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Full text of "Diccionario de chilenismos"

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DICGIOMMO DE CHILMISHOS. 



DICCIOTARIO 



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BE 



CHILlENISMOS 



/ 



y POR 



ZOROBABEL RODRÍGUEZ. 



Si yo hubiese de explicar lo qué 
siento de la lengua española, solo 
diria una cosa: que no es la lengua 
española la que nos hace falta para 
hablar con perfección, sino que so- 
mos nosotros los que faltamos a 
ella. 

Mayans i Siscar. —Orí; ene* de la lengua 
española. 



SANTIAGO. 

IMPRENTA DE «EL INDEPENDIENTE,)) CALLE DE LA COMPAÑÍA, NÓM. 102. 

1875. 



DEDICATORIA. 



El autor de este libro tiene a honra dedicarlo respe- 
tuosamente al Presidente de la Eepúhlica^ para quien 
esté reservada la gloria de promulgar la lei que esta- 
llezca en Chile la libertad de enseñanza ideprojesiones. 



PROLOGO. 



La incorrección con que en Chile se habla i escribe la lengua 
española es un mal tan j eneralmente reconocido como justamente 
deplorado. Dos jeneraciones han pasado ya por las aulas desde que 
los señores don Andrés Bello i don José Joaquín de Mora echaron 
en nuestro pais los fundamentos de los estudios gramaticales; i si 
es cierto que, sin cerrar los ojos a la evidencia, no podrian negarse 
las jornadas que hemos hecho por el buen camino, cierto es tam- 
bién, por desgracia, que aun está mui lejos de su terminación la obra 
iniciada en favor del buen decir por aquellos ilustres extranjeros. Si 
en lo tocante al punto en que nos estamos ocupando la República 
de Chile no es ya la última de las naciones en que se habla espa- 
ñol, aun tiene delante délos ojos el bochornoso espectáculo de otras 
que con menos tranquilidad, riqueza i elementos que ella la igualan 
i la vencen. No hemos tenido un Baralt como Venezuela, ni un Par- 
do como el Perú, ni un Cuervo como Colombia; i basta abrir los 
periódicos de Méjico, de Caracas, de Bogotá i de Lima para persua- 
dirse de que por aquellos mundos se tiene mucho mas respeto a las 
reglas de la Gramática i se conocen mucho mejor que entre noso- 
tros los modismos de la lengua, i la propia i castiza significación 
de sus vocablos. 

¿De qué proviene la inferioridad que acabamos de señalar? No 
sin duda de que Chile sea en América lo que fué Beocia en Gre- 
cia, o lo que es Galicia en España, tierra de molleras cerradas i de 
lenguas de trapo. El mal trae su oríjen de otra parte: nace de un 
gran vacio que hai en la enseñanza de la Gramática castellana. Si 
ésta no es mas que el arte de hablar i escribir correctamente el 
español, i si notamos tantos i tan groseros errores en los escritos, 
no solo de los que han dado examen de aquel ramo, sino también 



VIII 

de los profesores que lo cnsoñan, hai motivo para presumir que exis- 
to un vacio do importancia, o en los métodos o en los textos porque 
se enseña. 

Para darse cuenta de él basta ponerse en el caso de un joven que, 
después de haber dado su examen de Gramática (i aun de Litera- 
tura si se quiere) presenciase en la barra (1) del Congreso un desor- 
den en que se cruzasen los gritos, los silbos i los golpes, i se viese 
en el caso de escribir sobre él un articulo parala gacetilla de un 
diario. ¿Qué titulo dará al suelto? La primera palabra que se le 
viene a la memoria es leona', pero ¿es leona una palabra castellana? 
I siéndolo ¿deberá escribirse leona o liona? En la duda procura re- 
cordar algunos sinónimos: zafacoca, bochinche, batahola, i algunos 
otros mas se le ocurren aumentando sus perplejidades i dejándolo 
sumido en mas oscura incertidumbre. Si en tal conflicto apela a su 
Gramática, a su texto de Literatura i a su Manual de composición 
literaria, después de repasar uno a uno sus preceptos, sus reglas, 
sus modelos, tendrá que reconocer al fin, desalentado, que de allí no 
puede venirle la luz que necesita. Al fin de cuentas escribirá, salga 
lo que saliere, o se echará a la pesca de sus palabras en el inmenso 
mar de los diccionarios de la lengua. Pero lo primero no es desatar 
el nudo sino cortarlo; i lo segundo seria imponerse una tarea 
excesivamente pegada, que habria medio de hacer mas llevadera. 

Ese medio es el que ofrecemos a la juventud estudiosa, dando a 
la estampa el presente Diccionario de chilenismos» 

Él no pretende hacer inútil el estudio de la Gramática castellana, 
ni escusar a los que deseen expresarse correctamente el trabajo de 
consultar con frecuencia, ya el Diccionario de la Academia, ya los 
de Sinónimos castellanos, ya el de Galicismos de Baralt, ya el Etimoló- 
jico da Monlau. Pero aun así, siempre serán de valía los servicios 
que prestará a los estudiosos, dándoles un fácil medio de evitar los 
errores mas comunes que, hablando o escribiendo, se cometen en 
nuestro pais en materia de lenguaje. 

El lector encontrará en nuestro Diccionario una lista, sino com- 
pleta, bastante numerosa délos provincialismos que se usan en Chi- 
le, con su etimolojía cierta o probable, con ejemplos de escritores 
nacionales que muestren su verdadera significación, i con los equiva- 
lentes castizos, apoyados también en pasajes de los clásicos españoles. 



(1) Llamamos barra en Chile el espacio que queda entre la baran- 
dilla que cierra i limita la sala de sesiones de las cámaras i cabil- 
dos 1 la puerta principal. En España barra es la barandilla misma. 



IX 

Así ya en adelante no tendrá disculpa el escritor que, como casi 
todos hasta ahora, sin otro guia que su instinto i juzgando de los 
vocablos por el aspecto, subraye i haga publicar en bastardilla como 
provinciales muchas voces que son de la mas lejitima cepa española, 
i vice-versa, dé paso franco, como si fuesen castizas, a otras que 
vienen en linea recta del quichua o del araucano o de ninguna par- 
te, porque son disparates de tomo i lomo. 

Ni se crea que nos hayamos limitado a consignar en este libro los 
chilenismos de palabra; que también, aunque en menor número, he- 
mos dado un lugar en él a los chilenismos de frase, apuntando aque- 
llos refranes, locuciones i construcciones que son peculiares de nuestro 
país o de algunos de los pueblos americanos que hablan el' español*. 

Dicho lo que queda en cuanto al objeto del libro i alas materias 
de que consta, fáltanos solo indicar ahora el plan que hemos segui- 
do- i los auxiliares que nos han ayudado en el trabajo de compo- 
nerlo. 

Puesto que hemos dado a la obra el titulo de Diccionario, demás 
será declarar que se ha seguido rigorosamente el orden alfabético 
de los chilenismos i no de sus equivalentes castizos. 

Con respecto a la ortografía de las palabras quichuas o araucanas, 
nos hemos desentendido a menudo de su etimolojía, o mas exacta- 
mente de las letras con que las escribieron los diccionaristas de esas 
lenguas, para darles en lo posible una fisonomía española. Siguiendo 
a la Academia, a la Universidad de Chile i al señor Astaburuaga, 
escribimos invariablemente g inicial antes de ua, aun en los ca- 
sos, que son los mas, de hallarse en los vocabularios quichuas o 
araucanos esa combinación precedida de h. Con las combinaciones 
tie, ui hemos seguido una regla contraria, anteponiéndoles siempre 
la h. 

La razón de este procedimiento está en que ninguna palabra espa- 
ñ3la principia por hua^ ni por gwc, ni por güi^ i en la conveniencia de 
evitar al que escribe, en los dos últimos casos, el engorro de mar- 
car la diéresis. 

Hemos dicho que ninguna palabra castellana empieza con güe^ i 
eso sin olvidar que el Diccionario de la Academia trae escrita así, 
entre otras voces que en rigor no son españolas, la voz gücllos^ porque 
según nos lo advertía en una de sus interesantísimas cartas el señor 
don Fernando Páulsen, esa manera de escribirla «solo arguye el poco 
discernimiento de los ilustres académicos i de los que los han co- 
piado. Gúcllos debe escribirse con /i, pues viene evidentemente del 
portugués olhos (que se pronuncia olios, o mas bien, para hablar «o- 



erectamente la lengua de Camoens, ollush, pronunciando las doa 
últimas letras a la inglesa) conmutada la o en ue o sea hue, eu- 
fonizacion mui de la índole de nuestro idioma. Asi del latin ovum^ 
hospes, etc. i del griego ocphanos, sacamos huevo, huésped, huérfano.^ 

Por no abultar demasiado el libro i porque ello no entraba en nues- 
tro plan, hemos prescindido de mencionar, salvo raras excepciones 
aquellas palabras i jiros que, por ser de procedencia francesa, tienen 
un lugar en el Diccionario de Galicismos i no son, propiamente ha- 
blando, provincialismos chilenos. 

Tampoco hemos señalado los defectos de pronunciación en que 
suelen incurrir nuestros paisanos en la conjugación de muchos ver- 
bos, en parte por que ello habria sido impropio de un Diccionario, 
i en parte también i principalmente porque ese trabajo ya ha sido 
hecho por el señor Gormaz, cuyas Correcciones Lexigráficas en esta 
parte son casi siempre mui dignas de ser obedecidas. 

Finalmente, nos hemos abstenido de incluir entre los chilenismos 
los nombres quichuas i araucanos de animales, de aves, de peces, 
de plantas i los jeográficos; a los cuales solo hemos dado cabida en 
el cuerpo de la obra cuando ha sido indispensable para la mejor in- 
telijencia de algún refrán o locución que costituyan un verdadero 
chilenismo. 

Tal cual lo presentamos al público, nuestro libro, con los errores 
que en ninguna obra humana pueden evitarse, i con las omisiones 
numerosísimas en que forzosamente incurren los primeros dicciona- 
ristas de todas las materias, creemos, sinembargo, que podrá prestar 
servicios no despreciables a aquellos de nuestros paisanos que deseen 
perfeccionarse en el arte de hablar i escribir con pureza i correc- 
ción su idioma. 

Salgan empero confirmadas o fallidas nuestras previsiones i cual- 
quiera que sea la suerte reservada a este libro, fruto de muchas ho- 
ras de trabajo, robadas a otras ocupaciones mas premiosas, si bien 
no mas de nuestro agrado, no hemos de darlo a la publicidad sin 
pagar a los que nos han ayudado en la labor lo que en justicia les 
debemos. 

Ademas del Diccionario de la Academia Española i de la mayor 
parte de los que existen de nuestra lengua, del Etimolójico de Mon- 
lau, del de Galicismos de Baralt, de los de Sinónimos castellanos de 
Olive i de Barcia, del Tesoro de Covarrúbias, de los Fundamentos 
del vigor i elegancia de la lengua castellana de Garces, de las Gra- 
máticas, de Bello, de la Academia, de Salva, de Saavedra, etc., hemos 
consultado con especial frecuencia i aprovechamiento las notabilísi- 



ínas Apuntaciones escritas sobre el lenguaje bogotano por el señor 
don Rufino J. Cuervo; i aunque no tan a menudo, los Apuntes para 
un diccionario de peruanismos que el señor don Pedro Paz Soldán i 
Unánue (Juan de Arona) publicó en El Correo del Perú i sus Poesía» 
Peruanas, nos han suministrado voces i sobre todo ejemplos en nú- 
mero considerable. 

Empero, por poderoso que haya sido el concurso que debemos a 
los autores citados i a otros que por no ser prolijos omitimos, nues- 
tro mas eficaz auxiliar, co -autor de este libro si la expresión se to- 
lerase, es un filólogo cujo nombre no anda en boca de la fama ni 
siquiera en letras de molde por esos periódicos; el señor don Fer- 
nando Páulsen, quien, después de haberse llevado acopiando durante 
largos años una multitud de observaciones sobre los vicios de nues- 
tra habla, las puso en nuestras manos, no solo para que las consul- 
tásemos, sino para que las tuviésemos como propias i de nuestra 
propia cosecha. 

Ya que la excesiva modestia de nuestro jeneroso amigo nos ha 
privado del placer de citarlo los centenares de veces que hemos co- 
piado al pié de la letra o utilizado sus apuntes, queremos darnos el 
mui vivo de manifestarle aquí la gratitud que sentimos por sus fa- 
vores i la admiración que no ha podido menos de despertar en 
nuestra alma una tan rara erudición hermanada con una tan singu- 
lar modestia. 

Una palabra ahora en resguardo de la nuestra. Si alguno, al ver 
la frecuencia con que el autor toma de sus propios escritos ejem- 
plos que muestren la significación de los provincialismos chilenos 
que considera, se sintiese tentado a mirar en ello un indicio de su 
vanidad literaria, deseche tan mal fundado pensamiento. La obra de 
hallar un ejemplo para cada chilenismo era larga, i nosotros no po- 
diamos dedicarle mas que algunos momentos. De ahí quo tomásemos 
las citas que teníamos mas a la mano; i ¿cuáles habíamos de recor- 
dar mejor que las que ocurrían en nuestros escritos? Por otra 
parte, ridicula vanidad seria la de buscar gloria en una exhibi- 
ción délos propios pecados ¿i qué otra cosa que pecar por ignoran- 
cia o perversión del guato hacen las mas veces los que afean sus es- 
critos con bárbaros, groseros, o cuando menos innecesarios provin- 
cialismos? 

Si la acojida que dé el público a este libro correspondiera al deseo 
que abrigamos de contribuir al perfeccionamiento i depuración d» 
nuestra habla, bien podríamos en una segunda edición llenar sub 
vacíos i enmendar sus errores. Tenemos ademas el propósito 



XII 

de agregar al Diccionario, si es que llega alguna vez el caso 
de reimprimirlo, una lista completa de todos los nombres indíjena» 
do animales, plantas i lagares de Chile, apuntando cada vez que 
haya lugar, su etiraolojía i sus equivalentes científicos i vulgares. 
Entonces el Diccionario de Chilenismos podria ser un todo armónico 
i completo, sino en sus detalles, por lo menos en su plan i en las 
líneas primordiales de su trazo i delineamiento. 

De todas maneras i ya que nos faltan títulos para esperar estímulos 
del público, nos acojemos confiadamente al juicio de las personas 
instruidas, capaces de apreciar las dificultades de este j enero de 
trabajos. Su benevolencia no nos negará la disculpa con que don 
Enrique de Villena, en su Arte de trobar^ excusaba tan donosamente 
las faltas del primer libro que sobre la Gaya Ciencia escribió don 
Ramón Vidal de Besalú, diciendo de él: «Este Ramón por ser 
comenzador no fabló tan cumplidamente.» 



DICCIONARIO 



DE 



CHILENISMOS 



«Compone esta preposición A tal i tan variada multi- 
tud de adverbios o dicciones adverbiales, dice Garces en 
su Fundamento del vigor i eleganma de la lengua castella- 
na, que a enumerarlos todos, apenas bastaría un libro 
entero, mostrándonos con gran viveza i propiedad mil ma- 
neras de hablar que tocan a modo, a acción, tiempo, 
lugar, semejanza i otras.» 

En Chile, ademas de las frases adverbiales señaladas 
por Garces en la obra citada, corren muchas otras, entre 
las cuales, por mas usadas i expresivas, hemos notado las 
siguientes: 

\^ A espeta perros , (salir), que según el señor Cuervo en 
sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano , es 
en español salir como perro con vejiga. 

2.* yl hacerse, que colocada en pos de algún verbo o 
adjetivo expresa con grande enerjía la idea de, shi reme- 
dio, ^ total, definitivamente. «Ya es inútil que riegues mas 
ese árbol: se ha secado a hacerse.^t «Lo acometió el mine- 



ro con tal furia que a la primera puñalada lo mató a ha- 
cerse,^ 

Estert hacerse de nuestra plebe es seguramente el anti- 
cuo a cercen, que hoi, no sabemos por qué, escriben casi 
todos a cercen. 

c(La carne i hueso a cercen le derriba.» 

(OÑA. — Aranco domado.) 

«Las dos manos a cercen le ha cortado.)) 

(A. DE Saa.vedR;V. — El peregrino indiano.) 

(Véanse dos ejemplos mas en la Ortolojía de Bello 

Garces escribe sin embargo a cerceny i lo mismo se nota 
en muchas ediciones del Quijote. 

3.' A la bnita, que vale tanto como toscamente, con 
exceso, 

«Desde que se fué al campo está viviendo a la bruta.)^ 
«Desde que entró a ejercicios bebe tal cual vez; pero 
cuando bebe, bebe a la bruta.n «Grande es la casa i nue- 
va: ¡lastima qne haya sido trabajada a la bimtalyy 

Parece que la locución castiza es a lo brutesco: 

«Acullá ve una artificiosa fuente de jaspe variado, i de 
liso mármol compuesta; acá ve otra a lo brutesco ordena- 
da, a donde las menudas conchas de las almejas etc.» 

(Cervantes. — (??«yoíe.) 

4.* A la cuarta, que significa con dependencia i sujeción 
rigurosa, i a veces también, pobre, escasamente. 

«Desde que la infeliz perdió a su marido no tiene mas 
qne su montepío, que apenas le da para vivir a la cuarta,rt 
«El caballero ése es de cuño antiguo; hace que sus hijos 
se recojan a las nueve de la noche; nadie se acuesta en 
su casa sin rezar el rosario, i tiene a toda la familia a la 
cuarta. n 

Probablemente en esta frase, cuarta se toma en el sen- 
tido de cabestro que, en efecto, le atribuyen nuestros 
guasos. 

5.* A la diabla. Pues que los españoles se han permi- 
tido cambiar en a la última o de Bartolo en la conocida 
i decidora frase tenderse a la bartola, ¿por qué los chile- 
nos hemos de tener mas respeto a la última de Diablo? se 
preguntarla probablemente el desconocido inventor de 
esta fra^e; i dicieudo i haciendo, mandó a su mujer «que 



cortase sus relaciones con la yitida del boticario, porque 
&abia de miii buen oríjen que estaba viviendo a la diabla 
con el barbero de en frente.» 

El consabido paisano inventor de la frase» fué segura- 
mente hombre de pelo en pecho; pero indudablemente no 
fué un gran filólogo. Tenderse a la bartola, no quiere de- 
cir tenderse como Bartola acostumbraba, que no hai mo- 
tivo para hacer tamaño agravio a su memoria; es senci- 
llamente tenderse sobre la barriga, pues bartola da tanto 
como pajiza en castellano de mozos de cordel i destripa- 
terrones. 

Lo escrito escrito, aunque después de escribirlo haya- 
mos leido en Baralt: 

«cPoner las cosas de través» por poner las cosas sin 
orden ni concierto, a la diabla. — (Dieeionario de Gali^ 
Císmos.) , 

6.' A la fija, vale perfectamente^ co?i la deseable como- 
didad o seguridad. 

«Vete con el caballero a la hacienda, que irás a la fija: 
no sale de ella administrador que no salga con Don por 
delante i con el riñon tapado.» 

7.* A la mala. «La lucha entre ellos i nosotros es mui 
desigual, decia, saliendo de la Cámara,, cierto diputado: 
¿no vé Ud. que ellos no van nunca sino a la mala'^. » 

Queria decir: ¿no vé Ud. que ellos proceden siempre de 
mala fe i sin desechar mediosl 

8."" A la pluma, al cincel, no son provincialismos chile- 
nos, sino galicismos tan corrientes en América como in- 
tolerables. Con decir a plimia y a cincel, se ahorrarían 
letras i disparates. 

9.* A la pretina. No vacilamos en poner esta frase 
entre los chilenismos, porque si bien es cierto que no fal- 
tan en España madres precavidas que tengan a sbs hijas 
en pretina, como quien dice en prensa, solo en Chile las 
hai que gusten de llevarlas a IcL prethia, como quien dice, 
haciendo una irrespetuosa comparación, al pegual, 

10.* A la songa, songa. Songa es un provincialismo 
cubano que equivale a ironía, hurla. Solo hemos oido so- 
nar en Chile esta palabra en la frase, a la songa, songa, 
cuyo sentido es disimuladamente, eon im artificioso descui- 
do, mui poco a poco. 

IL* A las últimas o en las últimas, se dice en Chile de 



4 A 

una persona quo agoniza. En España se dice, o al menos 
se decia en los buenos tiempos de su literatura^ a los 
últimos. 

«Diciendo esto me llevó a un cuarto donde el triste 
Blas de Santillana, tendido en una cama que mostraba 
bien la miseria de un pobre escudero, estaba ya a los 
últ¿mos,y)—[V, Isla. — Gil Blas.) 

12." Al apa. Estándonos a la semejanza de sonidos,, pare- 
ce que nuestra conocida frase adverbial al apa no fuese mas 
que una corruptela de la mui castiza a la zapa; pero la falta 
absoluta de semejanza que se nota en el sentido de ambas 
frases, nos inclina a pensar que al apa (esto es a cuestas, 
sobre las espaldas) ha debido su existencia a jentes que, 
según todas las probabilidades, ni oyeron nunca decir a la 
zapa, ni menos supieron que esa es una frase militar que 
signiífca (dr los sitiadores resguardados por las zanjas i 
trincheras que abren ellos mismos, o arrimados a las for- 
tificaciones que sitian.» — [Diccio7iario de la Academia.) 

El único medio de descubrir entre ambas frases alguna 
relación de parentesco, seria imajinar que se toman las 
espaldas del que lleva cd opa por muros de la fortaleza, i 
al llevado como a un sitiador que se adhiere i pega boni- 
tamente a la muralla para no ser visto. Lo que es nosotros, 
no nos sentimos capaces de un tal esfuerzo de imaji- 
iiacion. 

Mas probable es que al apa venga del quichua, en cuyo 
idioma apac significa llevar, apani, la bestia cargada, i 
apa el jornalero que gana su vida acarreando. (Pueden ver 
sobre este punto los curiosos el Diccionario quichua-caste- 
llano del Rev. P. Honorio Mossi, en la palabra apa.) 

En Ataeama en vez de al apa dicen a la tota, 

13." A la trinca, sinónimo de a la cuarta. 

14.* Al pegual, a los corriones., esto es sujeto a las piezas 
de la montura que tienen esos nombres: 

«Bajaron las tres Marías 
En sus tres caballos blancos 

Con un chancho a los corriones 

Dios te salve Reina i Madre.» 

Son versos que oimos cantar a un peón arribano en 



A 5 

nuestra niñez, i pertenecen al jénero de aquellos otros 
tan populares: 

«De las aves que vuelan 
Me gusta el chancho, 
Porque las esperanzas 
Nunca se pierden; 
Nunca se pierden, sí, 
Blanca azucena, 
Si la azucena es blanca 
Tú eres morena.» 

15.' Al tirar y es una frase que se contrapone a escbjido 
o mas exactamente a escojiendo. «Brevero ¿a cuánto el 
ciento de brevas? — A cuatro reales al tirar, i a seis, esco- 
jidas, mi caballero.» En el primer caso el vendedon cuen- 
ta las brevas a medida que se van presentando; en el se- 
gundo el comprador escojo las que mas le gusten. 

16." Al tiro, vale en el acto, «En la tarde de ayer uno 
de los trabajadores que se ocupan en estucar el frente del 
portal Fernández Concha, se cayó del andamio i se mató 
al tÍ7'0,)) leimos en un diario de Santiago. 

17.* A pata, equivalente a descalzo, 

18.* A punta de lanza, es una frase mui castiza; no así 
a punta de palos, a punta de azotes, i hasta a punta de 
plata, como oimos decir con frecuencia, por a fuerza de 
palos, azotes, etc. 

19.* yl revienta cinchas, es una locución que dice tanto 
como la española, que trae el Diccionario de la Academia, 
rompiendo cinchas, esto es^ corriendo con extraordinario 
esfuerzo i lijereza. Hai entre el enérjico a revienta cinchas 
i el jerundiano rompiendo cinchas, la misma diferencia 
que entre, a mata caballos i matando caballos, que sirven 
para expresar la misma idea. 

20.* .4 roso i velloso. D. Francisco de P. Seijas en una 
nota al Cuento de cuentos de Quevedo dice, explicando el 
oríjen de esta locución: 

idioso ni velloso. Roso vale tanto como rojo, velloso se 
entiende bien; i el modo adverbial no dejar roso 7ii vello^ 
so es «totalmente sin escepcion.» I bien^ pudo decirse, 
como indica Covarrúbias, por similitud de las frutas cu* 
biertas de cierto vello o película mucho mas crecido i ma- 



6. ABA 

nifiesto cuando están verdes, que no cuando están madu- 
ras i de rojo i encendido color. No dejar verde ni jnaditro, 
roso ni velloso vale lo mismo que «todo por igual.» 

Este oríjen parece traido por los cabellos, debido qui- 
zás a corrompida ortografía. Escribiendo rozo en lugar de 
roso, explicaríamos mejor i mas naturalmente el oríjen i 
sentido de la frase; pues rozo es participio irregular de 
rozar, i rozar es cuasi pelar: a pelón i peludo; esto es a 
hombres (por ser pelados, sin pelo, en latin glaber) i bru- 
tos (por peludos, vellosos). De manera que a rozo i velloso 
vale a todo el mundo, sin distinción. La Academia dice: 
«totalmente, sin excepción, sin consideración ninguna.» 

ABAJO, ABAJINO, A. 

Los*lados de abajo es una frase de que se sirve siem- 
pre la jente poco entendida en jeografía de Chile, para 
denotar lugares situados al Norte de aquél en que está 
hablando; i aun la ilustrada a veces, cuando le ocurre 
decir que algo ha sucedido o que alguien vive, en algim 
lugar cuyo nombre desconoce i del cual solo sabe que 
está al Norte. 

Los lados de abajo, para indicar las comarcas del Nor- 
te, es correlativa de los lados de arriba, que se encontra- 
rá en el lugar correspondiente de este Diccionario. 

Después de lo dicho, excusado parecerá hagamos notar 
que abajino es un adjetivo que se aplica a los habitantes 
de las provincias del Norte^i centro, por los de aquellas 
que se hallan situadas mas al Sur. 

ABALEAR O BALEAR. 

^ «Limpiar el trigo, cebada, etc., al tiempo de aventarlo, 
dice el Diccionario de la Academia, separando del grano 
con una escoba los granzones i paja gruesa.» 

En Chile usa este verbo, bien es cierto que solo lajen- 
ie zafia, en el sentido de fusilar. 

«Así debe ser. ... I es mui justo. Miren que estar en 
un tris que a uno lo abaleen es para quedar con urisma,yi 
(aneurisma). -(V. Hjjrwa.o. — Una víctima del honor.) 

No estando este chilenifsmo justificado por la necesidad 






ABA 7 

ni disculpado por el uso de las personas ilustradas, daría- 
mos de buena gana nuestro voto por que fuese cuanto an- 
tes pasado por las armas. 



ABARRAJADO, A. 

Audaz, pendenciero, perdonavidas, disoluto, libertino. 
(d por otra parte, cuál vida, cuál índole, cuáles hábitos 
libertinos mas propios del pipiólo típico, del pelajeanu 
abarrajado, que la vida, la índole, los hábitos íntimos de 
don Diego Portales?» escribió el señor Vicuña Mackenna 
en el libro que lleva por título el nombre de aquel procer 
de nuestra organización política i administrativa, libro que, 
sea dicho de paso, es el mas interesante de cuantos ha 
producido su fecunda pluma; si bien se encuentran de 
cuando en cuando en él apreciaciones tan injustas i equi- 
vocadas como la contenida en el párrafo que dejamos co- 
piado, por suministrarnos una muestra del jenuino senti- 
do en que se usa el adjetivo abarrajado. 

ABASTERO. 

Palabra de uso jeneral en Chile, i que no figura ni en 
el Diccionario de la Academia ni en ningún otro de la 
lengua española. 

Su equivalente castellano es abastecedor; aunque es de 
notarse que, viniendo abastecedor de abastecer, i signifi- 
cando este verbo «proveer de bastimentos o de otras cosas 
necesarias» (Diccionario de la Academia) tiene de sujo 
aplicación mucho mas extensa que nuestro abastero, que 
denota solo al proveedor de reses o carnes vivas; a dife- 
rencia del carnicero que es el vendedor de carnes muertas. 

Un ejemplo del uso corriente de abastero nos suminis- 
tran estos versos del poeta popular de Santiago, Ber- 
nardino Guajardo, en su romance De todas artes: 

«Primero es el abastero 
Que en reses hace gran gasto 
I con ellas da el abasto 
A todo SantiaíTO entero.» 



8 ABU 

Cáese <le su peso que, no teniendo la palabra de que se 
trata sinóuinio castellano, no liai por qué condenarla. Por 
otra parte su uso se ha hecho tan jeneral, que a pesar de 
cuantas sentencias de proscripción se pronunciasen contra 
ella, sabría conservar su puesto i mantenerse en sus trece. 



ABOMBARSE, ABOMBADO, A. 

1." Perder en parte la lucidez de las facultades menta- 
les; 2.' Ebrio, i mas exactamente achispado. También he- 
mos solido oir el sustantivo homba^ aunque solo en la 
frase estar en bomba, 

aEl que líquido ha tomado 
De noche por fantasía 
Amanece al otro dia 
Atónito i abombado.r\ 

(GuA JARDO. — El gustador,) 

Abordar. 

Se construye este verbo con las preposiciones a i con, 
Al traductor, pues, cuyo es el siguiente pasaje, le ha- 
bría estado bien abordar con el Diccionario de la Acade- 
mia, voz desabordarse, o « a la Gramática de Salva, páj. 
264. 

«La seguí (habla de una niña) sin atreverme a abor- 
darla, aunque ella dejaba traslucir una emoción de las 
mas animadoras.» (El infame de Ed. About. — Traducción 
de El Ferrocarril, febrero 26 de 1867.) 

ABUSIÓN, ABUSIONERO^ A. 

En castellano antiguo se llamaba abusión lo que noso- 
tros llamamos «6w5o. También equivalía el indicado vo- 
cablo a superstición, agüero', de donde el derivado abusio- 
ñero, ({\\e q(i\ú\¡úq 3. supersticioso, agorero. 

El señor Vicuña Mackenna se equivoca por lo tanto 
cuaftdo supone que abusión es una palabra inventada por 
nuestro pueblo, que si en verdad se muestra muí propeu- 



I 



ACÁ 9 

so a creer en abusiones, no por eso puede ser tachado, 
sin notoria injusticia, de sobresalir por tal aspecto entre 
todos los pueblos ahusioneros de la tierra. 

Léase ahora el párrafo de la Historia de Santiago en 
que el señor Vicuña hace a nuestro pueblo, inocente de 
ese pecado, que si de otros mas graves nó, la imputación 
aludida. 

((Fluctúa todavía una vaga tradición de que aquel cam- 
bio de domicilio se hizo con los accidentes de una fuga, 
corriendo las monjas cismáticas desgreñadas por las calles, 
mientras que las que quedaban fieles al antiguo escapula- 
rio las perseguian con sendos torniscones. Pero esto nos 
parece haber sido una de las muchas abiisio?ies, que tal 
es la palabra inventada por el pueblo mas abusionero del 
mundo.» 

En resumen, abusión i su derivado abusionero son dos 
voces tan útiles como hermosas de entre las muchas que, 
habiéndose anticuado en España, han conservado en 
América el vigor de su primera juventud. 



ABUTAGARSE, ABUTAGADO, A. 

No son chilenismos, sino muestras palpables del descui- 
do con que miramos cuanto atañe a la recta pronuncia- 
ción de las palabras. 

Claro se está que lo que manda el Diccionario es abo^ 
tagarse, abotagado, a. 

ACÁPITE. 

¿Quién no diria que esta palabra es castiza i de la me- 
jor estirpe? No la encontramos sin embargo, ni en los 
clásicos, ni en los diccionarios de la lengua. Tampoco es 
cosa fácil explicarse satisfactoriamente su significado re- 
curriendo al latin, de donde en apariencia procede. 

Dígase, pues, en lugar de acápite y párrafo o aparte y si 
no quiere decirse sangría, como aconseja la Academia en 
las siguientes palabras de su Ortografía: 

«A mas del punto final suelen ponerse varios apartes en 
las cartas i en toda clase de escritos. Esta división que 



10 ACC 

consisto en no acabar el reglón final del último período i 
en empezar el siguiente mas adentro de la plana que to- 
dos los demás, se llama sangría i solo debe usarse cuan- 
do se va a diverso asunto o bien a considerar el mismo 
bajo (este bajo pone grima al señor Cuervo) un aspecto 
diferente.» 



ACARRALADURA. 

Bastante usado, i no existe. Dígase carrera (en las me- 
dias, etc.) 



ACASERARSE, ACASERADO, A. 

Del perro callejero i mostrenco que se introduce en una 
casa i va poco a poco sacando la cola de entre las pier- 
nas, i tomando confianza a medida que repite sus visitas, 
se dice en tierra de Chile que se acasera. I si llega por 
ventura a instalarse definitivamente, obteniendo el expre- 
so o tácito consentimiento de los dueños de casa, se dice 
que es un perro acaserado. 

El vocablo español que mas se aproxima a acaserarse, 
es encariñarse. 



ACCIDENTADO, A^ ACCIDENTES. 

Mas que chilenismos son éstos galicismos tan chocantes 
como esparcidos en América, donde parece se tuvieran 
por no existentes las muchas palabras que el idioma po- 
see para indicar la idea de quebrado^ fragoso, ctspero, es- 
cabroso, cerril. 

Otro tanto decimos de los accidentes del terreno, por 
frar/osidadf aspereza del mismo. 

«Los indios del Norte de Chile eran mucho menos nu- 
merosos, menos altivos, menos \}Vo[,q]\Aos]íov los accidentes 
del terreno, que los del vSur, los de ultra-Biobio, los re- 
nombrados araucanos. o — (M. L. Amunátegui.— ¿(/^ P/rc/ír- 
sores de la Independencia de Chde.) 



ACÓ 11 

ACEZAR, ACECIDO. 

Son estos dos vocablos una muestra mas que se nos 
ofrece de los muchos que^ habiendo caido en desuso allá en 
España, se conservan todavía en América como un vi- 
viente recuerdo del lenguaje de los conquistadores caste- 
llanos del siglo XVI. Kn la Península, si no miente el 
Diccionario^ no hai mas que el sustantivo ocezo^ anticua- 
do por añadidura, i los verbos jadear i carlear, 

ACOBARDAR. 



A buen seguro que no escribimos para nadie una nove- 
dad escribiendo que acobardar es un verbo castellano, 
que se usa como activo en el sentido de intimidar i como 
reflexivo en el de amilanarse* Lo que sí no parecerá tan 
ocioso es hagamos notar que en Chile suele usarse la 
forma activa de este verbo en el sentido reflejo, i a veces 
también como equivalente de temer. 

Sea ejemplo de este último uso de acobardar la excla- 
mación en que suelen prorrumpir los mirones de las pen- 
dencias que se traban con tanta frecuencia entre nuestros 
rotos: «¡No le acobardesh o «¡No hai que acobardarle un 
pelo!» 

Del primero nos suministrará uno el señor Vicuña Mac- 
kenna. Dice en alguna parte de su Biecjo Portales: «Com- 
pañero, no hai por qué acobardar^ hemos pasado lo mas 
difícil del camino i ja estamos en pampa rasa. y) 



ACOMPAÑAR, ACOMPAÑADO. 

Entiéndese por acompañar enire albañiles,. la acción de 
llenar con barro, mezcla u otro material cualquiera, los 
huecos i resquicios que van qiaedando en las paredes por 
la, colocación de los marcos i pilastras de las puertas, cor- 
nisas, antepechos, etc.; i por acompañado el material con 
que se llena, o mas ex.actamente el remiendo mismo. 

Ignoramos si los alarifes en España se sirven de las dos 



12 ACHA 

voces apuntadas; pero si entre ellos corren, no han podido 
llegar aún hasta el Diccionario de la Academia. 



ACONCHARSE. 

En el sentido de depositar los líquidos en el fondo las 
heces o parte crasa que contengan y es chilenismo. 
Véase Concho. 

ACUADRILLAR. 

Castellano, según la Academia, Salva i Domínguez, en el 
sentido de formar , juntar i qobernar una cuadrillay es un 
chilenismo de tomo i lomo en el que le atribuimos exclusi- 
vamente de dar cuadrillazo (otra palabra criolla), acorné^ 
ter muchos contra uno, 

ACUMUCHAR, SE, ACUMUCHADO, A, ACUMUCHAMIENTO. 

No siendo castellano cumucho, de donde se derivan las 
tres palabras materia de este párrafo^ claro es que ellas 
no han de seiio tampoco . 

No se descubre su oríjen ni en el araucano, ni en 
el quichua, ni en el aimará. Probablemente acumuchar 
es un verbo bárbaramente formado de mucho, converti- 
do por un vicio de pronunciación en cumucho. Tanto 
mas nos inclinamos a creerlo así, cuanto que cumucho no 
es mas que el grupo de muchos objetos, ya animados, ya 
inanimados. Así se dice: oNo hai en la plaza mas que 
unos cuantos cumuchos de jente.» «Los rotos chilenos 
están siempre prontos a acumucharse donde quiera que se 
forme una zafacoca.» «Es hermosa la arboleda; ¡lástima 
que los árboles estén tan acumuchado sly^ 

Acumuchamiento se usa a veces en lugar de cumucho^ 
sobre todo para denotar reunión de personas. 

ACHAMPARSE. 

Achamparse con algún dinero, es alzarse con él, apro- 
piárselo por medio de un abuso de confianza. 
Véase Champa, 



ACHO 13 

ACHIGUARSE, ACHIGUAMIENTO. 

Achiguar y es a todas vistas i con todas sus letras, el 
mismo achigua del quichua, que en ese idioma significa 
quitasol. La chigua nuestra, conservando el nombre i la 
forma, sirve para menesteres menos aristocráticos que 
para defender del sol; v. gr. para el envase i acarreo del 
pescado i de las legumbres^ i mui principalmente para 
hacer las veces de cuna en los ranchos de los pobres i en 
las rucas de los indios. 

De un tejado se dice que se achigua cuando, cediendo 
al peso, o flaqueando la enmaderación, se deprime en su 
parte central. 

Achiguamiento es la acción de achiguar. 

Chigua i sus derivados son de uso corriente entre toda 
clase de personas, i como aquél corresponde a un objeto 
que es peculiar de estos paises, no vemos la razón que 
habria para proscribirlo. 

«Mecido en chigua i alumbrado con chamisay> se dice 
de aquellos a quienes se quiere echar en cara su oríjen 
humilde i plebeyo. 

ACHINADO, A. 

Véase chino, a. 

ACHOLAR, SE, ACHOLADO, A, ACHOLAMIENTO. 

Provincialismos que son comunes al Perú, Bolivia i 
Chile, i que sin duda son orijinarios de alguna de aque- 
llas dos repúblicas, mapa de los cholos, que suponemos 
sean los mas propensos a acholarse. 

«Etimolójicamente, dice Juan de Arona, en sus Apun- 
tes para un Diccionario de peruanismos y su mejor sinóni- 
mo (de acholarse) en buen castellano es achinarse, pues 
vale quedar hecho un chino, como nuestro peruanismo que- 
dar hecho un cholo. y) 

El estimable literato que escribe bajo el seudónimo de 
Juan de Arona, nos perdonará; pero, dudando mucho de 



14 ADE 

que en el Perú acholarse equivalga a quedar hecJio tni cholo, 
o, para servirnos de la frase corriente hecJio un negro o 
como un negro, certificamos que en Chile acholarse no es 
eso. Por acá se achola el que se corre, avergüenza, ami- 
lana i confunde; i por cierto que sabe mejor que nosotros 
el señor de Arona que no son los cholos jenie de ahogarse 
en poca agua, o^ puesto que hablamos de chilenismos, 
de cocer peumo en la boca. 

Ejemplo del significado corriente de acholar nos sumi- 
nistra una carta de don Diego Portales a Garfias^, que pu- 
blicó el señor Vicuña Mackenna, en la ya antes citada 
biografía de aquel grande hombre: 

«Anime usted a Tocornal (don Joaquin) no sea que lo 
acholen i aburran los aniñados: dígale que no son temi- 
bles i que sin duda nos costearán la risa, si sabe llevar- 
los, dándoles en la cabeza como en la cuestión del se- 
minario.» 



ACHUÑUSCAR, SE. 

Por un instante creímos que bien podría este acliuhus* 
car venir de la palabra quichua chiihururani, que vale 
tanto como hacer chuño, moler; pero estando persuadidos 
de que en materia de etimolojías el medio mas seguro de 
engañarse es hilar mui delgado, preferimos declarar inje- 
nuamente que tenemos a achuñuscar por hijo de padres 
no conocidos. 

Significa el activo, comprimir, estrujar cosas secas, pie- 
gar con peso o fuerza; i el reflexivo, encojerse, plegarse. 

El equivalente castellano es achuchar. 

((Concluido que hubo de leer la carta, la achuñuscó, con 
muestras visibles de cólera, i la arrojó a la escupidera» 
hemos leido, si mal no recordamos, en una novela chilena. 

ADEFESIOS. 

Los que escriben adefecio, con c, i los que creen que 
este vocablo es chileno se equivocan groseramente. Pa- 
rece que van descaminados también los que lo usan sin 
la s tlnal, entre los cuales se cuenta la real Academia es- 
pañola. 



AER 15 

^Adefesios — Palabra corrupta de cid Ephesios, a los de 
Efeso, a quien predicó San Pablo i dirijió muchas epístolas. 
Hablar ad Ephesios^ a los que no nos entienden ni enten- 
demos; a otros con quien no tenemos nada que ver, dio 
pié a que mas latamente luego se dijese adefesio, toda 
cosa rara i extravagante.» 

(Seijás. — Nota al Cuento de cuentos de Quevedo,) 



ADLATERE. 

Sobre esta voz observa el mui culto i erudito hablista 
colombiano,, Don Rufino José Cuervo, en sus Ajmntacioyies 
criticas sobre el lenguaje bogotano (obra que tendremos 
que citar muchas veces, para no decir mal lo que está 
perfectamente dicho) lo siguiente: 

«Llámase en el Derecho de jentes legado a látere un 
cardenal enviado extraordinariamente por el Papa con 
amplísimas facultades cerca (Larra i Baralt se han bur- 
lado de este ridículo cerca) de un soberano; i como esta 
expresión a látere (del lado) denota la proximidad e inti- 
midad del cardenal enviado para con respecto al Papa, ha 
venido a usarse familiarmente como sustantivo (jeneral- 
mente en plural aláteres) significando compañero, allega- 
do, auxiliador (véase el Diccionario de Salva); pero es un 
desatino decir ad látere, co mo siempre hemos oido decir i 
hallamos en este pasaje: aAfanados en proporcionarse una 
ocasión favorable, buscan un ad látere a la mamá i se 
aferran a la deliciosa hija.-» Para comprender la razón de 
esta censura, basta haber pisado los umbrales de una clase 
de menores.» 

ADULÓN. 

Llama el vulgo al que adula, que en español se dice adu- 
lador. 
Véase un ejemplo en la voz Rico, 

AEREONAUTA. 

Dí^ifase aeronauta. 



16 AGA 

AFAROLARSE, AFAROLAMIENTO. 

Esta projenie de farol anda por esos mundos de Dios 
ocupándose en todo menos que en ayudar a Diójenes a 
buscar a su hombre. Al revés, rarísimo caso será aquel 
en que un hombre que llegue a afarolarse no se haga por 
ende un poco bruto. 

Afarolarse vale tanto como amostazarse, con la parti- 
cularidad de aludir el verbo mas bien a los signos exter- 
nos de ese estado del animo, que al estado mismo. Tiene 
cierta semejanza de significado este verbo, que se usa 
siempre como reflexivo, con azarearse, de que tratare- 
mos luego. 

Afarolamiento es el acto de dar muestras exteriores i 
un tanto exajeradas de enojo, berrinche. 

«Pues, señor, el mozo de esta historia bebió como un 
carrilano i quiso después retirarse mui sí señor sin pagar 
blanca. El comerciante se afaroló i quisó detenerle; pero 
el bebedor sacó tranquilamente un revólver de la cintura 
i dirijiéndolo al pecho del dueño del bodegón, dijo con 
mucha sangre fria: 

— «Pagúese usted de lo que le debo. 

«El comerciante echó a correr como alma que lleva el 
diablo, gritando: — ¡Auxilio! ¡Qué me matan! ¡Favoréz- 
canme!» — (Crónica de El Independíente , 25 de enero 
de 1874.) 



AFUTRARSE. 



Componerse, acicalarse, emperejilarse. 
Véase Futre, 



AGACHAR. 

Como reflexivo es castellano; pero como activo es un 
chilenismo que ni siquiera se justifica en razón de nece- 
sidad, pues corresponde a inclinar, alcanzar. 



AGU 17 

«La dueña del santo viva^ 
Cogollito de romero; 
Agácheme una ramita 
Que me muero, que me muero!» 
[Cogollo de una tonada popular.) 

AGALLUDO, A. 

En castellano, del que es valiente i esforzado, se dice 
bien que es un hombre de agallas o que las tiene. 

Nosotros hemos formado el adjetivo agalludo quo apli- 
camos principalmente al taimado, astuto, zorro», 

¡AGu! 

Palabra que es la primera que comienzan a pronunciar 
los infantes. Se ha formado de ella una interjección que 
sirve para echar en rostro a alguno que ha obrado con 
la imprevisión i atolondramiento de un párvulo. Seguido 
de mi alma denota familiar i cariñoso reproche. 

Parece que en España los niños que empiezan a gorjear 
no dijeran agú como los de por acá, sino ajó. Los diccio- 
narios no lo declaran; pero Bretón escribió: «Que se rie; 
(el niño) que hace «/o, ajó; que hoi hace pinitos! maña- 
na el jesto do la vieja.» — [La Nodriza.) 

AGUA DE LA BANDA. 

Así han traducido en Chile el eau de labdnde que traen 
los rótulos de algunas ampolletas de esencias i perfumes, 
en lugar de agua de alhucema. 

aDespidiendo un olor de agua de colonia, de la banda 
i de varios bouquets etc.» 

(A. Blest Gana. — Martin Rivas.) 

«Lavándula (anticuado según la Academia) por otro 
nombre espliego, planta de la cual se hacia una agua aru- 
mática para lavarse.» 

(Monlau . — Diccionario etimolójico .) 



18 AGU 

AGUACHARSE. 

Tiene este verbo cierta semejanza de sentido con aca- 
serarse i encariñarse y i aunque raras veces, se usa también 
como activo en acción de domesticar o amansar. 

De una novela de costumbres, titulada £"/ Huérfano, que 
publicó hace poco en sus folletines El Ferrocarril, sacamos 
el ejemplo que sigue: 

«En habiendo trago no hai hombre que se resista. En 
las últimas votaciones se me habian puesto chucaros algu- 
nos; pero con una hornada de empanadas i seis arrobas de 
cXúohdL \o% ahnaché \ quedaron mansitos.» 

Claro se está, por lo demás, que aguachado será el que 
aguacha i que la raiz del verbo es guacho, cuya etimolojía 
i significado se hallarán en el lugar correspondiente. 

AGUACHENTO, A. 

Derivado de agua i sinónimo de los adjetivos castella- 
nos aguason, aguajinoso i aguanoso, que sirven para indi- 
car lo que está lleno de agua o demasiadamente húmedo. 
Si a las tres palabras indicadas añadimos acuoso, de sig- 
nificación mui parecida, tendremos que persuadirnos de 
que en la lengua de la tierra donde se inventó aguar el 
agua no hacia falta nuestro aguachento, llegado a última 
hora, pero con suerte tan feliz, que ha hecho caer en ol- 
vido a sus competidores en todas las bodegas, bodegones^ 
tambos i chinganas de la América Meridional. 

AGUASARSE, AGUASADO^ A. 

Aguasarse es tomar las costumbres i maneras de los 
guasos. Se dice de los niños que se azoran en viendo 
caras desconocidas i de los habitantes de las ciudades que 
al cabo de algún tiempo de residencia en el campo se 
vuelven verdaderos pájaros. 

«Ya viene (el bote del resguardo) i con él una lancha i 
dos chalupas i otras embarcaciones, que traen a pasear en 
tierra^ ingleses taciturnos, franceses presumidos, alema- 



ají 19 

nes tiesos, italianos alegres, peruanos pálidos, arjentinos 
er«-iiidos, españoles flemáticos i chilenos a/masados.n 
(JoTABECHE.—^/ Puerto de Copiapó.) 
Véase guaso. 



AHUESARSE, AHUESADO, A. 

Hueso, si hemos de atenernos a lo que reza el Diccio- 
nario de la Academia, es castellano en la acepción de 
cosa inútil, de poco precio o de mala calidad. No así ahie- 
sarse, que es de bastante uso entre nosotros i que sin duda 
se deriva del sustantivo indicado en la acepción referida. 

Ahuesarse vale tanto como ¡ponerse algo inservible, prin- 
cipalmente por la acción del tiempo, perder su valor, 
importancia, oportunidad. De las mujeres que se quedan 
solteras hasta una edad madura suele decirse, en estilo 
familiar, que se ahuesan. 

Véase, a mayor abundamiento, este ejemplo que en- 
contramos en una carta de Jotabeche: «Es, pues, éste un 
negocio ahuesado completamente, negocio en avería, ne- 
gocio solo bueno para hacer una bancarrota. I enamóre- 
se usted!» 



AJÍ, AJIACO. 

El primero es el nombre con que se designa en Améri- 
ca la especia que los españoles llaman pimiento. Proba- 
blemente es de oríjen cubano, i tan universal ha llegado 
a ser su uso, que la Academia española no ha podido 
menos de darle el espacio de dos líneas en su Diccionario, 
Según ella, ají seria «una especie de salsa» usada por es- 
tos mundoS;, «cuyo principal ingrediente es el pimiento.» 
Puede que en las Antillas ají signifique eso; lo que es en 
el Perú, Bolivia i Chile, ají es nada mas que el pimiento. 
La salsa, cuyo principal ingrediente es el ají, se llama 
en el Perú pictmte, de donde el derivado picantería, que 
es la taberna o bodegón en que se espende i consume 
aquél. 

En Chile, donde no faltan las picanterías, nunca hemos 



20 ALA 

oído emplear picante como sustantivo. Tenemos, en cam- 
bio, ajiacoy que es un verdadero chilenismo i que denota, 
ja que no una salsa, un guiso cuyo ingrediente principal 
es el ají. 

Todo buen mandatario nos sopla 

Veinte mil lavativas de ojí 

I nos canta i recanta esta copla: 

Ya sois libres i gracias a mí, 
¡I... i... i... i..! 

(Manuela. Fuentes. iJsi\iYáQ\di^o)—CancionnacionaL) 

iiPonene como un ajU o como tin ajiacon es frase con 
que se pondera el repentino enfurecerse de alguien, 

AJUSTAR, 

Ocioso parece advertir que este verbo es castellano. 
No lo es, sin embargo, en la frase: «Le ajustaron un ga- 
rrotazo, o cien azotes, etc.» Dígase de los azotes que se 
¿os dieron, del garrotazo que se lo asentaron, i así según 
los casos, 

ALABADO . 

Aunque alabado es castellano, denotando el motete que 
se cantaba en alabanza del Santísimo Sacramento, en 
Chile hemos conocido siempre este motete con el nombre 
de henditOy i con aquél el canto de los serenos al venir 
el dia i recojerse a su cuartel, canto que comenzaba: 

«Alabado sea el Santísimo 
Sacramento del altar 
I la Vírjen concebida 
Sin pecado orijinai.)) 

Al alabado, vale, al venir el dia, muide mañana. 

ALARGADA (dAR LA). 

En el juego del volantín, soltar el hilo para que los mas 
grandes i encumbrados se pongan al alcance de los mas 



ALC 21 

bajos i chicos: «Tú eres mui cobarde, continuó María: 
échale comisión sin miedo i dale lá alargada, que si pier- 
des te daré yo dos carretillas de hilo i ademas prometo 
hacerte otro volantín mas grande; pero si de puro co- 
barde te lo llevan, no te daré nada ni te pintaré mas vo- 
lantÍ7i€S,y) 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

ALBAZO. 



Albazo trae en el Diccionario de la Academia la nota 
de anticuado, en el sentido de alborada. Tenemos, por lo 
tanto, como un provincialismo la frase de albazo, única 
en que por lo demás se usa, para significar la hora en 
que empieza a venir la primera claridad de la aurora. 



....«I prometido tenia 
El ir al pueblo vecino, 
Al otro dia de albazo 
Juntarse con cuatro amigos.» 



Es ejemplo que tomamos de la novela anónima titulada 
El Huérfano. 



» ALCANCÍA. 

Las que se llaman asi en Chile, que se suelen poner en 
la puerta de las iglesias, son cejjos o cepillos; pues la al- 
cancía es una vasija de barro que es preciso romper para 
sacar el dinero que en ella se habia depositado: los cepos 
o cepillos tienen una tapa con ese objeto. 

<iEn ademan de echar una limosna en un cepillo.yy 

(Domínguez. — Diccionai^io , voz Hipocresía.) 

«I diez años también hace a lo menos, 
El buen cura repuso algo sentido. 
Que tú gastas en locas francaclielas 
La limosna que cae en los ccpillos.y> 

(Mora. — El Sermón.) 



22 ALI 



ALCUZA. 



Es sinónimo de aceiteray en la acepción de vasija en que 
se tiene el aceite para el uso diario; pero no es sinónimo 
de angarillas y pieza de vajilla en que se ponen las ampo- 
lletas del aceite i vinagre o taller, que es igual a las an- 
garillas i sirve para salsas, etc. 



ALEONAR, SE, ALEONADO, A. 

Derivadas todas de leona, voz favorita de rotos i estu- 
diantes, en el sentido de alboroto, batahola, chamusquina; 
mas claro, desorden bullicioso i sin mayores consecuencias 
que algunos mojicones en los rostros, i vidrios quebrados 
en las ventanas. 

Aleonar, es azuzar, excitar al alboroto o a la desobe- 
diencia. 

Aleonado es el que da muestras de andar siempre pron- 
to a tomar parte en alborotos i pendencias. 

Véase leona, donde se encontrará la etimolojía de estos 
vocablos. 



ALGORRA. 

Ignoramos cuál es el nombre español de esta enferme- 
dad que nuestros médicos, cuando hablan en la lengua de 
los profanos, llaman musguete i también blanquillo, voces 
ambas que no vienen en los diccionarios. 

El nombre científico es estomatitis cremosa. 



ALIÑAR, ALIÑADOR. 

Verbo i sustantivo son castizos, indicando aquél, el 
acto de condimentar, arreglar i componer, i éste al que 
lo ejecuta. Téngase, emperO;, por un provincialismo de 
nuestra tierra el uso de aliñar, en el sentido de volver a 
su sitio los huesos dislocados, i el de aliñador para deno- 



ALM 23 

tar al curandero o sacá-potraSy que tiene por oficio asistir 
i entablillar a los que se quiebran o dislocan los huesos. 

ullai aquí cerca un aliñador, pues señor; el otro dia no 
mas le curó a ñor Juan una pierna que se quebró aman- 
sando un potrillo.» 

(A. Blest Gana. — El Ideal de un calavera.) 

Según el señor Cuervo el provincialismo colombiano 
equivalente a nuestro aliñador, es sobandero. 

En España las personas doctas han designado siempre 
fcon el nombre de aljebrista al que profesa el arte de con- 
certar los huesos dislocados, como lo acredita este pasaje 
del Quijote: «Llegaron a un pueblo donde fué ventura 
hallar un aljebrista con quien se curó el Sansón desgra- 
ciado.» 

Tratándose de ensaladas nada mas se sabe en Chile que 
aliñarlas: no nos atreveríamos a tacharlo de impropio; 
pero en España son mas usados sazonar i aderezav. 

«Voi a tomar por mi cuenta el sazonar la ensalada.» 
(Francisco Martínez. — Gramática española.) 

(.^Ensalada — f. — Hortaliza aderezada con sal, aceite i 
otras cosas,» — (Academia^ Diccionario.) 

Almacigo í 

Se dice entre nosotros del lugar en que se siembran 
las semillas de las hortalizas, flores i árboles para trasla- 
dar después a otro sitio las plantitas, i se dice mal, por- 
que el nombre castizo de tales semillerus es almáciga. 



ALMATROSTE. 

otra palabra que se pronuncia al allá se te lo haya. 

Según vemos en las Apuntaciones críticas, ya citadas, 
del señor Cuervo, el vocablo este no es mas respetuosa- 
mente tratado en Colombia que en Chile. 

Como ahnatroste no es un provincialismo sino un ver- 
dadero barbarismo, inútil será que los que lo usen quie- 
ran salir airosos del paso tirándole raya por debajo: con 
raya i todo no se librarán de la nota de ignorantes i gro- 
seros. No hai, pues^ mas remedio que tener bien presen- 



24 AMA 

te que en castellano se dice del mueblejo apelillado i des- 
vencijado, i a veces también del individuo que se le ase- 
meja, que es un armatoste. Es de no creerlo, tan envicia- 
dos estamos en el otro; pero es así. 



A YUYA. 



Después de advertir Salva que esta palabra es un pro- 
vincialismo de la América Meridional, la define: «Rosca 
de pan mui blanco i esquisito que se hace en el asiento de 
Ambato (república del Ecuador) estimada sobremanera en 
el Perú i Tierra Firme, por su encélente gusto i el mu- 
cho tiempo que puede guardarse.» 

Ignorábamos hasta el momento de leer la anterior en- 
comiástica definición en el Diccionario de Salva que fué- 
semos deudores al asiento de Ambato de las esquisitas 
oyiiyas^ por mas que siendo golosos de ellas, hace mucho 
tiempo comprendamos i disculpemos de sobra el entusias- 
mo con que el señor don Vicente las recuerda. 

Vi ¡Aleluya! dijo el cura 
Por comerse las ayuyas; 
I el sacristán dijo amen 
Para tocar él también.» 

Copiado este ejemplo, especie de refrán o cantinela, con 
que los muchachos suelen hacer fisga a los sacristanes i 
domésticos de los eclesiásticos, lo único que nos resta ad- 
vertir en honor de las ayuyas chilenas, es que ellas, con 
ser tan delicadas como las de Ambato^ se asemejan mu- 
chísimo mas en su forma al pan que a las roscas. 

La Academia escribe hallulla\ ortografía que nos parece 
inaceptable. 



AMA. 



Son tan- conocidas en España las amas de leche como las 
de llaves; pero .dudamos mucho que existan por allá las 
amas secas i de brazos, aun cuando es de presumir no fal- 



AMA 25 

ten niñeras, esto es, mujeres encargadas de cuidar de los 
párvulos sin amamantarlos. 

I por cuanto la palabra ésta, que acabamos de indicar 
como castiza, puede parecer extraña i poco autorizada, 
por tanto se nos permitirá apoyarla en el siguiente 
ejemplo: 

«Para particular diversión de los niños, las niñeras \ los 

soldados, liai en toda la extensión de los Campos Elíseos 

multitud de teatrillos de muñecos que representan farsas 

tradicionales, cuyo oríjen, según dicen, viene de Italia.»! 

(OcHOA. — Paris, Londres i Madrid.) 

AMACHINARSE. 

En el lenguaje vulgar, contraer amistad ilícita, aman- 
cebarse. Se usa principalmente en el participio amachina- 
do, para denotar a los que habitualmente hacen mala vida. 

También se dice en el mismo sentido amachambrarse. 

AMANSADOR. 

Es el que doma animales indómitos, especialmente ha- 
blando de potros; pero el que adiestra los potros o caba- 
llos para silla o coche se llama en España ^jicaf/oy, que 
aquí decimos mal, amansador. 

AMARRA. 

Dan este nombre nuestros viñadores a la operación que 
se hace allá por los meses de junio i julio en las viñas, 
inmediatamente después de la poda, i que consiste en atar 
las parras a los rodrigones con varillas de sauce, i mas 
frecuentemente aún con paja de totora. 

Es probable que lo que llamamos nosotros amarra, se 
llame amarradura en la península. 

«Así llegará la amarra. 
Sin que tus cortadas guias 
Pasen las noches i dias 
En llorar i mas llorar.» 
\7j. Rodríguez. — La Parra i el Podador.) 



26 AMA 



AMARRAR. 

Sg usa tllsparatadamente en casos como los qiio siguen: 
«El diputado que intente contestar ese discurso, tendrá 
que amarrarse bien antes los calzones.y» «Es el don Ana- 
cleto tan dejado de la mano de Dios que en los cincuenta 
i tantos años que lleva sobre el espinazo no ba podido apren- 
der todavía a amarrarse la corbata.'í) «La infeliz debe de 
vivir mártir de sus muelas, pues de los doce meses del 
año, seis a lo menos la veo con la cara amarrada.y> 

Para expresarse con propiedad convendría en los dos 
primeros casos atarse, i en el último, en vez de cara ama- 
rrada, cara entrapajada. 

A la cabeza de la escena XV del acto II, segunda parte 
de El Tejedor de Segovia, escribió Ruiz de Alarcon: ttCm- 
ciíON, entrapajada la cabeza, con báculo i macilento.» 

El señor Cuervo, a quien seguimos en esta parte al re- • 
dactar el espécimen que publicamos en marzo de 1874 
en La Estrella de Chile, propone que, hablándose de la cara 
i cabeza, se diga entrapajada. Nuestro excelente i erudito 
amigo el señor D. Fernando Páulsen advirtiónos del error 
en que habíamos incurrido diciéndonos en una de sus car- 
tas: (sJEntrapajado es demasiado familiar i hasta un tanto 
despectivo; ademas cara entrapajada no significa lo que 
cara amarrada. Con IdLcaheza. entrapajada vemos frecuen- 
temente a nuestros viejos i viejas; pero las niñas, que son 
las que suelen andar con la cara amarrada, aunque ahora 
muchísimo menos que antes, porque ya no gastan muelas 
por ser muí prosaico esto de muelas (¡ahora es dolor a la 
cara!) podrán andar si gustan con la cara vendada.yy 

Confírmala opinión de nuestro amigo el siguiente pa- 
saje de Cervantes: «Ademas estaba mohino i melancólico 
el mal ferido D. Quijote, vendado el rostro i señalado^, no 
por la mano de Dios, sino por las uñas de un gato,» etc. — 
(Quijote,) 

AMASANDERO, A, 

Amasanderías, suelen llamar a las panaderías pequeñas? 
jeiieralmente dirijidas por mujeres. 



AMU 27 

Amasandero, a, es el o la que amasa en las {imasandc- 

ruis. 

«Ayer como a las doce del dia murió repentinamente 
una pobre mujer de oficio mu a za?idcra {\\iiy a en la z!) lla- 
mada Basilia Oyarce.» -—(/.« Opinión de Talca.) 



AMORDAZAR. 



Muí usado, i no hai tal; pues así como de pluma forma- 
mos emplumar, i de grilloF, engrillar, i de máscara, enmas- 
carado, de mordaza debe formarse enmordazar, que es 
como se dice en España i manda el Diccionario de la Aca- 
demia. 



AMPARAR. 

Hace notar el señor Salva en su Diccionario que es pe- 
culiar a la América española el uso de este verbo para 
significar el cumplimiento de las condiciones bajo las cua- 
les se concede el derecho de explotar una mina. 

Es un vocablo que presta a los mineros muí buenos ser- 
vicios i que pueden conservar sin escrúpulo de conciencia, 
tanto mas, cuanto que el mismo rei de España dióle, sin 
saberlo talvez, carta de naturaleza en las Ordenanzas de 
minería que dictó para Méjico, en Aran juez, hace justa- 
mente un siglo; en cuyas Ordenanzas habla el título IX 
<iDe cómo deben labrarse, fortificarse i ampararse las 
minas»-» 

AMURRARSE. 

¿Quién podria decirnos si nuestro conocido amurrarse e^ 
una corrupción de amorrar, como parece darlo a entender 
el señor Reyes en el vocabulario que ha puesto al fin de su 
( iramática, o si se encuentra su verdadero orijen en el sus- 
tantivo murria, que denota, según la Academia, una <ces- 
pecíe de tristeza i cargazón de cabeza que obliga al hom- 
bre a andar cabizbajo i melancólico?» 

Resuelva el lector intelijente, que non nostrum tantas 
componer e lites. 



28 ANT 



ANEGAR. 



Hacemos mención de este verbo con el exclusivo objeto 
de recordar a los olvidadizos que 

«El llanto que al dolor los ojos niegan 
Lágrimas son de hiél que ei alma anegan.)^ 

No hai, pues, que tomar de lazarillo para conjugarlo al 
traidor negar, que no teniendo pito que tocar en el con- 
cierto, lo menos que haria seria llevarnos al pantano de 
las casas que se aniegan, lo mismo después que antes de 
niveladas las acequias. 

Los eruditos explican la desemejanza de facciones entre 
negar i anegar, por una razón de linaje, pues dicen que 
mientras aquél viene de negare (compuesto de 7ie i aio) 
éste trae su oríjen de inacaare, o acaso déla raiz del fran- 
cés noycv. 



ANIEGO 

Nadie ignora que una de las peores plagas que ejercitan 
la paciencia del vecindario de Santiago es la de los anie- 
gos. Lo que sí ignorábamos nosotros hasta hace poco, era 
el nombre castizo de una cosa tan conocida,! que según la 
Academia no es aniego, sino anegamiento o anegación. 
¡Lástima que no pueda abrigarse Ja mas leve esperanza 
de que aquel bastardo abandone el oñcio que tiene usur- 
pado a estos dos hijos lejítimos de anegar! 



ANTINATURAL. 

Lo que es contrario al orden de la naturaleza se llama 
contra natural, no anti natural como dicen algunos: 

«lo que prueba que tal exceso de veneración al rei 

no parecia anti-natural a los que la oian o leian (se habla 
de una comedia).» 

(M. L. Ku^j^kTFÁjVi.^ Precursores déla Independencia.) 



APB • 2^ 

El Diccionario de la Academia no trae immhtval; pero 
buenos escritores modernos lo han empleado. 

.... Bulliciosamente coronado de aplausos todo jesto 
innatural y todo ademan grotesco, etc.» 

(Larra. — Teatros.) 



APARTA. 

Así como nuestro pueblo, en su invencible tendencia a 
abreviar frases i palabras, volviendo la espalda a amarra- 
dura, inventó el sustantivo amarra, i desatendiendo las 
reglas de la derivación, formó aniego de anegar, con per- 
juicio de anegación i anegamiento, así de apartar, en una 
de sus mas usadas acepciones, formó aparta, tratando 
como si no existiese al infeliz apartado, que, si la Acade- 
mia no miente, equivale a «separar las reses de una va- 
cada para varios objetos.» 

Apuntamos este chilenismo, mas bien para que proce- 
dan con conocimiento de causa cuantos lo emplean, que 
para condenarlo; pues no somos de aquellos que, despre- 
ciando el consejo del sabio, neeoneris contra ictum fluvii, 
gustan de lanzarse corriente arriba por nonadas. 

APARRAGADO, A. 

Es un adjetivo de uso frecuentísimo, ya para indicar 
la condición de aquellas plantas que se levantan poco de 
la tierra i se extienden mucho en superficie, ya para sig- 
nificar que alguna persona, o animal o ave se encoje, i acu- 
rruca, alebresta i pega al suelo. 

Contra éste sí que no pueden hacerse valer circunstan- 
cias atenuantes, como quiera que, amen de feo, es inútil, 
desde que tenemos el adjetivo aparrado, al cual por venir 
derech amenté de parra, no hai pero que ponerle. 



APEGUALAR, APEGUALADO, A. 

Amarrar el lazo a la pieza de la montura que tiene el 
nombre de pegmd. 



30 Al^K 

Desconocemos el equivalente castizo, talvez porque no 
hemos tenido la fortuna de dar con él, o mas seguramente 
porque no existiendo en España la cosa, no existe allá 
tampoco el nombre de ella. 

Véase pegual. 



APELLIDOS EN PLURAL. 

((Antes de cerrar este prefacio, creemos excusado el dis* 
culpar el error gramatical en que hemos incurrido volunta- 
riamente al conservar el nombre plural de íkLos Carreras^^ 
con que son popularmente conocidos los protagonistas de 
de nuestro trabajo. 

(B. Vicuña Mackenna. — El Ostracismo de los Carreras.) 

¡I vaya que el soberano pueblo tiene razón contra e^ 
señor Vicuña, i que está bien dicho los Carracas! 

«Para conocer la variedad que emplearon en esta parte 
nuestros mayores basta abrir las obras de los Argensolas. 
(Salta. - Gramática castellana.) 

c(Pues fué poco después que de los Lavas 
Las cabezas a Córdoba trajeron.» 

(El duque de Rívas. — Moro expósito.) 

«I con decir que estos versos son de uno de los Argen- 
solas » — ( B arált . — Diccionario de Galicism os .) 

^Carvajales (Juan i Pedro, Los) Estos dos famosos her- 
manos» etc. — (Domínguez. — Diccionario.) 

¡jl hoi tenemos una plaza de los Camero!! 

APERCANCARSE. 

Véase percan. 



APERCIBIR, APERCIBIDO, A. 

Abusamos de apercibir cuantos tenemos la mala costum- 
])re de usarlo por, ver, notar, descubrir; pues no significa 
eso, uno prevenir, disponer, p?rparar. 



I 



APO 31 

<(Coiié en mi aposento, cerré la puerta, apercibí m\ es- 
pada, encomendérae a Dios i no quise acostarme» dice 
Cervantes en La Española inglesa» 

Apercibido es pi'eve7iiclo. 

«Cual león a la presa apercibido 
Sin recelo los impíos esperaban 
A los que tú, señor, eras escudo.» 

(Herrera.—^ la batalla de Lepa?ito.) 



APERCHAR. 

En español no existe este verbo con que denotamos la 
acción de amontonar en rimero la madera, los adobes , i 
varios otros objetos. 

APLOMAR. 

Como reflexivo este verbo es en español sinónimo de 
desplomarse. 

En Chile se usa mucho familiarmente por acerqonzarse^ 
correrse. 



APÓRÜNAR^ APORUNADO, A. 



Derivados manifiestos de pornhu vocablo cuyo sentido 
daremos en el lugar correspondiente, i que, si no nos en- 
gañamos, viene a su vez del araucano purimco, tiesto de 
barro a manera de cantarito. 

Suele usarse el verbo como sinónimo de atesorar. Apo- 
ruñado equivaldría a encanutado, sí éste trajese a la men- 
te la idea de corvo, que también trae aquél. Así de las 
uñas podrá decirse que son encanutadas cuando forman 
como una media caña; pero cuando, creciendo, vuelven 
sobre sí mismas, cual sí quisieran dar un vistazo a la pal- 
ma de la mano por encima de las yemas de los dedos, 
entonces se dirá de ellas, sin levantarles una calumnia^ 
que se aporuhnn o que están aporuñadus. 



32 APO 



APOSTROFE. 



El haber visto impropiamente empleada esta voz liasta 
en textos elementales de gramática, nos mueve a adver- 
tir que no debe confundirse con apóstrofo. 

Apostrofe denota la figura de retórica que consiste en 
cortar, el que habla o escribe, el hilo de su narración o 
raciocinio para dirijir la palabra a Dios, a la naturaleza, 
etc.; mientras que apóstrofo se llama el signo que marca 
en la escritura la supresión de alguna letra, jeneralmen- 
te vocal, al fin de dicción. 

Aun cuando nuestro sentir se apoye en la autoridad de 
la Academia española, de Salva, Domínguez i la mayor 
parte de los buenos gramáticos i diccionaristas, justo será 
hagamos saber al lector que no faltan mui respetables 
autores que escriban apostrofe para denotar la figura de 
gramática, entre otros Capmany i Alcalá Galiano, en el 
Arte de traducir. 



APROXIMATIVO, A. 

Lo que es con corta diferencia semejante a otra cosa, se 
aproxima o es aproximada a ella; mas no es aproximativa y 
como dicen muchos, porque aproximativo es lo que aproxi- 
tnay i nada mas. 

«Valdivia... procedió a hacer una distribución aproxi- 
matina de indios imajinarios entre sesenta i tantos veci- 
nos,» etc. 

(M. L. Amunátegui. — Precursores de la Independencia.) 



APOTRERAR. 



Dice don Vicente Salva que apotrerar es un provincia- 
lismo cubano que indica el acto de echar el ganado ca^ 
bailar al potril (potrero) para que engorde. 

En Chile, donde raras veces se pone en potreros de 
engorda el ganado caballar, el verbo de que tratamoí? 



ARB 33 

significa, como nadie lo ignora, dividir el campo en po- 
treros; (casi no tenemos valor para escribir potriles.) 
El equivalente castizo de apotrerar es adhesar. 



APUNARSE, APUNADO, A. 

Provincialismos del Perú, Bolivia i Chile. Contraer la 
enfermedad llamada puna, palabra quichua que significa 
la tierra fria o páramo. 

En Arequipa, si nuestra memoria no nos es infiel, 
oimos que se usaba apunarse en la acepción de padecer 
los ahogos i fatigas que se sienten en la subida de las altas 
montañas. Su recto sentido, empero, es el de helarse o 
enyertarse, accidente que suelen experimentar los que 
viajan por las cordilleras andinas. 

((A esta incomodidad se agregaba el encontrarme apu^ 
nado, que el lugar era sombrío i que al caer la tarde se 
nos habían presentado dos viajeros cuya pobreza i enfer- 
medad me consternaron.» 

(S* Estrada. — Apuntes de viaje.) 

En Colombia se usa por arrecirse, emparamarse. 

Véase Puna. 

aquilón. 



toiaquilon es como se llama el emplasto. 



ARB0LIT0. 

Claro está que arholito es una de las formas diminuti- 
vas de árbol; pero en Chile llamamos arholito por anto- 
nomasia, lo que en España se llama árbol de fuego: «ar- 
mazón de madera vestida de varios fuegos artificiales 
que se parece algo a un árbol,y) según la Academia; 
«invención pirotécnica análoga a la forma de ciertos ár- 
boles,)) según lo explica Domínguez. 

«¡Ai! ¡la deja! j esconde a Díamela! gritó doña Engra- 



34 ARO 

cía, al ver salir en dirección a ellos, del arbolító mas 
próximo, uno de los colietes que llevan ese nombre.» 
(Blest Gana. — Martin Rivas.) 



ARCEDEAN. 

Lo ponemos aquí para provecho de los que, usándolo, 
dan por lo menos muestras de una enorme distracción, i 
las mas veces pruebas de ignorar que, como dice el señor 
Cuervo en sus ApuntacioneSy cda i es de familia en esta 
voz, pues orijinalmente significa el primero de los diáco- 
nos i nada tiene que hacer con deán, dejeneracion de 
decano (en latin decanus, jefe de diez {decem) soldados.)» 

En dos palabras, arcedian o arcediano es como debe 
decirse. I vaya un ejemplo: 

«El no pide que le deis 
Una cola de arcediano, 
Ni quiere ser intendente, 
Ni duque, ni veinticuatro; 

«Solo quiere ser abate: 
¡Qué pedir tan moderado 
El suyo, si por ventura 
El ser abate es ser algo!» 

(MoRATiN. — Romance al conde de Floridablanca.) 



ARCIONERAS. 

Llamamos así las correas de que se suspenien los es- 
tribos, las mismas que en castellano se llaman aciones, 
como se ve en este ejemplo de Ercilla: 

«Los cansados peones se contentan 
Con las colas o aciones aferrados,» 

i en este otro de Cervantes: 
^ «Fuese Sancho tras su amo, asido de un ación, de Ro-] 
cinante.» 



ARD 35 



ARDILOSO, A. 



Acerca de ardiJoso, dice Juan de Aroiia en í-u Diccío- 
rtario de peruanisíiios: «Por ardidoso, lleno de ardides, 
mañanas o tretas. Excusado parece advertir que el cam- 
bio de la d en /, mas que ignorancia o descuido en la 
pronunciación debe argüir un sentimiento de eufonía.» 

«Esta palabra es mucho mas usada en Chile que entre 
nosotros.» 

Oigamos ahora con mas espacio al señor Cuervo, que 
a fé que bien merece ser oido: 

«Es curioso, dice, ver el número de voces mas o me- 
nos usuales entre nosotros que ja en la Península han 
caido en desuetud; hecho es éste mui fácil de explicar 
para quien tenga en cuenta la incomunicación en que 
vivieron nuestros abuelos i en que hemos seguido vivien- 
do nosotros con los españoles transfretanos; tales voca- 
blos son monumentos i reliquias de la lengua de los con- 
quistadores que deberían conservarse como oro en paño, 
si la necesidad de unificar la lengua en cuanto sea posi- 
ble i razonable no exijiera la relegación de muchos de 
ellos. Veamos algunas muestras... ardidoso, que decimos 
ardiloso a guisa de portugués... a la manera que de IvJa- 
drid se saca madrileño. Los portugueses dicen a^nUl i no 
ardid. 



«Eu tenho imaginadu no conceito 
Outra manhia e ardil que te contente.» 

(Camgens .— Liisiadas. ) 

Ahora, terciando nosotros en el asunto, con permiso 
de los lectores, observaremos que si bien es indudable 
que el ardiloso chileno viene de ardid como el colombiano 
i peruano, tiene aquél de particular que no conserva el 
sentido de su raiz. En efecto, por acá llamamos jeneral- 
mente ardilosos a los niños i a las mujeres, que de todo 
se asustan, i gritan, i quejan; en suma a los mismos que 
el Diccionario de la Academia califica de alharaquientos. 



36 ARG 

ARENILLERO. 

Al vasito en que se echa la arenilla llamamos invaria- 
blemente arenillero, palabra de correcta formación, pero 
innecesaria desde que sirve para denotar el mismo obje- 
to salvadera. 

arestín, arestiniento. 

El señor Vicuña Mackenna en su Historia de Santiago 
señala como un chilenismo esta palabra que es castiza. 

if^Arestil o arestín, dice la Academia, escoriación que 
padecen las caballerías en las cuartillas de pies i manos 
con picazón molesta.» 

Equivocóse, pues, el P. Fébres al incluir esta voz en 
su Diccionario araucano, traduciéndola por rascarse los ca- 
ballos. 

Hai que advertir que el arestín en Chile es una enfer- 
medad mas de perros que de caballerías, i que en vez de 
llamar arestinado al que la tiene lo llamamos arestiniento. 

arete. 

Aun cuando la Academia se haya decidido a dar en su 
Diccionario un lugarcito a arete, remitiendo al lector por 
su significado a la tercera acepción de arillo, no debe ol- 
vidarse que esta voz es nativa de Cuba, donde, según el 
señor Salva, equivale a zarcillo o "pendiente, que es tam- 
bién el sentido preciso que tiene en Chile. 

ARGUENAS. 

El Diccionario pone a este sustantivo la nota de anti- 
cuado, i lo da como sinónimo de alforjas. Si así es en 
España, arguenas, en el sentido de armazones de varillas 
forradas en cuero, que sirven para acarrear a lomo de 
caballo las verduras que se venden a domicilio, i a lomo 
de burro la arena, piedras de empedrar, etc., debe ser 
considerado como un chilenismo. 



ARO 37 

Al que vende algo en arguenas i al que las hace i las 
expende se le llama argiienero, que no es castellano. 



ARMAZÓN. 

Decimos en Chile a lo que en castellano se llama aim- 
queles o sea anaquelería. 

aAnaqueles— los estantes en que se ponen las mercade- 
rías en las tiendas.» 

( Salva . — Diccionario . ) 

(d por mostrador una mesa larga de pino sin pintar 
como la destartalada anaquelería.» 

(Hartzenbusch. — ^/ Mercader de la calle mayor.) 

Ni faltan, aun entre la jente suficientemente ilustrada, 
quienes den a armazón el j enero masculino. 

arnés. 

El señor Gormaz cree inadmisible o poco menos a ar- 
neses por jaeces. Cierto que esta acepción de arnés no 
cuenta con la autoridad de la Academia; mas cuenta en 
cambio con la de mui respetables escritores peninsulares. 

«I en este recinto están los pesebres para sesenta ca- 
ballos, los cuartos para guardar los harneseSy las coche- 
ras,» etc. 

(h J. DB Mora. — No me olvides,) 

«El conjunto de los arreos i arneses para andar a ca- 
ballo.» 

(Salva. — Diccionario, voz Cabalgar.) 

La Academia dice guarniciones', [voz Desguarnecer.) 

¡aro! o ¡haro! 

Interjección, a lo que entendemos, exclusivamente chi- 
lena, cuyo significado i uso se esclarecerán mucho mejor 
que con Jas explicaciones que pudiéramos dar, con el pa- 
saje que va en seguida i que tomamos de El Huérfano: 



38 ARR 

«De repente salió del medio de la concurrencia el for- 
midable grito de 

— i(¡Aro! ¡aro!)) 

«Todo el mundo calló como por encanto; cesó la voce- 
ría; paró el baile i los bailarines quedaron en la misma 
posición en que la voz los habia sorprendido. Entonces el 
que hacia de bastonero se acercó a ellos con un vaso de 
licor i, después de hacerlos beber, les dijo con cómica 
gravedad: 

— «¡Dios me los guarde para que beban siempre en el 
mismo vaso!» 

¿Será este ¡aro!, el ¡ari! ¡ari!, que en quichua significa, 
¡así! ¡7nui bien!t 

ARRANCAR. 

Aun cuando sabemos que una de las acepciones castizas 
de este verbo es, partir con violencia para seguir co- 
rriendo, emprender la carrera, barruntamos sea peculiar 
a Chile aquello de confundirlo con huir, retirarse, apar- 
tarse, como cuando se dice que el gato arranca del perro, 
i que los ratones arrancan de aquél, o como cuando se 
canta por esas chinganas del diablo aquella zamacueca de 
pata eíi quincha: 

«Quien de otro se retira 
Es porque teme, 
I los hombres no arrancan 
De las mujeres.» 

ARREA o Arria, arrear, arriar, arreo, arrearse. 

Hai que advertir acerca de estos vocablos: 1.° que ni 
arrea ni arria son castellanos, pues lo que por acá lla- 
mamos así, en España se ha llamado siempre recua: 2.° 
que arrea o arria es mucho mas usado en la República 
Arjentina que en Chile, donde la palabra corriente, ni es 
ésta ni recua tampoco, sino tropa; 3." que como la voz 
de que tratamos viene sin duda alguna de ¡Arre!, grito con 
que se estimula a caminar a las caballerías, su forma mas 
correcta parece arrea, aunque la otra tenga en su abono 



ARR 39 

el conformarse mejor con la índole de la lengua, que re- 
chaza la acentuación esdrújula en las palabras que termi- 
nan por dos vocales llenas. 

«Las arreas de muías que conducen al Rosario pasas de 
uvas i orejones de duraznos se sucedian sin interrupción.)) 
(S. E^Tfikjyk.— Apuntes de viaje.) 

Con respecto a los verbos activos debe tenerse mui pre- 
sente que, aunque castellanos ambos, son de significación 
completamente diversa. 

Arrear es aguijar las bestias para que caminen; i arriar^ 
voz^náutica que significa bajar las velas o banderas. 

«Llegó Sancho a su amo, marchito i desmayado^ tanto 
que no podia arrear a su jumento.» 

fC ER YANTES.— Z)o?i Quijote.) 

«Traiga Ud. un clavo i un martillo i clave üd. la ban- 
dera porque este navio no la arria. y) 

(Fernández de Ángulo.) 

Agreguemos, para concluir, que arrear se usa también 
como reflexivo i que entonces equivale a engalanarse, ata- 
viarse, puesto que se deriva de arreo. 

«La singular belleza suya i las apariencias de la incom- 
parable honestidad de que se arrea, son partes para que, 
no solo sea querida, sino adorada de todos cuantos la 
miraren.)) 

(Cervantes. — Galatea.) 



arremingarse, arremingado, a 



Sin duda ninguna que este arremingarse es ni mas ni 
menos que el castellano remilgarse, groseramente desfigu- 
rado; solo sí que mientras el remilgarse trae a la mente 
la idea de pulidez, compostura, delicadeza i gracia en el 
porte i facciones, el arremingábase vulgar lleva en su sen- 
tido un sies-noes de altanería i hasta de orgulloso de- 
senfado. De ahí es que por lo jeneral se aplique mas bien 
que a las niñas melindrosas i marisabidillas, a las jamonas 
presumidas i de mala índole. 



40 ARR 

arrenquín o arrinquín . 

En Cuba, según Salva, se llama así a la bestia delan- 
tera que sirve de guia a la recua. 

Juan de Arona afirma usarse en el Perú, no solo arriii- 
quin, sino también arrinquina, según el sexo a que se 
aplica;, conservando sin alteración notable la signiflcacion 
de su orijinal, arlequín. 

En Chile hemos oido este vocablo siempre en su termi- 
nación masculina, pero en dos sentidos diversos. Unas 
veces denotando a aquellas personas que viven en charla 
i movimiento ^perpetuo, i son verdaderas ardillas huma- 
nas, i otras al ayudante, jeneralmente muchacho, que 
suelen llevar los carreteros para que los desempeñen en 
ciertos menudos quehaceres. 

A la bestia que guia la tropa, i que casi siempre es 
una yegua, la llamamos madrina, i al jinete que la tira 
del cabestro o que lamenta, marinero o marucJio. 

ARREVESADO, A. 

El término castizo que puede aplicarse a las personas 
que hacen las cosas, o a las cosas hechas, al revés, em- 
brollada i caprichosamente^ es enrevesado o revesado. 

«... En cuarenta álbumes 
(¡Qué revesado plural!) 
La he puesto yo por mi cuenta.» 

(Bretón. — El Cuarto de hora.) 

Leemos no obstante en aJEl examen crítico-histórico 
del influjo que tuvo en el comercio y industria i población 
de España su dominación en América y por Arias i Miran- 
da: ((I de inclinaciones arrevesadas .y) 

ARRIBA, ARRIBANO, A. 

Correlativos de abajo, abajino, a, cuyo significado he- 
mos ya expuesto; por lo cual, remitiendo al lector a lo que 



I 



ARR 41 

allí se dijo, nos limitaremos a copiar aquí una frase del 
Do7i Diego Portales, en que se trata de ciíribanos: «Ade- 
mas, por los pasajes que ya hemos citado de la correspon- 
dencia íntima de PortáleS; se deja ver que no se las tenia 
todas consigo al tratar con Prieto, quien encerraba en su 
ánimo toda la suspicacia peculiar de los arríbanos , sin 
carecer de capacidad i de una mas que mediana obstina- 
ción para sostener sus ideas.» 

ARRISCAR, ARRISCADO A. 

Arriscar es castellano denotando eiigreirse o erguirse, 
i de ahí que arriscado lo sea también en el sentido de ga- 
llardo, brioso, desenvuelto. 

No debe decirse, por lo tanto: ccEs una lástima que la 
niña no sepa reirse sin arriscar la nariz» ; ni mucho me- 
nos de aquellas narices que parecen temerosas de que la 
boca se las coma, según huyen de ella i se levantan, na- 
rices arriscadas, a no ser que se tenga el detestable gusto 
de encontrar gallardas i apuestas cuantas en Castilla me- 
recerían con justicia el calificativo de arremangadas, t^es- 
pingadas, arregazadas. 

«Nariz arregazada, la que está levantada con el pico 
hacia arriba.» 

(CovARRÚBiAS.— Tesoro de la lengua castellana.) 

«Vieja escarmentada pasa el vado arregazada. ->> 

[Id.— Idid.) 

ARRITRANCA. 

íiai en castellano retranca, correa ancha^ según la Aca- 
demia, que se pone a las bestias en lugar de grupera o 
ataharre. 

Arritranco es un provincialismo cubano que equivale a 
trasto viejo, mueble inútil, armatoñe. 

En Chile se pronuncia vulgarmente arritranca, atribu- 
yéndole, ya el sentido de retranca, ya uno que se aproxi- 
ma algún tanto al cubano arritranco, pues denota todo lo 
que es superfluo e inútil en materia de adornos i dijes 
amontonados con poco gusto. 

— «¿Qué le parece, papá, mi vestido? 



42 ASI 

— alüstaria bonito si tuviese algunos vuelos i cintas de 
menos. Ya sabes que soi enemigo de arritrancas, y> 

ARRUMBE o ARRUMBRE, ARRUMBARSE, ARRUMBADO^ A. 

Ni arrumbe ni arriimhre son castellanos, pues en cas- 
tellano se dice herrumbre i herrin. 

«La azorada inquietud deje las almas, 
Deje la triste herrumbre los arados.» 
fBELLO. — La Agricultura de la zona tórrida.) 

Se usa bárbaramente arrumbado, cuando se quiere de- 
notar con él que algunos objetos están tirados por ahí, 
sin uso i privados de las caricias del plumero. 

Ni es mas propio llamar dulce arrumbado al que, por 
haberse dejado enfriar en alguna paila de cobre^ se ha 
oxidado. 

Conviene hagamos notar aquí la diferencia de signifi- 
cación que existe entre herrin i herrumbre. 

üerrin es una herrumbre determinada; de un sable^ de 
una paila, etc. 

Herrumbre es herrin indefinido, jeneral; no la de un 
objeto determinado, sino de todos los que puedan tenerlo, 
sean como quieran, estén en donde estén. 

Entre herrin i herrumbre media la misma diferencia 
que entre pesar i pesadumbre^, podre i podredumbre^ te- 
cho i techumbre, certeza i certidumbre, luz i lumbre, etc. 

(Véase Roque Barcia, Diccionario de Sinónimos, tom. I, 
pájs. 393, 394 i 395.) 

ASÍ NO MAS. 

Muí usado entre jentes de todas las categorías sociales. 
Equivale al doucement de los franceses^ i al piano, piano 
de los italianos. 

Cuando a la vuelta de alguna esquina un importuno 
nos sorprende con su: «¿Qué es de su buena vida? ¡Cuán- 
to me alegro de verlo! i ¿Cómo está Ud.?» no hallando 
nada mejor que contestarle^ le contestamos de cajón: 
nAsi, asií), o (s<Asi no mas.y> 



ATO 43 

Cuando un enfermo lia pasado una noche sin notable 
mejoría ni agravación de su mal, la dueño de casa dice 
por la mañana al criado: «Si vienen a saber de la salud 
del caballero, contéstales que está asi no mas.y> 

« bien sabe el portador que ha de traer de vuelta 

las gracias dadas i el parte de que el enfermo está aú no 
mas*y> 

(JoTABECHE. — Una eiifermedad.) 



ASOROCHARSE, ASOROCHADO, A." 

Vocablo orijinarió del Perú, probablemente de oríjen 
quichua, aun cuando no es posible descubrir concordancia 
alguna de significado entre soroche i las dos palabras qui- 
chuas que mas se le asemejan en su estructura, conviene 
a saber, zorochi, el que vive a sus anchas, i zuruchicy 
margajita. 

Soroche es la sofocación i ahogo causados por la rareza 
de la atmósfera en las rejiones que se hallan a grande 
altura sobre el nivel del mar. 

En una relación escrita por el viajero Mr. Wedel, de la 
subida que hizo al Misti, parte de cuya relación trascribimos 
nosotros en los Apuntes de viaje que publicamos sobre 
Arequipa en La Estrella de Chile^ hallamos el siguiente 
párrafo: 

«A medida que mas nos elevábamos, no solo aumenta- 
ba la opresión, obligándonos a hacer descansos mas pro- 
longados, sino venia aún a aumentarse la fatiga de los 
miembros, accidente mas molesto que el soroche, pues un 
descanso de algunos minutos no bastaba para aliviarlo.» 

Réstanos solo agregar que asorocharse, en el lenguaje 
usual del vulgo, es perfectamente sinónimo de nihori- 
zar se, 

ATORARSE. 

Este verbo en castellano vale tanto cómo atascarse; por 
donde se comprenderá que no lo usamos como es de- 
bido, empleándolo para denotar que tenemos algo dete- 
nido en la garganta. 



44 AVI 

La palabra que conviene en casos tales es atragantarse. 

ATRASARSE. 

Es mui castizo atrasado, en el sentido de pobre, empc^ 
hado, etc.; pero no lo es atrasarse en el sentido que le 
dan nuestros guasos en frases como éstas: «Desde que 
empezaron los aguaceros se atrasó este ternerito.» «No 
ha salido hoi al trabajo ñor Julián porque, segando, con 
la echona se atrasó de una mano.)) 

En tales casos atrasarse tiene una significación análoga 
a desgraciarse, de que hablaremos a su tiempo. 

ATURULLAR. 

Se dice jeneralmente por confundir, desuanecer a una 
a gritos, morisquetas, manotadas, etc. 
Dehe decirse aturrullar. 

autonomía, 

El señor Bello dice que el uso mas común es acentuar 
la o de la terminación, autonomia. Lo común es acentuar 
la i, autonomía; i eso es también lo que enseña el Diccio- 
nario de la Academia. 

avalancha. 

Muí buscado por los poetas principiantes. Es palabra 
francesa, i tan desvergonzada, que apenas si ha tomado la 
precaución de mudar en «5 la e con que termina en aque- 
lla lengua para penetrar en los dominios de la nuestra. 

Es tanto mas urjente desterrarla, cuanto que, teniendo 
en castellano alud i lurte, maldita la falta que nos hace. 

aviar. 

En castellano, preparar lo necesario para el viaje. 
Nuestros campesinos i peones lo usan mucho en el sen^ 



AYE 45 

tido de anticipar dinero a cuenta de trabajo. Así en los 
dias sábados, a la hora del socorro, no es raro oir frases 
como ésta: — aPatron, ¿podría hacerme Su Merced el favor 
de aviarme con un peso, que es para sacar un parcito de 
calzoncillos?» 



AYIO. 



La montura, enjalma, pellones i demás piezas que usan 
Iiuestros guasos, en vez de silla de montar a caballo. 

«Mi verdadera confianza 
Está en el Padre querido 
Que a todos ha redimido, 
I desde que su hijo soi 
A caballo al cielo voi 
Si Dios me presta el avío.y) 
(GuAJARDc— £o5 Espolones del Diablo.) 



AVOCASTRO. 

De sentido mui semejante a la palabra española ave^ 
chucho, ave de aspecto irregular o repugnante, persona 
contrahecha. 

Es sin duda alguna este chilenismo dejeneracion del 
anticuado avucastro que se aplicaba a los enfadosos i ma- 
jaderos. 

«En un aposento de la Catedral de Toledo vimos en 1859 
una colección de estos abocasiros que así también se lla- 
maban (ciertas figuras de mojiganga.)» 

(B. Vicuña IslkQKE^^k.— Historia de Santiago.) 

AYECAHÜE, 

Dícese de la persona ridiculamente vestida, i también 
de las cosas grotescas i que mueven a risa. Es de uso 
mucho mas común al Sur del Maule que en las provincias 
del centro i Norte de la República. 



46 AZA 

Si no nos engañamos, viene del araucuno oyecariy reír- 
se, o ayecamiy risible. 

El provincialismo mejicano correspondiente a ayecahue 
es figuroso. 



AZAREARSE, AZAREO. 

No puede decirse de estas palabras lo que de los gus- 
tos, que acerca de ellos nada hai escrito. 

En prueba^ dice Juan de Arona, en sus varias veces ya 
citados Apuntes: 

«Azarearse. — Llenarse de azar, de sobresalto. Descon- 
certarse, desazonarse, inquietarse, desasosegarse, esca- 
marse. Talvez sea este último verbo el que mas se le 
Tjcerque.)) 

«El azareo es producido en el individuo, ya por las ex- 
trañezas^ voluntarias o involuntarias, de alguna persona, 
ya por las fatales apariencias de las circunstancias.» 

c(Si todos los que usan este verbo i este sustantivo lle- 
garan a convencerse de un golpe de que no están en el 
Diccionario^ i que era necesario renunciar a ellos, habría 
un cataclismo mental. I es que con azarearse sucede lo 
que con empavarse , que corresponde a una vehementísi- 
ma necesidad, real o ficticia, de nuestro modo de sentir.» 

ikTener azar, es buen castellano.» 

«... Mas habiéndose mudado 
De la casa a otro día 
Por el azar que dice que tenia 
Con ella...» , 

(Calderón. — No hai cosa como callar.) 

I el señor Cuervo en su no menos utilizadas Apunta" 
dones: 

^Azararse vale torcerse un asunto o lance por sobre- 
venir un obstáculo imprevisto. No lo entienden así nues- 
tros coterráneos, como que afirman azararse si los miran 
de frente, i casi todos los escolares se ven aquejados del 
mismo accidente si el maestro les muestra a deshora la 
palmeta. Se viene a los ojos que se ha confundido esta 
voz con azorarse, cuvo sentido es sobresaltar, conturbar, 



AZA 47 

i derivado de azor, (ave de rapiña usada en la cetrería ó 
caza de aves por medio de halcones, neblíes i otras aves 
de la misma ralea) a cuya vista se ahuyentan i desbara- 
tan las bandadas de palomas, perdices, etc.» 

Ahora, si nos fuese lícito agregar unas pocas palabras, 
diríamos que es azorarse i no azararse el que debe ser con- 
siderado como padre de nuestro azarearse, si bien se nota 
entre ambos una notable diferencia de significado. Hai, 
en efecto, en el que se azarea (i esto no lo ignora ningún 
compatriota nuestro) algo mas que amilanamiento i rubor; 
hai también ira concentrada i sangre que, en vez de en- 
friarse como en el azorado, se calienta, como en el que 
siente despertarse sus belicosos o vengativos instintos. 

Es notable el siguiente pasaje de Cervantes porque en 
él se encuentra empleado el verbo azorarse en significa- 
ción mui semejante a la de nuestro azarearse: 

«Mi asno, respondió Sancho, que por no nombrarle con 
este nombre le suelo llamar el rucio, i a esta señora due- 
ña le rogué cuando entré en este castillo tuviese cuenta 
con él, i azoróse de manera como si la hubiera dicho que 
era fea o vieja.» 

(Quijote.) 



B 



BABERO. 

A no haber visto por ahí en algún vocabulario de los 
gazapatones mas corrientes en Chile esta voz, nos ha- 
bríamos abstenido de escribirla aquí; pues lo único que 
deseamos advertir sobre ella es que, no cediendo en lo 
castizo a sus dos sinónimos babador i babadero ^ los aven- 
taja en ser mucho mas jeneralmente usada por toda clase 
de personas. 



BABOSO. 

Ko es ése el nombre castellano del dañino i repugnan- 
te animalejo que a despecho de queltehiies i jardineros 
devasta los jardines de la capital. En España, donde se- 
gún el Diccionario de la Academia es mui común i de 
donde seguramente fué importado a Chile,^ le atribuyen 
jénero femenino, llamándolo babosa. 

No es extraño, por lo demás, que haya entre la madre 
patria i Chile discordancia sobre el jénero del molusco 
deque tratamos, pues habiendo consultado nosotros aun na- 
ralista a fin de obtener datos exactos, nos aseguró que 
todos tenían ambos sexos i que mui bien habría podido 
suceder que cuantos existen en Chile viniesen, no de una 
sola pareja, sino de un solo individuo. 

Lo mas seguro i lo mas limpio seria decir limaza^ como 
parece aconsejar Domínguez en su Diccionario. 



50 BAG 



BACENILLA, 



Para comprender cuan extraviados andan los que así 
pronuncian, no se necesita de mas que de advertir que 
siendo el primitivo bácirij las leyes de la derivación exi- 
jen bacinilla. 

Ahora si se nos preguntase: ¿por qué bacín i no vasin i 
de consiguiente vasinillaV, contestaríamos casi con segu- 
ridad plena de no engañarnos: porque no se trata de un 
vaso pequeño, sino de algo que tiene sus puntos de se- 
mejanza con una pequeña bacía. 

En lo antiguo bacin i bacía eran poco menos que sinó- 
nimos. 



BADULAQUE. 

Usase a veces en Chile en un sentido que no tiene, 
cual es el de bellaco^ belitre. 
Badulaque, es sandio, tonto, fatuo, necio. 

BAGUAL o GUAGUAL, BAUSÁN. 

Según Salva bagual es un provincialismo de las Anti- 
llas i de la América Central, donde equivale a feroz, in- 
dómito. Así se llama por esas tierras ganado bagual al 
ganado montaraz o bravio. 

En Chile llamamos bagual o guagual i también bausán 
al hombrote, máxime si a su elevada estatura i muchas 
chichas reúne la circunstancia de ser fiaco de entendi- 
miento. 

Rastreando el oríjen de este chilenismo, hemos dado 
con tres posibles, entre los cuales el discreto lector ele- 
jirá. 

Pudiera ser un aumentativo sui géneris de guagua, pa- 
tente casi bajo la forma guagualón, que da tanto como 
niño crecido i simplonazo: o bien una corrupción de bau^ 
san (el bobo o necio según el Diccionario de la Academia) 
i por último, i esta es acaso la mas probable de las hipó- 



BAJ 51 

tesis que sobre el asunto adelantamos, una metafórica 
aplicación a los jigantes del reino humano del nombre 
que los negros dan al jigante del reino vejetal: baobab 
(adansonia digitata)y árbol que crece en la Senegambia i 
que es hasta ahora el mas corpulento de los vejetales 
conocidos. 

En este último caso bagual seria una de las escasísimas 
huellas que ha dejado en la América española i republi- 
cana la infeliz raza de Cham, que no la conoció sino como 
teatro del dolor, de la esclavitud i de la muerte. 

BAJADOR. 

Voz del manejo délos caballos. En España se llama 
amarra i también gamarra, la correa que saliendo de 
las cinchas, para en la muserola del freno i sirve para que 
no picotee el caballo. 

BAJO. 



Consecuentes con la idea de acotar en este Diccionario, 

no solo aquellas voces i jiros que propiamente puedan 
considerarse como provincialismos de Chile, sino también 
aquellas que siendo en sí mismas castizas, se usan, aun 
por las personas ilustradas, en formas incorrectas o en 
acepciones indebidas, mal podríamos olvidarnos de bajo. 

Quien tenga presente que en el sentido recto i figurado 
esta palabra equivale a debajo dcy convendrá con nosotros 
en que se usa de una manera incorrecta cada vez que se la 
antepone a aspecto o punto de vista^ en frases como las 
siguientes: ((El punto en que nos ocupamos puede con- 
siderarse bajo dos diferentes aspectos.» «No es de ex- 
trañar que las conclusiones a que mi honorable contra- 
tdictor arriba hagan fuego contra las mias, pues él i yo 
consideramos el asunto bajo puntos de vista diametral- 
mente opuestos.» 
«Presentada la cuestión bajo ese aspecto, obtiene (el 
señor Cánovas del Castillo) un triunfo que nadie podría 
disputarle.» 
(M. L. Amunátegui.- 7w/c/<? crítico de Ileredia.) 



52 BAJ 

Pero la incorrección apuntada es una bicoca si se 
compara con Ja que cometemos en frases tan comunes i 
revesadas como ésta: «La justicia exije que en un pais 
bien organizado todos los partidos i todos los hombres 
puedan vivir bajo el pié áe la mas perfecta igualdad.» 
O como esta otra de un presidente de Cámara: «Proce- 
deremos a votar bajo la base acordada.» 

«La Academia (de Bellas Letras) apresurándose a acep- 
tar el encargo que se le confia ha organizado el certa- 
men poético ¿>¿?;í> las siguientes bases.» 

(El Secretario de la Academia de Bellas Letras.) 

Omitimos los comentarios porque nos parece que nos 
expondríamos a inferir al lector inmerecido agravio ad- 
virtiéndole que las columnas i edificios están sobre, que 
no debajo de su base; i que no es costumbre que cuantos 
tienen pies anden debajo de ellos. 

Véanse ahora, en ejemplos tomados de los clásicos es- 
pañoles, las preposiciones que deberian reemplazar a bajo 
en frases como las aducidas. 

L* «Venia Hernán Cortés deseoso de saber el estado 
en que se hallaban las cosas de la Vera Cruz, por ser la 
conservación de aquella retirada una de las basas princi- 
pales sobre que se habia de fundar el nuevo edificio de 
que se trataba.» 

(SoLis.— Conquista de Nueva España.) 

2." «Acomódeme luego fácilmente sob?'e el mismo pié 
que en Segovia,» 

(P. Ishk.-- Gil Blas.) 

3.° «No se sabe a qué atribuir este vacío de nuestras 
letras, bien extraño ciertamente por cualquier aspecto 
que se le considere.» 

(Quintana. — Afusa épica española.) 

4." «¡Ojalá logre presentarla (la institución de los ma* 
yorazgos) a V. A. €7i su y eráaáer o pu7ito de vista i conci- 
liar la consideración que se le debe con el grande objeto 
de este Informe, que es el bien de la agricultura!» 
(JovELLÁNOS. — Lei ag?'aria, mayorazgos.) 

Con relación a este último ejemplo indicaremos, para 
concluir, que en la jeneralidad de los casos convendría de- 
cir i escribir desde antes de punto de vista, ya que el punto 



r 



BAL 53 

ese no es otro que el lugar en que figuradamente se colo- 
ca el observador para ver i estudiar mejor lo que desea. 

BAJUJO. 

Por lo bajOy para denotar con maña i dishmdo es mui 
castizo. No así por lo hajitjOy que lleva en sí algo de pi- 
caresco, i que en conversación familiar suele emplear en 
Chile de vez en cuando la jente bien instruida. 

«Si pillan un granadero (1) 
Por lo bajujo lo arrestan, 
I entre ellos mismos apuestan 
A cual lo seca primero.» 

(GuAJARDO. — Los Bolseros.) 

BALBUCEAR, BALBUCIR. 

Aunque el primero de los dos verbos materia del párra- 
fo que vamos echando no se encuentra en los escritores 
de los buenos tiempos de la lengua ni en el Diccionario de 
la Academia, es hoi dia de uso corriente en todas sus in- 
flexiones, i de necesario en aquellas en que a causa de 
no empezar la terminación por e, el empleo de su sinóni- 
mo balbucir seria insoportable. Puede en verdad decirse 
indiferentemente yo balbucía, o yo balbuceaba; pero quién 
podría tolerar yo balbuzo o yo balbuzco'k 

Balbucea^' i balbucir son dos verbos jemelos, que se pres- 
tan mutuamente buenos servicios, i que traen a la memoria 
aquella otra pareja formada por blandear i blandir; i es 
raro que, habiéndose el señor Bello acordado de estos dos 
verbos en el capítulo de su Gramática que consagró a los 
defectivos, se olvidase de balbucir, cuya existencia estábale 
indicando como con el dedo el adjetivo balbuciente. 

Verdad es que la Academia habia padecido el mismo 
olvido; olvido que el bueno de Domínguez no dejó de 
echarle en cara con acrimonia en su Diccionario; pero 
ahí estaban numerosos pasajes de los maestros de la len- 
gua acreditando su existencia i limpieza de sangre. 

(1) Granadero, está aquí empleado por vasote para beber la chicha. 



54 BAN 

1 todos cuantos vagan 

De tí me van mil gracias reOriendo, 

I todas mas me llagan 

I déjame muriendo 

Un nosequé que queda balbuciendo. 

(San Juan de la Ckvz»^ Canciones.) 

«El balbucir de la pasmada jente.» 

(Ercilla. — La Araucana.) 

banca, banco. 

Tenemos la mala costumbre de servirnos indistintamen- 
te de los dos vocablos del título, por no advertir o por 
ignorar que cada uno de ellos tiene su propio i exclusivo 
significado. 

üBancay dice la Academia, asiento de madera sin res- 
paldo i a modo de una mesilla baja.» 

uBa?ico, según la misma, asiento hecho regularmente de 
madera en que pueden sentarse a un tiempo algunas per- 
sonas. Los hai de respaldo i sin él.» 

Mas claro, se llama banca la silleta de madera sin res- 
paldo; i boTico el escaño tosco, que jeneralmente lo tiene, 
pero que puede no tenerlo también. 

BANDADA. 

Bandada es la primer palabra que se viene a los labios 
de las personas poco instruidas (en cuyo número quedan 
incluidos los periodistas zarramplines i los oradores in- 
tonsos) cada vez que desean designar una reunión de ani- 
males, de aves o de peces. Teniendo la lengua nombres 
especiales para esas reuniones según sea la clase de indi- 
viduos que las formen, emplear bandada en todos los ca- 
sos^ es emplearlo impropiamente cuando se habla de los 
cuadrúpedos o peces, i empobrecer el idioma. 

El conjunto de peces que nadan como en compañía se 
llama cardumen o cardúmine; el de aves que vuelan 



BAQ 55 

en pelotón, bandada o banda; el de cuadrúpedos que 
marchan reunidos, manada^ a no ser que el andar en pan- 
dilla o estar echados como en montón provenga de haber 
nacido de un mismo parto i seguir a una misma madre, 
pues entonces la palabra propia seria lechigada. 

Hai por lo tanto impropiedad en el empleo que hace 
Cervantes de bandada en el siguiente pasaje: 

ttEsles de particular entretenimiento i gusto (a los 
habitantes de los campos) ver en los frescos e intrinca- 
dos setos cruzar las bayidadas de conejos i en los prados 
las medrosas liebres.» 

(Cervantes. — Diálogo entre Sillenia i Selanio.) 

BAQUEANO. 



Ni baqueano, como jeneralmente decimos, ni baquiano 
como debiéramos, se encuentran en los diccionarios de 
la lengua, si se exceptúan los de los señores Alcedo i Sal- 
va, quienes al consignarlo incurrieron en el mismo error 
en que nosotros los chilenos solemos, i que el señor Cuervo 
evidencia en sus Apuntaciones de la siguiente manera: 

«Se engañó indudablemente Alcedo, i Salva siguió sus 
huellas, al estampar en sus Diccionarios baqueano por ba^ 
quiano\ prescindiendo de que nadie, que no sea empala- 
gosamente remilgado dice así, no queda ni un ápice de 
duda si se considera que esta voz viene de baquía (que 
nadie pronuncia baquea i vale hoi entre el vulgo de nues- 
tro pais habilidad, destreza) atérmino» según consta en 
la Historia jeneral i natural de las Lidias por Gonzalo 
Fernández de Oviedo, «con que los españoles designaron 
después de la conquista a los soldados viejos que hablan 
tenido parte en ellai) i significa viejo , veterano: — nótese 
que este último se toma también por experto y ducho — i 
Juan de Guzman en la notación 28 sobre la Geórjica pri- 
mera de Virjilio, cuenta a vaquiano entre las voces salidas 
de la isla de Santo Domingo i dice quiere decir cosa an- 
tigua. y) 

Nosotros nos permitiremos agregar que de las dos for- 
mas que se dan a esta voz, baqueano i baquiano^ la prime- 



56 HAR 

ra parece un provincialismo americano i la segunda un 
arcaismo. 
«Que como tan baquiano en la tierra todo lo conocia.» 
(Mateo khmik^.— Guzmcni de Alfarache.) 

Don Domingo Faustino Sarmiento en el Facundo i va- 
rios otros escritores americanos han escrito baqueano. Sea 
empero la voz orijin¿iria de España o de América, lo mas 
autorizado i lo que nos parece mejor es baquiano. 



BARAJO. 

Como interjección hemos solido oiría i en tal sentido 
merece disculpa, pues su oficio es reemplazar a otra con 
mucho mas usual i menos decente. 

Como sustantivo es un estropicio de que se hacen reos 
los chiquillos de la calle que se meten a campaneros. 

Lo correcto es badajo^ 

BARATA. 

Es un chilenismo cuyo equivalente español es cucaracha. 

BARTULAR. 



Hubo en lo antiguo (1313 — 1356) un famoso jurisconsul- 
to, Bartolo o Bartulo, profesor de Derecho en Pisa i en Pe- 
rusa i redactor, según refieren, de la Dula de Oro. Pues 
bien, i aunque parezca increible (tan singular es el destino 
de algunos hombresj este Bartolo o Bartulo, cuyas obras 
se imprimieron en ocho tomos no ha mucho en la capital 
de Baviera por un sabio alemán, es el padre reconocido 
de bártulos negocios^ asuntos, enredos, muebles^ trastos, 
etc., de donde a su vez procede nuestro expresivo bartular, 
cacilar, o devanarse los sesos, que es frase con que denota- 
mos la misma idea, mas chilena i encarecidamente si cabe. 



BARR 57 

Ya de tanto bartular 
Voi perdiendo la cabeza; 
1 con la misma pobreza 
No hallo que jiro agarrafa 
(GuAJARDO. — Proyectos de un aburrido,) 



BARRACA. 



No significa en castellano lo que la hacemos significar 
nosotros, el lugar en que están depositadas para venderse 
las maderas; sino cabana ^ choza rústica, rancho. 



BARREAL. 

Dígase barrizal que es como debe. 

BARRIGÓN, A. 

Los puristas mas celosos que entendidos que profesan 
por esos colejios i escuelas la lengua de Cervantes, ponen 
particular empeño en inculcar a sus discípulos eviten de- 
cir barrigón, bocón, dentón, barbón, jetón, cachetón, na- 
rigón, i otros aumentativos por el estilo. 

Nosotros, que no descubrimos motivo para acordar una 
semejante preferencia a la terminación en udo, i que al 
contrario recordamos que ella suele tomarse en mala parte^ 
(compárese si nó a caprichoso con caprichudo) no podemos 
arrepentimos ni pedir a los lectores se arrepientan de ha- 
ber cantado cuando niños, los sábados, al salir de la últi- 
ma clase, esperando el real dominguero: 

Mañana es domingo 

De pila i pilón. 

Se casa la cabra 

Con el motilón; 

— ¿Quién es la madrina.^ 

— Doña Catalina 

Rebozo de harina. 



58 BAS 

— ¿Quién es el padrino? 
— Don Juan barrigón. 
— ¿Quién toca la caja? 
— El negro jetón. 



BARRILETE. 



Significando la especie particular de volantines, o sea 
cometas^ que tienen mas o menos la forma de un barril 
visto de costado, es chilenismo. 



BASTARDEAR. 

Casi no hai artículo de periódico ni discursó parlamen- 
tario en queno se encuentre usado este verbo malamente. 
¿Pi. qué gobierno no hemos hecho el cargo de bastardear 
las leyes y la Constitución, las instituciones, etc.? 

I sinembargo bastardear es un verbo neutro, de la mis- 
ma naturaleza que dejenerar, que por lo tanto no admite 
complemento directo: 

En vez de decir, pues, de los gobiernos que aplican 
torcidamente las leyes, valiéndose de sofismas e hipócritas 
interpretaciones, que las bastardea?!, diremos que las fal- 
sea?! , vicia?!, corrompen o barre?ian. 

Ejemplo de uso correcto: 

«El común de los hombres de tal manera han torcido i 
bastardeado de la jenerosidad de su naturaleza, que asi 
como las bestias en ninguna otra cosa entienden sino en 
buscar bienes para su cuerpo, así ellos, jeneralraente ha- 
blando, en ninguna otra cosa dia i noche se ocupan, sino 
en lo mismo que ellas.» 

(Frai Luis de Granada. — Símbolo de la fe.) 

Ejemplo que no debe imitarse: 

Esplicando el señor don Pedro M. de Olive, en su Dic- 
cionario de Sinónimos, la diferencia de sentido que hai 
entre des?iatur alizar i bastardear, dice: 

«Licurgo desnaturalizó el corazón del hombre porque 
dirijió sus facultades hacia nuevos i extraordinarios obje- 
tos; pero no le bastardeó porque no le alejó de su primi- 



BEL 59 

tivo oríjen, sino al contrario, aumentó su vigor i su no- 
bleza.» 



BATAN. 

Batanes llamamos en Santiago a las tintorerías 

BATIBURRILLO. 

Para indicar una mezcla de cosas que no se avienen 
bien unas con otras, o un discurso desordenado i com- 
puesto de partes inconexas, decimos: es un batiburrillo. 
No dirán así, sino batiborrillo , o mejor todavía baturrillo, 
cuantos se den el trabajo de consultar el Diccionario. 

BAYO, 

La caja o andas en que se llevan a enterrar los difun- 
tos se llama féretro en castellano. El mas sencillo i tosco 
que sirve para llevar los cadáveres de los pobres al ce- 
menterio se llama galga en algunas provincias de España. 

En Chile, donde designamos con el nombre de carro al 
en que son conducidos a su última morada los restos 
mortales de las personas acomodadas, se designan con 
el de bayo las andas en que se presta ese servicio a los 
cadáveres de los pobres. 

También decimos, bayos de los caballos dorados i de la 
chicha de color entre pajizo i blanco; i recordamos haber 
visto escrita con bastardilla la palabra ésta, en la acep- 
ción de que hablamos, en mas de un libro i en mas de 
veinte párrafos de las gacetillas de nuestros diarios, (a la 
chilena, crónicas locales) ; ^evo debe tenerse por entendido 
que, no por ser nativa de nuestra tierra la chicha baya, es 
menos castiza la palabra con que la designamos. 

BELDUQUE. 

El cuchillo ordinario, de hoja comunmente puntiaguda i 
con mango de madera i de una sola pieza. Barruntamos 



60 BLO 

que su uso sea jeneral en la América latina, pues se en- 
cuentra consignado en las Apuntaciones del señor Cuervo. 

Lo probable es que belduque fuese el nombre del lugar 
en que los tales cuchillos se fabricaban, o acaso del fabri- 
cante; que por lo tanto se dijese en un principio cuchillo 
de helduquCy como es seguro se diria cigarro habano^ i 
que andando el tiempo llegase a decirse sencilla i lacóni- 
camente en el primer caso un belduque, como decimos en 
el segundo, un habano. 

El señor Gormaz yerra groseramente cuando aconseja 
se sustituya a berduque por balduque. 

Balduque es en español una especie de cinta para atar 
legajos. 



BENEFICIARSE. 

Beneficiar en castellano es hacer bien a alguien^ i cultí- 
Yar i cuidar de alguna cosa procurando que fructifique. 

Entre nuestros carniceros es matar i descuartizar, des- 
postar la res para vender la carne i demás partes útiles. 

En estilo metófarico i entre predestinados a la Peniten- 
ciaria (que también gustan de metáforas los tales) benefi^ 
ciarse a alguno es asesinarlo. En el mismo sentido dicen 
ellos en tono socarrón cuando han muerto a algún próji-^ 
mo, que se lo han merendado, i también soplado. 

BICOCA. 

Llamamos así al pequeño gorro que usan los esclesiásti^ 
eos para cubrirse la corona, probablemente por ignorar n 
olvidar que el nombre castizo de tal pieza es solideo. 

BLONDO, A. 

Rarísimos serán los poetas americanos (i si dijéramos 
españoles no mentiríamos) que no hayan usado alguna 
vez siquiera este tentador adjetivo, i que al usarlo, no 
hayan dado un mas de regular traspié. 

^Cómo se esplica que atribuyamos a blondo el significa^ 



I 



BOC 61 

do de crespo o rizado, cuando ni en castellano, ni en fran- 
cés, ni en sajón, de donde yiene, según leemos en el 
Diccionario de los señores Noel i Chapsal, significa eso, 
sino amarillo y dorado, rubio'^. Después de mucho devanear 
nada mas podemos que presentarnos a los lectores con un 
acaso (por el estilo de los que acostumbra Mr. Rénan.) 
Acaso la semejanza de sonidos que hai entre nuestro asen- 
dereado adjetivo i el sustantivo blonda nos ha inducido a 
atribuir a aquél una significación semejante a la de éste. 

Sea lo que fuere de la sobredicha conjetura, lo innega* 
ble es que, no solo en América sino también en España, i 
no solo por escritores adocenados i fargallones, sino por 
ilustres personajes, se incurre en el disparate que anota- 
mos. 

I vaya una muestra sacada de entre los eminentes del 
parnaso español: 

Tu vellón nevado, 
De ricitos lleno, 
Cual de blonda seda 
Cuidadoso peino. 

(Meléndez. — Idilio II.) 

BOCHAN. 

Persona que ha residido algunos años en la frontera 
nos asegura que por aquellos mundos la palabra rastrojo, 
tan usada por los agricultores del centro i Norte para de- 
notar los restos de la sementera que quedan sobre el te- 
rreno después de recojidos los frutos, solo se usa hablando 
de sementeras de trigo i cebada; pues el rastrojo de las 
chacras se llama bochan. 

En abono del vocablo éste, que viene sin duda del arau- 
cano Vuchén, podríamos hacer una observación semejante 
a la que hicimos en pro de abastero, pretendiendo debie- 
ra conservarse al lado de abastecedor, por tener un signi- 
ficado mas concreto i taxativo. Llamemos con los españo- 
les rastrojo al residuo de las cañas del trigo o cebada que 
queda en la tierra después de segar, i bochan al que que- 
da, después de la cosecha, en los terrenos sembrados dQ 
chacras. 



62 BOC 

Este alegato en favor de bochan no logró ablandar al 
S. Paúlsen quien, después de leerlo, puso por providencia: 

«Bochan. — Voz bárbara que debemos desterrar. No ha- 
ce la menor falta; rastrojo dice lo mismo en buen caste- 
llano. Kse bochan, francamente, nie pune grima.» 

BOCHINCHE, BOCHINCHERO, A. 

Nada de extraño tiene que habiendo heredado nosotros 
de los españoles nuestros abuelos la propensión a los pro- 
nunciamientos_, asonadas, bataholas i chamusquinas, ha- 
yamos querido, como para apropiárnoslas mejor, bautizar- 
los con nombres de nuestra invención i particular agrado. 
Con tal propósito, como se verá en su lugar, rejuveneciendo 
i retocando a Liorna, sacamos de él los sustantivos leona 
i leonero i el adjetivo aleonado. Tócanos ahora hablar de 
bochinche i de bochinchero^ que en verdad, en lo tocante 
a la significación, se asemejan hasta casi confundirse con 
aquéllos. La única diferencia apreciable consiste en que 
el bochinche trae a la imajinacion una revuelta de carác- 
ter algo mas serio que la leona\ pues mientras aquél huele 
a plazas, salas de sesiones i cuarteles, éste pocas veces 
huele a otra cosa que a refectorios de colejios. 

Si hubiéramos de juzgar por el silencio que sobre 
esta palabra guardan los señores Cuervo i Arona,. aca- 
so nos sentiríamos tentados a señalarla como un pro- 
vincialismo exclusivamente chileno. Tenemos, empero, por 
mas probable que la omisión en los Apuntes (mui breves 
por lo demás, de este último escritor) provenga de involun- 
tario olvido, pues si nuestra memoria no nos traiciona, 
aquella ocurre con cierta frecuencia en los escritores pe- 
ruanos. 

También creemos que la usaba mucho en sus escritos 
políticos el señor don Antonio José de Irisarri^ i casi po- 
dríamos afirmar que una de sus composiciones poéticas se 
titula El bochinche. 

Dicho lo que que queda en lo tocante al uso de bochin^ 
che, lo único que en cuanto a etimolojía nos permitiremos 
agregar, i eso con cierto temor, es que en lengua arauca- 
na vucheu7iy significa saltar, bufonearse, chancearse. 

¿Qué dificultad hai para admitir que los mismos que 



BOL 63 

transformaron en bochan el vucheii araucano, no convirtie- 
sen el vucheun en bochinche^ tanto mas cuanto que la 
partícula diCy (jente) ocurre en muchas voces de indudable 
oríjen araucano, sin que pueda descubrirse otro motivo 
para su agregación que una razón de eufonía? ¿Por qué, 
verbi-gracia, decir al negro, negro curiche, cuando con 
citri (negro) seria suficiente? 

En resumen i sin pretender meternos en camisa de 
once varas, opinamos que así como en araucano curi se 
dice solo de las cosas negras, i curiche de las personas 
de ese color, así puede suceder que vucheun indique el 
triscar délos animales, i vucheunche [bochinche] e\ 
saltar de la jente. 

BOCÓN, ONA. 

Véase Barrigón, ona. 

fiOLA. 

Es chilenismo indicando la cometa de forma redonda. 

BOLEAR, 



Del estudiante universitario que tiene la desgracia de 
ser reprobado en el examen dicen sus compañeros que hd 
salido boleado y aludiendo a las bolitas blancas i negras 
con que los examinadores aprueban o reprueban. 

En el sentido dicho, bolear es un provincialismo chileno* 
Eslo también, aunque no solo chileno, sino principalmente 
arjentino, en la acepción de arrojar el lazo armado de bo- 
las contra los guanacos, avestruces, etc. para cojerlos. 

Bolear, en castellano significa jugar al billar, por mera 
entretención, sin interés i sin convenir en partido. 

BOLETO, ERO, ERÍA. 

Ni boleto ni boletería se hallan en los diccionarios. 
Boletero es un empleado del ejército. 



64 BOL 

Las tarjas para las funciones de teatro se llaman bille"- 
tes. 

aAdelantóse don Cayetano i después de pagar los bole- 
tos dio frente a la entrada para hacer desfilar su comitiva 
delante del boletero.^ 

(Blest Gana.— ^/ ideal de un calavera.) 



BOLICHE. 

Llaman así en las provincias del Norte i en la costa de 
Bolivia i Perú lo que en España fígoncillo o bodegón de 
mala muertey o como suelen llamarlos también tiendas de 
preguntas i respuestas. El uso de la voz ésta indica que no 
faltarían algunos jitanos entre los conquistadores i pobla- 
dores de la América, pues en el dialecto jermanesco boli- 
che significa casa de juego, garito. 

También se dice por el Norte en el mismo sentido tim- 
bunchCi i por acá piguchen. 



BOLSEAR^ BOLSERO, BOLSEO, DE BOLSA. 

En Chile, donde tanto como en cualquiera otra parte por 
lo menos, somos aficionados a vestirnos, comer, pasear, 
fumar, educarnos, etc., gratuitamente y esto es, a costa 
ajena, no pudimos menos de inventar un nuevo verbo para 
significar tan dulce costumbre. 

Si se quisiera una prueba de lo común que ha llegado a 
hacerse la acción significada por nuestro bolsear, una 
i bien espléndida podríanos suministrar la frase de bolsa. 
En efecto ¿no es preciso que las nociones de tuyo i mió 
vayan camino de borrarse en una tierra en que para sig- 
nificar que uno ha comido a costa de bolsa ajena, baste 
decir que ha comido de bolsa'^. 

En cuanto al bolsero, que de sobra merecerla los hono- 
res de una monografía, honores que no podríamos tributarle 
sin salir de los límites que nos hemos trazado, téngase por 
satisfecho con las siguientes coplas del poeta popular de 
Santiago, que según parece los detesta cordialmente, tai- 
vez por aquello de ¿quién es tu enemigo? etc. 



BOS 65 

Otros, aunque tengan plata, 
Medio no saben gastar: 
Como les gusta bolsear 
De bolsa llenan la guata\ 
I hasta en el mejor café 
Andan bolseros aseados, 
Que lo pasan regalados 
Con el rico ponche en leche; 
I de allí no hai quien los eche 
Porque están como alquilados. 

Otros andan aguaitando 
Hasta que bolseo encuentran^ 
I como moscas se entran 
Donde alguno está gastando. 

(GuAj.uiDO. — Los Bolseros.) 



BOMBILLA. 



No es entre nosotros, como pudiera creerse a la distan- 
cia, diminutivo de bomba^ de suerte que llamásemos así 
a las bombas pequeñas, contra incendios o para extraer 
agua de los pozos, que a las tales llamamos bombines o 
simplemente bombas. 

Lo que nuestras paisanas tomadoras de mate (que aun 
son muchas,, llaman bombilla es el mismo instrumento que 
la Academia nombra bombillo, i que define «un tubo de 
hoja de lata con un ensanche en la parte inferior para 
sacar líquidos.» 

Sabido es que ese que llama el Diccionario «ensanche de 
la parte inferior», que es comunmente de forma esférica, 
hueco i lleno de agujeritos, se llama en Chile coco; i que 
rarísimas veces coco i bombilla dejan de ser de plata. 



BOSTA. 

Ni la Academia ni Salva traen esta palabra, que en Chi- 
le significa estiércol de vaca o caballo. Es probablemente 



60 BOT 

castellano antiguó, según se ve por «Bostar m. ant. — El 
lugar o caballeriza donde están los buejes.» 

( A c ADEMiA . — Dkciojiario . ) 
Bosta es palabra portuguesa. «Bosta, sf. — Bouse de va- 
che ou de beuf.» 

(Constancio . — Diccionario portugués francés .) 

BOTARSE. 

Como reflexivo no se encuentra en ningún Diccionario 
de la lengua. Son, pues, chilenismos, botarse al agua, por 
echarse, meterse al agua; botarse a jugador, a tunante, por 
dar en jugador, en tunante, etc. 

«Si después de esta prueba te quedas como estás, bótate 
a tunante, a jugador: ya no sirves para nada.» 

(A. Blest Gana. — El Primer amor.) 

Acerca del activo observa el señor Cuervo: 
«Algunos de nuestros escritores i un buen golpe de jen- 
te no escritora abusan del verbo botar empleándolo en 
cada triquitraque en casos en que los buenos escritores 
se valen de otros términos; muchos dicen botar la plata 
por tirar, malgastar, disipar, dilapidar el dinero i hasta 
botarse en brazos de Dios por echarse en brazos de Dios i 
así en otros casos; botar significa arrojar o echar fuera 
con violencia.» 

«No pocos principian ya a tirar la máscara de catoli- 
cismo con que hasta pocos meses há encubrían su impie- 
dad grosera.» 

(Vicente de la Fuente. — La pluralidad de cultos.) 

Blando es como la cera para el vicio, 
Los consejos mas útiles le enfadan, 
Tira el dinero, en lo útil nunca piensa. 

(BURGOS. — Traducción de Horacio. Arte poética.) 

....I me veo desdichado 

í como vaso en muladar tirado. 

{CxKYAJku-^Salmo XXX.) 



BOT 67 

Hasta aquí el hablista bogotano. 

Para concluir solo agregaremos haber oido mas de una 
vez a nuestros guasos i gañanes usar botado en el sentido 
de acostado, tendido, echado. Así el médico que es bastan- 
te bueno para ir a los ranchos de los pobres que no pue- 
den darle por visita mas de una chaucha o un veinte, al 
preguntar ¿cómo sigue el niño? suele obtener por respues- 
ta: — «Muí mal señor: ¡no lo pasa mas que boiaditoln 



BOTERO, lA. 

No significan en la Península como en Chile zapatero i 
zapatería. 

Esta voz fué inventada por los zapateros de algún nom- 
bre para distinguirse de otros de su especie. Su oríjen es, 
pues, debido a cierta vanidad que con nuevas denomina- 
ciones se empeña en ocultar la realidad de las cosas. Así 
tenemos que ya en Chile ningún barbero quiere ser tal, 
sino peluquero (i artista por añadidura); i comadres cono- 
cemos nosotros que saltarían como leonas si alguien ca- 
yese en la tentación de llamarlas parteras i aun rnatronas, 
i no profesoras de par tosí 



botín. 

Con grave peligro de no darnos a entender llamamos 
indistintamente botin al calzado de cuero que llega hasta 
cubrir los tobillos, i que en buen castellano se llama así; 
i a las medias que, subiendo un poco mas arriba por la 
pierna, terminan en la parte inferior de la pantorrilla, i 
cuyo nombre propio es calcetines. 



BOTOTOS. 

^ Zapatos grandes i ordinarios que usa la jente pobi^. 
Tal vez de formación caprichosa; tal vez formado de hoto, 
que en lenguaje de aragoneses significa pelleio p&ra echar, 
vino, aceite u otro licor. 



\¿^ }UiA 



BOYA, BOYAZO. 



fí()i/a es una voz marítima que significa el ¿rozo de cor- 
cha u otro material que, atado a un cabo i nadando sobre 
el agua, indica la situación del ancla. Siendo ello así 
¿porqué del que hace a otro la pesada broma de darle un 
golpe sobre el sombrero para hundírselo hasta el pescue- 
zo si es posible, i hasta las orejas cuando ménos^ decimos 
que le ha siimidoy o zampado la boya^ o dado im boyazo^. 
Doctores tiene la Facultad de Humanidades de la Univer- 
sidad de Chile que sabrán responder. 

Literalmente dar un boyazo significa dar un f^olpe con 
un buell 



BOZAL. 

Se dice en Chile por hozo\ «El cabestro o cuerda que 
se echa a las caballerías sobre la boca, i dando un nudo 
por debajo de ella forma un cabezón con solo un cabo o 
rienda.» 



(Academia . — Diccionario . \ 



BRACEAR, BRACEADOR, A. 



Bracear, indicando la acción de sacar hacia afuera las 
caballerías las patas de adelante cuando trotan, es un 
chilenismo. Lo es también^ i porque se cae de su peso 
debiera callarse, braceador, aplicado al caballo que tiene 
aquella, cualidad. 

También al caballo ése solemos llamarlo, trotador o de 
brazos. 

«A las cuatro de la tarde se presentaba al pié del ta- 
blado del cabildo montado en un brioso braceador el al- 
férez real;, acompañado del alguacil major, etc.» 

(Vicuña MA.cKEis¡Kk.—nisíoria de Santiaga.) 



BUG 



m 



BRACETE (DE;. 

Es el modismo empleado por la jeiite mazorral para 
indicar que dos per:>oiias \an asidas del brazo. 

La jente educada dice tornadas del brazo, o mas breve 
del brazo. 

Lo castizo seria de bracero. 

BRAMERA. 

Llamamos así. a la -ventana, portezuela o respiradero 
que tienen algunos hornos i cuyo verdadero nombre es 
bi'üvera. 

No menos desventurada que en Chile es en Colombií^ 
la tal ventanilla, pues tan empecinados como nosotros 
los bogotanos en hacerla bramante contra su naturaleza, 
no saben mentarla mas que bramadera, si hemos de creer- 
le (¿i por qué nó?) al autor de las Apuntaciones. 

BRASERO. 

Brasero para los pies llaman en Chile un mueblecito de 
moderna introducción felizmente desconocido de las abue- 
las del pasado siglo. Estas cuatro palabras brasero para 
los pies, pueden refundirse en solo una^ rejuela, que es 
como se llama el mueble en España; aunque se diga 
también, si bien no tan propiamente^ estufilla i maridillo. 



Breque (estar o poner en un¡ 



Dígase brete. 



brocearse, broceo. 

Términos ambos de uso frecuentísimo en la minería 
chilena i boliviana. El brocearse una mina consiste en 
cortarse o perderse el hilo de la veta metálica, o en qu© 
el mineral sea de tan mala lei que no costee ni los gas- 
tos . 

Broceo es la acción de brocearse. 

((A sus canas han sobrevenido las especulaciones frus- 



70 BUL 

tradas; a éstas la muerte de sus hijos; a la muerte de su* 
hijos, el broceo de sus minas.» 

(JoTABECHB. — Car/a de abril 23 de 1841.) 

BUENÍSIMO, BUENAZD. 

Bonísimo, bonazo exijen las reglas de la derivación. 
Leemos no obstante en el prólogo que el mui culto Don 
Juan Valera ha puesto a las Obras poéticas de Campoa- 
mor: «En fin^ si no fuera porque se ha abusado de la ex- 
presión buena pasta, diciendo que la tienen los tontos, 
diria yo de Campoamor que la tiene buenuima, etc.» 

BULTO. 

tiNo parece haber razón alguna para pronunciar Amia, 
ahogado, bermejo, bulto, buitre, derivados de abula, ad^ 
vocatus, vermiculiis, vultiis, vultun) dice el señor Bello en 
su Ortolojía; i sin duda que yerra en lo que a bulto atañe. 

iduO que parecía mujer era un vulto de paja.» 

(Bello. — Gramática castellana.) 
El latin vultus no significa nada mas que rostro, cara,, 
semblante. Bulto es en latin corpus, moles, amplitudo. 

Si alguien pretendiese sostener la opinión del señor 
Bello arguyendo que, aun cuando en su oríjen vultus no 
significase mas que la cara, con el transcurso del tiempo i 
por extensión pasó a significar volumen, cuerpo, busto, 
seria fácil contestarle con la diferencia que siempre obser- 
varon los mejores i mas antiguos autores en la escritura 
de vulto, cara, i de bulto, volumen. En efecto, no es racio- 
nal suponer que se olvidase la primitiva ortografía solo 
para representar la voz en su acepción translaticia, con- 
servándosela en la recta. 

Nadie ignora que hasta los tiempos de Cervantes hubo 
escritores en España que, conociendo tan bien el latin 
como el castellano i dominados por la moda del cultera- 
nismo, se empeñaron en resucitar multitud de palabras 
de aquel idioma, con tan poca fortuna ccmo gusto. Pues 
bien, vultus fué una de esas palabras, que siempre encon- 
tramos escrita con arreglo a su oríjen, vulto. 



BURR 71 

«No te apropincues a mí^ 
Que empañarás el candor 
De mi castísimo vulto,y* 

(Calderón.— iVo hai burlas con et honor.) 

Luego, pues, si los que hablando de la cara escribían 
vulto, hablando de cuerpo o volumen escribían bulto, de- 
be creerse que ambas voces venían en concepto de aquéllos 
de distintos troncos. I así es la verdad, porque, según todas 
las apariencias, bulto viene de la misma raíz que bola i 
bula, de cuya raíz nacieron los franceses boule i boulet^ i 
el español e italiano busto. 

En lo antiguo se dijo bulto por efijie, estatua, busto. 

«I está enterrado (don Diego López de Haro) en la igle- 
sia mayor de Toledo, i su bulto de mármol en uno de los 
primeros pilares del coro.» 

(CovARRÚBiAS. — Tesoro; voz Toda.) 

«Un sepulcro con un bulto 
Le ofrezcan j donde en mosaicos^ 
Labores, góticas letras^ 
Den lenguas a su venganza. 
I entierro, bulto i sepulcro 
Quiero que a mi costa se haga.» 

(Tirso de Molina.— £^/ Burlador de Sevilla.) 
De aquí santos de bidto. 

BURROS NEGROS (VERLOS). 

Familiarmente se dice en español, para ponderar lo agu- 
do de un dolor o la fuerza de un golpe, que el paciente 
ha llegado a ter las estrellas. 

En casos tales suelen decir nuestros rotos que ha visto 
burros fiegrus. 

I écheles Ud. un galgo a esos burros! 



G 



CABEZÓN. 

Como epíteto que conviene a lias personas i animales 
de cabeza grande no viene en el Diccionario de la Acade- 
mia, seguramente porque a las tales las llama cabezudas. 

No nos atreveríamos nosotros, apesar de lo prescrito por 
tan respetable autoridad^ a condenar a nuestro cabezón, 
que ademas de ajustarse bien a las reglas de la deriva- 
ción i a la índole de la lengua, puede alegar en su descar- 
go la circunstancia de no inferir, subsistiendo, mortal he- 
rida al académico cabezudo, a quien nadie disputa la re- 
presentación de los porfiados i testarudos. 

Otra acepción que damos a cabezón (i ésta exclusiva- 
mente chilena, si no nos engañamos) es la de fuerte, es" 
pirituosoy tratándose de bebidas alcohólicas, i mui en 
especial del ponche. No habrá, en efecto, lector tan de las 
monjas que ignore que en las remoliendas de nuestra tie- 
rra hace lei la regla: «Para las niñas dulcecito i simplón; 
para los mozos cabezon.y> 



CABO. 

«Únicamente las señoras mayores solían usar, en lugar 
de cosmético (cabo) que era entonces caro i poco conocido, 
de un cabo de vela serenado al rocío... i será talvez de 
aquí que esa sustancia haya seguido llamándose cabo en- 
tre nosotros.» 

(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.) 



74 CAC 



CABRO. 



Llámase cabrón en castellano al macho de la cabra. En 
Chile, conocemos todos al barbado cuadrúpedo ese con el 
nombre de cabro; sin hacer diferencia entre el sentido 
recto i el metafórico, pues del niño travieso i trepador 
decimos: es un cabro. 

«¿Vistes allá entre esas cabras algún cábronh-i 

(Cervantes. — Quijote.) 

«I baja la sangre del cabrón i unas poquitas de las bar- 
bas que tú le cortaste."» 
(Fernando de Rojas. — Traji- comedia de Calixto i Melibea.) 

CÁBULA^ ERO A. 

Maña, treta, ardid, artificio. Es una visible corrup- 
ción de cabala, que en su sentido recto significa tradi- 
ción i doctrina recibida, i en el figurado «el arte vano 
i ridículo que profesan los judios valiéndose de anagra- 
mas, trasposiciones i combinaciones de las palabras i le- 
tras de la Sagrada Escritura para averiguar sus sentidos i 
misterios.» 

<(Hai algunos soldadillos 
Inventores de mil cábulas 
I a fuerza de astucia i fábulas 
Envuelven a los mas pillos.» 

(GuAJARDo.— E/ Mifiero.) 

Cabulero, a, es el o la que abunda en tretas i ardides 
para lograr su intento embaucando a los demás. 

CACARAÑA, AR, ADO, ADURA. 

No hemos tenido la fortuna de dar con la etimolojía de 
estos vocablos, bastante antiguos i jeneralizados, pues los 
hallamos con exactísimas explicaciones en el apreciabla 
Diccionario del señor Salva. Según él i según nuestros 



CACH 75 

propios datos cacaraña (¿caca de arana?) es el hoyo o 
señal que dejan en el rostro las viruelas; cacarañar 
hacer hoyos en la pared, sacarle a trechos el revoque, 
picarla; i cacarañado, el que lleva en la cara las hue- 
llas de la terrible peste que ha concluido por llamarse an- 
te no mástic amen te, la peste. 

CACIQUE. 



Damos aquí cabida a esta palabra porque, aunque 
adoptada ya por la Academia española, tiene en Chile, 
ademas del sentido propio, dos que conviene señalemos. 

«¿Quieres decirme qué es de la salud de nuestro amigo 
Antonio?— Completamente restablecido: está como un ca- 
cique (esto es gordo en extremo.)— ¡Como no vaya a estar 
llevando también la vida de un cacique! --Fues si la lie* 
vara ¿estaria como un caciquea 

En resumen, tomando a los caciques por tipos de corpu- 
lencia i disolución, llamamos así a las personas extrema- 
damente gordas o a las que viven en práctica rebelión 
contra las leyes de Dios i de la Iglesia. 

«I allí (en la isla española) supo el almirante que al rei 
llamaban cacique.y) 

(Las Casas. — Diario de Colon y reproducido en la Verdü' 
dcra Guanahani de Colon por Varnhagen.) 

Parece que la palabra objeto del párrafo cuya última 
línea escribimos es oriunda de las Antillas. 

cacha. 

Según los Diccionarios de la lengua, hai en castellano 
el sustantivo plural cachas, que sirve para designar las dos 
piezas u hojas de que se compone el mango de las navajas 
i de algunos cuchillos; i la frase hasta las cachas,en extre- 
mo, sobremanera. 

«El uno tenia una media espada i el otro un cuchillo 
de cachas amarillas.» 

(Cervantes. — Rinconete i Cortadillo.) 
En Chile son de uso corriente sustantivo i frase con 



76 CACH 

la diferencia de que hemos quitado a aquél su últi- 
ma s; pues tomando la parte por el todo, llamamos ca- 
cha, no las hojas que forman el mango de las navajas i 
cuchillos, sino el mango mismo. 

«Tomé yo una de las pistolas por la boca del canon i 
dándole (al mayordomo) con ¿a cacha en la cabeza, lo vi 
caer de espaldas a tierra, o muerto o aturdido.» 

(Z. Rodríguez — Loco Eustaquio.) 

Otra particularidad del uso chileno de cacha es que, 
precedida del verbo hacer, forma una frase burlesca de 
significación mui parecido a las españolas hacer fisga, dar 
vaya, i a la chilena hacer la pava. 

CACHARPAS, EARSE, EADO, ERO, ERA. 

Talvez del quichua ¿lachapa, andrajo, trapo desechado, 
o bien de rachapa, andrajos. 

El sustantivo tiene cierta semejanza con el chileno chil" 
peSy i mas aún con el castizo trebejos, muebles, prendas, 
trastos de poco valor. 

¿Cómo es sin embargo que de este pobrísimo cacharpas, 
cuya miseria se descubre a tiro de ballesta, ha podido 
nacer el acomodado cacharpeábase, que se nos presenta a la 
imajinacion bajo la figura de un rozagante guaso, que 
monta caballo braceador, manija espuelas de plata i buen 
freno de herraje, banda de seda lacre a la cintura^ manta 
de guanaco, i pavita de Guayaquil en la cabeza? El cómo 
es un misterio; pero uno de aquellos en que es preciso 
creer o reventar. 

Cacharpearse es ir poco a poco amueblando la casa, i 
llenando el ropero de ropa, i guardando algunos realitos 
para emprestar de a real en peso, i comprándole a las ni- 
ñas las caravanas de oró i a la señora aros o dormilonas 
de lo mismo con perlas. 

Cacharpero es el negociante en cacharpas. 

Ropavejero, es el vocablo castellano. 

CACHIMBA. 

Es^ si mal no estamos informados, un provincialismo co- 
mún a todos los paises hispano-americanos, nativo según 



CACH 77 

el señor Salva, de la isla de Cuba, donde los españoles la 
encontraron al desembarcar, i de donde la propagaron 
por el continente. 
El equivalente castizo de cachimba es pipa, 

CACHO, AR, ADA, UDO, UDA. 



Para decir ordenadamente lo que sobre este cacho, que 

es un chilenismo de tomo i lomo, debemos, oportuno será 

empezar recordando que según el Diccionario de la Aca- 

idemia significa: 1.° Pedazo pequeño de alguna cosa (cacho 

[de pan, de limón). 2.** Un juego de naipes. 3.** Pez mui 

¡común en el Tajo, Ebro i otros rios de España. 

En Chile damos a esta palabra las acepciones siguien- 

ítes: 1.*^ Cuerno, asta, i así decimos: «Esa vaca es brava; es 

jreciso despuntarle los cachos\y) i aún: «La vaca cachea al 

Iternerito:» 2.** Vaso que se hace del asta cortándola como 

|a una cuarta de su raiz i tapando el corte con madera, 

tiesto útilísimo para tomar en los caminos i en los despo- 

[blados el agua; la chicha i el fresco ulpo de harina de yayi 

[que dicho sea de paso, llama cuerna el Diccionario de la 

icademia.) 

Allá dentro de la mar 
Suspiraba un chincolito 
I en los suspiros decia 
Échale chicha al cachito, 

[Copla popular,) 

De cacho en la última acepción se ha formado la expre- 
siva frase empinar el cacho^ que dice tanto como empinar 
ilvasoy o el codo. 

Caminaba haciendo, eses un borracho 
Por una calle oscura i cenagosa 
Murmurando entre dientes: ¡Dura cosa 
Es no dormir cuando se empina el cacho! 

(Z. Rodríguez. — £'/ Borracho.) 

Otra frase, i mui decidora, formada por nuestro sustan- 



78 CAJ 

tivo, es raspar el cacho; que equivale a reñir el superior 
al inferior, reprender, echar raspa^ raspear, retar. 

«El juez lo mandó llamar 
I le raspó bien el cacho. 
Esto te pasa por lacho, 
Salió diciendo la Lora: 
Yo veré si vas ahora 
A odiarme Loro borracho.» 
(Gu A JARDO. — Celos de la Lora al Loro.) 

El equivalente castizo de cacho es cuerno o asta, de 
cachar, amurcar, de cachada, amurco, i de cachudo, reco- 
cido, zorrocloco, mañero. 

CACHUCHA. 

Es provincialismo de la América Meridional denotando 
pequeña embarcación de remos i sin quilla. 

En castellano, el nombre de un baile popular en Anda- 
lucía. 



CAER EN CUENTA. 

Decimos cuando lo propio seria caer en la cuenta, si- 
guiendo el ejemplo de los clásicos i buenos escritores de 
la lengua que nunca han dicho de otra suerte: 

«Si él cae en la cuenta de que te ha hecho algún agra- 
vio te lo sabrá i te lo querrá pagar i satisfacer con muchas 
ventajas."» 

(Cervantes . — Quijote.) 

«Con esta cansada repetición de asonancias caerán en la 
cuenta del grave defecto que aquí señalo, los que no son 
nuii sensibles a esa especie de martilleo.)) 

(Ocho A. — Paris, Londres i Madrid.) 

CAJA DE RAPÉ. 

Llamamos a lo que en España se llama i llamaron nues- 
tros abuelos tabaquera. 



I 



CAL 



CALCHl, ON, ONA, UDO, UDA. 

Calcha, en lengua araucana significa ¡jelo interior, 
vello. 

Mudando un tanto su significado, hemos conservado in- 
tacta su forma, para designar con el sustantivo las^ plu- 
mas que bajan por ias piernas hasta los pies de ciertas 
razas de gallinas i otras aves, i con los adjetivos calchón 
o calchudo alas que tienen esa particularidad; las mismas 
que en español se llaman calzadas. 

CALCHONA. 

Uno de los muchos seres fantásticos creados por la ima-* 
jinacion de nuestro pueblo. 

Si no hemos comprendido mal a los que nos han hecho 
el retrato de la sobrescrita alimaña, ella seria algo 
como una mezcla de perro de Terranova, con mas lana 
que una oveja sin trasquilar^ i con mas barbas que un 
cabrón. Blanca de color, elije de preferencia las noches 
oscuras para aparecerse a los caminantes, a arrebatarles 
la merienda de la fuente, murmurarles de paso alguna lú- 
gubre amenaza, espantar las caballerías, herir de muer- 
te a algún criminal i operar otra multitud de diferentes 
daños. 

También el vulgo llama calchonas a las dilijencias u 
ómnibus. 

CALDUCHO. 

Excusado juzgamos explicar el significada de esta pala- 
bra, que traerá sin duda a la mente del lector los mas 
gratos recuerdos de sus mocedades^ en el supuesto de que 
ya para él hayan pasado. Lo que sí sorprenderá a mas de 
uno i a mas de ciento, es que en Colombia los alumnos 
de Humanidades, i aun los de Derecho sean tan aficionados 
a capar las clases, como los de Santiago de Chile, i que en 
España los estudiantes de Salamanca, Alcalá de Henares^ 
etc., llamasen a eso hacer novillos! 



80 CAL 

*No causa menos admiración que en todo el trascurso 
de este tiempo no hubiese hecho Gerundio novillos del 
estudio sino doce veces según un autor i trece según 
otro.» 

(P. Isla. — Frai Gerundio.) 

Para no interrumpir la consideración de este importan- 
te asunto, tanto mas cuanto que podemos darle término 
sin salir de los dominios de la letra C, que vamos explo- 
rando, conviene agregar que si nuestros colejiales desco- 
nocen el arte de hacer novilloSy son duchos en el no menos 
difícil de hacer la chancha, i conocen de pe-a-pa i tan bien 
como los negros esclavos de la Perla de las Antillas el 
de hacer la cimarra. 

Si fuese preciso un testigo ahí están en el cerro de Santa 
Lucía, la gruta de la Cimarra i el an jolito que la habita, 
que no nos dejarían mentir. 

Los arjentinos llaman cimarrón al mate que preparan 
con yerba amarga, sin azúcar i que sirven hirviendo, o 
como dicen los materos, pelando. 

CALDUDA o CALDIJA. 

Empanada ordinaria, que según la lei del grito es siem- 
pre con pasa, aceituna i huevo; pero que no tiene comun- 
mente nada de eso, sino mucha cebolla, muchísimo ají i 
unas cuantas pizcas de carnaza. El conjunto sin embargo, 
(i quien esto escribe puede dar fé porque mas de una ma- 
ñana de invierno ha caido en la tentación) es de chuparse 
los dedos propiamente, i no en sentido figurado. 

Las caldudas son ademas un artículo en que el arte cu- 
linario santiaguino no ha podido ser hasta ahora ni supe- 
rado ni igualado. La capital de la república debe sentirse 
orgullosa de ello, como lo estarán indudablemente las cal- 
dudas de haber encontrado en Guajardo un poeta digno de 
catarlas i de cantarlas. Del romance que lleva por título 
¡A las calduditas mi alma! son las estrofas que, con permiso 
de los lectores, pasamos a copiar: 

«Madrugue por la mañana 
Quien quiera salir de duda 
I tómese una calduda 



CAL 81 

A ver si quita la gana. 
Una fábrica arribana 
Las trabajaba con peras; 
Mas por ciertas vinagreras 
Paralizó su trabajo, 
I a esta la echaron abajo 
h^iS í'khv\Q,di.% pequeneras .y* 

((Me dicen que hai un mancebo 
En el barrio de la Viña, 
Que sus pequenes aliña 
Con pasa, aceituna i huevo: 
Otro fabricante nuevo 
Hai por la línea del tren; 
Muchas fábricas se ven 
En la misma capital 
I todas en jeneral 
Están portándose bien.» 

Visto el uso promiscuo que se hace en las anteriores de- 
mias, podemos afirmar, apoyándonos en la irrecusable 
Lutoridad de su autor, que calduda i pequen^ así como cal- 
ladero i pequenero son palabras sinónimas. 

CALENTAR, UZEAR. 

Usamos estos dos verbos, de los cuales solo el primero 
is castellano, en el sentido de pegar, golpear con las 
lanos. 
«Si agregas una palabra, mas te calieniu.y> 
También en lenguaje familiar suele decirse calentar el 
lomo, i dar para cocos con intención idéntica a la envuel- 
ta en la castiza frase cascar las liendres. 

CALENTURA, lENTO^ A. 

En español calentura es fiebre, desarreglo i ajitacion 
del pulso, i calenturiento el que tiene fiebre. 

En Chile designamos con el nombre de calentura la 
;ísis pulmonar, la anemia, i otras enfermedades que poco 



82 CAM 

a poco i sin grandes dolores van aniquilando al paciente; 
i a éste con el de calenturiento. 

Por lo demás, este calenturiento está bien formado i no 
le faltada algún pasaje de buen autor en que apoyarse, si 
quisiese. 

«Hai en este negocio un engaño mui perjudicial, i es 
que los que padecen algunas de estas enfermedades cor- 
porales llamamos i damos nombres derivados de ellas, 
como a los que están de frenesí i modorra llamamos fre- 
néticos i modorrados... i a los de calentura continua te« 
rielados i calenturientos y si se sufre el vocablo.» 

(Balt. Pérez del Castillo, citado por Garces en su Fund, 
del Vig, i Eleg, de la lengua castellana.) 

Oído de calenturiento y mui fino i ejercitado. 

CALZONES. 

«La parte del vestido del hombre que le cubre desde 
la cintura hasta la rodilla» se llama calzones según el 
Diccionario de le Academia; i pantalones los calzones 
largos que llegan hasta los pies. 

En Chile, donde ya hace tiempo que los hombres no 
llevan calzones, las mujeres han concluido por apropiár- 
selos i es de uso jeneral entre ellas» 

CAMASTRA, EAR. 

Camastrón, por disimidado, astuto es castellano; no así 
camastra, con que denotamos la calma i aparente impasi- 
bilidad con que alguien, sobre todo en el juego, espera 
el momento oportuno para acertar sus tiros i realizar su 
propósito. Del que obra en tal sentido se dice que está 
camastreando', i entre niños que juegan a la troya o a la 
hachita, se oye repetir como una sentencia salomónica el 
adajio: La camastra es buena para el juego, 

CAMINAR. 

Es curioso el uso que solemos hacer de este intransitivo 
dándole por complemento directo, no el camino andado^ 



CAM 83 

lo que, aunque raras veces, solieron hacer los buenos es- 
critores de la edad de oro de la literatura española, sino... 
¿cómo diremos?... los alimentos, que antes de ponernos a 
andar hayamos echado al estómago. 

Así nada mas común que topar por las tardes en la 
Alameda de Santiago con amigos que andan caminando 
la comida j i por la mañana cou hermosas, aunque aprehen- 
sivas damas, a quienes por nada en el mundo conviene 
este dialoguillo que encontramos en Los chismosos del 
chismosísimo de Jotabeche: 

— «Pero si he salido a camhiar la ¡eche.., 

— No me venga Ud. a mí con leche... lo sé todo,., no 
hai otra cosa en el pueblo.» 



CAMISÓN. 

Cuando los percales i cantones empezaron a desterrar 
a la bayeta de Castilla, se llamó camisones^ a los vestidos 
hechos de aquellas telas, polleras a los de ésta,J basquinas 
a las de seda negra. 

Acostumbrado nuestro pueblo a no usar el jénero de 
algodón mas que en sus camisas, se comprende que su 
primera ocurrencia, al ver hechos vestidos de lo mismo, 
fuese llamarlos camisones. Hoi que la cosa se va perdien- 
do, se va perdiendo también el nombre de ella, escepto 
de nuestra memoria, donde aun suena el grito que oíamos 
de niños a los dulceros ambulantes en la fiesta de Cor- 
pus: 

«Dulce de melcocha 
Para las niñas donosas! 
Cartuchitos de colación 
Para las niñas de camisón!» 

CAMOTE. 

No entrando en nuestro plan hacer mención, ni de los 
nombres jeográficos, ni de los de animales, aves, peces i 
plantas qjie tienen. en Chile nombres que no se hallan 
en los diccionarios de la lengua i. que por lo común vie- 



84 CAN 

lien del araucano o del quichua, habríamos pasado por 
alto el esquisito tubérculo cuyo nombre hemos puesto a 
la cabeza de este párrafo. Pero es el caso que hai en Chi- 
le camotes que, sin venir de Lima, no ceden en lo dulce a 
los qiíe se cosechan por aquellos mundos, i que, a omitir 
éstos, habríamos dejado en el Diccionario que vamos escri- 
biendo un vacío que sin duda mas de una habria notado 
en nuestro daño. 

Sencillamente, para no subirnos a mayores i limitarnos 
a nuestro humilde papel de lexicógrafos, diríamos, que en 
Chile se llama camote al tiemple, si no fuera esplicar un 
chilenismo por otro, pues tampoco entiende de tiemples 
el estirado i adusto cuerpo sabio que dicta leyes al habla 
de Cervantes. Camote es amor, pero no en abstracto, sino 
de alguien a alguien, en concreto. 

«I te embroma, i te entretiene, i te irrita i te quita 
la paciencia, sin que de ningún modo puedas avanzar un 
paso, ni salir del statu quo en que te encontrabas al prin- 
cipio del camote.y) 

(JoTABECHE. — Carta a un amigo de Santiago.) 

oHoi me encuentro como un zote 

Con el majin aturdido 

Porque me trae mas que al trote 

El camote mas camote 

Que hasta aquí se ha conocido.» 

(Estanislao del Campo.— Monólogo de un tronera.) 

Los camotes de que se trata en los ejemplos anteriores 
son camotes simples. Los hai también furiosos, i lo mejor 
que sobre ellos podríamos i queremos decir a los lectores 
de ambos sexos es, que Dios los libre. 

CANCHA. 



Es voz quichua que significa ;3¿z¿eb o corral, i tnaiz tos- 
tado. 

En la segunda de sus acepciones forma un peruanismo 
de mui frecuente uso; no siéndolo menos el del chilenismo 
que constituye la primera. 



CAN 85 

Cancha es entre nosotros el lugar parejo que se destina 
a ciertos usos con cuyo nombre se distingue. Así tene- 
mos cancha de caireras, que es el sitio destinado a las 
carreras de caballos; cancha de bolas, el que sirve para 
jugar a éstas; cancha de pelota^ el preparado convenien- 
temente para tirarla, etc. 

El equivalente castizo de cancha de pelota es trinquete. 

((Con ésta (la pelota chica o trigonal) se juega en los 
trinquetes.» 

{Con ABRVBik^.— Tesoro.) 

No son menos valiosos los servicios que presta a la len- 
gua la palabra de que escribimos, en su sentido figurado. 

Abrir cancha a alguien es desembarazarle de obstáculos 
el camino; abrirse calicha, surjir mediante los propios es- 
fuerzos; estar alguien en sus calichas, estar en el lugar de 
sus correrías, relaciones i triunfos de todo jénero; dar una 
cancha a alguien, ir tras él persiguiéndolo a toda carrera^ 
i otros por el estilo que probablemente se nos escapan, 

((Ocúrresenos también recordar aquí que en esta misma 
cancha (de carreras) tuvo lugar la sangrienta batalla de 
Petorca el 14 de octubre de 1851.» 

(Vicuña ^ikCKm^k.-^ Historia de Santiago.) 

Cancha es usado también en la República Arjentina^» 
como se deja ver en estos versos de Ascásubi: 

((Cielito, cielo, eso sí 
Estamos en nuestra cancha 
I hemos de desempeñarnos 
Mucho mejor que en Cagancha.» 

[Cielito gaucho.) 

Cancha en el Perú significa maiz tostado: 

((¡Viva la chicha que ensancha 
Los ánimos apocados! 
I viva la chomba ancha! 
I viva también la cancha. 
Que es pan comido a puñados!» 

(Juan de Arona. — Poesías perdonas.) 



86 CAN 



CANCO. 



Del araucano can, el cántaro, o acaso de conqnecan^ 
que significa el asiento del mismo. 

Si esto último fuese verdad, seria necesario explicarse 
la aplicación que hemos hecho del vocablo indijena por 
medio de esa singular figura que los retóricos llaman antí- 
frasis, i que consiste en designar un objeto por la cualidad 
de que carece. 

Un canco no es, en efecto, mas que un botijón en forma 
de cono, obligado a yacer tendido cuan largo sea en tierra, 
mientras no encuentre algún rinconcito en que apoyarse. 

Los cancos van siendo de dia en día mas raros, por las 
razones mui poderosas, de que sirven para poco, de que 
nadie los trabaja i de que no por esas se ven libres de 
muchachos o perros que, dándoles la guata contra el suelo,, 
pongan fin a su quebradiza existencia; pero un tiempo fué 
en que mas favorables vientos les soplaron «el tiempa 
clásico», dice en alguna parte de su Historia de Santiago 
el señor Vicuña Mackenna, «en que las esteras de estrado 
i las petacas, los cancos i las carretas, los lebrillos de Po- 
maire i las ollas de Talagante, los pellones de la Ligu^a i 
las alfombras de Chillan estuvieron en toda su broga.» 



CANDELEJÓN. 

Una que otra vez nos parece haber oido aplicar este te- 
rrible epíteto a ciertos bausanes que viven de visita en vi- 
sita i de sarao en sarao, sin otro fin que el de fregar> la 
paciencia a la mas hermosa mitad del j enero humano. 

En les estrados de Lima, candelejón., según nos cuentan, 
es tan corriente como en los de Satiago, el insoportable 
chinchoso. 

El erudito colombiano don Rufino José Cuervo, que trae 
a candelejón en sus Apuntaciones críticaSy. insinuando que 
bien pudiera derivarse de candido, le da a tonto i simploii^ 
por equivalentes. 



CAN 8? 



CANDELILLAS. 



Llaman asi en Chile los fuegos jatmSy las heknas, san- 
tebnosy luciérnagas i otras cosas que se les parezcan. 

((Cuentan que entre las verdinegras ramas de este lú- 
cumo vense candelillas en las hermosas noches de verano» 
(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio.) 

CANGALLAR, ERO» 

Cangallar es un término con que los mineros chilenos 
expresan la acción que se condena por el séptimo precep- 
to del Decálogo. Cangallero es el que tiene por oficio in- 
frinjirlo a costa de los dueños de minas. 

ikLa Colorada^ célebre por su feraz producción en mar- 
cos para sus dueños, en robos para los cangalleros i en 
pleitos para medio mundo, tuvo por descubridor a Manuel 
Peralta, que ya no existe.» 

(JoTABECHE. — Los Descubridorcs de Chañarcillo,) 

El mismo Jotabeche, haciendo mas comprensivo el sen- 
tido diQ ^cangallar y lo aplicó donosamente a los defrauda- 
dores de las rentas públicas, en el siguiente párrafo: 

«Hablando francamente, no solo los hai (cangalleros) 
para las minas ricas: el fisco los tiene i mui honrados: 
todos se hacen un honor de cangallarle sus rentas, i él se 
hace un deber de cangallar las de todo el mundo.» 

[Los Cangalleros.) 

CANE2Ú. 



Por ser curiosa, damos^ tomándola de Los Miserables de 
Víctor Hugo, el oríjen de esta palabra: 

«Et cette espéce de spencer en mousseline, inventior; 
marseillaise, dont le nom canezou, corruption dumot quin^ 
ze aoút prononcé á la Cannebiére, signifie beau temps, 
chaleur et midi.» 



88 CAN 



CANOA. 

fLÜanoa es vocablo lucayo i de uso corriente en la Pe- 
nínsula: esquife. y) 

(MoNLAU . — Diccionario etimolójico .) 

<iCánoa es una barca en que navegan, i son de ellas gran- 
des! de ellas pequeñas.» 

— [Diario de Colon por Las Casas, citado en La Ver- 
dadera Guanahaiii de Colon por Varnhagen.) 

Por el cajón cuadrilongo, abierto en las extremidades 
que se coloca sobre alguna zanja^ acequia, etc., a manera 
de puente para conducir el agua, dígase canal. 

CAÑADA, ADILLA. 



¿Cómo es que esta palabra que significa hondonada, ha 
venido a ser el nombre de uno de los mas hermosos paseos 
de Santiago? 

El fenómeno, tan difícil de explicar en apariencia, ten- 
dría, según los viejos, una explicación sencillísima. Ha- 
biendo sido orijinari amenté nuestra Alameda de las Deli- 
cias lecho del rio Mapocho, formaba el terreno en que se 
vé ahora una verdadera hondonada, o cañada. Terraple- 
nada ésta, perdió a un tiempo el nivel i aspecto que tenia, 
conservando sinembargo el nombre, pregonero importuno 
de sus humildes comienzos. 

Idéntico es el oríjen de cañadilla, pequeña hondonada. 

CANON. 



Quiere el señor Gormaz que se diga cañería i no canon, 
i agrega. aNada mas común que decir: el cañón, los ca^ 
ñones del tejado, por la cañería, etc.» 

jGuarda Pablo! Acordes estamos en que canon no es 
lo mismo que cañería; pero no diremos nosotros cañería 
por la canal larga que se pone debajo de las canales del 
tejado, i que en buen español se llama canalón. 



CAP 89 

iiCañer'ia^^t dice el Diccionario de la Academia, «es el 
conducto formado de caños por donde se llevan las aguas 
a las fuentes o a otras partes;» i, i<.caño, instrumento hue- 
co, redondo i de distintos tamaños, hecho de metal, vidrio 
o barro a modo de caña.» 

A las series o filas de piezas de las casas, llamamos 
cañones de piezas. Nos parece que lo propio seria crujía 
de piezas. 

«La crujía o fila de camas que se pone en los hospi- 
tales.» 

(Academia. — Diccionario .) 



CAPA DE CORO. 

Copiamos al señor Cuervo.* 

nCapa de coro es la que usan las dignidades^ canóni- 
gos i demás prebendados de las iglesias catedrales i cole- 
jiales, para asistir en el coro a los oficios divinos i para 
otros actos capitulares; es de la misma hechura de la capa 
magna de los obispos i arzobispos, aunque mas corta la 
cola. No debe darse ese nombre a la capa pluvial o al 
pluvial, que es la que se pone el que hace de preste en 
vísperas, procesiones i otros actos del culto divino.» 

CAPINGO. 

Capa corta i de poco ruedo. No viene en los Dicciona- 
rios de la lengua. 

Cuando no se conocían en Chile otros paños que los de 
San Fernando, que se vendían a 20 i 25 pesos la vara, 
las capas eran prendas que no estaban al alcance de mo- 
zalvetes i artesanillos de nada como ahora ^ i que se here- 
daban de padres a hijos por línea de varón hasta la terce- 
ra i cuarta jeneracion. Entonces los capingos de barragan 
i aun de bayeta estuvieron en boga i mas de uno tuvo 
la fortuna de colgar de los hombros de altos dignata- 
rios civiles, eclesiásticos i militares, como se evidencia, 
en el siguiente ejemplo que tomamos de la ya tan benefi- 
ciada Historia de Santiago por el señor Vicuña Mackenna: 



90 CAP 

«Echóse el preboste don José Alderete su capingo a los 
hombros, calóse el sombrero de tres picos, de su oficio i 
con la vara en la mano corrió a aprehender al hechor.» 



CAPOTE. 

Es castellano significando la capa un poco mas corta 
que la común, déla cual se diferencia principalmente en 
tener mangas: también lo es cuando, precedido del verbo 
dar y designamos al que ha logrado hacer todas las bazas 
en el juego de naipes; i por último cuando en estilo fami- 
liar i anteponiéndole siempre el mtsmo auxiliar, damos a 
entender que alguno de los que debian asistir a una co- 
mida, se queda sin comer por llegar demasiado tarde. 

Dar capotBy tiene ademas en Chile i en lenguaje estu- 
diantil el significado de dar a algún colega, maestro o 
inspector, una zurra o tunda de pedradas, pelotillazos, etc. 

«jAh! dijo riendo el cura: ya se lo que eso significa. 
Ud., queria darle un copóte a don Hilarión; pero la cosa 
no dejaba de ser difícil.») 

[Huérfano.) 

CAPOTILLO. 

Llamamos así, a la chilena, al cascabillo o cascarrilla en 
que se contiene el grano de trigo, cebada etc. 

CAPUCHINO, A. 

Peculiar a Chile es el uso de este adjetivo pospuesto al 
nombre de ciertas frutas, para dar a entender que son pe- 
queñas, o como decimos también, de miniatura. 

El señor Vicuña Mackenna, que tan aficionado se mues- 
tra en sus libros a revolver el escaparate en que se guar- 
dan las antiguallas de nuestra sociedad recien salida de 
la crisálida, dice que el llamar capuchinas a las naranjitas 
que conocemos con este nombre, proviene de haberse visto 
los primeros árboles que las dan en el claustro del monas- 
terio de las santas mujeres que, en Santiago i bajo ese 



CAR 91 

nombre, viven observando en todo su primitivo rigor la 
regla del Serafín de Asís. 

Mas tarde, por extensión, se habria aplicado el califica- 
tivo a todas las frutas que por su pequenez mas son para 
vistas que para comidas, como manzanas capuchinas. 

Puede que el señor Vicuña tenga razón; como puede 
suceder también que se engañe i que nuestro capuchino, 
provenga de un arbusto que, según elDiccionario de la Aca- 
demia, tiene ese mismo nombre, «que se cultiva por ador- 
no en los jardines i se suele usar en ensalada.» 

El lector preferirá la etimolojia que sea mas de su gusto, 
porque in dubiiSy libertas, 

CARA.CHA. 

Del quichua caracha, sarna o roña del ganado. 

Conservando nosotros la palabra en su forma orijinal, la 
hemos ennoblecido sin embargo, puesto que designamos ex- 
clusivamente con ella la roña que aparece en la cabeza 
de los niños, las mas de las veces en castigo de su pereza 
i desaseo^ 

Carachento es el que de ordinario anda con carachas en 
la cabeza. 

Raras veces el sustantivo se usa ensingular. 

¡CAR ai! . 

Interjección equivalente a ¡caramba! Se usa en casi 
toda la América española. 



CARÁTULA. 

*Mas agudeza que tontería arguye el llamar carátula a 
la portaday frontis o frontispicio de los libros: cárátida es 
lo mismo que careta o mascarilla, i ¿en cuántos libros no 
es la portada una máscara con que se engaña al público 
prometiéndole cosas que jamas se cumplen en el cuerpo 
de la obra? En todo el mundo es moda hoi dia enmasca- 
rarse con hinchados títulos, libracos por que no se puedea 



92 CAR 

(lar dos higas. Algunos entienden también por carátula el 
forro o carpeta.» 

«ISi ja con la frecuencia que solia 
De alma virtud al rostro se acomoda' 
Carátula falaz, la hipocresía.» 

( Bretón . — Desvergüenza. ) 

uCarátula se toma también por el ejercicio de los far- 
santes; i en este sentido decia D. Quijote que desde mu- 
chacho habia sido aficionado a la carátula.^) 
(Cuervo. — Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano.) 

CARAVANAS, CARAVANAS. 

Llaman en Chile los pendientes o arracadas. 

CARDENILLO. 



Como sustantivo es el carbonato o acetato de cobre. 

Como adjetivo no aparece en los Diccionarios de la 
lengua. 

Pudiera creerse que nuestro adjetivo no es mas que la 
adjetivación de cardenillo, tomado en la acepción, que tie- 
ne también, de pintura verde\ pero es el caso que el car- 
denillo chileno no es verde ni cosa parecida, sino azul claro 
o, para darnos a entender mejor, azul hermoso. 

«Tengo una pena amarilla 
I un sentimiento morado, 
Una rabia cardenilla 
I un camote amoratado.» 

(Copla popular.) 



CARGAR. 

Se usa incorrectamente de este verbo cuando se emplea 
por traer, como cargar anteojos, reloj, yesquero, etc. 



CAR 93 

«Andaban les hombres jeneralmente desnudos, las mu- 
jeres traían unas mantillas de algodón desde la cintura 
hasta la rodilla.» 

(Quintana. — Vida de Balboa.) 

Cargara álguieri, en el estilo de nuestras antiguas aulas, 
era tomarlo a cuestas para que pudiera ser mas cómoda- 
mente zurrado. 

«De cuando en cuando mandaba a otros al rincón el 
Padre, que solo duraron en él hasta que, terminados los 
desafios, fuélos llamando de uno en uno por el mismo 
orden en que los habia apartado. Salió el primer juez i al 
salir ¡cárgalo! le dijo el maestro, a un moceton de com- 
plexión tan recia i tan perito en su oficio que sin ayuda 
de nadie i en un santiamén tenia ya al malaventurado del 
juez al apa. Un otro, poniéndolo en posición conveniente,, 
con el cable alquitranado, comenzó la zurra.» 

(Z, Rodríguez. — Loco Eustaquio,) 



CARI. 



Del araucano caru o cari, verde. 

Al adoptar nosotros esta palabra indíjena alteramos su 
significado, pues llamamos cari a la oveja de lana parda, 
o albarazada, i alas mantas i ponchos que de ella se tejen. 



CARINO, 



Usada esta voz como suele en el campo por presente, 
regalo, es chilenismo. 



«El perder nada seria 
Ni tiene nada de malo: 
Este cariño o regalo 
Ofrece la compañía. 



(GuA JARDO. — La Empresa de coches amerieanoi..) 



94 CAR 



CARNEAR. 



El señor Salva pone este verbo entre los provincialismo» 
de la América Meridional, indicando mui acertadamente 
que significa matar i descuartar las reses. 

Ademas del sentido indicado, tiene el metafórico deen- 
eañar a alguien, perjudicándolo en asuntos de dinero, ya 
por medio de contratos leoninos, ya de trampas en el 
juego, etc. 



CAROSO. 



También se halla esta voz entre los provincialismos ame- 
ricanos recojidos por el señor Salva. 

Nosotros nunca la hemos oido sonar en Chile^ si bien 
creemos recordar habernos asegurado un amigo boliviano 
que en su tierra es ese el nombre con que son conocidos 
los que en la nuestra llamamos huesillos: 

Otra cosa debe decirse en justicia de descorozado, que 
sin duda alguna viene de caroso^ mediante un trastroca- 
miento de letras. 

Parece que nuestros descorozadoSy o descarosádoSj o des- 
cocados se llaman en tierra de España orejones, nombre 
que aquí reservamos para los cascos de pera o membrillo 
secados al sol. 



CARPA. 



Del quichua carpa, toldo, ramada. 

Llamamos así a la tienda que se improvisa clavando en 
el suelo estacas sobre las cuales se tiende cuero, lona, u 
otra tela. 

Si se cubre con ramas se llama ramada, i sirve jene- 
ralmente para otros usos. 



CAR 95 



CARTUCHO, cucurucho: 



Dejamos, sobre el uso que hacemos de esta voz compara- 
do con el de cucurucho^ la palabra al señor Cuervo: 

«Entre cartucho i cucurucho, dice, media la misma dis- 
tancia que entre la paz i la guerra^, entre la vida i la muer- 
te: el primero está repleto de pólvora i lleva su dotación 
de bala i talvez de postas; el segundo entraña dulces o 
especias o dinero: ¡qué diferencia! i cometemos los bogo- 
tanos (i los chilenos también) la nefanda profanación 
de ofrecer a las damas cartuchos i reservarnos los cucuru- 
chos para los nazarenos! proh pudorhy 

«En señal de tú boda le llevaré un cucurucho de dulces 
de calabaza.» 

(Hartzenbusch. — La Coja i el encojido.) 

«¡Ai, de cuantos poemas, cucuruchos 
Hará el tendero, i cuanto i cuanto chirlo 
Preparan el ratón i la polilla 
A mas de una rimada maravilla!» 

(Bretón. — Desvergüenza.) 

« ¿Puedo saber 

Qué encierra ese cucurucho'^ 
— Son bombones, capuchinas, 
Almendras garapiñadas, 
Yemas acarameladas 
I pastillas superfinas.» 
(Id. — Marcela.) 

ecEl cucurucho es de forma cónica i el cartucho de for- 
ma cilindrica; así no seria impropio un cartucho de 
duros.it 

Ahora, i puesto que ya se ha tratado de cucuruchos, 
anticiparemos, para no vernos en la necesidad de hablar 
mas de ellos, que nunca hemos conocido en Chile otros 
que los que salen a recorrer las calles en la Cuaresma, con 
sable o garrote en una mano i cepillo en la otra, pidien- 



96 CAR 

do limosna para el Sanio entierro de Cristo i soledad de »,a 
Virjen. El Diccionario de la Academia llama a los tales, 
nazarenos, aunque ignoramos si los de España acostumbran 
arrearse como los de por acá. Si así fuera seria fuerza re- 
conocer que raójor inspirados estuvieron los que en Chile 
los bautizaron de cucuruchos en atención al alto i puntia- 
gudo gorro c[ue llevan en la cabeza, que los que en Espa- 
ña les dieron sin motivo aparente el nombre de na- 
zarenos. 

Copiamos ahora dos párrafos, histórico el uno, descrip- 
tivo el otro, sobre los cucuruchos i la procesión de que 
son siempre, al menos para los muchachos, la novedad i 
el ornamento: 

((Conocíase la procesión con el nombre de la Soledad 
porque la Cofradía que la celebraba tenia una capilla bajo 
esta denominación junto a aquella iglesia (la de San 
Francisco) la que según creemos debió su oríjen a la pie- 
dad i al dolor de la viuda de Pedro Valdivia, i es la misma 
que hace algo mas de 20 años restableció con sus cucu- 
ruchos i su sepulcro el devoto auditor don Pedro Palazue- 
los Astaburuaga.» 

(Vicuña. Mackenna. — Historia de Santiago.) 

«Siguióse la Semana Santa.... Los cucuruchos enmas* 
carados i vestidos de negro, apoyándose, a guisa de basto- 
nes, en sables mohosos o gruesos colihues recorrían las ca- 
lles gritando en voz lúgubre i monótona letanía: «Para el 
santo entierro de Cristo i soledad de la Vírjen!» 

«Yo nunca he sabido lo que los cucuruchos significan. 
Cuando en mis dias de recojimiento i fervor relijioso los 
he visto, me han parecido un símbolo triste a la par que 
aterrante de la mas grandiosa i espantable catástrofe que 
ha presenciado el mundo. Cuando, por el contrario, los he 
observado en mis dias de disipación, me han parecido 
una ridicula personificación del cuco con que se da 
susto a los muchachos. En éstos se pueden ver por otra 
parte de manifiesto los dos aspectos que presentan a 
la imajinaciun. Cuando al volver de una esquina una 
parvada de niños se encuentra de manus a boca con al- 
guno de ellos, los mas grandecitos lo siguen, rodean i 
acosan gritándole sin tregua: ^Cucurucho cabeza de cam- 
ilucho!» hasta que lo ponen en el caso de amenazarlos con 



CARR 07 

su sable o garrote; al paso que los meiiorcitos se ocultan 
tras sus madres o, pidiéndoles amparo, se cuelgan de sus 



laidas.» 



(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio. 



CARRASCAL. 

íín español, sitio poblado de carrascas. 

Entre nosotros, lugar pech^egoso i estéril donde a lo 
mas crecen algunas malezas; i sin duda ninguna la calle 
que en Santiago se llama del Carrascal^ fué llamada así 
por estar en su oríjen cubierta de piedras, malezas i ba- 
suras. 

Si hemos de creer lo que asegura el señor Salva en 
su Diccionario, la acepción que damos en Chile a carras- 
cal es orijinaria de la isla de Cuba. 

CARRIL, ILANO^ A. 

Así como no faltan en Chile personas (i no son pocas) 
que han hecho solemne voto de no subir al tren en todos 
los dias de su vida, así las hai también para quienes todas 
las cosas referentes a las vias férreas, no tienen mas 
nombres que el de carril i el de ti^e?!. Los tales dicen tan 
satisfechos que viven cerca del tren, como que corren 
actualmente 20 trenes diarios entre Santiago i Valparaíso; 
i conservamos todavía en la memoria los dos últimos 
versos de una tonada que oimos cantar en Tiltil el año 
en que se principiaron los trabajos del ferrocarril del Sur, 
í que decían: 

(cCorrió el carril hasta Talca 
' Por don Matidas Causiño.^^ 

Carrilanos se llamaron primeramente los peones que 
trabajaban en levantar los terraplenes, abrir los cortes i 
horadar los socavones de la línea férrea; peones que si 
en tales trabajos ganaron fama de ser los mas esforzados 
aguantadores del mundo (i cuenta que no hai en ello la 
mas leve exajeracion) no la adquirieron tan buena de 



98 CAS 

observantes de la moral evanjélica i respetuosos de las 
vidas i propiedades ajenas. De ahí es que carrilano haya 
venido a ser sinónimo de roto desalmado, con sus puntos 
de ladrón i sus ribetes de forajido. 

«Por lo que toca a los jornaleros empleados en los fe- 
rrocarriles chilenos, con tres años mas de angustia, la 
agricultura podrá disponer de algunos de esos brazos; 
decimos de algunos porque esos peones acostumbrados a 
recibir mayor jornal que en las faenas agrícolas, habitua- 
dos a la vida libre i aventurera del carrilano, difícilmente 
se resignarán a volver a un fundo de campo a la vida 
monótona i laboriosa del agricultor.» 

[Libertad Católica de Concepción.) 



CASAS. 



Si preguntamos al Diccionario qué cosa es casas, nos 
contestará que es el plural de casa, i así es en España; 
mas desgraciadamente, i aunque ello pese al que dijo que 
la verdad no reconoce meridianos, en materia de lengua- 
je lo que es verdad en España suele ser error en América. 
I ahí están en prueba las casas de todas nuestras hacien- 
das que no nos dejarán mentir. En las ciudades, villas i 
aldeas nadie dice que arrienda, que compra, que vende 
o que repara sus casas, sino cuándo arrienda, compra, 
vende o repara mas de una; al paso que en las ha- 
ciendas no hai peón ni inquilino que, al hablar de la mo- 
rada del rico, cometa la irreverencia de negar a casa el 
plural que le es debido. Se diria que así como los gramá- 
ticos cortesanos inventaron un plural ficticio para hablar 
de la persona de los emperadores, reyes, papas, arzo- 
bispos, etc.; así los campesinos chilenos han querido hon- 
rar a los hacendados (que son en verdad emperadores i 
reyes chiquitos de sus haciendas) dando en su gramática 
parda un plural ficticio a la suntuosa morada en que ha- 
bitan... uno o dos meses en el año. 

Sinembargo de lo dicho, i a pesar de las apariencias 
que en ello nos confirman, no estamos absolutamente se- 
guros de que la honra que puede caber a los inventores 
de este plural ficticio tan enfático i expresivo correspon- 



CAS 99 

da a los guasos chilenos; i nuestra duda nace de existir 
un acuerdo del Cabildo de Santiago que principia por 
estas palabras textuales: 

«En la ciudad de Santiago del nuevo Extremo, lunes 
cinco dias del mes de enero de 1545 años_, en las casas 
del mui magnífico Pedro de Valdivia» etc. 

También dice Sancho en el Quijote: «¿Sabreisme decir, 
buen amigo, que buena ventura os dé Dios, dónde son 
por aquí ¿os palacios de la sin par princesa Doña Dulci- 
nea del Toboso?» 

«Nos volvimos a las casas conversando sobre asuntos 
frivolos.)) 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

Ahora prestemos atención al señor Cuervo que va a 
hacernos, sobre el vocablo motivo de este párrafo, obser- 
vaciones de otro jénero: 

«Las partes en que se divide el rosario» dice^ «constantes 
de diez avemarias i un paternóster, se llaman dieces i no 
casas; ese mismo nombre, ademas del de padre nuestro o 
pater nóster^ llevan las cuentas mas gruesas o señaladas 
que en el rosario dividen las decenas, conocidas entre 
nosotros con varias denominaciones, como pasadores, por 
ejemplo.» 

«Apoyábase el buen ermitaño en un báculo i en la otra 
mano llevaba un gran rosario de cuentas gordas i de vein- 
te dieces por lo menos.» 

(P. Isla.-- Gil Blas.) 

«Sirviéronle de rosario unas agallas grandes de un al- 
cornoque, que ensartó, de que hizo uti diez.» 

{Ceryántes.^ Quijote.) 

((No traia arma ninguna sino un rosario, de cuentas en 
la mano mayores que medianas nueces, i hs dieces así 
mismo como huevos medianos de avestruz.» 

(Id.— /í/.) 

CASERO, ERA, ERIA. 

iiCasero: Provincialismo cubano,» dice Salva, i define: 
«El que vende o compra ciertos artículos usuales, parti- 



100 CAT 

cularmente los comestibles, a una misma persona; i así 
se dice: el casero de la leche está en la puerta: aquí está 
el pan, casera.y* 

Ocioso es advertir a los chilenos que éste que llama 
provincialismo cubano el señor Salva, está en Chile tan 
perfectamente acaserado que parece criado i nacido en 
casa. I por si alguien lo dudase, allá va un ejemplo: 

«Don Juan Godoi resultó hallarse mui emparentado, 
mui relacionado con innumerables individuos que antes 
no conocía sino como caseros que le compraban su leña.» 

(JoTABECHE. — Los Dcscíibridores del mineral de Cha^ 
ñarcillo.) 

Casería es el conjunto de parroquianos que acostum- 
bran acudir a comprar a la tienda de) mercader sedenta- 
rio, o en cuyas casas acostumbra vender el mercader am- 
bulante: • 

((Tiene tanta casería 
Que no alcanza a dar abasto, 
Pero, en salvando su gasto, 
A muchos les dá i les fia.» 

(GuÁ JARDO. — El Vendedor,) 

CASTILLA (carne DeI. 



Seguramente, por haber venido de Castilla las primeras 
ovejas que vinieron a Chile, se llamó i se llama todavía 
ca7'7u de CnRliUa a la do oveja, carnero o cordero. 



CATA, CHOROl. 

El señor Salva se equivoca al creer que Cata es en 
América nombre con que familiar i cariñosamente se lla- 
ma a las mujeres que recibieron el de María en el bau- 
tismo. El diminutivo afectuoso de María es Marica: así 
como Cala i Cauta, lo son de Catalina. 

Cata es también el nombre con que designamos en 
Chile a los loritos o cotorras: viene del araucano cata, 
agujero i alude a la circunstancia de hacer estas aveci- 



CAT 101 

tas sus nidos en agujeros que abren en los barrancos de 
la cordillera o despeñaderos de la costa. 

Oportuno es observar, no obstante, que el nombre indí- 
jena de las cotorras de estas tierras ha ido cediendo su 
Jugar al indíjena también i onomatópico de choroi, que 
es el que casi exclusivamente aplicamos a los loros bru- 
tos, (en Chile tenemos la gracia de calificar de bruto todo 
lo que no es extranjero) reservando el de catitas i catu* 
rritas para las que nos vienen de Mendoza o de Guaya- 
quil. 

«Cuando visitaba estos pintorescos lugares (alrededores 
de Quintero) en uno de los últimos dias del pasado enero, 
llamóme la atención la infinidad de pequeñas cuevas que 
existen labradas en la reblandecida roca de la Ventana. 
El pescador que me servia de guia, satisfizo mi curiosidad 
diciéndome que aquella innumerable multitud de agujeros 
eran nidos de choroyes. 

(Vicuña Mackenna.— £a Comarca de Quintero.) 

CATANA. 



Nombre despreciativo que dan los rotos al sable con que 
andan armados los policiales (no hai en español una pa- 
labra para designarlos, probablemente porque en los bue- 
nos tiempos de la lengua no existieron en la Península) 
i serenos. 

ttDe la cintura le pende 
Una cortante catana^ 
Que a la cosa mas pequeña 
Sale fuera de su vaina.» 

[El Huérfano.) 

Catana debe de ser corrupción del español catan, al- 
fanje. 

CATEAR, EO^ EADOR. 

Hubo en lo antiguo un verbo catear que significó bus- 
car, descubrir, que mas tarde se transformó en catar, i 
que yace en España completamente olvidado. 



102 CAT 

«... díjole un dia (el Rei a su Privado) que habia pensa- 
do de dejar el mundo e irse a desterrar a tierra do no 
fuese conocido, e a catar algún lugar extraño e mui apar- 
tado en que ficiese penitencia de sus pecados.» 

(Don Juan Manuel. — Qjonde Lucanor.) 

No así en Chile, donde no solo hemos conservado i re- 
juvenecido al antiguo catear, sino que también le hemos 
atribuido acepciones que no tuvo cuando floreció en la 
Península. 

Denotamos con él la acción de explorar el terreno en 
busca de alguna veta de metal^ i en este sentido se usa 
jeneralmente como intransitivo, pues siendo siempre uno 
mismo su complemento directo, por sabido se calla. Así 
se dice: «Pedro salió a catear; hace una semana que anda 
cateando.)^ 

Otro sentido que le damos en el trato familiar es el de 
aguaitar, mirar atenta i cautelosamente, como se ve en 
los siguientes versos de una popular zamacueca: 

«No seas tan cargoso 
Para mirarme. 
Que mi madre no cesa 
¡Ai! de catearmeh 

¿No hacen recordar estos versos aquellos tan sabidos 
del poema del Cid: 

«Volvía la cabeza e estábalos catando. 
Vio puertas abiertas e usos sin cañados?» 

En resumen, desechando lo nuevo por lo viejo, hemos 
atribuido a catear sus antiguas acepciones, agregándole las 
del moderno catar, al cual tratamos como si no existiera. 

Escusado parecerá advertir, después de lo expuesto, que 
cateo es la acción de catear; i cateador el que habitual- 
mente se ocupa de explorar el terreno en busca de me- 
tales preciosos. 

CATIMBAO. 

¿De dónde nació el llamar catimbaos a los individuos 
que en la fiesta de Corpus, vestidos extravagante i ridícu- 



CAU 103 

lamente, i reunidos en uno de esos grupos de danzantes 
que se llamaban bailes, corrían, brincaban i cantaban en 
una inintelijible jerigonza, durante la procesión i por en- 
tre las dos filas de alumbrantes. En vano hemos pedido 
la respuesta a nuestros diccionarios, quichua i araucano 
que nos han sacado de apuros en casos parecidos. 

Probablemente la voz esta es de formación caprichosa, 
i acaso no seria raro que ella fuese de oríjen africano, 
como es africana la letra de las touadillas que cantaban 
los catimbaos. 

El hecho es que ahora, (que para ver catimbaos^ seria 
preciso ir en romería hasta el santuario de Andacollo) he- 
mos convertido esa palabra en un término de comparación 
para ponderar el grotesco i presuntuoso vestido de algu- 
nos que olvidan que la sencillez es la primera condición 
de la elegancia. Decir de alguno qut» se viste como un 
catimbao, es decir a la chilena que se viste como un payaso. 

CATRINTRE. 

Mucho hemos devaneado, i no poco manoseado nues- 
tros calepinos, por dar con la etimolojía precisa de este 
singular adjetivo. A tiro de ballesta se conoce que él es 
orijinario de Arauco, pues araucanos son los elementos de 
que se compone: ca, otro, ajeno, distinto, i trintre, crespo; 
i araucana, sobretodo, la pronunciación de la combinación 
tr, que es igual en catrintre, exactamente igual, a la de 
contri. Pero si en su forma escrita i en su pronunciación 
catrintre es de oríjen araucano ¿por qué llamar así a los 
quesos que se trabajan con leche flaca, despojada antes 
de la crema? That is the question! 

Resuélvala el lector sabiendo que, como queda dicho,, 
ca es una partícula de adorno que no significa nada, o que 
cuando significa algo, puede significar otro, ajeno, extra- 
fio; que trintre significa crespo, desmedrado-, i que mante- 
ca o grasa se dice en araucano ihuiñ o lichi. 

CAUSEAR. 

■ Asegúranos un antiguo abogado haber oido usar este 
erbo por pleitear, litigar; nosotros, en verdad sea dicho. 



104 CEB 

jamas lo hemos oido en ese sentido^ si bien semejante igno- 
rancia puede explicarse por el feliz alejamiento en que vi- 
vimos de pleitos i de tribunales de justicia. 

De lo que sí podemos dar testimonio es de la otra acep- 
ción, muchísimo mas común que tiene causear, significan- 
do comer alguna cosa apetitosa, ordinariamente seca i 
fria, fuera de las horas en que es costumbre sentarse a 
la mesa. 

Causeo es la acción de causear i también los comestibles 
en que esa acción se ejerce. A los últimos solemos llamar- 
los también causa. 



CATAMPA. 

Del quichua callampa, «hiongo de comer» dice el P. 
ossi en su Diccio 
en castellano setas. 



Mossi en su Diccionario Los hongos de comer se llaman 



CEBA, CEBO. 

Con la primera de las dos voces que acabamos de es- 
cribir se designa en Chile la pólvora que se pone en las 
cazoletas o fogones de los fusiles i otras armas de fuego , 
con manifiesta infracción de lo que prescribe el Dicciona- 
rio, que llama a la pólvora esa cebo, i con desprecio de los 
buenos autores de todos los tiempos de la lengua, que nun- 
ca la han llamado de otra suerte. 

«Pero entrambas cargas 
Barro estaban hechas, 
I lo mismo el cebo 
De la cazoleta.» 

(Hartzexbusch. — Fábula XXVL) 

Ceba es la abundante comida que se dá al ganado que 
sirve para alimento del hombre, a fin de engordarlo. 

usamos del verbo cebar, en una acepción exclusivamen- 
te chilena cuando, olvidándonos de servir, decimos quQ 
alguno ceba el té, el café, o el mate; pues lo propio en 
casos tales seria servir. 



CEP 105 



CEBOLLÓN, ONA. 

Por SülteroUy ona, es chilenismo, i de para sangre, 
como se comprueba por la siguiente cueca: 

«La mujer que viviere 

Sin regla o tasa. 

En llegando a los treinta 

Ya no se casa. 

Ya no se casa, sí. 

La señorona 

Es fuerza que se quede 

De cebollona.y> 

celemín. 

Se usa mal en el sentido de gran número, multitud, 
infinidad y que no tiene, como que es nombre de una me- 
dida de capacidad, i no grande, sino de las menores. 



CEPO. 



Infinitas veces hemos visto escrita con bastardilla esta 
palabra, aun por nuestros mas ilustrados escritores, que 
sin duda, atribuyendo a algún antiguo hacendado o enco- 
mendero la invención del instrumento, atribuyen también 
un oríjen nacional a su nombre. 

aPara aumentar la ignominia de éste (del Dean) dejó 
Machado preso en el cepo a uno de sus mayordomos por- 
que no quiso de pronto entregarle las llaves.»» 

(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.) 

Desgraciada, o mejor felizmente, el cepo no es oriji- 
nario de Chile sino de importación española, como lo ma- 
nifiesta la definición que de él da la Academia: «Instru- 
mento hecho de dos maderos gruesos, que unidos forman 
en el medio unos agujeros redondos en los cuales se ase- 
gura la garganta o la pierna del reo, cerrando los ma- 
deros.» 



106 cíe 



CERNER, VERTER. 



«De haberse forjado los infinitivos cernir , vertir, que 
jamas han existido en castellano,» dice el señor Cuervo, 
<(se han orijinado muchos errores que cuidadosamente de- 
ben excusarse; cuales son vertid, virtió, virtamos, etc. 
Estos verbos se conjugan exactamente al tenor de per- 
der, por ejemplo; así diremos: cernemos, vertemos, {per- 
demos)', cernéis, vertéis, {perdéis): cernió, vertió, {perdió); 
cerned, verted, (perded); cerniendo, vertiendo, (perdiendo); 
cerner, verter, {perder). 

«¡Qué placer es verla (a una mujer) hacer su colada, 
lavar su ropa, aechar su trigo, cerner su harina...!» 

(A. DE Guevara. — Epístola familiar.) 

uCernió sin echar harina 
I no se debe espantar, 
Que por mucho madrugar 
No amanece mas aina.» 

(Castillejo ---Rimas .) 

La confusión nace de haber equiparado a cerfier con 
discernir, i a verter con divertir. 

ciénega. 

Suele decirse, i mal, porque la palabra es ciénaga o ce- 
nagal. 

ttSin conocimiento para la disecación de las vastas cié- 
negas formadas por todas partes.» 

(Miguel de la Barra. — La América.) 

cierro. 

Solemos llamar así el papel en que se cierra una carta. 
Lo propio es cubierta. 



COL 107 

«¿O rasgará por leeros 
La cubierta de esa carta?» 

(Tirso. — La Celosa de sí misma.) 
También puede decirse sobre, sobrecarta i sobrescrito. 

CISIÓN, ESCISIÓN. 

Palabras casi tan traidoras como cerner i verter de que 
un poco mas arriba tratábamos. 

La primera no significa, como muchos creen, división o 
separación, sino incisión o cisura. Dígase, pues, que ha 
ocurrido una escisión entre los miembros del ministerio, 
o de éste o aquél bando, si se desea evitar el disparate 
de dar a entender que los tales miembros han sido objetó 
de alguna cisura. 

«A la corte incumbe Ta principal obligación de sacrifi- 
car, si fuese necesario, todos los intereses i bienes del 
mundo por evitar la menor separación o escisión de los 
miembros de Cristo.» 

(ViLLANUEVA. — Vida literaria.) 

COLIGARSE, COALIGARSÉ, COALICIÓN, COLIGACIÓN, COLISIÓN. 

Damos en seguida el sentido preciso de cada una de 
las anteriores voces, por creer que ello puede ser de al- 
guna utilidad a los que con frecuencia las confunden i 
usan revesadamente: 

Coligarse: unirse, confederarse un^í? con otros para 
realizar algún fin común. 

«Levantáronse a una los reyes de la tierra i coligáron- 
se los príncipes de la Sinagoga. )> 

[^cío.-- Paráfrasis del salmo 11.) 

Coaligarse: no existe sino en la mente de los que lo 
usan mal por el anterior. 
Coalición: confederación, liga, unión. 
Coligación: la acción i efecto de coligarse. 
Colisión: rozadura o herida, hecha de ludir o frotarse 



108 COC 

una cosa con otra: metafóricamente pugna entre afectos 
o intereses encontrados. 



COBADERA. 

Por depósito de guano no lo traen los diccionarios de 
la len gua. 

COBRAR. 

Recomendamos a pleiteantes, abogados i escribanos, 
porque puede importarles tengan mui presente que 
cobrar no es, como talvez están creyendo, exijir el pago y 
sino recibir el dinero: ¡i bien i de sobra se saben ellos que 
media entre una i otra cosa tal cualilla distancia! 

Si Pedro otorgase en favor de Juan una escritura auto- 
rizándolo para cobrar ciertos pagarées, con el ánimo de 
facultarlo solamente para demandar por el pago, podria 
llevarse buen chasco; porque en realidad, i según el texto 
mismo del poder, lo habria autorizado para recibir del 
demandado el valor de aquéllos. 

«El cesante es incapaz de ocuparse en nada ni de bus- 
car ningún medio decoroso de subsistencia; aun su cesan- 
tía, si llega a cobijar alguna parte, no le sirve de nada 
porque el mismo dia que cobra se lo gasta alegremente.» 

(Gil i Zarate. — El Cesante.) 

COCAVÍ. 



Provisión de comestibles que llevan en las alforjas los 
que viajan a caballo; la palabra es compuesta probable* 
mente del nombre que tiene el conocido arbusto llamado 
coca [erythroxylum peruvianum) cuyas hojas se quema- 
ban a manera de incienso en los altares dedicados al Sol 
bajo el réjimen de los incas, i en la actualidad, mezcla- 
das con quínua o tierra calcárea, mascan en sus viajes, 
para entretener el hambre i el cansancio, los indios del 
Perú i de Bolivia. . 



COCH 109 

«Cuando salí de mi tierra 
De nadie me despedí; 
Solo de una china vieja 
Que me arregló el cocaví.yy 

{Tonada popular.) 

«Con las criadas de casa preparaba 
El cocaví sabroso i necesario; 
Gallinas fiambres, tortas i conservas^ 
En sendos hermosísimos canastos.» 

(C. WÁLKER Martínez. — El Proscrito.) 

También pudiera venir cocaví de la voz cubana cacabí 
o cázabí, como se vé por el siguiente ejemplo que toma- 
mos del Sumario de la natural Historia de las Indias por 
don Gonzalo Hernández de Oviedo i Valdes. 

«Hai otra manera de pan que se llama cazabí que se 
hace de las raices de una planta que los indios llaman 
yuca^y) etc. 



COCHAYUYO. 



Véase huiro. 



COCHI o COCHE. 



¿En qué se parecen los mas despreciados animales a los 
hijos de los monarcas?— En los muchos nombres. 

Ahí están en prueba los aporreados rebuznadores que 
acarrean la piedra de empedrar i arena por nuestras ca- 
lles, con cinco: asno y burro, borrico , jumento i pollino. 

Ahí está también el gruñidor de nuestros chiqueros que 
tenia en español cuatro: cerdo, puerco, marrano, i verraco, 
i que ha recibido en América dos mas, el quichua cochi i 
el araucano chanchu. 

Sobre este último haremos en lugar oportuno las obser* 
vaciones del caso. 



lio COD 

El padre Fébres en su Vocabulario de la lengita arauca- 
na, hace notar la rara circunstancia de que sea Chiloé, 
esto es la provincia chilena que se halla mas lejos de Bo- 
livia, aquella en que se designe mas frecuentemente a los 
cerdos con su nombre quichua de cuchi. Si la aserción 
del padre Fébres fuese exacta, seria realmente curioso; 
como no deja de serlo tampoco que en las demás provin- 
cias, cuando dirijimos de alguna maneralapalabra a los cer- 
dos, se las dirijamos siempre en quichua, i cuandohablamos 
de ellos en tercera persona los nombremos siempre en arau- 
cano. Tan inusitado seria llamar a un puerco gritándole: 
¡chancho! chancho! como vender su carne al grito de 
¡carne de cochi! 

Acerca de la palabra materia de este párrafo nos ob- 
serva el señor Páulsen: «Para mí es abreviación de co- 
chinOf pues siempre lo he oido únicamente en el vocativo. 
Nadie vende un cochi ni tiene cochis. El padre Fébres 
dirá que chancho es araucano; pero yo preguntarla al pa- 
dre qué animal habia entre los araucanos que ni remota- 
mente se asemejara al cerdo. A prior i diria que chancho 
no es araucano.» 

La objeción sin duda es poderosa; pero si chancho no 
viene del araucano ¿de dónde viene? 



COCHO. 



Talvez del ({yúchnK ppochcco y mazamorra demaiz cocido^ 
O mas pobablemente del anticuado cochar, cocer. 

Es el nombre que tiene en las provincias del Norte la 
mazamorra formada de harina tostada i agua caliente o 
fria, que por acá llamamos ulpo o chércan. 



CODEAR, EADOR, A. 

Provincialismo boliviano {codear) según Salva, quien lo 
define: «sacar el dinero u otra cosa al prójimo con maña.» 

Pues si eso significa codear en Bolivia, el señor Salva 
hizo mal atribuyendo exclusivamente a nuestros herma- 
nos de allende el desierto un vocablo que podríamos lia- 



COG 111 

mar, imitando el lenguaje de nuestros diplomáticos, de 
participación común. 

Ademas de codear, i aunque parezca excusado advertirlo, 
tenemos en Chile codeadores^ que son aquellos que por 
ocupación habitual tienen la de espiar el momento opor- 
tuno para sacar el dinero u otra cosa al prójimo con ma- 
ña; i codeo, que es la acción de codear. 

COGOLLO. 

A la chilena, en sentido recto, se llama cogollo cierta 
copla con que la persona que canta suele dar remate a la 
tonada. 

Estas coplas, cuya composición métrica es varia, van 
por lo jeneral enderezadas, en son de elojio i felicitación, 
a alguno de los asistentes, i una que otra vez sirven al 
cantor para enviar tristes quejas o picarescas declaracio- 
nes de amor al objeto de su cariño. 

Al ejemplo que dimos en la voz agachar, agregaremos 
los siguientes: 

«¡Que viva mi sia Juanita 
Cogollito de limón! 
Candadito de mi pecho 
Llave de otro corazón.» 

<(¡Que viva el señor don Pablo 
Verde cogollo de olivo! 
Advierta que soi constante 
I lo que quiero no olvido.» 

«¡La niña donosa viva 
Cogollito de durazno! 
Me quitarán que la mire^ 
Pero que ia quiera... ¿cuándo?» 

También encontramos cogollos sin cogollos ni cogollitos: 

«¡Que viva Tula mil años 
Cascarita de granada! 
Yo me muero por Ud. 
1 a Ud. no se le da nada.» 



112 COL 

Por una traslación muí natural se lia dado a cogollo, en 
sentido figurado, la acepción de lisonja, adulación, elojio 
lanzado a boca de jarro, jeneralmente sobre alguno que 
no lo merezca. 

Es palabra expresiva i bastante usada en las polémicas 
de los diarios. 

Leemos en uno de ellos: 

«Son afortunados, no hai duda, los hombres que nos ha- 
cen el honor de gobernarnos. Tanto han llovido sobre 
ellos los aplausos i los cogollos que poco a poco se han ido 
creyendo los hombres indispensables,» etc. 

COGOTUDO, A. 

Ni en su sentido propio, de persona fornida de cogote, 
está en el Diccionario de la Academia. Ademas de ese 
le atribuimos en Chile el figurado de 'persona rica, influ- 
yente, notable, i en tal acepción es sinónimo de copetu^ 
dOy a* 

COLACIÓN. 



Los confites menudos que llamamos en Chile así, se lla- 
man en España grajea: 

«I comienzo a desmigajar el pan sobre unos no mui 
costosos manteles que allí estaban...; después como quien 
toma grajea lo comí i algo me consolé.» 

(D. Hurtado de Mendoza. — Lazarillo de Tórmes.) 

Véase un ejemplo del uso chileno en camisón. 

CÓLERA-MORBO. 



Esta voz aparece en lo;^ diccionarios i gramáticas, la 
del señor Bello inclusive, como masculina. Será por lo 
tanto equitativo atribuir a una inadvertencia o yerro del 
cajista el jénero femenino que se le atribuye en dos pasa- 
jes del Derecho internaciortal del mismo autor (pájs. 115 
1116.) 



COM 113 

«I la opinión que en el dia parece tener mas séquito es 

qne la cólera no es contajiosa tampoco» « ¿acelera 

morbo.n 



COLLAR 

Dígase collera por la que se pone a los caballos i muías 
para tirar el coche, carro, etc. 



COLLERAS. 

Collera es en castellano el collar de cuero, relleno jene- 
raímente de paja o de estopa, que se pone en el pescuezo 
de muías o caballos para tirar carruajes. 

Nosotros lo usamos en singular para denotar el par de 
animales que amarrados caminan juntos; i en plural, para 
para nombrar los botones pareados o de dos cuerpos con 
que se abotonan los puños i pechera de la camisa, botones 
cuyo nombre propio esjemelos. 



COMBO. 

Pesado i tosco martillo de fierro que usan herreros i 
mineros en los casos en que se necesita golpear con gran 
fuerza. 

El equivalente castizo de combo es almádana] entre he« 
rreros, macho. 

«Al fin digan a Urmeneta 
Que no pierda su tesón; 
Mas vale que busque el oro 
A combo i cuña i barreta.» 

{GvA3 ARDO. —¡Viva don Federico ErrázUri¿!) 

I Puede mui bien haberse orijinado nuestro vocablo de! 
ustantivo español combo, que es «el tronco o piedra 
rande sobre que se asientan las cubas.» 
¡Bar combo!: sigan Uds. dándose de mojicones. 



114 COM 



COMEDIRSE. 

Rarísimas veces hemos oido emplear este verbo en 
su significado castizo de arreglarse ^ contenerse y mode-- 
rarse. 

Es, sí^mui usado por prestarse con prontitud i buena vo- 
luntad a servir a los demás. Así llamamos comediday no 
a la pericona afable i urbana, sino a la oficiosa i solícita 
en ayudar a los otros en sus quehaceres; i al contrario 
descomedida a la indolente i buena para nada. 

«Hace una semana, dirá una dueño de casa a sus sir- 
vientes, reconviniéndolas, que la niña anda con el vestido 
desapretin^do i nadie se ha comedido a darle una puntada.» 

COMINILLO. 



Buscamos en el Diccionario a cominillo i nos remite a 
joyo. Vamos a joyo, i leemos: «Especie de grama que se 
cria entre los trigos i cebada; produce una espiga blanca 
i delgada con seis o mas granos que salen alternativa- 
mente de los dos lados de la cima en forma de espigui- 
llas, con una semilla menor que la del trigo, encerrada 
en una cascara negra que se termina casi siempre en cier- 
ta habilla o raspa puntiaguda.» I hétenos así, sin pensarlo, 
delante del nombre que se da en España a la grama aquélla 
que tanto hace chorear a nuestros agricultores envalli- 
cando les los trigos. 

En buen castellano, estar con un cominillo o tenerlo y 
seria sentir el alma envallicada. 

Ya venga empero nuestro cominillo de vallico, ya sea 
una reminiscencia del escosor que causa el comino, io cier- 
to es que en Chile dicen que lo tienen cuantos sienten 
alguna duda que los preocupa i mortifica. 

comisión: 

Echan o hacen o enredan comisión en el juego de vo- 
antines los que en la altura se enredan del hilo por ver 
cuál tumba o se lleva a su enemigo. 



COM 115 

«Mas alegre, pero siempre sobresaltado, jugaba una tardo 
al volantin. Yo sujetaba el mió desde el patio de casa, i 
otros, desde la calle, trataban de enredar con él comisioíi.n 

(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio.) 

COMPETER, COMPETIR. 



aVemos que con lamentable frecuencia, >> escribe el se- 
ñor Cuervo, «se confunde a competer con competir: aquél 
significa pertenecer, tocar, incumbir; éste contender riva- 
¿izar; conjúgase el primero como deber, el segundo como 
pedir. Patentízanlo estos ejemplos: 

«Pondérase en el concilio la importancia de este ser- 
vicio, confiérese el premio que le compete. ^^ 

(Saavedra Fajardo. — República literaria.) 

«Ninguno sufre a quien compite con él en las cualidades 
del ánimo.» 

{Id, -^Empresas políticas.) 

«Es tanta la beldad de su mentira 
Que en vano a competir con ella aspira 
Belleza igual do rostro verdadero.» 

(Lupercio L. de Arjensola. — Soneto: Yo os quiero, etc.) 

«El templo de Salomón, 
Aquesa fábrica antigua, 
Que ni antes ni después hubo 
Ni habrá otra que le compita.» 
(Calderón. — El primer refujio del hombre.) 



COMUCHO o CUMUCIIO. 



Agrupámiento de personas, animales u objetos inani- 
mados. 

Véase acuüuchau. 



116 CON 



CONCHABO^ AR, 



Hai entre el chileno conchabar i el español cierta ana- 
lojía de significado, que está revelando a las claras el 
oríjen de aquél. En efecto, conchabar es wmV, juntary 
asociar, i conchabarse unirse dos personas entre sí con al- 
gún fin, que jeneralmente se reputa malo. 

Ahora bien, en Chile conchabamos a alguno cuando 
convenimos con él en que nos preste algún servicio, me- 
diante una recompensa que puede ser pagada en dinero o 
especies. 

Conchabo es la acción de conchabar y i ademas las ventas 
menudas o trueques de baratijas i chucherías que hacian 
los vendedores ambulantes, que nosotros llamamos faltes 
i que en España se llaman buhoneros. 

«Ademas del inquilinaje i los pueblos de indios ha que- 
dado un recuerdo vivo de lo que era la mita en los min- 
gacos, como se llama todavía a los canchavos (otra palabra 
indíjena) que se hace para las trillas, siembras i otras 
operaciones rústicas.» 

(Vicuña Mackenna. — Msíom de Santiago.) 



CONCHO, CONCHOS, 

Del quichua cconchus, heces, asiento; o mas inmediata- 
mente del araucano concho, la borra de la chicha. 

El mismo señor Vicuña Mackenna, cuyo nombre ha 
aparecido ya i tendrá que aparecer con frecuencia en 
este Diccionario, pues ha sido el mas entusiasta rebusca- 
dor de las curiosidades de nuestra habla, explica así el 
oríjen histórico de concho, o mejor dicho de los conchos 
(pues en sentido figurado carece de singular.) 

«En los toros que se celebraban durante tres dias (en 
las fiestas reales) se acostumbraba servir refrescos al Pre- 
sidente, a la Audiencia i convidados por los vecinos que 
tenian sus casas inmediatas a la plaza^, lo que era de 
mucho honor, i los sobrantes se tiraban en seguida a la 
muchedumbre que los recibía con grande algazara. De 



CON 117 

aquí la costumbre de los conchos (palabra indíjena por 
mas que no lo parezca) i talvez la de corcova que suele 
usarse a la postre, quizás porque el pueblo recibía corco^ 
veando los conchos de las juras.» 

La anterior explicación es injeniosa. Con todo mas 
probable nos parece explicarnos el sentido de conchos por 
una de esas traslaciones, tan frecuentes en todas las len- 
guas, del sentido propio al figurado. Bien pudo el pueblo 
que llamaba conchos a las heces, sin necesidad de que le 
tirasen los sobraiites de los refrescos, caer en la cuenta de 
que podia llamarse conchos también de alguna fiesta la 
mas modesta diversión del dia siguiente^ en que no hai 
para satisfacer el hambre i sed de los convidados mas 
elementos que los restos o conchos de la víspera. 

En cuanto a la etimolojia de corcova, liaria mal quien 
la tomase por algo mas que por lo que es, una donosa 
chulada. 

Los equivalentes castellanos de concho, ademas de 
heces, serán según los casos, sedimento, poso, asiento, 
solera, residuo, broza i borra. 

Es voz, concho, que se usa d esde mui antiguo en todos 
los paises americanos que form aron parte del imperio de 
los incas. Don Antonio de Hilo a, hablando de los indios 
de Quito, dice: 

«El dia que sigue al de la función llamado del concho, 
que significa dia en que se beben los asientos que queda- 
ron del antecedente,» etc. 



CON ESO. 

No recordamos haber visto usado este complemento en 
los autores españoles en el sentido de a fin de que, o con 
el objeto de que, tan corriente en Chile. 

«Cuando te desocupes de barrer el patio, lávate las ma- 
nos i ven, con eso peinas a las niñitas.» ' 

«Levántate, hijita i ponte el mas alegre vestido que 
tengas, con eso vamos a pasear juntos i a hacer que el 
viento de Mayaca se lleve tus pensamientos tristes.» 

(Z. RoDRÍauEZ. — Loco Eustaquio,) 



118 CON 

CONSERVATORIO. 

Llámase así en Chile lo que en buen español, inverná- 
culo o estufa. 
Véanse ejemplos en las voces ramo i resolana. 

CONTESTA. 

Muí usado entre el poblacho por contestación^ i hasta 
cierto punto autorizado por mui respetables i frecuentes 
analojías; como protesta de protestar, apuesta de apostar. 

«Una niña que dijo que volverla por la contesta, respon- 
dió el sirviente.» 

(Blest QiK^k.'^ Martin Rivas.) 

contra; 

El vulgo i algunos que no pertenecen al vulgo dicen la 
contra, por antídoto. Parece que la misma mala costum- 
bre hai en Colombia. 

«Contra-yerba de las que sirven de antídoto para la 
mordedura de víbora.)» 

(IsAacs. — María, en el vocabulario.) 

Garcilaso, en sus Comentarios reales, 2." parte, libro 
4.% cap. XXVII, dice: contrayerba, 

contracción. 

Ni en francés ni en castellano ha significado ni signifi- 
ca aplicación, como quieren los que dicen, v. gr.: «Su 
contracción a los negocios corre parejas con su habilidad 
i honradez.» 

«Es modo de decir inadmisible.» 

[BsükhT.— Diccionario de galicismos.) 

Es vocabulillo corriente en Chile, patria de infinitos 
bastardos de la misma ralea. 



CON U9 



CONTRAPESO. 



Eü este un chilenismo de significación idéntica a cómi- 
nillo. Como el que está con un cominillo, el que siente un 
contrapeso anda inquieto por alguna duda que le mortifica 
o eventualidad que teme. 

<(Un cruel rigor i un martirio 
Temor, miedo i contrapeso, 
Digo verdad i confieso 
Son mi desvelo i suicidio.» 
(GuAJARDO. — JPe;ia5, sentimientos f rabias i suspiros.) 

CONTR APRODUCENTEM . 

Expresión latina que, perdiendo su m final, ha pasado 
al castellano i sirve para denotar que los hechos o argu- 
mentos que alguien alega en su apoyo obran precisamente 
en contra suya. 

De lo expuesto se infiere que contraproducente carece 
de plural i que seria impropio decir que ésta o aquella 
medida han tenido efectos contrapi^oducentes', tampoco po- 
dría decirse contraproducente, como quiera que los dichos 
efectos en el ánimo de quien tal escribiese no habrían 
sido contrarios a la persona cuyas fuesen aquéllas, sino 
contrarios al fin u objeto que habria perseguido al dic- 
tarlas. 

En caso de duda, vale mas adoptar otro rumbo, como 
verbigracia este de Jovellános: 

«Tales providencias obran en sentido contrario de su 
fin. y) 

(Lei agi^aria.) 



CONTRI. 



IDel araucjano contJii o contlnd, mollejas de las aves. 
Como la traducción de contJii, que acabamos de dar, 



120 COP 

patriotas, que dan a ynollejás una acepción arbitraria^ como 
se verá en el lugar correspondiente, creemos oportuno 
advertir que tomamos esta palabra en su jenuino sentido; 
conviene a saber en el de «estómago muscular que tienen 
las aves, mui robusto especialmente en las granívoras, i 
que les sirve para triturar i ablandar por medio de una 
presión mecánica los alimentos que ellas no pueden mas- 
car ni ensalivar en la boca como los mamíferos.» 

(Academia. — Diccionario . ) 

Conocido ya el oríjen i significado de contri^ solo nos 
resta agregar que con él se forma la expresión comple- 
mentaria hasta el conlriy hasta la parte mas interior del 
cuerpo. 

«¡Cuidado con la sopa: la primera cucharada me ha que- 
mado hasta el contrih 

COÑETE. 

En estilo familiar nos servimos de este vocablo como 
sinónimo de miserable, tacaño, mezquino, 

COPETE, UDO, A. 

Sustantivo i adjetivo (con pequeña diferencia este últi- 
mo) significan en nuestro uso corriente lo mismo que en 
España. 

No recordamos distintamente si el señor Vicuña Mac- 
kenna, al hablar del copete que los oidores de la colonia 
debian llevar levantado sobre la frente, explica por esa 
costumbre la que tenemos de llamar copetudas o de copete, 
a las personas de muchas campanillas. 

Si así fuese> el señor Vicuña habría caido en un error, 
pues la circunstancia de encontrar en el Diccionario de 
la Academia sustantivo i adjetivo con explicaciones per- 
fectamente convenientes a los que usamos en Chile, nos 
demuestra que así como de España nos vinieron los cope^ 
tudos i los copetes, así también (¡i perdonen üds. seño- 
res copetudos!) nos vinieron de allá los nombres de esas 
cosas. 



CORR 121 



CORCOVA. 

El llamar así a la fiesta o fiestas que en tiempo e im- 
portancia suelen seguir a las grandes, es cosa no mui 
fácil de explicar, como queda ya dicho en el párrafo que 
dedicamos a exponer el sentido i la etimolojía de conchos. 

Sinembargo, i aun a riesgo de caer en alambicamien- 
tos que con el mayor cuidado hemos procurado evitar 
hasta aquí, no estaría demás tener presente que corcova 
no solo significa en castellano la prominencia o montícu- 
lo aquél que con tanta crueldad el bellaco de Quevedo 
enrostró al buen D. Juao Ruiz de Alarcon en los versos 
que empiezan 

Tanto de corcova atrás 
I adelante Alarcon tienes; 

sino también el bulto o corvadura que se levanta sobre 
la superficie de alguna cosa. En este sentido, i a virtud de 
la colocación posterior i del carácter accesorio de las 
fiestas que se trataba de bautizar, es tan razonable supo- 
ner que la jente de estilo las llamase a la española corco- 
vas^ como que la intonsa i mazorral las llamase a la 
araucana conchos. ¿O por ventura habria que hacer ma- 
yores esfuerzos de imajinacion para figurarse a la fiesta 
principal como a un curcuncho que lleva a la espalda, a 
guisa de corcovas, a una o mas fiestecillas, que para ima- 
jinarse aquélla bajo la forma de una enfriadera de chú 
cha, que agotada el primer dia, puede hacer frente con 
los conchos a las necesidades del segundo? 



CORONTA. 



Del quichua ccoronta; el corazón del choclo. 



CORRESPONDER. 



^Deberá decirse por cuenta de quien corresponda redá- 
is 



122 CORR 

mar, o por cuenta de a quien corresponda reclamar? 
Lo segundo nos parece lo correcto: 
«Por cuenta de a quien corresponda recibirlas.» 
(Código de Comercio art, 203.) 

«Con el objeto de llamar la atención de quien corres^ 
ponda. y> 

(Domínguez Diccionario ; -voz fulano .) 

CORRIDO. 

¿Es un chilenismo éste^cuando significamos con él cier- 
ta clase de romances que corren entre el bajo pueblo? 
Así lo creimos hasta que leyendo la colección de Roman- 
ces Castellanos en la Biblioteca de Rivadeneira^ dimos en 
la páj. 117 del tomo I con la siguiente nota que nos sa- 
có de nuestro error: 

«Con algunas variantes se conserva e imprime este ro- 
mance (el II de Gerineldo) i es uno de los vulgares que 
venden los ciegos. Todavía en Andalucía con el nombre 
de corriOy o corrido o carrerilla, que así llama la jente del 
campo a los romances que conserva por tradición, se re- 
cita o cuenta el siguiente que trata también de Geri- 
neldo.^ 

CORRIMIENTO. 

Raras veces el escritor chileno que se ve en la necesi- 
dad de usar de esta palabra resiste a la tentación de ti- 
rarle raya por debajo, imajinándola cuando menos de 
sospechoso oríjen. 

Sinembargo es castiza, i no ha dejado de serlo apesar 
de que anda por lo regular en bocas que en lo que menos 
pecan es en causar envidia a las rosas de los jardines i 
a los granados de los huertos: 

Un ejemplo para los incrédulos: 

«Neguijón debió ser o corrimiento 
El que dañó las perlas de su boca; 
Quiero decir sus dientes i sus muelas.» 

(Cervantes . — El Rufián viudo .) 



eos 123 

Lo mas singular es que el anterior pasaje del príncipe 
de los prosadores castellanos parece dar razón a nuestros 
guasos contra la Academia que no atribuye los corrimien- 
tos a los nervios, sino a los humores i que, desconociendo 
los de la cara, anda mui preocupada con (dos que padecen 
en los pechos a menudo las mujeres que están criando.» 

GORRIÓN, CORREA. 

No constituye propiamente esta palabra un verdadero 
chilenismo. Ella es solo una de las tantas que en su tras- 
lación a América fueron en su sentido i estructura un 
tanto maltratadas. 

Nuestro corrion es sin duda el correon español menos 
la e (que aparece trocada en i según la mas constante re- 
gla a que obedece el vulgo en su pronunciación) i menos 
también su carácter de aumentativo de correa que llevaba 
consigo. Empero no es lo dicho todo, pues mientras por 
una parte quitábamos a correon su forma i carácter de 
aumentativo, por otra lo hacíamos bastardear de su pro- 
pio significado estableciendo una diferencia notable en- 
tre él i correa, designando con esta voz las anchas, soba- 
das o curtidas, i reservando aquélla para las angostas, 
tiesas i crudas. 

COSCACHO. 

El golpe que se dá en la cabeza, que no saca sangre i 
duele, se llama coscorrón según el Diccionario, ¿Por qué 
lo llamamos nosotros coscacho^ Averigüelo Vargas! 

Lo único que hemos averiguado nosotros es que el pro- 
vincialismo éste no es solo chileno; que también, aunque 
con una letra de menos (cocacho) es de uso corriente ea 
Bolivia. 

COSTAL, BOLSA, SACO, SACA. 

Las cuatro palabras son castellanas; pero hai que no- 
tar con respecto a la manera como las usamos las pecu- 
liaridades siguientes: 



124 eos 

1.° que costal significa en español saco o bolsa de jéne- 
ro burdo, mientras que en Chile se aplica exclusivamente 
al saco hecho de cuero en que se envasan i acarrean los fré- 
joles, carbón, etc. 

2.** que bolsa no se dice nunca sino de las de jénero 
(salvo la bolsa tabaquera;) ni tampoco para designar las 
que sirven para el trasporte del trigo, cebada, harina etc. 

3.° que saco es la palabra con que se designa el costal 
de cáñamo o algodón en que esas producciones se aca- 
rrean i exportan. 

4.° i último^ que saca, que en castellano significa un 
saco grande, se emplea solo en Chile para designar el 
costal de cuero sin curtir i de una forma especial en que 
nos viene del Paraguai la yerba mate. 

Saca denota también la acción de sacar, i así no hai 
pero que poner a nuestros chacareros cuando dicen: «Tal 
dia principiamos la saca de las papas.n 



COSTINO, A. 



Lo que pertenece a la costa se indica en español con 
el adjetivo costanero, a. 

Nosotros hemos reservado el uso de ese adjetivo para 
modificar a los objetos inanimados que pertenecen a la 
costa, i asi decimos: vapor costanero i no vapor costino, 
Pero usamos de este último siempre que se trata de per- 
sonas o de animales: «Todos los jueves llegan a Quillota 
ios costinos con sus chiguas de pescado.» c(No hai carne 
mas sabrosa que la de las ovejas costinas. yi 

«Estos rebeldes indinos 
Han quebrantado la alianza 
Depoaiendo su confianza 
En los caciques costinos 
O mejor dicho abajinos 
Que eran del gobierno aliados.» 

(GuAJARDO. — Ilebclion de los indios salvajes,) 



lí 



COT 125 



COSTIPADO, ACIÓN. 



Algunos creen^ i creía también hasta no ha mucho el que 
escribe este Diccionario, que decir, estoi costipado, para 
denotar que se sienten los síntomas de un resfrío, era ha- 
blar al ruido de las nueces, por denotar solo aquella pa- 
labra el estreñimiento de vientre. Tal creencia es infun- 
dada sin embargo, por mas que en francés constipation 
signifique solo impossibilité ou difficulté extreme d'aller á 
la selle\ i por mas que en castellano constipación i consti^ 
pado signifiquen también eso. 

No habia, pues, motivo para la bastardilla que encontra- 
mos en los versos que van en seguida, i que reconocemos 
como propios en expiación de nuestra culpa. 

ctEl uno se acostó arromadizado 
I levantarse no osa porque teme 
Cojer, saliendo al aire, un constipado.^ 
(No me mezclo en política.) 

COTENSIO o COTENSE. 



Decimos en Chile por cotanza, especie de lienzo que 
se hacia en Coutances, puerto de Normandía. 

aSe invirtieron en ochenta varas de cotense para te- 
lones.» 

(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.) 



COTO. 



Del quichua kcoto, papera, turjencia que sale en el pes- 
cuezo. 

Nos servimos de ella exclusivamente para designar la 
enfermedad que es conocida en la ciencia médica con el 
nombre de bocio o bocione, i que, si no nos engaña la pre- 
sunción de meternos a hablar de lo que no entendemos^ 
consiste en la hipertrofia de la glándula tiroides. 



126 COT 

La Academia, que no dá ninguna explicación de bocio y 
parece tenerlo por sinónimo áe papera. Si tal sinonimia 
fuese exacta deberíamos conservar nuestro coto como 
oro en paño, pues entre paperay que es el tumor escrofulo- 
sa que se forma en la papada, i la hipertrofia de la glán- 
dula tiroides, que es lo que llamamos coto, hai una regular 
diferencia. 

¿Qué cotudo no protestaría contra el insulto si lo lla~ 
masen escrofuloso? ¿I a quién se le ocurre que el famosí- 
simo cotudo Vera habría podido llamarse también e indis- 
tintamente, Vera el paperudo? 

» 

COTÓN. 



Palabra que en dialecto de los jitanos significa jubo7i i 
a la cual atribuye nuestro pueblo una significación muí 
parecida, pronunciándola indistintamente coto7i o cotona, 

I tan indudable es la procedencia germanesca de la 
palabra que estamos considerando, que en el dialecto 
de esa jentualla, que según Cervantes «nacen de padres 
ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladro- 
nes i finalmente salen con ser ladrones corrientes i mo- 
lientes a todo ruedo» encontramos la clave de aquellos 
conocidos i terribles versos que habían mortificado nues- 
tra curiosidad desde niños: 

iiCoton colorada 
Mató a su mujer 
Con un cuchillita 
Del porte del. 
Sacó las tripitas 
I salió a vender: 
¿Quién compra tripitas 
De mala mujer?» 

La clave está en estas cuatro palabras que copiamos del 
Diccionario: aCoton colorado, — Germania. — El que ha su- 
frido la pena de azotes.» 

¿I no tienen también un marcado acento jitanesco estos 
otros versos, en que también anda figurando, no mui de- 
cente ni relijiosamente, un cotonl 



CRE 127 

<(Veinte mil i mas murieron 

En el cuello de un cotón ; 

Pero como piojos eran 
Murieron sin confesión.» 

COTOTO. 

Bel mismo orijen que el anterior, o acaso de su primo 
hermano el sustantivo ccotto, que en el idioma de los incas 
significa montón. 

En Chile es de uso jeneral por chichón, el hulto o hin- 
chazón que se forma en la frente o cabeza a consecuencia 
de algún golpe. 



COVUR- 



Don Vicente Salva asegura que este có\iur es un provin- 
cialismo chileno, equivalente a armadillo. 

Nosotros cuanto podemos decir acerca de él es que no 
lo hemos oido sonar en los dias de nuestra vida. 



CRECE. 

Hai en castellano un sustantivo plural creces, que entre 
otras cosas significa aumento, ventaja, exceso en alguna 
cosa, como aparece de este ejemplo: 

«Si es verdad que en vida tuya 

No me es dado 
Ni admirarte ni aplaudirte 

Sin pecado; 
Puede que un dia te pague 

1 con creces, 
Deuda cabal i cabales 

Intereses.» 

Lo que sí se buscaría vanamente en los Diccionarios de 
la lengua es el sustantivo crece, en singular, como lo usa- 



128 CRIS 

mos en Chile para denotar el aumento de agua que toman 
los rios por grandes lluvias o derretimiento de nieves, por- 
que el nombre castizo de los aumentos tales es crecida. 

c(El suelo que el agua ocupa o desocupa alternativa- 
mente en sus creces i bajas periódicas.» 

[Código Civil chileno art. 650.) 

«Bien sea al principiar, deslindando al norte por la lí- 
nea estensa del Tajamar que opone una valla a las fre- 
cuentes creces del Mapocho.» 

(A. Blest Gk^k.—El Ideal de un Calavera.) 



CRISTIANO. 



No andan tan fuera de camino nuestros guasos i rotos 
al emplear la palabra cristiano como equivalente de horri' 
bre o persona; pues una de sus acepciones según el Dic- 
cionario de la Academia española es hermano o prójimo. 
Ahora bien, si según el Catecismo son nuestros prójimos 
todos los hombres ¿por qué seria incorrecto decir: «Aquí, 
donde está clavada esta cruz, debe de haber muerto al- 
gún cristiano?» 



CRISTO. 



Andar sin cristo o sin un cristo es frase chilena que co- 
rresponde a la española andar sin blanca. 

Seguramente que nuestro provincialismo trae oríjen de 
la antigua moneda macuquina, llamada vulgarmente de 
cruz, porque tenia por una de sus caras el signo de la re- 
dención. 

Lo propio para denotar el signo que en las cartillas de 
antaño precedía a las letras del alfabeto es cristus: 

^ «Letras, respondió Sancho, pocas tengo porque aun no 
sé el A, B, C; pero básteme tener el cristus en la memoria 
para ser buen gobernador.» 

(Cervantes . — Quijote.) 



CON 



129 



CUADRA. 

gNo es en verdad curioso que no aparezca en los diccio- 
narios de la lengua esta palabra en su sentido de medida 
de lonjitud? Pues no la hemos encontrado en ninguno. El 
de Salva, que es el que mejor la trata, nos la presenta co- 
mo un provincialismo que en la isla de Cuba indica «el 
frente que ocupa una manzana de casas» i en el Peni 
íLuna porción de tierra de sembradura.» 

¿Cuál es entonces el oríjen de llamarse cuadra nuestra 
medida (ya legalmente abandonada) de ciento cincuenta 
varas lonjitudinales, o de 22,500 cuadradas? Lo ignoramos. 

Lo que sí advertiremos porque nos consta es que en el 
Sur del Perú el terreno de sembradura no se mide por 
cuadras sino por topos^ que contienen, si no recordamos 
mal, 5,000 varas cuadradas cada uno. 

Cuadra es anticuado en España por sala principal de 
una casa. 

«I entre tanto se podrán vuesas mercedes entrar a sen- 
tarse a la cuadra. Ellas entraron por el patio en una sala 
bien aderezada.» 

(M. Alemán. — Guzman de Alfardche.) 

En Chile no es anticuado en esta acepción, aunque el 
buen tono pide ya que se diga salotiy i en pocos años mas 
no se oirá dicer cuadra a nadie. 

cuadrillazo; 

Ya, ocupándonos de acuadrillar, espusimos que dar cua- 
drillazo es un chilenismo que sirve para dar a entender 
que alguien ha sido objeto del ataque de alguna cuadrilla 
de jente traidora i mal entretenida. 

También solemos decir en casos tales dar un malón. 



CONTIMAS, CUANTIMÁS. 



La segunda de estas palabras es una mui antigua, gra- 
ciosa i castiza síncopa de cuanto mus o cuanto i mas. 



17 



130 CRU 

«Se afrentaba después mi alma de ver que pueda parar 
en ninguna cosa criada, cuantimás aficionarse a ella.» 

(Santa Teresa.) 

Sentido idéntico al de esta otra frase de Cervantes: 
«No tengas pena, amigo Sancho, que yo te sacaré de las 
manos de los caldeos, cuanto mas de las de la Herman- 
dad.;) 

(Quijote.) 

En Chile, donde es de uso corriente aunque solo vulgar 
contimas en el sentido que queda dicho, se emplea tam- 
bién en otro que lleva envuelta la idea de contraste i de 
burla, difícil de explicarse, pero fácil de comprenderse a la 
lectura del siguiente ejemplo: 

«Te buscarán un marques (por marido) a ver si te gus- 
ta. \Contimas que sois tan bonita!» 

(Blest Gana. — Martin Rivas.) 

CRUJIDA. 

Hasta hace poco estábamos creyendo que nuestro pasar 
crujidas era unlejítimo, si bien algo caprichoso, derivado 
de crujir. 

Leyendo el Viaje al Parnaso de Cervantes salimos de 
nuestro error, que no era chico como lo harán comprender 
los siguientes versos que copiamos del susodicho poema: 

«Hecha ser la crujia se me muestra 

De una luenga i tristísima elejía 

Que no en cantar sino en llorar es diestra. 

Por ésta entiendo yo que se diria 

Lo que suele decirse a un desgraciado 

Cuando lo pasa mal, pasó crujia.y) 

De manera, pues, que cuando decimos que alguno ha pa- 
sado muchas crujidas, decimos sin saberlo que ha sufrido 
muchas de las que en tierra se llaman carreras de bague- | 
ta. En efecto, pasaba crujia en las antiguas galeras el 
infeliz a quien se le obligaba a correr de popa a proa por 
entre dos filas de desalmados marineros, quienes, al pasar 
aquél, a fuerza de látigo, lo desollaban vivo. 



CUA 131 



CRUJIDERA. 

Llamamos así las tiritas de cuero que se ponen entre 
la suela de los zapatos de modo que al pisar con ellos 
crujan especialmente cuando nuevos. Ignoramos como se 
llaman las crujideras en España, o porque éstas no existen 
o porque, existiendo, no hemos podido dar con su nom- 
bre. 

CUANTO HA. 

Nos parece digno de notarse el uso de cuanto seguido 
del verbo haber y en la tercera persona del presente de in- 
dicativo apocopada, para denotar largo espacio de tiem- 
po. «¿Cómo van los negocios de nuestro amigo?— Cwanío 
ha que no recibo noticias suyas.» 

CUARTA. 

Provincialismo cubano: (dátigo que usan los caleseros 
para arrear las bestias^ tejido de cuero con un mango de 
cerca de una cuarta.y> 

Parece, pues, que el señor Salva, que nos da esta noticia, 
diese a entender que llamarse cuarta en Cuba el instru- 
mento que en España se llama látigo o zurriago i en Chi- 
le guasca^ proviene de la circunstancia de alcanzar el 
mango a una cuarta de largo mas o menos. 

Forzadilla nos parece la explicación i amen de forzadilla 
de todo punto incapaz de esplicarnos por qué nosotros he- 
mos llamado cuarta a la correa con que se asegura la car- 
ga de la carreta, i que suele tener algunas varas de largo. 

De la frase a la cuarta^ ya hablamos al tratar de las 
formadas con la preposición a. 

cuarterola; 



Significando el tonel pequeño que hace la cuarta parte 
del ordinario, es español; no así denotando una especie de 



132 CU A 

arma de fuego, mas corta que la tercerola, que usa la ca- 
ballería. 



CUARTILLERA, ILLO. 

Cuartillo, por la cuarta parte de un real, es castellano, 
aunque crea i diga lo contrario el señor Salva. No lo usa- 
mos sinembargo en Chile para significar la cuarta parte 
del celemín o almud, que es otra de sus castizas acepcio- 
nes; pues ala medida ésa acostumbramos designarla con el 
nombre de cuartillera, que es de invención chilena. 

CUARTAGUEAR. 

Cuartago llama el Diccionario al caballo de mediano 
cuerpo. 

En Chile llamamos cuartago al rocin que es por natura- 
leza de paso, esto es sin que lo hayan artificialmente tra- 
bado de tal. 

De cuartago en esta última acepción se ha formado el 
yQTho cuartaguear, ({MQ se aplica a los que, caminando, 
mueven las piernas semejantemente a los caballos de 
aquella especie: 

«Da risa ver a los viejos 
Cuando van a enamorar; 
Agarran un trotecito 
Que llegan a cuartaguear .y) 

(GuAJARDO. — El viejo lacho.) 

CUARTO REDONDO. 

Llámanse así los que no tienen patio ni corral, con 
puerta a la calle, i que por lo común sirven de habitación 
a los pobres. 

uQue con otros individuos cometían desórdenes en un 
cuarto redondo, como se llamaba (i llama todavía) en San- 
tiago a los cuartos cuadrados.)^ 

{YicmxUACKE^í^A. -^Historia de Santiago.) 



CUE 133 



CUBIERTO. 



Usase impropiamente por cuchillo i tenedor i aun por 
cuchillo solo. 

En castellano significa el servicio de mesa compuesto 
de plato, cuchillo, tenedor, cuchara, pan i servilleta; i 
también cuchillo, tenedor i cuchara solos. 

Véase un ejemplo en la voz pararse. 

CUBILETE, EAR, ERO. 

Vienen estos tan trillados vocablos del sustantivo cubi- 
lete que en castellano es el vaso de que se sirven los pres- 
tidijitadores para varios de sus juegos. Ampliando i tras- 
ladando un tanto ese significado, hemos venido a llamar 
cubilete la intriga, cábula o ai^did especialmente políticos: 
cubiletear es maquinar hipócritamente, o por lo me- 
nos en secreto, alguna sorpresa o golpe contra los adver- 
sarios; i cubileteros son los que profesan en arte tan hono- 
rable i socorrido. 

CUCARACHO. 

El señor Gormaz quiere que se diga cucaracha. 

encaracho es en Chile voz jenérica de todas las espe- 
cies de escarabajos. 

La voz española cucaracha parece haberse formado del 
cockroach ingles, que significa lo mismo. 

CUCURUCHO. 

Véase cartucho. 

CUESTIÓN. 

That is the question, que vemos todos los dias en los 
diarios traducido, esta es la cuestión, no es castellano. 



134 CUJ 

«El plan era excelente 
I moral el asunto; 

Pero ¿i la ejecución? — ese es el pii7iio,n 
(J. J, DE Mora. — La Zorra i el Gato.) 

• 
cui. 

Del quichua ccoiiey conejo. 

Es efectivamente el nombre que damos a un conejo pe- 
queño y orijinario a lo que se nos imajina del Perú, don- 
de los cuyes son mucho mas abundantes que en Chile i 
mas apreciados, pues se comen, no solo los domesticados 
sino los silvestres o alzados^ que en Dios i en nuestra alma 
se asemejan tanto a nuestros ratones por mal nombre 
llamados pericotes ^ como un huevo a otro huevo. 

Parir como un ciii; es frase con que se pondera la ex- 
traordinaria fecundidad de alguna, i que está mostrando 
que cui no cambia de terminación al aplicarse a la hem- 
bra. 

cuíco. 

Apodo que suelen dar los habaneros a los mejicanos, si 
hemos de atenernos al testimonio de Salva. 

Hemos oido una que otra vez usarlo en Chile para de- 
signar a nuestros hermanos de Bolivia. Seria mas conve- 
niente que nos olvidáramos de él porque los apodos sue- 
nan mal entre hermanos. 

CUJA.' 

La Academia, que consigna esta voz en la última edi- 
ción de su Diccionario, la explica diciendo: «Bolsa de cue- 
ro asida a la silla del caballo para meter el cuento de 
la lanza o bandera i llevarla mas cómodamente. Ant. La 
cabecera de la cama.)) 

Salva, que la consigna también, dice de ella ser un pro- 
vincialismo de Venezuela i del Perú donde significa «ca- 
ma de matrimonio primorosamente torneada.)) 

En Chile, donde las cujas pertenecen ya a la historia 



r 



CUM 135 

i a los museos, eran ellas catres de madera preciosos, ta- 
llados con primor, incrustados de bronce, de plata i aun 
en la cabecera de rayos de oro figurando un sol. 

En el saínete Los dos preceptores, que ha sido alterado 
i casi completamente rehecho por nuestros cómicos de la 
leguar, D. Alberto dice a su sirviente José, recomendán- 
\ dolé aderece i limpie la pieza del dómine que acaba de lle- 
gar sin esas charlatanerías de cofres i maletas: «Que nada 
falte: la cuja dorada, la colcha verde ieh!...» 

Eran jeneralmente tan anchas que podia dormir en 
ellas una familia entera, i tan pesadas que sus patas ser- 
vían de postes para amarrar a los niños traviesos, hasta ya 
(juainitas. No debieron de ser pocas de contado las fuer- 
zas de D. Félix Sotomayor «mayordomo de los jesuítas» 
que según el señor Vicuña Mackenna, «atándose una soga 
al pié, arrastraba una cuja o catre colosal con cuatro o 
cinco colejiales acostados encima.» 

CULERO. 

Pieza del vestido de nuestros mineros que a modo de 
íuna faja ancha les cubre los ríñones i la barriga. Los hai 
también mas ordinarios, de cuero sin curtir que, cubrién- 
doles por detrás las asentaderas, les sirven para sentarse 
ísobre las piedras i cascajo^ sin daño de los pantalones. 

«El minero aunque trabaja 
Dos temporadas al año 
Jamas ve su desengaño 
Ni para gastar se ataja. 
Luego que del cerro baja 
Cae en el resumidero 
Empeña hasta su culero 
I después vamos al clavo.^y 

(GuA JARDO. — El Minero.) 

CUMPA. 

Palabra que indudablemente es de formación indíjena; 
pero cuya etimolojía no podemos dar sino a tientas i como 
adivinando. Puede que venga del quichua ccorppa, que 



136 CÜR 

significa huésped; puede también que sea compuesto de las 
dos voces araucanas, coriy confidentCy amigo de confianza^ 
i fpa, llegar. 

De todas maneras, cumpa es en lenguaje de la jente que 
aun conserva el pelo del pueblecito de indios en que se 
crió, el camarada, el amigo predilecto: 

— ((Veamos el calabacito, decia uno.» 

— Está tapado con corcho, dijo otro: talvez es aficiona- 
do a la música el cumpa.yí 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

El significado sornástico de cumpa en este ejemplo nos 
induce a creer que bien pudiera venir de cúmpeUy hom- 
breparapocOy tonto, 

CUNCUNA. 

Del araucano cuncuna, que según la donosa explicación 
del padre Fébres es ((un gusano del todo parecido a los 
de seda, menos en el color i en morder;» i en el pelo, agre- 
garíamos nosotros. 

Hacerse una cuncuna; encojerse, doblarse, enrollarse co- 
mo las culebras. 

CURARSE. 

Uno de los innumerables verbos con que nuestros rotos 
llaman su distracción favorita de embriagarse. ¡Se acuer- 
dan tan poco de proporcionarles otras menos groseras 
cabildantes i ediles! 

((Se curó, hizo pecho ancho 

I sobre picado dijo: 

Ahora mismo de fijo 

Voi al enganche i me engancho.» 

(GuAJARDO. — Los enganchados.) 

CURCUNCHO. 

Nombre de oríjen indio cuya raiz es probablemente 
kcumuruna, en quichua el corcovado, o chunco, que en 
aymará significa lo mismo. 



i 



cus 137 

No faltan en la Historia de Chile personas que hayan 
pasado a la posteridad con el adjetivo éste antepuesto al 
nombre de familia; i así como no se conoce a Don Ber- 
nardo Vera i Pintado sino por el cotudo Vera, así tam- 
poco nadie conoce al politiquero D. Santiago Ramos, alias 
el quebradíno i sino por el curcuncho Reímos. 



CURTIEMBRE. 

La tenería u oficina en que se curten pieles se llama, 
según la Academia española, curtiduría; i según Salva 
cur timbre. 

Por estos mundos no la llamamos ni así ni asá, sino 
curtiembre. 

De los tres_, si se nos pusiese en el aprieto de elejir, 
elejiríamos el académico curtiduría, que es sin duda de mas 
correcta formación. 

«Las curtiembres de Córdova gozaban nombradla sin 
rival en toda Europa.» 

(Marcial Martínez. — Ancíles de la Universidad y octubre 
de 1864). 

«Se preparaban en algunas curtiembres algunas malas 
suelas i algunos malos cordobanes.» 

(M. L. Amunátegui. — Los Precursores.) 

«La cascara que suministra el tanino para la curtiem- 
bre.n 

(Sastre. — El Tempe arj entino.) 

CUSPE. 

Del quichua keuzpi, trompo^ peón lijero. 
Hai, sin embargo, una diferencia notable entre el trom^ 
po i el cuspe; tan notable que no se encontrará en Chile 
niño de teta que los confunda. El trompo se envuelve en 
la guaraca i se suelta a bailar sin que vuelva a ser to- 
cado por ella hasta que se apague. El cuspe nó^ porque ca- 
kreciendo de puya (no es mas que un pequeño cono de 
madera que se hace bailar sobre la punta) es incapaz 



138 



CUS 



de perseverar en el baile si no se le está dando continua- 
mente guasca. 

Se nos imajina que tampoco han de confundir este ju- 
guete con el del trompo los niños españoles, pues según 
vemos por el Diccionario de la Academia, que lo define 
perfectamente «pieza de madera en figura cónica i sin 
punta de hierro, la cual baila azotada de una correa» él 
tiene el nombre especial de peonza, 

«No veo gran sentimiento de la belleza en el acto de 
jirar los hombres como peonzas o de convertirse las mu- 
jeres en lagartijas, arañas o saltamontes.» 

(OcHOA. — Parisy Londres i Madrid,) 

El provincialismo colombiano correspondiente a cuspe 
es chÍ7ia, 
Como un cuspe; con grande ajilidad i lijereza. 



GH 

CHACANEAR. 

Destrozar con la espuela los hijares del caballo, o mas 
exactamente levantarle hinchazón en las costillas, por ser 
malas las espuelas o no saber servirse de ellas el jinete. 

((Pero la jegua va un poco lerda i he teiiio que chaca- 
nearle las costillas fuerte i feo todita la mañana, observó 
José.» 

[Huérfano,) 

Probablemente chacanear es un derivado sni géneris del 
araucano chagcimiy o chigtun que significa despedazar. 

CHACARANDÁ. 



Según Salva, es así como debe llamarse la preciosa ma- 
dera que llamamos Jacaranda, 



CHACHARAS^ CHACHARACHAS. 



La segunda no es española; la primera sí lo es, i signi- 
fica abundancia de palabras inútiles. 

Debe reputarse por lo tanto como un provincialismo 
chileno el- uso que hacemos indistintamente de uno u otro 
de los dos sobrescritos vocablos, dando a entender con 
ellos, baratijas, adornos ridículos i de poco valor. 



140 CHAC 



CHACRA, CHACARERO, A, ERIA. 

El S. D. Juan M. Gutiérrez, en un artículo que sobre el 
quichua publicó no ha mucho en una revista literaria de 
Buenos Aires, dice que chacra viene de c/i/iacra, que en 
esa lengua significa heredad de labor; pero no hemos en- 
contrado la palabra en el Diccionario del P. Mossi, ni en 
otros vocabularios menos completos que tenemos a la 
mano. 

Según lo atestigua D. Gonzalo Hernández de Oviedo i 
Valdes en el vocabulario de voces americanas que adjuntó 
a su Historia jeneral de las Indias, charca^ es una voz 
aimará que significa cercado de piedras o árboles para 
señalar la extensión de cada hacienda. 

Dando por verdadera esta etimolojía, es fácil imajinarse 
como en su traslación del aimará al castellano charca dejó 
de significar el continente i pasó a significar el contenido, 
denotando ya la heredad misma, ya las sementeras que 
era costumbre hacer en ella. En efecto, chacra en nuestro 
uso corriente significa dos cosas: 1.*^ las propiedades rús- 
ticas que por su extensión ocupan un lugar intermedio en- 
tre las quintas i las haciendas; i 2° las sementeras de le- 
gumbres, en contraposición alas de trigo i cebada. 

Chacarero es el que habitualmente se ocupa de sembrar 
i cultivar legumbres. 

Chacarería el conjunto de chacras en el segundo senti- 
do, i también el arte de cultivarlas con provecho. 

Chacra por granja, o mas exactamente acaso por lo que 
los franceses llaman ferme i los ingleses farnn, no tiene de- 
rivado alguno; pero tiene en cambio la variante chácara, 
como suelen decir ciertos puristas al divino botón, que se 
imajinan que para hablar castizo con apartarse siempre del 
vulgo basta i sobra. 

Parece que a los principios los españoles dijeron i es- 
cribieron como todavía dicen i escriben algunos chácara. 

De un auto sobre repartimiento de chácaras expedido en 
Santiago por su fundador don Pedro de Valdivia, el 12 
de abril de 1546 es la frase que sigue: «Otrosí, mandan 
que ninguna persona pueda vender ni enajenar la chácara 
o estancia que tuviere sino fuero yéndose de esta tierra, o 



CHAL 141 

en caso de fallecimiento que las pueda dejar a sus here- 
deros como bienes propios ganados por sus servicios.» 
(Del primer Libro Becerro del Cabildo de Santiago.) 



CHALA. 

Del quichua chhalla, hoja seca del maiz. 

Una que otra vez hemos oido usada esta palabra para 
designar la hoja seca del choclo. En cambio no se oye 
otra cosa en Arequipa, donde sirve para mentar, no solo 
la hoja, sino también la caña seca^ que allá se guarda, co- 
mo que es útilísima para alimentar durante el invierno 
las caballerías, si con permiso de ellas nos es lícito dar 
semejante nombre a las borricadas, que es de las que se 
trata. 

Chala suele llamarse también en el Perú el cigarrillo 
que llamamos en Chile de hoja. 

CHALCHA, UDO, A. 

Ateniéndonos al oríjen (en araucano chalcha q^ papada) 
el sustantivo debiera denotar exclusivamente la carne que 
crece en abundancia debajo de la barba hasta formar bo- 
llos salientes i aun colgantes; pero en el uso común tiene 
una significación mas comprensiva. Asi llamamos chalchu- 
da^ no solo a. la persona que ostenta papada debajo de la 
barba, sino también a ciertos perros cuyos labios supe- 
riores les cuelgan a manera de cortinas por uno i otx^o lado 
de las mandíbulas. 

CHALILONES. 

Dias en que es costumbre jugar a la challa, carnesto- 
lendas. 

Correr los chalilones-, entregarse en cuerpo i alma a los 
juegos de carnaval. Tanto esta costumbre como la mas 
moderna de correr a Cristo el domingo de Cuasimodo se 
van perdiendo ya de nuestras grandes ciudades. 

El domingo, lunes i martes que preceden al miércoles 



U2 CHAM 

de ceniza se distinguen de los demás del ano en que se 
llaman domingo, lunes, i martes de chalilones. 

«Tampoco corrimos los chalilones como era costumbre 
entre los jóvenes i aquellas personas a quienes su estado o 
condición lo permitian.» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

CHAMANTO. 

Manta gruesa i burda que, apesar de los muchos i bue- 
nos oficios que presta a los pobres que la usan, no merece 
el honor de que sus orillas i boca sean ribeteadas con vis- 
tosas huifichas de lana como los ponchos. 

(cHácele sombra, oleton, 
Un gran sombrero de lana 
I un chamanto niui guaroso 
Hasta el avio le baja.» 



[Huérfano.) 



CHAMBAO, O CHAMBADO. 



El vaso que se hace de los cuernos de los animales va- 
cunos, recibe varios nombres según su forma, destino i es- 
mero con que se trabaja 

Inmediatamente sobre el cacho, que es el mas rústico de 
todos i que a veces no muestra otras señales de la indus- 
tria humana que la lisura de los bordes de su boca ope- 
rada por algún afiladísimo belduque, está el chambao o 
chambado, que tiene la parte posterior tapada con una ta- 
blita i que sirve para tomar ?y/;>o, i hasta chércan i agua 
caliente; así como mas arriba del chambao está el guám- 
paro, que es mas largo, un tanto corvo i cubierto a veces 
de dibujos. Es la copa de oro en que los guasos acomoda- 
dos beben la chicha i el ponche cuando repican fuerte. Por 
último, i colgados por ahí de alguna estaca clavada en la 
pared o de alguna punta saliente de la quinchay se ven 
los chifles (que siempre los tales andan ert colleras) con su 
regular provisión de aguardiente, los chifles que son gran- 
des cuernos bien alisados i aun labrados i pintados, con 



CHAM 143 

una tapa fija en la parte de la base i con otra de quita i 
pon en la boquilla del otro extremo. 

En una relación del asesinato del ilustre Portales escri- 
ta por su compañero de cautividad i de agonía, el bravo je- 
íieral Necochea^ i publicada solo en marzo de 1874, se 
lee esta frase, que acredita fué un chambado la humilde ta- 
za en que la conmiseración del amigo ofreció unos cuantos 
tragos de agua caliente, endulzada con azúcar prieta, al 
gran patricio que desde mas de 30 horas atrás no habia 
recibido de sus verdugos otro alimento que la hiél de la in- 
gratitud i el vinagre de los escarnios. 

«Luego que amaneció el dia cinco», escribe Necochea, 
«dándole algún dinero al cabo que teníamos a nuestra inme- 
diación, conseguí un poco de agua caliente que procuré 
partir con el ministro, a quien consideraba con igual ne* 
cesidad a la que jo sentia, mandándole un chambado con 
un soldado, i lo mismo hice mas tarde con alguna carne 
asada, única comida que tomamos en nuestro desgraciado 
viaje, porque debo decirlo, aunque con rubor, que en toda 
aquella reunión de oficiales no hubo ninguno a quien la 
conmiseración, cualidad tan propia de las almas nobles i 
jenerosas, lo moviera a ofrecernos un bocado de pan en 
la estrecha incomunicación que sufríamos.» 



CHAMELICOS. 

É ár lulos j trebejos y chilpes. 

Es nombre que por humildad o socorronería dan los 
pobres a sus trastos i ropa. 

Liar los chamelicos, equivale a la frase española liar los 
bártulos. 



CHAMIZA. 

Según vemos en las Apuntaciones del señor Cuervo, tam- 
bién en Bogotá es costumbre llamar chamiza a la leña 
menuda, sarmientos, pasto seco, varillas de arbustos^ etc. 
El mismo señor nos advierte que es mala costumbre ésa, 
pues, sin necesidad de sacar al vocablo de su acepción pro-» 



144 CHAM 

pia, caila silvestre, podemos llamar al objeto de que se 
trata con su nombre castizo chamarasca. 



CHAMPAj UDO^ EAR. 



Voces sacadas de la abundante mina del quichua que, de 
suyo i sin exijir trabajo alguno, tanto ha enriquecido el 
castellano que hab/amos los americanos de esta parte de 
América. 

En efectO; creemos que ni champear , ni champudo tie- 
nen equivalentes en la lengua española, en la cual para 
expresar las ideas que esos vocablos expresan, hai que va- 
lerse de rodeos i circunloquios^ 

Champear es sacar champas de la tierra con la pala 
para formar tranques en los rios, canales i acequias; 
champudo se dice de las plantas que al ser arrancadas sa- 
can mucha tierra entre las raices, o en sentido metafórico 
de las personas que tienen cabellera crespa i abun- 
dante. 

Los equivalentes castizos de champa son tepe^ i césped 
(del latin cespes que los roraajios usaban como la cham 

pa.) (xet ad aggerem cespitibus comportandis.y) 

(J. CÉSAR. — De bello gallicóy lib. III.) 

Tiene ademas champa el derivado achamparse, acerca 
del cual hemos ya dicho oportunamente lo preciso» 



CHAMUCHINA, 



Acertado nos parece dejar al señor Don Juan de Arona la 
explicación de este vocablo. Apesar de que ni nos han fal- 
tado ni probablemente nos faltarán en lo sucesivo por acá 
las chamuchinas, seria temeridad en los que escribimos a 
orillas del Mapocho disputar la competencia para descri- 
birlas a los que viven a orillas del Rímac. 

Dice^ pues, el señor de Arona que chamuchina es «voz 
de grandísimo uso en Lima para significar plebe, popula- 
cho, populo bárbaro i jente ruin i soez. Probablemente (no 



CHAN ' 145 

puede tener otro oríjen) es corrupción de chamusquina 
que en castellano significa riña, pendencia. 

aEl negro, el chino, el cholo, el zambo, el blanco 
I toda la revuelta chamuchina 
Puede trepar al sol de un solo tranco 
I dictar reglamentos de cocina: 
«¡Viva Caitiya!» dice el negro franco 
Cuando roba o estafa o asesina, 
I al que intente a su fin oponer dique 
Lo aterrará con un: «jMuera Chiñique!» 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 



CHANCA, AR, ADO, A. 



t)el quichua chamcca, mazamorra gruesa de chuho\ o 
bien de chúncani, hacer la chanca. 

El sentido que atribuimos a chancar' es partir i despe- 
dazar lo entero, piedras, granos, frutas, de modo que 
quede reducido a pedacitos. Tratándose del trigo encon- 
traría un equivalente en frangollar', pero ¿quién toleraria 
frangollar las piedras? 

En este caso, i en jeneral, el equivalente castizo de 
nuestro chancar es triturar ^ como de chanca lo es tritura- 
ción. 

Figuradamente hacer una cosa chancada, chancarla, es 
ejecutarla con poca atención, mal i por mal cabo. 



CHANCACA. 



Es éste un provincialismo americano de corrientísimo 
uso, que no ha tenido sinembargo todavía el honor de ser 

I reconocido por la Academia, como si la ilustre corpora- 
ción tuviese empeño en seguir con las nuevas palabras de 
estos países, la misma política pachorruda que el gobierno 
de Madrid sigue con los nuevos estados que surjieron de 
la guerra de la independencia. jSolo en este año ha reco- 
nocido la de la república de Venezuela! 



146 CHAÑ 

CHANCLETA, EAR. 



Chancleta por cliinela es castellano; como lo es también 
enchancletar por doblar hacia adentro el talón de los za- 
patos a fin de usar de éstos como chinelas. No puede de- 
cirse otro tanto de chancleta que, en sentido despreciati- 
vo ^i vulgarmente, empleamos como sinónimo de mujer. 
Asf no es raro topar con maridos que, pasados los afanes 
del parto de su cara mitad, con cierto bochornillo que 
salta a la vista, contesten ala inevitable pregunta: «¿Qué 
fué? — ¡Fué chancleta!)-} 

Chancletear es andar en chancletas; i chancleteo el ruido 
que éstas forman al moverse los pies. 



CHANA o CHUNA, CHAÑAR, ADURÁ, ADO, A. 

Larga descendencia del araucano chañan, arrojarse, de- 
jarse caer al suelo, o de chañalu, que es la forma activa 
del mismo. 

La chaña, chuña, o chañadura es la acción de arrojar- 
se los muchachos sobre los volantines que caen al suelo 
en las comisiones, a fin de hacer presa de ellos si pueden 
agarrarlos intactos, lo que raras veces sucede, o del hilo i 
de los maderos. De ahí es que por extensión llamemos 
chañadura la rebatiña de los bienes i la distribución 
poco limpia de los caudales públicos entre los parientes i 
paniaguados de los que gobiernan. 

¿Por qué, sin embargo, decimos del hombre mal vestido, 
sobre todo si es caballero pobre, que anda mui chañado'^, 
Talvez para dar a entender que por malos de sus pecados 
o de los ajenos, sus bienes han sido objeto de desastrosa 
chañadura. 

Chuña es forma usada solo por los chiquillos de la calle, 
que viven, no solo chañando volantines, sino también ra- 
yando paredes recien pintadas, i jugando al choclón, al 
picarse, o a las chapitas^ haciendo desesperar a ios pacos, 
i cometiendo todo jénero de infantiles fechorías. 



CHAP 147 



CHANO. 



Del araucano chahu, los sudaderos del amo. 

Jerga, que por lo común es de lana i tejida en el pais. 
Sirve en los ranchos de colchón, de frazada, de mantilla 
(pañuelo de rebozo) de sudadero i de cuanto se ofrece. 

El chaño se diferencia del chamanto, en que carece de 
la boca que éste tiene en el centro para dar paso por ella 
a la cabeza. 

El provincialismo mejicano correspondiente a cMño es 
jorongo^ 

CHAPA. 



Por cerradura o cerraja es «n provincialismo de uso je- 
neral^ a lo que entendemos, en toda la América española. 

Significando chapa «lámina o plancha de metal que sir- 
ve para firmeza o adorno de la obra que cubre», (Diccio- 
nario de la Academia) claro se está que nosotros damos al 
todo el nombre de la parte. Los dos pasajes de Cervantes 
que siguen pondrán mas en evidencia lo que va de uno 
a otro vocablo: 

(cÉl se encerró en un aposento i por los agujeros de la 
cerradura estuvo mirando i escuchando lo que los dos tra- 
taban.» 

{(Quijote.) 

«Luis probo sus fuerzas, i casi sin poner alguna se ha- 
lló rompidos los clavos i con la chapa de la cerradura en 
los manos.» 

[El Celoso extremeño.) 

(tVoi a abrir, contestó éste, porque al paso que éstos 
andan me harán pagar todas las chopas de la casa.» 

(A. Blest GANAr — El Ideal de mi calavera.) 

Chapeado decimos castizamente, aunque ala antigua, de 
la enjalma, freno, o cualquier otro mueble adornado con 
chapas; i en sentido metafórico de la persona que tiene 



148 CHAP 

muchas prendas de valor, especialmente de plata labrada. 
Chapearse es adquirir buena ropa^ comprar muebles, 
alhajas, el que carecía de ellos. 



CHAPALEAR O CHACALEAR. 

En la primera de sus formas el verbo éste se usa tam- 
bién en Lima. No así en Arequipa, donde para expresar la 
acción de golpear el agua con ios pies o las manos diceu 
challar. 

El equivalente castellano, abuelo sin duda de nuestra 
chacaleaVy es guachapear ^^ con el cual hemos de encontrai*- 
nos mas adelante. 

Juan de Arona habla también de chapatalear^ pero na 
aparece en el Diccionario de la Academia. 

CHAPE, CHAPECAN. 



Del araucano chapCy trenza de cabello^ o de chapecan^ 
trenzarlo. 

Hacerse los chapes es peinarse de trenzas. 

El chape único i largo, colgante por detras, era signo d» 
autoridad entre los indíjenas; al menos del centro i Norte 
de Chile, pues nos inclinamos a pensar que nunca lo tra- 
jeron los mas famosos toquis araucanos. De ahí la frase 
jente de chape para significar jente rica, de respeto, de 
pro. 

En español chape es coleta. 

Chapecan^ sinónimo del anterior^ solo se diferencia de 
él en que es mucho menos usado. 



CHAPETÓN, ONADA. 

Derivados del primero de los anteriores. Acerca de 
ellos dice el señor Vicuña Mackenna: «Así designaban los 
criollos a los españoles por el chape que traian de Europa 
en forma de trenza, (excusada parecia la explicación) co- 
mo ellos habian llamado orejones a los indíjenas a causa 



< 



CHAQ 149 • 

de los grandes aros que solían usar. Llamaban en conse- 
cuencia chapetonada todos los lances que ocurrían a los 
peninsulares por su poca práctica del caballo» etc. 

En el uso ahora corriente chapetón es sinónimo de tor^ 
pe, i chapetonada de torpeza^ bisoñada. 

«Saca ella a fuerza de industria, 
Actividad i denuedo, 
Del poder de los caribes 
A su chapetón ileso. >) 

(Felipe Pardo. — Frutes de la educación.) 

En este pasaje (se trata de un asturiano) chapetón está 
por españoly godo* 

CHAPURREAR, EADO, A. 

Dicen groseramente algunos; ni faltan tampoco chapu- 
ceros que, anteponiendo una m a la p, digan champurrear, 
eado, a. 

Lo correcto es chapurrar, 

«Es cosa de ver i mucho para admirar cómo se borra 
la lengua española de la memoria de los galiparlistas ape- 
nas empiezan a chupurrar un poco el francés.» 

(Baralt. — Diccionario de Galicismos.) 

CHAQUIRA. 



Dice D. Gonzalo Hernández de Oviedo que chaquira en 
la lengua de Cueva significa sartal de nácar o conchas. 

Lo que nosotros podemos afirmar es que lá voz ésta 
nada tiene que ver con el araucano, en el cual las chaqui- 
ras se llaman llancatu, ni con el quichua en cuyo voca- 
bulario no se encuentra. 

Según lo que es posible presumir racionalmente, cha- 
quira fué palabra que oyeron sonar los españoles al de- 
sembarcar en las Antillas, i notando que con ella se nom- 
braban los collares de conchas que llevaban las indias, 
donde quiera que en lo sucesivo encontraron el obje- 



150 CHAR 

to se sirvieron para designarlo de aquella palabra, i 
así la propagaron hasta los confines australes del conti- 
nente. Fué lo que sucedió con cacique^ canoa, chicha^ ají, 
hamaca, nigua, petaca, maiz i muchísimas otras. 

Como la mayor parte de estas voces jeneralizadas en 
América por los conquistadores, chaqiiira tiene su lugar 
en el Diccionario de la Academia, el cual la define: «En 
el Perú el grano de aljófar, abalorio o vidrio mui menú- 
do que llevaban los españoles para vender a los indios.» 



CHARQUI, EO, EÁR, ICAN. 

Del araucano charqui, cecina, tasajo, i mas orijinaria- 
mente del quichua chharqui, tasajo, i también seco \ flaco. 

Excusado parece, puesto que escribimos en la tierra del 
valdiviano i del charquican, digamos que charqui es la 
carne de vaca seca al sol; que charquear es separar en 
tajadas la carne de la res para que pueda fácilmente se- 
carse; que charqueo es la acción de charquear; i que char- 
quican es un guiso cuyo elemento predominante es el 
charqui. 

También damos a charquear la acepción mas compren- 
siva de despedazar la carne, ya de las frutas, ya de los 
animales. Así decimos: ccYa es tiempo de charquear las 
peras o los tomates.» «Los salteadores no se dieron por sa- 
tisfechos con robar al infeliz cuanto tenia; después de ro- 
barle lo charquearon.y* 

«No entendían los cabreros aquella jerigonza de escu- 
deros i de caballeros andantes, i no hacian otra cosa que 
comer i callar i mirar a sus huéspedes, que ccn mucho 
donaire i gana embaulaban tasajo como el puño.» 

(Cervantes.— Quijote.) 

Adviértase sinembargo que tasajo no corresponde exac- 
tamente a charqui', porque aquél es la carne salada i aceci- 
nada, i éste la carne sazonada no mas i secada al sol. 

Trascribamos ahora un curioso párrafo sobre nuestra 
vOz, de un artículo del Times de Londres, firmado W. 
Bridges Adams, que se publicó en el núm. 2,896 de E¿ 
Ferrocarril de Santiaíro. 



CHAS 151 

aLas primeras noticias de que tenemos memoria nos 
fueron suministradas por los viajes i correrías de los pira- 
tas americanos, quienes daban a este artículo el nombre 
de jerked beef (carne azotada). Los piratas fueron en su 
oríjen secadores de carne^ no solo de buei sino también 
de puerco, preparada por medio del humo i llamada así 
en francés con la palabra boucaner (secar con humo) como 
lo harian los caribes con los prisioneros que caian en sus 
manos. La expresión jerked beef es una corrupción de la 
voz americana charqui, que a su vez parece ser también 
una corrupción de la chair cuite o carne cocida de los pi- 
ratas, [boucaniers] franceses. Hasta ahora se llama entre 
los franceses charcutier al que vende carne de puerco, 
porque en los primeros tiempos se vendia el puerco seco 
bajo la forma de jamón o tocino.-» 

De manera que si el señor Bridges Adams estuviese en 
la verdad, charqui no seria ni araucano ni quichua, si- 
no de procedencia francesa. 



CHASCA, ON, ONA, ONEAR. 

Del quichua chhasca, enredado, o enmarañado: 

Esnos común con los peruanos el uso de chasca (que 
según el Diccionario de Mossi tiene en la lengua de los 
Incas el significado que acabamos de atribuirle, i según el 
señor de Arona el de greña o 'Vedija,) para nombrar la 
cabellera revuelta i desgreñada. 

En cuanto al adjetivo, que aplicamos a la persona que 
lleva el cabello en semejante manera, nótase la diferen- 
cia que va de chascón, ona, como se dice por acá, a chas- 
coso, a, como se estila en Lima. 

Los arequipeños, que son hombres de cantar las verda- 
des al lucero del alba, dan a éste el nombre de chasca^ 
llamándolo, mediante una atrevida metáfora, el crinado o 
pestañoso por excelencia. 

También han formado de chasca nuestros hermanos del 
Perú el tan poético como expresivo chascallagua, con la 
ayuda del cual puede el enamorado joven decir en menos 
que canta un gallo al objeto de su cariño: aliene Ud. unos 
ojos sombreados por largas i crespas pestañas, que me 
matan.» 



152 CHAT 

«Pronto vi a üti muchacho chascón i con un libro viejo 
en las manos que se asomó a la puerta, i tornando a en- 
trarse prorrumpió en el siguiente grito que alcancé a per- 
cibir claramente: ¡Niños, carne nueva! carne nueva te- 
nemos!» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

CHASQUE. 

Del quichua óházqúi, correo dé á pié. 

Se llamó así en tiempo de la conquista i de la colonia 
al mensajero extraordinario que se mandaba para condu- 
cir papeles importantes o noticias de bulto. 

En la actualidad es de poquísimo uso en Chile. No así 
en la República Arjentina, donde los correos no han lo- 
grado aún desterrarlos completamente. 

CHASQUEARSE» 

Creemos que el usar este verbo como reflexivo en el sen- 
tido de padecer algún desengaño o salir mal de alguna 
empresa es un chilenismo; pues en castellano no hai mas 
que el activo chasquear^ manejar el látigo haciéndole dar 
chasquidos, i el neutro, de forma idéntica, que significa 
dar chasquidos la madera cuando se abre por sequedad o 
mutación de tiempo. 

CHAtRK. 

No se conoce fuera de Chile este vocablo, por amante^ 
querido, cortejo y galán, etc. 

«Deja el poncho i la pereza, 
Ponte de chatre cabal 
Gasta todo tu caudal 
En vida gustosa i tierna.» 

(El P. hóPEz.— En el Bosquejo histórico de la poesía chi^ 
lena por A. Valderrama.) 



CHAY 153 



CHAUCHA. 



En quichua i araucano una clase de papa chica i tem- 
pranera; i tal es también el sentido que se atribuye a 
chaucha en el Perú. Entre nosotros es la papa menuda 
que queda para semilla después de escojida la grande. 

Apenas las viejas pesetas, monedas de dos reales, fue- 
ron reemplazadas por las de veinte centavos que ahora 
tenemos, el vulgo se apresuró a remediar el descuido del 
gobierno en darles un nombre, i las llamó chauchas i chi- 
rolas» 

Vaya un ejemplo, en que la fuerza del consonante, que 
tantos estragos causa en la lengua, obligó al poeta a dar 
a chaucha terminación masculina: 

«De arriba vienen los gauchos 

Los que ganan real i medio; (hoi ganan seis) 

Vienen buscando en la línea 

De sus males el remedio 

Adonde corren los chauchas. 

[Tonada popular.) 



CHAVALONGO. 

Del araucano chavulonco, calor, fiebre en la cabeza. 

Es el nombre vulgar, aunque sinembargo mui propio, 
con que designamos el tifus. Nos gusta masque la ya mui 
ex t e n d i d a ^e^z-e tifo idea . 

«Pero^ ¡oh lejislador mió! acuérdate que aquella cofra- 
día ya murió de chavalongo antes de dar un solo paso en 
este mundo.» 

(Camilo Henríque?.— .E/ ciudadano Horacio al honor a- 
ble ciudadano Terraza.) 

CHAYA. 

Challani es en quichua rociar, asperjar. 

Aunque no entra en nuestro plan explicar con un arti- 



154 CHAY 

cnlillo de costumbres nacionales cada una de las palabras 
que a ello se prestan, tarea que exijiria mas tiempo del 
que podemos consagrar a la presente obra, queremos ha- 
cer una excepción de clioya, tanto porque en los paises 
extranjeros se comprenderá mucho mejor su sentido po- 
niendo el juego en acción a la vista de los lectores, cuan- 
to porque ya otra vez, sino con el donaire que seria de 
desear, con escrupulosa exactitud, tuvimos ocasión de 
describirla. 

t(De la mesa nos trasladamos a lá pieza principal de la 
casa cuyo era el frutillar; i como, a pesar del buen apetito 
con que habíamos comido, quedaba aún bajo la ramada 
mucho que lo incitara, acudieron allí todos los muchachos 
i chicas que antes se hablan estado a la distancia, i des- 
pués de gozarme un punto en ello i de observar la prisa 
que se daban, me entré al aposento en que a la sazón ta- 
ñían el arpa i a mas no poder se divertían. Entró en esto 
una fregona, gorda i sonrosada, trayendo en brazos i apo- 
yada sobre la barriga una canasta de éstas en que recejen 
la uva en las vendimias, llena i rebozando de albahacas^ 
claveles^ clarines i otra crecida variedad de flores. Aquí 
fué ello: acudieron hombres i mujeres con tal empeño por 
cojer a cual mas i con presteza tanta que era cosa de ver- 
se; i así que cada cual hubo tomado la munición que cre- 
yó suficiente i que mas pudo, comenzó el combate mas 
extraño i reñido que, atendida la condición i jénero de las 
personas que allí habia, pudiera imajinarse.» 

«Principiaron arrojándose unos a otros algunas hojitas 
de rosa, con la mesura i cortedad que en el comienzo de 
todas las cosas se acostumbra. Al tirarlas, los mozos, co- 
mo con timidez, decian: \Chaya señorital a lo que la favo- 
recida, entre risueña i sonrosada, contestaba: \Gracias caba- 
llero! Hacian lo mismo las niñas i contestábanles en senti- 
do análogo los jóvenes. Parecióme alegre^ inocente i sen- 
cillo aquel jénero de entretenimiento; i arrojé yo también 
mis florecillas a María, tratando de darle en la cara o el 
pecho, i ella hacia otro tanto conmigo. Después que fueron 
adquiriendo confianza, tirábanse las flores sin deshojarlas 
previamente, i hasta matas enteras de albahaca, toronjil i 
malva. I como aunque las flores eran muchas no tardaron 
®n acabarse por la profusión con que se arrojaban, los 



CHAY 155 

desprovistos alzábanse de sus asientos para recojer las que 
por el suelo i sobre la estera desparramadas se encontra- 
ban, llegando a tal punto la lijereza con que menudeaban 
i a ser tales los golpes que las cabezas de amapola i los 
botones de rosa daban en las cabezas i en los rostros, que 
mas parecía fuego graneado de numeroso i bien discipli- 
nado batallón que dimes i diretes enviados entre flores.» 

«Poco después una de las que mas valientes por el lado 
de las hembras se habia mostrado, no quiso deshacerse de 
un tieso i gran gancho de cedrón que habia llegado a sus 
manos, sino que, asiéndolo de la parte mas gruesa-, princi- 
pió a dar a los hombres tales varejonazos que bien poco 
polvo debió dejarles del mucho que sus mantas hablan co- 
jido en el camino. No quisieron por su parte quedarse 
atrás los mozos, i acudiendo a los duraznos i cedrones de 
la huerta, entraron en batalla con armas iguales a las de 
las niñas, que, excusado es decirlo, no anduvieron reha- 
llas en hacer lo mismo que los hombres. Sacudiéronse el 
polvo con tal furia que a ser ejercitantes de la corrida de 
semana santa no lo hubieran hecho con mas ganas, i ape- 
sar de eso ni se enojaron ni asomaron a sus ojos las lá- 
grimas, que antes como agradecidos i alegres se mos- 
traban.» 

«I como la juguetona furia iba creciendo, natural era 
que siguiese mientras algún desgraciado suceso no le pu- 
siese término; que de la autoridad de las señoras mayores 
no podia esperarse, que antes bien se reian con todas ga- 
nas, oyéndose solo dé vez en cuando la voz meliflua i afi- 
lada de la mas vieja que decia: ¡Eso es niñas! diviértanse: 
para eso son chalilones i estamos de paseo! Creia, pues, 
que solo algún mal suceso podia poner término a aquella 
jornada, i a>^í fué; i ocasionólo un mancebo que tendría a 
mi juicio mas de cuatro dedos de chicha sobre los sesos, 
porque, asiendo de la mas ladina i retozona de las mozas 
por los lagartos, después de varias cabriolas i de voltear 
mucho con jeneral contento, sacóla de la pieza i dio con 
;ella en una acequia que no lejos corria, no dejándole hila- 
sha en el cuerpo por mojar. Encolerizáronse las niñas i 
ípor tomar venganza i no darse por vencidas, fuéronse so- 
mbre el agresor i, dándole por la espalda i de improviso un 
Tuerte empellón, tuvieron el gusto de verlo tendido cuan 



156 CHIC 

largo era en la acequia, de donde, enjuta i estirada como 
un espárrago, acababa de levantarse la niña.» 

[Loco Eustaquio.) 

CHÉRCAN. 

Tenemos tres palabras para indicar la mazamorra que 
se hace de la harina del maiz o trigo tostados: chércaUy 
ulpo i cocho. Las dos primeras son voces araucanas, i hai 
entre ellas según el padre Fébres la diferencia de que el 
chédcan es la harina de maiz tostado, remojada con agua 
caliente; mientras que el ulpüd es la misma harina remo- 
jada con agua fria. 

En cuanto al cocho, persona que ha vivido algunos 
años en Copiapó, donde se usa bastante, nos asegura que 
se emplea indistintamente en las acepciones de ulpo i de 
chércan, 

Tdihez cocho sea de procedencia quichua; talvez derivado 
del antiguo cochar que significaba cocer. 

CHEUTO, A. 

Palabra es ésta que debiera apresurarse a adoptar la 
Academia española, pues hace falta en su Diccionario una 
que pueda aplicarse con propiedad al que tiene hendido 
alguno de sus labios. 

El Diccionario que corre por ahí, con mas fama de la 
que merece, bajo el nombre de Diccionario de una sociedad 
ele literatos, trae labihendido» 

¿De dónde viene nuestro cheuto^ Barrúntelo por sí mis- 
mo el lector, sabiendo que chelghe es en araucano los dien* 
les delanteros', i que en quichua se llaman chhecta runa a 
los labihendidos, i dicen checta por henderse, partirse. 

El provincialismo colombiano que corresponde a cheuto 
es boqueta', el mejicano tencua. 

CHICA, (hacer la) 

¿Por qué del que ha incurrido en un gazapatón, o eje- 
cutado alguna avería o cometido una barbaridad decimos 



I 



CHICII 157 

que ha hecho la chicdk Dificililla es la respuesta, pero así, 
decimos, i ahí está el romance deAa Pulga presera, uno da- 
los mas famosos del popular Guajardo, que no nos deja- 
rá mentir: 

uT'tra la pulga a mover 
Sus patas pard saltar 
Porque ve que va a pagar 
Las hechas i por hacer. 
La dama la alcanza a ver 
I al momento le replica: 
Indina, has hecho la chica)) etc. 



CíIICOCO, A. 

La palabra que en buen castellano se usa familiarmen- 
te para denotar cariño a la persona de corta estatura es 
chicote, estándonos al testimonio de la Academia. 

Acaso no es mas que una corrupción de esa voz nues- 
tro chicoco. 



CHICOTE, AZO. 

Suele usarse por nuestros paisanos chicote (que es un 
pedazo de cuerda) por látigo, i chicotazo en lugar de lati- 
gazo, por el golpe dado con el látigo. 

«Estas frases de efecto que Raynonard^ el autor de los 
Templarios, llamaba chicotazos.)) 

(M . L , Amunátegui . — Juicio crítico de J, Fernández Madrid. ) 



CHICHA. 

Lo que sigue es tomado de El Comercio de Lima (abril 
de 1865.) 

ikCkicha solo significa entre nosotros la bebida fermen- 
tada de maiz, arroz, pina u otras sustancias (uva, manza- 
nas, peras, en Chile); pues bien, Domínguez le da otraacep- 



158 CHICII 

cion muí orijiaal: dice que en el Perú es zapato de dos o 
tres suelas.» 

«¡Cierto que se ven impresas 
Cosas que no están escritas!» 

((SeíTuramente üomínf^uez al escribir ese desatino debió 
haber estado enchichado. ^^ 

«Aun en las veces que acierta a definir bien una voz ame- 
ricana no deja de decir un disparate. Por ejemplo al ha- 
blar de diodo dice que en América se come asado, cocido 
i aun crudo. Choclo crudo solo comen los puercos i los 
loros; pero merecerían comerlo también los que se meten 
u hablar de cosas que no entienden.» 



CHICHARRA. 

Por cigarra es palabra española. Lo ignorábamos cuan- 
do la escribimos, tirándole raya por debajo, en esta frase 
de La Cueva del Loco Eustaquio: 

«El vientecillo con olor a albahaca que soplaba i el pe- 
sado i monótono canto de las chicharras ocultas entre las 
hojas de los árboles, comunicaban a el alma un vago e 
indecible sentimiento de amor de confianza i de muelle 
pereza que hizo que nuestra conversación fuera dulcísima.» 

No anduvimos, empero, tan fuera de camino al subrayar- 
la como un chilenismo en esta otra frase de la misma no- 
vela, en que hablábamos de uno de los instrumentos favo- 
ritos con que los muchachos hacen, o mejor dicho hacian, 
ruido al acercarse la Pascua de Navidad. 

«Llegado arriba, comencé a sonar mi cacho con cuanto 
esfuerzo pude, i sinembargo, con mucho pesar mió, noté 
otrosquemas estrepitosamente sonaban. Una chicharraen- 
traordinariamente grande i un capagato como jamás ha- 
bia visto eran los únicos cuyas voces distintamente se po- 
dían oir» etc. 

I no está la justificación de nuestra bastardilla en que 
los muchachos de España vivan privados del placer de 
imitar a las cihcharras en la fiesta de Noche Buena; sino 
en que por allá creen remedar su canto, mirabile dictu!, 
ni mas ni menos que con el instrumento con que por acá 



CHIL 159 

remedamos el maullido de los gatos. Así se comprueba 
por la explicación del Diccionario académico, que es como 
bigue: 

((Juguete que usan los niños por Navidad i consiste je- 
neralmente en un cañuto corto, tapado por uno de sus 
extremos por un pergamino estirado en cuyo centro se 
coloca una cerda o una hebra de seda encerada. Pasan- 
do por ella los dedos forma un ruido tan desapacible co- 
mo el canto de la cigarra.» 

Si la Academia se decidiera a hacer la prueba escu- 
charla un ruido mas que de cigarras» verdaderamente 
gatuno, i confesaría mal de su grado que, o se equivocó al 
definir, o los niños chilenos entienden muchísimo mas de 
ruidos que los peninsulares. 



CHICHE. 



Chilenismo cuando se usa para decir que una niña o 
mozo es una alhaja, una joya: corresponde con el caste- 
llano fililí, siendo éste el sentido metafórico; el recto es 
joyel, bujería. 



CHIGUA. 



YéRse achigfitar, donde se encontrarán la etimolojía i 
significado de esta voz. 



CHILPE. 

De significación idéntica a chomelico. La única diferen- 
cia que talvez podria notarse entre una i otra es 
que, mientras aquélla se aplica de preferencia a la ropa 
andrajosa, puerca i ordinaria, ésta se aplica, como lo he- 
mos dicho ya, a todos los utensilios, muebles i trastos de 
los pobres. 

^ En quichua chhillpi es la hoja del choclo puesta a secar. 
No seria extraño que tal fuese la procedencia de nuestro 
chilpe. 



160 CHIN 



CIIILINDRA. 



í]n el Norte la moneda de 20 centavos que por acá lla- 
mamos chaucha o chirola; corrupción del español chilin- 
drina. 

No valer una chilindrar. valer poco mas de nada. ¡Oh, i 
cómo se conoce que Copiapó es, o ha sido por lo menos, la 
tierra de la plata! 

CHIMBA;, ERO, A. 

Del quichua chimpa, la otra parte u banda del rio, que- 
brada o acequia. 

Así se comprende por qué en algunas ciudades america- 
nas, situadas a orillas de rios, lleve el nombre de chimba 
el barrio menos importante que queda de la otra banda, i 
se llame chimbaros a los vecinos de esos barrios. 

CHINCHE, oso, A, ERÍA. 

Creyendo estábamos que esta fea palabra, que con tanta 
frecuencia anda en nuestros salones emporcando los mas 
hermosos labios, era una expresión del mal gusto de nues- 
tras paisanas. En nuestro error permanecimos hasta el 
dia en que^ abriendo el Diccionario de la Academia, encon- 
tramos: iiChinchoso: adjetivo metafórico i familiar que se 
aplica a la persona molesta i pesada.» 

Suele usarse también chiiiche por chinchoso: «¡Es muí 
chinche el mocito!»; i no es raro que después de oir las en- 
fáticas i empalagosas declaraciones del amartelado ga- 
lán, diga la infeliz víctima mui quedo a la amiguita del 
ado: «¡Vaya en la chincheriah^ 

CHINCHIBÍ. 

Así dicen por la cerveza de jenjibrCy imitando el nom- 
bre ingles gingerbeer. 

«Otro llamará yinyibia a la cerveza de jenjibre.» 

(HartzenbÚsch.— /^rJ%o al Dic. de Gal. de Baralt.) 



CHIN 161 



CHINCHORRAZO. 



Debe decirse chincharrazo , 

CHINGANA. 

Según Salva chingana es un peruanismo que significa 
socavón o conducto subterráneo; i un provincialismo bo- 
liviano i chileno, denotando los bailes que se dan en las 
inmediaciones de las ciudades los dias festivos o con mo- 
tivo de algún regocijo público. 

Casi es excusado advirtamos cuánto hai de inexacto en 
la explicación de Salva, quien cae en el error de tomar 
por nombre de las danzas populares que se bailan en las 
chinganas, el nombre de estas mismas. 

No conocemos ninguna palabra española equivalente a 
nuestra chingana. Las que mas se le aproximan, que son 
figón i tabernay se quedan sinembargo de ella un largo tre- 
cho. En efecto, en la chingana los concurrentes comen co- 
mo en el figón, i beben como en la taberna; pero también 
oyen cantar tonadas de arpa i vihuela, i ven bailar i bai- 
lan cuecas, resbalosas i zajurianas, como en ella sola. 

Hai chinganas permanentes e improvisadas. Las prime- 
ras son casas destinadas a los objetos que quedan dichos, 
a las cuales acude a remoler la chamuchina los domingos, 
lunes i demás dias festivos. Algunas municipalidades las 
han prohibido; otras se han contentado con reglamentar- 
las e imponerles una fuerte patente. 

Las improvisadas consiten en carpas que se forman en 
las plazas o pampillas, los dieziochos, pascuas i otras fies- 
tas cívicas o relijiosas, i que solo permanecen en pié du- 
rante aquéllas. 

\Es una chingana! se dice metafóricamente de una cá- 
mara, de un cabildo, de un gobierno que proceden en sus 
debates i resoluciones sin concierto ni decencia. 

Chinganear, es andar de chingana en chingana, bebien- 
do i bailando, en una palabra, remoliendo, 

ChinganerOf es el que a la continua chinganea. 



162 CHIN 



«Porque mi niña bailó 
Zamacueca ¡acriminarla! 
i I estará harto el herejote. 
De aplaudirla en las chinganas!» 
(Felipe Pardo. — Frutos de la educación.) 



CHINGARSE, ADO, A. 

Palabras mui usadas en Chile^ que no vienen en los 
Diccionarios de la lengua. 

Primitiva i propiamente se aplicaron a los voladores i 
demás cohetes, que por algún defecto de su fabricación^ 
al quemarse, no estallan ni hacen estruendo. «Los fue- 
gos estuvieron como nunca de malos: casi todos los vola- 
dores se chingar on.^o 

Por extensión decimos que se chinga la persona que fra- 
casa en alguna empresa, especialmente cuando el fracaso 
tiene en sí algo de ridículo. 

También se chingan las fiestas que no tieaen el feliz 
éxito que sus organizadores presumian. 

Chingarse es palabra expresiva que usa a menudo, bien 
es verdad que solo en el estilo familiar i jocoso, la jente 
educada. 



CHINGUILLO. 

Del araucano cliinguill o clvinguillhuej una especie de 
saco grande, tejido de látigos en forma de red, que sirve 
para acarrear paja u otras cosas lijeras en carga o en 
carreta. 

En español se dice sarria. 

CHINO, A, Amento, ero, era, ito, a. 

Parece racional suponer que en su oríjen el llamar cA¿- 
nos a los indíjenas de América proviniese, o bien de que 
realmente los descubridores creyeron que hablan arr^iba- 
do a comarcas dependientes de la Gran China, o bien de 
que encontraron en el hombre americano facciones que 



CHIN 163 

les recordaron las que caracterizan a los hijos del Celeste 
Imperio. Recuérdese que no pudo ser otra Ja causa de que 
se calificasen de indios hasta el dia de hoi a los aboríje- 
nes del continente americano. 

Puede ser también que chino i sus derivados traigan su 
oríjen del quichua, pues en esta lengua se llama chi7ia a la 
criada o moza de servicio. 

Sea de ello lo que fuere es lo cierto que en la América 
republicana, donde sumos demasiado demócratas para ha- 
blar de plebeyos, somos bastante caballeros para no te- 
ner un vocablo que nos permita designar a las perso- 
nas de baja alcurnia sin acudir a las sutiles distinciones 
de indios, mestizos, zambos i mulatos. 

Chino es por la tanto el plebeyo: siendo de advertir que 
la terminación femenina en que es mas usado, suele to- 
marse en mala parte. Pruébalo esta epigramática copla 
contra los oficiales de la difunta Chile: 

üLa Chile se vá a la mar 
Dos botes la van tirando: 
Las chinas del Arrayan 
¡Cómo quedarán llorando!» 

En el siguiente ejemplo china está tomada por plebeya: 
«¡Casado con una chinay dijo con voz ahogada doña En- 
gracia, apretando convulsivamente a Diamela entre sus 
brazos.» 

(Blest Gana. — Martin Rívas.) 

Chinería o chinanientOy es reunión de jente baja i soez, 
chamuchina, tanto de este como del otro lado de la cordi- 
llera: 

«I luego atrás en lo externo 
Del arco que hace la indiada 
Viene la mancarronada 
Cargando la tordería 
I también la chinería 
Hasta de a tres e7ia?icáda.» 

(AscÁsüBi.— £a indiada,) 



^164 " CHIR 

Chinero es adjetivo con que se echa en cara a los hom^ 
bres de levita su afición a las mujeres ordinarias. 

Chinito, a, familiarmente se usan para denotar cariño: 

«Vente conmigo chinita, 

A donde vivo yo!» — concluye una tonada popular. 

CHIPIPE. 

Lo único que sabemos de esta voz es que en el Norte 
cuando alguna persona se cae a una acequia, o al mar i 
sale que le estila el agua, dicen de ella que sale mojada 
como un chipipe. 

Por acá i por los lados de arriba se dice en tales casos, 
tampoco sabemos por qué, mojado como una diuca. 



* CHIRIMOYA, 0, ERO, A. 

«La gran fruta del Perú, dice Juan de Arona, en cuyo 
elojio se han desatado casi 'todos los viajeros europeos, 
como Tschuddi, Marckam, Haencke etc. llamándola fruta 
incomparable el primero, i éste último una obra maestra 
de natura.» 

«Su nombre botánico según Tschuddi es anona trips" 
tala, i según Raimondi anonce cherimolia. Los equivalen- 
tes vulgares en otras lenguas son, en ingles custard apple, 
manzana de crema, i en francés corossol du Perou.y* 

«La flor del chirimoyo, aunque de ninguna belleza, en- 
cierra una suavísima fragancia mui gustada. 

«I dentro de su piel reticulada 
La chirimoya con bondad extrema 
Miel nos ofrece i crema 
En una verde red aprisionada.» 

(Poesías peruanas.) 

Lo dicho de la chirimoya peruana rija con la de Chile, 
donde suelen darse también mui capaces de sacar de qui- 
eio al mas positivista de los ingleses o al mas flemático de 
los alemanes. 



■^ 



CHIT 165 

Mas nos atrevemos a adelantar, aunque a muchos 
parezca un despropósito: preferibles nos parecen las chi- 
rimoyas de Quillota o la Ligua a las peruanas, que de 
puro almibaradas, en siendo de regular tamaño, a las cua- 
tro o seis ya dan en rostro, mientras que aquéllas ni a las 
doce, ni a las veinticuatro. Si el señor de Arona lo duda 
puede venir a probarlas, diez leguas tierra adentro de 
Valparaiso, 

«Allí en el fértil valle donde juntos 
El limonero i el naranjo crecen. 
Donde nacen silvestres las violetas 
1 el chirimoyo i lúcumo florecen.» 

(Z. Rodríguez. — Recuerdo de la infancia.) 



CHIRIPA. 

Mas que de Chile es éste un provincialismo propio de la 
República Arjentina, donde, según el señor Salvá^ denota 
un «pedazo de bayeta con que la jente pobre de Buenos 
Aires i Montevideo se cubre desde la cintura hasta mas 
abajo de las rodillas.») Mas exacto habria andado nuestro 
autor si en vez de Buenos Aires i de Montevideo hubiese 
dicho: en la campaña de la República Oriental i en las 
pampas arjentinas;... i eso in illo tempore. 

En Chile solo los araucanos, (i no todos) usan para cu- 
brirse de una pieza de vestido semejante, que llaman, sir- 
viéndose de una palabra de su propia lengua chamal. El 
chamal no es de bayeta de Castilla, sino de la misma tela, 
tejida en el pais, de que se hacen los ponchos. 

jchit! o ¡chito! 

Esta interjección que se pronuncia de una manera par- 
ticular, como si hubiese una s antes de la cA, cargando 
mucho la voz sobre las ies i dándoles un sonido que se 
acerca algo al de la u francesa, sirve en Chile para hacer 
callar a los que hablan o forman ruido, i particularmente 
a los arrieros i carreteros para intimar que se detengan 



166 CHIV 

a muías i bueyes. En el primer sentido equivale a las in- 
terjecciones castellanas ¡chit!, chite! y chito! o cliiton!y i ea 
el segundo al \jo\ que se lee en este pasaje de Quevedo: 

«Los que yendo a caballo con espuelas calzadas, ora se 
quieran adelantar, ora por otra causa dijeren ¡arre! los 
condenamos a que se quiten las espuelas i, caminando sin 
ellas, no incurran en esta pena; i lo mismo a los que, lle- 
vando la rienda en la mano, dijeren \jo\ machol pues le 
pueden detener con ella.» 

(Premáticas i Aranceles jenerales.) 

\iiChit!, calla; mírale por donde viene otra vez.» 

(Leandro de Mora.tiisí.— Traducción de Hamlet.\ 

«Mas ¡chiit! . ... En cuenta caigo que aun camino 

Por pais civilizado. A mi derecha 

Se sienta un literato lechuguino 

Que con sonrisa de desden me acecha. . .» 

(Z. Rodríguez. — En el tren.) 

Ejemplo de \chito\ imponiendo silencio a la española: 

a\Chito! chitol compadre 
Exclamó el Bojo: 
La suerte nos proteje. 
Que pasos oigo.» 

(Z. Rodríguez.— Z« Iglesia libre en el Estado libre.) 

En el Sur del Perú, i entendemos también que en Boli- 
via, se emplea \cJiiit\ en sentido opuesto al que le atribui- 
mos en Chile, pues los arrieros de por esos mundos la usan 
en vez de ¡arre! para animar a las caballerías. 

CHIVATEADO, A. 

Feo nombre de una bonita cosa, porque ¿quién estará 
tan para el otro mundo que no desee tener chivateaditos 
algunos miles de pesos? Es preciso que se sepa, en efecto, 
que hai en el dinero chivateado algo de mas propio i seguro i 
deleitoso que en el dinero efectivo, o contante en mona- 



CHQC 167 

da corriente; como quiera que para que aquel calificativo 
merezca, es preciso que esté contado i recontado i me- 
tido dentro de la bolsa de cuero de chivato ^ i atada ésta en 
su boca con un cordelito o una fuerte huincha, i el todo 
guardado debajo de algún ladrillo del dormitorio, o en el 
mas escondido rincón de alguna cajuela. 

Sinembargo, i a pesar de que gracias a los bancos los 
cueros de chivato van siendo innecesarios, el adjetivo que 
de ellos se derivó se conserva como equivalente a sonan^ 
t€f hablando de dinero. 



CHIVATEO. 

La grita atronadora que forman los araucanos al entrar 
en pelea. 

Figuradamente cualquier gritería desapacible i grosera. 

«¡Oh si pudiera la palabra mia 
Ser una brasa ardiente, 
I, alzando un chivateo de ironía. 
Marcaros en la frente! 

(G. Matta. — JuvenaL) 

CHOCLO. 

Del quichua clioclh, la mazorca del maiz verde. 

Sin decidirnos como el señor de Arona por los choclos co- 
cidos i contra los asados, ni haber tenido la dicha de to- 
marlos de aquella suerte acompañados de queso fresco 
como se usa en el Perú, unimos nuestro testimonio al del 
susodicho señor cuando declara que el choclo tierno i ver- 
de cocido «aunque bocado esencialmente rústico, figura 
con honor i por extraordinario en las mejores mesas don- 
de se le acoje con grandes aclamaciones.» 

«Desde la alforja con menestras viles, 
Desde el choclo i la yuca hasta el talego 
En que acarrea el hacendado miles, 



168 CHOC 

Todo sirve de blanco al ardor ciego, 
Al indistinto anhélito del robo 
Que cunde aquí como en maleza el fuego.» 
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 

Familiarmente llamamos choclo o choclíto a lo que es 
apretado. Uva de choclito es aquella que se da mui tupi- 
da en racimos chicos i mas o menos semejantes a la ma- 
zorca del maiz. También solemos llamar chocUtos los bra- 
zos de los niños, cuando por su gordura, morbidez i hoyue- 
los que se les forman en los codos convidan a besarlos i 
aún a morderlos. 

\Hasta el tiempo de choclosl o ¡pai^a el tiempo de cfioclosl ; 
para nunca jamas, para las calendas griegas, o a la chi- 
lena, para el dia de San Blando que no tiene cuando. 

Véase chicha. 



CHOCLÓN. 



Del araucano chocoll, puñado, o del verbo chocolln, co- 
jer a puñados. 

Es nombre que dan los niños a uno de sus juegos fa- 
voritos. Se juega abriendo en el suelo un hoyuelo del 
tamaño de un puño i tirando para meter en él 4, 8, o 16 
bolitas, nueces o cocos suministrados por mitad entre los 
dos jugadores. Si el que tira acierta a echar pares aden- 
tro del hoyuelo gana i recoje en consecuencia todas las 
nueces, bolitas etc. de adentro i de afuera; en el caso con- 
trario pierde. 

El provincialismo colombiano correspondiente a nues- 
tro choclón es chócolo según el señor Cuervo, quien re- 
cuerda al efecto que el nombre castizo de ese juego eá 
hoyuelo o boche. 

También damos a choclón un otro sentido, que acaso no 
sea mas que el anterior trasladado mediante una metá- 
fora. Vulgarmente suele darse el nombre de choclón 
a los clubs o conciliábulos políticos, para denotar que los 
que concurren a las reuniones, por carecer de pensamien- 
to i voluntad propia, obedecen como máquinas a la voz de 
orden del partido o del jefe. 



CHOC 160 



CHOtíO. 



ÍS^ombre que damos a una especie de perros, chicos dé 
Cuerpo, de lana crespa i abundante, mui nadadores i afi^ 
cionados al agua, de la cual afición les viene sin duda el 
nombre de perros de agiiüy con que en España se conocen. 

Figuradamente llamamos también choco, a la persona 
de cabello ensortijado, sobre todo si por ser roma i arre- 
mangada de narices i de facciones recojidas^ se asemeja 
algún tanto a los perros de agua» 

«Si bien los apóstoles de su doctrina eran Voltaire i 
Rousseau, autores que solia leer en consorcio de sus ínti- 
mos confidentes como Cavada i el choco Silva, en la prác- 
tica fomentaba el culto a mano descubierta. 

(Vicuña Mackíííína. — Portales.) 

Algo mas dificultosillo que indicar el sentido de nues- 
tro vocablo es atinar con su etimolojía. I no porque las 
probables falten, que antes por el contrario abundan, sino 
porque no liai medio de descubrir cuál puede ser la ver- 
dadera. 

En efecto, choco (chocon) es la palabra con que se cali- 
fica en araucano a la persona o animal que están mui mo- 
jados, traspasados de agua i frió. 

La misma voz, salvo un pequeño cambio de sonidos, 
{chocollo), denota en aimará a las personas o animales de 
baja estatura. 

Por último ¿no es propia para dar qué pensar la siguiente 
frase que encontramos en el capítulo LXVII de la Cróni^ 
ca del Perú por don Pedro de Cieza de León? 

«Por las casas de los indios se ven muchos perros dife- 
rentes de la costa de España, del tamaño de gozques, a 
quien llaman chonos. yy 

Entre las tres hipótesis elija el lector la que mas racio- 
nal le parezca. Lo que es nosotros a la primera nos ate-^ 
nemos, que lejos de contrariar a las demás acaso no hace 
mas que robustecerlas i confirmarlas* 

«A 



170 CHON 



CHOCOLATK. 



¿Quieren saber nuestros alionados colejiales cómo dicen 
en España los de su clase sacar chocolate^. Pues dicen, i 
búsquelo quien lo dude en el Diccionario de la Academia, 
hacer la mostaza. 



CHOLO, A. 

Sirve esta palabra en el Perú, donde es muellísimo mas 
usada que en Chile, para señalar denotando a la jente 
baja i soez, proveniente de la mezcla de la sangre espa- 
ñola e indíjena. 

Ocupa el cholo en la sociedad peruana mas o menos la 
misma posición que el roto en la chilena. Hai, no obstan- 
te, entre las cualidades de uno i otro notables diferencias. 
Aquél es por lo jeneral débil de complexión, flaco de pier- 
nas i abultado de panza; éste robusto, musculoso i enjuto 
de carnes: aquél expansivo i casi siempre palangana; éste 
taciturno i reservado: aquél mas artista; éste mas esfor- 
zado: i aquél en fin un andaluz injerto e:i indio peruano; 
éste un vizcaíno injerto en araucano. 

«No trabajo como un cholo, 
Soi un pobre hijo de Apolo; 
Pero desden no merece 
Mi humilde trabajo, solo 
Porque a la faz no aparece.» 

(Juan de Arona. — Todos trabajan.) 

CHONCHÓN. 

Ave fatídica nocturna creada por la imajinacion de 
nuestros campesinos. Figúransela a lo que entendemos 
como una especie de lechuza que vaga favorecida por el 
silencio i oscuridad de la noche, de rancho en rancho, 
anunciando enfermedades, muertes i otras semejantes 
desgracias. 



CHOR 171 

Sin duda ninguna que esta abusión fué heredada por 
los guasos de los indíjenas, quienes según el señor Gay 
«miran a la lechuza como a precursora de algún triste 
acontecimiento i cuando por la noche la oyen graznar sa- 
len al punto de sus chozas para arrojar ceniza al aire con 

lo que creen preservarse de todo accidente a veces 

se contentan con pronunciar en la cama algunas palabras 
de suplicación; i no faltan tribus que la miran solo como 
el anuncio de mal tiempo i sobre todo de nieblas para el 
dia siguiente.» 

Apresurémonos a declarar que tan inveteradas preocu- 
paciones en contra del chondion no solo carecen de cau- 
sa sino hasta de pretexto. Las lechuzas, por la caza ince- 
sante que dan a ratas i ratones, prestan a los agricultores 
preciosos servicios, en cambio de los cuales bien merecían 
de ellos que las tomasen bajo su protección. 

«A mí también me ha pasado 
Que dijo un amigo fino 
Allí viene Bernardino 
(¿Cómo de él me burlaré?) 
Al hablarlo le diré: 
¡Pasa chonchón tu camino!» 

(GüAjARDC— £"/ chonchón pasajero). 

Chonchón es también nombre de una especie de volan^ 
tines. 



CHOPE, AZO. 

Chopazo es equivalente vulgar de puñetazo. 

¡Dar chopel es exclamación de que los mirones se sir- 
ven para animar a los que pelean a puñadas. 

¿Habrá alguna relación de procedencia entre nuestro 
chope i el hongo que se llama chhocph en lengua quichua? 

CHOREAR, EO. 

No conocemos voz castiza que indique con exactitud las 
ideas qj^e chorear i choreo representan. Las que mas se le» 



172 CHUCH 

aproximan, renegar i reniego, quedan todavía de ellas lui 
buen trecho. 

Diremos, pues^ que chorea el individuo que, obligado a 
hacer algo de mala gana, aprovecha la ausencia del 
que lo obliga para desahogar su rabia i mal humor en im^ 
precaciones, maldiciones e injurias. El choreo es el nom- 
bre vulgar de la protesta que el débil, o el perezoso, o el 
desgraciado oponen platónicamente al opresor, al jefe, o 
al destino. 

El choreo es libre, es máxima que en Chile han debido 
respetar aun los gobiernos mas despóticos; i algo como un 
eco apagado del celebérrimo ¡pega pero escucha! del jene- 
ral ateniense. 

aDe cualquier cosa, caballero, cobra el victorioso; con 
lo que se suspenden las hostilidades para romperlas cuan- 
do cada cual lo estime por conveniente, sin que ninguno 
de los otros tenga derecho a estorbárselo, porque enton- 
ces vendría abajo la base de esta diversión que es el co- 
nocido principio: el choreo es librel 

(JoTABECHE, — El piicrto de Copiapó,) 

CHUCARO, A» 

Acerca de esta voz dice el señor de Arena lo que a 
continuación copiamos; 

«El potro, burro o raula antes de ser enfrenados, arren^ 
dados o meramente domados. Es voz de muchísimo uso i 
no le veo estricto equivalente en español, porque indómi- 
to, bravio, montaraz, cervil, salvaje etc. parecen decir 
mas de lo preciso. ¿No tendrá chucaro alguna relación con 
chacea o chácara como dicen algunos?» 

CHUCHOCA. 

Del araucano chuchoca, maiz tostado o cocido para secar 
i guardar. 

La chuchoca entra como ingrediente barato i sabroso 
en ciertos guisos, entre los cuales merecen especial men- 
ción las papas con chuchoca, de los mejores entre los 11a- 
ínados de viernes, i la cazuela de pavo con la misma, acerca 



i 




CHÜE 113 

de la cual nos asegura un amigo que acostumbra regalar- 
se con una todos los años en el dia de su natalicio que 
mal año para cuantos asados i trufados i rellenos se co- 
men en ambos hemisferios. 



CHUCHE. 

Kntre la plebe vale romo, 

¿Cuántos de los que lean estas líneas no recordarán ha-^ 
ber oido de niños a la nodriza o a la cocinera empezar 
alguno de sus cuentos. 

Este i estera 

Pan i queso 

Para los lesos 

Pan i luche 

Para el diablo cJaicheí) etc? 



CHUCHUMECA, 0. 

No creemos, apesar de la semejanza de sonidos, que esta 
voz tenga que ver con la raza mejicana de los chichimecas 
como lo escribe Pichardo en su Diccionario de provin- 
cialismos de la isla de Cuba. 

Según Salva las chuchumeeas de Lima son lo que las 
manólas de Madrid, mujeres lindas i livianas. 

Arona_, que da a chuchumeca ambas terminaciones, di- 
ce que en la primera equivale a zandunguero, currutaco, 
limitándose a observar que en la segunda se toma en mala 
parte. 

En Chile, donde solo se usa la terminación femenina, 
tiene un sentido mui semejante al que le atribuye^el se- 
ñor Salva en su Diccionario, 



CHUECA, 

Según la Academia «el hueso que juega con otro en 
algunas conjunturas del cuerpo; i también bolita peque- 
ña con que los labradores suelen jugar en los ejidos al 
juego que llaman de la c/iweea,)) 



174 CHUE 

Se ve, pues, que se engañan los que creen que el juego 
de la chueca es de oríjen araucano. Lo que sí debe de 
serlo es llamar chueca no a la bola con que se juega, sino 
al palo corvo por una de sus puntas con que se golpea 
aquélla. 

Otra cosa digna de notarse es que mientras en la Pe- 
nínsula se dice jugar una buena chueca^ por jugar una 
mala partida, en Chile decimos de la persona astuta i há- 
bil en trampas, intrigas i muchas otras artes, que es una 
buena o que no es mala chueca. 

Otro juego mui semejante al de la chueca es el del linao, 
que aun se mantiene en todo su vigor en Chiloé, como 
aparece del siguiente curioso articulillo que tomamos de 
El C hilóte de 12 de marzo de 1874: 

«Los bárbaros juegus de chueca i el linao, fueron traídos 
al archipiélago de Chiloé por los araucanos mucho tiempo 
antes de la conquista española, según la tradición que se 
conserva.)) 

«Vino la conquista i pasaron casi tres siglos de la do- 
minación, i los citados juegos quedaron tales como los 
hablan aprendido los primitivos habitantes. Nada se hizo 
para sostituirlos por otros menos bárbaros, ni menos para 
desterrarlos.)) 

«Sacudió la nación el yugo opresor i, libre e indepen- 
diente, empezó a gobernarse por sí misma. Entonces los 
elementos civilizadores principiaron a abrirse paso bajo 
la sombra de la libertad.)) 

«Sinembargo los expresados juegos quedaron siempre en 
uso, hasta que hace algunos años, se prohibió el de la 
chueca sl causa de las muchas desgracias que ocasionaba, 
siendo la última el hecho de haber muerto un jugador, en 
la liza, de un bolazo que le hizo pedazos el cráneo.» 

«Esto sucedió en Castró i allí también fué la prohibición 
decretada por la autoridad.)) 

«Pero quedó en boga i firme el no menos bárbaro juego 
del linaOj solo sí que debia usarse bolas que no fueran de 
madera.» 

«El juego éste, aunque se haga con bolas de goma i livia- 
nas, es no solo bárbaro para nuestros tiempos de cultura, 
sino hasta indecente i desmoralizador.» 

«Supóngase el lector a una pandilla de hombres, casi 
completamente desnudos, que se disputan la victoria de 



CtíüE 175 

sacar la bola a la línea de su bando, con otra pandilla 
igual que se denomina contraria. I todo esto en medio de 
algazara i bulla en que se vierten palabras tan desho- 
nestas como de mal olor, i en medio de un fuego granea- 
do de coces, manotadas, pezcozones, etc.; lo que siempre 
da por resultado tres o cuatro peleas en forma^ de las cua- 
les, como se hacen imitando con las manos la lanza i el 
hacha de los antiguos torneo>!, mas de un prójimo queda 
mordiendo el polvo i muchas veces mal herido.» 

«Todo esto se practica en presencia de numeroso pú- 
blico, compuesto de mujeres, ancianos i niños, ¿Es esto 
moral i decente? ¿Debe permitirse mas semejante juego 
en nuestro pueblo de VilipuUi i en los demás de la provin- 
cia?» 

CIÍÜECO^ A. 

Seguramente de jugarse a la chueca con un palo que 
termina a manera de garfio por una de sus puntas vino 
el llamar chueco a lo que en castellano es torcido i mui 
particularmente a la persona que tiene las piernas como 
estevas, a la española estevadas, patituertas, 

¿Ves esa repugnante criatura, 
Chato, pelón, sin dientes i estevado'^. 
Pues lo mejor que tiene es la figura. 

(MORATIN.) 

ccComo de costumbre los apostadores no se conformaron 
i la querella fué a la Audiencia, quien mandó que el chue- 
co i el zarco (este es castellano) volvieran a correr de nue- 
vo, con lo que puede decirse que ellos i no sus amos per- 
dieron el litijio.» 

(Vicuña lslkCKE:^^k.— Historia de Santiago.) 

«Tras de esto un protestante 

Quiso engancharse de guapo: 

Porque parecía zapo 

Fué desechado al instante, 

Cada pierna del tunante 

Era chueca como un gancho.» 

(Gü A JARDO. —Los Enganchados i) 



I 



176 CHüP 



CHUICO. 

lis palabra araucana que signiftca botijuela^ tinajíU^ 
en este sentido suelen usarla nuestros guasos. El ckilicó 
es un canco pequeño, chacarero. 

uTrae tu actividad i ponte 

A explicarme a Jenofonte 

I oh! chacarero confiesa 

Que es tan ardua aquella empresa 

Como descuajar un monte.» 

(J* DE Arona. — Todos trabajan.) 



Véase chaña. 



CHUNA, CHUÑAR. 



CHÜNOi 



Del quichua chuhus, papas molidas. É^ el nombré qüs 
damos a la fécula de la papay del líiitu i de otros tubér*- 
culos. 

Descuella entre todos el de Concepción. Por ser tan 
agradable como dijerible es el preferido de los enfermos. 
Se trabaja en Concepción de la raiz de una planta llama- 
pa liutu que crece en las haciendas inmediatas» 

CHUPALLA* 

Sombrero de paja ordinaria, un poco mas puntiagudo 
de copa i angosto de alas que el de pita^ llamado también 
de jipe i japa. 

Llámase probablemente chupalla del nombre indíjena 
de la planta de cujas hojas se elabora [achupalla.) 

«Lo sacaron, pues, botando agua por narices i boca, 
destilando por todos los poros de su cuerpo i de su ropa, 
pero ya bastante refrescado i con pérdida de la chupalla 
únicamente.» 

[Artesano de Talca^ núm* 5 de noviembre de 1871*) 



I 



CHUP 177 

El antor del Huérfano habla de una chupalla de anchí- 
simas alas; lo que prueba que no las conocía; pues la tal 
debió de ser algún soberbio guarapón. 

CHUPE. 

Guiso popular del Perú, equivalente, en lo popular (que 
en lo sabroso ni con mucho) a nuestra cazuela. Viene del 
quichua, en que significa caldo con popas i carne majada. 

Se hace, según el señor de Arona, que por poco compo- 
ne una oda en su celebración, «o simplemente de papas en 
caldo_, en cujo estado no pasa de chupe cimarron\ o con 
pescado, para que constituya el deviérnes\ o con carne, lla- 
mándose entonces asado de papas\ o finalmente con cama- 
rones, leche, queso,, huevos, pescado, ajíy tomate i algún 
otro ingrediente mas. Aderezado de la última manera, 
compone el mas complejo, el mas historiado, el mas aris- 
tocrático, el mas monumental de los chupes, i con tamaño 
copete, abigarrado de mil colores, preséntase en las gran- 
des i memorables comilonas.» 

Así será; pero a los chilenos que vayan al Perú i quie- 
ran llevarse de nuestra opinión, les aconsejaremos que 
teniendo en el bolsillo con que pedir lo que mas sea de su 
gusto, pidan chupe de camarones, mondo i lirondo, esto 
es, a lo sumo con un poco de ají i unas cuantas /Jíz/>fí5, i 
tendrán de qué acordarse para toda la vida. 

CHUPETE, 

El volantín que por tener mui delgado sus maderos, al 
recibir el viento, se encoje formando buches como si lo 
chuparan por de tras. 

CHUPÓN. 

Del quichua chhupre, tunioVy postema. El equivalente 
castizo es dtcieso. 



■ 



D 



DE. 



No entra en nuestro plan explicar ni enumerar siquiera 
los oficios que cada una de las palabras que vamos apun- 
tando puede desempeñar castizamente en el discurso; que 
si entrara, a buen seguro que no serian pocas las pajinas 
que la preposición de nos tomarla. 

Quien desee formarse una idea de la variedad de rela- 
ciones que con ella han indicado los clásicos españoles, 
puede satisfacer su curiosidad leyéndose el capítulo que el 
señor don Gregorio Garces le consagra en su ya citada 
obra del Fundamento del vigor i elegancia de la lengua 
castellana; ni perderla tampoco su tiempo consultando en 
el Diccionario de Galicismos de Baralt el artículo corres- 
pondiente, cuya lectura le daria a conocer, tanto los mas 
groseros galicismos que en el uso de la indicada preposi^ 
cion se cometen, como la manera de evitarlos. 

Nosotros,, que no escribimos ni una Lexicografía caste- 
llana, ni un Diccionario de galicismos, cumpliremos nues- 
tro intento exponiendo en este lugar acerca de la de: 

I.** Que aunque no mui frecuentemente, se halla usada 
la de en los escritores del siglo de oro a la manera que 
acostumbran nuestros compatriotas poco ilustrados, por tam 
luego como. Pidiendo mil excusas por la comparación, ¿qué 
diferencia hai en este pasaje de la anjelical Santa Teresa 
«De c¡ue vi que era imposible ir a donde me matasen por 
Dios, ordenamos (un hermano i yo) ser ermitaños;» i este 
otro del poco anjelical paisano Bernardino Guaj^rdo? 



180 DE 

«Se le acercó por idea 
Kl malvado basilisco 
1 de que le dio un pellizco 
¡Ai! ai! ai! dijo la fea!» 

2.'' Que es uso disparatado el que se hace de la susodi- 
cha preposición cada vez que se la antepone a ex profeso^ 
porque significando ex, de, no hai para qué expresar dos 
veces seguidas la misma relación, una en latín i otra en 
castellano. 

c(No parece sino que Felipe III, Felipe IV i Carlos II 
subieron ex profeso ai trono de las Españas para arruinar- 
las i destruir la obra de sus antepasados.» 

(Anjel de Saavedra. — Masaniello.) 

3," Que es muí chilena i campesina la locución de efecti- 
t^o, para dar a entender que algo sucede sin interrupción, 
constante i permanentemente. 

c(Ei agua corre por esta acequia de efectivo^) ; es decir, 
corre siempre.» 

«Me atormenta de efectivo 
Un incendio abrasador 
I no quiero que el doctor 
Con medicinas me acuda, 
Porque yo sin haber duda 
Estoi enfermo de amor.» 

[GuAJKRDO.— Enfermedad de amor,) 

4." Que erradamente creen algunos, a lo que es posible 
adivinar por el uso de la bastardilla, que de nó, equivalien- 
do a la frase para el caso en que así no suceda^ es modo 
de hablar incorrecto o poco castizo. 

«Lo que yo quiero es que te cases, o de nó te mato, con- 
testó Amador con tono de resolución.» 

(Blest (jk^p^.-^ Martin Rivas.) 

* «1 así me darán el premio 

Si es de lei; de 7ió paciencia!» 
(GuAjARDo. — Repartición de premios de los años a los meses.) 

Fácil es suplir lo que por elipsis falta en ambas frases, 



.'ve 



i 



DEJ 181 

pmiieMdo en la primera de no hacerlo te mato; i en la se- 
gunda de no suceder así, paciencia! 

No tenemos a la mano ningún ejemplo de los clásicos 
que autorice la construcción en que nos estamos ocupan- 
do; pero, encontrando en ella el mismo enérjico laconismo 
que en las equivalentes donde nó i si nó tan del gusto de 
Cervantes, no nos atrevemos a condenarlas: 

«La importancia (dijo D. Quijote) está que sin verla 
(a Dulcinea) lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar i 
defender, donde 7ió conmigo sois en batalla, jente desco- 
munal i soberbia.» 

(Cervantes.— Quijote.) 

«Miente delante de mí, ruin, villano, dijo D. Quijote. 
Por el sol que nos alumbra que estoi por pasaros de parte 
a parte con esta lanza: pagadle luego sin mas réplica; si 
nó por el Dios que nos rije que os concluya i aniquile en 
este punto.» 

[lX),-Id.) 
DEJACIÓN, (hacer). 

Como quiera que dejación no es mas que la acción de 
dejar i que una de las acepciones de este verbo es omitir y 
abandonar, etc., liabria temeridad en tildar de bárbara la 
frase que viene infaliblemente a los labios de nuestros pai- 
sanos cada vez que se les recuerda alguna promesa para 
exijirles su cumplimiento: He hecho dejación. 

En efecto, si puede decirse en castellano, ajustándose a 
]o que manda el Diccionario de la Academia, hacer estima- 
ción de alguno para dar a entender que se le estima, ¿por 
qué no podria decirse que se ha hecho dejación de un ne- 
gocio para indicar que se le ha abandonado u olvidado? 

La frase causa estrañeza sinembargo; pero a nuestro 
entender, mas a causa de ir callado el complemento, que 
porque ella adolezca de algún vicio esencial. 

DEJANTE QUE. 

En ])oca del vulgo se oj^e sonar con frecuencia esta 
estrafalaria locución a Ja cual se atribuye el sentido de 
ademas de que, cuu que no, con ser que. 



182 DEM 

«Sabe, na Juana, que si continúa Ud. atrasándose con 
la ropa busco otra lavandera el dia menos pensado? — De- 
jante que el carbón se ha puesto tan caro^ i que dan dos 
palitos de leña por medio, i que está el tiempo tan contin- 
jente que casi no se merece el sol!» 

— c(¿I no te pedia que le buscaras niditos de diucas o 
chineóles? 

— ¡Dejante que se enojaba conmigo porque dejaba que 
mis niños sacasen los huevos a los pajaritos del nido! De- 
cía que Id daba mucha pena.» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

DEJAR. 

Nos atrevemos a calificar de chilenismo el uso que se 
hace de este verbo como intransitivo solo en la tercera 
persona del plural: dejany dejaban^ dejaron, dejarian a 
misa, o simplemente dejati, dejaban, dejaron, dejarian. 

Con todo, como una de las acepciones castizas de dejar 
es abstenerse de seguir en lo que se estaba haciendo, co- 
mo cuando decimos en son de reproche al que nos muele: 
«¡deje Ud!»; bien puede creerse que cuando decimos c?e/«^ 
a misa, damos a entender, las campanas dejan ya de tocar 
a misa, 

«Pero ¡caramba! ya están dejando las campanas, vamos 
a misa que una vez no mas se avisa.» 

(Huérfano») 



DEMONTRE. 

Por demonio. 

«¿Cómo no he de andar confuso, cuando las cosas del 
mundo me tienen la cabeza dada al demontre^ 

(Camilo Henríquez. -^El ciudadano Horacio al honorable 
ciudadano Terraza.) 

Parece que es provincialismo vascongado: 

«Uno es un pobre bolonio que no sabe tratar con los 
caballeros; pero qué demonche, usted disimulará» etc. 

(Trueba. — Camino de la aldea.) 



DES 183 



DENUNCIO. 



Esta voz tan corriente en Chile es anticuada en EspaHa^ 
donde solo se usan denunciación i denuncia. 



DERRUMBE. 

La tierra que se cae i desmorona al influjo de una co- 
rriente de agua que la mina por abajo, o por otra causa 
semejante, se llama en español derrubio. La acción de 
derrumbarse i sus efectos se llaman derrumbamiento ^ que es 
lo mismo que en Chile llamamos derrumbe tan a boca lle- 
na, que si nos damos el trabajo de advertirlo, mas es por 
satisfacer la curiosidad de los curiosos, que porque abri- 
guemos la mas leve esperanza de que se enmienden los que 
pecan por este capítulo, que ciertamente no son pocos. 

Entre mineros españoles derrumbe es lo mismo que 
derrumbamiento, i en esa acepción lo trae también el Dic- 
cionario de Salva. 



DES ARRAJAR. 

Cuando se nos pierde la llave de la cerradura de algu- 
na puerta, cofre o escritorio i hemos desesperado de en- 
contrarla, llamamos al cerrajero para que nos desarraje la 
chapa\ sin advertir que, puesto que de lo que se trata es 
de romper la cerraja o cerradura, lo propio i correcto se- 
ria ordenarle que la descerrajase. 



DESBARRANCAR, SE. 

Tní desbarrancar, ni desbarrancarse son castellanos. 

Es lo sí desabarrancar, que tiene una significación diame- 
tralmente contraria a la que atribuimos nosotros a sus dos 
mencionados bastardos. En efecto, mientras en España 
quien desabarranca al prójimo ejecuta una obra de mise- 
ricordia sacándolo del barranco, del pantano o del beren- 



ti. 



184 DES 

jeiial en quo se encuentra; en Chile quien lo desharninca 
rara vez tiene otras intenciones que echarlo de cabeza al 
fondo del barranco, o de patas afuera de la casa en que 
vive la dama de sus pensamientos. 

Dígase en el primer sentido despeñar o despeñarse, i en 
el segundo deshancar. 



DESBORONAR. 

Dicen algunos dengosos de miedo a desmoronar; i los 
pobrecitos huyendo de las llamas caen en las brasas, por- 
que sin saberlo, vuelven la espalda a una voz de uso jene- 
ral i moderno para servirse de otra que lleva en los dic- 
cionarios la nota de anticuada. 

DESCARMENAR. 



Dígase escarmenar 



DESCOCADO, 

Dijimos ya (voz Caroso) que llamamos descarosado i mas 
a menudo descocado al melocotón que se pone a secar al 
sol después de privado de su hueso. También indicábamos 
en el aludido articulillo que, a lo que habíamos podido 
averiguar^ el vocablo castellano que mas se aproximaba en 
su significación a descocado era orejón. 

Ahora cúmplenos agregar que, puesto que el orejón, que 
es el melocotón puesto a secar después de dividido ert 
cintas, es algo mui diverso del descocado, que es el melo- 
cotón puesto a secar o seco sin su hueso, no hai motivo 
para abandonar nuestra palabra, siquiera nos parezca pre- 
ferible sostituirla por deshuesado, qua no viene en los dic- 
cionarios pero que es de mui correcta formación, 

DESCOZOR, DESCOCER. 

Dígase escozor, escocer. 



DES 185 

DESDE AB ETERNO, DESDE AB INITIO. 

fcSon notoriamente pleonásticas, observa con mucha ra- 
zón el señor Cuervo, las expresiones desde abeternOy desdé 
abinitio, por cuanto el ab significa desde [desde la eterni- 
dad, desde el principio). 

«Esta nueva mujer escojió Dios abeterno i la adornó con 
todas las virtudes i gracias para que fuese digna madre de 
su unijénito hijo.» 

(Frai Luis de Q^'Bik^kVik. -^Meditaciones.) 

«Solo Dios comprendió abeterno sin error la fábrica de 
este mundo.» 

(Saavedra Fajardo. — Empresas políticas.) 

DESECAR, disecar. 

Verbos son estos de mui diversa significación, pero que 
con frecuencia se usan revesadamente a causa de la seme^ 
janza de su estructura. 

Viene el primero del latino exsiccare i significa extraer 
el agua o humedad de alguna cosa, especialmente de los 
terrenos pantanosos, a fin de habilitarlos para el cultivo. 

El segundo trae su oríjen de desecare, i significa dividir 
íartificiosamente en partes algún animal o su cadáver para 
íexaminar su organización o con algún otro propósito. 

No echen el parrafiUo éste en saco roto los paisanos que 
[con tanto aprovechamiento en la agricultura nacional se 
¡ocupan en desecar las vegas, ni los que, ejercitándose en 
el arte difícil de nuestro inolvidable doctor Sazie, disecan^ 
[armados de escalpelo i de paciencia, los cadáveres en la 
[Escuela de Medicina* 

La acción i efecto de desecar se llama desecación o dése* 
^amiento; la de disecar, disección. 

DESEMBARAZAR, DESEMBARAZO. 

Tiene, no hai duda, la moda raros caprichos en materia 
(de lenguaje; i no es ciertamente de los menos raros la 



186 DES 

ojeriza que inspira a ciertas palabras tan útiles como cas- 
tizas. Allí están en prueba cuantas, hablando de su emba- 
razo sin mas que uno que otro melindre, no hablarían de 
sa preñez si las asaeteasen. Ahí las otras tantas que, de- 
sembarazando o saliendo con bien no mui de tarde en tar- 
de, no consentirían en parir una sola vez ni por toda la 
plata de Caracoles. 

De sobra se nos alcanza que en materia tan grave como 
la que representa la palabra de que tratamos, tiene toda su 
fuerza el dicho francés: le nom ne fait rien á la chose; pe- 
ro, teniendo en vista el castellano que dice^ el saber no 
ocupa lugar y i viniendo a pelo, hemos creído del caso ad- 
vertir que en castellano, desembarazar en su sentido rec- 
to es un verbo activo que significa quitar el impedimento 
que se opone a alguna cosa, evacuar, desocupar, i que en 
el metafórico se usa reflejamente por apartar o separar 
uno de sí lo que le estorba o incomoda para conseguir 
algún fin. No puede, por lo tanto^, emplearse a la chilena 
como intransitivo, en vez áe parir, diciendo: La Fidanita 
desembarazó anoche: ni tampoco que tuvo feliz desembara- 
zo^ pues esta voz no es sinónima de alumbramiento o 
partOy puesto que significa despejo, desenfado. 

DESGARRAR, ARRO. 

Es éste otro síntoma con cuyo nombre raras veces ati- 
nan médicos i enfermos. Ni desgarrar ni desgarro son 
castizos en la acepción en que los estamos considerando; 
pero por mas que diga la Academia, en esta vez le volve- 
remos resueltamente las espaldas para irnos aguas abajo 
tras la bandera de la moda, bien decididos a no arrepen- 
timos mientras no nos ofrezca vocablos mas bien educados 
i mas limpios que los dos insoportables que nos presenta. 

Carrefio dice esgarrar, en su Manual de urbanidad. 

Desgarro se ha llamado antes flema por el cuerpo mé- 
dico i por todo el mundo. 

DESGRACIARSE. 

Algunos escritores nacionales, i el autor anónimo del 
Huérfano entre ellos, subrayan este verbo cada vez que lo 



DES . 187 

usan como reflexivo en el sentido de malograrse alguna 
persona o cosa. 

La acepción indicada es, no obstante, castiza, si bien de 
aquéllas que evitan en la conversación i escritura las per- 
sonas letradas; porque, a fuerza de andar en los labios 
del vulgo, ha adquirido cierta mala fama tan inmerecida 
como innegable. 

DESGREÑO. 

De desgreñar, siguiendo nuestra tendencia ya notada 
á abreviar frases i palabras, hemos formado desgreño, con 
la cual indicamos el efecto, i acción de desgreñar, olvi- 
dándonos de desgreñamiento i desgreñadura, que son los 
únicos que para expresar semejantes ideas cuentan con el 
visto bueno de la Academia. 

«Estos sientan las partidas con notable desgreño.» 

(Donoso. — Maraial del párroco.) 

DESMEMBRAR. 

Una buena lección nos da sobre este verbo el señor 
Cuervo cuando nos advierte que desmembrar significa 
arrancar, cercenar los miembros, i desmembrarse dividirse 
un cuerpo en sus miembros; en esta virtud, aunque per- 
sonas muí letradas se expresen de otro modo, deberemos 
decir «los verdaderos repúblicos temen que se desmiembre 
la nación» . 

«Mira la parva el desdichado. 
Que tanto por instante se desmiembra 
Que le viene a faltar para la siembra.» 

(Villa VICIOS A. — Mosquea.) 

DESPACIO. 

Hablar despacio no es hablar quedo, en voz baja, en 
este sentido es de jeneral i frecuentísimo uso entre nos- 
otros, sino hablar lentamente. 



188 DES 

kI él hablaiulo despacio, ella de prisa, 
Ki él la dice quién es, ni" ella se nombra.» 

(Campoamor.— £*/ Drama universal.) 

DESPARPAJO. 

En español desparpajo significa mucha facilidad para 
hablar. 

A la chilena se usa como equivalente a desorden, desba- 
rajiiste. Así decimos: «El desparpajo administrativo es una 
consecuencia de la ineptitud del ministerio.» «De un Con- 
greso elejido por el Ejecutivo i preocupado solo de mos- 
trarle su agradecimiento^ ¿qué otra cosa podia esperarse 
que el desparpajo de los caudales públicos que estamos 
presenciando?» 

DESPILFARRADO, A. 

Despilfarrado debiera ser e/ (7 we malgasta o despilfarra- 
Entre nosotros hace los oficios de ralo, desmedrado. 

«El parral da grandes racimos de excelente uva: ¡lás- 
tima sí que los dé casi siempre despilfarrados!)) 

DESPOLVOREAR^ POLVOREAR, 

Maliciosa pareja es ésta, cuyas zancadillas han hecho 
estrellarse en los cantos del sendero las narices a mas 
de un arrogante trepador del Parnaso. 

Para evitar tales percances, conviene saber que des- 
polvorear significa cabalmente lo contrario de espolvorear-, 
porque mientras el que despolvorea quita o sacude el pol- 
vo, el que espolvorea lo echa i derrama. 

DESPOTRICAR. 

Damos a este verbo, cuyo propio sentido es hablar cuaii" 
tose ocurre, uno mui semejante n despachurrar , despedazar 
a alguna persona aplastándola. 

También una que otra vez hemos oído despotricamien- 
(Q, por la acción i efecto de despotricar. 



I 



Dígase espulgar. 



DES 1S9 

DESPÜLGAR. 
DESTAJO. 



La sio^nificacion castiza de este vocablo es la misma 
que atribuimos en Chile a tarea^ esto es^ «la obra u ocu- 
pación que se ajusta por un tanto». 

Entiéndase, en consecuencia, que se comete un chile- 
nismo cuando se emplea aquél para indicar la porción 
de frutas, legumbres u otros artículos de uso doméstico 
que se compran sin pesar, contar ni medir, a la vista i 
ad Corpus. Así el frutillero, mostrando el fondo de su ca- 
nasto a la casera que le pregunta «¿a cuánto el ciento?o , le 
contesta: «no me quedan ya mas que unas pocas: ofréz^ 
carne por el destajito,)) 

DESTEMPLAR. 

Oigan las cantoras. 

Cuando estén Uds. cansadas de las exijencias de los 
lachos, ora sean guasos chapeados o futrecillos de porra, i 
quieran pasarlos por el aro valiéndose de la cábula da 
que a cada nada la moledera de la guitarra se* desafina, 
no digan que se destiernpla\ porque si por casualidad el 
futrecillo conservase en la memoria las lecciones de su 
profesor de gramática, podria hacer a Uds. la pava lo mas 
bien, diciéndoles mui orondo que templar tiene por afin a 
temple, i que se conjuga templo, templas, templUy etc: 
todo lo cual es aplicable a destemplar. 

Tampoco hai ejemplo de que dientes o muelas se des- 
tiemplen, por mas que el destemple de tales herramientas 
sea achaque frecuentísimo de los que sufren dentera. 

«Que ni del agua sorda el ronco estruendo 
El sueño profundísimo les templa. 
Ni el tropel de las armas estupendo 
Que el alma a Judas con rigor destempla 
Velar los hace » 

(HojEDA. — Cristiadd.) 



190 DES 

«La augusta soledad que la amargura 
Talvez del alma combatida templa.^) 

(EsPRONCEDA. — Diablo tmindo») 



DESTILAR, ADERA. 

«Lo que en Lima se llama eternamente agua destiladayiy 
dice Juan de Arona, «es simplemente agua pascada por un 
filtro de piedra.^^ 

«La destiladera es una piedra horadada de la forma i 
tamaño de un pan de azúcar. Descansa sobre unas anga- 
rillas o aguaderas firmes, i filtra gota a gota o destila el 
agua sobre una gran vasija de barro llamada tinaja o la 
tinajera (tinajero), i ambas piezas van encerradas en una 
gran jaula de madera con fierro, llamada por su conte- 
nido la destiladera o la tinajera.y) 

«Es una de las piezas mas importantes de nuestra vida 
doméstica.» 

Nuestras destiladeras son en España destiladores. 

La destiladera es un instrumento para destilar algún 
licor; el destilador uno para pasar por él agua. 

Bien mirado, ese mortero no deberla llamarse tampoco 
destilador; pero ya sabemos que no es la Academia la que 
inventa las voces, o las aplica a los objetos; es el pue- 
blo. 



DESTRONCARSE, ADO. 

Destroncado dicen nuestros campesinos del caballo que 
por vejez u otra causa llega a perder la ajilidad de las 
choquezuelas de sus patas delanteras; i es casi por demás 
advertir que se destronca el que sufre semejante achaque. 

DESVEIDO, A. 

Que dicen muchos por desleido i también por bajó de 
oolor^ desteñido, es intolerable corruptela. 



BIC 191 

ttDespues de esa introducción tan desveida i prosaica, 
viene en la obra que analizo, la descripción del crepús- 
culo.» 

(M. L. Amunátegui. — Juicio crítico de üeredia.) 

DEVANARSE. 

Es de frecuentísimo uso, aunque solo en la frase deva- 
narse los sesos, que equivale a cavilar. Probablemente es- 
te devanarse no es mas que el verbo activo español deva- 
near, decir o hacer devaneos, disparatar, delirar; a no 
ser que se crea acertado hacerlo proceder de devanar, su- 
poniendo que a virtud de una violenta metáfora, la fuerza 
de la atención con que se discurre i cavila contrae i en- 
vuelve los sesos como en un ovillo. 

DIABÉTIS. 

Es como jeneralmente se dice; debe decirse i escribir- 
se diabetes. 

día por medio. 

No es^ usada esta locución en España, donde se dice 
un dia sí i otro nó, i de otras varias maneras. 

«Llámase doble cuando repite dos dias con uno de hue- 



co.n 



(Academia. — Diccionario, voz cuartana.) 

que se dice de 
ervalo de un d 
(Id.— voz dia. 



9<Cada tercer dia, modo adverbial que se dice de las 
cosas que se repiten con el claro o intervalo de un dia.» 



DICTAMINAR. 



El señor Salva pone a esta voz la nota: aProvincialismo 
de la América Meridional, dar dictamen», aseveración con- 
firmada por el silencio que acerca de ella guarda el Dic- 
cionario de la Academia. 



102 DIN 

De desear seria que se procediese cuanto antes a otor- 
garle carta de ciudadanía; pues es lo cierto que si se eli- 
minase no quedaria, para expresar la idea, mas arbitrio 
que recurrir al circunloquio dar díctame?!, i sabido es que 
nunca debe desterrarse un vocablo correctamente formado, 
aunque sea nuevo, para servirse de circunloquios o de 
frases. 

DIEZIOCHO, ENDIEZÍOCHADO, A* 

Cuando se dice en Chile el dieziocho, ya se sabe sin mas 
explicación que se habla del dieziocho de Septiembre y que 
es el dieziocho por excelencia i antonomasia. 

Debemos también a las fiestas cívicas que por el 18 de 
Septiembre se celebran todos los años en conmemoración 
del dia en que se reunió la primera Junta Nacional, otra 
palabra mui expresiva, el adjetivo endieziochado , con el 
cual damos a entender que alguien anda tan alegre i en- 
tusiasta como en las susodichas fiestas se acostumbra. 

DILATARSE. 

Castizamente podria decirse, dando a dilatar la signifi- 
cación de demorar: «Son muchos los hombres que, conser- 
vando la fe i resueltos a convertirse, dilatan no obstante 
la hora de la conversión hasta la de su muerte.» 

Pero dudamos mucho que en esa acepción pueda usarse 
reflejamente, como cuando preguntamos al criado que se 
demora mas de los justo en volver de la calle: ¿por qué te 
has dilatado tanto? 

DINTEL, UMBRAL. 

A los escribidores, copleros i traductores zarramplines 
dedicamos las observaciones mui oportunas que sobre la 
voz materia de este párrafo hace el señor Cuervo, i que 
son como siguen: 

«De algún tiempo a estaparte es increible el número de 
hombres que se han convertido en moscas u otros gusa- 
rapillos semejantes, porque siempre oimos que hai quien 
pise los dinteles de las puertas o se siente eu ellos; noso- 



i 



DIS 193 

tros mismos estuvimos al canto de realizar esa metamor- 
fosis ovidiana, cuando, pretendiendo traducir una poesía 
de Byron pusimos: 

Llegó a su dintel el Medo 
Su trono el Persa ocupó: 

casi lágrimas nos ha costado este pecado; solo'nos conso- 
lamos con ver reos de lo mismo a varios académicos que a 
sí mismos se condenan con no dar cabida en el Dicciona- 
rio a semejante acepción. Es excusado llamar dintel^ que 
significa cela parte superior de las puertas i ventanas que 
carga sobre las jambas» al umbral que es «la parte infe- 
rior o escalón por lo común de piedra i contrapuesto al 
dintel en la puerta o entrada de cualquier casa;» i es se- 
mejante abuso tanto mas reprensible que umbral se aco- 
moda perfectamente al lenguaje propio como al figurado: 
el umbral de la casa, los umbrales de la vida, ds Id cien- 
cia. 

((Entonces tu nombre 
Impreso al primor 
Por esos dinteles 
I esquinas de Dios 
Será en letras gordas 
Sobre un cartulon.» 

(JovELLÁNOS.-^t/íícam a Huerta.) 

«Solo agradezco el vivir 
Por morir a sus umbrales.y) 

(Cai^deron. — Saber del mal i del bien.) 



DISPARAR. 

Provincialismo de la América Meridional según Salva: 
tomar soleta, apretar los talones. 

En su forma refleja significa partir con violencia, o 
echar a correr sin rumbo determinado. Andan por lo tanto 
mui bien avenidos con la Academia nuestros guasos cuan- 
do dicen: ((Al sentir el cañonazo de las nueve los caballos 



194 DIT 

del coche se dispararon. Para que no se disparenlsiS muías 
al cargarlas es preciso no olvidarse de taparles antes la 
cabeza.» 

«Al sentir que llegaba el serenólos ladrones dispararon 
saltando Ja tapia,» sí que es un chilenismo á^. tomo i 
lomo. 



DISPAREJO, DESPAREJO. 

Bajo ninguna de sus dos formas aparece en los diccio- 
narios de la lengua esta palabra que es de uso frecuentísi- 
mo en Chile entre toda clase de personas. Se aplica espe- 
cialmente al terreno que no presenta una superficie plana, 
en cujo sentido se dice también malamente accidentado, 
cuando lo propio sgria quebrado. Metafóricamente i ha- 
blando del estilo o del carácter^ lo correcto seria desiyual. 

«]Bien haya lo disparejo 
Del camino que he andado! 
Me ha dado tanto trabajo 
Por no haberlo emparejado. y> 

(GuA JARDO. — FA Judio errante.) 
distraído. 

No es el que fija poco la atención en las cosas que hace 
o dice, el desatento; sino «el entregado a la vida licencio- 
sa i desordenada.» 

[Diccionario déla Academia.) 



DITA. 



Usamos de esta voz, que denota en castellano la perso- 
na o cosa que se señala como fianza de un pago, en el 
sentido de deuda. 

También corre entre el vulgo enditarse por cargarse de 
deudas, contraer tantas i tales que parezca imponible pa- 
garlas. 



DOM 195 



DIUCA. 



«Especie de jilguero do la América Meridional», dice 
Salva, «cuyas plumas son de color turquí hermosísimo i 
canta suave i delicadamente al rededor de las casas al 
amanecer.» 

La diuca [fringilla diuca) es sin duda uno de los paj ari- 
llos mas notables de Chile. 

Su canto, sin ser tan variado como el de la tencay ni 
tan melodioso como el del zorzal, ni tan repiqueteado co- 
mo el del jilguero, es no obstante dulcísimo i tiene la 
particularidad de anunciar con admirable precisión la 
hora del alba, pues empieza al despuntar la primera luz 
de la aurora i concluye al desaparecer las últimas som- 
bras de la noche. 

De esas circunstancias han provenido las frases al canto 
de las diucas, o al primer diucazo, para señalar la hora en 
que amanece. 

También se dice de la persona o animal empapado, como 
nna diuca, ignoramos por qué. 

«Veinticuatro veces tan solo han vuelto a cantar las 
diucas sobre los techos de las casas celebrando sus amores 
o su nueva familia, i ya mi cabeza blanquea como blan- 
quea el floripondio en la estación de los calores; mis 
miembros han perdido suajilidad, todas mis fuerzas se han. 
concluido.)) 

(Z. Rodríguez. —Zoco Eustaquio.) 

DIVERTIDO, A. 

En lenguaje de chinganas i bodegones, el ebrio, achis- 
pado. 

DOMINGUEJO, A. 

Es la palabra favorita con que las señoras antiguas re- 
prendían a las personas de su servidumbre, sobre todo a 
los chinitos i chinitas que, después de recojidas del zaguán 
criadas, se permitían alguna frescura con sus amos. 



Í^Q DON 

Tal vez este dominguejo no es otro que el dominguillo 
cuyas señas da así la Academia: «Cierta figura de hom- 
bre formada ordinariamente de un cuero de los que sir- 
ven para el vino, lleno de aire i con un pan de plomo en 
el fondo, que le sirve de pié para quedar siempre derecho. 
Se hacen también (i son mas comunes) de corcho u otra 
materia mui lijera de reducido tamaño, para diversión de 
muchachos.» 

Los equivalentes de nuestro dominguejo serian pegote i 
pelagatos. 

í)ONDÉ. 



Üase^ no solamente en Chile, sino en toda la Améfica 
española i aun en España a este adverbio un significado 
que no admite la Academia española, i que no le ha dado 
ningún escritor de nota. Es éste el que tiene la preposi- 
ción francesa chez, i así decimos los chilenos: «Ayer estuve 
donde Fulano; voi donde Perejano.» En castellano se dice 
en lugar de este donde, en casa, a casa, según lo pida el 
verbo, i también a donde está Fulano. 

El señor Bello señaló este vicioso uso de donde en unos 
artículos lexigráficos que publicó en El Araucano y en di- 
ciembre de 1833. 

Los señores Araunáteguis, en el juicio crítico del poeta 
ecuatoriano don Juan León Mera, le censuran el uso de 
donde en la acepción indicada. 

Don Rafael M. Baralt (Dic. de Galic.) dice que la jente 
vulgar de Castilla incurre en este barbarismo, 

«Ah! vuela donde ella.» 

(E. DE LA Barra. — El ánjel de mi guarda. — Correo 
del domi?igo, núm. 14.) 

«I donde una vieja fondista llegaron.» 

(Isidoro Errázuríz. — En la Voz de Chile.) 

((Mas ¿por qué recurrir donde el malvado?» 
{Gonzalo Pizarro por Felipe Per ez—[tieogr anadino.) 



DOR 197 

((Cuando llegué donde doña Mercedes se ocupaba en ri- 
zar con una bombilla de plata los negros i abundantes ca- 
bellos de una niña.» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio,) 

«I cuando no le quieren pagar se va donde el padre que 
se pone furioso.» 

(A. Blest Gana. — Martin Mvás.) 
Véase como se evita el tal donde: 

«Diéronle una carta que le enviaba el arzobispo^ su tío, 
en que le facía saber que estaba muí doliente et que le 
enviaba a rogar que si le quería ver vivo que fuese luega 
para éL 

[Conde Lucanor.) 

((Vente conmigo delante Calisto^ oirás maravillas.» 
Fernando de R6jxs,— [T7'ajicomedia de C alisto i Melibea,) 

«¿Por qué no te vas al padre que te cric)?» 

(Granada.) 

('Venían a e7 todas las jantes.» 

(P. Scio. — Traducción de San Marcos.) 

((Se fué a él abierto los brazos.» 

(Cervantes.) 



DORMILONA. 

Especie particular de pendientes que en la escala del 
lujo ocupan un término medio entre los casi indíjenas aros 
de oro, con una que otra perlilla, i las ricas i deslumbra- 
doras caravanas Je brillantes. 

Tal vez el bautizarse así a los tales pendientes provino 
de que por su forma i valor podía dormirse con ellos sin 
peligro de la cara i del bolsillo. 



198 l^iiO 



DRAGONEAR. 

Del oficial mayor del ministerio que después de haber 
sido electo por el gobierno, de representante del pueblo 
va a la Cámara i sale como sus fuerzas se lo permiten en 
defensa de la política gubernativa cada vez que ve a sus 
jefes en apuros, dice el público que dragonea para minis- 
tro. 

I con decir lo dicho i añadir que dragonear no es caste- 
llano, creemos excusado pasar adelante. 



DROGA, DROGUISTA. 

Del individuo que ha caido en el infierno de deber a 
cada santo una vela, se dice que es una droga viviente, o 
que las drogas se lo comen y o que es un droguista insigne, o 
por último que está endrogado hasta las narices. 

Al oir tales cosas ¿no seria de creer que en Chile los 
drogueros viven pereciendo de hambre? Pues no les va tan 
mal que digamos. 

Droga por embuste i droguista por embustero, tramposo, 
son sin embargo castellanas. 



E 



ECHAR. 

No es de nuestra incumbencia, puesto que no estamos 
escribiendo un diccionario de sinónimos, explicar en qué se 
asemejan i en qué se diferencian echar áedespedir i de bo- 
tar, i echarse de tenderse i acostarse. 

Bástenos declarar que hablan castizamente los que dicen: 

I {(Eché al criado, o eclié con doce huevos a la gallina, o el 

perro estaba echado en el umbral de la puerta.» ¿Podria 

tolerarse sin embargo: «cansado de tanto escribir, me eché 

junrato sobre el sofá?» Sí, en nuestra opinión, por masque, 

señor Barcia en su Diccionario de sinónimos crea que 
echarse solo es aplicable a los animales. 1 porque nuestra 
ípinion contrapuesta a la de tan erudito escritor pu- 
liera parecer liviana a algunos, vamos a darle peso con las 
lalabras que siguen que son de la Academia española. 
¡nEcharse. — Tenderse, acostarse los animales. Tratándose 
le los racionales se dice cuando se tienden vestidos por 
m rato mas o menos largo». 

En Arequipa es de uso frecuentísimo echarse en la iilti- 
la de las acepciones indicadas. 

En Chile formamos con echar la frase, que tenemos por 
írovincialismo, echar periquitos, que vale tanto como 
íchar pestes contra alguien, verter contra él palabras de 
íxecracion i enojo. 

Echar de ver i)ov ^áyeriiv, que hemos visto en alguna 
►arte con bastardilla, es, no obstante, unalocucion aunque 
Familiar, mui castiza. 



200 EJE 



ECHONA 



Del quichua hacchhuna, garabato, garfio de hierro 
Echona es el nombre popular que tiene en Chile la pe- 
queña hoz con que exclusivamente se hacian las siegas de 
trigo, de cebada o de pasto. Aun cuando las máquinas se- 
gadoras vinieron a remplazar a la echona en muchos ca- 
sos en que sus servicios eran indispensables, es ella toda- 
vía una de las herramientas que los prestan mejores a 
nuestra agricultura. 

EDITORIAL. 

En la acepción de artículo escrito para publicar en los 
periódicos por los redactores encargados de apreciar la 
conducta de las autoridades i estudiar las cuestiones polí- 
ticas que ocurran, es, según el señor Salva un provincialis- 
mo mejicano. Puede ser quefueraorijinariamente mejicano; 
mas^ es lo cierto, que en la actualidad el sustantivo edito- 
rial e^ de uso común tanto en América como en España. 

No haria mal en nuestro humilde juicio la Academia, le- 
galizando el empleo de una voz que, sobre ser útil, no es 
mas que la sustantivacion del adjetivo editorial, esto es, lo 
perteneciente al editor. Es probable que se comenzarla 
por llamar artículo editorial aquél que se suponía escrito 
por el editor o por encargo de él, o aquél de cuja 
publicación se constituía responsable; i que mas adelante, 
suprimiéndose el sustantivo, se reemplazase éste por el ad- 
jetivo sustantivado i se dijese mas brevemente: «Hoi vie- 
ne el diario sin editorial. Rarísimas veces leo los edito- 
riales que versan sobre cuestiones políticas». 

EFECTIVO. 

Véase de. 

EJES. 






Cobre en barra, es el que, por medio del fuego, ha sido j 
;®eparado de las escorias! reducido después a lingotes. 



EMP 201 

Cobre en ejes, es el que se deja solo a medio purificar 
i de esa manera se exporta. 



ELABORAR . 

Se usa impropiamente este verbo por concebir y i en ca- 
sos cómelos dos que siguen: 

(cComo se sabe, las \diQs.s, (\\jíq elaboran los cerebros hu- 
manos son muchas i de distintas clases etc.» 

(M. L. Amunátegui. — Juicio crítico de Guillermo Matta). 

«Pero ni su cabeza ni su corazón (habla de la mujer) es- 
tán de ordinario preparados para elaborar esos pensamien- 
tos elevados, para dirijir esos sentimientos nobles.» 

(Catalina. — La Mujer.) 

ELEVACIÓN, ARSE, ADA. 

Damos a estas palabras una acepción desconocida de los 
clásicos españoles i no consignada en el Diccionario, cuan- 
do las empleamos para denotar la suspensión o falta del 
flujo menstrual. 

Elevada es la mujer enferma de amenorrea, entre los 
doctores; entre los profanos, opilada, 

EMBROMISTA 

Suele decirse, i no hai tal: la palabra castellana es bro- 
lista. 

EMPACARStE. 

Común a todos los paises de la América en que se ha- 
bla español es el uso de este verbo, para denotarla acción 
de mostrarse rehacio el animal para seguir adelante. Se 
aplica también a las personas en sentido metafórico, indi- 



202 EMP 

cando entonces el hecho de resistirse por capricho u otro 
motivo a continuar en alguna ocupación o ejercicio. 
«Empacóse el Sansón i no daba ya en bola.» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio,) 

Eí7ipaque es un provincialismo andaluz que vale catadu- 
ra, semblante, co7itinente. 

Una que otra vez hemos oido esta palabra en Chile, i a 
lo que recordamos, por cachaza. 

Empacarse es en castellano haronearse. El caballo que 
tiene este vicio se llama en España repropio, 

EMPAQUETARSE 

Es emperejilarse i acicalarse: i se ha formado del adjetivo 

también chileno paquete j^ov compuesto, elegante, pisaverde. 

Paquete es americanismo mui usado en Buenos Aires. 

EMPASTAR, EMPASTADOR. 

Significa el primero encuadernar libros en pasta, i él se- 
gundo la persona que tiene por oficio el de encuadernar- 
los así. Son provincialismos de la América Meridional, se- 
gún Salva; pero mui dignos de conservarse porque, ade- 
mas de bien formados, no tienen equivalentes castizos. 

«Algunos ejemplares de regalo, finos i bien empastados» 

(Larra. — La Noche buena de 1836.) 

EMPECINARSE. 

Mui curioso es el párrafo que dedica a este vocablo el 
señor Cuervo en sus Apuntaciones, Va en seguida copiado 
íntegramente: 

«Con respecto a empecinarse ahí va una conjetura: sa- 
bido es cuánto renombre cobró en la guerra que sostuvie- 
ron los españoles contra los franceses a principios de es- 
te siglo el guerrillero Juan Martin Diez, llamado, dice To- 
reno, «el Empecinado» (apodo que dan los comarcanos a 



I 



EMP 203 

]os vecinos de Castrillo de Duero^ de donde era natural). La 
fama de su tenacidad i resistencia hubo de pasar los mares 
i llegar a estas tierras, donde dirian para ponderar lo in- 
constrastable de alguno en un empeño: «Es un empecí-., 
nado», como a otro propósito se usa «es un Cid»; oscure- 
cido el oríjen i siendo engañosa la apariencia del voca- 
blo, se sacaría el verbo empecinarsey que vale aferrarse^ 
obstinarse, empeñarse, encapricharse. í) 

EMPELOTARSE. 



Se dice bien a la española en pelota por en cueros, des- 
nudo. 



I- ......,...._„..,.. 
Desde el cuello hasta la cinta* 
Amábanle de manera 
■ Sus vecinos^ que sabida 

i Su resolución, salieron 

Los mas de la suerte misma. 
A recibirle enpelota.y) 
(Tirso de Molina.— I^s Amazonas de las Indias.) 

No puede decirse otro tanto de empelotarse, cuja raíz es 
pelotera, i que significa confundirse, enredarse, reñir» 

«Sacando unos con otros las espadas comenzó una ba- 
talla de comedia, metiéndolos en paz los mozos de muías 
con los frenos que acababan de quitar; i dejándolos em- 
pelotados, se salieron D. Cléofas i Cojuelo.» 

(VÉLEz DE Guevara. — Diablo Cojuelo.). 

Claro se ve que el equivalente de nuestro empelotarse 
es des7iudarse» 

En pelo se dice de los caballos en contraposición a en- 
sillados. 

empiparse. 

Por hartarse, atracarse, dicen en Colombia apiparse i 
nosotros empiparse^ Uno i otro descansan sobre la base 



204 ENC 

de suponer! que el que se ahita echa alimentos a su 
estómago en cantidad bastante a llenar una pipa. 



EMPLUMAR. 

De una persona que huye se dice en estilo familiar i en 
España que toma soleta o las de Villadiego, en Colombia 
que las empluma, i en Chile lacónicamente que empluma. 

Si no estamos equivocados, el equivalente arj entino de 
nuestro emplumar es apretar el gorro. 



EMPOLLA, AR. 

Dígase ampolla, ampollar. 

Bien entendido que la gallina no ampollará, sino que 
empollará sus huevos. 

EMPRESTAR. 

Observa con razón el señor Cuervo que falta en caste- 
llano un verbo que denote la acción de pedir prestado (en 
francés emprunter, en ingles to borrow); puesto que no faltan 
quienes se sirvan de pi^estar máist'mt'dmente, aludiendo ya 
a la persona que recibe^ ya a la que da el préstamo. 

Larra, notando el vacío, evocó de su tumba, para llenar- 
Jo, al anticuado emprestar, i escribió en su artículo 2." 
sobre los calaveras, ^Empresta para no devolver». Su ejem- 
plo no ha sido imitado. 

En Chile se usa bastante emprestar entre el vulgo, que 
le atribuye el mismo sentido del anticuado español dar 
prestado, prestar. 

EN CIERNES. 

1 

Dicen en Chile en vez de en cierne, que es como debe 
decirse según la Academia i común práctica de los clási- 
cos: 



I 



I 



END 205 

id quedó el deseo 
En cierne, desvalido e ignorante.» 

(Cervantes. — Viaje al parnaso,) 
Sin embargo encontramos en el Juan de ¿as Viñas del 
mui correcto don Juan E. de Hartzenbusch la siguiente 
frase: «El abate en ciernes, amenaza i se escurre.» 

[ ENCIMAR. 

. Por llegar a la cima, no existe. 

(d que se hace perceptible al encimar el caracol de la 
Cuesta.» 

(V. MuRiLLo. — Revista de Valparaiso, junio de 1874.) 

ENCOLIGUAR. 

Cubrir con colihues la enmaderación &e los edificios pa- 
ra que puedan ser tejados. 

Encoliguado es la estera que forman los colihues sobre 
los ti j erales. 

ENDENANTE, ENENANTES, ENANTES, DENANTES, DE ANTES. 

Enderiántes i enenántes son voces anticuadas. 

Deben cambiarse en denántes o enantes que significan 
poco há, como lo muestran ios siguientes ejemplos: 

«Aunque denántes dije que yo era licenciado, no sol si- 
no bachiller.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

«El viento enantes mudo, que pausado, 
Al despertar de la primera aurora, 
Osó apenas de aljófares bañado 
Besar las flores que la luz colora.» 

{^m^o^o.— Inocencia perdida.) 

De antes nos muestra un mui diverso significado, pues 
equivale a anteriormente, de primero: 

«Abrazó (Corchuelo) al licenciado i quedaron mas ami- 
gos que de cintesy> . 

(Cervantes. — Quijote.) 



206 ENR 

«Al tercer dia tornó a ser de ellos (escrúpulos) com- 
batido como de ántesy> . 

(RivADENEiRA.-^F/í/a de S. Ignacio.) 

ENGORDA, ERO. 

Ignoramos cuáles sean, si es que existen, los equivalen- 
tes castellanos de estos vocablos, el primero de los cua- 
les denota el conjunto de animales vacunos que el hacen- 
dado hace engordar todos los años a fin de matarlos o 
venderlos para el consumo. 

Engordero es el que habitualmente se ocupa en comprar 
animales flacos con el objeto de engordarlos, venderlos 
después i ganar la diferencia de precio. 



ENLAZAR. 

Es éste un provincialismo arjentino i chileno, i aun po- 
dríamos agregar uruguayo, que expresa la acción de enre- 
dar i cojer con el lazo {rejo de enlazar en Colombia) a los 
animales que pacen sueltos por los campos. 

Véase lazo. 



EN MANGAS DE CAMISA, 



Decimos en Chile en vez de en cuerpo de camisa, que es 
como lo traen los diccionarios, esto es, andando sin cha- 
leco; que si se habla de quien lo lleva, está bien en mangas 
de camisa. 



ENROLLAR. 

Nü lo trae el Diccionario de la Academia. Es sin embar- 
go tan español como arrollar. 

«Pero hechos^un ro//o o oirollados, ya no pueden escon- 
der u ocultar nada.» 



(Hermosilla.-— yi/zc/o crítico . 



i 



ENY 207 



ENTERAR, ENTERADO. 

Notable es el uso que hacemos de enterar en frases como 
ésta: «¿Cómo está Ud., doña Tomasa? — Mui buena, Teresi- 
ta^ i Ud. ¿cómo lo pasa? — Enterando .^ 

Enterado, a, es un adjetivo que expresa la idea de en- 
greído, satisfecho, presumido, pagado de sí mismo. «Nada 
liai que fastidie tanto a las niñas como los muchachos en- 
terados-i^y leemos en una novela. 

ENTIERRO. 

Casi no sabemos llamar de otra suerte lo que llaman te- 
soro a una los códigos i diccionarios. 

ENTREMEDIO. 

No hai tal adverbio de lugar. El Diccionario trae entre^ 
medias, adverbio de tiempo i lugar. 

((Abrase aquel escritorio, que dentro estarán mis doblo- 
nes, i los diez de a diez entremedias de ellos. ^) 

(M. Alemán.— Gw<smíi?2 de Alfarache.) 

ftl así entremedias de ambas hai grande anchura i fon- 
do.» 

(Las CasAs. — Diario de Colon.) 

ENTRETENCIÓN. 

Dicen mal algunos por eyitretenimiento . 
«Pues equivalía a dar una ci+a a la jente de buen hu- 
mor que busca por doquiera los placeres i la entretención. y* 
(Moisés Vargas. — Lances de noche buena.) 

ENYERBARSE. 

Llenarse de yerbas un jardin, una arboleda o semente- 
ra. Según Salva, seria este provincialismo de procedencia 
cubana. 



208 ESC 

EPÍGRAFE. 

Usan algunos esta voz como si fuese sinónima de título, 
i la usan mui mal de contado; pues epígrafe significa el 
resumen que precede a un capítulo, párrafo o discurso, i 
también la sentencia que suelen poner los autores a la 
cabeza de un escrito, capítulo, etc. 

«El mismo dia que aparecía la anterior composición en 
el periódico mencionado, la Gaceta del comercio de Valpa- 
raíso publicaba otra del mismo autor con un argumento 
análogo i bajo este epígrafe: Dieziocho de setiembre de 

1844: LIBERTAD EN ChILE.» 

(M. L. Amunátegui.— 72/2ce<? crítico de E. Lillo,) 

EQUÍVOCO. 

EquívocOy sustantivo, es en castellano, lo que en fran- 
cés equivoque, la palabra que tiene dos sentidos diferen- 
tes, como cáncer que es uno de los signos del Zodíaco i 
también una enfermedad. No puede por lo tanto decirse 
como se oye frecuentemente, sin faltar a la propiedad de 
las voces: «lEstá Ud. equívoco. He incurrido en un equívoco 
etc.-» En el primer caso lo propio seria equivocado-, en el 
segundo equivocación. 

Salva trae sin embargo a equívoco como familiar de 
equivocación. 

ESCALA, ESCALERA. 

Trastrocamos en nuestra práctica ordinaria el sentido de 
estas dos palabras, empleando escala por escalera i vice- 
versa. 

Lo que para nosotros es esca/a, conviene a saber la 
parte del edificio compuesta de peldaños de piedra, made- 
ra u otra materia para subir i bajar, es para los españoles 
escalera-, i al revés, el instrumento portátil de madera que 
sirve a albañiles i carpinteros para trabajar en la cons- 
trucción de los edificios i a muchos otros para muchos ob- 



i 



ESC 209 

jetos diversos, que acostumbramos llamar escalera^ es pa- 
ra el Diccionario escala o escalera de mano. 



ESCAMOTEAR. 

lis como dicen muchos. Debe decirse sin e, escamotar ^ 

ESCARPE. 

Llaman los mineros la acción de descubrir la veta en 
la superficie c^uitándole de encima la tierra o piedras que 
la cubran. 

Hase formado el sustantivo éste del verbo escarpar en 
la acepción de limpiar i raspar materias i labores de es- 
cultura por medio del instrumento llamado antiguamente 
escarpelo i lioi escofina. 

ESCLAVATURA. 

íso existe. Dígase esclavitud. 

ESCLAVÓCRATA. 

A propósito de esta palabra dice el señor Cuervo: 
ií. Aristocracia es el gobierno de los ciudadanos mas dis- 
tinguidos, i aristócrata el que lo sostiene; democracia el 
gobierno del pueblo, i demócrata el adicto a tal gobierno; 
oclocracia el gobierno de la multitud, i oclócrata seria el 
partidario de él, etc.; en vista de esto ocurre, preguntar 
¿dónde tenia la cabeza el infeliz a quien se le ocurrió lia* 
mar esclavócrata al sostenedor de la esclavitud? Basta 
abrir los ojos para echar de ver que semejante vocablo,' 
sobre jenízaro, revesado, no puede significar sino el sos- 
tenedor del gobierno de los esclavos; ^esto es, algo mas de 
lo contrario de aquello que se presume decir.» 

ESCONDIDAS (jUGAR A LAS) 

És jugar al escondite. 



210 ESP 



ESCUPIDERA. 



Afectando limpieza i cultura hemos dado en servirnos 
de esta voz para nambrar dos tiestos tan diversos como 
son la bacinilla i la escupidera^ con gran perjuicio siempre 
de la propiedad de las palabras, i en muchos casos con pe- 
ligro grave de no darnos a entender. 

Tanto menos razón hai para perseverar en la práctica 
que censuramos, cuanto que si a limpieza i cultura fuese, 
bacinilla, derivado de bacin, no tendría por qué sonro- 
jarse delante de escupidera, hija lejítima de escupir. 



'espaldear. 



De espalda hemos formado el verbo espaldear, que es 
guardar las espaldas de alguien, ya en sentido recto, ya 
en el figurado. Así el ratero que penetra entre algún gru- 
po de jente para practicar su industria^ siempre que puede 
se hace seguir de alguno que, yendo tras él, lo espaldee, 
esto es, le prevenga de los peligros que se presenten por 
la espalda. Así también el orador novel raras veces se 
atreverá a formular una interpelación contra el ministerio 
sin haberse cerciorado previamente de que algún veterano 
de entre sus correlijionarios estará dispuesto a espaldearlo, 
esto es, a tomar de su cuenta a los interruptores i a al- 
gún temible i no previsto adversario que pudiese salir a la 
palestra. 

En suma, espaldear es guardar las espaldas; i guardar 
las espaldas es, según la textual explicación del Diccionario 
de la Academia, resguardar a otro, mirando por él para 
que no sea ofendido. 

ESPELUCAR, o DESPELUCAÉ. 

Nos servimos de estos verbos para indicar la acción de 
revolver, chasconear el cabello. Ambos son inútiles i gro- 
seras parodias de los castizos espeluzar i despeluznar que 
han servido a los clásicos i buenos escritores de todos lo 



! 



ESQ 211 

tiempos para significar la idea de enmarañarse los cabe- 
llos. 

aCuando yo me llegaba a comulgar i me acordaba de 
aquella majestad grandísima que habia visto, los cabellos 
se me espeluzabany) . 

(Santa Teresa — Vida). 

«Siempre vi pintar al miedo, flaco, despeluznado , ama- 
rillo, triste, desnudo i encojido». 

(Mateo alemán. — Guzman de Alfarache.) 

Lo único que nos resta advertir con respecto a espe- 
lucar (\ también ello podria convenir a chasconear) es que 
solo expresan la idea de enmarañarse o descomponerse los 
cabellos, a diferencia de los castizos espeluzarse i despeluz" 
narse, que ademas de esa idea, pueden expresar también la 
de erizarse "^OY miedo, horror u otra causa semejante. 



ESQUILENCIA. 

Dicen casi todos los enfermos i no pocos doctores por 
esquinencia, 

esquilmo: 

Es el fruto o provecho que se saca de las haciendas i 
ganados. No lo entienden así nuestros viñeros i viñadores 
[viticultores en el estilo a la moda) que llaman esquilmo a 
la parte leñosa que resta del racimo después de desgranada 
la uva. El nombre castizo del residuo de que se trata es 
escobajo, 

ESQUINA. 



Llámanse así en Santiago los despachos o figones que 
ocupan las esquinas de las manzanas. 



212. E5T 

ESQUINAZO. 

En nuestro lenguaje popular dar esquinazo es lo que 
llaman los españoles dar murga o serenata-, i los peruanos 
dar borregas o dar gallo. 

Debe tenerse presento, sin embargo, que el uso chileno 
ha establecido una diferencia notable entre serenata i es- 
quinazo; como que la primera se da con música de viento 
o con toda una orquesta, i el segundo siempre non vi- 
huela i tonadas con cogollo i voladores, cuando no de pól- 
vora, hechos por medio de un cuero 4e oveja que se re- 
friega i golpea en la pared. 

«Aquel que haya despertado alguna vez por el ruido de 
esa extraña i arrebatadora melodía que se llama esquinazo^ 
que comienza por golpes en la puerta o ventana, continúa 
con el puntear de la vihuela, sigue con una agradable i 
picaresca voz femenina i concluye con voladores^ palma- 
das, gritos i adioses, podrá comprender algo de lo que yo 
gocé esa noche». 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio). 

ESTACA. 

Llamamos malamente en Chile el garran o espolón de las 
aves. 

. ESTERO. 

m 

Llamamos así en América lo que es en castellano arro^ 
yo y riachuelo. 

Estero es el caño o brazo de mar que sale de un rio i 
que participa de las crecientes i menguantes del mar, con 
lo que a veces es navegable. 



«La verde yerba nace tan menuda 
Orillas del estero cristalino». 
(Pedro de Oña. — Arauco domado, 
fustero está aquí por riachuelo. 



J 



ETI .213 



ESTIRAR. 



Es un provincialismo arjentino que significa matar» 
Lo estiraro?i, lo mataron. 

Bntre nosotros no se usa estirar en ese sentido. Tene- 
mos en cambio la frase vulgar estirar ¿as patas, que equi» 
vale a morir. 



ESTOCADA. 

En lenguaje minero se llama estocada una labor corta 
(de tres cuatro metros) que se efectúa para hacer algún 
reconocimiento en el cerro. 



ÍSTRATEJIA. 

«Estratejia» dice el señor Cuervo, «es la ciencia propia 
deun jeneral de ejército; i estratajema es un engaño o 
ardid de guerra i extensivamente cualquier engaño o tre- 
ta artificiosa; así no diremos «Fulano usa de muchas es- 
estratejias». «Tengo pensada una estratejia para sacarle el 
dinero» . 

«La caza es una imájen de la guerra; hai en ella es- 
tratajemas, astucias^ insidias para vencer a su salvo al ene- 
migo». 

(Cervantes. — Quijote.) 

«Tales comparo al juego de la Arabia 
<^Táctica diestra i estratejia sabia.» 
(Mauri. — Esvero i Almedora). 



ETIQUETA. 

Es voz galicana que debe sostituirse por rótulo, roíala- 
ta\ i cuando significa el papel pegado a las piezas de jé- 
nero para indicar en él el contenido, debe decirse mar' 
bete. 



:14 



EXT 



' EXPRESO. 

Es un útil chilenismo tomado del ingles^ con el cual in- 
dicamos, ya la casa de comercio que se ocupa en trasportar 
encomiendas i equipajes, ya el tren que hace su viaje con 
mas rapidez que los ordinarios, en cuyo caso úsase tam- 
bién como adjetivo. «La familia se fué en el tren expreso 
de la tarde.» 



EXTRALIMITAR. 



No existe. El verbo español que mas se le acerca es 
trasgredir. 



r 



FAENA. 

Por trabajo corporal o mental, es castellano. 

Es un chilenismo, indicando el lugar en que forman suá 
ranchos i acampan los peones i demás operarios de una 
mina, de un ferrocarril, de un canal o de cualquier otrc 
gran trabajo por el estilo. 

((Cien historias como ésta se narran en las noches de 
invierno al rededor de los fuegos de las faenas,y) 

(JoTABECHE. — La mina Candeleros.) 

FAJAR. 

Fajar con alguno es en español acometer contra él. 

No lo usamos nosotros de esa suerte, sino como activo 
equivalente a azotar, golpear, maltratar: 

((Les hemos fajado tupidito a los bueyes en el camino; 
así es que ya revientan.» 

(Blest Gana. — La Aritmética en el amor.) 

FALTE. 

Es el único nombre con que conocemos a los que en 
España se llaman buhoneros o mercachifles. 

Buhonero es poco menos que griego para nuestros pai- 
sanos^ i mercachifle lo hemos reservado para zaherir i 
ridiculizar a los comerciantes que tienen tiendas o despa- 



216 FIL 

chos de preguntas i respuestas^ como llama graciosamente 
a los mui pobres un amigo nuestro. 

«Rengifo, acompañado de su amigo de infancia, Melga- 
rejo, adoptó Ja profesión de falte, llevando desde Buenos 
Aires a las vecindades de Potosí todo lo que cupo de mer- 
caderías en una carreta.» 

(Vicuña Mackenna. — Diego Portales.) 

Nada decimos sobre la etimolojía de falten porque no 
atinamos con alguna que tenga siquiera visos de proba- 
ble. 

FALLA. 

Por inasistencia de alguien a la reunión o lugar a que 
debia concurrir, es palabra castellana, aunque anticuada. 

No así fallero, a, adjetivo de nuestra invención i que 
presta frecuentes i útiles servicios para designar a las 
personas que, teniendo obligación de asistir a alguna par- 
te, tienen la mala costumbre de singularizarse por sus 
frecuentes faltas* 

FARRUTO. 

Dicen así en Chile del que es enfermizo, enclenque, de- 
dil. 



FERROCARRIL URBANO. 

Los que así llamamos en Chile, se llaman en Madrid i 
en el Diccionario de la Academia tranvías. 

FILO (tirar un). 

Tirarse un filo con alguno es frase con que vulgarmente 
se expresa la acción de trabar pendencia, o por lo menos 
disputa acalorada. 

«Por ahora solo es preciso que me tire un filo con él 
esta noche.» 



(Huérfano.) 



FLO 217 

FIRME (de). 

Es castizo el modo adverbial de firme i significa con 
solidez. 

En Chile, donde es de frecuente uso, la locución de fir- 
me no significa eso, sino con constancia, sin interrup- 
ción. Ejemplo: 

aSi estoi refiriendo un verso 
Se para el tonto de firme 
A tacharme i a decirme 
Que es falso lo que converso.» 

(GuAJARDO . — Los tachadores, ) 

FLOREAR. 

Usase impropiamente este verbo en Colombia por fiíore- 
cer, según lo asevera el señor Cuervo. 

En Chile lo usamos también de una manera impropia, 
aunque en diverso sentido del que le atribuyen los bogo- 
tanos; pues para nosotros, ni significa adornar o guarnecer 
con flores como en España, ni florecer como en Colombia, 
sino escojer entre muchos objetos semejantes los mas pre* 
ciosos, hermosos o floridos. 

FLORCITA. 

El diminutivo de flor no es florcita sino florecita, i tam- 
bién florecica i florecilla, 

FLOTAR. 



Dicen muchos por ondear, lo cual es un galicismo. 

«A los pasajeros de la Novara debía ofrecer una satis- 
facción sublime la idea de ser los primeros de la marina 
imperial que han tenido la felicidad de hacer flotar el pa- 
bellón austríaco en aquellas aguas.» 



218 FOR 

(Anales de la Universidad, diciembre de 18G3. — Viaje 
de la fragata austriaca Novara\ traducción de la parte re- 
lativa a Chile por R. Rivera Jofré, bajo la dirección del 
doctor Lobeck i correjida por don Rafael Minvielle.) 

¡Linda era la felicidad a fe!; arrojar su pabellón al agua 
para que flotara! 

Las banderas cuando las bate el viento undulan i tam- 
bién flamean. Decimos tremolar una bandera por enarbo- 
larla, batirla en el aire. 



FOMENTO. 

Tenemos por un provincialismo, no solo chileno sino 
hispano-americano, el uso de fomento para significar el 
remedio que consiste en poner a los enfermos paños em- 
papados en algún cocimiento. 

FORZAR, FORZOSA (hACER LA). 

«Decíamos en una ocasión a un sujeto», escribe a propó- 
sito de forzar el señor Cuervo:— «Ud. nos fuerza a comer 
demasiado», i el tal tuvo el desuello de correjirnos de este 
modo: «Nó, señor, jo no le forzó a Ud.» La hora del des- 
quite ha llegado: los lugares siguientes recuerdan que fot' 
zar sale de fuerza i dirimen la cuestión: 

«Cada dia descubro en vos valores que me obligan i 
fuerzan a que en mas os estime.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

ttCalla, mísero cristiano; 
Que al alma a tu noz atenta 
No sé qué afecto la rije, 
No sé qué poder la fuerza 
A temerte i adorarte.» 
(Calderón El Purgatoria de S. Patricia.) 

«Porque si en versos refiero 
Mis cosas.mas importantes. 
Me fuerzan los consonantes 
A decir lo que no quiero.» 
(Baltazar de Alcázar. —5o ^e los consonantes. 



FRA 219 

A estos ejemplos que muestran la verdadera conjuga- 
ción de forzar i que pueden ser útiles en nuestro pais, 
nos parece oportuno agregar que en Chile tenemos la frase 
hacer la forzosa, que nos muestra la acción de obligar a 
alguno por la fuerza a ejecutar alguna cosa que no es de 
su obligación: 

« — Te daré un cigarro. 

—¿Te burlas? 

— Pues no tendrás eso ni nada. 

— Veremos. 

— i Calle! ¿Me piensas hacer la forzosa?y) 

(V. 'MvRiLhO.— Una victima del honor.) 

«¿No seria curioso que, so pretexto de que enterrar a 
Jos muertos es una de las obras de misericordia, preten- 
diésemos obligar a los administradores de los cementerios 
protestantes a dar sepultura a los cadáveres de los católi- 
cos, o que los protestantes quisieran hacer la forzosa a los 
administradores de los cementerios católicos, tratándose 
de los cadáveres de los correlijionarios de aquéllos?» 

[Independiente.) 



I 



FORRO (ECHAR UN). 



Pegar un petardo, causar a alguien una molestia de 
aquellas que las costumbres o reglas de urbanidad lo 
obligan a aceptar con la sonrisa en los labios i la rabia 
de los dientes adentro. 



FRANCOLINO, A. 

Francolino, a, es un adjetivo que aplicamos a las aves 
privadas por naturaleza del apéndice que tiene su oríjen en 
la rabadilla. El se ha formado, sin duda ninguna,, por la 
adjetivación del sustantivo francolin, nombre.de una ave 
del tamaño de la perdiz i semejante a ella. 

El equivalente castizo de francolino es reculo. 



220 FUE 

FRANGOLLO^ AR. 

^Como se llama en España el trigo después de quebraría 
tado i triturado? No pudierido satisfacer a esta pregunta 
con decir que en la Península no se hace con el trigo 
tal operación, pue.sto que existe el verbo frangollar con 
que se nombra, el único partido que nos resta es confe- 
sar nuestra ignorancia. 

Según el Diccionario de la Academia, frangollo es ael 
trigo cocido que se suele comer en caso de necesidad en 
lugar de potaje» es decir mas o menos lo que por acá lla- 
mamos 7note molido. 

FrangollOySegun nuestra práctica, es el trigo (tanto cru- 
do como cocido) que para que lo coman con menos tra- 
bajo los pollitos, i suelte en el puchero con mas facilidad 
su sabor, se tritura, machaca^ o chanca en la piedra de 
moler. 

El frangollo de maiz es chuchoca. 

FREGAR, ADO;, A, AZON. 

Pocos provincialismos han llegado en Chile a estar tan en 
boga como éste. El suena en los labios de nuestros paisa- 
nos con la misma frecuencia con que caen al corazón las 
gotas del dolor físico o moral, del tedio^ del desengaño, i 
del abatimiento. 

En Chile se friega el comerciante que hace un mal ne- 
gocio, el litigante que pierde su pleito, el colejial que sa- 
ca erres o bolas negras en sus exámenes, el enamorado 
que recibe calabazas de su dama, el hacendado que es sor- 
prendido por el primer aguacero con el trigo en la era, 
el dormilón cuyo sueño de la mañana interrumpen los ca- 
rruajes o los vendedores ambulantes, el ministerio que se 
ve acosado por las interpelaciones, en una palabra, de 
pordiosero a presidente, cuanta humana criatura se ve 
obligada a reconocer prácticamente que no hai en la tie- 
rra felicidad cumplida. 

Sí, todos vivimos mas o menos fregados, i por este as- 
pecto el nombre que mejor cuadra a tan fregada vida 



FRE 221 

es el de la mas larga, aburridora e insoportable de las 
fregazones. 

Debe notarse también acerca de fregado que no siem- 
pre tiene significación pasiva i denota al que sufre, como 
quiera que frecuentemente se emplea como activo para in- 
dicar el molesto, fastidioso, que hace sufrir. 

Ni se crea que Chile goza del privilejio de ser la patria 
exclusiva de los fregados i de las fregazones. El señor 
Cuervo juzga que, aunque expresivos, fregar i colear por 
incomodar, hostigar, perseguir, jorobar, moler, son ina- 
ceptables pur lo repugnante de las ideas que despiertan. 
Juan de Arona no se ha olvidado tampoco de este popu- 
lar provincialismo americano en sus Apuntes, que antes 
por el contrario le dedica unos cuantos parrantes que 
merecen ser copiados i que dicen así: 

«Fregar,— Hé aquí otro americanismo: fregar, en toda la 
extensión de la palabra, no es sino el moler de los españo- 
les, salvo cuando se dice lo fregaron o lo fregón que solo 
equivale a perder a alguno.» 

(kQue se friegue, es lo mismo que decir que sufra, que 
padezca, hd, fregadura es el daño que sobreviene, el con- 
tratiempo, el compromiso, la estrechez, ¿qué se yó? Un 
volumen entero tendría que escribir si quisiera agotar to- 
das las acepciones de fregar i de sus infinitos derivados.» 

(cNo olvidemos, empero, el fregado i el mui fregado, 
que sustantivadamente significan el hombre de jenio fuer- 
te, díscolo, trabajoso, etc. Repito lo de arriba i añado: 
que así como hai en cada pais plantas por excelencia que 
dan para todo, como la palma en Oriente i el plátano 
(banano), el maiz i aun la caña dulce de que hablaba 
hace poco, en América; así hai palabras sintéticas, de 
uso infinito, que donde menos se piensa se las ve reapa- 
recer con un nuevo matiz.» 

^ «Por supuesto que absorbidos los americanos con la 
significación metafóricci o caprichosa que dan a este ver- 
bo, casi no se acuerdan de la única que realmente tiene 
en español^ que es la de limpiar platos, tanto que puede 



222 FRE 

decirse que la fregona no existe para nosotros sino en la 
novela de Cervantes.» 

Se nos olvidaba advertir que fregar no solo se usa co- 
mo intransitivo (¿hasta cuando friega, hombre?), i como 
reflejo [fregarse), i con complemento directo de persona 
(ha fregado toda la santa noche al pobre alojado un mal- 
dito perro que se puso a ladrar en la ventana), sino tam- 
bién con los dos complementos directos de cosa, la pita 
i la ¡mciencia, que aparecen en muchos casos como los ob- 
jetos sobre que recae directamente la acción de fregar, 

«Quítate de mi presencia. 
Contestó el Loro con prosa: 
Deja, Lora fastidiosa, 
De fregarme la paciencia.)^ 

(GuA JARDO. — (7e/o5 de la Lora al Loro.) 

«Lo mismo es el artesano 
Cuando a los vicios se entrega: 
Mientras mas gana mas friega 
I clava al jénero humano.» 

(Id. — El minero.) 



FRENO, FRENA. 



El primero es castellano significando el conocido ins- 
trumento de hierro que sirve para sujetar i gobernar las 
caballerías, constante de camas^ bocado i barbada. 

La que llamamos frena tiene un uso idéntico, pero se 
diferencia del freno en que carece de bocado i barbada.: 
Suple este defecto por dos palancas que, abriendo las qui-.J 
jadas del caballo al tirar de la rienda el jinete, impidei 
que aquél se desboque. 

La frena, casi exclusivamente usada por los caballos co" 
cheros, las mas de las veces es extranjera; el freno casi 
siempre es hecJdzo i nuestros guasos sostienen que los 
trabajados en Peñaflor son los mejores del mundo. 



FUI 223 



iPRESCO, A, URA. 

Frescura por desembarazo, desenfado, es castellano; no 
así fresco para designar a la persona que es desenvuelta 
mas de lo justOi Se dice especialmente de los mozos que 
en su trato con las mujeres no les guardan los miramien- 
tos debidos^ propasándose en palabras o acciones. 

Hemos leido en alguna parte i copiado: «Dfgote Pas- 
cual que eches de la casa al mocito: es un frescona^ 
zo el futre i el dia menos pensado vamos a tener 
aquí una de Dios es Cristo.» 

FRICA. 



fiFricaciony) dice el Diccionario, cda acción i efecto de />?- 
car. — Fricar, estregar. Estregar es restregar una cosa con 
otra. 

No usamos en Chile ni fricar ni fricación; pero ú frica, 
que dista de fricación lo que va de estregar aunque sea 
con un escobillón, a dar una soba, zurra^ tanda, o vuelta 
de azotes. 



Véase poroto. 



FRIJOL. 



FRISA. 



En castellano tela ordinaria de lana. A la chilena el 
pelo suave o felpa larga de cualquier tejido: 

«El amor que te tuve 
Fué de bayeta: 
Se le acabo la frisa. 
Ya no calienta.» 

[Zamacueca *) 



224 FUL 

«Allá en los pasados años 
Cuando apuraban los fríos 
A fines del mes de mayo 
Bajo tu frisa mi padre 
Me hacia dormir cantando.» 

(Z. Rodríguez. -La manta del jornalero.) 

FRIT ANQUERA. 

Llaman así en Chile a la mujer que frie pescado, era- 
panaditas i frutas de sartén para vender. 

La Academia no trae mas que freidora^ que es en An- 
dalucía la que frie pescado para vender. 

Cervantes usó freidera: 

«La freidera que se halló con una sartén puesta al fue- 
go, llena de aceite hirviendo para freir unos albures, co- 
jióla en las manos, etc.» 

[Entremés de los mirones.) 

FRONTÓN DESCABEZADO. 

Ni la Academia ni Domínguez dan a frontón la acepción 
de labor minera que declina a medida que va profundi- 
zando en el cerro. Es mui usado de los mineros chilenos 
i Salva lo trae como castizo. Ni él trae sin embargo fron- 
tón descabezado^ locución expresiva que nos muestra un 
frontón que va bajando, al penetrar en el cerro, la altura 
de una cabeza humana por paso. 

FULMINANTE. 



Es el único nombre que damos al d@dalit6 de cobn 
que tiene en su fondo un baño de pólvora fulminante, el 
cual, herido por el martillo [gatillo)^ se enciende 
comunica el fuego al canon. 

En castellano esa pieza se ha llamado siempre pistón» 
aUno de los colejiales que era cazador i llevaba esco- 



FULL 225 

peta hizo varios tiros al. paso; quiso matar algo también 
el alumno de Vitrubio i al disparar se le entró una ho- 
juela de cobre áe un pistón en nn dedo.» 

(Hartzenbüsch.— £/h Viaje en galera.) 

«¡Cuál no seria su gozo cuando al reconocerse para ver 
si el tiro le habia levantado la tapa de los sesos, se en- 
contró con que un cachito del pistón le habia reventado 
el tumor de la cara que ya no le dolia con la evacuación 
del pus^ i que ninguna otra herida habia recibido!» 
(Trueba. — Las Animaladas de Perico.) 



FULLERO 



Es en castellano el tramposo; entre nosotros el presu- 
mido, fanfarrón i farandulero. 

«Yo, serrana estoi picado 
De esos ojos lisonjeros, 
Que deben de ser fulleros 
Pues el alma me han ganado.» 
(Tirso de Molina. — La Venganza de Tamar.) 



FULLINGUE O FUNINGUE. 

Adjetivo de oríjen para nosotros desconocido, i del cual 
nos servimos para designar en tono despreciativo i bur- 
lesco el tabaco o cigarro que son de mui mala calidad. Por 
extensión llamamos también fullingues a las personas o co- 
sas ordinarias, de poco valor. 

c(Yo conocía un diablucho 
Que de pólvora un cartucho 
Revolvía con fullingue 
Para los que andan al pringue 
I q\ pitarles gusta mucho.» 
(Gallardo. — TzVo a los bolseros de puchos.) 

Después de escritas las anteriores líneas el señor Pául- 



226 FUN 

sen se sirvió enviarnos las cuatro que en seguida copia- 
mos i que descubren el oríjen de nuestro vocablo; 

^Fullingue. — En Andalucía la hoja del maiz (la túnica 
de la mazorca) se llama follico i el pueblo dice también 
fuñico. Este follico es claro que es el folliculus latino. El 
pueblo^ tan amigo de formar voces caprichosas, tan espre- 
sivas a veces ¿no sacarla su fullingue de e^Q follico para 
denotar burlescamente el cigarro en que era mas la hoja 
que el tabaco?» 



FUNDILLOS, • UDO, A. 

Fundito i fundillo son formas diminutivas de fundo, 
heredad. 

Fondito i fondilloy diminutivos de fondo, en cuanto a 
caudal. 

¿Cómo se llama entonces la parte trasera de los cal- 
zones o pantalones anchos que en Chile conocemos con el 
nombre de fundillos^ — Se llama fondillos^ i es sustantivo 
que no se usa en singular. 

Dicho lo que queda, inútil parecerá advertir que el 
que trae grandes fondillos^ ni recta ni figuradamente es 
fundilludo^ sino fondilludoy aunque no se encuentre éste 
en el Diccionario de la Academia. 

L\3im3imos fundilludo al bobo, papamoscas o papanatas. « 

Cundirse. 

Nos parece qtie es peculiar a Chile el decir: «Fulano M 
fundió, por se arruinó.» «Pedro está fundido con Antonia)V 
por Pedro está perdidamente enamorado de Antonia, an- 
da que bebe los vientos por ella. 

Fundido como un tacho y es frase con que se ponden 
lo mimado de algunos niños. 

Sm admitir como correctas las anteriores locuciones i 
otras por el estilo, nos parece oportuno observar que, des- 
pués de todo, los que las usan no andan tan completamente 



FUT 227 

fuera de camino cual pudiera creerse a primera vista. En 
efecto, antiguamente fundirse significaba hundirse; ¿i no 
es verdad que por muchos aspectos el que se arruina se 
hunde? I luego ¿no hai cierta gracia i propiedad en supo- 
ner que el infeliz que toca a los últimos grados de la amo- 
rosa fiebre, es un hombre que se funde o poco menos? 



FUSTÁN o JUSTAN. 



Solo bajo la primera forma se encuentra en el Diccio- 
nario de la Academia, según la cual es «especie de tela 
jeneralmente de algodón que se destina a forrar vestidos i 
otros usos análogos.» 

En Chile vulgarmente llaman fustán a las enaguas^ de 
las cuales, a diferenciarse en algo, se diferenciada el/?/5- 
tan en tener menos ruedo. 

«El traje de las chilenas», dice don Antonio de Ulloa, 
«se reduce en la ropa interior a camisa i fustán (que en 
España se dice enaguas blancas), un faldellín abierto i un 
jubón blanco en verano o de tela en el invierno.» 



FUTRE. 

Sinónimo de paquete, del cual se diferencia el futre en 
tomarse siempre en mala parte. 

El caballero de caudal i de buen gusto que se compone 
fi acicala es un paquete. 

El mozo de medio pelo que sale con su ropa domingue- 
ra, tieso como si se hubiese tragado una baqueta, es un 
futre i puede ser también un futre encolado. 

El que se desvive por andar siempre paquete logrando 
lo mas andar futre ^ es el siútico o el pije; si bien es de 

idvertir que aquél se refiere principalmente a la traza, i 

íste a la posición social. 

Con todo futre en boca dé la jente de poncho i de los 



228 FUT 

rotos suele significar ni mas ni menos que hombre de le- 
vita, vestido decentemente. 

aPero ¿no confesó el futrecito la maldad?» 

(MuRiLLO. — Una Víctima del honor.) 

('Los futres por apetito 
Van donde el empanadero 
Diciéndole: Pequenero 
Sírvanos un pequencito .)) 

(GuAJARDO. — ¡A las calduditas, mi alma!) 



G 



GALPÓN. 

Los diccionarios no traen este vocablo tomado de la 
lengua azteca. 

((A la puerta de la sala estaba un patio mui grande en 
que habia cien aposentos de 25 a 30 pies de largo^ cada 
uno sobre sí en torno de dicho patio, e ahí estaban los se- 
ñores principales aposentados como guardas del palacio 
ordinarias, i estos tales aposentos se llaman galpones.r> 

(Oviedo. — Historia de las Indias, M. S. lib. 33, cap. 
46.— Prescott, Conq. of México.) 



GAMELA. 



Especie de cesto: dícese en Chile impropiamente por 
gamella, especie de barreño. 



GANANCIA. 

Según Salvá^ es éste un provincialismo mejicano que 
significa «añadidura que da el vendedor de pan o velas 
sobre lo justo» . 

Usase también en ese sentido por nuestros pobres, aun- 
q}ie con mas frecuencia en el de vendaje, esto es, para 



?30 GAU 

denotar la paga que el clneño o productor de algún artí- 
culo de consumo doméstico da al que se encarga de ven- 
derlo al menudeo. 



GANARSE. 

Debe reputarse como un chilenismo el uso que hacemos 
de este verbo, que es solo activo, cual si fuese reflejo, 
dándole el sentido de acojerse, refujim^se, meterse. 

((Me sentia tan constipado qwQ a las cuatro de la tarde^ 
no pudiendo aguantar mas en pié, me gané a la cama.» 
((La policía siguió al ladrón hasta que éste se ganó a un 
conventillo, donde fué imposible dar con él» etc, 

Escusado nos parece ponderar el gazafatón q^ue dicen 
los que de semejante manera se expresan. 



GARÚA, GARUAR. 

El señor Gormaz quiere que se diga garuando. Olvida 
sin embargo de advertir que en español se dice lloviznar i 
no garuar. Garuar es provincialismo peruano i chileno, i 
la jente educada no debe hacer uso de provincialismos, 
sino en casos mui bien justificados. 

Garúa es en español llovizna, mollizna^ cernidillo', ga* __ 
ruar es lloviznar, molliznar o molliznear. 'mk 

En Chile la jente zafia dice garuga i garugar. Con el 
tiempo i la garuga todo se arruga\ es refrán que nos ad- 
vierte la brevedad de la vida e instabilidad de la belleza 
juvenil. 



GAUCHO. 

El señor Vicuña cree que viene del latín gaudeo i que 
se aplicó en el Plata a la jente alegre. 

En Chile solo lo usa el vulgo para nombrar despectiva- 
mente a los arjentinos, cuando no quiere designar a los 



GORR 231 

habitantes de las provincias del antiguo Cuyo, a quienes 
dice ciiyanos. 

Véase ün ejemplo en la voz Chaucha. 



GLORIA PATRIA. 



Singular expresión de que el vulgo se sirve con fre- 
cuencia para designar a las personas i a las cosas de poca 
importancia. 

«¿En qué se ocupa ahora tu compadre?— En llevarse 
sentado mano sobre mano tras el mostrador de ün despa- 
chito de gloria patinan) . 

«¿I dónde has puesto a servir a tu hijo? — Por desgra- 
cia mia en casa de unos gloria patrian), (de unos amos de 
medio pelo.) 

GLORIADO. 

Bebida que se hace mezclando agua caliente con aguar- 
diente, i endulzándolo todo con azúcar^ las mas de las ve- 
ces tostada . 

(d cuando por la mañana 
Amanece constipado, 
Tomándose su gloriado 
Con el mismo licor sana.» 

(GüAJAREio. — El Gustador,) 

Es palabra expresiva i que muestra bien a las claras la 
estimación que por la susodicha bebida tienen lachos^ re^ 
moledores, ching añeros i gustadores. 



GORRO FRIJIO. 

El Diccionario de la Academia no lo trae. 

Domínguez dice de él: «Gorro que llevan algunos en va- 
rias naciones como distintivo o insignia de cierta digni- 
dad.» 



232 GRI 

En América se ha hecho de dicho gorro un emblema de 
la libertad política. 

«El retrato de Marco Bruto le saqué de una medalla de 

su mismo tiempo, orijinal en que se ve entre los dos 

puñales el pileo o birrete, insignia de la libertad.» 

(QuEVEDO. — Marco Bruto,) 

ORADAS. 

Las de los templos, como la Catedral, Santo Domingo, 
San Ignacio, etCj debieran llamarse atrios. 

GRANO. 

Grano (i también picada) llama el vulgo a la pústula o 
tarbunclo maligno. 

Grano hace alusión a la circunstancia de aparecer 
siempre un grano como nuncio de la enfermedad; i pica- 
da a la de trasmitirse a los hombres i animales por me- 
dio de la picadura de insectos que han sacado el virus de 
otros animales enfermos ya o muertos de ese mal. 

GRIMILLÓN. 

Provincialismo chileno, equivalente a multitud. 

«Quiebra el alma el ver ese grimillón de patriotas be- 
neméritos oprimidos i aflijidos.» 

fCarta citada en don Diego Portales por Vicuña Mackén- 
na,) 

GRINGO, A. 

Apodo con que se designa vulgarmente a los ingleseá 
En España se usa también, peto como sinónimo di 

griego; así hablar en gringo es hablar en lenguaje ininte^ 

lijible. 

A poco de haberse entregado al tráfico el ferrocarri 



GUA 233 

entre Santiago i San Bernardo, cantaban por las chinga- 
nas i ramadas: 

{{Bernardo se llama el tren, 
Diz que corre muí lijero 
I que mató a un caballero 
Que no se supo hacer 
A un ladito del camino, 
Porque lo llevaba el gringo 
Con mucha velocidad; 
I el autor de esta deidad 
Señor Matidas Causiño.yy 



GROS. 

Dice el señor Gormaz que es grodetur, por la tela fina 
de seda. 

En el Suplemento al Diccionario de Salva viene la voz 
gro como sinónima de grodetur. 

También leemos en el Diccionario francés español de 
Martínez López, en la voz Frailie. ^aTela. de seda parecida 
al gros de Ñapóles.» 

Nosotros diremos siempre gros, o a lo mas ^ro^ porque 
grodetur tiene una forma demasiado francesa: . Gro de 
Tours. 

GUACA, GUAQUERO^ A. 

Del quichua Jaiaca, ídolo, cosa sagrada, templo, sepul- 
cro. 

Solo en la provincia de Atacama suelen oírse estas pala- 
bras, la primera de las cuales designa «un montecillo ar- 
tificial de figura cónica en cuyo centro se halla el nicho 
que fabricaban los indios del Perú para enterrar dentro de 
él al difunto con las alhajas, armas i vasijas que liabia 
usado))^ i la segunda «a las personas que se daban a bus- 
car las dichas guacas para cabarlas i revolverlas a fin de 
apoderarse de las prendas de algún valor que en ellas 
raras veces dejaban de estar enterradas.» 

30 



234 GUA 



GUACARNACO, A. 



Se dice líurlescamente de las personas muí altas, de 
largos zancajos, especialmente si son flacas i bobalico- 
ñas. 

GUACO, A. 

Es un adjetivo que solo lo liemos oido usar en lá ter- 
minación femenina para indicar las pepitas délas sandias 
que las tienen de color blanco, 

GUACHALOMO. 

Las lonjas de carne que tienen los animales vacunos 
a uno i otro lado de la espina dorsal i pegadas a ella. Es 
la carne mas tierna i sabrosa de la res i la que se asa 
de preferencia en las cocinas de los ricos. 

«Las kumitas [humintas decian los indios) i la chuchoca 
como condimentos del choclo o (?) grano de maiz, el chu- 
ño del lintuí de Ib. papa i el sabroso hurpo [hulpo) tan 
frugal como agradable, están probando que los galopines 
castellanos tuvieron algo que aprender de las cocineras 
indíjenas, madres i abuelas de las que hoi todavía nos 
preparan i sazonan cada dia la cazuela i el huachalomo,^y 
(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago. 

Guachálomero , es el que vende guachalomos, ord¡na-| 
riamente a domicilio. Su grito es: ¡Guackalomo salpresoíj 
el guachaloinerol 

guachapear. 

Es castellano significando el ruido que forman, al an- 
dar, las herraduras de los animales mal herrados, o cuan- 
do a las dichas les faltan clavos, acepción desconocid; 
en Chile. 

Nuestro guachapear significa entre colejiales i jentes 



GUA 235 

de buen humor, hurtar prendas de poco valor: un corta- 
plumas, un libro, cigarros, volada ^ etc. 

GUACHO, A, ARAJE, 

En ai mará Jmajcha, huérfano. 

En quichua Huaccha, pobre, huérfano: 

En araucano huachuy el hijo iíejiíimo, los animales 
mansoSy domesticados.' 

Las acepciones que damos a guacho guardan perfecta 
consonancia con las etimolojías que acabamos de apuntar. 

Su significación mas conocida, fundamental, por decirlo 
así, es bastardo: terrible palabra con que la sociedad echa 
en cara a los hijos el pecado de los padres. 

Viene en seguida la acepción quichua i aimará, huér- 
fano. Usado en ella guacho deja de ser un cruel ultraje, i 
principalmente en su forma diminutiva^ huachito, a, es pa- 
labra afectuosa i manera compasiva, aunque vulgar, de 
designar a los niños que han perdido a sus padres. 

Por último, tenemos la segunda acepción araucana, de 
manso, domesticado; así se llama guacho al gorrino, ca- 
britillo, o aveeita que se cria en las casas i hasta cierto 
punto en familia, talvez por la circunstancia de arrancár- 
seles cuando pequeños del nido o de la lechigada i equi- 
parar su suerte con la de los huérfanos. 

«Con fecha de febrero 4, dirijiéndose Portales al minis- 
tro Cavareda, después de arrojar un terrible sarcasmo so- 
bre el jeneral O'Higgins, a quien llamaba esta vez el mas 
inmundo i malvado de los huachos, etc.» 

(Vicuña Mackenna. — Diego Portales,) 

«Razón tiene mi madre; se le ha perdido un tordo, i ca- 
da vez que se para algún pájaro en los árboles de la huer- 
ta, entra corriendo i dando voces llamando a su guachito, 
figurándosele i porfiando que lo es; pero los pájaros se 
vuelan a sus gritos porque son de los sueltos del campo i 
ella se queda desconsolada i triste.» 

(Z. Rodríguez.— Zocí? Eustaquio.) 

Guacharaje es voz mui usada de vaqueros i capataces 
para indicar la reunión de los terneros separados de las 
va-eas. 



236 GUA 

También suele decirse fjitachos de aquellos objetos que^ 
siendo por su naturaleza u oficio pareados, existen o están 
soloSj como zapato guacho. 

Dar las guachas a alguno\ aventajarlo mucho en habi- 
lidad, destreza, experiencia. 

GUACHI. 

Es voz araucana [huacld] i significa una especie de 
lazo para cojer aves. 



GUAGUA, ITA, GUAGUATEAR, TERO^ GUAGUALÓN. 

Del quichua huahua, el niño hasta la edad de tres años. 

No es difícil explicarse la extraordinaria fortuna que ha 
tenido guagua en casi toda la América Meridional. Hacia 
falta en castellano una palabra que fuese a los labios ma- 
ternales dulce como un beso i suave como un arrullo. Ni- 
ño era demasiado jenérico, infante demasiado sabio, m«- 
inon demasiado grosero. Guagua no tenia ninguno de esos 
inconvenientes. Suave, familiar, de humilde extracción^ no 
podia menos de penetrar en todos los hogares. Pocos años 
después de la conquista del nuevo mundo^ desde Quito has- 
ta Concepción, todas las mujeres europeas i americanas 
sabian la dulce palabra i la repetían, de chicas al jugar 
con sus muñecas de trapo i de cartón^ de solteras entre 
sonrojadas i envidiosas, i de casadas con el acento de la 
mas santa de las alegrías i de la mas completa de las fe- 
licidades. 

Guagüita, es afectuoso diminutivo de guagua. 

Guaguatear, llevar a un niño en los brazos, mecerlo, 
arrullarlo. 

Guaguatero, a, el o la que guaguatea. 

Guagualón, tómase en mala parte, pues se aplica al ni- 
ño demasiado crecido para su edad, bobo, simplote. 

«¡Renunciar a ser madre, a ser esposa, 

I renunciar por fuerza! 

I resignarse humilde i respetuosa 



GUA 237 

A guacjiíatear los hijos de una hermana. 
A quien mecí en la cuna. 
• ¡Oh, suerte cruel, tirana! 

|0h, sino adverso, o desigual fortuna!» 

[Meditación de una fea.) 

Según el pequeño vocabulario que trae E. G. Squier en 
su The States of Central America, guagua es también pa- 
labra de la lengua de Honduras (dialecto de Opatoro) i sig- 
nifica niño (boy.) » 

GUAINA. 



Del quichua i aimará huaina, mozo, mancebo. 
Se usa en Chile en la misma forma i con idéntica signi- 
ficación. 

Guainita, jovencítOy mui joven, adolescente. 

GUALLIPÉN. 

otra palabra, i no será la última que tendremos que 
apuntar de invención chilena, para echar en cara a algu- 
no su abundancia de carnes i escasez de entendimiento, 
sus largos i desairados pasos. Talvez la voz española que 
se asemeja mas a fjuaUipen es zampatortas. 

GUÁMPARO. 



Ya en la explicación que dimos de chambado, dijimos 
lo que era guámparo, i cuáles eran sus semejanzas i dife- 
rencias con aquél i con cacho i chifle. 



GUANACO, A. 

Del quichua huanacu. 

Aunque el guanaco [auchenia ¿uariaco) es el mas corpu- 
lento de los cuadrúpedos indíjenas de Chile, no habríamos 



238 GUA 

hecho figurar su nombre en este Diccionario, si no fuese 
por el sentido metafórico en que usamos de su nombre 
tanto en la terminación masculina como en la femenina. 
En ese sentido indica a la persona que por su continen- 
te, ademanes, largo cuello i delgadas piernas se asemeja 
algún tanto a los guanacos, 

OUANO, ERO^ A. 

Del quichua himno, estiércol 

Designar con el nombre de estiércol los valiosísimos 
depósitos que de él se encontraron en las Chinchas, ha- 
bría sido ingratitud i ademas quebrantamiento de la re- 
gla tan común en el siglo en que vivimos: quien enrique- 
ce se ennoblece. 

El guano es el estiércol, pero considerado industrial, 
mercantil i científicamente. 

Guanero es el que se ocupa en explotar los depósitos de 
guano i el buque empleado en trasportarlo. 

I no decimos mas sobre estas voces, porque propiamente 
hablando, mas son peruanas que chilenas. 

CUANTON. 



Decimos por el golpe dado con la mano cerrada. 

Lo propio es puñete, puñada i puñetazo: mojicón cuan- 
do se da en la cara; i guantada cuando se da con la ma- 
no abierta. 



GUARA, oso, A.' 

Damos a^?¿¿zm dos sentidos, el uno equivalente a movi- 
mientos graciosos en el baile, sal, donaire: «Muchas veces 
lo habia visto bailar zamacueca; pero nunca con tantas 
guaras como ahora.» El otro, a adornos de los vestidos: 
<iNo sientan bien las guaras a los vestidos de terciopelo.)) 

Guaroso es el que baila haciendo graciosas cabriolas; 
i el vestido, o cualquier otro objeto que llama la aten- 
ción .por el número i calidad de sus adornos. 



GUA 239 

Es probable que guara proceda del quichua huaira^ 
viento, aire; o de Jaiairalla, lijeramente, tan lijero como 
el viento. 



GUARACA, ÁZO. 

Del quichua huaraca ^ la honda. 

Ademas de su significación primitiva de hunda, damos a 
guaraca la de soga corta, trenza de cáñamo, Así en. 
los antiguos bailes de /chinos, negros, catimbaos i. em- 
pellejados que aparecian en las fiestas de Corpus, los que 
desempeñaban el papel de Diablos^ llevaban en la mano 
ViXi2i guaraca, con la cual ahuyentaban a los muchachos, 
chasqueándola con fuerza i haciéndola producir un es- 
truendo como de cohete. Así los niños llaman también 
guaraca la cuerda con que envuelven el trompo i con que 
azotan el cuspe (^peonza. J 

Guaracazo, es el golpe dado con la guaraca, i también 
el sonido que se hace con ésta chasqueándola. 



GUARAT^GO. 



De sentido semejante a guacarnaco, guagual i guagua- 
Ion; pero menos usado que éstos. 



GUARAPÓN. 



Desígnase con este nombre el sombrero de paño o pa- 
ja, redondo de copa i de alas anchas i horizontales. 

Empléase como sustantivo: 

ccCubria su cabeza un gran sombrero de pita de los que 
entonces se llamaban guarapones i que, por sus inmensas 
alas, hacia el oficio de quitasol i de paraguas» 

[Huérfano.) 

A veces también como adjetivo: 

<sAl cabo de ellos (de dos meses) vi una mañana en- 



240 GUA 

trar con sus espolones de liierro que sonaban en las pie- 
dras, i su sombrero guarapón, i sus piernas arqueadas a 
José, el mayordomo déla quinta, etc.») 

(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio.) 
En Méjico llaman a los guarapones, jaranos. 

GUASCA, AZO. 



Del quichua huasca, soga, cordel grueso. 

Alterando algún tanto su significación orijinal, emplea- 
mos nosotros esta voz por látigo, azote, fusta, manopla, 
disciplina, zurriago. Dar guasca i dar penca, son frases con 
que se anima e incita a seguir adelante a los que están 
comprometidos en alguna pendencia o empresa seme- 
jante. 

Guascazo es el golpe dado con la guasca. 

El provincialismo colombiano equivalente a guasca es 
rejo\ asi como el equivalente 21, dar guasca, es dar rejo. 

En castellano lo mas autorizado es látigo, si bien pare- 
ce preferible fusta o manopla para designar el que usan 
los cocheros. 

«Todo se yela i en silencio yace, 
Solo el chasquido de la guasca zumba: 
¡Qué veol— esclama el peregrino^ i cae 
Yerto en la tumba!» 
(Z. Rodríguez.— £;/ Carro de la vida.) 

«Al rigor con que estrato dadla gloria^ 
Pues no aguarda que el látigo castigue 
Lo que pudo enmendar la palmatoria.» 

(B. L. DE Argénsola. — Epístola.) 

(^En Manchéster la blanca muchedumbre 
Que suda el quilo con mezquina paga 
Quizá padece mas que de la fusta 
El herrado bozal de África adusta.» 



(Bretón. — Desvergüenza, ) 



GUA 241 



GUASO, A, ERIA. 



Del quichua huasa, los lomos i ancas de las bestias. 

Domínguez da a guaso el sentido de lazo arrojadizo, 
usado por los indíjenas de América, es decir, el de laqui\ 
i es por demás hacer notar que toma el rábano por las 
hojas. 

Acerca de la misma voz escribió el señor Vicuña Mac- 
kenna en su Historia de Santiago: «Otro tanto puede decir- 
se de hiiaso o huasa, palabra quichua i araucana a la yez, 
que significa espalda, anca, i de aquí fué que a los hom- 
bres que los indios veian sobre la espalda o anca de los 
caballos, comenzaron a llamarlos A?^</50S, por lo que la je- 
nuina expresión tan popular no es propiamente hombre de 
campo, sino hombre de a caballo.yi 

El señor Vicuña tiene razón, salvo en creer que huasa 
es palabra araucana, en cuja lengua por espaldas se dice 
vuri, i por ancas, ñudo, si hemos de creer al padre Fébres, 
que es autoridad en la materia* 

Tampoco seria exacto afirmar que por que huasa signi- 
fica ancas o lomos en quichua, guaso no sea propiamente 
el hombre de campo, sino el hombre de a caballo. Por 
mas que según todas las probabilidades se empezase a usar 
la palabra en la manera indicada por el señor Vfcuña, 
no es menos de presumir que, observándose que todos los 
hombres de campo andaban como injertados en sus caba^ 
líos, se viniese a llamar mui propiamente guasos a los 
campesinos de a pié i de a caballo. 

El hecho es que nadie llamarla guasos a los receptores 
i carteros que dia a dia recorren a caballo las calles de 
Santiago; al paso que nadie tendría embarazo en llamar así 
a los que las recorren a pié, vendiendo peumo, maqui, ca- 
güiles, i otros artículos semejantes, cubiertos todavía con 
el pelo de la dehesa. 

Guasería, es encojimiento, torpeza, grosería, propia de 
la jetite rústica. 



242 GUA 

«De uno a uno la visitan 
El gañan i el artesano 
El militar i el paisano 
I hasta un guaso de Viluco 
Corriéndola con el cuco 
Se la llevó por el llano.» 

(GuAJARDO. — La pohrecita de mi Juana.) 

— ((¡Mas cerca! gritaron los guasos: no le tengáis mie- 
do! si no te hace nada Aoo/» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

El provincialismo mejicano correspondiente a guaso es 
jarocho. 



GUATA, ON, ONA, ERO, ERA. 

Del araucano huatha, panza, el cual a su vez probable- 
mente viene del quichua huacta, lado, costilla. 

Usamos de guata en dos diversas acepciones: 1.'' por 
panza, vientre o barriga\ i 2.'' por estómagos de los ru- 
miantes, aun cuando algunos tengan nombres especiales, 
como por ejemplo el tercero, que llaman los carniceros 
librillo. 

Guatón, es el panzon o barrigudo. 

Guatero, el que vende por las calles guatitas de vaca o 
de cordero. 

Como guata, se dice de aquellas cosas mui suaves, la- 
cias i peladas. 

Hablar de guatón, es hablar por hablar, sin son ni ton, 
porque se tiene boca. 

Tenderse de guata, tenderse a la bartola. 

((Las gudteras i pateras 
Desde mui temprano están 
Vendiendo con grande afán; 
Lo mismo hacen las chancheras', 
Las materas i floreras 
Tienen su venta especial.» 

(GuA JARDO. — De todas artes.) 



GUA 243 

«Qué borracho tan diablo, 
Tan bebedor: 
Se le ha puesto la guata 
Como un tambor.» 

[Zamacueca.) 

GUATAPIQUE. 

Los corredores cohetes, tan comunes en nuestros fuegos 
artificiales, i que sin estallar nunca, corren caracoleando 
por lo bajo, las viejas en una palabra, no dan menos que 
hacer a los filólogos americanos que a las mujeres tan tí- 
midas como curiosas que con una lechigada de niños asis- 
ten a ver quemarse los arbolitos i ruedecillas. 

Estos cohetes sin varilla, que encendidos corren por la 
tierra entre los pies de la jente, se llaman en Colombia 
biíscaniguas. 

Con respecto al uso peruano dejaremos hablar al señor d® 
Arona. 

«BuscAPiQUE,» dice, «no se usa de otra palabra, sal- 
vo mui raras excepciones, para designar uno de aquellos 
cohetes tan comunes en los fuegos artificiales i cuyo ver- 
dadero nombre es buscapiés .y) 

«La razón de esta traducción, de este cambio de pies en 
pique es obvia. Los bichos llamados piques (piilex pene- 
traiis), i en otras partes de América, niguas, se introducen 
en el pié, del cual hacen su asiento; i al llamar buscapi- 
que al buscapiés, tomamos al contenido por el continente; 
como cuando entre la plebe se amenaza a los piojos, que- 
riendo significar la cabeza del que los lleva.» 

«Habrá fuegos 
Buscapiques 
I repiques. 
De aguas juegos 
I de manosp) etc. 
(J. DE Aróna. — Poesías peruanas.) 

«Antes de concluir advertiré que debe decirse buscapi- 



2U GUS 

rjues i no hiiscapiquey como es mas propio decir cor- 
taplumas, tenazas, despabiladeras, -pelagatos, mataperros, 
etc.;, aun cuando solo se trate de cosa o persona en sin- 
gular.» 

Queda ya dicho que, volviendo nosotros la espalda a bus- 
capiés a buscanigiias i a buscapiques, hicimos la cuenta 
de que eran moros los cohetes caracoleadores de que va- 
mos hablando i los bautizamos con el nombre de viejas. 

En cuanto a buscapique lo utilizamos, transformándolo 
en guatapique para designar aquella otra especie de co- 
hetes que estallan sin dar llama por el hecho de arrojár- 
seles con fuerza contra el suelo, cohetes que, sea dicho con 
entera franqueza, ignoramos como se llama,n en castella- 
no, si es que tienen algún nombre castizo. 



GUAYACA. 



Del quichua huayaca, talega, alfoijas- 

Nuestros campesinos llaman guaijaca una bolsa de cue-^ 
ro o de tela, con dos o tres departamentos que sirven para 
guardar por separado el tabaco i la chala (hoja de choclo) 
ó papel con que se hacen los cigarrillos. 

«Por eso pasé sin pena 
Lo que siguió del camino 
Con mi herramienta i guayaca 
I tirando a mi barcino.» 

[Romance popular.) 



GUSTAR, ADOR, ORA. 

Gustar es en el lenguaje del vulgo, divertirse, tunar, 

dar rienda suelta a la gula, a la pereza i a la lujuria. 

Gustador, el tunante, amigo del vino i de las mujeres. 



GUS 245 

«Cuando sal i a a (justai" 
A|ilaba su cuchillo 
Dejándolo relumbrante 
Como el espejo mas fino.)) 

[Huérfand.) 

«No liai un hombre (justador 
Que no tenga su refrán 
I cuando gustando están 
\uO lucen a cuál mejor.» 

(Gallarpo. ~ El Gustador.) 



H 



HABILOSO. 

Habiloso, en nuestro lenguaje familiar es aquél que 
en su conducta da muestras de habilidad e intelijen- 
cia i mui especialmente de astucia. O nos engañan las 
apariencias o este habiloso chileno no es mas que el habili- 
doso, andaluz que se aplica a lá persona que tiene habili- 
dades. 

Comparando el uso de hábil con el de habiloso, es fácil 
notar que mientras aquél indica la posesión de altas o por 
lo menos de útiles facultades, éste indica solo que se tienen 
las precisas para las pequeñas empresas i grandes travesu- 
ras. Hábil es el publicista, el jeneral, el abogado, el ban- 
quero, i habita el artesano: habiloso es el niño que, después 
de hacer alguna ratería en la alacena o algún estropicio 
en el jardin, encuentra medios de obtener perdón i biz- 
cochos de yapa, 

HACER. 



Son tantos i tan varios los sentidos que en castellano tie- 
ne este verbo según la manera como se costruja, que no es 
fácil cosa atinar con aquellas construcciones i acepciones 
que puedan estimarse en justicia como verdaderos provin- 
cialismos de Chile. Las que encontramos en nuestros apun- 
tes i vamos a someter, no sin algún recelo, al criterio 
del lector ilustrado son las sipruientes: 



248 HAC 

1." Hacer daño, locución con que se da a entender que 
alguno, usando de malas artes, ha causado a otro enfer- 
medad o muerte. Aunque la frase es castellana, la abu- 
sión es sin duda orijinaria de Arauco, Raras veces, en 
efecto, los indios creen que el que muere, sucumbe a sus 
enfermedades, a sus vicios o a sus años. Para ellos toda 
muerte supone un matador, alguien que por obra de ma- 
jia, brujería o encantamiento haya quitado la vida al di- 
funto. Pues bien este matador es en lenguaje indíjena el 
que hizo daño al muerto; i que mas de una vez ha tenido 
que pagar con su vida las bárbaras preocupaciones de 
los deudos i amigos de la supuesta víctima. 

Hablando de los párvulos, lo mas común es decir que 
]os ojean o que sufren 7naí de ojo. (Véase ojear.) 

«Sí comadre, a mi chiquitína me le habían hecho daño. y) 

(V. MuRiLLO. — Una Víctima del honor.) 

2.* No recordamos haber leido en los buenos autores 
hacer dejación, frase que (como es de suponerse en la 
tierra clásica de los dejados) anda de boca en boca, de- 
notando que, no por olvido, sino simplemente por pereza, 
se ha faltado al compromiso contraído, o dejado en pro- 
yecto la obra, empresa, dílíjencia, visita, etc. que ha- 
bíamos prometido o nos habíamos propuesto realizar. Lo 
dicho no obsta para que tengamos por castiza la frase de 
que estamos tratando, como quiera que, significando deja- 
ción la acción i efecto de dejar, i siendo omitir una de 
las acepciones de éste, nada tiene de contrario a la índo- 
le de la lengua que se emplee hacer dejación para indicar 
que se ha dejado de hacer u omitidi) el hecho a que nos 
referimos. 

3." Hacer herejías, es una singular locución común a 
Chile i a la República Arjentina, que equivale a hacer 
atrocidades^ maltratar cruelmente, herir, descuartizar. 

«I desdichada mujer 
La que después de casada 
Comete alguna falsiada 
Que el indio llegue a saber. 
Porque con ella ha de hacer 

Herejías 

(^AscÁsuBí. — La Indiada.) 



HAC 249 

4.' Hacerse: no sabemos si entendería el criado español á 
quien se le preguntase: ('¿Te haces con Don Fulano'^ o en la 
casal o simplemente, te hacesh Lo que sí aseguramos es 
que en Chile desde Atacama hasta Chiloé no habría fámulo 
ni fregona que no entendiese i contestase al punto, según los 
casos: aEstoi mui hecho; si me estoi pasando la gran vida: 
el patrón es una alma de Dios i la casa un donaire!» o 
mutatis mutandis «¡Qué me tengo de hacer, comadríta de 
mis ojos! si el rico es un Nerón, la casa es un sucucho i 
cada niño un basilisco!» 

Hacerse, en el caso de que tratamos, equivale a habi- 
tuarse, bien hallarse. 

5/ Hacerse del rogar: evidentemente el articulo redunda 
en esta frase. Con hacerse de rogar basta i aun sobra. 

«Si se hace de rogar algunas veces es por no conceder- 
nos la merced que le pedimos.» 

(Malón de Chaide. — Tratado de la Magdalena.) 

6.* Hacer la forzosa. (Véase forzosa.) 
7.* Hacer la pava [pavear.) Ha^er fisga, burlarse de al- 
guno, engañándolo, zahiriéndolo, metiéndolo por el aro. 



HACIENDA, HACENDADO; 



Hai personas, i algunas mui ilustradas, que miran con 
cierta desconfianza estas palabras, i que procuran evitar- 
las en sus escritos cual si desconfiasen de la lejitimidad 
de su oríjen i de la limpieza de su sangre. Otros, i el Sr. 
D. M. L. Amunátegui entre ellos, sin desecharlas sistemá- 
ticamente^ ni ir hasta escribirlas con bastardilla, las mas de 
las veces optan por estancia i estanciero, cual si fuesen 
mas autorizadas i castizas. 

Tales recelos carecen de fundamento, pues habría mu- 
cho mejor razón para tachar a estancia i estanciero de 
americanismos, que no a hacienda i hacendado. 

Nótese, pues también establecida queda, la gradación de 
la extensión de las propiedades raices por los nombres con 
que las designamos: hacienda, chacra, quinta; la primera 
destinada a la crianza de ganados i a las sementeras en 
grande; la segunda a la chacarería, planteles para negó- 



250 HECH 

cío, engordan, lecherías, etc.; i la última/ casi exclusiva- 
mente a huertos, jardines, parrales, en una palabra, al 
recreo i cómoda habitación de la familia* 



HASTA CADA RATO. 

Sobre esta frase (apenas usamos de otra para despedir- 
nos de las personas con quienes nos vemos a menudo) ob- 
serva el señor Cuervo en sus Apuntaciones: 

alíasta cada rato es fórmula usual de despedida i cree- 
mos que solo es menester aplicar un momento a ella la 
atención para reconocer su absurdidad. Hasta fija el tér- 
mino de una duración la cual en frases semejantes co- 
mienza desde el momento en que se profieren i cesa en 
el punto anunciado por la preposición: v. gr. hasta mafia' 
na\ esto es «el no vernos durará el espacio comprendido 
entre ahora i mañana;» cada rato indica repetición i no es 
posible que algo acabe (fon frecuencia^ si no comienza 
cuantas veces haya de verificarse el acabar.» 

Cun licencia i perdón del insigne hablista bogotano, 
cuyas son las líneas anteriores, nos atrevemos a insinuar 
que acaso la frase censurada no merezca el rigor con que 
la trata. En efecto, ¿por qué la frase hasta mañana no 
podria entenderse ahasta vernos que será mañanah I esto 
admitido, ¿por qué no admitiríamos que la otra, hasta cada 
rato, pudiera también, sin violencia, entenderse ikhasta 
vernos que será a cada ro,to%ü 

HECHIZO, A. 

Ocasión hemos tenido ya de hacer notar la linda cos- 
tumbre que tenemos los chilenos de llamar brutos a todos 
los animales indíjenas o introducidos por los españoles, en 
contraposición a los finos, que es como caracterizamos a 
los extranjeros. 

Hechizo, a, es el bruto de mas arriba aplicado a los ar* 
tefactos. 

Gallo bruto, toro bruto, perro bruto, son los gallos, 
toros i perros chilenos^ aclimatados en el pais desde 



HEM 251 

tiempo inmemorial; gallos, toros i perros finos, son los 
traídos en fecha reciente de afuera. Zapato, 'poncho, 
frazada, hechizos, son los elaborados en el pais; los demás 
son de extranjís. 

Rastreando el orijen de la acepcionchilena de hechizo, 
recordamos haber leido en uno de los mas chistosos, aun- 
que no sin duda de los menos libres, romances de Que- 
vedo: 

«¡Oh! quien viera cuando todos 
Armados de acero fino 
Amojonen lo que hicieron 
En el mayorazgo hechizohr 

Hechizo en el pasaje copiado, si el sentido jeneral de la 
composición no nos engaña, se toma en la acepción, anti- 
cuada ya en España, de contrahecho, falseado, imitado, 
acepción que es la misma que en nuestra humildad le da- 
mos siempre que nos servimos de aquel vocablo para ca- 
racterizar los productos de la industria nacional. 



HEMBRAJE. 



Hembraje es la palabra que los gauchos de la República 
Arjentina i los guasos de la nuestra emplean para signi- 
ficar el conjunto de los animales hembras de un ganado. 
Por los mismos el conjunto de los machos se llama ma- 
chaje, siendo de advertir que se aplica comunmente la pri- 
mera a la reunión de becerras, i la segunda a la de ter- 
neros. 

El conjunto de las crias de una vacada, sin distinción 
de sexo^ se llama guacharaje aquende i allende los Andes. 

«Luego no mas en tendales 
Quedó todito el hembraje 
I atrasito entró el machaje 
A rodar como costales.» 



(AscÁsuBi. — Descripción de un vapor.) 



HERR 



HENDIJA. 



Acerca de esta voz escribe el señor Cuervo: 
í'En castellano tenemos rendija rehendija, i en lo anti- 
guo hubo hendrija\ formas las dos últimas que permiten 
rastrear el oríjen del vocablo, [hender) i dan asidero para 
defender nuestro hendija, voz quizas añeja que, por no 
hallarse en los autores, no ha entrado en el Diccionario.» 
«La rendija se ha convertido en un anchuroso boque- 
ron.» 

(BÁLMES. — Cartas aun escéptico.) 

ttMas ajiles no son las lagartijas 
(I del pedestre símil no se enfaden) 
Prensándose en angostas rehendijas.) 

(Bretón. — Desvergüenza. ) 

«Cierra su puerta i las hendrijas tapa.» 

(B. L. DE Argensola. — Sátira.) 

HERVIDO. 



La comida que se compone por lo común de carne i le- 
gumbres cocidas, se llama en español, puchero, olla, i tansr 
bien cocido. 

Nosotros, olvidándonos de nombres tan autorizados i 
castizos, llamamos a ese plato hervido, voz que aunque 
pudiera alegar en su defensa el ejemplo de su primo her- 
mano cocido, siempre deberla ser condenada por redun- 
dante. 



HERRAJE. 

Por el conjunto de piezas de hierro o acero con que se 
guarnece algún artefacto, es castizo. En Chile usamos ex- 
clusivamente esta palabra para denotar el conjunto de pie- 



HIE 253 

zas de plata con que guarnecen los guasos acomodados los 
arreos de sus cabalgaduras. Freno de herraje, montura de 
herraje, son el freno i montura adornados con piezas de 
plata, como chapas, cadenitas, copas, etc. 



HERRAR, ERRAR. 

Estos dos verbos, ambos irregulares e idénticos por su 
sonido, deben distinguirse cuidadosamente en su ortogra- 
fía i conjugación. 

Herrar es poner herraduras i marcar o guarnecer con 
hierro. 

Errar es no acertar, equivocarse. Las formas irregula- 
res de éste son yerro, yerras, ^jerra, yerran\ yerre, yerres, 
yerre, yerren; yeíTa tú. 

Las del primero, hierro, hierras, hierra; hierre, hierres, 
hierre, hierren; hierra tú. 

No hai, pues, que escribir como algunos por descuido o 
ignorancia suelen: No erra o no hierra disparate; porque 
el tal, con tan inexcusable yerro, daria motivo al adver- 
sario para que le devolviese el cumplimiento colgándolo 
en su propia horca. 

(cTucapel de furioso el tiro yerra 
I el furioso troncón metió por tierra.» 

(Ercill A . — A raucana.) 

aSaltó la dueña, hecha otra dueña, por no decir un re- 
jalgar, i dijo: Di tu nombre i qué hierras aquí donde no 
hai bestias.» 

(QuEVEDo. — El Entremetido y la dueña i el soplan,) 



HIERRA. 

La operación de señalar los animales aplicándoles una 
marca de hierro hecho ascua, es en castellano herradero.^ 
En Colombia se llama herranza. 
En la República Arjentina i en Chile hierra. 



254 HOR 



HINCARSE. 



«Hincar», dice el señor Gormaz en sus Correcciones, 
«significa solo introducir o clavar una cosa en otra.» 

«Se mettre á genoux, arrodillarse, hincarse, ponerse de 
rodillas.» 

(Martínez López. — Diccionario francés espariol i vice- 
versa , en la voz genou.) 

«Corrió a su amado altar, se hincó a adorarle 
I al vital resplandor de su bujía » 

(Zorrilla.— (7«ní05 del Trovador. — Margarita la tornera.) 

HOBLON, 



Los mercaderes franceses que introdujeron el hombre- 
cilio o lúpulo lo tradujeron por hoblon u oblon, del hoii- 
blon francés, i nuestros paisanos lian adoptado jeneral- 
mente este nombre de oblon. 

«Durante la ebullición se echa una sustancia amarga 
que suele ser la pina hembra del lúpulo u hombrecillo .y) 

(Monlau. — Hijiene. ) 

nHumulus liipuluSy el hombrecillo o lúpulo (en Chile di- 
cen hoblon, del francés Iwnblon, pero esta voz no es espa- 
ñola.») 

(Philippi. — Botánica.) 



horqueta. 

En castellano es sinónimo de horcón, palo terminada 
por dos ganchos que sirve para apuntalar los árboles i 
formar los parrales. Mas largo i delgado es horquilla. 

El equivalente castizo de nuestra horqueta es bieldo. 



HUE 255 

tcAl forzudo extremeño habréis mirado 
Mas de una vez sobre el montón de mieses 
Burlar de Sirio abrazador los fuegos 
Lanzando al viento los trillados granos 
Con el dentado bieldo.y) 

(Meléndez.) 

Stilir de algún 7iegocio o quedarse j con la pala i la hór^ 
queta: es salir sin un centavo, quedar con lo encapillado^ 
por puertas* 



HOSTIGAR. 



Dicen muchos mal por empalagar, dar en rostro, v. gr.: 
«Este manjar me hostiga, y) 

«El mismo guiso todos los dias acaba por hostigar aun 
cuando sea de faisán, porque el apetito gusta picar de 
aquello i de esto.» 

(G. V. Amunátegui. — Pedro de Oña — ^Correo del do- 
mingo, núm. 9.) 

Oña no dice hostigar: véase Arauco domado, Canto 17* 

«La mujer caprichosa al fin hostiga'. 
Cuidado pues amiga!» 

(Guillermo Matta.— Poe5Í<25.) 

«Un manjar solo continuo, pronto po7ie hastío.» 

(Rojas. — Traji-comedia de C alisto i Melibea.) 

«Por mui precioso que fuese un manjar, si se comiese 
toda la vida daria en rostro. n 

(Granada. — Memorial.) 



íliJENÍ. 

Ilueñi llaman los araucanos al niño que ha pasado de 
5 años i no ha llegado a los L5; i así también en las pro- 



256 HUE 

vincias del Sur los de habla española a los chinitos que 
obtienen de la tierra para el servicio doméstico. 



HUERO, A. 

Según el Diccionario de la Academia huero «se apli- 
ca al huevo que por no estar fecundado por el macho, no 
produce cria, aunque se eche a la hembra cluecaj) Tam- 
bién metafóricamente se dice de lo que es vacío o carece 
de sustancia. En este sentido Quevedo puso por título a 
una de sus sátiras contra los poetas: Premáticas del de- 
sengaño contra los poetas cjüerós. 

En Chile damos a huero una significación que, mas que 
a la española, se asemeja a la que atribuyen los araucanos 
a su adjetivo Aí/em, /^z/^ya o hueda, \(i que está malo, 
corrompido. Así llamamos güeros a los huevos que con el 
trascurso del tiempo llegan a podrirse i a despedir un 
olor insoportable. 



HUESILLO. 



¿Cómo se llaman en España los duraznos secados al sol? 
Si tienen algún nombre fuera del de duraznos secos, que 
es algo mas que uno, lo ignoramos. 

Entre nosotros, donde es mui común secar los duraznos 
para comerlos cocidos en el invierno i primavera, los lla- 
mamos huesillos, cuando se les ha secado sin sacarles el 
hueso; que ya queda dicho que en el caso contrario se 
llaman descocados o descarosados. 

«El grito del motero anuncia la entrada del verano, 
época en que principia sus ventas. ¿En qué se ocupa el 
motero durante el invierno? Nadie lo sabe; pero el caso 
es que durante la estación calurosa se le oye por las ca- 
lles vendiendo huesillos i mote fresquito, porque ninguno 
se contenta con vender moíe solo 

(Tornero.— CAí/e ilustrado.) 



huí 257 



huevada: 

Huevada, radada, ríñones^ núcleos, papas, etc. llaman 
los mineros aquellos puntos de la veta en que aparece 
el metal en grande abundancia, amontonado i como ^ 
granel. 

¡huiche! o ¡huich! 

Talvez del quichua Mdcclii, silvar. 

Bajo sus dos formas es interjección mui usada para 
burlarse picaresca i familiarmente, para provocar en sus 
barbas a alguno, echándole en cara su rabia o su impor 
tencia. 

«Una niña en su cueva 
Regalánndose está 
\Huich\....ojQ\k.y) 

[Adivinanza popular.) 

«¡Fluiche! que ya te pillé 
Lo que tanto me negabas! 
Voi a buscar amor nuevo, 
Contigo no quiero nada.» 
[Zamacueca.) 



HUINCHA. 

Del araucano i quichua, huincha, cinta que traen los 
indios en la cabeza i con la cual enlazan i sujetan los ca- 
bellos. Esta cinta es llamada vulgarmente vÍ7icha o jaque', 
i hemos reservado a huincha para significar las cintas 
gruesas de lana con que se ribetean los ponchos, alfom- 
bras, etc,, sobre todo cuando son trabajadas en el pais, i 
entonces suelen llamarse hechizas. 

Hacer huincha a alguno, es darle una zurra. 

Hacerse huincha, doblarse, encojerse. 



258 HUP 

HUIRÁ, O 

De araucano hiiiron, hender^ o de huirmí, desollar. 

Llamamos ladras las tiras que se obtienen despojando 
de la corteza a ciertos árboles, especialmente al maquiy í 
que sirven para liar fardos, amarrar las parras a sus ro- 
drigones i también para azotar a los muchachos, i de aquí 
es que dar huirá equivalga a dar guasca, dar látigo. 

Comer maqui i sacar litara^ es un adajio mui expresivo 
que usan nuestros guasos para indicar que con un mismo 
trabajo o esfuerzo se obtienen dos ganancias^ o se reali- 
zan dos empresas diversas. Comer maqui i sacar ladra, 
es hacer una via i dos mandados, o matar dos pájaros de 
una pedrada. 

Huiro es una especie de alga u ova menos estimada 
que la que se come i llamamos vulgarmente cochaijuyo. 

«¿Sabes, le dijo un dia 
A cierto tajamar un cochaijuyo 
Que no lejos vivia, 
Que es gusto singular el gusto tuyo?» 
(Z. Rodríguez — El Tajamar iel Cochayuyo.) 

Como cochayuyo i mui negro. 

HUIRHUIL. 



Del araucano huillhuill, tasajos de carne mid delgados 
i largos, orejones. 

Hidrhuil es mui usado, aun que solo en la frase como 
un ladrladl, que vale roto, hecho tiras, andrajoso, de- 
sarrapado, 

¡hupa! o ¡hupI 

Interjección para llamar la atención del que se distrae 
o despertar al que está dormitando. 



HUR 259 

«¡Si está roncando el bárbaro!.... ¡qué engaño 
Esesto del sevenol,,.. \hiipa\ sujeta 
Tu sombrero, José, que el viento aprieta! 
¡Con tal que siga así bueno va el año!» 

(Z. Rodríguez. — El Borracho.) 



HURGUETE, ETEAR. 



Hurguetear se usa mucho en Chile en el sentido de re- 
buscar, i de ahí hurguete el que rebusca. 



IMBUNCHE, AR. 



Dice el padre Fébres, explicando (i no muí claramente 
por cierto) la significación de la voz araucana ivumche, 
«los que consultan los brujos en sus cuevas, donde los 
crian desde chiquitos para sus hechicerías o encantos: a 
estos llaman las indias ivumcoñi.y) 

Según el uso de la jente ignorante i supersticiosa, im- 
bunche es maleficio, encantamiento diabólico, hechicería, 
o también médium (como dirian de los espiritistas, esos 
otros supersticiosos de levita i de sombrero de pelo) que 
sirve a los brujos de ájente o instrumento de sus brujerías. 

«En otra ocasión el mismo se habia propuesto- hacer 
un viaje por el aire al pueblo de Chillan; pero al em- 
prender el vuelo, cuando ya estaba emplumado i conver- 
tido en imbumchi se habia dado un gran porrazo, porque 
etc.» 

[Huérfano.) 

Otro sentido que damos a imbunche, i que a diferencia 
del anterior ninguna relación tiene con el orijinal arau- 
cano, es el de enredo, madeja, tanto en el estilo propio 
como en el figurado. «El niño que al recojer su volantín no 
cambia continuamente de lugar corre peligro de formar 
con el hilo un imbunche.^) También imbunches son los plei- 
tos explicados por mujeres i defendidos por leguleyos, con 
o sin título universitario. 



262 INF 



INCLUSIVE. 



Es este un adverbio (otro tanto podría decirse de ex- 
clusive) i como tal invariable. Grande .debe reputarse por 
tanto el disparate de aquéllos que le dan plural en frases 
como: «El niño ha estudiado hasta los verbos irregulares 
inclusives)) , i otras de la laja. 



INDEPENDIZAR. 

Acerca de este neólojismo dice el señor Cuervo: 
«Otro verbo cuya formación da mucho en que pensar 
es independizar: lo cierto es que no hai otro en izar de- 
rivado de adjetivo en ante, ente, pues nuestro dementizar 
en lugar de dementar es un disparate; pero con ser así 
arguye en contra de aquél, porque da a entender que no 
se puede suprimir el ent. Si a cualquiera se pregunta co- 
mo se formarla un verbo que significase volver protestan- 
te es seguro que no contestará protestizar sino protestan^ 
tizar. Sea de esto lo que se quiera, en castellano siem- 
pre se ha dicho emancipar.^) 



INDINO, A. 

Seguramente este adjetivo es corruptela de indigno, a\ 
pero ¿por qué hacerlo significar contra su naturaleza, as- 
tuto, pillo i mas exactamente picaruelo, pues se toma 
siempre en buena parte? 

INFLUIR, INFRINJIR. 

No faltan quienes confundan estos verbos o experimen- 
ten cuando menos cierto embarazo para usarlos. Tengan 
los tales presente que el primero viene de infligere, im- 
poner una pena, i el segundo de frangere, quebrar. 

Tampoco es raro que la poc^ atención de los que se 



LNF 263 

sirven de inflijir, los haga caer en el despropósito de 
emparentado por fuerza con infrinjii\ agregando a aquél 
una 71 entre la i i la /. 



INFLUENCIAR, INFLUIR. 

Influenciar no es mas que el francés influencer, galicis- 
mo tanto menos perdonable cuanto que tenemos en cas- 
tellano el verbo influir^ formado de la misma raiz i de 
significación idéntica. 

ulnfluidos por las creencias populares, no dieron un 
solo paso adelante.» 

(Larra. — Literatura. ) 

«El congreso, intimado por la popularidad de la junta 
patriótica i viendo el decidido apoyo que le prestaban 
muchos de sus miembros, toleraba el porte descomedido 
de aquel cuerpo i se dejaba influir por él en los nego- 
cios.)) 

(Baralt i J^iki,— Historia de Venezuela.) 

No hai duda que el influir de estos dos pasajes nos di- 
suena: ¡tan acostumbrados estamos ala práctica francesa 
que consiste en emplear influer, siempre que se trata de 
acción ejercida sobre cosas, e influencer solo cuando se 
habla de la influencia que se ejerce sobre las personas! 



infundía. 



Es como dicen uno que otro médico, i la innúmera ca- 
terva de las i los aficionados a practicar a costillas de los 
enfermos la socorrida ciencia hipocrática. 

Debe decirse enjundia. 

«Tienen por feo en la mano un dedo mas; i ¿pueden 
creer que tres dedos de enjundia sobre el rostro le es 
hermoso?» 



(Frai Luis de IuEQ^.-- Perfecta casada. 



264 INQ 

INHUMANO, a; 



Es en español falto de humanidad, bárbaro, cruel, acep- 
ción corriente también entre los chilenos instruidos. 

Otra empero es la que predomina en el uso del vulgo. 
Según é\, inhumarlo ha llegado a ser equivalente de exce- 
sivo, en sumo grado. Por ejemplo, del muchacho que se 
cae a la acequia se dice que sale inhumano de puerco o de 
mojado. I así por el estilo hai jentes inhumanas de rotas, 
de pobres, de lastimadas, etc.; i un amigo tenemos que 
cuando empieza a dar cabezadas i tamaños bostezos, se 
disculpa diciendo que está inhumano de sueño! 



INQUILINO, A, AJE. 



Atendiendo a la etimolojía de estas voces es fácil dedu- 
cir de los tres elementos de que constan su recta signifi- 
cación. Inquilino, viene de inquilinus, el cual se formó del 
prefijo in, en, de coló, colis, colere, habitar, i de alienus, 
aliena, alienum, ajeno. Inquilino será, pues, el que 
habita en un pais, en un lugar ajeno* ¡I digan después que 
por que nuestros antepasados no tenian a la mano el Dic- 
cionario etimolójico de Monlau no eran sapientísimos en el 
arte de poner nombres nuevos a las cosas nuevas! 

Ya se verá por lo dicho si haria bien la Academia espa* 
fióla ensanchando un poco la significación de inquilino «el 
que ha tomado una casa o parte de ella en alquiler para 
habitarla.» 

Si inquilino es el que vive en tierra ajena^ en nada se 
ofende a la verdad i al contrario, con llamar así a los in- 
dividuos a quienes dan nuestros hacendados un pedazo de 
tierra para que levanten en él su rancho i hagan sus pe- 
queñas siembras, mientras así convenga a los intereses de 
aquéllos. 

El sistema agrícola que consiste en servirse de inquili' 
nos para el cultivo de las grandes propiedades, i también 
.el conjunto de inquilinos se llama inquilinaje. 

«El rei habia ordenado que los indios vivieran en reduc- 



INV 265 

iciones o poblaciones, rejidos por majistrados propios, i 
sin que los encomenderos pudieran entrometerse con ellos; 
pero después tuvo que consentir en que muchos quedaran 
trabajando en las chacras o estancias.» 

«Estos eran llamados naborios en Méjico, yanaconas en 
el Perú, inqiiilinos en Chile.». ...... * 

c(Los inquilinos o indios residentes en las mismas estan- 
cias de sus patrones, estaban obligados a servir ciento se- 
senta dias cada año en las diversas labores del fundo.» 

«En recompensa el dueño les suministraba un pedazo 
de tierra para que el inquilino levantase su rancho i pu- 
diese sembrar un almud de maiz, dos de cebada, dos dfe 
trigo i otras legumbres; i a prestarle los bueyes e instru- 
mentos necesarios para el cultivo.» 

«De estos ciento sesenta dias, solo veinte i nueve eran 
retribuidos a real el dia, debiendo servir gratuitamente 
en los restantes para compensar el tributo.» 

(«Amunátegui.— Aos Precursores de ¿a Independencia de 
Chile.yy) 

Nuestros inquilinos van siendo ya verdaderos colonos. 



ínter. 

Vov mientras; entretanto es anticuado en la Península. 
En Chile es mucho mas usado que ínterin, i se emplea, ya 
solo, ya antepuesto a tanto, formando con él una sola pa- 
labra, intertanto. 

idnter en sueño reposa 
A Adán el mismo Señor, 
Le formó con sumo amor 
De una costilla su esposa.» 
(GüA JARDO. — Fin de la Creación,) 

INVERNADA, INVERNADERO. 

Ambas voces son castizas i derivadas dé invierno; pero 
tienen diferentes significaciones, pues mientras invernada 
lleva en si la idea de tiempo i denota la estación del in- 



266 IPE 

\ierno, inverimdero es el lugar apropósito para pasar ésta, 
i mas comunmente el paraje abrigado que se destina a que 
pasten los animales durante la temporada de las lluvias i 
hielos. 

«Por causa de los puertos o invernada 
Retirará la poderosa armada.» 

(Ercilla.— Zd Araucana.) 

En Chile se usan como si fueran de igual significación 
inver7iadero e invernaday si bien ésta mucho mas frecuen- 
temente entre los campesinos siempre que se trata del pa- 
raje en que pasan los animales el invierno. Pocas son las 
haciendas de Chile que no tengan en los planes algún 
potril o en las cordilleras algún cajón que no se llame la 
invernada, ¿Cuántas son aquéllas que tienen inveriiaderos? 



INYECTAR. 

Usase mucho i se usa mal este verbo siempre que se 
junta con ojos para expresar la circunstancia de que ellos 
se encienden i vuelven rojos, a consecuencia déla cólera, 
del furor, o también de alguna enfermedad. 

Como inyectar es introducir algún líquido en un cuerpo, 
se cae de su peso que ojos inyectados no pueden ser ojos 
ensangrentados» 

Los buenos escritores españoles han dicho siempre en- 
carnizados. 

((Esto dijo en voz tan alta que lo oyó la duquesa, i vol- 
viendo i viendo a la dueña tan alborotada i tan encarni" 
zados los ojoSy le preguntó con quien las habia.» 

(Cervantes. — Quijote, ) 

IPEPACÜANA. 

Dicen a una curanderos i pacientes. Debe decirse ipeca^ 
enana. 



ISL 267 

IR. 

Una de las muchas acepciones de este yerbo es consistir y 
depender, i así se dice: aEn ese negocio le va a Pedro su 
fortuna». «En la aventura que ha emprendido Juan, pue- 
de irle la vida». Pero tenemos por chileno el uso que se 
hace entre nosotros de ir para indicar la propensión de 
alguno a hacer tal o cual cosa, como se verá mas clara- 
mente en los populares versos que siguen: 

«¡Ai quien fuera como el perro 
Para no saber sentir! 
El perro no siente nada, 
Todo se le va en dormir!» 

También merecen notarse las frases ir a peor, ir a me- 
jory por ir empeorando o convaleciendo paulatinamente 
de alguna enfermedad.. 

«Estoi enfermo de amor 
No hallo qué remedio hacer, 
En vez de convalecer 
Cada dia voi apeor.i» 

(GuAJARDO. — Enfermedad de amor,) 

«Suele hallarse este verbo ir como auxiliar de sí mis- 
mo: V. gr. «Yo vüi a ir; iúvas a ir; el iba a iry) etc.; pero 
es preciso advertir aquí que esto es un abuso gramatical 
censurable, contrario a todas las reglas del buen gusto.» 
(Flores. — Gramática española, ) 

ISLILLA. 

Según el Diccionario de la Academia, nislilla es la par- 
te del cuerpo desde el cuadril hasta debajo del brazo.» 

En Chile llamamos islilla al hueso situado transversal i 
oblicuamente en la parte superior del pecho, cuyo propio 
nombre es clavícula^ llave del pecho. 



JABA. 

Jaba es un provincialismo cubano i denota una especie 
de cesto tejido de la hoja del yarei. 

Lo usamos nosotros también, i es nombre que damos a 
los cestos hechos de gruesas varillas que sirven para el 
envase de la loza^ porcelana i cristales que se internan 
en el pars. 



JENT^. 

Notamos como chilenismo el empleó que hacemos de 
esta voz para denotar personas de calidad, de pro, de 
elevada posición social. Así decimos: «A los palcos del 
Teatro municipal solo va la jeíitey). «Fulano es muijen- 
te.y) ((No hai pan que me guste tanto como el de lá jenteyy> 
etc. 



JINETEAR. 

Según Salva, jinetear es un provincialismo mejicano 
que significa domar los caballos cerriles. 

Entre nuestros guasos corre también, aunque en senti- 
do un tanto diverso, ^uq^ jinetear es montar un caballo 
i manejarlo como cumple a un diestro i valiente jinete. 



270 mi JUL 

JIRO^ A.' 

Provincialismo cubano, que según Salva vale tanto co- 
mo nuestro castellano, que no es por cierto oriundo de 
Castilla. 

Entre nosotros jiro es un adjetivo que denota color i 
se aplica a gallos i gallinas; pero no a las pintadas de 
blanco i negro, sino a los matizados de colorado i ama- 
rillo. 

I)' cuatro al jiro i cuatro al colorado, es frase con que 
se moteja a los políticos murciélagos, que hacen a pluma 
i a pelo, i que llevan los principios en la barriga. 

JONJA. 

Es un chilenismo^ por burla, fisga, vaya. 



jote; 



Llamamos así una especie de buitre de color negro, 
algo menor que un pavo, i común a toda la América, (ca- 
thartes aura). Se parece bastante al gallinazo (cathartes 
urubú). 

También es apodo con que se designa a los clérigos. 

JULEPE. 



Es palabra usada en España, solo en el trato familiar, i 
equivale a reprimenda, zurra. 
Es ademas bebida medicinal, según Salva. 
En Chile denotamos con ella, miedo, susto. 



L. 



LABORERO- 



Es VOZ minera que sirve para designar al empleado que 
lleva la dirección de los trabajos de una labor, sujetán- 
dose a las órdenes del administrador. 



LACRE. 



No es español, por colorado^ encarnado. 

«Azucenas i lacres amapolas.» 

(E. LiLLO. — Loco de amor.) 



LACHO, A. 

Hemos hurgado no poco nuestros vocabularios por ver 
de dar con la etimolojíade este vocablo en que el tipo in- 
díjena está patente, i la única que nos atrevemos a pre- 
sentar como probable es la que se funda en la semejanza 
de forma i de significado que tiene nuestro lacho con la 
palabra aimará gualaicJtOj que quiere decir alegre, tra- 
vieso. 

Sea como fuere, es lo cierto que pocas voces mas ex- 
presivas tiene el lenguaje de nuestros rotos i guasos. Kl 
lacJio es el amartelado galán, el pisaverde, i a veces tam- 



272 LAN 

1bien el Tenorio i el Montecristo del mundo de los cam- 
pos i chinganas. 

uMontaba don Diego (Portales) por lo jeneral en silla 
inglesa, pero tenia un avío de pellones del pais, aperado 
de chifles, machete, alforjas i pegual, que cuidaba con es- 
mero i en el que en ciertos dias se ostentaba como el mas 
gallardo lacho. yy. 

(Vicuña. Mackenna. — Diego Portales.) 

También se usa, si bien menos frecuentemente, en la 
terminación femenina, i entonces se toma siempre en ma- 
la parte. 

(cLe pasaba a la cantora 
I le decia: Muchacha, 
Seas o no seas lodia, 
Conmigo te vas ahora.» 

(Gu A JARDO. — Un lazo de verijas.) 

LADEADA. 



La acción i efecto de ladear o ladearse una cosa, o de 
inclinarse el ánimo hacia una determinación, es en caste- 
llano ladeo, según la Academia; i mejor, según Domínguez, 
ladeamiento. 

El uso corriente en Chile no sigue ni a Domínguez ni a 
la Academia, pues apenas emplea otra voz que ladeada, 
ya en el sentido recto ya en el metafórico. Así del volan- 
tín que se inclina hacia un lado se dice que tiene ladeada 
para la izquierda o para la derecha. Hacerle la ladeada, es 
tirarlo de manera que se ladee hacia donde quiera la per- 
sona que lo maneje. 

LANA MERINO. 

¡Cosas de mercachifles gabachos! En España siempre se 
dijo lana merina. En Santiago todo el mundo dice ahora 
lana merino, i así se vé en rotulatas de tiendas i en los 
avisos de los diarios. 



LAQ 273 



LAPICERA, 



Lapicera no es palabra española, pues el instrumento 
que sirve para colocar i ajustar el lápiz se llama lapicero. 

Nosotros llamamos lapicera al cañón de metal, marfil, 
madera u otra materia en que se coloca la pluma metáli- 
ca con que se escribe. 

Según el Diccionario de la lengua, este canon se llama 
phima\ pero como ese es también el nombre de la pequeña 
pieza metálica que se le ajusta en uno de los extremos pa- 
ra tomar con ella la tinta i escribir, no puede negarse 
que, aunque mal formada, nuestra lapicera, no es del todo 
ociosa i debe mantenerse en razón de necesidad mientras 
no se presente mas aceptable reemplazante. ¿Por qué así 
como a la cajita que sirve para poner los fósforos se lla- 
ma fosforera, i cartera al estuche en que se colocan las 
cartas, no llamar plumera al instrumento en que se ajus- 
tan las plumas?' Solo por una razón: porque así lo quiere 
alguno que suele atenerse poco a las razones, el uso, que 
es hoi como en tiempo de Horacio ju$ et norma loquendi. 



LAQUE, EAR. 

Laque es voz araucana i probablemente de oríjen pata- 
gónico. Es nombre que dan los indios de este i del otro 
lado de los Andes a un instrumento que usan en sus gue- 
rras i cacerías para cojer giianacos, avestruces i animales 
vacunos, i para ofender también a los enemigos. Se com- 
pone de una soga o látigo, largos de uno a dos metros, en 
cuyas extremidades amarran piedras o bolas de plomo. El 
laque es arma arrojadiza i los indios pampas, pehuenches 
i patagones lo manejan con destreza admirable. 

Laquear, es derribar a alguno, cojerlo o matarlo por- 
medio del laque. 

«I cuando se sabe que el padre Valdivia no fué el úni- 
co miembro de la Compañía de Jesús que consagra sr^ exis- 
tencia a tan santa obra, cuando, uno lee la vida \ traba- 
jos apostólicos de un Mg.scardi^ que atraviesa. Üas pampas 



274 LAT 

patagónicas anunciando la buena nueva a sus tribus erran- 
tes, hasta morir laqueado por los bárbaros na 

es posible ahogar en el corazón el tierno sentimiento do' 
respeto i de simpatía que despiertan virtudes tan heroicas 
i sacrificios tan sublimes.» 

(Z. Rodríguez. — Artículo bibliográfico sobre Los Pre- 
cursores del señor Amunátegui.) 



LAR GAR. 



Por mas que una de las acepciones castizas de este ver- 
bo sea soltar, dejar libre, tenemos por chilenismo el uso 
que de él hacen nuestros guasos, dando a entender que el 
jinete emprende la carrera aguijoneando i azotando a su* 
caballo, 

...... «La hacia un ovillo (a una yegua} 

I al largarla llano abajo- 
Sobre la tifsa tendido 
Era lo mismo que un rayo^. 
No se le vía el polvillo.)) 

[Huérfano',) 



LATIGUBO, A.. 

Llámanos en Ghile^ nemine discrepante, latigudas todas^ 
aquellas cosas que pueden fácilmente doblegarse i exten- 
derse, talvez por ser esa una de las cualidades de las lá- 
tigos. Tal voz es desconocida en España, cuyos escrito- 
res i diccionaristas atribuyen la representación de aque- 
lla propiedad al adjetivo correoso. La noticia puede ser da 
algún provecho a los alfeñiqueros, aunque seria pensar en 
lo excusado imajinarse que por todos los diccionarios del 
mundo hablan de abandonar su grito: ¡alfeñique látigudo 
fresquitol para reemplazarlo en adelante por el castizo de, 
¡alfeñique correoso fresquilo! 

En virtud de un procedimiento muí semejante al em- 
pleado por nosotros para sacar de látigo, 2i látigudo los ce-' 



LAU 275 

Umbianos, que llaman rejo a lo que los chilenos lazo, han 
sacado de aquél el adjetivo rejudo , equivalente al cas- 
tellano correoso. 

«Son hechos los poetas de una masa 
Dulce, süave^ correosa i tierna.» 

(Cervantes. — Viaje al Parnaso.) 



LAUCHA, 

Llaman los araucanos llaucha, i nosotros Mucha a los 
pequeños mamíferos,, orijinarios del Oriente i trasportados 
de Europa a América, que los zoólogos denominan mus 
viiiscidus. 

I ya que hablamos d^ estos bichos no estará demás ad- 
vertir que, como quiera que laucha se aplica a las espe- 
cies de mas pequeños individuos de la familia de los mu- 
sídeos, no es sinónimo de rata, según vulgarmente se cree, 
sino de ratón, o ratoncillo. 

El nombre chileno que corresponde a rata es pericote, 
acerca del cual, ya que lo hemos nombrado, copiaremos 
un pasaje que trae el señor Gay en su Historia ele Chile al 
ocuparse del 7nus decu7nanus, vulgarmente ratón, castiza- 
mente rata, i a la chilena pericote» 

«En el año de 80 se experimentó lo mismo en Valdivia, 
donde se vio el rio cubierto de pericotes. Yo mismo he ob- 
servado que en las parte adonde no se ha secado el co- 
legüe no se ha sufrido tal mal. Hemos visto muchos perico- 
tes muertos todos de un mismo porte^ mayores que las lau- 
chas, casi todos pardos i algunos enteramente blancos.» 
(Relación manuscrita de un viaje hecho por O'Higgins a 
Nueva Osorno a fines del siglo XVJII.) 

De manera, pues, que resumiendo, la práctica es lla- 
mar pericotes a los jigantes de la familia, ratones a los 
granaderos, ratas a los de talla mediana, i lauchas a la 
menudencia. 

Como una laucha, se dice de una persona flaca i menu- 
da de facciones. 

Mientras ios gatos duermen los pericotes se pasean] es r^- 



276 LAZ 

fran con que se da a entender que cuando los jefes son 
desidiosos, los subalternos no tardan en hacer de las 
su jas. 



LAVADERO. 

Copiamos del Diccionario de Salva: «lavadero. — Provin- 
cialismo de la América Meridional: El paraje del rio o 
arroyo de donde se sacan arenas o pepitas de oro, 
que se lavan allí mismo, ajitándolas dentro de una nave- 
ta de cuerno en la corriente del agua.» 



lavatorio. 

En España nuestro lavatorio es lavabo (neolojismo.J Los 
diccionarios no lo traen en esta acepción. Domínguez dice 
que lavabo es un estuche. Sinembargo, en Madrid nues- 
tros lavatorios se llaman lavabos. 



LAZO. 

De esta voz sí que puede decirse que es un verdadero 
provincialismo de los paises situados en la parte sur de la 
América Meridional; pero un provincialismo tan necesario 
i propio que es realmente extraño no haya sido aceptada 
ya por la Academia. En efecto, puesto que en Chile i re- 
públicas platenses, el gobierno de los animales que pacen 
sueltos por los campos se verifica por medio de una larga 
tira de cuero torcido o trenzado, que termina en un lazo 
corredizo con el cual los guasos los enredan i cojeii 
i puesto que era preciso poner un nombre a ese 
instrumento, ¿qué otro mas propio i expresivo habria sido 
posible darle que el de lazo? Si una de las acepciones de 
esta voz es la cuerda de hilos de alambre^ de cáñamo o 
de cerdas,, con su lazada corrediza, que asegurada en el 
suelo sirve para cojer conejos, perdices, etc. ¿no era na- 
tural que se llamase lazo el látigo, que con su lazada corre- 
diza también^ asegurado al pegual del avio^ sirve para ca- 
zar toros montaraces i potros cerriles? 



LAZ 277 

Engañólo por tanto un sentimiento poco justificable de 
amor patrio al señor Cuervo cuando, al tratar del pro- 
vincialismo colombiano equivalente a lazo escribió en sus 
Apimtaciones: 

«Como ocasionarla notoria confusión el pretender nom- 
brar el rejo de enlazar de nuestros campesinos con otra 
voz mas propia, como lazo (este es el nombre usado en 
Buenos Aires i otros puntos de la América austral) soga 
etc., nos abstenemos de indicar variación a este res- 
pecto.» 

Que lazo es mas propio que rejo, el mismo señor Cuer- 
vo lo confiesa. Que no existe el peligro de la confusión, 
nos los dice la experiencia, i también el discurso, pues él 
solo ocurre cuando se emplea una misma palabra para 
designar objetos distintos i cuyos nombres suelen andar 
en los labios de unas mismas personas u ocurrir con fre- 
cuencia alternativamente en una misma conversación. 
Pero ¿qué peligro cabe de confusión entre el lazo de la 
modista^ i el tendido por el desalmado calavera a la ino- 
cente niña, i el que lleva el vaquero a los corriones? 

Por lo demás niliil nomim sub solé. Salomón lo dijo, i 
el señor Cuervo lo prueba en lo que respecta al lazo con 
la siguiente cita de Herótodo, en que el venerable padre 
de la historia profana describe el modo de guerrear de 
los Sagarcios, pueblo de la antigua Persia: 

«No usan armas algunas, ni de cobre, ni de hierro, 
escepto puñales; se valen de cuerdas de cueros retorcidas 
i confiados en éstas van a la guerra. Su modo de pelear 
es el siguiente: así como vienen a batalla con el enemi- 
go, tira cada uno su cuerda que tiene en la punta una 
lazada corrediza, i ora le caiga a un caballo, ora a un 
hombre, sea lo que fuere, lo arrastran así i perece en- 
redado en el lazo.y> 

(Heródoto. — Polimnia. ) 

(«Pláceme ver en la llanura al guaso 
Que, al hombro el poncho, rápido galopa, 
I con certero pulso arroja el lazó 
Sobre la res que elije de la tropa.» 

(Bello.— jE*/ Campo.) 
Lacear, es cojer con el lazo, echarlo. 



278 LEP 



LECHUZA. 



Llaman así los mineros al tiro que se pierde por haber 
sido mal preparado. 



leído, a. 

Dicen vulgarmente en Chile de la persona que ha leido 
muchos libros, que es ihistrada, que goza fama de docta. 

La jente culta se abstiene de usar leido en la indi- 
cada acepción, olvidando quizá que ella es mui castiza i 
está autorizada por la práctica de los buenos escritores. 

«A lo cual Pedro respondió, que lo que sabia era que 
el muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que 
estaba en aquellas tierras, el cual liabia sido estudiante 
muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales habia 
vuelto a su lugar con opinión de mui sabio i mui leido.u 

(Cervantes. — Quijote.) 



LENGUISTA. 

Asevera el señor Gormáz que lenguisla no existe i que 
debe decirse lengüero. 

Lenguisti i también lingüista se han usado por buenos 
escritores; aunque que el señor Baralt observe con razón 
que estos vocablos no nos hacen falta, teniendo como te- 
nemos a filólogo i a poligloto. 

En cuanto a lengüero ignoramos de dónde puede ha- 
berlo sacado el autor de las Correcciones lexigráficas. 



LEPIDIA. 

Lepidia es el nombre vulgar de la indijestion. 
Lepidia de calambre, es la que, ademas de vómitos i 
evacuaciones, causa dolores agudos i contracción de los 



LES 279 

nervios. Su nombre científico es cólera europeo, nostra o 
esporádico, i la jente que, siendo ilustrada no es sin em- 
bargo de la facultad, suele llamarla también colerina. 



LESO, A, URA, EAR. 



Leso, a, es im adjetivo que usamos en Chile para desig- 
nar a las personas que pertenecen a aquella numerosísi- 
ma familia de los 72ecios, que el señor don Francisco de 
Quevedo dividió en tres especies: una de los necios pro- 
piamente dichos, otra de los majaderos o mazacotes, i la 
tercera de los modorros. 

Si eso significa leso, excusado parece advertir que le- 
sura o lesera equivaldrá a necedad, imbecilidad, maja^ 
deria. 

Lesear es decir o hacer cosas propias de necios. 

. ((También dicen estos tales. 
Cabezones i sin sesos, 
¡Vé como tienen los lesos 
Rodeado a Pedro Vrdemalesíí) 

(Gü A JARDO. — Los Tacladores.) 

(cPues ¿quién es ese hombre extraordinario que propo- 
nes? — Ya no tengo en quien pensar. ¿Será talvez el co- 
ronel Baquedano? A lo que Bórquez responde: No señor^ 
Presidente, es el jeneral Cruz, jQué lesiü^a tan grandel» 
(Vicuña Mackenna. — Diego Portales.) 

En el Perú, por leso, lesura, dicen liso^ lisura , si bien 
el señor de Arona niega resueltamente la equivalencia de 
aquellos a estos vocablos en el artículo de sus Apuntes 
que les dedica, i que es como sigue: 

«Liso.— Terco,- bruñido, alisado en su acepción jenui- 
na i figuradamente, i talvez con abuso entre nosotros, 
impávido, fresco, desfachatado, descocado, atrevido, etc. 

«La mujer que va por la calle i se ve sorprendida por 
una galantería dicha con la mayor llaneza i frescura, ha- 
ce un dengue i csclama: ¡Qué hombre tan liso! 



280 LID 

«Algunos chilenos al llegar a Lima se sorprenden agra- 
"dablemente creyendo encontrarse con su leso, pero pron- 
to sufren un cruel desengaño, por que la lisura es la gra- 
<jia llevada hasta la impavidez, i la lesera es la total ca- 
rencia de gracia.» 

«Este usadísimo adjetivo tiene superlativo i es mui co- 
rriente oir de algún fulano: (<que está lisísimo.)} 

El señor de Arona procede mui patriótica, aunque no 
mui fraternalmente con nosotros, echándonos encima 
para que llevemos solos la doble carga de los lesos i de la 
lesera, i reservándose para sí la mui liviana de los lisos cGn 
su liswa que es la gracia llevada //asta la impavidez. Pero 
isi en el Perú llaman lisos a los graciosos ¿cómo acostumbran 
llamar a los /6?5os? O de la falta del nombre ¿hemos de de- 
ducir que no existe la cosal 

La verdad, dicha sin agravio de nuestros hermanos 
■de la ciudad de los Reyes, es que no hai diferencia 
sustancial entre un leso, i un liso, i que la que ha creido 
notar el señor de Arona proviene de que hai bocas (i en 
Lima mas que en ninguna parte) capaces de salar la 
misma lesura i de decir a un majadero: «No .sea Usted /«*- 
so\r> con un acento i una gracia propios para hacer que 
el ofendido caiga en la tentación de contestar: «Desde 
hoi hago firme propósito de serlo mientras viva, para me- 
recer de -esos corales denuestos semejantes!» 

Por via de posdata copiamos el siguiente parrafillo 
del Diccionario etimólójico de Monlau: 

uFeo, en francés es latd i en catalán lletj, derivado de 
doesus, participio de loidere, dañar, ofender; como quien 
dice leso, dañado, ofendido, poco favorecido, defor- 
mado.D 

{flbra citada, voz feo.) 



LIBRILLO. 



Es el nombre vulgar que tiene en Chile el tercer es- 
tómago de los rumiantes. 



LIO 281 



LICORERA. 



Ko encontramos esta voz en los diccionarios. Es, sin 
embargo, tan bien formada como lechera, cafetera, azu- 
carera, etc., i por eso, i porque frasquera^ si denota la caja 
en que se guardan frascos, no indica lo principal que 
es el licor contenido en ellos, nos atrevemos a defender 
su uso i a recomendar a la Academia su adopción. 



LIMAO. 



Véase chueca. 



LIMO. 



Llamamos así al árbol que da limas. El Diccionario, 
que no conoce otro limo que aquél de que formó el Divino 
Artífice el cuerpo de nuestro padre Adan^ llama al árbol 
de que hablamos lima o limonero. 



LINA, UDO, A. 



Provincialismos chilenos, por lana, lanudo. Se aplica 
jeneralmente a las ovejas de lana larga: «Es muí liiiuda: 
tiene la lina laxxi larga.» 



LIONA, ERO, A. 



¿Cuántos de los qué usan estos vocablos se habrán 
imajinado alguna vez que ellos son de antigua i noble 
alcurnia? ¿I cuántos van a caer en tentación de incredu- 
lidad al saber que nuestra vulgar liona procede en línea 
recta de la que fué en un tiempo la ilustre, activa i po- 
pulosa Liorna, (i que hoi tiene todavía cerca de cien mil 
habitantes?) 



3« 



282 LIS 

Esta ciudad, que pertenecía a los jenoveses^ a quienes en 
1421 fué comprada por Florencia deseosa de «er una 
potencia marítima, adquirió tal importancia en el siglo 
XVI i llegó a tener un comercio tan activo, que para in- 
dicar un lugar de desorden, de confusión, de mucho mo- 
vimiento se dijo: es una Liorna, como solemos decir toda- 
via: es ima Babilonia, ^^idi Liorna, al aclimatarse en Chile 
(ignoramos si se usa en algún otro punto de América) 
perdió juntamente con lar el recuerdo de suoríjen, i hoi 
llamamos lionas a los alborotos, como llamamos lulos a los 
que son largos i flacos, porque así se les llama. 

Que Liorna se usó en el sentido arriba indicado, prué- 
balo el siguiente pasaje: 

«Vóime a buscar un arriero, 
Tomo el portante mañana 
I huyendo de esta liorna 
No paro hasta la montaña. >) 
(hh I ZARATE. — Un año después de la boda.) 

Que la recta pronunciación de la palabra es liona i no 
leona, no hai para que advertirlo después de lo dicho. 

Que aun los mas ilustrados de nuestros escritores no han 
atinado con suetimolojía i, creyendo sl liona derivada de 
león, han escrito leona, se ve en estas cuatro líneas que 
copiamos de la Historia de Saiitiago del señor Vicuña 
Mackenna: 

«Porque si es verdad que sus tropas (las de don José 
Miguel Carrera) eran de leones, especialmente sus oficia- 
les, sus campañas fueron por lo mismo solo una leona.y> 

Lionero es el que siempre anda formando alborotos, 
desórdenes, zalagardas, etc. 

Alionado, de significación mui semejante al anterior, 
aunque mas subjetiva. 

Véase alionar. 



LIS. 

Llaman así los mineros al mercurio, descompuesto en 
la amalgamación que el agua arrastra juntamente con 
los residuos mas pulverizados del mineral. 



LO 283 



LIÚDO, A, LIUDEZ. 

Talvez del quichua llullo, blando, tierno, flexible^ 

El sentido que el uso vulgar le atribuye es el de lacio, 
marchito, descaecido. Se aplica principalmente al cuer- 
po humano para indicar el efecto que produce en loa 
miembros un calor excesivo. 

Llullo, o mas propiamente yuyo, es el nombre de una 
yerba de nuestra flora, no por cierto de las mas endebles; 
1 sin embargo para dar a entender que sentimos una gran 
laxitud en los miembros decimos que tenemos el cuerpo 
como un yuyo- ¿No habría en esa frase como una remi- 
niscencia del sentido que tiene en quichua la palabra que 
sirve de nombre a la yerba de que tratamos? 

Liudez y laxitud. 

LÍVIDO. 

No es, como muchos creen, sinónimo de pálido, 
«Ésta estaba lívida.^ (Una niña por un gran susto.) 

(JoRJE IsAACS. — María.) 

«Abrió el billete i apenas le echó una mirada cuando 
una palidez livida,y> etc. 

[La San Felice por Dumas, traducción de El Ferrocarril.) 

También nosotros (¡Dios nos perdone!) cometimos el pe- 
cado que estamos censurando: 

«Bajé al pueblo i me encontré con los del baile: los hom- 
bres iban borrachos, las mujeres lívidas, i todos soño- 
lientos.» 

[Loco Eustaquio.) 
Lívido, no es pálido sino amoratado. 

LO DE. 

Lo de, que se usa solo por la jente del campo es un 
«xacto equivalente de la preposición francesa chez, — ¿A 



284 LO 

dónde estás alojado?— Lo de mi compadre el inspector^» 
esto es «en casa de mi compadre el inspector.» 

Cuando el sentido del verbo así lo exije se antepone a 
lo deis, preposición a. 

*'Fuí a ¿o de D. Samuel" 

(MüRiLLO. — Una víctima del honor.) 

En vez de la locución indicada, los mas ignorantes entre 
los rotos i destripaterrones suelen usar la preposición chi- 
lena e;zía: «Fui e7ita D. Samuel.» «Voi a demandarte eíita 
el subdelegado.» 

No pasaremos en silencio tampoco el uso que hace- 
mos de lo anteponiéndolo al apellido de los propetarios 
de los fundos para formar el nombre propio de éstos. 
Así por ejemplo, la hacienda que perteneció m illo tem- 
pore a un Aguirre, se llama hoi Lo Aguirre: la chacra cu- 
yo dueño fué un López, es conocida con el nombre de 
Lo López, etc. ¿Qué decir de semejante costumbre? La hemos 
visto consurada por la prensa, pero en virtud de razones 
que en nuestro concepto no son tales. 

Para nosotros, que no hemos aceptado nunca la teoría 
del señor Bello, según la cual, en construcciones como lo 
bueno, el lo seria sustantivo i bueno adjetivo; para noso- 
tros que creemos precisamente lo contrario, nada tiene 
de raro que la idea compleja que traen a la imajina- 
cion, Aguirre o I^opez en las locuciones citadas sea mo- 
dificada por el artículo lo. 

En confirmación de lo dicho copiamos el siguiente 
pasaje del Diccionario etimolójico de Monlau, voz Espa- 
ña: 

^''Segun unos España se llamó primeramente Pania, de 
Pan, capitán de Baco i gobernador que fué de nuestro 
territorio, así como Luso dio nombre a Lusitania (el Por- 
tugal) añadiéndose la s o is i diciéndose Spania, Hispania, 
bien por mera eufonía, bien como equivalente a lo de, esto 
es lo de Pan, lo que poseia o administraba el gobernador 
Pan en aquellos tiempos ante históricos.» 

Nuestro colaborador el señor Páulsen no cree necesario 
recurrir a la gramática para defender la locución de que 
tratamos. 

He aquí su doctrina: 

«Para explicar la simple supresión de la preposición de 



LOO 285 

no recurriremos a la gramática. La supresión de esta de 
es comunísima en castellano: hojalata, telaraña, Puerto 
Cabello o Puertocabello, Puertomontt, o Puerto Montt, 
(que a no dudarlo será andando el tiempo Puertomon.^^ 

(cMe parece ridículo anteponer el lo a los nombres de 
fundos siempre que con ellos se designen lugarejos o gran- 
des propiedades que puedan considerarse ya como puntot 
jeogrcificos. Así se dirá: Espejo, Águila, Aguirre, i no Lo 
Espejo, etc. Sin embargo, si se trata de designar la pro- 
piedad del señor Espejo, del señor Águila, del señor 
Aguirre, se dirá mui bien: lo de Espejo, lo de AguilUy lo 
de AguiíTe. Yerran, pues, groseramente los que datan sus 
cartas: Lo Espejo o sea Lo de Espejo, y) 



LOBO, A. 

Adjetivo chileno que acaso no tiene equivalente en cas- 
tellano: el que mas se le acerca es arisco. 

LOCADOR. 



«En el completo desgreño que reinaba entre los mue- 
bles i demás objetos que poblaban aquella pieza, se veía el 
sello del carácter de su locador.y> 

(A. Blest Gana. — El ideal de un calavera,) 

El Diccionario nó trae a este locador, que en castellano 
será habitador o morador. 

«Eran ya casi las doce del dia, i la dicha casa estaba 
cerrada por fuera, de lo que colijieron, o que no comían 
en ella sus moradores o que vendrían con brevedad.» 

(Oervántes.— Zfí Tia finjida.) 



LOCERO, A. 

Para designar a la persona que tiene por oficio fabricar 
ollas, cántaros, fuentes i otras vasijas de barro, no es mal 
formado; pero lo castizo i autorizado es alfarero. 



286 LON 

LOCO (perro/ 



• Al perro enfermo de hidrofobia^ que en español se lla- 
ma perro rabioso, llamamos nosotros vulgarmente loco, 

LOGRO. 



Es un guiso que se hace de frangollo (trigo triturado^ i 
de carne cocida. 

El locro anterior es el mondo i lirondo. Hai otro que 
se llama locro falso, mas conocido que el verdadero, que 
se compone de zapallo, porotos tiernos^ papas, maiz i hue- 
vos. Es plato obligado en las comidas de Cuaresma. 



LOICA. 

Dice el S. Gormaz en sus Correcciones, que debe decir- 
se Uóica, i se equivoca, pues es lloicay consonante de chica. 



LONCO. 

Es voz araucana i significa cabeza. 

La usa nuestro pueblo en dos acepciones: 1.* indicando 
cierta parte de los estómagos de la vaca que contiene el 
cuajo con que se corta la leche para hacer quesos: i. 2.* 
como sinónima de pezcuezo o cuello. 

Dacia un periódico de provincia, dando cuenta de un 
asesinato: 

«El miércoles de la presente semana ha sido traido al 
cuartel de policía de esta ciudad (Curicó) el cadáver de 
José Manuel Sepúlveda, encontrado en el lugar denomi- 
nado la Cordillera, degollado horriblemente i casi con el 
lonco enteramente cortado.» 



{Sufrajio 19 Dic. de 1873. 



LUC 287 



LONGAMINIDAD. 



Suelen decir algunos. Debe decirse longanimidad* 



LORD. 



No debe usarse sin el artículo, diciendo como se lee en 
los diarios aLord Palmerston tomó la palabra») etc. Lo mas 
elegante i castizo es decir, como Puigblanch [Opúsculos 
gramático satiricos): ((Calificó el dómine de oportuna mi 
observación, i añadió para corroborarla que habiendo el 
lord Holland, formado un alto concepto del mérito de 
Jovellanos» etc. 

El señor Bello en su Gramática, dice, empero, que es 
preferible no anteponer el artículo. 



LUCHE. 



Es esta una voz araucana [linche o luché) de que nos va- 
lemos para designar una jerbecilla del mar, buena para 
comer. 

Como un luche, mui arrugado. 

LUCHO. 



Juego mui conocido de los niños^ es decir de todos los 
chilenos que, o lo son actualmente o en su tiempo lo fue- 
ron i en un pié jugaron a aquél. 

En Bogotá llaman al lucho, golosa, i en España infer- 
náculo o reinamora, aunque del primero de estos dos vo- 
cablos se haya olvidado la Academia en la última edi- 
ción de su Diccionario. 



288 LUN 

1.UEG0, ITO, ITITO. 



Este adverbio de tiempo se usa por nuestros guasos co- 
mo si fuera de lugar i equivaliera a cerca. 

Lueguito, es mui cerca, i lueguititOyCerca en extremo, ca- 
si al alcance de la mano. 

— «Oiga cumpita de las velas i perdone: ¿para dónde va 
tan de prisa? 

— Voi aquí lueguitito, señor, contestó el hombre, pa- 
rando su macho.» 



[Huérfano.] 



LULO. 



Posible derivado del quichua ¿hdlu, brote, pimpollo. 

El lulo es cualquier objeto a que, contra su naturaleza i 
ordinario ser, se hace tomar la figura de un largo i del- 
gado cilindro. La mujer que anda con la ropa pegada al 
cuerpo, máxime si es alta i ñaca, anda como wi lulo. Se 
hace un lulo de una tira de papel enrollándola, de un pe- 
lotón de masa que se soba sobre una mesa con el ulero o 
lulero, de un árbol que se despoja de sus ramas, etc. 

LUMBRERA. 

Llaman los mineros a los piques que son mas inclinados 
que los chiflones, 

LUNCH. 

Dice sobre esta voz el señor de Arona: «Lunch.— Pala- 
bra inglesa que ha desterrado por completo i sin motivo 
la española de once. ¿Qué mas dice tomar lunch que hacer 
las once'^. Nada, absolutamente nada. Pero cuando los 
pueblos i las lenguas llegan a su apojeo todo en ellos es 
bueno i hai que aceptarlo, i cuando están decaídos, nin- 
guno de sus tesoros se aprecia. Con una gran parte del 



LLEV 289 

vocabulario español sucede lo que con los grandes terrenos 
de un fundo abandonado: que están eriazos, valiendo menos 
por consiguiente qu une petite ferme pauvi^e, mais bien 
cultivéé.n 

Acerca de la misma, observa el señor Cuervo: 
«No es difícil que se tenga por rústico i palurdo a quien 
use entre las llamadas personas de tono la castiza locución 
que da motivo a esta observación [tomar las once) porque 
en esas rejiones suele tomarse a la inglesa un lunch. Co- 
mo a estas cosas se espone uno tratando con necios.» 



LUNES (hacer san). 

De lámala, i por desgracia cada dia mas jeneral, cos- 
tumbre que tienen nuestros paisanos artesanos i gañanes 
de destinar los lunes de todas las semanas a malgastar en. 
remoliendas, parrandas, picholeos i borracheras el dinero 
ganado en la semana i no alcanzado a malgastar el do- 
mingo, ha nacido la frase hacer san lunes, que vale no asis- 
tir en este dia a las tareas acostumbradas o al trabajo 
convenido. 



LLEVARSE (a ALGUNO POR DELANTE.) 

Los diccionarios traen llevarse de calles, esto es atro' 
pellavj arrollar, que es como debe decirse. 



ar 



M 

MACANA, AZO. 



La Academia ha dado cabida en su Diccionario a esta 
voz, definiéndola aarma defensiva de que usan los indios.» 

La macana es, según entendemos en Chile, el palo que 
ocupa como un término medio entre el garrote i la clava. 
La macana es un garrote, mas los nudos, i una clava, 
menos las puntas de la cabeza. 

«Claro se vieron picas i macanas 
En iguales hileras todas juntas.» ^ 

(Álvarez de Toledo.— Pwre^ indómito,) 

«Solo Arango tiró un arcabuzazo 
Sin dejarle poner derecho el punto 
Que le dio Songobilo nn macanazo, y> 

(id. id.) 



MACHACAR, MACHUCAR. 



El señor Cuervo explica perfectamente el sentido de ca- 
da una de estas voces, que usamos en Chile como equi- 
valentes, diciendo: 

«Cuando machacamos algo lo quebrantamos i desmenu- 
zamos a poder de golpes, como por ejemplo, los ajos; 
cuando machucaynos no hacemos sino golpear i ocasionar 



292 MAC 

lina contusión, como en los dedos de las manos o los 
pies.» 

«Llegó otra piedra i dióle en la mano i en el alcuza 
tan de lleno que se la hizo pedazos, llevándole de camino 
tres o cuatro dientes i muelas de la boca i mac fincándole 
malamente dos dedos de la mano.-» 

(Cervantes. — Quijote.) 

((Tómense cohombrillos silvestres i machacados^ pón- 
ganse a hervir en agua e infúndase ésta sobre el casco.» 
(Banqueri. — Agricultura de Abú Zacaria.) 

Para no dejar nada en el tintero solo resta advertir 
que la significación de las voces de que se trata en este 
párrafo, como ella queda establecida, tiene en su contra 
al famoso caballero español don Diego Pérez de Vargas, 
que por haber machacado en una batalla, con su macana 
cantidad prodijiosa de moros, se llamó en adelante don 
Diego Pérez de Vargas Machuca. Pero aunque el tal sea 
todo menos que una golondrina, no alcanza sin embargo 
a hacer verano. 



MACHA JE. 



Voz útil en los campos donde se la emplea para de- 
signar el conjunto o reunión de los animales machos 
de un ganado. 'Se usa mucho en Chile i mas todavía que 
en Chile en la República Arjentina. 

Véase un ejemplo en el párrafo destinado a hembraje. 



MACOLLAR. 



Amacollarse es como manda el Diccionario. 

Una que otra vez, si la memoria no nos engaña, hemos 
oido emplear este verbo con todas sus letras, aunque en 
la forma activa, pero en el sentido de atesorar^ guardar^ 
que es completamente caprichoso. 



MAL 293 



MACUCO. 



De nso no mui jeneral. Equivale a taimadoy astuto, 
',orrocloco. 



MACUQUINO, A. 

Aíljetivo que se aplicaba a la antigua moneda^ llamada 
también de cruz. 

«Este mismo objeto tiene la plata macuquina i con el 
mismo fin se acunan los cuartillos, etc.» 

(Horacio i Salustio. — Aurora de Chile.) 

MACURCA. 



El dolor que siente en los muslos i cintura la persona 
que, sin tener costumbre, entra a una mina o hace una 
caminata o viaje a caballo. El equivalente español es 
agujetas^ desconocido en Chile. 



MADRINA. 



Costumbre es de nuestro pais i de otros que cada recua 
tenga una yegua que con su cencerrro al pezcuezo sirva 
a aquélla de guia en los viajes. A esta yegua (probable- 
mente por habérsela imajinado los arrieros madre adop- 
tiva de las muías i machos de la recua) llaman madrina. 
Camina sola a veces, i otras montada por un muchacho 
que se designa con los nombres de marucho o marinero. 

MALDITO. 

Nombre que dan las monjas i mujeres piadosas al Dia- 
blo. 



294 MAL 

Estar alguno /techo el maldito, es familiarmente estar 
alguno en su hora de chistoso, zumbón i decidor. 



MALO. 



Usase como el anterior en la primera de las dos acep- 
ciones notadas, que es castiza como se ve por el siguiente 
pasaje del Quijote: 

«Al entrar de la cual (ciudad de Barcelona) el malo, que 
todo lo malo ordena, i los muchachos que son mas malos 
que el malo, etc.» 

Como adjetivo, malo en frases semejantes a ésta: «Pe- 
dro no asistió ayer a su oficina porque estuvo malón, da a 
entender a la española que no pudo asistir porque estuvo 
enfermo. A la chilena no significa, empero, eso, sino es- 
totro: «Pedro no pudo asistir a la oficina porque estuvo 
ayer gravemente enfermo, ew peligro de muerte. n 

MALÓN, MALOQUEAR, MALOCA. 

Vienen estas tres voces de las palabras araucanas 
malón i malocan, con que los bárbaros de ultra Biobío 
nombran las correrlas que hacen en tierra enemiga, ma- 
tando, robando, incendiando i cometiendo todo jénero de 
atrocidades. 

Maloquear a alguno, es tomarlo por objeto i hacerlo víc- 
tima de un asalto. 

Malón o maloca, es la acción de maloquear. 

Malón ha tenido la fortuna de ser aceptada por los dia- 
ristas i escritores políticos, fortuna que es fácil explicar- 
se, ya por no existir en castellano una palabra equiva- 
lente, ya por la enerjía que le prestan su oríjen bárbaro 
i el cúmulo de atrocidades que trae a la imajinacion. 

«Una noche se envió una partida de bandidos en com- 
binación con la policía i la escolta del presidente a dar 
un malón a los miembros de la junta directiva de la So- 
ciedad de la Igualdad.» 

(Francisco Bilbao.— Carta a Santiago Áreos.) 



' MAM 295 

MALTÓN, ONA, ONCITO, A. 



Viene este adjetivo del quichua mallta, nombre que se 
da al cordero i ternero de uno hasta dos años. 

Nuestro pueblo lo usa aplicándolo indistintamente a las 
personas i animales para indicar que^ sin haber llegado al 
máximun de su desarrollo físico, se aproximan ya a él. 
Una niña maltoncita, es una niña crecida, i que en uno o 
dos años mas podria llamarse casadera. 



MAMA. 



Mamma es voz latina i también griega, que significa 
madrCy nodriza. 

Mama por mamá es un provincialismo andaluz. Se en- 
gañarla no obstante quien creyese que el mama que anda 
en boca de todos los niños en casi toda la América latina, 
es descendiente de aquel provincialismo, como lo da a 
entender el señor Cuervo. Si tal fuese la verdadera eti- 
molojía de la voz que consideramos ¿cómo explicaríamos 
el hecho de ser ella tanto mas corriente cuanto mas cerca 
corre de la fuente quichua, donde mama es ni mas ni 
menos que madrel La distancia con que la miramos los 
descendientes de españoles i el apego natural que hacia 
ella muestran, indios, cholos, guasos i rotos, ¿no es un in- 
dicio claro que nos autoriza a creer que el mama ameri- 
cano, aunque igual en forma i en significación, ninguna 
relación de parentezco tiene con el mama de Andalucía? 

Hemos dicho que mama se usa exclusivamente entre el 
vulgo por madre o mamá; i ahora se nos ocurre agregar 
que circula también entre las personas ilustradas, pero 
en sentido diverso, pues entre ellas^ donde mamá se re- 
serva para la madre, mama sirve para designar a la no- 
driza. 

¿Era madre o nodriza la de estos versos de un poeta 
colombiano? 



29G MAM 

«Iba a inclinarse al abismo 
I exclamé: — ¡Desventurada! 
Detente: ¿qué vas a hacer? 
— Voi a lavarme la cara. 
— ¿I por qué lloras así? 
— Porque me pegó mi mama! 

[Dolor Supremo. 



MAMADA. 



Provincialismo mui expresivo, formado de mamar, i tan 
de moda entre nosotros como en Bolivia i el Perú. 

A los españoles que desearan conocer con precisión la 
idea que mamada representa les diríamos que es la misma 
que ellos expresan con su palabra ganga. Una mamada 
es una ganga, ni mas ni menos. 

Dos ejemplos ahora que comprobarán cuan poco escru- 
pulosos nos mostramos para emplearla los que hacemos a 
verso i prosa^ de este i de aquel lado del desierto: 

«Esta entidad incorpórea 
Esta ventaja magnánima 
Magnánima, sí, que su ánimo 
A llenar un mundo basta, 
Es que las mujeres todas 
Tienen una gran mamada; 
Es que alcanzan las mujeres 
Donde los hombres no alcanzan.» 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 

«¡I cuánto es mas patriótico 
I prudente, i sensato, 
Preferir nuestro inerme candidato! 
Mientras dijiera o duerma 
Nadie temerá nada 
I será su gobierno una mamadah 

(Z, RoDRíauEz.--jLa5 Abejas elijiendo Reina») 



MAM 297 



MAMADO, A»' 



Popular es esta palabra sobre todas las que sirven al 
vulgo para designar a los consuetudinarios adoradores del 
dios Baco. 

A diferencia de alegre, divertido, cufifo, apuntado, que 
indican la primera i menos repugnante de las fases por- 
que sucesivamente van pasando las víctimas del alcohol, 
mamado se aplica (i lo mismo curado i rascado) al que 
mira voltear el mundo en torno suyo i se siente vencido 
por el peso de su cabeza e incapaz de tenerse sobre sus 
piernas. 

Mamado corre también en la República Arj entina, según 
se vé por estos versos de Ascásubi: 

üM amaos atrás van llorando 
Los que cautiva faltando, 
Es decir, los que no tienen 
Mujer, desgracia que vienen 
Con la tranca lamentando.» 



. MAMAR, MAMANDURRIA. 

Muí usados en Chile por, disfrutar favores, tener alguna 
pitanza, ganar fraudulentamente: es en rigor castizo. 

No así mamarse a alguno, por engañarlo, explotarlo. 

Ni tampoco en la acepción tan chilena de experimentar^ 
sufrir, hablando de burlas o en sentido irónico. 

«Ya comprendo, señor ¡El susto que se van a ma- 

mar\f> 

{Huérfano.) 

Mamandurria es la acción i efecto de mamar qtí la pri-^ 
mera de las tres apuntadas acepciones. Compruébanlo los 
conocidos i picarescos versos con que alguien parodió los 
que formaban el coro de nuestro antiguo himno nacional: 

1% 



208 MAN 

uCiudadanos el amor sagrado 
De la patria os convoca a la lid: 
Mamandurria es el grito de alarma, 
La divisa: lograr o morir!» 

MAMPATO, A. 

Adjetivo que se aplica a las jacas, i en jeneral a loá 
animales i aves rechonchos, de gran caja i de cortas 
piernas, semejantes a los patos. 

A las gallinas retacas suele llamárselas también pacha- 
chas: a los caballos achaparrados, petisos o chilotes por 
ser los mas orijinarios de Chiloé; i a las personas retacas, 
potocas, 

MANCO. 

Del araucano mancu o mancun^ caballejoy caballo flacos 
inservible. 

Manco i pingo sirven en Chile para nombrar el caballo 
de mala traza i de poca alzada, que los españoles llaman 
rocin. 

Mancarrón, encarece aún la mala traza de la bestia, i 
es casi equivalente al castizo matalón. 

Mancarronada ^ es la reunión de mancos o de manca- 
r roñes. 

Manco i pingo son provincialismos comunes a Chile i a 
la República Arjentina; pero conviene advertir que mien- 
tras de este lado de la cordillera las dos voces son sinó- 
nimas, del otro se diferencian lo que va de lo vivo a lo 
pintado. En la República Arjentina pingo es el corcel brio- 
so i arrogante, que en término poético i castizo se llama 
bridón, mientras que en Chile, como queda dicho, es lo 
mismo que manco. 

«¡Ei pucha el pingo lijero! 
¡Bien haiga quien lo parió!» 

pudo decir un poeta arjentino. Bernardino Guajardo no 
habria podido decir eso. No es propio de los que por acá 
llamamos pingos, la lijereza. 



I 



MAN 299 

Pero sí, no liabria tenido nuestro poeta de poncho difi- 
cultad para escribir estos otros versos de otro vate arjeri- 
tino, de Ascásubi, ja citados: 

«I luego atrás en lo externo 
Del arco que hace la indiada 
Viene la mancar ronaday) etc. 

Es para poner dudas sobre la procedencia araucana de 
manco el siguiente pasaje del poeta mejicano José María 
Esteva: 

«Por una choza pasaba 
Cuando su canto acabó^ 
I al manco alazán paró; 
Que algo de allí le gustaba 
O alguno allí le llamó.» 

MANCORNAR, MANCORNA.' 



Mancornar^ por iinii' o juntar dos cosas o animales de 
la misma especie, máxime si son de asta, es uno de los mu- 
chos provincialismos que, habiendo nacido en las Antillas, 
fueron traídos por los españoles hasta estos últimos confi- 
nes del Nuevo Mundo. 

También hai en Cuba un provincialismo que sirve para 
designar a las cosas o animales mancornados, solo sí 
que por allá llaman mancuerna^ lo que nosotros man- 
corna. 

De dos individuos que, luchando^ se toman a brazo par- 
tido, o, riüendo, de los cabellos^ se dice que se mancuer- 
nan . 



MANDIL. 



Decimos del pauo que se pone a las caballerías debajo 
de la silla. 

El señor Gormaz dice se debe sostituir por manta. Lo 
propio es mantilla. 



300 MAN 

ftUn hermoso caballo blanco primorosamente enjaezado 
con silla de terciopelo i mantilla de grana bordada en 
oro » 

(B. DEL Barco.) 

MANGUEAR. 

Denotamos con este verbo en sentido propio la acción 
de espantar los animales o aves de caza a fin de que se 
pongan a tiro del cazador. El verbo castizo, aunque des- 
conocido en Chile, que denota esa acción es ojear. 

«Yo vine mientras se reunían todos a avisarte para que 
nos maíiguearas la perdiz.» 

[Huérfano.) 

En sentido figurado, manguear es uno de los mas soco- 
rridos vocablos de nuestro diccionario provincial. El ajen- 
te de la casa de comercio manguea a los compradores bi- 
sónos i de bolsillos bien provistos, el ministro a los dipu- 
tados incómodos i domesticables^ la mamá previsora a tal 
o cual joven que oree haria la felicidad de su hija casa- 
dera, etc. 



MANIJAR. 

Aunque mas que «n chilenismo es éste un vulgarismo 
(si se nos permite la palabra) hemos querido consagrarle 
un parrañllo porque nos habría dejado en la conciencia 
algo como un remordimiento el no advertir, no solo que 
su forma correcta es manejar, (cosa que a no echarse como 
suelen en olvido tantas cosas que de su peso se caen, por 
sabida debiera callarse) sino también, la que es mas dig- 
no de notarse, que se le atribuye la acepción de tener y po- 
seer, desconocida en España. 

Usase, pues, manijar entre guasos i rotos en tres senti- 
dos diversos aunque parecidos: . 

1.®, el áe gobernar, administrar, rejir: ejemplo, el refraü 
popular: «¿Quién lo manija? — Tello. — ¡Así anda ellol» 

S." Por llevar en las manos, al cinto, consigo. 



MAN 301 

iüManija siempre cacho en las alforjas^ lazo a los co- 
Triones, puñal en la cabeza déla enjalma i buenas espue- 
las de plata.» 

3.'' Por tener o poseer, 

«Si Ud. quiere, ahora lo que salga la misa, podemos ir 
a aquella esquina que es de una comadre mui curiosa que 
tengo. Ella manija una chiquita de lo rico.» 

[Huérfano.) 



M.VNIPÜLEAR, 



El uso de la jente instruida i el Diccionario quieren que 
se suprima la e que está de mas. 



MANO. 

Con ser casi innumerables las acepciones castizas de es- 
ta voz, creemos no engañarnos al notar de chilena la que 
le damos de, lance, trance, aventura, como en la frase: «Me 
acaba de suceder una mano mui orijinal.» 

No es menos de notarse el uso que el vulgo, i en parti- 
cular los vendedores ambulantes, hacen de la voz que con- 
sideramos para expresar el número cuatro. «El ciento tie- 
ne veinticinco manos)) . «Las frutillas están todavía mui 
caras: dan cinco manos por medio.» 



MANOTADA, OTÓN, OTAZO^ ADA, PUÑADO, PUÑADA, PUNO, 
AMBUESTA. 



Con dar la verdadera significación de cada uno de los 
sobrescritos vocablos, nos eximiremos del trabajo de expli- 
car los casos en que se usan disparatadamente. 

Manotada, manotón i manotazo, indican el golpe dado 
con la mano. 



30e MAN 

«A Tomizas en fin la dilijencia.' 
Valió una manotada con la zurda 
Que, cuando no le aturda, 
No es poco para zurda manotada. 
Que le dejó la cara desgatada. » 

(BuRGUÍLLOS. — Gatomaquia.) 

ccPues la picara de la muchacha, siempre que me vela 
fumar me habia de tirar el cigarro de un manotazo, escla- 
mando: ¡anda vicioso!» 

(Trueba.— F2//??emo5.) 

Manada es la cantidad de trigo, o yerba que se puede 
cojer de una vez con la mano. Se diferencia de puñado 
en que éste indica la cantidad que puede tenerse en la 
Tuano, cerrado el puño; así puñado dista de puna- 
da lo que vá de encerrar en el puño a dar un golpe con 
el puño cerrado, lo que se llama también en buen caste- 
llano puñetazo. 

«Segarlo quiere el villano, 
La hoz apercibe ya: 
¡Qué de manadas derriba! 
¡Qué buena prisa se dá!» 
(Lope de Vega.— E/ Labrador de Madrid.) 

En las recetas de las médicas i curanderas, figuran con 
frecuencia ^¿¿ño5 de sal, de raspadura de palqui, de ceba- 
da i de otras cosas menos manoseables. No aseguraríamos 
nosotros que tales recetas anden mui ajustadas al arte de 
Hipócrates; pero partidarios como somos de la libertad de 
profesiones i de oficios, nos complacemos en absolverlas de 
todo pecado contra la propiedad de las palabras. Fuño, 
en una de sus acepciones^ es sinónimo de puñado. 

Nos queda ambuesta, de la cual dice la Academia que 
es «la cantidad de cosas menudas que cabe en las dos 
manos juntas ahuecándolas.» 

MANTENCIÓN. 

Lo correcto es manutención o mantenimiento. 

«De esta manera^ acabado el curso de un año, queda 



MAN 303 

hecha provisión de mantenimiento, asi para el hombre co- 
mo para los animales que le han de servir». 

(Granada. — Símbolo de la Fé.) 

MANTEQUILLA. 

Parece que en España no conocen mas que una palabra, 
manteca, para nombrar las dos sustancias tan diversas que 
nosotros distinguimos con los nombres de manteca i de man- 
te quilla. 

A la chilena, manteca y denota la grasa del cerdo y na- 
da mas. 

Grasa, la gordura mas fina de los animales vacunos. 

I mantequilla, la sustancia crasa que se saca de la leche 
batiéndola, i la que existe en algunos frutos, como en el 
cacao. 

Según Salva, esta acepción de mantequilla seria de ori- 
jen cubano. 

Excusado parece advertir que, puesto que en España la 
mantequilla es manteca, nuestras mantequilleras han de ser 
mantequeras. 

El uso chileno, que tiene por lo menos la ventaja de 
no designar con un mismo nombre dos cosas diversas, 
nos parece digno de conservarse i jeneralizarse. 

MANTO, MANTEAR. 



Manto, por una especie de mantilla, jeneralmente sin 
adornos, es castellano. Eslo también significando la veta 
que se extiende-horizontalmente hacia los la'dos, sin con- 
siderable inclinación al centro de la tierra. 

No puede decirse otro tanto de mantear, que expresan- 
do a la española, «la acción de levantar con violencia en 
el aire a algún hombre, mamarracho o bruto puesto en 
una manta, tirando a un tiempo de las orillas varias per- 
sonas» , se dice a la chilena de las vetas que, no siendo 
mantos, tienden sin embar^ío a transformarse en tales. 



304 MAR 



MANA, ERO, A, OSO, A. 

Dos palabras castizas que empleamos con frecuencia, 
pero en sentido que se aparta algún tanto del autorizado. 
En efecto, el Diccionario nos dice* que mañero da tanto 
como sagaz^ astuto; i que mañoso es el que tiene maña^ 
habilidad, destreza.» 

¿Es eso lo que entendemos decir cuando decimos: «Rara 
es la muía cuyana que no tenga ninguna maña.n «Caballo 
mañoso no debe ser montado por niños.» «Hai en la ha- 
cienda muchas perdices; pero es difícil cazarlas porque los 
cazadores las han ^\iq?>ío mañeras? v) Sin duda que nó, por- 
que según la práctica corriente en Chile, maña es re- 
sabio (en las personas, costumbre ridiculay reprensible;) 
mañero, escaldado, receloso, i mañoso, el animal arisco ^ 
coceador, que respinga. 

Salva trae a mañero i mañoso entre los provincialismos 
mejicanos. 

MARCHANTE. 

Lo que es éste no nos viene de Méjico, sino de mas 
lejos, de Andalucía, por el intermedio de Cuba. Tanto en 
la que se llama la perla de las Antillas, como en la que al- 
guien llamó el salero de la Peninsida, marchante es lo que 
entre nosotros, el parroquiano, el casero. 

También suele la jentualla tomarlo en mala parte, nom- 
brando así al casero de las casas i cuartos, non saiictos. 

MARIDAR. 

«Los franceses tienen el capricho de casar [marier] co- 
sas que nosotros, sin cometer incesto, hermanamos, v. gr« 
las armas con las letras » 

«Pero nosotros casamos como ellos, los colores, las pie- 
zas, las telas i, poéticamente el olmo con la vid, la cari- 
dad con la fé, la fé con la razón » 

(Baralt. — Diccionario de galicismos, voz casar.) 



MAR 305 

«..."...que es uno de los pocos prosistas de la jeneracion 
presente que saben maridar la precisión con la pureza, la 
concisión con la amplitud de la frase i la armonía del pe- 
ríodo.» 

(J. Mané i Flaquer. — España en Londres.) 

lín este ejemplo se marida la concisión con la amplitud 
i la armonía, infrinjiendo las leyes que prohiben la poli- 
gamia, i pecando ademas contra el orden natural, pues las 
tres maridadas son hembras. 

MARTILLO* 

En la acepción de almoneda no lo traen los diccionarios» 

MARITATA. 

¿Cómo llaman las maritatas en España? ¿O son por allá 
desconocidas? Puntos son éstos que no hemos podido ave- 
riguar. Tampoco hemos sido mas felices para descubrir 
el oríjen etimolójico o jeográfico de esta palabra. 

Lo único que sabemos i acerca de lo cual podemos dar 
noticias es que nuestros conciudadanos mineros (aunque 
seria mas propio pirqiieneros) llaman maritata a un peque- 
ño canal o acequia de cincuenta centímetros mas o menos 
de ancho, por ocho o diez metros de largo, cuyo fondo cu- 
bren con pellejos de carnero, para que, corriendo por en- 
cima el agua a la cual se echan minerales pulverizados* 
ésta deponga el polvo de oro sobre aquéllos. 

En el Norte llaman maritatas unos como cedazos con 
tela de alambre, movidos por motor de vapor o de sangre. 



MAROMA, OMEARj OMERO. 

No hai en castellano ni maromear ni maromero; i se 
comprende, pues malcoma es la cuerda gruesa de esparto 
o cáñamo. 

En Chile llamamos maroma el espectáculo que en Es- 
paña se ha llamado siempre volatín, por mas que el Dic-» 

3Í 



306 MAS 

cionario de la Academia no dé^ en el artículo que dedica 
a esta voz, otra acepción que la de (da persona que con 
habilidad i arte anda i voltea por el aire en una maroma, 
haciendo otras habilidades i ejercicios semejantes.» 

Hemos dicho en el articulo que dedica a esta voZj i así 
era de justicia, pues explicando la voz payaso, dice: ael 
que en los volatines i fiestas semejantes hace el papel de 
gracioso, con ademanes, trajes i jestos ridículos.» Luego 
volatín es, no solo el héroe de la fiesta, sino también la 
fiesta misma. 

Volviendo ahora a nuestros chilenismos, observaremos 
que maroma es el volatin-ñesta de los españoles; maro- 
mero el volatin-perso?2a, o para evitar confusiones i puesto 
que también es castizo, el volatinero; i maromear, andar, 
saltar i voltear sobre una maroma, i por extensión, con- 
servar el equilibrio físico o moral en circunstancias oca- 
sionadas a darse un costalazo. 

«Mas como todavía no suele ser la hora de dormir me 
voi de aquí a otras parte con peligro de que en las calles 
atravesadas, al maromear sobre un puente, se sumerja 
mi humanidad en el agua.» 

(JoTABECHE. — El Pucrto de Copiapo.) 



MARUCHO, 



Véanse arrinquín i madrina. 



MASA AGUADA. 



Hacer la masa aguada o masaguada a alguno, es en- 
gañarlo, jugarle una mala pasada. Se usa también en el 
Perú i en el mismo sentido que entre nosotros, como se 
ve en estos versos de Segura: 

« — ¿Pero una mujer honrada? 
— ¡Qué honradez ni qué enemigo! 
Si no hacemos lo que digo, 
Nos hará la masa aguada,y> 



MAS 307 



MASHORCA. 



Así se ve constantemente escrita en periódicos i libros 
arjentinos i en algunos chilenos la palabra mazorca. 

Como el tirano Rosas aplicara un bárbaro castigo a 
sus enemigos, usando por instrumento de suplicio una ma- 
zarca de maiz, i como las últimas sílabas de esta voz 
suenan como horca, otra especie de suplicio, i la sed de 
matar era insaciable en el tirano, o como quien dice, mas 
sangre, los ignorantes identificaban ambas ideas confun- 
diéndolas. 

«Hasta no dejar en pié ni una mashorca de maiz.» 

(Amunátegui. — Los Precursores de la Independencia de 
Chile.} 

MAS QUE, MAS QUE NUNCA. 

Dice don Vicente Salva que por, no importa, aunque, es 
un adverbio vulgar mejicano; i se equivoca, como se prue- 
ba por el pasaje siguiente de Cervantes: «Habilidades i 
gracias que no son vendibles (añadió Sanchoj mas que las 
tenga el conde Dirlos.» 

La que sí tenemos por locución chilena, i tan enérjica 
como expresiva, es mas que nunca, equivalente a suceda 
lo que quiera, venga lo que viniere, i aún algo mas. 

«¿Está Ud. resuelto a casarse?— Resuelto — ¿I con una 
viuda, pobre i cargada de hijos?— /iliéZ5 que nuncah 

Francisco Bilbao se habia fijado en la concisa enerjía 
de la locución de que tratamos i crejó, no sin motivo, que 
elia^ traducia fielmente la heroica testarudez araucana i 
podia servirle de divisa. De él es el pasaje que copiamos 
en seguida: 

«Ella (la libertad) es la salvaguardia de los pueblos sud- 
americanos. Es por ella que (¡señor Baralt, Ud. dispense !j 
deben repetir el grito del Norte: go aheadl o el axioma 
araucano: ¡Mas que nunca\y> 

(MoinmientrO social de la América Meridional.) 



308 MAT 



MATANCERO. 



Llamamos al que mata i desposta las r eses y esto es, al 
mismo oficial que en castellano se llama jifero^ matarife 
i también matachín. 



MATAR EL TIEMPO. 



Es el tuer le temps francés; en castellano se dice: en- 
gañar el tiempQ, 



MATE, ERO, A. 

Del qnichuB. mate, o, mati, calabaza. 

Es lástima que la Academia se obstine en cerrar las 
puertas de su Diccionario a una multitud de voces ameri- 
canas que, por útiles i por jeneralizadas, bien merecían 
de ella mas favorable acojida; pero es mas de lamentar 
aún que cuando las acoja sea para presentarlas a los lec- 
tores de allende i aquende el charco horriblemente des- 
figuradas. 

Vea quien dude lo que es mate para la docta corpora- 
ción : «Nombre que dan en la América del Sur a una ho- 
ja procedente de un arbusto crecido, que tostada i mace- 
rada después, se exporta en sobornales de cuero.» 

Si eso no se llama tomar el rábano por las hojas, se 
llama sí tomar la hoja de la yerba por la calabaza. 

Mate, nadie lo ignora por estos mundos, es la taza o 
pequeño tiesto en que se toma la infusión de la yerba- 
mate, o simplemente de la yerba; i se llama así porque 
lo común es que la dicha infusión se haga- en las pequeñas 
calabazas llamadas mate o mati en la lengua de los in- 
dios del Perú. 

Matero, es la persona mui aficionada al mate, que ha 
contraído el vicio de usarlo inmoderadamente. Tam- 
bién la que vende en las plazas i recovas (recova es en 
este sentido un provincialismo andaluz) esa bebida: 



MAU 309 

«La madre de María, ocupada únicamente en saborear 
el mate i ponderar la buena mano de Estefanía para ce- 
barlo.y) 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

«Las guateras i pateras 
Desde mui temprano están 
Vendiendo con grande afán; 
Lo mismo hacen las chancheras: 
Las materas i floreras 
Tienen su venta especial.» 

(GüA JARDO. — De todas artes.) 



MATRERO, A. 

En castellano, astuto^ diestro, experimentado. 
En nuestra práctica, i también en Méjico, según Salva, 
suspicaz, receloso. 

«Dijo la astuta Zorra 
I encantadas las Tórtolas bajaron, 
1 coníiadas i alegres 
Su vida con sus alas le entregaron. 

Hubo una sinembargo 
(Ala nó, sino tórtola) matrera 
Que volóse gritando: 
¡Al valle! i salga el sol por Antequera!» 
(Z. Rodríguez. — La Zorra conciliadora.) 

MAUGRON o MAURON. 

Hai quien diga a lo que se dice en español mugrón. 

MAULOSO, A. 

¿Cómo se llama en buen español, señor Diccionario, al 
tramposo i mal pagador?— Dq tres maneras, señor curio- 
so: maula, maulon i maulero.'— Fiies, sépase Ud. que nin- 



310 MED 

gana de las tres lia podido aclimatarse en Chile, donde 
para designar a la polilla esa, hemos tenido a bien for* 
mar de maula una palabra nueva, mauloso. 



MECHAS, ONEA.R. 

Mecha es palabra castiza, no solo denotando la torcida 
de hilo, cáñamo o algodón que se pone en las lámparas, 
velones i candiles, sino también una guedeja o porción de 
pelo. 

No obstante lo dicho, debe reputarse chileno el verbo 
mechonear por tirar a alguno de los cabellos, i la frase, irse 
a las mechas, por acometerse, trabar lucha cuerpo a cuer- 
po, embestir. 

c(ji4 las mechasl dijo un pelado, i no tuvo que agarrar!» 

[Refrán popular.) 

«Me le puse elante al toro 
I le ije: ¡atoro indinol 
Entonces^ furioso el bruto, 
A las mechas se me vino.» 

[Corrido popular.) 



MEDIAS, MEDIERO, A. 

No cabe duda de que puede mui correctamente decirse 
en castellano dar una tierra a medias, o cultivarla a me-^ 
días con otro, para denotar que gastos i cosechas se divi- 
dirán por mitad o por partes mas o menos iguales. Lo que 
sí dudamos es que pueda decirse para expresar esa idea 
como ordinariamente decimos: dar en medias. 

Mediero, por la persona que va a medias con otro en la 
administración de una heredad, cria de ganados, etc., es 
un provincialismo de oríjen aragonés, i de uso frecuente en 
Chile; eso si que por acá lo que se estila es dar aquel 
nombre al que entra en la sociedad poniendo su industria 
i trabajo personal, i nunca o casi nunca al que pone las 
tierras, bueyes, instrumentos de labranza, en una palabra, 
el capital. 



MED 311 

La sociedad misma, o mejor ese sistema de explotación 
se llama medias, como se comprueba con el adajio, las 
medias ni en los pies son buenas, en el cual no existiría el 
retruécano, si medias no tuviera, ademas de la acepción 
común, la que acabamos de apuntar. 

Los equivalentes castizos de medias i medievo, son 
apar ceña i aparcero. 



MEDIO. 

Con frecuencia se Ve en los diarios anuncios de colejios 
en que se habla de medio pupilos i medio pupilas, i en que 
se vé a un sustantivo como es pupilo modificado por el 
adverbio medio, en vez de usar a medio como adjetivo, di- 
ciendo, medios pupilos, etc. 

aDonde le tenian concertado un casamiento con una 
media parienta suya.-» 

(Cervantes. — La ilustre fregona.) 

«Habiendo visto las vanas pretensiones de los medios hi- 
dalgos. )) 

(QuEVEDO.— Premaííctífs i aranceles jenerales.) 

aCon cuyos proventos pudiesen mantenerse cincuenta 
pupilos i ciento i cincuenta medios pupilos.» 

(Juan Egaña* — Examen de la Constitución.) ^ 

MÉDULA. 



Casi no hai persona ni diccionario que no acentúe esta 
voz en la antepenúltima, contra las reglas de la Ortogra- 
fía (1) i la práctica de los clásicos. 

«Los muchachos han hecho pepitoria 
De todas tus medulas i tus huesos.» 

(Cervantes . — El Rufián viudo.) 



(1) Medalla en latín, de la propia raíz que medius, medio, es 
grave por ser larga la w a causa de ir seguida de dos /, 



312 MEN 

«Dijo, i a todos un cruel despecho 
Corrió por las medulas presto i vivo.» 

(Ho JED A . — Cristiada .) 

«I sus hijos, cada uno 
De tan disforme estatura 
Que era un monte organizado 
De miembros i de medúlas.y) 

(Calderón. — La Cena de Baltasar, 

«Del labio amante en venas i medulas 
Fluido humano eléctrico circula.» 

(Maury.— £'st;ero i Almedora. 



MELGA 

Es amelga* 

MENESTER (lÍABER DE) 



«Cuentan algunos, escribe el señor Cuervo, entre las 
obras de misericordia la de «dar buen consejo al que lo 
ha de menester» i creemos practicarla aconsejándoles 
quiten ese ocioso de, pues la frase es haber menester i no 
haber de menester.)) 

«Yo soi noble i si no demasiadamente rico, no tan po- 
bre que haya menester a nadie.» 

(Cervantes. — Per siles.) 

«Salga el reí de su corte; acuda a los que le llaman i 
le. han menester. y) 

(Meló. — Querrá de Cataluña,) 

^Menester tiene un engañoso aspecto verbal, de donde 
resulta que el vulgo dice yo menesto\ pero ¿qué mucho 
que el vulgo se extravie, si los clásicos mismos han con- 
siderado varias veces como verbo tal vocablo? testigos los 
lugares siguientes: 



MER 313 



a. 



•Ese castigo 
Materia de estado fué. 
Sí; ¿mas con tanto rigor 
Que ha llegado a menester 
Valerse, señor, de algunos 
Amigos, para comer?» 

(Calderón. — Saber del bien i del mal.) 

«Ahora bien no escuchéis cuerdo 
Que para lo que os propongo, 
Loco, Alfonso, he menesteros.n) 

(Tirso. — Del enemigo el consejo.) 

al si es que habéis menesterme 
Os serviré do podenco. 
Para todo lo mostrenco.» 

{iDé— El Celoso prudente.) 



MERECER. 

«Se usa en algunas partes de un modo singular el ver- 
bo merecer. Dícese con propiedad: «Yo no merezco tanto 
favor» (yo no soi digno) o «no le merecí la menor aten- 
ción (le debí); pero no creemos que pueda decirse igual- 
mente bien: No se merecen ahora las casas (no se hallan 
casas.») 

(Andrés Bello. — Artículo publicado en el número 171 
(20 de diciembre de 1833) de El Araucano.) 

MERENDARSE, BENEFICIARSE, TRAJINARSE, SOPLARSE. 

Es un chilenismo usar estos verbos como el vulgo 
suele por engañar ^ ganar con malas tretas en el juego, 
asesinar. 

«¿No te acuerdas de aquel pipiólo que me merendó el 
año pasado?» 

{Huérfano.) 



314 MET 

En el mismo sentido se dice trajinarse a alguno, so- 
plárselo , beneficiarlo o beneficiárselo. 

aSi me lo dejan otro ratito me lo habia trajinado, 
pues.» 

[Id.) 

MERQUEN. 



Del Araucano medquen^ moler en la piedra^ lo molido, 
harina. 

Llaman merquen en las provincias del Sur, i especial- 
mente en las poblaciones de la frontera araucana, una 
mezcla de ají i sal que se lleva en los viajes para condi- 
mentar l9,s comidas que se improvisen en los alojamientos. 



METALERO, A» 



¿Cómo podria llamarse en castellano la mina que pro- 
duce muchos metales? El Diccionario nos dice que meta- 
lífera, aunque advirtiéndouos que éste es un adjetivo de 
uso reservado a los discípulos de Apolo. 

Siendo ello asi, bien podemos usar sin escrúpulos, los 
que escribimos en vil prosa, nuestro adjetivo metalero. 



METAMORFOSIS. 



Hacemos esta palabra esdrújula sin que haja motivo 
para ello. 

Como todos los vocablos griegos de igual terminación 
(clorosis, apoteosis, neurosis, etc.) es grave. 



« Aquí 

Tus ojos vencedores 

De amor siempre invencible 

Verán metamorfosis. y) 

(Tirso.— £« Vida de Ilerodes, 



MET 315 

«Hoi paz, mañana guerra i propaganda: 
¡Qué peripecias, qué metamorfósish 

(Bretón . — Desvergüenza,) 



METERSE DE FRAILE 



Opina el señor Cuervo que es menester quitar el de en 
la frases meterse de fraile^ de monja i otras semejantes; i 
apoya su opinión en los ejemplos que siguen: 

«¿No ves que me das enojos 
Cuantas veces me amenazas 
Entrarte monjalí* 

(Tirso. — Quien no cae no se levanta.) 

«¿Fraile te metes, Perico, 
Solo por no pasar hambre? 
Pues di que glotón te metes 
No digas te metes fraile, y) 

(León de Arroyal. — Biblioteca Selecta.) 

«Si tanto te desazonan 
Los requiebros de los hombres 
Bien puedes meterte monja.yy 

(Bretón . — Elena.) 



metiquero, eria o mitiquería. 

«La delicadeza, la compostura, la mitiquería, permíta- 
senos la palabra, de nuestro bruñido personaje.» 

(R. Vera. — Juicio critico.) 

Este mitiquería ha sido, sin duda formado de meiculo- 
so; pero con significado de melindre, pusilanimidad, etc, 

Mitiquero o metiquero, es en español, 7iinfo, esquilimoso 
melindroso. 



316 MLN 



MIELERO. 



Del que vende miel, i del lugar en que ésta se guarda, 
se dice en español melero. 



MINGACO, MINGAQUERO. 

Creemos, salvo error, que mingaco , es una palabra que 
viene del quichua mitayocy el que trabaja a turno o tan- 
da, por el intermedio de m,ita o minga^ nombre del tra- 
bajo que los españoles exijian de los indios en la época 
colonial. 

Mita i mitayo son ya, por fortuna, palabras históricas, 
que han dejado de usarse con haber concluido la odiosa 
institución a que se referían. 

El señor Amunátegui explica así en sus Precursores el 
oríjen de la mita: «El Rei habia limitado todo el grava- 
men de los indios al pago de un tributo; pero después 
tuvo que consentir en que mediante un jornal fuesen a 
trabajar personalmente en las labores de la agricultu- 
ra, en la crianza de ganados, en la explotación de las 
minas.» 

«El trabajo fué minuciosamente reglamentado para ali- 
viar la condición de los indios.» 

((Los caciques sorteaban a sus subordinados a fin de 
formar las cuadrillas o repartimientos que por turno i por 
tiempo determinado estaban obligados a ir a cultivar 
los campos o los planteles, a pastorear el ganado, a ex- 
plotar las minas.» 

Esto era lo que se llamaba la mita.y> 

En la actualidad llámase mm^aco el trabajo hecho por 
una reunión de individuos que podríamos llamar volun- 
tarios, que no cobran sueldo, convierten su tarea en una 
especie de fiesta, i reciben del interesado en la faena, 
siempre ración de comida i de aguardiente, chicha, u otro 
licor, i a veces también alguna parte de los frutos. 

Mingaquero es el aficionado a andar de uno en otro 
mingaco. 



MIS 317 



MINAQUE, 



Los diccionarios no traen este vocablo^ provincialismo 
chileno según parece. Su equivalente castellano es encaje, 
randa. 

«A urdir miñaques en un tamborillo de lienzo, a fabri- 
car loza perfumada.)) 

(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.) 

MI SEA. 



Dijese en los buenos tiempos de la lengua castellana mi 
sOy mi sa, abreviaturas lacayunas i fregoniles, como dice 
Cuervo, de mi señor, mi señora» 

Ambas abreviaturas, no hai que dudarlo, emprendie- 
ron su viaje a América con los criados de los conquista- 
dores; pero es lo cierto que mi so debió de ahogarse 
en la travesía, pues solo el mi sa llegó a estos mundos, i 
eso convertido en mi sea o miseá, mi siá o misiá. 

Siendo, como queda dicho, señora la palabra contraí- 
da, parece que mas propio es escribir mi sea, o miseá en, 
una sola palabra, semejante ala que han formado los fran- 
ceses con ma i dame, que escriben madame. 

«M sorrt Cristina demos. 

— ¿Qué hemos de dar miso Ocañah 

(Cervantes. — La Entretenida.) 

«Si don Baltasar se casa 
Con mi sa doña Mayor, 
¿Quién te puede estar mejor 
Pues todo se cae en casa?)) 

(Tirso. — Desde Toledo a Madrid.) 

«¿I ;m sa doña Lucia? — Quedó » 

(Id.— iVo hai peor sordo.) 



318 MOC 

« — ¿Quién?..) me dijo, como despertando. ^ 

— Son mas délas cuatro, miseá Merceditas.-» 

[Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

MISMO [par a. lo) 

Tengo por chilenismo la frase para lo mismOy en el sen- 
tido de para nada y sin objeto y inútihnente. 

— «Sí, pero hombre, pueden descubrir, i 

—I dado caso que descubriesen, seria ;?am lo mismo.y) 

[Buérfano.) 

MISTURA. 

Aunque en español mistura sea la mezcla de varias co- 
sas, entre nosotros i también, i aun mucho mas, en el Pe- 
rú, se llama antonomásticamente mistura la mezcla que 
se hace de varias flores, que, rociadas con agua olorosa i 
encerradas en canastillos de papel de colores^ se distribu- 
yen a las damas en los saraos i atrás fiestas^ 

c( Es el jardin, do el alelí amarillo, 

Ingrediente esencial de la misturay 
La hermosa dalia, de color de caña, 
La roja adelfa, a nuestro clima estraña, 
Surjen del sol bajo el radiante brillo.» 

(Juan deArona. — Poesías peruanas.) 

MITA, mitayo. 

Véase mingaco. 

mocho. 

^ Al relijioso lego se llama familiarmente en España mo- 
tilón. Por acá lo llamamos mocho , tal vez por tener de co- 
mún esta palabra con aquella la acepción de pelado, pelón. 



MOH 319 



«En la puerta e San Francisco 
Estaba un mocho parao 
Con unas espuelas grandes 
Que le hacian riu, rao.yy 



[Zamacueca, 



MOHO^ oso, MOHOSEAR, ORÍN, HERRUMBRE, ARRÜMBARSEj 
AMOHOSARSE, OXIDARSE. 



MohOy es un agregado de hongos parásitos que se crian 
en cualquier cosa que empieza a corromperse. Hai impro- 
piedad, por lo tanto, en designar con esta voz el óxido que 
se forma i aparece a manera de costra rojiza sobre el hie- 
rro i otros metales expuestos a la humedad. La corruptela 
cuenta sinembargo con la sanción de la Academia, que da 
también a moho el significado de orin o herrumbre que 
nosotros le damos. 

BIohosOy debiera decirse de lo que está cubierto de 
moho. 

Oxidado, tomado, o herrumbroso, de lo que está cubier- 
to de orin. 

En cuanto a los verbos, les que usamos son arrumbarse 
i amohosarse, i ambos son bárbaros. 

El hecho de cubrirse de orin alguna pieza de metal se 
expresaba antiguamente^por orinecerse. («Ca si los ficies- 
sen (los cálices) de fierro orinecerse hian aina.» — D. Alonso 
EL Sabio. — Partida /.) — En vez de este verbo, que ha cal- 
do en desuso, tenemos el moderno, aunque un tanto sabio,, 
oxidarse. Cubrirse algo de moho se dice a la española mo- 
hecer, enmohécer, o amohecer. 

Herrumbarse (i no arr\imbarse) es tomar sabor a herrum- 
bre, el licor, dulce o comida que se prepara en tiesto de 
I cobre u otro metal. 
c(üe las cubas sale mas oloroso el vino que de las tina- 
jas; mas en las tinajas no se enmohece tanto como en las 
cubas.» 
(Herrera. — Agricultura jeneral.) 
Véase arrumbe. 



320 MOL 



MOJINETE. 



Dice el señor Vicuña en su Historia de Santiago que 
idos mojinetes son mui comunes en Vizcaya i que de allá 
nos vinieron». De todas maneras, si los mojinetes nos vi- 
nieron de Vizcaya parece que su nombre no es vascuence 
(en las provincias vascongadas se llaman casares). ¿De dón- 
de nos viene entonces? Nuestras dilijencias por averi- 
guarlo han sido infructuosas. 

Lo cierto es que damos a mojinete dos acepciones dis- 
tintas, haciéndolo significar, ya el cordón divisorio de las 
aguas en los tejados, que en español es caballete y ya el 
pequeño techo de forma triangular que era moda construir 
sobre la puerta de las casas. 

«Con esta sola nomenclatura hecha a vuelo de ave i sin 
pararnos en ningún mojinete ni blasón, habríamos creido 
dejar compendiada la organización civil i doméstica de la 
colonia i establecida al propio tiempo su admirable i com- 
pacta e indestructible unidad.» 

(Vicuña Mackenna.— Msíona de Santiago.) 

En Castilla llaman a los mojinetes en la segunda de las 
dos notadas acepciones, frontispicios» 



MOLDURE o MORDORB. 

Se pronuncia en Chile el francés mordoré (rojizo) que 
no trae ningún diccionario autorizado. 

«Vestia camisa de crimea mordóré etc.» 

(L. V. Mancilla. — Una escursion a los indios Ranqueles.) 

MOLIENDA. 

En España i en Chile (i creemos que en todas partes 
donde se habla castellano) molienda significa la acción de 
moler i la cosa molida de una vez. Por lo tanto nos pa- 



MON 321 

rece que el señor de Arona se engaña, considerando la 
palabra de que tratamos como un peruanismo cuando de- 
nota la operación de moler la caña, el tiempo que aqué- 
lla dura i el producto obtenido. 

«Tal es el cuadro que Cañete ofrece 
Cuando comienzan a verdear las lomaSj 
Cuando la piedra de la cal florece 
I no amarmanta San Miguel sus tomas; 
I cuando, en fin, la hacienda. 
Parada la molienda^ 
Un cementerio, un pateen parece.» 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 



MONO. 

Ademas de usarse entre nosotros esta voz para indicar 
el cuadrumano de su nombre, i a la persona que vive en 
continuo movimiento, i como adjetivo por lo que es pulido, 
delicado i gracioso, todas acepciones castizas, se usa tam- 
bién entre la jente zafia para denotar cuantos objetos de 
alguna manera nos representan personas o animales, cua- 
dros, estatuas, muñecas^ muñecos, etc. 

Lo usa también la jente culta, pero no es para ésta tan 
socorrida voz como para aquélla, pues en sus labios casi 
es equivalente a mamarracho. 

Un guaso que refiriese a los amigos de su aldea o de la 
hacienda en que vive las maravillas vistas en Santiago, di- 
fícilmente se olvidarla de los monos de la plaza de Armas 
i Alameda. 

Un crítico, al ver la estatua de O'Higgins, para mostrar 
la impresión que su vista le causaba, exclamó (i entre pa- 
réntesis, con sobrada razón): (k¡Esa no es una estatua] es 
un monoh 

Notable es ademas el uso de mono en frases cómo estas; 
((Cuando estaba de candidato era todo para todos; mas 
desde que aseguró el mono ya ni conoce a sus amigos.» 

No soltar el mono\ mantenerse inflexible, no abandonar 
la presa. 

En Cplombia mono se hace sinónimo de bermejo. 



322 MOT 



MONTANA. 



Usamos esta palabra por sierra; cordillera, lugar pobla* 
do de grandes árboles\ i la usamos bien porque todas estas 
acepciones tiene. 

MOSCÓBADO, A. 

En Chile se dice azúcar moscobada. Los diccionarios 
traen en la voz azúcar, mascabada\ i en la voz mascabado 
dicen que se aplica al azúcar prieto. 



MOTE, MOTERO, A, (PELAR MOTE. 



Del quichua muttiy (en araucano muthi), el maiz o trigo 
cocido en lejía. 

Lo que se entiende por mote en Chile, todos lo sabemos. 
A los extranjeros que lo ignoren, les da la explicación si- 
guiente el autor de Chile ilustrado: 

c(¿Qué es mote? preguntará el europeo. Ni mas ni me- 
nos que trigo hervido en lejía, la que por su fortaleza i la 
ayuda del fuego hace soltar su vestimenta al grano, i lue- 
go, lavado varias veces en agua para que suelte el sabor 
de la lejía, que nunca pierde del todo. La medida que usa 
el motero es una taza grande de loza, cuyo justo precio 
es un cuartillo (3 centavos), i la cual llena de agua que 
siempre lleva consigo en un cántaro de barro.» 

No está raui correctamente explicado; pero ahí tienen 
los lectores una idea de lo que son el mote i el motero. 

Otro caso en que se usa mote, a la chilena, es aquél en 
que nos servimos de él para significar que alguno, al ha- 
blar, se ha llevado de calles alguna regla de sintaxis, o 
estropeado alguna palabra, o escrítola con todas sus letras, 
pero atribuyéndole un sentido que no tiene. Así^ verbi 
gracia, sin ir mui lejos, i sin dar muestras de exajerada 
severidad, podria decirse, a la chilena, que el autor del 
artículo cuyo es el párrafo que acabamos de copiar por 



MUC 323 

ejemplo, echó un mote, empleando la palabra vestimenta, 
que es el vestido (i no como quiera sino el lujoso) para 
significar el hollejo del trigo. 



MOTU PROPIO. 

(cLuego no puede decirse en latin motu propio, en vez 
de mea {tiia, siia, etc,) spontey), por de «motivo propio, 
motu propio, o de motu propio» . 

(LoBECK. — Progysm.) 

ccEl gabinete de Washington ofreció de su propio motivo 
la única reparación que puede satisfacer a la nación in- 
glesa.» 

{Bello,— Derecho internacional.) 

MOZA*. 

¿Puede considerarse el baile como un juego? Por qué? 
preguntará el lector. Porque de que se conteste negativa 
o afirmativamente a esta pregunta, depende que moza sea 
o no un chilenismo, por el último baile de un sarao. 

En efecto, moza, en español de jugadores, es la última 
mano que se juega; mientras que en chileno de bastone- 
ros i mirones es el último valse i mas comunmente todavía, 
ía última cueca que se baila. I aquí está este lugar de Jo- 
tabeche que nos echarla en rostro nuestra mentira si fal- 
tásemos a la verdad: • 

— «¡Jesús! es muí tarde! Tengo enfermo en casa! Vivi- 
mos tan lejos!» 

a — Nó, por IXos, señorita! Mire Ud., las once i media en 
punto. Esta otra contradanzita i nada mas. ¡Las niñas es- 
tán en baile!» 

<< — ¡La moza! ¡La moza! gritaron todos.» 

MUCHI, musí i MISI. 

Voces con que se llama cariñosamente a los gatos i que 
son las mismas con que se designa a los individuos de la 
especie gatuna en quichua {misi) i en araucano [michi). 



324 MUN 

MUJO, A. 

Servímonos con frecuencia de este adjetivo para signi- 
ficar el color de los hábitos que usan los relijiosos carme- 
litos; i nos serviríamos de él como Dios manda si, modi- 
ficando algún tanto su pronunciación, pusiéramos una s i 
una g en vez de la penúltima j, {musgo). 

— «¿Tiene castilla? preguntó una vieja que entraba 
cuando el chiquillo salia.» 

«—De qué color, mamita? dijo el patrón.» 

c< — Muja, señor, contestó la vieja.» 

{Huérfano.) 

«Entonces una irrupción 
Viene de godos i alanos, 
Espesa nube de frailes 
Sobre mi casa tronando: 
Blancos, cenicientos, musgoSy 
Negros, azules i pardos.» 
(MoRATiN. — Romance al príncipe de la Paz.) 

Dícese también en español musco, 

MUNICIÓN. 

Llaman así en Chile a la munición menuda que sirve 
para cazar i que en español se dice perdigones. 

((Ahí he visto los arrreos de caza de don Lúeas i todo 
es rico, todo es precioso en ellos: la escopeta i los fras- 
cos de la munición están guarnecidos de plata i los boti- 
nes i el morral están bordados de seda.» 

(Antonio de Trjjebk.-^ Nostaljia.) 
Aquí munición significa colectivamente la pólvora i los 
perdigones, i lo que constituye o forma la carga. * 

MUNEQUEAR. 

Es en español jugar las muñecas, desusado en Chile, 
donde el único que mimequea es el maíz, cuando a lo largo 



MUS 325 

de la caña i entre ésta i las hojas empiezan a aparecer 
los choclos, 

«¡Mujer! mujer! ¿Has visto como los melones están ca- 
yendos i los choclos miiñequeando que es bendición de 
Dios?» 

(D. Barros Grez. — Cuentos para los niños grandes.) 



MURALLA, 

No se usa en español sino para indicar las obras de 
defensa con que se rodea una plaza fuerte o con que se 
impide la invasión de un enemigo, con baluartes de pie- 
dra, ladrillo^ etc. La obra que sostiene los techos de las 
casas, se llama pared. 

Muralla, en la acepción chilena es un galicismo. 

MURRO. 



Con haber en la lengua un buen número de palabras 
para indicar los movimientos de que la cara es capaz 
(guiño^ jesto, mohin, momo, mimo, mueca, visaje) no co- 
nocemos ninguna que nos muestre la expresión del ros- 
tro del que se amorra. En esa cara inmóvil hai algo que 
revela enfado, testarronería, berrinche; i ese algo lo ex- 
presamos diciendo: «Miren Uds. el murro de esa cara.» 

MUSCULACIÓN. 



Musculatura es como debe decirse. 



N 



NANA. 



Del quichua nanai, dolor, enfermedad. Usa esta voz 
tanto la jente zatia como la instruida^ pero solo para imi- 
tar el lenguaje de los niños a quienes se enseña desde 
temprano a designar con ella cuantos dolores o heridas, 
los mortifiquen. 



NECROLOJIA. 



Muchos la acentúan mal, pronunciando i escribiendo 
necrolójia. Su recta pronunciación es necrolojia con el 
acento en la z, donde lo llevan los derivados del griego 
de igual terminación: analojía, teolojía, etimolojía, etc. 



NEGRO. 

Es proviclalismo de la América meridional como voz 
i cariño. 

«En la plaza andan vendiendo 
Ramilletitos de a peso; 
Le he de comprar a mi negroy 
Será mi gusto.... i por eso.» 

[Tonada popular.) 



328 NOL 



NEVAZÓN. 



Provincialismo tan afortunado como inútil. El tempo- 
ral de nieve se ha llamado siempre en castellano nevasca^ 
nevasco o nevada, 

«I llega otra vez el frió 
I vuelven las nevazones 
I de nuevo los podones 
Se arriman al molejón.)) 
(Z. Rodríguez.— ZcfPíírm i el Podador.) 

NIGUA. 

Mas feliz este bicho que muchos otros que le aventajan 
en utilidad i figura, ocupa mui orondo un lugar en el 
Diccionario de la Academia. 

Nigua [pulex penetrans), según el vocabulario que viene 
al fin de la Historia de las Indias, de Oviedo^ seria de 
oríjen cubano. 

«Esta palabra [inagua) puede que sea derivada del vo- 
cablo lucayo jimagua, que quiere decir jemelas, lo que 
tendria aplicación a las dos Inaguas. Pero no faltará quien 
prefiera hallar la etimolojía en las muchas niguas que 
aun constituyen una de las plagas de las dos Inaguas.» 

(J. A. DE Varnhagen. — La verdadera Guanahani de 
Colon.) 

NO le hace 

tt— Oye, Juan, mañana le das otro riego á la viña. — Es 
que en la semana pasada no mas le puse el agua. — JVo le 
hace. — Es que está todavía húmeda. — No le hace. — Es que 
la uva se va a dar desabrida. — No le hace » 

El testarudo viñador queria decir con su estribillo que 
iiada importaba nada, salvo que su voluntad se cumpliese. 



NANA. 

Del quichua ñañay hermana , amiga, paisana. En arau- 
cano, ñeñe es madrastra. 

Es provincialismo que corre muí bien aceptado entre 
la jente ignorante. 

Por lo común la ñaña es la hermana mayor; bien que 
en ocasiones la hayamos oido emplear como sinónima de 
mama, 

«Tocóle su turno a doña Mercedes Alderete i dijo: 

Cuando niño verde 
Cuando joven colorado 
I cuando viejo pelado.» 

c(A lo que saltó la cocinera con visibles muestras de ale- 
gría:— ¡Qué gracia! ya la sabia yo desde que me la ense- 
ñó ñaña Peta: ese es el peumoJy) 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

ÑATO, A. 

Designamos con esta palabra, cuyo oríjen puede ser mui 
bien la quichua ñanppi, embotado» sin punta, 3l los que 
en castellano se llaman chatos o romos, jente de nariz 
peqjieña i aplastada. 

Sato es a menudo término de cariño en el trato fami- 



330 So 

liar; i tanto en este sentido como en el de romo es usa- 
do en el Perú i la República Arjentina. 

«Yo que a narigona, ñata. 
Alta, baja, fea, hermosa, etc.» 
(Estanislao del Campo, ~Mo?ió¿o(jo de mi tronera,) 

I de las consabidas narices nada mas diremos, porque 
está escrito: 

«En cuanto a nariz ñatay punto i coma 

La nariz de esta clase no entra en broma.» 



ÑAUCAS. 

Imposible nos ha sido averiguar la época en que este 
conocido personaje florecería. Lo único que hemos saca- 
do en limpio, es que debió de ser contemporáneo del rei 
Perico, i niño de un tiempo con la reina Mari-Castaña, 

En tiempo de Ñaucas, equivale a mui antiguamente, en 
tiempo del rei que rabió. 

Según Juan de Arona ahora ñaupas es en el Perú una 
expresión que equivale a ahora tiempos, a lo de marras, 
etc. 

¿Sería este señor Ñaupas o Ñaucas, algún célebre i an- 
tiguo personaje de la América bárbara? ¡Indiphodi! ¡In^ 
diphodi! contestaremos con el famoso poeta tecuzcano, 
Nezahualcoyolt, lo ignoramos! 

Ño, ÑA. 

Ñuño, ñuña, si hemos de creer al Diccionario de la 
Academia, era título de respeto, como hoi, señor, señora, 
don, doña\ título que paró después en apellido de familia. 

En Chile, i si no nos engañamos en toda la América 
latina, se usa señor, señora, en su forma íntegra i en su 
forma abreviada, pero ccn significaciones diferentes. 

Señor, a, es tratamiento que se da a las personas de 
respeto por su posición social, sean o nó de avanzada 
edad. 



KO 331 

Ño o ñor i ña se anteponen por lo común al nombre 
de aquellas personas que, siendo pobres o plebeyas, me- 
rezcan por sus años o estado algo mas que el insolente 
tú de quien les dirija la palabra. 

íiÑo Ambrosio el inglés, como llamaban las limeñas al 
mercachifle.» 

(Ricardo Palma. — Tradiciones peruanas.) 

í'Oigajté, ña Sacramenta, 
Le diré ajté mi pasión: 
Soi cojtante en el querer 
I en el amar dadivoso, 
Si ujté no lo quiere creer 
Lo dirá flor Sinforoso.» 

(José María Esteva.) 

«Sí, sí, agregamos todos; está mala la adivinanza de 
ña Estefanía!» 

(Z. Rodríguez.— Loco Eustaquio.) 

El ño de los ejemplos anteriores tiene gran semejanza 
de significación con el tío de los españoles. 



o 

OBSEQUIO, OBSEQUIAR. 

Ni en los clásicos ni en los diccionarios de la lengua 
encontramos a obsequiar como activo, por regalar^ ni a 
obsequio por regalo. 

No puede negarse, sin embargo, que el cambio de sentido 
que en ambos vocablos hemos operado, no tiene nada que 
repugne a la índole de la lengua, como que es mui seme- 
jante al que sufrieron en lo antiguo regalar i regalo. 

No creemos por lo tanto habernos hecho reos de mui 
grave culpa al escribir: 

((Me dio lástima i no pude resistir a la tentación de 
robar una (una guinda) que íuera para obsequiársela.» 
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

OCÉANO. 



¿Dónde lleva el acento esta palabra i con cuántas ce 
debe escribirse? 

La Academia española escribe océano. 

Don Andrés Bello dice, que si bien es lícito cargar el 
acento en la a a. los poetas según la práctica menos auto- 
rizada, no se tolera, ni en prosa ni en verso pronunciar 
occeano u occéanOy con dos ce. 

Don Valentín Gormaz en su Correcciones léxigráfieas, 
nos hace saber que occeanb no existe. 



334 OFE 

Don Rafael María Barált i don José Gómez Hermosilla, 
pronuncian i escriben occéano. 

Don Pedro Felipe Monlau en su Diccionario etifnolójico 
de la lengua castellana escribe como la Academia i el se- 
ñor Bello, océano. 

Covarrúbias en su Tesoro de la lengua castellanay océa- 
no, con una c i el acento en la a. 

Lo dicho probará que las opiniones andan sobre lá 
pronunciación de la palabra asunto de este párrafo, muí 
divididas, i que si bien liai motivos para inclinarse al pa- 
recer de la Academia, no lo liai para decir como el se- 
ñor Cuervo en sus Apuntaciones '<que es un disparate 
mayor de marca pronunciar occeano con dos cc.yy 

Nosotros no pronunciaremos así; pero nos guardaremos 
de declarar ignorantes o disparatados a los que abriguen 
una opinión diversa. 

ODIO, ODIAR. 



Torcemos con frecuencia el significado de estas pala- 
bras, empleando el sustantivo como si fuese sinónimo de 
majadería, molestia, fastidio, i el verbo como equivalente 
de fastidiar, moler. 

Cuando un niño no se está tranquilo, i llora, i se impa- 
cienta a cada momento, dice su madre que debe de estar 
enfermo,, porque está odiosito, 

«Esto te pasa por lacho 
Salió diciendo la Lora^ 
Yo veré si vas ahora 
A odiarme, Loro borracho.» 

(GuAJARDO.— Ce/o5 de la Lora al Loro.) 



OFERTAR. 



Por ofrecer no existe. Es verbo inventado por algunos 
con ridicula afectación. 



OJO 335 



OJEAR. 



Un tiempo hubo en que opinamos que la creencia de que 
era posible hacer daño a las personas, (por lo regular ga- 
llardas i hermosas) mirándolas fijamente, era una abusión 
de oríjen araucano. Mas abrimos el Diccionario de la 
Academia en la palabra aojar i salimos de nuestro error. 
nAojarí) dice el ilustre cuerpo, «es hacer mal de ojo.y) Hü" 
bemus confitentem reum! La abusión no nos vino de Arau- 
co; nos vino de España. De España también nos vino la 
palabra que ha conservado nuestro pueblo, sin mas alte- 
ración que la precisa para convertir el castizo aojar en el 
rotuno ojear. 



OJOTA. 

Parece que es esta palabra de oríjen mejicano-indíje- 
na [uxota.) 

Designamos con ella unas como sandalias toscas de cue- 
ro sin curtir que usan los peones que trabajan en las 
chacras i minas. 

Las hai de dos especies. 

Ojota chacarera es una sandalia que cubre la planta del 
pié i que se sujeta con unos correoncillos que se hacen 
pasar cruzados por sobre el empeine i el tobillo. 

La ojota minera se asemeja mas al zapato, como que en 
realidad no es mas que una babucha de cuero crudo, 
groseramente amoldado al pié. 

Bosquejando la fisonomía de la Plaza de Armas de San- 
tiago en 1825, dice don José Zapiola en sus Recuerdos de 
30 años: 

«De oriente a poniente i a cinco metros de distancia 
de la pared norte de la plaza, corría una acequia cubier- 
ta de loza en toda la extensión de esa cuadra. Toda ella era 
ocupada por los vendedores de ojotas.yy 

«Allí acudían los que usaban este calzado, que enton- 
ces eran muchos, por su bajo precio, un medio real. Las 
ojotas viejas quedaban donde se compraban, las nuevas, i 
esta arma arrojadiza suministraba a los muchachos un 



336 ONC 

elemento para empeñar todos los dias festivos esas guerras 
de ojotas a las que jamas faltamos por la inmediación de 
nuestra casa al campo de batalla.» 



OLEO. 

Poner a alguno el óleo u olearlo es ponerle la Extrema- 
unción. Nosotros lo usamos revesadamente por Bautismo. 
I ya se ve que entre el sacramento con que la Iglesia se 
despide de los que agonizan i el con que recibe a los re- 
cien nacidos hai talcual diferencia. 



ONCE. 

Por la refacción que se toma a medio dia, es palabra 
castiza; aunque no sea fácil encontrar ejemplo de ella 
en los escritos de los clásicos. 

Como que la dicha colación deriva su nombre de la 
hora en que se toma, carece de plural i es un disparate 
decir: vamos a tomar las onces. 

«Luego entraron los porteros i traian sendas botellas i 
vasos acompañados de tiernos panecillos, con lo cual to- 
dos se apresuraron a tomar las once para cobrar nuevas 
fuerzas.» 

[Mesonero.) 

«Apenas nos habíamos sentado, cuando ya habia preve- 
nido el amo que sacase las once:.... Amigo, nos pusieron 
una mesa con tantas viandas i tanto lujo^ que apenas me 
atreví a probar un bocado.» 

(Hartzenbusch.) 

Es por lo tanto, aunque curiosa, completamente anto- 
jadiza la etimolojía que atribuye al vocablo cuestionado 
el señor Vicuña Mackenna en el siguiente pasaje de su 
Historia de Santiago: 

«I era tomar entre el desayuno i la comida, por via de 
confortativo un poco de mistela o aguardiente, i por las 
once letras de este último llamaban esta distribución o 
parvidad las once.y) 



OTR 33t 



ORA U HORA. 



Nombre vulgar de la epilepsia, alferecía i otras enfer- 
medades de los nervios. 

Por lo común se dice que se enferman de este irial las 
gallinas que repentinamente se tuercen del pezcuezo i caen 
ai suelo sin poder andar. 



ORIJEN 



La locución saber alguna cosa de buen orijen no viene 
en los diccionarios, que dicen saber alguna cosa de buen 
orijinal. 



EL OTRO, LA OTRA. 

uPorque si ella no hubiese consentido el otro no podia 
entrar.)) 

(A. Blest Gana. — Martin Rivas,) 

«Ademas, ¿qué culpa tienen ellas si la otra ha perdido 
la vergüenza?» 

(A. Blest Ga^x.—EI Ideal de un Calavera.) 

En ambos lugares ha subrayado el autor las palabras 
el otro, la otra, para manifestar que el adjetivo otro, usado 
como sustantivo, es un provincialismo chileno o pur lo me- 
nos peculiar a la jente del pueblo. Pero hase equivocado 
el señor Blest Gana^ porque el modismo es castellano. 

«Atrevidilla era la doña Mónica i gran cuco el tal don 
Sinforiano en mantenerse firme en sus trece para que la 
otra le apretase.» 

(Baralt. — Diccionario de Galicismos.) 

«Sabemos lo que sucedió al otro que quiso ordeñar la 
mona antes de mirarle la cara.» 
[Capmaiiy, citado por Baralt, Dic. de Galic. voz gobernar.) 



338 OVE 

«Yo soi el otro\ i rae conocerás, pues, no hai cosa que 
no la diga el otro, I luego en no sabiendo como dar ra- 
zón de sí dicen: como dijo el otro.yy 

(QuEVEDO.— Fmía de los chistes.) 
orín. 
Véanse ARRUMBE i moho. 

OVERO, A. 

Adjetivo que se aplica en España a los caballos de pelo 
blanco manchado de alazán i bayo. En Chile lo aplicamos 
a los animales de piel remendada o de varios colores, los 
mismos que castizamente se llaman pios. 



PABLO, PAULO. 

Criticando estas palabras de Sarmiento: «¿No se moría 
de fastidio Buffon al oir a Saint Fierre leer su Paulo i 
Virjinia?í) dice Villérgas: «Decididamente el señor Sar- 
miento sabe mucbo; pero es poco afortunado para traducir 
nombres propios del francés. Antes tradujo Pépin por 
Pipino, i ahora traduce Paul por Paulo» ¿Ignora el señor 

Sarmiento, por ventura ¿ignora, digo, el profundo 

sabio de quien me ocupo, que el nombre Paulan francés 
es equivalente a Pablo en español?» 

(J. M. Villérgas. — Sarmenticidio.) 

La crítica de Villérgas es justa, si bien un tantico ex- 
cesiva, porque aun cuando sea cierto que lo correcto, 
común, autorizado i preferible, cada vez que se hable del 
apóstol de los jentiles es Pablo, como han escrito casi to- 
dos los clásicos, no debe olvidarse que ha solido decirse 
también Paulo i que este uso cuenta con la tolerancia de 
algunos maestros del idioma i hasta con la de la Academia, 
en cuyo Diccionario, última edición, (1869) leemos: uPaulo, 
m. n. p. Pablo. Se usa hablando de los papas i empera- 
dores de este nombre.» 

Cuanto a los maestros, bástenos hacer mención de 
Covarrúbias que escribió en su Tesoro: uPablo, latine Pau- 
lus, muda la ii en b como es ordinario; i también decimos 
Paulo. y) 

El hermitaño qxí El condenado por desconfiado, de Tirso 
de Molina, se llama Paulo. 



340 PAC 

«O3 envió agora estas epístoFas de San Paulo traducidas 
del griego en romance castellano.» 

(Juan de Valdés.) 

((Valdés habla de esta obra snja en la dedicatoria de 
las epístolas de San Pablo a Julia Gonzaga.» 

(R. Mesonero Romanos.) 

paco; paco, a. 



En que vulgar i socarronamerite llamamos pacos a los 
soldados que en España llaman guardias civiles, i por acá 
en mas decente estilo policiales, no cabe duda ni disputa. 
Pero ¿cuál es la etimolojía de esta voz? Aquí la certeza 
falta si bien no falten las conjeturas, 

La palabra paco, según el vocabulario americano aña- 
dido por don Amador de los Rios a la Historia de las In- 
dias de Oviedo, seria de oríjen quichua, en cuyo idioma 
quiere ella decir, siervo, esclavo. 

El señor Vicuña Mackenna parece inclinarse a aceptar 
esta etimolojía a todas luces errónea. Errónea porque no 
existe en quichua una palabra que, significando siervo o 
esclavo, hubiera podido dar oríjen a nuestro paco', i erró- 
nea también porque es difícil percibir la relación que 
exista entre la condición de los siervos i la de los encar- 
gados de mantener el orden en las calles i plazas. 

Lo mas probable nos parece suponer que el paco nues^ 
tro venga del quichua ppáccu, que significa rubio, casta- 
ño, bayo, como no solo es de suponerse, sino de afirmarse 
categóricamente con respecto al adjetivo, paco, a, bayo, 
a. Para explicarnos la sustantivacion de este adjetivo nos 
bastará recordar que hace algunos años no era raro ver 
abrigados a \o^ policiales de Santiago con ponchos pacos, 
únicos capotes con que aun se defienden del frió i de la 
lluvia los de varios departamentos, i que no faltan en 
nuestra patria ejemplos de adjetivos que expresan color 
trocados en sustantivos que designan a las personas que de 
él acostumbran vestirse. ¿No llamamos vulgarmente mora- 
dos a los obispos, negros a los tordos? I por la inversa, no 
llamamos carmelita al color de que se visten los relijiosos 
de la orden del Carmelo, i lacre el rojo, solo porque este 



PAD 341 

es el color que comunmente se da a aquél? ¿Por qué no 
suponer entonces que el color de los ponchos de los guar- 
dias civiles haya servido al vulgo para formarles un nom- 
bre, ya que él, o no existia en la Península, o no había 
llegaáo a estas tierras? 

PacOy a, como queda dicho, es hayOy a, i a veces tam- 
bién pardo, a. 

«Figúrese su mercé 
Que si yo salgo a la esquina, 
A la recova o al puerto 
A cualquier hora del dia, 
El primer paco que miro 
Me dice al pasar: Mi vida 

¡Site llevara /?« entro\ » 

(M. Antonio Benavídes. — La Mejor espuela.) 



PACHACHO, A. 

De significación mui parecida a mampato, peíiso, poto- 
co, de los cuales se distingue en aplicarse de preferencia 
a las gallinas enanas, o mas propiamente, de gran caja i 
de cortas patas. 

Mampato i petiso se dice por lo común de los caballos i 
cuadrúpedos. 

Potoco, a, de las personas. 



PACHOTADA. 



Dígase patochada, 



PADREJÓN. 



Las aprendices de parteras, comadres o matronas (en 
la jerigonza de moda profcsoi^as de partos) i las que desem- 
peñan el oficio sin haberse dado el trabajo de aprenderlo, 
llaman madre el órgano de la mujer en que se forma i 
desarrolla el feto. 



342 PAJ 

Ahora bien, como lo que no se le ocurre al diablo suele 
ocurrirse a las comadres, ocurrióseles a éstas que los 
hombres han de tener algún órgano correlativo a la ma- 
dre de las mujeres, i que el. nombre correlativo también 
que mejor cuadraba a aquél era el de padrejón, ¿Habrá 
desatino? 

Nada es mas común entre los enfermos pobres que acu- 
den a las boticas, despenseríos i médicos, que el explicar 
su enfermedad diciendo que se les ha subido el padrejorí, 
o que se les ha bajado, o que les salta, o que a tiempos se 
les atraviesa, etc. 

Un facultativo nos asegura que lo que toman rotos i gua- 
sos por padrejón las mas de las veces es el cólico. 



PADRÓN. 

No tiene entre sus acepciones castizas i autorizadas por 
los diccionarios de la lengua la de caballo padre, que le 
damos en Chile. 

ccPor esto buscan siempre el macho cabrio, el morueco, 
el toro^ o el caballo padre mas activo, etc.» 

(MoNLAU. — Hijiene del matrimonio.) 

También solemos llamar potros a los caballos padres, 
designando con el nombre ¿q potrillos a aquéllos. 

PAJONAL, 

Entendiéndose por paja en España la caña del trigo, 
cebada, etc., después de seca, triturada i separada de la 
espiga^ es claro que no necesitaban de una palabra que 
indicase el sitio en que la paja se cria i produce. Con el 
pajar para guardarla tenian suficiente. 

No así en Chile, donde llamamos paja de totora una es- 
pecie de carrizo que sirve para hacer esteras, sillas, i para 
otros diversos usos. 

El sitio en que esa clase de paja se produce se llama 
pajonal, i dada la acepción de paja que hemos apuntado, 
no vemos medio de evitar el neolojismo. Para suprimir los 
pajonales seria preciso comenzar por suprimir la paja de 



PAM 343 

totorüy empresa que ni podría llevarse a cabo en quítamef 
allá esas pajas, ni seria tan fácil como sacarlas de una al- 
barda. 
Véase papal. ' 

PALANGANA, ADA. 

Un palangana, es^ según Salva, que califica esta pala- 
bra de provincialismo peruano, un presumido, entrometi- 
do, que raja sobre lo que no entiende. 

No tenemos a la mano las Memorias del jéneral Miller; 
pero recordamos haber leido en ese libro que tanto abun- 
daban allá en la época de la independencia los palanga- 
nas en Lima, que se formaron batallones de ellos. 

Un palangana, es en español un charlatán, hablantín, 
tronera. 

Palanganada es acción o palabra propia de palanga- 
nas. 

I^ALQUÍ. 



Este arbusto, cuyo nombre botánico es céstrum parqui, 
es de uso tan jeneral en la medicina casera que, para de- 
cir que una persona o cosa es mui conocida de todos, se 
dice: como el palqui, o mas conocida que el palqui. En 
castellano se dice mas conocido que la ruda. 

Palqui es voz araucana, i es raro que Mr. Gay manifes- 
tara no conocer el nombre vulgar de lo mas conocido que 
hai en Chile, escribiendo en su Botánica parqui. 



PAMPA. 

En qyxichvLdi. pampa, q^ plaza, suelo llano, llanada, campo. 

Usase esta palabra en tres acepciones distintas: 1.* lla- 
nura extensa, por lo jeneral árida o a lo menos inculta (la 
pampa de Islai, las pampas arjentinas); 2.^ por desnudo, 
descubierto, a cielo raso; 3." por el salvaje que habita las 
Pampas. 



344 PAM 

«Compañero, no hai por qué acobardar, hemos pasado 
lo mas difícil del camino i ya estamos en pampa rasa.)> 
(Vicuña Mackenna. — Portales.) 

(cílóres de suave fragancia 
Toda la pampa brotaba 
Al tiempo que coronaba 
Los montes a la distancia 
Un resplandor que encantaba.» 

(AscÁsuBi. — La Madrugadaí) 

«Campo ajuera se levantan 
Como nubes polvaderas 
Preñadas todas enteras 
De pampas desmelenaos ^ etc.» 

(Id. — La Indiada.) 

¿Quién ignora, por último, que pampa i a veces pampi- 
lia es el nombre con que conoce el vulgo el campo des- 
tinado a las revistas, paradas i ejercicios militares, i otras 
diversiones públicas? 

Ni pampa ni pámpílla nos llenan el gusto; pero si no 
hemos de decir prado, de mui buena gana nos quedaría- 
mos con cualquiera de ellas a trueque de librarnos de los 
campos de Marte, que no son de cristianos. 

Pampa ha sido adoptado por la Academia. 



* PÁMPANO . 



. En castellano, el sarmiento verde, pimpollo de la vid. 

Entre nosotros, los pequeños racimos, especialmente 
aquellos que quedan en los sarmientos después de hecha 
la vendimia. 

Arrepentidos de haber cometido un tan garrafal dispa- 
rate la primera vez que publicamos la composicioncilla ti- 
tulada El pajarero, (aun cuando enmendamos la pam- 
pirolada en la inserción que hicimos de ella en el primer 
tomo de la Micelánea literaria poniendo racimos donde 
áeci'd pámpafws) copiaremos aquí la estrofa en su primera 
forma, en penitencia i para ejemplo: 



PAN 345 

«De pié, sobre un andamio improvisado 
En medio de la viña, grita ronco 

Un mancebo jentil^ 
Espantando los pájaros que chupan 
El codiciado jugo que atesoran 

Los pámpanos de abril!» 



PANA. 

Matanceros, carniceros, galopines i fregonas de cocina, 
llaman pana el hígado de las vacas, carneros, cerdos, etc. 
Pana es evidentemente la. pua}icay con que los araucanos 
designan los intestinos o menudos de los animales. 

PANANAS. 



Pesado, inhábil para saltar o trepar, poltrón. 

Se aplica a las personas i a las bestias. Tiene alguna 
semejanza de significación con cutama, i como ésta es de 
orí jen bárbaro. 

Panananac en la lengua de los indios peruanos es, reple- 
to, harto de comer i beber. 



PANCHO, A. 

Nombres que aplicamos familiarmeníe a los que en la 
pila bautismal han recibido el de Francisco, o Francisca. 
Según Salva es provincialismo de oríjen cubano. Viene, 
no obstante, sin la nota de provincial en el Diccionario 
de la Academia. 



PANIZO. 

Llámase así a la chilena el criadero de minerales o el lu- 
gar que a la vista presenta los caracteres propios de un 
criadero. 

Panizo pintador, es el que promete metales abundantes 
1 de buena calidad. 

4f> 



316 PAP 

Panizo broceador, ol que promete poco i anuncia próxi- 
mo broceo. 



PANTEÓN, 

Se llama en Chile cualquier cementerio: panteón tienen 
los villorrios i aldehuelas; i en panteones se depositan los 
restos mortales de los mendigos i ajusticiados. 

((Panteón [diQ pan i //¿eos) templo consagrado a todos los 
dioses.»» 

(MoNLAU— Z)zc. etimolój. voz Dios.) 

((Desde alguna distancia divisamos la bella fachada del 
panteón con su gran cruz al frente») (habla del pueblo de 
Puerto Montt.) 

{Provs. meridionales de Chile,- por C. García Huidobro.) 
((Pero luego encuentran nuestras miradas otro edificio, 
la civcel y panteoíi de vivos en donde mora la corrupción 
i el desorden.» (id. id.) 

PAPA, PAPAL, PAPERO^ A. 



Pocos habrá en América i aun en Europa que ignoren 
llamamos /?a/)a al tubérculo que los botánicos conocen con 
el nombre de solanum tuberosum, i los españoles, con el 
de patata. ^ 

Papa es voz de la lengua quichua, en la cual sirve 
para designar, no solo las patatas, sino las plantas que 
tienen raices bulbosas. 

Papal, el sitio sembrado de papas. 

El señor Gormaz dice en sus Correcciones que no se de- 
be llamar papal el sitio sembrado de patatas, sino papa- 
tal, (probablemente la segunda p está en lugar de t por 
error de imprenta). I ¿por qué no papal, siendo que los 
americanos no decimos patata sino papa, voz que el Dic- 
cionario trae como sinónima de patata'^ Es cierto que éste 
no trae a papal, mas, ¿qué tiene de extraño que esta voz 
americana no haya llegado aún a los oidos de la Acade- 
mia? Si llamáramos a las plantas en que nos ocupamos pa- 



PAP 347 

tatas, preciso seria diésemos el nombre de patatal al sitio 
sembrado de ellas; pero desde que se acepta papa es un 
absurdo negar el pase a jmpal^ derivado de formación 
irreprochable. 

Como la doctrina que estamos sustentando servirá para 
saber a qué atenerse en los casos análogos que ocurren, 
que no son pocos, vamos a manifestar las razones i autori- 
dades en que se apoya. 

Dice el señor don J. Gómez Hermósilla en su' Arte de 
hablar en prosa i verso. 

«En las palabras nuevas hai que distinguir las que son 
sacadas de la lengua misma i las que son tomadas de otra, 
ya viva, ya muerta 

«En cuanto a las que se sacan del propio fondo de la 
lengua, esto puede hacerse o por derivación o por compo- 
sición. Por derivación se hace una palabra nueva, cuan- 
do de un primitivo usual se deduce un derivado que has- 
ta entonces no ha estado en uso. Por ejexplo, de muchos 
adjetivos en ible, able, al, U, no se usa el sustantivo en 
idady verbi gracia, de destructible destructíbilidad\ i así 
cualquiera de estos que se forme e introduzca, será una 
palabra nueva por derivación 

«Como ésta hai innumerables, i es absurdo i ridículo 
acusar de neolojismo al autor porque tales voces no se ha- 
yan en los Diccionarios. 1.^ No existe en el mundo, i aca- 
so no existirá nunca, un Diccionario que contenga todas 
las voces de una lengua, i mucho méjios todas las deriva- 
das que con buena analojía se pueden deducir de las pri- 
mitivas ya recibidas. 2.^ El neolojismo consiste, como ve- 
remos, no en estas felices deducciones que enriquecen 
las lenguas, sino en la manía de querer alterar las signi- 
ficaciones autorizadas por el uso o mudar los accidentes 
gramaticales de algunas voces.-» 

En virtud de lo dicho no puede condenarse a papal, voz 
formada ^q papa según el jénio de la lengua española i la» 
reglas de la analojía. 

«En los nombres sustantivos,,)) dice en su Gramática don 
Vicente Salva, «las mismas terminaciones a¿ i ar, i tam- 
bién edo i eda sirven para los nombres colectivos que com- 



348 PAR 

prenden muchas cosas o individuos de una misma especie, 
como acebuchal, arenal, romeral, etc.» 

Lo que precede es aplicable a papero, el cual es preciso 
aceptar, mas aún, el cual debe considerarse como implíci- 
tamente aceptado, desde que se aceptó su primitivo. 

Concluimos con las siguientes reflexiones que son del 
Prólogo a la Gramática del señor Bello: 

«Si de voces castellanas hemos formado (los america- 
nos) vocablos nuevos según los procederes ordinarios de 
]a derivación que el castellano reconoce i de que se ha 
servido i se sirve continuamente para aumentar su caudal 
¿qué motivo hai para que nos avergoncemos de usarlos? 
Chile i Venezuela tienen tanto derecho como Aragón i 
Andalucía para que se toleren sus accidentales diverjen- 
cias cuando las patrocina la costumbre uniforme i autén- 
tica de la jente educada.» 



PAQUETE, 

¿Dicen en España del que anda acicalado, emperejilado, 
peripuesto, que va hecho un paquete? Lo ignoramos; pero 
si no lo dicen bien podrían, sin faltar a la Gramática ni 
al Diccionario. Lo que sí no dirán seguramente es que fu- 
lano o mengano anda muí paquete, como nosotros acos- 
tumbramos. 



PARARSE. 

Damos a este verbo en Chile, i aun pudiera decirse en 
toda la América latina, la acepción de levantar, alzar, en 
que no aparece usado por los clásicos ni por los buenos 
escritores peninsulares modernos. 

La acepción fundamental de parar i pararse en español 
e^ cesar en el movimieyíto o en la accion\ i así como mas o 
menos directamente de ella se derivan i con ella se rela- 
cionan las demás que le atribuye el Diccionario, así tam- 
bién cuantas le damos en Chile se derivan de la idea de 
levantar o levantarse lo que está en el suelo. 

Veámoslo confirmado con algunos ejemplos: 



PAR 349 

«Hiere con la mano el suelo, 
Para el rabo pequeñuelo.» 

(García Goyena.) 
Para y es alza 6 levanta el rabo. 

«Por aquí un gentleman fashíonable de grandes cuellos 
parados, y) 

(Moisés Vargas. — Lances de noche buena.) 

Parados, quiere decir aquí tiesos, derechos. 

«Sentéme yo sobre el tronco caido de la parra i ella a 

mis pies i sobre el pasto — ¿Sabes amigo que quisiera 

pararme i volverme a casa sin hablar contigo una pala- 
bra?» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

Aquí pararme, es ponerme en pié. » 

(íAl cabo de cortos instantes se paró de su asiento.» 
(A. Blest Gana. — Martin Rívas.) 
Se alzó de su asiento, se puso en pié, o dejó su asiento. 

«No me interrumpáis, gritó con su voz mas agria i po- 
niéndose en guardia como un gallo a quien se le paran 
todas las plumas.» 

(París en Améric a.'-- Traducción de D. Domingo Artea- 
ga Alemparte.) 

Se le paran, es se levantan, i con un tantico de auda- 
cia, se le erizan. 

«La prominente oreja 
Para i escucha atento.» 

(A. Lozano. — Gran duelo de la Patria.) 

Para, es aquí aguza. 

Tan común es en América el significado provincial de 
parar que estamos explicando, que don José Joaquín de 



350 PAR 

Mora se connaturalizó con él lo necesario para escribir: 

«Luego tumba 
Cosme Hermida: 
jCuál retumba 
Su caida! 
I el se para 
¡Suerte rara! 
Con la cara 
Mal herida.» 

- (La Caza.) 

Procuremos confirmar ahora con ejemplos de escritores 
peninsulares la exactitud de los equivalentes que hemos 
señalado a las diversas acepciones de nuestro parar. 

v^Alzese el buen Aguilera.» 
(MoRETO. — El valiente justiciero.) 

«Alzóse grave 
El hijo de Laértes i, los ojos 
Fijos en tierra, sin alzar la vista, 
jP«r«¿/6> estaba i sin hablar, i el cetro, etc.» 
(Gómez Hermosilla. — La Iliada.) 

«Alzando el pastor la cabeza se puso lijeramente en 
pie.)) 

(Cervantes . — Quijote.) 

«Era la muía asombradiza i al tomarla del freno, se es- 
pantó de manera que, alzándose en los pies, dio con su 

dueño en el suelo.» 

(id. id.) 

«El lomo o extremo de la chimenea que se suele formar 
de una teja vuelta hacia bajo o de dos tejas o ladrillos 
empinados que forman un ángulo.» 

(Diccionario de la Academia.) 

Pararse en el hilo, decimos propiamente del volantín 
que se remonta hasta quedar sobre la persona que lo su- 



PAR 351 

jeta, i figuradamente de la persona mui tiesa, emperejila- 
da i presumida. 

«A la mujer enrestada 
Que por poquito se atiesa 
I mui parada en el hilo 
Te mira con desvergüenza 
Bésala con el estribo 
I abrázala con las riendas, 
I verás que en poco tiempo 
Se les soban las correas.» 

[Euérfanoi) 

PAROLA; 

SeguQ el Diccionario, es labia, verbosidad. Nosotros lo 
aplicamos a los fanfarrones, farolones, fachendas. 

Esta designación de la persona por la palabra que in- 
dica en abstracto su cualidad predominante, es propia de 
la índole de nuestro idioma. Así al que se ocupa por lo 
común en engaños i artificios, es decir, en inanias, se le 
llama mui a la española, un maula. Así también fachenda, 
que fué en su oríjen vanidad, jactancia, pasó a indicar 
mas tarde al vano i jactancioso. 

«Nada caracterizará mejor a este personaje que la 
aplicación adjetivada que damos los chilenos al sustanti- 
vo parola^n 

(A. Blest Gana.— ^jE'/ Ideal de un Calavera.) 



PARTES. 

Femenino plural, significando las dotes o cualidades que 
adornan a alguna persona, es castizo. Conviene usarlo 
sin embargo, con cautela, pues tiene otra acepción que 
aunque castiza puede para algunos no ser mui casta. 

«Nos lusitanos vi tanta ousadia 
Tanto primor e partes tan divinas, etc.» 

«A voz partes é de significado honesto; mas a pezar 



352 PAR 

d'isso se deve usar acaiiteladamente; pois que é fácil in- 
terpretal-a de sorte que passe a ser torpe.» 

(Pedro José da Fonseca. — Trad. da versific. portugue- 
za. — Nota a la estrofa 48 del canto G.*" de (.iOs Lusiadas.y>) 



PARTURIENTA. 

A la mujer que está de parto llamamos parturienta. 
Es voz castellana, si bien poco usada por los buenos es- 
critores peninsulares, que dicen parturiente. 

iiA\gnna.s parturientes rendidas de fatiga.» 

{Mo^LA.jj. — Hijiene del matrimonio.) 

«Hasta entonces la vida de las parturientas estaba en- 
tregada en manos de la ignorancia mas supina.» 
(V. Fabin. —Discurso fúnebre en honor del doctor Sazie.) 

PARVADA. 

La reunión de aves es bandada o banda, la de anima- 
les cuadrúpedos, manada^ las de peces, gregario, cardú^ 
men o cardume. 

Hai ademas de estos colectivos otros mas concretos 
que sirven para indicar la reunión de ciertas especies de 
animales, o la reunión de ellos en determinadas circuns- 
tancias o para ciertos usos. Así piara es la manada de 
cerdos, i a veces también de muías, torada de toros, va- 
cada de vacas, etc; así jauría es el agregado de perros 
que cazan juntos, lechigada el conjunto de animalitos que 
han nacido de un mismo parto, o de pajarillos que han 
roto las cascaras de la misma nidada. 

En este último sentido decimos nosotros parvada, so- 
bre todo hablando de los polluelos que siguen a la gallina. 

« i aun parece que ayer era 

Cuando ufana te via 

Ir i tornar lijera 

Por estos mismos sitios, coronada 

De bulliciosa e infantil parvadah 

(Z. Rodríguez. — Últimas huellas.) 



PAS 353 



PARRANDA. 



Voz es ésta de significación mui semejante a remolienda. 
Si alguna diferencia pudiera notarse entre ambas, seria 
la de indicar aquélla que la jarana se efectúa en el cam- 
po, como quien dice debajo de los parrales. 

En el mismo sentido que entre nosotros se usa en Co- 
lombia, si hemos de creer al señor Cuervo, quien le da 
por equivalentes castellanos 2i jaleo, jarayia, broma, verbe- 
na, pandilla, zahorra. 



PARRÓN. 

A la española, la parra silvestre. Entre nosotros, la pa- 
rra o conjunto de parras sostenidas con armazón de made- 
ra, fierro, etc., que es lo que el Diccionario de la lengua 
llama parral. 

((En esa estación en que las diucas sobre los techos de 
las casas cantan sus amores a sus pequeñuelos, mi madre 
cantó bajo los parrones de las viñas de su esposo al pri- 
mer hijo de su amor.» 

(Z. Rodríguez.— Zoco jE^w5/a5'W2í>.) 

PASABLE. 



El señor don Rufino José-Cuervo, que tiene mui buenas 
narices, dice que este vocablo huele a francés, i que lo 
castizo es pasadero. Tanto huele que el señor Baralt, que 
no se anda con chicas, declara en su Diccionario de gali- 
cismos, que, por pasadero, regular, tal cual, solo lo em- 
plean los mas desaforados galiparlistas. 

Tampoco merece ser absuelto pasablemente, por media- 
na o razonablemente'. 

((Bordo razonablemente 
Broca, cañamazo i gasa.» 
(Calderón de la Barca. — iVo siempre lo peor es cierto*) 



354 PAT 



PASMO. 



Llama así el vulgo cualquiera enfermedad que produz- 
ca una inflamación difusa de los tejidos subcutáneos. Se 
atribuye por lo común al frió o a alguna mojada. 



PASOSO, A. 



Dice sobre esta voz el señor Cuervo: 

«Al papel que se pasa llamamos pasoso, adjetivo deri- 
vado de verbo, como resbaloso, guardoso, i nos parece 
útil.» 



PATAS. 

Ser, salir o quedar patas, en una suerte o votación, por 
quedar iguales, es frase castiza, aunque poco usada ya, se- 
gún advierte el Diccionario de la Academia. 

No lo estimaba sin duda así el señor Vicuña Mackenna, 
que en su empeño por encontrar curiosas i nacionales eti- 
molojías, creyó ver la de nuestra frase en un fallo de la 
Real Audiencia «quien, dice, aáió ^or patas una. carrera 
mandándola repetir en iguales condiciones. I de estas /?^- 
tas viene que aun cuando no se hable de caballos sino de 
damas o de exámenes^ dícese también con gran frescura 
que se ha salido patas. n 

[Historia de Santiago.) 

PATRIOTERO. 



Voz bastante usada en la polémica política. Es mui ex- 
presiva i hace relación a patriota, como coplero a poeta, 
discursista a orador, escribidor (que trae el Diccionario 
como anticuado i que si mal no recordamos, usa el señor 
de Campoamor en sus Polémicas en son de desprecio), i 
escriborroteador , (que no aparece en el Diccionario, pero 



PAV 355 

que es felicísimo i está en el de sinónimos de Barcia) a 
escritor, etc. 

Hemos dicho que patriotero nos parece expresivo; i en 
efecto, la terminación ero que se aplica casi siempre en 
castellano a los fabricantes, o vendedores, trae a la men- 
te la idea de negocio, especulación, granjeria, que tan 
mal se avienen con el verdadero patriotismo. 

«Negros idiotas, chinos catecúmenos, 
I blancos patrioteros^ mas sin fé. 
Que invocan a los pueblos energúmenos 
Para darles después un punta pié.» 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 



PATULECO, A. 

Llamamos así al que por tener las piernas torcidas o 
desiguales es desgraciado al andar. En español a los tales 
se llama patojos. 

Patuleques, dicen en Cuba a los rencos o rengos. 

PAVA, (hacer la) pavear. 



Hacer la pava o pavear a alguno por hurlarlo, zaherir- 
lo, fisgarlo, con palabras o morisquetas, es chilenismo de 
los mas corrientes i moUentes. 

Una de las mas frecuentes maneras de hacer la pava es 
formando con los dedos la figura que en español se llama 
higa i cuya explicación puede verse en los diccionarios. 

((Acabado que hubo el ladrón de decir estas palabras, 
levantó las manos, i haciendo con cada cual de ellas una 
higa, gritó: ¡Tómalas, Dios, que a tí te las dedico!» 

(Dante — Divina Comedia. — Infierno. — Traducción de D. 

Caye-Rosell.) 

El traductor explica el pasaje con la siguiente nota: 
uSeñal de menosprecio (la higa) que se ejecuta metiendo 
el dedo pulgar entre el índice i el medio. Parece que en 
lo antiguo era mui usual, pues en el siglo XIII se veian 



356 PAY 

sobre una torre del castillo de Carmiñano dos brazos de 
mármol que estaban haciendo una higa a Florencia.» 

Lo que en dialecto chileno significa que los dichos dos 
brazos estaban haciendo la pava a Florencia. 



PAVESA. 

En español, la persona débil^, extenuada. A la chilena, 
nombre despreciativo que las muchachas solteras suelen 
dar a los hombres que han hecho lo que ellas apetecen, 
esto es, casarse. 

«Esto cuando los tertulios son solteros, que cuando son 
pavesas el Señor del Milagro nos favorezca!» 

(JoTABECHE.— J^/ puevto de Copiapó.) 

PAYACO, PA VAQUERO, EAR. 

Los mineros de las provincias del Norte llaman payaco 
el mineral que recejen de los demontes. El que se ocupa 
en payaquear (recojer i vender aquél) es el payaquero. 

PAYAR, ADOR^ ADURA. 

El pobre campesino que recibe de la Providencia, no 
diremos el fuego sagrado de los vates, pero sí buen oido 
i facilidad para versificar improvisando, suele, i mas exac- 
tamente solia, acompañado de su guitarra o solo, trova- 
dor de poncho i a lo mas de chaqueta burda, andar de 
villorrio en villorio, de bodegón en bodegón, de mingaco 
en mingaco^ i de velorio en velorio^ dando muestras de 
su habilidad, ora asociándose a los pesares o alegrías de 
los que le brindaban un plato de comida, un trago para 
remojar el polvo del camino i una silla, ora buscando un 
competidor con quien medir su injenio en tosca parodia 
de las justas poéticas que allá en la Edad Media justaban 
los maestros de la gaya ciencia. 

Tales son los payadores en Chile i principalmente del 
otro lado de la Cordillera. 

La acción i efecto de payar es la paya o payadura. 



I 



PAY 357 

¿Cuál es la etimolojía de estas voces? No nos atrevemos 
a afirmar ninguna, si bien nos inclinamos a creer que 
ellas sean una aplicación a estos rústicos trovadores de 
la palabra ppaclla que en quichua es el campesino pobre. 

Sobre los payadores i sus versos, dice el señor Valde- 
rrama en su Bosquejo lústórico de la poesía chilena'. 

(cTienen una literatura especial que vamos a tra- 
tar de esponer en pocas palabras. No conocen mas que 
tres clases de composiciones, que son la tonaday el corrido 
i Ib. palla. 

«La palla, en fin, es una composición de cuartetas en 
que se pregunta i se responde: composición eminente- 
mente agresiva, siempre improvisada, lucha intelectual 
que tiene lugar entre dos palladores i que hace la delicia 
(dispense Ud. señor Baralt) de la chingayia.yy 

«Tuvo también el placer de asistir a un rodeo i oyó los 
gritos de los huasos i los dichos con pretensiones de gra- 
ciosos de los palladores de la comarca.» 

(A. Blest Gana. — La Aritrriética en el amor.) 

«Tal fué por San Borombon 
La madrugada del dia 
En que el pallador debia 
Hacer la continuación 
Del cuento aquél que sabia.» 

(AscÁsuBi. — La Madrugada.) 

¿Tiene la palabra paya un equivalente castellano? La 
que mas se le aproxima de cuantas están en nuestro co- 
nocimiento es trova\ pero trova no trae a la imajinacion 
la idea de una composición poética i dialogada, que es lo 
que distingue a las payas de las trovas. 

Los franceses tienen la voz, al parecer provenzal, tensón, 
si bien ella no se encuentre en el Diccionario de Noel i 
Chapsal. 

¿Podríamos traducirla por tensioii^. Creemos que sí. No 
viene ella, es cierto, en los diccionarios de la lengua; pero 
no faltan apreciables escritores que la hayan usado, so- 
bre todo en verso. 



358 PEO 

«I aquellas dulces te?isio?ies 
Llenas de amorosas sales 
Serventesios i canciones, 
I aquellos juegos florales 
Con premios i distinciones.» 

(Juan Arólas. — Poesías. 



PEAL o PIAL. 

Por acá, donde no se usan los peales (especie de medias 
sin pié^ o polainas) usamos sinembargo de la palabra para 
denotar la correhuela o tira de tela que, formando como 
estribos en las bocas de las piernas de los pantalones, im- 
piden que éstos se suban, en español trabillas. 

Llaman los guasos echar un pial arrojar el lazo a las 
patas de un animal para manearlo i tumbarlo. 

PEBRE. 

Pebre es en España una salsa que se hace para sazonar 
algunas viandas i que se compone de pimienta i otras 
especias. 

En Chile el plato de papas molidas. 

PEGADERO. 



Lugar o diversión en que hai costumbre de mirar co- 
mo tablas rasas las de Moisés, i de pecar a roso i velloso: 

«Convendria que se suprimiesen las procesiones noctur- 
nas porque lejos de avivar la piedad no son ya mas que 
pecaderos)^ leemos en un diario. 

«Desde entonces no he querido traer mas vino porque 
es causa áepecaderos, i yo soi hombre que tengo temor de 
Dios i mucha relijion.» 

[Huérfano.) 

Pecadero es, aunque vulgar, palabra de gran significan- 
za i de la misma formación que bebedero, comedero, etc. 



PEC 359 



PECHA, PECHAR < 



Pechar tiene en la práctica del viílgo una significación 
semejante a topear, con la diferencia de que, mientras es- 
te último solo se aplica a los jinetes que arrancan sus 
caballos i arremeten unos contra otros procurando derri- 
bar al contrario, aquél se dice también de la jente de a 
pié que, en las procesiones i otras fiestas a que asiste una 
grande i desordenada concurrencia, tratan de penetrarla 
abriéndose camino a fuerza de codazos i empellones. 

Pecha es la acción de pechar. Así dice una abuela a su 
nieto: aVé a la Noche Buena; pero ¡cuidado conque vayas 
a meterte a la pechah 

En castellano pecha es anticuado por tributo, i pechar 
significa pagar el tributo o -pecho. 



PECHOÑO, A. 



Orijinariamente se llamó pechoños a los miembros de 
la hermandad o cofradía del Corazón de Jesús, instituida 
no ha muchos años en Santiago por un padre de la reco- 
lección franciscana. 

Mas tarde, por extensión i en sentido burlesco i despre- 
ciativo, se convirtió aquella voz en un apodo que se aplica 
a las personas piadosas. Su equivalente español es san^ 
turrón. 

«Sintió un pechoño de morrudos brazos 

Que la mano de un pillo 

Le andaba rejistrando los bolsillos, etc.» 

(Epigrama publicado en La Estrella de Chile,) 

Pechoñismo, es el sistema que tiene por principios los 
de los pechoños, i por objeto que éstos se multipliquen. 

Pechoñería, es la conducta propia de los afiliados en la 
Hermandad del Corazón de Jesús. 



360 i'EG 



PECHUGA, ON, ONAZO. 

Pechuga es entre nosotros desvergüenza, desenfado, de^ 
suello\ pechugón, el desvergonzado , el que anda siempre 
dispuesto a abusar de la bondad del prójimo. Pechugo- 
nazo el que posee esa cualidad en grado superlativo. 

Pechuga, pechugón, pechugonazo, corren en las acep- 
ciones indicadas por toda la América latina. El señor 
Cuervo los trae entre sus provincialismos bogotanos, i en 
la pajina 99 de las Poesías peruanas de Juan de Arona 
leemos: 

«I como el amor no es nuevo 
Pechugonazo el mancebo 
No en ser puntual se molesta, 
Diciéndose el inhumano: • 
aQue llegue tarde o temprano 
He de hallar la cena puesta.» 

Pedro Urdemales. 

Es así como debería pronunciarse según advierte el se- 
ñor Gormaz en sus Correcciones lexigráficas, i no Pedro 
Urdimales, como dicen también algunos. 

Lo correcto no es, empero, ni lo uno ni lo otro, sino 
Pedro Urdemalas, como escribe el señor Salva, o Pedro de 
Urdemalas, como quiere la Academia. 

Cervantes tiene una comedia, Pedro de ürde-malas', i 
Quevedo en su Visita de los Chistes dice, Urde-malas\ esto 
es urde malas artes, 

PEGAR^ PEGA (eSTAR EN LA) 

Es chileno el uso de pegar en la acepción de convenir, 
venir bien una cosa con otra, asentar. 

— «No hai, (castilla muja); pero hai rosada. 
— No le pega ese color a las viejas.» 

[Huérfano.) 



PEL 361 

Estar algano en la pega o en toda la 'pega, es estar en 
su punto, sazón, como la mujer a los 15, (mejor seria a 
los 18 o 20) i el hombre a los 25. 



PEGUAL. 

Especie de cincha de cuero con una argolla metálica 
que sirve para amarrar el lazo, i sujetar con él a los ani- 
males enlazados. 

c(Te pelo (desuello) como animal ^ 

I después hago a mi idea 
De tu guata una correa 
1 del lomo un buen pegual, 

(GuAJAKDO. — Un lazo de verijas.) 

PEINADOR. 

Es el que peina i también la toalla o sabanilla que se 
suele poner ei que se peina o afeita. 
En Chile llamamos así el tocador. 



PEINE^ PEINETA, 



Estas dos voces suelen confundirse con frecuencia por 
aquellos (i no son pocos) que ignoran que peÍ7ie es el ins- 
trumento que sirve para arreglar el cabello; mientras que 
peineta es el peine, jeneralmente calado i arqueado, que 
usan las mujeres por adorno en la cabeza. 

El peine es instrumento de utilidad estricta; la peineta 
es de exornación i casi siempre de lujo. 

PELADA (la) 

La pelada, llaman vulgarmente a la muerte, aludiendo 
sin duda a la circunstancia de carecer de pelo las calave- 
ras^ emblemas de aquélla. 



362 PEL 



PELADERO. 



Es en español el lugar en que se escaldan las aves i ma- 
rranos para pelarlos. 

Entre nosotros el sitio o campo árido, que carece total- 
mente de vejetacion. Por exajeracion, la hacienda o cam- 
po poco productivos, sobre todo por carecer de agua. 

Peladero eterno y es un peladero superlativo. 

\ PELADO, PELAO.' 

El peón que se embriaga todos los lunes, si es un tan- 
tico pechugón dirá que tiene la costumbre de agarrar to- 
dos los lunes un pelao. 

«¡Ah! si cuando agarra una tuna (¿turca?) está con el 
pelao ocho dias.» 

[Huérfano.) 

PELAR, PELAMBRE. 

En lenguaje familiar chileno se pela a alguien cuando 
se murmura de él, se descubren sus faltas o vicios, se le 
desacredita. El pelambre es la acción de desacreditar i la 
misma calumnia o malévolo rumor con que se desacre- 
dita. 

,^ Un pelado es el que no tiene blanca, o como suele de- 
cirse^ ni donde caerse muerto. 



PELEADO, a; 

o mucho nos engañamos o debe reputarse chilenismo 
el uso de peleado en frases del tenor siguiente: 

«Salude Ud. a todos los de la familia, menos al tio Ro- 
que, por supuesto: ja sé que va para un año que están 
Údes. pelead os. )> 

Lo propio seria reñidos o tronados. 



PELL 



PELUCON. 



Es muí probable que el ori'jen de este apodo con que se 
designaba a los prohombres del partido conservador antes 
de que estuviese en boga el disparatado epíteto de ultras 
montanos con que al presente los designan sus enemigos, 
esté en la circunstancia de ser los ancianos por lo je- 
neral apegados a la tradición i enemigos de novedades. 
También pudo suceder, como cree el señor Vicuña Mac- 
kenna [Diego Portales, tomo I, páj. 12) que el llamarse ;)e- 
lucones a los conservadores viniese de usar éstos, cuando 
ya habia sido abandonada por los liberales, la peluca em- 
polvada que estuvo de moda a fines del último siglo. 

Sea de ello lo que fuere_, lo cierto es que la idea que 
trae a lamente la palabra de que tratamos es compleja: un 
pelucon, no es un conservador así no mas; es un conser- 
vador de edad provecta, por lo jeneral piadoso, de cuño 
antiguo, noble i acaudalado. 



PELUQUERÍA. 

Hemos dado en la flor de llamar lo que en castellano se 
dice barbería, reservando este nombre a las tiendas de los 
fígaros de la jente pobre i a las carpas de los rapistas del 
Tajamar i la Alameda abajo. 

PELLINGAJO. 



Lo usamos como sinónimo de estropajo; 
El sucio, cascarriento i desarrapado. 



PELLÓN. 



Una de las pellejas de carnero, guanaco, zorro, etc. de 
que se compone el avío o montura. 
Es probablemente una corruptela de vellón o una sin- 



364 PEN 

copade/?e//(?;o?2,ínetaplasmo mui de la índole del castellano. 

aSolia mi madre sacar su alfombra i algunos ;;e//6>- 

7ies i banquillos de paja al patio, i colocándolos bajo el 
gran naranjo que en medio de él liabia, nos sentábamos 
todos, vuelta la cara hacia la luna.» 

(Z. Rodríguez.— loco Eustaquio.) 



PENCA. 

Por látigo, zurriago es castellano^ aun cuando lo que 
llamamos penca no es propiamente el látigo, sino la como 
palmeta, tejo o disco de suela que tiene en la punta. 

Quedar de la penca, por quedar chasqueado, o dejar a al- 
guno de la penca, por dejarlo con un palmo de narices, 
son frases provinciales de Chile. 

PÉNDULA. 

Dice el señor Cuervo: - 

(.iPéndulo es adjetivo i significa pendiente (v. gr. cuerpos 
péndulos;) sustantívase en la forma péndulo para denotar 
en la estática cualquier cuerpo grave pendiente de un hilo 
o cadenilla de modo que pueda oscilar libremente. El pén- 
dulo aplicado, con las convenientes modificaciones a re- 
glar el movimiento de un reloj, toma el nombre de pendo- 
la; i es grosero error, por mas que corra en letra de mol- 
de, llamarle péndula. 

PENSAMIENTO. 

Por trinitaria no aparece en el Diccionario de la Aca- 
, demia. Es bastante usado, sin embargo, por buenos es- 
critores, no solo americanos, sino también peninsulares. 

((Frescos, gallardos siempre se mecian 
En mi jardin, el mirto i la amapola, 
I temblantes alzaban su corola 
Mil bellos pensamientos con primor.» 

(Ensaijos poéticos de Pia Rigari.—K^vi^'md. Samper de 
Ancízar.) 



PEP 365 

«I el triste pensamiento, í el morado 
Alelí, con la púdica azucena.» 
(Heriberto García de Queyedo. - El proscrito.) 

«PensAxMiento. Bot. Flor pequeña del jénero de la vio- 
leta que no tiene mas que cinco pétalos, jeneralmente de 
amarillo violáceo.» 

(Domínguez . — Diccionario . ) 



PEPA: 



Acerca de esta palabra dice el señor Cuervo: 
((.Pepita es voz mui castellana por la simiente de cier- 
tas frutas, como naranjas, manzanas, etc. Hé aquí com- 
probantes: 

«De una pepita de melón nace una mata de melones i 
en cada melón tanta abundancia de pepitas para separar 
i conservar esta especie. ¿Pues qué diré de la pepita del 
naranjo sembrado? ¡Cuántas otras naranjas [pepitas lleva, 
i esto cada un año!» 

(Frai Luis de Grabada. -Símbolo de la Fé.) 

((Si tomásemos agora ]3l pepita de un melocotón o de 

otro árbol cualquiera » 

(Frai Luis de León. — Nombres de Cristo.) 

Los españoles dicen también pipa, hueso o cuesco, 
pero no pepa como los bogotanos: estos nos parecen mas 
consecuentes que esos otros; sin embargo, es de advertirse 
que pepita i pipa no se aplican generalmente sino a las 
simientes planas i mas largas; el aguacate, el durazno, 
etc., tienen hueso o cuesco, 

((Aunque los duraznos se pueden plantar de rama o de 
algunos pimpollos de los que suelen echar al pié, pocas 
veces aciertan, ni aun salen buenos; i por esto es mejor, 
pues tiene mui granada simiente en los cuescos, ponerlos 
dellos.» 

(Herrera. — Agricultura jeneral.) 



366 PER 

«El aguacate da un fruto del grandor de una pera 
grande, cuya carne, así como el hueso son un manjar 
agradable.» 

(Academia. —Diccionario.) 

El uso peruano de la voz que tratamos puede verse en 
el articulillo que Juan de Arona le dedica en sus Apuntes, 
i que es como sigue: 

«Pepa. — No es en español sino el familiar de Josefa i 
hablan pésimamente los que la toman como sinónimo de 
de cuesco o hueso de fruta. Cuando la simiente o semilla 
es pequeña como la de la uva, melón, sandía, o como la 
de los lavaderos de oro (por analojía) entonces sí, se dice 
pepita', pero no pepa.)) 

tcMas claro; hai muchas frutas que tienen pepita\ no se 
conoce ninguna con pepa.^-) 

Para no gastar mas palabras en taiyuenudas cosas, di- 
remos que en Chile estamos inocentes del pecado de ca- 
lumniar a los melocotones, i lúcumas, suponiendo . que 
tengan pepa, aunque a la verdad cometemos sin escrúpu- 
lo el menos grave de atribuírsela a las uvas, chirimoyas, 
melones, calabazas, etc., que según se ha probado, para 
los españoles tienen solo pipas o pepitas. 

También llamamos pepa a la enfermedad de gallinas 
que consiste en una escrescencia a modo de lenteja que 
sale a las tales debajo de la lengua, i que en castellano 
es pepita. 

PEQUEN. 

Si hacemos mención de este avechucho [noctua canicu- 
lario) es solo con el fin de recordar la decidora frase: Co- 
mo el pequen, o como, la del pequen, para dar a entender 
que la persona de quien se dice, es tibia, sin principios, 
ni voluntad, ni carácter, ni enerjía para nada. 

percala. 

El nombre español de la tela de algodón que llaman 
percala, es percaL 



PES 367 

«No es fuerza que en violar ponga su ahinco 
Lo que suelen llamar buena crianza.... 
O si es mujer con estudiado brinco 
Arremangue el percal i la cotanza.>> 

^^^ii(m.— 'Desvercjüe'iua.) 

PERCAN. 

Percan es voz de la lengua araucana en la cual tiene 
la significación de moho, que es también la que muchos 
le atribuyen en nuestro pais. 

El queso, la ropa, el dulce, etc., se apercancan cuando 
aparecen cubiertos de los pequeños hongos que constitu- 
yen el moho. 

PESCADOR, PESCADERO. 

Es común llamar pescadores a los pescaderos, i en prue- 
ba vaya el siguiente ejemplo sacado de un documento 
oficial: 

«No son comprendidos en el artículo anterior los car- 
gadores i enfardeladores del comercio, carniceros, pesca* 
dores, verduleros i toda persona cuyo ejercicio necesite 
precisamente usar alguna de dichas armas; i esta no la 
podrán llevar a la cinta sino como una herramienta de 
que tienen que servirse en su ejercicio i deben usarlas 
solamente para el caso de abrir i retobar fardos en los 
almacenes o tiendas, de vender carne i pescado o verdu- 
ras para lo cual solo se servirán de cuchillo o navaja sin 
punta.» 

[Bando jeneral de policía para el departamento de San^^ 
tiago, 1853.) 

PESCUEZETE. 

Cuando era de moda (ya va siendo cosa de provincia- 
nos i de jente de medio pelo) que los caballeros i damas 
anduviesen en los paseos i en las calles de bracero (vul- 
go bracete) los rotos, para no quedarse atrás, máxime es- 



388 PET 

tando UQ tanto achispados, se tomaban por el pescuezo, i 
el andar así llamaban andar de pescuezete, f; 

«Grandes cuadrillas de mineros a pié, de pescuezete con 
su cada una i fuertes pelotones de caballería armados de 
odres de agua, etc.» 

(JoTABECiiE. — El Carnaval.) 

PETACA. 



Es voz de oríjen haitiano, que se encuentra ya en to- 
dos los diccionarios de la lengua, el de la Academia in- 
clusive. Arca o caja de cuero, hacia en lo antiguo los ofi- 
cios de baúl en las alcobas i de maleta en los viajes. Hoi 
las que se conservan (porque ni petacas ni tinajas creemos 
que se trabajen nuevas) sirven para el envase i acarreo 
de la uva, i otras frutas. 

«Pasó luego un hombre arreando dos muías cargadas 
áe petacas vacías que seguían el mismo camino que ^yo.» 
(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 



PETARDEARSE. 

No recordamos haber visto en buen autor empleado 
como reñejo el verbo petardear en el sentido de engañar- 
se ^ sufrir un petardo. 

c(Esta era raui elegante 
I'de carOi nada fea; 
Por cierto se petardea 
Quien de la mujer se fia.» 

(GuA JARDO. — Los Rempujadores.) 

PETATE. 

En esnañol, el hombre embustero, esta f ador , desprecia- 
ble. 
Indicando cierta espepie de estera fma^ es un chilenis- 



Pie 369 

mo, o mas exactamente, un provincialismo americano, 
tan feliz que ha sido adoptado ya por la Academia. 
Sobre esta voz dice el señor de Arona: 

«Petate. — Así llamamos constantemente lo que en Ma- 
drid no se conoce sino con el nombre de estera.)^ 

«La estera nuestra, es una pequeñísima pieza hecha de 
totora (junco o enea) que la jente pobre emplea (o emplea- 
ba, pues ya entre nosotros no hai jente pobre i todo el 
mundo calza botin de Preville, rueda coche de plaza i 
duerme catre) que la jente pobre emplea para tender de- 
lante de su cama i a veces por tuda cama (allá en los 
buenos tiempos).)) 

«Hai también esteras de carrizo que sirven exclusiva- 
mente para cubrir techos con la respectiva torta de barro. y> 

«Hé aquí todas nuestras esteras. En cuanto a las de Ma- 
drid, ya lo hemos dicho, no es conocida aquí con otro 
nombre que el de petate. yi 



PETIPIEZA. 



Es un galicismo que espeluzna. Dígase saínete. 



PICACENA, PICARSE. 

Picarse por ofenderse, enfadarse, provocado de alguna 
palabra o acción injuriosa, es castellano, i por consiguien- 
te picado, a, para designar al que está enojado. No pue- 
de decirse, en verdad, otro tanto de picacena que, como 
equivalente de pique, es un chilenismo de tomo i lomo. 

Un uso de picarse que no nos atrevemos a señalar co- 
mo provincial de Chile, pero que nos parece oportuno re- 
cordar aquí, es el que nos muestran estos versos de Gua- 
jardo: 

ti Se picó a norte la mar 
I tanto se enfureció 
Que en breve rato creció 
I hacia al pueblo temblar.)) 

[Gran temporal en Valparaíso.) 



370 Pie 



PICADA (o GRANO.) 

Llaman así en los campos la pústula i carbunclo malig- 
no, sin duda por haber observado que el desarrollo de 
esta enfermedad se debe a la picadura de insectos que lá 
llevan consigo por haberse infestado picando a animales 
atacados de aquel mal. 

PICANA, ANAZO, ANEAR. 



Picana, picanazo i picanear son provincialismos chile- 
nos. 

El equivalente castizo de la primera es aijada (da vara, 
según el Diccionario de la Academia, que en un extremo 
tiene una punta de hierro con que los boyeros i labradores 
pican a los bueyes i a las muías.» 

Picanazo, es en castellano aguijonazo. 

Piccinear, tiene los equivalentes aguijar i aguijonear. 

Equivocóse por lo tanto el señor Gormaz cuando en sus 
Correccio7ies propuso a pica i picada como propias para 
reemplazar a picana, bien así como erró también propo- 
niendo é\ ÍQuévico picar ^ov picanear, 

«I viendo que no entraba 
El arado en el suelo 
Daba de picanazos 
Al buei sin agotar su sufrimiento.» 
(Daniel Barros Grez. — Fábulas orijinales.) 

«I yo arando en el campo^ mi tarea 
¿Habia de sacar de mejor gana 
Si no me estimulase la picana?» 

(Simón Cordovés.— -E/^s/io i el Buei.) 

«Para animar o aguijonear los animales de tiro o car- 
guío solo será permitido hacer uso de látigo o de aijada 
o pica con punta de hierro.» 

[Decreto del intendente S, Lira, 23 de abril de 1S58J 



Pie 371 

PICARON^ ERO, A. 

Picaron llamamos, a la chilena, una especie de fruta de 
sartén que se asemeja a lo que en España llaman buñue- 
los como un huevo a otro huevo. 

Picaronero es el que hace o vende picarones. 

PIC-NIC. 

Palabra inglesa que emplean algunos que ignoran su 
idioma. Su equivalente castizo es jira. 

«Es un concurrente habitual a las jiras que con fre- 
cuencia disponemos.» 

(Baralt. — Diccionario de Galicismos.) 

PICOTÓN. 

El golpe que dan las aves con el pico se llama picotazo: 

PICHOLEO, picholear: 

Picholeo es chilenismo de uso frecuente entre la jente 
de medio pelo. Equivale a zambra^ holgorio (Campoamor 
escrihe jolgorio) en que se baila, canta i bebe sin respeto 
alguno a las leyes de la etiqueta i aun a veces con mui 
poco a las de la moral. 

Picholeo se diferencia de remolienda solo en que ésta pa- 
rece indicar un grado mayor de familiaridad i descoco. 

La remolienda es prima hermana de la orjía: i e\ picho'^ 
leo es mas próximo pariente del bureo que de ésta. 

pichuncha, 

Jeneralmente mujer pública, i a veces también manceba. 



372 PIF 



piduyes; 



Del araucano pidillui, lombriz. 

Nombre vulgar de los oxiuros vermiculares, ascárides: 
pequeñas lombrices que viven en la parte inferior del tu- 
bo dijestivo. 

Estar con piduyes o tenerlos, se dice figuradamente de 
los que no se están quietos en el asiento. 



PIE. 



Acerca de esta voz hace el señor Cuervo las siguientes 
apuntaciones, perfectamente aplicables a nuestro lenguaje: 

«Tratándose de árboles i plantas, pié es el tronco i 
muchas veces se toma por todo el árbol entero (?) según 
se observa en este ejemplo: ciCierto que no es fácil, en 
cortijos de veinte o treinta mil pies de olivo recolectar el 
fruto con mucho primor.» fOcHOA. — Paris, Londres i Ma- 
drid, páj. 175); no significa empero la parte de una plan- 
ta que se toma para obtener , otra semejante; esto lleva 
distintos nombres según las especies; barbados o siei^pes 
son los renuevos o hijuelos que nacen de las raices de 
otros árboles a mayor o menor distancia de sus troncos; 
esqueje, pimpollo, plantón o rampollo es el cogollo, vasta- 
go o rama desgajada; estaca es un tronco de rama nueva, 
verde i jugosa, cortada por ambos extremos i a la parte 
inferior o raigal con una punta a manera de pluma de 
escribir; acodo (i en las vides mucjron, revuelto) es un co- 
gollo, vastago o rama que, sin separársele de la planta 
madre, se le dobla i cubre de tierra i por la porción so- 
terrada brota raices.» 

Véase BAJO, 



PIFIA, AR. 

f 

Son castizos ^n'/¿¿z por el golpe falso que se da con el 
taco a la bola en el juego de billar^ i pifiar por el acto de 



PIL 373 

herir a la bola de es.1, suerte. En este último sentido de- 
cimos en Chile dar pifia. 

Debe tenerse por provincial de toda la América españo- 
la, según Salva, el uso de pifia por burla, silbos, mani- 
festaciones de disgusto en los que oyen o miran, i pifiar 
por burlarse de alguno, silbarlo, darle vaya. 

«¡ — Hombre! ¿a quién pifias así 
Con tanta furia i tesón? 
— El razonar baladí, etc.» 

(Z, Rodríguez. — En la barra.) 



PIJE. 



Véase futre. 



PILA. 



El aparato que en plazas, paseos o jardines da salida 
al agua conducida por cañerías i que se compone las mas 
de las veces de alguna estatua i de uno o de varios pilo- 
nes, no se llama, como nosotros acostumbramos^ pila, sino 
fuente^ según lo comprueban los ejemplos que van en se- 
guida: 

«Acullá ve una artificiosa fuente de jaspe variado i de 
liso mármol compuesta.»^ 

(Cervantes. — Quijote.) 

«Aquella bellísima fuente de lapislázuli i alabastro es 
la del Buen Suceso en donde, como en pleito de acreedo- 
res, están los aguadores [no aguateros) gallegos i coritos 
gozando de sus antelaciones para henchir de agua sus cán- 
taros.)) 

(Guevara. — Diablo Cojuelo.) 

«Delante de la iglesia hai un terraplén que da vuelta, 
i por cuyo costado se puede asomar el que lo pasea, i ver 
una fuente con su pilón que se apoya en el muro, etc.» 
(Fernán Caballero. — La Estrella de Vandalia,) 



374 PIL 

«En la parte central del jardín (de la plaza de Concep- 
ción) i dejando a su pié una extensa avenida circular, se 
alza una soberbia pila, cuya majestuosa columna soporta 
la estatua de la diosa Céres^ etc.» 

(Recaredo S. Tornero. — Chile ilustrado.) 



, PILILO. 

Menos usado que roto, que es el calificativo que sirve de 
ordinario para designar a los individuos de la última cla- 
se, a los mas pobres desaliñados i zaparrastrosos, tiene 
una significación mui semejante. 

El provincialismo mejicano equivalente a pililo es lé- 
pero . 

En cuanto a 7'oto no es un chilenismo como muchos 
creen, sino voz mui castiza que, en la acepción mas usual 
en Chile, empleó Cervantes i en su tiempo i después mu- 
chos notables escritores. 

í(Voi al enganche i me engancho, 
. Iba un pililo diciendo: 
En siete pesos me vendo 
No he de valer mas que un cha7icho.y> 

(GuA JARDO. — Los Enganchados.) 



PILÓN, ona: 

De la voz araucana pilun, oreja, hemos formado pilón, 
ona, palabra de que nos servimos para expresar que la 
persona o animal a que la aplicamos np tiene mas que una 
sola oreja. 

Ignoramos si hai en castellano algún adjetivo de signi- 
ficación equivalente 2i pilón. Solo sabemos que a los tales 
se les llama muengos en la isla de Cuba. 

«El Tenorio por lo pronto no siente el dolor ni sabe que 
queda pilon\ pero un momento después se ve con una 
oreja menos i marcha en persecución de la dama.» 
(fil Chilote.^Mm. de 13 de marzo de 1874.) 



PIN 375 



PILLO, 



Del araucano pillu, especie de cigüeña. 
Por extensión se aplica a las personas flacas i zancu- 
das. 
En la acepción de picaro, bellaco^ bribón, es castellano, 

PINGANILLA, 

Relamido, pisaverde, lechuguino. Aplícase especialmente 
a los hombres delgados i de pequeña estatura. 
También se usa en el Perú: 

«¡Qué ño este! ¡Qué pinganilla 
Tan liso\ Se me atraviesa 
En la garganta el muñeco! 
(Felipe Fardo,— Una hitérfaiía en Chorrillos.) 

PININO. 

Del niño que empieza a sostenerse sobre los pies, deci- 
mos nosotros que hace pininos, i decimos mal, pues lo cas- 
tizo es pinos, pinicos, pinillos, pinitos. 

Los cubanos, según Salva, dicen peninos. 

PINTA." 

El mineral chancado suele calificarse de tres manera» 
según su clase. Pinta es el mas rico, despinte un poco in- 
ferior, granzas el mas pobre. 

Pintador se llama al panizo o criadero de metal que pro- 
mete minerales abundantes i de buena clase. 



PINTAR, PINTOR, 



Pintor es el pisaverde, la persona afectada en sus ma- 
neras, especialmente en el vestir, el pinturero. 



376 PIP 

Pintar, alabarse a sí mismo, pavonearse, lucir sus tra- 
jes con afectación. 

Estos dos provincialismos son también corrientes en la 
República Arjentina. 

ttAh! hembra linda, créalo 
I tan pintora, eso sí, 
Toda se sangolotió » 

(ASCÁSUBI.) 
PIPIÓLO, ISMO, AJE. 

Mientras los conservadores fueron apadados de peluco^ 
nes por su:? enemigos políticos, éstos fueron llamados ;?¿/;zo- 
los por aquéllos; lo que equivale a decir que pipiólos fué 
en la historia de nuestras antiguas luchas políticas el nom- 
bre vulgar i despreciativo de los que así mismo se llama- 
ban liberales. 

El señor Vicuña Mackenna explica así el oríjen de este 
apodo en su Diego Portales: 

«El nombre de pipiólos se atribuye a los concurrentes 
de segundo i de tercer orden que asistían al café del es- 
pañol Barrios, situado en la calle Ahumada. Acostumbra- 
ban jugar allí malilla los hombres de alguna considera- 
ción, i a los mirones o a los que pedian barato les habian 
puesto por apodo el nombre de pipiólos, por relación al 
grito de pió, pió, con que los pollos parecen solicitar su 
grano.» 

aEn aquellos tiempos en que una gran parte de la vida 
pública se gastaba en los cafés^ donde se reunían nume- 
rosos círculos, hubo un chusco que acostumbraba caracte- 
rizar a los pipiólos \ pelucones por lo que pedian en el me- 
són. Cuando el que llegaba ordenaba al mozo alguna co- 
sa de sustancia como jamun, chocolate o coñac, era pelu- 
con\ pero si pedia ponche o c'hicha no podia ser sino pi- 
piólo.)) 

Aun cuando lo mejor en materia de apodos es no usar- 
los, ja que la mala costumbre subsiste, es preciso reco- 
nocer que los de pipiólo i pelucon, tenían sobre los que en 
la actualidad usan los guerrilleros de la política la doble 
ventaja de ser nacionales i expresivos. 



1 



I 



PIR 377 

Pipiolaje es la reunión de muchos pipiólos; pipiolismo^ 
sus principios considerados como sistema de gobierno. 

Ei señor Cuervo dice que pipiólo «ocurre en el libro 
intitulado Doce españoles de brocha gorda i vale novato, 
bisoño, motolito. y> 



PIPÍRIPAVO. 

Revesada i bárbaramente decimos que son de pipiripao 
vo las comidas, bailes, obras, discursos, etc., de escasa 
importancia, insignificantes. 

Bárbaramente, porque la palabra no es pipiripavo, sino 
pipiripao; i revesadamente porque ella significa lo contra- 
rio de lo que con ella damos a entender. \ 

«Pipiripao. — Convite espléndido i magnífico.» 

[Diccionario de la Academia.) 

«¿Qué es pipiripaos'^. ^Kú 
Lo llaman cuando por rueda 
Se van haciendo convites.» 
(Tirso de Molina. — El rei Enrique el enfermo.) 

PIQUERA. 

Vasija de greda, angosta de asiento i ancha de boca, 
que enterrada debajo de uno de los picos del lagar, ser- 
via i aun sirve en, algunas vendimias para recibir el 
mosto. 

«Cojen la uva del sarmiento. 
Cae el jugo a la piquera, 
Lo cuecen, a la enfriadera, 
I lo empiezan a beber.» 
(Z. Rodríguez. — La Parra i el Podador.) 

PIRÁMIDE* 

El señor Bello advierte en una nota de su Gramática 
que en Chile se usa esta voz impropiamente como mascu^ 



378 PIR 

lina. Cierto que se usa; pero habría sido justo añadir que 
solo entre el vulgo, el cual por otra parte, si fuese capaz 
de mezclarse en gramatiquerías, podría alegar en su abo- 
no mas de una respetable autoridad. 

«Que lo que ser solia 
Un medio celemín con ataujía 
Un pirámide es hoi de tela de oro 
I cuestan sus adornos un tesoro.» 

[La Gatomaquia, Silva 5.") 

«Cuando mas el pirámide se pinta.») 

(BuRGuÍLLos. — Soíieto 83.) 



PIRCA. 

En quichua i araucano pirca significa pared. 

Nosotros la hemos adoptado para denotar la pared que 
se hace colocando piedi'as brutas unas sobre otras, sin li- 
garlas con nada; o ligándolas a lo mas toscamente con ba- 
rro, hasta una altura de metro o metro i medio. 

Es voz útil, si como creemos, no tiene exacto equivalen-' 
te en castellano. 

Pircar es levantar pircas , trabajar en construirlas. 

PIRCO. 

Del araucano /?¿í/6'í) o ;:)2í^<:tí, guiso de fréjoles cocidos 
con maíz i zapallo. 

PIRIHUIN. 

Del avsiucsino jmdhiiiíi, la sanguijuela indíjena, que suole 
ser bebida por el ganado i ocasionarle la enfermedad que 
se Ikma el piriJmin. 

Matar elpirihuin, es entre los adoradores del Dios de las 
vendimias, beber por la mañana el primer trago para ento- 



1 



PIT 379 

5\ar el estómago; lo mismo que los franceses llaman tuer 
le ver, 

Apirihidnarse un animal, es enfermarse de pirihuin, 

PIRQUEN, ENEAR ENERO, A. 



Probablemente pirqiieú es el araucano pilquen, trapos^ 
andrajos. 

Pirquenero es en rigor el que trabaja las minas agota- 
das, como puede, sin método, i con escasos elementos. 

Dar una mina a alguno por contrato para que sea tra- 
bajada de esa suerte, es darla a pirquen. 

Pirquenear es trabajar de la manera indicada. 

Por extensión se llama pirquenero al que trabaja en. 
cualquiera industria o negocio con escasos capitales, al 
pequeño comerciante, al abogado que no tiene mas plei- 
tos que los que desechan por insignificantes los de mas 
crédito, etc. 



PITAR. 

No faltan pretendidos puristas que^ rechazando por 
sospechoso el usual fumar, se sirvan exclusivamente del 
disparatado humar. 

Tanto este como el vulgarísimo pitar deben ser tenidos 
por chilenismos. 

«Unos salen a las fiestas 
A bolsear i a codear puchos. 
No compran tabaco ni hoja 
I el pitar les gusta mucho.)) 
(GuAJARDO.— r¿>o a los bolseros de puchos.) 



PITILLA. 

Como nombre de una planta es palabra castellana. 
Téngase, empero, por chilena la significación que le 
damos de cierta clase de hilo o cuerda hecha de cáñamo. 



380 PLA 



PIZCOIRO. 



Del niño pequeño, garboso, que se muestra mas ájil e 
intelijente de lo que corresponde a su edad, se dice por 
elojio i cariño: «¡Es wn pizcoiroJy) ^ 

Forma i significado indican a las claras que este pizcoi- 
ro es de procedencia quichua, .en cuyo idioma pizccoynu, 
es el trompo i pizcoytay la peonza. 

PLANAZO. 

Advertimos a los señores oficiales del ejército i de la 
guardia civil, que el golpe dado de plano con la espada, 
no se llama planazo sino cintarazo. 

PLATA, 

■*■ 
Lo empleamos malamente en Chile i en otros paises d© 
América como si fuese sinónimo de dinero, 

«¿I qué pierdo yo en que se haga 
Este casamiento? Mi hijo 
Quiere: el hombre tiene plata.y) 
(Felipe Pardo. — Frutos de la educación.) 

PLATAFORMA. 



Es voz militar (fuerte interior que se levanta sobre el 
terraplén de la plaza, i sirve para defender una parte de 
la fortificación) que usamos en Chile malamente por tri- 
buna, tablado, i afrancesadamente por terrado. 

No seguiríamos nosotros en consecuencia el uso que 
de la voz aquélla hizo el duque de Rívas en los versos 
siguientes: 

«De este olvidado convento 
Ante la portada misma 
En la llana plataforma 
Sitio de admirable vista.» 

[Recuerdos de un hombre grande ^J 



POL 381 

PLATAL, UDO, A. 

Decimos cada vez que se ofrece: «El fundo ese produ- 
ce un platal. Su dueño es uno de los hombres mas ;;/«- 
tudos del pueblo.» 

Debiéramos decir: «El fundo ése produce un dineral o 
un caudal, su dueño es uno de los hombres mas adinera- 
dos o acaudalados del pueblo.» 

POCHO, A. 

Damos a este adjetivo, cuya propia significación es 
descolorido, quebrado de color, una que seria difícil ex- 
plicar. Si mal no recordamos hemos oido aplicarlo a los 
objetos pequeños, recojidos, mas o menos redondos, apa- 
rrados, etc. Un guaso decia «que los jardineros gringos 
tienen la 7naña de criar todos los árboles pochitos.^t Quería 
decir que acostumbraba criarlos, no mui altos ni con mu- 
chas ramas, i con un copo mas o menos redondo. 

PODER. 

«Algunos dan al verbo poder un acusativo o réjiraen 
directo, diciendo: tú no me puedes', yo no te puedo, ex- 
presiones con que se quiere significar que una persona no 
tiene tanta fuerza o poder como otra». (Como para levan- 
tar en brazos a otra habria sido mas exacto.) «Se comete 
en estas locuciones un solecismo porque el verbo caste- 
llano ;? o í/er siempre es neutro, o por lo menos no tiene 
otro réjimen directo que los infinitivos: Yo no puedo escri- 
bir-, usted pudiera haberme avisado.)-) 

(Andrés Bello, artículo publicado en El Araucano en 
enero de 1834.) 

POLOLO, POLOLEAR. 

Del araucano pulomen, especie de moscardón. 
tísámoslo ya en ese sentido, ya figuradamente para de« 



382 PON 

signar a los mozos que acosan a las niñas casaderas ga- 
lanteándolas, i que carecen de los medios, o con mas fre- 
cuencia de la voluntad de llegar al casorio. 

Ejemplo del sentido recto: 

« A la hora en que, alejándose las golondrinas en 

bandadas, comienzan a salir de entre las tejas los mur- 
ciélagos i a revolotear los joololos en torno de los naran- 
jos nuevos.» 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

Del sentido figurado: 

((Sucedió que un viejo cholo 
A una niña pretendía: 
I la madre le decia: 
¡Cuenta con ese pololoU 

(GuARJARDO. — El Viejo lacho.) 

Pololear es andar en las tertulias i saraos de una a otra 
niña requebrándolas, no mui a su gusto i con un tantico 
de impertinencia. 

Nuestros pololos son pequeños abejorros, 

POLVO. 

No recordamos haber visto empleada por ningún buen 
escritor español la frase no vérsele el polvo j o el polvillo a 
alguno^ para indicar que ha desaparecido o huido con ex- 
traordinaria lijereza. 

Véase un ejemplo en la palabra largar. 



PONCHO. 

Del araucano pontho, manta de tela burda de lana, cua- 
drangular i con una abertura en el medio para meter por 
ella la cabeza. 

El poncho se diferencia de la manta en que aquél es 
mas tosco casi siempre i siempre mas grueso que ésta. 
Juan de Arona tiene a poncho por peruanismo, i lo*es- 



POR 383- 

cribe constantemente con bastardilla en sus Poesías pe- 
ruanas. 

aEntre las ondas de niebla 
Un poncho se ve flotar, 
Que anuncia jinete rápido 
Sobre un caballo marcial.» 

Otros ejemplos pueden verse en las pajinas 201, 203 * 
309 de la obra citada. • 

En Chile el poncho es, entre la jente pobre i campesi- 
na, denso mucho mas común que en el Perú; pero ¿se 
usa el poncho en España? desde cuándo? i con qué nom- 
bre? I si allá se usa, ¿el poncho castellano es un derivada 
del pontho araucano, o bien esta voz no es mas que una 
corrupción de aquélla? 

Buscamos alguna luz en el Diccionario de la Academia 
i él no hace mas que aumentar nuestras dudas explican- 
do así una do las acepciones de poncho: «Sayo sin mangas 
que se pone por la cabeza a modo de casulla.» 

«Sigamos i veremos que se reúnen en una pieza aparta- 
da con el tio Jerundio i con otros cinco individuos todos: 
de poncho i chupalla. y> 

(Antonio Espiñeira. — La Casa maldita.) 



POPELINA. 

Como derivada de la misma raiz que papel, del cual no 
es mas que una imitación, debe ser i es papelina. No lo 
echen en saco roto los señores comerciantes que hacen 
imprimir listas de baraturas, ni los señores correctores que 
revisen las pruebas de ellas. 

PORONGO. 

Cantarito cuellilargo de barro. En ({mámd. purunccu\ en 
araucano purunca. 

Porongo úsase también en el Perú, según se vé en este 
pasuje de Juan de Arona: 



384 POR 

<d a pesar de esto me he llevado chasco 
Pues botella o redoma no es, ni frasco. 
Sino largo poro7igo; 
Lo que en este momento de su dueño 
El paladar remoja i tranquiliza 
Con el ardiente liquido pisqiieño.yy 

[Poesías peruanas. 

POROTO. 



Reina la mas completa anarquía entre nosotros acerca 
de la mejor manera de designar la legumbre que los bo- 
tánicos llaman phaseolus mdgaris. 

El vulgo no habla ni quiere oir hablar mas que de po-- 
rotos; i no faltan algunos que temerosos de ser tildados 
de zafios, nos hablen mui seriamente de habichuelas i de 
judías. 

Entre aquél i éstos la jeneralidad de las personas ilus- 
tradas opta por fréjol; pero son mui pocos los que no du- 
dan sobre su recta pronunciación i ortografía. 

Hemos oido i leido fréjol i fréjol, frijol i frísol. ¿Con 
■cuál de ellos seria mas conveniente nos quedáramos? 

Prescindiremos de judía i habichuela mui castizas, pero 
que parecen definitivamente abandonadas por el uso de ins- 
truidos e ignorantes. 

Quédannos en consecuencia poroto i fréjol. 

El primero es un provincialismo del Perú, Bolivia, Chi- 
le i la República Arjentina, i viene del quichua purutu. 
Anda en los labios de la jente mazorral como en sus pro- 
pios dominios, i allí estarla bien que se quedase, pues la 
ilustrada no la necesita. 

Siendo uniforme la pronunciación de esta voz i estando 
adem-as ella conforme con la de la primitiva purutu, no 
podemos explicarnos la causa del error en que cajo el se- 
ñor Gay que escribe porroto en su Historia de Chile. 

En cuanto a fréjol, debe tenerse presente que la Aca- 
demia, que lo tilda de provincial, lo hace grave, i escribe 
fréjol. Lo mismo Domínguez. 

En Colombia, si hemos de atenernos al vocabulario que 
\úene al fin de la María de Jorje Isaacs, se dice frisoL ■ 



POR 385 

Covarr libias^ en su Tesoro de la lengua castellana, es- 
cribe pesóles apor otro nombre frisóles o judiguelos.y) 

En Chile lo corriente entre la jente educada es pro- 
nunciar fréjol. No vemos razón para aconsejar que se 
abandone esta acentuación i se siga la que nos indica la 
Academia. En efecto, contra la autoridad de tan respeta- 
ble corporación podemos invocar, no solo el uso jeneral en 
Chile, sino también la etimolojía, pues fréjol viene del 
griego phasiolo, por el intermedio del latin phaselus o pha^ 
siolus, si no mienten Dioscórides (el ilustrado por el doc- 
tor Laguna) i Covarrúbias. 

Vamos a los ejemplos: 

«El valle de Purutum es todavía famoso por el exelen- 
te cultivo de sus porotos.)^ 

(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.) 

«Adelante (dia 6) fexoeSy por fréjoles o judías. En por* 
tugues feijoes.)) 

[Varnhagen, lugar citado en la voz cacique.) 
(iRecibí mi ración de frisóles, y) 

(JoRJE IsAACs. — María.) 

PORUÑA. 

Utensilio que no es por lo jeneral mas que un cuerno 
de buei partido lonjitudinalmente por la mitad, i que sir- 
ve a los bodegoyieros (en español lonjistas) para sacar de 
los cajones i poner en la balanza el arroz, la yerba-mate, 
el azúcar, etc. 

Talvez viene de la misma raíz que porongo. 

Hombre de poruña^ de poca importancia, plebeyo, mer- 
cachifle. 

«The earth or sand is put into a vessel of wood or hora 
called poruña which is placed i n a ruming stream.» 
(Molina. — ñistory of Chile.) 

«Verás, pues, con otros nombres 
Los guisos que conocemos 
I en platos como puruñas 
Conducir los alimentos» 

[Lima por dentro i fuera.) 



386 POT 



POSTRERO, A. 

No liai necesidad de advertir que este adjetivo es cas- 
tellano i que como tal tiene dos terminaciones: «El suspiro 
postrero^ la ;:)osírem mirada del moribundo.» 

En Chile úsase también esta voz, vulgar aunque frecuen- 
temente, como adverbio i cual si fuese sinónima de des- 
pués. 

(cMi madre murió prostrero 
I cuando a la muerte estaba 
Me decia en lo que hablaba: 
Hijo si me lleva Dios 
Te quedará para vos 
La callana en que tostaba» 

(GuAJARDO. — La herencia de Don Cristóval.) 

POTRERO. 

Acerca de esta voz dice el señor Vicuña en su Historia 
de Santiago: 

((Valdivia hizo un gran cercado en los alrededores de 
la ciudad, que se llamó potrero, por los potros que echó 
en su recinto bajo el cuidado de un albéitar pagado 
por la ciudad, i es curioso saber que de allí vino el nom- 
bre que se dio después a los cercados de nuestros campos, 
bien que el hecho de llamarse potreros los sitios de cul- 
tivo, es una lójica fácil de comprender en nuestro suelo 
en que liai tantas cosas, tantos nombres i tanto hombres 
al revés.» 

Sin salir en defensa de las cosas, nombres i hombres 
que pueden existir patas arriba en nuestro suelo, aunque 
seguramente no en mayor abundancia que en cualquier 
otro, americano o europeo, nos limitaremos a poner en 
duda la exactitud de la relación de causa a efecto que el 
señor Vicuña señala entre la idea^, no mui rara por cierto, 
de don Pedro de Valdivia i el hecho de haberse llamndo 
potreros aquí, en la República Arjentina i en las de Boli- 
via i el Perú, los recintos mas o menos grandes i bien ce- 



PRE 387 

rrados que se destinan en las haciendas a la crianza de 
los ganados. 

El equivalente español de potrero es 'potril i también 
dehesa, según puede deducirse del título de la comedia de 
Bretón: El pelo déla dehesa. Los diccionarios de la len- 
gua hablan de dehesas de potros i de dehesas de yeguas. 

«Talvez nace en Paita, talvez en Europa 
Talvez en la puna, talvez en Ocopa, 
Talvez en potrero, talvez en jardin.)^ 

(Juan de Aro^a..— Poesías perua?ias.) 



prestamista; 

r 
La misma variedad de acepciones en que se usa presta 
(véase emprestar) existe en el sustantivo prestamista, del 
cual nos servimos para denotar, ya la persona que da, ya 
la que toma prestado. La primera significación prevalece 
en la práctica; la segundaes la que le atribuye nuestro Códi- 
go de Comercio. 

uEl señor Vice- presidente. — Quisiera que se me explicara 
por los miembros de la Comisión, lo que significan estas 
palabras prestamistas ainteres o descuento.yy 

uEl señor Claro, — El señor ministro de Hacienda ha 
manifestado ya cual es la significación precisa de las 
palabras banco i prestamista. Banco nos ha dicho, es el es- 
tablecimiento que da a interés capitales propios i ajenos 
que ha recibido en depósito, i prestamista el que presta 
o descuenta con capitales propios.» 

(Sesión extraordinaria de la cámara de diputados de 
Chile de 20 de enero de 1866.) 

(cEl que entrega la cantidad se denomina prestador o 
dador\ el que \d. vqqa\sqí prestamista o tomador. d 

[Código de Comercio, art. 1168.) 

«Prestamista.— El que da dinero a préstamo.» 
[Diccionario de la Academia.) 

«Prestamista.— El que da o toma dinero a préstamo: (se 
entiende mas de ordinario por el que lo da.) 

[Diccionario de Salva.) 



388 PRE 

«Prestamista. — El que toma, i mas bien el que da, dinero 
préstamo.» 

[Diccionario de Domínguez.) 



Véase Emprestar. 



PRESTAR. 



PRETENSIOSO. 



Los diccionarios autorizados no traen este adjetivo, 
mui usado en Chile i también en España,, como se ve por 
los ejemplos siguientes de correctísimos escritores: 

«He aquí otra muestra de las frivolidades que el señor 
Martínez de la Rosa nos lia dado bajo el nombre preten* 
ñoso de poesías.» 

{J. M. VlLLÉRGÁS. — Juicio cñtico.) 

«siquiera el estilo sencillo i castizo de éste (Riva- 

deneira) sea superior al de aquél (CienfuégosJ algún tan- 
to hinchado i que se resiente de la época pretensiosa en 
que fué escrita.» 

(Vicente de la Fuente. — Introducción a la vida del P, 
Laínez.) 

Es adjetivo bien formado i útil, si bien no del gusto 
del señor Baralt^ quien quiere se diga presuntuoso , afec- 
tado, vanaglorioso', i aplicado al estilo, tono^ etc., afec- 
tado, amanerado, laborioso, pedantesco, altisonante (d mil 
otras cosas que seria prolijo enumerar.» 

prevenir. 

Entre la jente mazorral este verbo se usa por su seme- 
jante en forma, aunque mui diverso de significado^ pro- 
venir. 

«I aquel mal que adolecía 
Previno según decia 
De tomar agua bendita.» 

(GüAJARDO. — La Beata empachada.) 



PRO 389 



PREVER. 

Los verbos compuestos de ver se conjugan como él. Hai 
por lo tanto una e demás en los siguientes pasajes: 

«La ciencia observa las relaciones de causa i,jefecto que 
existen entre los hachos i se esfuerza por deducir de esta 
observación fórmulas que le permitan ¡yreveer los fenóme- 
nos futuros.» 

(Diego Barros Arana. — Traducción de un artículo de M. 
Courceile, publicado en La Revista del Paeifico.) 

«puede preveer las consecuencias de tal i tal acto 

o preveer los hechos venideros.» 

(id. id.) 

PRODUCIDO. 

El caudal que se saca de alguna cosa que se vende o ex- 
plota no es q\ producido de ella, como muchos dicen, sino 
su producto. 

PROPIO (lo.) 

La locución, tan usada entre el vulgo, lo propio, por lo 
mismo, igual cosa, otro tanto, no es castiza. 

«En la Francia fué Calvino 
Quien a la Iglesia dio guerra 
Lo propio hizo en Inglaterra 
Enrique VIII, etc.» 

(GuAJARDO.— £'/ Protestantismo.) 

¿Debe reputarse también como un provincialismo el uso, 
tan corriente en varios paisos de América, de propio por 
correo'^ — Si, hablando en rigor, porque en castellano pro- 
pio es solamente ael correo de a pié que se despacha para 
llevar cartas de importancia;» i nó, porque sin mucho es- 
fuerzo ni violencia, ha podido pasar a denotar al correo de 
a caballo que se despacha extraordinariamente para dar 



390 PRO 

una noticia, llevar comunicaciones con gran rapidez, que 
es lo que entendemos cuando decimos: «Ha llegado \xn pro- 
pio de Mendoza trayendo noticias de importancia al señor 
Ministro plenipotenciario de la República Arjentina en 
Santiago.)) 

El señor Paz Soldán i Unánue (Juan de Arona) cree que 
propio en^l último caso es un peruanismo, como lo da a 
entender la bastardilla con que lo hizo imprimir en este 
pasaje: . 

aLas espuelas le arrima 
I parte como un cohete 
Que el singular jinete 
Iba de propio a Lima. 

[Poesias peruanas,) 



PROVISORIO, A. 

Acerca de esta voz, que usamos como si provisional no 
existiese en los diccionarios i buenos autores, escribe el 
señor Cuervo: 

«Si se compara provisorio con los demás adjetivos de 
igual formación, como oratorio, atestatorio, infamatorio , 
consolatorio, adulatorio, etc., se colije que el significado 
que le corresponde es el de propio del provisor, que le per- 
tenece, o que conduce a proveer, sirve para ello; de suerte 
que sin pisca de razón se le atribuye el de provisional ^ov 
americanos i españoles. Es tomado del francés i la Acade- 
mia no le ha dado el pase. Con razón, pues en los recien- 
tes alborotos de España dijeron gobierno provisional, que 
no provisorio. yy 

«La nación huérfana i privada de su buen Reí, erijia un 
gobierno provisional.)) 

(JovELLÁNOs. — Memoria que diiñjió a sus compatriotas, 
pte. I, art. I.) 

La opinión anterior, mui respetable en sí misma, lo es 
tanto mas cuanto que se desprende de la doctrina que es- 
tablece Monlau en su Diccionario etimológico, páj. 117. 



I 



PUCII 391 



PUCHAS. 

Antes de tener conocimiento de los apuntes con que al- 
gunos amigos han tenido la bondad de ayudarnos a com- 
pletar i rectificar lo que vamos escribiendo, teníamos a la 
interjección vulgar ¡pucha! o ¡puchas! señalada como un 
provincialismo chileno i advertíamos que ella se empleaba 
unas veces para denotar alegría o entusiasmo i otras enfado. 

Del primer uso habíamos copiado el siguiente ejemplo 
de Ascásubi: 

«/E/¿ pucha! si es un encanto 
Ver los diferentes lances^ etc.» 

[La Hierra.) 
Del segundo, este otro: 

«Sintió en la cara entonces el tunante 
Llover con furia^ i al sentirlo dijo: 
— ¡Eh puchas hoo! con el gotear prolijo, 
Oiga Ud. que me lluevo, vijilanto^ 

(Z. Rodríguez. —jE"/ Borracho.) 

Mas ántojósele por malos de nuestros pecados a un ami- 
go aconsejarnos leyésemos la escena V, acto II de la co- 
media de Tirso de Molina La Villana de Vallecas, i ved 
ahí por tierra el edificio que impremeditadamente había- 
mos levantado sobre un cimiento de arena. 

Dice doña Violante en el lugar citado: 

«¡Oh hí de pucha! 
¿I qué queréis ver con ella?» 

¡Pucha! no es en resumen un provincialismo americano, 
sino un vocablo castizo aunque tan bajo i grosero del 
otro como de este lado del Océano. 

PUCHO. 

Es voz tomada del quichua en cuyo idioma pucha signi- 
fica sobras f dcsperclicios, residuo. 



392 PUCH 

Úsase por tofla clase de personas en Chile, las repúbli- 
cas del Plata, Bolivia i Peri:^ ya para denotar la cola que 
queda i se tira después de fumado el cigarro, ya para 
ponderar lo poco en que se estima una persona o cosa. 

Juan de Arona, que la trae entre sus peruanismos i que 
se ha servido de ella en sus Poesías^ la declara una voz 
útil para evitar los rodeos que su eliminación haria ine- 
vitables [punta, cabo, cola, colilla áe cigarro.) 

((Una sonrisa 

De mi desden es mucho 

Para tí que no vales ni aun el pucho 

De un pésimo cigarro.» 

Así cierto pinche de cocina, elevado sucesivamente a 
municipal, diputado i senador, apostrofa en una comedia 
de Segura a su antiguo amo. 

También nos atrevimos nosotros a emplear la palabra 
de que tratamos, en la traducción que publicamos en La Es- 
trella ele Chile de algunas de las sentencias o máximas 
del poeta latino Publio Siró: 

«Ser bueno importa mucho, 

Ser tenido por tal importa un pucho.y) 

Audacia grande sin duda, pero no tanto como la que 
necesitó nuestro compatriota don Guillermo Matta para 
hacer un ensayo semejante con el bárbaro chivateo (véase 
esta voz); ni con mucho comparable al feliz desenfado con 
que un vate arjentino dio hospedaje en el Parnaso al 
humilde pucho ennobleciéndolo en su afamada canción El 
Cigarro, cuya penúltima estrofa es así: 

((¿Qué nos dejan en sus huellas 
La grandeza i los honores? 
Por la paz hondas querellas, 
Los abrojos por las flores: 
La patria al que ha perecido 

Desprecia como aun zamarro 

Como yo arrojo i olvido 
El pucho de mi cigarro.» 



PUN 393 

PULPERÍA, ERO. 



Consignamos aquí estas dos voces, no embargante que ellas 
se encuentren adoptadas ya por la Academia, significando 
la primera venta, ventorrillo ^ lonja, i la segunda, vente - 
ro, lonjista, tanto por ser orijinarias de la América 
Meridional;, cuanto para poner a la vista del lector la cu- 
riosa etimolojfa que de ellas trae Garcilaso en sus Co- 
mentarios reales, (libro G."* cap. 20 de la segunda parte) 
donde dice: «Que cada dia habia muchas pendencias sin- 
gulares, no solamente de soldados principales, sino tam- 
bién de mercaderes i otros tratantes, hasta los que llaman 
pulperos', nombre impuesto a los mas pobres vendedores, 
porque en la tienda de uno de ellos hallaron vendiéndose' 
un pulpo. y) 



PUNA. 

En quichua puna es la sierra, tierra fría, páramo. 

Usámosla, i mas que nosotros los peruanos en esa acep- 
ción, pero principalmente para denotar la incomodidad 
(hielo, sofocación con dolores en las piernas) que experi- 
mentan los viajeros en los lugares mui altos de la Cordillera.- 

«En las altas rejiones de la. puna 
Do el albo o cúntur silencioso reina 
De estos hilos de plata está la cuna."» 

(Juan de Arona — Poesías peruanas.) 

«Pocas sus frases son^ pero oportunas 
I su rostro descuella con el brio 
I con el no aprendido señorío 
De la ájil señorita de las punas; 
Lo que quiere decir que la tal dama 
Se parece a una llama. y) 

(Id. id.) 
Véase apunarse. 



394 PUY 



PUNTADA. 



Decimos mal por punzada, que es dolor agudo i fijo en 
alguna parte interior del cuerpo. 



PUQUIO. 

Dice Juan de Arona que esta voz es quichua (piiqiuy 
manantial) i así debe de ser, por mas que no yenga en los 
diccionarios de esa lengua que tenemos a la mano. 

<(La materia remota de este sacramento (el bautismo) es 
el agua natural, bien sea del mar, rio, pozos^ fuentes, pu^ 
quios o de lluvia, eÍQ.\ 

(Donoso.— il/¿z72wa/ del Párroco americano.) 
También se usa en el Perú puquiales. 



PURO. 

Por no fijarse lo bastante en que cuando puro modifica a 
adjetivo, es adverbio, i por consiguiente invariable, caen 
algunos en el grosero error de escribir i decir: «La majo- 
ría que tiene el gobierno es grande; pero se ha hecho de- 
rrotar de pura indisciplinada», i cosas por el estilo. 

La misma falta^ en casos análogos, suele cometerse en 
el uso de medio, 

«Entre mis faltas tenia ésta, que sabia poco de rezado i 
de lo que habia de hacer en el coro de puro descuidada.» 

(Santa Teresa. — Vida.) 



PUYA. 



Por expresión aguda i picante dicha con prontitud, es 
castellano. 



PÜY 395 

Tengo, empero, por chilena la locución darjniTja, que usa 
la plebe, ja como una interjección para animar a los que 
riñen, ya para expresar el acto mismo de reñir. 

«Después llegó la patrulla 
Haciendo parar el canto 
I ellos se enojaron tanto 
Que se formó una gran bulla: 
Comenzaron a dar puya 
Quebrando hasta las clavijas, etc.» 

(GuA JARDO. — Un Lazo de verijas.) 

Talvez dar puya no es mas que dar púa, ya que llama- 
mos 'puya a la púa del trompo. 



I 



Q 

QUEBRADA. 

No acertamos a adivinar la razón que el autor de las 
Poesías peruanas habrá; tenido para incluir esta voz entre 
las provinciales del Perú, en la acepción de hendedura o 
abertura de la tierra, ora sea en los valles ora en las mon- 
tañas. Cierto que en esta acepción parece mas propia la 
palabra quiebra; pero entre ella i quebrada hai tanta se- 
mejanza que no nos creemos autorizados a calificar ésta 
de chilenismo, bien que la usemos nosotros mas o me- 
nos como aparece en los siguientes pasajes de Juan de 
Arona: 

(íAbrese allá una quebrada 
Que mi vista errante fija 
I es una triste morada 
Desde donde la mirada 
Ve el sol por una rendija.» 

«De la quebrada en el fondo 
Serpeando el rio va 
Con pausada, perezosa 
I estridente majestad.» 

«Cuando en gárrulas banda.""-"^ 
Al arreciar el verano, 
Deja por el fresco llano 
Las sofocantes quebradas.^) 

if<Quebraday) dice Covarrúbias «es tierra desigual;» si bien 
la Academia agrega «i abierta entre montañas, que forma 



398 QÜI 

algunos valles estrechos» i el señor Cuervo advierte to- 
marse «también por lo mismo que quiebra o hendedura de 
la tierra.» 

c(En aquel mesmo instante pareció por entre una gue^ 
hrada de una sierra, que salia donde ellos estaban, el 
mancebo que buscaba.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

«Por una espesa i áspera quebrada 
Que en medio de dos lomas se hacia 
La bárbara canalla etc.» 

(Ercilla.— Zí¿ Araucana.) 

«El suelo áspero en unas partes i en otras cerrado de 
árboles i de maleza, no se dejaba hollar sino por las que- 
bradas que los arroyos hacian.» 

(Quintana. — Vida de Francisco Pizarro») 

En el sentido de este último ejemplo oímos usar en 
Arequipa la palabra quichua lloclla (según la pronuncia- 
ción yoglia) que es onamatópica i remeda el ruido que for- 
de el agua al bajar por la quebrada golpeándose entre las 
piedras de su lecho. 

Salva dice que quebrada es provincialismo de la Améri- 
ca Meridional equivalente a rambla, pero se equivoca. Ni 
en el Perú ni en Chile la hemos oido usar en tal sentido. 



QUILTRO. 

Provincialismo chileno cuya etimolojía no hemos podido 
averiguar, si bien es de sospecharse nos venga de Arau- 
co. Sírvenos para designar al perro pequeño, bullicioso i 
de mala raza, al mismo que en español se llama gozque i 
gozque] o. 

«El rei de España es un jenerosísimo lebrel que pasa 
acaso solo por una calle i no hai gozque en ella qué a la- 
drarle no salga.» 

(VÉLEZ DE Guevara. — El Diablo cojuelo.) 



k 



QUI 399 

Don Francisco de Quevedo dice en alguna parte: 

ccSi gozques todos me ladran 
Yo quiero ladrar a todos; 
Pues que me tienen por perro, 
Mas yo los tengo por porros.» 

QUIMBA. 

Muchísimo mas usada en el Perú que en Chile, por pi- 
rueta, cabriola, movimientos exajerados que se hacen en 
el baile doblando el cuerpo, guaina, guaragua. 

«Mas no es bella cabriola, 
No es elegante quimba lo que veo^ 
Sino respingo innoble i deslucido, 
Sino corcovo desairado i feo.» 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 



QUINCALLERÍA. 

Asegura el señor Gormaz en sus Correcciones lexigrcífi- 
cas que esta voz no existe i debe reemplazarse por quin- 
quillería ^ i cierto que se engaña. 

«QUiNCAiLLERiE. — S. f; — Quincallcria, el comercio de 
quincalla.» 

[Diccionario francés español i español francés de Martí- 
nez López.) 

«QUINCALLA, QUINCALLERÍA, QUINCALLERO. — Del fraUCCS 

quincaille, quincaillerie , quincaillier, que algunos escriben 
clincaille, clincaillerie, clincaillier, formados del verbo an- 
ticuado clinquer, como trincar, sonar, hacer ruido, un rui- 
do parecido al que hacen los utensilios de hierro o peda- 
zos de metal revueltos dentro de un saco, i al que hacen 
también los artículos de c¡uincalla. Clinquer se formó del 
alemán kleingen, que significa lo mismo, i uno i otro 
verbo tienen mucho de onomatopeya.-» 

(MoNLAU. — Diccionario etimolojico . ) 



400 QUI 



QUINCHA, AR. 



En quichua khinchay carrizo ^ seto, barrera, cerca. 

Palabras de uso mui jeneral en los campos, donde se 
denota con la primera la pared delgada o tabique de colí- 
húes, vardascas, ramas, etc., ya sea que se amarren o cla- 
ven en el suelo, ya que ademas se unan i cubran con ba- 
rro; i por quinchar la acción de trabajar quinchas o de ce- 
rrar con ellas. 

La quincha es la pared ordinaria de los ranchos de los 
inquilinos i de las rucas de los indios. Sobre la solidez de 
tales paredes i su eficacia para impedir que entren i salgan 
el viento, las ratas, los perros, i aun los bípedos, pue- 
den dar una idea los siguientes versos del poeta popular 
Guajardo, en que describe una chamusquina de arrabal: 

«Comenzaron a dar pulla 
Quebrando hasta las clavijas: 
Las niñas por las endijas 
De la quincha se libraron, 
I al guaso me le robaron 
Hasta el lazo de verijas. » 

Este provincialismo nuestro, como casi todos los que 
traen su oríjen del quichua, es también usado en Perú. 

«Hecho de peruana quincha 
Que es pared de barro i caña, 
Entiéndase, no la dulce. 
Sino la que llaman brava 
I Gynerium sagittatum 
En términos de botánica. 
Un rústico rancho surje,» etc. 

(Juan de AnoNk.^Poesias peruanas.) 

De pata en quincha, es frase mui significativa i decido- 
ra. Una diversión de pata en quincha es una zambra, jara- 
na, remolienda en que se gasta gran desenvoltura, o por 
lo menos en que se echan las reglas de la etiqueta, cuando 
no de la buena educación, debajo de la mesa. Una tona- 



Qül 401 

da de pata en quincha, es una de aquellas que por el tono 
en que se canta i por el asunto de sus versos es propia de 
las ya bosquejadas jaranas. Probablemente esta singular 
frase se orijinó de la costumbre que tienen los lachos que 
asisten como espectadores a las chinganas, de pasar por 
sobre el pescuezo del caballo una de las piernas para que- 
dar sentados a mujeriegas i afirmar en seguida los pies en 
los atravesaños de la quincha, a fin de oir así con mas co- 
modidad i atención, las tonadas que son mas de su agrado. 
Los tejidos de varillas semejantes a las quinchas de 
nuestras carretas se llaman en España adrales; las pare- 
cidas a las quinchas de nuestros ranchos, zarzos, cuando 
no llevan barro. 



QÜINTRAL. 

Llamamos así a las plantas parásitas que los botánicos 
designan con el nombre de lorantáceas, especialmente al 
. loranthns verticillaíus . 

Su nombre castizo es muérdago o liga, 
Aquintralarse un árbol, cubrirse de quintral. 



QUINO^ AR, ADO, ADURA. 

Del quichua kquiñuni, horadar, agujerear. 

Quiño es uno de los muchos juegos en que se divierten 

[los niños con el trompo. Consiste en que el trompo del que 

lierde reciba cierto número de puazos [quinazos] del ga- 

lancioso. Se divide el quiño en bravo i manso. El trompo, 

ídespues de haber soportado tan dura prueba, queda lleno 

¡de pequeños agujeros, o a la chilena quinado, lleno de qui- 

^laduras. También se llaman quinadas las caras de los que 

lan sufrido la viruela. 



QUIRQUINCHO. 

Del quichua quirquinchu, el armadillo. 

ijomo un quirquincho, hemos oido decir para ponderar 



402 QUI 



el carácter violento o la bravura de alguna persona; i es 
a todas luces disparatada locución, pues tenemos al bicho 
cuyo nombre hemos puesto al frente de este párrafo por 
uno de los mas pacíficos e inofensivos cuadrúpedos. 



QUISCO^ UDO, A, QUISCA, 



Nombre el primero probablemente quichua, con que de- 
signamos a multitud de plantas indíjenas de la familia de 
las cácteas, [cei^eus quisco, cereiis peruvianus, cereiis ebiir- 
neuSy cereus chilensis, etc. 

Quiscas son las espinas agudas, rectas, de dos a tres 
pulgadas de lonjitud, de que estos arbustos están cubiertos. 

Quiscudo, se dice del hombre de cabellos gruesos i tie- 
sos, a semejanza de quiscas. 



R 



RABÓN, ONA. 



Es castellano cuando indica por antífrasis al animal que 
teniendo rabo se lo han cortado. 

Es chilenismo cuando se usa para indicar al hombre o 
mujer que está sin calzones ni otro vestido que camisa* 
Equivale entonces a cgíi el rabo al aire. 

La palabra rabona suele emplearse también como sus- 
tantivo^ i es entonces apodo con que se nombra a las mu- 
jeres o mancebas de los soldados, que los siguen en sus 
campañas^ i en esta acepción es de uso mas frecuente en 
Bolivia que entre nosotros, .donde lo común es llamar a las 
dichas mujeres machucadas, aludiendo a lo que se maltra- 
tan i machucan en los viajes. 

«En los cuerpos bolivianos, )5 dice don José D. Cortés, 
«es la mujer del soldado, aunque no siempre lejítima, pues 
hai muchos que dejan a ésta en sus pueblos i toman a la 
rabona que viene a ser la mujer en campaña.» 

«En los cuerpos bolivianos no hai cantineras ni son 
precisas, d^sde que cada soldado tiene una sirvienta que 
le prepara la comida en marcha, en los campamentos i 
cuarteles.-» 

«La rabona es tan sufrida como el soldado; lo sigue a 
todas partes i lo acompaña en sus marchas por largas i 
penosas que sean; el soldado que soporta con paciencia to- 
da fatiga no soporta la falta de su rabona; cuando algunas 
veces' los jefes han querido impedir la compañía de esas 



404 RAM 

mujeres lian notarlo que el soldado estaba violento i que 
las deserciones eran considerables.» 

[La República de BoHvia,) 

Por lo demás rabona viene sin duda de rabo, i no es 
mas que el adjetivo rabón, a, sustantivado en la acep- 
ción chilena de desnudo, en camisa, con el -rabo al aire. 
Se engaña en consecuencia, el señor Vicuña Mackenna^ 
cuando da a entender que el vocablo de que tratamos trae 
su oríjen de robar, en las siguientes líneas de su Historia 
de Santiago: «Cuando los soldados volvían a las fronteras 
después de invernar en Santiago, se llevaban muchas in- 
dias robadas i seducidas^ i de aquí las rabonas.y> 



RAJAR. 

Tenérnoslo por chilenismo en la acepción de hablar mal 
de alguno, desacreditarlo, censurar acremente su con- 
ducta. 

(cPero si hai algo contra mí, échenlo a la calle, tírenme 
o rájenme con justicia o sin ella; mas ¿por qué la ha de 
pagar la cosa pública?» 

(Carta de Portales en el D. Diego Portales de Vicuña 
Mackenna.j 



RAMADA. 

Esta voz tiene en el Diccionario de la Academia la nota 
de anticuada. Lo usual en España es llamar eriramada 
el cobertizo hecho de ramas de árboles para sombra o 
abrigo. 

En Chile no conocemos otra acepción de enramada que 
el conjunto de ramas de árboles, espesas i entrelazadas 
naturalmente', a las constrúccionesde ramas cualquiera 
que sea su objeto (sec ar los duraznos, servir de albergue 
a los chacareros durante la época de las cosechas, de rus- 
tica tienda para vender licores o comestibles, para cantar i 
bailar en las fiestas cívicas, para matar a los animales i be- 



RAM 405 

neficiar la carne en las haciendas) las llamamos invaria- 
blemente ramadas, i así las llaman también peruanos i ar- 
jentinos. 

«O que te agarre la noche 
En el despoblado siempre 
I sin techo ni ramada 
La pases a la intemperie, 
I ni el lejano ladrido 
De los perros te consuele.-» 
(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 

«Venia clariando al cielo 
La luz de la madrugada 
I las gallinas al vuelo 
Se dejaban cair al suelo 
De encima de la ramada.y> 

(AscÁsuBi. — La Madrugada..) 

Ramada es voz castiza, útil, i por consiguiente digna 
del rejuvenecimiento que ha experimentado en América. 

RAMO. 

Ramo de flores, por ramillete, parece a primera vista 
un chilenismo, pues los diccionarios no lo traen en esa 
acepción. Empero,, si nuestra práctica no aparece autori- 
zada por la Academia, lo esta por el ejemplo de mui co- 
rrectos escritores. 

«I un ramo quise hacer, i fui escojiendo 
En el gayo pensil las mas hermosas. 
El clavel i el jazmin entretejiendo 
Con jacintos, ranúnculos i rosas. 

I como el ramo espléndido tejia, ^íí:,.^} 

(García de Quevedo. — E/ Proscrito.) 

«Llevaré de camino un ramo de flores para la reina; lo 
mejor de mi estofa. Voi a cojerlas.» 

(Hartzenbusch.— J««;i délas Viñas.) 



406 RAN 



RANCHO, ERIA. 



Jeiieralmente se cree que rancho, en la acepción de 
choza, cabana pajiza, es un provincialismo americano. 

El señor Vicuña Mackenna, que no- participa de esa opi- 
nión común, dice^ a propósito de la voz de que tratamos, 
lo siguiente en su Historia de Santiago: 

«No es esta una expresión americana como pudiera creer- 
se, sino una aplicación de la palabra rancho que los mili- 
tares españoles usaban por comida, i como ésta la encon- 
traban los conquistadores o la preparaban en las habita- 
ciones de los indíjenas^ le dieron este nombre. Ranchear^ 
por esto, en los historiadores antiguos es sinónimo de fo- 
rrajear.» 

En el caso presente, como en otros varios que hemos 
considerado^ el señor Vicuña da pruebas sin duda de 
su fecunda inventiva para explicarse laetimolojía de nues- 
tros provincialismos con hipótesis cuya verosimilitud no 
negaremos; pero de que no es lícito echar mano sino a 
falta de todo dato positivo. En efecto^ que la comida de 
los soldados se llamase rancho i que ésta la encontrasen o 
la preparasen aquéllos en las rucas de los indios, no es ra- 
zón bastante para afirmar que nuestra acepción de rancho 
es solo una traslación a las cabanas del nombre de la co- 
mida que en ellas se encontraba o preparaba. 

Lo mas seguro es que el llamar ranchos a las chozas 
no sea una invención americana, sino simplemente la con- 
servación de una palabra que en España hace ya mucho 
tiempo que ha dejado de usarse en la acepción de cabana, 
i cuyo uso parece que nunca llegó tampoco a ser jeneral 
en la Península. 

Si así no hubiese sido, no leeríamos en Cervantes: 

ccLuego, hallando esta verdad, habéis de dejar la casa 
de vuestros padres i la habéis de trocar con nuestros 
r anchos. yi 

[La Jitanilla.) 

«Desembarazaron luego un rancho de los mejores del 
aduar.» 

[Id.) 



RAN ' 407 

Otro ejemplo de rancho, tomado por aposento, vivienda 
de jente ruin, trabajada toscamente, mal i por mal cabo, 
encontramos en el capítulo XVI del tomo I de El Quijote: 

«Retiróse el ventero a su aposento, el arriero a sus en- 
jalmas, la moza a su rancho\ solo los desventurados D. 
Quijote i Sancho no se pudieron mover de donde estaban.» 

Es verdad que el Diccionario de la Academia no trae 
entre las diversas acepciones de nuestra voz la que pa- 
rece teñeron los anteriores ejemplos; pero explicando el 
sentido del verbo ranchear dice: aFormar ranchos en al- 
guna parte o acomodarse en ellos.» 

En resumen, parece que en lengua jitanesca rancho 
equivalia a barraca, choza o habitación rústica^ que es lo 
mismo que signifíca entre nosotros. 

Ranchería es el conjunto de ranchos, que en español se 
llama aduar, debiendo sí notarse que aduar lleva envuel- 
ta la idea de un establecimiento movible, idea no expre- 
sada por ranchería. 

((He mandado que me tomen un rancho que me costará 
doce pesos anuales i allí estaré contento: me mantendré 
con 30 pesos al mes (lo que también entra en el cálculo), 
viviré sano, concluiré todas mis cuentas atrasadas i so-» 
bre todo dirijiré i veré todo lo que haya que hacer en el 
Rayado.» 

(Carta de Portales, en el D. Diego Portales por Benjamín 
Vicuña Mackenna). 

«Se apronta para inundar 

A toda la ranchería 

A ver si la policía 

Lo impide o lo va a estorbar.» 

(GuAJARDO. — El rio Mapocho.) 

«Ya los ranchos do vivieroni 
Presa de las llamas fueron.» 

(Esteban Echeveriiía. — La Cautiva.) 

«La huaca antigua que en silencio ahora 
Corona humilde rancho de totora», etc. 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 



408 HAS 



RASCARSE. 

Otro verbo que agregar a los miiclios coa que capri- 
diosamente designa el vulgo la acción de embriagarse^ 
emborracharse, (apuntarse, tiznarse, picarse, encufifai^se, 
mamarse, curarse, alegrarse, etc.) 

El sustantivo correspondiente a rascarse es rasca, em- 
briaguez. 

«Síguenle unos cuatro amigos, 
Compañeros de sus rascas, 
A media rienda», etc. 

(Huérfano.) 

«Despertó como sintiendo 
Que le estaban dando guasca: 
i Maldita sea la rasca! 
Iba un pililo diciendo.)) 

(GuAJARDO. — Los Enganchados.) 

RASPA, EAR, ON, AZO." 

Úsase familiar i vulgarmente raspear por reconvenir, 
rehir, increpar, reprender, con lo cual casi hemos decla- 
rado que raspa será reconvención, i raspón o raspazo una 
violenta o acerba reprimenda. 

Sobre el sentido de la locución raspar el cacho, véase 
esta voz en el lugar correspondiente. 

«Por eso amigo, aunque te enfades 
I me eches una tras otra raspa, 
En todo tiempo i a todas horas, 
Llueva o no llueva^ ando con capa.)) 

(Z. Rodríguez. — Ando con capa.) 

(cl cuando frunza el profesor el ceño 

I me eche un buen raspón 

Tu rizo besaré con mas empeño 

Henchido de emoción.)) 
(Id. — Adiós del colejial a las vacaciones.) 



RAT 409 



RASTROJO. 

¿Qué llaman en el Perú rastrojo? No lo sabemos de 
cierto, aunque estándonos al sentido que muestran los 
versos del señor Paz Soldán que copiaremos en seguida, 
parece que lo mismo que en Chile^ por allá llaman así, tan- 
to los residuos que quedan de una sementera después de 
cosechada, como el terreno mismo en que quedan esos 
rastros. 

Si nuestra presunción concordase con la realidad de 
las cosas, no habria tenido razón el ilustrado au- 
tor de las Poesías peruanas para incluir la voz de que tra- 
tamos en la lista de peruanismos que puso al fin de su 
obra. En efecto, que rastrojo significa castizamente «el re- 
siduo de las cañas de la mies que queda en la tierra 
después de segar» es cosa que certifica el Diccionario de 
la Academia; i si eso es rastrojo en su primitiva signifi- 
cación, ¿cómo calificar de provincialismo el aplicarla al 
cam^ que, después de la siega, queda cubierto con los re- 
siduos de las mieses? Para que ello fuese acertado en el 
caso presente seria preciso sostener que no podemos los 
americanos usar de la figura que llaman los retóricos 
sinécdo que, ni de ninguna otra, sin dar oríjen a un provin- 
cialismo. 

«i Oh inevitable i anual despojo 
Del mas bello i feraz cañaveral! 
¡Cuan despoblado, estás^ pobre rastrojo 
Desnudo, calvo, sin color trivial!» 

Por otra parte, no faltan buenas autoridades que lejiti- 
men la acepción que damos a rastrojo. Presciniiiendo de 
que la etimolojia la abona, pues rastro es la señal que de- 
ja en el suelo la cosa que se lleva arrastrando, Covarrú- 
bias dice expresamente: «Rastrojo. —La tierra después 
de segada la mies.» 



RATA. 



Véase laucha. 



ti 



410 REA 



RA.UDAL. 



Raras veces aciertan los viajeros a dar su nombre cas- 
tellano a la corriente rápida e impetuosa de los rios, o á 
los puntos de su curso en que la corriente presenta esos 
caracteres. Lo común es emplear en casos tales la pala- 
bra raudal, de significación raui diversa. A las veces sue- 
len los tales, máxime siendo ingleses o franceses, servirse 
de la rápida, que si se parece bastante a la que en 
las lenguas de Shaks voz peare i de Moliere indica el objeto 
de que se trata, tiene el inconveniente de no ser caste- 
llana. 

En cualquier buen diccionario francés-español puede 
verse que la palabra castiza equivalente a rapide es recial^ 
i que esta es por lo tanto la que traduce con propiedad 
el rapid de los ingleses. 

oSans les nombreux rapides du Rio de Madeiras.» — " 
fD'ORBiG^NY. — Vogage dans V Amérique méridionale.) 

«En este punto el rio era mas ancho, la corriente entre 
seis i ocho millas; en los rápidos era incalculable, porque 
solo nos ocupábamos en la maniobra cuando pasábamos.» 

(G. E. Cox. — Viaje en las r ejiones setentrionaks de la 
Patagonia.) 

Parece que en Centro América llaman a los reciales 
chiflones. 

«The river, however^ above the coast alluvions has a 
powerful current and is interrupted by rapids called 
chiflones. y) 

(E. G. Sqüier. — The States of Central América,) 

REALENGO, A. 



^ Parece que realenga significó en lo antiguo lo pertene- 
ciente al rei; i que andando el tiempo pasó a denotar 
aquellas propiedades que por ser del patrimonio real o de 
ciertas órdenes privilegiadas estaban exentas del pago de 
eontribucionesr 



REA 411 

Entre nosotros una hacienda realenga es aquélla sobre 
la cual no pesa, ni censo, ni hipoteca, ni ningún otro 
gravamen. 

REASUMIR, RESUMIR. 

Cansados estamos de observar el uso impropio que aun 
ias personas ilustradas suelen hacer de los verbos puestos 
al frente de este párrafo. 

Casi no hai diputado ni senador que antes de dejar la 
palabra, no crea del caso reasumir su discurso. Es un 
error grosero que prueba la utilidad del estudio de la lexi- 
colojía, completamente descuidado en nuestros colejios, 
solo porque el señor Bello prescindió de ella en su Gramá- 
tica. 

Reasumir (re-asumir) es, como los elementos lo indican, 
volver a tomar lo que antes se tenia o se habia dejado. 

Resumir (del latin resumere) es recopilar, hacer resu- 
men, reducir a compendio. 

Equivocóse, pues, sin duda por distracción, el erudito 
don Agustín Duran cuando en la pajina doce del prólogo 
que puso a su Colección de romances castellanos tomo I 
escribió: «En este sentido i con estos modelos escri- 
bieron los italianos, con mas o menos felicidad, aque- 
lla multitud de poemas caballerescos, precursores del 
Orlando furioso, en el cual se reasumieron todos los ele- 
mentos compatibles de la poesía clásica con la romántica, 
hija del estado social de los siglos medios.» 

¿Que mucho que el señor Vicuña Mackenna, cuya pluma 
corre siempre a galope, escribiera en la páj, 358 del to- 
mo II de su Diego Portales: ^Reasumiendo , pues, para 
concluir, i apartando a un lado el criterio minucioso de 
sus virtudes,)) etc.? 

Pongamos ahora dos ejemplos que muestren el propio 
i castizo uso de los dos verbos que consideramos: 

«Enciso, a quien, por el título de alcalde mayor que te- 
nia de Ojeda, competía el mando en su ausencia, lo rea- 
sumió, i ordenó dar la vela para Urabá.)) 

(Quintana. — Vida de Balboa.) 



412 REC 

«Pido que atenta oreja me sea dada, 
Que el cuento es grave i atención requiere, 
Para que con curiosa i fácil pluma 
Los hechos de estos bárbaros remma.yi 

(Ercii^la. — Araucana. 

REBOSADERO. 



Es en castellano el paraje por donde rebosa algún lí- 
quido. 

Nuestros mineros designan con esta palabra el mineral 
que existe en depósitos mas o menos grandes, sin rumbo 
ni forma de veta. El llamarlos así provino sin duda de 
que se imajinaron ver en cada uno de esos depósitos un 
manantial inagotable en que el codiciado metal salia a 
borbotones; lo que es audacia propia de una imajinacion 
de minero. 



RECAUDO, ERO, A. 

Recaudo llaman las verduleras i fregonas a las legum- 
bres que se ofrecen en venta en los mercados. 
Las vendedoras de éstas son las recauderas. 



«Pasemos al recaudero. 
Fruteros i pescadores. 
Polleros i vendedores 
De perdices,)) etc. 

(GuAJARDO. — De todas artes.] 



RECIÉN, 

«Recientemente se apocopa en recien antes de partici- 
pios; un pais recien poblado, un niño recien nacido, los 
recien llegados.)) 

«Es una corrupción emplear esta apócope con verbos 
como hacen algunos, diciendo v. gr. (xrecien habíamos lle- 
gado;» (¿.reden estaba yo despierto;)) (precien se descubrió 



REC 413 

el Nuevo Mundo^ etc.» En este último ejemplo hai ade- 
mas la impropiedad de emplear a recientemenl en el sig- 
nificado de apenas.)} 

(Bello. — Gramática castellana.) 

Véanse aquí ejemplos que muestran lo común que es in- 
currir en la falta que el señor Bello censura: 

«La fria urbanidad de las primeras relaciones entre 
hombres que recien se conocen.» 

(A. Blest Gana. — El ideal de un calavera,) 

«Manuela recien entró a la iglesia.)) 
(Moisés Vargas. — Lances de Noche Buena.) 

'<Sola quieres marchar! Pobre paloma 

Que recien dejas el materno nido.» 

(C. WÁLKER Martínez. — Manuel Rodríguez.) 

üRecien la aurora serena 
Refleja en el horizonte.» 

(Florencio Balcarce.) 

(.(Recién alzando el nacarado velo 
De vuestra juventud ¿llorar sabias?» 

(José Mármol.) 

Tomemos ahora de las Apuntaciones del señor Cuervo 
algunos ejemplos que indicarán el camino para expresar 
la idea sin pecar contra la Gramática. 

«Si tan trabajoso se te hace arrancar agora las plantas 
de los vicios, que están en tu ánimo recien plantadas; ¡cuán- 
to mas lo será adelante cuando hayan echado mas hondas 
raices! 

(F. Luis de Granada. — Guia de pecadores,) 

(S.A poco de haber vuelto Narváez a Baracoa, ellos lle- 
garon también.» 

(Quintana. — Vida de Las Casas.) 



414 



REO 



RECILLA. 

El señor Gormaz quiere que se diga vedilla en vez de 
recilla; i su consejo no estaría fuera de propósito si se tra- 
tase del diminutivo de red i no del adorno que se ponen las 
mujeres en la cabeza. 

líase pasado ya la moda de tales adornos; pero por si 
volviera bueno es que sepan nuestras damas que el nom- 
bre castizo de ellos es redecillas. 

«La cofia o redecilla que usaban las mujeres para reco- 
jer el pelo i adornar la cabeza.» 

(Diccionario DE LA. Academia. — Voz Crespina.) 

«Salieron luego de través seis ninfas... puestos sus cabe- 
llos en torno de la cabeza cojidos con unas redes anchas de 
hilo de Arabia.» 

(Gil Polo. — Diana enamorada.) 

recordar. 



Cree el señor Salva que en el sentido de despertar, in- 
terrumpir el sueño al que está durmiendo, es un provin- 
cialismo de Chile i otros paises de la América Meridional. 

El señor Cuervo observa «es raro que a este intelijente 
investigador se le haya pasado achacarnos esa invención, 
cuando sus abuelos tenian la patente de ella» i prueba su 
aserto con los tres ejemplos que en seguida trascribimos: 

<(A la sombra de mis cabellos 
Mi querido se adurmió: 
¿Si lo recordaré o nó?» 

[Floresta de Bohl de Faber.) 

«Hasta el último pencanzo 

No desperté; de manera 

Que cuando sueño doblones 

Al primero me recuerdan, 

I cuando azotes me obligan 

Que hasta el cuatrocientos duerma.» 

(Tirso de Molina.— yjmar/?or señas.) 



RED 415 

«¡Ai! a la media noche muda i fría 
Solo, jemí del bosque entre las sombras, 
I de su sueño recordé a los sauces 
Que inclinaron de lástima sus copas.-» 

(E. Florentino Sanz.) 
recotín. 



¿Cuántas madres al salir de la iglesia no riñen a sus 
hijos pequeños que las acompañan, por haberse llevado du- 
rante toda la santa misa como recotifies'^ Las tales difícil- 
mente darán fé a nuestra palabra cuando les hagamos sa- 
ber que un recotín no es ni mas ni menos que lo que es 
para los franceses un coquin^ 

En efecto, recotín es manifiesta corrupción de recoquín, 
<cel hombre mui pequeño i gordo» según se explica el Dic- 
cionario de la Academia; contra la opinión de un amigo 
nuestro, hombre esperimentado si los hai, que^ fundándose 
en la práctica de su larga vida, asegura que un grande 
abdomen es en los hombres el mas seguro indicio de hon- 
radez. 

Pues bien, si recotín viene de recoquín, solo nos falta 
saber de donde viene este último, curiosidad que hace la 
nonada de dos siglos i medio satisfizo el buen Covarrú- 
bias cuando escribió. c(Rkcoquin. — El hombre pequeño i 
gordillo; es palabra tomada del francés coquin,y) 



redomón. 

El caballo que ha principiado a amansarse; pero que aun 
no está completamente acostumbrada al freno i a la silla^ 
Muí usado en la República Arjentina. 

«En teniendo redomones 
I bolas como tenemos 
I que nos mande don Frutos 
Ya ni chiripá queremos.» 

fAscÁsüBi. — Cielito gaucho.) 



416 REG 



REFACCIÓN, ONAR. 



Casi no usamos de otra palabra para espresar la idea de 
componer o reparar los edificios, maneras de expresarse que 
es tanto mas necesario tener presente cuanto que refaccio- 
nar no existe en castellano» 

Refacción sí existe; pero nada tiene que ver con la ac- 
ción o efecto de reparar o componer, 

«Mandó Abderahmanre/?«r«r la aljama de Medina Se- 
govia i la adornó con muí bellas columnas.» 

(Conde. — Historia de la dominación de los Árabes en 
España.) 

«Estaba encargado de los reparos de la grande aljama 
por orden del hagib Almanzor.» 

[Id. Id) 

El significado propio de refacción es alimento mode- 
rado que se toma para reparar las fuerzas. 



regalía; 

Las niñas santiaguinas llevan en los meses mas crudos 
del invierno metidas en regalías las manos para preser- 
varlas del frió: las madrileñas las han llevado siempre en 
manguitos o regalillos. 

La prueba puede verse en la conocida ñibula de Iriarte, 
El Manguito el Abanico i el Quitasol. 

REGATEADOR. 



Regatear por altercar o porfiar para obtener una reba- 
ja en el precio de alguna mercadería puesta de venta es 
mui castellano. No así regateador, ora por el o la que tiene 
el hábito de regatear^ porque su nombre propio es rega- 
tón, ona i también regatero, era. 

«En lo que mas nos hemos entretenido esta mañana es 



REG 417 

en verse dar la batalla dos regatonas o placeras de las que 
allí venden sobre que una de ellas había llamado a un 
aldeano que estaba en la tienda de la otra regateando 
unas berenjenas.» 

(Cervantes. — Entremés de los mirones.) 

REGODEARSE^ EON, ONA. 

«Regodearse; r. fam. — Deleitarse o complacerse en lo 
que gusta o se goza, deteniéndose en ello. Hablar o es- 
tar de chacota.» 

(Diccionario de la Academia.) 

Regodearse; mostrarse alguno delicado, esquilimoso; 
descontentadizo. [El uso corriente de Chile.) 

Con lo cual queda ya tácitamente notado que el difícil 
de ser contentado no se llama regodeón^ sino regalón, es- 
quilimoso, descontentadizo. 

(cSiempre lidiando con amas, que si una es mala otra es 
peor, regalonas, entremetidas^ habladoras, llenas de histé- 
rico, viejas, feas como demonios.» 

(MoRATiN.— £"/ Si de las niñas.) 
regresarse. 



Advierto el señor Cuervo que con regresar no se juntan 
los pronombres me, te, se, nos, os; de suerte que no se dice 
mañana me regreso, sino mañana regreso. 

((Es de presumir, conociendo el carácter e inclinación 
de monseñor Aquaviva, que hallándose en Madrid cuando 
se hicieron las excequias de la Reina i al tiempo que Cer- 
vantes dedicaba la elejía al cardenal Espinosa,, prendado 
de su injenio i penetración, i acaso compadecido de su 
escasa suerte le admitió en su familia i comitiva al regre- 
sar a Italia.» 

(NAvarrete . -- Vida de Cervantes . ) 

((Regresar; a. — Volver al lugar de donde se salió.» 
(Diccionario, de la Academia.) 



418 



REM 



REMATE. 

Por almoneda es cliilenismo tan corriente como excu- 
sado. 

((Si no se pidiese la renovación del plazo del depósito al 
vencimiento de cada trienio, se rematarán las mercade- 
rías en pública subasta en el primer remate de los que de- 
ben verificarse» etc. 

[Ordenanza de aduanas de la República de Chile,— Oc" 
tubre 31 de 1864.) 

REMEZÓN. 

Enseña el señor Gormaz (páj. 16 de sus Correcciones) 
que debe decirse remoción en lugar de remesón como es 
costumbre en Chile; i se equivoca, porque lo que en Chile 
significa remezón (no remesón) no es la acción i efecto de 
remover, como él señor Gormaz pretende, sino la acción i 
efecto de remecer. 

También se equivoca en la nota correspondiente a la 
voz de que vamos tratando al aseverar que la acción i 
efecto de remover, es remoción, estremecimiento, ya que 
hai entre el significado de estos dos últimos sustantivos la 
distancia suficiente para que nadie sea osado de conside- 
rarlos como sinónimos. 

Puesto que remezón no viene en el Diccionario de la 
Academia, i se dice casi siempre en Chile por temblor de 
tierra, pueden los mas tímidos i escrupulosos servirse de 
sacudimiento. 

REMOJO. 



El dinero que suelen dar voluntariamente los gananciosos 
en el juego, se llama en España i en Chile barato, Pero 
¿cuál es el nombre de la dádiva o agasajo que suelen ha- 
cer a sus amigos las personas que han recibido algún bene- 
ficio, experimentado un gusto^ encontrado algún objeto 
perdido, etc? Aquí nos separamos de la madre patria que 



REN 419 

llama a las dádivas hechas por tales causas estrenas; mien- 
tras que nosotros (bien que en estilo familiar solamente) 
las llamamos remojos, máxime si el motivo en que el de- 
mandante funda su demanda es haberse puesto el deman- 
dado vestidos nuevos. 

((Atraviésase luego Magdalena, 
Pide para chapines o una toca 
I tú paje de lanza pide estrena,^) 

(LUP. DE ArJENSOLA.— ^«¿¿VfíJ 



REMOLER, EDOR, EDORA, lENDA." 

Andar en holgorios, bureos, 'parrandas, es remoler. 

El que tiene la costumbre de andar en esas diversiones 

es remoledor; i bien se está viendo que las tales son las 

que llamamos en Chile remoliendas, 

«Vamos remoliendo mialmas 
Que el infierno se ha vuelto agua, 
Los diablos se han vuelto pejes 
I los condenados taguash 

[Copla popular.) 
* 
Dice Salva que los mejicanos llaman a las remoliendas 
mitotes i a los remoledores mitoteros. Mas nos gusta nues- 
tro provincialismo; pero los dos juntos no valen dos higas. 



RENGO, RENGUEAR. 

Rengo, a, por el que está cojo a causa de lesión en las 
caderas es castellano; aunque lo común en España sea 
llamar a los que cojean de semejante cojera, rencos. 

Lo que parece un fruto del descuido con que pronuncia- 
mos nuestro idioma es el verbo renguear. Para expresar 
la acción de andar como los rencos se dice en España ren- 
quear, voz que nunca hemos oido en Chile ni aun a las 
personas mas ilustradas. 



420 RES 

«Un rengo llegó pidiendo 
La plata con mucho arrojo 
I dijo: Yo por ser cojo 
En siete pesos me vendo.» 

(GuAJARDO. — Los Enganchados.) 

Hacerse el zorro rengo, por disimular astutamente, en- 
cubrir con achaques de vejez, enfermedad u otros seme- 
jantes las miras que se tienen^ es frase tan usada como 
expresiva. 

RENOVAL. 



Llamamos así el sitio poblado de retoños o renuevos de 
los troncos de árboles cortados con anterioridad. 

No conociendo nosotros una palabra castiza- equivalen- 
te, mal podríamos condenar el uso de nuestro provincia-, 
lismo, tanto menos cuanto que él es de una formación 
irreprochable. 

Véase papal. 

tfl un pobre que arrienda un pedacito de renoval (así se 
llama el terreno donde hai troncos retoñados.)» 

[El Ferrocarril, marzo Í5 de 1864.) 

REPLANTIGARSE. 

Se dice con frecuencia. Lo correcto es repantigarse, 

RESEDA." 

El Diccionario de la Academia trae esta palabra como 
grave. 

Salva la hace aguda. 

El uso es vario; pero siendo reseda una voz tomada del 
latin [reseda) la etimolojra da la razón a la Academia con- 
tra Salva. 



RES 421 

*Entre verde i amarilla 
Te alzas alegre reseda, 
En tu cáliz mucho queda 
De tu perfume oriental.» 

(Torres Caicedo.) 

«I la cristalina fuente, 

Trasparente, 
Bañe tu pié resedá 
I parias rindan las flores 
A los divinos olores 
Que tu lindo seno dá.» 

(EüSEBIO LiLLO.) 
RESENTIRSE. 



El señor Baralt tacha de galicismo el uso de este verbo 
«por experimentar las malas consecuencias o la dañina in- 
fluencia de alguna cosa;» pero tal uso se haya autorizado 
'por mui doctos i castizos escritores. 

«Su lenguaje se resiente de su provincia.» 
(PuiGBLANCH. — Opúsculos gramático satíricos contra Vi- 
llanueva.) 

«La oda al nacimiento de don Antonio Castilla i la otra 
al capitán Álava se resienten de la edad en que se escri- 
bían. » 

(Hermosilla. — Juicio crítico.) 

ftEl testamento de Alfonso se resintió de su carácter 
inconstante i vario.» 

(Jerónimo de la. Escosura.. — Compendio de la Historia 
de España.) 

«Resultando de aquí que la primera if'o se resienta del 
golpe o caida del acento sobre su inmediata.» 

(Sicilia. — Ortografía i Prosodia.) 

Tampoco faltarían ejemplos que alegar en defensa del 
uso que hacemos de resentido por reñido^ malquisto. 



422 RES 

«Prescindiendo de la natural incomodidad de toda sin- 
razón, mas bien que rese)itido, debo cstai^e agradecido al 
canónigo.» 

(PuíGBLANCH. — Opúsculos citados.) 

* 

RESOLANA. 

Resolana es el sitio resguardado del viento donde se to- 
ma el sol; mas no la reverberación de éste o el calor cau- 
sado por ella. 

El nombre castizo de la sobredicha reverberación es 
resol; i el del lugar en que la reverberación se percibe 
resisteí'o. 

«Como se precipita el fruto de la planta exótica por la 
resolana de un conservatorio.» 

(Vicuña Macke^nx.-^ Historia de Santiago») 

«Como quien a la nieve está mirando 
Desde cerca en un alto ventisquero 
Gran rato cuando el sol reverberando 
Hace con ella fuerte resistero.^) 

(ViRUES. — Monserrate.) 

En la edad de oro de la literatura española dijese tam- 
bién solana por resolana. 

«Sin tener mas apetito ni deseo (el campesino) que de 
lo que tiene presente, ni darle otra cosa cuidado mas que 
llevar su ganado al pasto mas cercano i que sabe es mas 
fértil i abundante, i buscar lugar fresco i de arboledas don- 
de sestear en verano, con agua para abrevar su manada i 
solanas reparadas de los helados vientos para el invierno.» 
(Cervantes. — Diálogo entre Sillenia i Selanio») 

m 

RESUMIDERO. 

No existen en ninguna tierra en que se hable la lengua 
de Castilla como Dios manda. Pero ¿cuál es su nombre 
propio? Hic opxis! 



I 



RET 423 

El señor Gormaz en sus Correcciones lexigráfícaz dice 
rezumadero. 

El señor Cuervo, después de explicar el recto sentido 
del verbo rezumarse, agrega: aüicho se está que no hai re- 
sumideros, sino rezumaderos.^-) 

Ambos parece que se engañan; lo cual si no es de ex- 
trañarse en el señor Gormaz, cuvas Correcciones merecen 
ser correjidas en cada pajina, es un caso raro en el eru- 
dito i atinado autor de las Apuntacio7ies sobre el lenguaje 
bogotano. 

Para probar nuestro aserto recordaremos que, según el 
Diccionario de la Academia, rezumadero es: 1.° El sitio o 
lugar por donde se rezuma alguna cosa. 2.^ Lo que se ha 
rezumado. S.** El sitio donde se junta lo rezumado. 

Ahora que las definiciones de esos rezumaderos no cuadran 
a nuestros resumideros, es cosa que se patentiza con co- 
piar las diversas acepciones de rezumarse, que son: 1/ 
Recalarse o traspirarse algún liquido por los poros; i 2.* 
met. Traslucirse i susurrarse alguna especie.» 

Luego, pues, si rezumadero es el sitio o lugar por don- 
de se rezuma el agua, i si rezumarse algún líquido es re- 
calarse o traspirarse por los poros, es evidente que no es 
aquél el nombre castizo que tienen nuestros llamados re- 
sumideros» 

Si el agua que cae á éstos no se rezuma, sino que se su- 
me (sumirse es hundirse o meterse debajo de la tierra o 
del agua) lo natural es que el pozo que se hace para reci- 
birla se llame sumidero» 

Es lo que confirma el Diccionario de la Academia. 

«Sumidero — m. Cueva o concavidad en la tierra que sir-; 
ve para que en ella se suman las aguas.» 

En Toledo dicen buzonera* 

«Buzonera. — f. «En Toledo el sumidero que hai en los 
patios i que es en forma de alcantarilla.» 

Si se quisieran mas pruebas podríamos agregar que la 
correspondencia latina de rezumadero es, locus resudansl 

RETACO, A. 

Parece deducirse de lo que dice el Diccionario, al expli- 
car la última acepción de esta voz, que en España solo ios 



424 UIN 

hombres tienen el poco envidiable privilejio de ser reta^ 
eos o rechonchos. 

En Chile a nadie se le prohibe serlo, i quien lo dude 
vayase la primera Noche Buena a la Alameda de Santiago 
i oirá: 

«¡Claveles i albahacas 
Para las niñas letacasU 

REVENTÓN. 

El lugar en que una veta se manifiesta en la superfi- 
cie del suelo. 

«La sorpresa contiene su ira la piedra que tiene 

en la mano es mui pesada la examina i encuentra que 

es un 7'odu(lo! (el autor subraya, pero rodado es castella- 
no). Plata pura! A poco rejistra el cerro i descubre el re- 
ventón de donde se despegó el rodado. y) 

(JoTABECHE.— Z« mina Candeleros.) 

REVOLETEAR. 

Suelen decir los ignorantes i descuidados. Deba decir- 
se, revolotear o voltear según los casos. 

RICO. 

En el campo cuando los guasos hablan del rico debe 
entenderse que hablan del hacendado. 

«Si de un adulón se prenda 
El mayordomo o el rico, 
Allí viven grande i chico 
Como madeja sin cuenda.» 

(GuAjARDO.— Zo5 Adulones.) 

RINGLETE. 

«Puede ser corrupción de rehiletes observa el señor 
Cuervo. 

Según la Academia es aílechilla con su pluma o 



RIT 425 

papel para clavarla en puertas o animales»; en la pri- 
mera edición agrega: «i porque es velosísima i cami- 
na mui derecha^ del que anda mu i aprisa o müi vivo sé 
dice que va como un rehilete. y> 

Aquella flechilla, puesto que viene al caso, es llamada 
por los muchachos de nuestra tierra garrocha. 



RIPIO. 

Es un chilenismo en sentido de cascajo menudo i natu- 
ral, o arena gruesa^ que es el que jeneralmente le atri- 
buimos. Enripiar es llenar, emparejar con ripio. 



RITO. 



Del araucano riithú o rhito, manta gruesa, [poncho] de 
hilo burdo. 

^ «El mueblaje se componía de una mesa cubierta con un 
rito que servia de tapiz, seis sillas de madera, un lavato- 
rio^ etc.» 

(Blest Gana.— Za Aritmética en el amor*) 



RITORNELO. 

El señor Gormáz lo condena i quiere se diga retornelo, 
que es como dice la Academia. 

Nuestra práctica no es, sin embargo, tan infundada 
que no pudiera alegar algunas razones i ejemplos en su 
abono. 

Ritornelo es voz italiana [ritornello] i en la duda, no 
pudiéndose alegar ninguna consideración ni aun de eu- 
fonía para cambiar la i en e, lo mas seguro es conservar 
la pronunciación de la lengua de oríjen. Sino decimos aire 
smo ana ¿por qué tendríamos escrúpulos para decir rítor^ 
nelo como los italianos? 

Los franceses, acomodando la desinencia a la índole de 

s* 



426 ROD 

su lengua han conservado la i de lá primera sílaba [ritour- 
nelle) . 

«La orquesta con el previo ritornelo 
De aire, compás i tono dá el modelo.» 

(Iriarte. — La Música.} 

roblería. 

No es vocablo español. En Chile significa el sitio o 
monte poblado de robles, que en castellano se llama ro" 
bledal i también robledo. 

«Non son heredadas, non. 
Sino en batallas tenidas. 
De entre lanzas i con sangre 
Mis armas todas teñidas. 
En los robledos de Tórmes 
Me la dejades vertida,» etc. 

(Escobar. — Romancero del Cid.) 

ROCAMBOR. 

Un juego de naipes cuyo nombre castizo ignoramos. 
Rocambor parece que se usa en todas las repúblicas 
latino-americanas. 

ccSi hoi de toros te arrastra una corrida, 

Luego de rocambor una partida, 

I los gallos mañana, 

I a la noche jarana,)) etc. 

(Juan de kR.o'^k.— Poesías peruanas.) 

RODAJA. 

No la trae el Diccionario en la acepción de ruedecitas 
con rayos que tienen las espuelas; si bien en la voz 
espuela dice rodajita. 



1 



RUC 427 

También cuentan las crónicas que el Marques de la Pe- 
zuela al cubrirse como grande de España dijo: aPezuela o 
radaja de espuela.» 

«Al caballo arrimaba 

La estrella de la espuela.» 

[La Gatomaquiá,) 

«Sonoro el rosetón de sus espuelas 
Talvez por caballero le acusaba.» 

(Zorrilla.— Granada.) 

El siguiente ejemplo de Quevedo abona nuestro uso: 

«¿Quién tiene talle de abrojo 
U de rodaja de espuela?» 
[Sátira contra D. Juan R. de Alarcon. — Prólogo a las 
comedias de éste en la Biblioteca de Rivadeneira, páj. 32.) 

RONCEAR. 

Es provincial el uso de este verbo en el sentido de mo- 
ver alguna cosa, verbigracia tinajas, toneles a uno i otro 
lado alternativamente^ para llevarla de una parte a 
otra. 

ROTO. 

Esta palabra no es propiamente un chilenismo, porque 
una de sus acepciones castizas es andrajoso, zarrapas- 
troso. 

Téngase, sí, como'una peculiaridad de nuestro uso el ser- 
virnos de aquella voz para designar a la jente de última 
clase^ a la misma cuyos individuos son llamados cholos en 
el Perú, i léperos en Méjico. 

RUCA. 

El nombre que dan los araucanos a las chozas en que 
moran. 



428 RUL 

Un minero de profesión nos asegura que en las minas 
del Cajón de Maipo, de las Condes, i en otras situadas a 
mucha altura, llaman los trabajadores rucas las cova- 
chas que forman en el cerro para defenderse de la 
íiieve, 



RUEDECILLA. 

Por la rueda llena de cohetes que, dando vuelta a la re- 
donda, los va disparando, es provincialismo chileno. 

En Colombia llaman a las tales rodachinas. 

El nombre español es jirándiila. 

«Se ven i oyen por infinitas ventanas que tiene el edi- 
ficio, coronadas de luminarias i flechando ^zm/zí/i/te i co- 
hetes voladores.» 

(VÉLEZ DE Guevara.— J?/ Diablo Cojudo,) 



RULO, 



Por un procedimiento que no es difícil imajinar la voz 
rulo, que en araucano significa las vegas o parajes húme- 
dos, ha venido a significar entre nosotros los terrenos 
secanos. 

Puede presumirse que los indios convertidos i conquis- 
tados llamarían primeramente sementeras de rulo aquéllas 
que^ por hacerse en lugares húmedos, no se regaban ;?or^i<e 
rio hábia necesidad de regarlas] i que andando el tiempo, 
sus descendientes llamarían así las siembras i los terrenos 
mismos que no se regaban, porque no podían regarse. 

Nuestras tierras de rulo, son en español secanos\ i nues- 
tros trigos de id, trigos de tempero. 

c(Se producen en los riscos i tierras de secano las higue- 
ras mas grandes que hemos visto en ninguna parte.» 

(V. Alcalde Espejo. — Una escursion a la sierra de Cor" 
dova.) 

«A trigo i maiz de tempero 2.000 
A maiz de riego 4.000 

A trigo Ídem. 3.000 

[Id. Id.) 



RUM 429 



RUMBA O RUMA. 



Chilenismo con que se denominan los montones de cual- 
quier clase de objetos, especialmente de maderas i de 
fardos. Es corrupción de sonido i de sentido del término 
náutico arrumazón, arrumar. 

La palabra española es rimero. 

«Nó, dijo la sobrina, no hai para qué perdonar a nin- 
guno (de los libros de D. Quijote) porque todos han sido 
los dañadores: mejor será arrojarlos por las ventanas al 
patio i hacer un rimero de ellos i pegarlos fuego» etc. 

(Cervantes . — Quijote,) 



s 

SACA, SACO, COSTAL, BOLSA. 

Todas estas palabras son castizas; pero hai. que notar 
acerca de la manera como las usamos las siguientes pecu- 
liaridades: 

1.*^: Que mientras saca significa en español un saco gran- 
de, significa entre nosotros el costal de cuero sin curtir 
en que se importa del Paraguai i República Arjentina la 
yerba mate. 

2.^: Que saco, que es en castellano cualquier costal de 
cáñamo, lana o algodón, solo se dice en Chile de los que 
sirven para el envase (este envase no lo traen los Diccio- 
narios pero es voz muiútil) i acarreo del trigo, fréjoles, etc. 

3.*^: Que no conocemos otros costales que los de cuero, 
mientras que en España lo corriente es que se hagan de 
jénero burdo. 

4.°: Que el nombre de bolsa lo hemos reservado para las 
pequeñas en que se guarda el dinero i algunas otr.as que 
sirven para varios usos, no dándoselo nunca las que 
sirven para exportar el trigo o la harina. 

El sustantivo saca, que denota la acción de sacar, i que 
hemos visto en alguna parte en bastardilla como si fuese 
chilenismo, no lo es, siendo por lo tanto correcta la fra- 
se, una saca de papas, i otras de su especie. 

SANCO o ZANCO. 

La masamorra espesa, el lodo que va camino de ha- 
cerse sólido. Es un chilenismo que trae or/jen del quichua, 



432 SE 

en cuya lengua zancu es masamorra, guiso espeso i sin 
caldo. 

SANGRADERA. 

Llamamos así, a la chilena, la parte interior del brazo 
opuesta al codo, la misma que en español se llama san- 
gradura. 

Sangradera es el instrumento con que se sangra^ la lan* 

ceta, 

SANTO (pasar el) 

Vulgarmente se pasa el santo á alguno (¿habrá capricho?) 
cuando se le golpea, zurra o maltrata. 

«Pocos son los que le chistan 
Aunque todos tienen ganas 
De que alguien le pase el santo. yy 

(Huérfano.) 

satisfacción. 

En el significado de confianza, intimidad, es de frecuen- 
te uso en Chile. No lo trae en esa acepción el Dicciona- 
rio de la Academia, por olvido sin duda, como quiera que 
buenos escritores peninsulares lo han usado a nuestra ma- 
nera. 

«....¿Cuando suelo 
Tener yo satisfacción 
De tí ni de otro criado? 
¿Comunico yo secreto 
Contigo?» 

(Tirso de Molina. — Amar por señas.) 

SE (oblicuo.) 

Dice D. Andrés Bello en su Gramática: 

«Un uso extraño i bárbaro se ha introducido en alfí'unas 



SEC 433 

partes de América^ relativamente al se obliquo. Cuando 
este dativo es singular decimos como debe decirse se ¿e, 
se la, se ¿o. Pero cuando es plural se pone en plural el 
acusativo que sigue, aunque designe un solo objeto; Aguar- 
daban ellos el libro i un mensajero se los trajo.» Es preci- 
so evitar cuidadosamente esta práctica.» 

Los ejemplos siguientes prueban el poco caso que se ha 
hecho de la advertencia del ilustre maestro i la necesidad 
que hai de repetirla: 

«Como los señores Irizarri [Irizarris habría sido lo correc- 
to) aparentan no comprender el cargo que se les hace^ se 
/í)5 explicaré.» 

(Melchor Concha, i Toro.— El Ferrocarril de 11 de ma- 
yo de 1863.) 

«I si lo saben todo ¿para qué quieren que sé los cuente?» 
(A. Blest Gana. — El Ideal de un Calavera.) 

«Talvez el del silejicio 

Anjel, tu sombra amiga 

Busca, i allí a los muertos 

Con el dedo en los labios se los dicta.» 

(C. WÁLKER Martínez. — A un sauce lloran.) 

«Pero como esto lo saben i lo han visto todos es inútil 
repetírse/o5.» 

(Luis Rodríguez Velazco.— Z<2 Voz de Chile y 18 de abril 

de 1863.) 

SECADOR. 

No lo trae el Diccionario de la Academia. Especie de 
enjugador, mundillo» 

c(I hasta las polleras, que este nombre se dio a la figura 
del traje femenino por la de las jaulas de mimbres en que 
(a manera de nuestros secadores) solían criar pollos en Es- 
paña.» 

(Vicuña ll^CK'm'^k.'-'Historia de Santiago,) 



434 SEN 



SECRETEO. 



La acción de hablar en secreto unas personas con otras. 
No encontramos esta voz en los diccionarios de la 
lengua. 

SEDOSO, A. 

El adjetivo sedoso no aparece en el Diccionario de la 
Academia; pero se equivocarla quien, apoyándose en esa 
omisión, como el señor Gormaz, sostuviese que el dicho 
adjetivo es un provincialismo nuestro i que debe reempla- 
zarse por sedeño. 

«Sus cabellos, aunque enmarañados por descuido, se 
comprendía que eran brillantes i sedosos i sobre todo ne- 
grísimos, como sus ojos, sus cejas i su barba. w 

(Manuel Fernández i González.— Los siete Infantes de 
Lar a.) 

«Pelo, no de azabache que es mui duro^ sino negro abun- 
dante i sedoso. 'i 

(José Alcalá Gali ANO. — La Uermosiira,) 

seguramente. 

Copiamos el siguiente parrafito del señor Cuervo que 
puede venir como de molde a muchos de nuestros paisa- 
nos: «¿Por qué no habrá venido nuestro Simigo'^.— Segara- 
mente está enfermo. — ¿Con que Ud. asegura que está en- 
fermo?— Yo no lo afirmo, sino me lo figuro.» Medrados 
estamos: orijinal cosa es que para denotar cálculo, sospe- 
cha, arrimemos a acaso, quizá, tolvez, i echemos mano de 
seguramente, esto es de la palabra que asegura, afirma i 
excluye toda duda.» 

sentazón. 

Hai en Chile una propensión mui marcada a firmar de 
los bervos en ar que indican movimiento^ sustantivos que 



SEX 435 

indiquen el hecho o efecto de verificarse aquél con fuerza, 
rapidez o violencia. Así, después de los recios temblores o 
de los bailes en que el licor i el entusiasmo abundan es fre- 
cuente oir: «Hubo una espantosa quebrazón de cristales.» 
Después de un recio temporal: «La varazón de lanchas i 
buques daba horror» etc. 

Formados según el procedimiento indicado están los sus- 
tantivos reventazón, quemazón, salazón, i varios otros que 
aparecen en el Diccionario de la Academia. • 

No han andado, pues, mui fuera de camino nuestros mi- 
neros que, entendiendo por sentarse una labor el caer so- 
bre ella el cerro i obstruirla, designan con el nombre de 
sentazón el hecho de un grande i súbito desmoronamiento. 

SENTIDO. 

Cada una de las partes de la cabeza que están dttras de 
las cejas, como camino de las orejas, se llama í/e/z. 

Don Roque Barcia, que asegura en su Diccionario de si- 
nónimos que el llamarse así esas partes proviene de ser las 
primeras que se encanecen anunciando la senectud, agre- 
ga que en buen castellano aquéllas se llaman también pul- 
sos, porque es el sitio en que la arteria pulsa o late, acep- 
ción que no consta en el Diccionario de la Academia. 

En Chile, donde nunca llamamos pulsos a las sienes, so- 
lemos llamarlas sentidos. «¡Matarlo de una pedrada!— I co- 
mo nó, si se la dio en el sentidoln 



SENA. 



Si bien no absolutamente desconocida en España esta 
voz, única de que nos servimos nosotros para indicar la 
parte de precio que se anticipa en cualquier concierto, 
como prenda de seguridad de que se estará a él, lo común 
por allá es servirse con ese objeto de la palabra señtf/. 

El vulgo da también el nombre de seña a la moneda de 
vellón, i a ciertas señales de diversas especies que en los 
campos usan los bodegoneros para suplir la falta de mone- 
da menuda. 

«Antes de su introducción (de la moneda llamada de 



436 SEN 

cruz o macuquina) se palpaba la necesidad de hacerlo en 
el arbitrio de que usaban los bodegoneros, forjando unas 
monedas de plomo, de suela i de madera , que llaman se- 
ñas, para dar a los compradores que llevaban de sus tien- 
das alguna especie que importaba menos de medio real, 
que era la moneda menor que habia entonces» 

(Artículo publicado en La Aitrora de Chiky 14 de enero 
de 1873, suscrito, Z^omc/o iSalustio, (Camilo ílenríquez i 
Manuel Salas.) 



SEXORA. 

«Os mandé participar el dichoso suceso de hallarse pre- 
ñada la Reina, mi mui cara i amada mujer. y> 

(Real cédula del Rei al presidente i oidores de Chile, 4 
majo de 1707.) 

((Del feliz parto de la reina mi mui cara i amada es- 
posa. » 

«Un día en que mi mujer leia los cuentos fantásticos de 
Hoffman.» 

(Zorrilla. — La Pasionaria.) 
En Chile hasta los peones dicen ya, mi señora. 

SEÑORITA. 



«En Chile, como en algunos otros paises de América, 
se abusa de los diminutivos. Se llama señorita, no solo a 
toda señora soltera,, de cualquier tamaño i edad, sino 
a toda señora casada o viuda, i casi nunca se les nom- 
bra sino con los diminutivos Pepita, Conchita, por mas 
ancianas i. corpulentas que sean. Esta práctica debiera 
desterrarse, no solo porque tiene algo de chocante i ridí- 
culo, sino porque confunde diferencias esenciales en el 
trato social. En el abuso de las terminaciones diminu- 
tivas hai algo de empalagoso.» 



(Bello. — Gramática castellana.) 



SIL 437 

«Casarse para el vulgo de los hombres es un negocio co- 
mo cualquier otro; casarse para el vulgo de las mujeres es 
adquirir un marido i tener derecho de salir sola a la calle 
i cambiar por el de seriora su título de señorita.y) 

(Severo Catalina. — La Mujer.) 

nScñorita veut diré en espagnol demoiselle. C est un 
diminutif de señolea (dame); mais á Buenos Aires on ne doit 
pas se servir du mot sefiora méme pour les dames ágées; 
elles aiment qu'on les appelle señorita á tout age; celui 
qui ne le íerait pas, serait regardé comme impelí. » 

(D'Orbigny. — Fí^yí/^e dans U Amériqíie Méridionale.) 

SERENO. 

Por la persona destinada para decir en voz alta el tiem- 
po que hace i la hora que es i para rondar de noche por 
las calles con el objeto de evitar desórdenes, robos, etc., 
es voz mui usada en España. 

No tuvo, por lo tanto, razón el señor de Arona para 
incluirla en la lista de voces peruanas que puso al fin de 
sus Poesías. 

¿Para qué mozo de cordel, pinche de cocina o destripa- 
terrones de España seria un misterio el sentido de estos 
versos del señor de Arona? 

«No turba aquí mi sueño con su grito 
Sereno atroz que por cantar maulla; 
Ni me crispa los nervios el maldito " 

Silvido horripilante de su pito.» 

[Poesías peruanas.) 



SILENCIARSE. 



No existe ni puede alegar ningún título a la existencia, 
ya que el único oficio que podría venir a ejercer está mui 
bien desempeñado por callarse. 



438 SO 



SILLA DE MANO. 

Es en Chile lo que en España silla de la reina. Ló que 
en la Península llaman silla de mano llamamos nosotros 
impropiamente litera. 

«García se resuelve a sacarla de su casa en una silla de 
marios\ lo que da lugar» etc. 

(Juan Eujenio de Hartzenbusch. — Introducción a las 
comedias de D. Juan Ruiz de Alar con.) 

SILGUERO o JÍLGUERO. 

Dicen en Chile los mas por jilguero. 

Téngase entendido^ sinembargo, que sirguero ^^ov jilgue- 
ro, mas que un provincialismo es un arcaísmo^ como se 
comprueba por este lugar de Granada: 

«Cuando oimos deshacerse la golondrina, i el ruiseñor, 
i el sirguerito i el canario cantando,» etc. 

[Símbolo de la Fé. ) 

SIÚTICO. 

Caprichosa voz, aunque no tanto que hasta cierto punto 
no refleje en sus sonidos silbosos i estructura ridicula, la 
risible catadura de los pajarracos que con ella designamoís; 
que son los mismos que en Madrid llaman cursis: la jente 
cursi f es una cursi, un cursi, etc. 



s o. 



So es en castellano una preposición que significa debajo 
[sul);) pero que solo se usa delante de ciertos nombres, 
como capa, color, pretexto. 

Usamos ademas esta palabra con frecuencia, antepo- 
niéndola a algunos nombres despectivos en el vocativo; i 
en tales casos (olvidados en el Diccionario de la Academia, 
apesar de ocurrir en buenos autores peninsulares) el so 



SOB 439 

es contracción i síncopa de sea, que a su vez lo es de se^ 
ñor; o mas exactamente seo es ap.!;cope de seo7' i este sin- 
copa de señor. 

«iSo borrico, so insolente, so puerco.» 

«Pus mienta osté como yo 
So estampa de Satanás.» 
(José 2." Flores. — Mentir pqr caridad,) 

uSo alférez ¿no me paga?» 
(Juan Pérez de Montalvan. — La monja alférez.) 

uSOy partícula proclítica, insultativa.» 

(IsAACS. — Marta.) 

SOBADO. 

Sobado, a, es un adjetivo vulgar cuya propia significa- 
ción es la de grande, terrible, extraordinario. n/Sobada fué 
la zurra que le dieron! ¡Sobado el susto que se llevó el la- 
drón! ¡Sobadas las espuelas que lleva ese guaso!» 

SOBERADO. 

El señor Gormaz asegura en sus Correcciones que esta 
voz no existe en castellano i que debe reenaplazarse por 
desván. 

Mas exacto habría andado nuestro autor si se hubiera 
limitado a decir que lo que no existe es solo la e que in- 
tercalamos sin motivo entre la ¿» i la r; pues cpn esa pe- 
queña supresión quien quiera saber lo que sobrado signi- 
fica, no tiene mas que buscarlo en los diccionarios de la 
lengua. 

En dos palabras, dígale* sobrado, 

SOBRE. 



Quien desee evitar los usos galicanos de esta preposi- 
ción, que son muchos i están mui de moda, véala en el 
Diccionario de Galicismos de Baralt. 



440 



SOB 



«por el comedor que, como se sabe, tenia una puer- 
ta sobre el pasadizo que comunicaba, etc.» 

(A. Blest Gana. — £"/ Ideal de un calavera.) 

Una puerta que daba al pasadizo ^ es como se dice en 
castellano. 

No deben confundirse construcciones como la anterior, 
con otras perfectamente conformes a la índole de nuestra 
lengua, en que sobre equivale tamlnen a la preposición a. 

«Ya en este tiempo estaban el duque i la duquesa pues- 
tos en una galería que caia sobre la estacada.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

Véase Garces, Fundamento del vigor i elegancia de la 
lengua castellana, voz sobre. 

«Puede otrosí usarse correctamente nuestra preposición 
en lugar de «hacia, poco mas o menos, o cerca v. gr.: «Vino 
sobre las ocho; Se encaminó sobre la derecha; Me costó 
sobre cien reales; estaba sobre los cincuenta (años.)» 

(Vicente Salva. — Gamática.) 

¿Qué significa «tengo sobre cien reales?» ¿Qué los tengo, 
poco mas o menos, o que tengo mas de esa suma? El au- 
tor que acabamos de citar se inclina a lo primero. El si- 
guiente ejemplo podría servir de apoyo a lo segundo: 

«Puestos tantos rimeros de calaveras de muertos que se 
podían contar, según el concierto con que estaban pues- 
tas, que me parece que eran mas de cien mil, i digo otra 
vez sobre cien mil.» 

(Bernal Dixz.— Historia de la conquista.) 

En Chile acostumbramos llamar sobre el letrero que se 
pone en la cubierta de las cartas para indicar el nombre 
de la persona a quien van dirijidas i su residencia, i tam- 
bién la cubierta misma. El nombre propio de ésta queda 
dicho; el del letrero es sobrescrito, 

«Teodoro. — Ya el papel está cerrado 
Solo el sobrescrito resta. 
Diana. — Pon Teodoro para tí; 

I no lo entienda Marcela.» 
(Lope de Vega. — El Perro del Hortelano.) 
Cierro, por cubierta, no existe. 



SOL 441 



SOCUCHO, O SUCUCHO. 

c(El que se ha criado en el campo difícilmente podrá 
acostumbrarse a vivir en un sucucho;y) equivale a adifícil- 
mente podrá acostumbrarse a vivir en casa chica, angos- 
ta, estrecha, en un tabuco.» 

Lo probable es que nuestro socucho o sucucho sea el 
iñismo ccuchu que en quichua significa angosto. 

«Llegué a un aposento en forma de cañuto donde esta* 
ba otro estudiante tan largo, tan angosto i tan hueco como 
una cerbatana.-» (Notas a la Introducción de las obras dra- 
máticas de D. Juan Ruiz de Alarcon.) 

Esos aposentos en forma de cañutos son exactamente 
los que llamamos socuchos en casi toda la América his- 
pana. 

Véanse, Cuervo, i Diccionario de Salva, voz socucho. 



SOLIDARIDAD. 

Escabrosísimo vocablo, como lo califica don Rafael Ma- 
ría Baralt, que por una perversión del gusto hemos dado 
en preferir al castizo i suave mancomunidad que significa 
lo mismo. 



SOLO; 



Cuando solo modifica a varios sustantivos ¿deberá con- 
cordar con ellos? ¿Será preferible decir: (s<En solo los Está- 
dos Unidos de Norte América se han hecho mas descubri- 
mientos útiles durante los últimos cincuenta años que en 
Francia e Inglaterra juntas, a en solos los Estados Uni- 
dosy) etc'^. 

Lo mas usual en Chile en casos análogos al anterior es 
considerara solo , como invariable. Lo mas correcto, sin 
embargo, i autorizado por los buenos escritores peninsula- 
res, es poner a solo en concordancia con los sustantivos 
que modifique. 

cd de aquí vengo a condenar por yerro mui reprobado 



442 SOP 

decir como muchos afirman que en solas las ciudades i cor- 
tes está la viveza de los injenios.» 

(Gil Polo* — Diana enamorada.) 

«La villa de Illescas i sus aldeas se poblaron de solos 
gascones,^) 

(MoNLAU. — Diccionario etimolójico.) 

((La flor sumamente olorosa i solas cuatro hojas mui 
gruesas.» 

(Diccionario dé la Academia, voz chirimoyo.) 

El señor Sicilia en sus Lecciones de Ortolojía i Prosodia 
hace a solo invariable. 

((Alguna otra voz compuesta de solo las dos vocales, como 
el modo adverbial pian-pian» (Tom. lY páj. 54.) 

La práctica del S. D. Gregorio Garcés es varia: 
((Son por extremo propios (los diminutivos en eto, eta, 
ejo^ eja) de nuestra lengua i que miran a solos sustantivos.» 
(Fundamento del vigor i elegancia de la lengua castellana.) 

((Participando solamente de los dos jéneros masculino 
i femenino que solo reciben nuestros plurales.» 

(Id. Id.) 

SOMBRERO DE PELO. 

Al sombrero que nosotros llamamos de pelo, llaman los 
españoles redondo, de copa alta o de copa. 

SONGA. 

Véase, a la songa, songa. 

SOPLARSE. 

Soplarse a alguno, equivale entre el vulgo a saltearla, 
dejarlo gravemente herido, asesinarlo. 



SUA 443 

También se dice trajinarse, mamarse, merendarse a al- 
guno, en la misma acepción i mas propiamente en la de 
engañarlo, perjudicarlo. 

«Si me lo dejan otro ratito me lo habia trajinao pues. y) 

(Huérfano.) 

SORBER. 

No faltan quienes digan siierbo, siierba, etc., i sinembar- 
go todos dicen absorbo, absorva, etc. 

¿A qué atribuir, sino a descuido, tan chocante contradic- 
ción? Ambos verbos son regulares, como que ambos tienen 
por sustantivo correspondiente a sorbo, 

SOROCHE. 

Véase asorocharse. 

sotacura; 

La palabra sota antepuesta a sustantivos que denoten 
oficio o empleo, indica al subalterno inmediato o sustituto. 
Sota-cura está por lo tanto bien formado, tan bien como 
vice-párroco. Empero mas castizo, simple i autorizado nos 
parece coadjutor. 

«Los párrocos sonelejidos por el obispo: no son perpe- 
tuos hasta pasados tres años: los coadjutores son siempre 
amovibles a voluntad del prelado.» 

(ViLLANUEVA.— F2í/a literaria.) 



Dígase soasar. 



suasAr. 



SUAVE. 



Es curioso el significado que damos a suave en frases 
como las que pusimos por ejemplo al ocuparnos de soba- 



444 SUP 

do, con el cual, en casos tales, lo usa el vulgo promiscua- 
mente. 



SUCHE. 

La jente zafia usa esta voz como sinónima de rufián, 
alcahuete, tercero. 



SUFRIMIENTO. 

Es en español la paciencia, conformidad o tolerancia 
con que se sufre alguna cosa. No lo entienden así nuestros 
paisanos para- quienes sufrimiento es sinónimo de padeci- 
miento, dolor, pesar, pena, 

SUNCO, 

Llama sunco la plebe al que no tiene mas que un brazo, 
al manco', i mas propia i comunmente al que de nacimien- 
to o a consecuencia de alguna amputación no tiene mas 
que el muñón de uno de sus brazos, 

SUNCHO. 

Los círculos de hierro o madera con que se aprietan los 
toneles se llaman en castellano flejes, i también arcos, aros 
i cercos en las pipas i cubas. 

«I si me he puesto en cuentas de tanto mas cuantos 
acerca de mi salario, ha sido por complacer a mi mujer, 
la cual cuando toma a la mano a persuadir una cosa no 
hai mazo que tanto apriete los aros de una cuba como ella 
aprieta a que se haga lo que quiere.» 

(Cervantes. — Quijote.) 

SUPERLATIVOS. 

El doctor don Bernardo Aldrete, dice, en su obra Bel 
orijeii i principio de la lengua castellana: 



SUT 445 

«Aquel tiempo no conoció los superlativos, los cuales 
con ponerse tantos en latin no los hai en el romance por 
que entonces no los admitía sino solo añidian al positivo 
mili o mas.» 

El tiempo a que Aldrete se refiere es el siglo XIII. 

Clemencin cree que empezaron a introducirse por los 
doctos algunos superlativos tomados del latin a principios 
del siglo XV, circunstancia esta última que hasta cierto 
punto abona la opinión del señor Cuervo, quien quiere, si- 
guiendo a Monlau, sea mas correcta i culta la forma la- 
tina de aquellos adjetivos que tienen dos para el super- 
lativo, ciertísimo i certishno diestrísimo i destrísimo, fervien- 
tísimo \ ferventísimo, gruesísimo i grosísimo. 

Viejo i reciente carecen de forma latina en el superla- 
tivo. El de paciente es pacioitísimo, no pacentísimo. 



SUSPENSORES. 



El señor Gormaz en sus Correcciones dice que no existen, 
i tiene razón. Donde le falta por completo es en indicar 
como su equivalente castizo a suspensorios-, i ¡cuenta que de 
estos suspensorios no puede hablarse así no mas, siendo 
como son una especie de bragueros cuyo uso ha de ser se- 
creto! Seria divertido que algún muchacho rapagón, fiado 
en la autoridad del señor Gormaz, se llegase a su mamá 
a pedirle un par de suspensorios! 

Los individuos que hablan bien la lengua de Castilla 
suspenden de los hombros el pantalón con un par de ti- 
rantes. 



SUTIL (limón). 

Dice Salva que sutil, árbol o fruto, es un provincialis- 
mo americano, cuyo equivalente español es seutiL Pero 
¿qué esseutil? uUn árbol de América Meridional,» contes- 
ta el mismo autor en su Diccionario «parecido al limone- 
ro, aunque mucho menor i de hoja mas lisa. Su fruto, que 



446 SUT 

tiene el mismo nombre, es del tamaño de un huevo, con- 
tiene mas sumo que el limón, i es mas ácido que éste.-» 

La Academia, sin embargo, no ha dado a seutil entrada 
a su Diccionario, i ha hecho bien, porque con ceutí basta. 
ikCeuti se aplica a una especie de limón muí oloroso, cuya 
planta vino de Ceuta.» 

(Diccionario de la Academia.) 



T 



TABLERO. 



Hai unos pocos que llaman así a los cuadros, tan usa- 
dos en las escuelas i colejios, que sirven para que los 
alumnos escriban operaciones aritméticas^ ejercicios de 
gramática^ etc., i ojalá que esos pocos fuesen los mas, 
porque tablero nos parece mejor que pizarruy como co- 
munmente llamamos aquellos cuadros, i mas propio que 
encerado, que es como se llaman en España. 

TACO. 

La pieza en figura de medio círculo que se pone por de- 
bajo de la suela del zapato en la parte que corresponde al 
calcañar del pié se llama tacón. En el Perú, Bolivia, la 
República Arjentina i Chile la llamamos taco. 

«A toda prisa se sacó una bota 
I al rostro de Aniceta que salia 
Despachóla, con tanta puntería, 
De parte del bellaco 
Que yendo adar el taco)) etc; 

fJuAN DE Aron A. -^Poesías peruanas,) 

Echar un taco, beber un vaso de licor. 
En Arequipa dicen tomar un bebe* 



448 TAL 



TACHO* 



Es chilenismo i significa un tiesto de cobre, fierro o 
greda en que se calienta el agua al fuego para varios 
usos i especialmente para el inate. 

Estar como un tacho, fundido como un tacho, son fra- 
ses con que se quiere dar a entender que la persona a 
quien se aplican está excesivamente mimada. 

«Delante de nosotros la cocinera, cruzada de piernas a 
orilla del brasero, cabeceando, arrullada por el ruido del 
agua que hervia en el tacho i por los ronquidos del gato» 
etc. 

(Z. Rodríguez.— Zoco Eustaquio,) 

En Cuba^ según Salva, se llama tacho «la gran paila en 
que acaba de cocerse el melado i se le da el punto de adú- 
car.» 

TAJAMAR. 

És como sollama enSantiago desde la época colonial, la 
muralla de ladrillos que defiende a la ciudad de las inunda- 
ciones que la amenazaban en las crecidas del Mapocho. 
¿Porque? Talvez porque el alarife que dirijió la obra i la 
bautizó ignoraba que el nombre que le correspondía era el 
de malecón, 

TALABARTERO. 

Es en español el que hace talabartes (^la pretina de qué 
cuelgan los tiros en que se trae pendiente la espada.) 

El que hace arreos para caballos i muías es guarnido^ 
ñero, 

A todos ellos los llamamos en Chile talabarteros, 

{^Falsear, — Entre los guarnicioneros es dejar en las si- 
llas algún hueco i anchura para que los asientos de ellas 
no hieran i maltraten.» 

("Academia . — Diccionario .) 



ÍAM 449 

Sillero i silletero^ no son los que fabrican sillas de 
montar i, sí, sillas para sentarse^ como lo prueban los dic- 
cionarios (Academia i Salva) que dicen mui claro en la 
correspondencia latina sellarum venditor^ artifex. Equi- 
vocóse pues el señor Cuervo al creer que podia llamarse 
silletero al que hace arreos para caballos i muías, i el se- 
ñor Isacs al escribir en el vocabulario de su ' Mafia: 

«Talabartero. — El que fabrica sillas de montar i arreos 
para lo mismo; sillero,n 



TALCA, TALQUINA (la) 



Talca es una voz araucana [tralca) que significa truenoy 
sentido en que la usan los campesinos de las provincias 
meridionales. 

Jugar a alguno la talquina es una frase mui chilena, que 
equivale a traicionarlo y engañarlo, abusar de su confianza. 

«Al fin si el hombre abomina 
A la mujer sin razón 
No le cause admiración 
Si le juega la talquina.y) 

fGüAJARDO* —El mal marido.) 



TAMAL. 



El tamal es una de las muchas comidas que se hacen 
con el maiz; i se' diferencia de la umita solo en que se 
prepara con maiz seco. 

En Lima llaman tamal, según el señor Salvá> la 
carne de cerdo que venden cocida por las calles. 

En Arequipa oimos nosotros llamar tamales a nuestras 
umitas las pocas veces que las hicieron de maiz fresco, 
pues lo común es hacerlas de maiz seco^ que se remoja 
antes de moler. 



450 TEJ 



TAMBORA. 



Tambora es para nuestra plebe conio un aumentativo d© 
tambor, pues llama así a los bombos, grandes tambores 
que sirven de bajo en las músicas militares. 



TARDE PIACHE. 

Véase una explicación del orijen de lá lucucion que he- 
mos puesto al frente de estas líneas. 

«¿Era el tontiloco Pollo crudo aficionado a versos? ¿Iban 
por este desaguadero sus disparates? ¿Provino de haberse 
tragado algún empollado huevo, como aquel italiano que 
dio orijen al refrán de tarde piacheH 

(A. Fernández G. i Orbe, nota a la Perinola de Que- 
vedo.) 



TARJETERA, 

Tarjetero es como quieren se diga los diccionarios der 
la lengua. 



TASCADOR. 

Ciertas máquinas presentadas a la exposición agrícola 
de 1869 con este nombre, son propiamente agramadoras. 
Tascador es el instrumento con que se separa la arista o 
agramiza del cáñamo agramado; o lo que se llama también 
espadilla. 

TEJEDOR. 

El Diccionario de la Academia no lo trae en la acepción 
de intrigante, hombre de dos caras; el de Salvá^ sí, pero 
como provincialismo americano. Puede que lo sea; mas es 
lo cierto que los españoles lo usaron en América desde- 



TEL 451 

los primeros anos de la conquista. De tejedores hablaba ya 
don Francisco de Carvajal, como puede verse en Garcilaso 
de la Vega. 

« 

«Acercóse un periodista 

A una vieja tejedora: 

— ¿Me hace unas calzas, señora? 

— Con gusto i hasta la vista. 

— Pero ¿cuánto vale cada 

— Por ser del oficio, nada.)) 

(Z. Rodríguez.) 

Tejer es intrigar, andar al mismo tiempo en tratos 
con dos bandos contrarios. 



TELENQUE. 

Por temblador y trémulo, enclenque, es chilenismo i mui 
antiguo, porque no es sin duda de ayer la socarrona copla: 

— «A mi me llaman telenque, 
Señor alcalde ¿qué haré? 
— ¡Vaya Ud. con Dios telenque, 
Que yo lo remediaré!)) 

((Tenia don Diego de Porras Telenque, 
Perdone su amigo^ sobrada razón; 
Que injuriosas palabras ofenden 
Amables que lleven dañada intención.)) 

(Z. Rodríguez. — El Cura de Petorca,) 



TELERA. 



Llaman así los mineros de Atacama i Coquimbo al 
pan ordinario, grande como de un pié de largo, con que 
diariamente se les raciona. Es un provincialismo andaluz 
adoptado en Chile. 



452 TERR 

TEMBLADERA. 

Suele decirse en lugar de tembladero, tremedal. 
íJe traversa! la plage de sable nu du rio de Tembladeros, 
— Nota. — Tembladeras ^^ dit des sables mouvans. 

(D'ORBiaNY. — Foy¿?»7e dans VAmérique Méridionale.) 

TEMBLEQUE. 

Por trémulo, como lo usamos, no existe en castellano. 

TENDALADA. 

Chilenismo, de significación mui semejante a la voz es-* 
pañola tendalera, adescompostura i desorden de las cosas 
que se dejan tendidas por el suelo.» 

«Dejando la tendalada 
De godos en esos llanos, (los de Maipo:) 
.Los que libraron huyeron 
Con su jefe don Mariano 
Para nunca mas volver, 
I Chile quedó en descanso.» 

(GuAJARDO.-— i?o/wa?2ce de su vida.) 

TEODOLITO. 

Asevera el señor Gormaz que debe decirse teodolita. 
Efectivamente, así lo trae Salva; Domínguez trae, empero, 
teodolito: en cuanto a la Academia se lo dejó en el tintero. 

Entre Salva i Domínguez optamos por el último: 1.° 
porque el uso de la jente instruida está de su parte; i 2.^ 
porque, siendo teodolito una palabra griega [theodolichos,. 
miro lejos) no hai motivo alguno para alterar su forma 
cambiando en a la os final. 

TERRADO. 

Véase mojinete.. 



TIE 453 



TESTAMENTAHIA. 

l^estatnentaña es como debe decirse; 

TETERA. 



En español tetera es el vaso en que se hace la infusión 
de té. 

Nosotros llamamos también de esa suerte el tiesto, je- 
neralmente de cobre o fierro, mas o menos redondo, con 
asa encima i con pico por uno de sus lados^ que sirve pa- 
ra calentar agua. 

TIEMPLE, TEMPLAR, TEMPLADO, A.. 

Conviene advertir acerca del uso de estos vocablos: 

4.^ Que templar es regular, como que tiene por añn al 
sustantivo temple\ i que otro tanto debe decirse de su com- 
puesto destemplar. No se diga, pues: «Estas niñas no saben 
tocar la guitarra, pero la tiemplan admirablemente o el áci- 
do me destiempla los dientes; sino, templari la guitarra, 
destempla los dientes.» 

2.* Que tiemple es un provincialismo chileno que sig- 
nifica amante, querido, galán, i alas veces el amor o afi- 
ción que dos amantes se tienen, en cuyo caso es casi si- 
nónimo de camote. — «¡Bravo capitán! toda la noche ha 
bailado con la hija del gobernador. — ¡Fina observación, mi 
señor don Simplicio! ¿no sabe Ud. que están diQ tiemples? 
o no sabe Ud. que hai entre ellos un tiemple furioso?» 

3.® Que templado, a, equivale a enamorado, i también 
a propenso a enamorarse. «Don Alonso no deja salir sus 
niñas ni a la puerta de la casa; i hace bien. ¡Si son tan 
templadas!)) 

Parece que este templado fuese un provincialismo an- 
daluz, en cuyo caso deberla creerse lo mismo de tiemple. 

üAsina te quiero perla, 
Mu corriente i mu templáh 

(Ramón Franquelo. — Cuentos, mentiras i exageraciones, 
andaluces . — U7i Juramen to . ) 



454 TIR 



TIENDERO. 



La persona que tiene tienda o vende en ella por me- 
nor, no es tienderOy como dicen tantos, sino tendero, como 
quieren las reglas de la derivación. ^ 



TIMBIRIMBA. 

Chilenismo, por juego de azar, especialmente con los 
naipes. 

«A una comida se seguía un baile, al baile las mucha- 
chas, a las muchachas el almuerzo^ al almuerzo la timbi- 
rimba, hasta que al fin i al cabo el aceite faltó a la lám- 
para, que por cierto no era la maravillosa de Las mil i 
una noches. yy 

(JoTABECHE. — Los descubridores de Chañar cilio.) 

También es usado en el Perú, 

(cFrai Norberto que en estas materias no estaba por lo 
relijioso, exclamó: No señor! ¡estudios mayores! la timbi- 
rimba! ¡un montecito!» 

(Felipe Pardo.— ^/ Espejo de mi tierra») 



TINTERILLO» 

Provincialismo chileno, o mas exactamente americano,, 
que^ sin ningún mérito de su parte, ha venido a suplantar 
a los vocablos tan expresivos rábula i leguleyo, que sirven 
en español para designar a los abogados de guardilla^ 
como los llaman en España^ i a los que sin título oficial 
se ocupan en defender pleitos. 

TIRANTEAR, TIRANTEO. 

Estirar el hilo con que se sujetan las cometas para que 
se remonten. La acción i efecto de tirantear se llama ti- 
ranteo. 



TOO 455 

«Entonces con precaución 
Le doi un buen tiranteo, y) 

[Décimas del Volantín. ) 
En castellano, tirantear es tirar, i tiranteo, tirada. 

TIRILLENTO. 



Chilenismo que significa el que anda vestido de tiras o 
nndrajos. Es derivado de tirilla^ palabra que en los labios 
del vulgo es a poco mas o menos, chilpe, trapo viejo, roto 
i comunmente sncio. 



TIROS. 



Las correas asidas a las guarniciones^ con que los ca- 
ballos tiran el coche, se llaman tirantes, que no tiros como 
se dice en Chile. 



Tocayo. 

El señor Vicuña Mackenna dice en su Historia de Sari" 
tiago que esta voz no es mas que la mejicana indíjena to^ 
calt castellanizada; i su equivocación es de marca mayor> 
como que basta abrir el Diccionario de la Academia para 
leer: «Tocayo, ya: m. i f. Cualquiera persona respecto de 
otra u otras que tienen su mismo nombre.» 

El error del señor Vicuña provino sin duda de haber 
visto en el Diccionario de Salva que tecale i tecali son 
provincialismos mejicanos, i olvidado después que lo que 
ellos significan es «una especie de mármol blanco mui 
trasparente de que se hacen vidrieras para las ventanas 
como de la alabastrina.» 

Nuestro tocayo nada tiene que ver con eso; es de buena 
cepa vascuence, como puede verse en el Diccionario etimO" 
lójico de Monlau, páj. Ül. 



456 TOD 



TOCINO. 



Llaman en Chile el lardo, lo gordo del tocino\ pero no 
la carne del puerco que también se llama tocino en espa- 
ñol, i que nosotros decimos carnéele chancho. 

Lo castizo i lo mas claro seria llamar a la gordura lar- 
do, i a la carne de puerco, salada o nó^ tocino. 



TOCUYO. 



Por la tela burda de algodón es un americanismo que 
trae su oríjen de la villa del mismo nombre de Vene- 
zuela en la cual se hacia el tocuyo. 

TODAVÍA. 

ftTita Cusí era todavía hermano de Sairi Tupac, sucesor 
inmediato de Manco.» 

(Miguel L. Amunátegui. — Un Mártir, Ferrocarril , marzo 
15 de 1864.) 

En este ejemplo está todavía por ademas, acepción que 
le han dado últimamente los galiparlistas, traducien- 
do el encoré francés; i es palabra socorridísima en tal sen- 
tido en los editoriales de algunos diarios i en los discur- 
sos de ciertos diputados. 

TODO. 

La locución tan común en Chile, son tantos en todo, no 
es caztiza. El uso de la jente ilustrada exije que se diga 
son tantos por todo. y) 

«¿Cuánto por fin? — Cien onzas en todo, leo en una nove- 
la, no siendo sino cien onzas /;or todo.y) 

(Baralt. — Diccionario de Galicismos, voz en.) 

aCent ecits en tout. — Cien escudos por todo,^^ 

(Capmany.— ^r/e de traducir.) 



TOM 457 

iiPevo advertid que en sujeto dó numerar suélese con- 
servar la preposición por (en lugar de la en) si fuere con 
la palabra todos: v. gr. «son po/' iodos ochocientos i vein- 
ticinco reales.)) 

(Garcés. — Fundamento del vigor i elegancia de la lengua 
castellana.) 



% TOLDO. 

No llamamos de otra manera el fuelle de algunos ca- 
rruajes. 

TOMAR, ADURA, ADOR. 



Tomar en una de sus acepciones equivale a beber. 

Tomador es el que toma. 

Tomadura es la acción de tomar o porción que se ha 
tomado. 

En Chile el vulgo i algunos que se considerarían agra- 
viados si en el vulgo los incluyésemos, no lo entienden así. 
Para ellos tomar, es beber algún licor fermentado, alco- 
hólico; tomador el bebedor, i tomadura, borrachera, em- 
briaguez. 

«Llegaron los indios i principió la tomadura.yy 

(G. E. Cox. — Viaje ala Patagonia.) 

Tomadura está aquí por borrachera. 

Tener buena o mala tomadura, es tener blanda terri- 
ble condición el borracho bajo la influencia del licor. 

«Es cierto también que, cuando aquel desgraciado (Flo- 
rín) exitaba su sangre con el alcohol^ como sucede a mu- 
chos, lo que se designa con la expresión indíjena de mala 
tomadura, se convertía en una fiera.)) 

(Vicuña Máckenna. — Diego Portales.) 

«Ciíando estábamos en el Calenfú los pehuenches, es- 
peraban con impaciencia la llegada de estos insaciables 
tomadores. y) 

(G. E. Cox. — Viaje a la Patagonia.) 



458 TOM 



TOME. 



Eá una especie de totom menos flexible que la que s^ 
designa con este nombre; por eso es que mientras la pri- 
mera sirve para techar ranchos i hacer los aparejos de lag 
mulas^ la segunda se emplea en amarrar las viñas, en tra- 
bajar esteras, sopladores, (a la española aventadores) asien- 
tos de sillas^ etc. 

Las voces castellanas correspondientes a nuestros chile- 
nismos, son juncia i espadaña, 

«De ella resulta que el rancho o tome de los temblores 
(i este último nombre venia de la especie de paja con que 
se cubria) estaba completamente, etc.» 

(Vicuña Mackenna — Historia de Santiago.) 

«Subí, pues, pensando esto ala carreta, contentísimo, 
después de las niñas, i me coloqué en la boca posterior del 
carro sobre una banquilla de totora.y) 

(Z. Rodríguez. — Loco Eustaquio.) 

Totora viene del quichua tutura, junquillo, i es de uso 
corriente en el Perú i en la Arjentina: 

«De playas sobre todo moradora 
Pues pueblas su pelada superficie 
Anidada talvez en la molicie 
De sus ralos mechones de totora.^^ 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 

'Juncos, espadañas, totoras, cardas 

(Sastre. — El Tempe Arj entino.) 

«Quien el desierto albergue trastornando 
En término mas breve que una hora 
Cargado vuelve i crespo de totora 
Do están los caraaradas aguardando.» 

(Oña. — Arauco domado.) 



TOR 459 



TOPEAR. 



En castellano hai topar i topetar ^ pero no topear. 

Topar por encontrar, hallar, es muí usado en Chile 
entre la jente intonsa, que lo emplea bien, sin embargo, 
porque así lo han usado desde Cervantes abajo los mejores 
escritores peninsulares. 

Topear es entre f/iiasos i lachos de a caballo, sinónimo 
de pechar: (véase este verbo.) 

Topada es en español topetada, morocada, (de los car- 
neros) amurco (de los toros.) 

«Pero sobretodo estaba bien con Reynaldos de Mon- 
talvan i mas cuando le veia salir de su castillo i robar 
cuantos topaba. n 

(Cervantes. — Quijote.) 

E\ capítulo XV de la primera parte de la obra citada 
tiene por título: «Donde se cuenta la desgraciada aven- 
tura QUE SE topó D. Quijote en topar con unos desalma- 
dos yangüenses.» 

«A la entrada de Alcalá el primero con quien topó fué 
un estudiantico de Victoria.» 

(Rivadeneira. — Vida de San Ig?iacio.) 

Erró por tanto el señor de Arona al subrayar topes en 
el siguiente pasaje de sus Poesías peruanas: 

«¡Anda con Dios! ojalá 
Que en trabajar te desveles, 
I que por mas que trabajes 
Nunca topes con la suerte!» 

Lo mas que podria sostenerse^ apoyándose en la autori- 
dad de Hermosilla, es que toparen el dia, en la aeepcion 
de encontrar, es voz poco cuita. 

toro o torito. 



Es chilenisimo que usa el vulgo para nombrar una es- 
pecie de bastidor de lona u otra tela que sirve a los ven- 



460 TRA 

dedores de las faenas, minerales i otros lugares para res- 
guardarse del sol. 



TORREJA. 

Llaman así en Chile lo que en España se llama lu- 
quete. 

El señor Gormaz corrije tomja\ pero corrije mal, por- 
que esta voz significa rebanada de pan con virio i no es 
esa la acepción chilena de torreja. 

TOTORA. 



Véase tome. Salva dice equivocadamente tortora. 

TRACALADA. 

«Ocurosn en autores antiguos» dice el señor Cuervo, avo- 
ces que no aparecen en los diccionarios i podria asegu- 
rarse que no están vijentes en España, i sinembargo por 
acá se oyen a cada paso.... Hemos llegado a sospechar que 
nuestro tracalada, (nuestro también,) muchedumbre, cá- 
fila, es, cercenada la primera sílaba, q\ matracalada de que 
usa Quevedo en el lugar siguiente, i que no hallamos en 
ninsTun diccionario: 



O' 



«Solo para vencer a Carlos Magno 
Con tal matracalada a Paris baja.» 

[Necedades de Orlando.) 



TRAICIONERO, A 

El señor Cuervo incluye esta voz entre las muchas que, 
habiendo caido en desuetud en España, son mui usadas 
en América; i parece ^consejar que la reemplacemos por 
traidor. A nuestro humilde juicio seria lástima, porque, no 
siendo indéntica la significación de ambas con suprimir 
una empobreceríamos la lengua. En efecto, traidor es 
el que comete traición en un caso dado, i traicioiiero el 



TRA 461 

que tiene el hábito de ofender traidoramente, con alevosía; 
traidor es el que traiciona a su patria, a su partido; trai- 
cionero el que asecha oculto a su enemigo i lo ataca por 
la espalda. 

Si pues las dos voces son castizas i útiles 16 mas acerta- 
do parece conservarlas a las dos. 

TRAJINAR. 

Véase soplarse. 

TRANCA. 

Es provincialismo chileno i arj entino por embriaguez, 
borrachera. 

aEs decir los que no tienen 
Mujer, desgracia que vienen 
Con la tranca lamentando.» 

(AscÁsuBi. — La Indiada.) 

TRANQUERO. 

Llamamos una especie de rústicas puertas que se ha- 
cen clavando dos postes, con agujeros equidistantes, por 
los cuales se pasan tres o cuatro trancas para impedir la 
entrada i salida a los animales en las dehesas. 

En el Perú se dice tranqueray que es voz española, aun- 
que no en nuestra acepción. 

«Aunque en su curso desigual la acequia 
Con el bebedor sauce 
Que vive de su cauce 
Mucho utensilio rústico te obsequia, 
Pues este amigo del acuátil jugo 
Presta al arado yugo, 
Tranqueras al potrero 
I garabatos i ásperos sillones 
Al animal carguero,» etc. 

(Juan de Arona. — Poesías peruanas.) 



462 < TRA 



TRANSAR, 



Este verbo que anda en boca de todos los habitantes 
de nuestra tierra no existe en castellano; ni los que lo 
inventaron tuvieron en su abono aquello de que la nece- 
sidad carece de lei, pues maldita la falta que hacia exis- 
tiendo ya traiisijir. 

Transacciun sí que existe; pero como acabamos de es- 
cribirlo con dos ce, i no con una, que es como escriben al- 
gunos i pronunciamos casi todos. 

«Participó también que con el fin de transijir los asun- 
tos de Venezuela habia propuesto a Páez una entrevista 
en la ciudad de Mérida.» 

(Baralt i Dikz.'—Mesúmen de ¿a Historia de Ve7iezuela.'j 

TRAPICHE. 

Según el Diccionario de la Academia^ trapiche es el in- 
jenio pequeño donde se trabaja el azúcar. 

Parece que en el Perú llaman trapiches a los molinos 
para moler la caña de azúcar. Leemos en una nota de las 
Poesías Peruanas tantas ve«es citadas: 

«Suspendida la molienda en las haciendas de Cañete 
durante dos o tres meses del invierno, mas por atender a 
reparaciones del fundo i en particular de las oficinas, i 
mas que nada por limpiar el cauce de la acequia conduc- 
tora del motor de casi todos sus trapiches,)) etc. 

En Chile, donde no tenemos cañas que moler, llamamos 
trapiche el molino destinado a pulverizar los minerales. 
Dichos molinos se componen de dos piedras jiratorias i 
una firme nombrada solera, si bien los hai también con 
una sola piedra jiratoria i la solera, 

TRAPOS. 



Comerciar en trapos es una frase que los que en eso se 
ocupan, por decoro propio i de la lengua, debieran sosti- 
tuir por comerciar en jéneros. 



TRA 463 



TRASBOCAR. 

Acerca de este verbo, tan de moda en Chile, dice el 
señor Cuervo: 

((Innecesario sobre poco analójico nos parece trasbocar 
por vomitar, revesar. No habria inconveniente, ya que lo 
han formado nuestros paisanos^ en que significase comer; 
todo está en el lado por donde se considere la cosa.» 

TRASTABILLAR. 

Provincialismo que, si no nos engañamos, es corriente 
eíi toda la América española, i que equivale a tartalear, tl^ 
tutear j trope:¿ar hasta casi caer, hacer eses, etc. 

((De suerte que se enrede) 
De las polleras tan fiero 
Que medio trastabilló .^> 

(AscÁsüBi.) 

TRASTE. 

Dígase trastos por los muebles o utensilios que sirven 
para el adorno i servicio de las casas; como sillas, espejos, 
etc. Dícese especialmente de los viejos o inútiles. 

TRASTORNAR. 

En Chile todo lo botamos i volteamos, olvidándonos de 
Jos modos mas propios de decir: así botamos una botella, 
un salero, una mesa, etc., teniendo, a mas de trastornar ^ 
a volcar i tumbar. 

(d diciendo i haciendo subió por la redoma i la trastor^ 
"ló i salió fuera.» 

(QuEVEDO. — Visita de los chistes.) 

«Un salero volcó sin repararlo.» 
(El duque de Rívas.— £"/ Moro Expósito.) 



464 TRI 



TRAVESES DE DEDO. 

Es una expresión que apuntamos porque puede ser útil 
a aquéllos que, acostumbrando'medir por dedos, no acier- 
tan a darse a entender sino por señas, pues el que oye 
ignora si los dedos lian de tomarse a lo largo o al través. 

«Sea (la corbata) por otra parte mui estrecha o baja, 
como de dos o tres traveses de dedo a lo mas.» 

(MoNLAU. — Elementos de Hijiene privada.) 

TRENZARSE. 

Por tomarse cuerpo a cuerpo, a brazo partido, es pro- 
vincialismo chileno, si bien solo usado del vulgo. 

«Una condenada vieja 
Se trenzó con un maldito, 
I otro diablo pequeñito 
Se le pegó de una oreja./) 

(GuAJARDO. — Los grandes diablos.) 

TRINCA. 

Es chilenismo denotando un juego de muchachos que 
consiste en meter en un hoyo abierto en el suelo, nueces, 
bolitas de piedra, botones, etc. Su nombre español es 
hoyuelo. 

Véase a la trinca. 

TRINCHE. 

Dígase trinchante por el tenedor que usamos para afian- 
zar el asado a fin de cortarlo. 

trniTre. 

En araucano thinthi es crespo. Trintre en el uso del 
vulgo también lo es, aunque se aplica solamente a las aves 
domésticas que tienen las plumas crespas. 



TRÜ 4t5o 

Juan Trintre es el nombre de uno de los principales ca- 
ciques que existen actualmente en la Araucanía. 



TRIPA GORDA. 

Es como la jente que sabe poco de castellano i de aná^ 
tomia llama al intestino recto o simplemente al recto, 

TRIPULINA. 

No existe. Por la bulla o riña dígase tremolina. 

TROMPÓN, TROMPEAR. 

Es aumentativo de trompo, no como se imajinan muchos 
de nuestros paisanos, bofetada, puñada, bofetón. 

c(A persona no pregunté que no me socorriese con una 
puñada o bofetón. y) 

[Guzman de Aifarache,) 

El Diccionario de Salva trae trompada (puñada) i troyn- 
pear (dar de bofetadas) como provincialismos mejicanos. 

TROPA. 

Es provincialismo chileno-arjentino en la acepciort de 
recua, 

TRUxMAO. 

Llaman así en las provincias del Sur una tierra mui del- 
gada i arenisca. Es la misma explicación que da el padre 
Febres en su Calepino de la voz araucana thumaug/i. 

^ TRUTRO. 

El muslo de las aves, especialmente después de muertas 
i guisadas. También esta voz es de oríjen indíjena, pues en 
araucano tute es el cuadril. 



466 TUT 



TULA. 



Ignoramos si fuera de Chile hai algún país de habla cas- 
tellana en que familiar i cariñosamente se llame Tulas a 
las mujeres que en la pila bautismal recibieron el nom- 
bre de Jertrúdis. 



TUNANTEAR. 

No existe; su equivalente castizo es tunar. 

TUPIDO. 

Se usa entre el vulgo como adverbio, i entonces lleva 
el valor de, frecuentemente ^j:on insistencia o abundancia, 

«Bebia con todo el mundo 
Pues jamás llenó de vino 
La panza grande i sedienta 
Aunque le echaba tupido.y> 

(Huérfano.) 

TUSA. 

Por la crin del caballo recortada con tijera es chilenismo. 

Tusar es anticuado en España donde se dice atusar. Por 
acá solo uno que otro lechuguino se atusa los bigotes, a 
se los deja atusar por el barbero (en estilo corriente, pe- 
luquero.) 

TUTURUTÚ. 

Sin duda ninguna que esta palabra es de oríjen qui- 
chua. Desgraciadamente no hemos podido hallarla en los 
diccionarios que tenemos a la mano. Se usa entre el vul- 
go por tercero y alcahuete. 



u 

ULERO. 

Llaman asi las cocineras de nuestra tierra un palito la- 
brado, de forma cilindrica, que les sirve para reducir a 
hojas la masa de las empanadas i otras frutas de sartén. 

¿De dónde se deriva ulero? Indudablemente de lulo (véa- 
se esta voz) la cual, según queda ya dicho, viene del qui- 
chua lliilluy pimpollo j varilla. 

Ulero en español es rodillo de pastelero o simplemente 
rodillo. 



ULPO. 

Véase chércan. 

Algunos que la echan de conocedores de la lengua arau- 
cana escriben hulpo\ i escriben mal, porque la h no tiene 
sonido alguno, i porque los autores de vocabularios de ese 
idioma han escrito siempre ulpu, ulpud, ullpud, 

(fl dice entonces, no hemos cenado, 
Tengo hambre, padre, i mucho frió 
Mi madre dice que no hai zapallo 
I ulpo no ha hecho porque no hai trigo.» 

(Z. Rodríguez. — La Manta delJornalero,) 

UMBRALADO. 

La tabla de madera o escalón de piedra contrapuestos al 
dintel sobre los cuales se cierran las puertas se llama en 



468 UMI 

f^spañol umbral. Entre albañiles i arquitectos también la 
viga que se pone encima de puertas i ventanas para afian- 
zar éstas i asentar encima los adobes o ladrillos de la pa- 
red. En esta última acepción dicen en Chile i en varios 
otros paises americanos umbralado. 

Dintel por umbral^ especialmente en sentido figurado, 
es un disparate que se oye a cada triquitraque. 

UMITA» 

Del quichua hummita, bollito de harina de maíz, en* 
vuelto en hojas de choclo [chalas) i cocido en agua o asa- 
do en el rescoldo. 

Entre las comidas con que la cocina indíjena enrique- 
ció a la española criolla ninguna hai que aventaje a las umi- 
tas (pues en este diminutivo hemos trasformado el orijinal 
hummita) ni por su exquisito sabor, ni por la antigüedad 
de su oríjen. Las umitas, aunque sin el azúcar de las 
nuestras, eran el pan de los indíjenas en Tierra Firme a la 
llegada de los españoles, si hemos de creer al famoso his- 
toriador Oviedo i Valdes, quien en el capítulo IV del Suma- 
rio de la natural historia ele las Indias, da sobre aquéllas la 
siguiente curiosa noticia: c(Las indias especialmente lo 
muelen (el maiz) en una piedra algo concavada con otra 
redonda que en las manos traen, a fuerza de brazos, como 
suelen los pintores moler las colores i echando de poco en 
poco, poca agua, la cual así moliendo se mezcla con el 
maiz i sale de allí una manera de pasta como masa, i to- 
man un poco de aquello i envuélvenlo en una hoja de yer- 
ba que ya ellos tienen para esto o en una hoja de la caila 
del propio maiz u otra semejante, i échanlo en las brasas, 
i ásase i endurécese i tórnase como pan blanco, i hace su 
corteza por desuso, i dentro de este bollo está la miga algo 
mas tierna que la corteza; i hase de comer caliente por- 
que estando frió ni tiene tan buen sabor ni es tan bueno 
de mascar, porque está mas seco i áspero. También estos 
bollos se cuecen, pero no tienen tan buen gusto; i este 
pan después de cocido o asado no se sostiene sino mui 
pocos dias, i luego desde a cuatro o cinco dias, se mohecd 
\ no está de comer.» 



UTO 469 



USTEDES. 

Curiosísimo provincialismo chileno (o americano) es el 
jjlural del pronombre personal tú. Los padres llaman a sus 
liijos i los amos a sus criados (tuteándolos) ustedes. Los 
hermanos i amigos de mayor confianza, que en singular se 
dicen tú, en plural serán siempre ustedes. En España ese 
ustedes es naturalmente vosotros. 



UTOPIA. 

Del griego ii (no) i topos, (lugar), en ningima parte, ima^ 
jinario. 

¿Donde lleva el acento esta palabra? El Diccionario de 
la Academia autoriza utopia i utopía. También el uso es 

vario. 

c< El alma crea 

De la belleza la divina idea 

En los objetos que la mente acopia 

I hace del mundo una encantada utópia*y> 

(Bello.— J^;^ el Álbum de Z>/ Josefa Reyes.) 

<(E1 artesano aquí sin esa embrolla 
Que exalta i fanatiza al de Lutecia 
Su pitanza asegura, i no en su cholla 
Hierve tanta utopía horrible i necia.» 
» {Bretoi:^. ^Desvergüenza.) 



VACIAR. 



Por ser tantos los que yerran al usar este verbo en la 
conversación familiar, advertimos que se conjuga yo vácioy 
tú váciaSy él vacia etc. i no yo vaceoy tíi.vaceas, él vacea. 



VAGOROSO. 

El uso de este adjetivó es achaque de los poetas recien 
sacados por Minerva de mantillas. Acudir a él lo menos 
posible seria lo mejor; pero si no se puede resistir a la 
tentación dígase al menos como manda el Diccionario, va- 
garoso. 

Véase, para muestra este pasaje que no es ni de un co- 
plero ni de un americano; pero en el cual el pecado puede 
ser muí bien del cajista: 

«Al pasar por los límpidos espejos 
Como los sueños en tropel vistoso 
Las imájenes doblan los reflejos, 
Arrebolando el aire vagoroso.y) 

(Campoamor. — El Baile.) 

VALDIVIANO. 

Nombre de una comida chilena que se hace de charqui 
machacado, i agua caliente. Suele añadírsele cuando se en- 



472 VAL 

cuentran a la mano un poco de cebolla picada i otro poco 
de ácido de naranja. 

Véase como explica el señor Vicuña Mackenna en su 
Historia de Santiago el oríjen del guisado i de la palabra. 
«El uso del valdiviano proviene del rancho que se daba 
a la guarnición de Valdivia i que hacia parte del real 
situado. Como no habia carne en aquellas localidades_, el 
primero de cada mes se distribuia a la guarnición i hasta 
a los empleados superiores su ración de charqui traido de 
Valparaiso, i como el modo mas sencillo de prepararlo fue- 
ra el cocerlo, los soldados lo condimentaban de esa suerte. 
De aquí el nombre de valdiviano que está hoi desterrado 
de Valdivia, donde se le conoce solo de nombre, pues ha 
sido un hijo pródigo de la provincia.» 



VALORIZAR. 

Ni lo traen los diccionarios de la lengua ni recordamos 
haberlo visto usado por algún escritor de nota. Sinembar- 
go, el Diccionario español-inglés e inglés-español de Seoan- 
ne, correjido i aumentado por Velázquez de la Cadena, lo 
trae como provincialismo mejicano i como sinónimo de 
valorar i valuar\ también según los casos podrá reempla^ 
zarse por tasar o justipreciar, 

VALSE. 

Dice el señor Gormaz que no existe i que debe pronun* 
ciarse i escribirse vals. 

No hai duda que vals es como escribe la Academia con la 
mayoría de los buenos escritores españoles. Con todo, no 
nos atreveríamos nosotros a reprobar la práctica; casi je- 
neral en América, de acomodar la voz a la índole de la 
lengua, agregándole una e tinal. 



«Lola en la festiva tropa 
Va, viene, revuelve, jira; 
Valse! cuadrilla! galopa! 
No descansa;, jio respira.» 

(Bello. ~La5 Fantasmm.) 



VEL 473 

VAQUEÁNO.' 

Véase baqueano, 

VAREJÓN, VAREJONAZO. 

Llamamos varejones las varillas de los árboles, (en espa- 
ñol verguetas) i varejonazos los golpes dados con ellas. 
Tal modo de expresarse es impropio: las varitas o ramos 
delgados se llaman en castellano vardascas i los golpes 
dados con ellas vardascazos. 

Varejón es la vara larga i gruesa, i varejonazo el golpe 
que se da con ella. 

((Emparejó con él un hombre que venia de hacia Ochan- 
diano, arreando con una verdasca un cerdo muí gordo i 
hermoso.» 

(Trueba.— Zííí Changas,) 



VEGA. 

Llamamos en Chile vegas los terrenos pantanosos que^ 
por su excesiva humedad, son impropios para el cultivo; 
terrenos que se llaman, si no estamos engañados, puquia- 
¿es en el Perú, i marjales en España. 

Lo que llaman vega en la Península no hai necesidad 
de declararlo; bástanos con recordar la tan famosa vega 
de Granada. 



VELAI. 

Contracción de vedlo ahí. Es usado en algunas de las 
provincias del Sur de Chile i mucho mas en la República 
Arj entina. 

En el Perú dicen catai en el mismo sentido. 

En Colombia, según el vocabulario agregado por el se- 



474 VEL 

ñor Isaacs a su novela Maria, velai es interjecion de ex- 
trañeza. 

uVelai mate, apúrelo, 
Velai otro cimarrón » 

(ASCÁSÜBI.) 

(kjCatai el Misti! exclamó el mozo, señalando con el 
dedo hacia el Norte i saludando en seguida al tambero.y> 

(Z. Rodríguez. — Arequipa.) 

VELAS ESTERINAS. 

¿Cómo se llaman las velas que conocemos con el nombre 
de esterinas o estearinas'^. Ninguno de estos dos adjetivos 
viene en los diccionarios. Talvez provenga ello de la cir- 
cunstancia de haberse introducido mui recientemente el 
uso de las dichas velas en España. 

Mientras no tengamos mas luz sobré el asunto nos aten- 
dremos a la autoridad de Monlau, quien escribió en sus Ele- 
mentos de hijiene privada: 

«Sinembargo, .el sebo en cierto estado (velas eteáricas) 
no tiene ninguno de los inconvenientes que acabamos de 
enumerar.» 

VELÓN. 

Decimos por la vela grande, i decimos mal, por que lo 
que velón significa es una especie de candelero para las lu- 
ces de aceite. 

«Un velón puesto en una palmatoria cuya base se baña 
en el agua de una palangana colocada en el medio del co- 
medor.» 

(Blest Gana.— ^/ ideal de un calavera*) 

VELORIO. 

Como sinónimo de velación, es un provincialismo ame- 
ricano. 



VER 475 

También se usa entre el pueblo ignorante para denotar 
la acción de poner luces, flores i otros adornos a los cadá- 
veres de los párvulos, costumbre que si por una parte da 
testimonio de la fé viva que lo anima, por otra es pretex- 
to i ocasión de holgorios i borracheras que son un signo 
de barbarie. 

((Por aquí hai la costumbre de solemnizar con una fies- 
ta el velorio de un niño que muere antes de dos años; i 
muchas veces estos velorios suelen servir de pretexto a los 
aficionados para remoler i jaranear tres o cuatro dias.» 

[Huérfano.) 



VENIR. 

Venir de, por acabar de es un galicismo tan grosero que 
el señor Baralt no creyó de utilidad mencionarlo en su 
Diccionario. Entre nosotros ha empezado ya a asomar las 
orejas i no estará de mas en consecuencia dar el alerta a 
los incautos i noveleros. 

«Pero un dia el jeneral Castilla se encuentra con el je- 
neral Vivanco al frente del pais conmovido i mimado i sin 
ministros porque todos venian de renunciar.» 
(Manuel Bilbao. — El J^errocarril de 28 de junio de 1863.) 

Verdad que ningún disparate debiera causarnos extra- 
ñeza en el escriborroteador que escribió en la introduc- 
ción a las obras de su hermano Francisco: «San Francis- 
co de Sales era su modelo a imitar.^ «Bilbao venia de ser 
condenado;^) i mas adelante este otro que no es ya galicis- 
mo sino pehuenchismo\ «los amigos de Bilbao vasean sus 
bolsillos, i aun los artesanos.» 

VEREDA. 

Vereda, dice la Academia, «es camino angosto, distinto 
i separado del real.» No queremos entenderlo así en Chi- 
le, donde nombramos con la dicha palabra la orilla enlo- 
sada de la calle, por donde va la jente de a pié^ que es 
justamente lo que en espaijol se llama acera. 



476 VIE 

«Las casas de las veredas del sol i las opuestas de la 
sombra.» 

(Vicuña lákCKm^k.— Historia de Santiago.) 



verija; 

Cualquiera de las dos cavidades que hai entre las cos- 
tillas falsas i el vientre inferior del cuerpo animal, se lla- 
ma en castellano ijada o ijar. 

En Chile (i en Colombia también según lo atestigua el 
señor Cuervo) dice la jente intonsa verija; voz que es, a 
no dudarlo, una corrupción de vedija. 

El señor Bello escribió hijadas, al trascribir en su Arte 
métrica aquel romance que comienza: 

«Batiéndole las lujadas 
Con los duros acicates.» 

El ejemplo no debe imitarse. La Academia escribe ija- 
da conformándose con la ortografía de ilia, que es la voz 
latina de que se deriva. 

(J al guaso me le robaron 
Hasta el lazo de verijas. yy 

(GuAJARDO. — El Lazo de verijas.) 

VIEJA. 



Es el nombre con que se conocen en Chile los cohetes 
sin varilla que corren caracoleando por entre los pies de 
los espectadores de los fuegos artificiales. En español se 
llaman buscapiés. En el Perú huscapiques , i en Colombia 
buscaniguas. 

«¡Ai la ?;z(?/a.' esconde a Diamela, gritó doña Engracia.» 

(Blest Gana. — Martin Rivas.) 

VIEJÍSIMO. 

Es como debe decirse^ por haberlo establecido así el uso 
de la jente ilustrada que es el arbitro del lenguaje; i no 



VIN 477 

vejisimo como suelen escribir algunos afectando un culte*^ 
ranismo intolerable. 



VILOTE. 

Muí usado entre la jante zafia por tímido y cobarde^ la cual 
suele dar también a vil ese mismo sentido. 

«No seas tan vilote 
Hombre que bailas. 
No temas a esa niña, 
Ríndele el alma.» 

(Zamacueca,) 

VINAGRERA. 

Por acide¿ del estómago, es chilenismo. En español se 
llama acedia. 
Los bogotanos dicen agriera, 

«Mas por ciertas vinagreras 
Paralizó sus trabajos.» 
(GuAjardo.— /il las calduditas mi alma!) 

VINCHA. 

A la chilena se llama así la cinta con que las mujeres 

suelen recojer i sostener el cabello. 

El nombre castellano es apretador i también cintillo, 
«Llamaban éste (el lazo que recojia las trenzas sobre las 

sienes) valaca las limeñas \ jaque o vincha las hijas del 

Mapocho.» 

(Vicuña Mackenna. — Historia de Santiago.) 

No hemos oido jaque, 

viñatero. 

El señor Gormaz dice bien que no existe; pero no an- 
duvo mui feliz al señalarle por equivalentes viñatero, viña-' 



478 VOL 

dero i viñador. Pudo también agregar a la lista viñero\ 
mas no sin advertir que están lejos de tener una. signifi- 
cación idéntica. 

Viñero es el dueño de viñas. 

Vinatero el que vende i compra vinos. 

Viñadero el que guarda alguna viña. 

Viñador el que la cultiva. 

VIVO, A. 

Por travieso es un chilenismo, o mas exactamente, un 
provincialismo americano. 

VOLADOR. 

Llamamos así lo que en España llaman cohete* 
En Bolivia dicen volantines. 

aMira los voladores. Hoi liai casamiento en la casa.» 
(Z. Rodríguez, — Loco Eustaquio.) 

volantín. 

Véanse comisión i alargada. 

En Colombia volantín se usa por volteta o voltereta. 
Entre nosotros por cometa. 

ftPero no me gustarla que los gobiernos, tomando a Ija 
letra la ficción de la cometa, trataran a los ciudadanos, 
esto es, a seres racionales i dueños de sus acciones como 
a pandorgas i quisieran manejarlos con un hilo, cual los 
muchachos a sus volantines. y) 

(M. L. Amunátegui. — Juicio de las Poesías de don An^ 
dr es Bello.) 

volatín. 

Es según el Diccionario la persona que con habilidad 
i arte anda i voltea por el aire en una maroma haciendo 



VOL 479 

otras habilidades i ejercicios semejantes. También los ta- 
les se llaman en español volatineros. 

En Chile llamamos simplemente volatín al espectáculo 
mismo, i al que hace las suertes maromero. Nuestro uso 
es castizo, por mas que la Academia no dé expresamente a 
volatín esa acepción, puesto que se la de en la voz paya- 
so, que define: «El que en los volatices i fiestas semejantes 
hace el papel de gracioso con ademanes, trajes i jestos 
ridículos.» 

n^Volatínes, nacimientos, 
Sombras chinas i otras farsas 

El primerito » 

(T. DE Iriarte. — La Señointa mal criada.) 

VOLIDO. 

Que a cada paso oimos i leemos, como el volido de una 
mosca, no lo trae ningún diccionario. 

«No se oye sin embargo en las galerías el volido de 
una mosca.» 

(Vicuña Mackenna.— Caríí? del Guadalarce.) 

<(Te asustas del volido de una mosca.» 

(M, Blanco Cx^KuTrn.-^ Soneto.) 

VOLVERSE HACHES I CUES. 

Es volverse sal i agua. 

«....Un trapalón malvado 
Lo engañó con artimañas 
I le empeñó en un proyecto 
Que se le volvió sal i agua.y) 
(T. DE Iriarte. — La Señorita mal criada.) 



Dice el señor Bello en su Ortolojía: aEs un vicio con- 
fundir estos dos sonidos (el de la Ll i el de la Y) como lo 
suelen hacer los americanos i andaluces, pronunciando v. 
gr. Seviya\ de que resulta que se empobrece la lengua i 
desaparece la diferencia de ciertos vocablos como vaya 
i valla y halla i haya, etc.» 

En fuerza de la observación anterior nos liemos deci- 
dido a escribir con y todas las palabras de orijen quichua 
o araucano en que aparezca la //, v. gr. yol, de llollej yam-^ 
po, de llamppu etc. 

YAMPO: 

Probablemente esta voz, que usan nuestros mineros para 
denotar el mineral molido que sale de las labores, viene 
del quichua llamppu, lo que es blando, suave, molido co- 
mo harina. 

«De la desdeñosa aseguran (los jóvenes copiapinos) que 
es un metal frió que necesita calcinación o majistral\ de 
la que no lo es confiesan ser barra pura, plata a la vista, lei 
6,000 marcos, mui metalera, un llampo riquísimo.» 
(JoTABECHE. — El derrotevo de la veta da los tres portezuelos.) 

YAPA 

Del quichua yapana, añadidura» 

Lo usamos para indicar lo que el vendedor da graciosa- 
mente ademas de la cantidad u objetos comprados. 

«t 



4S2 YO 

«Podia comprarse una sandía enorme con otra mas 
chica de yajm o ñapa (lo último decía en sus bandos don 
Mariano Egaña.))) 

(Vicuña Mackenna. — Z7¿5/of2a de Santiago,) 

En español se dice añadidura o adehala, 

«También iré con vosotros. 
Que a este lobo carnicero 
Vosotros daréis la queja. 
De la pierna^ yo del hueso 
Que dan por añadidura,)^ 

(MoRETO. — El Valiente justiciero.) 

«Adehala: Lo que se da de gracia sobre el precio prin- 
cipal en lo que se compra o vende.» 

[Diccionario de la Academia.) 



yayí. 



Harina de yayi es la que se hace de una especie parti- 
cular de maiz pequeño i esponjoso, llamado curagua. 
Hacer yayi una cosa, es hacerla trizas, despedazaría. 

YO SOI EL QUE^ ETC. 

¿Debe decirse: yo soi el que digo o yo soi el que dice: 
nosotros somos los que aseguramos o nosotros somos lo que 
aseguran'^ ¿Sería censurable yo soi quien dice o digol I 
qué pensar de yo soi que dice o yo soi que digol 

Los señores don Andrés Bello, don Francisco Merino 
Ballesteros, en las notas a la Gramática de aquél i don 
Rufino J. Cuervo en sus Apuntaciones, discuten extensa- 
mente el punto, i de sus razones i mas aún, de los ejem- 
plos que aducen^ hem.os sacado en limpio que en oracio- 
nes como yo soi el que digo, puede ponerse el verbo en 
primera o en tercera persona, según mejor cuadre al 
gusto o intención del que habla o escribe. Otro tanto de- 
cimos de la frase yo soi quien, equivalente a la anterior. 

Creemos sin embargo que lo mas ajustado a la filosofía del 



YOL 483 

lenguaje es hacer concordar el verbo que sigue al reía" 
tivo con el sujeto de ser, diciendo: yo soi el que digo, tú 
eres quien dices, etc. 

A este respecto dice el señor prebendado Saavedra en 
su raui filosófica Gramática elemental de la lengua española: 
^El que i quien son voces relativas, es decir que repro- 
ducen un antecedente. Nada mas natural que estas pala- 
bras revistan el carácter de su antecedente en la concor- 
dancia con el verbo; de suerte que se hagan primera o 
segunda persona según el antecedente sea primera o 
segunda. El idioma latino observaba esa regla: ego sum qui 
peccavi (yo soi quien pequé, traduce un libro impreso en 
Madrid a principios de este siglo, i yo soi el que he pecado, 
traduce el padre Scio) leemos en el libro 2.^ de los Reyes; 
i tu est qui extraxisti me de ventre, se dice en el salmo 21, 
i no sonarla bien tu est qui extraxit me de ventre. Nuestro 
quien i el que son el qui latino.» 

Cuando el sujeto de ser es plural no hai duda, pues es 
preciso concordar con aquél el verbo que sigue al rela- 
tivo: nosotros somos los que aseguramos. 

El yo soi que, ocurre en Cervantes, pero no debe imi- 
tarse. 



YOL. 



Del araucano Hollé, especie de espuerta o sera de cuero, 
que se mantiene abierta por medio de vardascas colocadas 
en lo interior. Los yoles sirven para el acarreo de las 
frutas, legumbres, granos, etc. 



z 



ZAGUAL. 



Zagual {con z porque parece de oríjen árabe) decimos 
a las atarjeas o alcantarillas. 



zahumador; 



No es en rigor chilenismo; sin embargo, lo corriente en 
España para designar la vasija de plata o de otro material, 
cuja tapa está llena de agujeros para que por ellos salga el 
humo del zahumerio, es 'perfumador o pebetero. 



ZAMBARDO. 

Zambardo, (lo escribimos con z por que parece derivado 
de zambo) es provincialismo mui expresivo i que según 
los casos se asemeja en su significado a torpeza, ave- 
ría, estropicio, disparate ejecutado o hablado. Derramar 
el tintero en vez de la salvadera sobre lo que se acaba 
de escribir para secarlo, es un zambardo. Otro seria que 
la costurera, trastrocando los piezas de un vestido, pega- 
se la fimbria en la pretina i dejase para afuera el revés de 
la tela. 

ZANGO. 

Véase sanco. 



486 ZOR 



ZANDUNGA. 



Suelen emplear algunos esta voz, que en castellano sig- 
nifica garbo, (¡rada, donaire, como equivalente de zam- 
bra, bureo. 

«I sin andar el que esto escribe metido en la zan- 
dunga.ri 

(Moisés Vargas. — Lances de Noche Buena.) 

ZANGUANGO. 

El hombre corpulento i simple, en castellano bausán, 
zamacuco. 

Ei señor Vicuña Mackenna dice que esta voz nos ha 
venido de Manila. 

En la lengua de Tidoré, según el vocabulario que trae 
la Historia de las Indias de Oviedo, zanguago, significa, 
magnate, hombre de copete. 

Ambas estimolojías nos parecen dudosas. 

ZAÑARTU, 

Se dice de alguno que es un Zañartu cuando se quiere 
dar a entender que es colérico, de carácter duro, de con- 
dicción terrible. 

Volverse un Zañartu, es volverse un tigre, una fiera, 
salir de las casillas. 

Un activo, empecinado i duro correjidor i justicia ma- 
yor que tuvo Santiago por los años de 1762 a 1780 i que 
dirijió la costruccion del puente de cal i canto haciendo 
trabajar a los presos con mas látigo que salario, de apellido 
Zañartu, fué el que dio oríjen a las locuciones anotadas. 

ZORZALEAR, ERO, A. 

Del mismo significado que bolsdar, bolsero i que codear, 
codeador, ora. ¿La abundancia del nombre no podria ser 
un indicio de la abundancia que hai de la especie en nues- 
tra tierra? 



ZÜM 487 

«Al fin es bueno señores 
Que haigan hartos zorzaleros 
Porque no habiendo bolseros 
No córreme los licores.» 

(GüAJARDC— Zo5 Bolseros,) 

ZUMBA. 

Chilenismo equivalente a zurra, azotaÍ7ia, tanda. 

«Mi madre me dio una zumba 
Porque le pedí marido; 
Mamita déme otra zumba 
I después lo que le pido.» 

(Tonada popular.) 



FIN. 



ERRATAS. 



Ademas de algunas de poca consideración que notará i correjirá 
fácilmente el lector ilustrado, se cometió la de imprimir en la pa- 
jina 176, con /¿, la palabra chupalla, que según su pronunciación de- 
bería de haberse escrito, con t/, chupaya. 



ft*;i. 





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PC 
R55 



Rodrigue z, Zorobabel 

Diccionario de 
chilenismos