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Full text of "Las furias : poema / Virgilio Piñera"

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VIRGILIO PINERA 


LAS FURIAS 


poema 



Viñeta y Dibujo: 
RENE PORTOCARRERO 


CUADERNOS 

Espuela de Plata 

19 4 1 

















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Cuadernos Espuela de Plata 


publicados: 

Angel Gaztelu: POEMAS 















Esta edición consta de 
120 ejemplares numera¬ 
dos a mano. 



Imp. ÚCAR, GARCIA Y CIA. Teniente Rey Núm. 15 La Habana 




Las Furias 


Este helado cristal de la persona 
entre Furias cayendo se divierte. 

Solemniza los apagados cirios el sueño de su risa 
y los dientes que inician el destino. 

A un viento de cadáveres 
el borde de su túnica interroga. 

Es la aplomada pluma de las Furias 
la que en la frente de los dioses bate, 
más allá de la piel , en sordo vuelo, 
solicitando el río envenenado. 

Un desvelado horror 9 un tigre lento 
paraliza el recuerdo de las naves; 
teje su tela la amarilla rabia 
entre grasicntos peces sin memoria 
dividiendo las aguas no calladas. 


Necesito las Furias 9 

flor de ira ladrando entre las tumbas. 

Cruel narciso 

necesito las Furias desatadas. 

Hasta ahora he asistido a los santuarios 
con rodillas de perro ajusticiado, 
con un golpe de sangre entre los labios, 
vestido de cadáveres. 

Y tú, perro que velas, si en noche de caricias 
bajas al agua y su rumor trenzado 
para beber de la ternura agria, 
a las Furias te entrego destripado. 

¡Oh tu remordimiento como un sapo! 


Solicito las Furias 

que por la noche olvidan la feroz existencia del recuerdo 
y este remordimiento de morirnos 


con la cuerda de mimbre del pecado. 
Más que una salvación administrada 
quiero vuestro engrasado vuelo, Furias; 
cautas miradas sobre mansos brutos, 
amarilla locura fulminando 
las refinadas artes del fiel perro 
y su lengua que lame las miradas. 

No he conocido, Furias el secreto 
del pez alegre sin modestia alzada, 
ni el envés de las hojas soñolientas 9 
ni aún los sistros de sones iniciados. 
Nada tengo sabido 9 alegres Furias: 
esas islas por aguas ataviadas 9 
donde hombres sombríos y suntuosos 
furiosamente sobre dioses ríen. 

Esas islas y luz furiosa unidas 
pasan con ramas y consagraciones 
reclinadas en tenues soledades. 


Todo es conocimiento 9 alegres Furias. 
Soy el garzón de las melancolías 
distribuyendo aires amarillos. 

Amor 9 amor vende tu roja pluma: 
pero el remordimiento como un sapo, 
pero el perro que lame las miradas, 
pero las rodillas del santuario 9 
pero el aire amarillo entre las manos, 
pero la salvación administrada, 
pero el cadáver de la soledad , 
pero el ojo podrido del espejo, 
pero la lengua del envenenado, 
pero el conocimiento sollozando. 


Acaso Furias, ¿vendéis sangrientas plumas 
pero después del goce lo gozado, 
pero después del agua la frescura, 
pero después del sueño las visiones, 
pero después del inocente la inocencia, 
pero después del perfumado espejo 
perfumados cadáveres sonando, 
pero después de las combinaciones 
los números sumando los cadáveres, 
pero después del dios comunicado 
siempre el conocimiento sollozando. 


¿No es así , Furias mías? 

¿No es que el río divido cayendo entre vosotras? 
¿No es que el garzón de las melancolías 
furiosamente odia esas islas de las consagraciones 


Una amarilla rabia , 

una amarilla tela 9 

un amarillo espejo 9 

una amarilla lluvia 9 

es todo cuanto queda 9 alegres Furias. 




a Megera 


Elegía así 


Invito a la palabra 

que pasea entre perros su desierto ladrido. 

Todo es triste. 

Si con lustrosas hojas corona frente y senos 
una fría sonrisa florecerá en la luna. 

Todo es triste. 

Después los perros tristes comerán de las hojas 
y ladrarán palabras de lustroso sonido. 

Todo es triste. 

Un perro invita a los jacintos en el río. 

Todo es triste. 

Con lunadas palabras, con aperradas flechas 9 

con dentadas hojuelas 

hieren a las mudas doncellas los jacintos. 

Todo es triste. 

Crece la negra yerba con un rumor tranquilo 
pero lustrosos filos acarician el ritmo. 

Todo es triste. 

Detrás de las palabras las serpientes se ríen: 
así la sorda tierra no permite sonidos. 

Todo es triste. 

Ladra un ave celeste por el viento 
para alejar la muerte: 
con flores de la noche la descubre , 
con palabras de perro la seduce , 
con una copa de tierra la sepulta. 

Todo es triste. 

Invito a la terrosa palabra que perfora la vida y los espejos 
y el eco de su imagen dividido. 

Todo es triste. 

Crujientes crótalos cremosos crecían: 
un juego de palabras con ladridos 


Todo es triste. 

Un venablo con veloz viento vuela en variaciones viriles. 
Todo es triste. 

Media copa de tierra enmudeció la música. 

Todo es triste. 

Después la tierra se bebió ella misma. 

Todo es triste. 

Y cuando llegue el tiempo de la muerte 
ponedme ante el espejo para verme. 

Todo es triste. 


Elegía lenta 


A Tisifone 


De mi cuerpo los gases penachos estridentes 
o boas silenciosos de oculta ley terrible , 
descubren en su efímera rotación invisible 
luminosos principios ocultos en las cosas. 


Sobre blancos silencios de sábanas de muerte 
vibran cual abejorros sus deshuesados cuerpos 9 
de los que surgen flúidos desdoblamientos graves 
mostrando de las frutas subterráneos fermentos. 


Que en ánforas de sordo , fresco barro sangriento 
entrechocan su pulpa en una alegre cólera; 
mientras futuras heces van definiendo trémulas 
espíritus fragantes surgidos de las rosas. 


Como ahogados gestos de voces en garrafas 
de grueso cristal cóncavo deformando su música 9 
surge de los infiernos de mi desnuda sangre 
el sopor desolado de las estatuas mudas. 


Seres de fija sombra donde el sol estremece 
su inquieta luz dorada de áspero profeta; 
antigüedad monótona donde la luna bebe 
el vaho que destila de sus frentes perfectas. 


Se abandonan las formas como túnicas breves 
que un metálico viento imantara ligero; 
el perro de la noche frota en su piel lustrosa 
los sentidos del mundo con ademán austero. 


Elegía furiosa 


a Alecton 


Suma de humores: 

cuerpo de latidos como el pico del buitre 
que en un viento sin voces 
picotea los granos de la muerte. 


Suma de sangre: 

cuerpo atravesado en la puerta del tiempo, 
gran oreja que escucha tu silencio 
más allá de las sábanas y el viaje. 


Suma de fiebre: 

como los belfos de los nobles caballos reventados. 
Escucha cuerpo tu galope que atraviesa 
espaldas breves y gargantas suaves. 


Suma de locura: 

Teme a la sorda orquesta de tus dientes 
cuando afilados chocan. 

El viento huye de sus dentelladas 
y como un niño, al bello filo de la nariz se acoge. 


—I— 

¿Y el cántaro? 

Pero traed ese cántaro... . 

Que este último humor no ofenda al viento. 
Pero traed ese cántaro. 


Traed las impenetrables estatuas 
verdes , doradas , negras , blancas 
donde cae la lluvia sin protestas . 

Petrificadas sombras , 

¿Por gué no seréis esta suma de humores que se apaga? 
Pero traed ese cántaro... 


Con vuestros ojos de un helado círculo 
no penetréis el vuelo de la cólera. 

Si la afilada cabellera mueve 
coronadla con un jazmín temprano; 
si el pie adelanta danzad con vuestros pies; 
detenedla en la puerta con un ave. 

El cuarto es un palafrenero amarillo : 
detenedlo en la puerta con el cántaro. 


Entre el palafrenero y la cólera 
navega el muerto y su silencio blanco. 


—II— 

Bajo la mirada húmeda 
donde palpita un océano 
desenvuelven los relámpagos 
del muerto su cólera seca. 
Imita el efímero pie 
bajo soledades trémulas 
una marea de inútiles 
variaciones siempre tensas 9 
columpiándose con débiles 
ondulaciones proféticas . 


Un cementerio monótono 
levantan pájaros fétidos , 
calafateando desérticas 
zonas metálicas , túmulos 
huecos que inician translúcidos 
perímetros laberínticos , 
donde una rosa sonámbula , 
desorientada entre piélagos 
cae en el mundo patético 
como una grávida ménade 
abriendo su ojo magnético. 


Arriba argonautas postumos 
cuadran un círculo mítico 
para periplos babélicos. 

Con lentas manos dedálicas 
mueven el mundo frenético, 
siempre descubriendo círculos 
de melancólicos dédalos, 
donde desfilan simbólicas 
actitudes de la cuerda, 
invitando con elásticos 
acordes a dormidos vientos. 


Por deshabitados árboles 
impulsa el muerto las húmedas 
miradas, las palpitaciones 
de un ojo que hipostasía 
a su persona hipotética. 

Bajo la pupila íntima 
se conmueve el ser caótico 
resumido en su dramático ojo, 
en el ojo que proyecta 
neuróticamente inmóvil 
una titánica escena. 


Grave desustanciación 
propone ingrávidos místicos 
de cinemáticas túnicas 
viajando en aéreos trípticos. 
Entre los sagrados árboles 
el muerto inmaterializa 
suaves sistros, hojas pálidas, 
antiguos rostros, destinos 
divididos por un sórdido 
rumor, por un airado destino 
de secas pisadas físicas. 


—III— 

Todavía pisadas entre los secos pinos 
impulsaba ese viento vuestros airados pasos. 
Un dividido viento donde comienza el miedo 
de la afilada lluvia y las celestes aves. 
Todavía pisadas perseguís la distancia 
que devora ese viento entre los secos pinos 
para fijar la muerte después de la invitada 
frialdad de la forma que comienza su estatua. 


Un viaje día y noche , un viaje día y noche 
entre amarillas sábanas , entre silencios blancos; 
un río diferente , im hidrófobo río. 

El mercurio sonaba con un ángel de plata. 


Un viaje día y noche entre los secos pinos 
entre el palafrenero y la cólera sabia. 


—IV— 

Una locura sin rejas 9 

una locura sin lágrimas de familiares: 

el palafrenero relincha por su caballo . 

Una locura comunicada: 

el palafrenero conduce su cama . 

Una locura orquestada: 
el palafrenero navega con su sábana . 
Una locura desesperadamente exacta: 
el palafrenero mide su cadáver. 

Una locura del cielo: 
el palafrenero es un ángel obligado .