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Full text of "Vida del Rodrigo de Contreras, gobernador de Nicaragua (1534-1544)"

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BIBLIOTECA 



DE 



Historia Hispano-Americana. 



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in 2010 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/vidadelrodrigodeOOIozo 



VIDA DEL SEGOVIANO 

RODRIGO DE CONTRERAS 

GOBERNADOR DE NICARAGUA 



BIBLIOTECA DE HISTORIA HISPANO-AMERICANA 

BAJO LOS AUSPICIOS DE 

SU MAJESTAD EL REY DON ALFONSO XIII 

PRESIDENTE HONORARIO 

S. E. Monseñor Francisco Ragonesi, 

Nuncio de Su Santidad. 

CENSOR ECLESIÁSTICO 
R. P. Alfonso Torres, S. J. 

DIRECTORES FUNDADORES 

ExcMOs. Sres. Conde de Cedillo, D. Antonio Balleste- 
ros Y Beretta y D. José María Rivas Groot. 

COLABORADORES 

Excmos. Sres. Alba (Duque de); Altolaguirre (D. Án- 
gel); Avellaneda (D. Marco A.); Bécker (D. Jerónimo); 
Beltrán y RózpiDE (D. Ricardo); Bermejo (D. Antonio); 
Blázquez (D. Antonio); Bonilla y San Martín (D. Adolfo); 
Deleito y Piñuela (D. José); Echegaray (D. Carmelo); Iba- 
RRA (D. Eduardo); Lozoya (Marqués de); Montes de Oca 
(D. Ignacio); Obispo de San Luis de Potosí; Pacheco de 
Leyva (D. Ejirique); P. Pastells (D. Pablo); Pereyra (Don 
Carlos); Planas (D. Simón); Rubio y Lluch (D. Antonio), 
Rubio (D. Julián María); T'Serclaes (Duque de); Urrutia 
(D. Francisco José), y Zabala (D. Pío). 



BIBLIOTECA 

DE 

HISTORIA HISPANO-AMERICANA 



VIDA DEL 5EGOVIANO 

RODRIGO DE GONTRERAS 

GOBERNADOR DE NICARAGUA 
(1554-1544) 

POR EL 

MARQUÉS DE LOZOYA 

DOCTOR EN CIENCIAS HISTÓRICAS Y CORRESPONDIENTE 
DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

(MADRID-1920) 







TOLEDO 
Imp. de la Editorial Católica Toledana 

Calle de los Bécquer, 15, Teléfono 211 

MCMXX 



>r 



ES PROPIEDAD 



COPYRIGHT BY «SOCIEDAD DE HISTOBIA HISPANO-AMBRICANA» 
MADRID (ESPAÑA) 




Armas de la familia Contreras, grabadas por Hermán Panneels a mediados del 

siglo XYII. 



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CAPÍTULO PRIMERO 

LOS CONTRERAS Y LOS ARIAS-DÁViLA .— CÓMO UN 
CABALLERO SEGOVIANO FUÉ POR GOBERNADOR A 

NICARAGUA 

En la ciudad de Segovia vivía, al alborear el siglo XVI, 
un anciano caballero, poderoso y muy hacendado, seflor de 
una antigua casa y pariente mayor de una num.erosa familia 
derramada por otras ciudades de Castilla y de Andalucía. 
Llamábase Rodrigo de Contreras y era hijo de Fernán Gonzá- 
lez de Contreras y de D.^ Leonor Vázquez ce Cepeda (1); des- 
empeñaba el cargo heredado de Regidor perpetuo en el 



(1) Asegura Colmenares (en la *QeneaIogía Historiada délos Contreras 
de San Juan> y en la «Historia de Segovia»), Argote de Molina (en la 
«Nobleza de Andalucía» y en el Proemio de la «Historia de Tamorlan»), 
Rodrigo Méndez de Silva (Memorial genealógico «de D. Martín Rodrigo de 
Contreras», 1655) y otros muchos genealogistas, que la familia Contreras se 
estableció en Segovia en el siglo X, siendo el fundador del solar Fernán 
Sassa de Contreras, Infanzón, sobrino del Conde Fernán González (hijo a 
lo que se dice de González Teliz, hermano del Conde), en los nobiliarios se 
encuentra también una enumeración de los primogénitos de esta familia, de 
la cual proceden las del mismo apellido en Avila, Jaén y otros sitios. Parece 
más probable que la familia, venida del Norte, se asentara en la ciudad en 
tiempo de Alfonso VI; en el siglo XIIl era ya en ella poderosa. Sus armas 
habían sufrido variaciones, pero en el siglo XV quedaron como definitivas las 
siguientes, que están figuradas en la casa solariega, en ejecutorias y nobilia- 
rios, y en infinidad de casa?, sepulcros y patronatos de la ciudad de Segovia. 
En el primer cuartel, tres palos de azur en campo de plata, armas 
primitivas y generales del linaje; en el segundo, un león de oro con corona 
real en campo de azur, armas reales d'j Hungría que aportó la Princesa 
Angelina; en el tercero, un león en «u color en campo de plata, armas de la 
casa de Cepeda y en el cuarto un castillo derribado en campo de gules, con 
bordura de ocho aspas de oro sobre azur. 



- 8 — 

Ayuntamiento, y como tal, había tenido parte principalísima 
en el gran suceso de la coronación de la Reina Isabel, e! más 
señalado y alegre de los que enriquecen los anales de la 
ciudad; lo cual no fué impedimento para que luego fuese el 
primero en la viril y serena protesta de los segovianos cuando 
les fueron enajenados por la misma Reina, movida más de su 
amistad por D,* Beatriz de Bobadilla que de su gratitud al 
pueblo de Segovia, mil y seiscientos vasallos de su Comuni- 
dad y Tierra en el sesmo de Casarrubios y Valdemoro; había» 
en fin, este caballero participado de todas las ocurrencias 
ciudadanas de su tiempo. Era nacido y moraba en la casa- 
fuerte de sus pasados, que estaba a la colación de San Juan, 
con su portalón, defendido por saeteras y adornado de sus 
armas; con su patio de columnas, cuyos capiteles soportaban 
los blasones del dueño y en cuyo centro una graciosa fuente 
alegraba el recinto con la música de sus cuatro chorros; con 
sus amplias cámaras, alumbradlas por ajimeces y adornadas 
de paños de Francia; con sus corrales, huerto y verjel (1). 

De su matrimonio con D/ Constanza de Cáceres, ya 
difunta, hija de Antón Martín de Cáceres y de D.* Inés 
Fernández Ossorio, había tenido muchos hijos, unes que 



(1) Por varias genealogías impresas o manuscritas de esta familia, sabe- 
mos que ya en la casa de la Parroquia de. San Juan se hospedó Santo 
Domingo de Guzmán cuando en 1218 vino a Segovia a fundar el primer 
Convento dominicano que hubo en España. Era entonces dueño del 
edificio el pariente mayor Fernán Garcíj de Contreras, el cual favoreció 
con su ayuda moral y pecuniaria la erección del Monasterio, como tam- 
bién su primogénito Gaspar González de Contreras, que obtuvo el Patro- 
nazgo, en cuya posesión se mantuvo la familia hasta el año 1500. 

Hé aquí cómo Rodrigo de Contreras y Cepeda, describe en su testa- 
mento de 1503 las citadas casas: *Eh mis casas pri?icipales que yo ten- 
go en la ciudad de Segovia a la colación de San Juan, con sus corra- 
les, e huerta, e vergel e casa de hortelano, con las casas, que están 
entre medias de las dichas mis casas, e de las casas de Samaniego, 
e con el huerto que es junto a la huerta e cerca de Antonio de Con- 
treras.* 

El viejo edificio solariego, al cual nos referimos, está señalado coa ej 
número 1 en la plaza de Colmenares y pertenece al Excmo. Sr. Conde de 
Superunda, descendiente de los Contreras; aunque su exterior ha perdido 
todo carácter, aún se conservan en esta casa algunos bellos detalles, revela- 
dores de su origen. 



— 9 — 

contrajeran honrados y provechosos enlaces, otros que servían 
a Dios en los Monasterios de ia ciudad. De ellos el mayor, 
Fernán González de Contreras, cursó Leyes, fué colegial de 
Santa Cruz de Valladolid y salió aventajadísitPiU en estudios, 
^qiie en moyorazgo de renta d'-iyiHosa, dice Colmenares, 
fi^é virtud singuho'* Casado desde 1497 con D." Maria de 
la Hoz, hija del Regidor Juan de la Hoz y de D."* Francisca de 
Tapia, su mujer, no tenía sucesión aún. 

A fines del año de 1502, un alegre suceso conmovió a ios 
numerosos habitantes del caserón de San Juan, parientes, 
dueñas, escuderos, criados y esclavos; D." María daba a luz 
un heredero de los blasones y de las riquezas de los Contre- 
ras (1). Las campanas de la vieja iglesia de San Juan, dotide 
los de esta familia recibían bautismo y sepultura, repicaron 
alegremente el día en que el Cura Diego de Samaniego, ante 
un lucido acompañamiento de damas y caballeros principales. 



(1) Nos fundamos para afirmar que Rodrigo de Contreras nació a fines 
del año 1502 en que en el testamento que redactó Rodrigo de Contreras 
Cepeda, su abuelo, en Septiembre de este año, documento muy minucioso, 
no aparece citado el mozo, lo cual indica, a nuestro parecer, que aún 
no era nacido, pues de existir, siendo como era el único descendiente 
varón del linaje, el viejo caballero, tan pagado de su nobleza, no se hubiera 
olvidado del que había de perpetuar su apellido. Tampoco aparece citado 
en ningún documento anterior a esta fecha de los testamentos, donacio- 
nes, etc., que se conservan en el Archivo de los Marqueses de Lozoya, pero 
ya en 16 de Septiembre de 1503, Diego de Contreras funda con todos sus 
bienes un M;iyorazgo a favor de su sobrinito Rodrigo; en 14 de Octubre 
de 1503 el anciano Rodrigo de Contreras echa por tierra sus anteriores 
disposiciones testamentarias para añadir la mayor parte de sus bienes al 
Mayorazgo que había de recaer en su nieto (al cual en su testamento anterior, 
como hemos visto, no mencionaba). Fernán González incluyó entre sus 
disposiciones testamentarias otras análogas, y ya en adelante vemos el 
nombre del afortunado niño Rodrigo de Contreras en infinidad de escritos. 
Como Juan de Contreras, su hermano, nació en Octubre de 1503, nos 
parece muy aproximada la fecha que hemos señalado al nacimiento del 
primogénito del licenciado Fernán González. 

El mayor de los hijos de este caballero fué Rodrigo; el segundo, Juan, 
que fué Canónigo de Segovia, fundó el patronato y entierros de la familia 
en la Capilla Mayor de San Juan con numerosas capellanías y obras de 
Beneficencia, y murió a 15 de Marzo de 1580; el tercero, Luis, casó con 
D." Ana de Cuevas, y de él descienden los Marqueses de Lozoya, que extin 
guida la rama primogénita del linaje, son desde el siglo XVIII sus pai lentes 



- 10 — 

i mpuso al recién nacido el nombre de Rodrigo, que era el de 
su abuelo, el viejo Regidor, quien esparció luego cumplida 
ración de confites y moneda menuda entre la turba bulliciosa 
y alborotadora que alteraba el silencio de la tranquila plaza. 

Bien pronto, y con motivo de un triste suceso, se hizo 
patente la satisfacción con que la familia toda había recibido 
al recién nacido infante; enfermó el Regidor Diego de Contre- 
ras, su tío, recién casado con D.^ Catalina Monte, y se puso 
en trance de muerte, sin que le valiera su mocedad; conocien- 
do la cercanía de su fin, otorgó testamento ante el escribano 
Miranda, y en él instituyó mayorazgo con el lugar y término 
redondo de Lumbreras y media heredad en Melque, que eran 
de su pertenencia, en faver de *RodrigvÁto, su sobrino, hijo 
del licenciado Fernán González de Contreras, su herma- 
no» (1). En 14 de Octubre del mismo año, muerto ya Diego, 
su padre Rodrigo de Contrera:, aunque había hecho por dos 
veces testamento, anuló y revocó sus anteriores disposiciones 
para dictar otras nuevas, conforme a las cuales agregaba ai 
mayorazgo en favor de su nieto sus casas principales a la cola- 
ción de San Juan con sus corrales, huerto y verjel, otras casas 
y huertas cercanas y ciertas heredades. No contento con esto 
el anciano, muy pagado de su linaje y muy contento de ver 
asegurada su continuación, procuróse Real licencia (fecha en 
Medina del Campo a 17 de Octubre de 1504) para fundar 
mayorazgo con sus bienes, y así lo hizo a 5 de Noviembre, 
vinculando para siempre jamás en sus descendientes varones 
que se llamasen de Contreras y que trajesen por armas prin 
cipales sus propias armas, en la parte superior derecha de su 
escudo, las casas principales, torre y lugar de Perocoxo con 
sus huertas, palomar, viñedo y lagares. 

En 2 de Octubre de 1505, el Licenciado Fernán González 



mayores; el cuarto, Jerónimo, fué Abogado, primero Fiscal y después Oidor 
del Consejo Real; casó con D.* Juana de Arteaga; el quinto, Antonio, pro- 
fesó en 1524 en el Convento dominicano de Santa María la Real de Nieva. 

Hubo también tres hembras: D." Constanza, mujer de Francisco de 
Chaves; D." Francisca, monja de Santa Isabel, y D." María. 

(1) Testamento de Diego de Contreras, hecho en Segovia a 16 de Sep- 
tiembre de 1503. 



— 11 - 

de Contreras, ya Alcalde de la Real Chancillería de Valla- 
dolid, otorgaba, con su mujer, un testamento añadiendo al ma- 
yorazgo la mayor parte de su hacienda heredada o ganada en 
el noble ejercicio de la abogacía. Para sus otros hijos señalaba 
algunas escasas tierras y repartía entre ellos su librería, que 
la tenía muy rica en obras de Derecho Civil y Canónico; 
excluyendo de este legado al primogénito que, como tan bien 
heredado, no había menester de estudios para vivir. El día de 
San Mateo, de 1508, murió el Señor Rodrigo de Contreras, jefe 
de la familia, y recibió luego sepultura en la Capilla Mayor 
de San Juan, entre el llanto de toda la ciudad. 

La niñez del mayorazgo discurría tranquila en compañía 
de sus siete hermanos, de los cuales los cuatro varones, me- 
nos ricos de bienes de fortuna, estudiaban leyes y humanida- 
des o se disponían a entrar en Religión; el Licenciado Fernán 
González, su padre, ocupaba puestos distinguidos en los 
Reales Consejos y residía lo más del tiempo fuera de Segovia; 
sin embargo, algunas veces vióse envuelta la familia en los 
disturbios que en todo el primer tercio del siglo ensangren- 
taron la ciudad. En las furiosas luchas de bandería, entre los 
Marqueses de Moya y los partidarios de D. Juan Manuel, 
sobre la tenencia del Alcázar y dominio de las puertas, los 
Contreras se pusieron al lado de los Marqueses; algunos de 
los sucesos ocurridos entonces tuvieron por campo el mismo 
barrio de San Juan, donde vivían los de Moya (1). Parte aún 
más directa tomó el propio Licenciado en los sucesos acaeci- 
dos en los turbulentos días de la Comunidad. 

En el mes de Octubre del año de 1520, cuando eran mayo- 
res en la ciudad los desmanes de la gente maleante, numerosa 
en ella más que en otra alguna, por la que atraían los oficios 
y obrajes de las lanas; cuando los mayorazgos se encastilla- 
ban hostilmente en sus casas fuertes, el Cardenal Adriano y 
los señores del Consejo, cerca del cual servía como asesor 
Fernán González de Contreras, enviaron a este caballero a Se- 
govia para que procurase acallar los disturbios con su saber y 
con la autoridad que gozaba entre sus convecinos. En el 



(1) «El licenciado Sebastián de Peralta», bosquejo histórico-biográfico 
por D. Carlos de Lecea y García. (Segovia 1893). 



- 12 — 

mismo punto en que fué sabedora la Junta de la Comunidad 
de la llegada del Licenciado, le envió dos comisarios a sus 
casas de San Juan, donde se aposentaba, para que le requirie- 
sen con graves amenazas a que acudiese a las juntas de los 
comuneros para asesorar a unos alcaldes que nombrado 
habían. Recibió aquel día mismo (Jueves 18, festividad de 
San Lucas) el Licenciado a ambos comisarios, y negóse enér- 
gicamente a aceptar su proposición, con lo cual irritóse tanto 
la Comunidad, que al siguiente tornó a enviarle los delega- 
dos, asistidos esta vez de 400 hombres de armas que se reclu- 
taron entre la canalla furiosa que poco antes había dado cruel 
muerte al arrogante caballero Rodrigo de Tordesillas y que 
solía ensañarse en la persona y bienes de aquél en quien 
veían sombra de contradicción. Llevaban los comisarios orden 
de conducir a la junta al pertinaz hidalgo o, si se resistiese, 
de darle muerte y destruir sus casas y así dispuestos inva 
dieron la tranquila plaza de San Juan, turbada tan sólo, de 
ordinario, por las risas de los jóvenes caballeros de la ciudad 
que allí solían correr sus caballos y jugar sus armas. Rodea- 
ron tumultuosamente los embravecidos comuneros las casas 
del Licenciado y llevaron por fuerza a su dueño, que hizo 
constar por escrito su protesta, al local donde la junta se cele- 
braba, y en ella asesoró a la Comunidad cuerda y lealmente, 
procurando siempre reducirla al servicio del Emperador, el 
cual, lejos de ofenderse por su forzado concurso a la causa 
popular, le hizo luego su Oidor en la Chancillería de Valla- 
dolid (1). 

Preocupábase por entonces el Licenciado Fernán Gonzá- 
lez en procurar al mozo Rodrigo de Contreras, su primogé- 
nito, que era de gentil disposición, muy prudente y bien 
criado, un casamiento conforme a la calidad de su persona y 
a la cuantía de su hacienda; y puso sus miras en una 
doncella, que era la principal de las que había entonces 
en la ciudad; era ésta D.* María de Peñalosa, nacida en 
Segovia, en el fuerte y hermoso palacio torreado que 



(1) Colmenares. «Genealogía Historiada de las Contreras de San Juan» 
(Madrid ¿1642?), pág. 32. 



- 13 ~ 

los Arias-Dávila poseían a la colación de San Martín; 
hija del Magnífico Señor Pedrarias Dávila, Gobernador a la 
sazón de Nicaragua, y de D.'' Isabel de Bobadilla, su mujer, 
dama que fué de la Reina Católica. La familia de Arias 
Dávila había dado a la ciudad, durante la segunda mitad del 
siglo XV, infinidad de hombres enérgicos y ambiciosos, cuyas 
hazañas y cuyos desmanes llenan las páginas de su historia, 
como aquel Diego Arias-Dávila, contador de Enrique ÍV, y Pe 
drarias Dávila, Señor de Torrejón, su hijo y sucesor en sus 
oficios, y el enérgico y bullicioso D. Juan Arias-Dávila, Obispo 
de Segovia, gente toda aficionada a las banderías, al bullicio 
de las armas y a las magníficas construcciones, cuyo blasón 
— Águila, Castillo y Cruz, sangrientamente glosados en una 
canción de la época— figura en muchos y preclaros edificios 
segovianos. El último de los de su linaje, el famoso Pedrarias, 
llevado de su humor aventurero, ganaba y gobernaba tierras 
en las Indias, recién abiertas a las empresas de los españoles, 
mientras D.*" Isabel de Bobadilla, su mujer, cui Jaba en Segovia 
de sus hijos y de su hacienda. Su hija D.^ María, escogida para 
mujer de Rodrigo de Contreras, había estado destinada a 
participar de las glorias y peligros de la colonización, como 
prometida que estuvo por Pedrarias al gran Vasco Núñez de 
Balboa, descubridor del Pacífico, hasta que el proceso in- 
justo y la muerte despiadada dada al valeroso extremeño 
por quien le llamaba su yerno, cortaron de un modo san- 
griento los destinos de la doncella. Estaba ésta bien capacita- 
da para ser la mujer de un conquistador; dotada de todas las 
cualidades de los de su linaje, era enérgica y activa, ambicio- 
sa y prudentísima; sobre su firme corazón habían de caer, sin 
rendirlo, todas las amarguras como esposa y como madre, 
todas las humillaciones como dama. 

Las capitulaciones matrimoniales fueron concertadas entre 
el licenciado de Contreras y D.^ María de la Hoz y Morales 
por parte del novio, y por D.^ Isabel de Bobadilla, en nombre 
del Señor Gobernador Pedrarias, por la de la novia y firmáron- 
se por las partes el día 30 de Septiembre de 1523 ante el escri- 
bano Juan de Miranda; según ellas, comprometíanse los Con 
treras a aumentar el mayorazgo de su hijo con la heredad de 
Cabanas y otros bienes, y los Arias-Dávila dotaban a doña 



— 14 — 

María en 4.000 ducados de oro (1). En los primeros días del 
año 1524 celebráronse las bodas, por las cuales, Rodrigo de 
Contreras, descendiente de apacibles hidalgos segovianos, 
quedaba ligado a aquella familia inquieta y aventurera, de 
cuyas extrañas prosperidades y malaventuras estaba desti- 
nado a participar. 

Se iniciaba tranquila la vida del nuevo matrimonio, que 
bien pronto comenzó a ser fecundo, pues hacia el año de 1525 
nacía un varón, a quien se dio el nombre de Hernando, y suce- 
sivamente otros que se llamaron Pedro, Alonso y Diego de 
Contreras y las hembras D.^ Isabel, D.^ Beatriz de Bobadilla y 
D.* Ana. En estos primeros años, quizás no pensaron los 
esposos sino en continuar pacíficamente su linaje en Segovia; 
si alguna vez pensaron en pasar a América, tentados de las 
ventajas que pudiera allá granjearles el nacimiento de doña 
María, debió de alejarles de esta idea la muerte del Licen- 
ciado Fernán González, acaecida en Septiembre de 1530, en 
la misma sazón en que el Emperador le designaba para su 
Consejo de Ordenes y le hacía merced de un hábito de Cala- 
trava, por cuyo suceso redondeó Rodrigo de Contreras su 
mayorazgo y heredó una regiduría perpetua de Segovia junta- 
mente con el cargo de pariente mayor. 

Pero sucedió que hallándose el Gobernador Pedrarias Dá- 
vila en su ciudad de León de Nicaragua, muy postrado de 
enfermedad y de los años, que eran muchos (pues que se 
acercaban a noventa solía él decir), pensó en buscar sucesor 
en el Gobierno de los vastos territorios que había conquistado 
y cuyos destinos tantos años rigiera; gobierno que compren- 
día ia provincia de Nicaragua. Gobernaba Pedrarias perso- 
nalmente el país desde que, en 1526, cortó la cabeza a su 
Capitán, Francisco Fernández de Córdoba, fundador de las 
ciudades de León y Granada, el cual había intentado alzarse 
con la provincia. Como en ella habíase creado tantos intere- 
ses, deseaba que su sucesor fuese persona muy allegada, que 
tuviera empeño en regirlos; y el caudillo hubo de pensar en 
su yerno el de Contreras para sucederle, pues aunque no le 
conociese sabía de él que era abastante para el cargo epara 



(1) Archivo de Lozoya, leg. 1.^ 



— 15 — 

otro mayor» (1), y que estando entonces en pleno vigor de la 
edad podría sostener el peso de aquel difícilísimo Gobierno, 
en el cual quedaban tantas personas, que, oprimidas por las 
vejaciones y crueldades con que oscureció sus últimos años 
aquel viejo tan bravo y tan enérgico, tan magnífico y tan 
cruel, odiaban cuanto con su nombre se relacionase. 

En todas las historias de los claros varones de Castilla, 
no hemos hallado una vida más intensa que la de este gran 
segoviano, Pedrarias Dávila, que pasó su niñez en la corte 
caballeresca del Rey Poeta D. Juan el II, a cuya persona estaba 
allegado como paje; que en la de Enrique IV causó tan gran- 
de admiración por la gallardía de su cuerpo (pasaba por ser 
él hombre más alto de su época), que hubo de ser llamado 
Pedrarias el Galán; en justas, torneos y juegos de valor y 
destreza tan consumado, que se le dio por mote y apodo el de 
«Gran justador», con el cual era en todas partes conocido; en 
los combates tan descuidado de su persona que llamarle 
solían «El Bravo», pues con estos tres dictados de ♦£! Galán», 
«El Bravo» o el «Gran justador», es nombrado en las crónicas 
frecuentemente. Cuéntase de él, que cuando Fernando el 
Católico envió al África un Ejército que, a las órdenes del 
Conde Navarro, tomó la plaza de Bujia, año de 1510, siendo 
Pedrarias Coronel de la Infantería española, fué el primero 
que, escalando la muralla y matando al Alférez moro, enar- 
boló bandera cristiana en los adarves; y defendiendo después 
el castillo con sólo catorce cristianos, y los nueve enfermos 
de peste de muchedumbre grande de moros, les ganó siete 
escalas, las cuales, con la bandera y ocho castillos, le dio el 
Rey por blasón y armas en campo de sangre por la mucha 
que se derramó en aquella empresa, cuya reputación fué tanta 
que al estruendo se rindieron Argel, Tremecén, Mastagán y 
se ganó Trípoli. Pocos años después pasó Pedrarias Dávila 
al recién descubierto continente de América, que ofrecía fan 
tástico campo a su humor aventurero y en él conquistó los 
territorios de Nicaragua, Darien y Panamá y contribuyó a la 



(1) Son estas palabras del cronista contemporáneo Gonzalo Fernández 
de Oviedo (Historia general y Natural de las Indias, Libro XLIl, 
capítulo XIV.) 



- 16 — 

conquista del Perú, pobló o hizo poblar entre otras ciudades las 
de Panamá, León, Granada y Portobelo, y fué en suma uno de 
los más tenaces artífices de esa obra, con lumbres de leyenda, 
que se llama la conquista de América. 

Un vaho de sangre oscurece, no obstante, la gloria de 
Pedrarias como la de algunos de los conquistadores de Indias, 
naturalezas enérgicas, exuberantes de vida, que eran nobles 
y rectas en sus áridas y frías llanuras, pero que trasplantadas 
a un país ardiente, desconocido, cubierto de una vegetación 
fantástica, de escondidos tesoros colmadas las entrañas, per- 
dían la serenidad, embriagábanse de sangre y oro y eran al 
cabo tantas y tan increíbles sus proezas y sus crueldades tan 
inauditas, contra el amedrentado rebaño de los indios o con- 
tra sus mismos compañeros, que hoy no sabemos si los 
hemos de considerar como héroes o como bandidos. Una de las 
cabezas que el Dávila hizo caer (la de su yerno Vasco Núñez 
de Balboa, el descubridor del Océano Pacífico) es tan ilustre, 
que con sólo este crimen quedan deslustradas las hazañas 
todas de la larga vida del segoviano. 

Pasó éste los postreros años de ella en su gobierno de Ni- 
caragua, ocupado en allegar tesoros y en sujetar los disturbios 
a que su dureza daba lugar. Solía residir en León, una de 
esas ciudades de fundación reciente, formada de mezquinas 
barracas, entre las cuales sólo la Iglesia y las casas del Go- 
bernador, del Obispo y de algún otro calificado personaje eran 
de ordinario más amplias y mejor dispuestas; poblaciones 
opulentas y rudas en las que no era raro ver, como en los 
tiempos heroicos de Grecia, algún hombre tal que tenía en sus 
manos las vidas y haciendas de muchos (pues ia autoridad de 
los Gobernadores y Justicias de Indias, tan separados del 
poder central, era ilimitada), cultivando algún huertecillo o 
componiendo el techo de ramaje de su cabana. 

Día 6 de Marzo de 1531 murió el Gobernador en León de 
Nicaragua. La población asistió, amedrentada aún, a las solem 
nes exequias que en honor del tan magnífico como desal- 
mado caballero se celebraron en la Catedral (1) por orden 



(1) «Después que a V. M. escrebi la muerte del Thesorero Tobiila, The- 
sorero que fue de V. M. en esta provincia, ha sucedido quel governador 




Patio de la, casa solariega de los Contreras, en la Parroquia de San Juan de los Caba- 
lleros de Segovia. Construido a fines del siglo XV por Rodrigo de Contreras y Tor- 

desillas. 



— 17 - 

del Licenciado Francisco de Castañeda, Alcalde Mayor y 
Contador de Su Majestad, el cual Licenciado se alzó con el Go- 
bierno mientras se proveía en la Corte sustituto de Pedrarias, 
y sabiendo que por no ser bien quisto de los vecinos de la 
provincia, no había de ser confirmado en el cargo, se afanó en 
el tiempo que estuvo en él, que fueron más de cuatro años, a 
enriquecerse, y púdolo hacer con todo sosiego, pues no quedó 
en Nicaragua autoridad que le fuera a la mano en sus trope- 
lías, las cuales llegaron a un grado tal, que nos seiía difícil de 
creer si no supiéramos la desordenada autoridad que ejercían 
los Gobernadores de Indias sobre sus territorios; pues los sa- 
télites del Licenciado recorrían libremente ios poblados de 
indios, enviaban hombres y mujeres como esclavos al Perú y 
se apoderaban de cuanto buenamente podían. Como las Justi- 
cias de las ciudades quisieran oponerse a tan expeditivos 
procedimientos, sufrieron persecución y aun algunos de los 
vecinos, durísimas prisiones. Hasta que sabedor aquel mal 
hombre de que el Emperador había designado para el Go- 
bierno a Rodrigo de Contreras, y que éste se hallaba ya en 
camino, temeroso de las severas cuentas que el nuevo Gober- 
nador le había de exigir, acordó poner el mar por medio 
y embarcóse con sus tesoros, dejando a sus malaventu- 



Pedro Arias, Gobernador que era de V. M. falleció desta presente vida a 
6 de marzo pasado: Su muerte fué de vexes e pasiones y enfermedades que 
tenia; enterróse en el Monesterio de Nvestra Señora de la Merced desta 
Cibdad de León; e demás de ser caballero por ser Teniente e Qovernador 
por Vuestra Majetad en estas partes fize hacer su entierro con toda la mas 
honrra e abtoridad que ser pudo, por que fize venir al entierro, a mas de 
los clérigos que aqui se hallaron, los frailes de los monesterios de San Fran- 
cisco e Santo Domingo e Nuetra Señora de la Merced desta cibdad de León, 
e yo e el cabildo desta cibdad, le llevamos en los hombros, e fize que lleva- 
sen delante de las cruces las banderas todas que truxo cuando a estas partes 
vino por Teniente de Vuestra Majestad, e se las fize poner encima de la 
capilla mayor a do se enterró; por manera que se cumplió con su honrra 
como convernia a criado e teniente de Vuestra Majestad». 

(Carta del Licenciado Castañeda al Emperador. Nicaragua 30 de Mayo 
de 1531). ti original se conserva en el archivo de Indias y está transcrito en 
la pág. 173, tomo 24 de la «Colección de documentos inéditos relativos aj 
descubrimiento, conquista y colonizació-i de las posesiones españolas en 
América y Occanía» (llamada generalmente Colección Torres de Mendoza). 



— 18 - 

rados subditos agraviados y pobres, pero libres de su pre- 
sencia. 

Al saberse en España por los informes de Alvarado y del 
mismo Castañeda la muerte de Pedrarias, se pensó en elegir 
sucesor en su cargo. Tal vez intervino en la elección el Arzo- 
bispo de Sevilla, amiclsimo de los Contreras, lo cierto es 
que confirmóse la designación del difunto en la persona de su 
yerno, por el Real Titulo expedido en Toledo en 4 de mayo 
de 1534 en virtud del cual el Emperador nombra a Rodrigo 
de Contreras, vecino de Segovia, su Gobernador y Capitán 
General de las provincias de Nicaragua, y por el cual el 
Monarca, después de encargar a nuestro segoviano que 
procurase el acrecentamiento y la conversión de los naturales 
del país y la conservación de la paz y justicia en el territorio, 
le otorga las mismas facultades que obtuvo el Dávila en la 
gobernación y capitanía general, pudiendo ejercer jurisdicción 
civil y criminal, así por mar como por tierra, salvo la apela- 
ción de seiscientos pesos en adelante, que correspondía al 
Consejo de Indias, y nombrando, como tal Gobernador y 
Capitán General, Lugartenientes y deponiéndoles cuando le 
plugiera. Señálase también a Contreras la facultad de fundar 
pueblos y repartir solares entre los vecinos, y se le enco- 
mienda la libre distribución de repartimientos de indios y otras 
mercedes y el poder de practicar pesquisas y de imponer 
penas, entre ellas la de destierro a personas de cualquier 
calidad. Facultades todas muy extensas, como conferidas a 
magistrado de toda confianza, incapacitado por la distancia de 
recibir órdenes frecuentes del Rey; firma el Monarca este 
nombramiento y lo confirman el Secretario Francisco de los 
Cobos y otros señores del Consejo (1). 

En el documento anterior se conceden a Rodrigo de 
Contreras mil quinientos ducados de sueldo, o sean quinien- 
tos sesenta y dos mil maravedís, pero más adelante se 
aumentó esta suma a dos mil ducados. Infinidad de gajes y 
granjerias, como el tanto por ciento de los descubrimientos y 
conquistas y ciertas facultades en cuanto a las encomiendas 
hacían muy lucrativo el oficio de Gobernador y a él iban 



(1) Colee. Torres Mendoza. Tomo XLI. 



-^ 19 - 

unidos ciertas preeminencias y el tratamiento de Muy Magní- 
fico Señor. 

Pero era brava cosa un gobierno en Indias en los primeros 
tiempos de la conquista, en que andaban desatadas las 
pasiones y las ambiciones de todos y con razón se dijo que 
hasta los tiempos de La Gasea rara fué la autoridad indiana 
que escapó de muerte o prisión; no pensaría en estas cosas 
Rodrigo de Contreras cuando aceptó este oficio, esplén- 
dida merced para sus años, impulsado quizás de su mujer 
Doña María de Peñalosa, que con sus hechos demostró 
muchas veces que no en vano corría por sus venas la sangre 
de Pedrarias. 



CAPÍTULO II 

RODRIGO DE CONTRERAS SE APRESTA A PASAR A 
SU GOBERNACIÓN -DESPUÉS DE UNA ESTANCIA EN 
SEVILLA SE EMBARCA CON SU FAMILIA, DEUDOS 
Y CRIADOS EN SANLUCAR- VIAJE Y LLEGADA DE 
NUESTRO SEGOVIANO A NICARAGUA —ESTADO DE 
ESTE país y CIRCUNSTANCIAS QUE DIFICULTABAN 
LA GESTIÓN DE RODRIGO DE CONTRERAS —BUENOS 
COMIENZOS DE SU GOBIERNO 

Difícil empresa era para el nuevo Gobernador la de tras- 
ladar a Indias su casa, ya muy embarazosa, y su familia, 
numerosa ya. Eran muchas sus heredades y sus obligaciones 
y muy niños sus hijos; el viaje para el que se aprestaba era 
tan largo y en aquel tiempo tan temeroso, que los preparati- 
vos habían de ser muy complicados. 

La noticia de su partida produjo revuelo en la ciudad y 
muchos parientes y allegados, excitada su ambición, quisieron 
correr la aventura juntamente con el mayorazgo, entre ellos 1 

sus deudos Rodrigo de Contreras y Viedma, Julián de Con- " 

treras y Lope de Zuazo con sus familias; integraban además la 
numerosa expedición segoviana a tierras de América infini- 
dad de dependientes, servidores y esclavos (que no era cosa 
desusada en los señores castellanos del siglo XVI el tener 
esclavos blancos o negros a su servicio), y las dueñas y 
criadas de D.^ María. Así pues, no nos parece mucho tiempo 
el que tardó Rodrigo de Contreras en despachar sus asuntos y 
ponerse en disposición de partir. A 12 de Septiembre del 
mismo año de 1534 obtuvo una provisión de los señores del 
Consejo en la que se ordenaba a los oficiales de la Casa de 
Contratación de Indias en Sevilla que diesen toda suerte de 



j 




-73 5: 



•5- 



- 21 — 

facilidades al nuevo Gobernador para proveerse en la ciudad 
y comarca de lo necesario para seguir el viaje a su provincia 
de Nicaragua con su mujer e casa y que le favoreciesen 
como a j3ersona que va en servicio de Su Majestad (1). 

En los comienzos de Diciembre del referido año se apres- 
taba ya el caballero a emprender su peligroso viaje, como lo 
demuestra el hecho de que esperando de Castilla dos escla- 
vas blancas del servicio de D." Maria y temeroso de que 
cuando llegasen a Sevilla estas mujeres, fueran ya partidos 
sus señores, otorgara poder para que otro en su nombre las 
enviara a Nicaragua (2). Sin embargo, era ya entrado el año 
de 1535 cuando pudo abandonar la vieja tierra de España, 
levando anclas el buque que le conducía en el Puerto de San- 
iúcar que era en aquella época uno de los que mantenían 
mayor tráfico; iban con él D.^ María de Peñalosa y sus hijos, 
salvo dos de las hembras, D.° Beatriz de Bobadilla y D.^ Ana 
de Contreras, que permanecieron en Segovia a la guarda del 
Canónigo Juan de Contreras, su tío, el cual quedó habitando 
la casa solariega. D.* Beatriz casó con el Capitán Diego Ortiz 
de Quzmán; tuvo una tranquila y larga vida y murió en su 



(1). «Señores Ofyciales de su Magestad que resydis en la cibdad de 
Sevilla, en la Casa de la Contratación de las ludias. 

Su Magestad por la buena relación que ha tenido de Rodrigo de Con- 
treras vezino de la cibdad de Segovia, le ha encargado la gobernación de la 
Provyncia de Nicaragua, en lugar e por fallecymieiito de Pedrarias Davila, 
su suegro, como veréis por las provysiones que de Su Magestad lleva; e por- 
que para se proveer de lo necesario para seguir su viaje a aquella provincya 
donde vá con su mujer e casa, lo ha de facer en esa Cibdad e comarca, vos 
encargamos le ayais por muy encomendado; y en lo que le tocare e se le 
ofreciere para su buen avysamiento e breve despacho, le ayudéis e favorez- 
cáis como a persona que va en servycio de Su Magestad. 

De Dueñas a doce dias del mes de Setiembre de mili e quynientos e 
treinta e cuatro años. 

Señaladas del Cardenal, e Beltran, e Xuarez, e Bernal, e Mere ido.» 

(Archivo de Indias. Jnd. gral. Registro general de Reales órdenes.— Est. 
148-Caj. 2.°-Leg. 1.°— lib. 3). Colección de documentos Torres Mendoza. 
Tomo XLI. pág. 528. 

(2) Rodrigo de Contreras había obtenido autorización para pasar a 
América estas esclavas por cédula de 19 de Julio de 1534. El poder a que 
nos hemos referido se conserva en el Archivo de la Casa de Contratación 
(Colección Muñoz, tomo 80, fol. 29). 



- n - 

dudad natal año de 1581 sin sucesión y dejando cuantiosos 
bienes para obras piadosas. No menos apacible fué la suerte 
de D.^ Ana, que profesó y murió en el monasterio de San 
Antonio el Real de Segovia. Y seguramente, lejos de la tierra 
española que la mayor parte de ellos no habían de volver a 
pisar, envidiarían los ausentes el destino de estas sencillas y 
honestas damas. 

Por de mal augurio pudo tomar el nuevo Gobernador su 
penosa travesía de los dos mares, en la cual el buque fué 
combatido por tempestades y adversos vientos. No sin pavor 
podemos pensar en nuestros días en aquellos viajes, que du- 
raban muchos meses, sobre algún destartalado galeón lleno 
de gentes y vacío de comodidades, aun de las precisas para 
niños y mujeres y sin embargo tan dura prueba no era bas- 
tante a desarraigar del templado corazón de nuestros abuelos 
ese ansia de ver nuevas tierras sin la cual no se hablaría en 
el nuevo mundo la lengua de Castilla. 

Llegó al cabo el navio a Panamá y desembarcaron nues- 
tros viajeros en este puerto, centro importante de contratación 
entonces. Allí el malsano ambiente y el calor húmedo y apla- 
nador del trópico conmovieron de tal manera la naturaleza 
de Rodrigo de Contreras, formada y habituada en el frío y 
seco clima segoviano, que le ocasionaron una larga y penosa 
enfermedad. Cuando este nuevo contratiempo se lo permitió, 
abandonó Panamá y dirigióse a su gobierno de Nicaragua a 
donde llegó a fines de Noviembre de 1535, fatigado por el 
viaje y desalentado de tales comienzos. 

Su primera impresión del país que había de regir fué des- 
alentadora también y acaso hizo huir de su mente el dorado 
sueño que le empujara a esta aventura. La antigua provincia 
de Nicaragua, situada en la América central, lindando por el 
Norte con Honduras y con límites muy imprecisos por el Sur, 
era grande y fértil. Ocupaba ciento cincuenta leguas de Este 
a Oeste y cerca de ochenta de Norte a Sur. Cubrían su su- 
perficie espesos bosques ricos en frutos y en maderas, cam- 
pos de maíz y praderías donde podían hallar sustento nume- 
rosos ganados. Producía en ella la fecunda tierra cacao 
y algodón en abundancia y recogíanse grandes cantidades 
de cera y de miel;, además de esto ningún otro paraje de 



- 23 - 

la América ecuatorial disfruía de un tan sano y templado 
clima. Sin embargo, la región era despreciada y tenida por 
pobre, pues no había en ella más minas que las del Yare, 
de donde se llegó a sacar oro de bastantes quilates, pero 
cuya explotación era peligrosa por la vecindad de indios 
bravos; y otras que por estar lejos de los poblados, en lugar 
áspero, no se aprovechaban; sabido es que para los coloni- 
zadores de América era pobre todo país que no tuviese minas 
de oro o plata por grandes que fuesen sus riquezas en frutos 
o granos. Los gobernadores Pedrarias y Castañeda habían de 
tal manera oprimido y explotado la tierra, que Rodrigo de 
Contreras la halló esquilmada, poblada por pocos españoles 
y conservando tan sólo una pequeña porción de los indios 
que contenía cuando pusieron en ella el pie los primeros 
conquistadores. Los repartimientos estaban tan mal distribuí- 
dos, que mientras algunos vecinos tenían tres o cuatro, 
otros, siendo de los primeros colonizadores, no poseían 
ninguno. Así pues, el más intenso malestar reinaba en la 
comarca. 

Por otra parte, aunque el nombramiento del yerno de 
Pedrarias por gobernador, fué en general bien recibido, pues 
esperaban de él gran parte de los vecinos que les haría justi- 
cia prendiendo y juzgando al malvado Castañeda y que, como 
caballero principal, había de aprovechar el valimiento que 
en la Corte tenía en beneficio de la provincia, no faltaban 
los que, escarmentados por las vejaciones de pasados gober- 
nantes, pretendían que se encomendase el gobierno a una de 
las Audiencias de Indias o se nombrase para él algún habi- 
tante de la región. Así en una carta que dirigen al Emperador 
varios vecinos de la ciudad de Granada de Nicaragua a 30 de 
Julio de 1535, piden que el Gobernador no sea ^Persona que 
de España venga pues aunque sea un santo destruirá la 
tierra. Siempre traen necesidad, deudas y parientes i ami- 
gos i criados, ellos se han de aprovechar y perecer los con- 
quistadores y pobladores^ (1). Además de los que tal opina- 
ban y que debieron recibir con desagrado el nombramiento 



(1) Col. Muñoz T. 80, pág. 143. 



- 24 - 

del Gobernador español, un no despreciable número de habi- 
tantes del territorio y entre ellos los mas antiguos y más im 
portantes de los colonizadores, los que habían conocido el go- 
bierno del cruel Pedrarias Dávila no podían recibir con agrado, 
sino con gran despecho, al yerno de aquel personaje de quien 
tan agraviados estaban. Esta herencia de odio que recogió Ro- 
drigo de Contreras de su suegro es factor muy importante en 
su historia; ella nos explica en parte la vivísima hostilidad 
que se fué creando en torno de su gestión y que originó innu- 
merables desdichas sobre su familia y sobre la provincia da 
su mando; en una carta que en 3 de Mayo de 1537 escribían 
al Emperador los Magistrados Fuenmayor y Zuazo, de la 
Audiencia de Santo Domingo, sobre asuntos de Nicaragua, 
atribuyen las malquerencias que Contreras tenía a su paren- 
tesco con Pedrarias (1). 

El cronista de Segovia Diego de Colmenares expresa jui- 
ciosamente esta causa en el siguiente párrafo: «Sucediendo el 
hierno al suegt^o en la gobernación, sucedió también en los 
odios inseparables de los conquistadores, de quien siempre 
quedan quexosos los que ayudaron en la conquista, aunque 
la remuneración y repartimiento ayan escedido mucho a 
los servicios: Que contentar a todos, ni aun al cielo lo per- 
miten los afectos humanos-» (2). 

Así pues, aunque Rodrigo de Contreras fuese bien acogido 
en Nicaragua, no nos sorprenden el pesimismo y la desilusión 
que se desprenden de su primera carta al Emperador dando 
cuenta de los comienzos de su gobierno, pesimismo emanado 
del despoblamiento y pobreza del país y de la división de 
pareceres y afectos que separaba a sus habitantes. 

Establecióse el Gobernador con su familia en unas casas 
bien dispuestas de la ciudad de León; era esta ciudad la 
capital de la provincia, aunque no la más importante de sus 
poblaciones; habitábanla ciento cincuenta vecinos, de los 
cuales ciento eran encomenderos, y la formaban en gran parte 



(1) Colección Muñoz, tomo 81, fol. 59. 

(2) Página 36 de la «Genealogía historiada de los Contreras de San 
jvan en la ciudad de Segovia. 



- 25 — 

por casas cubiertas de paja, edificios espaciosos y de un solo 
piso, que soüan estar rodeados de cobertizos y pórticos. En 
esta ciudad estaban situadas la Catedral, construcción sólida 
y reducida con aspecto de ermita, y la residencia del Obispo» 
que lo era entonces D. Diego Alvarez Osorio, virtuoso Pre- 
lado, el cual, con el Deán, dos beneficiados y algunos otros 
clérigos, sostenía el culto de la ciudad; en ella había también 
tres conventos, el de Santo Domingo, que debió de permanecer 
inhabitado mucho tiempo, el de San Francisco y el de la 
Merced, Monasterios cuyos frailes solían ser gente no poco 
bulliciosa y desasosegada; defendía el poblado contra ataques 
de indios o de revoltosos, una fortaleza fundada por el Capi- 
tán Francisco Fernández de Córdoba, primer poblador de la 
provincia en nombre de Pedrarias; pero como esta fortaleza 
era ya inútil por la seguridad de que el país gozaba, se había 
dejado arruinar y desmantelada estaba cuando comenzó el 
gobierno de Contreras, no obstante lo cual el Rey pagaba un 
subsidio para el mantenimiento de esta fortaleza y sostenía 
un Alcaide en ella, que lo era entonces el Capitán Mercado. 
Residían también en León el Teniente de Gobernador Grego- 
rio de Zeballos, el Secretario del Gobierno Martín Mimbreño 
y los Oficiales reales, que lo eran el Tesorero Pedro de los 
Ríos, el Contador Licenciado Francisco de Robles y el Veedor 
Juan de Chaves; regían el Ayuntamiento dos Alcaldes, Mateo 
de Lezano y Juan Talavera y componíanle ocho regidores, 
tres de ellos por el Rey, todos los cuales, con la Justicia y 
alguaciles, constituían el elemento oficial de la cabeza del terri- 
torio. 

Al poco tiempo de establecerse en León los Contreras 
pudo notarse de cuánto provecho y acrecentamiento era para 
la pequeña ciudad su estancia en ella. Ordenó el Gobernador 
su casa como la de los mayorazgos segovianos; esto es, de 
manera que estuviese siempre asistida de parientes, criados 
y aun de infinidad de allegados y de clientes. Según declara- 
ción de muchos testigos, la casa de Rodrigo de Contreras 
sostenía más la ciudad que las de veinte vecinos de ella. 
Además de esto, era como un asilo o posada para cuantos 
soldados o funcionarios pasaban de unas a otras provincias 
en servicio de Su Majestad y aun para toda clase de pasajeros 



- 26 - 

y viandantes, pues en ella y en lo que en otros pueblos 
poseía la familia, se ofrecía generosísima asistencia a todo el 
que lo demandaba, sin preguntarles siquiera su nombre o 
condición, cosa de gran utilidad en un país casi por completo 
despoblado o salvaje. Esto, unido a la condición liberal y 
magnífica del segoviano, era causa de que no bastase a sus- 
tentar su casa ni con los acostamentos de su oficio ni con los 
infinitos pueblos encomendados en su persona o en la de su 
mujer e hijos y que anduviese adeudado a veces en muchos 
escudos de oro. 

Empleó Rodrigo de Contreras el final del año 1535 en 
acomodarse; y pasadas las navidades se dedicó a la residen- 
cia que se había de tomar a su antecesor el aprovechado 
Castañeda, pero como éste había huido al anuncio de la 
llegada del gobernador y estaba refugiado en el Perú, donde 
tenía poderosos protectores, hubo que tomársela en rebeldía 
y por Procurador. Tales y tan tremendos cargos resultaban 
contra el antiguo Alcalde mayor de Pedrarias, que Contreras 
se vio obligado a enviar en su seguimiento al Tesorero Pedro 
de los Ríos y a un Regidor de León. Tenía sin embargo el 
bueno del Licenciado gran valimiento con Pizarro y esto 
estorbó por algún tiempo la acción de la justicia; pero tantos 
fueron los requerimientos de los de Nicaragua, que al cabo 
hubo de huir Castañeda de su refugio dirigiéndose a Tierra 
Firme y por último al puerto de la Yaguana a donde llegó 
con su navio cargado de oro y de plata. En este último punto 
cayó enfermo y tras no pocos esfuerzos se consiguió reducirle 
a prisión y envíale a España. Podría creerse que después de 
tales antecedentes, el Licenciado Francisco de Castañeda no 
pasaría a Indias ni menos desempeñaría allí cargo alguno; sin 
embargo, poco más de un año después, en 31 de Mayo de 
1537, le vemos investido deí de magistrado de la Audiencia 
de Santo Domingo escribiendo al Consejo de Indias y al 
Emperador por el tenor siguiente: ^Hame ü^raviado mucho 
Contreras mostrándoseme mas mortal enemigo que su sue- 
gro Pedrarias Davila. Contreras ya está dos años en la Go- 
bernación i seria bien enviarle un oidor de aqui a tomarle 
residencia y repetir la mia. Entonces se sabria la verdad. 
Contra el piden muchos residencia y contra su suegro, que 



- 27 - 

'por tomarle residencia su yerno y su teniente quedase dado 
por buen juez» (1). 

Sin embargo de estas protestas, es evidente que las espo- 
liaciones del Licenciado fueron enormes y las quejas que hubo 
contra él infinitas; las relaciones de los cronistas y los docu- 
mentos están conformes en esta afirmación. Mas adelante, 
cuando las pasiones y las inquinas se desataron contra Rodri- 
go de Contreras, nadie pudo acusarle como injusto en la resi- 
dencia de Castañeda, muy por el contrario en las cartas de 
los que de Contreras se querellaban acumúlanse también las 
quejas contra su predecesor; pero en la citada epístola nos 
muestra los anhelos de venganza que animaban al Licencia- 
do y nos hace pensar si éste, que sin duda conservaría 
alguna influencia en el país que bastantes años gobernara, 
pudo tener alguna parte en la posterior desgracia del nuevo 
gobernador. 

La desigualdad en los repartimientos fué otro de los asun- 
tos que ocuparon largo tiempo la actividad de Contreras; 
recorrió gran parte de la provincia en todo aquel año, quitan- 
do poblados a los encomenderos más favorecidos por esta 
desigualdad y poniéndolos bajo la protección de otro de los 
primitivos conquistadores, que se hallaban en la mayor po 
breza. Esta variación en el reparto, que a algunos tanto 
favorecía y tanto perjudicaba a otros, le acarreó implacables 
enemigos y no pequeño número de agradecidos y devotos. 
El nuevo repartimiento ocasionó a nuestro segoviano gran- 
des sinsabores, pues llegó el clamor de los descontentos a la 
Audiencia de Santo Domingo, la cual envió en la primavera 
del año 1537 un Provisor a Contreras con cartas exhortándole 
al mantenimiento de la paz en su gobierno. 

En los primeros viajes que por la provincia hizo el gober- 
nador para tomar conocimiento de ella, pudo advertir la 
mala manera que tenían los encomenderos en cumplir su 
misión, la cual consistía en procurar el adoctrinamiento y 



(1) (Colección Muñoz, tomo SI, fol. 61). Ca'^tuñeda motivó en su nuevo 
cargo no menos quejas y icclamaciones que en los primeros y aun poste- 
rioi mente en Mayo de 1540 fué reducido a prisión por considerársele com- 
plicado rn la'j heridas que recibió el Licenciado Guevara. 



~ 28 — 

el bienestar de los indios que les estaban encomendados, 
pudiendo en cambio exigir de ellos algunos servicios y tri- 
butos; pero la avaricia y mala condición de estos coloni- 
zadores hacía que sin ocuparse de doctrina ni de protección, 
maltratasen a los indios que dependían de ellos, ocupándoles 
en excesivos quehaceres, sin dejarles siquiera libres el breve 
tiempo y trabajo de que en aquel fértil país necesita la tierra 
para dar cosechas; de lo cual se seguían grandes hambres; 
cargaban a los hombres como a bestias de labor y a las muje- 
res obligaban a hilar constantemente en provecho de sus 
señores en la casa que éstos solían tener junto a sus poblados 
de indios. El Gobernador Contreras hizo y publicó unas orde- 
nanzas mandando que no se privase a los indígenas del 
tiempo preciso a sus labores campestres, imponiendo modera- 
ción en las cargas de los hombres y disponiendo la construc- 
ción de carretas, cuyo uso pensaba ir implantando paulatina- 
mente hasta hacer desaparecer en un espacio de tres años, la 
cruel costumbre de transportar fardos en las espaldas de los 
indios, ya que al funcionamiento de aquellos artefactos, no 
muy comunes a la sazón en América, se prestaba lo llano y 
suave del suelo. Respecto a las mujeres indias, disponían las 
ordenanzas que hilasen en sus casas y cuatro de los meses 
del año en provecho propio. Reiteraban también a los enco- 
menderos la obligación de enseñar o hacer que se enseñase a 
los indios la Doctrina Cristiana, a lo cual atendió mucho 
nuestro segoviano durante su gobierno, disponiendo que se 
construyesen Iglesias en los poblados de indios y que hubiese 
en todos ellos clérigos que cuidasen de su instrucción, doc- 
trina y servicio religioso. 

Debieron de pregonarse estas ordenanzas en los primeros 
meses de 1536 y cumpliéronse puntualmente durante muchos 
años; la costumbre de usar carretas en vez de indios de carga 
se estableció firmemente y permanecía en Nicaragua largo 
tiempo después de cesar Rodrigo de Contreras en el Gobier- 
no; a ella y a las demás impuestas por las ordenanzas se 
debió el que la despoblación se contuviera y aun que aumen- 
tase rápidamente la población indígena. 

Otro inicuo abuso, producido por la inaudita avaricia de 
los señores de repartimientos, hubo de remediar Contreras. 



- 29 - 

Podían aquellos disponer y aprovecharse de los indios que 
tuviesen condición de esclavos, pero llevados del afán del 
lucro que obtenían vendiéndolos en Nueva España o en el Pe- 
rú, solían pedir hombres con harta frecuencia al indio jefe de 
su poblado. Si el cacique afirmaba no tener esclavos que dar- 
les, decíanle que los buscase o le matarían, y amedrentado el 
pobre diablo, les llevaba en su lugar hombres libres. Antes de 
ser impuesto a los esclavos el hierro que denotaba su condi- 
ción, las leyes exigían que el indio confesase previamente su 
esclavitud; si alguno de estos infelices decía y aseguraba en el 
cuestionario ser hombre libre, le azotaban de tal manera, que 
después, vuelto a la cuestión, afirmaba cuanto o|uería el enco- 
mendero, esto es, que era esclavo y lo había negado por 
temor del hierro que estaba ardiendo para herrarle, y le impo- 
nían el sello candente cuya marca hacía caer en perpetua ser- 
vidumbre a él y a los descendientes de su sangre. El nuevo 
Gobernador combatió esta tremenda injusticia y proveyó o 
pidió al Emperador que proveyese otras cosas muy condu- 
centes al aumento de vecindario y a la protección de los 
indios (1). 

Los comienzos de su Gobierno justificaron, pues, estos 
renglones del cronista contemporáneo Gonzalo Fernández de 
Oviedo. *LJn tanto desde que Rodrigo de Contreras fue a 
aquella tierra estuvo ejercitando su oficio corno buengover- 
nador e tuvo en 'paz e buena justicia a aquellas tierras y 
provincias que por Su Majestad le fueron encomendadas e 
procurando la conversión e buen tratamiento de los indios 
para que viniesen a conocer al verdadero Diosi> (2). 



(1) Véanse las dos i)ritiieras cartas de Rodrigo de Contreras al Empera- 
dor fechadas ambas en León, la una a 6 de Julio de 1536 (Col. Muñoz, T. 
80. F. 275), la otra a 25 de Junio de 1537 (ídem T. 81. F. 97.) Además Con- 
treras hizo llevar a cabo probanzas en la capital (13 de Diciembre de 1537 
y 9 de Noviembre de 1547), en la cual se dc:nostraron sus servicios. El 
Emperador contestó a la última cjiístola con otra, fecha 1538 (Colee. Torres 
Mendoza, T, 42;, en la cual le agradece sus servicios y le anima en sus 
empresas. V. también otra probanza efectuada en la ciudad de León, 1547» 
con motivo de cierto pleito de Contreras con el fiscal de S, M. (Apéndice 1.) 

(2) Historia General y Natural de las Indias, libro XLIl, cap. XIV. 



CAPITULO III (1) 

EL DESAGUADERO DEL LAGO DE NICARAGUA—TEN- 
TATIVAS PARA EXPLORARLE Y HALLAR CAMINO 
HASTA EL MAR DEL NORTE.-QUERELLA ENTRE 
RODRIGO DE CONTRERAS Y FRAY BARTOLOMÉ DE 
LAS CASAS-FRACASO DE LA PRIMERA EXPEDICIÓN 

1 
Desconocida estaba aún en aquella fecha la mayor, aunque t 

no la más rica parte del recién descubierto continente. Cortés, 
los Pizarros, los Alvarados, Balboa, Pedrarias, los Almagros, ^ 

Soto, Valdivia y tantos otros bravos Capitanes o atrevidísi- 
mos aventureros, habían recorrido y explorado campiñas 
vírgenes, conquistado recios imperios y fundado ciudades 
que habían de ser la base de cristianas repúblicas. Trazados 
eran, pues, los planos del grande edificio; las nacientes po- 
blaciones disfrutaban ya de cierta solidez, gobernadas por 
ayuntamientos tan fuertes y populares como los de Es- 
paña; dividido estaba el territorio, en lo político en gober- 
naciones y provincias y en lo eclesiástico en diócesis y 
curatos; fundábanse Audiencias y Chancillerías y venían de 
España oficiales reales, magistrados, mercaderes y clérigos 
que iban moldeando en las nacientes colonias una civilización 
católica y española que los siglos y los azares de la Historia 



(1) Véanse, para ampliar este capítulo, a más de las cartas de Contreras, 
copiadas en la colección Muñoz, las «Informaciones hechas en la ciudad de 
León de Nicaragua a pedimento del Sr. Gobernador de aquella provincia 
D. Rodrigo de Contreras, contra Fray Bartolomé de las Casas sobre ciertas 
palabras dichas con escándalo en el pulpito y otras cosas» (Colección 
Torres Mendoza, t. VII, pág. 116), y la Década VI de la «Historia de los 
hechos de los castellanos en las Islas y Tierra firme del mar Océano», de 
Antonio de Herrera. 



~ 31 — 

no han sido bastantes a borrar. Pero lo mucho que aún 
quedaba por conocer, los territorios jamás hollados por plan- 
tas de cristianos, los ríos cuyas aguas no habían sido turbadas 
nunca por los bateles de los conquistadores, tentaban la 
codicia o el espíritu emprendedor de los que de España 
llegaban y motivaban el que, desde las ciudades o poblados 
se emprendiesen un sinnúmero de exploraciones que, si no 
proporcionaban siempre a sus iniciadores las apetecidas 
riquezas, contribuían a que el gran misterio del continente se 
despejase más cada vez; los dorados parajes, templos, adora- 
torios y minas, sepulturas y escondrijos de los indios habían 
sido ya descubiertos y explotados y vertían su caudal de oro 
en las arcas reales y en las de muchos particulares; pero la 
magnificencia de lo hallado tentaba los ánimos a nuevas em- 
presas, nunca ya tan productivas para sus iniciadores, si bien 
muy provechosas para la obra de la colonización. 

La provincia de Nicaragua, no muy grande, aunque muy 
accidentada, había sido casi en su totalidad recorrida antes de 
este año de 1536 en que comienzan las expediciones organi- 
zadas por el Gobernador Contreras; algunas regiones, más 
bravas y escabrosas, quedaban todavía por descubrir, y la 
más importante de todas era la de las márgenes del Desagua- 
dero, cuya exploración ofrecía fantásticas riquezas y positivas 
ventajas. 

Sabíase i^ue el grande lago de Nicaragua, situado al Sur 
de la antigua provincia, con más de ciento treinta leguas 
de contorno y con flujo y reflujo a la manera de un pe- 
queño mar, cuya profundidad permitía la navegación en em- 
barcaciones de bastante calado, desaguaba en el Océano 
Atlántico por un caudal de agua llamado el Desaguadero o 
Río de San Juan; pero este río, por los muchos raudales que 
le cortaban, por la rapidez de sus corrientes y la aspereza de 
sus márgenes, cubiertas de bosques y pobladas de indios de 
guerra, no había sido aún explorado, aunque a todos trans- 
cendiera la utilidad de una vía por donde pudieran subir los 
barcos desde el Nombre de Dios y otros puertos del Mar del 
Norte hasta la ciudad de Granada, situada a diez y seis leguas 
de León y ribereña del Lago, en el cual tenía puerto; pobla- 
ción que formaron al aglomerarse varios pueblecillos y que 



- 32 — 

era entonces la más importante de la provincia, pues habitá- 
banla doscientos vecinos españoles (los cien de ellos enco- 
menderos). De esta manera, dicha ciudad podría adquirir 
grande importancia con el tráfico de ios productos del país 
que llegarían fácilmente a puertos de los más frecuentados 
de América. Decíase además que había muy importantes 
poblados de indios en sus riberas y que sería fácil encontrar 
en ellas yacimientos o escondrijos de metales preciosos. 
Pedrarias Dávila intentó la empresa, pero la expedición, al 
mando de Este tey de! Bachiller Pérez de Guzmán no consiguió 
pasar del primer raudal. Posteriormente, el Licenciado Casta- 
ñeda envió a los Capitanes Ruy Díaz y Benalcazar a intentar 
la empresa, pero se volvieron sin resultado alguno. En varias 
cartas al Emperador, entre ellas en una de Francisco Sán- 
chez (1), vecino de Nicaragua, se encarece la necesidad del 
descubrimiento y las grandes ventajas que habría de reportar; 
al cabo el Monarca expidió una Real Cédula ordenando al 
Gobernador que procurase descubrir el secreto del Desagua- 
dero, formando una flota de bergantines que lo recorriese; y 
en dicha cédula se prescribía el buen tratamiento de los indios 
para lograr su conversión a la fe de Cristo (2). 

Al tomar posesión de su Gobierno, hubo de encontrar 
el nuevo Gobernador Rodrigo de Contreras este mandamiento 
(extendido probablemente en 1535, antes de su entrada en Ni- 
caragua) y con gran premura comenzó a estudiar los medios 
para ponerlo en ejecución, aparejando bergantines, disponien- 
do caballos y armas e invitando a la gente apropiada para ello 
a alistarse a las órdenes del capitán Diego Machuca de Zuazo, 
valiente y entendido soldado al cual encomendó la dirección 
de la empresa el mismo Contreras, a expensas de cuya 
hacienda particular se hacía en gran parte. No solamente 
había comprendido Rodrigo de Contreras la grande utilidad 
que el descubrimiento habría de reportar a la provincia por 
las razones expresadas arriba, sino que además vio en él un 



(1) Colee. Muñoz, tomo 80. 

(2) . No hemos visto esta cédula, pero sabemos de ella por referencias de 
otros documentos; Muñoz las menciona en una nota a la carta citada de 
Francisco Sánchez. 



- 33 - 

fin de grandísima importancia para la navegación de las 
Indias. En su primera carta al Emperador, ya anteriormente 
citada, el caballero se expresa así: «Hni en esta proancia una 
laguna grande en que entran muchos rios, y desagua por 
un rio grande en la Mar del Norte. Podríase navegar con 
navios pequeños i servir para comunicar ambos mares.> 
Magnífica idea era ésta de poner en contacto por el Río de San 
Juan y la Laguna de Nicaragua, el Atlántico y el Pacífico; de 
las setenta leguas que mide aproximadamente el territorio por 
la parte más estrecha, casi todas son navegables, pues el lago 
no está separado del Mar del Sur sino por una faja de pocas 
leguas de terreno llano, fácil de romper. No es de este lugar 
el enumerar las ventajas que hubiera presentado este proyec- 
to (aún no abandonado por completo) y advertir porque 
rué postergado para abrir camino a los buques por el Itsmo 
de Panamá. 

Estimulada, pues, la actividad del Gobernador con la 
grandeza del proyecto, se afanó en llevarlo presto a cabo, a 
pesar de los quehaceres de su tan reciente cargo y de la resi- 
dencia de Castañeda; después de diversos viajes a Granada, 
a la región de El Viejo y a otros puntos, buscando per- 
trechos, armas y caballos, logró ultimar los preparativos, y 
al mediar el mes de Marzo de 1536, la expedición estaba 
presta a partir, con gran entusiasmo de los soldados y mari- 
neros que en ella tomaban parte y de los vecinos que mucho 
bien esperaban de la empresa. Ciertos acontecimientos que 
cuidadosamente hemos de relatar, retardaron el viaje y dieron 
al traste con su resultado. Ocurrieron los hechos de la siguien- 
te manera: 

Desde Méjico, con conocimiento y permiso del Empera- 
dor, se había trasladado en este año a Nicaragua el célebre 
Apóstol de las Indias, el dominico Fray Bartolomé de las 
Casas, con otros religiosos de su orden, alojándose en el Mo- 
nasterio de San Francisco, de la ciudad de León; el objeto 
que este insigne fraile, tan gran protector de los indios, traía 
a la provincia, no era otro que el convertir, con sola su 
predicación y la de sus compañeros, a los indígenas que 
aún permanecían aferrados a la idolatría. Al llegar a León, 
Fray Bartolomé enteróse del descubrimiento del Desagua- 



- 34 — 

dero que se quería intentar por orden del Gobernador. Era 
enemigo eí gran dominico de esta clase de exploraciones, 
pues las violencias que necesariamente llevaban consigo 
hacían a los indios desconfiados y dificultaban mucho la 
obra de su conversión. Miró pues, desde el principio con 
malos ojos la empresa y más cuando sospechó o supo que 
alguno de los soldados pensaban enriquecerse con el des 
pojo de los pueblos ribereños, que decían ser muchos y 
grandes. 

Estos mismos males veia y procuraba evitar Rodrigo de 
Contreras; consta que a la par que empleaba toda su diligen- 
cia en pertrechar a la gente, la exhortaba a que por todas las 
vías y formas atrajesen a los naturales de las riberas en cuyo 
descubrimiento iban y les tratase con la mayor dulzura, en 
cumplimiento de las órdenes del Emperador, expresadas en 
la cédula en la cual dispunía la exploración. Fray Bartolomé, 
aun no satisfecho con esto, pidió a Contreras, no que la em- 
presa se hiciese en las mejores condiciones para los indios, 
pues en esto ya ponía el Gobernador especial cuidado, sino 
que la suspendiese; y afirmaba que él con sus frailes se 
comprometía a llevarla a cabo. Negóse Rodrigo de Contreras 
a esta proposición que se oponía a la orden terminante del 
Monarca y a la utilidad de la provincia, que pedían que el 
Desaguadero fuera presto explorado, empresa imposible para 
unos inermes religiosos, aunque la exaltada y generosa ima- 
ginación del Padre las Casas creyera lo contrario, y, decep- 
cionado por esta negativa, Fray Bartolomé expuso en muy 
públicos lugares: *Q>-íe los que iban en el dicho descubri- 
miento iban en desservicio de Dios nuestro Señor y en gran 
cargo de sus conciencias porque no iban por la vía que de- 
Man de ir*; por lo cual hubo en la capital no pocos escánda- 
los y alborotos. Predicando las Casas en la Catedral de León y 
en las Iglesias de San Francisco y de la Merced, tan apasiona 
do estuvo, que un testigo presencial, Pedro Bei vis, afirma de 
un sermón en San Francisco: ^qiie fué muy escandaloso c 
fuera del Evangelio e que todo lo mas que en el dicho 
sermón predicó fué pasiones y en perjuicio de algunas 
personas-»^ y lo mismo depusieron, bajo juramento, el mer- 
cedario Fray Lázaro de Guido, el clérigo Francisco de 







# 



Escobar y otras ^^érsonas autprizadas que oyeron estos ser- 
mones o supieron de ellos. Dícese que la enérgica y varo- 
nil D.** María de Peñalosa obligó a descender del pulpito 
al predicador durante cierta plática en que éste ofendia a su 
marido. 

No puede sorprender a nadie la actitud de Fray Bartolomé 
de las Casas en este asunto; hombre parcial y exaltadísimo 
en sus ideas generosa?, tenía que chocar y chocaba C(jáp|tan- 
temente con la sociedad de su tiempo; poseía una :^^n?éiiíe 
imaginación y un carácter vivo y apasionado qiíj^^ iia(^íkfi 
exagerar los defectos de su propia raza. Estas cimijí^et le 
valieron para imponer su noble pensamiento en la íegíllacíón ,#* 
de Indias y, en algunos casos, en las prácticas de los coloni 
zadores, pero en ciertas ocasiones, como en la presente, ¡c 
llevaron demaseado lejos, haciéndole dificultar la obra del des- 
cubrimiento y, lo que es peor, fomentar el descrédito de 
España. 

Rodrigo de Contreras, que deseaba hallar en el Padre Las 
Casas un auxiliar y no un enemigo, le invitó a que acompa- 
ñase a los expedicionarios, y aun le rogó encarecidamente 
que lo hiciese así, seguro de que su respetabilísima presencia 
evitaría desmanes de la soldadesca; no pareció al principio 
negarse a esta oferta el dominico, y cuando, casi ultimados los 
preparativos, el Gobernador se trasladó a Granada, donde los 
expedicionarios habían de embarcarse para atravesar el lago, 
acompañóle en el viaje Fray Bartolomé; reiterábale Contreras 
su ruego de que se uniese a la exploración y lo mismo hacía 
el Capitán Machuca, pero ya entonce? el religioso rehusó 
rotundamente y, pidiendo que le diesen cincuenta hombres, 
sin otro capitán ni autoridad, se ofreció a descubrir él lo que 
Su Majestad quería; apoyaba estas razones su acompañante 
Fray Rodrigo, el cual solía decir que si a Las Casas dejaran la 
empresa, «ellos irían allá y lo farian mejor qvx otro nin- 
guno.* En estas cosas llegaron a Granada. 

Acaso Rodrigo de Contreras estuviese a punto de aceptar 
el acomodo que el dominico le ofrecía. Del mismo Padre las 
Casas dícese que escribió a la ciudad de León dando por 
hecho el que iría él al frente de los cincuenta hombres sobre 
los cuales habría de tener absoluto mando. Pero ni el Capitán 



— 36 — 

Machuca debió de estar muy conforme con esta capitulación, 
ni los soldados consentían efectuar en tales condiciones tan 
peligroso viaje. Así es que, desechado el proyecto, la oposi- 
ción de Fray Bartolomé fué más tenaz que nunca. 

La expedición estaba ya presta a partir. El Gobernador, 
ultimando detalles, hablaba con los expedicionarios, sobre 
todo con el Capitán y los principales soldados, y una y mil 
veces (como en Granada fué público y notorio), les repetía 
*Que mirasen que eran cristianos, que tratasen muy bien a 
los indios, conforme a lo que Su Majestad manda e que mi- 
rasen que habían de morir e que no les ficiesen mal alguno» 
y les decía de Dios y del infierno. A Machuca de Zuazo dióle 
una instrucción escrita, muy larga y muy cumplida de lo que 
habían de hacer para atraer a los naturales al servicio de 
Cristo y del Rey, y como este Capitán pidiera licencia para 
ejecutar ciertas cosas fuera de las ordenanzas, negósela 
Contreras. 

Entretanto, el Padre Las Casas estorbaba la partida por 
cuantos medios estaban a su alcance; predicando en el 
Convento de San Francisco de Granada, donde estaba apo- 
sentado, tales cosas dijo en contra de la expedición, afirmando 
que era en grave cargo de las conciencias, que resultaron de 
ello graves alteraciones y desórdenes, pues los soldados más 
escrupulosos, esto es, los mejores, se negaban a embarcarse 
y otros desobedecían al Gobernador, contra el cual el dominico 
había dicho en el pulpito muy afrentosas razones. Llegó en 
esto el día de la partida, y muchos expedicionarios, según 
cristiana costumbre de aquel tiempo, quisieron confesar sus 
faltas. Algunos fueron a San Francisco, pero Fray Bartolomé 
y los frailes, sus compañeros, negáronse a oírles en confesión 
y a absolverles, diciendo que no podían hacerlo a los que 
fueran a tal viaje, que era en deservicio de Dios; lo cual 
produjo grande escándalo en los soldados y en los vecinos y 
nuevas deserciones entre los más estrechos de conciencia. 
Agotada ya la paciencia del Gobernador, volvióse a León, en 
donde el jueves 23 de Marzo de 1536, presentándose en la 
mansión y aposento del Muy Magnifico y Muy Reverendo 
Señor D. Diego Alvarez Osorio, primer Obispo de Nicaragua, 
expuso ante el anciano y virtuoso prelado y ante su Notario 



- 37 - 

el Bachiller Francisco Guerra, un escrito de pedimento de 
ciertas probanzas contra el bullicioso dominico. La expedición 
partió a fines de aquel mes o a principios de Abril, pero muy 
mermada en su contingente y llevando dentro de sí el germen 
de la desmoralización, por lo cual no podía tener y no tuvo 
el éxito apetecido. 

Continuaba la información con el examen de varios testi- 
gos presentados por el Gobernador, todos los cuales dijeron 
cuan inmoderado se había mostrado el Padre Las Casas; el 
buen Obispo procuraba con todas sus fuerzas reconciliar a 
entrambos contrincantes, pero llevóle Dios en Junio de aquel 
año sin que lo hubiera conseguido. No queriendo el Provisor 
(que lo era el Bachiller Pedro García Pacheco), encargarse 
de recibir la información, acudió Rodrigo de Contreras al 
Concejo a 30 de Junio de 1536 y continuó la prueba de 
testigos, muy favorable al Gobernador, ante el Alcalde Juan 
Tabanera y el Escribano público y del Concejo Martín 
Mimbreño. 

No se hallaba ya en León Fray Bartolomé de las Casas; a 
mediados de Junio se supo en la ciudad que había decidido 
abandonar el Monasterio de San Francisco y salir con sus 
frailes de la provincia; produjo la noticia gran desconsuelo, 
pues de la estancia de los dominicos se seguía grande utilidad, 
sobre todo para la catcquesis y conversión de los Indios. El 
Gobernador mandó a los Alcaldes Juan Talavera y Mateo de 
Lezano, a los Regidores Iñigo de Usagre y Bachiller Guzmán, 
al Veedor Juan dé Chaves y a otros muchos vecinos de los de 
más cuenta y calidad para que procurasen estorbar este 
intento. Fueron los comisionados al Convento de San Fran- 
cisco y rogaron muchas veces de parte de Contreras a Las 
Casas, que no desamparase el Monasterio, pues no había 
causa, y se seguiría de ello gran perjuicio, ofreciéndose a 
darles y proveerles muy largamente de ¡o que hubieren me- 
nester, pero nada fué bastante para convencer a Fray Bartolo- 
mé. Pidieron entonces que, ya que persistiesen en sus propó- 
sitos, dejaran siquiera en el convento a un Fr. Pedro, gran 
doctrinero, cuya permanencia sería para los indios de prove- 
cho, pero ni aun esto pudieron obtener de los obstinados frai- 
les, los cuales partieron aquella misma tarde, dejando el con- 



— 38 - 

vento en el mayor desamparo, pues hasta efretáblo, imágenes 
y ornamentos se llevaron (1). 

Como antes decíamos, fracasó la expedición; aunque no 
sabemos detalles de ella, una carta de Rodrigo de Contreras 
al Emperador (2) indica que la desmoralización cundía en la 
tropa cada vez más y que al cabo de tres meses de inútiles 
penalidades, viendo que el país era despoblado y pobre, sin 
las riquíjzas que soñaban hallar en él, cansada la gente se 
alzó en su mayor parte contra el capitán, y aun algunos 
quisiéronle matar. No lo consiguieron, sin duda por el valor 
de Machuca y el de los que le fueron leales, y por último los 
sublevados, temerosos de algún castigo, huyeron a Guatemala, 
y el Capitán tornó a Granada con muy pocos de los que con 
él habían salido de esta ciudad. 

La Reina, a quien llegaban cartas e informes sobre la 
conveniencia del Desaguadero, expidió en Septiembre de 1536 
la Cédula siguiente para que continuasen los trabajos de su 
descubrimiento: 

«Lft Reyna. Nuestro Governador que és o fuere de la 
prohincia de Nicaragua: yo soy ynformada que junto a la 
Ciudad de Granada, que es en esa tierra, ay una laguna de 
agua dulce que boxa ciento y treinta leguas y sale della un 
Desaguadero que va a la Mar del Norte, que es un t^io muy 
grande, como el de Guadalquivir que pasa por Sevilla, y que 
desde el dicha DesagiMdero a la mar del Norte ay noticia 
de mucho, gente y muy rica de oro y desde allí se llevó a 
Yucatán el oro que tenia Montezuma, y porque a nuestro 
servicio conviene el saber el secreto de dicho rio. yo vos man 
do que luego hagáis aderezar los vergantines que os pares- 
ziere de gente y bastimentos, y otros cosas nezesarias y em- 
bi&ys con ellos una persona de recabdo y de confianza que 
descubra la dicha tierra y sepa los secretos della, al cual 



(1) Fray Bartolomé de las Casas se fué de aquí a Guatemala, donde 
permaneció algún tiempo ocupado en sus doctrinas. Embarcóse luego 
para España, donde tomó activa paite en la preparación de las Nuevas 
Leyes (que tanto habían de cambiar la Historia de Las Indias.) Dícese que 
el recuerdo de sus disensiones con Rodrigo de Contreras influyó no poco 
en la mente del P. Las Casas al ponderar la necesidad de estas leyes. 

(2) León 25 de Junio de 1537. (Colee. Mufioz, t. 81, pág. 97). 



\ 



- 39 — 

dareys la ynstruzíon qae os pareciere, y envyareys a núes- 
tro consejo un traslado de la relación qu-e truxiere de la 
dicha tierra, firmada de vuestro nombre y del suyo, para 
que yo la mande ver y proveer sobre ello lo que mas a nues- 
tro servicio convenga, y non fagade^ ende al. Fecha en la 
villa Je Valladolid, a nueve dias del mes de Septiembre de 
mili e quinientos y treynta y seys años — Yo la Reina — Por 
mandado de Su Majestad— Juan Desamano* (1). 

Aún no se sabía en España, cuando se expidió esta 
cédula, que se hubiere emprendido la expedición que tiernos 
reseñado, cuyos adversos resultados no desanimaron a 
Contreras, pues comenzó inmediatamente a aderezar buques 
y pregonó otro alistamiento. Pero los sucesos que a la sazón 
se desarrollaban en el Perú, hicieron que la gente y los 
navios preparados para una segunda tentativa se hubiesen de 
aplicar a un más urgente destino. Los acontecimientos a que 
nos referimos ocurrieron de esta manera: 

En el año de 1535, viendo el Príncipe Manco Inca, que 
los españoles, aun mostrándole amor y amistad, no le 
restituían el trono de sus mayores, se dispuso a tomarlo por 
la fuerza, degollando o arrojando del Perú a los osados 
conquistadores, tan pocos en número para someter un tan 
grande imperio. Al prestigio de su venerando nombre, reunió 
en su torno numerosos ejércitos de indios y dieron sobre el 
Cuzco, la antigua capital del Perú, ciudad sagrada de los 
Incas, pretendiendo hacer ríe ella la base de la reconquista: 
Guarnecía el recinto Hernando Pizarro con doscientos 
españoles; doscientos mil eran, a decir del Inca Garcilaso, los 
indios que lo cercaban, y hubiéranse apoderado de él y aun 
de todo el Perú, sin la intervención divina, a la cual 
solamente debemos atribuir las repetidas victorias de un 
puñado de españoles, sobre ejércitos poderosísimos; caso tan 
frecuente en la historia de las Indias. 

Continuó muchos meses sitiada la plaza del Cuzco, y entre- 
tanto, el Marqués D. Francisco Pizarro, que se hallaba en Los 
Reyes, aunque no tuvo noticia del alzamiento, pues los 



(1) V. la obra de D. M. M. de Peralta .Costa-Rlca, Níc«raniia y Panamá 
en el siglo XVI». 



- 40 — 

indios habían muerto a cuantos cristianos hallaron fuera de 
las ciudades, sorprendido de no recibir como solía, nuevas 
de sus hermanos Hernando y Gonzalo, hizo investigaciones 
por medio de ciertos indígenas leales, que le dieron detalles 
de la tremenda rebelión y de cómo el Inca, luego de la caída 
inevitable del Cuzco, pensaba ir a la ciudad de Los Reyes 
para tomarla y degollar al Marqués, el cual, con gran 
diligencia, despachó cartas a las autoridades de Nicaragua, 
Panamá, Méjico y Santo Domingo, pidiendo ayuda en aquel 
trance. 

Recibió Rodrigo de Contreras la carta de Pizarro (proba- 
blemente en los últimos días del año de 1536), e inmediatamen- 
te dispuso que algunos hombres y caballos que estaban dis- 
puestos para la empresa del Desaguadero, partiesen en dos 
navios al Perú. Más adelante pudo equipar muchos y muy 
buenos soldados, los cuales, a las órdenes del Capitán Diego 
Núñez de Mercado, Alcaide de la fortaleza de León, se 
embarcaron en cinco galeras el 2 de Febrero de 1537. Armóse 
esta expedición a costa del Gobernador y del Alcaide 
Mercado, el cual costeó el pasaje y mantenimiento de su 
gente; a medida que fué posible, envió Contreras otros navios 
con más socorros, y al Virrey de Nueva España transmitió 
las cartas que Pizarro le dirigía y aun le envió algunos 
buenos soldados que sin duda pidiera, temiendo que los 
indios de aquel virreynato siguieran el ejemplo de los del 
Perú. La parte que tomaron los enviados en la pacificación 
de los peruanos, está detallada en una información que se 
hizo a instancia de Núñez de Mercado, en Trujillo, al final de 
aquel mismo año. 

A pesar de lo muy escasa que debió de quedar la comarca 
de hombres, caballos y mantenimientos a consecuencia de tan 
repetidas sangrías, aún se organizó algún tiempo después, a 
costa del Gobernador y los vecinos y bajo la dirección de 
expertos capitanes, una última expedición, en la cual se logró 
el resultado que tan grande constancia merecía. 



CAPÍTULO IV ^^> 

LOS CAPITANES ALONSO CALERO Y DIEGO MACHU- 
CA DE ZUAZO LLEGAN, POR DIFERENTES VÍAS, DES- 
DE LA CIUDAD DE GRANADA HASTA EL OCÉANO 
ATLÁNTICO.- AGRAVIOS DEL DOCTOR ROBLES, 
OIDOR DE PANAMÁ, A LOS EXPEDICIONARIOS LLE- 
GADOS AL NOMBRE DE DIOS.-CUESTIONES MOTI- 
VADAS POR EL DESCUBRIMIENTO 

Un experto y valeroso soldado, vecino de Nicaragua, tenía 
todo su empeño en esta empresa del Desaguadero, en la que 
ya otras veces había tomado parte desde los tiempos de Pe- 
drarias. El Capitán Alonso Calero, al cual nos referimos, se 
puso a las órdenes de Rodrigo de Contreras y ambos comen- 
zaron los aprestos del viaje. Con gran trabajo y gasto pudie- 
ron reunir suficiente cantidad de caballos, armas, víveres y 
municiones, reclutaron un numeroso grupo de gente escogida, 
entre españoles e indios y comenzaron la construcción de 



(1) Sobre el contenido de este capítulo hemos visto los documentos si- 
guientes: «Relación de lo que el Magnifico Señor Capitán Alonso Calero ha 
visto descubierto hasta hoy dia en el viaje del Descubrimiento a que va del 
Desaguadero por el Muy Magnifico Señor Rodrigo de Contreras, goberna- 
dor y Capitán general en estas provincias de Nicaragua por Su Majestad»; 
interesantísimo relato de un testigo presencial de la empresa (inserto en los 
apéndice la hermosa obra t Costa- fíica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVÍ», 
de D. M. M. de Peralta, pág. 728); Relación del Dr. Robles, oidor de Pana- 
má, 1540 (Colee. Muñoz, t. 82, f. 15Ó); Carta de la ciudad de León al Empe- 
rador, 15 de Marzo de 1540 (Colee. Muñoz, t. 82, f. 154, inserto en la obra 
citada de Peralta, pág. 97); Real Provisión de SS. MM. el Emperador y la 
Reina sobre los límites de Cartago, Talavera O de Mayo de 1591 (Peralta, 
obra citada, pág. Hi;; Carta de Alonso Calero al Emperador (Colee. Muñoz, 
t. 82, f. 156, Peralta, obra citada, pá^. 94). 



- 42 - 

navios. En 3 de Octubre de 1538, el Gobernador otorgaba a 
Calero un poder para que, en su nombre y conforme a sus 
instrucciones, procurase recorrer el misterioso río y conquis- 
tar para el Rey sus márgenes; a 20 de Enero del año siguiente 
escribía Rodrigo de Contreras al monarca desde León: <íDijt' 
que procA'aria hacer vergantines para descubrir el Bes- 
aguadero; se acabará presto el segundo i los dos partirán 
brevemente» . Bn Marzo de 1539 estaba dispuesto a hacerse a 
la vela la pequeña flota, que se componía de dos fustas o ber- 
gantines (el uno de quince bancos de remeros, y de doce el 
otro) y de cuatro canoas, a más de una barcaza, en cuyo am- 
plio tillado había una cámara para dormitorio de toda la 
gente, una cuadra en la cual se albergaban treinta y seis caba- 
llos y un corral con cincuenta puercos. Embarcáronse en estos 
buques Alonso Calero, jefe de la expedición, el Capitán Ma- 
chuca, su segundo, cerca de 120 españoles, entre ellos algu- 
nos frailes y clérigos y no pocos hidalgos y gente de calidad, 
y mas de 300 indios que ejecutaban las maniobras y servían 
de remeros. A 6 de Abril levó anclas la escuadrilla de las islas 
del lago próximas a la ciudad de Granada; en la postrera de 
estas islillas celebró consejo el Capitán Calero con sus oficia- 
les y con los clérigos e hidalgos, porque le parecía que la 
carga de las embarcaciones era excesiva; resolvióse que el 
Capitán Machuca, en los dos bergantines y en las canoas, tras- 
ladase la mitad de la carga a la isla Zeyba, distante ocho 
leguas de allí; luego de esto hecho, internáronse cuatro leguas 
por el Desaguadero (que es por aquellos parajes amplio y des- 
pejado) con hermoso tiempo y viento muy favorable, mas 
levantóse al cabo un vendaval que les hizo desandar gran 
parte de lo navegado. En esta sazón, por descargar los buques 
y por explorar más terreno, acordaron Calero y Machuca 
separarse, yendo éste por tierra con más de 50 españoles, 150 
indios y los 36 caballos, y siguiendo Calero embarcado la 
corriente con el resto de los expedicionarios; al día siguiente 
de esta separación llegaron los de la flota a un pequeño pro- 
montorio de la ribera derecha, por la cual Machuca exploraba, 
y esperaron a éste en aquel punto. Reunidos en él, transpor- 
taron las canoas al Capitán Machuca y a su gente a la orilla 
izquierda, que erróneamente creyeron más rica y poblada. 



— 43 - 

Siguió Calero navegando el río que era todavía ancho y 
profundo, muy pobiado de caimanes, manatis y pescados, y 
cuyas frondosísimas riberas eran de una variada fauna habi- 
tadas. Con viento desfavorable llegó de noche a las islas 
Mayalí, que son seis o siete, y en una de ellas llamada Quia- 
megalpa, muy pequeña y situada en el centro del pequeño 
archipiélago, encontraron un bohío o aldehuela sin gente, y 
en otra, un mezquino adoratorio y enterramientos de indios. 
Llegados el Capitán Alonso Calero y los suyos al puertecillo 
de Mayalí, diéronse cuenta de que los de Machuca habían 
pasado adelante, y enviaron emisarios en su busca. Como 
cuando dieron éstos con el Capitán acababa su tropa de pasar 
un dificultoso río, por no hacerle volver atrás, quedaron con 
Machuca en que se reunirían frente a unas islas que a dos 
leguas de allí se divisaban. Reunidos otra vez los expedido 
narios, acordaron embarcarse todos, pues los caballos cami- 
naban con suma dificultad por la orilla, que ya en aquellos 
parajes era áspera y cenagosa. Machuca, en la menor de las 
dos fustas, a la cual llamaban «San Juan», se adelantó bus- 
cando algún guía y logró alcanzar a un indio que hizo muy 
bien el oficio. 

Precediendo la escuadrilla, navegaba Alonso Calero en 
una canoa con dos gentües-homhres, explorando la corriente; 
seguíanle los dos bergantines, de los cuales el más pequeño 
remolcaba la barcaza (cuya levantada proa la hacía semejante 
a una góndola) y escoltábanla las demás canoas. El Capitán 
prendió a tres indios que pescando estaban y comisionó a 
Machuca para que visitase el pueblo de Auito, de donde 
estos indígenas dijeron proceder; en este punto supieron de los 
tres grandes raudales que habían de atravesar forzosamente. 

Calero, con 40 hombres, entre ellos un religioso, el Padre 
Morales, se separó de la flota en las cuatro canoas y al cabo 
de dos días encontró algunos pueblecillos deshabitados, entre 
los cuales notó uno al cual llamaban Boto, todo en ruinas, 
donde se apoderó de un indio y cuatro indias viejas; el indio, 
que era el cacique del pueblo, les dijo cómo tribus enemigas 
lo habían destruido; también Machuca llevó a cabo alguna pe- 
queña exploración en canoa y encontró tierra fértil y poblada. 

Más adelante tornó a dividirse la expedición. Machuca 



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saltó a tierra con 60 españoles, la mitad de los indios que 
llevaban y los caballos, y Calero quedó en esperarle quince 
días en el campamento donde se habían de separar, que 
distaba del lago siete u ocho leguas. Al cabo de once días 
llegaron al campamento cinco españoles y veinte indios car- 
gados de maíz que enviaba Diego Machuca y dijeron que el 
Capitán había encontrado tierra poblada y que había sabido 
de un pueblo grande llamado Yari, que distaba de allí seis 
jornadas. Calero envió a decirle que le esperaría en Pozocal, 
cerca de aquel pueblo de Yari, a donde había de llegar por el 
río; y el día 8 de Junio la flota levó anclas de aquel paraje, 
donde se hallaba desde el 2 de Mayo. 

Aquel mismo día pasaron el primero de los raudales por 
los que el río se precipita; parajes de peligrosísima navega- 
ción por la rapidez de su corriente y las rocas de que están 
sembrados. Muy trabajoso fué el paso del segundo raudal y 
aun estuvo a punto de costar la vida al Capitán, cuya canoa 
chocó en una peña, y hubiérase ahogado Calero si uno de los 
indios, excelente nadador, no le salvara. Con inaudito esfuer- 
zo atravesaron todos los malos pasos y llegaron a Pozocal. 
Aunque había comunicado a Machuca que le esperaría en 
este sitio un mes, no pudieron permanecer en él sino diez 
días, pues el país era estéril y el hambre se dejaba sentir. 
Hallaron algunos pueblecillos tan reducidos, que solos de uno 
o dos bohíos se componían y en uno de ellos algo mayor, 
llamado Tori, algunos soldados, al mando de Hernán Már- 
quez, pudieron observar ciertos indios reunidos que celebra- 
ban una fiesta y que huyeron a la vista de los españoles, los 
cuales pudieron alcanzar a dos de ellos y tomar en el poblado 
ciento sesenta pesos de oro bajo. Y por ser la única porción 
del precioso metal que habían encontrado en su viaje, llama- 
ron Bohio del oro a aquellas chozas. Volvió luego Hernán 
Márquez a Tori y se encontró con que los indios lo habían 
destruido. 

Era cada vez más penoso el camino y más pobre el país: 
Los de Calero hubieron de abandonar la barcaza y la fragata 
mayor dejando en ellas ciertos soldados enfermos; algunos de 
los exploradores en el «San Juan» y en las canoas bajaban 
por el río mientras que otros seguían a pie la orilla izquierda, 



- 45 - 

siempre hacia el Poniente. Los guías indios que habían 
tomado en Tori, hablábanles de lo muy pobladas, frondosas 
y ricas que eran aquellas tierras de la ribera derecha, y de los 
dos caudalosos ríos Suerre y Sucuraba que la regaban, y afir- 
maban que la margen que recorrían era tan pobre que en ella 
habían de morir de hambre. Pero como aún no se habían 
avistado con Machuca, hubieron de seguir la misma orilla 
aun a sabiendas de su esterilidad. Al cabo, obligados por la 
miseria, decidieron embarcarse en busca del río Suerre y 
entonces vieron en el horizonte una inmensa extensión de 
agua, que tomaron por un gran lago desconocido, y que no 
era sino el Océano Atlántico. Impulsados más por la necesi- 
dad que por el anhelo de gloria, habían logrado el objeto de 
la expedición. 

Por una peligrosa barra, Alonso Calero y los suyos 
salieron al mar y alegráronse infinitamente al reconocer el 
Océano, Hicieron inútiles investigaciones para encontrar al 
Capitán Machuca del Zuazo y para proveerse de manteni- 
mientos, y en estas correrías murieron muchos hombres, 
desfallecidos por el hambre o asaltados por los indios y por 
las fieras. Los supervivientes navegaban hambrientos en 
busca de cierto río en el cual pensaban hallar de comer, 
cuando una tremenda tempestad volcó ei bergantín, si bien 
con tan buena suerte de los tripulantes, que pudieron todos 
subir sobre la quilla; salvo tres de ellos que no quisieron 
arriesgarse y quedaron encima de la invertida nave, los 
expedicionarios arrojáronse al agua y unos indios llevaron 
sobre tablas a Calero, que no sabía nadar. 

Llegaron a la orilla desnudos y medio muertos y vagaron 
por ella hasta que encontraron el bergantín al cual había 
arrojado el mar entre unas rocas; como no había sufrido 
mucho daño, arregláronle y remontaron en él la corriente del 
Desaguadero para llegar al punto donde abandonaron la 
barcaza y el bergantín mayor, en los cuales habían quedado 
con un clérigo, algunos enfermos. Luego de mil penalidades 
dieron con las embarcaciones y encontraron medio muertos 
al sacerdote y a los pocos que habían podido resistir el 
hambre y la enfermedad; dos días permanecieron en aque' 
paraje y en este tiempo dispuso el jefe que se pertrechase el 



_ 46 - 

«San Juan» con las velas y aparejos de los otros buques. 
Después de esto, Calero reunió a los suyos y les rogó que 
dieran su opinión sobre lo que harían para salvarse. Después 
que expusieron todos muy diversos pareceres, dijo el Capitán: 
<Ago)^a quédese, 'para mañana y daré yo el mío, y rogad 
lodos a Dios que me le dé tal»; y en amaneciendo les habló 
así: ^Hermanos: yo sé que estamos en la Mar del Norte y 
dónde mejor podremos yr para nos poder salvar; yrnos 
hemos al Nombre de Dios, porque yo hallo que no estamos 
ochenta leguas del, porque para volver por el rio de Nicara- 
gua, no hay brazos que remeta ; para yr por tierra no ay 
pies que anderi. Encomendémonos a Dios que nos lleve con 
sus vientos, que de otra manera a ninguna parte podremos 
arriba)'.» Y alzando velas, llegaron a la isla del Escudo, luego 
de una penosa travesía, en la cual, si bien no pasaron ham- 
bre, pues hicieron abundante pesca, fueron tan hostigados por 
la sed, que murieron de ella dos españoles. 

A los tres meses de haber salido de Granada el «San 
Juan», entraba en el puerto del Nombre de Dios conduciendo 
al Capitán Alonso Calero, a siete u ocho españoles y veinti^ 
cinco indios, flacos, destrozados, más muertos que vivos; y 
todavía entre compatriotas y en tierra poblada, esperaban a 
los bravos descubridores del Desaguadero nuevas penalida- 
des. En tanto que por estas aventuras pasaba la tropa de 
Calero, el Capitán Diego Machuca de Zuazo, descendiendo 
con los suyos por la ribera, sufrían no menores privaciones 
en aquel estéril país, sin lograr dar vista a la flota. El desta- 
camento llegó hasta el Océano y volvió luego sobre sus 
pasos en dirección a Granada, a donde llegaron muy pocos, 
que se habían visto obligados a comerse todos los caballos 
que llevaban. Inmediatamente después de su llegada a país 
habitado, procuró entrevistarse el Capitán con Rodrigo de 
Contreras, y le dio cuenta de cómo el fin de la empresa 
quedaba conseguido, pues los expedicionarios habían com- 
probado que era posible recorrer todo el Desaguadero y 
navegar por él desde el Lago de Nicaragua hasta el Atlántico; 
habló a! Gobernador de los ricos países de que había adqui- 
rido noticias, y de cómo, no habiendo podido reunirse con 
ellos, consideraba perdidos a Alonso Calero y a sus hombres. 



— 47 — 

Alegróse Rodrigo de Contreras al saber cumplida aquella 
su ardiente aspiración, y comprendiendo que el descubrimien- 
to había de ser inútil mientras no se explorasen ambas már- 
genes, tornó a aparejar barcazas y canoas, a reclutar españo- 
les e indios y a apercibir armas y provisiones con objeto de 
descubrir y sujetar aquella tierra, nuevamente vislumbrada, 
fundar poblados, y sobre todo, prestar socorros a Calero si 
llegaban a tiempo y era menester. 

Durante este tiempo el Capitán Calero batallaba en Nom- 
bre de Dios contra las injusticias de los hombres, no menos 
vigorosamente que había antes luchado contra las fuerzas de 
la Naturaleza. Pues sucedió, que el Capitán pidió al Doctor 
Robles, Oidor el más antiguo de la Audiencia de Panamá, 
favor y dineros para sacar provecho de sus descubrimientos, 
y el Doctor se los negó. Entonces Calero pidió y le fué con- 
cedida licencia para reclutar gente, y teniendo reunida alguna 
quiso enviar un mensaje a Nicaragua para evitar que hicie- 
ran inútiles gastos equipando alguna nueva flota que fuese en 
busca de los expedicionarios, a los cuales Rodrigo de Contre- 
ras creería sin duda perdidos, y al mismo tiempo para que 
enviase éste alguna gente que, bajando por el río, se uniese 
a la de Calero para hacer juntos la exploración. Embarcado 
estaba ya el emisario para emprender el viaje subiendo por 
el Desaguadero a Nicaragua, cuando apareció un alguacil del 
Doctor Robles, que le hizo desembarcar y le tomó los despa- 
chos. Excitada la ambición del Oidor por los relatos de la 
gente de Calero, había pensado confiar la conquista de los 
territorios de! rio de «San Juan», a su yerno Hernán Sánchez 
de Badajoz (que gobernaba a la sazón la provincia de Vera- 
gua), vulnerando los derechos del malaventurado descubri- 
dor, el cual desde entonces no cesó de sufrir malos tratos, 
pues el Doctor Robles, so pretexto de que, durante el viaje, 
había ahorcado a uno de sus soldados, !e quiso prender y le 
prendiera si el pobre Capitán no se refugiara en el Convento 
de San Francisco de aquella ciudad, pero confiscáronle una 
fragata y un bergantín que tenía dispuestos para su expedi- 
ción, y algunos esclavos. 

El despreocupado Doctor hizo echar pregón para que 
cuantos quisieran se agregasen a la expedición de conquista 



- 48 — 

que su yerno había de emprender, celebró con éste, en Julio 
de 1539, una capitulación para el descubrimiento de las 
comarcas del Desaguadero y envió a Rodrigo de Contreras 
una provisión fecha en Panamá a 17 de Diciembre de aquel 
mismo año, en la cual insertaba la capitulación entre suegro y 
yerno, contaba mil horrores de Calero y Machuca, por cuya 
impericia afirmaba que murieron la mayor parte de los hom- 
bres de su mando, y ordenaba al Gobernador de Nicaragua 
que no pusiese el pie en las comarcas a su costa y por su 
mandado descubiertas. También en los comienzos del año 
1540 escribió el Doctor Robles al Consejo dando cuenta de la 
expedición de Calero y Machuca y de cómo había encar- 
gado a Hernán Sánchez la conquista de aquellos territorios. 
En Febrero de 1540 se embarcó Badajoz en Nombre de Dios 
en un galeón y una fragata con sesenta españoles y más de 
cien indios. 

La noticia de la capitulación del Doctor Robles y del 
viaje de su yerno produjo en Nicaragua, donde se supo 
después de haber partido para explorar las márgenes Rodrigo 
de Contreras, estupor e indignación. La ciudad de León, repre- 
sentada por sus Alcaldes y Regidores, escribió al Emperador 
(15 de Marzo de 1540), protestando contra la intromisión de 
gente extraña en un país descubierto con el esfuerzo y el 
dinero del gobernador y los vecinos de Nicaragua; Rodrigo 
de Contreras aprestóse luego, como veremos, a defender por 
la fuerza sus derechos, y más tarde Alonso Calero, que había 
conseguido escapar de las asechanzas de Robles, escribió 
al Monarca doliéndose de los agravios que habían sido el 
sólo premio de sus trabajos; por cierto que el capitán afirma 
en esta carta que la exploración del Desaguadero fué empren- 
dida por iniciativa y a costa de él y de Machuca, y solamente 
con licencia de Contreras, del cual habla así: «Contreras, de 
quien esperábamos favor, quiere apropiarse; la gloria del 
descubrimiento y nos ha hecho mil vejaciones. 

Es indudable que Alonso Calero, por el afán de hacer 
más meritorios sus servicios, falta en esta carta a la verdad. 
La expedición se llevó a cabo, no por iniciativa particular, 
sino en virtud de una cédula rea!. En la querella que presentó 
al Consejo contra Robles, Amador de Sepúlveda en nombre 



— 49 - 

del mismo Calero dice que la empresa fué acometida por 
mandado y en nombre de Rodrigo de Contreras, y en otros 
documentos que figuran en la Real Provisión dada por el 
Emperador y la Reina su madre, sobre los límites de la 
gobernación de Cartago, figuran Calero y Machuca como 
simples capitanes del Gobernador y Capitán general de 
Nicaragua, obrando conforme a las órdenes de éste. 

En la epístola de la ciudad de León al Emperador, ya 
citada, y en otros documentos, podemos enterarnos de los 
gastos que el Gobernador y los vecinos hubieron de hacer 
para equipar barcos y gente. Pero además, un simple racio 
cinio nos dice que una armada de quinientos hombres con 
siete embarcaciones, treinta y seis caballos, armas y vituallas 
no podía reunirse en aquel tiempo y en aquel país pobre y 
desangrado, por el sólo esfuerzo de dos Capitanes, aunque 
quedasen, como dicen, pobres en la demanda. Los colonos de 
Nicaragua, tan interesados en el proyecto, contribuyeron a 
hacerlo posible con sus bienes, y el gobernador, a más de su 
generosa ayuda pecuniaria, interpuso su esfuerzo personal, 
como era obligado en empresa tan beneficiosa para los 
intereses del país y tan en servicio del Rey. 

Esta es la parte que cabe al segoviano Rodrigo de Con- 
treras en el descubrimiento del Desaguadero, relacionado 
con la comunicación de los Océanos, uno de los ideales que 
en la edad moderna más han preocupado a la humanidad (1). 



(1) La idea de un canal interoceánico por Nicaragua ha sido objeto, 
desde cl descubrimiento del Desaguadero, de infinidad de proyectos que se 
conservan en los archivos de España, en los cuales se encomia la facilidad 
de esta obra y hasta que los Estados Unidos tomaron a su cargo la empresa 
del canal de Panamá, que recientemente se ha llevado a colmo, se tuvo 
por punto indicado para la ruptura del itsmo, la pequeña república de Ni- 
caragua. Conocidas son las relaciones que sobre este asunto mantuvo el que 
había de ser Napoleón 111, príncipe entonces en el destierro, con impor- 
tantes personalidades nicaragüenses. El príncipe Bonaparte escribió un 
artículo encomiando las ventajas del proyecto y de su opinión eran los 
principales ingenieros de su tiempo. 

He aquí lo que dice sobre esta cuestión el Dr. D. Tomás Ayllón en su 
«Historia de Nicaragua» (Granada, 1882), página 175, nota: «Las explora- 
ciones científicas practicadas recientemente y las que siguen practicándose 
en Telnantepec, Nicaragua y Panamá, no tienen otro objeto que el de 



CAPÍTULO V <^> 

ANDANZAS DEL EXTREMEÑO HERNÁN SÁNCHEZ DE 
BADAJOZ. — RODRIGO DE CONTRERAS SE DISPO- 
NE A EXPLORAR LAS MARGENES DEL DESAGUADE- 
RO.-QUERELLAS ENTRE AMBOS COLONIZADORES — 
FIN DE LA EXPEDICIÓN DE CONTRERAS— PLEITOS 
ENTRE EL GOBERNADOR DE NICARAGUA Y EL DE 
CARTAGO SOBRE LA GOBERNACIÓN DEL RECIÉN 
DESCUBIERTO TERRITORIO 

Empujado por su grande ambición, Hernán Sánchez de 
Badajoz emprendió, como hemos visto, la conquista de la 
margen derecha del Desaguadero, que se sabía que era rica, 
fértil y populosa. La fragata y el galeón que a él y a su gente 
conducían se vieron de tal manera combatidos de tempesta- 



exatninar cuál sea el punto que ofrezca mayores facilidades y menos gastos; 
una comisión de ingenieros norteamericanos, nombrados por el Gobierno 
de aquella República, después de prolijos estudios declaró que la ruta de 
Nicaragua es preferible en todos conceptos a las otras; pero hay grandes 
intereses en oposición y no será remoto que la influencia y el lucro de 
unos pocos especuladores se sobrepongan a los dictámenes de la ciencia.» 
Cierta modernísima obra de Historia, refiriéndose a la influencia de la 
República Norteamericana en América Central dice así: «Ha obrado para 
acentuarla la circustancia de la posibilidad de la construcción del canaj 
interoceánico por Nicaragua. Antes de haber obtenido la faja de tierra en 
que actualmente construyen el canal de Panamá, los Estados Unidos consi^ 
deraron conveniente a sus intereses estar en situación de construir por Nica- 
ragua un Canal propio; ahora que tienen el de Panamá desean impedir que 
otros construyan el de Nicaragua.» 

Como se ve, el proyecto que acaso el segoviano Rodrigo de Contreras 
fué el primero en enunciar, no está definitivamente abandonado. 

(1) Interesa consultar sobre este capítulo los siguientes documentos 
insertos en la colección de Peralta «Real cédula a Hernán Sánchez de Bada- 
joz para que salga de la Gobernación de Cartago, Talavera 11 de enero 
de 1541 (Pg, 111) Real cédula a Rodrigo de Contreras para que envié a la 



- 51 — 

des, que tardaron no menos de dos meses en arribar a 
las islas del Escudo, de donde pasaron a las de Zorobaro 
y luego a la desembocadura del río Tarire, donde los expedi- 
cionarios hubieron de desembarcar, lo cual hicieron cierto 
día de fines de Abril— probablemente el 25 — y fundaron en 
aquel punto la ciudad del Puerto de San Marcos, en cuya 
fiesta parece que se llevó a cabo la fundación, y el 30 de 
Abril trazaron a no mucha distancia los fundamentos de la 
ciudad de Badajoz. Hernán Sánchez sometió a los indios 
bravos de la región de Talamanca y envió al Capitán Pablo 
Corzo a explorar la región que comprende hasta eUío Suerre. 
Para tener en aquella tierra salvaje un punto de apoyo contra 
los indios, el de Badajoz fundó en la hermosa bahía del Almi- 
rante, sobre las lomas de Corotapa, una recia fortaleza; habilitó 
con este objeto un enterramiento de Indios en la cima del 
montecillo de Marbela; en torno del adoratorio, que quedó 
destinado a morada del jefe, construyeron los soldados sus 
barracas, rodeóse todo de una fortísima muralla de troncos de 
pejiba, que es muy dura madera y muy espinosa, y emplaza 
ronse, en las tres poternas, sendos tiros de artillería. Constru- 
yó, pues, Hernán Sánchez un castillo fuerte, no ya sólo contra 
indígenas inexpertos y mal armados, sino contra aquellos es- 
pañoles cuyos derechos quedaban lesionados por la con- 
quista. 

Era un rudo soldado este Hernán Sánchez de Badajoz; 
hombre ya entrado en años, violentísimo, colérico y blasfe- 
mador, ayuno por completo de letras, pues ni leer sabía, ni 



Real casa de Contratación de Sevilla los bienes confiscados a Hernán San 
ch(z de Badajoz» Valladolid 14 de Mayo de 1542 (Pg. 128). Véanse también 
en la obra de D. León Fernández «Documentos para la Historia de Costa- 
Rica», los documentos que a continuación expresamos: «Provisión de la 
Audiencia d° Panamá sobre las disputas entre Rodrigo de Contreras y 
Hernán Sánchez de Badajoz , 12 mayo 1540(tomo 4* Pg. 78). «Real cédula 
para que no se impida a Rodrigo de Contreras el descubrimiento del Des- 
aguadero», 18 junio 1540 (tomo 4." Página 82). «Información sobre la entra- 
da de Hernán Sánchez de Badajoz al Valle de Corza y su expulsión por 
Rodrigo de Contreras», 3 septiembre 1541 (tomo 5."* Pg. 177). «Pleito do 
Juan de Bastidas contra H. S. de Bad.ijoz» .tomo 6 ", Pg. 97), cuyos origina 
les existen en el archivo de Indias. En muchas otras paginas de las obras 
de Fernández y Peralta encontramos datos que interesan a nuestra historia. 



- 52 — 

aun bien firmar, hasta el punto de que mucha veces, al poner 
su apellido Badajoz, se le olvidaba la letra final, y los que le 
rodeaban hablan de decirle: «Señor, mira que falta la z», y él 
la ponía. Con su gente era tanta su rudeza, que rayaba en 
crueldad, pues hacíalos trabajar sin descanso en obras peno- 
sas y dándoles tan escasos y malos mantenimientos, que casi 
todos enfermaban de flaqueza y de fatiga, y muchos murieron; 
como a causa de esto las sediciones fueran frecuentes en el 
campo, hizo (ayudado por Pablos Corso, su lugarteniente) 
ahorcar y asaetear a algunos, apalear y arrastrar a muchos, 
entre ellos a Rodrigo Bastidas, su escribano. No obstante, 
poseía cualidades de colonizador; las expediciones que reali- 
zó desde la fortaleza de Marbela fueron afortunadas, y por 
rara condición se comportaba con los indios mucho más dul- 
cemente que con los cristinos. Tan grande fueron en esto sus 
resultados, que llegó a recibir el homenaje de sesenta caci- 
ques e indios de cuenta que le ofrendaron seis mil castellanos 
de oro. 

Sin embargo, aún los indígenas experimentaron más de 
una vez los efectos de su terrible y colérico natural; como se 
hubiese huido una india, criada del soldado Alfonsiañes, y 
luego de aprehendida, se supiese que había procurado alterar 
la tierra, la hizo quemar viva (Agosto de 1570), y en otra oca- 
sión, dio tal coz a una india principal, que murió a poco, 
tanto de vergüenza como de la lesión sufrida. Con objeto de 
asegurarse la quietud de las tribus indígenas, mantuvo preso 
a un cacique de mucha cuenta llamado Coaza, veneradísimo 
en ellas y que ejercía cierta autoridad en toda la región. El 
trato que sufrió Coaza fué muy desigual; a veces teníale 
Badajoz bien vestido y proveído, sentábale a su mesa y dejá- 
bale jugar con los españoles; otras túvole encerrado y en 
cadenas, pero es lo cierto que el cacique llegó a tomar gran- 
dísimo respeto y cariño a Hernán Sánchez, prueba de que no 
faltaban ai caudillo buenas cualidades, entre ellas un valor 
extremado. Progresaba, pues, la obra de la conquista, pero 
era tan grande el descontento de los soldados, que amenazaba 
estallar y malograrlo todo cuando ciertos sucesos dieran otro 
sesgo a la empresa. 

Como aún no se supiese en Nicaragua la suerte de Calero, 



i 



- 53 - 

el Capitán Machuca, en tanto que Rodrigo de Contreras se 
aprestaba para el viaje, llevó a cabo, acompañado de algunos 
hombres valerosos, una expedición para buscar a su asende- 
reado compañero, con tal desgracia, que los más de sus 
acompañantes se ahogaron y el Capitán que, con algún otro, 
pudo salvarse a nado, tornó a Granada casi al tiempo en que 
el gobernador aprestábase a partir. Había hecho construir 
Contreras tres bergantines y fletado dos más, que pertenecían 
a ciertos colonos; también se procuró infinidad de canoas 
para el transporte de los víveres y las exploraciones parcia- 
les; logró reclutar cerca de cien españoles, con los cuales 
formó un pequeño ejército, llevando por Capitanes al mismo 
Machuca de Zuazo, al Regidor Mateo Lezcano, a Blas de León 
y a Diego de Contreras, por contador a Rodrigo de Peñalosa, 
por veedor a Francisco Gutiérrez, y a Gabriel de León por 
guardián de los bastimentos; figuraban entre los soldados 
de cuenta Juan Pérez, Damián Rodríguez, Juan de Hoyos, 
Juan Arias Maldonado, Rodrigo González, Francisco de Tapia 
y otros; muchos de los soldados eran de los segovianos fami- 
liares del Gobernador, y no faltaban ente ellos algunos de los 
que habían acompañado a Machuca en anteriores expedicio- 
nes, los cuales se unieron con la condición de volverse si 
Rodrigo de Contreras se volvía, por temor que quedar sujetos 
otra vez al Capitán, cuya dureza y cuyo desprecio por las 
vidas sobradamente conocían. Iba provista la pequeña arma- 
da de lanzas, espadas, ballestas, una bandera y dos tiros de 
arcabuz, y acompañábanla varios religiosos, el escribano 
Salvador de Medina y el alguacil mayor Antonio de Noreña 
(para levantar acta de los descubrimientos y de la fundación 
de ciudades), trescientos indios amigos para el remo y demás 
trabajos, y no pocos negros y aun mujeres indígenas. 

Partió al mando de Rodrigo de Contreras la pequeña tropa 
de la ciudad de León (donde se había reunido y equipado) en 
Junio o Julio de 1579, y embarcóse luego en los cinco ber- 
gantines anclados en Granada; abarrotáronse las canoas de 
puercos, gallinas, maíz y toda suerte de bastimentos, y la 
flota, hinchadas las velas por un viento favorable, comenzó a 
surcar el lago, con gran contentamiento de los expediciona- 
rios. Como se detuvieran algún tiempo en explorar las márge- 



- 54 - 

nes (contra el parecer del Capitán Machuca), fueron sorpren- 
didos por una recia tempestad, durante la cual se anegaron 
las más de las canoas, perdiéndose gran parte de los víveres; 
hubo entonces consejo entre los principales sobre proseguir 
la empresa con los bastimentos que quedaban o buscar soco 
rró en Nicaragua. Machuca de Zuazo, que fué de este último 
parecer, volvió a Granada, donde D." María de Peñalosa le 
dio 300 fanegas de maíz y otras diversas provisiones, apor 
tolas el Capitán, pero al parecer tuvo alguna discusión con 
Rodrigo de Contreras (cuya expedición dícese que veía con 
disgusto y para la cual se había negado a prestar, después de 
tenerlo concertado, un su navio), y tornóse malhumorado a 
Nicaragua. 

El Gobernador se condujo en todo como prudente Capi- 
tán; exploró muy detenidamente las riberas del Desaguadero^ 
poniendo especialísimo cuidado en hacer amistad con los 
indios ribeñeros, cuyo buen trato recomendaba con ahinco a 
su gente, y no tomando más oro que aquel que se halló al 
acaso en algún bohío o enterramiento; a cada nueva decisión 
tomaba el consejo de los notables y oía aun el parecer de los 
soldados; así pasaron felizmente los raudales del Desaguade- 
ro. La orilla derecha del río, que la expedición preferente- 
mente recorría, era encenagada y frondosísima, cubierta de 
todos los esplendores de la lujuriosa vegetación tropical, pero 
escaseaban más en ellas las especies comestibles de lo que 
al principio se creyera, y las riberas de los ríos Suerre y 
Sucuraba estaban muy menos pobladas que lo que imaginaron 
Calero y Machuca en su primer viaje. Así, pues, a pocos 
meses de iniciada la empresa, en los comienzos de 1540, 
comenzábase a sentir el hambre en el campamento de Rodrigo 
de Contreras, y lo hubiera malogrado todo esta eventualidad a 
no ser por la varonil actividad de la segoviana D.^ María de 
Peñalosa. 

Inquieta la dama por no haber tenido en todo este espacio 
noticia de su esposo, trató de enviarle algún socorro, por si le 
fuese menester; sabedor de ello el Capitán Machuca, ofreció 
se, si le diesen gente, a llevar al Gobernador bastimentos de 
los que él tenía en su navio, y la dama encomendóle 17 sóida 
dos, con los cuales, en su nave, descendió Machuca de Zuazo 



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por el Desaguadero. Ya en esto Rodrigo de Contreras, puesto 
en extrema necesidad, habia enviado río arriba ciertos men- 
sajeros en busca de socorro, los cuales toparon con el navio 
del Capitán, a quien dieron cuenta de cuanto ocurría, pero 
negóse éste a acudir, como era obligado, al Gobernador, y se 
limitó a enviarle unos españoles con no muchos víveres, y 
como Contreras tornase a requerirle para que repitiese el 
envío, levó Machuca las anclas de su buque, dejándole en gra- 
vísimo aprieto. «E por no me socorrer en tan grande necesi- 
dad — decia luego nuestro segoviano en cierta relación— es 
digno de gran castigo el dicho Capitán Machuca.» 

Mucho mejoró la situación de los expedicionarios al acer- 
carse a la desembocadura del río, pues encontraron terreno 
más poblado y grandes plantaciones de pijaves (que es planta 
comestible); dieron luego con el Capitán Alonso Calero, que 
había logrado desembarazarse de las marañas del Doctor 
Robles, y navegaba río arriba en su fragata y su bergantín, 
los cuales había logrado rescatar; continuaron al principio todos 
juntos el descubrimiento, pero como ocurriesen desavenen- 
cias sobre la dirección de él, Rodrigo de Contreras se vio 
obligado a enviar a Calero a Nicaragua rigurosamente custo- 
diado. 

De labios del descubridor del Desaguadero hubo de saber 
Contreras la usurpación y las andanzas de Hernán Sánchez 
de Badajoz, y colmado de ira ante esta invasión de los terri- 
torios, fruto de sus afanes, decidió tomarse la justicia por su 
mano, y en son de guerra invadió las comarcas de la desem- 
bocadura. Ocupó la región del río Suerre, en cuyas márgenes, 
más ricas y pobladas que cuanto hasta entonces habían visto 
los de Nicaragua, pudieron estos reponerse de las pasadas 
fatigas. En un bohío abandonado del pueblo de Suerre encon- 
traron 600 pesos de oro, los cuales se entregaron al tesorero 
Peñalosa y al veedor Gutiérrez. Contreras habló a sus solda- 
dos de cuan conveniente sería enviar el oro encontrado hasta 
entonces (1.200 pesos en junto) a Doña María de Peñalosa 
para que lo hiciese fundir y lo emplease en armas, ropas y 
vituallas con que proseguir la conquista; acordóse así y se 
designó para llevar a Nicaragua el dinero y aportar bastimen- 
tos, a Rodrigo de Peñalosa, al Capitán Lezcano y a Rodrigo 



- 56 - 

González, criado del Gobernador, los cuales se embarcaron en 
el puerto de Punta Blanca, ya en el Mar del Norte. 

Ocupó Contreras la Región de Talamanca, donde había 
ya poblado Hernán Sánchez de Badajoz hasta la boca del río 
Tarire: hasta entonces la conquista había sido pacífica; en 
aquellos lugares fué derramada la primera sangre. Bien por- 
que Badajoz, noticioso ya de la venida de Rodrigo de Contre- 
ras obligase a los caciques que a su mandado estaban, a que le 
hiciesen guerra (como los de Nicaragua creían) o bien porque 
los indios de la expedición hubiesen tomado ciertas mujeres 
de los ribereños del Tarire, lo cierto es que atacaron estos al 
pequeño ejército y hubo algunas muertes de cristianos e in- 
dios, visto lo cual el Gobernador taló la tierra y quemó las 
plantaciones de Pijaves en los alrededores de Corotapa. 
Sucedía esto a principios de Noviembre de 1540. 

Halláronse frente a frente los dos Gobernadores y comen- 
zaron una serie de mutuos requerimientos para abandonar el 
país sobre el cual cada uno alegaba sus derechos; ai cabo, 
Hernández Sánchez, viendo que Contreras, con fuerzas muy 
superiores se disponía a atacarle, encerróse en su castillo de 
Marbeia, y nuestro segoviano, a 15 de Noviembre, comenzó 
el cerco de la fortaleza. 

Rodrigo de Contreras rodeó con tres filas de hombres la 
loma de Marbeia, y cortó el agua a los sitiados, mas como 
éstos tuviesen provisión de ella y de víveres, se hubiera pro- 
longado mucho el cerco, a no ser por la grandísima irritación 
que entre la gente de Hernán Sánchez reinaba; exhaustos los 
soldados por los trabajos y por los malos tratamientos del 
caudillo, enfermos muchos, y viendo a la gente de Contreras 
recia y bien mantenida, dieron en desertar y en pasarse al 
real de los contrarios. Así lo hicieron Francisco Montes, Antón 
Ramírez, Pablo y Jerónimo Corso, el escribano Juan de Bas- 
tidas, Juan Luys, Periañés, Bernabé de Barabí, Juan López, el 
platero Hernando de Luque, los negros Lope y Alonso, Juan 
Mejía, Alonso Menéndez, Sebastián González, Pedro Rodrí- 
guez, Cristóbal Serrano, Diego de Torres y Francisco García, 
entre los cuales era tan grande el odio a Hernández Sánchez 
de Badajoz, que ayudaron furiosamente a la toma de la forta- 
leza, y aun después le persiguieron con su saña. 



- 57 - 

No se vertió sangre en esta lucha entre cristianos, que tan 
funesta impresión debía de causar en los indios sometidos. 
Hernán Sánchaz negóse (aunque sus soldados se lo reque- 
rían) a disparar su artillería, y Contreras, como obedeciendo 
a un tácito y caballeresco acuerdo, mantuvo en silencio la 
suya. Al cabo de 15 días, como pensase el Gobernador que 
la guarnición de Marbela estaba muy disminuida (pues había 
prendido a varios de los soldados que intentaron salir para 
hacer aguada), y muy debilitada ya, dio orden de asalto, y 
con poca resistencia entraron sus gentes por las tres poternas 
en el fuerte, dentro del cual rindió su espada Hernán Sánchez 
de Badajoz (1.° de Diciembre de 1540). 

Encontró Rodrigo de Contreras al cacique Coaza encade- 
nado. (Tal le había puesto Badajoz, sin duda para que no se 
huyese en el tiempo del asedio), y muy enfermos a los más 
de los soldados de Hernán Sánchez; quitó al uno las cadenas 
y dio a los otros medicinas y víveres, de los que se hallaban 
en suma necesidad, por lo cual tenían por su salvador al se- 
goviano; mandó abrir proceso contra su jefe, pero hubo no 
pocos miramientos con su persona, y le sentaba a su mesa 
con los Capitanes y soldados principales. 

Difícil era la situación del Gobernador, pues los indígenas, 
amigos unos de Badajoz y queriendo aprovecharse otros de 
las discusiones de ambos caudillos, salían de su sosiego y 
alteraban la comarca; el mismo Coaza, libertado por Contre- 
ras, seguía en su idolátrica admiración por Hernán Sánchez, 
cuyo rudo valor y energía habían impresionado vivamente su 
sencilla imaginación. Rodrigo de Contreras procuraba atraer- 
se con todas sus fuerzas la estimación de los indígenas, y por 
esto había dado órdenes severas a sus gentes de que no hicie- 
sen mal a ninguno, y si sabía que habían muerto a alguno, 
recibía la noticia con cólera y pesar. Hacía decir a Coaza «que 
Sánchez de Badajoz no era Capitán ni Señor, sino él e que a 
él obedescian e habían de obedescer todos los cristianos e 
indios, e que el dicho Badajoz hera un Capitán chiquito, que 
no hera nada», sin embargo lo mismo Coaza que los demás 
indios, resistieron siempre sus órdenes y pusieron cuantos 
obstáculos estaban en su mano a la obra de la colonización 
del país. Como el Gobernador hubiese atraído con engaños 



- 58 - 

a un indio principal, llamado Coxele, éste, lejos de someterse, 
consiguió fugarse y alborotó a los suyos, los cuales vinieron 
en son de guerra al campamento de los de Nicaragua y ma- 
taron algunos; debió de sospechar Contreras que hubiese 
intervenido Hernán Sánchez en el hecho, pues aquel día le 
oyeron sus soldados querellarse en la mesa con el extremeño 
y decirle: «Anda, que soys un mal hombre, desservidor de Su 
Magestad»; luego de esto, como enviase algunos hombres al 
mando de Damián Rodríguez, natural de Alcántara, a pro- 
veerse de víveres y en busca de ciertos indios leales, perdi- 
dos durante el asalto, dieron los indígenas sobre la pequeña 
tropa y mataron a su jefe y a tres soldados e hirieron a otros. 

El cacique Coaza, a pesar de haberle librado el Goberna 
dor de sus cadenas y de tratarle con benevolencia, solía decii 
que el verdadero Capitán de cristianos era Badajoz, y que 
Contreras era motolin, esto es, hombre pobre y de poca cuen- 
ta; negábase a ordenar que sus vasallos trajesen víveres al 
campamento, engañando a Contreras con vanas promesas y 
le cupo no pequeña parte de culpa en los asaltos de los 
indios. Cansado el Gobernador, mandó disponer, para ame- 
drentarle, una gran hoguera y traer un mastín muy grande y 
feroz llamado «Amigo», y por medio del intérprete Ven- 
turilla, hizo saber al mal intencionado cacique «que aquel 
«fuego e aquel perro hera para aperreallo e quemallo, porque 
»hera un vellaco mentiroso que no cumplía cosa que con él 
apusiese e bien sabia que si el quisiese lo podía hazer», y 
luego, prosiguiendo la faisa, ciertos soldados suplicaron a 
Contreras con estas palabras: «Señor, no se queme a Coaga, 
»que el es muy bueno e lo hará bien de aquí adelante, e no 
» mentirá», y el Gobernador hizo entender al indio que, por el 
ruego de aquellos caballeros se le perdonaba la vida, y él, 
agradecido, arrojóse a sus pies y a los de los soldados. 

Habían ya regresado Peñalosa y Gutiérrez de Nicaragua 
con víveres, pero como no fuesen suficientes para tanta gente, 
ni el país, completamente hostil, diese más de sí, Rodrigo de 
Contreras decidió abandonar la fortaleza de Marbela (que 
luego los indios quemaron) y explorar la provincia de Taria- 
ca, que se decía era muy fértil y abundante, y paró primera- 
mente en el lugar de Coro; pero como la necesidad les apre- 



i 



-so- 
tase todavía, tuvieron que sacrificar y comer dos caballos, 
que eran de Hernán Sánchez Je Badajoz, 

En todo este tiempo, y aun durante las marchas, el Gober- 
nador seguía el proceso de Hernán Sánchez, comenzado en su 
fortaleza de Corotapa el mismo día 1.° de Noviembre de 1540, 
en que cayó en su poder; durante él el esciibano Rodrigo de 
Bastidas y otros testigos hicieron tremendos cargos contra el 
Badajoz; estando detenida la expedición en el poblado de 
Doybaburu, en la costa del Mar del Norte, continuó la prueba 
de testigos, que duró todo el mes de Febrero de 1541; en 5 de 
Marzo de ese año, el Gobernador firmó sentencia en el mismo 
lugar, por la cual remitía el conocimiento de la causa a Sus 
Majestades y a los Señores de su Consejo. Rodrigo de Con- 
treras comisionó a sus Capitanes Blas de León y Diego de 
Contreras (1) para que condujesen al preso a España, y ambos 
se embarcaron en una pequeña nave en un portezuelo del 
Tarire, con el desdichado Hernán Sánchez de Badajoz, tan 
desvalido que no llevaba sino un indio a su servicio, y aun le 
hubo de prestar una camisa y unos zapatos de terciopelo el 
buen Rodrigo de Peñalosa, contador de la expedición. 

Deseando tener una base para posteriores exploraciones, 
fundó el Gobernador una villa que llamó San Juan de la Cruz, 
entre el mar y la desembocadura de! Desaguadero, junto a un 
portezuelo, en lugar muy a propósito para guardar la entrada 
del río de corsarios o enemigos que quisieran, remontando la 
corriente, llegar hasta Granada; después de haber nombrado 
por alcalde de ella a Gabriel de León, guardián de los basíi- 
mientos, y por regidores a algunos marineros y soldados prin- 
cipales, Rodrigo de Contreras abandonó el poblado recién 
nacido para continuar la conquista de la región del Suerre. 

Esta parte de la expedición fué penosísima por las condi- 
ciones del país, escabroso, escaso de mantenimientos y habi- 
tado por indios de guerra; en cierta información que sobre 
estos hechos se hizo en Nicaragua el año de 1548, el soldado 



(1) Este Capitán no era hijo, como se ha dicho, del Gobernador. Diego 
de Contreras, hijo de Rodrigo de Contreras, era muy niño en este tiempo; 
en Nicaragua había algunas familias de este apellido emparentadas con el 
Oobernador. Un Capitán llamado Diego de Contreras (acaso este del que 
tratamos), fué decapitado por Fizarrista en el Perú. 



— 60 - 

Juan Arias Maldonado se expresó así: «Que sabe que el dicho 
•Rjdrigo de Contreras y su gente pasaron mucha necesidad 
»de hambre y estobieron a punto de morir todos por ser la 
•tierra fragosa e no poder andar a caballo y por estar los 
»yndios aleados, a cuya causa el dicho Rodrigo de Contreras 
•enfermo a punto de muerte y que este testigo le vido muchas 

• veces caerse de hambre el dicho Rodrigo de Contreras y que 

• sabe que toda la gente padecía mucha necesidad e que mu- 

• chos murieran si el dicho Rodrigo de Contreras no les any- 

• mara e a los que estaban enfermos los hazia traer a questas 

• si tenia una yuca partía con los enfermos que mas necesidad 
»ten¡an». Y según otros testigos, el gobernador, no sólo dejaba 
de comer para repartir su ración entre los soldados, sino que, 
habiendo hecho colocar a los enfermos en angarillas y en un 
solo caballo que tenían, él iba a pie, delante, rompiendo, para 
abrir camino, con su machete la maleza espesísima de las sel- 
vas vírgenes. 

Los expedicionarios tenían andado y pacificado mucho 
terreno y pensaban proseguir animosamente la conquista, 
cuando supieron que el Emperador había firmado una capitu- 
lación con el Capitán Diego Gutiérrez, por la cual se enco- 
mendaba a éste la población y gobernación de estos lugares; 
tornaron a San Juan de la Cruz y dejando en la villa al Alcal- 
de Gabriel de León (el cual permaneció en su puesto hasta 
que Alvaro de Torres, Teniente del nuevo Gobernador, le 
quitó la vara), y encargando de lo conquistado al valeroso Ca- 
pitán Castañeda, Rodrigo de Contreras y los suyos, remon 
taron, embarcados, el Desaguadero, y al mediar el año de 1541 
llegaban a Granada enfermos y desalentados, después de dos 
años de riesgos, aventuras y privaciones. La expedición de 
Rodrigo de Contreras fué sumamente ütil, pues contribuyó a 
pacificar y poblar las márgenes, hasta entonces en su mayor 
parte desconocidas del río de San Juan, el cual, al poco tiem 
po, era una importante vía de comunicación entre Granada y 
Nombre de Dios, por la cual discurrían de continuo navios 
cargados de mercaderías. 

En las capitulaciones estipuladas con el valeroso colonia- 
dor Diego Gutiérrez se otorgaba a éste, con el título de 
gobernación de Cartago, la comarca tan disputada entre Con- 



— 61 — 

trcras y Badajoz, comprendiendo la región de Taguzgalpa 
desde Zorobaro iiasta el cabo Camarón y el río Aguan con 
una extensión de 150 leguas de costa, y el desaguadero hasta 
una distancia de 15 leguas del lago de Granada. Según esta 
capitulación la pesca y navegación del río, habían de ser 
libres, y Diego Gutiérrez podría poblar en la parte que le 
correspondía de las márgenes, salvo en lo ya poblado por 
otros gobernadores. Antes de su regreso a Nicaragua, protes- 
tó Rodrigo de Contreras contra esta capitulación (1) que le 
privaba de los más ricos frutos de sus trabajos y dispendios. 
En la Real Provisión de Sus Majestades el Emperador y 
la Reina D.^ Juana, extendida para fijar definitivamente los 
límites de la provincia de Cartago (Talavera 6 de Mayo de 
1541) haciendo historia de la cuestión, los Monarcas, luego de 
insertar la capitulación con el nuevo Gobernador dicen: *E 
»por parte de Rodrigo Contreras nuestro Governador de Nica- 
» ragua, nos ha sydo fecha relación que bien saviamos el mucho 
•tiempo que abia questaba en la dicha provincia serviendonos 
»en la governacion della, siendo la tierra muy pobre por no 
»aber en ella oro ni plata, ny perlas, ny otra cosa de que se 
» pudiese aprovechar, a cuya causa el se había sustentado con 
»su hacienda, sin haberse aprovechado como otros governa- 
» dores, y que estando ansí gastado y pobre, le abia sido por 
»Nos mandado que descubriese el Desaguadero que sale de la 
• Laguna de Granada». En este documento se inserta otro 
en que el Gobernador de Nicaragua relataba las expediciones 
y el descubrimiento del río, y su viaje para explorar la mar- 
gen, enumeraba las ventajas de la empresa, quejábase de la 
capitulación con Diego Gutiérrez que le privaba del fruto de 
sus trabajos y rogaba a Su Majestad que anulase esta capi- 
tulación en lo que perjudicase a sus derechos. Rodrigo de 
Contreras insertaba en esta demanda la Real Cédula dispo- 
niendo la exploración del río, fecha en Valladolid a 9 de 
Septiembre de 1536, que en otro lugar hemos copiado. 



(1) Sila Provisión Real en la que consta la protesta de Contreras es 
del 6 de Mayo de 1541, no es posible que el gobernador ignorara el nom- 
bramiento de Gutiérrez hasta después de su vuelta a Nicaragua, luego de 
la prisión de Hernán Sánchez como afirma el Sr. Peralta. 



— 62 - 

También presentó Contreras a la Real Consideración la 
cédula dirigida a los oidores de la Audiencia de Tierra firme, 
en la cual, en vista de las querellas que Amador de Sepúlve- 
da había presentado al Consejo en nombre de Alonso Calero 
contra Robles y Badajoz, usurpadores de sus descubrimien- 
tos, el Gobierno ordenaba que no se impidiese la conquista 
de aquel país al Capitán General de Nicaragua ni a sus Ca- 
pitanes. 

Contra estos documentos de Rodrigo de Contreras, Diego 
Gutiérrez presentó una demanda en la que decía que no había 
lugar a lo pedido por aquel, pues aunque por la cédula que 
citaba se le hubiese ordenado descubrir el Desaguadero, no 
se deducía de ello que se le encomendase la gobernación de 
sus márgenes; y que el Rey no podía desvirtuar una capitula- 
ción firmada de su real mano. El Gobernador de Cartago 
pedía que se hiciese salir a Rodrigo de Contreras de la co- 
marca que había invadido y presentaba la cédula en que se le 
nombraba Gobernador. 

Aún hubo otras reclamaciones de Contreras y otras répli- 
cas de Gutiérrez, y vistos todos los documentos referentes a 
este asunto, los del Consejo acordaron que se cumpliesen las 
capitulaciones y que Diego Gutiérrez pudiese poblar aun en lo 
descubierto por Contreras o por Alonso Calero, su Capitán 
subordinado, siempre que no estuviese poblado y repartido 
por estos. A la gobernación de Nicaragua dejaban la laguna 
y 15 leguas del río, cuya navegación y pesca habían de ser 
comunes. Se ratificó este acuerdo por cédula fecha en Talave- 
ra a 6 de Mayo de 1541, en la cual se encomienda a la Audien- 
cia de Panamá la resolución de los pleitos que pudieran sur- 
gir entre los Gobernadoies contrincantes y se conmina a éstos 
con pena de la pérdida de su gobernación en el caso de pasar 
de sus respectivos límites. Y todo este proceso y su resolu- 
ción se resumió en la Real provisión citada del día 6 de 
Mayo. 

Tantas disputas y tan enconadas cuestiones producían 
como único efecto el que las márgenes del Desaguadero con- 
tinuasen sin poblar, con gran deservicio del Rey. Al cabo el 
Buen Obispo Mendaria, que en la Diócesis de Nicaragua 
había sucedido a Alvarez Osorio, viendo que tal dilación 



— 63 - 

dificultaba la conversión de los indios, procuró reconciliar a 
Rodrigo de Contreras y a Diego Gutiérrez y logró hacer de 
ellos grandes amigos. 

El italiano Jerónimo Benzoni (1), testigo presencial de 
estos sucesos, cuenta que hallándose el segundo en Nicara- 
gua hacia el año 1542, y hablando con el Gobernador de la 
conquista que pensaba hacer del país que le estaba encomen- 
dado, Contreras le dijo: «Que aquel terribilísimo pais de nin- 
gún modo se podia conquistar por estar lleno de asperísimos 
bosques y de crudelisimas montañas, y que alli no solamente 
no se podia andar a caballo, sino que en muchos lugares aun 
los hombres con pena apenas podian andar a pie, y que todos 
los capitanes que hablan entrado en aquellos paises, entre 
muertos de hambre y matados por los indios hablan perdido 
alli casi todos los españoles que consigo llevaban», y le acon- 
sejó, como persona muy conocedora de la región y muy 
experta en estas lides que no se aventurase por el país sino 
en rápidas expediciones. Tuvo Diego Gutiérrez para las pru- 
dentes palabras del Gobernador, una altiva y destemplada 
respuesta, conforme con su áspero natural, y no hubo en 
cuenta aquellas atinadas razones en la colonización que luego 
emprendió; pero pagó bien cara su temeridad, pues habiendo 
remontado el río Suerre e internádose por la provincia de 
Tayutic, fué muerto por los indios en Diciembre de 1544 con 
muchos de sus compañeros. 

Para terminar con el relato de estas cuestiones del Desa- 
guadero, hemos de referir lo sucedido a Hernán Sánchez de 
Badajoz, a quien dejamos embarcado con sus guardianes en 
el puerto de Tarire. Llegados a España, Diego de Contreras 
presentó el proceso ante el Consejo de Indias, en Valladolid 
a 20 de Abril de 1542, e hizo entrega del pres©, el cual fué 
encerrado en la cárcel real. Hernán Sánchez quejóse ante el 
Rey de su prendimiento por el Gobernador de Nicaragua y 
de la confiscación que éste había hecho de sus bienes, y rogó 
que, pues estaba preso en la cárcel real y su negocio pendien- 
te del Consejo de indias, donde se haría justicia, se volviesen 



(1) «Dell Historie dell Mondo Nuevo», Venetia 1^72. Lib. 2." Fol. 83 
(Citada por D. León Fernández en su «Historia de Costa-Rica»). 



- 64 - 

sus bienes a él o a quien hubiese poder suyo. Visto el asunto 
por el Consejo, se acordó que se cursara cédula a Rodrigo de 
Contreras para que enviase al mismo Consejo el inventario 
jurado de los bienes tomados a Badajoz y que remitiese a la 
Audiencia de Panamá para que lo hiciera llegar a la casa de 
contratación de Sevilla, el oro, la plata y el producto de la 
venta de los demás bienes confiscados, so pena de caer en 
desgracia y pagar 10.000 ducados, y extendióse en efecto 
dicha real cédula («Fecha en la villa de Valladolid, a 14 días 
del mes de mayo de mil e quinientos cuarenta y dos años.») 
Desde su prisión, a 10 de Marzo de 1543, entabló Hernán 
Sánchez de Badajoz querella criminal contra Rodrigo de Con- 
treras por excesos cometidos por éste cuando sitió y tomó la 
fortaleza de Marbella. Hallábase a la sazón el Gobernador en 
la Corte, a donde había venido para sincerarse de ciertos 
cargos que la Inquisición le hiciera y rechazó la acusación de 
su adversario por escrito de 17 de Marzo del mismo afío; 
abrióse la causa a prueba y comenzó uno de aquellos eternos 
pleitos de antaño que consumían las energías, la paciencia y 
aun la vida de nuestros abuelos; aún se tramitaban las pro- 
banzas, cuando a la segunda mitad del año 1546 murió el in- 
fortunado Hernán Sánchez de Badajoz (1). 



(I) Véase la probanza de Sánchez de Badajoz en pleito con Rodrigo de 
Contreras, año 1546 (L. Fernández, Tomo VI Pg. 235) y las probanzas de 
Rodrigo de Contreras en 6 de Octubre del mismo año (ídem ídem, Pg. 24). 
No acabó el proceso por muerte de Badajoz, sino que continuó con 
más brío. Defendía la causa del difunto su hermano Bartolomé Sánchez, y 
|uego el Dr. Robles en representación de la viuda e hijos de aquél. 



CAPÍTULO VI 

OTROS DESCUBRIMIENTOS Y SERVICIOS DEL GOBER- 
NADOR RODRIGO DE CONTRERAS.— FUNDACIÓN DE 
LA NUEVA SEGOVIA.— EL INFIERNO DE MASAYA Y 
SU LEYENDA DORADA ''\-LAS ISLAS DE CONTRE- 
RAS.- GESTIONES DEL GOBERNADOR EN DIVERSOS 
ASUNTOS.-SU LEAL CONDUCTA EN EL ALZAMIEN- 
TO DE GONZALO PIZARRO 

En la segunda mitad del año 1536 recorrió Coníreras los 
territorios auríferos de la orilla del Yare, donde estaban 
situados los únicos yacimientos del precioso metal que en 
Nicaragua había; distaban 30 leguas de León y encontrábanse 
en un país muy áspero y poblado de indios bravos, lo cual 
hacía difícil y peligrosa la explotación. El Gobernador remon- 
tó la margen del río Yare, que después de un largo curso 
desemboca en el Océano Atlántico y le llamó Río Segovia. 



(1) Véanse, sobre la exploración del Masaya, las obras y documentos 
siguientes: Gonzalo Fernández de Oviedo, «Historia general y natural de las 
Indias», Lib. XLII. Cap. X y siguientes. 

«Información hecha en 1.° de mayo de 1538 ante Rodrigo deContreras» 
Gobernador de Nicaragua sobre el Bolean de Masaya, ques en términos de 
la Ziudad de Granada de dicha provincia» (Archivo de Indias; inserta «n 
la colección Muñoz T. 80, foh"o 129 vuelto). 

Carta al Emperador de Diego Sánchez (Granada, postrero de Noviem- 
bre de 1538) (Id. T. 80 folio 139). 

Carta al Emperador de Rodrigo de Contreras, León, 20 de Enero de 
1539(Id,T. 80, folio 139). 

Carta de Gonzalo Fernández de Oviedo a S. M. Santo Domingo Julio 
de 1539 (Archivo de Indias— Est. 53— Caj é.o-Leg. 1. Inserta en la colec- 
ción Torres de Mendoza T. 42. P. 19 y extractado en la colección Muñoz 
T. 80, Pi!. 129). Aún existen muchos documentos posteriores en el Archivo 
de Indias y en las colecciones. 



- 66 - 

También dio el nombre de la vieja y nobilísima ciudad caste- 
llana donde era nacido a una villa de mineros que fundó en 
aquella rica comarca. 

Las dificultades do la explotación hicieron que el poblado 
de Nueva Segovia u Ocotal quedase pronto abandonado; 
intentóse inútilmente restablecerle, hasta que en 1543, estan- 
do Rodrigo de Contreras en Espaíla, el Capitán Diego de 
Castañeda pobló una ciudad en el mismo sitio y con el mismo 
nombre. En 1544 llegaron a Nueva Segovia numerosas cua- 
drillas de mineros, de las que explotaban los yacimientos de 
Guayape, en Guatemala, y trabajóse entonces en las minas 
con mucha intensidad, llegándose a extraer oro de 19 a 20 
quilates. A mediados del aflo 1545 concertáronse los indios 
de guerra de las cercanías, y cayendo de noche sobre la ciu- 
dad mataron a trece o catorce españoles, lo cual, aunque puso 
miedo en la colonia minera, no fué bastante a hacerla aban- 
donar el campo. Solamente después del durísimo y cruel cas- 
tigo que, por orden de la Audiencia y del Alcalde mayor de 
León, ejecutó el Capitán Francisco Barco, se gozó de alguna 
paz en aquella conturbada tierra (1). 

Es gran parte de la antigua provincia española de Nicara- 
gua de naturaleza volcánica; coronan algunas de sus monta- 
fias inmensos cráteres, que, si bien hoy demuestran poca 
actividad, solían ostentar en tiempo de la conquista cimera 
de humo y de llamas que amedrentaba a los españoles o lle- 
nábales de curiosidad. El más importante de estos volcanes es 
uno situado a poca distancia del Lago de Granada, sobre un 
elevado monte; llamábanle los indios el Masaya, y algunos 
hombres osados que se asomaron a la boca, pudieron ver, a 



(l) Erróneamente se ha atribuido al Capitán Castañeda la fundación de 
Nueva Segovia. En una carta que escribieron al Emperador los oidores de 
la Audiencia de los Confines fecha en Gracias a Dios 30 de Diciembre 
de 1545 (Colección Torres de Mendoza, T. 24, Pg. 421), se dice: «Por el Qo- 
vernador de León se havia poblado una villa que se llama la Nueva-Segovia 
y en ella havia minas de oro ricas, etc». Este Gobernador de Leen no es 
sino Rodrigo de Contreras. Sobre el ataque a la villa interesa la carta citada 
y las del Obispo Valdivieso a S. M. y al Consejo fechas en Gracias a Dios 
una a 15 de Julio de 1545 (Colección Muñoz T. 84, folio 87 vuelto) y otra a 
20 de Septiembre del mismo año (Peralta obra cit. Pg. 142). 



- 67 — 

más de cien brazas de profundidad desde el cráter, una masa 
candente que hervía de continuo con temeroso resplandor y 
ruido. 

Esparcióse muy pronto la leyenda, que se aferró de un 
modo extraordinario en el ánimo de aquellas gentes, de que 
la materia que ardía en aquel infierno, no era otra cosa sino 
oro y plata fundidos en cantidad incalculable, que hacía mez- 
quinos los mayores tesoros del mundo; acaso la caldera 
donde se fundía todo el material precioso de las Indias, y de 
la cual, algunas partículas, por desconocidos conductos, lle- 
gaban a otras partes del continente; a las minas con tanto 
afán buscadas. Nueva fábula del Dorado que exaltó infinitas 
ambiciones e hizo perder el seso a un buen número de ilusos. 

Pocas personas, más ilustradas, se sustrajeron a la creen- 
cia de esta patraña, y entre ellas figuraba Rodrigo de Con- 
treras, al cual, sus gobernados, hacían presión por que inten- 
tase este descubrimiento, del cual quedarían ricos todos, y 
aun enviaban mensajes al Emperador para que le obligase a 
hacerlo; otro de los que nunca creyeron en la existencia de 
los tesoros, fué el sesudo cronista Gonzalo Fernández de 
Oviedo, el cual estuvo contemplando cuatro o cinco horas el 
volcán el día de Santiago de 1529, y que, en una de sus 
cartas al Emperador, se expresaba así: «Pero sospecho que 
si oro o plata o otras cosas de valor ay en Masaya, serán 
cortes escondidos en aquella socarrena que está debaxo de la 
pefia desde donde miran aquel oyó de fuego los que allí van; 
lo cual por miedo de los chistianos pueden allí aber rrecogido 
e escondido los yndios»; 

La temerosa superstición que rodeaba el volcán fué causa 
de que ninguno de cuantos creían en el tesoro, se apercibiesen 
a descubrir por sí mismos el secreto. Sabíase que los indios 
habían tenido templos y adoratorios en el cráter y lo atri- 
buían a ser lugar propicio para comunicar con el demonio, 
por lo cual, y por sus llamas, humo y azufre, llamábanlo In- 
fierno. Un hombre hubo, sin embargo, que dedicó gran parte 
de su vida a la conquista de la riqueza del Masaya; era este 
personaje, prototipo de los españoles de entonces, de exaltada 
fantasía y ambición sin límites, pero que por su bravura y te 
nacidad hacían olvidar estos y otros defectos; nos referimos 



- 68 - 

al Padre Blas del Castillo, fraile dominico qut intentó varias 
veces explorar el volcán. Prohibióselo Rodrigo de Contreras 
por lo peligroso e inútil de la empresa, y el buen dominico 
puso el grito en el cielo y escribió, lamentándose de ello, al 
Monarca. En el año 1538, juramentóse el Padre Blas con 
Diego Sánchez y otros vecinos de Granada para intentar de 
secreto extraer los tesoros del Masaya utilizando el invento 
de cierto servidor de bombarda. Los ilusos investigadores 
salieron de Granada con su artificio sin ser notados, y ven- 
ciendo el pavor que el misterio del volcán les inspiraba, lle- 
garon a la cima, y aun descendieron a una plaza circular en 
la cual se abría el cráter; desde allí pudieron ver la enorme y 
refulgente masa, que hervía (a decir de Diego Sánchez, uno 
de los conjurados^ «con tanta furia i ferocidad que la mar 
cuando anda por mayor tormenta no se le puede comparar», 
cuya vista, llenóles de temor y de codicia, y pudiendo más 
ésta que aquél en su corazón templadísimo, el dominico y sus 
secuaces descolgáronse unos después de otros en un cubo 
que con unas cuerdas y un torno completaba el aparato, e 
intentaron con ciertos cangilones sacar algunas partes de la ar- 
diente masa sin que en esta ni en otra expedición que hicie- 
ron pudieran conseguirlo. 

Estudió el servidor de bombarda en perfeccionar su inven- 
to, y como en Abril de aquel año lo hubiese ya modificado a 
su gusto, Fray Blas del Castillo y sus acompañantes tornaron 
a subir al Masaya, pero no lo hicieron esta vez con tanto si- 
gilo que no llegase a oídos de Rodrigo de Contreras, el cual, 
deseando cerciorarse por sí mismo de la vanidad de cuanto 
de aquel tesoro se decía, mandó un emisario al dominico con 
una carta en la que ordenaba que tuviese todo dispuesto, 
pues el mismo Gobernador quería presenciar el intento. Sába- 
do 27 de Abril de 1538, subió Contreras a la cima y estuvo 
en ella tres días dirigiendo la colocación del torno, principal 
elemento del aparato. En la mañana del martes 30 de Abril, 
el Gobernador designó las siete personas que habían de pene- 
trar en el Masaya y fueron Fray Blas del Castillo, Pedro 
Ximénez Panyagua, Johan Platero, Johan Martín, el portugués 
Antonio Fernández, el francés Nicard y el servidor de bom- 
barda, los cuales descolgáronse con cuerdas hasta la plaza 



- 69 - 

donde se abría el cráter. Rodrigo de Coníreras d¡ó la vuelta 
a la cima para colocarse en frente del torno y presenciar el 
descenso. 

Una vez junto a la boca del volcán, acomodóse en el cubo 
el artillero y descolgáronle con cadenas tres veces, sin con- 
seguir llegar a la materia que brillaba en el fondo y tomando 
solamente escorias de las paredes del volcán; el Gobernador 
les envió por medio de cuerdas una carta en la que decía que 
le hiciesen subir de lo que hubiesen sacado, y le enviaron las 
escorias, único fruto hasta entonces de sus trabajos. 

La cuarta vez, deseosos de tomar algo de la masa, a su 
parecer oro, que dentro bullía, dejaron hundir al servidor 
más de diez brazas; rompiéronse las cadenas (fundidas, dije- 
ron, por el calor) y el desventurado con su invención preci- 
pitóse en el fondo de aquel horno; impresionado con tal des- 
gracia salió de allí el grupo con harto peligro, después de ha- 
ber comprobado los plateros que el terreno no era propio de 
minas de plata; de todo lo cual se hizo información por testi- 
gos ante el Gobernador a 1.° de Mayo de aquel año de 1538. 
El 15 del mismo mes, se verificó la experiencia, también ante 
Rodrigo de Contreras, de fundir en un crisol, después de mo- 
lidas, las piedras y escorias a tanta costa sacadas del volcán. 
Los mejores oficiales plateros (ramo en que sobresalían los de 
Nicaragua) afirmaron que no era aquello metal alguno, sino 
unas piedras que ardían como ascuas por tener en cantidad 
azufre y salitre. En vista de lo cual, viendo Contreras confir- 
madas sus sospechas, negó de allí en adelante todo permiso 
para emprender una empresa inútil y peligrosa, que había 
costado ya la vida de un hombre. Así lo manifiesta al Empe- 
rador en carta desde León a 20 de Enero de 1539. «Algunos 
por cudicia pura han querido tornar a entrar, i no lo permito 
por el gran peligro i ser cosa de burla. La cosa es muí es- 
pantosa de ver». 

Prueba de lo aferrada que estaba en Nicaragua la leyenda 
del volcán, es el gran descontento que esta prudente medida 
del Gobernador produjo. En una carta que escribió al Monar- 
ca el ya citado Diego Sánchez (que fué uno de los más encar- 
nizados enemigos de Contreras), relata los intentos de explo- 
ración y se queja del Gobernador diciendo: «Después no 



- 70 — 

quiere dar licencia a nadie para hacer experiencia, en lo que 
quizá pierde V. M. un gran tesoro, que en doscientos años no 
se podría acotar». 

Y a pesar de ios pareceres de los plateros, y de que la 
masa candente se consumía y descendía con rapidez (30 bra- 
zas en cuatro años), aún se llevaron a cabo otras tentativas. 
En 17 de Julio de 1539, Gonzalo Fernández de Oviedo escribe 
al Emperador dando cuenta de que Fray Blas del Castillo iba 
a Espafia con el sólo objeto de dar cuenta al Consejo de las 
grandes riquezas del volcán; desmiente el cronista cuanto se 
diga de esta fábula, y aconseja al Monarca que prohiba toda 
exploración sin permiso del Gobernador; y bastantes años 
después el Bachiller Juan Alvarez, clérigo, y luego Juan Sán- 
chez Portero, hicieron ciertas capitulaciones con Felipe II 
sobre lo que en el Masaya se descubriese. 

La actividad de Rodrigo de Contreras, buscando asunto 
en que ejercitarse, reparó en unas islas que, aunque no co- 
rrespondían territorialmente a su gobernación, por hallarse 
más próximas a la de Tierra-Firme, venían considerándose 
desde los tiempos de Pedrarias como sujetas a la jurisdicción 
de los Gobernadores de Nicaragua; el Dávila, ocho días antes 
de su muerte, repartió los indios de este pequeño archipiéla- 
go, llamado entonces de La Petronila, a vecinos de la ciudad 
de León, los cuales no se cuidaron de ganar para el Rey la 
tierra que les había sido encomendada. El Licenciado Casta- 
ñeda dice, en una carta al Monarca, de estas islas de La Pe- 
tronila: «Yo invié un capitán con 80 hombres en un navio a 
las pacificar, e pacificó los indios dellas, tomó la posesión en 
Nombre de Vuestra Majestad por de esta Gobernación, e truxo 
los caciques aqui a esta Cibdad de León, ansí están en obi- 
dencia de Vuestra Majestad e de su Xusticia desta Provin- 
cia (1).» Muy somera hubo de ser esta conquista, pero bastó 
para que el archipiélago fuese definitivamente agregado a Ni- 
caragua, en vez de estarlo a la gobernación de Tierra Firme, 
a la cual geográficamente pertenecía, y la jurisdicción de aquel 
país se extendió por mar hasta la isla Coiba. 



(1) Carta a S. M. del Licenciado Castañeda. Nicarafua 30 Mayo de 1531 
(Colee. Torres Mendoza T. 24. Pg. 173). 



- 71 - 

Como desde este tiempo no habían vuelto los españoles a 
poner el pie en ellas, no más que de nombre tenía el Rey do- 
minio en estas islas, y Contreras se dispuso a ganarlas de 
nuevo y a establecer una más firme colonización; para este fin 
envió a Madrid a Juan Perea (que era sin duda un Oficial a sus 
órdenes) para que tratase con el Emperador una capitulación 
sobre la conquista de aquellos territorios, la cual se firmó a 
20 de Abril de 1537 (1). Por este documento D. Carlos con- 
cedía a Contreras licencia para explorar y conquistar el archi- 
piélago, y le otorgaba, por todos los días de su vida, el cargo 
de Gobernador y Alguacil mayor de él, con el estipendio de 
la quinceava parte de todos los provechos y rentas de cuanto 
se descubriese, dejando para mas adelante, cuando se tuviese 
exacta noticia de su importancia, el concederle o no la duodé- 
cima parte, como el Gobernador pedía. Entre otras disposi- 
ciones de la capitulación, son interesantes las siguientes: 
«Otro si, como quiera que según derecho y leyes de Nuestros 
Reynos, quando Nuestras gentes y capitanes de Nuestras 
armadas, toman preso algún Principe o Señor de las tierras 
donde por Nuestro mandado hacen guerra el rrescate del tal 
Señor o cacique, pertenece a Nos, con todas las cosas mus- 
bles que fueren halladas y pertenecieren al mismo, pero con- 
siderando los grandes trabajos y peligros que Nuestros sub- 
ditos pasan en las conquistas de las Indias, y en alguna 
enmienda de ello y por les hacer merced, Declaramos y Man- 
damos, que si en las dichas islas que ansi habéis de descubrir 
o conquistar se cativare o prendieren algún cacique o Señor 
principal, que todos los tesoros, oro y plata, piedras y perlas 
que se ovieren del, por via de rrescate o en cualquier manera 
se Nos dé la sesta parte dello y lo demás se rreparta entre los 
conquistadores sacabdo primeramente Nuestro quinto.» 

En otras cláusulas se dispone que se diese al Monarca el 
quinto de todas las riquezas ganadas en batalla, rescate o 
cabalgada, o en otra manera; se había de entregar también a 
la Real Cámara la mitad de «El oro, plata, piedras y perlas y 
otras cosas que se hallaren y oviesen, ansi en los enterra- 
mientos o sepolturas o en los templos de indios, como en 



(1) Archivo de Indias (Col. Torres de Mendoza T. 22. Pg. 515). 



— 72 - 

los otros lugares do solían ofrecer sacrificios a sus Ídolos, o 
en otros lugares religiosos escondidos», y la otra mitad al 
descubridor del tesoro. Se inserta también en la capitulación, 
con orden a Contreras de guardarlas y conservarlas, las ad- 
mirables ordenanzas que se dieron en Granada en 1526, en 
las cuales se prescribe el buen tratamiento y la conversión de 
los indios, y se reglamenta cuidadosa y enérgicamente esta 
materia, piedra angular de la conquista; sigue luego la fecha 
del documento en Madrid a 20 de Abril de 1537 y la firma 
del Monarca; lo refrenda el Comendador Mayor y está se- 
fíalado del Cardenal, del Conde Beltrán, de Carbajal y de 
Yelázquez. 

No sabemos la fecha en que Rodrigo de Contreras llevó a 
cabo la conquista (que dirigió personalmente) de las islas; 
pero probablemente fué a fines de este mismo año. A conse- 
cuencia de esta empresa quedó al pequeño archipiélago el 
nombre de «Islas de Contreras», con que aún hoy es conoci- 
do. Las modernas obras de geografía nos dicen que se trata 
de dos islas grandes, separadas entre sí cinco kilómetros, y 
de otra mas pequeña, rodeada de varios islotes y peñascos y 
situadas a veinte kilómetros al Norte de la Isla Coiba, las 
cuales pertenecen a Panamá. 

Oíros muchos servicios prestó Rodrigo de Contreras en 
su gobierno, no solamente recorriendo el país y contribuyen- 
do a su total descubrimiento, sino también con sus útiles 
gestiones: Viendo los muchos daños que se seguían de estar 
sometida su provincia a la lejana Audiencia de Santo Domin- 
go, contribuyó eficazmeute a que se restaurase la Real Chan- 
cillería de Panamá, lo cual se llevó a cabo por cédula de 
Garios V, fecha en Valladolid a 2 de Marzo de 1537. Como 
la provincia de Nicaragua seguía dependiendo de la Española, 
el Gobernador no cejó en su empeño hasta conseguir que 
fuese agregada a la Audiencia de Panamá por Real Cédula, 
dirigida al mismo Contreras en 23 de Mayo de 1539, después 
de la cual, comprendía la jurisdicción de esta Chancillería los 
territorios de Castilla del Oro, Río de la Plata, Estrecho de 
Magallanes, Nicaragua, Cartagena, Zorobaro, Nueva Castilla 
y Nueva Toledo. También presentó una memoria en el Real 
Consejo en la cual, entre otras cosas muy convenientes, pedía 



- 73 - 

que se proveyese por el Arzobispo de Sevilla un auditor para 
las apelaciones de las causas espirituales, que residiese en la 
Audiencia de los Confínes; el Emperador ordenó se proveyese 
según el parecer de la Audiencia, y ésta le dio favorable en 30 
de Diciembre de 1545. Este magistrado eclesiástico, que se 
estableció en gracias a Dios, sirvió para que las apelaciones 
se cursaran más conforme a derecho que antes se hacia. 

Aun cuando el país de Nicaragua está situado muy al 
Norte del Perú, su relativa proximidad a la Nueva Castilla y 
la facilidad de comunicarse por él desde el mar del Sur con el 
del Norte desde que el Desaguadero fué descubierto, hacía 
que en las frecuentes revoluciones de! bullicioso país del oro, 
los alzados o los leales requiriesen con frecuencia a las auto- 
ridades de aquella provincia, para que transmitiesen sus men- 
sajes a Méjico o a España. Ya hemos visto los importantes 
auxilios que al Perú envió Rodrigo de Contreras, requerido 
por Plzarro, cuando el alzamiento del Inca. Más adelante, en 
1538, hallándose aún preso Almagro el joven, que, con los 
Alvarados, habia sido derrotado por Pizarro, sus parciales y 
amigos, viendo que las autoridades peruanas no consentían 
que se enviase a la Corte relación alguna de la prisión de estos 
caballeros, procuraron informar por sí mismos al Rey de cuan- 
to ocurría, valiéndose de una treta, ya que era imposible hacer 
salir navio alguno con dirección a Espafía. En un barco carga- 
do de maíz que salió de Lima para Nicaragua, enviaron cartas 
a Rodrigo de Contreras para que las cursara por el Desagua- 
dero y el Atlántico; el Gobernador mandó hacer informacio- 
nes sobre lo que narraban los tripulantes del buque (León 3 
y 8 de Julio de 1538), y le remitió con los demás documentos 
a Su Majestad. 

Muy servidor del Rey, se mostró Rodrigo de Contreras en 
la principal de estas guerras de españoles contra españoles 
que tan gran daño hacían a la grande obra de España; fué 
cuando Gonzalo Pizarro oscureció sus altos hechos rebelán- 
dose en el Perú y ganando batallas y domeñando riquísimas 
provincias, pensó en ceñirse la diadema regia. No era ya 
Contreras en este tiempo Gobernador de Nicaragua, pero 
conservaba en aquel país tan ¡limitado poder, que podía 
decirse que era en absoluto dueño de él; tal autoridad 



- 74 — 

llegé a despertar recelos y se temió (carta de Fray Bartolomé 
de las Casas, Obispo de Chiapa, al Príncipe D. Felipe; Gra- 
cias a Dios 9 de Noviembre de 1545) (1) que, puesto de 
acuerdo con Pizarro, intentara también ceñirse corona real. 
Lejos de esto, nuestro segoviano impidió a los revoltosos del 
Perú que se adueñasen de Nicaragua y cooperó eficazmente 
a la labor de cuantos combatieron a Gonzalo Pizarro. 

Cierto Melchor Verdugo, encomendero de Cajamarca, 
hombre muy rico y leal al Rey, vecino de la ciudad de Tru- 
jillo (que el tirano acababa de abandonar llevándose gran 
parte de la gente que en ella había), en los primeros días del 
afio 1545 discurrió una traza para salir de aquella ciudad, 
donde era malquisto por los Pizarristas, haciendo al mismo 
tiempo algo señalado en el real servicio. Para cumplir sus 
fines, allegó algunos soldados leales, compró de secreto lan- 
zas y arcabuces, y (?entro de su propia casa fabricó grillos, 
esposas y cadenas. En esto llegó al puerto de Trujillo un 
navio que venía de Lima, y el astuto Verdugo hizo llamar a su 
casa al Maestre y al Piloto, so pretexto de que viesen ciertas 
mercaderías que quería enviar a Panamá. Cuando los tuvo en 
su casa, encerrólos en un calabozo; luego se fingió enfermo 
de cierto mal que en las piernas solía tener, y puesto en una 
ventana, viendo que pasaban por la Plaza los Alcaldes del 
pueblo con un Escribano, rogóles que subiesen a hacer cier- 
tos autos, ya que por su indisposición no podía él bajar. 
Cuando los tuvo dentro los hizo prender por sus soldados, 
los cuales les pusieron encadenados en el calabozo, a la 
guarda de seis de ellos con arcabuces. Vuelto Melchor Ver- 
dugo a su ventana, llamaba a los principales partidarios de 
Pizarro que por la calle veía, y so color de algún negocio, les 
hacía entrar en su vivienda, donde quedaban presos; por este 
curioso procedimiento tuvo muy pronto en su calabozo bien 
asegurados, sin que nadie en la ciudad se hubiera dado 
cuenta, a los veinte pizarristas principales; echóse en aquel 
punto a la calle con sus soldados, gritando jViva el Rey! 
y como no quedaba nadie en Trujillo que pudiese orga- 
nizar resistencia, apoderóse de la ciudad y reuniendo enton- 



(1) M. M. de Peralta; obra citada. 



— 75 — 

ees a sus prisioneros, les dijo como era su propósito unirse el 
Virrey Blasco Núñez Vela (con quien mantenía amistad por 
ser su paisano, naturales ambos de Avila) y llevarle de 
socorro gentes, armas y dineros, para lo cual les pedía que se 
rescatasen en la mayor cantidad posible; hiciéronlo así los 
presos, ganosos de libertad, y con esta suma, la que en la 
Real Caja había y lo mucho que reunió de su propiedad par- 
ticular, embarcóse en el navio cuyo capitán y piloto tenía 
presos y levó anclas, no sin haber antes dejado en libertad, 
en la misma playa, burlados y furiosos, a sus convecinos. Era 
el proyecto de Verdugo llegar a Panamá, pero no fué osado a 
ello por temor a la armada pizarrista de Pedro de Hinojosa y 
arribó a Nicaragua después de haberse apoderado de un 
navio cargado de mercaderías que los de Pizarro llevaban 
robado. 

Noticioso Hinojosa de estos hechos, entregó dos navios 
bien armados al Capitán Juan Alonso Palomino para que, 
con ciento veinte arcabuceros se apoderase de Verdugo (cosa 
fácil, pues el travieso aviles había sacado del Perú muy pocos 
soldados), y rindiese a la causa de Pizarro toda la tierra de 
Nicaragua: embarcóse el capitán Palomino con su gente en 
Panamá, y a primeros de Marzo de 1545 desembarcó en el 
puerto de Realejo, en la costa de Nicaragua. 

Rodrigo de Contreras se hallaba entonces en un pueblo 
que pertenecía a D.* María de Peñalosa, cerca del Realejo, 
cuando supo el desembarco de las gentes de Pizarro; llevado 
de su ardiente lealtad al Emperador, tomó de seguida el 
camino de la ciudad de León, y ya en ella avisó al Alcalde 
(que lo era entonces Rodrigo de Contreras Biedma), para que 
citase al Consejo y vecinos, ante los cuales expuso nuestro 
segoviano el gran aprieto en que se encontraba el país y la 
necesidad de remediarle, para lo cual ofrecía su persona, la 
de sus hijos Hernando y Pedro, ya mozos, aunque de pocos 
aflos, y las de sus criados, y mantener a su costa a quantos 
quisieran ir. Todos los vecinos de la ciudad y otras muchas 
gentes juntáronse con las armas y caballos que pudieron 
recoger, en la plaza, donde hicieron un lucido alarde y luego 
emprendieron la vía del Realejo al mando de Rodrigo de 
Contreras. Una vez llegados al puerto, atacaron a Palomino, 



- 76 - 

el cual se vio obligado a reembarcar, sin haber hecho otro 
daño que destruir algunos navios, y estableciendo luego un 
campamento, guardaron la costa hasta que el capitán se vio 
obligado a levar las anclas de sus dos naves, fracasada por 
completo la empresa que se le encomendara. Fué entonces 
opinión general que si Rodrigo de Contreras no estuviese en 
Nicaragua, los pizarristas se adueñaran sin esfuerzo de la 
tierra, pues el segoviano, con sus hijos, Hernando y Pedro 
(cuyos nombres suenan por primera vez en esta empresa), sus 
parientes y criados, disponía de la fuerza más considerable 
que en la provincia había, y era la única persona de autoridad 
en ella; pues como entre el heterogéneo ejército de los 
defensores del Realejo hubiese alguna gente bulliciosa, 
estallaron motines, reyertas y querellas que hubieran causado 
muchas muertes de hombres, si Rodrigo de Contreras no las 
apaciguara y acallara con prudencia y energía. Los trabajos 
y esfuerzos del segoviano en estos días fueron grandes y 
muchos sus gastos, pues mantuvo largamente a su costa a 
todos los expedicionarios. 

Melchor Verdugo, no pudiendo pasar al Perú como 
hubiera querido, porque los pizarristas habíanle quemado en 
el Mar del Sur el galeón, tomó cuatro fragatas en el lago de 
Nicaragua y con sus soldados y con otros que le dio Contreras 
hasta completar el número de doscientos, bajó por el Des- 
aguadero y navegó costeando hasta el puerto del Nombre de 
Dios, del cual se apoderó por sorpresa. Temeroso ya Hinojosa 
de la travesura de hombre tan inquieto, envió un fuerte 
ejército y, auxiliado del doctor Ribera, Gobernador de Tierra 
Firme, al cual aunque realista, habíale ofendido la hazaña, 
que consideraba como una intromisión de gobierno, venció y 
puso en fuga a Verdugo, el cual se refugió en Cartagena de 
Indias. Así acabó la aventura del aviles, el cual había con 
tan escasa fuerza y tanta astucia «preso los alcaldes, rescata- 
do los prisioneros y alborotado el Mar del Sur, el Mar del 
Norte y la ciudad del Nombre de Dios», según palabras del 
Inca Qarcilaso. 

Persistiendo aún el alzamiento de Pizarro, el Licenciado 
Alonso Maldonado, Presidente de la Chancillería de los 
Confines, llegó a Nicaragua en Febrero de 1547 con ánimo 



— 77 — 

de reclutar gente para que sirviese en el Ejército del Rey y 
estuvo allí cinco meses, la mayor parte de los cuales pasó en 
el Realejo, cumpliendo esta misión. No es decible lo que en 
ella le ayudó Rodrigo de Contreras, levantando soldados a 
su costa y manteniendo a cuantos hombres de armas bajaban 
de Méjico, Guatemala y Honduras a la guerra del Perú. 
Durante medio año dio de comer todos los días en sus 
casas de la ciudad de León a treinta o cuarenta soldados 
principales y a cuantos se lo pedían, con sus criados y 
caballos, y alojaba a otros muchos en los pueblos encomen- 
dados en D.* María y sus hijos, hasta el punto de que no 
bastándole su hacienda para estos gastos, hubo de empeñarse 
y quedó debiendo al Regidor Horíiz muchos ducados. Cuenta 
un testigo que, como el Licenciado Pedro Ramírez de Quiño- 
nes, capitán del Rey, aconsejara a Rodrigo de Contreras que 
llevase cuentas de los gastos que hacía para que le fuesen 
pagados en su día de la Hacienda de Su Majestad, respon- 
dió el segoviano: «Que nunca Dios pluguiese que el res- 
cibiese paga por aquello, porque con aquello, e con su per- 
sona e con lo demás que tubiese abia de servir a su Ma- 
gestad.» 

El mismo Presidente Maldonado reconoce el desinterés 
de Contreras en carta dirigida a la Sacra y Cesárea Majestad 
(Gracias a Dios, 20 de Septiembre de 1547), de la cual 
copiamos los siguientes párrafos: (1) 

«Rodrigo de Contreras, Gobernador que fué de la Provin- 
cia de Nicaragua a gastado mucho en esta armada del Perú, 
y a sustentado y sustenta mucha parte de los soldados que 
van a servir a Vuestra Majestad en ella; y a no estar el allí, 
se tendría mucho trabaxo en sustentar la gente. 

»Digo esto como testigo de vista; y si quando Palomino 
allí vino por mandado de Gonzalo Pizarro, no se hallara Ro- 
drigo de Contreras en la tierra con sus hixos y debdos e 



(1) Archivo de Indias. (Col. Torres Mendoza T. 24 Pg. 447.) Rodrigo 
de Contreras hizo también ciertos autos en 1549 (hallándose, por consi- 
guiente, en E«pana) sobre los gastos que hiao para resistir a Palomino 

(Archivo de Indias 52-1- -^ -1-1). 

lo 



- 78 - 

criados, sin duda creo que el hiziera todo lo quel quisiera, y 
por estar Rodrigo de Contreras alii, se le resistió. 

• Siempre se sefiala con muy gran voluntad como es obli- 
gado en todo lo que toca al servicio de Vuestra Majestad. 

»Paresceme que tengo obligación de decir esto, para que 
vuestra Majestad lo sepa, e lo mande proveer como mas sea 
servido; pues agora se le manda quitar todos los indios quel 
y su muxer e hixos tienen.» 

Contreras entendióse directamente con el mismo Presi- 
dente Gasea, en el tiempo en que éste estuvo en Tierra-Firme, 
y quedaron desde entonces en constante comunicación; para 
todos los asuntos concernientes a Nicaragua, dirigíase el Pre- 
sidente a nuestro caballero, y estando éste ausente, a su 
mujer D." María de Pefialosa, desempeñando ambos con gran 
prudencia y actividad difíciles comisiones. Hallándose aún la 
Gasea en Panamá, envió con un Orozco, criado del Virrey de 
Nueva España, importantes despachos para que aquél los 
entregara en el Realejo a Rodrigo de Contreras, y éste los 
transmitiera al Virrey D. Antonio de Mendoza, a las Audien- 
cias de México y Santo Domingo y a las autoridades de 
Nicaragua; y en Diciembre de aquel mismo año fué encarga- 
do Contreras de otra misión de esta especie. El Presidente 
escribía con frecuencia a ambos cónyuges, «y el uno y el otro 
(dice Calvete de Estrella) (1) recibían y respondían con mucho 
cuidado y diligencia a sus cartas, mostrando cuan enteros y 
leales servidores eran del Emperador.» 



(1) cRebeüón de Pizarro en el Perú y vida de D. Pedro Gasea», publi- 
cada por Paz y Melia. Madrid 1889. (Tomo L« Pg. 265). 



CAPÍTULO VII 



QUEJAS Y ALABANZAS DE LOS DE NICARAGUA 
SOBRE EL GOBIERNO DE CONTRERAS.— ENCONADAS 
LUCHAS DEL PARTIDO.-LAS NUEVAS LEYES DE 
INDIAS.-RODRIGO DE CONTRERAS, PROCESADO POR 
LA INQUISICIÓN, SE EMBARCA PARA ESPAÑA.- 
PEDRO DE LOS RÍOS Y EL DEAN MENDARIA.— 
CONTRERAS, CUMPLIDA SU MISIÓN EN LA CORTE, 
SE EMBARCA PARA ESPAÑA-RAZONES ENTRE EL 
GOBERNADOR Y EL VIRREY BLASCO NUÑEZ VELA 



Tarea es difícil e ingrata el tratar de emitir juicio sobre 
cualquiera de los que en los primeros tiempos de la coloniza- 
ción de América ejercieron jurisdicción, basándose en docu- 
mentos contemporáneos. Todas estas personas, aunque pu- 
dieran ser tenidas por modelo de gobernantes, por santos en 
sus vidas y por prudentísimos en su oficio de gobernar, 
encontraban gentes entre sus subditos que de ellos escribiesen 
los mayores horrores; casi siempre eran los quejosos, coloni- 
zadores cuya ambición no se encontraba bastante satisfecha, 
o que buscando en las Indias libertad sin cortapisas, encon- 
trábanlas en la firmeza del Justicia o Gobernador. Y, si por 
el contrario, se tratara de un hombre de tan desalmada con- 
dición que autorizara y aun dispusiera crueldades y despojos, 
una de esas personas, poseídas de las más desenfrenadas 
pasiones, jueces avaros, capitanes crueles, tan frecuentes en 
los comienzos de toda colonización; nunca faltaba alguno de 



sus seides que hiciera los más demesurados elogios de su 
alta justicia y de su noble generosidad. 

Y auméntanse las dificultades en algün caso, como en este 
de Rodrigo Contreras, en que se formaron en torno del go- 
bernante dos apasionados partidos de amigos incondicionales, 
el uno y el otro de tenaces adversarios. Preciso es entonces, 
para ser justos, que estudiemos las causas de los adversos o 
favorables juicios de unos y otros. 

Como hemos dicho en otro lugar, recogió Rodrigo de 
Contreras la herencia de odio de Pedrarías, su suegro, por lo 
cual hubo de encontrar pronto gente dispuesta en su contra. 
Además, la nueva distribución que hizo de los repartimientos, 
quitando algunos a los que tenían sobrados, de manera que 
no podían atender a los indios (aunque sí cobrar sus tributos) 
y dándoselos a otros de los conquistadores del país, que esta- 
ban en grande necesidad, le creó enemigos implacables y 
leales partidarios; a estos se unieron los amigos y parientes 
que habían venido de Segovia con él o en tiempo de Pedra- 
rías, de los cuales muchos casaron en el país y ejercieron 
cargos, y a los que hay que añadir los numerosos servidores 
de Contreras y aun las duefías y criadas de D." María de 
Peííalosa, a las que tomaron por esposas no pocos vecinos; 
todos estos elementos formaban en Nicaragua una nutrida 
colonia segoviana, muy afecta al Gobernador, en la que encon- 
tramos apellidos tan segovianos como Mercado, Chaves, 
Contreras, Zuazo, Peñalosa y otros muchos que bullen en la 
Historia de ambos países. 

Eran tantos los quejosos por el nuevo reparto de enco- 
mienda y por las Ordenanzas de Rodrigo de Contreras en 
favor de los indios, que sus clamores llegaron a la Audiencia 
de Santo Domingo (en la cual era Castañeda tan poderoso) 
la cual envió un Provisor a principios del año 1537 para que 
viese en el asunto (1). El tal Juez provisor, que fué el Doctor 
Juan Blázquez, a más de cobrar tres mil pesos de salario y 
seiscientos el alguacil que con él vino, comenzó a alborotar la 

(1) Véase la carta de algunos vecinos de León al Emperador (Alcántara 
Botello, Luis de Chaves, etc. 8 Abril de 1538), citada en el texto (Colección 
Muñoz, T. 80, folio 138) y la carta de Rodrigo de Contreras al Emperador 
León, 10 de Julio de 1538 (colección Muñoz, id. id.) 



- 81 — 

tierra instando a muchos de los descontentos para que pidie- 
sen residencia contra el Gobernador, a más de volver los 
repartimientos a su primitivo estado, con gran descrédito de 
éste. La Audiencia obtuvo también una real provisión para 
que el Cabildo de Granada votase personas que visitaran los 
indios de la provincia en vez de Rodrigo de Contreras, pro- 
visión que este caballero, que veía los grandes bienes que se 
seguían de visitar por sí mismo las encomiendas, no cumplió. 

La primera carta de quejas contra Rodrigo de Contreras 
es una de Diego Sánchez (1) dirigida al Emperador desde 
León el 6 de Enero de 1538, esto es, muy poco después de 
estos sucesos; narra eri ella el escribano infinitos agravios 
recibidos del Gobernador, del cual dice que era «el más malo 
que nunca gobernó tierra en el mundo», cuenta que acón 
secuencia de su altiva y tiránica condición, estaban los colo- 
nos «peor que cautivos en tierra de moros», y propone que 
en la tierra no haya gobernador, quedando la gobernación a 
cargo de la Audiencia de Nueva España, idea que no era 
nueva, sino que está expresada ya en otras epístolas del año 
1535. antes de la venida del segoviano. Termina Diego Sán- 
chez quejándose del grande influjo que Contreras mantenía 
en los Ayuntamientos, en donde le obedecían los alcaldes y 
los cadañeros. 

En contraposición de esta carta, nos encontramos con otra 
muy poco posterior, de 8 de Abril de 1538 (2), que dirigen al 
Emperador desde León varios vecinos de la ciudad (Alcán- 
tara Botello, Luis de Mercado, Francisco de la Plaza, Francisco 
López, Juan de Urreta, Gabriel Pié de Hierro y Martín Mim- 
breño. Escribano), en la cual luego de referirse a los des- 
aguisados que hizo en Nicaragua el Juez Blázquez, hacen de 
Rodrigo de Contreras grandísimos elogios, poniéndole como 
modelo de gobernadores, de jueces y de caballeros, alabando 
su celo y su capacidad. Apurada se hubo de ver la Sacra y Ce- 
sárea Majestad, si hasta ella llegaron, que no llegarían, ambas 
cartas, que sus fíeles subditos de Nicaragua escribían en el 
estilo más difuso y pintoresco que pueda imaginarse, para 



(1) Colección Muñoz, tomo 80, folio 138. 

(2) Colección Muñoz, tomo 80, folio 139, y tomo 82, folio 43. 



- 82 — 

juzgar por ellas la conducta de su gobernador en aquellas 
lejanas tierras. 

Hubo otra circunstancia que enajenó a Contreras no pocos 
afectos; casó, a poco de llegar a Nicaragua, a su hija Doña 
Isabel con Pedro de los Ríos, caballero de nobilísima familia, 
natural de Córdoba, veinticuatro que había sido de esta ciu- 
dad, y uno de los primeros conquistadores de América, el cual 
había ocupado cargos tan importantes como los de Goberna- 
dor en Tierra Firme, Teniente de Gobernador en Nicaragua y 
Tesorero de esta misma provincia, que era el que a la sazón 
desempeñaba. Era Ríos cuando casó con Doña Isabel, hombre 
ya de edad y viudo, y ocupaba la tesorería desde 1533; aun 
cuando no estaba falto este caballero de valor ni de capa- 
cidad, hallábase, a lo que parece, tachado de aquellas princi- 
pales ma'culas que en algunos de los primitivos cor:>nizadores 
encontramos; una grande ambición, un inmoderado deseo de 
enriquecerse sin reparar demasiado en los medios y un des- 
precio tal de la vida humana que degeneraba en crueldad. 
Como llevaba Pedro de los Ríos algunos años en su tesore- 
ría cuando emparentó con Rodrigo de Contreras, se había 
creado en este tiempo muchos enemigos que lo fueron luego 
también del Gobernador, y más por parecerles que éste no 
tomaba con la debida severidad cuentas al Contador, su 
yerno. 

Las cartas en pro o en contra de Contreras se van haciendo 
más frecuentes a medida que su permanencia en la provincia 
se prolongaba y las pasiones se hacían más vivas; a fin de 
Noviembre está fechada una carta de Diego Sánchez, en la 
que se acumulan infinidad de cargos contra el Gobernador, 
entre ellos el de no permitir la investigación de las fantásticas 
riquezas del Masaya. En otra de 1539, varios vecinos de 
Nicaragua dan las gracias al Monarca por la creación de la 
Audiencia de Panamá, en la cual esperaban hallar justicia de 
Rodrigo de Contreras. En cambio, en cierta epístola dirigida 
al Emperador por la ciudad de León, representada por los 
alcaldes Luis de Mercado y Pedro Buitrago y por los Capitu- 
lares Juan Nieto, Pedro de Segura, Alonso Cervigon y Juan 
de Ureta, fecha 15 de Marzo de 1540, tan desmesurados elo- 
gios hacen de su Gobernador, que el buen D. Juan Bautista 



- 83 - 

Muñoz, que copia parte de esta carta en su colección de 
documentos, la compara, comentándola, con un proceso de 
canonización; comienza así esta epistola: 

«El Concejo, justicia e Regimiento desta cibdad de León, 
»de las provincias de Nicaragua, Besamos los Reales Pies de 
»V. M.* y dezimos que ya por otras avemos hecho relazion a 
» V. M.* del nstado desta tierrn, y de como Rodrigo de Contre- 
»ras, governador desía provincia a procurado y procura con 
»toda diligencia el servicio de Dios y de V. M.^ y que los natu- 
»rales desta provincia sean muy bien tratados y yndustriados 
»en las cosas de nuestra santa fee Catholica, muy mejor que 
»se hazia antes que viniese a esta tierra, y en tener esta tierra 
»en paz e justicia.» Piden los firmantes que no se enajene 
terreno de la Gobernación de Nicaragua, en recompensa de 
los grandes servicios y ds los muchos gastos del Gobernador 
y vecinos, especialmente en el descubrimiento útilísimo del 
Desaguadero, cuya empresa refieren. 

Seguían las epístolas al Monarca o al Consejo laudatorias 
unas, y otras ac-isatorias, sobre nuestro segoviano, y aunque 
el partido de los descontentos fuese el más reducido, eran 
más frecuentes y más apremiantes sus clamores que las ala- 
banzas del contrario, que es cualidad humana callar en el 
agradecimiento y porfiar en las quejas. Seguramente las de 
los enemigos de Contreras llegarían a ser justificadas, pues 
era este caballero muy apasionado y de carácter violento y en 
la exaltación que en las luch.is de este jaez traen consigo, 
persiguió sin duda y oprimió reciamente a los que tan adver- 
sos se le mostraban, y esta opresión hacíales insistir con más 
violencia en sus querellas. Por esto, entre estos documentos 
tan parciales en su mayor parte, encontramos algunos que 
parecen escritos con grande sinceridad. 

No era solamente el Gobernador de Nicaragua el que era 
objeto de este clamoreo, sino que al Gonsejo o al Emperador 
llegaban quejas contra todos los Gobernadores de América y 
constituyeron un factor que influyó mucho en la Corte para 
que se redactasen las nuevas Ordenanzas de Indias, cuya 
publicación había de dar lugar en el nuevo Continente a gra- 
vísimos desórdenes. También se dijo entonces que las de- 
savenencias habidas en 1536 entre Rodrigo de Contreras y el 



- 84 - 

Padre las Casas, pesaron mucho en el ánimo del gran domi- 
nico, principal inspirador de las nuevas leyes. 

Algunas de éstas interesaban muy directamente a nuestro 
segoviano como la undécima, que disponía la creación de la 
Audiencia de los Confines y la encargaba de la gobernación 
de las provincias de Nicaragua y Guatemala, en cuyos terri- 
torios no debía de haber Gobernador, y la décima octava, que 
daba facultad a las Audiencias para tomar residencia a los 
Gobernadores; pero las que le tocaban más de cerca, dañan 
dolé notablemente en su hacienda, eran la vigésima quinta, 
en la cual se privaba a los gobernadores, justicias y demás 
funcionarios reales, de los repartimientos que tuviesen, y la 
vigésima nona, en la que se prohibía a estas personas enco- 
mendar indios de ninguna manera 

El año 1542 publicáronse las nuevas ordenanzas; el clamor 
que levantaron fué tremendo y aun conmovió en los españo- 
les de Indias las bases de la lealtad al Rey, tan firmes en 
aquel siglo; hemos de reconocer que estas disposiciones, 
buenas en sí y que representan un verda^dero progreso en la 
colonización (más patente en aquellas leyes piadosísimas, que 
reglamentan el trato y trabajo de los indios), no estaban con- 
formes con el espíritu de la época y pretendían desarraigar de 
golpe un mal fuertemente prendido en aquellas tierras. Alguno 
de sus preceptos era notoriamente inoportuno, especialmente 
el que privaba de los reparlimientos a los que ejerciesen algún 
cargo; la de las encomiendas no era institución mala en sí, 
sino desacreditada p:r los frecuentes abusos de los encomen- 
deros, irremediables en un país tan nuevamente poblado por 
gentes de toda especie; no dejó de haber muchos de ellos que 
cumplían celosamente su deber de doctrinar a los indios y les 
exigían tributos moderados, estos solían ser de buen linaje y 
condición, mientras que los que maltrataban y explotaban a 
los indios eran casi siempre aventureros que habían venido 
al Nuevo Mundo con el objeto de enriquecerse. Pues bien, 
como las personas nobles y autorizadas, de las cuales se 
podía esperar mejor conducta con los naturales, ejercían o 
habían ejercido gobernaciones, alguacilazgos, alcaldías, regi- 
mientes u otros cargos, quedaban desposeídas por las nuevas 
leyes de sus encomiendas, mientras quedaban dueños de las 



— 85 - 

suyas aquellos hombres de baja condición a los cuales nos 
hemos referido. No se mejoraba la suerte de los indios, pues 
éstos no quedaban en su libertad de antes del descubrimiento, 
sino que permanecían sometidos a los agentes del fisco, acaso 
más duros y codiciosos que los primitivos encomenderos; mu- 
chos de éstos, a cuyas hazañas fabulosas debía el Rey los más 
ricos dominios de la tierra, quedaban pobres, después de 
haber conocido la riqueza, y sin medios de vida. Un intenso 
malestar se adueñó del continente y le dejó propenso durante 
niucho tiempo a sangrientas rebeliones, resultado del choque 
entre las altas y nobilísimas intenciones que se abrigaban en- 
España y el estado de cosas en el Nuevo Mundo. 

Rodrigo de Contreras conservó todavía algún tiempo su 
Gobierno y en este espacio la lucha con los descontentos fué 
más enconada, más tenaz que nunca; irritaba a los adversarios 
del Gobernador el gran poder personal que éste había adqui- 
rido, mediante el apoyo de sus parientes, allegados y parti- 
darios y que le convertía en dueño absoluto de aquella tierra 
sin que el Poder Real, tan distante, bastara a poner trabas a 
su dominio; el esplendor de su casa, la multitud de sus criados, 
sus riquezas, los muchos y productivos repartimientos de que 
era señor y los que su mujer y su hijo Pedro de Contreras 
poseían; la excitación de los ánimos daba lugar a sucesos 
como estos que vamos a narrar. 

Habiendo muerto en 1542 el Obispo Mendaria, que 
sucedió en 1538 al primer Obispo D. Diego Alvarez Osorio, 
Rodrigo de Contreras, extralimitándose de sus funcienes, 
declaró vaco por su propia autoridad el Deanazgo que 
ocupaba entonces D, Pedro de Mendaria, uno de sus más 
irreductibles contrarios; el desposeído Deán, aprovechando la 
circustancia de hallarse el Gobernador en Panamá, envió un 
exhorto a aquella Audiencia para que los Oidores, en nombre 
de la Inquisición, le prendiesen por usurpador de la facultad 
eclesiástica. Cumplió la Audiencia el exhorto, y cuando menos 
lo pensaba se vio Rodrigo de Contreras envuelto en un proceso 
nada menos que con el rígido y temido Tribunal, y encerrado 
en las cárceles del Santo Oficio, el cual no fué esta vez tan 
riguroso como solía, pues al poco tiempo le puso en libertad 
ordenándole que fuera a España a sincerarse de los cargos 



- 86 - 

del Deán, Embarcóse el Gobernador en Panamá a fines del 
año de 1542 acompañado de Hernando, el ir ayor de sus hijos, 
dejando encargado el mando en Nicaragua como Teniente de 
Gobernador, a Pedro de los Ríos, su yerno. 

Infinitas fueron, a lo que parece, las tropelías que en el 
tiempo de su tenencia cometió el de los Ríos. Apoderóse de 
bienes vacantes, despobló las aldeas de indios, hizo dar al 
Alcalde mayor de León, Luis de Guevara, tal cuchillada, que 
le derribó la nariz y le destrozó la boca, redujo a prisión al 
factor Martín de Esquibel porque le requería que echase en 
la caja de tres llaves el oro del Rey; abusó en fin de su 
cargo hasta que al cabo la Audiencia de Panamá, previa 
sentencia de vista y revista, ordenó que lo abandonase. 
Depuso, en efecto, Pedro de los Ríos la vara de Teniente, 
pero presentándose con gente armada en el Ayuntamiento de 
León, se hizo recibir por Gobernador, voluntariamente de los 
más, que eran del partido del de Contreras o dependientes 
de éste, por violencias y amenazas de algunos pocos, que 
pertenecían al de los adversarios. 

El primer cuidado de Pedro de los Ríos en su mal ganado 
Gobierno, fué el de perseguir a D. Pedro de Mendaria, a sus 
hermanos y, en general, a todos cuantos habían ayudado con 
sus declaraciones a la prisión del suegro; pero era el Deán 
un clérigo enérgico y bullicioso, no dispuesto a dejarse 
maltratar mansamente; así pues, procuró reunir a sus parciales 
en la ciudad de Granada, que servía a la sazón de residencia 
a la familia de Contreras, y fueron tales su arrojo y su osadía, 
que logró apoderarse por medio de un golpe de mano de la 
persona de Pedro de los Ríos, y púsole preso en nombre de 
la Santa Inquisición, encerrándole en el Convento de la Mer 
ced, por ser edificio todo de piedra y el más fuerte de Granada. 
Sucedía esto en la noche del 12 de Mayo de 1543. 

D. Pedro de Mendaria encontró rival digna de él en una 
mujer, D.° María de Peñalosa, en cuyas venas ardía la sangre 
de Pedrarias Dávila. en la mañana del día siguiente, que era 
Pascua del Espíritu Santo, D.^ María mandó echar pregones 
por toda la ciudad, para que los vecinos y moradores saliesen 
con armas y caballos a batir y asaltar el convento, bajo pena 
de muerte y de perdimiento de hacienda e indios. Amaban y 



- 87 — 

respetaban todos en la ciudad a la dama, y se aprestaron a 
cumplir sus voluntades y mandatos, sin que el Ayuntamiento 
tratase de estorbarlo. Reuniéronse no menos de doscientos 
hombres (casi la totalidad de los ciudadanos) bien armados, 
y rodeando el convento, exigieron la libertad del de los Ríos; 
negóse el Deán, y se trabó una verdadera batalla, en la cual 
lucha murieron dos frailes, un franciscano y un lego, heridos 
ambos de saetas, Al cabo, como viese D. Pedro de Mendaria 
que las gentes de D.^ María comenzaban a derrocar el con- 
vento, conoció su causa perdida, pues no la favorecían ni el 
Ayuntamiento ni aun la mayor parte de los eclesiásticos, y 
aceptó entrar en tratos, en virtud de los cuales dio suelta al 
preso, obligándole a jurar primero sobre el ara de la Iglesia 
que «no procedería ni seria desaguisado alguno a ninguno de 
»todos los que habían benido con el deán en favor de la 
»Santa Inquisición. » 

No se ajustó el vengativo Gobernador a la paz jurada, sino 
que inició rigurosamente un sañudo proceso contra los que 
acusaba de grave desacato a su persona y de rebelión contra 
su autoridad, no muy legítima. Al día siguiente, 14 de Mayo, 
fué preso por su orden el Deán Mendaria y conducido de 
mala manera a su presencia, donde sufrió un severo interro- 
gatorio, después del cual le hizo encerrar en una cárcel, do 'de 
quedó sujeto con dos pares de grillos. Aun más tremenda y 
cruel fué la justicia que Pedro de los Ríos hizo ejecutar en los 
que más se habían seña'ado en la revuelta. Cuatro de los 
leales al Deán, entre ellos el Alguacil eclesiástico, fueron 
ahorcados y hechos cuartos como malhechores, «y después 
de puestos por los camynos encima de las cabegas de ellos 
fueron bistas lumbre como de candelas que ardian y como se 
empegase a divulgar esta maravylla las cabegas fueron quita- 
das no sabiendo por quien, porque nunca mas las pudieron 
hallar los Reverendos padres de Nuestra Señora de la Merced 
que enterraron los huesos dellos.» No tuvo parte en esta ven- 
ganza, con apariencia de justicia, D.^ María de Peñalosa, que 
no pudo en aquella ocasión evitar, como en otras, la efusión 
de sangre de los vencidos. 

El Deán, después de permanecer tres meses en la cárcel, 
fué enviado a España para que compareciera ante el Arzobis- 



po de Sevilla, acusado ante este Prelado de alborotador y 
falsario; embarcáronle en el Realejo a la guardia de cierta 
persona (deudo de los Contreras, según dice el mismo pri 
sionero en una carta), que llevaba el encargo de no quitarle 
los grillos, lo cual se cumplió a la letra en toda la navegación 
por el Pacífico y el Atlántico, que fué larga y penosa, turbada 
por un naufragio; en la carta a que nos hemos referido, dirigi- 
da por D. Pedro de Mendaria al Emperador desde la Habana 
(8 de Enero de 1544), contando sus infortunios y pidiendo 
justicia, indica que aún conservaba puestos los grillos y 
expresa su temor de que no se les quitaran en el resto del 
viaje (una observación nos sugiere esta carta del preso: si 
tan vigilado estaba y con grilletes en las manos, ¿cómo pudo 
escribirla? ¿Cómo la pudo remitir, lanzando en ella tan graves 
imputaciones a Ríos y a Contreras?). Y no terminaron con el 
viaje las malaventuras del buen clérigo, sino que el Arzobispo 
de Sevilla le tuvo más de dos años preso en la cárcel metro- 
politana, por demasiadamente entrometido y bullanguero (1). 
Estos acontecimientos exaltaban los ánimos y avivaban 
las rencillas de tal manera, que los adversarios del Goberna- 
dor determinaron prender fuego a sus casas en León, y en la 
noche del 8 de Noviembre de aquel afio de 1543, los vecinos 
de la ciudad se despertaron al alboroto y clamores de un 
incendio que destruyó aquella hacienda de los Contreras. 
Duró este estado de cosas hasta que !a Audiencia de Panamá 
proveyó un juez para pacificar la t-erra, y designó para esta 
misión al licenciado Diego de Pineda, el cual trasladóse a 
principios del año de 1544 a Nicaragua, donde por piimera 
providencia hizo dar cristiana sepultura a los restos de los 
ajusticiados por Ríos, y libertad al factor Esquivel; procesó 
luego al interino Gobernador y le condenó a destierro y a 
una multa de 1.500 pesos; pena levísima, al sentir de sus 
adversarios, que pretendían que se le cortase la cabeza. En 



(1) Véase la carta citada del Deán desde la Habana (Colee. Muñoz, 
Tomo 83, folio 164). Carta al Emperador de Martín de Esquibel, factor 
y veedor. Ltón 29 Mayo de 1544 (Col. Muñoz, tomo 84, folio 288 vuelto) 
Carta de Pedro García, León 10 de Enero de 1545. (Col. Muñoz, tomo 84, 
folio 86\ 



— 89 - 

este tiempo, sin el apoyo de su marido y de su yerno, sufrió 
Doña María de Peñalosa ofensas y persecuciones. 

A la par que esto sucedía en Nicaragua, Rodrigo de Con- 
íreras empleaba su tiempo en justificarse en b Corte de Valla- 
dolid de los cargos que a Inquisición le hiciera por boca del 
Deán D. Pedro de Mendaria, y logró de tal manera sincerar- 
se, que el severo Tribunal le dio por libre. También hubo de 
ocuparse en los trámites ( ie los cuales ya en otro lugar hemos 
hablado) del pleito que contra él entabló en 10 de Marzo de 
1543 su antiguo rival Hernán Sánchez de Badajoz. 

Encontróse además en España con la noticia de la publi- 
cación de las nuevas leyes que le privaban de su gobierno y 
de sus repartimientos, lo cual, aunque le dejaba la esperanza 
de disfrutar de ambas cosas por bastante tiempo, pues preveía 
que la aplicación sería difícil y lenta, llenó su ánimo de conster 
nación, no solamente por los daños que a él mismo le causa- 
ban, sino por los que vela cernirse sobre el inquieto y mal con- 
solidado país, que él tan bien conocía; gestionó el Gobernador 
la atenuación de las rígidas ordenanzas, y no habiéndolo con- 
seguido, dando por terminados sus asuntos, dispúsose a volver 
a su gobierno y llegó a Sanlúcar con ánimo de embarcar en 
la flota que había de conducir a América al Virrey Blasco 
Núñez Vela, encargado precisamente por Su Majestad de 
hacer cumplir en el Perú las leyes nuevas (1). 

Mandó el Virrey aderezar las naves, y el sábado 3 de No 
viembre de 1543, pudo levar anclas la flota, que era una de las 
más nutridas de cuantas llevaron al Nuevo Continente la 
sangre y las energías de la vieja España; componíanla 49 
navios a más del que conducía a Blasco Núñez con los caba- 
lleros de su séquito, y viajaban en ellos no menos de 415 
pasajeros, entre los que había muchos hombres casados, con 
sus familias, y no pocas personas de calidad, entre ellas Ro- 
drigo de Contreras con su hijo Hernando y el Contador Agus- 
tín de Zarate. El viaje fué rápido y feliz hasta el golfo de las 
Yeguas, donde viéronse las naves combatidas de una recia 



(1) Sobre lo restante de este capítulo, véase «La guerra de Quito», de 
Pedro Cieza de León, capítulos L° y 2.°, y el Registro de la flota del Virrey 
(Colección Muñoz, tomo 83, folio 114), 



- 90 - 

tormenta, y sorteado el temporal no sin trabajo, continuaron 
hasta arribar a la Gran Canaria, donde embarcóse el oidor 
Cepeda, al cual una misión análoga a la del Virrey llevaba a 
Nueva España y, tomadas ciertas cosas necesarias a la nave- 
gación, continuaron su travesía por el Atlántico; dícese que 
durante ella el Virrey manifestó con cuánto rigor y dureza 
había de aplicar las ordenanzas, de cuya noticia Contreras y 
Zarate no poco se dolieron. 

Entre estas y otras cosas llegó la flota al Nombre de Dios, 
a 8 de Enero de 1544, y después de haber descansado el 
Virrey en la ciudad quince o dieciséis días, al cabo de ellos, 
acompañado de cuantos caballeros y magistrados vinieron con 
él de España, partióse a Panamá. 

No pudo escogerse para la dificilísima misión que el 
Virrey llevaba, persona menos propia, porque el estado de 
excitación patente en el Perú, exigía enorme dosis de tino, 
habilidad y diplomacia, cualidades de las que Blasco Núñez 
estaba ayuno, aunque otras poseyera en sumo grado, pues era 
enérgico, valeroso y muy leal mandatario del Rey. Esta su 
falta de tacto, le hizo durante el viaje y en Panamá descubrir 
su designios, publicando donde por todo's era oído la intran- 
sigencia con que las nuevas ordenanzas se aplicarían; y jura- 
ba que no sería desembarcado en el Puerto de Tumbez 
cuando los indios habían de conocer que eran vasallos del 
Emperador y no de los encomenderos. E! prudente y experto 
Rodrigo de Contreras, viendo que con esta conducta se habrían 
de originar tremendas desdichas, llegóse a la posada del 
Virrey, y en su presencia, pronunció este discurso, que con 
la respuesta, transcribe en su «Guerra de Quito» Pedro Cieza 
de León: 

«La alteración que hobo en este nuevo imperio de Indias 
»desde las Islas a esta parte, en saber los españoles que en 
» ellas vivían, venir las nuevas ordenanzas, Vuestra Señoría no 
»creo que lo inora, pues si las orejas no tiene sordas, el 
»tomuliO no siendo acabado, podrá oír el clamor que sobre 
»ello tienen. No me quejo yo, ni los de acá de que S, M. haya 
•enviado las nuevas leyes, mas como sea Principe tan cristia- 
»nis¡mo desea que con retitud las cosas de acá sean goberna- 
»das e con moderación, y teníamos por cierto que viniéndolas 



~ 91 - 

»a ejecutar sus ministros celosos de su servicio real, mirarían 
»en que la expedición de los negocios no requiere llevarlas a 
•ejecución: Y viendo que Vuestra Señoría publicamente dá a 
^entender que no habrá llegado a la Nueva Castilla, cuando 
*han de ser cumplidas y ejecutadas en uno mismo, me congojo. 
»Y no tenga por poco mis palabras antes las oya con atención. 
» Y las ordenanzas que trae no solo no las publitjue, mas vaya 
»al reino y esté un sño y mas en él, y después de ver asentadas 
»las provincias y que en ellas no hay alboroto, en tal caso el 
«tiempo que es maestro de acaescimientos dirá lo que haya de 
»hacer; y si se cumplen yo desde aqui me hago adivino de 
«grandes males que han de recrescer, porque los que viven en 
»aquel reino no son de baja suerte ni gente suez como en 
•España decian, sino todos los mas hijosdalgo, y vienen de 
«padres magníficos, y han de permitir antes morir, que venir a 
•tener por vien el cumplimiento de !as ordenanzas; y como 
•haya cabeza y abtor principal, prometo que no falten dicin- 
»ci0iies ni guerras, pues ya el alboroto de allá es tan grande.» 

Embraveciese el Virrey al escuchar las sesudas razones 
del de Contreras, y descompasadamente le respondió con 
éstas: 

«Si es que la maldad de todo punto precede a la bondad 
•y la titania a la lealtad y el rey con estos reinos no tiene mas 
•parte que aquella que los que en el están le quieren dar, yo 

• creeré que lo que decis será ansi; pero si afirmáis que no les 
»ha alterado la intención de S. M. ¿como querrán que se cum- 
»pla la voluntad real? Con la pobreza que nuestros padres vi- 
»nieron a descubrir este imperio bien lo sabéis, pues no ha 
»tantos años que Colon salió de España, y has: ido la codicia 
*metiendo tanto en las voluntades de por acá que, por adquirir 
•dinero, han hecho grandes males y destruido totalmente las 
» provincias; y si agora estas leyes no vinieran, de aqui a diez 

• años no hubiera otra cosa que en ellas ver, que los edeficios 
•arruinados, los collados y rios de la tierra. Y pensar ninguno 
»que los Ministros del Rey hemos de guiarnos a los apetitos 
«deacá, nolo creáis; porque la espada terna atravesada mi 
vcorazon y si la voz yo pudiere formar, lanzaré de mi pecho 

• palabras en que por ellas dé a entender que tengo de ser 
•secutor de las leyes, y ninguno se desverguenzará que yo 



- 92 - 

»no le quite la cabeza de los hombros en seña) de su 
•traición.* 

Y una vez dicho esto, volvió el Blasco Núñez a su retrai 
miento y el Gobernador salió de allí. Las mismas o parecidas 
palabras dijo al Virrey el Contador Zarate, que se hallaba 
enfermo y a quien aquél fué a visitar antes de salir de Panamá, 
y aún más destemplada respuesta recibieron: Los sucesos 
dieron ampliamente la razón a Zarate y a Contreras y demos- 
traron cuan mayores eran en el Virrey Núñez Vela el valor y 
la ciega lealtad que la aptitud para las artes del Gobierno. 
Surgió Gonzalo Pizarro por cabeza y abtor princi'pal y su 
rebelión (en la cual Contreras se mostró tan fiel al Rey como 
hemos visto) y otras que la siguieron, cubrieron de sangre el 
riquísimo reino del Perú y el mismo Virrey pagó con !a cabeza 
su arrogante obstinación. 






I 



CAPÍTULO VIII 

RODRIGO DE CONTRERAS TORNA A NICARAGUA Y 
SE QUERELLA ANTE EL LICENCIADO PINEDA Y LA 
AUDIENCIA DE LOS CONFINES. — LLEGADA DEL 
OBISPO DON FRAY ANTONIO DE VALDIVIESO.-EL 
LICENCIADO HERRERA DEPONE AL SEGOVIANO DE 
SU GOBIERNO Y LE TOMA RESIDENCIA.-CONTRE- 
RAS SIGUE OBRANDO COMO ARBITRO DE NICARA- 
GUA.-PROTESTAS CONTRA SU ILIMITADA AUTORI- 
DAD.-EL GOBERNADOR DEPUESTO ACUDE A LA 
CHANCILLERIA EN CONTRA DE HERRERA— ACUSA- 
CIONES DEL OBISPO VALDIVIESO CONTRA RODRIGO 
DE CONTRERAS— CONTIENDA ENTRE EL PRELADO 
Y LOS VECINOS.-LOS VISITADORES PRIVAN A DOÑA 
MARÍA DE PHÑALOSA DE SUS ENCOMIENDAS— VIAJE 
DE CONTRERAS A ESPAÑA 

En Abril de 1544 entró en Nicaragua Rodrigo de Contre- 
ras y halló enconadísimo el sordo combate que se iniciaba 
cuando él partió hacia España, y en la provincia, al Licenciado 
Pineda, Juez de Comisión; supo también que sus contrarios, 
temerosos de que el Gobernador pudiera de ellos tomar ven- 
ganza si quedaba con poder, habían pedido a la Audiencia de 
los Confines y desde Diciembre se esperaba, un Magistrado 
que le tomase residencia. Luego de haber jurado aplicar las 
nuevas leyes, hízose cargo nuestro caballero del gobierno y 
presentó ante Pineda una querella por el incendio de sus 
bohíos y los agravios que los suyos habían sufrido, también 
pidió y obtuvo de la Audiencia de los Confines una provi- 
sión contri los incendiarios y contra los que le hubiesen hecho 
objeto de imputaciones falsas; entonces sus contrincantes 



- 94 — 

pidieron aún con más ahinco un juez de residencia que le 
juzgase. Algo se sosegaron las turbulencias que de todo ello 
se siguieron, con la venida del nuevo Obispo, D. Antonio de 
Valdivieso, que por sucesor de Mendaria se había proveído, 
pero este suceso no sirvió sino para más conturbar la tierra, 
pues el nuevo prelado se puso al lado de los enemigos del 
Gobernador y fué en combatirle más tenaz que ninguno de 
ellos. 

Este D. Antonio de Valdivieso, que juega muy importante 
papel en nuestro relato, pertenecía a la Orden de Santo 
Domingo y era natural de Villa Hermosa en el Arzobispado 
de Burgos; había sido proveído pan el Obispado de Nicara- 
gua a fines del año 1542 y con objeto de ocupar la silla, em- 
barcóse en Sanlúcar en Noviembre de 1543, acompañado de 
seis Dominicos que le habían de ayudar en la conversión de 
los indios (1), no llegando a su Diócesis hasta Abril o Mayo 
de 1544, poco después de que en ella entrara el Gobernador 
Contreras. Era hombre joven aún y había traído consigo a 
su madre, Catalina Alvarez de Cálvente y hermanos mozos; 
dícese que fué inquieto y alborotador, si bien es difícil 
de juzgar a una persona entre tan contradictorias opinio- 
nes, y parece que entre sus defectos brillaba una hermosa 
cualidad: su amor a los indios, de los cuales fué constante 
defensor, a la manera del P. Las Casas, su amigo y hermano 
de hábito. Al principio, con su enemistad hacia Contreras, 
ganóse la voluntad de algunos, pero bien pronto desató sobre 
sí las malquerencias de todos, pues estaba siempre en pugna 
con los Concejos y disparaba excomuniones a diestro y 
siniestro, o procedía por voz de inquisición, y a más, por 
acérrimo defensor de la nuevas ordenanzas, participó de la 
grande impopularidad de estas leyes. 

Al cabo, el Presidente Maldonado, movido per las voces 



(1) «Relación de los frailes que han pasado a Indias en 1543 domi- 
nico?, 17 entre ellos el Obispo de Nicaragua Fr. Antonio de Valdivieso, 
que llevó 6 consigo en la flota que partió en Noviembre.» Eran estos 6 Alon- 
so de Montenegro, Pedro de Sagrameña, Andrés Calleja, Pedro de Toro, 
B" de Carpió, P" de Herrera (Col. Muñoz, T" 83 F" 12S). Véase la 1.* carta 
del Obispo desde León, a 1." de Junio de 1544) Col. Muñoz, T.*» 83. F." 228 
vuelto.) 



— 95 — 

de los de Nicaragua y aun de las quejas de algunos de los 
gobernadores comarcanos que se dolían de haber sido pertur- 
bados por Contreras en sus descubrimientos, dio posesión 
al Licenciado Herrera, Oidor severísimo de los Confines, para 
que tomase residencia al Gobernador de Nicaragua y a sus 
dependientes. Llegó a León el Licenciado a 11 de Junio de 
aquel año de 1544 y por ser el día siguiente fiesta de Corpus 
Christi, no hizo pregonar hasta el día 13 la residencia; comen- 
zó su cometido deponiendo, en virtud de la 11.^ de las nuevas 
leyes, a Rodrigo de Contreras de su Gobierno, y privándole, 
en cumplimiento de la 25.* de los repartimientos de indios 
que tenia. En los diez y seis primeros días abrió audiencia el 
Juez para que los vecinos depusiesen sus quejas contra el 
residenciado, y en tal plazo los enemigos de éste tuvieron 
sazón para clamar cuanto quisieron; luego Herrera hizo pre- 
sentes al Gobernador y a sus oficiales los cargos que se le 
habían comunicado y les dio quince días para sincerarse, lo 
cual hicieron ampliamente. He aquí en lo que, al cabo de 
otros trámites, hallaba culpable a Contreras este Licenciado, 
cuya suspicacia y apasionamieatos en muchas de sus inculpa- 
ciones nos serían patentes aunque no nos lo hiciera sospechar 
lo muy fervorosamente que el Obispo y los de su bando 
alababan su justicia. 

La mayor falta que en el Gobernador hallaba Herrera, era 
el dejar incumplidas muchas de las Reales Provisiones; acú- 
sale también de poner los repartimientos de indios que 
vacaron por muerte de sus poseedores, en su mujer e hijos y 
criados y en ciertos niños mestizos que en su casa recogido 
había; y de no compeler a los repartidores a tener casas habi- 
tadas con perjuicio para la población de la provincia; de poco 
cuidado en la conservación de los naturales a consecuencia 
de lo cual, de 600.000 que había en la provincia cuando se 
pobló, sólo quedaban 70.000 (pa^-te de esa culpa reconoce 
Herrera que cabía a los que antes gobernaron); y, por último, 
de ser parcial en l.i administración de la justicia y, de usar 
poca equidad en los repartimientos, a lo cual atribuía el Juez 
las malqueroncias de Contreras. A más de estos cargos, aquél 
en su carta al Emperador es. -rita en Diciembre de 1545, y 
en la cual da cuenta de la residencia, se manifiesta sorpren- 



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dido de los muchos repartimientos, más de 18, que D.* María 
de Peñalüsa y sus hijos (salvo Hernando, el primogénito, el 
cual, sin duda por destinarle su padre a sucederle en el 
Gobierno, no tenía indios encomendados), poseían y expresa 
sus sospechas de que alguna de éstas encomiendas, que 
habían sido cedidas por el Gobernador, lo hubiesen sido des- 
pués de publicadas las ordenanzas, cuando éste ya no podía 
encomendar; y denuncia muchas irregularidades que en este 
asunto se habían cometido, a su parecer; en uno de los parra 
fos de su carta califica a su residenciado de esta manera: 

«A Rodrigo de Contreras tengo por hombre apasionado y 
que no perdona; ha tenido en su casa escribanos muy sospe- 
chosos en sus oficios, ante quien pasaban las cabsas e negó 
cios de gobernación e cédulas de encomienda. Ante estos tenia 
hechas informaciones, e las tenia guardadas para cuando le 
notificaban alguna provisión o le hacían algún enojo; e luego 
los echaba a la cárcel e les hacia toda molestia, procediendo 
contra ellos, de que se han tenido los vecinos por maltratados 
y aun agora les parece que quedan debaxo de su mano, por- 
que Rodrigo de Contreras queda poderoso en la tierra con 
muchos indios e tiene en su casa personas desasosegadas a 
quien el a dado indios, e estos ponen temor a los vecinos, e 
los Alcaldes e Rexidores son por él nombrados e tienen de 
elegir a quien Rodrigo de Contreras quisiere; e no hay mas 
xusticia de la quel quiere. Convernia que no estuviese en 
aquella tierra, para la quietud e pacificación della; e teniendo 
respecto a esto le desterré della, en la sentencia que contra el 
di en el proceso de residen-Ja secreta.» (1) 

A 20 de Septiembre, cuando llevaba el Licenciado Herrera 
cuatro meses de estancia en Nicaragua, mandáronle llamar 
desde la Audiencia, aunque aún faltaban veinte días para que 



(1) Sobre los trámites de la residencia es muy interesante conocer la 
carta dirigida a Su Majestad por el Licenciado Pedro de Herrera, desde 
Gracias a Dios el 24 de Diciembre de 1545 (Col. Torres Mendoza, tomo 
24, pág. 397). En la cual da cuenta muy detallada de los trámites de la resi- 
dencia. Los autos de esta residencia de Rodrigo de Contreras, Gobernador 
de Nicaragua, duraron aún muchos años y se encuentran en el Archivo de 

5 6 
Indias (48-2-22 ^ 23^' 



- 97 - 

se sentenciase la residencia pública, por lo cual se dijo que el 
Presidente Maldonado había hecho esto influido a favor de 
Contreras por una recomendación del Arzobispo de Sevilla. La 
residencia secreta quedó sentenciada, condenando al ex Go- 
bernador en cinco años de destierro de la ciudad de León, y 
en mil pesos de multa, dándole seis meses de término para 
presentarse en España. Cierto— áice Colmenares — la cor te- 
dad del termino casi imposible en tanta di-^tancia desacre- 
dita la justificación de la senteticia o o.credita la pasión del 
Juez {]). También tomó Herrera residencia a Pedro de los 
Ríos y halló contra él gravísimas imputaciones, de las cuales 
el Tesorero no quiso descargarse, pues huyó de León como 
antaño lo hiciera Castañeda. Relata en la referida carta el Li- 
cenciado un intento de cohecho que se quiso perpetrar en él y 
que se efectuó en el escribano: «Desta manera, dice, quisieron 
negociar conmigo; no se como ijegocian con otros, mas de que 
veo negocian lo que quieren y salen bien de cosas que apare- 
cen dificultosas», y más alelante: «Es xente tan cabilosa y de 
tantas mañas que paresce que no estudian en otra cosa.» 

Los gritos de los adversarios de Contreras, quienes cuando 
vino a Nicaragua el Juez ^CUuna)-on tanto que tío se vio en 
Indias cosa semejaiite.^ (A decir del Obispo Valdivieso) tur- 
baron a lo que parece el discernimiento del Magistrado y le 
llevaron a incurrir en notorias injusticias. Según el Licenciado» 
la mayor culpa del Rodrigo de Contreras estaba en no cumplir 
las provisiones Reales; pues bien, la misma culpa se puede 
imputar a todos los que gobernaron en las Indias; y muchas 
veces era perfectamente disculpable este proceder, pues por 
el mucho tiempo que las provisiones tardaban en llegar, solían 
hacerse inoportunas si es que no lo eran ya en su origen por 
el desconocimiento del país, con que estaban dictadas. Pero 
en lo que Herrera es notv^riamente injusto, es en atribuir a 
nuestro segoviano alguna parte en el maltrato de los indios y 
en lo despoblado de ellos que el país se hallaba. Rodrigo de 
Contreras fué un constante protector de los naturales, lo cual 
aun de las cartas de sus enemigos se desprende, y acaso de 
ello procederían en parte sus desgracias. La despoblación del 



(1) «Genealogía de los Contreras de San Juan>, página 37. 



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país se debió a Pedrarias Davila, que enviaba sus barcos 
llenos de Indios al Perú y a Castañeda, que recorría los po- 
blados encadenando a cuantos hallaba a su paso. Con la veni- 
da de Coníreras cesó la despoblación, que existía ya en la mis 
ma o mayor proporción que notó el Licenciado Herrera, antes 
de posesionarse el caballero segoviano del Gobierno, como lo 
prueban las cartas de Sánchez y otros vecinos de Nicaragua, 
fechas en 1535 y la primera carta del nuevo Gobernador. 

Si tanta parcialidad mostró el Licenciado Herrera en este 
punto, es probable que fuera la misma en oíros donde no 
aparece tan manifiesta. Así, al asombrarse de los muchos 
repartimientos que la familia de Contreras poseía (que no 
sumaban, sin embargo, la tercera parte de la tierra como sus 
enemigos decían), no tiene en cuenta que Rodrigo de Contre 
ras disfrutaba los pueblos que solían sus antecesores en el 
Gobierno, que D.* María de Peñalosa, su mujer, había here- 
dado de Pedrarias la rica provincia de Nicoya que compren 
día once repartimientos y que en el tiempo de su gobierno 
fundó Nueva Segovia, de cuyos repartimientos le correspon- 
dían algunos como poblador. La sospecha de que el despo- 
seído Gobernador encomendara sus indios en su esposa y en 
sus hijos (acusación que sufrieron muchos de los Gobernado- 
res de Indias al promulgarse las nuevas Ordenanzas que lo 
prohibían), no está probada. De todas maneras, aunque al- 
gunas de sus imputaciones fueran ciertas, pues el alejamien- 
to del poder central y la naturaleza y estado del país fomen- 
taba el absolutismo e incitaba a los gobernantes a ciertos 
abusos, la misma residencia de Rodrigo de Contreras nos 
abona su moderación. No hallamos, en efecto, en ella aún 
redactada entre tantas pasiones, ninguno de los delitos que 
aparecen en las de otros Gobernadores de los primeros tiem 
pos de la colonización, y que las quejas enconadas de sus ene- 
migos nos hacían esperar. 

Una vez partido (en Septiembre de aquel año), el Licen- 
ciado Diego de Herrera, renació la lucha, esta vez más recia, 
más despiadada que nunca; promovíala ahora Rodrigo de 
Contreras, el cual, sintiéndose pictórico de poder, quería 
hacer sentir a los contrarios cuan poco le amenguaba la falta 
del Gobierno y al mismo tiempo vengar su pérdida, y púdolo 



- 99 — 

bien hacer, pues quedaba omnipotente en aquellas tierras, 
con los Ayuntamientos a su obediencia, con sus muchos deu- 
dos y amigos y con sus riquezas. A más de esto, el Conde de 
Puñonrostro D. Arias Gonzalo, su cuñado, como hubiese 
heredado de Pedrarias el cargo de Alguacil Mayor de Nica 
ragua y no pudiese desempeñarlo por estar muy enredado en 
cierto enojosísimo pleito, cedió a un criado de Contre 
ras la vara que le permitía poner de su mano la justicia 
toda de la provincia, con todo lo cual puede decirse que el 
gobierno despótico y sin trabas de nuestro segoviano comien- 
za este mismo año de 1544 en que fué privado de la facultad 
de gobernar. 

Como es natural, los que esperaban ver a Rodrigo de 
Contreras privado, después de la residencia, de toda autori- 
dad, y le encontraban ahora más pujante que nunca, ponían, 
como suele decirse, el grito en el cielo, y era raro el navio 
que levaba anclas de las Indias que no llevase cartas de 
quejas ai Emperador, de estas gentes de Nicaragua. En una 
de 24 de Noviembre de 1544, varios vecinos de Granada 
piden que Contreras y Ríos, contra los que acumulan infini- 
dad de acusaciones, salgan del territorio con sus mujeres e 
hijos; en otra epístola redactada poco después (28 de No- 
viembre de 1544), uno de los firmantes de la anterior, Barto- 
lomé Tello, vecino de Granada, dice: «En 9 años que gobier- 
na Contreras hemos sido todos esclavos. Ni la libertad de 
escribir hemos tenido hasta agora.» 

Pero el más notable de estos documentos por la calidad 
de los firmantes, por la energía y sinceridad de sus querellas, 
por la poca esperanza de remedio que muestran, y, sobre 
todo, por la libertad con que hablan al Emperador, es una 
fechada en Granada a 27 de Diciembre (día de San Juan 
Evangelista) de 1544 y (1) que firman el Comendador Fray 
Diego de Alcaraz, Fray Pedro de Málaga, Fray Alonso García, 



(1) Véase estas cartas, respectivamente, en la Colección Torres Mendo 

za, tomo 7, pág. 655; Colección Muñoz, torno 83, folio 229, y esta misma 

colección, tomo 83, a continuación. (Extractadas). Algunas de estas cartas 

figuran eu los 'Autos con Rodrigo de Contreras sobre los gastos que 

3 
hizo en resistir a Palomino. „ (Archivo de Indias 52-1- — , núm. 6). 



- 100 — 

el Bachiller Guzmán, Pedro García, Juan Bejarano, Juan de 
Salamanca, Gonzalo Cano, Alvaro de Zamora, Juan Veláz- 
quez, Alonso Hermosino, Cristóbal García, Hernando de 
Osorio, Ochoa de Uriondo y Juan Esteban, vecinos de aquella 
ciudad; dice la carta que llegado Rodrigo de Contreras a la 
tierra «Se apoderó della procurando por todas las vías que 
»pudo desterrar dellas muchos nobles elúdanos que de- 
»seaban vuestro real servicio a unos aprisyionando y a otros 
^desterrando» y que con estas y otras cosas se apoderó de la 
mayor parte de Nicaragua. Cuentan estos vecinos los sufri 
mientos porque pasaron esperando justicia, su alegría al ver 
que venía Herrera a tomar residencia y su decepción viendo 
que el Licenciado era llamado antes de tiempo por la Audiencia 
donde Contreras tenía favor; dicen que las causas de la resi- 
dencia pública estaban sin sentenciar encerradas en una caja, 
que no podía lograrse que la Audiencia tornase a enviar al 
Juez para que las terminara, y que la recomendación que el 
Arzobispo de Sevilla hizo de Contreras a los oidores, fué 
parte para que ellos dejasen de observar justicia; he aquí 
i ómo se quejan de su fracaso: «Por manera que quedamos 
»i astados y mas agraviados que estábamos y pues es dicha 
»buestra magestad tiene hobligacion de nos mantener y dar 
ajusticia no permita que nos la niegue fauores de hueHros ca- 
^balleroa y descuidos de buestros minystros de Justicia^. Y 
más adelante «De hotro que buestra magestad no esperamos 
»remedio, porque en esta probincia creed que no tenéis mas 
»del nombre; Rodrigo de Contreras propiedad y señorio: 
» Porque agora nuevamente venydo de buestros Rey nos de 
^España, que podra aber syete ho hocho meses bino a esta 
«probincia, deshizo la justicia y Regimiento que estaba hecho 
»en buestro real nombre y poderosamente puso.,... de su mano 
^Justicia y Cabildo». Por último le acusan de hacer libremente 
su voluntad, despojando a muchos vecinos de sus haciendas 
e indios que les estaban repartidos, poniéndoles de nuevo en 
su mujer, hijos, deudos y criados, en los que estaban resumidas 
como de tres partes las dos de la provincia. Y dicen que el 
cabildo no procedería contra él, porque se componía de ocho 
o diez deudos suyos que apoyaban incondicionalmente sus 
actos y los sustentaban. 



1 



— 101 - 

Sigue a esta carta apasionadísima, aunque sincera al pare 
cer, una relación de los pueblos que poseían la familia Con- 
treras; esta relación comprende los siguientes: en el término 
de la ciudad de León, Mistega, Teguatega, Abongalca, Quec- 
moaque, Utega y Üteguilla, Totoa, otro pueblo de pescadores 
junto a la ciudad y Zebaco; la provincia de Chira y la de 
Nicoya y los pueblos Bonbacho, Monimbo y otro de pescado- 
res y en territorio de Nueva Segovia, Tostega, Tosma, Conde- 
guila, Comayna, Amoyna, Tagalpanega con otros pueblos. 
Enuméranse además en esta relación 17 pueblos que poseían 
los deudos y criados de esta familia y 15 de los Tenientes del 
Gobernador Luis de Guevara y Pedro de los Ríos. 

Para desvanecer el juicio desfavorable que estos tan repe 
tidos documentos pudieran inculcar en nuestra mente contra 
el segoviano Rodrigo de Contreras, vienen como molde unas 
graves palabras del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, 
que conoció personalmente a nuestro caballero y en cuya 
imparcialidad tesemos razones para creer. *Pero por que 
»todos essos litigios (Dice el historiador tratando de estos 
^asuntos) no son para Historias tan al propossito como al de 
»los Letrados y Escribanos que comen e viven desso, no curaré 
»de tocar mas en tales materias, salvo que se puede tener por 
»z¡erto que Rodrigo de Contreras es buen cavallero e si en 
»algo ignoró la justicia, no fué con voluntad de errar ni ofender 
»a nadie, aunque en aquella tierra no faltan tales vezinos que 
»hagan errar a quien los ha de tener en juztizia, porque como 
»son gente tan diversa en calidad y en obras, solo Dios basta 
»a contentar tal gente e a saberla governar» (1). 

No se conformó el depuesto Gobernador con la sentencia 
del Licenciado Herrera, sino que en 11 de Febrero de 1545 se 
querelló de él ante la Audiencia, poniéndole 75 capítulos de 
agravios, tachándole de influido a favor de sus enemigos y 
pidiendo un nuevo juez que tornase a ver su residencia; pero 
como el Licenciado formaba parte del mismo Tribunal, el 
acuerdo de éste no pudo ser favorable al demandante, aunque 
de su lado estuviesen el Presidente Maldonado y aun el 
Licenciado Ramírez; disponía la resolución de los oidores de 



(1) Historia General y Natural de las Indias, lib. XLIi, cap. 16. 



- 102 — 

los Confines que acudiese a España y expusiera sus quejas 
ante el Monarca y el Real Consejo de indias. Detenido por los 
múltiples intereses que en Nicaragua se había creado, Rodrigo 
de Contreras dilató bastante tiempo el viaje. 

Día de la Trinidad de aquel año de 1545, el Obispo don 
Antonio de Valdivieso recibió las bulas que le confirmaban 
en el Episcopado y muy poco después, a 15 de Julio, escribió 
al Emperador agradeciendo la merced y al mismo tiempo 
dando cuenta de algunas cosas tocantes al estado del país y 
quejándose de la cantidad de ricas encomiendas que los Con- 
treras poseían. En adelante no vemos carta suya (y era muy 
aficionado a escribir el buen Prelado) en que no haya algunas 
líneas dedicadas a nuestro caballero; en ellas pedía que se 
obligara a éste, cuyo dominio absoluto lamenta, a presentarse 
en España, que se quitase los indios a D." María y a sus 
hijos y aún que se arrojara a todos ellos de la provincia (1). 

El día 20 de Septiembre de 1545, D. Antonio de Valdivieso 
escribía desde Gracias a Dios al Consejo de lidias sobre el 
estado de su diócesis, y en esta carta sus ataques contra los 
Contreras son más recios que en ninguna otra; quéjase sobre 
todo de la omnímoda autoridad del depuesto Gobernador en 
el país y de su gran influencia en la Chancillería de los Con- 
fínes. «Es tan grande el favor de Rodrigo de Contreras (dice 
el Obispo), que tiene toda la tierra escandalizada. Teniendo 
»yo aquella provincia en paz, con poco favor desta Audiencia, 
«antes con disfavor, dieron una provisión a Rodrigo de Con- 
»treras contra quien le avia quemado un bohío, y lo mas 
«cierto es que se quemo adrede de su casa y contra los que 
«recibieron al Licenciado Pineda, y contra los que oviesen 

^hablado contra su honrra» «Con esto ha inquietado toda 

la provincia: andan los vecinos unos en las iglesias, otros 
por los montes y a los que caminan si les quieren mal, los 
salen a prender por si o por no para ver si es culpado» 



(1) Véanselas cartas de D. Antonio Valdivieso, fechas en León L° de 
Junio de 1544 (colección Muñoz, tomo 83, página 228), 28 de Noviembre 
1544 (id. id.)- Gracias a Dios 15 de Julio de 1545 (colección Muñoz, tomo 
84 folio 77 vuelto). Gracias a Dios 10 Noviembre de 1545 (colección Mu- 
ñoz, tomo 84, folio 8o). Granada 8 Marzo de 1545 (id. id., folio 86). Gra- 
cias a Dios 20 Septiembre de 1545 (Peralta. Obra citada, página 142). 



— 103 - 

«Ningún alcalde osa hazer justicia en aquella provincia, por 
»que si la haze contra la voluntad de Rodrigo de Contreras, 
»búscase en esta Audiencia con que le molestar, y publica- 

* mente se dice en casa del Presidente que el que no hiziere en 
»aquella provincia lo que quisiere Rodrigo de Contreras, que 

»no le puede ir bien con ellos» ; «y también cuando el Pre- 

•sidente casó vino Rodrigo de Contreras con gran gasto a las 

• fiestas y traxo su hija 80 leguas que se caminan trepando; 
♦fueron los que mas gastos hizieron en las fiestas y fué Rodri- 
*go de Contreras padrino del Presidente y otras cosillas que 
»aunque son pocas, en los efetos se han hecho mucho.» De 
estas acusaciones del Obispo, que a veces parecen murmura- 
ción de comadres, no escaparon los mismos vecinos de Nica 
ragua, a los cuales tacha aquél de gente rebelde e impía en 
otra de sus cartas. 

En 9 de Noviembre de 1545 D. Antonio de Valdivieso, 
aún no consagrado, lo fué por el P. Bartolomé de las Casas y 
el Obispo de Panamá, en esta ciudad (1). A partir de esta 
fecha, disminuyen de un modo notable los clamores contra el 
depuesto Gobernador; todavía en Diciembre de este afío, 
Martín de Esquível escribe acusando también la gran influen- 
cia que aquél tenía en la Chancillería y cuenta que el Licen- 
ciado Ramírez, Oidor de ella, vino desde Santo Domingo a 
Panamá con Rodrigo de Contreras y volvió otras doce leguas 

(1) Véase una carta del P. las Casas, fecha en el mismo día y lugar, 
inserta en la colección de Cartas de Indias, publicadas por el Minisíerio de 
romento. La carta de Martín de Esquível está extractada en la colección' 
Muñoz, tomo 84, folio 87; en el tomo 85 de la misma colección, folio 60 
vuelto, hay una carta interesantísima dirigida «Al Emperador o al Príncipe 
en Su propia mano». La firma el Escribano Diego Sánchez, acaso d mayor 
enemigo que Contreras tuvo y dic¿ en ella que la escribió por orden del 
Alcalde y algún Regidor, los cuales luego se negaron a firmarlas por miedo 
a Rodrigo de Contreras, a quien habían pedido por Gobernador. Sola- 
mente el Contador Cobarrubias la firmó en el acto. Dice la carta: «Rodrigo 
de Contreras va a esa corte a suplicar se le vuelvan los indios quitados a 
8U mujer, hijos e hijas. Los indios que los dichos tenian son mitad o mas 
de !a tierra e dan 8 o 9 000 pesos. No se le vuelvan, que les acabará, y con 
ellos podran comer 15 o 20 conquistadores, pobladores muy necesitados. 
Bastando haber tenido dos mil ducados mientras gobernó e tener de pre- 
sente ocupada la mayor parte de esta tierra con sus ganados e granjerias. 
Aun convendría que el y toda su familia se fuesen a España pues tienen 



— 104 - 

para pasar por Nicaragua antes de ir a ocupar su puesto per- 
maneciendo veinte días magníficamente aposentado y regalado 
en las casas de éste, el cual le festejó con corridas de toros, 
juegos de cañas y otros agasajos, por lo que se sospechó que 
quedara inclinado al partido de su anfitrión (sospecha de que 
participa el Obispo en la carta citada) como ya lo estaba Mal- 
donado. Sin embargo no tornamos ya a encontrar aquella 
profusión de exaltadas epístolas y solamente alguna rarísi- 
ma nos prueba que aún quedaba algún destello de rencor en 
el pecho de los más pertinaces adversarios. 

La opinión en Nicaragua se inclinaba en favor de Rodrigo 
de Contreras, y aún los cabildos de las. ciudades y muchos 
vecinos pedían al Rey que le entregase otra vez la goberna- 
ción de la provincia; la causa de este cambio era la conducta 
del Obispo Valdivieso, hombre de tan despótica condición, 
que se atrajo presto los odios de todos, aun de aquéllos que 
antes le apoyaban en su contienda con el Gobernador, su 
común enemigo. 

Quería el Prelado entrometerse en los Ayuntamientos, los 
cuales, defendiendo su independencia, sufrieron infinidad de 
agravios; día 23 de Abril de 1547 la ciudad de Granada, 
representada por Gerónimo de Ampies, Bernardino de Mi- 
randa, Gonzalo Melgarejo, Francisco Romero, Francisco Gu- 
tiérrez, Román de Cárdenas, el Secretario Luis de la Cerda y 



revuelta la provincia y estorban la ejecución de la justicia en ella. El Algua- 
cil Mayor D. Arias Gonzalo es cuñado suyo y todos los Alguaciles son 
puestos de su mano». 

Luego trae quejas contra los Alguaciles y contra Hernando y Pedro de 
Contreras y se lamenta del absoluto poderío del Exgobernador. «En el 
cabildo hay ahoya de su parte Lope de Zuazo (Su sobrino) Rodrigo de 
Contreras, Diego de Molina Polanco y Alonso de Torrejon. Suplicamos no 
vuflva y se vayan mujer e hijos, se sentencie su residencia, se secuestren 
sus bienes para pagar las condenaciones a los querellosos y en todo se nos 
haga justicia». 

También el Bachiller Hernando de Quzmán se queja en otra carta fecha 
en Granada a 21 de Septiembre de 1547 (Col. Muñoz, tomo 85) del algua- 
cilazgo de Rodrigo de Contreras y dice: «Contreras es alguacil mayor por 
quien ya no lo puede ser, que es el Conde desnaturalizado de los reinos de 
España». Aludiendo sin duda a la larga estancia que D. Arias Gonzalo, 
Conde de Puñonrostro hizo en Roma, ocupado en el pleito de su estado 
en el cual gastó 42 años. 



— 105 - 

Juan de Llerena (1) (algunos de los cuales fueron enemigos 
de Contreras) ponderan las molestias y trabajos que por 
defender la jurisdicción real sufren de D. Antonio de Valdi- 
vieso «el cual afrenta y maltrata la justicia menospreciando 
leyes y prematicas»; dicen que Antonio de Zarate iría a 
España a dar al Monarca cuenta de todo. A su vez el Obispo 
envió a Castilla una relación de infinidad de acusaciones 
contra Zarate y aun intentó prender a éste, el cual se rtfugió 
en casa de Rodrigo de Contreras; de esta manera se trababa 
una lucha en la cual, a decir de Fr. Francisco de Abreo, Vica- 
rio provincial (Carta al Príncipe, Granada 1.° de Noviembre 
de 1547) (2), llevaba la razón la justicia secular contra el Pre- 
lado, el cual combatía lanzando excomuniones a cuantos se le 
opusieron. Al Licenciado Maldonado le excomulgó por un 
fútilísimo motivo y a los Oficiales de la hacienda real de 
Nicaragua, porque, no habiendo dinero disponible, no le 
pagaban su salario, no solamente les aplicó esta pena, sino 
que llegó a prenderles por herejes. En contra de Rodrigo de 
Contreras, el Obispo logró que el Licenciado Cerrato, sucesor 
de Maldonado en la Presidencia de la Chancillería de los 
Confines que gobernaba Nicaragua, enviase a esta provincia 
visitadores que examinaran los repartimientos. El primero de 
los enviados fué un Villalobos, no letrado; le siguió el Licen- 
ciado Quijada, y a éste otro Magistrado, los cuales, en espacio 
dediez meses, alteraron los repartimientos, con dañode muchos 
vecinos y basándose en la presunción de Herrera, de que el 
Gobernador Contreras había pasado sus pueblos a su familia, 
estando publicadas ya las nuevas leyes que lo prohibían, 
quitaron a D." María de Peñalosa, a Pedro de Contreras 
y a otros hijos de aquella, todos los repartimientos de indios 
que poseían, que como sabemos eran muchos e importantes. 
Como los visitadores eran gente rapaz que empobrecían la 
provincia con sus salarios y con los gastos a que daban lugar, 
los vecinos de Nicaragua, aun los enemigos de Contreras, 
hacían caer la odiosidad de sus hechos sobre Valdivieso, que 
había traído tal gente a la provincia. Y como Hernando y Pedro 



( 1 ) Col. Muñoz, tomo 84, folio 230. 

(2) Col. Muñoz, tomo 84, folio 230. 



- 106 — 

de Contreras (a quienes cartas de la época pintan como mozos 
libres, atrevidos y bulliciosos) concibiesen una tremenda ene- 
mistad contra el Obispo y no se cuidasen de ocultarla, muchos 
vecinos se agruparon en torno de ellos; por la región cundía 
un malestar presagio de muy graves acontecimientos. 

Para protestar de la expoliación de los bienes de su 
mujer y de su hijo, Rodrigo de Contreras decidió tornar a 
España, cumplimentando de esta suerte el acuerdo de la 
Chancillería. Partió, ya entrado el año de 1548, dejando a su 
familia en la ciudad de Granada, donde solía residir, desde 
que fué su jefe depuesto del Gobierno, y llevó consigo a los 
más pequeños de sus hijos porque continuasen su linaje en 
Segovia y por preservarles de los duros tiempos que quizás 
preveía. Gran pena hubo de ser para D." María, a quien tantas 
otras esperaban, el separarse para siempre de aquellos niños, 
en cuyo lugar hubiesen ido acaso (y ello hubiera evitado des- 
dichas) Hernando el primogénito y Pedro, el segundón si no se 
les juzgara por su edad más aptos para compañía y consuelo 
de su madre y aun para su defensa, si necesaria fuese en un 
tan turbado país; pero estos jóvenes e inquietos caballeros 
*fueron, dice Colmenares, fatiga mortal de aquAla señora 
y calamidad de toda la familia*. 

Embarcóse nuestio segoviano en el puerto de Nombre de 
Dios; su navegación fué muy infortunada, pues encontró su 
navio durante todo el viaje temporal contrario y algunas recias 
tormentas pusiéronle a punto de naufragar. La muerte visitó 
el galeón en plena travesía y llevóse el menor de los hijos de 
Contreras, un pobre niño de muy tierna edad (1); la des- 
gracia torna en ocasiones una y otra vez sobre una familia, 
con la monótona constancia de las olas que rompen en los 
acantilados. 



(1) Del texto de Colmenares, en su Genealo jiá historiada de los Con- 
treras de San Juan, se infiere que el hijo de Rodrigo de Contreras, muerto 
en el viaje, fué Diego, el cual aparece, sin embargo, firmando con su hermano 
Alonso (como hijos ambos de Rodrigo y de D." María de Peñalosa), cierta 
escritura fecha en 3 de Abril de 1559 que se conserva en el archivo de los 
Marqueses de Lozoya. Como Colmenares, que tan bien conocía este archivo 
y el de la parroquia de San Juan y que además vivió con tan poca poste- 
rioridad a estos sucesos, no pudo equivocarse en este punto, suponemos se 
tratará de un error de redacción. 



CAPÍTULO IX 

HERNANDO Y PEDRO DE CONTRERAS LLEVAN A MAL 
LA ADVERSA RESOLUCIÓN DE LOS ASUNTOS DE SU 
FAMILIA— FUNESTA INFLUENCIA DE UN CAPITÁN 
DESTERRADO DEL PERÚ SOBRE ESTOS JÓVENES 
CABALLEROS.-MALESTAR EN NICARAGUA. -CONJU- 
RACIÓN PARA MATAR AL OBISPO VALDIVIESO Y PRO 
CLAMAR A HERNANDO REY DEL PERÚ.— CONSUMA- 
CIÓN DEL SACRILEGO ASESINATO.-HERNANDO DE 
CONTRERAS ALZA ESTANDARTE CONTRA LA MAJES- 
TAD IMPERIAL, Y ES PROCLAMADO PRÍNCIPE DE 
LA LIBERTAD (1) 

De^3de este punto, y mientras Rodrigo de Contreras bulle 
en Castilla por Audiencias y Chancillerías, pasan a ser figuras 
principales de nuestro relato sus dos hijos, Hernando y Pedro, 
entrados ya en la edad viril (pues contaba el uno sobre vein- 



(1) Véase sobre este capítulo las obras siguientes: 
Diego Fernández, natural de Falencia, "La segunda parle de la His 
loria del Peni„, cap. 7. Las Décadas del cronista Herrera. Década Octava, 
libro 6.", cap. 4." Calvete de Estrella, Rebelión de Pizarra, libro 5." Inca 
Qarcilaso, Historia general del Perú, tomo 11, cap. 21. Gomara, Zarate 
y otros cronistas hablan de estos sucesos con menos detención. De autores 
modernos, Ayllón, Peralta, Milla, Montufar, etc. De documentos, el proceso 
seguido contra los Contreras en Panamá. (Archivo de Indias, estante 52, 

cajón 1. Leg. — ), la interesantísima carta del Ldo. Gasea, en la Colección 

Mata Linares, la de Ccrrato y otras que iremos dcltrminando en e^fas 
notas. 



— 108 - 

ticinco años y cerca de veinte el otro), destinados a ser la 
admiración y el espanto de sus contemporáneos. Venidos de 
España muy niños aún, educados en un ambiente de odios, 
de querellas, de apasionamiento; oyendo hablar constante- 
mente de pleitos, de rencillas y de injurias, '"abíanse formad© 
caracteres pendencieros y querellosos; la noticia de los descu- 
brimientos y de las conquistas, que a cada paso llegaba a 
ellos, juntamente con el recuerdo de las hazañas de Pedrarias, 
su abuelo, engendraron en sus almas mozas una desme- 
surada ambición. La libertad de su crianza, el frecuente 
trato con soldados, aventureros y gente de toda condición que 
solían posar en sus casas, habían estragado sus costumbres 
y pervertido su alma, sin quitar por completo de ella algún 
resto de la caballerosidad heredada. 

Habían ya dado estos jóvenes hidalgos pruebas de su 
va'or, sirviendo a las órdenes de su padre en 1545, cuando 
aún estaban en la adolescencia, en ocasión del desembarco 
del Capitán Palomino en el Realejo; de su carácter quisqui- 
lloso y levantisco, nos da noticia una carta dirigida al Empe- 
rador por Martín de Villalobos (León 20 de Octubre de 1548) 
en la cual dice que sus querellas con los vecinos tenían 
convertida aquella tierra en «una llama de fuego y pasión», 
y cuenta infinidad de hazañas de ambos mozos; uno de ellos 
acometió espada en mano a cierto Licenciado Pineda por un 
fútil motivo, en la procesión de Corpus Christi, y muy cerca 
de las andas del Santísimo Sacramento, y por este atrevi- 
miento y desacato grande, fué enviado a la Audiencia de los 
Confines, donde se hallaba ya preso el otro hermano por infi- 
nidad de desaguisados, entre ellos, por haber maltratado con 
sus inquietas mano y espada a un Escribano y a un Alcalde, 
por haber acuchillado a un caballero y abofeteado a un 
clérigo; el menor de los mozos, Pedro de Contreras, que tenía 
indios encomendados, había sostenido sobre ellos infinidad de 
pleitos con otros vecinos de Nicaragua. 

Movidos siempre de su natural soberbio, no cuidaban los 
hijos de Rodrigo de Contreras de ocultar sus rencillas contra 
el Obispo, ni la poca conformidad con que llevaban la pérdida 
de sus indios. Acrecentábase el mal temple de estos mozos a 
medida que las cartas que de su padre llegaban, les decían la 



— 109 - 

inutilidad de los esfuerzos de éste para que en la Corte des- 
hiciesen lo consumado por la Chancillería de los Confínes; 
hablaban estas cartas de cómo el depuesto Gobernador, des- 
pués de un tan triste viaje, había desembarcado en España y 
vuelto a ver su vieja ciudad de Segovia, en donde había 
dejado al cuidado del Canónigo Juan de Contreras, que seguía 
habitando la casa solariega, a los niños Alonso y Diego, que 
en esta ciudad y casa habían de vivir hasta su muerte, y de 
cómo en la Corte encontraba oposición, sin duda por los 
malos informes que de Nicaragua llegaban. 

No faltó quien se diese cuenta del hervor de la joven san- 
gre de estos hidalgos y procurase exaltar su indignación en 
provecho propio. Sosegada ya por la dura mano del Presiden- 
te Pedro de la Gasea, la alteración de Gonzalo Pizarro en el 
Perú, habíase arrojado de aquel país a muchos de los cómpli- 
ces en ella y aun a oíros que habiendo servido la causa del 
Rey, se amotinaron descontentos del premie, todos los cuales 
fueron desterrados a Nicaragua. Eran gente vengativa y brava, 
despreciadora de la muerte, recios de cuerpo y depravados de 
alma, abonados, en fín, a toda suerte de maldades. Los prin- 
cipales de ellos nombrábanse Juan Bermejo y Rodrigo Sal- 
guero, Capitanes que estaban castigados por haber promovido 
cierta rebelión, y Landa, Juan Griego, Luis de Chaves, Altami- 
rano Benavides, Alonso Ruiz, Juan de Nica, un Bermúdez y 
algunos más soldados de cuenta que fueron condenados a 
galeras por secuaces de Pizarro y que habían logrado escapar; 
a estos del Perú hay que añadir otros soldados, gente no 
menos revoltosa expulsada de su provincia por el Goberna- 
dor de Tierra Firme, entre los cuales se hallaba un Quijada, 
hombre principal. Todos estos desterrados, que buscando 
estaban ocasión propicia para alzarse de nuevo, reconocieron 
la supremacía del Capitán Bermejo y de Rodrigo Salguero, los 
cuales eran naturales de Jerez de los Caballeros y de hidalgo 
linaje, reputados por muy valientes aun en aquella tierra y en 
aquel tiempo en los que el valor más temerario ordinariamen- 
te florecía: Juan Bermejo era un guerrero inteligente y exper- 
tísimo, pero de tan perversa condición, que por demonio más 
que por hombre era tenido; fué de los que más activamente 
apoyaron en su rebelión a Gonzalo Pizarro, el engañado, le 



- lio — 

acompafió en la de Quito y salió ventajosisimo discípulo del 
maestro de Campo Carvajal, todo astucia y crueldad. Sospe 
chando que la causa de Pizarro, aunque pujante entonces, 
amenazaba ruina, por la llegada a Lima de una poderosa arma- 
da del Emperador, abandonó a su jefe antes de la batalla de 
Guamanga, contribuyó a su derrota en la de Sacsahuana, y 
estableció su residencia en Cuzco. Pero su condición inquieta 
se avenía mal a la tranquilidad que reinaba ya entonces en el 
Perú. Comenzaron a la sazón a juntarse y a platicar algunos 
de los pizarristas descontentos de aquel estado de cosas, y 
determinaron alzarse de nuevo para vengar a Gonzalo Pizarro 
y ver de adueñarse del Perú; concertaron para esto que un 
Rodrigo López, Capitán que había sido de la Artillería de 
Gonzalo Pizarro, se echaría a la calle con una bandera negra 
(en la cual estaría figurada la cabeza sangrienta del desdicha- 
do caudillo) y rodeado de mucha gente; a su voz se le unirían 
los conjurados, darían muerte al Corregidor D. Pedro de Ca- 
brera y a algunos de los vecinos principales y lo saquearían y 
arrasarían todo. Descubierta a tiempo su abominable trama, el 
Corregidor prendió y envió al Presidente Gasea a los princi- 
pales promotores, entre ellos a Bermejo y a Salguero, el cual 
había corrido durante la rebelión de Pizarro las mismas andan- 
zas que su paisano y amigo, y le había ayudado en sus falli- 
dos planes (1). 

Usó el Presidente de benignidad con los presos, atendien- 
do a sus notorias hazañas en la de Sacsahuana, y se contentó 
con desterrarles del país. Pidieron y obtuvieron ambos extre- 
meños, con otros de los suyos, licencia para ir a Chile, pero 
sabiendo que el país estaba alzado, tomaron la ruta de Nica- 
ragua, donde se habían establecido ya otros Pizarristas fugiti- 
vos, y se unieron con ellos en la ciudad de León; como todos 
los soldados principales que iban o venían al Perú o a Nueva 
España, solían parar y ser agasajados en las casas de los 
Contreras, bien pronto Berm-i^jo y Salguero frecuentaron la 
mesa y trató de los segovianos y trabaron amistad con los 
hijos del depuesto Gobernador. 



(1) Cartas del Presidente Gasea en la colección de Cartas de Indias 
publicada por el Ministerio de Fomento. 



— 111 - 

La increíble tenacidad, que era rasgo muy principal de su 
carácter, hacía que Juan Bermejo abrigase todavía el proyecto 
fracasado por dos veces, de rebelar al Perú y ai mismo tiempo 
pensase en vengarse del Presidente Gasea- Conoció presto que 
Hernando de Contreras, caballero noble y rico, podía jugar muy 
importante papel en sus designios, que no eran otros sino 
repetir el levantamiento de Pizarro. En todas las revoluciones 
tan frecuentes en el continente recién decubierto, el organiza- 
dor, que solía ser un capitán o soldado veterano, ponía por 
cabeea a algún poderoso y principal personaje que con el 
esplendor de su nombre diese prestigio a la causa; nuestro 
mozo, bullicioso y valiente, exaltada su ira por las injusticias 
que su familia había sufrido, era apropósito para un plan de 
esta especie; pero como estuviese aún viva en él la lealtad al 
Rey, tan arraigada entonces en los corazones castellanos, hubo 
de emplear Bermejo, apoyado por los suyos, de la más refinada 
astucia para atraerle; procuró y logró ganarse la confianza de 
Hernando; oyó sus querellas contra el Obispo y contra la 
justicia real y fomentó su indignación; al cabo de algún 
tiempo propúsole alzarse contra el Rey que tan mal pagaba 
los servicios de los suyos, y apoderarse de aquellas provin 
cias «dándole ánimos, dice Herrera, y certificándole que de 

• todas partes de las Indias le acudiría tanta gente que a donde 
•quiera que llegase seria obedecido y no hallaría quien le re- 
»sistiese, porque de mas que los ánimos de todos estaban 
»promptos para cualquiera novedad a él mas que a otro reci- 

• bieran por caudillo por ser nieto de Pedrarias Davila, cuya 

• memoria en aquella tierra de todos era celebrada, porque en 

• el descubrimiento del Perú tenía tanta parte». 

Para excitar la ambición (que era mucha) del caballero, 
decíale que, apoderándose a poca cosía de Nicaragua y Tie- 
rra Firme, pasarían al Perú, donde apoyado por tantos descon- 
tentos como allí había, restaurarían el antiguo imperio de los 
Incas, cuya corona vendríale como de molde, pues por Ro 
drigo de Contreras, su padre, decía descender de los Condes 
soberanos de Castilla y corría por sus venas la sangre real 
de Hungría y de Sicilia que a su linaje había aporrado la In- 
fanta Angelina, su cuarta abuela; contando, por su madre, con 
el prestigio de la sangre misma de los Condes de Puñonros- 



- 112 - 

tro, que era la de Pedrarias, conquistador de Nicaragua y 
Tierra Firme e iniciador de la conquista de Perú, 

Al comenzar el afio de 1550 la situación en Nicaragua no 
podía ser más propicia a un intento de esta especie. Los ve- 
cinos, esquilmados por los tres enviados de la Audiencia, 
con los cuales el Obispo, por oprimir a los Contreras, 
había empobrecido la tierra, teniendo nueva de que aún se 
disponía a venir un nuevo visitador, expresaban su descon 
tentó en frecuentes algaradas y se agrupaban en torno de la 
mujer y de los hijos de Rodrigo de Contreras. D. Antonio de 
Valdivieso, ensoberbecido con la partida de su más poderoso 
contendiente cursaba contra él ciertas informaciones por vía 
de Inquisición y escribía a este Consejo y al Real de Indias 
sobre ello. Publicaba, además, con grande alborozo que tenía 
en su poder cédula de Su Majestad para arrojar de la provin- 
cia a D.* María de Peñalosa y a sus hijos. Demás de esto hu- 
millábales cuanto podía hasta eí punto que por pascua del año 
de 1549 hizo confesarse por tres veces a Hernando y Pedro 
a pesar de que el Provisor y el Vicario la aseguraban haber- 
los ya confesado. Todas estas cosas turbaron tanto los áni- 
mos en el país, que el Prudente Licenciado Cerrato que lo 
gobernaba, hablando en su carta de 26 de Enero de 1550 (1) 
de este Prelado y del de Panamá dice así: «Al Obispo de 
•Panamá le quiso matar uno, i al de Nicaragua se teme cada 
»dia que le han de incitar, por que luego prenden por la 
«Inquisición; e como la xente de acá es tan libre e tan deli- 
»cada e de tanta presunción, siéntenlo mucho especialmente 
»si se les toca de verdad.» 

Juan Bermejo seguía entre tanto allegando prosélitos para 
sus planes; a Hernando de Contreras, para animarle, solía 
referirle las pasadas alteraciones del Perú y decíale: «que si 
no fuera por el mal Gobierno de Pizarro, conservara aquel 
poderoso imperio sin que el poder del Rey bastara a quitár- 
selo». Queriendo sacar partido de la indignación del mozo 
contra Valdivieso, avivó el fuego de sus iras, infundiendo en 
aquel ánimo excitado al infernal propósito de dar muerte ai 
Obispo, pues el sagaz y malvado Capitán preveía que come- 



(1) Colee. Torres Mendoza, tomo 24, Pág. 497. 



~ 113 — 

tido el tremendo sacrilegio, el de Coníreras, desesperado y 
fuera ya de la Ley, se aprestaría a acaudillar una sedición 
que le brindaba ceñir sus sienes con corona real; y esta 
cooperación creíala Bermejo del todo indispensable para sus 
planes. 

Así las cosas, cierto día de principios de aquel año de 
1550, recibió D.^ María de Peñalosa en su casa de Granada, 
carta de su marico en la cual éste refería el mal cariz que 
tomaba el asu -to que a España le llevara, a causa de las terri- 
bles informaciones enviadas en contra por D. Antonio de 
Valdivieso. Sabiendo que había llegado carta del padre 
ausente, acudieron Hernando y Pedro de Contreras por saber 
las nuevas que contenía y hallaron a su madre toda en lágri- 
mas, sumida en la mayor aflicción; arrancáronla el papel de 
las manos y, leído, fué tanto su furor, que determinaron dar 
muerte al Prelado, su incansable enemigo. 

Alegróse en extremo Juan Bermejo sabiendo la decisión de 
los hermanos, y éstos, con su ayuda, comenzaron a convocar 
en Granada a los desterrados y a los vecinos que sabían 
afectos a su intento; todos ellos se ocuparon algunos días de 
la cuaresma de aquel año en aderezar ciertos arcabuces y 
otras armas que tenían y, dispuesto todo^ a fines de Febrero 
partieron para León pretextando urgentes negocios o (como 
dice Calvete de Estrella), aprovechando la ocasión de haber 
sido desterrado Hernando por la justicia de Granada a causa 
de una contienda con un vecino de esta ciudad, y dejaron con 
doña María que nada sospechaba de estos manejos, a Pedro 
de Contreras, el cual no contaba sino diecinueve años, pocos 
menos que Hernando, su hermano. 

Llegados a la ciudad de León, que dista 18 leguas de la 
de Granada, Hernando de Contreras aposentóse en las casas 
de su padre y, mientras el resto de los conjurados, unos doce 
hombres, entre ellos los principales de Perú, cuyos nombres 
hemos citado, se esparcía por la ciudad, el mozo, pretextando 
ocuparse en sus asuntos, se entendía con cierto lego dominico 
llamado Pedro de Castañeda, natural de Canarias, hombre de 
mala condición que, juzgándose más a propósito para el 
bullicio de las armas que en su mocedad había empuñado 
que para el recogimiento del claustro, luego de haber huido 



— 114 — 

del convento de San Francisco de Granada, andaba por la 
provincia sin hábitos ni carácter de fraile; y concertaba con 
este desalmado apóstata, la realización de sus tremendos 
planes. 

Miércoles 26 de Febrero, a medio día, después de comer, 
Hernando de Contreras llamó a los conspiradores y a algunos 
vecinos de la ciudad que sabía le habían de dar apoyo, con 
el aparente motivo de oír la regalada voz de cierto cantor que 
en su casa tenía; una vez que estuvieron congregados todos, 
les hizo entrar el caballero en una cámara apartada, y allí, con 
apasionada elocuencia, hablóles «de la estrechez en que esta- 
»ba la tierra y como ya no se podía vivir en ella. Por que no 
«solamente estaban los soldados sin remedio, pero que hasta 
»a los vecinos les quitaban los repartimientos de indios que 
»habían conquistado y ganado con su propia sangre. Y que 
»por el remedio de todos el quería tomar la empresa». 

Aprovechando el entusiasmo que estas sus palabras pro- 
dujeron, Hernando de Contreras, sin haber manifestado aún 
su propósito respecto del Obispo, salió con todos de su casa. 
Algunos le pidieron que les dejase ir por armas, pero él les 
respondió «que no habían menester mas armas que las que 
tenían». Y porque hubo entre ellos quienes se mostraban más 
reacios y menos animosos de lo que al mozo convenía, dijo 
éste a Juan Bermejo «que los hiciese andar o que los pasase 
con una aguja enhastada que en las manos traia». En esto se 
presentó el fraile Castañeda, ceñidas unas coracinas (que 
mejor que los hábitos le cuadraban), y todos, en un solo y 
apiñado grupo, llegaron a las casas del Obispo. Bermejo, 
Salguero, Benavides y el resto de los conjurados, quedáronse 
fuera, apostados en el patio y en las esquinas de las boca- 
calles que a la plaza desembocaban, para defenderla, si por 
ella llegase alguna gente, y Hernando de Contreras, con el mal 
dominico Castañeda y con un mestizo llamado Nieto, hijo de 
un vecino de la ciudad del mismo apellido, penetró en la 
residencia episcopal con la espada desnuda en la mano. 

D. Antonio de Valdivieso, que había predicado aquella 
mañana en la Catedral, después de comer recogióse a un 
aposento donde jugaba al ajedrez en compañía de un dominico 
llamado Fr. Alonso y de un clérigo, cuando le dijeron cómo 



- 115 — 

el de Contreras había invadido la casa. Temeroso el Obispo, 
se quiso esconder, sospechando algún mal suceso, pero no lo 
consiguió, pues el mozo topó pronto con él y dióle de esto- 
cadas. Cayó el herido cabe una tenaja, en el rincón donde se 
había refugiado, y aún el furioso y sacrilego caballero echó 
mano a una daga y le dio de puñaladas sin atender a las voces 
del Obispo, que quedó muy mal herido. 

Al salir el mozo a la plaza, cometido su crimen, fué aco- 
gido con entusiastas aclamaciones que decían: «¡Viva el Prín- 
cipe Hernando de Contreras! ¡Viva el capitán de la Libertad!»» 
y constituyéndose entonces los sublevados en ejército, que 
nombraron «de la Libertad», rindieron pleito homenaje a 
aquel hidalgo desesperado y sin freno, que tomó el título 
de Príncipe de Cuzco (por ser esta ciudad el lugar sagrado de 
los Incas, capital del imperio que pensaba restaurar) y jura- 
ron todos no cejar hasta verle Rey del Perú. 

Fábula parece el pequeño comienzo de esta rebelión que 
intentaba no menos que arrancar de la corona de España su 
más rico diamante; doce o catorce hombres la dieron comien 
zo, si bien de aquellos conquistadores del siglo XVI, cuya 
bravura y cuya fuerza nos hace aparecer como posibles las 
hazañas de los libros de caballería; además de esto los suble- 
vados encontraron ambiente propicio en la ciudad de León, 
donde su General con tantos amigos contaba, y no solamente 
ningún vecino osó hacerles resistencia, sino que muchos se les 
unieron o les entregaron armas y caballos. De esta manera 
juntáronse pronto 40 jinetes bien armados y pertrechados, y 
dirigiéndose a la Real Tesorería descerrajaron la caja de tres 
llaves de la hacienda y tomando el oro del Rey que allí se 
guardaba (unos 3.000 pesos), el flamante caudillo lo repartió 
entre los que nuevamente se le habían unido. Distribuyó 
luego los cargos de su ejército, nombrando a Juan Bermejo su 
Maestre de Campo, y capitanes a Rodrigo Salguero y a Cas- 
tañeda. Después de esto hecho, Hernando despachó un pro- 
pio para Granada a dar aviso a Pedro de Contreras, su her- 
mano, de lo acaecido, y le envió como prueba cierta de su 
venganza la daga con la cual acometiera al Obispo, ensangren- 
tada y sin punta, pues se le había despuntado al tiempo de 
herirle. 



— 116 - 

En tanto Fr. Alonso y el clérigo habían acudido al Prelado 
y halláronle medio muerto. I). Antonio.de Valdivieso clamó 
al verles que trajeran quien le curase y ellos le respondieron 
«que no curase del cuerpo que no podia tener remedio, que 
procurase el ánima»; entonces el herido confesó devotamente 
con Fr. Alonso y pidió un Crucifijo que en su cámara tenía, y 
contemplándole largo espacio adoróle con grande contricción. 
Otras cosas pasaron entre el Obispo y el dominico sobre la 
distribución de su hacienda y el cuidado de su diócesis, hasta 
que al cabo, sintiéndose aquél morir, rezó el Credo, poniendo 
todo su fervor en la oración y diciéndola otra vez, a la mitad 
rindió el espíritu a Nuestro Señor. De esta manera, borrando la 
memoria de su vida con tan piadosa muerte, murió a los siete 
afíos de episcopado D. Fr. Antonio de Valdivieso y Alvarez 
de Cálvente; «estando presente, dice el Palentino, a los dolo- 
rosos autos, su desconsolada madre, que era lastima de ver 
el gran dolor y pasión que mostraba». Pidióse licencia a 
Hernando de Contreras para dar sepultura al infortunado 
Obispo y aquél la concedió de buen grado. 

Imponderables fueron el terror y la sorpresa que las nue- 
vas de la muerte del Obispo y la proclamación del de Con- 
treras, causaron en el país. El Licenciado López, en su carta a 
los Reyes de Bohemia (1) (9 de junio de 1550, desde Santiago 
de Guatemala), dice: «En Nicaragua, hallé un terrible aconte- 
»cimtento el qual no refiero a Vuestra Alteza p^ rque soy cierto 
»que por muchas partes se habrá dado entera relación delloa 
» Vuestra Alteza». Muchos fueron, en efecto, los que quisieron 
informar al Emperador de estos sucesos y lo hicieron con más 
o menos exactitud; pero hemos de notar que todas las cartas 
disculpan o atenúan el hecho en lo posible. El Licenciado Ce- 
rrato, al cual correspondía como Presidente de la Audiencia de 
los Confines la gobernación de Nicaragua, en carta al Monarca 
(2 de Junio de 1550) (2), y en otra anterior que no hemos en- 
contrado, relata exacta y minuciosamente los hechos, refirien- 
do las persecuciones del Obispo a la familia Contreras y se 



(1) Colee. Torres Mendora, tomo 24, píg. 513. 

(2) Inserta, como las siguientes de este capítulo, en el tomo 85 de la 
Colección Muñoz. 



- 117 — 

refiere a una carta que Hernando de Contreras escribió a un 
su pariente explicando los móviles que tuvo para tomar su 
resolución. En otra epístola que escribieron desde Chiapa a 
los Reyes de Bohemia ciertos vecinos de esta ciudad (Gonzalo 
de Ovalle, Andrés Benavente, Diego García de Paredes, Pedro 

Moreno , Vázquez Rivadeneyra y Diego Martín de la 

Zarza), dicen estos así; «Nicaragua se ha alzado por haber ido 
tres visitadores en diez meses, quitado a muchos los indios, 
Uevadoles muchas penas i hecho gastar sus haciendas en 
Guatemala en seguimiento de su justicia y por que quería 
el Presidente enviar otro visitador destruyó esta ciudad. A 
todo inducido por el Obispo, quien ademas maltrataba a 

los vecinos Le mataron, saquearon la casa, robaron el 

arca de V. M.* Entre otros documentos de esta clase, es 
curioso uno que la ciudad de Guatemala, representada por 
algunos de sus regidores, dirige al Emperador (Santiago, I.*» 
de Junio de 1550), en la cual se atribuye el envío de los visi- 
tadores tan funestos a Nicaragua a la influencia del Padre las 
Casas por vengarse de Rodrigo de Contreras, y se enumeran 
las vejaciones que causaron dichos comisionados, los cuales, 
«pusieron la tierra en suma estrechura ya con sus salarios, ya 
con los repartimientos que quitaron, ya con las tasaciones y 
gastos que dieron ocasión. De ai quedar todos exasperados, 
matar Hernando de Contreras al Obispo » 

En esta carta se arroja parte de la culpa sobre el Presi- 
dente de la Chancillería, «el Licenciado Cerrato pudo reme- 
diar, sino la muerte del Obispo, al menos el alzamiento que 
siguió, porque al principio eran muy pocos los alterados: Nada 
proveyó Cerrato y asi se fueron juntando». Parecidos cargos 
se hacen al Licenciado en otra epístola y él en la suya citada 
de 2 de Junio se disculpa: «A mi culpan que no puse pronto 
remedio y Dios es testigo que no estuvo en mi». 

A pesar de cuantas atenuaciones se pudieron hacer del 
crimen del malaventurado caballero, resulta muy claro que el 
perpetrador de tan horrendo sacrilegio no merece disculpa, 
sino compasión solamente, aun tratándose de un mozo de 
poco seso y sangre hirviente, desesperado por las tenaces 
ofensas de un enemigo poderoso, y mal aconsejado por un 
hombre frío, calculador y perverso, que supo excitar sabia 



Í18 — 



mente sus pasiones. El gravísimo delito, más extraño por 
haber sido cometido en tan piadoso sig!o, le sumió en un 
temeroso abismo, apartóle de toda buena compañía y de todo 
buen propósito e hizo de él terreno apropiado para toda mala 
semilla. Comenzada bajo tales auspicios, la empresa del 
alzamiento no fué enderezada a librar a aquella tierra del 
yugo pesadísimo de visitadores y alguaciles, sino que tendió 
solamente a saciar los apetitos de Juan Bermejo y la loca 
ambición del mozo segoviano en contra de su Rey y de su 
patria; afirmamos pues, con el Inca Garcilaso de la Vega, que 
de tan mal comienzo sólo desdichas pudieron esperarse. 



CAPÍTULO X 

PLANES DE LOS CC^TRERAS.— LOS CONJURADOS SE 
APODERAN DEL PUFRTO DE EL REALEJO, Y EN EL, 
DE ALGUNOS HERMOSOS NAVIOS.- JUAN BERMEJO, 
GANA LA CIUDAD DE GRANADA Y LLEVA CONSIGO A 
PEDRO DE CONTRERAS— ESTRATAGEMA PARA IMPE- 
DIR EL AVISO QUE LOS LEALES QUERÍAN ENVIAR AL 
NOMBRE DE DIOS— LOS ALZADOS LLEGAN CON SU 
FLOTA AL PUERTO DE NICOYA— SAQUEO Y DES- 
TRUCCIÓN DE BUQUES.-LOS NAVIOS DE LA LIBER- 
TAD BOGAN EN CORSO HACIA PANAMA.-DES- 
EMBARCO DE HERNANDO DE CONTRERAS 

El Presidente Pedro de la Gasea, a quien para someter el 
Perú alterado por Gonzalo Pizarro, había enviado el Empe- 
rador y que logró dar feliz término a su dificilísima misión (lo 
cual fué como ganar de nuevo oara España aquella rica 
tierra); y en cuya empresa desplegó energías de soldado y 
sutil prudencia de diplomático, dando cuenta en una carta 
(fechada enel Guadalquivir asiete leguas de Sevilla, 22 de Sep- 
tiembre de 1550) (1) al Consejo de Indias de esta rebelión de 
los Contreras que a punto estuvo de costarle la vida, explica 
los proyectos del llamado Príncipe de Cuzco, o, mejor dicho, 
de su Maestre de Campo; según esta carta, el plan de los 
sublevados era «juntar toda l-i jente que pudiesen i venir con 
»ella a Tierra Firme donde sabían estaba mucha hacienda 
»de S. M. que se había enviado i tomarla e apoderarse de 
•Nombre de Dios, Panamá e Nata. Y para mejor hacerlo i que 
»no huviese de quien tuviesen necesidad de se recatar, que 
^matarían al Gobernador i que apoderados de Tierra Firme 
»¡ tomada la hacienda de S. M. harían gente y aderezarían 



(1) Cokc. Mata Linares, tomo 85, folio 227 vuelto. 



— 120 — 

» navios i harían dos dellos de remos i los equiparían de negros 
»de los de Panamá i Nombre de Dios que andan en Chagre 
»en ios barcos i en el trato de 'as Yslas de las Perlas, que 
»cierío es tan gran numero que pasan de 600 y que con esta 
•gente que cierto según el puesto Tierra firme tiene paia 
• llegarla y la muchedumbre de gente mala e perdida que en 
^aquellas partes hai, ansi españoles como extranjeros en poco 
»tiempocreo que llegaran mucha, i con los navios que hiciesen 
»i aderezasen llegado el Enero, irian algunos dellos con parte 
»de la gente que allegasen, a quemar todos los navios de la 
»costa de Nicaragua, Guatimala i Nueba España i Hernando 
»de Contreras i Juan Bermejo irian con toda otra gente al Perú, 
*donde creian que se les allegarla mucha gente i que con el'a 
»i con la que llevasen se podrían apoderar de toda aquella 
•tierra i de la riqueza deila i que alzarían por Rei della al 
«Hernando de Contreras.» 

También, según dice el Presidente la Gasea, entraba en 
los designios de Bermejo el quemar las casas y destruir el 
ganado de Tierra Firme, llevarse consigo todos los hombres 
útiles para la guerra, así como también las mujeres y enviar 
por barcos a Cartagena de Indias a los inútiles. Como Juan 
Bermejo había pertenecido al Ejército de Pizarro y fué muy 
allegado del Maestre de Campo Francisco de Carvajal, cono- 
cía la manera de esta clase de guerra muy parecida al bandi- 
daje y creía que por no haberla seguido con mayor rigor des 
fruyendo barcos, aldeas y ganados, como él pensaba hacer 
(para que el Emperador tardase en saber la nueva del alza- 
mento, y sabida, encontrara infinitas dificultades para enviar 
y mantener ejército), se había perdido Gonzalo Pizarro y ha- 
bía perdido a cuantos le seguían. 

Para dar comienzo a la realización de estos planes, pasa- 
ron los conjurados al Puerto del Realejo, llamado también de 
la Posesión, que es el principal de aquella provincia y uno de 
los mejores de las costas del Mar del Sur por su profundidad 
y su amplitud, recorriendo en muy poco tiempo las 12 le- 
guas que lo separan de la ciudad de León; a primero de Mar 
zo entraron sin resistencia en el poblado, cuyos alrededores, 
surcados por infinidad de ríos, están cubiertos por la vegeta- 
ción tropical de huertos y manglares. Al llegar al puerto vie- 



— 121 - 

ron con alegría que había, anclados en él, un hermoso galeón, 
una fragata y uv.ri carabela, de las cuales, sin perder momento, 
se apoderaron. Al galeón, grande y no muy velero, llamaban 
«Valdollvar*, del nombre de su dueño, un Vaideolivas, esta- 
ba cargado de maíz y fletado para el Perú; la fragata pertene 
cía a Francisco Rui?, vecino de Granada, y la carabela a un 
mercader de Panamá, llamado Santander, ambos iban carga- 
dos de maíz. Apenas habían ocupado estas embarcaciones, 
cuando vieron que doblaba majestuosamente la punta llama- 
da de los Yangüeyes un magnífico navio. Pasó Hernando de 
Controras a la fragata con 15 o 16 hombres y con poco es- 
fuerzo rindió al galeón que resultó ser el Chi'e, que tenía 
fama de ser uno de los mejores y más veleros que recorrían 
el Pacífico. Pertenecía al Licenciado Cianea y lo traía fletado 
un mercader nombrado Valenzuela, con cargamento de con- 
servas, ropas y muy diversas mercaderías de la Nueva Es- 
paña para el Perú. El general hizo desembarcar a los merca 
deres que en él venían con sus bagajes y tomó el navio por 
capitán de su fljta. El y B.rmejo procuraron convencer a las 
tripulaciones de sus buques, lo cual hicieron en su mayor 
parte, movidos unos de dádivas y promesas y ios otros del 
temor. Quedóse Hernando a la guarda de todo ello y envió á 
Bermejo con 27 hombres, entre los cuales figuraban Benavi- 
dez, Quesada y el Alguacil Alonso Martín, a Granada (distan 
te 30 leguas d .1 Realejo), para que tomase esta población, re 
cogiese a Pedro de Contrerasy a la mucha gente que allí ha 
bía afecta al caudillo y quemase las fragatas surtas en el 
lago [lara que no pudieren dar aviso por ei Desaguadero al 
Nombre de Dios del ataque que se tramaba contra Tierra 
Firme; partieron el Maestre de Campo y sus soldados, bien 
armados de ballestas, arcabuces y cueras de malla, con ánimo 
de hacer en muy pocas jornadas el camino, merced al buen 
andar de sus caballos. 

Había en aquella sazón mucha gente en Granada, pues de 
una fragata que poco antes llegara del Nombre de Dios, des- 
embarcaron 60 personas, entre ellas algunos soldados de los 
desterrados del Perú. Cuando, primeramente por unos indios 
y luego de labios de ciertos mensajeros, se supo en la ciudad 
la muerte del Obispo y el alzamiento de Hernando, los Alcal* 



— 122 — 

des Jerónimo de Ampies y Bernardino de Miranda liicieron 
dar pregón, ordenando a los vecinos, bajo pena de la vida y 
de perdimento de bienes, que se recogiesen en la plaza, cuyas 
bocacalles habían hecho fortificar con barreras, para defen- 
derla en caso de que fuese atacada por los conjurados; con- 
gregados así todos, entre ellos Pedro de Contreras, hicieron 
alarde y tomaron por Capitán al Regidor Luis Carrillo, el cuaj 
contó sus gentes y halló que tenía sobre 130 hombres, a los 
cuales ordenó que se armasen lo mejor que pudiesen, y él, 
los Alcaldes y Pedro de Contreras, a caballo y armados 
de todas armas, recorrían muchas veces la ciudad, animando a 
todos y disponiendo la defensa. Pocos días llevaban de estos 
preparativos cuando en la mañana del martes 4 de Marzo tu- 
vieron noticia de que Juan Bermejo venía a marchas forzadas 
sobre la ciudad y Luis Carrillo mandó poner en orden a sus 
gentes en la plaza y envió a Jerónimo de Ampies y al Regidor 
Mendergay para que ordenasen a los rebeldes salir del terri- 
torio; a poco volvieran los comisarios a todo el galope de sus 
caballos gritando: ¡no es nadie!, ¡no es nadie la gente que 
viene!, indicando cuan poco era de temer el ataque de tan 
contados hombres como venían. 

Apeáronse tranquilamente de sus caballos Juan Bermejo 
y los suyos y dispararon sus arcabuces, a cuyo estruendo 
huyeron Gerónimo de Ampies y todos los pacíficos vecinos, 
heridos algunos de ellos, que se refugiaron por bosques y 
manglares; quedaron solos en la plaza Luis Carrillo, Pedro 
de Contreras y los soldados del Perú, a los cuales cercó y 
embistió Juan Bermejo co s sus pocos, pero muy aguerridos 
soldados y al poco tiempo rodaba por el suelo, muerto de un 
baüestazo, el capitán Luis Carrillo, con lo cual, desmoralizada 
la tropa rindió las armas a los de la Libertad. 

Los vencedores quisieron pasar a cuchillo a cuantos ha- 
bían osado resistirles, lo cual impidió, metiéndose por entre 
las filas, D.*" María de Peñalosa, que gritaba a grandes voces: 
*Non matéis a los vecinos de Granada». Viola Juan Bermejo 
y se echó a sus pies con rendido acatamiento diciendo: <^Eh, 
Señora mía, vuestra Merced no ha. de venir aqui, que son 
unos traidores» , pero al cabo consintió en perdonar las vidas 
y entonces la dama se recogió a su casa. Gracias a su interce- 



— 123 — 

sión no murió sino el buen Regidor Luis Carrillo ni pasaron de 
seis o siete los heridos, que lo fueron a los primeros tiros. Juan 
Bermejo comenzó a trabajar en el ánimo de Pedro de Contie- 
ras (el cual, por inducción de su madre, se había hallado y 
había peleado bien en la contienda), y supo de tal modo 
excitar la ambición de aquel mozo, quizás ya en secreto incli 
nado a la causa de su hermano, que logró vencer los ruegos 
y la gran autoridad de D.° María, que inútilmente trataba de 
desviarle de aquella loca aventura, cuyo desastroso fin no 
podía dejar de preveer. 

Los conjurados, dueños de la ciudad, echaron pregones 
en los cuales se mandaba a los vecinos que entregasen 
armas y caballos, de los que reunieron en gran número, y se 
les exhortaba pata que se alistasen bajo sus banderas, lo cual 
hicieron unos sesenta hombres. Envió luego Juan Bermejo al 
Capitán Salguero con sus 27 veteranos a que tomasen el 
Puerto de Nicoya, que distaba de allí 40 leguas, se apoderase 
de los buques que hubiese en él anclados, y alistase a la 
mucha gente que de su opinión debía de haber en este punto^ 
por haber sido señores de él los Contreras; luego el Maestre 
quemó todas las fragatas surtas en el Lago de Nicaragua, sal- 
vo una, la llamada Sant Nicolás, en la cual, por ser de un 
amigo y ofrecer éste ciertos pesos por su rescate, no hizo sino 
horadarla y deshacer la popa, exigiendo promesa de que no 
se valdrían de ella para dar aviso a Nombre de Dios; tomó 
también víveres, municiones y cuanto en Granada había que 
pudiera serles útil, y hecho esto, salieron los sublevados de 
esta ciudad, «llevando consigo a Pedro de Contreras, sin que 
»las lagiimas de su madre lo pudiesen estorbar, la cual afligida 
»por la mueite del Obispo y por ver a sus hijos envueltos 
»en tan mala demanda estava muí desconsolada y a grandes 
»voces los llamaba y dezia que aquellas crueldades y malos 
•modos no los podían acarrear ninguna honra ni bien, sino 
»mucha infamia y trabajos» (1). 



(1) Del cronista Herrera (Decada 8.*, capítulo 5.°, libro 6.°), e3 este 
párrafo: El mismo cronista escribe que, por orden de su madre, luctió 
Pedro de Contreras a las órdenes de Carrillo. El Presidente Qasca confirma 
en su carta el que D.' María salvase la vida a los de la destrozada tropa de 
Granada, en la que figuraba aquel mozo. 



— 124 — 

Llegó a! Realejo la pequeña tropa y unióse con la de Her- 
nando de Contreras. el cual en este tiempo se había adueñado 
de dos navios que al Puerto llegaron colmados de mercaderías. 
El joven caballero tomó la gente de ambos buques y cuanto 
mejor le pareció de lo que llevaban, y con señoril galantería, 
tan arraigada en aquel siglo, que aparecía aun en los más 
perversos hechos y aun en las más depravadas naturalezas, 
formó con lo más preciado del botín un rico presente, que 
envió a Granada a D.^ María, su madre. Celebraron consejo 
Hernando y Pedro de Contreras (a\ cual habían hecho Almi- 
rante de los navios que tenían) con su Maestre de Campo y 
los principales soldados, y acordaron seguir su plan por todos 
los puntos, para lo cual se embarcaron todos (cerca de 200 
hombres de armas, a más de los marinos y de otra gente) en 
los tres navios, y levaron anclas el día 15 de Marzo para diri- 
girse a Nicoya, alumbrando su partida, como con luminarias, 
con los incendios de cuantos buques en Realejo quedaron. 

De esta manera, los sediciosos habían ganado en tan 
breve tiempo para su príncipe casi toda la provincia de 
Nicaragua, pero como con fuerza tan escasa no podían dejar 
guarnición en las ciudades tomadas ni esto importaba a su 
intento, que era caer de repente sobre Panamá y el Perú, 
volvían pronto aquéllas a la obediencia del Rey. Así sucedió 
en Granada, en donde los Alcaldes, Regidores y vecinos, 
perdido el miedo a los Contreras, cuyos principales parti- 
darios habíanse unido a Bermejo, quisieron avisar al Presi- 
dente La Gasea (que por entonces, terminada su misión en el 
Perú, se disponía a embarcar en Panamá con un cuantio- 
sísimo tesoro) de cuanto ocurria en la provincia, para que se 
apercibiese y pusiera remedio; para este fin quisieron los 
leales aderezar la única fragata que, aunque maltrecha, había 
dejado Juan Bermejo en el lago para que, navegando por el 
Desaguadero, llegase a Nombre de Dios. 

Pero Doña María de Peñalosa «por amor de los fijos> 
(como dice un testigo) lo impidió con «una cautela e ardid 
de guerra* tal *que un capitán usado en la guerra mucho 
tiempo no lo usaran (1). Y fué que estando el Padre Ortiz, su 



(1) Véase el Proceso contra Hernando y Pedro de Contreras en Panamá. 



— 125 ™ 

Capellán y el Alguacil Mayor, en ciertas casas de la ciudad 
donde se reunía mucha gente, por ser lugar de juego, pasa- 
tiempo y conversación, les envió a llamar con un paje apre- 
suiadamente; acudieron ellos y otros vecinos y Doña María 
les explicó que tenía noticia de que los del Realejo, sabe- 
deres de que se apercibía una fragata, volvían furiosos a 
quemar la ciudad, y que se hallaban ya en Nenderi; y dando 
muestras de grandísím.o pesar y miedo, comenzó a pasar sus 
hijos niños y su hacienda a las casas de Benito Díaz, que 
eran un fuerte edificio de piedra, diciendo: ^Smor Benito 
Diaz, salvadme estos hijos e ropa, fiorque no quemen ios 
soldados la primera mi casa^, y los Alcaldes, llenos de 
miedo, enviaron ciertos negros con palancas para que desfon- 
dasen la fragata, y acudieron a Doña María diciendo: ^Señora- 
no queremos aderezar fragatas; vuestra Merced escriba a los 
soldados que están en Nenderin que no vengan a hacer daño 
en el pueblo»; lo prometió Doña María y el Alguacil Ramos» 
su criado, después de haberse cerciorado de que los negros 
habian dejado la malaventurada fragata lo más deshecha que 
se pudiera imaginar, hizo ademán de salir de la ciudad y 
llevar las cartas. 

Dos días más tarde llegaron a Granada gentes de León y 
del Realejo, y se supo que los sublevados no habían sospecha- 
do del intento de avisar a Nombre de Dios, ni pensaron nunca 
volver sobre sus pasos. Sin embargo, es muy posible que 
llegara hasta D." María algún falso rumor y que sus apuros 
no fueran fingidos. 

Más adelante, con muy grandes trabajos, en los que toma 
ron parte todos los oficiales que en Granada había, logróse 
poner a flote y componer en algo la asendereada fragata «San 
Nicolás», pero se tuvo buen cuidado de no darla a la vela 
hasta saber que los Contreras habían levado anclas del Reale 
jo, y hasta fin de Abril no llegó al Nombre de Dios con su 
arráez Nicolás de Fina. 

Entre tanto, Hernando de Contreras y los suyos, muy con- 
tentos de verse corriendo el mar en tan buenos bajeles, im- 
pulsados con sus esperai zas, del más favorable viento, bo- 
gaban hacia el Sur siguiendo de cerca la costa, y a 22 o 23 
de Marzo anclaban en Nicoya, puerto que en aquel tiempo 



— 126 — 

pertenecía a Nicaragua, rodeado de diez u once pueblos, que 
formaban la llamada provincia de Nicoya, que perteneció a 
Pedrarias y luego a D.' María de Pefialosa. 

En este puerto hallaron al Capitán Rodrigo Salguero con 
60 soldad" s que había reclutado allí y en alguna estancia y 
casa de labor de los alrededores, y disponiéndose a prose- 
guir su viaje tomaron un barco, no muy bueno, de los que 
había surtos, y a los demás — un navio y una fragata — luego 
de haberles despojado de cuanto podía serles útil y de haber 
tomado la marinería en su flota, prendiéronles fuego. Y sa- 
biendo que a la Isla de Quicara, en aguas de este puerto, 
había llegado un barco de Panamá con mercaderías, Hernando 
de Contreras envió a Salguero para que se apoderase de él, y 
a poco el Capitán presentaba la presa a su Jefe, el cual dis- 
puso que trajesen a sus buques la tripulación y el cargamento 
del de Panamá y que lo incendiasen luego; hecho esto, tor- 
naron a darse a la veía. No podía ser más hetereogénea la 
composición de la soldadesca, marinería y pasaje que llenaba 
esta flota que levó anclas en Nicoya; formaban parte de ella, 
Hernando de Contreras, a quien todos rendían honores reales 
que juego parecían; Pedro, su hermano, mozo muy valien- 
te, que salió bien de empresas superiores a sus años; el 
Fraile Castañeda, Juan Bermejo, Rodrigo Salguero, Benavi- 
des. Chaves, Altamirano, Landa, Juan Griego y los demás 
desterrados del Perú, que, con los vecinos de Nicaragua que 
se íes unieron y los que atrajeron a su partido de los barcos 
apresados, componían un núcleo de más de 300 soldados, 
duros y resueltos, pero mal armados. Poblaban además los 
galeones, la fragata y el navio, los tripulantes de una docena 
de buques que hasta entonces habían tomado o destruido, un 
sinnúmero de indios y negros, esclavos, servidores o colonos 
de los Contreras, algunos frailes y aun infinidad de mujeres 
con sus niños (muchos de ellos mestizos), las cuales habían 
querido seguir a sus maridos para correr su fantástica suerte. 
jExtrafio y pintoresco ejército que se proponía empresa no 
menos fácil que la de conquistar el más rico imperio de la 
tierra! 

Continuando los sublevados su navegación hacia el Sur, 
llegaron a la punta de la Higuera en los términos de Nata, y 



- 127 — 

habiendo apresado una carabela cargada de maíz que allí esta- 
ba, tomaron de ella la tripulación y el velamen y la dejaron 
sin destruirla como solían, aunque desmantelada, por parecer 
les que les sería útil el cargamento y que podrían enviar por 
ello desde Panamá, y a no muy distante de aquel punto; tam- 
bién abandonaron en Higuera el navio en que Salguero venía 
por ser zorrero (esto es, de poca marcha), y en los dos her- 
mosos galeone.'*, «Chile» y «Valdolivar», y en la fragata lle- 
garon a la altura de las islas de las Perlas, y como avistasen 
cierto buque de Nicaragua que venía de Panamá hacia Bue- 
naventura, siguiéronle todo aquel día, hasta la puesta del 
sol, en que le apresaron y lo llevaron consigo con su gente y 
cargamento. 

De los tripulantes de este navio supieron los revoltosos 
una nueva que les llenó de perplejidad, la de haber llegado 
a Tierra Firme el Presidente Pedro de la Gasea, el cual se 
habia detenido en Panamá, aunque ya entonces debía de ha- 
ber salido para Nombre de Dios. Ante tan inesperada noticia, 
Hernando de Contreras celebró Consejo con sus capitanes 
sobre lo que habrían hacer, pues pensaban, que si el Presi- 
dente era llegado a Tierra Firme, sin duda le acompañaría 
para guardar su persona y los tesoros de que era portador, 
algún fuerte ejército de Perú que estaría acantonado en Pa 
namá o en Nombre de Dios, por lo cual era muy expuesto a un 
descalabro el tomar tierra, como pensaban, en aquella costa. 
Luego de alguna discusión, decidieron el seguir pur todos sus 
puntos el plan, que tan adelantado llevaban, pensando que si 
el Pesidente se hallase todavía en Panamá, cayendo de no- 
che y por sorpresa sobre la población, podrían apoderarse de 
su persona en la casa donde estuviese aposentado, con lo 
cual habrían de amedrentar al Perú, donde era Pedro de la 
Gasea tan temido. Y acordaron con grande entusiasmo que 
para lograr esto deberían arriesgar la empresa y aun las 
vi'las. 

Siguieron pues su curso los de la Libertad hasta llegar de 
noche a las islas de Taboga, distantes cuatro o cinco leguas 
de Panamá, y prendieron una embarcación que venía de este 
puerto con cargamento para Buenaventura; transportaron, 
según su costumbre, la tripulación y las mercancías a su flota, 



- 128 — 

y, como lo hubiesen menester, tomaron aquel buque, que era 
grande y de hechura de galeón. 

Poco más adelante, en la noche de un Domingo 20 de 
Abril, preparando ya el desembarco, dividieron las fuerzas. 
Hernando de Contreras y Juan Bermejo, con la mayor parte de 
los soldados, y entre ellos todos los principales del Perú, pa 
saron con todas sus armas a la fragata que traían desde el 
Realejo a his dos embarcaciones que últimamente habían 
tomado y a las lanchas de los galeones; en el «Chile» perma- 
neció Pedro de Contreras, y Castañeda, el Fraile-Capitán, en 
el otro galeón que se había algún tanto rezagado; entre am- 
bos galeones, quedaron cincuenta soldados e infinidad de 
marineros e indios, las mujeres que en la expedición venían 
y las mercancías y aparejos de que hasta entonces se habían 
apoderado; separáronse los dos grupos y Pedro de Contreras 
quedó con el encargo de entrar en el Perú de Panamá y apo- 
derarse de cuantos navios en él hubiese, mientras Hernando 
ganaba por sorpresa la ciudad. 

Hernando de Contreras y los suyos partieron antes de 
amanecer y navegaron todo el día 21 al remo y a la vela. 
Serían ya dos horas contadas desde que la noche de los 
trópicos habla extendido sobre aquellos parajes su espléndido 
manto, cuando el mozo a quien llamaban Príncipe, desembar- 
có con sus aventureros en el Ancón, a una legua escasa de 
Panamá y dispuestos todos en orden de batalla siguieron 
hacia la ciudad. Pedro de Contreras, el Almirante, después de 
recoger a su paso los buques que su hermano había abando- 
nado, con ellos y sus galeones, llegó muy de noche al puerto^ 
donde abordando a deshora cuatro o cinco buques que esta- 
ban anclados, se adueñó fácilmente de ellos, pues las tripula- 
ciones, que dormían descuidadas, no tuvieron tiempo de 
resistir; de todas estas presas, la que más gusto dio al osado 
muchacho, fué la de vn magnífico navio, el «Espíritu Santo» ^ 
perteneciente a D.* María, su madre, y que estaba con las 
vergas altas y repleto de mercaderías que se valuaban en 
35.000 pesos. Pedro de Contreras trasladóse a este galeón, 
cuyo patrón era un excelente marino llamado Mafia, porque 
estaba mejor armado y pertrechado que los suyos, e hizo 
quitar a las demás embarcaciones del puerto el velamen, los 



— 129 — 

timones y las lanchas, todo lo cual, con las armas y municio- 
nes que en ellos había, se trasladó al buque de la Pefialosa, y 
en los otros quedó gente de los sublevados que los guardasen. 
En el resto de aquella memorable noche, Pedro de Con- 
treras, Castañeda y sus soldados, desde la cubierta de los 
navios espiarían inquietos en dirección a la costa de Panamá, 
hasta que las voces y el bullicio de las armas les dijesen que 
la empresa de la toma de la ciudad estaba comenzada, y las 
triunfales aclamaciones al Príncipe y al Ejército de la Libertad, 
hiciéranles saber que se había felizmente llevado a cabo. 



CAPITULO XI 

TOMA DE PANAMÁ. — ALTAMIRANO SE APODERA 
DEL TESORO DEL REY. -SAQUEO DE LA CIUDAD.- 
REYERTA DE HERNANDO DS CONTRERAS CON BER- 
MEJO SOBRE LA VIDA DE CIERTOS PRISIONEROS.— 
EL CAPITÁN SALGUERO SALE PARA LAS CRUCES CON 
ANIMO DE DAR MUERTE AL PRESIDENTE.-PARTE 
HERNANDO DE LA CIUDAD PERSIGUIENDO A UN 
MENSAJERO DE ELLA.— EL EJERCITO DE LA LIBER- 
TAD ABANDONA PANAMÁ.- LA CIUDAD TORNA A 
LA OBEDIENCIA DEL REY.-CARTA DE PEDRO DE 
CONTRERAS A SU HERMANO. -ELECCIÓN DE LOS 
CARGOS DEL EJERCITO LEAL.— ATAQUE A LOS NA 
VIOS DE PEDRO DE CONTRERAS.-LA ENCAMISADA 
DEL CAPITÁN CIANCA. — BERMEJ VUELVE SOBRE 

PANAMÁ 

Sigilosamente, después de haber desembarcado en el An- 
cón, Hernando de Contreras y los suyos, mudos los atambo 
res y desplegadas las banderas, siguieron de dos en dos la 
playa adelante en dirección de Panamá. Serían poco más de 
250 soldados, número que hoy no nos parece muy temible y 
que no dejaba de tener cierta importancia en aquel país y en 
aquel tiempo. Bien dispuestos y ordenados llegaron a media 
noche a la vista de Panamá, donde tuvieron como primer cui- 
dado el de informarse de si el Presidente La Gasea permane- 
cía aún en la ciudad. Y por algún vecino o estanciero de los 
alrededores supieron de como este personaje era partido cua- 
tro días antes con dirección a Las Cruces p.^ra ir de allí al 
Nombre de Dios, nueva que les causó grande enojo; modifi- 
cando su plan, en vista de ella, decidieron apoderarse prime- 



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- 131 — 

ramente de la persona del Gobernador de Tierra Firme, que 
era el caballero Sancho de Clavijo (del cual no sabían que 
había también salido acompañando al Presidente) para que 
la plaza quedase sin caudillo. 

Para tratar de estas cosas, habían hecho alto los expedi- 
cionarios; Juan Bermejo los distribuyó diestramente en escua- 
drones de arcabuceros, ballesteros, piqueros y rodeleros, y en 
filas de cinco en cinco, pero repartió a todos mechas encendi- 
das para que, en la obscuridad de la noche, pareciese mayor el 
número de arcabuces; hecho esto pronunció una breve y 
enérgica alocución (que sabía él muy bien hacer) «diciendoles 
»el probecho que a todos se les seguiría de hazer lo que debían 
»y que este negocio hera para procurar la libertad de todos, 
» pues hasta agora abian estado en cautiberio» , y les recomendó 
que entrasen gritando jSanta María y Libertad!, pero sin nom 
brar a Hernando de Contreras, porque los vecinos, no sabien- 
do quien les ataciba, quedasen más desconcerta ios, lo cual 
era el fundamento de los astutos planes del Maestre. 

Dada otra vez la señal de partida, los alzados llegaron, a 
más andar, a las casas del Gobernador Sancho de Clavijo, 
que estaban a la entrada de la población; las cercaron y los 
más de ellos las invadieron tumultuosamente por diversas 
partes gritando: jSan Jorge! ¡Viva el buen Príncipe Hernando!, 
jViva el Príncipe de la libertad!; y como hallasen dentro al 
Alguacil Mayor Rodrigo de Villalva, comenzaron a herirle 
hasta que se dieron cuenta, por haberle reconocido el pana- 
meño Quijada, soldado de su bando, de que no era el que bus- 
caban, y le dejaron vivo; y sabiendo que Clavijo no estaba en 
Panamá, abandonaron su morada después de haberla saquea 
do y herido a uno de los servidores. Luego de esto, Juan 
Bermejo dispuso q ;e se repartiesen los soldados por las 
casas de los vecinos y entrasen en ellas para tomar todas las 
armas que hubiese, y dióles instrucción de que a todos dije- 
sen de cómo formaban el Ejército de la Libertad, que venía a 
dársela para que cada uno viviese como quisiese. «Porque 
•como todo se regia por Juan Bermejo, que tan discípulo era 
»de Francisco de Carvajal, el cual, persuadiendo a los soldados 
»que siguiesen a Gonzalo Pizarro solía decir: Señores, mirad 
que tan gran privilegio tenéis ¿os- que servís al gobernador 



— 132 — 

mi señor que podéis vivir en la ley que quisieredes sin que 
nadie os vaya a la mano parecíales a estos usar de aquella 
persuasión pf^ra traher asi a la gente de mal vivir» (1). 

Divididos en grupos cayeron los de Hernando de Contre- 
ras sobre la ciudad, y en brevísimo tiempo se apoderaron de 
toda ella, sin haber encontrado apenas resistencia, pues los 
pacíficos mercaderes que en su mayor parte la poblaban, al 
despertar con el estruendo, huían o entregábanse; el ruido de 
las armas y las triunfales aclamaciones de los asaltantes, las 
desordenadas carreras de los fugitivos, los llantos de niños y 
mujeres formaban una indescriptible algarabía que contur- 
baba el ánimo y hacia desfallecer el corazón de los que, ape- 
nas despiertos, no sabían aún la causa del inesperado bullicio. 
En medio de tanta confusión, el caudillo, jinete en un arro- 
gante corcel, corría dando órdenes de uno a otro extremo del 
recinto. Era muy gallarda la presencia del mozo, cubierto de 
un rico arnés, con un vistoso sombrerillo sobre el yelmo, y en 
el peto una joya de oro que a la luz de las antorchas relum- 
braba. 

Algunos de los soldados, al mando del Capitán Altami- 
rano, llegáronse a las casas del Doctor Robles, donde el Pre- 
sidente estuvo aposentado y en las que posaba a la sazón el Te- 
sorero Juan Gómez de Anaya, detenido en Panamá de camino 
para las Cruces, a donde llevaba gran parte del oro del Rey. 
Descubrieron los de la Libertad con indecible contento los lim- 
pios lingotes de oro y de plata por valor de cien mil pesos y 
trataron de apoderarse de la persona del Tesorero, el cual, 
mal despierto, tuvo apenas tiempo de tomar una espada; de- 
fendióse algún tiempo con ella, como hombre valiente, y reci- 
bió dos cuchilladas en la pelea. Vencido al cabo por la muche- 
dumbre de los contrarios, aún se resistía a rendir su acero, 
con grandísimo enojo de Altamirano, el cual le amenazaba 
con hacerle pedazos y le decía, con la arrogancia que en todas 
sus palabras solían poner estos aventureros «que el Condes- 
table de Castilla se abia de tener por honrrado de rendilie a 
él las armas», hasta que al cabo le sujetaron y llevaron con- 
sigo, guardado por seis hombres, para que les descubriese el 



(1) Véase la carta citada del Presidente Gasea. 



— 133 - 

resto de la hacienda Real. Y Altamirano dio parte a Hernando 
de Contreras del hallazgo del tesoro, en una carta cuyo enca- 
bezamiento decía: «Muy alto y muy poderoso Príncipe*, y en 
cuyo texto le daba tratamiento de Alteza, con muchas pala- 
bras de acatamiento y sumisión. 

Antes de entrar en Panamá, había prohibido Juan Ber- 
mejo, bajo pena de muerte, robar nada de la hacienda de los 
particulares, salvo las armas y las cabalgaduras, pero envió 
ciertos soldados escogidos a inquirir el paradero del tesoro 
Real, que sabía se hallaba repartido entre ciertos particu- 
lares. Penetraban estos soldados fácilmente en las casas de 
los mercaderes ricos y de los vecinos depositarios de dicha 
hacienda, y sorprendiéndoles, por hallarse dormidos y descui- 
dados, apoderábanse de las barras de metales preciosos, de 
las más ricas mercaderías, de armas, municiones y cabalga- 
duras. No había aún la noche transcurrido, cuando el produc- 
to del saqueo pasaba de 300.000 pesos de oro, sin contar 
innumerables alhajas y objetos de incalculable valor; y esta 
presa la hacían los soldados, dueños sin lucha de la ciudad, 
con el mayor bullicio y algazara, borrachos de oro y de 
libertad, entre vivas al Príncipe de Cuzco y a Don Juan, su 
Maestre de Campo, mezclados con mueras y amenazas a los 
traidores. 

Juan Bermejo, con bastantes hombres de armas, acudió a 
la Plaza Mayor, dejó allí un destacamento para que desde 
aquel punto central acudiese a cualquier paraje, donde los 
que se ocupaban en el saqueo necesitaran auxilio, y él, con 
algunos soldados, fué en busca del Obispo y le halló en la 
Catedral, donde se había refugiado; ordenóle Bermejo que 
saliese en su compañía y se negó el Prelado, diciendo que si 
le había de matar, le matase allí, y entonces el Maestre le 
aseguró que, no haciendo por qué, no le matarían, y como 
aun con todo, no quisiese salir, se fué Bermejo a la Plaza. 
Pasó luego el Obispo a sus casas, y el Maestre mandó a 
ciertos soldados a buscarle, y lleváronle a Juan Bermejo, el 
cual le hizo sentar, amedrentado, al pie de la picota. En esto 
compareció Altamirano con Juan Gómez de Anaya, y deja 
ronle, con el Obispo, en tan infamante lugar. 

Entre tanto, algunos de los soldados llegaron a la casa de 



- 134 — 

Martín Ruiz de Marchena (1), que a la sazón ejercía funcio- 
nes de Tesorero y guardián ^e las armas de la ciudad; y 
como éste sintiese el alboroto que traían, saltó de la cama y 
salió a la puerta. Vióse entonces rodeado de lanzas de punta 
que le amenazaban el pecho, y pudo vislumbrar un tropel de 
gente desenfrenada que decía: ¡Mi'f'ra el traidor! iQuién 
vive^ a lo que Marchena, atemorizado con tan repentino 
ataque, respondió: ; Vivan quien vuestras mercedes quisieren! 
y le dijeron que estaba en Panamá Hernando de Contreras, 
que les venía a poner en libertad del Licenciado Gasea, y le 
tomaron luego dos pares de coracinas, una cota y no pocas 
espadas y lanzas, mas una muy buena muía que valía 300 
pesos, después de lo cual se fueron, dejándole turbado todo y 
lleno de asombro. A poco, enterados los de la Libertad de 
que Marchena era guardador de las armas del Concejo, que 
sabían eran muchas, tornaron a su casa y le demandaron que 
las entregase con la pólvora y municiones, a lo lual se negó 
el requerido, hombre muy leal al Rey, y a pesar de los malos 
tratos que le hicieron no cesó de afirmar que el Presidente 
había llevado las armas consigo. 

Los soldados, sin haber logrado vencer su resistencia, 
lleváronle a la picota de la plaza, donde esperaban ya el Obispo 
y Gómez de Anaya a más de otros vecinos de cuenta. El desal- 
mado Juan Bermejo, porque no quedase en Panamá persona 
alguna de autoridad, quiso ahorcar allí mismo a todos ellos, y 
así lo hiciera si Hernando de Contreras no llegara en aquel 
punto. La madre de Martín Ruiz de Marchena, señora muy 
anciana, se arrojó a sus pies, pidiendo gracia para aquéllos a 
quienes de tan mala manera iban a quitar la vida, y el mozo 
concediósela y se opuso firmemente a la ejecución. Embrave- 
cióse Juan Bermejo ante aquella resistencia, primera que 
hallaba ea su dócil príncipe, pero éste, que no había perdido 
del todo, acaso, las virtudes de caballero, no quiso ceder; 



(1) Martín Ruiz de Marchena era vecino rico y principal de Panamá. 
Desempeñaba el cargo de Teniente de Tesorero del Nombre de Dios, y 
ejercía a la sazón el de Tesorero de aquella ciudad por ausencia de un 
Sotomayor. Véase el memorial que Martín Ruiz dirigió al Consejo sobre 
sus servicios en estas jornadas del alzamiento de los Contreras (Colección 
Muñoz, Tomo 86, Folio 109). 



— 135 — 

y hemos de figurarnos !a anhelante ansiedad con que los 
prisioneros asistirían a esta discusión, de la que pendían sus 
vidas, y su temor de que las razones y las amenazas de Ber- 
mejo convenciesen a aquel mozo de tan pocos años, que tan 
dominado estaba por el que se decía su Maestre de Campo, 
pero afortunadamente, resistió el malaventurado caudillo, con 
tanto furor de Juan Bermejo, que fuera de sí gritabñ: «Que 
»pues era en favor de sus enemigos, y en disfavor de si propio 
»y de sus amigos, pues no consentía que matasen a sus con- 
»trarios, no se espantase que otro dia le ahorcasen a él y a 
»todos los suyos» y soezmente le añadía: «que tan buen pes- 
cuezo tenia como el para el cabestro». Y es lo cierto que 
aquella buena acción costóle al segoviano la pérdida de todo 
lo ganado y aun de la vida. Hernando, luego de esto, con una 
candidez que explican sus pocos años y los fáciles triunfos 
que hasta entonces había obtenido, tomó juramento al Obis- 
po, a Marchena y a Juan Gómez de Anaya, de que no le 
serían contrarios a su intento. Y el de Contreras y Bermejo 
hablaron largamente con el Prelado amonestándole «Qwg 
fuese con líos el que debió», y después les dejaron, pare- 
ciéndoles que quedaban bastante amedrentados y que no osa 
rían hacer cosa alguna en su perjuicio. A Gómez de Anaya 
llevaron consigo para que, como tesorero que era, les descu- 
briese el paradero de lo que restaba del oro del Rey, 

La estrella de los sublevados había llegado al punto cul- 
minante de su prosperidad, pero desde aquí, comenzó a pali- 
decer y ello se debió en gran parte a los desaciertos que 
desde entonces cometieron, como si la Providencia quisiera 
cegarles par impedir que se llevase a cabo su mal intento y 
que sus crímenes quedasen sin castigo. No pudieron discu- 
rrir, los aventureros, hasta entonces tan afortunados, medio 
mejor para perderse. 

Si en vez de abandonar, como abandonaron, la ciudad de 
Panamá, permaneciesen en ella, bien pronto, al olor de las 
riquezas, hubiéranseles unido innumerables aventureros, que 
siempre había en lugar como Tierra Firme, que era paso 
ordinario de cuanto'^ iban a la América meridional, y si con 
ellos y con su tesoro antes de que la Gasea pudiera impedirlo 
pasasen al Perú en los buenos navios que tenían, acaso no 



- 136 - 

hubiesen tardado en adueñarse de aquel país, tan propicio a 
esta clase de aventuras, pues en ello les habrían apoyado los 
elementos que allí quedaban de las anteriores sublevaciones, 
y los descontentos de las nuevas ordenanzas y de los repar- 
timientos de la Gasea, todos los cuales formaban una nutrida 
falange, que no esperaba para alzarse de nuevo sino un 
caudillo con valor, dinero y gente, nada de todo lo cual 
faltaba a Hernando de Contreras. Pero como hemos dicho 
arriba, la Providencia no podía ser propicia a este designio, y 
se valió para cegarles de la grande soberbia que invadió el 
corazón de estos conjurados al contemplarse ya Señores de 
ciudades, buques y tesoros inmensos, e imaginábanse que 
nadie ya podía resistirles, y que la corona de los Incas estaba 
tan firme y asentaba sobre las sienes de Hernando de Contre 
ras como lo estuvo en las de Manco Capac. 

Sostenía el mozo desafiando arrogantemente a la cesárea 
Majestad «que el Rey de Castilla no gozaría de los dineros 
que entonces le traían del Perú ni de los que allá quedaban», 
y hasta tal punto estaban convencidos de ello sus soldados y 
familiares, que un Mayordomo y un Alférez de Hernando 
maltrataron a un mercader que le llamó simplemente Gene- 
ral, y le dijeron que no era sino Príncipe muy excelente, y 
que al otro día le habían de ver Rey. Juan Bermejo solía decir 
con mucha gravedad: «Vive Dios, que en cuantos días viva 
»el Rey de Castilla no entre su voz en el Perú ni enviara 
*otro con cayadilla (1) a Tierra Firme porque todo se pro 
»veerá de otra manera que lo pasado y de suerte que aquel 
ajusto de Gonzalo Pizarro resucite con más fuerzas que tenia 
«cuando vivía». Esta soberbia les hizo creer que eran tan abso 
lutos dueños de Panamá, que podían abandonarla sin que 
nadie osase levantarse contra ellos y dividir impunemente sus 
fuerzas. Así, pues, como Juan Bermejo, Rodrigo Salguero y los 
demás pizarristas ardían en odio contra el Presidente La Gas- 
ea, que les había vencido y desterrado, decidieron intentar 



(1) Refiérese Bermejo en este dicho (que refiere Calvete de Estrella) al 
Presidente Qasca, el cual solía llevar en el tiempo en que estuvo en aquellas 
tierras un bastoncillo en forma de cayada, para apoyo de su cuerpo, tan 
desmedrado como era recia el ánima que le sostenía. 



— 137 — 

ante todo apoderarse de él para darle muerte, en la cual con 
delectación pensaban (1). 

Tan insensato anhelo de Bern*-ejo les hizo fraccionar su 
ejército, que por lo escaso, convenia tener unido, para enviar 
en aquella misma noche que a tantos acontecimientos dio 
espacio al Capitán Salguero con 22 arcabuceros, jinetes en 
buenas muías, para que cayesen de improviso sobre Las 
Cruces y se apoderasen del Presidente y del Gobernador, si 
aun allí se hallaban (2) Partió Salguero con los suyos prome- 
tiéndose pronta venganza de La Gasea y diciendo «que 
• hablan de hacer pólvora de él porque lo hablan menester y 
*porque habia de ser muy fina, según la astucia, vigor y engaño 
»de tal hombre.» Y siendo el propósito de Contreras y Ber- 
mejo el apoderarse también de Nombre de Dios, se aprestaron 
a partir con dirección a este punto dejando la ciudad des- 
guarnecida. Es de advertir que la extremada confianza de los 
caudillos se basaba en creer que la mayor parte de la gente 
de Panamá había salido acompañando al Presidente y que, 
por lo tanto, no valía la pena de disgregar hombres para 
sujetar una ciudad casi despoblada, que 'tan fácilmente se les 
había entregado; lo sucedido había sido lo siguiente: al 
estruendo de la bulliciosa entrada de los alterados en la ciu- 
dad, infinidad de vecinos (en su mayor parte tranquilos mer- 
caderes no muy sobrados de bravura) habían huido en la 
lobreguez de la noche medio desnudos y se habían refugiado 
en las malezas y arcabucos de los alrededores, y esto, unido 
a los que en sus casas habían logrado ocultarse, hizo creer al 
segoviano y a su Maestre que no ofrecía ningún peligio el 
dejar su conquista abandonada. Este error fué la causa prin- 
cipal de su perdición. 

Al poco tiempo, cierto acontecimiento obligó también a 



(1) «Y cierto (dice Garcilasn) ellos se en lañaban en estas locas imagina- 
»ciones, porque mayor castigo y tormentíi fuera para el Presidente, y para 
>ello9 mayor venganza, que lo enviaran vivo y sin el oro y plata que traía, 
»que fué la mayor de las victorias que en el Perú alcanzó.» 

(2) Dieg» Fernández discrepa en este punto de la relación de La 
Qa«ca, comprobada con infinidad do testigos que declararon en el proceso 
que te siguió. Afirma el cronista Falmtino que Contreras envió a Salguero 
en pos de Qaica, poco después de desembarcar en el Ancón. 



- 138 — 

Hernando de Contreras a separarse de su gente; sucedió que 
un vecino llamado Lozano, hombre de grandes ánimos, que 
vivía en las afueras de Panamá, oyendo el alboroto de aque- 
lla noche, intentó llegar a la plaza para ver qué sucedía; 
encontróse en el camino con Gómez de Tapia, su convecino, 
el cual venía huyendo y le dijo: «iVo vayáis allá que vos 
mataran^ que han muerto al alguacil í tiene^i preso para 
matar a Juan Gómez de Ánaya y han dexado medio 
■muerto a Marchena, i todo lo robado del Rei i lo de par- 
ticulareSf si?io id luego a gran diligencia a dar aviso al 
Presidente que es el moior servicio que a S. M. podéis 
hacer». Hízolo así el valiente Lozano, y tomando un brioso 
caballo, partió a todo galope; en las afueras saliéronle doce o 
trece arcabuceros y diércnle el ¿Quién vive?, ei mensajero 
gritando ¡El Rey! hizo encabritar al generoso bruto y rompió 
por medio^ de aquella gente que, disparando contra él y 
voceando jMuera el traidor!, un buen trecho le siguieron. 
Sabedor el de Contreras de que era partido un hombre a dar 
aviso a Nombre de Dios, determinóse a correr tras él por ver 
de alcanzarle y guardar las caminos, y antes de que amane- 
ciese el lunes 21 de Abril, partió acompañado de doce hom 
bres, entre los cuales se hallaban Landa, Nica, Maldonado, 
Torres y Gómez de Contreras por el camino de Capira y 
alejáronse al galope de las fuertes cabalgaduras que habían 
tomado. Juan Bermejo, terminadas ciertas diligencias, había 
de unirse a ellos para caer todos sobre el Nombre de Dios. 
El Maestre de campo empleó las prinjeras horas de aquella 
mañana en buscar y aderezar gente, armas y ganado para 
esta empresa, pregonó un bando para que todos los vecinos 
viniesen a alistarse bajo sus banderas, y manifestasen, bajo 
graves penas, las armas que tuviesen, y logró reclutar 14 o 
15 hombres, número que, de haber permanecido más tiempo 
en la ciudad hubiese sido mucho mayor; luego ocupóse en 
hacer entrega ante escribano del oro y joyas que posterior- 
mente habían tomado, a algunos vecinos respetables y merca- 
deres ricos, para que los guardasen hasta que les fuesen 
pedidos por él o por su príncipe. Este curioso procedimiento 
de depositar judicialmente y con formalidades legales tan 
mal ganadas riquezas, lo había ya puesto en práctica Her- 



- 139 — 

nando de Contreras con el ero del Rey que se encontró en 
poder de Anaya. Lo mismo entonces que ahora, empleáronle 
por evitar la detención que les ocasionaría el transportar tan 
enorme cantidad de metales preciosos y mercaderías a las 
naves de Pedro de Contreras; y nos prueba la poca estima 
en que tenían tales tesoros. El joven caballero había tomado 
parte en la rebelión, primero for vengarse de Valdivieso, y 
por salvar la vida a la desesperada luego de cometido su 
crimen; Juan Bermejo la había planeado por saciar sus desen- 
cadenadas ambiciones; así es que aquel río de oro y de plata 
que a las manos se les había venido, causábales hastío, y 
temían acaso que había de embarazar el logro de sus princi- 
pales v)bjetivos. 

Terminadas sus diligencias, Juan Bermejo, con el resto de 
la gente, que pasaba de 150 hombres, se dispuso a abando- 
nar aquella ciudad que debían haber considerado su más 
firme baluarte, caballeros en buenas muías que a su sabor 
tomaban, como antes sus compañeros lo habían hecho. Lleva- 
ban con ellos a Juan Gómez de Anaya, y por ser persona de 
calidad, dejáronle suelto en una muía y aun con ciertos escla 
vos a su servicio; a las diez de la mañana abandonaban el 
recinto que no nabían de volver a pisar, gritando con toda la 
fuerza de sus pulmones los acostumbrados vítores al Príncipe 
Hernando de Contreras, a su Maestre y a su ejército y mueras 
a los traidores. Cierto acontecimiento sucedió cuando salían, 
que, por curioso, refiere el Palentino de este modo. 

«Antes de que Juan Bermejo saliese de la ciudad estaban 
•las mujeres todas dentro en la Iglesia y consigo las criaturas 
»que l¿nian. Y como de los soldados era su común apellido; 

* mueran, mu ran traidores, debió ser que allá en la Iglesia las 
» mujeres entre si digesen; salgan, salgan traidores: y asi acaes- 
»cio, que salió de la Iglesia un niño de solos tres años y pro- 

* nuncio aquellas palabras, bien ansi c^mo Papagayo que imita 
»lo que oye. Y uno de los soldados puso mano a la espada 
•para el niño y le dio una cuchillada y si no se le quitaran le 
^acabara de matar* (1). 

Holgados respiraron los vecinos de Panamá cuando se 



(1 «Historia del Pera», parte segunda, cap. 8. 



140 



perdió en el horizonte la polvareda de los últimos restos del 
Ejército de la Libertad, del que solo uno o dos soldados 
quedaron o por enfermos o por no haber encontrado cabalga- 
dura, a más de tres frailes, dos de los cuales se refugiaron en 
la Iglesia y en el Monasterio de la Merced el otro. 

Y como, a medida que los alterados se alejaban, se alejaba 
también la idea de peligro, los vecinos comenzaron a rehacer- 
se de la sorpresa que había permitido a Hernando de Con- 
treras apoderarse con tan poca costa de la ciudad, y hablaron 
entre ellos, sobre todo ciertos soldados del Perú que estaban 
de paso para Nombre de Dios, de la posibilidad de rebelarse 
contra el duro yugo que unos pocos hombres desesperados 
les habían impuesto. Entendió de estas conversaciones el 
Teniente de Tesorero Martin Ruiz de Marchena y pensó en 
fomentarlas, para lo cual, cerrando su puerta, se hizo pasar 
por enfermo (para que nada sospechasen los que de Contre- 
ras habían quedado en la ciudad y aun ciertos vecinos afectos 
a su causa, que hubieran dado aviso a Bermejo, todavía no muy 
distante), después de lo cual, haciendo un boquete en la 
pared de su casa, salió por él, y comunicándose con ciertos 
amigos suyos, les dijo que él pensaba llevar la voz de Su 
Majestad y que para ello tenía 30 serones de coseletes y 30 
arcabuces (que eran las armas que había ocultado a los de la 
Libertad, con tanto riesgo de su persona); y siguiendo el fingi- 
miento de su enfermedad, hizo que, con motivo de eílj, 
viniesen a su casa algunos amigos, entre ellos Juan de Lares, el 
Doctor Meneses y el Alguacil Mayor, Villalva; juntos todos 
ellos, planearon el alzamiento y comenzaron a hacer un 
estandarte real con cierta tela rica que tenían; antes de que 
terminasen de hacerlo, sabiendo que los contrarios se habían 
dado cuenta de lo que se tramaba, enviaron aviso al Obispo 
de su proyecto y se echaron a la calle gritando: ¡Viva el Rey 
y mueran traidores! y recorrieron la ciudad con el estandarte 
y dos banderas proclamando el alzamiento al son de tambor 
y enviaron a llamar a Arias de Quevedo y a los vecinos que en 
gran número se habían refugiado en los arcabucos. La ciudad 
entera fué congregándose en torno de los alzados al clamor 
de las campanas de la Catedral, que, echadas al vuelo, anun- 
ciaban la liberación de la ciudad. 



141 - 



Y sucedió entre tanto que Pedro de Contreras, que había 
quedado en el puerto a la guarda de los navios, como en 
aquella tarde del lunes 21 de Abril de 1550 viese en la plaza 
revuelo de gentes y oyese gritos y estruendo de campanas, 
imaginó que todo ello se hacía por Hernando, su hermano, y 
como ardiese en deseo de saber lo que en la toma de la ciu- 
dad había ocurrido, envió un batel (armado y tripulado por 
negros, con un cañonéete de bronce), en el cual iban tres sol- 
dados portadores de una carta para el General. Luego que 
Marchena vio venir este batel, dispuso que cuantas personas 
en la playa había, gritasen ¡Viva Hernando de Contreras!, y 
con esta estratagema, llegándose confiados los tripulantes, 
fueron presos por los de la ciudad, los cuales se apoderaron 
también de la carta, que era la siguiente: 

En la cubierta dice: «A mi Señor Hernando de Contreras 
general del felicísimo campo de la libertad mi Señor» y el 
texto está concebido en estos términos: 

«Señor: anoche llegamos estos cavalleros i yo a los navios, 
»los quales se tomaron sin riesgo ninguno, i se sacaron todas 
>las velas, i las bircas se truxeron al navio donde yo estol. 
»Esta mañana entró en este puerto el galeón de Nicolao de 
»Ybarra que venia de la Buena Ventura i se tomó, no trae 
»nueva ninguna: un barco vino de Nata cargado de maíz y 
»aves, i parecióme que era menester el maíz i hice detener el 
«barco hasta ver lo que V. M. manda: este vatel va a tierra 
•solo a saber como fué a V. md. en la toma desa Cibdad i si 
»el de la Gasea ha pagado lo que devía: acá he sabido que el 
•Governador esta va en Las Cruces con el: en este navio que 
»vinn déla Buena Ventura truxo quatro soldados mui hombres 
»de bien i saben mandar un alcabuz, si allá los hai sobrados 
» V. md. nos enbie algunos; también se tomaron dos cotas i un 
>alcabuz que se repartió luego. 

»Todos estos cavalleros besan las manos de Vm. i yo las 
»de todos los de allá. 

^Servidor de Vm. Q. S. M. B. 
Pedro de Contreras» (1), 

(1) En la cubierta de esta carta, a más de la dirección expresada, se lee 
de otra letra: «A Hd* de Contreras de P° de Contreras, su hermano.» Este 



— 142 — 

Es en verdad curiosa esta comunicación en tan grave y 
respetuoso tenor redactada, que el mozo dirigía a su hermano, 
en cuya aventura estaba comprometido. Parece como si por 
juego de muchachos hubiesen ambos tomado los papeles de 
Príncipe y Almirante. Y, sin embargo, el uno mandaba verda- 
deros soldados, gobernaba el otro navios no menos reales y 
era muy serio el peligro que su vida entre tantas locuras 
corría. 

Vinieron por fin a Panamá los que escondidos andaban 
por los alrededores y, uniéndose a los alzados, formaron un 
núcleo como de 350 hombres. Los principales de ellos cele- 
braron consejo en las casas del Obispo y en esta reunión se 
expuso la conveniencia de tener la ciudad por el Rey, ya que 
seguramente Contreras y Bermejo serían derrotados en e! 
Nombre de Dios, donde había en abundancia gente y arma- 
mento, a más de lo cual, el Presidente no sería cogido de 
improviso como los de Panamá, pues estaba avisado por 
Lozano, que había burlado la vigilancia de los de Contreras, 
y por otros mensajeros que Gómez de Tapia había enviado 
por el río Chagre, La mayor parte de los reunidos, entre ellos 
Azevedo, Marchena y el Obispo, fueron de parecer de que 
continuase el alzamiento, y aunque hubo muchos que pensa- 
ban que primero se debía ver lo que sucedía a Hernando y a 
Bermejo en Nombre de Dios, se tomó aquella determinación. 

Todo lo que restaba de aquel día y aún toda la noche 
pasáronlo los del Rey disponiendo un ejército capaz de hacer 
resistencia al de la Libertad; eligieron por General de él a 
Marchena, y por su Maestre de campo, a un Alonso Caste- 
llanos, del Perú. Como los únicos que entre ellos había que 
fuesen verdaderos soldados eran los que estaban del Perú, 
de paso para Nombre de Dios, nombraron de entre ellos dos 
Cr.pitanes; de ios vecinos tomóse otro Capitán, y otro de 35 ó 



curioso documento fué enviado co?» otros al Consejo de Indias por el 
Presidente Gasea juntamente con la relación del alzamiento. Se conservó 
muchos años en el archivo de Simancas (Indias- 8— m), en donde D. Juan 
Bautista Muñoz lo hizo copiar muy cuiJadosamente para insertarlo en su 
colección (tomo 85 foiio 303;. Debajo de la copia dice: íContuli Siman- 
cas=l marzo 1783=Muñoz> (rubricado). Más adelante se trasladó esta 
carta, con el resto de la documentación, al Archivo de Indias. 



~ 143 - 

40 hombres recién venidos de Espafla, que, por ser gente 
maleante, el Gobernador de Tierra Firme no dejaba pasar a 
Nueva Castilla. 

Eran los dos Capitanes del Perú, Cristóbal de Cianea, 
hermano del oidor Cianea y Pedro de Salinas, que con La 
Gasea había venido de aquel país. El de la gente de Panamá 
llamábase Juan de Lares, y Paiomeque de Meneses, el de 
aquellos aventureros que detenidos estaban en Tierra Firme; 
reunidos después de la elección el General y los Oficiales en 
Consejo de guerra con el Obispo, acordaron comenzar a for- 
talecer la plaza al siguiente día y atacar aquella misma noche 
a la flota, anclada en el puerto, para que Pedro de Con- 
tieras no pudiese dar ayuda a su hermano en el caso de que 
éste tornase sobre Panamá. 

Con este objeto, aderezaron a la mayor diligencia cuatro 
lanchones que amarrados estaban cerca de tierra, pertrechán- 
dolos lo mejor que pudieron de gente escogida a las órdenes 
de Mafia el Arráez, Reinaltes, Diego Gaitán y Nicolás Zamo- 
rano, todos cuatro expertísimos en cosas de la mir. En el 
batel que capitaneaba Mafla llevaban, bien atadas las manos» 
a cierto soldado llamado Hortiz, que era uno de los que envió 
Pedro de Contreras con la carta a su hermano, y ei cual, hecho 
prisionero con los demás, lenia prometido hacer cuanto se le 
mandase y habíanle tomado como señuelo para que, con su 
voz, conocida de los de la flota, les hiciese creer que era gente 
de su partido la que llegaba y de este modo entrarles por sor 
presa. Cuando clareaba ya por el Oriente la negruía de 
aquella oscurísima noche, los del Rey arribaron al Espíritu 
Siinto, el galeón de D.* María, que destacaba imponente en el 
espacio su gallarda arboladura; el lanchón de Matla se pegó 
al costado y los otros colocáronse alrededor; las descuidadas 
gentes de Contreras dieron el ¿Quién vive?, al cual respondió 
el Hortiz: «¿Quien ha de vivir sino Hernando Contreras, 
Príncipe de la Libertad?, y por él está toda la tierra.» Cubrió 
se entonces la borda de soldados y entre ellos acudió Pedro 
de Contreras. Al principio, aunque asombrados de que torna 
sen cuatro barcos no habiendo enviado más ae uno, creyeron 
todos que sería gente de Hernando, pero, como pasaba el 
tiempo y no se oía voz conocida sino la de Hortiz, temiéronse 



144 — 



una emboscada y dijeron a los del lanchón que comenzaba ya 
a abordar el buque, que se hiciesen a lo largo; y, como en vez 
de hacerlo así embistiesen furiosamente los del Rey, Maese 
Benito de Zafra, Maestro de armas de la flota, derribó a 
Mafla de un rudo golpe de su partesana. Comenzó entonces 
un por/iadísimo combate en el cual los de la Libertad, que 
peleaban de alto a bajo, llevaren la mejor parte y aunque 
fueron heridos algunos, entre ellos el mismo Pedro de Con- 
treras, que con grande ahinco peleaba, se desquitaron matan- 
do a cinco de los contrarios e hiriendo a casi todos. Al cabo 
los del galeón discurrieron un nuevo modo de terminar la pelea 
y no fué sino arrojar con furia desde alto sobre el lanchón de 
Mafla grandes cubas de vino que presto le hicieron zozobrar 
y hubiéranse anegado cuantos en él iban a no ser socorridos 
por los demás; pero ya completamente desorganizados los 
atacantes, hubieron de tornar a Panamá con la pérdida de los 
cinco muertos en la refriega y de un soldado que se ahogó 
en el naufragio, a más de los heridos, algunos de los cuales 
lo estaban de mucho peligro, especialmente Mafla, que murió 
luego; y lo más curioso es que el Hórtiz, que estaba muy bien 
atado, pudo escabullirse cuando el lanchón se hundió y colar- 
se en el navio de los suyos. 

Pedro de Contreras, viendo que la ciudad de Panamá no 
estaba ya por su hermano, tuvo gran pesar, y cortando las 
amarras del navio, dióse a la vela y salió del puerto, después 
de dar aviso al fraile-capitán Castañeda, cuyo galeón se 
hallaba algo distante, de cuanto pasaba. Y todos aquellos días 
estuvieron merodeando por la costa procurando por todos los 
medios enterarse de lo que había sido del Ejército de la 
Libertad. 

Luego que amaneció el martes 22 de Abril, juntáronse 
todos los vecinos y soldados de la ciudad y después de oir 
misa y bendecir las banderas, comenzaron a organizar la 
defensa; para ella, por consejo del Obispo, se comenzó a forti- 
ficar la Plaza Mayor, cerrando las bocacalles con un baluarte, 
y se dispuso que en el centro del recinto y en las ventanas se 
colocasen los negros (que eran muchos, pues habían acudido 
los de las estancias inmediatas a la ciudad al toque de las 
campanas), y que viejos, mujeres y niños, se encerrasen en 



— 145 — 

la Iglesia. Cuando esto se disponía, el Capitán Cristóbal de 
Cianea propuso al consejo la utilidad de caer aquella noche so 
bre la gente que Salguero había llevado a Las Cruces y él mis- 
mo prometió que si le diesen 40 soldados y oíros tantos negros, 
haría aquella noche encamisada (procedimiento muy usado 
por los españoles del XVI en las guerras) y traería las cabe 
zas de Salguero y de los suyos. Aunque al principio negóse 
a esta pretensión Martín Ruiz de Marchena, tanto importunó 
el bueno del Capitán, que el Jefe hubo de acceder a ello, y 
tomando Cianea 40 soldados de su compañía y de las demás, 
e igual número de negros, cubiertos todos de camisas blan- 
cas, para distinguirse de los contrarios en la oscuridad de la 
noche, salió al atardecer por el camino de Las Cruces. 

Ya muy adelante del camino, salióles al encuentro un 
estanciero portugués muy conocedor de aquella tierra, que 
venía a guarecerse a Panamá, y como conoció que era gente 
del Rey, les avisó de que el mayor núcleo de los alterados 
que habían ido contra Nombre de Dios, tornaba sobre Pa- 
namá. El Capitán Cianea, en vista de esta noticia, hiblóa los 
suyos de como le parecía lo más oportuno el volver a la 
ciudad para dar noticia a sus defensores, que estarían des- 
cuidados y para reforzarlos con su ayuda; díjoles también 
para persuadirles: «que considerasen que en la resistencia de 
» Panamá estaba toda la fuerza y fortaleza del Perú, donde los 
«tiranos tenían determinado pasar: y que en esto sin duda ser- 
»virian grandemente a Dios y a su Rey, y que pasar de allí 
^(teniendo por cierta la nueva) le. parecía hecho temerario e 
»inconsiderable.» Y todos los soldados, en vista de este dis- 
curso, acordaron volver a Panamá. 

Hallábase la gente en el mayor descuido creyendo que los 
revoltosos, deshechrs seguramente por los de La Gasea, no 
volverían (de haber sabido los mercaderes de la ciudad que 
iban a volver, no hubieran osado alzarse contra ellos) y a tal 
punto llegaba su imprevisión, que no habían comenzado a mu- 
rar sino una de las bocacalles; ya entrada la noche, llegó el Ca- 
pitán Cianea y, reuniendo al Obispo, al General y a los demás 
Capitanes, les comunicó las nuevas del estanciero que eo¡i él 
venía. Agradeciéronle todos con las mayores muestras el 
aviso y comenzaron con grandísima actividad a prevenir a los 

10 



— 146 — 



negros (a los que ofrecieron la libertad y otras mercedes) y a 
murar la plaza, pero con todo, no habían terminado de barrí- 
car sino la bocacalle que daba al camino de Capira cuando a 
la media noche tocaron alarma los centinelas y llegaron cier- 
tos vigías que apostados estaban, anunciando que un gran 
destacamento de los contrarios venía sobre Panamá, bien 
ordenado y con Juan Bermejo al frente. 



CAPÍTULO XII 

SUCESOS DEL CAPITÁN RODRIGO SALGUERO EN EL 
PORTEZUELO DE LAS CRUCES.-ANDANZAS DE HER- 
NANDO DE CONTRERAS.-JUAN BERMEJO, DESDE LA 
VENTA DE LAS JUNTAS, DECIDE VOLVER A PANAMÁ. 
SEGUNDO ATAQUE A LA CIUDAD —RETIRADA DE 
LOS ASALTANTES-DIABÓLICOS PLANES DEL MAES- 
TRE.-LOS DE PANAMÁ DECIDEN SALIR EN BUSCA 
DE LOS SUBLEVAD03.-C0MBATE DEL CERRO.~TRE- 
MENDA JUSTICIA QUE DE EL SE SIGUIÓ 

Hemos de reseñar someramente, antes de pasar adelante, 
las andanzas de los tres grupos en que por su mal, se dividió 
el pequeño ejército de Hernando de Contreras; la primera de 
las fracciones que se disgregaron en la madrugada del 21 de 
Abril, fué la del Capitán Rodrigo Salguero, el cual, con sus 22 
arcabuceros, llegó al buen andar de sus muías al puerto de 
Las Cruces, en el medio día del mismo lunes. Fué su primer 
cuidado el saber si el Presidente y el Gobernador permane- 
cían todavía allí y con rabia supieron que eran partidos desde 
el día anterior, -mbarcados por el Río Chagre en dirección al 
mar,-para llegar a Nombre de Dios (que parecía que La Gasea, 
aún ignorante de todos estos sucesos, iba huyendo de los 
conjurados, de lo cual fué causa la buena estrella, que para 
bien de España acompañó al Licenciado en todas sus aven 
turas), pero si bien no hallaron a los que buscaban, pudieron 
en cambio adueñarse de copiosísimas riquezas que la fortuna 
les entregaba, como en compensación de su frustrada venganza. 

En el Río Chagre, en cuya ribera está situado el portezuelo 
de Las Cruces, hallaron un barco cargado de plata que estaba 
apercibido a partir con dirección a Nombre de Dios, y toma- 
ron dos partidas que sumaban más de 50 cargas o sean unas 



— 148 — 

550 barras de aquel metal. Además, en la aduana de Las 
Cruces, que era muy concurrida, por servir este punto de 
comunicación por el C hagre entre Panamá, en el Pacifico, y el 
Nombre de Dios, en el Atlántico, encontraron un importante 
depósito de mercaderías y pasaron el resto de aque! dia y 
casi todo el martes, tomando para vestirse las más visto- 
sas sedas y los más ricos paños y lienzos que en las cuevas 
de la aduana los mercaderes guardaban, y consumieron en 
alegres francachelas gran parte de los víveres, conservas y 
vinos generosos que allí mismo hallaron (lo cual fué mante- 
nerse y engalanarse para la muerte). Y es curioso el que no 
tomasen a su libertad de estas cosas, sino que las pagasen 
con la plata del Rey, de la cual se mostraban tan pródigos que 
fueron muchas barras a poder de los vecinos y aun de los 
negros que les servían (1). 

En la noche de aquel martes, 22 de Abril, tomaron Sal- 
guero y los suyos las muías que le fueron menester de los 
vecinos y mercaderes y montaron en ellas, llevando delante 
cargadas de plata las que habían traído de Panamá; de tal 
guisa, emprendieron la jornada a la última de estas ciudades. 

Hernando de Contreras y sus hombres partieron, como 
tenemos dicho, al galope, por ver de alcanzar a aquel Lozano 
que llevaba aviso a Nombre de Dios, llegaron con esta pre- 
mura a la venta de Chagre, que pertenecía a Lozano, pensan- 
do que en ella su dueño se habría detenido algún tanto, pero 
allí supieron que el leal emisario no había hecho sino mudar 
de cabalgadura, cuya nueva (que les quitaba toda esperanza 
de caer por sorpresa sobre Nombre de Dios) dio tanto enojo 
a Contreras, que quiso quemar el edificio y así lo hiciera a no 
ser porque sus soldados le dijeron que aquella venta era muy 
neces iria a Juan Bermejo cuando con el resto de la gente 
pasase por allí para unirse a ellos. Y estando para partir, 
prendieron a un hombre llamado Francisco González, al cual 
Gómez de Tapia (que había huido aquella noche de Panamá 



(1) «Hacía Salguero tan grandes liberalidades corno si fuera un Alejan- 
dro Mjgno, que no !e era más dificultoso dar una barra y dos de plata, que 
valían quinientos pesos que diera otro un real» (Calvete de Estrella, obra 
citada, libro 5.°, capítulo 3°) Esto prueba el poco aprecio que, como ya 
hemos indicado, bacía de las riquezas ios de Hernando de Contreras. 



— 149 — 

para dar aviso al Presidente por el río Chagre), enviaba 
desde Las Cruces para que fuese por tierra a Nombre de 
Dios, pues de esta manera creía este celoso ciudadano que 
por alguno de ellos no faltaría aviso al Presidente; apoderá- 
ronse, pues, los alterados de este mensajero, y como le toma 
ron la carta para Gasea, condenáronle a muerte y ordenaron a 
Juan Griego y a Gómez Contreras (que era criado de Hernán 
do) que lo ahorcase, como asi lo hicieron, y pusiéronle a los 
pies, de letra, seyún se dice de Hernando de Contreras, un 
rótulo que decía: «Este hombre se ahorcó porque llevaba 
aviso al de La Gasea.» En este punto les alcanzaron Altami- 
rano, Benavides y otros de los suyos que se les unieron. 

Llegados a las ventas de las Juntas, ei cruel Landa, que se 
habia adelantado, dio muerte, por un fútil motivo, a un pobre 
mulatillo de doce o trece años, esclavo de Cristóbal Gutiérrez, 
Regidor de Plasencia (1). En esta venta se detuvieron a cenar 
y reposar algún rat> de aquella noche del 21 de Abril, pues 
los soldados, que habían pasado en vela la azarosa noche 
antecedente, necesitaban descanso. Poco durmió en este 
tiempo Hernando, sino que pasó casi todo él departiendo 
con un mercader vecino de Panamá llamado Gibraleón y con 
Diego de Almaraz (hijo del contador Alonso de Almaraz) que 
en la venta se hallaban, y como mozo imprudente, hablóles 
por extenso de sus intentos y de sus ambiciones, y descubrió- 
les todo el volcán de ira y rencor que habían encendido en su 
pecho las persecuciones por su familia sufridas. Hab'ó luego 
del Rey con tanto apasionamiento y libertad, que sus pacífi- 
cos oyentes temblaban y les parecía que con solo oir aquellos 
desacatos quedaban complicados en un crimen de lesa majes- 
tad; dijo entre otras razones el brioso hidalgo, que el Rey 



(1) De estas crueldades se registran algunas tn los breves fastos del 
Ejército de la Libertad, compuesto de gente desalmada y sin freno. Desde 
el Realejo hasta Panamá, Juan Bermejo (tan discípulo en esto como en 
otras cosas, de Carvajal) hizo ahorcar tres hombres que creía contrarios al 
alzamiento. Cuenta Gasea, que habiendo preguntado Landa (que como 
decimoi se había adelantado) al mulatillo el paradero de Cristóbal Gutié- 
rrez, su dueño, el niño le señaló unas matas donde el Re^^iJor se escon- 
dida. Fué allá Landd, y encontrando sólo su espadi, hizo ahorcar en un 
árbol al esclavo, diciendo que había mentido. 



— 150 — 



había despojado a los Contreras de las provincias de Tierra 
Firme y Nicaragua, que su abuelo Pedrarias había conquis- 
tado a costa de su sudor y de su sangre y cuyas ciudades 
había poblado, y luego de todo, el reino del Perú, que se 
ganó también por la diligencia de este su abuelo, el cual 
envió a Pizarro y Almagro a la conquista. Que no contento 
con usurparles estos vastos y riquísimos territorios, cuya 
corona habían de ceñir en adelante los Contreras por su 
esfuerzo. Su Majestad había privado a sus padres poco antes 
del gobierno de Nicaragua y de cuantos repartimientos de 

indios tenían <aQue el le daría a entende)- como de otra 

manera se habían de traillar los cavalleros» (1). 

En estas y otras razones transcurrió aquel descanso, y 
luego el llamado Príncipe de Cuzco con sus hombres siguió 
el camino de Nombre de Dios, hasta llegar al comienzo de la 
bajada de Capira, a tres leguas y media de este pueblo, y allí 
se detuvieron en punto tan estratégico que, para defender 
desde él el paso contra los que viniesen del puerto, bastaba 
muy poca gente. 

Cerraron luego el camino con troncos, ramas y follaje, 
formando una especie de fortín, desde el cual podían a su 
salvo disparar los arcabuces contra los que pretendiesen subir 
la cuesta, y completaron tan rústica fortificación cortando 
árboles y maleza (que era espesísima en aquel paraje tropical 
y casi virgen), y abriendo entre los matorrales una trocha, 
ancha de tres o cuatro pasos, y larga de un tiro de arcabuz, 
que iba desde el fuerte hasta una revuelta que hace el cami- 
no, y que tenía por objeto el poder apuntar los arcabuceros 
desde su guarida a cuantos lograsen pasar a esta revuelta. Y 
concluida su obra> que les empleó casi todo el día del martes, 
pasaron aquella noche en el cobijo de aquella selva frondosí- 
sima, vigilando el paso y en espera de Juan Bermejo. Quijada 
y Chaves, que se les unieron en este punto, les comunicaron 
cómo Juan Bermejo venía ya en su seguimiento. 

El Maestre de Campo, que fué, como a su tiempo vimos, 
el último en abandonar la ciudad, había tomado en la mañana 
del lunes el camino de Nombre de Dios, llevando consigo a 



(1) Véase la carta citada de D. Pedro de la Gasea. 



— 151 — 

Juan Gómez de Anaya; como iba embarazado con el mayor 
número de gente, y no llevaba la prisa de Hernando de Con- 
treras, no llegó a la venta de Chagre hasta anochecido. En 
esta venta no hubiera querido detenerse Bermejo sino a cenar, 
pero estaba su gente tan rendida de las fatigas de la noche 
pasada, que le fué forzoso quedarse allí a dormir, mal de su 
grado; al dia siguiente continuaron su camino hasta las Juntas, 
y en este punto tuvo el caudillo noticia de la mucha gente y 
armas que en Nombre de Dios había, y de cómo el Presiden- 
te y el Gobernador estarían ya prevenidos por Lozano; en 
vista de esto, Juan Bermejo temió un seguro descalabro, si 
con tan poca gente intentaba la empresa, y como los soldados, 
que también habían husmeado las malas nuevas, se negaban 
a pasar adelante, hubo de cambiar de plan. Así determinó 
volver sobre Panamá, de cuyo retorno a! Real servicio aún no 
sabía. Escribió Juan Bermejo una carta a Hernando, en la cual 
decíale que, luego de recibirla, volviese a Panamá, como él 
hacía, porque de poner en ejecución su proyecto serian sin 
remedio desbaratados; no obstante, aconsejaba al mozo su 
experto maestre que procurase dejar defendido el paso de 
Capira, y le daba cuenta de como él, llegado a Panamá, había 
de prevenir a Pedro de Contreras para que tuviese a punto 
los bajeles para trasladar a ellos los tesoros y cuantas armas, 
municiones y víveres encontrasen, y que, ya reunidos, po 
drían embarcarse y caer sobre el Perú. 

Tornaron grupas los de Bermejo y, como llevaban tan 
buenas muías y se cuidaban tan poco de ellas (pues tanto 
fatigaron a estas bestias los soldados de la Libertad en el 
tiempo en que las hubieron menester, que muchas murieron 
y otras quedaron largo tiempo inútiles), anduvieron aquel 
día 14 leguas y llegaron de noche a Panamá sin saber aún 
del alzamiento de los vecinos. «Antes se volvían, dice en su 
carta el Presidente La Gasea, con tanto descuido como hom- 
bres que pensaban que se volvían a sus casas.* Y de esta 
manera, tranquilos y confiados, deseando llegar a su destino 
para descansar de tan fatigosas marchas por un país salvaje, 
llegaron a una cruz que estaba a media legua de las primeras 
casas y fueron vistos por uno de los vigías que allí estaban, 
el cual, sin cuidarse de su compañero que dormía, corrió a 



— Í52 — 

dar aviso a la ciudad. Preso el durmiente, les puso pronto eñ 
autos de cuanto pasaba. 

En aquella jornada mostróse Juan Bermejo valentísimo y 
entendido Capitán y justificó la fama que había dejado en el 
Perú de aprendiz muy aventajado del sefior Francisco de Car- 
vajal; así es que, sin desanimarse un punto por el suceso de 
haberle fallado e! único baluarte con que en la tierra contaba, 
procuró infundir en los soldados su resolución de perder la 
vida o tornar a ganar la ciudad, y les dijo «que no lo tuviesen 
en nada, que en toda ella no había sino tres indios, y que fá- 
cilmente la volverían a cobrar y a castigar los que habían te- 
nido atrevimiento de ponerse en armas». Sus secuaces, ar- 
diendo en ira, juraron hacerlo así o morir, y el jefe, luego de 
ponerles en orden, dio la señal de marcha y se puso al frente. 
Mientras marchaban sobre Panamá les repetía «que no temie- 
sen los contrarios, pues eran pusilánimes y de poca suerte, y 
luego se le rendirían», y con esto entraron en la ciudad muy 
apresurada y sigilosamente. 

La mala estrella que perseguía a los libertarios desde que 
abandonaron su fácil conquista, hizo ahora que penetrasen en 
ella por la única bocacalle que los vecinos habían murado, 
de manera que Bermejo y los suyos, al llegar a la plaza prin- 
cipal donde los defensores se habían hecho fuertes, toparon 
con una recia valla que paró y desordenó el ímpetu de sus 
bien dispuestas filas; cayó luego sobre ellos una nube de 
piedras que desde el centro del recinto los negros les arroja- 
ban y no pocos tiros de arcabuz y de ballesta; atacaron con 
bríos los asaltantes y trabóse empeñadísima y desigual pelea, 
en la cual Juan Bermejo con alguno de los suyos logró poner 
se de pies en la barrera con ánimo de saltar dentro del recin- 
to, pero la multitud de los contrarios se lo impidió, y aunque 
pelearon todavía largo rato, rendidos de fatiga los de Berme- 
jo, y comprendiendo que sería imposible todo esfuerzo contra 
la gente del Rey, que a más de ser muy superior en número, 
peleaba a su salvo tras la barrera y que les habían muerto dos 
hombres y malherido a muchos, decidieron retirarse y lo 
hicieron tan apretados y con tanta serenidad y orden, que el 
enemigo no osó atacarles ni perseguirles. 

Detuviéronse los de la Libertad junto a un río, a un cuarto 



— 153 — 

de legua de Panamá y pasaron allí en vela el resto de la 
noche, pensando que del recinto saldrían algunos de los que 
había en él de su opinión a unirse con ellos. 

Enviaron un mensajero a Hernando de Contreras para que 
se apresurase a venir y otro a Salguero, dándole cuenta de 
lo sucedido y ordenándole que a ellos se uniese con breve 
dad; lo que quedaba de noche lo pasaron discurriendo ia 
manera de ganarlo perdido, y de la mente diabólica de Juan 
Bermejo surgió un astuto proyecto que fué aprobado con en 
tusiasmo. Consistía en caer a la noche siguiente sobre la 
ciudad de Panamá y, divididos en varios grupos, prenderla 
fuego por cinco o seis partes, contando con que arderían las 
casas como yesca, pues eran en su mayor parte de madera 
con techo de bálago. Una vez que el incendio hubiese esta- 
llado, vecinos y mercaderes correrían cada uno a su casa para 
poner en salvo hacienda y familia, y aun de los soldados del 
Perú que estaban de paso, acudirían muchos a sus posadas 
para poner en recaudo cuanto poseían. Entonces, al resplan- 
dor del incendio y en medio de la confusión, penetrarían los 
atacantes en la ciudad por dos o tres lados y, bien ordenados 
entre tanto desorden, la habían de tomar fácilmente. Y Juan 
Bermejo y los suyos hicieron solemnemente el sacrilego jura- 
mento de pasar a cuchillo a los defensores, sin dejar con 
vida a hombre ni mujer que pasase de doce años. 

Todos estos propósitos oía y entendía el tesorero Juan 
Gómez de Anaya, el cual, desde que lo prendieron, había 
estado entre ellos muy guardado, sin haber podido huir; fácil- 
mente nos podemos imaginar con cuánta ansiedad y terror se 
daría cuenta del bien tramado plan de Bermejo, y con cuánto 
desaliento calcularía sus probabilidades de éxito, que eran 
muchas, estando como estaban desprevenidos los vecinos, y 
cómo desearía apercibirles; torturando su imaginación, hailó 
por fin un modo de avisarles, que fué el siguiente: Habló sigi- 
losamente a un negro, su esclavo, y le ordenó que fingiese 
huir de él, y llegando a la ciudad, avisase a los defensores de 
ella del designio y del juramento de los de Bermejo. Cuando 
estuvo el fiel negro algo distante, comenzó a clamar Anaya, 
diciendo que un su negro se fugaba, pero los soldados esta- 
ban hartos preocupados para hacer caso de que a su prisio- 



— 154 — 

ñero se le escapase o no un esclavo y éste pudo a su salvo 
entrar en Panamá. 

Llegada la mañana del miércoles 23 de Abril, día del Señor 
San Jorge de aquel año de 1550, el pequeño ejército se trasla- 
dó a una estancia de vacas y gallinas que un vecino tenía a 
media legua de la ciudad, y los soldados mataron para comer 
no pocas de las aves, y se acomodaron para aguardar allí la 
noche. 

Entretanto, aquella misma mañana, los del Rey celebraron 
consejo para determinar lo que habían de hacer, y sobre ello 
hubo muy discordes opiniones; el general Ruiz de Marchena, 
el Maestre de Campo Alonso Castellanos y el bravo Arias de 
Azevedo, fueron de parecer que se había de salir contra el 
enemigo, y pues tenían sobre él la superioridad numérica, pro 
curar derrotarle y ahuyentarle de manera que no pudiese a la 
noche poner en práctica su propósito, del que estaban entera- 
dos por el esclavo de Anaya; pero el Obispo y los más (Mer 
caderes y vecinos pacificos no muy sobrados de bravura), 
opinaron que no se desamparase la ciudad, en la cual estaban 
fuertes y que procurasen defenderse en ella hasta que llegase 
socorro del Nunibre de Dios. Después de comer tornaron a 
reunirse, y como siguiese la divergencia de opiniones, habló el 
fogoso Capitán Cristóbal de Cianea y dijo: «que era harto 
mejor ir derecho a los enemigos y darles batalla assi por 
estar pujantes para ello como por no mostrar flaqueza (cosa 
de que mucho se anima el enemigo)». Hablóles del riesgo de 
que incendiasen la ciudad, cosa difícil de impedir por lo muy 
esparcidas que estaban las casas, y sobre todo, les dijo que 
si esperaban un solo día en dar la batalla, darían lugar a que 
se uniesen a los contrarios los de su bando que habían ido a 
Capira y a Las Cruces, entre ellos muy buenos soldados y 
aun el mismo a quien llamaban Príncipe, cuya presencia no 
poco les alentaría. Convencidos los del Rey por estas razo- 
nes, determinaron pelear contra Bermejo; salieron, pues, aque- 
lla tarde de la ciudad en buen orden, en número de 300 sol- 
dados bien armados y 280 negros mandados por españoles y 
provistos de piedras, lanzas y ballestas. 

Juan Bermejo asombróse al ver la gente que sobre él 
venía, pues nunca creyó que hubiese tanta en Panamá, y de- 



- 155 - 

seandosuplir porlaposición su inferioridad numérica(no llega- 
ban los suyos a 200 soldados mal armados), abandonó la están ■ 
cía para haceise fuerte en un cerro próximo; al tiempo de que 
pasaban al cerro, que está junto a un río que llaman de las 
Lavanderas, vieron que se les llegaban muchas acémilas car- 
gadas de plata, presente que la foriuna en aquella ocasión, 
como burla, les rendía. Y no eran sino ¡a«. que el Capitán Sal- 
guero cargó en las Cruces con el tesoro del Rey que allí 
encontró, pues viniendo este Capitán con la plata hacia Pana- 
má en la mañana de este mismo día, topó con el mensajero de 
Bermejo, el cual le dio cuenta de lo sucedido. Con esta nueva 
desorganizóse la gente de Salguero, y mientras algunos de 
sus soldados huyeron a la orilla del mar, donde fueron reco- 
gidos por las lanchas que Pedro de Contreras tenía al efecto 
dispuestas recorriendo las riberas, otros con el Capitán fue- 
ron en ayuda de Bermejo y se unieron a él antes de comenzar 
el combate; las muías, de las que ya nadie se cuidaba, toma- 
ron solas el camino de Panamj, que tan bien conocían, y las 
pobres bestias llegaron en tal ocasión al pie del cerro donde 
espantadas luego del estruendo de los arcabuces, dejaron caer 
al río y entre la maleza gran parte de su preciosa carga. 

Los de la ciudad, después de haber deliberado un momen 
to, dispusieron que los negros subiesen a un cerrillo que es 
taba próximo al del enemigo, para desde allí acosarle con las 
piedras y las ballestas, mientras tanto, bien dispuestos, co- 
menzaron a subir el cerro, aunque era tal el miedo que 
Bermejo les causaba, que la mayor parte march^^ban temblan 
do y llenos de pavor y desaliento. Juan Bermejo, como vio 
que las avanzadas de los del Rey ya se les llegaban, loco de 
furor tiró una alabarda que traía, y, arrojándose en el suelo, 
mordía la tierra como un endemoniado, babeando de rabia; 
luego se puso de pie, tomó briosamente su alabarda, e irguien- 
do su gallarda figura, con airoso y varonil continente, dijo a 
sus soldados: «Ea, c^.valleros, que este es el día en que hemos 
de ganar honrra. Por que esta gente es desconcertada y sin 
ánimo, y unos merchantes viles.» 

Los de la ciudad, que no mostraban mucho deseo de 
pelear, gritábanles que se rindiesen y serían perdonados, pero 
Bermejo y los suyos, sin oírles, arrojáronse sobre ellos desde 



- 156 — 

la cumbre del cerrillo con tanta pujanza, que mataron al Maes- 
tre de Campo Castellanos, al Alférez Mariana, de la compañía 
del Capitán Meneses, y al Sargento Reinaltes, e hirieron a 
muchos, entre ellos al mismo Marchena, hasta ponerles en la 
más desordenada fuga, salvo cinco o seis soldados del Perú, 
que siguieron peleando aigún trecho, y que al cabo viendo 
que nadie les apoyaba, huyeron también. A los negros, que 
les habían acometido por ia espalda, atacaron con tal brío los 
de Bermejo, que les pusieron presto en retirada, tomando el 
cerrillo que ocupaban. 

Tan rápida fué la derrota y tan desordenada la huida del 
flamante ejército de los lea'esque, engañando a Bermejo^ 
fueron la causa de su perdición, pues este caudillo pensó que 
tan acelerada y pronta fuga no era sino ardid de guerra para 
atraerles a alguna emboscada, y dejó de perseguirles; que si 
lo hiciera, en el desorden en que estaban, le fuera facilísimo 
deshacerles por completo hasta dejar pocos con vida y entrar 
triunfante por segunda vez en Panamá. Pero la Providencia 
parece que en esta, como en otras ocasiones, quiso cegar a tan 
experto soldado para librar a la ciudad de su duro yugo y de 
su tremenda venganza. 

Celebraron consulta los vencidos que se habían tornado 
a aglomerar y causóles gran vergüenza el pensamiento de su 
huida ante unos pocos hombres, rabiosos como fieras acorra- 
ladas; esta vergüenza y las excitaciones del General y de los 
jefes fueron bastante a encender la sangre a les medrosos de 
tal manera, que determinaron borrar con su bravura el baldón 
de la anterior derrota y mostrarse al enemigo como hombres 
de muy diverso temple de ios que antes había visto. Para 
animar a los negros se puso a su frente Arias de Azevedo, 
que era de ellos respeíadísimo, y el cual, tomando por la es- 
palda a los de Bermejo, distrajo su atención con la nube de 
piedras y flechas que sobre ellos hizo disparar, al tiempo en 
que el resto de la gente del Rey, especialmente los soldados 
que había del Perú, les acometían con tanto denuedo y tanta 
fortuna que consiguieron desbaratarles en brevísimo tiempo 
(menos de medio cuarto de hora), y desde este punto la bata- 
lla convirtióse en matanza de los de la Libertad, Juan Berme 
jo, que con sus inauditas proezas y sus palabras animaba a 



— 157 - 

su gente, cayó herido de un arcabuzazo y arrojándose sobre 
él su prisionero Juan Gómez de Anaya (que se había escapado 
ai tiempo en que sus guardadores apresurados escalaban el 
cerro y que había peleado en el segundo combate con gran 
valor), le remató a lanzadas. Muerte digna de la grande bra- 
vura de este extremeño, que sin ella, por sola sus maldades, 
hubiera merecido acaso otra menos honrosa. Los demás sol 
dados peleaban con no menor valentía que su jefe, y los más, 
aun desjarretados, cubiertos de sangre y tendidos en el suelo, 
seguían luchando sin pedir tregua a sus contrarios, que como 
a alimañas le daban muerte. Distinguióse entre todos un sol- 
dado que fué en tiempos sacristán de Panamá y a quien el 
Obispo había desterrado, el cual, herido de varias heridas 
mortales, y desangrándose del todo por ellas, mantuvo a raya 
a muchos con un montante que tenía. Pero sin que les valiese 
su valor a los sublevados, presos o muertos todos ellos (salvo 
unos pocos que lograron huir a! mar y fueron recogidos por 
los bateles de Pedro de Contreras), quedó la victoria por los 
de Panamá. 

De los que seguían la causa de Hernando de Contreras 
murieron en aquella jornada cerca de 100 hombres, entre 
ellos Juan Bermejo, alma de la empresa, el Capitán Rodrigo 
Salguero y Benavides y muchos otros de los principales. 

De los ciudadanos no murieron sino los que hemos dicho 
y otros dos hombres, y aun éstos no de heridas, sino sofoca 
dos al subir el cerro (que es empinado y escabroso), por el 
gran calor que aquella tarde hacía. Y es fama que los despo- 
jos de aquellos aventureros de la Libertad, que con tan inau- 
dita bravura se habían defendido, quedaron tan despedaza- 
dos, que era cosa tremenda de ver; pues los negros, contentos 
de poder maltratar a su salvo gentes de una raza superior y 
odiada, ensañábanse con los cuerpos de los vencidos. 

Tal fué la batalla del cerro (que desde entonces se deno- 
minó cerro de la Matanza), que dio al traste con el poder de 
los Contreras y liberó la ciudad de Panamá. Hubo en ella 
grandes hazañas por parte de los alterados y aun por la de 
los vecinos, no tan acostumbrados a guerreros trances. Lásti- 
ma que estos deslustraran su victoria con el sangriento epílo- 
go que la dieran, y que la razón, aún acostumbrada al relato 



- 158 - 

de las crueldades estupendas de los alzamientos del Perú, se 
resiste a creer. Sucedió que los del Rey, después del combate 
llevaran sus prisioneros a Panamá, y en los patios de las 
casas del Gobernador dejáronles bien sujetos a ciertos postes 
de madera, y al atardecer, mientras los soldados victoriosos, 
ya sosegados, cenaban alegremente, entró en aquel patio el 
alguacil mayor Alonso de Villalva con dos negros, y llegán- 
dose a cada uno de los que atados estaban, les fueran todos 
tres dando muerte a puñaladas, a sangre fría y con la más 
terrible crueldad que se puede pensar, pues los desventura- 
dos pedían confesión a grandes voces, y algunos gritaban 
diciendo: ^que los demonios estaban asidos dellos y que los 
veian visiblemente*, pero sin curar de tales clamores el Al 
guacil Villalva y sus negros se daban tanta prisa en su tarea, 
que cuando les pusieron coto (parece que este malvado obra- 
ba por su propia iniciativa), habían dado muerte a muchos y 
aun se extremó la inhumanidad con estos pobres ajusticiados 
aun después de su muerte, pues no querían los de la ciudad 
enterrarles en sagrado por haber muerto sin confesión^ aun- 
que con tanta instancia la pedían, y sepultáronlos en las are- 
nas de la playa que bate el mar, pequeño en su inmensidad, 
comparado con la misericordia de Dios, que sin duda se apia- 
dó de las almas de aquellos infelices Los que salieron vivos 
de las manos de Villalva fueron ahorcados de diez en diez por 
los montes cercanos (1). 

Tal fué el terrible final de la jornada que conmemoró du- 
rante muchos años la ciudad de Panamá celebrando con gran 
solemnidad la fiesta de San Jorge, en memoria de la de aquel 
año de 1950. 



(I) El Presidente calla en su epístola los pormenorcB de esta tragedia 
de la cual lo» cronistas contemporáneos dan numerosos detalles. 



CAPÍTULO XIII 

HERNANDO DE CONTRERAS, CAMINO DE PANAMÁ, 
SABE LA NUEVA DEL DESASTRE DE BERMEJO.-HUI 
DA DEL MOZO CON TRES DE SUS LEALES. PRISIÓN 
DE ESTOS Y MISTERIOSO FIN DE HERNANDO— PEDRO 
DE CONTRERAS Y EL FRAILE CAPITÁN, HUYEN CON 
DOS GALEONES.— NICOLÁS ZAMORANO TOMA LOS 
NAVIOS.-ALGUNOS DE LOS FUGITIVOS, CON SUS 
JEFES, LOGRAN ESCAPAR, INTERNÁNDOSE EN LA 
SELVA.- CAPTURA DE LOS DESTACADOS EN CAPIRA. 
MUERTE DE ALTAMIRANO 

En su fortín del bosque de Capira recibió Hernando de 
Contreras, la mañana del miércoles, el mensajero que Juan 
Bermejo había despachado desde las Juntas y leyó los ren- 
glones en que su Maestre de campo le decía cómo él se tor- 
naba hacia Panamá, pues la empresa de Nombre de Dios era 
imposible; el caballero tornó a despachar al emisario a quien 
le había enviado, indicando en una carta que le parecía bien 
lo que Bermejo escribía, que era su deseo el que éste se vol- 
viese con la gente a aquella ciudad, pues presto él haría lo 
mismo. Le ordenaba también que publicase en Panamá que 
el puerto de Nombre de Dios había caído en su poder y que 
habían muerto en la refriega el Presidente Gasea y el Gober- 
nador Clavijo. 

Partido el mensajero, a poco emprendió el mismo camino 
Hernando de Contreras, tomando para que le acompañasen a 
Altamirano, a Chaves y a Quijada, muy conocedores del país, 
dejando por jefe del fuerte a Juan de Herrera con el resto de 
la gente (15 o 16 hombres) y con 61 encargo de atisbar si 
venía alguna tropa de Nombre de Dios y de dar aviso, sí 
desde aquel punto dominante no pudiese resistirla. Los cuatro 



— 160 — 

viajeros llegaron aquella noche a la venta de Chagra, en la 
cual durmieron, y como, ya abandonada la empresa de Nom- 
bre de Dios, no la hub'esen menester y deseasen tomar ven- 
ganza en sus muros del aviso que había llevado al Presidente 
aquel Lozano, su dueño, en la mañana del jueves, antes de 
partir la prendieron fuego con ^anto en ella se guardaba; 
caminando aquel día supieron la pérdida de Panamá y luego 
la derrota y la muerte de Juan Bermejo; detuvo el mozo su jor- 
nada abrumado por tales noticias; comenzó a discurrir con sus 
leales lo que habían de hacer, no ya para restaurar sus altas 
ambiciones, sino para salvar la vida, pues sabían que les 
habían de dar caza como a fieras, y al cabo determinaron 
llegar al mar y subir la costa arriba en dirección a Nata, por 
ver si atisbaban los navios de Pedro de Contreras y lograban 
guarecerse en ellos. 

La misma noche del jueves, el malaventurado Príncipe de 
la Libertad pasaba sigilosamente con sus tres acompañantes 
y algunos indios muy cerca de la ciudad de Panamá, que 
poco antes creía suya todavía; y luego de abandonar, por 
inútiles, las cabalgaduras, llegaba a la ribera del mar, el cual 
bramaba tan alterado y tormentoso, que parecía querer difi- 
cultar su intento de alcanzar los galeones. Siguieron la costa 
algún tiempo, y, al cabo, como se hubiese sabido en la ciudad 
el paso de ios fugitivos, y saliese gente en pos de elios, 
viéronse tan acosados por sus perseguidores, que decidieron 
embarcarse en una mala canoa que al acaso hallaron, con 
ánimo de ahogarse o verse en seguro, que en su desespera- 
ción todo lo preferían a caer en manos de sus enemigos. Es- 
taba el mar picado, pues corría entonces la peor estación del 
año, y el sitio en que acertaron a embarcar era peñascoso y 
lleno de resaca, de manera que se hallaron aquellos pocos 
hombres sobre unas tablas carcomidas en medio de un impo- 
nente hervidero; bien pronto las embravecidas olas, tomando 
el barquichuelo, estrelláronle contra las peñas, haciéndole 
pedazos, con tan buena o tan mala fortuna de sus tripularites, 
que quedaron vivos todos, aunque heridos y quebrantados. 
Luego de esto, Hernando de Contreras y sus leales, incons- 
cientes y sin más pensamiento que huir, se internaron por un 
lugar pantanoso cubierto de la intrincada y lujuriosa espesura 



— 161 - 

de los manglares. AI cabo de dos días, los del Rey, que no 
cejaban en su persecución ni aun en tan peligrosos parajes, 
prendieron a Quijada, a Chaves y a los indios, que estaban 
extenuados, pues en todo aquel tiempo no habían comido. 

A poco de reanudar los soldados sus pesquisas, ofrecióse- 
íes un espectáculo que les hizo estremecer de terror; junto a 
unos charcos de la pantanosa margen de un río, yacía un 
hombre muerto y sobre él un enorme lagarto procuraba en 
vano romper con sus dientes la bien templada armadura que 
protegía aquel despojo. Zambullóse el caimán en la corriente 
al acercarse los soldados y pudieron éstos recoger el cadáver, 
tan mal tratado, que era imposible de identificar. Interrogados 
Luis de Chaves y Quijada afirmaron que no era otro sino el 
de Hernando de Contreras, el cual, hostigado de una gran sed, 
había querido beber en aquel río y caído en él; añadían que 
Quijada había querido salvarle, pero que sólo pudo asirle de 
aquel sombrerillo que sobre el morrión de la celada solía 
llevar, pues por el peso de las armas se hundió como piedra 
y fué presto cubierto por las aguas, que eran en aquel paraje 
muy profundas. 

Aunque el relato de Chaves y Quijada tenía poco de vero- 
símil, pues se veía ser imposible el que un cuerpo cubierto de 
acero surgiese por sí solo del fondo de un tan profundo río; 
como el cadáver llevaba las armas de Hernando y sobre él 
encontraron un Agnus-Dei de oro, con el cual el mozo de or- 
dinario se adornaba, los soldados llevaron sin detenerse más 
la cabeza a Panamá, juntamente con los dos prisioneros, que 
luego fueron ejecutados. 

No obstante, se tuvo por cierto en las Indias, y así lo 
afirman los más graves cronistas, que no fué aquello sino un 
ardid de Chaves y Quijada para salvar la vida de su caudillo, 
al cual eran muy adictos; decíase que habiendo encontrado 
los fugitivos en la ribera del río un hombre muerto (acaso 
alguno de los de su bando que pudieron escapar de la ma- 
tanza), se les vino a la mente el pensamiento de ataviarle con 
las más peculiares galas de Hernando de Contreras para faci- 
litar la fuga de éste, despistando a sus perseguidores. Pero el 
joven caballero, aunque por entonces lograse escapar, no 
debió de salir vivo de aquellos salvajes e inhospitalarios luga- 

11 



— 162 — 

res donde había en cada paso un asechanza contra la vida; 
pues jamás se tuvo noticia cierta de él (1). 

Entretanto, Pedro de Contreras y el fraile que andaban 
costeando con los dos galeones «Spiritu Santo» y «Chile» (al 
«Valdolivar* habíanle dejado en Panamá con el árbol cortado) 
enviaban a cada paso gente en bateles que procurasen enterar- 
se del resultado de la empresa, y tales embarcaciones recogie- 
ron en la tarde del miércoles algunos pocos hombres que habían 
escapado del degüello. Enterados por estos fugitivos del mal 
suceso, Pedro de Contreras y Castañeda volvieron al puerto 
de Panamá para atacar a los navios que allí habían dejado y 
tomarlos de nuevo, pero como los hallaron llenos de gente y 
prevenidos, hubieron de desistir; se encaminaron luego a Ta- 
boga, y en este punto hicieron desembarcar a la mayoría de 
las mujeres, muchachos y niños que venían con ellos, y a 
muchos de los indios, pues publicaban que habían de ir al 
puerto de Guatulco, donde había artillería, pólvora y municio 
nes, y allá armarían y avituallarían sus dos navios reclutando 
al mismo tiempo mucha gente de la que en aquel paraje nunca 
faltaba; y añadían que, ya que no podían ser dueños del Perú 
ni les era dado, después de lo hecho, vivir en paz como gente 
honrada, habían de hacerse corsarios en la mar del Sur. Luego 
que salieron de Taboga el sábado 26 de Abiil, los dos galeo- 
nes vagaron a lo largo de la costa por intentar recoger a Her- 
nando de Contreras, que sabían que no había muerto, y a 
los demás supervivientes. 

Estos dos hermosos navios que, como fantasmas, se veían 
con las velas tendidas acercarse y alejarse de la costa, turba 
ban no poco la bien ganada tranquilidad de los de Panamá, 
los cuales, para librarse de tan enojosa pesadilla, armaron y 



(1) Diego Fernández dice, luego de referir muy someramente estos 
hechos: «Aunque muchos afíimaii que aquel hombre no era Hernando de 
Contreras, sino que fué ardid para salvarle» i Historia del Perú; P. II, C* 10). 
También el sesudo D. Antonio de Herrera cree que no se pudo dar con 
Hernando de Contreras; después de relatar el hallazgo del ahogado dice: 
«De los hermanos Contreras se dijeron muchas cosas, pero la verdad es 
que dellos jamas se pudo entender ni saber cosa cierta y asi es la opinión 
que los debieron de matar los indios y los negros.» (Decada 8, libro 6, 
capítulo 4.°j 



— 163 — 

pertrecharon dos de ios galeones que en el puerto había y 
otros tantos buques más pequeños, poniéndolos bajo el man 
do de Nicolás Zamorano, hombre muy entendido en achaques 
de navegación, y de Juan Caballero; y en esta flota se embar- 
caron hasta cien hombres de armas. Partieron los navios el 
lunes 28 de Abril po' la tarde, sin saber del rumbo que últi- 
mamente hubiesen tomado los de Pedro de Contreras; no 
llevaban los jefes más instrucción que ahuyentar los navios 
contrarios hasta los límites de la provincia, y volverse des- 
pués de haberles hecho doblar la Punta de la Higuera; y así 
navegaron sin gran diligencia, y se detuvieron algún tiempo 
a tomar agua en Taboga. 

El martes por la mañana llegó a Panamá el Presidente 
Pedro de La Gasea, enterado ya de la derrota de los sedicio- 
sos, y como supiese la huida de sus galeones y estuviese al 
tanto de los propósitos que habían manifestado en Taboga 
de hacerse corsarios, pareciéronle flojas las instrucciones 
dadas a los perseguidores por Marchena, e hizo despachar 
otro barco, en el cual iba Diego Gaitán con cartas e instruc- 
ciones para Zamorano, en las que Gasea le decía que siguiese 
a los rebeldes sin dejarlos sosegar un punto hasta Nueva 
España o Perú, para que, perseguidos constantemente, no 
pudieran atacar a los navios que encontrasen navegando o 
surtos en los puertos, ni alterar los pueblos de la costa, ni 
reclutar gente en ellos. Porque dada la predisposición que en 
las Indias había para levantamientos, los de Pedro de Contre- 
ras podían, si se les diese espacio, tomar nueva gente y nuevos 
puertos y reanudar sus designios interrumpidos. El Presiden- 
te Gasea dio a Gaitán cartas para las justicias de los pueblos 
de la costa, con orden de que le ayudasen, y otros despachos 
que el mismo Gaitán, cumplida su diligencia con Zamorano, 
debía hacer llegar al Virrey de Nueva España y a la Audien 
cia de los Confines, para que supiesen el intento de los corsa- 
rios y les impidiesen armarse, como pensaban, en Guatulco; 
también proveyó el Presidente barcos que recorriesen la costa 
e impidiesen embarcarse a Hernando en los galeones de su 
hermano. 

Nicolás Zamorano, recibido el aviso de Gaitán, enderezó 
el rumbo hacia la Punta de la Higuera, en términos de Nata 



. — 164 — 

(unas 30 leguas de Panamá), que pensó habrían seguido los 
navios rebeldes; y llegados a la Punta, pudo divisar las 
velas de ambos galeones, cuyos capitanes, vislumbrando a sus 
perseguidores, hicieron doblar el promontorio a sus buques 
para ocultarse a su vista. Fueron en pos de ellos los de 
Zamorano, y con gran sorpresa, al dar la vuelta al terreno 
que les ocultaba, encontráronse de manos a boca con el 
Chile y el Spirüu Santo, surtos en un estero y pudieron oir 
los gritos de las tripulaciones pregonando que se rendían. 

Pasaron Zamorano y los suyos a los galeones y vieron 
que, si bien su opulenta carga estaba intacta, sólo permane- 
cían en ellos la marinería, muchos indios y negros y algunas 
mujeres de las que habían seguido a los sediciosos; pues éstos, 
viendo que los marineros se amotinaban a la vista de los bar- 
cos del Rey y se negaban a seguir, embarcáronse en dos lan- 
chas y habían huido (salvo unos pocos que quedaron en los 
buques), remontando la corriente de un río que allí desembo- 
caba. Zamorano destacó al punto gran parte de su gente a 
darles caza, pero los enviados tornaron presto, no trayendo 
sino tres prisioneros que de grado se habían rendido. 

Dos días después los navios de Nicolás Zamorano se 
hicieron a la vela para Panamá, pero tomándoles las corrien- 
tes y los vientos contrarios, les hicieron cambiar de dirección 
y les empujaron diez leguas hacia Nicaragua; pudieron al cabo 
dar la vuelta y, después de haber perdido tres jornadas en 
estas dilaciones, divisaron de nuevo la Punta de la Higuera, 
donde hubieron de detenerse para hacer aguada. Como llega 
sen de noche, y es lugar peligroso, hubieran corrido riesgo a 
no ser por cierto estanciero de las cercanías que encendió una 
gran fogata para guiarles, lo cual les fué de grande utilidad. 
A la mañana siguiente, el Comandante de la flota envió a tie- 
rra para saber del autor de tal auxilio que le sorprendía en 
lugar tan salvaje y despoblado, y el estanciero les dijo cómo 
los de Pedro de Contreras, que serían unos 40 soldados, a 
más de unos negros e indios, andaban cerca de aquel paraje, 
donde ellos habían acertado a detenerse. Sabida la nueva por 
los navegantes, acordaron salir 60 hombres a las órdenes de 
Nicolás Zamorano, en persecución de los rebeldes, quedando 
el resto con Juan Caballero a la guarda de la flota. Los desta- 



- 165 — 

cados remontaron en dos lanchas el río hasta llegar al punto 
donde el mozo y los suyos habían desembarcado, que estaba 
a una legua de la desembocadura y era el único sitio de la 
ribera donde se podía poner pie en tierra, pues la corriente 
atravesaba por entre una tan lujuriosa vegetación de mangla- 
res, lianas y maleza, que era de todo punto imposible el pene- 
trarlo. Luego de amarrar los bateles se internaron por una 
grande planicie en la cual pudieron percibir el humo de las 
hogueras encendidas por los rebeldes que estaban pertre- 
chándose y tomando víveres para continuar su huida tierra 
adentro; anduvieron largo tiempo los de Nicolás Zamorano 
en dirección a aquellas humaredas, y a dos leguas de ellas 
prendieron un espía que habían allí puesto los fugitivos, el 
cual los dijo que éstos se preparaban ya a partir, pero que 
sostendrían el encuentro con cualesquiera gente que les bus- 
case. Y los del Rey, puestos en buen orden, avanzaron contra 
ellos hasta que fueron divisados. Contra lo que se esperaba, 
no presentaron resistencia los rebeldes, sino que muchos, 
cansados de aquella huida tan fatigosa por selvas vírge- 
nes y malezas impracticables, se vinieron a rendir a Zamora- 
no, y Pedro de Contreras con el fraile Castañeda ocho o nue- 
ve soldados y algunos indios huyeron entre la espesura 
hondísima de los manglares. Nada se volvió a saber del 
mozo, y aunque de él, como de su hermano, se dijeron 
muchas fábulas, es lo probable que dejaría la vida en aque- 
llos bosques vírgenes, empantanados entonces por ser la 
estación de las lluvias, parajes poblados solamente de indios 
de guerra y en los que pululaban pumas, serpientes y caima- 
nes. En pugna con la sociedad y con la naturaleza, P^dro de 
Contreras y los suyos hubieron de perecer entre las fieras sin 
poder buscar refugio entre los hombres que, como a fieras, 
les perseguían. 

Este fué el fin que sin duda alcanzaron ambos hermanos, 
bravos y violentos, dominados por las más desatadas pasio- 
nes. Salieron muy niños de Segovia, su patria, y cuando en 
ella las quimeras de la infancia les hicieran soñar con el fabu- 
loso país de las Indias que comenzaba entonces a revelar sus 
misterios, no imaginaría de fijo tan espléndidas jornadas como 
estas que la fortuna, detenida un momento a sus pies, les 



— 166 - 

deparó. Hernando de Contreras se vio aclamado Príncipe y 
rodeado de un Ejército que le rendía honores reales y que 
juraba coronarle en el Perú (1). Con un señorío fugaz como 
un relámpago domeñó las ciudades de León y Granada, los 
puertos del Realejo, Nicoya, Panamá, Las Cruces y otros 
puntos; esto es, gran parte de Nicaragua y Tierra Firme. 
Apoderáronse los Contreras en el tiempo de su alzamiento de 
muchos y buenos navios, y de tal cantidad de riquezas, que 
se dice que su valor entre mercaderías y barras de oro y plata 
se acercaba a dos millones de castellanos, suma en aquel 
tiempo difícil de valuar. Y en espacio brevísimo viéronse 
estos caballeros privados de ciudades, ejército, barcos y 
riquezas, y sin poder disponer ni aun de sus personas y vidas, 
buscadas tenazmente por la justicia del Rey. 

Contados fueron los del ejército de la Libertad que des- 
pués del desastre quedaron vivos; de los que tomaron parte 
con Bermejo en el combate del Cerro, casi todos murieron en 
él o fueron ejecutados luego. De los de la flota, los que no 
huyeron con Pedro de Contreras, sufrieron también la última 



(1) El Presidente Gasea creía que a Hernando de Contreras le hubiera 
sido fácil apoderarse del Perú, o por lo menos conturbar aquel país con una 
tan larga guerra como la de Gonzalo Pizarro. Calvete de Estrella, cronista 
tan conocedor délos papeles y documentos del mismo La Gasea, dedica 
algunas páginas del cap. III del libro V de su tan citada obra a estudiar 
las probabilidades que el llamado Príncipe del Cuzco tuvo de ceñir su 
corona, y dice que si no hubieran estado en Panamá aquellos valerosos 
soldados del Perú, que fueron alma del alzamiento contra H< mando, los 
vecinos no hubieran osado revelarse, y los de la Libertad asentados firme- 
mente en la ciudad, hubiesen reclutado infinidad de gente maleante que en 
aquellos parajes no faltaban y que al olor de sus riquezas se les llegaría, y 
cayendo en sus galeones sobre el Perú, que tan mal llevaba su reciente 
sujeción, hubiérase alzado con aquel país, propenso a toda suerte de albo- 
rotos. El mal éxito de la empresa de los Contreras dependió de muchas 
casualidades (el no hallarse Gasea y Clavijo en la ciudad, la estancia en ésta 
de los del Perú, el haber dividido sus fuerzas los de la Libertad, su mala 
suerte en el segundo ataque a Panamá, etc.), o mejor dicho, de la Pro- 
videncia que en ella les fué contraria. 

En 1594 los aventureros Gaetan y Tarragona quisieron repetir el inten- 
to de los Contreras, pero fueron derrotados al intentar apoderarse de León 
el postrer día de Pascua de aquel año. Murió en la defensa de la ciudad el 
Gobernador Cavallon. 



- 167 — 

pena. El destacamento que al mando de Herrera quedó en el 
fortín de Capira no estuvo allí mucho tiempo, pues algunas 
horas después de partido Hernando de Contreras decidieron 
los destacados abandonar el puesto temerosos de que saliese 
gente del Nombre de Dios (1) y retirarse a Panamá que aún 
no sabían que se hubiese alzado ni lo supieron hasta que al 
anochecer del viernes llegaron cerca de la ciudad; salió enton- 
ces para apoderarse de ellos un buen golpe de la gente del 
Rey que les acorraló en un cerrillo, pero los rebeldes se de- 
fendieron con tanto valor que los enemigos hubieron de pedir 
socorro de gente para poder apoderarse de ellos; Martín Ruiz 
de Marchena, que seguía con el mando de la plaza, negóse a 
enviar más soldados entonces, diciendo a los que los pedían: 
«que ia era noche, que los dexasen que otro dia los tomarían», 
y así tuvieron los rebeldes tregua aquella noche para escapar 
y lo hicieron por la costa en airección de Nata para tratar de 
arribar a los navios, pero al siguiente día fueron los más cap- 
turados por un gran tropel que salió en su busca y que después 
de una escaramuza, en la cual murieron Juan Griego y otros 
cuatro, logró rendirlos; todos o casi todos fueron ahorcados, 
pues los de Panamá llevaron con tal rigor su justicia, que de 
los numerosos prisioneros que hicieron en aquellas jornadas 
no dejaroii con vida sino a doce que, condenados a galeras, 
vinieron a España en la flota del Presidente. 

Tan solo de aquel Altamirano, que con Quijada y con Cha- 
ves acompañó en su huida al caudillo, se sabía que no era 
muerto ni preso, sino que, huido y desnudo, vagaba por las 
selvas de Nata. Nadie se atrevía, sin embargo, a emprender 
su busca por aquellos fragosos lugares, hasta que un indio, 
criado que había sido de Hernando de Contreras, se ofreció a 
darle muerte, y deslizándose por pantanos y manglares, le 



(1) Dice Calvete de E.^trella que Landa escribió a Hernando de Centre- 
ras, diciéndole que desde que el caudillo abandonó Capira, los del Nombre 
de Dios no habían dejado de disparar su artillería y que, oyéndola los del 
fortín, hubieron temor y determinaron abandonarla. Sin embargo, de la de 
claración del propio Landa en el proceso seguido contra los alterados, se 
deduce que este soldado no quedó en Capira, sino que acompañó a Her- 
nando de Contreras. 



— 168 



encontró medio muerto de hambre y le remató a lanzadas. 
Ni aun en el corazón de los bosques pudo librarse este des- 
venturado Altamirano, cuya cabeza se llevó a Nata, del tre- 
mendo fín que la justicia de Dios y la de los hombres reser- 
vaban a cuantos participaron en el sacrilego asesinato del 
Obispo Valdivieso. 



CAPÍTULO XIV 

VICISITUDES DEL PRESIDENTE PEDRO DE LA GASCA 
DURANTE LA REBELIÓN DE LOS CONTRERAS.- 
DILIGENCIAS DEL LICENCIADO EN PANAMÁ.— PRO- 
CESO CONTRA D." MARÍA DE PEÑALOSA— ALTERA- 
CIONES EN EL PERÚ AL SABERSE EL ALZAMIENTO.— 
REGRESO A ESPAÑA DEL PACIFICADOR 

Pacificado el Perú, ordenados los repartimientos y recauda- 
do un cuantiosísimo tesoro que pensaba ofrecer al Emperador, 
el Licenciado Pedro de La Gasea, enviado como Presidente a 
aquellas tierras para dominar el levantamiento de Gonzalo 
Pizarro, mereció bien el nombre de Afortunado, pues sólo 
halló triunfos donde otros encontraron el fracaso y aun la 
muerte. Al tiempo que preparaba su embarque para ir a gozar 
tranquilamente en España el premio de sus desvelos, vióse 
envuelto en este alzamiento de los Contreras, que pudo cos- 
íarle la pérdida de sus riquezas y acaso de la vida. De lo que 
le aconteció al tiempo de la rebelión hemos de hablar breve- 
mente, extractando algunos párrafos de su carta al Consejo, 
escrita tornando a España, a 22 de Septiembre de 1550. 

Como hemos ya indicado, la víspera de que el Capitán 
Salguero llegase a las Cruces en busca del Presidente, o sea 
el domingo 20 de Abril, había éste partido Chagre abajo con 
el Gobernador Clavijo en unos barcos cargados de plata, para 
llegar por mar a Nombre de Dios. Luego que hubieron nave- 
gado cuatro leguas de mar, desde la desembocadura del río, 
como se hiciese de noche, hubieron de arribar a un puerteci 
lio por ser tiempo de galerna y paraje muy accidentado y 
peligroso; estando allí llegaron dos Regidores del Nombre de 
Dios en sendos barcos, enviados por esta ciudad con alguna 



— 170 " 

gente para acompañar la hacienda del Rey y llevar a la flotilla 
provisiones de refresco. Saludaron muy regocijados los Re- 
gidores al Presidente, y le dijeron cómo los de Nombre de 
Dios engalanaban barcos y disponían festejos para recibirle. 
Discurriendo sobre estas cosas los expedicionarios, vieron 
venir a deshora a alguna gente bien armadas de cotas, lanzas 
y arcabuces, lo cual no les causó al principio turbación, pues 
creyeron que se trataría de vecinos enviados para guardar la 
hacienda real, y que, por mejor demostrar su celo, se habían 
armado de aquella manera, y aun el Gobernador y otros 
comenzaron a burlar de ellos por venir pertrechados de tal 
modo, en época de tanta paz como creían que reinaba en el 
país. Llegáronse en esto al Licenciado de La Gasea dos de 
los recién venidos (eran éstos dos hombres, un mercarder 
llamado Reollo y Benito Díaz Polaino, mercader también y 
vecino de Panamá), y dando ambos muestras de la mayor 
turbación, el Benito Díaz dijo: «que no quisiera venir con tan 
malas nuevas como eran que en Tierra Firme habia tiranos 
i que hablan robado toda Panamá^, y luego dio cuenta, abul- 
tándolos considerablemente e incurriendo en numerosas in- 
exactitudes, de los sucesos de la toma del puerto, cuya nueva 
había llevado la noche antes a Nombre de Dios el valiente 
mensajero Lozano. Dijeran también los mercaderes que en 
este último punto quedaba la gente alteradísima y llena de 
pavor, y que los vecinos llevaban a toda prisa sus haciendas 
a los navios, y muchos se refugiaban en ellos, y que los 
oficiales reales hacían lo mismo con la parte del tesoro, que 
en tres barcos había ya arribado. Para mayor inquietud y 
desasosiego del Presidente, los de la noticia no sabían nada 
(pues Lozano no había tenido tiempo de percatarse de ello), 
de qué gente eran los revoltosos, ni de su número, ni aun de 
dónde venían. 

«Diome esta nueva (dice el mismo Licenciado) la maior 
»pena que en mi vida tuve y púsome en muí gran perplexidad, 
»de no saber si iria adelante o volvería por donde habia veni- 
»do a Panamá». Al fin decidiéronse a seguir a Nombre de Dios, 
para animar a aquella gente y allegar socorro para Panamá, 
y así lo hicieron, después de haber enviado en un barco al 
Reollo y a un clérigo llamado Márquez, hombre de probado 



— 171 — 

valor, para que llegasen a la boca del Chagre y echasen a 
pique dos carabelas que allí había, pues temió Gasea que los 
rebeldes, después de haberse apoderado de tantas riquezas, 
pensando en que en el Mar del Sur les sería difícil ponerlas 
en salvo, pues toda aquella costa pertenecía a España, atra- 
vesasen el Istmo, y con aquellas dos carabelas se refugiasen 
en el Brasil. Llevaban además estos hombres el encargo de 
procurar llegar hasta Las Cruces, y traer por el Chagre la 
hacienda del Rey que allí hubiese. Márquez y Reollo navega- 
ron hasta algo más arriba de la boca del río, donde encon- 
traron a Gómez de Tapia y al Contador Guzmán, que les 
dijeron cómo Salguero se había ya apoderado de Las Cruces, 
y en vista de ello volviéronse En tanto el Presidente y los 
suyos navegaban aun de noche por aquellas peligrosísimas 
costas, con grande riesgo de perderse, pero eran el mar y el 
viento tan contrarios, que hasta la media noche del miércoles 
no llegaron a la isla de Bastimentos, dos leguas y media de 
Nombre de Dios; y como estaba el mar tan bravo que era 
imposible a la flota el seguir adelante, el Presidente, dejando 
anclados en la isla los navios cargados, intentó pasar en un 
barco ligero con el Gobernador y diez o doce arcabuceros el 
trecho que les separaba del Nombre de Dios, espacio, aunque 
breve, acaso el más peligrofjo de la Mar del Norte. El ardientí- 
simo deseo del buen Licenciado no fué bastante para vencer 
los elementos que, en estas horas angustiosas, parecían con 
jurarse contra aquel hombre, en sus empresas tan dichoso, a 
quien la fortuna (aunque sólo de momento y como jugando) 
tornaba entonces la espalda; aunque el Presidente, a riesgo 
de naufragar, quería llegar al Nombre de Dios para animar a 
los vecinos y alentar la causa del Rey, ante el cansancio de 
los remeros hubieron de detenerse en una caleta; tampoco le 
fué posible llegar por tierra a la ciudad deseada, a causa de 
lo fragoso del camino, impracticable para hombres de su 
edad, y hubo de conformarse con enviar por mensajero que 
anunciara su próxima llegada, al bravo Capitán Lope Martín, 
quien con inauditos esfuerzos consiguió llevar el mensaje a 
su destino. 

Aquel mismo día mandó trasladar el Licenciado los barcos 
de la plata desde la Isla de Bastimentos a aquella caleta, y el 



- 172 — 

27 de Abril, antes que amaneciese, en un barco con dobles 
remeros, intentó otra vez el paso de tan difíciles lugares, 
dejando antes bien guardada la hacienda real. En el camino 
llegóse a la embarcación del Presidente otra de Nombre de 
Dios en la que venía el Capitán Lope Martín, el cual dijo 
cómo, después de Lozano, había llegado a Nombre de Dios 
Diego de Almaraz (el mismo que, juntamente con el mercader 
Gibraleón, había posado en la venta de las Juntas con Her- 
nando y que, en un breve sueño de este caballero, había 
logrado escapar); Almaraz, que tan bien enterado estaba por 
su conversación con el ca.udillo de todos los proyectos de 
éste, había explicado en Nombre de Dios que los rebeldes 
que marchaban hacia dicha ciudad venían de Nicaragua y 
traían por Jefe al mismo Hernando de Contreras, a quien 
llamaban Príncipe de Cuzco y Capitán General de la Liber- 
tad, y decían que le habían de hacer Rey del Perú. Como el 
tiempo se hizo más bonancible, este mismo día, sábado 26, 
los expedicionarios llegaron antes de medio día a Nombre de 
Dios, después de este tan arriesgado viaje que detalladamente 
relata Gasea en la carta referida. Con su llegada cobraron 
aliento los amedrentados habitantes del pueblo. 

Bien entrada la noche de aquel mismo día, entró en él la 
famosa fragata que a los vecinos de Granada había causado 
tantas desazones, cuyo dueño era portador de dos cartas de 
los alcaldes de esta ciudad Nicaragüense, en las cuales rela- 
taban la muerte del Obispo y el alzamiento de los Con 
treras (1). 

Tanta prisa se dio el gran Presidente a organizar el soco 
rro a Panamá, que el domingo 27 de Abril estaba presto a 
partir él mismo, acompañado de un ejército de 400 hombres 
bien armados, entre ellos 100 arcabuceros y 60 ballesteros; 
despachadas ya las avanzadas, llegó de Panamá el mercader 



(1) Una de las cartas estaba firmada por los dos Alcaldes de Granada 
y la otra por uno de ellos; esta fué escrita un mes después de la muerte de 
Valdivieso, y la de entrambos Alcaldes, cuarenta y un día después de este 
suceso. En estas epístolas, se daba aviso al Gobernador de Tierra Firme 
Sancho de Clavijo, del asesinato del Obispo y de la rebelión de los autores, 
y de que éstos habían salido quince días antes del Puerto del Realejo en 
tres navios. 



— 173 - 

Sancho de Lotociño, anunciando que la ciudad había tomado 
la voz del Rey y que los rebeldes habían sido por completo 
derrotados; en vista de tan buenas nuevas, suspendióse la 
expedición del ejército, ya inútil, y el Licenciado, alabando a 
Dios, partió con el Gobernador el mismo domingo por la 
tarde y llegó el martes por la mañana a Panamá, donde fué 
con alborozo recibido. 

No fué poco lo que tuvo que hacer en la ciudad el Presi- 
dente para recuperar la hacienda real, pues en aquel río 
revuelto fueron muchos los pescadores y no pocos vecinos de 
Panamá y aun negros, ocultaron las barras de oro y plata que 
impensadamente habían caído en su poder; pero con algunos 
rigurosos castigos lográronse descubrir todas ellas. Al mismo 
tiempo envióse a Las Cruces a Pedro de Urista para que 
hiciese diligencia sobre las barras de plata de que tan genero- 
sos se habían mos'rado Salguero y los suyos y lográronse 
descubrir más de 50 barras. E! mismo La Gasea, con el Go- 
bernador y con otra mucha gente,, hizo diligencias por el río 
de las Lavanderas y por el Arcabuco, donde las espantadas 
acémilas de Salguero habían vertido su carga y lograron recu 
perarla en gran parte. De esta manera, ayudada su buena 
suerte, logró reunir el Presidente los 450.000 pesos del Mo 
narc" que habían tomado los de Hernando de Contreras, 
salvó 61 barras, de las cuales algunas, más tarde, parecieron. 

No descuidaba en esto el severo Licenciado el seguimiento 
de la Justicia, y en su afán de buscar culpables del alzamiento, 
emprendió una dura persecución contra D." María de Peña- 
losa, cuyas virtudes, mejor que nadie, conocía. Por su man 
dado, se tomó declaración al Arráez y a los tripulantes de la 
fragata de Nicaragua y a un indio criado de Hernando; algu- 
nos de estos testigos depusieron que en Granada era muy 
público antes de la sedición, que Hernando de Contreras 
pensaba pasar al Perú y lleva»- allí a su madre y a sus her- 
manos, y que D.* María recibió el presente que su hijo la 
envió desde el Realejo, y que en su casa comieron de las con- 
servas que en él venían. Contó también uno de los interroga- 
dos, que en Semana Santa D." María recorrió las estaciones 
de aquella ciudad de Granada, de la mano de un su escudero, 
con grande autoridad y acompañamiento de pajes y criados, y 



- 174 



que dirigiéndose la dama al Alguacil Gerónimo de Ramos, su 
servidor, le dijo: «Ya estará Hernando de Contreras en Pana- 
má según el tiempo le ha hecho», a lo cual contestó el Algua 
cil: «Si señora, ya habrá dado las buenas pascuas a aquellos 
indios.» Declararon también que entre la servidumbre de la 
Peñalosa, se celebraban los hechos de los mozos y que los 
criados y aun los niños hijos de la dama, solían gritar: iViva 
el General Hernando de Contreras! 

Acusaban también a D.^ María el Arráez y el dueño de la 
fragata de tramadora de aquel engaño que dificultó su partida 
de Granada. Como en este punto era la acusación menos vaga 
que en los anteriores (aunque no aparece bien comprobada, 
pues los alcaldes que enviaban el aviso no hacen mención de 
la dama al explicar el retraso), Gasea hizo proceder judicial- 
mente contra ella por impedidora de servicio real. 

Con mayor injusticia obró aún el Licenciado pretendiendo 
basarse para sentar la culpabilidad de la madre de los sedi- 
ciosos en una carta de esta señora dirigida a Hernando de 
Contreras, su hijo, la cual se encontró en Taboga. La desven- 
turada dama, viendo que sus lágrimas no podían detener a 
sus hijos en el camino emprendido, escribió esta carta y la 
mandó a Taboga para que en este punto, antes de llegar a 
Panamá, la recibiesen los jóvenes rebeldes y fuese parte a 
detenerles en su mal designio; en ella, con suavidad y delica 
deza de madre amonesta a Hernando por el levantamiento y 
se duele de la muerte del Obispo, la cual dice la habían ocul- 
tado, y tornaba rogándole sobre todo que no se apartasen del 
servicio del Rey, come su sangre de leales caballeros les obli- 
gaba. Queriendo encontrar a toda costa en esta carta pruebas 
contra la noble D.* María de Peñalosa, el Licenciado palpa 
blemente se contradice. Por una parte (en la epístola al Con- 
sejo ya citada), indica sus sospechas de que la misiva hallada 
en Taboga no contuviese sino palabras fingidas para discul- 
parse la dama con los que la leyesen, de la empresa de su 
hijo; en cambio, más adelante. Gasea se expresa así: «Y aun 
por que me pareció que sabiendo D.° María tan mal hecho 
como habia hecho su hijo en matar al Obispo i robar el 
hacienda que de S. M. estaba en León j en alzarse como ia se 
habia alzado cuando aquella carta le escribió, parecia que si 



- 175 — 

ella no hubiese sido en ello no con tanto regalo ni consuelos 
habia de escribirá su hijo, sino con más enojo». 

¿No son estas razones contradictorias de las antecedentes? 
Si la carta hubiera sido fingida por la dama para disculparse, 
¿no fuera más propio para conseguir este efecto una epístola 
llena de recriminaciones en vez de los consuelos y dulzuras, 
naturales e¡i una madre con un hijo desgraciado, aunque muy 
culpable? Y también se extraña el Presidente de que Juan 
Bermejo hubiese podido arrancar a Pedro de Contreras de 
los brazos de su madre, si esta dama se hubiera opuesto a 
ello, pues tenía mucho dominio sobre sus hijos. Probablemen- 
te, Pedro de Contreras estaba, en secreto, muy comprometido 
en la mala causa de su hermano, y por su propia volun 
tad se fué con los rebeldes; prueba de que estaba con ellos 
complicado, es el que Hernando le enviase la daga ensan- 
grentada con que dio muerte al Obispo, señal indudable de 
haber sido efectuado lo que tanto ambos deseaban. 

Basado, pues, en datos tan vagos, el Licenciado de la 
Gasea hizo que el Gobernador de Tierra Firme emprendiese 
la información contra la dama y se diera a ella comienzo en 
Nombre de Dios con las declaraciones de los de la fragata y 
la del indio. Para atender a las resultas atendió el Gobernador 
en persona (el proceso no lo había comenzado Clavijo, sino 
su teniente), al secuestro de una cantidad que un vecino de 
Panamá, llamado Juárez, adeudaba a la r*amj, y del galeón 
Spiritu Santo, con sus fletes, y envió traslado a la Audiencia 
de Lima para que secuestrase los cuantiosos bienes que la 
acusada poseía en el Perú. 

Doña María de Peñalosa, que, abrumada por tantos infor- 
tunios lloraba en Granada la más tremenda de las penas que 
pueden agobiar en el corazón de una madre cristiana, el per- 
der a sus hijos y el pensarlos perdidos por toda la eternidad, 
vióse envuelta, en ausencia de su marido, en las redes de un 
tan enojoso proceso y sin más amparo para desasirse de ellas 
que su bien templado corazón de castellana. 

Entre tanto, el Presidente, los Gobernadores y justicias 
procuraban hacer llegar al Emperador y a sus reales consejos 
la nueva de la derrota de los alterados y de la liberación de 
aquellas tierras. El Licenciado Cerrato la comunicó en carta 



— 176 — 

al Monarca, fecha 12 de Junio de 1550 y dice que recibió la 
nueva del buen suceso cuarsdo a pesar de sus sesenta años, de 
sus achaques y del mal tiempo, se disponía a partir, con el 
Obispo de Guatemala, a Nicaragua, para sosegar este país. 
El Gobernador de Tierra Firme, Sancho de Clavijo, en una 
epístola al Emperador (Panamá 26 de Septiembre de 1550) 
(1) da detallada cuenta de la toma de los navios de Pedro 
de Contreras, y el mismo Gasea tuvo buen cuidado de dar 
prolija noticia de ia derrota de los Contreras a todas las 
Audiencias de indias, y especialmente al Perú, en donde temía 
que el alzamiento hubiese repercutido. Y en efecto, la gente 
levantisca de este país supo bien pronto que alguno de los 
que allí fueron desterrados por el Presidente, se habían su- 
blevado a instancia de Juan Bermejo y que pensaban pasar 
al Perú para alzar por Rey a un caballero de Nicaragua; su 
pieron cómo habían ganado ciudades, barcos y tesoros y aun 
corrióse la voz de la muerte del Licenciado Gasea, que tantos 
odios habíase granjeado por servir lealmente al Rey. Entonces 
los amigos que en el país quedaban a Juan Bermejo y los 
descontentos, promovieron infinidad de motines, alborotos y 
revueltas. Llegó luego la noticia de la derrota, mas no fué 
creída, y durante algún tiempo la gente bulliciosa del Perú 
esperó ver aparecer los navios del Ejército de la Libertad. 
Más tarde se confirmó la perdición de aquella mala causa, 
pero como se supo también que no constaba la muerte de 
ninguno de los Contreras corrieron sobre ellos estupendas 
consejas y se les esperaba ver de un momento a otro capita 
neandoel nuevo alzamiento. 

Ya en esto el afortunado Presidente se había embarcado 
con su recuperado tesoro con rumbo a España, donde le 
esperaba una mitra en pago de sus eminentísitnos servicios, y 
llegado a su patria, estando surto su buque en el Guadalqui- 
vir, a siete leguas de Sevilla, escribió al Consejo de Indias 



(1) Extractada como la anterior y otras que tratan del mismo asunto 
en el tomo 8ñ de la colección Muñoz. Por cierto que de una de estas cartas 
(la de Pedro de Bustamante al Emperador, Santiago de Guatemala 22 de 
Msr/.o de 1551), parece desprenderse que Hernando de Contreras, desde 
Ltón, envió inútilmente algún emisario para atraer a su plan a Guatemala, 
hecho que deducimos también de otros indicios. 



— 177 — 

los inauditos peligros que en estas jornadas había corrido, en 
aquella larga carta que de tanto nos ha servido para hilvanar 
este relato. 

Y las provincias de Tierra Firme y Nicaragua, volvieron a 
su acostumbrada tranquilidad, libres del alboroto en que las 
había puesto el hervor de la sangre de dos mal aconsejados 
mozos. 



12 



CAPÍTULO XV 

RODRIGO DE CONTRERAS, DESPACHADOS LOS NEGÓ 
CIOS QUE LE LLEVARON A ESPAÑA, VUELVE A 
AMERICA.-CONTINUACION DEL PROCESO CONTRA 
DOÑA MARÍA, EN EL QUE SE VE ENVUELTO SU MA- 
RIDO— LOS CONTRERAS TRASLADAN SU RESIDENCIA 
A LA CIUDAD DE LOS REYES.— EL EX GOBERNADOR 
TOMA PARTE EN LA GUfRRA CONTRA EL NUEVO 
EJERCITO DE LA LIBERTAD QUE CAPITANEABA HER- 
NÁNDEZ GIRON.-MUERTE DE RODRIGO DE CON- 
TRERAS 

De todo punto nos hemos olvidado del buen Gobernador 
Rodrigo de Contreras ocupados en seguir las malas aventu- 
ras de sus hijos, de las cuales estaba bien descuidado a tan 
larga distancia, pues el que de las Indias venía a España 
quedaba de su casa tan alejado como si a otro planeta hubiera 
encaminado el viaje. Entre tanto que transcurrían los san- 
grientos sucesos que en los anteriores capítulos hemos rese- 
ñado, nuestro segoviano llevaba en la Corte la monótona y 
fatigosa vida del pretendiente, corriendo inútilmente por Chan- 
cillerías y Consejos, exponiendo los servicios de su suegro 
Pedrarias y los suyos propios, que no eran escasos, como 
hemos visto. Pero al cabo el Consejo de Indias confirmó lo 
que habían dispuesto los oidores de los Confines, privando a 
doña María y a sus hijos de cuantos indios tenían. Amargado 
con tan mala resolución de sus asuntos, Rodrigo de Contreras 
embarcóse para tornar a sus lares, y a fines de aquel año de 
1550, vio otra vez esfumarse la vieja tierra de España, abru- 
mado quizás por el presentimiento de que no había de vol- 
verla a contemplar. Apenas desembarcado en América, llególe 
la nueva de la perdición de sus hijos en una causa tan con- 



— 179 — 

traria a la de la Patria y del Rey, que el depuesto Gobernador 
había siempre defendido; iba poco a poco sabiendo detalles 
de tales acontecimientos y le ponían en la más grande confu- 
sión y congoja; pues en Panamá, donde problablemente des- 
embarcaría, estaba puesta en el rollo la cabeza de aquel cadá- 
ver encontrado junto al río con el nombre de Hernando de 
Contreras, que el Presidente Gasea había hecho escribir en un 
rótulo sobre ella; trasladóse luego a Granada, sumido en ese 
aplanamiento que envejece el alma y le quita fuerza y energía 
con más avidez que los años al cuerpo, y en la ciudad halló 
a su muy amada esposa D.^ María, afligidísima como madre 
por la desdicha de sus hijos y colmada de la indignación que 
una dama de tan alto linaje no podía menos de sentir al verse 
tan injustamente vejada. 

Por la suspicacia del Presidente La Gasea, la Chancillería 
de los Confines había proveído para que fuese por Juez pes- 
quisidor a Nicaragua contra D.^ María de Peñalosa, al Licen- 
ciado Pedro Ramírez de Quiñones, oidor de la referida Chan 
cillería, el cual cumplía su cometido con gran rigor, aunque 
sin prescindir de los miramientos que a una mujer debe guar- 
dar todo hombre de hidalga condición, como era la del Licen- 
ciado. Este riguroso personaje, llegado que fué a Nicaragua 
Rodrigo de Contreras, enredóle también en el proceso de la 
rebelión, a pesar de que tan larga ausencia podía eximirle de 
toda sospecha de participación en un hecho que sólo desdi- 
chas le había proporcionado; sin embargo de todo, Ramírez de 
Quiñones, buen ejemplar de aquellos severos magistrados del 
siglo XVI continuaba inflexible las probanzas que, para mayor 
desconcierto de los esposos, hacía seguir por separado y ai 
cabo sentenció en su contra, llevado del rigor del Presidente 
Gasea, que pretendía a toda costa hallar culpables del alza- 
miento, ya que no había sido posible el castigo de su Jefe. 

Rodrigo y D.* María apelaron a la Audiencia de los Con- 
fines y contra esta apelación trabajaron sus enemigos, a los 
cuales capitaneaba entonces una mujer, la madre del asesi- 
nado Obispo D. Antonio de Valdivieso, la cual, implacable 
contra los padres de Hernando de Contreras, escribía al Mo 
narca la curiosa epístola, cuyo extracto a continuación trans- 
cribimos: 



— 180 — 

«Al Emperador, Catalina Alvarez de Cálvente, madre del 
«mártir Obispo de Nicaragua: 

»Desta desdichada provincia de Nicaragua 8 de marzo de 
1551». 

»Antes de esta tengo escrito lo acaecido; para remedio de 
»todovino el Licenciado Ramírez y entendió muy sumariamente 
»en el negocio. Estos traidores han apelado de las sentencias 
»con presunción de mejoras. Devia V. M. haverles sacado 
»muchos años (ha) destas provincias como avisó el mártir de 
»mi hijo y los vecinos zelosos. Pero este padre de toda traición 
»ha tenido favor en corte. Solo suplico salgan de aqui estos 
«traidores por servicio de V. M. Yo iré con mis hijos en segui- 
» miento de mi justicia aunque es dudoso alcanzarlo en estas 
«partes. 

»V. M. se acuerde de esta desdichada i de sus hijos pues 
»nos robaron nuestra honra y nuestro bien» (1). 

Tales conminaciones, cuya furia es comprensible en Cata- 
lina Cálvente, que había recibido en sus brazos el cuerpo 
ensangrentado de su hijo y le había visto expirar en ellos, 
motivaron que de España llegase orden al Presidente y a los 
oidores de los Confines, de ser muy duros en el castigo del 
sacrilego asesinato; pero como a la Audiencia no era dado 
hallar culpa donde en absoluto no la había, al cabo reconoció 
la inocencia de ambos esposos y les dio por libres en senten- 
cias de vista y revista, fechas a 6 de febrero de 1552. 

Decidieron entonces Rodrigo de Contreras y su mujer 
abandonar sus casas y bienes de esta provincia de Nicaragua, 
donde tantos sinsabores les habían amargado la vida, y tras- 
ladarse a Lima, la ciudad de los Reyes, cuya magnificencia 
atraía a muchos y principales caballeros de otros puntos de 
las Indias, lo cual comenzaba a hacer de ella una de las más 
populosas y ricas poblaciones del Nuevo Mundo, organizada 
a la manera de las antiguas ciudades castellanas, tan flore- 
cientes en aquel tiempo. 

Pidió licencia Rodrigo de Contreras al Emperador para 
este traslado, y el Monarca, a más de concedérsela, dio orden 
al Licenciado Cerrato por cierta cédula, de que arreglase cuen- 



(1) Colección Muñoz, tomo 86, página 86. 



— 181 — 

tas con él por los salarios del tiempo en que había sido Gober 
nador; lo hizo así el Licenciado y resultó de ellas que aún se 
debían a Contreras más de 5.000 ducados, pues hasta en 
aquellos riquísimos países la desorganización administrativa, 
llaga de España, t''aía a mal traer a cuantos hablan de cobrar 
sueldo, y nuestro segoviano no pudo algunos años cobrar el 
suyo. De esta cantidad separó Cerrato, por orden del Con- 
sejo Real, 2.000 ducados para responder de la residencia, que 
aún se tramitaba, y por su propia autoridad, quitó otros 3.000 
pesos so pretexto de que el Gobernador había estado ausente 
de su gobernación año y medio sin licencia real. Protestó 
contra esta expoliación y parece que fué atendido por el 
Consejo. 

Ya en Lima nuestro segoviano, atrajóse la consideración 
de todos y fué pronto uno de los más calificados caballeros 
de la ciudad. Tomaba parte en los asuntos de su gobierno y 
era muy buscado su parecer en ellos; muy grande era en la 
Ciudad de los Reyes, el esplendor de su casa y muchos sus 
amigos, entre los cuales figuraba como el primero el buen 
Arzobispo D. Gerónimo de Loaysa, cuya amistad databa de 
muy antiguo y fué para ambos esposos grande consuelo y 
ayuda en sus adversidades. 

Como vecino principal de la cabeza del Perú, tomaba 
parte Rodrigo de Contreras en cuanto tocaba a fiestas públi- 
cas o funciones de guerra, tan frecuentes en aquel desasose- 
gado país. Cuando al final del año de 1553 se rebeló en el 
Cuzco contra la autoridad real Francisco Hernández Girón, 
hombre revoltoso y descontentadizo, que ya otras veces había 
levantado algaradas, el Gobernador (solían dar aun este nom- 
bre en el Perú a Contreras) siguió en esta campaña a las 
tropas leales. En los Consejos era estimadísimo su parecer, y 
tal aprecio se hacía de su persona en el campo del Rey, que 
cuando se distribuyeron los cargos del ejército y fué promo- 
vido Capitán de la Mar (o sea Comandante en Jefe de las 
galeras reales) a Gerónimo de Silva, hubo muchos q':e hubie- 
ran deseado ver en tan alto puesto a nuestro segoviano. 

Cundía la rebelión con tales bríos, que amenazaba encen- 
der en guerra todo el Perú; el partido de Hernández Girón 
llevaba, como antes el de Hernando de Contreras, el nombre 



— 182 — 

de ejército de La Libertad, porque a los aventureros que en tan 
gran número habían acudido a las Indias y a la gente perdida 
que en ellas había les era muy grata esta enseña y así se 
afiliaban a ella cuantos veían en todo principio de autoridad 
un pesado yugo. Después de muchas disensiones, fueron 
elegidos por caudillos de las armas del Rey, el Licenciado 
Santillan, oidor de la Audiencia, y D. Gerónimo de Loaysa, 
pues en aquel siglo de briosos caracteres, un Magistrado y 
un Arzobispo sentíanse muy capaces de dirigir una dura cam- 
paña, y con la elección del Prelado, su grande amigo, aumentó 
la intervención de Rodrigo de Contreras en la guerra. 

El día 7 de Mayo de 1554, después de la gran derrota que 
los sublevados infringieron en Villacori al General Pablo de 
Meneses, en la misma mañana en que aceptó el cargo de 
Maestre de campo D. Pedro Portocarrero, celebraron consejo 
en el valle de Chincha los principales personajes del bando 
del Rey, entre ellos el Gobernador Rodrigo de Contreras (1). 
Se trató en este consejo de las ventajas de atacar de nuevo a 
Hernández Girón, aprovechando los refuerzos últimamente 
recibidos; fué la reunión muy tormentosa y hubo en ella muy 
diversos pareceres, pero al cabo predominó el de que se hicie- 
se lo que los oidores de la Audiencia del Perú (que eran los 
que en realidad llevaban la dirección), dictaminasen. Espe- 
rando este dictamen, el Arzobispo Loaysa se partió aquella 
tarde de Chincha, acompañado del Gobernador Contreras, 
del Capitán Basco de Guevara y de Pedro Ortiz, y estuvieron 
en expectativa nueve leguas más allá. También en otras oca- 
siones acompañó Rodrigo de Contreras al Arzobispo General, 
como cuando éste salió de Lima con el Mariscal Alonso de 



(1) Tomaron parte en este importante Consejo de ¡guerra los señores 
don Luis de Toledo, Baltasar Velázquez, el Licenciado Rodrigo Niño, Juan 
Pérez de Guevara, D. Pedro Puertocarrero, el Capitán Rodrigo Niño, «el 
Gobernador Rodrigo de Contreras», Lorenzo de Estopiñan, Miguel de la 
Serna, Gómez Arias de Avila, Diego López de Zúñiga Pedro de Añasco, 
Juan Cortés, D.Juan de Sandoval, Gerónimo Costilla, Ruy Barba, Muñoz 
de Avila, Juan Ma!donado de Buendía; Francisco de la Pina, Sargento 
Mayor; Diego de los Ríos, Antonio de Quiñones, Garcilaso, Sebastián de 
Cazalla y Juan Tello de Sotomayor (refutación de Diego Fernándeá a las 
imputaciones del Licenciado Santillán, inserta como apéndices en la edi- 
ción de 1913 de la «Historia del Perú»: respuesta a la 42 objeción,) 



— 183 - 

Alvarado, D. Martín de Avendaño, Pedro Hernández, Pa- 
nlagua, el Capitán Zarate, Vasco de Guevara, Gil Ramírez (.ie 
Avendaño y otras personas, con objeto de alentar al ejército, 
aunque habiendo caído enferma en Guadacheri, a 18 leguas 
del punto de partida, hubo de volverse y con él los que le 
acompañaban. Y no se limitó ' ontreras a asistir a los Conse- 
jos y acompañar al Arzobispo, sino que también siguió en sus 
andanzas a Antonio de Quiñones y a Vasco de Guevara, que 
tan importante papel jugaron en la guerra. Al cabo, cansados 
los de Francisco Hernández, auque llevaban la roejor parte 
en la pelea, de tan azarosa vida como es la de los sediciosos, 
cundió entre ellos el desaliento, y derrotados cerca de Pucará, 
y preso luego el caudillo rebelde, cayó su cabeza en Lima a 
6 de Diciembre y comenzó para el Perú una dilatada era de 
opulenta paz. 

A partir de estas guerras, ya apenas encontramos citado 
en documento alguno, el nombre de Rodrigo de Contreras, 
Sin duda, siendo ya entrado en años, y muy gastado por sus 
trabajos y sufrimientos, íbase recogiendo al calor del hogar, 
en esa quietud que es gustosa a los ancianos para prepararse 
tranquila y santamente al postrer viaje. Salió sin embargo de 
su retraimiento, tomando parte en las solemnidades que se 
celebraron en la ciudad de los Reyes para dar posesión del 
cargo de Virrey a D. Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués 
del Cañete, y para alzar banderas por el key D. Felipe II, en 
quien el Emperador, su padre, había renunciado sus reinos y 
señoríos, en todos los cuales (esto es, en muy gran parte del 
orbe conocido) se celebró parecida ceremonia. En Lima fué 
tan fastuosa como correspondía a tan rico pueblo, y en este 
acto (25 de Julio de 1557) figura como testigo, con algunos 
de los más nobles caballeros, el Gobernador Rodrigo de 
Contreras (1). 

De esta manera, en tan gran prosperidad y prestigio, asís 
tido de su hijo varón y de las cuatro hembras que con él 
permanecían, se extinguía la activa existencia de nuestro se 
goviano. Muy considerado, como tenemos visto, en el Peiú, 



(1) Véase la relación de las fiestas con que la ciudad de L'nia procLimó 
a Felipe II en 25 de Julio de 1537 (Colección Muñoz, to no 88, págiua 49). 



— 184 — 

en su antiguo gobierno de Nicaragua seguia imperando como 
absoluto dueño (1), a pesar de la distancia y del mucho tiempo 
pasado desde que dejó aquella tierra en la cual fué tan amado 
y tan combatido. Y en esta apacible vejez le sorprendió la 
muerte en la ciudad que había elegido para asilo de sus des- 
venturas, bien lejos de aquella su ciudad nativa que domi- 
na sobre un peñón las llanuras de Castilla. Murió muy 
piadosamente, año de 1558, contando cerca de sesenta años 
de edad, y fué sepultado con los honores que a su calidad se 
debían en un muy honroso enterramiento de la Iglesia con- 
ventual de los Mercedarios de Lima (2). 

Es muy importante figura la de este segoviano, Rodrigo 
de Contreras, cuya vida y aventuras hemos seguido y al 
que hemos visto extinguirse de tan apacible modo. Gober- 
nador de extensos territorios, se mostró prudente en el 
gobierno, muy favorecedor de los indígenas y muy servidor 
de la Majestad, sobre todo en el alzamiento de Gonzalo Piza- 
rro. Sus descubrimientos fueron útilísimos. El llevó a cabo 
los primeros tanteos verdaderamente prácticos para la comu- 
nicación de los dos Océanos, empresa hoy realizada, cuya 
posibilidad fué acaso el primero en vislumbrar y de la cual 
debe ser considerado corno precursor. 

Combatidísimo, como fué, entre una hoguera de pasiones 
exaltadas, hemos de reconocer que su mano fué dura, y que su 
gobierno, independiente como el de un Rey, se hubo de hacer 
pesado a sus enemigos, pero al juzgarle, bueno será considerar 
primero la época, aquel siglo XVI de tan recia enjundia, y el 



(1) Es muy curiosa para conocer el gran dominio que, después de tantos 
años, conservaba Rodrigo de Contreras en Nicaragua una carta del Licen- 
ciado Carrasco, Obispo electo de León, fecha en 1557, en la cual el Preladoi 
comentando esta circunstancia, dice: «Por que los mas que agora son vecinos 
son reliquias i criados i apaniaguados de los Contreras» (Col. Muñoz, 
Tom© 88 Pg. 76). 

(2) El Licenciado Diego de Colmenares, cronista de Segovia, señala en 
su citada genealogía este año de 1558 como fecha de la muerte de Rodrigo 
de Contreras. Esta as.rción del historiador, que tanto crédito merece en 
este asunto, está confirmada en la curiosa obra «Genealogía y origen del 
apellido de Alarcón>, impresa en la misma Ciudad de los Reyes el año de 
1C66 a costa de don Pedro de Alarcón y Contreras, Caballero del Hábito 
de Santiago; libro muy raro, del cual poseemos un ejemplar. 



— 185 — 

lugar, una recién descubierta provincia de las Indias, en que 
gobernó, y veremos entonces justificados muchos actos que 
nos parecerían despóticos en un ambiente más suave. En todo 
caso no merece el olvido en que ha estado hundida la 
memoria de este caballero, que difundió el nombre de su 
ciudad, que es la nuestra, dándosele a un poblado escon- 
dido entre los bosques de Nicaragua, y perpetuó el apellido 
de su linaje al nombrar con él un remoto archipiélago del 
Océano Pacífico. 



EPÍLOGO 



Alonso de Contreras, aquel niño al cual su padre había 
traído a España en su segundo viaje (como para preservarle 
de las desdichas que habían de abrumar a su familia) y dejado 
en la casa solariega de San Juan de los Caballeros a la guarda 
del Canónigo, su tío, vivió su apacible vida a la sombra de 
aquellos altos muros; heredó de su padre el Mayorazgo y 
murió soltero a 28 de Febrero de 1573; ni un sólo rasgo per- 
maneció de su existencia, sobre toda la cual pesó sin duda el 
influjo del anciano y piadosísimo D. Juan, su mentor, que 
murió algunos años más tarde, en 1580. 

Acaso el Señor quiso suspender sobre el torturado cora- 
zón de D.° María, el nuevo golpe de la muerte de su hijo, a 
quien desde niño no veía, pues antes de que la nueva pudiese 
llegar a América, en 25 de Mayo de aquel mismo año de 1573, 
llamóla a Sí, y murió en su casa de la Ciudad de los Reyes, 
asistida por su gran amigo el Arzobispo, al cual dejó enco- 
mendado el cumplimiento de sus disposiciones tocantes a lo 
espiritual. Fué sepultada en el convento de la Merced con su 
marido Rodrigo de Contreras, de quien fué fidelísima compa- 
ñera esta noble y valerosa mujer, buena esposa y madre de 
muchos hijos, capaz de afrontar con ánimo varonil los más 
difíciles momentos, pero que hizo resplandecer su piedad en 
aquella época de exaltadas pasiones. 

En su matrimonio con Rodrigo de Contreras, hubo esta 
dama a Hernando, Pedro y Alonso de Contreras, a Diego de 
Contreras, que vivía en Segovia en 1559 y que murió antes 
que Alonso, su hermano; a Basco de Contreras, sucesor del 
Mayorazgo por muerte de sus cuatro hermanos mayores, y a 
las hembras D.° Isabel, mujer de Pedro de los Ríos; D.° Bea- 



- 187 — 

triz, que casó con el Capitán Diego Ortiz de Guzmán; doña 
María, a la cual tomó por esposa en la ciudad de los Reyes, 
don Pedro de Córdoba; D.* Constanza, que casó en la misma 
ciudad con D. Juan Tello de Sotomayor y Mendoza; doña 
Gerónima, que en Lima también contrajo matrimonio con el 
Licenciado Polo de Cndegardo, y D.^ Ana, monja del Monas- 
terio de San Antonio el Real de Segovia; y aun ¡os genealo- 
gistas no mencionan, al enumerar esta dilatada familia otros 
miembros de ella que murieron infantes (1), 

Basco de Contreras sucedió en el Mayorazgo el año de 
1573 por muerte de sus hermanos mayores. Casó en la ciudad 
de la Paz a 12 de Noviembre de 1579 con D.* Teresa de 
Ulloa y de la Cerda, Señora del repartimiento de indios de 
Caracollo y de la Encomienda de Mohosa, que fué en sus 
sucesores, convertida en Marquesado; era hija esta dama del 
valiente Capitán Antonio de Ulloa, natural de Cáceres (2); uno 



(1) Ni doña Isabel, mujer de Pedro de los Ríos, ni doña Beatriz de 
Bobadilla y Contreras, que lo fué del Capitán Guzmán, dejaron sucesión. 

De doña María de Contreras, mujer de don Pedro de Córdeba, se con- 
sideraban descendientes a mediados del siglo XVII don Rodrigo de Men- 
doza Manrique, don Francisco Gómez Arias de Mendoza y don Rodrigo y 
doña Juana Campusano, vecinos todos de Lima. 

De doña Constanza de Contreras había en el siglo XVII la siguiente 
descendencia en la ciudad de los Reyes: D. Juan Tello de Lara y Soto- 
mayor, don Pedro de Castro lasaga. Caballero del hábito de Santiago, y 
don Qó nez de Chaves y Solís, de la misma oí den, y en la villa de Gua- 
manga, las familias de Palo:iiino y Peña de Chaves (, Véase «Genealogía y 
origen del apellido A'arcón» (Lima 1660), folio 23). 

Doñd Gerónima de Peñalosa, natural de Nicaragua, e hija también de 
Rodrigo de Contreras y de doña María, casó, como hemos visto, con el 
Licenciado Polo de Hondegardo, natural de Valladolid, hijo de don Diego 
López de León Hondegardo y de doña Gerónima de Zarate. Vivieron los 
esposos en la ciudad de la Plata y tuvieron por hijos a Gerónimo Hon- 
degardo, Polo de Hondegardo, R«drigo de Contreras, el Padre Lope 
Hondegardo, S. J., y Juan Bautista Hondegardo, que murió joven (Testa- 
mentos de doña Gerónima de Peñalosa y de su marido, otorgados ambos 
en La Plata a 18 de julio de 1594 y a 18 de marzo de 1575, Archivo de 
Simancas. Conc. de Mercedes. Leg. 448. Fol. 22v De este matrimonio 
existía en Lima, a mediados dsl siglo XVII, muy noble y rica descendencia 
adornada de hábitos militares, como también en Conchimbamba del Perú 
y en Valladolid. 

(2) Hijo del señor de Torre de Argás, Noble Mayorazgo extremeño. 



— 188 — 

de los primeros pobladores de la Paz, el cual murió en la 
batalla de Chuquinga contra Francisco Hernández Girón, y de 
dofía María de Mena, su mujer. En Abril de 1586, el Conde 
del Villar, Virrey del Perú, nombró a Basco de Contreras 
Corregidor de la provincia de Collasuyo del Collao, en térmi- 
nos del Cuzco, con el encargo de ser muy severo, de tomar 
cuentas a sus antecesores, y en esta y otras misiones se dis- 
tinguió por su rectitud. Murió en la ciudad de Li Paz, do- 
mingo 19 de Julio de 1592 y fué sepultado en su capilla de 
San Miguel, del templo de la Compañía de Jesús, donde le 
esperaba D.* Teresa, su esposa, desde el año de 1590. 

Sucedió en el Mayorazgo D. Pedro de Contreras y Ulloa, 
el mayor de sus hijos (1), el cual estaba a la sazón casado 
ya con la nobilísima Sra. D." Bernarda de Zúfiiga y Men- 
doza, hija del General D. Francisco de Zúñiga, de la casa 
ducal de Béjar, Caballero y Visitador general de la Orden de 
Santiago y Señor de Veleña, del Sotillo y de Marchámalo. 
Cuando D. García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, 
fué por Virrey al Perú, llevó consigo a D.*^ Bernarda, que era 
su sobrina por parte de D.^ María Manrique de Mendoza, 
madre de la dama, de la familia de los Condes de Orgaz, y el 
mismo Virrey la casó con D. Pedro (2), el cual había heredado 
de su madre el repartimiento de Caracollo. Basco de Contreras, 
queriendo que su primogénito trasladase su casa a Segovia, 
para continuar allí su linaje, dispuso que este caballero cedie- 



(1) El otro hijo que de su matrimonio con doña Teresa tuvo este caba- 
llero, fué don Antonio de Ulloa y Contreras, casado con doña Blanca de 
Zúñiga. en la cual hubo a la Marquesa de Santiago, doña Teresa de Con- 
treras, que de su unión con el Marqués don Dionisio Pérez Manrique, del 
hábito de Santiago, dejó una numerosa y brillante descendencia. 

(2) Don Pedro casó por poderes en 1590 con esta dama, cuya genealo- 
gía ocupa los folios 25 y 26 de la citada Historia de los Alarcón; tuvieron 
por hijos a don Luis Jacinto y a don Laurencio, que sucedieron en la casa, a 
doña María de Peñalosa, nacida en La Paz a 2 de Julio de 1595 y muerta en 
la misma ciudad el 15 de Marzo de 1650 (de cuyo matrimonio con don 
Pedro de Alarcón Arnao, hubo a don Pedro de Alarcón Contreras, del 
hábito de Santiago), y por último a doña Teresa de Contreras, que casó 
con donjuán Cegarra de las Roelas, Señor de la Casa de Cegarra en Sevi- 
lla, jefe de una ilustre familia emparentada con toda la grandeza de Anda- 
lucía. Doña Teresa fué madre de un hij» y dos hijas. 



— 189 - 

se el repartimiento a D. Antonio, su hermano, a cambio de 
15.000 ducados de plata, para aumentar en 1.000 ducados la 
renta del Mayorazgo en nuestra ciudad, firmándose un con- 
trato en La Paz a 16 de Mayo de 1591. Murió al año siguiente 
Basco de Contreras y D. Pedro dilató el proyectado viaje, 
porque su mujer no gustaba por entonces de abandonar el 
Perú, y luego dejó por completo el proyecto de su padre, por 
haber sido nombrado por el Virrey, su tío, a 18 de Febrero de 
1594, Corregidor de la provincia de Omasuyo y de los pue- 
blos de Laxa, de Pucarani, de Guarina, de Copacabana y 
Achacache, y de los repartimientos de Carabuco, de Guanga- 
nec, de Ancoraymes, de Yaye, de Guacho y de Quina Quitara 
en el distrito de la ciudad de La Paz. Tomó D. Pedro resi- 
dencia con grande rectitud a D. Felipe de Lezcano, su ante- 
cesor, y tan prudente, tan enérgico y tan bondadoso se mostró 
en el desempeño de su cargo, que cuando la abandonó no 
cesaron aquellos pueblos de llorar su ausencia, y sus clamores 
llegaron hasta el Marqués de Montes Claros, Virrey entonces 
del Perú, el cual, a 1.° de Julio de 1615, le reiteró su nombra- 
miento de Corregidor del mismo país, el cual gobernó con 
grande satisfacción de todos, y muy llorado, D. Pedro de 
Contreras, el buen Corregidor, murió en La Paz el sábado de 
Ramos, 4 de Abril de 1626 y fué sepultado en la capilla fami- 
liar de San Miguel, en el templo de la Compañía. 

Tuvo este Mayorazgo dados parabienes de Conde de 
Puñonrostro, por ser el más inmediato pariente de D. Fran- 
cisco Arias Dávila y Bobadilla, su tío, cuarto Conde de 
este estado; el cual estuvo desahuciado de una gravísima 
enfermedad, pero convaleció luego y engendró hijos, a los 
cuales pasó la casa condal. Este D. Pedro de Contreras fué 
el primero de su familia que dispuso el retorno a Segovia, y 
dicen que a la hora de la muerte dio muestras de gran pesar 
por no haberlo llevado a cabo. 

Sucedió en la casa el mayor de sus hijos, llamado don 
Luis Jacinto, el cual casó con D.^ Leonor de Lodeña, primo- 
génita de D. Diego, señor de Romanillos y de la casa de 
Lodeña, y de D.^ Constanza de Ayllón. En 12 de Diciembre 
de 1626, el Corregidor y Justicia mayor de La Paz (que lo era 
entonces D. Antonio de Torres y Mendoza); por muerte de 



— 190 — 

don Ñuño de la Cueva, Corregidor de la provincia de Sicasica, 
nombró para este cargo a D, Luis de Contreras, que era a la 
sazón Alcalde ordinario de la ciudad de La Paz. Tan diestro 
se mostró el caballero en desempeñar su cargo, que poco 
más tarde, en 30 de Enero de 1630, el Virrey Conde de 
Chinchón dióle el vasto y rico Corregimiento de la provincia 
de Paria, 

El noble criollo, colmado de prosperidades, estaba domi- 
nado por la atávica nostalgia de la dura tierra de Castilla, 
cuna de su raza, que había de ella sacado fuerzas bastantes 
para luchar y trabajar en una grande obra, venciendo el 
sopor del clima y la molicie de sus riquezas, pero que al cabo 
de algunas generaciones comenzaba a languidecer en la paz 
y en la prosperidad que habían sucedido a los azarosos tiem- 
pos de la conquista. Además, desde Segovia, llegaban a cada 
momento infinidad de cartas de los de su linaje que le insta- 
ban a que tornase a España, pues era grande la necesidad 
que tenían de su Pariente mayor. En aquel tiempo, el Pariente 
mayor de una casa, el que disfrutaba las rentas de los Mayo- 
razgos, era el sostén de innumerables familias, deudos y 
allegados, servidores y colonos que vivían al amparo del 
blasón familiar, y la ausencia de los primogénilos de los 
Contreras dañaba muchos intereses. En alguna de estas car- 
tas se recordaba a D. Luis que su padre, en lecho de muerte, 
le había impu'stoel deber «de que se viniesse a España a 
»continuar en Segovia su ilustre solar, y familia, que parecía 
»se desanparaba con la ausencia de tantos años, y distancia 
»de tantas leguas, y mares, con gran inconveniencia de cuan- 
»tos allá siempre se avian de gloriar de origen tan ilustre: Y 
»recurrir a su pariente mayor: el cr.al era necesario que pre- 
»sente continuasse Familia, y Nobleza de tantos siglos» (1). 

Tales insinuaciones decidieron al cabo a D. Luis a aban- 
donar su casa y su corregimiento para tornar a España, y un 
día, el 26 de Mayo, fiesta del Corpus de 1633, se embarcó en 
el Callao con su madre D.^ Bernarda de Zúfiiga, D.^ Leonor 
su esposa, su hermano D. Laurencio de Contreras, a más de 
un su hijo, habido en su matrimonio, y todos sus familiares. 



(1) Colmenares, obra citada, página 49. 



— 191 — 

Día 2 de Febrero de 1634 desembarcaron nuestros viajeros 
en Cádiz, y deteniéndose algún tiempo en Sevilla, murió en 
esta ciudad D.^ Bernarda de Zúñiga, a 28 de Marzo, y fué 
sepultada en el templo de la Compañía de Jesús; pasó luego 
el mayorazgo con los suyos a Madrid, y dejando allí puesta 
su casa, quiso llegarse él solo, a pesar de hallarse delicado a 
causa del viaje, a contemplar la ciudad de Segovia, que, sin 
conocerla, le era tan queiida. Un hermoso día del estío de 
1634, descendiendo por las vertientes de la sierra de Guada- 
rrama, D. Luis, enfermizo y exangüe, pudo contemplar el 
maravilloso panorama de la ciudad que desde sus peñascos 
atalaya la llanura; la mole blanca de la nueva Catedral, las 
torres de las Parroquias, donde yacían los huesos de sus 
antepasados, los conventos donde consumieron sus vidas 
muchas doncellas de su linaje, los regalados sotos en los que 
los mozos de su sangre corrieron caballos y jugaron lanzas 
en juegos de valor y galanura. En este tiempo se cumplía el 
siglo desde que Rodrigo de Contreras, su bisabuelo, había 
abandonado la ciudad henchido el pecho de ambición y de 
esperanzas. 

D. Luis Jacinto de Contreras, luego de pasar a'gún tiempo 
en Segovia, muy agasajado de sus deudos y de los demás 
caballeros de la ciudad, tornó a Madrid para buscar a su 
familia y traerla coRsigo a la casa solariega. Sólo penas le 
esperaban, pues a poco de su regreso a la Corte murió su 
hijo único, D. Ignacio, casi un niño, el día 15 de Diciembre, 
y rendido por esta pérdida entregó el ánima el indiano a 29 de 
aquel mismo mes, recibiendo honrosa sepultura en la capilla 
de los Lodeñas. Sucedió en el Mayorazgo D. Laurencio de 
Contreras, su hermano, el cual casó en Madrid por poderes, 
año de 1637, con D.^ Luisa Guillamas y Casanate, hija de don 
Sebastián Guillamas, Caballero Aviles descendiente de una 
familia francesa, que vino a España a auxiliar a D. Knrique 11 
contra D. Pedro, su hermano; linaje cuyo solar estuvo en 
París y cuyo fundador fué el famoso paladín Guy de Flamme, 
que asistió a Godofredo de Buillón en la conquista de Jeru- 
salén. 

En el siglo XVIII. faltando en la casa sucesión masculina, 
recayó en la de Chaves, de la cual descienden los Marqueses 



— 192 — 

de Quintanar, los Condes de Superunda y otras insignes 
familias de la Grandeza de España (1). 



(I) D. Pablo de Contreras, último descendiente varón de Rodrigo de 
Contreras, murió muy anciano en 12 de Mayo de 1780. A su muerte recayó 
el cargo de Pariente mayor en D. Luis Domingo de Contreras Girón y 
Peralta, Marqués de Lezoya, descendiente de Luis de Contreras, hermano 
del Gobernador de Nicaragua, pero los Mayorazgos, después de un reñidí 
simo pleito entre los Marqueses de Lozoya, Quintanar y Tampo-Real, 
pasaron al Marqués de Quintanar, que lo era a la sazón el niño don Vic- 
torino de Chaves y Contreras, nieto de una hermana de don Pablo. 



APÉNDICE I 

ARCHIVO GENERAL DE INDIAS 

SEVILLA 

Relación y probanza de los gastos que hiso en el descu- 
brimiento del Desaguadero Rodrigo de Contreras. 

Afto 1548. 



M 



Relación sacada de la probanza fecha por par- 
te de rrodrigo de contreras gobernador que fué de 
nycaragua en el pleito que trata con el licenciado 
Villalobos fiscal de su majestad en el real conse- 
jo de yndias sobre los gastos que hi^o en el descu- 
brimiento del desaguadero. 

2// 1.^ p.* primeramente se an preguntados sy conoscen al 
dicho Rodrigo de contreras é al dicho licenciado 
bease la Villalobos fiscal é SÍ tienen noticia del desagua- 
dero y de la tierra á el comarcana que Rodrigo de 
contreras y sus capitanes por su mandado descu- 
brieron. 

II p.* Iten sy saben esta que su magestad por su cédula 
rreal mandó al dicho Rodrigo de Contreras que 
fuese á descubrir el dicho desaguadero y la tierra 
á el comarcana y que lo hiziese por sí é por sus 
capitanes acosta de la Real hazienda pido sea bis- 
tala cédula y los lo que saben 

I testigo. Juan arias maldonado dixo que la sabe como en 
ella se contiene porque este testigo bió la dicha 
cédula de su magestad por la qual mandaba á el 
dicho Rodrigo de contreras descubriese el dicho 
desaguadero y la tierra á el comarcana y que lo 
hiziese por sy é por sus capitanes é gente á costa 
de la rreal hazienda de su magestad se contiene 
en la cédula á la qual este testigo se rrefiere. 

II testigo, diego Ruyz dixo que este testigo bió una cédula 
de su magestad por la qual mandaba al dicho Ro- 
drigo de contreras gobernador que á la sazón hera 
enesta probincia fuese al dicho desaguadero y 
que por sus capitanes y gente lo descubriese con 
toda la tierra á el comarcana á costa de la Real 
hazienda y que este testigo á bisto la dicha cédu- 
la rreal de su magestad á la qual se refiere. 



— 196 — 

III testigo. El dicho francisco gutierrez dixo que ansy es pu- 

blico y notorio lo en la pregunta contenido y que 
se refiere á la dicha cédula. 

IV testg.° Al capitán Luys Delarrocha dijo que oyó dezir lo 

en la pregunta contenido y este testigo bido la 
dicha cédula á la qual se remyte e que por ella 
pareszer. 

V testigo. Alonso calero dixo que ansy es público y notorio 

y que se remyte a la dicha cédula. 

VII tesg.° Grabiel de león dixo que oyó decir lo en la dicha 
pregunta contenido publicamente y que se refiere 
á la cédula rreal de su magestad que por ella pa- 
reszerá. 

III.* p.^ Iten si saben estre que en complimyento de lo por 
su magestad mandado el dicho Rodrigo de contre- 
ras hizo mucha gente á su costa á los quales dio 
armas é calcados y bestidos é mantenymientos y 
á otros dio muchos dineros y que gasto mucha 
suma de dinero para el dicho efeto y armada y no 
pudo ser mas aclaren lo que saben desta pre- 
gunta. 

I testigo. El dicho Juan arias maldonado dixo que la sabe 
como en ella se contiene porque este testigo fué 
en la dicha armada que el dicho Rodrigo de con- 
treras hizo é bió que fué con mucha gente á su 
costa á los quales este testigo bio que dio armas y 
bastimentos é calcado y otras cosas é á hotros di- 
nero y que gasto enello mucha suma de dineros 
para el dicho efeto y que á este testigo como á uno 
de los que fueron en la dicha armada dio el dicho 
Rodrigo de contreras socorro de rropa y armas 
calcado y sabia y ansy la dio á todos los soldados 
que fueron en la dicha jornada que fueron mucha 
cantidad de gente. 

II testigo. Diego Ruyz dijo este testigo que sabe é bió quel 
dicho Rodrigo de contreras en cumplimiento de lo 
mandado por su magestad fué al dicho desagua- 



— 197 — 

dero y con mucha gente á lo descubrir conquistar 
y pacificar y poblar y que dio socorro de armas y 
bestidos y hotras cosas necesarias para la dicha 
conquista y algunos dio dinero y que este testigo 
á la sazón fué á la dicha armada y el dicho Rodri- 
go de contreras le dio armas y bestidos y que en 
lo susodicho el dicho Rodrigo de contreras gastó 
mucha suma de pesos de oro. 

III testg.° Diego gutierrez dijo que este testigo sabe é bió 

quel dicho Rodrigo de contreras hizo la dicha 
armada y gente y fué al dicho desaguadero y este 
testigo fué con el é que á todos los soldados que 
fueron á la dicha conquista el dicho Rodrigo de 
contreras les dio armas y bestidos y calcados y 
todas las hotras cosas necesarias para la dicha 
conquista y que á este testigo le dixeron algunas 
personas quel dicho Rodrigo de contreras les 
abía dado dineros de socorro para la dicha jor- 
nada. 

IV testig.° El capitán luys de larrocha dixo que este testigo 

bio hacer á la dicha gente al dicho Rodrigo de 
contreras y estubo con el é la dicha gente en el 
puerto donde partieron para hir al dicho biage y 
los bio partir y que sabe quel dicho Rodrigo de 
contreras probeyó de lo necesario a la dicha gen- 
te por que en presencia de este testigo bio que le 
pedían algunas cosas para hazel dicho biage é 
bía que les probeya dellas y que este testigo sabe 
quel dicho Rodrigo de contreras no pudo dejar de 
gastar en lo susodicho mucha cantidad de pesos 
de oro porque como dicho tiene bía que probehía 
á unos de armas y á hotros de rropas y á otros 
que le pedían dineros pero que la cantidad que 
pudo ser todo que no lo sabe. 

V testigo. Francisco de tapia dixo que este testigo sabe é 

bió que el dicho Rodrigo de contreras en cumpli- 
miento de la dicha cédula de su magestad hizo 
mucha cantidad de gente a su costa y mynsion 
para hir á la conquista y pacificación del dicho 
desaguadero y que sabe que enello gastó muchas 



— 198 — 

suma de pesos de oro porque probeyó á la gente 
que ansy llebó de armas y ballestas y ropas para 
bestir y hotras cosas necesarias para la dicha 
conquista y que esto que lo sabe porque lo bió y 
fué con la dicha gente y con el dicho gobernador 
al dicho desaguadero y ansy es público y notorio. 

VI testig.*^ Alonso calero dixo que sabe que el dicho Rodrigo 

de contreras hizo mucha gente á su costa para 
hyr al dicho descubrimyento y pacificación con- 
tenida en la pregunta á los quales vio lo conte- 
nido en la pregunta y gasto mucha cantidad de 
dineros y ansy es público y notorio y este testigo 
fué á la dicha conquista con el dicho Rodrigo de 
contreras. 

VII testg.° Grabiel de león dixo que este testigo sabe quel 

dicho Rodrigo de contreras en complimyento de 
lo en la dicha cédula contenido fué con mucha 
gente al dicho desaguadero porque este testigo 
bino del nombre de dios á la puerto de san juan 
de la cruz f é bió allí al dicho gobernador Rodrigo 
de contreras con la dicha g"ente y que oyó dezir á 
muchos soldados que el dicho gobernador abía 
echo la dicha gente á su costa y los había pro- 
beydo de armas y serbicio y ropa para bestir y 
que algunos abía dado dineros y que este testigo 
tiene por cierto que el dicho Rodrigo de contre- 
ras gastó en lo susodicho mucha cantidad de 
pesos de oro pero que no sabe certificadamente 
que tanto y que esto sabe de esta pregunta. 

IV p'^ Iten si saben etc. que para la dicha armada é des- 
cubrimyento el dicho Rodrigo de contreras á su 
costa bió hazer y comprar hasta cinco berganti- 
nes para hir el Río abaxo é para que llebasen la 
gente y armas é mantenymyentos y hotras cosas 
necesarias para la conquista en lo qual ansy 
mesmo gastó mucha suma de pesos de oro y no 
pudo ser menos. 

I testigo. Juan arias maldonado dixo que sabe esta pregun- 
ta como en ella se contiene porque este testigo 



— 199 — 

como dicho tiene fué en la dicha armada y bió y 
se alió presente al tiempo quel dicho Rodrigo de 
contreras hizo hazer á su costa é comprar los 
dichos cinco bergantines para hir el Río abaxo é 
llebar la gente é armas y mantenimyentos é 
hotras cosas necesarias para la dicha conquista 
en lo qual dicho Rodrigo de Contreras gastó mu- 
cha suma de pesos de oro los quales dichos cinco 
bergantines con unos que se hison en la mar y 
hotros que llevó mateo de lezcano y hotros que 
llebó el tesorero y hotro que compró de Francisco 
Sánchez y otro que le enviaron con gente y man- 
tenimyento en lo qual el dicho Rodrigo de con- 
treras gastó mucha suma de pesos de oro porque 
iban cargados de mantenimientos é armas y 
hotras cosas para la dicha conquista. 

II testigo. Diego Ruyz dixo que sabe é bió que el dicho 

Rodrigo de contreras hizo hazer y comprar cinco 
bergantines para llevar bastimentos y armas des- 
ta probincia al dicho desaguadero y quel un ber- 
gantín hizo hazer el dicho Rodrigo de contreras 
en el dicho desaguadero y hotro llevo mateo de 
lezcano por mandado del dicho Rodrigo de contre- 
ras con bastimentos é armas y gente y hotro ber- 
gantín que fué ansy mesmo el tesorero pedro de 
rrios cohotro bergantín grande que topó en el 
dicho socorro y otro que llebó el dicho Rodrigo 
de contreras quando se benía á esta probincia en 
lo qual ansy mesmo este dicho testigo cree que 
gastó mucha suma de pesos de oro lo qual sabe 
porque este dicho testigo andubo en la dicha con- 
quista y lo bió. 

III testg,'' Diego Gutiérrez dixo que este testigo bió quel 

dicho Rodrigo de contreras hizo hazer una fra- 
gata en el Río de traude é que después desta 
probincia fué con un bergantín mateo de lezcano 
con bastimento y gente é que después bió que 
doña maría de peflalosa mujer de dicho Rodrigo 
de contreras enbió hotro bergantín cargado de 
bastimento é después oyó decir publicamente 
como abía el dicho Rodrigo de contreras com- 



— 200 — 

prado un bergantín de Francisco Sánchez é que 
bió hacer de una barca de Francisco Sánchez 
una fragata para ir adonde el dicho Rodrigo de 
contreras estaba la qual llevó el tesorero pedro 
de los R3'^os é que fué publico que la dicha doña 
maría la embiaba la qual iba cargada de vasti- 
mento y que enello el dicho Rodrigo de contreras 
no pudo dejar de gastar mucha suma de pesos 
de horo. 

IV testg.° El capitán luys de larrocha dixo que este testigo 

sabe quel dicho Rodrigo de contreras é por su 
mandado compraron los dichos bergantines e los 
mandó hazer á su costa y este dicho testigo bió 
hacer una parte de ellos para el dicho efeto y que 
sabe que en ello gasto mucha suma de pesos de 
oro pero que este testigo no sabe que tanto por- 
que en la sazón que se hizieron los dichos bergan- 
tines balían los adrecos para hazerse é oficiales 
dellos caro todo y esto sabe desta pregunta. 

V testigo. Francisco de tapia dixo que sabe este testigo quel 

dicho Rodrigo de contreras gobernador compró 
y mandó hacer cinco bergantines é fragatas para 
lo contenido en la pregunta y que las dos de ellas 
embió al dicho desaguadero con bastimento doña 
maría de pefialosa mujer del dicho Rodrigo de 
contreras y un bergantín que compró de francis- 
co Sánchez y otro que hizo hazer en la boca del 
desaguadero la qual hizo hazer el dicho Rodrigo 
de Contreras y otro que llebó el tesorero pedro 
de los Ríos al dicho desaguadero con las quales 
dichas fragatas se probeya de bastimentos y 
hotras cosas necesarias para la gente que estaba 
en la dicha conquista que lo enbíaba la dicha 
doña maría de peñalosa en todo lo qual este dicho 
testigo sabe que se gastó mucha suma de pesos 
de oro y que no pudo ser menos. 

VI testg.° Alonso calero dixo que este testigo bió que el 

dicho gobernador traya en el dicho descubrí- 
myento y conquista quatro bergantines y una 
fragata parte de ellos que compro echos }'• otros 



— 201 — 

que mandó hazer en lo que g-astó mucha cantidad 

de pesos de oro y que no pudo ser menos. 

VII testg." Grabiel de león dixo que este testigo estubo dos 
años en el puerto de san juan de la cruz f que es 
en el dicho desaguadero y fué allí Alcalde y du- 
rante este dicho tiempo traer para seruicio de la 
dicha conquista con que se llebaban los baxti- 
mentos y gentes é munycion de armas y hotras 
cosas cinco bergantines los quales este dicho 
testig"o oyó decir publicamente quel dicho Rodrigo 
de contreras abía mandado hazer parte de ellos a 
su costa y que hotros los abía comprado echos y 
ansy es publico y notorio en el dicho desaguade- 
ro y que no pudo ser menos sino que se gastase 
en ellos mucha cantidad de pesos de oro porque 
en aquella sazón balía caro el yerro y las hotras 
cosas y oficiales para hacellos pero que este tes- 
tigo no sabe certificadamente lo que pudieron 
costar los dichos cinco bergantines mas de que 
este testigo tiene por cierto que según el tamaño 
y manera de ellos llegaría cada uno de ellos á 
nobecientos ho m}^ pesos poco mas ho menos 
porque este testigo compró un barco como uno 
de los que ansy hizo el dicho Rodrigo de contre- 
ras e aun no hera tan bueno y después de adre- 
zado le llego a myl é ciento é cinquenta pesos lo 
qual pasó poco antes que este testigo llegase al 
dicho puerto de san juan de la cruz y que esto es 
lo que sabe de esta dicha pregunta. 

V p^^ Iten si saben cierto que en los gastos que ansí 
hizo el dicho Rodrigo de contreras ansy en hazer 
á su costa los dichos bergantines como en man- 
tenymiento de armas é dinero é hotras cosas que 
dio á los dichos soldados como se contiene en las 
dos preguntas antes de esta comunmente pudo 

gastar hasta en cantidad de pesos de oro 

y antes mas que menos aclaren los testigos lo que 
pudo gastar en lo susodicho el dicho tiempo poco 
mas ó menos por se aber aliado presente. 

I testigo. Juan arias maldonado dixo que en los dichos gas- 



— 202 — 

tos que hizo el dicho Rodrigo de contreras ansy 
en hacer los dichos bergantines y en comprarlos 
y en los dichos socorros que hizieron é dieron y 
armas y hotras cosas que dio á los soldados de 
socorro como dicho tiene en las preguntas antes 
de esta gastaría y gastó ocho myl castellanos é 
mas á su parecer de este dicho testigo por ser los 
dichos gastos ecesibos lo qual sabe porque como 
dicho tiene se alió este testigo presente a todo ello. 

II testigo. El dicho diego Ruyz dixo que le paresce á este 

dicho testigo que el dicho Rodrigo de contreras 
en hazer los dichos bergantines y en los que com- 
pro y en el dicho socorro é armas é dineros que 
dio á algunos de los que fueron en la dicha con- 
quysta y en los demás gastos que dicho tiene en 
las preguntas antes de esta gastaría y gastó al 
parecer deste dicho testigo hocho myl pesos de 
oro poco mas ho menos lo qual sabe porque como 
dicho tiene se alió presente á todo lo susodicho é 
andubo en la dicha conquista. 

III testg.° Diego gutierrez dixo que este testigo á bisto hazer 

hotras armadas é que sean los gastos que el dicho 
Rodrigo de contreras hizo é bastimentos que le 
enbiaron é lo que podía baler los dichos bergan- 
tines é ayuda de costas que hizo con los soldados 
podría gastar en lo susodicho seis mil pesos de 
oro lo qual sabe por que se alió en la dicha con- 
quysta y por lo que dicho tiene. 

IV testg.'' El capitán luys de larrocha dixo que este testigo 

no sabe certificadamente la cantidad de pesos de 
oro que pudo gastar mas de que por lo que bió de 
lo que se gastaba con la gente y de la costa que 
se hizo en armas y rropas y bastimentos y en los 
dichos bergantines sabe que fué mucha cantidad 
de dineros lo que gastó y que esto es lo que sabe. 

V testg.° Francisco de tapia dixo que disce lo que dicho 
tiene en las preguntas antes de esta é que según 
este testigo bio hacer los dichos gastos para el 
dicho biaje ansi en hazer los dichos bergantines 



— 203 - 

como en los que compró como en los muchos bas- 
timentos que se llevaron y socorro que se hizo 
á la dicha gente le paresce á este dicho testigo 
quel dicho Rodrigo de contreras gasto en lo su- 
sodicho hasta syete ó hocho myl pesos de oro 
poco mas ho menos y que este testigo sabe que 
en semejantes armadas é descubrimyentos se sue- 
len gastar mucha suma de pesos de oro porque 
este testigo á estado en hotras conquistas y lo á 
bisto y que esto sabe de esta pregunta. 

VI testg.° Alonso calero dixo que como dicho tiene fué con 

el dicho gobernador al dicho descubrimyento y 
pacificación 3" bió los gastos que dicho tiene en 
las preguntas antes de esta é que según fueron 
muchos y se suelen gastar en armadas y descu- 
brimyentos de tierras el dicho Rodrigo de contre- 
ras pudo gastar á su parecer de este dicho testigo 
en todo lo susodicho é socorro que hizo hasta sie- 
te ú hocho myl pesos de buen oro poco mas ho me- 
nos y que esto sabe y le paresce desta pregunta y 
quete testigo á ido al dicho descubrimyento del 
desaguadero con diego gutiérrez é que con me- 
nos tiempo é con menos gente que lo que llebó 
dicho Rodrigo de Contreras el dicho diego gutié- 
rrez gastó diez myl pesos é mas lo qual sabe 
porque este testigo bío la quenta de los dichos 
gastos. 

VII testg.*^ Grabiel de León dixo que á lo que á este dicho 

testigo le paresce por lo que oyó decir á muchos 
soldados de los gastos é probeymyentos quel dicho 
Rodrigo de contreras le había echo é gastado é se- 
gún los mantenymientos que bió llev^ar y armas y 
con lo que ansy pudieron costar los dichos cinco 
bergantines tiene por cierto este testigo quel dicho 
Rodrigo de contreras pudo gastar en lo susodicho 
hasta diez myl castellanos poco mas ho menos 
porque este testigo bió que fué mucho el basti- 
mento que se llebó para el dicho descubrymyento 
del dicho desaguadero y las demás cosas necesa- 
rias para los dichos soldados porque este testigo 
extaba en el dicho puerto é lo beya é se tenia 



— 204 - 

especial cuydado en embiar siempre manteny- 
mientos para la gente y questo sabe desta pre- 
gunta y es público. 

VI pt* Iten si saben ectc que para llebar al dicho descu- 
brimj^ento mucha parte de los mantenymyentos 
demás de los bergantines el dicho Rodrigo de 
contreras higo muchas canoas y compro hotras 
en que gastó demás de lo susodicho hasta en can- 
tidad de pesos de oro aclaren los testigos lo que 
pudo gastar y en hazer en comprar las dichas 
canoas para llebar parte de los dichos bastimen- 
tos por el rrío abajo poco mas ho menos digan lo 
que saben. 

T testigo. Juan arias maldonado dixo que este testigo bió 
como el dicho Rodrigo de contreras para el dicho 
descubrimiento y para llevar bastimentos demás 
de lo que hiban en los dichos bergantines hizo 
hazer muchas canoas y compró hotras que á lo 
que le paresce á este dicho testigo heran mas de 
sesenta canoas é hiban enellas mucha cantidad 
de bastimentos é armas para la gente que iba a 
la dicha conquista y que á su paréscer deste tes- 
tigo el dicho Rodrigo de contreras en hazer las 
dichas canoas é hazer hotras gastaría é gastó 
mas de otros tres mil castellanos demás de los 
dichos hocho mil contenj^dos en la pregunta antes 
desta lo qual sabe porque este testigo estubo en 
la dicha conquista y á estado en hotras conquis- 
tas de tierras nuebas que conquistan y pueblan y 
son muy escesivos los gastos que los dichos capi- 
tanes hazen en las dichas armadas. 

II testigo. El dicho diego Ruyz dixo este testigo que lo que 
della sabe es que sabe é bió que demás de los di- 
chos bergantines el dicho Rodrigo de contreras 
compró y mandó hazer muchas canoas demás de 
los dichos bergantines para llevar bastimentos y 
armas y socorros por el Río abajo al dicho des- 
aguadero y que le paresce á este dicho testigo 
que gastaría y gastó en todo lo susodicho canti- 
dad de pesos de oro y que enlo susodicho y en los 



— 25 — 

dichos bergantines y en lo demás que dicho tiene 
en las preguntas antes desta gastaría los dichos 
ocho myl pesos que dicho tiene. 

III testg.° El dicho diego gutierrez vecino desta dicha ciu- 

dad dixo que le paresce á este testigo que demás 
de los dichos bergantines sabe que el dicho Ro- 
drigo de contreras hizo hazer ciertas canoas para 
llevar bastimentos y gente y que podía gastar en 
lo susodicho la cantidad de dineros que dicho 
tiene en las preguntas antes de esta en que se 
afirma. 

IV testg.° El capitán luys de larrocha dixo que este testigo 

sabe que ansy mesmo el dicho Rodrigo de contre- 
ras llebó muchas canoas para el efeto en la pre- 
gunta contenida y que no pudo dexar de gastar 
en ello muchos dineros pero que este testigo no 
sabe certificadamente la cantidad que pudo ser y 
que esto sabe de esta pregunta. 

V testg.° Francisco de tapia dixo que este testigo sabe é 
bió que demás de los dichos bergantines é canoas 
el dicho Rodrigo de contreras hizo hazer y com 
prar cantidad de canoas para probeher de basti- 
mentos }■ hotras cosas necesarias para la dicha 
conquista porque este testigo andubo en la dicha 
conquista ^ bió las dichas canoas y le paresce á 
este testigo que el dicho Rodrigo de contreras 
pudo gastar en las dichas canoas é bastimentos 
dema y de carne y ropa de alpargatas y hotras 
cosas necesarias para la dicha conquj^sta é gente 
pudo gastar en lo susodicho á su parecer deste 
dicho testigo dos myl pesos de oro poco mas ho 
menos demás de los que tiene dichos y declarados 
en las preguntas antes de esta y esto es lo que 
sabe ectc. 

VI testg.° Alonso calero dixo que este testigo sabe que el 
dicho Rodrigo de contreras llebó al dicho des- 
aguadero mucha cantidad de canoas en que llebó 
muchos bastimentos para la dicha gente algunas 
de ellas compradas y hotras que mandó hazer y 
que en ellas gastó cantidad de pesos de oro con 



— 206 

los dichos bastimentos según que tiene dicho y 
declarado y questo sabe de esta pregunta. 

VII testg.° Grabiel de león dixo que este dicho testigo bido 
llebar mucha cantidad de canoas en que se lleva- 
ron bastimentos sin otras que este testigo supo 
que se abían perdido en el dicho desaguadero 
antes que llegasen á donde este dicho testigo 
estaba é que este testigo no sabe lo que pudieron 
costar mas de que no pudieron de costar muchos 
dineros porque heran muchas y grandes y esto 
sabe de esta pregunta. 

VII p^^ Iten si saben et« que ansy mesmo para llebar á la 
dicha conquysta é descubrymyento mucho mays 
é bastimentos para la gente el dicho Rodrigo de 
contreras fletó hotros bergantines de hotros beci- 
nos en que le costaron los fletes hasta quinientos 
pesos de oro declaren lo que saben. 

I testigo. Juan Arias maldonado dixo que sabe é bió que 
para llevar á la dicha conquysta é descubrimien- 
to mucho mays é bastimentos para la gente el 
dicho Rodrigo de contreras fletó hotros bergan- 
tines de hotros becinos en que entre hotros que 
fletó le costó uno para llebar trescientas anegas 
de mayz de calero é machuca trescientos pesos 
de oro por solamente los fletes de dicho mayz 
porque esto hera del dicho Rodrigo de contreras 
y que le paresce á este dicho testigo que ansy 
cueste como en hotros que fletó gastaría los di- 
chos qui pesos en la pregunta contenida diego 
Ruyz estante en esta ciudad dixo que demás de 
los dichos bergantines é canoas el dicho Rodrigo 
de contreras fletó hotros bergantines para llevar 
maíz y armas y hotras cosas necesarias para la 
guerra y que en lo susodicho le paresce á este 
dicho testigo que gastaría e gastó trescientos 
pesos de oro sin los dichos bastimentos é armas 
que heran del dicho Rodrigo de contreras lo qual 
sabe porque este testigo andubo en la dicha con- 
quysta y lo bió como dicho tiene. 



— 207 — 

III testigo. Diego gutierrez dixo que este testigo bió que la 

dicha doña maria enbio dos bergantines de calero 
y machuca j en ellos embiaba bastimentos que 
por cada anega de mayz llebavan un peso de flete 
y que le paresce a este testigo que le costarian 
los fletes de el dicho mayz trescientos pesos. 

IV testg." Luys de larrocha dixo que es berdad lo en la pre- 

gunta contenido porque este testigo y pero Sán- 
chez y Juan caballo fueron en fletar ciertos ber- 
gantines para llebar el dicho mays é bastimentos 
á el dicho Rodrigo de contreras que estaba en el 
dicho desaguadero con la dicha gente é que sabe 
que llebaba á peso por cada anega y que los fletes 
del dicho mayz é bastimentos montó muchos di- 
neros y que como a mucho tiempo que pasó este 
dicho testigo no se aquerda lo que montó pero 
que cree é tiene por cierto que llegaría á la quan- 
tía de los dichos quinientos pesos de oro y que 
esto es lo que sabe de esta dicha pregunta. 

V testigo. Francisco de tapia dixo que este testigo sabe y 

fué público en el dicho desaguadero que demás 
de los bastimentos que se llebaron en los dichos 
bergantines é canoas de suyo declararadas se lle- 
baron muchos bastimentos en hotros bergantines 
de personas particulares que enbiaba la dicha 
doña maría de peñalosa al dicho Rodrigo de con- 
treras bastimento para la dicha gente y al tiempo 
que lo llebaron al dicho desaguadero beya que- 
jarse al dicho Rodrigo de contreras de los fletes 
que llebaban por los dichos bastimentos diciendo 
que lo llebavan á subidos precios é que le costa- 
ban muchos pesos de oro los dichos fletes y que 
en lo susodicho el dicho Rodrigo de contreras 
gastó cantidad de pesos de oro demás de lo que 
los dichos bastimentos bailan y este testigo como 
uno de los soldados que andaban en la dicha con- 
quysto comyo de los dichos bastimentos y esto es 
lo que sabe de esta dicha pregunta. 

VI testg.® Alonso calero dixo que este testigo sabe que llebó 

mucho bastimento al dicho desaguadero en hotros 



— 208 — 

bergantines de personas particulares y que este 
testigo bió quejarse al dicho Rodrigo de contre- 
ras en el dicho desaguadero diciendo que le cos- 
taba mucho los fletes de los dichos bastimentos y 
esto es lo que sabe de esta dicha pregunta. 

VII testg®. Grabiel de león dixo que lo que de esta pregunta 
sabe es que demás del bastimento que se Uebó en 
las canoas y fragatas del dicho Rodrigo de con- 
treras bió este testigo que llebaban en hotras 
fragatas de personas particulares mucho maiz y 
hotros bastimentos y que este dicho testigo oyó 
decir á los que llebaban los dichos bergantines y 
bastimentos que les daban á peso de oro por cada 
anega de maiz pero que este testigo no sabe sy 
los dichos fletes llegaron á los dichos quinientos 
pesos en la pregunta contenyda mas de que como 
dicho tiene bió llebar en los dichos bergantines 
mucho mayz é oyó decir á los que ansy lo lleba- 
ban que les pagaban á peso de oro por cada 
anega y que o es lo que sabe desta dicha pre- 
gunta. 

VIII p.^ Iten si saben ect que los dichos bergantines y 
canoas se gastaron y consumyeron en el seruicio 
de el dicho descubrimiento é quedo todo tal que 
no se diera por ello dinero alguno ny el dicho 
Rodrigo de contreras lo bolbió á hender declaren 
lo que saben. 

I testigo. Juan Arias maldonado dixo que este testigo bió 
que al tiempo quel dicho Rodrigo de contreras se 
bino los dichos bergantines y canoas estaban 
tales que no hallarían quien por ellos diera cosa 
alguna porque se consumyeron y gastaron en 
servicio del dicho descubrimyento é que aunque 
dicho Rodrigo de contreras lo quisyera hender 
no hallara quien le diera un Real porello. 

II testigo. Diego Ruyz dixo que sabe é bió que los dichos 
bergantines y canoas se gastaron y consumyeron 
en el dicho desaguadero y que quedó tal y tan gas- 
tado que no hera de provecho ninguno ny hallaran 



— 209 — 

quien por ello diera cosa alguna n}^ el dicho Ro- 
drigo de contreras ny otra persona alguna por su 
mandado lo bendió. 

III testg.° Diego Gutiérrez dixo que sabe é bió que los di- 
chos bergantines y canoas se distribuyeron é gas- 
taron en el dicho descubrimyento esceto un ber- 
gantín pequeño y que este testigo no sabe quel 
dicho Rodrigo de contreras lo hendiese ny hotra 
persona por su mandado. 

TV testg.° El capitán luys de larrocha dixo que sabe y es 
público é notorio que todos los dichos berganti- 
nes ho la maj'or parte de ellos y las dichas ca- 
noas se perdió y consumió en el dicho descubri- 
myento porque ans\' lo oyó este testigo decir á 
los que fueron en el dicho biaje y que esto sabe 
desta pregunta. 

V testigo. Francisco de tapia dixo que este testigo sabe é 

bió que uno de los dichos bergantines que fué el 
mayor de ellos lo llebaron ciertos soldados que 
se fueron uyendo al nombre de dios y hotro ber- 
gantín é fragata la llebaron ansy mesmo hotros 
soldados que se amotinaron abiéndolos enbiado á 
descobrir é que ansy mesmo sabe que todas las 
dichas canoas o la mayor parte de ellas que ansy 
se llebaron al dicho desaguadero se perdieron y 
gastaron en el dicho descubrymyento y que sabe 
que las hotras tres fragatas andaban sirbiendo 
en todo lo necesario para el dicho de6cubrim3'en- 
to é que no sabe que el dicho Rodrigo de contre- 
ras las hendiese ny lo que de ellas se hizo y que 
esto sabe de esta pregunta. 

VI testg°. Alonso Calero dixo que este testigo sabe que uno 

de los dichos cinco bergantines lo llebaron ciertos 
soldados que se fueron al nombre de dios y hotros 
lo llebaron hotros soldados que se amotinaron con 
un cansyno y que estos é los hotros sabe é bió que 
andaban syrbiendo en el dicho descubrimyento y 
que no pudieron dejar de gastarse y que este tes- 
tigo no sabe ny á ©do dezir quel dicho Rodrigo 

14 



— 210 — 

de contreras ny hotra persona por su mandado lo 
hendiese y que todas las dichas canoas ho la ma- 
yor parte dellas se consumyeron en el dicho des- 
cubrimyento. 

VII testg.* Grabriel de león dixo que este testigo bió que mu- 
chas de las dichas canoas se perdieron é pudrieron 
é hizieron pedamos é las demás quedaron tales que 
no heran de probecho y que los dichos bergantines 
syrbieron en el dicho descubrimyento é andaban 
ya maltratadas é que tiene por cierto que queda- 
ron tales según este dicho testigo los bido que no 
quedaron de probecho é que dos de ellos sabe 
este dicho testigo que se fueron amotinados y que 
no sabe ny a oído decir quel dicho Rodrigo de 
contreras aya hendido ny aprobechadose de nin- 
guno de ellos y que esto sabe desta pregunta. 

IX p.^ Iten si saben ect quel dicho Rodrigo de contreras 
descubrió el Río del desaguadero é hizo el dicho 
descubrimyento con la gente y bergantines y 
canoas e hiba descubriendo mucha parte de la 
tierra á el comarcana apaciguándola y pobló en 
ella un pueblo que le dice san juan de la cruz en 
el qual puso alcaldes y Regidores y prosiguió la 
dicha conquista hasta tanto que bino por gober- 
nador de su magestad diego gutierrez á cuya 
causa el dicho Rodrigo de contreras no pudo hir 
mas adelante aclaren lo que saben desta pre- 
gunta. 

I testigo. Juan Arias maldonado dixo que la sabe como en 
ella se contiene porque como dicho tiene se hallo 
en la dicha conquista y lo bió como en la pre- 
gunta se contiene y quel dicho diego gutierrez 
bino por gobernador de la tierra é la gente de el 
dicho diego gutierrez, la gente que estaba pobla- 
da por el dicho Rodrigo de contreras lo qual sabe 
porque se lo dijieron á este testigo y al alcalde 
algunos de los Regidores del dicho pueblo quel 
dicho Rodrigo de contreras pobló 

II testigo. El dicho diego Ruyz estante en esta ciudad dixo 



— 211 - 

que sabe é bido quel dicho Rodrigo de contreras 
descubrió el dicho Rio de el desaguadero é hizo 
el dicho deseubrimyento con la dicha gente y 
bergantines é canoas é hiba en descubrimiento 
de la tierra comarcana al dicho desaguadero é 
apaciguándola y pobló en ella un pueblo que lla- 
maba san Juan de la cruz f é higo alcaldes é 
Regidores é prosiguió la dicha conquista hasta 
tanto que tubieron notizia como diego gutierrez 
estaba en el nombre de Dios é que benya por 
gobernador de ella y que por la dicha nueba no 
descubryeron mas lo qual sabe por lo que dicho 
tiene. 

III testigo. El dicho diego gutierrez dixo que este testigo 

sabe que Alonso calero por mandado del dicho 
Rodrigo de contreras gobernador y capitán gene- 
ral que á la sazón hera en esta probincia descu- 
brió el dicho Río del desaguadero é que después 
el dicho Rodrigo de contreras con la gente que 
dicho tiene por el dicho desaguadero abajo y des- 
pués de salido de el Río del desaguadero hiba 
conquistando y que después este testigo se bino y 
que fué publico y notorio y cosa muy cierta que 
el dicho Rodrigo de contreras pobló un pueblo 
que le dice san juan de la cruz f y puso en ella 
alcaldes y Regidores que se llamaba alcalde león 
3^ que este dicho testigo oyó decir publicamente 
que bino cierta gente de diego gutierrez que benía 
por gobernador y había echado la gente que allí 
estaba poblada 3" que por benyr por gobernador 
el dicho diego gutierrez el dicho Rodrigo de con- 
treras y sus capitanes ny gdhte no pudieron hir 
adelante. 

IV testig.° Dixo que bió hir al dicho Rodrigo de contreras 

con la dicha gente al dicho deseubrimyento y 
ques publico y notorio que el dicho Rodrigo de 
contreras y sus capitanes descubrieron el dicho 
desaguadero é la tierra á él comarcana y pobla- 
ron en el cabo del dicho Río junto a la mar un 
pueblo de españoles y que es publico en esta pro- 
bincia que el dicho diego gutierrez b«nya por 



— 212 — 

gobernador de el dicho desaguadero y que des- 
pués desto bió este dicho testigo como el dicho 
Rodrigo de contreras se bino á esta dicha probin- 
cia enfermo y fué público que dejo al capitán 
Castañeda con la gente en la tierra y que ansy 
abía descubierto y que esto sabe de esta pregunta. 

V testigo. El dicho francisco de tapia dixo que este testigo 

sabe é bió quel dicho Rodrigo de contreras a los 
capitanes que por su mando fueron al dicho des- 
cubrimiento descubrieron el Río de el desaguadero 
con la gente que ansi llebaban y con los dichos 
bergantines y canoas descubrieron mucha parte 
de la tierra á el comarcana é pobló en ella á la 
boca del dicho desaguadero un pueblo que dicen 
san Juan de la cruz y puso en el alcaldes y Regi- 
dores é prosiguió la dicha conquysta hasta tanto 
que supieron que benya por gobernador de el 
dicho desaguadero diego gutierrez de madrid y 
que como se supo muchos soldados que andaban 
en la dicha conquista se fueron de cuya causa no 
se prosiguió el dicho biaje. 

VI testig.° Alonso calero dixo que lo que sabe é bió es que 

el dicho Rodrigo de contreras é hotros capitanes 
por su mandado descubrieron el dicho Río del des- 
aguadero é mucha tierra á el comarcana con la 
dicha gente é bergantines y canoas y pobló un 
pueblo que dicen san juan de la cruz y puso en el 
justizias y que esto es lo que sabe de esta dicha 
pregunta. 

VII testg.*' Grabriel de león dixo que al tiempo que el dicho 

Rodrigo de contreras se partió de el dicho puerto 
de san juan de la cruz este testigo le bió hir con 
la dicha gente á descubrir é poblar la tierra aden- 
tro y oyó decir que abía descubierto ciertos pue- 
blos de yndios é los abía apaciguado y que sabe 
quel dicho Rodrigo de contreras pobló el dicho 
pueblo ho pueblo de san juan de la cruz y puso en 
el justizia y Regidores y que á este testigo le 
nombró por alcalde de el dicho puerto é lo fué 
hasta que bino el dicho diego gutierrez y Alvaro 



— 213 — 

de torres su tenyente y como el dicho Alvaro de 
torres llegó al dicho puerto tomó la posesión por 
el dicho diego gutierrez é quito la bara de alcalde 
á este testigo y que esto es publico y notorio en el 
dicho desaguadero y que por benyr el dicho diego 
gutierrez por gobernador de la dicha tierra se 
dejaba de proseguir el dicho biaje y que esto sabe 
de esta pregunta. 

X p.'^ Iten si saban ect que en el descubrimyento que el 
dicho Rodrigo de contreras y sus capitanes hizie- 
ron del dicho Río de el desaguadero fué esto útil 
e muy probechoso a la dicha probincia de nj'^ca- 
ragua porque pueden hir é benyr nabios de todas 
las partes é tierras de el mar de el norte 3' suben 
por el dicho Río machos bergantines y fragatas 
con cosas de mercaderías y bastimentos á la 
dicha probincia de nycaragua á cuya causa la 
dicha probincia á benydo á mucho por el trato 
que se ha tenydo y tiene por el dicho descubry- 
myento del desaguadero que el dicho Rodrigo de 
contreras hizo en que se han aumentado mucho 
las rentas Reales de su magestad declaren los tes- 
tigos lo que saben de esta pregunta por ser 
notorio. 

I testigo. Juan Arias maldonado dixo que es ansí como en 
esta pregunta se contiene porque á bisto é bée 
que después que el dicho Rodrigo de contreras 
descubrió el dicho desaguadero bienen muchas 
fragatas y bergantines de la mar de el norte por 
el dicho desaguadero á esta probincia é traen 
muchas mercaderías y bastimentos á esta dicha 
probincia á cuya causa á benido á mucho mas las 
Rentas reales de su magestad. 

II testigo. El dicho diego Ruy dixo que está claro y notorio 
que á esta probincia de nycaragua b3-no mucha 
utilidad y probecho en descobrir el dicho Rodrigo 
de contreras el dicho desaguadero porque bienen 
muchas fragatas y bergantines de el mar de el 
norte por la laguna á esta probincia é traen mu- 
chas mercaderías y bastimentos y que de ello ha 



- 214 — 

redundado 5^ rredunda mucho útil é probecho á 
su magestad é sus Rentas Reales se acrecientan. 

III testigo. El dicho diego g'utierrez dixo que es ansy como 

en la pregunta se contiene y ques cosa muy útil y 
probechosa el dicho descubrimyento que el dicho 
Rodrigo de contreras por que bienen muchas fra- 
gatas é bergantines desde la mar de el norte por 
el dicho Rio arriba del dicho desaguadero á esta 
probincia é traen mercaderias é bastimentos á 
esta probincia y que este testigo trae un bergan- 
tín al dicho trato y que enello se ha aumentado 
esta probincia y las Rentas Reales de su mages- 
tad se han acrecentado y aumentado. 

IV testig.° El capitán luys de larrocha dixo que este testigo 

sabe que en descubrirse el dicho desaguadero a 
sido útil e probechoso á esta ciudad porque ay en 
ella los bastimentos de españa mas baratos que 
los abía antes de este descubrymiento por donde 
se probee esta probincia mas complidamente que 
de antes y sabe que después acá que se descubrió 
es la mas enoblecida esta dicha ciudad é ay mu- 
cha mas gente en ella y que esto es lo que sabe 
de esta dicha pregunta. 

V testigo. Francisco de tapia dixo que este testigo sabe y 

ansi es notorio en exta probincia que á benydo y 
biene mucha utilidad y probecho á esta probincia 
y á los bezinos de ella en descobrir el dicho des- 
aguadero porque pueden benyr muchos nabios 
hasta la boca del desaguadero por la mar del 
norte y bienen muchos bergantines y fragatas 
desde el dicho nombre de Dios y suben por el 
dicho desaguadero á esta probincia con merca- 
derias é bastimentos de cuya causa esta probincia 
esta mas bastecida y las cosas de españa balen 
mas barato y se á aumentado mucho por el dicho 
trato y se an aumentado las rentas Reales de su 
magestad por los derechos que lleva de las mer- 
caderias y que esto es lo que sabe de esta pre- 
gunta. 



— 215 — 

VI testig." El dicho Alonso calero dixo que este dicho testigo 

sabe é ha bisto que de aber descubierto el dicho 
desaguadero por el dicho gobernador é sus capi- 
tanes. I se a aumentado esta probincia y esta muy 
mas bastecida de las cosas necesarias.) necesarias 
porque por el dicho desaguadero lo traen en ber- 
gantines desde el nombre de Dios por la mar del 
norte y pueden benyr nabios de españa por la 
mar del norte hasta la boca del dicho desagua- 
dero y que se han aumentado las Rentas Reales 
de los almojarifasgos é derechos á su magestad 
pertenecientes de las marcaderias que se traen 
por el dicho desaguadero. 

VII testg.° Grabiel de león dixo que este testigo sabe que en 

aber descubierto el dicho Rodrigo de contreras 
por el y por sus capitanes el dicho desaguadero 
ha benydo mucho probecho é utilidad á esta pro- 
bincia é aumento á las Rentas Reales porque 
hasta el dicho puerto de san juan pueden benyr 
nabios é desde allí bienen hasta la ciudad de gra- 
nada por el dicho desaguadero muchos berganti- 
nes y fragatas en que traen á esta dicha probin- 
cia todas las cosas necesarias despaña,) é ansy 
después acá que el dicho desaguadero se trata 
balen mas barato y ansi es publico y notorio y 
por esta causa esta bastecido esta probincia de 
las cosas necesarias despaña.) y que esto es lo que 
sabe de esta pregunta. 

XI p.'^^ Yten si saben etc que si el dicho diego gutierrez 
al dicho tiempo no biniera por gobernador de su 
magestad á las dichas partes el dicho Rodrigo de 
contreras y sus capitanes fueran á descubrir é 
siguieran la conquysta é procuraran de conquis- 
tar é apaciguar por la tierra lo que pudieran) é 
ansi estaban determynados para lo hacer hasta 
tanto que byno el dicho diego gutierrez aclaren lo 
que saben de esta pregunta. 

I testigo. Juan Arias maldonado dixo que tenyendo pobla- 
do el dicho Rodrigo de contreras el dicho pueblo 
en el dicho desaguadero é probeyendole como les 



— 216 — 

probeya de bastimento á la gente del que tenya 
boluntad de conquistar é poblar é que ansi esta- 
ban determynados todos hasta tanto que bino el 
dicho diego gutierrez gobernador. 

II testigo. El dicho diego Ruyz dixo que sabe é bió que todos 
los que estaban en la dicha conquista estaban 
determjmados de pasar adelante y conquistar y 
poblar todo lo que pudiesen, hasta tanto que tu- 
bieron nueva que el dicho diego gutierrez benya 
por gobernador como dicho tiene 5' dende cierto 
tiempo que tubieron la dicha nueba este testigo y 
los demás soldados que estaban en la dicha con- 
quista despoblaron y se fueron al nombre de Dios. 

El dicho francisco gutierrez dixo que ansi pu- 
blico y notorio lo contenido en la pregunta y que 
ansi este testigo lo oyó decir á muchos de los que 
fueron á la dicha conquista porque este testigo se 
bino. 

V testigo. El dicho francisco de tapia dixo que este testigo 
tiene por cierto que el dicho diego gutierrez no 
binyera por gobernador de esta dicha tierra que 
los soldados que se fueron no se fueran y que el 
dicho Rodrigo de contreras y sus capitanes pro- 
siguiera el dicho biaje si el dicho diego gutierrez 
no binyeran y procuraran de conquystarla y pa- 
cificarla dicha tierra porque ansy lo tenya acor- 
dado y determ3'nado de lo hacer y que como los 
dichos soldados se fueron 5^ el dicho diego gutie- 
rrez benya por gobernador se dejó de proseguir 
el dicho biaje. 

VII testg.° Grabiel de león dixo que este testigo tiene por 
cierto que si el dicho diego gutierrez no binyera 
por gobernador de el dicho desaguadero que el 
dicho gobernador y sus capitanes prosiguieran el 
dicho descubrimyento é hobieran apaciguado y 
descubierto mucha parte de la tierra por que este 
testigo conoció siempre mucha boluntad en la 
gente de hacello é ansy lo decian é que esto sabe 
de esta pregunta y ansí es publico. 



— 217 — 

XII p.** Yten si saben etc que el dicho diego gutierrez á la 
presente está en la dicha probincia en un rrio que 
se dice suerre é que la dicha probincia donde está 
es de mucho probecho porque bienen muchos 
yndios con oro á rrescatar é si saben que donde 
al presente está el dicho Río lo descubrió y tenga 
ya descubierto el dicho Rodrigo de Contreras 
quando bino el dicho diego gutierrez con hotra 
mucha tierra comarcana al dicho Río aclaren los 
testigos lo que saben de esta pregunta. 

I testigo. Juan arias maldonado dixo que sabe este testigo 

que al tiempo quel dicho diego gutierrez bino por 
gobernador el dicho Río estaba descubierta la 
tierra á el comarcana por el dicho Rodrigo de 
contreras é sus capitanes é gente y que en el ay 
mucho oro porque este testigo lo á bisto encima 
de la tierra é á oydo decir este testigo que el 
dicho diego gutierrez ha rrescatado con los yn- 
dios mucha cantidad de oro. 

II testigo. El dicho diego Ruyz dixo que sabe é bió que el 

dicho Rodrigo de contreras é su gente descubrió 
el dicho Río de suerre y este testigo y otras mu- 
chas personas abrieron el camino por mandado 
de el dicho Rodrigo de contreras é que sabe que 
ay mucho oro en el 3^ que este testigo tomo á dos 
yndios que estaban muerto en el dicho pueblo de 
suerre cierto oro é que sabe que hay muchos 
rescates en el y que mucho tiempo antes que el 
dicho diego gutierrez byniese ny se supiese nueva 
dello tenya descubierto el dicho Rodrigo de con- 
treras. 

III testigo. El dicho diego gutierrez dixo que sabe é bio que 

mucho tiempo antes que el dicho diego gutierrez 
binyese ny se tubiese nueva de el, el dicho Rodri- 
de contreras descubrió el dicho Río de suerre 3^ 
este testigo fué uno de los que fueron en el dicho 
descubtimyento é que sabe que el Río en que a3' 
oro entre los naturales \' este testigo lo bió y ay 
rescate. 



— 218 - 

IV testig.° El capitán luys de larrocha dixo que es publico 

que el dicho diego gutierrez es muerto que lo ma- 
taron los yndios en el dicho desaguadero é que 
oyó decir publicamente que el dicho diego gutie- 
rrez rescataba mucho oro con los dichos yndios 
del dicho desaguadero y que esto sabe de esta 
pregunta. 

V testigo. El dicho luys de tapia dixo que este testigo sabe 

que el dicho Río que se dice suerre donde estaba 
el dicho diego gutierrez el dicho Rodrigo de con- 
treras lo tenya descubierto porque este testigo 
con hotros soldados en compañía de el dicho Ro- 
drigo de contreras lo descubryeron y que es pu- 
blico y notorio que es muy rrico el dicho Rio é la 
tierra á el comarcana y que el dicho diego gutie- 
rrez a rescatado mucha cantidad de oro de los 
dichos yndios á el comarcanos y que esto sabe de 
esta pregunta. 

VI testig.° El dicho Alonso calero dijo que sabe é bió quel 

dicho Río de suerre donde el dicho diego gutie- 
rrez estaba lo descubrió el dicho Rodrigo de con- 
treras e sus capitanes y gente y sabe que la tierra 
á el comarcanas es Rica é de mucho probecho 
porque este dicho testigo estubo en el después 
quel dicho Rodrigo de contreras dejó la dicha con- 
quysta en compañía de el dicho diego gutierrez y 
que bió yr muchos indios con oro á rrescatar 
muchas beces y este testigo Rescató con ellos 
mas de doscientos pesos de oro é que esto es pú- 
blico y notorio. 

Grabiel de león dixo este testigo que durante 
el tiempo que el dicho Rodrigo de contreras estu- 
bo en el dicho desaguadero sabe este testigo que 
descubrió el dicho Río de suerre porque antes que 
el dicho diego gutierrez binyese estando este tes- 
tigo en el dicho puerto de san juan de la cruz bino 
gente de donde el dicho Rodrigo de contreras 
quedaba é le dijeron como quedaba en el dicho 
Río de suerre y que concertaban de poblar allí uu 
pueblo y que se tenía mucha noticia que los 



— 219 — 

yndios comarcanos al dicho Río tenyan mucho 
oro y heran Ricos y que después á sabido este 
dicho testigo que el dicho diego gutierrez estubo 
en el dicho Río y gastó mucho oro hasta que lo 
mataron y que esto es lo que sabe de esta dicha 
pregunta. 

XIII p^-'^ Yten si saben etc que el dicho Rodrigo de contre- 
ras en la dicha conquysta y descubrimyento paso 
mucho trabajo por ser la tierra fragosa é por 
andar como andaba á pié por no poder andar á 
caballo é de los trabajos que recibió se le Recre- 
ció una grande enfermedad en que llegó á punto 
de muerte é aclaren lo que saben de esta pre- 
gunta. 

I testigo. Juan arias maldonado dijo que sabe que el dicho 
Rodrigo de contreras y su gente pasaron mucha 
necesidad de hambre y estobieron á punto de 
morir todos por ser la tierra fragosa é no poder 
andar a caballo y por estar los yndios algados á 
cuya causa el dicho Rodrigo de contreras enfer- 
mó á punto de muerte y que este testigo le bido 
muchas veces caerse de hambre el dicho Rodrigo 
de contreras y que sabe que toda la gente pade- 
cían mucha necesidad é que muchos murieran si 
el dicho Rodrigo de contreras no los anymara é 
á los que estaban enfermos los hazia traer aques- 
tas é si tenya una ynca partía con los enfermos 
que mas necesidad tenían y que esta es la berdad 
y público y notorio y lo que sabe este testigo. 

II p'^ El dicho diego Ruyz dixo que sabe é bió que el 
dicho Rodrigo de contreras en la dicha conquista 
passó mucho trabajo á causa de ser la tierra fra- 
gosa y no se poder andar á caballo y que andaba 
con los pies ynchados é muchas empollas en ellos 
y que ansy mesmo pasó mucha hambre á causa 
le recreció una enfermedad que llego á punto de 
muerte y todos los que estubieron en la dicha 
conquista pasaron mucha necesidad de hambre 
por estar los yndios al<;ados y no serbir y queste 
dicho testigo cree é tiene por cierto que muchos 



— 220 — 

dellos murieran sy el dicho Rodrigo de contreras 
no los hiziera traer á aquestas y questo es público 
y notorio y la berdad. 

III testg-.° Dijo que sabe que en la dicha coa^iuista el dicho 
Rodrigo de contreras padescio mucha necesidad 
y no tenya que comer 3^ muchas beces comia yer- 
bas por no tener que comer que por ser la tierra 
fragosa andaba á pié y se le hicieron muchas 
ampollas en los pies y que muchos de los solda- 
dos estaban enfermos y que el dicho Rodrigo de 
contreras los hazia curar y de la poca comyda 
quel ten3'a aunque no fuese sino una tortilla la 
partía con los que estaban enfermos y que mu- 
chas beces lo dejaba el de comer por dárselo al 
que para llebar los enfermos en algunas partes 
que podian hir á caballo el mismo j^ba con ellos 
junto dellos y delante dellos un machete abriendo 
camyno y que cree este dicho testigo algunos de 
ellos murieran si el dicho Rodrigo de contreras 
no hiziera lo que dicho tiene 5^ los animara y 
questo es publico y la berdad. 

V testigo. El capitán luys de la rrocha, dixo que este testigo 
sabe é bió quel dicho Rodrigo de contreras pasó 
en la dicha conquysta muchos trabajos é ambre 
y por ser la tierra fragosa no se podía andar á 
caballo á cuya causa el dicho Rodrigo de contre- 
ras andaba á pié y quel dicho Rodrigo de con- 
treras estubo muy enfermo el dicho biaje y queste 
dicho testigo cree tiene por cierto que de los 
dichos trabajos cayo enfermo y llegó á punto de 
muerte y que sabe que muchos de los soldados 
que fueron el dicho biaje murieran y hotros pa- 
saran muchos mas trabajos de los que pasaron 
syno fuera porquel dicho Rodrigo de contreras 
muchas beces les daba de la poca comida que 
tenia y partia con ellos y que este testigo bio que 
el dicho Rodrigo de contreras ayudaba a hacer el 
camyno para que pudieran pasar los enfermos en 
todo lo qual este testigo byo quel dicho Rodrigo 
de contreras sirbyó á su magestad y merece que 



— 221 — 

su mag-estad le gratifique los dichos serbicios y 
questa es la berdad 3^ publico y notorio. 

VI testig-." Dijo que sabe e bió lo contenido en la pregunta 
como enella se contiene porqués y pasa ansy y 
que sabe é bió quel dicho Rodrigo de contreras 
probeya de lo que tenya a los enfermos y partya 
con ellos de los bastymentos que tenía y questa 
es la berdad. 

Yten que lo susodicho es publica boz é fama. 

Relación sacada de la probanza fecha por 
parte del capitán diego machuca de guago é 
Alonso calero sobre la gratificación del descubri- 
myento del desaguadero. 

primeramente si conocen a las dichas partes y 
de quanto tiempo á esta parte. 

II p.ta Yten si saben etc que los dichos capitanes diego 
machuca de ^uago é Alonso calero descubrieron 
el Río del desaguadero que ba de la laguna de 
granada á la mar del norte y fueron los primeros 
descubridores del dicho Río é desaguadero é costa 
rrica é los primeros que hizieron navegable el 
dicho Río, e hizieron el dicho descubrimyento 
ansy por mar como por tierra y por el dicho Río 
del desaguadero de yáa. y buelta primero que otra 
persona nenguna, digan lo que saben etc. 

I testigo. Bernaldo diñarte dixo que la sabe como en ella 

se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque este testigo fué con los dichos capitanes 
al tiempo que lo fueron á descubrir por su soldado 
3- andubo en el dicho descubrim3"ento ans3' por el 
dicho Río como por la mar é bido que fueron los 
dichos capitanes los primeros que hizieron nable- 
gable el dicho Río 3' la mar y questa es la berdad. 

II testigo. El dicho Antonio de tejeda dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dijo 
que porqueste testigo fué con los dichos capitanes 
al dicho descubrim3'ento al tiempo que fueron á 
descubrir el dicho Río 3' hasta entonces no se 



— 222 — 

sabía ny se abía descubierto el dicho Río ny la fin 
de el hasta que los dichos capitanes lo descubrye- 
ron y navegaron é ansy mesmo por la mar del 
norte de la salida que en ella el dicho Río sale é 
desagua y questa es la berdad. 

El cinco y siete y ocho testigos saben la pre- 
gunta como enella se contiene porque se aliaron 
presentes. 

III p^a Yten si saben ect que los dichos capitanes diego 
machuca de ^uazo y Alonso calero hicieron el 
dicho descubrimyento á su propia costa é sin 
ayuda de persona alguna digan lo que saben. 

I testigo. El dicho Bernaldo diñarte dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque bido que al tiempo que hiban al dicho 
descubrimyento el gasto que hazían lo hacían de 
su hazienda é sin ayuda de costa de persona al- 
guna porque si alguna costa de ayuda tubieran 
de persona alguna este testigo lo supiera por ser 
amigo de los dichos capitanes é uno de los prime- 
ros soldados que con ellos asentaron para el dicho 
descubrimiento. 

II testigo. Antonio de tejada dixo queste testigo sabe que los 

dichos capitanes hicieron el dicho descubrimyento 
como dicho tiene é no bido ny oyó que persona 
alglína les ayudase syno ellos a su propias costas 
lo descubrieron porque si alguno les ayudara este 
dicho testigo lo biera é supiera y questa es la 
berdad. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo que este testigo sabe 
que el dicho descubrimiento del dicho Río del des- 
aguadero que los dichos capitanes hizieron fué á 
su propia costa y gasto porque este testigo los á 
comunycadt) y comunycó dicho tiempo que se 
hizo á esta parte y bió que gastaron mucha suma 
de pesos de oro en los adremos de bastimentos é 
armas y nabios que llebaron y socorros que die- 
ron á la sazón á los soldados que con ellos hiban 



— 223 — 

á muchos de los quales dichos soldados bio este 
dicho testigo que les dieron caballos é hotras co- 
sas y á este testigo le dieron el mesmo socorro 
para la dicha yda y questo es lo que sabe de esta 
pregunta porque lo bió como dicho tiene. 

VI testg.° Dijo este testigo que nunca bido ny supo que 
persona alguna les ayudase al dicho descubri- 
myento ny gasto que en el hizieron s^-no que los 
dichos capitanes á su propia costa lo descubrie- 
ron porque si ayuda de costa persona alguna les 
hiziera este testigo lo supiera por la mucha co- 
municación y amystad que con ellos en aquel 
tiempo tenía. 

Vil testg.° Gonzalo melgarejo dixo que dice lo que dicho 
tiene y que sabe quel dicho descubrimyento hicie- 
ron los dichos capitanes a su propia costa porque 
si alguna persona les ayudaron fueron prestán- 
doles dineros de los quales á unos les ha pagado 
y á otros sabe que les deben y que no an podido 
pagar. 

IV p*^^ Yten si saben etc que los dichos diego machuca 
de guago y Alonso calero llebaron para el di- 
cho descubrimyento ciento é cinquenta españoles 
poco m^is ho menos y treinta é cinco caballos é 
muchos puercos y abes) y mucha carne nobillos 
y puercos salado y mas de quinyentas anegas de 
maiz y fragua y errero y herradores y calafates 
y carpinteros digan lo que saben. 

Al dicho berlandino duarte dijo que lo que de 
ella sabe es que al tiempo que los dichos capita- 
nes hiban al dicho descubrimyento hirian con el 
ciento y veinte ó ciento y treinta españoles poco 
mas ó menos y los dichos treinta ó treinta y cinco 
caballos en la pregunta contenidos y puercos y 
abes y maiz é munycion y herrero y herrador y 
fragua y todo lo demás en la pregunta contenido 
porque como dicho tiene hiba en compañía de los 
dichos capitanes y los bido por bista de ojos. 



— 224 — 

II testigo, Antonio de tejada dixo que la sabe como enella 
se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque lo bido como la pregunta lo dice eceto los 
españoles que no se aquerda bien los que heirían 
y que esta es la berdad. 

VI testg.° Cristóbal de Villalobos dixo que sabe este dicho 

testigo que los dichos capitanes llebaron al dicho 
descubrimiento mas de cien hombres y los caba- 
llos contenidos en la dicha pregunta é mucho 
maiz é carnes biscocho y otras legumbres y fra- 
gua de herrería y todos los demás cosas en la 
pregunta contenidas porque lo bido todo como 
persona que fué al dicho descubrimyento. 

VII testg.^ El dicho maestre nicolas dixo este testigo que á 

lo que se aquerda llebaron los dichos capitanes 
cien hombres poco mas ó menos é que bido que 
llebaron todo lo demás en la pregunta contenido 
porque este testigo fué con ellos al dicho descu- 
brimyento é lo bido como en la pregunta se con- 
tiene. 

VIII test.^ Gonzalo melgarejo dixo que bido que los dichos 

capitanes llebaron al dicho descubrimyento mu- 
cha gente 3^ adrezos y caballos y mantenymien- 
tos y hoficiales y questo sabe de esta pregunta. 

V p*^ Yten si saben etc que para efetuar el dicho biaje 
é descubrimyentos los dichos capitanes hicieron 
dos fustas é una barca grande é muchas canoas 
en que fué la gente y armada y llebaron lo suso- 
dicho á su propia costa y llebaron toda munycion 
tiros de fuego y ballestas y bastimentos y medi- 
cinas y todo lo necesario para la dicha armada 
digan lo que saben. 

I testigo. Bernardino diñarte dixo que la sabe como en ella 
se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque este testigo como dicho tiene fué en la di- 
cha armada y lo bido todo como en la pregunta lo 
dice y bido hazer los dichos bergantines y barca 
y comprar todo lo demás en la pregunta contenido 



— 125 

á su propia costa los dichos capitanes y esta es la 
berdad. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo que la sabe como en ella 
se contiene preguntado como lo sabe dixo que 
porque este testigo como dicho tiene fué en la 
dicha armada y lo bido como la pregunta dice y 
que esta es la berdad. 

V testigo. Cristóbal Villalobos dixo que la sabe «omo en 

ella se contiene porque es y pasó ansy como la 
pregunta lo dice porque lo bió y fué al dicho des- 
cubrimyento y bió todo lo en la pregunta con- 
tenido. 

VI testg.° El dicho maestre nicolas dixo este testigo que la 

sabe como en ella se contiene porque este testigo 
fué el carpintero que hizo las dichas fragatas é 
barca á los dichos capitanes é después fué con 
ellos como dicho tiene en la dicha armada é bido 
que llebaban todo lo demás que en la pregunta se 
contiene. 

VII testg.° Gonzalo melgarejo dixo que sabe lo en la pregun- 

ta contenido porque lo bido ser y pasar ansy 
como en ella se contiene. 

VI p*^ Yten si saben cierto que los dichos capitanes die- 
ron casi á todos los que con ellos fueron ayuda 
de dineros de caballos é bestidos y armas digan 
lo que saben. 

I testigo. El dicho Berlandino diñarte dixo este dicho testi- 
go que de lo que della sabe es que bido que los 
dichos capitanes dieron á muchos de los dichos 
soldados que con ellos hiban ayuda de costas y á 
otros armas y caballos y questa es la berdad y lo 
que sabe. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo que sabe este testigo que 
dieron los dichos capitanes á muchos de los que 
con ellos fueron en la dicha armada ayuda de 
costas é bestidos j armas y hotras cosas é caba" 

18 



— 126 — 

líos porque este testigo se lo bido dar y questa es 
la berdad, etc. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo que como dicho tiene 

en la tercera pregunta bió este testigo que los 
dichos capitanes dieron socorro de dineros y ca- 
ballos á todos los mas de los soldados que con ella 
hiban y armas y á este testigo le hicieron el mes- 
mo socorro como a los demás y questo es lo que 
sabe de esta dicha pregunta. 

VI testig.° maestre nicolas dixo que este testigo bió que á 

todos los mas que tenian necesidad les fabores- 
cian los dichos capitanes con caballos y armas y 
ropa y lo demás necesario á la dicha conquista. 

VII testg.° Dixo que este testigo bido que los dichos capita- 

nes dieron á la gente que hiba con ellos al dicho 
descubrimiento dinero y caballos y ropas para 
sus personas y que esto es lo que sabe de esta 
dicha pregunta. 

VII p.^^ Yten si saben etc que por ser tenydo el dicho 
descubrimyento por peligroso é trabajoso ó por 
mejor atraer á la gente que con ellos fueron sus- 
tentaron antes del dicho descubrimyento casy un 
año en sus casas ystancias demás de sus criados 
mucha gente en cantidad de más de cien hombres 
dando á muchos de ellos lo necesario para sus 
personas todo para efeto del dicho biaje y con- 
quysta digan lo que saben ect. 

I testigo. Bernaldo duarte dixo este testigo que lo que de 
ella sabe es que antes que hiciesen el dicho descu- 
brimyento los dichos capitanes bido este dicho 
testigo que tenian en su casa y estancias de sus 
criados hotra mucha gente y en sus pueblos gas- 
tando y costeando con ellos y dándoles á algunos 
de ellos lo necesario y que lal es la berdad y lo 
que sabe. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que la sabe 
como en ella se contiene preguntado como lo sabe 



— 127 — 

dixo que porque ansí lo bido como la pregunta lo 
dice y pasa ansy. 

VI testig.® Cristóbal de Villalobos dixo que este testigo bió 

que antes del dicho descubrimyento que los dichos 
capitanes tenian y sustentaban mucha gente en 
su casa y estancias y a lo que este testigo enten- 
dió de los dichos capitanes fue al efeto de tenellos 
para el dicho descubrimyento hasta que le hicie- 
sen las fragatas y barca en que fueron y questo 
sabe porque lo bido como dicho tiene. 

VII testg.° Mastre nicolas dixo este testigo que bió que los 

dichos capitanes mantenyan en sus casas y pue- 
blos ystancias mucha gente é gastaban con ellos 
como dicho tiene casi el dicho tiempo en la pre- 
gunta contenido porque ansi lo bió este testigo. 

VIII tesg.° Dixo que la sabe como en ella se contiene porque 

lo bido ser é pasar como en la pregunta se con- 
tiene. 

VIII p.^^ Yten si saben etc que sustentaron á su propia 
costa más de seys meses los susodichos toda la 
dicha armada en el dicho desaguadero y con ella 
y con su buena yndustria le descubrieron y la mar 
del norte hasta el nombre de Dios y la tierra co- 
marcana al dicho desaguadero y la costa de la 
mar del norte hastajllegar a la dicha ciudad del 
nombíe de Dios digan lo que saben. 

I testigo. El dicho Berlandino duarte dixo que la sabe como 
en ella se contiene porque este testigo fué en los 
dichos capitanes é costeó la mar y después bolbyo 
por tierra este testigo con diez hombres hasta 
granada y questa es la berdad. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo que la sabe como en ella 
se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque este testigo fué con los dichos capitanes 
como dicho tiene al dicho descubrimyento y bido 
que el dicho capitán Calero se partió costeando la 
costa de la mar del norte ázia el nombre de Dios 



— 128 — 

y fué al dicho nombre de Dios y bolbio primero 
que hotro nenguno fuese ni bolbiese para el dicho 
desaguadero y costa y questa es la berdad. 

V testigo. El dicho Cristóbal de Villalobos dijo que la sabe 
como en ella se contiene preguntado como la sabe 
dixo que porque como dicho tiene fué al dicho 
descubrimyento y llegó con los dichos capitanes 
á la mar del norte y pasó como la pregunta lo dice. 

El dicho mastre nicolas dixo que la sabe como 
en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo fué con el dicho capitán 
Calero descubriendo el dicho desaguadero como 
dicho tiene y salieron á la mar del norte é descu- 
brieron la dicha costa de costa Rica del cabo de 
gracias a Dios hasta el nombre de Dios y la tierra 
comarcana á la dicha costa y questa es la berdad. 

VIII tesg.*' Dixo que es publico y notorio lo contenido en la 
pregunta como en ella se contiene. 

IX p.'^ Yten si saben etc que allende de los gastos suso- 
dichos hizieron de nuebo hotros gastos bolbiendo 
el dicho capitán machuca con el dicho Rodrigo de 

contreras y artes en el dicho desaguadero en 

favor del capitán calero llevando gente de nuebo 
y armas y canoas y bastimento digan lo que 
saben. 

I testigo. Berlandino diñarte dixo que sabe que el dicho ca- 
pitán machuca bolbió á esta ciudad de granada y 
tornó á hacer canoas y bolbió en busca del dicho 
capitán calero al dicho desaguadero y le llebó de 
socorro mucho mantenymiento y armas y después 
se bolbió á esta ciudad porque tubo que el dichf- 
capitan calero abía salido á la mar del norte é 
tenía que biera ydo al nombre de Dios por la dicha 
mar del norte y buelto tornó de nuebo á hazer 
hotras canoas é gente y mantenimiento y armas 
é bolbio con Rodrigo de contreras allá abajo al 
dicho desaguadero y questa es la berdad y lo que 
sabe. 



— 129 — 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que la sabe 
como en ella se contiene porque bido bolber al 
dicho capitán machuca por socorro y lo llebó y 
fué en busca del dicho capitán calero y como no lo 
halló que era hido al nombre de Dios bolbió hotra 
bez á esta ciudad de granada y se retorno á 
hazer y entonces fué con el dicho capitán machu- 
ca el dicho Rodrigo de contreras al dicko des- 
aguadero y hallaron al dicho capitán calero que 
ya abía buelto del nombre de Dios) en la boca del 
dicho Río del dicho desaguadero con una fragata 

y un bergantin y gente que con el benía y questa 

es la verdad. 

V testigo. El dicho Rodrigo de Villalobos dixo que sabe que 
queriendo hir el dicho capitán machuca de guago 
en busca del capitán alenso calero que no parecía 
hizo muchas canoas é gente y bastimento para lo 
hir á buscar al dicho desaguadero á lo qual al pa- 
recer desde dicho testigo por lo que bió del dicho 
gasto y gente le parece que gastaría mas de ocho 
cientos pesos de oro y aquella sazón fueste testigo 
con el dicho capitán y después quando fué al 
dicho desaguadero el dicho gobernador Rodrigo 
de contreras de buelta que bolbió el dicho capitán 
machuca de buscar al dicho capitán calero y halló 
que el dicho gobernador Rodrigo de contreras 
quería hir al dicho desaguadero bolbió á hacer 
gente y fué con él á lo qual este testigo se halló 
presente y fué con el dicho capitán machuca y 
bió que paso lo que á dicho. 

VII testg.° El dicho maestre nicolas dixo este testigo que al 
tiempo que la primera vez el dicho capitán ma- 
chuca fué en socorro del dicho capitán calero este 
testigo era ydo al nombre de Dios con el capitán 
calero é que después quando bynieron lo toparon 
á el é á Rodrigo de contreras en la boca del des- 
aguadero que sale á la mar del norte y allí supie- 
ron del y de la gente que con el hiba como hotra 
bez los abían benido á buscar y no los abían ha- 
llado y que agora bolbían á buscalles y questo 
sabe. 



— 130 - 

VIII tesg.° Dixo que la sabe como en ella se contiene porque 
lo bido ser ansí como la pregunta lo dice y en ella 
se contiene. 

X p.*^* Yten si saben etc quel dicho capitán Alonso 
Calero fué con las fragatas y barca y canoas por 
el Río del desaguadero abajo después de aber pa- 
sado los Raudales que abía muy trabajosos y llegó 
á un pueblo de yndios que se llamaba pococol 
donde deseando traer a los narurales de la dicha 
tierra de paz é dejallos en serbicio de Dios é de su 
magestad abiendo tomado un prencipal de dicho 
pueblo le soltó asegurándole y ablandóle muy 
bien y dándole de lo que tenya para atraerle con 
los demás á lo susodicho digan lo que saben. 

Bernaldo duarte dixo que la sabe como en ella 
se contiene porque este testigo como dicho tiene 
hiba enel dicho descubrimyento y se halló en todo 
ello y pasó como en la pregunta se contiene y 
questa es la berdad. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo que la sabe como en ella 
se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque lo bido y pasó como en la pregunta se 
contiene porque ansi lo bido por bista de ojos y 
questa es la berdad. 

VI testg.® Cristóbal de Villalobos dixo que llegados que 

fueron los dichos capitanes al primer Raudal del 
dicho Río del desaguadero se dibidieron los dichos 
capitanes y fué el uno por la mar y el hotro por 
la tierra y este testigo fué con el capitán machu- 
ca por tierra y que después de juntos los dichos 
capitanes ho5^ó decir al dicho capitán Alonso ca- 
lero y á los que él abían ydo que pasó con el 
dicho caciaque lo contenido en la pregunta. 

VII testg.® El dicho mastre nicolas dixo que la sabe como 

en ella se contiene porque como dicho tiene este 
testigo se alió presente y lo bido antes que salie- 
sen abajo y que pasó como en la pregunta se 
contiene. 



— 131 - 

Gonzalo melgarejo dixo este testigo que no 
bido lo contenido en la pregunta mas de quanto 
es publico y notorio lo contenido enesta pregunta 
como en ella se contiene. 

XI p'^^ Yten si saben etc que después de lo susodicho 
salido de hotro pueblo que se llamaba Ari enbió 
a el el capitán calero gente y tomaron allí lenguas 
para aquella tierra y fueron á hotros pueblos di- 
gan lo que saben. 

Bernaldo diuarte dixo que la sabe como en 
ella se contiene porque este testigo fué uno de los 
que fueron al dicho pueblo á tomar las dichas 
lenguas y las tomaron y fueron á hotros pueblos 
por la dicha tierra adentro y fueron a cerepiqui 
arriba que en el dicho Río de tabre y que está es 
la berdad. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo que al tiempo quel dicho 
capitán calero hizo lo que en la pregunta se 
contiene ya este testigo se abía apartado é hido 
de alli con el capitán machuca y hotra cierta 
gente y no le bido pero que oyó decir publica- 
mente á personas que se hallaron en ella cuyos 
nombres no se aquerda y que esta es la berdad. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo que oyó decir lo 
contenido en la pregunta á los que fueron con 
el dicho capitán Alonso calero que pasó como 
en ella lo dice. 

VII testg." Mastre nicolas dixo este testigo ques berdad 

que fueron al dicho pueblo que le dize Ari alli 
tomaron ciertas lenguas y que esta es la berdad. 

VIII test.° Gonzalo melgarejo dixe que lo contenido enes- 

ta pregunta oyó este testigo decir á muchas 
personas que estubieron en el dicho desaguadero. 

XII p'^ Yten si saben etc que á causa de ir en segui- 
miento del dicho descubrimyento el dicho ca- 
pitán calero pasó del dicho desaguadero salido 



— 132 — 

á la mar del norte hasta el nombre de Dios é 
abiendole descubierto bino allí hernan sanchez 
de badajoz por mandado del dottor Robles que á 
la sazón presydía en la Audiencia Real de pana- 
má) á causa de aber descubierto el dicho capitán 
calero el dicho desaguadero y costa Rica hasta 
el nombre de Dios) digan lo que saben etc. 

I testigo. Bernaldo duarte dixo que se rremite á lo que 
tiene dicho en la pregunta antes deesta y que 
en lo que toca á lo del dicho badajoz que lo 
oyó decir publicamente por que en aquel tiem- 
po este dicho testigo como dicho tiene quedo 
por tierra descubriendo los demás pueblos que 
por allí abía y que esta es la berdad. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que oyó 

decir que después quel dicho capitán calero 
fué al dicho nombre de Dios é después de aber 
echo el dicho descubrimyento a la fama bino 
el dicho badajoz por mandado del dottor Ro- 
bles su suegro que en aquel tiempo presidía en 
panamá y que esto es lo que sabe desta pregunta. 

III testigo. El dicho hernan Sanchez dixo que instando este 

testigo en el nombre de Dios poco mas a de seys 
años llegó al puerto del dicho pueblo el capitán 
Alonso calero con una justa y un bergantín é 
ciertos soldados en los dichos nabios é pregunta- 
do de donde benían dijo que benyan del desagua- 
dero é costa Rica des descobrirlo desde la ciudad 
de granada hasta el dicho pueblo de nombre de 
Dios y que bido benyr al dicho desaguadero en 
cierto nabió á hernan Sanchez de badajoz yerno 
del dottor Robles y que le decia que yba por man- 
dado del dicho dottor Robles que á la sazón hera 
oydor en la Audiencia Real que residía por su 
magestad en panamá y questo sabe desta pre- 
gunta é que de causa de aber el dicho Alonso 
calero descubierto el dicho desaguadero se ha 
tratado y trato hasta agora el camyno desde esta 
ciudad de granada al dicno pueblo y ciudad del 
nombre de Dios. 



— 133 — 

IV testg.° El dicho lu5^s de espinosa dixo ques berdad que 

estando este testig^o en el nombre de Dios bido 
que por las nuebas quel dicho capitán calero 
llebó del dicho descubrimyento é costa de costa 
Rica que llegaba entonces hasta el nombre de 
dios con cierta gente de descubrillos bido que de 
a^^a tres ho quatro meses poco mas ho menos el 
dicho hernan sanchez de badajoz fué con proby- 
sion de la audiencia Real de panamá á la dicha 
tierra el qual en aquel tiempo se la dio el dicho 
dottor Robles su suegro é por la dicha nueba que 
el dicho capitán traya del dicho descubrimyento 
se partió y entró en la dicha tierra por birtud de 
la dicha probision é por la nueba quel dicho ca- 
pitán calero traya y questa es la berdad. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo este testigo que yen- 

do el dicho capitán Alonso Calero en segimyento 
del dicho descubrim3'ento aportó al nombre de 
dios según lo dijo el y los que con el hiban y bista 
la noticia de la dicha tierra y desaguadero fué allá 
hernan sanchez de badajoz que le dijo que byno 
por mandado del dottor Robles que a la sazón 
presidía en la Audiencia Real que estaba en pa- 
namá y se entró en la dicha tierra al qual este 
testigo bido que después quando fué el dicho ca- 
pitán machuca con el dicho gobernador Rodrigo 
de contreras a la benyda del dicho hernan san- 
chez es público y notorio que fue mediante haber 
ydo el dicho capitán Alonso calero y decir como 
abía descubierto el dicho desaguadero de donde 
se tomó la dicha noticia para benyr á la dicha 
tierra el dicho hernan sanchez como dicho es etc. 

VI testig.° Juan de mendegurre dixo este testigo que es ber- 

dad que estando este testigo en la ciudad del 
nombre de dios llegó allá el dicho capitán Alonso 
calero abrá cinco ho seys años poco mas ho me- 
nos tiempo con hotra cierta gente que con el hiba 
en hotra fragata grande é un bergantín é les oyó 
decir que abian benydo desde granada descu- 
briendo el Río del desaguadero é ansy mesmo la 
costa de beragua y abian hido aportar alli al 
nombre de dios del dicho biaje é descubrimyento 



— 134 — 

y que abían descubierto tierra muy Rica en el 
diciendo que cuerre é suaraba é bido este testigo 
que por la fama que el dicho capitán calero traya 
é daba de la dicha tierra el dicho hernan Sánchez 
de badajoz por mandado del dicho dottor Robles 
su suegro que á la sazón presidía en la Audiencia 
Real de panamá é con probision lo embió a la 
dicha tierra que ansy abía descubierto el dicho 
capitán calero con muchos soldados que hizo el 
dicho badajoz en panamá y en el nombre de Dios 
por el dicho mandado é por la dicha nueba quel 
dicho capitán calero daba y que le bió este dicho 
testigo salir del puerto del nombre de dios con la 
dicha gente en un nabío en segimiento de la dicha 
tierra y questa es la berdad, 

VII testg.° El dicho mastre nicolas dijo que la sabe como en 
ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo se alió con el dicho capi- 
tán calero en el nombre de dios é bido que des- 
pués qu-e llegó el dicho capitán y los que con el 
hiban y dieron nueba de lo que abían descubierto 
entonces el dotor Robles que en aquella sazón 
presidya en la dicha rreal Audiencia de panamá 
dio probision al dicho badajoz su yerno y lo enbió 
á la dicha tierra que el dicho capitán descubrió é 
higo gente é fué á ella el dicho badajoz y questa 
es la berdad. 

VI testig.° Dijo que lo contenido en la pregunta es público y 
notorio en toda esta probincia é que no lo á visto. 

XIII p.^ Yten si saben eta que al tiempo que el dicho capi- 
tán calero fué al nombre de dios Uebó la justa 
mayor y una fragata y la gente que le abía que- 
dado y que en quatro ho cinco meses que allí y 
en panamá estubo detenido gastó mas de myl 
pesos de buen oro porque siempre tubo mucha 
gente dándoles de comer á fin de proseguir el 
dicho biaje digan lo que saben y lo que á justa é 
comunal estimación se podía gastar en lo suso- 
dicho. 



— 135 - 

I testigo. Bernaldo diñarte dixo que este testigo á 05'do 
decir publicamente lo que en la pregunta se con- 
tiene por que como dicho tiene en aquel tiempo 
este testigo quedó por tierra é que tiene por cierto 
quel dicho capitán calero gastaría mucho en el 
nombre de dios por ser la tierra tan cara y por 
sustentar la gente que cons\'go tenya porqués 
hombre que lo suele hazer 3^ questa es la berdad. 

II testigo. Dixo que oyó decir publicamente a personas de 

las que con el dicho capitán calero abían apor- 
tado al nombre de Dios que gasto mucho en el 
nombre de dios é panamá con ellos porque se 
heran muchos y los sustentaba el dicho capitán é 
que bien dice este dicho testigo que gastaría mu- 
cho por ser la tierra tan cara como es y hera en 
aquel tiempo y esta es la berdad. 

III testigo. El dicho luys de espinosa dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque al tiempo que el dicho capitán calero 
llegó al dicho nombre de dios del dicho descubri- 
myento este testigo se fué luego a su posada y es- 
tubo con el dicho capitán para bolber con él en la 
demanda de la dicha tierra é Río que abía descu- 
bierto é bido que á su costa sostubo mucha gente 
cinco meses largos y con ellos en sustentarlos y 
adregarlos lo que hera menester gastaría mucho 
y que bien crehe que gastaría los dichos mil 
pesos por ser como hera la tierra tan cara é ansy 
de mantenimyentos como de rropas é armas de 
que le tubo necesidad y questa es la berdad. 

IV testig.^Juan Sánchez dixo que como dicho tiene en la 

pregunta antes de esta bido al dicho capitán 
Alonso Calero con gente de soldados hir á la di- 
cha ciudad del nombre de Dios en la dicha justa 
y fragata ho bergantín y que lo bió en panamá y 
en el nombre de Dios detenido con los dichos na- 
bíos é gente mas tiempo de quatro meses á lo que 
se aquerda detenido por mandado del dotor Ro- 
bles que á la sazón como dicho tiene hera oydor 
de la audiencia Real en el qual dicho tiempo le 



— 136 — 

paresce á este dicho testigo que podría gastar el 
y la gente que consygo tenya los dichos myl pesos 
de oro poco mas ho menos porque tenía consygo 
y á su costa la dicha gente y son pueblos donde se 
hace mucho costa é gasto é que esto sabe desta 
pregunta porque lo bido e aun gasto parte de los 
dichos pesos de oro por su mano. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo que cuando se apartó 

el dicho capitán calero del capitán machuca en 
seguimiento del dicho Río del desaguadero bido 
este dicho testigo que llebó el dicho capitán dos 
justas y una barca é después quando bolbió trajo 
una justa é una fragata y treinta hombres en ellas 
é quando fué este dicho testigo con el dicho diego 
machuca en compañía del dicho gobernador Ro- 
drigo de contreras bió de buelta al dicho capitán 
calero é le oyó decir á el y á los que con el benyan 
que abían estado en el nombre de dios é panamá 
detenydos por mandado del dotor Robles y que 
abían gastado muchos dineros hasta que se bino 
y que esto sabe. 

VI testg.° Juan de mendegurre dixo que se remite á lo que 

tiene dicho en la pregunta antes de esta é que en 
lo que toca al gasto que bido quel dicho capitán 
mantubo en el dicho nombre de dios cinco ho seys 
meses mucha gente á su costa e minsion y que 
bien cree que gastó según la carestía de la dicha 
tierra mucho con ellos que bien cree que sería la 
cantidad en la pregunta contenida é questo sabe. 

Vil testg.° Mastre nicolas dijo este testigo que es berdad 
que el dicho capitán calero gastó mucho en el 
nombre de dios y en panamá en sustentar mucha 
gente que tenya consygo para bolber á proseguir 
el dicho descubrimj^ento y que bien cree á lo que 
le paresce que gastaría los dichos ocho mil pesos 
por ser la tierra muy cara y que esta es la berdad. 

Todos los testigos dicen lo mesmo. 

XIIII p'^ Yten si saben etc que el dicho capitán calero para 



— 137 — 

salir de alli y bolber el dicho biaje y población y 
adrecar la dicha fusta é fragata y bastecella de 
todo lo necesario é comida y armas para más de 
beinte é cinco hombres que en ella trujo gastó 
mas de setecientos pesos de buen oro) digan lo 
que saben y lo que á justa y comunal estimación 
se podía gastar en lo susodicho. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo que este testigo bido que el 

dicho capitán calero bolbió con los veinte é cinco 
hombres que dice la pregunta y que no podría 
bolber sino adrecar la fusta por que no lo bido 
adrecar y que adrecandola é gastando con la 
dicha gente por ser como es la dicha tierra del 
nombre de dios tan cara gastaría lo que dice la 
pregunta y ansy lo cree este dicho testigo por lo 
que dicho tiene y que esta es la berdad. 

III testg.° El dicho luj^s de espinosa dixo este testigo ques 

berdad que el dicho capitán adrecó la dicha fra- 
gata y fusta en el nombre de dios y que en ello y 
en lo demás á ello necesario gastaría quinientos 
pesos de oro y antes mas que menos y questo en 
lo que sabe y le paresce. 

IV testg.° El dicho Juan Sánchez dixo que este testigo que 

sabe é bido que para proseguir el dicho biaje é 
descubrim3'ento y población del dicho desagua- 
dero é c©Fta Rica quando bolbió á ello de la dicha 
ciudad del nombre de Dios para bastecer la dicha 
fragata e fusta de mantenim3'ento é armas y ho- 
tras cosas bió exte dicho testigo que el dicho ca- 
pitán gastó muchos pesos de oro que la cantidad 
que fué no la sabe este dicho testigo 3^ questo que 
lo bió porque bió gastar mucha parte de ello é 
bino en la dicha fusta é fragata con el dicho capi- 
tán Alonso calero del dicho desaguadero a la 
dicha sazón. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo este testigo que dice 

lo que dicho tiene en la pregunta antes de esta y 
que lo demás en la pregunta contenido lo oyó 
decir al dicho capitán Alonso calero y á los que 



— 138 — 

con el benyan de la dicha ciudad de panamá y 
nombre de Dios que pasó como la pregunta lo 
dice./ 

VI testg.° Juan de mendeger dixo que es berdad que este 

testigo bido que el dicho capitán calero adregó 
la dicha fusta é fragata en el dicho nombre de 
Dios é que bien cree que en adrecalla y en la 
gente que consigo traya gastó mucho y que á lo 
que a este testigo le paresce que gastaría los di- 
chos siete cientos pesos porque este testigo comu- 
nycaba é trataba con el dicho capitán calero é 
por ello bió lo que gastaba y que esto es lo que 
sabe. 

VII testg.° Mastre nycolas dixo este testigo que es berdad 

que el dicho capitán gastó mucho en adrecar la 
dicha fusta y fragata y en la demás munycion 
para seguir el dicho biaje pero que no se deter- 
myna en que cantidad sería é que bien cree que 
serían los gastos que hacia en la dicha cantidad 
á lo que a este testigo le paresce. 

XV p.t^ Yten si saben etc que en sustentar los dichos cien 
españoles en sus casas y estancias los susodichos 
el año arriba dicho segund justa é comunal esti- 
mación se podían gastar y gastaron de los tri- 
butos de sus pueblos é de sus bienes ansi en ali- 
mentarlos como probeherlos de lo necesario qua- 
tro mil pesos de buen oro que podría baler lo 
que dieron á los susodichos é gastarían con ellos 
digan lo que saben y lo que en la susodicha se- 
gund justa y comunal estimación podían gastar. 

I testigo. Berlandino diuarte dixo este testigo que lo que 
de ella le paresce es que los capitanes gastaron 
mucho é que á lo que á este testigo le pares- 
ce según lo que balían entonces las armas é 
rropas en esta tierra é según la mucha gente que 
sustentaban porque se hiban unos y benían hotros 
é mantenimyentos muchos que gastarían los di- 
chos quatros mil pesos poco mas ho menos y que 
esto es lo que sabe y le paresce. 



— 139 — 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que bien cree 
que gastarían los dichos pesos de oro que la pre- 
gunta dice contando los frutos rentas é serbicios 
de los dichos pueblos porque hera mucha gente 
la que le mantenyan é mucho tiempo el cree le 
mantubieron é probeyendo á todos de lo necesa- 
rio y que esta es la berdad. 

VII testg.^ Gonzalo melgarejo dixo que no sabe este testigo 
lo que gastaron los dichos capitanes mas de que 
le paresce que según lo que este dicho testigo les 
bido gastar cree é tiene por cierto que gastaron 
los quatro mil pesos contenidos en la dicha pre- 
gunta. 

XVI p'^ Yten si saben etc que de los dichos treinta é cinco 
caballos arriba dichos dieron los dichos capitanes 
mas de los beinte de ellos á la gente que con ellos 
hiban ansy de su casa como comprados de hotras 
personas los quales dichos caballos balian co- 
munmente en aquella tierra de nycaragua de 
ciento y treinta hasta ciento cinquenta pesos cada 
caballo y que en esto según justa y comunal esti- 
mación gastaron dos mil é quinientos castellanos 
poco mas o menos digan lo que saben y lo que 
según justa é comunal estimación en lo susodicho 
se podía gastar. 

I testigo. El dicho Bernaldo diñarte dixo que lo que de esta 
pregunta sabe es que en aquel tiempo los dichos 
capitanes dieron de los dichos caballos los que 
con ellos hiban é que balian los dichos caballos 
entonces cada uno de cien pesos arriba para aba- 
jo cada uno é que no sabe lo que todos podían 
baler porque como dicho tiene cada uno balía 
como hera y que entre ellos hiban muy buenos 
caballos y que esto es lo que sabe y mas no, 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que sabe que 
de los dichos treinta caballos darian los dichos 
capitanes á los que hiban con ellos casi los beinte 
y que en aquel tiempo balian los caballos en esta 
tierra cien pesos y mas según que cada uno hera 



- 140 — 

é que los dichos caballos todos los mas heran bue- 
nos é que bien cree este dicho testigo que bal- 
arían los dichos caballos uno con hotro todos los 
dichos dos myl é quinyentos pesos poco mas ho 
menos y que esto es la berdad. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo que dice lo que dicho 
tiene en la pregunta antes de esta é que según el 
precio que los dichos caballos balian á la sazón 
que los dichos capitanes los dieron á los dichos 
soldados é según los caballos que dieron podian 
baler al parecer de este testigo mas de dos myl 
pesos de oro y que esto sabe y le paresce á este 
testigo de lo en esta pregunta contenido. 

Vil testg.° El dicho mastre nycolas dixo este testigo que es 
berdad que balian en aquel tiempo los caballos 
cien pesos é mas ho menos he como hera cada 
uno é bió que dieron los dichos capitanes á mu- 
chos de los que con el en la dicha armada hiban 
caballos pero que no se le aquerda quantos los 
quales dichos caballos todos los mas heran bue- 
nos y cree este dicho testigo que baldrían los 
dichos pesos de oro en la pregunta contenidos 
poco mas ho menos y questaes la berdad y lo que 
le paresce y sabe, 

VIII tesg.° Dixo este testigo que sabe é bido que dieron los 
dichos capitanes caballos á muchos de los que con 
ellos fueron é que no sabe en que cantidad mas 
de que entonces bailan los caballos al precio en la 
pregunta contenido, 

XVII p.t* Yten si saben etc que en los bastimentos de car- 
nes é puercos é abes é mayz é frijoles medecinas 
herramientas é fraguas y en las fustas grandes é 
barca é canoas é todos los alimentos y peltrechos 
é armas é artillería é munycion que llebaron para 
la dicha armada y lo que dieron á los soldados los 
dichos capitanes quando ambos fueron al dicho 
descubrimyento la primera bez gastaron de sus 
haziendas y tributos é se enpeñaron yadeudaron 
é seria lo que en lo susodicho se gastaron según 



— 141 — 

justa é comunal estimación ocho myl pesos de 
buen oro digan lo que saben y lo que gastaron en 
lo susodicho ho según justa é comunal estima- 
ción podían gastar. 

I testigo. Bernaldo diñarte dixo este testigo que lo que de 
ella sabe es que los dichos capitanes gastaron 
mucho en la dicha armada é se adeudaron tam- 
bién en cantidad é que también cree este dicho 
testigo que según lo que gastaron en adrecos para 
la dicha armada ans}- de lo su}-© como de lo que 
se adeudaron gastarían los dichos hocho myl pe- 
sos poco mas ho menos é que esto es lo que sabe 
y le paresce. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que bien cree 
que en todo lo que la pregunta dice que gastaron 
se montarían los dichos hocho m3i pesos con lo 
que se adeudaron á lo que cree porque fué mucho 
1© que este testigo bido que gastaron y que esta 
es la berdad, 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo este testigo que sabe 
é bió que los dichos capitanes en lo que hizieron 
y llebaron para la dicha armada é primer descu- 
brimyento del dicho desaguadero según se con- 
tiene en la pregunta gastaron mucha suma de 
pesos de oro, la qual este testigo no sabe en que 
cantidad podría ser y por eso no lo declara á mas 
de que le parece quel gasto 3' costa de la dicha 
armada é peltrechos de ella fué en mucha can- 
tidad. 

VII testg.*^ Mastre nycolas dixo este testigo que bido que 

los dichos capitanes gastarían mucho en el dicho 
biaje é se adeudaron en mucha cantidad pero qut, 
á este dicho testigo no se le aquerda quanlo seria 
y que esto es lo que sabe. 

VIII test.** Gonzalo melgarejo dixo que dice lo que dicho 

tiene é dice mas que fué tanto lo que en los dichos 
biajes bido gastar á los dichos capitanes en lo 
contenido en la pregunta pero que no sabe quan- 

16 



— 142 - 

to gastaron mas de que tenyendo mas renta que 
nenguno de esta ciudad están hasta oy adeuda- 
dos debiendo muchos pesos de oro á muchas per- 
sonas. 

XVIII p.^** Yten si saben etc que en el segundo biaje que 
hizo el dicho capitán machuca bolbiendo al dicho 
desaguadero en socorro del dicho capitán calero 
y catorce canoas que llebó en uno de los dichos 
biajes dos biajes é bastimentos é armas y bestidos 
que dio á muchos de los que con el fueron y enton- 
ces y en mucho maiz é abes y puercos é basti- 
mentos que llebó y carne salada según justa y 
comunal estimación podía baler lo que llebó é dio 
á los dichos soldados y las dichas canoas mas de 
mil pesos de buen oro digan lo que saben y lo que 
según justa e comunal estimación podía baler lo 
susodicho y se gastaría en ello. 

I testigo. El dicho Bernaldo diuarte dixo este testigo que lo 
que de ella sabe es quel dicho capitán como dicho 
tiene bolbió del dicho desaguadero á tornarse á 
rrehacer y que bien cree que gastaría mucho por 
benir como bolbió perdido él y los demás que con 
el benian 3^ que lo demás que no lo sabe y que tal 
es la berdad. 

II testigo. Juan de tejeda dixo este testigo que sabe que 
gastó mucho el dicho capitán machuca en el dicho 
biaje pero que no sabe determinadamente lo que 
podía baler y que esto es lo que sabe. 

VI testigo. Cristóbal Villalobos dixo que la segunda bez que 
fué el dicho capitán machuca con las canoas con- 
tenidas en la dicha pregunta al dicho socorro y en 
los peltrechos y gastos y bastimentos que para lo 
susodicho hizo según el balor de las cosas que 
bah'an entonces en esta tierra gastaría mucha 
cantidad de pesos de oro pero que este testigo no 
sabe que tanto podía ser. 

hotros dos testigos dicen lo mesmo. 



— 143 — 

XVIIII p.** Yten si saben etc. que quando la tercera bez bol- 
bió con el dicho Rodrigo de contreras el dicho 
capitán machuca continuando el dicho descubri- 
myento de treinta canoas y mas que se llebaron 
llebó mas de las beinte é quatro el dicho capitán 
machuca hechas á su propia costa y mucho basti- 
mento y dio á muchos de los soldados que allí 
fueron mucha rropa y armas é gastó en lo suso- 
dicho mas de myl pesos de buen oro digan lo que 
saben y lo que en lo susodicho según justa é co- 
munal estimación podía baler y gastar. 

I testigo. Bernandino diuarte dixo que este testigo sabe 
quel dicho capitán machuca llebó muchas canoas 
é maiz y abes y puercos é faboresció con armas é 
bestidos á los que con él bolbyeron pero que este 
testigo no sabe lo que en ello gastaría que bien 
cree que gastaría mucho por causa del trabajoso 
biaje y que esto es lo que sabe y lo demás no lo 
sabe. 

II testigo. Antonio de tejeda dixo este testigo que sabe que 
el dicho capitán machuca llebó muchas canoas y 
bastimentos y alpargatas y lo necesario y mucha 
gente a su costa y que esta es la berdad porque 
este testigo lo bido. 

V testigo. Cristóbal de Villalobos dixo este testigo que 
quando fué el dicho capitán diego machuca de 
Qua^-o en compañía del dicho gobernador Rodrigo 
de contreras que se llebaron las canoas conteni- 
das en la pregunta bió este testigo que el dicho 
capitán llebó la mayor parte de ellas 5^ gastó mu- 
chos pesos de oro en las hacer y en el bastimento 
y gastos que hizo para la dicha hida pero que este 
dicho testigo no sabe que cantidad podría ser el 
dicho gasto. 

Vil testg.*^ Mastre nycolas dixo este testigo que bido que 
quando el dicho capitán calero y este testigo y 
hotra gente con el bolbían del nombre de Dios 
toparon como dicho tiene en la boca del desagua- 
dero al dicho capitán machuca é al dicho Rodrigo 



- 144 — 

de Contreras é bido que el dicho capitán machu- 
ca llebaba muchos mantenymientos y todas las 
demás canoas que allí hiban y que esto sabe y lo 
demás que no lo sabe. 

VI testgt). Gonzalo melgarejo dixo este testigo que bido 
hazer el dicho biaje al dicho capitán machuca y 
que cree que gastó los pesos de oro contenydos 
en esta pregunta y mas en lo contenido en esta 
pregunta. 

XX p.'* Yten si saben etc que los dichos capitanes ma- 
chuca y calero padescieron en el dicho descubri- 
myento muchos trabajos é peligros é necesidades 
é se adeudaron de manera que abiéndose echo el 
dicho descubrimyento puede aber seys aftos poco 
mas ó menos esto en el día de hoy muy gastados 
con muchas deudas á causa de lo susodicho é con 
complir con la cédula de su magestad descu- 
briendo en efeto el dicho desaguadero é lo esta 
que tiene susodicho é de tal manera hizieron na- 
blegable el dicho desaguadero que el día de hoy 
se contrata con el por muchas fragatas é barcas 
muchas mercaderías ho se tiene noticia de toda la 
tierra á él comarcana) digan lo que saben. 

Los testigos saben la pregunta como en ella se 
contiene. 

XXI p.'^ Yten si saben etc que de el dicho descubrimyento 
é conquista é tierra nengun probecho ubieron los 
dichos capitanes en todo el tiempo que en ella 
andubieron ny aun hasta hoy le han abido digan 
lo que saben. 

I testigo. El dicho Berlandino diuarte dixo este testigo que 
sabe que los dichos capitanes ny los que con ellos 
fueron no han abido nengun probecho sino mu- 
chos trabajos y enfermedades que cobraron é bee 
que aun el día de hoy los dichos capitanes están 
adeudados de la costa que hizieron y que esta es 
la berdad. 



— 145 — 

II testig-o. Antonio de tejeda dijo este testig^o que la sabe 
como en ella se contiene porque bido que el dicho 
descubrimyento no se obo por los dichos capita- 
nes ni por los que con ellos fueron sino mucho 
trabajo é fatigas y gastos y enfermedades que en 
ella cobraron y que esta es la berdad. 

\' testigo. Cristóbal de Villalobos dijo este testigo que es 
publico y notorio que de el dicho descubrimyento 
del desaguadero los dichos capitanes no han abi- 
do n\' obieron probecho alguno sabida las deudas 
que oy deben que es mucha cantidad al parecer 
de este dicho testigo. 

Vil testg.° Mastre nycolas dixo este testigo que nunca bido 
que los dichos capitanes ny los que con ellos 
fueron hobieron probecho syno arto trabajo y 
enfermedades é malas venturas que pasaron y 
que esta es la berdad. 

VIII test.° Dixo que lo que de esta pregunta sabe es que a 
causa del dicho desaguadero está el dicho capitán 
calero mu}' pobre é ansy mismo el dicho capitán 
machuca con muchas deudas y que esto es lo que 
sabe desta dicha pregunta. 

Yten si saben que lo susodicho es publica boz 
é fama. 

t fiscal 

Relación sacada de la probanca fecha por par- 
te de mafrtin de Villalobos alguacil mayor en esta 
corte pronutor fiscal en el pleyto que trata con 
Rodrigo de contreras gobernador que fué de ny- 
caragua . 

Primeramente sean preguntados s}- conoscen 
al dicho fiscal martin de Villalobos é si conoscen 
al dicho Rodrigo de contreras gobernador que fué 
de nicaragua é si tienen noticia del desaguadero. 

1.* p"* Yten si saben que al tiempo que el dicho Rodrigo 



— 146 - 

de contreras hizo gente para hir á descobrir el 
dicho Rio del desaguadero que sale de la laguna 
de granada hasta la mar del norte y al dicho Rio 
é nabegacion dice estaba bisto é descubierto é 
abian abajado por el bergantín y canoas de espa- 
ñoles y buelto á subir é bisto ansy mesmo la tierra 
comarcana á él é digan etc. 

El dicho Rodrigo de contreras dixo este tes- 
tigo que es berdad que por cédula de su magestad 
mandaba á este declarante que embiase á descu- 
brir el desaguadero y este declarante enbió á los 
capitanes diego machuca de guago é Alonso cale- 
ro con dos bergantines é ciertas canoas y el dicho 
capitán calero bajó hasta la mar é después aportó 
al nombre de Dios) y el dicho capitán machuca se 
apartó de el dicho capitán calero é saltó en tierra 
para se tornar á juntar con el dicho capitán calero 
que hiba por el Rio abajo é las gías que giaron al 
dicho capitán machuca giaron mal é no pudo jun- 
tarse con el dicho capitán calero é se bolbió á 
granada por tierra y que en lo demás que la 
pregunta niega é no la cree. 

I testigo. Hernán marques de Avila dixo que sabe la pre- 
gunta como en ella se contiene preguntado que 
como la sabe dixo que porque este testigo fué en 
compañía de los capitanes machuca é Alonso Ca- 
lero la primera bez que se descubrió el Río del 
dicho desaguadero que fué hasta la mar del norte 
en los bergantines en que hiba é después bolbió 
por tierra en busca del dicho capitán machuca 
que se abía apartado por la tierra adentro é bino 
en busca de el hasta la ciudad de granada é alli lo 
halló é bolbió á bolber con él el Rio abajo en ca- 
noas en busca del capitán calero é después de 
todo lo susodicho bolbieron el Rio abajo hasta 
que bolbieron á la dicha ciudad de granada é 
después de esto fué el dicho Rodrigo de contreras 
al dicho desaguadero é por lo que dicho tiene 
sabe que la dicha nabegacion estaba descubierta 
antes que el dicho Rodrigo de contreras fuese 



— 147 - 

allá porque ansy mesmo este dicho testigo bolbió 
con el dicho Rodrigo de contreras tercera bez. 

II testigo. Damyan de eslaba dixo este testigo que al tiempo 

quel dicho Rodrigo de Contreras higo la gente 
que declara para hir al desaguadero este testigo 
estaba en el nombre de Dios en compañía del 
dicho capitán Alonso calero los quales benyan 
con gente al dicho desaguadero por la mar del 
norte porque el dicho Alonso Calero benya ansy 
mesmo por capitán y descobridor del dicho des- 
aguadero y que en aquella sazón este testigo oyó 
decir al dicho capitán Alonso calero é á hotras 
personas que en su compañía benyan como ya 
estaba descubierto é bisto el dicho desaguadero 
porque el dicho capitán y el capitán machuca lo 
abían descubierto é bisto como personas á quien 
para ello abía dado poder é comisyón el dicho 
Rodrigo de contreras é que hiban derechos á la 
ciudad de granada de la probincia de nycaragua 
para de allí con más gente hir á poblar el dicho 
desaguadero por la buena noticia que de la tierra 
tenyan. 

III testigo. El dicho Juan Román dixo este testigo que la sabe 

como en ella se contiene quanto al estar descu- 
bierto el dicho Río é nabegacion preguntado como 
lo sabe dixo que porque este testigo se halló en la 
dicha ciudad de granada de nycaragua é bido 
benyr gente de los que abían hydo al descubri- 
m3^ento é después este testigo fué con el dicho 
Rodrigo de contreras é topó en la boca del dicho 
Río en la boca que entra en la mar al dicho capi- 
tán calero é á hotras personas que consigo trayan 
en una fragata é un bergantín 3' que este testigo 
oyó decir al dicho capitán calero é á hotras per- 
sonas como abían tenydo noticia de los yndios de 
la dicha tierra de suerre é sucaraba y que hera 
tierra Rica y que esto sabe de esta pregunta. 

V testigo. Cristóbal montiel dixo que la sabe como en ella 
se contiene preguntado como lo sabe dixo que por 
quel oyó decir á muchas personas que allá binye- 



— 148 — 

ron de el dicho biaje é fueron en el dicho deseo - 
brimyento. 

VI testg".° Hernando de aguilera dixo este testigo que la 
sabe como en ella se contiene preguntado como 
la sabe dixo que lo oyó decir a muchas personas 
é que yendo este testigo con el dicho gobernador 
en el dicho descubrimyento toparon en la mar del 
norte en la boca del dicho Río al capitán Alonso 
calero y á hotras personas que consygo traía en 
un bergantín que subía el Río arriba para subir á 
la c! jdad de granada y que esto es lo que sabe 
de esta pregunta. 

los demás testigos dicen lo mesmo. 

IIT pta Yten si saben etc que aunque el dicho rrodrigo 
de contreras fuera é abajara por el dicho des- 
aguadero el dicho Río se nabegaba é andobiera é 
tratara como cosa que estaba ya bista é descu- 
bierta que para solo este efeto del dicho descu- 
brimyento no tenía el necesidad de ir ny hacer 
gastos ny gastar cosa alguna por estar como 
dicho tengo descubierto é bisto quando fué digan 
etc. 

calero la niega. 

II testigo. Damián de eslaba dixo que según lo que á este 

testigo abian dicho el dicho capitán Alonso cale- 
ro y la gente que con el benya que heran algunas 
de las personas -^ue abían ido con él al dicho des- 
cubrimyento e de los que benyan con el dicho Ro- 
drigo de contreras porque al tiempo que este tes- 
tigo partió en compañía del dicho capitán Alonso 
calero de la probincia de panamá toparon al dicho 
Rodrigo de contreras en la boca del dicho Río á la 
mar del norte é se lo dijeron que aunque el dicho 
Rodrigo de contreras no baj-ara por el dicho des- 
aguadero ny hiciera gastos no se dejara de con- 
tratar como se contrata pues estaba ya bisto y 
descubierto. 

III testigo. El dicho Juan Román dixo que la sabe como en 

ella se contiene por estar como estaba descubier- 



- 149 — 

to el dicho Río y este testigo bido que se empega- 
ba á tratar y lo sabe por lo que dicho tiene. 

V testg-.° El dicho Cristóbal montiel dixo que de lo que de 
ella sabe es que para el descubrimyento del dicho 
rrio y á la mar del norte no tenya ny abia nece- 
sidad de g-astarse cosa alguna porque ya estaba 
descubierto preguntado como lo sabe dixo que 
porque este testigo al tiempo que fué el dicho 
Rodrigo de contreras fué con él é bido como be- 
nya el dicho Rio arriba una fragata en que benya 
en ella el capitán calero he otros ciertos com- 
pañeros con el que benj^a en la mesma fragata 
para se la ayudar á subir á la dicha ciudad de 
granada de nycaragua y que esto es lo que sabe 
de esta dicha pregunta. 

VI testg.*^ Hernando de aguilera dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido que en el dicho tiem- 
po quel dicho gobernador fué en el dicho descu- 
brimyento se nabegaba y que esto es lo que sabe 
de esta dicha pregunta. 

VII testg." El capitán castañeda dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque como dicho tiene el dicho Río y la 
nabegacion de el estaba bista é descubierta y que 
esto sabe de esta pregunta. 

1\' p^'' Yten si saben etc que quando el dicho Rodrigo de 
contreras fué el dicho biaje el y la gente que con 
él fué fueron todos en canoas llegadas y dadas de 
bezinos de la tierra y de algunas personas de las 
que con él hiban en el dicho biaje y que no se 
hi^o bergantín ni barca para el dicho biaje por- 
que si lo hicieran los testigos no podrían dejar de 
berlo por hir en el eceto dos bateles que Ilebó el 
tesorero con su rropa é bastimentos digan etc. 

Dijo que lo que pasa es quel capitán machuca 
que hera buelto de el biaje hivo algunas canoas y 
algunos becinos de esta provincia que hiban con 



- 150 — 

este declarante buscaron hotras en que hir ellos y 
queste declarante higo hazer hotras y las compró 
é que quando este declarante fué el dicho biaje se 
dio mucha priesa en hir é no hubo lugar de ha-.er 
bergantines porque no tenían noticia quel dicho 
capitán calero abía aportado al nombre de Dios 
é se creya que estaba en la probincia del desagua- 
dero é que por mas brevedad no se esperó sino lo 
que mejor fué por socorrelle y ques berdad que 
la una de las dichas barcas hera del tesorero 
y la hotra hera de este declarante que la abía 
abido de el dicho tesorero y lo demás en ella con- 
tenydo que lo nyega. 

I testigo. Hernán Marques de Avila dixo que lo que de esta 
pregunta sabe es que al tiempo que el dicho Ro- 
drigo de contreras quiso hir por el dicho desagua- 
dero abajo no llebó bergantín nenguno syno fué 
dos barcas biejas del tesorero pedro de los Ríos 
que abía traído del Realejo hasta león é allí por 
la laguna abajo hasta la laguna de granada é que 
sabe que las mas canoas que fueron para el dicho 
efeto las hizo hazer el capitán Diego machuca de 
Quago á su propia costa y hotros heran de hotros 
becinos é personas particulares y lo sabe porque 
este testigo como dicho tiene fué al dicho biaje. 

II testigo. Damyan de eslaba dixo que lo que de esta pre- 
gunta sabe es que bido que el dicho Rodrigo de 
contreras y la gente que con el hiba por el dicho 
Río abajo no traya bergantín nenguno syno sola- 
mente un batel é que todas las demás heran ca- 
noas é que oyó decir á la sagon que las dichas 
canoas las mas de ellas las abía hecho el dicho 
capitán machuca y las hotras abían dado becinos 
de la dicha probincia de nycaragua 5^ quel dicho 
Rodrigo de contreras abía hecho muy pocas de 
ellas y questo 03^0 decir publicamente á los solda- 
dos que benyan en compañía de el dicho Rodrigo 
de contreras de cuyos nombres al presente no se 
le acuerda etc. 



III testigo. Juan Román dixo este testigo que la sabe como en 



— 151 - 

ella se contiene preguntado como lo sabe dixo 
que la sabe porque este testigo benya en compa- 
ñya con el dicho gobernador Rodrig"o de contre- 
ras el dicho byaje y lo bió todo como la pregunta 
lo dice. 

V testigo. Cristóbal montiel dixo que la sabe como en ella 

se contiene preguntado como lo sabe dixo que 
porque este testigo es uno de los compañeros que 
fueron 5^ llebo el dicho Rodrigo de contreras é lo 
bió como dicho tiene de bista y que esto sabe de 
esta pregunta. 

VI testg.° Hernando de Aguilera dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como lo sabe dixo 
que porque este testigo hera uno de los que hiban 
con el dicho gobernador en el dicho biaje é bido 
lo contenido en la dicha pregunta. 

VII testg.*^ Dijo este testigo que lo que de ella sabe es quel 

dicho Rodrigo de contreras y la demás gente que 
consygo llebó en el dicho biaje no llebó bergantín 
nenguno syno dos barcas pequeñas y que la una 
llebaba el tesorero y la hotra el dicho Rodrigo de 
contreras y que las canoas las demás hicieron los 
bezinos preguntado como lo sabe dixo que porque 
este testigo fué el dicho biaje é lo bido como 
dicho es. 

y p'^ Yten si saben etc que dos bergantines que se 
hicieron y enbió su mujer del dicho Rodrigo de 
contreras muchos días después que estaba en la 
conquista con algunos bastimentos que el uno de 
ellos se hendió en granada á lu3's de guebara é á 
Juan Hernández portugués por trecientos pesos 
y el hotro hendió en el nombre de Dios luys Sán- 
chez con poder del dicho Rodrigo de contreras é 
si saben que no hobo ny se hiQo ny gastó en el 
dicho biaje hotro bergantín ny barco digan lo 
que saben etc. 

Calero dijo Dijo ques berdad que la dicha doña maria hen- 
dió el dicho bergantín contenido en esta pusicion 



— 152 — 

á lo que este declarante cree en lo contenido en la 
pusicion é quel bergantín que hendió á luys Sán- 
chez fué uno que hubo de Francisco sanchez é 
que lo demás contenido en esta pusicion que lo 
niega. 

I testiguo. Hernán marques dixo que lo que de ella sabe es 
que bolbiendo este testigo del dicho biaje en una 
canoa para la ciudad de granada que quería hir 
entonces á los Reynos de castilla dejo un bergan- 
tín en el puerto de la cruz que es á la boca del 
mesmo Río del desaguadero en la mesma laguna 
de granada alió allí un bergantín el qual oyó decir 
que abía hecho en león doña maría de peñalosa 
su mujer del dicho Rodrigo de contreras en el 
qual hiba uno que llamaban mateo de lezcano y 
llebaba bastimento y beinte é cinco ho treinta 
hombres en socorro del dicho Rodrigo de con- 
treras. 

II testigo. Damyan de eslaba dixo que lo que sabe de esta 

pregunta es que estando en la guerra en la pro- 
bíncia del dicho desaguadero oyó decir como dos 
bergantines que allí abian benido en dos veces los 
había hecho doña maría de peñalosa mujer del 
dicho Rodrigo de contreras los cuales abían tray- 
do bastimentos y que después se abían hendido el 
uno de ellos en el nombre de dios por luys sanchez 
y el hotro se había hendido en granada como la 
pregunta lo declara y lo susodicho lo oyó decir á 
muchas personas de cuyos nombres al presente 
no se le aquerda é que no sabe que en el dicho 
biaje fuese hotro bergantín ny hotro barco alguno 
del dicho Rodrigo de contreras. 

III testigo. El dicho Juan Román dixo este testigo que lo que 

de ella sabe es que este testigo bido el bergantín 
y fragata que la dicha mujer del dicho goberna- 
dor le envió y que después de llegados é la dicha 
su mujer los enhió é se hendió el bergantín al 
dicho luys de guehara é al dicho Juan Hernández 
y que la fragata oyó decir á muchas personas que 
este testigo no se le aquerda que lo hendió luys 



— 153 - 

Sánchez con poder que tubo del dicho gobernador 
en el nombre de Dios y que esto es lo que sabe 
desta pregunta. 

IV testigo. Bartolomé Velazquez dixo que lo que de ella sabe 

es que este testigo bido como su mujer del dicho 
gobernador le enbió dos bergantines con cierto 
bastimento y que los soldados que samotinaron los 
llebaron y que lo demás contenido en la dicha pre- 
gunta que no lo sabe este testigo porque fué en los 
dichos bergantines á el nombre de dios. 

V testigo. Cristóbal montiel dixo que la sabe como en ella 

se contiene eceto que este testigo no sabe si los 
dichos bergantines se hendieron y que este testigo 
oyó decir á muchas personas que se abía bandido 
el un bergantín destos en la boca del dicho Río é 
que lo abía comprado el dicho luys de guebara é 
Juan Fernandez y que esto es lo que sabe de esta 
pregunta. 

VI testg.'^ El dicho Diego hernández dixo que la sabe como 

en ella se contiene é que oyó decir que un bergan- 
tín que se hendió á Juan hernández é á luys de 
guebara lo qual oyó decir al mesmo Juan hernán- 
dez que lo compró y el hotro bergantín este testi- 
go lo bió en nombre de dios y que este testigo bió 
como el dicho luys sanchez con poder del dicho 
Rodrigo de contreras lo rrescibió en el nombre 
de dios y este testigo bi<5 como el dicho luys san- 
chez tray á negros suyos deshaciendo el dicho 
bergantín é que oyó decir á muchas personas que 
abía gastado en el dicho bergantín en el dicho 
trato mas cantidad de pesos de oro que el balía y 
que esto es lo que sabe de la dicha pregunta. 

VII testg.° Dijo este testigo que lo que de ella sabe es que 

los dichos dos bergantines que dice la pregunta 
fué después de estado el dicho Rodrigo de contre- 
ras en la dicha tierra los quaies fueron cargados 
de bastimentos é alguna gente de españoles y que 
.sabe que el uno se hendió al dicho guebara é á 
Juan hernández pero que no se aquerda en que 



- 154 — 

cantidad de pesos de oro y quel hotro bergantín 
oyó este testigo decir á muchas personas de las 
que benyan de el nombre de Dios como luys Sán- 
chez dalbo lo tomo luego á los que lo llebaban el 
dicho barco y que sabe que no se higo para el 
dicho biaje mas bergantines sino fué una fragata 
que hÍQO el dicho Rodrigo de contreras con la 
gente que consygo tenya para entrar la tierra 
adentro preguntado como lo sabe dixo que porque 
este testigo lo bido y se alió presente y que esto 
sabe de esta pregunta. 

VI p^* Yten si saben etc que al tiempo que el dicho Ro- 
drigo de contreras fué á hacer el dicho biaje ba- 
lyan los bastimentos en muy bajos precios el 
mayz á medio rreal y los puercos á medio peso 
de manera que por baler tan barato todos los 
soldados que con el fueron fueron muy bien pro- 
behydos de manera que el dicho Rodrigo de con- 
treras llebó muy pocos bastimentos ny tubo nece- 
sidad de gastar ny gastaría en el primer biaje y 
lo que en el llebó doscientos pesos de oro ny lo 
baldría lo que de su parte gastó digan etc. 

Dixo que á lo que á este declarante se le 
aquerda los bastimentos balian enesta probincia 
á medianos precios y lo demás contenido en esta 
pusicion lo niega. 

I testigo. Hernán marquez dixo este testigo que no sabría 
declarar el precio que balyan los bastimentos en 
aquella sazón que el dicho Rodrigo de contreras 
higo el dicho biaje mas de que le paresce que no 
balyan caros n}'- tampoco sabría declarar la can- 
tidad que el dicho Rodrigo de contreras gasto en 
el dicho biaje mas de que sabe que gastó en soco- 
rrer á algunos compañeros con Ropas y hotras 
cosas. 

II testigo. Damyan de eslaba dixo que á la sagon é tiempo 
que el dicho Rodrigo de contreras salió con la 
dicha gente para el dicho desaguadero no estaba 
este testigo en la probincia de nycaragua porque 



- 155 - 

como dicho tiene los toparon en el camyno á la 
boca del desaguadero é por esto no sabe que pre- 
cios bailan mas de que oyó decir como en aquella 
sazón balían los bastimentos á muy bajos precios 
é ans}' mesmo oyó decir á la gente que traya el 
dicho Rodrigo de contreras como bastimentos 
quellos llebaban se los abían dado amigos é com- 
prados de sus dineros y pocos abían recibido del 
dicho Rodrigo de contreras lo qual oyó decir á 
muchas personas y por la causa que á declarado 
no sabría decir la cantidad quel dicho Rodrigo 
de contreras gastaría en lo susodicho, etc. 

VI testig.° Juan Román dixo que lo que de ella sabe es que 
los bastimentos en aquel tiempo que el dicho go- 
bernador fué el dicho biaje balyan muy baratos 
preguntado como lo sabe dixo que porque este 
testigo fué el dicho biaje y compro cosas que 
hubo menester á muy bajos precios y que sabe 
este testigo que mucha parte de los que iban con 
el dicho gobernador en que heran los becinos 
llebaban é hiban bien probehidos y siempre les 
probeh^^an de sus casas de nycaragua y questo 
es lo que sabe de esta dicha pregunta y lo bido. 

IV testig." Dixo que no la sabe porque este dicho testigo no 
se alió en la dicha probincia al tiempo quel dicho 
gobernador hizo el dicho biaje mas de que al 
tiempo que este dicho testigo fué en el dicho 
socorro del dicho gobernador balyan los basti- 
mentos muy baratos en que la anega de maiz 
balya á medio Real é los puercos á medio peso é 
á ducado é que esto es lo que sabe porque lo bía 
hender y que esto es lo que sabe desta pregunta. 

VI testigo. El dicho Cristóbal montiel dixo este testigo que 
lo que della sabe es que al tiempo que el dicho 
Rodrigo de contreras fué en el dicho biaje balyan 
los bastimentos muy baratos é quel maiz bal3^a á 
medio rreal poco mas ho menos 3' que este testigo 
dize que lo quel dicho Rodrigo de contreras pudo 
gastar en lo queste testigo bió sería poco porque 
híban muchos becinos de nycaragua con el dicho 



— 156 — 

gobernador é hyban muy probeydos de lo que 
llebaban para sy en sus canoas é para algunos 
que hiban con ellos preguntado como lo sabe 
dixo que porque como dicho tiene lo bido y fué 
el dicho biaje etc. 

VI testigo. Hernando de agilera dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo fué con el dicho Rodrigo 
de contreras é se halló presente en nycaragua é 
bido como los bastimentos balian en aquel tiempo 
muy baratos y que pocos fueron en el dicho biaje 
que no llebasen é fuesen probe3alos sin se los dar 
el dicho Rodrigo de contreras é que esto sabe de 
esta pregunta, 

VII testg." Dixo que lo que della sabe es que este testigo bió 

como al tiempo quel dicho Rodrigo de contreras 
hizo el dicho biaje balian los bastimentos baratos 
é que no se aquerda á que precios balyan el maiz 
y los puercos é que sabe este testigo que algunos 
de los que hiban con el dicho Rodrigo de con- 
treras hiban bien probeydos y que bido como el 
dicho Rodrigo de contreras llebo muchos bezinos 
y bastimentos é que no sabe lo que pudo gastar 
preguntado como lo sabe dixo que porque lo bido 
y se halló presente al tiempo quel dicho Rodrigo 
de contreras hizo el dicho biaje y que esto es lo 
que sabe, ect. 

VII p*^ Yten si saben etc que en el dicho biaje no hubo 
ny se llebó caballo antes tres que allá se hallaron 
que tenya hernan sanchez de badajoz se mataron 
y comyeron con necesidad porque la tierra no 
hera para andar ny conquistar con caballos) 
digan etc. 

calero. Dijo que es berdad que no se llebó caballos y que 
allá tenya dos hernan sanchez y que yendo á my- 
cinaha que es un pueblo en el desaguadero no 
pudo pasar uno de los dichos caballos un paso le 
mataron é que el otro no tiene memoria que se 
higo y lo demás niega. 



- 157 — 

II testigo. Damyan de eslaba dixo este testigo que sabe que 

el dicho Rodrigo de contreras no llebó caballos 
nenguno porque como ha declarado al tiempo que 
lo toparon no se los bió traer y que llegado á la 
tierra del diclio desaguadero este testigo bió dos 
caballos que tenya hernan sanchez de badajoz y 
hotro que tenya un soldado suyo los quales se 
comyeron los dos de ellos á costa de les soldados, 

III testig.° Juan Román dixo que la sabe como en ella se con- 

tiene preguntado como la sabe dixo que porque 
este testigo se hallo presente é lo bido y este tes- 
tigo compro é comyo medio quarto de un caballo 
y que esto sabe de esta pregunta. 

IV testig." Dixo que sabe este testigo que se mató un caba- 

llo de los que tenía hernan sanchez para comer é 
que este testigo lo sabe porque lo bido y se alió 
presente y que esto sabe de esta pregunta 

tres testigos que ay dicen que la saben como 
en ella se contiene porque lo bieron y se alia- 
ren presentes a ello./. 

VIII p'^ Yten si saben etc que en el pueblo de suerre ques 
en la dicha conquista se aliaron y tomaron en un 
boyo seis cientos pesos de oro y mas y en otras 
partes se hallaron cantidad de oro lo qual todo 
junto por mandado del dicho rrodrigo de contre- 
ras en poder de rrodrigo de peñalosa como teso- 
rero y con poder de francisco gutierrez beedor 
que seria é fueron todos mas de myl é doscientos 
pesos de oro los quales el dicho Rodrigo de con- 
treras pidió y rrogó á los soldados que con él 
estaban que se enbiasen a su mujer a nycaragua 
para que se fundiesen y se empleasen en basti- 
mentos para que se trajiesen á la dicha gente é 
conquista los quales se le dieron en el puerto de 
punta blanca y los llebó Rodrigo gonzalez su 
criado a la dicha m-obincia é digan etc. 

I testigo. Dijo que lo que pasa de lo contenido en la pre- 
gunta es que los soldados bisto los muchos gastos 

17 



— 158 - 

que este declarante abia hecho le dijeron que se 
enbiase el oro a nycaragua para traer algunas 
cosas de que tenyan necesidad y el oro quel dicho 
Rodrigo gon(palez se le entrego que este decla- 
rante sabe fueron nuebe cientos y siete pesos de 
oro bajo y en esta provincia se fundió é quinto y 
quedaron de buen oro pagado el quinto y diezmo 
hasta quinientos y diez ho quynientos y veinte 
pesos poco mas ho menos los quales se les enbió 
muchas cosas y entre ellas trescientas anegas de 
mayz que solamente el lleballos desde granada 
costó el flete trescientos pesos y que lo demás 
contenido en la pregunta lo niega. 

II testigo. Damyan de eslaba que lo sabe de esta pregunta 

es que en la entrada que hicieron ciertos solda- 
dos estando en el dicho desaguadero con el capi- 
tán Diego de castañeda en el descubrymiento del 
pueblo enerre que enel y en la tierra que andu- 
bieron hasta llegar á el y en hotras partes se 
aliaron mas de myl pesos y se rremyte á la quenta 
de los hoficiales que á la sazón heran y tienen los 
quales por dicho del dicho Rodrigo de contreras 
que les abló en la punta blanca diciendo como la 
dicha doña maria de peñalosa su mujer le escre- 
bía que no tenía dinero para comprar bastimen- 
tos que se le enbiasen aquellos dineros para que 
probeyesen á los dichos soldados de comida los 
quales tobieron por bien que se los tomase para 
el dicho efeto é que no sabe que por rrazon dello 
este testigo ny los demás soldados recibiesen nin- 
gún bastimento etc. 

III testg.** Juan Román dixo que la sabe como en ella se 

contiene eceto queste testigo no se aquerda qué 
cantidad de pesos de oro son los que la pregunta 
dice porque á mucho tiempo y este testigo no se 
aquerda é que lo sabe porque se alió presente é 
bido como se tomó el dicho oro en la dicha tierra 
y questo es lo que sabe desta dicha pregunta. 

V testigo. Cristóbal montiel dixo este testigo que la sabe 
como en ella se contiene eceto queste testigo no 



- 159 — 

sabe que cantidad de pesos de oro serian por aber 
mucho tiempo que paso y questo es lo que sabe é 
que lo bió é supo. 

VI testg.° Hernando agüera dixo que lo que de ella sabe es 

que bido como en el pueblo de suerre se alio cier- 
ta cantidad de pesos de oro y que al parecer de 
este dicho testigo serian seiscientos pesos é ansy 
mesmo bido como se hallo en estas partes oro y 
que bido como se depositó en el dicho peftalosa 
tesorero y en el dicho francisco gutierrez y queste 
testigo ovo decir á muchas personas de las que 
estaban con el dicho gobernador al tiempo que 
enbió el dicho oro á la dicha su mujer como lo 
habia enbiado é que lo sabe por lo que dicho 
tiene etc. 

VII testg.° Dixo que la sabe como en ella se contiene aceto 

que no se aquerda que cantidad de pesos de oro 
heran preguntado como la sabe dixo que porque 
lo bido y se állo presente a ello. 

IX p.'* Yten si saben etc que siendo como fueron los di- 
chos myl é doscientos pesos de oro que se dieron 
al dicho Rodrigo de contreras en tanta cantidad 
y los bastimentos que gastó tan pocos con los sol- 
dados é gente que con él fué que abía é hobo en 
ellos largamente con qué pagarlos é antes sobra- 
ron dineros) é digan etc. 

Calero la niega). 

II testigo. Dixo que lo que sabe de esta pregunta es que 
según á dicho é declarado en las preguntas antes 
de esta este testigo no se alió presente al tiempo 
que el dicho Rodrigo de contreras partió de la 
dicha probincia de nycaragua para saber la can- 
tidad que gastó ny lo que su mujer pudo enbiar 
mas de que según lo queste testigo oyó decir que 
balyan poco los bastimentos en la dicha probin- 
cia de nycaragua é según lo poco que daban á los 
soldados que le paresce que antes sobrarían dine- 
ros en la cantidad que á declarado que llebaron 
que no faltarían. 



— 160 — 

V testigo. Cristóbal montiel dixo este testigo que si los pesos 

de oro quel dicho Rodrigo de contreras enbió á 
nycaragua llegaban á la dicha quantía de myl é 
doscientos pesos que á este testigo le paresce 
bastar á pagar los gastos quel dicho Rodrigo de 
eontreras hizo é podía hazer preguntado como lo 
sabe dixo que porque como dicho tiene balyan los 
bastimentos muy baratos é questo sabe de esta 
pregunta. 

VI testgo. Hernando de agüera digo que la sabe como enella 

se contiene preguntado como lo sabe dixo que 
porque los gastos quel dicho Rodrigo de contre- 
ras higo eran pocos y que bastaban los dichos 
pesos— en la pregunta contenidos á los pagar é 
sobrarían dineros é sabe é bido. 

X p.*«^ Yten si saben etc que andando el dicho Rodrigo 
de contreras en la dicha conquista alió en la tierra 
adentro á hernan sanchez de badajoz poblando 
con cierta gente é algunos yndios que le serbian 
de paz é les daban de comer y el dicho Rodrigo 
de contreras lo prendió y enbió preso de la tierra 
á españa é ansy mesmo el dicho Rodrigo de con- 
treras dejó é se fué de la dicha tierra dejándola 
toda de guerra sin aber cosa conquistada ni paci- 
ficada enella antes los yndios mas aleados y albo- 
rotados que al tiempo que en ella entró é por el 
mas aparejo que en la tierra dexo é después enbio 
se amotinaron y fueron ciertos españoles que un 
capitán en la tierra dexó é fueron della y lo mes- 
mo hizo el dicho capitán con los pocos que le que- 
daron syn quedar en la tierra hombre de guerra 
ny conquysta ny cosa fecho en ella digan etc. 

Calero dixo que lo que pasa de lo contenido cues- 
ta pusicion es) que alió la tierra adentro al dicho 
hernan sanchez de badajoz en una loina á mane- 
ra de fortaleza é que por delitos que cometyo 
ansy por aber fecho marca como por otras cosas 
este declarante como gobernador que á la sazón 
hera de su magestad y como descubridor de la 
probincias comarcanas al dicho desaguadero por 



— 161 — 

birtud de una cédula Real prendió al dicho heman 
Sánchez y le enbió preso ante su magestad y los 
del su Real Consejo por los delitos que cometió 
según parescerá por el proceso que contra el 
dicho hernan sanchez se higo al qual se rremyte 
é que es berdad que este declarante se bjmo por 
estar muy enfermo é no podía andar á pie ny 
poderse lebantar de la cama y dexó en ella al ca- 
pitán diego de castañeda que es persona de estar 
con muy buena gente é á tenido muchos cargos é 
después fué probeydo por los señores de la 
audiencia Real de capitán 5" alcalde maj-or de la 
nueba segovia y que los yndios benian de paz é 
como es público pablo encoreo los hizo alzar y 
alborotar é que es berdad que se amotinaron 
ciertos soldados é que el capitán bisto la poca 
gente que le quedaba se bino y que lo demás 
contenido en la dicha pregunta dixo que lo nie- 
ga etc. 

I testigo. Dixo este testigo que lo que de esta pregunta 
sabe es que este testigo oyó decir á personas que 
abian hido la dicha jornada como el dicho Rodri- 
go de contreras abía aliado en la tierra al dicho 
hernan sanchez de badajoz y que le serbían algu' 
nos yndios y estaba poblado con algunos españo- 
les y echos unos palenques y que lo susodicho se 
aquerda aber oydo decir al dicho hernan sanchez 
é á otras personas de cuyos nombres no se le 
aquerda y que este testigo á la buelta que hiba 
para hirse al nombre de Dios é de allí á castilla 
bió como el dicho hernan sanchez hiba preso á 
castilla y allí se embarcó juntamente con este 
testigo en hotro nabio para el dicho biaje y que 
lo demás en la pregunta contenido no lo sabe. 

II testigo. Dixo que sabe que al tiempo que llegó el dicho 
Rodrigo de contreras á la probincia del desagua- 
dero andando en la guerra en la probincia del 
cacique coaca en la loma de arotapacillo el dicho 
Rodrigo de contreras é hernan sanchez de bada- 
joz con cierta gente con alcaldes é Regidores é 
bido que benian al dicho hernan sanchez yndios 



— 162 — 

de paz que decían el y su gente que los serbian y 
los trayan los bastimentos necesarios el quel dicho 
contreras prendió al dicho badajoz e hizo ciertas 
ynformaciones y con ellas le enbió preso á espa- 
ña é que después de haber el dicho Rodrigo de 
contreras enbiado preso a españa al dicho hernan 
Sánchez salió de la tierra con gente á la punta de 
san geróRjmo puerto de la mar del norte donde 
la dejó con el capitán castañeda é se bolbió á gra- 
nada é quedando la tierra mas de guerra que de 
paz como la pregunta lo dice y que después de 
aberse ido el dicho Rodrigo de contreras quedó la 
gente muy descontenta por no haber querido 
poblar ny dar la orden que conbenya é malos tra- 
tamyentos que les higo y por una carta que les 
enbió se amotinaron todos y se fueron al nombre 
de Dios é después el dicho capitán granada con 
quince o diez y seys hombres que puedaron. 

III testigo. Dixo que la sabe como en ella se contiene pregun- 

tado como losabe dixo que porque este testigo se 
alió presente é lo bido y questo sabe de la pre- 
gunta. 

IV testgo. Dixo este testigo que lo que de ella sabe es que 

este testigo bido preso al dicho hernan sanchez 
de Badajoz é oyó decir que lo abía preso el dicho 
gobernador y echádole de la tierra y que este 
testigo bió hir preso fuera de la tierra al dicho 
hernan sanchez é que este testigo bido como el 
dicho gobernador se bino á la ciudad de león a 
sueria é dexó la tierra de guerra syn abella con- 
quistado ni pacificado y que yendo el dicho go- 
bernador á su casa dejó en su lugar en la dicha 
tierra un capitán que tenía el qual se fué con la 
demás gente é dejaron la tierra por la gran nece- 
sidad que enella pasaban sin quedar hombre de 
guerra ny conquista en la tierra é que esto es lo 
sabe de esta pregunta porque lo bido y oyó decir 
a muchas personas. 

V testigo. Cristóbal montiel dixo que la sabe como en ella 

se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque este testigo se alió enello é lo bido etc. 



— 163 — 

VI testig.° Hernando de agüera dixo este testigo que al 

tiempo que el dicho Rodrigo de contreras fué y 
entró en la dicha tierra alió al dicho hernan Sán- 
chez ds badajoz poblado y que este testigo bido 
como le serbían yndios é le daban de comer y que 
bido este testigo como el dicho Rodrigo de contre- 
ras prendió al dicho hernan sanchez de badajoz y 
le enbió de la tierra preso á españa é que sabe que 
el dicho Rodrigo de contreras se fué de la dicha 
tierra é se bolbió á su casa y llebó consygo mu- 
chos españoles sin aber conquistado ny pacificado 
é dejando mas alborotados los yndios que al 
tiempo que en la tierra entró el dicho Rodrigo de 
contreras é muchos de los españoles que quedaron 
con el dicho capitán hiendo el mal aparejo y estar 
mucha parte de ellos dolientes requirieron al 
dicho capitán les diese licencia para se hir de la 
tierra dándole causa para ello é bido que el dicho 
capitán no les quiso dar licencia con los treslados 
de los requirimyentos que hicieron al dicho capi- 
tán se fueron treinta hombres poco mas ho menos 
y que bisto el capitán aberse ydo la dicha gente 
se fué de la tierra é despoblado preguntado como 
lo sabe dixo que porque este testigo se halló pre- 
sente. 

VII testg.° Dixo que la sabe como en ella se contiene ecetc 

que este testigo no sa firmo si el dicho hernan 
sanchez estaba poblado mas de que le aliaron 
metido en un palenque y decían que en la mar 
abían poblado é que se abían retirado adonde 
estaban en el dicho palenque al tiempo que el 
dicho Rodrigo de contreras le alió é que no tenyan 
en la mar pueblo nenguno é que sabe como el 
dicho hernan sanchez tenya consygo uno ho dos 
alcaldes é alguaciles y regidores del dicho pueblo 
preguntado oomo lo sabe dixo que porque lo bido 
y que á este testigo le dexó el dicho Rodrigo de 
contreras con la gente que dice la pregunta é que 
esto es lo que sabe etc. 

XI p.'" Yten si saben etc que bolbiendo el dicho Rodrigo 
de contreras á su casa á la probincia de nycara- 



— 164 — 

gua. del dicho descubrimyento é conquista en la 
boca del dicho Río del desaguadero en un arenal 
que se cubre de el dicho Río é de la mar bisto que 
en lo que la tierra abía andado no abía poblado 
ny echo cosa alguna nombró en el dicho arenal 
una Villa llamada san juan de la cruz f é nombró 
por alcalde de ella á un gabriel de león que estaba 
allí en guarda de los bastimentos é hotros sus 
criados é marineros por Regidores para ynformar 
á su magestad que abía poblado en la tierra no 
dejando pueblo que ny lo hobo ny donde estar ny 
para que digan lo que paso como todo se deshijo 
luego) digan etc. 

Dixo que lo que este declarante responde á la 
dieha pusicion es que hiendo que hera útil é pro- 
bechoso para los que bajaban por el dicho Río 
abajo combenía que á la boca del mar se hiciese 
un pueblo el qual este decíante pobló en nombre 
de su magestad é nonbró por alcalde al dicho 
gabriel de león é nombró por Regidores á ciertas 
personas que no se aquerda y que á la sazón que 
esto higo el dicho capitán castañeda estaba ya en 
la tierra con la gente é que después que su mages- 
tad probeyó á Diego gutierrez por gobernador 
estubo poblado el dicho pueblo hasta que murió y 
lo demás niega. 

II testigo. Damyan de eslaba dixo que bolbiendo el dicho 
Rodrigo de contreras nombró la dicha Villa con- 
tenida en la pregunta é nombró al dicho alcalde 
pero que este testigo nunca bido becinos en ella 
ny lo tubo por villa ny por nada ni aun para efeto 
nenguno que allí se poblase para pensar de per- 
manecer porque no tenían yndios ny otras cosas 
necesarias para se permanecer porque no tenyan 
é tiene por cierto quel dicho Rodrigo de contreras) 
la población de la dicha billa higo para solamente 
el efeto que la pregunta dice etc. 

ITI testig.° Dixo que la sabe como en ella se contiene é lo 
bido todo y se alió presente é por esto dixo que 
lo sabia. 



- 165 - 

IV testig.® Dixo este testigo que lo que de ella sabe es que 

bido este testigo como el mysmo lugar que la 
pregunta dice yéndose el dicho gobernador á su 
casa nombró una billa é la puso por nombre san 
Juan de la cruz f é sabe que nombró por alcalde 
al dicho gabriel de león é sabe que hera un des- 
pensero é criado y que sabe que nombró a hotros 
criados suyos por alcaldes é Regidores é que este 
testigo sabe que el dicho sitio y lugar no hera 
para estar ny habitar pueblo por ser poca cosa é 
cada día la com5'a la mar) é queste testigo bido 
como el dicho pueblo no abía mas de un hombre 
que tenya allí una casa queestaba por los capita- 
nes calero y machuca y que se abian hido todos 
los demás que allí estaban que dejó el dicho 
gobernador que no quedo hombre nenguno y que 
esto sabe porque lo bido. 

V testigo. Cristóbal montiel dixo este testigo que lo de ella 

sabe es que binyendo este testigo con el dicho 
capitán quel dicho Rodrigo de contreras abía 
dexado alió en el asiento é sitio que la dicha pre- 
gunta dice una billa poblada que se llamaba san 
Juan de la cruz f y estaba en ella y Resydia el 
dicho gabriel de león por alcalde é un escribano 
y hotros quatro ho cinco marineros pasajeras 
preguntado como losabe dixo que porque lo bido 
y este dicho testigo oye decir desde a poco tiem- 
po como se abía despoblado é que lo 03'^o decir a 
quatro ho cinco de los que binyeron de la dicha 
billa é queste testigo bido en la dicha ciudad de 
granada al dicho grabiel de león que en la dicha 
billa Resydia por alcalde etc. 

VI testig.° El dicho hernando de agüera dijo que la sabe 

como en ella se contiene preguntado como la 
sabe dixo que porque lo bido eceto que al tiempo 
quel dicho Rodrigo de «ontreras nombró la dicha 
billa y el alcalde y Regidores este dicho testigo 
no se alió presente pero que la bido después 
poblada como la pregunta lo dice etc. 

VII testg'.'^ Dixo que la sabe como en ella se contiene eceto 



— 166 — 

que no sabe á que efeto pobló aquel pueblo ho 
porque preguntado como lo sabe dixo que porque 
lo bido y questo es lo que sabe de la pregunta. 

pregunta añadida) 

Ytem si saben etc que al tiempo que el dicho 
Rodrigo de contreras llegó donde estaba el dicho 
hernan sanchez de badajoz alió que el dicho her- 
nan sanchez tenya cinco myl é mas pesos de oro 
junto con los soldados que con el estaban y el 
dicho Rodrigo de contreras tomó los dichos pesos 
de oro para los enviar á fundir á la provincia de 
nycaragua para que después de fundidos se 
rrepartiesen á cuyos fuesen) los quales enbió con 
mateo de lezcano é si saben que el dicho Rodrigo 
de contreras tomó para sy é tiene los dichos cinco 
myl pesos de oro sin abellos dado á nadie martin 
de Villalobos etc. 

II testigo. El dicho Damyan de eslaba dixo que lo que de 

ella sabe es que estando en la dicha conquysta 
del desaguadero á la sazón que en ella estaba 
malo este testigo oyó decir á las personas que en 
ella andaban y ansy fué público quel dicho Ro- 
drigo de contreras abía tomado al dicho hernan 
sanchez de badajoz seys myl pesos los quales 
abía dado al dicho lezcano que la pregunta 
dice para que los llebase á la dicha probincia 
de nycaragua y queste dicho testigo no sabe 
que de ellos diese parte a persona nenguna que 
andubiese en la dicha conquysta ny á este testigo 
se le dio y que ansy mesmo andubo en ella é que 
tiene por cierto que se quedo con ellos) é que 
según las palabras quel dicho Rodrigo de contre- 
ras paso con este dicho testigo sobre aber traydo 
los dichos se5^s myl pesos sin consentimyento de 
los dichos soldados é por lo que el dicho Rodrigo 
de contreras le respondió tiene por muy cierto 
que los tomo y se quedo con ellos. 

III testig.** Juan Román dixo que la sabe como en la dioha 

pregunta se contiene eceto que este testigo no se 
aquerda la cantidad que era de pesos de oro por 



— 167 - 

aber como á mucho tiempo preg'untado como lo 
sabe dixo que porque lo bido y se alió presente é 
questa es la berdad. / 

V testigo. Cristóbal montiel dixo que la sabe como en en 

ella se contiene eceto que este testigo no sabe 
que cantidad de pesos de oro heran mas de que 
oyó decir que heran quatro ho cinco myl pesos 
de oro y questo sabe porque lo bido é oyó decir 
y questa es la berdad para el juramento que higo. 

VI testg.° Hernando de agüera dixo este testigo que lo que 

de ella sabe es que oyó decir á muchas personas 
de las que se hallaron presente que el dicho go- 
bernador prendió al dicho hernan sanchez de 
badajoz é oyó decir que le habia tomado el dicho 
Rodrigo de contreras al dicho hernan sanchez 
cinco myl pesos de oro poco mas ho menos y 
que sabe que no tiene dados destos pesos de oro 
nenguno á nengun compañero su parte y que lo 
sabe porque este testigo es uno de los que fueron 
con el dicho Rodrigo de contreras é que esta es 
la berdad. 

Vn testg.° Dixo que la sabe como en la pregunta se contiene 
eceto que este testigo no se aquerda que tanta 
cantidad fué é tubo el dicho oro é que a oydo de- 
cir á muchas personas que no a dado el dicho 
Rodrigo de contreras nada á nadie é que se lo 
tiene en su poder preguntado como lo sabe dixo 
que porque lo bido todo lo que dicho tiene y lo 
oyó decir y que esta es la berdad para el jura- 
mento que higo. 

Yten que lo susodicho es pubUca boz é fama 

Versean originalmente las escrituras de este 
proceso y con esto está bien sacada en lo subs- 
tancial á mí ver / 



digo lo mesmo quel re 
tator 



(Rubricado) 



El licenciado 
Santander 
(Rubricado) 



APÉNDICE II 

ARCHIVO GENERAL DE INDIAS 

Prohansa verificada en la ciudad de León de Nicaragua 
a petición de Rodrigo de Contreras sobre los gastos que hiso 
en resistir a un capitán de Gonsalo Pisarro. 

Año 1547. 



R. Consejo Año de 1550=rrodrigo de contre- 
ras gouernador que fué de Nicaragua con el fiscal 
sobre los gastos que hizo en rresistir á un capitán 
de Gonzalo Pi^arro y en socorrer la gente que 
yba en seruicio de S. M.=Secretario Saniano.=«= 
Rubricado. 

Dice que gastó mucho en rresistir un capitán 
de gongalo pigarro y en mantenimientos de la 
gente que se hizo para gas^a pide cédula para 
que la justicia auerigue los gastos y se los pague. 

Mu}^ poderosos señores. =Rodrigo de contreras 
gouernador que fiuy de la prouincia de Nicaragua 
digo que después que dexé el dicho oficio de go- 
uernagión hauiéndose leuantado las prouincias 
del perú. 

Hauiendo enbiado Cónchalo pi(;arro un capitán 
é cierta gente suya á se apoderar de la dicha pro- 
bincia de Nicaragua é abiendo llegado a ella yo 
con mis hijos é criados con nuestras armas y 
caballos nos pusimos en defensa en seruicio de 
vuestra magestad é di borden é manera con 
la justicia é bezinos de la ciudad de león para 
defender la entrada al dicho capitán socorriendo 
con muchos bastimentos de mi hacienda y fué 
causa que por me hallar yo á la sazón en la dicha 
probingia el capitán del dicho Gonzalo pigarro y 
su gente no se apoderasen en ella é demás desto 
abiendo enbiado el Li^en^iado de la gasea a la 
dicha probincia en Vuestro Real nombre á hacer 
gente para que le fuesen á socorrer y ayudar á 
castigar los rebeldes socorrí á la gente yba de la 
dicha probincia tenyendolos en mi casa é dándo- 
les bastimentos é sostube mucha gente desta por 
espacio de mas de seys meses ansi de mi hazienda 
como de los tributos que daban los pueblos que 



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estaban encomendados en mi mujer é hijos de que 
puse en mucha necesidad y en que hize grandes 
gastos como puede constar por esta ynformacion 
que presento de lo cual nunca é sido satisfecho 
ni pagado pido y suplico= V. A. mande dar pro- 
bision para la justicia de esa la dicha probincia 
de Nicaragua que auerigue los dichos gastos 
é mande que se me paguen luego para lo qual 
etc.=Hay una rúbrica. = 

En la villa de Valladolid a diez é ocho días 
del mes de Nobiembre de mili é quinientos é qua- 
renta é nuebe aftos presentó esta petigion y pro- 
uan^a Rodrigo de contreras) los señores del con- 
sejo mandaron dar traslado al fiscal de su mages- 
tad = Rubricado. 

En Valladolid á diez y nuebe días del dicho 
mes y año se notificó al li^engiado Villalouos 
fiscal de su magestad en su persona. 

(Al dorso se lee:) Rodrigo de contreras = Al 
señor Doctor Rivadeneyra = Traslado al Fiscal. 
En la ciudad de león de la probincia de nicaragua 
a nueve días del mes de nobiembre año del naci- 
miento de nuestro Saluador ihnxto de mili é qui- 
nientos é quarenta é siete años antel magnánimo 
señor Diego de molina polanco alcalde ordinario 
en la dicha Ciudad por su magestad y en presen- 
cia de mí Diego de quadros escribanos de su ma- 
gestad é su notario público paresció presente Ro- 
drigo de contreras gouernador por su magestad 
que fué en esta dicha prouincia é presento antel di- 
cho señor alcalde un escripto de jmterrogatorio é 
pidió al dicho señor alcalde lo enel contenydo su 
tenor del qual es este que se sigue etc. 

Magnánimo señor Rodrigo de contreras gouer- 
nador que fué de esta prouincia parezco ante 
buestra merced é digo que á mi Derecho combie- 
ne hazer cierta probanza é ynformagion para pre- 
sentar ante su magestad é ante los señores de su 
rreal consejo de yndias é ante quien é como á mi 
derecho conbenga é sobre lo de yuso conten3'^do 
pido é suplico á vuestra merced que á los testigos 



— 173 - 

que presentaré les mande preguntar é esaminar 
por las preguntas de yuso contenydas rescibiendo 
de ellos é de cada uno de ellos juramento en forma 
de derecho é lo que dixeren é depusieren escripto 
en limpio firmado é signado en pública forma é 
manera que haga feé me lo mande dar por testi- 
monio sobre lo qual pido justicia ect. 

Primeramente sean preguntados si conoscen á 
Rodrigo de contreras gouernador que fué de esta 
prouincia de nycaragua por su magestad é de 
quanto tiempo é esta parte ectc. 

Yten si saben creen bieron hoyeron de^ir que 
del dicho tiempo á esta parte el dicho Rodrigo de 
contreras á seruido á su magestad gouernando 
esta probingia é sostenyendola é que después que 
dexó el cargo á seruido mucho á su magestad 
rresistiendo á un capitán de Gongalo pigarro que 
se djuería apoderar de esta prouincia así con su 
persona é armas é caballos é hijos é criados é 
bastimentos como con su misma hazienda é si 
saben que si el dicho Rodrigo de contreras no se 
hallara en esta probincia entrara y se apoderara 
enella é que dicho Rodrigo de contreras dio hor- 
den é manera con la justicia é bezinos de la ciudad 
de león para defenderle la entrada digan lo que 
Qerga de esto saben etc. 

III yten si saben ect que después acá al tiempo que 

el ligenQiado de la gasea embió á esta prouincia 
en nombre de su magestad á hacer gente para 
que le fuesen a socorrer é ayudar á castigar al 
dicho Gonzalo pigarro é alas hotras personas que 
estaban rebeladas en el perú contra su magestad. 
El dicho Rodrigo de contreras faborecció mucho 
la gente que fué en el dicho seruicio de su mages- 
tad sostenyendolos á la mayor parte de ellos en 
su casa y en los pueblos de su mujer é hijos é 
hijas á su costa y minsión é comprándoles basti- 
mentos é cosas neexarias para ellos los quales 
sostubo mas tiempo de seis meses é que no basta- 
ban los tributos de los yndios que tenyan para 
ello etc. 

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lY y tgn si saben etc que por razón de los dichos 

seruicios é gastos que á hecho está adeudado en 
mucha cantidad de pesos de horo é que con los 
tributos de los yndios que la dicha su mujer é 
hijos é hijas an tenido no se an podido sustentar 
sino á sido con mucho trabajo y deudas que con 
tino á tenydo y tiene etc. 

V yten si saben etc que continuamente e su casa 

del dicho Rodrigo de contreras y en los pueblos 
de la dicha su muger é hijos continuamente an 
sostenido mucha gente é personas necesitadas 
que an benydo á esta prouincia por que no tenían 
hotro abrigo ni quien les socorriese hasta tanto 
que buscasen su bida sino hera en la dicha casa 
del dicho Rodrigo de contreras y en los pueblos 
de su muger é hijos ect. 

Yj ytgn si saben ect que la casa del dicho Rodrigo 

de contreras por la mayor parte es la que sostie- 
ne é á sostenido esta Ciudad de león y estando el 
é su muger é hijos en la tierra ayudan á soste- 
nerla mucho mas que otros diez bezinos de los 
que al presente ay en esta Ciudad etc. 

VII yten si saben etc quel dicho Rodrigo de con- 
treras é su muger é hijos no pueden sostenerse en 
esta prouincia sin tener los yndios que tienen por- 
que no ay aquí otra granjeria ninguna e que los 
yndios que tenyan é tienen al presente es poca 
can tidad para según la calidad de sus personas 
y el mucho gasto que an tenydo é tyenen en esta 
tierra ect. 

VIII yten si saben etc que si el dicho Rodrigo de con- 
treras el tiempo que gobernó no hobiera prohy- 
bido que no se cargasen los yndios de esta pro- 
uincia si no que se sirbiesen con carretas que casi 
no hobiera yndios en ella é que por rrazón de esto 
se á sostenido esta prouincia y que enello sirvió 
mucho á su magestad. etc. 

IX — ■ yten si saben etc quel dicho Rodrigo de contre- 
ras enbió á descubrir al desaguadero que ba de la 



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laguna de esta probincia á la mar del norte y aun 
fué personalmente hasta la mar del norte é andu- 
bo por la costa con mucho trabajo é todo á su 
costa é minsion por razón de lo qual agora ay 
enesta prouincia mucho trato de la mar del norte 
enella é si saben que en ello sirvió mucho a su 
magestad ect. 

X y ten si saben etc que todos los gouernadores 

pasados enesta prouincia habían enbiado á descu- 
brir el dicho desaguadero y que todos no pudie- 
ron descubrir ni saber que hauía sino fué el dicho 
Rodrigo de contreras por la mucha diligencia que 
puso en ello. 

XI 3^ten si saben etc que en el tiempo que el dicho 

Gonzalo pi<jarro enbió bino á se apoderar de esta 
probincia hubo muchos desasosiegos entre los 
capitanes que abían de defender esta probincia y 
que hobiera muchas muertes de hombres é albo- 
rotos é escándalos sino fuera por el dicho Rodrigo 
de contreras que todo lo apaziguó é que estaban 
puestos en armas para rromper los unos con los 
otros de que fuera cabsa de que el capitán del 
dicho Gonzalo pigarro se apoderara de esta pro- 
bincia si el dicho Rodrigo de contreras no se ha- 
llara enello é lo rremediara etc. 

XII Yten si saben etc que todo lo susodicho es pú- 
blica boz é fama entre las personas que de ello tie- 
nen noticia Rodrigo de contreras etc. 

Ansí presentado el dicho escripto de interro- 
gatorio antel dicho señor alcalde como dicho es 
el dicho señor alcalde dijo que lo había é hobo 
por presentado é que mandaba é mandó al dicho 
Rodrigo de Contreras que trayga é presente ante) 
los testigos de que se entiende aprobechar é que 
está presto é aparejado de les tomar sus dichos é 
depusiciones é fazer enel caso lo que sea justicia. 

Luego el dicho Rodrigo de contreras el dicho 
día mes é año susodicho truxo é presentó por tes- 



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tigo y en la dicha razón á Gongalo hernández é 
garcía de rrocas é Antonio rrodríguez é Juan de 
la calle becinos de la dicha ciudad de los quales é 
de cada uno dellos el dicho señor alcalde tomó é 
rrecibió juramento en forma de derecho por dios 
é por santa maría é por las palabras de los santos 
Ebangelios é por la señal de la cruz f en que pu- 
sieron sus manos derechas en la bara del dicho 
señor alcalde que dirían berdad de lo que supie- 
sen e les fuese preguntado en el caso de que heran 
presentados por testigos los cuales á la absolución 
del dicho juramento dixeron si juro é Amen tes- 
tigo que fueron presentes á la presentación de los 
dichos testigos pedro de olano é pedro de saiba- 
tierra estantes en la dicha ciudad. 

Después de lo susodicho en doce días del dicho 
mes de nobiembre é del dicho año antel dicho 
señor alcalde y en presencia de mí el dicho escri- 
bano el dicho Rodrigo de contreras truxo é pre" 
sentó por testigo para en la dicha razón antel 
dicho señor Alcalde al diego de biedma é a Pedro 
Martin zambrano é al bachiller francisco perez 
de guzman bezino de esta dicha ciudad los quales 
juraron en forma de derecho que dirían berdad 
de lo que supiesen é les fuese preguntado en el 
caso de que heran presentado por testigos, testi- 
go que fué presente á la dicha presentación de 
los dichos testigos pedro de olano estante en la 
dicha ciudad etc. 

Después de lo susodicho en catorce días de\ 
mes de nobiembre del dicho año antel dicho señor 
alcalde y en presencia de mí el dicho escribano 
el dicho Rodrigo de contreras truxo é presentó 
por testigo para en la dicha rrazon á Alonso 
hortiz estante en la dicha ciudad el qual juró en 
forma de derecho que diría berdad testigo que 
fué presente á la dicha presentación pedro de 
holano estante en la dicha ciudad etc. 

Después de lo susodicho en la dicha ciudad de 
león diez y hecho días del dicho mes de nobiem- 



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bre é del dicho año antel dicho seftor alcalde y en 
presencia de mí el dicho escribano el dicho Ro- 
drigo de contreras truxo é presentó por testigo 
para en la dicha rrazon a francisco de tapia es- 
tante en la dicha ciudad el qual juró en forma de 
derecho que diría berdad de lo que supiese é le 
fuese preguntado testigo que fué presente á la 
dicha presentación del dicho testigo pedro de 
holano estante en la dicha ciudad etc. 

Después de lo susodicho en la dicha ciudad 
de león en beynte e un días del dicho mes de no- 
biembre é del dicho año antel dicho señor alcalde 
y en presencia de mí el dicho escribano el dicho 
Rodrigo de contreras truxo é presetnó por testigo 
para en la dicha rrazon á Alonso de Torrejon 
alcalde hordinario é bezino de la dicha ciudad de 
león el qual juró según forma de derecho que 
diría berdad de lo que supiese é le fuese pregun- 
tado testigos que fueron presentes á la dicha 
presentación del dicho testigo pedro de holano é 
Gonzalo hernández bezino é estante en la dicha 
ciudad etc. 

E lo que los dichos testigos é cada uno de 
ellos dijeron é depusieron por sus dichos é depu- 
siciones por sí é sobre sí secreta é apartadamente 
es lo siguiente. 

Testigo El dicho Juan de la calle bezino de esta ciudad 

testigo presentado por el dicho Rodrigo de con- 
treras el qual habiendo jurado según derecho é 
siendo preguntado é examinado por las pregun- 
tas del dicho ynterrogatorio dijo é depuso lo si- 
guiente. 

I á la primera pregunta dixo que conoce al 

dicho Rodrigo de contreras gouernador que fué 
por su magestad en esta dicha prouincia desde 
que bino á ella por gouernador que puede haber 
doze ó treze años poco mas ho menos de bista é 
habla é conbersacion que con el dicho Rodrigo 
de contreras ha tenydo en el dicho tiempo. 

fué preguntado por las preguntas generales 



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de la ley dixo que no le toca ni enpegen ninguna 
dellas é que es de hedad de mas de quarenta 
años. 

II á la segunda pregunta dixo que lo que sabe 

de esta pregunta es que este testigo desde el 
dicho tiempo que tiene dicho que conosce al dicho 
Rodrigo de contreras siempre á bisto que el dicho 
rrodrigo de contreras a servido á su magestad 
todo lo á él posible gouernando la dicha probincia 
é sostenyendola como tal gobernador della é que 
sabe é bido este testigo que puede aber año y 
medio poco mas ó menos que bino á esta dicha 
probincia un capitán que dezían se llamaba palo- 
mino por mandado de Goncalo Pigarro é que 
dezían que benía para se apoderar de la dicha 
probincia é sabido por el dicho Rodrigo de con- 
treras la benida del dicho capitán de pigarro el 
dicho Rodrigo de contreras é Ernando de contre- 
ras é pedro de contreras sus hijos se juntaron con 
todos los mas bezinos de esta dicha ciudad de 
león é con algún hotras personas fueron al pueblo 
é puerto del rrealejo é alli defendieron la entrada 
al dicho capitán de pigarro y estubieron en la 
defensa de la dicha probincia hasta que el dicho 
capitán de pigarro se fué a donde bido este tes- 
tigo que el dicho Rodrigo de contreras daba de 
comer é beber é mahíz á todos quantos lo que- 
rían yr á rrecebir é que sabe este testigo que si 
no fueron por se hallar presente el dicho Rodrigo 
de contreras en la defensa del dicho capitán, que 
el dicho capitán se apoderara de la dicha prouin- 
cia preguntado como lo sabe dixo que porque el 
dicho Rodrigo de contreras con los dichos sus 
hijos é criados trabajó todo lo á el posible é les 
dio de comer é contentaba á todos é por esta cab- 
sa nynguno de los que fueron á la dicha defensa 
se vino della hasta que el dicho capitán de pigarro 
se fué e cree este testigo que si el dicho Rodrigo 
de contreras é los dichos sus hijos no se hallarían 
en la defensa de la dicha probincia qu« el dicho 
capitán de pigarro se apoderara della é que esto 
sabe de la dicha pregunta. 



— 179 — 

ni á la tercera pregunta dixo que este testigo 

hoyó degir é ansi hera público e notorio que el 
dicho Rodrigo de contreras enel pueblo del rrea- 
lejo daba de comer á su costa é mension á muchos 
de los soldados que iban en socorro del licpengiado 
de la gasQa á los rreinos del perú é que ansi mis- 
mo bido este testigo que en esta ciudad de león el 
dicho Rodrigo de contreras faboresció mucho á 
los dichos soldados que fueron en socorro del 
dicho li^engiado gasga en seruicio de su magestad 
por que bido este testigo como el dicho Rodrigo 
de contreras á la contina é su casa en esta ciudad 
de león comian á su mesa hordinariamente treyn- 
ta ho quarenta hombres de los dichos soldados 
hunas ueces mas é hotras menos mas tiempo de 
cinco meses poco mas ho menos á donde el dicho 
Rodrigo de contreras gastó muchos miles de pe- 
sos de horo en servicio de su magestad, é que 
sabe este testigo que los gastos que el dicho Ro- 
drigo de contreras hacía con los dichos soldados 
hera en mas cantidad que nó los tributos que los 
yndios que la dicha doña maría de peñalosa 6 los 
dichos sus hijos tienen encomendados 

IV ala quarta pregunta dixo que dice lo que dicho 

tiene en las preguntas antes de esta é que este 
testigo sabe quel dicho Rodrigo de contreras debe 
en esta dicha prouincia mucha cantida de pesos 
de horo y está muy alcanzado. 

V ala quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo siempre á bisto al dicho 
Rodrigo de contreras en esta ciudad de león y en 
los pueblos que la dicha su muger é hijos tienen 
encomendados acojer á todos quantos ban é bie- 
nen é darles todas las cosas neecesarias y que la 
casa del dicho Rodrigo de contreras es abrigo de 
todos quantos ban é bienen. 

VI ala sesta pregunta dijo que dice lo que dicho 

tiene en la pregunta antes de esta é que es berdad 
que dicho Rodrigo de contreras sustento mas 
enesta ciudad que diez ni aun quince bezinos 



- 180 - 

della é que esto es lo que sabe de la dicha pre- 
gunta. 

VII ala sétima pregunta dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque los yndios que la dicha doña maria 
de peñalosa é los dichos sus hijos tienen dan poco 
y que no basta á los grandes gastos queel dicho 
Rodrigo de contreras tiene. 

VIII ala botaba pregunta dixo que sabe que dend« 

á pocos dias quel dicho Rodrigo de contreras 
bino por gouernador á esta dicha probincia man- 
do hacer carretas é mandó que no se cargase yn- 
dio ninguno é que sabe que en mandar el dicho 
Rodrigo de contreras lo que mandó que á sido 
mucha parte para el bien é aumento de los yn- 
dios de esta prouincia porque si se hobieran de 
cargar fasta hoy se hobieran muerto mucha parte 
de los dichos yndios y enello el dicho Rodrigo de 
contreras siruió á su magestad todo lo á el posi- 
ble é que esto sabe desta pregunta. 

IX ala nobena pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es queste testigo bido partir de 
esta ciudad de león al dicho Rodrigo de contreras 
para el biaje del desaguadero con mucha gente 
de guerra é hotros pertrechos anejos á la dicha 
conquista é que desde algunos días hoyó decir 
este testigo á un mateo lezcano que benya de la 
dicha conquista como el dicho Rodrigo de con- 
treras estaba en la dicha conquista é que después 
dende a dos años poco mas ho menos este testigo 
bido benyr de la dicha conquista al dicho Rodrigo 
de Contreras muy malo é enfermo é coxo de una 
pierna é que bee este testigo benir muchos mer- 
caderes para el dicho desaguadero é ay mucho 
trato de donde á redundado mucho pro é utilidad 
á esta tierra é bezinos é moradores della en lo 
qual el dicho Rodrigo de contreras á servido á su 
magestad todo lo á el posible. 

X a la décima pregunta dixo que lo que sabe de 



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la dicha pregunta es que este testigo bido como 
hotros gobernadores é capitanes que an sido 
fueron á la dicha conquista del dicho desagua- 
dero é ninguno dellos lo descubrió sino fué el 
dicho Rodrigo de contreras é que esto sabe de la 
dicha pregunta. 

XI á las honze preguntas dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que este testigo bido que 
entre los capitanes é otras personas que fueron á 
la defensa del dicho capitán de pigarro pasaron 
muchos escándalos é alborotos é quel dicho Ro- 
drigo de contreras como seruidor de su magestad 
los apaziguaba é puso en paz é cree este testigo 
que si el dicho Rodrigo de contreras no se hallara 
presente á todo lo susodicho que hobiera muchas 
muertes de hombres é fueran parte para quel 
dicho capitán de Gongalo pigarro se apoderara 
de la dicha prouincia lo qual sabe este testigo 
porque se halló presente á todo ello, etc. 

XII á las doce preguntas dixo que todo lo que 

dicho é declarado tiene es la verdad é publico é 
notorio para el juramento que hizo é lo firmo de 
su nombre é por quanto este testigo tiene dicho 
su dicho en hotro ynterrogatorio presentado por 
parte de doña maría de peñalosa muger del dicho 
Rodrigo de contreras é que se entienda que lo que 
en el hotro dixo y en este ser todo uno é no dis- 
crepar en cosa alguna Juan de la calle Diego de 
molina polanco. 

Testigo. el dicho garcía de rrocas bezino de esta ciudad 

testigo presentado por el dicho Rodrigo de con- 
treras el qual habiendo jurado segund forma de 
derecho é siendo preguntado y esaminado por las 
preguntas del dicho ynterrogatorio dixo é depuso 
lo siguiente 

I á la primera pregunta dixo que conosQía al 

dicho Rodrigo de contreras desde que bino á esta 
dicha prouincia por gouernador della que puede 
aber doce ho trece años poco mas ho menos. 



— 182 — 

—fué preguntado por las preguntas generales de 
la ley dixo que no le toca ni empiege ninguna 
dellas é que es de hedad de sesenta años poco 
mas ho menos. 

II ala segunda pregunta dixo que lo que della 

sabe es que del dicho tiempo á esta parte que 
este testigo á que conosce al dicho Rodrigo de 
contreras siempre á bisto este testigo al dicho 
Rodrigo de contreras seruir á su magestad gober- 
nando é sustentando esta gobernación en nombre 
de su magestad é que después este testigo hoyó 
decir como abía benido á esta probincia un capi- 
tán de Gongalo pi^arro é que decían que benya á 
se apoderar de la dicha prouincia é que al dicho 
tiempo este testigo estaba malo en su cama y 
estando echado enella fué á casa deste testigo el 
alcalde Rodrigo de contreras biedma é le dixo 
que le diese un hombre un hombre para la defensa 
del dicho capitán e que este testigo le dio un hom- 
bre á su costa é dos caballos é ciertas armas para 
la dicha defensa é que este testigo embiaba de 
comer al dicho hombre é quel dicho hombre les- 
cribió á este testigo que no le enbiase bastimento 
ninguno porque en casa del dicho Rodrigo de 
contreras le daban todo lo nesgesario muy cum- 
plidamente é que este testigo sabe que si el dicho 
Rodrigo de contreras no se hallara presente á la 
resistencia del dicho capitán que el dicho capitán 
se entrara é apoderara enella preguntado como lo 
sabe dixo que por quel dicho Rodrigo de contre- 
treras é sus hijos é amigos é criados trabajó 
mucho enello según este testigo lo hoyó decir á 
muchas personas que de la dicha defensa bin3'^e- 
ron é que es muy público é notorio lo que dicho 
tiene é que esto es lo que sabe de la dicha pre- 
gunta, 

III á la tercera pregunta dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo bido que á los diches 
soldados que fueron en socorro del dicho ligen- 
9Íado gasea hordinariamente en esta ciudad de 



— 183 — 

león el dicho Rodrigo de contreras daba tabla é 
de comer é beber á su costa é mension comprando 
el bino é todas las demás cosas é que en 1 os pue 
blos de los dichos sus hijos é mujer bido éste tes- 
tigo como en todos ellos estaban llenos de solda- 
dos é les daban todo lo necesario é que sabe que 
no bastaban los tributos que los dichos yndios de 
los dichos sus hijos é muger daban á los á los 
grandes gastos que hacía con los dichos soldados 
é que este testigo bido que duro la costa que el 
dicho Rodrigo de contreras tubo con los dichos 
soldados cinco ho seys meses poco mas ho menos, 

IV ala quarta pregunta dixo que dice lo que dicho 

tiene en la pregunta antes de esta é que es muy 
público é notorio enesta Ciudad é prouincia de 
ella que el dicho Rodrigo de contreras está muy 
adeudado é gastado é debe muchas sumas de 
pesos de horo. 

V ala quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo á bisto é bee que enesta 
ciudad de león en su casa del dicho Rodrigo de 
eontreras es mesón de todos quantos ban é bienen 
é ansi mismo en los pueblos de la dicha su mujer 
é hijos siempre enellos se les dá á todos quantos 
ban é bienen de comer é los acojen enellos é que 
esto sabe de esta pregunta. 

VI ala sesta pregunta dixo que dize lo que dicho 

tiene en la pregunta antes de esta é que es verdad 
que la casa del dicho Rodrigo de contreras sus- 
tenta mas que quinze casas de los bezinos desta 
ciudad. 

VII ala sétima pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que los yndios que la dicha doña maría 
de peñalosa é los dichos sus hijos tienen son po- 
cos é de muy poco probecho é rrentan poco según 
los grandes gastos quel dicho Rodrigo de contre- 
ras haze é a hecho é que esto es lo que sabe de la 
dieha pregunta. 



- 184 — 

VIII ala botaba pregunta dixo que es verdad quel 

dicho Rodrigo de contreras contenido en la dieha 
pregunta siendo gouernador enesta probincia 
mando que no se cargasen yndios ningunos é se 
hiciesen carretas por lo qual á rredundado gran 
aumento á los naturales de esta probincia é que 
sabe é es muy público que si el dicho gouernador 
Rodrigo de contreras no hobiera mandado lo su- 
sodicho que mucha parte de los naturales de esta 
prouincia se hobieran muerto en lo qual el dicho 
Rodrigo de contreras sirbió á su magestad todo 
lo á él posible. 

IX ala nobena pregunta dixo que lo que eabe de 

la dicha pregunta es que este testigo bido yr al 
dicho Rodrigo de contreras á la dicha conquista 
del desaguadero con mucha gente de guerra é 
muchas armas é pertrechos para la dicha con- 
quista todo á su costa é mension é que dende á 
cierto tiempo binyeron de la dicha conquista un 
mateo lezoano é Rodrigo de peñalosa é Rodrig'o 
González á los quales este testigo les hoyó dezir 
como el dicho Rodrigo de contreras quedaba con- 
quistando la dicha prouincia del desaguadero é 
que dende a dos años poco mas ho menos este 
testigo bido benyr al dicho Rodrigo de contreras 
de la dicha conquista muy malo é coxo de una 
pierna é que agora al presente se trata el dicho 
desaguadero é ban é bienen muchos nabios é se 
trae mucha mercadería é ay mucha contratación 
por el en lo qual el dicho Rodrigo de contreras á 
servydo mucho á su magestad é que esto sabe de 
esta pregunta. 

X ala décima pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo bido yr a Hernando de 
soto é al capitán Ruydiaz é á Sebastian de benal- 
ca^ar cada uno por sí é nunca acertaron ni lo 
pudieron descubrir sino fué el dicho Rodrigo de 
contreras que lo descubrió é que esto sabe de esta 
pregunta. 



— 185 — 

XI alas honze preg^unta dixo que este testigo no 

se halló presente á ello por estar malo en aquel 
tiempo pero que este testigo hoyó dezir é ansi 
fué muy público é notorio que entre los capita- 
nes é hotras personas que estaban en defensa del 
dicho capitán de Gonzalo pigarro hubo muchos 
escándalos é alborotos é que el dicho Rodrigo de 
contreras como seruidor de su magestad los apa- 
ziguába é ponya en paz é que cree este testigo 
que si el dicho Rodrigo de contreras no se hallara 
presente á todo ello que hobiera muchas muertes 
de hombres é fuera causa que el dicho capitán de 
Gonzalo picarro se apoderara de la dicha prouin- 
cia é que esto sabe de lo dicha pregunta. 

XII ala doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

tiene es la verdad é público é notorio para el jura- 
mento que hizo é por cuanto hoy dicho día este 
testigo dixo hotro dicho por parte de doña maría 
de peñalosa muger del dicho Rodrigo de contreras 
se entienda que si en alguna cosa discrepare el 
uno del otro ser todo uno é no le pare perjuicio é 
lo firmó de su nombre García rrogas Diego de 
molina pelanco. 

Testigo, el dicho Antonio Rodríguez bezino de esta ciudad 
testigo presentado por el dicho Rodrigo de Con- 
treras el qual abiendo jurado segund Derecho é 
siendo preguntado é examj-nado por las pregun- 
tas del dicho ynterrogatorio dixo é depuso 



lo siguiente, á la primera pregunta dixo que co- 
nosce al dicho Rodrigo de contreras contenydo 
en la dicha pregunta dende que vino por gouer- 
nador á esta provincia de nicaragna que puede 
aber de doze ho treze años á esta parte poco más 
ho menos 

fué preguntado por las preguntas generales 
dixo que no le Enpece nynguna dellas é ques de 
hedad de más de cinquenta años poco más ho 
menos 



- 186 — 

11 ala segunda pregunta dixo que lo que della 

sabe es que del dicho tiempo que á conosce al di- 
cho Rodrigo de contreras siempre le á bisto que á 
seruido á su magestad gobernando la dicha pro- 
uincia é sostenyendola como tal gouernador é que 
bido este testigo benyr á esta ciudad al dicho 
Rodrigo de contreras de un pueblo que es de la 
dicha doña maría de peñadasa que está cerca del 
rrealejo sabido que estaba el dicho capitán de 
Gonzalo pi^arro conten3^do en la dicha pre- 
gunta é allegado que llegó el dicho Rodrigo de 
contreras á esta ciudad hizo llamar á cabildo é se 
junto con los alcaldes é Regidores é los bezinos 
de la dicha ciudad é hotras muchas personas é 
hicieron alarde enesta dicha ciudad é después de 
fecho el dicho alarde fueron ansó el dicho Rodri- 
go de contreras como sus hijos é amygos é cria- 
dos é todos los bezinos de la dicha ciudad al dicho 
pueblo é puesto del rrealejo arresistir la entrada 
del dicho capitán é allí hoyó dezir este testigo 
enesta ciudad que estuvo el dicho Rodrigo de con- 
treras con todos los que dicho tiene defendiendo 
la entrada del dicho capitán de pi^arro hasta que 
se fué del dicho puerto en lo qual el dicho Rodrigo 
de contreras sisbió á su magestad todo lo á el po- 
sible é sabe este testigo que sí el dicho Rodrigo 
de contreras no se hallara en la dicha defensa 
que el dicho capitán se apoderara de la dicha 
prouincia, preguntado como lo sabe dixo que por- 
que este testigo hoyó dezir á muchas personas 
como el dicho Rodrigo de contreras daba de co- 
mer á todos cuantos lo querían rescibir de los del 
rreal que heran en defensa del dicho capitán é 
que esto sabe desta pregunta. 

III ala terzera pregunta dixio que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido enesta ciudad al 
dicho Rodrigo de contreras dar de comer á todos 
los mas de los dichos soldados contenydos en la 
dicha pregunta é bido como el dicho Rodrigo de 
contreras conpraba el bino é hotras cosas nece- 
sarias á su costa é mension é que este testigo ansí 



— 187 — 

mismo hoyo decir que en los pueblos de los dichos 
sus hijos é mujer se daba a los soldados todo lo 
nescesario el tiempo contenj^do en la dicha pre- 
gunta é que sabe é es muy notorio que no basta- 
ban los tributos que los dichos yndios que la 
dicha su mujer é hijos tienen daban paia los 
grandes gastos quel el dicho Rodrigo de contre- 
ras hazía con los dichos soldados que fueron en 
socorro del dicho li<;en(piado gasea é que esto 
sabe de esta pregunta. 

IV ala quarta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por los grandes gastos que el dicho Rodrigo 
de contreras a hecho en seruicio de su magestad 
está el dicho Rodrigo de contreras muy adeu- 
dado é gastado é debe muchas sumas de pesos de 
horo é que esto es lo que sabe de la dicha pre- 
gunta. 

V a la quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque continuamente la casa del dicho Ro- 
drigo de contreras es hospital de todos quantos 
ban é bienen. 

VI á la sesta pregunta dixo que dice lo que dicho 

tiene en la pregunta antes desta é que es verdad 
que la casa del dicho Rodrigo de contreras sus- 
tenta mas que quinze bezinos desta ciudad de 
león é que esto es muy público é notorio en esta 
dicha ciudad é prouincia de nicaragua. 

VII á la sétima pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque los yndios que la dicha doña maría de 
peñalosa é los dichos sus hijos tienen son pocos é 
de poca rrenta é no bastan á los grandes gastos 
quel dicho Rodrigo de contreras haze en su casa 
y en los pueblos con los que ban é bienen á ellos 
é que esto sabe de esta pregunta. 

VIII á la botaba pregunta dixo que es berdad que 



— 188 — 

el dicho Rodrigo de contreras siendo gouernadoi 
enesta probincia mandó que no se cargasen yn- 
dios ningunos sino que se sirbiesen con carretas 
é que luego que lo mandó pusieron por hobra lo 
qual ha redundado gran aumento á los naturales 
de la dicha probincia y en ello el dicho Rodrigo 
de contreras á sido parte para que no se hobiesen 
disminuydo los dichos naturales en mucha can- 
tidad por lo qual el dicho Rodrigo de contreras á 
seruido á su magestad todo lo á el posible. 

IX á la nobena pregunta dixo que es verdad que 

este testigo bido partir de esta ciudad al dicho 
Rodrigo de contreras para la dicha conquista del 
dicho desaguadero con muchas personas é armas 
é bastimentos é barcas é canoas é otras muchas 
cosas de munición para la dicha conquista é que 
este testigo hoyó decir á mateo lezcano é á Ro- 
drigo de peñalosa personas que benían de la dicha 
conquista bezinos desta ciudad como el dicho Ro- 
drigo de contreras quedaba en la dicha conquista 
é que á dos años poco más ó menos este testigo 
bido benir de la dicha conquista al dicho Rodrigo 
de contreras malo y enfermo y coxo de una pierna 
é lo qual el dicho Rodrigo de contreras trabajo 
en gastó de su hazienda mucho é que sabe que al 
presente ay mucho trato é ban é bienen muchas 
fragatas é traen mucha mercadería en lo qual el 
dicho Rodrigo de contreras á seruido á su mages- 
tad mucho. 

X á la décima pregunta dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo bido yr á rruy díaz al 
dicho desaguadero é nunca acertó á descubrir el 
dicho desaguadero é se bolbió á esta probincia é 
quel dicho Rodrigo de Contreras lo descubrió por 
lo cual á redundado gran seruicio á su magestad 
é pro é utilidad á la dichas prouincia é bezinos 
della. 

XI á la honze pregunta dixo que este testigo hoyó 

decir enesta ciudad como entre los capitanes que 



- 289 — 

estaban en el defendimiento de la dicha prouincia 
hobo muchos escándalos é alborotos é que el 
dicho Rodrig"o de contreras como seruidor de su 
magestad los puso en paz por lo qual cree este 
testigo quel dicho Rodrigo de contreras escuso 
muchas muertes de hombres é que esto sabe de 
la dicha pregunta. 

XII á la doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

é declarado tiene es la verdad é público é notorio 
por el juramento que hizo é por quanto este testi- 
go dixo su dicho en un pleyto que pédro de con- 
treras hijo del dicho Rodrigo de contreras trata 
con el fiscal de su magestad sobre el pueblo de 
nenderi é ho}^ dicho día dixo hotro dixo en una 
prouan^a que doña maría de peñalosa mujer del 
dicho Rodrigo de contreras haze dize que se en- 
tienda lo que á dicho en los dichos y Eneste que 
agora dize ser todo uno é no discrepar en cosa 
alguna é no firmo por que dixo que sabía firmar 
y el dicho señor alcalde lo firmó de su nombre 
Diego de molina polanco. 

t.° (v el dicho Gongalo hernández bezino é rreg'idor 
de esta ciudad de león testigo presentado por el 
dicho Rodrigo de contreras el qual abiendo jura- 
do segund forma de derecho é siendo preguntado 
é esam3'nado por las preguntas del dicho ynte- 
rrogatorio dixo é depuso lo siguiente. 

I a la primera pregunta dixo que conosce al 

dicho Rodrigo de contreras gouernador desde 
que bino á esta prouincia de nycaragua por go- 
uernador della que pued« aber treze años poco 
mas ho menos. 

fué preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ny empe(;e nynguna 
dellas e ques de hedad de cinquenta años poco 
mas ho menos. 

II á la segunda pregunta dixo que sabe que del 

dicho tiempo á esta parte que a que bino el dicho 

19 



— 290 - 

Rodrigo de contreras por gouernador á esta dicha 
prouincia siempre á bisto este testigo como el 
dicho Rodrigo de contreras á seruido á su ma- 
gestad todo lo á el posible gobernando é tenyen- 
do la dicha probincia en seruicio de su magestad 
é que sabe é bido como el dicho Rodrigo de con- 
treras con los alcaldes é bezinos de la dicha 
ciudad é hotras muchas personas sus criados é 
hijos é amigos é parientes fuero al pueblo é puer- 
to del rrealejo arresistir al dicho capitán conteni- 
do en la dicha pregunta y el dicho Rodrigo de 
contreras con los dichos sus hijos é criados é 
con los demás becinos desta ciudad estuvo en el 
campo del dicho pueblo del rrealejo teniendo en 
defensa del dicho capitán fasta que el dicho ca- 
pitán se fué del dicho puerto é que sabe este testi- 
go quel dicho Rodrigo de contreras fué mucha 
parte para quel dicho capitán de pi^arro no se 
apoderase de la dicha probincia preguntado como 
lo sabe dixo que porque este testigo bido como el 
dicho Rodrigo de contreras daba de comer é beber 
á su costa é mension á todos quantos lo querían 
rrescibir é por esta causa é por quel dicho Rodri- 
go de contreras trabajó allí mucho cree este 
testigo é sabe de cierto quel dicho Rodrigo de 
contreras fué parte para que el dicho capitán de 
pigarro no se apoderase de la dicha provincia é 
que esto sabe desta pregunta. 

III á la tercera pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por este testigo bido pasó lo contenydo en la 
dicha pregunta segund é de la manera que la pre- 
gunta lo dice é declara. 

IV á la quarta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo sabe quel dicho Rodrigo 
de contreras está muy adeudado e gastado é debe 
muchas sumas de pesos de horo é que no bastan 
los tributos que los dichos yndios dan segund los 
grandes gastos quel dicho Rodrigo de contreras 
a fecho en seruicio de su magestad. 



- 291 - 

V — ala quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo lo á bisto pasar segund é 
de la manera que la pregunta lo dize é declara. 

VI á la sesta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bee que siempre é á la con- 
tina la casa del dicho Rodrigo de contreras es es- 
pital de todos quantos ban é bienen é beé é es 
notorio que la casa del dicho Rodrigo de contre- 
ras sustenta mas que veynte bezinos de los de esta 
ciudad. 

VII á la sétima pregunta dixo que la sabe como 

en enella se contiene preguntado como la sabe 
dixo que porque los dichos yndios que los dichos 
hijos é mujer del dicho Rodrigo de contreras 
tienen son pocos é de poco probecho é no bastan 
para los grandes gastos quel dicho Rodrigo de 
contreras á fecho é haze. 

VIII á la hotaba pregunta dixo que lo sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido pregonar lo conteni- 
do en la dicha pregunta é á bisto que se aguar- 
dado é guarda hasta hoy é que sabe é es notorio 
que por mandar el dicho Rodrigo de contreras lo 
contenido en la dicha pregunta los naturales an 
rrescibido mucho aumento é á sido para que la 
mayor parte de los dichos yndios desta dicha 
prouincia no se ayan muerto. 

IX á la nobena pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que este testigo bido como 
el dicho Rodrigo de contreras enbió al dicho des- 
cubrimiento al capitán alonso calero é que des- 
pués de enviado al dicho alonso calero fué el 
dicho Rodrigo de contreras con mucha gente é 
armas é bastimentos é munyciones todo a su 
costa é mension del dicho Rodrigo de contreras é 
que después dende á ciertos días hoyó dezir este 
testigo a mateo lezcano persona que bino del 



— 292 — 

dicho descubrimiento como el dicho Rodrigo de 
contreras quedaba en el dicho descubrimiento é 
que después desde a dos años poco mas ho menos 
bido este testigo benir del dicho descubrimiento al 
dicho Rodrigo de contreras é lo bido benyr muy 
malo en una litera que no se podía tener en sus 
pies é que beé este testigo que al presente ay 
mucho trato del nombre de dios á esta prouincia 
por el dicho desaguadero é ban é bienen nabíos 
é traen muchas mercaderías en lo qual el dicho 
Rodrigo de contreras á seruido á su magestad 
todo lo a él posible. 

X ala décima pregunta dixo que este testigo 

hoyó decir á muchas personas como muchos 
capitanes abían ydo al dicho descubrimiento y se 
abían buelto por no hosar pasar adelante é que 
sabe é es muy público é notorio quel dicho Rodri- 
go de contreras lo descubrió. 

XI alas honze pregunta dixo que este testigo hoyó 

dezir lo contenido en la dicha pregunta á muchas 
personas de las que se hallaron en la dicha defen- 
sa quel dicho Rodrigo de contreras lo abía apazi- 
guado todo é creé este testigo que por se hallar 
presente el dicho Rodrigo de contreras é los 
poner en paz que el dicho capitán no se apoderó 
de la dicha prouincia. 

XII a las doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

é declarado tiene es la verdad é público é notorio 
para el juramento que hizo é por quanto hoy dicho 
día dixo su dicho este testigo en una probanza por 
parte de la doña maría de pefialosa e se entienda 
esto é lo que dixo enel dicho su dicho ser todo uno 
é no discrepar cosa alguna é lo firmó de su nom- 
bre gongalo Hernández Diego de molina polanco. 

Testigo El dicho pedro Martin zambrano bezino é rregi- 

dor desta ciudad de león testigo presentado por el 
dicho Rodrigo de contreras el qual abiendo jura- 
do según forma de derecho é siendo preguntado 
y esaminado por las preguntas del dicho ynterro- 
gatorio dixo é depuso lo siguiente. 



— 293 — 

I ala primera pregunta dixo que conosce al dicho 

Rodrigo de contreras contenydo en la dicha pre- 
gunta desde que el dicho Rodrigo de contreras 
bino por gouernador á esta prouincia que puede 
aber treze años poco mas ho menos etc. 

fué preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ni empega ninguna 
dellas é que es de mas de cinquenta años poco 
mas ho menos. 

II ala segunda pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo se halló presente á todo lo 
contenido en la dicha pregunta como en ella se 
contiene é que el dicho Rodrigo de contreras fué 
mucha parte para que el dicho capitán de pi<;:arro 
no se apoderase de la dicha prouincia porque no 
abia hotra persona de quien hechar mano sino el 
dicho Rodrigo de contreras. 

III a la tercera pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo lo bido pasar segund que 
la pregunta lo dize é declara. 

IV a la quarta pregunta dixo que dize lo que di- 
cho tiene en las preguntas antes de esta é que 
sabe quel dicho Rodrigo de contreras está mu}»^ 
adeudado é gastado segund los grandes gastos 
quel dicho Rodrigo de contreras á fecho en ser- 
uicio de su magestad. 

V á la quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo beé que siempre la casa 
del dicho Rodrigo de contreras es hospital para 
todos cuantos ban é bienen y enella se acojen é 
les dan todo lo nescesario. 

VI ala sesta pregunta dixo que la sabe como ene- 
lla se contiene preguntado como la sabe dixo que 
porque este testigo beé que la casa del dicho Ro- 



— 294 — 

drigo de contreras sostiene en esta ciudad mas 
que beynte bezinos de los que al que presente 
residen enesta ciudad de león. 

VII á la sétima pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que sabe quel dicho Rodrigo 
de contreras ni los dichos sus hijos é mujer no se 
pueden sostener enesta prouincia sin tener yndios 
de repartimiento é que sabe que los yndios que an 
tenido é tienen enesta dicha prouincia es poca 
cantidad segund la calidad del dicho Rodrigo de 
contreras é lo mucho que sostienen enesta dicha 
prouincia. 

VIII á la hotaba pregunta dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido mandar lo contenido 
en la dicha pregunta al dicho Rodrigo de contre- 
ras é lo bido guardar de lo qual á rredundado 
gran aumento á los naturales de esta dicha pro- 
uiacia é á sido causa de no ser muertos muchos 
de los naturales por lo qual el dicho Rodrigo de 
contreras á seruido á su magestad todo lo á él 
posible. 

IX ala nobena pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo hoyó dezir é ansi es pú- 
blico é notorio quel dicho Rodrigo de contreras 
como gobernador enbió al dicho descubrimiento 
á un capitán que se llamaba alonso calero é que 
después este testigo bido yr al dicho Rodrigo de 
contreras con mucha gente é armas é bastimentos 
é hotras cosas necesarias para el dicho descu- 
brimiento todo á su costa é mension é que después 
dende á cierto tiempo este testigo hoyó dezir á 
mateo lezcano é á Rodrigo González é á Rodrigo 
de peñalosa bezinos desta ciudad como el dicho 
Rodrigo de contreras quedaba en el dicho descu- 
brimiento é que después dende á dos años poco 
mas o menos este testigo bido benyr al dicho Ro- 
drigo de contreras del dicho descubrimiento é que 
benía muy malo é coxo de una pierna é que sabe 



- 295 - 

este testigo é bee como al presente ay mucho tra- 
to é ban é bienen muchas mercaderías desde el 
nombre de dios a esta prouincia para al dicho 
desaguadero é sabe que enello el dicho Rodrigo 
de contreras á seruidc á su magestad por lo que 
dicho tiene, 

X á la décima pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que este testigo hoyó decir 
que muchos capitanes abían ido al dicho descu- 
brimiento é que ninguno de ellos acertó en el 
dicho descubrimiento sino fué el dicho Rodrigo 
de contreras que lo descubrió. 

XI á la honze pregunta dixo que entre los capita- 
nes é hotras personas que estaban en la defensa 
del dicho capitán de pigarro este testigo bido 
pasar muchos escándalos é alborotos é que bido 
este testigo quel dicho Rodrigo de contreras siem- 
pre que acaecían los dichos escándalos é alboro- 
tos los pon3'a en paz é los apaziguaba é que sabe 
quel dicho Rodrigo de contreras fué mucha parte 
para que el dicho capitán de pigarro no se apo- 
derase de la dicha prouincia por quel dicho Ro- 
drigo de contreras con sus hijos é amigos é cria- 
dos trabajó todo lo á el posible en seruicio de su 
magestad. 

XII á lab doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

é declarado tiene es la verdad é público é notorio 
por el juramento que hizo é por quanto hoy dicho 
día fué presentado por testigo por parte de doña 
maría de peñalosa en cierta prouanQa dice que en 
el dicho dicho que dixo y en este que agora dize 
se entienda ser todo uno é no discrepar en cosa 
alguna é lo firmó de su nombre pedro martin 
zambrano diego de molina polanco. 

Testigo. el dicho Diego de biedma testigo presentado 
por el dicho Rodrigo de contreras el qual abiendo 
jurado segund forma de derecho é siendo pregun- 
tado por las preguntas del dicho ynterrogatorio 
dixo é depuso lo siguiente: 



— 296 - 

I á la primera pregunta dixo que conosce al 

dicho Rodrigo de contreras gouernador que fué 
por su magestad en esta prouincia de nycaragua 
de quatro años á esta parte poco mas ho menos. 

Fué preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ni empege nynguna 
dellas é ques de hedad de mas de treinta años. 

Ij á la segunda pregunta dixo que este testigo ha 

hoydo dezir é ansí es público é notorio que siem- 
pre después que el dicho Rodrigo de contreras á 
sido gouernador á seruido á su magestad enesta 
prouincia admynystrando justicia como tal gouer- 
nador é que en quanto á lo quel dicho Rodrigo dr 
contreras serbio a su magestad en la rresistencia 
del dicho capitán contenydo en la pregunta dixo 
que este testigo bido yr al dicho Rodrigo de con- 
treras con sus hijos é criados é amigos á resistir 
al dicho capitán é que este testigo bido como el 
dicho Rodrigo de contreras daba de comer é beber 
á todos quantos lo querian recebir á su costa é 
mension y estubo en la dicha resistencia todo el 
tiempo quel dicho capitán estubo en la tierra 
fasta tanto que el dicho capitán se fué della é que 
este testigo cree que por se hallar el dicho Rodrigo 
de contreras en la dicha resistencia el dicho capi- 
tán no se apoderó de la dicha prouincia. 

III a la tercera pregunta dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido en casa del dicho 
Rodrigo de contreras que á mucha parte de los 
soldados que yban en. socorro del dicho licenciado 
gasga alas prouincias del perú é les daba de 
comer á su costa é mension é que este testigo 
hoyo decir á muchos soldados de los que estaban 
alojados en los dichos pueblos de la dicha su 
mujer é hijos del dicho Rodrigo de contreras 
como les dan de comer é beber á ellos é á sus 
criados é caballos á costa del dicho Rodrigo de 
contreras. 



- 297 - 

lY a la quarta pregunta dixo que di(;.e lo que 

dicho tiene en la pregunta antes desta é que sabe 
quel dicho Rodrigo de contreras está adeudado é 
gastado en muchas sumas de pesos de horo. 

V^ ala quinta pregunta dixo que dize lo que dicho 

tiene en las preguntas antes de esta é que este 
testigo bee como continuamente en la casa é pue- 
blos de la dicha doña maría su mujer é hijos del 
dicho Rodrigo de contreras acojen á muchas per- 
sonas que bienen á esta tierra é que esto sabe de 
esta pregunta etc. 

VI á la sesta pregunta dixo que lo que sabe de la 

dicha pregunta es que la casa del dicho Rodrigo 
de contreras es la que más á sostenydo é sostiene 
esta ciudad de león mas que diez becinos della é 
questo sabe desta pregunta. 

Vil á la sétima pregunta dixo que al parescer 

deste testigo no tenyendo los indios que al pre- 
sente tienen no se pueden sustentar enesta tierra 
por los muchos gastos que á fecho. 

VIII á la hotaba pregunta dixo que cree este testi- 

tigo é ansi es publico é notorio que por mandar 
el dicho Rodrigo de centreras lo contenydo en la 
dicha pregunta an rescebido mucho aumento é á 
sido parte que la mayor parte de los yndios no se 
ayan muerto é que enello el dicho Rodrigo de 
contreras á seruido á su magestad. 

IX á la nobena pregunta dixo que este testigo á 

hoydo decir lo contenido en la dicha pregunta é 
ansí es muy público é notorio enella é que este 
testigo bee que al presente ay mucho trato por el 
dicho desaguadero desde la ciudad del nombre de 
Dios á esta prouincia de nycaragua etc. 

á la décima pregunta dixo que lo que sabe 
della es que este testigo bió como gobernando 
enesta dicha prouincia el liyengiado castañeda 
fueron al dicho descubrimiento del desaguadero 



— 298 - 

el capitán rruyzdíaz é benalcazar é se bolbier^n 
porque no acertaron conel é que después este íes- 
ügo hoyó dezir á muchas personas como el d'cho 
Rodrigo de contreras siendo gobernador se des- 
cubrió. 

Xí á las honze preguntas dixo que lo que ¿abe de 

la dicha pregunta es que entre los capitanes é 
hotras personas que fueron á la dicha resistencia 
hobo muchos alborotos é escándalos é quel dicho 
Rodrigo de contreras como seruidor de su mages- 
tad los puso en paz é no paso cosa adelante etc. 

XII á las doce preguntas dixo que todo lo que dicho 

e declarado tiene es la verdad por el juramento que 
hizo e por quanto este testigo dixo su dicho en 
una probanza que doña maría de peñalosa haze y 
enella este testigo dixo su dicho dize que se 
entienda que lo dixo en el dicho su dicho y en 
otro de que fue presentado para ser testigo por 
parte de Rodrigo de contreras sobre el pueblo de 
nenderiz y se entienda ser todo uno e no discre- 
par en cosa alguna é lo firmo de su mano el dicho 
Diego de Biedma de su nombre Diego de biedma 
Diego de molina polanco etc. 

Testigo. El dicho Alonso de hortiz estante en esta ciu- 
dad de león testigo presentado por el dicho Ro- 
drigo de contreras para en la dicha rrazon el 
qual abiendo jurado segund forma de derecho é 
siendo preguntado y esaminado por las pregun- 
tas del dicho ynterrogatorio dixo é depuso lo 
siguiente. 

I — á la primera pregunta dixo que conosce al 

dicho Rodrigo de contreras gobernador desde 
que bino á esta dicha prouincia por gobernador 
della que puede aber doze ó treze años a esta 
parte poco mas ho menos. 

fué preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ni empe<;;e nynguna 
dellas mas que este testigo tiene á cargo un pue 



— 299 — 

blo de doña maría de peñalosa mujer del dicho 
Rodrigo de contreras pero que por eso este testi- 
go no dejara de dezir la verdad é que es de hedad 
de quarenta é cinco años poco mas ho menos. 

II á la segunda pregunta dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo desde el dicho tiempo que 
á que conosce al dicho Rodrigo de contreras 
siempre le á bisto al dicho Rodrigo de contreras 
estar en esta prouincia é la gobernar como tal 
gobernador é que este testigo bido como el dicho 
Rodrigo de contreras con los dichos sus hijos é 
criados fué á la defensa del dicho capitán conte- 
n3'do en la dicha pregunta y estubo en la dicha 
defensa gastando é dando de comer á toda la 
mayor parte de los que fueron á la dicha defensa 
en dalles de comer y beber á costa é mension del 
dicho Rodrigo de contreras é am muchas perso- 
nas de las que fueron en la dicha defensa bido 
este testigo como les daba el dicho Rodrigo de 
contreras armas é caballos en lo qual cree este 
testigo que el dicho Rodrigo de contreras fué 
causa quel dicho capitán de pigarro no se apode- 
rase de la dicha prouincia é que este que dicho 
tiene es muy público é notorio enella. 

III a la tercera pregunta dixo que la sabe como 

en ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo se halló presente á todo lo 
contenido en la dicha pregunta é lo bido pasar 
como enella se contiene é de mas de lo susodicho 
este testigo por mandado del dicho Rodrigo de 
contreras daba de comer á toda la mas de la gtnte 
que fué al dicho socorro por mandado del dicho 
Rodrigo de contreras é que ésto es muy publico é 
notorio enella. 

IV á la quarta pregunta dixo que dize lo que di- 
cho tiene en las preguntas antes de esta é que es 
verdad que el dicho Rodrigo de contreras por lo 
que dicho es en la pregunta contenida está muy 
adeudado é gastado e con mucha necesidad é que 



- 300 - 

es verdad quel dicho Rodrigo de contreras debe á 
este testigo muchos dineros que an procedido de 
lo que el dicho Rodrigo de contreras á gastado 
con los dichos soldados en seruicio de su ma- 
gestad. 

V á la quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo á la contina bee la casa 
é pueblos de la dicha su mujer e hijos del dicho 
Rodrigo de contreras llena de personas que á ellos 
bienen y enello les dan las cosas necesarias é que 
esto que dicho tiene es muy público é notorio en 
todas las yndias del mar hoxéano porque este tes- 
tigo lo hoye á todos quantos ban e bienen de 
qualesquier partes. 

VI á la sesta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bee que la casa del dicho 
Rodrigo de contreras es espital de todos quantos 
ban e bienen e sustenta mas que la mayor parte 
de los bezinos desta dicha ciudad. 

ala sétima pregunta dixo que lo que sabe della 
es que segund los yndios que los dichos hijos e 
mujer del dicho Rodrigo de contreras tienen son 
pocos e de poca rrenta e los grandes gastos que 
el dicho Rodrigo de contreras haze e á hecho en 
seruicio de su magestad son pocos e de poco pro- 
vecho en compensación de lo que los dichos Ro- 
drigo de contrecas e su mujer merescen e que esto 
sabe de esta pregunta. 

VIII á la botaba pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo á bisto guardar el mando 
del dicho Rodrigo de contreras que hizo en lo 
contenydo en la dicha pregunta é que es muy 
notorio que por aber mandado el dicho Rodrigo 
de contreras lo susodicho la mayor parte de los 
naturales an rrescebido gran aumento é á sido 
causa que no se ayan muerto mucha parte de los 



- 301 — 

dichos naturales en lo qual el dicho Rodrigo de 
contreras á seruido á su magestad todo lo á el 
posible. 

IX ala nobena pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que este testigo bido yr al 
dicho Rodrigo de contreras al dicho descubri- 
miento con mucha gente é armas é bastimentos é 
barcos é canoas á su costa e mension e que dende 
á cierto tiempo este testigo bido benyr de la 
dicha conquista e descubrimiento á un mateo lez- 
cano capitán del dicho Rodrigo de contreras e á 
Rodrigo de Peñalosa e á Rodrigo González beci- 
nos de esta ciudad por bastimentos para la dicha 
conquista á los quales este testigo les hoyó decir 
como el dicho Rodrigo de contreras quedaba en 
el dicho descubrimiento e que dende á cierto 
tiempo que le paresce á este testigo que podrían 
ser dos años este testigo le bido benyr al dicho 
de contreras del dicho descubrimiento e le bido 
benyr muy malo e coxo de una pierna e que 
agora al presente este testigo bee mucho trato 
por el dicho desaguadero desde el nombre de dios 
á esta prouincia de nycaragua por lo qual el 
dicho Rodrigo de contreras á seruido á su mages- 
tad en lo susodicho todo lo á el posible. 

X á la decima gregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido yr al capitán rruidíaz 
e á martin estete que fueron al dicho descubri- 
miento e se bolbieron por no hosar ni acertar al 
dicho descubrimiento e quel dicho Rodrigo de 
contreras lo descubrió e sus capitanes en su 
nombre. 

XI alas honze pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido que entre los capita- 
nes e hotras personas que estaban en la defensa 
del dicho capitán contenydo en la dicha pregunta 
hobo muchos escándalos e alborotos e que este 
testigo bido al dicho Rodrigo de contreras como 



— 302 - 

se metía en medio e lo apaziguaba e ponya en paz 
e no pasaba cosa adelante por lo qual este testigo 
cree que si el dicho Rodrigo de contreras no se 
hallara presente á todo lo susodicho quel dicho 
capitán se apoderara de la dicha probincia e 
hobiera mucho daño en la tierra e que esto sabe 
desta pregunta etc. 

XII alas doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

tiene e declarado es la verdad e público e notorio 
por el juramento que hizo e lo firmo de su nombre 
alonso hortiz Diego de molina polanco. 

Testigo. El bachiller Francisco perez de guzman bezi- 
no de esta ciudad testigo presentado por el dicho 
Rodrigo de contreras el qual abiendo jurado se- 
gund forma de derecho e siendo preguntado y 
esaminado por las preguntas del dicho interroga- 
torio dixo e depuso lo siguiente etc. 

I ala primera pregunta dixo que conosce al 

dicho Rodrigo de contreras contenydo en la dicha 
pregunta desde que el dicho Rodrigo de contre- 
ras bino por gobernador á esta dicha prouincia 
que puede aber doze ho treze años poco mas ho 
menos. 

Fue preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ni empece nynguna 
dellas e ques de hedad de quarenta e hocho años 
poco mas ho menos etc. 

II ala segunda pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo se halló presente á todo 
lo contenydo en la dicha pregunta e lo bido pasar 
como enella se contiene. 

III ala tercera pregunta dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo lo bido pasar como e» la 
dicha pregunta se contiene. 



— 303 - 

IV á la quarta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo á bisto quel dicho Rodrigo 
de contreras á hecho e haze en seruicio de su 
magestad muchos gastos e que esto sabe de esta 
pregunta. 

V á la quinta pregunta dixo que lo que della sabe 

es que en la casa del dicho Rodrigo de contreras 
ques enesta ciudad de león siempre este testigo á 
bisto acojer é se acojen todos quantos á ella se 
quieren yr aposar é que este testigo á hoydo 
decir é ansí es publico é notorio que en los pue- 
blos de la dicha mujer e hijos del dicho Rodrigo 
de contreras acojen e dan de comer á todos quan- 
tos lo quyeren rrescebir e que esto sabe desta 
pregunta. 

VI ala sesta pregunta dixo que la sabtí como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bee que la casa del dicho 
Rodrigo de contreras es abrigo e hospital de todos 
quantos a ella se quieren acojer. 

VII á la sétima pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que segund los gastos que el dicho Rodrigo de 
contreras ha hecho e haze en seruicio de su ma- 
gestad los dichos yndios contenydos en la dicha 
pregunta son pocos e de poca rrenta por ser la 
tierra pobre e nescesitada en comparación de los 
que los dichos Rodrigo de contreras meresce. 

VIII á la botaba preguntaba dixo que lo que della 

sabe es que por mandar lo contenydo en la dicha 
pregunta el dicho Rodrigo de contreras á benydo 
mucho aumento para los naturales de la dicha 
probincia é que sino se hobiera mandado lo con- 
tenydo en la dicha pregunta que la mayor parte 
de los naturales se bebieran muerto por lo qual 
sabe este testigo quel dicho Rodrigo de contreras 
sirbió mucho á su magestad. 



— 304 — 

ala nobena pregunta dixo que la sabe como 
enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido yr por mandado del 
dicho Rodrigo de contreras al capitán Diego 
machuca de guaco é á alonso calero e que después 
dende á cierto tiempo bido este testigo yr en per- 
sona al dicho Rodrigo de Contreras al dicho des- 
descubrimiento 3^ este testigo bee como al pre- 
sente ay mucho trato por el dicho desaguadero 
desde la ciudad de panamá e nombre de dios e 
ban e bienen muchas mercaderías en lo qual el 
dicho Rodrigo de contreras á hecho mucho ser- 
uicio á su magestad etc. 

X á la décima pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo fué en compañía del capi- 
tán astete al dicho descubrimiento por mandado 
de pedro arias dávila e bido como el dicho capi- 
tán astete se bolbió del dicho descubrimiento 
porque no pudieron pasar por ser la tierra traba- 
josa de sierras e que ansi mismo hoyó dezir como 
abían ydo hotros capitanes al dicho descubri- 
miento e no abían acertado e se habían buelto é 
quel dicho Rodrigo de contreras lo descubrió é 
que esto sabe desta pregunta etc. 

XI á las honze pregunta dixo que lo que della sabe 

es que entre los capitanes e hotras personas que 
fueron á la dicha defensa bido este testigo como 
hobo muchos escándalos é alborotos e quel dicho 
Rodrigo de contreras como seruidor de su ma- 
gestad los apaziguaba e ponía en paz e que esto 
sabe de esta pregunta. 

XII alas doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

e declarado tiene es la verdad e público e notorio 
por el juramento que hi250 e por quanto el á sido 
presentado por testigo en cierta probanza que 
doña maría de peñalosa haze para la presentar 
ante su magestad y en el dicho caso dixo su dicho 
que se entienda que lo que dixo en el dicho su 
dicho y en este que agora dize ser todo uno é una 



— 305 — 

cosa é no discrepar en cosa alguna é lo firmo de 
su nombre el bachiller guzman Diego de molina 
polanco. 

Testigo. El dicho Francisco de Tapia estante en esta 
prouincia de nycaragua testigo presentado por el 
dicho Rodrigo de contreras el qual abiendo jura- 
do segund forma de derecho é siendo preguntado 
y esamynado por las preguntas del dicho interro- 
gatorio dixo e depuso lo siguiente. 

I ala primera pregunta dixo que conosce al 

dicho Rodrigo de contreras contenido en la dicha 
pregunta de diez años á esta parte poco mas ho 
menos de bista é habla é conversación que conel 
á tenydo enel diclio tiempo. 

Fué preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ni empece ninguna 
de ellas é ques de hedad de mas de treynta años. 

II a la segunda pregunta dixo que la sabe como 

en enella se contiene preguntado como la sabe 
dixo que desde que este testigo á que conosce al 
dicho Rodrigo de contreras siempre le á bisto ser 
gouernador é como tal gouernador el dicho Rodri- 
go de contreras á seruido á su magestad soste- 
nyendo la dicha prouincia en justicia como tal 
gouernador é que este testigo se halló presente 
conel dicho Rodrigo de contreras en la defensa 
del dicho capitán contenydo en la dicha pregunta 
é lo bido pasar como en ella se contiene. 

III ala terzera pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bido quel dicho Rodrigo 
de contreras dio de comer e beber comprando el 
bino é hotras cosas acosta del dieho Rodrigo de 
contreras á toda la mayor parte de los dichos sol- 
dados contenydos en la dicha pregunta é lo bido 
pasar como enella se contiene. 

IV ala quarta pregunta dixo que dize lo que dicho 

tiene en la pregunta antes desta é que este testigo 



— 306 - 

á hoydo dezir é ansi es publico é notorio quel 
dicho Rodrigo de contreras está adeudado é gas- 
tado. 

V ala quinta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntndo como la sabe dixo 
que porque este testigo bee en la casa del dicho 
Rodrigo de contreras á todos quantos ban é bie- 
nen se acojen á ella y enella les dan las cosas 
necesarias hasta tanto que buscan su bida é se 
ban de la tierra é que esto sabe desta pregunta. 

VI á la sesta pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bee que en la casa del 
dicho Rodrigo de contreras se acojen á ella todos 
cuantos ban é bienen y es abrigo de todos é sos- 
tiene mas que beinte é aun mas de los bezinos 
desta ciudad. 

VII a la sétima pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como a Isabe dixo 
que porque este testigo á bisto que haze é á fecho 
el dicho Rodrigo de contreras muchos gastos en 
seruicio de su magestad é segund los grandes 
gastos que tiene no se puede sustentar sin tener 
yndios é que segund la poca cosa que rentan los 
dichos yndios ques muy poca cosa en compara- 
ción de lo quel dicho Rodrigo de contreras meres- 
ce é questo sabe desta pregunta. 

VIII a la botaba pregunta dixo que lo que della 

sabe es que este testigo á hoydo dezir como el 
mando contenydo en la dicha pregunta se mando 
por parte del dicho Rodrigo de contreras é que 
sabe que al presente el dicho mando se guarda 
por lo qual á benydo mucho aumento á los natu- 
rales de la dicha prouincia é á sido mucha parte 
para que la mayor parte de los dichos naturales 
no fuese muerta por lo qual el dicho Rodrigo de 
contreras á seruido á su magestad todo lo á él 
posible é que esto sabe de esta pregunta. 



— 307 — 

IX — á la nobena pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo fué con el capitán Diego 
machuca de Quago é alonso calero los quales fue- 
ron por mandado del dicho Rodrigo de contreras 
é que después dende á cierto tiempo este testigo 
fué con el dicho Rodrigo de contreras al dicho 
descubrimiento é lo bido pasar como en la dicha 
pregunta se contiene en lo qual el dicho Rodrigo 
de contreras á seruido á su magestad con la mu- 
cha contratación que ay desde el nombre de dios 
á esta dicha prouincia. 

X á la décima pregunta dixo que este testigo á 

hoydo dezir que muchos capitanes abian ido al 
dicho descubrimiento é que ninguno dellos abian 
acertado conel é que es verdad quel dicho Ro- 
drigo de contreras é sus capitanes por el lo des- 
cubrieron é questo sabe desta pregunta etc. 

XI á las honze preguntas dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que este testigo bido como 
entre los capitanes e hotras personas que á la 
defensa del dicho capitán fueron hobo muchos 
alborotos é escándalos é que bido este testigo 
quel dicho Rodrigo de contreras como seruidor 
de su magestad los apaziguaba é ponía en paz e 
no pasaba cosa adelante. 

XII á la doze pregunta dixo que todo lo que dicho 

é declarado tiene es la verdad é público é notorio 
para el juramento que hizo é lo firmó de su nom- 
bre é por quanto este testigo fué presentado por 
testigo por parte de pedro de contreras hijo del 
dicho Rodrigo de contreras en un pleyto que trata 
con el fiscal de su majestad sobre el pueblo de 
nenderí y enel este testigo dixo que dicho dize 
que se entienda que lo que dixo en el dicho su 
dicho y eneste que agora dice ser todo uno é no 
discrepar en cosa alguna Francisco de tapia 
Diego de molina polanco etc. 

Testigo El dicho alonso de torrejon bezino é alcalde 



— 308 — 

ordinario en esta ciudad de león testigo presenta- 
do en la dicha razón por el dicho Rodrigo de con- 
treras el qual abiendo jurado segund forma de 
de derecho é siendo preguntado y esaminado por 
las preguntas del dicho ynterrogatorio dixo é 
depuso lo siguiente. 

I á la primera pregunta dixo que conosce al 

dicho Rodrigo de contreras contenydo en la dicha 
pregunta desde que bino á esta dicha prouincia 
por gouernador della que puede aber doce ó trece 
años poco mas ho menos. 

Fué preguntado por las preguntas generales 
de la ley dixo que no le toca ni empece ninguna 
dellas é ques de hedad de cinquenta años poco 
mas ho menos 

II a la segunda pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo desde el tiempo que á que 
conosce al dicho Rodrigo de contreras siempre le 
á bisto seruir á su magestad sosteniendo esta pro- 
bincia en justicia é que este testigo se halló á 
todo conel dicho Rodrigo de contreras e con sus 
hijos é amigos é criados á la defensa del dicho 
capitán contenido en la dicha pregunta é lo vido 
pasar como enella se contiene é bido que el dicho 
Rodrigo de contreras siruió á su majestad en lo 
susodicho todo lo á él posible etc. 

III ala tercera pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que por que este testigo lo bido pasar como en la 
dicha pregunta se contiene é se halló presente á 
todo ello é bido como en la casa de la morada del 
dicho Rodrigo de contreras ques en esta dicha 
ciudad daban de comer á toda la mayor parte de 
los dichos soldados contenidos en la dicha pre- 
gunta é este testigo bido como en los pueblos de 
la mujer é hijos del dicho Rodrigo de contreras 
estaban mucha parte de los dichos soldados con- 
tenydos en la dicha pregunta y en ellos les daban 



— 30D — 

de comer é beber é hotras cosas nescesarias á los 
dichos soldados é que este testigo hoyó dezir al 
liípengiado pedro rramirez de quiñones como capi- 
tán de la dicha gente que bisto los grandes gastos 
que el dicho Rodrigo de contreras hazía con los 
dichos soldados como dixo al dicho Rodrigo de 
contreras que tubiese quenta é rrazon de lo que 
se gastaba con los dichos soldados para que se le 
pagase de la hazienda de su magestad é que el 
dicho Rodrigo de contreras rrespondió al dicho 
capitán é le dixo que nunca dios pluguiese que el 
rescibiese paga por aquello por que con aquello é 
con su persona é con lo demás que tubiese abía 
servir á su magestad é que esto es lo que sabe 
desta pregunta. 

IV ala quarta pregunta dixo que lo que sabe de la 

dicha pregunta es que este testigo á bisto hazer 
al dicho Rodrigo de contreras muchos gastos en 
seruicio de su magestad é que es muy público é 
notorio que la rrenta é tributos que dan los pue- 
blos de la dicha su mujer é hijos del dicho Rodrigo 
de contreras no allegan con mucha parte á los 
dichos gastos é que sabe que el dicho Rodrigo de 
contreras al presente está adeudado é gastado 
por rrazon de los dichos gastos que el dicho 
Rodrigo de contreras á hecho en seruicio de su 
magestad é questo sabe desta pregunta. 

V á la quinta pregunta dixo que dize lo que dicho 

tiene en las preguntas antes desta é que es muy 
muy público é notorio que la casa del dicho Ro- 
drigo de contreras es hospital é abrigo de todos 
quantos á ella quieren benir á posar é comer é 
questo sabe desta pregunta. 

VI á la sesta pregunta dixo que la sabe como en 

ella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo bée que la casa del dicho 
Rodrigo de contreras sustenta mas que beynte 
bezinos desta ciudad ó que faltando el dicho Ro- 
drigo de contreras é la casa que tiene en esta 
ciudad el dicho Rodrigo de contreras haría mu- 



— 310 — 

cha falta para los que ban é bienen como para 
honrra desta ciudad é que esto sabe desta pre- 
gunta. 

VII á la sétima pregunta dixo ques muy público é 

notorio quel dicho Rodrigo de contreras no se 
puede sustentar en esta dicha prouincia sin tener 
yndios de repartimiento é que á bisto que lo que 
los dichos yndios dan es poco para los grandes 
gastos quel dicho Rodrigo de contreras á hecho 
en seruicio de su magestad es muy poca cosa en 
comparación de lo que los dichos Rodrigo de 
contreras meresce é que esto sabe de esta pre- 
gunta etc. 

VIII ala botaba pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que desde que el dicho Ro- 
drigo de contreras bino por gobernador á esta 
dicha prouincia luego que a ella llegó mando que 
no se cargasen los yndios é que se hiziesen carre- 
tas é que á bisto que se á guardado é ansi mismo 
bido este testigo que luego quel dicho Rodrigo de 
contreras bino á esta dicha prouincia mando que 
en los pueblos de los naturales de la dicha prouin- 
cia se hiciesen yglesias é probeyo que hobiese 
clérigos en los dichos pueblos para la ynstrucion 
é dotrina de los naturales é ques my notorio que 
por aver mandado é fecho guardar el dicho Ro- 
drigo de contreras lo susodicho muchos de los 
dichos naturales son vivos lo que no fuera si los 
dichos yndios se hobieran cargado en lo qual el 
dicho Rodrigo de contreras á seruido á su mages- 
tad todo lo á el posible é questo sabe desta pre- 
gunta 

IX a la nobena pregunta dixo que lo que sabe de 

la dicha pregunta es que este testigo hoyó dezir 
D capitán Diego machuca de (^ua^o é Alonso 
calero é hotras muchas personas que fueron al 
dicho descubrimiento del dicho desaguadero como 
el dicho Rodrigo de contreras los embiaba por sus 
capitanes á descubrir el dicho desaguadero é que 
después desde á cierto tiempo este testigo bido yr 



— 3ÍÍ — 

en persona al dicho Rodrigo de contreras al dicho 
descubrimiento con muchas personas é armas é 
hotras cosas necesarias para el dicho descubri- 
miento é después este testigo bido benyr al dicho 
Rodrigo de contreras de la dicha conquista del 
desaguadero é que este testigo al presente bee 
como por el dicho desaguadero ay mucha contra- 
tación desde el nombre de dios á esta dicha ciudad 
por lo qual el dicho Rodrigo de contreras á serui- 
do á su magestad todo lo á él posible é que esto 
sabe desta pregunta. 

X ala décima pregunta dixo que lo que della sabe 

es que este testigo bido como muchos de los capi- 
tanes que an sido en esta dicha pregunta fueron 
al dicho descubrimiento del dicho desaguadero é 
aun este testigo fué con algunos dellos é bido que 
no acertaron el dicho descubrimiento é se bolbie- 
ron sin acertar é quel dicho Rodrigo de contreras 
é sus capitanes por él lo descubrieron é questo 
sabe desta pregunta. 

XI ala honze pregunta dixo que la sabe como 

enella se contiene preguntado como la sabe dixo 
que porque este testigo se halló presente á la 
defensa del dicho capitán é bido como entre los 
capitanes é hotras personas que fueron á la dicha 
defensa hobo muchos escándalos é alborotos é quel 
dicho Rodrigo de contreras como seruidor de su 
magestad los ponya en paz é no pasaba cosa ade- 
lante é que cree este testigo é tiene por cierto que 
si el dicho Rodrigo de contreras no se hallara 
presente á la dicha defensa que fuera causa quel 
dicho capitán contenydo enla dicha pregunta se 
apoderara della é questo sabe de esta pregunta 
etcétera. 

a la doze pregunta dixo que todo lo que dicho 
é declarado tiene es la verdad é público é notorio 
por el juramento que hizo é por que este testigo á 
sido presentado por parte de pedro de contreras 
en cierto pleito quel dicho pedro de contreras 
trata con el fiscal de su magestad sobre la mytad 



— 312 — 

del pueblo de uenderí y este testigo dixo su dicho 
en el dicho en el dicho pleyto se entienda que lo 
que lo que dixo en el dicho dicho y en este que 
agora dize ser todo uno é no discrepar en cosa 
alguna é lo firmó de su nombre Alonso de torre- 
jón Diego de molina polanco. 

E Ansi tomados é rescebidos los dichos é depu- 
siciones de los dichos testigos el dicho Rodrigo de 
contreras gobernador susodicho dixo que pedía é 
pidió al dicho señor alcalde que le dé la dicha 
probanga en manera que hiciese fée firmada del 
dicho señor alcalde é firmada é signada de mí el 
dicho escribano é cerrada é sellada para la pre- 
sentar ante su magestad é ante los señores 
de su rreal consejo de yndias enguarda de su 
derecho. 

E Luego el dicho señor alcalde de pedimento 
del dicho Rodrigo de contreras gouernador suso- 
dicho dixo que mandaba é mandó á mí el dicho 
escribano que de al dicho señor Rodrigo de con- 
treras la dicha prouan(;!a firmada del dicho señor 
alcalde é firmada é signada de mí el dicho escri- 
bano é cerrada é sellada en manera que hiciese 
fée para la presentar ante su magestad é ante los 
señores de su rreal consejo de yndias en guarda 
de su derecho. 

Luego yo el dicho escribano de mandamiento 
del dicho señor alcalde di al dicho Rodrigo de 
contreras gobernador susodicho la dicha proban- 
za firmada del dicho señor alcalde é firmada é 
signada de mí el dicho escribano é cerrada é sella- 
da en manera que haga fée para la presentar ante 
su magestad é los señores de su rreal consejo de 
yndias que fué fecho é pasó en la dicha ciudad de 
león de la dicha prouincia de nicaragua en los 
dichos dias é mes é años susodichos. ^^Diego de 
molina polanco (hay una rubrica). 

E yó Diego de cuadros escribano de su magestad 
é su notario público en la su corte Reynos é 



m 



— 313 — 

señoríos presente fuy á todo lo que dicho es con 
los dichos testigos é pon ende fize aquí este mío 
signo ques á tal=En testimonio de verdad (hay 
un signo) Diego de quadros escribano de su ma- 
gestad— (Rubricado). 

Al dorso se lee:=«Proban(,"a fecha en la ciu- 
dad de león de la prouincia de nycaragua ante la 
justicia hordinaria della á pedimyento de Rodrigo 
de contreras y gouernador que fué por su mages- 
tad en la dicha probincia ba para ante su mages- 
tad é los señores del su rreal consejo de yndias. 



APÉNDICE III 

Biblioteca de la Real Academia de la 

Historia. 

Carta del Ledo. Gasea al Consejo de Indias (Colee. Mata 
Linares, tomo 85, folio 227 vuelto). 

22 de Septiembre de 1550. 



Carta del Licdo. Gasea al Consejo de Indias. 

Muí Ylustres i mui magníficos Señores: 

En la que escre^á a veinte í uno de Septiembre próximo 
pasado hize relación de lo hasta entonces subcedido, i embié 
algunas escrituras de las quales torno a embiar, la ordenanza 
que se hizo sobre la presentación de las appelaciones, que 
para esta chancillería se interponen i ansímismo embio un 
traslado de la que para el cuzco i otros pueblos di sobre que 
sacavan de sus naturalezas, casas, i pueblos, á los Yndios, i 
los llevaban á poblar i á estar en las minas de Potosí, de la 
qual, como entonces escrivi, los del cuzco con demasiada 
cobdicia apellaron, i se presentaron en la Audiencia, adonde 
se ha estado en la observancia del mandamiento como con- 
viene i ansí se guarda i se haze en todo lo que se deve al ser- 
vicio de Dios i de S. M.*^ i descargo de su real conciencia i 
conservación de los naturales en la qual consiste la perpetua- 
ción desta tierra y bien y provecho de los Españoles, sino 
que con la cobdicia no lo quieren entender, como espero en 
fin unas vezes por bien, i otras vezes con rigor se haze lo que 
conviene, i aunque con trabajo i continua lucha, ha puesto 
Dios de quien todo bien viene esta tierra en tal estado, que 
espero será una de las mejor concertadas i pacíficas que hai 
en las Yndias ansí como es la mas rica Dellas, i aun por ven- 
tura de todo lo descubierto. 

También embio el traslado que sobre lo mesmo lo di para 
el correxidor de las Charcas. 

En veinte i cinco del dicho Septiembre recibí cartas de 
cuzco sobre lo que allí se haze en la averiguación de las 
cuentas i cobranza de la hazienda real, en lo qual estoi satis, 
fecho, que el Correxidor i Galindez lo tractan con entereza^ 
i se lleva de raíz como parece por la carta de Galindez que 
con esta embio, en que pide se le embie la razón que acá 
havia de las personas que los primeros años de la población 
del cuzco tuvieron cargo de la hazienda real porque alia no 
se hallava razón, sino desde el año de mil quinientos treinta 
i nuebe i que tampoco se hallaba razón del año de mil qui- 
nientos quarenta y quatro. 



— 318 — 

Y luego se entendió en buscalla i se hallo haverse poblado 
el Cuzco de christianos á veinte y tres de Marzo de mil i qui- 
nientos i treinta i quatro i que desde aquel día havia residido 
alli el thesorero Riquelme i cobrado la hazienda de S. M.'^ 
que alli huvo hasta nuebe de Abril de mil quinientos i treinta 
i siete que fue quando de alli salió i se vino a exercitar el 
oficio de thesorero en Lima. 

E que ansi en las quentas que aqui se tomaron al thesorero 
Riquelme se le hizo cargo de todo lo que en el cuzco perte- 
neció a S. MA en el año de treinta i quatro, treinta i cinco, 
treinta i seis, i treinta i siete, i se halló que á Riquelme havia 
subcedido en el cuzco por thesorero Manuel de Espinal, i con- 
tador Juan de Guzman, i fator Diego de Mercado, i que 
Manuel de Espinal quando intento alzar vandera en Arequipa 
por S. MA salió huiendo de alli al Collao, donde los de 
Pizarro le tomaron y ahorcaron, tenía sus quentas en Are- 
quipa, i que ansi se pensaba que alli se podrían hallar las 
quentas de los años de treinta i ocho, i quarenta i quatro que 
faltaban. 

Y escriviose luego al correxidor i oficiales de aquella ciu- 
dad para que las buscasen i hallándolas las embiasen al 
correxidor del cuzco i á Galindez, al qual se dio aviso de todo 
lo que acá se hallava, porque según me dixeron después que 
alli llego, no se havia partido del nombre de Dios navio 
alguno para España. 

Lo que después se ofrece de que dar cuenta es que por 
dexar en buena orden las cosas del Potosí, i entendiendo la 
importancia de que es la labor de las minas de plata, junté 
todos los que pude haver, ansi de los que tenían noticia de 
como se labraban las de la nueba España, como de los que la 
tenían de la labor de las del Perú, é sobrevisto i comunicado 
con ellos, lo que sobre ello me havian embiado de Potosí, i lo 
que io havia procurado haver de las ordenanzas de la nueva 
España, i platicado en ello diversos días, se hizieron i orde- 
naron las ordenanzas que con esta embio. 

Y ansi mismo porque si acaso en el camino errase al 
Visorei, le escrivi la carta cuio traslado con esta embio, dán- 
dole cuenta i advirtiendole del estado en que las cosas que- 
daban, i de lo que me parecía que en ellas se devia hacer, la 
qual dexé cerrada en poder del Arzobispo, sin que el supiese 
lo que contenía, para que llegado alli, se la diese, i creiendo 
según lo que me havian escripto de España, que no seria el 
Visorei de la nueva España, sino otro que mas nuebo viniese 



— 319 — 

a Yndias, me alargue en ella mas de lo que entiendo que 
para D.^^ Antonio de Mendoza era menester. 

En veinte i cinco del dicho Enero, determinado de partir- 
me por las razones que en esta otra carta tengo escriptas, i 
teniendo por cierto como en ella digo, que pues havia escrip- 
to tantas vezes de mi partida, i en una carta certificava que 
al principio del año de cinquenta estarla en la hazienda de 
S. MA en tierrafirme, i que por esto suplicava que estubiese 
alli armada para entonces, i nunca se me havia escripto cosa 
en coctrario que no solo se ternia por buena mi partida, pero 
aunque no lo haziendo caia en falta, especialmente que quan- 
do acepte la jornada supliqué a S. MA fuese de manera que io 
traxese licencia para bolberme luego que hubiese pacificado 
la tierra, sin aguardar otra de nuebo. 

Salí de Lima para el Collao i porque alli havia de proveer 
algunas cosas rogue a todos los que conmigo salieron, se 
bolbiesen, i me dexasen aquel dia y otro desocupado, i dado 
que se bolbieron otro día, fue tanta la concurrencia de Espa- 
ñoles é Yndios, que tuve necesidad de retraerme al navio 
para proveer lo que se havia de proveer. 

Adonde hechas algunas provisiones, que con los oidores 
habia comunicado para el govierno y administración de jus- 
ticia proveí algunos repartimientos, que havia días tenia 
varos, porque se aprovechase dello S. M.'^ entre los quales 
era el de Diego Centeno, en los charcas, i del Lic.'^o carbajal 
en el cuzco é los cañares en Quito, é de Gabriel Bermudez en 
nuestra señora de la paz, i heché á las personas aquien se 
repartieron veinte i cinco mil pesos, los quales se repartieron 
á personas que havian servido, é no se havian dado Yndios, 
i dellos se dio para dote auna hija mestiza que dexó Diego 
centeno dos mili pesos, i á un hijo mestizo quatrocientos, 
para alimentarle entre tanto que se averiguaban las deudas 
del padre, i lo que de su herencia le podría caber, que creo 
que todabia quedará con que se pueda remediar. 

Y entre las provisiones que allí se hízieron, fue una que 
el Arzobispoy el Lic^'o Zianca con frai Domingo continuasen 
la tala, porque el provincial tubo necesidad de ir al general 
de su orden á darle cuenta del estado que las cosas de su 
orden en aquella provincia tenían i de lo que convenía que se 
proveíese. 

Y estando en el callao recibí cartas de los charcas en que 
me escrivian que á veinte de Diciembre se partía una partida 
de plata de ciento i cinquenta mili pesos i proveí que queda- 



— 320 — 

se para llevalla a tierra firme luego que llegase a aquel puer- 
to un navio i estuviese a punto para ello i para ansimesmo lo 
que del cuzco viniese, conque tenia cartas que venia ia por 
el camino D." Juan de Mendoza, vezino de aquella ciudad, i 
encargue al Lic^^o Zianca i a los oficiales reales que con toda 
diligencia embiasen lo uno i lo otro. 

Entregaron los oficiales de Lima a Diego Gaitan, cuio 
era el navio en que io venia, sesenta y tres mili i trescientos i 
sesenta i cinco pesos oro del mesmo oro, que era todo lo que 
en Lima havia en oro, para que lo traxese i entregase a los 
oficiales de tierra firme; digo del mesmo oro porque no era 
ensaiado lo mas dello, i havia parte no fino sino de quilates. 

En veinte i siete del dicho Enero me hize a la vela del 
callao, dexando al Arzobispo i Oidores i a los demás a la 
lengua del agua, con mucha demonstracion de amor á mi 
persona i pena de mi partida. 

Traxe comigo al Lie*® Cepeda para presentarle ante 
V. S. porque me pareció no dexar persona dequien se pudiese 
tener sospecha, que no viniese por delante de mi, é porque 
aunque las probanzas todas, ansi de mucho numero de testi- 
gos, como de escrituras [que contra el podian hazer io las 
havia rescibido, i dadole copia de las escrituras, pero 
havianse embiado a retificar en plenario Juicio testigos que 
estaban en diversas partes, i no havian venido, i el ansi 
mesmo hazia probanzas en algunas partes, para donde se le 
havia dado receptor, i no eran llegadas las probanzas, fue 
necesario cometer la conducion del proceso, i ansi la co- 
metí al Lic.'^o Zianca, para que ante el con procurador 
del Lic.d° Zepeda se hiciese publicación i concluiese el pro- 
ceso i conclurese el proceso i concluso lo embiase cerrado i 
a buen recaudo a V. S., el qual me escrivio a tierra firme, 
como ia estaba concluso i sacada la maior parte, i que lo 
embiaba con el primero navio que del Perú a tierra firme 
partiese, es harto crecido; i en que V. S. verán muchas é 
graves cosas de la alteración pasada. 

En postrero del dicho Enero llegue al puerto de truxillo, 
i luego Diego de Mora e los oficiales que en aquella ciudad 
tenian cargo de la hazienda real, i el Lic.^° de la Gama que 
alli havia llegada de Puerto vielo, Guaiaquil, Quito, Loxa, i 
Piura, adonde habia tomado las residencias i cuentas de la 
hazienda de S. M.^ i la de difuntos i de menores, en que ha 
havido en el Perú gran descuido é robo, é por eso en las 
comisiones que para tomar residencia di, encargué la euenta 



— 321 — 

destos bienes de difuntos i menores, é se dio en todo el Perú 
orden como hu viese en ellos todo recaudo, vinieron a aquel 
puerto i traxeron todo el oro i plata que en aquella ciudad 
havia, é traia el Lic.^*^ de la Gama recogido de los otros pue- 
blos, que fué treinta i quatro mil i quatrocientos é siete en 
oro del mesmo oro, de los quales el Lic.'^'' de la Gama traxo 
veinte i tres mili, i Diego de Mora y los otros oficiales, onze 
mili quatrozientos e siete pesos, i en plata nueve mili i cien- 
to i diez pesos, los quatro mili i seiscientos i tantos, el de la 
Gama, i los quatro mili i quatrocientos i tantos, Diego de 
Mora i los oficiales. 

Por manera que todo lo que en el puerto de Truxillo se 
embarcó en oro i plata fueron quarenta i tres mili i novecien- 
tos pesos contando los pesos, no de fino, sino del mesmo oro. 

Entregáronlos al capitán Lope Martin, vezino del cuzco, 
i uno de los que mejor i con mas valor sirvieron en la jor- 
nada pasada i el se encargó de ellos para darlos a los oficia- 
les de tierra firme. 

De alli parti en quatro de Hebrero i proseguí mi viaje 
tocando en todos los puertos que en aquella costa del Perú 
hai, no solo por hablar a las Justicias i encargalles lo que 
devian hazer, i por veer si havia algo que proveer en los 
pueblos, pero aun para saver si havia llegado a alguno dellos 
despacho de S. M.^ ó de V. S, que como después que despa- 
ché a Hernán Mexia no havia recibido carta de S. M. 'i ni de 
V. S. sino fue una de los Señores Reies de Bohemia, que 
como governadores me escrivieron de la llegada de Hernán 
Mexia a Valladolid, significando que se tenia en servicio lo 
que en el castigo de Gonzalo Pizarro se havia hecho, havia 
estado con gran pena i con la mesma venía, i no hallé carta 
alguna mas que una que de S. M.<^ D." Martin de Avendaño 
me dio en Paita, que solo hablaba en su recomendación. 

Con esto tardé en el viaje hasta doze de Marzo que llegué 
a tierra firme, donde el governador i oficiales reales entregó 
Diego Gaitan los sesenta i tres mili i tantos pesos que traia 
de Lima, i Lope Martin lo que le entregaron en Truxillo: E 
porque esto era en piezas menudas, e no en barras como lo 
demás de la plata, lo entregaron por cuenta a Juan Gómez 
de Anaia, para que el tubiese cuenta dello para entregarlo 
en el nombre de Dios á quien lo huviese de traer á España. 

Y porque el i los oficiales tenían toda la hazienda en la 
casa del Doctor Robles, para mas recado i guarda della, me 
dieron alli aposento. 

21 



— 322 - 

En trece del dicho Marzo me dio el governador Sancho 
de Clavijo dos cartas de S. M.^ hechas en la ciudad de 
Bruselas una de Enero de quarenta i nuebe en que se mos- 
traba servido de lo que en el desbarato i castigo de Gonzalo 
Pizarro se habia hecho, y en que me daba licencia de bol- 
berme en España, luego que llegase el Visorei, i me manda- 
va traxese conmigo todo el oro i plata que huviese recogido 
de su real hazienda. 

La otra era de Octubre del mesmo año en que con mucha 
instancia me mandava embiase luego todo eloro i plata a 
tierra firme, que convenia que en todo el año de cinquenta 
se llevase a España, porque paresciendo a los que no tenian 
buena voluntad a sus cosas que no podia ir todo el oro i pla- 
ta en todo el año de cinquenta, hazian sus designios, é traian 
sus inteligencias á propósito de aprovecharse de la ocasión, 
entendiendo que aora, podrían hazer maiores efectos que 
adelante, i esto me mandava con gran instancia, i con la 
mesma que no me partiese del Perú, hasta que llegase el 
Visorei. 

Eran estas cartas duplicadas, pero las primeras io nunca 
las he recibido ni otra alguna, sino la que digo de los Seño- 
res Rei i Reina de Bohemia. 

Diome mucha pena ver que me tomaban estas cartas en 
parte que no podia cumplir lo que S. MA en ellas me man- 
dava que aguardase en el Perú al Visorei que entendí según 
el estado i orden en que las cosas del Perú que daban que no 
importaba aquello mas de cumplir con el mandamiento é 
voluntad de S. M.'* i cierto no alcanzando el efecto que Dios 
havia de sacar de mi venida i estada en tierra firme, me 
pusieron estas cartas en tanta perplexidad que si la nave- 
gación de Panamá al Perú en el tiempo que la recibí no 
fuera tan dificultosa i tardía, me determinara a bolberme i 
estar en el Perú hasta la llegada del Visorei, pero después 
que entendí como mi venida habia ordenado Dios para que 
no se perdiese toda la hazienda que S. M.^ en tierra firme 
tenia allegada, que es toda la que en el Perú se juntó, i los 
pueblos de aquella provincia no se destruiesen, é para que 
no se tornase a poner en conoición el sosiego de las Indias, 
como todo esto se hiciera si io no huviera venido, di gracias 
a la divina bondad, por haver usado de mi como instrumen- 
to para el remedio destas cosas, porque a no haver io venido 
los alterados que de Nicaragua á ella vinieron, hallavan á 
Panamá i al nombre de Dios, con solos los vezinos, i merca- 



— 323 — 

deres, que es gente tan poco para guerra, como en las alte- 
raciones pasadas de Gonzalo Pizarro se vio que con ochenta 
o cient hombres que Bachicao traxo, subjetó aquellos dos 
pueblos, é lo mismo hizo después con otra tanta Pedro de 
Hinojosa, dado que después se le juntó mucha mas; é hizo 
que se la mantubiesen i aposentasen los vezinos i mercade- 
res, i con los alterados matar al Governador, como le mata- 
van, se hazian mucho temer, i con hazerse señores de tan 
gruesa hazienda como allí de S. M.*^ estaba se autorizaban i 
acreditaban para que de muchas partes gente perdida i mala 
les acudiese á aquel puesto que es el mas aparejado para 
ello de todas las Indias, daquello se me debe tan poco como 
hombre que ninguna cosa proveio ni previno, creiendo ni 
pasándole por pensamiento que havia de ser necesario para 
este remedio, i porque del subceso desto, abaxo haré rela- 
ción, lo dexo para este tiempo. 

E viendo que de lo que S, M."^ en sus cartas mandava, 
solo podia cumplir lo del llevar el dinero, é la instancia que 
hasia para que se llevase este año, i lo mas que se havia de 
temer el tiempo si la hazienda se aguardase a llevar en 
tiempo de huracanes, que entre las islas sempieza a haver 
en tiempo de Agosto, i algunos años en fin de Julio que son 
tan peligrosos, i el invierno que en el golfo empieza en fin 
de Octubre, que no el peligro de los enemigos, pues no ha- 
biendo este año nueba de Armada do Principe, con poco 
numero de naos iria segura de cosarios ia que algunos 
huviese de que tan poco aun no havia nueba, empezé luego 
a entender en aderezar la pólvora é arcabuzes que del Perú 
con intento de llevar más á recado esta hazienda havia 
traido i de hazer de nuevo pólvora de salitre, i piedra zufre 
que ansi mismo truxe, y hize encabalgar la artillería que 
del Perú havia embiado, i pasarla al nombre de Dios, i 
ponello todo a punto, porque aunque quando la embié escri- 
bí que se pasase al nombre de Dios, no se havia hecho. 

Y porque si no viniese armada, pareció que se podía 
hazer bastante de veinte naos, que de dos flotas estaban en 
el nombre de Dios todas grandes i medianamente armadas i 
provehidas de municiones rehaziendolas del Artillería e 
munición que del Perú havia venido especialmente que sin 
los pasageros que de otras partes havia para venir en el 
armada, havia ciento i cinquenta hombres entre la gente 
que del Perú havia venido comigo i de la que delante de mi 
en otros navios havia antes llegado, i se estaba en Panamá 



— 324 — 

i en el nombre de Dios aguardando la partida de los navios 
para España, que ansi por ser gente de suio ia esperimen- 
tada en cosas de guerra, i que se havia de proveer bien de 
armas para el viaje, como por ser gente segura, i prendada 
á hazer lo que devia por la defensa de su hazienda que cada 
uno destos trae en buena quantidad, i ia que viniese armada 
no se perdia nada en que aquellas naos fuesen en conserva 
della, i en acompañamiento desta hazienda de S. M.^ i aun 
porque me pareció que convenia que no se derramase por 
las islas ni por otras partes de donde pudiesen de servidores 
de S. M.*^ tomar lengua dello antes de llegar esta armada a 
España que io estaba con ella en tierra firme, embié luego 
que llegué á Panamá á tomar copia de los navios que allí 
havia i del porte i estanco que cada uno era, i del artillería, 
armas i municiones i aparejos que tenia é á embargarlos é 
que ninguno saliese de los que estaban para ir a España, ni 
de otros que huviesen de ir a las islas, sino que á todos los 
que allí havia, i los que llegasen se detubiesen haziendome 
siempre saber la quantidad y aderezos de los que viniesen. 

Y ansi se hizo i detubieron todos los veinte navios, que 
estaban mui de partida para España, i con detenerse ellos i 
los otros que para las islas havia, no solo se detuvo la gente 
de la mar en que según pareció por la lista que me embiaron 
havia quatrocientos y cincuenta hombres, pero aún también 
se detubieron todos los pasageros del Perú que no aguarda- 
ban mas de la salida de los navios para venirse en ellos a 
España, i se detuvo otro numero do gente que el Governa- 
dor Sancho de Clavijo tenía apercibida para embiar en los 
primeros navios a España, que era toda la gente que allí 
estaba detenida, porque á causa de no traer licencia para 
ello no les dexaban pasar al Perú, é otros casados que 
tenían sus mugeres en España, é holgazanes que allí havia, 
porque pareciendole que aquella tierra estaría con mas 
sosiego i maior seguridad de la hazienda de S. M.^ tenía 
determinado de no dexar en Panamá ni en nombre de Dios 
sino los vezinos i mercaderes i gente de su trabajo i gran- 
gerías que viviese, i embiar toda la demás a los navios que 
en el nombre de Dios estaban. 

Y porque era cosa de dificultad i de mucha dilación i aun 
costa pasar tanta plata al nombre de Dios, especialmente si 
se huviese de pasar por tierra, no aiudando los que tenían 
recuas, junté á los vezinos i mercaderes de Panamá i del 
nombre de Dios, i los representé con quanto mas gusto i tra- 



— 325 — 

bajo que no seria pasar aquella hazienda al nombre de Dios, 
los del Perú havian servido a S. M.^ en traérsela, i ponerse- 
la en el puerto de Lima a la lengua del agua á su costa i 
acompañándolas con sus personas, i que era justo que ansi 
ellos lo hiziesen, pues no eran menos buenos vasallos que los 
otros, i havian rescibido tantos i tan grandes beneficios de la 
pacificación que del Perú a mucha costa de S. M.'^ se havia 
hecho. 

Todos mostraron mucha voluntad de servir a S. MA en 
esto ofreciendo de Uev^ar toda esta hazienda con sus recuas 
hasta los cruzes, y desde alli en sus barcos hasta el nombre 
de Dios é ir en acompañamiento de lo que a cada uno cupie- 
se, en persona, aguardándose a que el rio de Chagre tomase 
algo mas de agua, porque con la que entonces havia, no se 
podia llevar la hazienda sin descargarla en muchos baxos 
que el rio hazia, porque llevándose por Chagre, ellos lo 
hadan á menos costa de muías, que no podian sino morir, é 
gastarse muchas, llevándose por tierra, i el traer de las mer- 
cancias del nombre de Dios á Panamá, no cesarla, las quales 
desde el nombre de Dios, se traen ia todas por Chagre a las 
cruzes, i desde alli a Panamá, con crequas, en las quales 
quando van a las cruzes bacias, iria la plata, i desde las 
cruzes al nombre de Dios, en los barcos que ansimismo 
buelben vacios. 

Y que allende de ser esto a menos costa de los vezinos i 
mercaderes, y no se impedir el porte de las mercancías, era 
mas seguro para la hazienda, i se haría con mas brebedad, 
porque por tierra empezando como ia empezaban a crescer 
los rios, seria peligroso el paso á causa de lo mucho i súbito 
que crescen, i que no se podría en tres meses pasar aquella 
hazienda por ser el camino tan trabajoso, especialmente 
haviendo ia entrado las aguas como la havia, i haviendo 
falta de muías, como en tierra firme la havia, á causa de las 
muchas que se havian pasado al Perú, i aun porque como ia 
se acarrea todo desde las cruzes, que es corto camino no hai 
necesidad de tantas muías como havia quando se traia por 
tierra dende el nombre de Dios. 

Pareció bien lo que dezian, i ansi pareció al Obispo é 
Gobernador, que con los vezinos é mercaderes junté i acepté 
lo que ofrecían, i rogueles que ellos entre si diputasen dos 
personas para que hiziese el repartimiento de lo que cada 
uno por servir a S. M.'* havia de llevar, i ansi lo hizieron i 
repartieron entre si mili i doscientas cargas de azemilas i 



— 326 — 

cada uno de buena voluntad holgó de servir a S. M.^ en 
llevar por tierra en su recua hasta chagré, i de alli en su 
barco hasta el nombre de Dios, lo que le cupo, sin hazer 
costa a S. M.'^ ni llevar nada por ello. 

Y entre tanto que se hazia tiempo para pasar la plata, 
entendí con los que tenian carretas que las prestasen con sus 
carreteros y negros para llevar a las cruzes la artilleria, que 
son cinco tiros, que desde el Perú, como ia en otra tengo 
hecha relación embié á tierra firme de los quales, los quatro 
eran los que en Sevilla se me dieron para la guarda del navio 
en que vine al nombre de Dios, i después de reduzida la 
armada, pasé a Panamá, i de alli embié al Perú en la prime- 
ra armada, i ansi en las carretas se llevaron a las cruzes, i 
desde alli en los barcos al nombre de Dios, sin costa 
de S. M.d 

En veinte de Abril conforme al dicho repartimiento, se 
empezó a entregar la plata a los que las havian de llevar al 
nombre de Dios, i en cinco dias se acabó de entregar toda la 
plata que los oficiales de Lima e io haviamos embiado antes 
de mi partida. 

En trece del dicho Abril, estando de partida el Governa- 
dor i io, para las Cruzes, á ver poner en los barcos mucha 
parte de la hazienda de S. MA que ia allá estaba i á mirar 
que fuese a recaudo, llegó al puerto de Panamá un hijo de 
Alonso de Almaraz en el navio que io havia dexado en el 
puerto de Lima, para que á diligencia se embiase la hazien- 
da que de Charcas i el cuzco viniese, é traxo de la hazienda 
de S. M. 'i seiscientas y nobenta y nuebe barras de plata, i 
dos planchas, y quintaladas ciento ochenta y tres quintales 
tres arrobas i veinte i siete libras, i catorze onzas i media, i 
reduzidas á pesos de oro, valieron conforme a la quenta que 
del Perú se traxo, ciento sesenta y siete mil veinte i tres 
pesos, i quatro reales. 

Y ansimismo traxo en oro diez mil i seiscientos i treinta 
i un pesos i quatro reales i tres granos. 

Y entrególo todo al Governador i oficiales, presen- 
te io. 

Traxo muchas cartas en que me escrivian como todo 
estava en el asiento i orden que lo dexé, i que los que alli 
estaban perdidos aguardando lo que vacaba, entendían en 
buscar su vida i que los mas dellos se havian ido a diversas 
partes. 

Vino numero de pasajeros en este navio con deseo de 



— 327 — 

irse conmigo a España pareciendoles que iban mas favore- 
cidos ellos i sus haziendas. 

Escrivieronme ansimismo el Arzobispo, L\cA° Zianca, i 
frai Domingo como continuaban el negocio de la tasa i que 
después de mi partida havian acabado de venir todas las 
visitas de los charcas, y de nuestra Señora de la paz. 

Esta plata asimismo se entrega a los que la havian 
de llevar, i el oro se entregó por poce i cuenta al tesorero 
Juan Gómez de Anaia, para que con todo el oro i la plata que 
en el puerto de truxillo se tomó de que el como está dicho 
estaba encargado, por ser cosa tan por menudo la pasase al 
nombre de Dios en las muías que los vezinos para ello seña- 
laron. 

En diez i siete del dicho Abril porque ia havia llegado a 
las cruzes de la hazienda de S. M.^ mas de las dos tercias 
partes, i tenia nueba que tres vezinos en sus barcos iban con 
sus partidas el rio abaxo, me parti para las cruzes para aviar 
de alli lo que alli estubiese i pasarme al nombre de Dios, 
para hazer que huviese recaudo en el recibo que los oficiales 
alli havian de hazer de la hazienda i en la guarda della, i 
llevé conmigo la pólvora, mecha, plomo, i arcabuzes que del 
Pero havia traido, con intento de rehazer con ella la armada 
en que hubiese de ir la hazienda de S. M. i salitre que tam- 
bién havia traido, para reforzar la pólvora que de España 
ordinariamente llega desmaiada. 

Dexé al Gobernador ansi porque estaba enfermo de una 
calentura quotidiana, como también porque diese calor é 
priesa a los que havian de traher la hazienda que en Panamá 
quedaba, i á Marchena, teniente de thesorero en aquella 
ciudad, i a Pedro de Iz vista que por absencia de Pedro de 
Almaraz rije el oficio de contador para el mismo efecto, 
encargándoles mucho que con toda brebedad hiziesen que 
los que no havian llevado sus partidas las llevasen a las 
cruzes, i ellos i el Governador estando para ello, fuesen con 
ellas a las cruzes y desde alli al nombre de Dios. 

Dexé ansimismo de partida a Juan Gómez de Anaia, i 
encargúele que luego otro dia, porque aquel era tarde, se 
partiese con el oro. 

E llegado a las cruzes entendi en hazer embarcar todas 
las partidas enteras que alli havia, i en ello aiudo bien el 
Lic.^° Jalsen, teniente de Governador, a quien Sancho de 
Clavijo, no pudiendo venir embió luego tras mi para que me 
alúdase. 



— 328 — 

En veinte del dicho Abril, me parti de las Cruzes con 
siete barcos, en que fueron todas las partidas que alli estaban 
enteras, i las personas a quien estaba encargado el lle- 
varlas. 

Este dicho dia, dos horas después de io partido, llegó a 
las Cruzes el governador, pareziendole que, sin embargo de 
su calentura i indisposición no cumplía con lo que devia, 
iendo ia la más parte de la hazienda de S. M.'^ al nombre de 
Dios no ir el a estar allá, i aiudar a guardalla, porque allí 
parecía que era donde mas necesidad havia de guarda, por 
estar aquel pueblo como está en la mar del Norte, donde 
havia necesidad de guarda, por el aparejo que no solo los 
cosarios, pero otros qualesquier malos tienen para irse con 
lo que robasen. 

Y luego en un barco nos siguió i alcanzo aquella noche, 
donde en la mitad del camino del rio paramos. 

Otro dia veinte i uno del dicho Abril llegamos a la boca 
deste, rio é hizimos alli noche, i otro dia veinte i dos del 
dicho, caminamos por la mar llevando tiempo é mares harto 
por proa, i dexando nuestro viaje en este estado, haré rela- 
ción do lo que havia subcedido en Nicaragua i en Panamá, 
conforme a lo que de los dichos, i deposiciones que de los 
alterados se tomaron se entiende y de las cartas que de 
Nicaragua se recibieron. 

En la ciudad de Granada de la provincia de Nicaragua 
estaban con su madre Doña María de Peñalosa, muger de 
Rodrigo de Contreras, vezino de aquella ciudad é natural de 
Segovia, dos hijos, de los quales el maior se llamaba Her- 
nando de Contreras, mancebo de veinte i quatro a veinte i 
cinco años, i otro Pedro de Contreras de diez i nuebe a veinte 
años, i haviendo conversado algunos dias con un Juan Ber- 
mejo, y otro Rodrigo Salguero, que io havia desterrado del 
Perú, por cierto motín que en el cuzco se entedio que inten- 
taban hazer, mucho después del castigo de Gonzalo Pizarro, 
é de estar io en Lima, é con otra gente perdida que se havia 
soltado iendo condenados a galeras, por lo de Gonzalo Piza- 
rro, entre los quales eran un Landa, e Juan Griego, i Alta- 
mirano, i Benavides, i con otra gente que en aquella provin- 
cia havia valdia, i por ser estos dos mozos tan principales 
en aquella provincia, é tenían posibilidad para hazer buen 
tratamiento a esta gente, toda se les llegaba, i les respeta- 
ban, especial al Hernando de Contreras, el qual entendiendo 
que tenia esta gente de su mano, tracto con algunos de ellos 



— 329 — 

matar al Obispo de Nicaragua por algunas pasiones que 
entre el i sus padres havia havido i havia. 

Y dando i tomando en ello especialmente con el Juan 
Bermejo é Salguero, i los otros que havian huido del Perú, i 
con un Castañeda, fraile lego de la Orden de Sancto Domin- 
go, de un monasterio de aquella ciudad el qual andaba apos- 
tata é sin el habito, concertaron de matar al Obispo, i tomar 
la hazienda de S. M.^ que en aquella provincia huviese, e 
juntar toda la gente que pudiesen 3^^ venir con ella a tierra 
firme donde sabian estaba mucha hazienda de S. MA que del 
Perú se havia embiado i tomarla i apoderarse de nombre de 
Dios, Panamá, i Nata. 

Y para mejor hazerlo que no hubiese de quien tubiesen 
necesidad de se recatar, que matarían al governador, i 
que apoderados de tierra firme, i tomada la hazienda de 
S. M.'^ harian gente y aderezarían navios, i harian dos dellos 
de remos, i los equiparían de negros de los de Panamá y 
Nombre de Dios que andan en Chagre en los barcos i en el 
tracto de las Yslas de las perlas que cierto es tan gran nume- 
ro que pasan de seiscientos. 

Y que con esta gente que cierto según el puesto tierra 
firme tiene para allegarla, é la muchedumbre de gente mala i 
perdida que en aquellas partes hai, ansi españoles como 
estrangeros, en poco tiempo creo que llegaran mucha, i con 
los navios que hiziesen y aderezasen, llegado el Henero irían 
algunos dellos, con parte de la gente que allegasen, a que- 
mar todos los navios de la costa de Nicaragua, Guatimala i 
neba España, i el Hernando de Contreras i Juan Bermejo 
irían con toda la otra gente al Perú, donde creían que se les 
allegaría mucha gente, i que con ella i con la que llevasen se 
podrían apoderar de aquella tierra i de la riqueza della, i que 
alzarían por Reí della al Hernando de Contreras. 

E que al tiempo de irse robarían al Nombre de Dios, 
Panamá, i Nata, i quemarían las casas, i matarían el ganado 
de tierra firme, i la gente que de aquellos pueblos fuese útil 
para la guerra, la llevarían consigo, las mugeres que en ella 
huviese, i que los hombres que no fuesen para la guerra, los 
hecharian por el Nombre de Dios en barcos a Cartagena, 
porque como el Juan Bermejo siguió continuamente á Gonza- 
lo Pizarro, é fue muí allegado de Fran.'^o de Carbajal su maes- 
tre de campo, hasta que a lo que pienso, pareciendolc que iba 
la cosa de Gonzalo Pizarro perdida, se huió de Juan de Acos- 
ta en Guamanga, é vino a juntarse con nosotros, i sirvió en 



— 330 — 

la jornada, hasta que los alterados fueron desbaratados i 
castigados, sabia como aquello de robar i destruir á tierra 
firme, é matar el ganado, i tomar todos los navios de la mar 
del Sur para que S. MA no pudiese embiar al Perú gente, 
pareciale que se devia executar aquella instrucción, diziendo 
que por no se haber executado en tiempo de Gonzalo Piza- 
rro se havia perdido el i los que le seguían. 

Y que hasta que se huviesen de salir de tierra ñrme, no 
robasen los vezinos i mercaderes, antes les dixesen que no 
querían sino lo del Rei, i que no venían á tomalles a ellos 
nada sino a dalles libertad para que sin pagar nada todos 
tractasen i pasasen al Perú los que quisiesen i fuesen, i 
viniesen sin que nadie les pusiese en ello estorvo. 

E tratado i concertado esto, el Hernando de Contreras se 
fué con Juan Bermejo i los otros que arriba están dichos a 
León donde estaba el obispo de Nicaragua. 

Y estando alli en veinte i dos de Hebrero próximo pasado 
entró en la posada del obispo, este Hernando de Contreras 
con el Castañeda fraile, i un Nieto mestizo, hijo de otro 
Nieto vezino de aquella ciudad quedando a la puerta, é por 
cantones de las calles el Juan Bermejo, i Salguero i otros, i 
con aiuda del dicho fraile, dio al Obispo de puñaladas, de 
las quales luego murió. 

E luego que esto hizo salió a la plaza donde se juntaron 
todos, é tomando a este Hernando de Contreras por capitán, 
é intitulándole capitán general de la libertad, é haziendo su 
maestre de campo al dicho Juan Bermejo, con gran alboroto 
i apellido viva Hernando de Contreras capitán general de la 
libertad, se alzaron ellos i otra gente perdida que alli se les 
allegó con aquel pueblo de León, i fueron a la caxa de tres 
llaves, i tomaron todo el oro que de S. MA en ella havia, i lo 
repartieron entre los que se allegaron. 

E haviendo recogido toda la gente que pudieron el Her- 
nando de Contreras se fué con la más della al puerto de la 
posesió que es en aquella provincia, á ocupar los navios que 
alli havia, i tomó dos uno que venía de la nueba España 
para el Perú cargado de mercancías, de conservas i ropas 
de la tierra que se llama el galeón de Chile, que es uno de 
los mejores i mas veleros, que andan en la mar del Sur, i 
otro que ansi mismo estaba alli cargado de mercancías para 
el Perú, que era uno que se llamaba Valdolibar i una fraga- 
ta, i procuró de hazer de su opinión la gente que en estos 
dos navios i fragata iba. 



— 331 — 

Y por empezar a executar luego lo del quemar de los 
navios, para que en la mar no hubiese otros sino los que 
ellos traxesen, i para que no quedase en aquel puerto navio 
con que se diese aviso a tierra firme de como iban alia, por- 
que luego que lo determinaron de hazer fue publico en Nica- 
ragua, quemó otro navio i una caravela que en aquel puerto 
de la posesión halló, tomando la gente i lo que en ella havia, 
i desde León antes que de aquella ciudad partiese, embió con 
veinte i ocho o treinta hombres, a Juan Bermejo a Granada 
a recoger la gente que alli de su opinión dexaba, i toda la 
demás que pudiese, i quemar las fragatas que en aquella 
ciudad hai de tracto, del desaguadero, para que del no 
pudiesen dar aviso al Nombre de Dios del intento que tenian 
de venir a tierra firme. 

E siendo avisados en Granada de la ida del dicho Juan 
Bermejo, un Luis Carrillo alcalde que era en aquella ciudad 
juntó ciento i veinte hombres i salió á resistirle la entrada, i 
ó por lo poquedad de su gente, ó porque según dizen mu- 
chos, della tenia negociados, el Pedro de Contreras que con 
su Madre se quedó, para que se pasasen a los de Juan Ber- 
mejo, como se pasaron, fueron desbaratados los del pueblo 
i muerto Luis Carrillo, i mataran á muchos otros, sino inter- 
viniera la dicha Doña Maria de Peñalosa, que procuró no 
los matasen. 

Hecho esto, Juan Bermejo se apoderó de aquel pueblo, 
i quemó todas las fragatas que alli havia, excepto una que 
por ser de un amigo i darle cien pesos porque no la quema- 
se, la horadó y deshizo la popa. 

Y recogió la más gente que pudo, i tomó todas las armas 
del pueblo, é iendose con el el Pedro de Contreras, se fué al 
puerto de la posesión á juntar con Hernando de Contreras, 
de donde luego que llegó Juan Bermejo, salió el dicho Her- 
nando de Contreras, é su hermano, é Juan Bermejo con dos- 
cientos cinquenta hombres, i en los dos navios i fragata ia 
dichos, se fueron la costa arriba azia tierra firme al puerto 
de Nicoia de la misma provincia de Nicaragua, adonde a 
veinte i dos ó veinte i tres de Marzo, llegaron i hallaron en 
el otro navio i una fragata, i robándolos i tomando la gente 
que en ellos venian, los quemaron. 

E sabiendo que la Isla do Quicara, que es el paraje de 
aquel puerto, havia llegado un barco que de Panamá iba 
cargado de mercancías, Hernando de Contreras embió a 
Salguero en la fragata que traían, con gente a tomarle i ansi 



— 332 — 

le tomó, i traxó i sacada la gente, i todo lo que traía, i metido 
en sus navios quemaron el barco. 

Y de allí en los dos navios i fragata continuando su viaje 
la costa arriba, llegaron a la punta de Higuera, que es en los 
términos de Nata, y tomaron la gente i velas de una caravela 
que alli hallaron cargada de maiz, i desmantelandola la 
la dexaron con el maiz, parecíales que era bien dexarlo para 
embiar por ello desde Panamá, si dello tubieren necesidad, i 
continuando su camino encontraron con una fragata de Ni- 
caragua que bolbía de Panamá con mercancías i la tomaron 
i traxeron consigo i a la gente i todo lo que en ella iba. 

Y de los que en ella iban supieron como io estaba en 
tierra firme, i que sería ia partido para el Nombre de Dios, 
porque quando la fragata partió de Panamá, me dexo de 
partida. 

Y entendiendo esto según dizen, estubieron dubdosos si 
continuarían su viaje a Panamá paresciendoles que pues io 
era venido a tierra firme havria venido gente del Perú consi- 
go, i estaría armada en el Nombre de Dios, é que se podrían 
perder si entrasen en tierra firme pero que en fin se deter- 
minaron, hallándose tan adelante de continuar su viage^ 
pareciendoles que ia que io estuviese en Panamá dando de 
noche sobre aquel pueblo, i en la posada donde io estubiese, 
me matariam, i que con mi muerte amedrentarían a todos, e 
q.^ sobre efectuar esto se devian poner en todo rriesgo, i ansi 
como cosa que muí adelante de los ojos traían, escrivio Pedro 
de Contreras desde los navios en la carta que con esta vá, a 
su hermano Hernando de Contreras á Pama el día que en 
ella entró, que le hiziese saber como le havia ido en la toma 
de la ciudad, é si el de la Gasea havia pagado lo que devia; 
é con los dos navios é fragata que antes traían, i esta que 
últimamente tomaron, llegaron á quatro o cinco leguas de 
Panamá, donde encontraron un navio, que aquel día havia 
salido del puerto de Panamá, cargado con mercancías a la 
buena ventura, i le tomaron i pasaron toda la mercancía í 
gente que en el iba a sus navios, i llevaron consigo este 
navichuelo, que era un barco grande. 

Y Domingo en la tarde veinte de Abril, que era el día 
que io i el governador nos haviamos partido de las cruzes, 
chagre abaxo, como arriva esta dicho, se pasaron el dicho 
Hernando de Contreras é Juan Bermejo, con la maior parte 
de la gente a las dos fragatas é barcos que postreramente 
havian tomado, i dexando en los dos navios por capitán a 



— 333 — 

Pedro de Contreras, con el fraile Castañeda, i cinquenta 
hombres i muchos mestizos e Indios que traian de Nicara- 
gua, i numero de mugeres que de alia havian traído, é la 
hazienda que en el camino havian robado, é mandando al 
Pedro de Contreras que se fuese aquella noche al puerto de 
Panamá i ocupase i tomase los navios que alli estaban, se 
fueron al Ancón, que es una entrada que en la tierra haze la 
mar una legua de Panamá, adonde llegaron ia dos horas de 
la noche, i saltaron en tierra. 

Y se fueron la plaia en la mano con todo silencio hasta 
que llegaron a Panamá a la media noche, ¿informados como 
io ia era ido a las Cruzes quatro dias havia, é creiendo que 
el governador se estaba en el pueblo se fueron derechos a su 
posada, que estaba al principio del pueblo por donde ellos 
iban, i la cercaron i entraron por diversas partes, apellidan- 
do muera el traidor, i viva Hernando de Contreras capitán 
general de la libertad, y hallando en la pasada al Alguazil e 
creiendo que era el governador, le empezaron a herir, que- 
riéndole matar, i reconociendo que no lo era le dexaron 
herido sin acabarle, i lo mismo hizieron a un criado del 
governador, é informados como era ido a las Cruzes tras mi, 
le rovaron sin dexarle en su casa cosa ninguna. 

E luego desde alli repartieron de la gente que traia, man- 
dándoles que entrasen por todas las casas, i tomasen todas 
las armas, e dixesen que ellos no venian sino á tomar la 
hazienda del Rei, y á poner todos en libertad para que cada 
uno viviese como quisiese, porque como todo se rejia por 
Juan Bermejo, que tan discípulo era de Fran.c° de Carbajal, 
el qual persuadiendo a los Soldados que siguiesen á Gonzalo 
Pizarro, solia dezir. Señores mirad q.^ tan gran previlegio 
tenéis los que servís al governador mi Señor, que podéis 
vivir en la leí que quisieredes sin que nadie os vaia a la 
mano, parecíales á estos usar de aquella persuasión, para 
traher á sí á la gente de mal vivir. 

E embiaron al Altamirano con parte de la gente á las 
casas del Doctor Robles donde Juan Gómez de Anaia estaba 
de camino para las Cr-^zes con el oro de S. M.^ a tomárselo, 
i á prenderle a el porque les parecía que para asegurarse de 
Juan Gómez de Anaia, era bien prenderle, i no matarle, 
porque les descubriese donde estaba la hazienda de S. M.'^ i 
ansi fue este Altamirano i le prendió, haziendole malos tra- 
tamientos, i tomó el oro, i sin tocar en ello lo depositaron en 
vezinos de Panamá, por no se ocupar en repartirlo, pare- 



- 334 — 

ciendoles que seria impedimento pararse á esto, hasta apo- 
derarse de aquel pueblo i del Nombre de Dios, no curaron 
sino en depositarlo en personas que ante Escribano lo reci- 
bieron, é se obligaron á dárselo quando se lo pidiesen. 

E luego el Juan Bermejo con cuerpo de gente se fue a la 
plaza, i dexando alli la gente para que haviendo necesidad 
acudiesen donde la huviere, fue a busca al Obispo i hallán- 
dole en la Iglesia donde se havia acogido, i diziendole que 
saliese con el, i no queriendo el Obispo, sino diziendole que 
si le havia de matar le matase alli, le aseguró que no hazien- 
do porque no le matarían, i con todo esto no queria salir de 
la Iglesia, i el Juan Bermejo le tomó del brazo, i sacó i llevó 
a la plaza, i puso al pie del rollo, i hizo sentar al pie del, y 
estar hasta que vino alli el Hernando de Contreras, i le 
hablaron entrambos amonestándole, que fuese con ellos el 
que devia, i les diese las armas que tenia, i ansi le tomaron 
las que hallaron en su casa, i le dexaron pareciendoles que 
con lo que le havian amedrentado, no osaria hazer cosa que 
en su perjuizio fuese. 

E luego desde alli aquella noche embiaron con veinte i dos 
arcabuzeros, en muías que tomaron de los vecinos, a Salgue- 
ro a las cruzes, para que procurase matar ami i al governa- 
dor, ó al que de nosotros alli hallase, i tomase dos partidas de 
plata que de S. M.<* el dicho día 20 de Abril, dos vezinos 
havian llevado a las cruzes. 

E ansi fué, é llegó el lunes veinte i uno del dicho Abril á 
medio dia a las cruzes, é no hallando al governador ni ami, 
porque nos haviamos como dicho es partido el dia antes 
Chagre abaxo mui descuidados deste negocio, tomó las dos 
partidas que eran quinientas i tantas barras de plata, i se 
estubo en las cruzes aquel día i quasi todo el siguiente, 
tomando sedas, paños, lienzos para se vestir de lo que alli 
en las casas de la Aduana los mercaderes tenían para traer 
a Panamá, quci es continuamente en mui gran quantidad, i 
dando para ello barras de las de S. M.** i comiendo i bebien- 
do á digreción conservas i vino, i otras cosas que en la dicha 
Aduana había. 

En ansi mismo la misma noche del dicho Domingo veinte 
de Abril hizieron pesquisa de las personas que tenían la 
hazienda que alli havia quedado de S. MA i sobre ello pren- 
dieron a un Martin Ruiz de Marchena vezino de aquella 
ciudad i teniente del Nombre de Dios, thesorero en ella por 
absencia de Sotomaior que estaba en el Nombre de Dios, é 



— 335 — 

le hizieron malos tratamientos sobre que dixese lo que en 
ello sabia, i con la diligencia que hizieron supieron de las 
partidas que de la plata de S. MA , vezinos y mercaderes de 
alli tenian para llevar á las cruzes, i dexandola en poder 
dellos, se la depositaron de la manera que havian hecho 
deposito del oro que tomaron á Juan Gómez de Anaia, que 
en lo uno i en lo otro con las dos partidas de las cruzes, 
montaban mas de quatrocientos, i cinquenta mili pesos lo que 
de S. M.'^ ocuparon de la manera ia dicha, porque parescien- 
doles que lo tenian mui seguro en Panamá, é que seria de 
mucho embarazo pasarse á embarcarlo en los Navios, para 
no poder ir á tiempo, á hazer en el Nombre de Dios lo que 
havian hecho en Panamá, tomando aquella ciudad de sobre- 
salto, ni lo embarcaron, ni pusieron otro recaudo en ello mas 
del que he dicho. 

Y la mesma noche antes que amaneciese á mucha dili- 
gencia en muías que ansi mesmo tomaron de los vezinos i 
mercaderes se partió el Hernando de Contreras con diez i 
ocho ó veinte hombres, entre los quales iban Altamirano, 
Benavides i Landa, que como he dicho, estaban desterrados 
del Perú, camino del Nombre de Dios, tras un Lozano que 
supieron que me iba a dar aviso al Nombre de Dios de su en- 
trada en Panamá, i á tomar los caminos que ninguno fuese 
adar el dicho aviso. 

Y á diligencia caminó hasta la venta de chagre que era 
de aquel Lozano, pensando que allí se havria detenido algo, 
é sabiendo como no se havia detenido antes havia mudado 
alli cavalgadura, quiso quemar la venta i ansi lo hiciera, 
sino que los que con el iban, le dixeron que no lo hiziese, 
que era menester aquella venta para Juan Bermejo^ i los que 
con el havian de venir sobre el nombre de Dios. 

Y estando de partida llegó un hombre que Gómez de 
Tapia, que havia huido aquella noche de Panamá 6 venidose 
a las Cruzes para meterse en un barco é ir á darme aviso 
por chagre, despachó por tierra desde las Cruzes al Nombre 
de Dios con una carta para mi, proveiendo que por todas 
partes me fuese aviso, i tomando a este hombre con la carta, 
dixo a un fulano de Contreras que con el iba que lo ahorcase, 
i ansi lo ahorcó sin dalle tiempo que confesase, i de letra del 
dicho Hernando de Contreras le pusieron en los pies un 
escrito en que dezian, este hombre se ahorcó, porque Uebaba 
aviso al de la Gasea. 

Y át allí se fué á diligencia hasta las Juntas, donde el 



— 336 — 

Landa hallando un mulatillo de doze o treze años de Chris- 
tobal Gutiérrez vezino i rejidor de Plasencia, i preguntán- 
dole por el i mostrándole el muchacho una mata donde su 
amo se havia metido, fue a ella i halló la espada de Christo- 
bal Gutiérrez que con la priesa de huir havia dexado e sin 
embargo desto, diziendo que el mulato le havia mentido, le 
ahorcó de un árbol a la puerta de aquella venta de las 
juntas, i ansi le dexaron. 

Y para dar á entender que ninguna cosa les havia de ser 
contraria que no la matasen, porque un perro alli les ladró, 
procuraron tomarle i le dexaron ahorcado junto al mulato, i 
a este tino en el camino desde el puerto de la posesión, hasta 
llegar a Panamá, ahorcó Juan Bermejo tres hombres. 

En esta venta cenaron i reposaron un rato de la noche, i 
con un Gibraleon, mercader vezino de Panamá, i con Diego 
de Almaraz, que allí tomaron, tractaron mucho de sus cosas 
i intento, i el Hernando de Contreras se estendio a muchos 
desacatos i palabras graves contra S. M.*^ i entre ellas 
dixo que S. MA le havia quitado a tierra firme i a Nicaragua 
que su abuelo Pedrarias habia ganado i al Perú, que por 
mandado del dicho su abuelo se havia descubierto, i que no 
contento con esto aora havia quitado a sus padres los Indios 
que en Nicaragua tenian, que el le dada a entender como de 
otra manera se havian de tratar los cavalleros, i cerca desto 
dixo otras cosas, que aun relatallas parece desacato. 

Y de alli aquella noche siguió el camino del Nombre de 
Dios hasta ponerse en el principio de la baxada de Capira 
azia el Nombre de Dios, tres leguas i media de aquel pueblo, 
en parte que para defender el camino a los que quisiesen 
venir del Nombre de Dios bastaba harto poca gente digo 
haviendo de venir por el camino ordinario, i atravesó este 
con muchos maderos i braza de ramas para poder desde mas 
a su salvo tirar con sus arcabuzes a los que quisiesen subir 
el camino arriba, é abrió por alli junto un camino de ancho 
de tres o quatro pasos, é largo de tiro de arcabuz, cortando 
los arboles i arcabuco q.^ alli hai mui espeso, i sacando esta 
trocha a una buelta que aquel camino haze para tirar a los 
que á aquella buelta llegasen. 

E luego de mañana el dicho Lunes veinte i uno de Abril, 
Juan Bermejo con toda la otra gente que de los alterados 
havia saltado en tierra, i con los que en Panamá aquel poco 
tiempo que alli estubieron se les llegaron, fueron catorce ó 
quince, é pienso que fueron hartos mas, si como estubieron 



— 337 — 

siete ó ocho horas, i las seis de noche, estubieran un dia sin 
dexar en aquella ciudad de los que con ellos havian venido, 
sino un enfermo i tres frailes, que se les quedaron, i se 
fueron los dos dellos a la iglesia i el otro al monasterio de la 
Merced, en las muías de los vezinos y mercaderes, porque 
destas se aprovecharon para estos sus caminos, i ansi hizie- 
ron en ellas gran estrago, matándolas i fatigándolas tanto 
que mucho numero de las que quedaron vivas, en muchos 
dias no fueron de provecho, se partió el camino del Nombre 
de Dios tras el Hernando de Contreras creiendo que llegaría 
allá antes que io, i harian en aquella ciudad lo que havian 
hecho en Panamá, i que quando io llegase estarían apodera- 
dos della, i podrian hazer de mi lo que quisiesen ia que como 
creian a mi no me tomaria Salguero en las Cruzes, porque 
al governador tenían por cierto que si tomarían, la mañana 
antes que ellos llegasen a Panamá. 

Y asi este Juan Bermejo fue aquella noche con la gente a 
la venta de chagre, llevando consigo en una muía preso a 
Juan Gómez de Anaia, i a causa de no haver dormido la 
noche antes, les fue forzado dormir allí sin embargo que el 
Juan Bermejo quisiera pasar adelante sin parar mas de a 
cenar. 

Pedro de Contreras que como está dicho quedó á guardar 
los navios recogió las dos fragatas i barco en que su herma- 
no i los otros havian saltado en tierra, é vínose con ellos é 
sus dos navios al puerto de Panamá aquella noche i tomó 
cinco navios que en el estaban i algunos cargadores con mer- 
cancías para el Perú, especialmente uno que dezian de 
Maflea, porque el maestre se llamaba Mafia, el qual era 
de D.^ María de Peñalosa madre destos mozos, i estaba del 
todo cargado y vergas altas, con mercancías que según dizen 
valían mas de treinta y cinco mili pesos, i metió en ellos per- 
sonas que por el los tuviese, quitándoles las velas y bateles, 
i pasándolas al navio en que el i el fraile Castañeda estaban. 

E luego el dicho Lunes de mañana, llegó un navio que de 
la buena ventura venia, é hizo lo mesmo del, tomando la 
gente que en el venia, i pasándola a su navio, como desto 
aunque no tan largo haze mención el Pedro de Contreras en 
la carta que a su hermano desde la mar a Panamá escrivio. 

Y dexando esto en este estado, tornaré á hazer relación 
de lo que al governador i a mi subcedió Martes veinte i uno 
del dicho Abril. 

Como arriba he hecho relación, este día llegamos con los 



- 338 — 

barcos de la plata, haviendo caminado quatro leguas por la 
mar después que salimos de change, á cierto portezuelo 
donde pensamos hazer noche, porque por ser la navegación 
desde alli hasta dos leguas del Nombre de Dios entre tierras 
i grandes resacas, i quebrazones de la mar, aun en tiempo 
de bonanza, no se anda por la noche, quanto mas llevando 
tanto viento i mar por la proa, i traiendo tanta quantidad de 
haciendas. 

Y estando en esto llegaron en dos barcos dos regidores 
del Nombre de Dios, que aquel pueblo con otra gente em- 
biaba a acompañar la hazienda de S. M.^ i á trabemos 
refresco, los cuales vinieron con mucho regocijo, porque con 
el havian dexado a toda la gente que en aquel pueblo i en el 
puerto del estaba aguardando nuestra llegada, i para reci- 
birnos adereszando barcos i otros regocijos de mar i tierra, 
sin haber memoria de lo de Panamá quando partieron que 
havia sido el día antes en la tarde, porque el viento i mar 
que a nosotros dava por proa dava a ellos por popa, i ansi 
vinieron en brebe. 

E luego que no había pasado media hora llegaron en otros 
barcos un Reolio mercader i fator del Mariscal Diego Ca- 
vallero, é un Benito Diaz Polaino, vezino i mercader de Pa- 
namá, con otra gente armados de cotas y arcabuzes, i otras 
armas, i aunque los vimos ansi no recibimos alteración, por- 
que creímos que venían tambiéa a acompañar la hazienda, 
é que para mas demostración de su buen deseo venían arma- 
dos, i aún el governador i otros empezaron entre sí a burlar 
de verlos venir de aquella manera en tiempo que se creía 
que tanta paz havía en aquella tierra. 

Y llegados a nosotros con mucha turbación dixo el Benito 
Diaz Polaino, que no quisiera venir con tan malas nuebas 
como eran que en tierra firme havia tíranos, i que havian 
robado todo Panamá, ansí la hazienda de S. M.<^ que allí 
hallaron como la de los particulares, i muerto al Alguacil, i 
preso a Juan Gómez de Anaía, i que se creía que ía le ha- 
vrian muerto, i que á Marchena havian dexado medio muer- 
to sobre que les dixese de la hazienda de S. M.'^ i que con 
este aviso havia llegado Lozano, vezino de Panamá el día 
antes, buen rato de la noche, i con el havía rescibído el 
Nombre de Dios mucha alteración, i tanta que los vezínos, i 
mercaderes havian metido y puesto sus haziendas en los 
navios que en el puerto estaban, i algunos dellos metidose 
en ellos, i que lo mesmo havian hecho los oficiales reales de 



— 339 — 

la hazienda que en tres barcos havia llegado del Nombre de 
Dios de S. M.d 

Preguntárnosle que gente dezia Lozano que era, respon- 
dieron que no sabían dezir mas de que se entendía que havia 
venido por la mar, i que no sabían dezir si eran del Perú, ó 
de Nicaragua, ó Guatimala, mas de que apellidaban viva 
D° Juan i mueran traidores, porque dezia que como este 
Lozano vio en su casa que es de las demás de fuera del 
pueblo el alboroto i ruido, quiso ir á entrar en el pueblo, 
é ver que era, i que iendo se havia encontrado con Gómez 
de tapia, y le dixo no vais alia que vos matarán, que han 
muerto al Alguazíl, i tienen preso para matar a Juan Gómez 
de Anaia, i han dexado medio muerto a Marchena, i todo lo 
robando del Reí, i lo de particulares, sino id luego a gran 
diligencia á dar aviso al Presidente que es el maior servicio 
que a S. M.'* podéis hazer, i que ansí sin saber mas se havia 
venido. 

Y que veniendo corriendo en un cavallo fuera de Panamá, 
le havian salido doze ó treze hombres de aquella gente con 
arcabuzes i otras armas, i porque preguntándole quien vivía, 
respondió el Reí, havian disparado contra el, bien quantos 
arcabuces, i seguídole dando vozes muera el traidor. 

Preguntamosles como aquel Lozano no venía con ellos, 
respondieron que porque en el Nombre de Dios no se halló 
hombre que ansí aquella tierra supiese i fuese hombre de 
tanto trabajo para andar por ella, le havia rogado el tenien- 
te que con otros quatro o zinco hombres bolbiese por el 
camino de Panamá dos o tres leguas, i que se pusiese asi i a 
los otros en los caminos por donde podrían venir al nombre 
de Dios aquella gente, y que quando de algo desto tubíese 
nueba, bolbiesen a dar aviso, i que ansi havia ido. 

Diome esta nueba la maior pena que en mi vida tube, i 
púsome en mí gran perplexídad, de no saber sí iría adelante 
o bolbería por donde havia venido a Panamá, porque la 
buelta hasta Panamá era de veinte i ocho leguas, i las diez i 
ocho de Chagre agua arriba, é ir adelante hasta el Nombre 
de Dios havria catorze leguas, que durante el tiempo que 
llebabamos era tardoso, i aun peligroso el caminar, pero al 
fin platicando pareció que convenía ir por el Nombre de 
Dios, porque como no sabíamos que gente ni quanta era 
aquella, pareciónos que era justo proveer de toda la mas 
que pudiésemos del nombre de Dios, pues la de Panamá si 
era verdad lo que dezían estaría tan desecha, desarmada y 



— 340 — 

desbaratada, que no se podría hazer nada con ella ni aun 
juntar, i también porque iendo por el Nombre de Dios, no 
solo quitariamos aquel pueblo de la confusión é turbación 
en que nos dezían quedada, pero aun aseguraríamos aquella 
gente de suerte que iendo nosotros por el camino por donde 
havia de venir, no llegasen a hazer en el Nombre de Dios lo 
havian hecho en Panamá. 

E con esta determinación la vuelta de Chagre embié luego 
en un barco a Reolio i á Márquez que es un clérigo que 
como ia en diversas cartas tengo hecha relación en las alte- 
raciones de Gonzalo Pizarro se mostró mui servidor de 
S. MA i se puso a grandes riesgos, por llevar á Diego Cen- 
teno i al Cuzco i á otros pueblos despachos mios, é por bol- 
berme con la respuesta, é fue quien hizo diligencia con mis 
despachos en el camino de Guamanga, por donde á Juan de 
Acosta se huió numero de gente, i diles instrucción que bol- 
biesen a la boca de Chagre, i hallando alguna nueba de que 
aquella gente viniese azia aquel rio, hechasen al través dos 
caravelas que alli quedaban en que se havian llevado desde 
el Nombre de Dios mercancías, para desde allí llevarlas con 
los barcos Chagre arriba, porque acaso aquella gente con la 
presa que de la hazienda de S. M.*^ i la que de los particula- 
res se dezía que havian tomado no saliesen al mar del Norte 
i se fuesen en aquellas caravelas con ellas á reinos estran- 
geros temiéndose que en la mar del Sur no la podrían con- 
servar, pues por ella no podrían navegar á parte que no 
diesen en vasallos de S. MA 

Y que aora hallasen esta nueba, aora no fuesen Chagre 
arriba siempre recatados de no dar en los alterados, hasta 
las Cruzes, y alli tomasen cualquier hazienda que de S. MA 
hubiese llegado, y la traxesen recogiendo todos los barcos, ó 
traiéndolos consigo. 

Estos fueron hasta algo más arriba de la boca de Chagre 
donde encontraron a Gómez de tapia i al contador Juan de 
Guzman que venían huiendo, é traían dos barcos que en las 
Cruzes havian hallado, é les dixeron que no subiesen arriba, 
porque no quedaba barco alguno, é muchos de los alterados 
quedaban en las Cruzes, de las quales ellos se havian esca- 
pado, por haver llegado media hora antes a embarcarse que 
ellos llegasen, i con esto se bolbieron con ellos, i hecharon 
las caravelas al través, que eran viejas y de poco provecho. 

E luego que nos dieron esta nueba i se proveió que Már- 
quez i Reolío bolbiesen como dicho es a Chagre, tornamos á 



— 341 — 

continuar nuestro camino para el Nombre de Dios hasta 
llegar cerca de media noche no con poco trabajo i riesgo a 
un puerto que dizen de las minas donde se reposó un rato i 
descansaron los remeros, i antes que amaneciese tornamos 
nuestro camino, i con todo lo que se trabajó de noche y de 
dia Jueves veinte i quatro del dicho Abril gran rato de la 
noche tomamos la isla de bastimentos que es dos leguas i 
medias del Nombre de Dios, porque como el tiempo i la mar 
era tan recio y tan contrario i se caminaba todo al remo, á 
vezes para andar una legua era menester trabajar muchos 
dias. 

Y porque la legua primera que desde aquella isla se havia 
de caminar era lo más trabajoso i mas peligroso, se ordenó 
que todos los barcos de la plata quedasen en aquella isla, 
hasta que mejorase el tiempo i quedasen con ellos los vezinos 
i mercaderes, que traían a su cargo, las partidas con sus 
amigos que para aiudalles havian venido, i el provincial de 
santo Domingo con otras personas de confianza. 

Y que se equipase uno de los barcos en que los rejidores 
de Panamá havian venido, i que ellos, y el governador, i io, 
con diez o doze q^ con arcabuzes, con nosotros i los capita- 
nes Lope Martin, i Aliaga vezino de Lima escrivano de 
cámara de la Audiencia que sirvió de capitán de infantería en 
la jornada pasada contra Gonzalo Pizarro nos metiésemos en 
el i procurásemos llegar al Nombre de Dios. 

Y ansi otro dia antes que amaneciese nos partimos en 
este barco, i porfié de caminar hasta cerca de media noche 
sin poder navegar media legua, i ha viéndonos visto muchas 
vezes cerca de anegados, i porfiando comigo el piloto i 
governador, i todos los demás que alli iban, que arribásemos 
porque nos Íbamos a perder, i con el deseo que de llegar al 
Nombre de Dios tenia no consentí que se hiziese hasta que 
vi que la gente de remo iba tan cansada é fatigada que no 
solo no ganaba en el camino, pero no podía tener el barco 
que no fuese a dar en la costa en unas peñas donde la mar 
hacia gran resaca, i quedando alli el barco i todos los otros, 
nos haríamos pedazos. 

Y ansi arribamos con harto peligro de trastornarse el 
barco al tiempo de rebolber para arribar i nos metimos en 
una caleta que la mar hazia en la tierra firme. 

Y deseando llegar al Nombre de Dios ansi por animar 
aquel pueblo que en tal confusión los mensajeros me havian 
dicho que la dexaron como por ir a socorrer al de Panamá, 



— 342 — 

tráete de ir por tierra desde el Nombre de Dios que para esto 
hize que arribásemos a la tierra firme é no a la isla de basti- 
mentos, é todos me dixeron que era tan trabajoso de ir, que 
ó no podria ir, o estarla al menos quatro ó cinco dias en el 
camino, porque era el camino de mui cerrado monte i mui 
doblada tierra, i una legua del de ciénagas, donde se havia 
de ir el lodo i agua a la cinta, i en muchas partes nadando. 

Y entendido esto embié con dos negros que sabian la tie- 
rra al capitán Lope Martin que es uno de los hombres mas 
recios i trabajadores que en el Perú ha havido, i escrivi con 
el nombre de Dios animándoles, i diziendoles como con la 
aiuda de Dios otro dia a comer el governador i io seriamos 
con ellos encomendándoles tubiesen mui á punto la gente 
i cosas que para el socorro de Panamá eran necesarias, i 
recaudo en los caminos para que los alterados no pudiesen 
saber lo que en aquel pueblo se hazia ni sobresáltanos. 

El trabajó tanto que llegó aquella noche al Nombre de 
Dios aunque sin capa i en jubón i zaragüelles, i hecho agua 
i lodo, i con su llegada se animaron i alegraron mucho en 
aquel pueblo. 

E luego que le despaché é recogi todos los barcos de la 
plata en aquella caleta que era segura i buena, hize tornar á 
equipar otro barco con remeros escogidos i quasi doblados 
para meternos en el, el governador i los regidores i io i que 
la otra gente se quedase con la plata hasta que el tiempo 
mejorase, pareciendome que iendo tan equipado i descarga- 
do el barco, pasaríamos lo que el dia antes no haviamos 
hecho, i ansi a la mañana, antes que amaneciese veinte i 
seis d€l dicho Abril nos partimos, i en el camino encontra- 
mos a Lope Martin que bolbia ia en otro barco, el qual nos 
dixo como después de la venida de Lozano habia llegado al 
Nombre de Dios Diego de Almaraz, hijo del contador Alonso 
de Almaraz, que en tanto que Hernando de Contreras repo- 
saba en las Juntas se havia escabullido del i de los que con 
el venian, i tomado una muía de Christoval Gutiérrez, i ve- 
nido al Nombre de Dios en mi busca, i havia dicho como los 
alterados que havian venido a Panamá e venian al Nombre 
de Dios eran de Nicaragua, é traian por capitán al dicho 
Hernando de Contreras á quien llamaban capitán general de 
la libertad é dezian que le havian de hazer Rei del Perú, i 
entre si le llamaban Principe del cuzco, i que dezian muchas 
otras cosas de las que arriba están relatadas. 

Fue Dios servido de mejorar el tiempo de manera que 



— 343 — 

llegamos aquel dia al Nombre de Dios antes del medio dia i 
todos los del pueblo especialmente vezinos i mercaderes se 
alegraron grandemente con nosotros, i abrieron las tiendas 
que hasta entonces havian tenido cerradas, é por mas ani- 
mallos hize que se sacasse la hazienda de S. M.^ de los na- 
vios é se pusiese en las casas de la contratación, donde me 
pareció podía estar mas segura, tornando el governador i io 
con la gente de la mar i tierra a Panamá, que no en los na- 
vios, i ansi todos los vezinos i mercaderes y pasageros que 
havian recogido su hazienda a los navios i algunos metidose 
en ellos la bolbíeron al pueblo á sus casas i posadas mos- 
trando haver perdido el miedo. 

E luego se entendió en aderezar gente, armas i municio- 
nes, y comidas i todo lo demás necesario para el socorro de 
Panamá. 

Este dicho dia sábado gran rato de la noche, llegó una 
fragata que al Nombre de Dios por el desaguadero vino con 
dos cartas que con esta embio. 

La una de los Alcaldes de Granada, i la otra de uno dellos 
aparte la particular hecha un mes después de la muerte del 
obispo é alzamiento de Hernando de Contreras, i la de 
emtrambos Alcaldes hecha quarenta i un dias después de la 
dicha muerte, en que por via de aviso escriven al Governa- 
dor como Hernando de Contreras con algunos que le siguie- 
ron mataron al obispo, i que para poner en cobro sus per- 
sonas se alzaron juntando consigo gente que de la del Perú 
havia sido desterrada, é de la que de Panamá el Gobernador 
havia ansimismo desterrado i de otra perdida que en aquell* 
tierra estaba, i que venian a tierra firme con determinación 
de perder las vidas ó ganarla i tenerla de su mano i hazer 
lo mismo del obispo i governador de tierra firme que havian 
hecho del de Nicaragua, i que havia quince días que havian 
salido del puerto de la posesión con tres navios que eran los 
dos navios y fragata de que arriba está hecha relación, y 
que havria en todos ellos doscientos cinquenta hombres i 
pocos dellos armados. 

Y que no havian podido antes dar aviso porque los alte- 
rados havian quemado todas las fragatas excepto aquella 
en que embiaban el aviso que la havian desbaratado de tal 
manera que desde el dia que tuvieron aviso que havia salido 
del puerto, hasta la data de la carta, los oficiales que havian 
hallado en aquella ciudad havian tenido que hazer en 
adoballa. 



— 344 - 

Lo que en esto pasó, según lo que el dueño de esta fra- 
gata, i el Arráez della dixeron en relación i después con 
juramento, es que luego que Juan Bermejo salió de Granada 
empezaron los Alcaldes a hazer adereszar esta fragata para 
dar este aviso; i si ansi se hiziera llegara á tiempo el aviso, 
i que sabiéndolo D.^ Maria madre destos alterados, para 
impedir este aviso fingió que los alterados havian sabido de 
como se aderezaba esta fragata, y que por ello bolbian a 
quemar i destruir aquella ciudad, i mostró tener gran con- 
goxa i miedo, i amedrentó tanto con esta maña á los del 
pueblo que sobreseieron en el adobar la fragata i embiar el 
aviso i rogaron a D.''^ Maria, que para excusar que no bol- 
biesen al pueblo, escribiese como ellos no entendían ni enten- 
derían en aderezar la fragata ni en embiar el aviso, i ella se 
encargó de hazerlo ansi, e después se supo según este dueño 
i Arráez de la fragata dizen que nunca los alterados havian 
querido bolber á Granada, sino que siempre continuaron su 
camino para venir a tierra firme. 

E ansi los Alcaldes dado que en su carta, ó de miedo de la 
D.^ Maria, ó por su contemplación, no hagan mención en su 
carta deste estorbo que D.'^ Maria se dize que hizo, pero no 
dize que empezaron a aderezar la fragata para dar el aviso 
desde luego que los alterados salieron de Granada, sino desde 
que supieron salieron del puerto de la posesión, desde quando 
debió cesar el miedo que la D.''^ Maria les havia puesto, en- 
tendiendo que ia no tenian de que temer pues los alterados 
eran salidos de la tierra. 

Dióse en lo del socorro de Panamá tanta priesa que otro 
dia Domingo veinte i siete del dicho Abril antes de Misa 
estábamos a punto para partirnos con quatrocientos hom- 
bres mas de los ciento arcabuzeros, i sesenta vallesteros, i la 
comida para el camino repartida, é los corredores i personas 
que havian de ir a hazer las rancherías i aposento delante, 
despachados. 

Y estando la cosa en el estado que digo llegó un Sancho 
de Lotofino, mercader de Panamá que de alia embiaban al 
governador i a mi haxiendonos saber lo que después de lo 
que arriba tengo relatado havia pasado. 

Y fué que el lunes ia dicho veinte i uno de Abril en que 
como arriba he hecho relación el Juan Bermejo con los alte- 
rados salió de Panamá con intento de ir al Nombre de Dios 
á hazer lo que havia hecho en aquél pueblo, algunos de los 
pasajeros del Perú que aún no se havian partido de alli para 



— 345 — 

el Nombre de Dios en mi seguimiento, viendo como los alte- 
rados todos habian salido de aquel pueblo para ir al Nombre 
de Dios, empezaron a hablar entre si, i con algunos del pue- 
blo, i en especial con el teniente de thesorero Martín Ruiz de 
Marchena diziendo que aquellos iban al Nombre de Dios 
donde havia tanta gente de la mar i de los del Perú que con- 
migo venian, i havia tantas armas i municiones, é donde 
quando ellos llegasen, ia estaríamos el governador i io avi- 
sados por Lozano, de quien tenian nueba, que no le havia 
podido alcanzar Hernando de Contreras, i por Chagre de 
Gómez de tapia, i que siendo ansi no podian los alterados 
sino perderse, i si algunos dellos bolbiesen, bolberian tan 
desbaratados, que fácilmente ellos los podrian prender i ma- 
tar, i que por esto devian alzar vandera por S. M.'^ i ponerse 
en arma en su real servicio, porque si aguardasen á hazerlo 
después de perdidos ó desbaratados aquellos alterados, no 
solo era hazer nada, pero aun quedaban por apocados i de 
poco animo; 

Y dado que el Marchena tenia deseo a S. M. como conti- 
nuamente lo ha mostrado, pero con el miedo que del mal 
tractamiento que lo havian hecho le havia quedado, no se 
osó determinar hasta que llegasen los que la noche antes se 
habian huido a los arcabucos, porque los alterados dieron 
tan de sobresalto e sin pensarse en el pueblo que pusieron 
tanto miedo i confusión en el, que los vezinos y mercaderes 
del, i algunos de los que alli estaban del Perú, salieron huien- 
do i se metieron en los arcabucos, i aun algunos dellos des- 
nudos, i ansi por esto como porque los que quedaron se 
estubieron en sus casas sin osar parecer por las calles a los 
alterados, creiendo que no havia en aquel pueblo gente, sino 
que toda devia ser ida con el governador i consigo acompa- 
ñando la hazienda de S. M.'^ pareció que pues el puerto 
estaba por ellos, quedaba todo seguro lo de aquella ciudad, 
i que para la guarda dello no havia necesidad de despernar 
gente, sino llevalla toda para lo del Nombre de Dios, donde 
pensaban que havia de ser menester. 

Y ansi embiaron a llamar los que estaban huidos i entre 
ellos vino Arias de Azebedo, el qual con el zelo que siempre 
ha tenido al servicio de S. M.'^ estuvo en que se alzase la 
vandera, i también fué deste parecer el obispo i el dicho 
Marchena, i sin embargo que todavía huvo muchos que eran 
de parecer que primero se devia de ver en que paravan los 
alterados i como los iba en la ida del Nombre de Dios, se 



— 346 — 

alzó la vandera aquella tarde apellidando viva el Rei, i mue- 
ran traidores, i aquella noche estubieron en arma en la plaza, 
e tomaron por cabeza al dicho Marchena teniente de theso- 
rero, e hixieron su maestre de campo a un Alonso Castella- 
nos del Perú que siempre fué servidor de S. M.^ i porque los 
que alli estaban del Perú, eran los mas i que mas alhaja se 
entendia que havian de ser, hizieron dos capitanes que eran 
del Perú, porque la gente del Perú holgase de rejirse por 
ellos, i para la gente del pueblo hizieron un vezino, i para 
los que estaban alli que no se dexaban pasar al Perú antes 
el governador los tenia apercibidos para embiarlos a España 
en los primeros navios, que serian treinta i cinco ó quarenta 
hombres, hizieron otro de los mesmos. 

Y dicho lunes en la noche aderezaron que dentro en el 
puerto de la ciudad estaban, i pertrecháronlos lo mejor que 
pudieron, i metieron en ellos el dicho Reinaltes i un zamo- 
rano, i Diego Gaitan i Mafia, todos del Perú, i en amanes - 
ciendo dieron sobre los alterados que en los navios estaban, 
é procuraron de entrarles, pero como peleaban de abaxo, é 
los otros de encima de los navios, aunque mucho porfiaron, 
é hizieron algunos de los alterados, i entre ellos al Pedro de 
Contreras, pero no pudieron hazer cosa, antes se tornaron a 
Panamá con perdida de seis hombres que los alterados les 
mataron, i con numero de heridos i algunos peligrosos, i en 
especial el Manfia, que llegó de las heridas a la muerte. 

El Martes veinte y tres del dicho Abril, con parecer del 
Obispo empezaron a barrear las calles que a la plaza salian, 
para hazerle fuertes en ella en caso que los alterados bolbie- 
sen, pero creiendo que no bolberian si no fuese desbaratados, 
dieronse tan poca priesa, que solo la boca de una calle 
barrearon. 

Este día el Juan Bermejo con su gente llegó a las Juntas i 
entendiendo que si al Nombre de Dios pasase se perderian, 
escrivió al Hernando de Contreras que luego se bolbiese, 
que ansi lo haría el con la gente, porque a hacer otra cosa 
se perderían, quanto mas que aunque lo quisiesen hacer, no 
eran parte para hazer pasar adelante al Nombre de Dios la 
gente porque tenían todos entendido la mucha gente i armas 
que en el Nombre de Dios havia, y que el governador i lo 
estaríamos ia alia quando ellos llegasen avisados por el 
Lozano. 

E luego que esto escrivió, a toda diligencia bolbio la 
buelta de Panamá con todos los que de alia havian con el 



— 347 — 

salido, i como llebaban tantas muías de los vezinos i merca- 
deres, i se dolían tan poco dellas, anduvieron aquel dia 
catorce leguas, i llegaron junto a Panamá sin tener nueva 
del alzamiento que en aquella ciudad se havia hecho^ antes 
se bolbian con tanto descuido como hombres que pensaban 
que se bolbian a sus casas, hasta que junto á Panamá toma- 
ron una espía de la ciudad durmiendo i les dixo lo que pasaba. 

Y entendido con mui buen animo, se pusieron en orden, i 
animándose i con silencio en ella, entran en Panamá con 
determinación de perder las vidas ó tornarla á tomar, i dado 
que en todas las bocas de las calles que a la plaza salían 
estaba por sus quarteles repartida la gente que en la ciudad 
havia, pero como arriba está dicho, solo una estaba barrea- 
da, i por aquella acertaron á entrar los alterados con mucho 
ímpetu hasta encontrar con el fuerte, que no solo les impidió 
para no efectuar su propósito, haziendolos reparar, pero 
aun fue causa que perdiesen la ordenanza porque desde den- 
tro de la plaza i desde las casas les tiraron con muchas pie- 
dras i algunas ballestas i arcabuzes, de tal manera que no 
pudíendo por la barrera pasar adelante, i recibiendo mucho 
daño de todas partes, después de bien haver porfiado de 
entrar, se retiraron con perdida de dos hombres que los de 
la ciudad les mataron, i muchos muí mal heridos. 

Retiráronse tan en orden i tan juntos que la gente que 
estaba con la voz de S. MA no les pudo hazer más daño ni 
osó salir de la plaza. 

Y los alterados se fueron junto al río de Panamá, no un 
quarto de legua de la ciudad, i allí estubieron toda la noche 
creíendo que del pueblo saldría alguna gente i se podrían 
aprovechar della, é hizieron mensagero a Hernando de Con- 
treras, para que se diese priesa a venir a juntar con ellos; i 
otro a Salguero para que se diese priesa a venir a las cruzes, 
haziendola saber lo que pasaba. 

Y aquella noche todos concertaron de dar la noche si- 
guiente sobre Panamá, i darle fuego por cinco o seis partes, 
i encendido el fuego entrarla por dos o tres partes, parezien- 
doles que encendido el fuego los vezinos y mercaderes acudi- 
rían cada uno a su casa a poner recaudo en su hazíenda e 
hijos, i mugeres, y los pasageros a poner recaudo en las ha- 
zíendas que en las posadas tenían, i que desta manera iendo 
ellos repartidos en cuerpos de gente podrían hazer todo lo 
que quisiesen, i hizieron juramento de no dexar en Panamá 
á visa hombre ni muger que pasase de doze años. 



— 348 - 

Entendido esto por el thesorero Juan Gómez de Anaia, 
que continuamente desde que lo prendieron havian traido en 
medio con guardas sin haberse podido huir, i ansi entonces 
lo tenian, procuró hablar a un su negro y le encomendó que 
fingiese que huia del i se fuese a la ciudad i avisase de lo que 
havian concertado i del juramento que tenian hecho, i ansi 
el negro lo hizo i avisó dello. 

A la mañana miércoles veinte y tres del dicho Abril los 
alterados se fueron a una estancia de bacas i aves, que alli 
junto un vezino de Panamá tenia, i mataron gran quantidad 
dellas para comer con determinación de aguardar alli hasta 
la noche. 

Este dicho dia de mañana, se juntaron los que en Panamá 
governaban la casa con el obispo, i trataron del aviso que 
tenian, i de lo que devian hacer, i aunque algunos huvo de 
parecer como fue Arias de Azebedo, i Castellanos, i Mar- 
chena, que devian de salir a los alterados, i procurar de los 
matar e ahuientar de manera que no pudiesen en la noche 
que venia efectuar su proposito, el obispo i los mas fueron 
de parecer que pues el socorro del Nombre de Dios estaba 
cierto se aguardasen, i entre tanto que venía defendiesen el 
pueblo. 

Y después de comer se tornaron á juntar i hablar de ello, 
é instar sobre que saliesen contra los alterados, pues el pue- 
blo, siendo como es lo mas del de tabla, i madera i cañas, las 
paredes i algunas casas, los texados de paja, con tanta faci- 
lidad se quemarían, é siendo el pueblo tan derramado, no 
podian especialmente de noche impedir que los alterados no 
le pusiesen fuego por diversas partes, i ansi aunque todavía 
contra parecer del obispo i otros se determinaron de salir 
de aquel dia contra los alterados. 

Y ansi se pusieron en orden i salieron los Españoles por 
si, que según dizen serían trescientos hombres, pero fuera 
de noventa o ciento hombres que havia del Perú, eran muí 
pocos los que eran útiles para la cosa i doscientos i ochenta 
negros por otra parte, embiandoles con ciertos españoles, i 
mandándoles que al tiempo que los Españoles confrontasen 
con los alterados ellos diesen en ellos por las espaldas con 
piedras i lanzas, i algunos dellos con ballestas que Uebaban. 

E salidos al campo, é viendo Juan Bermejo los dos golpes 
de gente que sallan se espantó que tanta gente huviese en 
Panamá, é lo pareció se devia poner en un cerro que alli 
cerca estaba para aguardallos, é al tiempo que subió, llegó a 



— 349 — 

juntarse con el Salguero con la gente que a las Cruzes havia 
llegado. 

Porque después que Salguero el Lunes tomó las dos par- 
tidas de plata de S. M.^ ia dichas, é desperdicio muchas 
barras que dio, i se hurtaron por negros i otras personas, 
tomó el martes en la noche muías que de los vezinos i mer- 
caderes alli estaban, i las traxo delante de sí hasta la mitad 
del camino, donde aquella noche le encontró el mensajero de 
Juan Bermejo, ia cerca del día, é luego á diligencia traiendo 
consigo la plata, vino hasta el pie del cerro, en que ia esta- 
ban los alterados, i llegaban cerca los de Panamá, i ansi 
desamparando la plata al pie del cerro, se subió á juntar i 
juntó con Juan Bermejo. 

Y como las azemilas quedaron al pie del cerro solas, i 
acertaron á ir por aquella parte los negros, se desperdicio 
alli mucha quantidad de barras de plata, porque muchas 
dellas se caieron de las azemilas en un rio que por alli pasaba, 
i entre una maleza grande de arcabuco, i otras tomaron los 
negros, i las enterraron i escondieron en diversas partes, 
con intento de bolber después de concluido con los alterados, 
a sacarlas i aprovecharse dellas, i con ser esto en tiempo que 
los Españoles tan ocupados iban i apartados de alli, no se 
pudo proveer ni aun se miró en ello; E ansi de aquellas dos 
partidas que como dicho es pasaban de quinientas barras, se 
desperdiciaron quasi todas. 

Juntos los dichos Juan Bermejo, i Salguero i los otros al- 
terados en el cerro se pusieron en orden, i los que llebaban 
la voz de S. M.^ empezaron á subir el cerro, aunque muchos 
dellos no con mucho denuedo, i los delanteron confrontaron 
con los alterados, los quales los recibieron con tanta deter- 
minación, que mataron luego á Castellanos, maestre de 
campo, i á Reinaltes, sarjento, i aun Mariana, Alférez é 
hirieron á muchos, é los hizieron retirar i perder un cerrillo 
que en par de los alterados havian tomado; i dado que los 
negros havian acometido á los alterados por las espaldas, 
ellos se havian dado tan buena maña, que ansimesmo los 
hizieron retirar, hasta que Arias de Azebedo, pasó a los 
negros, i con el respeto que todos en aquella tierra le tienen 
se animaron y bolbieron con el sobre los alterados al tiempo 
que ia havian tornado otra vez á cargar sobre ellos los espa- 
ñoles, especialmente los que allí havia del Perú, i con darles 
los negros por las espaldas con muchas piedras i algunas 
ballestas 'que tenían, los turbaron de manera, que los españo- 



— 350 — 

les los rompieron de tal manera, que en menos de un octavo 
de hora, no havia hombre de todos los alterados, que allí se 
hallaron que no fuese preso ó muerto, i ansí murieron aquel 
dia de los alterados noventa y tantos, i entre ellos el Juan 
Bermejo i Salguero, que eran los caudillos, i el Juan Bermejo 
de un arcabuzazo, i alanceado por el thesorero Juan Gómez 
de Anaia, el qual se huió de los alterados al tiempo que su- 
bian el cerro, porque con la priesa que llebaban se des- 
cuidaron del, i ansi pudo entrar con los de S. M.'^ i 
pelear como peleó en los delanteros, al tiempo que se 
rompió en el segundo acometimiento, i murieron ansi- 
mesmo el Benavides, i otros quantos que del Perú se ha- 
vian embiado á galeras, é soltándose é idose a Nicara- 
gua, que todos pelearon aun estando caldos i desjarretados 
según dizen. 

Prendiéronse todos los demás que allí se hallaron que 
eran todos los que saltaron en tierra, i se juntaron con ellos 
excepto Hernando de Contreras i los otros que con el havian 
venido a Capira. 

De los de S. M.^ murieron en esta jornada del cerro, los 
tres ia dichos i otros dos que de calor murieron encalmados, 
i huvo muchos heridos de los quales aunque huvo algunos 
peligrosos no murió nadie. 

Este dia miércoles en la mañana, Hernando de Contreras, 
recibió en Capira, la carta de Juan Bermejo, en que como 
dicho es le escribía que se bolbiesen, porque iban perdidos, 
i luego que la recibió, tornó á embiar el mensajero diziendo 
a Juan Bermejo que le parecía bien lo que le escribía, i que 
ansi debía bolberse con la gente a Panamá, que el haría lo 
mesmo, i que publicase que el Nombre de Dios quedaba por 
ellos, i que el gobernador i io eramos muertos. 

Y despachado este mensajero se partió tras el Hernando 
de Contreras con el dicho Altamírano i con Chaves i un 
Quíxada casado en Panamá, dexando en guarda del fuerte 
que havian hecho a Landa con quinze ó diez i seis hombres, 
diziendoles que estubíesen allí hasta que él los embíase a 
dezir lo que habían de hazer, i que sí entendiesen que salía 
gente del Nombre de Dios para ir á Panamá, luego le avisa- 
sen de la gente que fuese. 

Fue aquel día á dormir a la venta de Chagre i de enojado 
que hu viese ido Lozano á dar aviso, la quemó con todo lo 
que en ella havía, i sabido el desbarato de su gente, pasó 
el Jueves en la noche por cabe Panamá, con los tres ia di- 



— 351 — 

chos, i se fué la costa arriba azia Nata para procurar entrar- 
se en los navios que su hermano tenía. 

Landa y los otros que con el havian quedado en Capira, 
temiendo á los del Nombre de Dios, desamparó aquel puesto, 
pocas horas después que alli los dexo el Contreras, y se fue- 
ron a Panamá creiendo que se estaba como lo havian dexado 
hasta que llegaron cerca y salieron a ellos bien quantos de 
los que estaban en Panamá, i los apretaron i cercaron en un 
cerrillo, i haziendolo saber para que embiasen mas gente, 
hubo tanta remisión en ello que no solo no la embiaron pero 
embió a dezir Marchena á quien como dicho es tenían por 
cabeza, que ia era noche, que los dexasen, que otro día los 
tornarían, i asi se fueron a la parte de Nata con el mesmo 
deseo de meterse en los navios. 

Sabido por este i las cartas que de Panamá se escrivieron 
al governador todo lo subcedido, i como Pedro de Contreras 
aun quedaba con los navios, después de dadas gracias á 
Dios por la merced que en esto ha vía hecho i sosegada la 
gente del Nombre de Dios i puesta en el sosiego que antes 
estaba, i dexando puesta en la casa de la contratación la 
hazienda de S. M.'^ que con el buen tiempo que Dios havia 
tornado a dar, havia llegado, el sábado en la noche i Domin- 
go en la mañana, i dexando en la guarda della á los oficiales 
reales, i gente otra de confianza, nos partimos el dicho Do- 
mingo después de comer el governador i io á Panamá adon- 
de llegamos el Martes de mañana. 

Entendimos por personas que de taboga se traxeron como 
Pedro de Contreras i el fraile Castañeda, i los otros altera- 
dos que con ellos en los navios havian quedado sabiendo el 
desbarato i perdición de sus compañeros, havian tomado el 
navio de Chile i el de Mafia, i hechado todas las mugeres, é 
muchos Yndios i mestizos muchachos, que traían, en taboga, 
i que ansí mesmo havian dexado los otros navios, é idose de 
alli el sábado de mañana la costa arriba azia Nata, con 
intento de recoger al Hernando de Contreras que sabían que 
no era muerto, i a los demás que dellos fuesen por aquella 
costa, i publicaban que se havian de ir á Guatulco, donde 
havia artillería, pólvora, i municiones i que allí armarían los 
navios que llebaban, é juntarían mucha gente que por allí 
havia, i que ia que otra cosa no pudiesen se harian cosarios 
por la mar del Sur. 

Y la tarde antes que llegásemos, se havia partido en dos 
navios i dos barcos, el dicho Nicolás Zamorano i Juan Cava- 



— 352 — 

llero que del Perú havian venido con gente tras los navios 
de los alterados, con instrucción que solamente los siguiesen 
hasta en fin de los términos de Panamá i Nata, los quales 
aun se estaban tomando agua en taboga. 

Despachamos á diligencia en otro barco a Diego Gaitan 
con cartas i despacho para Zamorano i los otros que con el 
iban para que a toda diligencia fuesen en seguimiento de los 
alterados, i los siguiesen hasta la Nueva España i hasta el 
Perú sin dexarlos parar en parte ninguna, porque pareció 
que ansi convenía para que no tubiesen tiempo de alterar i 
juntar gente, hasta que los tomasen, i porque dexandolos á 
ellos de seguir, podrían hazer daño en los navios que en los 
puertos, ó fuera dellos hallasen, i en los pueblos de la costa, 
antes de que se pudiesen apercibir é juntar contra ellos la 
gente de los pueblos adonde llegasen, i embieles cartas para 
todos los pueblos i Justicias de la costa de Nicaragua, Guati- 
mala, Nueva España, i Perú, para que los faboreciesen i 
aiudasen, é diesen mantenimientos contra aquellos alterados. 

E porque el Visorei de la Nueva España i la Audiencia 
de los confines entendiesen lo sobredicho i el intento que se 
dezia que Pedro de Contreras, i los otros alterados llebaban, 
les escriví lo subcedido, i lo que estos alterados publicaban de 
hacer en Guatulco, y se mandó a Diego Gaitan que dados 
los despachos a Zamorano pasase á diligencia á Nicaragua, 
i diese en el Audiencia la carta que a ella escrivia, i la otra 
del Visorei, para que de alli los del Audiencia la embiasen. 

Proveiose ansimesmo de otros barcos que junto a la costa 
fuesen para impedir que no se embarcasen Hernando de 
Contreras i los otros que con el havian escapado. 

Y embiaronse diversas quadrillas de gente á buscarlos 
por tierra, i ansimismo embié a las cruzes á Sant Pedro de 
Urista teniente de contador, con otras personas diligentes i 
de confianza con un escrivano á hazer diligencias sobre la 
plata que alli se habia desperdiciado de S. M.^ los quales con 
diligencias que hizieron con negros i Españoles, hallaron 
cinquenta i tantas barras, i en Panamá se puso tanta dili- 
gencia i tanto rigor con algunos que no venian a manifestar 
la plata que tenian ó de que sabian, i con andar el governa- 
dor i io con mucha gente por el rio i arcabuco que está al 
pié del cerro, i por el camino por donde havia venido la 
plata de las cruzes, se halló toda la hazienda de S. M.^ ansi 
oro como plata, que los alterados havian ocupado, que era 
en quantidad de quatrocientos i cinquenta mili pesos, sin 



— 353 — 

faltar quando del Nombre de Dios parti sino sesenta i una 
barras, las quales creo se hallaron luego que la gente que 
havia ido con Zamorano bolbiesen, porque se piensa que 
todas ó las más dellas, están en poder de aquellos, especial- 
mente de los negros que en aquellos nabios fueron. 

Púsose tanta diligencia en buscar a Hernando de Contre- 
ras i a los otros que por los arcabucos andaban huidos, que 
el Hernando de Contreras i los otros tres havian venido con 
el desde Capira se metieron en una canoa, huiendo de los 
que andavan tras de ellos con determinación de ir a buscar 
los navios, y aogarse, i como la canoa era de poco sosten, i 
aquella costa de mucha resaca, los arrojó en la costa, é hizo 
peazos la canoa, é havian estado dos dias sin comer ni beber 
en un rio adonde aportaron, i bebieron, i queriendo pasarle 
el Hernando de Contreras, caió i se ahogó, i a Quixada, i a 
Chaves prendieron los que iban tras ellos, i se Justiciaron i 
hizieron quartos, i la cabeza del Hernando de Contreras se 
traxo a Panamá, y se puso en el rollo en una lanternilla de 
hierro, y Altamirano, que era el otro de los tres que iban 
con el, mató un Indio que Hernando de Contreras havia 
dexado con el en Capira. 

Y á Landa i a todos los otros se prendieron, excepto cinco 
que por prendellos los mataron entre los quales era un Juan 
Griego, que del Perú havia venido condenado a galeras, i se 
havia soltado. 

Y ansi ninguno de los alterados que entraron en Panamá, 
ni de los que se le juntaron, quedó con la vida, porque todos 
fueron muertos el dia del rencuentro, ó después por prender- 
los, ó Justiciados, excepto doze que se condenaron a galeras 
i destierro a España, que vienen en la Armada. 

El Landa i un Contreras se traxeron á Justiciar el Con- 
treras a la venta de Chagre, porque havia sido en ahorcar al 
hombre que alli se ahorcó porque me traia la carta de aviso, 
i se hizo quartos, i pusieron por los caminos, i la cabeza se 
traxo á poner en Capira donde havia estado con Hernando 
de Contreras, i después quedado con Landa, i Landa se 
traxo a Justiciar a la Venta de las Juntas donde havia ahor- 
cado al mulatillo i se hizo quartos i se traxo su cabeza á 
poner ansi mismo en Capira. 

En tres de Maio recibi cartas del Perú hechas á diez i seis 
de Marzo, en que me dizen como todo estaba en la orden i 
quietud que lo dexe i que se entendía en la tasa, i que en ella 
se havian ofrecido al iVrzobispo, Licenciado Zianca, i frai 

23 



- 354 — 

Doming-o, dos dificultades, la una era en la manera del tasar 
los Yndios de los Charcas, porque los mismos Yndios dezian 
que holgarían de dar antes Yndios para las minas que no 
otro tributo. 

Dexeles escrito que me parecía que en ninguna manera 
se devian de dar Yndios para las minas, porque allende de 
ser contra la voluntad de S. M.^ é la ordenanza que en esto 
liavia, era dar camino para matar i acabar los Yndios de 
aquella provincia, como se havia hecho en la Española, 
donde de darlos para las minas, los encomenderos con sus 
desordenadas cobdicias los trabajaron tanto en ellas, que los 
mataron, i ansi como los iban matando iban pidiendo a los 
caciques, que les rehiziesen el numero que les estaba seña- 
lado, i desta manera procedieron hasta acaballos todos, i que 
lo mismo se haría en los charcas, dando en la tasa Yndios 
para las minas. 

E que, por esto me parecía que siguiendo el intento de 
S. M.*^ que en la instrucción para la tasa declara, queriendo 
que los Yndios den tributo de aquello que en sus tierras hai, 
devian tasar a los de las Charcas lo que buenamente pare- 
ciese pudiesen dar de plata, porque desta manera, siendo 
mui moderado, ellos lo sacarían en sus minas en sus tiempos, 
i con descanso, como aora para si lo hazen, é sin que el tra- 
bajo sea excesivo como lo sería quando en mano de los enco- 
menderos hazellos trabajar en las minas. 

Lo otro que me escrivian que se les ofrecía era, que en 
lugar del tributo que de maiz se les havia señalado, hiziesen 
alguna sementera á sus encomenderos. 

A esto les respondí que tampoco me parecía esto bien, 
porque allende de ser contra la voluntad de S. M.^ que no 
quiere que los Yndios den servicio personal, i con gran 
razón porque aquello paresce cosa de esclavos, sería dar 
mano a los encomenderos para poderse servir de los Yndios, 
trabajándolos no solo en las sementeras pero en otras cosas, 
porque los Españoles en las Yndias, según su cobdicia poca 
entrada han menester para usar peor que de esclavos de los 
Yndios. 

También me escrivieron como á veinte i cinco de Marzo 
havia muerto el Licenciado Maldonado Oidor de la Audien- 
cia. 

En nuebe del dicho Maio, después de proveído i hecho 
todo lo sobredicho, i haviendo cobrado toda la hazienda de 
S. M.'^ sin faltar sino solas las dichas sesenta i una barras, i 



— 355 — 

haviendolas embiado delante, me partí de Panamá para el 
Nombre de Dios. 

En onze del dicho Maio llegué al Nombre de Dios, i tomé 
cuenta a los oficiales de lo que havian recibido i á los vezinos 
i mercaderes de lo que á cada uno se liavia entregado, é se 
halló la cuenta toda mui buena, é que cada uno havia entre- 
gado lo que tomó á cargo de traher, é se le entregó para 
traerlo, i ansi se halló toda la hazienda entera, excepto las 
sesenta i una barras ia dichas, e los vezinos i mercaderes del 
Nombre de Dios i Panamá la traxeron hasta ponerla en las 
casas do la contratación del Nombre de Dios, sin llevar cosa 
ninguna, que no fue poco servicio que a S. M.'^ hizieron en 
lo que costara si huviera de ha ver sido pasada a su costa. 

En diez i siete del dicho Maio, recibi una carta del gover- 
nador en que me escrivia, como havian buelto los dos bar- 
cos que havian ido con Zamorano, i havian traido nueba 
como ellos i los dos navios en que havian ido Zamorano i 
Juan Caballero, habian hallado en la punta de Higuera sur- 
tos los dos navios en que iban Pedro de Contreras i los otros 
alterados, é havian arribado sobre ellos, i tomadolos con 
las mercancias que en ellos llebaban robadas, i con numero 
de Indios i negros i algunas mugeres, i con algunos pocos 
de los alterados que no havian podido saltar en los bateles, 
de los dos navios que llebaban, i que Pedro de Contreras, i 
el fraile, i todos los otros alterados se havian metido en los 
dichos dos bateles, é huidose por un rio arriba, é que después 
de haver puesto Zamorano en recaudo lo que en los navios 
se havia hallado, i dexando en su guarda á Juan Caballero 
se havian metido por el rio arriba á buscar a los alterados, i 
que havian prendido mas de la mitad dellos aunque no al 
Pedro de Contreras ni al fraile, los quales andaban huiendo 
por los arcabucos. 

Luego que recibi esta carta despaché mensajero con 
cartas para los de Nata, encargándoles que luego fuesen con 
toda la mas gente que pudiesen de Españoles é Indios i 
negros, á aiudar a buscar estos alterados, que havian saltado 
en los términos de aquel pueblo. 

Páreselo que era bien tomar los dichos al dueño y Arráez 
de la fragata, i aun Indio criado de Hernado de Contreras, 
que alH en el Nombre de Dios se havian prendido, cerca de 
la parte que D.'* María de Peñalosa havia sido en lo que sus 
hijos havian hecho, porque aunque en una carta que aqui 
embió que se halló en taboga, que escrivia á su hijo Hernán- 



— 356 — 

do de Contreras, dezía que no le havia dado parte en la 
muerte del Obispo, i le amonestaba el servicio de S. M.'^ tube 
sospecha que eran palabras fingidas, é para abonarse con 
los que viesen aquella carta, por lo que me havian dicho los 
que havian venido en la fragata, del impedimento que 
D.^ Maria puso para que no se diese aviso, i aun porque me 
pareció que sabiendo D.^ Maria tan mal hecho como havia 
hecho su hijo en matar al Obispo i robar el hazienda que 
de S. M.'^ estaba en León, i en alzarse como ia se havia 
alzado quando aquella carta le escrivió, parecía que si ella 
no huviera sido en ello, no con tantos regalos i consuelos, 
havia de escrivir a su hijo, sino con mas ira i enojo. 

E ansi el teniente tomó el dicho que con esta va al Arráez 
de aquella fragata, de que parece no resultan pocos ni pe- 
queños indicios contra D.* Maria, i no tengo pequeño haver 
idose Pedro de Contreras con Juan Bermejo desde Granada, 
porque según entiendo D.^ Maria era tanta parte de los 
alterados, que contra su voluntad no le llevaran su hijo, ni 
ella tiene tan poca parte con sus hijos, según lo que entien- 
do, que no fuera parte para detener en su casa al Pedro de 
Contreras. 

En veinte del dicho el governador pareciendole que no 
hazia lo que devía, sino venía, á aiudar á 'aviar i despachar 
la hazienda de S. MA i á poner en orden las naos de armada 
en que havia de ir, vino i llegó al Nombre de Dios, i traxo 
cartas del Perú hechas en diez i siete de Abril, en que me 
escrivian, como todo estaba en la buena orden i asiento que 
lo dexé, las cuales traxo un navio que a Panamá havia 
llegado á veinte i ocho de Maio. 

Y los que en el venian me dixo el governador, dezian que 
havian encontrado en Paita una fragata que de Nicaragua 
embiava el Lic^» Zerrato con cartas para mi, creiendo que 
estaba en el Perú, dándome aviso, como Hernando de Con- 
treras havia muerto al obispo, i hecho junta de gente, i 
alzadose, i tomado lo que de S. M.*^ havia en la caxa de tres 
llaves de León, é iba en los navios que havia tomado en 
busca de la hazienda de S. MA á tierra firme, con intento de 
pasar desde alli á alterar el Perú, que me dava este aviso, 
para que no solo previniese las cosas del Perú, pero para 
que embiase guarda a tierra firme, donde el no podia avisar, 
por tener los alterados ocupado el camino para la mar del 
Sur. 

Paresciome que era cosa de inconveniente que aquella 



— 357 - 

nueba estubiese ia en el Perú, donde á los buenos havia de 
dar pena y congoxa, i a los amigos de bullicio si los huviese, 
pudia poner en algún brio para desasosiego que aunque no 
bastada a desasosegar la tierra, en tanto que otra gente no 
entrase de fuera á aiudalles seria para dar ocasión a que 
hiziesen o dixesen porque huviese necesidad de castigarlos, 
é hazer justicia de algunos. 

Y por esto me pareció se devia despachar un barco de 
Panamá que fuese con cartas á puerto viejo, e se escri viese 
al cabildo i correxidor de aquel pueblo, el castigo i exemplar 
qtie Dios i la Justicia havian hecho de aquellos alterados que 
en Nicaragua se havian alzado i venido a tierra firme, i que 
luego á mucha diligencia por tierra desde puerto viejo, em- 
biase el pliego que debaxo de su cobertura iba a Guaiaquil, 
i que á Guaiaquil se escri viese, i que embiase otra carta a 
Quito, en que se hiziese saber á aquella ciudad lo mismo, 
i que el otro emboltorio que debaxo del suio iba, le embia- 
sen a toda diligencia a Piura, a quien se diese el mismo 
aviso, i se escriviese que una carta que iba para caxa avi- 
sando deste negocio se le embiase i el otro pliego, de debaxo 
del suio iba, lo embiase con toda diligencia á truxillo a quien 
se avisaba lo mismo, i embiaba una carta para los cha- 
chapoias, i otra para los del Audiencia, i escrivia que luego 
á toda diligencia las embiasen especialmente la del Audien- 
cia porque iendo ansi por tierra en brebe llegaría el aviso a 
Lima i se publicaría por todos aquellos pueblos por donde 
habia ido la nueva de Nicaragua. 

Comuniquelo con el governador, i parescioles luego, i 
ansi luego se embió a poner á punto el barco i se* despacha- 
ron i embiaron las cartas firmadas del governador i de mi, i 
se embió el barco desde Panamá. 

Llegado el governador al Nombre de Dios continuó la 
información contra D.''^ María, i tomó al dueño de la fragata, 
i al Indio criado de Hernando de Contreras, y por estos di- 
chos i el que se havia tomado al Arráez, pareció que se 
devia hacer secresto de ciertas deudas que á D.'^ María de- 
bían en tierra firme, y del navio que dizen de Mafia, que era 
también suio, i ansi el gobernador dio mandamiento de se- 
cresto secrestando el navio en el maestro que lo governaba, 
el qual dio fianzas de tener en si el dicho navio e los fletes 
que ganase, é no acudir con ello sino á quien V. S. o la Au- 
diencia de los confines, ó el governador le mandasen. 

Y porque en el Perú se cree que tenia hazienda doña 



— 358 — 

Maria pareció que se devia embiar a la Audiencia de los Reies, 
traslado de la información, y porque en su pliego, según me 
dixo el governador, embiaba otro a V. S. no le trase io. 

Después que bolbi á Nombre de Dios entendiendo hazer 
poner á punto arcabuzes, pólvora, municiones, i armas, ansi 
las que io havia traido i embiado del Perú, como las que las 
naos que alli llegaban traian, é visité las naos juntamente 
con los oficiales reales i Juan Gómez de Anaia, tomando pi- 
lotos i personas de la mar que sobre juramento las vieron i 
dixeron lo que de cada una sentian. 

E paresció que aunque todas estaban buenas i estancas, 
las nuebe dellas eran las mejores i mas recias i mejor arma- 
das, i xarciadas, i artilladas, i con su artilleria i armas i 
gente que traian, i la de los pasajeros, i la artilleria armas 
i municiones que io havia traido i embiado del Perú, se po- 
drían poner estas nuebe naos bien á punto i que en ellas iría 
la hazienda de S. M.^ ia que no venia otra armada ni havia 
nueva de que viniese, especialmente que ni aun de cosarios 
la havia, antes todos los navios que venian de Santo Domin- 
go i de Jamaica i del cabo de la vela, i uno que vino de cabo 
verde dezian lo mesmo, quanto mas que iendo esta armada, 
solo de armada de Principe se podria recelar. 

E se puso en cada una de estas nuebe naos por capitanes 
Arias de Azebedo i el thesorero Juan Gómez de Anaia que 
quiso venir á España en acompañamiento de la hazienda i 
negocios proprios que tenia, i a Gerónimo de Aliaga é Lope 
Martin, i el Señor Juan de Guzman, personas quales V. S. 
tiene entendido en confianza i zelo al servicio de S. M.*^ que 
de cada uno dellos se puede confiar el armada como do cual- 
quier general que de España viniese, i Hernán Nuñez de 
Segura, vezino principal i mui rico de los Charcas, i que 
después de haver servido a S. M.A en Italia, ha servido mucho 
en el Perú, i halladose continuamente, asi en las alteraciones 
de D.^ Diego de Almagi'o, como en las de Gonzalo Pizarro, 
en servicio de S. M.^ con cargos, i corrido muchas vezas 
riesgo en especial en la de Guazma, donde era sarjento 
maior é salió mui herido, i Gómez de Rojas vezino de nues- 
tra Señora de la paz, i sobrino de Gabriel de Rojas, persona 
que continuamente ha servido á S. MA é corrido riesgo, 
especial con Gonzalo Pizarro, é Christobal Gutiérrez vezino 
i rejidor de Plazencia, que en la jornada pasada anduvo con- 
migo, i se halló en el desbarato de Gonzalo Pizarro, estos 
se pusieron por capitanes de las ocho. 



— 359 - 

Y entendiendo que estando para esta armada tan segura 
la mar como bendito Dios este año estaba, i que solo se podia 
temer el tiempo, i que este iba tan adelante que no podia 
sino alcanzar el viage parte del invierno en el golfo, i entre 
las islas el tiempo de huracanes, con peligro grande de la 
hazienda, si se aguardasen á partir mas tarde del Nombre de 
Dios con esta hazienda, porque con la escala que en la 
Habana, forzadamente las naos hazen, i el tiempo que alli 
gastan, maiormente iendo numero de naos para avituallarse 
i darse lado, i tomar aguas, i repararse de arboles i entenas, 
i otras cosas de que quando alli llegan tienen necesidad, 
porque como el Puerto del Nombre de Dios no sea para 
poder hazer esto, i sea el camino desde España tan largo, i 
desde alli a la Habana no corto i mui trabajoso, i desde alli 
sea tan gran piélago hasta España, a no nada era menester 
detenerse en la Habana veinte i cinco ó treinta dias, no se 
podia salir de la Habana sino mediado Julio, i en fin de 
aquel mes suelen empezar los huracanes entre las islas. 

Y considerando todo esto, i que los maestres de las naos 
se detenian con mucha pena, i les adolescia i moria mucha 
de la gente, pareció al governador i oficiales, i a mi que no 
devia aguardar a partirme mas tarde. 

Y ansi repartida en estas nuebe naos la hazienda que 
conforme a la cuenta que tengo embiada, montará de pesos 
de oro un millón i medio i veinte i tantos mili pesos, que 
reducidos á coronas, parece que serán al pie de dos millones 
de coronas, i creo bien según los ensaies del Perú son cortos, 
beneficiada la hazienda subirá quantidad de lo que digo, i 
puestas en toda buena orden, i iendo en conserva las otras 
naos partimos del Nombre de Dios á veinte i ocho del dicho 
Maio. 

Habiendo embiado dos días antes en una fragata que a 
Cartagena iba, al factor tobilla con cartas para el governa- 
dor i Justicia de Cartagena, en que les escrivi tubiesen 
cuidado de mirar quando pasasen por alli navios si venia 
armada alguna para acompañar la hazienda de S. M.*^ i que 
viniendo diesen á Diego López de los Róeles, ó á otro que 
viniese por capitán della una carta que alli iba, en que les 
escrivia que sin llegar al Nombre de Dios atravesase a la 
Habana, i que luego embiase otro pliego á Santa Marta que 
al mismo tino escrivia. 

Parecióme hazer esta diligencia porque si de España 
havia de venir este año armada, parecía que no se sufría 



— 360 — 

armada llegar sino lo mas tarde mediado Julio, o en todo 
Junio, i aunque esto era mui tarde, porque no se sabiendo en 
España que la hazienda era pasada de Panamá al Nombre de 
Dios habiase de creer que era pasarla, i embarcarla, i poner- 
lo todo en orden, era menester al menos mes y medio, pues 
aliende del tiempo que era necesario para pasar tantas 
cargas de plata, para la entrega de quien lo havia de llevar, 
i después para tornallo á rescibir, siempre era menester 
tiempo para las quentas, i para el entrego en los navios, i 
que ansi que aunque en todo Junio llegara, no podia sino 
partirle en el tiempo mas peligroso de todo el año, tomando 
los huracanes de Agosto, i Septiembre, que son los mas 
recios i mas continuos, antes de desembarcar la canal, i lo 
recio del invierno en el golfo, i reconocer la tierra de España 
que en su costa hai las maiores serrazones, i que ansi si 
havia de venir con esta prevención nos tomaría en la Ha- 
bana. 

En veinte i siete del dicho anochecimos todas las naos 
juntas, i aquella noche con un tiempo que nos dio, nos des- 
parcimos, é no pareció una ni se pudo entender si era del 
armada hasta mas de medio dia que nos tornamos á juntar 
que entendimos que era la de Juan Gómez de Anaia, i creien. 
do que devia quedar atrás, ó errado la derrota que llebaba- 
mos, nos pusimos con la capitana al reparo, i ansi lo estubi- 
mos aquel dia i noche, i embiamos naos por diversas partes 
á descubrilla, i no pareció. 

En treinta del dicho Maio, pensando que podria havelles 
faltado algún aparejo, i por ello tornado á arribar al Nombre 
de Dios, embié una de las naos de conserva, i con ella á Juan 
Gutiérrez antiguo de mi compañía, é hombre de buen recau- 
do i diligencia, i se le dio mi instrucción que bolbiese al 
Nombre de Dios, llevando de día un hombre en la Gabia, que 
mirase a una pte. i a otra, por si viese esta nao en el camino 
del Nombre de Dios donde por ventura se havria parado á 
reparar, i que de noche llevasen farol, i que fuese asimismo 
velando i mirando si respondian con otro farol, i arribasen a 
el viéndoles, i que hallándole en el camino, la aguardase, 
hasta que se aparejase i viniesen en su conserva, i qne si no 
las hallase, llegase al Nombre de Dios, i hallándola alli, 
hiziese lo mismo, i escrivi al governador, para que en brebe 
la hiziese aderezar, i hiziese bolver en su conserva, otra de 
quatro costados, que alli dexamos para partirse en brebe. 

En primero de Junio entramos en el puerto de Cartagena, 



— 361 — 

á ver si por ventura se havia adelantado aquella nao, i 
tomado alli puerto, i no la hallamos, ni hubo alli nueba della. 

Hallamos que en Cartagena se tenia atalaia i un barco 
para dar la carta que al capitán del armada desde el Nombre 
de Dios, io havia escrito, i ansi dixeron que la tendrían 
hasta que viniesen navios de España, de quien supiesen si 
venia armada ó no, i que las que iban para Santa Marta se 
havian embiado. 

En dos de Junio dexando encomendado al governador é 
Justicia de Cartagena que si alli tocase aquella nao de Juan 
Gómez de Anaia la aviasen i a las que con ella viniesen, 
partimos de aquel puerto, i empezamos de atravesar para la 
Habana en tres del dicho Junio. 

En veinte iá tarde tomamos ansi las naos del armada 
como de la conserva el puerto de la Habana, excepto la de 
Juan Gómez, i la que torné a embiar al Nombre de Dios, 
haviendo traido mui recio tiempo especialmente quatro dias, 
con el cual quasi todas las naos perdieron aparejos i hizieron 
agua, i ansi con el trabajo del tiempo, como por las enfer- 
medades con que salieron de tierra firme, murieron diez i 
seis personas que se hecharon a la mar, desde que empeza- 
mos á atravesar, los tres dellos pasageros, i dos maestres de 
naos, é once marineros, é muchos otros llegaron a la Havana 
enfermos. 

No se halló en el camino ni en el puerto a Juan Gómez de 
Anaia que nos dio mucha pena, ni hallamos nao alguna de la 
nueba España, ni de otra parte en la Habana. 

Despaché luego a Juan Navarro persona de diligencia, 
que es el que embié desde tumbez a la nueba España al 
puerto de Matanzos que es veinte i dos leguas de la Havana 
mas adelante, el cual suelen tomar las naos muchas vezes, 
quando con fuerza de tiempo no pueden tomar este, á ver si 
havia llegado alli esta nao de Juan Gómez de Anaia, ó otra 
de un Quesrida vezino de Sevilla, que veinte i quatro dias 
antes que me partiese del Nombre de Dios, se havia embiado 
delante a la Habana con cartas para la Justicia y rejimiento 
que tubiesen aderezado la vitualla para los de la armada, 
especialmente el pan que en aquella tierra es de cazabi, i es 
penoso i tardió de hazer, é no halló navio alguno en aquel 
puerto, quedó cuidado a los que alli están en una estancia, 
que luego que por allí pareciese navio, se me hiziese saber. 

En veinte i tres del dicho Junio llegó Gutiérrez, el qual 
ni en el camino ni en el Nombre de Dios donde estubo dia i 



— 362 — 

medio, no pudo haver nueba de la nao de Juan Gómez de 
Anaia. 

Escriviome el governador Clavijo que le havia despacha- 
do tan en brebe, creiendo que ia la nao estaría junta con la 
armada, i que también con quatro costados que partiría 
dentro de ocho ó diez dias me escriviria si huviese mas 
nueba, i porque dezian que algunas vezes se ensenavan 
algunas naos que iban por el camino que nosotros havíamos 
llevado en el golfo de Acia, i tardavan veinte i treinta días 
en salir del, i porque si le faltó algún aparejo podría ser que 
arribase allí á aderezarse, el embiaba un vergantin a reco- 
nocer el golfo i puerto de Acia, en el qual iba un vezino de 
aquel puerto de Acia, i oficial de la hazienda real, i que me 
escriviria lo que traxese con la dicha nao de quatro costados. 

También me escrivio el governador como luego que los 
de Nata havian recibido mis cartas, havian salido treinta 
hombres con numero de Indios é negros, á buscar al Pedro 
de Contreras i al fraile i a los otros pocos alterados que 
andavan escondidos por aquellos arcabucos, i que creía que 
estarían ia todos presos. 

En veinte i seis del dicho Junio llegó a la Havana la nao 
de Quesada que como he dicho havia venido delante á per- 
cibir nuestro avíamiento, que desde el Nombre de Dios hasta 
tomar la Habana tardó cuasi dos meses^ porque el tiempo le 
hecho a la Florida, i estubo ensenado en aquella costa días, 
sin poder salírdella, pasó mucho riesgo, i masde falta de agua 
que del tiempo, dado que este fué tan recio que le derribo 
adonde he dicho, no vio la nao de Juan Gómez por donde 
anduvo. 

También luego que llegué a la Habana escrivi al gover- 
nador de Cuba i a la Justicia de Santiago para que hizíesen 
recorrer los puertos de aquella Isla de la vanda del Sur, i si 
alguno dellos huviese aportado aquella nao, pusiesen recau- 
do en la hazienda de S. M.^ i faboreciesen para que la nao se 
aderezase i no la dexasen salir con la hazienda, hasta que 
huviese conserva de naos bastante para la seguridad della. 

Y que con toda brebedad, de lo que en esto se hiziese, 
procurasen dar aviso a V. S. 

Y lo mismo escrivi al Audiencia de Santo Domingo que 
hizíesen en los puertos de la Española. 

Escrivi esto porque me pareció que si quando mis cartas 
llegasen a Santiago ó a Santo Domingo, estaba esta nao en 
algún puerto de aquestas islas, no nos podía alcanzar para 



— 363 - 

ir en nuestra conserva, que es lo que mucho nos ha dado 
pena a todos, porque otro peligro según los hombres de mar 
dizen no páresela que se devia tener, haviendo havido tan 
poco tiempo como en la noche que se perdió huvo, i siendo 
como es aquella parte tan segura i sin requesta alguna de 
baxos, y siendo la nao la mejor 6 al menos la segunda de la 
armada i la más bien artillada i proveída de todas. 

En doze de Julio llegó a la Habana un barco que venia 
del puerto del Principe, que es ciento i veinte leguas de 
aquel pueblo la costa arriba hazia la Española, i dixo que á 
veinte leguas del dicho puerto del Principe en unas islas 
havia visto fuegos, i que creía que eran de gente que allí se 
havian perdido, porque el sabia que no havia población al- 
guna en aquellas islas. 

Comuniquelo con los pilotos i gente de la mar i vezinos de 
la Habana, i todos dixeron que ninguna nao de Indias jamás 
habia ido ni iba por aquella parte, é que por esto no havia que 
pensar que fuese Juan Gómez de Anaia i los que con el iban. 

E sin embargo desto hize aquella noche despachar el 
barco, é que otro dia se bolbiese al puerto del Principe, i se 
fuese de camino por aquellas islas, i se fuese con el un Diego 
de Ovando natural de Cazeres i vezino i Alcalde que este 
año es en el dicho puerto del Principe, é viese qué gente 
eran, é si hallasen que era alguna gente perdida la sacasen 
i llevasen al dicho puerto, i luego lo hiziesen saber á V. S. i 
embiasen las cartas a la Habana, i ansimismo lo escri viesen 
a la Audiencia de Santo Domingo, i si acaso fuese Juan 
Gómez de Anaia se estubiese en guarda de la hacienda 
hasta que V. S. proveiese lo que en el traer della se devia de 
haaer, i con este despacho otro dia delante de nosotros se 
partió el dicho obando con este barco. 

Las naos ansi de armada como de conserva llegaron a la 
Ha vana mui maltratadas con el tiempo que desde el Nom- 
bre de Dios alli se tubo, i con el daño de broma que en el 
Nombre de Dios havian recibido, i ansi fue necesario darles 
á todas lado, i calofretarlas, i tomarles aguas, i hazerles i 
aderezarles entenas, i arboles, i velas i los otros aparejos i 
proveerse de comida la gente, de que ansimismo traia gran 
falta por la poca abundancia que della hai en el Nombre de 
Dios, i por esto se creio que no se pudieron despachar de alli 
en menos de mes i medio, porque según dizen aunque no 
lleguen sino pocas naos se detienen un mes, especialmente 
en tiempo de aguas, porque el pan que alli se haze de cazabi, 



— 364 — 

es mui penoso i tardío de hazer, i el agua se toma con mucho 
trabajo por traerse de legua i media. 

Pero púsose tanta diligencia que á veinte i dos días esta- 
ban todas a punto para hazerse a la vela, excepto que á 
causa que según todos dixeron los huracanes que en Julio 
haver, comunmente vienen a la coniunction de la Luna, nos 
detubimos otros tres dias mas para no entrar en ella en la 
canal de Bahama. 

E viendo que no venia Juan Gómez de Anaia, ni la otra 
de quatro costados, i que quedaba mui limitado el tiempo 
para pasar el camino, donde en Agosto i algunas vezes en 
Julio hai los huracanes que es hasta cinquenta leguas pasada 
la isla de la Bermuda, nos hizimos á la vela de aquel puerto 
en diez i ocho de Julio diez i seis naos, las ocho de armada i 
las otras ocho de conserva, bien aderezadas, porque alli se 
tornó a refinar la pólvora de todas ellas, i se hiio mas con el 
salitre que traíamos i con el que alli huvimos. 

Dexé proveído al teniente de governador i Alcalde de la 
Havana que en llegando allí Juan Gómez de Anaia detubiese 
a eli a la nao, hasta que llegase conserva de navios bastante 
con que viniese segura la hazienda de S. M.^ i hiziese que 
aguardasen á salir en tiempo seguro para la navegación, é 
que procurasen con toda brebedad de hazer saber a V. S. lo 
que en esto se hiziese. 

En diez i seis de Agosto en el golfo, hallándose los pilotos 
de la tierra mas cercana que eran las Islas de los Azores 
trescientas leguas con el mucho tiempo que traíamos, faltó 
á una nao de las de la conserva el timón, i aunque aquel día 
i noche i otro día, reparando con mucho trabajo toda la flota 
al través se procuró aderezalla, nunca se pudo hazer, é ansi 
fue forzado desaparar el vaso della, i se pasó con gran tra- 
bajo i peligro a las otras naos toda la gente i la hazienda 
que en ella iba, sin peligrar ni perderse nada. 

Llegados a las islas de los Azores, se procuró tomar len- 
gua en isla de flores que es la primera, de Juan Gómez de 
Anaia, y de lo demás que havia, i no tubimos nueba del ni de 
otra cosa, sino de que junto á aquella un navio que dezian 
que era de Ingleses havia encontrado con tres que venían de 
puerto rico i Santo Domingo, i que los dos le havian huido, 
i al otro que era el que venia de puerto rico, havian tomado, 
i robado trece mili pesos en plata y oro, i en azucares i cue- 
ros i otras cosas valor de otros veinte i cinco mili, i que ha- 
vian hechado la gente que eran trenta i una personas en 



— 365 - 

aquella isla, i que esto havia un mes que havia pasado, i que 
esta gente se havia ido a la tercera habria ocho días, no ha- 
llamos en las otras islas que están delante de la tercera otra 
nueba alguna. 

En treinta de Agosto, llegando sobre la tercera ia noche, 
nos dio un tiempo tan desecho, que nos pasodella sin poderla 
tomar, y nos duró este tiempo los dos días siguientes, i nos 
puso cient leguas adelante della, é luego nos bolbio una 
brisa por proa tan forzosa, que fué necesario amainar i he- 
chamos al través, i ansi estubimos tres dias, que sin velas 
nos bolbio atrás veinte i cinco o treinta leguas, i Aiendo que 
todavia duraba el tiempo contrario, y que algunos de los 
navios iban mui necesitados de comida i agua arribamos 
treinta leguas a la isla de sant Miguel, donde en dos dias i dos 
noches, estubimos surtos i dos proveimos de comida i agua. 

Estando aqui supimos como de la otra parte de aquella 
isla estaba una nao grande i otras caravelas que con el 
mismo tiempo havian arribado, i que ansi mismo andava al 
rededor de aquella un patax de franceses á robar, el qual 
havia huido de la nao gruesa é que no sabian donde se 
havia ido. 

Pensé podria ser aquella nao gruesa según dezian era 
grande i bien artillada i de numero de gente i arcabuzeros, 
la de Juan Gómez Anaia, i ansi embié á diligencia a saber 
que nao era, é se supo que no era sino una que venia de 
Santo Domingo cargada de azucares i cueros, que llamaban 
la Verónica. 

Ansi mesmo me dixeron que havia venido un hombre de 
la tercera i que dezia que havia llegado alli una nao que 
venia del Nombre de Dios, i que por venir sin conserva, 
un hombre que para ello alli tienen los oficiales de la 
casa de contratación de Sevilla, havia sacado en tierra el 
oro i plata que traia para aguardar que viniese conserva, 
con que se embiase á España, nunca se pudo hallar este 
hombre para informarme mas del, pero á la salida de Sanct 
Miguel encontramos una caravela de la armada de Portugal, 
que dezia havia ocho dias que havia salido de la tercera, i 
nos dixo el capitán della que aquel navio aquien havian 
quitado la plata era un navio pequeño, i que no era oro ni 
plata de S. M.^^ 

En ocho de Septiembre nos hizimos a la vela de Sanct 
Miguel, i entramos en la barra de Sanct Lucar, á veinte del 
dicho Septiembre con todas las naos de armada en que venia 



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la bazienda de S. MA i las de conserva, excepto la de Juan 
Gómez de Anaia. 

De la cual según hoi me ha dicho el capitán Hernán 
Mexia, traxo nueba la nao quatro costados, que por habelle 
faltado el timón la noche que de nosotros sobre Cartagena 
se apartó, arribó á Acia i alli Juan Gómez de Anaia sacó 
todo el oro i plata que de S. M.^ traia, i lo bolbió al Nombre 
de Dios, de donde plaziendo á nuestro Señor verná en la 
armada que por Sant Juan de aqui partió, i dado que se tenía 
por cierto que con tan poco tiempo, i en la parte que se 
apartó de nosotros, no podia haver havido peligro, todavía 
tenia congoxa de que esta nueba me ha quitado. 

Llegó esta nao a Sevilla según Hernán Mexía me dize el 
viernes próximo pasado, porque aunque partió del Nombre 
de Dios dias después que nosotros, í que la nao que torné a 
embiar á Nombre de Dios pudo llegar antes a España, por- 
que como venia sola i sin tener necesidad de aguardar com- 
pañía que tienen las naos que vienen en conserva i armada, 
pudo mas en brebe hazer su viage que nosotros. 

Paresciome embiar con estas cartas i despacho al capitán 
López Martin, porque de lo que S. MA ó V. S. fuesen servi- 
dos de informarse el podría hazer relación, como persona 
que en todo se ha hallado: A. V. S. lo manden en brebe de ai 
despachar i dar fabor con sus cartas. Nuestro señor conserve 
i augmente vidas i estado de V. S. en su santo servicio, como 
los suíos deseamos; deste río siete leguas de Sevilla veinte i 
dos de Septiembre de mil quinientos cinquenta: Licenciado 
Gasea. 



ÍNDICE 



Págs. 

Cap. 1 7 

II 20 

in 30 

IV 41 

V 50 

VI 65 

VII 79 

vin 93 

IX 107 

X 119 

XI 130 

Xn... 147 

XUI 159 

XIV 169 

XV 178 

Epílogo 186 

Apéndice I 193 

» 11 269 

» m 315 



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