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Full text of "Obispo y canonigos tahures crónicas del Santa Cruz colonial"

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HUMBERTO V A Z Q UE Z ■ M A C H I C A D O 



OBISPO Y CANONIGOS 
TAHURES 



Crónicas del Santa Cruz Colonial 



lltatt^ LA PAZ— SOLIVIA 



NOV 2G 1980 

FS351- 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 

CRONICAS DEL SANTA CRUZ COLONIAL 



SIN VALOR COWIÉRCIAL 



DEL AUTOR 



GLOSAS A LA PSICOLOGIA DEL PUEBLO ESPA- 
ÑOL — Santa Cruz de la Sierra — «El Oriente», febrero de 1924. 

NUESTRA DEMOCRACIA.— CONTRIBUCION AL ES- 
TUDIO DE LA SOCIOLOGIA POLITICA BOLIVIANA.— 
Santa Cruz de la Sierra; «El Oriente», septiembre de 1924. 

EL PROBLEMA ETNICO DE BOLIVIA.— Sonderab- 
druck aus den Verbandlungen des XXIV International er A- 
merikanisten Kongress; Hamburg; 7 bis 13 september 1930. 

ERNESTO QUESADA; SU VIDA Y SU PENSAMIEN- 
TO ACTUALES; Buenos Aires; «Nosotros», julio de 1932. 

LA SOCIOLOGIA DE GABRIEL RENE- MORENO.— 
Editorial «Cultura Boliviana ). — Buenos Aires, 1936. 

TRES ENSAYOS HISTORICOS; Editorial Boliviana; 
La Paz, 1937. 

DATOS SOBRE EL APORTE CRUCEÑO A LA CUL- 
TURA BOLIVIANA; Editorial «El Trabajo» La Paz; 193K. 

EL ACTA DE LA FUNDACION DE ASUNCION.— La 
Paz; Editorial RíMiacimiento, 1938. 

OBISPO Y CANONIGOS TAHURES— CTvONÍCAS 
DEL SANTA CRUZ COLONÍAL.-Imp. Trabajo» La Paz, 193S. 

EN PRENSA 

HO:\ÍBRE^ Y COSAS DEL PASADO CRUCi:ÑO.— 
CONTRIlU^CiOX A sr ESTUDIO. 

LA DIPLOMACIA APíiLNTIX/v EX LA UliEACIOX 
DE LA XACiOXALlDAl) liOLlX MANA. 

EN PREPARACION 

LA DTPLO>ÍACÍA DE UOLIVIA A^TVl LA SAXTA 
SEDE. 

EL AXTKU^O RECrIMEN BAJO LA REPUP>LI(\\. 

P>EASUK>nAS IIÍSTORrC^KS.— REVÍSÍOX DE IDO- 
LOS Y LEY EX DAS DE XUESTRA HISTORIA. 

LOS GIROXDIXOS DE B OLIVIA.— HISTORIA DEL 
PARTIDO ROJO. 

POLVO DEL (\\MINO. (Xotas v crónicas). 

RAZA DE VinoR.VS. (Xovda). 



HUMBERTO V A Z Q U E Z ■ M A C H I C A D O 



1 nr\'r 



OBISPO Y CANONIGOS 
TAHURES 



Crónicas del Santa Cruz Colonial 



LA PAZ— SOLIVIA 

1 9 3 S 



ADVERTENCIAS 



NOTA DE 1932 



Conforme la indican la fecha y lugar, estas páginas fue- 
ron escritas ha dos años, en las playas del Lido de Venecia, 
durante una temporada de descanso veraniego, sin duda por 
i. aquello de Séneca: 

Otium sine litteris mors est et hominis vivi sepultura. 

Las notas marginales que ilustran este trabajo fueron es- 
critas más tarde en Sevilla y agregadas hoy a su texto. 

Niza, invierno de 1932. 

NOTA DE 1938 

Listos los originales, cual lo indica la nota de 1932, hubo 
(le abandonarse la idea de publicar este escrito, pues su autoi* 
regresó precipitadamente al país a cumplir sus deberes de 
-'•Idado en la guerra del Chaco. 

Salido de ese infierno, al terminar la campaña, y devuel- 
lü a sus habituales estudios, diversos viajes y otros trabajos 
de urgencia impidieron al autor dar cima a su propósito. 
Aligerado de notas el presente ensaj'o se publicó en «La Ra- 
zón de esta ciudad en los números del 24 y 25 de septiem- 
bre de 1936, como homenaje al aniversario cívico cruceño. 

Hoy. pasados muchos años, se da p(.)r ñn, al piíblico. con 
(cnas correcciones de detalle. 



La Paz. julio de 1938. 



I 

AL DOCTOR DON 

ANGEL SANDOVAL 

Con todo el afecto del amigo y la admiración 
del estudioso. 

Humberto Vázquez ■ Machicado. 

l 



OBISPO Y CANONieOS TAHURES 
Crónicas del Santa Cruz colonial 



I 



¡Oh la viejíi manía de los antiguos papelotes! 
El más ilustre de los hombres de letra? y de histo- 
riografía en Bolivia, se disculpaba con los achaques 
de la herencia en cuanto a su tesón de trabajo «por 
la sola gana solitaria», en pro del desentrañamiento 
de nuestro pasado. Sin otro punto de parentesco 
con el gran Gabriel René Moreno que el paisana- 
je, válgame también aquí Ja ley de la herencia como 
atenuante en esta manía de revolver papeles y li- 
bros de antaño, los cuales por llevar en sí el sello y 
sabor de lo arcaico, están irremisiblemente conde- 
nados al arrinconamiento impío, ya que se conside- 
ran excluyentes de provecho positivo en este siglo 
en que la economía — sea al estilo de Bentham o de 
Marx. — lo manda todo, lo absorbe todo y hasta di- 
cen que lo destruye todo. 



— 9 — . 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



He aquí, pu»^s, que por esta influencia paterno-he 
reditaria de bueear en el pasado, me encuentro casi 
ausente de todo lo que aquí me rodea. Decidida- 
mente mi espíritu no está para disquisiciones ni 
dilettantismos artísticos sobre el RMuacimiento. No 
es la primera vez que me hallo en esta ciudad Tíni- 
ca, que mientras más se conoce más se ama y admi- 
ra y sin embargo siento una rara inquietud al am- 
bular entre sus tesoros de belleza y arte. Al me- 
nos por hoy no me atenaza aquella ansiedad del 
Fernsiickt teutónico, y apesar de ello no pueden con- 
centrar mi atención los diversos problemas de ética 
y estética planteados ante cada cuadro y cada mo- 
numento. El Colleone ecuestre de Verrocchio (1), 
o el capitel décimo octavo (2) del Palazzo DuatJe (3) 
ante los cuales he pasado muchas horas de éxtasis, 
hoy me dejan indiferente. Los cuerpos semidesnu- 
dos y las extravagantes vestimentas de baño 
en la playa de esta isla de placeres, así co- 



(1) "Pero la obra más característica del Verrocchio como gran 
escultor es su estatua ecuestre de Bartolomé Colleone en Venecia*'. 
J. l*\]02in.— Historia del Arte\ Barcelona 1925, vol. III, pág. 90. 

{2) "El capitel 18 es el más interesante, el más bello del Palacio. 
Por la ejecución y el agrupamiento de las hojas, este capitel es el más 
bello que se conoce en Europa. El escultor ha concentrado toda la pu- 
janza de su talento". John R\is\L\n,' -Las piedras de Fenecm; Valencia, 
Sempere; vol. II, págs. 42-43. 

(3) Comenzó a construirse el año 810; fué sucesivamente des 
truido y reconstruido muchas veces hasta que "alia fine del secólo 
XVl il Palazzo Ducale era divenuto espressione completa della magni- 
ficenza della República"'. Palazzo Ducale di Venezia; colección de 
Ultalia Momimentale\ Fratelli Alinari, Firenze, pág. 15. 



^10 — 



OBISPO Y CANONiaOS TAHURES 



mo los engomados veraneantes que bailan al son 
de epiléptico jazz en los lujosos salones del Ex- 
celsior Palace, — molestan mis nervios y regreso a la 
ciudad a sumergirme en sus callejuelas estrechas, 
sus puentes diminutos sobre sombríos canales cuyo 
pesado silencio (4) es apenas interrumpido por los 
gritos de los gondoleros (5), mientras los viejos y so- 
berbios palacios de las orillas del Canal Grande (6), 
atestiguan la marmórea pompa de una riqueza que 
pasó. 

El último correo había sido portador de unas 
cuantas hojas escritas a máquina, procedentes de 



(4) *'Si no la ciudad del silencio, Venecia es la ciudad del rumor 
armonioso. Bastan en la noche unos leves acordes de guitarra y el ru- 
mor veneciano se funde en melodía"^. Angel Sánchez Rivero. Correo 
de Venecin; publicado en fíevista de Occidente, Madrid, septiembre de 
1929, 



(5) An der Bruecke stand 
jungt ich in brauner Nacht. 
Fernher kam Gesang; 
goldner trcepfen quolTs 

ueber die sitternde Flaeche weg. 
Gondeln, Lichter Musik. 

Meine Seele, ein Saitenspiel, 
sang sichs, unsichtbar beruehrt* 
heimlich ein Gondellied dazu, 
zitternd vor bunter Seligkeit. 
=Hoerte jemand ihr zu? 

Friedrich Nietzsche. 

(6) "Fl Gran Canal desenvuelve su curva entre dos orillas de pa- 
lacios'*. Hipólito Taina. Viaje por Italia; Valencia, Sempere, vol 111, 
págs. 7-8. 



— 11 — > 



HUMBERTO VAZQUEZ-MaCHICADO 



Sevilla y reexpedidas de Harnburgo. Ellas me a- 
eompañavon por museos, calles y plazas y a ellaR 
me agarraba como a mascota protectora, cuando 
después de atravesar el clásico Puente de los Suspi- 
ros, penetraba en las horribles prisiones (7), donde 
purgaban su delito los osados que se atrevían a 
conspirar contra la seguridad de esta orgullosa re- 
piiblica aristocrática que en el medioevo hacía tem- 
blar al mismo turco en sus propios aduares (8). 
Cansado al fin, y dejando la Venecia de hoy y la del 
pasado, en la terraza del romántico y «muy siglo 
XVIII», café Florián!en la PiazzaSan Marco, me de- 
diqué a la atenta relectura de esos papeles, que no 
eran otra cosa que copias de documeatos coloniales 
sobre Santa Cruz de la Sierra. 

Cuando terminaba, era ya casi el atardecer y 



(7) En sus paredes se leen curiosas reflexiones de los prisioneros 
que allí fueron encerrados, tales como las siguientes: 

De chí me fido guardami Jddio 
De chi no me fido me garderó io. 

Nonti fidar d'alcuno pensa e tacci 
Se vitar vuoi de spioni insidia e lacci 
11 pentirte e agitarti nulla giova 
Ma ven del valor tuo la vera prova. 



(8) Sobre Venecia. sus gueri^as y poderío en Oriente, puede ver- 
se H. W. Davis. Europa Medioeval; Barcelona. 1928; pág?. 148, 149. 
153, 155, 175, 180, etc., etc. Puede consultarse además Rafael Errázu- 
riz Ui meneta. La ciudad de los Dux; Roma, 1907, vol. I; págs. 91, 92 y 
150. 



— 12 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



las iil timas palomas (9) con los últimos turistas que 
alimentándolas de fotoí^rafiaban, marchábanse ya; 
el sol doraba con resplandores de fuego los neronia- 
nos caballos (10) de la preciosa iglesia bizantina, así 
como el alado León de 8an Marcos (11) que se alza- 
ba oi'gulloso en la Piazzetta, como último resto del 
poderío de la República, como soberbio emblema de 
su grandeza vieja. Lentamente abandoné el bulli- 
cioso centro; pasando el Molo llegué a la Riva degli 
Schiavoni, de donde hube de hacerme transportar a 
la Giudecca y allí, en sus deliciosamente solitarias 
orillas continuar pude mi inquieta flanerie, llenos 
la mente y el corazón del cuadro vivido de un pe- 
dazo de nuestra historia colonial, y la nostalgia agu- 
da de la ciudad querida, del terruño lejano. La 



(9) est encoré une certaine classe d'habitués de la place Saint 
Marc qu'il ne faut pas oublier. Ce sont les irigeons nourns jad's aux 
frais de la république et aujourd'hui par la charité publique, qui ne leur 
fait pas défaut". A. J, du Pays. Ttinéraire desrriptif, Jiistorique et artis- 
tiqiie ñc VItalie et de la Sicile; Tome premier; Italie dii Kord-^ Paris, Ha- 
chétte et Cié; 1866, pág. 292. (Ejemplar que sirvió en sus viajes por 
Europa al hombre público boliviano doctor Jenaro Sanjinés, hoy en po 
der del autor). 

(10) . "From conquered Byzantium carne the four horses which 
were placed in their present position, below the great central widow of 
the facade, about fifty years after they were brougth to Venice. This 
fact, wich is contirmed by all the historiographes of the basilica, autho- 
rizes US tho athribute to the cióse of the I3th. century, the mosaic over 
the door of S. Alipio (first portal left) presentin the exterior of St. Mark's 
with the four n^ecious bronzes''. 

La Basílica di S. Marco in Venezia; colección de L"" Italia Monn- 
mentale; Frarelli Alinari, Firenze, 

(11) "El león de San Marcos es una soberbia obra de bronce del 
siglo XI o del XII. Sus alas del XV". Jhon Rus\i\n.— El reposo de San 
Marcos; Sempere, Valencia; pág. 30-31. 



^ 13 - 



4 



HUMBERTO VAZQUEZ-MaCHICADO 



evocación de un cuadro solo de la vida del pasado 
en Santa Cruz déla Sierra, me hacía olvidar por 
completo todo cuanto me rodeaba para remontar el 
i'ecuerdo a ella en los primeros años de la pasada 
centuria, cercano ya el alboreo de la libertad. 

Y héme aquí escribiendo ahora esta vieja cró- 
nica olvidada ya, pero que nos muestra algo de la 
vida de ha más de cien años en nuestra querida 
«ciudad solo de blancos», como decía don Grabriel 
René- Moreno (12). Válgame otra vez la herencia 
y el amor a la ciudad natal para olvidar Venecia y 
sus maravillas, el Lido y sus vastas y dedicarme un 
poco a vivir en plena colonia, bajo el amparo de 
Nuestro Muy Magnífico y Serenísimo Señor y Rey 
Don Carlos IV, en cuyo reinado sucedían estas co- 
sas que van a contarse en un lugar lejano de sus 
muy lejanos dominios. 

En copia manuscrita, en el Ministerio de Rehv- 
ciones Exteriores de Bolivia, conocí muy de|nigero 
los documentos que fundamentan esta crónica. 
Años después pude estudiarlos más y mejor en sus 
testimonios originales que guarda el Archivo Gene- 
ral de Indias de Sevilla, de cuya procedencia llegan 
hoy a mis manos las copias definitivas. Veamos lo 
que ellas dicen. 



(12) Bolivia y Arf/entina. — Notas biográficas y bibliográficas] San 
tiago, 1901, pág. 298, y Ultimos días colonicLles en el Alto Perú; Santiago, 
1896—1901; vol. II pág. 12. 



— 14 - 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



II 

Corría el año 1800 cuando el Gobernador In- 
tendente de la Provincia de Santa Cruz de la Sie- 
rra, residente en Cochabamba desde 1783, marchó a 
contener y castigar a los indios chiriguanos que ha- 
cían de las suyas en las reducciones de Tacuarem- 
boti, Ibirapucuti, Pirití y otras (1), y al pasar por la 



(1) Viedma salió de Cochabamba el 20 de febrero, llegó a Santa 
Ouz el 14 de marzo y allí tuvo que quedarse a causa de los recios tem- 
porales, hasta el 27 de abril en que continuó expedición armada en di- 
rección a Cordillera. Véase: Diario de las marchas, campamentos^ ór- 
denes y acaecimientos de la expedición al mando del Gobernador don Fran- 
cisco de Viedma^ destinada a obrar contra los indios sublevados de la Cordi- 
llera de la nación Chiriguana\ a la expedición que componía de 600 soldados 
milicianos de los Partidos de Santa Cruz y Vallegrande\ 15 negros y 410 
indios auxiliares de las ocho misiones que existen ddsde Saipurú hasta Pi- 
ray en dicha Cordillera y costeada a expensas del vecÍ7idário de ambos Par 
tidos; 1800; Archivo General de Indias, Sevilla, 121 -31- -5; Mod. Char- 
cas 182. 

Sobre la expedición misma, puede consultarse: M, Castro López. 
Biografías coloniales; D. José Buceta y Fígueroa; publicada en Revista [rff 
Derecho, Historia y Letras; Buenos Aires, mayo 1910. 

En las nombradas misiones se cantó primera misa el 19 de octu- 
bre de 1790 en Ibirapucuti o Igüirapucuti como otros escriben;el 29 de 
noviembre de 1791 en Tacuaremboti y el 3 de mayo de 1792 en Piriti. 
Véase RR. PP. Antonio Comajuncosa y Alejandro M. Corrado. El Co- 
legio Franciscano de Tarija y sus misiones: Quaracchi, 1884, págs. 212, 
216 y ^30. 

Co majuncosa relata la expedición Viedma y dice que a éste "le fal- 
tó la táctica militar que nunca había profesado, ni los oficiales que le 
acompañaron supieron guardar unión, ni avenirse en los consejos, ni 
usar de U prudencia y resguardos que se requieren en tales lances". 
Ob. cit, pág. 200 -261. 



— 15 — 



HUNBEFTO VAZQÜEZ-aíACHiCADO 



ciudad cabecera de la provincia, quedóse enorme- 
mente extrañado de lo extendido que se hallaba el 
vicio del juego. En la tranquila villa de los campos 
de Güelgorigotá, se jugaba que era un contento; 
grandes y chicos, patricios y plebeyos, todos rivali- 
zaban en ser quien más tire de la oreja a San Jor- 

«Advirtió el desorden — dice Viedma— , que 
mediaba éntrelos vecinos de dicha Ciudad de Santa 
en el juego prohivido de la Primera con ruyna y 
perdición de las familias, separación, y disturbios 
en los Matrimonios, siendo repetidas las quexas que 
llegaron a sus oídos, así de mujeres casadas como 
de otras Personas timoratas, para que puciera el re- 
medio en la ruina que amenazava en aquella Ciu- 
dad». 

Viedma fué un buen Gobernador y trataba pa- 
ternalmente a los súbditos de la Católica Majestad 
que en esas tierras perdidas del corazón de la Amé- 
rica del Sud, mantenían la tiesura aristocrática de 
los viejos hidalgos de la Península. En consecuen- 
cia, con sus deseos de cortar el mal por él observa- 
do, hizo publicar muy solemnemente por ban- 
do — imprenta aun no existía allí — (2) la Real Prag- 



(2) Don Cayetano Ramón Daza en Programa del impresor de 
Santa Cruz, 1871, dice que él fué el Administrador de la primera impren- 
ta que en dicha ciudad se estableció y que lo fué por cuenta del Fstado 
en 1834. Véase al respecto Gabriel René Moreno.- Biblioteca Bolivia- 
na. Catálogo de la Sección de Libros y folletos] Santiago; 1879, pág. 
690. 



— 16 — 



OUISrO Y CANONICOS TAHURKS 



mática de Carlos III de () de Octubre de 1771 con- 
tra el vicio del juego. 

No se contentó con eso. Visitando la diócesis 
se hallaba el Coadjutor, Obispo de Botrn, don Ra- 
fael de la Yara (3), en comisión del titular que no 
residía en la capital (4). Este diocesano requirió a 
Viedma para que hiciera valer su influencia perso- 
nal y el prestigio de su autoridad a la raíz misma 
del mal, es decir a la persona de mayor ejemplo y 
más escandaloso en su añción al juego, haciendo 
concreta indicación de persona. 



(3) Don Rafael de la Vara fué presentado por el Rey de España 
en su calidad dfí Patrono de Indias a Su Santidad, pfra la correspon 
diente institución canónica en mayo de 1800. Véase Archivo de la Em- 
bajada de España cerca de la Santa Sede; Legajo 274; Reales Ordenes, 
1799—1^00. Presentaciones imra Obispados^ etc. 

Este Coadjutor sostuvo unos pleitos extraordinariamente largos 
con el titular y la sede vacante, por pago de dineros. Pueden verse al 
gunas piezas en el Archivo General de Indias de Sevilla; ('charcas. 
727. 

(4) Los obispos titulares de Santa Cruz de la Sierra durante la 
colonia, residieron casi siempre en Mizque u otros pueblos de esos 
valles y casi nunca iban a la legítima capital de la diócesis. El 25 de 
julio de 1669, los vecinos de dicha ciudad escribían al Rey que solo dos 
Obispos la habían visitado; Fr. Bernardo de Ocampo y Fr. Juan de Ar- 
guinao y que bajo la dirección de este último se organizó el Hospital y 
Seminario. Archivo General de Indias, Sevilla, 74- «5— 5; ('.barcas. 
59. 

El Archivo de Indias está lleno de autos sobre traslación de la 
Catedral a Mizque, por alejamiento de Santa Cruz y sus malos temples, 
así como órdenes en contrario; incluso se pensó agregar al obispado la 
provincia de Cochabamba, segregéndola del Arzobispado de La Plata y 
en dicho lugar establecer la residencia diocesanr. Pueden verse las re 
presentaciones del Cabildo Secular de dicha ciudad v otros autos diver 
sos en 1761. Archivo General de India?, Sevilla, 76 -5 -3; Charcírs 410. 
La compulsa de tan larga como contradictoria documentación motivaría 
el empleo de mucho tiempo y quedaría completamente fuera de lugar 
en estas páginas. 



— 17 — 



HUMBERTO VAZQUJSZ MACHICADO 



El centro oblicuado de aristócratas jugadores 
era la casa de doña Josefa Ortiz, alias Chepa Rome- 
ro, y allí se dirigió un buen día de esos el señor Go- 
bernador acompañado del Escribano Real Ambro 
sio Nabia, bien instruido como se hallaba ya por el 
Iliistiííiimo Coadjutor de la Vara No hay que ol- 
vidar que la tal Chepa Romero pertenecía a esa so- 
ciedad orgullosa de su linaje español que constituía 
el principal núcleo de la ciudad do don Nufrio de 
Cháv^es (5), necesitando por consiguiente muchísi- 
ma discresión y tacto don Francisco de Viedma en 
su difícil cometido. Pero como buen y fiel servidor 
del Rey Nuestro Amo, y muy enérgico, el señor Go- 
bernador cortó por lo sano y amonestó sin contem 
placiones a esa mujer sindicada de motivar escán- 
dalos con el vicio del juego que permitía, practica- 
ba y fomentaba en su casa y la ajena con verdade- 
ra pasión. 

Viedma manifestó a la Chepa Romero lo irre- 
gular de tal conducta y la apercibió severamente 
por los escándalos que originaba al permitir y prac- 
ticar en su casa juegos de envite, ya que «muchos 
perjuicios ocasionaba semejante comercio con esta 
Muger así a los eclesiásticos como a los seculares, 
e hijos de familia en la ruina que experimentaban 
con indisposición de los Matrimonios en las desa- 
beniencias que tenían con sus Mugeres, y de los Pa- 



(5) ' Rural y mudéjar, era ésta un pedazo de Andalucía en Amé- 
rica'" Ciro Torres l ópez. Las maravillosas tierras del Acre; La Paz. 
1930, págs. 100 - IqI. 



— 18 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



d res que no podían sngetar a sus hijos», etc., etc. 
La Chepa Romero^ presente ante Gobernador y Es- 
cribano, prometió solemnemente «no permitir más 
esos jueges». Así lo certificaba años más tarde, en 
la hacienda de Chulpas el Escribano Nabia el 31 de 
marzo de 1803, a requerimiento de Viedma. 

No cabe duda que al Grobernador don Francis- 
co se lo respetaba y acataba en la orgullosa villa 
colonial, pues con la publicación de la pragmática 
mencionada y la amonestación a doña Francisca 
Ortiz, el vicio del juego de diversión pública, privi- 
legiada y preferida, pasó a ser placer catado en se- 
creto y patrimonio de muy escaso y reducido gru- 
p(». Don Fernando Montero y doña Catalina Du- 
rán, el 12 de diciembre de 1802, aseguraban ante el 
Juez Subdelegado de Punata que las medidas toma- 
das por el Gobernador habían producido tan buen 
resultado que «quando se ofrecía cualquiera jue- 
go por via de divercion lo hacían con tanta cautela 
y a puerta cerrada:». Santa Cruz de la Sierra 
había vuelto a su calma patriarcal y D. Fran 
cisco de Viedma regresaba tranquilo a Cocha- 
bamba después de su expedición pacificadora 
(^)í y podían agradecerle su celo y su energía 
muchos hogares de la vieja ciudad, pues gracias a 
ellos, la zozobra angustiosa no era más patrimonio 
cotidia,no de las familias 



(6) El Gobernador Viedma, de regreso de su expedición pacifi- 
cadora, entró en Santa Cruz, en la mañana del 25 de julio de mismo 
año de 1800. Véase el Diario de Viedma ya citado. 



— 19 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



III 



M.ás de un aüo pasó así de calma conventual, 
cuando al Obispo titular de la diócesis, don Manuel 
Nicolás de Roxas y Argandoña, chileno, electo obis- 
po de Santa Cruz de Santa Cruz de la Sierra el 18 
de diciembre de 1795 (1), se le ocurrió trasladar su 
residencia a la capital de su distrito, en la cual en- 
tró montado en lujusa cabalgadura y con el lucido 
acompañamiento de estilo (2), en agosto de 1802. 
Llegar el Obispo a Santa Cruz de la Sierra y que el 
vicio del juego tome las proporciones de una verda- 
dera locura colectiva, todo fué uno. El escándalo 
era mayúsculo, pero no asombraba a nadie, ya que 
nadie había quien pudiera arrojar la primera pie- 



(1) Váase: Francisco Javier Hernáez. Colección ñe Bulas ^ Bre- 
ves y otros dociifuentos relativos a la Iglesia de América y Filipinas; Bru- 
selas. 1879, vol. II, págs. 288 -289. 

(2) ''Debe entrar el Obispo en su Obispado en una muía ricamente a 
derezada, limpias las calles,y en todas ellas esparcidas flores. Viasetian), 
per quas cundum erit mundari, ac florihus conspergi, in signiun laetitac 
curent. Mándese consultar el por muchos aspectos interesante libro de 
Fr. Gaspar de Villarroel, Arzobispo de Charcas. Govierno Eclesiástico 
Facif ico y unión de los dos CKcliiUos Pontificio y Regio, etc., etc. Reim- 
preso en Madrid, 1739, vol. I, pág. 25. 



— 20 - 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



clra como en la lej-enda bíblica, y además, a quienes 
más de ceiN-a tocaba, era justamente alo mejor y 
más orrauado de la Iglesia, la administración pública 
y la sociedad. 

El ejemplo venía de arriba y la escasa plebe 
mestiza y los cambas castellanizados de los extra- 
muros de la ciudad, ya podían tranquilamente ju- 
gar a la fabit (3) y a los puntos (4) sin miedo a nadie, 
puesto que Alcaldes, Obispos y Militares les hacían 
por su parte buena competencia en el vicio. San 
Lorenzo de la Barranca se había convertido eu un 
garito en el cual se jugaba día y noche sin solución 
de continuidad. 

Fernando Montero, vecino de Santa Cruz de la 
Sierra aseguraba que había regresado a su residen- 
cia habitual en este tiempo y la encontró más per- 
vertida aunque en la época anterior a la interven- 



(3} La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, de 
E?pasa-(^alpe, vol. LVHI. dice que la taba era juego conocido de los an- 
tiguos griegos, y que generalmente se hacía con huesos de carnero, 
pues los de buey llamados tabones, eran demasiado grandes. Por lo que 
respecta a las tierras del antiguo Virreinato del Río de la Plata^ se ha 
acostumbrado siempre y se acostumbra hoy el usar para tal juego, los 
f(7/.'r-.i''.s% pero denominándolos "tabas", a secas. 

(4) Bajo el nombre genérico de "puntos", se conoce en Santa 
Ouz de la Sierra un conjunto de los diversos juegos que en alguna ca- 
lle o plaza se establecen con motivo de alguna festividad popular, reli- 
giosa o patriótica. Ellos son principalmente la "primera", el ''ancla", 
y los "puntos" propiamente dichos, que es una caja rectangular de ma- 
dera con pequeñas cavidades semiesféricas para todas las cartas de la 
baraja dibujadas en su plano y dividido por una calle central de triunfos 
con diferentes figuras: gallo, diablo, chápete, carne, chola, borracho, 
etc.; el punto mayor que está el final de esta calle, es "mundo". Se 
juega con una pequeña esfera de manera que se deja caer por medio de 
un canuto especial. 



— 21 — 



G 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



ción de Viedma, pues «con libertad juegan no solo 
la Primera sino también a los Dados... desde que 
anochece hasta que amanece». Veamos quienes 
eran tan empedernidos viciosos. 

Nutrido y selecto era el gremio de jugadores 
de «primera» y «dados». Encabezabím el Obispo 
Roxas y Argandoña (5) y el Alcalde don Joaquín 
Ibáñez; seguíanles el Deán Toledo Pimentel, el Ar- 
cediano cuyo nombre no consta (6), el Penitenciario 
don José Joaquín Velasco y don José Manuel Seoa- 
ne, quien en ese entonces quizá ya hubiera obteni- 
do la Prebenda para la cual hiciera oposiciones (7), 

(5) Hay que hacer constar que el Obispo Roxas y Argandoña no 
era ningún mozo; el año 1797, expresa que por haber residido en Char- 
cas 32 años, se ha habituado a la vida de allí y no convenirle los tem- 
ples de Santa Cruz de la Sierra. Pide se lo traslade a la silla de La 
Paz o de Guamanga, que se hallan vacantes, agregando tener setenta 
años. ¡He aquí un Prelado jugador de 75 años!! Véase la solicitud de 
su apodorado Saturnino Blázquez, fechada en Madrid el 28 de enero de 
1797. Archivo General de Indias, Sevilla; Charcas 426. 

(6) El Doctor don Josef Lorenzo Gutiérrez aparece el 3 de abril 
de 1801 como Canónigo Lectoral y el 20 de mayo de 1804 como Arce- 
diano. Puede que sea éste el empedernido jugador. 

(7) Con referencias al Penitenciario Dr. José Joaquín Velasco y 
las oposiciones del Dr. Josef Manuel Seoane, hay lo siguiente: Vacante 
la Penitenciaría de la Iglesia Catedral de Santa Cruz de la Sierra por fa- 
llecimiento de don Pedro José de Urtubey. se convocó por edictos a 
concurso de oposiciones a dicha silla. Se presentaron cinco, entre ellos 
D.José Joaquín Velasco y don José Manuel Seoane. El tribunal lo 
componían el Coadjutor de la Vara, el Deán Pedro Toledo Pimentel y 
el Canónigo Lectoral José Lorenzo Gutiérrez; el resultado de este exa- 
men lo dice el Coronel de Millas don Antonio Seoane de los Santos: 
'■"Fue. uno de los cinco oposiUr s a ella mi hijo legitimo el Doctor Don José 
Manuel Seoane^ quien por hab:'r acreditado c 'n notorio lucimiento su litera- 
tura y suf iciencia, mereció que Jos tres únicas vocales le diesen un roto en 
primer luqnr y salir en el segundo con la plena rotación de todos"". Me- 
morial a S. M. fechado en Santa Cruz de la Sierra el 12 de noviembre 
de 1800. 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



O algo por el estilo, ya que andando el tiempo llegó 
en el coro a mayores dignidades; era Canónigo Lec- 
tora! cuando el 15 de diciembre de 1810 fué elegi- 
do Diputado al Congreso General que debía reunir- 
se en Buenos Aires; no llegó a pasar de Cochabam- 
ba, ciudad hasta donde le alcanzaron su salud y los 
dineros entregados para el viaje (8) 

Esto ocurría el 23 de septiembre de 1800. Pero el Ca- 
nónigo Gutiérrez (poco después Arcediano), era pariente de 
uno o dos de los opositores, — «aunque no consta en los autos, 
ni lo es tampoco del citado mi hijo» — , y por este vicio, el 
Obispo, mediante auto del 23 de octubre, anuló dicha votación 
ordenando se proceda a una nueva sin la intervención del Lec- 
tora! Gutiérrez. En esta otra, no estuvo presente el Coadju- 
tor de la Vara, y por tanto quedó solo, para dicha votación el 
J "^ean Toledo Pimentel, quien designó para ocupar el primer 
lugar al Dr. D. José Joaquín de Velasco y en segundo al Dr. 
D. José Manuel Seoane, y como sucedía casi siempre, se nom- 
bró al primero. 

Las solicitudes del viejo Coronel, abnegado servidor del 
Rey, alegando sus trabajos y méritos, el estar cargado de fa- 
milia, e chijas doncellas», etc., etc., para que se dé algo a su 
hijo, solo merecieron este decreto cuando fué vista su reclama- 
ción en el Consejo de Indias: «Nada hay que hacer». Véa- 
se la documentación en su expediente de méritos y servicios 
en Archivo General de ludias, Sevilla, 121 — 31 — 15; Charcas; 
582. 

(8) Los fondos fueron 680 pesos, como consta de la Pro- 
visión Real para que se reemplace al Presbítero Juan José 
Justiniano de Promotor Fiscal en el «Expediente que remitió 
el señor General en Xefe del Exercito Real del Perú sobre la 
competencia del Cabildo Secular de esta ciudad (La Plata) con 
el tloverendo Obispo sobre conocer, contra el Canónigo Doc- 
tor düu Joce Manuel Seoane acerca de la debolución de seis- 



— 23 



HUMBERTO VAZQTTEZ-MACHICADO 



Entre los simples presbíteros se destacaban 
Pedro Ardaya, Luis Alba y el Dr. Rafael Salvatie- 
rra, aquel acérrimo monárquico con talento en me- 
dio de sus hermanos ardientes partidarios de la pa- 
tria nueva de que nos hablan las crónicas de la 
emancipación (9). También se contaban y como 
actores principales a los familiares seculares de Su 
llustrísima: Melchor Castañeda y José Flores, sin- 
dicado este último de habérsele encontrado una vez 
manejando dados falsos — según lo afirman unifor- 
memente todos los testigos del expediente que ten- 
go a la vista. Contábanse también el Sargento 
Mayor don José Lorenzo Cháv^es (10), el Adminis- 
trador de Correos, ^Jerónimo Yi uri, don Tomás Ló- 
pez fil) y don Ignacio Alfonso — yerno este último 
da la Chepa Ro ñero — , como buenos «ases» del ]ub- 
go, secundados con brío por la tantas veces nombra- 
da doña Josefa Ortiz y doña Francisca Suárez. 



cientos ochenta pesos que recivió en tiempos de la insurgen- 
cia, como Diputado de la Junta de Buenos Ayres, etc., etc.» 
Papeles y Me. noriales del Doctor don José María Bozo; Archi- 
vo General de hidias; Sevilla, 112—3—10; Lima, 1018, B. 

(9) De los papeles del Cura Salvatierra que tengo a la 
vista, resulta nacido en Santa Crnz de la Sierra el 14 de abril 
de 1770, siendo bautizado al dia siguiente por el Licenciado 
Francisco Xavier Bazán; parlrinos don Fernando Cbáves y 
Felipa Núñez. Era hijo legítimo del ex-Alcalde y Teniente 
Coronel He Milicias D. Alejandro Silvatierrra y doña María 
Josefa Cliávos Estudió en el Seminario Conciliar de Charcas 
vistiendo la beca de él por el raes de mayo de 1796 «y que 
después de examinado en latinidad se dedicó al estudio de la 



— 24 — 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



Filosofía el que absuélto pasó al de~ Teología Eclesiástica en 
el que ha dado los exámenes que la Real Universidad de esta 
corte requiere para el grado de Doctor. Kindió su prueba y 
obtuvo el titulo de tal el 15 de agosto de 1800, a «hora décima 
antes meridiem» según reza el diploma latino. El 15 de agos- 
to de 1780, recibió la tonsura 3^ el 7 de noviembre de 1801 las 
órdenes. Desempeñó varias y diversas funciones en Santa 
Cruz que sería fácil iletallar aunque muy largo. Fué perse- 
guido por el caudillo Warnes a causa de su realismo. Sus 
papeles pueden verse en el Archivo General de Indias de Se- 
villa; Charcas, 719 o en Audiencia de Lima, 742. 

(10) En Mayo 1803, Don Juan Lorenzo Gutiérrez figu- 
ra como Capitán de Milicias. 

(11) En Mayo de 1803, Don Tomás López figura como 
Ministro de Real Caja Subalterna de Santa Cruz de la Sie- 
r'a. 



— 25 



7 



IIUMBEPTO VAZQUEZ-MACHICADO 



IV 



Todos los apellidos citados son del más puro 
abolengo castizo, orgullo éste de la vieja ciudad co- 
lonial (1) y es de suponer con toda seguridad que en 
ese entonces como basta boy, constituían núcleos 
aristocráticos que debieron gozar de especial omni- 
potencia aun bajo el gobierno del enérgico Viedma. 
Los testigos declaraban que los jueces nada podían 
bacer contra los infractores de la ley en este asun- 
to, por el respeto a las casas y a las familias; ello es 
de suponerse dadas las íntimas vinculaciones que 
entre sí ligaban a toda aquella sociedad; y que se 

(1) "Según D'Orbigny. es Santa Cruz la provincia boliviana en 
que se ha conservado más pura la raza española; y mis paisanas,— las 
cruceñas—. las más graciosas descendientes de la bella Andalucía en 
las selvas tropicales de América". Nicomedes Antelo.— Productos Bo- 
livianos; publicado en Album Patriótico. Buenos Aires, 1882, págs. 
74=75. 

"La vanité de caste de ce? femmes est poussée au dernier point: 
les filies indiennes qui les severent son regardées comme appartenant 
a une espece distincte, et toutes celles d'entre elles qui ont quelques 
gouttes de sang melé sont traités de cholas, bien qu'elles soient souvent 
plus blanches que les dames du pays". Francis de Castelnau. - Expé- 
ditio7i dans les parties centrales de Amérique du Sudy de Rio de Janeiro 
a Lima et de Lima au Para, exécutée par ordre du Gouvernement Francais 
pendant les années 1843 a 1847. París, Bertrand, 1851, vol. Hl, págs. 
245. 



— 26 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



caracterizaban por un cierto trato fraternal anulan- 
te de toda fuerza en las órdenes que pudieran o 
pretendieran herirla directamente (2). 

Doña Catalina Duián manifestaba que eran 
muy pocas las personas que en Santa Cruz no se 
dedicaban al juego, contándose entre ellas al Sub- 
delegado, Coronel Don Antonio Seoane de los San- 
tos, en cuya casa «jamás se ha visto jugar desde la 
publicación del Bandos, al Alcalde D. Pedro Tole- 
do, al Administrador de Tabacos, que no nombra y 
a un señor Flores. Es sabido que todos los docu- 
mentos coloniales son bastante confusos, pero en- 
tendemos que el Coronel don Antonio Seoane de 
los Santos, cuyas probanzas de méritos y servicios 
tengo a la vista (3), era padre de D. José Manuel, 
mencionado como jugador y padre también de D. 
Antonio Vicente Seoane, primer Presidente de la 



(2) Con respecto a esta característica criolla, véase lo que dice 
el conde Hermann de Keyserling.— ilfefí¿íadowes Sudamericanas; Madrid j 
1932, cap. IX' 

(3} El Coronel don Antonio Seoane de los Santos nació en 1745; 
era "natural de la Ciudad de Santiago de Galicia en los Reynos de Es- 
paña, sugeto de exclarecido nacimiento y treinta y siete años de edad". 
Asi consta en Carta del Gobernador de Santa Cruz de la Sierra D. To- 
más de Leso y Pacheco a S. M. indicando que hallándose ^'sumamente mo- 
lestado con la gravedad de unos ahogos y flatos que diariamente me insul- 
tan^ necesitando cambiar de clima, deja de Teniente General y Justicia Ma- 
yor de la Provincia a don Antonio Seoane de los Santos. Santa Cruz de la 
Sierra, 7 de julio de 1782. 

Pertenecía a la '"ilustre casa de Ibero en el Obispado de Pamplo- 
na", según consta de la certificación del Alcalde de Santiago de Com 
postela, conde Priegue, en 3 de julio de 1786. Puede consultase la rela- 
ción de sus méritos y servicios en Archivo General de Indias de Sevi- 
lla; 121-2-15; Charcas 582. 



— 27 — 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHIOADO 



Junta Revolucionaria en los albores de la emanci- 
pación cruceña. (4) 

Asimismo entendemos baber más de un Alcal- 
de (de primero y de ¡segundo voto): uno D. Joaquín 
Ibáñez, jugador, y otro don Pedro Toledo, llamado 
unas veces así a Sijcas y otras Pedro Toledo Pimen- 
tel como el ji^gador señor Deán (5). No sabemos si 
era padre o bermano de éste, ya que en esos tiem- 
pos existía la costumbre de poner a los hermanos 
mellizos igual nombre de pila; descúbralo quien 
pueda y para ello tenga más documentos, conten- 
tándome con dejar constancia de que el Deán Pedro 
Toledo Pimentel con el Arcediano y el Alcalde D. 
Joaquín Ibáüez, eran los que «le hacían quarto a 
su Ylustrísima)>, (6) según reza textualmente la in- 
formación. 

Referencias verbales recogidas allá en la tierra 
natal, aseguraban que al después Canónigo Dr. José 



(4) Consúltese José Mariano Durán Canelas - 'Antonio Vicente 
Seoa?ie; Santa Cruz, diciembre lo. de 1892; en copia en poder del autor. 

(5) El doctor don Pedro José Toledo Pimentel se recibió de A- 
bogado en Chuquisaca en 1780. T.uis Paz. La Universidad Real y 
Pontificia de San Francisco Javier de la capital jle los Charcas. Apuntes 
para su historia; Sucre, 1914^ pág. 391. 

En 1812 pedía se le confieran los honores de ministro togado de la 
Audiencia de La Plata o cualesquiera otra de América; había ejercido 
la profesión por más de treinta arios en Charcas y Santa Cruz de la Sie- 
rra. Falleció el 2 de septiembre de 1822. Archivo General de Indias, 
Sevilla, 121 - 3 - 20; Charcas, 577. 

(6) "Su llustrísima", estaba ligado a todo ese grupo por viejos 
lazos de amistad, ya que casi toda su carrera la había hecho en las di- 
versas ciudades del Alto Perú. Pueden verse las funciones ejercidas 
en Eufronio Viscarra. Casos históricos y tradiciones de la ciudad de Miz' 
que; Cochabamba, 1907, págs. 29 s 30. 



^ 28 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHUREff 



Manuel Seoane (posteriormente creo llegó hasta el 
Deanato) y al Deán Pedro Toledo Pimentel, no les 
filé impedimento alguno sus altas investiduras reli- 
giosas y sus sagrados votos para dejar prolífica su- 
cesión, troncos después de respetables y muy no- 
bles familias perpetuadas hasta hoy día (7). Esto 
da razón a lo que dice René-Moreno (8), que «las 
frutas más deliciosas del jardín cruceño eran reben- 
tadas por el paladar de los prebendados». (Decían 
también esas referencias que el cronista escarba- 
dor de estas antiguallas, entronca en línea directa 
con la prosapia del Lectoral y Diputado in-jmrtibus 
nacida). 



^7) A más de los nombrados el ¡lustre clérigo José Rafael Salva 
tierra, dejó descendencia. El político cruceño Pablo E. Roca pertenece 
a ella. Véase su trabajo titulado: Biografía. Monseñor Salvatierra, 
en que se confiesa sobrino del Dr. José Andrés, hermano de don José 
Rafael, Boletín de la Sociedad Geográfica e Histórica de Santa Cruz; Año 
IH, vol. 111, Nos. 13, 14 y 15, julio, agosto y septiembre de 1906. pág.. 
395. 

(8) Biblioteca Boliviana. Catcdogo del Archivo de Mojos y CU' 
quitos; San iago. 18S8; pág. 551. 



— 29 



8 



HUMBERTO VAZQÜEZ-MACHICADO 



V 



El cuerpo de autos a cuyo margen se borro- 
nean estos apuntes, vale mucho por lo que dice, pe- 
ro aun más por lo que sugiere y por lo que se lee 
entre renglones; mandado levantar por el goberna- 
dor Viedma (1), se ordenó se reciban atestaciones 
de los viajeros de Santa Cruz de la Sierra, dictándo- 



(1) Existió entre el Obispo Roxas y Argandoña, el Coad- 
jutor de la Vara y el Intendente Viedma un pleito que al pa- 
recer era de cada uno contra los otros dos; no he podido en- 
contrar los autos originales que debieron ser voluminosísimos, 
ya]que solo el extracto para el Consejo de Indias es un Cuer- 
po enorme de más de trescientos folios de indigesta e idioti- 
zante lectura. Este cuerpo y diversas piezas sueltas se hallan 
en Archivo General de Indias, Sevilla, 122 — 2—5; Charcas, 
727. 

El Intendente Viedma tuvo también sus luchas con el 
Obispo don Ramón Josef de Estrada Véase al respecto su 
representación fechada en Tarata el 18 de diciembre de 1790, 
existente en el Archivo General de Indias, Sevilla, 122 — 2 — 4; 
Charcas 726. Tales conflictos bien merecerían un estudio se- 
mejante al de don Ramón J. Cárcano. — Primeras luchas entre 
la Iglesia y el Estado en la Gobernación de Tucumán. — Siglo 
XVI; Segunda edición; Buenos Aires, «El Ateneo», 1929. 



— 30 — 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



se el auto cabeza de proceso en Cochabamba el 24 
de diciembre de 1802; para la recepción de la indi- 
cada prueba se comisionó al Subdelegado Partida- 
rio de Punata en el valle de Cliza, Dr. Pedro Ra- 
món de Arauco, quien el 27 del mismo mes y año 
recibió las declaraciones juradas de Fernando Mon 
tero y Catalina Durán; allí mismo y en la misma 
fecha el Escribano Nabia obtenía la del Dr. José 
Manuel Montero, natural de Santa Cruz de la Sie- 
rra y Cura Sicario de la doctrina de Luribay. 

En Cochabamba ante el Asesor interino, Li- 
cenciado don José Lorenzo Martínez, declararon don 
Francisco Bernardo de Estremadoiro y don Manuel 
Lara y Ferrufino, el 7 y 10 de febrero de 1803, res- 
pectivamente. En la hacienda Chulpas, el 31 de 
marzo del mismo año, Ambrosio Nabia Real Escri- 
bano, certificaba en su calidad de tal la ya mencio- 
nada amonestación a la Chepa Homero. Testimo- 
niados todos estos autos, se elevaron conjuntamen- 
te con súplica para que el Rey ponga el remedio, en 
fecha 13 de abril de 1803. Bajo el epígrafe de 
«Audiencia de Charcas» y registrados en el Legajo 
582; Estante 121, Cajón 3, Legajo 15, de la antigua 
signatura, se guardan en los anaqueles de la anti- 
gua Casa Lonja de Sevilla, donde hoy se halla el 
Archivo General de Indias. (2) 



(2) José Torre Revello.— El Archivo Genei'al de Indias 
de Sevilla. — Historia y clasificación de sus fondos; Buenos 
Aires, 1928. 



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HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICA'DO 



Las revelaciones que contienen los autos de re- 
ferencia son de suyo muy graves, demostrando a lo 
vivo un estado social verdaderamente enfermizo; 
hay dentro de la idiotizante forma de estilo, caracte- 
rística de todos los actuados judiciales, un soplo de 
alarma y de pavor. El mal amenazaba destruir la 
ciudad fundada tres veces, pues había comen'^.ado 
por lo alto y minado todos los cimientos -de la socie- 
dad, ya que muchas familias habían quedado en la 
miseria, según lo afirman los declarantes. Agrega- 
ban que no son solo las personas que nombran, sino 
todo el pueblo el enviciadó_(3), siendo una muy pe- 
queña e insignificante minoría la aun no contamina- 
da, y que si se mencionan algunos apellidos, es solo 
por ser de gente principal, pero que el vicio abarca 
a todas las clases sociales. (4) 

Se nos ha pintado muy pocas veces la vida cb- 



(3) «Las costumbres de Santa Cruz forman contraste 
con las de Cochabamba. La honradez es suma, y casi nunca 
hay robos, ni se ven ebrios por las calles. Solo la inclinación 
por el juego se extiende hasta a las mujeres, pero no sucede 
jamás que nadie juegue lo ajeno. En ninguna parte de Bo- 
livia existen más elementos de civilización». Manuel José 
Cortés. — Ensayo sohre la Historia de Bolivia] Sucre, 1861. 
pág. 307. 

(4) Refiriéndose a la relajación moral reinante en la Cor- 
te de Francisco I, un polígrafo español agrega: «Claro está que 
semejante corrupción de costumbres había de trascender a las 
cls^ses populares por aquello de «corruptis optimi, pessima». 
Adolfo Bonilla y San Martín. — Luis Vives y ¡a Filosofía del 
Eenacimiento] Madrid, 1929: vol. I, pág. 57. 



^ 32 — 



OBISPO Y CANONIOOS TAHURES 



lonial de Santa Cruz de la Sieira, y esos casi desco- 
nocidos cuadros deberían consultarse con positivo 
provecho por quienes sean poseedores de las raras 
fuentes bioliograficas en que se encuentra: el Infor- 
me de Viedina, en la Colección Angelis (reimpresión 
del centenario, de 1910, fuera de la edición de 1835). 
Mojos y Chiquitos de Gabriel René Moreno, Guia del 
Oriente Boliviano de Plácido Molina Mostajo, etc., 
etc. De D'Orbigny y Castelnau no hay para que ha- 
blar ya que sus libros son casi desconocidos en Bo- 
iivia y solo patrimonio de grandes biblotecas. De 
oidas sé de un manojo precioso de cuadros de cos- 
tumbres coloniales cruceñas que con el nombre de 
Antaño y Ogaíio.leyó en 1910, en una conferencia, el 
exquisito literato doctor José Manuel Aponte (5);a la 
muerte de este distinguido hombre de letras, los ori- 
ginales dieron se por perdidos, hasta que años des- 
pués, en La Paz, su hijo Enrique, al avisarme el ha- 
berlos encontrado, me anunciaba su próxima publi 
cación. Hasta hoy no sé si habrán editado y solo 
me queda la paterna referencia sobre ellos. 

(5) El doct'^r don José Manuel Aponte, tiene publica- 
d ^s: La Revolución del Acre; La, FíLZ, '[903] Tradiciones Boli- 
vianas; hdL Paz, 1909; La Batalla de Ingavi; hoi Paz, 1911. 
Conozco además una novela inédita titulada Sofía, que se ha- 
llaba en poder de su familia. 



— 33 



9 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



VI 



Pensemos un momento cual era la vida en San- 
ta Cruz de la Sierra en esos primeros años del pa- 
sado siglo. La vieja ciudad colonial era famosa 
porque sus pobladores no pagaban jamás impues- 
tos, gabelas y demás obligaciones sea al Rey (1), o 
a aquella entidad abstracta que los tratadistas lla- 
man Estado. Las enarenadas calles que en total 
no llegaban a la docena (2), media'das por profunda 
zanja que el paso frecuente de los pesados carreto- 
nes motivaba, eran escasamente transitadas; la ma- 
yor parte de los pobladores vivía en lo que se llama 
Afueraelpueblo donde eran requeridos por las aten- 
ciones de sus propiedades y sembradíos, fuente ca- 
si única de la riqueza y bienestar de entonces (3). 



(1 •'^Hermosos como el sol y pobres como la Iuna,sus moradores 
no eran sino patriarcales labriegos, que seguian y proseguían viviendo 
en sociedad civil sin pagar al Rey alcabala; y tampoco tributaban sus 
yanaconas**. G. Kené-Moreno.— Mojos y Chiquitos, pág. 544. 

2) "La plaza principul y algunas de las once calles arenosas, 
etc., etc.*'. G. René-Moreno.— Mojos y Chiquitos, pág. 545. 

(3) ''El cercado se denominaba Afueraelpueblo. En él residían 
conforme a la costumbre originaria no pocas familias principales, de- 
jando para ello cerradas gran parte del año sus obligatorias casas del 
Pueblo. Veíanse no pocos caserones vacíos, propios de familias dcs- 



— 34 — 



OBISPO T CANONIGOS TAHURES 



Escasos los edificios con techo de teja, siendo 
la mayoría de tronco de palma (4), sostenidos en su 
parte interior por la misma palma, cortada en ho- 
jas planas (5). entre cuyas apretadas junturas lia- 
ban tranquilas las arañas o por algún agujero — a 
veces—, asomaba asqueroso murciélago; el casi nin- 
gún valor del terreno por un lado, y el clima por 
otro, imponían el hacer las habitaciones enormes 
que aunque estén llenas de muebles y decoraciones 
tienen ese sello de lobreguez y melancolía que dan 
los grandes espacios cerrados: igual la muy alema- 
na ^Sala de las Piedras de Potsdam que la de los 
Espejos de Versalles. Las casas unas de otras se- 
paradas por grandes solares y en el límite justo una 
simple cerca de seto vivo, y demasiado rara vez una 
pared. . Las casas con sus aceras tanto exteriores 



cendientes de fundadores, las que vivían, como queda dicho, en Afut- 
raelpueblo. Las estancias de ganados y los ingenios de azúcar consti- 
tuían la riqueza y el bienestar de esas familias. A veces había que ci- 
tar al cabildo con días de anticipación, por tener que venir hasta de 
catorce leguas los señores concejales. No perdían éstos la costumbre 
feudal de los tiempos de Manso, de vivir con sus lindas esposas e hijas 
en su terruño, rodeados de sus indios de faena y servicio". G. René* 
Moreno. — Mojos y Chiquitos; pág. 544=545. 

(4) •'Están'cubiertas algunas de las casas de tejas de palmas". 

Relación de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y su gobernnciórij calidad 
de la tierra y otras cosas, la cual dió Juan Pérez Zurita, gobernador que 
ha sido de ella. Es de alrededor de 1586; corre publicada de página 53 
a 58 de Manuel Vicente Ballivián. — Documentos para la historia geográ- 
fica de la República de Bolivia; vol. I, La Paz^ 1966. 

(5) **Eran'éstas unas verdaderas cabañas espaciosas, de dos ma- 
neras techadas fresca pero rústicamente; ya con la hoja entretejida o 
ya con el tronco facanalado de palma". G. René Moreno.— 3fo;o« y 
Chiquitos: pág. 545. 



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HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



como interiores bajo techo (6) y con sus barandillas 
de horcón a horcón de la portada callejera para evi- 
tar la irrupción de las vacas que en la noche pacían 
tranquilas en la absoluta obscuridad — ya que ni se- 
renos habían — , en los nada escasosos céspedes exis- 
tentes en la ciudad misma. Raros jardines y la ma- 
yor parte de las veces verdaderos bosquecillos eran 
los solares ya mencionados. (7) 



(6) A Santa Cruz de la Sierra se aplicaría con todo derecho lo 
que se decía de San Ignacio (hoy capital de la provincia de Velasco en 
el departamento de Santa Cruz). "Las calles están cuadradas (con co- 
rredores para la defensa del agua y comodidad general)". Informe ele- 
vado ante Su Magestad, por el doctor José Lorenzo Gutiérrez, acerca de la 
visita ecleaiá^ítica qiic practicó en la jwovincia de Chiquitos, el año de mil 
ochocientos cinco. Fechado en Santa Cruz, el 30 de octubre de 1805; 
corre publicado en Manuel Vicente Bsi\Uv\án.^Documpntos para la his- 
toria geográfica de la República de Bolivia\ vol. I, págs. 81 a 87 . 

(7) «Ciertamente eu aquel entonces Santa Cruz, antes 
que uua población urbana, era un enorme conjunto de gran- 
jas y alquerías, sombreadas frondosamente por naranjos, ta- 
marindos, cosorióes. Senderos abovedados por enramadas 
floridas y fragantes separaban unas de otras las casas. Dicen 
que anacreóntica y epicúreamente se vivía alli a la de Dios, 
sin que a nadie le importara un guapomó o una pitajaya lo 
que en el mundo pasaba. 

«La plaza principal y algunas de las once calles arenosas 
estaban edificadas de adobe y teja; pero solo a trechos y de- 
jando intermedios solares, que eran otras tantas dehesas o flo- 
restas. Y sucedía que estas praderas y matorrales urbanos 
estaban cruzados de senderos estrechos, misteriosos, que guia- 
ban a sitios visitados por el amor o a. cabanas plebeyas. Ape- 
nas había una o dos manzanas cuya parte central no estuviera 
dispuesta o habitada en esta forma por guitarristas, hilande- 
ras, costureras, etc. Y estas mujeres eran/otras tantas anda- 
luzas decidoras por el habla y tipo de raza, bien que predomi- 



— 36 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



La mayoría blanca de la población en sus a- 
tenciones campesinas, teniendo a sus órdenes cam- 
b ada ohediente y sumisa sin necesidad de dureza ni 
despotismo: esclavizada blanda y suavemente, pero 
esclavizada al fin. El escaso mestizaje en labores 
de artesano que les proporcionaban buen pasar (8), 
aunque sin esperanzas de mejoramiento, ya que la 
soberbia cerrada délos señores quitaba hasta la más 
remota ilusión de llegar a las clases altas (9). Así es- 
taba asentada la realidad social: los blancos poseían 
el dinero y la propiedad, los mestizos en el artesa- 
nado, y los cambas en los trabajos agrícolas. (10) 



nando casi siempre en sus facciones rasgos extremeños para 
todos los gustos. 

«Anda por los carainitos, está perdido entre las casi- 
tas», querían en aquel tiempo decir que alguno saboreaba las 
ambaibas, ocorós. pitones, quitachiyüs, etc., del amor sensual, 
sesteando en las hamacas que allí colgaban, a modo de decir 
bajo el ardor primaveral de las pasiones en las verdes orillas 
del lago de la vida. Señores y señoritos saltaban a menudo 
por el fondo de sus casas la cerca de palma seca medianera, y 
caían suavemente, del austero hogar al Edén de estos camini- 
tos y casitas del centro de la ciudad». G. René--Moreno.— > 
Mojos y Chiquitos] p4g. 545. 

(8) El cosmógrafo don Cosme Bueno, en su Descripción 
de las Provinciafi pertenecientes al Obispado de Santa Cruz de 
la Sierra . . . hecha en Í777, afírma la siguiente: «Se ve en 
esta ciudad una cosa particular: no hay Maestro ni oficial de 
Oficio alguno, por q®. la necesidad ha obligado a los vez^^ a 
ser carpinteros. Herreros, Albañiies, Zurradores, etc., que ca- 
da uno ejercita en los menesteres de su casa y familia. Véa- 
se el volumen titulado: Bueno. — Descripción de algunas pro- 



— 37 — 



10 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



viñetas de América; folio 88; Archivo de la Academia de la 
Historia; Est. 27, gr. 3*. E. N^'. 92. Contradiciendo esto, cons- 
ta lo afirmado por un viajero francés quien conoció Santa 
Cruz de la Sierra de visu, y no por referencias; dice así: «Les 
hommes sont generalment artisans: ils exercent des profesions 
de tous genres, et se liurent aux travaux rustiques». Alcide 
D'Orbigny. — Vogage dans VAmérique Méridíonale; París, 
1839--1843; vol. II, pág. 571. 

(9) «¡Ay! de aquel que no fuera blanco de pura raza; 
pues ese solo y solo ese debía trabajar y a sus horas diver- 
tirse, mientras que los demás debían divertirse y ociarse al 
modo de señores nacidos para eso únicamente. Uno de los 
rasgos característicos de esta ciudad de blancos, era que todos 
los de esta raza se tuteaban o voseaban entre sí con exclusión 
de qnien quiera que fuese indio, o cholo, o colla (natural del 
Alto Perú y casi todos mestizos). Tratábanse de tú los igua- 
les; el inferior hablando con el superior usaba de la segunda 
de plural Al chiquitano, mojeño, chiriguano o colla que, al 
igual de lo que podía hacer un sirviente blanco, se atrevía a 
tratar de vos a un cualquiera de raza española, se le escupía 
la cara y no había a quien quejarse. A los collas de buena 
raza se les puso siempre a raya de esta comunidad de trata- 
miento por medio de un inexorable wsíci». G. René More- 
no. — Mojos y Chiquitos; pág. 546. 

(10) «Hay en ella (Santa Cruz de la Sierra), ciento se- 
senta hombres que los sesenta y cinco son vecinos encomen- 
deros «le pueblos indios, en que habrá en comarca de doce le- 
guas de esta ciudad ocho mil indios de visita y servidumbre, 
sin más de tres mil indios e indias que hay de servicio perso- 
nal dentro de la ciudad en las casas y chacras de los vecinos 
y moradores de ella». Relación déla ciudad de Santa Cruz 
de la Sierra por su gobernador don Lorenzo Suárez de Figueroa. 
Es de alrededor de 1586. Corre publicada en Manuel Vicen- 
te Ballivián, — Documentos para la historia geográfica de la lie- 
piihlic2 de Bolivia; vol. I, págs. 40 y 52. 



— 38-. 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



VII 



Hagamos un esfuerzo de imaginación para con- 
templar como en una visión lejana o un panorama 
difuso la vida do vicio en esta época del Santa Cruz 
Colonial. El grueso y estirado prebendado está 
terminando su colación vespertina; suculenta capiro- 
tada (1) ha seguido al locro confeccionado al estilo 
icarretero» con buen charque de la propia hacien- 
da (2); el exceso de ají (3), asi como lo elevado de la 
temperatura (4), hacen resbalar gruesas gotas de su- 
dor por la españolísima tez de íSu Señoría. Grari 
tazón de café humeante y lo menos de cinco años 
de viejo, bien mascado con bizcochos de maiz o ta- 
males al horno complementan la comida, cerrada 



(1) Suculento y clásico guisado de la tierra cruceña que no co- 
rresponde al indicado en la página 493 del voi. II, de la Enciclopedia 
Espasa. 

(2) El charque seco ''sert a faire du locro assaisonné avec du riz 
et de la graisse de boeuf. C'était mon ordinaire de voyage". D'Orbig- 
ny. "Yoyage^ \\, 5d>^. 

(3) Capcum, pimiento, ají: quichi, en guaraní. Uchú en quichua; 
Huaika, en aimara. Familia Solanáceas"'. Rafael Peña. Flora Cruce- 
fía; Sucre, 1901, pág. 234. En México y América Central le llaman 
Chile. 

4) "Le climat de Santa Cruz est des plus brulans"; D'Orbig- 
ny. Voy age. II, o65. 



— 39 — 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



con un platillo de manjar blanco cuya nivea super- 
ficie de azúcar pulverizada corta la argéntea cucha- 
rilla del señor Prebendado. 

Su Señoría eructa satisfecho; se diiige al arca 
que cerrada con gruesa aldaba y fuerte candado 
guarda celoso en el dormitorio; saca de aílí las bol- 
sas de patacones, pesos fuertes, peluconas y hasta 
onzas (5), y llamando con recia voz al sirviente de 
confianza — nacido y criado en la casa las más de las 
veces — , le ordena lo siga cargando con aquello. 
Requiere el emborlado bastón de grueso puño de 
oro y se dirige a la calle. 

Cae ya la tarde y como todo el mundo ha cena- 
do, quien no está en el vicio del juego se halla sen- 
tado — ya en sillas o bancos de adobes adosados a 
las paredes—, a la puerta de la casa, tomando el 
fresco vespertino y hablando mal de todo el que pa- 
sa (6), o bien pescando crónicas, nada escasas en a- 
quellas poblaciones pequeñas que por lo reducido 
de sus horizontes aumentan, complican y transfor- 
man todo lo que en el vecindario pasa. 



(5) Estos canónigos eran de desahogada situación económica, 
por propia fortuna familiar y aun más por las congruas que recibían; 
así lo afirma Castelnau. quien en 1843 decía: *'Ces eclesiastiques 
jouissaient autrefois d'un revenue de dix a douze mille piastres, mais 
aujourd'huin'en recevomt plus que mille par an". Fr. Castelnau. 
Expédition; 111^ 240 Cada piastra valía cinco francos. 

6) Sobre la maledicencia criolla, véase Carlos Octavio Bunge. 
Nuestra América; Buenos Aires, 1918, pgs. 196. 



40-. 



OBISPO Y CANONIOOS TAHURES 



Por la calle cubierta de arena (7) que contiene 
restos de huesos, tejas, cacharros viejos, maderas, 
etc., camina Su Señoría pisando fuerte como perso- 
na que bien sabe lo que vale y distribuyendo salu- 
dos por todo el camino llega a la casa consabida. 
Generalmente no hay necesidad de recio aldabonazo 
en la claveteada puerta, pues ella está abierta en 
una especie de túnel, ya que tiinel y no otra cosa 
son los agujeros que puertas y ventanas originan en 
esos enormemente gruesos paredones de pesados 
adobes que fueron hechos allí en la calle misma por 
los propios peones para la construcción de la solarie- 
ga casa. 

Ya reinaba la impaciencia entre los que hacía 
rato esperaban a Su Señoría; al toque de Angelus, 
las mujeres con la servidumbre habían rezado una 
estación y el rosario de estilo, retirándose en segui- 
da la familia a los aposentos interiores, mientras el 
señorío se dispone a dedicarse a su pasión favorita 
y cotidiana: el juego. 

Allá en el establo, junto a uno o dos caballos 
de silla, una vaca rumia tranquila su ración a la es- 
pera de la mañana en que ha de proporcionar leche 
fresca para la «ambrosía» que deben tomar los se- 
ñores después del clásico «guaraná:) (S); las gallinas, 

(7) "Ses rúes sont mal aÜgnées et l'absence de tout pavé y est 
d'autant plus sensible, que le sable profund qui couvre le sol rend la 
marcha tres difficile". Castelnau Éxpedition; 111, 239 

(8) Un notable novelista de nuestros días dice del guaraná que es 
un 'estupefiant prodigieux", definiéndolo como ''breuvage étonnant 
pour combattre la faim, la fatigue et la tristesse. C est le hachisch de 



— 41 — 



11 



IIUMBEPTO VAZQUEZ-MACHICADO 



pavos y palos se encaraman en los naranjos y chi- 
rimoyos, mientras los perros buscan el calor del res- 
coldo en la ahumada cocina y los bien cebados ga- 
tos emigran en busca de la enamorada pareja. 

Ya sea en la cocina o en el patio — según la 
temperatura — , la servidumbre daba hospitalaria (9) 
charla a los criados de los señores invitados. Allí, 
en corro cuentan las viejas tradiciones y las leyen- 
das escuchadas a indios que murieron hacía muchí- 
simos años y que habían vivido en el monte o cono- 
cido a los pobladores de Santa Cruz la Antigua; 
otras noches era el narrar las inolvidables impre- 
siones recogidas cuando compañeros de sus amos 
viajaron a las lejanas misiones de Mojos y Chiqui- 
tos, y todos estos relatos eran llenos de historias te- 
rribles de aparecidos y fantasmas, tesoros ocultos, 
fenómenos misteriosos, etc;, tejido todo ello en alas 
de un loco desvarío' de fantasía extraterrena (10). 
¡Cuántas veces la bordada camisa con su pegado 
cuello — pero sin corbata — , no se conmovía a im- 
pulsos de los acelerados latidos del corazón, mien- 
tras la mano buscaba convulsa en el bolsillo de la 
corta chaqueta (11) el pañuelo o lo que hacía de tal, 
para simular el sonarse en disculpa de que la garra 
del miedo habíales sujetado la gargantal 



ees contrées". Adolfo Costa du Reís.— Terres embrasées; París, Fas- 
quell, 1932, págs. 231 y 229. 

(9) ''La hospitalidad de los cruceño? es proverbial". M. J. Cor- 
tés. — Ensayo sobre la Historia de Bolivia; Sucre, 1861, pág. 307. 

^ 42 — 

< 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



(10) «Ciudad rodeada entonces de selvas sombrías, aco- 
metida iiasta en sus calles y plazas por florestas que amenaza- 
ban tragarse los edificios, sacudida por huracanes bramadores, 
anegada por lluvias torrenciales, iluminada por rayos y relám- 
pagos pavorosos, en Santa Cruz la solitaria vida colonial echa- 
ba su rica imaginación de los trópicos a divagar a través de los 
misterios y todas las fantasías sobrehumanas, echábalas al 
campo inaudito de las maravillas propias de la superstición 
más desenfrenada. Se creía en duendes, en ánimas que pe- 
naban en torno a las iglesias, en soir.bras de difuntos apareci- 
das dentro del aposento, en que ángeles arrastraban zurrones 
de dinero cuando tronaba, en los mismos demonios venidos a 
la hora de la muerie a disputar su presa al cura, etc., etc. 

«De las ruinas de Santa Cruz la Antigua los ancianos que 
habían estado en San José contaban casos de gemidos noctur- 
nos, de galerías subterráneas con ignoto paradero, de fantas- 
mas vagabundos, de tesoros defendidos por cierto dregón ocul- 
to entre zarzales, etc. De la travesía a San José se contaban 
el año 1786 cosas portentosas que han llegado hasta nuestros 
días. Un eurichi había con basiliscos nocturnos de ojos fla- 
mígeros y que se reflejaban en las aguas dando en gran ma- 
nera a la ciénaga el aspecto de una boca del averno. La leyen- 
da de la Pampa del árbol solo» viene de allá. Contábase de un 
jesuíta que sesteando y rezando se mecía en una altísima ha- 
maca pendiente de dos enormes tamarindos del camino, y 
contábase que. cuando iba a acontecer no sé que cosa a los 
transeúntes, decía en la noche el juesita con^'una voz fatídica 
qué bacía estremecerse a las antas y a los jabalíes: 

¡Ahraham, Ahraham! 
¿Durmiendo o velando están? 

«Cuando algún caminante había acertado a pisar sobre 
cic ' ta sepultura en una selva muy sombría los días de «sur y 



— 43 



HUMBERTO VAZQTJEZ-MACHICADO 



chilchi» (cierzo frío con llovizna), las once campanas de la to- 
rre morisca de San José doblaban solas que era un asombro». 
G. René-Moreno. — Mojos y Chiquitos ] 583 — 585. 

(11) — Este traje aun en uso actual en Andalucía, era co- 
mún a todas las clases sociales de Santa Cruz hasta algo más 
de la mitad del siglo pasado, en que se redujo a la clase arte- 
sana. Razón sobrada tenía Manuel José Cortés para decir 
«la identidad de idioma, traje y costumbres, facilitando el con- 
tacto de todas las clases puede extender rápidamente las 
ideas». Ensayo sohe la Historia de Bolivia, 307. 



— 44 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



VIII 



Mientras tanto, ¿qué pasaba en la sala de los 
señores? Una vez cerrada la puerta con enorme 
llave y asegurada con la gruesa tranca de pesadísi 
mo cuchi (1), para evitar molestias de los importu- 
nos, comenzábase el entretenimiento que tantas 
desazones causaba en los hogares. La enorme ha- 
bitación cawos escasos muebles (2) lucían el tornea- 
do tipico del bairoco colonial, estaba alumbrada por 
gruesos velones de confección casera puestos en e- 
normes candelabros de plata y teniendo al lado la 
despabezadora, de plata también (3). 

Sobre las anchas mesas de caoba maciza; iban 
tomando puesto y colocando sus caudales los juga- 

(1) '"'Astrono hediondo'^ Afttronium Graveolens^ Jacquin; Quebracho. 
Cuchi^ vulgarmente Oquichizich, en chiquitano Urnndei nn\ en guaraní; 
Familia Terebintáceas, tribu Anacárdeas". Rafael Pquíi.— Flora Cruce- 
)Ta, pág. 53. 

(2) "A votre entrée dans la maison. quelques femmes indiennes 
vous ouvrent une grande chambre sans meubles, etc., etc." Castel 
ñau.— Expéditio7i\ 111. 241. 

(3) Varias de estas piezas de gran mérito artístico y procedente 
de familias patricias de Santa Cruz de la Sierra ha tenido ocasión de 
admirar el autor, en la valiosa colección particular que con tanto talen- 
to como paciencia ha llegado a formar el culto y entusiasta cruceñófilo 
don "Antonio Muniz Barreto en su casa residencial de Buenos Aires. 



— 45 — 



12 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



dores, mientras se barajaban las cartas y alguno que 
otro r equería el yesquero de ^,oro o plata para-^ en- 
cender enorme cigarrillo envuelto en chala de 
maiz (4). 

Dábanse los pases a la clásica baraja española 
de cuarenta cartas, sin «malillas» — , y comenzaban 
las puestas. Muchas veces íSu Señoría anunciaba 
orgulloso que tenía juego completo o «primera» (5), 
oro, copa, espada y basto, y de pronto su alegría era 
cortada por el Deán que anuncieba tener flux o 
sean todas las cartas del mismo palo. 

En la otra mesa, el Alcalde era favorecido por 
las «senas» y «quinas», mientras que a doña Fran- 
cisco Suárez no la abandonaban los «doses» y las 
«cuadras» (6). Y así iba y venía la suerte veleido- 
sa como siempre; acariciaba un momento el solideo 
violeta del Obispo Roxas y Argandoña, para de sú- 
bito pasar al moño o trenzas de la Chepa Romero o 

(4) "Une des maitrasses de la maison qui sont habillées a Teus 
ropéene, mais dont les longs cheveux noirs sont tressés en deux nattes 
a la maniere de ceux des femmes de Chiquitos, va aussitot prendre une 
cigarrete de paille de mais, Tallume elle-meme et vous la présente**. 
CüSXtXndíVi.—Expédition: II i, 241—242. 

C5) En Santa Cruz de la Sierra se juega con cinco cartas, y es 
una especie de poker con un descarte para mejorarse, pero con puesta 
única. 

(6) Seguramente lo que se jugaba con los dados evñ pinta, jue- 
go de azar con dos dados; las suertes son 5 y 6 > los pares de cada uno 
de estos números, o sean las "quinas" y "senas", y el par de 3. Las 
malas o "peles" lo que queda al reverso de cada uno de los puntos an- 
teriormente enunciados, por tanto 1 y 2, y los pares de 1, 2 y 4. estas 
últimas llamadas "cuadras ', Las puestas son escalonadas de uno a 
seis denominándose: llano, pinta, tercio, cuarto, quinto y sexto, y se 
ganan proporcionalmente según los puntos. El "séptimo", o una para- 
da con siete puestas, es poco usada y parece que es nueva. 



— 46 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



se sentía más atraida por los entorchados y la espa- 
da del Sargento Mayor que por las malas artes del 
familiar Flores. 

A las nueve de la noche, espumante chocola- 
te cocido en tacho de barro y con saorosas pastas, 
interrumpía breves minutos el juego para proseguir- 
lo con más fuerza, alternando con tazas de café en 
tintura (7) que tonificaba los nervios, ya que no era 
dable que los huéspedes se rindiesen por fatiga an- 
tes que por la mala suerte. Y así pasaba el tiempo, 
siendo casi siempre el día, una simple y llana conti- 
nuación de la faena en la noche anterior comenza- 
da... (8) 



7) "A chaqué instant on vous sert des tasses de café sans lait, 
que les regles de la bienséanse vous obligent dit on a avaler". Castel- 
nsiu.—Expédition: tome nijpage 242. 

(8) *'Facundo tenía la rabia del juego, como otros la de 
los licijres, como otros la del rapé. Un alma poderosa, pero in- 
capaz de abrazar una grande esfera de ideas, necesitaba esta 
ocupación ficticia en que una pasión está en continuo ejerci- 
cio, contrariada y halagada a la vez, invitada, excitada, ator- 
mentada. Siempre he creido que la pasión del juego es en los 
más de los casos una buena cualidad de espíritu que está ocio- 
sa por lámala organización de una sociedad. Estas fuerzas de 
voluntad, de temeridad, de abnegación y de constancia son las 
mismas que forman las fortunas del comerciante emprende- 
dor, del banquero y del conquistador, que juega imperios a las 
batallas. Facundo ha jugado desde la infancia; el juego ha si- 
do su único goce, su desahogo, su vida entera". Domingo F. 
Sarmiento — Facundo o Civilización y Barharie en las pam- 
pas argentinas] 4a. edición; París, Hacheite, 1874, págs. 72 — 
73. 



— 47 — 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



IX 



Todo parecía bien en la mesa del juego, pero 
más de \mo de los señores allí presentes con casa 
puesta y familia cuya atención , requería cuidados, 
sentíase alguna vez inquieto, cuando el recuerdo de 
la espesa venía a entenebrecer su mente, tratando 
de alejar rápidamente tan importuna idea que casi 
siempre le traía mala suerte. Gesto impaciente y 
desdeñoso y las más veces un taco redondo — apesar 
de los eclesiásticos y las señoras presentes, quienes 
a su vez no ahorraban las soldadescas interjeccio- 
nes — , y seguían con la «primera» y la «pinta». 

Mientras tanto la esposa acongojada con la pa- 
sión insana del juego que ha apoderádose de su ma- 
rido, vela en el sombrío caserón ;abandona el enorme 
tálamo cubierto con un mosquitero que sus propias 
manos bordaron y se pasa a la cómoda y ligera ha- 
maca (1), obra manual de los indios chiquitanos — ,o 
bien pasea inquieta por los vastos y desiertos salo- 



(1) Al hablar de las habitaciones en las residencias de 
Santa Cruz, Casteluau dice que en ellas «vous trouvez pour 
siegeunou deux hamacs». Exyedition] III, 241. 



— 48 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



nes o los techados corredores que rodean el arbola- 
do patio. El aposento está solo alumbrado por u- 
na pequeña vela de sebo ante un cuadro de Cristo 
Crucificado, cuando no ante una alhajada imagen 
de yeso o madera de Nuestra Señora de la Asunta 
o la Virgen de los Dolores, oñ'enda luminosa que 
significa un voto de imploración y de aj^uda, rema- 
chado con los rezos de la atribulada esposa, que pa- 
sa nerviosa entre sus dedos el rosario de nácar u 
oro, tratando de comprometer la intersección divi- 
na en favor de sus demandas y pidiendo la apoyen 
en sus ruegos el señor San Antonio o Santa Rita^ 
Abogada de los Imposibles. 

Allá en la penumbra^ del poco amoblado dor- 
mitorio cuantas visiones habrán pasado por su afie- 
brada mente en esas largas horas de inquietud y de 
zozobra, esperando por momentos la ruina total, 
iniitiles y agotados ya los ruegos ante la terquedad 
individualista (2) del marido enviciado hasta la lo- 
cura! 

Sus primeros años divididos entre la casa de 
la ciudad y la hacienda campestre; allá en los um- 
brales de la adolescencia quizá alguna fugaz ilusión 
que no llegó a embrionarse siquiera! las primeras 



(2) ''Os hespaiihóes fizeram una religiáo do individua- 
lismo, sublimando esse sentimento de independencia que está 
no fundo da alma até aó ponto de o divinisar». J. P, Olivei- 
ra Martins. — Historiada Civilisacáo Ibérica. — Lisboa, 1918, 
pág. 249. 



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13 



HUMBERTO VAZQUEZ-MA CHICADO 



fiestas a las que concurría vigilada y secuestrada 
hasta lo inconcebible por la terriblemente celosa 
mamá (3). Luego su matrimonio muy joven y de- 
bido casi siempre a influencias e imposiciones fami- 
liares (4), con algún primo más o menos lejano y a 
quien había conocido y tratado fraternalmente en 
su niñeZj.y qiie hoy se le aleja, desviado por una 
insania que amenaza traer la miseria al hogar al 
cual ella prestara ese lustre como únicamente sa- 
bían darlo las matronas de antaño. Vuela ¡después 
el pensamiento a los hijos que duermen con la pla- 
cidez de la inocencia, ignorantes de la sombría tem- 
pestad que se cierne amenazadora sobre la fami- 
lia. 

Sus lágrimas, sus quejas, sus sollozos entre- 
cortados, sus desesperadas imploraciones a la fé ca- 
tólica, en la cual cree a ojos cerrados y constituye 
su único refugio — , nadie podrá atenderlas, pues el 
esposo educado en esa fiera escuela del señorío 



(3) "Pendant que les jeunes personnes se livrent ainsi a 
leur gout effrené"pour la toilette, les méres, qui ont renoncé 
aux vanités du monde, sont heurouscs de servir leurs filies; 
et les jours de bal elles vont enveloppées de manteaux obs- 
curs, s'assesoir au fond de la salle, ou méme a la porte de la 
rué». CsiSte\u3iU.—Expedition; III, 244—245. 

(4) Para casarse «los hijos e hijas menores de veinticinco 
año necesitaban licencia de su padre o en su defecto de su 
madre, de sus abuelos y aun de sus tutores». Ricardo Leve- 
ne. — Introducción a la historia del Derecho hidiano\ Buenos 
Aires, 1924, pág. 113. 

— 50--^ 



OBISPO Y CANONICOS TAHURES 



español (5), deja a la mujer el cuidado de la casa y 
familia y en cuanto a lo demás, allá manda él sin 
control alguno (6); para eso es hombre y para tal 
mando ha nacido (7). 

(5) «La baja valoración de la mujer, el desdén y menos- 
precio de que padece en los libros medioevales, es un tema 
consagrado». Enrique Finke. — La mujer de la Edad Media: 
Madrid, 1927, pág. 115. 

(6) «Roí chez lui, le Cruceño campagnard ne s'occupe 
jamáis de Tinterieur de sa maison; il se charge de tout ce que 
regarde l'exterieur, mais laisse l'administration du reste a sa 
compagne ou a ses enfans, envers lesquels il se montre peu 
exigeaut». D'Orbigny. — Voyage, II, 537. 

(7) «El padre de familia colonial era m .is dueño y señor 
de sus bienes, podía ejercer su influencia en un porvenir ili- 
mitado, fundando mayorazgos, vinculando de diversas mane- 
ras sus propiedades». Juan Agustín García. — La Ciudad In- 
diana] Buenos Aires, 1900, pág. 87 y siguientes. 



— 51 — 



HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



X 



íáe ha cantado muchas veces la belleza y el sa- 
lero andaluz de la mujer cruceña (1), pero muy po- 
co o nada se ha dicho de esas grandes cualidades de 
resignación y sacrificio que constituían los más be- 
llos florones de su diadema de virtudes (2). La mu- 
jer cruceña ha sido hasta no ha muchos años tal co- 
mo la imaginamos en la época a que esta crónica se 
refiere. Posiblemente apenas sabía leer y escribir 



(1) «En general, sans etre remarquables sous le rapport 
de la beauté, les Cruceñas sont gracieuses et bienveillantes; 
ellesne cherchent qu'a plaire et elles y réussient d'ordinaire: 
plus d*un vayageur, venu jeune dans le pays, a eté tout sur- 
pris un jour de se sentir vieux, sans pouvoir se rendre comp- 
te d'une existence ainsi passée sans veilie ni lendemain». 
Casteluau. — Exjpédition, III, 245. 

(2) «No fué la iglesia, sino quizás las costumbres teutó- 
nicas y el desarrollo del sistema feudal, con sus ideales mas- 
culinos y militares que aquella trajo consigo, lo que principal- 
mente influyó en rebajar la situación de la mujer al grado de 
inferioridad en que se colocó en ol mundo medioeval». Ha- 
velock Wiis. -^Estudios de psicología sexual] vol. VI: El Sexo 
en relación con la Sociedad; Madrid, 1913, pag. 467. 



— 52 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



y un poco de la sagrada doctrina (3), pero en cam- 
bio de esa escasez de dotes intelectivas tenía otras 
cualidades que compensaban aquella falta: era bue- 
na, trabajadora, cumplidora fiel de sus deberes de 
esposa y madre (4), todo ello con una resignación y 
espíritu de sacrificio verdaderamente evangéli- 
cos (5). 

En el amor a Dios y a su esposo concentraba 
sus afectos y distribuía su tiempo entre el cuidado 
de la casa y hacienda y la educación de los hijos (6), 

(3) «En las escuelas aprenden los niños a leer, escribir, 
contar, el catecismo de la doctrina cristiana y rudimentos del 
idioma nacional». José María Dalence.— Bosquejo estadístico 
de BoUvia\ Sucre, 1851, pág. 244. 

(4) «Las intelectuales son con más dificultad madres que 
las mujeres sencillas; y cuando, casi milagrosamente llegan a 
la maternidad, sus infantes son más miserables, más enclen- 
ques que los de las robustas campesinas y que los de las muje- 
res del pueblo, que se ocupan en labores propias de su sexo-^, 
Dr. Roberto Nóvoa Santos. — La indigencia espiritual dtl sexo 
femenino; Valencia, Sempere, 1908, pág. 287. 

(5) Las mujeres de Santa Cruz de la Sierra asemejában- 
se a esas griegas que tanta contribución tuvieron en la obra 
de Pablo de Tarso, de quienes se dice: «Elles creerent la digni- 
té de leur sexe, justement parce que'elles ne parlerent pas de 
leurs droits; elles firent plus que les hommes, en ayant l'air 
de se borner a les servir». Ernest Renán. — Uistoire des origi- 
nes du ehristianisme; vol. III; Saint Paul; París, Calman Lé- 
vy, 26e. édition; 1923, page, 150. 

(6) «La esprsa no es el simple instrumento de placer 
que se abandona. Cuida la casa, los animales domésticos, tra- 
baja en todas las industrias del hogar, es una fuente de rique- 
za». J. A. García. — La ciudad indiana] Buenos Aires, 1900. 



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14 



HUMBERTO VAZQUEZ MACHICADO 



tiempo ese suyo muy de tarde alegrado con alguna 
tiesta mundana (7): cumpleaños, velorios de santos, 
bodas, etc. Naturalmente que esta regla tenía sus 
excepciones, y de qué clase! En esla crónica se 
mencionan ya algunas señoras y de lo más encope- 
tado que muy otras distracciones que los quehace- 
res domésticos gustaban de practicar, pero en gene- 
ral aquellos piincipios y no otros eran los que re- 
gían las virtuosas vidas de las matronas cruceñas (8). 

Hace ya mucho tiempo que pasó ese tipo así 
de mujeres al estilo antiguo, que nacidas y criadas j 
en el respeto y la obediencia al señor de la casa, en 
el matrimonio eran sumisas acatadoras de las órde- 
nes del esposo (9), pudiendo este hacer de las suyas j 

(7) «Son escasos en Bolivialos paseos, las tertulias, las 
representaciones teatrales y todas esas diversiones que estre- j| 
ehan los vínculos s'^ciales». M. J. Cortés. — Ensayo sobre la 
historia de Boliviu; pág. 299. 

(8) «Apesar de este fondo humano del cristianismo de . 
exquisita ternura hacia la mujer, los siglos posteriores a la ] 
aparición de esta doctrina no han hecho más que agravar la | 
situación y el menosprecio. La edad media fué particular- j 
mente cruel para ella». Juan Finot. — El prejuicio de los \ 
sexos', Sempere, Valencia; voL I, pág. 92. 

(9) « Was das Weib unter Liebe versteht, ist klar genug; 
vollkommene Hingabe (nicht nur Hingebung) mit Seele und j 
Jjcib, ohne jede Ruecksicht, jeden Vorbehalt, mit Schrecken 
vielmehr vor den Gedanken einer verklansulirten, an Bedin- ' 
gungen geknuepften Hingabe. In dieser Abwesenheit von 
Bedingungen ist eben seine Liebe ein Glaube: das Weib hat 
keinen anderen». Friedrich Nietzsche. — Die Froehliche l 
Wissenschaft; Alfred Kroener Verlag; 1923, Seite 314, 



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OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



en juegos o líos mujeriles sin tolerar observaciones 
ni celos, pues para eso es hombre y sabe lo que ha- 
ce (10). 

Sé perfectamente que hoy ese tiempo ha pasa- 
do ya para siempre y que todo es muy distinto, con- 
secuencia lógica de la evolución de costumbres, exi- 
giendo otras cualidades y otras aptitudes a la mu- 
jer; pero convengamos que para la vida un poco pa- 
triarcal y otro poco bárbara de esa época, estaban 
muy bien esas mujeres enchapadas así a la anti- 
gua (11). 

Vaya para ellas, para las matronas de la colo- 
nia, y de la pasada centuria el saludo reverente del 
cronista que hoy las contempla con ojos de nostál- 
gico en la visión triste y lejana del tiempo que se 
fué. (12) 



(10) 'Docere autem mulieri non permitto. ñeque domi- 
nari in virum''. Epístola primera de San Pablo a Timotheo; 
cap. 11. vers. 12, 

(11) ' La mujer ama la virilidad y desea que su amado 
realice hazañas vigorosas'*, Valdemar Vedel. — Ideales cultu- 
rales de la Edad Media ; vol. I; Vida délos héroes: Barcelona, 
1925, pág. 106. 

(12) El autor de esta crónica en mucho comparte las 
ideas de Otto Weiuinger, el trágico judío suicida de Viena, de- 
moledor implacable del prestigio de la mujer. Muy apesar 
de la influencia que sobre su espíritu hubiera podido tener 

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HUMBERTO VAZQIJEZ-MACHICADO 



la lectura de Geshlecht und CharaJcter, el recuerdo de su hogar 
que su raadre y su hermana — ha tiempo «al otro lado de la 
Gran Serenidad»—, ennoblecieron con tanta dignidad y el 
de su esposa que lo ennoblece hoy. hace que mantenga en 
toda su integridad lo que consta en el texto. Nota de 
1938. 

Del libro de Weininger, dice un pensador moderno que 
es ' der einzige ernste Versuch, Kant durch Beziehung auf 
Wagner und Ibsen innerhalb dieser Epoche wiederzubeleben. 
Oswald Spengier. — Der Untergang des Abendlandes — Umrisse 
(iner Morphologte der Weltgeschichte\ Muenchen, 1923: I 
Band, Seite, 482. 



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OBISPO Y CAN0NIG08 TAHURES 



XI 



Desde agosto do 1802 que llegó el Obispo [Ro- 
xas y Argandoña, en Santa Cruz se jugó con verda 
dera locura; primero en lo del señor Deán don Pe- 
dro Toledo Pimentel, después dcnde la Chepa Ro- 
mero, y así seguían trasladándose de casa en casa, 
pero sin dejar de jugar; hoy era en lo de doña Mi- 
caela Limpias, mañana donde el Alcalde don Joa- 
quín Ibáñez, pasado donde don Tomás López o el 
Penitenciario doctor Velasco, y así continaban dan- 
do la vuelta por las casas de todos los que compo- 
nfan tan selecto grupo. Juega que te juega, el re- 
tintín de las monedas alternaba con el rodar de los 
dados y el discreto crujir de las barajas, y así en 
esta actividad febril y perniciosa pasaba el lento su- 
cerse de los días (1). 

Cuéntanse de esa época cosas increíbles; se ha- 



(1) "Juan Facundo Quiroga, el tmgico caudillo argenti- 
no, llamado «El Tigre de los Llanos», nombre perpetuado 
hasta hoy, «jugaba cuarenta horas y más consecutivas». 
Domingo F. Sarmiento. — Facundo; Buenos Aires, «La Cultu- 
ra Argentina»; 1927, pág. 145. 



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15 



HUMBERTO VAZQUJÉZ MACÍÍICADO 



bla de tenidas de quince días con sus noches; asegu- 
rase que casi no se dormía en ese tiempo y que a- 
penas breves momentos se descansaba para reponer 
los malas noches y seguíase jugando y jugando, 
mientras la miseria llamaba hoy a una puerta, ma- 
ñana a otra, y así continuaba la vida social en plena 
angustia y zozobra; nadie sabía si al día siguiente 
continuarían aun suyas su casa y haciendas, pues 
ello dependía de la buena o mala suerte que tuviera 
esa noche. 

Una muestra de los extremos a que se llegó en 
esa época de neurosis colectiva, como diría un alie- 
nista moderno (2) — , es el haber sorprendido a José 
Flores, familiar del Obispo, jugando con dados fal- 
sos, pues dada la situación que tenía y el ser admiti- 
do entre esos aristócratas, demuestra que era consi- 
derado como persona decente y de limpio linaje (3). 
Refiérese también el caso de que durante dos días 
^ seguidos no hubo asistencia al coro catedralicio, 
pues los señores Canónigos y Prebendados hallaban 

(2) "Un sentimiento o una idea que se difunda con mayor o me- 
nor celeridad, que conquiste con más o menos rapidez a la multitud, 
es una epidemia psíquica. Consiste, por lo tanto, en "un estado 
" ideo emotivo que de uno o pocos individuos se trasmite a muchos de 

un modo rápido e intenso, hasta producir una paralogización transito- 
*^ ria de la conciencia, a fin de dominarla, dando lugar a fenómenos ex- 

traños de psicología y neuropatía". Pascual Rossi.— Psicología co' 
lectiva morbosa; Barcelona, 1908, vol. I. pág. 39. 

(3) *'Refiriéndose a Santa Cruz, dice un historiador: "La hon- 
radez es suma y casi nunca hay robos: no sucede jamás que nadie jue 
gue lo ajeno". Manuel José CoTtés.=E7isayo sobre la historia de BoUvia; 
pág. 397. Confirmando esta regla, tenemos la excepción del clérigo 
Flores que figura en la crónica. 



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OfiiSPO Y CANÓNIGOS TAHURES 



mejor y más entreteuido el manejo de los dados y 
las barajas que la lectura del breviario en el oficio 
divino que la ley canónica les ordena rezar en con- 
junto y cotidianamente (4). 

Un sábado de esos^ mediando la tarde, reunió- 
se el Deán doctor Toledo Pimentel con el Alcalde 
don Joaquín Ibáñez, don Tomás López y un otro 
sacerdote y se dedicaron a su acooCumbrada ocupa- 
ción; gustaban tanto de ella, que el día domingo 
sorprendióles cuando no pensaban dejar la tarea 
emprendida. Tocáoale al señor Deán el turno de 
ese domingo de decir la misa de doce, la de la gente 
«bien>, misa que debe decirse siempre antes del me- 
diodía, ya que pasado él no debe comulgarse, — al 
menos así lo asegura persona que de ello entien- 
de (5). Llegó la hora de Ja misa y el Deán, que sin 
duda estaría tratando de desquitar sus pérdidas, no 
daba esperanzas de venir a cumplir con el sagrado 
deber de su ministerio y ante los avisos de que la 
hora se vencía, ordenó esperasen así sacristanes co- 
mo público feligrés. 



(4) Los cánones prescriben severameníé la asistencia al coro de 
los Prebendados y sobre esta obligación de celebrar el Oficio Divino, 
dice el Tridentino: '"Ommes vero qui in cathedralibus aut collegiatas 
canonicatus dignitates aut proebendas obtinent, divina per se et non per 
substitutos compellantur abire officia . . . atque in choro ad psallen- 
dum instituto hymnis et canticis Dei nomen reverenter distincteque 
laudare". Mándese consultar Justo Donoso.— Instituciones de Derecho 
Canónico; Friburgo de Brisgovia; 1909, pág. 205. 

(5) "Missa prívata quacunque hora ab aurora unque ad merf- 
diem díci potest". Justo Donoso.— Instituciones de DerecJio Canójiicay 
pág. 359 



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HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



Aquello era ya demasiado, y así lo entendió el 
cura Rector don Pedro Pablo Baca, y envió un otro 
monaguillo a lo del señor Deán urgiéndole venir, 
pues era imposible continuar en esta inusitada es- 
pera; el muy arrogante señor Deán con ese orgullo 
que heredara de los marqueses de Toledo sus ante- 
pasados, conquistadores de Tucumán (6), «le mandó 
recado a dicho Cura con la expresión de que él sa- 
bía lo que hacía». La una pasada era ya cuando el 
soberbio señor Deán se dignó constituirse en la igle- 
sia a cumplir con su deber y sus benditas manos de- 
jaban de manejar los dados, las barajas y el «vil 
metal», para tomar entre ellas el cuerpo de Nuestro 
Señor Jesucristo en la Sagrada Hostia. 



(6) Cuando se escribió el texto solo tenía referencia de la rela- 
ción de los Toledo Pimentel con el título aquel de Marqués, ya que Re- 
nésMoreno, al escribir la biografía de Nicomedes Antelo aice que este 
cantaba a dúo con "Idegunda sobrina de la marquesa Toledo". {Bolivia 
y Argentina.' 'Notas biográficas y bibliográficas: Santiago, 1901, pág. 123). 
Dicha Idegunda era Gutiérrez, de la misma familia de los Toledo Pí- 
rñentel y de los actuales Gutiérrez, de Santa Cruz de la Sierra. 

Posteriormunte me informé del nobilísimo abolengo de dicha fa- 
milia, seguramente la más linajuda de Santa Cruz de la Sierra, yá que 
entronca con don Fadrique de Toledo, Duque de Alba, Alonso Enríquez 
Almirante de Castilla. > por tanto emparentado con los reyes de Espa- 
ña. Puede verse un resumen de esta ascendencia en Pablo Pastells 
S. J.. — Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay^ Ma- 
drid. 1912, vol. I, pág. 309, y aun mucho más documentado y explícito 
en la '''Información de méritos y servicios de don Fernando de Toledo Pi 
mentel. que entró a la conquista de los chiriguanaes con Hernando de Cas 
zorla y Lorenzo Suárez de Figueroa; Archivo General de Indias. Sevilla. 
74—0—29; Charcas 84. Asimismo se halla dicha genealogía en la so* 
licitud de D. Francisco de Entreambasaguas, para ocupar el cargo de 



^60 — 



OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



Teniente Asesor del Gobierno e Intendencia de la Plata; el 
solicitante era descendiente de los Toledo Pimentel. Va ad- 
junta al oficio 160 del Virrey del Perú, fechado en Lima el 
10 de Septiembre de 1818; Archivo General de Indias, Sevi- 
lla, 119 -7—18; Audiencia do Lima, 758. 

Sobre don Pedro Toledo Pimentel que nos ocupa, pue- 
den verse todos los cargos que ocupó en la Catedral de Santa 
Cruz después de haber estudiado en Córdoba del Tucumán, 
etc., etc.. en la recomendación que de él ' hace el Obispo Ro* 
xas y Argandoña en 12 de diciembre de 1802. Archivo Ge- 
usral de Indias, Sevilla; Charcas, 726. 



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16 



IIUMBEETO VAZQUEZ-MACHICADO 



XII 



¿Y las autoridades? Ya queda dicho; las prin- 
cipales eran las mayormente culpables y las inferio- 
res no se atrevían a nada por la alta categoría ofi- 
cial y familiar de los señores jugadores: contempla- 
ban impotentes el mal sin poderle poner remedio, 
ya que Obispos (1), Alcaldes, Canónigos y grandes 
señorones daban el ejemplo de la depravación y de 
la inmoralidad (2). Las quejas de madres y espo- 
sas nada podían ante la avalancha del vicio que ha- 
bía enloquecido hasta a las tonsuradas cabezas. El 
mismo gobernador Viedma: con toda su energía y 



(1) «Aunque no pecan los Obispos en jugar a los dados, 
o naypes, en la forma que queda asseutado en las pasadas 
conclusiones, no puede dudarse, que todos los juegos les son 
indecentes». Fr. Gaspar de Villarroel. — Govierno Eclesiasti- 
co-^Pacifico, y unión de los dos cuchillos Pontificio y Regio, 
Reimpresión de Madrid, 1783, vol. I, pág. 292. 

(2) A estas autoridades, malos personeros del Estado, 
bie» podría aplicárseles lo que Platón dice: 

TtAotcv ^3§íj4£^Y^ cpjX(zya 'ví'jXcy.cs g£icOo<i, 



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OBISPO Y CANONIGOS TAHURES 



los recursos de su autoridad, se halló impotente pa- 
ra corregir el mal y mandó levantar estos autos en- 
viándolos al Rey para que éste ponga el remedio 
«que sea de su {Soberano agrado», 

¿Cómo terminó tal situación vardaderamente 
caótica? Lo ignoro en lo absoluto y sobre ello na- 
da dicen los papeles estos que hoy sirven de pábulo 
al cronista para evocar algo del pasado colonial de 
su terruño a la distancia de más de un siglo y algu- 
nos millares de leguas de lejanía de la andaluza ciu- 
dad donde se meciera su cuna. Es de suponerse 
que el vicio del juego acabó con el agotamiento de 
los caudales y del ánimo (3) de estos famosos juga- 
dores de «primera» y «pintan del Santa Cruz Colo- 
nial. (4) 

(3) cDespués de haber deseado un bien, un placer apa- 
sionadamente, por lo común llega a obtenerse, a saborearse. 
Entonces, por lo general, la pasión disminuye o muere», dice 
un tratadista notable, aunque anticuado; Carlos Letourneau. — 
Las pasiones huma7ias; Barce\oníí, pú.g. 147. Pero en Santa 
Cruz, sesenta años más tarde de la época a que la crónica se 
refiere, seguíase jugando, ya que hablando de las cestumbres 
crucerías decía un historiador: «solo la inclinación al juego 
se extieride hasta a las mujeres, etc., etc. -< Manuel José Cor- 
tés. — Ensayo sobre ¡a Historia de Bolivia; Sucre, 1861, pág. 
307. 

(4) El Obispo Roxas y Argandoña, no sobrevivió largo 
a estas andadas; falleció en Santa Cruz de la Sierra a las sie- 
te de la tarde del 29 de mayo de 1803, habiendo hecho testa- 
mento. Así consta de la certificación del Subdelegado Coro- 
nel don Antonio Seoane de los Santos;Archivo General de In- 
dias, Sevilla, 121- 3—15. 



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HUMBERTO VAZQUEZ-MACHICADO 



Averigüenlo quienes estén mejor documenta- 
dos y ojalá puedan corregir las muchas faltas y 
errores que esta crónica contiene, ya que escribo le- 
jos de mi habitual residencia, sin libros ni papeles 
de consulta y solo atenido a los documentos men- 
cionados, unos muy escasos apuntes y las luces de 
mi nada buena memoria. Esperamos que otros con 
mejores arrestos y talentos emprendan esa tarea y 
sobre todo la muy grande de resucitar nuestro pa- 
sado. Para ellos la gloria y la gratitud de las ge- 
neraciones futuras. 

Lido — Venecia, verano de 1930. 



DATE DUE 



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EDITADO EN LA EDITORIAL Ig 

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