desmídanse t y dale Portocarrero su cosaca d 
Carlos, y dá la suya Carrasco á Pitearte , y él le dd 
la (juc traía prevenida. 



20S 
Carrasco» 

Y el mió yo , 
que por malo que sea , no 
pienso que empeorare. 

Carlos. 
Toma. 

ti otro. 



Ricarte. 
Venga , que ahí va 



Carlos. 

Vete al momento 9 
no te vean aquí 

Jilearte. 

Eso intento , 
que me llama el sueno ya. Vasa 

Carrasco- 
Muy buena maula se ha hallado 
en mi vestido 

Carlos. 

Foi tuna , ap, 

debate esta vez alguna 
piedad, quien vuelve fiado 
en la esterior esprrieucia 
de este trage que previno , 
no hallando contra el destino 
otra humana desistencia. Va$i. 

Porlocan ero, 
¡ Raro caso ! 

Carrasco. 

Y dicha rara : 
y aunque á mí in«« ha sucedido 
otro caso panado , 
muchas veces no tallara t 
si tu comedia se escribiese, 
al^uiiu que lo dudase f 



206 

por natural que se hallase 
y fácil que se supiese 

Portocart ero. 
En la casa entrando gente 
va otra vez ¡ y pues estoy 
ya en otro trage f yo \oy 
á averiguar , que accidente 
fué el que pudo alborotar 
la fiesta f y si ha de salir 
Serafina. 

Carrasco. 

¿ Y quieres ir 

donde vuelvan á chocar 
contigo? 

Portocarrero. 

Ven , que ya ai* 
va el temor desvanecido, 
pues solamente el vestido 
resultaba contra mí. 

ESCENA XII. 

Decoración de Salón 

El Conde , Ernesto y Soldados con luces , y todas la$ 

Damas . 

Conde. 
¿Que no os queráis recoger f 

Madama. 
Esto habéis de hacer por mí. 

Serafina. 
Señor , no salíais así. 

Ernesto. 
Yo me he empeñado en prender 
4 quien cometió el delito 



ao7 

en mí casa de una muerte, 
que á su Alteza de esta suerte 
empeño mayor evito. 
Intercutánea es la herida 
del piquete , y la violencia 
del golpe y mi resistencia 
ocasionó la caida. 
Y esto se ha de castigar, 
que si el primero permito, 
la cólera hace un delito, 
y muchos un ejemplar. 

Conde. 
Toda la plaza be rondado , 
sin hallar el delincuente , 
y el susto del accidente 
vuestro , aquí me ha retirado » 
hasta poder con el día 
hacer la averiguación : 
esto es quitar la ocasión 
de que á la cólera mia 
la justicia anticipada 
llegue, y lleve á Carlos preso, 
que en los filos del proceso 
fe embotan los de la espada. 

ESCENA XIII. 

bichos , y salen por diferentes puertas Cdrtos , Porto* 
carrero y Carrasco. 

Portocarrero. 
Con mi industria disfrazado, 
á ver el tumulto vuelvo. 

Cdrlot. 
A entrar aquí me resuelvo, 
dtl nuevo trage fiado. 



208 



Conde. 
Allí diviso al que hirió 
á Ernesto , aquel el vestilo 
es. Mi rundo d L arlos. 

Ernesto 

Vive Dios f que atrevido 
aquí el máscara volvió 
que hirió á tlenolt: ya es esceso (i) 

contra mí y el general * 
y pu^s él buscó su mal , 
ha de ir al castillo preso. 

Conde. 
Prendiéndole f de él sabré 
si Carlos fué el atrevido* 

Carrasco 
A la luz miro el vestido ; 
por Dios t que no me engañé» 

Madama. 
Otra vez se vuelve aquí 
el español. 

Serafina. 

Ya ha venido 
Hernán Tello ; por el ruido 
á la reja no salí. 

Conde» 

Ola. 
Ernesto. 



Ola, 



Unos. 



Señor. 






Otros. 

Señor. (a) 



( i ) AI ir ando á t ortocnrrero. 
(a) Señala cada uno el su/ o , jr se arrojan unos jr 
oíros á cogerlos por detras. 



209 
Los dos 
Prendedme aquese atrevido. 

Todos. 
Daos á prisión 

Los dos 

; Ah traidores ! 
Madama r Serafina 
Cielos, ¿qué es esto que miro? 

Carrasco 
Llegó nuestro fin , ya tongo 
calentura en el gallillo. 

Serafina. 
¿ Cómo podré yo estorbarlo ? 

Madama 
¿Cómo pudiera impedirlo? 

Serafina. 
¿En qué, señor, te ha injuriado? 

Madama 
¿En qué, esposo , te ha ofendido?, 

Ernesto 
En so trage se conoce, 
que es el que osado y altivo 
perdió el respeto á su Alteza. 

Conde 
En su trage he conocido , 
que es este el que á Ernesto hirió. 

Portocarrcro 
¡Por cuánto , Cielos divinos, ap, 

donde juzgué hallar remedio , 
no hallara nuevo peligro ! 

(Sdrlos. 
¡Por cuánto no hallara un riesgo ap. 
donde buscaba un alivio! 

Carrasco. 
¡Y por cuánto , según anda 
14 



:uu 






confuso este laberinto f 
quizá estará condenado 
á ahorcar este vestido ! 

Ernesto. 
Destapadle el rostro. 
Conde. 

Veamos, 
quien es. Descubren á los dos. 

Carrasco 

Esto va perdido. 
Ernesto. 
¡ Válgame el Cielo l ¿ qué veo ? 

Cohete 
¡ Valedme , Cíelos ! > qué miro f 

Ernesto. 
I Hernán Tello pudo ser f 
con quien un lance ha tenido 
tan pesado el Conde! 
Candi. 

I Quien 
me ofendió , no es Dumeliuo f 

Ai adama. 
¿Qué equivocación de trages 
ha sido esta 

Serafina 

¿ Qué habrá sido 
esta mudanza en los dos r 

Conde. 
Cuando aerearnos pedímos f 
yo estuché la ypz de Carlos 

Ernesto 
¡En ijné empeño estoy metido 9 
cuando le debo agasajos! 



211 
Conde 

¿ Ernesto ? ¡ pero qué es esto ! (i) 

Ernesto. 
Señor, ¡pero qué be mirado! (a) 

Conde. 
¿ Hernán TeIJo aquí escondido 
con el trage que tenia 
mi ofensor i 

Ernesto- 
¿ El que rae ha herido 
fué Carlos ? 

Serafina. 

-La admiración 
me vistió de mármol trio. 

Conde 
En buen empeño se halla 
la autoridad con e) brio. 

hrnesto 
En fuerte lance me veo 
con mi yerno y con mi amigo; 

Portacarrero. 
¡Cielos, variando el acaso, 
firme se quedó el peligro! 

Cét los 
{Cielos | mi fortuna ha dado 
de un abismo en otro abismo! 

Portocarrero 
¿Para cuándo son las ansias? 

Carlos 
l rara cuándo los gemidos? 

Carrasco, 
¿Para cuándo, para cuando 

■■ i " «i 

[i) JF'utfoe j vé d Portocarrera.» 
I*) Puche jr vé d Cdrlof. 

♦ 



212 



aguardan falsos testigos ? 

Conde. 
Villanos , soltad, ¿qué hacéis ?, 
habiendo ya conocido 
la persona del señor 
Hernán Tello, ¿ así atrevidos 
le oprimís, viniendo á honrar 
sus servidores antiguos? 

Carrasco 
Luego dirá mi amo , que 
no somos bien recibidos. 

( onde, 
Habiéndoos visto, señor f 
aunque me pesa i n finito 
no hayáis de vuestra jornada 
ai: ticipadó el aviso , 
y que para el hospedage 
lio nos bailéis prevenidos, 
bien veis, que escasa r no puedo j 
que aquí os detengáis , pediro» 
es í>iei za , hasta dar cuenta 
á mi Rey de vuestro arrivo, 
y asi á ser mi huésped solo 
habéis de venir conmigo. 

Ernesto 
A vuestra Alteza, sefior , 
qup considere suplico: 
que es oso desatora r 
al país de sus prescritos 
privilegios. 

Conde. 

I Cómo f 
lírrtt st(L 

Como 
aunque vuestra Alteza vino 



213 

á gobernar la provincia , 
cuando Amiens no ha recibido, 
por sus fueros, de soldados 
guarniciones ni presidios , 
toda la jurisdicción 
le toca en ella á mi oficio , 
y en el ejercito á vos : 
lue^o si está en mi dominio , 
claro se vé , que á mí solo 
toca hospedarlo, y servirlo. 

Conde . 
No digáis eso , que yo 
en lugar del Rey asisto 
aquí. 

Ernesto 

Y yo , señor con su 
jurisdicción me autorizo. 

('onde t 

Lu^or-Teniente del Rey 
al genera^ es estilo 
llamar. 

Ernesto 

No aquí, donde, tienen 
privilegios los vecinos 
de no admitir soldadescas, 
pues profesan ell >s mismos 
la milicia, y ellos tienen 
sus «jefes. 

Conde 

No persuadirnos 
queráis eso , que vos solo 
joei ordinario habéis sido, 
y este es fuero militar , 
cuyo imperio privativo 
reside en mí. 



3í4 



Ernesto 

También yo* 
por las milicias que alisto » 
Capitán de guerra soy. 

Conde- 
l Pues á los órdenes mio$ 
jio estáis por esa razón ? 

Ernesto 
En caso de guerra ó sitio, 
si; en lo que toca al manejo 
de i as armas ¡ mas no al juicio | 
en que aquí el Potestad tiene 
Absoluto señorío : 
y asi debéis entregarle. 

< onde 
Soldado soy, no ministro t 
y prisioneros de guerra 
á justicias no permito 
rendir /pues nunca ser puede 
delincuente el enemigo ; 
y no se porfié en esto , 
pues se vé que es desatino # 
que quien manda armas de España • 
á menos se hava rendido , 
que á quien manda armas de Francia» 

l, rnesto 
Segunda vpa os repito, 
que yo mando estas milicias 
también 

Conde. 

No me bagáis deciros • 
que un caudillo militar 
lio ha de rendirse á un caudillo 
de los mecánicos gremios , 
que es bajeza el discurrirlo, 



21b 

y aun el sufrirlo, yo f 

sin dar á ese error castigo. 

Ernesto 
Yo cederé , protestando ; 
mas no sé si consentirlo 
querráu los burgeses. 
Unos. 

No, 
que nuestros fueros antiguos 
defenderé ojos 

Oíros. 

Nosotros 
sobramos á reducirlos 

Por locar r a o. 
Bi*n vino (a competencia 
para no darme á partido. 

Carrasco. 
Valido de este alborotó* 
escaparme determino. 

Partí carrero* 
En tumultos populares / 

á nn * alor permitido 
será sacando la espada f 
estorbar que ba^an conmigo 
indecorosa violencia. Sácala espada» 

Carrasco 
Eso si , cuerpo de t risto, 
que ha rato que está en el pecho 
Ja sangre dando pi Iliacos. 

Unos 
Del Conde es. 

Otros 

Del Potestad es. 
Carrasco. 
Yo aqueste medio elijo , 



216 



para huir de sus rigores. (i) 

Unos. 
A ellos. 

Otros 

A ellos , amigos. 
Conde 
Ninguno aquí riña , pues 
que corran riesgo es preciso 
las damas 

Ernesto. 

Nadie use armas 
basta que hayan traido 
luces : ola , luces presto. 

Serafina 
\ Muerta estoy ! 

Madama 

\ Sin alma animo! 
Flora. 
; Qué miedo ! 

Unos 

Sainamos fuera. 
Par tocar r ero. 
¿ Carrasco ? 

Carrasco. 
¿ Qué hay , señor mió ? 
x or tocar r ero. 
S/gueme. 

Carrasco. 

Va voy, mas voy 
tentando con los hocicos. 

i artocarrero 
Cielos, la purria no encuentro. 

Serafina* 
) Español ? 



(i) Apaga las luces, 



2 1.7 

Portocarrero. 

Quién es ? 
Serafina, 
Venios conmigo 

i J oríoca/ rcro 

E^a dulce voz 

imperio tiene atractivo. 
ESCENA XIV 

Bichos , menos Serafina , Portnorrero , Carrasco , y 
sale Nise con tuces* 
JSise. 
Ya están las luces aiiuí. 

<;<>// de 
l Qué es esto ? ¿dónde se ha ido 
Hernán Tello? ' 

Ernesto 

E>a es mi duda. 
Cf.nde 
Pues buscarle deiei auno 
por la casa. 

Ernesto. 

Y so también. Fase. 

Conde 
Vaya Carlos ni Ga*fcíUby 
qm- ha (1<- i.-vi i* id osadía , 
por vida del R< y Kurico. J^S*. 

Carlos 
Cielos, ved ijoeeii tai» tas ansias 
lüe da muirte el ver que vivo. (i) 

u doma 

Aunque [Hiede sel jue k haya 

de t >do irccld* *V» 



(i) Llevante los andados. 



218 



Serafina, be de callar- 
po^s con ocultarle, evito 
al Con ¿e y al Magistrado 
«mpeño tan conocido. 

Sale Ernesto. 
Toda la casa be mirado» 
y solo falta este sitio 
del cuarto de Serafina. 

Sale Serafina. 
Yo cerrado le be tenido 
con la llave. 

Un s. 

Viva el Conde'. 
Otros. 
Viva el Magistrado. 

Sale el Conde. 

A grítot 

se abanderiza la plebe; 

entre ellos habrá salido 

á la calle, y | primero 

e* Ernesto, dividirlos , 

y dar ordenen las puertas, 

que no abran , hasta otro aviso I 

yo le cercaré la casa, 

por si ocultarle ha querido. 

Ei nesto. 
Estorbemos el tumulto, 
que el no saldrá del recinto 
de los muros , y podremos 
buscarle mas advertidos. ra$t. 

Madama. 
De tanto acaso asustada 
¿ palacio me retiro. 

Serafina. 
Señora. 



219 
Madama 

Quedad con Dios » 
que en efecto habéis cumplido 
como quien sois. 

Ser afina- 
do os entiendo. 
Madama» 
Yo o* diré p^r^ue lo digo. Va%e, 

Serafina 
Este enigma me faltaba ; 
p entre tanto que el ruido 
se sosiega , e iu <*s primero: 
salid. 

ESCENA XV. 

Serafina i y salen Por tocar r ero y Carrasco % 

Porti>cftrr- m 

A tus pies rendido > 
Madama. 

Serafina. 

tísnisai! razones , 
porque no es tiempo «I»- oíros. 
Vos, hidalgo en ese paso, 
á e>le corredor vecino, 
mirad si vuelven 

Carrasco 

Sí haré, 
y ninguno, si yo miro , 
irá tan descaminado, 
que se escape de registro. Fase. 

Serafina 
No mas suatos, e.<p.:ñol 
que el pecho me habéis tenido 
estremeciendo a presagios , 



220 



y palpitando á latidos. 

¿ Rsios son vuestros arrojos f 

¡ mal hubiese mi delirio 

en deciros lo que nunca 

juzgué que hubiese traído 

tal séquito de accidentes, 

tal concurso de peligros! 

Lo que n«> es amor, no sea 

cuidado , que es desvarío 

tener la pensión del riesgo , 

sin propensión del carino. 

De la casa de mi padre 

caen los jardines floridos 

al muro , y en él , yo y una 

criada , de quien me fio , 

una cuerda os ataremos, 

en estando recogidos 

todos , bajareis por ella , 

que yo á quitarla me obligo, 

por no dejar contra mí, 

cuando amanezca ese indicio. 

Y pues la plaza no pueden 

abrir, basta que en los visos 

encienda el alba los montes 

de aqntil albor matutino , 

tiempo tenéis de esraparos, / 

antes que puedan seguiros. 

Tomad , tomad el retrato , 

pues por el habéis venido, 

porque no volváis por él , 

que un miedo os he concebido , 

tal , que sin serlo yo os tiemblo 

mas que vuestros enemigos, 

y en lo que tuvo de vuestro , 

le desconozco pur mió. 



22t 



Id con Dios, que ya me cuestan 
vuestros arrojos martirios, 
y mr anda acá lo piadoso 
desmesurando lo esquivo . 
No volváis á verme mas , 
ni quiero que un desvario 
me asuste , sin ser amor , 
y hallando hecha el alvedrio 
la costa á lo cuidadoso, 
se domestique en lo fino. 

Poi tocar r ero. 
Yo tomo el retrato; pero 
no viniendo en el partido 
de no veros. 

Serafina. 

¿ Pues de mí , 
qué es lo que intentáis ? 
Vortocaí tero 

Serviros 
tan á todo trance , que 
no solo aqueste conflicto 
no me haga escarmentar ; pero 
juro á los Cielos Divinos, 
que ningún francés consiga 
los raros mientras yo vivo. 

Serafina. 
I Pues podéis vos aspirar , 
siendo de opuestos dominios , 
á ser mío ? 

Portocarrero. 

¿ Porque no l 4 
Serafina. 
Si vuestro espíritu altivo 
no encaro tra dificultades , 
mal dejará persuadirnos 



222 



la razón á error tan grande? 
no queráis bacer impío 
que me baile bien con creer lo y 
si el tiempo ha de disuadirlo. 

Prtrtocarrero. 
¿Pues qué dificultad tiene 
ser vasallos de un Rey mismo? 
los dos i 

Serafina 
Bien esrá f pues yo f 
si eso salváis vos f me obligo 
i ser vueslra. 

Portucarrero. 
j Cuándo? 
Serafina. 

Cuando | 
puesto que los dos vivimos 
boy á dos Reyes sujetos y 
bagáis vos en mi servicio, 
ó que Amiens sea del vuestro « 
ó que Dorlan sea de) mió. 

Partocarrero. 
En bodas como las nuestras 
es mas cortesano estilo 
que no salga de su casa 
Ja Dama ; y asi yo elijo 
que sea Amiens del Rey de España L 
pues casi imposible miro 
que sea Dorlan de Francia , 
en tanto que yo la rijo. 

Serafina* 
¡O que arrogancia española , 
tan propia de aquel nativo 
soberbio espíritu que 
os hace á todos malquistos ! 



223 
Bien juzgué que mereciese 
mas el darme yo á partido , 
que un engallo , porque engaño 
es ofrecer presumido 
temeridades adonde 
11 n puede llegar el brío. 
Voy á allanaras el paso, 
porque luego podáis iros 
donde aun de mis quejas no 
percibáis un desperdicio ; 
y un imposible tan grande, 
id , español • advertido 
que fué bajeza ofrecerlo, 
feo pudiendo vos cumplirlo» Pasa 

Potiocarrero* 
¿Que* es lo que pasa por raí ? 
yo, Cielos, desvanecido 
dije una proposición 
á una dama, cuyo juicio 
motejando de arrogancia 
mi amoroso desvarío, 
aun le graduó por desprecio 
mas allá de desatino. 
No cumplirle la palabra 
fuera en mí valor indigno; 
cumplirla , entregando á Francia 
á Porlan , fuera delito 
contra mi Rey y mi honor: 
y en los estreñios distintos 
de amor y honor t Rey y Dama # 
es en leales Caudillos 
antes el Rey que el amor, 
y el honor que no el cariño. 
Ka, discurso, al empeño, 
que si abora dt aquí salimos, 



22 > 



Aroiens ha de ser de España , 
para cuyo gran motivo, 
valga la industria por ai mas , 
por ejercito el capricho f 
la astucia por balería , 
y por poder él arbitrio: 
pues doy á E$p$íia esta Plaza , 
venzo aquel rii;or esquivo , 
me corono de laureles, 
bago halagos los desvíos; 
puesto que cumplo ( escusando 
en fin discursos prolijos) 
a mi Dama una palabra, 
y bago á mi Rey un servicio; 
porque sepan las edades 
venideras lo que hizo 
por su Rey y por su Dama 
un español de este siglo 



-H^^- 



23S 



ACTO TERCERO. 

ESCENA PfllMEUA. 

Decoración de Bosque, 
Portocarrero y Soldados. 

Tortocnrrero 
Altos verdes y antiguos ciudadanos 9 
de estas riberas vividores olmos, 
que tejiendo cortinas enredadas , 
sois de este valle pabellón frondoso. 
¡O vosotros % que fuisteis á mis ansias 
florecientes testigos! ¡ O vosotros, 
cómplices de suspiros tan callados, 
que aun yo mismo los siento y no los oigo! 
Troncos en quien el céfiro suave , 
pulsando vuestra* bojas sonoroso , 
al ardiente compás de mis suspiros, 
de acompañar mis penas suena ronco: 
pues me dais el consuelo de ateuderme 9 
y el secreto ofrecéis á mis sollozos , 
siendo para escucharlos siempre atentos 9 
estando para oírlos siempre sordos. 
Grabad el nombre en vos de Serafina, 
y haced que vuelvan á escuchar mis ojos 
«1 dulcísimo nombre de quien fueron 
láminas vegetables vuestros troncos. 
A Amiens he de rendir (, terrible empresa!) 
pues me asusto en lo mismo que dispongo* 
y de tener tan alto pensamiento 
auu se baila el pensamiento temeroso», 



2:6 

£ío lidio , no f con bárbaros caribes f 

de aquellos que en el clima mas remoto 

habitan breve mundo en isla breve , 

verde lunar de cristalino rostro. 

£ío con aquellos nue juagaban eran 

de coudensada nuve ardiente aborto 

esas bocas de bronce, que oprimidas 

bostezan humo, manido escupen plomo. 

Con los franceses lidio : jó amor noble! 

¿ quién Habrá que se esmere en tus oprobios, 

cuando tú las acciones generosas 

enseñas á los pechos generosos? 

ESCENA II. 
VicJuiS y sale Oriiz cnn un Mundi Novo, 
Ortiz. 



Gracias á Dios que el camino 
me has ahorrado, y que dichoso t 
bailando á tu gente haciendo 
forrages < n este soto , 
llego á tus plantas. 

Porlocarrero* 

Ortiz f 
bierr venido : cuidadoso 
me has tenido 

Oriiz 

Si ñor mió , 
yo estoy viejo , y aunque mozo 
fuera , aun no pudiera andar 
una águila de reloino , 
al paso que lá el deseo 
de cualquier amante bobo. 
Yo entré en Amiens disl razado % 
con tjdo este promontorio 






del Mu tid! Noa L.jjj 

un estrau^nvo lanudo , 
invención estrañfl p;«ra 

rar de la risa el o, 
Grité por aquellas eslíes 
s 1 1 a mió i mi voz ej cliui ro : 
Quien cbieri * ei c<>si «iiioní, 
cosi lih (i i, (I (VI^udi.sNovo : 
íi snstri , i i za j .»! i ) , 
trompelieri,- > ¿.ore t.Jo , 
li si fio r ( 'a ti I i i»; -, m : 
é hize tan grande al lio roto, 
que mas de seis mil muchachos 
me acó in pan j b: n .el tuno. 
Entre' en m uch i si. tu as casas 9 
donde lia marón gustosos 
á ver la novedad, cuyos 
embelecos á mi bi>' 
iban atrayendo ochavos , 
tropezando unos e.o otros 
Una la de Serafina 
fué, de que sé que r n vid ¡oso 
quedinas , y teniendo 
yo una cara de demonio 
eiUeifcces , toda tu gala 
trocaras tú por mis ojos. 
Ella salió: ¡,Ó que ocasión 
me ofrecía el episodio 
de pintártela , si acaso 
peí mitiera el auditorio 
á rema nces de v e ¿re tes 
ambires y circo uloquio* ! 
Saque jo mi IWundi Novi 9 
sacudiendo de los. hombros 
tan l as mentiras de bulto , 



27 



2SÍ 



que sobre un bufete pongo. 
Había en él una danza 
de máscaras en el corro , 
y yo dije entonces : Esti 
es en Amiens un vistoso 
festín f en donde Hernán Tello 
entró también de rebozo. 
Ella se asustó: yo dije 
que mil secretos curiosos 
llevaba , y que le feriaba 
en una caja unos polvos 
de grandísimas virtudes f 
naturales para el rostro; 
que en uu papel dentro (aquf 
di una guiñada) iba el modo 
de usarlos , y la receta 
para hacerlos Entendiólo , 
que es demonio la muchacha f 
y con un chiste gracioso 
que descomponer pudiera 
mi recato mas devoto , 
cuando allá en mis mocedades 
era yo mas cosquilloso , 
me dijo : yo lo veré , 
dándome un doblón de á ocho £ 
que no quiso el asonante 
que fuese mas el socorro. 
Volví á pasar por la calle 
después 9 y del mismo modo 
me llamaron , y me dijo , 
como fingiendo un enojo 
de un alraivarado ceño , 
cuyo dejo es pegnjoso: 
Tomad allá la receta f 
que grande escrúpulo formo f 



£23 



y no quiero yo quedarme 
con cosa que á raí decoro 
esté mal y pues es hechizo 
con pacto supersticioso. 
Entregóme este papel Sácale. 

con esta industria f y yo tomo 
la caja , y piano piano , 
con todo el mundo me torno 
acuestas , y con dinero f 
que pesa mas por ser poco. 

Portocarrero. 
Tú has hecho la diligencia 
recatado y cauteloso , 
como tan gran partidario. 
Muestra ese papel, que el gozo 
en e.l corazón no cabe, 
y va rebosando al rostro. 
Let : Monsieur f vos habéis buscado 
ú mi recato un tan propio 
modo de favoreceros* 
que en él también me conformo. 
Que sea vuestra me voivcis 
a pedir , cuando brioso 
conquistéis d Amiens ; yo digo 
que al partido me acomodo t 
no pudiendo hallar mejor 
camino , ni mas airoso 
de despediros , supuesto 
que otorgando á vuestro antojo 
una esperanza con un 
imposible , nada otorgo , 
que es lo que yo deseaba , 
no quedando vos quejoso ; 
que esto de quedar con quejas $ 
es esponerse al apodo 



230 



de tirana « crv-1 y n< rn , 
que, sabuS.acLir vosotros,* 
/ rLteiiüienaa que o d mil amos 

pvr finezas lot, oprobios- 

r / "• S ' i 

J^tu es t momar tii nuevo 

mi valor, ai mas n-toico. 

asunto que celebra ráu 

Jos Auaii's pl cd^iüsos 

iiih si fianctéco de A ico 

i i 
viniera ,' a quien bre&iirofOf 

desd^ 1 que de Ámiciis saU. 

despache a pedir socorro 

al Archiduque f 

ESCENA Ifl 

Dichos • Francisco del 'Arco y Car} a Seo. 

I ¡ añasco 

Las, plan.tas 
me dá. , 

, Fprforai tero i 

Araron* '4 ÍQMtwsa , 
Ile^a á mi.» -.liraxos , i.uej» <_ ,>v 
te coronan i 

(tarrasco 

Y á mí , y toilo», 
señor . pues ji^ftde í¡ 
ru.v >n U> w>. fiílot i « ft .m>|v ( ) t 
llJC vii im .vea j osla uniil-j 
Jmnalai i<>* jom 

pnsarl a <w, ina/.u 

COHiO si iuera-, ¡ \ .ajot '•' 
jfó; ¡.Oi.arrem. 
¿Cómo dejais,,á ¿u . ilteaa.»? v » 



Franr*'srn. 
Cuando llegué , en alborozo» 
públicos la villa ardía , 
pavón de fuego vistoso , 
con pompa de lummarhs, 
que coronándola en torno , 
párpados de luz palpitan 
C4i tantos Iré rn.O I os ojos 
La causa (Je esta a!e<>iia 
era volver victorioso, 
después que de los dos meses 
franceses la tregua han loto 
de Cales, el Archiduque 
Alberto , cuyos gloriosos 
hechos , si en su pecho caben , 
no caben en sus elogio» 
Díle tu pliego á su Alteza, 
que le recibió gustoso , 
preguntándome por tí, 
y examinando curioso 
cómo estás , en q.oe discurres , 
y como te h. lias ; de hmmIu , 
que al ver que un Hríncipe grande 
admite entre soe ahogos 
tan por menor l<s cuidados 
de su gente f reconozco 
que en su servicio los riesgos 
se alivian ; porque es notorio, 
que quien de tí no m» olvida , 
no se olvidará tampoco 
de tus servicios , podiendo 
con beneficio tan ci»rto, 
al ser de lo agradecido , 
divertir lo deseoso 
Dijome que le pedias 



*3i 



232 



Ucencia , gente y socorro 

para una oculta interpresa : 

preguntó si noticioso 

de ella vo me hallaba : dije 

que tus designios ignoro t 

porque el secreto tenias , 

y aun se aventuraba el logro 

dando cuenta , á que me dijo* 

Hecho será prodigioso, 

siendo suyo; y le diréis, 

que remitirle dispongo 

Ja gente que aquí me pide, 

por ser el número poco ; 

que si antes puede dar cuenta 

del designio cautel ' so , 

se verá acá eu el Consejo ; 

pero si halla algún estorvo 

en la dilación del tiempo , 

que él emprenda por sí solo, 

fiaiiflo de él el suceso , 

pues sus experiencias loco. 

Este despachó té envía, Dáseln 

con orden de que estén prontos 

á remitirte esa g«*nte 

cuantos cabos valerosos 

las guarniciones y plazas 

habitan de este contorno. 

Y por si venir maestros 

de campo Turre forzoso 

para mandarles , te envia 

también grado decoroso 

de general de batalla , 

de qoe el parabién nosotros 

recibimos, y el viage 

dichosamente corono. 



233 



Portocarrero, 
Una y mil vocea 1 ¡ s brazos 
roe da , porche mu prisiones 9 
de ¿es almas e^ abones 
sean en eternos ¡azos. 
S\i Alteza me escribí* aquí 
que á todos orden envia 
que me obedezcan , y fia 
tan grande empresa de mí, 
aunque cuenta no le be dado , 
de mi valor persuadido, 
á que ya está conseguido , 
con haberlo yo intentado. 

Carrasco 
l Y de eso Un triste estás t 

Por tocar rero- , 
Entre temor y esperanza f 
Carrasco , esta confianza 
es la que me empeña mas* 
Siempre se esperimentó 
•er enemigo violento 
la palabra ó pensamiento y 
que del pecho libertó 
un hombre , que su impiedad 
e! atecto mas cruel 
suele volver contra aquel 9 
que le dio la libertad 
Empresas, que á ser creídas 
no nacieron destinadas , 
no deben ser rebeladas 
antes de estar conseguidas : 
que como difícil es 
el persuadirlas constantes , 
solo las desprecia antes 
quien las admira después. 



234 



Y !a censura importuna 
opu ud dificultades , 
solt; Ijs II meridadrs 
las sentencia la fortuna ; 
pues con juicio desigual f 
hace '¡uc r\ nombre les den 
de hazaña , si sale bien, 
y de. loen r a , si mal 

Carrasco. 
N» en fantásticas vaivenes . 
te quieras desvanecer, 
y lo ¡|tif rspci as tener , 
no jnz^u^s qne ya lo tienes; 
porque al verlo disuadido, 
bai ál f*aVgtf%í <!(> esto arguyo, 
que lo que nunca íu*'* tuvo, 
lo 11 ores 1 como perdido. - Disparan, 

*• * 'Dentro Caídos. 
¡ A y de ; mi ! 

Dentro Renolt 

M atadle , muera. 

(arlos. 
Desesperado 1 s.ibrc 
morir ó malar. 

Portocarrero 

¿ Mas qué 
confuso lamento altera 
este campo í 

Carrasro 
Y nti e espesuras , 
que son fi.);;o os raneóles , 
un torbellino de pieles , 
y un viciilo rnn herradura* , 
corre el monte des\ urado ¿ 
y se¿un fogoso viene , 



2Z5 



de la pólvor? qne tiene , 
|.'»m)m) que se l ' i <; : s varado* 

Y en un t r >r i : allí, 

y el aire , v tierra in^ijvendo 
desuella á un joven , diciendo. ••• 

ESCENA JV. 

I) icJt ns ,y Sn le Cri r los . 

¡ Ayt ftfltéhet de. m>! Cae. 

j nr/„^<irrc, O. 

Caneco, átuoVfe?, y Vbá , 

qre Sai üáícíáh 

deié*£i tropa un batallón , 

haced fanst'loS soldados. 

Orliz. 

Yo me vbf , por Dios , 

á descansar , que no miias, 

que raudicfó est<-v aquí , 

y üVícVfo que <■ un " 

ti-ngj u«'i mundo tfe mentiras. *V**« 

i 

ESCINA V. 

.. 

Dichos nknoé'Ortiz. 

Cu \ { 
¡ Ay triste! 

/ rufi ytfq 

Pnrere , que 
coljranu- r t r ' r,i " ■ '" " lo > 
vuelve \ \ en > 

W i hace 



235 



en volver en sí, supuesto, 

que hasta ahora ha estado en mí , 

que en mis costillas le tengo. 

Portocarrero. 
Infeliz joven , cobraos. 

Carrasco. 
Y yo , si soy quien le debo , 
le y daré adelantado f 
porque se cobre mas presto. 

Carlos. 
Ya que de aquel parasismo, 
que con mortal desaliento, 
entre mi muerte y mi vida 
fué paréntesis funesto, 
cobrado estoy; a tus plantas, 
ilustre Portocarrero, 
cuya¿> gloriosas hazañas 
padrones serán del tiempo, 
)ace Carlos Dumelino. 
Portocarrero 
Levantad, Carlos, del suelo f 
que ya me acuerdo que fuisteis 
en Dorlan mi prisionero. 
¡Cielos este es el francés ap. 

del retrato , á quien prendieron 
no sé, porqué aquella noche, 
que me vi en peligro dentro 
de Amiens ! ya podré saber 
el motivo de mis celos. 
Carlos i qué es ésto ? 
Carlos . 

Un agravio 
tan rigoroso, tan fiero, 
que su dolor ... ¿ pero cómo 
su dolor esplicar quiero > 



237 

si su inmensidad no cabe 
aun en la del sentimiento? 
ofendióme un poderoso 
en el honor : ya con esto 
de una vez lo dije todo ; 
que hay linage de tormentos , 
que aun no se atreve á explicarlos 
quien ha menester saberlos. 
Ya pues con esto te he dicho 
mi intención ; porque naciendo 
noble, á nadie rebeldía , 
que el honor perdido tengo 9 
á no ser para cobrarle: 
porque aun de este modo quiero f 
no fíándome de mí, 
ponerme á mí en el empeño. 
Lo que aquella noche viste 
ejecutar no lo cuento ; 
el motivo sí , pues fué 
querer el Conde se\cro , 
faltándose á sí y á roí , 
hacer con entrambos ciego 9 
blasón de lo soberano 
el furor de lo violento. 
Ernesto Pleysi dejó 
tratado mi casamiento, 
cuando paso á los Cantones 
con una hija suya. 

Por tocar r ero» 

¡Cielos, ap. 

muerto he quedado ! 
Carlos. 

Y aunque i ella 
rigores solo y desprecios 
debo , pues los precio tanto 



238 



que imagino qwfe los debo ... 

Portot:arrero 

Alentemos , corazón 
L«> rasco 
Hombre f deten el resuello , 
que le habias dado en la nuca 

L d/ los 
Con tan reverente afecta 
Ja idolatré , que á un pintor 
lleva non! , parque cociendo 
sus per lecciones á hurto 
aquel sTroulai ro bello 
hiciese , que por los ojos 
bebiese mi enHe'nd inatento'. 
Con solo un retíalo suyo 
me quedé t que supo diestro 
al ruido de la esperanza 
embelesar inis deseos. 
Este es aquel que en Dorlan 
perdí ; ya sabes que tuero», 
tales entonces mis ansias y 
y tan raros mis es t remos f 
que ofrecí por su rescate f 
no tan sólo cuantos medios 
tuviese , mas también cuantos 
esperase , reduciendo 
lo adquirido , lo esperado 
y lo posible á su precio ; 
siendo tanto lo que cabe 
del hombre en el pensamiento, 
que el poder de la fortuna 
mis den amado en los prem¡0l # 
podia tal vez agotarlos , 
mas nunca satisfacerlos. 
\ olvió Ernesto , y cuando yo 



&3i> 



esperaba del concierto 

la conclusión , qui^o e| Conde, 

]>or £ala ó por devaneo, 

servirla , de mí fiando 

su cuidado ; mas y>> atento 

le respondí , en el estado 

que se hallaba de mi empleo 

la esperanza Desde entonces 

se opuso á mi vida fiero. 

¿Qué empresa de gran señor t 

cH:»ua de un alto concepto, 

fui' .quitarme á mí el honor? 

¿ ni qué vanidad , supuesto , 

qu« cuanto es mas gran señor 9 

se descubre mas ; pues vemos, 

que el que no hace lo que debe, 

es acreedor de si mesnio, 

que jamás cobra de sí 

lo que á sí se está debiendo t 

Por el suceso de aquella 

noctli, me llevaron preso 

á una torre , donde en fin 

al rigor del hado adverso 

me vi á muerto condenado f 

sobre un fingido pretesto 

ti* política , intentando 

apasionado el Consejo, 

que el vengar mi ofensa fuese 

perderle al Rey el respeto. 

Mas se le pierde el miirstro., 

que ajando el poder supremo, 

la autoridad Keaj humana 

á sus pasiones, sirviendo 

como él quiere, y quizá solo 

para los casos mal hechos. 



240 



Mas yo , limando con oro 
los guardas, en un libero 
bruto escapé, cuando de un 
riesgo salí á mayor riesgo; 
pues Renolt y sus parciales 
en venganza me siguieron 
de su injuria, y al caballo 
alcanzando el uno de filos 9 
le dio un balazo ; de suerte , 
que desbocado , corriendo 
chocó en un tronco , quedando 
del golpe y la herida muerto, 
y yo á tus plantas rendido. 
Ea , generoso Tello , 
mi cólera y tu valor 
á la facción aunemos 
de vengarme: vive Dios , 

que ha de ver el Conde fiero 

cuánto pierde de su fama , 

quien pierde un hombre de esfuerzo. 

En el honor me ha ofendido; 

y si en su honor no me vengo, 

no siendo igual el agravio 9 

no es igual el desempeño. 

El crédito ha de perder 

el Conde en Francia , si puedo; 

pues yo para Francia ya 

eternamente le pierdo 

No mas Francia : patria ingrata ¿ 

tú conocerás el yerro 

que cometes , en dejar 

que rae pierda, no oponiendo 

contra las iras del Conde 

todo el poder de mis deudos. 

Aliéntense pues tu» iras , 



241 



consuma voraz e! fuego 

á Amiens , y sea á su opulencia 

tumba la región de! viento. 

Para esta Campaña hay 

tantas municiones dentro , 

que hoy es la plaza un tesoro 

militar de todo el reino. 

El Rey en persona quiere 

con sus victorias soberbio 

entrar en Flándes , á cuyo 

motivo va disponiendo 

el mariscal de Virón 

dos ejércitos tan gruesos 9 

que anegar puede el tumulto 9 

antes que mate el acero. 

España no tiene fuerzas 

para estorbar los progresos 

de esta campana f en que Francia 

de su poder echa el resto : 

pues tú solo has de librar 

á Flándes , que sorprendiendo 

á Amiens , con las municiones 

de guerra y boca , que han hecho 

allí almacenar, les quitas 

de la campaña los medios. 

Por este camino solo , 

todo el poder destruyendo 

de los ejércitos grandes , 

que sí les falta el sustento t 

tantos son los enemigos 9 

cuantos soldados en ellos 

hubiere; y mas, asentado 

que para formarse el cuerpo 

de un ejército, es el vientre 

*¡1 que se forma primero. 

16 



243 



No hay guarnición Je soldados 9 

que nunca la consintieron 

los burgueses, alegando 

heredados privilegios: 

y asi , ellos mismos defienden 

esta plaza ; á cuyo electo 

se alistan veinte mil hombres , 

repartidos en sus gremios , 

y toda gente adiestrada 

en el militar manejo. 

Pero en la 'puerta , que llaman 

de M o ti te-Cu roe , hay un puesto 

donde está el cuerpo de guardia , 

y estando ahora tan lejos 

de sospechar enemigos 

en la campana , no habiendo 

ejército , los soldados 

se suelen entrar al luego 

de una casilla vecina , 

donde las iras del cierzo 

reparan , por éer aquí 

tan rigoroso el invierno, 

que siempre agua condensad^ 

en copos inunda el viento: 

por esta puedes entrar, 

que yo á llevarte me ofrezco 

seguro al muro ; y asi 

conseguiremos á un tiempo 9 

yo venganzas, tú blasones; 

porque si ofendido veo 

perdido mi honor , cuánto e* 

mejor perder el esfuerzo $ 

que la paciencia, y mas bien 

vengando, que no sufriendo» 



2)3 

Lortocnrrero. 
A descansar le llevad 
vosotros ahora, que loejjo, 
que yo á Doria n con la irrite 
vuelva , de ¿Anació h;? Id . n-rnos. 

Safe un Soldado. 
Hasta Amiens beatos seguido 
esa ti opa ; pero puestos 
en fuga , ninguno pudo 
llegar á reconocerlos 

Por tocar r ero 
Bien está : Carlos , á Dios, 

Carlos 
El quiera , que este veneno 
del alma., infestando á Francia , 
deje sin ofensa el pecho. VaSG* 

t ranc i seo. 
¿Por qué, señor, respondiste 
a) francés con tal despego y 
sin darte por entendido 
en nada , de cuan á tiempo 
su ausilio viene t 

Carrasco 

Estuviste 
oyéndole circunspecto, 
sin moverte á nada , ¿no 
fias de él ? 

Portocarrero. 

Pluguiese al Cielo 
no nos creyésemos nunca , 
Carrasco, de mal contentos 
de Francia. 

Carrasco 
¿ Por qué f 



344 



V ortocarr tro% 

Porque 
se reconcilian tan presto 
como se enojaron ; pues 
siendo tan fácil su genio 
en perdonar y ofender, 
lo que conseguido habernos, 
es pe. i de r en sus socorros 
tiempo, ocasión y dinero, 
y lue^o ellos ajustarse, 
dejándonos descubiertos. 
y van allá á revelar 
todo lo que acá supiéron- 
lo no he de fiaron* de él t 
pues si él hace este despecho, 
enojado de que el Conde 
dirigiese sus obsequios 
ó Serafina , ¿ qué hará 
después conmigo » que pienso 
quitársela á el , al Conde , 
á Francia y al mundo entero f 

Carrasco. 
Eso rae concluye 

Francisco. 

Una 
por una , lo cierto es cierto ; 
pues desde la noche f que 
de Arniens volviste, primero 
que me enviases á Bruselas , 
me mandaste ir encubierto 
á examinar de la plaza 
la situación, el terreno, 
fortificación , defensas, 
municione* y pertrechos ; 
"y U> mismo ciue él te ha dicho 



.45 



de 1a puerta t el inofenso 
cuerpo de guardia , y las oleas 
cosas que lia contado f Fueron 
las mismas que confé vo , 
y Orliz f las veces que ha vuelto , 
ha convenido en lo mismo. 

Portocarrcro 
Francisco , en laucas como estos, 
se ha de u*ar del enemigo % 
como los médicos diestros 
usan del veneno , para 
que lleve el medicamento 
al corazón , donde siempre 
se va el tósigo derecho , 
echando el venen»» eti poca 
cautidad f que á no saberlo 
usar con recalo , fuera 
mayor peligro el remedio. 
Del enemigo se Ce , 
pero poco y enn recelo ; 
porque no hay de >lre%a , como 
alambicando á un sugeto , 
saber separar lo malo , 
y valerse de lo bueno. 
Hoy con la orden d<* su Alteza # 
despachar propios pretendo 
á Conde t Cales , Bjjiama 
y la Cápela; y ordeno, 
que de aquella* guarniciones 9 
ramos y destacamentos, 
hasta el número que pido, 
marchen aquí de secreto. 
Quimil piensa temeridades f 
ha de perder lodo «*l miedo 
á la razón y al discurso , 



246 



huir del entendimiento. 

Si á Fernán Curies hubiera 

salido mal el intentó 

de prender ó Motezuma y 

dijéramos que era «crio , 

loco, temerario y hombre 

de toda razón agono ; 

salióla bien , la fama 

le ha c«»loeado en su templo ; 

que empresas grandes no caben , 

sino es en los grandes pechos , 

y son las temeridades 

su mas terrible argumento ; 

porque no las califica 

la razón , sino el sucoso. 

Atended ahora la orden , 

que en mi empresa doy ; pues creo » 

si el intento se consigue f 

dejar al mundo un ejemplo 

de hasta donde llega el garbo 

de no estar en un empeño, 

á los ojos de una dama 

desairado un caballero. 

Francisco de! Arco, tú 

y otros doce companeros f 

los hombres de mas valor, 

que se hallan entre los nuestros, 

en el trage de paisanos 

li abéis ele ir á Amiens , vendiendo 

fintas para stt consumo , 

como villanos groseros , 

qne anda ii ni este pah , 

con unos sacos de lienzo 

hasta los pies, con qne pueden 

debajo de él ir cubiertos 



247 



los puñales y pistolas , 

que den á la acción aliento. 

Fabricaremos un cairo 

de. los mas robustos lefios, 

donde á la madera Tuerte 

vistan cortezas de hierro f 

que resistan el rastrillo 

Tú , Carrasco, has de ir rigiendo 

los caballos. 

Carrasco. 

Vive 0¡os. 

Porta carrero 
¿Cómo replicas, soberbio, 
asi á mis preceptos ? 
Carrasco. 

Antes 
desde ahora los obedpzco , 
que en empezando á v¿:tar, 
empiezo á ser carrerero. 

Vartt carrero. 
Tú has de llevar este carro 
á entrar en la placa lleno 
de paja para su abasto, 
porque no solo con eslo 
las planchas de hierro cubra 
pero pueda llevar drulru 
mosquetes y partesanas 
y espadas que tomen piesto 
Francisco y los suyos , cuando 
los pidiere el caso 

Carrasco, 

l Y luego? 

Portocarrero 
Este es el orden que os doy, 
que lo demás no revelo 



£4S 



hasta su ocasión. N 

Carrasco, 

Pues ea # 
señor , vengamos a) cíenlo, 
que si i*n la ocasión an* miro » 
y si del carro me apeo, 
han do saber , que nacidos 
me vinieron los reniegos. 

Francisco, 
Si han de ser doce los rr.ios, 
yo voy, señor, á escogerlos 
en todos los reformados. 

Carrasco. 
Vive Dios , que hay mosquetero 9 
que sabrá... 

Porlacarnro. 

No , no , Francisco f 
á reformados me atengo ; 
que m estos casos la honra 
es otra parte do esfuerzo. 

Francisco 
Pues marchemos á Dorlan. 

Por loe ai rero 
Pues á la plaza marchemos. 

Carrasco 
Pues á" hacer el carro vamos t 
donde verás lo que ruedo. 

Francisco. 
A disfrazarme. 

Porlocarrero. 

A vencer, 

Francisco . 
A dar triunfos 

Carrasco. 

A echar temos* 



249 

Pnrlocarrero. 
Y yo á ofreterhi i las plantas 
de xiji roo u a ir. . swprenio , 
para que la fama di<;;; , 
que consiguió este trofeo 
por su Rey v por su I)., .na 
Hernando Por toca rre.ro. 

ESCENA VI 

Decoración du Sala. 

Maiama , Serafina y las Criadas con luces. 

Serofirta 
Yo quedo !»ien advertida, 
frñora , ó desengañada , 
de ti '-ar jamás entrada 

á I. ■ * 5f t-» V'l)5l f 

d<>p . ida 

tan dentro d pensamiento 9 

que c^n proceder violento, 

nos fr^i^aa en camlñ» injusto 9 

si al adquirirlas un ^nsto y 

al perder! nu tormento 

"Ricas copas # que *. luirió 

Cotia de cristal , c » fiera 

saña | antes que las rooipteri 

otro, él misino las rompió; 

porque t;»nlo se agradó 

de ella* f que antes que el contento 

hiriese en el alma asiento , 

pedazos \ IC in j* .) $ 

para no poner su gusto 

donde se le ror pa el viento. 

Yo asi , señora , debi 



2*} 



linrrrme esta tiranta , 
cuando para dicha mia 
os t t¿i jo la suerte aquí: 
el alfTi a toda os rendí, 
y mi fortuna severa 
os ansióla de manera , 
que en la pena que resisto, 
diera por no haberos visto, 
cuanto antes por veros diera» 

Madama 
Guárdete Dios. Serafina, 
que yo tan gustosa voy 
de haber visto junta hoy 
con tu hermosura divina 
tu discreción peregrina , 
que aunque el dolor no resisto 
de ausentarme, pues conquisto 
esto, daré de esta suerte 
todo el pesar de no verte, 
de albricias de haberte visto. 
El Conde se ha de volver 
á Pe ron a , á gobernar 
la provincia allí, y á estar 
mas quieto á mi parecer; 
que su humor no puede ser 
para estar ni residir 
donde intenten resistir 
su imperio , si lle«;a á ver, 
que aun no saca en el vencer 
la costa de competir 
No te he dndo el parabién f 
por las cosas que pasaron , 
de lo bien que se emplearon 
descuidos de tu desden. 



Serafina. 
I Pues en quien sefiorar 

i\\ adama 
l En quién ? 

Serafina 
i Si por «*l Conde diria ? ap. 

Modama. 
En alguna bizarría , 
que en la gala que. llevaba 
y<> opiij-» luya huleaba , 
y la encontré como rnia. 

Serafina* 
Por quién Ir: decís no sé. 

M.darna. 
Tu secreto bacer codicia 
iin agravio á mi malicia; 
y si en'onces lo cailé f 
no íué porque 'o ignore, 
pues yo le bable, y yo le si 9 
y solo te nido aquí , 
p»»r nuestra amistad estrecha, 
que no d* mié >tas sospecha, 
que rn<* está tan bien á mi. 

Serafina 
No alcanzo yo en duda i&uaJ , 
sin* j wv presumí , 

que bu < > u'e mí , 

ijo<" á vos t .st'u bien , ni mal ; 
y si la so 
( o pin - S % 

( -i , irnoi » por I >ios , 
().• m i altn • •/. j des len v 
que li» joe ó mi me rsíé bien , 
no os estará mal á vos. 



212 



Su Alteza y el Potestad 
llegan, 

ESCENA VII. 

Dichos , el Conde , y Ernesto. 

< Ernesto. 

Si os he merecido 
favor, á* vuestro rendido 
las phit.ta*, sonora dad: 
bien que de mi voluntad 
estaréis reconocida , 
que siente ern alma y vida % 
que sea mi veneración 
de este obsequio la ocasión , 
el de vuestra despedida. 

Conde 
Yo, señor Ernesto, intento 
mañana volver mi casa 
á Perona , así porque 
la prevención acabada 
teii^o aquí de cuantas cosas 
prevenir el Rey me manda , 
como porque á A mieos muy presto 

en ejecución la marcha 

pondrá el duque mariscal 

de Virón , á cuya causa, 

estorbar la concurrencia 

intento, por circunstancias 

del mando y s» rrgalías , 

que entre nosotros se guardan. 

Muy agasajado voy 

de vos ; mas siento eu el alma f 

que hubiese dado ocasión 



253 



aqnrlla tema pasada , 
para escaparse Hernán TeIJo 
de en medio ele nuestras armas ; 
acción , que será imposible 
sin nuestra ofensa acordarla : 
solo quiero preveniros # 
que pues dentro de esta plaza 
presjdio no iveibis , 
viva con mas vigilancia 
vuestro recalo; pues tengo 
alguna luz de que traza 
Hernán Tollo, convocando 
de todas estas comarcas 
las guarniciones t alguna 
correría , pues no halla 
mi congt tura , qué empresa 
puede moverle á juntarlas f 
si no es esta : y advertid , 
que tenéis muy nial guardadas 
las espaldas con traidores. 

Ernesto. 
¿Pues quién son ? 

Conde. 

Sí yo alcanzara 
á saber eso , antes fuera 
el furor que la amenaza : 
dígolo | porque imposible 
es que Carlos se escapara 
de la prisión , sin que aquí 
It alentasen. 

Ernesto. 

Por si habla ap. 

con le sospecha , de que 
por estar capitulada 
con el mi hija , yo pude 



2*4 



darle á* sn fu «a las alas , . 

le responderé Creed . 

que el oro iinaa las suardas f 

yá interésesele soldados 

persuade con eficacia , 

y que á no ser esto , en Caí los 

un escarmiento quedara , 

aunque IU110I1 mejoró 

Conde 
Yo me he de partir mañana ; 
mas peí mil id , que una cosa 
diga , que quizás por ciara 
no os gustará 

Ernesto. 

Vuestra Alteza 
disgustar no puede en nada 
á quien nunca de su gusto 
saldrá. 

Conde . 

Si fuera Monarca , 
vive Dios t que no tuviera 
de mi imperio en la distancia 
vasallos con privilegios, 
y que antes los conquistara* 

Ernesto. 
j Ah f señor , y cómo creo f 
que la altivez os f ngaua ! 

Conde 
¿Yo habia de tener vasallos, 
que al poder Real embarazan 
Ja Majestad absoluta? 
Ernesto- 
Los vasallos no le atajan 
al Rey el poder , sino 
la razón que tienen , para 



?5S 
que el poder se ajuste á ella ; 
y asi , advertir que se llama 
imperfección ÓVI poder, 
poder hacer cosas malas ; 
y ha de obedecerse á sí 
primero aquel, que á otros manda, 
para que asi con su ejemplo 
consecuencia á todos haga. 

Ci.nde 
Del político problema 
dejemos aquí doblada 
la hoja, que yo espero en Dios, 
en la Coro fia de Francia , 
ver á Amiens sin privilegios. 

Ei ncslo. 
De lo futuro no alcanza 
la aslrologia sino 
unas vislumbres lejanas; 
y íisi la cuestión dejemos r 
q»le pues ya la noche baja # 
seíTa , contraseña y nombre 
repartiréis en las guardias 9 
pues aun estáis esta noche 
dentro de Amiens : hija, á casa 
vamos. y ase. 

Madama 
Serafina, á Dios. Va$C* 

Conde. 
¡ Ay . hermosura tirana ! ap» 

solo siento que en la ausencia 
que mi amor emprender trata, 
yo mismo de mis ofensas 
doy á tu rigor venganza. Vas*» 

Serafina, 
j Ay , español , que me ticn« 



256 

tan neutral esta esperanza f 
que sí u pensar en ¿leería 9 
me consuelo con dudarla. 

ESCENA VIH 

Campo fhinte de las murallas de Amikns. 

Salen al son de cajas y clarinef F } ortocarrero , armado* 
con su peto y espaldar , hutas y espuelas $ detrás Fran- 
cisco del Arco y otros soldados de villanos , cvmo han 
pintado los versos , con unos sacos de nueces y manza- 
nas p jr Carrasco de Carretero , con su látigo 9 Carlos J 
Ortiz vestidos de soldados , y Soldados. 

Portocarrcro 
¿Habéis ya entendido el orden t 

Carrasco. 
Sin discreparle palabra. 

Fronciicp. 
Fia de nuestro denuedo , 
que yo y estos cantaradas, 
con la industria prevenida, 
apenas la puerta abran , 
cuando se la ganaremos. 

Oí tu 

Si á nuestro esfuerzo se encarga f 
verá el sol antes que dore 
las cumbres de las montanas, 
ó nuestras vidas perdidas, 
ó sus defensas ganadas. 
Porlocarrera. 
Pues ya estaraos á la mira , 
cese el rumor de las cajas» 
y el ruido de los clarines , 
que con dulces consonancias 



son pájaros de metal, 
que hacen á la aurora salva ; 
y puesto que nos hallamos 
á vista de las murallas, 
quede la caballería 
oculta en la enmarañada 
espesura, que á la vista 
es padrastro de esmeralda ♦ 
que yo con dúdenlos hombres 
(que españoles estos bastan) 
me emboscaré en esa Hermita f 
que está á la puerta cercana; 
porque en poniendo de frente 
los hombres que solo alcanzan 
á cubrir su vuelo , unas 
filas á otras filas tapan , 
y en linea recta bien puede, 
aun después que Apolo salga y 
la Hermita ocultar á todos; 
porque en estando ganada 
la puerta acuda con ellos 
á mantenerla y guardarla. 

Carrasco. 
Yo vengo tan disfrazado 9 
que al verme con esta traza 9 
no dirán sino que soy 
carretero de la Mancha : 
ya en esa emboscada tengo 
el carro lleno de paja : 
j qué habernos de hacer con él? 

Por tocar r ero. 
Tú á tiempo que rompa el Alba 
tantas azules cortinas 
á transportines de nácar , 
al ir á entrar por la puerta 

17 



2Í7 



253 



Jos caballos desenlaza 

de! tiro, con aquel muelle 

<ino nrtifn ioso los ala ; 

y fingiendo entonces que ellof 

desbocados se disparan , 

has de procurar que quede 

parado el carro en la entrada 

de la puerta ; de tal modo , 

que cuando el rastrillo caiga v 

quede suspenso en lo fuerte 

de las ruedas y las tablas: 

que no tía hiendo alli caballos 

que tiren de él ; cosa es clara 

que no es fácil apartarle • 

\ mas sí entonces las armas 

juegan Francisco y los suyos; 

pues acudiendo mi saiía 

con la poca infantería 

qu^ a!h* se queda abocada 

en !a termita , entrar podremos 

sin que i ncon veniente baya 

por debajo de las ruedas $ 

y si la puerta se gana 

en cuanto yo la defiendo 

1ú t Francisco, con tu escuadra 

lias de subir al torreón 

que corona la muralla, 

y levantar el rastrillo ; 

porque pueda entrar formada 

la caballería que 

detrás de es\c bosque aguarda, 

y de allí la artilloria 

volvereis contra la Maza; 

porque si esta no se toma f 

segura la retirada 



S!S9 



tendamos allí ni abrigo 

de sus bombas y so* balas. 

Lstos seiscientos calilos 

desde el bosque en grufío traigan 

otros seiscientos infantes, 

que en ilos cuerpos se repartan t 

echando pie á tierra , en tonto 

que estos con esfuerzo hagan 

tiempo hasta que llegue el grueso 

que tiene por retaguardia ; 

pues cogiéndolos dornrdos, 

y entrando por c 1 1 les varias 

gruesos cuerpos de mi gente 

aclamando Viva España, 

el susto y la turbación 

tengo por cosa asentada , 

que ni les dará logar 

á tí efe risa ni á ventaja f 

ni á ver los pocos que somos 

para una empresa tan alta. 

Pero por vida del Rey, 

que 1 si alguno se desmanda 

á pillage ó saco, en tanto 

que no esté ya asegurada 

la Plaza, y cruzado el viento 

con las Católicas Aspas , 

le he de quitar yo la vida ; 

porque otro alivio no hallan 

empresas como estas, cuando 

por acaso ó por desgracia 

no pueden ser conseguidas , 

que haber sido bien pensadas. 

Y Dios nos dé esta victoria , 

que en empresas temerarias, 

el modo de conseguirlas , 



M© 



es el no considerarlas. 

Francisco. 
Si liará, confianza en Dios # 
supuesto que le acompañan 
mas de seiscientos caballos 
entre bridas y corazas , 
> dos mil Hilantes. 
Oriiz. 

1? *• 

como quiera la distancia 
á veinte mi! hombres que 
dentro pueden tornar armas f 

Francisco 
¿ Qué importa , si son Burgeses ? 

Carrasco. 
No andemos en pataratas, 
los muchos siempre son muchos 9 
aunque sean unos mandrias; 
¿ pero usted qué lleva? 
Francisco. 

Nueces f 
que les han de salir caras. 

Carrasco. 
El Capitán de las Nueces 
me parece que te llaman 
ya en Flandes, y que por eso 
dirá en adagios la fama 
que el ruido es mas que las nueces. 

Portocarrcro 
Amigos, ya el dia raya: 
á su puesto cada uno, 
que de mirar tan cercana 
la dicha ó desdicha , todo 
ti pecho se sobresalía. 



261 

Carlos. 
Con mi espada y un persona 
te sirvo cuntía mi Patria ; 
y si he callado , es porque 
en ocasión tan bizarra , 
donde están prontas las obras t 
ociosas son las palabras. 

Por tocar r ero. 
Amigos, nuestro es el dia. 

Francisco' 
A egecutar lo que mandas 
Voy : ea f amigos , valor. 

Todos 
Verás tu empresa lograda* 
ó liemos de morir contigo. 

Cortos. 
Hoy se logró mi venganza 

Carrasco 
Hoy el carro me ha cogido 9 
si sale la industria mala. 

Poriocarrtro 
Hoy es el dia en qoe ciño 
de laurel mis esperanzas, 

ESCENA IX. 

Sale un sargento francés , Ricarte y soldados fran¿ 
ceses , y van uoniendo tn el currpo de guaidia ala- 
bardas y rnosauctes , y toca un clarín . 

Sargento. 
Puesto que á romper el nombre 
hace sena la alboreada , 
venga, que al abrir la puerta 
he de entregarle la guardia. < 



26 i 

jR i corte. 
Mala vida es ser soldado , 
yo mejor sirviendo retaba 
á Carlos 

S erg v ni o. 
¿Qué es lo que dice ? 

Blcarte 
Que no le replicó nada 9 
Seo Sargentu , que á ser posta 
vengo yo como una hala. 

Sor genio 
En el cuerpo de guardia ahora 
vaya poniendo las armas: 
ah centinela del muro, 
ah d**| muro. 

Sale un Soldado en lo alto. 

¿ Quién me llama ? 
Sargento 
Ved si para abrir la puerta 
segqra está la campana. 

Sóido do. 
Solo en ella se divisan 
unos villanos que. aguardan 
para entrar con bastimento. 

Jilearte 
Yo cobrare' mi pitanza. fase, 

Sargrnt K 
Pues yo voy á abrir las puertas. 

Rica r te. 
El señor Sargento vaya , 
que yo bago aquí centinela. 



26o 



ESCENA X. 

Descúbrese la puerta , y snlen el Sargento % Francisco 
y su gente. 

Sargento 
Buenos dias , «cuto honrada. 

francisco 
Su merced l*>s *• üga buenos. 

Ortiz 
Y Dios le dé buena Pascua. 

Tudas 
Loado sea Di«>i 

Sargento. 

¿ Qué traen 
aquí T 

Francisco 

Nueces y manzanas 
¿ vender. 

Sargento 
¿ Se« .¿i. muy buenas ? 
Francisco 
Sí, como no saig-iD vanas. 

Ortiz 
Tome su merced ron liento , 
que con su trabajo gana 
de comer un pobre hombre 
dando gritos por las plazas. 

Hicaí te. 
Podrida es esta 

Francisco. 

Carrasco ap. 
mucho con el carro tarda. 

Sargento 
Buena fortuna han tenido 



*64 



en entrar su hacienda salva 
hasta aquí, porque españolea 
¿icen que en la tierra andan. 

Francisco 
¡Ay, señor, si nos cogieran! 

Ortiz. 
¡Qué gente tan desalmada! 

Dentro Carrasco* 
Só, caballos del demonio. 

Sargento. 
i Qué es esto ? 

Hicarte. 

Un carro de paja qne 
entra por la prerta. 
Carrasco. 

i Oh , todos 
los demonios os llevaran ! 
Só , caballos de un ladrón. 

R i carie 
Si son vuestros, camarada. 

Francisio. 
Bueno va , pnes debajo 
del rastrillo el carro para. 

Sargento 
Hombre i, anda con ese carro, 
q«e la puerta embarazada 
tienes. 

Carrasco 
l Cómo quiere usted 
V íe ande, si se me disparan 
con mas de seis mil demonios 
Jos caballos ó las hacas ? 

Sargento . 
Ande , y sea como fuere. 



26 

Carrasco* 
Seo Sargento t brava , brava y 
¿ siu caballos ha de andar? 

Sargento 
Ande , ó vive Dios, que haga 
con cita alabarda puerta 
todo ¡>u pecho. 

Carrasco. 

Fanfarria. 

Sargento* 
l De dónde cica , ó quién eres ? 

Carrasco 
Pues , hombre , ; acaso te casas 
conmigo , q«»e eso preguntas ? 

Sargento 
Vive Dios, si no mirara.,.. 

Car rosco 
Vés aquí, que ya no miras. (i) 

Sargento. 
Muerto soy. 

Francisco. 

Ea , camaradas : 
i ellos. 

Unns 

Traición, traición. 
Otros. 
Al rastrillo , á la muralla. 

Francisco 
Ya cavó el rastrillo, pero 
detenido con las tablas 



(i) Dispara C arrasco una pistola , cae el Sar- 
genta , r lili csfanotrs echan mano d las armas del 
varro y del cuei /«> de guardia , cae el rastrillo , jr 
fuédasc sobre el carro. 



256 



del carro, á los espartóles 
enh a<Ja Jeja 11 

Todos . 
■Arma , arma. 
Jr or tocar r ero 
Pues ya se empezó el ataque, 
y la puerta es*á «añada , 
á defenderla , españoles: 
«-se rastrillo levanta , 
Fi¿ic»riscu, mitrarán por ella 
los tíx b jilos que se avanzan. 

Soldado 
Ya se levantó el rastrillo. 

r or locar r ero 
La arción mas desesperada 
es defender esta puerta. 

Soldado. 
Ya entran todos 

Todas» 
Arma , arma. 
Conde . 
¿Qué es esto , Ernesto ? 
Er nesto 

Señor f 
que la ciudad ocupada 
de españoles e^tá. 

Conde. 



yo sabré' recuperarla , 
muriendo. 



¿ Cóm o f 



Caja¡ 



( i ) Salen por debajo del carro Porlocorrero y los 

SUJOS 

(i) Entrdnse acuchillando , y salen el Conde f 

Ernesto. 



267 



TLrnestv 

Fa fes imposible , 
pues de las callea y ¡dafcas 
sof» dueños ; mejor jera 
que vuestra Alteza se vaya, 

¿Cómo es posible q.oe yo, 
dejando dentro á Madama, 
me ausente i 

Eme sin. 

Como es mejor 
salir , para rescatarla 
vos , que el quedar los dos presos, 

Conde 
Si eso aconse jan las canas , 
no »1 \alor ; y vive Dios , 
pues el caso os desengaña f 
de que vuestros fueron son 
de vuestra pérdida cansa ; 
pues si soldados hubiera , 
nunca la empresa lograran : 
que yo lO« re til aré , 
mas sera mi retirada , 
saliendo con los que pueda 
del batallón de mis guardias 9 
espada en roano , y á ellos , 
que en fin lidiando se salva f 
aunque sin provecho lidie , 
el provecho y la desgracia,; 
y si a Madama IQf deje , 
es por volver á cobrarla 
juntan», ufe con Ainiens , 
con todo el poder de Fiancia. 



268 

ESCENA XT. 

Salen por un lado los españoles, y por otro las dan 

Nise 
Pidámosle buen cuartel, 

' Todos. 

Vuestra clemencia nos valga. 

Portocarre.ro 
N a «i i v ofenderos procura, 
que nunca contra las damas 
los españoles aceros 
cortan 

Sale Francisco del Arco. 

Ya toda está llana 
la ciudad á tu obediencia; 
pues que de ella el Conde falta, 
que espada en mano rompiendo 
cuantos batallones halla , 
salió de la plaza. 

Sale Carlos. 

Dondt 
se malogró mi venpatiza, 
no pudiéndole alcanzar. 

Por tocar rcro 
Antes de pasar á nada, 
lo primero es, que una escolta 
sirviendo vaya á Madama 
basta dejarla en Perona , 
que no quiero disgustadla , 
en que esté del señor Conde 
solo un instante apartada. 

Madama 
Aunque estimo, como es justo 9 
hidalguía tan bizarra , 
no inc be de partir tan pies to , 



80 

que no deje ejecutadas 
vuestros bodas , siendo yo 
madrina ; y pues ignorancia 
fuera , viendo esta fineza , 
cstrañar por quien se baga , 
yo haré con Ernesto, que 
tenga por bien empleada 
Ja mano de Serafina 
en vos. 

Carlos* 
Cielos , ya sin alma 
vivo. ap. 

Poiiocarrero. 

Yo solo procuro , 
pues que vos sabéis mis ansias , 
y mi palabra he cumplido» 
que me cumpla su palabra. 

Ser/fina. 
Sí haré 9 si mi padre gusta. 

Ernesto. 

Y yo estoy á vuestras plantas 
cu albricias 

Portocarrero. 

Carlos, vuelva 
á Dorlan , de aquí te aparta , 
que no quiero que conmigo 
lo que con el Conde hagas t 
ni que tu retrato busques , 
pues en mi poder se halla. 

Carlos. 
Armas di contra mí mismo. 

IWos 

Y aquí tiene fin la hazaña , 

que hizo el famoso Hernán Tcllo 
por su Rey y por su Dama. 



270 



Por su Rey y por su Dama. 



Hernán Tello Portocarrero en la acción del sitio 
de Doi lan , adquirió de manos de mi soldado un re- 
trato de una señora francesa , de tanta hermosura, 
que esto y su carácter tan valiente como amartelado 
Je sugieren ia idea de buscarla por Francia A la sa- 
zón se hubia convenido una tregua enirc españoles y 
irauceses , y agualdaba i ello en una quinta á* Er- 
nesto, caballero trances que iba á Sfv gran oteslad 
de iLmiens , con toda su familia ; y a) ver á su hija 
Serafina | reconoce en ella el original del retrato que 
tanto le babia prendado, á lo que se sigue el obse- 
quiarla galante, y enseñarla el retrato que no puede 
recabar de Serafina se lo deje , diciendole como de 
fisga , que si tanto le tater«sa , vaya á conquistarlo 
á Francia, lo que él promete, dando orden de que 
al romper el Alba monten las mejores tropas para 
ir convoyando á sus huéspedes hasta la raya. Llega 
el Conde de San Pol , nombrado Gobernador de A- 
miens , con su esposa y familia, á quien sale á reci- 
bir de parle del Magistrado de dicha ciudad Carlos 
DumíUin , rogándole descanse en la quinta mientras 
se hacen los preparativos para su entrada. En esto 
se siente ruido originado de haberse volcado el carro 
de Ernesto, en que iba Serafina, á quien traen des- 
mayada , y á cuyo socorro acuden el Conde de San 
Pol , oculto amante de ella , Carlos Oumelin , que era 
el dueño del retrato que adquirió Hernán Tello , á 
quien trató también este en su cautividad , y el mis- 
mo Tello que se arrostra á pasar la raya, y que co- 
giendo á sus dos desconocidos rivales por la espalda, 
Jos aparta con alguna violencia , y se presenta para 
dar socorros á Serafina. Oe aquí nace una contienda 



271 
entre los «lachos y Hernán Tello, sol>re baberse viola- 
do por este la tregua invadiendo el territorio Ira «ees, 
de la que se prevale el Conde de San Pol , que traía 
instrucciones secretas de su Gobierno para rompeila, 
de cuyo compromiso se evad** noblemente Tello , re- 
tirándose cou la espada desnuda , pero sin volver la 
espalda. 

Cele}. i-n dose máscaras en Amfens , entran en 
ellas Hernán Telb, y Carrasco disfrazados con mas- 
tai nía v á la francesa , á cuya función acuden tam- 
bién el Cuide de San Pol, sn esposa Serafina, Nise* 
Flora, Ca¡ los Duu;e)in , Renolt y Ricarte En esta 
íiinnou l)¿ila Hernán con Serafina, se apasiona esta 
decididamente de él , se escitan los celos de la Con- 
desa de Saint Pol , los de este coutra Carlos , y la he- 
rida causada á Ernesto v muerte de Renolt, mientras 
Telío y su criad», habían salido fuera á estar en ace- 
cho á la ventana á donde le babia citado Serafina. El 
trocar de los disfrace* de Carlos y Ricarte, á quienes 
venían persiguiendo con Hernán y Carrasco, les fa- 
cilita con seguridad v dver al baile , en el que se le 
equivoca con e| que hirió a Renolt. Descúbrese quiea 
es, y se suscita ana discordia entre el Conde de San 
Pol y entre el Potestad Krneslo sobre sus respectivas 
iacultades respecto i aprisionar á Hernán, el cual á 
favor de La obscuridad se salva en el cuarto de Sera- 
fina , cuyo a^iio se I.j proporciona ella misma , ro- 
bándole no la coropromeía mas con sus arrojos, y se 
lleve el retrato; pero no vuelva á ve? la mas. Hernán 
no accede á la segunda proposición , sino á serviría a to« 
do trance ♦ á lo que acced»- Serafina con tal que consiga 
que sea /\miens de Espafia , ó Oorlan de Francia , eli- 
giendo* el amante la primera de estas proposiciones. 

Cabíloso Hernán sobre la gran empresa que medita- 
ba | noticioso por Ortiz, que habia entrado en Ainiens 



272 
disfrazado , de las disposiciones de Serafina y de Fran- 
cisco d*l Arco , de las del Archiduque Albprto en cuanto 
á enviar ge-ite, sobreviene Carlos Dumenil, que resenti- 
do del Conde de San Pol , se acoge á su patrocinio , ha- 
biéndose esrapado de la torreen donde habia sido conde- 
nado á muerte bajo un prelesto político, El deseo de 
vepgarse del Conde le induce á sugerir á Hernán ua 
medio de tomar á Ainiens , con cuyas noticias dis- 
pone el héroe un ingenioso ardid de guerra con el que 
alcanza la toma de la plaza y la mano de Serafina 

Este es el tegido de una comedia, cada uno de cu- 
yos Atios es una proeza del protagonista t y su con- 
junto un asunto dr*tto de ser imitado por nuestros 
poetas modernos con respecto á los héroes de nuestra 
nación , pues en tal caso sería **1 teatro un estimulo 
poderoso de valor y heroicidad , en que serian disimu- 
labas muchos defectos literarios en gracia del objeto 
que el autor se propusiere- Bajo este aspecto no debe 
estrañarse lo difuso de la relación de Hernán Tello 
Portocarrero en la primera jornada ; asi porque el 
arte no habia llegado á la perfección de envolver en 
un diálogo ingenioso el prólogo secreto ó antecedentes 
de la acción, sino que el objeto de los autores era el 
del que luciesen los primeros papeles con una pom- 
posa y larga relación , cuanto por las exactas descrip- 
ciones que hace del carácter español y francés, j 
máximas políticas que encierra. Es muy galante j 
discreto, ó como se dic* m eí dia , muy espiritual el 
primer coloquio de Hernán Tello y Serafina , muy in- 
teresante la Escena de las máscaras, por el peligro 
de los dos amantes, divertidos los personages episó- 
dicos, y salisfatoria la última jornada, que llena ios 
de3cos del espectador 6 lector, que necesariamente se 
siente conmovido de sensaciones patrióticas, y un se- 
creto pero noble orgullo de ser compatriota del héroe. 



EL DUELO 



CONTRA SU DAMA. 



PERSONAS* 

Enrique de Lorena. 
Fernando, Infante de fortug ' 
Costón ,, Principe de Bearne. 
Matilde , Comisa de Flaiid«l« 
Fadrique de Aragón» 
¿otario , Galán. 
Adolfo, Barba. 
Roberto, Criado. 
fabio , Criado. .*£; 

Floro , Criado. „ »¿¿i 

Celio, Criado- 

Ricardo, Criado. 

Margarita , Dama» 

Liñuda , Dama. 

Porcia , Dama. 

Laureta % Criada. 

La Etcena principal paia en Brufclai¿ 



ACTO PRIMERO, 

ESCENA PRIMERA. 

)mcobacwn de Campo en las i ytfs di aciones del 
Jardín £>e vn Castillo, r db Denochu. 

Lotario y Celio» 

Lotario. 
¿Tragiste la escala ? 
Celio. 

Si 
y en Us almenas mas bajas 
de ese jardín , que al castillo 
le sirven de barbacana 9 
queda ya puesta. 

Lotario. 

Fortuna, 
i¡ atrevimientos amparas, 
ninguno es mayor que el mío, 
muestre esta vez tu inconstancia B 
quede las temeridades » 
aun los riesgos se acobardan. 

Celio 
Terrible resolución 
es la tuya , y temo..., 
Lotario. 

Nada 
me aconseje* , que aunque vetf 
mil dificultades, anda 
huyendo de mi discurso 
luí pasión por ignorarlas* 



a; 6 



QcHo ; 
Con una inuger t senorf 
de tan altiva arrogancia, 
qoe toda es ira y furor , 
) es tal que aun no sé si basta 
lo dulce d< so hermosura 
á confilarle las rabias, 
¿te clones á tal peligro 
como entrar por una encola , 
sin mas amparo que el vil 
interés de una criada , 
á quien retórico el oro 
persuadió con eficacia?,.. 
Plegué á Dios que tu locura 
no pare en tragedia , y,... 
Lotario. 

Calla, 

que en tao terribles empresa» 
que tocan en temerarias, 
acobardan los discursos; 
porque es esperiencia clara 
que de un temerario intento 
aun la fortuna se espauta, 
y de lo que «o esperó 
¿ahitamente turbada , 
no distingue sí echa mano 
de la dicha ó la desgracia , 
y ella es tan opuesta mia , 
que les negará á mis ansia* 
cualquiera dicha , si yo 
le doy tiempo de pensarla. 
Dirás tú que Margarita 
fiera me aborrece, y pasa 
«ii seveí a condición 
de desdeñosa á inhumana: 



Sirís qné tíe*£ so eeíía 
una altivo* tan eslrana , 
que en ella el ser tan hermosa, 
aun no es lo mas de ser vana. 
Dirás que siendo su padre 
gran general de las armas 
de los duques de Lorena , 
en guerras tan frecuentadas , 
como mantiene un dominio 
que es en iguales balanzas 
arbitro entre las potencias 
del Imperio y de la Francia. 
Con aquella natural 
ferocidad alemana , 
la crio solo al arrullo 
de las trompas y las cajas, 
hasta llevarla contigo 
yendo embajador á España: 
dirás que en aquellos bjndos 
qde estas desiertas campanas 
poblaron solo de horrores f 
entre mi casa y su casa 9 
muerto su padre , elia sola 
defendió altiva y bizara 
este soberhio castillo f 
a londe la ilustre anciana 
memoria de su ascendencia # 
le coronó de murallas ; 
h^sta que muriendo rl mio 9 
v advirtiendo que quedaban 
cabezas de estas facciones , 
si yo joven , ella dama f 
en cuya ofensa estuvieran 
Dobles ¡ras desairadas t 

dejó las hostilidades , 



*n 



«7» 



y á este bosque retirada » 

se ejercita en el heroico 

ocioso afán de la caza : 

dirás que apenas del viento 

en la diafana campana 

pájaro estrangero cruia , 

ave peregrina pasa , 

6 ya en los tornos ginete , 

ó ya en los bordos pirata , 

que este en el cielo segura 

de sus iras f si dispara 

un rayo » á cuyas centellas 

cadá\< i- de pluma baja. 

Todo esto dirás, y todo 

sirve solo de que añadas 

entre necias advertencias* 

por mas materia á mi llama f 

si un pesar ai discutirlas , 

un mérito al despreciarlas 

No hay delito que una hermosa 

perdone de mala «ana 

si nace de amor , porque 

si ella ocasiona sus ansias f 

Cuanto p* mayor el efecto 9 

se acredita mas la causa # 

y á niit;;u»a le ba pesado 

al mirar las mas eslranas 

locuras, saber en ellas 

cuanto su poder alcanza; 

pues ninguna hay que no crea 

que ha podido ocasionarlas- 

Lo que en tres años no podo 

consf»uir la contin nada 

porfía de mis afectos , 

• nsi^a el desDCcho, y haga 



la oVíesperaeíon mas 

que ha cabido en la esperanza?* 

Vén conmigo siempre alentó 

á oir si Laureia cania , 

que es la seña Je que ya 

Margarita sola baja 

al jardín. 

Celio, 

Aunque venimos 
¡f guardarte las espaldas, 
aegnn es tu condición , 
yo diré i los camaradas 
que si por la escata subes f 
te aguarden por la ventana 

Lo taño. 
Ven dando vuelta al Castillo; 

ESCENA II. 

Decohacioh de Jardín* 

míen Margarita y Laureta de francesas , Margarita 
leyendo un papel % y Laureta alumbrando» 

Margarita. 
Llega esa luz, que aunque tantaf 
vec<»s le he leid«> » vuelva 
á leerle , porque halla 
mi alecto que estas caricias^ 
y estas ternísimas ansias 
nuevamente las repite 
cuantas veces las repara. 

Laureta. 
¡Ay bolsillo , en qué peligro 
me he de ver hoy por tu cau*'< 

Lee Margarita 
Mi bien , mi dueño > mi 



aí? 



¡ay, Laureta , esta palabra 
vierte en el alma dulzuras, 
de que aun no es capaz el alma ¿ 
y el corazón en el pecho , 
batiendo intrépida» alas , 
hecho á tres anos de penas t 
del gusto se sobresalta! 

Lee 
La eternidad de tres años , 
•que duró ausencia tan larga í 
¿ Viste eternidad t Laureta , 
tan fiMmente ponderada f 

Lee. 
Tendrá término esta noche, 

Laureta* 
Bueno es esto , cuando aguarda 
Lotario la sena mia : 
¡ ay rougpr cuas desgraciada! 

Lee ülargartta. 
Pidiendo ticenci * en esta 
retiñida de campaña , 
para componer algunas 
dependencias de mi casa , 
por ti , á Nanei , po*- la posta ¿ 
donde llegué esta mañana, 
para volar esta noche 
á tu quinta Alma descansa 9 
y no de una vez se apuren 
dichas que de gusto matan. 

Laureta 
Acaba por Dios , señora, 
no vayas leyendo á pausas , 
que curiosos mis oídos 
tienen una sed que rabian. 



<n8f 
Margarte*: 

¿Viste enfermo a c.ayu ardor 9 

din ia bebida Usada , 

que pareciéndole poca 

al incendio d^ su llama, 

antes que el labio humedezca , 

los ojos en fila baña ir 

¿ y porque dure el recreo 

tan poco á poco la gasta 9 

qoe entreteniendo la sed, 

el alivio se dilata ? 

pues yo asi % viendo que es brevt 

el papel, voy con templanza 

entreteniendo el deseo ; 

y aunqoe le empiece con ansia? .- 

me dt tiene con temor 

el susto de que se acaba. 

Laurcta. 
Señores t de los oidos 
la vida fétido colgada , 
y a) aire de lo que lee 
se me bambolea el alma. 
Lee Margarita. 
JDe secreto voy , porque un 
criado que me acompaña 
no te conoce , que yo 
le recibí tn Ale manió , 
donde mataron á Floro, 

Launta 
Perdióse muy buena alhaja: 
veamos el criado nuevo 
que talle tiene y que tratas 
¿no prosigues? 

Margarita. 

Queda poco ¿ 



5» 3» 



J temo aparar e! a»n&, 

Laureta 
Muñéndome estoy de miedo, 

Margarita. 
teo : Por la puerta falsa 
del jardín , como soltaS 
nte puedes abrir. 

Laureta. 

Ya escampa; 
Lee Margarita. 
Y la seña de que está 
la familia sosegada , 
será el oir que Laureta 
como que es acaso canta» 

Laureta. 
Cayóse la casa acuestas , 
tiemblo como una azogada; 
que la misma seña tiene 
también Lotario ; ¡ó mal baya 
tiii memoria, que no pudo 
acordarse de que usaba 
Enrique esta mesma seña! 

Margarita, * 

Poco te debo , pues calla* # 
y no me pides albricias. 

Laureta. 
Yo no soy interesada; 
las que me aguardan después ap. 

diera yo de huena gana: 
Jay bolsillo, en qué me has puesto! 

Margarita. 
I Por qué suspiras P 

Laureta. 

Ko ts nadaj 



fe83 

Margaritái 
La venida de mi priruO i 

te disgusta 

Laureta 

Si se habla 
verdad f yo no me he alegrado. 

Margarita. 
Cómo , atrevida f villana..,» .j 

Laureta. ¿ 

Tente, seno en, que temo 
Según eres manilarga, 
que me derrames las maclas , 
ó me siembres las quijadas; 
y no te admires, porque 
nosotras, si lo reparas f (^ 

nunca gustarnos de pobre 
que sea tan señor de casa : 
es Enrique desabrido 
y altivo, y ... 

Margarita. 

£j > basta , basta 4 
y I su venida agradece, 
que te concede mi saña 
el indulto de la vida. 
Laureta. 
Por tomarle la palabra 
estoy ■ si u>áio se ofende , 
¿qué será d' Id que falta f 

Margarita. 
Ya está la casa en silencio; 
y pues á* la verde estancia B 
adonde la noche tantos 
astros de púrpnia apaga * 
kasta que en tibios albores 
los vaya encendiendo en alba # 



aSJ 



como que es á diver!írme f 
de ti bajé acorn paitad* : 
deja , Laureta , las luces 
en el nicho de esa estatua t 
que será en nuestras fir suenas 
entre materias contrarias 9 
de cera , pues las escucha , 
y de mármol , pues las callan 

Laureta. 
¿De qué sirve aquí la lux f 
mira si alguna palabra 
yendo tentando el oído 
por los ojos se te ensarta. 

Margarita. 
Necia , ¿quieres que una noche 
esté sin verle la cara , 
sobre tres aüos de ausenciaf 

Laureta. 
¡Que al lance no le quedara, ñ¿± 

ni aun el autiguo recurso 
de ser á escuras ! 

Margarita. 

Acaba ¿ 

y dando la voz al aire # 
llama á Enrique. 

Laureta. 
¿ Eso me mandas f 
¿no me has visto en la voz ronca f ie$: 
perdida de acatarrada f 
Margarita. 
¿Qué importará que lo es lea 1¡ 

Laureta. 
Jo no puedo echar el hablas 



*8* 
¡Jesaj qné* to«! Jqae rae abogo! (i) 

Margarita 
Siempre con tu voz iioí cansas • 
y ahora que lo mando yo 
ine buscas cm«.s,is vanas. 

Lourela, 
¿ Qué músico no es asi f 
no hay «-osa tan mal mandada 
como el susto; ¡ah quién supiera o/K 
hacer bni la patarata 
de alquil mal He corazón, 
gran soconedor de damas , 
poique no anda bien ninguna 
si no úin lumbre las trazas, 
siu pataletas de muelle, 
y estasis de filigrana! ¡ ay , ay ! 

Margarita, 
4 Qué te ba dado? 

Laureta. 

Un flato; 
J ay Dios, ay, ay , que me tapa 
toda la respiración ! 

Margarita. 
j Flatos tienes ? 

Laureta, 
\ Qué te espantas ? 
ai anda este mal tan valido, 
que todas las damas rabian 
|ior entrar en esta moda : 
¡ay, ay ! 

Margarita. 

De bailas tratas; 
por vida de Emique. 



(i) Vuelve á towr. 



v<f 



Laurité. 

Tente , 
que cantaré , aunque exalára 
Ja vida en la voz : sospeobas , ap, 

no nos hagamos culpada , 
aunque camine mi muerte f 
en mis pasos de garganta. 
¡Olí si Loto rio entendiese 
la letra y se retirara ! 

Canta. 
Fuentecilla bulliciosa , 
que con travesuras incauta , 
avtjuela de cristal , 
livando las flores pasas g 
para risueña f para f 
que bulles , que saltas, 
y vandido sediento un arrojo 
U debe la vida 9 f te roba la plata.; 

ESCENA IIL 

Dichas , y sale Lotarhi 

Lotario. 
A la seña de la voz , 
por esas vecinas tapias 
me arrojé. 

Margarita. 

Ya de la llave 
prevenida estoy ; ¿ no llama f 
4 ti habrá ya libado al sitio? (i) 

¡otario» 
Si mi suerte. 



(i) Llega ú ella 



laureta* 

Ta está cebada 



>H 



la mía. 



Mar garita, 

\ Cielos , qué* miro 1 
De mis delirios fantasía , 
cuerpo de mi fantasma , 
pues á -ser hombre no entrara* 
cu claustro, cuyo retiro 
el aire abenas profana: 
l quién eres ? que yo (¡ ay de mí !j 
¿quién creerá que estoy turbada 9 opi 
y con todo mi valor , 
aun la sombra me acobarda 
del delito, cuando á Enrique 
espero ? 

Lotario 

Yo soy , tirana; 

Margarita. 
¡J En mi casa mi enemigo F 

/.otarlo 
¿Qué lo admiras, qué lo est ranas < 
«i solo en este despecho 
mi vida tengo librada f 
lío te adoro , y.... 

Margaritm 

Tente f tente, 
y retírate á esa sa'a , 
en tanto que rp::í* tramos 
ti está ya rjuietu la msa: 
(válgame la ¡pdastria aquí) 
que yo te doy la palabra 
de escucharte muy despacie 
en viéndome ast guiada. 



t8& 



Letario. 
y Es& me prometes- 

Margarita, 



SU 



Lotario. 
Ya tienen fin mis desgracias : 
valor de mu¡;et en fin ; 
miren ahora en qué paran api 

fus iras. 

Margarita. 

Éntrate presto. 2£/J/ra. 

Laureta. 
¿Qué intentas, señora? 
Margarita. 

Aparta g 
j de'jame echar la llave, 
para que de aquí "<> salga. 

Laureta 
f /No adviertes que siendo esta 
ana galería baja 
con vidrieras a' jardín » 
y abriéndose las ventanas 
por adentro, los críbales 
¿ salir no le embarazan 
si los rompe 

Margarita. 

¿A eso se había 
de resolver en mi casa ? 
drmns, de que yo otro medio 
no encuentro en tan apretada 
ocasión , y sí no es bueno, 
*« en fin el que i* ha'la: 
)o de aquí retiraré 
á r*'tirique, f ruando él se vaya , 
sjbrc por su a tic \ i míenlo 



38? 

quitarle el amor v el alma. 
Pf ©5i£iie otra vef i.» lotra f 
que juzgo que Enrique tarda : 
¡ ah , fortuna , quirn oeyera 
que con brevedades linui á 
espero con su^to ahora 
lo que deseé con ansia! 

C tinta Loureia. 
Pues en liquida armonio « 
al vriórmureo de tus aguas , 
sirven de trastes hunüosos 
guijas que en tus ondas lavas ♦ 
para etc. Llaman dentro. 

Margarita* 
Mira que llaman 

Laurata. 

Pues voy 
á abrir la puei la ; en las plantas 
)1»*ho por suelas dos montes f ap. 

que mi movimiento atajan. 

Margarita. 
Corazón disimulemos , 
que el susto que me acobarda 
no cabo dentro del pecho , 
y roe rebota á la caía. 

Laureta. 
Abierto está 

Enrique. 

lloberto, (f) 

Con los caballos aguarda 
en esa umbrosa espesura 9 
donde esos hombres que andaban 
paseándose aquí , y por quien 



(t) Al poñs Enrique y Rvbcrt; 



*9° 



no llegué i la puerta falsa 
hasta ahora , no te vean. 

Roberto. 
A mí miedo se lo encarda, 
que sabrá esconderse de ellos; 
las postas ya están atadas, 
aunque temo que la mía 
por mas vrtóz que me traiga, 
no podrá volverme. 

Enrique» 

l Cómo ? 

Roberto. 
Como afuer de puñaladas 
de hueso con que roe ha herido y 
para aumentar la carga, 
Ih-vo ahora de retorno 
muchos bollos á las anca» 

Enrique» 
Vete y calla 

Haberío. 

¿ Y he de irme 
iin ver aquesta madama y 
siquiera por conocerla f 

Enrique. 
Tiempo habrá. 

Roberto* 
Pues hasta el alba, 
á Dios , que, está Micer sueiio 
llamándome con guiñadas. 

ESCENA IV. 

Margarita , Enrique y Laureta*. 

Enrique. 

: Ay, amor, con cuanto ^usto» 



este antiguo umbral pisara , 
si un nuevo afecto no hiciera 
en mi ausencia dilatada , 
que estuviese Margarita 
tan estrangera en el alma! 

Margarita. 
I Era hora , mi bien f mi esposo, 
era hora de que llegaras 
de la noche de la ausencia 
á amanecer mi esperanza ? 
¡qué mal encuentro el carino av. 

entre amante y asustada! 

Enrique. 
¡Qué tibiamente me suenan , ap. 

sobre mi olvido sus ansias! 
Yo pudiera decir eso, 
pues para que apresurara 
mi amor este instante , a! tiempo 
quisiera asirle las alas 

Al paño ¿otario. 
Mucho tarda Margarita 9 
y entre abriendo esta ventana , 
por estos cristales quiero 
ytr si viene 

Margarita. 

Han sido tantas , 
id i bien f mi señor. 

Lotario 

¿ Qué escucho f 
Enrique. 
¿Qué es lo que tienes, que hablar 
oon susto? 

Margarita. ■ - ... 



»9 



¿ Es poro el de verte f 



29* 



Enriguei 
¿Susto es verme ? 

Margarita. 

Sí , pues baila 
mi amor hecho á los disgustos 
y á tantas penis pasadas, 
que dichas que no se esperan, 
aun mas asustan que agradan» 

Lotario 
Est> es ya de otra materia f 
y vive O ; os que es infamia, 
que cómplices de mis celos 
mis ojos y oidos haga , 
y esconderme para esto, 
es desprecio. 

Margarita» 

Aquí te aparta j 
(no veo la hora de llevarle 
de aquí) que en esa cercana 
fuente sei tantos podemos. 

¿oía rio 
¿A qué mis iras aguardan ? 
rompa este diáfano estorbo* (i) 

Laureta. 
Descubrióse la uim aíia\ 

Enrique. 
J Qué es aquello ? 

Margarita. 

¡Muerta estoy! 
Laureta. 
¿Vidrios? ¡miren que muralla 
le fué á poner á un celoso! 

n ■ ■ ■ ■— « ■ i 1 1. i, a— >é— «— < 

(i) Ruido de vidrios. 



*9* 

ESCENA V. 
Dichos, y sale Lotario. 

Lo t itrio 
¿Para esto, d¡<ne tirana, 
aquí engañado me escondes? 
¿ y para esto , la palabra 
diste de oírme, cu estando 
la familia sosegada ? 

Enrique* 
¿ Era esta la turbación 
ton que la dicha asustaba ? 

Lotario 
Vive Dios que no soy hombre 
á quien dá lugar la sana 
á ser testigo de pelo.». 

En¡ i(]uc 
Si impaciencia tan bizarra 
aun oculto no los ftu.fr* , 
l qué haré yo á quien cara á cafa 
se dan i sino trasladar 
toda la voz á la espada. Riñen* 

Margo/ i la. 
¡Ay infeliz! ¿quién creyera 
que á un acaso, tan postrada 
est¿ U>íJa mi altivez? 
tente, Enrique. 

Enrique» 

¿ Tii le amparas ? 
Margarita. 
Espera , Lotario 

Lotario. 

¿TA 
le deñt¡ude»í 



«9* 



Laurrta. 

Que se matam 

Dentro, 
Acudid , acudid todos , 
que allí se oye ruulo de armas. 

Lotario, 
] Ay infeliz! muerto soy. Cat\ 

Laureta. 
Mírenos* vo no cobrara 
primero el bolsillo 

Margarita. 
I Qué has hecho t 
»~ Enrique. 

Traidora falsa # 
vengar lo que en tí no puedo , 
en él.. 

Margarita. 
¿ Eu mí , pues qué causa 
he dado á lu atrevimiento f 

Enrique. 
Bueno fuera que negaras 
lo que tan claro le ha dicho 
ese amante 9 cuya rara 
impaciencia generosa 
su pona y su vida acaba. 
Escandido le tenias 
hasta que yo me ausentara 9 
para oirle muy despacio ; 
± y añades á ofensa tanta , 
sobre el delito de hacerla 
la osadía de negarla ? 
Vi>e Oíos, ¡mas para qué 
intenta sentir mi saña 
lo <}t»o <t» l)«' agradecerte ! 
quidate, quédalt , ingiala , 



• 9 5 

í nunca mas ver , y porque 

Tío puedas quedar tan vana 

del despecho qoe me lleva t 

lias de morir como matas. 

Por cumplimiento aqui viue f 

quizá solo á ver si bailaba 

ocasión para honestar 

tu desprecio y mi mudanza. 

Cie£0 estoy, no sé qué digo v 

y si mi despecho p3sa 

)a línea de tu decoro 9 

mas admiración causara 

que en pecho noble pudiesen 

caber celos y templanza. 

Quédate, digo otra vez 9 

que vuelvo donde me llama 

]a hermosura de Matilde; 

(¡ó, que mal hice en nombrarla! 

mas cuando una pasión tuvo 

el dominio en sus palabras) ; 

Fa hermosura de Matilde. 

que nuevo imán de mis ansias 

con dulcísima violencia 

mucho roas que inclina arrastra* Pase. 

Margarita. 
Aguarda. 

De ni r o Celio. 
Hacia aquí fué el ruido. 

Laurela. 
•Señora. 

Margarita. 

Dame la espada 
de ese cadáver. 

Laurcta. 

¿Quién, yof 



a^o 



que Hegue el diablo á tomarla. 

Margarita, 
Pues apártate 

Laureta. 
¿ Qué intentas f 
Margarita 
Dejar bien puesta mi fama. 

ESCENA VI 

Margo rita , Laurel a , y satén Celio y Criados. 

Celio, 
Pues está abierta está puerta, 
entrad á ver 

Margarita» 

, Qué os espanta f 
á cualquiera <]ue atrevido 
este «agrado profana, 
sabe castigar asi 
Eui ira , mi ceno y mí rabia: 
S) venís á socorre! 1»» , 
llevadle donde lograda 
veau mi venganza todos 9 
pues no «i a bien se contara 
que entró aquí con osadía 
y sai>ó de aquí con alma. 

Criado i. 
Una espada sola miro, 
y el ruido de cuchilladas 
da á entender dos por la menos 3 
miremos toda la casa. 

Ctlio. 
No es tiempo, ni á mi me toca f 
si advn tunos qur nos traiga 
al ¿ocoiij y no al castigo \ 



5Q7 

puei so persona m? encarga, 

llevémosla donde vea 

li el poco aliento i» i staara, Vast- 

Líturrta 

¿Señora, qué es lo que has hecho ? 
Wat garito. 

Es cuando Enrique me agravia 

if»rrar contra el el indicio, 

dejando mi altivez vana 

en mi honor , y en mi decoro 

airosamente culpada ; 

y si esto te escandaliza, 

qué hará (¡ ay de mí) ! lo que falta; 

que' añadir a! siempre infausto 

volumen de mis desgracias. 

Escándalo á )a fortuna 

lie de ser, pues si cesaran 

los acasos peregrinos 

y las novelas estrañas 

«n el mundo / de qué habia 

ríe alimentarse la fama i 

Las mugeres como yo 

solamente una vez aman , 

yo amé á Enrique y perdí á Enrique, 

este suceso mañana 

se sabrá é viendo por él 

las iras resucitadas , 

y entre los h.indos antiguos 

alborotarse la patria. 

Aquí no hay mas que perder; 

y sopuesto que criada 

en militares manejos 

y «nlrp el horror de las armas , 

está el «éxo en mí «(ole uto* 

v¿n conmigo á la mas rara 



*9$ 

v empresa de amor, que dio 
nobles triunfo» á su aljaba. 
Sea locura , sea capricho, 
sea ira y sean cuantas 
cosas fueren , como no 
sea el quedarme burlada 
de un traidor . que con mi tulpa 
quiere encubrir su mudanza. 
Y pues ya sé su designio , 
y que es Matilde la causa 
de su fuga y mi desprecio , 
, veamos iras, penas, ansias t 
riesgos, fortunas, desdichas t 
si en tan desecha borrasca , 
perdiéndose lo que queda % 
loque se perdió se gana* 

ESCENA Vil. 

Decoración de Sal Ai 

Salen Músicos , Porcia , Lisarda y Matilde , franca 
sas , y Adulfo de barba por un lado , Gastón , Prin- 
cipe de Reame , Libio y Criados por otro , don ber* 
nando de Portugal t Fobio 9 y CriaSos de portuguesa» 

Múiica. 
Astro purpúreo de nácar , 
fitina de lodo el vergel , 
enciende el aire la tusa 
en aguas de rosicler» 

Gastón» 
A vuestras heroicas plantas. 

< i mando. 
A vuestros m\ictu5 pies. 



*9* 



Gastón. 
Ten?\% humilde y postrad*. 

Fernando . 
Mas elevado tenéis 

Gastan 
A un Príncipe de Bearne. 

Fernando. 
A un Infante Portugués. 

Matilde 
Príncipes , vuestras Altezas, 
do asi á mis plantas estén. 

Gastón. 
¿Dónde, seAora , mejor 
pudiera nuestra altivez 
de la humildad coronarse 9 
sino adonde mas se ven, 
al vacio de las plañías , 
tantas flores suceder , 
pues en el contacto hermoso 
su nieve encendió tal vez? 

Música 
Astro purpúreo de nácar , 
Reina de todo el vcrgtL 

Fernando, 
¿Adonde mejor podía 
que á tus plantas, por tener 
tal vasa t tal simulacro, 
Colocarnos nuestra íé , 
pues en el templo de amor 
el ídolo sois á quien 
mil votivos corazones 
ansiosos saben arder ? 
Dígalo el mirar t señora » 
que en un partido clavel 9 
mil primaveras habláis 



60d 



en las voces ffne vertéis; 

pues ctfando el carmín del labio 

vuestra voz llega á romper , 

MdMica. 
enciende el aire la rosa 
en ascuas de rosicler, 

Gastón 
De los montes de Gascuña , 
pardos gigantes, á quien 
de negada ancianidad 
vio el iuvierno encanecer, 
y aun supo mal el verano 
en lo roas ardiente de él f 
ó sus canas destilar , 
ó su edad desvanecer. 
En vuestro obsequio, sefíora f 
á solo no merecer 
vengo , que es mayor fineza 
el negarme yo cortés 
aun la dicha del acato , 
que aguardar á que me de* 
su sentencia la fortuna , 
arbitro del mal y el bien ; 
pues no solo el conseguir v 
pero aun me privó el creer, 
que es el fantástico alivio 
de algún infeliz tal vez. 

• femando. 
A las playas de Lisboa, 
¿onde al océano ven , 
tal vez lamer sus arenas, 
y tal nus rocas morder, 
llegó la fama, señora , 
de que venciendo también 
<n mas floridas auroras 



ío* 



vuestra perfección , aquel 

siempre tierno , siempre dulce 

defecto de la ninus : 

de )a corte de Alemania , 

donde os ciia¿tcis v volvéis 

« Flandcs á gobernar 

estos países , p.>r ser 

hija al fin de Baldnino, 

varón glorioso , que fué 

ceñido en Constantino pía 

con el Cesáreo Laurel ; 

heredando, pues, su estado, 

á daros el parabién 

el Hey Don Dio «19 , mi hermano, 

en muí sli a de su poder, 

me envía a la corte mas; 

srfiura , que á pretender, 

entre los mocitos que aspiran 

en toda la Europa á ser 

arcgnto á vuestra elección f 

que quien como yo se vé 

tan indigno de ella , solo 

venir pudiera también 

i daros que desechar v 

no á ofreceros que escoger. 

Matilde 
Príncipes , Con bien vengáis : 
esto es cnanto á agradecer 
vuestras jornadas; y cuanto 
al intento que traéis f 
el menor ri^or que pifedo 
usar, es no responder, 
aunque de esas pretensiones 
no negará mi esquivé» t 
que ignorándolas s«i mucho, 



¿03 

puesto que ignorarla» sé: 
id á descansar; á Adolfo, 
á los Principes haced 
prevenir sus hospedages. 

Adolfo 
Voy , señora , á obedecer. Fanss, 

Fernando 
En agravio de mis ojos 
con vuestra licencia iré t 
á descausar de 'cegar, 
para tolerar el ver. 

Gastón. 
A hurto de mi pasión , 
señora, procuraré 
de la ausencia en mi memoria, 
vuestra beldad esconder. 

Fernando* 
¡ A y , Fabio! 

Fabio. 

¿ De qué suspiras í 
Fernando. 
De ver que vino mi fe" t 
adonde no es el morir 
camino de merecer. (i) 

Gastón» 
l Ay 9 Libio! 

Libio, 

¿ De qué te quejas f 

G aitón. 
De que ya esperimenté 
en Matilde los rigores 9 
que hurtar no supo el pincel. (a) 

_ í !■■ 

(i) f r ase con los suyos* 
(i) Fase con los sujos. 



Lisarda* 
Parece que disgustada 
te dejan. 

Matilde. 

No sé de que*- 
y porque lo veas, Porcia, 
liaias que manden poner 
las carrozas , que hoy al bosque 
tengo de salir , á v pí- 
en i a dula na región 
tanto animado baje! , 
é los piratas de pluma , 
con que el viento infestaré, 
ó apresados irse á pique , 
ó heridos dar al través. 

Porcia, 
Voy , señora , á dar el orden, 

ESCENA VIII. 

Lisarda y Matilde* 

Li sarda, 
l Qué hay , señora f que te dé 
disgusto en los rendimientos 9 
de uno y otro amanto fiel f 
que anhelando al adorar 9 
no aspiran al pretender, 
y mas cuando aun no ha venido 
el infante aragonés ? 
Matilde. 
Para descansar conti{»t> f 
lio en vano á solas quedé. 
Ausentóse Balduino, 
mi padre v señor , á ser 
Cesar de Constantinopla , 



Zol 



So4 



en el mismo tiempo que 

fué mi tío por Monarca 

jurado en jernsalen : 

quedando yo niíia en Flandes 

en ¡a Corte me crié 

<M gran Osar de Alemania; 

Enrique que también es 

mi tio t porque mi oasa 

á nn mismo tiempo se ve 

ceñida del oriental 
y el occidental Laurel. 
Una tarde en su Palacio 9 
por divertirme bajé 
á sus hermosos jardines 
en la estación Cria , en que 
á mariposas de nieve 
helados copos se ven 
cuajar por ojas del sauce 9 
por agallas del ciprés 
Estaba un copioso estanque 
cuaja/lo en el parque, á quien 
por quitarle el murmurar, 
le quitó el alba el correr, 
y á lágrimas del Aurora 
mordaza el rocío fué 
Yo, que acompañada de otras 
de mi mesma edad t vi en él 
un trineo ó carro , donde 
suelen sentadas tal vez 
en las hondas resvalar 9 
su breve trono ocupé. 
1#¡i llaneza del país 
pudo dar licencia á que 
por allí anduviese FnriqtlC 
dt Loietia, que gortés 9 



3f>5 
í no eslorliíp mí< solaces 
«e supo cerra esconder 
Ap«nas uti breve espacio 
j>or el nevado vergel , 
cnanto en los aires corrí, 
en las ondas resvalé 
Cuan da del peso oprimida 
se empezó lue^o á romper , 
de aquel rostro de Neptuno , 
la mal congelada tez. 
¿Quién vio crujir los cristales, 
y en uno y otro b»ib*n , 
Jas tablas de aj;ua á pedazos 
rechinar y estt cmrrer f 
Yo cu fin me iba á pique % cuan Jé 
al clamor de aquel tropel 
de mis meninas , Enrique, 
entre dudar v temer, 
de la verde celosía 
dejó el frondoso cancel, 
A las losas de cristal 
apenas ofrece vi pie , 
cuando empezó á caducar 
el pavimento , y á ser 
piélago lo que loe marmol, 
cristal lo rjoe voc^ fti¿, 
A nado finí ique lleco 
á raí, y asiéndome <| e ¿| f 
porque no dio lo piadoso 
mas logar á lo cortés 
A tierra salí r« ^js brazos, 
v no IW la i» trepides 
He su ;n i ») » v m i Dienta 
J<> que |« lU^ue á drber, 
£tlC UU IMíllCu qu.- ilo-ára 
»0 



3o6 



lo mismo hiciera lambietw 
Él »•<) blasonarlo sí > 
porque llegando á temer 
el enojo i\f mi lio , 
qu<- calla** le mandé } 
y oslando tan desvalido 
del O sur sopo tan fiel 
este secreto guardar , 
que no se valió sü U 
de acordarle á la fortuna 
lo niif sopo merecer. 
Esta bizarra hidalguía 
primero consideré , 
poco á poco encarecí, 
yin fin la estimé después. 
Aunque es de. casa tan grande, 
Como es pobre ño se vé 
en par l ge de aspirar 
á conquistar mi desdén ; 
bien que no me debe mat 
que el llegar á conocer 
que no le iguala ninguno 
de cuantos al parecer 
de aquel cristal de mi mano 
tienen la hidrópica sed. 
Lisarda, 

Si yo.... 

Sale Porcia. 

Ya están las carrozas 
prevenidas. 

Matt.de. 

Vamoá , pues f 
¿ pero qué ibas á decir í 

Lisarda 
Iba á decir que tata bien 



Enfique en el imposthle 
íjup s¡ ft „e amante, {tn r$ ¿é\ f 
s¿ no'se acuerda tu agí a Jo f 
y« se olvida tu esquivez. 

ESCENA IX, 

Decoración de Bosque. 
Salen Enrique y Roberto <¡e camino. 

Enrique. 
Quien huye de una muger 
y quien se acerca á su timov 
mucho corre; 

Roberto. 

Si señor, 
mas corre que ¿V, alquil^- 

En' t que. 
En túselas ,,o he de P|itrar 
con el día, y <leieriT,¡ llo 
fu este bosque * reino 
de la nosta desea nsai % 

l^b Un 
Yo de !a mi.i mal tia(o 
descansa^ pnirqu, M^j^cho 

?* lo<, ° " ,l *»*#* "»c h*„ hecho 

l0l Iiudüj de mí esnmazo. 

Kstá mi poita i'fi ( , (M i Una 

inutilfíiente la alabaj , 

]'OM,o, el! a es toga Í^uÍm 

> no bace cjri* .,i„ 8 , llia> 

J íVío que fuese ía n fiera 

1,1 ' ""u'', rfbe no 

nie pi-tffiiiieaei f| Ut > Vti 

tata daiua con cierj f 



3o 



ID* 



Si en nombrarla té ,r,e opones ¿ 
allá cu lo mas escondido 
procúralas d* uii nido 
ocultar bí> o tus razones : 
que solo ti pecho procura 
qu« mis a fect os rendido*; , 
Lfba» siempre en los sentidos 
de Matilde la hermosura ; 
que en amorosos desvelos 
á nueva pasión rendido, 
el nriiuer amante he sido 
que ha agradecido sus celos. 

Robirto 
Yo solo, señor, procuro 
e\ que salgamos de aquí, 
poique eu el camino oí 
que no eslá el bosque segur 0« 

Enrique, 
l Qué temes \ 

Balerío . 

Unos ladrones 
que a" un par de troncos de aquesto! 
tíos deje* a-UdoS , puesto» 
por cocotes los talones. 

Hnri<jii¿. 
Esa vil gente bandida 
tiene cobardes aceros. 

ESCENA X 

Dichos y salen cuotro cnrnawaredoJb 

Robtrie» 
Yu 1q« temo y.,.. 



Los cuatrñ 

Caballeros , 
Venga el dinero ó la vida. 

linnque. i 
¿Q»ii¿n creyera (¿ dura estrella [) 
ladrones en los cantillos 
á la Cuite tan vecinos? 

Huberto. 
I Pues no los hay dentro de ella IJ 

Enrique. 
Ka, hidalgos, partiremos, 
aunque es bolsa de soldado , 
por no Negar desairado 
«donde voy 

Los cuatro. 

No queremos* 
Enrique. 
A tan grande grosería 
solo esia respuesta hallo Embístela 

Habilto. 
Si no me apretara un callo, 
hoy vierais uií valentía. 
Dentro Martin. 
i Para, para, y pues llegamos 
hoy al número inferior t m 
socorrerá mi valor. 

Los ruiilro. 
Vnes acude gente, huyamos. 

i 

ESCENA XI. 

\riquc % Haberlo , y snlen Margarita yLaurtta de 
galanes ft arrímeos, 

Mar garita* 
No los sigáis. 



3id 



Fnn'que. 

Solo á vos 
debo en desigual batalla: 
¿mas qué miro ? 

Margarita. 

Enriqne , calla 
dejadnos solos los dos. 

Ko&rr/o. 
Venid, que cuando yo riño 
iras este braio ofrecen 

Laureta. 
Gran gallina me parece. 

Roberto. 
Astrólogo es el lampino. Fase. 

Margarita. 
JBnriqne, ya me conoces, 
ya sabes que'mi soberbio 
espirito siein pí e a ! i i v o , 
anu uü se vence á sí mismo. 
Del acaso de una nacbe 
amor sabe que no tenj»o 
culpa , y afinque amor lo sabe* 
lio se lo ha diebo á tu» celos. 
S)eyo aparte si anduviste 
ó no como caballero , 
en dejarme allí un cadáver 
y venirte de mi b oyendo ; 
y aun paso á que sea el luror 
disculpa del desacierto. 
El indicio que tú bailaste 
que fué terrible confieso , 
v m\ hay mas disculpa que es 
«pie soy t|'»».Mi <oy y Le quiero. 
Yo t<- be de s«;'i»n , Enrique v 
pues situdo qu;m sofj no puedo 



5n 

contra mí mesma olvidar 

lo que una ves Mamé alecto. 
}']tu if/ne 

No prosigas, Mir»arita 9 

que un f n ii indecente esceso 9 

tiene en mis obligaciones 

muy ujal padrino, supuesto 

que está á vista d<* la ofensa A 

infamándome »•! deseo : 

esta fineza te estimo ; 

pero no estoy satisfecho , 

y pues no puedo casarme 

Contigo, sai/én los Cielos 

(cortesanías de amor, ap» 

el noble ruga fio tú 'o? cornos) 
con cuanto pesar lo di^o, 
Con cuanto dolor lo siento. 
¿Qué quiere! que llaga por t{f 
que cuanto iuteutts prometo 
Cintra de esto , pues lio dudo 
que me quenas , como creo 
que muchas \ cci s dijiste, 
mas que drs.iiracio , muerto. 
Mar ¿*t i¿ta. 

Ea , astqcias de muge? , ap x 

finjamos, disimulemos , « 
y escóndanlo s el valor 
ron la máscara del miedo. 
Enrique, \a que mi amor 
tan desviví i.ida me ha hecho 

I Í£0 , \ i ven in¡5 iras , np. 

que aunque ¿ fingir me resuelvo , 
<)<• fingir tanta humildad 
aun rutee rní roe a Jei guenla* 
debde aiui por no cangalle 



3'» 



á nanea mas ver me vuelvo. 

Enrique- 
¿A nunca mas ver? ,j qué dices ? 
(¡qué hiciera. Divinos Cielos, afc 

esta vez en la que amo, 
si asusta en la que aborrezco !) 
no llores. 

Margarita 

¿Yo lloro? 

Enrique» 

su 

Margarita* 
Te engañas , porque no es esto 
sino sudar por los ojos 
el rabioso ardor del pecho: 
¿mas no harás por mí una cosa? 

Enrique 
Por la le de caballero 
que exceptuando lo que be dicho, 
cuanto me pidas prometo. 

Margarita. 
¿No has de exceptuar otra f 
Enrique. 

No, 
y solo el oiría espero: 
¡quién pudiera , Cielos Santos, ap\ 

echarla de sí mai presto í 

Margarita. 
No solo mano y palabra 
me has d«; dar. 

Enrique. 

Asi lo ofrezco*. 
Margarita. 
I Antes de oírme : 



3i3 



Enrique. 

Ahí verás 
lo que servirte deseo: 

y ahí verás con cuanta priesa , <?£« 

ct baile de roí apetezco? 

Alarga/ ¿¿a. 
Nn solo mono y paliara 
me has <3e dar, sino hacer luego 
pleito homenaje. , de que 
(porgue cerrar uo podemos 
a la fortuna aquel vario 
eslabón de sus sucesos , 
mientras no mudo de trage f 
por ib i honor y mi respeto) 
no has de revelar á alguno s 
en público ni en secreto , 
claro ni oculto, que soy 
znuger. 

Enrique. 
¿ Pues di , para es¿ 
BO fias de mi paiabí a i 

Murgarito. 
5t , Eurique, roas como vuelvo 
á mi patria despechada , 
para consolarme, quiero 
oeullar mi deshonor 
al conjuro del silencio; 
esto, señor, ti» suplico. 

£nr iijuñ. 
Nolahles son tus intentos : 
pero como ahora yo ap. 

de mí la arroj«, no acierto 
á discurrir que esto ten^a 
fin contra mí: jo lo ofrezco; 
y tsna mano entre las tuyas. 



3i4 



y otra en la miz óV mi acero t 
con todas las ceremonias , 
lo afumo joro y prometo. 

Margante. 
¿Lo bas jurado ' 

Enrique. 
Sí. 
MatgarUW 

¡ Ay de tí t 
que no sabes lo que has hecho J 

Enrique, 
Sí sé » pu«s sé que de tí 
jurándolo , libre quedo. 

Margarita. 
Wo tanto que ... 

Dentro Matilde. 

¡Ay infelica! 
Dentro Todos» 
Acudid , acudid presto , 
"porque a" Matilde el caballo 
despeña 

Dentro Matilde 

l Valed roe , Cielos! 
Margarita. 
I Matilde dijo r esta es 
la causa di? rni despreció. 

ESCENA XII. 

Dichos , y salen Laureta y Roberto. 

Laurefa. 
Señor. 

"Roberto* 
Señor, 



3i5 

Laureta 

A o n a d a ra a f 
desbocado «n bruto fiero, 
á despeñarla volando 
)a tiac hacia aquí corriendo. 

Haber In 
Y asi f á todas las piincnr>as 
d<* comedia pedir qui"ro , 
borren del mundo estas cazas, 
que náran en sus despeños. 

Enrique. 
¿Qué aguardo (jtie á socorrerla 
no me arrojo F~a&e* 

Margarita- 

¿ Y yo f qué espero 
que no voy á que el no logre 
de la fineza el efecto ? Fase» 

Lo u reta 
Vamos á nuestros caballos f 
porque no intenten lo mesrno. 

IUilnrlo 
Honra eres de los lacayos. 

ESCENA XIIÍ. 

ourtta , Roberto , y solé Enrique can Matilde en lot 
brazos , / 'Margar ita. 

Enrique 
Alentad, prodigio belfo, 
que en mis hrazjs ; mas que* miro! 

Margarita 
Eso fuera á .no estar viendo 
yo mi ofensa. 

Enriqw. 

Quita. j 



3i8 



Margiriía. 

¿Tu 
en tus brazos otro dueño? 
■vive Dios $ ya me. conoces, 
Jio obligues á qm* esté acero 
Lorre lo que le ha quedado 
á mi imagen en tu pecho. 

Enrique. 
Nada le ha quedado 

Margarita. 

Aparta, 

que yo usurparte pretendo 

de los brazos tanta fjioria. (ij 

Margarita» 
¡Ay de mí! 

Enrique* 
Calla , que ha vuelto^ 
Dentro Todos. 
Hada aquí corrió el caballo. 

Matilde 

i Qué voces son f ¿ mas qué ?eo| 

. ESCENA XIV. 

Dichos i y salen Todos* 

Todos. 
Señora. "¿í 

Otro. 
Señora. 
Fabio» 

¡Oh cuanto 
ha estado torpe el deseo 
en su aleante ! 



(i) ~. ' ázaae con ella. 



Gastón. 

¡ Oí) cMnfo mas 
corrió el bruto que u»i anillo ! 

En brazos de «ios rué miro; 
¿ A cuál la vida le debo f 

¿Margarita. 
A mí j f tropiece aquí mi rabia ¿g¿ 

a ir scmbí ando mi veneno, 
Valida de una noticia 
que se ha ofrecido á rni ingenio) 
y ninguno babea , senora, 
tan vai|o ó tan dp. atento, 
que de íino á costa niia 
quiero vesür sus obs"qui os • 
que aunque esLraiig»ro 4 esta patria, 
apenas la planta ofrezco, 
hombres como yo. no son 
en patria ajguna Htjratifrpr#s« 
Don FViffrtquc di Araron , 
soy luíante de aquel ruino, 
y ¡Maestre de Santiago 
en Castilla, dotirie oyendo 
á la Fama , que de vos 
aun no 1109 dijo lo menos , 
ven^o á desmentir la Fama 
con los ojos , pues solo ellos 
de soberanas deidades 
ion el encarecimiento. 
Jm las dunas di á la co«t.i 
con riínfV.VMo tn »i rh hecb » , 
qne solo A mí v a un cri .Ja 
re.seí vó , con que no puedo 
basta UH (o que de Lspaua 
ftBfl , *ti>oiM , tJ con cu, 



3.8 



carfa de creencia daros 

dé mi bf rmano el Rey don Pedro. 

De tfaí religión la insignia , 

porque aun esto no dejemos 

al reparé de coi iosos , 

oculta traigo en el pecho ; 

pues llegando' derrotado , 

lio juzgué que fuera acierto 

ser conocido, hasta estar 

con pompa y con lucimiento. 

A tiempo Ile»ué á es be bosque 

que en el precipicio vuestro # 

Ja que no de la amenaza , 

c>$ pude librar del tries y*. 

Fuera -de éi estabais , cuando* 

Helando ést c-rbailero , 

á quien podo disculpar 

sa pbCO conocimiento ; 

claro asta : i pues cómo había 

de af re verse á no ser esto i 

me dijo r esos brazos, yo 

solamente los merezco: 

respóndele \q que había 

menester, que abura no quiero > 

pues y.'* pu*e bien mi honor , 

blasonar de su ajamiento. 
Enrique 

l M i a j a m ie u l o r cu ando ? 
l\¡ atilde 

Ení ¡que, 

mucho me admira el suceso, 

pues no habtji menester vos, 

si es «jii»* os acoedii), teniendo 
tanto 1 , lucimientos piopios 
in mus de los •&( no*. 



3-9 

Enrique. 
I Yo , señora r 

Matilde 

Bien está: 
¡ó cuánto, Lisarda , siento, 
que á mi peli»r<i libase 
Otro toco M* o primero. 
Fernanda 
Luego al í uto n te veré, ¿1^ 

que aunque es tanto el parentesco, 
jamás nos vimos los tíos 

Enrique 
¡Que el no meditar con tiempo ap, 
lo que juran.» p me poiifl* 
«n tan desairado estreñí o! 
señora , tni adoración .,, 

Margarita. 
¡Oh, pesar, q*ié esto esté oyendo! a. 

Ma'ilác. 
Basta ,' Enrique , que vos seáis. 

Enrique 
j Ni á hablar ni á callar acierto! 

Matilde 
Bien venido á rsjo* países, 
donde ha dias que os empero* 
por cutas de juestio hti(i,ano 
el invicto Uey don P< dio f 
que dice que os en\ i.» i ia ; 
que yo, | urque no me sien Iq 
del susto bien reparada 
voUer á Palacio quiero, 

Adolfo. 
Llegueu las cari oz^s 

Goiton, 

Ya 



320 



con nuevo contrarío temo i 
que sea esta fineza mas 
en mí otro mérito menos. 

femando. 
Amor, ya hay otro contrario; 
déme. Fortuna , algun m< J ;lio 
•le que pueda en mí la industria 
§upl¡r el merecimiento. 

ESCENA XV. 

Margarita y Enrique. 

Enrique. 
Píme , aleve, díme, ingrata, 
¿ la palabra para esto 
me pediste, de que habla 
•le callar yo en mi desprecio? 
•vive Dios. 

Margarita . 

Traidor, villano 9 
¿«nejas me das , cuando muero 
de que delante de mí 
con amantes rendimientos 
á otra dama? '¿mas porqué 
apela mi sufrimiento 
á la quep, cuando el trage 
me puso á mano nw acero 
con quien me deje llevar 
de la rabia de. mis celos? (l) 

xuuere. 

Enrique. 

Tente , ó vive Dio» 



{ , ) MmhhU con él , y ■«'<« *•• » '•*• « 



Roberto, 
l Que* es esto , señor ? 
Laureta. 

) Qué es e«to f 

Ilobrrtn. 

Vive Dios, qm* on uii amo 
es muy grande, atrevimiento. 

Mar ¿ti vita. 
Quita % pfcirro 

7to¿>í?/7o. 

Eso no: 
leuor, ¿ qué le ti? fifi miedo ? 

Pues tú pagará:» mis iras. 

Dentro Adolfo 
Volver á ver que es aquella. 

Roberto- 
Señor , no me dejes solo, 
que auiíeUu. 

Enrique 

De ti me ausento > 
porque mi furor quizá 
ng me obligue á aigun deshecho. 

ESCfcNA XVI. 
jal irs* d entrar Eminu Salen iodos. 

Matilde 
¿Qué es esto, Eiiiiuuer' j pues cpuiu 
2M retiraros veo t 
eiiaiidn aijii en \iif*t¡«> diada 
uo cupo «*5a arción > tente*. 

Rnbet to 
Jamás tUr he IriU pl:ido yo 
cu-ülo hay fiuicn le non;** enmvilij 
a ( 



■Jil 



¿23 

línrique* 
l Yo retirarme, señora 

Margarita 
Que me perdonéis os turgO t 
y á vuestra presencia piule 
agradecer , que resuelto 
nu diese á un tiempo mi enojo 
el caai»o y escarmiento, 
á qui n de vuestro decoro 
habla coa poco respeto, 

ESCENA XVII. 

Matilde , Enrique , Gastón , Fernanda , Lisarda 

Roberto» 

Matilde. 
¿ Vos, de roi decoro f 

Enrique* 






¿Yo? 



Gastón 
Muy mal hicierais y sabiendo 
que hay en mí quien os castigar. 

Fernando. 
Y hay en mí , quien ponga freno 
á tari libres osadías. 

Enrique. 
Si á otro responder no puedo, 
á vosotros esta espada. 

Matilde. 
¿ Pues cómo , decid grosero 9 
en mi presencia pasáis 
de lo tibio á lo resuelto? 

Enr ique f 
Yo , si.... 



¡al 



Motilas. 

Príncipes, venid, 

Los dos 
Ya OS seguimos, advirtiendo.... 

Gastón 
Que no dicen bien , Enrique, 
aquel temor y ese esfuerza 

Fernando 
Que el baldar nal, es muy mala 
inscripción Je un caballero. 

Enrique. 
7o respóndete á lo> dos, 

M.Uilde. 
¡\y , Lisarda, voy muriendo! mp. 

¡quién crey«ra que pudia 
andar Enrique ton necio ! 

Lis ir da. 
Yo, que le be visto dichoso, 
y es camino para serlo. Van&s% 

i A Roberto 
l Dejarme á mí reñir solo ? 
¿ saben ustedes que pienso , 
en que ó mi amo es gallina , 
ó mal me ban de andar los dedo*. 

ti tt, ■■¿que 
4 Ah tirana, Margarita, 
en que desaire me bas puesto! 
¡ó bermosura , si en la varia 
república de. tu lm^eno, 
hidras produce el amor, 
qué prudutieraa los celos! 



1*1 ■ . ~-'~ 

SmáÉtmÉmm — aw<— — immii, — ammm+f 

ACTO SEGUNDO., \ 

ESCENA PRIMERA. 

$alen Laureta y Roberto por un» callé ai Mmffr 

Laureta. 
Qye. f no se escape, amigo f 
echemos por esta calle. 

Roberto* 
i Pqcs dónde vamos? 

Laureta* 

Al campey 

Roberto. 
aY á qué rae Meya ? 

Laureta. 

A matarla* 

J Y á eso me convida usted, 

liqujera sin preguntarme 

•¡ estay de humor de morir % 

Laureta- 
£s un picaro ebfcordet 

fíobcrío 
Jo lo concedo i uMe«l riña 
alia con quien lo uegáre. 

Laureta. 
Con loa hombres como V9 t , 
4 dóudo se estila negarlas 
todo acuello que preguntan? 

Adonde no haj quien aguarde ¿ 



í*5 
*¿ n0 es tinto en seSorTí 
á un lacayo pre»UhtánU* 

Lnurtta. 
¿Pues yo le pregunto roa* 
¿e todo aquello que sabe f 

Iiobrrto. 
lo que do se* te dijera 9 
sol* porque me dejases, 
hombre, y si á matar me llevas; 
no sea con armas tales, 
é matarme y no preguntes, 
ó si preguntas no males. 
To de mi amo no se* nada f 
y en sabiénJólo es constant«¿ 
que cuando n-fi>.por chismoso, 
por criado lo declare ; 
y así ... 

Lmireta. 
Oye el muy mequetrefe^ 
«uanto aquí supiere parle, 
porque ya en el campo uno 
de los dos ha d? quedarse. 

liobftto 
¿Uno ba de qu.clarse t 

JLaufeta. 

Roberto* 
jKo bay remedio ? 

Lambeta. 

No. 
Roberto. 

Pues jaqué ¿ 
sí uno es fuerza que se quede 
y yo no hay salida al lance , 
usted será el qut se quede, 



*;« 



y yo seré* el q«e me escapa (0 

ii rindo. 
El Infante de Aragón 
«ii la galería qu« cat 
al campo se está viniendo, 
y viendo por sus cristales 
¿ los dos , de parte suya 
me ha dado orden de qué os llame, 

Roberto. 
¿A mí el Infante f esto es becbo : 
¿I viendo con el corage 
con que á mi amo defendí , 
me ha llamado para honrarme. 
El es gran señor j en fin, 
máteme Dios con Infantes : 
•vive Dios que soy valiente, 
que el i alor p*r sus señales, 
es un duende revoltoso 
que anda bullendo en la sangre, 
y si ellos se lo han creído , 
yo Con pón^r de mi paite 
el contar trfatro pendencias, 
1 ec' ó t"ngo lo bastante- 
Mi amo huyó, yo resistí; 
¿ oye» qué mas para graduarme? 
y ér el Infante lo cree , 
máteme l)¡ós con Infantes. 
Vamos , v agradeced vos 
que á este tiempo me t-storvasen. 

Laurcta, 
Roberfi'lo es gran gallina , 
y pues n«> pude sacarle 
de cuanto mi ama encarga 



(l) Al ir á huir le detiene un criado. 



3, 7 
cesa que sea importante t 
vamos á hacer la deshecha , 
vistiéndola entre reales 
aparatos á merced 
de las joyas y diamantes, 
que á esta jornada trujimos f 
que aunque mi ama se vale 
de noticias que en España 
adquirió cuando su padre 
fué embajador de los Duques, 
y aunqne á todos los encane 
con ser Infante y Maeslie, 
es imposible que tarde 
en haber quien la conozca , 
ó en' estar muy presto en Flaadet 
e\ Infante de Araron , 
que Je Matilde és amante; 
y ay de ti Laureta , cuando 
todo se desenmarañe : 
pero entre tanto campemos. 

ESCENA II. 

Decoración fie Salí y* 

Salen Músicos y el m*yor acomoan amiento de criados 
que pudiere , trar'nlo en fuciles de plata adornos f 
tcstidos . detras Margarita en cuerpo con el peto aU- 
éo 9 vistiéndose á la español i , y la capa con hábito 
de Santiago. 

¡\Iargarita. 
IWid que otra letra canten 
mas triste, porque rn mis penas^ 
•us cláusulas acuujpaftcii. 



3*$ 



Voz snld* 
Infrlicz aumenta Dido 
á Vu fugitivo amante 
las hondas ¿ con lo que llora 
$ cor) lo que gime ti aire» 

A cuatro 
Diciendo entre quiebro$ 
de dulces compases $ 
ráfagas te sequilen $ 
hondas te traguen- 

¿ J oz ü. 
Vuela la nave y las ooces t 
revocan en lo distnnlc 
de los vientos los bramidos é 
de las hondas les embates- 

A cuatro. 
Diciendo entre quiebros , ect* 

P'oz i 
Zo bellísima áfrica na 
con mil artgUStifiS moríales É 
anega en d mar los ojos 
por ir siguiendo la nnv*. 

SI cuatro 
Diciendo entre quiebros , ect. 

Margarita 
Callad. caüad , que no quieffr 
oir quejas lamen tibies 
de despreciada heruiosnra. 

Criada i . 
¿ Qné ffiror pudo obligarte f 

Margarita. 
jAy, amor! j ruando bailaré 
nn ni iv id en cjue me !";• I t^ti 
nenio lias d» mis desdichas, 
recuerdos de mis pesares? 



Ko q«!er foabef , qne tay nombrei 

de MM bárbaro dictamen 

que desprecian ln-i mosuras ; 

y débanme \as beldanVs 

esta atrncion, pues n<> quiero 

que aun m lciias las desairen i 

HO cantéis mas 

ESCENA IH. 

t>icho* f sale Lámela y después Robería 

Laureta. 

Ahí' está 
ti criado qac llamaste. 

¡| Supiste de él algo * 
Laurel a. 

No; 
porque el hombre ó no lo «abe, 
ó rs el criado primero 
¿e pobre que sirva y calle* 

Margarita. 
Entre. 

Láureto. 
Entrad 
Sale Roberto» 

Dios so* conmjgé ? 
fahora quiero encapotarme, o0j 

•por solapar de valiente 
el colelo del semblante. 
Déme, *rñor t vuestra Alteza, • 

á besar los pies 

Margarita» 

) Notable 1 
t r> *».a de picaro tiene I 



33» 

Flnherlo. 
\ Oh , lo qiif nace t]<* mirarme! 
yo apostaré que nitro sí, 
al ver mis ojos mortales 
de mitanes, y los hombros 
desplomándose al talle, 
dice, de aqueste zoquete 
se cortaron los Roldanes. 

Margarita. 
Alzad: ¿no servís á Enrique? 

Roberto. 
Como el, selior, es un ángel , 
yo le sirvo cada dia 
do estorvar que me le maten* 

Margarita, 
¿Quién le quiere matar t 
Roberto* 

Muchos ¿ 
porque viven ignorantes 
de que mi braco ... (i) 

Margarita. 

El espejo. 



Le asiste. 



Roberto. 

Laureia. 

( jürabo gigante !) 
Roberto. 
El Enriquíllo, señor , 
lio está diestro; pero haráse. 

Margarita. 
¿Qué tan valiente sois vosf 

Roberto. 
A lo menos lo bastante: 



(i) Llégminle an Qriad; 



83j 



,• 



si se os ofrwn algnioi , 
que al otro mamlo os despache; 
y sino. s«'íÍor , decidme : 
¿cuándo la espada sacasteis 
eoit mí a'no , V cuando é\ iba 
echando alias los compases; 
mirad, quien se os reinó, 
ó quién se os puso delante? 

Margarita* 
¡Qué esto de Enrique se diga! 

Lometa. 
I Pónesle tn en el desaire, 
y lo sientes t 

Margarita. 

Si ♦ que yo 
qniero con su dama ajarle; 
mas con otros , ni en cni amor, 
Bi en lo que le estimo cabe. 
I Decidme, no sabéis vos 
(si sabréis) como fué uu'latic» 
que Enrique tuvo en Lorena 
ion fon embozado amante, 
á quien mató ? «. 

Roberto. 

Vén aquí, 
J porque no puede eimersrte 
nunca un criado de bien 
en hazañas memorables ? 
riiie un hombre f mala y biert, 
y luego el amo lo hace. 
Margarita» 
¿Pues quién le mató? 

Roberto» 
l Quién , yo ? 



n* 



Margnrífn 

■ Y vuestro amo f 
Rnberto. 
Al mismo instante 
Je dio un mal de corazón 
¡que creí que lo volase. 
Margarita. 
}Y ellos 9 cuantos eraaP 
Roberto. 

■Ni 

Laureta. 

El dice mil disparates, 
¿/arfarla. 
Raro valor 

/Jalarte. 

Pucí ann «el 
fepnoccis estos polcares. 

Margarita. 
Si V era la dama, decidme # 
herniosa f v 

; A y- , señor f un aipídt 
'Margarita* 
La daga. (i) 

7?o/w?r*o. 
Un demonio, un tigrt^ 
,an astrólogodit* f un cafre, 

Lábrete. 
hombre , que te clavas. 

Rabrrto. 
Lindo; máteme Dios con Infantes. 

Margarita 
J Pero es posible que Enrique 



<") üffsela el Criada, 

/ 



m 

anduviese tan cobarde f 

Sefinr , es poqu:(a cosa , 
yo hablo la vci>Jaií. 

Mor ganta. 

Los guantes, DáloUi 

Roberto. 
¿ Y en fin , o^ne mandáis? jes cose* 
de. i| »)♦* \o os desem ha r.trH 
el mondo de algunos hombres f 

Margarita 
Solo tengo que e normar te. .»| 

Huberto. 
¿Qué? 

Murga rita. 

Picaro , que en tu vid* 
de dama* á< v tu amo haHIes 
muí , u¡ «!♦• tu nmo tampoco , 
donde yo pueda escucharte ; 
y criados ceno tú 
dosta sunU han de tratarse. (1} 

Huberto. 
jAy! 

Lnurcta* 
Seor valiente , esos sonr 
de la matanza los <;ages. f'u**i 

Huberto 

¡ A y desdxha«lo de mí! 
dr guapo vine á £rrtduarroe, 
Y H grado en el fron li<pictQ 
roe han ene. ¡lo con H.oa«r.?. 
Plegué a Uios, PrÍDfckjHe i ¡«4¿l0f 
que cu toda tu vida hm U\, ¿ 



(l) Dula coa ¡m da (¿a y p*s*. 



334 



máteme Dio* con dotom 
primrro que con infantes. 
¡Rapaz de tanta osadía! 
á m i amo voy á quejarme ; 
aunque en el Palacio mismo 
con la Condesa le hallase, 
y no tanto de la herida , 
croe aunque fuese penetrante, 
como en fin mi sangre es vino» 
se ine lava con mi sangres 
cuanto del atrevimiento 
de introducir ejemplares, 
siendo el Príncipe primero | 
que no gusta al levantarte 
de oír á murmuradores , 
' y vestirse con ti ñaues. 

ESCENA IV. 

DECQHACiojy de Jardín. 

Salen los Músicos y las Damas. 

Músicos, 
Los casos dificultosos 
' y con rozón envidiados $ 
■ €WftÍ¿zanloi los OSddnS , 

/ acábanlos los aichosos. 

Matilde. 
¡Oh , cuánto á la pena mi a 
di e él acento veloz ! 
parece -que fué la voz 
eco de mi fantasía. 
Kmique preleuderia , 
bien claro está , el haber siJo 
ciuieu me u6bie*c socorrido, 



. «6 

y el que pudo ser dichoso ; 
llegó por mas presuroso, 
y «o por m as atrevido. 
Y supuesto q U( . e | aconto i 
con dulcísima armonía 
es á tanta duda niia 
vago oráculo del viento f 
diga otra va el contento 
en icos armonioso* 

Ella y Músicos 
Los casos dificultosos , ect. 

ESCENA V. 
Dichos , y solé Enrique. 

Enrique. 
Astro en. verde firmamento , 
la rosa que es presumida , 
á los soplos encendida ; 
ascua fragraute del- bienio 
bien publica su contento 
al veros holl¿r, señora, 
este jardín , donde ahora, 
entre risueños verdores , 
vais enjugando á las flore! 
las lagrimas de la Autora. 

Matilde 
Que ignorabais %o% crejr 
que yo estaba aquí 

Enrique 

^ Porqué? 
Mati i de. 
Porque el saber que bajé 
á ocupar su verde esfera t 
Bias causa á no entrar os di**- 



33$ 



que á entrar 

Enrique* 

Si hiciera , si el vicnt^ 
disculpa á mi atrevimiento 
no diese en 1» voz sonora, 
Matilde. 

| Cómo ? 

Enrique* 
Como sé f señora j 
que habla conmigo su acento, 
Yo algún peligro intenté, 
y aunque dichoso me ví f 
solo no lo COIí$%ni, 
porque no lo blasoné: 
en el primero callé , 
y olvidasteis mi ventura , 
ya mi silencio me a pura t 
y si el segundo no callo. .•• 

Matilde. 
¿Cuál segundo ? 

Enrique, 

El del caballa 

Matilde 
¿Aun dais en esta locura? 

iOt'itjue 
Locura pienso que ha s!»lo 9 
p ti es si se Mega á i»tifeu<|rr 9 
¿ que" mas locura q*4 ha<;ci' 
jl i,* seas mi desvalido ' 
nial un pvtfw atrevida 
puede C'»inpei:»me á mí. 

Mntilde. 

¿ Porqué f 

Enri<fr¿e. 

Pw.que no ooal 



33 

qne t)nv ignaMí'l r n las dos, 
Maítue* 

Ni yo creyera de vos 

qup de otro hablaseis asi : 

Insania , ^ieinlo fut< r»<]'do f í7/?, 

como .*ii este hambre je vé, 

l tal necda<l r 

Ju$é?dm 

Nunca fué 
wa» discreto un a rl tu i tifio. 

Enrique. 
Bien lo que yo he respondido, 
fl^iíora , descifraré 
él escucháis. 

Matilde. 

Yo escachará. 

Enrique 
Ansias faca* i dónde vaís, a * 

éi hablar uo podrís * 

< ' No habíais f 

F¡nrif/ur. 
Atended , y os lo diré yo. 

Dcnti t> uno. 
No ha de mfr.u 

Dentro Roberto 

SI así pasa, 
de su Alteta ten^o de ir 
• i rs\r?i\o , por decir 
<jut; hay sangre mi,, ,.n 3H ««$*. 
Matilde. 



a* 



?'3S 



ESCENA VI. 

Dichos y y sale Haberlo. 

Huberto 

Q.jc me traspasa 
de partea parte la vida, 
y asi es fuer** que yo os pida 
justicia contra un malvado 
infante, que ha vincolado 
en mi cabew esta #***< 
Enrique. 

¿Roberto, qué es eso? 
Roberto* 

Nada, 

pues imaginas que es chasco 
]a calabaza del casco, 
trae menos una tajada. 
Enrique* 

¿Quién te dio' 

Roberto. 
Quien mas te enfada, 
pues ese Infante infernal , 
aragonés, porque ** 
de mí hablar se satistuo, 
pulo á los sesos me biso 
*» tu nombre esla señal. 

]£riri(jue. 

i Pues qué le dijvste r 
Roberto. 

Allí 

yo no sé lo que pasó f 
él solo me sacudió 
porque hablaba bien de líf 
sino te vendas asi, 



es una grande maldad , 
que «i h te ofende en verdad 
qnuii tus criados maltrata , 
y de este chirlo ;i nonata 
te tuca á tí la mitad 

Enrique. 
Vete , infame 

Roberto. 

No cruel 
amenaces mi cabeza f 
que he de quejarme á su Alteza, 
pura no te atre\es con el 

Lnri<jug 
¿Cómo traidor , como infiel f 

Roberto 
El otro medioinhurnano, 
y tú mas duro y tirano 
i¿e amagas con otro zas; 
y aun no he pasado lo roas 
que ahora falta el cirujano. Vas*. 

Matilde. 
E*tO , Enrique ... 

Enrique . 

¡ Ay , ansias mías! 
Matilde, 
¿Os deja tan reportado? 

i ore i a. 
]Qnc tibio él en lo que ha estado! 

L i sarda 
Los valientes tienen dias. 

Eiu itjue. 
¡Ay, ti ínulas fantasía* «, 

se llegaran u entender ! 

M'jtUJg. 
Fue» decid. 



L340 



Enrique» 

No puede $tf t 

Matilde. 
¿No rae veis dispuesta á oír £ 

Enrique» 
No lo puido yo decir. 

Matilde * 

Ni lo quiero yo saber. t 

ESCENA VIL 

Enrique. 

I Qui(fn creerá f Divinos Ciólos 9 
(sino es que en las pena% mías 
se pon 40 «i fingir novelas 
de artificiólas mentiras) 
qoiVn peerá lo qu« en mis penas 

hoy la fortuna examina t 

haciéndalas, verdaderas 
mayores que las iludidas? 

No ignoro yo que cu el monda 

otra novela está vi^ta , 

qjj que una dama también 

despechada y ofendida , 

en hábito varonil 

á un hombre ofenda y persiga / 

hasta dejar en su rostro 

de {a mano cristalina 

las cinco Irlras qe nieve 

vergonzosamente uso ¡tas: 

que las tragedias «le amor , 

por mo<bo i|Uf .se dis'tngait 

en el todo., como he» lliajtté 

en t-LgO son pai r% ¡das ; 

por* úuii la'uutuí aleza. 



*<f 



por dibujar cada día 
tantos rftMiuJ, en el uno 
facciones del olrb pinta f 
y nadie dii d p<»r «so 
ote son *u)* caía misma, 
pae* ¡nido allí a ¿ | ti p I amante 
mostrar á conotos le miran 
)a candidez de la mano, 
dando á enlf!)(ier que las iras 
de b'anra* nía non ofenden , 
m«*oos dí» lo que lastiman: 
pero yo sufro desaire* 
d? esta aleve y cnomi^a 
sin imae/* decir quién es f 
j>uí»s á en! la r!o me obliga 
con el jurado !inmena»e 
)a palabra prometida. 
Ko fallará quien replique 
que obliga i me no |»odia 
palabra contra mi, en lance 
adonde mi honor peligra. 
Pero esto (dejando a paite 
ser dudoso, y que no admitan 
)in'('<(Jp honor en un nubla 
dísptll a ó sofistería , 
pnes lo H"I>í mirar antes) 
no es solo lo qu<» mas insta 
al seci éto , sino que 
es mi deuda Margarita; 
y ya qua por su altivez 
lio e.s posible corregirla , 
(pues por amante no es bien 
que >0 la qnilr la Vida) 
l|U¿ bien puesto está m¡ boilOf 
ii íuí locuras uubiita , 



$i% 






estando tan enlajada 

su eAlimacion con la mía» 
A *sto añado qo« si yo 
di^o quien es, se concita 
contra mí de deudos suyos 
Ja numerosa familia; 
y no (íal)iencjo de casarnift 
con ella , porque seria 
fiebre declarado» celos 
arción ¡le mi >angre indigna. 
Dejar mal puesta una. dama 
es v ülana gi osería , 
y tal que aun mi entendimiento 
se corre de discurrirla. 
Cosa contra su decoro 
no he de decir t que de altiva* 
he\ mosjriras t caballero* , 
cualquiera acción pico di^na 
é la ignoran ó la saben 
para callarlo v aertíir|a 
Estar sofriendo desaines 
de la Condi-sa á la vista f 
' si es valor de la paciencia, 
rs Irmor «le la osadía 
Cualquiera,, recorso íalta , 
piles si de aquí se retira 
nii amor t creyendo que es hombre , 
r.vta tiranía confirman 
con roí ausencia m¡ temor. 
Si aqní prosigo peligran 
mi ponto y mi honor ; i pa§S dónde f 
discurso, hallare', salida ( 
pero en I-a ii estrechos lances, 
donde la i ;i/'»o o 1 »*!'» a , 
ti giau artífice el tiempo > 



3<S 



el lo calle ó el lo diga. 

ESCENA VIII. 
Dicho , y sale Margarita. 

Margarita. 
Habiéndote vis»», aunque 
to estorve la compañía 
cIk tu solpilad , y aunque 
en soliloquios impida 
a.jui'llas mudas ideas 
que oyps á lo I a i» I a * f a . 
pues estas solo , no puedo 
dejar de hablarte 

Enrique 

Enemiga , 
tirana , cru»l , aleve , 
/no basta jpie me persigas 
desairando mis finezas, 
sino que también valida 
de lo i|ue juré en tu obsequio» 
mi honor ajes ; jNo podías 
dejar libre mi opinión 
del tósigo de tu envidia f 
l qué es tu intento ? 

Margarita 

No dejar 
<fuo quejí tan mal nacida, 
á costa de la que agravia 
6 la que pie ofendí sirva. 

htirj'rjuc. 
¿Tii no me a^i .» v iaste ? 

Margarita, 

No. 



.%. 



Enrique. 
¿ Yo «o lo escueta i 

Muí gtiritn. 

E¿ mentira» 
Enrique 
¿Quién afirma tu verdad? 

AfargarH* 
Mi decoro es quien la afirma» 

Enrique 
Testi&j uña \fz Uchado 
no hace iuersa 

¿sor garita. 

No prosigas, 
ó pide á íu sentimiento 
«i n uaa U ; a*C mas oi^na t 
que yo sufriré tu* quejas f 
|ii!i6 no tus d^'ua*ia*. 

t atilde 
Dc&de &tf*i¿*ti] iu irado* 9 (O 

á «juiut taii'la tntitletfida 
contusión de yedras ialira 
ií.iI frondosas celosía* , 
\ a qdied el sutil atiento 
del c«*ü«o. con ací-iva 
í'iesi8 ¡m pacíeucia | arrebuja 
la gualda tic *u» cortinas, 
veré si E trique lia dejado 
el jardín. 

Li sarda 

$\ao ser vista 
quieres , retírate un poco , 
que allí Enrique se divisa 
con el de ÁVágon haulando. 

(i) a u/1 t»ljim $hti¿Uk ) iá iémdm t 



$4¿ 

Enrique» 
Si tq discurso un;: tibia 
satisfacción aun encuentra 
para cegar la infinita 
perspicacia de utio.s celos, 
qnf para p« ñas cuntas 
Ibas alia de lo que vjen f 
ti asciende lo (jnt* ¡nii^iiian, 
y mas cuando el pecho tnio 
el '.«ro te í'ií ¡lita f 
Cebando yo decursos 
de parte de tus mentiras: 
¿ qué intentas ? 

Li sorda 
Guárdate un poeó ¡ 
porque en pila galería 
el fresco viento qoe al verte 
en vtiis hojas suspira f 
sopla algo recio, y las hebras 
de tu cabello esparcillas 
á uracanes de oro, forman 
de Ofir tempestades rúas. 

Matilde» 
Aire hace, pero no importa , 
porque hasta que se dividan 
los do» , d<* quien temo lance 
Jio iüc he de quitar. 

Margarita. 

No finjas i 
ni para mudenzas toyas 
imagines eul^aa mías. 

LiS'irda. 

t'na cinta roló al aire. 
} ü no lo pi ev me. 



"Enrique. 

Mira 
que á Matilde he visto % y de ella 
*n sus rayas encendida , 
Iris listado de nácar f 
corona el viento una cinta 
y en el suelo. 

Margarita. 

Ella mirando 
C&tá el favor ; suelta. (i) 

Enrique. 

Quita* 
Matilde. 
Mal haya el acaso: vén t 
|io te vean. (*) 

Enrique. 

Ya me obligan 
á un despecho. 

Margarita. 

¿Qué despecho? 

ESCENA IX. 

Dichos , y sale por un Jado Fernando , y por otf$ 

Gastón. 

Fernando. 
Oymdo vuestra porfía...; 

Gastón. 
Viendo vuestra competencia. »J 

Fernando 
Mi ardimiento determina.... 



(i) Coge nía los dr>$. 

(t) Retiranse del baleon Matilde y Lisardm 



*n 



Det<»rrn<na in¡ valor f 
can heroica !> : z»m'a. • •• 

I\rnonrfo 
Coorarla luego <] t* a<| 'if»l 
que de los do* la emisiva. 

C as ton 
Sal>er ( v ípiií] ■> quien la ^3na) 
á quien ten^o do pedirla. 

Mnrgnrift 
Eso es ya d<« otra niaferia: 
toma , Knriqu»*. que seria 
poco garvo el desairarte 
yo, cuando hac quien te compila; 
d* Enrique haheis de cobrarla ► 
ad virtiendo , que si aspira 
a eso algouo* vo á su lado 
longo de perder la vida. 

Fernando 
¿Poco lia mostrasteis tanto odio, 
y ahora tanta hidalguía ? 

Enrique. 
y pues en otra ocasión 
dije que respondería 
de los dos á la arrogancia» 
ved donde queréis que os siga. 

Ft mando. 
Venid pues. 

Gastón. 

Venid conmigo. 

ESCENA X. 

Dichos $ y sale Matilde y Damas. 

Los dos. 
Porque la cinta.... 



n% 



Matilde 

¿Qu¿ cinta t 

Todos. 
Ninguna , señora 

Margarita» 

Ahora 
disponga mi industria activa, 
que el ta vor vuelva á mi mano 
por lo que Enrique peligra f 
y aun por lo que yo lo siento» 

Lisurda. 
Estando yo divertida 
«n ese bateo n f cayó 
«na cinta ; entenderían 
qu* era tuva y la pretenden; 

Matilde. 
Supongo yo que á ser mía 
jiadie la alzara del suelo , 
pues fuera muv atrevida 
licencia t un despojo mío 
llevar , ni aun para reliquia) 
Pero porque, de mis damas 
lo que el viento desperdicia, 
lio por alhaja del viento 
5 esperanzas se permita: 
¿quien tiene la prenda? 

Enrique. 



*0¿ 



Matilde. 



padraela, 



Enrique. 

Mi fé os suplica 
po mandéis eso. 



Molihh. 

\ Pi>r qué ? 
Enrique 

Porque aunque mi IV no aspira* 

Señora , ni i lo* d« >«*j i<Í03 

d*» t.»n ni ¡a gefAf^tynfa f 

d«*l S«n4o la aire" o!> <qm'oso 

tolo p-ir instituiría , 

p'M'o <i r> n r ahrW) , ciando 

sé qUT Iny nlros que la pulan $ 

y asi Ifnbefo dt* perrl..riai m>* , 

que ei> *-s!a <!Ca>iou !|f) icnrjlica 

que pose ni i i»n betúnela 

plata <!«• co> lejanía 

Margar iia. 

Ec no permito vn , 

qtir si NHOncM la cedi», 

iué srl«» por ju* á su <lit*íío 

x ir •< | r ?» afiTln |(| dr*titi* v 

pero ahora *.abrv cobrarla» (fi) 

Fernando. 
A mí lo minino nae dicta 
mi valor. 

Go*ton. 
Y á mí. 
Margarita. 

Pues eso 
también bay quien lo resista. 

Loa dos* 
4 Quién ? 

*frr(;arit'* 
io, que a tu |üfo siempre 
me habuis de bailar: J quo queiiai, ap 



(i) Pujr co/i /r<r#. 



-4 



3So 



traidor, quedarte con ella? 
Matilde, 

Si os escucho suspendida* 

rs porque dudar procuro 

si esto suoiie á mi vista: 

Enrique, dadme esa prenda: 

¿ pues corno vuestra osadía 

contra mi gusto r 

Enrique. 

Señora f 

tanto asustan vuestras ira» t 

que el corazón en el pecho 

cuando sus alas ventila , 

en los temores que late, 

mudos respetos palpita ; 

tomadla; peí o a.J virtiendo > dásela* 

que no es fácil que se rinda 

á otro que á vos esta prenda , 

y (juica á cobrarla aspira 

aun tiene en pie la ocasión 

si advierte su bizarría, 

que quien me quita la prenda, 

la vanidad no me quita. Vase K 

¡Fernando. 
¡ Qué altivez tan rara! 
Gastón, 



tobervia tan desabrida! 

M ati.de 
Porcia , dá esa cinta al fuego 
poique uo vuelva á mi vista ; 

y alhaja que fu»' del aire, 
al aire vuelva en ceuua*. 



¡Qué 



3 ?» 

ESCENA XI 

Fernando , Gastón y Margarita» 

Fernando. 
Solo eso pudo estorbar 
bien que A fin peno casase, 
que iiji valor intentase 
su soberbia escarmentar. 

Gastan 
Por ese respeto cedo , 
remitiendo á otra ocasioa 
tomar la sal i-fecciou- 
Mar garita. 
Caballeros , quedo , quedo , 
y supuesto que. yo oí 
lo que los dos resolvéis % 
mirad adntide queréis 
tomai la de el y df mí. 
ter nandú. 
¿ Di VOS, por ,j<,¿ t 

Margarita. 

Porque yo 
no be de faltar de su lado. 

Fernando. 
Si en el empello pasado 
tanto á Enrique desairó 
\uestio ardimiento, , que q% yg 
cu quererlo defender l 
Margarita. 
Eso yo lo puedo | l au»r, 
pero niuguuo iu bai*. 
i ti tt mdo. 
Siendo los respeto» mios 
d» pi ¡hjo , ¿ vucéti tt M^or 



55a 



siempre ha rlrhído mi . uiOI* ¿ 
Fadrique tnurhos desvíos: 
l qtK 4 motivo os empeño 
por Enrique en responder? 

Margarita 
Porque nadie puede hacer 
todo lo que hiciere yo. 

Gastón 
Lo que hacéis es evidencia 
que hará otro 

Margarita 

Con él oo 
porque no soy hombre yo 
que bago á nadie consecuencia. 

Fernando. 
Esa es arrogancia loca, 
que ofende nuestro poder. 

G tston 
Y eso es que? ero* meter 
\os en lo que á vos no toca*. 

Margarita. 
Poes porque acortando va trios 
cuestión que stiperflua r-n , 
detras del parqu» i las tres 
Enrique y yo os esperamos. 

teman fin 
Allá estafemos los dos. 

Gastan. 
Pues allá á las dos espero f 
y en tanto que habla el acera 
quedad con Dios 



Id con Dios. 



Margariim* 






MÍ 

ESCENA XII 

Margarita , f tale Laureta 

Laureta 
Príncipe estás tan cabal, 
J tan bifti lo tabes scf, 

qu< ttiu ¿.i vista ha menester 

antojos de m. ,»m»m¿| 
para mirarte, srñora • 
|><-ro mas nib ;> nd> dado 
en ser tan embelesado 
galán dr Palacio ahora, 
que estás entre nobles miedos 
bebiendo idolatra enojos, 
escuchando con los ojos , 
luftpiraiido con los dedo*. 

Morgnt i*a 
¿Has visto a Kmique f 
Laureta. 

Se vet» 
qneda con mudas posione* t 
bebiéndose eios balconea. 

Margarita. 
P«e§ díle que aquí | e espero, 
y que e* fuerza hubLrle. 
Laureta. 

|Aníf 

Margarita. 
i Que temes? 
Laureta. 

Que au ira ciega 
Vencwe en mí por dama lega 
lo <j»it: no La podido tfl tí. 
Margarita 

Anda , necia. 

«t 



35< 



Zauretd' 

Voy. 
Margarita 

Amor f 
¿cómo me podré en<***der , 
si hallo qne este aborrecer 
aolo'es querer con furor ' 
Aunque á Enrique he desagrado „ 
mi fine amor ofendido f 
)e pretenda aborrecido , 
p»»ro no le quiere ajado ; 
y solo mi tema fundo 
en que de Enrique la fama 
le malquiste eon su dama 
•olo , nías no cotí el inundo, 

ESCENA XIII. 

Margarita , y salen Enrique y Laureia. 

Enrique, 
i Qué* es lo que quieres 9 qna aunqua 
de mí vive aborrecido 
tu semblante, que «tro tiempo 
llamé dulcísimo hechizo, 
oyendo que me llamabas 
vengo, porque no ha podido] 
olvidar en mí lo atento 
cuanto ha borrado lo fino? 

Margarita 
Laureta , apártate un poco. 

Lcturrta 
¿Ya tenemos secríticos? 
é roas qué hay n»al de corasen * 
•i hay paabias a' oído f Apdrl*$t* 



Í55 
Margarita 
Enrique, Hiéndeme un poco, 
| ¡ipi de tu honor no me olvido, 
y toda mi ratón haga 
tirguas un ralo contigo. 
Fernando de Portugal 
y Gascón <ie Fx>x , altivos 
á tí y á mí uu) aguardan 
en el frondoso retiro 
d j esos á ¡«irnos, que al parque 
doseles tejen floridos. 
Este es el sitio, la hora 
las tres, y asi te lo aviso 
para que vamos los jos. 

Enrique* 
| Qué dices f 

Margarita, 

Lo que has oido. 

Entique. 
¿Qué es lo que quieres de mí, 
di , rouger f ha pretendido 
la bárbara anatomía 
de tu curioso capricho 
examinar cuanto puede 
Sil ánimo mas invicto 
de un hombre , npnrar el raro 
empeño de ua desvario f 

Margar Ua 
¿Pues qué hay aq+i que te ofenda? 

Enrique 
jPues cómo cabe mi mi ferio 
ver que riüas a mi lado 
ni que otro lina contigo f 

Margarita 
4 Nu conoce tui* alientos? 






Enrique; *o£* 

Ya conozca tu* delirios* # 
y »c que mi fntrndimuntO » 
ó mi valor ó mi juicio * 
ya na son , por Dios , bastante! 
é enmendarlos ni á suiíiiloa, 

Margarita, 
¿Mi riesgo te asusta f 
Enrique. 

Fiert i 
ya que pasar has querido 
mi antiguo olvidado afectó 
á grosero desde tsbio, 
no tu peligro me asusta , 
Porque estoy Cal qua á partido 
le tomara, sino fuese 
á mi lado fcu peligro. 

Mor $ar Ha. 
Mira que estás ya muy ne'cio,; 

Enrique 
No estoy sitio muy perdido t 
cué dijera de mí el mundo, 
pues tarde ó temprano es fijo 
que ha de revelar el tiempo 
el estrano, el nunca visto 
~ traidor , despechado , injusto 
enredo de iu artificio) 
Qué dijera de mi el mundo 
tn sabiendo que he salido 
con dos Principes tan Riandef 
é esgrimir airados filos, 
de que llevase á mi lado 
dama que m¡ dama ha Mdo , 
y tan mi dama , qut... 



«f 

Mar garita i 

Esto, 
pues están va prevenidos, 
no tiene remedio 

Enrique» 

No 
»• obligues que vengativo, 
perdiéndome en tí el respeto 
que yo rne del>o á tní mismo, 
llevado de la apariencia 
del eslerior adoptivo 
trage te dé muerte. 

Alargar Ha « 

Esd 
na es tan facü el cumplirlo, 
que yo nad» temo , y puesto 
que ya le dejo instruido 
de hora y sitio, 5 Dios te queda, 
que en él mostrar determino 
mi valor , v cumplirá 
con decir que te lo he dicho. 
La u reta , á Enrique no pierdas ajn, 

de vista , dándome aviso 
de adonde quiera que vaya. 

Laurcta. 
A observarle me retiro. 

ESCENA XIV. 

Km ique. 

fiados crueles 4 impíos , 
¿ habéis de acolar r\\ ttil 
todo el influjo maligno 
de tanto* astros ardientei; 
lunares \\t ese zaino , 



entre euanl. s la fortuna 

nt ttficiosa ha tejido , 

aquel laso eslabonado 

de sucesos peregrinos ? 

¿b.ibrá hombre tan desdichada 

á quien le haya sucedido 

lance tan terrible f como 

ger segundo ó s«r padrino 

«le su misma dama, en trance 

de publico desafío , 

mayormente cuando ella 

saldrá, y *i yo no la asisto 

la dejo al riesgo de los doi 

ai a salir me determino? 

I cómo be de consentir que ella 

riftendo esté al lado mió , 

ni que otro rio a con ella , 

y mas sabiendo que ha sido 

todo el duelo por mi causa t 

¿qué he de hacer , Cielos Divinos f 

¡qué hidras mis discorsos hallan 

un abismo en otro abismo! 

ESCENA XV, 
Dieho k y sale Fernando* 

Fernando, 
Enrique. 

Enrique. 
¿ Qué se oa ofrece ? 
loco estoy 

Fernando 

Ya oa habrá dicho" 
el Iufantc de Aiagoa 



como hoy quedó prevenida 
cierto lance F 

Enrique. 

Ya lo sé i 
ya se cerró esle camino » 
'aunque q u i .< i ♦• i a negarlo. 

temando 
Pues habiendo adora oído 
que esta tarde la Condesa 
sale al campo, he discurrido 
que siendo el paseo del parqua 
su mas frecuentado %iho, 
y siendo este el misma que 
para el combate elegimos t 
ha de haber muchos eslorvos t 
y a*i habiéndoos aquí visto 
primero que al de Aragou , 
ine pareció preveniros 
que otra palestra elijamos 
menos pública. 

Enrique. 

Imagino 
que i m'\ duda ha descubierto 
este acaso al<;un alivio: 
Lien njf parece el reparo 9 
y podremos encubrimos 
mas bien de los pasagerOi 
en ese bosque vecino 
principio umbroso del Soni > 
pero llevad advertido.... 
Fernando. 



i»i 



;Qu¿? 



Enrique* 

Que yo os elijo 4 vos. 



¿I* 



Fernanda. 
Yo U elección os eslimo i 
la hora ser » la roesrua , 
avisad á vuestro amigo 
porqot uo perdamos tiempo , 
qm* yo le avian ré al mió. Pa&l 

Enrique. 
Ea , corazón atentemos , 
que de otro semblante vino 
ya ti lance t porque sin darle 
á Margarita el aviso 
desta novrdad , pues ella 
ha de acudir á otro sitio « 
al Principe de Bcarne 
con esto propio motivo, 
citaré á otra hora y en otro 
puesto, con que determino 
tañándolos desta «ucrte 
Á todos tres divididos f 
que esté libre esta tirana , 
y los dos riñan conmigo. 

* KSCLNA XVI. 

Enrique , ? sale Fabiói 
Fobio 
Este el Príncipe os envia 

Enrique 
¿T)t> Reame? (mal me animo) 
porque temo que este acaso 
desbarate mis designios. 
Lee. 
La Condtsa baja al parque f / asi cO) 
desafiado % elijo que no$ mudemos al boiq 
de So ni t pues el repara está tan d la vis 

*d#rtitnde yus ftff^y machas causas pa 



tUgim* ti co* , ma* q*t* * Fadritji/e , ti quien 
éar&td e;U *ó¡s<t f com > yo al de Portugal. 
Decidle á Gaaloii que yo 
le obedezco: 

Fabia. 

Papclicos 
de los dos para Jo* dos, 
y otras < >s.is que yo he visto f 
\o dnr*'* p! «iví\o lu^go 
á quien proco '<» impedirlo, Vasé\ 

Yn ye c<m ró á ini fortuna 

aun aqop) breve resquicio 

d* caridad ; qnien creyera 

«jue el ono Lubiesr elegido 

el mismo sitio v la misma 

hora que el otro previno* 

¿ mas quién no lo creerá, viendo 

que contra un p^cbo afligirlo , 

confirman eu lo* nc*sos 

los discursos desunúí «s ' 

¿qué be bacer que ya los dos 

juntos .y á una hora f es preciso 

que. esptrt-n , con que no puedo 

en dos puestos dividirles. 

Ir á refir ron entrambos, 

es ir ya ríe con< c;Ho 

é no reñir ron ninguno: 

demás , que por mi enemigo 

escogí yo al portugués, 

y á* mi el g*«ron me ba escogido; 

pero como Margarita 

lio esté allí, j de qué me aflijo I 

salir i reñir con dos 

es case que está mas visto: 



n 



¡ ah quién parirá prevenir 

«l^una salida al brío ! 

y en fin, este es de dos niales 

tósigo menos noscivo. 

lío voy a) srtio eu que apiiaiihi 9 

yerre ó no yerre el capricho , 

cumpla yo mi obligación » 

y u«ga fortuna su oficio. 

ESCENA XVII. 

Deíohacjon de Campó* 
Salen los dos Principes» 

Fernando. 
Esto á Enrique le previne. 

Gastón» 
Yo por un papel lo mismo» 
]e avisé, habiéndome á tní 
ese reparo ocurrido: 
¿ pero á FadriqUe ? 

Fernandas 

Ya él 
]f habrá dado el propio aviso*: 
bien que en Fadrique reparo, 
que siendo cercanos primos 
Jos dos , y en los intereses 
<\r la patria tan unidos, 
ó sea porque á los flamencos 
mas indinados ha visto 
é mí, ó por ser de Matilde 
pariente tan conocido 
por la casa de B.)rgoíia # 
que ya el puetd > antojadizo 
uue llama conde de í laudes 9 



ha tfssdo tantos d*<vfoi 
comn^o, que si puniera 
persuadirme á un desatino 

lo creyera. 

Gastón 

¿ Y qué es ? 

Fernanda. 
Que «O ftFadriqtie. 
gasM/i. 
¡Estreno delicio ! 

Fernando* 
En esto de los retrato* 
no hay que croer t porque he visié 
á industria d* fos pincele* 
•in qflitar *• parecido» 
quitar lo feo á On retrato: 
y si serkís averiguo 
de algunos suyos en Flándes, 
y *n Portugal 1 esparcido^ 
solo le den arque I arre 
de lo joven y lo lindo f 
mas basta el aviso de Españ* 
disimular determino. 

ESCENA XVIH. 

Dicho* » y salé Enrique» 

Enrique. 
Si he tardado» perdonadme. 

Al paño laurel n. 
Supuesto qu« á Enrique aijo f 
y aquí le dejo i mi ama , 
voy i avisar en dos brincos» 

Hombres cerno vos no Jardín, 



56J 



aunqnp*al sípmpre 'Vtf/ka invicto 
vuloi* de vursiio ardimiento 
tarde I* haya parecido. 

te\ muido. 
¿Cómo e! iní&nle no viene? 

Enrique. 
Coroo solo está en nji arbitrio 
venir donde soy llamado, . 
con mi persona he cumplido* 

Gastan 

Aunque tanto en ella viene f 
• guardar será preciso 
«1 Infante. 

Enrique. i 

¿ Para que* f 
yo convidado no be sido 
á aguardar, sino á reñir, 
y pues están deslucidos 
frente á (rente , y en el campo 
ociosos dos enemigos , 
tome después lo que halláraj 
el que no hubiere tenido. 

F* mando 
Eso sabré yo estorvar , 
que Fadnque es hombre digné! 
de hacer mucha cuenta del 
para cualquiera partido 
que elijamos: dornas de eso 
estamos dos 

Enrique. 

Ta lo miro i 
pero supuesto que yo 
á traerle no me obligo, 
y di I campo oo me puedo 
>giver sin haber reñido, 






lidie el tino , y toque al otro 
•<T juez. 

ftrnondo 

Vo no lo resisto , 
y ma» tora nd toe á mí 
(pn»*s vos inr haber* elip'do) 
rriiu c«)ti vn.i, .ju* no puede 
lidiar Fadinjne conmigo. 

Enrique 
Es verdad , y asi á las manos* 

Gastón 
Deteneos | yo lo impido 
con ir»is cansa g os acuerdo 
que en «I papel que os líe escrita 
es elegí yo. 

Enrique. 

PTn puedo 
desmentir ese te^ti«o. 

Ti 

Yo os be provocado á vos. 

• trrnnndo. 
Vos á roí, y .debéis cumplirlo f 
pues para el. girme á mí 
iupuneis al^un motivo. 

Knriqmt. 
Bien decís, Fernando, mal 
á vuestra razón me inclino. 

Costón. 
La tüia. 

Femando ¿ 

La aiik. Ernyunan 



16* 



ESCENA XIX. 

Dichos , y sale Mmrgarita¿ 

Margarita 

Tened, 
Enrique. 
¡"A qué mal tiempo has venido l 
ya no hí>ll¿> salida al lance; 
corra á cuenta del destino. 

Margarita 
Aunque quejarme pudiera 
d*> quien Con doble artificio 
}>uila mi valor f mudando 
¿\n que yo lo sepa el sitio , 
dejaré para después 
deste desaire el castigo. 

femando 
Yo á Enrique previne que 
os avisase. 

Gagéom. 

V lo mismo 
yo en un papel le prevengo. 

Margarita. 
Ya sé que es traidor amigo , 
mas primero es nuestro lance. 

Enrique 
\ Apenas , Cielos, respiro, 
porque me está el corazón 
rompiendo el pecho ó latidos! 

Margarita 
Vamos pues 

Enrique. 

Te neos, señor; 
¡ó cuan jin alieulu fíttje! 



Margarita» 
I ¿ Qué* queréis? 

Enrique. 

No nos cansemos , 
(yo no sé lo que me. ili^o) ap. 

que vos no habéis de reñir. 

Murga rita. 
¡Parece que estajs sin juicio! 
¿á roí esa proposición r 

Gastón. 
Ese parece designio 
de estorvar el buce á trdos p 
pues no» lo *r«uye el ind'cio 
de venir primero solo, 
y ahora querer impedirnos. 

Enrique. 
¡Que esto pase por roí! 
Margarita. 

Vamoj. 
Enrique. 
Que os reportéis os suplico, 
que vos no habéis de reñir 
m á mi lado ni conmigo; 
y mirad qu*\... 

Margarita, 
Quita. 
Gastón 

Aparta. 

Enrique 
Pues el qne fuere atrevida 
A ofender á su persona, 
I>a*ará ¿,or titos tilo*. 



$6g 



Fernando 
Yo riíío con mi contrario. 

Gastón. 
Y yo hasta encontrar el tuio 9 
con (\uien se pon^ijvUnte 

Margarita 
Yo al lado de K»n ¡ue riño, 

Knriqrit 
E* , fortuna , pie* no puJe 
eslorvar so precipicio , 
muera yo ante* (ine 'e ofendan. 

Dentro Adulfo 
Hacia allí se estucha rl ruido. 
fe i nando. 

Gente Ucga 

Enrique 

Solo cu esto 
anduvo el hado propicio. 



(i) 



ESCENA XX. 
Dichos , y salen Adolfo , habió , Roberto f Laureta 

SoldndfS . 

Adnlfo 
Caballeros, tl.ten »h 

ÜoSrrJo 
Déjenles, que por mi alivio g 
al Príncipe de la <la^n 
Je den siquiera otro chirlo. 

rabio 
¡Qué bien h»ce en avisar! 

Loor tía. 
| Mi ama anda en estos pajitos! 



(i) Em'ttetrns* los cuatro 



36 
quizá la har5 escarmentar 
ti aceite de Aparicio. 

Adolfo 
De orden de Madama vengo 
por vos , Eunque. 

Margarita. 

¡Qué be oído! 
iin nosotros no vn Enrique. 

Fernando. 
¿Si todos comprehendidoa 
frotaos , por qué á él soi<¿ ? 
Adolfo. 

Porqqt 
á Madama ba parecido, 
que eu él cüqio en su escudero 9 
pueden tener mas dominio 
•as órdenes. 

Enrique. 

I/Vteneos # 
que son tan ejecutivos 
los preceptos de Madama , 
que si en ^llos uo bay arbitrio 
para obedecerlos , ¿ qué 
«era para resistirlos t 

Giston 
Pues si vais preso, ¿quién duda 
si es de todos el delito , 
que todos con vos irruí 04? 

Adulfo 
Solo el prdeu que be traída 
es para Enrique ; vosotros 
lo que mas fueicis servido* 

podci* hacer 

Femando. 

VaUiOl, 



A 



i-i 



Gastón. 

Va moa. 

Margarita. 

jCrael fortuna í 

Enrique 

¡ Hado impío! 

Margttritt 
jCuindo de tantos pesares. .. 

Enrique. 
jCuándode laníos lA^rttrioá»^ 

¡S/sar garita. 
.Saldré en esle devaneo— 
Enrique 
Saldré en esle laberinto. .. 

¿os dos. 
Donde cada aliento aguarda 
«1 áltwaQ parasismo l 



3 7 i 



ACTO TERCERO. 

ESCENA PRIMELlA. 

Decoración de Sala. 

\en por un lado Adolfo, Margarita, el Vriflcipc , el 
ante , Enrique , Laureta y Robería , y por el otro 
Matilde con sus damas. 

Adolfo. 
Ya Enrique está aquí. 

Enrique. 

A tus plantas 
Tendido estoy, aunque siente 
mi lealtad , que lo atractivo 
á casi violento suene, 
quitando eu lo precisado 
el mérito á lo obediente. 
Margarita. 

Y todos con él venimos, 
pues de culpa que merece 
vuestras dulces iras , todas 
intentan ser delincuentes. 

Infante. 

Y pues un drcrrtn vuestro 
¿todos nos coinprehende .. 

Principe. 

Y pues un mismo delito.... 

Todos 
Nuestra osadía c«mete , 
si á todus alcanza el orden, 



3 7 a 



todos , señora , ol#decent 

Matilde 
Alzad Enrique del swel» , 
y no »or tan imprudente 
me juzguéis, que ¡maguase 
que en vos ejeicer pudiese 
irías dominio, que *í dominio 
común rfí: mis altiveces, 
que aunque la fortuna escasa 
altos estados os niegue Y 
ó lo mucho que nacisteis 
tratamiento igual se debe f 
que el de cuantos Soberana* 
desde su primer oriente 
¿ merecer lo que nacen, 
pacieron lo que merecen. 
Hecha á todos esta salva, 
para que ninguno piense 
que. en lo irritado le quito 
circunstancia á lo decente. 
¿Qué cosa es que habiendo dicho 
!yo que vuestro duelo cese, 
\uestro duelo se prosiga, 
y mas por prenda que fucsa 
desperdicio de mis damas?, 
agradeced que no quiere 
acordarse rol rigor 
de que yo os mandé prudente 
que cesase el duelo, mas 
baste para que me vengue, 
por mas que el castigo olvide r 
que del delito me acueiJe, 

Enrique. 
Hijo f señora , he nacido, 
aunque segundo naciese 



ele Gofredo de Lore&a* » v 

legítimo doscemliente 

do Godolre de Bullón 9 

vuestro tío, en cuyas sicftel 

el I n u rol de Me* ti na 

aun mas que cine florece. 

En fé de vuestro escudero | 

desde mis tiernas niñeces 

serví al Cesar vuestro tio 

en tantas guerras crueles 

contra los lombardos libres 

y los úngaros rebeldes. 

Que á un escudero mandéis 

prende*: ¿qu ; violencia tiene 

para que en lo cortesano 

lo soberano se honeste? 

Qué no cometí delito 

es claro , pues no bay qtii^fl ftiegtte 

que retado un noble , nunca 

escusar el duelo puede 

en las intrusas al mundo U{ 

del duelo tirinas leyes: 

y mas noble como \o , >¿ 

¿ quien vieron tantas veces 

las águilas imperiales 

de sus tropas a la frente f 

de tantas rebeldes vidas 

dejar causada á la muerte; 

Todo esto | señora , be dicho* t 

porque si tal vez hubiese 

mostrado alguna templanza f 

habrá sin duda accidente 

que á ello obligue, y solo el tiempo 

lia de ser quien lo revele , 

que aunque este lo sabe ludo, 



3;4 



hasta SU5 pUzíHt, tíO MiMe 

4 star de humor de deciilo, 

y 'es porqvc á los hombres quiere 

que cada noticia so va 

«n poco de vida cuesto. 

Ya , Porcia f está Enrique airoso: 
Príncipes , si oigo pudiere 
con vos mi ruego ha de ser t 
que cualquiera duelo quede 
ó suspenso ó concluido , 
porque impropio me parece 
que Príncipes que han venido 
á tener mi Corte alegre , 
tengan mi Corle confusa 
de sus facciones pendiente. 

/ e mando. 
Todos venimos , señora , 
á hacer con todos solemne 
aquel termino dichoso 
que gobernar os concede 
vuestro estado 

Gnston 

Haciendo soló 
que nuestro afecto festeje 
vuestra edad t que e! tiempo ufano 
la ll«ne , y que i»o la cuente 

Margarita. 
Pero , ay , señora , unos casos 
que Inn sin pensar suceden, 
qoe de«f?e la discreción 
judicia» ia apena*: puede, 
Ó vvt tal v\ prev.-ni,Jo f 

ó evitarlas ti nrudentf. 



M 

Haberlo» 
Con toilos mi amo se tira | 
pero vi\e I)i>s i|«e torne 
al rapaeon de I»» 'faga s 
ahora conozco que tiene 
en aquel que las recoce 
su alguacil cada valiente. 

ñfatUdt. 
Guárdeos Dios , que roe reliróf 
porque mi Consejo viene 
á una consulta 

Todos. 

Lo6 Cielo! 
vuestras auroras prosperen. 

ESCENA II. 

temando f Enrique, Laurcta % Roberto y 
Margarita. 

Costón 
Ved , Enrique, en que os servimoij, 
puesto que es fuerza que queden 
nuestros efectos tai» unos. 

berttnnio 
Vf.(l , Fabrique % que aunque fueseif 
tan ingrato á mi carino* 
*cré vtiesiro: ;ó t quién pudiese 
con el correo saür 
<]e e*ta duda ! 

¡Margarita 

Cuando deje 
á Eurique f os buscare* , luíante. 
V n> i ¡uc 

£1 Cielo con Ijích os Heve. 



*7 



Matilde. 
Dejadme solo Vosotros. ^í* 

Laurcta* 
Pues nuestro JUeJo pendiente 
quedó, Venga á concluirle. 

Roberto 
Hombre f ¿ demonio f ó quien eres y 
ili jame, qué en lo cabeza 
iengó un costurón de adorne, 
porque un cirujano á puntos 
aun lo* cascos me remiende t 
y t]«j y palabra de que 
despierto y dormido sueñe , 
al Príncipe de 1* daga f 
wacbacador de mis liendres. 

ESCENA M. 

Enrique y Margarita. 

Margarita . 
Amor, pasemos á instar un medio 
antes de usar el último remedio , 
adonde se» , si el dolor me apura, 
escíndalo del mundo mí locura. 

Enrique* 
¿Estarás, Margarita, ya cansada 
de perseguir Cruel y despéchala 
mi opinión y valor i 4 df f qué es tti intento? 
¿pensarás mas locuras? 

Mnrgirim. 

Oye atento! 



(i) Vanse los dos % 



3/7 
pensar? , mi s*rior» Tn» bVti , mi esposó* 
(perdiVffi Oí '«• >i oyeres nV$.¿eíÍo*o 
el tjul .fsimo n^mhrc q^-' tf be dado , 
que c¿>«io el Uh»o fíM Ui> ^nsMiaJo 
á decirlo, síti ver que. á tí |* agrutio: 
iebosa el corazón el hombre al labio) 
pensare* en *up!ícartP ^'ú* reparas 
qnipü soy, quien eres * que nai honor amparcf f 
pues sabe amor que en Hada soy culpada;, 
per» mal digo en nada , 
en mucho soy culpada , si M advierte 
tnmenap es roí delito si es quererte. 
Por tí perdí la patria , y por tí he dadtf 
Un escándalo te I • por tí he dejado 
al vulgo mi opinión , fiero enemigo , 
y es la mavor crueldad que hice conmigo* 
¿ Adonde volveré yo despreciada t 
¿qué haré desamparada v 
Inísrra y afligida , 

•i no he de ir donde soy tan conocida 
como en mi patria bella , 
Jii qué haré peregrina fuera de ella ? 
y lo que siento con dolor estraño , 
«s que se I'pgne á conocer mi engaño » 
qqe.de Mali'de amante, 
á Flandes de Aragón vendrá el Infante, 
pues por tener dt España aqueste ú viso 9 
jni astucia entonces quiso 
valerse de sn nombre, habiendo sído> 
el Infante de mi bien conocido t 
cuando mi padre en Araron embiado 
de Godofre, i su Ur y dejó alistado 
paro la L ga de la Guerra Santa, 
que llora Kgipto y Palestina cauta. 
Mi vida y mi opinión tengo perdida f 



3:8 



duélate mí opinión, V no nvi vida, 

antes , Knrique ingrato , 

que t « »- vil proceder, tu falso trato 

me obüouen á emprender otra locura , 

en quien libr.itla ten^o mi ventura; 

y será la in-jyor que hayas oido , 

pues mi honor ofendido 9 

si llega á despecharse , 

tolo en tu mismo honor ha de vengarse. 

Enrique 
\ Qué violenta que estaba la blandura 
en tí! ¡ que forastera la cordura! 
pues lágrimas que exala tu belleaa 
equivócate la ira y la terneza : 
la palabra te di de. ser tu esposo # 
pero tu falso trato y alevoso , 
deste vínculo pudo exhonerarme, 
pues celoso no teo^o de casarme s 
y acreditar tu amor poco aprovecha 
cuando no .desvaneces mi sospecha 
¿Sospecha dije' ¿inadvertencia rarat 
mejor dijera m¡ evidencia clara ; 
en dejar lú tu casa es agentado, 
que ni cómplice fui ni soy culpado: 
y en cuanto de ese trage á la indecencia » 
aun mas es acreedora mi paciencia , 
cuando tatitos ultrajes te ha sufrido : 
siendo asi, ¿en qué he faltado á lo debido?, 
¿cuando lo qu»' juré, que no dehia, 
tengo observado tan á costa mia f 
ni pu^lo reprimirte 9 
ni mi cordara supo corre »¡rte t 
ni yo debo matarle , 

con que en na la á tu ruina he sido parte, 
y cu uida de #ev¥uie m<j desvia 



-79 

para que sn!*** flft&lf devano t 

como no sea <m» p m prender mi mano, 

que |>«>r el alto C^\ » »S ■ iberano, 

que me ofendo. f me irrito, 

tne apasiono, me *iu>i'> y precipito 

de que tu astucia intente, 

que otro favorecido .. 

Margarita. 

Enrique, lente: ea valor arrogante, <?/>« 

ya que no hay otro remedio 

del último nos valgamos, 

pues ya pensado te tengo. 

Viven los Ocio* Divinos, 

•villano , mal caballero, 

que bas de saber que bay valor 

fu los femeniles pecbos 

para castigar traidores: 

empiece el último esfuerzo ap, 

adonde lo oiga Madama; 

muere , alevoso. (i) 

Enrique 

¿Que* es estof, 

l qué haces aleve ? 

Margarita. 

Matarte: 
saca , traidor rl aepro f 
y ño vistas al temor 
las tibiezas del respeto ; 
poique sino, vive D¡os , 
que te dé tnoerte indefenso. 

Enrique. 
Mira.... 
■ ■ i ii i ■ 

(i) Saca la espada y embístele» 



38o 

Tr^iÜ»Vr t nacía rairo. 
E tinque 
Pues ya con p! cs^imiento 
de que otra ves cn¡ tem p taita» 
ée vio indiciada de miedo 
le sacara por defensa , 
bien que á m¡ valor protesta» 
que solo intento templarte. 

Margarita 
V yo arrancarte drl -pecho 
la falsedad e*m el alma. 

línriqut. 
No le acerques 

Dentro Matilde» 
s Ved que es eso* 

Dentro Adolfo, 
l Ruido de armas en Palacio? 
acudid t acudid presto 

ESCENA IV. 
'bichos, y salta Adolfo, Gastón, Fernando f Mi 

tilde 

Gn S ton. 
¿Que e* esto? teneag, Enrique. 

Fernando, 
JQu¿ es esto? Infante, teneof; 

Matilde. 
¿ Qfi¿ es esto ? j Principas f ¿ cóm* 
repetido aquí el empello, 
mas allá de mi cordura 
lle<;ó vuestro atrevimiento £ 

Margar ti 3, 
Serenísima Matilde , 
¿ quien los hados hitierqq 



38i; 



ícfe Flandcs y de Bravanle 
Condesa y Duquesa á un licmpo. 
Hija del Gran Bujduino , 
Emperador siempre escelso 
de la Gran CoustAntinopla ^ 
y sobrina del supremo 
Étnico, Rey de romanos, 
porque en el linage vuestro, 
el que es termino del mundo 
aun lo sea de su Imperio. 
Hastia Gastan de Fox f 
gloriosísimo bendero 
de B i lie , a qmd antiguo 
padrón de los Pirineos. 
Fernando de Portugal 9 
hijo d« Sancho el Primero y 
y d*í Enrique He B rgoña 
dignísimo heroico nieto, 
todos me escuchad , que á todo» 
los ha menester atentos 
don Fadrique de Aragón; 
los demás títulos dij», 
pues donde es menester mas 
«jue la grandeza el esfuerzo» 
fuerza es que de lo .señor 
sea parte lo caballero. 
Hecha á todos esta salva , 
delante de todos reto 
de villano y de traidor 
á Enrique. 

Enrique. 

LIclÓ el despecho 
al último grado 

Margarita- 

V pues 






33a 



vuestra Grandeza os ba hecho 

Soberana rii los Estados , 

sin dar reconocimiento 

á potestades humanos 

de dependencia ú de feudo ; 

y es ley de los Soberanos 

que concedan campo abierto» 

y seboro al agraviado 

que llega á valerse de ellos. 

La causa que doy , señora , 

para nuestra lid (supuesto 

que como áibilro del campo 

fuerza es saberla primero) 

es haberme quebrantado 

(contra quien es procediendo) 

una paiabra ; y pues es 

(s.i é los estilos volvemos 

del duelo) uno de los caso» 

nías rigurosos del duelo, 

campo os pido contra Km ¡que, 

y pues los grandes .sucesos 

de las Cortes se celebran 

por regocijar al pueblo 

con las fiestas militares 

de juntas y de torneos , 

porque no haya acción en roí 

qne no fiare en vuestro obsequiOf. 

regocijar vuestra Corte 

con su tragedia pretendo : 

á cuyo fin ese dia 

ante vuestros ojos puesto, 

Vis ti trido el pecho por gala 

doras láminas de acero , 

rigiendo el bi idon furioso 

í la Míavidud dtJ tinto , 



III 

y i la violen'ría del pn!so 
blandiendo el heriado fresno» 
su mía n»ra á «mi tiempo, y mi honor 
públicamente defiendo . f r ase* 

Enrique. 
Oitl , esperad. 

Fernando. 

Decid, 
que si nuestro paren leseo 
l^e ©buya a que de padiino 

vaya al luíanle sirviendo, 

Li» ii p-ithé en su nombre oíros, 

y en tfl nombie responderos. 
Enrique 

No Uilgo yo <jue deciros, 

que á él pudiera , á vos tío puedo, 

ó nada que pr< juntareis 

responder , sino en el puesto, 
( V\ rttanclv 

Pues hasta e>e d»a á Dios, 

que voy á ofrecerme lue^o 

á Fadrique: , que palabra 

aera la de tanto empeño! Va$G+ 

Poes os dejaré solo, Enrique 9 
sin (jue lo mandéis os deba 
asistir como padrino : 
¡esta palabra no entiendo! ap 

ESCENA V. 

Enrique , M<AiUt y Porcia. 

h. arique . 
Si al^o, señora , con vos 
pudiere mi rendimiento 
y ni sil tifio* que á vuestra» 



SS{ 



cesáreas casas be hecho, 
lia tle ler (jGifiítü'í «|ué mal 
contra fl citaZ'.iii me *»»f'uerzo , 
éostando á mi im-h.»ooii 
fiiiil sollozos pacta nl.ento') 
ha de *er « (, , > '^ estoy sin mf!) 
que no coiicerfUf'a (, yo muero!) 
eí campo al 1 ti fifí le 
ivlatiidi- 

Enrique * 
¿pues cómo me pedís eso f 
cu njilo \\\\ «ir la venganza 
jugaba vuestro ardin)irnto 9 
que aun lü$ termino» legales 
O* recusase el deseo 

Enrique 
Como hay en oso , señora # 
tanto que decir , u,u» creo 
(por mas que es pasmo ai callarlo) 
que sera horror al saberlo. 

Matilde. 
Siempre en enigmas confusos 
Vde habláis f descifraos. 
Enrique. 

No puedan 
Porcia. 
No puede dar paso #ste hombre 
sin márgenes y comento. 

Matilde 
Ni yo oiros , pues el campo 
le toca á mi £» »n Consejo 
examinada la causa , 
ó uegarfü ó concederlo: 
tolo «idvirtiieis , Kmiijue, 
que cu I41.cc- do liClk\fi CtJiAfl estos 



3S5 
(si bien como dama yo 
esa facultad no entiendo) 
para en público no valen 
los enigmas del secreto, 

ESCENA VI. 
Enrique. 

¿Para en público no valen 

los enigmas del secreto f 

M¡l veces en mis fortunas 

me be preguntado i mi me.srno , 

¿•i babrá habido ctru al^un bombre 

reducido á tan estrechos 

lances con su misma dama { 

pero ahora ¡bifolia veo, 

cou cuanta mayor razón 

preguntar á lodos puedo , 

si hibrá sucedido á algún 

amante lance tan fiero, 

como verse precisado 

\ó Saliendo ó no saliendo) 

é perder siempre el honor 

con todo el inundo, si advierto 

c|ue no saliendo , con todos 

Labré de quedar mal puesto , 

y también saliendo ¿ . pues 

ha de descubrir el tiempo 

que esta tirana enemiga 

es mug<r; aparte dijo 

ser mi dama , alegué solo 

el inviolable respeto 

que dehen tenrr los nobles 

é lo geurral del svxo 

CtfM que esta traidora falsa 

iS 



3S6 



roe reduce á tal estremo a 
«juf (ya su duelo recuse « 
ó ya responda á su «indo) 
ni remedio hay á su atavio 
lii á riii opinión remedio. 
Dijja alquilo si ha. tenida 
noticia de al-uu suceso 
tan apretado , que yo 
daté á mi angustia consuelo 
con hallar en los mortales 
el aliv ¡o del ejemplo, 
Salir al duelo es infamia 9 
' ' lio salir será desprecio , 
ausentarme es cobardía, 
y si á daría muerte apelo 
á esta fiera (que no fuera 
Wiuy eslían > en sus cscesos) 
Una vez desafiado 
me espongo á que diga el pueblo f 
que por evitar el lance 
le di la muerte en secreto- 
¿No hay para mí una salida 7 
¿qué te he hecho, qué te he hechi t 
fortuna 9 que eu mis congojaos , 
aun no me das aquel fiel o , 
aquel doloroso alivio 
de escoger de el mal el menos, f 

ESCENA VIL 
Enrique y sale Lotario. 

Lata rio. 
Aon no bien convalecido 
de aquel infeliz rencuentro, 
«k que celoso y herido 



38; 
dos veces <qoedé* por muerto» 
Informado de que Enrique 
(á Margarita trayendo) 
la vuelta de Flandes marcha , 
la vuelta de Flandes ven^o. 
De ella en Bruselas no hallo 
noticia ; de él me dijeron 
que estaba en Palacio, y aunqu« 
lio es á propósito el puesto 
para llamarle, no importa: 
^ sabréis d<cir , caballero , 
si por aquí ... j mas qué miro! 

Enrique. 
Proseguid, que ... ; mas qué ved! 

Lotario 
¿Lo que tan ansioso busco 
lae das, Fortuna, tan presto? 

Enrique. , 

| A un empeño me socorres, 
fortuna, con otro empeño? 

Lata rio 
Yo, Enrique, os vengo buscando 
para dejar satisfecho 
de aquella pasada herida , 
el acaso, fio el esfuerzo , 
¿que «ii lame*» de armas, la dicha 
no quila el mer» cimiento , 
si está á cuenta del valor 
el arrojo , no el suceso : 
pero antes que remitamos 
las razones al acero , 
no por vos, sí por la dama 
(qtit poiM) Ij traéis, es cierta 
que Strá para casaros) 
pretendo ialiiUcrros , 
• 



3S3 



pues en hombres como yo 

las damas son lo primero; 

y pues hemos de lena 

cuando yo 11 » e cuso el riesgo, 

dejar bien pnesta una ¿'><ud , 

es dejarme ¿ mí bien puesto. 

Mi enemiga Margarita , 

siempre fué tanto, que viendo 

que en su obstinación p.is-aba 

)o decoroso á protervo, 

de La tirela su criada 

me valí, con que poniendo 

una escala i\ los jardines 

Uié hollé á pocos lances dentro; 

fclla turbada, (quizá 

ée esperaros tan ai mesrao 

punto) en <>t>a galería 

me Introdujo , con iulento 

de que no me vieseis, coto 

que no guardaron mis celos ^ 

y mas cuando unos cristales 

ei^au solo impedimento, 

y mis sospechas graduando 

mi agravio, fueron creciendo; 

La criada el buen testigo 

y todo Nancí , á quien íWron 

publico* y aun murmurados, 

mis ansias y sus despiecios 

Esto es cuanto á ella , y cuanto 

é uíí abora. . 

Enrique. 

Deteneos, 
pues habiendo dicho antes, 
que solo %enn «estulto 
k vtn^aro^ , el seguiros 



*8„ 
me loca. 

Infarto» 
Venid. 
Enriquii 

i Qué es esto ? 
Lotario. 
B3n«lo parece ; y las purrias 
de Palacio ocupa el pueblo 
á ver iin cartel, que en ellas 
han fijado. 

/?/?ri7/r/<?. 

Pues miremos 
(ansias á espacio) qué dice. (i) 

ESCENA VIH. 
Decoración de Calle* 
Dichos , y sale Margarita* 

Margarita 
A Enrique vengo siguiendo, 
por ver si el despecho mío 
le ha obligado á ;il;un convenid; 

Enrique. 
¡Cielos , ya llegó este golpe! 

Lot rr/o. 
Y ya lidiar no pudimos» 

Enrique. 
¿Cómo? 

Margarita. 

i No es eile Lotario! 

Lotnt'io 
Como este cartel leyendo 
no puedo con tal contrario 



i) Puliente como leyendo. 



3¿o 



olvidarme , d<» que debo 

con las dos obligaciones 

de vuestro paisano y deudo 

á todo trance asistiros» 

y asi roi enojo suspendo 9 

hasta que por vuestro honor 

\olvais. 

Enrique 
Y yo os lo agradezco; 
ya que es estilo sabido , 
que no pueda un caballero # 
teniendo un duelo aceptado 
aceptar otro 

Margarita. 

Pues veo 
testigo de mi honor vivo 
al que imaginaba muerto, 
en ¿I vengaré mi saña, 
á Enrique satisfaciendo. 
¿ Enrique ? 

Enrique. 
i Ah , fiera' ¿ otro lance? 
nías disimular intento ; a p. 

¿qué me manda vuestra Alteza? 

Latario 
¡Cielos! ; es verdad ó sueño? 
Alteza dijo 

Margarita. 

Sabed. 

ESCENA IX. 

Dichos % y salen firmando y Gastón, 

Fxt njndo 
Buscándoos , luíante , vengo, 



»9* 



Gasinn. 
A buscaros vengo, Enrique. 

Loíario* 
J Infante dijo 'i ¿que es esto? 

Fernando 
Porque lia concedido el campo 
i los doi el gran Coiuejo. 

Goslon. 
Y asi á elegir día y armas 
es fuerza que nos juntemos. 

Em iijue. 
Cuanto al día , el de mañana, 
que nó hay plazo como lue«o: 
cuanto á las armas, de gala 
habernos de entrar al fuero 
de caballeros notorios , 
donde puedan conocernos 
por rostros y por divisas , 
que yo prevenidas llevo 
a los dos armas, iguales 
en temple, medida y peso. 

¿alargar i/a. 
No es esto á lo que venia ; 
mas yo lo diré á su tiempo. 

Enrique 
A no irme el Príncipe honrando, 
que á xos os cansara es cierto, 
Lotario. 

Fernando. 

Vamos , Infante. 
Margarita 
Ya fortuna por lo menos , 
r n la muerte de Kola rio 
U satisfago ó me vengo. fa$e> 



H* 



Enrique. 
Ya por lo menos , fortuna ¿ 
roe h\ dado el discurso an medio 
par.-» salir deste. lance t 
con »;ue celebrado espero 
ver at mundo !a agudeza 
que pudo ensenarme el riesgo: 
¡ó, necesidad, y cuánto 
le debe el humano ingenio! 

X 
ESCENA X. 

Lotario* 

¿Principe, Infante y Alteza f 

muchos Príncipes son estos, 

y mas cuando en aquel rostro 

todas las senas contemplo 

de Margarita ; pues si ella 

vino con Enrique huyendo, 

¿cómo sin él contra el 

(su propio tr¿»£e depuesto) 

estar , cómo le ba retado , 

y con ¿I acepta el dorio ? 

¿cómo es Infante? discurso, 

aquí >in duda hay misterio , 

Ó *ro es ella-, que mil veces, 

y en nuestro siglo se vieron 

(quizá para grandes casos 

parecidos dos lugetos) 

mas do i basta el habla es la mbma ; 

¿pero Enrique tan grosero 

bahía de liditr con ella ? 

si alguno viera el suceso, 

y esta lucra M.ir^arita , 

dijera riue estaba ¿udfco 



2*3 



'todo , oVelarann'o y° 

(ioe e> wuger, con tyie el empeñó 

cesab.i ; pin** n<> , por mi 

ni» lia de sabers*» el secreto : 

lo primero > porque yo 

á tírenlo no me aiievo 

por .11 no es ella', que fuera 

creyéndome de ligero f 

quedar con todos corrido 

en iauce la» manifiesto 

Lo segundó, pj>r si es ella: 

¿ porque quién será tan ntfcioj 

que en lance tan impensado, 

tan requisito y tan nuevo, 

no quiera \ev la salida 

que Enrique dá r V asi pienso , 

porque busque la Fortuna 

otra clave á tai secreto , 

la luz queda en mi noticia , 

apagarla en mi silencio. 

ESCENA XI. 

Dicho , y sale Laurctai 

Luurda, 
Lotario. si una infeíire.... 

Enrique al patio. 
Siguiendo a Laureta s>m%o 
por ver si habla con Lotario f 
pues de su inquietud recelo 
que le busca 

Lotario. 

¡ Pues La ti reta t 
¿tú en este irage? ¿ qu*¿ esceso ?.., 



X 



»94 

Isftureta. 
Eso no es de aquí» pues solo 
lo es que de mi ama sabiendo 
que aquí quedas asustada , 
y aun mal viva , te prevengo» 
que pues sabes que por tí 
Iwe atreví á tal desacierto 
como arrojarle la escala 
para introducirte dentro 
del jardín , sin ser mi ama, 
no solo cómplice en ello, 
pero aun sin tener malicia 
de mi lealtad y mi afecto ; 
*n premio dcste servicio , 
que no lo digas te rnego t 
pues si ella ó Enrique llegan 
á penetrar el enredo , 
aun con la vida no pago. 
Ya conoces su despecho ; 
Caballero ere*, Lotario, 
obra como Caballero. Fa&e* 

Lolario. 
Aguarda , detente , espera; 
pero yo en su seguimiento 
•vestiré mis esperanzas 
de las alas del deseo. Vaét\ 

Enrique 
Amor, ya con este acaso 
Yoy en lodo satisfecho 
del honor de Margarita, 
por si no hay otro remedio» 



*9* 

ESCENA XII 

Salen don Fadrique de Aragón de amina , á la espa- 
ñola , con hábito de Santiago , y hicat do , criado.. 

Ricardo 
l No vienes ♦ señor , causado ? 

Fadrique 
Pues del golfo embrabecido 
en Espaíii fui* servido 
y en Inglaterra arrojado ? 
luego su canal p¿sé , 
y al tocar la opuesta banda, 
por las provincias de Holanda 
ei Bravante atravesé. 
Como hizo el mor dilatado/ 
mi viage f deseoso 
de ver país tan hermoso , 
de toda Eqropa envidiado t 
oculto quise llegar 
á Bruselas, por poder 
todas sus grandezas ver , 
sus maravillas notar, 
en tanto que á ostentación 
Jlega por el mar mi gent£, 
con el séquito decente 
á un luíante de Aragón ; 
y mas cuando el caso es llano, 
que aquí la venida mia 
esperarán cada dia , 
por cartas del Rey mi hermano f 
y al ver tanta ostentación , 
entre bélicos despojos, 
puedo dear que en los ojos 
vive aquí la admiración. 



3 9 6 



Ricardo 
Pno% si novedades virtiere 
Lento*' ()»* ir , ver di U* mina 
un cartel que en esa esquina 
están mil lio cu bits leyendo. 

Fadrique. 
j Qué conté mira \ 

Ricardo 

Dice así ¿ 
Don Fadrique de Átagou..-. 

Fadrique. 
¿Cómo? 

Hicatdo 
¡E.stiaña admiración} 
por Dios qne te nombra á tí: 
si cerno te has detenido 
por la borrasca cruel 
€ii Flatides, este cartel 
te pregona por perdido. 

F re Fadrique. 
Don Fadrique de Aragón , Infante de Ara* 
gn/i , se $it*r de Cardona , maestre de Santia* 
go , ante la Serenísima t'rtnctsa , madamt 
Juana Matilde , condesa Palatina de Bor« 
gortm y blondes , duquesa de Braoante , tet 
C*á th autoridad del Supremo Magistradi 
de esta Corte , en la plaza de su P-alacii 
moni* adré d Enrique de Lorena , cond 
<J>-; món , en il día que el señalare de eslt 
mrs de julio del arlo d?l Señor I a i 6 , coi 
las armas que eligiere ; que es perjuro y ma 
Co báñete , por haberle faltado contra su ft 
« una palabra , y porque á noticia , ect. 



3 S7 
No leo mas, que una tmlcíoií 

iue psI.4 en golpes repetidos 

dentro del pecho á latidos 

avisando el corazón 

¿Quién será, Cielos, el hombre 

que en el empello que arguyo | 

para valor que es tan suyo 

se ha valido de mi nombre f 

Alguna* invención e&traña 

mi valor apurar piensa, 

pu> s on ser mia U ofensa 

]o b;i parecido la hazaña : 

¿ que. es oto , Ricardo ? 

Ricardo. 

qué puedo de eso saber? 
pero alguno hubo de haber 
que tu ooinbre se pegó. 

Fiidriqu* 

Yo sabré el d;a aplazado 

para el duelo , y pues llegué 

en prthlico dejaré 

el encaño averiguado; 

ya que el uno por mi honor, 

ai el otro poje Su castigo 

lian de hacer campo conmigo 

el retad»» y r-lador ; 

y porque i Flandes asombre 

m\ valor <*nlurerid<> , 

si mi nombre está ofendido, 

yo volvere p^r (ai not. bre. 

LUcnruo 
Háganme ¿ n >f mil regalos 
(aquí para entre los «los) 
y á Uii uombic vive L'ioi 



398 

toas que le harten de palos. 

ESCENA XIII 

Al son de cojas y clarines se descubrirá una gran 
tienda de campaña , en que estará sentada Matilde en 
un Trono, y en gradas sus damas : á la puerta habrá 
una silla , en ijue estará sentad*» Aáoija con bastón , y 
atlante de el un bufete con sobremesa y recado de es~ 
cribir ¿ ú los lados ha de haber dos tiendas menores , en 
una estarán Margarita y don temando ¡y en otra don 
Gastón y Enrique ; y salen Laureta y Roberto. 

Adolfo. 

Ya que soy juez deste campo , 
en que soio vuestra- Alteza 
puede presidir ; pues siendo 
causa de Príncipes esta , 
ó Potestad Soberana 
su decisión se reserva: 
y ya que á mi cuenta está 
cuanto en esta lid suceda, 
pues el ? gran Senado en ro£ 
mi autoridad subdelega : 
licencia , señora , aguardan 
las portes, que se presentan 
por mí aute vos ; dad lugar 
que en vuestro juicio parezcan. 

Me tilde 
Aunque por mí rehusara 
sev testigo á su contienda ; 
no pudiendo al arbitraje 
excusarse mi presencia, 
cumplid con las ceremonias 
de vuestro oficio. 

Adolfo 

Pues rengan 



3 99 
las partes y sus padrinos 
en tal forma , que dar pueda 
yo fé de que son los mismos , 
con las caras descubiertas , 
desarmadas las personas, 
y desnudas las cabezas. 

F*rnando* 
A vos es esta llamada. (i) 

Margarita 
Pues responda rai obediencia: 
ea , valor, basta aquí 
duró la vana sospecha , 
de que perseguido Enrique, 
•e rindiese á mis finezas: 
ya que aceptada la lid 
ninguna esperanza queda , 
pues lo que empezó el capricho 
proseguirá la fiereza ; 
y pues la opinión perdida, 
es bien que la vida pierda ; 
quede ahora á la venganza 
lo que falta á la tragedia. Llamada* 

Gastón. 
Ya nos llaman. 

Enrique. 

Si el capricho 
que roe ha ofrecido la idea , 
en fé del cual con mi dama 1 
el duelo nai honor acepta 
lio se logra; ¡ay de mi fama 
al público tranca espuesta í 

tiobiTto 
Memento mi cuchillada, 



Tocan las llamadas. 



¿o» 



I 



pues te dio á tí la medida 
el Príncipe de la daga , 
descosedor de cabezas 
Pcrntititio 
Don Fadriojue de Aragón v 
á vuestras planta» escolias. 

Guitón. 
A vuestras heióicas plantas t 
por mi hnriquf de Lorena. 

Los ans. 
Para presentarse piden 9 
señora, vuestra licencia. 

Adolfo 
Por mí su Alteza os lo otorga ; 
y para que el mundo sepa , 
Fadrique, vuestra d- manda, 
es forzoso proponerla: 



ESCENA XIV. 

'Dichos y sale Lotario, y desuué* Fadriquti 

Lotario. 
El concurso de la plaza 
hasta ahora no me deja 
llegar á apurar mi duda. 

Adolfo 
Haced , pues , relación della. 

Margarita 
Don Fadrique de Aragón ..♦ 

Sale Fñdriqtte 
Esperad por vida vuestra f 
qu* habiendo oido mi nombre, 
una nreteiision como esta , 
jólo el proponerla toca 
¿ qu'ii toca d< ifendi i la. 






*•! 



Margarita 
¡Cielos , este es el Infante! 
penas se añaden á penas. 

Fadriquc* 
Augustísima Matilde : 
apenas U primer hüvlta 
i]e mi peregrina planta 
Comuniqué á tos arenas, 
cuando en carteles distintos 
oí, qne a* mi nombre intenta 
(mu •« t|uicn) aftadir pintas 
una hazaña y ut?t> ofensa. 
Don Fad ii^«e de Araron 
soy yo solo; si tas senas 
ó en retrato esparcidas» 
ó en noticias manifiestas f 
(cuando del Rey no me valga 
tina carta de creencia) 
de e^la verdad no os informa ¿ 
puede informarlo ella mesraa f 
que siendo mia , en el mundo 
lio puede haber quien se atreva 9 
210 digo yo á disuadirla , 
mas tampoco á no crperla. 
A mi nombre le bahns dado 
campo 9 mi nombre le acepta? 
)o primero contra Enrique, 
pues es fuerxa que mantenga 
cuerpo á cuerpo mi persona , 
lo que mi nombre le reía f 
y cartel que por el mundo 
en hombros del viento lleva, 
si la Fuma en tantas trompas, 
)a noti'.ia en tantas lenguas ; 
^ur me ofendió habrá espartid*, 
-i- 



i*i 



y í mi hotíor mal estuviera, 

que quim la ofensa ha sabido 

él desagravio lio &vpa : 

y en el srgundü Jijear 

mi honor d- ÍVud**» mienta , 

al que ha ui'»rpado in' uuiLure^ 

que no es d'*;oo de n< b' za , 

mal cabalUio y villa »o , 

pues 110 <s posible que tenga 

alguna nobl- za suya 

quien ha iDcm-sler la a^ena. 

¡C-elos, este e* otro lance, 
*que ya ha dia.s que recela 
mi confusión' ansias mías, 
i cuándo acabaran mis peua* f 

Lo t<* rio. 
La estrañeza óVste lance 
tan fuera «le mí me óVja , 
que entre ella , entre u>í y Enrique 
no sé á lo qne me resuelva. 

Fernando 
¡Cielos , aquí hay dos Fadriques ; 
y cuando á *ervirl«* ni esta 
ocasión mi obligación . /^ 

y pare n leseo me llevan y 
dudoso en ella , no sé 
á cual hiv v ó á cu .1 olenda. 

¡Notable einpejU> ! 

AdiSfa. 

Esto i (i; pulla 
averiguar con cautela 

Rt)hcrl(» 

¡Que siempre me paicció 



4** 
que e) lal infantico era 
embustero! 

Matilde. 
¿A mí no en vana 
me cansaba la sobervia 
de este presumido joven! 

Adolfo 
Si os ha admirado suspensa 
lili neutralidad ha sido M 

por una duda tan nueva , 
que eit los estilos del duelo 
liasta alima no se acuerda 
de leerla mi im-moria , 
d'* mirarla w»i r^prrienria : 
¿quién pur 5 , es Fadrique f 
Los a os. 

To, 

Adolfo 
Aun es mi duda la mesma. 

FaUrtijur, 
l Qtrfí'n será esíp jov en f Cfefof , 
que de *o roslro' ras senas* 
lie visto, y estoy' du-tando 
adonde I* vf y quien sea ? 
Vn soy Faériífue, v .4 quien 
la dudo ó no ío conceda , 
sabrá cate aceró .. Eriipufta. 

Adulfo 

TV neo*. 

V si la verdad e« esi , 
sabré al lado de el Infanta. 
Castigar* á quirn pretenda 



H 



engañarme con so nombré^ (i) 

Loto rio 
Habiendo noble que vea 
á dos contra un fypmbre solo t 
ponerse á su lado es fuerza. ^J 

Enrique. 
¿Quién os dijo que está solo f 
si es mi obligación primera 
defender á mi enemigo i 

Gastón. 
Y roia en cualquier empresa 
estar al lado de Enrique. 

Margarita. 
¿Ni quién os dijo que quiera 
yo vuestro socorro , cuando \$¿ 

lo que tarda mi fiereza 
en mataros, vá mi ira 
acusando mi paciencia? 

Adulfo. 
¿tfi quién á todos os dijo, 
que á cualquiera que se atreva 
á no estar en todo al juicio 
de tan heroica Princesa, 
como á él asiste f no haré 
que respete su presencia l 

f'adrifjiie. 
^ jni me toca morir , 
antes que en duelo consienta, 
que otro con mi nombre lidie 
y yo nombrado lo vea. 



(i) ¥ónt*t al lado de Margarita. 

(a) Póm/Sd laminen 

(3) ¥¿nes$ contra JLotaria, 



Fernando: 

Y y& lo defiendo, pue* 
días ha que mi sospecha 
este engañó me avisaba. 

Enrique» 

Y á mí me toca que tenga 
e) que me ha desafiado 
seguridad, y aunque fuera 
otro sn nombre , no es 
circunstancia esa que altera ; 
librémosla de Fadriqtle » tífy 
y lo que viniere venga , 

que conmigo es otra cosa, 

Gastón» 
Que a* todos nos toque es fuerza , 
hacer bueno el campo. 

Adolfo. 

Tod6 
i 
armas y voces se suspendan , 

que el que fuere contra el bando * 

ó o! que no esté á la sentencia 

que diere mi autoridad, 

Jior vida da la Condesa 

ni i señora , que bailará 

en 16 de su inobediencia 

contra sí , todas las armas 

de la guarda quo nos cerca.* 

Todos. 

¿Pues cuál la sentencia es 

que dais en la cansa f 

Adolfo. 

Eita 4 . 

El rarapO desta batalla 
la lia concedido su Alteza 9 
6 lo Real de la persoga. 



io* 



no del noniW a la apariencia* 
dé una ofensa se ha quejado, 
la cual Enrique no niega; 
pues si eí reo y el actor 
en las personas roncuerdan t 
D<> es esencial circunstancia 
del nombre la diferencia: 
lidien los dos, bim que á salvo 
su derecho se feserva 
a este caballero , para 
ventilar después su ofensa 
con el que quedare vivo; 
y quien replicare # sepa 
que de la Condesa ofende 
á la autoridad suprema « 
pues de la sentencia suya t 
para su pasión apela 
Fernando 
Pues siendo asi, á su persona 
ofrecí yo mi a sis i encía , 
^protestando que el que fuere 
Fadrique , ha de hallar espuesta 
á su venganza mi vida. 

ha dr i que 
También mi valor protesta 
quv pues no hay apelación # 
al que quede vivb espera 
mi furor. 

Enriqut. 

¡Cielos, ya vuelve 
todo el empefio á su fuerza , 
pues con Margarita lidio! 

Margarita 
¡Cielos, ya el lance se trueca! 
ea t honor t « U venganza 



todas mis ?r.v< despierta! 

l.oinrirt. 
Otra vez vuelve el »aípeft© 
á la coníusnm primera, 
yo he fie ver lo «pie hace Enrique 
como no l i x lie cm *dfa , 
que antes hallará mi vida 
á so dictamen opuesta. 

Adolfo 
Enrique, elegid las arlñas, 
que á vos os toca el traerlas 9 
y á mí el * crias y el pasarlas. 

Kn+iqur. 
Ahora la industria entra: aj*} 

en el ardid va el honor, 
fortuna, mi honor te duela. 
Los caballeros que lidian 
y el pecho vestir intentan 
de láminas acerada, 
que ha congelado por venal 
la roncaba contextura 
del embrión dt la tierra , 
en tanto el valor d>*snudaa 
Cuanto visten la d'd'rnsa. 
Ál hombre crió desnudo 
jn óv ¡da naturaleza , 
n i armado - e! pecho de escama! f 
de con» has ni de cortezas , 
quitándole tan del todo 
J«>s instrumentos de. guerra f 
que el hierro y acero quiso 
que á- su cólera escondiera 
la ciega profundidad 
de las oculta-' cabernas. 
Con una espada de mar**; 



"M 



49% 



lidiaremos f sin que tenga 

la defensa mas reparo 

que el que diere la destreza: 

lio solo sin armas , pero 

para que ninguno entienda 

que lá ropa las oculta» 

ó que el adorno las zt la , 

el pecho todo desnudo 

La de estar , y per decencia 

de los soberanos ojos 

que asisten a la contienda , 

dos túnicas tan sutiles 

restiremos, que parezca 

que en trasparentes vapores 

en la trama se cougelaa , 

siendo ilusiones dei lino, 

y siendo de gasa nieblas ; 

y pues están prevenidas, 

una llevad á la tienda 

de mi contrario, y en tanto 

que al combale se prevenga , 

llenará el aire el estruendo 

de cajas y de trompetas. 

Gastón. 
¡Bizarra resolución! 

Fernando. 
¡Gallardía como vuestra! 

Margarita» 
¡ Ay , i niel ¡ce de mí , 
que entre angustias y entre penas, 
la misma respiración 
ha dado un nudo á la lengua! 

Ilultrto. 
Con la í>ala del nadar , 
el diablo ¿$ ¿£i au^w uiczoU 



4°9 
hoy la gala del r^ñir- 
Margarita. 
¡Yo he de ve» m* *-n «sta afrenta! ap. 

Laureta 
Entendióseia* Enrique. 

Lola na 
Vive e! Cielo que me deja 
adiüirado, purs no puede 
reñir con una indecencia 
tan jídbiica Margarita , 
y llegando el ca 9 o 9 es tuerza 
que eo su desnudas conozcan, 
«que por mu^er la respeta : 
Ja mayor salida lia sido 
que pudo hallar la agudeza. 

Fernando, 
.Venid , pues. 

Margarita' 

¿ Desnuda yot *P* 

Adolfo. 
¿Pues qué suspensión es esa? 

¿largaritn 
¡Qué me haya puesto mi arrojq op* 

en tan pública vergüenza ! 

Adolfo. 
J Qué hacéis f 

Margarita. 

Pensando estoy que es 
muy indeute pelea 
de barbaros gladiatores t 
que lidian hombres y fieras, 
la desnudez, y que yo.., 

Adolfo 
Eso no es de vuestra cuenta, 
pues aquel que desalía , 



4 xo 



al arbitrio sé «vjet* 
del retado . sin i]**r haya 
privilegio q»e te absuelva, 
Margarita. 

Adolfo 
Ea , no hay que replicar. 

Femando. 
Ved que parece libieia 
la resistencia, por Dios. 

Lola rio 
¡En fiero lance está pnesta ! 

Margarita. 
¿No bay reiiitfílio í 
Todos 

No bay ram«di<K 
Margarita 
Pues anfp$ que yo me vea 
en pública confusión , 
sabré po.st rándome, en tierra 
con lágrimas, que en arroyo! 
mis suspiros humedezcan , 
tlándxne en fin por vencida » 
suplicarte q ti e te duelas 
de mi honor y vida, Enrique j 
que yo ; a y de mí t que no acierta 
del corazón á los ojos 
aun las lágrimas la senda. 

Knriqu€. 
¡Cielos, Margarita llora! 

Lámela. 
Descubrióse la cautela. 

Roberto 
¿ Lágrimas ^ rite £uapd 
Jios La salido vadea. 



4t. 

Fernando 
Eko **$ qi'prrr ijnr y<> agora 
sati«f »r« r «n< pi ftemla 
dp que á su |ol<» me ^QqC 
quien tan desairado vuelva. 

4 Y (Míe yo ->£ora castigue 
"vuestro engaño ? 

Adolfo 

• V que yo pueda ¿ 
como falpo acosador % 
dar al delito la pena ? 

(iqtarip. 
¿Y que yo á su lado puesto 
lo estorve? 

Todos. 

Yo. . . 
Üobtrlo 

Biaba gresca; 

Enrique 
Teneos, que yo quiero á todos, 
puej por mí reudido qu^da , 
dejar bien puestos, y airosos. 

Todos. 
¿Cómot 

fnrique. 

t)e aquesta mañera: 
asi no di£0 quien, «res, (i) 

d¡lo tú , pues consideras 
)o que importa. 

Margarita. 

Antes pretendo 
bacer que Lotario.... 

Dale la mano. 



Enrique. 

qup á no pstar yo satisfecho t 
de ningún modo te diera 
la maliu. 

Todos. 

I Pups para todos f 
que satisfácioh es esa f 

Enrique. 
Que llora y le doy !a mano$ 
con que respondido queda 
ó todo, püps mí valor 
dpsaires no le sufriera 
sino á quien llorar pudiese. 

Y á ninguno duelo resta 9 

con que me ha dado esta manó* 

que es tan blanca como hellá ^ 

de tal suerte que la ; mía 

es difícil que consienta 

á ninguno en su decoro ¡ 

réplica , duda ó respuesta, 

Lotario. \ 

Y puptf TiO solo sabéis • -í 
que es nnifjer la que sustenta 

el duelo , sino mu»er 

de un Enrique de Lorena , 

yo á su lado ... 

Fadrique* 

Deteneos^ 
que con esa especie nueva , 
acordando de su rostro 
é lo memoria las señas, 
no .solo sé desde España 
quien es, y que no me dej^ 
Ignce, pero celebrando 






*•* 



lo agudo fie su caulelí) t 
tstaré siempre á su lado* 
bcrrwndu. 

Y vo , señor t pues va es fuerza 
ler vos Fjdrique, o* ayudo, 

¿Contra qoie*n ' <'»no quien quiera 
nía* que dar de su ventura 
á Fnrique la enhorabuena. 

Y porque en mi Codte cesen 
escándalos v tragedias ,' 
pues pii mí no hay elección 9 
yo haré que pre<to resuelva 
mi Consejo tti¡*\ de todos 
por Conde de Flandes queda* 

Roberto. 

¿Y esta ama me traía á casal 

ieñor , aplata mi cuenta t 

que no quiero cada día 

quebradero* de cabeza. 
Margarita. 

No habrá, si caMares tu"; 

dando ti ri á la Comedia 
del Duelo contra su Dama¿ 
pctdou ó aplauso ineretca. 



ii 

W Duelo contra su Dama, 

Lotario, enamorad j di Margajita , Iiija del gene- 
ralísimo de las armas de los duques de Lorena, deter- 
mina escalar su jardín para hablatla y vencer los des- 
deues que I»- hace sufrir por espacio de tres años Lau- 
reta, dono ¡la de Margarita, ganada por Lotario # le 
tiene dada una cita para el jai din donde vea á su 
ama» siendo la señal del memento oportuno la de 
cantar ella una letra Bija Mai garita á dicho sitio coa 
Laureta, y la lee ona carta de .su amante Enrique 
üe Lorena, en que la d¡ce t que habiendo pedido li- 
cencia en acuella retirada de campana ha llagado á 
Nanci por la posta , y piensa verla en aquel sitio, pi- 
diéndola , que cuaudo sea hora de estar recogida la 
familia se lo dé á entender , haciendo cantar á Lan- 
reta como por acaso La doncella, apalabrada en loa 
mismos té* minos con Lotario , procura escudarse coa 
varios prrieflos, y no siéndola posible resistirse , tra- 
ta de que por el s«utido de Jas palabras de su canto 
procure L« Uno mas bien Resistir, que llevar adelan- 
te su intento; pero nada rje esto sucede Preséntase á 
la seña Lo'ario an«e Margarita, sorprrudese ésta de 
ver en su casa á su eiirtn g<< por a tintas de familia , » | 
la declara su amor, ella le ruega nstqt a mente que - n 
tanto que registra pata ver n está quieta la casa an- 
tes de escucharle, se retire á una sala y le eche la 
llave, y L otario accede Sobreviene Enrique atraído 
dí> la misma seña, y se llffit de recelos al notar la 
irialüad con que le reciba su amante, turbada como 
eotá de la inopinada apaitc'on de Litar o. B«te , que 
por las \ :' i-ras de la galena en nitñ e>tá oyr sm <o- 
IimiUÍoJ amorosos, r OTO pe despechada los vidrios y **-* 
ie al jaruin, en el que se baten ambos qurdjuJo 



í.s 

Muerto Lotario*, y despidiéndose Enrique después de 
renunciar ,1 amor df Margarita sio «juere? escuchar- 
la, y declarándola vá a correspoudn' á la teruura que 
Ir profesa Matilde, condesa d¿ Fli ^¡s. Acude geotfe 
al ruido d> la prudencia, y Mn^u'ta por borrar los 
indicios qie debían resultar de aquella muerte contra 
su celoso atoante declara qn*» día ha muerto á Lo* 
tai io en c.stigo del atir vimieuto de asaltar sti están- 
ria, disponiendo e en seguida á nua, estraoruinaria 
nnpresa de amor Obsequiada tu su corta de Fiandes 
Matilde por Gastón príncipe de Beame y por don Fer- 
nando infante de Portugal, é insensible a sus rendi- 
miento», i lieie á Li arda su doncella, que desde que 
hallándose en lo corte de Alemania la libertó la vida 
finrique d< Lorena, sacándola á nado de un estan- 
que , cuya hielo sr habrá roto corriendo ella en im 
tnueo, es¡á prendada de él aunque pobre, y rancho 
mas por la discreción con que observaba el secreto 
que ie liaba encargado Enrique con su criado Raher- 
to se presenta en B< úselas, y lo mismo con su don- 
cella Laurcla Margarita disfrazadas de hombres, á 
tiempo qut* están rob-. ndo á los primeros unos saltea» 
dores , de quienes los defienden No logrando Marga'-- 
lita convencer a Enrique de su inculpabilidad en la 
riña que tuvo con Lotario , le exige palabra de no des- 
cubrir quien ella sea mientras este disfrazada. Enri- 
que detien< á un caballo que iba á precipitar á Malil- 
de¿ pero al traerla desmayada en brazos, Margarita, 
celosa finge ser ella quien la ha libertado de aquel pe* 
hgro f dándose á conocer por don Fadrique «oíanle 
iie Aragón , %¡éiidp*f Finque ^lujado a callar mr« 
diaute el ¡uracueitiu Uecho. BátySfi joi dos, sufriendo 
Enriíjye el i»ocborj««j Je que Matilde le Cfea cobarde 
al verle reí traite , ev liando el aosluner ti combate con 
Margarita 



4.6 

Pretemle F.nrfque disculparse con Matilde t y per; 
añadirla de que es ¿1 quien la ha salvado del último 
riesgo que ha corrido ; pero se vé atado y confuso 
con la palabra que tjens dada d* guardar secreto i 
acerca de la persona de Margarita ; añadiéndose que, 
en vez de lomar venganza de la ofensa que e' supues** 
to Infante le hace en la persona de su criado Roberlo f 
que llega á quejare á presencia de Matilde, le amtna- 
za 4 confirmando asi mas para con esla su reputación 
de cobarde. Margarita habla con Enrique en el jardín 
de Matilde , á tiempo que mirándolos esta desde un bal- 
cón se la cae una cinta : van a cocerla a.obos, y que- 
da en pod'»r de Margarita ; paro sobreviniendo Fer- 
nando y Gastón determinados á cobre? 1» e^n U punte 
de! acero de quien la tenga: Margarita se la cede á 
Enrique, declarando á los nuevos competidores que 
aunque la deben cobrar de aquel, se pondrá á su leda 
para defenderlo. Matilde las dice que la cinta es de 
una de sus damas, por sacar del compromiso á Enri- 
que, v pifie á este se la devuelva. Enrique se resiste 
alegando que hay otros que la piden f y se opone. 
igualmente Margarita á que Enrique entregue la cin-» 
ta , pronta á batirse con cualquiera en su defensa , y 
quedando citados para reñir Jos cuatro detra* del 
Parque Fernando advierte á Enrique que siendo el 
Parque él sitio mas frecuentado de la Condesa, str& 
mejor elegir para el duelo un bosque que le designa. 
Esla idea le agrada á Enrique, lisonjeándose poder 
evitar asi que Margarita se bata , citando por su par- 
tí» á Gastón apotro punto; pero se encuentra con un 
billete de este que le cita al misino bosque que Fer- 
nando. Retínense los tus, y como tarda Margarita ó 
fl .sjipui i > Infante, mientras altercan queriendo ca-'j 
da mío ile ellos reñir con Enrique , se presenta MarjT 
tirita q""jaodose Je la supM'cbeiia de uo haber mu- 



7» 7 
filado el sMo sín avisarlo Enriqnp ¡s> empeña en que 
i Margarita no nna de modo alguno, amenazando al 
J'joe desemhaine centra rila la espada Acométense los 
;nafro,y sthrevieoc Adolfo con «ente, llevándose 
' preso á Enrique de orden de Matilde. 

Matild»- reconviene á Enrique y demás de haber 
lesobedeeido I* orden suya paia que resaje todo due- 
lo » y quedan todos reconciliadas. Matilde procura 
áe^anecer !a preocupación en que está Enrique de su 
fidelidad; pero no lográndolo, le obliga á que saque 
la espada, v pide á la Condesa campo contra Enrique, 
alegando liaberle quebrantado una palabra Lle^n Lo- 
tario á Bt otilas siguiendo á Enrique para pedirle sa- 
tisfacían de su agravio, y viendo lijo el bando que 
anuncia el duelo de su ribal y del supuesto don Fa- 
brique t determina remitir el suyo para mas adelanta 
por servir de padrino á Enrique. Aumentase su con- 
tusión al ver á Margarita , pero determina callar, lau- 
rel a temerosa con la llegada de Lotario, le Mi plica 
no descubra haber sido ella quien le proporcionó la 
entrada en el jardín , cuya conferencia habiéndola es- 
cuchado Enrique, queda satisfecho de !a firmeza de 
Margarita • pero siempre comprometido á irruir *«l 
duelo Entretanto sobreviene el verdadero don Fa- 
drique,que lee también el cartel, v ll^uo de indigna- 
ción determina batirse con el retador y el retado. 
Llegado el momento del duelo , y descubriéndose t-l 
verdadero don Fabrique , se suscitan nuevas du.la$ 
que decide Adolfo, declarando que habiendo ia Con- 
desa concedido el campo á lo Real de la persona , r 
no á la apaiiencia del uomh^e , combatan Enrique f 
el fingido Fadriqne , qurdando resrr\ado al Segundo 
el ventilar su oferta con el que sobreviva : decisión 
que vuelve á mustiluir á Enrique en la trrrild ■• prr- 
ci>ion ¿¿ batirse oon su Jama En e>!e apuro, v t 0- 

a: 



4t8 

candóle como á relado elegir las armas , pide sea « 
duelo sin armadura alguna f y con el peahu d^scu 
bierio, para que no se sospeche engatio ni traicioi 
condición á la que no puliendo negarse Margan!, 
la precisa á descubrirse , dando la mano de esposa 
Enrique 

El argumento de esta Comedia es todo caballere» 
co; y si bien no es de las mejores de Candamo, Mei 
el principal objeto que en aquel tiempo se proponía 
los autores dramáticos, á saber, el enredar ía üccíg- 
hasta lo sumo, para sorprender luego al especiado, 
con el desenlace ; y a *¡ es que desde el principio al fi 
se sostiene el interés á favor de los protagonista 
Enrique y Margarita , comprometidos por el ¿m 
acierto de Laureta. La delicadeza de Enrique en cuu 
píir la palabra dada á Margarita de no descubrir!, 
y los celos y carácter varonil de esta son dramático 
bien manejados j no dejando de ser imprevista la so 
Jucion del nudo, que el espectador la aguarda roa 
bien de los personages episódicos don Fadrique y Lo 
tario, que del fondo de la acción y leyes del duelo, 
de donde la saca el autor. Para juzgar sin prevencioi: 
de estas composiciones, es necesario trasladarse a{ 
«iglo en que se hicieron , y 5 las costumbres que eu 
tunees remaban, tau d.ferentes de las actuales: con 
sideración que nos hará necesariamente disimulaba 
las inverosimilitudes de ciertos lances que pretenden* 
medir por el nivel de la sociedad actual. El estilo ai 
dolece en i arias partes de inchazon mi talonea 9 com< < 
en estos versos: 

Dirás que apenas 'del viento 
en la diáfana campana , 
pájaro estrangeio cruza 9 
ave peregrina pasa t 



4'» 

6 ya en los tornos ginete , 

ó ya en los bordos pirala , ¿ce. 

Pero en compensación hay pensamientos espresa- 
>s con sencilla delicadeza, como el siguiente: 

No hay delito que una hermosa 
perdone de mala gana 
si nace de amor, porq<*e 
si ella oca. si > na sus ansias 9 
cuanto es mayor el efecto 
se acredita mas la causa. 

Es también graciosa la caución de Laureta son 
ae avisa á Lotario : 

Fuentecilla bulliciosa , 

que con travesura incauta , ect» 

T algunos golpes epigramáticos como este: 

¿Quién creyera ¡dura estrella! 
ladrones en los caminos 
á la Corte tan v»cin«sf 

Roberto 
¿Pues no los hay «¿entro de ella f 



■V- 






ÉL ESCLAVO 

EN GRILLOS DE ORO, 



PERSONAS. 



Tr ajano , Emperador de Roma 

Obinio Camilo , Galán 

Elio Adriano , sobrino de Trajana, 

Licinio, Prefecto de PwOma. 

Lidotó , Centurión» 

Un Senador, 

Un Músico, 

MiUica. 

fiirene -, Dama. 

Octavia, Dama. 

Libia y thra t Criadas. 

Citantes, Anciano* Cónsul d« Roma. 

Cortante , Criado. 

Gelanor , Criado. 

Una jnuger*. 

Un Alquimista y acompañamiento* 



La Escena pasa en la ciudad de Rutna, 



4*3 

I ACTO PRIMERO. 

ESCENA PRIMERA. 

\cnn á una parle cajas y clarines , y á otra instru- 
'ritos músicos , y salen por los /Jos lados Soldados 

I empañando á Adriano y á Trujano , que Saldrdn 
r encontrados partes y por medio dr todas las da- 
is coronadas de rosas , y Citantes con grama/la r 
'a de Senador y unas 11 ives doradas en una fuenlé % 
Camila» Lidoro y Gelanor , vestidos todos á la 
romana. 

Wiásica. 
En hora dichosa Legue 
al sacro templo sh Palas , 
iodo el esplendor de Roma 
en los dos IJéroes de España , 
diciendo en trompas bélicas y 
músicas consonancias ; 
Ti ajano y Adriano vivan , 
para timbre de su t'alria, 

l'oces- 
Trajino y Adriano vivan, 
]»ara timbre de mi Patria. 

Traja no. 
Aquí cesando el eslroendo 
d** trompas, vocrs y rajas, 
que la atención nos contunden 
y el aire nos rmha razan , 
de los doi triu niales carros 
que en lesione* y oiitdallas. 



*>i 






tantos aplausos abultan 

en em presas que resallan 

allí salpicado el oró , 

y escarchada allí la plata ; 

dejemos las altas p.pas 

que de uro son vivas ascuas; 

y tanto, que Concibiendo 

al so) en pálidas 11 unas, 

es mas Lratah'c á la vista , 

metió* aitiva y mas Manda 

la luz que el sol les imprimí t 

que el relie jo que trasladaii| 

porque luz vestida de oro , 

cie^á con mas eücacia- 

Df ¡irnos los carros digo» 

y m el templo que Conjura 

á Halas Rom,. , ofrezcamos 

ói su deidad á la» aras, 

los triunfos que nos da <-l Cielo* 

Tú, Adrián», tb'ga ) enlaza 

tu vida a mi > idj en este abrázale* 

nudo. |*y¿ soi>j ino , con cuanta 

terneza miro á tus troníos», 

si en tu fuvriiii bizarra 

ruad, te <*stá renovando 

mi caduca edad anc.ua. 

Adriano 
Todos los triunfos , señor # 
que por victo, las tan altas 
CüIIio tu lo) tuna pudo 
común ¡rar á mi espada 
me da Hoib'a°j no lo fueron 
hasta íl<;'3i á fus plantas. 

A in j i nren 1^0 ( ];i id ili» 

be vislv> c^uudu en la tata 



op. 



4*5 



hermosura «3e Sirena 
biüvoyico trasladaba * 
rjüi- wer de su* {>»• lee iones 
á los ojos lud.» el ahiiu : 

c á mi tiempo reíos y amor» 
mal agüero es de iu i entrada. 

G ata vi a- 
¡Ay , Adriana, ¿de lu ausencia 
cómo es posible que haya 
podido sobr.ii Ole vida , 
pai*i ver hay dichas tantas? 

Camilo 
¡Ay, traidor, como la mirat 

LiUoi o 
Disimula , sieutc» y calla. 

Citantes 

Ti ajano, Cesar invicto 

de Ruina , á cuyas hazañas 

aun \ienen estrechas todas 

las clausulas de la fama. 

En esle sagrado te c pío 

en fé de Ja acosturnbi ada 

ceremonia de los triuntos, 

todos los padres te aguardan 

conscriptos; y por mí f todo. 

el Senado las doradas 

llaves de Roma te entrega , 

coiuo i su dueño. 
» 

Tr ajano 

Levanta | 

Oleante*, que no á mis pies 
estáis bien # aunque eres vasa 
de mi Imperio, en cuyos hombros 
tanta paite del descansa , 
Uiüi que fevsttuta. 



¿36 



Citantes. 

j Ah, Cíelos f 

¿yo tengo de ser la causa ap, 

de turbar lauta alegría 

con noticia tan infausta t 

coído la conjuración 

'l Uí con Camilo tratada 

tienen tantos nobles? pero 

w>as á la cordura aguarda 

el que advirtiendo molesta, 

que el que contemplando engaña. 
Sirene. 

Todas los sacerdotisas 

de la religiosa estancia 

de esta clausura , en tu triunfo 

llegan , señor, humilladas 

á darte el parabién todas 

festivas y coronadas 

de rosas, cuyos fragantes 

«>jos f lágrimas del alba 

bordaron, cuajando perlas, 
rojas y verdes pestañas : 
a cuyo fin , tus aplausos 
repiten en voces varias. 

Con mrísica. 
diciendo en trñpw bélicas , 
músicas consonancias ; 
T rajuño y A dría no vivan , 
para timbre de su Patria, 

Traja no. 
De lodos generalmente 
recibo Ja alborozada 
festiva obsten losa muestra; 
I>*ro de nadie con tanta 
teineaa , Siicue hermosa , 



4»7 

tomo de la venerada 

religiosa tropa bfffa , 

que por las mansiones vagas 

de este sagrado edificio , 

rn cuya sobervia vana 

)o5 humos del templo esconden 

nia^Tiifimicia de alcázar 

Y pues cercano á Palacio 

tanto su sitio se halla t 

cfue del una oculta puerta 

para mi comercio, pasa 

de las augustas al cuarto y 

aquí mi triunfo se acaba. 

Despedid la gente toda , 

y entremos, que dando graciaf 

de la victoria de Armenia 

al simulacro de Palas , 

á Palacio por aquí 

trias breve iré: A y vida humana , 

¿ que* hahrá en U que no la ligue, 

si hasta los aplausos causauf 

Sitene 
Vamos en su aplauso todas 
repitiendo en voces varias. Clarines, 

Pnces 
Trajano y Adriano vivan, 
para timbre de su Patria. 

ESCENA II 
Camilo | Lidoro y Gclunor. 

Camilo, 
jGelanor ? 

Ceta ñor. 

Sefíorf 



4¡$ 



Camila. 

(mal sosiega esta llama) 
avisaste á todo» ? 

O da non 

i Cuándo 
»o ejecuto lo que mandas, 
no obstante ei ser tu criado f 

Lid oí o 
Aunque quien á darse alarga 
consejo que no le piden» 
disgusta antes que persuada, 
aquel que al dictamen tuyo 
oponerse quiera en nada f 

no es otro , porque en sus voces,' 

de las tuyas usurpadas, 

solo para concederte 

*«5 ecos , y «o palabras. 
Camilo, 

i PoVqué lo dices ( 

JLidoro, 

Lo dígo 9 - 

porque aunque estudiante tanta 

filosofía , y aunque 

máximas tan elevadas 
la política te enseua , 
conozco la ^ran distancia 
que hay en sus operaciones 
de ejercerlas ó estudiaría*, 
Si no le carie en el pecho 
una presunción liviana 
de s^r Monarca: ¿que! hará 
*' «irlo, y cómo se hallará 
c< >»« la posesión t quien ya 

Jioestá en si con Ja esperanza? 



4*9 

Mal to quietud disimulas; 

y las materias lan alias 

que se hacen al vnlj>o solo 

en el retiro sagrada* , 

por manos de hombres indignos 

parece que sé profanan ; 

pues luego las d-sesliman, 

viendo que estos las alcanzan; 

¿Tan grande conjuración 

como la que hay conspirada 

á ceuir tus nobles fienes 

de las inmortales ramas 

del Sacio Laurel de Roma, 

que el globo terrestre abraza, 

por mano de este criado 

indinamente se trata f 

¿ Qué enseñas á los amigos 

que alientan tu confianza* 

¡ Kn cuáo poco á tí y á ello» 

estimas, pues tu arrogancia 

trae sus vidas de su acento 

de un hombre tan vil colgadas? 

Gclanor 
De lo tnncho que usted me honía 
le quedo á deber las gracias : 
pagaré. 

Camilo. 

Ya se* , Lidoro ¿ 

lo que aventara mi fama 

en acción tan peligrosa : 

si en perderla ó en jpnar'% 

consiste el ser mala ií buena , 

y ha de quedar reputada , 

si se pierde, de traición 

y si sq logra y du hazaña .- 



'41. 



no la razón , el suceso 
es quien bace buena ó tiala 
justicia , que se remite 
al tribunal de las armas ; 
apresó el Magno Alejandro 
un cosario que infestaba, 
vandido de a$ua y de tierra f 
en una veloz fragata, 
marítimo aitón , que en bordos, 
puntas y tornos disfraza 
costas y mares á un tiempo f 
sin que perdone su saña , 
pescadores en las ondas 
¿tí pastores en las playas. 
Llamóle Alejandro^ y dijo: 
¿ por qué | di ladrón , robabas 
tan vilmente ? A que el cosario 
respondió con mas constancia: 
¿ porque tú gloriosamente 
robas tambre ii con tirana 
. sed ? Si en tu oficio y el mió 
no se eneuentra mas distancia 
que poique yo con un lefio 
humilde robo me infaman , 
(aun siendo mayor mi arrojo) 
Con el nombre de Pirata j 
y á tí te den el de Rey, 
porque robas con armadas. 
Bien ba esplicado el ejemplo f 
que no bay acción tan estradt 
que la Corona no dore; 
bien como la tíria grana, 
que la purpura al tinte, 
se bebé todas las manchal.* 
porque til légio* ebpK-ndoies 



43i 



no hay. sombra que sobresalga. 

IS ij»vs 1 1 1 s dioses ti y han sabido 

ensenar mas ajustada 

política , y de ellos poco 

purde tener la venganza ; 

porque si ellos la ejecutan , 

¿cómo han ile poder culparlaf 

Cuando delinque el poder 

á la justicia , ie ata 

las manos el poder mismo ; 

y culpa que en él recarga , 

queda tal vez permitida , 

y tal vez autorizada. 

Hoy entró Ti ajano en Roma , 

triunfante de Armenia y Partía , 

con Adriano su sobrino , 

que vencedor de las Galias 

vuelve , añadiendo sobervia 

á su española arrogancia. 

Es Adriano mi enemigo t 

por amante de la rara 

hermosura de Sireue, 

una de. las celebradas 

bellezas que en este templo, 

que á Minerva se consagra » 

y adonde las mas ilustres 

nobles doncellas romanas 

se crian f y desde adonde 

con mas decoro se casan, 

\ivr añadiendo á la infusa 

tantas adquiridas gracias. 

Su lio , ti Emperador 

Trajino , á ridriano 1 e encarga 

los militares manejos 

«n las facciones a»as áiduas, 



k%* 



ífm At nomWarlo Osar, 

haciéndole antes con mana 

Lien quisto de las milicias, 

por el gran premio qne aguardan 

de aquel Príncipe, á quien vieron 

capitán en las batallas , 

consejero en los peligros , 

y compañero en las marchas* 

los soldados; pues no ignora 

que no entran bien lo* Monarcas* 

mayormente < n las Coronas 

que no son hereditarias) 

mal vistos de la milicia , 

que es quien ha de conservarla. 

Si Adriano, pues, que á mi intento 

competidor se derla» a , 

se ciñe el Latiré! He Roma, 

\a veis con cuanta ventaja 

de su poder á los filos 

«jueda apuesta mi garganta: 

y asi anticipado quiero 

madrugar a" sn asechanza; 

pjues del poder las violencias 

solo traiciones rechazan : 

españoles son los dos , 

V n>i siempre ilustre casa 

de los Camilos, es timbre 

de las primeras ancianas 

consulares y patricia» 

familias mas veneradas. 

El mas rico y poderoso 

de Rom? soy ; ya me aclaman 

jpoi liberal I JÉ milicia 

y por natural la patria. 

¿ Pues por ijcré consentirán}*! 






433 



qae manden la dilatada 
esfVra del mundo, do» 
advenedizos de España 1 
Ya está Trajino muy viejo ( 
y la fortuna te cansa 
de favorecer á unos ; 
porque juzga fu inconstancia 9 
que el que la goza frecuente 9 
la imagina vinculada. 
Los dos mañana á la muerte 
se destinan; mas distanci.1 
desde la tragedia al triunfo 
no ha de interponer mi sana ; 
tan inciertos son los fines 
en las venturas humanas, 
Fiarme de este criado 
impugnas , siendo ignorancia 
no saber, t\úé siempre ha siJo 
aun en las cosas mas arduas , 
pensión de graves materias 
el no poder manejarlas 
sin terceros, y leí ceros 
que acudan con vigilancia 
á diligencias precisas 
como esta, en que «p le encarga, 
que á todos los conjurados 
avise para mañana 
Prisionero de roí padre 
fue Galanor , en batallas 
que le dio en las dos L'auouiaf 
á las naciones grv manas ! 
hombre que á la guerra vino, 
bien da á entender que uo estaba 
muy desnudo de nobleza-' 
me lia férvido con e«trañas 
•I 



434 



muestras de leal , y yo 
le <ií libertad: repara 
si con este beneficio 
debo hacer del confianza* 
pues los hombres no (momos 
en nuestra condición vana, 
mas modo de asegurar 
de los hombres las mudanzas, 
que los beneficios: $\ eAa 
razón tal vez sale falsa , 
se engaña muy uoblemente 
quien pensando bien se engaita. 

Lid o/o. 
Por eso mismo le culpo, 
pues si con mano bizarra 
le has dado la libertad , 
que es cuanto de tí esperaba, 
no es en su interés segura : 
Lien fuera que reservaras 
el último beneficio 
para ser última paga, 
pues recibido dá odio, 
y prometido esperanza; 
y asi en tu vida confies, 
aunque obligado le bayas, 
de aquel á quien tanto diste, 
que de tí no espera nada. 

Ge lanar. 
¿ Hombre , que le va en que sea 
yo traidor, que asi te malas 
en probarlo con razones' 
Líbrenos Dios de que haga 
un estadista un capricho, 
que con tema porfiada 
mentirá todo t primera 



435 

que fuieuta su judiciaria» 

Camilo. 
Mucho consejero es este, 

Lidoro. 
¿Qué resuelves, pues? 

Camilo 

í Que vaya* 

á prevenir los omisos, 
pues la función acabada 
del sacrificio , ver quiero 
sí pueden lograr mis ansias 
descausar con mi aireña. 

Lidoro 
l Le has dicho algo ? 

Camilo 

Cpn palabra# 
equivocas misterioso 
ciertas vislumbres lejanas, 
é que ella Mamó locuras, 
le di de lo que trazaba 
nuestra industria, quiza soto, 
Lidoro, por coronarla 
Reina del mundo ; y aun esto 
no dejará .sosegada 
la ambición de mi fineza: 
pues en postrando á .sus plantas 
el mundo , moriré al ver 
que ya no hay n.as que postrarla y 
y quedar á mi fineza 
en desiguales balanzas, 
pm suma incapaz de aumento , 
por ociosa de>airada 

Lidoro.' 
Ya sfgun dicen los nuevo* 
alborozos de esa salva , 



/*6 

desde lo Jnteriorclel lemplai 
á palacio el Cesar pasa. 
u Camilo. 

Pues entrefinos , y supuesto' 
que solo de aquí á tnañaua 
es el plazo de su vida, 
¿qué importa que en consonancias 
de músicas y clarines 
Jas voces repitan varias? 
Focos y Música* 
Tr ajano y Adriano vivan 
paru timbre de su patria* 

ESCENA I». 

ft-EConAcioit jdjs Salón Rigió. 

ÍT/ ajano , Chantes , Licino y Soldados* 

Trajano. 
Gracias , soberanos dioses, 
os doy de que otra vez llego 

Íde mi Palacio imperial 
á ver los dorados techos, 
después de ausencia tan larga, 
en que castigados dejo 
Jos rebeldes, tan postrados, 
tan rendidos, tan desechos, 
que apenas quedó á su ruina 
"Vida para el escarmiento 
■que es desdicha aparte el no 
sacar lección de los riesgos. 
¡Ayt Oeantes' Aquel poro 
espacio que del Gobierno 
•obra en la paz v al descanso 
de mi fatigado esfuerzo f 



*jwe ali-nta en nuevos afanes i 
]e reliaba en rl campo menos 
en lie el horror , por las doctas 
cláusulas Je aquel silencio, 
en que yo con escucharme 
é m», de uií mismo aprendo: 
verdad es que mudo horror 
*ne estoy gritando acia dentro: 
dejadme solo. ti) 

Cteontes. 

Señor % 
á solas que hablarte tengo, 
ii me das licencia. 

Troja no, 

•oM 

dije qué me dejen ; pero 
tú eres otro yo, y no estorbas 
mi soledad ; ¿ ma* qué es eslo J 
¿ lleras , suspiras y pitaes l 
algún grave mal recelo, 
jmes hace llorar á un sabio.; 
¿ Qué dolÓT es tan adverso 
el que vertido en to llanto 
no cupo en tu sufrimiento?, 

C / cantes. 
Prevén , ó español Trajanof 
tu siempre invencible pecho 
á un gran golpe de fovtunaj 

Tro joño. 
Escosado advertimiento 
es para mí, que conozco 
& la fortuna ; muy bueno 
fuera que habiendo yo sido 



%H 



) Punsc LiQÍnio ¿ £oMpdos : 



43* 



sn primer ministro, s?rr¡<ín» 
quien ha repartido al muudo 
sus castigos y sus premios , 
5u condición ignorase 
í)esde el instante primero 
que desde pobre soldado 
me arrebató a) Trono escclstf 
de Roma t supe que había 
de ser yo el primer objeto 
de sus iras » porque loca , 
como me dio desde luego 
Cuanto «lia tiene que dar, 
se vio pobre, y es su genio 
estar dando cada día, 
y agradarse de lo nuevo ; 
yes fuerza que para oíros , 
á lo que me «lio acudiendo y 
lo que dio c^mo gracioso § 
lo cobré cem^ violento: 
desde aquel primero «lia p 
tan echo c\ ánimo llevo 
a e«¡e golpe, <jue no hará 
tío vedad á mi tal** o lo 
cosa qW% ^s tan natural 
Pro*¡¿rut» # que yo te ofrezco 
no recibir pesadumbre 
de in aviso | que no temo 
á la fortuna, |mes ella t 
aunque mande el universo* 
no tic ríe jurisdicción 
dentro de mi entendimiento; 
que aunque puede á mi pesaC 
hacerme infeliz, es cierto 
que bacer que lo sienta yo# 
no podrá si yo no quicio. 



^9 



CJenntes. 
Sabe qne Obinio Camilo, 
aquel ilustre mancebo 
cabeza He los Camilos , 
bien que como todos ello* 
se emplearon en hazañas, 
él solo en divertimientos , 
que á costa suya le infaman 
lo rico con lo soberbio ; 
1u muerte tiene trazada, 
para cuyo infausto efecto 
rl oro que ha derramado 
fué el eficaz instrumento 
ron que ha falseado tus guardas > 
pues ha granjeado en secreto 
]os soldados pretorianos, 
que de Roma no salieron 
á esa guerra , como están 
siempre en la Corte de asiento» 
por preeminencia que goza 
)a cabeza del Imperio. 
Deja , gran Cesar , á Roma f 
pues ha quedado tan lejos 
de ella tu ejército, y vuelve 
5 acaudillarle resuelto: 
castiga traición tan grande t 
y d«ja sembrado el miedo 
de tu poder en su estrago, 
sin temer que otra ve* ciegos 
contra tí se atrevan otros, 
si es mostraros severo 
ion este : que los Monarcas 
no han de perder en sus reinos 
«d crédito del poder , 
que es á quien estáu debiendo 



44» 



Aiempre su Conservación ; 
pues con ti a los pensamientos 
ocultos, no hay en el mundo 
mas armas que Jos e ¡etu;>los , 
que una vez que se ejecutan 9 
y siempre están persuadiendo* 
l)e uim> de los conjuradas 
supe por alio decreto 
hoy el tratado, que al vert* 
entrar con tal lucimiento 
dando hoy á la patria triunfos % 
el imaginarte muerto 
allá en su idea , mañana 
dando á la paira lamento*, 
le movió á leal piedad. 
Averigüé si era cierto 
el aviso, y comprobado 
con otros muchos le tengo , 
con Jodas sih circunstancias : 
que uo desprecies, te ruego, 
mi aviso , ya que no pude 
á mas oportuno tiempo 
dártele. 

Tr ajano 
C¿i)a : , y previenes 
mi constancia para esto? 
La Tiiui -a v illa , Orantes , 
que espeiímentar el Cetro, 
fuera vivir en el mundo 
un solo instaute, un momento. 
Ja lorluua sin envidia , 
y los hombrea sin deseo. 
Pero si es tan natural 
en los humanos sucesos , 
qué 1«* en^iJid a la virtud 



*<• 



sí** cntrift sombra, a^ cuerpo? 

¿i i|iíh efecto fu tn pi utl.-iicia f 

aquellas lacrimal fuei *u 

¿ y á que efecto preveníala 

á un ^ran acaso luí e<-(uerao 9 

si agraviante mi r.'Xvio 

con tu prevención , queriendo f 

que lo que es tan natural , 

á n»í se roe hiciese nuevo? 

Sie». te que es eslt Camilo 

hijo Je un hombre á quien ¿ebO 

el honor, laurel y vidaj 

y de mí piedad ageno 

será, quitar á sn hijo 

\¡da que me dio iü aííenlOi 

CUantgs 
Magnánima es tu confianza • 
pero que mires, te advietto, 
que con el Imperio pierdes 
tus venturas 

Traja 170. 

Eso niego. 
A Cotln's gran Re? de Tracia t 
le presentaron en fe*do 
unos CristalifM.s va50s t 
Idhrndos Con tal aseo 
de rtlievrs y molduras f 
que los perfileí mas diestros 
en la sutiliza niiwna , 
á los ojos se perdieron 
en el primor escondidos ; 
pues no es encarecimiento 
que á ojos humanos se pueda 
desvanecer lo perfecto t 
adamó al Iley el prodigio, 



u> 



¿e que obedezca ¿ preceptos 
del Dtiríi tan delicada 
materia a* la vista, siendo 
diafanidad condensada f 
ó niehfa de cristal terso p 
con susto de que al mirarla 
)a desvanezca él aliento. 
Con esplendida grandeza 
satisfizo aí mensagero 
el presente, 5 cuya vista 
pedazos hizo los bellos 
vasos , dando luego a! aire 
casi en vapores disuellos f 
de arquitecturas de vidrio 
tantos caducos fragmentos.* 
Todos preguntaron : ! cómo 
dándose por satisfecho 
del recalo , y tanto, que 
sus criadas Conocieron 
el gusto que dispensaba 
lo admirado y lo suspenso 9 
ahora lo hacia pedazos ? 
El les respondió : por eso ; 
que me iba agradando mucho» 
y antes de poner mi afecto 
donde me le rompa el aire 
al descuido ro3s pequeño f 
quiero tener yo el blasón 
de romperle; pues es cierto, 
que un gusto frágil se goza 
con mucho susto, y no quiero 
sobre mis 'felicidades 
dar jurisdicción al viento: 
mas frágil que aquellos vidrios 
la Corona considero 



44* 



y ¿nal agiera ¿íctn bomana. 
L«JC|*'» no anduviste cnerdo 
en juzgar qtií» yo ponfá 
poner* todo mi contento 
en las Fortunas de vidrio, 
que contra el humano ingenio 
las quiebra el mismo cuidado 
que en conservarlas ponemos. 
Fl hombre es lo mas. Oleantes; 
el trapería que me dieron 
ahí ío tienen , que yo á m( 
me basto para mi puesto, 
que está mi felicidad 
en mi propio entendimiento , 
que desprecia esas venturas 
fantásticas, y no quiero 
poniendo mi {Misto todo 
en tan delicado obj"to t 
dar poder sobre mi £«istd 
á la fortuna y al tiempo, 
sino tan dentro de mí 
ponerle , que no sujeto 
este* al arbitrio de nadie, 
pues le guardan acá dentro 
del siempre libre alvedrío 
los nunca violados fueros 
Pensaba dejar á Adriano" 
por sucesor del Imperio, 
por bien del Imperio mismo, 
no de mi sangre, si advierto, 
cuanto estudio me ha costado 
haber sido su maestro 
en los artes de reinar : 
y sola una cosa siento , 
que es dejar mal sucesor; 



'iU 



porque sí es común proverbio 9 

que los reinos se conservan 

del modo que se adquirieron t 

quien le consigue usuipaudo ¿ 

Je mandará destruyendo. 

¿ Qué sabe es le loco jo vea 

de militares manejos? 

¿á áónde aprendió las artes 

del político gobierno? 

i qué no hay mas de ser Monarcas £ 

que después lo aprenderemos \ 

Docta es , pero peligrosa 

escuela la de los yerros , 

si en ellos ba de ensenarle; 

porque sí hay lección en ellos 

que puede costar la \¡óa $ . 

¿ para qué es la ciencia* luego 

feliz quien estudia é cuita 

de los errores ágenos ; 

é\ me vengará de si f 

y asi yo incurrir no debo 

en la culpa de vengarme. 

C léanles. 
víefíor, que lo mires ruego 
rarjor, porque no es constancia; 
quedarte tan indefenso 
6 tan cercano peligro. 
Precipitai te hdi» dispuesto 
de este Trono , en cuya cumbre 
todo desliz es despeño ; 
pues no permite la altura 
que destiendas sino muerto. 
ho d'fieudas el Laurel, 
piérdase el poder: yo vengo 



íle tina Corona el desprecio J 

pero de una vida es 

desesperación , y creo 

que del mrdio del valor 

f« loa distantes estremos, 

mas que á la temeridad 

•e ha de atribuir al miedo. 

± A qué a ní¿ a I no le. enstua 

naturaleza en naciendo y 

á aborrecer el peligro? 

aquel iazo tan es trena o 

de la vida, que en el hombre 

*s un Tuido de alma y cuerpo* 

Un natural apetito 

á Conservarle tenemos» 

y aun obligación: luego es 

flaqueza el no defenderlo. 

Trnj'ano 
) Yo mi^Ho ' mal me conoces : 
tranquil ¡dad y sosiego 
del ánimo es el que miras; 
y porque estés satisfecho 
que para cstorvar los dnnos 
no es circunstancia el teueiloa : 
Licinio. 

ESCENA IV, 

Dichos , y sale Licinig, 

Lie i ni o. 
¿ Señor , que* manda 5 * 

Irnjrwn 
Que puei tr*s el prefecto 
de mis guardas , con mis *uarda# 
Vaya* , ) u*t traigas preso 



44* 



446 



al punto á Obinio Camilo; 

pero mira que te ordeno y 

qm* sin él eu todo caso 

no vuelvas: y que a! momento 

que la prisión ejecutes , 

en los mas públicos puestos 

de Roma hagas echar hando 9 

cu que se con vid e al pueblo 

á ver dentro del Senado, 

el castigo mas severo, 

mas nuevo y mas riguroso 9 

que hasta hoy han visto los tiempos „ 

porque traidor conspiraba 

contra mi Laurel supremo. 

Liciriin 
Asi lo haré: ¡estraño caso! P"asii 

jIV ajano 
Ya de su traición me vengo: 
¿ estás contento ? 

Chantes. 

Señor, 
que apresuras mas recelo 
tu muerte: porque están todos 
de su parte, y eu sabiendo 
que vas á darle castigo, 
sus designaos descubiertos, 
todos han de declararse. 

Trujano. 
Para mayores empeños 
basto yo spio , Oleantes : 
ven conmigo, porque quiero 
un medio comunicarte, 
con que vendarme resuelve 
sin sangre desta traición ; 
y mira que te p ruine lo 



4i? 

ejpcutar en Camilo 

si se logran mis intentos, 

el castigo mas cruel , 

mas horroroso y mas <Wo f 

que Layan visto las edades y 

y que en todos los sucesos 

<i* mis triunfos, que Je al mundo 

su memoria para ejemplo. 

ESCENA V. 
i 

Decoración de Jabdin y Denoche, 

Suena música , y sale Gelanor y Comün por un lado ¿ 
y Adriano y t*orbanle por oír o. 

Música. 
Detente t arrogúelo ufano, 
/ sobre las flores dutrmc , 
aue al blando ar tullo del aire . 
músico susurro mece. 

Gelanor. 
Que espere dice la voz 
de Lidia , en falsete, pues 
tan falsa como ella es, 
y aun temo que me dé coz 
con ella. 

Va/nílo* 

Aun no recogidas 
las amigas estarán. 

Gelanor. 
Por el jardín sudarán 
las señoras esparcida i. 
según el ruido. 

Camilo 

Fortuna 



44» 



fue t pups. tan presto ven'mos ; 
que cuando esta puerta abrimos, 
aqui no estuviese alguna. 

Coríjante 
¿Que á esto te resuelvas? 
A di ¡ano 

Sí i 
liada te admire, Corbante, 
pues otras veces amante 
¿o Octavia entré por aquí, 
dándome llave á este fio , 
cuando fino me mostré, 
de esta oculta puerta , que 
desde al palacio al jardín 
del templo sale 

Lorbante. 

Mil vidas 
he de perder in felice, 
pues esta música dice 
que no están aun recogidas f 
y han de vernos las damas: 
fuera de qtie qué previeues f 
si ella no sabe que vienes 
á hablarla, ni que aquí estás? 

Música 
Detente , arroyado ufano f cct. (i) 

Adriano 
Lejos suenan 

Corlante. 

. Qué te mata f 
Camilo. 
Muy lejos suena el acento , 
pues mas lo murmura el viento 



(i) Muy lejos. 



¡ecos t[ue la dilata i 
paseándose deben de ir. 

Gelanor. 
Pues no vendan por acá, 
que al oir decir quien vá f 
fantasma me he. de fingir f 
y pataleta ha de haber. 

Adriano 
¿Hoy , Flora , no te advirtió 
que viniese tarde yo F 
porque suele suceder, 
aunque no sabe á tino fin , 
á quien hable ó quien aguarde,, 
que se queda basta muy tarde 
Sireue en este ¡ardía, 
y no quiere que me vea. 

forbante. 

i Asi f 
Adriano 
¿Pues qué te admira ? 
pues quien como yo suspira , 
ama f padece y desea , 
que asi se halla anticipado; 
porque si sola se queda t 
mi amor espresar la pueda 
primero que con cuiúudo 
Laj»* Octavia ; y demás de «so, 
no estoy poco sospechoso 
de que es Cánido dichoso 
con ella: mi error confiese 
en pencar e.«ta bajeza ; 
pero una col os a llama f 
a en ll injuria il> la d.ima 
quiere alegar por fineza, 



449 



45o 

Música. 

Delente , arroyuelo ufano , ecf. 
Mas cerca suenan , señor. 
Acá parece que vuelven. 

ESCENA VI. 

Dichos % y salen por distintos Indos &irtne , Libic 
Jt'loni y Octavia. 

S ir ene. 
jSe recogió, Octavia? 
¡Libia* 

Si. 

Octavia. 
I Se ha retirado Sirene f 

tiara. 
Rato ha que yo no la he visto. 

Sirtne 
Pues tu dices que á otras tienes 
convidadas á cantar, 
poique si curiosas vieren 
que me quedo en el jardín , 
que solo oirías sospechen 
sin otro fin , retiradas 
las puedes tener en esc 
cenador, en cuvos allos 
enmarañados canceles, 
la contusión de sus hojas 
hasta la sombra dan verde. 

Octavia 
Pues dices que alia vosotras 
habeii de cantar , advierta 
que la música reines 



á ese cenador , rebelde 
á la luz, pues sus tenaces, 
verdes y frondosas vedea , 
si por un resquicio entraren 
aun los rayos del Sol, prenden 
de suerte, que á salir nunca 
de su laberinto acierten. 

S ir ene. 
Y pues no pueden llegar 
á ese sitio , sin que futren 
por sus puertas á estas calles, 
si alguna acercarse vieres, 
procura que con la letra 
me avisen , para que deje 
de hablar con Camilo, y sola 
por el jardin nae pasee, 
como gozando á mis solas 
la suavidad tif 1 anúblente, 
que de azucenas y rosas 
invisibles alas mueve. 

Octavia. 
Y si alguna hacia aquí pasa, 
con la letra avisar puedes, 
para que yo me retire, 
fingiendo que me detiene 
el manso viento que á soplos, 
y á blandos susurros leves, 
¿entre estos sauces se arrulla , 
y entre estas copas se ojece. 

Libia 
Asi lo haré ; pero mira , 
que no le estés como sueles 
basta ••! alba, porque el • uefio 
me dá guiñadas, Fas* 



nu 



45J ' ,x ^ 

Fiera. 

Advierte 
que el sueno y yo £ cabezadas 
damos por esas paredes. Va$t K 

Gt'larwr, 
Ya no cantan. 

Corbanle. 

Nada suena.» 

Si rene. 
Qué tenebroso que tiende 
hoy la noche el negro manto 
de sos horrores, parece 
que en los luceros que apaga 9 
las mustias sombras enciende 5 
y no poco duplicado 
su horror se percibe en este 
jardill * que de espesas murtas, 
y verdinegros cipreces , 
segunda noche frondosa 
]as sombras df gualda tejen, 

Música, 
Ojos eran fugitivos (1) 

de un pardo escollo dos fuentes , 
humedeciendo pestañas 
&c jazmines f claveles. 

Adriano. 
Ya cantan. 

Octavia. 

Allí dos bultos 
á la vista se conceden , 
sino me engallan las ramas 
que duplican densamente 

( 1 ) Suena Ja música lejos sin dejar dg repr\ 
sentar* 



'4S3 
la oscuridad <?e. la noche; 
pues no puede aqof Iiaber gente > 
serán él y su criado. 

Sirena. 
Si las sombras uo rae mienten, 
dos bultos con mas borror 
)a oscuridad lobreguecen : 
él y el criado serán. 

G el a ñor, 
Un bulto á nosotros viene. 

Música. 
Cuyas lágrimas risueñas 
quejas repitiendo alegres f 
entre conceptas de llanto 
y murmureos de corriente* 

S ir ene. 
No be podido venir antes, (ij 

porque hoy con lo solemne 
del triunfo , el día {'estivo 
ln'zo que todas se empleen» 
en músicas hasta ahora. 

Adriano. 
¡Cielos , el acento es este 
de Sirene ; muerto estoy \ 

Corbante. 
Si te requiebra , ; qué quieres? 

Música. 
Lisonjas hacen un-JasvS , 
tontas al sol , cuantas vece* 
r?) 'morías besan de Daphne 
en sus amados laureles. 

• - ■> ■ * ■ — ■ ■ — "* - • — m 

Jt) Uc»a ¿I i rene á Adriano , y Qctavja q Camilo.^ 



ÁH 



C&Jtaviá. 
I Cómo es posible f señor t 
qtte retarde* tibiamente 
después de ausencia tan larga t 
¿ mi amor dicha tan breve 
Cocri'o la que espera f 
Camilo. 

¡Cielos, 
esta vo2 tío es de Sírene! 

Música 
'Despreciado al fin la cumbre , 
á la campaña se atreven, 
adonde un marmol labrado 
íes penase los corrientes. 

Sirene. 
I No respondes ? 

Octavia. 

I Aon no hablas? 

Gelannr 
Sino es que yo acaso sueñe t 
detrás de Sircrie un bulto 
está: jqné friera qn«» fuese 
Libia , y que teniendo a.juí 
yo con quien en l re t enerare* 
oyendo abenas íinrzas 
hecho mi bobo me estuviese f 

Música 
Sus cortinas abrochaba 
thgo , sus mér^cnes breoes f 
Como un alamar de plata 
una lien labrada puente. 

Cor ba rite. 
Uti bullo detrás de Octavia, 
se destín cu** , bien se infiere 
quo sera Flora ¡ yo quieto 



4¡s 

ir á oldígar sus desdenes f 
porque estemos mano á ruano 
los amos y los sirvientes. 

Música. 
Dichas las ondas pasaban 
entre pirámides oerdt% % 
que ser quieren olvli&cos 
sin dejar ée ser apreses. 

C el 'a ñor. 
¡Mas vive Dios que esta Libia > (l) 

carrillos espinos tiene! 

Corlante 
| Vive Dio* que es esta Flora 
afelpada de mofletes! 
Adriano 
Porque no estrañe la voz 
no me atrevo á responderle r 
pues empezó á declararse. 

Octavia. 
¿No hallas? 

S ir ene 

i Ahora enmudece! f 
Canta Libia* 
Guárdale de Cupidillo , (a) 

teme nina sus r igores , 
porque da palo de ciego , 
y nunca á quien dá no escoge. 

Canta 4: lora. 
Cuidado paxtor 

no te engine otra ce¿ tu furor : 
cuidado con el cuidado % 
que es peligroso ganado 

— - ■ ' - -y. - ■ ■ » ^'m 

[0 Eneuéntranse las dos , tentándose las caras. 
la) En vot mitra. 



4$& 

Ja hermosura y el amar ? ■ 
cuidado pastor 

S ir ene. 
Acuellas voc»-s me avilan , 
que hay alguna que se acerqua 
í. É a tste sitio: en tftitto que 

su sospecha óVsvanece 
mi soledad, no te apartes 
de aquí. 

Octavia 
Estas voces advierten 
que viene f»ente: tú , en tanto 
que por otra parte echen , 
viéndome sola, aquí oculto 
espeía y no te roe ausentes, 

Camilo. 
\ Muda estoy! 

Adriano 

\ Absorto quedo ! 

Oclanor, 
Por buír confusamente 
el encuentro de aquel hombrt , 
perdí el tino 

Corba nte. 

Por meterme 
donde otro sopapo aquel 
rostro lienzo no me diese | 
110 sé donde está mi auno. 

Octavia. 
¿Sirene? (i) 

Sirrnr.. 
¿Octavia? 



(i) Lucuenivanse las dos > trocándose. 



r 45i 



Crin ñor 

^cnn'lerrne 
«fuiero « que dos ninfas hablan 
aquí. 

A<)ui be de retraerme 
por si ya nos La sentido ; 
algún diablo q<»e resuelle. 

Octavia. 
¿A estas horas y lan sola, 
á dónde ibas ? 

Sirent. 

A recogerme f 
pues ya es hora: esta sin dada Q¡¡{ 

vi de quien la voz oie advierte 
que me guarde. 

Octavín, 

Yo á lo mismo 
roe retiro , pues airares 
esas voces á mi oido 
imanes fueron cat'enles : 
esta sin duda venia ap. 

cuando Flora f diestramente 
con Ja letra me avisó. 

S ir ene 
2 Gusta* que contigo quede? 

Octavia. 
No, que también me retiro. 

S ir ene. 
Pues á Dios 

Octavia* 

A Dios. 

Ge lanar. 

No encuentren 
conmigo # y aquestas ramas 



'458 



en la^ tinieblas me envuelve». 

Música 
£ntr<> palmas que celosas 0) 

confunden los capiteles 
de un edificio , á pesar 
de los árboles lucientes» 

S ir ene. 
Parece que ya se íué 
Octavia $ puesto que vuelven 
á Ja misma letra. 

Octavia. 

Ya 
que se retiró parece 
Suelte, pues otra vez 
Lace que la iVtra empiece* 

Sirene. 
Allí está el bulto: él será. (a) 

Octavia. 
El será , que deja verse. 

Música. 
Cristales snn vagarosos 
destos bellos maros , de este 
galán Narciso de piedra , 
desvanecido sin vorsú. 

Adriano. 
Yo he de hablarla , porque sepa* 
que se de sus esquiveces 
la ocasión 

Camilo 

Hablarla quiero, 
pues no podrá conocerme. 



(i) Lejos música sin dyar de cantar. 

(a) Liego Sirtnt á Camilo f y Octavia el Adriano. 



Adriano. 
Mal , Sirene hermosa , Sabes 
que nt> te escucha quien crees» 

C a irrito 
Mal sabes, divina Octavia , 
cuan otro es el qur* te atiende. 

Octavia. 
Con Sirene ha1>Ta 9 ¡ah t traidor! 

Si rene. 
Con Octavia habla : ¡ tS , aleve! 

Música. 
Y con razón , que 'es alcázar 
de la divina Sirene t 
arco fatal de tas fieras » 
harpon dulce de las gentes, 

Camilo 
Porque sí yo. .. 

Sirene. 

Sella el labio. 
-Adriano. 
Que si yo, . 

Octavia. 

La voz suspende. 

Sirene 
falso , que nó soy Octavia. 

Octavia. 
Traidor , que no soy Sirene. 

Camilo 
iQué mudanza es esta, Cielos! 

Si dría no 
¡Deidades , qué engaiio es este ! 

Mitifica 
Armado el hombro de plumas , 
Cintia , perlas qu* suspende 
tu/íídó , por las que bate 



4*9 






46fr 

en el ámbito de 7?</\$\ 
Gt(f:nitf. 
Vuelvo á buscar á nui amo» 

Corbanie 
Buscar á mí amo resuelve 
mi miedo. 

G da ñor. 
Allí *5lá. 

Allí est¿; 

Sirene- 
I De suerte , ingrato , de suerte 9 
que pon Octavia has hablado t 

Octavia. 
¿ De inorlo que te diviertes 
Con Sirene , el breve rato 
que me ausento á ver quien vitttfcl, 

Camilo. 
Yo-.. 

Adriano. 
Si yo.». 

Corbanie. 

Gracias á Dios j \t\ 

que ya pensaba perderme 
sino te encuentro. 

Gelanor- 

A Dios gracias, 
que antes que otro diablo tiente, 
encontrar pude contigo» 

Camilo. 
¿Quién eres hombre F 

( i ) Lh-ga Corbanie d Camilo , y Gelanor á 
Adriano^ 






Adriano, 

. Quien eres? 

Cortante 
J Ay Dios , que esto no es rai amo! 

G o lunar 
4 Ay Oíos , qu* mi íuno no es este { 

Cornil o % 
l No respondes fí 

Adriano. 

I Mo respondes t t 

G lanar. 
¿Y sabe asteo* si se aUeven ? 

Música. 
Un din núes uue ^isan^o 
inch.m>n< ios del diciembre , 
treguas hizo su coturno % 
cntte la nievt y l'* nieve. 

Camilo, 
Muere á mi fuior (jj 

Si rene. 

Aguarda. 

Adriano, 
Muere á mis filos 

Octavia. 

Detenta 

Camilo. 
Yo he de sab< i utiien profana 
el sagrado de e>te albergue. 

/idriano 
Yo he de saber quien ha entrado 
al coto destus ve íceles 

Camilo 
Mas ya diviso ma* bultos. 



^ 



(i) Su can las ovadas. 



¿6* 

Adriano- 
Mas bultos allí se ofrecen. 
Sirene. 

¡Muerta soy! 

Atetadlo 

¡Sin mí he quedado t 

G el a ñor. 
¡Quien escaparse pudiese! 

Música. 
Sagaz el hijo de Venus , 
atrevido como siempre , 
una piel le vistió al viento , 
que aun las montunas le temen* 

Camilo. 

Diga quien es. 

Adriano. 

Quien es diga* 
Camilo- 
Antes lo dirá tu muerte. Riñen* 

Adriano 
Tu muerte dirá tu nombre. 

Los dos 
¡Divinos Cielos, valedme! 

Celanor, 
Saca la espada > que van 
dando, 

Corlante. 

Por si acaso dieren , 

espada en mano 

Sirene. 

Yo intento 
llamar: Libia, Flora, Irene. Golpes 

A un lado Li linio. 
Üamaa y romped , soldado» i 
la* puertas si no o> afc|¡ííf». OolpeS 



A otro lado Lidoro. 
Bompeii Jas puettas, y tuda 
vuestros tuiores rv-scrvca. Cojas* 

Md>ica 
Corcillo t no de ios selvas , 
sino del viento mas leve , 
hijo veloz dtj su aljaba , 
cuatro ó seis fiedlas desmiente* 

Lq/fti/a. 
¡Qué con su vida no acabe! 

Gelanor. 
¡Qué yo no baya moerlo al aire 
con ruis tajos y rebesesí 

Li cutio. 
Entrad, soldados. 

JLidoio. 

Amigos | 
entrad. Golpes, 

Octavia* 
Flora. 

Corlante, 

¡Qué «0 dejen 
de cantar con esta bulla, 
estos diablos de mujeres! 

Música. 
Sigúelo , y en vez ac cuantas , 
ú los campos mas recientes , 
blancas huellas les negó , 
blancos lirios les concede, 

ESCUNA Vil! 

Divhos, y salen por dos lados con hachas Luinío, 
LiéJoro y Soldados. 

Lid oro 
Cite U, tflrifos, juüidiidJt. 



¿H 



Lieinio. 
Soblado*, este es, prendóle. 
Camilo y Adriano. 
¿Qué es esto i 

Litiinio 

Del Cesar ordea 
tengo para que te lleve, 
Cafinlo , preso á su vista : 
te be buscado diligente 
en toda Roma » y sabiondo 
de cierto que aquí estuvieses ¿ 
poi ieciaracíon í* algunos 
criados , tu> coufidéntés ♦ 
por ia puerta que á Palacio 
el jardín <ie« Templo tiene, 
entré buscándote 

Lidoro 

A tiempo 
que baeiendo qne yo recele, 
viendo que armados te buscan, 
algún grave inconveniente, 
juntando en contusas tropas 
tus amigos y parientes , 
como qui^n sabe que aquí 
estabas % á deleuacrte 

enWé. 

Lieinio 

No barás, 

porque yo le *>« « e llevar. 
Lidoro 

No te empeñes 
en eso, qnc no podrás 
lo^iaiio tan t.»c luiente , 

¡Cielos , qné pena! 



4^5 

Octavia. 

¡Qué angustí*! 

Adriano, 
¡Qué confusión ! 

Camilo 

¡Lance fuerte! 
pero á declararse aun 
mi valor no se resuelve 
hasta ver la gente toda f 
y en ínterin es bien pruebe 
á dar tiempo al tiempo , pues 
si Trajano prelendiere 
darme muerte , no es tan fácil 
que á juntarse antes no lleguen 
mis parciales ; porque entonce* 
con mejor pretesto honeste 
m¡ ambición : suspended todos 
Jas armas, que dar pretende 
mi valor on medio , y es 
ir á ver lo que me quiere 
Trajano, y que mjs parcialef 
conmigo i 60 vista entren , 
á ver que me manda: 

Licinio. 

Comg 
yo á su dotn>n¡o te entregue , 
Tío tengo orden especial 
contra los que te siguieren* 

J ,idor o. 
Como todos te sigamos , 
vengo eu ello. 

Ltimilo. 

i Hados crueles t 
conceded i mi fortuna, 
6 U Corona, ó la muerte! F*$t* 



{66 



Adrio.no 

; Astro» , dejad que ,e sobre 

vida puraque rae vengue! ras*. 

dctaeia- 
j Cielos, ya de la memoria 
Mis eiuprtijadas sierpes! yate. 

S'irene- 
¡Fortuna , suspende el golpe 
4 quien del a m a go m ue re ! ^»*«- 

Gelnnor. 
jHaí.Baco, que no rae ahorque» 
s ¡ lodo se descubriere , 
-ue aunque soy rafcimo tuyo, 
bom tiempo de que me cuelguen, 



•S&ü^ 






4*7 



ACTO SEGUNDO. 

ESCENA PRIMERA. 

\Gran saíon con Trono 4 y en él sentado Tra/ano 
■«irW, Cetro y Manto Imperial , y á lus g 
ran sentados ¿os Senadores rom, nos, y éahn ¡ 7 
mo, Adrtano, Cortante y Soldados , con Carnúo ,'¿!v 
doro y Gelanor.y Us aue pudieren por otro , j SoUas 
las Damas por medio. 

Poces. 
Viva la lealtad, y viva 
Trajano t Cesar invicto. 

Libia 
Pues á todos han Uamad 
cdu ta« públicos edictos 
é ver una novedad 
i Senado abierto, y v j mos 
que núes-Iras amars pasando 
de los jardines uVidos 
del Templo á Rtifcy*, V i^ nen . 
. liien Hía ohjrccion fuimos / 
Flora. 

Flora. 
Y si acaso la hubiere*, 
de aquí no han d, despediruoa, 
que no es el censor portero 

dd Simado 

Libia. 

8¡cn has licjio. 



¿6 a 



Todos. 
Viva la lealtad, y viva &x, 

JLicinio 
Ya , señor, Camilo está 

aquí. 

Camilo, 
A tus plantas rendida j 
flue mi vida solamente 
á tu poder sacrifico: 
haré , nv de mi lealtad , 
porque no puede ser mió 
el honor de mis mayores, 
para perderle al arbitrio 
ele alguna sospecha (bieu üp : 

liasta asegurarme finjo) 
Cuando aun quiero lo heredado j 
esceder con lo adquirido. 

Adriano* 

¡Rara novedad ! 

¿icinio. 

¡ E&trafio 

caso! 

Sirene. 
endiente del juicio 

éel Cesar estoy: fortuna, 

«uspende lo ejecutivo f 

porque atiu me asusto en la idea 

de la sombra del cuchillo , 

y para herirme en el, ten¿o 

la imaftiuaciou con filos. 

Trajino 
Gran Metrópoli del Orhe , 
Senado y Padres conscriptos % 

oráculo» del Retado . 

Cii cuyo rtctw equiubrio t 



3es3e que fueron díscnrsas 

son aciertos los designios 9 

tan sin errores pensados, 

que parecen corregidos. 

Nobleza ilustre d" Roma , 

fuerte milicia, en quien mifd 

el duro freno de un inundo > 

cuya d**bil rienda rijo , 

pues él ó yo la rómpeteos f 

si la aflojo ó la reprimo. 

Con los mismos conjurados, 

Camilo está convencido 

de la lesa Magestad , 

de la Patria y de raí mismo j 

pues parricida dos veces , 

no solo conspiró altivo 

á darme, muerte, sino %. 

ahogar desvanecido 

vuestra libertad, ciitendd 

en premio del homicidio 

la Corona (Ved que fines 

anuncian tales principios.) 

¿ O; parece que es por esto 

dimito del mayor castigo, 

que mi poder puede datlef 

Cíe a ni es* 
Ninguno será esce.sivo 
á traición tan declarada; 

Todos. 
Todos lo mismo decimos; 

Camilo. 
Hoy muero 

Grlannr» 

Hoy b«n de colgarme 
a ser viviente lT|CÍjgo , 



p* 



4> 



i i 



c) nr **!»* v - oun soy verde) 
muy bueno para invernizo. 

Litinio, 
\ Pobre Camila! 

Octavia 

¡Infeli* 
joven! 

Lídoro. 

jSin alma respiro! 
¡que* antes de) tiempo volamos 
la mina que dispusimos! 

Sirene* 
¡Oh , cómo está en mi semblante 
lodo mi asombro esculpido f 
y en los colotes que pierdo 
doy vuelta á lo que imagino! 

Ti ajano 
Pues si yo be de castigarle, 
asi podré conseguirla. 
Lev a uta drsde mis planta* 
hasta ni ts bracos , Camilo 
«;oe yo po/* mr dignidad 
á las luyas no me rindo. 
l J .or mí y por todo el Senado 
gustoso y BgjrquVcjflo , 
di* t\Uf s .eudo el de Monarca 
un tan prno&u ejercicio, 
ona faitea lan grande 
y un trabajo tan '.onlíurto, 
(|üf no hay cu algún murtal 
Infizan par a i esístirlo , 
si ya á tanto ministerio 
no dá »'l Cielo gran auxilio? 

te e.oinidr.H ( IJ á u II ai.íll 

tal de lu pronto mutuo/ 



4j« 



La sabia naturaleza, 
próbida en sus individuos 9 
á los males mas acerbos 
puso algún dulce atractivo, 
con que persuade á buscarlos 
a los que deben huirlos , 
porque no falte en sus obras 
quien ejerza sus oficios. 
Asi e| afán de reinar 
disimular sabia quiso , 
dando á la humana soberbia 
el ambicioso incentivo 
del poder , grandeza y fausto , 
majestad y señorío, 
debajo de cuyo velo 
ostentoso está escondido 
de la vida de los hombres 
el gusano mas nocivo , 
que con sordo oculto diente 
muerde á quien le ha pooducido. 
Bien cansado del Imperio 
Séptimo Severo dijo , 
que si supiesen los hombres 
qué zozobras, qué peligros » 
qué penas, qué sobresaltos t 
qué pesares, qué martirios^ 
trae consigo la Corona, 
ninguno desvanecido, 
aunqua la viera en el suelo 
la alzara , porque remiso 
temiera cuanta asechanza 
deslumhra e| oro en sus visos. 
^ Pues qué gracias el Senado 
debe i *»ndir á lu hrio , 
de ofrecerte voluuUiio 



47* 



Á lo que tuve entendido 

yo , que ninguno aceptase 

aun cuando fuese preciso? 

¿ y en qné obligación deb'eraa 

ponerme á mi , pues benigno 

me sacas de una tarca 

en coya fatiga gimo, 

¿ no ser con el cruel 

medio de haber pretendido 

darme muerte ? Pues tampoco* 

liega á fiar tu capricho 

de mi esperíencia , qué temeá 

que aspire que cuando vivo 

á entrarme otra vez al riesgo 

si del iiiibiesc salido t 

\ Av, Camilo» poco sabe* 

cuanto deseo ser mió , 

que soy de todos por tuerza * 

y en cuanto á reinar me aplico* 

teniendo dominio en tantos 

en mí no ten¿o dominio : 

mi ofensa particular 

perdono ^ por lo que estimo 

la paz de esta Monarquía, 

en ruvo 'nombre le admito 

al afán á* que te ofr»'C*»s : 

sube á este Trono conmigo f 

ñVnde Augusto te saluden 

todos á este fin unidos, 

senado, milicia y plebe, 

Senador i . 
¿ Pues cómo á quien te ba ofendido 
premias asi 7 ¿ v rumo *l'g<*s * 
Cesar , per tu dtff istvq 
v oto t sin consulta nuestra? 



473 
Cteanf * 
Cotno al Cesar permítalo 
ps nombrar 5»ic** < ' ^ »«iyó f 
í>ien su* in toii ■ os *3 » v -so , 
ó coadjutor del Imperio, 
con quien tenga dividido 
el poder. 
* $e*ndor a 

M.is no está usado 
sin aqnel solemne estilo 
de la adopción 

Cleantes. 

Eso fuera 
para sucesor preciso, 
mas no para compañero, 
que ha de elegirle á su arbitrio»; 

AfJrinnn 
Discordes están los Padres f 
y supunslo (]ne yo he sido 
para Ce.<ar, sucesor 
adoptado por mi lio, 
de mi ejército tampoco 
lian de querer consentirlo 
las legiones. 

Lid oro 

Los soldados 
preteríanos lo pedímos, 
y sabremos defenderlo 
muriendo. 

Todos. 

Viva Camilo. 
Trajano 
No en vano t^mí estas fuerzas* 

Gclanor. 
Biaba gre£ca *e ha movidOj 



i'éi 



7Acin\o\ 
Pe todas suertes le pierdo* 
ó exaltado ó convencido. 

Octavia* 
¡Qué confusión! 

Licinio. 

\ Qué desdicha ! 
Lídoro* 
¡ Qué traición ! 

Flora. , 

;Qué desatino! 
Camilo. 

tu 

Mis parciales se demandan, 
y Trajano me ha temido: 
alentemos, corazón. 

Senador i. 
Si el Imperio dividimos, 
tu. poder enflaquecemos ; 
y pues la unión es principio 
ÓV todas las duraciones : 
¿cómo hemos de persuadirnos 
á que haya paz en un cuerpo 
mandado de dos arbitrios, 
de dos impulsos guiado, 
y hacia dos partes movido f 

TrajariQ. 
No me replique ninguno • 
y estad , Adriano, advertido 
cjue el I fu pe rio ha de buscaros 
para que hayáis d« admitirlo: 
y que á vos para ser Cesar 
os sobra el ser mi sobrino. 
¿Y vosotros cómo ingratos , 
torpes y des va nocidos , 
tan mal sabéis estimar. 



ti que en el mando hftva habido 
quien ¡u zea. n (Jo que á mandaros y 
se convidase á serviros 
Camilo se atreve á tanto; 
qué perdéis en consentirlo? 
¿ si acaso no os sale vano 9 
lio es el Imperio electivo' 
¿quién hoy admitirlo puede f 
porqué no podrá excluirlo? 

Lamilo. 
Mucho disimula 

Unas. 

Viva 
Trajano. 

Otros 

Viva Camilo, 
3V ajano. 

Los dos vivirán , romanos: 

yo por vuestro bien me animo 

á no dejar rl Imperio , 

Jii esconderme en mi retiro 
en quince dias, y en ellos 

informarle solicito 

de lo* públicos negocios» 

siendo tan solo un ministro 

que del gobierno le instruya ; 

parque atento mi carino , 

jii aun el tiempo que él lo ignora 
^ quiere que estei* mal regidos. 

Por la pan te del Sanado 

hará Oleantes lo mismo; 

y dejándoie industriado 

doctrinado y prevenido, 

roe retiraré al descanso 

dé que lauto necesito^ 



4?s 



4;e 



ilan«1oos mí palabra á frdos 
que si en cualquiera conflicto 
me tol viereis á buscar» 
n»e hallareis siempre al servicio 
de )a Lie publica t atento , 
constante, leal y fino, 
aunque sea para el Imperio 9 
á quien 'tanto he aborrecido* 

Todos 
Esa palabra aceptamos» 
y en fé della te admitimos 
á Camilo 

Senador t. 

Si , mas sea 
debajo del preciso 
pacto de que es coro partero 
tuyo, como lo han tenido 
otros Césares romanos ; 
pero tío te permitimos 
que renuncies el Imperio. 

X faja no. 
Eso el tiempo ha de decirlo. 

Senador i. 
Y hasta ver como le industrias 
el jurarle diferimos. 

Trujano. 
Siéntate á mi lado, joven. 

Camilo. 
Plosfs ! por mejor camino \t\ 

me. habéis enviada el Laurel! 
¡ó como ofrecen propicios 
6 los hombres aun mas dichas 
que saben ellos pediros 9 



(*) Sube Camilo al Trono ¡ 



i7t 
si aunque es inmenso el deseó,; 
es el p* der infinito ! 
A tus plantas, no á tu lado 
estoy. 

Adriano 

¡ Sin alma respiro J 
¡Cesar, roi enemigo , Cíelos! 

Gelanor 
F>e contento ¿alto y brinco: 
mas no , que esta acción es cjntraj 
la autoridad de im valido. 

S ir ene. 
¡Cielos, ya con la distancia 
á mi amor se le ha perdido 
Camilo de vista: hoy muero! 

Octavia. 
Por Adriano lo he sentido, 
que en su semblante que leo j 
mil tragedias adivino. 

Adriano 
¿Este el castigo es, señor, 
que todos á ver venimos, 
*y á que nos convidantes? 
Trajano* 

y el tiempo vendrá á deciros ? 

ti á su ati evuniento pu:»de 

dar mi poder mas castigo. 

Toma la Púrpura roja {i£ 

que bañó el Muricie Tirio. 

y el verde Círculo en!, ce 

tus sienes; ya has c 'seguido 

el Imperio , conservarlo 

(i) Pórtenle Mantos Lawh 



*;» 



rs mas ciencia que adquirirlo s 
salariadle todos Cesar, 
con fiestas y regocijos. 

Titeos. 
Trajano y Camilo vivan , 
Cesares de Roma invictos. 

Camilo 
Aun no es este aplauso entera ap, 

lisonja de los oidos , 
liasta que me aclamen solo: 
inas yo lograré el designio 
¡ O ambición de los mortales 9 
quién descansará contigo! 
si aun no logro lo que adquiero 9 
cuando á nueva empresa aspiro 9 
inquieto en lo que deseo 
lio gozo lo que consigo. 

Trajano. 
Acompañadle á su cuarto, (r) 

que es el imperial , amigos, 
que yo me estrecharé al otro, 
que está al Templo mas vecino; 
y de esta función , por hoy 
quede el acto concluido. 

Lifiniot 
j Raro valor! 

Senador i . 

¡Gran constancia! 

S ir ene- 
¡Muerta estoy! 

Adriano, 

¡Sin alma animo! 



(i) Levántase. 



471 

Octavia- 

i 

¡Ay, Adriano , quién pudiera 
consolar te! 

Adriano 

\ A y , dueño mió! 
nada mi valor consigue 
si á tus plantas no lo rindo. 

Lid oro 
Bien se ha dispuesto: Soldados, 
decid en ecos festivos. 
El y todos. 
Trajano y Camilo vivan , 
Césares de Roma invictos. (i) 

ESCENA H. 
Trajanp, Adriano y Oleantes. 

Adriano. 
No rae pesa , Invicto Cesar, 
de que por tí lia ya perdido 
la sucesión del Imperio f 
iii *I verme destituido 
de una esperanza , á que fueron 
acreedores mis -servicios. 
No siento ver en el Trono 
•exaltado mi enemigo, 
ni mirar de mis victorias 
ios triunfos obscurecidos t 
dando tu descuido en ellos 
jurisdicción al Olvido 
No e1 ver que á particular 
pase el mas esclarecido 



(i) Haciéndose cortesías los Emperadores , se vdn 
tfdos Qcompañandg 4 Camilo , ocultándose el Truny. 



48o 



Emperador, que basta boy 

han venerado los siglos , 

y en quien el rotnano imperio 

mayor poder ha teuido 

que en I •■■& anteriores ; pues 

jio hay en el «»rbe distrito , 

que si llegó á tu noticia, 

j>o llegase á tu domino. 

No siento todo ea>to tanto 

(segunda vez lo repito) 

como el v«r que hayas manchado 

tu noble blasón antiguo 

de Justiciero, Trujano 
¿ A un titano tan ioipio, 
por tan gran dehto premias 

con honoi l»u a>erecidu '. 
¿donde tu »ust»c»a está? 

¿faltaba á mi orgullo brío 

para oponerse a ios armas? 

que dar en vez de ca^t.go 

premio á la t» aiCKm , T; ajano ¿ 

¿\ es proverbio tan sah;dof 

que mil delitos peí suade 

el que consiente un delito. 

Advierte ios que hoy has hecho f 

pues para hañer iubnitos, 

| qué persuadirá el premiarlos, 

cuando basta el consentirlo» t 

Mas delincuente que el reo 

es el juez que ha permitido 

un ciímen, que el reo solo 

Comete aquel ; y averiguo 

que el Juez comete en él cuantos 

¿ otros ha persuadido : 

^ue es gran incentivo de ellos 9 



el saber qne no hay suplicio. 

Troja no. 
Bien discretamente > Adriano, 
mi calo has reprehendido , 
llevado de tu pasión ; 
pero ignoras los motivos , 
y asi en el discurso ierras 9 
corno yerran presumidos 
cuantos á l<^s Soberanos 
residenciar han querido 
las acciones, ignorando 
la razón de sus designios. 
Si yo castigar quisiese 
traición en que comprendidos 
son tantos, regara á Roma 
de muchos iulaustos rios 
de civil sangre , entre cuyos 
raudales enfurecidos, 
suele ahogarse el vencedor 
cuando tallece el vencido ; 
que en tumultos donde airado 
lidia el padre con el hijo, 
aunque el que pierda padezca, 
queda el que gana perdido. 
Camilo es hijo de un hombre 
que lúe mi mayor amigo , 
y verter su sangre á un muerto 
le acusará á mi carino 
¿Demás deso , q tríen. quitar% 
4iue después de vengativo 
á Camilo castigase , 
intentase otro lo mismo f 
que vasallos que una \ca 
se rebelaron altivos, 
ya uj p«e«Yu ser seguros, 
il 



43i 



4$? 






s¡ aun á costa dpi castigo » 
para lo segunda vez, 
con errarlo han aprendido. 
Fia de mis r.speríencias 9 
que serás Restituido 
á mi herencia f por el mas 
estrauo y nuevo camino 
qu«r en fábulas ó en Listonas 
ya esté inventado y ya visto, 
para cuyo grati suceso 
á todo el 01 b« convido. 
Acude á esforzar, Oleantes, 
el intento que te he dicho : 
espera, Adriano , de mí 
que cumpla lo prometido • 
é id escuchando del tiempo 
todo lo que yo no os digo. 

Oleantes* 
A cumplir en su asistencia 
voy con todos tus avisos. 

Adriano. 
Mal quieres , con lo que espero 
consolarme en lo que miro; 
pero que poco sintiera 
mi amoroso desvario 
perder todo lo estimable, 
todo lo ostentoso y rico 
del Imperio, si á Sirene 
no hubiera cou él perdido* 



Fase. 



Fase, 



48? 



ESCENA III. 

Decoración de Sai, a» 

Sale Camilo. 

Solo todos me han dejado, 
y el Imperio conseguido • 
no me pance adquirido 9 
tatito como imaginado '• 
)o que tanto be deseado f 
acá en la presunción mia , 
no llena mi fantasía , 
ó es que llegando á esta Alteza t 
á vista de mi grandeza , 
se mesura mi alegría. 
Juzgaba yo en mi ambición 
que al ser Monarca triunfante j 
*e derramase al semblante 
el gusto del corazón : 
ya estoy en la posesión ; 
y al ver que uo me lia inmutado 
el contento en sumo grado, 
con un recelo penoso , 
je asusta lo poderoso 
de lo poco alborozado- 
Las dichas, en fin, que alcana* 
la mas sedienta ambición , 
no son en la posesión 
tauto como en ¡a esperanza: 
porque en desigual balanza 
de cerca cuando poseo 
en el bien , ocultas veo 
algunas penas esquivas 9 
qve en lejos y perspectiva! 



me deslumhraba el deseo; 
Las dichas con perfecciones 
juz»a la imaginación f 

y luego la }»us«isiüii 

las encuentra con pensiones; 

eu estas contradiciones 

á anhelar de nuevo empieza 

el deseo f cuya a I tez* 

tan perfecta las fingía , 

cuanto es mas la fantasía t 

que la gran naturaleza. 



ESCENA IV. 
Dicho , y sale Cela ñor + 

G da ñor. 
Déme» vuestra Mageslad , 
las plantas. 

Camilo» 

¿Gelaaor f 

G el a ñor. 
Y si errare f $;raii seííor $ 
el esti'o y perdonad f 
y á mi rudeza le dad 
lo que un criado p<*d¡a 
á un Título nuevo un dia, 
para que no le riñese. 

Camilo. 
I Qué era ? 

Gtlanor* 

Que un mes le suplíejí 
de erratas de Señoría : 
lia ni* costado el entrar 
mucho polpe y mas temor* 
porque tu guarda, señor, 



485 
de m/ te quiere guardar ; 
y una nueva te he de dar 
de Sirene. 

Camilo. 
¡Ay, dueño hermoso! 
I no está aleare de que airoso, 
pueda mi amor sin segundo , 
ponerla por Trono el mundo , 
cuando llegue á ser su esposo? 

G? la ñor. 
Con Libia estuve corrido, 
aunque algo serio él semblante, 
que. desmesura lo amante 
un poco de lo valido : 
de ella , señor, he sabido , 
que afligida está y llorosa 9 
aunque de tu bien gustosa , 
y qoe ya olvidante quiere ; 
pues de la distancia infiere, 
que no puede ser tu esposa. 

ESCENA V. 
Dichos , y sale Lidoro y después Citantes. 

tJ floro. 

Eso diré yo mejor , 

como quien de verla \iene: 

asegurarla conviene 

de lo firme de tu amor, 

porque diré que es error 

ser de su dueño servida. 

Camilo* 
Ya que la grandeza impida 
ir yo á segurarla fiel , 
llévala tú este papel , 



486 



qne la <l**i*» persuadida : 

aguarda le escribiré. (i) 

Citantes. 
TVajaoo , n^nor f á vos 
espera , porque los dos'* 
saigais á audiencia* 

Camilo» 

Ya iré. 

Citantes. 
Eso decir no podré , 
porque é! está ya sentado, 
y la liora de audiencia ha dado. 

Camilo» 
¿No esperarán ? 

Chantes. 

Es error É 
que para esto, gran sefior , 
os liene el pueblo pagado; 
y un buen Monarca es en van© 
que servjjlc mal intente, 
cobrando él puntualmente 
los tiibulos por su mano. 
A todas horas, Ti ajano, 
pronto estab¿ á" despachar; 
¿ pues cómo daréis lugar 
h que diga la malicia , 
que el tiempo de la justicia 
os le gasta este juglar? 
Quípii al Príncipe ha ocupado 
mal, á todos ba ofendido, 
que aquel tiempo que ba perdido » 
al bien público le ha hurtado ; 
\n\ si dibe castigado 



(i) Al it á escribir sale Chantes, 



4«7 
Ser I quien todo robó» 
y de las horas <l»i* hurló 
restitución n<» ha de hacer , 
pues nadie puede volver 
aquel tiempo que pasó. 

Camilo 
Bien dices , Cónsul, yo erré*, 
y de vos quedo advertido: 
leal el reparo ha sido, 
á dar audiencia saldré : 
Grlanor, ya volveré, 
pues yo despacharte fio: 
yo he perdido el alvedr/o 
cuando ser libre prevengo, 
pues aun el tiempo que tengo , 
es de todos y no es mió. (i) 

Oelanor. 
Bien el viejo ha predicado 
de filósofo podrido, 
que quiere por lo atrevido 
hacerse mas celebrado : 
y aunque juglar me ha llamado, 
miente su vejez podrida , 
que yo no jugué en mi vkla 
é un valido tal bajeza ; 
i pero cuándo la grandeza 
lio fué destos ofendida ? 

l.idoro 
No debo pensar en vano, 
que oculte algún falso estilo 
esta instrucción que á Camilo 
afecta darle Trajano: 
aun hay fuerzas en su mano f 



(i) Vanse ¿I y Citantes. 



4&Z 

si pretende coa violencia 
atfojáfle; ía experiencia 
lo ha de pM-, 

G dañar . 

{ Dónde vamos ? 

Lidoro 
Oye y calla % que ya estamos 
en la sata de la audiencia. 

ESCENA VI, 

Descubren -e sentados en un Trono Gorniln y Trajan&» 
y van saHcndo Jos pretendientes. 

Un M ático. 
Yo gran señor , t<* serví 
ante» que hubieses llegado 
al Imperio , habiendo sido 
músico tuyo dos anos , 
sin que me dieses sino 
esperanzo** y pues tanto 
te han ensalzado los dioses^ 
alguna merced aguardo. 

Camilo 
Yo me acordaré de vos. 

Ti ajano 
No ha logar, oues ya pagado 
estáis de lo que servísteis. 

Músico 
Yo f señor j no he visto un coarto* 

Traja no 
Si vos con la voz servísteis,, 
y la voz , si le reparo, 
es tan Mito en «] acento 
dn!¿u¿j dui.jfci.fti vago, 
y el C9£cra<iiM oj dio, 



íiada os debe ; pues es 1hnO f 

que tanto á vuestro* oidos 

so esperanza ha deleitado , 

como á él vuistras voz; y asi 

pagados estáis entrambos, 

pues también es aire dulce 

la esperanza y el aplauso: 

en músicos gastaremos 

lo i|Ue el pueblo oos ha dado. (t) 

'Gelnnor 
O viej;» p;ran marrullero 
eomo dicea los muchachos; 
j>o te cíiera yo en mi vida 
mas músicas, \ino cantos. 
Salt él silquimiéta. 
Yó , señor, sov Alquimista , 
y boy á tus plantas consegro 
•ste libro. 

Camilo» 
¡ Y <]U(< es sa asunto? 
Alqnirrvsli. 
Un secreto estraorrlinario, 
para hacer de cualquiera cosa 
ti oro mas acendrado. 

Camila, 
Mucho importará al Imperio, 
que si este arbitrio se ha hallado, 
jamás puedeti faltar medios: 
denle veinte mil ducados 
por la obra. 

Alquimista. 

Siglos vivas. 

(i) Van ti Músico. 



4*9 



Á?o 



Trajnno 
Aguardad . que «'s escusado : 
denle un bolsillo vacio , 
que solo con el le pago. 

Alquimista. 
¿Con un bolsillo vacio? 

Tr ajano. 
Y es un don muy acertado , 
porque á quien sabe hacer oro 
darle dinero es en vatio» 
y pues lo tiene de suyo 9 
mejor es darle en que echarlo» 

Alquimista. 
Corrido estoy 

Cela noy. 

Seor , Alquimista ; 
u*ted vá bien despachado y 
porque si ha de hacerlos oro 9 
lo misino es darle guijarros* (l) 

Tr ajano 
Si supiera él hacer oro, 
no estuviera en tal estado. 

Una Muger. 
Señor, mi esposo está áusentt 
y en una muerte culpado, 
por quien anda fugitivo 9 
y yo sola y triste paso 
para sustentas mis hijos > 
sin su alivio y sin su amparo 
mil desdichas: á tus plantas. .u 

Camilo. 
} Que' pretendéis? 



(a) f^ase el Alquimista. 



4o i 



Muger. 

Indultarlo , 

pues tío hay parte que se queje, 
y por el perdón me allano 
i haceros un donativo. 

Catn i! o. 
Piadoso parece el caso , 
y yo vengo en que se indulte* 

Trajatip. 
Yo no, que no es acertado 
dar licencia á los delitos, 
con hacerlos tan barato, 
ni que al Príncipe se pague 
la clemencia en perdonarlos* 
Cualquiera crimen sin parte 
bien puede el Rey olvidarlo, 
pero el de una muerte no ; 
pues deroas de ser tirano 
quien á otro quita la vida # 
el Príncipe interesado 
es en el castigo , pues 
le usurpa lo soberano, 
quien le hace absoluto dueño 
de la vida del vasallo : 
cuyo dominio fué solo 
á Dios y al Rey reservado. 
Porque sus vidas y haciendas] 
conservemos desvelados , 
nos pagan tantos tributos , 
y sin razón los cobramos , 
si á homicidas y ladrones 
perdonáramos avaros ; 
y los subditos entonces 
se tendrán por engañados, 
si en lps indultos vendemos 



49* 



la licencia de matarlos : 

lio ba lugar. (t) 

Camilo 

Absorto estoy 
de lo que voy ignorando. 

Un Hombre. 
Porque hablaba mal de! Cesar » 
habiéndome averiguado 
mil sátiras y libelos 
•jue contra el Gobierno saco: 
después de preso el Prefecto 
de Roma t me ba desterrado; 
salí dando fiador 
de cump'ir á cierto plazo 
mi destierro, y viendo que 
el dia que has declarado 
Cesar á (Jarailo, es fuerza 
hacer gracias , apelando 
á tu clemencia , te pido 
moderes ... 

Camilo. 

No mas : llevadlo 
al punto de mi presencia , 
que no soio confirmado 
vil mordaz por mi decreto 
queda del Prefecto el auto ; 
pero pena de la vida, 
que silgas al punto mando 
d^ los términos remotos 
del ^ran imperio romano 9 
pues con sátiras baldona» 
los aciertos del Senado , 
y se atreve tu vil lengua 



[JPasi la muger. 



¿9* 
al decoro de Trujano. 
Trujano 
Detente i i qué haces , Camilo ? 
en vez de honor, es agravio 
mío tu sentencia : este hombre 
ha de quedar nenio nado. 

Camilo. 
I Por qué ? 

Trajino 

Si tanto mal dice 
á% mí aquí, i quieres incauto , 
que también si le destierras, 
lo d¡£3 entre los cstrailos ? 
Ho me infame en mas provincia» 
pu«*s ya en R »ma me ha infamado, 
que aquí ya saben que miente # 
y podrán halla" dudarlo. 
Sabe , que en los enemigos 
bay provecho aunque haya daño 5 
porque en su censura vemos 
nuestros defectos tan claros , 
que mas que por los amigos 
por ellos nos enmendamos ; 
y para ver nuestros yerros 
es menester conservarlos, 
»i son tales que remiten 
todo el rencor á los labios: 
libre vas. 

Hombre. 

Tus plantas beso, 
Gdanor 
Usted tiene bario tr.tlujo 
en hacer sátiras , puesto 
que después de muy candado 
cuaudo ajas se Us celebren, 



<9« 






se ha de esconder del aplauso» 

cosa que ningún poeta 

por ningún premio ha trocado. (i) 

Camila 
En nada acierto con todos 
mis estudios: ¡Cielos santos, 
qué distancia en el gobierno 
hay, de egercerío á estudiarlo! 

Traja no. 
¿ Hay roas á quien oír ? 
Chantes. 

Esto* 
memoriales que me han dado, 
y estas consultas 

Tr ajano. 

El Cesar 
loi despachará en su cuarto, 

Camilo. 
¡Confuso voy! Levantaste 

T rajuño. 

Ahora fallan 
cosas de guerra y estado, 
que esto es doméstico , y es 
lo mas vulgar del despacho: 
no sale mal la esperiencia. api 

Chantes. 
Dirija el Cielo tus pasos. 

Trajano- 
Camilo, lo que conviene 
que adquieras , cuando enterado 
estés de todo el manejo 
es el espediente sabio 
do resolver brevetne nte : 



(l) Fase el humbr§. 



493 



pues aquel á quien negamos 
su pretensión , gana a ' menos 
el tiempo que no lia esperado. 

Camilo 
De todo quedo advertido, 
si puedo ¡cuitarte. 

Traja na. 

Vamos. 

ESCENA Vil. 

Camilo , LidoiQ y Gelanori 

Camilo 
¡Qué sabio rae imaginaba 
para esto entre mí» culpando 
á Trajano en su gobierno, 
presumiendo remedia! lo 
todo, cuando del Imperio 
las riendas viese en mi mano! 
¡y qué t©rpe rae hallo ahora 1 
ele cuya esperiencia saco 
Cuan í'acil es censurar, 
aun con poca ciencia, y cuanto 
el enmendar es difícil 
lo mismo que censuamos ¡ 
y es que solo á los errores 
está ateuto quien culparlos 
quiere, sin que los aciertos 
le deban algún reparo ; 
y en lo que otro se descuida t 
pone él todo so cuidado. 
$') hoy sin Trujano me baílale , 
¡qué motivo hubiera dado 
mi poca práctica á todos 
¿ü ««usura! jó wokfew es claro. 



te* 



que no es concia que se estudia 
Ja del reinar , y que es sabio 
el Cielo, á quien da los B ':nos f 
dá industiia para mandarlos i 
A la memoria me ocurre 
cuan bien dijo Agesitao 
Rey de los lacedeiuonios » 
que habiéndole motejado 
«I no admitir por maestro 
cierto filósofo anciano , 
respondió que Ioí» monarcas 
no deben ser doctrinados 
de sabios, sino de re} es; 
y en las materias de estado 
discípulos de sns padies 
han de ser Jos soberanos. 
Mucho importa que algún tiempo 
tslé el Cesar á mi Lado', 
pues sin ambición le veo, 
como pueda mi recato 
asegurarse en su vida 
de la pretensión de Adriano: 
¿ qué haré i 

Lid oro. 

Lle£3 , pues el Cesar 
tan suspenso se ha quedado 9 
y acuérdale del papel 
G cío ñor. 
También estoy yo pensando 9 
porque como el poder hincha , 
me dá la grandeza líales: 
i seüor , y el papel ? 

C omito 

Espera , 
que pues este breve rato, 



ya desprcbada la audiencia, 
rué di j¿ju desocupado , 
mejor será que del teuiplo 
á los jardnes Süi^mus , 
como los cesares suelen, 
donde ase¿; rarla aguardo 
lie mi mano. 

Gelanor, 

Mo solo td 
puedes en ellos de espacio 
entrar siendo Cesar; peto 
auu cuando eras cortesano, 
que como están estas ninfas 
recluías en sus sagrados , 
Solo á fin de buscar novios 
están aquí , tolerados 
los corteses galanteos. 

Lid oro. 
Si los dos no lo ignoramos" f 
¿a* quién lo previenes, necio f 

G el o ñor . 
Xfo es el prevenirlo malo t 
que de la clausura rota 
babrá algunos abogados 
qus allá en sus ocultas juici<ís* f 
nos estén ya escouiulgaudo. 

Lidoi i*. 
Esta es la puerta. 

Camilo. 

i Ky amor! 
nial en mi ambición descanso • 
• i en el Jmprrio y cu tí 
•e me ayuden sobresaltas. 



.#* 



4** 



ESCENA Vlíf. 
Decoración le Ja i din* 

Sirene y Lij'a* 

Lilia 

Necia e* tu prua , señora, 'j> 

y tu dolor siu segundo : 

J pues qué muger en el mundo 

dichas de su amanta llora t 

cuando el dudar es forzoso 

que puede eu tal Itero no haber 

dama que llore por ver 

á ¿u galán poderoso f 
Sirene» 

Si llora mi voluntad 9 f 

es poique vé mi dolor 

que no puede haber amor 

adonde no hay igualdad: 

era Camilo mi igual , 

la fortuna le elevó, 

y todo el bien que le dííS 

¿« me ha convertido eu mal t 

paira cual es el desden 

de roi fortuna fatal , 

pues se me con v ni te en mal 

el bien de quien quiero bien ; 

y es bien que a mi pena arguya. 

que sera discurso vano 

casar un Cesar roma no 

con una vasalla suya 

Considera, pues, si ha sido 

grave y fiero rol dolor 9 

cuando ha i&cuc&ler mi amor 



493 
buscar por fuerza el olvido. 

ESCENA IX. 
Xñchos , y ¿alen Camilo y lidoro. 

JLidiro 
A buena ocasjon llegamos , 
pues ya con Libia la veo 
en ese cenador, cuyos 
v«rdes pabellones densos 
escoutíen al sol de aquella 
fuente los cristales tersos , 
porque sedientos sus rayos 
no llegue á bañarse en ellos. 

Camilo. 
Hermosa Sireue rnia t 
si el oarobray que está bebiendo 
tus piedades , en tu llanto 
\a enjugando tus aféelos ; 
solo boy mi amor tener pudo 
tus ternezas por agüero \ 
que al ver que inferna* mudaí te, 
infcliceinenle temo 
que saliendo desatado 
en arroyos de tu pecho, 
mi amor está derramando 
el llanto que vas vertiendo. 

Sin ne 
Vuestra Mage<tad Cesárea, 
( ¡ay Dios! que en vane» me esfuerza 
deste tratamiento estrado 
el reverente despejo , 
costáudorue al pronunciarla 
un suspiro cada acento). 
.Vuestra Majestad Cesárea 

• 



fQO 



toncpcla á mi rendimiento 
$us plantas. 

Cornil o» 
i A y , bien mío , iá¿ 
me tratas asi! ¿ que o esto?. 

Hacer lo que debo es f 

tí alai os como á mi dueño.} 

Camilo. 
Tal vez merecí ese nombre 9 
bien que con eco mas tierno* 

Sirene, 
Pronunciábalo el cariño, 
y ya lo dicta el respeto, 

Camilo. 
¿Tan presto pasar pudiste 
del uno al otro ? 

Sirene. 

Tan prestd 
como vos habéis pasado 
desde un eslrenio á otro eslremo* 
Ayer erais vos Camilo, 
y hoy sois Cesar ; y si fueron 
finos ayer mis cuidados, 
de ellos aptwias me acuerdo; 
porque si pienso que os quise, 
Ene está el honor desmin lirado 9 
pues os quise como é esposo , 
y ya es imposible serlo : 
| con qué dolor lo pronuncio » 
y con qué veras lo creo! 
ya es otro tiempo, señor. 

Camilo 
¿Pues hay paro mí otro tiempo 
que el de adorarle? j¿»y. Suena! 



lo* 

imal sabes qiip foe* mi intenld 

deshojar entre Los plantas 

el Laurel del universo: 

¿que es otro tiempo prCfnnnciaSf 

cuando.... 

ESCENA X. 
Dichos y sale Citantes» 

Chantes. 
A buena ocasión llego api 

para lo que voy trazando: 
hora es de que despachemos f 
señor, aquellas consultas. 

Camilo. 
¡Válgame atfior, que aun no tengo 
tiempo de satisfacerla! 
¿ no podréis solo uu momento 
detenerlas? 

Citantes. 

No *eiTorj 
porque han de ir resueltas luego 
á distintos trihunsles , 
y á interesados diversos ; 
y cuando se para el móvil 9 
se para todo el gobierno» 

Camilo. 
¿Un breve instante, qud importa? 

Clranles* 
Ijo que en el relox que vemos 9 
que ut\ instante qoe se pare, 
para volver á su centro, 
las horas de. todo el curso 
es menester revolverlo. 



¿0$ 



Camilo 
¿Tan tasados mis minutnf 
están ? ó } »ómo acá dentro 
uw ;h»ü\; • de algunos avisos 
moralidad», latiendo' 
pnrs asi es fuerza T Lidoro , 
parir c t»!^o pretenda 
del Imperio que me agovia 
el intole» abie pesa: 
descacha l«i esas consultas* 

(_ ttantes 
Eso, se.ñnv t es ponernof 
otro Emperador, y na 
el que elegimos 

Camilo» 

¿ Y» es eso 
también mandarme vos? 
Chantes 

r* 

á vuestra instrucción atienda 
por el Senado , el Senado 
, vit-ne á ser en vuestro cuerpo 
la parte racional , vos 
el ai) ferial instrumenta 
y cuatito el puesto ejecuta , 
manda <•! discurso primero. 
El Príncipe es de las leyes 
la viva voz, el Consejo 
es la lev : lue»o. á O'.te debe 
e) Principe estar áujeto, 
como por inzon lo estamos 
todos al en ten di miento ; 
y íiii!n|ii»' *«s vasallo del hombre p 
debe el hombre obedecerlo 9 
aio que dui libre alvedrio 



Soí 



pierda el ah<ohito Imperio^ 
pues le manda ;ic nejando, 
T aconseja obedeciendo. 

Com)lo 
¿Coando eso ira t me puede 
quitar el Senado recto 
tener un amigo que 
tu? alivie en tanto manejo? 

CleanttS 
Ese os servirá, informando 
que vasallo d** un vasallo 
seréis , y en sabiendo el pueblo 
que hay otro que manda en xo$ ; 
redonda en vuestro desprecio 
el honor qne á él le atribulan f 
pues* al válido sirviendo f 
ni temen de vos castigo, 
ni de vos esperan premio : 
domas deso , no ha de ser 
ese amigo al posto vuestro f 
sino á gusto del Senado, 
y de los Visaros , puesto 
qne es vuestro interés mayor 
tenerlos á ellos réntenlos. 

Camilo 
¿De suerte que aun un amigó 
lia de ser al gusto ageuOf 
y no al mió? 

C¡enntr$> 
Si sefior f 
y iprl mejor acuerdo 
no tener ninguno , pues 
anu no sois tampoco dnefnj 
d«< vuestro favor , que son 
acreedores en sirviendo 



I©4 

iodos á ¿1 . yb igualdad 
rn pnx mantiene los reUlOfJ 

¿¿¿oro. 
Ya es asfo mucho apretar* 

Oí mi 'o 
J Ay , Lidoro f ya lo advierto ; 
j>ero aun rstá poderoso 
TVajaivó, y basta estar diestro $ 
y en el despacho instruido . 
no me han hecho el juramento; 
importa e^tos quince días 
allí i irlos í el alma dejo 
' en Sirenc, ven conmigo, 
Siiene, «i Dios : sabe el Cielo 
dé) imán de aquellos ojos 
con que violencia me ausento 

(Atantes 
Bien va , Traja no , los dioses 
favorezcan- tus intentos Panitlo* Snih 

f ibia 
Ser Emperador con ayo, 
y con ayo tan molesto» 
debe de ser $ran trabajo. 

Sirena 
¡ Ay , Libia ! ¡»j gran tormento 
era perder á Camilo 
por Sf¿ que adviertas te ruego 
¿ qué hará perderle con tanta 
graudeit como le pierdo? 



5óJ 



ESCENA XI. 

Octavia 



(orbante. 



AHÍ est* 



Adriano 

Mira si acaso 
estos jardines amenos 
pi<a Octavia, porque hablarla. 
sin que ella lo advierta quiero^ 

Corlante. 
Tan colada de tu voz 
]a tiene so pensamiento, 
que apenas la nombras, cuando 
Tiene dando bulto al eco. 

Adriano, 
Joes ratírate que ya 
mejor será qtte esperemos. 

Sale Octavia. 
Sirgue tan sola y triste 
el dia que considero 
to mayor gusto f «in duda 
estás mal con tu contento, 
*ino es qne é\ poniera en tu llanto, 
tchar a!^un mal del pecho. 

S ir ene 
Ahí verás cuan desgraciada 
*oy ♦ pues como males siento 
los bienes. 

Octavia. 

X ahí verás cuanto 
lo soy yo mas, pues perdiendo 
Adriano el Laurel, lu lUnlq 



So6 



no me sirve r7<> consuelo 
manilo tú | ganas; hados 
boy ^erme íf ta< plantas temo 
d** Sirene , á quien ayer 
juzgaba mí devaneo 
por vasalla, cuando Adriano 
tuviese en su mano el Cetro: 
Jbas quiero ver si é\ parece 
«•n el jardín f que deseo 
aliviar su pena. 

ESCENA XIL 

Dichos » menos Octavia. 

Libia, 

Fuese 
Sin mas hablar. 

Corbañlt, 

No hayas miedjj 
que le encuentres, pues ya deja* 
agazapado el conejo: 
bueno fué ha bu te escondido. 

Adriano 
Pues (i morir me resuelvo 
hablando h Sirene f que antej 
aer intVIjce pretendo 
de osado que de cobarde : 
determinase el despecho 
á que antes me dé ?a muerte 
su rigor , que mi silencio. 
Hermosísima Sirene, 
cuyos divinos luceros, 
en lo vivo de sus rayos 
influjos están bullendo. 
81 «luicres condecí* cuaulo 



ap % 



*'•>?. 



#>n mi noble rendimiento* 

y en luj adoración ansiosa 

e< la red de tp« desprecios 9 

no la infidas de las vece» 

que pretendí a maule ciego 

Át tr;dos tus desensaño» 

roa'' gvar los escarmientos* 

nn liso siempre de tantos 

desdenes como te deboi 

debo dip , porque ,«on 

tan preciosos, que en mi afecta 

aun ton la ansia de adorarlos $ 

no puedo satisfacerlo 

No lo infieras de esto, digo, 

sino de ver que. me atrevo 

á hablarte en e! mismo dia 

que por cei-stisl decreto, 

tu correspondido amante 

€onsigoe el romano imperio f 

y en el mismo día que 

yo desdeñado lo pierdo, 

¿ darte mil parabienes 

liga festivo mi obsequio, 

aun de lo que siento tanto ; 

pues aunque n<*gar no puedo 

que siento por quien lo logres , 

de que lo logres me alegro. 

Sirent. 
El parabién que me das , 
Adriano, yo I« agrad» zco , 
lio obstanU que no le admito, 
que ttlnqoc üur digna me teugo 
de tanto desprecio, no 
aspiro al Laurel i pnes creo, 
que mas que no en desearlo 



fcofc 



mí sobervia desvanezco 
rn despreciarle : á Camilo . 
adni tí aquello* cortejo» 
decentes f cuando en los dos 
era i^Qa! el casamiento} 
hoy no le es, ni yo muger 
que viniera en é\ f sabiendo 
que habrá quien se I© censure! 
pues no admitirá por dueño 
á nadie que imaginase 
que me adoraba, supliendo 
no bay á quien mi «anidad 
pueda imaginar sobervio* 
que hace en su elección dichosa^ 
y antes en la mia quiero 
hacer felices , que es 
blasón del poder y el Cielo t 
Ja murió Camilo en mí, 

Al paño Camilo. 
jQué oigo penas! cuando vtielvcf 
del despacho por si acaso 
hablar á Sirene puedo, 
lio solo con mi enemigo 
tan bien bailada la encuentro j 
íino diciendo : (¡ ay de mi !) 
que ya en su memoria be miierldí 

Al paño Octavia. 
No habiendo encontrado á Adriantf 
Vuelvo otra ve*: ¡mas qué veo! 
b»blan(!o está con Sirane 
á solas: (alma escuchemos) 

Adriano. 
tQ'it murió Camilo en vos l¡ 

Sirena* 
Soy quien soy. 



Adriano* 

l Y qué tan presto 

le olvidaste? 

Sirco** 

El honor 
que obra con entendimiento, 
para olvidos que le importan 
no necesita del tifinpo, 

Camilo. 
¡Que esto escuche í 
Octavia. 

I Que esto vea* i 

Camilo 
Ella está satisfaciendo f 
ascgu raudo ȟs celos. 
Adi iano. 
¿De suerte # u,u« si á Camilo 
desuncías porque al supremo 
La*,jel Uí'^ó, Lien uii amor 
poede esperar , si arguyendo 
al contrario hasta su estera f 
cuanto él sube yo desciendo? 

Sirene. 
Sso no es lo que yo os digo , 
lo que os ha sucedido os cuento; 
porque el parahien me das. 

Libia 
Siempre estuvo mas bien pnesto óf¿ 

conmigo Adriano, y iuf siempre 
de su parte ¡ este suceso 
ayuda mas su i'vttuna : 
arle dej>a laudo quiero 
al disimulo esta cinta 
á mi ama, por darle luego 
cstt i'avui'« 



t iO 



Adriano. 

Yo f señora, 
á ser vuestro esclavo anhelo. 

Ociaría. 
¡Ay f traidor! 

Camilo 

, Ah t aleve! 
Adriano 

Y ya 
que olvidada os considero 
de Camilo» que admitáis 
fuylico «ai rendimiento. 

Si r crie. 
Adriano , si permití 
de Catuüo el galanteo 
para casarme, advertid 
que fuera mi amor muy necio 
si eligiera mas , y asi 
j\o seta casamentera 
jnio jamás e) cariño 

Adriano. 
¿Pues r quién , señora? 

S ir ene. 

• £1 concierto^ 
qae si el amor una ve« 
«s gala f dos es detecto • 
y para que esto podáis 
tratar conmigo es muy presto , 
porque parecer pudiera 
ligereza aun el acierto. 

Libia 
Desatada está, y no pude np, 

sacarla. 

Sirtne 

Dadme con esto 



'w 

3n, 



licencia. 

Adriano 

Advt-i tiJ : mas' este 
laxo sv cavó del cuerpo , 
rizado Ofir. (i) 

Lfbia 

¡Torpe atulme! op¿* 

ESCENA XIII. 
Dichos , y sale Camila^ 

C /imito. 
Suelta , traiJor 

Salo Octmit. 

Suelta , fiero^ 
Adriano 
Para volvédsele pu<)o 
solo alzatfe mi respeto, 
roas no para íjue riin*uno 
me advierta lo que hacer debo* 

Camilo 
A mí me lo'ha* de volver. 

Adriano 
No fuera decente acuerdo 
daros yo lo que no es mió: 
Sírene es qui^n puede hacerlo^ 

Qcim&a 
Pues entrégamele k mí. 

Adriano. 
Tara poto es pnti'o a ten* o 
dar alhaja* de una i otra. 



(i) Al ¡rs$ se le toe un lazo } y le ase Adriano 



*!■ 



Sirene* 
Pues á uní sí , que el empeiío 
estoi v O. 

Adrumo 

Aunf le tiene*; 1 
mas no por esto os le vuelvo , 
Sitio porque es insto 
Camilo 

¿Cómo t 

aleve, contra tu dueño 
te atreves í 

Adriano 

Aun no lo eres | 
y aun &i lf> fueses , esceso 
ieriaot» empeños de amor, 
querer audar compitiendo. 

Cornil» 
Vive D»os, traidor, aleve, 
que Las de morir á mi acero. 

• Adriano* 
No le saques y que si antes (i)¡ 

de que eras Cesar me acuerdo , 
en vieudo acero desnuco, 
nunca supo huir mi aliento, 
y n^> be de aprenderlo ahora. 

Camilo f 

¿Tú te atreves desatento 
á luchar conojig» ■ 

Adriano 

Sí, 
que por tu autoridad vuelvo, 
que le desluefs si la esp^Ja 

(i) Abrazase con il Adriano* 






5*3 
sacas, y no podré luego 
respetarte 

Camilo 
Alev* j quita. 
Sirerte. 
¡De marmol soy 

Octavia. 

( Soy de yelot 

Libia 
l Ahora os heláis i dad vocas: 
ah de la guarda 

Camilo 

El estrecho 

nudo desaré 

Octavia. 

Soldadoi¿ 

Sirenc> 
Acudid, acudid piesto. 

Libia. 
Que le uiatau 

ESCENA XIV. 

Dichos t f salen por un lado Trujano y Licimo, y poT, 
otro Citantes t Lidoro , Gclanor j SolJtuloS- 

Dentro Trafan*. 

Allí votes uíuau, 
Unos. 
¿Qué es esto ? 

0(7 OS. 

i Qué ei esto ?. 
Adriano 
Esto es habí»r advrrtido 
á Camilo mi rt-speto , 
Iq í\síc él debe á nü d«e«r# 



5i4 



y yo á mi valor Je debo, , 

Siret 

i « 

Octavia. 



Sircne. 
¡Muerta voy ! 



¡ Si.» ain^a animo! 
Libia, 
Mal ha salido e&le enredo. 

CWmVo 
Esto es querer castigar 
á mi encinto 

Chantes 

No es buendr 
en quien es. Monarca ya 
para castigo ese medio, 
aino es el de la Justicia ; 
quv en. coléricos estreñios, 
desluce lo soberaneo, 
quien ostentadlo resuelto. 

Camilo. 
De mis enemigos nunca 
con la Justicia me vengo* 

Cleantes. 
No hay en el Ti ono enemigos , 
porque si ayer lo fué vuestro, 
cualquiera vasallo es hijo , 
y debéis favorecerlo , 
sin acordaros del odio; 
pues no era decente acuerdo , 
si como particular 
os ofendió su ardimiento, 
que la o f rusa de Camilo 
castigue un Cesar supremo. Va$t t 

X} el aratr. \ 

Digan la vei'.í¿d, señores , 
¿no lc$ ciliada es le vujor* - 






5 I j 

Lidoro 
Esto es ya querer ceñirle , 
y para librarle quiero, 
antes de volver a) lance, 
saber qué fuerzas tenemos. Fas$* 

Trajino 
¿Pues en qué os ofendió Adriano 7 

Camilo. 
En competir el empleo 
defina dama 

Tr ajano 

Cómo dama? 
¿ pues un Monarca que ad-nto 
debe estar de su dominio 
al incesante desvelo , 
tu celos y damas anda ? 

Camilo. 
¿ Porqué no, cuando pretenda 
casarme? 

Trojano. 

I Cómo casaros ? 
sobre lo que soy , que creo 
que lo que habéis pretendido 
aun no sabéis: un esc» ] so 
Monarca con sus vasallas 
no casa , ni por su mesmo 
dictamen , que como solo 
al públicio bien nacieron, 
solo se deben casar 
á gusto de sus Consejos , 
y no de su voluntad ; 
que los Reales casamientos , 
siempre paces ó alia-nras 
concluyen con otros Reinos , 
abriéndole á sus vasallos 



5i& 



seguridad y comerció: 
y asi se deben casar 
solo al gusto de sus pueblos. Vas*. 

Cela ñor. 

Y á mi gusto , que en estado 

les dos hemos de nuncios. fase^ 

Camilo. 
¿Qué es 10 que nasa por míf 
¿ esto es lo que tanto atíbelo 
me ba costado? ¿esto es reiuarj 
ó morir*' piadosos Cielos | 
¿ ni yo vivo para mí, 
ni es mió mi propio tiempo, 
ni tener puedo un a:m^o , 
ni he de ven^ai me severo 
de mi enemigo, aunque osada 
á mi vista me dé celos F 
¿ y no solamente es Ira no 
he de estar con mis afectos ; 
pero aun mi amor y mi dama 
han de ser al gusto ageuof 
¿pues si tieue libertad 
el mas humilde plebeyo f 

V aun paia el libre alvedrio 
por Monarca no le tengo; 
qué mas esclavo que yo? 

¡Oh, ítmhiciou't en qué me has puesto t 

y qué de dichas mentidas 

pintaste desde el deseo ! 

que como en la perspectiva 

los celajes mas serenos - 

ion desde cerca borrones v .., ;¿ 

Ja* que ciaii luces de lejos. - ; ./ 



Si 7 



ACTO TERCERO. 

ESCENA PRIMERA. 

'becnrncion de Sala ion un bufete enn luces , y en ¿1 

unes libros grandes con mapas , recado de escribir, 

y algunas consultas y memoriales : en una silla e&lard 

Camilo ; y de rodillas en unas almohadas Cleante*. 

Camilo- 
¿Qué mas hay que despachar? *^j*H 

pues es tarea precisa 
esta , y se va haciendo ya 
tolerable en ser continua. 

Qh antes. 
Otras mwebas cosas quedan: 
loas fuerza es que se remitan 
á otro dia, asi por una 
que mas que todas nos insta 
é acudiría, como porque 
no á tanto peso se rinda 
vuestra Magread. 

Camilo. 

Yo ftlj 
Oleantes, cuando decías 
qu* para eso me pagaba 

el pueblo. 

C/eontes. 

Si , mas no quila 
eso el preciso descanso ; 
y lo que yo os persuadía , 
ti no usurpar al despacho 



SiS 



las horas qne concedidas 

rM*i$: vuestro descanso 
redunda. ¡ bren se mira, 

f.í !)ciit'íi; :.? el * v í pueblo): 

vuestras fiesta* y delicias 

d tente* , demás de ser 

pompa de un Monarca digna ¥ 

miran áí útil de todos, 

poe.v es cualquiera festiva 

diversión , eu vuestro atan 

a I jen tí á nopvas fatigas. 

También v'txis para todos 

rr. las hora* que os alivia 

e! vivir ¡ft'ft vt.s solo ; 

¡mes iiarli*» hay que contradiga 

ijue del Monarca le impoi ta 

mucho al Imp< rio 1á vida 9 

y Ja ánsi¿ de aprovecharla 9 

j»o ha de ser de coiisnmirla : 

Para lod-> ha de haber horas ; 

mas no habéis de ron fundirías 

dancm á uno tas que son de otro » 

tjüe es fuerza que tan medidas 

♦•sien , y quien vive á todo» 

tan públicamente viva, 

Camilo 
Y* le^Vjfüe estao mis minutos 
tasados para d ¿tintas 
operaciones ; ya sé 
que leujjo tan repartida 
la vida, que nadie puede 
Variarle sin íitjV&ticia 
un instante de un í mesmo, 
m aun á mi si se averigua" 
que bate c&U orden, que 4i*n aquellos 



i 5,0 



espacio»? que «e iVftlifra 

á mis festejos corno es 

forzoso que «á patria asista , 

y qué no viva sfa filos 

la equidad distributiva, 

mirados como- tarcas, 

como festejos no sirvan. 

Er mas plebeyo oficial 

su descanso solicita 

el día festivo, y yo , 

en quien los ojos vigilan 

del Ar»os en tantas plumas, 

DO deSCanso ningún «lia 

¿Qué es lo que se o l rece ahora 

de cuidado ? 

Cleantes. 

La noticia 
que boy Se ba tenido, de haber 
rebetádose la* islas 
de la Gran Bretaña , y todas 
las que con rila confinan 
de Batavia , que dM mar 
y del reino divididas , 
del occéano germánico 
la blanca tez cristalina 
de verdes binares manchan, 
de fecn nd id .. d salpican. 
Hov Quinto Flaco Valerio, 
Irgado" de las provincias 
Bélgicas, no socamente 
la sublevación avisa , 
»}»io que «V laS legiones 
romanas, <|t#e residían 
en l<»s presidios , la Rente 
le mataron mas'lucúU 



#90 



ío^ rebeldes ; v si h}<*$9 

reclutas no se le envían 

•veteranas . V lo* medios 

con que «/! punto se aperciban 

para salir á campana 9 

todo el <)nn>ini<» peligra 

de aquellos paisas, puesto 

que estas centellas prendidas p 

Antes que levanten llamas f 

se ha de etilirif de cenizas. 

Mana fia Senado y plebe 

le p/rau la fe rendid»* 

y el gran Trajano mañana 

á su patria se retira 

En el tesoro imperial, 

á cuyo caudal se aplican 

también tedas las riqu*>55a$ 

que antes de! Otro tenias* 

apenas hí?y lo bastante 

al donativo que estilan 

el dia que se coronan 

á la uh'be v la milicia 

dar los Cesares « y es furria 

que quede distribuida 

tanta p htíoii pOes sino 

deshJfírra su codicia 

esta eh*cc on ; mira ahora 

dé que caudal determinas, 

que para tan ¡»ravp caso 

al legajo se le alista 

v nmüo. 
Bien : j y qué* I i heos ion estos? 

CUunts. 
Es la «torta Geografía 
de Tolomeo f en que está 



trt 



?n tanto* mapas escrita 

)a ioperficí¿ M gMtó 

de tiei-va y as»a > P ,,os P 1 '* 1 * 

de Us lie* ¡rtrWi del mundo 

en flMi tos hombres habitan, 

provecías, remos y imperios j 

para íjov en elloS p"rcib¿s 

de e.<tas ¡»Ías la importancia, 

* que parte están Vecinas 

de tu Imperio, y lo que pierdes 

•i las pierdes 

Camilo. 

Prevenida 

anda en todo tu prudencia . 
que paesto que es mi ímjkfíciÉ 
tal, que de Roma jamas 
salí, y es acción precisa 
que el Principe siempre tenga 
présenle su Mmarquía : 
pues b : en corfto ei corazón, 
too tan solo ha de reírla; 
pero á todos los estremo» 
6us espíritu» envia. 
Desde el centro me es forzoso 
comprenderla en estas líneas, 
¿ond* el compás la regu'a » 
y donde anda la vista 
•in geografía y historia* 
En vano á reinar aspira 
mi rudeza sin historia., 
porque r! reinar necesita 
de tan grandes experiencias , 
que en una vida adquirida» 
lio es posible ; y estudiando 
todas las cosas anticuas, 



$22 






pocns lloras fie m«rooríst 
son, muchos siglos de vida f 
sin ««*ografía :1 porque 
sin que mi Imperio distinga , 
quien no sabe lo que manda, 
¿como a mandarle se animar 
¿Cuál es la Bretania f 
Chantes. 

Aquella 
Isla fértil y florida , 
que enfrente está de las Galia§ p 
con un eanal dividida. 

Camilo. 
¿Y la Batabia f 

Chantes. 

Estas otras 

■ 

que aquí se ven- esparcidas, 
confinando Con el mar 
Germánico , con Ja Frisia f 
Galia , Bélgica y Gemianía 

Camilo. 
Alteración es bien digna 

de cuidado: ¡ó cnanto importa. 

i i 

que sepa.a.jtjel que domina 

Jo que pierde en lo que pierde 9 

sin creerlo a la malicia , 

de que minorando el daño 

el consuelo facilita . 

y echa a perder los remedios 

con aleve medicina ! 

¿ De ¿onde pues sacaremos 

medios para esta conquista , 

pues tanto importa ? 

Chuhles, 

Se no r t 






s 






«o sé, que los dsenlíslal 

XIos colectores todos 
parte? qoe sp rplírati 
de hacer anticipaciones ; 
pues fierras tan repetida* 
romo ha tenido Trnjano, 
tienen iíel todo extinguida 
la fuerza del caudal. 
Camilo. 

Yo 

liare* á Lídoro, á quien fia 
'ti» i carino de la hacienda 
los manejos, que consiga 
ii^una porción , que baste 
ú domar las atrevidas 
rebeldes armas Hay mas ? 

Citantes- 
A sí, también se me olvida 
(mal la industria vá saliendo ap. 

aino dá fuego esta mina) 
este memorial de Adriano, 

Camilo 
¡ Afi traidor, mal se desvían 
'de mi memoria mis celos f 
de mi dolor su osadía : 
¿ qué pide l 

Chati tes. 

En él te dá cuenta , 
y que la apruebes suplica , 
de su boda, pues personas 
tan altas y esclarecidas 
no las concbi)t*n sin que 
los Césares lo permilau* 

Camilo. % 






l Con quiép casa ? 



■ 1 

f*4 



Citantes. 

Con Sírene. 

C amito. 
¡Estarna b»? quedado fría, 
y condensado p.I a'iento 
en exalaciones tibias , 
carámbanos son del aire 
ccianto el pecho respira! 
¿Con quien dices ? 

Chantes. 

Con Sirenf 
Vuelvo á decir, una ninfa 
que en este templo de Palas,... 

Camilo 
No prosigas, no prosigas , 
>>i tus señas me desbagan 
la duda que acá fabrica 
mi amor t que sin saber de otri 
la finge por Cortesía. 

Chantes- 
Pues, señor, <qué os descompone f 
¿qué os inquieta , 6 qué os irrita f 

Camilo. 
Í Con Sírene ? por los dioses 
rjne fuera Roma encendida 
©on n>a$ que en tiempo de NerOn¿ 
en el volcan de mis iras , 
y que yo sabré.... (i) 



(i) Levantase arrojando el 'bufete. 



5aS 



ESCENA ÍI 

JÍichoS i Lid o i o f Adriano ) G ¿lanar \ 

Sale Lidoro. 

- Qué ruido..* 
Sale Adriano. 
¿Qué rumor»-. 

Sale Gelanor 

¿Que vocería..; 
Los trtg 
Se oye en él cuarto del Cesar { 

Lidoro, 
¿Seuor f 

Adriana» 
l Señor ? 
Camilo. 

Qué os admira? 
Lidoro. 
Yo, señor f desde esa cuadra .,, 

Adriano. 
Yo desde esa galería ... 
Lidoro. 
.' Donde aguardo para hablaros. ..$ 
Adriano. 
Donde espero la salida 
de Citantes.. . 

Lidoro. 

Buido escucho. 
Adr ¿uno 
Rumor oigo. 

Gtlonn*-. 

Üif** que gritas, 
«iue también entro yo en « $ta 
relación alternativa. 



5 2 6 



Y osado». 



Lid ora, 

Adriano, 

Prmilo ... 

Qelarwr. 



Curioso. 



Los tres 
Vengo á sabci en que os sirva. 

Cornil o. 
En no verme el rostro ahora 
cuando volcanes vomita, 
ya en rayos y ya en colores 
por ojos y por mejillas ; 
porque en fin , pasiones de hombre 
de Monarca no desdigan : 
pues si alguno vive Dios 
Lay que osado me compila , (i) 

sabia este acero 

Todos 

Señor. 
G el a ñor . 

Tente , que nos descuartizas 
con solo un c-ño : . qué es esto? 
Señores, estas hurlitas 
tienen los ^imperadores , 
que el alma al verle tirita , 
y cuando era mi an»o , hurla 
de sus enojos hacia 
¡Válgame Dios como tiemblo! 

Adriano. 
¿Qué es esto i ¡No vi en mi vida 
«1 miedo hasta hoy' 






(i) Empuña la espada , y todos se hincan de r*4 
éüla$ t 



5a 7í 



Lidoro 

•Con tener 

so gracia, tiemblo á su v isla I 

¡Oh como brotó en sus celos 

todo el a.suid de la envidia I 

< r 

Carniio. 
Losarlos me han descompuesto, 
y asi de aquí te retira 
u»i grandeza ; ved qué hará 
el filo de mi cuchilla 
cuando castigue, si aun hace 
este tíed© cuando avisa» f r ase* 

Adriano 
¡Válgame Apolo! qué rasgos 
Ó qué vislumbres divinas 
¡esparce de sí el carácter 
de ui>a alta soberanía t 
que asi asombra en sus enojot 
Ja macestnd aun fingida? 
¿ fingida dije ? porque 
ó bien á la industria bctiva 

dé mi tío , ó á las armas 

que mi dautela concita , 

verá Camilo mañana 

lu pompa desvanecida : 

5111 duda esto es porque *abt 

que Sirene persuadida 

está á mis bodas : mas sea 

lo que fuere , pues me taita 

mi amor y mi convt m u-ncia 

á que uno y otro consiga , 

he de lograrlos entrambos , 

y ha de morir quien tu intuida. Vast> 



5*8 



Gelcmor. 
Sí no hubiera en e! retrete 
mas luce;» que )a> bufias 
del bufete . á ncii a«» quedan 
Camilo y esta estantigua 
Is.j mas tan cerca ¡del Cesar , 
uue el alma llevo aturdida 
ale ver cui los que andan cerca 
y un junto no se desvian , 
lo que faütfír puede o no desto* 
$i ae vuelve loco un día. ra$6* 

JJdoro 
¿Qué es esto O ante*? 
Citantes 

y# 

no s¿ , Lidoro , qué os dig« , 
que uo Jo se. 

ESCENA ni; 
Chantes , ÍÁdóro , v sale Camilo. 

Camilo 

Pues yo sí f 
y al mirar que se despiden 
todos y que con los dos 
ningún secreto peligra ; 
pues tu f Cleautes, has sido 
á quien debo la doctrina 
del Imperio , y por maestro 
de tí mi amistad se lia ; 
y tú, Lidoro, á mi suerte 
fcolicitaste esta dicha , 
con los dos se desahogan 
la» penas que me lastiman. 
Yo adoro Unto i SiftM| 



5q£ 
qae con ansia de rendida 
«•I Imperio , n:i ambición 
al sacro Latir-*! aspira ; 
y por donde ha de obligarla 
mi amor mas la desobliga , 
pues no solo de mis ansia* 
tantis fiuezas olvida, 
roas con Adriano sp casa : 
¡Oh ! el dolor no lo repita , 
sin que de! último acento 
el alma me arranque asida. 

Citantes. 
I Señor , qué es esto f ¿ un Monarca 
•descompone asi la invicta 
Magestad ? 

CornUo. 

I Pues los monarcas 
no son hombros, y lo* mismas 
pasiones que á los demás 
no os Luerza que les atlijdu f 

Cica n tes 
Hombre son , mas la prudencia 
de tu secreto se cifra y 
«n que no han de parrcerlo ; 
y las pasiones mas vivas, 
)a que no puedan vencerlas, 
por fuerza deben sufrirlas t 
•in que alguno las conozca | 
que si llegan á iudrirUt , 
pierde con los sentimientos 
mucho la soberanía 

Camilo. 
¿Qué aun no be de quejarmef 

CUaniei. 

H 



S3o 



que del Olimpo la cima 

es superior á las nubes « 

y asi ese uta ae aanumi 

de boi -rasca a su eoi i n«f «<M » 

fcmpre sei^na y tranquila: 

asi uc uu LYlouarca tt\ rustro 

Cuya Alteza es .escesiva , 

debe e.-najr pieria á t-uln t 

sin qu* *n sen hmienlo inj prima 

en é! , dándose, al partido 

de conocer que hay desdichas. 

Camilo- 
Todos en, quejas y en llantos 
cualquiera dolor alivian t 
j>'ies juzgan que le reparten 
si acaso le comunican f 
y ...solo- á mí la grandeza 
aun des te aüvio fue priva: 
mas infelii soy que todos. 

Lidui o 
¿ Pues di, señor, quién tequila 
no otorgarle esa licencia? 

CleanttS* 
¿Fuera acción b en parecida 
quitar á la'es vasallos 
la libertad? 

Lidoro. 

$>i , pues miras 
que él la quiere para sí. 

Cíe ai i tes 
Si era su pasión tan lina, 
t por qué no se ca*ó antes? 
que si cuando le apellidan, 
Cesar fuera rila SU espesa 9 
i)or iueisa Labia de admitir 



S3r 
pero ahora que está libre, 
no es fácil que le permita 
el Senado con vasalla 
rasar 9 que Ja Monarquía 
querrá comprar con sus bodas 
Ja paz de que necesita 
Trajano ajustó esta boda, 
¿será justo que se diga 
cuando solo para Adriano 
tal conveniencia deslina f 
que Imperio y esposa usurpa 
al sobrino tu injusticia i 

Camilo 
Ben dices ¡ pero ye muero 
¿i no Jo estorvo 

Lid oro. 

¿Imagina* 
teñirle como hasta aquí 

con advertencia^ prolijas, 
que en tus sofísticos dogmas 
su absoluto i muerto ligan t 
de ninguno platicadas, 
y de tantos discurridas? 

Qlear$tes 
Sí, que cuanto yo le be dicho 
es Ja obligación precisa 
de un buen Monarca % y ninguno 
Jo puede ser sin cumplirla 
La iama es jura u\« los reyes 9 
y es la mayor encujiga 
que liene el poiler , supuesto 
que Ja culpa que averigua t 
)*sta rn tu'.uias edades 
etei -nairieute castiga. 
L\ Monarca que á la fama 



•i 



o 



53¿ 



jio teme si so. la indigna * 
jamás será boen Monarca * 
y asi es bien que t'ótto* vivan 
al gusto desta i'anta*u*a , 
que e1 bim ó el mal (;lerniza¿ 
Esclavo del que dirán 
debes ser, porque aplaudida 
sea tu memoria , temienJur 
calumnias de la malicia 
hasta del mas vil vasallo* 

Camilo. 
JSntre tantas infinitas 
pensiones como en el Tronó 
tus esí»eiieucjas me dictan , 
jiinguna mas que estas dos 
un í invencible armonía 
csfá haciendo á mi paciencia ¿ 
fie mil golpes combatida : 
¿ que mas dolor , qué mas ansia > 
que ver' que á mí no me libran 
del dolor- y que no puedo 
quejarme? ¿y qu¿ mas fatiga t 
que estar temiendo los juicios 
fiun de la plebe abatida» 
que imagina bajamente, 
y cree cuanto imagina f 

Señor, no á tantos discurso.? 
el supremo amor rindas: 
quien puede todo lo puede 9 
y esas son sofisterías 
de políticos 

Camilo 

Lídoro , 
Wtl tu lealtad aerediUi 



TÚ 



én esos consejos 9 yo 

Soy Monarca , y nó quarría 

ser malo per ningún casó J 

pues aunque, por tu a nía 

tjnise empezar mi Coi oliü » 

Ho pensaba proseguirla 

jior ella , que la razón 

cierta oculta simpatía 

tien« al bien, y horror al mal J 

aunque del fin bien se siga. 

L i doro. 
Dale en fin esa licencia , 
y el remidió se remiía 
á uo veneno , en donde pued% 
quedar su muerte escondida : 
¿ y si se sopirre antes, 
resolución no tenias 
ile matarle \ . pues qué importa 
si ahora mas justificas 
tus iras, que \* des muerte? 
Comí ¡o 

Tlim dices: nrn a á mis iras, 

pues él también en Sireíic 

el alma me tiraniza. 
Citantes. 

¿Qué consultarán los dos? sí/>¡ 

Cnnnlo. 

Cleantes, ya concedida 

4¡ene Adriano la licencia.* 
CécanUti 

Sospechosa es ó fingida y ¿¡05 

jputt iué tan mal consultada». 
Camilo 

{Vamos , por ver si me alivia 

el sucüu; ;ay amor! en él 



534 



permite, qne a! menos* «isfanr"' 
Ja blanca tez de Sirene 
mis amantes ¿'antas-fas. 

ESCENA IV. 

Decoración de Jardín» 

SaUn Sirene , Libia y otras Damas. 

Libia. 
¿Tan (\p mañanar, señora, 
é \e>tir.te te prefieres , 
sin (inda «n tu trente: quieres 
ver ara torcer la aurora ? 
y afu'iiq-ue ella tos rizos cJora^, • 
no es bien que- de novia el día 9 
falte la destreza mia 
ál primor de fn tocado. 

Sirene 
Í7e ios ojos- me tía robad» 
el sueña la fantasía. 
Libia. 
¿Tanta inquietud dá el contento? 

Sirene. 
K ■■> borles de mí pasión , 
qoe «nnrtí casa por razón 
y propio conocimiento, 
siempre á lo mejor atento, 
mas qtre alboroto temor 
ti» o»* ; y para el «u'evo amor 
que boy rinde mi libertad 9 
anda *o*e mi voluntad 
escondiéndose m» fio ñor. 
El \n»j á qnf destinado 
viene dii cuello este d;a 9 



313 



elección no ha <ído mia f 
mis parientes lo han tratado: 
en nii fué razón de estado ; 
tjue 11 ver tifie es tan poderoso 
Camilo, y me adora ansioso ,■ 
nadie dipa <{oe n:i instante 
el fue poderoso amante , 
y estuve yo sin esposo. 
En fin, casarme no dudo, 
pues á nada á mi honor cede : 
no baya, viendo cu->uto puede, 
cjuirn presuma cnanto pudo. 
i Que discurso, pues , tan rudo ' 
ignorará a o/ié Micciones , 
y á cuántas con tradiciones 
por fuerza se fia d«* entregar 
volfi ntad rjne para amar 
l>a de mendigar razones f 
Camilo fué ni i elección , 
y Adriano mi suerte lúe ; 
á aquel adoró mi fe , 
y a este quiere mi razón : 
ten lástima á mí pa.sion , 
pues le amo, y esta.» violencias 
me bago con las diferencias 
«]«' tantas con t r.idciones ; 
¿ pero cuándo por razones 
te Kiaudan las intínencias? 

ESCENA V. 

■ 
Dichos , / sale Octavia, 

O fruía 
¿Que cuando al jardín venia f 
potf si puedo dille las llore» 



53$ 



Tf fer jarte a sus vetdorw 
de mi gran melancolía, 
este la enemiga una 
ia ti de i)).» uaná en sn esfera? 
¿por cuánto no sucediera 
é mu Uiíve alivio un azar? 
j ó s¡ á otros cuadros pasar 
sin que me viose pudiera! 

Libia. 
Ya tienas a Octavia allí. 

Octavia 
Vór no es plica ríe mi rabia 
roe quiero volver 

Sirene. 

Octavia, 
¿porque" te ausentas de mi? 
¿ sin hablar vuelves asi t 
lio merezco á tu desden 
que tus finezas me den 
parabién de mi alegría , 
pues no habrá ventura miá 
si falta tu parabién. 

Octavia. 
Si acaso tu falsedad 
lo dice , no á mi rigor , 
que de sobras de mi amor 
se adorne lu voluntad : 
puedo ofender , es verdad , 
que Augusta me pensé ver 
cuando ^dr ; ano , a ru¡ entender 9 
mandaba uno v otro polo ; 
pero pae\a Adriano soló 
por sí soy mucha muger: 
la casa «Je los O*t.»vios 
hecha estaba á Limperadore,* J 



*3 7 

pero ¿5 solo Sroadores , 

1u familia ti t» los Flavios \ 

x asi *on discursos sabios 

que lú te bayas reprimido, 

yá Adriano bayas admitido; 

y pues el reparo ofreces , 

mas qo*» mereces mereces 

por haberte conocido. Pase» 

Sirtne. 
No te ausentes , oye , mira , 
vur-lvc , Octavia. 

Libia» 
¿ Qué la quieres? 

S ir ene. 

Dar á tantas groserías 
respuesta. 

Libia. 
No en eso cmpeSeá 
tu cordura, que picada 
está, y es bien que te acuerdes 
que no hay disernto tabur 
que no sufra algo á quien pierde; 

Sirene. 
¿ Conmigo altiva ? 

ESCENA VI. 

Sil ene , Libia , / salen Lidoro y Camilo. 

Licjoro, 
¿ A que* tan tempiauo vuelves 
al jardin del templo i 

Camilo. 
¿Qué me preguntas, cuando advierte^ 
tjuc no estoy en mí conmigo 
si me miro lin Si rene t 



538 



y que el nVsp*Cil3no amante 
que ^onre sus celos duerme t 
nal deséáVisá , que aun dormido 
]a imVginácicvii Ir hiere f 
forzándote á que consigo 
ludas sus ansias despierte. 

A i doro. 
Con Libia está. 

Cornil o 
Tan temprano* 
fiera esfinge, áspid aleve, 
que con tósigo de luego, 
]a imaginación me muerdes f 
enroscándola en los lazos 
de tantas azules sierpes: 
tan temprano has madrugado 
á que tus ojos encuentren 
la luz del sol tan infante f 
fn«rata, mira quien eres: 
pues con áw.sia madrugaste 
de que tu desvelo hiciese 
mas dilatado este dia 
de tu dicha y de mi muerte. 
¿Porqué no duermes, traidora? 
¿con tanta inquietud te tiene 
el alborozo, que ansiosa 
ic obliga á que te drsvrles ? 
Duerme, ingrata., que a lo roenOf 
conseguiré que aquel breve 
instante que en tí no estás , 
en ti dichoso no pienses: 
si tu mudanza .. 

Strrne. 
Vuestra M. £esl,i«l modere 
su sentimiento! ó creeré 



339 



Irías atenta, que tío debe 

de hablar conmigo , sin duda. 

Camilo 
No harás mal , si lo creyeres , 
que e^tás tau otra t que aun yo 
lio acabo de conocerte 
¿ fin qi.i'* , dulcísima ingrata , 
(pues á rtíí* ansias corteses 
y á mi rendimiento noble 
eres dulce v tWl cuando ofendes), 
en qué ha podido enojarte 
una fe tan reverente, 
que por ceñir tu conturno 
con el laurel de tus sienes / 
aspiró á tan gran fortuna , 
jrorque un Cetro le sirviese 
de desmerecerte metros, 
ya que no de merecerte. 

Sirene 
Vuestra Majestad advierta 
que es la Corona la lóente 
ÓV donde el honor se esparce 
en manantiales peremnes ; 
¿pues si honi ar'deben á lodos 
los Monarcas y los Reyes , 
qué debéis hacer con quien 
quisistes ? ¿ lit rven se cuente f 
qué naciendo á honrar á tantos 
como lo hacéis, solamente 
quien merece vuestro adrado 
vuestras honras no merece? 
Yo pe*sé ser vuestra , ya 
los hados no lo conceden : 
)ay f Dios | en cuantos suspiros 
cada razón se me envuelve, •*• 



*i- 



l<a* T enc]o qo* un solo acento 
muchos sollozos me conté! 
íi». I • concedan los hados, 
porque intriponeii rebeldes 
rntre nuestras do* distancias 
mil montes de inconvenientes» 
Pu«*s si ser vuestra no puedo | 
y ya os perdí para siempre , 
entre esta voz y mi vida, 
¡quién hiciera que cupifsé 
la muerte , que de su acento 
llevase el alma pendiente! 
| si ya os perdí, para qtié* 
queréis no solo esponerme 
á que pi»rda el honor, viendd 
vuestros estrenuos | que suelea 
crecer con esceso tantos 
dscursos de maldicientes? 
1^1 que ya que os pierda, os pierda 
con a ti torcedor tan fuerte 
como el que quedéis quejoso: 
¿ no le bastaba á mi suerte 
mi mal, sin que en vuestro* ansia* 
los vuestros se me añadiesen: 
Yo, señor, no supe nada: 
mis deudos y mis parientes 
tí\c h?u tasado; aun da mi parli 
lio he puesto el obedecerles • 
el no resistirles hasta , 
sin cuidado de que yerren 
ó no yerren la elección : 
d'-iMif ti dueño que roe dieren ¿ 
pues no habiendo de ser vos, 
no queda ya en quien acierte* 



Camilo 
PtiM , Sirfinc , v.u Dios 
que mi poder se resüejvq 
á que no te |<>»re Adriano, 
y nue has de ver q\ie anles muere 
á uiis iras. 

Si rene. 

I Quií es lo que oigo? 
Si algo be llegado á deberle, 
mi seíior f Príncipe in¡o t 
Príncipe y ipio pretende 
decirle ini ansia ; porque 
á un tiempo, sefl.>r, ostentes 9 
por mió lo agrad.'c'do , 
por príncipe lo clemente. 
(Si algo te debo , á tus plantas. .4 

Camilo. 
Mi bien , l qué es esto f i que* emprendes J 
l tú á mis plantas ' ¡ó mal baya 
la. Magostad , que con sien ti 
que lo supremo se abata y 
y lo rendido se eleve! Levántalo?. 

I Qué pide» ? 

Sirenc. 

Que no en !a vida 
de Adriano, sefior , te vengues, 
de lo que es desdicha iiiia, 

Camilt*- 
¡ Ah , ingrata, pomo lo sientes! 

Sirtne. 
Siento el escándalo soto f 
y no es bien que MpUfSiSj queda 
pii faino á tanta censura 
Cor? tilo. 

;AW, traidora, w«mt mientes! 



5<a 






vive Dios qnp ese es amor, 
y en lo mismo que intercedes 
)e das mtiertt* : tus piedades 
mas mis cóleras encienden. 

oirtne. 
Yo soy quien soy. 

Catnilo 

jAy, Lidoro, 
áspides fueron crueles 
sus voces. 

Lid oro 

Tú eres Monarca , 
y es en vano que te quej-s , 
ni que en tu poder inmenso 
lo que puedes, mandar ruegues ; 
¿ fiara cuándo es la violencia , 
pues ya decretado tienes 
Ja muerte de Adriano ? 

Camilo. 



BLea 



dices', aunque no aconsejes 
bien , pues á nij natural 
repugna cuanto tuviere 
vislumbres de tiranía ; 
píro si muero, \ qué pueda 
hacer mi insistencia ? 
Sil ene hermosa, concede 
á mi fineza una mano. 

Al paño Adriano. 
¡Esto los hados consienten! 
¡que permitieses, fortuna, 
que á tan mal tiempo viniese 
á ver á Síreii.- ! 

Al pono Trujano, 

Aquí 



UJ 



parece que se divierte 
Camilo , naga raí enfilado 
de aquestas ramas cuncfies. 

Si rene. 
¿Sin «ludí» se os ha olvidado 
aquel estilo decente 
que se debe á mi d.coro t 

Cornil 'i 
No con razones pe temples, 
que be de abrasarme loa labios 
«ii *•{ candor de tu nieve. 

Adriano 
¡Perdido estoy ! 

Troja no 

j Fuerte arrojo! 
Sircnt 
Mirad. 

Cornil o 
No hay que considere, 
que cuando eras mia supe 
idolatrar tus urjueiiea ; 
pero ajeria f no Uav en mí 
respeto que los tolere. 

ir titano 
¿Cómo estorvare e.ste lance? 

Adriano 
¡Oh, quién pudiera oponerse l 

Libia 
El hombre es abordador. 

Strc.it 
Tente y mira, y no te acerque* , 
que dai é voceí 

Camilo. 

Q"¿ impoi la , 
ai niujuug Utícndei u 



544 



podra de mí; y esta mano...** (*]j 

ESCENA Vil. 
Dichos y ridriano* 

Adriano 
Esta roano es bien que llegue 
á ocupar yo 

Camilo 

l Para qué r 
¡ que aquí tan presto estuvie.se! ajp¿ 
sudla la roari,o. 

Adriano 

No puedo, 
que no es bien que se la niegues 
á los homhies como yo , 
cuando á basártela vienen , 
por la merced que me has hecho 9 (a) 
gran señor f en concederme 
Ja licencia de casarme : 
llega tu también, Si rene t 
que pues te toca tawbieu 9 
es justo que se la beses. 

¿Irene 
¡Sin mi he quedado! á tus planta* f 
mi voluntad agradece 
tal favor 

Trajann 

Oiga el rapaz , 
qué alentado y qué prudente 
le atajó : ¡ ay f sobrino ! el Cielo 



(r) A 1 ir d darle la mano , saU Adrriano y ifmsí 
é Camilo lo nne iba d darla. 
(u) Hinco la ¡odiila. 



5<5 



quiera qua al Imperio llague*. 

Camilo- 
Alzad , señora : | a y de mí! ap» 

que no sé qu»» se mía encuentra 
en ira ó pi udencia , y nada 
|medo hallar que me SOsicgaai 
soltad, Adriano, la ma>iio. 

Adriano 
Bien podéis seguramente 
liarla á la mil , que sabe 
vencer .enemigas huestes 
de vuestra Corona ; y no 
quisiera, si bien se advierte 9 
soltarla porque confío 
que del peligro mas leva 
estaré seguro en tanto 
que e» mi mano estuviera* 

Cij/rii'o 
En equívocas palabias 
de su valor me previene : 

ESCENA VIII. 
Dichos , y snlt Trujano» 

Trajnno 
Aquí importa salir . gqp 

4 como en din tan solemne 
tauto os retiráis, Camilo? 

(S amito. 
¡Qué* á tan mal tiempo saliese! ap< 

fticria es ya disimular. 
fjiVvlos hay que me mueven $ 
que en quien gobierna teo son 
hl'iq* i'v» <]ue lo p.ireceu. 



5/,6 



Fa*. 



VamW á pensar, Lidoro, 
de q<ié caudales v atarse 
p< (Irá m* tesoro , parí a- 
la j»iwra ri<- ly« r%'bi-KÍr* : 
mucho será juü el incendio 
de. mis tras no rebie-uu». 

fjüorn 

Y el de mi aiutóltefl ♦ pues ya, 
después que iie¿ué á jfí nerle 
en el TtoiVrt , no lia tVlitíád 
d* que un ami>Ud Se premie; 
v finezas excesiva» 
en ios- Í.,Uj anos , suelen , 
mirándose como a Dio»es , 
iii-ialiludes volverse. 

SMhé 

Auseut< : uionos'de aquí, 
que estoy contda d* verme 
donde sepan que hubo hombre 
que á Unid pudo atreverse 
conmigo: j quien de Cánida 
presumiera que e$cedie.se 
el límite á mi decoro, 
y en tal parage! 

Libia t 

Ahora atiendes 
caprichos de enamqi aojos 
en el sitio mas patetit* f 
¿ cuándo ellos iwaguy»roñ 
que alguno hay «jue pueda verles, 
para no arrojarse á todo i 

Sit ri*e. 
¡Fortuna» que me sucede! 



547 
ESCENA IX. 

Trajano y Aduana, 

Trajino 
Dame los brazo*, Adriano, 
porque en elloi me renueve; 
rolaee el caduco tronco 
tus frondosidades verdes, 
que me has liquidado el alma 
en las undosas vertientes 
íí- efta* lágrimas, que ro gozoj 
llanto visten lo alegre. 
Qué resuelto y qué templado, 
qué cortes y qué valiente 
é Camilo reprimiste; 
no hay cosa e*i que mas se muéstre- 
le, discreción y el vaJor, 
Adriano, que en dHeuderte 
del poder , sin que Jo osado 
csceda lo reverente 

Adriano 
¿Para qué t señor , me alabas 
de que algo de ti aprendiese, 
si es para prrd«ilo Uh\o t 
y a qy<tiH á mi frvnu 
el laarej que m* ofreciste , 

Jlias l)ÍPU es que ijjc i ,»uyu-l« 
si heredare tus hazañas 
aunque tu Imperio no herede. 

En otra ocasión, Adriano, 
procuré satisfacerte 
á esa queja .. hunor y vida 
tu la edad naotí Homo -ule 
drlií al padre de Camilo ; 



M 



y no era bien se dijese 

que a! padre debí la vida 

y al hijo le di la muerte. 

He conocido en Camilo 

una complexión n*"V d» bil 

pa»a cualquiera fatiga $ 

\ está ya , aunque nías se esfaerG£¿ 

candado de lauto aláu : 

es preciso que desee 

los ocios de hombre estudioso, 

que Ir» s ciencias no se adquieren 

*in un ánimo tranquilo» 

ocioso é indqx'udi' nt<a. 

¿ pe qué peusas tú que á él 

$e le pudo ocurrir este 

pensamiento del Imperio? 

d? estudiar tan 'diferentes 

ppWlcos y morales 

f)iscurso?| y parece ríe 

que sabrá mandar el mundo t 

renovarle y deshacerle: 

como entre sí piensan cuantos 

censuran lo que 110 entienden. 

la se habí a deseugauado 

de que esa arte no se aprende 

en libios, sino en manejos; 

porque lee aquel que lee , 

Jos remedios ; p*ro no 

toca á los inconvenientes ; 

que al ir a curar un mal 

mayores danos ofrecen. 

Su natural es piadoso , 

j no inclinado á crueles 

resoluciones f si no hay 

alguno «jue la* fementt, 



Con ¿es Consejos CVanleJi 

que le ibfCvm* c;.otaniettie f 

110 solo del Otro sabe^ 

los afan<s cs|)'>upiie t 

nías hoy qütefe de orlen roja , 

hacer que noticias lleguen 

de guerras y alteraciones 9 

no porque ahora suceden 9 

sino f)or probar en él 

qué hiciera si sucediesen. 

Yo solicité la 1) )da 

de Sil ene , porque fuese 

ese el mayor torcedor , 

y el nudo que mas le apriete. 

Y en fin, d#ja á mi cuidado 

lo demás j por si hacer pued» 

tni prudencia que este joven, 

de esta llamarada ardiente 

&in sangre nos i segure , 

y sin estrago nos \engue. 

Adriano. 
B»en es, señor f que á tu juicio 
todo mi ardor se itigete ; 
y mas hago en reprimirme 
por tí f que hiciera en vencerle» 
Amor, de Roma no importa 
que el sacro Lame) me niegues } 
si en Sirene me has rendido 
de su esquivez los laureles» 



549 



5 it O 



ESCENA X. 

Decoración pe Salí 

Salé Celador con unos paneles f y Corbanit dándole un 

memorial. 

Corbanie 
£eñor» por amor de Dio* 
4|ue mas á ri*»oa teníais f 
que eslo memorial leáis. 

G ala ñor* 
Ya me acordaré de vos. 

(Sórbante. 
Sii» dada no o* acordáis, 
po>s asi me respondéis 

¿t> qtrc. .. 

Qclanor. 

No me repliquéis, 
Carbante 

Algún di a . 

Getúnor. 

Necio estáis. 
(Sórbante. 
Que *l acordáis rn-jy bien sé*, 
cu and" M»*b*t* «rt^i leiikolado* 

Qclanor 
¿ Quién en viéndose elevado 
*e acuerda le lá q*w <né ? 

Corbanie 
¿ Pues no sdbéis que lo do* 
luimos ... 

Crhirmr 
\x\^sUo ei rol* confieso: 
si yo cru acoidára de eso, 



55r 



no me lo trorda.raui vos: 
tUro ealá «<ne «ir «Ividé , 
])ups que v^s rae habíais asi f 
que al «jue li<« *■'!*• <.!*- sí 
nadie se acuerda, quien fué ; 
¿qué pretendes ? 

Coi butitt! 

Quiero ser , 
ptift lauto habéis merecido, 
airvir ndoos tic e;il re(eni<lo 
gentil-bombre drl nlacer. 

E^e fuera líafbaí ism*> : 
lio os be ntetteaier anuí', 
que yo Uje rii 1 1 f leu ^u á luí , 
riéndome de mi líiiutlO 
y de toda roí» ufo quiero. 

I tu 0<J/?(e 
Lo mismo ba«^«» yo de tí. 

Otlannr 
¿ Pues cómo m«* baldas asi, 
necio , igtroranle , ;iusi'rof 

(¿mtihjimte 
C>mo va á conocer U*£0 
que 10 lo servir puflf á » 
rl hombre t u i i» \\u>> u<> di , 
de bacer mlam. mi ruego. Vqsc. 

Qrltt/ntr. 
¿A mí t«nl o al i iv t iu ¡e o lo ? 
,1 á mí pata ai rojo ? mas boy 

Se b| dr conoi er que n-j 
jiírafon de en lendiitiietito ; 
pu^s con la alo memorial 
in«- (.ukíih , como »i yo 
fuera ai^üj ,j ^ 



55j 



ESCENA Xí. 
t)icho 9 y sale Camilo* 

Camilo 

¿Quién aquí dio 
voces? 

Gelanor. 
Señor , tu imperial 
grandeza , pues te he servido 
coa prontitud y cuidado f 
Loy tue ha de dejar premiado 
ron sacarme de valido , 
pues esto es afán eterno 
á que nadie bastará; 
yo me retiro , que ya 
aio hay fuerzas pira el gobierno, 

Camilo* 
¿ Pues tá gobiernas f 

Gdunor. 



Nada; 



y aun con eso mi rudeza 
conoce que la ^rancUza 
es vida desesperada: 
todos se valen de mf 
para ti uu y otro enredo; 
y cuanto contigo puedo, 
quieran todos para sí: 
y en el número qiif crece 
de uno y otro que me sigue , 
se queja qnien no consigue, 
y quien l.>^ra no agradece. 
Mil sátiras contra tí 
saca el ¡<uel>lo desbocado; 
> por pjbrc ú olvidado 



5:3 



no roe perdonan á míf 

persuadidos al error 

de <\u<> íia u de mandar no acabo, 

que mas vale ser tu enclavo 

dicen , que ser sfüaüor. 

Antes nadie se acordaba 

que luí tu esclavo al&uu dia f 

hoy al ver mi tan l asi á 

el valimiento ostentaba. 

Todos me acuerdan mí ser * 

por mas que con el lucir 

anda ocioso mi vivir, 

de que olvide mi nacer; 

y en que rs error be caído; 

que en uno ú otro lugar, 

quien tiene porque callar 

quina ser muy conocido. 

Y asi licencia este día 

pido, pues antes campaba, 

y i; ii^ino escudriñaba 

el modo con .que vivía , 

y esta esptseato á mil enojos 

el hombre oías principal , 

en quien para bien ó mal 

están puestos muchos ojos, 

Camilo. 
4 Qué ignorantes son los hombres I 
pues el mñ sabio , el mas docto 
y el mas cuerdo, tiene en fin 
al»o que aprender de un loco. 
Aun este iiie c>tá enseñando 
este afán i que me espongo; 
gracias a" mi estudio que 
abriéndome vá los c jos 



i 



fn *d mismo error v el mismo 

triga Ño i a la I ; Olí , rtMno 

el en (endimienio saca 

a»n de lis dichas que logro! 

¿Mas qué es esto? Tocan» 

ESCENA XÍI. 

Dichos , y sale Lhitrio , 7 después Lidoro. 

Licinio 

Gran sef¡or f 
el eje' relio copión» 
con que Adriano di» Ui Galias 
sosegó los alborotos t 
y en lol Alpes se quedaba 
á nuevos ■tumulto» pronto, 
no ha querido tu elección 
ddmitir, y presuroso 
Ja vuelta de Roma marcha, 
para hacer sin duda «storvo 
al jara mentó. Tocam 

Sale Lidoro 

jume»»* V> ;i y de que Clodio 

«n capitán de Trajano, 

mueve el « ¡* ; i cito todo 

con que triunfante del Asia 

\<>lvió su Cesar furioso ; 

pues » a bienio la mudanza 

que hay en el romano hóho f 

él se Huma F.m pecador , 

y de<oV el rabo remoto ■ . „ 

d«* !i' niJis , donde su gente 

quad-»ba cu gualda del golfo, 



contra Roma. marcha. 
t amito* 

\ Cielos, 

aun me guardáis mas ahogos! 
ESCENA Xlll. 
Dichos , y ¿ni*- Chantes. 
ClcantiS. 
De Sicilia y de Cerdefia 
Jos isleos sediciosos f 
H«i han querido obedecerte f 
y opuestos á tu decoro, 
niegan á Italia los -ranos 
que en sus leí t¡l«?s contornos 
^citió Ceres en cifras , 
hizo vegetable rl ovo , 
faltando en Roma por e%0 
«1 abasto i el pueblo cnsiosO 
coutr*a tí clama f 

Camilo 

j Hay mas males? 
Qdanor 
Sin duda se han hecho de ojo 
al llegar, que »*stos correos 
se alcanzan unos á olios. Muoicci. 

Camilo 
¿Y qué n»u\¡cas ^o\\ estas? 

ESCENA XIV. 
Dichos • y *<*!* Trajano. 

1 Y ajano. 
De Adriano los desposorios 
van á celebrar ahora: 



556 



¿como no asistís vosotros 
á honrarle p 

¿ Y mas ese tragó! 
Camilo. 
El dolor mas riguroso 
es este , pues mire tantos 
hace mas fiero destrozo f 
y matar á Adriano ya 
mu solo es dificultoso, 
pero imposible, viniendo 
SU egerrito: jH¿ios piadosos! 
¿ qué haré ? 

Lidoro. 

, Qué resuelven Ij 
Oleantes. 
¡Qué respondes ? 

Camilo. 

Que estoy ansórUfl 
Bretaña se roe religa f 
las islas hacen lo propio , 
Clodio el Laurel tiraniza , 
y el ejército furioso 
de I-alia nos amenaza : 
¿ qui^n podrá acudir á todo 9 
cuando aun para el donativo 
no hay medios en el tesoro í 
¿ y cuando estos memoriales 
son de tantos amt>icioSos t 
que hoy me han pedido mercedes } 
hasta mi amigo Lidoro 
tne pide en esta con quejas, 
y coando en su mano pongo 
tod* tni imperial hacienda 9 
auu está de mí quejoso ( 



¿Pues di ^ qué Monarca sato 

quien ps <u amigo ? yo i-n >ro 

quien lo es mió, que escondiendo 

con el interés el Odio , 

ninguno hay que no parezca 

«migo del poderoso. 
Camilo. 

\ Oh , felices las desdichas ♦ 

si el Hado las feria , á logro 

de conocer los amibos í 

¿ y en los medios qoe dispongo» 

de quién sabré la verdad i 
lVfíjano 

De nadie, porque hay muy pocos . 

í]ue hablen verdad á un Monarca ¡ 

y es «•! dolor mas penoso 

que tuve en cuanto mand¿ ; 

que si alguna verdad loco , 

♦s porque yo la discurro, 

pero no porque la oigo. 
Carrillo 

Esa pensión mas: ¿Trajano, 

qué remedio hallaré pronto 

¿ lautos males 7 

Traja no. 

A mi 

larde roe pides socorro. 
Tú juzgaste á tanto peso 
|>or suficientes tus hombros: 
lioy cumplen I05 quine diaa 
f]Ue. á t'J dirección n'cr«ó j 
el Senado está ya junto , 
y el pueblo con alborozo 
Xa ripera , n«rs novedad** 



55 4 



alimentan á psle monstruo. 

Y puesto nué ya llegamos, 
vén, snbr conmigo al Ti»>no t 
donde verás q tie en solemne 
acto público , depongo 

las insignias. 

ESCENA XV. 

Salón regio: en él estará eí $*nad<> % y siéntase Tra~ 
jano, Chantas , Camila ; r sale totía la Cowpañia % 

Todos 
Viva el Cesar. 
Senador i . 

Y r**cil>a de nosotros 

el Laurel y el juramento. 

Camilo. 
Escuchad primero todos: 
yo no tengo tiempo mió, 
\o estoy suj»'to á la fama; 
de elegir ami»o y dama 
tampoco tengo alvedvio: 
de nadie seguro fio , 
á ninguno puedo dar y 
Ja Majestad singular 
por fuerza m* nace «ul'rir, 
y sin ^tillarme el sentir, 
aun no me <lejan qiM jar • 
lió he de saber de amistades 
sin ¡ntérjMes nítidos ; 
y siempre á mis oidos 
se han de esconder las verdades: 
a friólas nocesidanca 
he de acudir , v en rtuor 
no hay tesoro de valor 



3St 

para tanto; y asi infiero 

«j»ie ful rico caballero t 

\ s,)v pobre ftrnpérador 

y pues de tfuju no ignoro # 

qup si yo le admiro noy , 

tic mi propio Impono soy 

el I£.m lavo en Grillos d*» Oro : 

y que este metal sonoro 

es sin duda ti Oíd 1 * pesado j 

buscad quien »*ste obligado 

a esto, pues por varios modos t 

aun aquí ffi< piden todos 

ynas de lo nue me han na»ado. 

» i i 

A tus pie* estoy : perdona 

ó cantiga en u>( mi suerte ; 

pero antes quino la muerte 9 

Ira ja no, que la Corona ; 

no basta a esto un persona ; 

inaa dirá mi |V rendida , 

que á un buen R<*y . por mas que pida , 

aun nn le' paga el vasallo 

con la hacienda y cóu la vida. 

Traj'irio 
¿ Dr suerte que la no basta! 
á este deseo ? 

Camila 

Ya me postro. 
TraJQnii 
Toes ahora be de cargarte, 
ignorante, uecin, loco: 
¿ tiene un esclavo el Imperio, 
y tú a a ii' b»rj >t«i 

quitarle 1 * , «ín que pueda 
ujpúr tu laíta tu orr.ijo ? 

Suoucstat mu u» uoticiaa 



SCo 



de las guerras y alborotos , 
que porque puedan ser ciertas , 
-v«r lo que hicieras dispongo, 
ai en tal aprieto te vieras. 

C amito 
Castígame riguroso, 
y,v>p& no estrenare* el castigo, 
cuando el delito conozco 

Trnjano 
Por eso y por Íj amistad 
de tu padre , te per «lo no , 
y tura bit- n te d**jo vivo 
porque publiques ó otros 
)o que me debes ; y Adriano 
por Cesar sucesor nombro. 

Sircne. 
Con que cesando el raolifro 
de estar con é\ d'*sdriíoso 
riji afecto „ cuando en Adriano 
je me añade ahora el propio, 
que es lo desigual , bien puedo 
decir que es Camilo solo 
sui esposo ? 

CcmVo- 

Feliz mil vece* 
aov en perder , cuando gozo 
tu favor. 

Adriano. 

Por no incurrir 
en lo mismo que celoso 
te culpaba , que entortar 
a* un vasallo el matrimonio , 
lo permito fio'y , que jo\ Cesar, 
pues con Octavia propongo 
mis badas ante» de íciIj, 



SCr 



por lio esponerme al antojo 
d<* que el Senado lo impida. 

Octavia . 
IVÜz soy en tal esposo. 

G el a ñor. 
T s¡ el suceso por serlo 
no hubiere sida enfadoso, 
vuestras piedades merezca 
•1 fiada vo en Grillos de Oro. 



Is 



56a 

El Esclavo en Grillos de Oró: 

Entran en Roma triunfan les de lojs partos y me- 
cías el Emperador Trajano ) Auitanbau SQunno f sa- 
liendo á recibir-os al pueblo. Camilo, ambicioso del 
mando y amante de Sirene, fragua una conspiración 
contra los dos, de la ana inf--iruj«i<)¡> Cleautes por uno 
de los conspiradores, dá cuenta á Trajauo, aconse- 
jándole que pues su enemigo tiene ya ganados á los 
soldados pretoríanos, ¿<e *¿lga de Roma , y ponirudo- 
se al tVejilc» de su ejército, castigue ai rebelde; pero 
üo sigue Traiauo este consejo , sino que manda al 
prclecto Licuiio conduzca preso á su presencia a* Ca- 
milo Adriano y Ca otilo, a .-n antes los dos de Sirene f 
concurren por verla de noche á un jardín: la oscuri- 
dad hace que pablen equivocadamente el primero á 
á Octavia , }' el segundo á Sirene ; pero conociéndose 
•mbos riBales se batea, y sobreviene Líciuio, riua 
medíanle la orden recibida apresa á Camilo. 

Reunido el Senadg Romano % y sentado Trajano 
en su Trono imperial, es presentado Camilo como 
reo, Traja o > en vea de castigar su crimen , le eleva i 
la dignidad d* Cesar , y es revestido con las insignias 
de tal Quejase Adriano á su lio de semejante conduc- 
ta , y él le satisface y consuela. íim pieza el nuevo Ce- 
sar á ejercer mis funciones, y no bien quiera esciibii? 
un billete á Si rene , cuando le Mama Qeantes á des- 
pachar , sin permitirle ni un instante de demora. 
Dicta diferentes providencias, y Trajauo le hace ver 
los absuinlos que comete. Sirene desahoga con Libia 
la pena q«e la ocasiona ver la elevación de Camilo, 
pues la reputa «tu obstáculo para que se case con ella. 
Lf»^a su amante, y estando ambos en tiernos coló-*- 
quios, se prcteuta otra ve? vi Cónsul en busca di él 



para el despacho de unas consultas Camiiti propone 
dar osla comisión á Lidoro ; nías no le es permitido. 
Resuélvese Adriano á hdh'ar á Sirena, y aunque ésta 
no le dá esperanzas, le dice entre otras cosas fjue Ca- 
milo bahía ya muerto en fila, cuya esjSrésioh la oye 
el nuevo Cesar escondido, asi romo Octavia íiw apa- 
sionada de Adriano, afd* ¿e calos al acechar á Adria- 
no con Sirene El caérsele á ésta un laso • hace que 
•alga Camilo, quien riñe con su competidor , y acu- 
diendo al ruido Trajaoo, Girantes y Lidoro con guar- 
dias, le hacen ver no puede obrar de aquel modo, ni 
aun para castigaré un enemigó; y que tampoco cu 
calidad de Cesar le es permitido elegir para esposa a 
la que le poste 

Despachando Camilo con Cleantes, le dj f$ te cuen- 
ta de la rebelión de las islas británicas') y que son 
necesarias grandes providenciasen semejantes circu ns* 
tdneías, v h< presenta en seguida un memorial de 
Adriano , solicitando el permiso para casarse con Si- 
rena Furioso con esta novedad, declara á Chantes y 
á Lid<»ro, que si ha aspirad) á ser C<:sar ha sido con 
intento de poner aquella dignidad á los pies de Sirene. 
Lidoro I* aconseja no le conceda la licencia ; Oleantes 
desaprueba este dictamen ; pero separado del Con Mil, 
sigo»* el consejo de Lidoro, determinando darle la li- 
cencia: pero hítcer al ñusno tiempo que lo envene- 
nen Vuelve Camilo al ¡ardió por hablar con su a- 
mante, que se resiste á sus requiebros | y prsténoien- 
do tomarla una mano, se la erige Adriano que osla 
escondido, y que uniendo lo respetuoso á lo vaheóte, 
ni permite que se la quito , ni (Jeja de darle lis gra- 
cias por la liceneia, postrándose a sus plantas con 
Sirene. Tra ¡ano satisface a Adriano del agravio qu« 
rree hab ho eti anteponerle á Camilo para Ce- 

lar | aplicándole, ¿us ocultas miras, y la gratitud íiue 



56,f 

debía al padre de Camilo, la qup le bahía obligado a 
no castigar con pena tic muerte el delito de su cons- 
pií ación Participa Licinio al Cesar, que el ejercito 
de tas G ¡lias llega ya sobre R «roa , descontento de la 
precio o de su persona: Lidoro le comunica, que Clo- 
d«o capitán de Ti ajino, se ha rebelado por igual 
motivo y se. titula Emperador; y Cleante* le espolie 
la ¿edición de las islas de Cerdeña y Sicilia En este 
apuro pide consejo á Trajauo, quien solo le responde 
que cumpliéndose en aquel día los quince por cuyo 
término le otorgó Ja dirección de*l Imperio t vaya ro«i 
él al Senado, en doVide le aguarda el pueblo para sa- 
luda ríe Cesar ; pero Camilo desengañado y harto ya 
de la ¿ujeciOQ del Trono, declara ante el puehlo y 
Senado, que ant'S quiere la muerte que la Corona, 
y pide perqon á Trajino, quien se lo concede gene- 
rosamente Vuelve pues Camilo á su primera cotidU 
cion y se casa con Sirene , y Adriano con Octavia, 
•leudo nombrado inmediatamente Cesar. 

Fácil es con ere que el argumento de esta pie/a 
era mas propio de una tragedia, que bien m -¿nejado. 
líe na 113 el obp'to de las tareas de Melpnmene ; pero 
eí autor s 4 e propuso dar una lección á los ambiciosos, 
y pinl.ir luí disgustos v sobresaltos que sitian á las 
altas dignidades, y las dificultades que á* cañ¿ paso se 
encuentran en la »»cta administración ríe irn Estado. 
Bajo este róutfpfo la parte moral está difundid* en 
lodo el contesto de la acción , v es la mas ocomm- 
dable : la unidad de lugar se acerca fías á la, verosi- 
militud q»>.« «'xij^n las reglas, que en infinitas de ).>s 
piezas de aquel tiempo , pues se supone qoe el jardín 
y el palacio están contiguos;, la de tiempo no pasn de 
Quince di.n, libertad que han concedido muchos de 
los mas severos preceptistas; v aunque no es cori.i la 
parle episódica | tstau baslanlc dependientes ¿u¿ bn- 



M5 

ees con la acción principal, que camina sin interrüp 
cion á su fin Sil el «'Mito d.liía menos Candamo que 
en la del 0WÍ9 útmira m fiama, que heñios analiza- 
do: los caí icteres d<> Trajano , Heno de «;eueros¡dací t 
y el de Ldorov de adulación y bajeza , estad trazados 
con propiedad , y no cM,i exagerado el df Si» ene en la 
situación en «pie la coloca Seria necesario copiar gran 
parte de la Comedia para señalar su-, puntos morales 
sobre disientes asuntos; pero llamaremos la alen-» 
cion sobre los siguientes: 



Juicio que se hace de le^s acciones» 

Ya *é , Lidoro 9 
lo qu* aventura raí (ama 
en acción tan peligros.,! : 
si en perderla ó *-n ganarla 
consiste ti ser mala ó huena; 
y ha de quedar reputada , 
SÍ se pierde de traición , 
y si se loará de h.« zafia 
lS T <) la razón , el suceso 
es quien hace buena ó mala 
justroia f que se remite 
al tribunal de las armas. 

Sobre estadistas. 

Líbrenos nios de que ha-a 
un ¿«tau'uW* un capricho, 
que con tema poi liada 
mentirá todo primero 
que mienta su judicial ia. 



ÍG6 
Sobre lo Ugrramtntp que se juzga de los que gobiernan* 

BíMi discretamente • Adriano, 
mi z^io has repree ndidü > 
llevado de tu pasión ; 
pero ignoras loa motivos: 
y asi en el discurso yerras, 
romo yerran presumidos 
cuantos á los Soberanos 
Residenciar han querido 
las acciones, ignorando 
la razón de sus designios. 
5»i yo castigar quisiere 
traición en qu? compre odidof 
&on tantos, regara á Roma 
de muchos infaustos ríos 
de civil sangra, entre cuyo* 
raudal* s enfurecidos 
funle ahogarse el vencedor 
cuando fallece el vencido; 
que en tumultos donde .'fiado 
lidia el padre con e! hijo, 
aunque el qm» pierde padezca 9 
q«n'da el que gana perdida 
Camilo es hijo de un hoojuié 
que fué mi mayor amigo, &c. 

Sobre el estertor de los Principes; 

Ilomhres non , mas la prudencia 

de su secreto, se cifra 

et» que no t»au de parecerlo; 

y ln«s ptsioQ"! mas vivas, 

ya que no puedan Yengerias, 



por fuerza deben sufrirlas; 
aio que ai«un'> las conozca % 
que si iie^aií é inferirlas , 
pierde cun los sentimiculOl 
mucbg la soberanía. 

r Actrca del cuidado une Útbsa tcher ¡os Principes df 
su opinión* 

La fama es juez de los reyes , 
y es la mayor enemiga 
que tiene e) poder 9 supuesto 
que la culpa que averigua , 
bavta en futuras edades 

eternamente castiga 

El Monarca qoe á la fama 

no teiue, si se le indigna, 

jamas será buen monarca ; 

y asi es bien que todus vivati 

ai gusto de esta fantasma , 

que el bien ó el mal eterniza. 

Son muy frecuentes en esta Comedia otros bellos 
trozos morales. Es animada y donosa la escena en qua 
Gelanor representa ei engreimiento de un privado 
al recibir el memorial de Gorbaute» f y por no fallar 
á la inveterada costumbre , introduce el autor dos ó 
tres cuentos no desgraciadamente peesentad os. 

K.to hace escusable alguna que otra inverosimili- 
tud é impropiedad , siendo creíble que aun en el dia 
se veria cou gusto representada , si un Lábil reían* 
didor Ja AciCafflic cgu arrtgtg 4) actual gusto, 



568 

ÍNDICE 

de las Comedias contenidas en ejfcte tomo. 

Páginas, 



El Sastre del Campillo 3. 

Examen. . i3o. 

Por su Rey y por su Dama i35. 

Examen 270. 

El Duelo contra su Dama* zj3. 

Examen. 4 J 4* 

El Esclavo en Grillos de Oro 42 r. 

Examen. . . > . ¿62, 



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