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Full text of "Vida de Marcos de Obregón"

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ESPINEL 
MARCOS DE OBREGON 



CLASICOS CASTELLANOS 



k-uESPINEL 

VIDA DE MARCOS 
DE OBREGÓN 



KDiaÓN Y NOTAS DB SAMUEL GILÍ GAYA 



MADRID 

EDICIONES DE "LA LECTURA' 

192a 



PROLOGO 

La Vida de Marcos de Obregón, novela en 
gran parte autobiográfica, llega hoy a nosotros 
algo así como un libro de memorias de la juven- 
tud de Espinel, escrito hacia el fin de sus días, 
cuando el autor reflexionaba sobre su pasado. 
Su lectura nos informa de sus hechos, aficiones 
e ideas, y desde un principio nos pone en con- 
tacto muy directo con el espíritu del autor. 
Este hecho, al mismo tiempo que representa una 
gran novedad en el género picaresco, tan poco 
inclinado a expansiones subjetivas, es de capital 
importancia para el biógrafo que desee pene- 
trar en el pensamiento de Espinel ^. 

Con cierta jactancia, muy de su tiempo, nos 

I "El estudio documentado de la vida de Espinel se debe 
a don Juan Pérez de Guzmán, quien lo publicó en el Pró- 
logo a la edición de Barcelona, i88i. Todo lo que se ha- 
bía escrito con anterioridad era infundado, por basarse 
únicamente en una interpretación autobiográfica demasia- 
do literal de la Vida de M. de Obreg. Cuanto se ha publi- 
cado posteriormente no añade ningún dato nuevo a tos 
que dio Pérez de Guzmán. 



8 PRÓLOGO 

cuenta que descendía de familia de conquista- 
dores, y que sus abuelos, procedentes de las As- 
turias de Santillana, "tuvieron repartimiento de 
los Reyes Católicos" ^. Nació en Ronda y fué 
bautizado en la parroquia de Santa Cecilia el 
28 de diciembre de 1550^. El bachiller Juan 
Cansino le enseñó la Gramática latina y un poco 
de música, arte que le había de conquistar una 
gran reputación entre sus contemporáneos. Su 
padre Francisco Gómez había perdido su ha- 
cienda, y viéndole razonablemente instruido, dis- 
puso su partida para Salamanca, en cuya Uni- 
versidad cursó durante dos años en la facultad 
de Artes. En 1572 el proceso de fray Luis de 
León promueve fuertes algaradas estudiantiles 
que motivan el cierre de la Universidad, y Es- 
pinel, a pie y pobremente, a la apostólica, como 
él dice, vuelve a su ciudad natal. Esta primera 
época de su vida escolar es de escaso provecho- 
para sus estudios, pues la falta de recursos le 
impide progresar en ellos; pero conserva muy 
vivo el recuerdo de sus primeras andanzas, tal 
vez por la impresión que en su espíritu inexper- 
to produjeron los largos caminos de España, con 
sus mesones, arrieros, conversaciones con los ca- 
minantes, trampas y fullerías de la vida picares- 



Relación I, Desc. XX. 

Libro II de bautismos de dicha Parroquia. 



PRÓLOGO 9 

ca. No nos importa que en el Marcos de Obre- 
GÓN diluya con dlg^iegiones morales y episodios^. 



intercalados el relato de su primer viaje : la vi- 
sión de la vida española es muy clara, y no vaci- 
lo en afirmar que esta parte de su novela es la de 
mayor fuerza de objetivación, comparable a la 
de los primeros modelos del género. A medida 
que la narración de su vida va adelantando, los 
recuerdos del autor van muy mezclados con ra- 
zonamientos, y el elemento reflexivo se sobrepo-^ 
ne a la clara intuición de los hechos. 

Al poco tiempo de su llegada a Ronda, unos 
parientes suyos instituyeron una capellanía ^, 
"nombrando por primer capellán a su sobrino 
Vicente Martínez Espinel" y determinando el 
orden de sucesión para su desempeño. Según el 
señor Pérez de Guzmán, influyó en estas dispo- 
siciones fray Rodrigo de Arce^, mercedario 
de gran prestigio e influencia, quien quizás pro- 
porcionó recomendaciones a Espinel para su 
segundo viaje a Salamanca, época en que obtu- 
vo una plaza en el colegio de San Pelayo. E^to 
le permite vivir con relativa holgura y dedi- 
carse de lleno a sus estudios. Gracias a sus gran» 

X Catalina Martínez y su esposo Bartolomé Martínez 
Labrasola. La fundación lleva la fecha de 3 de agosto 
de 1572- 

a Espinel le dedicó una canción inserta al fol. 103 
de sus Rimas. 



10 PROLOGO 



des dotes de poeta y músico se relacionó intima- 
mente con todos los nobles y escritores que a la 
sazón había en la ciudad, acudiendo de un modo 
especial a las reuniones que presidía doña Agus- 
tina de Torres, donde se juntaban los principa- 
les músicos de su tiempo : en La casa de la Me - 
moña hace un cumplido elogio de todos ellos ; y 
en el Marcos de Obregón, al relatar las reunio- 
nes de músicos a que asistía en Milán ^, recuer- 
da con entusiasmo las de Salamanca, en casa del 
maestro Clavijo, "donde ha habido juntas de lo 
más granado y purificado deste divino, aunque 
mal premiado, ejercicio". En Salamanca se dio 
a conocer por su talento, y la mayor parte de 
los poderosos que más adelante le protegieron 
los había conocido en los dos años que perma- 
neció en esta ciudad. 

El afán de gloria le hace interrumpir nueva- 
mente sus estudios para alistarse en la poderosa 
armada que se formó en Santander (1574) al 
mando del adelantado de la Florida don Pedro 
Menéndez de Aviles. La peste diezmó las tripu- 
laciones antes de que la armada pudiera salir del 
puerto; la gente se dispersó, y Espinel, después 
de algunos viajes por Vizcaya, Navarra y Ara- 
gón, marchó a Valladolid, donde permanece 
cuatro años al servicio del conde de Lemos, don 

I Reiac. III, De se. V. 



PRÓLOGO II 

Pedro de Castro, protector decidido de los hom- 
bres de ingenio. Poco interés tienen para él es- 
tos años pasados en Valladolid, que debieron ser 
de una monotonía incompatible con su carác- 
ter, y "la variedad de su condición", "la inquie- 
tud natural" tantas veces mentadas en su nove- 
la, le impulsan a dejar la vida tranquila de que 
•gozaba, y pasa a Sevilla con intención de mar- 
char a África para tomar parte en la expedi- 
ción desgraciada que costó la vida al rey don 
Sebastián de Portugal; pero no llegó a tiem- 
po para ello, y esperó ocasión para marchar a 
Italia. 

Hasta este momento Espinel había interve- 
nido casi únicamente como espectador en los epi- 
sodios picarescos que narra; pero durante su 
residencia en Sexilla^vive entre la sociedad de*> 
los picaros y es el protagonista de una serie de 
pendencias y amoríos en que la justicia tuvo 
<5[ue intervenir más de una vez; escribe versos 
obscenos ; sus habilidades musicales sirven para 
alegrar a la gente del hampa en tabernas y > 
lupanares^. Todos los aspectos de la vida de 
Espinel entran en mayor o menor proporción en 

1 A esta época de su vida se refiere la Sátira contra 
las damas de Sevilla hallada en un manuscrito de la Bi- 
blioteca Ricardiana y publicada en la Revista de Archivos, 
Bibliotecas y Museos (1904, t. I) por los señores E. Melé 
y A. Bonilla. 



12 PROLOGO 

el Marcos de Obregón_, y no podía faltar éste- 
que caracteriza su estancia en Sevilla, la cual le 
suministró no pocos elementos que viven en 
las páginas del libro. 

Al cabo de poco más de un año emprende su 
deseado viaje a Italia. Refiere Espinel que, ha- 
biéndose detenido el galeón en la isla de Cabre- 
ra ^, saltó a tierra con alguna gente en busca 
de agua, y fué apresado con otros por unos pi- 
ratas africanos que le llevaron cautivo a Argel,, 
donde sirvió como esclavo a un renegado. Des- 
pués de su cautiverio y otros lances novelescos, 
cuenta que, preso el galeón de su amo por las ga- 
leras de Genova, se le maltrató al principio por 
creérsele también renegado, pero luego fué re- 
conocido por un músico de a bordo llamado 
Francisco de la Peña. Los primeros biógrafos 
vacilaron en aceptar esta narración como auto- 
biográfica, pero la argumentación del señor 
Pérez de Guzmán es una prueba bastante vero- 
símil de que estos episodios, por lo menos en 
sus líneas generales, pertenecen a la vida de Es- 
pinel ^. 

1 Relac II, Desc. VIII. 

2 En lo de su cautiverio, aparte de otras muchas re- 
íerencias, encontramos que en el Epilogo de la presente 
novela, dejando el nombre de Marcos de Obregón, habla 
ya como autor diciendo : "quien ha querido enseñar a te- 
ner paciencia, mal cumpliría con sus preceptos si le fal- 
tase para oír y recebir la corrección fraterna, que sin ellar,. 



PRÓLOGO 13 

En 1578 desembarcó en Genova, se presentó 
.al embajador don Jubo Espinóla, y entre él y 
Marcelo Doria, jefe de las galeras que le habían 
conducido, le proveyeron de dinero y cabalga- 
dura para su proyectado viaje a Milán. No se 
detuvo en esta ciudad más que el tiempo nece- 
sario para descansar, continuando su viaje a 
Flandes, donde se incorporó al ejército de Ale- 
jandro Farnesio, en el cual tomó parte en el 
asalto de Maestricht. En el ejército hizo gran 
-amistad con don Hernando de Toledo, tantas ve- 
ces citado en sus obras ; con don Pedro de Tole- 
do, marques de Vi lia franca, y con don Octavio 
Cí 011 zaga. A todos ellos dedicó excelentes poesías 
en sus Rimas. En compañía de este último regre- 
só a Italia, y bajo su protección residió unos tres 
años en Lombardía, donde perfeccionó sus fa- 
cultades concurriendo a casa de don Antonio de 
1. endono, en la cual "había siempre junta de 
excelentísimos músicos, como de voces y habi- 
lidades, donde se hacía mención de todos los 
hombres eminentes en la facultad" \ Esta clase 
•de doctas reuniones eran el mayor encanto de 
JEspinel : Marcos de Obregón es ante todo un 

ni opusiera el pecho a las olas y crueldades del furioso 
tridente, ni ablandara la inclemencia de los salteadores, 
ni redujera a buen término los impíos y continuos ír«Í4- 
Jos de la csclamiud" . 
i Relac. III, Desc. V. 



14 PROLOGO 

hombre razonador, amigo de discretas^ contro- 
versias entre personas ilustradas, tal vez con 
cierto prurito de lucirse ante su auditorio. Es- 
pinel tenía conciencia de su valer; su labor ar- 
tística nunca obtuvo censuras, y en certámenes y 
juntas de ingenios sus palabras se recibían con 
aplauso, y sus juicios constituían autoridad. Los 
diálogos de esta naturaleza abundan en la no- 
vela y le sirven de pretexto para mostrar su eru- 
dición. Para nosotros son poco interesantes en 
sí mismos, pero son fundamentales para la com- 
prensión de la personalidad del autor. 

Después de algunos viajes por las principa- 
les ciudades italianas, el poeta empieza a sentir 
el deseo de una vida tranquila; su salud se que- 
'^branta,• ya no le atrae el afán de glorias milita- 
' res, y decide volver a España y retirarse a Ron- 
/da para gozar del sosiego que le promete la ca- 
pellanía fundada por sus parientes en 1572. Ter- 
. minados sus estudios de Moral y ordenado de 
) sacerdote, obtiene un medio beneficio en la Igle- 
I sia de Rondad En 1589 fué a Granada para 
V graduarse de bachiller en Artes, título que desde 
esta fecha acompaña al nombre de Espinel en 
algunos documentos. 



I La proptiesta para dicho cargo lleva la fecha de 4 
de mayo de 1587. 



> 



PRÓLOGO 15 

En 1 59 1 publica, con el título de Rimas ^, 
una colección de poesías líricas compuestas en 
diferentes épocas de su vida: versos amorosos 
de su mocedad, otros dedicados a sus protecto- 
res y amigos, y algunos de los escritos en Ita- 
lia con distintos motivos. Acompaña a las Ri- 
mas una traducción de la Poética de Horacio, la 
primera que se imprimió en castellano^. En 
algunas de estas poesías, cuyo mérito no hemoí* 
de analizar aquí, vemos a Espinel abandonar 
con gusto el bullicio de las grandes ciudades pa- 
ra gozar de la paz que esperaba hallas en su re- 
tiro de Ronda ; pero dura poco este sentimiento : 
la vida brillante de las letras se había infiltrados 
profundamente en su espíritu, y en seguida sus 
versos se vuelven melancólicos : no tiene perso- 
nas cultas con quien hablar ; sus conciudadano» \ 

1 Aunque las Rimas se publicaron en 1591, la censu- 
ra es de 1587. Va firmada por Alonso de Erdlla dando 
del libro el siguiente juicio: "...tiene buenos y agudos 
conceptos declarados por gentil término y lenguaje, y 
los versos líricos son de los mejores que yo he visto..." 

2 La traducción de la Poética fué reimpresa por Se- 
daño, colmándola de elogios, en el tomo I de su Parnaso 
Español (1768). Esto motivó una agria polénrica suscitada 
por Iriarte, quien negó todo valor a la versión de Espinel 
y le señ.aló muchísimos defectos. En efecto, los tiene, pera 
no tantos como Iriarte le atribuye: era la primera vez que 
se acometía esta empresa, y era natural que no saliese 
perfecta. (V. Menéndez y Pelavo, Horacio en Españ^^ 
t. I, págs. 64 y sigts.). En las Rimas hay también tradu- 
cidas dos odas de Horacio : Quis multa gracilis y Angustam 
anvici paupericm. 



I 6 PRÓLOGO 



sólo se preocupan de cosechas y ganados ; la en- 
vidia y la maledicencia van formando a su alre- 
dedor una atmósfera _hostil ; Espinel quiere 
romper su aislamiento y marchar a la Corte. 

Pretendió un beneficio entero en Santa Ma- 
jía la Mayor, y no alcanzándolo, hace un viaje 
a Madrid, donde gestiona y obtiene que se le 
nombre capellán del Hospital Real de la ciudad 
de Ronda. Su nombramiento, obtenido por in- 
fluencias cortesanas, fué mal recibido por sus 
paisanos, y mucho más cuando vieron que no iba 
a desempeñar su cargo y que se quedaba en Ma- 
drid, nombrando un sustituto para el Hospital 
Real. Las protestas de la ciudad hacen que, des- 
4)ués de algunas excusas dilator ias, tenga que 
,^volver a su patria, (1595), pues por cédula real 
se le mando que ocupase su destino. No por esto 
cesó la hostilidad de sus conciudadanos : al ca- 
Jbo de poco tiempo volvieron a quejarse alegan- 
do, no sabemos si con fundamento, su mala 
conducta y vida desarreglada; pero debieron de 
hallar poco eco estas protestas, pues se resolvió 
el asunto nombrando para su cargo un nuevo 
sustituto y yéndose de nuevo a Madrid (1598). 
El año siguiente se graduó de Maestro en Ar- 
tes en Alcalá, y a su regreso a Madrid fué nom- 
brado capellán de la Capilla del obispo de Pía- 
sencia con 30.000 mrs. anuales, más 12.000 co- 



PRÓLOGO 17 

mo maestro de la capilla de música. Por fin ha 
logrado su propósito de desentenderse de Ron- 
da y establecerse definitivamente en Madrid. 

Esta época fué la más brillante de la vida de 
Espinel. Gozó de una inmensa reputación entre 
sus contemporáneos; asistía a cuantas solemni- 
dades literarias había en la Corte; la Academia 
poética y su protector don Félix Arias de Gi- 
rón, al decir de Lope de Vega, le laurearon co- 
mo único poeta latino y castellano destos tiem- 
pos. Los autores solicitaban su opinión sobre 
las obras que componían, y son muchos los li- 
bros de música y poesía que van encabezados 
con su censura. Fué amigo de Cervantes ; Lope 
de Vega le llama maestro y le elogia en muchas 
ocasiones, especialmente en el Laurel de Apo- 
lo ^. Su reputación de músico, siempre tan ce- 
lebrada, se afianza con la invención de la quin- 
ta cuerda, de la guitarra^. Todos sus contem- 
poráneos le atribuyen asimismo la invención de^ 
la décima, a la que se dio el nombre de espinela:^^^ 
sin embargo, lo que hizo Espinel fué perfeccio- 
narla dotándola de unidad y ligereza, y por ha- ^ 



Ed. Rivadeneira, t. XXXVIII, pág. 191. 
"...que Apolo corresponda 
A lo que debe al inventor suave 
De la cuerda, que fué de las vigüelas 
Silencio menos grave." 

(Lopii, Laurel de Apolo, 1. c.) 



l8 PRÓLOGO 

berla usado un poeta de tanto prestigio como 
él, la estrofa se puso de moda y ha venido em- 
pleándose con ^ran frecuencia en España. En 
este ambiente de actividad literaria, y ya en los 
últimos años de su vida, el poeta recapacita so- 
bre sus hechos, coordina sus recuerdos, y al pa- 
so que encuentra en ellos una dulce evocación 
de su mocedad, cree que pueden servir de pro- 
vechosa enseñanza, y escribe la Vida de Marcos 
DE Obregón, obra de madurez, muy distante en 
todos sentidos de sus primeras poesías y ensa- 
yos de traducción de Horacio. Muere el 4 de fe- 
brero de 1624 \ 

(En 1 61 8 aparece la primera edición del libro 
que nuevamente editamos, impreso en Madrid 
por Juan de la Cuesta. De su éxito puede juz- 
garse por el hecho de que en el mismo año se 
hicieron en Barcelona dos reimpresiones, la de 
Margarit y la de Cormellas, y se publicó en Pa- 
rís una traducción francesa. 

Un viejo escudero, muy experimentado en las 



I No sabemos en qué debe basarse la afirmación de Lope 
de Vega (Rivad., XXXVIII, pág. igi) al decir que Espinel 
murió pobre y olvidado a los noventa afios de edad. L« 
prueba documental del señor Pérez de Guzraán destruye 
esta afirmación, que habían admitido los biógrafos anterio- 
res y repite La Barrera (tomo I de la cd. académica de 
Lope, pág. 324, nota). 



PRÓLOGO 19 

cosas del mundo, cuenta las aventuras de su 
vida. Nada hay extraordinario en ella; es una 
vida vulgar que se desenvuelve sin heroísmos en 
medio de la sociedad española del siglo xvii ; pe- 
ro poseído de una viva curiosidad intelectual, 
sabe observar con exactitud y convertir sus ob- 
servaciones en una lección permanente de ex- 
periencia. Desde las primeras páginas el autor 
nos informa de su pro2É5ÍÍ? docente y de que 
da a su doctrina la forma de novela o relación 
"porque han salido algunos libros de hombres 
doctísimos en letras y opinión, que la abrazan 
tanto con sola la doctrina que no dejan lugar 
por donde pueda el ingenio alentarse y recebir 
gusto; y otros tan enfrascados en parecerles que 
deleitan con burlas y cuentos entremesiles, que 
después de haberlos leído, revuelto, aechado 
y aun cernido, son tan fútiles y vanos, que no 
dejan otra cosa de sustancia ni provecho para 
el lector, ni de fama y opinión para sus auto- 
res". Claro es que la enseñanza o moralidad que 
se desprende de los relatos tiende únicamente a 
evitar conflictos que alteren el sosiego interior, 
tratando de conducir la vida por medio de una 
reflexión equilibrada, de término medio, con al- 
gunos ribetes de egoísmo. Son las ideas comu- 
nes de su tiempo, y Espinel en nada se diferen- 
cia de ellas. 



20 PRÓLOGO 

Este tono moralizador caracteriza la marcada 
evolución que el género picaresco sufre con Ale- 
mán, Espinel, La Picara Justicia y otras obras de 
menor importancia : los tipos y situaciones pier- 
den la intensidad y precisión del Lazarillo, tal 
vez porque se tiende a darles una valoración in- 
terior que llene el vacío de ideal que se nota en 
las primeras novelas picarescas. Hay una as- 
piración inconsciente hacia algo más que la sá- 
tira social corrosiva y descarnada; pero no se 
acierta con la forma, la acción se diluye en con- 
sideraciones, pierde el vigor primitivo, y como 
la moralidad no alcanza tampoco gran altura» 
el género picaresco halla en su segunda fase el 
germen de su decadencia. 

De estos caracteres generales participa la Vi- 
da DE Marcos de Obregón y es quizás la obra 
que mejor los representa, porque logra fundir- 
los con mayor unidad de concepción y ejecución. 
En el Gusmán de Alfarache vemos todavía cla- 
ras y separables las dos tendencias : la viveza y 
el colorido de las escenas picarescas contrastan 
notablemente con las digresiones morales, y casi 
siempre producen éstas la impresión de algo pe- 
gadizo y externo a la novela. Espinel, en cambio, 
,sin alcanzar a matizar sus escenas con la preci- 
sión y riqueza de Alemán, hace más ameno su 
(relato, porque las reflexiones que los episodios 



PRÓLOGO 21 

le sugieren están mejor incorporadas a la na- 
rración, son menos extensas, y, por consiguien- 
te, la acción marcha más seguida y congruente. 
La novela es autobiográfica en su trama ge- 
neral y en muchos pormenores, pero intercala 
numerosas relaciones que oyó referir o que in- 
ventó. Aunque sétrátá de una novela picaresca, 
lo picaresco tiene en ella un valor meramente 
episódico, no es el núcleo de la obra, y precisa- 
mente en este hecho está, a mi modo de ver, la 
diferencia que separa el Marcos de Obregón 
de cuanto este género produjo en España: el 
protagonista no es un picaro, sino un observa- 
dor que contempla cuanto la vida le ofrece, y al 
lado de las andanzas de unos fulleros nos cuenta 
las eruditas discusiones de las academias de Mi- 
lán, o unos capítulos de geografía fantástica ^. 
Espinel, por inclinación de su temperamento, o 
por su propósito de hacer arte docente, huye en 
general de las bellaquerías de la gente maleante 
y desenvuelve su acción entre una sociedad más 
escogida. De aquí que su realismo no alcance 
nunca las crudezas, a veces repugnantes, de Que- 
vedo, y que su lenguaje sea limpio, culto, como 
de hombre que evitaba cuanto pudiera tener sa- 
bor de vulgaridad excesiva; pero todo ello sin 

1 Relac. III, Desc. XIX y sigts. 



22 PRÓLOGO 

amaneramientos culteranos ni conceptistas; ai 
contrario, el estilo de Espinel se caracteriza por 
una gran naturalidad, y su locuacidad, común a 
la manera nueva de novelas picarescas, se pro- 
duce en este libro sin ningún esfuerzo. 

Siente Espinel un gran interés hacia todo lo 
que ve, especialmente hacia la naturaleza ; pero 
un interés que tiene más de curiosidad intelec- 
tual que de emoción artística. Aun en los mo- 
mentos en que parece que la sensibilidad triunfa, 
como en el brillante elogio de Málaga, se ago- 
ta pronto su vocabulario afectivo y en seguida 
distribuye los goces que experimenta según los 
sentidos corporales, y nos da la razón de la ar- 
monía del canto de los pájaros. Sus descripcio- 
nes son, por lo general, rápidas y apenas esboza- 
das. Los caracteres destacan poco : sólo alguno, 
como el doctor Sagredo, deja en el lector una 
imagen de cierta consistencia. Espinel nunca 
propende a la caricatura, y si quiere ridiculizar 
a algún personaje saca más partido de la situa- 
ción que del carácter. 

No hay intención satírica, sino didáctica, y 
cuando reprende vicios lo hace siempre como 
hombre indulgente que conoce los secretos de 
la vida y de la conciencia. En esta interpretación 
psicológica de su época, sin ahondar mucho, tie- 
ne a veces aciertos sorprendentes. Para censu- 



PRÓLOGO . 23 

rar defectos no se apoya en motivos de sensibi- 
lidad ética o estética, ni siquiera el aspecto re- 
ligioso alcanza gran importancia : los vicios son 
para él — a la manera aristotélica — , faltas de 
juicio, impremeditaciones, poca ponderación 
mental de las cosas. El predominio del intelec- 
tualismo es uno de los caracteres esenciales que 
hallamos en esta novela, acaso la menos picares- 
ca de su género. 






A principios del siglo pasado aumenta el in- 
terés por este libro con motivo de la llamada 
"cuestión del Gil Blas". Voltaire había afirma- 
do que la obra de Lesage era un plagio del Mar- 
cos DE Obregón. Recogida esta observación por 
el padre Isla, éste publicó, con el seudónimo de 
Is-salps, una traducción española del Gil Blas 
titulada "Aventuras de Gil Blas de Santillana 
robadas a España, y adoptadas en Francia por 
Mr. Le Sage : restituidas a su patria y a su len- 
gua nativa por un español celoso que no sufre 
se burlen de su nación". En el prólogo sostie- 
ne que la obra fué sacada de original español. 
De aquí nació una serie de enojosas polémicas en 
que intervenía más el amor propio nacional que 
el espíritu crítico, cuya lectura no creo que hoy 
pueda interesar mucho; pero por si el lector 



24 PRÓLOGO 

siente curiosidad hacia ello, doy por nota la bi- 
bliografía más importante sobre este asunto ^ 
EJ original español del Gil Blas no ha existi- 
do nunca. Lesage se sirvió de numerosas fuen- 
tes españolas y muy principalmente de la nove- 
la de Espinel, de la cual están tomados algunos 
episodios que puntualiza Tieck en el prólogo 
a su traducción alemana : sirvan de ejemplo los 
amores del barbero con doña Mergelina, la aven- 
tura de la señora Camila, y una porción de por- 
menores en que, si no se toma un episodio ente- 
ro, se notan rasgos que denotan la lectura de 
Espinel. También utilizó, aunque en menor es- 
cala, el Guzmán de Alfar ache, el Estebanillo, y 
numerosas obras de la literatura dramática es- 
pañola, así como algunos libros históricos, geo- 
gráficos, de viajes, etc., publicados en francés 
sobre cosas de España. Con todos estos elemen- 
tos se empapó Lesage del ambiente español y 
pudo escribir libros como el Diable hoiteiix y el 
Gil Blas, de agradable lectura, bastante origina- 

I Además de la ya citada obra del padre Isla, v. : J. 
Antonio Llórente, Observations critiques sur le román de 
Gil Blas de Santillana. H. A. Everet, Essais de critique 
et mélange, Boston, 1845. Tieck, prólogo a la traducción 
alemana del M. de Obregón, Breslau, 1824. L. Claretie, 
Lesage romancier, d'aprés de nouveaux documents. Pa- 
rís, 1890. Puede consultarse con provecho el resumen so- 
bre Lesage y sus fuentes que hace Gustave Lanson, Híj- 
toire de la Littérature frangaise. 



PRÓLOGO 25 

les dentro del marco general de la imitación, y 
que seguramente nada desdicen al lado de las 
novelas picarescas españolas. 

Samuel Gilí Gaya. 

La presente edición se ha hecho siguiendo a 
la de Juan de la Cuesta, Madrid, 1618, y está 
cotejada con las dos de Barcelona del mismo año 
y las de Sevilla, 1641, y Madrid, 1657. La orto- 
grafía ha sido modeni/ada. Las variantes, que 
son escasas, se .han anotado siempre que se refie- 
ren al original (M. 1618), aunque sean simples 
erratas de imprenta: las de las demás ediciones 
entre sí sólo se anotan cuando tienen alguna im- 
portancia. 

De mucho me ha servido, en mis dudas sobre 
interpretación, la competencia y amabilidad de 
mi maestro don Américo Castro, y me complaz- 
cü en hacerle constar aquí mi agradecimiento. 



Al ilustrísimo señor cardenal arzobispo 
DE Toledo don Bernardo de Sanüoval y 
Rojas, padre de los pobres y amparo de 
la virtud, el maestro vlcente espinel. 

No será Marcos de Obregón el primero escu- t 
dero hablador que ha visto V. S. L, ni el prime- 
ro que con humildad se ha postrado a besar el 
pie de quien tan bien sabe dar la mano para le- 
vantar caídos; mas será el primero escudero 
que se ha confesado por ignorante, a lo menos lo 
en querer escudriñar y revolver los profundos 
archivos de las excelencias y prerrogativas, he- 
redadas y adquiridas, que se descubren dése 
magnánimo y valeroso pecho: la inviolable 

3 Don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobis- 
po de Toledo. Era tío del Duque de Lerma — privado de Fe- 
lipe III — y en Toledo vivió como gran señor protector de 
literatos y artistas, fundador al mismo tiempo de monas- 
terios en Toledo y Alcalá. El señor Cossío, en su estu- 
dio magistral sobre el Greco, al describir Toledo a la lle- 
gada de este artista, traza en rasgos breves, pero de in- 
tenso colorido, la silueta del fastuoso prelado que en su 
cigarral de Bellavista n-antiene aquel tipo de prelado deJ 
Renacin-iento, de verdadero Mecenas y magnífico señor, 



28 ESPINEL 

verdad, raíz de tan inmensas y gloriosas virtu- 
des como han resplandecido y resplandecen 
en V. S. I. desde el principio de su dichoso na- 
cimiento, piedad ingenua para con todos, y en 

5 algo no imitable. Cuando en los trabajos del se- 
ñor don Gonzalo Chacón, su hermano, habiendo 
enternecido las entrañas de Dios, después de 
haber consumido y gastado V. S. I. todo su pa- 
trimonio, aún no se contentó hasta quedarse a 

lo pie, hecho que no hay ojos que no humedezca 
ni corazón que no ablande : justicia con manse 

6 Don Gonzalo Chacón, primer conde de Casarrubios. 
Los trabajos a que alude Espinel se refieren a la prisión 
del Conde a causa de ciertos amoríos con una dama de 
la Corte. Luis Cabrera de Córdoba, en sus Relaciones d« 
las cosas sucedidas en la corte de España desde 1309 has- 
ta 1614, nos relata este lance, ocurrido en 16 10, del mo- 
do siguiente: "Mandaron ir al Conde de Casarrubios vía 
recta a Avila, donde es alcaide, y que esté allí hasta 
que otra cosa se le mande por S. M. ; lo cual ha sido en 
pena de haber tratado de casarse con la criada de la Cá- 
mara de la Reina, que también la tienen presa en su apo- 
sento ; y se entiende que se hará el casamiento inviando al 
Conde a su casa y quitándole el oficio de mayordomo de 
la Reina, porque el Cardenal de Toledo ha sentido mucho 
esta liviandad del Conde, su cuñado, y prometía el dote 
que quisiera la de la Cámara, para casarse con persona 
de su cualidad; la cual no lo ha querido aceptar, escu- 
sándose con buen tcririno y el Cardenal ha venido de su 
Iglesia de ocho días a esta parte." (Ed. de la Acad, de la 
Historia, pág. 395.) 

10 quedarse a pie: "Burlado y desamparado, y sin em- 
pleo." Correas, Vocabulario de refranes y frases prover- 
hiales y otras fórmulas comunes de la lengua castellana, 
ed. Mir, pág. 592, 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 29 

dumbre, liberalidad con discreción, misericor- 
dia con suavidad, y todas las demás, encadena- 
das con la divina virtud de la prudencia. 

Las heroicas obras que V. S. I., por la de- 
voción de su santo pecho, así materiales como s 
espirituales, ha hecho, ¿quién las ha igualado 
de San Eugenio y San Ildefonso acá, si todas 
las grandezas y virtudes de los antecesores se 
han cifrado y recogido en el pecho de V. S. I.? 
Tan grandes limosnas como se hacen en todo xo 
el Arzobispado por manos de sus piadosos mi- 
nistros, que vienen a montar más de seten- 
ta mil ducados; pero ¿qué milagro, si sien- 
do V. S. I. Canónigo de Sevilla daba la mitad 
de su renta de limosna? Pues las materiales ij 
obras hechas en la cabeza y de las más Iglesias 
del Arzobispado, y esta última de la renovación 
o reedificación del S. Sagrario de Toledo que 
tan grande suma costó de oro y plata, como 
se vio en lo que escribió el licenciado don Pe- «• 
dro de Herrera en lenguaje — aunque claro — 



*i Pedro de Herrera, Descripción de la Capilla de 
Na 5".' del Saarario que erigió en la Santa Iglesia de To- 
ledo el limo. Sr. Cardenal D. Bernardo de Sandoual y Ro- 
jas, ArQohpo. de Toledo, Primado de las Españas. Chanci- 
ller Mayor de Custilla... y Relon. de la antigüedad de la 
Sta. Imagen con las fiestas de su translación. Madrid, Luis 
Sánchez, 1617. 

Con motivo de dichas fiestas se celebró un certamen 
poético al que concurrieron muchos ingenios, entre ellos 



30 ESPINEL 

elegante y verdadero. El santo y enriqueci- 
do monasterio que, por mandado y expensa 
de V. S. I., se ha hecho en Alcalá de Henares 
con tanta renta y gasto, para encerrar en el apris- 

5 co de Dios hijas de criados suyos que sirvan a 
su esposo Jesu Cristo, tan rico de estatutos jus- 
tos y santos como de renta y artificio. El insigne 
en edificio, santidad y devoción, monasterio 
de los capuchinos, que tan milagrosos efectos ha- 

!• ce a fuerza de virtud en la ciudad de Toledo en- 
viando almas al cielo que rueguen por V. S. I. 
La maravillosa obra o reedificación de la S. 

Espinel con un epigframa latino que figura al fol. ii8 r 
de la 3." parte de la obra de Pedro de Herrera. 

7 Convento de las Bernardas de Alcalá. Esta funda- 
ción del cardenal arzobispo de Toledo don Bernardo de 
Sandoval y Rojas, está en la plaza de su nombre que 
forma ángulo con la gran sala de los Concilios del an- 
tiguo palacio arzobispal. De atrevida cúpula elipsoidal 
rodeada de capillas, fué su planta imitada después en otras 
muchas iglesias, como la de San Francisco el Grande, de 
Madrid. Su altar mayor y sus capillas ostentan grandes 
lienzos de Angelo Nardi, y en su fachada todavía se con- 
serva alguna escultura de Monegros, el escultor toledano, 
acreditando la munificencia del insigne prelado fundador. 

10 Convento de Padres Capuchinos. Fué fundado a 
principios del siglo xtii por el cardenal Sandoval y Ro- 
jas en el cigarral y Jardines que poseía extramuros de 
Toledo juntamente con la ermita del Ángel Custodio (R. 
Parro, Toledo en ¡a mano), colocando por su propia ma- 
no el Santísimo Sacramento el día segundo de Pascua de 
Pentecostés del año t6ii. El Cardenal Arzobispo Mosco- 
so y Sandoval trasladó esta comunidad a un lindo con- 
vento en el interior de la ciudad adosado a la antigua 
Iglesia Colegial de Santa Leocadia, junto al Alcázar. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 3 1 

Capilla donde la Virgen Sacratísima honró tan- 
to a su siervo Ilefonso con su admirable decen- 
sión, dándole aquel preciosísimo don de la ca- 
sulla que tan de nuevo resplandece y resplan- 
decerá para siempre. Mas en las grandezas de s 
que todo el mundo está lleno, ¿para qué tengo 
de gastar tiempo y palabras ? Y porque mi Es- 
cudero no se alienta ni atreve a entrar en tan 
inmenso piélago, siendo así que por los efec- 
tos se rastrean las causas, quien viere las plan- i» 
tas que se han cultivado y crecido a la sombra 
de tan espaciosa y fértil palma, echará de ver 
la virtud y valor que della se esparce por el mun- 
do : la compostura, discreción y agrado de Ber- 
nardo de Oviedo, secretario del Rey N. S. y u 
de V. S. L, y la limpieza y verdad con que usa su 
oficio; el término, sagacidad y buenas corres- 
pondencias tan desinteresadas de Luis de Ovie- 
do, camarero de V. S. I. ; la entereza y verdad 
de Francisco Salgado, alguacil mayor de la San- »» 
ta Inquisición, y las demás piedras vivas que 
han recebido luz de las centellas que salen desa 
piedra angular. 

15 Bernardino de Oviedo, que era secretario del Arzo- 
bispo de Toledo, fué nombrado secretario del Rey el 20 de 
septiembre de 1612 (L. Cabrera de Córdoba, /. c, pág. 496). 

19 Luis de Oviedo, criado del Arzobispo y canónij^o de- 
Toledo, al cual mandó el Papa que no pudiese residir en 
esta ciudad. Por ello tuvo gran sentimiento el Cardenal 
(id., id., pág. 461). 



í 



32 ESPINEL 

No quiero cansar a V. S. I., pues Dios le crió 
tan enemigo de oír sus alabanzas. Ofrezco 
a V. S. I. este-humilde y miserable trabajo, no 
para defensa suya, sino para honra y amparo 
s de su dueño, que si fuere malo, será malo y mío, 
y si bueno será de Dios y de V. S. Ilustrísima, a 
quien, etc.... 

El Maestro Vicente Espinel. 



PROLOGO AL LECTOR 

Muchos días, y algunos meses y años, estu- 
ve dudoso si echaría en el corro a este pobre Es- 
cudero desnudo de partes y lleno de trabajos 
que la confianza y la desconfianza me hacían 
una muy trabada e interior guerra. La confian- 
za, llena de errores ; la desconfianza, encogida de 
terrores; aquélla, muy presuntuosa, y est^r%, 
muy abatida; aquélla, desvaneciendo el cerebro, 
y ésta desjarretando las fuerzas; y así me de- 
terminé de poner por medio a la humildad, que 
no solamente es tan acepta a los ojos de Dios, 
pero a los de los más ásperos jueces del mun- 
do. Comuniquélas con el licenciado Tribaldos 
de Toledo, muy gran poeta latino y español, 
docto en la lengua griega y latina, y en las or- 
dinarias, hombre de consumada verdad; y con 

4 partes : prendas, cualidades. 

IS Luis Tribaldos de Toledo (1558-1634). Ejerció el car- 
go de cronista mayor de Indias, y, según Nicolás Antonio, 
fué bibliotecario del Conde-Duque de Olivares. Para sus 
obras véase N. Antonio y los tomos XXI y LXIX de Rivad. 

17 Ordinarias: lengtias ordinarias o vivas; v. pág. 130. 



34 ESPINEL 

el maestro fray Ilortensio Félix Paravesin, doc- 
tísimo en letras divinas y humanas, muy gran 
poeta y orador; y alguna parte dello con el pa- 
dre Juan Luis de la Cerda, cuyas letras, virtud 

5 y verdad están muy conocidas y loadas ; y con 
el divino ingenio de Lope de Vega, que como 
él se rindió a sujetar sus versos a mi corrección 
en su mocedad, yo en mi vejez me rendí a pasar 
por su censura y parecer; con Domingo Ortiz, 

10 secretario del Supremo Consejo de Aragón, 
hombre de excelente ingenio y notable juicio; 
con Pedro Mantuano, mozo de mucha virtud y 

I Hortensio Félix Paravicino. Famoso en nuestra li- 
teratura por la hinchazón culterana de su oratoria. Firma 
la Aprobación de la edición princeps de la Vida di Mar- 
co» DE Obrigón al que dedica el siguiente elogio; "...de 
los libros deste género que parece de entrenitniento co- 
mún, es el que con mas raron deue ser impreso por tener 
el prouecho tan cerca del deleyte, que sin perjudicar en- 
seña y sin diuertir entretiene : el estilo, la inuencion, el 
gusto de las cosas y la moralidad que deduze dellas, ar- 
guyen bien la plunra que las ha escrito tan justamente 
1 celebrada en todas naciones. A mi alómenos de los libros 
h deste argumento me parece la mejor cosa que nuestra 
í, lengua tendrá y que V. m. deue darle una aprouacion muy 
!j honrada". 

4 Juan Luis de la Cerda (i 560-1 643). Jesuíta que te 
distinguió corro comentarista de las obras de Virgilio y 
Tertuliano. Hay un soneto suyo en el tomo XLII de Kivad. 
6 De la amistad de Lope y Espinel hemos tratado ex- 
tensamente en el Prólogo. 

9 Domingo Ortiz de Mandujana fué nombrado secro- 
tario del Reino de Valencia el día 8 de abril de 1600 (L. 
Cabrera de Córdoba 1. c, pág. 65). 

12 Pedro Mantuano. Famoso escritor, m. en Madrid en 
1656, citado frecuentemente por los clásicos. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 35 

versado en mucha lección de autores graves, que 
me pusieron más ánimo que yo tenía ; y no sólo 
me sujeté a su censura, pero a la de todos cuan- 
tos encontraren alguna cosa digna de reprehen- 
sión, suplico me adviertan della, que seré hu- « 
milde en recebilla. 

El intento mió fué ver si acertaría a escribir ' 
en prosa algo que a provecha se a mi república, 
deleitand o y enseñando, siguiendo aquel conse- 
jo de mi maestro Horacio,; porque han salido i»,\^^ 
algunos libros de hombres doctísimos en letras 
y opinión, que se abrazan tanto con sola la doc- 
trina, que no dejan lugar donde pueda el in- 
genio alentarse y recebir gusto ; y otros tan en- 
frascados en parecerles que deleitan con burlas ij 
y cuentos entremesiles, que después de haber- 
los revuelto, aechado y aun cernido, son tan 
fútiles y vanos, que no dejan cosa de sustancia 
ni provecho para el lector, ni de fama y opinión 
para sus autores. El padre maestro Fonseca es- •• 
cribió divinamente del amor de Dios, y con ser 
materia tan alta, tiene muchas cosas donde pue- 
de el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y 



20 Cristóbal de Fonseca. El Tratado del amor de Dios 
se imprimió en Salamanca, 1592. Cervantes, Quij., ed. tt. 
Marín, t. I, pás?. 38: "Y si no queréis andaros por tierras 
estrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del amor de Dios, 
donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acer- 
tare a desear en tal materia." 



36 ESPINEL 

gusto, que ni siempre se ha de ir con el rigor 
de la doctrina, ni siempre se ha de caminar con 
la flojedad del entretenimiento; l\jgar tiene la 
moralidad para el deleite, y espacio ~el deleite 

i para la doctrina; que la virtud — mirada cerca — 
tiene grandes gustos para quien la quiere, y el 
deleite y entretenimiento dan mucha ocasión 
para considerar el fin de las cosas. 

En tanto que no tuve determinación — así 

10 por la persecución de la gota como por la des- 
confianza mía — para sacar al teatro público 
mi Escudero, un caballero amigo me pidió 
unos cuadernillos del, y llegando a la noticia 
de cierto gentilhombre — a quien yo no conoz- 

»» co — aquella novela de la tumba de San Ginés, 
pareciéndole que no había de salir a luz, la con- 

II tó por suya, diciendo y afirmando que a él le 
/había sucedido; que hay algunos espíritus tan 
fuera de la estimación suya, que se arrojan a 
•• entretener a quien los oye con lo que se ha de 
averiguar no ser suyo. 

Si a alguno no se le asentare bien tratar de 

i6 Estas palabras dieron irotivo para que en el prólo- 
do a la ed. Madrid, 1804, se creyera que muchos episodios 
circularon manuscritos durante algún tiempo, y que en 
tal forma pudieron llegar a manos de Lesage. No nece- 
sitamos acudir a esta explicación, puesto que al nacer Le- 
sage (1668) hablan aparecido en España cinco ediciones 
del Marcos de Obregón, y según Brunet, se publicó una 
traducción francesa en i6i8. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 2)7 

personas vivas y alegar con sujetos conocidos 
y presentes, digo que yo he alcanzado la Mo- 
narquía de España tan llena y abundante de ga- 
llardos espíritus en armas y letras, que no creo 
que la romana los tuvo mayores, y me arrojo s 
a decir que ni tantos ni tan grandes. Y no quie- 
ro tratar de las cosas que los españoles han 
hecho en Flandes, tan superiores a las antiguas, 
como escribió Luis de Cabrera en su Perfecto 
Príncipe, sino de los que nuestros ojos han vis- i* 
to cada día y nuestras manos han tocado, como 
los que hizo don Pedro Enríquez, conde de 
Fuentes, con tan increíble ánimo : la toma y saco 
de Amiens que escribió en sus Comentarios don 
Diego de Villalobos, donde fué valeroso capitán i$ 
de lanzas y infantería, que con un carro de feno 
y un costal de nueces, seis capitanes tomaron una 
ciudad tan grande, plataforma y amparo de 
toda Francia; la facilidad y determinación con 
que acuden al servicio de su rey los españoles, *• 

10 Luis Cabrera de Córdoba, Advertencias para la edu- 
cación del Príncipe. Madrid, i6i8. 

13 Pedro Enríquez de Acevedo, Conde de Fuentes, 
n. en Zamora en 1525 y m. en Milán en 1610. 

15 Diego de Villalobos y Benavides, Comentarios de las 
cosas sucedidas en los Países Baxos de Flandes desde el 
año de 1594 hasta el de 1598. Madrid, 161 2. 

Amiéns cayó en poder de los españoles en 1597, pero 
en el mismo año fué reconquistada por Enrique IV de 
I'rancia después de un sitio de cuatro meses. 

16 feno: heno. 



38 ESPINEL 

poniendo sus vidas a peligro de perdellas, co 
mo se vio ahora en lo de Mámora, que andu- 
vieron nadando toda la noche no hallando ba~ 
/ jel ni tierra donde ampararse, sobrepujando 

5 con valor a su fortuna, cosas que no se vieron 
en la Monarquía romana. ¿Qué autores anti- 
guos excedieron a los que ha engendrado Es- 
paña en los pocos años que ha estado libre de 
guerras? ¿Qué oradores fueron mayores que 

lo don Fernando Carrillo, don Francisco de la 
Cueva, el licenciado Berrio, y otros que con 
excelente estilo y levantados conceptos persua- 
den la verdad de sus partes? De no leer los 
autores muertos ni advertir en los vivos los 

15 secretos que llevan encerrados en lo que pro- 
tesan, nace no darles el aplauso que merecen; 
que no es sola la corteza la que se debe mi- 
rar, sino pasar con los ojos de la conside- 



2 Mámora hoy Mehdia, en la roña del protectorado 
francés de Marruecos. En 1617 Felipe III dispuso una 
expedición al mando de Luis Fajardo, y tomó la plaza. 

11 Francisco Alberto de la Cueva, religioso de San Fran- 
cisco de Paula, m. en la primera mitad del s. xvii. Pano- 
girico del Santísimo Sacramento en el día de su fcstivü 
dad, predicado en la catedral de Barcelona (Barcelona, 
1624). Sermón de la Purísima Concepción (Zaragoza, 1728). 

TT Gonzalo Mateo de Berrio, n. en Granada hacia 1554. 
Famoso poeta, jurisconsulto y orador muy citado por los 
ingenios de su tiempo (Cristóbal de Mesa, Cervantes, Lope 
de Vega). Sólo se conservan algunos versos suyos que Pe- 
dro de Espinosa insertó en sus Flores de poetas ilustres. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 39 

_ración más adentro. Ni por ser los autores 
más antiguos son mejores, ni por ser más mo- I 
dernos son de menos provechp y estimación. . 
Quien se contenta con sola la corteza, no saca 
fruto del trabajo del autor; mas quien lo ad-jj^^T. 
vierte con los ojos del alma, saca milagroso 
fruto. 

Dos estudiantes iban a Salamanca desde An- 
tequera; uno muy descuidado, otro muy cu- 
rioso; uno muy enemigo de trabajar y saber, i* 
otro muy vigilante y escudriñador de la len- 
gua latina; y aunque muy diferentes en todas 
las cosas, en una eran iguales : que ambos eran 
pobres. Caminando una tarde del verano por 
aquellos llanos y vegas, pereciendo de sed, lie- u 
garon a un pozo donde, habiendo refrescado, 
vieron una pequeña piedra, escrita en letras 
góticas, a medio borradas por la antigüedad y 
por los pies de las bestias que pasaban y bebían, 
que decían dos veces: Conditur unió, conditur ao 
unió. El que sabía poco, dijo: "¿Para qué es- 
culpió dos veces una cosa este borracho?" 
que es de ignorantes ser arrojadizos. El otro 
calló, que no se contentó con la corteza, 
y dijo: "Cansado estoy y temo la sed, no quie- >s 
ro cansarme más esta tarde." "Pues quedaos 
como poltrón", dijo el otro. Quedóse, y ha- 
biendo visto las letras, después de haber lim- 



40 ESPINEL 

piado la piedra y descortezado el entendimien- 
to, dijo : " Unió quiere decir unión, y unió quie- 
re decir perla preciosísima; quiero ver qué se- 
creto hay aquí"; y apalancando lo mejor que 
pudo, alzó la piedra, donde halló la unión del 
amor de los dos enamorados de Antequera, y 
en el cuello della, una perla más gruesa que una 
nuez, con un collar que le valió cuatro mil es- 



6 Los enamorados de Antequera. "Alude a una leyen- 
da amorosa, trágicamente desenlazada. Compárase con esos 
amantes a aquellos otros a quienes la locura del amor 
lleva a la muerte.'- Montoto, Personajes, personas y per- 
sonillas, que corren por las tierras de ambas Castillas, 
t. I, pág. 231 : 

"Esta famosa piedra [la peña de los enamorados'], cuya 
celebridad se extiende por toda España, se levanta en me- 
dio de la vega camino de Archidona, como para dividir 
la de esta última de la de Antequera ; su longitud es de 
dos estadios o quinientos pasos, y su latitud, apenas ex- 
cederá de medio estadio. Aunque a la vista parece que 
acaba en figura piran-idal, su cumbre es plana y espacio- 
sa, y a su falda corre el fecundo Guadalhorce. 

"El título de este peñasco es el recuerdo de un suceso 
histórico que se refiere de muchos modos. El P. Mariana, 
lib. 19, cap. 22, dice que hallándose cautivo en Granada un 
joven cristiano, ^e enamoró de él la hija de su señor 
y no dudó en revelarle el fuego secreto que abrasaba su 
pecho. El joven le correspondió fino y amante, y con- 
certaron entre los dos el fugarse de aquella ciudad, y re- 
fugiarse en alguna de las plazas castellanas de la fron- 
tera. Una noche, favorecidos de la oscuridad, pusieron en 
ejecución sus intentos, y se alejaron de la vega de Gra- 
nada. Sin cesar de caminar llegaron los fugitivos a la 
Peña de los Enamorados, donde fué preciso descansar al- 
gún tiempo de las fatigas de un viaje tan penoso y dila- 
tado. Pero mientras lo verificaban, el padre de la mora, que 
volaba en pos de ellos, se descubrió a corta distancia 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 4I 

cudos. Tornó a poner la piedra y echó por otro 
camino. 

Algo prolijo, pero importante es el cuento, 
para que sepan cómo se han de leer los auto- 
res, porque ni los tiempos son unos, ni las eda- 
des están firmes. Yo querría en lo que escri- 
bo que nadie se contentase con leer la corteza, 
porque no hay en todo mi Escudero hoja que 

acompañado de algunos ginetes. Los desdichados aman- 
tes, viéndose perdidos, se abalanzaron a la cumbre de la 
Peña ; pero su perseguidor los amenazaba con saña y 
fiereza, mientras subían, y les anunciaba una muerte ho- 
rrorosa e inevitable si no se postraban inmediatamente 
a sus pies. Mostráronse rebeldes los enamorados, y el 
joven cristiano con piedras y palos defendia la subida del 
peñasco y arredraba a sus perseguidores ; pero el padre, 
inexorable, mandó a varios flecheros de las cercanías que 
les enderezasen sus dardos mortíferos y los privasen de 
la vida en la eminencia. Los infortunados amantes en tan 
anijrpHa. situación se estrecharon fuertemente y se preci- 
pitaron por la Peña a vista del iracundo viejo, que per- 
maneció insensible y quería dilatar su venganza aun más 
allá del sepulcro, y este trágico acontecimiento dio a 
nuestra célebre colina el nombre de Peña de los Enamo- 
rados. Sigue esta narración don Rodrigo de Carbajal en 
su poema, y añade que la mora se llamaba Ardama, su 
padre, Abenabo, y el joven cautivo, Tello de Aguilar, ca- 
ballero hijodalgo de Ecija..." (Cristóbal Fernández, pbro. 
Historia de Antequera. Málaga. Impr. del Comercio, 1842, 
págs. 108 y sigts.) Sigue después el relato de las varian- 
tes de la leytnda según textos y la tradición. 

"Sobre el sepulcro se mandó colocar una losa con estas 
palabras: conditur unió, conditur nnio, aludiendo la re- 
petición al estrecho amor de aquellos desgraciados y a 
una piedra preciosa de exquisito valor y de notable mag- 
nitud que pendía del cuello de la mora y con la cual fué 
sepultada." (Id. id., pág. 202.) 



42 ESPINEL 

no lleve objeto particular fuera de lo que sue- 
na. Y no solamente ahora lo hago, sino por in- 
clinación natural en los derramamientos de la 
juventud lo hice en burlas y veras; edad que 
5 me pesa en el alma que haya pasado por mi, 
y plegué a Dios que lleguen los arrepentimien- 
tos a las culpas. 



RELACIÓN PRIMERA DE LA VIDA DEL 
ESCUDERO MARCOS DE OBREGON 

Este largo discurso de mi vida, o breve re- 
lación de mis trabajos, que para instrucción de 
la juventud, y no para aprobación de mi vejez, s 
he propuesto manifestar a los ojos del mun- ^ji 
do, aunque el principal blanco a que va mcli- ^V 
nado es aligerar por algún espacio, con alivio 
y gusto, la carga que, con justos intentos, opri- 
me los hombros de V. S. I., lleva también •• 
encerrado algún secreto, no de poca sustancia 
para el propósito que siempre he tenido y tengo 
de mostrar en mis infortunios y adversidades ^-*- 
cuánto importa a los escuderos pobres, o poco 
hacendados, saber_ rom2er__por las dificultades is 
del mundo, y oponer el pecho a los peligros del 
tiempo y la fortuna, para conservar, con hon- 
raL^^Ttput3iCÍón, un don tan precioso como el 
dfi la vida , que no§~x:roncedió la divina ^lajes- 
tad para rendirle gracias y admirarnos contem- «• 
piando y alabando este orden maravilloso de 
cielos y elementos, los cursos ciertos e inviola- 
bles de las estrellas, la generación y producción 



44 ESPINEL 

de las cosas, para venir en verdadero conoci- 
miento del universal fabricador de todas ellas. 
Y aunque me coge este intento en los postreros 
tercios de la vida, como a hombre que por vie- 
s jo y cansado se le hizo merced de darle una pla- 
za tan honrada como la de Santa Catalina 
de los Donados desta Real villa de Madrid 
— donde paso lo mejor que puedo — , en los in- 
tervalos que la gota me concediere, iré prosi- 
go guiendo mi discurso, guardando siempre bre- 
Íp^* vedad y honestidad, que en lo primero cumpli- 
ré "con mi condición y inclinación natural, y en lo 
segundo, con la obligación que tienen todos aque.. 
líos a quien Dios hizo merced de recebir el agua 
del bautismo. Religión que tanta limpieza, ho- 
nestidad y pureza ha profesado, profesa y pro- 
fesará desde su principio y medio hasta el úl- 
timo fin desta máquina elemental. Y con el 
ayuda de Dios, procuraré que el estilo sea tan 
»o acomodado a los gustos generales, y tan poco 
cansado a los particulares, que ni se deje por 
pesado, ni se condene por ridículo. Y así, en 
i cuanto mis fuerzas bastaren, procederé delei- 
V tando al lector, juntamente con enseñarle, imi- 
)j^^ as tando en esto a la próvida naturaleza, que an- 
tes que produzca el íruícr^ue cría para mante- 
nimiento y conservación del individuo, mues- 
tra un verde apacible a la vista y luego una 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 45 

flor que la regala el olfato ; y al fruto le da co- 
lor, olor y sabor, para aficionar al gusto que 
le coma y tome del aquel sustento que le alien- 
ta y recrea, para la duración y perpetuidad de 
su especie. O haré como los grandes médicos, 5 
que no luego que llegan al enfermo le marti- 
rizan con la violencia del reobarbo, ni con otras 
medicinas arrebatadas, sino primero disponen 
el humor con la blandura y suavidad de los ja- 
rabes, para después aplicar la purga, que ha i» 
de dejar al sujeto limpio y libre de la corrup- 
ción que le aquejaba. Y si bien son muy tri- 
lladas estas comparaciones de los médicos y 
las medicinas, pueden traerse muy bien entre 
manos, por ser fáciles e inteligibles, y más yo, is 
que por la excelente gracia que tengo de curar 
por ensalmos, puedo usar dellos, como uso del 
oficio, con tanta aprobación y opinión de todo 
el pueblo, que me ha valido tanto el buen pues- 
to en que estoy junto con traer unas cuentas »• 
muy gruesas, unos guantes de nutria, unos an- 
tojos que parecen más de caballo que de hom 
bre, y otras cosas que autorizan mi persona; 
que estoy tan acreditado, que toda la gente 
ordinaria desta Corte y de los pueblos circun- -s 
vecinos acuden a mí con criaturas enfermas 
de mal de ojo, con doncellas opiladas o con 

7 reobarbo : ruibarbo. 



46 ESPINEL 

herjdas de cabeza y de otras partes del cuer- 
po, y con otras mil enfermedades, con deseo 
de cobrar salud; pero curo con tal dulzura, 
suavidad y ventura, que de cuantos vienen a 

s mis manos no se me mueren más de la mitad, que 
es en lo que estriba mi buena opinión ; porque 
éstos no hablan palabra, y los que sanan di- 
cen mil alabanzas de mí, aunque quedan per- 
digados para la recaída, que todos vuelan sin 

lo remedio. Mas la gente que más bendiciones 
me echa es la que curo de la vista corporal, por- 
que como todos o la mayor parte son pobres 
y necesitados, con la fuerza de cierta confec- 
ción que yo sé hacer de atutia y cardenillo y 

ii otros simples, y con la gracia de mis manos, 
/^ a cinco o seis veces que vienen a ellas, los de- 
jo con oficio, con que ganan la vida muy hon- 

\ radamente, alabando a Dios y a sus santos con 
i muchas oraciones devotas, que aprenden sin 

ai) poderlas leer. 

5 Así en el orijí. ; las detrás ediciones: "no se mue- 
ren más de la mitad." 

9 perdigar: "Metaphoricamente valf disponer o prepa- 
rar alguna cosa para algún fin. Usase regularmente con 
los auxiliares estar o quedar." (Dice. Aut.) 

14 atutia: "Género medicinal que muchos llaman Tuthía. 
Parece haber varias especies de tila. La verdadera se pro- 
duce del hollín que se eleva del cobre cuando se funde y 
purifica... Hácense de ella varias medicinas, y la que tie- 
ne más nombre en las boticas es la atuthia preparada." 
(Dice. Aut.) 

X7 dejar con oficio : en disposición de trabajar. 



DESCANSO PRIMERO 

Estando pocos días ha, con los ojos altos y 
humildes al cielo, el rostro sereno y grave, las 
manos sobre un muy blanco lenzuelo en los 
oídos del enfermo, y pronunciando con mucho 4 
silencio las palabras del ensalmo, pasó cierto 
cortesano y dijo: "No puedo sufrir los embe- 
lecos destos embusteros." Yo callé y proseguí 
con mi acostumbrada compostura la medicinal 
oración, y en acabándola me dijo mi compañe- w 
ro: ";No oístes cómo os llamó aquel gentil- 
hombre de embustero?" "El no habló conmi- 
go — dije yo — , y de lo que a mí no se me dice | 
derechamente, no tengo obligación de sentirme, 
ni hacer caso." Y deseo persuadir desto a los »i 
que por la poca experiencia, o por la condi- 
ción alterada y presta que naturalmente tienen, 



14 sentirse: "Formar quexa o tener sentimiento de al- 
guna cosa explicándola de algún modo." (Dice. Aut.) La 
ed. B. 1881 : "no tengo obligación de responder ni hacer 
caso". 



48 ESPINEL 

se dan por sentidos de las ignorantes liberta- 
des de quien no tiene atrevimiento para decir- 
las descubiertamente, que ni llevan orden de 
agravio, ni arguyen ánimo, ni valor en quien 
5 las dice; ella es ignorancia grande introducida 
de gente que trae siempre la honra y la vida en 
las manos; que no tengo yo de persuadirme a 
que, pues no me hablan libremente, me ofen- 
den, aunque tengan intención de hacerlo; que 
los tiros que éstos hacen son como los de una 
escopeta cargada de pólvora y vacía de bala, 
que con el ruido espantan la caza y no hacen 
jOtra cosa. Los agravios no se han de recebir 
si no van muy descubiertos, y aun desto se ha 
15 de quitar cuanto fuere posible; desapasionán- 
dose y haciendo reflexión en si lo son o no, co- 
mo discretísimamente hizo don Gabriel Zapa- 
ta, gran caballero y cortesano y de excelentí- 
simo gusto, que enviándole un billete de desafío, 
a las seis de la mañana, cierto caballero con 
quien había tenido palabras la noche antes, y 
habiéndole despertado sus criados por parecer- 
Íes negocio grave, en leyendo el billete dijo al 
que le traía: "Decilde a vuestro amo que digo 
yo que para cosas que me importan mucho 
gusto no me suelo levantar hasta las doce del 
día; ¿que por qué quiere que para matarme me 
levante tan de mañana?" Y volviéndose del 



11 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 49 

Otro lado se tornó a dormir, y aunque después 
cumplió con su obligación, como tan gran ca- 
ballero, se tuvo esta respuesta por muy dis- 
creta. 

Don Fernando de Toledo, el tío — que por s 
discretísimas travesuras que hizo le llamaron el^ «t^ 
picaro — , viniendo de Flandes, donde había si- 
do valeroso soldado y Maestre de Campo, des- 
embarcándose de una falúa en Barcelona, muy 
cercado de capitanes, dijo uno de los dos.pí- lo 
caros que estaban en la playa, en voz que él lo 
pudiese oír: "Este es don Fernando el Picaro." 
Dijo don Femando volviéndose a él: "¿En lx^ 
^ué lo echaste de ver?" Respondió el picaro i^ 
"Hasta aquí en que lo oía decir, y ahora en is 
que no os habéis corrido dello." Dijo don Fer- . 
nando muerto de risa: "Harta honra me ha- 4*, 
ees, pues me tienes por cabeza de tan honra- ' 
da profesión como la tuya." 

Así que aun de aquellas injurias que dere- «o 
chámente vienen a ofendemos habemos de 
procurar por los mismos filos hacer triaca del 



S Cuando Espinel quiso dejar la vida militar y vol- 
ver a España embarcóse en Sama en las gateras de don 
Fernando de Toledo, quien le recibió con gran cordiali- 
dad y le agasajó hasta desembarcarle en Barcelona. En 
el Prólogo hemos tratado de las relaciones entre ambos. 

22 Herir por los mismos filos: "Phrase de la esgrima 
que vale herir al contrario siguiendo el mismo filo de su 



50 ESPINEL 

veneno, gusto del disgusto, donaire de la.._^- 
sadumbre y risa de la ofensa. Que pues pro- 
cura un hombre entender por dónde camina 
una espada, los círculos y medios, la fortaleza 

5 y flaqueza, la ofensa y la defensa, y lo ejer- 
cita con grande perseverancia hasta hacerse 
muy diestro, para que no le maten o hieran, 
¿por qué no se ejercitará en lo que estorba a 
venir a tan miserable estado, que es la pacien- 

lo cia? Que puesta la cólera en su punto, y vistas 
dos espadas desnudas, una con otra han de 
herir o huir, cosa que por tan infame se ha te- 
nido siempre en todas las naciones del mundo; 
y si con mucho menos trabajo y ejercicio se 

15 puede hacer un hombre diestro en la paciencia, 
que es quien refrena los ímpetus bestiales de 
la cólera, la potencia de los poderosos, la bra- 

espada... Metaphorícamente se toma por valerse uno de 
las mismas razones o acciones de otro para impugnarle o 
mortificarle." (Dice. Aut.) 

15 Circulaban a principios del siglo xvii algunos libros 
que trataban de reducir la esgrima a ciencia matemática, 
dando reglas sobre las líneas geométricas que debían se- 
guir las armas. Uno de ellos es el de don Luis Pacheco 
de Narváez, Libro de la grandeza de la espada, etc.. Ma- 
drid, 1600, del cual tomo el siguiente párrafo para expli- 
car los círculos y medios a que alude Espinel: "aueys de 
passar al círculo de punto R por la circunferencia de pun- 
to D, y guardando siempre tal medio será impossible po- 
deros herir por la proporción y distancia que siempre lle- 
varéis caminando por el círculo mayor, y jamás vuestro 
contrario os podrá alcanzar por la calidad que el círculo 
tiene por ser figura redonda que no tiene principio ni fin." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 5 1 

veza de los valientes, la descortesía de los so- 
berbios ignorantes, y ataja otros mil inconve- 
nientes, ¿por qué no se procurará esto por no . 
llegar a lo otro ? En Italia dicen que la pacien- '^ ' 
cía. es manjar de poltrones; mas esto se entien- s 
de de una paciencia viciosa, que el que la pro- 
fesa por comer, beber y holgar, sufre cosas in- 
dignas de imaginar entre hombres. Aquí se 
trata de la paciencia que acicala y afina las vir- 
tudes, y la que asegura la vida, la quietud del '«• 
ánimo y la paz del cuerpo, y la que enseña a 
que no se tenga por injuria la que no lo es ni 
lleva modo de poderse estimar por tal; que en 
sólo el uso desta divina virtud se aprende có- 
mo se han de rechazar los agravios paliados, »s 
cómo se han de resistir los descubiertos, qué 
caso se debe hacer de los que se dicen en ausen- 
cia, que es otro yerro notable que anda derra- 
mado entre la gente, que ni sabe sufrir, ni lo 
quiere aprender, que así se ofenden de un agrá- »o 
vio encañado por arcaduces como de una cu- 
chillada en el rostro, como si hubiese alguno 
en el mundo, por justo que sea, que tenga las 
ausencias sin alguna calumnia. Y porque la 

15 paliado: Disimulado, encubici-to, (üicc. Aut.) 
21 Encañado por arcaduces: significa aquí oculto, en- 
cubierto ; lo mismo que paliado. 

"Encañar el agua, licuarla por los caños o arcaduzes." 
(Covarrubias.) 



52 ESPINEL 

materia de suyo es algo pesada, quiero alige- 
ralla con decir lo que me pasó sirviendo al 
más desazonado colérico del mundo; porque 
tras de muchos infortunios, que toda mi vida 

5 he sufrido, me vine a hallar desacomodado al 
cabo de mi vejez, de manera que porque no me 
prendiesen por vagamundo, hube de encomen- 
darme a un amigo mío, cantor de la Capilla del 
Obispo — que éstos todo lo conocen, si no es a 

>• sí propios — y él tne acomodó por escudero y 
ayo de un médico y su mujer, tan semejante 
el uno al otro en la vanidad de valentía y her- 
mosura, que no les quedó que repartir en los 
vecinos, con los cuales me pasaron lances harto 

»$ dignos de saberse. 

9 Se refiere a la Capilla de música del Obispo de Pla- 
sencia, de la cual fué maestro Espinel (v. Prólogo). 

9 El orig. y las dos ed. de Barcelona, i6i8: "todos Id 
conocen", por errata que corrige la ed. Sevilla, 1641 y 
siguientes. 



DESCANSO SEGUNDO 

Llamábase el doctor Sagredo, hombre mo- 
zo, de muy gentil disposición, algo locuaz, y 
aun loco, más colérico y fácil de enojarse que 
gozque de panadero, presuntuoso y estimador s 
de su persona, y — para que no se echasen a 
perder dos casas sino una — casado con una 
mujer de su misma condición, moza y muy her- 
mosa, alta de cuerpo, cogida de cintura, del- ^-^*^ 
gada, y no flaca, derecha de espaldas, el mo- i* 
vimento con mucho donaire, ojos negros y 
grandes, pestaña larga, cabello castaño, que 
tiraba un poco a rubio, briosa, y no muy poco 
soberbia, vana y presuntuosa. 

Llevóme a su casa el buen Doctor, y lo pri- 15 
mero que encontré fué una muía muy flaca 

5 gozque: "Los gozques son unos perritos que crían 
gente pobre y baxa, son cortos de piernas, largos de cuer- 
po y de hozico, importunos a los vezinos, nrolestos a los 
galanes, odiados de los ladrones, duermen todo el día, y 
con esto velan y ladran toda la noche; y menos siente un 
oficial que deys un bofetón a su hijo, que vna coz a su 
perro." (Covarrubias.) 



54 ESPINEL 

en una caballeriza, tan ajustada con ella, que 
si tuviera alas no pudiera caber dentro. Subi- 
mos una escalerilla y representóseme luego la 
sala donde estaba la señora doña Mergelina 
5 de Aybar, que ansí se llamaba, a quien yo miré 
de muy buena gana, que aunque viejo incapaz 
de semejantes apetitos, por razón y por edad, 
^^^ 1 la miré como a hermosa, que a todos ojos es 
la hermosura agradable. Dijo el Doctor: "Veis 

I* aquí a quien habéis de servir, que es mi mujer." 
Yo le dije: "Por cierto bien merece tan gentil 
dama a tal galán." Ella respondió como mu- 
jer hermosa ignorante, o por mejor decir, pre- 
«^ guntó: "¿Quién os mete a vos en eso?" "Se- 
,y»-^ is ñora — dije yo — , advierta v. merced que cuan- 
do la llamé gentil no quise decir que no era 
cristiana, sino que tenía muy gentil talle y cuer- 
po." "Que bien os entendí — dijo ella — , sino 
que no quiero que nadie se me atreva a decirme 

20 requiebros." "Es la honra del mundo — dijo el 
Doctor — ; servidla con gusto y cuidado, que 
yo os lo pagaré muy bien." Miré la casa muy 
de espacio, aimque se podía ver muy de presto, 
porque no vi en toda ella si no es un espejo muy 

33 grande en un poyo muy pequeño de una ven- 
tana, y unas redomillas que lo acompañaban, 
con un cofrecillo pequeñuelo; y mirando a un 
rincón, vi un montante con ciertas espadas de 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 55 

esgrima, dagas, espadas blancas, una rodela y 
broquel. Díjome el Doctor: "¿Qué os parece 
de mi recámara? Miradla bien, que en Alca- 
lá era temida aquella espada. " " No miraba — di- » 
je yo — sino adonde estaban los libros, que soy s 
aficionado a ellos." "Estos son — dijo — mis 
Galenos y mis Avicenas, que por la negra y 
la blanca nadie me igualó en Alcalá, y no se 
meneó contra mí hombre de noche que no fue- 
se lastimado de mis manos." "Luego v. mer- i» 
ced — dije yo — más aprendió a matar que a \ 
sanar." "Yo aprendí — respondió él — ■ lo que 
los demás médicos; y por haber poco que vine 
de mis estudios, no me he reparado de libros, 
que bien parece en los profesores de las facul- 15 
tades tener cada uno los de la suya. Pero deje- 
mos eso, y llevad a vuestra ama a misa, que es 
ya tarde." 

Púsose su manto mi señora doña Mergelina, 
y llévela/ o acompáñela hasta San Andrés, que 20 
vivían en la Morería vieja, y en el camino 
— como es costumbre — muchos de los que la 
topaban le decían alguna cosa de su buen ta- 
lle y rostro; a lo cual ella respondía tan ace- " 



8 la negra y la blanca: Espada negra o de esgrima, y 
espada blanca. 

15 El orig. y las ediciones: "bien parecen en los pro- 
fesores". 



56 ESPINEL 

damente, que todos iban desgiistados de sus 
"respuestas. Yo le decía: "Mire, señora, que 
ya que no responda bien, a lo menos tiene obli- 
gación de callar como mujer principal, que en 

5 el silencio no puede haber que notar." "No 
soy yo mujer — decía ella — a quien nadie ha 
de perder el respeto." 

Si alguno le decía que era muy hermosa, 
ella le decía: "Y él hermoso majadero." Dí- 

lo jóle un día un mozalvillo, no de mal talle: "Asi 
se me tornen las pulgas en la cama" ; al cual 
muy de propósito respondió: "Debe de dormir 
en alguna zahúrda el lechón." 

Era tan descortés y sacudida, que todos lo 

15 iban de sus respuestas, y ella lo quedaba de 
mis reprehensiones. A cierto clérigo de San 
Andrés, pequeño de cuerpo y grande de áni- 
mo, conocido mío, que yendo muy pulido con 
una sobrepelliz muy blanca, porque le dijo que 

2o no se saliese de casa a hacer el oficio de la 
muerte, le replicó: "También habla el escara- 

. bajo hinchado" ; que con aquel sacudimiento 
tenía mucho donaire y gusto en cualquiera ma- 



I acedamente: con acritud. 

II Exclamación muy frecuente, usada también por Ba- 
rahona de Soto y Cervantes, Quij. (R. Marín, II, pág. 448 
y nota adjunta). 

21 el oficio de la muerte: oficio de difuntos. Por la se- 
riedad y aspereza de su porte. ■ 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 57 

teria. Yo, entre muchas veces que le reprendí 
su vanidad, me arrojé una a decirle todo lo 
que me pareció, que aunque ella estaba confia- 
da en su buen parecer, quise ver si podía en- 
mendalla con el mío, y le dije: $ 

"Vuesa merced usa de su hermosura lo peor 
del mundo ; porque pudiendo ser querida y loa- 
da de cuantos andan en él, quiere ser aborre- 
cida de todos. Quien dic< hermosura, dice apa-'^-^'^^'^^ 
cibilidad, dulzura, suavidaí de condición y tra- i» 
to, y mezclándola con soberbia y desapacibili- 
dad, se viene a convertir en odio lo que había 
de ser amor; que un don tan excelente como 
la hermosura, concedido por merced de Dios, 
es razón que tenga alguna correspondencia con xj 
el ánimo, que si no parece lo uno a lo otro, argu- 
ye mal entendimiento, o poco agradecimiento 
a la merced que Dios hace a quien lo da. Her- 
mosura con mala condición es una fuente cla- 
rísima que tiene por guarda una víbora, y es ao 
sobrescrito y carta de recomendación, qiíü en 
abriéndola tiene un demonio dentro. ¿Hay en 
el mundo quien quiera ser aborrecido? ¿Hay 
quien quiera ser estimado en poco? No por 
cierto. Pues quien tiene consigo por qué le amen ,5 
y estimen, ¿por qué quiere que le aborrezcan y 
menosprecien? ¿Es por fuerza que la hermo- 
sura ha de estar acompañada con vanidad, des- 



58 ' ESPINEL 

dorada con ignorancia y conservada con lo- 

..cura? ¿Por qué cuando se mira vuesa merced 
\'al espejo no procura que lo interior se parez- 
ca a lo exterior? Pues adviértole que suele el 

s'' tiempo, y aun Dios, castigar de manera las va- 
nidades, que los montes se allanan y las to- 
rres vienen al suelo. ¡Cuántas hermosuras se 
han visto y veen cada día en esta máquina o 
ejemplo del mundo rendidas a mil desdichas 

ro y calamidades, por faltarles el gobierno y cor- 
dura ! Que aunque la hermosura, el tiempo que 
dura, es querida y estimada, en marchitándo- 
se no le queda otra prenda-^sino las que gran- 
jeó, y el crédito y amistades que a fuerza de 

■5 buen término conquistó cuando estaba en su 
fuerza y vigor. Y es el mundo de tan baja con- 
dición, que a nadie acaricia por lo que tuvo, si- 
no por lo que tiene. ¿ Qué hermosura se ha vis- 
to que no se estrague con el tiempo? ¿Qué 

20 vanidad que no venga a dar en mil bajíos? ¿Qué 
estimación propia que no padezca mil azares? 
Cierto que fuera bien que, como hay para las 
mujeres maestros de danzar y bailar, los hu- 
biese también de desengaño, y que como se 

í3 enseña el movimiento del cuerpo, se enseñase 
la^ constancia del ánimo. Yo digo, y aun acon- 
sejo a V. m., lo que como hombre de expe- 
riencia me parece que es razón y lleva camino. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 59 

Mire no la castigue su presunción y demasia- 
da estimación de su persona." 

Estas y otras muchas cosas le dije y decía 
cada día; pero ella se estuvo siempre en sus 
trece, y quien no admite consejo para escar- s 
mentar en cabeza ajena, serále forzoso escar- 
mentar en la suya, por seguir las inclinaciones 
propias, como sucedió a la señora doña Merge- 
lina teniendo las suyas por ley y al tiempo por 
verdugo dellas, desta manera : lo 

Venía casi todas las noches a visitarme un 
mocito barbero, conocido mío, que tenía bo- 
nita voz y garganta; traía consigo una guita- 
rra con que, sentado al umbral de la puerta, can- 
taba algunas sonadillas, a que yo le llevaba un is 
mal contrabajo, pero bietn concertado — que 
no hay dos voces que si se entonan y cantan 
verdad, no parezcan bien — , de manera que 
con el concierto y la voz del mozo, que era ra- 
zonable, jimtábamos la vecindad a oír nuestra *o 
armonía. El mozuelo tañía siempre la guitarra, 
no tanto por mostrar que lo sabía, como por 
rascarse con el movimiento las muñecas de las 
manos, que tenía llenas de una sarna perruna. 

IS sonadillas: Aígunas ed. "tonadillas'\ La confusión 
entre las dos palabras debió de ser común, pues Covarni- 
bias dice: "Sonada. El son o cantarcico que corruptamen- 
te llaman tonada, aunque se puede dezir de tono." 

24 sarna perruna: "La que es mui menuda, más dañosa 



6o ESPINEL 

Mi ama se ponía siempre a escuchar la mú- 
sica en el corredorcillo, y el Doctor, como ve- 
nía cansado de hacer sus visitas — aunque te- 
nía pocas — , no reparaba en la música, ni en el 

5 cuidado con que su mujer se ponía a oírla. Co- 
mo el mozuelo era continuo todas las noches 
en venir a cantar, si alguna faltaba, mi ama lo 
echaba menos y preguntaba por él, con algu- 
na demostración de gustar de su voz. Vino a 

'° parecerle tan bien el cantar, que cuando el mo- 
zuelo subía un punto de voz, ella bajaba otro 
de gravedad, hasta llegar a los umbrales de la 
puerta, para oírle más cerca las consonancias; 
que la música instrumental de sala, tanto más 

's tiene de dulzura y suavidad, cuanto menos de 
vocería y ruido; que como el juez, que es el 
oído, está muy cerca, percibe mejor y más aten- 
tamente las especies que envía al alma, forma- 
das con el aplauso de la media voz. El mozue- 

y perniciosa que la común. Llamóse assi por ser semejan- 
te a la que da a los perros." (Dice. Aut.) 

10 El orig. : "vino a parecerle también". Las dos ed. 
B. i6i8: "tan bien." 

11 "Notas o puntos musicales son ocho caracteres que 
usan los músicos en Ja práctica del cantar..." (Dice. Aut.» 

i8 "Especies se llaman en música las voces en la com- 
posición. Divídanse en dissonantes y consonantes, y estas 
en perfectas e irrperfectas." (Dice. Aut.) Pero creo que 
aqui se refiere el autor a las llamadas especies sensibles 
e inteligibles en las escuelas filosóficas. 

19 aplauso; Tono reposado, solemne, grave: "y él las 
racibió con grave continente y aplauso." Quijote (ed. R. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 6l 

lo dejó de venir cinco o seis noches, por no sé 
qué remedio que tomaba para curarse; y las 
cosas que son muy ordinarias, en faltando ha- 
cen mucha falta, y así mi ama cada noche pre- 
guntaba por él. Yo le respondí, más por corte- 
sía que por falta que él hiciese: "Señora, es- 
te mozuelo es oficial de un barbero, y como 
sirve, no puede siempre estar desocupado; fue- 
ra de que agora se está curando un poquillo de 
sarna que tiene." "¿Qué hacéis — dijo ella — 
de aniquilalle y disminuílle?... Mozuelo..., bar- 
bero..., sarna...; pues a fee que no falta quien 
con todas esas que vos le ponéis, le quiera bien. " 
"Bien puede ser — dije yo — , que el pobrecillo 
es humilde y fácil para lo que le quieran man- 
dar ; y cierto que muchas veces le guardo yo de 
mi ración un bocadillo que cene, porque no to- 
das veces ha cenado." "En verdad — dijo ella — • 
que a tan buena obra os ayude yo" : y de allí 
adelante, siempre le tenía guardado un regali- 
llo todas las noches que venía, una de las cua- 
les entró quejándose porque de una ventana le 
habían arrojado no sé qué desapacible a las na- 
rices ; a las quejas suyas salió mi ama al corre- 
Marín, II, pág. 483). — "con grave paso poco a poco se mo- 
vía, y los demás pastores andando con el mismo aplauso, 
y tocando todos sus instrumentos, daban de sí agrada- 
ble y extraña muestra". Calatea, lib. II (ed. Viada y Lluch, 
pág. 119). 



62 ESPINEL 

dor, y bajó al patio estándose limpiando el mo- 
zuelo, y con grande piedad le ayudó a limpiar 
y saliumó con una pastilla, echando mil maldi- 
ciones a quien tal le había parado. 

Fuese el mozuelo con su trabajo, sintiéndolo 
la señora doña Mergelina, tan llena de cólera 
como de piedad, y con harta más demonstración 
de la que yo quisiera, loando la paciencia del 
mozuelo, y agravando la culpa de quien le ha- 
bía salpicado, con tanto extremo, que me obligó 
a preguntarle por qué lo sentía tanto, siendo su- 
cedido inadvertidamente y sin malicia; a que 
me respondió: "¿No queréis que sienta ofensa 
hecha a un corderillo como éste, a una paloma 
sin hiél, a un mocito tan humilde y apacible, que 
aun quejarse no sabe de una cosa tan mal hecha? 
Cierto que quisiera ser hombre en este punto 
para vengarle, y luego mujer para regalarle y 
acariciarle. " 

"Señora — le dije yo — , ¿qué novedad es és- 
ta? ¿Qué mudanza de rigor en blandura? ¿De 
cuándo acá piadosa? ¿De cuándo acá sensible? 
¿De cuándo acá blanda y amorosa?" "Desde 
que vos — respondió ella — venistes a mi casa, 
que trujistes este veneno envuelto en una gui- 
tarra ; desde que reprendistes mis desdenes ; des- 
de que, viendo mi bronca y áspera condición, 
quise ver si podía quedar en un medio lícito y 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 63 

honesto, y he venido de un extremo a otro: 
de áspera y desdeñosa, a mansa y amorosa ; de 
desamorada y tibia, a tierna de corazón; de 
sacudida y soberbia, a humilde y apacible; de 
altiva y desvanecida, a rendida y sujeta." s 

"¡Oh pobre de mí — dije yo — , que agora 
me quedaba por llevar una carga tan pesada 
como ésta! ¿Qué culpa puedo yo tener en sus 
accidentes de V. m., o qué parte en sus incli- 
naciones? ¿Hay quien sea superior en volun- lo 
tades ajenas? ¿Hay quien pueda ser profeta en 
las cosas que han de suceder a los gustos y ape- 
titos ? Pero, pues por mí comenzó la culpa, por 
mí se atajará el daño, porque no venga a ser 
mayor, con hacer que él no vuelva más a esta 15 
casa, o irme yo a otra; que si con la ocasión 
creció lo que yo no pude pensar, con atajarla 
tornarán las cosas a su principio." "No lo digo 
— dijo ella — por tanto, padre de mi alma, que 
la culpa yo la tengo, si hay culpa en los actos 30 
de voluntad. No os enojéis por mis inadverten- 
cias, que estoy en tiempo de hacer y decir mu- 
chas, antes os admirad de las pocas que viére- 
des y oyéredes en mí; ni hagáis lo que habéis 
dicho, si queréis mi vida como queréis mi hon- 25 
ra, porque estoy en tiempo que con poca más 
contradición haré algún borrón que tizne mi 
reputación y la deje más negra que mi ven- 



64 ESPINEL 

II -■!- ■ I ■ ■ I ■II.. .. — ■ ■ ■ I ■ ■ » ■ »W^ 

tura. No estoy para que me desamparéis, ni 
para admitir reprehensión, sino para pedir so- 
corro y ayuda. Bien me decíades vos que mi 
presunción y vanidad habían de caer de su tro- 

5 no. Cuanto me podéis repetir y traer a la me- 
moria, yo lo doy por dicho y lo confieso; fa- 
vorecedme y no me desamparéis en esta oca- 
sión, y no me matéis con decir que os iréis des- 
ta casa." ' ! 

10 Y con esto y otras cosas que dijo, lloró tan 
tiernamente, cubriendo el rostro con un lienzo, 
que por poco fuera menester quien nos con- 
solara a entrambos. Y si fué grande la re- 
prehensión que le di por soberbia, mayor fué 

is el consuelo que le di por afligida ; mas animán- 
dome en lo que era más razón, acudiendo a mi 
obligación, a su consuelo y honra de su casa, • 
le dije con la mayor demonstración que pude: 
"¿Es posible que en tan extraordinaria condi- 

2o ción ha podido caber tanta mudanza, y que 
por ojos tan llenos de hermosura y desdenes 
hayan salido tan piadosas lágrimas, y que por 
mejillas tan recatadas haya corrido un licor 
tan precioso, que siendo bastante a enternecer 

>s líis entrañas de Dios, se haya derramado y 
echado a mal por un miserable hombre? ¿Y ya 
que se había de precipitar y arrojarse, y des- 
decir de sí propia, no hiciera elección de una 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 65 

persona de muchas partes y merecimientos? 
Ya que se rinda quien no podía ser rendida, 
¿había de ser a una sabandija tan desventura- 
da? Que se rinda la hermosura a la fealdad, la 
limpieza a la inmundicia y asquerosidad, no sé s 
qué me diga de tal elección y tan abominable 
gusto. " 

"¡Oh cuan engañados — dijo ella — están 
los hombres en pensar que las mujeres se en- 
amoran por elección, ni por gentileza de cuerpo j»»' 
o hermosura de rostro, ni por más o menos | 
partes, grandeza de linaje, soberbia de estado, 
abundancia de riqueza ! (Trato de lo que verda-1 
deramente es amor.) Pues para que se desen- 
gañen, sepan que en las mujeres el amor es ¡s 
una voluntad continuada, que de la vista nace 
y con la vista crece, y con la comunicación se 
cría y conserva, sin hacer elección déste ni de 
aquél, y la que no se guardare desto, caerá sin 
duda; desta continuación ha nacido mi llama, ao 
y con ella se ha criado hasta ser tan grande, 
que me tiene ciegos los ojos para ver otra cosa, 
y las orejas cerradas para admitir reprehen- 
sión, y la voluntad incapaz de recebir otro se- 
llo. Y cuanto más lo deshacéis y aniqui- j- 
láis, tanto más se enciende la voluntad y el 
deseo. ¿Por ventura los barberos son de dife- 
rente metal que los demás hombres, para que 



66 ESPINEL 

aniquiléis un oficio que tanta merced hace a 
los hombres en tornallos de viejos mozos? ¿Lla- 
máisle sarnoso por unas rascadurillas que tie- 
nen las muñecas, que parecen hojas de clavel? 
¿ No echáis de ver aquella honestidad de rostro, 
la humildad de sus ojos, la gracia con que 
mueve aquella voz y garganta? No me le des- 
hagáis, ni reprehendáis mi gusto, que no está 
para contradecillo ni rechazallo." 

"¡Ojalá — dije yo — fuera pelota, que yo 
la chazara y rechazara ! Pero, pues ha llegado a 
tan estrecho paso, haré con vuesa merced lo 
que con mis amigos, que es en la elección acon- 
sejarles lo mejor que sé, y en la determinación 
ayudarles lo mejor que puedo." 

Díjele esto por no desconsolarla, hasta que 
poco a poco fuese perdiendo el cariño que pu- 
diera traerla a ofensa de Dios y de su marido, 
y con esto me aparté aquella noche della, es- 
pantándome de ver cuan poderosa es la comu- 
nicación y considerando cuan mal hacen los 
hombres que donde tienen prendas que les due- 
la [n] consienten visitas ordinarias o comuni- 
caciones que duren, y cuánto peor hacen los 
padres que dan a sus hijas maestros de dan- 



4 B. Cormellas, 1618: "que tiene en las muñecas." 
II chazar: "Detener la pelota antes que llegue al sa- 
que o raya señalada para ganar." (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 67 

zar, tañer, cantar o bailar, si han de faltar un 
punto de su presencia, y aún es menos daño 
que no lo sepan: que si han de ser casadas, 
bástales dar gusto a sus maridos, y criar sus 
hijos y gobernar su casa ; y si han de ser mon- 
jas, apréndanlo en el monasterio, que la razón 
de estar algunas disgustadas quizá es por ha- 
ber ya tenido fuera comunicaciones de devo- 
ciones, que por honestas que sean, son de hom- 
bres y mujeres sujetos al común orden de na- 
turaleza. 



DESCANSO TERCERO 

El día siguiente vino el mozuelo más tem- 
prano de lo que solía, puesto un cuello al uso, 
como hombre que se veía favorecido de tan 

s gallarda mujer. Sucedió que dentro de tres o 
cuatro días vinieron a llamar al doctor Sagre • 
do, su marido y mi amo, para ir a curar a un 
caballero extranjero que estaba enfermo en 
Caramanchel, ofreciéndole mucho interese por 

lo la cura, de que él recibió mucho contento por 
el provecho, y ella mucho más por el gusto. 
Cogió su muía y lacayo, y un braco que siem- 
pre le acompañaba, y a las cuatro de la tarde 
dio con su persona en Caramanchel. 

is Ella, visto la buena ocasión, hízome adere- 
zar de cenar lo mejor que fué posible, rega- 
lándome con palabras y prometiéndome obras, 
i no entendiendo que yo le estorbaría la ejecu- 
ción de su mal intento. Vino el mozuelo al ano- 

12 braco: perro perdiguero. (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 69 

checer, y comenzando a cantar como solía, ella 
le dijo que no era lícito, ni parecía bien a la 
vecindad, estando su marido ausente cantar a 
la puerta, y así mandó que entrase más den- 
tro. Mandó sentar al mozuelo a la mesa, s 
deseando que la cena fuese breve por que la no-/ 
che fuese larga. Pero apenas se comenzó la 
cena cuando entró el braco haciendo mil fiestas 
a su ama con las narices y la cola. "El Doctor 
viene — dijo ella — , desdichada de mí. ¿Qué lo 
haremos?, que no puede llegar lejos, pues ha 
llegado el perro." Yo cogí al mozuelo y plí- 
sele en un rincón de la sala, cubriéndolo con 
una tabla, que había de ser estante para los li- 
bros, de suerte que no se podía parecer, cuando is 
entró el Doctor por la puerta diciendo: "¿Hay 
bellaquería semejante que envíen a llamar a un 
hombre como yo, y por otra parte llamen a otro 
médico? Vive Dios, si en años atrás me cogie- 
ran, que no se habían de burlar conmigo." ao 
"¿Pues deso tenéis pena — dijo ella — , marido 
mío? ¿No vale más dormir en vuestra cama 
y en vuestra quietud, que desvelaros en velar 
un enfermo? ¿Qué hijos tenéis que os pidan 
pan? Vengáis muy en hora buena, que aunque 2$ 
pensé tener diferente noche, con todo eso me 

15 parecerse: "Dexarse ver u ofrecerse a la vista." 
(Dice. Aut.) 



70 ESPINEL 

dio el espíritu que había de suceder esto, y así 
os tuve por sí o por no, aderezada la cena." 
"¿Hay tal mujer en el mundo? — dijo el Doc- 
tor — ; ya me habéis quitado todo el enojo que 
s traía. Vayanse con el diablo ellos y sus dineros, 
que más precio veros contenta que cuanto in- 
terés hay en la tierra. " 
1! "¡Cuántos engaños — dije yo entre mí — 
\ hay destos en el mundo, y cuántas, a fuerza 
JO de artificio y bondad fingida, se hacen cabe- 
zas de sus casas, que merecen tenerlas quita- 
das de los hombros!" 

Apeóse de la rucia el Doctor, y el lacayo pú- 
sola en razón, y fuese a su posada con su mu- 
ís jer, que le daban ración y quitación. Sentóse 
el Doctor a cenar muy sin enojo, loando mu- 
cho el cuidado de su mujer. El diablo del bra- 
co, que por la fuerza que estos anímale jos tie- 
nen en el olfato, no hacía sino oler la tabla que 
20 encubría al mozuelo, rascando y gruñendo, de 

14 púsola en razón: Ja acondicionó. 

15 ración y quitación: "Ración... la parte o porción que 
se da a los criados para su alimento diario. Quitación : 
renta, sueldo u salario, Estebanillo Gomales: "Dábame 
diez quartos de ración y quitación, los quales gastaba en 
almorzar cada mañana." Nueva Recop. de las leyes del 
Reino, lib. 6, tít. 16, 1. 12: "Por la primera vez pierda 
cualquier merced y ración y quitación que de Nos tuvie- 
re." Ant. Guevara, Aviso de privados, cap. 8: "S?i no les 
pudieren hacer mercedes, a lo menos páguenles mui bien 
las quitaciones." (Dice, Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN ^l 

manera que el Doctor lo echó de ver y pregun- 
tó qué había detrás de la tabla. Yo de presto 
respondí : '* Creo que está allí un cuarto de car- 
ne". Tornó el braco a rascar y gruñir, y aun la- 
drar algo más alto; mi amo lo miró con más s 
cuidado que hasta allí ; yo eché de ver el daño 
que había de suceder si no se remediaba, y co- 
nociendo la condición del Doctor, di en una ad- 
vertencia buena, que fué decir que iba por unas 
aceitunas sevillanas, de que eran muy amigos, lo 
y estúveme al pie de la escalerilla esperando su 
determinación. 

El braco no dejaba de rascar y ladrar, tanto 
que mi amo dijo que quería ver por qué perse- 
veraba tanto el perro en ladrar. Entonces yo pú- i$ 
seme en la puerta y comencé á dar voces dicien- 
do : "i Señor, que me quitan la capa ; señor doc- 
tor Sagredo, que me capean ladrones!" El, con 
su acostumbrada cólera y natural presteza, se 
levantó corriendo y de camino arrebató una es- ao 
pada poniéndose de dos saltos en la puerta y pre- 
guntando por los ladrones; yo le respondí que 
como oyeron nombrar al doctor Sagredo echa- 
ron a huir por la calle arriba como un rayo. El 
fué luego en seguimiento suyo y ella echó al 35 

18 capear: Comp. : "Daba voces: lA los capeadores!; 
a ellas vino la justicia." Buscón (ed. E. Castro, pág. 230). 
"También en esta ciudad andan muchos ladrones, que sien- 
do de noche capean." Lazarillo (ed. Clás. Cast., pág, 177). 



^2 ESPINEL 

mozuelo de casa sin capa y sin sombrero, po- 
niendo el cuarto de carne detrás de la tabla, co- 
mo yo le había dado la advertencia. Hasta aquí 
bien había caminado el negocio; mas el mozue- 

s lo iba tan turbado, lleno de miedo y temblor, 
que no pudo llegar a la puerta de la calle tan 
presto que no topase mi amo con él a la vuelta. 
Aquí fué menester valemos de la presteza en 
remediar este segundo daño, que tenía más evi- 

)° dencia que el primero, y así, antes que él pre- 
guntase cosa, le dije: "También han capeado 
y querido matar a este pobre mocito, y por eso 
se coló aquí dentro huyendo, que de temor no 
osa ir a su casa; mire vuesa merced qué lásti- 

id ma tan grande. " Y como es muy de coléricos 

1 la j)iedad, túvola mi amo del mozuelo, y dijo : 

" No tengáis miedo, que en casa del doctor Sa- 

gredo estáis, donde nadie os osará ofender." 

"¿Ofender? — dije yo — ; en oyendo nombrar 

20 al doctor Sagredo les nacieron alas en los pies. " 
"Yo os aseguro — dijo el Doctor — , si los al- 
canzara, que os había de vengar a vos y a mi 
escudero de manera que para siempre no ca- 
pearan más." 

25 Mi ama, que estaba hasta allí turbada y tem- 
blando en el corredor, como vio tan presto re- 

i6 El orig. : "cólóricos", por errata. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 73 

parado el daño y vuelta en piedad la que había 
de ser sangrienta cólera, ayudó a la compasión 
del marido de muy buena gana, diciendo : "¿Hay 
lástima como esta? No dejéis ir a ese pobre 
mozo ; bástanle los tragos en que se ha visto ; no s 
le maten esos ladrones." "No le dejaré — dijo 
el Doctor — hasta que yo le acompañe. ¿Y cómo 
sucedió esto, gentilhombre?" "Iba, señor — res- 
pondió el mozo — , a hacer una sangría, por Juan 
de Vergara, mi amo, a cierta señora, del tobillo lo 
y con harto gusto; pero como no duerme este 
ángel de los pies aguilenos, sucedió lo que 
vuesa merced ha visto." "Que no faltará oca- 
sión para hacella — dijo la señora — ; sosiégúese 
agora, hermano, que en casa del doctor Sagredo is 
está. " " Subidos acá — dijo el Doctor — , que en 
cenando yo os llevaré a vuestra casa." 

El braco, aunque salió a los ladrones imagi- 
nados, no por el ruido dejó de tomar al tema 
de su tabla, y si antes había rascádola por el mo- 'o 
zuelo, entonces lo hacía por la tentación de sus 
narices contra la carne. Mi amo, como vio per- 
severar al braco, fué a la tabla y halló el cuar- 
to de carne detrás de la tabla, con que se sosegó 
loando mucho el aliento de su perro. Ella, aun- ,$ 



5 trago: "Metaphoricamente vale adversidad, infortu- 
nio, u desgracia que con dificultad y sentimiento se su- 
fre." (Dice. Aut.) 



74 ESPINEL 

que se había librado destos trances, todavía du- 
rando en su intento, me dio a entender que no 
dejase ir al mozuelo, que era lo que yo más abo- 

V rrecía. 

s Cenaron, y el que primero había sido cabece- 
ra de mesa, después comió en la mano como ga- 
vilán, y no como galán en la mesa, que la fuer- 
za puede más que el gusto. En cenando quiso el 
Doctor llevarle a su casa, y aunque yo le ayudé, 

10 mi ama dijo que no quería que fuese a ponerse 
en riesgo de topar con los capeadores, especial- 
mente habiendo de pasar por el pasadizo de San 
Andrés, donde suele haber tantos capeadores re- 
traídos. "Y aunque esto — dijo — para vuestro 

15 ánimo es poco, será para mí de mucho daño, 
porque estoy en sospecha de preñada y podría 
sucederme algún accidente o susto que pusie- 
se mi vida en cuidado; que ese mocito podrá 
dormir con el escudero, que es conocido suyo, 

2o y por la mañana irse a su casa." "Alto — dijo 
el Doctor — ; pues vos gustáis deso, sea en hora 
buena; yo me quiero acostar, que estoy un po- 
co cansado." 

Fuéronse a la cama juntos, que siempre lle- 



6 comer en la mano : con la comida en la mano, sin 
mesa ni plato. La expresión "comer en la mano", tratán- 
dose de aves, indica mansedua-bre. Juega aquí con las dos 
significaciones, del modismo. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 75 

vaba la mujer por delante; aunque como ella vi- 
vía con diferentes pensamientos, no dio lugar 
al sueño hasta que dio en una traza endiablada, 
que le costó pesadumbre y le pudiera costar la v 
vida. La sala era tan pequeña, que desde mi ca- s 
ma a la suya no había cuatro pasos, y cualquie- 
ra movimiento que se hacía en la una, se sen- 
tía en la otra ; y así no le pareció bien lo que por 
aquí podía intentar. La muía era de manera in- 
quieta, que en viéndose suelta alborotaba toda lo 
la vecindad antes que pudiesen cogella. Pareció- 
le a la señora doña Mergelina que desatándola 
podría volver a la cama antes que su marido des- 
pertase para ir a ponerla en razón, y en el espa- 
cio que se había de gastar en cogella y ^raj)a- is 
lia, le tendría ella para de^traJDar su persona. Y 
como las mujeres son fáciles en sus determina- 
ciones, en sintiendo al marido dormido levan- 
tóse paso entre paso de la cama, y yendo a la 
caballeriza desató la muía entendiendo que pu- ao 
diera volver a la cama antes que la muía hiciese 
ruido y el marido despertase, con que tendría 
lugar para ejecutar su intento. Pero parece que 
la muía y él se concertaron, la muía en salir 
presto de la caballeriza haciendo ruido con los ,5 
pies, y él sentillo tan presto, que se levantó en 
un instante de la cama, dando al diablo la mu- 
la y a quien se la había vendido, y si no se en- 



y6 ESPINEL 

trara la mujer en la caballeriza topara con ella 
el marido. El cogió una muy gentil vara de mem- 
brillo y pególe a la muía, que huyendo a su es- 
trecha caballeriza apenas cupiera por la hués- 

5 peda que halló dentro. Ella no tuvo donde en- 
cubrirse, por la estrecheza, sino en la misma 
muía, de suerte que alcanzó, como la vara era 
cimbreña, gran parte de los muchos varazos 
que le dio con los tercios postreros en aquellas 

lo blancas y regaladas carnes. 

Yo estaba en la escalera, como si aguardara 
al verdugo que me echara della, turbado y sin 
consejo, porque veía lo que pasaba sin poder 
remediallo. El h^iko, sintiendo el ruido y olien- 

15 do carne nueva en mi cama, comenzó a darle 
buenos mordiscos al mozuelo y a ladralle, de 
suerte que la mujer en manos del marido, y el 
mozuelo -en los dientes del braco, pagaron lo 
que aún no habían cometido. Yo, viendo la eje- 

20 cución de su cólera, sin saber lo que hacía, le 
dije: "Mire vuesa merced lo que hace, que 
cuantos palos da en la muía los da en el rostro 
de mi señora, que la quiere de manera, por an- 
dar vuesa merced en ella, que no consiente que 

25 la toque el sol." "Agradeced, señora muía, lo 
que me ha dicho de vuestra ama, que hasta la 
mañana os estuviera pegando. ¿Hay con qué 
trabar esta muía?" Yo le respondí: "En ese 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN ^^ 

corralillo hallará vuesa merced una soguilla, 
que yo estoy con un dolorcillo de ijada que no 
me atrevo a salir." Asi como fué por ella pá- 
seme a la puerta haciendo pala a la señora, y 
subióse a su cama callando, aunque lastimada, s 

Yo, como siempre procuré que no llegase la 
ofensa a ejecución, aunque no iba con mucho ^ 
gusto para ello, en saliendo el doctor le tomé 
la soguilla y enviélo a la cama. Trabé la mu- 
la, y subíme a reposar a la mía, donde hallé al i» 
mozuelo quejándose del braco, y a ella en la 
suya tiernamente; y preguntándole el marido 
la causa, respondió muy enojada: "Vuestras 
cóleras y arrebatamientos ; que como tan de re- 
pente os alborotastes, y yo estaba en lo mejor ■$ 
del sueño, sobresaltada y despavorida caí de- 
tras de la cama y di con el rostro en mil bara- 
tijas que están aquí, con que me he lastima- 
do muy bien." Sosególa el marido lo mejor 
que pudo, y pudo muy bien, porque las mu- 20 
jeres honradas cuando tropiezan y no caen en 
el yerro, caen en la cuenta, que habiendo de 
ser muy estrecha, es de perdones; y como vio 



4 luicer pala: "Ponerse un ladrón delante de alguno 
a quien quieren robar, para ocuparle la vista." Juan fíi- 
dalgo, Vocabulario de gcrmania. 

23 Cuenta de perdón: "Es una cuenta a modo de las 
del rosario, a quien se dice que el Papa tiene concedida 
alguna indulgencia en favor de las ánimas del Purgato- 

f 



78 ESPINEL 

que a tres va la vencida, y ella lo quedó salien- 
do mal dellas, no quiso probar la cuarta, Al 
mozuelo, con los peligros y los dientes del bra- 
co, se le quitó el poco amor y desvanecimien- 
5 to como con la mano. 



rio." (Dice. Aut.) "... y así, es por demás decir que nos 
saque vuestro padre si alguno no nos reza en alguna cuen- 
ta de perdones y nos saca de penas con alguna misa en 
altar privilegiado". Buscón, ed. A. Castro, pág. 39. 

5 como con la mano: "Phrase adverbial, que vale con 
gran facilidad o ligereza". (Dice. Aut.) 



DESCANSO CUARTO 

Como toda la noche hasta allí había sido tan 
inquieta y llena de disgustos, pesadumbres y 
alteraciones, efectos propios de semejantes de- 
vaneos, fundados en deshonor, ofensa y peca- 5 
do, lo que hasta la mañana quedaba se durmió 
tan profundamente, que siendo yo de poquí- 
simo sueño, no desperté hasta que por la ma- 
ñana dieron golpes a la puerta llamando al 
Doctor para cierta visita muy necesaria. Alcé i« 
el rostro y vi que el sol visitaba ya mi aposen- 
to, que en mi vida le miré de más mala gana, 
y llamé al lastimado mozuelo, que más pare- 
cía embelesado que dormido; y hallándolo con 
determinación de no tomar a las burlas pasa- 15 
das, le dije: "Pues el mayor peligro queda por 
pasar, si no vivís con cuidado y recato, que 
aunque es verdad que vos actualmente no ha- 
béis hecho ofensa en esta casa, y los deseos, ya 
que manchan la conciencia no estragan la 20 
honra, con todo eso, para la reputación della 



8o ESPINEL 

y seguridad vuestra importa guardar el se- 
creto, que como muchacho de poca experien- 
cia podíades revelar, pareciéndoos que son lan- 
ces muy dignos de saberse y que diciéndolos 
por cifras no se entenderían, que es un engaño 
en que caen todos los habladores ; pues adviér- 
toos que no os va menos que la vida en saber 
callar, o la muerte en querer hablar. Ningún 
delicto se ha cometido por callar ,^xJ)pr hablar 

lo' se cometen cada día muchos. El hablar es de 
todos los hombres, y el callar de solos los dis- 
cretos; yo creo que cuantas muertes se hacen 
sin saber los autores nacen de ofensas de la 
lengua. Guardar el secreto es virtud, y al que 

is no le guarda por virtuoso le hacen que le guar- 
de por peligroso. El callar a tiempo es muy ala- 
bado, porque lo contrario es muy aborrecido ; 
hablar lo que se ha de callar nos precipita en 
el peligro y en la muerte, y lo contrario ase- 
gura el daño y preserva la vida y quietud. Na- 
die se ha visto reventar por guardar el secre- 
to, ni ahogado por tragar lo que va a decir ; las 
abejas pican a su gusto, pero dejan el aguijón 
y la vida, y a los que dicen el secreto que les im - 
porta callar, les sucede lo mismo. Y en reso- 
lución, el callar es excelentísima virtud, y tan 

5 decir por cifras: misteriosa o encubiertamente. 
20 asegura el daño : asegura a uno contra el daño. 



P 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 8l 

estimada entre los hombres, que de la suerte 
que se admiran de ver hablar bien a un papa- 
gayo que no lo sabía, se admiran de ver callar 
bien a un hombre que sabe hablar. Y para no 
cansaros más, si no calláredes porque es razón, s 
callaréis por el peligro en que os ponéis tra- 
tando de la honra de un hombre tan valiente 
como el Doctor." 

Con estas y otras muchas cosas que le dije 
lo envié a su casa con más temor que amor, o i» 
más temeroso que enamorado. El Doctor se 
vistió tan de priesa, que no tuvo lugar de mi- 
rar el señalado rostro de su^mujer, que lo pri- 
mero que hizo antes de vestirse, y sin aguardar 
a poner los pies en las mulillas, fué a mirarse i» 
al espejo, y viéndose el sobreescrito con algu- 
nos borrones, lo sintió de manera, que en mu- 
chos días no se quitó del rostro un rebozo, que 
como era tan apacible y suave, parecía más que 
le traía por gala que por necesidad. En estando »» 

15 mulillas: "Especie de calzado llamado assi de los 
múleos o muléolos, que entre los antif^ios romanos eran 
calzados de color roxo en forma de una S, puntiagudos y 
vuelta la punta hacia el empeine, y por el talón subian 
hasta la n-itad de la pierna como las medias botas... Usá- 
ronlo después las mugeres, y últimamente los usan los 
Papas y sus Legados..." (Dice. Aut.) 

"...y últimamente ha venido a ser calcado de mugeres, 
como agora (161 1) son las mulillas de color". (Covarru- 
bias.) 

16 Así orig. y S., 1641. Las dos B., 1618: "sobre escrito." 



82 ESPINEL 

para poderla hablar, me llegué adonde estaba 
aderezándose el temeroso rostro, y lastimán- 
dome de los muchos cardenales que le alcan- 
cé a ver — que en personas muy blancas de cual- 

5 quier accidente se hacen — , le dije con la ma- 
yor blandura que pude y supe: "¿Qué le pare- 
ce de su buena ventura?; que tal lo ha sido, 
pues en cuantas veces la ha probado la ha 
guardado de que los pensamientos no viniesen 

>o a la ejecución de las obras, para que su honra, 
ya que ha estado para despeñarse, quedase sal- 
va en un aprieto tan grande, que arrojándose 
con tan determinada voluntad le ha puesto tan- 
tos impedimentos para la caída y tantas ayu- 

'5 das para el arrepentimiento. Si cayera en un 
río muy hondo y saliera sin mojarse la ropa, 
¿no lo tuviera a milagro y cosa nunca vista? Si 
se arrojara entre mil espadas desnudas sin sa- 
lir herida, ¿no le pareciera obra de la mano de 

»o Dios? Pues crea y tenga por cierto que ha si- 
do tanta evidencia de la misericordia divina 
usada con vuesa merced y con su marido, pues 
de su misma voluntad la ha librado, que la más 
poderosa fuerza que hay contra nosotros es 

t» la voluntad propia; ella nos rinde, y hace al 
entendimiento tan esclavo, que no le deja li- 
bertad para conocer la razón, o a lo menos pa- 
ra volver por ella. Pues la voluntad depravada 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 83 

rindió un pecho tan libre, ella misma, con el 
arrepentimiento y la razón, le han de volver a 
su libertad. El arrepentirse y volver sobre sí es 
de ánimos valerosos; el escarmiento nos hace 
recatados, como la determinación arrojadizos, i 
Cuando la voluntad nos arroja con atrevimien- 
to, el mal suceso lo remedia con temor ; ^piejor 
es arrepentirse temprano que llorar tarde. Un 
mal principio atajado mejora el medio y ase- 
gura el fin; más vale considerando este mal «• 
suceso, detenerse, que perseverando esperar que 
se mejore. ¡Dichoso aquel a quien le viene el 
escarmiento antes que el daño! Los malos in- 
tentos al principio errados, engendran recato 
para los venideros. Quien no yerra no tiene m 
de qué enmendarse, mas quien yerra tiene en 
qué mejorarse; que Dios juzgó por mejor que 
hubiese males, porque les siguiesen los arre- 
pentimientos, que tener el mundo sin ellos; que 
más grandeza suya es sacar de los males bienes, »• 
que conservar el mundo sin males. ¡Ojalá cuan- 
tos males se cometen tuviesen tan ruines prin- 
cipios como éste, que los males serían meno- 
res por el escarmiento! Vuesa merced vuelva 
en sí, estimand o su hermosura igual mente con •$ 
su h'onra; que este daño tengo yo atajado, y le 
ata j aré masT' 

todas estas cosas que yo le decía estuvo 



84 ESPINEL 

distilando unas lágrimas tan honestas y ver- 
gonzosas por las rosadas mejillas, que enter- 
necieran al más tirano ejecutor del mundo. Mas 
alzando el temeroso rostro, después de haber- 
s se enjugado con un lienzo la humidad que lo 
había bañado, con voz un poco baja me dijo 
lo siguiente: "Quisiera que fuera posible sa- 
carme el corazón y ponerle en vuestras manos, 
para que se viera el efecto que ha hecho en él 
■• vuestra justa reprehensión, y fuera para mi 
algún descuento de mis desdichas si me cre- 
yérades como os he creído, no sólo para admi- 
tir el consejo, sino para obedecerlo y ponerlo 
en ejecución: que quien oye de buena gana 
»5 enmendarse quiere. No digo que totalmente es- 
toy fuera del caso, que como estos accidentes 
tienen su asiento en el alma, no pueden desam- 
pararla tan presto ; pero como el amor y el des- 
amor nunca paran en el medio — porque en el 
»• modo de engendrarse van por una misma sen- 
da — , así yo voy pasando de un extremo a otro, 
porque después que me vi acardenalado y las- 
timado el rostro por quien tanta honra y cor- 
tesía me hace todo el mundo, se me ha reves- 
tí tido un^dio mortal contra quien ha sido la 
causa dello. Fuera de lo que esta noche, en lo 

30 Así en las tres primeras ed. ; S., 1641, y M., 1744: "tn 
el modo de engañarse." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 8$ 

poco que mis ojos descansaron, soñé que es- 
tando cogiendo una hermosa y olorosa manza- 
na del mismo árbol, al tiempo que con los de- 
dos la apreté salió della mucho humo y una 
culebra tan grande, que me dio dos vueltas al » 
cuerpo por la parte del corazón, y me apretaba 
tanto que pensé morir; y como ninguno de 
los circunstantes se atreviese a quitármela, un 
hombre anciano llegó y la mató con sólo su sa- 
liva echada en la cabeza de la culebra, y que al ■• 
punto cayó muerta dejándome libre y despier- 
ta del sueño. Y haciendo reflexión sobre él, a 
pocas vueltas le di alcance, de modo que con 
los malos principios y la buena cons^'deración 
vine a cobrar mi honra y vida, y a tener mi co- •• 
razón en el extremo de odio que tenía de amor, 
por vuestros buenos y saludables consejos. Por 
donde si hasta aquí habéis sido mi escudero, 
de aquí adelante seáis mi padre y consejero; y 
si alguna cosa habéis visto en mí que sea en •• 
vuestros ojos agradable, por ella os pido y rue- 
go que no me dejéis ni desamparéis en esta 
ocasión, ni en todo el restante que os queda de 
vida, que el amor que yo tengo a vuestra per- 
sona es tan grande como el cuidado que vos •$ 
habéis tenido con mi honra. El desengaño me 
ha cogido antes que el gusto me asalariase; 
aunque la voluntad se dobló, la honra que- 



86 ESPINEL 

dó en pie. Si el consentimiento fuera obra, 
yo confesara mi flaqueza por infamia: quien 
tiene aliento para asirse tropezando, también 
lo tendrá para levantarse cayendo; quien se 
i (arrepiente, cerca está de la enmienda. Ni me 
desanimo por tierna, ni me acobardo por de- 
rribada. Si está en mí quien pudo derribarme, 
¿por qué no lo estará para levantarme? Sin 
consejo me rendí, pero con él tengo de librar- 

«« me. Si me dejé llevar sin persuasión ajena, ¿por 
qué no volveré en mí por la vuestra ? Para caer 
fui sola, y para levantarme somos vos y yo. 
Más agradece el enfermo la medicina que le 
cura, que no el consejo que le preserva; no ad- 

is mití primero vuestro saludable consejo, y ago- 
ra me rindo al cautiverio de vuestra medicina. 
\^ Al enfermo que no se ayuda no le aprovechan 
líos remedios; mas al que se esfuerza y vuelve 
¡en sí, todo le alivia y alienta. La caridad ha de 

»• comenzar de sí propia : si yo no me quiero a mí 
bien, ¿qué importa que me quiera quien no está 
en mí ? ; si yo aborrezco la salud, en vano traba- 
ja quien me la procura; mas si yo deseo conva- 
Jecer, la mitad del camino tengo andado. Quien 

«i obedece al consejo, acertar desea, y quien no re- 
plica a la reprehensión, no está lejos de con- 
vertirse. Cuando la culebra despide el pellejo, 
renovarse quiere. No hay más cierta señal pa- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 87 

ra venir el fructo que caerse la flor, ni mayo- 
res muestras de arrepentimiento que aborrecer 
el daño y conocer el desengaño. Yo lo conozco, 
padre de mi alma, y estoy con deseo de levan- 
tarme, y determinación de no tornar a caer. 
Ayudadme con vuestro consejo y consuelo pa- 
ra que vuelva en mí, cobre lo perdido, remedie 
lo pasado, me anime en lo presente y arme pa- 
ra lo venidero." 

Más iba a decir la hermosa escarmentada, 
sino que por llamar el marido a la puerta fué 
necesario dejar la más que apacible disculpa o 
enmienda. Entró el Doctor, y ella se fingió 
de la enojada, cubriéndose el lastimado, aun- 
que bello rostro, haciendo algunos melindres 
fingidos para que la desenojase, que amándo- 
la tan tiernamente, fácil era el hacerlo. Viole 
el rostro, y sintiólo mucho más que ella, y des-- 
pues de haberse blandamente disculpado, le di- 
jo: "Amiga, sacaos un poco de sangre." 

"¿Para qué — dije yo — se ha de sangrar?" 
Respondió el Doctor: "Por la caída." "Pues 
¿cayó — pregunté yo — de la torre de San Sal- 
vador para que se saque la sangre?" "Sabéis 
poco — dijo el Doctor — ; que de aquella con- 
tusión del lapso, habiéndole removido las par- 

26 lapso : caída. 



I'- 



88 ESPINEL 

tes hipocondríacas y renes, podría sobrevenir 
un prcfluvium sanguinis irreparable, y del li- 
vor del rostro quedar una cicatriz perpetua." 
I "Y luego — dije yo — vendrá el arturo me- 
ilridional a la circunferencia metafísica del ve- 
'getativo corporal, y evacuarse la sangre del bé- 
fate." "¿Qué decís — dijo el Doctor — , que no 
os entiendo?" "¿No me entiende? — dije yo — . 
Pues menos entiende su mujer a vuesa merced ; 
'O ¡que para decir que del golpe de la caída puede 
venir algún flujo de sangre y quedar señal en 
^ el rostro, se han de decir tantas pedanterías ! : 
contusión, lapso, hipocondrios, profluvio, cica- 
triz, livor. Póngase un poco de bálsamo o un- 
ís güento blanco o zumo de hojas de rábano, y 
ríase de lo demás." 

"Y aún creo que es lo mejor — dijo ella rien- 
do — ; mas es lo peor que se me ha quitado la 
gana del comer." "Poneos — dijo el Doctor — 
30 unos absintios en la boca del ventrículo y echaos 
un clistel; que con esto y una fricación en las 
partes inferiores, junto con la exoneración del 
ventrículo, cesará todo eso." "¿Otra vez? — dije 



I Partes hipocondríacas: visceras de la parte superior 
del abdomen. 

1 renes: ríñones. 

2 Profluvium sanguinis: hemorragia. 
20 absintios: ajenjos. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 89 

yo — . ¡ Que no se podría acabar con los médicos 
mozos que hablen en su lenguaje que los entien- 
dan 1" "Pues qué, ¿queréis vos — dijo el Doc- 
tor — que hablen los hombres doctos como los 
ignorantes?" "Cuanto a la substancia — dije » 
yo — , no, por cierto; pero cuanto al lenguaje^ 
¿por qué no hablarán como los entiendan?" 

"Al conde de Lenios, don Pedro de Castro, 
el de las grandes fuerzas, yendo a visitar su 
Estado a Galicia, como era tan grande y grue- „ 
so y muy bebedor de agua, del cansancio del ca- 
mino le dio una enfermedad que los médicos 
llaman hemorrois; y como no iba preparado 
de médico, di jóle Diego de Osma: "Aquí hay 
"uno que desea tomar el pulso a V. S. días ha." ■» 
"Pues llamadle, dijo el Conde." Llamáronle, y 
el buen hombre que supo la enfermedad, fué 
muy reparado de retórica medicinal, parecién- 
dole que por allí entraría en la voluntad del 
Conde. Y vistiéndose una ropa muy raída y en- »• 
tre azul y negra, y una sortijaza que parecía re- 
mate de asador, entró por la sala donde esta- 
ba el Conde, diciendo: "Beso las manos a Su 
"Señoría" ; y el Conde : "Vengáis en hora buena, 
"Doctor." Prosiguió el médico: "Dícenme que ■* 

I que no: acaso no. 

8 Don Pedro de Castro, Conde de Lemos, a cuyo ler- 
vicio estuvo Espinel ; v. Descansos XXIII y XXIV. 
13 El orig. : "hermorroys.'* 



) 



90 ESPINEL 

"Su Señoría está malo del orificio." El Conde, 

que tenía extremado gusto de bueno., conocióle 

luego y preguntóle: "Doctor, ¿qué quiere decir 

"orificio: platero de oro o qué?" "Señor, dijo el 

s Doctor, orificio es aquella parte por donde 

"se inundan, exoneran y expelen las inmundicias 

"interiores que restan de la decocción del man-* 

'tenimiento." "Declaraos más, Doctor, que no 

'qs entiendo", dijo el Conde." Y el médico: 

»• "Señor, orificio se dice de os, oris, y fació, fa- 

"cis, quasi os faciens; porque como tenemos una 

'boca general por donde entra el mantenimiento. 

. "tenemos otra por donde sale el residuo." El 

1 Conde, aunque enfermo, pereciendo de risa, le 

€s dijo: "Pues ése, deste modo se llama en cas- 

' "tellano — nombrándolo por su nombre — : an- 

"dad, que no sois buen médico, pues. lo echáis 

"todo en retórica vana." De manera que por 

donde pensó acreditarse con el Conde, se echó 

20 a perder. El se fué corrido, y el Conde quedó 

de manera riendo, que hacía temblar la cama 

» y aun la sala ; y yo creo cierto que es alivio pa • 

\ ra los enfermos que el médico hable en len- 

I guaje que le entiendan, para no poner en cui- 

2s dado al pobre paciente. Tienen, fuera desto, 

obligación de ser dulces y afables, de semblan- 

4 platero de oro: juega con las palabras orífice y ori- 
ficio. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 9I 

te alegre y de palabras amorosas; es bien que 
les digan algunos donaires y cuentecillos bre- 
ves con que los alegren; sean corteses, limpios 
y olorosos, acaricien tanto al enfermo, que pa- 
rezca que sola aquella visita ?s la que les da t 
cuidado; miren si tienen bien hecha la cama 
con aseo y limpieza, y hagan lo que el doctor 
Luis del Valle, que a todos, juntamente con 
hacerles sacramentar, los alienta con darles bue- 
nas esperanzas de salud; que hay algunos tan .o 
ignorantes en la buena policía y trato, que sin 
estar una persona enferma, por encarecer su 
trabajo y subir su ganancia, dicen al enfermo 
que está peligroso, para que lo esté de veras; 
y es bien que, pues se tienen por ministros de »$ 
naturaleza, lo sean en todo. No digo mil des- 
cuidos que hay en el conocimiento de las en- 
fermedades y en la aplicación de las medici- 
ñas. 

"Es muy de médicos viejos — dijo mi amo — »• 
andar tan despacio como vos queréis, y mirar 
en esas niñerías. Ya los neotéricos vamos por 
otro camino; que para lo que es curar, tene- 
mos el método de purgar y sangrar, con algu- 

22 "Neotéricos, en las escuelas por los autores moder- 
nos que han escrito en nuestros tiempos, de vsoc, novus, 
inde víóxspoc, y de allí en vulgar neotéricos, recentiores." 
(Covarrubias.) 



92 ESPINEL 

nos remedios empíricos de que nos valemos." 
y "Y aun por eso — dije yo — huyo de curarme 
con médicos mozos, porque un amigo mío que 
lo era en edad y en experiencia, muy gentil es- 
5 tudiante, habiéndose acreditado conmigo con 
ciertos aforismos de Hipócrates que sabía de 
memoria, traídos en buena ocasión y pronun- 
ciados a lo melindroso, me entregué en sus ma- 
nos la primera vez que me dio la gota, de las 
«o cuales salí con veintidós sudores y unciones, 
y me las estuviera dando hasta agora, si yo pro- 
pio no me hallara el pulso con intercadencias ; 
y con decir que habíamos errado la cura — co- 
mo si yo también la hubiera errado — , me de- 
<i jó y se apartó de mí confuso y corrido; mas 
yo, con la recia complexión que tengo y con 
gobernarme bien, en convaleciendo me encon- 
tré con él en la plazuela del Ángel cara a cara, 

I Del mismo modo que la Literatura del siglo xvii st 
\ vio invadida por el culteranismo y el conceptismo, la Me- 
dicina fué muy pobre en producción verdaderamente cien- 
tífica, y casi toda la bibliografía médica se reduce a dis- 
j quisiciones y logomaquias estériles. Únicamente en las cs- 
i cuelas de Sevilla se mantuvo el espíritu de observación 
I del siglo pasado. V. Fernandez Morejón, Historia biblio- 
gráfica de la Medicina española. Madrid, 1846, t. IV. 

12 intercadencias: "Entre los médicos vale desigualdad 
en el movimiento del pulso, o interrupción de él ; que su- 
cede quando entre dos pulsadas naturales hai otra pre- 
ternatural con que se interrumpe la igualdad del movi- 
miento. Tiénenla los médicos por señal mortal." (Dice. 
Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 93 

la suya de color de pimiento y la mía de gual- 
da, y me hube con él de manera, que salió de 
mi lengua peor que yo de sus manos. Los gran- 
eles médicos que yo he conocido y conozco, eri 
llegando al enfermo procuran con gran cui- s 
dado saber el origen, causa y estado de la en- 
fermedad, y el humor predominante del pacien- •. 
te, para no curar al colérico como al flemáti- í- 
co y al sanguíneo como al melancólico; y aun 
si es posible — aunque no hay sciencia de par- i» 
ticulares — , saber la calidad oculta del enfer- ^ 
mo, y desta manera se acierta la cura y se 
acreditan los médicos." 

"No he visto en mi vida — dijo el Doctor — 
escudero tan licenciado." "Pues más tengo de 15 
licencioso — dije yo — , porque en viendo una 
verdad desamparada me arrojo en su ayuda 
con la vida y el alma. " 

"¿Qué sabéis vos de intercadencias — dijo el 
Doctor — y qué señales tenéis de gota, pues «o 
os habéis escapado de lo uno y no padecéis de 
lo otro?" "Las intercadencias — respondí yo — 
otras veces las he tenido, que me he visto con 

7 humor: "En los cuerpos vivientes son aquellos Hquo- 
res de que se nutren y mantienen, y pertenecen a su 
constitución physica ; como en el hombre la sangre, la 
cólera, flema y melancolía... Se dice también del efecto 
que ocasiona algún hurror predominante, y assi se dice 
que un hombre es de humor melanchólico, colérico, etc.." 
(Dice. Aut.) 



94 ESPINEL 

enfermedades apretadas, pero no me he desani- 
mado, antes a un médico mozo y muy galán 
que me curó en Málaga, le animé porque se 
turbó hallándomelas en el pulso, que en esto yo 

s fui médico y él el paciente; y aunque me di- 
gan que es calidad propia de mi pulso, ellas tie- 
nen todas las partes de intercadencias. Y ha- 
biéndome escapado de esta ardentísima fiebre. 
de que me curé con un cántaro de agua fría que 

lo me eché a pechos, me quedaron unas grandísi- 
^ mas ventosidades, para lo cual me dio un reme- 
dio tudesco, que si yo le guardara hicieran tan- 
ta burla de mí los muchachos como yo hice del ; 
porque a un hombre colérico y nacido en re- 

u gión cálida le mandó que en toda su vida no 
bebiese gota de agua, y de la gota me preser- 
vó con un consejo de Cicerón, que dice que la 
verdadera salud consiste en usar de los man- 
tenimientos que nos aprovechan y huir de los 
jy^ M que nos dañan. No uso de mantenimientos hú- 
midos, no bebo entre comida y comida, no ce- 
no, bebo agua y no vino, hago todas las maña- 
nas una fricación antes de levantarme de la 
cama con grande vehemencia desde la cabeza, 

15 discurriendo por todos los miembros, hasta los 
pies, y cuando me siento cargado hago un vó- 
mito; con esto, y la templanza en otras cosas, 
me preservo de la gota." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 95 

"■ ' i , 

Perdóneme V. Señoría Ilustrisima si la can- 
so con estas niñerías que me pasaron con este ' 
médico, que las digo porque quizá encontrará 
con ellas alguno a quien aprovechen. 

Di jome el Doctor entonces: "Por vuestra s 
vida que me digáis si habéis estudiado y adon- 
de, que procedéis con tan buena gracia en to- 
do que me habéis aficionado de manera, que 
si fuera un gran príncipe no os apartara de mi 
lado un punto." "Lo mismo — dijo ella — os 'o 
ruego yo, padre de mi vida, y así os la dé Dios . . 
muy larga, que nos deis cuenta de vuestra vi- f^^^Ji 
da; que vos procedéis de modo que será gran- y»^ 
dísimo entretenimiento : al Doctor, por el enten- 
dimiento, y a mí, por la voluntad." 15 

"Contar desdichas — dije yo — no es bueno 
para muchas veces; acordarse de infelicidades 
el que está caído, puede traerlo a desespera- 
ción. .Una diferencia hay entre la prosperidad 
y la adversidad: que la memoria de las desdi- 10 
chas en la adversidad entristece más, pero en 
la prosperidad aumenta el gusto. No se le ha 
de pedir al que todavía está en miserias que 
cuente las que ha pasado, porque es renovarle 
la llaga que ya se iba cerrando con traerle a js 



1 El Arzobispo de Toledo, a quien va dirigida la obra. 
De vez en cuando alude a él en el relato (comp. Descan- 
so I, pág. 41). 



g6 ESPINEL 

la memoria lo que desea olvidar. El que se ha 
escapado de la tormenta, no se contenta con 
sólo verse fuera della, sino con besar la tierra; 
pero el que está todavía padeciendo el naufra- 

s gio, solamente se acuerda de lo presente que 
solicita el remedio; porque aunque yo tengo 
condición de pobre, tengo ánimo de rico, y si 
no me desanimo por caído, no tengo de qué ani- 
marme por levantado, y no son mis trabajos 

H» para contados muchas veces." 



DESCANSO QUINTO 

Mas como la privación puede tanto con las 
mujeres, por el mismo caso que yo lo rehusa- i, 
ba, mi ama procuraba más que lo dijese, que v^v- 
como tenia pecho noble y le parecía que la te- 5 
nia obligada en alguna manera, sacaba fuerzas 
de flaqueza, y buscaba modos como darme a 
entender que estaba de mí agradecidísima. Que 
esta diferencia hace un pecho liso y sencillo a 
uno de mala raza y cosecha, que el bueno aun 10 
el bien imaginado agradece, mas el bronco y des- 
abrido no solamente no agradece, pero busca 
modos como desagradecer el bien recibido. Pero 
cuanto más mi ama se esforzaba por dar a en- 
tender su agradecimiento, tanto más me oTen- ij 
día yo en que pensase que había hecho algo en 
servirla; que el saber flaquezas ajenas, que o 
todos las cometemos o estamos naturalmente ^j\^ 
dispuestos a ello, no ha de ser parte para esti-L ^r*» 
mar en menos a aquellos de quien las sabemos.' j5^ '"^ 
Saber el secreto ajeno, o es acaso, o por con- *^ 

7 Ci-p^*- 



98 ESPINEL 

fianza que hacen de nosotros : si es acaso, la 
misma naturaleza nos enseña que puede suce- 
der lo mismo por nosotros : y si es por confian- 
za ya entra en guardarle la reputación del que 
s lo sabe. Encubrir faltas ajenas es de á ndeles, y 
descubrirlas es. de_,j)£rms^,. q^ue_jadran_cua ndo 
niás^daííaxL. Querer saber secretos ajenos na- 
ce de pechos sin merecimientos, que lo que no 
pueden merecer por sí, quieren merecerlo a 

»^ costa ajena. Quien quiere saber faltas ajenas, 

II quiere estar mal con todo el mundo y que se 

'^publiquen las suyas. ¡Dichosos aquellos a cuya 

noticia no han llegado las faltas ajenas que 

ni ofenderán ni serán ofen dido s ! Hay algunos 

»5 ánimos tan fuera desorden naturalyque les pa- 
rece que han alcanzado una gran joya cuando 
saben alguna falta de su prójimo; pues no se 
persuada a entender quien tiene tan abomina- 
ble costumbre, que no hay contratretas para se- 

»o me jantes desafueros; que todos traen el casti- 
go por sombra," y no hay mala intención que 
no tenga su semejante o peor. 

Un fraile, aunque no muy docto, bien inten- 
cionado, preguntado en un escrutinio si sabía 

24 El orig. dice: "preguntando". Las demás ed., "pregun- 
tado". 

24 escrutinio : "Reconocimiento y regulación de los vo- 
tos secretos con que se elige un sugeto para algíin empl?o, 
por número competente de electores : como sucede en las 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 99 

faltas o descuidos de sus compañeros, respon- 
dió que no; porque si las había oído, o no ha- 
bía reparado en ellas o las había dejado ol- 
vidar; y si venían por relación, o no las había 
oído o no las había creído. Y otro, habiendo s 
desacreditado a todos los compañeros por acre- 
ditarse a sí, en el escrutinio salió más culpado 
que todos. 

Este almacén de palabras he traído para de- 
cir el recelo que mi ama debía tener, parecién- lo 
dolé que podía revelar su secreto, o que a lo 
menos le quería tener, como dicen, el pie so- 
bre el pescuezo. Y así, prosig-uiendo en su in- 
tento, di i o que por mi buen término y trato 
quisiera perpetuarme en su casa para tenerme i$ 
en lug^ar de padre, queriéndome casar con una 
parienta suya, doncella, de muy buena gracia 
y de poca edad ; y declarándose con su marido 
y conmigo encareciendo la bondad y virtud de 
la moza, y cuan bien me estaría para el regalo «• 
de mi vejez casarme con ella, yo le dije : " Se- 
ñora, no haré eso por todas las cosas del mun- 
do, porque quien se casa viejo, presto da el pe- ^^^ 
llejo. " Y riéndose eTla, proseguí diciendo que 
en Italia traen un refrancete a este modo: que >$ 



oposiciones de canonicatos de oficio en las Iglesias Cathe- 
drales, y en otras Comunidades para los oficios y minis- 
terios de su instituto." (Dice. Aut.) 



100 ESPINEL 

"el que casa viejo tiene el mal del cabrito, que 
o se muere presto o viene a ser cabrón". "¡Je- 
sús! — dijo mi ama — . ¿Pues eso ha de ima^ 
ginar un hombre tan honrado como vos?" "Se- 
I ñora — dije yo — , lo que veo y he visto siempre 
es que al viejo que se casa con moza, todos 
los miembros del cuerpo se le van consumien- 
*~'"'^^Hc) si no es la frente, que le crece más. 

Las mozas son alegres de corazón y regoci- 

•• jadas en compañía, andan siempre jugando y 
saltando como ciervas, y los maridos como cier • 
vos siendo viejos. No es tan perseguida la lie- 
bre de los galgos como la mujer del viejo de 
los paseantes ; no hay mozo en el todo lugar que 

•» no sea su pariente, ni vieja rezadera que no sea 
su conocida; en todas las iglesias tiene devo- 
ciones, o por huir del marido o por visitar las 
comadres; si es pobre el marido, se anda que- 
jando del; si es rico, a pocas vueltas le deja 

•o como el invierno a la cornicabra, con sólo el 
fruto en la frente. He rehusado en mi moce- 
dad tomar esta carga sobre mis hombros, ¿y 
!a había de tomar ahora sobre mi cabeza? Dios 
fme guarde mi juicio; bien me estoy solo; ya 
;me sé gobernar con la soledad; no quiero en- 
trar en nuevos cuidados ; afuera consejos va- 
nos. 

A todo esto el Doctor estaba pereciendo de 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 01 

risa, y su mujer pensando en la réplica que 
había de hacer; y así, con gran donaire y des- 
envoltura, dijo a su marido y a mí : "Cada día 
vemos cosas nuevas; bien es vivir para expe- 
rimentar condiciones. El primer viejo sois que s 
he visto y oído decir que haya rehusado casa- j,^ 
miento de niña. Todos apetecen la compañía 
de sangre nueva para conservación de la suya. 
A los árboles viejos con un enjerto nuevo los 
remozan : a las plantas, por que no se hielen, les t» 
ponen abrigo: la palma, si no tiene junto a sí 
su compañera, no lleva fruta; la soledad, ¿qué 
bien puede traer sino melancolía, y aun deses- 
peración ? Todos los animales, racionales y bru- 
tos, apetecen la compañía. No seáis como aquel ij 
bestial filósofo que habiéndole preguntado cuál 
er3.._buena edad-psra casarse^ respondió que_ 
cuando era mozo, era temprano, y cuando vic;^. 
jo, tarde. Mirad que, fuera de ser para mí gran- 
de gusto, para vuestra comodidad es bien vi- >o 
vir con abrigo." 

"Yo confieso — le dije — que tan elegantes 
razones, dichas con tanta gracia y estilo, per- 
suadieran a cualquiera que no estuviera con 
tanta experiencia de las cosas del mundo y tan *{ 
hecho a la soledad como yo; pero verdades tan 
apuradas, no admiten persuasiones retóricas, 
porque casarse un viejo con una muchacha, si 



102 ESPINEL 

M ella es como debe ser, es dejar hijos huérfanos 

y pobres, y en pocos años venir a ser entram- 
bos de una misma edad, porque naturaleza 
va siempre tras su conservación, y el viejo con- 

5 serva la suya consumiendo la juventud de 
la pobre muchacha. Y si no es desta suerte, 
tiene puestos los ojos en lo que ha de here ■ 
dar y la voluntad e intención en el marido que 
ha de escoger. Mas, ¿qué tal pareciera yo 

>» con mis blancas canas junto a una niña ru- 
bia y blanca, bien puesta y hermosa, que cuan- 
do alzara los ojos a mirarme el copete lo vie- 
ra más liso que el carcañal, las entradas como 
el colodrillo de la ocasión, la barba más cres- 

ij pa y cana que la del Cid?" 
\jh^ "Eso no os dé pena — dijo ella — , que Juan 
de Vergara tiene una tinta tan negra y fina, 

13 copete: "Cierta porción de pelo que se levanta en- 
cima de la frente, más alto que lo demás, de figura re- 
donda o prolongada, que unas veces es natural y otras 
postizo. Usábase antiguamente y oy tiene poco uso.* 
(Dice. Aut.) 

14 colodrillo de la ocasión: A la ocasión pintan calva. 
Lugar corrún muy corriente en el habla vulgar y en la 
Literatura, que toma origen de la fábula de Fedro Occa- 
sio depicta: 

"Cursu volucri pendens in novacula 
Calvus, comosa fronte, nudo corpore, 
Quem si occuparis, tencas ; elapsum semel, 
Non ipse possit Júpiter reprehenderé, 
üccasionem rerum significat brevem. etc..." 

(Lib. V. fáb. VIH.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN IO3 

que a cuantos hombres y mujeres entran en su 
casa con canas, los pone de manera que a la 
salida no los conocen.'"' 

"Ni aun ellos propios se conocen a sí mis- 
mos — dljé'yo — con un engaño como ése, y s 
creo cierto que nace esa flaqueza de no cono- 
cer nuestra hechura; porque disfrazar y en- 
tretener las canas no sé de qué sirva, sino de 
una ocupación de zurradores, que no rehusan 
traer las manos como ébano de Portugal. Y lo 
realmente, los que lo saben tienen tanta ven- 
tura, que a nadie engañan sino a sí solos; por- 
que todos lo saben, de modo que les añaden mu- 
chos más años de los que tienen, y ellos no se 
desengañan hasta que, por alguna enfermedad, i| 
dejan de teñirse, y se hallan cuando se miran 
la barba como urraca ahorcada. Pues si la tin- 
ta no acierta a ser del color de la barba — que 
es muy ordinario — , en dándoles el sol hace 
visos como el arco del cielo. Si con el teñir se •• 
reparara la flaqueza de la vista, se supliera la 
falta de los dientes, se cobrara la fuerza de 
piernas y brazos, o se entretuvieran los año«2 



10 como ébano de Portugal: por lo negras. Los portu- 
gueses comerciaron mucho con el ébano de la India y 
creo probable que por esta razón se le llamara ébano de 
Portugal. 

17 como urraca ahorcada: por la mezcla de plumas blan- 
cas y negras. 



104 ESPINEL 

para engañar a la muerte todos lo hiciéramos. 
Pero hase la muerte con los teñidos como la 
zorra con el asno de Cumas, que se vistió una 
piel de león para espantar a los animales y pa- 

5 cer con seguridad; mas la zorra, viéndole an- 
dar tan despacio, miróle a las patas y dijo : "As- 
no sois vos." Asi la muerte mira los teñidos y 
les dice: "Viejo sois vos." Tiñase quien qui- 
siere, que yo tengo por mejor lo claro que lo 

>5 obscuro, el día que la noche, lo blanco que lo 
negro. Más quiero parecer paloma que cuer- 
vo, más hermoso es el marfil que el ébano. Si 
como las barbas pasan de negras a blancas, pa- 
saran de blancas a negras, ¿cuánto más odio- 

»o sas fueran por el color tapetado? En fin, la 
plata es más alegre que el ébano; ¿no basta- 
ba casado sino tiznado?" 

"Andad — dijo mi ama — , que con eso se 
disimulan algunos años, y sin eso no se pueden 

«5 negar." 

"Aunque los hombres de bien — dije yo — 
jamás han de mentir, en todas las cosas del 
mundo puede aprovechar una mentira si no es 
en los años y en el juego; porque ni los años 



2 hase: Así en las tres ed, i6i8. B. i8Si y Rivad., 
"hace". 

3 Fábula de Esopo. 

15 tapetado: "Color obscuro o prieto." (Dice. Axit.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON IO5 

pueden ser menos por negarlos, ni la ganancia 
se ha de quitar por confesarla. Pero volviendo v- 

a nuestro propósito, digo que el matrimonio ^ 
es cosa santísima, no se puede negar, ni yo lo 
niego ; que el no apetecerlo yo, nace de la inca- » 
capacidad mía y no de la excelencia suya; ape- 
tézcalo quien está en edad y disposición para 
ello, con la igualdad que la misma naturaleza 
pide, que ni sean ambos niños, ni ambos vie- 
jos, ni él viejo y ella niña, ni ella vieja ni él ni- lo 
ño. Sobre lo cual- hay diversas opiniones entre 
filósofos, y la más cierta es que el varón sea 
mayor que la mujer diez o doce años; pero que 
tenga yo cincuenta años y mi señora mujer 
quince o diez y seis, es como querer que un con- 15 
trabajo y un tiple canten una misma voz, que 
por fuerza han de ir apartados ocho puntos el 
uno del otro." 

"¿Pues nunca habéis sido enamorado?" —di- 
jo mi ama — . "Y tanto — dije yo — que he com- »• 
puesto coplas y reñido pendencias; que la mo- 
cedad está llena de mil inconsideraciones y dis • 
parates. " 

"No lo serían — dijo ella — ; que los hombre.s 
de buen discurso sazonan las cosas diferente- «i 
mente que los demás." "Reniego — dije yo — 
de ejercicio que ha de traer a un hombre hecho 
lechuza, guardando cimenterios, sufriendo fríos 



I06 ESPINEL 

y serenos, incomodidades y peligros tan ordi- 
narios como suceden de noche, y aun cosas 
dignas de callarse. El que anda de noche vee 
los daños ajenos y no conoce los suyos, con- 

5 sume presto la mocedad y se desacredita para 
la vejez. Vense de noche cosas que se juzgan 
por malas no siéndolo ; ¡ qué de temores y es- 
pantos cuentan los que pasean de noche, que 
vistos de día nos provocarían a risa!" 

'» "Ajcuérdome, que teniendo cierto reciuiebro 
al barrio de San Ginés, con otro juicio tal como 
el mío era entonces, martes de Carnestolendas 
en la tarde, me envió a decir la señora que le 
llevase algo bueno para despedirse de la car- 

'5 ne, que en estos días hay libertad para pedirlo, 
y aun para negarlo; pero por usar de fineza 
por ser la primera cosa que hacía en su ser- 
vicio, vendí ciertas cosillas que me hicieron 
harta falta, y en acabándose la grita de jerin- 

20 gas y naranjazos, y el martirio perruno cau- 
sado de las mazas — de quien sin saber por qué, 
huyen hasta reventar — di conmigo en un ta- 
bernáculo de la gula, donde henchí un paño de 
manos de una empanada y par de perdices, un 

20 Costurrbre carnavalesca de mojarse unos a otros con 
jeringas y perseguirse a naranjazos. 

21 maca: "Palo grueso u otra cosa que por entreteni- 
miento se suele poner en las carnestolendas atado a la 
cola de los perros." (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN IO7 

conejo y frutillas de sartén, y atándolo muy 
bien, caminé a darlo por una ventana a más de 
las once de la noche; y como el dia siguiente, 
por ser Miércoles de Ceniza, era día de mucha 
recolección (aunque todo el pasado había sido s 
alegría para los muchachos y trabajos para 
los perros), había silencio general ; de suerte que, 
aunque yo iba bien cargado, no me podía ver 
nadie. Llegando a la plazuela de San Ginés 
sentí que venía la ronda, y retíreme debajo de lo 
aquel cobertizo donde suele haber una tumba 
para los aniversarios y obsequias, y antes que 
pudiesen llegar a mí los de la ronda, metí el 
paño de manos, atado como estaba, por un agu- 
jero grande que tenía la tumba por la par- >s 
te de abajo, y sacando un rosario que siem- 
pre traigo conmigo, comencé a fingir que re- 



I fruta de sartén: "Pasta de harina a que se suele 
añadir huevos y azúcar, hecha en diferentes figuras y fri- 
ta después en manteca o aceito." (Dice. Aut.) "luego le 
aficionaron la voluntad los zaques ; y últimamente las fru- 
tas de sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan 
orondas ollas." Quijote, ed. R. Marín, IV, pág. 402. 

5 recolección : recogimiento. 
xa obsequias: exequias. 

"Otros dejan para misas, 
Otros hacen cabo de año, 
Celebrando por sus almas 
Las obsequias de cristianos." 

Romance de la expulsión de los moriscos (Rivad., XVI, 
pág. 192 o). 



I08 ESPINEL 

zaba. Llegó la ronda, y pensando que fuese al- 
gún retraído, asieron de mí preguntando qué 
hacía allí. Llegó el alcalde y visto el rosario y 
mi poca turbación — que importa mucho en 
5 cualquiera ocasión no perturbarse el ánimo — 
dijo que me dejasen y me recogiese. Hice que 
me iba, y en trasponiendo la ronda, torné por 
mi paño de manos y cena a la negra tumba, 
donde lo había dejado, y aunque con un po- 
'o co de temor por la hora y la soledad, alargué la 
mano y brazo todo lo que pude alcanzar, y no 
topé con el paño ni con lo que estaba en él, de 
lo cual quedé temblando y helado, y es de creer 
que me causaría horrible miedo una cosa tan 
'5 espantosa en un cimenterio, debajo de una tum- 
ba a más de las once de la noche y con tan gran 
silencio, que parecía que se había acabado el 
mundo. Pues junto con esto sentí dentro de la 
tumba tan gran ruido de hierro, que se me re- 
jo presentaron mil cadenas y otras tantas áni- 
mas padeciendo el purgatorio en aquel mismo 
lugar. Fué tanta mi turbación y desatiento, que 
se me olvidó el amor y la cena, y quisiera ha- 
llarme mil leguas de allí; pero lo mejor que 



2 retraído: "Usado como substantivo se toma por el re- 
fugiado a lugar sagrado o immune." (Dice. Aut.) 

22 desatiento: B. Cormellas, i6i8 : "desatino". "Turb.i» 
ción, enajenación del sentido y tiento." (Dice Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN IO9 

pude, O lo menos mal que acerté, volví las es- 
paldas y fuíme poco a poco, arrimándome a la 
pared, pareciéndome que iba tras mi un ejér- 
cito de difuntos; pues yendo con esta turba- 
ción, me sentí por detrás tirar de la capa, des- 
animándome de manera que di un golpazo con 
mi persona en el suelo y con los hocicos en la 
guarnición de la espada; volví a mirar si era 
algún cadáver descarnado, y no vi otra cosa 
sino mi capa asida a un clavo del calvario que 
está en aquella pared; con esto respiré un poco 
y fui cobrando aliento y desechando el temor 
del clavo y de la capa, pero no el de la tumba. 
Sentéme y miré alrededor a ver si había co- 
sa que me pudiese acompañar, y descansé, por 
que estaba tan cansado que lo hube menester, 
que no lo estuviera más si hubiera andado cien 
leguas por los altos y bajos de Sierra Morena. 
Hice reflexión sobre lo pasado, considerando 
qué cuenta daría de mí el día siguiente contan- 
do lo que había sucedido sin haber visto cosa 
que fuese de momento; porque decir un terror 
tan horrible sin haber averiguado el fundamen- 
to era desacreditarme y quedar en fama de co- 

I El orig., "lo mejor que puede", por errata. 

10 calvario: "El lugar u ossario donde se echan los 
huessos de los difuntos ya secos y consumidos. Díxose 
assi, porque al rededor se suelen poner muchas calave- 
ras." (Dice. Aut.) 



lio ESPINEL 

barde o mentiroso; dejar de contarlo era que- 
dar en opinión de miserable con la señora day 
fa, habiendo gastado lo que no tenía, sin decir 
el fin que tuvo. Por otra parte veía que si fue- 
5 ra algún difunto no tenía necesidad de mi po- 
bre cena; pues hombre, no podía estar tan abre- 
viado que no topara con él cuando extendí el 
brazo. 

Al fin hice mi cuenta desta manera: Si es 
'» demonio, mostrándole la señal de la cruz huirá ; 
si es ánima, sabré si pide algunos sufragios, 
y si es hombre, tan buenas manos y espada ten- 
go como él ; y con esta resolución fuíme ani- 
mosamente a la tumba, desenvainé la espada, 
'5 y rodeando la capa al brazo, dije con muy gen- 
til determinación: "Yo te conjuro y mando, de 
parte del cura desta Iglesia, que si eres cosa 
mala te salgas deste lugar sagrado, y si eres 
ánima que andas en pena, me reveles qué quie- 
ro res o qué has menester (y el ruido del hierro 
con mi conjuro andaba más agudo); una y 
dos y tres veces te lo digo y torno a decir." Pero 
cuanto más le decía, tantos más golpes de hierro 
sonaban en la tumba que me hacían temblar, 
's Visto que mi conjuro no era válido, y que 
si dejaba enfriar la determinación que tenía 

3 Dayfa: "Es nombre arábigo, y en rigor vale tanto 
como huéspeda, pero alárgase a sinificar el ama, la seño- 
ra y la dama." (Covarrubias.) 



VIDA DE MARCOS DE ORREGÓN III 

tornaría de nuevo el temor a desanimarme, plí- 
seme la espada entre los dientes, y con ambas 
manos así de la tumba por el agujero de aba- 
jo, y en alzándola salió corriendo por entre 
mis piernas un perrazo negro con un cencerro s 
atado a la cola, que huyendo de los muchachos 
se había recogido a descansar a sagrado; y co- 
mo después de haber reposado olió la comida 
retiróla para sí y sacó el vientre de mal año; 
pero con el grande y no pensado ruido que 'o 
hizo saliendo, fué tanto mi espanto, que como 
él fué huyendo por una parte, yo fuera por otra, 
sino por un espinillazo que al salir me dio con 
el cencerro, de que no me pude menear tan jrj 
presto; pero fué tanta la pasión de risa que. ^s j^ 
después de quitado el dolor, me dio, que siem- ^-^ V 
pre que me acuerdo dello, aunque sea a solas 
y por la calle, no puedo dejar de dar alguna 
demonstración dello." 

Fué menester que el Doctor y su mujer acá- a» 
basen de reír para prosegiu'r el intento para que 
truje el cuento, y habiéndolo solenizado les 
dije: "No se podrá creer lo que yo me holgué 
de averiguar aquella duda que en tanta confu- 
sión me había de tener para contar lo que no 2; 
había visto, por donde pusiera mal nombre a 
aquel lugar, como lo han hecho otros muchos, 

tspinillaso : golpe en la espinilla. 



112 ESPINEL 



que por no averiguar los temores o las causas 
dellos, desacreditan mil lugares y quedan siem- 
pre desacreditados por temerosos y espanta- 
bles, sin haber causa para ello; mas de haber 
5 visto alguna extraordinaria cosa, y sin averi- 
gualla, van a contar mil desalumbramientos y 
disparates. Uno dijo que había visto un caballo 
lleno de cadenas y descabezado, y era una bes- 
tia que venía del prado a su casa con las tra- 

>o bas de hierro." 

Son infinitos los disparates que en esto se 
dicen, de manera que no hay población donde 
no hay [a] un lugar desacreditado por temeroso, 
y ninguno, si no es burlando o haciendo donaire. 

«5 dice la verdad. En Ronda hay un paso teme- 
roso después que se subió de noche una mona 
en un tejado que con la maza y cadena atoró o 
encalló en una canal, y desde allí echaba tejas 
a cuantos pasaban; y todo es desta manera. 

"» Solas dos cosas hallo yo que pueden hacer mal 
de noche, que son los hombres y los serenos, 
que los tmos pueden quitar la vida y los otros 
la vista. 



17 masa: un tronco u objeto pesado al cual se sujetaba 
a las nronas con una cuerda o cadena. 

17 atorar: "Apretar vna cosa entrexiriéndola en otra." 
(Covarrubias.) 

21 serenos: "Comunmente llamamos sereno el ayre al- 
terado de la prima noche, con algún vaptjr que se ha le- 
vantado de la tierra." (Covarrubias.) 



DESCANSO SEXTO 



Al tiempo que me iba hallando mejor con 
el doctor Sagredo y mi señora doña Mergeli- 
na de Aybar, por el amor que me tenían, como 
mi suerte ha sido siempre variable, hecha y s 
acostumbrada a mudanzas de fortuna y ejer- 
citada en ellas toda mi vida, vinieron a llamar 
de un pueblo de Castilla la Vieja al doctor Sa- 
gredo con un gran salario, el cual no pudo re- 
husar por haberlo menester y para ejercitar lo lo 
que había estudiado, que ni la grandeza del in- 
genio, ni el continuo estudio hacen a un hombre 
docto si le falta experiencia, que es la que sa- 
zona los documentos de las escuelas, sosiega las 
bachillerías que hacen al ingenio confiado por 15 
las filaterías de la Dialéctica, que realmente no 
podemos decir que tenemos entero conocimien- 



14 documentos: Usado aquí en su significado etimoló- 
gico (doceo) de "enseñanzas". 

16 filatería: "Denrasía de palabras para explicar un 
concepto." (Dice. Acad.) 

8 



114 ESPINEL 

to de la sciencia hasta que conocemos los efec- 
tos de las causas, que enseña la experiencia, 
que con ella se comienza a saber la verdad. Más 
sabe un experimentado sin letras, que un le- 

s trado sin experiencia, la cual faltaba al doc- 
tor Sagredo, y así le estuvo bien aceptar aquel 
partido, por esto y por repararse de las cosas 
necesarias para la conservación de la vida hu- 
mana. 

i» Aceptado el partido, pidiéronme con toda 

la fuerza posible que me fuese con ellos, lo 

cual yo hiciera si no fuera porque no me atreví 

a los fríos de Castilla la Vieja; que estando un 

i hombre en los postreros tercios de la vida no se 

1$ ha de atrever a hacer lo que hace en la moce- 
dad. El frío es enemigo de la naturaleza, y aun- 
que uno muera de ardentísimas fiebres, al fin 
queda frío. Las acciones del viejo son tardas 
por la falta de calor; como la mocedad es cá- 

»o lida y húmeda, la vejez es fría y seca ; por falta 
del calor viene la vejez, y por esto han de huir 
los viejos de regiones frías, como yo lo hice, 
que me quedé desacomodado por no ir adonde 
me acabase el frío en breve tiempo. 

»5 Fuéronse, y quédeme solo y sin arrimo que 
me pudiese valer, que los que dejan pasar los 
verdes años sin acordarse de la vejez, han de 
sufrir estos y otros mayores daños y trabajos 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN II5 

Nadie se prometa esperanzas de vida, ni pien- 
se que sin diligencia puede asegurarla, que 
hay tan poco de la mocedad a la vejez, como 
de la vejez a la muerte; no puede creerlo sino 
quien ha entregado sus años a la dilación de las s 
esperanzas. Cada día que se pasa en ociosidad, 
es uno menos en la vida, y muchos en la cos- 
tumbre que se va haciendo. 

Siendo estudiante en Salamanca el Licencia- ^' 
do Alonso Rodríguez Navarro, varón de sin- lo 
guiar prudencia y ingenio, le hallé una noche 
durmiendo sobre un libro, y diciéndole que mi- 
rase lo que hacía, que se quemaba las pestafías. 
respondió que apelaría para el tiempo que le 
diese otras ; pero que si perdía el tiemno. no •$ 
tenía para quien apelar, sino para el arrepen- 
timiento. Al mismo pregimtándole por qué ca- 
mino había venido a ser tan bien quisto en su 
ciudad, que es Murcia, respondió que haciendo 
placer, y disimulando desagradecimientos, pero lo 
que nunca llegaron a engendrar en su pecho 
arrenentimientos de haber hecho el bien: que 
los hombres de bien no han de hacer cosas de 
oiie se deban arrenentir. Y así, si el arrenen- 
timiento viene tarde, y es bien recebido, apro- jj 



24 El oripr. : "Y así el arrepentimiento viene tarde.* 
Adopto la corrección de las dos B. 161 8. 



Il6 ESPINEL 

vecha para el reparo de la vida, que como el 
arrepentimiento sigue a los daños sucedidos 
por propia culpa, viene acompañado con aso- 
mos de virtud nacida del escarmiento y ayu- 

5 dados de la prudencia. lylas. no hay arrepenti- 
miento que venga tarde, como sea bien rece- 
bido. 

Cuatro efectos suelen resultar del tiempo mal 
gastado y peor pasado: dejamiento de sí pro 

!• pió, desesperación de cobrar lo perdido, con- 
fusión vergonzosa, arrepentimiento voluntario. 
Estos dos postreros arguyen buen ánimo y es- 
tar cercanos a la enmienda ; pero entiéndese que 
como el yerro fué con tiempo, el arrepentí - 

15 miento no ha de ser sin tiempo; que sí el mu- 
cho tiempo se pasó presto, el poco se pasará 
volando y llegará tarde el arrepentimiento; co- 
mo el tiempo que se pasa al descuido con gus- 
to, no se cuenta por horas, como el que se pasa 

>o trabajando, no se echa de ver hasta que es pa- 
sado. 

Yo quedé solo y pobre, y para reparo de 
níís necesidades, me topó mi suerte con cierto 
hidalgo que se había retirado a vivir a una al- 

25 dea y había venido a buscar un maestro o ayo 



I como = cuando: "Y como Sancho vio a la novia, 
dijo." Quijote, R. Marín, IV, pág. 421. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN II7 

para dos niños que tenía de poca edad; y pre- 
guntándome si quería criárselos, le respondí, 
que criar niños era oficio de amas y no de es- 
cuderos; rióse y dijo: "Buen gusto tenéiS; a fee 
de caballero que habéis de ir conmigo, ¿no os 5 
hallaréis bien en mi casa?" Yo respondí : "Ago- 
ra sí, pero después no sé." "¿Por qué?" — pre- 
guntó el hidalgo. 

"Porque hasta tomar el tiento a las cosas 
— dije yo— no se puede responder afirmativa- 10 
mente ; y no se ha de preguntar a los criados si 
quieren servir, sino si saben servir, que el que- 
rer servir arguye necesidad, y saber servir, ha- 
bilidad y experiencia en el ministerio que los 
quieren. Y de aquí nace que muchos criados, a 15 
pocos días de servicio, o se despiden, o los des- 
piden, porque entraron a servir por necesidad 
y no por habilidad, como también algunos es- 
tudiantes perdidos, que en viéndose rematados, 
entran en Religión tan llenos de nece(|ad como ao 
de necesidad, y a pocos lances, o desamparan 
el hábito, o el hábito los desampara. Primero 
se ha de inquirir y escudriñar si es bueno y su- 
ficiente el criado para el cargo que le quieren 
dar, que no si tiene voluntad de servir, porque •$ 
de tener criados ociosos y que no saben acudir 
al oficio para que fueron recebidos, fuera del 
gasto impertinente, se siguen otros mayores in- 



Il8 ESPINEL 

convenientes. Aunque cierto Príncipe destos 
reinos, diciéndole un mayordomo suyo que re- 
formase su casa, porque tenía muchos criados 
impertinentes, respondió : " El impertinente sois 
i vos, que los baldíos me agradecen y honran, 
y esos otros, pagándoles, les parece que me ha- 
cen mucha merced en servirme; y el que no 
obliga con buenas obras, ni es amado, ni ama, 
y en las buenas se parece un hombre a Dios." 
lo "Paréceme — dijo el hidalgo — que quien 
sabe eso, sabrá también servir en lo que le man- 
dasen, especialmente que mi hijo el mayor os 
podrá hacer bien en algún tiempo, que tiene ac- 
ción y espectativa a un mayorazgo de parte de 
15 su madre, que agora posee su abuela; y del hi- 
jo mayor, a quien le viene, no tiene sino dos 
nietecillos enfermizos, y muriendo ellos y su 
padre, queda mi hijo por heredero." 

"Eso es — dije yo — como el que deseando 
ao hartarse de dátiles fué a Berbería por una plan- 
ta de palma y compró un pedazo de tierra ei. 
que la plantó, y está esperando todavía que dé 
el fruto; así yo tengo que esperar a tres vi- 
das, estando la mía en los últimos tercios, pa- 
ís ra la poca merced que se guarda de quien aun 
no tiene esperanza, que como ella vive entre la 
seguridad y el temor, es necesario que tenga 
larga vida quien se sustenta della, que no hay 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN IIQ 

cosa que más la vaya consumiendo que una es- 
peranza muy dilatada ; y es de creer que el que 
se va a pasar la suya entre robles y jarales, ni 
la tiene muy cerca ni muy cierta; que por no 
martirizarme con ellos ni verme en los tragos » 
en que ponen a quien los sigue, he tenido por 
mejor y más seguro abrazarme con la pobreza 
que abrazarme con la esperanza." 

"Esa — dijo el hidalgo — es cuenta de los 
perdidos, que por no esperar ni sufrir quieren «» 
ser pobres toda la vida." 

"¿Y qué mayor pobreza — dije yo — que an- 
dar bebiendo los vientos, echando trazas, acor- 
tando la vida y apresurando la muerte, vivien- 
do sin gusto con aquella insaciable hambre y «s 
perpetua sed de buscar hacienda y honra? Que 
la riqueza, o viene por diligencia buscada, o por 
xr-herencia jposeída, o por antojo de la fortuna 
prestada: si por diligencia, no da lugar a otra 
cosa de virtud ; y si por herencia, ordinaria- «o 
mente se posee acompañada de vicios y envi- 
diada de parientes; si por antojo o arrojamien- 
to de la fortuna, hace al hombre olvidarse de 
lo que antes era, y de cualquier manera que sea. 



13 "Beber los vientos y los elementos. (Dícese de un 
enamorado : "bebe los vientos por fulana", y del que anda 
en pretensión que mucho desea.)" Correas, ed. Mir, pa- 
gina 308. 



120 ESPINEL 



todos en la muerte se despiden de mala gana 
de~Ia hacienda y de las honras que por ella les 
hacían. Una diferencia hallo en la muerte del 
rico y la del pobre : que el rico a todos los deja 
quejosos, y el pobre, piadosos. " 



DESCANSO SÉTIMO 

"Parece — dijo el hidalgo — que nos habe- 
rnos apartado de mi principal intento, que es la 
crianza y doctrina de mis hijos, en que consiste 
salir industriados en virtud, valor y estimación, 5 
y cortesía, que son cosas que han de resplan- 
decer en los hombres nobles y principales." 

"Acerca de la materia — dije — de criar los 
hijos, hay tantas cosas que advertir y tantas 
que observar, que aun de los propios padres '<> 
que los engendraron no se puede muchas ve- 
ces confiar la doctrina que ellos han menes- 
ter; porque las costumbres, corrompidas o mal 
arraigadas en el principio, de los padres, 
destruyen los sucesores de las casas nobles y 's 
ordinarias. Si los antecesores saben los hijos 
que fueron cazadores, los hijos quieren ser- 
lo; si fueron valientes, hacen lo mismo; si 
se dejaron llevar de algún vicio que los hijos 
lo sepan, siguen el mismo camino; y para jo 
corregir y f nmpnH gr vicios he redados de sos 



122 ESPINEL 

mayores, casi es menester, y aun necesario, que 
no conozcan a los padres ; que sería lo más acer- 
tado sepultar las memorias de algunos linajes, 
que por ellos se van imitando lo que oyeron de- 
5 cir de sus mayores, que más valiera que no lo 
oyeran para que no lo imitaran. Y de aquí nace 
que suban unos en virtud y merecimientos, no 
habiendo a quien imitar en su linaje, por la 
educación valerosa que se imprimió en los ver- 
'• des años, y otros bajen al mismo centro de la 
flaqueza y miseria humana, degenerando de la 
virtud heredada, o por la imitación adultera- 
da de los ascendientes, o por la depravada doc- 
trina impresa y sembrada en los tiernos años, 
■s que es tan poderosa, que de una yerba tan hu- 
milde como la chicoria, se viene por la crianza 
a hacer una hortaliza tan excelente como la es- 
carola, y de un ciprés tan eminente y alto, por 
sembrarlo o plantarlo en una maceta o ties- 
to to, se hace un arbolillo enano y miserable, por 
no haberlo ayudado con buena educación. 

"Si a los animales de su naturaleza bravos, 
nacidos y criados en incultos montes y breñas, 
como son jabalíes, osos, lobos y otros semejan- 
as tes. los crían y regalan entre gentes, vienen a 
ser mansos y comunicables; y si a los domésti- 
cos los dejan con libertad irse a los montes, y 
criarse sin ver gente, vienen a ser tan feroces 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 123 

como las mismas naturales fieras. En tiempo 
del potentísimo Rey Felipe Tercero, anduvo 
una leona en los patios de los Consejos, y ju- 
gaban los pajes con ella, y si le hacían mal, se 
amparaba con llegarse a las piernas de un hom- s 
bre. Yo la vi echarse a los pies de las criaturas, 
y porque no la tuviesen miedo se arrojaba a 
sus pies. Y en tiempo del prudentísimo Felipe 
Segundo, en Gibraltar, se fué un lechón al 
monte que está sobre la ciudad, y vino a ser tan i» 
fiero dentro de cuatro o cinco años que anduvo 
libre en el monte, que a cuantos perros le echa- 
ban para matarle, los destripaba. Que es tan 
poderosa la crianza, que hace de lo malo bueno, 
y de lo bueno mejor; de lo inculto y montaraz, 15 
urbano y manso ; y por el contrario, de lo tra- 
table y sujeto, intratable y feroz." 

"Bien sé — dijo el hidalgo — que es impor- 
tantísimo el cuidado de criar bien los hijos, 
porque de ahí viene la vida y honra suya, y la 30 
quietud y descanso de sus padres, que como han 
de conservar en ellos su mismo ser y especie, a^ 
paso que los aman, desean su proceder y tér- 
mino y la imitación de sus progenitores. Sabe- 
mos que dijo aquel Rey de Macedonia que te- 25 
nía por tan gran merced del cielo haber nacido 
su hijo en tiempo de Aristóteles, para que fue- 



124 ESPINEL 

se SU maestro, como tener quien le sucediese en 
el Reino." 

"De tal suerte — dije yo — han de ser los 
maestros o ayos, que con la aprobación de su 
5 vida y costumbres enseñan más que con los 
preceptos morales llenos de superfina vanidad; 
que muchas veces enseña más el maestro por 
acreditarse a sí, y por mostrar jactancia, que 
por mostrar virtud y fundamentar el dicípulo 

lo en valor, bondad y humildad; la doctrina llena 
deste deseo santo de acertar el camino de la 
verdad, al buen natural perficiona y a la mala 
inclinación corrige. Al hijo del caballero han- 
sele de enseñar con las letras juntamente virtu- 

15 des, que refieran aquellas del origen que trae 
la antigüedad de sus pasados, humildad con 

( valor, y estimación sin desvanecimiento, corte- 

I sía con el superior, amistad con el igual, llane- 
za y bondad con el inferior, grandeza de ánimo 

ío para las cosas arduas y difíciles de cometer, 

I desprecio voluntario de las que no pueden 
aumentar sus merecimientos. 

"La zorra un tiempo puso escuela de enseñar 
a cazar; y como el lobo se hallaba viejo y sin 

25 presas, rogóle que le enseñase un hijo que le pa- 
recía que había de ser valeroso para mantener- 
lo a él y a su madre en su vejez; la zorra, ha- 
llando en qué vengarse de los agravios que el 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 25 

lobo le había hecho, con mucha presteza y buen 
gusto recibió el pupilo. Lo primero que hizo 
fué apartarle de sus atrevidas inclinaciones, que 
eran de acometer a reses grandes, y enseñarle 
las raposerías que ella solía por su natural dis- s 
tinto; y dióse tan buena maña, que en menos 
de un año el lobillo salió grandísimo cazador 
de gallinas. Envióselo al padre por muy hábil y 
diestro en el oficio; holgóse el padre y la ma- 
dre pensando que tenían un hijo que había de "> 
asolar la campaña de ganado- Enviáronle a bus- 
car la vida para matar la hambre que habían 
padecido, y habiendo tardado día y medio, vol- 
vió con una gallina y muchos mordiscones y 
palos que le habían dado. Viendo el lobo la ma- -s 
la doctrina que había aprendido, dijo: "Al fin 
nadie puede enseñar lo que no sabe ; déjeme en- 
gañar de la zorra por no trabajar con mi hi- 
jo, porque la poltronería hace buen rostro a 
la mentira, y hame salido a los ojos lo que no »° 
miré con los de la consideración. Hijo, andad 
acá", y mostrándole unas temerillas cerca de 
un cortijo le dijo: "Aquella es la caza que ha- 
l)éis de aprender y cazar." Apenas acabó de 



6 distinto = instinto : "que pues ella es hembra, como 
vos decís, ha de seguir su natural distinto." Quijote, ed. 
R. Marín, t. III, pág. 438. 

24 aprender : tomar, coger. 



120 ESPINEL 

mostrárselas cuando inconsideradamente cerró 
con ellas, porque las madres, que ya los habían 
olido, en un momento pusieron los hijos en me- 
dio y todas puestas en muela hicieron trincheas 
« de sus cuernos, y el pobre lobillo que pensó lle- 
var presa, quedó preso, porque le recibieron 
con las picas o picos de su herramienta, y lo 
echaron tan alto que cuando cayó no fué para 
levantarse más. El padre que con su ancianidad 

*° no pudo vengar la muerte de su hijo, se volvió 
a su manida diciendo : "La mala doctrina no tie- 
ne medicina; costumbres de mal maestro sa- 
can hijo siniestro. " De aquí quedaron los odios 
para siempre confirmados entre la zorra y el 

»« lobo, y así ella no va a buscar la vida sino adon- 
de el lobo no se atreve, que es a las poblaciones, 
porque allí no pueden encontrarse. 

"Mucho gustara — dijo el hidalgo — , ya que 
habéis traído tan a propósito el cuento, que 

*° alargásemos un poco más la materia para que 
averigüemos cómo se podría elegir el maestro 
que ha de ser el guión del cuerpo y alma del 
hijo ajeno, que ha de criar con más cuidado 
que si fuera suyo, y enseñarle para conseguir 



4 muela: "la rueda o corro que se hace con alguna 
cosa." Fr. L. de Granada. Synibolo de la Fe. part. I, cap. 17 : 
"las vacas guando sienten peligro de alguna fiera, há 
cense todas una muela y encierran dentro de ella los Iie- 
cerrillos." (Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 27 

el verdadero camino que le guíe a la perfección 
de caballero cristiano, que de caballero sola- 
mente, ya tenemos entendido el modo que to- 
dos siguen." 

"Este modo de caballero — dije yo — está $ 
muy cargado de obligaciones por la significa- 
ción que traen consigo, de que podrá ser tratar 
después, si el tiempo nos diere lugar, porque 
ni la materia quiere brevedad, ni yo tengo es- 
pacio para ser largo. Y alargando la que teñe- '° 
mos comenzada, digo, que la primera y prin- 
cipal parte que ha de tener el que ha de ser 
maestro de algún Príncipe o gran caballero, es 
que tenga experiencia con madurez de edad, V^*'*^ 
que por lo menos tenga los aceros de la juven- «i 
tud gastados; edad en que con dificultad pue- 
de ser sabio y prudente un hombre, por faltar 
el tiempo que nos hace previstos y recatados. 
Mas si fuere mozo, sea tal que le alaben los vie • 
jos experimentados en sciencia y bondad, aun- «o 
que la mocedad es tan sujeta a variedades, "** 
impaciencias, furores, y otros inconvenientes 
arrebatados, que si no es con mucho valor y ente- 
reza de virtud experimentada y conocida, ten- 
dría por mejor elegir para maestro a un vie- »s 
jo cansado del mundo y con buena opinión, que 
a un mozo que va entrando en él y con buenas 
esperanzas, que al fin, de aquél se tiene la segu- 



128 ESPINEL 

ridad que basta, y déste la confianza que puede 
mudarse. [En los viejos va creciendo siempre el 
desengaño y la ciencia, y disminuyéndose la 
fuerza, se levanta la contemplación ; y en el mozo 

5 va creciendo la confianza y el desvanecimien- 
to, fuerza y estimación propia, de modo que 
tiene necesidad de ajeno consejo y amigable so- 
frenada, que en nuestros tiempos se han visto 
en algunos sujetos, dignos de estimación por 

10 su nacimiento, tan exorbitantes vicios y desdi- 
chas por la imprudencia de maestros mozos des- 
templados y lascivos, que da horror removerlas 
en la memoria; a las cuales infelicidades no 
diera lugar la doctrina de un maestro viejo, 

is cansado de dar y recebir heridas ya sanas del 
trato y comunicación del mundo; que de darles 
maestros no elegidos por capacidad y partes 
dignas de tal oficio, sino mozos recebidos por 
favor y ruegos armados de un poco de hipo- 

ao cresía, suelen venir a dar en cosas indignas de 
imaginarse.] 

Ha de ser el maestro lleno de mansedumbre 
con gravedad, para, que juntamente le amen y 
estimen, y haga el mismo efecto en el dicípulo, 

»s no perdiéndole un punto de su vista si no fuere 
los ratos diputados para el gusto de sus padres 

■ ■■ipWlllliaMWii^— — ■ ,1 I I. II .1 i. -„ ,.i.>.. ■- I. . I I ■ — ■ -• 

2 El trozo entre corchetes falta en la ed. B. i88i. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 1 29 

O cuando el niño le tuviere con sus iguales; y 
en el entretenimiento se halle presente el maes- 
tro, alentándole y mostrándole el modo con 
que se ha de haber en el pasatiempo; no ha- 
ciendo lo que yo vi hacer a un pedante, maes- 5 
tro de un gran caballero, niño de muy gallardo 
entendimiento, hijo de un gran Príncipe, que 
habiendo concertado con otros sus iguales en 
edad y calidad, un juego de gallos, día de Car- - 
nestolendas, salió también el bárbaro pedante i» 
con su capisayo o armas de guadamací so- 
bre la sotana, con más barbas que Esculapio 
diciendo a los niños: Destrorsum heiis sinis- 
trórsum", y desenvainando su alfanje de aro de 
cedazo, descolorido todo el rostro iba con tanta 15 



9 "Correr gallos. Divertimiento de Carnestolendas, que 
se executa ordinariamente enterrando un gallo, dexando so- 
lamente fuera la cabeza y pescuezo, y vendándole a uno 
los ojos parte desde alguna distancia a buscarle con la 
espada en la mano; y el lance consiste en berirle o cor- 
tarle la cabeza con ella. Otros le corren continuamente 
hasta que le alcanzan o le cansan, hiriéndole del mismo 
modo." (Dice. Aut.) "Llegó... el tiempo de las Carnesto- 
lendas, y trazando el maestro de que se holgasen sus mu- 
chachos, ordenó que hubiese rey de gallos." Quevedo, Bus 
con. ed. A. Castro, pág. 26, 

10 capisayo: "Vestidura corta a manera de capotillo 
abierto, que se viste por la cabeza como la sotana cerra- 
da, y sirve como capa y sayo juntamente, de cuyos nom- 
bres se forma esta voz." (Dice. Aut.) 

10 guadamací : "Cabritilla adobada en que a fuerza de 
la prensa se forman por el haz diferentes figuras de di- 
versos colores." (Dice. Aut.) 



I t 



130 ESPINEL 

furia contra el gallo como si fuera contra Mo- 
rato Arráez, diciendo a grandes voces: "Non te 
peto, piscem peto, cur me fugis, galle?" De la 
cual pedantería él quedó muy ufano y conten- 

5 to, y los que le oyeron llenos de risa y burla. Yo 
me llegué, y le dije: "Mire, señor Licenciado, 
que por tener poca memoria los gallos, se les 
olvida el latín." Él respondió muy de presto: 
"Ntmqiiam didicerunt, nisi roncantes excitare." 

10 Este con mil impertinentes bachillerías, llenas 
de ignorancias gramaticales, dejó al caballero 
estragado su buen natural. Diéronle otro maes- 
tro cuerdo, poco o nada hablador, modesto y 
de buena compostura, y en pocos días enmendó 

15 los borrones que el otro le había enseñado, que, 
con muchas reglas mal sabidas y peor enseña- 
das y a voces repetidas, le había estragado, y 
estotro con pocas y muy calladas lo reparó. Pa- 
recieron a dos hermanos, el uno muy colérico 



2 Moralo Arráez: Es probable que fuera algún céle- 
bre pirata o caudillo, real o imaginario. Comp. í "...y sal- 
tando dos amigos con hábito turquesco en la barca, arre- 
bataron la nueva Elena, que trasladando della al vergantín 
enrriquezieron los brazos de Philandro; las voces de los 
fingidos turcos que apellidauan a Morato Arráez, hizieron 
creer a los que en la barca dexaron libres, que fuese m- 
dubitadan:ente el autor del robo." Lope de Vega, El pere- 
grino en su patria (ed. Sevilla, 1604, fol. 8 v.). Tal vez 
sea nombre arbitrario como el Agi Morato del Quijote 
(a.» parte, cap. 41). 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN I3I 

y el otro muy reposado y lleno de santimonía, 
que ganaban la vida con un pollino: el colérico 
le daba mil voces y palos, y el jumento no por 
eso hacía más movimiento que antes. El repo- 
sado no le decía más que: "Arre, válgate Je- s 
sus", y hincábale un aguijón de un geme por las 
ancas, con lo que le hacía volar. 

"La modestia del maestro, y las otras partes 
buenas, se imprimen y son como espejo en que 
se mira el dicípulo, y la imprudencia y poco va- ««> 
lor es causa de menosprecio para con el maes- 
tro, y de incapacidad para con los demás; y así, 
lo que había de ser doctrina viene a ser pasatiem- 
po, y si se pasa no puede cobrarse, y en este 
poco se le puede enseñar con brevedad la len- «s 
gua latina, sin cargalle de preceptos, que los 
mismos maestros, o no los saben, o no los han ol- 
vidado, de suerte, que en sabiendo declinar y 
conjugar, les lean libros importantes, así para 
la lengua latina, como para las costumbres, y ^o 
todo lo demás tengo por tiempo mal gastado; 
porque las diferencias o propiedades de nom- 



I santimOnia : "Lo mismo que santidad. Es voz pura- 
mente latina y de poco uso. Agosta, Hist. Ind., lib. 6, ca- 
pítulo II : "pente dedicada a recogimiento y santimónia fin- 
g'ida, y mil géneros de Prophetas falsos". (Dice. Aut.) 

6 gem^ o xeme : "La distancia que hai desde la ex- 
tremidad del dedo pulgar a la del dedo índice, que sirve 
de medida." (Dice. Aut.) 



132 ESPINEL 

bres y verbos se pueden declarar en los libros 
que se fuesen leyendo, sin hacer lo que los ci- 
rujanos, que detienen la cura porque dure la 
ganancia; que en esto realmente son culpados 
^ i los maestros de las lenguas que se aprenden por 
j reglas, porque faltaron los que las hablaban : 
porque las ordinarias fácilmente se aprenden 
con oírlas a los que las hablan, y los que las 
aprenden para saberlas y no para enseñarlas, 

'• con que entiendan el libro que les leyeren, sa- 
brán más que sus maestros." 

"Y volviendo al ejemplo de la zorra, sea el 
maestro de buen nacimiento o crianza, templa- 
do, vergonzoso, verdadero, secreto, humilde, con 

'» valor, callado, no lisonjero ni hablador, que 
como dicho tengo, enseñe más con la vida y 
costumbres que con las palabras, o a lo menos, 
que se parezca lo uno a lo otro, para que no le 
abata al dicípulo los pensamientos bien here- 

"« dados a presas mal arraigadas por la ignorante 
doctrina; que la virtud ha de crecer con el di- 
cípulo de manera, que con enseñalle modestia 
no le enseñen encogimiento que le desjarrete 
el valor del ánimo con que nació. 

7 lenguas ordinarias, v. pág. 31. 

20 abata los pensamientos... a presas... comparación con 
el abatirse de las aves de caza sobre su presa. En el párra- 
fo siguiente pone en parangón la educación del caballero 
con la de los halcones. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 1 33 

"La educación de los caballeros ha de ser co- 
mo la de los halcones, que el halcón que se cría 
encerrado, no sale con aquella fineza y ali«i- 
to con que sale el que se cría donde le dé el aire, 
como le criaban sus padres. Hase de criar el t 
halcón en lugar alto, en donde, gozando de la 
pureza del aire, pueda ver las aves a quien des- 
pués se ha de abatir. El que se cría encerrado, 
fuera de ser más tardío en el oficio para que 
le crían, no sale con aquel coraje y determina- i. 
ción que el otro que se crió al aire. Así el ca- 
ballero que se ha de criar para imitar la gran- 
deza de sus progenitores, aunque se críe lleno 
de virtud y modestia, aquel recogimiento no ha 
de ser encogimiento de ánimo, sino, como arri- n 
ba dije, ha de tener valor con humildad, esti- 
mación sin desvanecimiento, cortesía y circuns- 
pección en todos sus actos, de suerte que no 
falte cosa para cabal señor; que eso quiere 
decir_ca6a//^/'c>j,_compuesto desta voz, cabal y a« 
hero, que en latín quiere decir señor. Así que 
caballero es cabal hero, o cabal señor, que no 
le falta cosa para serlo; y digan otros lo que 
quisieren, que la Filosofía cristiana nos da lu- 
gar y licencia para dar sentido que tenga olor «s 
de virtud." 

"Mucha satisfación y gusto — dijo el hidal- 
go — he recebido con el buen discurso que ha- 



134 ESPINEL 

béis hecho : satisf ación en la doctrina, que real- 
mente va encaminada a la verdad cristiana, y 
gusto de las ignorancias de aquel pedante. Mas 
cuanto a la derivación de caballero, es muy sa- 

s bido que se dice de caballo, porque sustentan 

caballo, y andan a caballo, y pelean a caballo. " 

" Si por esta razón fuera — dije yo — también 

se llamara caballero el playero, o arriero que 

trae caballas de la mar, y también se dice el que 

«o va en un jumento o acémila, que va caballero, 
que realmente no es caballo, y parece que en 
esa opinión es impropio." 

"También — dijo el hidalgo — llamaron eques 
al caballero, desta palabra equus, que quiere 

15 decir caballo." 

"Tan poco — dije yo — concedo lo uno co- 
mo lo otro ; porque los romanos siempre dieron 
los nombres a las cosas que significasen la mis- 
ma obra para que las criaban. Como a los cón- 

«0 sules les dieron este nombre de consido, que 
quiere decir aconsejar y mirar por el bien de 
la República. Y así el caballero, no creo que le 
dieron el nombre de equus por caballo, sino de 
(Equus, cequa, CEquum, por cosa igual, cabal y 

25 justa, como tiene obligación de serlo quien ha 
de ser cabeza y modelo de las costumbres que 

16 El oríg. y las e<i., "Tampoco." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 1 35 



han de imitar los miembros inferiores de la Re- 
pública, aunque realmente se van deslizando / 
algunos de sus obligaciones, quizá entendiendo 
que el caballero quiere decir alcabalero de los 
mercaderes, sacándolo de su propia significa- s 
ción y de la entereza y firmeza que ha de guar- 
dar en todas sus acciones, que por eso al ba- 
luarte le llaman caballero, porque ha de e^tar 
siempre firme e inmutable a la fuerza de los con- 
trarios, y al ímpetu de la artillería, como el ca- i 
ballero lo ha de estar a resistir las injusticias 
y agravios que se hacen a los inferiores y opri- 
midos; y haciendo al contrario van contra su 
calidad, y contra las obligaciones que hereda- 
ron de sus pasados." i 



'/ 



8 caballero: "Térm. de fortificación. Es una obra que 
se levanta sobre el terraplén de la Plaza, alta diez u doce 
pies, larga de ochenta a noventa, y ancha de treinta a 
quarenta, sobre la cual se forma el parapeto hacia los 
lados de la campaña, y su subida por el lado de la ciu- 
dad, donde no se le pone parapeto para que en caso de 
ganarle el enemigo quede enteramente descubierto, Llá- 
mase Caballero, porque assi como un hombre a caballo 
señorea a todos los que estén a pié, assi este Caballero do- 
mina a toda la plaza y a los enemigos." (Dice, Aut.) 



DESCi^NSO OCTAVO 

Toda esta plática o conversación pasó estan- 
do este hidalgo y yo echados de pechos sobre 
el guardalado de la puente Segoviana, miran- 

s do hacia la Casa del Campo por donde vimos 
asomar un buen atajo de vacas que nos inte- 
rrumpió la conversación, y viéndolas le dije: 
"Aquellas vacas han de pasar por esta puen- 
te más apiñadas y más apriesa que vienen por 

lo aquella parte, por eso no aguardemos aquí el 
ímpetu con que han de pasar." 

"No temáis — dijo el hidalgo — que yo os 
guardaré a vos y a mí." 

"Guárdese a sí — dije yo — que a mí aque- 

1$ lia pared que baja de la puente al río me guar- 
dará; porque yo no me entiendo con siente que 
no habla, ni sé reñir con quien trae armas do- 



4 guardalado: "El antepecho de piedras que hai a los 
lados de las puentes, que sirve de defensa y resguardo 
para que los que passan no puedan caer al agua." (Dice. 
Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 37 

--■■■- 

bles en la frente, fuera de lo que dicen : " Dios 
me libre de bellacos en cuadrilla." Hase de re- 
ñir con uno que si le digo "teneos allá", me en- 
tienda. Reñir con un animal bruto, es dar oca- 
sión que se ría quien lo mira, y cuando salga s 
bien dello, no ha hecho nada. No se ha de po- 
ner un hombre en peligro que no le importa 
mucho; defenderse del peligro es de hombres, 
y ponerse en él es de brutos. El temor es guar- 
da de la vida, y la temeridad es correo de la lo 
muerte. ¿Qué honra o provecho se puede sacar 
de matar un buey, cuando se haga por ven- 
tura, sino tener que pagar a su dueño? Si yo 
puedo estar seguro, ¿ por qué tengo de poner mi 
seguridad en peligro?" «s 

Con todo esto que yo le dije, él se quedó ha- 
ciendo piernas, y yo con las mías me puse lo 
más presto que pude detrás de la esquina. Ve 
nía por la puente adelante una muía con dos 
cueros de vino de San Martín y un negro ata- ,« 
sajado en medio dellos, y aunque venía un poco 
apriesa delante de los bueyes, con el ímpetu que 
venían, por la priesa que los vaqueros les die- 
ron, cogieron a la muía en medio, al tiempo 

17 hacer piernas: "Por presumir y estribar, y tenerse 
contra otro." (Correas, pág. 631.) 

21 atasajado: "Partido, dividido en dos o tres o qua- 
tro partes o trozos y hecho tasajos, de cuyo nombre se 
forma esto adjetivo." (Dice. Aut.) 



138 ESPINEL 

que llegaron a emparejar con mi negro hidalgo. 
La muía era maliciosa, y como se vio cercada 
de cuernos, comenzó a tirar puñadas y coces de 
manera que arrojó a el negro y a los dos cue- 

5 ros encima de la herramienta de un novillejo 
harto alegre, y que comenzando a usar de sus 
armas, arrojó el un cuero por la puente al río 
en medio de muchas lavanderas. El hidalgo, por 
librar al negro y defenderse a sí, puso mano a 

xo su espada, y afirmándose contra el novillo, le 
tiró una estocada uñas abajo con que hizo al 
olro cuero dos claraboyas que alegraron har- 
to a la gente lacayuna ; pero no fué tan de bal- 
de que no le trújese por delante asido por las 

15 cuchilladas de las calzas, que de puro manidas, 
no pudiendo resistir a la violencia de los cuer- 
nos, se rindieron y él quedo arrimado al guar- 
dalado de la puente con algunos chichoncillos 
en la cabeza, diciendo: "si trujera las nuevas, 

20 buen lance había echado." 

En pasando la manada — que fué en un ins- 
tante — acudieron los gentileshombres guiones 
de la gente de a caballo, y acometiendo por 
los orificios de los i jares al cuerpo sin aliento, 

25 en un instante le dejaron sin gota de sangre. 

Las lavanderas acudieron al que había 

caído en el río, cada una con su jarrillo, que 

llevando uno en las tripas y otro en la mano, 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 39 

le dejaron la boca al aire, y el señor cuero, ca- 
llar; al negro medio deslomado le pusieron 
sobre la muía, no sé lo que fué del. Yo acu- 
dí a mi hidalgo, no a darle en cara el no haber 
seguido mi consejo, sino a limpiarle y conso- 5 
larle, diciendo que lo había hecho muy como 
valiente hidalgo. Que es yerro al afligido y 
corrido reprehenderle lo que no tiene remedio ; 
con la reciente pesadumbre a nadie se ha de 
de decir: bien os decía yo; que en el daño he- 10 
cho es mala la corrección temprana; al que 
está compungido de su daño, no se ha de dar 
en cara lo que dejó de hacer, que él se tiene 
consigo la penitencia de su yerro; y en seme- 
jantes sucesos el empacho y vergüenza, son 15 
castigos de la confianza. El se puso muy hue- 
co del consuelo que yo le di en alabarle de su 
disparate, aunque se echó de ver la confusión 
que tenía en el rostro. Con todo eso, me agra- 
deció lo que le dije, y para alegrallo le mostré jo 
el esguazo que los lacayos hacían en el cuero y 
la alegría de las lavanderas que le echaban mil 
bendiciones al novillo, rogando a Dios que ca- 

21 esguazo: Así en las tres ed. 1618; las demás, "estra- 
go". Puede ser aplicación metafórica de la significación 
que da el Dice. Aut. : "El acto de vadear y passar un rio, 
canal o brazo de mar baxo, de una a otra parte. Coloma, 
Guerra de Flandes, lib. I: "Otra noche, a los 17 de octu- 
bre, tentó el duque el esguazo, tentado ya otras veces coa 
felicidad." 



140 ESPINEL 

da día sucediese lo mismo. Y en habiendo ellos 
y ellas concluido con dejar los pellejos sin al- 
ma, se tornaron a su costumbre antigua. Los 
lacayos, a decir mal de sus amos y del gobier- 
5 no de la República, y las lavanderas, a mur- 
murar de doncellas y religiosos. ¡Lastimosa 
cosa, que pasando toda la vida en pobreza, 
trabajo y miseria, con que pueden ganar a Dios 
la voluntad, vengan a hallar alivio y descanso 

1. en los brazos de la murmuración! Que es tan 
poco humilde nuestra naturaleza, que ordina- 
riamente la pobreza se rinde a la envidia, co- 
mo si el repartimiento de las partes superiores 
dependiese de sola la diligencia humana, sin 

is orden de la voluntad divina, y que se aborrezca 
por cosa infame, lo que tanto amó el Autor de 
la vida. Los pobres son piadosos para oti os po- 
bres, pero rio para los ricos; y si considerasen 
con los ojos del alma, cuánto más cargados de 

2. obligaciones están, y cuidados los ricos que los 
pobres, sin duda no trocarían su suerte por la 
del rico; que al rico todos procuran derriballe, 
y al pobre nadie le tiene envidia. Y con todo eso 
su mayor consuelo es murmurar del que ven 

as acrecentado o en mejor estado que el suyo. Pe- 
ro dejemos ahora a Ips lacayos gobernar el 
mundo, y a las lavanderas aniquilar y desha- 
cer lo mejor que hay en él. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN I4I 

El hidalgo — aunque algo desabrido del su- 
ceso — con grandes veras me comenzó a per- 
suadir que fuese con él ; yo a considerar si me 
estaba bien; porque cuanto a lo primero yo 
echaba de ver que el andar vagamundo y ocio- s 
so era cosa perniciosa para conservar la repu- 
tación y sustentar la vida, que aunque es así que ^ 
la ocupación cansa el cuerpo, y la ociosidad f a- ^ 
tiga el espíritu, y el que trabaja piensa en lo 
que hace de bien, y el ocioso en lo que puede lo 
hacer de mal, gracia del cielo es menester para 
que el ocioso se ocupe en cosas de virtud, y mu- 
cha fuerza de mala inclinación, para que el ocu- 
pado se ejercite en el vicio. Muchas veces oí 
decir al Doctor Cetina, gran juez, que ahorre- 15 
cía las ocupaciones de su oficio, por no saber 
faltas ajenas, y por otra parte las deseaba por 
no estar ocioso. Cuanto a lo segundo, consi- 
deraba que no era cordura salir de Madrid, 
adonde todo sobra, por ir a una aldea, donde ao 
todo falta; que en las grandes Repúblicas el 
que es conocido, aunque anochezca sin dine- 
ros, sabe que el día siguiente no ha de morir 
de hambre. En los pueblos pequeños, en faltan- 
do \o propio, no hay esperanza de lo ajeno ; el »> 
perro que no es de muchas bodas siempre anda 
flaco. Si el conejo tiene dos puertas en su vi- 
var, puede salvarse; pero si no tiene más de 



142 ESPINEL 

una, luego es cazado. El hombre que no sabe 
nadar, en un charco se ahoga; pero el que sa- 
be entrar y salir, en la mar no se anega. Lo 
tercero, veía tan inclinado al buen hidalgo a 
s llevarme consigo, y a mí tan agradecido a quien 
me quiere bien, que no sabía negárselo; que el 
agradecer el amor y las buenas obras es de pe- 
chos nobles, y la ingratitud de tiranos, el que 
no agradece no merece tener amigos : nada tie- 

lo nen los hombres que no sea recebido, y así des- 
de nuestro nacimiento habemos de comenzar 
a agradecer. 

Tras de todo esto consideré mi estado, y la 
obligación natural que tengo a mí propio. El 

15 buen hidalgo era no muy rico, y de sus acciones 
descubría estrecheza de corazón; no parecía li- 
beral; pobreza y miseria en un sujeto, aunque 
son para en uno, no quiero que sean para mí. 
Yo naturalmente soy enemigo de la escaseza, y 

»o aun creo que la misma naturaleza la aborrece, 
siendo como es pródiga en dar ; y a este hidal- 
go se le echaba de ver que no era escaso por 
pobre, sino por inclinación; pero con todo eso 
me aventuré a no negalle lo que me pedía. 

as Fuíme con él a casa de cierto título, con 
quien profesaba parentesco o amistad; porque 
él tenía necesidad de algún regalo, por las bur- 
las que le habían pasado con el novillo, y en- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 1 43 

trando dijo a un despensero de la casa que me 
regalase: él entendió sin duda que me reglase, 
y así lo hizo de manera, que de pura dieta casi 
se me vino a juntar el pecho con el espinazo. 
Era ya tarde, y mostróme el dicho despensero 
un tinelo donde comían los criados más impor- 
tantes de la casa, como son gentileshombres 
y pajes. IJegóse la hora de cenar, y el tinelo 
estaba más escuro que la última cubierta del 
navio. 

Entró cierto galancete, aunque no alto de 
cuerpo, de razonable talle, trigueño de rostro, 
ceja arqueada, casi de hechura de mariposa de 
seda, buena expedición de lengua, pocos con- 
ceptos y muchas palabras, más lleno de ham- 
bre que de hidalguía. Y como vio tan lóbrego 
el aposento, dijo: "Hola, trae aquí velas." Vi- 
no im picaro con más andrajos que un molino 
de papel, con un cabo de vela portuguesa y hin- 
cóla en un agujero de la misma mesa tinelar, 
que si no tuviera nudo la madera le hincara en 
la pared. Pusieron en ella unos manteles des- 
virados que parecían delantal de zurrador. Sa- 
có aquel galán una servilleta de la faltriquera. 

6 tinelo: "Corredor de la servidumbre en las casas de 
los grandes." (Dice. Acad.) 

23 deszñrado: "part. pass. del verbo desvirar: Pulir el 
zapato, cortando con el tranchete lo supérfluo de la sue- 
la." (Dice. Aut.) 



144 ESPINEL 

no más limpia pero más agujerada que cubier- 
ta de salvadera, y por gran cosa dijo : "Más ha 
de veinte años que la tengo conmigo, lo uno 
por no ensuciarme con estos manteles; lo otro, 
i porque me la dio cierta señora, que no quiero 
decir más." Pusiéronles a cada uno un rábano, 
cuyas hojas fueron la ensalada, y el rábano el 
sello estomatical. Yo les dije que estaban segu- 
ros de la fatigosa pasión de orina, así por el 
X* uso de las hojas, como por la templanza en la 
comida; que no les dieron a cenar sino unos 
bofes salpimentados con hollín y salpimienta. 
Respondió aquel entcfriadillo : "Siempre en ca- 
sa de mis padres oí alabar esa virtud de la tem- 
15 planza, y por haberme criado con ella, soy tem- 
plado en todas mis acciones." "Si no es en ha- 
blar" — dijo otro gentilhombre. Prosiguió que 
"los hidalgos tan honrados y bien nacidos co- 
mo yo, no se han de enseñar a ser glotones, que 
'• no saben en lo que se han de ver, en paz o en 

guerra". 
I "No se halla q,ue mi padre comiese más de 
f una vez al día, y con mucha templanza — si no 
' era cuando le convidaba el Duque de Alba, 



8 sello estomatical: "Por alusión se llama qualquiera 
pequeña porción de conrida, sólida y vigorosa, que afirma 
y corrobora la deanás comida tomada sobre ella." (Dice. 
Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON I45 

grande amigo suyo, que entonces comía más 
que cuantos había en la mesa — , por ser tan 
gran cortesano, tan discreto y decidor, que en- 
tretenía solo a una sala de gente, sino que con 
todo eso nos dejó muy pobres." "No me espan- s 
to deso — dije yo — , que si el caudal eran pa- 
labras, la resulta sería viento; que cuando el 
hablar no se acompaña con el hacer, como se 
queda en la primera parte, nunca se vee el f ru - 
to de la segunda. La dulzura y gracia de la len- " 
gua satisface tanto a su dueño, que todo se va 
en vanagloria para sí y detracción para los de- 
más. Y en resolución, la lengua es la más cier- 
ta señal de lo interior del alma^ que la mucha 
locuacidad no deja cosa en ella que no lo echa » 
fuera." 

A' todo esto, yo esperaba mi cena, que según 
se tardaba me parecía que servía ya en palacio. 
Asomó mi despensero con un platillo de mon- 
dongo, más frío que las gracias de Mari Ango- » 
la. Tómelo y despedácelo, que no había con qué 
cortarlo, y al olor que subió de tripa mal lavá- 



is Las cosas de palacio van despacio. 

21 Mari Angola. Acerca de esta frase de Espinel dice 
don Luis Montoto, Personajes, personas y personillas, que 

corren por las tierras de ambas Castillas, t. II, pág. 140: 

"La Mariangola de la frase debió de ser una mujer que, 

alardeando de graciosa, jamás dijo gracia alguna, sino 
insulseces y pampiroladas," 

10 



146 ESPINEL 

da, dijo aquel hablador: "En viendo este gé- 
nero de comida siento un olor ambarino que 
me consuela el alma, porque lo comíamos siem- 
pre en mi aldea, hecho con las manos de una 

5 hermana mía, que si no fuera por unos cabelle- 
jos más rubios que el oro que se caían encima, 
los podía comer un ermitaño." A mí me olió 
de manera, que deseaba que el picaro me lo 
quitara de delante, y convídele a aquel hidalgo 

10 con él, diciendo que había cenado. El lo probó 
y aprobó, y alabando el picante de la pimienta 
y cebolla, y la limpieza de las manos que lo ha- 
bían hecho, se acabó junto con el cabo de ve- 
la. Comenzó éste a decir: "Picaro, trae aquí 

'i velas." 

"¿Cuáles velas? — preguntó el picaro — . ¡Va- 
yase a pasear y deje las velas!" 

"A fee de hidalgo — dijo aquel gentilhom- 
bre — que os tengo de hacer quitar la ración." 

»• "Eso fuera — dijo el picaro — si me la hu- 
bieran dado, pero la que no se ha dado, mal se 

j puede quitar ; que como sabe, ha más de cuatro 
meses que no se da ración en esta casa." 
"¡Oh villano — dijo el otro — , deshonra bue- 

»» nos! ¿y tal has de decir? Los mal nacidos, co- 
mo éste, infaman las casas de los señores; qu? 
no saben tener paciencia ni sufrir un mal día, 
luego echan las faltas en la calle, no se con- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN I47 

tentaii con el respecto que los tienen por ser- 
vir a quien sirven. Mal callárades vos lo que yo 
he callado, y sufriérades lo que yo he sufrido, 
y hubiérades hecho lo que yo he hecho suplien- 
do sus faltas, gastando mi hacienda, prestando > 
mi dinero, y diciendo muchas mentiras por des- 
culpar sus descuidos. Los bien nacidos tienen 
consideración a las muchas obligaciones de los 
señores: si hoy no tienen, mañana les sobra, y 
pagan junto lo gue no dan por menudo." «• 

"Señor — dijo el picaro — , yo no tengo las 
inteligencias que v. m., que se va a las casas de 
juego. " 

Atajóle de presto el gentilhombre diciendo': 
''Es verdad que yo juego de ordinario, que aun «* 
no ha más desta tarde que gané dineros y cier- 
tas joyuelas y una cadenilla de oro." 

"¿Pues cómo no tiene para velas?", dijo el 
picaro. 

"Porque di — respondió — todo el dinero de •• 
barato." 

"No es mucho — dijo el picaro — , si es ver- 
dad eso, que de cuantas veces lo recibe le dé 
una." 

"¿Yo picaro?" — dijo el mozalbillo. 

"Como su padre" — respondió el picaro. 

"Mi padre — dijo el galán — tomábalo por- 
que se lo daban y lo merecía." 



•I 



148 ESPINEL 

"Y vuesa merced — dijo el picaro — porque 
lo pide y no lo merece." 

A toda esta pendencia, y otra que se había 
trabado entre dos pajes, sobre la antigüedad 

5 del asiento, estaba a escuras el lóbrego tinelo, 
y yo espantado dije al mozuelo que callase y 
tuviese respecto, que a los que tienen oficio 
vsuperior en casa de los señores, no se les ha- 
bían de atrever de aquella manera, 

•° "Déjelo vuestra merced — dijo otro gentil- 
hombre — que si el picaro habla, por todos habla ; 
que si jugando sentencia una suerte que no 
sea en su favor, luego dice que lo hacen porque 
le den barato. Fuera de ser el que nos pone a 

's todos en mal con el señor; congraciador gene- 
ral, y celebrador y reidor de lo que el señor di- 
ce ; arcaduz de la oreja, manantial de chismes, 
estafeta de lo que no pasa en todo el mundo. Si 
dice algo, él lo celebra y quiere que se lo cele- 

2« bren todos; si otro dice o hace algo bueno, lo 
procura derribar y deshacer; si malo, a pura 
risa lo persigue; y si alguno le parece que se 
le va entrando al señor en la voluntad, por mil 
caminos le descompone. Estas y otras muchas 

as cosas le dije yo de mi persona a la suya con 
cinco palmos de espada." Cuando yo espe- 

17 arcaduz de la oreja: caño que conduce los chismes 
a la oreja del señor. 






t-A* 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN I49 

raba una grande pendencia, el habladorcilla dio 
una gran carcajada de risa, con que el otro se 
indignó mucho más, y dijo: "¿Luego no es 
verdad lo que digo?" 

Y el otro con una risa falsa le dijo: "Eso y 5 
mucho más es verdad; y vuesa merced sabe |^^ 
poco de palacio, que aqui el doblez y la ficción 
están en su lugar: no hay verdad, sino lisonja 
y mentira, y el que no la trata no puede valer 
en palacio. Desde que naci me crié en él, y aun- i» ^'jÁ 
que mi padre me avisaba desto mismo, nunca -(f^ 
le vi medrar, sino cuando decía mal de algún 
ausente, que como sea dicho con donaire — co- 
mo él lo decía — alegra el ánimo, endulza el 
oído, atrae la voluntad y saca risa de los pe- 
chos melancólicos." 

"Y llevárase el diablo — dije yo — a quien 
lo dice, y a quien lo escucha, y a quien incita a 
que se diga, y a quien tiene tan ruin opinión, 
y a quien lo consiente, pudiéndolo estorbar que 
no se diga. Y- querer nadie hacer ley de su ma- 
la condición y costumbre en las cosas de pala- 
cio, es yerro notable y digno de castigo, que 
todos esos son actos que tienen su principal 
descendencia y origen de la antiquísima casa 
de la envidia, pasión infame, engendrada en 

a El orig., "carcajada" por errata. Las dos ed. B. 1618: 
"una grande carcajada." 



150 ESPINEL 

pechos que piensan que el bien ajeno ha de re- 
dundar en daño suyo, desnudos de partes y 
merecimientos ; la cual envidia es la más perni- 
ciosa de todas, porque, como tiene su funda- 

i mentó en pesar del bien ajeno, todo el tiem- 
po que dura en aquél la prosperidad, dura en 
éste la malicia, y sin tasa ni elección, porque 
el mismo en quien se halla tan abominable in- 
clinación, a todos se opone : al menor, porque 

»• no se le iguale, y al igual, porque no le deje 
atrás, y al mayor, porque no le sujete y supedite 
"¡Qué templado está a lo viejo!" — dijo el 
hablador. 

"¡Y qué destemplado está él a lo moderno!" 

'5 — dije yo. Y prosiguió diciendo : 

** Entre los religiosos y religiosas, ¿puede 
negarme que no son muy ordinarias las envi- 
dias sobre las elecciones de • superiores y ofi- 
cios?" 

»• "Cuando las haya, que pocas veces las hay 
— dije yo — al fin son sobre cosas honradas, 
de mucha calidad e importancia para su reli- 
gión, y cada uno sigue el bando que más le pa- 
rece conveniente para cosas de tanta substan- 

«I cia. Pero en palacio, ¿sobre qué es la envidiaj^ 
sino sobre unas calzas viejas, que desechó el se- 
ñor por más que viejas? ¿o sobre hacelle se- 
cretario de lo que es público en la boca de to- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN I5I 

dos ? Pues quiero que entiendan los habladores 
y cizañeros de palacio, que ya que con su ar- 
gentería falsa pueden traer enlabiado al señor, 
en tanto que por la tierna edad se deja llevar 
de congraciadores, que al fin son descendien- » 
tes de sangres alimentadas con virtud y valor 
de ánimo, y han de caer en la cuenta mejor 
que en el yerro, y conocer lo que es bien y mal, 
y premiallo conforme a la intención con que ha 
corrido. " „ 

Preguntó aquel gentilhombre: "¿Pues no 
ha de tener el Príncipe criados que por la re- 
putación del señor sepan cumplir de palabra con 
los mercaderes, y entretener los acreedores a 
quien deben?" n 

"Eso — dije yo — es lo que menos importa 
a los señores, porque los tales criados no mien- 
ten por entretener las trampas de los señores, 
sino por dilatar las que ellos hicieron a vueltas 
dellas. Mas pregunto: ¿es forzoso que por es- «• 
tar un hombre ocioso y vicioso, ha de servir 
toda la vida sujeto a las costumbres envejeci- 
das de los que no pretenden más de vivir y 
morir, y por levantarse tarde y ejercitar la pol- 
tronería, han de estar todo el día arrimados a *• 
la pared como ánima de gigantón en puerta de 

26 Alude quizás a lo inexpresivo del armazón de los gi- 
gantones (?). 



152 ESPINEL 

taberna? Bien sé que no han de ser todos sol- 
dados, ni todos estudiantes, oficiales y sacer- 
dotes ; que servirse tienen las gentes de las gen- 
tes y los Príncipes de hombres que sean hom- 

5 bres, que no profesen la adulación por comer y 
holgar. Estudien, lean, aprendan algo de vir- 
tud, que no ha de ser todo congraciarse con el 
señor, derribando al uno, desacreditando al 
otro, y amenazando a aquél, y enfadando a to- 

10 dos. Sobre cosas que no tienen más calidad, ni 
cantidad que comer y pasearse, y a la vejez con- 
tar historias, que ni las vieron, ni las leyeron, 
ni aun quizá las oyeron, que la necesidad los 
hace inventores." 

15 Ya se me iba desatando el frenillo contra 
la vida de palacio, como el estómago estaba 
desocupado y las partes orgánicas obraban más 
desenvueltamente, cuando entraron hachas en- 
cendidas, alumbrando toda la casa, que sirvió 

20 la visita de que por una saetía entrase la luz a 
la mesa de los doce pajes, y acudiendo cada 
uno a sus obligaciones, quedé tan solo, que 
pude desamparar las mías en el tinelo, y des- 
licéme lo más calladamente que pude sin des- 



20 saetía: "Una ventanilla angosta por la parte de afue- 
ra, y más ancha en diminución por la de adentro, que 
hacían en las torres y murallas para disparar las saetas.'' 
(Dice. AuL) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 53 

pedirme de nadie, ni hablar palabra, volviendo 
de cuando en cuando el rostro atrás, por ver 
si me seguían por la costa que había hecho en 
el regalo mondonguil, que no comí, ni comie- 
ra; y en verme libre de aquel camero de hue- s 
sos mondos, entendí que me había escapado 
de alguna mazmorra de Argel, 

Fuíme a mi posadilla, que aunque pequeña, me n 
hallé con una docena de amigos que me resti- 
tuyeron mi libertad, que los libros hacen libre lo 
a quien los quiere bien. Con ellos me consolé 
de la prisión que se me aparejaba, y satisfice 
el hambre con un pedazo de pan conservado en 
una servilleta, y a la dieta con un capítulo que / 
encontré en alabanza del ayuno. ¡Oh libros. 15 
fieles consejeros, amigos sin adulación, desper- 
tadores del entendimiento, maestros del alma, 
gobernadores del cuerpo, guiones para bien vi- 
"vir, y centinelas para bien morir! ¿Cuántos 
hombres de obscuro suelo habéis levantado a 20 
las cumbres más altas del mundo? ¿Y cuántos 
habéis subido hasta las sillas del cielo? ¡Oh li- 
_bros, consuelo de mi alma, alivio de miFtra- 
bajos, en vuestra santa doctrina me encomien- 
do! «5 

Reposé aquella noche muy poco, porque co- 
mo el sueño, que se dio para descanso del cuer- ^ í- 
po, se hace de vapores cálidos y húmedos que 



154 ESPINEL 

suben del estómago y manjar al celebro, y yo 
estaba casi en ayunas, fué tan poco mi sueño, 
que a las seis de la mañana estaba ya vestido. 
Santigüeme, y encomendándome al Autor de 
i la vida, fuime a un humilladero del bendito 
Ángel de la Guarda que está en la otra parte 
de la puente Segoviana. El día amaneció claro, 
y el sol grande y de color amarillazo. Fuera 
desto, en un rebaño de ovejas que encontré 
10 cerca de la puente, vi que los carneros se to- 
paban unos con otros y de cuando en cuando 
alzaban los rostros al cielo ; eché de ver la tem- 
pestad que amenazaba al día, dime priesa para 
volver presto. Fui a rezar, y en acabando llegó 
's el ermitaño a mí — que pareció ser hombre de 
buen discurso — y me dijo: "No hará tan 
buen día hoy como hizo el del bienaventura- 
I do San Isidro, si se halló vuesa merced aquí." 
1 "Sí me hallé — dije yo — , y he conocido las 

/ »" mismas señales del mal tiempo, por donde es- 
te día no se parecerá al otro." 

"Cierto — dijo el ermitaño — que miré des- 
de este alto y se me representó, con la mucha 
cantidad que había de coches y carrozas, una 
*s hermosa flota de navios de alto bordo que me 



24 Coches y carrozas con que iban en romería el día de 
San Isidro. 

25 B. Corm., 1618 : "navios de alto borde." 



VIDA DE MARCOS DE OCREGÓN 1 55 

trujo a la memoria algunas que he visto en Es- 
paña y fuera della." 

"En el mismo concepto — dije yo — estuve 
aquel día, que venía con un poco de gota, con 
el espacio y remanso que requiere tal enferme- , 
dad, y me acordé de la armada de Santander 
que tan hermosa apariencia tuvo y tan mal se ^ -¿ 
logró." f'^ ' 

"Llegando al medio de la puente me llamaron 
para subir en un coche dos caballeros del há- «•/ 
bito eclesiástico, de muy gallardos entendimien- 
tos acompañados de prudencia y bondad. Subí, • 
y apenas estuve en el coche, cuando se alboro- 
taron los caballos por una superchería que 
usó un hombre de a caballo con un hidalgo de «s 
a pie, de muy buena suerte, sobre haber sido 
estorbo para no hablar a su comodidad con 
una cuadrilla de cien mujeres que ocupaban un 

8 Se refiere a la armada que en 1574 se formó en San- 
tander al mando de don Pedro Menéndez de Aviles; 
V. Introducción. En ella estuvo Espinel. 

9 Hay aquí una falta de ilación en el relato. El texto 
debe de estar viciado, aunque es igual en todas las edi- 
ciones. 

14 superchería: Como o-bserva el señor Castro en la ed. 
de' Buscón, pág. 121, nota, no sólo significa "engaño", 
"frau^le"^, sino, además, "atropello" o "abuso de fuerza". 
Comp. : "más quiero... estar en un sitio la nieve a la cin- 
ta... que sufrir las supercherías que se hacen a un hom- 
bre de bien." Quevedo, /. c. "¡Ah, traidores, que son nru- 
chos .y yo solo I ; pero con todo eso no ha de valeres vues- 
tra superchería." Cervantes, La señora Cornelia, 



156 ESPINEL 

coche ajeno, que en cogiéndole prestado cabe 
dentro todo un linaje y toda una vecindad. Al- 
borotada la flota carrozal, llegóse cerca de nos- 
otros el autor de la pesadumbre muy ufano de 

5 lo que había hecho. Di jóle uno de aquellos dos 
caballeros, Bernardo de Oviedo: "Si fuera lí- 
cito a los hombres hacer todo lo que pueden, no 
se fuera vuesa merced riendo de la sinrazón 
que ha hecho." 

■o Respondió el otro: "Vuesa merced no debe 
de saber qué cosa es ser enamorado." 

1 "A lo menos — dijo Bernardo — sé que el 

\ amor no enseña a hacer cosas ruines." 

Pasó acaso por allí el maestro Franco con 

>s su muía, y dijo al agresor: "No se desconsuele 
vuesa merced, que por lo menos ha granjeado 
la voluntad de doce mujeres, que con esa ha- 
zaña y doce pasteles de costa, irán a decir 



6 Bernardo de Oviedo, Uno de los protegidos por el 
Arzobispo de Toledo, lo mismo que Luis de Oviedo ci- 
tado más adelante. (V. Dedicatoria a don Bernardo de 
Sandoval y Rojas, pág. 29.) 

14 El maestro Franco. Citado en el testamento de Es- 
pinel : "ítem, declaro que debo en la ciudad de Milán, 
en Lombardía, veinte ducados a un mercader que se llama 
Ludovico Mateo de Recto... los quales quiero que se le 
paguen, y si fuese muerto a sus herederos, y caso que no 
los haya, el señor Maestro Franco se los diga de misas 
para sus almas." Prólogo de Pérez de Guzmán a la ei 
B. 1 881, pág. XX. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 57 

que vtiesa merced es un Alexandre y un Sci- 
pión. " 

"¿Huélganse conmigo? — dijo el valiente — . 
Pues vive Dios que si no fueran clérigos había 
de pasar el negocio adelante." 

"Pues por eso — dijo el maestro Franco — lo 
hizo Dios mejor, que sin quedar v. m. desco- 
mulgado, nos ha dado harta materia para reir. " 

A todo esto estaba muy colérico cierto gen- 
tilhombre que iba allí, de buena conversación 
y poca sustancia, y dijo: "¿Es posible que ha 
tenido aquel hidalgo paciencia para no vengar- 
se de su agravio aunque le hicieran pedazos?" 

"¿De cuál agravio? — dijo Bernardo — : El 
anduvo muy bien en no hacer diligencia donde 
no había de aprovechar, y los agravios que no 
caen sobre materia no tocan a la honra, ni aun 
a la ropa, si bien perturban el ánimo. Jugando 
suelen decir mil disparates los que pierden, co- 
mo decir: cualquiera que se huelga que pierda, 
miente y es un cornudo. Hase de reir desto. 
porque nadie dio materia para la desmentida. 
V llámase materia la ocasión de agravio, he- 
cho con palabras o con obras, sobre que caiga 

1 un Alexandre y un Scipión: generoso y valientr. 
Comp. : "Porque era el ciego para con este vn Alexandre 
Magno, con sei; la mesma auaricia, €00*0 he contado." Laza- 
rillo (ed. Oás. Cast., pág. 126). — "Es un Alejandro. Por 
liberal y magnífico, y con ironía," Correas, pág. 526. 



158 ESPINEL 

la venganza. Si dándole a un jumento de va- 
razos, le alcanzan a dar a un hombre, o si ju- 
gando al mallo o a los trucos le aciertan a dar 
un palo, no tiene de qué sentirse porque aquel 

5 agravio no cayó sobre materia; y la paciencia 
en semejantes casos, arguye mucho valor de 
ánimo." 

"Ea, señor — dijo el otro — , que la paciencia 
en tan notorias injurias descubre pocos híga- 

'• dos en quien ordinariamente la tiene." 

"Por tres cosas — dijo Luis de Oviedo — tie- 
ne un hombre paciencia notable: o por no en- 
tender bien las cosas del mundo, o por templan- 
za natural de condición, o por virtud adquirida 

'» de muchos actos; y el que sin estas tres cosas 
sufre injurias que no puede remediar, mani- 



3 mallo : "Juego en que se hace correr por el suelo unas 
bolas de madera de siete a ocho centímetros de diámetro, 
dándoles con unos mazos de mango largo." (Dice. Acad.) 

3 truco: "Juego que de pocos años a esta parte se 
ha introducido en España y trúxose de Italia ; es una mesi 
grande guarnecida de paño muy tirante e igual, sin nin- 
guna arruga ni tropezón ; está cercada de unos listones 
y de trecho en trecho tiene unas ventanillas por donde 
pueden caber las bolas, una puente de hierro que sirve 
de lo que el argolla en el juego que llaman de la argolla, 
y gran similitud con él porque juegan del principio de la 
tabla, y si entran por la puente ganan dos piedras; si se 
salió la bola por alguna de las ventanillas, lo pierde todo. 
Tienen otras leyes particulares que por ser notorias no 
las pongo aquí." (Covarrubias.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 59 

fiesta invencible ánimo para ellas, y menospre- 
cio para quien las hace." j/^^J 

Al tiempo que acababa esta conversación con 
el ermitaño, vi todo el cielo revuelto y turbado- 
Fuíme a despedir para irme, y él me detuvo di- s 
ciendo que antes que acabase de pasar la puen- 
te me cogería la borrasca. Dentro de poco es- 
pacio fué tan grande la tempestad de truenos, 
relámpagos y rayos, que la creciente en menos 
de media hora casi vino a cubrir los ojos de la i» 
puente y fué forzoso cerrar las puertas del hu-^' 
milladero, que combatidas del aire hicieron 
mucho en no rendirse a su violencia. "Mejor 
está V. m. aquí — dijo el ermitaño — que no en ■ 
el camino." >& 

"Mejor — dije yo — , que estando en la ca- 
sa del mismo defensor de nuestras almas y 
cuerpos, criado para eso de la inefable bondad 
del Eterno Padre, más bien guardados estare- 
mos que fuera della; guarda a quien no sola- lo 
mente la heredad de Dios reverencia y conoce, 
pero aun la antigüedad ciega de la lumbre de 
Fe, tuvo en grande veneración dedicándole tem - 
píos y levantándole altares en nombre del Ge- 
nio, que así llamaban los antiguos al bendití- .j 
simo Ángel Custodio. ¡Jesús, y qué continuos 

3 Nueva falta de ilación en el relato. Así en todas 
las eds. 



1 6o ESPINEL 

y civiles truenos ! ¡ qué gruesa piedra ! ¡ qué per- 
severancia tan grande! Desde que yo vine a 
Castilla, nunca entendí que fuera tan sujeta a 
tempestades tan desatadas como las que mu- 

5 chas veces he visto, que en mi tierra, por ser 
llena de grandes montañas, muy altas y suje- 
tas a la fuerza de los vientos, no es tan de ad- 
mirar que se vean estos tan arrebatados tur- 
biones, mezclados con vientos y granizo." 

'• "¿De dónde es vuesa merced?" — dijo el er- 
mitaño. 

"Yo, señor — respondí — , soy de Ronda, ciu- 
dad puesta sobre muy altos riscos y peñas ta- 
jadas, muy combatida de ordinario de ponien- 

's tes y levantes furiosos; de manera que si fue- 
ran los edificios como éstos, se los llevaran 
tormentas. " 

"Nuncía he sabido hasta agora — dijo el er- 

I civil: "En su recto significado vale sociable, urbano, 
cortés, político y de prendas propias de ciudadano; pero 
en este sentido no tiene uso, y solamente se dice del que 
es desestimable, mezquino, ruin y de baxa condición y 
procederes. Recop. de leyes del Reino, Hb. 8, tít. 14, I. i : 
"Elijan y nombren dos Alcaldes de Hermandad, el uno 
del estado de los Caballeros y Escuderos, y el otro de los 
Ciudadanos y pecheros, tales que sean pertenecientes para 
usar de los dichos oficios, que no sean hombres baxos ni 
civiles, mas de los mejores y más honrados que hubiere." 
Salas Bareadillo, Coronas del Parnaso, fol. 250. "Co- 
téjeme V. md. esta mechánica y civil ocupación de ser 
tendero de chocolate con la afectada caballería que pre- 
tende introducir." (Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN i6i 

mitaño — de donde fuese vuesa merced, aun- 
que le conocí en Sevilla y le comuniqué en 
Flandes y en Italia." 

Miréle con cuidado, y haciendo reflexión co • 
nocíle que había sido soldado donde dijo. Hol- s 
guéme y abrácelo, y supe del que se había re- 
tirado a la soledad de los montes algunos años 
a servir a Dios, y por haber enfermado, se vi- 
no a poblado, o cerca del, a pasar la vida ere- 
mítica, dándole a. Dios lo que le quedaba. '« 

Aunque la furia del argavieso no duró más 
de una hora, el agua que tras él se siguió duró 
sin cesar hasta el día siguiente, con furia de vien- 
tos deshechos. El buen ermitaño se halló con 
carbón, encendió im brasero, y hízome quedar ': 
a comer con él, de lo que Dios le había envia- 
do por mano de gente muy devota, de que hay 
mucha abundancia en Madrid. 



1 1 



DESCANSO NOVENO 

Cerradas las puertas del humilladero para 
defensa del viento, y encendido el carbón pa- 
ra la del frió, estaba el lugar abrigado y apaci- 

5 ble ; que el armonía que el aire hace con el rui- 
do de los canales, produce una consonancia 
agradable para las orejas y no para el cuerpo, 
que en esto se diferencia el oído del tacto, que 
hay cosas que tocadas son buenas y oídas son 

lo malas, y al contrario. Comimos, y encerrados 
todo el día, con la escuridad, la noche y día 
fueron todo noche. 

Tornó el ermitaño a repetir su primera pre- 
gunta, y como estábamos ociosos y encerrados 

ís sin tener otra preocupación, tratamos de lo que 
se nos ofreció. Preguntóme dónde había estu- 
diado, y cómo me había divertido tanto por el 

9 El orig. y las ediciones, "todas son buenas". 

17 divertir: apartarse, esparcirse, derrarrar, vagar. Comp. : 

"El día passado su Magestad y Altezas no oyeron bien el 

sermón ; que la distancia por la altura, el murmurio de 

tanta gente como andaba por la Iglesia, su espaciosidad, 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 163 

mundo, siendo de una ciudad tan apartada del 
concurso ordinario, y que para la cortedad de 
la vida humana tiene bastantes y sobrados re- 
galos para pasar con alguna quietud. 

Yo le respondí a todo lo que me preguntó: 
"Aunque aquellos altos riscos y peñas levan- 
tadas, por la falta de la comunicación, desper- 
tadora de la ociosidad y engendradora de amis- 
tades, no son muy conocidos, con todo eso cría 
tan gallardos espíritus, que ellos mism.os ape- 
tecen la comunicación de las grandes ciudades 
y Universidades que purifican los ingenios y 
los hinchen de doctrina, por donde hay vivos 
en este tiempo varones, con cuya salud se ale- 
gra, con tanta aprobación de hombres doctos, 
que no tienen necesidad de la mía. Tuvimos 
allí un gran maestro de gramática, llamado 
Juan Cansino, no de los que dicen ahora pre- 
ceptores, sino de aquellos a quien la antigüedad 
dio nombre de gramáticos, que sabían gene- 
ralmente de todas las ciencias, doctísimo en las 
humanas letras, virtuoso en las costumbres, de- 
chado que obligaba a que se las imitasen, las 
cuales enseñó juntamente con la lengua latina 



y no tener sombrero el pulpito, divertían la voi del pre- 
dicador." Pedro de Herrera, Descipción de ¡a Capilla de 
^'.' S.* del Sagrario. Madrid, 1617, fol. 66 r." 
18 Cansino: v. Prólogo. 



164 ESPINEL 

en que hacía muy elegantes versos. Era natu- 
ralmente manco de ambas manos; pero de los 
más respetados y temidos a fucia de virtud pro- 
pia; lo cual granjeó con enseñar silencio más 

5 que hablar, porque decía él muchas veces, que 
el hablar era para las ocasiones forzosas, y el 
callar para siempre. Desto, y la lengua latina, 
si no fui de los mejores dicípulos, tampoco fui 
de los peores. 

■• Estando yo razonablemente instruido en la 
lengua latina, de manera que sabía enten- 
der una epigrama y componer otra, y ador- 
nado con un poco de música — que siem- 
pre han tenido entre sí algún parentesco estas 

15 dos facultades — por la inquietud natural que 
siempre tengo y he tenido, quise ir a donde pu- 
diese aprender alguna cosa que me adornase y 
perficionase el natural talento que Dios y na 
turaleza me habían concedido. Mi padre, vien- 

>• do mi deseo e inclinación, no me hizo resisten- 
cia, antes me habló a su modo con la sencillez 
que por allá se usa, diciendo: "Hijo, mi cos- 
tilla no alcanza a más de lo que he hecho, 
id a buscar vuestra ventura. Dios os guíe y 



3 o fucia de: "modo adverbial antiguo equivalente .1 
en confianza." (Dice. Acad.) 

23 costilla: "el caudal que vno tiene para ajustarse con 
el gasto." (Covarrubias.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 65 

haga hombre de bien" ; y con esto me echó su 
bendición, y me dio lo que pudo, y una espa-'V**-*^ 
da de Bilbao, que pesaba más que yo, que en 
to^ él camino no me sirvió sino de estorbo. / '^ H 

"Partíme para Córdoba, aunque llegué ente- s 
ro, que es donde acude el arriero de Salaman- 
ca, y allí vienen de toda aquella comarca los ^^ 
estudiantes que quieren encaminarse para la * ^^ 
dicha Universidad. Fuíme al mesón del Potro, , ^^ 
donde el dicho arriero tenia posada, holgué- »j(^í 
me de ver a Córdoba la llana, como muchacho Q^i^jk 
inclinado a trafagar el mundo. Fuíme luego a • 
ver la Iglesia mayor, por oír la música, donde 
me di a conocer a algunas personas, así por 
acompañar a mi soledad, como por tratar gen- ij 
te de quien poder aprender; que realmente con 
la poca experiencia y haberme apartado poco 
había de mis padres y hermanos — acto que en- 
gendra encogimiento en los más gallardos es- 
píritus — , viendo que en aquella ausencia era a* -U-» 
forzoso, y que la fortuna nos acomete con cobar- ^^j 
día, anímeme lo mejor que pude, diciendo: la 
pobreza me sacó, o por mejor decir, me echó de ¿M*f^ 
casa de mis padres, ¿qué cuenta daría yo de mí 'if^^ 

6 Juego de palabras indicando que "llegó entero aun- 
que se partió para Córdoba". 

12 trafagar: "andar o canrinar por diversas tierras, tra- 
tando y conversando en varias provincias." (Dice. Aut) 



p^^, 



1 66 ESPINEL 

si me tornase a ella? Si los pobres no se alientan 
y animan a si propios, ¿ quién los ha de animar 
y alentar? Y si los ricos acometen las dificulta- 
des, los pobres ¿por qué no acometerán las di- 

, ficultades, y aun los imposibles, si es posible? 

*5 T*", Terneza siento con la memoria de mis herma- 

\nos; pero ésta se ha de olvidar con el deseo de 

poderles hacer bien; y si no pudiere, a lo me- 

¡nos habré hecho de mi parte lo posible y obli- 

lo gatorio. No se vienen las cosas sin trabajo; 
quien no se anima de cobarde se queda en los 
principios de la dificultad; si no hago más que 
mis vecinos, tan ignorante me quedaré como 
ellos; ánimo, que Dios me ha de ayudar. 

ij Fuíme a mi posada, o a la del mesón del Po- 
tro, y púseme a comer lo que yo pude, que era 
día de pescado. En sentándome a la mesa, lle- 
góse cerca de mí un gran maleante, que los hay 
en Córdoba muy finos, que debia ser vagamun- 

20 do, y me oyó hablar en la Iglesia mayor, o 
el diablo hablaba en él y di jome: "Señor sol- 
dado, bien pensará vuesa merced que no le han 
conocido: pues sepa que está su fama por acá 
esparcida muchos días ha." Yo que soy tm po- 

2j co vano, y no poco, creí meló y le dije: "Vuesa 
merced ¿conóceme?" Y él me respondió: "De 

iS M, 1744: **un gran marchante." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 6/ 

nombre y fama muchos días ha" ; y diciendo 
esto sentóse junto a mí y me dijo: "Vuesa mer- 
ced se llama fulano, y es gran latino, y poeta 
y músico." Desvanecíme mucho más, y conví- 
delo si quería comer. Él no se hizo de rogar y s 
echó mano de un par de huevos y unos peces, 
y comiólos; yo pedí más, y él dijo: "Señora 
huéspeda — porque no posaba en aquella posa- 
da — , no sabe vuesa merced lo que tiene en su ca- 
sa; sepa que es el más hábil mozo que hay en lo 
toda la Andalucía." A mí dióme más vanidad, '•'• 
y yo a él más comida, y dijo: "Como en esta 
ciudad se crían siempre tan buenos ingenios, 
tienen noticia de todos los que hay buenos en 
toda esta comarca. ¿Vuesa merced no bebe vi- 15 
no?" "No, señor — respondí yo. "Hace mal 
— dijo él — , porque es ya hombrecico, y para ca- 
minos y ventas, donde suele haber malas aguas, 
importa beber vino, fuera de ir vuesa merced 
a Salamanca, tierra frígidísima, donde un ja- ,0 
rro de agua suele corromper a un hombre; el 
vino templado con agua da esfuerzo al cora- 
zón, color al rostro, quita la melancolía, alivia 
en el camino, da coraje al más cobarde, tem- 
pla el hígado, y hace olvidar todos los pesares. " ,5 
Tanto me dijo del vino, que me hizo traer de 
lo fino media azumbre que él bebiese, que yo 
no me atreví. Bebió el buen hombre, y tomó 



1 68 ESPINEL 

►^ a mis alabanzas, y yo a oirías de muy buena 
voluntad, y al sabor dellas a traer más comida ; 
tomó a beber y a convidar a otros tan desen- 
gañados como él, diciendo que yo era un Ale- 
5 xandre, y mirando hacia mí, dijo: "No me 
harto de ver a vuesa merced ¿que v. m. es N. ? 
Aquí está un hidalgo, tan amigo de hombres 
de ingenio, que dará por ver en su casa a vue- 
sa merced, doscientos ducados." 
'O "Ya yo no cabía en mí de hinchado con tan- 
tas alabanzas, y acabando de comer le pregunté 
quién era aquel caballero. El dijo: "Vamos a 
su casa, que quiero poner a vuesa merced con 
él." Fuimos, y siguiéronle aquellos amigos su- 
15 yos y del vino, y yendo por el barrio de San Pe- 
\ dro, topamos en una casa grande un hombre 
I ciego, que parecía hombre principal, y riéndose 
el bellacón, me dijo: "Este es el hidalgo que 
dará docientos ducados por ver a vuesa mer- 
20 ced." 

"Yo corrido de la burla le dije: "Y aun por 
veros a vos en la horca los diera yo de muy 
buena gana." Ellos se fueron riendo, y yo que- 
dé muy colérico y medio afrentado con la bur- 
.23 la, y aunque dijo verdad, que el ciego bien die- 
^ ** ra por verme todo cuanto tenía. 
»- s "Esta fué la primera baza de mis desengaños, 
y el principio de conocer que no se ha de fiar 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 69 

- — — ^ — 

nadie de palabras lisonjeras, que traen el cas- 
tigo al pie de la obra. ¿De qué podia yo des- 
vanecerme, pues no tenia virtud adquirida en 
que fundar mi vanidad ? La poca edad está lle- 
na de mil desconciertos y desalumbramientos; j 
los que poco saben, fácilmente se dejan llevar 
He la adulación. Yo me dejé engañar con aque- 
llo que deseaba hubiera en mí, pero no es de 
extrañar que un hombre sencillo y sin experien- 
cia sea engañado de un cauteloso, mas será dig- ,o 
no de castigo si se deja engañar segunda vez. 
No tenía de qué correrme por lo hecho, sino de 
qué aprender para adelante a desapasionarme 
de las cosas del mundo; pero al fin me lastimó 
la burla de manera, que no siendo amigo de ,s 
venganzas, quise probar la mano a ver si sabría 
dar una traza, para que me la pagase aquel 
burlador. 

Había otros dos estudiantes esperando al 
mismo arriero; híceme camarada con ellos y ,. 
comenzamos a pasear juntos. Yo me quité el 
vestido de camino, y me vestí una sotanilla y 
herreruelo negro de muy gentil ventidoseno de 

23 herreruelo: Así en Cuesta y B. Marg. i6i8. Las de- 
más, "ferreruelo". "Capa más bien corta que larga, con 
sólo cuello sin capilla." (Dice. Acad.) 

23 ventidoseno : "un género de paño de una de las cla- 
ses de los texidos... Llámase assi porque consta de dos 
mil y ducientos hilos, que hacen veinte y dos centenares." 
(Dice. Aut.) 



170 ESPINEL 

Segovia, y trújelo de manera que los estudian- 
tes lo conociesen bien, y luego me torné a po- 
ner de camino. El bellaco del burlador vino a 
la tarde riéndose mucho, y yo más; porque 

5 no entendiese que me había corrido, di j ele que 
quería por mi amigo a hombre de tan buen 
gusto; y entre los dos y sus amigos reímos el 
disimulo con que había comido y hablado, f.l 
tenía conocimiento — no muy sencillo — en una 

'° casa donde se daba de comer razonablemen- 
te y a precio convenible, y asi me dijo que que- 
ría que comiese yo allí siempre, porque nos ha- 
rían cortesía. Yo le dije: "sí haré, con tal que 
vuesa merced coma conmigo, pero estoy espe- 

«5 rando un mercader que acude a las ferias de 
Ronda, para quien traigo una libranza de cien 
ducados, y hasta que él venga no lo puedo pa- 
sar muy bien." "No le dé a vuesa merced pe- 
na — dijo él pensando que tenía lance — , que 

»o yo haré que le fíen cuanto quisiere." "Eso no 
— dije yo — , que tiemblo de tratar de fiar ni 
ser fiado, que por ahí se perdió mi padre ; yo le 
daré a vuesa m.erced una muy gentil prenda 
sobre que nos fíen, hasta que venga este mer- 

25 cader." "Sea en hora buena" — dijo el buen 
hombre. 

Fuíme a mi casa, y doblando muy bien aquel 
ferreruelo de ventidoseno, y llámele a solas, de 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN I7I 

que él se holgó mucho, y díselo para que le lle- 
vase por prenda, yendo yo con él. Vísele dar 
y comenzamos a comer sobre él, el bellacón y 
los dos estudiantes; y yo estuve siempre aler- 
ta que no pudiese entrar sin mi a la casa don- $ 
de comíamos, porque no me hiciese alguna tre- 
ta como lo tenía pensado, que de la mía no te- 
nía sospecha. Vino el arriero de Salamanca y 
tratamos de irnos. El redomadazo, como no pu- 
do hacer treta con el cuidado que yo tenía, a lo lo 
menos pidióle a la buena mujer una docena de 
reales sobre el ferreruelo, porque dijo que que- 
ría ir fuera; no pudo decírselo sin que yo lo 
oyese. Díjele: "pues se va fuera vuesa merced, 
dígale a esa señora que si yo viniere por el fe • ij 
rreruelo con el dinero, me le dé." Y así lo hizo, 
que su intención era desaparecerse hasta que se 
hubiese ido el arriero, y quedarse con la prenda. 
Desaparecióse y yo fui a un juez, y le dije con 
gran sentimiento, y palabras que pudieran mo- *• 
verle, que como había sido estudiante, era fácil 
el persuadirle quejándome : " Señor, yo soy es- 
tudiante y estoy de camino para Salamanca, ha- 
biendo quince días que estoy aquí esperando al 
arriero; hanme hurtado un ferreruelo que- me ,, 
llegó a veinte ducados, tengo noticia que está 

10 hacer treta: "hacer engaño y beia." Correas, pági- 
na 631. 



172 ESPINEL 

en cierta casa; suplico a vuesa merced porque 
no me desavíe de ir con el arriero, pues sabe 
vuesa merced, como tan gran estudiante y le- 
trado, en qué caen estas cosas, me mande con 
s justicia restituir el ferreruelo, que el que lo 
hurtó aguardó al punto crudo porque me fal- 
tase tiempo para cobrallo y gozar de su bella- 
quería. " 

"No le valdrá — dijo el juez — que a seme- 
jo jantes trazas sé yo acudir con justicia y dili- 
gencia. ¡Qué grande maldad que a un pobre 
estudiante, que quizá no llevaba otra cosa con 
que honrarse en Salamanca, le querían desaviar 
quedándose con su hacienda hurtada!" 
13 Dio luego a un alguacil y escribano comisión 
para que hiciese la diligencia. Yo repartí entre 
los dos ocho reales, con que se les encendió el 
deseo de cumplir con lo mandado por el juez. 
Fui con los dos estudiantes a la buena mujer 
20 — Dios me lo perdone — , y dejando a la puer- 
ta al escribano y alguacil, di j ele que me sacase 
el ferreruelo. Sacólo, viéronlo los estudiantes 
y conocieron ser el mío. Entraron el alguacil y 
escribano, y tomados los testigos, la mujer dijo 
2 5 que no quería dar el ferreruelo sino a quien se 

2 desaviar: "Desacomodar, negar o quitar lo que se 
necesita." (Dice. Aut.) 

6 a punto crudo: "Tarde y sin oportunidad, en mala 
ocasión y coyuntura, fuera de sazón." (Dice, Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 1 73 

lo había empeñado, que era un conocido suyo, 
hombre muy honrado. El escribano se hizo de- 
positario dél, y en llegando al juez con la in- 
formación, mandó entregarme mi ferreruelo, 
dando mandamiento de prisión contra el bella- s 
conazo, que si antes no parecía por lo que que- 
ría hacer, después no pareció por lo que que- 
rían hacer con él. Fuímonos con el arriero, y 
habiendo comido a costa suya, lo dejamos en 
este trance, con que reímos todo el camino. ,._io 

No alabo yo el haber hecho esta pesada bur--'^.^-» 
la, que al fin fué venganza, cosa indigna de un "^ " 
valeroso pecho, y que realmente en esta edad P~* 
no Ta hiciera ; pero quien hace mal a quien no 
se lo merece ¿qué espera sino venganza y cas- «5 
tigo? Estos hombres vagamundos y ociosos, 
que se quieren sustentar y alimentar de sangre 
ajena, merecen que toda la república sea su fis- 
cal y verdugo. 

El ocioso siempre piensa en hacer mal, o en ao 
defenderse del que ha hecho, y en no pensando 
en esto, está triste y melancólico. La melancolía 
facilísimamente acomete a los holgazanes ¡Qué 
contento queda uno déstos cuando ha puesto en 
ejecución una maldad, y qué presto vuelve a 25 
estar en su mala intención ! La misma vida que 
trae el ocioso lo trae arrastrando; por más in- 
felice tengo a un hombre ocioso que a un en- 



174 ESPINEL 

fermo, porque éste tiene esperanza de salud, y 
la procura con todos los medios posibles, mas 
los ociosos y vagamundos nunca desean salir 
de su mal estado. Como el que está en galeras 
muchos años no se halla fuera de aquella mi- 
seria, así el ocioso en ocupándolo, no se halla 
fuera de su ruin vida. ¡Qué disgustos pasa 
cuando juega y pierde! ¡qué desesperación sien- 
te cuando vee a los virtuosos bien puestos ! ¡ qué 
carcoma infernal le acomete cuando se vee in- 
capaz de merecer lo que el otro alcanza! Dios 
nos libre de tan abominable vicio, origen y 
principio de pobreza, poca estimación, olvido de 
la honra, y ofensa de la Majestad de Dios. 



DESCANSO DÉCIMO 

Fuimos caminando con el arriero, la mitad 
del camino al pie de la letra, y la otra como 
tercios de pescado cuando al arriero se le an- 
tojaba, que era mozo tesezuelo de condición, s 
desapacible, enseñado a perder el respeto a los 
estudiantes novatos. Y así nos <]UÍso hacer una 
burla en un pueblo pequeño, y en parte la hizo, 
lo uno por llevar sus mulos descansados, y lo 
otro porque pensó, quedándose sólo, derribar »" 
la fortaleza de una mujercita de buena gracia 

3 al pie de la letra: "Puntual y exactamente. En sen- 
tido jocoso y familiar se dice del que camina a pie." 
(Dice. Aut.) 

4 tercio, según el Dice. Acad., es: "Cada uno de los 
fardos con que se carga una acémila," y "la mitad de la 
carga de una acémila cuando va en fardos". Los tercios 
recibían el nombre de su contenido, y asi se decía ter- 
cios de fruta, de pescado, etc. Se refiere, pues, Espinel a 
que iban colocados como tercios de pescado, esto es, como 
bultos o fardos, sobre las muías. Comp. Correas, pág. 528 : 
"Es carga cerrada. Dicese por el casamiento que no se 
ve qué tal es ni cómo han de salir las condiciones, y tó- 
mase de las cargas de fruta que se conciertan sin descu- 
brir el tercio, y asi en otras cosas." 



176 ESPINEL 

que iba en nuestra compañía, destituyéndola 
del arrimo y apoyo qne llevaba con cierto ofi- 
cial que se había de casar con ella. 

Fingió que le habían hurtado un zurrón de 
dineros, y que la justicia venía a prendernos a 
todos, para darnos tormento hasta averiguar 
quién lo tenía. Y junto con esto, juró que nos 
había de dejar en la cárcel y caminar con sus 
mulos lo más que pudiese, que para muchachos 
sin experiencia, cualquiera temor déstos basta- 
ba. Creímoslo como si fuera verdad averigua- 
da, y encareciólo de manera, que nos hizo an- 
dar toda aquella noche — ^tras lo que habíamos 
caminado el día antes — cinco o seis leguas, y 
no caminando, sino huyendo por dehesas y mon- 
tañas, fuera de camino, sin guía que nos pudie- 
se alumbrar por donde íbamos, y él se quedó 
riendo, importunando con requiebros y mal 
lenguaje a la pobre mujer, sola y sin defensa. 
Pero no le sucedió como pensaba, porque el rui- 
do que él había hecho había sido por me- 
dio de un alguacilejo amigo suyo; y la mujer, 
como valerosa, después de haberse defendido 
de la violencia que con ella quiso usar, tuvo 
modo como escabullirse del y yéndose al Alcal- 
de, le dijo con grandísima acción de palabra y 
sentimiento, que aquel krriero había hecho una 
estratagema y maraña muy perniciosa, por 



a 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN \^^ 

aprovecharse della y quitalle el remedio que 
consigo traía. Creyólo el buen hombre, así por 
conocer la desvergüenza y mal trato del arrie- 
ro, como por atajar el daño que a la pobre mu- 
jer le podía suceder, y afeándole este caso y la 
inhumanidad que había usado con los estudian- 
tes, le mandó que diese fianzas que llevaría 
muy regalada a la mujer sin hacerle agravio ni 
ofensa, y que no le castigaba muy gravemente 
por no desaviar la jomada a los estudiantes ; y 
amonestóle, que mirase cómo procedía, porque 
le castigaría con todo rigor, sin tener respecto 
a cosa alguna, si por el camino iba haciendo in- 
solencias; y mandóle con esto que se aviase 
muy de mañana para recoger a los cansados y 
hambrientos estudiantes. 

¡Oh arrieros, impía gente y sin caridad! 
¡crueles contra su misma naturaleza! No co- 
nocen a nadie más de en cuanto le están qui- 
tando el dinero. Y así los castiga Dios, porque 
tienen muchas posadas y pocos amigos. Todos 
los géneros de gente aman la piedad, si no son 
éstos. El día que no hacen alguna burla a los 
caminantes, no están en sí. Tratan con bestias, 
y así se van convirtiendo en su naturaleza. No 
se ha visto que llevando bestias vacías alivia- 
sen del trabajo del camino a algún miserable; 
parece que les falta el uso de la razón natural 



178 ESPINEL 

como a éste, que no pudiera uno de ley con- 
traría usar con nosotros más exorbitante be- 
llaquería que hacemos huir de noche, cansa- 
dos de haber caminado el día antes, sin más oca- 

5 sión de cometer dos inormes maldades. 

íbamos huyendo y por no ser sentidos, yen- 
do en tropa, dividímonos cada cual por donde 
mejor le pareció. Yo seguí una media vereda, 
que estaba bien cubierta de árboles; hice cuan- 

'° to pude de mi parte por no quedarme más atrás 
de los otros, pero mi cansancio era de modo 
que en poco espacio a ninguno de todos sentía. 
Puse el oído en la tierra, que deste modo se 
oyen mejor los pasos aunque estén algo lejos: 

■5 no sentía cosa que me hiciese compañía. Tras- 
páseme un poco, y luego dime priesa a andar, 
volviéndome hacia atrás, pensando que iba ade- 
lante, y así cuanto más andaba y me apresura- 
ba, menos esperanza tenía de alcanzar los com- 

2° pañeros. Hacia las espaldas me parecía que 
oía perros ladrar algo lejos, que como los com- 
pañeros iban apriesa alteraban estos anímale- 
jos. Como no estaba ejercitado en caminos, y 
el día antes se había trabajado en eso,, el sue- 

=^5 ño — como descanso general de todos los miem- 
bros — solicitaba sus horas diputadas, y no pu- 
diendo ya más conmigo, rendíme al cansancio 
y al sueño. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 79 

Tópeme con un alcornoque, bien ancho de 
troncón y por una parte descorchado, de suerte 
que formaba un arrimo a modo de alacena, 
donde pude arrimar y reclinar las molidas es- 
paldas. Déjeme dormir; pero como no se dtier- s 
me bien sentado, caíme de lado como una cosa 
muerta. Desperté a cabo de rato, porque me 
parecía que me andaban hormigas por el ros- 
tro; limpiélas con la mano y volvíme del otro 
lado; torné a recordar, porque sentí lo mismo; lo 
pero como el cansancio era tanto, y el sueño tan 
profundo, aunque algo temeroso de la soledad 
en que me veía, déjeme caer tercera vez en el 
mismo lugar. No mucho después — aunque el 
sueño no mide el tiempo — desperté a una tris- ^s 
tísima y muy cansada voz de un ¡ay! que al 
parecer salía de las entrañas de la tierra, que 
hizo en las mías tal armonía, que por poco me 
faltara el aliento y la vida; mas teniendo la res- 
piración, así por el temor como por tomar a »« 
escuchar con atención la dolorosa voz, sentí 
otra más cerca de mi, que como había unas 

10 recordar. Despertar. Romancero general. Rivad., t. X, 
pág. 563 a: 

Como vieron al león, 
A huir habían echado. 
Al ruido de las voces 
El buen Cid ha recordado : 
Antes estaba durmiendo 
Echado sobre el su escaño. 



1 8o ESPINEL 

matas un poco altas, no veía el instrumento de 
donde salía. 

Ya yo estaba casi para espirar, o para hacer 
alguna flaqueza indigna de hombre de pecho, 

5 cuando muy cerca de mí, tanto que veía el bul- 
to, sonó tercera vez la voz diciendo: "¡Ay de 
mí, más in felice y sola que cuantas padecen cau- 
tiverio y servidumbre en las mazmorras de 
crueles e inclementes moros! ¡Ay de mí, la más 

lo desventurada que las que han visto despeda- 
zar sus hijos en su presencia! ¡Ay, más sin re- 
medio y consuelo que las ya condenadas por 
sentencia de riguroso juez! ¡Oh sitio maldito, 
árbol descomulgado, testigo de dos muertes, 

15 por quien yo diera mil vidas, si las tuviera! 
¿Qué obsequias hará quien desea morir sin 
ellas, siendo homicida de sí propia? ¿Con qué 
llanto podré entregarme a la rabiosa muerte 
que tanto huye de mí? ¡Cuántos días y noches 

ío vengo a ver si puedo acompañar a estos des- 
pedazados miembros!" 

Yo me levanté, y estando ella muy junto a 
mí sin hacer movimiento y yo temblando, me 
dijo: "¿Eres acaso sombra que vienes enviada 

25 de la región de los muertos a llevarme a la 
compañía de mi esposo y de mi amigo? Si eres 
de allá, ya sabes que en este mismo lugar adon- 
de estás, mi amante dio la muerte a mi esposo 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN i8i 

sin consentimiento mío, por gozarme a solas y 
con libertad, y que en ese mismo árbol, el aman- 
te que me había quedado para consuelo, pagó 
la culpa de su delito. Veslo ahí sobre ti colgado, 
siendo mantenimiento de aves y animales." s 

Yo, escandalizado, alcé el rostro y vi — porque 
ya comenzaba a amanecer — a aquel cuyos gu- 
sanos andaban por mi rostro, cuando yo pensa- 
ba que eran hormigas ; y confieso que con el hó- 
rrido espectáculo de la desesperada mujer, y con " 
el hediente espantajo del árbol, si no hubiera luz 
me cayera muerto, cortado y sin fuerzas; mas 
para no hacerlo me ayudó el oir los cencerros y 
campanillas de la recua del arriero, que ya sa- 
lía del pueblo ; porque —como arriba dije — pen- 's 
sando que iba adelante, me iba hacia atrás, y a 
él le hicieron salir más de mañana que solía, por- 
que fuese a recoger los engañados estudiantes. 

Y prosiguiendo la miserable mujer, dijo: "Y 
si eres cosa deste mundo, huye deste execrable >• 
lugar, y déjame proseguir mis acostumbradas 
exequias, desesperado mantenimiento con que 
me desayuno todas las mañanas." Y bien pudo 
dudar la irremediable mujer si yo era fantasma 
o visión horrible de los olvidados sepulcros, por- •$ 
que el temor me había chupado los carrillos, 
alargado el rostro, y teñido el color de rojo en 
pajizo; la falta del sueño me tenía hundidos los 



1 82 ESPINEL 

ojos a lo Último del colodrillo, la hambre pro- 
longado el pescuezo vara y media, y el cansan- 
cio desjarretado piernas y brazos; el ferreruelo 
tenía hecho turbante sobre la cabeza : miren qué 
5 figura para no juzgarme por del otro mundo; 
y no digo lo demás por mi honra. No pude res- 
ponderle palabra, ni ofrecelle ningún favor, 
porque para mí le había menester. No acertaba 
a quitarme de aquella más que horrible mujer 
lo de ojos encarnizados y hundidos, nariz prolon- 
gada, rostro arrugado y hambriento, dientes 
amarillos, labios negros, barba aguzada, el cue- 
llo que parecía lengua de vaca; torcíase las ma- 
nos que parecían dos manojos de culebras, y 
15 todo lo demás a esta traza. 

El temor me tenía travado el entendimiento, 
y el entendimiento las demás acciones que po- 
dían aprovecharme para partirme della. Pero 
alentándome lo mejor que pude — y pude 
2o muy mal — fui moviendo los pies como toro 
desjarretado, maldiciendo la soledad y a quien 
quiere andar sin compañía, considerando qué 
bien puede traer, si no es estas cosas y otras 
peores; ¿qué temores no trae? ¿qué imagina- 
as ciones no engendra? ¿qué males no causa? 
¿qué desesperaciones no ofrece? Los que tie- 

9 quitarme: apartarme. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 83 

nen aborrecida la vida, buscan la soledad para 
acabarla de presto ; quien huye la compañía no 
quiere ser aconsejado en su mal. ¿Hay más apa- 
cible cosa que la compañía, ni más odiosa que 
la soledad? ¡Cuántas desdichas, cuántos ro- 5 
bos, cuántas muertes suceden cada día por 
ir sin compañía! ¡cuántas venganzas se ponen 
en ejecución que no se pondrían sino por la 
soledad! Al solo nadie le va a la mano en 
el mal, ni le ayuda en el bien. ¡Ay del solo!, «» 
que si cae no hay quien le ayude a levantar. Án- 
dese quien quisiere solo, que la soledad sólo es 
buena para santos o para poetas, que los unos 
tratan con Dios, que los acompaña, y los otros 
con su imaginación, que los desvanece- '5 

10 "...¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá se- 
gundo que lo levante." Ecclesiastcs, cap. 4, vers. 10, 



DESCA'NSO UNDÉCIMO 

Con estas solitarias consideraciones llegué al 
camino, donde viéndome el arriero, con más 
blandas palabras que solía, paró la recua, y con 

s cortesía y afabilidad me dijo que subiese, do- 
liéndose mucho de la mala noche que había- 
mos padecido. "Y aun si bien lo supiérades" 
— dije yo. Y preguntando a la mujer que venía 
con él, qué novedad era aquella, respondió lo 

lo referido. Los demás, con el marido de la bue- 
na mujer, hallamos ya hartos de dormir y co- 
mer; yo, aunque me preguntaron cómo me ha- 
bía quedado atrás, no respondí más de que ha- 
bía errado el camino. Del cuento sucedido no 

15 les dije palabra, lo uno, por pensar que pudiera 
haber sido ilusión del enemigo del género hu- 
mano, lo otro, porque las cosas tan extraordi- 
narias hacen diferentes efectos en los que las 
oyen, y el más cierto es reírse y dar matraca 

19 dar matraca: "Burla y chasco que se da a uno za- 
hiriéndole y reprehendiéndole alguna cosa qvte ha hecho." 
(Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 85 

■ ■ 

a quien las cuenta. Las cosas en que puede po- 
nerse duda, no se han de decir sino a los muy 
particulares amigos, o a los discretos, que las 
reciben como ellas son. No todos tienen capa- 
cidad para oir cosas graves. Verdades que pue- 5 
den escandalizar y alborotar los pechos, cuan- 
do no es necesario, no se han de decir. Yo re- 
ventaba por hablar, pero consideraba que me 
ponía a peligro de no ser creído. Más vale ca- 
llar que dar ocasión de incredulidad o murmu- 10 
ración. La admiración da ocasión al silencio, y 
desta vez quise ver si podía enseñarme a ca- 
llar. 

Fuimos nuestro camino sin suceder cosa no- 
table,, yo callando, y los demás preguntándome 15 
la causa; yo respondía no más de que era con- 
dición natural mía; pero en todo el camino no 
se apartó de mi imaginación la mujer, el árbol, 
la fruta y la cama llena de gusanos, hasta que 
llegamos a Salamanca, donde la grandeza de m 
aquella Universidad hizo que me olvidase de 
todo lo pasado. 

Alegróse mi alma de veer que los ojos goza- 
sen lo que tenían los oídos y los deseos llenos 
de la soberbia fama de aquellas academias que ,¡ 
han puesto silencio a cuantas hay en el mundo. 
Vi aquellas cuatro columnas sobre quien estri- 
ba el gobierno universal de toda la Europa, las 



1 86 . ESPINEL 

basas que defienden la verdad católica. Vi al 
Padre Mancio, cuyo nombre estaba y está es- 
parcido en todo lo descubierto, y otros excelen- 
tísimos sujetos, con cuya doctrina se conservan 

5 las facultades en su fuerza y vigor. Vi al Abad 
Salinas, el ciego, el más docto varón en música 
especulativa que ha conocido la antigüedad, no 
solamente en el género diatónico y cromático, 
sino también en el armónico, de quien tan poca 

10 noticia se tiene hoy, a quien después sucedió en 
el mismo lugar Bernardo Clavijo, doctísimo 
en entender y obrar, hoy organista de Felipe 
Tercero. 

En comenzando a beber de el agua de Tor- 

is mes, frígidísima, y a comer de aquel regalado 
pan, me cuajé de sarna, como les sucede a to- 
dos los buenos comedores, de manera que es- 
tudiando una noche la lección de súmulas me 

2 Mancio (1497-1576). Célebre teólogo, catedrático de 
la Universidad. 

6 Francisco de Salinas (1513-1590). Una de las figu- 
ras más importantes en la historia de la música española. 
Fray Luis de León le dedicó una de sus más inspiradas odas. 
Ocupó la cátedra de música de la Universidad hasta 1584 
en que le sucedió Bernardo Clavijo, quien la desempeñó 
hasta el curso de 1604 a 1605. 

9 "La música es de tres géneros: diatónico, cromático 
y enharmónico." (Covarrubias.) Sobre el diferente sentido 
que tienen estas palabras en la nrúsica antigua y en la 
moderna, v. Pedrell, Diccionario técnico de ¡a Música, 
Barcelona, 1894. 

18 súmulas: "Compendio o sumario que contiene lo3 
principios elementales de la Lógica." (Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 187 

comencé a rascar los muslos al sabor de unos 
carboncillos que tenía encendidos en un tiesto 
de cántaro, y cuando volví en mí los hallé tan 
desollados, que con el agua que destilaban me 
quedé hecho una alquitara, y por quince días 
me negaron la obediencia y el respecto; daño 
en que ordinariamente caen los principiantes en 
Salamanca, porque como el pan es blanco, can- 
deal y bien sazonado, y el agua delgada y fría, 
sin consideración comen y beben, hasta cargar- 
se unos de la perruna, y otros de la gruesa, y 
así es menester que los que comienzan nuevos 
en Salamanca, [vivan con cuidado en esto, por- 
que también suelen acudir unas cámaras de 
sangre algo peligrosas, y aunque en todas las 
partes donde hay mudanzas de aguas y mante- 
nimientos, se ha de entrar con recato en el uso 
dellos, más particularmente se ha de hacer en 
Salamanca,] lo tmo por la frialdad y sutileza 
del agua, y lo otro porque los estudiantes van 
hechos al regalo de sus casas y de sus padres 
y tierras, y con la poca edad se recibe más fá- 
cilmente el daño ; fuera de que entrando con es- 
te cuidado, la templanza es la que conserva la 
salud y aviva el ingenio. 

II Sarna común o gruesa y perruna o pequeña; v. pá- 
gina 57, nota. 

13 d trozo entre corchetes falta en B. 1881, 



1 88 ESPINEL 

Los repletos de comida y bebida están inca- 
paces de acudir a cosas de entendimiento y 
prudencia, y realmente la templanza da más 
gusto a los mantenimientos del que ellos en sí 
s tienen, y con ella se templa la lujuria en los mo- 
zos; pero yo me hube tan destempladamente 
con el pan y agua de Salamanca, que por la 
Natividad de nuestro Redemptor me dieron 
unas grandísimas calenturas; llamé al doctor 
>o Medina, Catedrático de Prima doctísimo de 
aquella Universidad, y lo primero que hizo fué 
mandar que me quitasen el agua. Yo le dije que 
mirase que era colérico, y muy encendido de san- 
gre, y él me respondió — como si dijera una 
15 gran hazaña suya — : "Ya saben que el doctor 
Medina quita el agua a los enfermos." Creció 
la calentura, y no el remedio; comenzó a dar- 
me unos hordiates, que no aprovecharon co- 
sa, porque la salud de los coléricos con calen- 
do turas sólo consiste en darles agua fría a sus 
tiempos, y sangrías moderadas, y consistiendo 
la salud mía en no negarme el agua, no me la 
dejaron en todo el aposento. Diéronme unos 
baños con veinte suciedades, y dejáronse allí 
25 una artesilla en que me los habían dado; yo me 
vi tan impaciente, y tan acosado de la sed, que 

18 hordiate: "Cebada mondada, o bebida que se hace 
de cebada semejante a tisana. (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 189 

me levanté como pude a buscar agua, y como 
no la hallé, pegué con la artesilla del agua, que 
estaba fría como un hielo, y a dos golpes que 
bebí, la dejé en el asiento, y la panza como ve- 
la latina con el viento en popa ; pero duró poco, s 
porque dentro de un ochavo de hora comenzó 
el estómago a basquear, y arrojó tanta canti- 
dad de bocanadas, que de vacía la barriga, la do- 
blaba como alforza un lado sobre otro. Vino a 
la mañana el Doctor y vio el artesilla más llena »• 
que la dejó, porque en ella misma descargó el 
nublado. Preguntóme cómo me hallaba, res- 
pondíle que muerto de hambre. Miró el pulso, 
y hallóle sin calentura ; admiróse de ver la mu- 
danza, y dijo: "¡Oh milagroso baño! No se «s 
ha inventado tal medicina en el mundo: no le 
he dado a hombre que no le haga notable pro- 
vecho." "Habránle tomado — dije — como 
yo." "Este baño — dijo el Doctor — alienta y 
refresca, confortando las partes interiores y »© 
exteriores." "¿Y cómo se le da vuesa merced 
' — dije yo— a los demás?" "Tibio — respondió 
él — , y bañando todo el cuerpo por de fuera." 
"Pues désele — dije yo — frío y bebido, que 
así lo tomé yo, y les aprovechará mucho más." »s 
Y contándole el caso, dijo : Rectiim ab errore, 
repitiéndolo cuatro o cinco veces y haciéndose 
cruces, se fué y me dejó sano. 



1 90 ESPINEL 

Hay médicos tan crueles que a un pobre en- 
fermo colérico fogoso, le dejan que se le abra- 
se el hígado y se le sequen los huesos, parecién- 
doles que negándole el agua, acabarán más 
s presto con la enfermedad y el enfermo. Aquel 
refrán que dicen : Al que es de vida, el agua le es 
medicina, se ha de entender desta manera, que 
aquel de vida sea participio, de manera que al 
que es debida el agua, y al que se le debe el 

'» agua, a ése le es medicina, que no al otro. Y 
siendo así ¿a quién se le debe más que a un co- 
lérico con calenturas? Y esa otra significación 
ordinaria, la tengo por burla y modo de hablar 
de gracia. 

■5 En Ronda conocí un tejero, que había cua- 
renta y cuatro años que no probaba gota de 
agua, que decía por donaire que él no había de 
beber licor donde se ensuciaban las ranas. Vi- 
no una vez con tanta sed y cansancio, que para 

20 quitarla bebió un jarro de agua fría, que dentro 
de veinte y cuatro horas le puso como el barro 
con quien trataba. A éste no se le debía el agua, 
lo uno, por no estar acostumbrado a ella, lo 
otro, porque su estómago no era de hombre co- 

25 lérico ; y al que es debida el agua le es medicina, 

7 "A quien es de vida el agua le es melecina." Sbarbi, 
Pág. 56; tomado de Fernando de Arce. 



DESCANSO DOCE 

Si los trabajos y necesidades que los estu- 
diantes pasan, no los llevase la buena edad en 
que los coge, no había vida para sufrir tantas 
miserias y descomodidades como se pasan or- 
dinariamente ; pero con ser en la puericia y 
adolescencia, edad tan quitada de cuidados y 
sentimientos, se hace gusto del acíbar, risa y 
pasatiempo de la necesidad, con que se va pa- 
sando aquel espacio en que se sazona y hinche 
de doctrina el entendimiento, que con la espe- 
ranza del premio todo se hace sufrible. Ningu- 
no hay que no se prometa grandes cosas en los 
primeros años, que en comenzando a gustar o 
disgustarse de la mala correspondencia, por la 
tardanza de los arrieros, o del olvido de los pa- 
dres y parientes, por la mayor parte se enco- 
gen y desaniman, especialmente aquellos que 
por ser pobres no tienen quien les acuda con lo 
necesario o parte dello; que cierto desjarreta 
mucho la necesidad al que con buenos pensa- 



192 ESPINEL 

mientos comienza los estudios. La falta de man- 
tenimientos, el carecer de libros, la desnudez, 
la poca estimación que consigo traen estas co- 
sas, tiene [n] muchos y grandes ingenios aco- 

5 bardados, arrinconados, y aun distraídos por 
la privación de sus esperanzas mal logradas. Yo 
confieso de mí, que la inquietud natural mía, 
junta con la poca ayuda que tuve, me quebra- 
ron las fuerzas de la voluntad para trabajar 

" tanto como fuera razón. Y como en esta edad 
los alientos de la mocedad están tan dispuestos 
para el mantenimiento, nunca se vee un hom- 
bre harto. 

Acuerdóme, que después de haber comido la 

»5 ración del pupilaje de Gálvez, me comí seis pas- 
teles de a ocho en una pastelería excelentísima, 
que había en el desafiadero. Miren qué alientos 
éstos para las necesidades de Salamanca. Está- 
bamos después desto tres compañeros al barrio 

í» de San Vicente tan abundantes de necesidad, 
que el menos desamparado de las armas reales 
era yo, por ciertas lecciones de cantar que yo 

17 desafiadero: "El sitio o parage donde en algunos lu- 
gares se reñían los desafios, por ser oculto y excusado : 
como en Madrid el callejón de S. Blas y otros. Laguna, 
Sobre Dioscórides, lib. I, cap. 145: "Sobre apuesta me 
comió seis libras de higos los más sucios y enharinados 
que se pudieron hallar en el desafiadero de Salamanca." 
(Dice. Aut.) 

21 desamparado de las armas reales: falto do moneda. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 93 

daba; y aun las daba, porque se pagaban tan 
mal, que antes eran dadas que pagadas ; y aun 
dadas al diablo. Consolábamonos con la igual- 
dad de la provisión, y aunque parezcan niñe- 
rías indignas deste lugar, y aun de acordarse 
y tratarse, tengo de decir alguna para que no 
se desanimen los que se vieren con ingenio y 
pobreza, y con deseo de saber; que haciendo 
gusto de la necesidad, puede llevarse la penu- 
ria que de ordinario se pasa en los estudios ; ver 
pasar a otros mayores trabajos disminuye la 
fuerza de los nuestros. Miserias y necesidades 
agenas — aunque sean contadas para ejemplo — 
en parte consuelan a los afligidos. ¿Qué tra- 
bajos puede tener un estudiante, que ño los ha- 
ya mucho mayores? El trabajo y necesidad 
que toca a muchos, y muchos le llevan, se hace 
sufrible, aligera y alivia las cargas de todos. 
Cuanto más, que el que con buen ánimo acome- 
te al trabajo, la mitad tiene hecho, y al fin los 
valerosos ánimos atropellan las forzosas ne- 
cesidades. Dígolo, porque las que pasaron mis 
compañeros y yo fueron de manera que pudie- 
ran consolar a los estudiantes más llenos de mi- 
serias del mundo, y entre otras contaré una que 
puede servir de júsa_X-de_consuelD. 

Hallámonos una noche, entre otras muchas, 
tan rematados de dineros y paciencia, que nos 

«3 



194 ESPINEL 

salimos de casa medio desesperados, sin cenar, 
sin luz para alumbramos, sin lumbre para ca- 
lentarnos, haciendo un frío que en echando el 
agua en la calle, se tornaba cristal. Yo fui en 

5 casa de cierto dicípulo, y dióme un par de hue- 
vos y un panecillo; vine muy contento a casa, 
y hallé a mis compañeros temblando de frío y 
muertos de hambre — como dicen los mucha- 
chos—' que no osaban desenvolver un poco de 

'" rescoldo que se había guardado para su me- 
nester. Dije lo que traía, salieron a buscar al- 
gunas serojas para avivar el rescoldo; vinieron 
presto muy contentos, por haberse hallado un 
leño bien largo; pusímoslo en el poco rescoldo 

'5 que había quedado, y soplamos cuanto pudimos 
todos tres y el leño no se quería encender ; tor- 
namos a soplar una y otra vez ; pero quedándo- 
se el leño sin encender, se hinchó el aposento 
de un humo muy hediondo. 

'° Eché un papel en el rescoldo para que diera 
luz en el aposento, y en encendiéndose, descu- 
brió, que el leño era un muy descarnado zan- 
carrón de un mulo, que por poco nos hiciera re- 
ventar de asco; y si antes no cenamos por no 

i tener qué, después no cenamos por eso, y por 
la náusea de nuestros estómagos, que hubo al 
guno que purgó por dos partes lo que no ha- 
bía comido ni cenado, hasta echar sangre por 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 1 95 

la boca, y el que lo trujo quiso cortarse la ma- 
no. Bien confieso que no son estas cosas para 
contarse ; pero como sean para consuelo de afli- 
gidos, y mi principal intento sea enseñar a te- 
ner paciencia, a sufrir trabajos, y a padecer 
desventuras, puede llevarse con los demás que 
no cuento. Todo lo que se escribe, para doc- 
trina nuestra se escribe, y aunque sea de cosas 
humildes, se ha de recibir para el efecto que 
se dice. Y habemos de pensar, que ni en los 
ejemplos de cosas grandes hay siempre prove- 
cho, ni que en las pequeñas falta doctrina. Tan 
bien se reciben las fábulas de Isopo, como los 
estratagemas de Cornelio Tácito. Más gusto 
se halla en un higo que en una calabaza; así «s 
conté una niñería como ésta; porque para de- 
cir necesidades de estudiante, que son de ham- 
bre, desnudez y mal pasar, también las histo- 
rias ejemplos han de ser de pobreza, para con- 
solar a quien la padece. » > 

Nq paró aquí la mala ventura de aquella no- 
che, porque estando a la puerta de la calle, por 
no poder sufrir el pestilencial olor del leño mu-. 
lar, pasó rondando el Corregidor — que al pre- 
sente era don Enrique de Bolaños, muy gran »5 
caballero, cortés, y de muy buen gusto — , y nos 
dijo- "¿Qué gente?" Yo me quité el sombrero, 
y descubrí el rostro, y haciendo una gran revé- 



196 ESPINEL 

renda, respondí : "Estudiantes somos, que nues- 
tra misma casa nos ha echado en la calle." Mis 
compañeros se estuvieron con sus sombreros y 
cebaderas sin hacer cortesía a la justicia. In- 
5 dignóse el Corregidor, y dijo: "Llevad presos 
a esos desvergonzados." Ellos, como ignoran- 
tes, dijeron: "Si nos llevaren presos, nos sol- 
tarán un pie a la francesa" ; asiéronlos, y lle- 
váronlos por la calle de Santa Ana abajo. Yo, 

'" con la mayor humildad que pude, le dije: "Su- 
plico a vuesa merced se sirva de no llevar a la 
cárcel a estos miserables, que si vuesa merced 
supiese cómo están, no los culparía." "Tengo 
de ver — dijo el Corregidor — si puedo enseñar 

•5 buena crianza a algunos estudiantes." 

"A éstos — dije yo — , con dalles de cenar y 
quitalles el frío, los hará vuesa merced más 
corteses que a un indio mejicano." Y junto con 
esto — viendo que me escuchaba de buena ga- 

20 na — le conté lo pasado de los huevos y de la 
humareda que procedió del sacrificio acemilar. 
Rióse del cuento — que tenía mucha apacibili- 
dad — y a costa de ciertas espadas que había 
quitado a ciertos escolares vagamundos, les hin- 

4 cebadera: morral. 

8 un pie a la francesa: "Phrase con que se da a en- 
tender que alguno ha de precisar a otro a que exccute lo 
que le mandare, ya sea por fuerza, o ya por dominio o 
superioridad." (Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OOREGON I97 

chó el vientre de pasteles y marrana, y de lo 
de la tabernilla, y a mí me hizo mucha merced 
de allí adelante. 

Díjeles a mis compañeros : "Amigos, muy mal 
anduvistes con el Corregidor." "¿Por qué^ 
— preguntaron ellos — , ¿es nuestro juez?" Res- 
pondí yo: "Porque a las personas constituidas 
en dignidad, sean o no sean superiores nues- 
tros, tenemos obligación de tratarlos con re- 
verencia y cortesía; y no sólo a éstos, sino a 
todos los más poderosos, o por oficios, o por 
nobleza, o por hacienda, porque siéndoles bien 
criados y humildes, en cierta forma los iguala- 
mos con nosotros, y haciendo al contrario, nos 
damos por enemigos de los que nos pueden 
agraviar muy a su salvo. Dios crió el mundo 
con estos grados de superioridad, que en el cie- 
lo hay unos ángeles superiores a otros, y en el 
mundo se van imitando estos mismos grados 
de personas, para que los inferiores obedezca- 
mos a los superiores. Y ya que no seamos ca- 
paces de conocemos a nosotros propios, seá- 
moslo de conocer a quien puede, vale y tiene 
más que nosotros. Esta humildad y cortesía 
es forzosa para conservar la quietud y asegu- »s 
rar la vida. Es muy gran yerro querer a justar 
nuestras fuerzas con las de los poderosos, usar 
del rigor de nuestra condición con quien es 



198 ESPINEL 

más cierto el perder que el ganar. La humildad 
con los poderosos es el fundamento de la paz, 
y la soberbia, la destruición de nuestro sosiego, 
que al fin pueden todo lo que quieren en la re- 
pública. 

En esta vida pasé tres o cuatro años hasta 
que se me dio una plaza en el colegio de San 
Pelayo, estando entonces allí el señor don Juan 
de Llanos de Valdés, que cuando esto se escri- 
be es del Consejo Supremo de Inquisición, en 
compañía de sus hermanos, tan grandes estu- 
diantes como caballeros, y el señor Vigil de 
Quiñones, que a fuerza de virtud y mereci- 
mientos es agora Obispo de Valladolid; donde 
teníamos conclusiones todos los sábados, y pu- 
diera yo aprovecharme si la necesidad de mis 
padres y el deseo que yo tenía de servirles, no 
me sacara con una carta suya para ir a heredar 
cierta hacienda de que un pariente me quería 
hacer donación, o capellanía. 

15 conclusiones : "Puntos o proposiciones Theológicas, 
Juristas, Canonistas, Philosóphicas o Médicas, que se de- 
fienden públicamente en las Escuelas." (Dice. Aut.) 



DESCANSO TRECE 

Salí de Salamanca sin el dinero que bastara 
para dejar de ser. peón, y como era por fuerza 
el serlo, acordándome de la poca población que 
había en Sierra Morena, por aquella parte de la 5 
Hinojosa que había quince leguas sin poblado, 
y por no dejar de veer a Madrid y a Toledo, 
vine por esta máquina : pasé por Toledo y Ciu- 
dad Real, donde una monja muy virtuosa y ; 
principal llamada doña Ana Carrillo, me rega- L 
ló y ayudó para el camino. Saliendo de Ciudad ' 
Real, me encontré con un mozo de muy buen 
talle que parecía extranjero; fuimos caminan- 
do hasta Almodóvar del Campo, y topamos con 
dos gentiles hombres en el camino, que lleva- i¡ 
ban entre los dos un muy gallardo macho. re- 
mudando a veces de cuando en cuando. Traba- 
mos conversación con ellos, y parece que se in- 

8 máquituí: " Metaphoricamente significa la phantasia 
u traza que uno idea u imagina para forjar al{cuna cosa."^ 
(Dice. Aut.) 



200 ESPINEL 

diñaron a no dejarlos atrás. Colegí de su mo- 
do de proceder que traían lengua de dos merca- 
deres que iban a la feria de Ronda con muy 
gentil dinero, que a mí me dio gusto por ser 

5 aquel mi viaje. No me pareció hiien, y con gran 
cuidado les miré a las manos y a las bocas. En- 
tramos en una misma posada, y como yo lle- 
vaba tragada la malicia y andaba sobre aviso, 
no hablaban palabra que, fingiéndome dormi- 

lo do, no se la entendiese. El uno dellos no hacía 
sino entrar y salir en la posada, hasta que ya 
topó con la de los mercaderes. 

En amaneciendo cogió el uno dellos una ca- 
balgadura, y se partió delante, llevando para 

is cierto efecto una graciosísima sortija — que no 
pudieron dar la traza, sin que yo la oyese — . 
Fuese aquel delantero, como criado, y quedóse 
estotro como señor. Muy por la mañana adere- 
zó su macho, y estuvo con mucho cuidado 

20 aguardando a que pasasen "los mercaderes ; en 
pasando, hízose encontradizo con ellos, y pre- 
guntóles con grande comedimiento adonde ca- 
minaban, y respondiéndole ellos, que a la fe- 
ria de Ronda, hizo grandes demostraciones de 

25 holgarse, diciendo: "Mejor me ha sucedido que 
pensaba, en haberme encontrado con tan prin- 
cipal compañía; porque voy a la misma feria, 
a comprar un atajuelo de docientas o trecien- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 201 

tas vacas, y por no haber andado este camino, 
a lo menos de las Ventas Nuevas adelante, iba 
con algún recelo de mil daños, que suelen su- 
ceder a los que llevan dinerillo, y habiendo en- 
contrado con vuesas mercedes, iré muy conso- s 
lado, así por la buena compañía, como porque 
vuesas mercedes me encaminarán allá, pues tie- 
nen más inteligencias que yo para lo que voy 
a comprar." Ellos le ofrecieron de ayudalle y 
hacerle amistad en la feria, por ser muy cono- «o 
cidos en la ciudad. 

Estos dos bellacones, que iban en seguimien- 
to de los mercaderes — a lo que después enten- 
dí — eran de un género de fulleros, que entre 
ellos llaman donilleros. Fueron riendo por el «s 
camino, porque el fullerazo era grande habla- 
dor, y les iba diciendo cuentos, con que los en- 
tretenía con mucha gracia y donaire. Yo, por 
no perdellos hasta ver el fin, andaba lo más 
que podía asiéndome ó,e cuando en cuando al »° 
estribo, o al tranzado del macho, que como di- 
je que iba a la feria de Ronda, y era natural de 
ella, los mercaderes me animaban y esperaban 
a ratos. Llegando cerca de cierta venta, que la 

iS donillero: "Fullero que agasaja y convida a aquelkis 
a quienes quiere inducir a jugar." (Dice. Acad.) 

21 tranzado: trenzado. "Trancado dixose quasi trenza- 
do." (Covarrubias.) "Echar al tranzado; o echajlo al tran- 
zado," (Correas, pág. 141.) 



202 ESPINEL 

mitad del año está desamparada, puesta en una 
ladera a mano derecha como subimos, el fulle- 
ro sacó de la faltriquera ciertos mostachones, 
que por la mucha especia, llaman la sed a tiro 
de arcabuz, y dio a cada mercader uno^ y como 
era por el mes de mayo cuando llegaron a em- 
parejar con la venta, que estaba medio caída 
y sin gente, iban ya pereciendo de sed, dijo 
el fullero: "Aquí dentro hay una fuentecica 
muy fresca, entremos a cumplir con los mosta- 
chones; y si vuesas mercedes quieren, aquí lle- 
vo una bota de muy gentil vino de Ciudad Reai, 
con que podemos hacer satisf ación al llamamien- 
to." 

Apeáronse, y entró el fullero primero en la 
venta, llegó a la fuente, y siguiéndole los mer- 
caderes, bajóse a beber, y dijo con grande ad- 
miración : " ¡ Ay ! ¿ qué es esto que me he halla- 
do aquí?" Y alzó la sortija que el ladrón de su 
compañero había dejado en la fuente. "jOh 
que graciosa sortija! — dijeron los mercade- 
res — ; sin duda que algún caballero se la quitó 
para lavarse las manos, y se la dejó olvidada; 
cada cual se holgará de habérsela hallado." 
"Todos tres — dijo el bellaco del fullero — la ha- 
llamos, y de todos tres ha de ser." "¿Pues qué 
haremos de ella?" — dijo un mercader. "Echar- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 203 

la a tma quínola — dijo el fullero — en llegando 
a la venta, y a quien Dios se la diere, San Pe- 
dro se la bendiga." "Bien dice vuesa merced 
— dijeron los mercaderes — y a fee que si la 
gana cualquiera de los dos, se ha de emplear 5 
muy bien." Pero cierto, la sortijuela era de 
mucha codicia, porque alrededor tenía doce 
diamantes, aunque pequeños, muy finos, y en 
lugar de piedra un rubí de hechura de corazón, 
que a cualquiera- aficionara, labrado todo con 10 
mil donaires. Fueron todos muy codiciosos de- 
11a, tratando por todo el camino los mercade- 
res del descuido del que la había perdido, y el 
bellacón del cuidado del que la había dejado, 
haciendo mil monerías con ella, para ponerles 15 
más codicia. 

Llegaron a Ventas Nuevas, y no parando 
en la primera, llegaron a la segunda, por ha- 
llarse más cerca del puerto. Apeáronse, y el be- 
llacón sacó la bota de vino añejo de Ciudad «o 
Real, de más hojas que im Calepino, de que 

I quínola : "Juego de naipes cuyo lance principal con- 
siste en reunir cuatro de un palo, ganando, cuando hay 
nrás de un jugador que tenga quinóla, aquella que suma 
más puntos atendiendo al valor de las cartas. (Dice. Aul.) 
"Fui a dar el caballo al alquilador, y desde allí a mi casa, 
donde halle a los compañeros jugando quinolillas." Bus- 
cón, pág. 215, ed. A. Castro. 

20 M. Cuesta y B. Marg., "anexo", por errata. 

ai hojas del tnno: años. (Dice Acad.) 

2X Calepino : Diccionario latino de Ambrosio Calepino, im- 



204 ESPINEL 

bebieron de rñuy buena gana. En comiendo un 
bocado depriesa, por codicia que cada uno 
tenía de la sortija, que les estaba haciendo del 
ojo, con el bocado en la boca, preguntaron al 

5 huésped si tenía unos naipes para echar una 
rifa. Dijo que no, y el ladrón del compañero, 
haciéndose bobo, dijo: "Yo llevo aquí unas no 
sé cuántas barajas que me encomendaron en mi 
pueblo, y por las muchas que allá se levantan 

"> sobre ellas, no las llevo de muy buena gana. 
Si sus mercedes me las pagan, yo se las daré." 
"Mostrad acá — dijo el fullero — que estos seño- 
res y yo os las pagaremos muy bien." Dióles 
una baraja hecha a su modo; y como el licor 

's de Ciudad Real se arrima tanto al corazón y 
humea para el celebro, alegráronse y con mu- 
cho gusto echaron la rifa a cuatro quínolas. El 
fullero les dejó llegar a cada uno a tres sin ha- 
ber tomado ninguna para sí, y en dos pasantes 

20 que echó, una de su mano y otra del que tenía 
al lado, hizo las cuatro y arrebató la sortija ha- 
ciendo grandes algazaras con ella. 

Picáronse desto y dijeron: "Juguemos dine- 
ros." El fullero con cierta socarronería, ne- 

25 gando al principio, dijo que no quería poner 

preso ppor primera vez en Regio con el título de Cornuco- 
piae y conocido generalmente con el nombre de su autor. 
10 barajas: riñas, disputas. 



VIDA DE MARCOS DE OBRECÓN 20$ 

en peligro el su dinero, o las vacas que se ha- 
bían de comprar de el; pero al fin persuadido, 
jugó, teniendo más gana él que los otros, que 
con palabras que tenía hechas a propósito, los 
iba haciendo picar. Pedía que les diesen de be- s 
ber de la olorosa bota, que estaba metida en 
parte fresca, y en calentándose las orejas, echa- 
ban dobles como granizo; de suerte que se es- 
tuvieron toda la tarde jugando, una vez ganan- 
do el fullero, y otra dejando ganar a los mer- lo 
caderes por disimular la fullería; y quejándose 
a veces, decía: "Vuesas mercedes me han de ga- 
nar aquí esta tarde cuatro o cinco mil escudos, 
según estoy de picado." 

Al tiempo que entramos en la venta el mo- «5 
cito y yo, nos dijeron que allí no se daba po- 
sada a gente que no traía cabalgaduras. Re- 
cebimos con humildad la notificación y para- 
mónos a descansar un poco. Mi compañero, afli- 
gido, preguntó: "¿Pues qué habernos de hacer »o 
para esperar el fin y suceso desta grande aven- 
tura?" Yo le respondí : "Dejadme, que yo con- 
juraré a la ventera de manera que no nos eche 
de la venta." "¿Pues es endemoniada — dijo 
él — o bruja?" "A lo menos — dije yo — pa- >s 
récelo, pero no digo yo sino con el conjuro ge- 
neral de las mujeres." "¿Cuál es?", preguntó 
el otro. "Agora lo veréis", dije yo. 



2o6 ESPINEL 

Llegúeme a la ventera, que era una mujer 
coja y mal tallada ; tenía las narices tan romas, 
que si se reía quedaba sin ellas; los ojos pare- 
cían de capirote de diciplinante ; echaba un tu- 

5 fo de ajos y vino, por unos dientes entresaca- 
dos y pardos, bastante a ahuyentar todas las ví- 
boras de Sierra Morena ; las manos parecían ma- 
nojos de patatas; sólo tenía que notar la lim- 
pieza, que parecía haber salido del naufragio 

'O de los Condes de Carrión. Con todo esto me 
llegue a ella y le dije: "¿Qué desdicha fué la 
que trujo a estas soledades a una mujer de tan 
buena gracia como vuesa merced?" "¡Qué des- 
pacio está — dijo ella — el señor estudiante!" 

4 capirote: "Cucurucho de cartón cubierto de lienzo 
blanco u de olandilla negra, que se ponen los disciplinan- 
tes por la Quaresma para cubrir el rostro..." (Dice. Aut.) 
— ¡os ojos parecían de capirote de diciplinante, probable- 
mente por lo inexpresivos. 

10 el naufragio de los Condes de Carrión: Se refiere 
al miedo que tuvieron los yernos del Cid al escapar el 
león de la jaula, y según los romances: 

" Diego, TU mayor de los dos, 
Se escondig a trecho más largo 
En un lugar tan lijoso, 
Que no puede ser contado." 

{Romane, general, Rivad., X, pág. 542 b.) 

"Miradle, señor, dó viene, 
Empero faceos a un lado. 
Que habéis, para estar par del, 
Menester un incensario." 

(ídem, pág. 543 a.) 
14 Estar despacio: Tener pocos quehaceres que le apre- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 207 

"No he cierto — dije yo — sino que desde el 
punto que llegué aquí, puse los ojos en vuesa 
merced, para consolarme del cansancio? del ca- 
mino." "No haga burla — dijo ella — de las 
mal vestidas." "Yo no hago tal, sino que me 5 
parece vuesa merced muy hermosa." "Hermo- 
sa — dijo ella — como gata lagañosa." 

Parecióme que ya iba creyendo, y díjele: 
"Pues miren con qué gracia y donaire respon- 
de. Cierto que es igual el rostro con la habla, y «<" 
todo es con mucho gusto." "Y como Deo gra- 
cias — dijo ella — ; si conocieran a una herma- 
na mía que tengo, tabernera en las ventas de 
Arcolea, dijeran eso de veras ; que por sólo oilla 
echar pullas, van a beber a su casa cuantos pa- «s 
san." "¿Y vuesa merced — dije yo — cómo no 
se acerca hacía Córdoba?" "Porque, señor 
— dijo ella — , unas tienen ventura y otras tie- 
nen ventrada." "¿Pues es posible — dije yo — 
que no ha habido quien saque a vuesa merced »• 
de tan mal oficio?" Y respondió ella: "Estáse 
la carne en el garabato por falta de gato." 
"Pues a fee — dije yo — que si me hallara en 
disposición que había de hacerlo : porque me da 



mien. Comp. : "De espacio está quien buey chamusca." 
Correas, pág. 280. 

22 Correas, pág. 136, cita la variante: "Estáse la asa- 
dura en la clavera, porque el gato no va a ella." 



208 ESPINEL 

lástima ver entre estos riscos y montañas a una 
mujer de tan buenas partes." "Pues calle vue- 
sa merced — dijo ella — , que mi marido y yo 
les habemos de quitar el dinero a estos que 
5 quedaren con él, y por la mañana haremos lo 
que nos pareciere ; y si acaso mi marido volvie- 
re a decir a la noche que se salgan de la venta, 
vayanse por la puerta trasera del corral, que 
yo se la dejaré abierta. " 

«• Fuese, y mi compañero me preguntó: "¿Qué 
es del conjuro?" "¿Qué mayor conjuro que- 
réis — dije yo — que haber llamado hermosa a 
una bestia, que parecía panza de vaca, con su 
zumaque y menudillos?" "Conjuro es este 

'5 — dijo — que puede servir de malilla en todo 
el mundo." 

En tanto que pasamos esta conversación, se 
llegó la noche, y la desesperación de los merca- 
deres ; porque con las chanzas que el fullero iba 

20 haciendo, y con los tragos de cuando en cuan- 
do de Ciudad Real, les fué chupando la plata 
y oro, y los zurrones en que tenían el dinero. 
Los mercaderes quedaron dados al diablo, y 

14 zumaque: "Planta usada por los zurradores para ado- 
bar pieles." (Dice. Acad.) 

iS malilla: "Tém. del juego del Hombre. La segunda 
carta del estuche, superior a todas menos a la espadilla, 
que del palo de oros y copas es el siete, y del de bastos 
y espadas el dos." (Dice. Aut,) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 209 

0, lililí ■■■■■I MI.. »■■■ ■■ I ,■■^1, ■ 1 I I . i^»,. ■! ■ I .1 , .m^-mmmmm 

maldiciendo la venta, y' quien a ella los había 
traído, se volvieron a dormir a la que habían 
dejado atrás, con intención de volverse a To- 
ledo. El huésped, que no era lerdo, entendió 
muy bien la bellaquería; yo estaba para reven- s 
tar por lo que había oído la noche antes, y por 
lo que había visto entonces. Estuve determina- 
do de revelarles la maldad, porque volviéndose 
los mercaderes me faltaba el bien que me ha- 
bían prometido hacer por el camino; pero con- i» 
sidere^e decir el secreto que estaba tan en du- 
da, era desacreditar a los fulleros y a mí poner- 
me en peligro ; que no siendo una cosa sabida, te- 
nemos obligación de callarla con secreto natural. 
La seguridad consiste en el silencio, y en estas »> 
ocasiones y otras semejantes hase de advertir 
el peligro de ambas partes. Yo callé contra mi 
voluntad, y el ventero, que era un bellaco re- 
domado, disimuló y calló como yo y el otro. 

Los señores fulleros quedaron muy conten- « 
tos, pero fueron tan miserables que no dieron 
barato a nadie, por donde se aumentó en el ven- 
tero el deseo de hurtalles la ganancia, y en mí 
de volvérsela a sus dueños. El ventero que real- 
mente lo sintió, les dio a entender que recibió »5 
mucho gusto en ver los mercaderes despoja- 
dos; y haciéndoles grandes zalemas les dio un 
aposento que tenía aderezado para los merca- 

»4 



216 ESPINEL 

deres, donde estaba un arcaz muy grande con 
tres llaves, que les dio para guardar su dinero 
y ropa. Era el arcaz de una madera muy maci- 
za y de tablas gruesas, que hacía pared con la 

s caballeriza, que me puso en cuidado imaginan- 
do qué traza podía tener para hurtarles el di- 
nero de un arcaz cerrado con tres llaves, y por 
ningún camino podía moverse de donde estaba. 
Habló con la mujer de secreto, mirando, con 

"• cuidado si los veían hablar. En cenando muy 
solenemente los fulleros, habiendo hecho el 
pancho de perdices y vino de Ciudad Real, se 
atrancaron en su aposento, y se cerraron de ma- 
nera que no podía entralles una bruja. 

'5 En siendo una hora de la noche, o poco me-, 
nos, el ventero dijo: "Los que no tienen cabal- 
gaduras salgan de la venta, que ya que no hay 
arrieros, queremos dormir sin cuidado." 

Salimos aquel mocito y yo, y dando la vuelta 

=• por las espaldas de la venta, hallamos abierta 
la puerta del corral y entramos en el pajar. Yo 
andaba pensando con cuidado cómo diablos, o 



I arcas: "el arca grande" (Covarrubias.) "El tenia vn 
arcaz viejo y cerrado con su llaue, la qual traya atada con 
vn agugeta del paletoque." Lazarillo, Clás. Cast., pág. 127. 

12 pancho: "Lo mismo que panza. Es del estilo vulgar 
y jocoso en el qual se dice llenar el pancho por comer 
mucho." (Dice Aut.) 

15 una hora de la noche: una hora después de cerrad.'i 
la noche. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN til 

con qué modo o traza podían hacer tiro a los 
fulleros ; veía que en el aposento no podían en- 
trar, por estar muy bien encerrados y el arcaz 
muy bien guardado. Traer salteadores para el 
efeto, no eta negocio seguro, sino muy peligro- « 
so; entrar y matallos no podían, porque eran 
menos que ellos ; pues querer minar el aposento 
con pólvora era para todos peligroso. Y no pu- 
de dar en el modo hasta que entre once y doce, 
estando ellos durmiendo al mejor sueño, vi- •• 
nieron el ventero y la ventera muy paso entre 
paso, alumbrando ella con un cabo de vela; el 
marido comenzó a desviar con mucho silencio 
un gran montón de estiércol que estaba en la ca- 
balleriza arrimado al aposento de los fulleros, «s 

A pocas vueltas se descubrió la tabla del ar- 
caz, que servía de pared al aposento. Miré con 
gran cuidado, y vi que la tabla del arcaz es- 
taba por la parte de arriba asida con tres o cua- 
tro gonces, y por la parte de abajo con dos »» 
tornillos, cada uno en su esquina. Quitó el ven- 
tero los tomillos, y en quitándolos, mandó a 
la mujer que llevase de allí la vela porque no 
entrase la luz en el aposento. Ella la llevó, y yo 
fui muy poco a poco al ventero al tiempo que »* 
tenía la tabla alzada y los zurrones en las ma- 

20 gonce : gozne. 



1 



212 ESPINEL 

nos, y con voz muy baja, o por mejor decir en- 
tre dientes, le dije: "Dad acá esos zurrones, y 
tornad a poner los tornillos." El me los dio, 
pensando que era su mujer, y salíme con ellos 

5 y con mi compañero por la puerta del corral, 
que mientras tomaba a poner el montón de es- 
tiércol hubo lugar para todo, y anduvimos un 
ratillo apriesa hacia tras, cada uno con su zu- 
rrón, no por el camino real, sino por un lado 

»» a la parte de arriba, con todo el silencio posible. 
Ya que estábamos casi frontero de la otra ven- 
ta adonde los mercaderes se habían vuelto a 
dormir, nos sentamos a descansar un poco, 
que el recelo y temor aumentan el cansancio. 

'5 Yo le dije al compañero: "¿Qué pensáis que 
traemos aquí?; nuestra total destruición, por- 
que a ninguna parte podemos llegar donde no 
nos pidan muy estrecha cuenta deste dinero, 
que como él de suyo es goloso y codicioso, o 

'O por la parte que le puede caber, o por congra- 
ciarse, cualquiera dará noticia a la justicia, de 
dos mozos caminantes de a pie, cansados y ham- 
brientos, y con dos zurrones de moneda; y el 
tormento será forzoso, no dando buena cuenta 

>5 de lo que se pregunta; pues esconderlo para 
volver por él, tan poco atinaremos nosotros co- 
mo los demás; y andar mucho por aquí dará 
sospecha de algún daño, y el menos que nos 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 21 3 

> ' t 

puede suceder es caer en manos de dos ladro- 
nes que nos quiten el silencio y la vida. Poner- 
se a peligro por ganar dineros, muchos lo ha- 
cen; pero poner en peligro la vida, honra y di- 
nero, ningún hombre de juicio lo ha de hacer; » 
y así mi principal intento fué volver este dine- 
ro a sus dueños, para tener tanta parte en él 
como ellos, sin peligro de la vida y daño de las 
conciencias; y aquí viene bien: quien hurta al 
ladrón, etc." >« 

Esta y otras muchas cosas le dije para des- 
arraigalle cierta golosina que se le había pega- 
do, que como lo llevaba a cuestas había con- 
traído no sé qué parentesco con la sangre del 
corazón; pero al fin le pareció muy bien. m 

Fuimos a la venta, y aunque era muy de ma • 
drugada, dimos golpes a la puerta, diciendo 
que veníamos con un despacho de mucha im- 
portancia para unos señores mercaderes de To- 
ledo que estaban dentro. Ellos lo oyeron, y hi- •« 
cieron al ventero que abriese. Eiicendió luz y ' 
entramos en el aposento cargados, y sin hablar- 
les palabra arrojamos los gatos sobre una mesa, 



2 Así en las tres ed. 1618. Las demás, "que nos qui- 
ten el dinero y la vida." 

23 gato: "Se llama también la piel de este animal ade> 
rezada y compoiesta en forma de talego o zurrón para 
echar y guardar en ella el dinero ; y se extiende a signi» 
ficar qualquier bolsa o talego de dinero." (Dice. Aut.) 



214 ESPINEL 

que si fueran de algalia no regalaran tanto las 
narices como éstos regalaron las orejas. "¿Qué 
es esto?", dijeron los mercaderes. "Su dinero 
— respondí yo — , que ha vuelto a César lo que 
5 era suyo." Contárnosles el caso, y díjeles que 
antes que en la otra venta se levantasen pasáse- 
mos el puerto. De buena ventura mía, venían 
muías de retomo hacia Sevilla. Los mercaderes 
alegres y agradecidísimos del caso, para mí y 

!• para el otro mozo tomaron dos muías y cami- 
nando pasamos el puerto sin que lo sintiesen en 
las ventas. Encumbramos el puerto, y baja- 
mos a otra que está en lo más bajo, no mal 
proveída, adonde estuvimos todo el día, des- 

»i cansando y durmiendo [que también los mer- 
caderes lo habían menester como nosotros], 
por el poco sueño y mucha pesadumbre que les 
había causado la pérdida de su dinero; y a la 
tarde supimos que el ventero — como martiri- 

>• zando a su mujer, no supo cosa del hurto, por- 
que no osó decir que nos había dejado dentro — 
sospechando que los fulleros le habían hecho la 
treta que él no entendió, fué a dar aviso a la 
Hermandad, de la vida y trato de aquellos hom- 



I gato de algalia. Animal que en una cavidad situada cer- 
ca del ano produce una secreción muy aromática llamada 
algalia. 

15 £1 trozo entre corchetes falta en la ed. B. 1881. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 21 5 

bres y cómo tenían dos zurrones de dinero mal 
ganado, y vino la Hermandad, y como no halló 
los dineros, ni los zurrones que el ventero ha- 
bía dicho en el arcaz, a él por desatinado o loco, 
o porque había cargado demasiado, y a los fu- s 
lleros por gente sospechosa que tan tarde se es- 
taban en la venta, y a la mujer por suspensa y 
callada, que no supo dar razón de sí, le hicie- 
ron pagar las costas sin averiguar el secreto. 

Holgámonos mucho con el suceso, de mane- i» 
ra que los mercaderes lo querían oir por mo- 
mentos, que según pareció, hallaron más dine- 
ro dentro de los zurrones que habían dejado; 
y con donaire decía el uno dellos: "No quiera 
Dios que yo lleve dinero ajeno en mi poder, n 
gástese por el camino en perdices y conejos, que 
no quiero tener que restituir" ; y así se hizo con 
beneplácito de todos. 

Yo consideré a solas conmigo, y aun lo co- 
muniqué con uno de los mercaderes, cuan mal »» 
se logra lo mal ganado, y cuánto peor se goza 
lo adquirido con juegos dé ventaja, donde se 
aventura la reputación, sin asegurar la ganan- 
cia, que está sujeta a cuantos la ven, y a cuan- 
tos lo imaginan, y a los ausentes a quien toca »s 
la distribución de la estafa, que tasadamente 
les queda para consumir en los tabernáculos de 
la gula, fiestas de Baco y sacrificios de Venus, 



21 6 ESPINEL 

sin aprovechar la sumisión y cortesía fingida 
para engañar al que quieren desollar, o al que 
ya tienen desollado; que si bien quisiesen los 
hombres sencillos advertir a las cautelas, en- 
redos y marañas destos apacibles lobos, echa- 
rían de ver que una cortesía sin tiempo, una 
amistad sin sazón ni conocimiento, un comedi- 
miento no acostumbrado, unas ceremonias no 
debidas, traen consigo más daño que provecho 
para aquel con quien se usan ; porque si son los 
hombres de tan ruin condición que aun a la cor- 
tesía debida acuden de mala gana a quien tienen 
obligación, ¿por qué no se ha de entender que 
la novedad de cortesías demasiadas y extraor- 
dinarias traen consigo algún secreto, especial- 
mente no teniendo partes por donde se le de- 
ban? Los fulleros tienen también su materia 
de Estado, porque, o engañan por sí, o por ami- 
gos que tienen señalados y diputados para el 
efecto; casas de posadas, o mesones, donde les 
dan el soplo de la gente nueva a quien pueden 
acometer. 

Tienen también su libro de caja o de memo- 
ria de todos aquellos que acuden a favorecer 
su ministerio en todos los pueblos grandes o 



1 8 materia de Estado: "Es todo Jo que pertenece al go- 
bierno, conservación, aumento y reputación del estado dí-1 
Reino y Príncipe." (Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 21 7 

pequeños, porque es oficio corriente por toda i^ 
Kspaña, y en las poblaciones de importan- 
cia tienen correspondencia y avisos de las 
zorras comadres, para chupar la sangre a los 
corderos inocentes. Y aunque son tan grandes 5 
los sainetes destos cautelosos culebrones, para 
chupar la sangre de los que ven inclinados al 
juego, que no pueden reducirse a regla cierta, el 
guardarse de sus trampas, con todo eso digo 
que todo lo que fuere artificio apacible y no •• 
usado, *se ha de temer aun de los mismos ami- 
gos en materia de juego, porque se venden unos 
a otros. Cuando convida a jugar un conocido 
a otro, llevándole a parte no sabida, vaya con 
cuidado, sea o en público o en secreto; y me pa- '.> 
rece que no será malo este refrancillo para este 
propósito: "Si bien me quieres, trátame como 
'sueles. " 

Caminamos con todo el gusto que pudimos, 
mis mercaderes y yo, buscando por el camino «» 
ocasiones en qué tenello. Llegamos a la Con- 
quista — que es un pueblecito que se comen- 
zaba entonces — un domingo por la mañana; 
entramos a oir misa, que la estaba diciendo un 
clérigo que pronunciaba la lengua latina como ii 
gallego. La misa era de réquiem, porque ha- \ 
bían enterrado aquella mañana un pobre, y ayu- i 
dábale un sacristán que sobre un sayo pardo 



21 8 ESPINEL 

muy rozagante, trma una sobrepelliz de caña- 
mazo. Acabada la misa, y diciendo el respon- 
so sobre la sepultura, acabó el clérigo diciendo : 
Requiescat in pace, 'Alleluya, Alleluya. El sa- 

5 cristán le respondió con muchos pasos de gar- 
ganta: Amen, alleluya, alleluya. Llegúeme al 
buen hombre, y díjele: "Mire padre, que en 
misa de réquiem no hay Alleluya." Respondió- 
me muy confiadamente: "Arre allá, señor es- 

•o tudiante, ¿no vee que es entre Pascua y Pas- 
cua?" Fuímonos cayendo de risa por todo el 
camino. 



DESCANSO CATORCE 

Como el camino por bueno que sea, siempre 
trae consigo un. género de soledad, porque or- 
dinariamente se camina, o por necesidad, o 
por negocios forzosos que ocupan la memoria > 
y distraen el gusto, procurábamos tenerle en 
todas las cosas que encontrábamos. Los mozos 
de muías acudían a su costumbre, uno a echar 
pullas, otro a hacer burlas a los caminantes, 
otro a cantar romances viejos, cual sea su sa- «o 
lud; nosotros de lo que se ofrecía a la vista. 

Encontramos un pastor que pasaba su ga- 
nado de un distrito a otro, pereciendo de sed 
ñ y los perros, que en Sierra Morena por mayo 
y por todo el verano, aunque de noche hace "s 
fresco, de día se encienden los árboles de ca- 
lor; y era tan ignorante el buen hombre, que 
teniendo sed llevaba los perros atados porque 
no se le perdiesen. Preguntónos si sabíamos 

II cual sea su salud: según su humor o condición. 



220 ESPINEL 

dónde hubiese agua; yo le respondí: "¿Pues 
llevando perros preguntáis eso?; desatadlos, 
que ellos hallarán presto agua." "¿Y es eso 
así?", dijo un mercader. "Es cosa muy sabida 

5 — dije yo — y muchas veces esperimentada" y 
dije al pastor: "Desatad los perros, o el imo de- 
llos y ponedle un corderillo largo con que lo 
vais siguiendo, que él hallará fuente, arroyo o 
laguna. " Y así lo hizo el pastor, de suerte que 

10 dándole larga con el cordel, rompió por una la- 
dera alzando el hocico, y se fué hacia una es- 
pesura derecho que había al pie de una peña, 
donde halló agua que refrescó al pastor y sa- 
tisfizo al ganado. 

15 Y contaréles a vuesas mercedes lo que me 
contó en Ronda un caballero de muy gentil en- 
tendimiento, que se llamaba Juan de Luzón, 
muy experimentado en letras humanas y di- 
vinas. Hay dos pueblecillos en la Sierra de 

■o Ronda, entre otros muchos, uno llamado Ba- 
lastar, y el otro — si bien me acuerdo — Chu- 
car, entre los cuales andando un cabrero moro 
apacentando su ganado, apretándole la sed y 
no hallando agua, ni señal donde pudiese ha- 



7 corderillo: Así en el orig. Las ed., "cordelillo". Es 
probable que no sea errata, sino un caso de disimilación. 
17 Juan de Luzón. Amigo y paisano de Espinel. Vuelve 
a citarle al fin del Descanso XX. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 221 

bella, despareciósele un perro, y a cabo de ra- 
to vino mojado todo y muy contento, coleando 
al amo, y haciéndole muy grandes fiestas. Es- 
pantado de aquello el cabrero, le dio muy bien 
de comer y lo ató, aguardando a que le torna- $ 
se a aquejar la sed, diligentísima despertadora 
de la pereza. Atóle un cordele j,o largo, y dejólo 
ir, y siguiéndolo el amo, fué saltando matas y 
peñas, rasgándose las manos y el rostro; y si- 
guióle con todas estas dificultades, hasta que i* 
entre unas grandes espesuras, se coló por la 
boca de una cueva, que por debajo de altos ris- 
cos estaba naturalmente hecha, con algunos res- 
quicios que le daban la luz que había menes- 
ter. En medio de la cueva nacía un clarísimo ,g 
arroyo, que se dividía en dos partes; bebió el 
moro e hinchó su zaque ; y admirado de la no- 
vedad dio en una traza, a su parecer buena, que 
después le costó la vida. Y fué, que atajó con 
unas piedras el un arroyo de aquellos, echando t* 
todo el agua por una parte, para ver al día si- 
guiente dónde iba a parar. Fuese a su ganado. 
y averiguó el día siguiente que había faltado 
el agua en Chucar. El moro, que sabía el secre- 
to, fuese al pueblo diciendo, que si se lo paga- «5 
ban bien les daría su agua, y otra tanta más, y 
contó el caso como había sucedido. El poco 
tiempo que les había faltado el agua los nece- 



222 ESPINEL 

sitó de manera que le dieron docientos duca- 
dos porque les diese su agua y la del otro pue- 
blo. En recibiendo su dinero fué a la cueva, y 
soltó el agua por aquella parte. Viéndose con 

5 su agua tan crecida, conociendo la inconstan- 
cia y codicia del cabrero, antes que los de Ba- 
lastar le corrompiesen con esperanza de mayor 
interés, acordaron dalle garrote, quedándose 
con el agua toda, y el moro sin vida, sin que 

»o hasta hoy se haya sabido en qué parte está el 
secreto; y hoy se echa de ver señal de que al- 
gún tiempo corrió por allí agua, por las gui- 
jas y piedras que la manifiestan. Halló aquella 
encubierta cueva el aliento del perro, leal ami- 

's go y fiel compañero, descubridor de enemigos 
de sus amos. " ¡ Extraña fuerza de aliento ! — di- 
jo un mercader — que siendo el agua un ele- 
mento sin olor, la venga a descubrir un perro 
con sólo alzar el rostro al aire, principal mo- 

»o vedor y embajador del olfato. Que son las ca- 
lidades de los perros y las excelencias que hay 

_ en ellos muy dignas de admiración, no por los 
cuentos que se dicen dellos, ni haciendo caso de 
historias atrasadas, sino por lo que vemos y 

as experimentamos cada día. ¡ Qué fidelidad ! • qué 
amor! ¡qué conocimiento!" 

"A lo menos — dije yo — tienen dos admira- 
bles virtudes, si se puede dar este nombre en 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 223 

ellos, que si los hombres las tuviesen tan sen- 
tadas en el alma como ellos en su natural in- 
clinación, vivirían en perpetua paz, que son 
humildad y agradecimiento." "¡Oh, bien no- 
tado! — dijo el mercader — , ¡oh qué gallarda « 
consideración! Del bienaventurado San Fran- 
cisco, que fué hijo de un mercader, se dice que 
alababa mucho la humildad de los perros, 
deseando imitarlos en esto, por la mucha que 
tuvo nuestro Maestro y Redemptor Jesucris- ■ 
to." "Pues en agradecimiento — dije yo — fue- 
ra de lo que la ley natural nos enseña, lo tene- 
mos por precepto suyo, que enviando sus san- 
tísimos dicípulos a predicar por el mundo les 
mandó que en agradecimiento del bien que les 's 
hiciesen en sus posadas, curasen los enfermos 
que en ellas hubiese." "¿Pues hay — dijo el 
mercader — quien desagradezca, o quien no sepa 
agradecer el bien que le hacen? ¿Hay quien 
no le parezca que no satisface al beneficio re- »» 
cebido? ¿Quién ha de carecer de tan admirable 
virtud?" "Yo creo — respondí — que nadie, si 
no son los avarientos y los soberbios, que son 
dos géneros de gente pestilencial en la Repú- 
blica; los unos, porque no saben usar de cari- ,¡ 
dad, y los otros, porque siempre van contra ella. " 
Y pues se lm^frecidQ_jiiateiia taiL_ex:celentg. 
y divina virtud, como es el agradecimiento, en 



224 ESPINEL 

-* ■ 1 . ■ - 

tanto que llegamos a Adamiiz tengo de referir 
un caso digno de saberse, que le pasó al autor 
deste libro viniendo de Sa1^nañcá7~que ño líay 
vida de hombre ninguno de cuantos andan por 

5 el mundo de quien no se pueda escribir una 
gran historia, y habrá para ella bastante mate- 
ria. En una dispersión que hubo de estudian- 
tes en Salamanca, por cierto recuentro que tuvo 
el Corregidor don Enrique de Bolaños con la 

'• Universidad, y no con ella sino con los estu- 
diantes, gente briosa y fácil de moverse para 
cualquier alteración; como se quedó la ciudad 
casi sin estudiantes, el autor también se fué a 
su tierra como los demás, que las vacaciones 

15 estaban ya muy cerca, tiempo deseado para des- 
canso de los estudiantes. La necesidad suya era 
tanta, que trilló el camino a la apostólica. Lle- 
gó un día al anochecer a las ventas de Murga, 
y no queriéndole dar posada, por el poco pro- 

2o vecho que había de dejar en ellas, pasó adelan- 
te solo, y cantando por hacerse compañía, que 
la voz humana tiene propiedad maravillosa pa-> 
ra acompañar a quien no lleva dineros que le 
puedan quitar. Salieron cuatro hombres con 



8 Recuentro: encuentro,' choque. Se refiere a las alga- 
radas estudiantiles con motivo de la cuestión de Fray Luis 
de León (año 1572). ^ 

17 a la apostólica : pobreirente, sin aparato, a pie. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 225 

cuatro ballestas y preguntáronle de dónde ve- 
nía. El respondió que de Salamanca. "¿Y a 
quién deja atrás?", preguntaron ellos; y él 
respondió: "Antes todos me dejan a mí por- 
que ando poco." "¿Pues cómo no se quedó en 
las ventas?", preguntaron, y él respondió: "Por 
que como no llevo dineros ni cabalgadura que 
les pudiera dejar provecho, me dieron voces 
que me saliese de la venta, y yo las voy dando a 
Dios porque me acompañe y juzgue la crueldad 
destos venteros." A lo cual dijo el más peque- 
ño de los ballesteros o ballesteadores : " Pregun- 
tamos esto, señor estudiante, por ver si queda 
atrás quien nos pueda comprar caza, de que 
tenemos mucha abundancia y pocos compra- 
dores." Y volviéndose a los compañeros dijo: 
" Gran lástima me ha dado el mal trato y cruel- 
dad de que estos venteros usan con la gente de 
a pie, y más la necesidad que he visto en el es- 
tudiante. Llevémosle a nuestro alojamiento, que 
algún tiempo nos valdrá con Dios esta caridad.'' 
"Harto mejor será — dijo uno — matallo — des- 
pués lo supe — , por que no diga que nos ha en- 
contrado y espante los caminantes. " 

Al fin el mozuelo dio y tomó con ellos hasta 
que lo llevaron consigo, porque les pareció que 
era lo más sano para su negocio. Mostró.se el 
mozí'.elo muy compasivo, que si bien las ruines 

i5 



226 ESPINEL 

compañías hacen prevaricar una buena inclina- 
ción, tal vez naturaleza da una sofrenada para 
recordación del primer natural, que por más que 
se olvide, de cuando en cuando toma a su pri- 

s mer principio. Fuese con ellos, o por mejor de- 
cir, se lo llevaron por tinas espesuras, escurida- 
des y escondrijos llenos de revueltas y dificul- 
tades, que como ya era de noche, y sonaba en 
unas profundidades despeñándose el agua, y la 

'O fuerza del viento sacudía los árboles con gran 
furia, y al estudiante el temor le hacía de las 
matas hombres armados que le iban a despeñar 
en aquella infernal hondura, iba con gran de- 
voción mirando al cielo y tropezando en la tie- 

'5 rra; pero con muy buen ánimo, hablando sin 
muestras de temor. Llegaron al fin a su habi- 
tación, que parecía más de zorras que de hom- 
bres, y desenvolviendo mucha cantidad de bra- 
sa, que parecía ser de muy buena leña de enci- 

'o na, encendieron, para alumbrarse, unas rajuelas 
de tea, que les daba la luz bastante que habían 
menester para toda la noche. La cena fué muy 
buenos tasajos de venado, si no eran, quizá, de 
algún pobre caminante. Él no sabía fiestas que 

'i hacerles, diciéndoles cuentos, entreteniéndolos 
con historias, alabándoles el vivir en aquella so- 
ledad apartados del bullicio de la gente. Decía- 
les que el ejercicio de la caza era de caballeros y 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 227 

grandes señores, y que sin duda decendían de 
alguna buena sangre, pues se inclinaban a él. 
Si algfún disparate se les caía, se lo alababa y 
solenizaba por muy gran cosa. Al uno decía que 
tenía buen rostro ; al otro, que plantaba bien los s 
pies ; al otro, que tenía buen ingenio ; al otro, que 
hablaba con mucha discreción: que en seme- 
jantes conflictos, la humildad, mezclada con la 
apacibilidad y discreción, a los pechos que de 
suyo son fieros, y aun de fieras, los vuelven «• 
mansos y amigables. La necesidad en los pe- 
ligros hace sacar fuerzas de flaqueza; y con 
gente de aquella traza el temor engendra sos- 
pecha y el ánimo arguye sencillez. Turbarse 
donde, aunque se teme el daño, no estamos en '« 
él, es apresurarlo si ha de venir, y ponello en 
duda y sospecha si no se temía. Él se hubo tan 
bien con los cazadores de gatos muertos y re- 
llenos, que le regalaron y dieron de cenar y dos 
zamarros en que durmiese, y antes que ama- i 
neciese, por que no saliese con luz, le dieron de 
almorzar, y sacándolo al camino aquel mozue- 
lo, el menor de los cuatro, le fué diciendo el pe- 
ligro en que se habría visto si no fuera por él ; 
y en pago le rogaba no dijese a nadie lo que le »s 
había sucedido. Despidióse del, y fué su camino, 

1 8 gatos: v. pág. 211, nota. 



228 ESPINEL 

volviendo atrás muchas veces la cabeza, que aún 
le parecía que no estaba muy seguro dellos. Si 
encontraba algún caminante le decía que no 
fuese por aquel camino, porque le había segui- 

' do una grandísima sierpe, que no osaba decir 
otra cosa, pareciéndole que estaban oyéndole. 
Al fin, para abreviar el cuento, habiendo pe- 
regrinado por España y fuera della más de vein- 
te años, redújose al estado que Dios le tenía se- 

'" ñalado ; fuese a su tierra, que es Ronda ; hízose 
sacerdote, sirviendo una capellanía de que le hi- 
zo merced Filipo segundo, sapientísimo Rey de 
España. 

Después del suceso de los salteadores veinte 

'5 y dos o veinte y tres años, vinieron en busca de 
tres ladrones famosos, trayendo lengua dellos, 
que estaban en Ronda, que para hurtar tenían 
esta astucia: Las mujeres vendían buhonería 
— que todos eran casados — , entraban en las 

ío casas a vender su mercadería, mirábanlas muy 
bien y daban el punto a sus maridos de las se- 
ñas de toda la casa, y a la mañana amanecía ro- 
bada. Llegó a Rondd este soplo, dieron ron 
ellos en la cárcel por orden del licenciado Mor- 

,5 quecho de Miranda, que al presente hacía ofi- 
cio de Corregidor, siendo Alcalde mayor. Y por 
abreviar el cuento, dióles tormento y confesa- 
ron de plano. Pidióle al autor que los confesase, 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 229 

y 0n entrando representósele la presencia del 
uno dellos que le hizo cosquillas en el alma, y 
reparando en el sentimiento que había tenido, 
halló que era el que le habia dado la vida en 
Siera Morena; buscando traza cómo agrade- ¡> 
cer el bien que le había hecho, y pareciéndole 
que estaba el negocio muy adelante para rogar 
por un hombre convencido por su confesión, 
fuese al juez y di jóle que si hacía justicia de 
aquél, perdía una grande ocasión secreta. El juez lo 
dispuso de los otros dos, y dejó aquel para que 
descubriese una gran máquina que el confesor 
le había dicho, y apretándolo después a que hi- 
ciese con el delincuente que lo confesase, le res- 
pondió : "Señor, martirizado de la piedad y mo- »i 
vido del agradecimiento, fingí a vuesa merced 
lo que sabe : este hombre me libró de la muerte ; 
ha venido a mis manos, querría pagalle el bien 
que me hizo, y a los jueces tan bien los acom- 
paña la misericordia como la justicia, suplico a «• 
vuesa merced, por ias entrañas de Dio?, que se 
compadezca del trabajo de un hombre tan pia- 
doso como éste. " Respondió : " Estoy pensando 
cómo satisfacer a vuestra demanda y mi repu- 
tación y al bien de ese hombre, que por piado- •« 
so lo merece: él no está ratificado, y en las co- 
sas criminales tenemos ley del Reino que nos da 
licencia para poder comutar la pena de muerte 



230 ESPINEL 

II n iiMi » r T il ' II. ■ .... ,1 

en galeras. Yo os siento tan ansiado por agrade- 
celle el bien que os hizo, que quiero aprove- 
charme desta ley, pues no hay parte, y echallo 
a galeras, donde purgue su pecado." Hincóse 

5 de rodillas, agradeciendo a Dios y al juez tan 
piadosa causa, llevó la nueva al casi muerto 
preso, que respiró y volvió en si como de la 
muerte a la vida, y el autor quedó contentísi- 
mo de haber mostrado su agradecimiento en tan 

'" apretada ocasión ; que siempre las buenas obras 
tienen guardado su premio en este y en el otro 
mundo. 

''Extraño suceso y digno de memoria — di- 
jeron los mercaderes — . ¡ Qué santa cosa es ha- 

'5 cer bien!; que, cierto, la buena obra es la pri- 
sión del corazón noble. 

¡Qué buen fruto coge quien siembra buenas 
obras ! ; que como el vestido cubre el cuerpo, las 
buenas obras son coberturas del alma. ¡ Qué con- 

'• tentó quedaría ese hombre cuando hizo ese bien ! 
Como queda sabroso el brazo cuando acierta 
un tiro, así lo queda el alma cuando hace una 
buena obra." 

En esta conversación, el acabarse el cuento y 

'i descubrir a Adamuz fué a un mismo tiempo, 
lugar apacible, puesto en el principio o fin de 
Sierra Morena, en jurisdición del Marqués del 
Carpió. Y al mismo tiempo se descubrieron 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 23 1 

aquellos fértiles campos del Andalucía, tan ce- 
lebrada en la antigüedad por los Campos Elí- 
seos, reposo de las almas bienaventuradas. Po- 
samos y reposamos aquella noche en Adamuz. 

4 "Los que se alegran en los clíseos jerez^no^ pra- 
dos." Qut}., II, pág. 51, y anota el Sr, Rodríguez Marín: 
"Espinel en su Vida de M. de O., reí. I, desc. XIV, se 
hace eco de la añeja y vulgar creencia 3e que los campos 
elíseos estaban próximos a Jerez de la Frontera." 



DESCANSO QUINCE 

El día siguiente, por ciertos respetos, me fué 
forzoso, por llegar primero a Malaga que a Ron- 
da, apartarme de los mercaderes tomando la 

s vía del Carpió ; y ellos lo hicieron tan bien con- 
migo, que me dieron uno de los machos en que 
iban y dineros, fiando de mí que se lo lleva- 
ría a la feria a buen tiempo, y ellos se fueron 
con las muías de retorno en que yo había veni- 

10 do hasta allí. El macho era endiablado, que ni 
se dejaba herrar ni poner la silla, y por momen- 
tos se echaba con la carga, aunque con la com- 
pañía había disimulado algo de su malicia; y 
así en saliendo del lugar, por verse solo y por 

is sus ruines resabios, en el primer revolcadero se 
arrojó, cogiéndome una pierna debajo, de suer- 
te que si yo no me echara al mismo tiempo del 
otro lado, recibiera mucho daño ; pero con esta 
prevención pude levantarme, y llevándole del 

20 diestro muy contra su voluntad un ratillo, se me 
quitó el dolor sin entrar el frió, que pudiera, si 
no hiciera aquella diligencia. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 233 

Eché de ver la ruin compañía que llevaba con 
mi cabalgadura : pero por si otra vez se echaba, 
cogí un garrote para usar de un remedio que 
había oído decir a un viejo ; que como la expe- 
riencia los ha enseñado, saben más que los mo- ^ 
zos, y para semejantes actos, que no son de mu- 
chos lances, cerrados los ojos se puede seguir 
su parecer. Fui con gran cuidado para otra vez 
que se quisiese echar, y en sintiéndolo que iba a 
caer, dile con el g.arrote entre ceja y ceja con tal ■• 
furia, que cayendo le vi volver lo blanco de los 
ojos, bien arrepentido de habello hecho, porque 
realmente pensé que lo había muerto; pero sa- 
cando de presto pan, y mojándolo en vino, dí- 
selo, y tornó en sí tan castigado, que nunca más 'í 
se echó, a lo menos llevándome a mí encima, 
aunque topó arenales donde pudiera hacello. 

Fui mi camino, y en llegando a un bosqueci- 
llo del Carpió, aunque pequeño, abundantísimo 
de conejos y otras cazas, en la ribera de Guadal- >• 
quivir, apéeme a cierta necesidad natural y for- 
zosa, y antes que la comenzase, espantóse el ma- 
cho, dio a huir por el ruido que hizo un culebrón 
y una zorra que salieron de un zarzal y matas 
muy espesas que había junto al camino, que de- >5 
bian de estar ambos en una cueva, que la cule- 
bra con ningún animal hace amistad sino con 
la zorra. Ella dio por una parte y la culebra tras 



234 ESPINEL 

el macho, que, como supe después, a cuantos pa- 
saban acosaba porque habían muerto su com- 
pañía; arrójele una piedra, no pensando que 
sucediera lo que sucedió, que como la piedra iba 

5 por el aire, corrió más que la culebra, y dióla en 
el espinazo, de que volvió con tal furia contra 
mí, que si no me pusiera de la otra parte del ca- 
mino, dejando en medio mucha arena, lo pasa- 
ra mal: que como no se podía aprovechar de 

'O las conchillas que le sirven de pies en la arena 
como en lo duro y liso, no se atrevió atravesar 
el camino ; pero cuanto yo corría por la una ban- 
da, ella corría por la otra, con más de una vara 
de cuello alzado de la tierra, vibrando la len 

'5 gua muy apriesa y haciendo cinco o seis della. 

Iba yo de manera, que ya no sentía la falta 

del macho sino la persecución de la culebra, que 

me tenía sin aliento, lleno de sudor y cansancio. 

Los silbos no eran formados ni agudos, sino ba- 

20 jos y continuados, casi al modo que pronuncia- 
mos acá las xx. Llegué a una parte del camino 
adonde había piedras para tiralle. Páreme,, así 
por descansar como por aprovecharme de las 
piedras ; pero ella, viendo mi temor, qyiso pasar 

25 por la arena para acometerme, por donde tuve 
yo esperanza de librarme della, porque en en- 
trando no pudo aprovecharse de las conchuelas, 
ni moverse sino muy poco: animándome yo lo 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 235 

mejor que pude, le tiré tantas piedras, que casi 
le vine a enterrar en ellas, y acertándole con una 
después de habelle escupido muchas veces ha- 
cia la cabeza — que es veneno contra ellas — 
la acerté con una piedra media vara más arriba s 
de la cola, donde tiene el principal movimiento, 
de que no pudo menearse más, y acudiendo con 
otras muchas, le majé la cabeza y me senté a 
descansar. Pasaron por allí dos hombres que 
iban camino de Adamuz, y me contaron lo que «o 
arriba dije. Midiéronla y tenía diez pies de lar- 
go, y de grueso más que muñeca ordinaria. 
Abriéronla, y halláronle dentro dos muy genti- 
les gazapos; que estas serpientes son muy vo- 
races y poco bebedoras, aunque pasan mucho 15 
tiempo sin mantenimiento, y así hacen tarde 
la digestión ; que en el poco movimiento que ella 
hacía, bien se echaba de ver que estaba pesada. 
Consideré en el rato que estuve descansando 
qué de cosas hay en el mundo que contrastan la ^ 
vida del hombre; que hasta un animal sin pies 
ni alas le persigue, y le comenzó a perseguir den- 
de su principio antes que otro animal ninguno, 
o porque no piense el hombre que se le dio el 
dominio y jurisdición de la tierra sin pensión ,i 
ni trabajo, o porque con la razón sepa distin- 

23 S. 1641, y M. 1774: "desde su principio." 



236 ESPINEL 

giiir lo malo de lo bueno y guardarse de lo que 
le puede dañar; mediante la cual razón conoce 
y sabe conocer el mantenimiento provechoso y 
desechar el nocivo, huir de los animales bravos 
5 y servirse de los mansos ; pero los feroces y da- 
ñosos avisan del mal que pueden hacer, o con 
las uñas o con los cuernos, o con los dientes o 
con los picos. ¡ Mas que un animal sin pies, sin 
pico, sin uñas, sin cuernos como éste, sea tan 

'O horrendo y abominable que atemorice con só- 
lo miralle! Ordenación fué de Dios, para su- 
jetar la soberbia del hombre y desjarretársela 
con la misma inmundicia y asquerosidad de 
la hez de la tierra, que aun muerta la vía y me 

'5 daba horror; y confieso de mí que siempre 
que veo semejantes sabandijas, engendran en 
mí nuevo temor y espanto; ¿pero qué no es- 
pantará ver que una cosa que parece cerbata- 
na o varal, de su propio movimiento corre tan- 

20 to como un caballo? ¿Y que con hincar la ca- 
beza en el suelo dé tan grande golpe a un hom- 
bre que lo derribe y aun lo mate, acometiendo 
a traición, que no cara a cara? ¿Que sea tan 
astuto, que se desnude el hábito viejo y se vis- 

19 cerbatana: "Culebrina de muy poco calibre usada 
antiguamente." (Dice. Acad.) — "El era un clérigo cerba- 
tana, largo sólo en el talle, una' cabeza pequeña, pelo berme- 
jo." Quevedo, Buscón, pág. 32. 

19 varal: "Vara muy larga y gruesa." (Dice. Acad.) 



VIDA DÉ MARCOS DE OBREGÓN 237 

ta de nuevo? ¿Que se cure la ceguera de sus 
ojos causada de las humedades del invierno con 
refregarse en el hinojo la primavera? Son tan 
contrarios a todos los demás animales, que con 
ninguno hacen amistad sino con la zorra, o s 
porque ambas habitan siempre en cuevas de 
tierra y piedra, o por buscar abrigo en el pelo 
de la zorra. 

Hasta aquí había estado el ermitaño callan- 
do, y aquí parecióle preguntar, como hombre w 
que había estado en soledades y entre ásperas 
montañas, huyendo el concurso de la gente, vi- 
viendo y conversando animales brutos, qué era 
la razón por que estas sabandijas son tan es- 
pantables, como son culebras, lagartos, sapos, n 
escuerzos, áspides, víboras y otras semejantes 
que suelen verse. Respondíle: "Lo primero, que 
todas las cosas que no vemos y tratamos de or- 
dinario traen consigo ese género de admira- 
ción. Lo segundo, por tener tanto de los dos »» 
elementos graves, que son agua y tierra, y tan 
poco de los elementos leves, que son aire y fue- 
go, que casi no tienen parentesco ni semejanza 
con el hombre, porque tiene de lo espiritual en 
que se parece a los ángeles, y de lo corporal en »s 
que se parece a los animales brutos ; y éstos en 
aquella parte terrestre, húmida y fría tienen se- 
mejanza con las sabandijas, y éstas consigo 



238 ESPINEL 

solas y con las entrañas de la tierra. Lo terce- 
ro y último, porque todos los animales que se 
pueden engendrar de la putrefacción de la tie- 
rra sin generación de su semejante, ni pueden 

5 ser para el servicio ni para el gusto del hom- 
bre, a quien Dios les mandó que obedeciesen; 
y ellos mismos huyen de su presencia como 
de señor a quien aborrecen por la superioridad 
y dominio que tienen sobre todas, o por la an- 

>• tipatía natural." 

Y esto baste, porque la pérdida de mi macho 

me da pena y cuidado y priesa que lo busque. 

Ya que hube descansado y limpiádome el 

Tudor del rostro — que lo de dentro no pude — , 

«5 fui buscando mi macho, o por mejor decir, de 
los mercaderes, por toda la orilla y ribera de 
Guadalquivir, sin topar a persona que me su- 
piese dar rastro ni nuevas del, yendo como iba 
cargado con ferreruelo y espada, cojín y alfor- 

»• jas, que todo lo echó por alto si no es la silla, 
•que la llevaba en la barriga, de suerte que yo 
me cargué de todo lo que el macho se descargó, 
y mucho más me cargaban las matracas que me 
daban los que me topaban hecho caballo de 

25 postillón, que por no dejallo lo sufría todo. 
Páreme a descansar un ratillo, antes que pa- 
sase el río, donde vi tanta abundancia de co- 
nejos, que estaban más espesos a la orilla del 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 239 

río que liendres en jubón de arriero ; que en to- 
do el día no dejaban de venir a beber muchas 
manadas dellos. Pasé de la otra parte del río, 
y éntreme a descansar a un mesón que está an- 
tes de llegar al pueblo, donde tampoco me su- s 
pieron dar nuevas de mi negro macho, aunque 
prometí hallazgo, haciendo diligencias con las 
guardas del bosque. Ref resqueme lo mejor que 
pude de mantenimiento y bebida, con la tem- 
planza que el cansancio pedía. ^ lo 

Plíseme a la puerta del mesón para ver si 
pasaba el macho o persona que del me diese 
nuevas. Miré aquel pedazo de tierra en el tiem- 
po que allí estuve, que en fertilidad y influen- 
cia del cielo, hermosura de tierra y agua no ij 
he visto cosa mejor en toda la Europa ; y para 
encarecella de una vez, es tierra que da cuatro 
frutos al año, sembrándola y cultivándola con el 
regadío de una aceña con tres ruedas que la 
baña abundantísimamente ; adonde algunos años ,0 
después pasó en presencia^ mía una desgracia 
muy digna de contarse para que se vea cuán- 
ta obligación tienen los hijos de seguir el con- 
sejo de los padres, aunque les parezca que re- 
pugna a su opinión. ,5 

Y fué que siendo marqués del Carpió don 
Luis de Haro, caballero muy digno deste nom- 
bre, muy gallardo de persona y adornado de 



240 ESPINEL 

virtudes y partes muy dignas de estimar, vi- 
nieron allí madereros de la sierra de Segura, 
con algunos millares de vigas muy gruesas; y 
dando el Marqués licencia y lugar para que 
5 las pasasen, alzaron la puente de la pesquera 
para que todo el agua se recogiese a un des- 
peñadero o profundidad, por donde los made- 
ros habían de pasar. Los gancheros eran todos 
mozos de muy gentiles personas, fuertes de 

!• brazos y ligeros de pies y piernas, grandes na- 
dadores y sufridores de aguas, fríos y traba- 
jos. Quisieron hacer al Marqués una fiesta de 
gansos, poniéndolos atados entre los dos ma- 
deros de la puerta de la pesquera, y como iba 

n el madero despeñándose por la violencia del 
grande cuerpo del agua, puesto el ganchero so- 
bre el madero, asía la cabeza del ganso, y tiran- 
do del pescuezo se deslizaba de la mano y caía 
en la profundidad del agua saliendo lejos de 

>• allí nadando, en que pasaron cosas de mucho 
gusto y risa, aunque no sin peligro de quien 
la causaba, que siempre las caldas son de gus- 
to para quien las vee, pero no para quien las 
da, especialmente en ejercicios tan poco usa- 

2i dos como éste. 

Entre estos gancheros venía un mozo recio, 
de muy gentil talle, alto de cuerpo, rubio, y 
bien hecho de miembros, grande hacedor de 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 24I 

SU persona, y que entre todos los demás era 
conocido y respetado por de tal opinión y por 
de grandes fuerzas para cualquier ejercicio de 
hombres. Este pidió licencia a su padre, que 
venía en compañía de los otros, para ir a qui- * 
tar el pescuezo a un ganso que estaba recién 
puesto; la cual el padre le negó; que los pa- 
dres, o por tener más experiencia que los hi- 
jos, o por ser hechura suya y conocer sus in- 
clinaciones, o por haberlos criado y conocer ■" 
de qué pie cojean, o por el amor entrañable 
que les tienen, son algo profetas de los bienes 
o males de los hijos; y así éste por ningún ca- 
mino consintió que de su voluntad fuese el hi- 
jo a la fiesta; pero diciendo él que no quería '^ 
que lo tuviesen por menos hombre que a los 
demás, con importunaciones alcanzó de su pa- 
dre que le dejase ir, aunque de muy mala ga- 
na. Y reprehendiéndole algunos porque lo ha- 
cía tan forzado, respondió en presencia mía »• 
unas palabras llenas de gran sentimiento y do- 
lor diciendo : " No sabe nadie lo que es aventu- 
rar un hijo criado y solo. " El mozo fué gallar- 
dísimamente, teniendo todos los ojos puestos en 
él, que en asiendo el cuello del ganso, que él »* 
pensaba con facilidad arrancar con la fuerza 

I hacedor de su persona: emprendedor. 



2^2 ESPINEL 

grande que hizo, estúvose casi colgado de las 
manos hasta que el madero llegaba ya al cabo, 
en cuyo remate o cabeza, deslizándosele la ma- 
no, cayá, y dio de celebro, sumergiéndose en 

5 lo profundo del chargue, sin que más parecie- 
se hasta el día siguiente, con grande espanto 
y compasión de todos los circunstantes, que- 
dando el padre, que lo estaba mirando, en éx- 
tasi. Todos los gancheros nadando le busca- 

'<» ron, y lo hallaron el día siguiente, que pare- 
ció en cierta manera castigo de la desobedien- 
cia que tuvo al mandamiento del padre, y ejem- 
plo para cuantos le vieron. Fué contra el pre- 
cepto y consejo paternal, del cual tienen nece- 

'5 sidad todos los que desean acertar. 

Pasó este caso en este mismo lugar, y en 
presencia del marqués don Luis de Haro y 
de su hijo el marqués don Diego López de Ha- 
ro, que cuando esto se escribe están vivos, y 

»» más mozos que el autor, en cuya compañía se 
halló presente a este infelice suceso. Y porque 
no habrá lugar de contallo adelante, se dice 
aquí por encargar a los hijos que aunque les 
parezca que saben más que los padres, en ra- 

»> zón de la superioridad que Dios les dio sobre 
ellos, y representando la persona del verdadero 

5 chargue: charco, balsa. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 243 

Padre, los han de obedecer y respetar, y creer 
que, en cuanto a las costumbres morales, sa- 
ben más que ellos, porque con esto se merece 
con el universal Padre de todas las criaturas. 
Y volviendo al estado presente, y la pena 
que me daba la falta de mi macho, aquella tar- 
de no pude saber del, y así me quedé aquella 
noche en el mesón sin esperanza de poderlo 
hallar. 



DESCANSO DECISÉIS 

Amaneció el sol el día siguiente con unos 
rayos entre verdes y cetrinos, señal de agua, 
y yo sin macho ni esperanza de hallarlo. Fuíme 

5 al pueblo a las nueve o a las diez, y vi que unos 
gitanos estaban vendiendo un macho, muy he- 
chas las crines y el trenzado de atrás, con su 
enjalma y demás aderezos, encareciendo la 
mansedumbre y el paso, con mil embelecos de 

'O palabras. Hacía el gitano mil jerigonzas sobre 
el macho, de manera que tenía ya muchos go- 
losos que le querían comprar. Llegúeme cerca 
y vi que era del color del mío ; pero desconocílo 
en verlo tan manso y seguro, y remozado de 

»s crines y cola. Vi que se dejaba tocar a todas 
las partes del cuerpo sin alterarse, y así no me 
atreví a pensar que pudiera ser el mío. Alzában- 
le los pies y manos, dándole palmadas en el pe- 
cho y en las ancas, estando éí con mucha pa- 

»o ciencia y mansedumbre. Yo estaba desconfia- 
do de que pudiera ser el mío; pero fuíme por 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 245 

un lado disimuladamente y púseme delante del, 
aunque detrás del gitano, y en viéndome amus- 
gó las orejas por el conocimiento o por el te- 
mor que me tenía. 

lEspantéme de ver tan súbita y no esperada s 
mudanza, y vi que realmente era mi macho; 
mas no pude imaginar cómo le podía cobrar 
sin dar testigos o evidencia de como era mío; 
y así no me arrojé a decir que era hurtado, y 
decía entre mí : ¿Es posible que sean estos gi- '«> 
taños tan grandes embusteros que en menos 
de veinticuatro horas hayan hecho este macho 
de enjalma y le hayan disfrazado de manera 
que me ha puesto en duda el conocimiento del, 
y que lo hayan hecho más manso que una ove- -s 
ja siendo peor que un tigre, y que no tenga yo 
modo para cobrallo manifestando mi justicia? 
Pero detúveme un poco y llegúeme con los de- 
más a ver el macho, y alabándole, pregunté si 
era gallego. Respondió el gitano: "Vuesa mer- «o 
ced, mi ceñor, a fe que sabe mucho de bestiaz 
y ha conocido bien la bondad de loz mejorez 
cuatro piez que hay en toda la Andalucía. No 
ez gallego, mi ceñor, ciño de Illezcaz, que allí 
lo truqué por un cuartago cordube/, y aquí »s 
traigo el teztimonio." Será levantado — dije 

25 cuartago: "Rocín de mediano cuerpo." (Dice. Acad.) 



246 ESPINEL 

yo entre mí — , y junto con esto lo mostró 
Ofrecióseme traza para cobrallo fácilmente, y 
llegúeme a un hidalgo, a quien vi que todos 
respetaban, que era uno de los antiguos cria- 

» dos de aquella casa, llamado Ángulo, y le dije: 
"Señor, este macho me han hurtado estos gi- 
tanos, y aunque trae enjalma, es de silla, y aun- 
que parece que traen testimonio, es falso." A 
lo cual me dijo el hidalgo: "Mire, señor estu- 

«• diante, que conocemos este gitano de mucho 
tiempo acá, y nos ha tratado siempre verdad." 
"Pues agora — respondí yo — no la trata, y 
haciendo vuesa merced las diligencias que yo 
le suplicare, se verá con evidencia la verdad que 

•s tengo dicha; y vuesa merced está inclinado a 
comprallo porque le parece manso, siendo peor 
que un demonio." 

"¿Pues puede ser fingida — preguntó el hi- 
dalgo — aquella mansedumbre y bondad?" "Sí 

>• señor — respondí yo — , porque lo han embo- 
rrachado ; y no hay bestia tan feroz ni malicio 
sa, que echándole, de grado o por fuerza, una 
azumbre de vino en las tripas no se amanse 
más que una oveja ; y por esto haga vuesa mer- 

H ced lo que yo le suplicare, y saldrá deste enga- 
ño, viendo que el macho es malicioso y que es 

5 Se refiere a la casa de los Marqueses del Carpió. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 247 

mío. Y lo primero, digo a vuesa merced que 
se lo llegue a comprar y dígale esto y esto" 
— hablándole al oído e informándole de todo 
lo conveniente. 

Fuese el hidalgo, después de bien informa- i 
do, al gitano y mirando el macho le dijo: "Yo 
tstoy muy contento de esta bestia, y la com- 
prara si tuviera silla y freno, porque tengo de 
hacer un viaje muy largo." El gitano se hol- 
gó mucho dello y trajo luego la silla y el fre- <• 
no, diciendo que era el mayor caminador del 
nmndo, y que por pensar que para el campo 
se vendería más presto, le había puesto la en- 
jalma. En viendo el hidalgo la silla y el freno, 
halló que conformaba con las señas que yo le ■: 
había dado, y haciendo lo que yo le había di- 
cho al oído, llevólo a su casa, asegurando a 
los gitanos que lo quería probar, y túvolo, has- 
ta tanto que se le gastaron los humos del vino, 
encerrado en su casa. Hecho esto, llamó al gi- »< 
taño y di jóle que subiese en el macho y cami- 
nase un cuarto de legua fuera del pueblo. Su- 
bió, aunque era muy suelto, con mucha difi- 
cultad por la poca seguridad del macho, que 
gastaba la suavidad del vino, tomó a su ruin > 
natural, y caminando como un viento, en sa- 
liendo de las casas, con la misma furia que lle- 
vaba, dio consigo y con el gitano en tierra, y 



248 ESPINEL 

■■■■■ ' i ■■■■' — ■■ ■■ ibi I .11 ».. ■ ,i.i»gi m III «I •■■ .iiMii ■■■■i^fc»^»— * 

cogiéndole una pierna debajo se revolcó de ma- 
nera que fué bien necesaria la ligereza del gi- 
tano para que no se la quebrase. 

Acudió aquel hidalgo, desengañado ya de 
la bellaquería, y le dijo riéndose: "¿Qué des- 
gracia es esa Maldonado?" "Señor — dijo el 
gitano — , como está holgado y mal herrado, se 
echa con la carga," Y riéndose más el hidal- 
go, dijo: "Pues alzadle los pies, veamos si ha 
menester herradura." Alzóle un pie, y dióle 
una puñada en el carrillo izquierdo, con que 
le dejó señalada la herradura y los clavos. Dí- 
jole el hidalgo: "Mal se conoce lo que no se 
ha criado, hermano Mialdonado; si vos hubié- 
rades tratado y conocido esta bestia, ni os en- 
gañárades ni nos engañárades. En lo ajeno 
dura poco la posesión ; íbades con aquel refrán • 
"Quien no te conoce te compre." ¿Por qué pcn- 
sábades que os preguntó el dueño si era galle- 
go, sino porque como tal os había de dar la 
coz que os dio? Vos queríades herrallo, mas él 
no os erró a vos; ¿cogistes ayer el macho y que- 
ríades hoy venderlo? Huelgo de saber que tam- 
bién sois nigromántico, pues desde ayer ha- 
béis venido de Illescas." "Señor — dijo el gi 
taño — ', yo hice como gitano, y su merced ha 
de sufrir como caballero; bien eché de ver 
que este señor sabía mucho de bestias." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 249 

Descubierto el hurto con la evidencia posi- 
ble, me dieron mi macho, y me avié camino 
de Málaga, pasando por Lucena, donde lle- 
gando un poco tarde reposé y comi un bocado, 
y pensando llegar aquella noche a Benamejí, s 
cuyo camino yo no sabía, partime con la re- 
lación que me dieron. 

Las leguas son más largas de lo que yo me 
pensaba; el camino estaba lleno de lodo, por- 
que la noche antes había llovido muy bien. Yo, lo 
por priesa que me di con mi macho, me ano- 
checió una legua antes de llegar a un riachue- 
lo que está entre Lucena y Benamejí. Hálleme 
confuso, por ser la noche escura y caminar sin 
guía y sin encontrar a quien preguntar por •» 
el camino, que era domingo en la noche, cuan- 
do todos los labradores están en sus casas. Al 
fin poco a poco, muchas veces tropezando y 
algunas cayendo, llegué al río, y en pasándolo 
no hallé camino por la otra parte, por una eos- «o 
tumbre que tienen los labradores en aquella tie- 
rra, que es, para desviar los caminantes, que 
no les entren por el sembrado, cavar por aque- 
lla parte por donde suelen hacer senda los ca- 
minantes. Salió del río mi macho lo mejor que •$ 
pudo, y echó a mano derecha por un cerro que 
tenía muchas sendas de ovejas o de cabras. 
Llegó a lo más alto que pudo, y estaba tan 



250 ESPINEL 

empinado el cerrillo, que en acabándose la sen- 
da ni pude ir adelante, ni volver atrás. Vime 
en un gran peligro, porque si quería bajar 
con el pie derecho había de rodar por la 
i sierra abajo hasta llegar a un arroyo sa- 
lado, donde cuando bien librara, llegara la 
cabe2a llena de chichones. Roguéle al macho 
con mucha humildad que me hiciese merced de 
estarse quedo mientras bajaba al revés; pero al 
■« tiempo que le mandé que volviese por la sendi- 
11a que había subido, él iba tan cansado que se 
echó, y en echándose, como el cerro estaba tan 
empinado rodó hasta el arroyo salado; yo vol- 
ví por la sendilla, hasta llegar al arroyo, y fui 
•5 a mi desdichado macho, y lo mejor que pude 
ayúdele a levantar, que estaba tan molido que 
fué itienester animarlo con sopa en vino, y lle- 
vándolo de diestro lo más poco a poco que pude, 
fui considerando que todo aquello me sucedía 
ao por no haber tenido respecto a la fiesta, cami- 
nando y haciendo el viaje que se pudiera hacer 
otro día; que al fin, como las fiestas son para 
dar gracias a Dios y no para hacer jornadas, no 
puede haber quietud para hablar con Dios de es- 
as pació. Que trabajando en los dias que la Igle 
sia tiene'dédícados para Dios, no solamente no 
aumenta el provecho, pero por mil caminos vie- 
ne el daño, como me sucedió esta noche, que 



VIDA DE MARCOS DK OBREGÓN 25I 

yendo con mi macho a mano izquierda por una 
ladera arriba, yendo yo a la parte de abajo por 
animallo, deslizó, y cogióme debajo, aunque no 
fué mucho el daño, porque pude fácilmente sa- 
lir, y dándole sopa en vino pude subir hasta s 
que descubrí en lo alto del cerro un cortijo, 
donde me llegué con toda la humildad del mun- 
do; y aunque di muchos golpes no me respon- 
dían, porque había mucha gente, que se había 
juntado allí aquélla ncjche por ser día de fiesta. «• 

Al fin di tantos golpes, que me respondió 
un mozo, y diciéndole con la necesidad que 
venía, respondióme que me fuese en hora bue- 
na; y tornando a llamar, acudió el aperador 
del cortijo, que en todas sus acciones pareció li 
ser muy hombre de bien, y abriéndome la puer- 
ta acudió a mi necesidad y al cansancio de mi 
macho, y di jome: "Perdone vuesa merced, que 
ix)r estar dando voces sobre una serilla de higos 
que estos mozos me habían hurtado, no pude »• 
responder tan presto." "Pues si no es más de 
por eso — dije yo — no le dé pena, que yo le 
diré quien se la hurtó." "Ángel será vuesa mer- 
ced — respondió él — y no hombre, si me dice 
eso." "Déjeme reposar — dije yo — y se lo di- »* 
ré." 

Descansé un rato, y mi macho cenó lo mejor 
que pudo ; yo cené un muy gentil gazpacho, que 



252 ESPINEL 

cosa más sabrosa no he visto en mi vida, que 
tanto tienen las comidas de bueno, cuanto el 
estómago tiene de hambre y de necesidad. Fue- 
ra de que el aceite de aquella tierra y el vino 

5 y vinagre es de lo mejor que hay en toda la 
Europa. Habiendo cenado, y estando todos los 
mozos alrededor, le dije al aperador: ''Este dor- 
najo en que habernos cenado ha de descu- 
brir el hurto de los higos." Dijo uno entre 

!• dientes: "Aún sería el diablo la venida del es- 
tudiante." Pedíle al buen hombre un poco de 
aceite y almagra, y sin que los mozos lo viesen 
unté el suelo del dornajo con una mezcla que 
hice del aceite y almagra, y pedíle un cencerro 

»í de las vacas, y poniéndolo debajo del dornajo 
dije, con voz que lo oyeron todos, habiendo 
puesto el dornajo más adentro, donde estaba 
el pajar: "Pasen todos uno a uno, y den una 
palmada en el suelo del dornajo, y en pasando 

»o el que hurtó los higos sonará el cencerro." 
Fueron todos uno a uno, y dio cada uno su pal- 
mada en la almagra, y no sonó el cencerro, que 
es lo que todos esperaban. Llámelos a todos, y 
díjeles que abriesen las palmas de las manos, 

as las cuales tenían todos enalmagradas, si no era 
el uno dellos; y ansí les dije a todos: "Este 
gentilhombre hurtó los higos, que porque el 
cencerro no sonase no osó poner la mano en 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 253 

el dornajo." El se paró, colorado como un es- 
caramujo, y los demás estuvieron toda la no- 
che reventando de risa y dándole matraca, y el 
aperador muy agradecido de haber hallado sus 
higos, y yo muy contento del buen acogimien- s 
to; y por el buen hospedaje déjele dos cuchi- 
llos damasquinos, con que por poco le corta- 
ra las orejas al ladrón de los higos. 



DESCANSO DECISIETE 

Habiendo descansado aquella noche lo que 
pareció que bastaba para los trabajos de mi 
macho, fui a rogalle que se animase, y gruñen- 
do alzó la pata y al mismo tiempo dile un pa- 
lo, con que se le acordó el trabajo pasado. So- 
segóse luego y échele la silla. Caminé a Bena- 
mejí, que estaba muy cerca, y aunque quise pa- 
sar sin que me viese el señor de Benamejí, el 
bellaco del macho se arrojó en su casa, y fué 
forzoso descansar allí un rato. 

Al fin, por abreviar el cuento, llegué a Má- 
lag[a, o por mejor decir, páreme a vista dellá eñ" 
un alto que llaman la cuesta de Zambara. Fué 
tan grande el consuelo' que recibí de la vista 
della, y la fragancia que traía el viento rega- 
lándose por aquellas maravillosas huertas, lle- 
nas de todas especies de naranjos y limones, 
llenas de azahar todo el año, quejrrie_ pareció 
ver un pedazo de paraíso; porque no hay en 
toda la redondez de aquel horizonte cosa que 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 255 

no deleite los cinco sentidos. Los ojos se en- 
tretienen con la vista del mar y tierra, llena 
de tanta diversidad de árboles hermosísimos 
como se hallan en todas las partes que produ- 
cen semejantes plantas; con la vista del sitio » 
y edificios, así de casas particulares como de 
templos excelentísimos, especialmente la Igle- 
sia Mayor, que no se conoce más alegre tem- 
plo en todo lo descubierto. A los oídos deleita 
con grande admiración la abundancia de los «» 
pajarillos, que imitándose unos a otros, no 
cesan en todo el día y la noche su dulcísima 
armonía, con una arte sin arte, que como no 
tienen consonancia ni disonancia, es una con- 
fusión dulcísima que mueve a contemplación '^ 
del universal Hacedor de todas las cosas. Los 
mantenimientos, abundantes y substanciosos pa- 
ra el gusto y la salud. El trato de la gente, muy 
apacible, afable y cortesano, y todo es de ma- 
nera qiie se pudiera hacer un grande libro de »» 
las excejencias de Málaga, y no es mi intento 
reparar en esto. 

Neí7ocic a lo que venia en aquella santa igle- 
sia, de donde se pueden sacar muchos sujetos 
para obispos y oidores, y para gobernar el Ȓ 
mundo, entre los cuales hallé un prebendado 
amigo mío, hombre bien nacido, de grandes 
y superiores partes, muy dig^o de estimarse. 



256 ESPINEL 

apasionado porque sin razón le ofendían las 
ausencias hombres que por ningún camino po- 
dían correr parejas con él; que de la misma 
manera que la envidia no se halla ni se cría 

s sino en pechos olvidados de la buena educa- 
ción y partes, así acomete siempre a los que 
las poseen y resplandecen en actos de ciencia y 
virtud; que les parece que reconocer superio- 
ridad y ventaja a quien se la tiene, es perder 

!• el derecho que tienen a la descortesía, a quien 
se crían subordinados por falta de buen enten- 
dimiento y sobra de mala voluntad. Quejábase 
que habiendo hecho grandes bienes a un hom- 
bre que siempre había tenido pocos o ningunos 

is y habiéndole librado de cosas de que él por 
ningún camino tuviera trazas ni modo para 
librarse, no sólo no le agradecía, pero buscaba 
caminos por donde pudiese escurecer las bue- 
nas obras recebidas. Vilo con determinación de 

'• volver la hoja y vengarse del por la mejor vía 
que pudiese; pero atájele con advertirle que 
arrepentirse del bieti-que_haliía liecEoTSp"cabé 
en ánimos nobles. 

"Pues hacer mal — dije — a quien hicistes 

»s bien arguye poca firmeza y constancia en el 
valor del ánimo. Vengaros por tribunales es 

I apasionado signiñca aquí dolorido, quejoso. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 257 

yerro notable, porque nunca las ofensas man- 
chan hasta que lleguen a tan miserable estado; 
especialmente que si vos me decís que es hom- 
bre desadornado de partes heredadas o adqui- 
ridas, ¿qué agradecimiento os ha de tener a 
vos, si no agradece a Dios haberle puesto en 
el estado que no merecía ni pensó merecer? Y 
preguntóos: ¿quién hizo mal, él o vos?" 
Respondióme: "Claro está que él." 
"Pues enójese él — dije yo — , que hizo tan 
gran maldad como no agradecer: que vos que 
no hicistes mal, no tenéis de qué sentiros sino 
de qué estar muy contento. Y no queráis des- 
merecer con Dios la buena obra que hicistes. " 
Consolóse de manera que si había sido mi 
amigo hasta allí, por e|te_cqnsejo creció rnu- 
^ho más la amistad. Y realmente, la quietud 
del ánimo no admite alteraciones advenedizas 
de pechos e intenciones en quien se asienta mal 
la paz y tranquilidad del alma. Hanse de huir 
semejantes rencuentros por el mejor medio que 
fuere posible ; y si es forzosa la comunicación, 
como sucede en comunidades, usar della en so- 
lo aquello que no puede excusarse, llevando 
siempre por guía la justicia y la verdad, de ma- 
nera qiíe'^os qué vlveh"cbircüidádo de hallar 
en que tropezar, se corran y confundan; y 
cuando no sucediere como se desea y como se- 

'7 



258 ESPINEL 

ría razón, a lo menos quedará muy seguro en 
su conciencia y desapasionado quien así lo 
hubiere hecho. Que el hombre constante y de 
ánimo quieto, a sí propio se ha de temer, y 

» guardarse de sí más que de los contrarios. Si le 
ofenden con razón, calle por sí propio y en- 
miéndese de la culpa; y si le murmuraren sin 
ella, consuélese viendo que está libre de calum- 
nia. De suerte que por todos caminos el silen- 

'» cío es refugio y acogida de los agravios con 
malicia. 

Pero tomando a lo primero, "¿Por qué pen- 
sáis — le dije — que dicen ordinariamente: 
Nunca falta un Gil que me persiga, que no 

'» dicen un don Francisco, ni un don Pedro, si- 
no un Gil? Es porque nunca son perseguidores 
sino hombres bajos como Gil Manzano, Gil 
Pérez. Ni para verdugos y cómitres buscan si- 
no hombres infames y bajos, enemigos de pie- 

" dad, bestias crueles, sin respecto ni vergüenza, 
inclinados a perseguir a la gente que ven le- 
vantarse en actos de virtud, como ese misera- 
ble de quien os quejáis. Destos la comunica- 
ción por ningún camino es buena, porque no 

14 "Un Gil que nos persiga. Que no nos ha de faltar 
quien estorbe y embarace." Correas, pág. 544. 

18 cómitre: "Ministro que había en las galeras, a cuyo 
cargo estaba el mando de la maniobra y castigo de los 
remeros y forzados." (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 259 

son capaces de hacer bien, ni pueden dejar de 
hacer mal, lo cual se ataja no conociéndolos, 
para que no lo hagan." 

"Pues suele pasar — dijo — por cerca de 
mí sin quitarme el sombrero." $ 

"Eso — dije yo — < o será por descuido o por 
descortesía. Si por descortesía, enójese, como 
tengo dicho, consigo propio porque ha hecho 
mal, y no os enojéis vos por los pecados del 
otro que fué descortés y mal criado, que vos no «» 
os habéis de alterar no habiendo cometido cul- 
pa; y si se hace por descuido, consigo trae la 
disculpa, porque los que caen en esta inadver- 
tencia no podemos juzgar si van pensativos o 
ocupados por imaginaciones de negocios que «» 
pueden suceder por muchas cosas, e inculpa- 
dos de que no podemos ser jueces, ni tener cien- 
cia ni razón de sentimos ni alteramos. Y en 
esto de las cortesías no tenemos de qué enfa- 
darnos. Lo uno, porque el no usarla con nos- ■• 
otros no es por culpa nuestra. Lo otro, porque 
quien da, no da más de lo que tiene, y quien 
no tiene cortesía no es mucho que no la dé; y 
la regla general es que en ninguna manera ha- 
bemos de tomar fastidio de lo que no suce- ,j 
de por culpa nuestra ; que los descorteses su cas- 
tigo tienen acerca de quien los conoce. 



DESCANSO DECIOCHO 

Saliendo de Málaga me paré entre aquellos 
naranjos y limones, cuya fragancia de olor con 
gran suavidad conforta el corazón, y púseme 

5 a mirar y considerar la excelencia de aquella 
población; que asi por la influencia del cielo 
como por el sitio de la tierra, excede a todas 
las de Europa en aquella cantidad que su dis- 
trito abraza. Y estando en esta contemplación 

.0 vi venir hacia mí una cosa que parecía hom- 
bre sobre una muía, hablando entre sí a so- 
las, con movimiento de brazos, meneos de 
rostro y alteración de voz, como si fuera ha- 
blando con alguna docena de caminantes. Vol- 

,, vi la rienda a mi macho, picándole con toda 
la priesa posible, antes que pudiese llegar a mí, 
porque le conocí la enfermedad; que para huir 
im hablador destos querría tener no solamen- 
te pies de galgo, pero alas de paloma; y si 
ellos supiesen cuan odiosos son a cuantos los 
oyen, huirían de sí propios; que la locuacidad, 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 201 

fuera de ser enfadosa y cansada, descubre fá- 
cilmente la flaqueza del entendimiento, suena 
como vaso vacio de sustancia y manifiesta la 
poca prudencia del sujeto; y tiene tan buena 
gracia con las gentes, que jamás son creídos en » 
cosas que digan, porque aunque sea verdad, va 
tan derramada, ahogada y desconocida entre 
tantas palabras, como el olor de una rosa en- 
tre muchas matas de ruda. Sonj est os hab lado- 
res como el helccho, que ni da flor ni fruta; «• 
son el raudal de un molino, que a todos los de- 
ja sordos y siempre él está corriendo. No hay 
toro suelto en el coso que tanto me haga huir 
como un palabrero déstos; y en resolución no 
hay buen rato en ellos sino cuando duermen, u 
como me sucedió con éste, que por mucha prie- 
sa que me di a huir, me alcanzó y saludó como 
el verdugo por las espaldas, y apenas le hube 
respondido, cuando me preguntó adonde iba y 
de dónde era. •• 

A lo primero le respondí, mas a lo segundo 
no me dio lugar a que le respondiese, y prosi- 
guiendo me dijo: "Pregunto de dónde es vue- 
sa merced porque yo soy del reino de Murcia, 
aunque mis padres fueron montañeses, de un n 
linaje que llaman los Collados." A lo menos 
no callados : mírele mientras iba hartándose de 
hablar — si pudo ser — que tenía razonable 



202 ESPINEL 

cuerpo y talle, aunque era con un gran defecto, 
que era zurdo y quería parecer derecho. Que 
aunque la fealdad del zurdo es grande, tengo 
por peor la del que disfraza o quiere dis- 
5 frazar la falta natural, porque arguye doblez 
y artificio en lo interior de la condición; y sien- 
do este género de hombres tan conocidos por 
este defecto como los eunucos por el de las 
barbas, así quieren persuadir a que no lo son 

10 como estotros a que no han llegado a edad de 
barbar, y los unos y los otros, con querer ne- 
gallo o disimulallo, dan a entender cuan gran- 
de falta es, pues la niegan. 

Este buen hombre, jugando de una y otra 

»» mano y arqueando las cejas, que tenía gran- 
des, con dos rayas entre ellas profundas, ojos 
aunque no pequeños cerrados siempre que ha- 
blaba, como si con los ojos se oyera, y todo el 
rostro acabronado, quiero decir, libre, alto y 

»o desvergonzado, dijo mil disparates, a que yo 
nunca estuve atento, porque le conocí luego. 
Contó valentías suyas, a las cuales yo estuve 
tan atento como a todo lo demás, de suerte que 
nunca me dio lugar para respondelle a lo que 

«« me había preguntado, hasta que habiendo an- 
dado dos leguas, como de tanto hablar había 
gastado la humedad del celebro, labios y len- 
gua, en una venta que llaman del Pilarejo pi- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 263 

dio un jarro de agua, y en comenzando a beber 
le respondí a su pregunta, diciendo: "De Ron- 
da." Quitóse el jarro de la boca, y díjome: 
"Huélgome, porque voy hacia allá, de llevar 
tan buena compañía. " Tornó el jarro a la boca, s 
y mientras acabó de beber, le dije: "Antes es 
la peor del mundo porque no hablaré palabra 
en todo el camino." "¿Esa virtud del silencio 
— dijo — tiene vuesa merced? Será prudente y 
muy estimado de todo el mundo, que del poco ,o 
hablar se conoce la prudencia de los sabios, que 
es una virtud con que un hombre asegura los 
daños que por su causa sola pueden venir. Yo 
no soy amigo de hablar : cuando dan tormento 
a alguno, si no habla ni confiesa lo tienen por ,, 
valeroso, por haber callado lo que le había de 
dañar. En un banquete, los callados comen más 
y mejor que los otros y hablan menos, porque 
oveja que bala bocado pierde, aunque yo no 
soy amigo de hablar. El sueño, tan importante m 
para la salud y vida, ha de ser con silencio 
Cuando alguno está escondido, como suele su- 
ceder, en casa ajena, por callar se salva, aun- 
que se le salga algún estornudo. Que el si- 
lencio es virtud sin trabajo, que no es menes- it 
ter cansarse con libros para callar. El callado 
está notando lo que los otros hablan, para dar- 



204 ESPINEL 

selo después en cara. Yo no soy amigo de ha- 
blar." 

Con estos disparates y otros tan materia- 
les iba alabando el silencio, y cansándome a 
5 mí y prosiguiendo con su inclinación, dijo: 
"Yo no soy amigo de hablar; sino por entre- 
tener en el camino a vuesa merced, que me pa- 
rece hombre principal, voy aliviando el cansan- 
cio." Yo busqué mil invenciones para librarme 
10 del y seguir mi camino a solas; pero no fué 
posible dejallo, y al fin le dije : "Señor, yo tengo 
necesidad de apartarme a la mano izquierda, y 
pasar este río, porque tengo que hacer en Coín." 
"¿Pues por tan desconversable me tiene vuesa 
«5 merced — dijo él — que no le había de acom- 
pañar?" Él prosiguió, y como no me salió bien 
lo primero, fuíme divirtiendo con los ruiseño- 
res, que nos daban música por el camino, admi- 
rándome de ver con cuánto cuidado se van po- 
jo niendo delante de los hombres para que oigan 
la melodía de su canto, a veces llevando el can- 
to llano con la quietud del tenor y luego con 
la diminución del tiple, convidando al contraba- 
jo a que haga el fundamento, sobre que van las 
35 voces saliendo a veces sin pensar con el con- 

I desconversable: "De genio áspero y desabrido; que 
huye de la conversación y trato de las gentes, o que ama 
el retiro y la soledad." (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 265 

tralto. Concierto no imitado de los hombres, si- 
no enseñado a los hombres, a quien sirven con 
gran cqidado de darles gusto, pues en la orilla 
de aquel rio, y en cualquiera parte que los haya, 
tanto con más excelencia usan de su armonía » 
cuanto más cerca se hallan de los hombres. 

Con esto pude disimular y sufrir algún tanto 
la gotera y continuación de este impertinente 
hablador, hasta que llegamos a una venta, don- 
de fué forzoso comer . En acabando, yo me hice «• 
enfermo por quedarme sin él ; mas él dijo : "Jun- 
tos salimos de Málaga, juntos habemos de lle- 
gar a Ronda" ; que como yo callaba y él habla- 
ba cuanto quería, le parecí É>ien para compa- 
ñía. Vime cansado, atajado y molido, porque n 
aunque confieso de mí que sé usar de la pa- 
ciencia en muchas cosas, sé que no la tengo para 
oír hablar mucho y prolijamente ; y así me de- 
terminé a usar del remedio contra los hablado- 
res, que es hablar más que ellos. »• 

En acabando de comer el buen hombre, ex- 
tendiendo los brazos con un gran bostezo, co- 
menzó a decir : " Por aquí pasó el rey don Fer- 
nando y su gente, cuando, después de ganada 
Ronda, vino sobre Málaga, y habiéndole falta- i> 
do los mantenimientos, por los muchos gastos 
que se le habían recrecido, y por haber acosado 
a los pueblos circunvecinos con los continuos 



266 ESPINEL 

rencuentros, trazas y estratagemas de que había 
usado por ganar a Ronda, estuvieron dos o tres 
días los soldados sin recebir mantenimiento, por 
donde pensaron perecer de hambre. " Yo le ata- 
5 jé con gran furia, diciendo: "Y aun yo me 
acuerdo que lo oí contar a mi bisabuelo, que 
habían traído de la campiña de los pueblos cir- 
cunvecinos de cristianos de Ronda, una gran 
manada de ganado de cerda, de que agora hay 

»« más abundancia que en toda España, para man- 
tenimiento del real. Como se hubiese acabado 
ya todo el ganado vacuno y quedasen algunos 
cochinos, mandó el Rey Católico que le guar- 
dasen una docena dellos, y que por ningijn ca- 

'í mino tocasen a ellos, por ser grandes y largos, 
para casta. Como los soldados, gente sin pacien- 
cia, se veían perecer de hambre, y la provisión 
que esperaban se tardaba, aunque estaban atrin- 
cheados y cercados de enemigos de toda la Ho- 

»• ya de Málaga, donde por fuerza habían de vivir 
con recato, vieron dos o tres camaradas que se 
habían desmandado los puercos hacia la espe- 
sura destos árboles por la ribera del río, que co- 
mo llevaban seguridad y salvoconduto, nadie to- 

»í caba a ellos. Acudió un arcabucero de la cama- 
rada, y por entre las ramas le encerró dos ba- 
las en el cuerpo a un cochino de aquéllos. ¡ Arma 
— dijeron todos — , arma ; enemigos, arma ! Pú- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 267 

sose todo el real en arma; los soldados arras- 
traron el puerco hacia su tienda, y metiéronlo 
entre la ropa de un baúl. Acudieron a todas las 
partes por donde se podía temer flaqueza o pe- 
ligro; porque en semejantes ocasiones ningimo s 
sino las centinelas puede disparar arcabuz; y 
como hallaron seguridad, mandóse que se hi- 
ciese pesquisa por un sargento mayor adonde y 
por qué se había disparado el arcabuz: echóse 
de ver que había' sido por la muerte del cochino. •• 
Los tres soldados con los pies borraron el ras- 
tro de la sangre, y envolviéndole entre sus ves- 
tidos y camisas, lo encerraron en el suelo del 
baúl, que le sirvió de sepulcro hasta que llegó 
el sargento mayor, y informándose de tienda en t$ 
tienda, llegando a la de los soldados, y negan- 
do ellos lo del cochino, llegó el sargento mayor 
a mirar detrás del baúl, y en meneándolo, el 
cochino, de lo entrañable de las tripas en con- 
trabajo, dio im profundo gruñido, porque no m 
era muerto, y segundó con otro más recio. 

"El sargento mayor, que se enteró en el caso, 
y padecía tanta hambre como ellos, mirólos sin 
hablar palabra. Ellos, erizado el cabello, tem- 
blándoles las manos y confuso el rostro, cuando ^ 
entendieron que los había de ahorcar o hacer 
otro castigo muy grave, el sargento mayor, po- 
niendo el dedo en la boca, des dijo: "Envíen- 



268 ESPINEL 

> 

"me mi parte, y comamos todos." Con mucha 
disimulación tomó a su pesquisa de tienda en 
tienda, y cuando llegó a la suya halló entre 
unos trapos sucios la parte del cochino que 

5 le pareció que había venido del cielo." 

Entonces dijo el hablador: "Pues a propó- 
sito de esto contaré"..., y al momento atájele 
con decir: "Pues no paró aquí, ni he contado 
la mitad del cuento" ; y diciendo mil disparates, 

.o semejantes a los pasados, lo rendí de manera 
que cogió su muía y se fué camino de Alora 
sin despedirse, y yo me quedé en la venta de 
don Sancho, descansando de lo mucho que ha- 
bía hablado y había sufrido hablar, que con ser 

15 el medio con que se entienden los hombres unos 
con otro¿,J¿ MÍ e ma c ia 4estruye el buen., fin para 
que fué concedido a los hombres, y no a los 
demás amriiálés, la comunicación del hablar 
y la dulzura de la lengua que tantas excelen- 

20 cias tiene, que ella es el intérprete del alma, sa- 
tis f atora a lo que le preguntan, exhortadora 
al bien, consoladora en el mal, relatora fiel á¿ 
las sentencias, medianera en las amistades, 
agradable para el oído, en la soledad compa- 

35 ñera, declamadora para persuadir y voz para 
comunicarnos. 

Dejo otros muchos provechos, que aunque 
son más materiales, son muy necesarios, co- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 269 

mo es traer la lengua el mantenimiento de una 
parte a otra, para que si está muy caliente se 
temple y si está frío se caliente y baje al es- 
tómago de manera que lo abrace bien. Mas, 
¿qué asquerosa y babosa fuera la boca si no 
hubiera lengua que recogiera la saliva que sin 
licencia se destila del celebro y sube del estó- 
mago? ¿Cómo se pudiera arrancar la flema 
del pecho si no ayudara la lengua? ¿Quién ne- 
ííará la gracia que tiene para- pedir y la des- 
gracia para despedir? Maravillosas propieda- 
des tiene para lo material. 



\ DESCAINSO DECINUEVE 

Pero ¿quién o cómo podrá decir las calida- 
des de la lengua aunque ella propia tuviese su 
libre albedrío, sin tener dependencia de otra 
parte, para hablar de sí ? Dicen algunos que es 
de hechura de hierro de lanza, y engáña[n]se, 
porque ni es tan ancha por lo ancho, ni tan pun- 
tiaguda por el remate. A mí me parece que 
tiene hechura de cabeza de culebra, y quien 
quisiere advertir en ello, véala mirándose a 
un espejo, y hallará lo que digo: verá el fá- 
cil movimiento que tiene, más veloz que to- 
dos los demás miembros del cuerpo; cómo de 
su movimiento propio se alarga y se encoge, 
se ensangosta y ensancha, con qué ligereza su- 
be a lo alto de la boca y baja a lo bajo, y se 

15 ensangostarse: "Lléuame a esse lugar donde el arro- 
yo se ensangosta, que agora es inuierno y sabe mal el 
agua é más licuar los pies mojados." Lazarillo, ed. Qas. 
Cast., pág. 119. 

16 El orig. y eds., "sirve a lo alto". He adoptado la in- 
terpretación B. 1 881. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 27 1 

mueve al un labio y al otro; cómo sale afuera 
y vuelve adentro sin ver con qué se alarga ni 
adonde se encoge; y mirándola con todos estos 
accidentes, parece víbora que está a la boca de 
su cueva para salir o no salir. Y en fin sale, te- » 
niendo en su guarda y defensa los dos adarves 
de dientes y labios que le estorban la libertad 
de hablar; pero no por eso deja de hablar 
cuanto le mandan, y algunas veces mucho más 
de lo que le mandan. Vicio infame, y que or- '* 
dinariamente se halla en gente muy humilde, 
como pescaderas y lavanderas; y si son hom- 
bres, son semejantes en nacimiento y costum- 
bres, que si pensasen cuánto importa para la 
quietud de la vida y la seguridad de la muerte, «* 
antes querrían ser mudos que hablar tanto y 
tan mal. Mil veces he pensado por qué llaman 
a éstos deslenguados, te^iiendo tan larga la 
lengua. Y dejadas otras razones, digo que co- 
mo hablan tanto, y tan mal, parece que han de »• 
tener la lengua gastada y consumida de ha- 
blar, y por eso les llaman deslenguados, sien- 
do lenguados, y aun acedías, pues tantas en- 

23 acedías: "Pescado iruy semejante al ¡enguado o es- 
pecie de él, sólo que es más pequeño y plano." (Dice. Aut ) 
Juega Espinel con las dos significaciones de ambas p«> 
labras, Lenguado en significado de hablador: 

"Leuantos uno de ellos que era bien lenguado 
Fué como Galante de^ie, Euticio lanrado : 



272 ESPINEL 

gendran en quien los sufre. Y dije que pare- 
ce la lengua cabeza de culebra, porque tan dis- 
puesta se halla para ricar o morder, como pa- 
ra alabar o persuadir. M.a^_4jciiáli .dulce cosa 
5 es decir bien! ¡Qué de amigos se granjean 
por ello, y qué de enemigos por lo contrario! 
En cuantas pesadumbres suceden en el mimdo 
habría templanza y moderación, si lo hubiese 
en la lengua, que por ella se traban cuantas 

»• pendencias suceden en las comunidades o ca • 
bildos. ¡Qué fácil cosa es conceder una 'ver- 
dad, y qué dificultoso contradecüla ! "Pues al 
fin no sé ha de dar razón conveniente para de- 
rriballa. El contradecir la verdad, por salir 

•5 — como dicen — cada uno con la suya, bien se 
echa de ver que es estimarla en poco, y su mis- 
ma reputación. Que aunque por algunos res- 
pectos le dejen salir con su intención, al fin 
todos echan de ver la vanidad que sustentaba, 

-« y él queda corrido y arrepentido ; y a todos los 
que se aprovechan mal de la lengua les viene 
luego el pesar al pie de la obra. Tristes de aque- 
llos que ponen su justicia en la confianza de su 
ruin lengua, que si por ese camino la alcanzan 



Era sotil rectórico, fue bien ascuchado 
Compego su razón como omne bien acordado." 

(Poema de Alexandre, Rívad., LVII, pág. 193.) 



VIDA DE MARCOS DE OnREGÓN 273 

toda la vida pasan con escrúpulo, y la muerte 
sin restitución — quizá me engaño — . 

Todas las heridas que un hombre da con 
el brazo paran allí donde se recibe daño. Si 
ofende con la pisada no pasa de allí el daño, s 
Pero la herida que hace la lengua — como di- 
ce el doctísimo Pedro de Valencia — va cun- 
diendo y extendiéndose de la misma manera 
que el movimiento que hace una piedra en un 
charco de agua, que a todas partes se va exten- «• 
diendo, o como la voz que se da al aire, que 
a todas partes corre, y va creciendo ; que la pa- 
labra, una vez echada, no sabe volverse a su 
dueño, ni es señor de lo que pudo retener en 
sí y lo dejó ir. Llaman satírico, de pocos años 15 
a esta parte, al que tiene ruin lengua : mas im- 
propiamente, que no tiene lo uno parentesco 
con lo otro; porque las sátiras no nacen de la 
ponzoña de la lengua, sino del celo de reprehen- 
der un vicio, que por ser insensible él en sí, se •• 
reprehende en quien lo tiene. Mas la hambre 
y sed de la ruin lengua no tiene discurso como 
el que compone la sátira ; y si lo tuviese, o es- 
pacio para pensar los inconvenientes, no se 
arrojaría tan fácilmente contra la honra de el ,$ 
prójimo. Aquel filósofo que preguntándole cuál 
era el animal más ponzoñoso en la mordedu- 
ra, respondió que de los malos el maldiciente 

18 



274 ESPINEL 

y de los mansos el lisonjero, no declaró cuál 
se llama verdaderamente lisonjero; que real- 
mente la lisonja es una mentira dicha con blan- 
dura en alabanza del presente, como si a un 

* hombre ignorante le llamasen sabio, o a la mu- 
jer fea la llamasen hermosa. 

RstB. es realmente adulación y conocida li- 
sonja, y es grande maldad decilla y mayor ig- 
norancia consentilla; pero no se llamará lison- 

"> ja a la mujer que es medianamente hermosa y 
parece bien llamarla muy hermosa, ni al hom- 
bre que tiene razonable talle decirle que es 
gentil hombre, ni lo será al que canta a gusto 
de quien le oye decirle que es un Orfeo, ni 

«5 al que es muy razonable poeta decirle que es un 
Horacio ; que algo se ha de añadir para que los 
ánimos se alienten a pasar adelante con los ac- 
tos de virtud; porque si la honra es el premio 
de la virtud —como lo es — , ¿cómo sabrá el 

»o virtuoso la opinión que tiene en el pueblo si 
no se lo dicen en su cara, y le animan para que 
prosiga en merecer más y más cada día? Así 
que decille bien de sí propio al que tiene en 
qué fundallo no es lisonja, sino de jallo sabro- 

»s so para que no cese en su buen propósito; y el 
que lo dice, sabiéndolo decir, se acredita de 
afable y de juez que conoce lo que se debe a 
las buenas partes. ¿Quién será tan inhumano 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 275 

que tenga por lisonja decirle a Lope de Vega 
que no ha habido en la antigüedad más exce- 
lente ingenio por el camino que ha seguido? 
¿Ni tan bruto que porque el otro sabe echar 
cuatro pullas con donaire diga que es gran s 
poeta ? 

Todos estos son oficios de la lengua, que 
si es como la de aquel hablador, todo lo 
destruye y todo lo daña, así solapando el ma! 
como desacreditando el bien ; porque en la de- «• 
masía es imposible caber los actos de justicia, 
y más si el hablar mucho cabe en una mujer 
ignorante y hermosa, que para un hombre de 
recogimiento y estudio hace más ruido y ocu- 
pa más en una casa que un corral de docientas ü 
gallinas. El hablar mucho está lleno de mil in- 
convenie ntes, y pocos habrádor gSL -Q ningunos 
tie visto emendados; porque cuanto más viven 
y duran, crece más la Ucencia del hablar y el 
parecerles que lo pueden hacer. El habla r con ><> 
moderación.. .regala. el-oiáOf cúa vokmtad y 
ampr en quien lo oye, > hace una^armonía en 
el oyente, que no hay cuatro voces concerta- 
das que así lo suspendan. 

Mas ¿qué fuera de la música de voces si no *i 
hubiera lengua que pronunciara las sílabas y 
formara los puntos ? Parecieran los músicos va- 



276 ESPINEL 

cas en acequias o azudas en procesión. Y aun- 
que yo use mal del precepto que doy en ha- 
blar poco, no puedo dejar de condenar un gé- 
nero de gentes que en comenzando a hablar 

5 son como rueda de cohetes, que hasta (|ue ha 
despedido toda la pólvora no para. Son descor- 
teses si no oyen lo que les responden, y $e ha- 
cen odiosos a todo el mundo. 

Hase de hablar lo necesario, respondiendo y 

'" dando lugar a que se responda con silencio 
justo, o ajustado con la conversación; si pu- 
diere ser, con agudeza y donaire; si no, a lo 
menos con cordura, moderación y aplauso, no 
pensando que se lo han de hablar todo. Como 

15 divinamente hace doña Ana de Zuazo, que usa 
de la lengua para cantar y hablar con gracia, 
concedida del cielo para milagro de la tierra. 
O como doña María Carrión, que si no fuera 
con tantas ventajas hermosa, con sola la cor- 

ío dura y gracia de su lengua pudiera ser estima- 
da en el mundo. No quiero traer en consecuen- 
cia desto a los grandes oradores como es el 
maestro Santiago Picodoro, el padre fray 



1 Tal vez se refiere al mugido de las vacas y al rui- 
do de una serie de azudas, pero no puedo precisar el sen- 
tido de la frase, 

13 aplauso, véase pág. 58, nota. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 277 

Gregorio de Pedrosa, el padre fray Pláci- 
do Tossantos, y el maestro Hortensio, divino 
ingenio, el padre Salablanca, tan semejante en 
la vida a la excelencia de sus palabras; y otros 
excelentísimos supuestos, que parece que ha- $ 
blan con lenguas de nngeles más que de hom- 
bres. Pero para reprehender el mucho hablar 
he yo hablado demasiado por persuadir a quien 
tiene esta falta que se reforme en ella. 

Aquella noche descansé en un pueblo que es- '• 
tá cerca del camino, que llaman Casarabonela, 
abundantísimo de naranjas y limones, con mu- 
chas aguas y frescuras, aunque al pie de muy 
altas peñas. 

1 "Predicó el Padre Maestro fray Gregorio de Pedrosd 
(de la Orden de san Geronymo, y predicador del Rey nues- 
tro Señor) intérprete de la Escritura Sagrada, tan con- 
sumado, que parece bien hijo de tal Doctor, y padre en 
darla a entender : está el mundo tan rico de su cxen-plar 
dotrina, que en ninguna parte se esconde." P. de He- 
rrera, Descripción de la capilla de TV.* 5".» del Sagrario, eíc 
(Madrid, 1617. fol. 58 r.') 

2 Hortensio Félix Paravicino. 

5 supuesto: persona respetable, de gran suposición. 
Comp. : "En esto se levantó mi tío, y dijo: Es mi sobrino, 
maeso en Alcalá, gran supuesto." Quevedo, Buscón (ed. Cláí. 
Cast., pág. 134). — "me dieron el segundo en licencias, cfin 
agravio notorio en voz de toda la universidad, que dije- 
ron haberme quitado el priirero, por anteponer ua hijo de 
un grave supuesto della." Cuzmán de Alfarache. (Rivad., 
III, pág. 340 a.) 

II Casarabonela^ prov. de Málaga. 



DESCANSO VEINTE 

Por la mañana torné el camino por entre 
aquellas asperezas de riscos y árboles muy es- 
pesos, donde vi una extrañeza, entre muchas 
que hay en todo aquel distrito: que nacía de 
una peña un gran caño de agua que salía con 
mucha furia hacia fuera como si fuera hecho 
a mano, mirando al oriente muy templada, más 
caliente que fría, y en volviendo la punta del 
peñasco salía otro caño correspondiente a éste, 
muy helado, que miraba al poniente: eii lo 
primero el romero florido, y a dos pasos aun 
sin hojas; y todo cuanto hay por ahí es desta 
manera: unas zarzas sin hojas, y otras con 
moras verdes, y poco adelante con moras ne- 
gras. Todo cuanto mira a Málaga muy de pri- 
mavera, y cuanto mira a Ronda muy de invier- 
no; y así es todo el camino. 

Tór entre aquellos árboles, muy lleno el ca- 
mino de manantiales y aguas que se despeñan 
de aquellas altísimas breñas y sierras por 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 2/9 

entre muy espesas encinas, lentiscos y ro- 
bles, y como solo, imaginando en las extra- 
ñas cosas que la naturaleza cría, cuando sin 
pensar di con una transmigración de gitanos, 
en un arroyo que llaman de las Doncellas, que » 
me hiciera volver atrás si no me hubieran vis- 
to, porque se me representó luego las muertes 
que sucedían entonces por los caminos, hechas 
por gitanos y moriscos; y como el camino era 
poco usado, y yo. me vi solo y sin esperanza que »• 
pudiera pasar gente que me acompañara, con el 
mejor ánimo que pude, al mismo tiempo que 
ellos me comenzaron a pedir limosna, les dije: 
"Esté en hora buena la buena gente." Ellos 
estaban bebiendo agua, y yo los convidé con »» 
vino, y alargúeles una bota de Pedro Jiménez 
de Málaga, y el pan que traía, con que se hol- 
garon; pero no cesaron de hablar y pedir más 
y más. Yo tengo costumbre, y cualquiera que 
caminare solo la debe tener, de trocar en el »• 
pueblo la plata o oro que ha menester para el 
espacio que hay de un pueblo a otro, porque 
es peligrosísimo sacar oro o plata en las ven« 
tas o por el camino, y trayendo en la faltri- 
quera menudos, saqué un puñado, con que les »» 
di y repartí limosna — que nunca la di de me- 

25 menudos: "Las monedas de cobre que se trahen r»* 
gularmente tn la faltriquera." (Dice. Aut.) 



28o ESPINEL 

jor gana en toda mi vida — a cada uno como 
me pareció. Las gitanas iban de dos en dos, 
en unas yeguas y cuartagos muy flacos; los 
muchachos, de tres en tres y de cuatro en cua- 

i tro, en unos jumentillos cojos y mancos. Los 
bellacones de los gitanos a pie, sueltos como 
un viento, y entonces me parecieron muy altos 
y membrudos, que el temor hace las cosas ma- 
yores de lo que son ; el camino es estrecho y pe- 

10 dregoso, lleno de raíces de los árboles, muchos 
y muy espesos, y el macho tropezaba cuanto po- 
día; dábanle los gitanos palmadas en las ancas, 
y a mí me pareció que me las querían dar en el 
alma; porque yo iba por lo más bajo y angosto, 

15 y los gitanos por los lados superiores a mí, 
por unas veredillas enredadas con mil matas 
de chaparros y lentiscos, que cada momento 
me parecía que me iban ya a pegar ; y en medio 
desta turbación y miedo, yendo mirando con 

ao cuidado a los lados, moviendo los ojos, sin 
mover el rostro, llegó un gitano de improvi- 
so y asió del freno a la barbada del macho, y 
queriéndome yo arrojar en el suelo dijo el be- 
llaco del gitano: "Ya ha cerrado, mi ceñor," 

J5 "Cerrada — dije yo entre mí — tengas la puer- 

24 "Cerrar la bestia y ser ya cerrarla, se dize de la que 
ha mudado todos los dientes y no se le puede por ellos 
conocer la edad." (Covarrubias.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 28i 

ta del cielo, ladrón, que tal susto me has dado. " 
Preguntaron si lo quería trocar, y habiéndo- 
me atribulado del trago pasado, y de lo que 
podía suceder, mas considerando que su deseo 
era de hurtar, y que no podía echallos de mí » 
sino con esperanza de mayor ganancia, con el 
mejor semblante que pude saqué más menu- 
dos, y repartiéndolos entre ellos, dije: "Por 
cierto, hermanos, sí hiciera de muy buena ga- 
na; pero dejo atrás un amigo mío mercader, 
que se le ha cansado un macho en que trae ima 
carga de moneda, y voy al pueblo a buscar rna 
bestia para traella." En oyendo decir mercader 
solo, macho cansado, carga de moneda, dije- 
ron: "Vaya su merced en hora buena, que en • 
Ronda le serviremos la limosna que nos ha he- 
cho." Piqué al macho, y le hice caminar por 
aquellas breñas más de lo que él quisiera. 

Ellos quedaron hablando en su lenguaje de 
jerigonza, y debieron de esperar o acechar al »« 
mercader para pedille limosna, como suelen, 
que si no usara desta estratagema, yo lo pa- 
sara mal. Sabe Dios cuántas veces me pesó de 
haber dejado la compañía del hablador, cuan- 
do hablara mucho y me enfadara, mas al fin »t 
no me pusiera en el peligro en que estuve. Que 
realmente para caminar, por enfadosa que sea 
la compañía, tiene más de bueno que de malo, 



282 ■ ESPINEL 

y aunque sea muy ntin, la puede hacer buena 
el buen compañero, no comunicándole cosas 
que no sean muy justas. Y para tratar de lo 
que se ofrece a la vista por el camino, es bue- 
na cualquiera compañía. Que bien nos dio a 
entender Dios esta verdad cuando acompañó 
un brazo con otro, una pierna con otra, ojos 
y oídos, y los demás miembros del cuerpo hu- 
mano, que todos son doblados sino la lengua, 
para que sepa el hOiTibre que ha de oír mucho 
y hablar poco. 

Iba volviendo el rostro atrás para ver si me 
seguían los gitanos, que como eran muchos, 
podían seguirme unos y queaarse otros; pero 
la misma codicia que cebó a los unos detuvo 
a los otros, y así me dejaron de seguir. Llegué 
al pueblo más cansado que llegara si no fuera 
por miedo de los gitanos. Después vi en .Sevi- 
lla castigar por ladrón a uno de los gitanos, y 
a una de las gitanas por hechicera en Madrid; 
pero después que estuve sosegado y sin alte- 
ración, se me representó en aquellos gitanos 
la huida de los hijos de Israel de Egipto. Iban 
unos gitanillos desnudos; otros, con un coleto 
acuchillado, o con un sayo roto sobre la carne; 
otro, ensayándose en el juego de la corregüela. 

26 corregüela: "Juego con que se divierten los mucha- 
chos, el qual hacen con una corregüela de un dedo de 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 283 

Las gitanas, una muy bien vestida, con muchas 
patenas y ajorcas de plata, y las otras a medio 
vestidas y desnudas, y cortadas las faldas por 
vergonzoso lugar; llevaban una docena de ju- 
mentillos cojos y ciegos, pero ligeros y agudos » 
como el viento, que los hacian caminar más 
que podían. 

Dios me ofreció y deparó aquella estrata- 
gema, porque los gitanos eran tantos que bas- 
taban a saquear un pueblo de cien casas. Re- •• 
posé y comí en aquel pueblo, y a la noche lle- 
gué a Ronda, donde hallé a mis mercaderes 
muy deseosos de verme y muy adelante en su 
trato. Lo que allí me pasó no es de considera- 
ción, porque en una feria tan caudalosa son •& 
tantos los enredos, trazas, hurtos y embelecos 
que pasan, que para cada uno es menester una 

ancho y poco más de vara de largo, con la qual forman 
diferentes dobleces y vueltas, y luego con un palillo o 
puntero le meten en uno de los dobleces a discreción ; y 
si el palillo o puntero queda encerrado, u dentro de la co- 
rregüela, gana el que puso el puntero; y si queda fuera 
de la corregüela, gana el que la tiene." (Dice. Aut.) 

4 Con-p. : "Parecía según era de corta, que se la ha- 
bían cortado por vergonzoso lugar." Qui}. (R. Marín,, VI, 
pág. 11). Alusiones al romance en que doña Jimcna *f 
queja del Cid al rey : 

"Envíeselo a decir 
Envióme amenazare. 
Que me cortara mis haldas 
Por vergonzoso lugare," 

(L. e., nota.) 



284 ESPINEL 

historia. Yo no iba a tratar ni a contratar, sino 
a negocios de mis estudios y visitar mis pa- 
rientes; pero serviles a los mercaderes de go- 
mecillo para mostralles algunas cosas muy no- 
tables y dignas de ver que tiene aquella ciudad, 
así por naturaleza como por artificio, como 
es el edificio famoso de la mina por donde se 
proveía de agua siempre que estaba cercada de 
contrarios. 

Esta ciudad fué edificada de las ruinas de 
Munda, que agora llaman Ronda la vieja, ciu- 
dad donde tan apretado se vio César de los hi- 
jos de Pompeo, que confiesa él mismo que 
siempre peleó por vencer, y alli, por no ser ven- 
cido. Está edificada sobre un risco tan alto que 
yo doy fee que haciendo sol en la ciudad, en 
la profundidad, que está dentro de ella misma, 
entre dos peñas tajadas, estaba lloviendo en 
unos molinos y batanes que sirven a la ciudad, 
de donde subían los hombres mojados, y pre- 
guntándoles de qué, respondían que llovía muy 
bien entre los dos riscos que dividen la ciudad 
del arrabal. Dígolo a fin que cuando esta ciu- 
dad se edificó, por la falta que había de fuen- 
tes arriba, les fué forzoso hacer una mina 
rompiendo por el mismo risco hasta el río, que 

4 gomecillo: "Lo mismo que lazarillo de ciego." (Dice. 
Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 285 

no hay en toda ella cosa que no sea de la mis- 
ma dureza de la piedra, en que hay cuatro- 
cientos escalones, poco más o menos, por don- 
de bajaban por agua los míseros esclavos cau- 
tivos, en el cual trabajo morían algimos; y se s 
tiene por tradición antigua que una cruz que 
yo he visto al medio de la escalera, la hizo un 
cristiano — que del mismo trabajo reventó — 
con la uña del dedo pulgar, tan honda, que 
fuera menester" más que punta de daga para >• 
hacella. Es de la misma grandeza de rayas que 
un Cristo que está en la iglesia antigua de Cór- 
doba, hecho por manos de otro santo cautivo y 
con el mismo trabajo. Algimos han dicho que 
tan insigne obra no pudo ser hecha sino de ro- '> 
manos ; pero hay en contrario una piedra gran- 
de que está en el fundamento de la torre que 
llaman del homenaje, que está escrita de letras 
latinas, y están vueltas hacia abajo, que si su- 
pieran leellas no las pusieran al revés. Fuera lo 
que las calles son todas angostas, y las casas 
que se heredaron de la antigüedad bajas, muy 
fuera de la costumbre de los romanos y espa- 
ñoles. Sea como fuere, el edificio de la mina 
es hecho con mucho trabajo y cuidado, y de .$ 
las más memorables obras que hay de la anti- 
güedad en España; y que esta ciudad fuese edi- 
ficada de las ruinas de Munda, en mil piedras 



286 ESPINEL 

que allí hay se echa de ver, y en algunos ídolos 
que hay, entre los cuales son excelentes dos 
que hay muy maltratados, de alabastro, en las 
casas de don Rodrigo de Ovalle, en que agora 

5 vive, heredadas de sus padres y abuelos a 
quien yo conocí. Y aunque yo no hago oficie 
de historiador, no puedo dejar de decir de pa- 
so que, engañado Ambrosio de Morales por 
la semejanza del nombre, dijo que Munda ha- 

'" bía sido en un lugarcillo edificado a las faldas 
de Sierrabermeja, que se llama Monda, que 
si hubiera visto esta tierra no lo dijera Por- 
que a lo que dice Paulo Hircio que hay desde 
Osuna a Munda, concierta esta verdad, y con 

'i estar vivo hoy el coliseo grande y que muestra 
haber sido colonia de romanos que yo vi, año 
de ochenta y seis. Junto con esto me acuerdo 
que oí decir a Juan dt Luzón, caballero de muy 
gentil entendimiento y buenas letras, y a un hi- 

'° dalgo, nieto y hijo de conquistadores, que se 
llamaba Cárdenas, que en un cortijo suyo que 
está en el mismo sitio de Munda, arando unos 
gañanes hallaron una piedra en que estaban 
estas letras: Munda Imperatore Sabino. Junto 

3» con esto lo oí decir a mis abuelos, que eran hi- 



13 Aulo Hircio: Todas las ed., "Paulo". Lugarteniente 
de César a quien se atribuye participación en la redacción 
de los Comentarios. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 28/ 

jos de conquistadores, y tuvieron repartimien- 
to de los Reyes Católicos. Y esto digo porque, 
como se van acabando los que lo saben, quede 
esta verdad asentada para la posteridad. Tie- 
ne aquella ciudad naturalmente cosas que se ^ 
pueden ir a ver por monstruosas, de muchas le- 
guas, por la extrañeza de aquellas altas peñas 
y riscos. Es abundantísima de todo lo nece- 
sario para la vida, y así salen pocos hombres 
della para ver el mundo ; pero los que salen, '• 
así para soldados como para otras profesiones, 
prueban muy bien en cualquiera ministerio. 
Y porque no haga oficio de historiador, paso 
fácilmente por estas verdades. Yo mostré a los 
mercaderes lo que pude, y los dejé con intento '* 
de ir a las Indias ocidentales. 



DESCANSO VEINTIUNO 

!y Yo negocié a lo que iba, y vine a Salamanca, 
donde estuve hasta que se hizo una armada en 
Santander, de donde fué general Pedro Me- 

s lendez de Aviles, adelantado de La Florida, 
muy gran marinero, que por ser para navegar 
se la encomendaron. Yo, con el deseo que tenía 
de ver mundo, desamparé los estudios y me 
acogí en compañía de un amigo capitán, que 

«o iba haciendo gente para la dicha armada; que 
quien viera la gente que se juntó en ella de An- 
dalucía y Castilla, juzgara que para todo el 
mundo bastaba. Pei:o^ como la mano de Dios 
lo gobierna todo, y sin su incomprehensibíe^ 

is voluntad, ni el poder de los reyes, ni el valor 
de los generales, ni la furia de los grandes sol- 
dados, es bastante para derribar la flaqueza 
de un miserable hombre, tuvo infelicísimo fin 
aquel poderoso ejército, no en batalla, porque 

ao no llegó a ese punto, sino que se cundió una 
enfermedad en los soldados, de que casi todos 

5 Véase el Prólogo. 



VIDA DE MARCOS DE OBRECÓN 289 

murieron sin salir del puerto. Embarcóse lu- 
cidisima gente, moza y robusta, con muy gran- 
des esperanzas que el gallardo brío les prome- 
tía. Yo me embarqué en una zabra con la com- 
pañía en que fui, aunque con diferente capitán, 
porque hubo reformación, y deste segimdo fui 
yo alférez en armada, de quien se dijo: Des- 
dichada la madre que no tuvo hijo alférez. 

Era almirante don Diego Maldonado, caba- 
llero de bonísimo gusto, en cuya gracia yo caí, 
y en su desgracia nunca, por cuyo respecto me 
dio su bandera el segundo capitán. Dicronme 
unas tercianas dobles que andaban fuera y den- 
tro de la mar ; y como nunca las cosas, por po- 
co prósperas que sean, se poseen sin envidia, 
dio en tenerla de mí xm hidalguete de la misma 
compañía, que traía ocho o diez camaradas que 
procuraban con grandes veras derribarme del 
oficio de alférez; pero cuanto más ellos oca- 
siones me daban para su intento, tanto más me 
apartaba yo de tomarlas; porque puesto un 
hombre en ellas, mal sabe resistirse, y no hay 
remedio tan excelente para huir los males co- 
mo no aceptar el envite de las ocasiones, par- 
ticularmente en la edad robusta que yo enton- 
ces tenía, que aunque no era muy mozo, era 

4 cabra: "Especie de fragata pequeña que se usa en 
los mares de Vizcaya." (Dice. Aut.) 

19 



290 ESPINEL 

muy colérico, y la enfermedad me hacía an- 
dar desgraciado. Por apartarme deste hidal- 
guete me estuve en tierra algunos días sin en- 
trar en el navio, que todo esto se ha de hacer 

5 por evitar pesadumbres; y una huéspeda mía 
me curaba las calenturas con darme a beber 
vino de Rivadavia con suciedad de ratones, 
que los enfermos todo lo creen, como vaya en 
orden de darles salud. Como yo era fogoso, 

JO más se encendían las calenturas, y más se en- 
cendía el odio del envidioso; de suerte que 
por su causa me mandaron que fuese al na- 
vio: hícelo, y aun estando con mi calentura; y 
como él estaba puesto en su malicia, determinó 

15 con sus camaradas, con quien el pobre gasta- 
ba lo poco que tenía muy bien, de darme la 
ocasión a manos llenas. Yo sabía nadar, y él 
no; fué tanta la ocasión, que me obligó a res- 
ponder: estando él y sus camaradas al bordo 

,0 del navio, me desmintió. Ofrecióseme de im- 
proviso si le daba un bofetón, que me ponía en 
peligro que las camaradas me diesen de puña- 
ladas; y así, sin hablar palabra, me abracé con 
él, y me arrojé en la mar, y dándole cuatro co- 

25 ees donde las camaradas no podían ayudarle, 
échelo a fondo, y dando dos braceados, asíme 
al bordo de la chalupa. El pobre, habiendo tra- 
gado algunos cuartillos de agua, salió hacia 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 2gi 

arriba : y lo primero que encontró con qué asir- 
se fué una pierna mía, que agarró tan fuerte- 
mente, que con muchas coces que le di con la 
otra, no fué posible hacer que la soltase. Los 
bellacones, en cuyo favor y ánimo él se había s 
fundado para atreverse, en lugar de favorecer- 
le a él y a mí, estaban al bordo del navio pe- 
reciendo de risa de verlo asido de mi pierna, y 
a mí asido de la chalupa. Yo di voces a los ma- 
rineros — porque él no podía hablar — que echa- •• 
sen un cabo: echáronle y bajaron dos dellos, y 
como si fuéramos dos atunes, dieron con nos- 
otros en la chalupa, aunque a mí sólo me estor- 
baba para salir no dejar el otro mi pierna; pe- 
ro él, como se vio en elemento que no conocía, '.=. 
salió medio ahogado. 

Subidos arriba, le dieron al otro ciertas co- 
ces en la barriga, con que vomitó el agua mala, 
y yo me enjugué de la que había cogido en el 
vestido; de-suertfiLíliie. paira la vida le aprove- »• 
chó más al pobre una pierna del enemigo que 
doce brazos de sus amigos; que ordena el cie- 
lo de manera las cosas, que las amistades y fa- 
vores fundados en malos intentos no aprove- 
chen para el mal fin. Nadie se fíe en lo que no >$ 
fuere suyo, que es fácil el prometer ayuda y 
dudoso el dalla; que cada uno en la ocasión mi- 
ra su daño y no la obligación en que le pusie- 



292 ESPINEL ' 

ron. Dábale osadía el desprecio mío con el fa- 
vor de los otros, y en ese mismo desprecio ha- 
lló la vida que por el favor tuvo en duda. Yo 
con mi determinación deshice mi agravio, 
5 ahuyenté la calentura y di que reír a toda la 
armada. En confianza de ajeno favor nadie se 
atreva a hacer cosas mal hechas. 

Súpolo el adelantado, que rió mucho dello. 
Vino a vernos el alm^irante por saber que ha- 

•° bía sido conmigo la pesadumbre, y diciendo 
con grandísima gracia: "Estas amistades pa- 
sadas por agua y hechas por Neptuno yo co- 
mo almirante las confirmo; y pues saben, se- 
ñores soldados, que debajo de bandera no hay 

•i agravio, al que lo hiciere se le darán tres tra- 
tos de cuerda, y al que lo sufriere le tendrán 
por muy honrado soldado, considerado y 
cuerdo. " 

Regaló al medio muerto de temor, y a mí 

■^° me llevó a comer consigo, diciendo mis dispa- 
rates a cuantos encontraba del armada, que 
fué tan desdichada, que de casi veinte mil sol- 
dados que se embarcaron muy gallardos, so- 
los trecientos quedaron de provecho, que llevó 

16 trato de cuerda: "Tormento que se daba atando las 
manos por detrás al reo o al acusado, y coleándole oor 
ellas de una cuerda que pasaba por una garrucha, con la 
cual le levantaban en alto, y después le dejaban caer de 
golpe, sin que llegase al suelo." (Dice. Acad.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 293 

el capitán Vanegas adonde le mandaron, que 
no bastó la diligencia del conde de Olivares, 
excelentísimo ministro, capaz para gobernar 
un mundo, discreto, sagaz y sabio en todas ma- 
terias. Murió alli el adelantado, y otros gran- s 
des ministros de S. M., con que aquella gran 
máquina se acabó de deshacer. Yo disparé, co- 
mo ios demás que quedaron, a reparar la salud 
con la convalecenria ; que realmente todos los 
que no murieron cayeron enfermos, y enten- .o 
dióse que se hizo algún daño en los manteni- 
mientos. Salí de Santander y tomé mi derrota 
por Laredo y Portugalete ; llegué a Bilbao, don- 
de me siguió mi fortuna como suele. Aunque 
no iba muy recio ni convalecido, llevaba algu- n 
ñas galillas de soldado, y como, aquella arma- 
da había dado tan grande tronido, todos gus- 
taban de ver soldados della. Las mujeres par- 
ticularmente, como más noveleras, safían á ver 
cualquiera soldado que venía. »o 

Estando en una iglesia en Bilbao, puso los 
ojos en mí una vizcaína muy herniosa —que 
las hay en extremo de lindísimos rostros — ; 
yo correspondí de manera que antes que salie- 
se dijo —después de haber hablado un gran ■« 
rato, y dado y tomado sobre cierta inclinación 
que tenía de venir a Castilla — que pasase aque- 
lla noche por su casa y que hiciese una seña. 



294 ESPINEL 

Yo le dije que señas ordinarias son muy sos- 
pechosas, y asi que en oyendo el ruido de un 
gato se pusiese a la ventana, que yo sería. Tú- 
volo en cuidado, y a las doce de la noche, cuan- 

* do me pareció que no había gente, fui arrima- 
do a una pared que hacía sombra, y con mu- 
cho silencio me puse en un rinconcillo que es- 
taba debajo de su ventana, donde por la som- 
bra no podía ser visto, y entonces hize la seña 

I o gatuna, a cuyo ruido se alborotaron los perros 
y un jumento soltó su contralto. Andaba de 
la otra parte un hombre también haciendo ho- 
ra, y como oyó al gato y los perros, estando 
yo muy atento a la ventana a ver si se asomaba, 

'* cogió una piedra y dijo en vascuence: "Valga 
el diablo los gatos, que han venido a alborotar 
los perros"'; y jugando del brazo y piedra, ti- 
ró a bulto donde había oído el gato, y dióme 
en estas costillas una pedrada, pensando de es- 

*° pantar el gato. Callé, y llevé lo mejor que pude 
mi dolor, con que me quitó la atención de la 
ventana y aun el amor de la moza, porque me 
acordé que Dios lo había permitido por el po- 
co respeto que había tenido en la iglesia concer- 

'' tando en ella lo que había de ser ofensa suya; 
que en los lugares sagrados el temor y la ver- 
güenza han de ser freno para no hacer seme- 
jantes atrevimientos ; que si los templos son pa- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 295 

ra ofrecer a Dios sacrificios y pedirle merce- 
des, ¿cómo las concederá teniéndole poco res- 
pecto en su casa? Y quien no tiene temor y 
respecto en semejantes lugares, arguye ánimo 
desvergonzado; porque el temor del hombre s 
viene a redundar en honra de Dios, y quien no 
lo tuviere, tampoco vendrá a tener fortaleza. 
Nadie siga mujeres en la iglesia, pues hay har- 
to espacio para verlas fuera; que se han visto 
muy grandes castigos en hombres que no han «o 
tenido respecto a los templos, y muy grandes 
mercedes en quien ha temblado de hacer des- 
cortesías en ellos; y no solamente en la ver- 
dadera religión, pero aun en el culto de los 
falsos dioses ha permitido el verdadero muy >» 
grandes males en los tales, porque ya que, en- 
gañados del demonio, piensan que van acer- 
tados, son sacrilegos en lo que tienen por bueno. 
Retiréme por el mal suceso y porque las 
cosas que se han comunicado poco no dan mu- »<> 
cha pesadumbre en dejarlas ; pero como ella te- 
nía gana de venir a Castilla, tuvo modo para 
enviarme a decir con una amiga suya — tan 
cerrada en la lengua castellana como yo en la 
vizcaína — que ya que no quería pasar por su »s 
casa para hablalla, me fuese a la salida de Bil- 
bao para Vitoria, que allí me hablarían. Y los 
hombres que en pueblos no conocidos y de cu- 



296 ESPINEL 

yas costumbres no tiene noticia se atreven a 
hacer su voluntad, merecen verse en el peligro 
en que yo me vi. No hay confianza que no 
esté sujeta a algún peligro, y es grande igno- 
5 rancia tenerla en lo que no se tiene experiencia. 
Quien dice en Castilla vizcaíno, dice hombre 
sencillo, bien intencionado; pero yo creo que 
Bilbao, como cabeza de reino y frontera o cos- 
ta, tiene y cría algunos sujetos vagamundos, 

10 que tienen algo de bellaquería de Valladolid 
y aun de Sevilla. 

Yo fui al puesto un poco tarde, y hallé a la 
señora vizcaína con una amiga o compañera 
suya ; f uímonos hablando y a ratos ella cantan- 

15 do en vascuence, porque la otra no sabía pala- 
bra en castellano, y con la materia que ella iba 
tratando de su ida a Castilla divertímonos de 
manera que anocheció algo lejos de la ciudad. 
Volvímonos, y llegando a un molino encontra- 

20 mos cuatro hombres perdidos que salían de 
una taberna, no de sidra, sino de muy gentil 
vino, que las hay por aquellos molinos arriba. 
Y viendo con un castellano dos vizcaínas, go- 
bernáronse por sus cabezas, como estaban en- 

»s tonces, pusiéronse dos dellos de un lado y dos 
de otro, y puesta mano a sus espadas, me co- 
menzaron a acuchillar. Yo no fui señor de mi 
porque de la una parte estaba un cerro muy al- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 297 

to, y de la otra una pared bien alta, que bajaba a 
un caz de un molino. 

Las vizcaínas huyeron, y yo hice todo cuan- 
to fué posible por cogellos delante, por verme 
con ellos mejor; pero los bellacos eran matan- » 
tes, y sabían cómo se había de hacer una be- 
llaquería. Yo, visto que por fuerza había de peli- 
grar, no pudiendo tomar la delantera, ni su- 
bir por el cerro, ni por los lados, arremetí ccn 
los dos para cogelles la delantera, y al mismo •• 
tiempo todos juntos cerraron conmigo, y me 
arrojaron en el caz de aquel molino ; y fué tan 
cerca del rodezno, que la corriente furiosa del 
agua me llevaba a hacer pedazos, si no me asie- 
ra a una estaca o maderilla que estaba hincada •* 
— aunque poco fuerte — cerca de la puerta que 
atajaba el agua para que fuese al rodezno ; pe- 
ro era tan cerca del y la estaca poco fuerte, que 
se doblaba con el peso, y yo me iba acercando 
más a mi perdición; los bellacones se fueron »<• 
siguiendo las mujeres en viéndome caído aba- 
jo, y como los peligros tan improvisos carecen 
de consejo, yo no le tenía para valerme; la es- 
taca se iba rindiendo, y yo allegándome hacia 
el rodezno. Volví el rostro hacia el lado izquier- t$ 
do, y vi un arbolillo pequeño, que se criaba de 

6 matante: "p. a. ant de uatar. Que mata. Usáb. t, 
c. t. (Dice. Acad.) 



298 ESPINEL 

la humedad del agua, que pensé que tuviera 
más fuerza que la estaca, mas no tenia forta- 
leza. Porque la corriente no hiciese su oficio, 
fui cobrando espíritu, dejé la mano derecha 
5 en la estaca y alargué la izquierda al arbolillo, 
y pude asirlo de una rama. Repartido el peso 
entre las dos, aunque no podía resistir a la in- 
mensa furia del agua, por estar casi llegando 
con los pies al rodezno, pude mejor susten- 
'o tarme, pero no volver arriba, hasta que sacan- 
do la pierna izquierda, que estaba más arri- 
mado a aquel lado que al derecho, topé en la 
paredilla con una piedra, en que pude estribar 
muy bien, y haciendo fuerza con ella, ayudán- 
«s dome de la de los brazos, mejóreme, hasta po- 
der asir el madero, en que estaba asida la puer- 
ta del desaguadero; y encomendándolo a la 
mano izquierda, saqué con la derecha la daga, 
y metiendo el brazo debajo del agua, apalan- 
co qué con la daga y alcé la puerta tanto, que se 
coló la mitad del agua, y segundando, como 
pude, con toda la mano derecha, la levanté de 
manera, que con la misma furia que iba al ro- 
dezno, toda el agua se despeñó por su natural 
J3 corriente, con que yo pude valermc de mis pies 
y subir por toda la acequia, asiéndome a las 
estacas que ayudaban a la presa del molino; y 
como el que ha resucitado de muerte a vida. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 299 

sin capa y espada ni sombrero, iba mirando si 
era >o el que se había visto en tan evidente pe- 
ligro; iba corriendo por aquellos molinos aba- 
jo, como el que se había soltado de la cárcel, 
por llegar presto donde me alentase y muda- » 
se el vestido, porque no se me entrase aquella 
humidad del vestido en las entrañas. Los que 
me encontraban me hablaban en vascuence ; de- 
bían de preguntar si estaba loco, yo no respondía 
palabra, por no me poner a resfriar. i» 

Cuando llegué a la posada llevaba la mu- 
ñeca de la mano derecha más gorda que el 
muslo, del golpe que había dado. Estúveme en 
la cama ocho o diez días, restaurando la bate- 
ría que había hecho en mí el espanto de la ya 15 
tragada muerte, que fué el mayor peligro de 
los que ya lae.J55;Sado, por ser con quien no sabe 
hablar, sino hacer y callar. Admíreme de ver 
que entre gente que tanta bondad y sencillez 
profesan, se criasen tan grandes traidores, sin ao 
piedad y justicia y razón. En el tiempo que 
estuve en la cama me tomaba cuenta a mí pro- 
pio, diciendo: Señor Marcos de Obregón: ¿de 
cuándo acá tan descompuesto y valiente? ¿Qué 
tiene q^ue ver estudio con bravezas? Muy bien »j 
guardáis las reglas de vivir que os enseñó vues- 
tro padre; ¿no os acordáis que el primero pre- 
cepto que os dio fué que en todas las acciones 



300 ESPINEL 

humanas tomásedes el pulso a las cosas antes 
querías acometiésedes ; y en el segundo, que 
si las acometíades mirásedes si podría redun- 
dar en ofensa ajena; y el tercero, que con vos 
5 mismo consultásedes el fin que pueden tener 
los buenos o malos principios? Muy bien os 
aprovecháis dellos: mas ¡qué bien parece pa- 
sar de estudiante a soldado, profesiones tan 
honradas, y después de soldado a molinero, y 
lo no a molinero sino a molido! ¡Qué poca pena 
le diera al bellaco del rodezno hacerse verdugo 
y descuartizarme ! Tentábame mis piernas y 
mis brazos, y como los hallaba — aunque can- 
sados — buenos, daba mil gracias al bendito 
15 ángel de la guarda, que él por su bondad es la 
prudencia de los hombres, que la nuestra no 
basta para librarnos de los trabajos y adversi- 
dades ; pero bastara para no ponernos en ellos ; 
sino que se adquiere esta divina virtud tan 
JO tarde y con tanta experiencia de trabajos y ve- 
jez, que cuando les viene a los hombres pare- 
ce que ya no la han menester. Y la juventud 
está tan llena de variedades y mudanzas na- 
turalmente, que apetece más arrojarse a la f or- 
as tuna y suerte que obedecer a la providencia. 



25 providencia: B. 1S81, lo escribe con mayúscula por 
creer que se refiere a Dios. Se ve claramente que se re- 
fiere a la virtud de la providencia o previsión. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 3OI 

Y confieso que el poco que yo tuve me trajo 
a punto de perecer miserablemente donde ha- 
bía de ser manjar, aun no de peces, sino de gu- 
sarapos, si no era que los perros del molino qtie- 
rían hacer algún banquete antes que viniera 
a noticia del amo. Yo pasé mi trabajo lo mejor 
que pude, y pude muy mal, porque en la solda- 
desca no había mucho dinero, aunque se hacen 
en ella los hombres experimentados para esti- 
mar la paz y animosos para ejercitar la guerra. 



DESCANSO VENTIDÓS ' 

Salí de Vizcaya echándole mil bendiciones, 
lo más presto que pude, por llegar a Vitoria, 
donde hallé un caballero amigo mío que se 11a- 
^ raaba don Felipe de Lezcano, y él me hospedó 
y regaló de manera que pude repararme del 
trabajo pasado. Y por no dejar de vello todo, 
fui de allí a Navarra, siendo condestable della 
un hijo del gran duque de Alba don Fernán- 

'" do de Toledo, pero con gran cuidado de no 
arrojarme a cosa que no fuese muy bien pen- 
sada; porque como en cada reino, ciudad y 
pueblo, hay diversas costumbres, el que no las 
sabe, con vivir bien y quietamente cumple con 

'5 la obligación natural : y con aquel primer do- 
cumento que me dio la aflicción del molino, 
procuré valerme siempre, si no era cuando me 

■ olvidaba del, que como mozo tropezaba de 
cuando en cuando, principalmente en aquellas 

'O cosas que sola la edad puede madurar; cuan- 
to más que es tan poderoso el hacer costum- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 303 

bre en las cosas, que ellas mismas se facilitan 
con el uso, y cuando no repugnan a la razón no 
se han de dejar si no pide otra cosa la fuerza. 
Al fin me valí por Navarra y Aragón de 
manera que adquirí muchos amigos. Y en lie- » 
gando a Zaragoza, ciudad y cabeza del anti- 
guo reino de Aragón, que entonces tenía no 
tan buena fama como mereciera, hallé tantos 
amigos y tan buenos, que más parecí natural 
que forastero en el amor que me tenían. Pe- •• 
ro yo fui siempre con cuidado de no mirar a 
ventana — que son celosísimos los de aquel rei- 
no — , ni tomar pesadumbre con nadie, ni asir 
de palabras de poca importancia, que es de don- 
de se traban las enemistades y odios. Honró- »s 
me en su casa por el tiempo que allí estuve un 
gran príncipe muy amigo de música y de to- 
dos actos de ingenio y de virtud, honrándome 
y acudiéndome a las necesidades de naturale- 
za; y fué tanto el favor que me hizo, que me »« 
divertí más de lo que fuera razón en juegos 
que hasta entonces no había dado en ellos, que 
fué bastante para distraerme y dar en aquel 
vicio que me trajo más inquieto. Que como en 
palacio la ociosidad es tanta y el ejercicio de »$ 
letras y uso de las ciencias tan poco favoreci- 
do, di en lo que todos daban. Vicio contra ca- 
ridad, lleno de ira insolente en el que gana y 



304 ESPINEL 

de humildad forzosa en el que pitrde, y que 
arrastra de manera a quien lo siqne, que no le 
deja voluntad para otra cosa. Cuál antepone el 
juego a la honra; cuál deja mujer y hijos pe- 
recer de hambre, y estos son daños muy ordi- 
narios; que hay muchos que ni se pueden ni 
se sufren decir. 

Un hidalgo de muy buen entendimiento se 
vio tan lleno de trampas por el juego, y tan 
sujeto a la costumbre, y convertido ya el uso 
en naturaleza, que reprehendiéndole su misma 
madre, y rogándole que dejase el juego y ella le 
alargaría toda su hacienda, que era no poca, 
respondió que estaba como hombre que tiene 
atravesada una daga, que vive mientras la tiene, 
y en sacándosela mu( re, y que en quitándole el 
juego se había de morir. Pero es tanta la golosi- 
na del que gana, y tan grande la desesperación 
del que pierde, que ni el uno reposa hasta per- 
derse, ni el otro vive hasta desquitarse. El uno 
se inquieta con la ganancia, el otro se ahoga con 
la esperanza de ganar, y ambos fácilmente mu- 
dan estado; pero no duran en él de costumbre, 
ni se puede creer el odio infernal que tiene el 
que pierde con el que le gana, aunque más y 
más disimule, que parece que en aquel punto 
le falta el conocimiento de la primera causa, 
nacido de no poderse vengar de su enemigo» 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 305 

Quien quisiere meter cizaña entre dos grandes 
amigos, haga que juegue el uno contra el otro, 
que no ha menester más fuerza el diablo para 
hacellos grandes enemigos; tal es la fuerza del 
odio que se cobra en el juego: ¡qué de muer- i 
tes infames, hechas con supercherías y traicio- 
nes, robos y mentiras nacen del juego! No quie- 
ro que se me representen las cosas que he vis- 
to suceder en el juego y por el juego; sólo quie- 
ro decir que es tan poderoso, que un hombre >o 
que trata de recogimiento, o por escribir, o por 
leer, o por otros actos de virtud, si juega una 
vez y pierde, ha menester anida del cielo para 
tornar a añudar e! hilo por donde lo había que- 
brado, «i 

Yo me divertí en esta materia y la di a en- 
tender a amigos que trataban deste infame 
ejercicio, con uno de los cuales me pasó una 
cosa muy vergonzosa para mí y de risa para 
quien la supo. Fué que una noche me pidió m 
que le acompañase porque iba a hablar con 
cierta persona, y quiso llevarme para que le 
guardase la suya. Yo me puse como de noche 
con una espada y broquel, unos calzones o za- 
ragüelles de lienzo, un capotillo de dos fal- *s 
das, y otras cosas de disfraz, con que fuimos 
adonde me llevó, que era una casa donde ha- 
bía un poyo a la puerta. Dio las once el reloj, 

ao 



306 ESPINEL 

y después las doce, que era la hora que tenía 
aplazada, y di jome que lo esperase sentado en 
aquel poyo, que luego saldría. Sentéme bien 
rellanado, y musitando entre dientes comencé 

s a entretener el sueño lo mejor que podia, que 
ya era hora dello. El día siguiente era día sole- 
nísimo de los Apóstoles ; oí las dos y luego las 
tres, que el buen hombre no podía salir, por- 
que hubo estorbo para ello; yo me caía de sue- 

»• ño; di en pasearme y en rezar, entendiendo que 
aprovecharía para no dormirme, siendo cosa 
que más concilia el sueño de cuantas hay en 
el mundo. Torné a sentarme, porque me can- 
saba de tanto pasear, y como había digeri- 

'i do ya la cena gran rato había, por más que 
me refregaba los ojos con saliva, no pude va- 
lerme hasta que no sé cómo ni de qué manera, 
sin querer, me quedé dormido sobre el poyo, 
adonde estuve, hasta que tañendo a Misa ma- 

>o yor el día siguiente, con el ruido de las campa- 
nas de la fiesta y de la mucha gente, pasando 
unas señoras por allí, dijeron: "¡Qué bien lo 
ronca el cochino!", y mandaron a un escudero 
que me despertase. Despertóme, y alzando los 

>i ojos con un gran bostezo vi el sol en medio 
de la calle, y oyendo el armonía de las campa- 
nas, arrebóceme un capotillo que llevaba y di 
a correr no hacia mi posada, sino a la placeta 



VIDA DE MARCOS DE ODREGÓN 307 



de Médicis, siguiéndcme más de trecientos pe- 
rros ; y a la vtielta de una esquina topé con un 
ciego que llevaba una docena de huevos en el 
seno, y al mismo compás que le topé; volvió 
el báculo y alcanzóme en el hombro izquierdo; s 
y como le distilaba lo amarillo de la tortilla, de- 
cían que le había quebrado la hiél en el cuer- 
po, y ya que con mi huida llegaba cerca de la 
casa donde me había de acoger, con la priesa 
que llevaba y la* que me daban los perros, tro- »• 
pecé y tendíme a la puerta desta señora tan 
buena de nacimiento, que habiéndole yo envia- 
do dos perdices para que se regalase con ellas, 
las echó en una necesaria porque venían lar- 
deadas con tocino. is 

Parece que con est as me nudencias se desau- 
torizá la~inte nción queseTTeva eff ~gs fé"~díscii r> 
so; pero mirado bien, para eso mismo lleva 
mucha sustancia, que aquí no se escrilDcn ha- 
zañas de ' príncipes y generales valerosos, sino t» 
IS vid a de un po^re escudero que ha de pasar 



por estas cosas y por otras semejantes, y por re- 
prehender una inadvertencia tan grande como 
la que hizo aquel amigo y la que hice yo. Lle- 
var compañía de noche quien va a cosa hecha, >$ 
téngolo por yerro: porque si va adonde no 
tiene peligro, no ha menester llevar testigo de 
sus mocedades; y si va con sospecha de algún 



308 ESPINEL 

peligro, claro está que no ha de querer infa- 
mar una casa y por fuer7a se ha de retirar, y 
para huir más desembarazado, mejor va solo 
que acompaiíado, porque al fin no lleva consi- 
5 go quien diga que huyó. Y aunque es lo más 
sano y seguro no hacello, si se hiciere sea a so- 
las, no acompañado; porque las amistades de 
hombres se acaban, y luego se revelan los se- 
cretos. Pues la fineza que yo usé en esperalle 

!• y guardarle el cuerpo, ¿quién dirá que no fué 
disparate? Pasaban dos horas, y acercándose 
el día, ¿qué necesidad tenía yo de ponerme a 
padecer tormento de sueño? ¿Qué fortaleza de 
rey me había mandado que guardase, sino la 

is que era de un hombre perdido, para ponerme a 
peligro demás de la vergüenza que pasé? 

Cuando se ha de poner un hombre a tan 
grandes riesgos, ha de ser por conocer un evi- 
dente peligro en alguna persona, de vida o de 

ao honra, o por obedecer el m.andamiento de al- 
gún gran príncipe o república. Pero que me 
ponga yo a los sucesos de fortuna por quien 
está muy contento, sin tener más cuidado de 
mi cuerpo que de su alma, téngolo por fineza 

2- impertinente. ¿Qué honra o hacienda perdiera 
yo cuando me fuera a tomar el reposo y des- 

16 El orig. y las dos B. 161 8 : "de mas de la vergüenza." 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 309 

canso que naturaleza pide para su conserva- 
ción? Si me culpara en haberlo dejado, le pre- 
guntara yo si lo dejaba en alguna mazmorra 
de donde lo podía sacar con la mano, o si me 
dejó él a mí en mi lecho reposando, o si que- 
daba entre enemigos de la fe como quedaba en- 
tre enemigos de guardalla. Siempre oí decir 
que el que fuere compañero en los trabajos 
también lo ha de ser en los gustos; pero aquí 
la parte del trabajo era para mí, y la del gus- 
to para él. 

La conclusión es que tengo por yerro lle- 
var compañía [en semejantes jornadas, y por 
mucho mayor acompañar a nadie en ellas ; que 
si llama la compañía por pusilánime, lleva la 
vida jugada el que le acompaña], porque a la 
primera ocasión huye y lo deja en manos de 
enemigos que el no tenía ni temía. Y mire cada 
lino, si le sucediere, que es participante del da- 
ño que el otro hiciere en ofensa ajena. 

Yo me reparé de vestido y de sueño — aun- 
que había dormido lo bastante para un hombre 
de bien — en aquella misma casa donde llegué 
y adonde hallé un vecino suyo muy lleno de 
melancolía, y tanta que aunque me vio dar con 
mi persona en el suelo, con la espada a una 

13 El trozo entre corchetes falta en B. 1881. 



3IO ESPINEL 

parte y el broquel a otra, no conocí en el acci- 
dente de risa, como en cuantos me vieron caer, 
que una caída es ocasionada para mucho dis- 
gusto de quien la da y mucha risa de quien la 

s vee. Con todo se llegó este buen hombre estan- 
do ya puesto de rúa en casa de aquella buena 
mujer amiga del tocino, y pareciéndole que yo 
estaba disgustado, llegó como a consolarse con- 
migo, diciéndome que todos los hombres del 

lo mundo padecen trabajos, y que él estaba tan 
dentro dellos como todos cuantos vivían en él. 
Yo le pregunté qué eran sus males que tan tris- 
te lo traían, porque siempre he sido compasi- 
vo; y él me respondió en una palabra: "Celos." 

is "¿Ese mal tiene? — le dije yo — ; no quiero 
preguntalle si son averiguados o si es sospe- 
cha; pero quiero decille que es enfermedad de 
mozos de poca experiencia, que si la tuvieran, 
sabrían que los mismos tienen unos de otros, 

30 Y si advirtiesen que el otro de quien yo los ten- 
go anda rabiando dellos por mí, consolaríame 
con su daño y con velle padecer y consumirse 
con un perpetuo desasosiego, ¿Qué mayor con- 
suelo puedo tener yo que ver a mis enemigos 

25 padecer y reírme dellos ? Porque pensar que una 
mujer divertida en estos tratos se ha de con- 

I puesto de rúa: echado a lo largo. 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 3II 

tentar con lo que uno le da, es pensar que un 
fullero ha de andar bien puesto con sola la ga- 
nancia que hace a un cuitado. Los celos tienen 
al diablo en el cuerpo del que los tiene, y pare- 
ce que lo trae consigo, pues a nadie hacen mal s 
sino a quien los mantiene, y cuanto más se ca- 
llan más crecen. Su remedio está en tan ruin 
fundamento, que con averiguar la verdad, o se 
mueren o se halla ocasión para perdellos poco 
a poco, apartándose de quien los causa. Yo lo 
aseguro que son más de cuatro los celosos, sin 
saber unos de otros en esa misma ocasión, y 
crea que se usa esto. Si son celos de la mujer 
propia, es agravio que se le hace, que la más 
baja mujer del mundo estima en más la som- i¿ 
bra de su marido que a todo lo restante del. 

Un príncipe de esta ciudad dijo muy bien 
quién son los celos, y materia tan odiosa no se 
ha de traer a la memoria, sino consolarse con 
lo que tengo dicho de ver que padecen por mi «• 
lo que yo padezco por otros: que han venido 
las mujeres a tan infelice estado, que han pri- 
vado a su misma naturaleza del gusto que ella 
les concedió, porque lo han puesto en sólo 
hurtar y robar las haciendas, fingiendo querer n 
a los que desean desollar, por sólo igualarse en 
galas a las que de su nacimiento por herencia 
de patrimonio nacieron nobles y honradas, y 



312 ESPINEL 

ricas y principales, que les parece no ha de ha- 
ber diferencia y desigualdad en la tierra de mu- 
jeres a mujeres, como en el cielo la hay de án- 
geles a ángeles. He mezclado esta materia con 

s esotra, porque de la perdición desto viene la 
comunicación de muchos, para que todos an- 
den celosos : y con tener cada una su docena de 
ángeles de guarda, pasan por moneda corriente 
y honrada." 

»• Despedí al buen hombre algo consolado y 
fuíme a mi posada, y dentro de pocos días me 
fui a Valladolid, después de haber visto a Bur- 
gos y toda la Rioja, provincia fértil, de boní- 
simo temperamento, y que parece en algo al 

'5 Andalucía. 



DESCANSO VENTITRÉS 

En Valladolid serví al Conde de Lemos don 
Pedro de Castro,- el de la gran fuerza, caballe- 
ro de excelentísimo gusto y bondad muy suya, 
sin la heredada, que era y es cuando menos de- s 
cendiente de la sangre de los jueces de Castilla 
Ñuño Rasura y Laín Calvo, junta con la de 
los reyes de Portugal. Entré en su gracia y 
hice muy poco, porque tenía el Conde un pe- 
chazo tan generoso, manso y apacible, que con «• 
poca diligencia se entraba en las entrañas de 
quien le quería. Con todo, no me hallé muy 
bien a los principios, porque me faltaba lo que 
es menester para servir en palacio, que es decir 
con gracia una lisonja, salpimentar una men- «s 
tira, traer con blandura y artificio una servil 
chisme, fingir_annstades, disimular odios; que 
caben mal estas cosas en los pechos íngenur.s 

3 Pedro Fernández de Castro. El gran protector de los 
hombres de letras de su tiempo, a quien Cervantes de- 
dica el Persiles y Siffisvwnda. 



314 ESPINEL 

y libres. Dejo aparte el rigor y majestad de los 
porteros, que ordinariamente tienen una gra- 
vedad más seca que sus personas, y ellos lo son 
tanto como sus palabras. 

Aunque eché de ver que lo que más importa 
es que en presencia del señor el criado tenga 
siempre el postro alegre, y en las cosas que lí? 
mandan, y aunque ño se las mande, será me- 
nester ser diligente y solícito y cumplir cada 
uno puntualmente con su ministerio. En lo 
primero, que es traer el rostro alegre, mal le 
puede hacer un melancólico; pero para esto 
hay un remedio, que es no ponerse delante dei 
señor sino cuando estuviere el criado de buen 
humor: que la alegría de los criados — fuera 
de hacer su negocio — ayuda a vivir al señor 
y si no la muestra, piensa que está disgustado' 
en su servicio, y así durará poco con él. Aun- 
que este príncipe mostraba tan buen pecho con 
sus criados, que él mismo los obligaba a andar 
muy contentos y servirle con muy apacible 
semblante; porque haciendo todo lo que podía 
y tenía obligación de hacer, los honraba donde 
quiera que se hallaba. Y siempre en esta anti- 
^quísima casa han llevado y llevan esta gran- 
deza de ánimo y cortesía, como se ha parecido 
y parece en el que ahora la posee don Pedro 
de Castro, que desde niño tierno descubrió tan- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 315 

— — — — ^ — ■ —^m^ ■ I» 

ta excelencia de ingenio y valor, acompañado 
de ingenuas virtudes, que habiéndole puesto 
su rey en los más preeminentes oficios y car- 
gos que provee la monarquía de España, ha 
sacado milagroso fruto a su reputación, siendo 
muy grato a su rey, muy amado de las gentes 
subordinadas a su gobierno y muy loado de 
las naciones extranjeras. 

Estando en esta casa y en Valladolid, se des- 
cubrió aquel gran cometa, tantos años antes 
pronosticado por los grandes astrólogos, ame- 
nazando á la cabeza de Portugal. Hubo tan 
grandes juicios sobre ella, y algimos tan im- 
pertinentes, que dieron harto que reír, entre 
los cuales hubo uno que decía que las cosas 
grandes habían de descrecer y las pequeñas ha- 
bían de crecer. Llegó este juicio al de un hom- 
brecico pequeño, que también en esto lo era. 
que estaba muy malcontento de verse con tan 
aparrada presencia, que trayendo unos pantu- 
flos de cinco o seis corchos, aún no podía lucir 
entre la gente. Andaba siempre polido y bien 
puesto, enamorado y bien hablado, y aun ha- 
blador no sin afectación. En las conversacio- 
nes procuraba, no que sus conceptos llegasen 
a igualarse con los otros, sino que sus hombros 

20 aparrado: "Dícese de los árboles cuyas ramas se ex- 
tienden mucho horizontalmente." (Dice Acad.) 



3l6 ESPINEL 

se ajustasen con los de la rueda, y como no po- 
día ser, pensando que era la culpa de las agu- 
jetas, meneaba un lado y otro, hasta que cru- 
jían todas. Pues como llegó a su noticia la in- 
5 rerí)retación del cometa que las cosas peque- 
ñas habían de crecer, se le encajó que se decía 
])or él. Que fácilmente nos persuadimos a creer 
lo que deseamos, aunque sea tan gran dispa- 
late como éste. Dijéronle que yo era nigroman- 
te tico y que si yo quería podía hacelle crecer dos o 
tres dedos o más; pero que había de ser muy 
secreto, porque no se supiese que yo sabía tal 
arte diajjólica. Pasando por la plaza haciendo 
mi escuderaje con los demás gentileshombres 
15 de casa, me señalaron con el dedo para que me 
conociese. Sin haberme avisado los que le tor- 
naban loco, se llegó a mí con una retórica bien 
pensada, ofreciéndome amistad y hacienda y 
favor para toda la vida, y el fin de todo fué 
i-, decir: "Ya vuesa merced vee el agravio que 
naturaleza hizo a un hombre de mis partes en 
dar a tan altos pensamientos tan pequeño cuer- 
po; yo sé que si vuesa merced quiere, puede 
suplir esta falta, con que tendrá un esclavo 

3 agujeta: "La tira o correa de la piel del perro o car- 
nero, curtida y adobada, con un herrete en cada punta 
que sirve para atacar los calzones, jubones y otras cosas ; 
y también se hacen de seda, colonia, hilo o lana, para el 
mismo uso." (Dice. Aut.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 317 

para siempre jamás." "Eso — dije yo — sólo 
Dios puede hacello, que es superior a la na- 
turaleza, y si vuesa merced quiere crecer por 
los pies, póngase más corchos de los que trae; 
y si del pecho arriba, con ahorcallo crecerá * 
tres o cuatro dedos." "Oh señor — dijo él — ya 
venía informado que vuesa merced me habia 
de negar este bien ; por amor de mí que se dis- 
ponga dello, y en lo demás corte por donde qui- 
siere." Vilo tan rematado en su disparate, que '" 
lo hube de reducir a las obras de naturaleza, di- 
ciéndole: "Señor, vos vais tras un imposible 
que no solamente [no] es hacedero, pero os 
tendrán por loco cuantos supieren que dais en 
ese error. Las obras de naturaleza son tan con- '■- 
sumadas, que no sufren emienda ; nada hace en 
vano, todo va fundado en razón; ni hay su- 
perfino en ella, ni falta en lo necesario ; es na- 
turaleza como un juez, que después que ha da- 
do la sentencia no puede alteralla, ni mudalla. »" 
ni es señor ya de aquel caso, si no es que apelan 
por otro superior. 

"En formando naturaleza sus obras con las 
calidades que les da, ya no es señora de la obra 
que hizo, si no es que Dios, como superior, quic- »$ 
re mudallas; si hace grande, grande se ha de 
quedar; si chico, chico se ha de quedar; si 
monstruo, así" ha de permanecer. Ni hay para 



3l8 ESPINEL 

- — ■■■■-■ _ . - . ^ 

qué cansarse nadie pensando imposibles." ,^ es- 
to replicó diciendo: "¿Pues no es más dificul- 
toso hacerse un hombre invisible, y hay quien 
lo hace?" "No es — dije yo — sino facilísimo, 
que con ponerse un hombre detrás de una ta- 
pia, queda invisible, o encubriéndose con una 
nube. Y vos os haréis invisible con sólo poner 
delante de vos un mosquito." "Gentil consuelo 
— dijo — he hallado en quien pensé tener to- 
do lo que he deseado toda mi vida. " 

"¿Qué consuelo ha de hallar — dije — quien 
quiere ir contra las obras de la misma natura- 
leza, que es la que nos representa la voluntad 
del primer movedor y autor de todas las co- 
sas? Que aunque crió a todos los hombres 
iguales, no fué en los actos exteriores sino en 
la razón del alma. Y ésta es la que hace al 
hombre superior a todos los demás animales, 
que no el ser grande o pequeño. Si naturaleza 
os hubiera criado desigual de miembros, como 
habiéndoos dado esas piernas de gozque tener 
unos brazos de gigante, o en esa carilla de 
mandragora os hubiera puesto unas narices 



23 "Mandrágara: vna especie de yerua más nombrada 
en estas partes, que conocida... Echa unas grandes raíces 
que se retortijan vnas con otras, y casi vienen a formar 
algunas dellas vn cuerpo como de hombre. Pitágoras la 
llamó ovOpoTCoiiopcpo^, por remedar la figura humana." (Co- 
varrubias.) 



VIDA DE MARCOS DE OBRECÓN 3I9 

trastuladas, pudiérades os quejar, pero no en- 
mendar. 'Mas al fin si sois pequeño, sois tan 
bien hecho y tan igual de miembros que te- 
néis las orejas mayores que los pies; y quien 
tiene andada la mitad para una de las más im- 
portantes virtudes que resplandecen en los 
hombres, ¿por que ha de buscar quien le haga 
crecer?" 

"¿Qué virtud?" — preguntó él. 

"La humildad — respondí yo — ; que para 
alcanzar tan divina virtud tenéis andada la 
parte del cuerpo, que parece que estáis siem- 
pre de rodillas, y con humillar el ánimo la ten- 
dréis alcanzada toda. Si naciérades en tiempo 
de los gentiles, que se usaban transformacio- 
nes, la naturaleza, de enojada con vos por no 
contentaros con ella y por soberbio, os hubie- 
ra transformado en renacuajo, por humillar la 
soberbia del ánimo y cercenar la cantidad del 
cuerpo. " 

Avtodo cuanto le dije calló, y dijo por úl- 
timo: "Aténgome a la significación de la co- 
meta, que dice que los pequeños han de crecer 
y los grandes han de disminuirse ; pero ya que 

I narices trastuladas: de trastulo, bufón o gracioso 
de las farsas italianas. Comp. : "Sansón Carrasco, perpe- 
tuo trastulo y regocijador de los patíos de las escudas 
salmantinas." Quij. (R. Marín, IV, pág. 163 y la nota 
adjunta), 



320 ESPINFL 

vuesa merced se ha holgado dándome matra- 
ca, obligación tiene de ponerme en estado que 
no me la den otros; que quien sabe decir lo 
uno, sabrá hacer lo otro, y eso de ser humilde 
5 guárdelo para sí, que yo tengo por qué esti- 
marme en mucho, que soy hijodalgo de parte 
de mi abuela, que antes que se casase con mi 
abuelo había sido casada con hidalgo muy hon- 
rado, y tiene hoy la ejecutoria del guardada y 

■o a buen recaudo." 

"¿De suerte — dije yo — que de ahí os viene 
la vanidad y no querer ser humilde ? Seréis co- 
mo los que lucen y se regalan con hacienda 
ajena. Agora digo que no me espanto que 

is seáis soberbio teniendo mucha razón de ser hu- 
milde y rendiros a la humildad, virtud que 
jamás tuvo émulos ni envidiosos ; que todas las 
partes que adornan a un hombre padecen esta 
mala ventura, si no es la humildad y la pobre- 

jo za, tan aborrecidas de los hombres y tan ama- 
das del Autor de la vida. Pero si la humildad 
nace del conocimiento de sí propio, y éste os 
falta a vos, ¿por qué habéis de ser humilde?" 
"Yo no vine — me dijo — a oír virtudes, si- 

,i no a probar encantamentos o cosas sobrenatu- 
rales para conseguir mi intento." 

Fuese el buen hombre, y luego llegaron a 
mí cuatro amigos de buen gusto y no poca ma- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGON 321 

licia, preguntando si había venido a mis ma- 
nos con aquella demanda. Respondíles que sí, y 
que lo había desengañado de aquel disparate y 
desalumbramiento tan grande. "Por vida vues- 
tra — dijeron — que le hagamos una burla, s 
porque es tan gran loco, que se persuade a que 
pueda crecer, y le sacaremos una muy gentil 
merienda riéndonos un rato a costa suya." 
"Eso — respondí yo— no lo haré por todas las 
(jíisas del mundo, porque burlas de que puede •• 
resultar escándalo ^«neral y <iaño- particular, 
ni son lícitas, ni se permiten por camino algu- 
no." 

"Sabed — dijeron — que es la misma ava- 
ricia y miseria, y habemos dado en esto por ha- i» 
cerle gastar, que lo sentirá en el alma." "Si 
esa condición tiene — dije yo—, no le saca- 
rán della aunque le hagan llegar a la Giralda, 
que los avarientos y los borrachos nunca se 
veen hartos de lo que desean, ni apagan la in- >« 
grata sed que traen. Acuerdóme que por ha- 
cerle gastar a un hombre, ciertos maleantes se 
pusieron a trechos diciéndole que estaba enfer- 
mo, de suerte que cuando llegó al último ya 
lo estaba de veras por el caso que había hecho a.; 
la imaginación y fué menester llevarle a su ca- 
sa medio muerto; y de quererle hacer burla 
tajn pesada nació el arrepentimiento, tardío pa- 

31 . 



322 ESPINEL 

ra todos ellos y grave daño para el paciente, 
y en este caso sería mayor cuanto es más im- 
posible la obra; que para persuadir una cosa 
tan contra la misma naturaleza se han de ha- 
i cer grandes embelecos y no pueden ser sin 
grande daño del pobre ratón, que ni vee su cuer- 
po ni conoce su ignorancia." 

Porfiaron todavía que le hiciésemos un en- 
gaño que pareciese cosa de encantamento. 

'O "Cuando eso se hiciese — pregunté yo — , ¿quién 
quedará más confuso, él en recibir ese engaño 
— después de descubierta la verdad — , o yo en 
haber sido autor del ? En todas las cosas se ha 
de considerar el fin que pueden tener, y esa 

'««'ficción y engaño no puede estar mucho encu- 
bierta; y para mí tengo por mejor y más se- 
guro el estado del engañado que la seguridad 
del engañador; porque al fin, lo uno arguye 
sencillez y buen pecho, y lo otro mentira y 

a» maldad profunda. Yo no puedo tragar una 
mentira ni engaño, porque se arremete a desdo- 
rar la opinión de quien se tiene por hombre 
de bien. Las burlas han de ser pocas y sin da- 
ño de tercero, y tales, que el mismo contra 

'$ quien se hacen guste dellas. No sabemos la ca- 
pacidad de cada uno, que la que es burla lle- 
vadera para uno, será para otro muy pesada; 
y las burlas no se han de juzgar por malas o 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 323 

peores de parte de quien las hace, sino de par- 
te de quien las recibe; y si él las tomare bien 
serán de sufrir, y si las tomare pesadamente 
serán pesadísimas. Dábanle matraca a cierto 
ordenante por una necedad que había dicho, y s 
cuando estuvo harto de sufrir, dijo que quería 
que pecase mortalmente quien más se la diese. 
Que de burlas pesadas vemos cada día resultar 
agravios que no se pensaron. Este ijiiserable 
no tiene talento para llevar una burla tan pe- i» 
sada como esta que por fuerza lo ha de ser. Yo 
no me tengo de poner en eso, porque iría con- 
tra mi propia opinión, que es injusto y mal he- 
cho; y no me espantaré del que se deja enga- 
ñar por lo que desea, pero espantaríame de i* 
quien le quisiere engañar, sin esperar dello más 
gusto que hacer mal." 

Fuéronse, y al fin le hicieron una burla muy 
pesada, dándome a mí por autor della. Pusié- 
ronle en estrecho de ayunar tres días con ata- »• 
tro onzas de pan y dos de pasas y almendras, 
y dos tragos de agua, y primero le tomaron la 
medida de su cuerpo en una pared muy blanca, 
poniendo para señal de su altura un clavito pe- 
queño o tachuela. Hizo su dieta y unas herma- »i 
ñas suyas le fregaban los brazos y piernas to- 
das las noches y mañanas, por consejo de los 
maleantes ; preguntábanle las pobres después de 



324 ESPINEL 

cansadas: "¿Hermano, para qué hace esto?" 
Y él les respondía: "Bárbaras, no os entreme- 
táis en las cosas de los hombres." Todos estos 
tres días de la dieta y las fricaciones, se subía 
s a una azotea en amaneciendo, y se ponía hacia 
el nacimiento del sol, haciendo ciertas señales 
que le habían mandado contra las nieblas de 
Valladolid, que él hizo muy puntualmente co- 
mo todo lo demás. Cumplidos los tres días, y 
10 lleno el celebro de nieblas, vino a los bellaco- 
nes con tanta cara como una calavera de man • 
drágora, que como estaba tan chupado y flaco, 
parecía más alto. Fué uno dellos a la pared 
blanca donde se había medido, y mudó el ciá- 
is vito dos dedos más abajo, y tapó el agujero 
con un poco de cera blanca, que era en la ce- 
rería recién hecha, blanca y muy lisa. Enviá- 
ronle a medirse, y como topó con el colodrillo 
en el clavito, quedó fuera de sí de contento, 
30 entendiendo que él había crecido lo que el cla- 
vo había bajado. 

Vino con la boca llena de risa, que parecía 
mico desollado, y fuese a echar a los pies de 
quien le había hecho crecer. Ellos le dijeron 
as que callase, porque si no se descrecería lo creci- 
do, y que lo dificultoso quedaba por hacer. El 
dijo que aunque fuese bajar al infierno lo ha- 
ría por no descrecer. "Pues no es menos", dije- 



VIDA DE MARCOS DE ODREGÓN 325 



ron ellos ; y aquella noche le mandaron que entre 
las once y las doce de la noche entrase en cierto 
aposento por un callejón muy estrecho, que 
estaba debajo de unas casas lóbregas y escu- 
ras, solo y sin luz, y que allí le dirían lo que s 
había de hacer. El se turbó todo con la dificul- 
tad que le pusieron; pero al fin dijo, con todo 
el miedo posible: *'Sí haré, si haré." Fuese a 
la noche entrando por su callejón, espeluzado 
el cabello, cortado de brazos y piernas, sin oír »<> 
perro ni gato que le pudiese hacer compañía, 
y en llegando al aposento salieron por las cua 
tro esquinas de bajo la cama cuatro carátulas 
de demonios, con cuatro candelillas en las bo- 
cas, que con el temor que había concebido, se «» 
le representó el infierno todo; porque todos los 
hombres muy crédulos son también temero- 
sos; y como se fueron alzando los demonios, 
él se fué quedando, y sin saber de sí ni poder 
moverse de donde estaba, cayó en el suelo, dan- »• 
düle tan gran corrupción, que no se le pareció 
haber tenido dieta, que la cólera desbarató cuan- 
to las almendras y pasas habían detenido. Él 
caído, y ellos turbados y aun arrepentidos, no 
supieron qué hacer, sino dejarlo y acogerse. •« 
Él volvió a cabo de rato en sí, y hallóse revol- 
cado no en su sangre, de que anduvo muy co- 
rrido, y de manera enfermo, que fué menester 



326 ESPINEL 



■ ^ n i i| ii >»^ m 



de veras valerse de las pasas y almendras para 
no morirse, y ellos anduvieron escondidos y 
ausentes. 

Yo me sangré en salud, refiriéndole el cuen- 

s to al Conde, que le solenizó mucho con su buen 
gusto, y tomó a su cargo las amistades, con- 
tando lo pasado a cuantos entraban en su casa. 
Sosegóse el negocio con la autoridad de un 
tan gran príncipe, aunque ellos anduvieron har- 

10 tos días inquietos porque el hombrecito se que- 
jó a todo el mundo y a quien pudiera castigar 
la burla. 

Yo los cogí cuando hubo oportunidad y les 
,ái a-entender con la verdad cuánto importa no 

15 hacer mal, tan poco en burlas como en veras ; 
€|ue de haberle dado la vaya sobre su ruin ta- 
lle y cuerpo, vino a buscar tan pesado remedio ; 
que nadie quiere oír sus faltas, y por más que 
se hagan sufridores y finjan risa, no hay a 

ao quien no le pese en el alma oír decir mal de sí 
propio; y tanto más, cuanto más parece ver- 
dad lo que se dice ; que aun cuando no lo es ni 
lo parece, se le abrasa el corazón a quien se di- 
ce, ora sea por dar pesadumbre, o sea por chis- 

25 me, de que era tan enemigo este príncipe, que 
en trayéndole alguna novedad de palacio, 11a- 

iS dar la vaya: "Burlar de alguno." (Covarrubias.) 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 327 

maba a aquel de quien se decía y delante dd 
parlero se lo reprehendía; si se encogía de hom- 
bros el otro, negándolo, decía el Conde : " Pues 
veis aquí a fulano que me lo dijo" ; y así anda- 
ban todos ajustados con la lengua y con d 
Conde. 

a parlero: hablador, chismoso. 



DESCANSO VENTICUATRO 

Y porque no habrá otra ocasión en que con- 
tarlo, digo que era este príncipe tan enemigo de 
chismes y parlerías, que en presencia mía vino 

i cierto congraciador a decirle que estaba tratan- 
do mal de su persona un hidalgo de Valladolid, 
y encareciendo mucho esta insolencia, le pre- 
guntó el Conde: "¿Y vos qué hicistes?" 

"Yo — dijo el buen hombre — vine luego a 

to avisar a V. Excelencia, porque al pie de la 
obra le enviase el castigo que merecen ofensas 
hechas a tan grande señor." 

"Vos tenéis razón - — dijo el Conde — . Hola, 
dadle a este gentilhombre una libranza de me- 

,5 día docena de palos muy bien dados." "¿Pues 
a mí por qué?" — dijo el buen hombre. "No son 
para vos — respondió el Conde — sino para que 
los llevéis al que dijo mal de mi, porque como 
vos me trujistes lo que yo no sabía, le llevéis 

3o a él lo que no sabe " Y dijo a un paje: "Ber- 
míidez, corre y di a fulano que cuando hubie- 



VIDA DE MARCOS DE OBREGÓN 329 

re de decir mal de mí no sea delante de tan 
ruin gente que me lo venga a decir luego, y que 
para castigo suvo basta que sepa él que yo lo 
sé." 

Ambos quedaron muy bien pagados, como » 
merecían; que aunque no se dio la libranza, 
quedó el pobre espantado de la merced. 

El ermitaño a todo esto comenzó a dar ca- 
bezadas y bostezar muy a menudo, como hom- 
bre que esta de rtiala gana en locutorio de mon- i«> 
jas, porque después de la comida todo había si- 
do hablar al son de las canales, que aunque po- 
cas, con el ruido y fuerza del aire hacían su 
figura de manera que se echó de ver que había 
música para toda la noche. Cenamos lo que te- «» 
nía el buen hombre, que por poco que fué, ayu- 
dó para reposar y darle al sueño bastante lugar, 
no solamente para hacerle la digestión, pero 
para soñar disparates conforme a lo que se ha-" 
bía cenado y al tiempo borrascoso que hacía; »o 
que realmente — aunque más anden desvane- 
ciéndose y buscando interpretaciones de los sue- 
ños algunos amigos de adivinación — ellos an- 
dan conforme a los tiempos y a los manteni- 
mientos, y obedeciendo al humor predominan- •; 
te, que es lo más ordinario. Es grande igno- 

14 hadan su figura: daban su nota musical. "Figuran 
se llanran también las notas de la música." (Dice Aut.) 



330 ESPINEL 

rancia ponerse a interpretar lo que procede de 
humores calientes o fríos, húmidos o secos; y 
si alguna cosa sucediere que sea verdad en los 
sueños, o será acaso, o representación de án- 
geles buenos o malos. Y no hay para qué di- 
vertirnos en probar la verdad desto, que tan 
manifiesta y clara la conocemos. 

FIN DEL TOMO PRIMERO 



índice 

pAcs. 

Prólogo 7 

Dedicatoria al Cardenal Arzobispo dfi Toledo, don 

Bernardo de Sandoval y Rojas t, S7 

Prólogo al lector .'. 33 

Relación primera de la vida del escudero Marcos de 

Obregón 43 

Descanso 1 47 

- n 53 

— III 68 

— IV 79 

— V 97 

— VI 113 

— VII isi 

— VIII 136 

— IX i6a 

— X...„ 175 

-^ XI 184 

— XII 191 

— XIII 199 

— XIV ai9 

— XV aja 

— XVI 344 

— XVII aS4 

— XVIII a€o 

— XIX a7o 

— XX «78 

— XXII a88 

— XXI 30a 

— XXIII 313 

— XXIV 3a8 



EDICIONES DE LA LECTURA 

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OBRAS PUBLICADAS 

SANTA TERESA. — Las Moradas : Prólogo y notas por don To- 
más Navarro, (Vol. i." de la Bibl.) (3.» edición.) 

TIRSO DE MOLINA.— Teatro {El Vergonzoso en Palacio y £1 
Burlador de Sevilla.) Prólogo y notas por don Américo Castro. 
(Vol. 2.» de la Bibl.) (2.» edición.) 

CARCILASO. — Obras. Prólogo y notas por don Tomás Navarro. 
(Vol. 3.° de la Bibl.) 

CERVANTES. — Don Quijote de la Mancha. Prólogo y notas 
por don Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Es- 
pañola. (Vols. 4.0, 6.°, 8.", 10, 13, 16, 19 y 22 de la Bibl.) 

QUEVEDO. — Vida del Buscón. Prólogo y notas por don Amé- 
rico Castro. (Vol. 5.» de la Bibl.) 

TORRES V I LLARRO EL.— VioA. Prólogo y notas por don Fe- 
derico de Unís. (Vol. 7.' de la Bibl.) 

DUQUE DE RIFAS.— RoMKSCKS. Prólogo y notas por don Ci- 
priano Rivas Cherif. (Vols. g.' y 12 de la Bibl.) 

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tas por don Vicente G. de Diego. (Vol. 11 de la Bibl.) 

ARCIPRESTE DE HITA.— Libro de Buen Amor. Prólogo 7 
notas por don Julio Cejador. (Vols. 14 y 17 de la Bibl.) 

GUILLEN DE CASTRO. — Las mocedades del Cid. Prólogo y 
notas por don Víctor Said Armesto. (Vol. 15 de la Bibl.) 

MARQUES DE SANTILLANA.—CMfcwyES y decires. Prólogo 
y notas por don Vicente G. de Diego. (Vol. 18 de la Bibl.) 

FERNANDO DE ROJAS.— Ls Celestina. Prólogo y notas por don 
Julio Cejador. (Vols. 20 y 23 de la Bibl.) 

VILLEGAS. — Eróticas o amatorias. Prólogo y notas por don 
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POEMA DE Mío CID. Prólogo y notas por don Ramón Menén- 
dez Pidal, de la Real Academia Española. (Vol. 24 de la Bibl.) 

LA VIDA DE LAZARILLO DE TORMES. Prólogo y notas por 
don Julio Cejador (Vol. 25 de la Bibl.) 

FERNANDO DE HERRERA.— Poesías. Prólogo y notas por don 
Vicente García de Diego. (Vol. 26 de la Bibl.) 

CERVANTES. — Novelas ejemplares. (La Gitanilla, Rinconete y 
Cortadillo, La Ilustre Fregona, El Licenciado Vidriera, El Ce- 
loso extremeño y El Casamiento engañoso.) Prólogo y notas 
por don Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Es- 
pañola. (Vols. 27 y 36 de la Bibl.) 

FRAY LUIS DE LEÓN.— De los nombres de Cristo. Pró- 
logo y notas por don Federico de Onís. (Vols. 28, 33 y 41 de 
la Bibl.) 

FRAY ANTONIO DB GUEVARA.— Ueí^ostuzcio db cortb t 



ALABANZA DE ALDEA. Prólogfo y notas por don M. Martín» de 

Burgos. (Vol. 2Q de la Bibl.) 
NIEREMBERG. — Epistolario. PróloRo y notai por don Nard* 

so Alonso Cortés. (Vol. 30 de la Bibl.) 
QUEVEDO. — Los sueños. Prólogo y notas por don Julio Ceja» 

dor. (Vols. 31 y 34 de la Bibl.) 
140RET0. — Teatro. (£/ lindo don Diego y El dtsdfn con 0I 

desdén.) Prólogo y notas por don Narciso Alonso Cortés. (Vo- 
lumen 3:1 de la Bibl.) (2.* edición.) 
ROJAS. — Teatro. (Entre bobos anda el juego y Del Rey abajo 

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paredes oyen). Prólogo y notas por don Alfonso Reyes. (Volti- 

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DE LAS BOLSAS. Prólogo y notas por don Federico Ruiz Mor» 

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(monoarafías). Traducción y prólogo por Ángel Regó, Precio : 
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LAVISSE. MONOD.'ALTAMIRA y COSSTO. La Enseñanza de 
la Historia (monografías). Traducción por DoHinoo Barnés. 
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EDMUNDO LOZANO. La Enseñanza de las Ciencias fínicas y 
naturales. Precio : 3 pesetas rústica. (2.» edición.) 

COMPAYRE. Pestaloszi y la educación elemental. Traducción 
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MONROE. Historia de la Pedagogía. (I Antigua y Media.) Trad. 
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la Historia (monografías). Traducción por DoMinco Barnés. 
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ción del alemán por Lorenzo Luzuriaga, y prólogo de Jos6 
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enseñanza. Precio : i peseta. 

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