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Full text of "Mitin pro cocineras : monólogo en prosa ; El idioma castellano : monólogo en verso ; Las chimeneas : monólogo en verso"

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PABLO PARELLADA 



MITIN PRO COCINERAS 

MONÓLOGO EN PROSA 

EL IDIOMA CASTELLANO 

MONÓLOGO EN VERSO 

LAS CHIMENEAS 

MONÓLOGO EN VERSO 
ORIGINALES 



Copyright, by Pablo Papelada, 1918 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Calle del Prado, núm. 24 

1918 



1 



MONÓLOGOS 



Esta obra es propiedad de su autoi, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los paises con los cuales se hayan cele- 
orado, ó se celebren en adelante, tratados internacic 
aales de propiedad liteiaria. 

El 8utor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Dioits de representation, de traduction et de reprc- 
duction réaervés pour tous les pays, y compris la Sué 
de, la Norvége et la Hóllande. » 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



MITIN PRO COCINERAS 

==zr (MONÓLOGO EN PROSA) ZZZTZZZ 



EL IDIOMA CASTELLANO 

ZZZZZZZ (MONÓLOGO EN VERSO) 

LAS CHIMENEAS 

_ (MONÓLOGO EN VERSO) 

ORIGINALES DE 

PABLO PARELLADA 



MADRID 

R. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 11 dup. 

TELÉFONO, NÚMERO 551 

19 18 



«PffraifWll & ll m i! m ii $ lí ¡i il *hi$íi m ¡i su !l «alisa ¡i «* ii 



Mitin pro cocineras 



Personeje: UNA COCINERA, de rompe y rasga 

Cocina elegante. Mesa en el centro, primer término. Vaso y cucha 
rilla para usarlo en vez de campanilla. Puede ponerse también de- 
coración de sala. 

Sale la Cocinera que viene de la compra y dejn la cesta sobre la mesa 

Discurso 

Ilustre gremio de cocineras, al cual me 
honro en pertenecer: 

Antes de desplumaros mi discurso, habéis 
de saber que estoy en casa de un señor abo- 
gado, y, en teniendo un rato de más, agarro 
un plato de alimento intelectual, o séase 
un libro, y me instruyo; es decir: entre col 
y col, lechuga. 

Servido este entremés para que vayáis 
haciendo boca, voy a destaparme: 
«Tripas, llevan piés.» 

Traducción castellana de la frase: Mandu- 
cóme piscolabis, pédibus andantis. 

Ensalada latina aliñada per el emperador 
Apio Claudio, según asegura Madam Pi- 
mentón. 

Manducóme piscolabis, pédibus andantis. 

Gazpacho en el cual se rebaña, que si no 
comiéramos, no andaríamos; se paralizaría 
la vida del nombre, como los trenes duran- 



672812 



— 6 - 



te una huelga ferroviaria, y seríamos la 
nada entre dos platos. 

Sabrosas, exquisitas y suculentas compa- 
ñeras que, unidas en fresco y verde mano- 
jo, habéis venido a paladear el guiso elo- 
cuente de esta humilde catasalsas; ved la im- 
portancia del arte culinario sobre la Tierra. 
Mirad si nuestra profesión tiene miga sobre 
la corteza terrestre. Sin embargo, en vez de 
considerarnos como delicadas trufas, se nos 
trata igual que si fuésemos los despojos, los 
desperdicios, las mondaduras de la So- 
ciedad. Para los felices mortales opípara- 
mente alimentados, el tiempo pasa volando;: 
la vida es un soplo. 

Para nosotras, las cocineras, la vida es un 
soplillo. Todas las bocas se abren a la hora 
de comer, pero todas comen y callan; nin- 
guna se abre para ensalzarnos como mere- 
cemos; ni siquiera la boca del estómago, 
que es la que más agradecida debiera mos- 
trarse con nosotras. 

Egregias sacerdotisas de Venus Menestra; 
modernas vestales mantenedoras del fuego 
sagrado del fogón; echad la cuenta con las 
yemas de los dedos y veréis bien a las cla- 
ras — deshuesando los hechos pasados a tra- 
vés del colador de la Historia — que, desde 
hace siglos, sufrimos, sin medida, el peso 
de las señoras. 

Para llevarnos a su casa, con palabras de 
almíbar empiezan por hacernos la rosca,, 
pero, con intención de dárnosla con queso. 
Y nosotras, inocentes, en vez de contestar- 
les: «Limpíense, que están de huevo» o «Te 
veo, besugo» y mostrarnos escamadas, en- 
tramos a servirlas. 

¿Qué hacen ellas entonces? Nos cogen el 
pan bajo el brazo y acabamos por hacer tan 
malas migas, que andamos a tortas o tene- 
mos que aguantar lo picante de sus frases y 
sufrir sus caras de vinagre. 

Con exigencias nos fríen la sangre. 

A fuerza de trabajo nos sacan hasta el hí- 
gado; y, con sus chillerías, nos achicharran.. 

Nuestros lamentos les importan tres co- 
minos; nuestros suspiros, igual que los del 
fuelle, salen por la chimenea mezclados 



con las emanaciones de los guisos y con el 
tufo del combustible, para desvanecerse en 
los espacios infinitos del Universo. 

¿Hay derecho a que, después de darnos 
tanta lata, les importe un pimiento de 
nuestras quejas? 

¿Es justo que porque en su casa ríos ga- 
namos los garbanzos, no nos traten como 
cristianas, sino como judías? 

¿Debemos tolerar que nos pongan como 
hoja de perejil o como un estropajo? 

¡Ahí si hasta hoy hemos tenido que roer 
el hueso de la servidumbre y sacarles, a las 
señoras, las castañas del fuego, ahora esta- 
mos en época de emancipaciones, y debe- 
mos de aprovecharnos, pues cuando pasan 
rábanos, hay que comprarlos. Así, pues, aler- 
ta; ojo, que asan carne; ahora está el horno 
para bollos, y ha llegado el momento de 
que arrimemos el ascua a nuestra sardina. 

Compañeras: no aguantemos humos de 
nadie. Mandemos a las señoras a fregar o a 
freir espárragos, porque nuestra emancipa- 
ción es cosa hecha; es pan comido. 

Lo que os digo no es una patata, ni se 
trata de un imposible como el de asar la 
manteca o de comprar un pez grande y que 
pese poco, pues somos tan indispensables 
como el aceite en la mayonesa; somos la 
nata, la crema, la espuma, en una palabra, 
el perejil de todas las salsas en el hogar do- 
méstico; y nadie mejor que nosotras está 
en condiciones de cortar el bacalao. 

Si-sa.. bemos unirnos; Si-sa... bemos im- 
ponernos; Si-sa. . bemos tener carácter, lo 
mismo que sabemos echar un ajo, cuando es 
preciso, en el almirez, y continuamos macha- 
cando y revolviendo sobre este asunto, lo 
que os digo no quedará en agua de borra- 
jas; nos sacaremos la espina de la servidum- 
bre, y, si los principios de nuestra profesión 
fueron amargos, a la postre serán dulces. 

Hé aquí el menú que debemos exigir a 
nuestros amos: 

— Paseo y descanso todo el día los domin- 
gos y fiestas de guardar. Los amos, estos 
días, pueden echar por tres caminos: No co- 
mer, comer fiambre o comer de fonda. 



— 8 



— Permiso para que nuestro novio entre 
por la escalera de servicio y permanezca en 
la cocina el tiempo que guste, con derecho 
a emitir su opinión acerca de cuanto se con- 
dimente. Creo que no es mucho pedir. 

— Suprimir la odiosa costumbre de to- 
marnos la cuenta y de repesarnos la carne 
y el pescado. Eso no se puede tolerar. 

De no conseguirlo, declaremos a nues- 
tros amos el sabotaje, esto es: cometamos en 
la cocina toda clase de desaguisados. 

Pero no hay que confundir las especias; 
esto debemos de hacerlo con habilidad, con 
su sal y pimienta, verbi gracia: , 

Las patatas para el bisté freidlas por par- 
te de noche, para que, a la mañana siguien- 
te, los señores, t las coman recalentadas o 
séase, zapateras. 

Poned la mitad del arroz en la paella, re- 
volvedla bien mientras cuece, y, al ir a ser- 
virla, ecbais la otra mitad del arroz. 

El desprendimiento del hollín de la chi- 
menea sobre un manjar exquisito, es un he 
cho casual que no puede sorprender a nadie. 

Pegadle un bocado a lo que más os guste 
y echadle la culpa al gato, bien seguras de 
que el anima lito no ha de dejaros por em- 
busteras. 

Romped vajilla, pero con maña! 

El tropezón, llevando una bandeja con 
magnífico juego de té u otros cacharros de 
valor, y hacerlo todo añicos, es operación 
de la que no es prudente abusar, y sólo debe 
ocurrir un par de veces por semana. 

Echando un líquido hirviendo en un vaso 
de cristal bien frío, éste se raja o desfonda, 
que da gusto. 

Fregando los cubiertos de plata con arena 
gruesa, y, apretando de firme, se desgastan, 
y, en poco tiempo, se quedan en la mitad. 

Por la rotura de un plato cada veinticua- 
tro horas, nada han de deciros; es lo co- 
rriente; es lo que llamamos: cel plato del 
día». 

Pero lo mejor es ir matando todos los 
platos a la vez, poco a poco y por puñaladas 
sucesivas: se empieza por desportillados 
todo alrededor; este es el primer aviso. Lúe- 



go se les hace una rajita que coja un tercio 
de la anchura; segundo aviso. Rajita que se 
alarga insensiblemente, y, en llegando al 
último tercio, la misma presidenta de la 
casa os invitará a que lo echéis al corral. 

Nada más necesito deciros del descacha- 
rren, pues en ello todas somos maestras con- 
sumadas. 

Cuando en la casa tuviesen convidados 
de mucho cumplido, en el momento más 
crítico, poneos enfermas o pretextad un 
viaje urgente a vuestro- pueblo. ¡El disloque! 

En último extremo, iremos a la huelga. 
No nos faltará qué comer, pues en todas 
partes cuecen habas, y, desde ese momento," 
serán las señoras las que guisen; es decir, 
volveremos la tortilla, cosa fácil, pues tene- 
mos la sartén por el mango. 

Por último, hablemos poquito y proceda- 
mos con energía, o lo que es lo mismo: poca 
lengua; cabeza, manos, muchos ríñones y 
no bajemos el lomo. 

Procuremos que no se apague el fuego de 
nuestro entusiasmo para que siga hirviendo 
el puchero de la indignación en el rescoldo 
de nuestros pechos rebozados con ideas re- 
dentoras, rellenos de justicia, hasta que con- 
sigamos entrar, cuchara en mano, en la es- 
plendorosa y bien surtida alacena de la 
emancipación. 

Esta es la fuente en que recogeremos los 
frutos del cubierto que nos corresponde en 
el banquete de la Humanidad; úoico medio 
de que atemos los perros con longaniza y 
dejemos de llevar la cesta, 

He dicho. Y... vaya caldo. 

(Telón.) 




El idioma castellano 



Personaje: SEÑOR CALVO, de levita, con un pequeño ramo 
en el ojal. 



Pequeña Bala. Centro, primer término, mesa con tapete elegante 

Discurso 

Señores: un servidor, 

Pedro Pérez Baticola, 

cual la Academia Española, 

limpia, fija y da esplendor; 

pero yo lo hago mejor, 

y no son ganas de hablar, 

pues les voy a demostrar 

que es preciso meter mano 

al idioma castellano, 

donde hay mucho que arreglar. 

¿Me quieren decir por qué, 

en tamaño y en esencia, 

hay esa gran diferencia 

entre un buque y un buqué? (ei que lleva.) 

¿Por el acento? Pues yo, 

por ei-a insignificancia, 

no concibo la distancia 

de presidio a presidió, 

ni de tomas a Tomás. 

ni del topo al que topó, 

de un paleto a un paleto, 

ni de colas a Golás. 



— 12 — 



Mas, dejemos el acento 

que convierte, como ves, 

las ingles en un inglés, 

y vamos con otro cuento. 

¿A ustedes no les asombra 

que diciendo rico y rica, 

majo y maja, chico y chica, 

no digamos hombre y hombro!? 

.Y la frase tan oída 

de «el marido y la mujer» 

¿por qué no tiene que ser 

«el marido y la marida>? 

Por eso no encuentro mal 

si alguno me dice cuala, 

como decimos Pascuala, 

femenino de Pascual 

El sexo a hablar nos obliga, 

a cada cual, como digo: 

si es hombre, «me voy contigo»; 

si es mujer, «me voy contiga». 

¿Por qué llamamos tortero 

al que elabora una torta, 

y al sastre que temos corta 

no se le llama ternero? 

Como tampoco imagino 

ni el Diccionario me explica, 

por qué ai que gorras fabrica 

no se le llama gorrino. 

¿Por qué las Josefas son 

por Pepitas conocidas 

como si fuesen salidas 

de las tripas de un melón? 

¿Por qué el de Cuenca no es cuenco, 

bodoque el que va de boda, 

y al que los árboles poda 

no se le llama podenco? 

Cometa, está mal escrito 

y por eso no me peta, 

¿hay en el cielo cometa 

que cometa algún delito? 

Y no habrá quien no conciba 

que el llaman-e firmamento 

al cielo, es un esperpento; 

¿quién va a firmar allá arriba? 

¿Es posible que persona 

alguna acepte el criterio 

de que llamen monasterio 

donde no hay ninguna mona? 



— 13 — 



Si el que bebe es bebedor 

y el sitio es el bebedero 

hay que llamar comedero 

a lo que hoy es comedor; 

comedor será quien coma, 

como es bebedor quien bebe, 

y de esta manera debe 

modificarse el idioma. 

¿Y vuestra vista no mira, 

lo mismo que yo lo miro, 

que quien descerraja un tiro, 

dispara, pero no tira? 

Ese verbo y más de mil 

en nuestro idioma, son barro: 

tira el que tira de nn carro, 

no, el que dispara un fusil. 

De largo, sacan largueza 

en lugar de larguedad; 

y de corto, cortedad 

en vez de sacar corteza. 

De igual manera me quejo 

al ver que un libro es un tomo; 

será un tomo si lo tomo, 

y si no lo tomo, un dejo. 

Si se le llama mirón 

al que está mirando mucho, 

cuando mucho ladre un chucho 

hay que llamarle ladrón; 

porque la sílaba on 

indica aumento, y extraño 

que a un ramo de gran tamaño 

no se le llame Ramón; 

y, por la misma razón, 

si los que estáis escuchando 

un gran rato estáis pasando, 

estáis pasando un ratón. 

¿Y no es tremenda gansada 

en los teatros, que sea 

denominada platea 

la que no platea nada? 

¿Puede darse, en general, 

al pasar del masculino 

a su nombre femenino 

nada más irracional? 

La hembra del cazo es caza; 

la del velo es una vela; 

la del pelo es una pela; 

y la del plazo una plaza; 



la del correo, correa; 
del mus, musa; del can, cana; 
del mes, mesa, del pan, pana, 
y del jaleo, jalea. 
Ya basta, para quedar 
convencido el más profano, 
que el idioma castellano 
tiene mucho que arreglar; 
conque basta ya de historias; 
si, para concluir, me dais 
cuatro palmas, no temáis 
que yo os llame palmatorias. 



¡l ii i| í¡ I! ; II n li II II 'i i! i! ü II II II 'i II W il il i¡ II H 'i M II II II ¡I II II II 



Las chimeneas 



El coronel Savirón 

Pimentel de Bustamante 

fué ingeniero comandante 

de la plaza de Gijón, 

y, faltando alojamiento, 

proyectó el tal coronel, 

de nueva planta, un cuartel 

para todo un regimiento. 

Se^ún es reglamentario, 

el proyecto, concluido, 

a Madrid fué remitido 

por el conducto ordinario 

a la real aprobación, 

y esperando honra y provecho 

quedóse tan satisfecho 

el corone) Savirón. 

Ya llegado al Ministerio 

el proyecto de cuartel, 

lo informa otro coronel 

de diferente criterio: 

el coronel Palareas, 

de muy opuesta opinión 

al señor de Savirón 

en cuestión de chimeneas, 

y tiene como verdad 

que las redondas no valen 

pues las ondas de humo salea 

con poca velocidad, 

y le convence a cualquiera 

científicamente, así: 

«Equis, igual raíz de pi, 

por raíz de escorzonera.» 



— 16 - 



E informa que es procedente 
vuelva, de orden superior, 
dicho proyecto a su autor 
con la coleta siguiente: 
«Sírvase usía variar 
las chimeneas de forma, 
debiendo tener por norma, 
al volverlas a trazar, 
que en las que son muy usadas, 
como en cuarteles y fondas, 
son*muy malas las redondas 
y excelentes las cuadradas 
para que salga al momento, 
sin dificultad, el humo; 
de Real orden se lo emplumo 
para su conocimiento.» 

Mas, cambia la situación, 
y, de orden de Su Excelencia, 
Palareas va a Valencia 
y a Madrid va Sa virón. 
Ya en Valencia, Palareas 
también proyecta un cuartel, 
y, está claro, pone en él 
cuadradas las chimeneas; 
lo manda a la aprobación, 
y se viene el caso a dar 
que lo tiene que informar 
el coronel Sa virón; 
el cual, por las derivadas 
y por Trigonometría, 
demuestra la teoría 
de que, si se hacen cuadradas, 
no tiene el humo buen paso 
y se obstruye pronto el tubo, 
porque *be, elevado al cubo, 
igual ce elevado al vaso.» 
E informa que es conveniente 
vuelva, de orden superior, 
dicho proyecto, a su autor 
con la coleta siguiente: 
«Sírvase variar usía 
la forma de chimeneas 
y basarse en las ideas 
admitidas hoy en día, 
según las cuales, las ondas 
del humo son evacuadas 



— 17 — 



muy mal cuando son cuadradas 
y muy bien si son redondas; 
de esta forma en el proyecto 
figurarán, por lo tanto 
de Real orden se lo planto 
para el consiguiente efecto.» 

Viendo tales discusiones 

entre uno y otro señor, 

el capitán profesor 

que explicaba Construcciones y 

gramático pardo viejo 

y mentor de adolescentes, 

a los futuros tenientes 

dió este prudente consejo: 

«Al proyectar chimeneas, 

primero, se indagará 

si en el Ministerio está 

Savirón o Palareas; 

y se pondrán dibujadas, 

para que no tengan pero, 

redondas, si está el primero; 

si está el segundo, cuadradas.» 

En cuestiones de criterio 

huelga toda discusión: 

siempre tiene la razón 

el que está en el Ministerio. 



2 



OBRAS DE PABLO PARELLADA 



Los asistentes, juguete en un acto 

La cantina, saínete en un acto. 

Las olivas, saínete en un acto. 

El Regimiento de Lupión, comedia en cuatro actos. 

El filósofo de Cuenca, Comedia en tres actos. 

El figón, juguete en un acto. 

Los motes ó el gran sastre de Alcalá, saínete en un acto, en 
colaboración con D. Juan Colom. 

La güelta é Quirico, juguete en un acto. 

El teléfono, juguete en un acto. 

El himno de Riego, episodio histórico en dos actos 

La vocación, comedia en dos actos. 

De Madri l á Alcalá, saínete en un acto y tres cuadros. 

Tenorio modernista, remembrucia enoemática y jocunda 
en una película y tres lapsos. 

Lance inevitable, juguete cómico en un acto y tres cua- 
dros. 

Caricaturas, pasatiempo en un acto y cinco cuadros. 
El Maño, zarzuela en un acto en colaboración con don 

Gonzalo Cantó, música del maestro Barrera. 
El celoso extremeño, zarzuela en un acto y tres cuadros, 

en colaboración con D. Gonzalo Cantó, música del 

maestro Barrera. 
De pesca, diálogo en prosa. 

El Gay Saber, saínete en un acto y tres cuadros, en co- 
laboración con D. Alberto Casañal. 

Los divorciados, opereta en tres actos, arreglada del 
alemán. 



Mujeres vienesas, opereta en tres actos, arreglada del 
alemán. 

Tenorio musical, humorada en un acto y cinco cuadros. 
Repaso de examen, entremés. 

Recepción académica, monólogo, en colaboración con 
D. Alberto Casañal. » 

Cambio de tren, monólogo, en colaboración con D. Al- 
berto Casañal. 

A la orülica del Ebro, traducción y arreglo del juguete 
en un acto «El A vi» de Apeles Mestres. 

Los macarrones, juguete, género gran guignol, en un 
acto. 

11 cavaliere di Narunkestunkesberg, ópera humorística en 

un prólogo y tres cuadros. 
La justicia de Almudévar, saiuete en un acto y en prosa, 

en colaboración con D. Alberto Casañal. 
El gran filón, monólogo en prosa. 
En un lugar de la Mancha, comedia en tres actos. 
La tomadora, entremés en un acto. 
Pelé y Melé, entremés en un acto y en prosa. 
Colonia veraniega, comedia en tres actos y en prosa. 
Mitin pro cocineras, El idioma castellano, Las chimeneas, 

monólogos. 



Precio: 1,50 pesetas