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Full text of "Defensa del derecho constitucional que todo chileno tiene para publicar por la prensa sus ideas y pensamientos sin la menor censura"

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€$¿© C&N£&3££^x®k&& 



Que todo ^ileno tiene para publicar por la prensa 
•sus ideas y pensamientos sin la menor 

CENSURA* 



Miser est dolor quoe in tormmtís 
non kabet vocem. 

Cruel es el dolor que en los tor- 
mentos no puede expresarse. 



^H€^iN&?*£& 



V 



IMPRENTA DE COLOCÓLO. 

8AWTI&Q© BE GMBkfe 

Noviembre de 1839* 



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Hasta fines del siglo anterior que . el famosa 
Mr. Fox hizo declarar por una leí que correspon- 
día al Juri la desicion de los delitos de la prensa, 
la Inglaterra no ha gozado de lo que podemos lla- 
mar una verdadera libertad. En todos los gobiernos 
anteriores los jueces dependientes de ía administrar 
cion habían tiranizado la prensa y los ministros y 
demás empleados podían contar con aquella impu- 
nidad que aquel severo Tribuna! ejerce hoi en loí 
pueblos libres y avanzados en la civilización. No 
obstante Mr. Wilkes miembro de Ja Cámara de Co- 
munes, en 1763 en un periódico que redactaba ataco 
los abusos de la administración, de un modo tan deci- 
sivo y enréjico, que inflamó las orgul losas pasiones del 
ministerio, quien sin respetar los privilegios de un ro 
presentante de la nación, lo puso en una prisión, 
y le siguió una .cansa criminal que éxito el pairo* 
tismo de la nación. La causa? <fe Wilkes fué 1& 
carisa de la libertad, y de las ley es, yeste Iioffiím* 
som, hamo sobre sí toda la átenpion del gobierno, 
que en su persona parecía querer castigar la na' 
cion, p^ r su firmeza y constancia i en favorecer una 
victima del fespotísmo-Las fojas de su periódico. 
que el escnma en la prisión se- vendían por una gui- 
nea que es como cinco pesos de nuestra moneda 
y su desgracia atrayendo iá simpatía nacional; fe 
reuma inmenzas riquezas Asi .upa nación fenerosa 
y entusiasta de su libertad,, establecía las bases de 
nna leí, que, la. necesidad arrancó» a los .parlamentos 
fcSU reí, coa ^vm placer de la juuicatuxa, qixo. sb 



vio libre de entender ái estos juicios '¿¿tlpéf ufa- 
res. Nosotros por el contraiio;- después de tener eit 
nuestro código político una leí, que del modo mas 
terminante declara la libertad de la imprenta, sHi 
Jiiuguna ¡previa censura, y uii código particular para 
Juzgar de esta clase de crímenes; vemos pedir al 
gobierna en nn tiempo de tranquilidad, una "reforma, 
que equivale a una completa nulidad del ejercicio 
mas noble, y mas útil a un pueblo libre. Después 
de una guerra, en que por tanto tiempo han úéo 
suspendidas las libertades públicas, y sostiíuidas per 
comisiones militares en todas las provincias; creía- 
mos renacer a otros dias de ventura y de felicidad, 
® que no puede encaminarse la patria; sim ía liber- 
tad de la i imprenta. La stipreeion táe este derecho 
nacional si se efectúa; supone un estado retrogra- 
do en nuestra moral, en nueáros conocimientos e 
ideas, y en la política de nuestros gobiernos; lo 
que no podría creerse después de tantos años de 
revolución, y de un ejercicio práctico de los dere* 
chos que constituyen la libertad de un pueblo. Lá 
defensa de unas leyes tan útiles a la ilustración, 
como a la libertad, nos obliga a ahaeer algunas ob* 
sery aciones, que puedan penetra r en el sen o de los 
cuerpos lejislativos, e instruir a muchos ele unes- 
tros incautos compatriotas de la pérdida, que baria 
la nación de verse privada de reclamar sus dere- 
chos v denunciar los- abusos de la autoridad. 
v Si hubiéramos de describir lo que concebimos 
por moral de los pueblos en un sentido político, 
.apareceríamos eomo sediciosos, que tratábamos d& 
trinar la resistencia nacional a las medidas de la 
autoridad; pero como aun no han recibido sancioá 
los proyectos del gobierno^ lo& íégreiseatáütes del 



■pueblo solí los órganos, f¡ue rflánlfeSiáhin está mru 
ralklad política, t'fíib no es oirá cosa que un cono- 
cimiento íntimo ele los derechos, y prerogativas na- 
cionales, sostenidas con el carácter y deeisípn, que 
inspira e! eonvensimiento de Id justicia, y el deber 
de no traicionar los intereses de esta nación, que: 
les lia confiado sus .destinos. Los cuerpos legislati- 
vos han sido formados para equilibrar el poder u*j 
ios gobiernos, y contener la propenciorí constante, 
que estos tienen a abusar de su autoridad. Si ellos* 
Como es mili común, se olvidan de tatl sagrados 
deberes, el estado pierde su armonía, y sucumba 
al despotismo pero también [luede suceder lo con- 
trario. Carlos X, disolvió las Cámaras, porque eii. 
ellas ilo halló apoyo a sus planes, de reformar \<i 
libertad déla prensa; el equilibrio se perdió en eí 
orden social, por aquella medida violenta, y una 
revolución simultanea hizo conocerla verdadera si- 
tuación en que &e hallaban los franceses a este res- 
pecto. Los- representantes diseminados ilegalmeníe, 
ya no pudieron omitir los votos de los pueblos, y 
el rei obrando por la fuerza, se atrajo otra fuerza ma ¿ . 
Jror, que le quitó su corona. Un suceso de esta clase 
no puede teñe? tugar entre nosotros; existe el poder 
legislativo en sus funciones, y él no puede ménos^ 
que expresar el vota de la nación, y de las luzes, 
Sosteniendo el edificio político, que ron la sola falta 
de esta columna sucumbiría al despotismo, oseen** 
vorvería en la anarquía. 

La libertad efe la imprenta es una autoridad, 
que equivale a la de ios censores de la antigua Roma, 
o ai poder, que tenia el Areopago, de indagar sobre 
la conducta privada, y profesiones de los chutada » 
aós- de Atenas; es un tribunal oue les moderm^^ 



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han establecido; pero que solo ejerce su poder © 
influjo en los países libres. La tiranía es uaa auto- 
íidtó, que usurpa, o se apropia todos las otros po- 
deres, para obrar por si sola, y sin contradicción; 
todo lo que estorya su marcha/ revela sus planea 
y fomenta la oposición, es un nuevo poder, que es 
preciso derribar, y la imprenta, que obra tan pro- 
dijiosos efectos, viene a ser una enemiga irrecoa* 
siiiable. Con la verdad, la justicia, y tas leyes, U 
imprenta elevaría el patriotismo de las almas jen*. 
resas, para reclamar los derechos del jenero humano 
í el despotismo sucümbiria a sus redóblalos e^iiet- 
é>s: tal es el po/ier de esta nueva autoridad, qa> 
no ha entrado en la política de lo^ antiguos go- 
biernos, pero (uya^ necesidad se sentía en los mas 
libres; en la creación de poderes, que velasen sobrei 
la conducta de los empleados públicos, y en el ar- 
den establecido, El Censor entre los romanos tenUi 
Un poder que Plutarco, llama ammum honomwi apev, 
vel fastigiwm; que se ejercía principalmente contra 
los abusos déla autoridad, y decendia hasta la coa- 
ducta privada de, los individuos, a quienes podía* 
imponer penas, y castigar; pero comunmente esto& 
castigos eran míales y se reducían a la, ignoran 
cia y vergüenza publica, como lo dice Cicerón m- 
MI /ere dam^m a/ferebat: grates ruMrenl ¿Qu.én 
no vó en la censura de loaiomanos, la prenda libre 
de los tiempos ni/>dernos* ¿Quié^ no reconoce ea 
la imprenta el irasmo poder de ua censor, q¿ie sos- 
tenía la libertad de la patria, ; sirviendo de salvad 
guardia (le los derechos del ciudadaijot La imprenta 
como la censura descubre los abusos del poder; y 
|os espone en toda sil disformidad» redanianífo el 
^pm d& las íeyes^ los presenta a h odiosidad p¿~ 



blíca, fcoítio aquella los estonia a la ignorando. ¿^ 
censura tenia por deber eí indagar las acciona in- 
dividuales, la imprenta ejerce el mismo poder; ea 
una palabra todas las naciones libres, para conse- 
guir el serlo, necesitan asemejar sus instituciones, y. 
la imprenta y la censura obrarán el mismo efecto. 
en Roma, que en Chile. La Inglaterra este país que 
eri Europa se llama la tierra clásica de la libera 
tad ¿sin la prensa libre habría podido sostener sus 
derechos contra un monarca, y- una aristocracia tari, 
poderosa*? ¿Con el silencio, que los partidarios de 
la tiranía, procuran ílamar respeto a las autoridades 
no habriaii estas invadido lentamente los derechos 
que los pueblos se habían hecho otorgar por la¿ 
fuerza? ¿Cuántas teces en un siglo, desaparecían 
los primeros códigos de la libertad Anjelicaaa y se 
obligaban hasta qííe los choques del clero con los 
reyes (que siempre guardaba alguna copia de aqiíe~ 
lias leyes) los hacia reclamar de nuevo 1 *? Desde que 
la imprenta se ha ejercido libremente, la Inglaterra 
ha establecido su sistema político antes vacilante, 
y su constancia en defender tan imprescriptibles 
derechos, ha proporcionado al continente de Amé- 
rica, una de las instituciones, siii la que no pedna 
ser libre, feliz,; ni ilustrado. 

Establecida la evidencia de que la prensa ejerce 
en la sociedad uu poder reconocido, que impide los 
abusos de los gobiernos, y los castiga con su opo- 
sición; la ruina de este poder es claro,, que atraerá 
sóbrela sociedad una mutación política, que influid 
rá sobre sus destinos, de una manera inesperada* 
El gobierno que logre en un país, que ha sido li- 
bre imponer yüencio a las imprentas, abre un es- 
pacioso senderó a todas sus reformas, y planas d£ 



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su política, El corto, numeró de ciudadanos, que es- 
tén al alcalice de sus operaciones, aeran impotentes 
para reclamar la violación de las leyes, y las auto- 
ridades, que se hayan establecido para /-equilibrar 
$u poder cederán al influjo lento, -de, un despotis- 
mo, que asegura su estabilidad, ya por los honores 
y riquezas con que pueda corromperlas, o ya cc¿ 
el misterio, y silencio, que cubre la impunidad y 
da nuevas alas al crimen. Pero cuando la imprenta^ 
instruye a ima nación entera de los abusos de la 
administración, la opinión, que es la niveladora ríe 
los gobiernos cultos, ejerce Ja autoridad mas im/ 
ponente sobre la tiranía misma, y si «113. reclamo* 
y justas 'quejas, no se hacen oir de pronto, prepa- 
ran al menos el castigo del infractor de las leyes, 
que no solo decearia obrar sin esta oposición; .sino 
l^bírar ep?i el silencio, Ja reprobación y odiosidad, 
con que la historia tildara su nombre y sus injusv 
íicias. ("uando Cesar se hizo dictador, y destruyó; 
las leyes de Rama, pidió se añadiese a su autori- 
dad la de Censor, para que nadie puliera reclamar 
contra su conducta; y poco mas tarde su sucesor 
Octavio destruya la censura, que habia conservado 
íar costumbres, y libertad de aquel pueblo extra- 
ordinario, y a su destrucción sucedieron los Tibe* 
ríos Caligulas y Nerones. Con la historia enlama- 
lío podríamos hacer ver a nuestros compatriotas, los 
JUiies que seguirían a la perdida de tan inestiina- 
ftle derecho, y de este poder tan terrible ai despo-^ 
tj'smo, como útil a aquellos gobiernos benéficos, que 
caminando por el sendero de las leyes, y de la. 
r justiria, encuentran en la imprenta los ecos de la 
fama, qua bendiciendo su nombre lo trasmiten lleno 
áp beaeracioq a la rn^s pernota posteridad. 



:9 

Por lo que respecta al mftujoj que la libertad 
de la prensa ejerce sobre la ilustración ele los pue- 
blos, bastaría observar el estado ée la Inglaterra* 
Francia, y listados- Unidos de América. Las cien- 
cias han "florecido desde su descubrimiento, la U día 
literatura ha seguido de cerca, y las artes liberales 
incoara bles compañeras de la ilustración, han me- 
jorado ia suerte del jenero humano. Las preocur 
paciones han desaparecido, o disminuido execiva- 
rumio, el fanatismo antes tari absoluto, y tan irt* 
finante en la suerte de las naciones es ya un nonir 
bre vano. Pero elévese el despotismo, y mui pronto 
se verá invocar a estos envejesiJos abusos, y pro- 
curar ha~er sinónimas !a relijion mas santa con los 
mas crasos errores del jenero humano; póngase si- 
lencio a la libertad de imprenta, y se verá elevarse 
la mas barbara ignorancia, y despreciar, y perse- 
guir la mas acrisolada virtud, y al mas esclarecido 
patriotismo. A las virtudes sociales, seguirá mui lue- 
go el egoísmo individual, y apagándose insencible- 
mente eí amor déla libertad, y de la patria, apare- 
cerá la tiranía rodeada del brillo, con que la adorna 
un pueblo esclavo y miserable. Llegando a este es* 
tado, se necesita de siglos para restablecer loque 
se perdió en mui poco tiempo; si es que alguna 
feliz circunstancia, despierta el Sopor con que ed 
despotismo hace dormir las naciones. En ei -Af-yt 
no fué el poder de la tiranía el que elevó, en otro 
tiempo a grandes naciones, que brillaron por íu ilus- 
tración y poder. En África la libertad presidió los 
destinos de mucho de los pueblos, cuyos nombres 
solo han quedado en la histosii; y Egipto en sus 
^primitivos tiempos, como se ve por muchas de sus 
leyes fué un gobierno libre, pero el despotismo lo 
ha -conducido a la. degradación, euque.lioi be ve, 



II I ■■!■ 



10 
y sobre las ruinas ele Cártago República se elevaron 
pueblos ele esclavos, condenados a vejeíar en la mas 
estúpida ignorancia. No se crea que la America en 
fcu brillante perpertiva, deje de estar espuesta a 
este terrible azote, que prepara !a tiranía con tan- 
to tesón eii todos los gobiernos del Orbe. 

Hemos visto en jeneral los bienes, que resultan 
a las naciones de la libertad de la prensa, y los 
inevitables males, que seguirían a su opresión y 
imlidad, entremos ahora a discutir sobre los niales 
de su abiiso, y sobre las leyes, que los reprimen; 
veamos si estas son suíicieníes, para contener en 
sus verdaderos límites, a esta institución de que 
ditnanan tantos beneficioSi Nada hai en la tierra de 
que no pueda abusarse, y todo en las manos de! 
hombre, por mui perfecto que sea> dej enera desde 
que él es el depositario. Las instituciones mas cé- 
lebres, obra de la constancia, del saber, y de la 
•virtud, después de haber hecho por algún tiempo 
la felicidad de las nacioties, han decaído insenci- 
elemente, o han sido la víctima de la tiranía, que 
siempre está en oposición directa con la felicidad de 
los pueblos. La libertad de la imprenta sinduda está 
nijHa a abusos trascendentales, a la tranquilidad 
pública, y muchas veces al honor individual; puede 
exitar las pasiones de una inquieta muchedumbre, 
siempre interesada en los cambiamentos políticos, y 
vulnerar la reputación mejor establecida. Cuando uu 
gobierno es débil, cuando teme la exaltación de los 
partidos, que dividen las naciones, y vacila en los 
medios de oponerse a los que hablan a nombre de 
los pueblos, los riesgo del abuso de la imprenta 
son peligrosos, y de fatales consecuencias, pero un 
gobierno penetrado de su deber, conducido por la 
leí, y firme en su política nada tiene que temer. 



u 

La lei que hai establecida entre nosotros castiga el 
espítitu ile sedición, con un rigor proporcionado a 
la intención del que la promueve, y aunque la pena 
parezca suave a los gobiernos, a ios ojos imparcia- 
les no lo és. Es preciso distinguir en los delitos, 
el deseo de verificarlos y procurarse prosélitos, con 
la acción, que los pone en ejecución y es preciso 
considerar los medios, que se promueven para llegar 
al fia. Pero de cualquiera modo, que se considere 
este abuso es al fin un cielito público, avisa al go- 
bierno de su marcha, y de los medios de que se 
vale para ata?ar su existencia, lo pone en conoci- 
miento de los motivos y razones que lo animan, y 
en su exaltación misma descubre el número de sus 
partidarios, el tiempo de su triunfo; en una palabra 
es una cospiracion que se forma instruyendo al go- 
bierno de todos sus riesgos y peligros. Este gobierno 
o és en extremo débil, tolerante y confiado, o si 
opinión ha decaido hasta el punto de que toda la 
nación se interesa en su destrucción, contando aun 
la misma fuerza armada, que lo defiende; si a \H U 
vista de una revolución formada con su entero co 
nocimiento no tiene los recursos de evitarla y cas 
tigar el crimen. La pena de un escritor, que le 
dice a un Gobierno justo y legal, que debe dejar 
el puesto suponiéndole crímenes, que no exsisten se- 
guramente no puede ser la muerte sino un destierro 
como nuestra lei lo determina. Un gobierno pene* 
trado de su opinión, y de su justicia, lo castigada 
manifestando por la imprenta, la exactitud de sus 
procedimientos, y la falsedad de sus inculpaciones; 
la opinión de los hombres sensatos, miraria a un 
demagogo de esta ciase como justamente merecía, 
y el gobierno por su moderación se atraería el res- 
peto, que siempre inspira la virtud. Si por acaso^ 



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12 

hai alguna lenidad en las penas de los delitos d:e 
imprenta, el lejislador ha tenido presente, que el 
poder de los gobiernos siempre encuentra los rae- 
dios de hacer criminales los mas justos reclamos 
del patriotismo, y que muchas veces a falta de re- 
cursos legales para oprimir al ciudadano, que se 
opone a su política, se fragua una cotispiracien, se 
pide a las legislativas un poder extraordinario, y 
-sin proceso se expatria y castiga al que merecia una 
corona cívica. Si estos delitos se juzgaran por los 
•jueces permanentes, que el gobierno elije y tiene a 
sueldo, seguramente sucedería lo que er^Ingíaterra 
en tiempo" de CroinueH y Jacoba Segiinoo; pero el 
Jurado aplicado a los abusos déla imprenta, es el 
ensayo mas sabio, que podemos haber establecido, 
los que fuimos colonos de España. El jujrio por 
iurado que con mayor ilustración, se extenderá en- 
tre nosotros a las causas criminales y civiles, priva 
a los gobiernos de los medios de ceduccion,> y ana 
cuando pudieran influir en el nombramiento de estos 
jueces procurando que sean partidarios de su poli* 
tica, e interesados en los abusos de: su administra- 
cien, no es ■■ fácil prostituir a una multitud, como 
.pudiera hacerse con uñ. juez de letras, que debe 
•bu destino ai gobierno, que espera de él sus acen- 
tos, V de cuya docilidad depende su permanencia en 
el empleo que obtiene. El gobierna paga njentes 
-rúblkos encargados de defender sus derechos, y efe 
mwciaii ante la -.leí los, abusos de la imprenta; la- 
parte que- reclama es entonces bastante iinpcnente¿ 
el aparato- mismo del juicio contra tan poderoso 
enemigo, asusta a un ciudadano sim mas pocier,. que- 
]a jr sucia .de su causa; él teme el influjo de ; un §* 
iierno, y los resoltes que se promuevan, para opri- 
.■•mirlo y % asilando, entre sua temores y su justicia,, 



13 

se nhandonn a unos jaeces que pueden érttot r re- 
venidos, y a unas leyes, que pueden evadirse tí ini 
terppetacse en su contra ¡Cuantas vicieitulos man- 
tas zozobras, al que publicase por la prensa una 
roui calumnia contra \u\ gobierno! ;,Y habrá esc4i4 
tores públicos que tengan !a temeridad de escribir 
así contra una administración que ha de ser inexso- 
rabie en su castigo^ ¿Habrá algún ííesgo para ua 
gobierna que Heno de firmeza y rectitud descanza 
en la opinión"? Hablemos con sinceridad, el orgu- 
llo es ei apanage de los que suben adirijir las 
naciones, el verse chocados eri sus planes por ua 
ciudadano cualquiera, el ver disminuidos sus jgjígaú- 
tezcos proyectos, por una pluma, que examina sin 
pasión, el ser reconvenidos de una falta o de ua 
error, que polria haberse evitado; he aquí las ver- 
daderas causas de que todos los gobiernos sean ene- 
migos de la libertad de imprenta, aunque sus in- 
tenciones sean rectas y obren- según las leyes. La 
lisonja corrompe el alma mejor colocada, ella se 
insinúa, busca las ocasiones, y acaba por llenar de 
una falsa importancia aun al hombre mas ilustrado; 
el estilo, que oyen en sus palacios, y en las me- 
morias interesadas (pie se les dirij'en, quicieran oírle 
ten la imprenta,, donde mas bien se les juzgaba, 
que se les reconviene, y cuando sus faltas aparecen 
sin aquel atavío de cumplimientos y sin aquélla hu- 
millación, que creen debidas a su alta importancia, 
la criminalidad de los escritores llega a su colmo. 
Los gobiernos, que violando las leyes mas sagra- 
cías, marchan en su política contrariando la opinión 
BackxnaU podían, exceptuarse de toda regla, y de 
todo- principio constitucional;, [ara ellos 'sin duda 
toda lei es una traba, y todas las reconvenciones 
y, reclamos son elimines, la imprenta un odioso (2eaj 



jr= 



14 

gor, caustico en su~ expreoíones, descovtez e inmoral 
y iodo escritor político, un sedicioso, un demagogo, 
un corruptor de la juventud, y cuanto malo se quiera. 
No-iotros no nos tomaríamos el trabajo de escribir 
para esta clase de gobiernos, que siempre por sus 
manos saben tornarse la vengenza sin esperar que 
la lei establecida juzge, al que ellos llaman delin- 
cuente, Todos los razonamientos, y todos los dis~ 
cursos sea cual fuere su moderación y exactitud se- 
rian infructuosos, y no harían mas que atraer al 
escritor ia odiocidad de un poderoso enemigo, la 
persecución, el destierro, y cuantos males pueda ha- 
cer un gobierno a un desvalido ciudadano, que no 
podría apoyarse sino en leyes que no existen. Escri- 
bimos para un gobierno, que ceducido del respetuoso 
Silencio de tres arlos de un poder absoluto, no puede 
conformarse con que lo reconvenga el mas mise- 
rable de los ciudadanos y le hable de igual a 
igual, pues ejerce la censura que es el mas alto 
destino de un pueblo libre, y le inculpe faltas, que 
pueden no ser tales, esclareciéndolas ante la lei o 
discutiéndolas en los escritos ministeriales, que de- 
fienden su causa. Nuestras refacciones se dirijen a 
U.n gobierno, que quizá no ha considerado sediciente- 
mente ei borrón que va a echar en su administra- 
ción, con una reforma que equivale a una completa 
censura. Cuando se propuso ía creación del Tribu- 
nal Revolucionario, que tantas vít timas costó a la 
Francia* toda la convención comprometida en la 
revolución, quizo sancionarlo sin examen, una sola 
V02 la del intrépido Lenjinais dijo Yo me opongo. 
Yo creo que en mi patria se levantarán tocias ias 
4e nuestros representantes, que no permitirán sé nos 
arranque tan precioso derecho, y se dé un paso tan 
mmmÚQ para sumimos m la miseria y eu ]p ojjqt 



n 

sicion; erólas voces libertarán también a nuestro go- 
bierno, de consumar un error, que trayendo a la 

patria mi! males no le permitirá reeqjer ios frutos 
lié su afán y trabajo sino la reconvención dé tocios 
los ciudadanos* Su administración ya es de corta du- 
ración, y la que se le sigue vendrá a prevalerser de 
una reforma para añadir algunos eslabones, a ¡as 
instituciones que en América se prirísipiaq a ensayar. 
Es par otra parte uaa vergüenza, que en una 
República, se propongan reformas de esta clase; cuan- 
do vemos las dos mas brillantes monarquías de ia 
Europa declamar la entera libertad de la prensa, 
y que un gobierno, que se llama despótico, coma 
el de Dinamarca hable este sublime lenguaje que 
humillará a muchas que se llaman Repúblicas.— 
Hacemos saber que queriendo i y deseando en j ene- 
ral que cada uno de mis fieles subditos, goze del mas 
alio grado de libertad compatible con el buen orden 
del estado, establecemos la libertad de la prensa, por- 
que la consideramos como el medio mas eficaz de re- 
partir las luces* y conocimientos útiles en todas las 
clases de ciudadanos. A fin de favorecer un objeto 
tan bienhechor -para ¡a humanidad, poco después de 
haber subido al trono hemos abolido la CENSURd» 
dando de este modo a todo hombre instruido y hon- 
rado la facultad de comunicar al público los resul- 
tados cíe sus meditaciones y de expresar sin estorbo 
su pensamiento y sus opiniones, sobre todo lo aue 
pueda contribuir a la felicidad de la sociedad, j¿i 
coligo penal de los abusos de osta libertad, es con 
muí cortas diferencias, como el nuestro, asi un rei 
espontáneamente dá libertad a los que estaban con- 
denados a ser sierros, y entre nosotros un gobierno 
popular procura trabar y encadenar a los que na- 
cieron libres. 



r 



IT'Ti otra especie de almsos de la prensa que 
favore* íendo tos planes e ideas de! escríior -quitan 
a los gobiernos Jos medios de vengar la injuria y 
esclarecer los hechos ante la leí. lista arma es la 
mas terrible contra los malos gobiernos, y la prueba 
la tenemos desde lamas remota antigüedad. Esopo 
que después cíe lleeiodp se conoce como el masan* 
ciano autor de ios apólogos fué precipitado desde 
Una alta roca por ios habitantes de Delíos poruña 
de aquellas tabulas en que Jos pintaba tan ai vivo. Es* 
te mismo castigo quieieron dar los gobiernos a estos 
fabulistas, que bajo el velo de la ficción, revelan 
los abusos y crímenes de la autoridad; pero donde 
hai leyes, es preciso que haya un juicio, pruebas y 
sentencias ¿y cómo encontrarla^ cuando se escriben 
apólogos de seres que no existen y se exponen su- 
cesos fabulosos que han pasado algunos siglos? 
|Cpmo pueden castigarse estos juegos de una bri- 
llante hnajiuaeipiT? ¿Cómo prohibirse las lecciones 
de moralidad que los pueblos reciben siempre por 
medio de la fábula? El único remedio para evitar 
este mal seria la prohibición de este instructivo re- 
creo. ¿Pero donde está la nación mas humillada por 
]a tiranía y la ignorancia que no tenga sus apó- 
logos 4 ? ¿Eos libros santos no están llenos de pará- 
bolas? ¿,No anuncian ellos las mas sublimes ver- 
dades por medio de la mas inocente ficción 4 ? ¿Cómo 
podrán oponerse pues los gobiernos a la existencia 
de esíe terrible enemigo 4 ? Examinemos el apólogo 
£n su verdadero sentido, y veremos que este es siem- 
pre un crimen idiui, criado por nuestro amor pro- 
pio, o por una conciencia espantadiza y criminal, 
tina historia o un suceso extraño que se publica 
en un periódico, que no tiene relación con los acon- 
leciniieatüs diarios, no hai duda que- ílja^ nuestra 



M 



17 

atención, y nuestra malicia haciendo indagaciones, 
procura aplicar el suceso histórico, o la íaouia a 
algún hecho púolico o a algún acto (le tiranía. ¿.PerQ 
cómo hacer e»ta aplicación si nada ha pasado^ ¿Cómo 
apropiar un hecho criminal, que resulta de la mo- 
ral de una íabuía a las acciones arregladas de im 
gobierno justo*¿ Por mas que la malevolencia y 1$ 
malicia humana se empeñe en hacer estas apU<a- 
ciones, nadie podrá hallarla identidad que se busca 
y el fabulista lejos de aparecer un jenio, a- los ojos 
de todos será un insensato, y sií fábula un cuento 
ridículo, que nadie tomará la pensión de leer. Luis 
XlVVtan famoso por sus victorias, como por su 
protección á las ciencias, vio en unade tefe 'produccio- 
nes del sublime y virtuoso Tención da sátira mas 
completa de su dilatado reinado, 'En el Telémaeo, esta 
producción tan llena de moral, creyó verse» pintado ea 
iSesostriz, madama de'Montespan en'Cálipfeo, su miniss- 
tro Lüvóis en Protesilab; y asi el resto de su Corte. Efl. 
páblico siempre íriatigno hho las mismas aplicaciones. 
¿Existían en la corte de Francia los crimines que 
Mentor pone ante dos ojos de Téléniac^ vjUas accio- 
nes de Sesostriz Protesilao CaHpsd&.^tfenia alguna 
similitud con las del rei, con Lu vais, y madama ib 
Montespan*? Léase la historia de Francia y se verá 
la similitud de estos persouages, y la exactitud, con que 
ellos mismos, y ei publico se aplicaron los crimines y 
'desordenes pintados en aquel sublime poema. El apó* 
logo cuando no hai libertad es el único medio de des- 
cubrir los desordenes, y crimines de un gobierno, y 
quizá el vínico recurso de hacer llegar lecciones demo" 
ral y de virtid a la tiranía, que de todas exije la suini~ 
cion, el adulo y la bajeza, s*in que jueda llegar hasta 
ella una sola verdad, sino va envuelta con tan odiosos 
*y humillantes atavíos; Los crúíiineb4e los que escribía 



fábulas o apólogos son rmajinarios, o criados solo por 
el despotismo, que sé espanta de verse retratado; las 
precauciones de una lei de imprenta para evitar este 
recurso a la libertad oprimida siempre serán injustas: 
la fábula, que es un hecho imajinario dejaría de pro- 
ducir su efecto moral, sino se aplicase a algún princi- 
pio o algún hecho efectivo; sin esto, lejos de ser útil y 
agradable seria una producción insípida y sin provecho, 
/ -No sucede del mismo modo en las aplicado* 
fce^que se hace a la conducta privada de los indivi- 
duos. En primea lugar estas faltas no pueden tener 
im efecto público por el hecho mismo de ser co- 
metidas en el seno de las familias, donde la mo- 
deración, el amor, la amistad y,, el buen ejemplo son 
interesadas en consignarlas al .olvido. La revelación 
de estas faltan supone una enemistad anterior, un 
deseo ele venganza; y las naciones ningún otro re- 
sultado reciben que un escándalo público, que alaga 
Jas pasiones, y fomenta este espíritu de malicia e 
inmoralidad tan fatales al buen orden de la socie- 
dad. Estas revelaciones se hacen por una acusación 
directa, y la lei determina la pena, o bien pecu- 
niaria, o do prisión, y tiene tres grados que la 
agravan o disminuyen según la falsedad y crimina- 
lidad de la." imputación. Las ventajas, que propor- 
ciona la lei a un ciudadano injustamente ultrajado, 
es un Juri compuesto de personas eíejid as ala suer- 
te, que por \ lo mismo deben obrar sin pasicn ni 
parcialidad, una pena no solo aflictiva sino moral; 
pues el nombre, y el crimen del calumniador deben 
publicarse para ejemplo de los demás, y lo que es 
ínas honroso es que todo esto sirve de un testimonio 
.público de su virtud, y buena coinportacícn. Esta úl- 
tima ventaja considerada a primera vista parece de 
poca importancia; pero 4 sé observa/ que antes» de 






19 

estas acusaciones públicas, se esparcen rumorea, se 
les aíftadeñ después algunas pruebas, y se prepara 
al publico a recibir la calumnia, se verá que el ciuda- 
dano virtuoso y honrado encuentra una feliz ocasión de 
confundir publicamente a sus detractores y enemigos. 
El apólogo mui rara vez puede aplicarse a los delitos 
privados, a menos que las faltas o crímenes no se ha- 
yan hecho públicos, y entonces ya no es un mal el que 
se descubran por este medio delitos que quizá no pue. 
dan tener sino una pena moral. Entonces tiene su efec- 
to la censura privada, que en Roma, en Atenas y en 
otros paises libres tuvieron a su cargo algunas autori- 
dades. Montesquieu señala la virtud como el único 
apoyo de los gobiernos republicanos, y nada la conser* 
vara mejor que el temor de hacer públicos aquellos 
crímenes, que la impunidad insensiblemente autoriza 
en los pueblos viciosos e inmorales. Por otra parte es- 
tos crímenes no dejan de ser conocidos de todo el mun- 
do, y la prueba es, que al momento que aparece una fá* 
bula, que los retrate cada uno se apresura a ahacer la 
aplicación de ellos. 

La relijion, y las buenas costumbres tienen apoyo 
en nuestra lei; los abusos de la inmoralidad son casti* 
gados debidamente, y a mas del efecto infamante que 
atraerán sobre sus autores estas producciones escanda- 
lozas, la lei les pone penas capaces de contenerlos. 

Si alguna cuestión de importancia se ha ventilado 
en el espacio de nuestra emancipación política, es la 
presente. La libertad aunque vacilante, y llena de al- 
ternativas en nuestras conmociones interiores n® po- 
día dejar de revivir en aquellos intervalos en que el 
despotismo no encontrare pretextos para oprimirla: o 
se cambian las bases del sistema político, o se causa 
la mas perseverante e industriosa tiranía, de preparar 
ld$ ocaciones de asumir un poder absoluto. En ei pri» 



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mer caso, ya no hai leyes injusticia, que oponer ni res 
clamar; en el segundo no es posible sostener la verosimi- 
litud de tantas«*nspiraciones, cuyos resultados es pre- ; 
ciso- contrarrestar con un hynenso poder, in hallar rao- 
tivos de guerras, que entretengan Intención del vulgo 
que no piensa, y dilaten las tinjidas necesidades de una 
autoridad ilimitada. Aparecen pue^sin remedio peque- 
Ros intervalos de libertad, las instituciones por los es- 
fuerzos del patriotismo toman vitalidad y enerpa.la pren- 
sa reclama derechos ultrajados, y declara abusos, que 
amenazan la ruina del orden social. La lucha es admi- 
rable entonces; unos pocos escritores asustan a los ti- 
ranos rodeados de su poder, la opinión se ajita y se po r 
ne del lado de la justicia y de la libertad. 1,08 chilenos 
habremos sido bastante infelices para caminar en esta 
cruel alternativa; pero hoi que la libertad nos proteje, 
que las garantías sociales están en ejercicio, y existe 
nnalei que proclama la libertad de la prensa, no es 
posible nos desprendamos del mas augusto de nuestos 
derechos, de este derecho tan temible a la tiranía como 
necesario para enfrenarla, ¡representantes del pueulo 
Chileno! No creáis que es vuestra voluntad, o vuestras 
afecciones las que deban dirijir vuestra política, la 
constitución que os dio existencia es la norma y la ex- 
presa voluntad de vuestros comitentes; vuestra concien- 
cia y honor no pueden apartarse de este marcado sen» 
tlero. Si el parlamento Británico por adular a Henr. 
rique^ 111, llegó a sancionar por lei que la muqer que 
m casase con una de sus reyes sin ser virjen perdería la 
cabeza. Que la historia no diga jamas, que el poder íe- 
iislativo de la república de Chile, por complacer al Go- 
bierno, privó a la nación del mas nobh > y sublime de ta« 
dos sus derechos, y le preparó una eterna esclavitud.